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ZIG-ZAC

SANTIVAN

MEMORIAS DE U N TOLSTOYANO
U n grupo d e escritores y artistas admiradores d e Tolstoy decidió formar una colonia d e adeptos a las teorías d e éste y f u n d ó e n San Bernardo la Colonia Tolstoyana. E n esta obra, Fernando Santiván, uno de los más ilustres miembros d e esa colonia, nos presenta la época con escrupulosidad documental, abriendo ant e nosotros un mundo complejo d e arte y belleza, d e amor al trabajo manual y a la tierra, como base d e salud e igualdad. Junto al nombre del autor están los d e Baldomero Lillo, Carlos Mondaca. Pablo Burchard, Rafael Vaidés, Rafael Correa, Ortiz d e Zárate y sobre todo el inolvidable D’Halmar. Admiradores d e la moral y d e la filosofía d e Tolstoy, se unieron para cumplir una d e las más profundas teorías del gran escritor ruso: “la irresistencia al mal”, oposición espiritual de justicia y mansedumbre a la fuerza bruta. Una larga etapa d e la vida d e Santiván está íntimámente entrelazada con la del artista y escritor Augusto D’Halmar. Siente el autor -opinión unánime en aquel entonces- una gran admiración por este escritor determinante d e su época, que estimuló sus primeros pasos por el camino d e las letras.

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“Memorias d e u n Tolstoyano” es una obra d e gran interés documental, social y artístico, hábilmente mezclada con escenas vívidas y realistas, crudas a veces, pero no exentas d e sentimentalismo y emoción. Fernando Santiván, el admirable creador d e “La Hechizada” y d e “El Mulato Riquelme”, demuestra así, una v e z más, su maestría d e narrador y d e estilista, que con justicia lo ha colocado entre los primeros escritores d e Hispanoamérica.

Empresa Editora Z i g - Z a g
Portada d e Daniel Marshall.

M e m o r i a s
d e un

1 O Jl S, T O Y A N -

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BIBLIOTECA D E N O V E L I S T A S

Es propiedad. Derechos reservados para todos los p a í s . de, habla española. Inscripcion N.o 17089. Copyright by Empresa 3Frlitora Zig-Zag, S. A. Santiago de Chile, 1955.

E M P R E S A E D I T O R A Z I G - Z A G , S. A.
SANTIAGO CHILE, 1955. DE

F E R N A N D O

S A N T l [ V A N

e m o r i a ’ s
d e un

Fernando Santivún,
el hombve, e2 escritor
]HABLO DE SU VIDA

CONOZCO a Santiuán desde mi juventud. Nacimos el mismo año, a fines del siglo pasado. Pertenecemos, Bues, a la aurora del siglo X X . El nació e n Arauco; yo, en Cobquecura, costa sur de la provincia del Maule. El azar nos hizo encontrarnos en Parral, tierra adentro, ?ejos de Arauco y lejos de Cobquecura. Ambos descendemos directamente de espa&oles; é, de l castellanos viejos, de Torrelavega; yo, de uascos de Plencia. Conoci al padre de Fernando. Era un hombre alto, recio, de ademanes desenvueltos y decididos. M i padre, auténtico uasco del litoral, un pincho (l), como ellos dicen, era hombre de carácter alegre y trato afable. Montañeses y vascos son casi wecinos e n la peninsula, y asi como allá se entienden, se entendieron mi padre y el suyo e n la villa destartalada de Parral. N o era agradable, sin duda alguna, este aldeón semicolonial que f u n d ó d o n Ambrosio O’Higgins a fines del siglo XVIII. M e producia la sensación de un viejo poncho d e huaso, deshilachado y roto, con sus casonas sin estilo, sus torcidos tejados y sus calles disparejas, negras de barro en los inuiernos y rojas de polvo e n los veranos. Recuerdo las ruidosas ,acequias que corrian al borde de las aceras y a los depemdientes, criollos o españoles, echando agua a la calzada mediante palas de madera, hechas con
( 1 ) Elegante, cuidadoso en el vestir.

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era un muro azul colz su alero de nieve o simfdemente ult amontonamiento de nzbbarrones grises e n los dias de lluvia4 Nunca h e olvidado. tan gritonas e inlz~aciablescomo los hombres. Tenia Parral n o sé qué de campnmeBto. y por una curiosa coincidencia. n o al pueblo retrusado y vulgar. T a m boreo de guitarras. Posiblemente por la sangre. La cordillera. abundosa de agua. famo. donde saponiamos la cultura y e l porvenir. producia trigo y cebada y ganado de calidad e n sus potreros de engorda y e n sus veranudas cordilleranas.Tas e n el szdr. gritos y cuecas. D e esa fertilidad vivian tiendas y almacenes de uascos y de castellanos. Carreras de caballos. Esta perver% sión ruidosa. Una fértil llanura. Era un f w o r dionisiaco. de improvisada fundación y el pintoresquismo de los huasos ricos y el clima moral de sus temperamentos primitivos y brutales. llenkndolo con su estridente chilladiza. cantos desíemplados. Además. cuecas zafiateadas. e n tal forma m e imfiresionó a mi. Asi protegian del golvo sus casinetas. El descubrimiento de un estero. lortunas perdidas al @unto y balzca y al bncdrá. la emigración de los choroyes que cruzaban el cielo en primavera. j%ciinos nuestra vida de adolescentes casi aislados. comilonas co@iosczs. A los Urrutias e Ibáñez los substituian ahora los UrLas y los Machos. reir d e empanadas fritas e n las sartenes. y. U B desborde de pasiomes elementales que multiplicaba las mamebias. Parral era un pueblo fundamentalmente agricola. sus ponchos y sus monturas. que venia del Perquilauquén y sus afluentes. llenm de recias mujeres. t a e cercana todavia a Europa. estampada en un cielo lejano y desvaido. costino d e origen. castellanos y v a x o s fueron también los fundadores de la villa y los dueños de encomieidas de la región. que pasaba de largo a una cua8 .las tablas de los cajones viejos. nuestros estudios de humanidades nos ligaban con la capital.potrillos espamantes de vino. que a l o mejor n o lo era. La remolienda era u matiz ti@pico del paeblo. N O nos alcanzó. a base de arpas y de vino. to$eaduras. en el Club Social.

de los defiortes. que yo l o imitase e n sus gestos audaces. el de un luchador nato. El más rebelde era yo. la &@ida decisión d e golpear al contrario e n muchas ocasiones. El hubiera querido. e n &aje al Perquilauquén. El grupo que se bañaba todas las tardes ea el estero l o constituian un hermano de Fernando y mis hermanos. Cantaban diucas y zorzales e n sus guirnaldas verdeclaras. y en su concepto. N o lejos del camino habia un remanso que sombreaban viejos sauces lloromes. nadaba 9 . las alas de los matapiojos. Tenia diez o doce metros de profundidad e n casi toda su extensión. casi patermal. su d o n de mando. era una forma d e afecto. Fernando f u é un enamorado de la vida sana. Martin Eden. llenó nuestrds tardes juveniles. al aire libre. Ferlaando era el caflitún p o r decisión u n ú n h e . origepz medio indigelaa. por mi endeblez. con una fiacisncia abnegada. costumbre de los guanayes. N o se imaginó que el adolescemte. el bazdtismo del rio. el sol se entretenia e n dibujar arabescos de oro e ilaminar. que consistia e n arrojar a los novatos al cantil. pero Fernando n o sabia que y o recibi. el menos temible. El que era empajado al cantil. antes de llegar al mar.&a del pueblo. porque en su fuerte constitución se cuajaba un temfieramento hecho para el combate. en una palabra. del norteamericano kondon. Era el modo como se exteriorizaba su fuerza inteligepzte. Y o siemfire justifiqué s u im$ulsiuidad de hidalgo montañés. tiene cierta similitud con el carácter y las aficiones de mi amigo. porque un gesto despectivo o una resfiuesta innoble lo B o d a fuera de quicio. Mis manias de niño regalón l o llenaban de asombro. Manejaba autoritariamente a la peqzceña escuadra. Enseñó a nadar a su hernzmao y a 10s mios. & asombro f u é considerable cuando m e vió cruzar a u nado el remanso. a la acuarela. que le obedecia sin protestas. a m u y corta distancia de la playa. e n sus aventuyas atléticas. mimado de la mamá. El cantil era una especie de muro formado por la corriente del Maule en las arenas aczmuladas. tuviera esos conocimientos del ayte de nadar. y e n la superficie oscura del agua dormida. m a y niño.

tenia una misión que cumplir en un pais recién nacido (no hay que olvidar que los naturalistas nos l o habian enseñado). pero ahora. n o como las ranas. el nouelistu. rusas y francesas. folletines disparatados. irremediable. poemas e n prosa. agridulce veneno que más gusta mientras más se bebe. Y o alineaba unos malos versos clásicos. Habiamos descubierto en una revista una frase de Taine que nos sobrecogió: El que una vez coge una pluma en la mano. N o habia para qué. alarg a d o el brazo izquierdo hacia adelante y el pie derecho hacia atrás. y esa misión era interlbretar al medio y al hombre de Chile. dentro de las limitaciones individuales. sobre todo. que complace y atormenta al mispzo tiempo. Aprendiamos a nadar de golpe y porrazo. Después de una corta lucha. Al finalizar las humanidades se despertó inesperadament e la afición literaria que ya teníamos en la sangre y en el esfliritu. que rompen el agua con los dos brazos a la vez. n o tomur en cuenta la opinión d e 10 . se m e aparece como fin augurio fatal. a pesar de las diferencias temperamentales. que huyeron con sus ropas bajo el brazo. hijos d e zapateros y albañiles de las afueras. yo. Leiamos mucho. hacia la orilla. Santiuán nos aleccionó para que nadie entrase al rincón. Era necesario ser sincero. El. Los guanayes nadaban como los peces. justamente. Fernando. No la comentamos siquiera. a través de los potreros. lógicamente. desnudo de cintura a arriba. pasado casi medio siglo. y. tal que si quisieran estrecharla contra su corazón. Fernando. Siempre alguno estaba de guardia. la paridad de ideales lo que nos ha unido hasta hoy. a modo de aletas. con tendencia a la narración. con un método tan convincente. buenas novelas. Pero una tarde se adelantó un grupo de muchachos. como un traflo. ya no la vuelve a soltar. Es. ahuyentó a los intrusos. es decir. bajo los sauces.o se ahogaba si n o habia cerca un amigo que l o arrastrase del pelo. E n la arena botábamos el agua tragada y el miedo pura siempre. Comprendiamos e n forma confusa que el escritor.

siento que la siesta estival. ha prescindido de la opinión ajcn a e incluso la ha vapuleado valientemente.X o y lo juzgamos cursi. N i él ni y o nos arrepentimos de lo que hemos hecho. que fueron regocijo. Llamaban a ese procedimiento polígrafo. Hemos amado y hemos vivido. de la rubia y la morena. que eran nuestras musas. intuyó su futurd personalidad de novelista. creo yo. si mi memoria n o m e engaña. Fernando. que la palabra ruiseñor era un lazo con Europa. ni de los errores. Recuerdo que la mayoria d e esos nzimeros. del tamaño de un pliego de pafiel de escuela. e n la época de D’Halmar 11 . y algo hemos hecho. por nuestro pais. Y a Fermando ha contado en sus “Confesiones d e Enrique Samaniego” la historia d e la revista. que fueron experiencia. con su ruido d e chicharras y de trinos huidizos.los que nos rodeaban y hasta cierto pu&o las de los críticos firofesionules. pero debemos agregar. e n perfilada letra que conserva más que el pelo. desde el balcón de la sesentena. con el desjJertar del espiritu a las bellas ilusiones y a las pasimes generosas. que se enlurecZa e n una caja de latón. porque era imposible titularlo ‘W Cernícalo” o “La Diuca”. salvo un paréntesis sin mayor imfiortancia para su obra. Le dimos a nuestra revista el nombre de “El Ruiseñor”. en un pequeizo pabellón octogonal de la casa del f u n d o de su padre. Se imprimió mediante una pasta de gelatina. y del tragicómico fin del polígrafo. mas que yo. escritos a mano por Fernando. Santiván. desde esos lejanos quince aGos. e n descargo de nuestra ingenua adolescencia. a causa de que los huasos y los rotos han desprestigiado con s u incisivo gracejo los nombres de esos pájaros. con el romanticismo eterno. se imprimieron e n el campo. llena mi corazón de luz como se llenaba el viejo pabellón de ‘‘Los Olivos”. ni de los aciertos. más tarde. . y al escribir estas lineas. por mi inhabilidad. El fervor que nos dominaba se cristalizó entonces e n una revista que Yendiamos entre nuestros parientes y reluciones parralinas. y.

flotando al viento una manta blanca d e verano. donde hay dos capitulos de ‘ Z a Hija del Mar”. Lo sz@oniamos e n romántica aventara con la hija d e un hacendado o con una veraneante e n las Termas d e Catillo. Darunte un verano posterior. H o y observo que algo tenian que ver conmigo. U n dia l o divisamos con un hermoso traje ciudadano y un cumplido sombrero d e paja sobre la abunkosa melena. a pesar de todo. e n mi novela corta “Un Hijo del Maale”. Lo añorábamos y lo añoraba el remanso. ligerament e protector (posible heren6ia de Castilla otra vez). muy e n cuenta el amistoso consejo. y nos hacia falta. d e que debía contar lo que me ocurria y n o inventur esas fábulas que w d a tenian que ver con mi vida. E n un viejo cuaderno. el sonar d e los arroyos y el cokor de los atardeceres son la T G ~ Zde “Ansia”. de Hechizada” y d e numerosas novelas cortas de Santiuún. cusi I Z O vimos a Fernando e n el pueblo. hacia el campo. cola las que Bindis inundó a Chile e n esos tiempos. Era mi inexperiencia la que m e hizo concebir esas bobadas y m s i lecturas. Znventaba inverosimiles intrigas ( l o im$ortmte era que tuvieran ml púginas). m abuelo francés. Yo. i Había que ver las dificultades en que fmnia a m amigo para encajar fragmentos de esos novelones e n una boja o dos de la revista. bajo su verde techumbre de sauces llorones. Aquellas casitas blancas e n medio del bosque. N o se irritaba Fernando. más tarde. con titalos como “La Hija del Mar o El i Diario d e un Contramaestre”. pinto a an uiejo constructor cascarrabias. 12 . ni m e decia ningzma impertinencia. que más tarde iba a resucitar. las manos comprmsivas d e la comgañwa rabia. Y debo confesar que tomé. estaba desorientado por completo. sin muchos i cambios. y e n otra ocasiólz pasó al galope.permaneció fiel a s u ceñida observación de ka realidad y a s u ingénita condiciin de poeta. porque e n casa se arrumaban pirámides d e novelas por entregas de Luis de V a l y de Ortega y Frias. “El Secreto d e ana Monja o Los Misterios de un Viejo Convento’’ y otras tonterias por el estilo. e n cambio. M e hablaba con cierto tono sentelacioso.

en canuto. ocurrió un hecho semejante e n la Colonia Tolstoyana. siempre amigo de las innovaciones y sincero apóstol de la solidaridad humana. en una ex$eriencia colonizadora que D’Halmar contó humoriststicamelzte e n “El Mercurio”. como sus cofrades del mundo. y erz la noche. en violento contraste con la curua atrevidac de su pecho y con las medias naranjas de sus caderas. esperan pacientemente la llegada del Mesias. con sus ojos verdes iluminados y desordenada la copiosa melena ueinteañera. alcalde entonces de San Bernardo. que pronunciaban palabras como éstas: -. pero Fernando amaba las bellas cosas de la tierra. en esos años. Yo no dzcdé de que mi amigo. D e vuelta del sur. y entre estas bellas cosas a las mujeres. rechinadas entre dientes. Se oian entonces noces sordas. los catecúmenos. vivieron e n un solar.Miserable! -. Fernando. incluso el uoto de castidad. del abnegado grupo a de aduentistas parralinos que. V i v i a e n la casa de D’Halmar. 13 . El mismo Fernando m e lo ha contado y hemos reido de buena gana al recordarlo. M e lo imaginaba interpretando algún versiculo de la Biblia. abandonaba el campamelzto para reunirse can ella. como yo.Traid or! -iMu jeriego! Santiuán. coléricas. escribia con profzknda fe en la misión social del escritor. al encontrarme con Santiván elz Santiago y compartir a veces el medio e n el cual vivia en San Bernardo. de que esto sea lo que piensan los pentecostales no estoy m u y seguro. furtivamente. cedido por Magallanes Moure. creyese sinceramente en el aduentz’smo o em el descenso del Espiritu Santo a l tierra. y aunque no logré cerciorarme. conocia a la hija del aduentista Zziñiga y admiraba sus ojos ingenuos.Pero más tarde supimos qzke Fernando se habia hecho y era como el disci@ulo predilecto del albañil Zúñiga (tal vez u z exégeta. el de Augusto d’Halmar. como dicen ellos). A ñ o s más tarde. que habian tomado en serio la doctrina tolstoyama. l e hizo el amor a una muchacha que v i v k e n los alrededores. contraviniendo la palabra dada. segdn las pena tecostales.

l a dirección de “La Nación”. peregrino (í). dejó caer e n Chile su semilla y él siguió. aetecedentes de la actual Sociedad. ana alta sihvación periodistica. sin duda alguna. incluyendo a Pezoa y a Ignacio Pérez Kallens. algo manido.San Bernardo. WHalmar se f u é al Perzí. viajó a Antofagasta a dirigir un diario. era la idolatria a los dioses del lujo y de los placeres fáciles. a raiz de la firimera guerra earopea. sobre todo. Santiuán. Recomociamos todo su maravilloso genio verbal. el ritmo de zmu nzfevn prosa. cercanamente imitados de Poe y de su “Corazón Revelador”. hacia otros horizontes. y por ultimo vivió en EspaZa. Poco despzjés. Todos los escritores de ese tiemflo. la originalidad de las imágenes y. Urc cambio de frente.iz viraje e n redondo. para acercarse a Flaubert y Maupassant. hombre de acciós. proyectó y publicó revistas. como zcm elemento úi tl e a la vida de un pais. cuya elegancia y finura espirituales nos embrujabaB.izo aage del salitre. Sobre todo por sa actitud desafiadora freaate a la sociedad. porque el instanfe histórico de Chile. elegaetemente trajeado de negro. Pué urna especie de representante de los artistas y szc misión colasistid en dignificarlos. sin que se den cuenta. Fué él quien m e presentó a DHalmar. D’Ealmar se aislaba ela San Bernardo. descaminado. Es la imfiortancia de D’Halmar e n la evolución de muestra prosa narrativa. recitaba. luego R la India. . a b a d o n ó . como dicen los marinos. Gesto revolucionario. y. lo obsesioaaó durante machos meses la fundación de una Casa o Club de Escritores. pero con frecuemcia iba al Ateneo. con su pastosa voz de baritono. nada mesos. ple. y los escritores actuales. Como el vilano de cardo de su historia. son sus herederos y algo le debe cada uno. sufrimos su influencia directa o indirectamente. e n darlos a conocer. unos naomólogos. que se alejaba del academicismo hispano. y con una hermana de Augzssto se casó después. enfermo. u. ofrecida por doa ( 1 ) Versos de un soneto de Góngora que D’Nalmar recitaba a menudo.

o quizá como Goethe. La bautizó %la de Róbinson”. aun e n las cosas más elementales de la tierra misma donde uiuian. Desde muchacho. una d e sus caracterhticas psicológicas más salientes. Era para los colonos como un brujo. y consciente de su ignorancia. Lo o i decir muchas veces que el escritor debia conocer un oficio cualquiera. que e n poco tiempo el escritor santiaguino parecia un colono más en las hijue2as de Molco y d e Lonquén. pero . a dar conferemias sobre Alemania. Gran conocedor de la uida de los colonos. de acuerdo con las necesidades de esa región.aj‘liodoro YáGez. influencia d e Zola o de Tolstoy. donde aún los árboles recién caidos llenaban los potreros y el trigo y el pasto crecian entre hoyos fangosos y tocones carbonizados. Años más adelante. Fernando f u é um apasionado d e la carpinteria. y se f u é al sur de Chile. Santiuán dejó definitiuamente a Santiago y compró una hijuela a orillas del lago Villarrica. ensayó una escuela de camfio. y o i muchas veces a los colonos decir em voz baja: -Priuan mucho pu’aqui los remedios de o n Santiuán. y para interfiretar su creación literaria la considero fundamental. sin duda. los teóricos dirigentes de nuestras escuelas ni siquiera sabetz que existe. pero un colono que tuuiese el mágico privilegio de convertir en arte sus experiencias cotidianas. situado e n el término medio entre un médico y un cura#dero. posiblemente. Era como un lazo con el obrero o el artesano.no con sus amigos y camaradas de entonces y de siempre. por desgracia. o ponia inyecciones. Lo ui actuar de médico e n muchas ocasiones. para amar y escribir Izovelas. a la orillu occidental del lago. 15 . pensó que el lápiz y la estoml>a hacian las ideas más daras y las imágelzes más &as. aún. Daba remedios y consejos higiénicos gratuitamente. Habia terminado para siempre con los circulos literarios. En tal forma se compenetró Santiuán con ese medio primitivo. y tuvo tiempo. Experiencia originalisima narrada e n su libro “Escuelas Rurales” y qge. Este espiritu luchador es. y este Hombre explica ya un estado d e alma. Fué por esos años que l o uisité. que dejó de escribir para dibujar.

Hago extensiua mi clasificación a la poesia. i HABLO BREVEMENTE DEL ESCRITQR Y SU 8 B X A Tengo fiara mi uso personal una fórmula infalible y al alcance de todos. que ha leido a Sanztiván y l o estima. Y creo que este equilibrio entre la falztasia y la realidad obseruada. de la cual Fernando colzuersa com o de una novela o de un cuento que está plaazeando. Una amiga común. Desde h e g 0 . a la critica y al ensayo. demasiado eurofieizados. propia de palses en formación y donde . un sistema o una manera d e juzgar estám al alcance d e todos. escritores vasijas 50% los que siemfire reciben y los que en su escondido rincbn aderezalz. sangre y luz. y para la cual escribió a Taine estas palabras: “Desgraciada la literatara e n que u z estilo. ideas de otros.Hoy. Divido a los escritores e n dos graazdes grupos: los escritores vertientes y los escritoves vasijas. en realidad. Es el mal de que adolece la moderPza novela francesa y casi toda su actividad inielectual.IZO existe. 1zo existe el obstáculo de la retórica ni tampoco deforma el estilo el desaliGo de la improvisación. y d m t o m o profiias. com ojos de Berronaje y n o de autor. Por desgracia. Entonces esa literatura está perdida”. el medio en que él vive y fija ese medio con sus caracteristicas y s u color y al micmo tiemfio con 16 . Cuando l o leo m e da la sensación de que lo que cuenta m e ha sucedido a m alguna vez. los que amasan la uicla y los que nzanan. casi uivida. para mi. m e dijo hace poco: -Muy merecido el premio a Fernando. es l o que ha conseruado la potencia creadova en la literatura de 5antiván. este banco cavpiaztero se ha convertido e n uaza fábrica de muebles. obstaculizan la evolución de una literatura directa. Es estos Altimos es doade mhs abunda% los escritores vasijas. en América es incalculable el número d e los escritores vasijas que. e n Valdiuia. a modo de un mCtnmiia1 espiritual. los creadores. El escritor que observa ingenuamente. una verdadera tradición literaria. Escrikores vertientes son.

sus amigos o conocidos. como acabo de decir. Y Gorki. e n torno a un tapete verde. a H o f f m a n n y al propio Mirbeau. de observar metódicamente la vida que está a su alcance. por ejemplo. Y estriba =n esto la originalidad precisamente. em Rusia.-2 17 . especialmente e n su primera etafia. Interviene upasionadamente e n el relato y odia o defiende á sus personajes. pero.los héroes. Es como un estado de trance. a Mirbeau. tam antiguo como el mundo. la intervención del autor e n la novela lo aproxima a los postnaturalistas. aunque los amSientes academizantes o pedagógicos los juzguen con cierto tono desfiectivo. Santiván tiene de los naturalistas y( quién no?) el d o n . y de sus originalisimas novelas sobre las afueras de Buenos Aires. la ficción se convierte e n autobiogrufda y el escritor convive con sus Propias creaciones. y la vida. lbredomina sobre un apte de narrar. al mismo tiempo. y e n E vieja a Englaterra. pertemecen a los escritores que abandonan las fórmulas y cuentan únicamente la vida. e n Argentina. En “Palpitaciones de Vida”. y Z ymfesión es una novela sin dejar de ser ficción. En la obra de Santiuán. E s el caso de Giíardi. Noche de lluvia. con su fiebre creadora y con su acción violenta. entre otros cuentos d e calidad. y Steinbeck. figura “El Vengador) aguafuerte que recuerda a Poe. a La ficción n o es sino una manera de confesarse. con el que Santiván tiene muchos puntos de contacto. es el que interesa. Tolstomno. Pueblo de la Frontera. suponiéndolas reales. Y sin que se lo proponga. que convirtió en epopeya el drama del sexo. muy frecuente e n los escritores de k época postnaturalista. y . se juega al bacará entre ganaderos argentinos y chilenos. afiarecen como tipos recién descubiertos. el autor n o es un simple espectador ni un intérprete del trozo de vida que intenta contar. Y asi el paisaje de un país nuevo y el alma vieja de los nuevos jóvenes. El novelista o el dramaturgo quieren libertarse del TOmanticisnzo azin vivo. n o caer e n la vulgaridad de los detalles pequeños. Lawrence. En la sala de juego de an club. que nacen por primera vez a la vida literaria. en los Estados Unidos.

pero e n w n medio diverso. de toques rúpidos. el muerto y el vivo parecen el mismo. el titulo tiene carácter simbólico.la adversidad. El que apuesta. Hago notar los aciertos de Santiván cada vez que se dejó arrastrar por ese impulso caballeresco. arraigadamente chilenos. Y e n ‘rAnsia” vzcelve a coincidir Santivkiz cogs Mirbeatd. funden l o real y lo faiztústico e n un claroscuro alucinante. a quien impide realizar sw obra @na mujer desleal. s i n inteligencia y d. e n el sentido de aferrarse a la vida. junto a esa mesa de juego. de rudo desafio a la sociedad. i Quiero recordar. Santivdn m e leyó “La Hechizada” e n Playa Ancbd. también. la novela “Ansia”. a quien persiguió. 18 . Es una de las pocas novelas chilenas que pintan la vidi de los escritores y mdsicos de Santiago. porque “El Calvario’’ del autor francés es. a fines de 19J5. Estilo nervioso. E n la fiebre del juego. como un enviado del más allá. y en “La Hechizada”. En “El Vengador” hay n o sé qué de agresividad. para crear sa obra e imponerla a U F Z fiziblico indiferente u hostil.Abi mismo.o instintos depravados. de tomar el partido del derrotado o del humilde. & f e dió la im@residn de que akco que n o conocia de Chile se m e revelaba por f i r b e r a vez e n vocablos que oliar a campo y exfwesaban virilmente el odio o el amor. tan castellano. En “La Hechizada” utilizó el novelista el mismo procedimiento que e n “El Vengador”. caaqzdo dirigid em Valfiaraiso la revista “Sucesos”. de n o morir.gustia del artista que gozc y agoniza. recuerda a sus contendores la voz y el gesto del suicida. se suicidó un hombre. en la soleada amplitud de la campiga. Y sus personajes. la trdgica lucha de un artista. dg desquite. A todas luces. adquieren una magnitud universal por la sangre tibia de humanidad que los anima. Amigos y conocidos lo abandonaron e n ese instante critico. e n m concepto injustamente preterida. de certeras imágenes. también. hace algunos anos. Santivún sintetiza e n esa palabra la ar.

En “El Crisol” hay páginas de las mejores del autor y dc de nuestra literatura. que figura en k colección de ese mismo titulo. Blume y Cia. E n “El Crisol” y e n ‘Xoblss. sobre todo. y. abnegado. y donde fijará. Por sus caracteristicas de sana femineidad.n adelante. como Baudelaire. porque l o que cuenta es el gesto valiente. de librar a la hechizada de su hechizo. pero admira e n cambio a la mujer. e n un %dio mexicano o e n el jardinero de una finca inglesa.el aroma de las cosas idas penetra de nostálgica fioesia la vieja casa patronal. los dorados paisajes del valle ceaztral. N o desprecia a la clase alta. observamos otro ejemfilo d e la técnica habitual del novelista. el escenario de todas sus novelas. el nuevo sur. Santiván tiene f e e n el mestizo. ni nadd realiza. Santiván coincide e n esto con Lawrence. Hortensia es hermana d e Humilde. la que describe la fundición de metales en la Escuela de Artes y Oficios. pero es la victima s e u a d a . la tierra conquistada al bosque y al indio. que supone la reserva étnica de Chile. que simboliza la supervivencia de la especie. que el dandy n o sirve para nada. joven temerario. y tamfioco imfiorta. un aristócrata. ni la ingenua que actuó bajo un hechizo. siempre que se distancie del señorito y se acerque al hombre de pueblo.niña inexperta. a quien dió Santiván el significativo nombre de Humilde. Baltasar. Estas dos novetas de Santiago exfilican m u y bien la ideologia de Santiván en ese irzsfante de su vida y su concepto de la novela. pero el ambiente ha cambiado una vez más. la figura de La Hechizada. español y mapuche. sin conseguirlo. Saativán intenta una interpretación d e la sociedad santiaguina a principios del siglo. e. del dandy. en una palabra. e n un soldado vagabundo. E n el caento “En la Montaña”. en el que fuerza y acción SMZ ingénitos. Piensa. por ejemplo. por Paza y por esfliriiu.”. Es quizá el primer ensayo de Santiván interflretando el sur de Chile. N o es una . Es. al macho. pero duda del nuevo joven de la clase alta. intenta despertar a la bella dormida.

intercalada e n el relato: Corre. el tendero en su ávzdo mostrador. angustia creadora. sobre todo en la selección de los titidos.@or el señor montañés. El afán alegórico. dueño de cuerpos y de almas e n su rincón. la originalidad del tema. el funcionario que negocia. una disciplina espiritual. Ante todo. donde Santiván h a penetrado más hondo e n la psicologZa de la raza y donde llegó a la perfección en su arte de finovelar. “Ansia” significó. Pero es e n “Ea Camará’. corre. que piernas ágiles te persiguen. “Charca en la Selva”. e n los comienzos de su vida de escritor. Libro rudo y violento. corre firme. destruyeron la brada virginidad de la selva y del mapuche hermamo del h b o l y del rz’o. a la orilla de los lagos y de los rios cordilleranos. de áspero ueiismo. “Charca e n la Selva”. a Pesar de sus fallas de técnica y estilo. es t@a e n la primera fase técnica del autor. casi siehpre poéticas sintesis del contenido total de cuentos y novelas. al prestarle toda su ayuda a Hortensia para que escape del fundo. además. y . Y Juan. Esta frase del novelista. ahora. sin que las caracterbticas esenciales de su temperamento hayan variado. el sobrizo del terrateniente. una contención. El colono armado de su hacha y de su ambición. Menesteres agricolas por zm lado. que no conocia t a z bien como los hombres y los paisajes de su primera +oca. aunque a veces no se logre por completo. persiste azh. Observo. se hermana psicológicamente con Baltasar. el estudio atento de nuevos paisajes y de nuevos hombres. Se han transformado más bien. El autor se oculta e n los bastidores de su creación y no qaiere mezclarse con sus personajes. la encharcaron con la voracidad de sus apetitos y con la vileza de sus intrigas de explotadores. yegiiita mansa. 20 . es el drama de un paisaje y su habitante y del invasor que intenta dominarlos. e n un hijuela en que h a b k que limpiar de troncos los potreros. quedará como un testimonio vivo de la colonización de la Frontera. e n su segunda etapa. Hay un compás de esfiera e n la producción de Santiválz al radicarse definitivamente en el sur.

estilo.Sobre la conquista de la selva n o hay e n lzuestra literatura muchos antecedentes. e n la lucha del caminero. El caminero explica con humIld0 ternura: -Los zapatos. Lucinda n o entiende. pues. Rudamente bella y rudamente fiel a su hombre. Ranchos a la margen de un lago. hermano del balsero de los rios y del carrilano del valle central. N i se siente ofendida ni da ocasión para que la cortejen. ella se defiende. L o mejor a de sus almas oscuras resplandece e n l palabra con que k designan: la camará. con el colono o hijuelero de la tierra. Con un gesto altivo. al cerciorarse de la lealtad d e la mujer que ellos acosaron durante Los dias y las voches del campamento. Se enfrentan de nueuo. ni existen tamfioco precursores literarios. El escenario de “La Camará” es un acierto: un camino. csracteres. y e n un nuevo Chile. se llevan a los peones a Villarrica. técnica. enraizado en la tierra. después de una trágica reyerta e n el camino. El novelista ha debido crearlo todo: paisaje. Todos la desean. U n o de ellos se despide de Lucinda y le dice: -En el rincón de la rancha está el paquete. que se disfraza de atenciones o estalla e n szibitas peleas. Lucinda. La cerca una sensualidad contenida. sin embargo. el roto anárquico y el huaso conservador. moza o manceba de un colono. termina por respetarla primero y adorarla desfiués. un dia. sin Dios ni ley. Rasgo de generosidad colectiva que sublima los instintos de unos hombres rudos y fieros. en un grado más elemental. Carretera que se construye I l o largo d e las pueblas primitivas d e los colonos. junto a las hijuelas. tiene los atributos de abnegación y de femineidad de todas las heroinas de Santiván. para sus piececitos. es el alma del pequeEo campamento. ayer n o más arrebatada a la selva. 21 . Y el grupo de peones desalmados. Lucinda. y el drama. Los carabineros.

recuerda ‘?La Gamará” a los cueazdos de London y a aquel relato de Bret Harte.Por la sencillez de la ex@resión y por la seguridad del trazo. para deja? unos juguetes rotos y mojados en la cama de un niño. W e cómo Santa Claus llegó a Simflsoaz’s Bar”. MARIANO LATORRE 22 . e n que el miwero Dick Bullew atraviesa um rio. durante una tormentosa noche de Nahidad.

PRIMERA PARTE .

con qué desdén ponía en el ojal de la solapa rosas tempraneras u orquídeas de invernadero! 1 La “mano helada” me hizo sentir que ese rodar ruidoso de mis años idos había terminado de pronto. las horas nelancóiicas y graves no dejarían oír s u voz de bronce. como soplo de invierno.LA AMANTE POBRE HACE tres años tuve una enfermedad que me hizo sentir una mano helada sobre el cuello y escuché una voz. de pronto. hallaba. . de literatura. . ¡Nunca má5. Las horas aleqres no volverían a sonar SUS carnpanitas de plata. Ea “mano helada” y el “soplo de invierno” son figuras retóricas: me he propuesto en estas páginas huir. es la hora”. Quisiera hacer invisible el lenguajeay que el dolor se viese como en un acuario. como término de recuerdos ( 1 ) Este libro se comenzó a escribir en 1930. . ¡Orgullosa pretensión! Tengo cuarenta y cuatro años ( 1 ) . de esa verdad que pasa por nuestra vida como huésped vergonzante.Es posible? ¡Si me parece fué sólo ayer cuando reventaba de soberbia por los poros de mis exuberantes primaveras! ¡Con qué desprecio pisaba sobre las florecillas del campo. oculto en pliegues de telones teatrales. del E.) 25 . la vida verdadera en transparencia de aguas y cristales. nunca más!. en lo posible. En mi paseo despreocupado por el mundo. después de una -nfermedad en que el autor estuvo a punto de perder la vida (N. que me decía: “Es la hora. la peor enemiga de la humilde verdad. Fernando.

máscaras de narcótico que llena el cerebro de fríos olores de fruta y la dulce sensación angustiosa de que se cae en un planear de ascensores hacia una región lechosa a dondc llegan las voces del mundo. inocua para los que mueren. dormir y despertar. LP muerte es olvido del pasado y del presente.vividos y ¿e esperanzas proyectadas sobre la noche del futuro. Sólo entonces prendió en mi cerebro la noción exacta de que mi vida pudo haber terminado. el misterio. con tal criminal inconsciencia. La “mano helada’’ sobre el cuello es simplemente figura de retórica. calor de estufa. era pvecko que no muriesen esos días vividos tan despreocupadamente. larga sucesión de “promesas”. con apresuramiento. habría tenido ía manía de verterse en forma de garabatos de tinta sobre carillas de papel. Y toda esa vida acumulada en cuarenta y un años. ¡Vida. jno significarían nada para los hombres de mañana? Se apoderó entonces de mí un afán de burlar la muerte. A los cuarenta y un años. muebles blancos. habría puesto término a la siembra estéril de cuerpo y espíritu en gran número de tareas contradictorias. tuve un sobresalto. periodista. Fernando Santiván. esos encantamientos de pensar. Durante mis días de clínica. cuya dudosa utilidad nadie echaría de menos cuando una pequeña lápida cubriese el agujero de la extensa muralla de nichos a perpetuidad. . Era preciso. . en cuyo arcano muerer odios y amores. Y. delantales níveos de médicos y enfermeras. con superficialidad de pájaro migrador. ¿Qué cosa quedaría detrás de mí? Un puñadito de libros míseros. todo ese prodigio de amar. el término de pasadc y porvenir. serviría apenas para que veinte años más tarde algún crítico erudito se diera el placer de desenterrar. niqueladas herramientas. lejanas y sonoras. . recuerdos y esperanzas. ese milagro de vivir. suave transiciór de la conciencia a la inconsciencia. adiós! ¡La muerte física no es trágica. Es terrible para los que viven. no!. Una sala de clínica. un foso de infinita profundidad en cuyas sombras se mezclaban el vacío. me puse a la tarea de salvar del pasado los hechos de mi vida. la nada. el esqueleto literario de un prójimo que vivió entre el año 1886 y el de 1927 y que. a modo de curiosidad. ya convaleciente. según su perspicacia.

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ah! . un acento bordelés que me decía: “Santiván! . Había hurtado a mi madre el libro.espiritual de las acciones humanas. iAh.. Las pensativas lagunas pueden transformarse en charcas plltridas y los pájaros dormidos deshacerse como embalsamados habitantes de museo. es acaso más bello para mí y para los demás. cuando percibí a mi espalda la cálida irradiación sanguínea del padre Venancio. la mayoría de las veces. Se acusa de falta de imaginación a los escritores del país y a los chilenos en general. que tormentoso rebullir de pensamientos bajo la caldera del cráneo y continuo planear de la imaginación en atmósferas imposibles. Estos detalles que faltaron a otros escritores son los que pretendo agregar en estas carillas. Nos espolea tanto al fantasear.temor casi religioso al penetrar en el parque añejo y abandonado de mi existencia. ¡Ay! Yo casi me duelo de que l a tengamos en demasía. lo que tienen de mezquino. Así. luego. entonces en boga. y. que el patio de la casa paterna nos parece estrecho y salimos por llanos y montañas en busca de andanzas extraordinarias que consumen la vida en brasas sin objeto. idealidad y espíritu aventurero? Tenía apenas ocho años cuando sufrí pena de encierro y chicote por amor a las letras. Nuestra romántica boda con esa dama pobre que se llama literatura. . Se cae en una de estas verdades porque se posee un modo romántico de mirar la vida. por escasez de datos para considerar el conjunto. como alumno de los Padres Franceses de Valparaíso. Fué en el año 1894. Siento un’. o. convertir el sueño apacible de las estatuas que pueblan sus bosquecillos en muecas inarmónicas y descompasadas. Tomar con mano ruda los objetos que pertenecieron a la Bella Durmiente sería acaso romper su encanto: pulverizar las esferas de cristal que brillan multicolores en las avenidas. a la vez. simplemente. a la distancia y en el misterio. Lo que se ha llamado nuestra inconstancia no ha sido más. . ileyendo libros prohibidos!” La trompeta del Juicio no me hubiera causado mayor espanto ni pude pasar de una abstracción más 28 . y. “Almacén de las Señoritas” y leía con avidez en la sala de clase el cuentecillo “La Bella y la Fiera”. . . corroídos por la polilla. grosero y nauseabundo. jno es la mejor prueba de platonismo.

