You are on page 1of 10

LA EDUCACION SUPERIOR EN COLOMBIA: UNA MIRADA DESDE LA REGION POR: EDGAR REY SINNING Sociólogo, Magíster en Educación-Filosofía

Latinoamericana y Estudiante de Maestría en Historia UNAS PALABRAS INICIALES Reflexionar sobre la educación superior en Colombia mirada desde la provincia colombiana y específicamente desde el Caribe Colombino, no deja de ser una pretensión. Porque no sé si con ella, se esté mirando la Nación. Esto ya implicaría discutir, inclusive, el mismo concepto de Nación y por ende, el de Región. Pero eso lo dejamos para otro día. Cuando dudo en enmarcar nuestra reflexión en el conjunto de la Educación Superior en Colombia, es porque en cada Región y Departamento las universidades como tal, o las instituciones de educación Superior, tienen su propia dinámica, que en muchos casos obedece a los intereses de los políticos parroquiales y en pocos casos a las necesidades educativas de la zona de influencia de la institución. Nos referiremos a la Educación Superior que ofrecen fundamentalmente las instituciones oficiales, “públicas”, como llamamos popularmente. Y sólo tangencialmente a la educación privada, porque pensamos que ella tiene menos responsabilidad social que la otra. Porque al fin y al cabo es un negocio de particulares, así promulguen el bien común. Nuestras reflexiones no tendrán posiblemente muchas citas referenciales sobre teóricos de la Educación, o docentes que vienen desde hace rato trabajando el tema. No los desconocemos, pero queremos aportar lo que pensamos, como educador, como administrador que hemos sido del sector educativo en La Guajira, Magdalena y Bolívar, en los dieciséis últimos años. Es esa experiencia, la que nos ha brindado las reflexiones que exponemos a continuación y que nacieron cuando deseábamos ser Licenciados de la mano del Doctor Pedro Pablo Romero, en la Facultad de Educación de la Universidad Libre, en la sede del “Bosque”. En las discusiones sobre lo que más tarde fue la ley 80 del 80; las polémicas como estudiante de INDESCO sobre el papel de la Universidad en la sociedad, y más tarde como docente en ella. Igualmente ocurrió, en mi paso por la INCCA, la Gran Colombia y los estudios en la Universidad Santo Tomás de Aquino, con los docentes de la maestría, entre ellos Roberto Salazar Ramos. MUCHOS AÑOS DESPUÉS... No frente al pelotón de fusilamiento, sino a un borrador -de uno de los tantos trabajos que nos tocó elaborar para la maestría hace 19 años-, que nos tropezamos a propósito de esta conferencia. Al leerlo encontramos algunas de las recomendaciones de la Misión Lebret, que en su informe en la década de los cincuenta afirmaba que la crítica más generalizada por parte de algunos sectores del país, era “que la enseñanza superior se desarrollaba muy al margen de la vida del país y sin relación alguna con la fase actual de desarrollo”1. Parece mentira, pero casi medio siglo después, la queja sigue siendo la misma: la Universidad esta de espaldas a la realidad local, departamental, regional y nacional. Pero no es eso, sino que a sabiendas de ello, no se hace nada por resolver el problema. De allí la afirmación de que todos sabemos lo que está pasando pero no hacemos nada para mejorar. Es decir, existen los diagnósticos de las
1

Informe Misión Lebret, p.319.

