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“No tengo hambre en las mañanas, por eso no desayuno”

El error más común en pleno siglo XXI Por: Eudymar Rodríguez Septiembre 13, 2012 Todos los días escucho a mis amigos y amigas decir: “No desayuno porque no tengo hambre”, “con una cafecito es suficiente”, y “una galleta y un yogurt es lo mejor para mi”, entre tantas cosas de igual índole que, por supuesto, chocan contra mis principios y estilo de vida, pero afirmaciones tan propias son estas las que ellos defienden con tal entusiasmo, que en ocasiones terminan haciéndome replantear mis ideas, mas no cambiarlas. Para nadie es un secreto que en pleno siglo XXI estamos sumergidos en un estilo de vida caracterizado por la tecnología y la ciencia como garantes del progreso, y estas a su vez traen consigo la comodidad y la rapidez que facilitan muchas de las acciones de nuestras vidas; aunado a estos cambios, la vida del hombre y la mujer de este siglo se ve envuelta de acciones que le alejan cada vez más de las actividades básicas como el caminar, el comer saludablemente e incluso el disfrutar de momentos agradables en compañía de los seres queridos. Transitamos por la autopista del progreso pero lo hacemos con tal rapidez que nos adaptamos cómodamente a cosas que, sin tener un fundamento veraz y confiable, lo convertimos en ciencia o en ley. Tal es el caso citado en líneas anteriores, y es precisamente el tema que traigo a colación en estas pequeñas líneas, que pretenden no construir un discurso científico ni generar polémica, si no convertirse en una herramienta útil que los lectores puedan emplear para una autoevaluación y darse cuenta si lo que hacen o no es lo correcto, en cuanto a alimentación se refiere. El tema de la alimentación cobra importancia en los últimos años debido a que la misma forma parte de un proceso diario y esencial para la vida y su mantenimiento. El tener buenos hábitos de alimentación forma parte de una cultura instaurada en nosotros mimos y en contexto que nos

rodea, aprendidos desde nuestra infancia, y vinculados con nuestro estilo de vida. Los alimentos son nuestra principal fuente de energía y nutrientes, y el suprimirlos restará parte de esta energía necesaria para movernos y actuar y de los nutrientes que nuestro cuerpo necesita para funcionar. Partimos de una analógica clásica, un automóvil sin gasolina no funciona; si al llegar a casa una noche, parqueamos el auto en el estacionamiento con el nivel de combustible en LOW lo más probable es que al día siguiente no prenda, de manera que tendremos que llenar el tanque para poder usar el auto. Del mismo modo sucede con el cuerpo humano, tengamos o no un nivel de actividad física rudo, el cuerpo es una máquina que necesita combustible para realizar hasta las funciones esenciales para vivir. Llegamos a casa a las 8:00 p.m. y cenamos, nos vamos a la cama a las 10:00 y transcurren mínimo ocho horas de sueño, periodo en el cual el cuerpo descansa ciertamente pero no deja de funcionar, el mismo se somete a un prolongado espacio de tiempo de abstención a la comida (porque dormidos no ingerimos alimentos) y amanecemos en ayuna, con el estomago vacío, como el tanque de combustible del auto, y ¿qué sucede? . Sucede que no funcionamos, ¿por qué?. Retomo la idea del ayuno, son 8 o más horas sin ingerir alimento, hay un déficit de glucosa en nuestro organismo propio del ayuno (siendo la glucosa nuestro principal combustible energético); y al tener bajo los niveles de glucosa en el organismo, decaemos, estamos débiles e incluso puede afirmarse que se presentan bajos niveles de concentración. No es difícil imaginarnos como estaría nuestro cuerpo bajo esas condiciones. Ahora bien, “No desayuno porque no tengo hambre”, “con una cafecito es suficiente”, y “una galleta y un yogurt es lo mejor para mi”, son las afirmaciones que comúnmente escuchamos y decimos, y a ciencia cierta, ninguno de estos menús o algunos parecidos nos aportara los

nutrientes necesarios para afrontar el día. Es por ello que catalogo como error estas decisiones en cuanto a las opciones de desayuno. He aquí la clave, que puede servir de referente para que te guíes; lo importante es tener en cuenta lo siguiente: 1. En esta primera ingesta de alimento procura cargarte de carbohidratos o hidrato de carbono, incluyendo las proteínas que son el alimento de los músculos y otros órganos.
2. No consumas solo un café ya que este solo si es acompañado con

azúcar o un equivalente y leche podría darte algo de energía pero insuficiente para afrontar las actividades y rudezas del día.
3. No incluyas alimentos cocidos en aceite ya que favorecen a la

acumulación de grasa y el consecuente aumento del tejido adiposo. Y de igual modo, al prolongar las comidas propicias que acumules más grasa de tu próxima comida.
4. Planifica con anticipación tu comida, de manera que si debes salir

temprano al trabajo o a la universidad puedas llevarla contigo. 5. Escoge algo que se ajuste a tu requerimiento calórico.
6. Y lo más importante de todo, no omitas el desayuno, ya que hacerlo

traerá consigo unas consecuencias nada gratas que se verán reflejadas en tu cuerpo.