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A orillas del rio piedra me senté y lloré.

“A orillas del río Piedra me senté y lloré” es la historia de Pilar y un amigo de su infancia, que es ahora seminarista, con el cual se reencuentran y vuelve a nacer el amor, solo que ahora se expresa de una forma distinta. Ellos inician un viaje desde España y se dirigen al Santuario de Lourdes. Deben tomar una gran decisión y ésta es la de seguir un camino en común.

Pilar, ahogada en la desesperación, comienza a relatarnos su historia a orillas del río. Estos dos jóvenes se conocían desde niños, siendo muy amigos, pero el destino los separa. Él se va de la cuidad porque quería recorrer el mundo y ella al tiempo después debe irse para continuar sus estudios superiores.

Ellos mantenían contacto por cartas, hasta que un día Pilar recibió una que le sorprendió mucho. Su amigo la invitaba a una conferencia en la ciudad de Madrid esperando que ella asistiera. Estaba muy confundida, ya que no creía que su amigo de la infancia estuviera dando charlas y asistiera a un seminario.

Cuando se ven, afloran sus sentimientos escondidos; los que no querían reconocer en un principio, pero que fue una gran dificultad para ambos. Inician un largo viaje en el que les cambia la vida. Él poseía el don de curar, pero estaba enamorado de su amiga y empieza a dudar con respecto al camino que había elegido. Pilar tiene miedo de afrontar sus sentimientos, ya que no quería sufrir.

Antes de que él tomara una decisión, ella huye atemorizada de la respuesta que no quería oír. Casi muere congelada, pero una monja la ayuda a recuperarse y le aconseja que se desahogue escribiendo su historia en un papel y que la arrojara a las aguas del río, porque decían que lo que caía ahí se convertía en piedra. Cuando estaba realizando esta acción, llega su amado y deciden seguir un camino en común.

Resumen
En toda historia de amor siempre hay algo que nos acerca a la eternidad y a la esencia de la vida, porque las historias de amor encierran en sí todos los secretos del mundo.

Pero será a orillas del río Piedra. Que mis lágrimas corran así bien lejos. así olvidaré el río Piedra. al cabo de los años. sus cartas empezaron a hablar de Dios. que posee el don de la curación. Me acuerdo de mi instante mágico. El camino que habrán de recorrer es escabroso. y descubrí que él tenía razón. Que mis lágrimas corran bien lejos. Parece que no sucedió hace tanto tiempo y. pero por lo general es una conquista. y el sentimiento de culpa un obstáculo casi insalvable. los campos y los olivares. Él era mi más viejo amigo. Pero a ambos les une un solo deseo: el de cumplir sus sueños. y . Como dijo Kenzaburo Oe (premio Nobel de Literatura 1994). recorría el mundo. A orillas del río Piedra me senté y lloré. como todos los muchachos de las ciudades pequeñas. Las manos se me helaban. Acerca de este libro A orillas del río Piedra me senté y lloré. para que mi amor nunca sepa que un día lloré por él. ni recuerdos. así no habría más dolor. sin embargo. pero eso era todo. las montañas y los campos de mis sueños. si pudiera arrancarme el corazón del pecho y tirarlo a la corriente. el monasterio. de aquel momento en el que un «sí» o un «no» puede cambiar toda nuestra existencia. hasta que —lejos de mis ojos y de mi corazón— todas esas aguas se confunden con el mar. la bruma. cuando acabara de contarme a mí misma esta historia. se dejaba crecer las alas mientras yo trataba de echar raíces. y tenía que descansar continuamente. y al ver los sellos de diversos países sentía envidia. Ah. Soria era una ciudad pequeña y su único poeta famoso había dicho que se hace camino al andar. Todas las historias de amor son iguales. Estuve algunos años sin noticias. los caminos que recorrimos juntos. A él. Habíamos pasado la infancia y la adolescencia juntos. empezaron a llegar con más frecuencia. Cuando terminé los estudios. que se mezclaban con las aguas heladas que pasaban por delante de mí. y nos vuelve más jóvenes cuando pasa la juventud. eso me había dicho la mujer que me acogió. me pagué los estudios. la iglesia en los Pirineos. En algún lugar ese río se junta con otro. Pero ¿cómo no recordar aquellos momentos? Por eso escribía. me suspendieron en las oposiciones. Dijo que quería conocer el mundo. para transformar la tristeza en nostalgia. me mudé a Zaragoza. con una prosa poética y transparente. Así —recordando las palabras de una santa— las aguas apagarían lo que el fuego escribió. "A veces insistimos en ver la paja en el ojo ajeno y no vemos las montañas. — Procura vivir." A orillas del río Piedra escribí esta historia. Deja los recuerdos para los viejos —decía él. después con otro. las plumas de las aves— se transforma en las piedras de su lecho." A orillas del río Piedra me senté y lloré es una novela fascinante y tierna que. Trabajé como dependienta. Sus cartas. las piernas se me entumecían a causa del frío y de la postura. Él se fue. ni nostalgia. Para que. rompí con mi novio. mientras tanto. Comencé a estudiar para unas oposiciones que no se celebraron nunca. que sus sueños iban más allá de los campos de Soria. Quizá el amor nos hace envejecer antes de tiempo. De un día para otro. pudiese jugar en el Piedra. nos sumerge de lleno en los misterios últimos de la vida y el amor. Cuenta una leyenda que todo lo que cae en las aguas de este río — las hojas. donde ambos descubrirán su propia verdad. en un pueblecito delPirineo. la soledad en recuerdos. la religión le ha servido como refugio de sus conflictos interiores. porque él nunca volvió a los bosques y a las calles de nuestra infancia. que lo sabía todo. "La felicidad es a veces una bendición. el destino hace que una mujer reencuentre a su amado? A ella.Pero ¿qué ocurre cuando la timidez sacrifica un amor adolescente? ¿Y qué sucede cuando. hace apenas una semana que reencontré a mi amado y lo perdí. El frío del invierno me hacía sentir las lágrimas en el rostro. Paulo Coelho conoce los secretos de la alquimia literaria. los insectos. recibía alguna carta. Entré en la facultad y encontré novio. De vez en cuando. la vida le ha enseñado a ser fuerte y a dominar sus sentimientos. Olvidaré los caminos. sueños que eran míos y que yo no conocía.

venían siempre de un mismo lugar de Francia. me sorprendió. Por eso es mejor perder algunos combates en la lucha por nuestros sueños que ser derrotados sin siquiera saber por qué se está luchando Al releer mi carta. . porque era demasiado joven para ponerse a enseñar nada. pero nadie está a salvo de ellas. decidí romperla: ¿quién era yo para hablar de libertad o de compromiso? Él sabía de esas cosas. Quería sentarme con él en un bar y recordar los tiempos en que jugábamos juntos y creíamos que el mundo era tan grande que no se podía recorrer. Yo le contesté. de Zaragoza aMadrid. pidiéndole que esperase un poco. Un día supe que estaba dando conferencias. que viviese un poco más su libertad antes de comprometerse con algo tan serio. "Existen derrotas. En una de ellas. y yo no. porque quería volver a verlo. Pero hace dos semanas me mandó una carta diciendo que iría a Madrid. y que deseaba contar con mi presencia. Quería escucharlo. manifestaba su deseo de entrar en un seminario y dedicar su vida a la oración. Viajé durante cuatro horas.

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