situaciones de muchos de los problemas que aquejan a la Educación Superior, pero dejamos que las cosas sigan lo mismo. Realmente ¿cómo vemos a los actores que intervienen en este nivel educativo?. El Estado legisla pensando en cómo frenar las demandas de los docentes y funcionarios administrativos. Por su parte, los docentes han “peleado” más por garantizar la estabilidad laboral y unos salarios dignos como cualquier otro profesional, que por desarrollar verdaderos programas que ayuden a comprender la situación de la Educación y la responsabilidad que les cabe como formadores de un espíritu crítico y si se quiere rebelde frente al Estado y la Sociedad. Por su parte los estudiantes se han conformado con los pocos conocimientos que les brindan las fotocopias que les exige el profesor. La crítica queda en el congelador. Parece ser que ahora el “opio del pueblo” no es la religión como lo afirmara el filósofo alemán, Carlos Marx, sino la misma Universidad. La crisis ideológica ha afectado tanto a docentes como a discentes. Eso se refleja en muchos de los aspectos de la vida universitaria de hoy. En estos días evaluaba un trabajo de grado en un programa de Trabajo Social y desde el inicio del mismo, la citas eran de la Biblia y los agradecimientos eran a Dios, Jesús, Jehová, de tal manera que los análisis científicos que se sustentaban en el pasado con las teorías de las ciencia sociales: marxistas, funcionalistas o estructuralistas, hoy son reemplazadas por textos sagrados. Y, a la postre, justificando que al hombre le va mal, como al mundo, por aislarse cada vez mas de Dios. La explicación de los problemas reducidos a la pésima relación con el Creador. Pareciera el triunfo de la religiosidad sobre la ciencia.

DOCENCIA ÚNICA FUNCIÓN DE LA UNIVERSIDAD COLOMBIANA Me disculpan si mucho es el atrevimiento en este punto. Es necesario revisar seriamente las funciones clásicas de la Universidad y de la Educación Superior. Partimos de aceptar que en la función de Docencia recae toda la responsabilidad de la Educación Superior hoy. Lo que equivale a decir que la Investigación y la Extensión están opacadas, no existen y sólo aparecen atisbos de investigaciones y acciones muy puntuales que nada incide en la sociedad. Eso cuando no se reduce la extensión a los grupos folclóricos. Una breve definición de la función de la Docencia en la Universidad, nos debe llevar a precisar lo que es la función de Instruir. La docencia juega un papel natural, siendo su responsabilidad esencial la de entregar al estudiante, el discente -de manera metódica y sistemática- “un inventario” completo, ojalá al día, del conocimiento vigente en las disciplinas o ciencias, según sea el campo que la Docencia debe cubrir y de modo tal que el estudiante pueda con precisión y certeza comprender los elementos, estructuras y principios que los conforman y luego aplicarlos, a su debido tiempo. La docencia tiene también una participación destacada, pues la educación entraña proveer a una formación intelectual a la vez ética y que conduzca al estudiante a examinar los conceptos, las formulaciones y las ideas, con un sano espíritu crítico, racional y objetivo. La Docencia debe entenderse como el apoyo que la Universidad da al estudiante para continuar su proceso de desarrollo Integral y armónico de sus potencialidades, a través de las actividades académicas y no académicas; ahí radica el papel de Importancia que juega el Docente. El Maestro y no el simple profesor. La otra función es la Investigación Científica. La Educación Superior debe permitir la fundamentación científica que el estudiante trae acumulada en los once años de educación Básica y Media que cursó antes de ingresar a ella. Es en ese espacio académico donde la