Prefería la novela puerca. qué de amenazas. me hicieron olvidarla jamás. de Samuel Fernández Montalva. En 1901. revista editada en Santiago por los Poblete Cruzat. sin que desdeñase la de qún el decir de una prima ingeniosaienerosos lagrimones. doce rayos fulmíneos que me hicieron enloquecer de dolor. En esa edad en que se ama el amor. Sólo en 1899 o en 1900 vine a iniciar los primeros ensayos en compañía de Mariano Latorre. que publicaban sus partos en “Ea Ilustración”. Hasta entonces mi pasión giró alrededor de menguados ingenios extranjeros y de escritores nacionales de más o menos. que por verdadera afición a las letras. más que su personificación en de patios adentro. Amor por la lectura es una cosa: afición por escribir. En aquellos años me revolqué e lectura novelera. Más tarde. ni mi voluntarioso secuestro años más tarde en la Escuela de Artes y Oficios. castigos y postergaciones para obligarme a serle infiel! Pero ni todo eso. luego. o en la “Lira Chilena”. mecía mi espíritu c mezclada de agradable oIor a tinta d c 29 . Del mismo modo el estómago literario le permite asimilar los engendros de la más heterogénea estructura. La lectura prc cosquilleo sensual. ni otros amores humanos. al conocer los mejores autores de la moderna literatura española. otra. Hay una época de la vida en que el hombre tiene un estómago poderoso que digiere toda clase de alimentos: un apetito de hombre de las cavernas lo hace engullir con la mecánica voracidad de tolva de molino. exacerbados por un amorcillo de adolescencia. mejor. . ni otras torturas metafísicas..enczntada a una más cruda realidad: una hora de rodillas en la sala del padre ministro.doce heridas en la palma de las manos. ¡qué ardores sufrí por culpa de esta dulce amante imaginativa. en espera de la fatal sentencia. sentí el primer escozor de la vanidad creadora. pero más lo hice como prolongación y desahogo de los instintos sexuales. se busca la emoció que la provoque el más destacado bt un fino alquimista de la lengua. con los brazos en cruz y un librote en fada mano. doce *‘guantes”.

a quien. ¿Por qué se habla desdeñosamente de los autores folletinescos? Ellos responden a una etapa del alma embrionaria del lector. hecho en los folletines de "El Sur". a Lamartine y J Shakespeare. Tiñeron mi vida de falsos colores. LUII pul --- l. a Dante y Boccaccio.-* J!ririque uuranre _aiguuus uiab. Ponson du Terrail y Xavier de Montepin me presentaron simpáticos bandoleros.Lb. y Z l l C b l l D U 30 . según la capacidad asimiladora del estómago. viajero intrépido o bafidido montaraz. sin excluir a Cervantes y a mas. de fuerza. b1riiuuY -:---l.A Luiiiu. ¡qué gratos para la incipiente sensibilidad! Pérez Escrich y Luis de Val me pusieron en contacto con hombres infinitamente buenos y con doncellas diáfamente puras. Con qué deleite 1Oecuerdo el hallazgo. Me proporcionaron goces positivos.. Hay larvas que devoran las hojas de los árboles y respetan las flores. por un momento pudieron ser desconocidas s : u virtudes. Son los compañeros naturales de la adolescencia.*_ ^ ^ ^ _ ángel perseguido.. pero.. valientes. . También lnimn~ :-+--en -1acer a Walter Scott y a Alejandro D u y ' orge Sand.s. ¿quién nos asegura que asimilamos de esos genios profundos un material snpel rior al que obtuvimc)s de los novelistas populares? E alia mento sólo aprovech. prefeí-irán el néctar y de!. sin embargo. pero a la postre siempre triunfaron la verdad y e bien. ¡Qué revelación fueron para mí aquellas páginas amargas y extrañas.. Con cada uno de los protagonistas me iden< 2 _ _ .I1I1"c. uusiiaiiu -. Maine Reid y Julio Verne me llevaron de la mano por países vertiginosos. . bellos y diabólicos.preciarán las hojas. produjo en mi ánimo un estadc *opicio al progreso literario. de color y de borrascosa ternura humana! ¡Cómo! ¿Era posible interesar con el relato de algo que estuviera lejos de idilios paradisíacos y de aventuras truculentas? Aquel ebrio Orloff que desahogaba s u angustia recóndita sobre la resignada cabeza de su mujer... . ¿era un personaje que podía rivalizar con el perfumado Athos y el portentoso caballero Ivanhoe? La coincidencia de madurez espiritual con el hallazgo dr pel libro rusoi sin duda. Los recuerdo con agradecimiento. miás tarde. cuajadas de realismo. de una novela de Máximo Gorki: "El Matrimonio Orloff". en estado de mariposas. audaces. pero. A esto se vino a agregar e.--A. amaba salvajemente.N o reniego de aquellos autores de la niñez.

iiumin. En los grandes ingenios de la ra reconocemos como en un vasto espejo convexo que a nuestras facciones. a quien pudiera llamarse pa “Comedia Humana” española. con notas y ácidos comentarios de íos prc Alejandro Venegas y Nercaseaux y hforán. i martirio! Obscuro trabajo de la simiente en el seno tierra. a mi propia casa. se transmitía a mi cneq misteriosa transfusión. estudiada 4 nlanidadcs. . audacias. más qi lurnbramietato. penosos balbuceos. a su vez. Me parecía llegar. iAh el Arc Cervantes. lentamente. Era el digno i del tronco macizo de Cervantes. timideces.conocimiento de la literatura castellana. Galdós. entusiastas. desp un viaje por tierras exóticas. en donc me era familiar. enorme cariño filial. Pérez Galdós! . Y. 31 . súbitos decaimientos. Por sus arterias corría gre generosa que. comenzó el trabajo modesto p vino‘ de la producción. me causó. .

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decidimos conocer París. dígani o ue me presentaré al juzgado. con tal de Ilegar algún día a esa ciudad de los sueños adolescentes. la suma de veinte pesos.encia de hombre de tan notables antecedentes. Es decir. La primera etapa la hicimos en carro de tercera. lo conocía. pero el bueno de icio. o el abandono de sus brazos a lo largo del cuerpo.. pero teníamos resolución de costearnos el pasaje con trabajo en las máquinas de los trasatlánticos o en las duras faenas de cargador. después de largas charlas y cavilaciones. me arañaron el alma. S l ven. Ignacio tenía el prestigio de su ión a las letras y el de ser hermano de un famoso bandidoillero cuyo nombre fué el terror de los hacendados su1s. había desfilado silenciosa[te sin cancelar el hospedaje. por un motivo fútil lo insulté y l abofeteé rudamente. Nada diría si se hubiera 34 . Para mí. misteriosas como los relámpagos que cruzan las noches quietas de verano. a fuer de poeta bohemio. I claro l dijo la señora de la pensión: o -No me pregunten por ese pícaro. ¡Sólo allá se encontraría l a verdadera vida deleitosa! Contábamos para la aventura. a quien nombraba con frecuencia en nuestras conversaciones. mi compañero de viaje no conocía el doilio de su amigo.Me perdonó? Así lo dijo. y llegamos a nuestra pequeña metrópoli C Q treinta centavos ~ en el bolsillo. Era robusto y hubiera podido enfrentarme con éxito. Sin embargo. Con Víctor Batista. N o dejó huella de s u paso. Toda la vida me han preocupado hondamente o estas reacciones bruscas de mi espíritu. . Yo sentía erosa angustia sólo de pensar que pudiera hallarme en . Su mirada de tristeza. Por desgracia. medio bohemio. reuniendo nuestros caudales. . Según mi amigo. Víctor Batista decía tener allí un amigo íntimo. Otro de sus heimanos había perdido la razón. E caso es que l admiraba y l del o o fendía lealmente de los malos juicios que pesaban sobre él. pero l dudo. Ignacio poseía aptitudes extraordinarias: medio poeta. en una ocasión en que jugábamos varios muchachos. en día de sol y de campiña libre. Más tarde le di excusas. Ignacio Herrera.miración por Víctor. . . hasta Santiago. Pertenecía a la familia de los Herrera Sotomayor y suponíamos que ambos apellidos dieron mucho que hablar en la vida chilena. medio aristócrata.

que me -ordaba la húmeda boca del buey. La última noche me extravié de mi compañero.. A las dos c de la mañana desperté caminando por calles extraviadzs. junt O a un “pacp” que m i zarandeaba un brazo para mintene rme en pie.De por : CO!creo el vuelto”. Ignacio no era más que un buen muchacho.chistar. posiblemente defecto orgánico.aba. Tenía ¡as manos hinchadas. Tres días pasan )s caminando tras la sombra fugitiva de Ignacio Merrera c S O tomayor. las facciones toscas. me re< impresionó su aprescrada manera de caminar: los taconzs ridos. tuve el trabajo de bu scar a dos. y. hubiera deseado imitarlo. a p m a s decente. en su indumeataria. pero a la falta de pago añadió la burla: dejó colgados en la puerta de la pieza un p a r de czlcetines y: :jos y un cartel: “Págues: con mi equipaje. NO sé qué ha bía en el entrecejo. vaya! iEstos jóvenes! Así es que . En mi cuarto día. di5. no son para descritas. era fácil descubrir el Qcscuido. ¿de catnino a París? Acentuaba el final de las frases con un ligero ruido prove cado por l a expulsión del aire en las fosas nasales. en vez de uno: ia Batista y a Werrera! Al cac2r la tarde. A pesar de todo. -. que salió a mi encuentro con fisonomía radiante: -:Encontré a Ignacio! :Lo encontré! No era tan considerzble el hallazgo como yo lo h a pir. rendi(10 de fatiga. la cabeza de hinchado occipital erguida. y cierto tOf de:jenfado que se me imaginó peculiaridad de los intelectuales saritiaguinos. rn-E* pareció de suprema distinción y evidente signo de superiaIridad.Vaya. hambre. Nuestro drscorazonzmiento fué grande. rnsirchado sin 35 . encontré por FinL a Víctor.puesto a que me desvalijaran o que algún fosco guardih m condujera a la comisaría. Ocurri6 lo último. Este tic. en la nariz y en los labios. sin probar bocado. quiahs mala costumbre. Desde luego. cuando ya estaba cavilando seriamente en buscal. Ignacio Herrera convidó a Víctor a su pensión.alivio en las turbias aguas del Mapocho. me tumbé sobre un banco de la Alameda. LZS penurias sufridas en aquellas largas jornadas. remíta. cansancio y sueño.

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. p s o . por ser de reciente hornada. ¿Cree que morirá Víctor Hugo? ¿Es posible que envejezca Cervantes? -Para su tiempo. Si ustedes no emprenden demasiado pronto viaje a París. Va todas las noches a una cantinita que hay en la calle San E e g o . Débilmente. . . el filósofo amigo. Ignacio adoptó aires pontificales. . janticuado! . Mallarmé y Rirnbaud están más cerca de nosotros. N o los olvidaría. no sabía escribir. . tanto más cuanto anunció que nos leería algunas páginas de \ 37 . cuando llegase la oportunidad. . . . exhibiendo mis conocimientos de “Martín Rivas” y “Ea Aritmética en el Amor”! -Ahora se escribe de otra manera. soy amigo de Gonzáiez. a Orrego LUCO. jMi santo Dios! Tentado estuve de negar tres veces al gran novelista. quizás . jY yo que pensaba lucirme. Y a encontraría medios para conocer de cerca esos libros prodigiosos. aunque nadie me l o pedía. Mi admiración por Ignacio Herrera llegó al colmo. Apenitas dejó en pie. . . Hasta Pedro. -Los grandes escritores no envejecen -me atreví a insinuar con timidez-. ¡ésos si que son colosos! jAh. oh!. Barrió de una plumada a casi todos los “viejos”. mi amigo. pero hoy día existen mejores maneras de expresión y más de acuerdo con el alma moderna. . el pobre viejo es un coloso como trabajador. -Sí -concedió IZerrera con gestecillo displicente-. Ahora I!egan hombres nuevos. temblequeando. estuvieron bien.. . a Marcial Cabrera Guerra. . Verlaine y Baudelaire. Yo tomaba apuntes silenciosamente en el libro de la memoria. Antonio González va quedando atrás. y .yo me sefitía avergonzado de mis autores y procuraba ocultarlos como si se tratara de una indiscreta rotura en los zapatos. Blest Gana era un patán. se los presentaré Con Pezoa Véliz soy más que amigo: para m es í un hermano. . ¿Y en poesía? . janticuado!. Pérez Galdós. Magalíanes F-oure. no. A propósito. Ya hablaremos de ése y de Augusto Thomson . Y cuando llegamos a hablar de escritores chilenos. Lea a Joaquín Díaz Garcés. En París. Pezoa Véliz . en compañía de Oportus. como Bórquez Solar. me atreví a argiiir: -Pero. a Thomson.

cuando aún no comenzaba el ruido de la casa. Por las puertas entreabiertas salían ronquidos y débiles quejas de personas que dormían en aquellos cuartos sin ventilación y sin limpieza. . En la mañana. Según ellas. al encontrarnos solos. Me apresuré a responder con exaltación: . purificadas por una noche de rocío y de estrellas.Q u e es el hombre de mayor talento que he conocido en mi vida. no exenta de complicación psicológica. Y Y * ‘ Esa noche nos arreglamos de cualquier modo en el cuarto de Igcacio Herrera. Los angostos pasillos. Estos poe:as son como íos masones. -Caíla -le d i j e . . de mis composiciones. se hacen un gestecito y . toda persona es susceptible a ser dominada. todo está bien. con 38 . . un sol ingenuo comenzaba a dorar las aristas de las pobres tasas. que bien pudieran provenir del humo de la cocina. Había nacido un nuevo astro en el mundo de mis admiraciones.. poro estoy que me caigo de sueño. Y a sabía yo que ustedes se entenderían. Me moriría de vergüenza si Herrera leyes?. rezumaban olores rancios. como de la vaporización de acres emanaciones. El aire de la callejuela fué como una liberación. Le di un fuerte codazo. otros. . Ahora llévanos a tu cuarta. no chistes. . ¿Te has fijado en su teoría de la “táctica” para tratar a las gentes? ¡Qué original! Referíame a ciertas ideas expresadas por Ignacio. salimos en puntillas Víctor y yo. “ñato”. . . Algunos individuos necesitan ser tratados desde el primer momento con dureza. Vktor se acostó en el endeble camastro de nuestro amigo. yo me envolví en una frazada y pasé l a noche en un sillón desvencijado. -¿Qué te pareció Ignacio Herrera? -fué la primera pregunta de Víctor.sus memorias: unos treinta cuadernos que venía escribiend( desde hacía varios años. indefinibles. de paredes mugrientas. -Bueno -exclamó Vícror Batista-. Para eso es necesario desplegar una “táctica” especial. .

-. mortificante. hay otros a es preciso esconder los designios de dominación bajo quieneS m. +sí -murmuró Víctor Batista con frialdad-. pero^ que me paguen la diversión!. Si VOY 1 una casa de remolienda y no ter. ¡Qué rktica ni ocho cuartos! ¡No me voy a ocupar en dominar R cuanto imbécil encuentre en el camino! ¡Que dominen otros. puede estar seguro de triunfar $. despreocupada.. Esas son cosas que le mete en cabeza el poeta Pezoa Véliz. sirva para maldita la cosa. Como . era imposible sentir molestia. me dieron la impresión 'le Pzlacios venecianos dormidos sobre aguas misteriosas.ida. La doble hilera de casonas disfrazadas con rrajes vistosos de nobleza antigua. El hombre que llega a iormarse una táctica para tratar a SUS semejantes y que sabe . . ni parece que. . y en varios años de trabajo no ha conseguido salir de su penosa situación?. y o me limité a encogerme de hombros. Y en vaho de la tierra. "largaban su doble línea hacia el oriente. .ieridad despiadada.go plata. si la teoría es buena. Su risa era fresca.Tienes una moral abyecta! -exclamé. llevada a la práctica. En cambio. . . Me pareció que las palabras de Víctor eran fruto de la envidia o de incapacidad para comprender a nuestro amigo. Lo esencial es pasarlo bien. como brazos que juntasen Para orar a la divinidad de las cordilleras azu'"florecidas de blancas sonrisas y rosadas mejillas. no está mal. .?nto de suavidad o indiferencia. ni se podía tomar 'm serio ninguna discusión. . Pero ni es tan original como crees. -NO hay mejor táctica -añadió Víctorque vivir ! día y sacar de los hombres y de las circunstancias todo el 1 :rrovecho que se pueda. Víctor se echó a reír. le echo el ojo n cualquier tipo rumboso y le doy el amén en todo. y o estaba asombrado de la ciencia mundana de en 71i amigo. Habíamos llegado a la Alameda de las Delicias.plicarla con oportunidad. ?y&ndola.d 'i me ' 39 . Ignacio no pasa de Fer escribiente de oficina. La her'losa vía se hallaba a esa hora envuelta en dulce modorra comenzaba a desperezarse lentamente. . . y proponíame imitarlo. ¿por qué. .eoría. Los árboles de la Alameda tenían aún ojeras de amor y perfumes de lecho femenino.

. ya ves tú . . esa forma? Pero.. Yo contaba con Ignacio son las que hemos f: Herrera para conseg uir algunos pesos. Quisiera conocer el goce de los ^ _ _. . del licor. Víctor. V i en sus ojos que no me entendn'a y cambié de tema. que que pueda acer. . Yo también tengo ansias de goce. .-. Para hambres. y u s ~ a ~ . Víctor Batista inclinó la cabeza y su rostro enrojeció ligeramente. dilatando el pecho como para ingerir mayor cantidad de aire matinal-. Sí.. . -¿Qué haremos hoy? -le dije-. {Quieres que partamos 2. He hablado ya en 1ana bodega. ¡Los que l niegan son unos hipócritas! o Me sentí dominado por vaga sensación de melancolía venturosa: -¡Gozar!. creo que no nos parecemos.. ._ 3* Z. pero. . 1a. .. La verdad es que co me hace mucha i gracia este viaje a f: e y sin un cobre. mi compañero de a\ Si no quieres hacer el camino a pie hasta Valpar:aíso. Allí sentaremos plaza de grwmetes o de fogoneros en cualquier bucarnos a nuestro destino. buenas basado estos días. IUJ us paLaiirJ. . . .c_c A .-¡Ea cuestión eS gozar! -repitió Víctor Batista. rntn--r . " C'IUUILUS. de las mujeres chillonas.. I. con:i teniendo la indignac:ión al darme cuenta de la deserción de 'enturas-. . observándome con curiosidad un POCO burlona.]Hombre!. pero. Víctor huyó la vista: -Mira. A seguir nuestro programa. . Tengo como una sed enorme de conocerlo todo. y nada más que el goce. generales.. T ú buscas eI goce violento de la francachela. . chico. de los toreros. . de' los enamorados.:&:pmc An lnc LG &vi -¡A ValparaíscI ! ." uc IUL -. . . Víctor Batista quedóse un instante silencioso.N falta quc: hace Ignacio Herrera! -exclamé.In u= IVJ 1-c IIIIJLILVO. ¿no ves que es una tontería? 40 íso? . . ¿A qué? -. trabajaremos aquí algunos días. Yo quiero eso y mucho más.. Bastarían una o dos semanas para reunir la plata que necesitamos. ¿Y en -¿Trabajar? --murmur$ con voz atragantada-. cerca de la estación: se necesitan hombres par2i la carga y descarga de mercaderías. Todos buscan en este mundo el goce.

las espaldas ensanchadas por hombreras. Fíjate. -Bueno . mejor nos hubiéramos quedado en casa. se ué haciendo bajito. pero. Comprendí que sería inútil convencer a aqaef compañero enfermo de vanidad aristocrática. pienso aceptar e1 convite de una familia aue vive en San Bernardo. yo. para eso. ¡Pero. . Llevaba la moda de entonces: 10s pantalones aflautados. ide peones!. pero me contuve a tiempo. . T ú comprendes. interrogué a mi vez: -¿Y por qué tontería?. dc fidaIga hinchazón castellana: mal de la raza. . tímido como un viejecillo o como un . No se trata de medrar.que nuestro programa es muy &verso... Su sis h t a de petimetre provinciano me inspiró piedad. 41 . . ¿y qué haremos. . Tú. . un Batista Larravide. el intrépido Víctor Batista que yo crei 3nocer. Yo creí que esto no era tan . Es posible que encontremos un trabajo apropiado Mientras tanto. al abrigo de la familia -Es cierto -respondió Batista con apreswamiento-. se miró las pulidas uñas. pensativo. Son amigos de casa. Brillaban al sol SUS zapatos largos y puntiagudos. . Mira. ¡Si nuestros amigos nos vieran! . tenemos Dimos!. el p:queiío calañés un poco echado al ojo. entonces? -. -Sí. .. . .víctor Batista. . ¿Qué haremos? N o 10 sé. un Srnntiváiiez y Puga. flamearon en mi5 labios.jfio. . infiltrado en nuestra sangre. . . camenzó a empequeñecerse ame mi espíritu. . hijo mío . NO veo el motivo para qile andemos aquí sufrienda. hijo mío!. T ú tienes parientes en buena situación. -Te olvidas -le d i j e . te dejo: quiero alcanzar el tren de siete . Lo vi alejarse a l ~ p trancos por la Alamida. CQEO si en ellas buscara una sohción-. PertenecemOS a familias decentes . ¡No. Ignacio Herrera nos puede ayudar con algo. . Con mirada desafiante. Hijo.Qué haremos? -Víctor Batista.. se irguieron para atacar. iUn Puga Borne es MinisTro de Hacienda! Yo lo miraba combsivamente. . Puedo estar allá algiznos días.. .d i j e . íNo es posible! Un torbellino de palabras hirientes accdieron a mi boca. las muchachas son bonitas y hay una que me lisa . no!. ¡Somos robustos.

. Prometíle regresar a Santiago tan pronto como terminara mis humanidades. Por la Alameda comenzaban a deslizarse algunos traoseúntes: colegiales y empleados que caminaban de prisa. en donde vivían mi padre y su familia. Un sol de primavera se elevó sobre la copa de los árboles y puso tibieza rubia en los edificios y en las calzadas. Bueno. entonces me pondría en contacto con sus amigos escritores e iniciaríamos juntos.. Muchas veces m e sorprendí pensando que sería conveniente que muriese cualquiera de los míos para llevar una cinta negra en el brazo. Los primeros tranvías. El viaje a París quedaría para mejor ocasión. . Recuerdo que en el colegio dr los padres. De Santiago me dirigí a Parral. sus manos acariciadoras. Sólo les hice cortas visitas. . simulaba un remo que se hundía con ritmo pausado en el tranquilo cauce de la ave. en Valparaíso. ¿Puedo asegurar que sentí su muerte hondamente? Las impresiones de los niños son complejas J versátiles. Pensar en que no tendría nunca más a mi madre. quizás. . Digo “su” familia y no “mi” familia porque nunca viví mucho tiempo en compañía de mi m í drastra y de mis hermanas. nuestra vida literaria. . como si poseyera resortes.. tuve largas conversaciones con Ignacio Herrera. un compañero de clases llevab. . diminuto casi. nida. A los ocho años perdí a mi madre.: hasta que se perdió de vista. ¿Y qué? Escupí con fastidio al suelo como para arrojar algo sucio que me amargara la boca y eché a caminar por la Alameda en sentido contrario al de Víctor Batista. comenzaron a vaciar vida en la urbe aletargada. el grito de los vendedores de periódicos que corrían voceando con alegre clarinada los diarios de la mañana. junto con los guantes. Se hizo cada vez más pequeño. en una manga del vestón un anillo de luto en tela negra. Empuñaba en la mano una deigada caña. que no vería su rostro serio y melancólico.. Pero cuando pensaba en la cinta ne42 . Antes de regresar a mi “blasonada ciudad colonial’’ pai0 proseguir los estudios interrumpidos por esta insignificante y bochornosa aventurilla. me producía desgarramiento doloroso. su voz apaciguante.’ y todo su cuerpo se movla cadenciosamente de arriba abajo.

estaba aún inconcluso y habitado a medias. pero hubiera sido. un sentimiento de rutina y no un dolor de las entrañas. y al percatarme de la soledad de afectos hondos en que vivimos. de brisas salobres y vuelo de gaviotas. abandonos.gra. acaso. frialdades. a la vera de Viña y muy cerca de la playa. Es seguro que si alguien hubiese recordado a mi madre con palabras lastimeras. Desde casa se escuchaba el rumor de las olas. En esa época. se deshizo el hogar. al recibir traiciones. Vivíamos entonces en Población Vergara. Con la muerte de mi madre. en los trajes de luto. rodeado de corredores y vidrieras. pensé en la madre con aguda nostalgia y tendí los brazos hacia el vacío. Sólo años más tarde. implorando aquel perdido amor. 43 . en las innovaciones de nueva vida. me dominaba un aturdimiento placentero que en vano procuraba reprimir. Cuando murió mi madre. Mi padre construyó un gran caserón de dos pisos. . los pasos resonaban lúgubremente en las piezas vacías:. mi vida entera se llenó de agua azul y verde. yo me habría echado a llorar. Población Vergara era en esa época un gran desierto arenoso en el cual se comenzaban a levantar casas y chalets aislados.

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pasijn fanStica. Desde ese instante. dividido en dos crenchas lisas y brillantes. La vida entera de mi padre permaneció perfumada con el recuerdo del abuelo y de s u hogar. No escaseaban el pzn blmco y las gruesas bxorias. lo vi llorar . y fué a entrezarlo a la férula de su pariente don Pedro Campuzano. condolerse angustiosamente de la desgracia. estando nosotros en Población Vergara. U n cántaro de greda contenía el vino rojo que corria de m a n ~en m m o ccmo fuente cordial de salud. exeatos de 3ulzor. y el mozuelo o 'dquiría hábitos que hacían murmurar a daña Ascensión. se leían -n su traje y en su talante de d3m. buen señor que vivía en su blasonada casona montañesa. orgullosos. quizá por eso. sana y leal. D o n Ubaldo. de eran corazón. que no entendía de arrumacos. D o n Ubaldo adoraba al nieto. jnada de regalías! El joven debía -' 45 . Niño todavía. y cuanllo acaeció su muerte en Icpafia. Esos servidores eran C O ~ Q hermanos o hijos. de ella con respeto. pero me fui formando de ella la imagen de mujer austera. do3 UbaIdo Santiváñez. l regalaba demasiado. pero descarnado. en verano. sonreía condescendiente en su asiento de cabecera. sacó al hijo de aquel regazo lebilitarte. escrupulosidad. su rosrro era hermoso. bajo la sombra de una cajiga ceiitenaria. 10 envió a casa del abuelo. pero exenta de tetnriras Feqdeñitas. Don Ubaldo mantenía la disciplina entre sus gentes con la sencillez tradicional de un parriarca. Sus servidores comían. como tampoco las risas jocaindas en aquellos hombres de alma limpia. que son las que más apetece el corazón humano. que se criaron a su vera. Yo la conocí sólo por retratos y por alguna que otra palabra que se le escapzba mi padre. padre era el primogénito y poseía prerrogativas de maorazgo. bajo la sombra comhn de la montaña bienhechora. lo mismo que en tiempo de sus padres y antepasados.i viuda. Ceíía Ascensión de la Hoz educó a sus hijos con rigor. por mal nombre conocido como don Pedro rcliel. formaba un casco que le cubría las orejas. El cabello.Mi padre tenía gran adrniracibn y cariño por mi zbriela. abundante y hospisakria como abadía del Medioevo. alto y huesudo. Los ojos grandes. la ual. en larga mesa de piedra maciza. por un golpe de autoridad. Austeridad. pero no se libró por eso de las severidades de su &ora rnadze.

pequeños trozos de bistec. a estudiar! El menor desliz era castigado con recios mojicones y formidables puntapiés. hasta que. Pero e' temor le hacía teniblar las manos. iPavoroso porvenir éste de morir atenaceado por el hambre! Al segundo día. transcurrido el tiempo de la comida. La pedagogía de don Pedro era sumaiva. Era mi prima Consuelo. el vaso produjo un levc ruido sobre el platillo y se derramaron algunas goras. -¡Trae un vaso de agua! E l muchacho fué en busca del vaso. o ¡Eso era educar! En la mesa. ¡Trae otro vaso! E1 joven dió media vuelta y recibió por la espalda unE caricia contundente que l hizo caer de bruces. Cuando don Pedro Campuzano se percató de la inapetencia de su pupilo. como si echaran raíces en el paladar.levantarse con el primer canto del gallo. observaba el suplicio. pero aquellas fibras glutinosas se negaban a pasar del gaznate. E l tío le dirigió una mirada por encima de los vidrios. El muchacho revolvía en la boca la m-asa rebelde. -¡Has derramado el agua! -gritó-. hierático. las gafas sobre la nariz. . Don Pedro. ah! ¡Ya sabía él que domeñaría aquella bestezuela! -¡Muy bien! Que se le sirva del otro plato -ordenó. amasados por l a masticación! . que extraía del bolsillo del rebelde un pañuelo de narices. a la hora de comer. En ese mismo instante. un2 mirada que era condenación y cauterio. con la cabeza inclinada sobre el plato. una vocecilla gritó junto al muchacho. ria y expr es' En cierta ocasión llamó al sobrino: i Fernando! E l joven se presentó temblando. . como lágrimas de sangre. el infeliz debía resignarse a no comer. l llevó al señor que o leía junto a una ventana. iAh. la familia debía masticar en silencio. y ia trabajar. serio. sudsndo copiosamen te. rodando silenciosamente. ¡Del pañuelo caían al suelo. dió orden de que se le sirviera dcble ración al comenzar la comida y no se le diese otro plato sin que terminara el primero. Mi padre sentía innata y profunda aversión por la carne. notó don Pedro que la carne desaparecía bajo la masticación voraz del pupilo. - . resistiendo las arcadas.

perc>. en cambio. qile sus actividades obedecieron a necesiidad de emplear sus fuerzas juveniles. E dulzor de la “cola” y 1. Pero en pleno viaje.1-_1- I I 47 .--. como remate. los que abandonó C después de C O ~ O er los horrores del anfiteatro. rellenábamos previamente la boca con una pa sta muy parecida a la cola en láminas. el prófugo resolvió huir de nuevo y esconiderse en la montaña para llegar a la costa I _____ ~ I . hijo del general Castañeda. ni tampoco podría decir si los dos establecimierttos formaban uno solo. fué detenido en Burgos por orden de su madre y reintegrado al hogar por don Tomás Cobo. al pañuelo. Procedo por simples recuerdos df: relatos que han quedado prendidos en los arbustos de la nnemoria. Es de SU(poner. Bien sabfia 10 que es el suplicio de comer con repugnancia. Iut:go. conde de Udalla. unos amores mal rsribuídos con una prima altamente colocada en la corte. desde conociera unas atroces sopas que nos ofrecían en los que padi*es Franceses de Valparaíso. Descontento o avergonzado. Una vida prematuramente disipada fné la consecuencia de una carrera sin vocación. Del mismo modo supe que desde Santander pasó mi pedre a la Universidad de Salamanca.YO compadecía a mi padre al escuchar el relato. una escap. y jiuntas lograban vencer las espartanas Termópilas de1 gaznate:. que l vendía una verdcikra de las vecindades del colegio.-------pena J P riidni raitiz-ni. Esto se liumaba en la enseñanza antigua “ejercicios de vol untad”. con eli propósito de unirse a las filas del ejército carlista que actuíiba en Catahña y Valencia. N o creo que las convicciones políticas de m padre fuei t a n profundas: no cumplía aún los diecinueve años y su fisonomía psicológica parecía ser ajena a luchas por ideas e ideales. amigo y abogado de la familia.i amargura de las sopas mezcliibanse democriticamente. ni puedo asegurar si éste en casa de don 1 coincidiría con su permanencia en el Instituto de Santander y en los Padres Escolapios. y sin que la aventura se consumara. No sé cuánit 3 tiempo duraría el calvario de mi padre ’edro Campuzano.ida del hogar en compañía de su íntimo amigo Ramón C:astañeda. como jirones de ropa que dejara algún viajero al pasar. más bien. que allí comena5 estudios de medicina. y que debíamos engullir so la nn _. Nnintrnc nn nndínmnc v n r i a r _-c v T i l __ ---ol-. y más tarde.

Nos pudimos considerar ricos. y un techo de cuatro aguas. Tenía la forma de un paralelepípedo recto cuadrangular. En esta forma. de un niño que arriesga en juego de colegial s r repleto bolso de bochas. que por él hubiera podido pasar un ferrocarril. Era una casa enorm de dos pisos y treinta piezas. en busca de un tío que ejercía el comercio en Valparaíso. ¿Qué modelo tuvo en vista para construir una habitación como aquélla? ¿Quizás el recuerdo del hogar de la península. tan ancho. hacendado. hogar y fortuna variable. Fué comerciante.en los altos y en los bajos. explorador y minero en las solfataras del Nevado de Chillán. Levantaba hoy una fortuea con el esfuerzo de sus manos poderosas y la entregoba mañana a una carta del bacará con la ávida incons cien&. en l mhs profundo de la COIo dillera de Nahuelbuta. Alrededor de la casa. el roncar de las trilladoras y el silbido de las balas que cruzaba don Fernando en lucha abierta con el bandidaje de las serranías boscosas. largas peripecias. recaló en el Callao. como un cinturón que la ciñera por completo. tra. el gemido de las sierras. en ella podrían vivir córnodamente cuatro familias numerosas. Allí encontre ocupacibn. el jadear e c ! !os motores. había un corredor de vidrieras. pues.en calidad de bulto. En Arauco. no pudiendo pagar el pasaje. un poco achatado hacia tierra. Entonces pensó mi padre en e regreso a l la vida civilizada. Más tarde salió en dirección de Chile. acaso el de la casona que albergó sus años felices en l a infancia? 48 y embarcarse en el primer vapor que saliera para América . El arca de Noé debió tener forma parecida. La casa que debía construir en Viña del Mar fué ar mada en el corazbn de la selva araucana. y desde allí pasó a Lima. . de bió buscar colocación en las bodegas. presentó batalla a la selva virgen. tratante de animales en Argentina. con dinamismo de torrente e inquietud de nube que sigue los caprichos del viento. Durante cinco aaios pudieron escucharse en las montañas de Caramávida. tierra de mi nacimiento. De aquella epopeya pintoresca y ruda surgió una fortuna respetable. Vida múitiple en la acsión.

Una actividad febril precedió a la iniciación de aquel l viaje. contratado por mi padre para llevar su extraño campamento hasta las playas de Viña del Mar. Siguieron detrás las carretas que conducían el mobiliario. comprendo el dinamismo de los conquistadores que emprendieron el avasallamiento de estas tierras hirsutas. . viga o tijeral. Así fué como llegamos al puertecito de Lebu. vacas y bueyes. En esa forma debieron viajar los patriarcas antiguos cuando Jehová ordenaba emigraciones. Entonces se procedió ai desarme. Allí debería levantarse el hogar futuro. en donde nos esperaba un gran vapor de ruedas. mis padres. .-4 49 . se trepaba cerros y cuestas escarpadas. mis hermanos. encaramados en una especie de mail coach. que parecía mirar con asombro la extraña armazón lista para emprender el viaje. Y por fin. E aserradero trabajó noche y día partiendo los trozos más escogidos del pellín de la montaña. el “Toltén”. los ayudantes cepillaron secas y olorosas tablas de laurel y de lingue. Carros y carros fueron Ilenándose con las maderas. junto a canastos y vituallas que servirían de refrigerio durante el camino. después de numerar cada poste. Al cabo de algún tiempo se levantó completa entre los robles de la selva. se bajaba hacia hondonadas en cuyo fondo corríon aguas turbulentas y cristalinas. a continuación. Cuando recuerdo aquellz jornada. con jadear de bueyes y restallar de fustas. E extraño convoy iba l cruzando la selva fresca y olorosa por un túnel de verdura. los caballos favoritos. los de corazón más rojo. para los pilares de la futura casa. Tolstoyano. Era como un pueblo en marcha. la servidumbre. cerrando la marcha. Los carpinteros golpearon SUS mazos en el escoplo. penosamente.

Imaginaba el pueblo de Parral con sus 50 . tomé rurnbosamente boleto de primera clase hasta la estación más próxima: San Bernardo. Esta sencilla treta. con sus barbechos y sembrados. pero me tranquilizaba la idea de que. y habiéndole anunciado a mi tía que las pasaría en casa de mi padre. . . y proseguía su tarea de revisión. y hasta darme el lujo de comprar golosinas en las estaciones de tránsito. bos. nuestra expedición podría pasar inadvertida. . Era posible que ya tuvieran noticias de mi fuga a Santiago. La primavera se iniciaba lluviosa en la región central: los campos. y advertía con afectada despreocupación: “¡A Temuco!” El empleado no se detenía delante de un viajero que caminaba hacia tierras tan lejanas. me valió viajar cómodamente. sabiendo bien que no podría hallarlo. leve y esponjosa carga de nubarrones alo. cada vez que el conductor exigía el boleto. La cordillera de los Andes aparecía al fondo como divinidad milenaria. ¿Cómo me recibirían?. crecía mi sobresalto. se veían enjoyados de charcas espejeantes. Con algunas monedas que me proporcionó Ignacio Herrera. De allí en adelante. .FUERA DE AMBIENTE Mientras más se acercaba el tren a Parral. siendo época de vacaciones septembrinas. a la espalda. hacía yo ademán de buscarlo en los bolsillos. De improviso se ocultaba el s l tornábase cavilosa la tierra y un nudo estrujaba mi corazón haciéndome pensar en la próxima llegada. llevando. se deslizüba solemnemente en sentido contrario a la marcha del tren. aprendida de mi amigo Batista.

. cloc . batiendo el barro con monótono chapoteo . regresaría de visitar vecinas. . En las proximidades de la plaza vería tiendas de trapos con sus mercaderías multicolores cofgadas en las puertas y escaparates. . de pronto asaltábame un pensamiento acongojante. S mi padre hubiera conocido ya mi aventura santiaguina. Estacazos. con supresión de paseos a caballo. amenizados con frases sombrías: “Me estás acabando la vida” “Antes que seguir por mal camino. En seguida. seguía el encierro en casa durante las vacaciones. ¿Por qué todas tenían el mismo aire de temerosas y preocupadas torcazas fugitivas?. calabazos y tiestos de uso doméstico. Como de costumbre. En la tarde aburridora. indefinibles. Pero esta serie de castigos. Alrededor de la estación. Olor a humedad. allá próxima a la plaza del pueblo. correrías por los campos Y entretenciones con niños de la vecindad. el que me dolía más era el vacío que se formaba . con mostrador grasiento. .y cebollas. en marcha hacia casa. . como de huída. orgullosas de su prosapia. Mientras divagaba sobre las conocidas visiones pueblei rinas. a moho. en las calles. . desconfiados. Entendía el caballero las cosas en forma simple. quizás soñarían y ejecutarían al piano melódicos valses o leerían noveiones sentimentales. revocadas con barro y revestidas de colores desvanecidos por las lluvias y por los años. buscaría un mandadero para entregarle mi exiguo equipaje. . . . doc. se reunían para charlar de compotas y tejidos. Entre la turba clamorosa de vendedoras de fiambres y pollos tiernos. Eran niñas de “buena familia” del pueblo. Escasos transeúntes caminarían por las aceras. . . de calados monjiles y de algún joven que las miró al pasar en el paseo de la plaza. seguirían las casas de habitación con fachadas honestas y herméticas.achatadas y sus calles convertidas en cauce de lodo. Como complemento de castigo. . alisándose el pelo atado a la nuca y recogiendo en una mano el pulcro delantal. más valiera que Dios se acordara de ti”. De alguna de estas casas saldría alguna jovencita. míseros tenduchos. sordamente agresivos. socarrones. nadie me esperaría en la estación. cruzadas por sombríos jinetes de “manta de Castilla”. escudriñadores. estanterías vacías decoradas con ristras de ají . . . La España trágica desfilaba ante mis ojos con sus fúnebres visiones.

imponente. La llegada a la estación. Llegaba con suerte: la acogida no podía ser mejor. Era una señora alta. atocinado en la parte posterior. En ese momento atravesaba el jardín mi hermanzL AScensión. Al penetrar en el zaguán. . . con doble barbilla. niño! ¡Vienes llencD de barro! Pasa a limpiarte. muchacha de diez años.Tilita? -Durmiendo la siesta.^de ternerillo enriscado me obligaba a perseguirlo para iuSLa de él una caricia. para que no se dieran la molestia de esperarme. E1 rostro ancho. . menos el recibimiento hostil. . recordaba mofletudas matronas de cuadros holandeses. . . Quise decir: en Chillán.. -. . Me desprendí de mi madrastra para salir a SU encuentro. Y agregué algo que pudo ser tomado por ironía-: N o quise avisar. “iPor ahí te pudras!”. -Vengo a pasar con ustedes los últimos días de vacaciones . el tránsito por las calles del pueblo. . la oblii:aba a echar la cabeza hacia adelante. vino a mi encuentro sonriendo. . eludiendo la pregunta. papá? . se empequeiiecían bajo los gruesos párpados. . Seguramente regrcs a r á tarde . . Pregunté por la hermana predilecta. . divisé a mi madrastra que se paseaba lentamente por uno de los corredores del jardín. todo. Yo me convertía en el apestado que debía aislarse en cuarentena. cuya hurañez ^-. de ademanes pausados. Tcdas mis previsiones fueron cumpliéndose con exactitud. El cuello. ¿En qué tren llegaste? Sus claros ojos. -respondí. -¡Están terribles las calles del pueblo! -¡Aquí llovió ayer!. ¡Pero. {bien? -Salió al campo esta mañana. h [i tía ! envía muchos saludos. Si alguna vez osaba manifestar mi opinibn. no. -En Santiago..a mi alrededor. -¡Vaya. los circunstantes se limitaban a observarme con extrañeza. ocho años. Más atrás asomaba 1a cabeza de mi hermano José María. .. que en la juventud debieron ser bc!IlOS. Tan pronto me vió. parecían decirme los habitantes de la casa. niño!. hija de mi madrastra. 7 # 52 .

charlaban de modas y figurines. Si ella no hubiera muerto. Esa noche. .ven de ojos bellos y boca graciosa? 3'emo expresar un juicio equivocado de mi madrastra . pero me proporcionaba noticias. -Sí.livianado del fardo de mis temores. . Ella. su tema favorito. Yo no las quería mal: eran bonitas. -¿Tú por aquí? -preguntó con asombro. En cuanto al resto de la familia. influyó en la vida de mi padre con tino y dulzura. papá.u y de : familia. I)os de las hermanas de mi madrastra. PJna vez en tierra. t 53 . ¿no habría sido más fácil que nos entendiéramos con una jc. a la hora de comida. hacía poco caso de mí.Pasadas las primeras zozobras de mi llegada. Tan pronto sentí los trancos de su cabalgay su VOZ que llamaba en el portón de carretas. Suave. observándolas. Es natural que los hijos de un primer matrimonic no estén dispuestos a amar a la que consideran usurpadora del puesto de la madre. Llegó a l la noche. Cuando ella nos abandonó. Quise pasar con ustedes algunos días de vacacimones. afectuosa. o comenitaban la vida de jóvenes en estado de matrimonio. mi madre. en cambio. Si quiso darnos un hogar. me abrazó. dirigió su vida hacia fines provecho50s y enaltecedores. sin menoscal30 de su personalidad. esperé con ^^1 . como decía. Su rostro expresaba cordialid%d.Era indudable que no se tenían noticias de mi aventura. supo contener sus impulsos violentos. Una vez en el patio. . fué la soberan. de seguro nuestro destino habría sido diferente.alma la temida entrevista con mi padre. fuí adquiriendo aplomo.En qué forma se pre sentaban las siembras? ¿El rendimiento de la viña había sic30 bueno? ¿ N o se habían muerto animales en invierno? E1 respondía distraídamente. me pregunté por qué mi padre eligió para casarse la mayor de las hermanas.a de un hogar feliz. llegó mi osadía hasta interrogar a mi padre sobre negocios. concentrada en sí misma. y. Más de una vez. salí iradamente a su encuentro. A. nuestra vida perdió su orientación y fué desmoronándose hasta verse reducida a escombros. que vivían en : casa. me Iré a tomar las riendas para ayudarlo a desmontar. . .

auuuirir ~ L Y Uq u e uu >e c u ~ u r u u acu iua :nos’’ artísticos. no me detenía a reflexionar por intuición. os dardos que pudieran herir exceso. Yo amaba a [Ún más. N o podía concebir riera por él la misma clase de rbados por prejuicios filiales. o por aisladas a de las diferencias que exisi miembros de la familia de te hacía sufrir. Jamás hizo valer sus :entes de familia que habrían Lcxius uc c x u u i u . Les faltó l o ritual.

gustábale charlar :on amigos y pasar por hombre de humor. complacíase en que lo estimaran por sis méritos menos sobresalientes: su bonhomía. que en algunos labios posee sonido delgado y fino. las hermanas de mi madrastra no disimularon el bostezo al comenzar el relato. Ascensión era una mujercita a quien todos elogiaban como hermosa. lo recibían con sonrisas reticentes o se enfrascaban en ajena charla. No sólo ella lo escuchaba o Ion atención.enorgullecerlo. ni de condiciones meritorias que lo ante los demás. quedaron enredadas en las exterioridades. y probablemente ella misma. La palabra “plata”. Era una de sus humildes vanidades. y. Hombre de etción. sentía mi orfandad con mayor fuerza. en ellos tenía resonancia aplastante. o i 55 . vibraban en diapasón desacorde. Aquella cctsa me ahogaba. Viendo a mi padre abandonar su cuentecito --él. baturros o portugueses. Además. Cuando quiso resucitar esa costumbre en el nuevo hogar. ’robablernente l fuera. Ni en mis hermanos encontraba compañía. La familia de mi madrastra. no era digna de mi padre la atmósfera que lo rodeaba. M padre sentía por ella adoración. Se reverenciaba en extremo la fuerza del dinero. Por el contrario. con los míos chisDeantes de indignación. En el hogar de mi madre. sino que se preocupó de que los demás l hiiieran en la misma forma. Fué admirado y venerado. Según 61. sentía pudor de sus sentimientos delicados y de su casi enfermiza sensibilidad. s u cordialidad con los subalternos. La blandura estaba reservada para las mujeres. Nosotros escuchamos con regocijo sus chascarrillos andaluces. prefería esconderlos bajo inviolable caparazón. él constituyó la figura cen-raI. no comprendieron a mi padre en su verdadero valer. nunca prodigó conmigo caricias ni palabras tiernas. Sin embargo. hubiera deseado gritarle: “¡Hable! ¡Ocupe su Puesto!” No sé si alguna vez se encontraron sus grandes ojos verdes. Seguramente ‘e recordaban su tierra. de interrogativo mirar de niño. dinámico y viril. al llegar al término. Estoy cierto de que sentía cariño por mí. En aquella época. su trato campechano. Yo sentía el desaire en carne viva. que era altivo y wceptible-. Decididamente. 10s hombres debían ser hombres y expresarse con gestos sobrios.