ciencia tiene mayor cabida. Es su hábitat natural. Por ello la Universidad en la medida que promueve la investigación como aspecto clave para conocer e interpretar la realidad, alimenta el proceso de la docencia. Porque la investigación le permite al Docente actualizarse y apoyarse en sus resultados para compartirlos y socializarlos con los estudiantes. La investigación es el fundamento de la Docencia. Me atrevo a afirmar que no concibo una Universidad sin investigación. El mundo hoy, mide a las universidades por el grado de excelencia en sus investigaciones. Es decir, el grado de excelencia de las Universidades está en relación con la Investigación que en ellas se realiza. Y aunque en las normas que rigen la Educación Superior se contempla tal responsabilidad, ella aún no se asume. A propósito de esto, el mismo informe recordado arriba concluye que se hace necesario “Crear con urgencia un Centro Nacional de Investigación Científica adscrito o no a la Universidad Nacional. Este centro debe permitir la multiplicación de investigadores que valgan, en todos los campos, y particularmente respecto a los múltiples problemas que se presentan como consecuencia del desarrollo económico y humano, nacional y regional de Colombia”2. Más adelante el informe sugiere “Dotar a todas las Universidades regionales de un Centro bien equipado de investigación regional”3. Continúa recomendando que debían crearse adscritos al Centro Nacional de Investigaciones, laboratorios bien equipados, “en colaboración con los Ministerios, Institutos u organismos semipúblicos interesados”4. Definitivamente uno se queda preocupado al ver cómo se contrataban y aún se siguen contratando estudios con consultores nacionales e internacionales que el Estado no utiliza, no los tiene en cuenta. ¿Es una forma más de negligencia estatal, irresponsabilidad de un Gobierno o corrupción?. Lo cierto es que nada de lo recomendado, hace tantos años, se tuvo en cuenta. ¿Entonces para qué se contratan con tantas ínfulas estudios salvadores?. Es parecida a la práctica de los Convenios entre Universidades, ya no solo nacionales sino Internacionales. Muchos rectores de universidades departamentales hablan del convenio con la Universidad tal o cual, de España, Alemania, Inglaterra. Al día siguiente toda la prensa regional y hasta nacional registra la foto tomada con la camarita que llevó la esposa donde quedó registrado el acto histórico, que “cambiará” a la universidad y a la sociedad. Con ello se justifica el gasto en dólares del rector y sus vacaciones financiadas por la Universidad. Después no se vuelve a saber del Convenio, ni si realmente se ha beneficiado la universidad local, sus estudiantes o los profesores. Así han quedado muchos de los informes de las Comisiones Científicas. Para no ir tan lejos, recuérdese la flamante “Misión Ciencia, Educación y Desarrollo” del Gobierno de Cesar Gaviria, encabezada por nuestro genio de Aracataca, Magdalena, Gabriel García Márquez.. Otra función es la de Extensión social a la comunidad. Esta, es conocida simplemente como Extensión. Es ella la que debe mantener una interrelación entre la Universidad y la Comunidad. Por tanto debe valerse de todos los medios de comunicación posible, según la naturaleza de la información que se desea entregar. Hoy es necesario lograr la mejor y mayor participación de la comunidad donde está inmersa la Universidad. Es la participación integral de la comunidad. De aquí el que la difusión y extensión, se mire, como tarea dirigida a elevar el nivel cultural de la actividad del hombre: Ciencias, Artes y Pensamientos. La participación de la comunidad es determinante en la búsqueda de alternativas de solución a los problemas concernientes a la realidad nacional, regional, departamental, local. Sin embargo, lo que más sobresale de la “oficina” de extensión son los grupos de danza, el concurso de poesía, el acto cultural. Casi que
2 3

Ibid. Ibid. 4 Ibid.

es una oficina de “protocolo”. Reduciéndose sus relaciones con la comunidad a la participación con los grupos folclóricos en actos que organizan estas últimas. Universalmente, estas funciones se entienden en su conjunto, como un todo articulado. Las funciones de la Universidad deben operar conjuntamente, sobre todo las dos primeras (docencia e Investigación) tienen que mantener una interrelación permanente. Todas las normas que tienen que ver con la organización de la Educación Superior la contemplan pero muy pocas, son las que ponen en práctica tales funciones. La investigación tiene el deber de suscitar el espíritu crítico y rebelde del educando. Es uniendo esas dos funciones, como la Universidad puede dotar a los estudiantes de capacidades intelectuales para asumir con plena responsabilidad las opciones teóricas y prácticas encaminadas a su “perfeccionamiento” personal y al desarrollo social. Más sin embargo, Docencia e Investigación aparecen en muchos casos separadas, se muestran divorciadas, aisladas, cada una anda por su lado. Parece que no formarán parte de un todo que es la Universidad, la Educación Superior en su conjunto. ¿Pero de que nos sirve hacer investigación científica en la Universidad si no la socializamos con los estudiantes y mucho menos la ponemos al servicio de la Comunidad, de la Sociedad?. Ese es el punto crítico, que a mi juicio, hoy, hay que cuestionarle a la Educación Superior: su no pertinencia con la realidad. La sociedad no recibe de la Universidad sino profesionales que en el mayor de los casos demandan empleo. Es decir, formamos profesionales especializados en Empleomanía. En palabras del maestro Estanislao Zuleta, la universidad no puede ser “una fábrica de burócratas”5. Por el contrario requerimos de profesionales o intelectuales comprometidos con el necesario cambio social que necesitan las regiones y el país en general, con liberad para la crítica. La inversión que hace la sociedad en la Educación Superior no se refleja en ella. Ya que está formando elites. Fundamentalmente, formadas para las aspiraciones personales de ascenso social. Cada vez la realidad nos muestra que escasamente se da una movilidad social horizontal y no vertical. La sociedad reclama de la Educación Superior, propuestas alternativas para solucionar los grandes problemas por los que atraviesa nuestra sociedad. La investigación, como función de la Universidad, cumple exactamente la misión de ofrecer respuesta a esa problemática que la circunda y en la que ella debe comprometerse a dar respuesta y así revertir a la sociedad lo que esta invierte en la formación de profesionales. No tener claro esta situación, es lo que lleva a los funcionarios estatales y al común de las gentes a pensar en que la inversión social, es un Gasto. En este punto siempre aparece una dificultad con el Docente. O mejor la Antinomia DocenciaInvestigación. Docente o Investigador. El divorcio entre la actividad de Docente propiamente dicha, entiéndase “dictar clases” y la de investigar, es decir, “producir o desarrollar ciencia”, es algo que está diezmando la actividad universitaria. Tanto que hoy el docente puro critica al docente investigador y a la inversa. ¿Cómo superar esta antinomia?.

Definitivamente estas actividades no son excluyentes. Así como no se concibe una Universidad sin Investigación, tampoco un Docente que no se ejercite en la actividad que debe nutrir sus clases. A menos que sea un simple difusor de la ciencia que han producido otros. Y sus aportes a la ciencia que le legaron sus antecesores?. O es que solamente nos debemos contentar trasmitiendo el conocimiento producido por otros, es decir, somos una especie de ventrículo
5

ZULETA, Estanislao. Educación y Democracia. Fundación Estanislao Zuleta- Corporación Tercer Milenio, Bogotá, 1995.

de los investigadores, repetimos su discurso?. ¿Entonces dónde esta el nuestro, el que nosotros somos capaces de producir?. O es qué la ciencia que enseñamos no ha sufrido cambios, no se ha desarrollado?. O por el contrario estamos contagiados por los Medios que sólo muestran los triunfos de las modelos, las cantantes, los deportistas. Si es así indudablemente nadie va querer dedicarse a la ciencia. Nadie querrá ser científico, en un país donde los ídolos son Sakhira, Carlos Vives, Juanes, “El Pibe” Valderrama. Entonces los jóvenes se preparan para llegar tan alto como ellos, y de pronto, uno se encuentra con alguien que quiera ser como Gabriel García Márquez. Alguna vez le preguntamos a un grupo de jóvenes, de ambos sexos, en un pueblo de la Ciénaga Grande de Santa Marta, ¿qué deseaban ser cuando fueran mayores?. Los varones contestaron en la gran mayoría ser “comandante de la Guerrilla” y las hembras expresaron su deseo de ser modelos como Sofía Vergara. Son muchas las preguntas que surgen en este sentido.

ATREVERSE A ROMPER LA ANTINOMIA A PARTIR DE LO NUESTRO Noto en las universidades por donde he trasegado que existen ciertas exigencias investigativas y en sus planes de Desarrollo se establecen claramente las “políticas”, las “líneas”, los “programas” y hasta se sugiere los “proyectos” de investigación y se definen estímulos para los docentes que desarrollan proyectos de investigación. Algunas universidades llegan a tener en su estructura administrativa hasta Vicerrectoría de Investigaciones sin tener una real capacidad investigativa que justifique tal ente administrativo. Otras universidades son más humildes y tienen Centros o en otros casos Institutos de Investigación. Además se cuenta con toda una organización administrativa y burocrática para tramitar investigaciones. Pero en muchos casos son unos cascarones administrativos, sin investigadores. Su principal función se concentra en la administración de los procesos que deben seguir los estudiantes para optar al título, conocidos como Trabajos de Grados, Tesis, Monografías, Memorias. En fin cada institución le da su propia denominación. No encuentra uno grupos de investigadores sino profesores que realizan algún tipo de investigación, en muchos casos de interés personal, con un grupo de estudiantes adscritos. Sus resultados no se conocen, no se socializan. Terminado el proceso todo queda como antes. La principal razón para que un gran número de docentes no se atreva a investigar es la Económica. Siempre se argumenta que la Universidad no tiene recursos para esta importante actividad. Aunque en el presupuesto el rubro Investigación tenga una asignación importante, nunca se puede disponer de ella sino en un escaso porcentaje.