De un salto me puse delante de ellas. A pesar de eso. las otras celebraron la ocurrencia. su mutismo iba preñado de malos augurios. se abalanzó sobre mí con los puños en alto. un viejo estuche de joyas.Sepan que ustedes no son dignas de besar l a suela de sus zapatos!. Encima de una mesilla había un puñal. ’ aderezos. tuve la audacia de esquivar los golpes con rápidos esguinces y otras artimañas usadas por los muchachos en sus lances escolares. con mango curiosamente trabajado con astas de buey y anilloc 56 . Y a he dicho la clase de cariño respetuoso que sentía yo por mi padre. . agitado por la indignación y por el temor. ¿Por qué ríen?. . En casos parecidos mi actitud fué mansa y resignada.y se han burlado de ella!. . {Por qué? -repetí-. . . no por eso mis rebeldías eran menos frecuentes. Miró alrededor. -¡Miserable! . . bastábanle algunas lagrimitas para que mi padre nos castigara duramente. En una ocasión. Esa tarde mi padre me condujo a su cuarto. {Insultaste a esa santa a quien debes sólo agradecimientos? Había tragedia en su voz. Se detuvo. y como no lo encontrara. Me miraron en siler. tal si la sombra de su mano tibia rozara mi cabeza Alguna de las jóvenes hizo una observación irónica de 10.c o m e n z ó por decirme después de echar llave a la puerta-. como si buscara algo. pero cuya vista me llenaba de ternura. . -¿Por qué ríen? -pregunté. Eran pequeños adornos que pertenecieron a mi madre. .. Pero esta vez. ¿Se burlan . . Esta actitud contribuyó a exasperar a mi padre. pasados de moda posiblemente. El vocabulario que empleaba en estos casos no correspondía al tono habitual de nuestras modalidades criollas. . Era una de esas armas forjadas por los reos de la cárcel. sobre la mesa. y vi. Un impulso extraño hizo que me acercara a ellas sin que notaran mi presencia. mi madrastra y sus hermanas charlaban en la pequeña sala de costura. erguí la ca beza: -También era santa mi madre.Cuando en nuestros juegos ella se disgustaba. .de mi madre?. Mi padre quiso replicar. cio-. . mas lo intempestivo de m i respuesta entorpeció su lengua.

seguramente. si ya eres verdaderamente hornbre. Yo lloraba. pórtate como tal. . me desgarré las ropas y descubrí el pecho: -jMáteme. ¡No me defenderé! . No tuelvas a insultar a tu madrastra. Nos abrazamos. papá. -Fernando d i j o . í Lo vi tan abatido.fi p d r e se apoderó del puñalito y lo alzó sobre mi cabeza. ¡Perdóneme! . . no lo volveré a hacer. .. . en casa servía de cortapapeles. que se burlen de mi mddre . ilórno se te ocurre! Y no hubo necesidad de agregar más. No alcancé a realizar mi propósito. . hizo un gesto de ahogo. . Con movimiento brusco. . Y usted no per-+a. tuve un gesto de melodrama. -. -. que tuve la intención de arrodillarme y besar las manos que poco antes me amenazaban. . . . dejó escapar un leve sollozo.. a muerte!. qrrojó el arma sobre la mesa. y hundiendo la cabeza entre las manos.e cobre y que. Miróme con ojos extraviados.Haga de m lo que quiera!. jse lo ruego!. -Sí. Exasperado también. pero sin duda él presintió mi gesto. permanecimos un instante en silencio. ¡Sólo mereces -¡Te rebelas contra tu padre! -dijo-. .Mijo! .Papá! . . sentóse pesadamente en un jillón. si quiere! . . -me atreví a murmurar-.

e su físico p e los de1. i y sabía cuán necesario era domarla con hierros candentes! 58 . .. mprano ! 3. próel despazote sobre la justicia. más.a nobleza sus dedos e podrían manos de . Sus an. lo y fino. Como 11 margen D a quien . . ¡La soberbia! ¡Acaso m padre también conoció la mordedura de esa fier. iano. y yr que encrespaba el oleaje de mi corazón.idad. sin una ibierto de impresión .L ire.

El hogar de los Latorre. ' La señora de Latorre nació en Constitución junto al padre bordelés.J n ausencia de m padre. enamorado de los frontones de cemento más iue de las venustidades femeninas. la cabeza erguida. que. por contraste de la mía. palidez de cera en el rostro y brillo oscuro en la mirada. Nada tenía don Mariano de la seriedad empuñada y +=ática de los vizcaitarras. En la firme armazón orpórea de don Mariano chispeaba más bien la gracia del :entilhombre galante. y el carácter del caballero no desmentía la hipótesis. El navarro galante y despreocupado.ombre virgen. Desde los doce años fuimos compañeros durante las vacaciones en el pueblo de Parral. dábanle aspecto de hombre que olfatea pólvora en batallas de amor. que dedicó su vida de acción a poblar las costas maulinas de lindos barcos y pesados lanchones. provincias vascongadas. ejercía dominio el elemento infantil. por l demás. muchacho de mi -dad. hábil en besamanos y airoso en los jscarceos de lanceros y cuadrillas. mientras yo volvía cabizbajo a Santiago en lwca de m encierro del instituto Nacional. tenía cercos comunes con la nuestra en el fondo de los patios. cloqueaba amorosamente entre su parvada turbulenta. ni de ese su vigor saludable de . bajita de estatura. Mientras mis hermanos y yo caminábamos huraños y medrosos por los corredores del patio. nada me retenía en aquelfa i ~n cuanto era posible. La madre. más tarde. o -staba la casa de los Latorre. Mi padre don Mariano Latorre eran paisanos y amigos. allí 10s chicos imponían su voluntad. Don Rlariano provenía de Plencia. matizada de cualidades y defectos comunes a las dos razas. escapábame a la calle en busca de amigos y de aire libre. primero. ingeniero armador. i 59 . de Talca. Con él confraternizamos cod esa espontaneidad que Posee la adolescencia. En marzo. En esa casa. Siempre creí que el apellido Latorre provenía de c:astilla. El gesto y la palabra 'áciles. El mayor de los Latorre era Mariano. y la francesita arrulladora crearon su parvada bulliciosa. estrecho en aquella época. en el norte de España. era una caja resonante de maullidos de gatos y llantos de chii-uelos. Casi a la vuelta de la esquina. Mariano regresaba a su colegio de Cauquenes.

sí . m e las arreglaré de cualquier modo. Aquí no sabemos nada de nada. ésos son autores pasados de moda. sin conocer. Muy delgado. no he conocido la capital sino ahora.ya pruytxros prrioaisricos para euirar nursuu pLuL1cL ~ C ~ ~ W U L L O estudiantil. con -resultados envidiables. Y a sabía yo por esta respuesta que no podría contar l con Mariano. y al llegar el momento.. . sugerido por un joven hortera. E proyecto era audaz y concupiscente. en aquel tiempo. -¡Santiago. ni a Tolstoy ni a Mahatma Gandhi. cuyo cerebro chorreaba sexualidad: conseguir los favores de las maritornes que al anochecer acudían en busca de agua a una vertiente de los arrabales. . A pesar de haber pasado tantos años en el internado del Instituto Nacional. En literatura. si mi padre no puede enviarme. Claudio Díaz. en todas estas actividades los hermanos Latorre me seguían y acompañaban cariñosamente.. He sido un tonto ai venirme a provincias. . S . bueno . Mariano tenía aspecto de niño tímido y regalón. tú estás todavía con Fernández y González. . la capital! -argumentaba yo-. en el fondo. pero. pulcramente vestido. Se limitaba a consentir. Pero Mariano. con Valera y Galdós. practicaba. no faltaba sinceridad. Allá. Por supuesto que en mi narración todas las peripecias aparecían transfiguradas por un poquillo de fantasía. se esfumaba como sombra. escuchaba silencioso y aquiescente. El primer confidente de m aventura en Santiago fue i Mariano. y yo. N o oponía diques a mi impetuosidad. ya ves. {te parece que esperemos a las mucha-Mariano chas en el pilón del bajo? Mariano parpadeaba con rapidez: í -Bueno. la no resistencia al mal. Me prometo volver a Santiago el próximo año. con su rostro de gringuito iluminado por pálida mirada azul. Ahora . . Es el centro del intelectualismo.

iH qué modo de discurrir!. .Y a ti? --Estudiar& leyes.e lee a Manpassant. Yo te pondré en comunicación con esos amigos. . pero también seré escritor. l a literatura.. y o . . . . . . . Prometió presentarm e al grupo de escritores. el novelista. . y conoce a Thomson. "woríamos en l a capital. más que nada. -En mi viaje a Santiago. Es lo que me "tira" con mayor fuerEstudiaré ingeniería para dar gusto a mi padre y ganarme la vida. {No 10s . jclaro! -afirmaba Mariano. .. . pero es preciso conocerlos. -Sí. s í . conocí a un poeta: Ignacio Herrera Sotomayor --continuaba y o . . s í . . . Es íntimo de Pezoa Véliz. ¡Cierto! -parpadeaba Mariano. -Pienso escribir. su naricilla respingona parecla olfatear en el aire el perfume de la vida exquisita de intelectualismo que. sólo de pensar que podría hallarse en presencia de ta!es colosos. .onoces? Tampoco yo. rojo de confusión.. a Kropotkin. Si parece que sus pensamientos fueran de oro en polvo y que salieran a luz pesados en balanza de precisión. en un futuro próximo. ... -Sí. . . . -afirmaba Mariano. Mariano fijaba en mí sus ojos de comulgante.. No pro-¡Si vieras qué telentos! -divagaba nuncian palabra de más ni de menos. . Me atraen las matemáticas. . . pero. a Nietzsche.

Conservar la nobleza de cuna fué una de las preocupaciones de nuestros antepasados.En nuestro país. era frecuente que los matrimonios se realizaran entre un grupo de familias. los Puga amasaron no despreciables fortunas en la agricultura y en el comercio. nació el prestigio de la familia. y también de su capacidad para acumular dinero. pero superiores. la mayoría de sus miembros tenían l . aunque también es frecuente observar en el indio aborigen el mismo orgullo de casta. De allí. en su origen. sin duda. el linaje o apellido constituía una preocupación dominante en todas las clases sociales. podrían existir otras familias tradicionales situadas en pie de igualdad. ninguna. Una alianza anormal era pecado que no merecía perdón. Es cierto que. ya que las consecuencias las pagaban no sólo los que habían faltado a las convenciones establecidas. merced a esa llave dorada. heredamos de los españoles. En una sociedad redutida como la de Chillán. algunos miembros de la familia Puga se distinguieron por su valor. Desde los tiempos de la Colonia. en la cúspide del edificio social de Chillán. con derecho o sin él. de modo que. Era un prejuicio que. La familia de los Puga se creía.herméticas puertas y pudieron mantener su rango con dignidad. se les abrieron las más. constancia en el trabajo y por otras cualidades bien cotizadas en la moral y en la cultura de todos íos tiempos. Según ellos. con e tiempo. sino también sus descendientes. probidad.

y quizás. Conservaba en uno de los cudrtos abandonados de la casa. a pesar de su aspecto saludable. que los ofendidos debían comn k e r l a y pedirle perdón. conservaba casacas militares y otros arreos que pertenecieron a sus abuelos. profería insultos y tiimaraba con los objetos que tenía a mano. debido a eso continuó siendo niña y conservó caprichos y veleidades infantiles. parienta más o menos directa. SUS ojos poseían claridad y viveza. una especie de armazón de madera que pudiera haber sido el clavileño que sirvió a don Quijote para viajar en los aires. se consideraba uno de 10s representantes más esclarecidos de la familia. Solía reñir con sus 'iios. Tía Carmen pasaba la mayor parte del tiempo en cama. haya venido poco a poco. su Único hijo varón. Cubriendo este aparato se extendía una malla de seda de diferentes colores. mi abuelastra. entre cacharros y muebles viejos. como muchas otras. y ers 'n lamentable su desolación. tiróle li"r l a cabeza un tiesto con aguas servidas Pasado el '-rebato. 63 9 . su tez pálida se hallaba salpicada de lunares. sentíase más desgraciada que sus víctimas. quien la superaba en más de cuarenta anos. carnoso . Quizá a este sistema se debió que la familia de los Puga.. A los sesenta años aún conservnba destellos de belleza. mi abuelo. Sufría de romadizos crónicos y de cálculos biliares. Doña Carmen Puga. que en su mocedad debieron prestar gracia a su rostro.y movible. con la idea de nivelar fortunas y dar brillo a . su marido. E noviazgo de primos con primas y l los parientes venidos a menos. durante la Cojonia. también. En cierta oca. l que todos temían en casa. con este úitimo era. su rostro ajado.arenresco próximo. y sobre ella una montura completa: eran los arneses del caballo de lino de los antepasados de doña Carmen que. Además de estos venerables testimonios de su esplendor familiar. fué alférez real. era expresivo y simpático. pues sus rabietas no eran o 'qsa de broma. y que sólo se libraran de perecer aquellas ramas -que se mezclaron con sangres extrañas. distinguidos militares que combatieron en la Independencia junto a O'Higgins. Fué mimada p o r . '3% discutiendo con Domingo.de sobrinas con tíos se repetía con extraordinaria regularidad. Temblábanle los labios.

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{Comadreando?. siñora. . {Qué te has hecho. Ceferina abría sus ojos limpios. Desde s u lecho tía Carmen dirigía el movimiento de la casa. . cuya irritación iba en au-mto a medida de los ‘*crímenes’’ que su fantasía iba creando. . Desde allí distribuía. Es probable que primitivamente fuera agraciada. Fuera de otros criados. doña Carmen poseía dos sirvientas que llamaba “las chinas”. entonces. vestida de riguroso luto. pero tía Carmen le hacía cortar el pelo al rape. Mi madre y tía Meme se amaban entraY +blemente. . Suponía que todas eran sucias. Eran muchachas que le habían sido “dadas” por algunas servidoras en desgracia. . . . . con sus quiscas de escobillón y su eterna cara de espanto. . . enamoradizas. ladronas. . . . consumiéndose en e1 silencio e n la oscuridad. ¡China taimada!.blar. . ¿O saliste a la puerta a mirar a los hombres?. favores 0 castigos. . aproximarse mansamente a1 lecho. A menudo sonaba la campanilla en el cuarto de la señora: -iCeferinaaa! . la mantenía descalza y en perpetuo estado de descuido. Esta actitud exasperaba aún más a doña Carmen. y guardaba silencio. para recibir los pescozones que le propinaba su señora. . Las sirvientas constituían para ella la peste de la tierra.pus. . que realizaba on casa los oficios más humildes. muchacha de quince años. . china mugrienta? . -¿Y en qué te has llevado todo el tiempo. Tía Carmen comenzaba a descontrolarse. -¿Por qué no has traído el té? -No está na hirvía la tetera. demonio?. . ¿Habrás estado jugando?. según fuera su ánimo. Una de :llas fué la Ceferina. tenían gran parecido físico y quizá el mismo de pasión contenida. chismosas. ¡Acércate para castigarte! Ceferina debía. lo único intacto que iba quedando en su rostro. -<No digo yo?.Por qué no vienes cuando te llamo? Al cabo de un rato asomaba en la puerta el rostro ancho de Ceferina. . .

acusábame de tramposo y me rebajaba al nivel de los criminales. Un día. gritó._-_ ~ =----. . entre las ropas. ¡Bandolero!. . {Para qué te pones a jugar con un chiquillo? __ _____ __ . . reía con mis travesuras y alentaba mis piraterías de colegial. . fuera de sí: -¡Eres tan malvado. .-----. Cuando la suerte le era favorable. irás a parar a la cárcel!. . Pero cuando perdía.------. una prima y la servidumbre completa. . . entonces me atribuía las mejores cualidades. . entre una íntima privanza y una guerra sin cuartel. todo el tiempo. después de tirarme las cartas por la cabeza. mientras recogía el naipe esparcido por el suelo-. Aunque le pese. que. La escena que se desarrolló a co’ntinuación fué digna de una casa de locos.. -Sí. . Acercaba yo una mesilla a su cama y jugábamos brisca. En esos períodos me llamaba a su cuarto para que le hiciera compañía. . y tan habilidoso como tu madre. Señor!. Doña Carmen. . conciliadora-. ¡Ay. . mis relaciones con doña Carmcn fluctuaron. mamá! . tía Olimpia. ¡Este muchacho me va a matar!.. . tan facineroso. nueces confitadas u otras golosinas a las cuales era m u y aficionada.. . . busca en la cómoda. su buen humor aumentaba. ¡Hay algo por ahí!. Tú tienes un poco de cuipa. espere sentada -refunfuñaba yo. quien pasaba en su fundo la época veraniega hasta después de las vendimias. . ella. ¡Quítate de mi presencia! -chillaba. tomando del velador un candelabro de bronce-. que acudían tía Meme. -Eres tan bien parecido como tu padre -me decía-. . --¡Pero. M i hermana lloraba a gritos. Cuando estaba de buenas. . -¡Tirel. en espera del regreso de tía Rufina. tanto. . pasar una temporada en casa de doña Carmen. ¡llegaré a ser un gran hombre! -¡Pícaro! . con los ojos lacrimosos. a pesar de l a prohibición de los médicos. gritaba desaforadamente. . Y a sabía yo que. -Fernando. . ¡Tíreme! -desafiaba yo.d e c í a l e tía Meme. Salía el candelabro por los aires e iba a estrellarse contra un ropero. encontraría manzanas de guardar. lívida. cuando seas hombre.. mi hermana. los sirvientes gemían.

Tenííimos que abandonar la pieza para no exasperarIa más. un caballero. alma generosa y efusiva. . . M á s tarde me dediqué ia apedrear concienzudamente íos cristales de los altos. a Prometer clue no volverás a molestar a Carmelita. aproveché la falta de relaciones amistosas entre las dos señoras para molestar a tía Carmein con quien no habíamos hecho las paces to. Doña CÍirmen y su cuñada doña Rufina habían cortado relaciones desde hacía tiempo. Cada vez que asomaba su cabeza por alguna de las ventanas. era una bonísima mujer. doña Carmen podía observar lo que pasaba en la casa vecina. . . Vas -iAh. iDéjenme sola!.. Eso es indigno d. después de todo. la’ culpa era de íos vecinos. Se formó gran alboroto. . y l e di a alguien en la cabeza. davía. u1ia piedra. . . T í a Rufina jamá5i se dió por aludida del espionaje. Y o declaré que si fué verdad que lancé. .Larmen. ciué niño! --exclamó mi tía con severidad-. . Si yo no hubiera sido en m I p . . que pasaban el tiempo curioseando 10 que ocurr:ía en nuestra casa. las chiquillas chi&los. Desde las ventanas superiores. ¡Váyanse todos!. LOSrecííimantes quedaron satisfechos. ¡Quiero morir sola!. . e -Sí. cuando regresó del veraneo y fuí a vivir con ella. o para ampliar las comodidades de sus habitaciones. por “casualidad”. T í a 1 Ilaban. hizo agregar un segundo piso a la parte de casa que le correspondía. No supe cuál fué el motivo del disgusto. pero. tía -respondí con sumisa actitud. probablemente con el fin de supeditar en algo a SU cuñada. No tardaron en Ilegar embajadc. uno de los hondazos fué a herir a mi propia hermama.e -. pero yo vi brillar en 10s ojos de la señora una leve chispa de complacencia por los desmanes cometidos por su incontrolable sobrino. Por detsgracia. -u iia Poseía 1. . Doña carmen. n-z. yo le sacaba la lengua y otras musarañas. pero pudo ser la disparidad de opinión que tuvieron las 5señoras sobre la conducta privada de una señorita de compañía que estuvo al servicio de tía Rufina durante algunos años.res ante mi tía para acusarme y presentar sus reclamos. .Tú 11 das la razón?. . Los gem idos de los sirvientes se transformaban en muaeme procuraba consolarla.

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Después de eso. Su repentina muerte en Viña del Mar. puso término a sus proyectos. mi padre desorientado y dolorido al Perder SI compañera de veinte años de trabajo. en plena lu3 cha parsi salvar los restos de su fortuna. Por primera vez en mi vida comencé a pensar en el por- regreso a Chillán fué el preludio de negras cavilacioMi 1 69 . Arriesgadas operaciotles de bolsa y una fianza cuantiosa para salvar de la cárcel a un hijo de su pariente don Pedro Campuzano. mis hermanos rePartidos entre los parientes de mi madre. todo se confabulaba para que mi educación perdiera continuidad y m vida no i 1 nes. La extremada delicadeza de mi padre lo había dispuesto así. al año siguiente hice mi entrada en el Lic:eo de Valparaíso.T I A R U F I N A venir. Mi educación había recibido la influencia desconcertante de las continuas mudanzas de la familia a diferentes puntos del país y de otros acontecimientos desgraciados. y aunque mi madrastra >a conserva!: intacta su fortuna. Mi madre quiso e hcarme dentro de la estricta observancia catóc lica. fueron los primeros golpes que desrnoronaron su fortuna ganada esforzadamente en la selva de Caramávida. El 1 iogar deshecho. M i padre estaba arruinado.es de Viña del Mar. y en 1897 ingresé al Instituto Nacionai. cuando aún no terminaba su in stalación en la casa que mi padre trajera desde los bosques de Arauco. incendiaria1 de su casa de comercio. de 2ihí mi ingreso a los Padres Franceses de Valparaíso. no debía contar con su apoyo para Continuar mis estudios. pasé un año en el Instifuto Ingl1.

y acaso sin su compañía peligrosa pudiera rehacer mi reputación de muchacho honesto. cruzó continuamente su silueta pensativa. Muchas veces. La moral rectilínea de la niñez había sido arrollada por la inocente inmoralidad de los chicos vaga.tuviera ese timón previsor que debe encaminar los pasos del niño. pero mi sistema sensorial estaba irritado por el continuo cavilar. jno aromaron sus tardes apacibles. bundos. la pacífica silueta del abueir don Antonio Santiváñez hablándome de silencio y de paz hortelana. no bastaba para darme serenidad. Aquella planta de dafne y. no sentía deseos de volver a verlo. A los quince años había probado toda clase de frutos dañinos. me dije con emoción que su sombra acogió los breves pasos de mi madre en la niñez. Ahí estaban. supe que Víctor Batista permanecía aún de vacaciones en casa de amigos de su familia. monja a los veinte años.. tigio de su pureza trasmitida: la honrada estampa del bisabuelo don Ubaldo de la Hoz. Se hacían presentes en los momentos de loco extravío. pobl* das de esperanzas y presentimientos? Pero aquella evocación. Los malos ejemplos y vicios circundantes que pueden contaminar a un chico ávido de sensaciones pusieron en peligro mi vida indefensa. dora. gozosa de entregarse en los brazos de su divino Sacrificador. sin haber conocido despecho por agravios mundanales.aquella otra de magnolia. al recorrer sus calles venerables. la dulce charla alegre de tía María. Sin embargo. la austera reciedumbre espiritual de la abuela doña Ascensión de la Hoz. En Chillán tenía numerosos parientes. . Es posible que la hostilidad ambiente no fuera tan considerable como la suponía. de casas bajas y murallas espesas. Esta noticia la recibí con ánimo de liberación. Sí. haciéndome ver gestos malevolentes o sarcásticos en los rostros que me rodeaban. que por aquellos patios empedrados con negras y pulidas piedrecillas de río. Fui el heredero 70 . Al llegar a Chillán. cada cierto tiempo resucitaba en mi interior la voz poderosa del ancestro que se imponía con el pres. Mi madre nacih en esa ciudad vetusta. sombreados por naranjos que cuajaban en frutos de oro. que debió ser dulce y aquietd. cuna de próceres.

{Qué mujer. ella murió cuando yo sólo contab. Si mi ma.acta. al paso de las cabalIbí ga(juras. después de un momento. Su rostro aparece en\ruelto por barba cerrada.. ¿quién fué la madre de mi mamá? Dióme una mirada de soslayo. el amor de los grandes romanticismos. intuyendo que existía un misterio en la vida de mi abuela. ya lo he dicho. Sin embargo. cuando e 71 . Todos eran gente en4brgica.a ocho años. siempre tuve timidez para interroga' a mis parientes. don Domingo Puga Solar.dre hubiera vivido hasta la edad en que despertó mi conciencia. pero en ese momento mi padre había VUI:Ito a inclinar la cabeza.. Conservo una fotografía de mi abuelo. . No coniocí a mi abuelo. pero.de la sensibilidad que hizo estallar s u corazón a los treinta . inteligente. me atreví a enfrentar a mi padre. Si bien puedo decir quién fué mi abuelo materno. o simplemente el deseo caprichoso del varón enardecido?. duice. Está sentado en la actitud de hoinbre apacible que charla en círculo de íntimos. ardiente o resignada. . -Dígame. sopor de hombre que todo lo ha probado en la vida. Más tarde. una pierna sobIce otra.&o años. . las manos abandonadas con laxitud sdbre las rodi11las. chí irnos solos por una alameda del fundo. El parecía absorto en sus cavilaciones. La respuesta no me satisfizo y estuve a punto de continuí3r el interrogatorio. en una ocasión. en cambio no podría hablar de mi abuela con la misma precisión.. seguramente habría sabido por sus labios la verdad ex. Sus ojos entrecerrados expresan aburrimiento. y. pero sí a dos de sus hermanos y a su hermana Rufina. . Este hombre fué el progenitor de mi madre. Y< Mi madre era hija de un acaudalado señor de Chillán. . de bondad comprensiva. Un halo de mu sdmana pereza envuelve su cuerpo. papá. recibió las caricias de sus manos ner'viosas? ¿Qué impulso lo acercó a mi abuela? 2Fué amor. ¿Quién era esa señora Méndez? Familias de ese apellido ha1Jía muchas en todas las esferas sociales de Chillán. En las raras ocasioims que pasé por ChiIlán en compañía de mi madre. respondió desganadamente: -Una señora de apellido Méndez. meditativo. y no me atreví a continuíx. ya mude quince años.

jamás noté en nin. entonces. Hubo ocasión en que mi madre debió renunciar a hospedarse en casa de tía Rufina para que mi abuelastra no se mostrase “sentida” por supuesto desaire. acaso no llegaba aún a los seis años. como otras que yo conocía. Cierta vez mi madre visitó en mi compañía cierta casa de Chillán. . Por el contrario. me escabullí hacia el jardín. quizá. {por qué. Esta señora acogía a mi madre como a hija predilecta. quizá. . Ella representaba el pasado de la que me di6 72 . . acaso una escuela. nadie me lo dijo? Cuando en 1905 ingresé al Liceo de Chillán. ¿Qué me disgustó en aquella familia que nos recibía con manifestaciones de alegría poco comunes? N o podría precisarlo.. me eché a llorar con angustia. como si me sintiese fuera de ambiente. con hipos de llanto: --Quiero irme. que fué su verdadera madre. . y mis tías nos abrumaban de cariñosas demostraciones. Pero. enfurruñado. Sólo recuerdo que me invadió extraña desazón. Una mujer joven pasó cerca de mí. Vamos al comedor. Mientras mi madre conversaba en la sala.. había efusividad. gún miembro de la familia la menor reticencia para ella. silencioso. ¿Qué tienes? -preguntábame la joven-. pero su aspecto era decente y honesto. desde su infancia hasta el momento en que contrajo matrimonio.ya tenía conciencia de lo que me rodeaba. -¿Qué quieres?. Allí hay dulces. Es posible que fuesen la familia materna de mi madre. Nada tenía de extraño este recibimiento en tía Rufina. . Yo no sólo l a quise: la adoré. hó 10 consiguió. se dió cuenta. Era una morada no tan suntuosa. despojada de su población infantil en el momento de nuestra visita. cariño. Tengo en mi memoria un vago episodio que me ha preocupado en más de una ocasión. Y o era muy niño. ¡Quiero irme! Muchas veces me he preguntado: ¿Quiénes eran aqueflas personas?. . . Me limité a gritar. pero igual afecto demostraban en la casa de tía Carmelita. La noble dama me recibió con la misma delicada ternura que tuvo para mi madre. de mi estado de ánimo y procuró acariciarme. Era extensa. fuí a vivir a casa de tía Rufina. Sentía deseos de hallarme lejos de esa casa y de esas personas y como no podía desasirme de los brazos que me acariciaban. y se la trataba como a una pariente querida y muy íntima.

. tía Rufina las ilustrabaL con preciosos comentarios anecdóticos: -E sa Isabel Valdepeñas que se casa con UQ joven que no cono:LCO. . eln sus vastos salones había palpitado aquella vida melancólicaL y reservada. En esa época. sus ojil!os vivaces. adornaban los dormitorios. .el ser. y en barba ostensible la pelusilla dorada de otros tiempos. yo la amaba más que si hubiera sido linda y joven. ronroneaba junto al fuego. pulcro y bien cebado. en una sillita baja. . Con su traje de eterno luto y el blanco cuello dle encajes que rodeaba su ajado pescuezo. YC. aprovechando la ausencia de Pariente: y de familias visitantes. * * * En una noche de invierno. ¡Mi buena tía! El delicado bozo de juventud se había transformado en bigotillo obscuro. que rodeaban con-' 5 muamen- 73 . tenían la sabiduría y el perdón 1de los que han vivido mucho.alto y grave reloj de péndulo marcaba la hora c o n . inteligentes. . . 4lue. l sü!emnic lad de magnate campanudo: tac.. Y o leía en voz alta las noticias del diario local. su fisonomía pálida y morena se había retflejado en los espejos de los negros roperos de jacarandá.. es hija de Chabelita del Castillo. era difícil reconocer en este 4:uerpo grueso y deshecho de hoy el grácil talle y los hombros1 níveos de aquella que erguía el busto en la inmensa flor de la crinolina. clue luego ella firmaba penosamente con trazos que recordahian las líneas dibujadas con pluma de ganso. i Cuaindo m padre me envió a su casa. nos reuníamos en un ángulo del comedor. . . tac. Ella ocupaba el sofá y yo me sentaba a sus pies. E . jun to a la gran mesa y al brasero de bronce. ah!. Si se la comparaba con el daguerrc)tipo que guardaba mi madre. Me dictaba cartas. Sólc> sus manos conservaban la delicadeza de otros tiempos. Pronto me convertí en secretario y acompañante en las interminables veladas de invierno. tía Rufina era apenas una deformada somo bra de 1 que fué en su juventud. iAh. Arrastraba un poco los. Cuando nos hall ábamos solos. pies y se contoneaba pausadamente como barco que endereza proa al mar. tía Rufina me recibió con tierno cariño. con gracia severa. .ontaba una historia llena de sugestivo candor. sus manos habían tocado los muebles antiguos de olorosa caoba. El gato rOm2n0.

. . . . Yo me casé con tío Apolinario cuando tenía trece años. Yo te explicaré. El rostro de la anciana se tornó bruscamente serio. . Y yo era tan tonta que ni siquiera sabía lo que significaba el matrimonio.Paciencia. . .te a mi tí3. --dijo. Los Puga siempre tuvieron orgullo de su prosapia. ¿Por qué nunca me han hablado de ella?.Qué misterio! jExplíqueme.. . mi hermano Domingo sintió por ella un gran cariño. Nosotros. -No la conociste -me dijo después de una pausa-. . niño!. -¡Murió!. ¿Podría contarme algo de mi abue.. . .Ah! --exclamó la señora-. hijo! Pero esas vanidades ~ 74 . niño!. . ¡Así es!. . se formó gran alboroto. Y extendiendo las manos sobre el brasero cubierto por su bonete de bronce. -Dice usted que mi abuelo la quiso. . la?. . como todas las familias de ese tiempo. Se pesaban las fortunas de los novios. . .. y . siempre fuimos muy unidos. . . . . por favor!. . -¡Por Dios. tía!. eran nuestros mayores los que concertaban las alianzas. Mi hermano y ella tuvieron que sufrir muchos contratiempos. él pasaba de los sesenta. No se realizaba un matrimonio sin que se discutiera en grupo de familia. Generalmente. . . {Te refieres a la madre de Clarisa? T í a Rufina esbozó el gesto picaresco que empleaba cada vez que yo chanceaba para entretenerla.. . acompañándose con un suspiro. Aunque no bonita. No la conocí en persona. Cuando mi hermano Domingo habló de casarse. . . . Ni yo tampoco. 10s Puga.. Sus ojillos maliciosos brillaron detrás de sus párpados entrecerrados con socarrona bondad. el carácter de los pretendientes. ... Pero todos decían que era discreta y educada. . . . . -iNo veo por qué. jvanidades. tía! -jCosas de otros tiempos. . la importancia de las familias. . No nos visitábamos con su familia. -. inclinó la cabeza como si procurase reunir sus recuerdos-. decidí abordarla para explorar con su ayuda el pasado familiar. ¿Por qué no la conocí? -. . -Tía -le dije-. y . . . . La familia se opuso. .

A ella. {cierto? Sí. A ella la quise más. . Estaba orgulloso de su hija y se preocul3aba mucho de su educación y de todo.. . separados por la tapia divisoria del n Mientras vivió tu abuelo. . . Más que esposa. ¿Y no ocurrió así? Desgraciadamente ella murió poco después de dar a luz un a niña. Todos los días venía a pasar un rato con nosotras.a sus penas.. vivíamos . . Domingo la adoraba. . la españolita. parecía nieta regalonia de su propio marido.. contrariedades . . . . .) 75 . viuda y si n familia. Siempre estuve de parte de Domingo y él me . ¿Y no pensó mi abuelo en llevar a su lado a mi madre? Se habló de eso. Era inteligente y discreta. Carmen era muy buena. Yo. ...an y tejían nuestras vidas. . Cantaiina (1). . me hallé de pronto con tres hijas. Cuando Domingo se casó con Carmen.. y tu abuelo no me contrarió. hija de mi hermano Domingo. . . del E.. . yo no quise separarme de Clarisa. i yo!. En mi iiIterior bullían sentimientos que me enervaban o que me c c c 1 - LLuIu. sobrina suya y mía. o como eb la misma casa. a todas las quise.. Estaba desolado. dejándola huérfana y sola.. . pero yo me opuse. . Se usa este nombre en el sur de Chile. . . Consideraron que ella era ilia inferior a la nuestra. Guardó silencio mi tía. (1) Cantalina puede ser degeneración de Catalina o Cantalicia. se vinieron a vivir a la casa del lado. generalmente a la hora de once. . . . pero a Clarisa. .. . Emilia Jiménez. porque fué la más cariñosa. Pero si él la quería. Por l demás. mucho más. . que no tenía fortuna. . hasta tuvimos una puerta que 3municaba las dos casas. . A todas las eduiqué a mi lado. . YO ten ía a mi cargo ya a una sobrina y a una hija de un general 4:spañol que pasó ocasionalmente por Chillán y que murió en forma repentina. No. . . Domingo me la trajo. (N. . y yo permanecí pensativo. pero demasiado niña. . y Clarisa. tuvo l a esperanza de que el tiempo apagaría las pasiones y que su mujer sería acepcada p' x todos. Eso significaríale desprecios. Prefirió casarse en secreto. ¿por qué escuchó a los demás? Mi hermano no quiso exponer a su esposa a vivir aislada eli u e nosotros. o de 10s dos a la vez. hija de mi hermana Elisa. hijito. . que era parte de nuestra heredad.

Y ahora te envió a t i . Se había proo puesto casarlo con Emilia. mi otra sobrina. . l trajo por primera vez a casa. -Tía. .. -Salió ganando.. Al comienzo hubo oposición de parte mía. de tat1tas cosas que constituyeron su vida. pero. Se querían como hermanas. . dre. . .. bustiano. . Después de rociar las hojitas perfumadas con agua hirviente. . rogó a su marido que no volviera a casarse. . Fernando no cumplió su promesa. fué muy amigo de varios jóvenes de la familia. Sobre la bandeja se erguían con empaque de damas antiguas la tetera. Antes de morir. -Fernando era muy bien parecido y hombre de gran empresa. . . . . f . . . Tenía sus cosas. .. E reloj dió once lenl tas campanadas regañonas.1. en espera de que la infusión adquiriese su perfume. Lo apreciaban mucho en la ciudad. y la criada comenzó sus trajines para preparar el té. Naturalmente. . . Emilia era bonita y pronto se entendieron Fernando y ella. cuéntame cómo se casó mi madre con mi p. Luego se cubría con funda de gruesa tela bordada. pero tuvimos noticias de que pertenecía a familia noble allá en su patria . t í a . Cantalina. .. no dejara de pensar en Clarisa.. . Se casaron y fueron felices. se colocaba la tetera sobre la mesa en un braserillo de bronce. . Quise oponerme. Era mayorazgo. con las mujercitas sobre todo. . Hubiera deseado que ell!a continuara hablando de mi madre. . y no tardó mucho en enamorarse de Clarisa. Me iban a dejar sola. Pero ella murió cuando estaba a punto de dar a luz el primer h i j o . como que era de la familia. ¡Pobrecita!. ¿No es cierto? Rió bonachonamente doña Rufina. el viudo siguió visitándonos. si llegase a hacerlo. . . . Ro. porque soy una joya. .. Tu padre me conformó diciéndome que la primera hija que tuvieran me la ntregarían para que la educara del mismo modo ' que l hice con tu madre. por no conocer tos antecedentes del novio. . icorno tenían la misma nacionalidad!. . estaba de novia también. Creo que un primo. Este servicio tenía su ritual..ponían en vibración extraordinaria. . . . de sus costumbres. Una imprudencia y un capricho: se dió un baño de vapor en las Termas de Chillán. . el lechero y el azucarero de plata. . o era muy querendón.

que ocupaba gran parte del comedor.an semiexhaustas las gavetas que guardaron las onzas. . Delante de sus ojos de párpados l soñolientos pasaba. niño!. . 77 ' . SUS espejos desvanecidos y sus muebles estilo Imperio. con sus candelabros de labrada pIata. . .Tía! -exclamaba yo. m1 tía hacía los honores a la cabecera de la mesa. acaso.-iS naciza.. . Ahora se haiiat. . . larga irvete galletas. Es hora de dormir. Juana? . .. . -Sí. Ahora. y la tetera insinuaba leve silbido adormecedor. y la bue tía comenzaba a ver raleadas las filas de sus visitantes. menos frecuentado. de improviso-.. t í a . el enorme salón colonial que ocupaba tod0 el fondo del edificio. . -. e desfile de visiones lejanas. allí se reunía la parentela a rendir homenajle a tía Rufina. Caritaba el reloj una hora. ronroneaba el gato regalón. ¡Qué gusto me da conocer el pasisdo! . ¿Y las tostadas. Cuando e l Y = tiefnpo era bueno. . -¡Es hora de dormir. sobre la que ejercía su reinado con tino y distinción. se abr ía para recibir a las gentiles damas y a los gallardos caballleros de la sociedad chillaneja. Sonreía doña Rufina. necesitaba la diligencia de escobas y plumeros para comse 1 batiir las arañas que instalaban allí sus telares. . nunca le faltó corte numerosa. venerada reliquia familiar. niño!. sin 'embargo. En otro tiempo. En otra ocasi&1 me contará más cosas.