Por su parte, los docentes se escudan en la falta de recursos para investigar y en la necesidad de que se les descargue de sus responsabilidades académicas para así responder por un proyecto de investigación.

En este círculo vicioso o peligroso se pasan los días. Hay un grupo de docentes que ratifican su carácter de investigadores. Se les denomina Docente-Investigadores y sobre sus hombros recaen proyectos de mucha importancia. Es ese tipo de docentes que se arriesgan a dar el asalto hacia la investigación sin dejar la cátedra, el que necesitamos. Son los que aportan con sus ideas y con la socialización de los resultados de investigaciones propuestas, como alternativas para resolver algunos de los problemas por los que atraviesa la sociedad colombiana. La invitación es a romper la dicotomía Docente Puro Vs. Investigador Puro. No

podemos seguir mitificando el Investigador como el hombre incomprendido, por fuera de la realidad nacional. El de gafas redondas y cabellos alborotados.

Definitivamente según este diagnóstico la mayoría de las universidades colombianas está lejos de formar Comunidad Científica en los términos de Thomas S. Kuhn. Y difícilmente configurar la Comunidad Académica. Pero cada día nuestros profesores alejan más a los alumnos de esta perspectiva, porque lo que impera es el “fotocopiador” profesional, o lo que llaman algunos la “cultura de la fotocopia”. Con esta actitud tan irresponsable frente a la ciencia que enseñamos, estamos reduciéndola a los pocos capítulos que se utilizan fotocopiados y nunca el texto en su conjunto. Es limitarnos el conocimiento sobre un autor a un capítulo de toda su obra. Recientemente he leído un texto de Jorge Orlando Melo quien no duda en afirmar que “en la mayoría los estudiantes pueden graduarse sin haber leído nada diferente a los textos básicos de cada materia, casi siempre como fragmentos fotocopiados”6.

Pero que debe investigar un profesor universitario o la Universidad como institución?. Hay que ser claros en este aspecto. Primero que todo la Universidad investiga o investiga. De lo contrario pierde su esencia. En segundo lugar somos del pensar que debemos indagar sobre la realidad que circunda la institución. Insistimos: la universidad y sus docentes deben dar respuesta a las causas que producen los problemas que atañen a la sociedad en la que está inserta la Universidad. Si eso no se cumple el papel de la Universidad se pierde. Se diluye en abultado número de investigaciones improductivas. Saber que revierte a las comunidades es lo deseable.

En este punto se debe rescatar y discutir profusamente en el país los planteamientos que desde las Ciencias Sociales y Humanas y desde las Ciencias Biológicas, vienen haciendo Orlando Fals Borda y Luis Eduardo Mora-Osejo7, en el entendido de la necesidad de superar el colonialismo intelectual. Su “Manifiesto Dos” “La Superación del Eurocentrismo”, plantea que los marcos de referencia científicos construidos en latitudes diferentes donde se pretenden aplicar fracasan. Porque los contextos son diferentes. Eso explica que a pesar de que el hombre es Uno es Diverso. Por ello es que muchos modelos experimentados en nuestro país no funcionan o funcionan mal. Sobretodo es crítico la situación cuando se trata de aplicar marcos teóricos copiados rígidamente, sin creatividad. Castrándose el investigador la posibilidad más importante del ser humano: la creatividad y la imaginación. Derechos a los que el hombre no puede renunciar. Derechos inalienables. Esto no quiere decir que debemos renunciar o ignorar lo universal o todo lo extranjero, sino que debemos privilegiar la búsqueda de la solución de nuestros problemas a través de nuestra propia creatividad. No dudamos del desarrollo técnico y científico de los norteamericanos, de muchos países asiáticos y europeos, pero ese acumulado importante debemos ligarlo al conocimiento propio que hemos ido aprendiendo de nuestro medio. Tampoco ponemos en duda que los informes producidos por extranjeros sean de calidad, pero no aceptamos que por el sólo hecho de estar escrito en una lengua diferente a la nuestra sean serios y rigurosos. Nuestros estudios y resultados deben ser evaluados por su trascendencia y utilidad para nuestra sociedad. Debemos valorarlos, no
MELO, Jorge Orlando. Mensaje de error: la Educación Superior y las Bibliotecas. En: Revista El Malpensante, No. 32, Ago./Sep. 2001. Bogotá. 7 FALS BORDA, Orlando y MORA-OSEJO, Luis Eduardo. La Superación del Eurocentrismo, Bogota, junio, 2002.
6

esperar que los “otros”, los foráneos, bendigan nuestras teorías para a partir de tal acto, insertarlas a nuestras academias y a la solución de nuestros problemas. Y nosotros desde las universidades, desde la academia tenemos la palabra.

LA PLANEACION UNIVERSITARIA Si existe una oficina débil en nuestras universidades, por lo menos en las que conozco, es la mal llamada, pomposamente, Oficina de Planeación. Al hablar de planeación en cualquier organización o empresa entiende el “cerebro” de la empresa o de la organización que la establece. Hoy los gobiernos le están dando mucha importancia a los Departamento Administrativos de Planeación y en cabeza de ellas colocan la responsabilidad de pensar y coordinar lo que se ejecutará durante la administración Municipal, departamental o nacional. Aunque a decir verdad todavía falta mucho, para que tanto los gobernantes como los responsables de estas Oficinas cumplan a cabalidad sus funciones. En muchos casos se reducen a coordinar la elaboración del Plan de Desarrollo que obliga la ley. Cumplida tal misión se convierten rápidamente en oficinas fantasmas. Sin embargo, la legislación exige de estas dependencias departamentales funciones de control muy importantes para la ejecución de presupuestos y otras acciones de orden departamental. Sin duda, es un paso hacia delante entender el papel que cumplen estas dependencias en las entidades territoriales. ¿Pero qué sucede en las universidades con estas Oficinas?. Intentemos una respuesta.

De lo poco o mucho que conozco de las flamantes Oficinas de Planeación Universitaria, puedo afirmar que su actividad o función principal es la de elaborar informes estadísticos que contemplan: Programas que ofrece (Pregrado, Posgrado), número de aspirantes (por sexo, colegios privados u oficiales), números de matriculados (idem), número de aulas y capacidad de las mismas, número de profesores (catedráticos, ocasionales, tiempo completo, medio tiempo, nivel de formación: tecnólogos, licenciados, profesionales, especialistas, maestrías, doctorados). Información financiera y física y pare de contar.

Estos informes son fríos, sin entregar las razones o causas, que expliquen ¿por qué cada vez se presentan menos o más estudiantes a un programa que a otro?. U otro tipo de análisis. Si no se hace análisis, mucho menos una interpretación.

Pero realmente ¿esta debe ser la función principal, casi exclusiva, de las oficinas de Planeación universitaria?. Definitivamente no. Estas dependencias deben orientar la política educativa de la Universidad, el rumbo académico de ella. Estas oficinas no deben olvidar que forman parte de un todo universitario y la vida de la Universidad es la academia, por lo tanto la Planeación de una Universidad debe ser fundamentalmente sobre lo Académico que es su Deber Ser. Estas dependencias deben liderar la creación de nuevos programas, obedeciendo a los estudios que ella realice en coordinación con el Centro de Investigaciones Socioeconómico si existe en la Institución o los trabajos de Grados que puedan orientarse sobre este tipo de