Continuaba siendo delicada y cariñosa. pero durante los silencios. sonreía con bondad. Bien sabía yo que mi fracasado viaje a París tuvo por causa principal el deseo de libertarme violentamente de 12 atmósfera de suspicacia y retraimiento que flotaba a mi al rededor. confuso o indefinido.E N EL CAMINO POPULAR Y a he dicho que. Seguramente habían llegado a sus oídos malos informes . El desorden de mis costumbres.. . al derrumbe físico y espiritual. A menudo me recogía tarde. E l dominio sobrc 78 . y hasta hubo noches en que no llegué a casa. Aunque tía Rufina me acogió con el cariño de siempre. un reproche mudo que me dolía más que un castigo material. cada vez más frecuentes. era mi propósito. me observaba como si quisiera escudriñar en mi rostro la verdad de mi alma. irremediablemente. además. sobre mi conducta. Necesitaba realizar un cambio profundo en mi existencia. notaba que desde algún tiempo había en su trato habitual ciertas reservas que me hicieron comprender que no ocupaba ya el mismo lugar en su estimación. mis fuerzas disminuían y hasta llegué a pensar en anemia o tuberculosis. Notaba que mi salud decaía en forma rápida. . después de mi regreso a Chillán. que en años anteriores estuvieron reglamentadas por la vida claustral del internado. me conducían. En el Liceo descuidaba mis tareas y los profesores iban retirándome su confianza. a raíz de nuestra fracasada aventura Santiago-París. pasé por un período de gran desaliento. Había en su actitud. ¡Nueva vida! ¡Cambio de escenario!.

Pero p:uánto tiempo perdido en perjuicio de los estudios y de nuestra integridad moral! Con el súbito enfriamiento de mi amistad hacia Batista. Ganábamos la confianza de la familia. por reacción. ni ánimo. hasta que nos convertíamos. .. . . . prejuicios y costumbres. La sociedad. a cabo de algunas semanas. Y . {Y cuántas fastidiosas.. . Vend< sabrosas empanadas. . Junto con apartarme 1de la compañía de este amable. indudablemente. y luego el vacío que se le hizo a la esposa morganática..mi sistema nervioso era cada vez menor. poo demos con’vertimos en dueños de casa y conseguir l que se nos antoije. concluyeronI los pasatiempos. E desvío de mi familia l Y de la soci[edad que me rodeaba me convertía.. 1Con un poco de empeño.. Jpara enfrascarme en los libros. cazuela de ave y “pitarrilla”. N o pasaba día sin que me presentara un programa nuevo. E1 viaj e a Santiago me sirvió para comprender la malsana i n f h:ncia de Víctor Batista en mi vida. emprendíamos un paciente y artero asedio. Recordaba con fastidio la actitud hostil que tuviera en . . Un comienzo de neurastenia me empujaba a interminables y oscuras cavilaciones. seguramente honesta y sana. nos introducíamos en el hogar.xperiencia. . dos capuIlo. estaba mal constitiuída. abandoné las escabrosas entretenciones que me procuraba su fecunda fantasía. N o sentía interés. iQué absurdo!. en efecto. A pesar de mi in. quizá. -Fern ando -me anunciaba-. . . a la muerte. ¿comprendes?. . descubrí unas chiquillas macanudas . . posiblemente. pero ya mi ánimo se hallaba desmoralizado. en seudo pretendientes y efectivos amantes de las ingenuas much.otro tiempo la familia contra mi abuela sólo porque pertenecía a la clase media. comprendía que por ese camino llegaría pronto al :rito y. simpático y fatal compañero. con charlas y fiestas rociadas de licor y de suculentas viandas con olor a caml piña. . ¿No era estúpido su orgullo de casta? {Nos considerábamos superiores : otros seres sólo porque poseíamos un apellido a Y un POCO cle fortuna?.ichas. Dos hermanitas como hechas para nosotros. debió de sufrir mi . en crítico Iimplacable de sus ideas.s campesinos. Atienden un chinchelito de sus pac en dres. .

I chacho de modesta condición social. 1 dado por don Malaquías Concha. Seguramente no me consideraba sincero. jno me aplar. y’ se plegaban a sus banderas los elementos combativos del ra’Undicalismo y los populares del nuevo Partido Demócrata.madre como consecuencia de fas crueles e injustificadas represalias ejercidas a causa del “crimen” de mi abuelo? M i propia tía Rufina. Aunque mi familia era monl: h a en su totalidad. Don Vicente re]?resentaba la opinión liberal. en donde tía Rufina aparece p ?noc nificada en tía Dolores. Charlábamos durante horas divaga!ido sobre temas literarios y filosóficos. En Chillán actuaba como jefe de los tercios “reyistas” el viejo director de “La Discusión”. me presentó a su familia. sin dejar de ser empeñoso en el estudio. Don Pedro Montt reumía en torno suyo a los grupos oligárquicos y conservadores de vieja tradición portaliana. me llevó a s u casa. Lorenzo sentía temef‘osa admiración por la clase adinerada y me escuchaba con extrañeza y desconfianza. y realizaban grandes sacrificios para educarlo.) 80 . mis simpatías y las de mi amigo Villariroe1 se inclinaron apasionadamente por la candidatura de don Vicente Reyes. A él confié mis cavilaciones sociológicas. Era un nN. viejo amigo de Mac-Iver y luchador inca usa. uno de los más antigp o s 1 ( 1 ) Léase “La Hechizada”. sus padres poseían una cocinería en las inmediaciones del N iercado. alegre y travieso. tó de un fragante idilio campesino fundándose en diferenc:ias de castas? ( 1 ) En ese tiempo comencé a frecuentar la amistad de un o de mis compañeros de curso. Me leía sus versos y yc le retribuía exhibiendo mis incipientes trabajos en prosa. y nos reuníamos con frecuencia en su modesto CIlartito de estudiante. (Nota del autor. Sin embargo. Lorenzo Villarroel. Como tenía aficiofles literarias y hasta componía versos con cierto donaire clás ico. ble en las barricadas de “El Ferrocarril” y de “La Ley”. Nos vino a sacar de nuestros sueños el estrépito c adlejero que levantaba una intensa lucha electoral por la 1 ?residencia de la República entre dos candidatos eminentes: don Vicente Reyes y don Pedro Montt. pronto llegamos a convertirnos en buenos camaradas. tan inteligente y bondadosa. ligeramente teñida de rojo.

bien plantado sobre una tarima del cesaban 10s murmullos y se escuchaba su voz de órie se dirigía al grupo de electores con nombres pom“iCaballeros del ideaYb “iCruzados del trabajo! ”. comencé a asistir euniones políticas que se realizaban en un bodegón 3 al Mercado y a la casa de mi amigo. la Libertad. la igualdad. con las manos en los bolsillos. sonoras. que circulaban entre los asisi palabras de don Angel Custodio penetraban como icor en mi alma. testarudas. venite. ia densa emanación de cuerpos que viciaban la atando don Angel Custodio elevaba su corpulenta fiajeada de negro. con ásperos y cabellos hirsutos. :s adalides! ” os motes caballerescos eran apoyados de vez en cuando najuanas de rico mosto chillanejo y por canastos de empanadas de horno. En el interior. Predominaban los rostros de color ido o el cobrizo de nuestro pueblo. La mayoría asistentes eran gentes humildes. inflamadas. Con la caída de la Bastilla coel reinado de la Fraternidad.d e c í a profunda de don Angel Custodio. deben existir explotadores ni explotados. y predominaban tes estrechas. . gordo. activo político demócrata y fogoso orador popular. sombrío y desmanternderas de papel y guirnaldas de olorosas ramas rodeagrandes retratos de nuestro candidato. ceñudas. ondeadas frases tribunicias salían de sus labios como OS de catapulta.de Chile.y arrancó las i doradas de los reyes y nobles que se erigían en el pueblo trabajador. don Angel Custodio Oyarzún. De aquellos grupos de gentes movían con lentitud. ?1pueblo francés tomó por asalto la Bastilla . Frente al edijbre largo lienzo. compañía de Lorenzo VillarroeI. Es inicuo nuestro país continúen imperando las divisiones de llegado la hora en que el pueblo destruya la BasPrejuicios y empuñe el cetro de su libertad. llameaba un rótulo de letras rojas: irsenio Poupin”.

En esos días pasó por Chillán una comisión enrolando alumnos para la Escuela de Artes y Oficios. Comencé a sentir :aversión por la vida fácil y despreocupada que hasta entcm e s llevara. duras del espíritu. aquellos tres de largos zapatos en punta y pequeño sombrero de 1 echado al ojo y aquellos tratantes de animales de rostro gestionado que usaban tacón alto. a la secretaría y firmamos el registro. inflaba el velamen de mi barquichuelo hacia ignotas regiones de sacrificio y renunciamiento. Sería artesano. en a mi alma un anhelo. A menudo cavilaba en las vanidades humana’ en 5. E romanticismo l libertario que se bebe en los libros. decidimos ingreszir al Partido Demócrata. bas oratorias de don Angel Custodio. los feroces orgullos que dividían a los hombres. Presenté mi can. guarapones con barbic y corta chaquetilla adornada con hileras de botones de cha de perla. y a colocarme a distancia de mi familia. Yo bien comprendía que mi presencia en aquel a resultaba absurda. todavía vago. y en efecto. de ’renunciamiento. Avergonzábame de mi traje atildadc mis cuidadas manos de niño “decente”. He de confesar que un espíritu de aventura se mezclaba a todos los propósitos de carácter socialista. Deslumbrados por las trom.. de purificación. dei hümildad. rieron dentro de esa caja misteriosa que actúa en las hon. empujándonos a la conquista de un pan de sabor nuevo. una noche nos aceralmOS . De buenas ganar hubiera tiznado de hollín y embetunado de aceite par1 desentonar entre aquellos zapateros calzonudos. en la:5 injusticias que cometían los poderosos. Acompañábame en mis nocturnas andanzas políticas m i compañero Lorenzo Villarroel. Una vida austera de trabajo intelectual y corporal era una ilusión más que se agregaba a otras que nacieron y mu. Un trastorno íntimo se efectuaba en las profundiclades de mi ser. didatura y fuí aceptado. 82 . Nací.

qna puerilidad más. icaso. sombrío.a época de la vida. y sus man10s serían hábiles y activas en el uso de las herra- . incluc. taciturno. En e:. LOS objetos. Debería estar decepcionsido por injustas sorpresas de la vida. Pero. era la c imagen de un obrero pálido. Sin emoción me despedí de parientes y amiROS. poseído del gozo con que se transforma la página embrollada en carilla limp. Vestiría tra- mientas. los sucesos. infantiles? Era. ¿a qué se reducen El m . meditando en las noches caóticas que rodearon el origen del universo y' del hombre. leería obras de filosofía. la falta de hábito en el trabajo muscular 83 jes oscuros. adre no se opuso a mis planes. tienen el prestkio de u 1 paisaje lavado por la lluvia bajo un sol nuevo.ia. para comenzar vida nueva. por el momento. el choque con la disciplina rígida de la Escuela de Artes J7 Oficios. un anhelo de ocultamierlto de mi ser en la anónima marejada popular. sino a un eterno juego de ilusiones. Mi p.O de tía Rufina.VIDA AUSTERA las acciones humanas de grandes y de pequeños. SUPO comprendt:rme. todo cambio produce encantamiento. Me poseía como un apresuramient O por liqluidar el pasado. E1 sei?timiento más sincero fué. Acaso se repetía un trozo de si1 vida en este deséo de fuga que me dominaba. E:n sus horas de holganza.delo que tenía a mi vista. las personas. Sin 1 embargo. sin duda. tendría huellas de polvo acerado en SU rostro. en el fondo. olvido del1 pasado.

nas. ese conjunto de cualidades crudas. Nuestro contacto se reducíaL B las conversaciones sencillas que tuvieran relación con labores cotidianas y con los juegos de patio. la suciedad. La crudeza en la expresión. Es posible que dos individuos de diversa situación social lleguen a estimarse por simpatía de ideas y penisamientos. rnás huérfano que nu&a en un ambiente incomprensible. si no un descalabro. el fragor de los sopladores en los días de fundición. Sentíame desarraigado con violencia de mis costumbres. me hicieron experimentar. . Apretando los dientes com0 para penetrar en agua helada. una especie de desorientación. Si alguna 7vez deseaba tratar algún asunto de carácter más elevado. Pero estaba decidido a no retroceder. al menos un goIPe doloroso. física y sentimentalmente. enitre las manos inexpertas. La biblioteca del es- y la convivencia con muchachos diferentes a los compañe:ros 84 . Antes de finalizar el año. fui posesionándome de la nuieva existencia. los malos olores. ya me había familiarizado <:on el ruido de los martillos y las garlopas. al primer contacto :on la realidad sufrieron.La fraternidad de los seres humanos era simPle utopía? Instintivamenté comencé a escoger la amistad de nnue chachos que provenían de clases sociales más cultivadas. sin exhalar una queja. sino que no teníamos el mismo lenguaje. en las primeras seiIla. E1 relativo aislamiento a que me vi forzado entre fnis condiscípulos de escuela me hizo buscar con mayor ahir1CO la lectura y las cavilaciones solitarias. Había resuelto hacer'me duro. comenzaba a hacerse dócil y blan da. delbía adoptar el tono del maestro que adoctrina. la adversidad de costumbres puede ser motivo de separación. D otro modo hubiera muerto por asfixia moral. la falta de respeto por la propiedad ajena. Esa comunión con el proletario resultaba trago demasisido amargo para el muchacho acostumbrado a un ambiente b'tugués y sibarita. Más difícil fué habituarme al trato de los nuevos compañei:os. Mis incipientes ideas democráticas. pues no si610 me sentía distante de la masa de mis compañeros.habituales. Vivía en constante es&€ bar. La materia rebelde. son la peor y más formidable muralla que divide a individuos educados en atmósferas diferentes.

.acionalismo. iílipótesis!. constituían. LOS filósofos consultados nada me dijeron que pudiera iienar el! vacío de mi espíritu. como un niño que se cansa de llorar a la iun a y se distrae con piedrecillas de colores. redentor de los hc>mbres. Dio!s. pensando en estos prolilemas tan SuPt:riores a mis fuerzas. iqué evoluciones primarias motivaron el advenimiento de este :primer vástago de nuestra ascendencia? ¿De qué manera se jFormó la tierra. iPaira qué se vive? Ysi no se sabe cuál es el objeto de la vida. volví la vista hacnia las religiones. E 1. Las divagaciones metafísicas concluyen por entristecer el ánimc3. Insensiblemente. en realidad. He ahí la almohada que me permitió descansar la dolorida cabeza. Sabias divagaciones eirizadas de tecnicismo que terminaban en el vacío. e Q la atmósfera misma de ellos. :sin embargo. {qué más da que ella se emplee en realizar buenas o malas acciones? Esta s interrogantes. sobre su principio y s u fin. un ansia por en-' 1 COntrar 1in punto de apoyo en el naufragio espiritual de mis pobres y rudimentarias ideas. se me ofuscaba el cerebro. N o imaginaban que. pero yo buscaba de preferencia aquellos que me podían iluminar sobre la existencia h m a n a . ¿De dónde veníamos? ¿E's verdad que descendíamos del mono? AceptadaJ esta teoría. . era un arma como las 1 que emplean los niños en sus juegos: inútil para tajar la carne viva del misterio. me consumía u Q sincero anhelo de certidumbres. el universo? Moimentos hubo en que. incómodo.fablecimiento me proporcionó libros. ¿Y esa bella leyenda del Cristo. formidables bombas lanzadas contra el infinito y a las cuales no encontraba más respuesta que el eco devi:ielto por las montañas imperturbables. hacia la religión conocida j iunto con la leche materna: el catolicismo. aunque formuladas por un niño. no tardaron en abandonarme. bebido. más que en la enseñanza de los l liceos. mejor dicho. LOS pocos amigos que podían seguirme en esta ruta sidebral comenzaron a encontrarme aburridor. Acaso me acusaron de adoptar posturas teatrales. y la ingenua historia de María con su manto tachonado de estrellas? E esplendoroso ritual de la Iglesia l 85 .

mi contrición y mi fervor aumentaban. ¡Pide el amor. En el momento en que la campanita sonaba con timbres infantiles para anunciar la llegada del cuerpo de Cristo a la mesa del sacrificio divino. tuosas. -¡Dios mío. aprendidos en la niñez. z -. la iluminación de los cirios. Mi madre. La invisible presencia . sus bronces refuigentes. allá en las regiones en que vagan los espíritus. Señor! . Y a no era la sugestión del recinto ni la pomposa teatralidad de los ritos sagrados lo que me producía embriaguez religiosa. buscaba de nuevo la intercesión de mi madre. las voces profundas de los órganos.Hazme humilde y bueno! Y como si me considerara indigno de mirar cara a cara al Supremo Hacedor. sin duda. un estremecimiento recorría el cordaje nervioso y mi cuerpo perdía su materialidad para convertirse en luz y aire puro. . A medida que iba recordando los simbolismos de la misa. no alcanzaba a deshacer el encanto que bañaba mi espíritu. madre mía! -suplicaba en l a penumbra envolvente de las iglesias-. la claridad de inteligencia. transpor. Una cálida onda mística comenzó a envolverme. con sus ventanas llenas de sol. tábanme a un mundo poblado de mágicas pedrerías. era algo venido de las profundidades del espíritu y que rebasilba al exterior como manantial de hirvientes aguas aromadas. acudía. ¡Dadme fe.Ilenábame el alma de resonancias orientales. La desguarnecida capilla de la escuela.Sálvame. los ademanes lentos y armoniosos de los sacerdotes. sus negros ojos parecían mirarme prolongadamente y sus labios se movían en silencio como para derramar sobre mi cabeza palabras de du1ura. la fe cándida de los primeros años! Y como si en realidad el buen Dios de luengas barbas argénteas hubiera escuchado mi ruego. el valor. el amor puro de las muchachas hermosas y la sana amistad de los buenos compañeros!. Sus casullas suq. Pide para mí la sabiduría. comenzó a inundarme la alegría beatifica de los creyentes. a mi llamado y escuchábame con taciturna actitud. . -Madre: pide por mi la paz del espíritu. el perfume del incienso.

habría-sido. se identificó con 87 . -i Señor! . En la biblioteca de la Escuela había algunas obras de escritores rusos.e ponía en conracto directo con mi alma. cegado. . . Las palabras sencillas de estos hombres atormentadols. ¡Señor! . en esa Spoca. Y o era feliz en aquel estado. su literatura humanitaria y poética iluminando las podredumbres sociales. Nunca una semilla cayó en suelo más b1ando. . El romanticismo socialista de Gorki. . fueron como una amplif icación majestuosa de la angustia metafísica que había hecho presa eaL mi espíritu. sus angustias morales y metafísicas. ipurifícame! . . Un milagro. El ifervor religioso de que me sentí poseído con anteriotidad al conocimiento de mis amigos rusos. Toda mi aspiración. quizás. y. ratoncillos voraces e impertinentes que roe n con igual ardimiento las cortezas de pan que los 2 pedestal( s de estatuas milenarias. próximo al éxtasis. de una finura y distinción de espíritu que no tiene paralelo en la literatura mundial. N icieron las dudas. y más que eso. hubiera sido emprender un peregrinaje a las estepas Ilevadas y colocar mi cabeza bajo las manos protectoras de los nLaestros. inciinaba la cabeza.divina 5. como si tuviér'amos un misterioso parentesco próximo. Dejaron de ser autores para convertiicse en amigos y consejeros de mi exclusiva pertenenCia. Des. me parecieron palabras vivías que saltaban desde las páginas del libro para vibrar en amistosa charla con mi espíritu. seguía calvando y hurgando en la caverna de lo desconocido. {Qué importa que se Y+a en un mundo de quimeras. . mi salvación. esa insaciable curiosa. o la aPóiriencia de un milagro. esta intensa religiosidad no perduró So demaSia( tiempo. las tortiiras corrosivas del aristocrático Tolstoy. esponjoso. Lo Ique a ellos les inquietaba me inquietaba a mí. p ara tornar la vista hacia Rusia. iHazme digno de Ti!. ganosa de certidumbres y contactos materiales. .graciadamente. Prolongar la felicidad1 hubiera sido la extrema sabiduría. propicio para contribuir a su desarrollo. . Desde entonces mis anhelos dejaron de volverse hacia París. si ellas nos proporcionan bieinestar real? Pero la razón.

El misticismo socialista me fué ganando poco a poco. y llegué a emprender ensayos de teorías que me fascinaban.y tanteos. se decretó mi expulsión (1 1 . sus vacilaciones. el de “la no resistencia al mal”. (1) En “E1 Crisol” se expresa parte de l ocurrido en aquella o . en una SU blevación de los alumnos de la Escuela de Artes. y. dudas \ época. a mi pesar. se transformó. come consecuencia de ella. Uno de estos ensayos.

Istoyana \ .SEGUNDA PARTE ColopZia.

Y pocos días más tarde se Dresentó al alojamiento de Galé para solicitarle que l ino l :orporase a la farándula. se quitó el vestón y desabrochóse el cuello de la canisa.) 91 . . ( 1 ) Nació destinado para ejercer de pontífice o de actor. Augusto revolvió con las unos su encrespada melena. dispuesto a de:lamat el monólogo de Manelik. E viejo actor sonrió: -¿Tendrá usted condiciones? a prueba! -respondió el niño con arro-¡Póngalas qancia.A LA SOMBRA D E TOLSTOY . pasó por nues_-. Thomson adoptó el seudólimo de Augusto dHaImar. Tuvo un deslumbramiento. se ató la frente con un paiuelo. aquel que ha sido siempre :amo la piedra de tope para los grandes comediantes esJañoles. (1) Sólo años más tarde Augus:o G. saltó sobre una mesa. Y sin esperar nueva invitación. --He torcido mi destino -solía repetir. de Guinerá. Y recordaba que. (Nota del E. ya en carácter. . siendo tierno infante.iuitlnguada metrópoli la compañía dramática de Galé. epi-[d r sodio poco frecuente en aquel tiempo. Augusto Thomson pontificaba. La leyenda ha falseado i el datiD histórico. E ramos tres. Nada más que tres. -¿Podría usted recitarme alguna cosa?. Augusto asistió por ximera vez a una representación de “Tierra Baja”. como ha falseado otros de mayor importancia.

recordaban el ceremonial que rodeaba al Rey Sol. hundidos en cavernas de sombra bajo el frontal sobresaliente? . de Tallaví o de Taima. Se rodeaba de una liturgia de artista romántico y obligaba a los suyos a que actuaran de acuerdo con sus dorados sueños.Cómo pudo copiar el largo monólogo aquel mu. El viejo actor cavilaba. Y así fué como el arte perdió un émulo de Borrás. . que llevó el mismo nombre. . siguió siéndolo en la vida. Sólo exijo que su familia le dé consentimiento para llevarlo conmigo. “Tierra Baja” hacía su estreno en Chile. simplemente. -. . des de plata y de bronce que enronquecía. E viejo primo Mal nuel Thomson. . . Era más noble la carrera de escritor. con sonorida. Pero si Thomson no fué actor de teatro. . com? las muchachas no lo entendiesen. -De haberlo oído a usted. Sus hermanas debían reverenciarlo como a un joven príncipe. debe poseer memoria prodigiosa! -iDícenlo así!. se encargó de disuadir a Augusto. Galé era el portador de la primicia y sólo habíala puesto en escena dos veces. chacho de ojos oscuros. Dentro de dos días saldré de Chile. hijo del conocido héroe de la Guerra del Pacífico. Las hermanas y la buena abuela debieron emprender el estudio de aquella hramática.Desarrollóse la extraordinaria escena. . . 92 .Y aquella VOZ limpia. -¿Cómo pudo aprender ese monólogo? -interrogó con desconfianza. -¡Entonces. pero.Garrapatitis. y menos arriesgada para un joven de su condición. trumbum almidonis? Aquella interrogación significaba. en grado ínfimo. En cierta ocasión se declaró inventor de un idioma nue. para simular los rugidos de la fiera? E l viejo actor se mostraba desorientado y perplejo. el niño Augusto montaba er su caballo diabólico y hacía restallar el látigo de su cólera. -respondió el muchacho. Aquel proyecto no pudo reaiizarse. voy tan arbitrario como pintoresco. Puedo asegurarle que será un gran actor. si habrían traído las camisas de donde la lavandera. En el modesto hogar había establecido rituales que. . enturbiada adrede. -Lo felicito por sus condiciones para la escena. intrincada como los senderos de la selva. .

sirviendo de báculo a esa viejecita de aspecto distinguido. N o tardaban en quebrar el silencio los aplausos unánimes. la exhibía en las ocasiones memorables. Los estudiantes rebullían en las tribunas altas. Y en ese momento. En el hemiciclo desbordante. como tal. de rostro alargado. como un tejido de magia. en el ambiente estático. pfiriéndose a ella. en el transcurso de la lectura. aunque no tanto como los cabellos alisados bajo la capota sencilla. dibujando. hasta convertirse en ovaciones. imágenes airosas y trenzando esbeltas visiones de vida. que lo adoraba. que. La fisonomía era como la expresión misma de la dulzura y de la bondad. en clamoreo que palpitaba como fogata enloquecida. Dos pedacitos de turquesa o de cielo azul asomaban en el marco de plata ennoblecido por la pátina de los años. El héroe del momento bajaba de la tribuna con lentitiid. Y luego. La anciana señora poseía los vestigios de una belleza fina y aristocrática. pero sin jactancia. -Es mi mejor escudo heráldico -solía decir Augusto. en el momento en que el novelista era llamado para ocupar la tribuna. de Santiago. en que Augusto llegaba a la desbordante sala-teatro de la Universidad dando el brazo a una viejecita menuda y plácida. seguido de murmullo aprobador. grave y pura. Y. despreocupado y elegante como prín93 . Las damas de platea enfocaban sobre el joven escritor los ojos afiebrados de ocultas ansias. levantábase de su sillón en nedio de la expectación general. depositaba un beso en la frente de la abuela. constituía un cuadro que provocaba admirativo silencio. de tez blanquísima. aquellas sesiones del Ateneo. aquel mozo alto y esbelto.ES indudable que el carácter dominante por naturaleza del jovenmelo adquirió un desarrollo extraordinario gracias a la bondad inagotable de la abuela. iban creciendo como marejadas impetuosas. La atmósfera de murmullos y perfumes latía como corazón estimulado por el deseo. desgranábase la voz evocadora. y subía las gradas con airosos movimientos de doncel trovador. Los viejos recuerdos sin duda. de cabeza byroniana.

Samuel y Baldomero Lillo. entonces. dignamente. Escritores ya maduros. al menos lo respetaban como el árbitro del buen gusto y camarada indispensable en la orquestación de la literatura chilena. Leonardo Pena. Juan Francisco González. “¡Viva nuestro Dostoyewsky!” “. 94 . y. la admiración casi fanática que debió despertar Augusto G. Víctor Domingo Silva. y tantos otros.& cipe quimérico. nadie concluía de ponerse de acuerdo sobre el parecido de ciertos astros de la literatura mundial con aquel espíritu multiforme y cambiante como espejo de agua movediza. Pedro Lira y algunos más que figuraban ya entre los venerables. Y no sólo asumía la delantera en el lote literario. formábanle círculo entusiasta. Labarca Hubertson. lo acogían en su cónclave y consideraban sus juicios con respeto. Luis Ros$ Carlos Pezoa Véliz. . o poetas noveles. Se comprenderá. l agasajaban y lo respetaban. . Valenzuela Llanos. Thomson en la imaginación de un estudiante de dieciocho años en quien comenzaba P prender el virus del arte. . . Tenía ventitrés años en aquella época. Rafael Correa. saludando al pasar con fina sonrisa cordial. Los estudiantes formábanle calle en el atrio y seguíanle con gritos triunfales: “¡Viva el Zola chileno!”. Magallanes Moure. ventud literaria de su época. Y así se explica que este escritor adolescente haya podido ejercer una especie de dictadura espiritual sobre la ju. también los pintores y músicos le reconocían derecho para dictaminar en obras de su especialidad. “¡Viva el Daudet!’I En verdad. Ofrecía el brazo a su viejecita y salía de 1 : sala. Valentín Brandau. si no todos lo reconocían como jefe. o Alrededor de la revista “Instantáneas”. Dublé Urrutia. fluyó un continuo tumulto de admiraciones y de aplausos sinceros. que editaba Alfredo Melossi y que Thomson dirigía.Viva el Loti!”.

La abuela subvenía a los gastos del hogar. Allí vivía el novelista con su abuela y dos hermanas. pontificaba sin apoc'ar al neófito. había una mociesta casita de gruesos muros antiguos. muy próxima a la Plaza Yungay. sin obligaciones de oficina ni preocupaciones por el diaric1 sustento. -b 95 . mantenerse a una distancia exenta de estiramiento.ndo penetré por primera vez en el santuario del escritor. Augusto escribía con independencia. dedicó todo el o tiempo : las letras. E esl critor n O recibía. En la ca lle Libertad. que se erguía entre sus vecinas como una señora de buena familia que soa brellevaie su pobreza con dignidad. i Las herrnanas cuidaban de la casa. Las clases de música de la abuela bastaban para maintener una decorosa parvedad. si una nota de mal msto se introducía con demasiada imprudencia en la reunión. salbía ser cordial sin descender a plebeya camaradería.E L P R I M E R PASO Cua. la consigna era implacable. De vez en cuando. en cambio. hallábase dedicado a su trabajo literario. t t:mblaba como un comulgante al aproximarse al altar. abríase el amplio salón. AUlpsto Thomson ha sido uno de los pocos escritores que en Chile ejercieron su profesión como se entiende en Europa: con exclusividad. Por las tardes. que servía a la vez de taller. En las mañanas. en su juventud. Al golpear con el pesado aldabón de la puerta de calle. Por l menos. y los amigos podían acercarse al altar y su sacerdotle. Augusto presidía las tertulias con natural desenvoltura. asomaban por el ancho pasadizo dos niñas con aspecto de inglesita s.

vibrante. mi deseo de intervenir piafaba como un caballo contenido por duro freno. sintiéndome desconocido en aquel ambiente de intelectuales. alguna miniatura escultórica de Simón González. de claros ojos que. Kropotkin. Se dijera un joven griego ejerciendo su apostolai30 en la clara intimidad d e un hogar ateniense. y. Audaces armonizaciones de Juiin Francisco González. Tolstoy me era familiar hasta en los menores detallces. Proyectaba presentar a nuestra Academia del Instituto Pedagógico un estudio sobre el gran espíritu que llenaba el mundo con su renombre. Desde las amplias paredes de la sala. saudosos paisajes de Valenzuela Llanos. Uno de los circunstantes más asiduos a las tertulias de Thomson. de Tolstoy y Dostoyewsky. Y o escuchaba con el espíritu abierr:O. brillaban como líquido entre los párpados. cubiertas de cuadrc’ S Y grabados y curiosidades artísticas. bosquejos de Valenzuela Puelma. Thomson poseía el arte de convertir su sala de trabajo en una especie de musieo rancio y lleno de colorido. también. En verdad. estirados por las mandíbulas. formaban un conjunto que caía sobre los circunstant:es como un baño de colores que estimulaba y tonificaba 10s ne!rvios. Había estudiado sus novelas con cariiio.con sus ojos inm óviles. los rostros venerables de artistas contemporáneos: 201 [a. Reclus. era un joven de aspecto campesino. Ibsen. recio y cuadrado. Se hablaba de Gorki. Alguien lo llamó por su nombre: Julio Ottiz de Zárate. los santos del día. sus teorías morales y filosóficas eran para mí tan cnnocidas como el silabario. auste‘r a y musical. . Maeterlinck y Hauptmann formaban el triunvirato de los dramaturgos. Puestas en discusión las teorías de Tolstoy. al sonreír. Daudet.aparecía en sus labios una sonrisa irónica seguida de una fraisc que desconcertaba al temerario. Sin embargo. una gallarda cabecita del pintor Molin‘a. A menudo tomaba un libro con sus cuidadas manos abaciales y leía con voz clara. se hablaba c(m veneración del artista de Yasnaia Poliana v de sus extrañ as actuaciones apostólicas. miraban. Maupassant. \ 96 . reconoc:ía en mi fuero interno que nadie dominaba aquel tema c(3 n mayor amplitud que yo. ~. uno de los más entusiastas admiradores de Tolstoy. poseído de angustiosa timidez.

estimulado por su presencia. pramente. También se reunía todos los años con . embelleciendo hechos que la mayoría de las personas realizan con (>paca sencillez. que areció extraña a mí mismo: -Tolstoy es como nuestro padre común.. el día en que l s huertos de durazneros y de almeno dros se cubrían con su manto tejido de palidez y de rubor.Me fué simpático desde el primer instante con su traje :sto y limpio. el horizonte se ampliaba en forma desmesurada y aparecía un panorama que a nosotros se nos antojaba oriental. . . quizá porque algunas palmeras se erguían . entonces. . o cuancl .. Y o . En :la reunión de hombres marchitos por las ideas y el es. . en el momento en que nos despeíamos.don Juan Mateo Gatica para saludar la primavera en Ñuñc)a. . Me pareció que Qrtiz de Zárate era quien armonizaba c con mi entusiasmo por el maestro de Yasnaia Poliana. y sus gruesos zapatos de explorador. no existía el Palacio de.. . . E1 Parque Forestal era. con voz ahogada por l a emoción. . Sin du1s da 1~ asistentes a la tertulia consideraron exageradas esas palaEIras que no eran sino la expresión de un espíritu vehemente Y sincero. Creía yo que mi persona azorada había entrado de nuevo eiI su círculo de sombra para no volver a salir de ella. Sólo en Qrtiz de Zárate encontré una mirada comprensiva. . yo iría 6:n peregrinación a Rusia sólo para besar sus manos venerakdes. era como ráfaga de aire venida de campos cordillei con perfumes de toronja y hierbabuena.BeHas Artes. Un silencio penoso acogió la mística declaración. Acudí a la cita con puntualidad. . Luego. erguido y un poco displicente: -Venga a reunirse con nosotros esta tarde.. y tan sin control. después de ensombrecer la frente con un pliegue reflexivo. 1 Era uno de sus ritos. Eran actitudes que lo rodeaban de atmósfera sugerente. habló de otros asuntos. Augusto fijó un instante sus ojos en mi persona Y fxv e la impresión de que el grande hombre me veía por primera vez. un paseo en formación. Todos los días voy a despedir al sol en el Parque Forestal. me atreví a murr. En cambio. Augusto dejó caer las siguientes palabras..

Ortiz die Zárate y yo. nuestra charla recaía. a l a hora en que se encendían las primeras luces y las primeras estrellas. esa tarde. nuestros pasos resonaron con mayor gravedad en 12s calles desiertas. N o puedo asegurar cuál fué el efectc3 producido por mis palabras.en el extremo del paseo y cúpulas de iglesias. Como una obsesión. en esos momentos ase mejábanlo a un joven faquir de la India misteriosa. tanto dimos vuelta S a la misma noria. física y moral. Perc aquellas expansiones. Tanto machacamos las mismas ideas. la esbeltez de SI cuerpo. . Y un día. eran en él como la prolongación de su figuí. los ojos perdidos en vaguedades de ensueño. siempre al final quedábamos solos Augusto. Discutíamos las posibilidades de llevar a la práctica el proyecto de fundar pna colonia tolstoyana. l que para los hombres experimentados es obscuro y tortuoso. descubierta. Quizá fué de confusión o de vergüenza. repetidas con frecuen cia.por qué n c realizarla? . tan suave como el horizonte inundado por los reflejos del sol poniente que teníamos a la vista. en la belleza de la vida sencilla 9 en la no resistencia al mal. . Durante estas reuniones vespertinas. E camino por recorrer. evoca ban mezquitas de Mahoma. Todo me parecía fácil y claro. a mí se me aparecía tan acogedor. . 98 . y en la necesidad de huir de l S viciosos placeres de la vida ciudadana. . m e atreví a alzar la voz ante el joven maestro: -Y si tanto admiramos l a vida tolstoyana. sacando bríos de flaqueza. la gracia austera de su gesto. Para mis ojos de muchacho no exicría complejidad. con la cabet. Al regresar. enton ces. A propósito del crepúsculo. Augusto tejía una leyend: fantástica. que yo concluí por fatigarme de tanta pa i labrería estéril. en el tema de Tolstoy. Solía recitar versos a media voz. lejanas. Mis interlocutores quedaron u 1 1 instante en silencio. E1 tono sobrio de su voz. que en otros hubieran parecidc amaneradas. en el apostolado que se podrí.3 o ejercer entre los campesinos. ¿]Hay algo que nos impida vivir de acuerdo coj nuestras ideas? Era una reflexión simple.

en su rostro de árabe zdolescente. haba como cuerda tensa. Luis Ross vi. estableceremos los métodos de Yasnaia Poliana. Gravemente.L A A V A N Z A D A Es imposible que el venerable apóstol de Yasnaia PoKana. . 93 . con sus bosques impenetrables y sus cascadas de profunda sonoridad. . con fino cálculo ar:ístico. al interpretar “El Místico”. 0 el profeta de la austera Reforma. gestos y actitudes como las de Augusto al sentirse visitado por el espíritu ascético. antes bien. tuviera mayor unción ni más severa grandeza en su actitud que Augusto d’Halmar en aquellos días que precedieron a nuestra partida. a Semejanza de Reclus y Kropotkin. . Formarán hombres libres. con tanteos de reflectores. Sus ojos sombríos giraban. Acaso 10s grandes espíritus requieran cierta aureola teatral para imponer a la humanidad sus ideas fulgurantes. Educarán ustedes a los araucanitos. como lo hacen 10s misioneros capuchinos. Augusto se adaptó a su nuevo avatar. Sin abandonar su personalidad anterior.. con voz lenta: -La escuela será la base de nuestra obra d e c í a . Elegirían como campo de acción la Frontera. -¡Qué vida! ¡Qué linda vida! --exclamaba-. de Rusiñol. Al escuchar los proyectos de D’Halmar. D’Halmar improvisaba. conservándola en discreta e inteligente transición. Sólo más tarde pudimos conocer en el gran Tallayí. iSublime!. .. Los asiduos a la tertulia familiar fueron los ptimeros en conocer el proyecto expedicionario.

Valentín Brandau. Y éste respondía. ” de sus gruesos lentes. observaba. 1 VO eran tiempos aquéllos para aventuras idealísticas. se posaba para la pi33teridad. Un diario de la tarde publicó un párrafo que alguien atribuyó a la pluma de Nadir : U n grupo d e muchachos artistas proyecta salir para el sur. como nn ermitaño experimentado en vigilias y privaciones. N i aun el reciente romanticismo literario. exclamaba en el encabezamiento de sus C. y ambos acólitos escondíamos las armas bajo los sayales beatos. y yo hervía en ansias combativas. ¡Colonia Tolstoyana! ¡Empresa de locos! Y la sát ira hacía restallar como látigos sus carcajadas. tir. prendido con retardo en nuestro país. no todo eran s:arcasmos y chanzas incomprensivas. hacía posible la comprensión de una calaverada mística. nutriéndose en las selvas da raices. Mas. E poeta Pezoa Véliz esl cribía desde Valparaíso confesándose atraído por la iniciati. espíritu analítico. perdonador y m. para equilibrio de los nervios. 500 . como aquel1Los cristianos que defendieron a mandobles la fe.eli~~oso-filosóficas Tolstoy. con ella. eh? -preguntaba a Julio Ortiz de Zárate. animalitos y peces crudos. ias 9. sus pacífic:os colmillos. y había en esta paIabra un sabor de alma popular bieo castizamente chileno. Es de presumir que los I. de lonos intentarán vivir desnudos. Alsunos diarios hicieron comentarios irónicos.O. con el fin de fundar una colonia inspirada en las teor. . dt:rrA . con ojos reidores: -¿Conque están resueltos a abandonar las comodidacles mundanales. como quien se dispone a quebrantar fierros y piedras con los dientes: -í jestamos resignados a ser felices! S. Es de lamenilar que Eva haya sido excluida d e esta comunidad: segurame?ate los colonos habrian tenido ocasión d e formar. -¡Cuidado! iEa no resistencia al mal! -nos advertía nuestro joven maestro.va tolstoyana y proyectaba incorporarse a nuestro grupo. como Adán. ntoralizadores cuadros plásticos. apretando sus mandíbulas.artas. Julio Ortiz mostraba. con sonrisa beatífica. . A pesar del espíritu apostólico. “Hermanos”. ár Thomson sonreía con desdén señorial.

husmeaba el aire. a manera sional y pr< de cartel: “Diego Dublé Urrutia. Mientras tanto. Con árlimo ligero arrojé por la borda un pequeño puesto de dependicEnte librero. como de “objetos” pertenecientes a la comunidad. con bíceps de atleta. . no faltaban neófitos que interpretaban las teorías de Rec:lus despojando a los “camaradas” de los útiles de casa Y de sus mujeres. que me diera un . . chillaba y discutía con vehemencia En esos días recibió Dublé su título profe. por esos días nacido a las letras chilenas. según parece. y. según las pícaras mur. aprobaba fraternalmente. Allí se! admitía al bello sexo.yectó enviar a sus relaciones una misiva. Magallanes bloure ofrecía su concurso aunque se excusaba de no poder acompañarr10s en la aventura por motivos familiares. Tho] Chilena” C(xno el apóstol de los desamparados. La impaciencia por romper cadenas me hacía Cerrar los )jos y embestir contra el futuro. no alcanzó a estallar. . 101 . Diego DukJé Urrutia. sonoro petardo cargado COI1 rojos claveles y pétalos de azucenas! Huérfano Y libre. Valdés y Burchard daban los Ú1timos Pasos. en cambio. muraciones. abogado. Estos . En remson saludaba al nuevo cuentista desde “La Lira torno. Samueli Liflo movía la cabeza. El anarquista Escobar y Carvallo úkimos for maban parte de una colonia comunista establecida en un viejc) inmueble de Santiago. A mí se me cornisionó para explorar la Frontera.zos pi ntores Backaus. los futuros colonos continuábamos los preparativos. y el pintor Rebolledo Correa nos estrechaban la mano. murmurando.Edad v‘enturosa los dieciocho años.lejano pariente. c( para dtdiczirse al cultivo de las Bellas Letras”. en donci e un primo mío poseía veinte mil hectáreas de bosques vírgenes. a fin de que pudier a costear mis gastos de estudiante en el Pedagógico. liquidador de l a sucesión de don Roberto Miranda. espeso de inquietantes perfumes de Primavera. Baldongero LiIIo. Una bomba que. al obtener su título de xnunica a usted que renunciará a su profesión. con protectora condescendencia de hermano mayor: “iEsros niños!”. para seguirnos.

apenas las suficienteS para costear el pasaje hasta Bulnes. Allí residía el afortunado pariente poseedor de fabuLlosos bosques. -¡Convenido! -respondió éste. Se cree en el amc y en la amistad como. . después de una batalla. ávido de infinito y de sensaciones ignoradas. T e r< galaré el terreno que necesiten y que puedan cultivar PO sus propias manos. Todo lo ofrece a camaradas y superiores de cuarte 1 : caballos. . joyas. alto. Mi primo era diez años mayor que yo. presenta un condc=. plácido pueblecito si tuado en las inmediaciones de Chillán. irónico protector.Con l a venta de muebles y ropas de mi cuarto de estu disnte. sin más elementos de trabajo que su entusiasmo. en SU época de colegial. que no tuvo piedad de su juventud.. en cosas tangibles y se entrega tod la sangre con la despreocupación del que alarga la pitiller para ofrecer un cigarrillo. provisiones. cito tan generoso CQIXIO ingenuo. Era preciso defendersr de su dadivosa manía. niño parecido en figura al joven autor de “Child Harold”. en loca hermandad. ¿Cuánto? ¿Quinientas hectáreas? Dispói de ellas. en “La Guerra y la Paz”. Queríame como a hermano menor. Augusto Thomson. La edad adolescente es así. La generosidad va al braz de l a inconsciencia. dispuesto a L P 102 . flaco y bai budo. Tolstoy. Y más. al escuchar mis confidencias y proyectos-. . si quieres. También Lord Byron. Sale el jovenzuelo a combatir a N apoleón tan alegremente como se podría ir a caza de mariposas. sonriendo. Las empresas con que soñó y las que más tarde realizó llevan la marca del sentimental impetuoso y contradictorio. reuní un puñado de monedas. En esta época de 1 vida florecen los sentimientos generosos. Posiblemente es un recuerd. erigió un sagrario a la amistad. Debe de habeir reído interiormente al pensar en el grupo de muchachos ir1expertos que proyectaba adueñarse de la selva gigante. lo encontraron tendido boca arriba. caracoleaba su corcel. hasta que.O de s u propia infancia. sonriendo al cielo con la mueca de la muerte. dinero. allí adoró y fué adorado como un sernihéroe por sus camaradas.

é . encerrada en una vitrina. misterioso y contradictorio. Contábanos el mismo Augusto que. habría perdido su merecida reputación de muchacho honrado. guardaría en sitio de honor Ei:a de esperar que A L I ~ U S ~ O l aquel tesoro tan costosamente obtenido. que estuvo a punto de sufrir un desmayo. del mismo modo. Al 103 . siendo niño. reC gresé i3 Santiago. quiso proba1: las sensaciones del ladrón. SU plain En los momentos en que empleados y patrones hacían el reciiento de caja. Todo es cuestión de circunstancias. Seguramente lo esperaban la vergüenza y la cesantía. el héroe bandido.ad el camino del monasterio o el de la cárcel. C ~nseguido el terreno para nuestra futura colonia. En esta época de la vida se puede elegir con igual facilid. Había decidido Augusto apoderarse de la joy a. que administraba con ai. ocultóse en la sombra del vasto almacén y se arrastró. esta vez. pero. impaciente por activar nuestra partida. no fuera para nosotros otra cosa que una aFxmura tomada como experimento. tan pronto como un amigo manifestó admiración por la je daga. Era. Entre los objetos que se exhibían a11público había una daga morisca. un rendido espíritu apostólico. hubiéramos marchado a la guerra o decidiéramos seguir a Joaquín Murieta. qué de temores angustiosos. ambicioso del vivir intenso. empleado en una casa de martillo. Quién sabe si el propósito de fundar una colonia ascética. N o quiere decir que fuera tibia nuestra admiración por el maesfro de Yasnaia Poliana. pero 1as inspiraciones que corresponden al período de la juventiid poseen un complejo vago. Es posible que. Y a había satisfecho su curiosidad de sensaciones extraordinarias. regenteda por un aristocrático subastiador de apellido vasco. ¡Qué (Je emociones. ! desprendió de eIla sin doíor. en esa época. a la manera de ñolstoy. ambiente y sugestiones externas. Ardía en nosotros. con cautela de ratón y suavidad de reptil. Si l hubieran sorprendido. Preparó cuidadosamente . especialmente en í Ortiz de Zárate y en m . ricamente cincelada por a1Stífice arábigo. eno tre 10s muebles de la almoneda.janzarse sobre vedadas sensaciones.te recuerdos y baratijas de coleccionistas. antes de obtener Iel codiciado objeto! Al enfrentar la vitrina se hallaba tan extenuado.

Pero el vatícinic más horrendo fué el de las lluvias. supe por mis compañeros que nd faltaban augures qul vaticinaban nuestro fracaso. 104 . después de examinar el color verde suave de u 1 mapa austral. Alguien explicó que en la selva abundaban leones 1 que seríamos devorados como corderillos. decidió que el paisaje debía ser bello. A l no existía verano lí sólo podían subsistir los sapos y los cisnes del poeta Winter Thomson.llegar. La posi bilidad de las lluvias se descartaba llevando paraguas.

con gorrilla de viaje y guardapolvo de brin. y. al observar a nuestros compañeros de viaje. Thomson calzó sus guantes de hilo. nos reunimos en un vagón de tercera clase. . escupiendo y riendo en forma discordante. la delgada figura de Thomson. a quien íbamos a conocer de cerca y a redimir. su actitud y las bolsas de ropa amontonadas como trincheras levantaron una valla entre nosotros y los demás Pasajeros. una mueca de alarmada pulcritud prendía en s u boca estremecida por ligero tic nervioso. a su vez. y no tardaron en desentenderse de nosotros. Leyó para Julio Y para mí. ña 1 2 105 . quienes. surgía como la de un inglés de zarzuela española. que comían tortillas. nos observaron durante un tiempo con extrañeza y curiosidad. Entre ellas. en una mañana de diciembre. si no me engamemoria. y se dispuso a lrer en voz alta. . Miraba en derredor. admirable acento insinuaba misterios. codeados y estrechados por ásperos perSonajes del pueblo. Las enérgicas manos de Julio Ortiz de Zárate acumularon en un ángulo del vagón las maletas y bolsas de ropa que constituían nuestro equipaje. ~n medio de una multitud desaseada. Augusto leía la “Trilogía de la Muerte”. envueltos en espesa atmósfera de mal tabaco. largo y flemático. vaguedades. empanadas y arrojaban al suelo cáscaras de frutas. Julio y yo afectibamos complacencia campechana en contacto del hermano paeblo. sugerentes terrores. formábamos un pequeño grupo insólito Y curioso.EN V I A J E HACIA E L SUR Por fin. extrajo un libro del maletín. de Meaterlinck.

Se quejó1 de dolor de cabeza. Al día siguiente haremos una jornada a caballo para llegar a nuestro dest: Ano . observándonos con ojos de angustia: -¿Queda mucho para llegar? -Bastante -respondí-.las estaciones y amontonado 1 3ajo los asientos. -Dime . Híabía subido al vagón en una de. Mañana. dábamos impresión de tral:>ajo. miel tanto. comenzó a ponerse caviloso. paz y plenitud. recontándolos menialmente. Y a cerca de Chillán. Augusto nos escuchaba distraiído. Interrogaba. . a mediodía. bolsas de. un perrillo. Secábase el sudor con un pañuelo de yerbi:1 Y s miraba recelosa los paquetes. -No -respondí con sequedad-. . se alzabí fondo con su inmaculada clámide blanca y parecía exami nos con la gravedad extrañada de un gigante que ve p a sus pies un ejército de hormigas. Yo h ibía habIado repetidas veces de selvas vírgenes. . ropa.Por las ventanillas del vagón veíamos huir. irritaba sus nervios. Al caer la tarde estaremos en Antilhue. Julio entabló charla con una gruesa campesina. saldremos hacia el sur. Tendremos que ciDns- 106 .e x c l a m ó Augusto de pronto-. fino y luminoso de nuestros can centrales. 'azá. 10 acometieron bascas. jabas de gallinas. el paisaje suave. de terrenos soIitarios y sin recursos. ¿ N o se había dado cuenta A u gLStO. . ríos de aguas correntosas y somEiríos bosquecillos de matorrales. Murallas de álamo verde pálido encerraban potreros cubiertos de cultivos y de animales que pastaban en aparente inmovilidad. enorme y pensativa. Aquel barullo de gente que entraba y salía como tropa bárbara por la puertecilla del vagón. ¿ Y hay casiL en el fundo a donde nos dirigimos? Aquella pregunta me produjo consternación. La cordillera. Esta noche alojaremos en Temuco. su rostro fué adquiriendo color azafranado. Y que su pensamiento huía lejos de nosotros. canales. ~ aún? . Comprendí que lo torturaba alguna idea. canastos. julio y yo cambiábamos opiniones y tf: bamos planes' de trabajo. -iHum! ¡Pero eso es el fin del mundo! -¿Qué? Guardó silencio.

107 . a lo que parece. ni los trabajos. es menos desamparada. . audacia y resolución. Siguió breve discusión. tuvimos que ceder. como para justificar el cambio de planes. no es lo mismo solicitar terrenos cultivados y de gran valor. que pedir montañas vírgenes e inexploradas. A mí me es indiferente. Tuve que contener mis ímpetus. a pesar de mi aparente tranquilidad. ¿Augusto tenía miedo? El airoso castillo de arena levantado en mi alma comenzaba a desmoronarse. Y tomar tren a Concepción . . ante la insistencia de Augusto.más cerca de la capital. Además. . ni las enfermedades. volviéndose a mí-. y está . . ¿Y nuestra arma formidable: la no resistencia al mal? Además. Allí también tienes parientes -añadió. Los misioneros que se internaron en la selva sureña no se preguntaron s i los indios los recibirían con los brazos abiertos o si los colgarían en cualquier roble de la montaña. Pero. -¡Vean! -exclamó Augusto. -¡Ustedes sabrán! -exclamé. que en Concepción o en Talcahuano tenía un amigo. Julio me daba la razón.. haremos una casucha provisional con troncos. iRidículo! . He pensado que sería más conveniente que en 'vez de irnos a Los Lagos. en ese momento caía un torreón. nos dirigiéramos a Arauco. por otro en que no había más de positivo que nuestros buenos deseos.truiir un rancho de tablas. con disimulado fastidio. T e he dicho ya que mi :primo no ha puesto aún trabajo en sus terrenos. ni las miserias? Nuestra empresa requería de constancia. Esa región. as ram: y canalones labrados a mano . irritábame el cambio brusco de un proyecto estudiado largamente. en mi interior se desmoronaba una ilusión. y si en los contornos no hay madera aserrada. los indios de hoy no eran los de antaño. como si tornase de pronto una resolución-. No he hablado con mis primos de Arauco y nos recibirán como si cayéramos de otro planeta. ¡Cómo! ¿Sólo ahora pensaba Augusto en los inconvenientes de nuesFPa aventura? ¿No estábamos de acuerdo en que nada nos arredraría. . -Deberemos trasbordar en San Rosendo -advertí-. pero. Disimulé una mueca de disgusto. Recordó entonces Augusto. Se apellidaba Guerrero.

Augusto arrugó el ceño e hizo una rápida inspección. En ellos se leía con claridad: “Piezas para alojados”. también de dudosa limpieza. Sin embargo. que buscar hospedaje en el primer hotelito que nos recomendara un muchachuelo que nos ayudaba a sobrellevar nuestra carga. en vista del fracaso. de una época en que frecuentaba la modesta sociedad del barrio Yungay. yo tendría mucho gusto en volver a verlo. nos condujo a un pobre cuarto de dos camas. Además. Llegamos de noche a Concepción. ¿Qué más daba? Una noche se pasa de cualquier modo. y rehizo con ellas s u cama. U n pasillo angosto. Augusto extrajo de las bolsas un par de sábanas. 108 . En la parte superior de la puerta de aquella hospedería humilde. y las dificultades para encontrar las huellas de nuestro amigo Ignacio Heirera. En un pctseo campestre que hicieron a un pueblo de los alrededores de Santiago. Pero Augusto dejó caer sobre m í una mirada severa. opté por seguirlos en silencio. y yo improvisé la mía con un viejo sillón y los bultos del equipaje. Se organizaban allí bailes. ante la exigüedad del precio y lo avanzado de la hora.-Si pudiéramos averiguar dónde vive -murmuróContaríamos con alojamiento. -Mal ojo le veo al tuerto -murmuré. Era un viejo ca. juegos de prendas y recitaciones líricas. malones. el pesado lote de bolsas y maletas que me correspondió en la repartición.. N o hubo más remedio. Y. Toda la ascendencia sajona y sus antG-asados galos y nórdicos tomaron parte en el arreglo minucioso de aquel lecho eventual. aventurando un chiste malo a fin de aligerar nuestro penoso estado de espíritu. Emprendimos una fatigosa peregrinación en busca del amigo. avanzaba sobre la acera un farol cuadrangular. En la actualidad debería ser empleado de la casa Williamson. sobre las espaldas. en adelante. Y o recordaba el viaje a Santiago con Batista. de vidrios esmerilados. . acomodando del mejor modo. decidimos quedarnos. largo y sucio. la rama de un . Julio ocupó la otra cama. marada de la niñez. N o s habló extensamente de Guerrero.arbusto azotó la cara de Guerrero y le saltó un ojo.

Thomson. En ella empleamos el resto d‘e la noche. Seguramente algo desagradable. bar$ permanecí quieto. señaló un pequeño letrero. Entonces arreglamos nuesu0 Equipaje y huimos de aquel anuo en busca de aire puro. Erguidos sobre nuestros camastros. -¿Qué hay? -preguntaron a su vez. . ¡Con qué ansia aspiramos el aire limpio del amanecer! E l 109 . .PO. Matar chinches.cansancio del viaje y m saludable edad hicieron i me durmiera tan pronto puse la cabeza sobre la almoa. . seguramente. Sólo cuando sentí que también ellos rebullían en sus lechos con desasosiego creciente. porque mi quietud duró poco. . lamiendo con mil lenguas parloteantes las márgenes fangosas”. ligeramente cubiertas por nieblas bajas. A esa hora. Millones de alfileres punzábanme el cuei. que( -. Era un suplicio menudo y persistente que me robaba la s&facción del descanso.Qué hay? -pregunté. Conúuí por despertar. Recordamos una de las narraciones de Gorki. hasta que vino a filtrarse por la claraboya del itecho una turbia luz de aurora. con los ojos desolrbitados. con el rostro descompuesito. contemplamos. Lo que vimos fué algo peor que una pesadilla. sin proferir palabra. Sin em. me levanté con brusjad y encendí l a vela. invadían las camas y trepaban por las almohadas. nos precedió en el uso del cuarto: “¡Desgraciado! ¡Mata las chinches!” Eso hicimos. escrito por algún cliente que. por temor de molestar a mis compañceros. Caminamos hasta llegar al Bío-Bío. un interminable desfile de bichos oscuros que fluíím de las desconchadas paredes. “iAh de las almadías!”: “Y e l agua caminaba en silencio. inmóviles. azarosa como una cacería.o. las aguas mudas se extendían hasta perderse de vista. Fué una ocupación entretenicia. ¿Qué soñé?.

Cuando se jugaba lotería. después de abandonar familia. en donde Augusto pretendía encontrar las Después de la noche pasada en Concepción. Como nuestra indumentaria y el equipaje que nos acompañaba no eran del todo recomendables. se pasaban allí ratos agradables. iCó mo? ¿A eso dedicábamos el tiempo. golpeando además en las puertas de los hoteles y casas de pensión. En ciertos días ce hacían juegos de prendas. se cantaban los números en voz alta y se l e agregaban motes jocosos: “veintidós . con una sonrisa vagamente irónica-. estudios y empleos? ¿Y nuestros bosques de la Frontera? a Talcahuano. Las chicas declamaban versos de Acuña y tocaban valses de Lucero. negro y oleaginoso nos causaron una impresión opresora y desconcertante. nos dirigimos . mientras Augusro continuaba sus pesquisas. Rastreamos al amigo por una serie de oficinas comerciales.E X P L O R A C I O N E S hueIIas de su amigo Guerrero. el mar de puerto prisionero. . decidimos que Julio y yo aguardáramos en el malecón. -iAh. Lo conocí en casa de una familia amiga. Los pitazos de lanchas y remolcadores. qué muchacho tan bueno! -explicaba. coreadas con risas estruendosas. La búsqueda de Guerrero nos sirvió para conocer Talcahuano hasta en sus rincones menos atrayentes. el ir y venir d< chalupas. los patitos”. sin dejar atrás la Aduana ni el Recinto Militar..

-Será solamente por un día o dos -disculpó Julio-. en cuan- ' 111 . a su amigo Guerrero. Fernando. . . Un vapor se acercaba boirdeando la península de Tumbes y desde allí la playa parec ía mostrar su blanca dentadura de mujer joven. Venia muy alegre.lejábanse 1cada vez más. 1nalhumorado-. Pero malgastamos nuestro capital. Había encmitrado. DejamiJS el equipaje al cuidado de la vendedora de una cigarrería.c. nos sentamos sobre unos fardos y entretuvimos el tiempo en mirar el vuelo de las gaviotas que cruzaban el espacio.Aquel paréntesis en nuestro viaje nos parecía una deserción. Sólo alI atardecer regresó Augusto. Además. Melancólicamente. Augusto proyectaba visitar a poeta Diiblé Urrutia. ¿Qué signif ica eso ante la inmensidad del tiempo? -iMuj 7 bien!. c'on los ojos puestos en lontananza. el sacrificio y el misterio de la vida al aire libre. saturadas de sol. bastón de cerezo al brazo ! flor en el1 ojal. N o hemos venido a explorar ciudades ni a 1renovar amistades. . y. .d i j e a Ortiz de Zárate. burla1rse de nosotros. ¿Un verdadero tolstoyano j>odía acaso murmurar del amigo? ¡Resignación. Sólo Augusto parecía satisfecho. volví a expresar mis quejas: -Augi isto nos trae y lleva. zambullíanse como flechas. . se arremolinaban propinándose picotazos feroces. Primero hi2:o cambiar nuestro propósito de llegar a la Frontera. compramos pan y frutas y fuimos a ingerir nuestro almuerzo en uno de los muelles de descarga. como si fuésemos monigotes. ¡que es harto pobre! . . oculto en la sombra de malecones húmedos Y pringosos. que vivía en aquel puerto 1%madre di-1 para quit:n llevaba carta de presentación del propio hijo. -Creo que estamos perdiendo el tiempo . Jlanzando chillidos agudos e inarmónicos. Ahora nos hace perder el tiempo en visitas inútiles. La vicla en los bosques. Había salido muy acicalado.onal. M á s al1á de la poza tranquila de1 puerto se divisaba el mar libre. Ien lejanías verdes. en busca de aquel quimérico amigo que pa. f)aciencia! Sin poiJer contenerme. ¡por fin!. . Peleaban piitrafas arj-ajadas al mar. el programa de trabajo edu.. Julio guardó silencio y pareció ensimismarse en sus pensarnientos.

un POCO mohinos. nos 1 Dasto. qué niñito! ¡No voy a conocer al “OHigginsi Augusto observaba el cuadro porteño que nos rodeeiba. apoyado en la punta de otra mesa. Más allá. más tarde. de vez en cuando. . avanzadas de un movimiento espiriía a l que podría transformar la vida de un pueblo. -No importa. se “impregnaba” del ambiente. . > ’ ! -iBee. Sus manos bien cui se posaban con elegancia de pétalos desmayados en la de SU bastón. lanzabar’ palabras y salivazos a través de los bigotes.. reaba con l a sonrisa complacida del señor aristocrático que presencia el jolgorio de sus criados.Le escuchamos en silencio. su casa una tarde deliciosa. para é. ?remejor dicho. hechos y almas. nada hacíz sentir en su persona al futuro trabajador de terrenos pi crispados de troncos. echandol Una -¿Ustedes no han comido? -preguntó. junto al mesón de la cantina. de modo que la actitud de nuestro compañero parecíanos una deserción. una mirada escudriñadora. Comprendí qqe.Su aliento trascen licores finos y manjares de pastelería. al menos. y senitados . este viaje era sólo un p iseo l z de estudio. asemejándblo a un joven lord. mirada protectora a nuestros rostros sin afeitar. Ortiz de Zárate y yo no manifestábamos afición especial por* el arte. gesticulando descompasadamente. La imagiin* ción nos os traba la construcción imponente. aseguraba haber pasa( 112 . Nos dirigimos a un bodegón cerca del mar. para transformarlos en el laboratorio del cerebro. mal a nuestra condición de tolstoyanos.. a una mesa cubierta por viejo hule agujereado. -Yo te digo que era el “Cochrane”. quizás sin 1 tenderlo. Au regresaba envuelto en un halo de burguesía que cua. Como todo artista. Augusto. masticaba melanc6licamente y echaba sobre nosotros. Nosotros debíamos ser nada más que apóstoles de Un evangelio novísimo. un grupo de borrachos discutía con calor. E ejemplo de l to a la madre de Dublé Urrutia. sabor6:amos un plato de sopa caliente. En aquel tiempo. en vida novelesca o poemática. Comeremos en cualquier parte -re dió Julio con acento tranquilo. no ejercíamos el oficio. Un marinero solitario comía cerca. captaba visiones.

a fos niños y a los indígenas.. un arte nuevo. Se limitó a decir. fondos ! Auigusto frunció el ceño. . fundaríamos escuelas y periódicos. Pero Augusto ya no escuchaba. el trabajo. . Más tarde. N o sería raro que pudiéramos conocer la Quiriquina. los bdnearios de San Vicente y Penco. en busca de fa casa de Guerrerc3. Desaparecerían las malas pasiones. .o b j e t ó Julio-. 113 SlO. no habría envidias.Debemos concentrar nuestras fuerzas en. podrían arrendarnos o cedernos algún. Crecería el núcleo de colonos. ver a T. ni rivalidades.on escasos. Recogimos el equipaje y caminamos resignadamente por las calle$ sucias y torcidas. visitar la ciudad. ni rencores. Yo traté de apoyar a Ortiz. poO siblemerite. e l descansc). pero jamás negado a nadie. en común. Era el jefe. ordenaba. terreno. gunos dlías en Talcahuano. . . antes que nada . - -. pero los -€ Iombre . en vez de seguir €iasta Los Lagos para tomar posesión de nuestro tefreno. -E h a noche nos instalaremos en casa d e . nacerían 1una moral nueva. no podríamos volalcahuano. cultivaríamos campos cada vez más extensos. con -€ Pernos venido a realizar un proyecto -murmuré timidez. . Guerrero De este modo podremos quedarnos alanunció Augusto-. todos hermanos! Ya la determinación de quedarnos en Arauco. o pero sól se trataba de vagas esperanzas. Cedimos a los deseos de Augusto sólo P 1: espíritu conciliatorio. ni ambiciones personales.-8 . y. nos seg1uirían otros intelectuales. Nuestro conato de protestas terminó ahií. Yo no las tenía. ¡Hermanos. quizás.en tono autoritai:io : -E :s una ocasión. ni sexu:ilidad enfermiza. . . siignificaba un fracaso.gncille2! de nuestras costumbres atraería a las gentes humildes. una ciencia más humana. La tierra sería de todos. Los parientes de Arauco. Sería admirable. una felicidad ganada con el esfuerzo.

el conjunto le daba apariencia funeraria. obscurecidc aún más por el potente cañonaje de la barba. Cumplo al pie de la letra los preceptos de la higiene. de l a bondad de la gimnasia y del aire puro. Tambikn duermo con las ventanas abiertas. sin tomarnos en cuenta sino muy de tarde en tarde. criada zaparrastrosa trajo dos pallasas de hojas de maíz. Salió. nos examinó con l a fijeza inquisititva de su ojo único. obscuro y ojeroso. a preparar nuestro alojamiento. y CL)P otra que sacó Guerrero de su propio lecho y la ayuda de nuertro equipaje.e advertimo l Guerrero siguió hablando de higiene y de preceptos d vida. Era hombre joven. Un. Al serle presentados por Augusto. por supuesto. Nos condujo por una escalera estrecha hasta su habitación y se limiró a decirnos: -Aquí podrán dormir. Como además vestía de negro. Por el contrario . voy a darme un baño frío -advirtió Guerrero con tono sentencioso-. pudimas arreglar tres c a m a -Antes de acostarme. Ustedes disculparán -No es molestia . Todo pa recía en s u boca algo de su exclusivo conocimiento. Debimos salir mal parados del exzmen.UN A P O S T O L D E L A HI.GIENE E amigo Guerrero nos esperaba en la puerta de SU l casa. porque en ade!ante se dedicó a charlar con Augusto. de rostro alargado y moreno. A ver si consigo un par de colchones con el dueño de casa -recalcó mucho la palebra “dueño” para hacernos nota‘ sus conocimientos gramaticales. . en seguida.. en el suelo. animado por el ojo único. .

-¡Eres un salvaje! -protestó.Arriba. -NO hay de qué -respondió-.acostamos escuchándolo. Au¡Sólo a un trogusto. -¿Qué hay? -preguntó Julio. de pie sobre la cama de Guerrero-. 11s . mientras Julio y yo bajábamos la vista con otros. entre burlas y veras. imbécil! -murmuró. Durante algún tiempo continuaron charlando Augusto y é . El nos despidió en el umbral. NO terminaba de aclarar. iIncedio? -:No. Su ojo nos seguía con mirada alucinante de fanático. Junto a él había dos cubos de zgua y levantaba otro en las manos. Su rostro expresaba el triunfo inefable de un campeón. sentándose bruscamente en el lecho y restregándose los ojos-. -¡Hasta la otra vida. . la extraordinaria limpieza matinal practicada por nuestro huésped. -¡Gracias por la hospitalidad! -gritamos a Guerrero al abandonar la casa. Con su ojo feroz buscaba por 10s rincones un lugar que no hubiera sido bien fregado y vaciaba en la pieza nuevos cubos de agua. l luego Guerrero apagó la luz y nos sumimos en las tinieblas en el sueño. cuando nos despertó un gran ruido. -. A esta hora acostumbro a baldear la pieza. En seguida. entre dientes~ Augusto. . Inundó el piso con emulsión de agua y petróleo y luego barrió minuciosamente el cuarto. señor! -explicó Guerrero-. Apresuradamente recogimos las pallasas y nuestro desordenado equipaje. Nos parecía ver un ojo fijo. con los pies desnudos y los pantalones remangados hasta las rodillas. glodita se le pueden ocurrir tonterías como ésta! Pero Guerrero no escuchaba. huímos a la desbandada. muchachos! -gritaba Guerrero junto a nosNOS IiIos su VOZ . serio Y condescendiente. ejercitaba su tiranía.. NO sé cómo logramos vestirnos y acomodar el equipaje. trepados sobre sillas. ¡Cuando gusten!. para presenciar. Durante algún tiempo oímonótona. escudriíjante. recordando épocas pasadas. en la media luz del cuarto alumbrado por lámpara de petróleo. Estaba en mangas de camisa. Desde SU lecho muy alto y desde su puesto de huésped.

Siempre fué buen caminante. nos sacaba gran ventaja. en ese instante. l como vasta y bruñida plataforma movible. formaban tupidos matorrales. Una balsa cargada de leña surcaba lentamente el río. Al llegar a la pequeña estación de San Pedro. tomando por una calleja tor. Nos internamos intrépidamente. a l modo de mochila. silencioso. perdidos en brumas grises y rosadas como interiores de conchas marinas. con musical voz can-¿Qué venden? -nos <Elevan peines? tante. preguntó. paquetes bajo el brazo y bultos a la espalda. a grandes zan cadas. que nos miraban posar con ojos de espanto o d c asombro. Sin duda. Este pequeño contratiempo hizo reflexionar a Augusto en la necesidad de dirigirnos con premura en busca de mis parientes. fluía con lentitud de misterio. nos reunimcs a deliberar.de Arauco. Nosotros llevábamos la carga gruesa: pesadas maletas. cubiertos de sombríos bosques de pinos y eucaliptos. A menudo se detenía para esperarnos. por unos campos arenosos. custodiado en su desembocadura por dos montículos redondeados.resignada humildad tolstoyana. a trechos. oficiaba de turista extranjero. cida en busca del camino a Concepción. Atrás quedaba Concepción con su Agua de las Niñas y el sombrío Cerro Caracol. a fin de conocer mejor la región y economizar algunos pesos. pilos y michayes que. una mujer del pueblo-. E ancho caudal. Se había calado una gorra con visera y terciaba sobre la espalda una correa para sostener el maletín. y como no llevaba a eues tas sino e maletín y un ligero bulto de ropas de cama. Augusto la envolvió en mirada olímpica. {Continuaríamos camino por la línea férrea o por la orilla del mar? Decidimos seguir la dirección del río hasta llegar a la playa próxima. Esa misma mañana atravesamos el puente del Bío-Bío. Decidimos hacer el camino a pie. hacia el mar próximo. ondulados en suaves lomajes cubiertos por vegetación de boldos. Al otro lado sonreían los cerros de la ribera. Caminamos sin encontrar otra manifestación de vida que algunos animales vacunos de pobre aspecto. . en dirección a San Pedro. como dorsos de ballena. Augusto abría la marcha con paso ágil. asomando la cabeza entre las matas de arbustos. sin tomar sendero.

sólo entonces nos dimos cuenta de que faltaba un elemento indispensable: el agua. Engullimos con fruición conservas en lata. que dificultaba grandemente operación tan sencilla para cualquier muchacho campesino.117 . ¡Por fin nuestro viaje tomaba carácter de expedición exploradora! Nos sentíamos personajes de Bret Harte o Jack London. pan. en todo caso. tetera y tazas de hierro esmaltado. Charlábamos y reíamos sin motivo. no podía pasar sin la aromática bebida. Como descendiente de ingleses. no sin poner a prueba nuestra inexperiencia. el cansancio y A pesar del airecillo salino que refrescaba la atmósfera . ¿En qué dirección se hallaba el río? Seguramente nos habíamos apartado mucho de él. Hicimos algunas exploraciones en los alrededor~~ ?ero sin resultado. -¡Oye. n perfumes acidulados. no valía la pena en SU busca. el hambre nos obligaron a detener la marcha. Extrajimos del equipaje. A media tarde. Augusto reclamó una taza de té. Julioff! A la sombra de unos arbustos hicimos nuestra primera merienda. estábamos contentos. -¡Espera. de Gorki o Maine Reid. Fernando Fernandovich! -gritaba Qrtiz de 26rate. ramillas secas y encendimos una pequeña fogata. sudábamos copiosamente y soportábamos apenas nuestra carga. Reunimos hierbas. y. higos y nueces.ENEMIGO A LA VISTA Sin embargo. {En dónde conseguirla? Hasta ese momento no habíamos encontrado el menor indicio de habitación ni de vertiente.

a solas. . . o -A l mejor. a poco andar encontramos un rancho. -Pero la presencia de animales indica que existe algún bebedero -replicó Julio sentenciosamente.. ni perros.. Julio sudaba copiosamente. parecía inclinado hacia adelante. N o tuvimos más remedio que levantar el campamento y proseguir la marcha. El rancho. . el calor y el polvo. . de totora l ya envejecida. estos campos están deshabitados -observó Augusto-. mostrando sus colmillos en ancha sonrisa. mente. Se volvió a mí. Guardábamos silencio. En el patio escarbaban gallinas raquíticas. nadie salió a recibirnos.Hay casas! Cristóbal Colón anunciando jtierra! no habría demostrado mayor satisfacción. continuamos avanzando intrépida. los soldados bebían sus propios orines. Me eché a reír. Efectivamente. -iEstamos salvados! -gritó desde lejos-. Era la única manifestación de vida. amenazaba derrum barse con. ¡Casas!. -¿Te imaginas a Augusto Augustovich tomando orines? A poco de andar escuchamos los gritos de Augusto que nos llamaba. ávida de frescura y humedad. más. Es un desierto. La garganta. rumiando. pero él venía ya a nuestro encuentro. ' / 118 . o Pero. En medio del quebranto. como no deseábamos perder la dirección tomada para alcanzar la costa.Junto con notar la falta de agua. E techo. S no hubiera sido por las huellas de sus pies en el terreno arenoso. temores y esi peranzas. to con desaliento-. me hizo gracia aquella medrosa observación. y observó: -Dicen que durante las marchas por el desierto en la Guerra del Pacífico. Augusto nos llevaba gran delantera. Arreciaba el calor. caía en crenchas despeinadas. Nos acercamos con precaución. Lo mejor es que hagamos l mismo. mal seguro sobre SUS postes. posiblemente nos habríamos extraviado. El sol nos fustigaba sin piedad. tas secas. Ni gente. comenzamos a sentir violenta sed. se contraía dolorosamente. -Los animales pueden beber en el río -arguyó Augus.Era imposible no encontráramos agua en los contornos. Apresuramos la marcha. con gran extrañeza nuestra. .sus quinchas revocadas de barro. . estimulada por las conservas y fru.

A poco andar. pero RO cesaba la ruda cre-pitacióin de las voces. E l tambor callaba por momentos. Fresco aire salino circulaba por el campo silencioslo. cuando una ráfaga de viento nos trajo un ruido extraño. Se avecinaba el crepúsculo. expectante.La palpitación isócrona de un instrumento. al fin. Aves negras cruzaban el cielo empavcmecido. Desanimados. se fué haciendo más distinto. Atenaceados por la sed. ero nadie respondió. triste. de la casa! -gritó Augusto con sonora VOZ de ador. le prestaba raro misterio. D 2 pronto percibimos m u y próximo a nosotros un golc Peteo como de cascos de caballos sobre la tierra y el quebrar de ramias secas. a cierta distancia. nos s pusimc1 de nuevo en marcha. >e ¿I dónde traían el agua? Seguramente del río. Al cab de poco tiempo. Aiinque la emoción medrosa comenzaba a invadir nuestío corazón. Una escoba de ramas junto a la pared. caminábamos como hipnotizados. No había C vestigilos de vertiente ni de pozo. Nada. ¿Era el mar? Más bien parecía lejano coro religio!PO. entre las ramas de los arbustos. --Las gentes deben haber salido a sus labores de cultivo Seguramente no volverán hasta la noche. sordo como tarnbor subterráneo. ¿y el agua? La buscamos con ahinco. SÍ:guros de que la casa se hallaba abandonada. 4 x p l iqué-. nos disponíamos a salir ein su busca. un muchacho que 80 119 . la ceniza fría del fogón. un ba nquito de madera tumbado con las patas en alto. impresión de vida en suspenso.en la dirección en que nos parecía escuchar el ruido. No parecía sino que un cataclismo desconlocido hubiera hecho huir a todos los moradores de aquellc)s campos. En algunos patios había redes tendidas sobre o cercos y empalizadas. nos indica1>a la ausencia de todo ser humano. daban l a. hallamos nuevas casuchixs abandonadas. penetramos eln ella en busca de algún cántaro. sin proferir palabra. l que nos hizo comprender qué clase de mo cadores habitaban en el rancherío.-iAh. Escudriñamos en contorno y vimos. la huella aún de cuerpos eri los cueros de ovejas. . La pilerta se hallaba abierta como bostezt3 petrificado. P x o . con sus camastros deshechos. quizás no muy distante. El miserable bogar.

montaba un caballejo de largas crines. . Al acercarse. el caballo se encabritaba. por toda respuesta. -Vamos p’allá. con las narices y los ojos dilatados. Los ojillos maliciosos nos atisbaban con desconfianza. Lo seguimos en silencio.De la policía! . Era como una visión de los viejos malones indígenas. -¿Faltes? -preguntó el muchacho. el chico interrogó: -¿No son na de la pulicía entonces?. . que el muchacho recogió con avidez. . E rostro del muchacho se iluminó súbitamente. -Debe ser un salvaje -concluyó a media voz Augusto. Le hicimos señas de que se acercara. E muchacho pareció no comprender. -. . 120 . un niño casi desnudo. Somos gentes que vamos pasando. Tomó la delontera abriéndose paso entre las matas de michai y de boldos enanos. . . le mostró en la punta de los dedos una moneda de plata. llevaba el moreno rostro cubierto por los hirsutos pelos de la cabeza. A su turno. y le dijo. E muchacho puso l la cabalgadura al tranco y se aproximó con cautela. Continuaba obl servándonos. con bondadoso acento: -Tenemos sed. ¡Toma! Alargó la moneda. -Sí. E l jinete. -¿En dónde vives? E chico. Al fin l lograba clasificarnos.. ¿No podrías decirnos en dónde hay agua?. piafante. Faltes -afirmó Julio. Julio se acercó al niño. echando una mirada escudriñadora a nuestros paquetes.No!. Ahí están mi taita y toítos los demás. niño? -preguntó Augusto. levantó el brazo y señaló l hacia la lejanía. . -¿De dónde eres. . .