estudio, sobretodo los programas de Economía o afín, con el objetivo de brindar las herramientas necesarias para tomar decisiones, no sólo para abrir nuevos programas sino también para cerrarlos. Hacer proyecciones de las cohortes necesarias que no saturen los mercados laborales que ofrece la Universidad. Es decir, esta oficina debe ir un paso adelante a la demanda de nuevos programas. Permanentemente puede adelantar trabajos sobre historia laboral de los egresados o estudio de seguimiento a sus egresados, en ambos casos puede recogerse información sobre las debilidades que ofrecen los programas a sus profesionales. Sean estas académicas y de investigación. O debilidades por el tipo de currículo, las asignaturas mal ubicadas, mucha teoría y poca práctica. En fin hay tantos temas que deben conocerse de sus egresados que este tipo de estudios son necesarios. Sirven para realimentar los programas académicos y para que las autoridades de esos programas revisen lo que hacen y tomen las decisiones que consideren del caso. No podemos olvidar que los Egresados, los profesionales que “produce” la universidad es su reflejo en la sociedad.

En verdad, pienso que las oficinas de Planeación de las universidades pueden jugar un papel protagónico en estas instituciones. Lo que hacen hoy lo puede elaborar un técnico. A propósito debe pensarse mucho en el perfil de estos funcionarios. Casi siempre son economistas o arquitectos.

A MANERA DE CONCLUSIÓN Intentemos concluir señalando algunas cosas que pensamos pueden ser tenidas en cuenta para reorientar el papel de las Universidades en el país. Nosotros necesitamos universidades que nos aseguren “el ‘desarrollo sostenible’, que aseguren la persistencia de la vida en nuestro medio y la disponibilidad de los recursos naturales, indispensables tanto para las presentes como para las futuras generaciones que nos sucederán”8. A veces sabemos más de otros que de nosotros mismos y a la inversa, los europeos o los gringos saben más de nosotros que nosotros mismos. Mucho de este conocimiento se ha generado en nuestras instituciones.

Una de las inquietudes que desde hace mucho tiempo ronda mi cabeza: es la cuestión que señala a Colombia como un país con una alta dosis de corrupción e impunidad. Esos son los dos principales problemas del país. Esos problemas los generan los hombres y mujeres de nuestra sociedad que se desempeñan como funcionarios: servidores públicos y empleados privados. Además de los legisladores: Congresistas, Diputados, Concejales. Es decir, la dirección del Estado colombiano y los Empresarios. En otros términos, la Superestructura y la Infraestructura del Estado colombiano. Entonces la pregunta que cabría es: ¿Esos son los profesionales que forma la Educación Superior de la Universidad Colombiana?. Si la respuesta es afirmativa quiere decir que estamos fallando. Porque aunque en las universidades no se enseña para ladrón o corrupto, pareciera que no hiciéramos esfuerzo para contrarrestar tal comportamiento de nuestros egresados. Nosotros debemos formar Profesionales Colombianos éticamente transparentes, honestos. O preferimos la máxima de Juan Jacobo Rousseau: “El hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe”.

8

Ibid.

Esta preocupación debe revisarse juiciosamente. Piénsese, sólo a manera de ejemplo, en lo siguiente: los profesores (licenciados) preparados por nuestras universidades y la mala (deficiente) calidad de la educación en Primaria o Secundaria o Media que se brinda en las escuelas estatales. Esta situación es preocupante, ya que en el pasado los profesores que ocupaban esos cargos no eran licenciados, sino normalistas o bachilleres dedicados con devoción a la enseñanza, sin título universitario.

Aquí aparece una ecuación: si los títulos expedidos por las universidades a estos profesionales de la Educación los declara aptos, preparados para la enseñanza, deben garantizar excelencia académica. Sin embargo, ¿por qué el resultado de esa enseñanza es regular, casi malo, mientras que la educación que brindaban en el pasado los profesores no titulados era mejor, según se afirma?. Aquí esta sucediendo algo y en la universidades no esta la totalidad de la respuesta pero si gran parte de ella.

Pienso que debemos luchar por una Universidad mucho más académica y científica que la que tenemos hoy, mas comprometida con su realidad real. No de espaldas a ella, esto es casi un “cliché”. Pero a pesar de ello, tiene validez, porque no hacemos nada para superar el “cliché”, para insertarnos en la comunidad que nos reclama presencia y pertinencia en lo que enseñamos. Antes por el contrario hoy vemos con asombro que el valor de una matrícula en una universidad estatal se acerca cada vez más al de las universidades privadas. Es decir, la universidad estatal cada vez es más elitista, los estratos 0, 1 y 2 no pueden aspirar a ingresar a ella. Además, porque adicionalmente, son jóvenes preparados en colegios estatales que ofrecen, en muchos casos, una educación deficiente

Soñamos con una universidad democrática y participativa. No podemos temerle a la creatividad e imaginación de nuestros jóvenes estudiantes. Antes debemos estimularlos para que sean cada vez más críticos, rebeldes, investigativos, que se acerquen cada vez más a nuevos conocimientos. Por lo demás, debemos mantener una verdadera autonomía académica surgida de una real participación de todos los estamentos universitarios.

Hoy vemos con mucha preocupación que algunas universidades se alejan de este querer de muchos, de este modelo ideal de universidad. Por el contrario se ofrecen instituciones con autoridades autocráticas, vigilantes, con prácticas de represión altísima, posiciones hitlerianas. Recordemos que “la autoridad no ha sido nunca buena educadora. Esto ya lo sabían los griegos. La educación no es ni debe ser necesariamente domesticación”9. Por temor a la organización de los docentes y trabajadores y a un estudiantado crítico se reprime sin distinción. Se elimina al contrario, desconociéndolo y a su vez negándole sus derechos. Hay universidades oficiales donde no cabe oposición, no se encuentra una consigna en la pared denunciando al Gobierno, a las autoridades académicas. Ahí cabe la pregunta ¿qué está pasando?. Simple: quien escriba en la pared es expulsado o acusado de daño en cosa ajena o el vigilante (ya no hay celadores) que permita “ensuciar” la pared debe pagarlo de su sueldo. Vigilar para castigar.

9

ZULETA, E. Op. Cit.

Una práctica muy de moda y que las autoridades “académicas” del ICFES y del Ministerio de Educación aplauden y financian, como una estrategia para que el rector muestre resultados es la de construir. Se distrae el pensamiento universitario en acciones llamadas de “gestión”, reducidos a programas administrativistas: edificios, coliseos, pintura, jardines, en síntesis ladrillo y concreto, pero nada de academia y menos de ciencia. Va usted a las bibliotecas que inauguran con bombos y platillos y encuentra los mismos libros de hace varios años, ediciones amarillas por el tiempo, no hay inversión en libros, sino en el edificio. Jorge Orlando Melo afirma que “lo que el estudiante debe desarrollar es la capacidad de manejar adecuadamente un pensamiento conceptual, que encuentra su medio natural en el libro”10. Una condición para que exista una verdadera comunidad científica es tener un soporte bibliográfico actualizado, extenso y que tenga pertinencia con lo que se enseña e investiga. Así como no podemos concebir una universidad sin Investigación tampoco la podemos concebir sin libros.

Eso es lo que podemos denominar la “antiuniversidad” estatal. Hoy es el modelo que se vende, se han inventado conceptos como reingeniería, refundación, reinvención. En síntesis masacre laboral, docente y estudiantil. Los funcionarios como secretarias, digitadores, auxiliares, técnicos, y otros empleados de las universidades han sido reemplazados por “Monitores Administrativos”. Es decir, estudiantes que entran a suplir estas necesidades, a quienes les pagan por hora trabajada, sin prestaciones, y lo más peligroso se convierten en una red de informantes de las “autoridades académicas” de la universidad. Por eso se trata de dejar en cada salón de clase 2 o 3 “monitores”.

Bueno. Termino dejando muchos aspectos por fuera, con la esperanza de haber sembrado algunas inquietudes, que contribuyan a enrumbar nuestras acciones por mejorar la Educación Superior en las Universidades Estatales, pero igual, en la privadas, a quienes les cabe mucha de las afirmaciones que aquí hemos hecho. Si de verdad queremos ganar la guerra debemos educar más y mejor a nuestros jóvenes. Ellos no son sólo el futuro sino el presente. Con la sociedad de sapos no sólo no ganaremos la guerra sino que nuestra juventud no tendrá la segunda oportunidad sobre la tierra, como no la tuvo la familia de los Buendía. Muchas gracias.

10

MELO, Jorge Orlando. Op. Cit.