. mitad compadecido. -¡Qué brutos! -murmuraba Julio.pmos. un espeso grupo i de ho1nbres. allá va!. acompañando la exclamación temerosa con un remilgo de la nariz. montados en caballos semejantes a los que ya conocí.e descargaba con ruido seco-sobre una cabeza. . Los espectadores animaban con gritos ásperos a los combatientes. cerca de un rancho. -¡Son salvajes. . E 1 una explanada. gritando desaforddamente. circulaban en las manos de los que no tomaban parte en la refriega. Era. i 121 . formaban batahola y se arremolinaban en grupos siiiiestros. . -¡Cancha!. bandidos! -repetía Augusto en voz bajla. más bien. Algunos de los combatientes tenían el rostro cubierto de sangre. Un: desordenada batalla. . ruda. -iNadien ataja a este peuco!. . mitad indignado. se arremetían con furia unto a una vara de topear. . -¡Allá va. . bárbara. enredando los estribos y gritando COIno energúmenos. De vez en cuando se alzaba un brazo armado de chicotera Y S. No eran las clásicas topeaduras en que dos rivales aquilat:an su destreza y el empuje de sus caballos. U n grupo a de jinetes arremetía contra un grupo enemigo. estrellaba los caballos pecho a pecho.JUNTQ AL M A R . . confusa. Uno de los jinetes se abalanzaba a todo Col'rer y atropellaba a los demás. Grandes vasos de licor .

le meto cinc(> balas! Los hombres se apartaron y abrieron hueco para diejainos pasar. Luego. -¡Eso es de hombre! .d i j e a mis compañeros-. . iAhora nos vamos! Queremos aprovechair la fresca para llegar hasta el pueblo más cercano.gesto enérgico. lo tomé y bebí algunos sorbos. y como los otros no se retiraran para deisirnos pasar. nos dirigimos hacia los matorrales. to lo tomó con la punta de los dedos. jno se van! -gritó uno de los indivicduos. -¡Bueno! --dije yo.Si son jutres pobres! . mirándolos fijamente.e x c l a m ó el más estropajosO de nuestros invitantes. les pidió un vaso de agua. pero vimos . . Cuando me alargaron el vmo. lo olió con gesto de te. Al vernos.. 122 . Los hombres se retiraron a respetuosa distancia. . extraje del bolsillo mi revólver. biaban ideas. Con cautela. Plladie nos siguió. -¡No se van! -gritaron varios-. Ailgus. como si pretendiéramos hipnotizarlos. -¡Ya! ¡Basta de bromas! . un grupo d2 siniestra catadura nos rodf:ó. -iPssh! . y uno de ellos nos ofreció un gran vaso de vino turbio. sin decir pal abra. -¡Los otros serán canutos! -añadib el segundo.d i j e con voz ronca y . Aunque no sean bandidos. sin Eibandonar su actitud amenazadora. Y O había observa(10 ei gesto iracundo de los hombres al ver que no se aceptat)a la bebida.-Tenemos que salir a toda costa de aquí . -Es que. . . Julio se disculpó explicando que no probaba jamás el 1 en cambio. Julio y Augusto se pusiieron a mi lado. Repetí con vo:z resuelta: -¡Paso! ¡Y al primero que se atreva. avanzamos por el patio hast:i dejarlos atrás. -iChas digo! ¡No vis que son “tuío a cuarenta”!. recogiendo nuestros bártulos con resolución-.que los hombres se agrupaban y C a m .icor.o í m o s que deci guno. . pugnancia y l o devolvió desdeñosamente. es seguro que nos harán pasar un mal rato. ¡Nos desprecean! Nos rodearon hasta tocar sus cuerpos con los nuesttos.

d i j o en tono plañidero-. . . nos encontramos frente al océano. inmensa. 123 . nos alcanzó el muchachuelo de a que encontráramos poco antes de nuestra llegada al raincho. acaso a la puerta inmensa de la eternidad. patroncito. no son na gente mala. Nosotros somos pescadores toítos. . -No. Nos quedaremos aquí. que nos sentimos sobrecogidos de secreto pavor y nos hizo permanecer largo rato olvidados de nuestra reciente aventura. . Fué como si de pronto hubiéramos sido trasladados a una región sobrenatural. la barca de Caronte con su aya. T e daremos dos pesos. No nos hubiera causado extrañeza ver surgir en las sombras. .a carcajada infamante nos siguió. ¡Una chauchita siquiera! -Bien. violento. qué otra cosa! -murmuró Augusto. -Vuélvete -dijimos al muchacho-. con nubes y pocas estrellas. Pero continuamós do. Recibió el niño su propina y volvió grupa con un “buenas noches. Era un mar agitado y negro. no más. sobre las negras olas. Cada vez soplaba con más fuerza el viento de la costa. casi al trote. .. Se puso en camino delante de nosotros. -iHum! -murmuró Augusto.‘ si nos llevas hasta la -Y>astá. Una noche plácida. patroncitos”. patrón. No tardamos en sentir el rumor del mar. manteniendo . -¡Bandidos. Lo vimos avanzar hacia nosotros en interminables escuadrones que se erguían con pavorosidad de espectros infernales. A poco andar. Fué una sensación tan brusca e imponente. ronco. Gente de trabajo. Están curaos. -¿Quiénes son ésos? -le pregunté. . . hasta poner distancia entre ellos ‘os. para caer en seguida en la playa con sordo estrépito. A poco andar. No tardamos en sentir entre los matorrales el golpear de un galope. Mientras tanto. -iPatroncitos! . patrón? -Los que están en la fiesta. -¿Qué. la noche había cerrado por completo.rta l a rienda del caballo encabritado. .

ronco mar! Julio y yo. apareces. en mi ruta de cansado peregrino. gritan. silenciosos. tan en ronca melopeya. versos de Isaías Gamboa: A mis ojos vacilantes. vagos. acaso. ponía en las almas frío y espanto. De pronto. Augusto. sobrecogidos como ante un rito sagrado. mos un minuto nuestra alma. inclina. que reflejan tus destellos áureos. gimen. 124 . . mar brumoso. . mar rugiente y espantoso.e visto tantas veces. sintiéndose. cual t e h. actor de un drama no escrito aún.impasible piloto. movía como banderolas los extremos ’ de nuestras ro. pas. otra uez e n mi camino. mientras se deslizaban aquella estrofas sonoras y pletóricas de dolor y resignación. hacía flotar las melenas juve. bajo el cielo. iturbio mar! Sobre el muelle tembloroso de tus olas incesantes se retuercen. y se agitan anhelantes de catástrofe fatal. húmedos y tristes. l h i d o s y rojos. Augusto oficiaba de sacerdote. con VOZ que dominaba el ruido de las olas y como si éstas lo acompaña. contra el cual furioso insistes con tu rabia de Satán. El vientu helado nos flagelaba el rostro. te contemplo. a mis ojos. Una vez más. invitándonos al viaje sin retorno. mar hirviente. niles. comenzó a declamar.

. suspirando. Convendría prender -Hace fuego. tiritando y con el alma empavorecida. deshicimos nuestro equipaje y procuramos dar término al resto de las provisiones. Era grande el apetito. Julio y yo guardamos silencio. 125 . Era. Imaginé que las palabras de Augusto eran de excesivo dramatismo. El mar evocaba frescura apackuante. vacilando entre las sombras.JUBILO DE AMANECER Después de contemplar un instante l a noche junto al mar helado y amenazador. . . nos internamos de nuevo en busca de refugio entre 10s matorrales de la playa. frío -murmuró Julio-. alumbraba a ratos una luz temblorosa. A tientas. Muy lejos.o b s e r v é en voz baja. bajo un bosquecillo de matorrales. -¡Eso no!. ofreciéndonos el agua salobre que no podríamos beber. sin duda. ¡Agua! La proximidad del mar despertaba en nosotros idpotente angustia. y detrás de nosotros parecía reír en sordina. y su existencia efímera nos servía a l a vez de compañía y de amenaza. pero no pudiendo saciar 1 sed que nos devoraba desde la mañana. y una mueca irónica nació y murió en la oscuridad. volviendo l a espalda friolenta al viento y al ruido del mar. apenas probamos 3 elgunos bocados. Podrían descubrirnos los pescadores y caerían sobre nosotros . La campiña parecía acurrucarse medrosa bajo la comba negra del cielo. -Hasta mi propia sangre bebería -murmuró Augusto. . la fogata de los pescadores.

un conciertc limpio. ya el sol asomaba detrás de lc)s cerros distantes. y. Extendimos mantas en el suelo arenoso.. .' -Procuremos dormir. cuanc10 senti. Cada arbusto era uri racimo de frutos cristalinos. . -¡Agua! -gritó de pronto Julio. mientras profería sus rituales palabras: -iOh sol!.oca. No tardó en vencernos el cansancio y vino un prolongad o y profundo sueño a extender sobre nosotros sus alas apac iguantes. E l sueño nos hará olvida r la sed. En efecto. En su voz palpitaba la esperanza. mos en el follaje de los arbustos un suave rumor. durante l a noche. y ya nc)s dispo. . diminutos charcos de agua clarísima. Poseídos los tres por una misma idea. Augusto se levantó. Antes de acostarnos. dirigiéndose hacia el orien[te. N o era tan compacto el gotear COI m0 para que pudiese humedecer las gargantas. quizás por las raicillas de pasto seco y por las hojas caídas de 10s arbustos. )equeñas Durante largo rato nos dedicamos a buscar estas 1 fuentes con la avidez de mineros que persiguieran vetas de metal precioso. . El regocijo parecía enloquecer a íos pájaros. se formaron. puro y diáfano como música ejecutada en copas de (:ristal. hizo tres profundas inclinaciones con los brazos extendidaIS. -¡Está lloviendo! -exclamó Julio. señalando el Iiuelo. . nos tendíamos de bruces en el suelo y sorbíamos directa- 126 . ni tan leve co m para 0 dejar de calarnos la ropa. Era un sol que parecía tener la crujiente frescura de la hortaliza tierna y el dorado de los girasoles nuevos. apretadcI. a pesar del terreno arenoso.que cantaban todos a la vez. nos levantamos de un salto y SBdimos a campo raso para ofrecer el rostro a la lluvia. pusimos a la intemperie 1lnOS pequeños vasos que llevábamos por precaución y que €iasta entonces no nos habían servido sino para el aseo de la t.Yo te saludo! E l campo entero chispeaba como si una mano pródiga lo hubiera sembrado de diamantes. níamos a sumirnos en el improvisado lecho. y tan pronto como encontrábamos algiina nueva. no más grandes que un plato ex:tendido. Al despertarnos. Pero tuvimos nueva decepción. entre ellos se tejían los hilos de IiJZ de las telarañas mojadas por la lluvia. Nos cobijamos de nuevo bajo ei matorral y empleamos parte de las mantas en for:mar un pabellón que nos guareciera de la Iloviznla.

Reconfortados por el abrazo salobre.rezaba Augusto con voz sacramental-. Yerbecillas y 3P bojas Secas de boldo y arrayán le prestaban un sabor de brebaje maravilloso. Fuimos felices durante algunas horas. Vuelos de gaviotas doradas por la luz en e cielo jubiloso. A pocos pasos sentíamos la invitación ronca del mar que nos llamaba. Encontramos rocas cubiertas de algas chorreantes que seguían a la ola en su vaivén inacabable. y de vacíos caparazones de moluscos. guiados por ella. Sin embargo. 127 . volteando como molinos de viento su dorso negro. iY qué agua más deliciosa! Nunca la habíarnos bebido tan fresca. Curiosidad de toninas o lobos de mar. -¡Agua de San Francisco de Asís. Después de una ligera merienda a la sombra de una roca. nicie plateada. iSólo eres digna de ser escanciada por las aves de Dios! -Y hundía su boca en las pequeñas fuentes vivas con la unción del que besa un cjliz con vino convertido en sangre divina. y llegar.echar la luz del día y buscar la línea férrea. pronto sentimos de nuevo el cansancio de la marcha sobre el suelo arenoso y el azote del sol en nuestras espaldas. tan dulce. vagamente ruborosa. Saciada nuestra sed. De este modo conseguimos aciguar la sed. humilde y olorosa! . que debía hallme no muy lejos.las pocas gotas reunidas. emprendimos de nuevo la marcha. pensamos en el baño. acechados por las olas que llegaban a mojarnos juguetonamente los pies. ceñida hacia el horizonte por nieblas tenues. pulidos por el rodar del agua verde. Esta vez caminamos largo trecho sobre arena blanca. l que asomaban a la superficie. tan aromada. E mar negro l ! hosco de la víspera se había transformado en inmensa pla. hasta el Pueblo más próximo. decidimos apro\. Liamos el equipaje y nos acercamos a la playa. La sequedad de nuestra garganta las recibía bálsamo destilado sobre cristales de hielo. más puros que los ojos de las sirenas que habitan en las grutas del océano.

al cabo-. desaliñados. . -Bien. Para 61 signifi. . ¿Estás seguro de que tus parientes nos recibirán bien? -Son gentes bondadosas. Supongo que este pueblo será Arauco. Largo tigoso caminar. Pero. Junto con la fatiga.d i j o . a 128 ’ . cubiertos de barro hasta las rodillas. . Sólo al caer la tarde.. Pero. . . según mis recuerdos. . Posiblemente no quieran ayudarnos. no!. te del brazo-. . y des pués. -Dime .Hum! -Sí. desapareció nuestro üptimismo. .. en fin. trado cariño . Siempre me han demos. tinto entenderse con mi primo Ricardo. . N o conozco este pueblo. -¡Hombre. ¡No sé! Y a veremos. . . . Pueden haber cambiado. caba una bagatela la cesión de tierras sin valor comercial. llegamos a un pucoi. .. .ADIOS A LA FRONTERA De nuevo nos internamos en los matorrales. Coronel. ¿Cuándo terminaría aquella peregrinación? ’ -¡Mira! -me dijo Augusto. . -. . Aderfiás. Puede s e r . desconocido. Guardó largo silencio como si concentrara sus pensamientos o buscase palabras para expresarlos. . sí -murmuró Augusto-. Carampangue. deberemos pasar todavía por Lota. Arauco. Pero no los veo desde hace tiempo. Laraquete. tomándome amistosamen. Ibamos sudorosos. . . Estamos aún comenzando el viaj e . jcómo hacerles comprender el objeto de nuestra expedición? ¡Es algo tan raro para ellos! Era dis.

deshicimos el equig)aje. Gxnenzó un largo preámbulo.A la salud de nuestra futura colonia!‘ . en f i n . Sólo entonces confesé a mis compañeros que el arma qile nos salvó de caer en manos de aquellos bárbaros era sólo un inofensivo “matagatos”. nos habló de la abuelita. en el comedor. Si no nos reciben. Reímos recordando nuestros apuros en presencia de los pescadores de San PecIro. . -i Y que nos perdone León Nicolaievich Tolstoy por entregar’nos a estos placeres viciosos! -agregó Ortiz de Zárate. bullía vagamente en su cernC-* ‘ L u r ~ . Augusto sacó de no sé dónde un cigarro puro. caviloso. echá ndose al cuerpo una copa llena. Semejábamos escolares en vacaciones. mi confesión sólo contribuyó a aumentair la alegría. Pedimos una pieza. Al final.e x c l a m ó Aui gusto.tierras vírgen-s. felices de sentirnos. a Caminamos por algunas calles del pueblecito y preguntamos al primier transeúnte por el mejor hotel. He aceptado el viaje a AraucO! después de rechazar los terrenos en la provincia de Valdivia. y. extrajimos de él ropa limpia y nos acicalamos lo mejor que pudimos. por el recelo que manifestaban las gentes al ver nuestra figura y por sentirnos fuera del ambiente habitual en que vivimos anteriormente. alzando la copa. sin que faltara el buen vino. según él. . Estábamos abrumados por nuestra apariencia de poquedi28. . En seguida. siempre nos quedará el recurso de continuar de nuevo el proyectado viaje a la Frontera. . habitado por gentes (ie aspecto civilizado. . Arauco es otra cosa. Allí la propiediad cultivada tiene alto precio. N da dijo Augusto.-9 129 . Qu:izás ése era el momento que esperaba Augusto para insinuar un proyecto que. como no teníamos má s que ése. sólo por no contrariarte. sin atenuantes. el entusiasmo había subido algunos grados. Atravesaremos Nahuelbuta . lejos de la férula del maestro. por un instante. así.. pero ésta será una tentativa COI:no cualquiera otra. En el estado de exaltación en que nos hallábamos. de la comida. . pero continuó el camino. El mejor. pedimos una comida suculenta. . Hoy no podría precisar cuál fué el pueb lo a donde arribamos. dimos chupetadas por turno. de SU delicada salud y de la preocupación que venía 1 no. Sólo puedo decir que nos condujeron a un hotelito medianamente limpio.

entre otras. Iremos a San Bernardo.martirizándolo desde que saliéramos de la capital. . Cultivaríamos la tierra como son nuestros propósitos.. Tendríamos allí los recursos dr la civilización. temporales apocalípticos! . . ¡San Bernardo!. . la abuelita. indios. Antes de partir de la capital. Mañana tomaremos el tren de regreso. éxitos de otra índole. nuestro amigo y compañero. pués quedaría tiempo para pensar en misiones lejanas. . 130 . . o lo que fuera. Conocia. . Augusto. . mos la ternura de la abuela por el nieto y nos enternecimos pensando en el desamparo de la buena señora. jun arrabal de Santiago!. -Está bien.Bosques. un pequeñc campo con su correspondiente vivienda. y. lita . Sin embargo. Luego nos habló del poeta Magallanes Moure. . . y. . des. Todos mis proyectos d c sacrificio. . . Pondríamos escuela par: niños pobres.. lo había puesto a nuestra disposición. . . . de lucha fiera contra los elementos de la natura leza. taláramos en ese pueblecito. -Sería maravilloso --expuso Augusto. . . {qué responder a nuestro amigo? La abue. yo quedaría a i f ~ paso de mi fa milia para ir en su auxilio si ocurriese. Todos los sueños de silvestre libertad se venían por tierra. . . yo sentía que una congoja aprisionaba mi garganta. Y de este modo quedó decidida la instalación de la Colonia Tolstoyana en el pueblo que cobijaba a ese gran poeta que sería. . la Escuela Yasnaia Poliana.. Para eso no valía la pena haber tirado por la borda nuestro porvenir: estudios. . muerte..que nos ins. rias propiedades en San Bernardo. . A medida que nuestro compañero hablaba. pequeñas situaciones logradas. y ejerceríamos el apostolado entre gentes más preparadas. . más tarde. . . Después. Tenía va. .una en fermedad. además. jvamos! .

La íntima alegría de Thomson se manifestó en un discreto acercamiento a las clases populares que formaban la concurrencia abigarrada del vagón. señor -respondía la mujer-. . . niña de mano. adonde voy a parar en Santiago. . con el número y too. un caballero muy principal de Los Angeles. . y mi comairita Rosalba. hasta que murió el caba: llero. Concepción y playas de Arauco. . Yo era cocinera. Por aquí traigo la direución. -¿Son suyas también esas gallinas? -le preguntaba Augusto. señalando un saco por cuyos agujeros asomaban las atemorizadas cabezas de un pavo y otras aves de corral. desde que estuvimos juntas sirviendo en casa de don Almanzor Ureta . Con sorpresa mía. . el viaje de regreso no pareció tan penoso como el que hicimos desde Santiago a la Frontera. . y me escribieron que me tenían una colocación en casa de primera. Son cazuelitas que le llevo-a mi comaire Rosalba. lo vi fraternizar condescendientemente con una señora que ocupaba uno de los asientos próximos. Usted lo ha de conocer. . . El marío trabaja en la maestranza del Ejército. y también la señora. Después se casó mi comaire con un maestro de carpintería y él la llevó p’al norte. Yo fuí nacía y criá en su mesma casa. cerca del Mataero. tenía varios fundos. Acaso el novelista bosquejaba en su mente 131 . Hace hartazos años que no veo a mi comairita. y le serví veinte años. -Sí. Ellos viven en calle San Diego. Augusto escuchaba con sonrisa de complacencia mezclada con leve ironía. . Ahí está agora.E L R E G R E S O Después de las peripecias sufridas en nuestro corto vagabundeo por Talcahuano.

como “Mamá Dotea” y otras. el esfuerzo desplegado Para dar a su labor literaria una sencillez y claridad puestas al al. cance de los cerebros rústicos. rimentar León Tolstoy.. Ustedes. maravillosas de sibilidad y delicadeza. Pero muchas veces comentamos la oculta tragedia que debió expe. y hasta la inconfesada hostilidad. N o comuniqué mis reflexiones en aquella ocasión. E amor al pueblo. todo l comimos en santa comunión. sin teorías de apóstoles rusos ni pretensiones catequísticas. l de escritores como Augusto. sinceridad y honda fraternización. o N o hicimos alarde de dignidad. hacen aún más valedera su misión apostólica. es casi siempre platónico y distante. porque s aristocracia espiritual impide la compeu netración cordial. que compondrían más tarde obritas seductoras. Esa noche Augusto. contra el apóstol claudicante. superficial y vanidoso. y este repliegue en mí mismo contribuyó a trizar la hermandad que tácitamente proyectáramos. ni menos a Thomson. agobiado por el sueño y el cansancio. su lucha para recuperar la simplicidad plebeya. traen hambres atrasadas. No me atreví a co. ñores. a l que parece. La buena mujer que caminaba en busca de OCUpación en Santiago extrajo de uno de sus canastos una gallina. Lo que gusten. La espontánea generosidad de la mujer. Comenzaba a comprender vagamente que el impulso que nos hizo renunciar a los goces materiales y encaminar nuestros pasos hacia una vida ruda y ascética. . . perdida a lo largo de generaciones cultivadas. Continuaba admirando en Thomson al artista. que de convic. niños -nos dijo-. Los escombros de un ilusionado castillo lloraban en mi alma su fracaso. refinado descendiente de grandes se. se durmió profunda- 132 . al pretender identificarse con sus antiguos siervos. no más. al espectacular portaestandarte de juventudes literarias. ción sincera y perseverante. municar mis reflexiones a Ortiz de Zárate. tan común en la gente de nuestro pueblo.algunas de esas producciones estilizadas. alabándole nosotros la buena idea de aprovisionarse para tan largo viaje. como puede existir entre seres de una misma clase. pero germinaba en mi interior la rebeldía. . -Coman. tenía más de literario. o huevos duros y otros comistrajos. Traigo tamién una botella de vino y otras de chicha de manzana. nos conquistaba sin preámbulos y nos daba una lección de llaneza.

Qué hermoso. . Pero nada dijo. NOS acercábamos al final del viaje. E paisaje del valle central. sin darse cuenta. qué hermoso! -exclamaba Augusto a cadaL paso-. en el hombro blando de su vecina cocinera. anchas y acogedoras. ¡Esa es tierra de hombres! Augusto se volvió para mirarme con impertinente curiosidacd. -. Nos hallamos. indecisos y desorientados en el andén de la modesta esta1ción solitaria. con sus luchas y peligrc1s. veni do por encima de viejas tapias y de casas herméticas y penriativas! Era el manso corazón de las antiguas familias chilena s que se ocultaba en achatados caserones de adobe y teja. -Así lo espero -murmuró Julio. con sus árboles frondosos y sus cantarinas acequias de agua que arrastraban hojas y flores silvest. molidos por la dureza de los asientos y las :rosímiles posturas que nos hiciera adoptar el deseo de >so. plácida y sin complicaciones. Y su réplica quedó suspendida en el aire claro de la mañana. Aquí podremos entregarnos a la meditación y al cultivo del espíritu. v mLaterna1 133 . ¡Qué paz. vimos aparecer el sol a través de los empañados vi1 ae las ventanillas. sublimada por rosados matices y transparentes velos iiebla. por el ambiente que nos rodeaba-. Al amanecer. a mi 1 Ojalá nos sea pesar. -Es un pueblecito hermoso -murmuré yo. qué perfume de jardín añejo y patriarcal. seducido. paraL convivir una vida quieta. con aire grave.res. nos envolvió de súbito en atmósfera de sutilísima ría. -Pero no pude menos que agregar algo' que condensaba mi decepción y amargura-: Claro está que yo hubiera preferido la Frontera. gadí3 nadie nos esperaba en San Bernardo. ¿No les decía que aquí estaríamos mejor que en esa terrible Frontera? Esto tiene algo de convento y de casonaL señorial.te y buscó apoyo. Como no habíamos avisado a Magallanes nuestra Ile. de pro1Ito. encress l D de colinas. Nos echamos a caminar por las semidormidas calles del pueblo. congregadas al pie de la inmensa cordillera ica. posible radicarnos aquí. sin encontrar siquiera a quién pedir noticias de ailgún albergue que conviniese a nuestro escuálido bolsillo.men. .

rebosante de sat isfacción. Había almorzado en casa del poeta. En realidad. El hogar de los Magallanes era. sin su consentimiento. y. él era en aquellos momentos la esperanza y la Piovidencia: el mago y el gran señor que solucionaría nuestras problemas expedicionarios. que nos reintegraran zt San Bernardo los colchones y ropas de cama que habíamos remitido. por telégrafo. Decidimos que Augusto saliera esta vez en calidad de avanzada. A media tarde regresó Augusto. soberbia. la acogida. A través de Augusto nos habíamos formado de Magallanes una imagen convencional.SAN BERNARDO N o fué difícil encontrar un hotelito modesto que bergara. porque sabíamos que la e sposa del poeta era la dueña de los terrenos de San Bern ardo.y fuimos a pedir. blando. mientras nos poníamos en contacto con nuestro amigo Magallanes Moure. Nosotros no lo conocíamos ni de vista.. La familia era encantadora. La noticia era de importancia. Poseía el llano encanto y la distinción indefinibles que fué patrimonio de las familias provincianiis de 134 .y-. después nos presentaríamos en casa del poeta con plena seguridad. no podríamos disponer de nada. ordenamos nuestro eqtiinaip . Mientras tanto. el Único que mantenía relaciones amistosas y de camaradería literaria con el poeta era Thomson. quizá más inquietante que apaciguadora. a un pueblo de la Frontc:ra. en realidad. Esa noche cenaríamos todos con Magallanes para planear nuestra futura instalaciói1. tibio y señorial. por carga de ferrocarril. A pesar de todo.

fortunaI Y abolengo. El gusto artístico del dueño de casa, juncon la arraigada tradición del resto de su familia, supieron prescin dir de recientes modas importadas y conservar la senc i í l a d'e las antiguas costumbres. La casa misma, con su único piso y !SUS techos bajos, sus amplias salas y extensos corredores protegidos por cristales, sus gruesas murallas exteriores con s ventanf1 enrejadas, se prestaba para rememorar los solares de la Patr-ia Vieja. . . Por las soleadas galerías, palpitantes de trinos, se divisaba el jardín recargado de plantas olorosas, s mientra1 que por los caminillos enarenados se desperezaba un viejo niastín y caminaba a saltitos una pareja de queltehues vigi1ani:es. Eíx noche nos recibió Manuel Magallanes Moure con esa s SU gen ti1 llaneza que infundía, de inmediato, seguridad y confianza. A pesar de su juventud, la renegrida barba y el invariable trajie negro le daban aire majestuoso y patriarcal; pero, bien pi'onto, la corbata flotante y el flexible chambergo bas>ara insinuar un imperceptible santo y seña de destaban 1 preocur>ación y de camaradería. Emanaban de su persona elasticiclad y fuerza, atemperadas por un vaho de somnolencia felina cque lo envolvía en sobria distinción y elegancia. Y , fuera die eso, asomaba el rostro pálido, ligeramente dorado por el sol, entre la fina enredadera sombría de la barba moruna, la sonri sa acogedora de los rientes ojos castaños, que hubieran sido pi;acenteros por completo, si no burbujeara en ellos leve chispa de ironía. ¡Ah, pero este recuerdo del poeta sería incompleto si no mencioináramos la amplia y combada frente, desde la que el Pensamiento saldría a explorar ilimitados horizontes! Pocas veces h m o s encontrado en la vida persona que reuniera, como c Magai1imes, tanta armonía entre su obra artística y la severa Gracia Ide su estampa. Buenas noches, Augusto. Buenas noches, amigos --dijo, al recibirnos de pie, bajo la araña de luces que colgaba en el centro del salón, estrechándonos cordialmente la mano. E indicando un redondeado sillón con tapiz de reps rameado con flores pálidas, añadió: - Asiento, Fernando. .
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Y luego, al observar mi vacilación, y recogiendo de asiento una muñeca de trapo y un biberón en frasco de tris tal: -;Vaya!. . . ‘Mi chica lo invade todo. Pronto la har venir para que pida excusas. En ese momento hacía su entrada en el salón una señora que llevaba en brazos una criaturita de pocos años. -Aquí está la culpable -agregó, riendo, el poeta, a 1 a vez que nos presentaba-: Amalia, mi mujer, y Amalita, m ii heredera. Amalia Vila no era quizás ni muy hermosa ni muy jc ven, pero su rostro ovalado y ligeramente moreno era simpk tico, vivaz y acogedor. Augusto nos había esbozado con antt rioridad el curioso idilio de Magallanes. Cuando Amalia era niña de sociedad, y, por consiguiente, asistía a bailes, Manuc1 1 Magallanes Moure, su primo, no pasaba de ser un chicuelo de pantalones cortos. Pero ya entonces amaba a su prima. Una noche de baile en casa, desde una ventana del salón, la vió pasar en brazos de su pareja, entre otras danzantes envuelta19 en tules de color rosa o celeste, y su corazón ingenuo comenzó a palpitar de amor y deseos, como si se hallara delante d e una aparición sobrenatural. La continuó adorando a lo largo de su adolescencia y d e sus años mozos, hasta que logró desposarse con ella despui:s de largo y contrariado asedio sentimental. Acaso fuera ést:e “el niño que enloqueció de amor”, tan hermosamente inteirpretado por Eduardo Barrios. La comida transcurrió en un ambiente amable y cordia Augusto entretuvo a los concurrentes narrando nuestras ave1 turas en la pasada expedición. En s u relato aparecían bar didos y salvajes antropófagos, paisajes de encanto y peligrc quiméricos. Mientras paladeábamos suculentos guisos y productos de las viñas circundantes al pueblo, reímos de buena gana, si n que faltara la conmovida atención que nos prestaban las damas presentes. -$‘obres niños! - e x c l a m ó Amalia al finalizar el relato-. No es posible que continúen tales aventuras. . . $;on demasiado peligrosas. La colonia deberá fundarse aquí, en San Bernardo. Y a liemos decidido con Manuel entregarles un

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,,rrenito Para que inicien su ensayo. Es verdad que habrá que esperar algunos días hasta que se desocupen algunas de las habitaciones que tenemos arrendadas. Pero pueden contar con ?so. Misia Juanita, la abuela de Augusto, se pondrá muy contenta al saber que SU nieto no vivirá entre salvajes. . . ¿No ha ido a verla? pasamos de nuevo al salón y allí terminamos la velada escuchando versos de Magallanes Moure, bellamente recitados por Augusto, música de Mozart y de Beethoven, ejecutada -<1 piano por Amalia, y delicados poemas de Maeterlinck, pues[OS en melopeya por Ortiz de Zárate. ¡Qué diferente era todo esto a la vida austera que nos labíamos propuesto!

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EL CHURRASCO

Los primeros días transcurridos después de nuestra visita a Magallanes Moure fueron de angustia inactiva. YOhubiera deseado realizar cualquier cosa: arar la tierra, cavar fosos, levantar casas. Como si innumerables generaciones de antepasados me rodeasen, apremiándome a la acción con gesto impaciente, caminaba por las calles, sin objetivo, o, sentado en la plaza, en la quietud mansa del pueblo, estrujaba ner viosamente las manos. Augusto había partido a Santiago a visitar la familia Julio respondía calmosamente a mis planes dinámicos. Su ac titud me enervaba. Por momentos llegaba hasta sentir fastidio contra s sereno y fuerte equilibrio. u Respondía siempre con bondad, con rectitud. Pero en ciertos momentots hubiera deseado que me contradijera y se expresara con violencia. -;Quieres que preguntemos a Magallanes en dónde está el terreno que nos ofreció? -le proponía. -Sería inútil. Y a nos dijo que el terreno estaba ocupado. Tendremos que esperar que lo deje el inquilino. Mientras cumplía Magallanes su promesa, encontramos en los alrededores del pueblo un conventillo ocupado por familias obreras. Tenía al interior un patio común, plantado con árboles raquíticos. A la puerta de cada cuarto, las mujeres aderezaban la comida o lavaban ropa. Generalmente, durante el día, no se divisaba en el patio ningún hombre; supimos, más tarde, que salían al trabajo o dormían en sus camastros, mien138

mujeres trabajaban y los chiquillos pululaban a s u or con bullicio de choroyes. n las camas devueltas por los Ferrocarriles, desde el Taron algunos utensilios de casa que nos sirvieron para isar un rudimentario menaje. Julio extrajo también, de los colchones, un violín cuidadosamente envuelto en y piezas de ropa. Estaba intacto. Con manifiesto júlimpió, lo acarició delicadamente, y, después de afinarenzó a extraer de la caja sonora, como un desahogo, ente de notas triunfales, jubilosas, cristalinas. Yo poco de música, fuera de óperas en boga, escuchadas desde ría del Municipal. Era ignorante absoluto en técnicas 1s. Pero comprendí, no sin envidia, los ilimitados hoi que posee el hombre que cultiva el arte como exprecomplemento de espi'ritu. Toca, Julio, sigue tocando. . . Me hace bien.. . ¿Te gusta? ¡Ya lo creo! . . N o sé. . . Me gustaría tocar como t ú . . . Te puedo enseñar algo. . . ¡Claro!. . . Siempre tuve deseos de estudiar violín. Y Julio, que manejando el arco se manifestaba como hombre de espíritu delicado, extrajo de s u instrumento una serie de! sonatas y canciones del viejo repertorio de los maestros. . . Beethoven, Mozart, Schumann, Chopin desfilaron por nuestro cuarto destartalado, poblándolo con danza de espíritus luniinosos, tenues, alados o melancólicos. Julio, recio y bien es1mcturado ingeniero de minas, se transfiguraba en esos momenitos. Su rostro se cubría de suave rubor de fiebre y caía sol,re su frente un mechón de cabellos rebeldes que le daban 1 xestancia bohemia. Durante largo rato permanecimos como a rrobados por la música. Julio seguía tocando, cada vez conI mayor entusiasmo, y yo escuchaba con deleite. Sólo que, a .media tarde, apareció en el umbral de la puerta una mujer. Venía acezando. -' ¡Vecinos. . . , vecinos!. . . iQué hay? -preguntamos con alarma. La mujer nos miraba con extrañeza, sin dejar de sonreír. ¡La carne que dejaron al juego se les achicharró toíta! ¡Es puro carbón!
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Nos echamos a reír. Sólo entonces recordé que en el fogón que hicimos en el patio, con ladrillos y piedras dispersas, ha. bíamos puesto a asar un trozo de carne atravesado en palo de coligüe. -Son las tres de la tarde ya -insinuó la mujer-. YO dije: los caballeritos no tendrán hambre. . . Pero diay me fij é que el churrasco estaba humeando.. . Entonces les vine a avisar. -Caráspita -murmuré, rascándome la cabeza-. Ten. dremos que comprar carne de nuevo. Y el fuego está ter. minándose.. . -Mejor será que yo les convide de mi comía.. . M i hombre no vino na a almorzar hoy..., y yo le guardé una ca'zuelita. . . No nos hicimos de rogar. La mujer trajo una mesa chica, extendió sobre ella un mantel y puso delante de nosotros una cazuela, acompañada de tortillas de rescoldo y un trozo de carne asada.. . -Se ve que los jóvenes son poco baquianos p'hacer de comer -comentaba la mujer-. Los estuvimos mirando cómo se azariaban pa prender juego. . . Y a la carne no le pusieron na sal. . ., y luego, ibendito sea Dios!. . ., se les olvidó el churrasco en las brasas. Avergonzados, comíamos en silencio. La mujer, de pie nos miraba con simpatía, las manos enlazadas sobre su opulenta barriga proletaria. Continuaba: -Yo pensé: Serán músicos. . ., de los que tocan en los circos. . . Estarán ensayando la junción. . . ¡Pobres jovencitos!

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VIDA CASERA

Augusto volvió de Santiago pletórico de entusiasmo. Era natural. Había pasado momentos de inefable vida hogareña en compañía de la abuela, que l adoraba, y de las’hermanas, o que lo reverenciaban como a pequeño dios. Lo vimos llegar corno si saliera de un baño saturado de aromas frescos. ¡Cómo envidiaba esa dicha que conocí hasta los ocho años de edad y que se esfumó en el espacio y en el tiempo! Traía nuestro compañero un cargamento de paquetes. Cuadros, libros, ‘una torta que las chicas enviaban para el “más joven de los colonos”. Las hermanas de Augusto me conocían, pero habían olvidado mi nombre. Sin embargo, ese sustancioso recuerdo sirvió para que mi fantasía tejiera un mundQ de acontecimientos familiares. Por otra parte, la abuelita enviaba a Julio una caja de té “Flor Fina”, sin duda el más preciado regalo que pudo ofrecer la señora, hija de inglés y educada en colegios de Edimburgo. Pero el aporte más preciado que Augusto traía de la ciudad eran ciertas novedades relacionadas con nuestra aventura. LOSamigos escritores de la capital lo recibieron con entusiasmo. La Colonia Tolstoyana había sido motivo de comentarios favorables y fantasiosos. Casi todos reconocían que se trataba de un acontecimiento espiritual de reacción contra el practicismo reinante. Pezoa Véíiz, Rafael Valdés, Pablo Burchard, José Backhaus y otros artistas conocidos, solicitaban ingresar a la colonia. Eran numerosos los que pedían datos sobre nuestra actuación y deseaban saber cómo podrían

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ahí estaba el ofrecimiento que se le hacía a AQUgusto: veinticinco pesos por cada colaboración semanal. cosa nunca vista en el país. Pero la noticia sensacional eraL la fundación de la revista “Zig-Zag”. E cable había transmitido ial formaciones. Por lo que contaba Augusto. Compartí la alegría de mis compañeros. Nuestro éxitlO 0 fracaso adquiría insospechada importancia para la vida espiritual de la época. consciente y 1 pro. Augusto traía. la frugal Colonia Tolstoyana. Y a se tenían listos las maquinarias. dueño de “El Mercurio” y de otras emprcesas considerables. comprendimos el revurelo levantado en la pobre atmósfera artística de la capital. Sería una revista al estilo de las europeas o norteamericanas. el local. no dejaba de comprender que el intetés demostrado hacia nuestro proyecto correspondía a una intensa aspiración hacia atmósfera más sana. entrevista en tierra de los espejismos chilotes. tioso. N o comuniqué mis temores. patrocinada por don A$ :ustín Edwards. {Cómo responder a esta actitud de aplauso y de con. lo suficiente para mantener una casa modesta y. La casa fotográfica Spericer le pagaría cierta suma por colaborar en un álbum de vi Stas de Chile en preparación. probablemente a título de curiosidad. pero dt:sde ese momento comenzó a roerme un pensamiento de vago temor y de intermitente amargura. no habría dado margeri a tanto alborozo entre los escritores de aquel tiempo. funda que la que imperaba en el mundo. Además contaríamos con la venta de cuadros de los colonos pintores que pronto vendr ían a reunírsenos. los carteles de propaganda y parte del personal contratado en Chile y en el extranjero. a oItros países de Sudamérica y llegaban consultas desde Argentir‘a Y Uruguay. Se hablaba de un‘ tiraje superior a cien mil ejemplares. 142 . por supueiSto. El descubrimiento de l a Ciudad de los Césares. Y p ara constancia. fianza cuando nuestras fuerzas eran tan débiles y nueS r a experiencia tan inconsistente? A pesar de mis dieciocho E6 0 s ilusos y alocados.ayudarnos o acompañarnos. una pequeña suma de dinero Para entonar nuestra exhausta caja. además. pero en algún repliegue de mi alma palpitó levemente un sobresalto an gus.

. ¿A que se le olvidó comprar pimentón pa la grasa? -Cierto. de l a calle San Pablo abajo. . . vino a cobijarse a la sombra de uno de los pequeños árboles del patio. ingredientes a la cazuela que preparaba con la ayuda 3G de la vecina Rosalía. Fuimos interrumpidos en nuestra discusión por una risa de mujer que partió cerca de nosotros. El resto de la indumentaria correspondía a persona de situación mediana. las faldas se recogían hacia la parte superior. . . perejil y unas cucharadas de “color”. que se van a poner tísicos?.. . Pero . . se le van a recocer. . Si no. yo saln‘a de ~ . Dicen que caen mal al estómago. N o somos partidarios de los aliños. Doña Rosalía quedaba en suspenso. e zen cuando al patio para soplar el fuego rebelde y agregar . y.. sin carne. hijito!. . Comida con pura hortaliza. . ¡No se apure tanto! Las papas se echan al Último. -iAh. . y esto. . mire. naturalmente.Pero no ve. le daba autoridad e importancia.&Tientras recibíamos tan alentadoras noticias. Provenía de una señora joven que. bien calzado. Me había hecho sabeg. . . Quedé un momento perplejo observando a la intrusa que aún sonreía mostrando una hilera de dientes blancos. . . mi alma. que a su vez apoyaba en el tronco”de1 árbol. :Bien decía yo que a estos guainas les faltaba una chaveta! . . Una cazuela debe llevar güenos aliños p’aí gusto. iPa la sustancia hay que echarle carne! ¿Van a comer puro past o ? . . ya compriendo! . me reprendía maternalmente. . ¿como los bueyes?. Preferiríamos una comida vegetariana . dejando ver unas contorneadas pantorrillas y un pie pequeño.. que ella no era una cualquiera. en esta actitud indolente. con cierta afectación soiemne. pues en otro tiempo fué maestra de cocina en el restaurante “Los Patos”. Se acercaba continuamente a la para inspeccionar las complicadas operaciones culinarias que debía realizar durante mi actuación de semanero. -¡No. comino. vecina. Esta empleaba conmigo cierta familiaridad bonachona y protectora. sin que nos diéramos cuenta. . mirándome con asombro. . Trajo consigo una silla de paja y se reclinaba hacia atrás en el respaldo del asiento. 143 * . Acezando y moviendo la leña para componer el fuego. Pimienta. sin grasa. . pues.

En seguida. sidá la vida de ustedes. ya lista.. . Estuve a Puntr de interrogarla acerca de lo que me parecía una impertinen cia. mientras preguntaba por l bajo a mi ve. 144 . .mientras me miraba con los ojos entrecerrados. mientras se inclinaba para probar la comida-.Quiere que la llame. ceda a mis hambreados compañeros. Viene siempre a verme y le ha despertado curia. gracias -respondí. partí con mi bazofia humeante para ofre. pero su gesto era tan amistoso y cordial. y too lo que dicen por ahí. . Hice un ligero saludo reticente a la desconocida. o cina: -¿Quién es? -Es una señora que me manda lavar ropa -respon& doña Rosalía con disimulado murmullo que apenas le hacía entreabrir los labios. mientras tomaba la olla de la comida. cencia. pa que la conozca? -NO. más bien para examinarla mejor que para demostrarle compla. que hube de sonreír también. . .

l que vale decir que nuestra sangre se hallaba en o aquel punto de hervor que caracteriza al jugo de la uva exprimida en los lagares cuando comienza la fermentación. esa indefinible inquietud que se traduce en un continuo soñar con muchachas en flor y en que se ama y se codicia. seguramente. Era un problema delicado y escabroso. sino a todas las mujeres que nos salen al paso. y al mismo tiempo. en especial. ¿quién no sintió la atracción. ante el misterio de la primera caída. o fueron demasiado cautos. durante el período de la pubertad.SIRENAS EN FUGA tolstoyanas fué la cuestión sexual. febril y platónico? Y. adornadas y exaltadas por la imaginación juvenil con todas las perfecciones. desde la adolescencia. Como si temiéramos un desacuerdo y acaso un rompimiento. el espanto y la . el más leve gesto que me diera la clave de lo que pensaban sobre el inquietante problema. angustia. _-___ 10 de los asp&tos no bien dilucidados en nuestras * . habíamos tenido. Todos éramos jóvenes. ¿Quién de nosotros no tuvo un primer amor tímido e irresoluto. más tarde. pero. cuando la carne en madurez se estremeció con irresistibles impulsos. nunca nos detuvimos a examinar e l pensamiento del apóstol de Yasnaia Poliana en lo que se refiere a relaciones entre hombre y mujer. Todos. y. no sólo a una. que viene repitiéndose desde los tiempos en que la pareja humana cedió al impulso de robar su secreto al arbol de la ciencia del bien Y del mal? Y o espiaba en mis compañeros la menor alusión.

Estas reflexiones. como tampoco eran celibatarios en Rusia los sacerdotes de la iglesia griega ortodoxa. Parecía. que condimentara en compañía de mi buena vecina. ¿Sería posible introducir en la intimidad de l a colonia uha compañera que compartiera nuestras tareas apostólicas? Porque Tolstoy no fué enemigo del amor. -ii-Iombre. hasta para cuando fuese necesario valerse de los servicios de una mujer a cargo de esas labores que ellas ejercen preferentemente en l a vida hogareña. entre lo sano y o lo disoluto en las relaciones sexuales? E instinto. sin embargo. sin embargo. Creo que te cederemos para siempre el cucharón de hermano cocinero. recibe el choque inefable del espasmo con mayor o igual intensidad que el refinadc sibarita que mezcla complicados elixires intelectuales para aumentar el placer de la lujuria. Era de suponer que el autor de “Juan: Lucero” tuviera experiencia personal de la vida que tan vi gorosamente expuso en su obra aplaudida o vituperada por bandos opuestos. Pero. por acuerdo tácito. T e estás convirtiendo en maestro del arte culinario. se había eliminado en los planes de nuestra colonia toda relación con el sexo femenino. 146 . {quién podría establecer un límite entre l prohibido y lo permitido. que obra l en la naturaleza humana con la ingenua astucia del polen al caminar ciegamente en busca del pistilo floral. la relación anormal y exaltada de los amantes. dentro o fuera del matrimonio. tiera la certidumbre. Ellos l a encontraron excelente y me felicitaron en términos demasiado calurosos para que yo los pudiera tomar en serio. que. La verdad es que nunca pude obtener luz que me permi. turbaban m‘ espíritu. pero cuando se le hablaba de ella. y. atribuyen mayor importancia al placer material que a la unión de los espíritus.- ‘ o yo muy poco agudo para sorprender la intimidad de su alma. . El maestro escarnecía el amor vicioso. convirtiendo el tálamo en trono de concupiscencia y de pasión enfermiza. que. y otras más complejas. mientras servía a mis compañeros la turbia bazofi. Fernandovich! -me dijo Julio-. NO por eso dejaba de preocuparme la idea de lo que ocurriría en el futuro si se presentara el caso probable de que alguno de nosotros se enamorase y deseara contraer matrfmonio. no puede ser vituperado de vicioso. . Augusto se envolvía en pudorosa e inflexible reserva.

quizás superficiales. llamados en beneficio de los compañeros de segundo orden que esperaban junto a las bambalinas. a fin de que fuesen a compartir la ovación. como un actor. -iSirenitas. como lo hice antaño. sin duda eliminaba la espontaneidad en el trato. Sirenas un poco estropeadas o de capa caída. continuando la broma-. . bravías o románticas. en el patio -añadí. -Sí --exclamé. en espera de que las premie con SU aplauso el respetable público. -Debo confesar que el éxito l debo en parte a dos o sirenasque me acompañaron gentilmente con sus consejos O compañía alentadora. y casi podía añadir que me confortaba. sin embargo. no estaría mal en el papel de la sin par Dulcinea. usar ese tono que me hacía recordar antiguos condiscípulos y una época gozosa y despreocupada. c ~ 10 haría mejor el o chef del Gage.. . con 5eñalandohacia el exterior-. También. maliciosamente. Me alegraba. La diferencia de años que me separaba de Julio y de Augusto que. llena de ardientes confidencias y absurdas travesuras. de chicas que fueron novias de algunos días. Una podría llamarse doña Teresa Panza. . -añadió Au- A r a c i a s . pero sirenas al fin. la otra. . al referirse a muchachas conocidas. confiada hermandad de sentimientos.e x c l a m ó Julio. Pero ellos habían traspasado ya esa etapa y no concordaban con mis há- 147 . o de algunos Y que se sucedieron en el imperio del corazón andariego~ como fugaces visiones de cinematógrafo. revestido de falsa modestia. de mis amigos de otros tiempos. . Acaso echara de menos en mis compañeros de hoy esas charlas. haciendo exageradas genuflexiones de artista que actúa en el momento de bajar el para recibir los aplausos de un público benévolo. . Me hubiera gustado charlar con mis nuevos amigos. y la otra. . . pero en las que palpitaba. gracias -respondí. . aspiraciones sencillas y pueriles. eh? .. rubias o morenas. con ser corta. esposa del buen Sancho. no medía menos de la tercera parte de mi edad.pus~ocon solemne tono abacial. Ahí están. Inconscientemente había empleado el tono liviano que acostumbrara en otros tiempos cuando alternaba con camaradas de jolgorio..

. dió unos pasos hasta la puerta. dió un te portazo y regresó a su asiento sin decir palabra. Augusto se levantt violencia de la mesa. ni yo comprendía su reserva de j6 graves o circunspectos. ¡Espías. Hube de suspender mi intento de hablar livianamer mujeres.. ¡Intrusas!. A resonó una risa. volviendo a una conversaclon sostenida. sirenas. hizo un gesto el que se realiza al espantar moscas importunas. . -. Augusto pareció no haber escuchado. . Creo que Ibsen es el más gran dramaturgo que haya penetrado en las regiones del misterio.Impertinentes! -murmuró Augusto COR fasticiio-. -¡Hombre! -murmuré con cierto despech? N creí c que merecieran tanto honor mis. . I 148 . probablemente con anterioridad a mi importuna interrupción-. seguramente. Julio -continuó. : vecinas que charlaban aún en el patio. -Mira. aunque fuese en broma. una mirada hacia el exterior. quizás!. . al ver. y. . .. . _. .bitos de muchacho. . . .

OFICIOS HUMILDES

y mucha:; veces quedábase a comer en su casa, pero no nos traía la esperada noticia sobre el terreno prometido. Cada \ez que Julio y yo encontrábsmos al poeta en la calle, lo
que

Augiusto se reunía diariamente con Magallanes Moure

~i se detcmía a charlar amablemente; pero, a nuestros requerirnientos, sólo respondía con su buena sonrisa de amistad. -H ay que esperar --decía-. E inquilino aún no se l

no e ra difícil en un pueblo pequeño como San Bernardo,

retira.

A t ieavés de sus párpados entornados con somnolencia musulma na, sonreían sus ojos color café, y entre s u larga gra brillaba su dentadura con no sé qué fina ironía barba ne, Alguien nos había comunicado que Magallanes poseía tambibn una pequeña población de renta, no muy distante de la plata del pueblo, y que una de esas casitas se hallaba en la actualida! desocupada. d -C Jdría arrendarnos, mientras tanto, esa casita -le P
dije.

...

Mag allanes se disculpó: 0 me hubiera atrevido a ofrecérselas, porque está en errado dt:plorable. Muy sucia. . . Pero si gustan. . . -l n cualquier parte estaremos mejor que en donde esE tamos, . , Si no tiene inconveniente, podríamos verla en el

-N

acto.

Desimés de ligera vacilación, se decidió Magailanes a 'romnl;. *'nos. En realidad, la casita desocupada se hallaba en

.

149
i

.

tan mal estado, que merecía mejor el nombre de poc taba compuesta de dos piezas con puerta y ventana a de una mediagua y un pequeño patio rodeado por tablas viejas. En el fondo se levantaba una horrible de latas mohosas que servía para ocultar uno de es1 que sólo se encuentran en los arrabales de pueblo: cantarillado. U n espeso enjambre de moscas revolotea el basural. El poeta nos observaba con timidez. Comprendi se avergonzaba de mantener en tal estado una habitac tinada d seres humanos. -Ya ven -nos dijo-. Esto no es para ustedes. . . Sabía, por el cobrador de los arriendos, que las casas se ’hallaban mal, pero nunca creí que . . Seguramente decía la verdad. A Manuel, con esa despreocupación por los negocios propia de los artistas, jamás se le ocurrió indagar el origen de su renta, y con ello no hacía más que seguir el ejemplo de innumerables honnbres de situación económica y social. -El estado en que se halla la casa no tiene imp‘ortancia -le dije-. La culpa no es de usted, sino de los arrendatarios. De todos modos, creo que nos conviene. . . Si I10s facilitara herramientas, le aseguro que, dentro de poco, e!ito cambiará. ¿ N o es cierto, Julio? -pregunté a mi compaiiero. Ortiz, sin gran entu-Claro. ¡Claro!. . . -murmuró siasmo. Le expliqué a Magallanes que yo había sido alumno de la Escuela de Artes y Oficios, y que estaba habituadoI a toda claseTde trabajos. -¿Y cuánto vale el arriendo? -pregunté. -¡No, no, no!. . . -protestó Magallanes. Su ro!stro pálid0 enrojeció levemente, como si le hiciéramos una Jproposición vergonzosa-. ¡Esto va a cuenta de la colonia!. Comunicamos a Augusto nuestra decisión y lo 1levamos a conocer la casa. Naturalmente, para evitar que eli espectáculo de miseria de la vivienda le produjera irreiparable desaliento, fuimos explicándole, por el camino, nuestro proyecto y las ventajas que obtendríamos. Augusto se 1imitaba a escuchar. Sólo respondía a las argumentaciones con una es. pecie de gruñido caviloso y concentrado: “ihum!” Y’o com

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prencIí que no estaba de acuerdo con nosotros y que preparaba una ie las suyas. . . Jna vez frente a Ia casa, abrimos la puerta y lo invi1 tamosi a pasar; pero Augusto, sin decir palabra, adelantó la a cabez; y esbozó un gesto de desagrado que trajo a mi recuerdo uno i gual que viera continuamente en el rostro de una larga, pulcríi y pudibunda profesora que tuve hacía muchos años en el Instituto Inglés de Viña del Mar: Miss Robertson. Era un ge:Sto de retraimiento y asco invencibles, en que tomaban parte la nariz y la boca, en despectiva contracción, junto con c una s ola palabra emitida con sonido gutural: “dirrty!” Yo me sentía tan humillado en ese momento por la muda expresión de Aiigusto, como cuando en otro tiempo la angulosa dama reprolJaba nuestro descuido de colegiales, poniendo entre ella una valla incony noscxros - e n t r e indígenas y civilizadosmenscirable. En vano quise protestar: -Pero, ¡hombre!. . . Si esto.. . Aiugusto había vuelto ya las espaldas y caminaba por la acera como si huyera de una visión terrorífica. Apenas lo puditrLOS seguir. Avanzaba en voluntariosa embestida, moviendo en quebrados movimientos sus largas zancas, agitando al aire, r ítmicamente, su bastón de cerezo, vaga evocación de una espad:L combativa. I\?o por eso nos desanimamos. Al día siguiente lo convencirnos de que debía pasar el día en casa de Magallanes, y, aperacios de utensilios de limpieza, nos dirigimos a nuestra futura vivienda. Una sana exaltación nos daba alas. Por primera vez, se nos presentaba l a ocasión de realizar nuestros planes, de trabajo, abandonando la inactividad corrosiva, y dedicarnos a una obra útil. Debo explicar, en desmedro de mi exaltación en el sacrificio, que esta clase de impulsos debían 2itribuirse, eg. l que a mí se refiere, a un defecto nero vioso. N o podía presenciar un espectáculo anormal o desagrad:ible sin sentir el deseo de corregirlo o enderezarlo. Si hubiei:a sido posible, habría zambullido en un estanque a mendigos y vagabundos zaparrastrosos hasta dejarlos limpios, remendados. Cuando era niño de pocos años, descubrí cierta vez elti casa ajen+ un desván abandonado, repleto por un hacinaimiento de muebles y utensilios rotos, cubiertos de polvo. Una invencible intranquilidad se apoderó de mi espíritu,

-

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hasta que pude escaparme y emprender a hurtidillas la tarea de poner en orden los cachivuchec, asearlos y repararlos. uha tina de baño rellena con escombros de tierra y ladrillos hasta los bordes, me dió trabajo para varios días. Pero, después de finalizar la silenciosa y paciente tarea, ¡qué satisfacción al contemplar aquel mundo inútil reestructurado a costa de tan. tos sacrificios! Al comenzar el trabajo, en compañía de Julio, cambia. mos alegremente nuestros vestidos de diario por los trajes de mezclilla azul que usara yo en la escuela para trajinar entre máquinas y herramientas pringadas de aceite. Iniciamos la tarea quemando azufre, a fin de destruir insectos y microbios adheridos a las murallas. Nos trepamos enseguida a las vigas ennegrecidas por las suciedades de moscas y el humo de fogones. Con agua y soda fregamos, una y otra vez, la inmunda superficie, hasta dejar en descubierto la madera pulida; lavamos ventanas y vidrios; repusimos el piso de ladrillos; enjalbegamos de cal las paredes; enderezamos y parchamos ventanas y puertas torcidas. . . Con los pies descalzos, arremangados los brazos, jcon qué impulso alegre realizamos el trabajo! Sin interrumpir la tarea, discurríamos con Julio sobre la inhumana condición en que vive nuestro pueblo, en parte por culpa de los propietarios, y, también, por falta de cultura de los propios interesados. Nos proponíamos, una vez organizada la colonia, emprender una campaña de educación popular: Visitaríamos los conventillos de la ciudad y las viviendas campesinas de los alrededores. Las limpiaríamos y adornaríamos por nuestra cuenta, y prácticamente haríamos ver a los moradores la manera de hacer más agradable la vida humilde. Después de terminar el aseo de los cuartos, seguimos con el patio. La limpieza del pozo excusado fué labor engorrosa, no sólo por el trabajo mecánico, sino también por el vencimiento que debíamos emplear sobre el olfato y sobre nuestro orgullo de muchachos educados en ambiente burgués. Sabido es cuán profundamente se desprecia a los que desempeñan el oficio de limpiadores de acequias, letrinas o alcantarillas.
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Animo, Fernando Fernandorich! -gritaba Julio, al zíii a l a calle empujando la carretilla de basura y humanos, que debíamos arrojar en un canal de las :iones. Reíamos, mientras las muchachas y mujeres de Jad se agrupaban en las puertas burlonamente, para ,asar. . . )rguiIo, asegura Toístoy, es el peor enemigo que neE vencer, antes de alcanzar el perfeccionamiento mo-

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E L H O G A R DE L O S C O L O N O S

E primer impulso constructivo del ser viviente está en. l caminado, sin duda, hacia el hogar. Lo requiere el hombre primitivo al formar su covacha en la caverna, y lo busca la fiera en el árbol hueco de l a montaña. Abrigo y defensa, Punto de partida para emprender la conquista del alimento, nido para recuperar fuerzas después de ruda lucha contra la naturaleza hostil, cuna de hijos y apacible lugar de meditación. Ya que no fué posible labrarnos la casa en la montaíía, a la manera de Robinson Crusoe, como hubiera sido mi deseo, nos sentimos contentos de la casita obtenida por la generosidad de Magallanes Moure y por el diligente trabajo realizado por nuestras manos. Nos costó esfuerzo conducir a Augusto a l a nueva vivienda. No-creía en milagros. Fué necesario, que aprovecháramos su ausencia para sacar furtivamente del conventillo el modesto menaje y cargarlo en un carretón. -¿Se van, vecinitos? -nos dijo doña Rosalía cuando fuimos a entregar las llaves del cuarto vacío. -Sí, señora. Y venimos a darle las gracias por la ayuda que nos prestó. . . Doña Rosalía se llevó la punta del delantal al rabillc del o o y nos dijo con pena sincera: j, -Harto l siento, vecinos. . . Yo me había acostumbrade o con ustedes. . . Contimás que mi hombre está cada día más borracho y me deja sola too el tiempo. . . ¿Y quién les va a
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lavzir la ropa ahora? ¿Me dejarán su dirección para irlos a ver i> -¡Claro, doña Rosalía!. . . Las buenas amistades hay, conservarlas. ¿Quiere decirle a Augusto que lo esperamos que L en .a otra casa? -¡Cómo no, vecinos! Y de este modo, casi enternecidos también, nos despedimos de la vecina Rosalía, que, acaso, llegó a considerarnos con un poco del cariño destinado a los hijos que no tuvo en su 1.natrimonio. Al finalizar la tarde, llegó Augusto al nuevo domicilio. No dijo palabra. Recorrió la casita a trancos largos, mientras nos(Jtros le observábamos con satisfacción y un poquillo de ironda. Al fin, exclamó: -Está bien . . ¡Está bien!. . . Han realizado un milagro. Les aseguro que estaba dispuesto a no venir a esta casa. -Te olvidabas, Augusto -le dijo Julio, sonriendo malicicIsamente-, que somos tolstoyanos. -Sí, pero Tolstoy no es enemigo de Ia dignidad humana. Tal como estaba esto, sólo podían habitarlo los chanchos. R€Cc3nozco que ustedes fueron más valientes que yo. Mañana comenzaremos a hermosear estos cuartos, y, realmente, gracias al trabajo de ustedes, ésta será una morada agradable. . . En mi interior criticaba muchas de las actitudes de Augusto, y por momentos sentía contra él sordo descontento; percI al día siguiente, al verle salir del lecho con el ánimo alegre y, sin abandonar su largo camisón de dormir y sus pantufl;IS, dedicarse a desembalar libros, ropas y telas de pintura, colocando en cada rinconcillo de la habitación una nota de armionía y de buen gusto, comprendí que nuestro compañero era, ante todo, artista y nada más que artista. Si Tolstoy había pentxrado en Su espíritu, no fué, seguramente, por teorías morales, sino por el camino encantado del arte. “Ana Karenina”, “La Guerra y la Paz” y quizás “ResurrecciÓn’~,habíanL hecho en él mayor mella que las austeras disquisiciones religFiosas y filosóficas. “El arte es amor -solía repetir Augusto-. Nos acercamos a nuestros semejantes por el mejor punito de contacto: la belleza.” Fueron colocados en las paredes cuadros que le obsequiaron en otro tiempo sus amigos pintores. Una telita de Juan

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primo suyo. Fué preciso construirle a Augusto un rústico escritor illo de pared. yo. en una pieza que. La foto de Hortetisii a Lucero. Lo estimaba más higiénico. Un retrato de Daudet en su sala de trab. Juiic3 Augusto quedarían en uno de los cuartos. en el otrc solo. la reproducción al óleo de un paisaje de Corot. copiada P )r C Backhaus en el Louvre . . Mientras Augusto adornaba las habitaciones. pero disimúlad: en forma de divanes cubiertos por telas de colores. y también un hoirno para el pan. bajo la mediagua que servía de corredor. Julio y YO construíamos un hornillo de ladrillos sobre base de pied ras.O cobreño . un estudio de animales. según la iimagináramos por las descripciones de Murger. por R'afael Corite. de sano y senciillo trabajo material. ¡Qué conjunto de agrado y hasta de refinamiento adquirieron aquellos cuartos que fueron una pocilga y que! el mismo Augusto había desdeñado con asco! Tenían algo de pajarera y no poco de buhardilla bohemia. y el escritor. Era. Fotografías. tal como fué en vida. quiedó contento. ¡Allá él! Yo lucí en esta ocasión mis conocimientos de carpintería. admirable de colorido. por Manuel Thc3c1son. la vida activa. entreverada con horas de estudio y descans o . envuelta en halo de luna. por quedar en ella la puerta de cai1L servía de zaguán. . La colonia comenzaba a tomar iForma. apuntes a p iIfaia ~ del piíxor &Colina. el retrato Ze su abuela. por fin. es verdad. modelo de la protagonista de la primera novela cle Augusto. Yo estaba satisfecho. un cerrojo de por tó n colonial matizado con rojos de herrumbe y verdes de óx:id. semejante a los que emplean los contadores para colocar sus librotes de parr:ida doble. Otro de Lord Byron.a. Nos explicó que era su costumbre escribir de pie. al parecer. . trapos de armónicos colores. Y junto a esas manifestaciones de íir1te pictórico..Francisco Gonzáfez. ¿Dónde coleccionó aquellas baratijas exquisitatS? También dispuso Augusto el lugar de nuestras canna arregladas con tablas y cajones. sostenido con escuadras de -madera. j( a 5. hermosa y suave.

debía levantarme temprano. aseando mi pieza. hasta cierto punto. nos reconfortamos escuchando un relato de la vida de San Francisco. vaciar agua caliente sobre ellas. y. las hermanas que se disputaron el amor de Cristo por diferentes caminos. el pobreo cito que amaba todo l creado. recaería sólo en nosotros. aristocrático. l pues habíamos convenido que este oficio humilde e indispensable para vivir. como el de prior de monjes enclaustrados. para l cual debíamos someternos a un rito explicado por o la abuelita de Augusto en una de sus cartas: “Lavar la tetera con agua hirviendo. Reconocimos t i citamente que Augusto ocupaba un rango superior. 157 . colocar las hojitas en el fondo. Mientras hervía la tetera en el hornillo. extrayendo las basuras del día anterior.ERA UN PUEBLECITO CASTO Y PERFUMADO Cuando me correspondía el turno de cocinero. Augusto tuvo el buen acierto de leernos el pasaje bíblico de Marta y María. arropar en seguida la tetera a fin de que no perdiera calor”. desde los pajarillos hasta las pequeñas ratas de los campos. E turno lo repartíamos entre Julio y yo. había que preparar el té. Además. ganando para la comunidad el pan espiritual. tan grato a los ojos de Dios. Nosotros seríamos simples “hermanos” y Augusto oficiaría en el altar inmaculado del Arte. adelantaba tiempo barriendo el patio. Mi primera tarea en los quehaceres domésticos era el desayuno. La leche l a obteníamos “al pie de la vaca” en un establo vecino y debía calentarse solamente “hasta que soltara el primer hervor”. Luego.

La peqiieña ciudad proyectaba. hacia el firmamento pálido y veladc1 de brumas sutiles. Al pasar por el cuartel. especií11mente. Era alta. tenían palidez lunar. N odios ni rencc>res. l que se o hacía cuando el estado de caja era floreciente. Ciertamente la felicidad debe de encontrarse en un cuerpo sano y en una conciencia libre de pasiones deprimentes. su aliento de flores y frutas maduras. su busto opulento ilya envuelto en sedas claras y flexibles. Calzado de alpargata. cabrilleaba con brillo de plata y diamantes. Los gorriones formaban en los árboles conciertos de cristal . Sus tacones se asentab. Era un número en el concierto de seres humanos. caminando al compás de una marcha militar. junto a la acera. En ciertos días de la semana. densa de efluvios sensuales. cuyos rostros. los alumnos presentaban armas frente al portón y se escuchaban. una cifra anónima que se perdía como gota solitaria en la inmensidad del mar. Una de ellas. E l agua clara de las acequias. Ninguna nubecilla cruzabs1 ni i por mi alma ni por el cielo inmóvil. L a misma pobreza de mi vestuario me situaba al margen de rivalidades vanidosas y de ambiciones imposibles. voces de mando y clarinadas marciales. donde se formaban los suboficiales del ejército. Iba al 1Iier. . en el interior. Despuési de efectuado este refrigerio matinal.s Y vestido de mezcliiia. Constituía esta .Augusto tomaba el desayuno en cama y era muy g rato para él acompañarlo de tostadas con mantequilla.Por qué la designamos con el nombre de “Principcssa”? Acaso evocaba la figu ra 158 . llamaba la atención. cado. me echaba a la calle con un bolsón de cuero destinado a las provisiones. Iin icgrupo de jovencitas esbeltas. Fui$ en esa atmósfera magnética donde vimos pasar p or i primera vez.salida a la ciudad uno de los momentos más agradables de mi nueva vida. En el pueblo radicaba la Escuela de Clases de Infantería.in en el suelo con imperiosa seguridad. erguidos con ar’ tocrático desdén. sentía una sensación de libertad Jr de limpieza espiritual que sólo podía compararse con el fresco aire mañanero saturado de perfumes agrestes. la banda del regimiento tocaba en el quiosco de la plaza. La juventud paseaba por las avenidas laterales bajo la luz violeta de los farolc Caía sobre 14 sonambulesca comparsa de muchachos y mUchachas leve lluvia de pétalos de acacia.

En uno de los balcones de la calle. Podía contemplarla de cerca sin temor iaciera entre nosotros esa chispa de atracción o rede que 1 pulsión . con la fijeza diStante de quien examina una brizna de paja que vuela en el espacio. acercarme a ella sin embarazo y contemplarla con detención. al ver í que detenia en m sus grandes ojos aterciopelados.de esas damas italianas del Renacimiento. 159 . tan distante e inaccesible como una de las estrellas que llenan el espacio por las rioches con s u titilar sereno! Y fué ésa una situación de alegriía para mí. Podría aldmirarla con la casta inocencia con que se contempla un trozo de naturaleza. glorificadas por los del pincel o por alguna leyenda de puñales y venenos. apoyada con desgano en la baranda. . señorita! -le dije-. y. pero luego. Pude. Eramos libres ella y yo. Hubiera deseado hallarme a mil leguas para evitar que me viera en figura tan desmedrada. recordé que no era el niño burgués cu?OS padres y parientes pertenecían a su misma clase social. ¿Compra verduras? Me miró en calma.que inquieta y desazona. Vol1rí a encontrarla cuando regresaba del mercado con mi bolSÓin rebosante de frutas y hortalizas. entonces. que el pueblo de San Bernardo era COIno un inmenso cesto lleno hasta los bordes de frutas 7 flotes que exhalaban intenso perfume en ofrenda a los corazone!. [Qué distante se hallaba. en ese instante. -i7 Jerduras. sin que ella siquiera se percatara de mi admiración. iQ& hermosa apahallaba 1 i recía en la claridad matinal! M primer movimiento fué de confusiór1. sin salir de su actitud. movió negativamente la cabeza. Y Sfm í a . simplificados por ausencia de vanidad y por sapa alegría de vivir. se nuestra admirada “Principessa”.

hombres. apenas. Sólo que no nos dimos menta de que las divisiones medianeras del patio eran simples tablas viejas que sobrepasaban. increpó a los curiosos con palabras duras. como si se tratara de un espectácul raro y digno de conjeturas. Como no teníamos cuarto de baño. Thomson poma es. notamos ciertos ruidos y risas sofocadas al otro lado de la tapia. El p* bre había pretendido encaramarse por uno de los postes POdridos. Augusto se mostró indignado. Resultaba agradable y confortante. ni siquiera una menguada lluvia. Sólo entonces nos dimos cuenta de que nuestros vecinos. la altura de un hombre. Por fin.CURIOSiDADES INDISCRErl Como buen descendiente de sajones. pero el peso de su cuerpo dió por tierra con el cerco y su humanidad. parte del cerco crujió y vino por tierra. se levantaba de entre los escombros. Julio y yo lo acompañábamos con gusto. y aun las repetíamos en la tarde. mujeres y niños. incluso a las mujeres. Apenas cubirrto por una toalla. U n día en que nos dábamos el acostumbrado baño. nos colocábamos en el patio sobre una palangana de latón y vaciábamos jarros de agua fría sobre la cabeza. pecial cuidado con sus abluciones matinales. a quienes ilarnó deshonestas y desvergonzadas* . se agrupaban a presenciar nuestras abluciones. ya que nuestro trabajo muscular y el calor de la estación nos obligaban a mayor aseo. mientras el autor de l a catástrofe. La caída del cerco fué o acompañada de risas y rechiflas de los descubiertos mirones. confundido y lloroso. un muchacho gordiflón.

en las sombreadas calles. jestíainos con limpieza y demostrábamos respeto por todos. San Bernardo diebió de ser. Eso significa separación de castas. NoI era raro encontrar. pero nunca con impertiinenci a. ricos atalajes que pertenecían a familias históricas. los cometitarios puebierinos nos pusieron de ac. como los OrtÚzar. y no siempre respetuosos. personas extrava. riendo solapadamente y sin dar mucha importancia al suceso.iefes y oficiales de la guarnición. o. tualidac1 Pero éramos jóvenes. un enemigo. Quillota o Limache. o sea.gantes y risibles. . y aun puede ser un herrnano de miserias. que hacían su aparición E:n las viejas quintas en la época veraniega. eran los de alcurnia mediana. N o s consideraban. o más recientes. a causa de sus costumbres y psicologías difea una 1 rente% adopta una actitud de sorna o de ironía protectora. con funidos y viñedos. Entre las frases con que respondieron a Augusto escuchamos i ía palal. odio y rencor para hombres que los explotaron y menospreciaron.emprendieron la retirada. Ellos nos miraban pasar coni discreta o desdeñosa curiosidad. Foirmaban una sociedad aislada y tranquila. En el resto de la población de San Bernardo se nos miraba co n benévola curiosidad. Peio el extranjero no es para ellos. residencia veraniega de presiderites de la nación. en un tiempo.Jra “gringos”.nosotros. más bien.--ll 161 . Las publiczciones de los diarios de la c apital habían contribuído a que se conociera nuestra aventura. como los Balmaceda o los Errázuriz. No había odio para. Pinto Agüero u Olguín. como alguno de esos pueblecitos costeños o rurales a donde las familias buscaban paz y descanso. necesariamente. Gran parte de los pobladores ei-an personas pudientes de Santiago. tales como Algarrobo. García de l a Huerta. pequeños propieta- u s hombres respondieron con zlgunas cuchufletas y todos . ni siquiera molestia. Familias de marinos o mifitares en retiro. entregada al dulce síiboreo de los placeres agrarios. refugio de comerciantes del Puerto. Qu ienes se mostraban más audaces. La mayor parte er an dueños de casonas en la ciudad o en los alrededores. Cuando nuestro pueblo no comprende >ersona. radicados en el pueblo dur ante todo el año. extranjeros. Otra cosa habría sido si nos hubiesen IiamadcI “jutres”.

Apenas nos veían. -¡]Buenos días. teban el deseo de hacernos saber que conocían nuestras aventuras: “Tolstoy” . -Así es. hombre corpulento y de rostro congestionado. cerraba su ventana con violencia y murmuraba palabras despectivas.rios de viviendas y quintas modestas. posando sobre nosotros sus miradas de andaluzas o de orientales. dos anciarras enjutas y tres chicas que fluctuaban entre los quince y los dieciocho años. -¡Buenos días. . Augusto sintió por ella ojeriza desde el primer día. . voy al mercado. sin propósito de molestarnos. suaves como crepúsculos de prima. señorita! -¿Hizo ya el aseo?. Muy bajito. . Discutía con los vendedores ambulantes. desde un lado a otro de la caíle. -¡Qué raros son ustedes! -Es cierto. color topacio oscuro. En voz baja la llamaba “lr huasa”. “tolstoyanos” . como un susurro. al verla.~uC en que vivíamos. T a l era la de nuestra vecina de enfrente. sin duda. En la misma c. . . Sus padres y parientes debían ser campesinos acdmodczdos que criaron consentida y regalona a la hija única. . dos. Ahora irá al mercado . hermosa dama de suaves tedondeces. vecino! -gritaba. 162 . formaban grupo en la ventana 0 en la calle y cuchicheaban maliciosamente. Y nada más. cuya familia l a cornponízn su mujer. Otras gentes adoptaban actitud zumbona. un modo de llenar su vida ociosa. adorables locuelas de ojos profun. Pero nuestra vecina tenía la epidermis endurecida . . vera. Todo esto a gritos. una sólida moza de anchas caderas y cintura ajustada por el corsé. tenía su casa un médico veterinario del ejército. dejaban caer palabras que manifes. entablab2 conversación con las criadas de las vecindades y las interrogaba sobre la intimidad de sus patrones. Desde temprano abría con estrépito la ventana y la veíamos asomarse a curiosear lo que pasaba en la calle. . Somos raros. Si había un poco de impertinencias en ellas. era más bien la de inocente y bullidora juventud. Generalmente. Era. Desde el interior de su casa escuchábamos sus tonadas criollas gritadas como viento de tempestad al pasar entre los árboles. Pero nada le atraía más que nuestra casa y iodo lo que en ella ocurría.

-¿Qué le pasa.por el viento campestre y pzrecía no darse cuenta de la kos- &dad de nuescro abad. bruscamente. levantó la camisa de dormir hasta la cintura e hizo una vildenta flexión que dejó en descubierto sus descarnadas posade. no se volvió a abrir . Irritaba a Ailgusto no poder abrir la ventanl1 junto a su escritori!lo. 4ugusto se caló su camisa. Augusto permanecía durante el día vestido solo con su camisjn de dorP que le daba cierta semejanza a joven faquir mumir. vecino? . y era grata la visita de la brisa cargada con el aroma de eucaliptos que discurría por la calle. como de costumbre. Una burlona risa lió al brusco sonido de los maderos. Y . y abrió la ventana a fin de dar aire a su fastidio. desde entonces.Está enojado? igusto no respondió. E sta vez fué la ventana del frente la que se cerró con brusquedad. volvió la esAl palda. En las tardes de primavera hacía C. pero. IC suimán EnL esa misma mañana del incidente con los vecinos del patio.ras. J * 163 . Augusto clavó en ella una mirada furibunda. Era nuestra verespon( cina de4 frente.alar.

N i 164 . interrumpiéndose a meriuuu por una risita afable o ligeramente irónica que parecía pedir la aprobación de su interlocutor. su caballete y un grueso rollo de cartones preparados. de Nietz:sche y Schopenhauer. a quien demostraba iacondicional adhesión. Se hizo preceder pcir el l equipaje y luego apareció en persona con su caja de pintimas. la noticia de que dentro de pocos días llegairían nuevos colonos. dislmestos siempre a contemporizar. antes que nada. Siempre estaba en completo acuerdo con Augusto.EXPERIENCIA AGRARIA * - En uno de los viajes de Augusto a Santiago. E primero fué José Backhaus. fino y obsequioso. Probablemente tenía la misma edad de Augusto. Backhaus era.le poca importancia a sus palabras. como si les ciiera ---. que le Jaba cierto paresido a esas imágenes de Cristo litografiada!s en cuadros y estampas religiosos. Nada de Tolstoy. vendría a visitarnos un grupc1 de artistas. al regreso. Era alto y esbelto. Dentro del bulto de c:ama traía un lote de libros que manifestaban sus gustos y p cedilecciones literarias: obras de Juan María Guyau. Discurría con facilid. sus azules ojos “escuchaban” con atención. más por desdén o indifert acia que por acatamiento zalamero.Id Y sin apasionamiento. en tono suave y rápido. un intelectual que concentraba su vida en el arte. traje). Comprendí que no tendríamos en el nuevo compañero un auxiliar en nuestras labores domésticas o campesinas. pero represcmtaba mucho más con su corta y bifurcada perilla. Además.

se caló el sombrero de tela blanca con anchas tem] alas:. de un fund O próximo al pueblo. A la mañana siguiente de su llegada. peííascos y figuras. Y supongo que Julio estaría en igual situación. La tierra debía ser el com. porque ocupaba esquina de rnanzana. A la hora de almuerzo. a pesar de a no l demostrara. Zuaznábar. que inmediatamente clavó en la pared a fin de que le diéramos nuestra opinión. tampoco l invitamos a participar en los o ajos agrícolas.ue o ción suprema del ideal.O 1 . tolstoyano. Y así continuó en los días siguientes su labor este artista tesoinero y sufrido. con sus verdes y grises mañaneros. puso bajo el brazo caballete y caja de pinturas. abieirto a la calle por dos costados. y regres'ó cerca de la noche con un nuevo apunte de cordilleras Y n' abes blancas sobre el cielo azul. regresó con un pequeño apunte al Óleo. observando obstinadamente la naturaleza a diferentes horas del día. Aquel primer ensayo era la realiza. y después de perder la esperanza de que nos entregara la parcela prometida. Fué tarea larga y penosa conseguir una yunt a de bueyes. Era un estudio de color en que tomaban parte las cordilleras com0 fondo blanco. conseguimos que nos cediera. y grupos de árboles en Jximer término. después del reposo de la siesta. ofreció arrendarnos a buen precio todo lo que necesitábamos. esta vez los árboles les jan01 y los faldeos de cerros se teñían de morados y azules. cierto inquilino. Volvió a salir en la tarde. acumuliando notas de color y dibujos minuciosos de árboles. Por fin. en camlJio. Al poco tiem PO. realizando grandes caminatas. pero de tamaño suficiente para iniciar un experiinento de cultivo. un sitio eriazo dentro del pueblo mismo. en preparación de futuros cuadros. Ortiz de Zárate y yo emprendimos la tarea de realizar nuestro programa agrario. a pesar de sus buenos deseos. Era un PeWleño terreno que no medía más de un cuarto de hectárea. Por esos días. A fuerza de entrevistair y majaderear a Manuel Magallanes. tenía un buen espacio de pared cubierto de estampas que sonreían como un tapiz de variados colores. muy prano. encargándose de llevar los bueyes hast21 el terreno mismo. y salió a explorar el campo de las vecindades. sonrosadas de aurora. Me hallaba en un estado de sobrexcitación extraordinaria.iera pensamos en proponerle que nos acompañara en el de cocina.

acion. basado segurameoRe en las teorías de Henry George y de economistas de SU época. estas ideas. Resueltzmente. ’ -¡Ya lo veo!. cachazudamente. ¡Es buey mañoso! . . Peimonas baquianas como sus mercedes. el hombre adquiere derecho a su posesión desde el momento de nacer. Habí. no se les olvide darles agu’a a la hora de siesta! Y sin añadir más.plemento de la vida humana. Con sorpresa. Todo el problema social encon traría fácil solución si se consiguiera entregar a cada individUO la tierra que puede cultivar personalmente. l a tierra es patrimonio de la humanidad. pero ninguno de nosotros sabía hacerlo y nc fesaba su inexperiencia. Según Tolctoy. Por un momento permanecimos perplejos. . sin olvidar su inseparable basti6n de cerezo.. Aquí les tengo too listito pa que principien a trabajar . . .1 que enyugar. uno de los animales volvió el anca y lanzó violentamente una patada sobre mi cornpañero. al observar nuestros preparativos. . al vernos-. dispuesto a poner en práctica las complicadas operaciones que había visto realizar en el fundo de mi padre. que le asegure aliment. abrigo e independencia. desaté las coyuncm y dejé los bueyes en libertad. . Ha sido una suerte que no me alcz zara a pegar. o iAh. El dueño de los bueyes nos esperaba en el terreno desde temprano. . Y. Tenía los animalitos atados a un árbol del <tentro del sitio y fumaba un cigarrillo. patroncitos -nos dijo. . y ceda hombre debe poseer un mínimum de ella. -iCuidado. no sin echarnos de reojo una zumbona mirada de viejo zorro. ¡Ese animal es una fiera! -¡Hombre! -exclzm6-. Julio se inclinaba al suelo para recoger el yugo. harán l que quierafi con 1ellos. . l vinos calarse los guantes. se quitó la vieja chupalla con t3xagerado respeto y se marchó. Los bueicitos son nuevos. decidió acompañarnos. escoger algunos libros o que puso baio el brazo. En ese momento. junto a los aperos esparcidos a su alrededor. Augusto compartía. Julio! -advertí-. Augusto observaba a distancia l a escena.. -Buenos días.. lo mismo q uL del e aire. l a luz y el agua. por el momento. pero están bien amansaos..

en larga y tesonera persecución. Explicamos lo sucedido. preguntó : ?Quién les arrendó los novillos?. persiguieron briosamente: a los novillos. señor!. y no los amansa ni el diablo! isi no los conociera yo! U ia carcajada geniral coreó estas palabras. ¡Si esos animales son “caitas” argentinots. ¿Sería Zuaznábar. manifestara su horror por aquel instrumento de suplicio. en tado. y echó a correr hacia la calle dando saltos. Augusto! -le gritamos. Se limitó a exclamar. aumentaba la confusión. atrajo l a atención de los guardianes del orden. U n vientecillo porfiado que levantaba a nuestro alrededor nubes de polvo. Uno de los hombres. armados de palos.Vo tanto -repliqué 1 . . un par de jinetes campesinos. . el otro buey dió un resoplido sobre el arado. babeante la lengua. a poco. el de 11s Quillayes? ( El mismo.Varios chicos nos acompañaron pidiendo ayuda a 10s transeúntes. Hubimos de pagar a los huasos. que mantenían a duras penas a los inquietos animales.en conjunto. Por fortuna. . Todos rieron. encorvado el lomo. ¡Vale más que los dejetmos escapar! El otro novillo siguió a su compañero y nosotros tras i ellos POr las calles del pueblo. Pero ’Augusto pareció no con3prender. . con el lomo aiequeado y la cola en alto como látigo amenazador. r menos nosotros. se pusieron de parte nuestra.con aire de hombre expeilmcn. corno si. Pero. Los animales traían los ojos in:yectados. . con los ojos desorbidos: [Estos bichos son toros de Miura!. ese inst ante. Regresamos en busca de los zperos d - 167 . Y . Salían hombres y mujeres de las casas.[Ataja. ¡Pero. echándose a reír. . i. por el esfue:rzo que hacían para escapar. . formamos una batahola tan estsuenclosa. les pusieron el lazo y los arrastraron “a pekiial” hasta nuestra presencia. que. a fin de que 10s devolvieran a su dueño. venidos de no sé dónde.atando de colocar el yugo sobre el testuz. quienes procuraron sofocar aquella algarada que iba adquiriendo aspecto de motín. traídos para la matanza.

de labranza que dejamos experiencia agrícola. -¡Bien decía yo que ña! -exclamó al escuchar en el lugar de nuestra prLUcra estaba todavía A U ~ U J ~ O . 16s \ . Allí sobre una piedra. sentado esos animales tenían mala entra. el relato de nuestra persecución.

colocáronse delante del arado.Ti E R R A MULLIDA Y FRAGANTE . ección de un tronco de árbol. Como para consolarnos por el fracaso. - durante varios días a buscar una yunta de bueyes mansos. Se colocó a buena distancia. Julio empuñó la man cera e hincó el arado en las hierbecillas cubiertas de rocío. se es- Más precavidos. porclue eran ellos los que nos guiaban. Encontramos. Para mayor seguridad. pero eran tranquilos y nos miraban con la desencantada y filosófica expresión que suelen tener los hombres de larga experienc:ia. nos leyó una poesía de Carducci dediczda a estos pacientes comipañeros del hombre. después del experimento con los novi110s bravos que arrendamos al huaso ladino. y nos dispusimos a emprender nuevo ensaYO. lo que deseábamos. Eran bueyes viejc)s y se hallaban en un estado de flacura extrema. en un extremo del sitio. . me coloqué delante de ellos arm.ido de ‘tpicana”. Manuel Magallanes. ¡Qué emoción! Al ponerse en marcha los bueyes. y él mismo escribió otra en que describí‘a su nostálgico renunciamiento a los placeres del amor. aunque no había necesidad de guía. y a la primera insinuación de Julio. el mismo dueño nos dió leccionses para enyugarlos. por fin. Para mayor seguridad. Desde allí nos advirtió: -¡Cuidado con las patadas! Pero los animales no tenían la menor intención de rebelarse! Se dejaron uncir al yugo. y buscó la prot. Esta vez Augusto tomó mayores precauciones. nos dedicamos 169 . echaron a caminar dócilmente.

Al terminar el primer surco. En ese instante. nuestra inexperiencia los torcía un poco. Extrajo del bolsillo un pañuelo y se sonó con estrépito. bendito y aspergeado por el sudor de lo hombres. Los mejores momentos de felicidad son los que prc vienen del cumpiimiento de un anhelo largamente incuba& Hubiéramos deseado expresar nuestro júbilo en forma exa tada. auténticos hijos de l a $erra. como si campanitas imperceptibles las llamasen a una fies. Estornridó. . la maniobra de retorno. y declaró sentenciosamente: -.ta. -¡Hurta! -grité. para comenzar el nuevo surco. i“Jazmín”! -azuzaba Julio. . . per juntos abríamos el corazón de la tierra mullida y fragante. N o tuvimos más que cannbiar de sitio la reja de “vuelta y vuelta”. Los tiu. . del trabajo agrario. Los bueyes seguían E camino recto. -i“Clavel”! .En nombre de Dios! -exclamó Julio con unción. Confieso que en ese instante la importancia que con(:edíamos a nuestro abad disminuyó mucho. siin duda. Es que se hallaba fuera del medio inteIectua1. -.aminó algunos minutos junto a nosotros. Sólo allí se movía con la aparatosa desenvoltura de un pontífice. Su cuidada indumentaria se descompuso. tropezó en una p iedra. Dos gorriones traviesos se disputaban una lombriz. chillando y pian(10. Eramos ya labradores. Tirar los sombreros al aire. Augusto se acercó a nosotros. él mismo sentíase en situación desmedrada y discuri:ía interiormente en qué forma podría recuperar su aplomo. Aves silvestres comenzaron a congregarse sobre la parda tierra esponjosa. Después de comprobar que los bueyes eran realmente inofensivos. Cien tos de generaciones elevaban en nuestra sangre la canció. Trazamos el primer surco. nuestrc cuerpos pesaban menos qwe la atmósfera y subían como aIegri vaporcillos a incorporarse a las nubes plácidas que cruzaba el cielo. C. con pausacla precisión. . Acudían de todas partes.Parece que esta vez la hemos acertado!. los sabios animalitos cle larga Cornamenta se detuvieron para realizar.parció en la maíiana clara un saludable olor a cierra removidc 1 que llenó nuestro espíritu de contento.

ió luego.3cción. . trastabillando sobre los terrones. y uinieron la5. (Mateo-13). Y nac. y secóse. como respuesta biilliciosa a aquellas sentenciosas parábolas del Nazareno. porqzce no tenia ralz "Y $)arte cayó en espinas. ipetó la lectura en voz alta. subió y crecib.h d he a q z i el sembrador qzce salió a sembrar. "Y parte cayó en pedregales. y las espinzas crecieron. porque BII tenia profundidad de tierra: "Mas e* saliendo el SOZ. i"Clavel"! -gritaba Julio. Mien tras tanto.Dejábamc de ser niños ilusos que salían a cosechar quimé3s ricos ra37( de luna. pero con el ánimo rebosante de satisf. y otro sesenta. extrajo del bol3equeña Biblia. y la ahogaron. . . . se qziemó. parie de la simiente cayó al camino. azmín"! y a n t a b a la voz de Julio. y cual llegó uno a Los pájaros formaban algarabía en el aire.alizarse nuestro programa. 0 : "Y st?mbrando. éramos ya hombres de acción. Devolvimos los bueyes y aperos a su dueño y regresamos a casa agot ados por el trabajo.aban sobre nosotros Q se abalanzaban sobre carnosos lancos. aves y la comieron. indo Augusto cooperar e l 1 sagrada tarea del cul2 I hallando otra manera de hacerlo. páginas del libro santo y nos advirtió: d qué hermoso es esto . -iH ombre.os bueyes parecían aprobar con movimientos pausados de cabeza. Esa tarde quedó el trabajo a punto de terminar. Nuestra vida adquiría prestigio y solidez. L. c n s u hermoso timbre moro y musical: i 9 . -. Augusto. meditando con resignada filosofía. Comenos taba a re. Sin dejar de caminar a nuestra vera. . te vas torciendo a la derecha! -advertía yo. -i"J lazmín"! . . donde no tenia mucha tierra. y otro ciento. . 171 . Continuaba su lectura: dar treiltt a. "Y fparte cayó e n buerta tierra. .Y dió frato.

172 . mientras secaba el sudor de su frente: -. zrr0. al llegar a casa.Esta ha sido una ruda y bella jornada!. parecía emitir. iluminada por el resplandor de un sol oculto detrás de las montañas. un profundo suspiro de alivio. pudo exclamar. jando bastón. libros y sombrero.La tarde. Con razón Augusto. . junto con nosotros. .

los chanchos y hasta las bestias mayores. . Hubo que comprar maderas para cercar “el fundo”.TRAPOS SUCIOS .U ienos días. -Bit e podríamos ponerle trigo -respondió Julio. B -Bu ienos días. Antes bien. no van a ver ni luces de . lo Único que habízmos pensado era una cosa: sembrar. pl. ni tan inmediatos. . patroncitos. por lo alentaos!. ió se aproxiiri a nosotros el hombre que nos arrendara los bue- >. Sembrar: he ahí todo. ¿Y qué semillas piensan tirar 0 SUS mercé*S? No : supimos qué responder. hoyos. E fin práctico para l nosotros tenía sólo importancia secundaria. fué necesario incurrir en gastos y emprender obras que nos preoiuparon durmte algunos días. por n decir alg( !es. Decidimos que estos gastos se harían por nuestra cuenta a fin de compensar a nuestro amigo de los servicios prestados. 173 . .. i c ereales? ¿Hortalizas? ¿Papas? Daba lo mismo. Y o icía cuancio los veía arando estos pelaeros: “¿Y no le irán a poner cerco a los sembraos? Porque por aquí hay un trajín de nunca acabar. don Casimiro. . En realidad. . Y como por la calle andan sueltos los perros. los beneficios obtenidos con la iniciación de trabajos agrícolas en el sitio cedido Pc)r Magallanes Moure.como lo llamábamos humorísticamente.1 que siembren”. Cuanido Julio y yo nos hallábamos atareados en cavar antar estacas y clavar tablas para levantar el cerco. -ihí [e gustan los “huainas”. No fueron muchos. . .

el poeta trajo un hachita de mano para partir el pan. . . Fuera de eso. este caso. miráridonos compasivamente-. Nunca pudimos amasar un pan aceptable. . ¡Buenas bromas se hicieron a nuestra costa! Cierta vez que invitáramos a Magallanes Moure. nos trajo sinsabores y ninguna utilidad. lechugas. La tierra es bien güena pa too. Creo que sem mos hortalizas. . con su oportuna malicia. . Labrar la tierra.con estas calores!. . Es muy bromista. . Y a tuvimos que confesar nuestra impotencia cuando procuramos confeccionar el pan en la propia casa. . .Trigo?. . ¿Han conseguío turno pa la aceqcia? -¿Turno? -¡Pus claro!. El horno de ladrillos que construyéramos en el patio bajo cobertizo. digo yc4 . . Pueen sembrar zanorias. . Augusto decidió que los panecillos reemplazarían a unos pedruscos que nos servían para acuñar las ventanas. rabanitos. . frimos el ataque de perros y ratas. . Van a necesitar harta agua. ¿De qué modo regaríamos las semillas sembradas? Don Casimiro. Tampoco habíamos pensado en eso. i -. Vivir una vida sencilla.Sus 1 tendrán cría de conejos. eso! -exclamó don Casimiro. . . También se guardó una cantidad para defendernos de los vecinos importunos.. O resultaba crudo por falta de calor. . . . más mejor sería que le pusieran avena! Sólo al escuchar el tono en que fueron hechas la riguaciones pensé en lo absurdo de sembrar trigo a fii primavera.Pa cosechar en verde?. . -No. . Pero.R ó Casimiro bajo sus bigotes. en comunión con la ’naturaleza. El mejor de todos se endureció a tal punto que no pudimos hincarle ’el diente. sin recurrir a los complicados manejos de la civilización. No utilizar la domesticidad de otros seres humanos en beneficio propio. Y aquí nc llega la potable.. Hay que peírle turno al fuez de agua>. asiguro?. En varias ocasior?pq nene174 . . -jEn fin. cuando los frutos estaban ya en pleno crecir y los cosechadores se aprestan a guardar su grano en b. iQ de gallinas?. o se nos “arrebataba” y se convertía en carbón. RUS hacía comprender l distante o que se hallaba el sueño de ia realidad. tome en serio las palabras de mi amigo -rl dí a don Casimiro-. Inclinamos la cabeza sobre nuestro trabajo para disimular la confusibn.

-¿Y por qué le pegaron? 17% . . lleno de urmiendo en una cama de trapos sucios. señor. ¡Que a mi 10 metieron preso. Pero todo parecía Le. los industriales de la ciudad fabricamejor y más barato que nosotros. la escobi. pasó a convertirse en superchería ostraba a los visitantes para realzar nuestra actividad 1. . después de someterse a prolijo eviamente perfumado con agua de Colonia. Con los paque le dieron estos pacos murientos. por Dios!. tuvo el valor de demostrar su complacen2ué le pasa. la apaleábamos. tan mente construído. nos empecináramos en usándola. y ahí está el pobrecito conver- .amo Cristo crucificado! Muerto de hambre. que Augusto no l pudo resistir. Hubo ocasiones y planchaan fuerte. 1 olor a jabón en las piezas ya lavadas fracaso resultó el lavado de ropa. . Alguien nos aconsejó que. y el horno. en que se discutieron os de lavandería. Como por espíritu de sacrificio. prohibió que nos acercásemos a él a tres pasos. vecina? rué me va a pasar.el cajón de las provisiones y asaltaron la bolsa de kcididamente. que vasas quedaron reducidas a jirones. Aquel color se acentuaba de lavado en lavado. Según o OS a aceite de ballena. ancha! jCuántas piezas se nos chamuscaron lamente! més de una borrascosa sesión. Sin embargo. :rimas. Tanta fuerza pusimos. quedó decidido que pediríamos la ! alguna mujer que se encargara de aquella difícil 1 recordé el ofrecimiento de la vecina que tuvimos :stábamos recién llegados al pueblo y salí en s u t ' 6 a doña Rosalía llorosa y acongojada. durante el bnjuagáramos varias veces la ropa en agua pura y liáramos con fuerza. menos el color barroso que fué tomando la ropa :n balde la refregábamos. Le fué necesario cambiar la sta por otra sin uso. con perdón de su me lo dejaron apulmonao. .

. . Quizá porque sentía su atracción. . señor. l a miró. M I pedía e a cada rato que juera a verlo y que le llevara un:a carta. ¡Por precio no hemos de quear!. . . .no fué mi ánimo hacerle un desaire!. algunos quedaron tendidos en e] Toos arrancaron y mi marío estaba entre ellos. . Yo no me atreví.Claro que les lavo la ropa!. Dic uno de los que cayeron apareció muerto y que le x la plata y un reloj de ñíquel. Mañana mismo voy a buscar la ropa. . E s s i m pática. . pues!. piero ni. hubiera sido la “Principessa”. . Contimás que tengo i necesidá de trabajar pa mantenerme y llevarle comí:a a m marío. . . . ¿Por qué no la sal1udé?. . En fir más tarde definiremos mi estado de conciencia! ” 176. . . ¿Y a qué debo e’ gusto de verlo? Le expliqué el objeto de mi visita. . Pero. . . . iy como si no la hubiera visto nunca!. . yo quisiera saber si. De extraviar la ruta. . . .-Por puro gusto. . :Es tar guapazo el caballero! -Bueno. La señora Hortensia siempre me pregun taba por ustedes. que pasó al lado de ella. . de puro mieo que le tengo a su amiigo . Estaban varios ami virtiéndose en una cantina y se armó una trifulca. Pudo ser miedo de cor plicar la vida. Hasta ha llorado contándome sus penas. . . y tamién la ropa qut ba puesta. . pura mala suerte. daba vergüenza. . . -¡Qué mala suerte! -Así es. doña Rosalía. . Tampoco era eso.. ¡No. mejor dicho. -¡Claro! -me dijo-. ¿Qué le dió SE mercé a esa pobre ‘niña que parece que le hubierarL hecho “daño”?. . . Por usté. -. “iAquella mujer! -me decía-. jcómo se llama? ¡El más largo de todos. Varias veces estuve por ir a verlos. . Me despedí de doña Rosalía y me alejé preocupado. Al día siguiente vinieron los pacos y se llei mi marío. Se llamaba Hortensia Era cierto que la encontré repetidas veces y evité sadudarla. C)ice que usted la encontró en la recova. . PU van y palos vienen. Si en lugar de ella. Yo siempre me acordaba de 10 caballeritos. no más. . tiene bonitos dientes. .

ni me sería pos. Y O esperaba con temur la llegada de los nuevos colonos. Augusto dispuso que en el cuarto m i s ami3Yio se colocaran las camas de Ortiz de Záraie. LOS aconipañaban Pablo Burchard y Rafael Valdés.ible estrechar una amistad muy anhelada por mí Y P C apreciada por ellos. daban la impresión de abigarrado cuarto de hospil:al. Backhaus. Y o debí quedar aparte en el cuartito que servía de pasad izo. como no disponíamo! de recursos para recibirlos en nuestra pequeña casa. S< ria que. seguramente. En cuanto al resto de los visitantes. uno junto al otro. no podría intervenir en la tertulia literamoda.lonia se vería en peligro. Si 1nesultaban como Augusto y Backhaus. quienes enviaron con anticipación sus equipajes. Valdés y la suya. Necesitábamos camaradas que compartieran el trabajo vulgar de la vida hogareña y la ruda 1 abor de la lucha campesina. Burchard. E arte debería ser coml plemesto y coronación. organizarían mis compañeros. A todas luces. no objetivo esencial.--12 . el porvenir de la co... brillantes intelectuales pero mediocres hombres de acción.EMBAJADA ARTISTICA Un grupo de amigos artistas anunció a Thomson que vendría a pasar en San Bernardo el primer día de fiesta. mi situación resultábame inc& )litario. a fin de incorporarse a riuestra colonia. La pequeña casa se iba haciendo estrecha para re1s cibir a 1( nuevos colono^. 5 resc)Ivimos encargar un almuerzo en el modesto restaurante 177 to?iao. Los cinco lechos. Fué para nosotros motivo de alegres trajines y de nuevos proyectos. A O me quedó otro remedio que OO T resignarnle tolstoyanamente.

Y como las manifestaciones de Ross no podían ser sino integrales y revestidas de virginidad espiritual. Podría caiculársele unos cuarenta y cinco años. Los negros ojos inquietos escrutaban como incansables proyectores de luz. ordinaria sonoridad de prensa que acogió SU primera obra l hacía aparecer. procuraba que todos compartiéramos su entusiasmo. Probablemente en los primeros momentos no aparecía acogedor. antes bien. nervioso. esbelto. quien. y aún propuso llevarnos a todos a su casa. a ruego nuestro. una figura romántica. ágil. severo. apenas se detuvo el tren en la 178 . no era joven ni muy apuesto. Es posible que se hallara aún bajo la impresión de una reciente lectura del admirable libro y no desperdiciaba oportunidad para demostrar su calurosa admiración. Era éste. conservaba la sombra azulosa de los hombres morenos de barba potente. Pero. o como un tipo formidable: recio. acaso. y este rasgo imprimía viril carácter a su fisonomía. de tez mate. Todos sus movimientos parecían impulsados por enorme vida interior. Manuel Magallanes se unió a otros en l a recepción. ante quien no lo conocía personalmente. sus ojos obscuros brillaban con intermitente chispa acariciadora y bondadosa. Su sombrero hongo y el traje negro no le daban apariencia de artista. y se propuso exaltarlo. tantes y comprenderlos. Entre los visitantes estaba Baldomero Lillo. física y moralmente. siempre grato para los que viven en la ciudad. a pesar de la voluntad del beneficiado. abatido por 10s contratiempos. procuraba ocultarse y evadirse. sin embargo. Allí tendríamos ambiente campesino. pero. Su rasurado rostro pálido. Así. gallardo. pues. Caminaba a su lado Luis Ross. yo puse todos mis sentidos en acción para observar a los visi. sino de sencillo burgués. se decidió que agasajaríamos a los forasteros en el mencionado restaurante. Enjuto de carnes. con la modestia del verdadero mérito. Ross se había convertido en el inseparable acompañante del autor de “Sub-Terra”. La extra.de una quinta vecina. Suponía. que la figura apagada de Baldomero no despertaría la consideración a que tenía derecho su obra. Cuando llegó la comparsa en el tren de la mañana. verdadera antítesis de Baldomero. en la realidad. ’ Aquel día. tenía aspecto enfermizo con su flacura y sus pasos desmadejados e inseguros.

Yo marchaba en pos de ellos. Pablo Burchard. Carlos Mondaca. sentíame apocado al pensar que era yo un muchacho desconocido y sin merecimientos entre hombres de tan extraordinario valer. ¡Autor de wSub-Terra”!. . menudo. de oscura barba moruna. ante la extrañeza de los indiferentes que llenaban el andén. Venían otros. quizás más bulliciosos que de costumbre a causa de la novedad y alegría de la reunión. can su rostro rubio de sol naciente. no habría podido emitir la VOZ y mis Pensamientos se habrían embrollado en forma ridícula. rebosantes de árboles. vestido de blanco desde los zapatos hasta el sombrero. hacerme invisible para evitar que me expulsaran del. pulcro.estación y los pasajeros no concluían aún de bajar la escalerilla del vagón. Ahí eso taba Valentín Brandau. Sentíame ufano de caminar junto a tantos hombres que admiré en las páginas de la prensa. de encomiar la obra del escritor y las excelencias . Baldomero inclinaba la cabeza y procuraba sonreír. . pues. . Con gesto suyo característico. Las viejas mansiones y las tapias. caballeroso. sonriendo con sus dientes largos y SUS grandes y desorbitados ojos de agua verde. Todos saludamos con aclamación a Baldomero y a los que l acompañaban. . como de personas que observaran el paso de un desfile exótico. Las calles del pueblo acogían a los visitantes con la sombra fresca de sus acacias y la caricia de sus perfumes floraks.desde la plataforma. como jóvenes que éramos. Rafael Valdés. Era tanto mi deslumbramiento. charlando y riendo. sagrado cenáculo. 10 que me habría impedido continuar escuchándolos. . Procuraba. y que pudieron ser: Samuel Lillo. Luis ROSS. y escuchaba ávidamente. Delante marchaban Ross y Baldomero. con su perfil de rabino joven y su recortada barba de ascua viva. que si alguno de ellos me hubiera dirigido la palabra. Víctor Domingo Silva. . advirtió en sonora alegre VOZ: +¡Aquí viene!. al mismo tiempo. aunque no puedo recordarlos con precisión por serme desconocidos en aquel momento. 179 . iBaldomero Lillo!. N o cesaba. Echamos a andar por las calles del pueblo en grupo compacto. el primero. asumían una actitud complaciente. .. se daba con el dedo ligeros golpes en el extremo de la afilada nariz. Pero. .

. . Aquí está. . domero. Pero Ross parecía embriagado por el viaje y por su propia exaltación. Y ahora entremos a celebrar el éxito de Luis ROS y de nuestro Baldomero Lillo con una sabrosa cazuela en la quinta “Las Azucenas”. probablemente. sonrió y es. . Bzldomero respondió con risita cascada: .. Por sus ojos pasó una sombra de tristeza. El caballero supuso que se trataba de una broma. Es el autor de “Sub-Terra”. . . y. Nosotros. . . . . esta vez sonreíamos con emoción. Continuaba su tarea. Ea!domero procaraba clistraer la conversación hacia otros temas. Inclinaba la cabeza y sacudía con la mano una imaginaria mosca que se posara en la parte posterior de su cuello. . abrió los brazos y palmoteó con ellos la espalda del amigo. como de niño confundido ante inesperada reprimenda. ¡Basta de bromas!. tilmente. seguramente.S no estoy enojado. En seguida se excusó en voz baja pero clara: -Perdóneme.del amigo. no encontrara las palabras adecuadas para expresarse. 1so . y gen. Luis. Esta vez Baldomero se dirigió a Ross con VOZ fastidiada: -Bueno. . sin detenerse ni pronunciar palabra. Augusto Thomson creyó oportuno terminar el incidente en cualquiera forma y nos dijo: -Bueno. Va a cansar a nuestros amigos. Ross quedó suspenso un momento. . Luego su rostro pálido enrojeció levemente. Aplausos para los actores. Sólo q u e .. . aunque pudo parecerlo. La verdad es que lo admiro sinceramente. ¡i Y como. implacable. Como viera a uno que caminaba en dirección contraria a nuestro grupo. No se trata de una broma. . amigos. Ross!. satis. que con anterioridad habíamos coreado discretamente lo que creíamos salidas de buen humor de Luis ROSS. . pareciéndole poco numeroso el au. . . lo detuvo para decirle: -¿No conoce a Baldomero Lillo?. Baldomero. botó un saludo. . . ditorio. La comedia é firtita. se dirigía también a los desconocidos. . . fecho de tener oportunidad para exhibir los méritos de BaI. . .

seguramente. PUSO relieve la fuerza dramática de las narraciones mineras de Baldomero y el aliento humano de SUS personajes. . con tacto de anfitrión diplomático. la tosca vajilla de loza y las copas de vidrio indígena. “Alma” o “Mamá Dotea”. Consideraba que su exI u. Augusto. ¡Se siente la impresión de estar en el fondo de un acuario!. dispuesto una mesa adornada con flores. Se refería. iY aquella tinaja de greda rojiza! Bajo el prestigio antiguo de la casa de adobones. el blanco mantel y los ingenuos grabados de litografía daban la sensación de un remoto hogar campesino suspendido en la época colonial. manifestó su júbilo con esa espontaneidad de niño que l caracterizaba en momentos de como placencia: -¡Qué lindo!.y I . . llevó la charla de hacia otros temas. Alguien hizo mención del último cuento de Thomson aparecido en “Zig-Zag”. . con sabor a terruño distinguido y sabroso. Todos los presentes estuvieron de acuerdo en que eran pequeñas obras maestras. de alada naturalidad. . a “Coilipo”. Yo sabía que Augusto no estaba de acuerdo con el estilo del autor de “Sub-Terra”.l 181 .L M I S T E R I O E N E L A R T E .el ángulo de una ancha galería con vista al jardín. mientras charlábamos. ya olvidado del incidente. Luis ROSS. Desde allí. la vista descansaba en la claridad verde tamizada por las hojas de un viejo parrón.

Pero el misterio no implica oscuridad. que no pude continuar. Seguramente Luis Ross compartía el modo de pensar de (Tolstoy y quizás l conocía ‘más profundamente que los allí o reunidos. aunque mi corazón palpitase de exaltación.presión artística era rudimentaria y con excesivo apego a la gramática y composición oficinescas. ídolos de mi etapa estudiantil. pero supo eludir 9 es. después de escuchar a Thomson en silencio-. Condenaba a Shakespeare por ampuloso y amanerado. col10 aíabando únicamente lo esencial de su literatura. recibí una mirada de soslayo de Backhaus. y apenas se dignaba aceptar una parte de la obra de Beethoven. porque intervino en la conversación y precisó sus ideas sin eufemismos. Verlaine. -El misterio en el arte es una faz interesante del problema -expresó. se burlaba cruelmente de Wagnet. León Nicolaievich manifestaba que el arte no debe ser patrimonio exclusivo de ciertas clases privilegiadas por la fortuna. Ibsen. Luego rodó la conversación sobre novedades literarias. Mallarmé. Se habló del misterio en e l arte y de la subjetividad especial de ciertos autores nuevos. . Con fastidio escuché palabras desdeñosas para Galdós. ¿Entonces se hallaba equivocado el maestro de Yasnaia Poliana? Yo creía ver en el entusiasmo de los comensales. . Pereda y la Pardo Bazán. Hubiera deseado hablar de la claridad expresiva de nuestra raza y de la obligación de que fuéramos consecuentes con ella. al elogiar la obra que Tolscoy reprobaba. La esencia mis- 182 . De este examen de valores literarios. fa educación y el refinamiento creado por una vida ociosa. ni a Ibsen. Maeterlinck. y por encima de las viandas suculentas. ni a otras celebridades de última moda exaltadas por la crítica mundial. Desfilaron sobre el mantel. las sombras admiradas de Edgar Poe. aigo así como una velada traición a los ideales del maestro. Recordaba las críticas implacables de Tolstoy para el arte oscuro y de sugerencias ambiguas. . Tolstoy no perdonaba siquieta a Verlaine. tan olímpica y llena de asombro. Hasta recordó de memoria extensos párrafos de “Sub-Terra”. no resultaban muy bien parados los españoles y algunos franceses contemporáneos. Como yo esi bozara con VOZ apagada una defensa de m s autores. .

rna de la vida es misteriosa y los seres simples sienren el probablemente con mayor intensidad que los hombres refinados. un amigo obt 7m una solución diferente. {quién “habla”?. paseando una mirada en torno. ’ E poemita es largo. tan en desacuerdo con mi físico abundante.quién “ha sonreído”?. Para precisar mejor su pensamiento. las últ h a s complican más aún la vaguedad y el misterio. pasé varios días procurando interpretarlos. u -¿Qué dicen ustedes después de escuchar estos versos? exclamó Thomson. E artista debe transmitir claramente ese senl timiento. Thomson y Backhaus opinaban que la escuela moderna hacía bien al recurrir a sutilezas de expresión poco accesibles al vulgo. iq1uién “entró”?. . . Valdés. Quand il est sorti (J’entendis la porte) ‘ Quand il est sorti Elle avait souri Mais quand il entra (J’entendis la lampe) Mais quand il entra U n autre était Id. Y si estas primeras estrofas dejan l sin respuesta las interrogaciones de Tolstoy: ¿quién “salió”?. Y al fin creí dar con la clave. Cuando leí estos versos. Et je uis la mort (J’entendis son h e ) Et j’ai uu la mort Qui C’attend encore. Magallanes l hizo en el idioma o original. muy en boga entre los aficionados de esa época. obligado por incurable timidez. pidieron a Magallanes que recitara versos de Maeterlinck citados por Tolstoy. pero. me limité a seguir escuchando. 183 . ¿Por qué ha de expresarse el escritor en términos oscuros y poco accesibles al común de los mortales? Yo hubiera deseado reforzar las palabras de Ros. . sin embargo. Baldomero callaba y parecía ensimismado en SU meditación. Ortiz de Zárate y Magallanes Moure se inclinaban en favor de Thomson.

Ross-. clamó Magallanes. a Augusto Thomson. ¿Qué cosa no se expresa en el Poema de1 Cid? Y todo es obra de cantores y juglares de extraccibn plebeya y en un idioma que apenas comenzaba a formarse . y que es necesario un esfuerzo imaginativo para comprender el pensamiento del poeta. señores! Para qué citar poemas antiguos. . seguramente. Comprendo que resulta más fácil buscar nuevas convenciones de lenguaje. Por mi parte. Pero también confieso que la manera de expre. no ha sido escrito para almas sencillas! --ex. a MagaIIanes Moure. Esto en cuanto a nosotros. como si el convencionalismo del idioma vulgar no fuera ya demasiado. No sé si todos se hallaban tan convencidos como YO. ¿Por qué no buscar una convención expresiva más sencilla. toyano habría sido Ross! Pero la cazuela de ave y ea asado de cordero nos atraían c m su psderoso embrujo c r i o h . . Estoy de acuerdo que en estos hitirnos versos hay belleza y que por ellos pasa un soplo de otro mundo. sarlo se presta para ambigüedades. y la charla. cuando aquí tenemos a Baldomero Lillo. .. más universal. . vaporizada Por un cúacoií q c c olía a cepas verdes. hubiera deseado miar su argumentación con un abrazo. pero. ¿Qué entenderá un alma sencilla que escuche este poema? -¡Pero . mero. -Sí -expresó Ros-. y no de intelectuales escogidos. se hizo chispeante y 184 . al -Bien -dijo criticar con dureza esta clase de obras artísticas. que alcance también hasta el corazón de las clases iletradas? . . ¡Qué excelente tds. Las personas que se llaman así misma refinadas han llegado a ese estado a fuerza de buscar modos de expresión convencionales. . .Todos esíuvicron de acuerdo en que allí se erice una delicada hermosura y que transmitía el misterio er ma inefable. habían sido arrastrados por la vehemencia y sinceridad de su tono. piensa que el arte debe buscar recursos que estén al alcance del mayor nú. ¡Pero.. Yo comprendo que Tolstoy.. ¿Cuál de ellos necesita recurrir a extrañas o extravagantes formas para COmunicarnos sus más delicados o más fuertes sentimientos? Un murmullo de aprobación coronó estas palabras de -Ross. Pero..

no cabe duda. N o fuí propiamente consdiscípulo de ROS. Fueron otros oficiales al Camarote de Ross a rogarle que cediera. pero todos lo admiráC bamos. quien merecía el castigo era el oficial acusador y no el marinero. de corrección . Nadie ha podido superarlo. de hidalguía. . Quizá fué demasiado seca y no se ajustó al formulismo de la gente de a bordo. S . Al regresar a la nave. . . que se 185 . . .por allí algún chascarro zandunguero.*El capitán envió a buscarlo con un oficial amigo. Cuando hizo su viaje de instrucción en la “Baquedano”.rque él estaba en cQrsos superiores. ¿Qué pasó? Seguramente la respuesra no fué del agrado del oficial. -No -me respondió Valdés en tono confidencial-. pero estas cosas suelen ocurrir. en un puerto del norte bajó a tierra en compañía de varios oficiales. se reunió en cubierta el personal completo del barco. .Menudearon los chistes ingeniosos y hasta salió preocupado por las actitudes de ROSS. no conforme el oficial con el castigo impuesto.aproveché la pri- hallaba a mi lado. es un caso excepcional de inteí ligencia. Se formó sumario y el pobre diablo fué condenado a recibir veinticinco azotes. Pero es el caso que el superior castigó instantáneamente al subordinado con una expresión insultante y luego le dió un revés que le ensangrentó la cara. Yo también fuí alumno de la Escuela Naval. como es de rigor. sUprrirLial. ¿Absurdo y brutal? Seguramente. Un ofícial interrogó a uno de 10s grumetes. . -¿Quién es Ross? . acusó al marinero de indisciplina. menos Ross. Todos acudieron. Según él. Era considerado por alumnos y profesores como un fenómeno . . En es1o hay un poco de fábula. Voy a contarle cuál fué la verdadera causa de su retiro de la Marina. recordándole las que podría tener su negativa. . . . Me dicen que fué expulsado de la Marina por haber sublevado la tropa de SU barco.Lo conoce usted de cerca? . El día de la ejecución de la pena. Con dxirle que obtuvo el mayor número de premios desde que la escuela existe. . Por Último acu- mera oportunidad para interrogar a Rafael Valdés. Fué entonces cuando ocurrió un incidente penoso. Respondió que no asistiría al acto por considerar el castigo injusto e infamante. P .

Era la Única forma de salvarlo de’pe. emocionado. -¡Qué carácter! --dije. Al llegar a la isla de Pascua.. que también era muy amigo suyo. . Ross aprovechó la estadía en Pascua para es. ”Este es el motivo por el cual Luis ROS fué echado al calabozo y luego procesado. con orden de que se le devolviese a Valparaíso. Escuché el relato de Valdés con profunda atención. de la muerte quizá. .. sin decir palabra. l desde ese instante.y. . . Actualmente es secretario de “El Diario Ilustrado”. un barquito que pasó por la isla lo condujo al continente. . estreché fuertemente su mano. quien -¿podría creerse?. tudiar el idioma indígena. Yo me dirigí hacia Luis ROSS. se le hizo descender a tierra. E me miró con extrañeza. na mayor. fuí su admirador y amigo invariable.les había contado una serie de historietas chistosas. l e fué fácil dar exámenes para obtener el título de ingeniero civil. le diré que el tribunal decidió separarlo de la Armada como perturbado mental. formando coro de carcajadas alrededor de Baldomero Li110. Pero. Meses más tarde. según los reglamentos del anticuado Código Militar para casos de insubordinación. 186 . Para terminar. La respuesta de Ross fué invariable.dió el capitán en persona. En ese momento los comensales se levantaban de la mesa. -¡Así q! -¿Y a qué se dedica en la actualidad? -Con sus estudios de la Escuela Naval.

Entre veras y broimas. más tarde. la intiimidad menuda de la existencia cotidiana. . pidiendo que se demolieran las viviendas de su propiedac1 por insalubres. Años más tarde. de sus barbas nazarenas. De común acuerdo. con leve tembl. públic a. antiestéticas y atentatorias a la moral . Como única respuesta. reía sosegadamente. con sombrías tintas. La nueva obra fué bautizada de antemano por Augusto con el nombre de “Sub-Sole”. Otra 5iu inseparable cigarrillo. Cuando llegó el turno de contar el modo cóin o nos instalamos en la casita que Magallanes nos cediera para vivir. sosteniendo en la . Se dió encargo a Baldomero Lillo para que redactara e1documento y describiera. el estado calamitoso en que nos fué entregada. Con una mano en el bolsillo. . Había curiosidad entre los visitantes por conOQ:r el desarrollo de nuestras actividades. en un libro. Pido gusto recite la fábula del campesino que desentumeció 187 . comentábamos cada una de las incidencias de la aventuira tolstoyana. sistema de vida. los horrores que debían sobrellevar los inquilinos del poeta.lanes.CORDILLERA SAGRADA f . con realista pluma vindicatoria. Baldomero aprovechó el título para uno de sus libros. ex3r clamó< 3e malagradecidos está empedrado el infierno. nos dirigimos a nuestro hogar rolstoyano. Augusto describió. se decidió que presentaríamos una solicitud a la ilustre corpot*ación edilicia de San Bernardo.pués de la sobremesa alegre. E 1 primero en celebrar estas ocurrencias fué el propio Maga]. de la cual el poeta era alcaldie.

se quedaba a la puerta de todos los temas. asaeteándolo con sus ojos inquisitivos: -¿Y ustedes mismos extrajeron las inmundicias?. se restregaba las ma.en su pecho una víbora helada . las observaba. haus. . la forma. con los ojos entrecerrados. el color. . . de cerca. l Desde e primer momento comprendí que Pablo no era ni sería buen tolstoyano. odios y amores. ¡Qué bien!. . Ya está el nibelungo haciéndose pasar por civilizado. Por mi parte. . Cuando quería hablar de algo que no fuera el arte de su especialidad. ¿Y cultivaron la tierra? Después de escuchar la respuesta. o dejaba escapar extraños y leves bufidos. sino la pintura. era eso: un pintor. . bieran podido tomarse por síntomas de satisfacción. Olvidaba los asuntos de mayor importancia y aun aquéllos de extraordinario interés para el éxito de su vida. en realidad. Burchard. . durante sus mejores años. pero no podrá negarse que eres pintor y artista hasta los tuétanos. aislado en una especie de virginidad física y espiritual.. riéndose bondadosamente ante l a mímica silenciosa de Burchard-. aprovecharía SU Derma* 188 . emitía ligeras exclamaciones que hu. . . . propia y ajena.. Nada le interesaba ni procuraba comprender. . el dibujo. presentaré querella criminal por el diente que perdí comiendo el Pan de los tolstoyanos. miren -observaba Valdés. iSoberbio! Un grupo de visitantes se detuvo ante los apuntes y cuadros de Backhaus. Explícanos si te gustan o no los apuntes de Back. Por primera vez noté que Pablo Burchard vibraba de entusiasmo. . Miraba las telas a distancia. ¡Habla. Y a sabemos que Dios se olvidó de dotarte de la sagrada chispa del pensamiento. Fué así como quedó. nos y repetía: ’ -¡Qué bien! . solitario como un árbol disgregado del bosque. hombre!. . Mientras tanto. rior del cuarto a las paredes de la mediagua. en seguida. ¿Y fabricaron el pan personalmente?. al margen de los vicios. -Miren. que es posible significaran un reproche para el autor de los cuadros. que ya comenzaban a desbordar desde el inte. Luis Ross reporteaba a Julio en un ángulo del patio. En cambio. . candoroso y egoístd como un niño.

sencillez de maneras. Pero. la calidad de espíritu de Rafael Valdés. Augusto no quedó tranquilo hasta que pudo asombrar a 10s visitantes con nuestros tesoros y con los del pueblo de San Bernardo. a los Valdés Preire y otros. esas personas poseían bondad. por herencia.entre nosotros para intensificar su eterno y exclusivo artístico. Habíamos mullido la tierra de la Proyectada siembra. Rafael Valdés. pues. Sensible. puse a prueba mis conocimientos y preparé el té según las prescripciones rituales enviadas por la abuelita de Thomson. Yo había tenido ocasión de conocer de cerca. a visitar el “fundo”. había conseguido asimilar los sabios consejos de la ancianita. Su exceso de o ductilidad social y su refinamiento de costumbres l iníatilizarían para l a ruda labor que nos proponíamos realizar. Como me hallaba de turno en la cocina. E s probable que tales antecedentes influyeran en mí para sentir especial aprecio por Rafael. o porque. rastra y azadón. como cilíndricas gemas engastadas en cuenca generosamente abierta hacia el exterior. En parte teníaneaLi” 189 z . quizá por benevolencia de los iflvitados. alegría y afectuosidad en el trato. Fuimos. además. aunque no muy eficiente en la vida material. Es natural que estas personas posean cualidades y defectos comunes. Esa tarde tomamos once en casa. Quiero decir que Valdés. sincero. Grandes exclamaciones de elogio. 10 con el espíritu protector de padre a hijo. Comprendí que el nuevo compañero aportaría a la colonia un espíritu recto. refinado por naturaleza. a los Valdés Cuevas. candor de alma. en mi infancia. Nunca se l pregunté: pero su físico. del mismo modo también podía apreciarse. posiblemente. casi todos de rasgos parecidos: ojos clarísimos. mucho más joven. Valdés era otra cosa. Así como árboles provenientes de un mismo vástago y crecidos en la misma región adquieren indiscutible semejanza y pueden determinarse por sus rasgos externos. o pertenecía a una familia de estirpe rancia. sus costumbres y hasta su manera de tenían puntos comunes con miembros de familias que llevaban su mismo apellido o con otras que pertenecían a un determinado grupo social. se regocijaba con su amistad ingenua y refrescante. de iris verde pálido. en realidad. Obtuve éxito clamoroso. a pala. aproximadamente. rostro de óvalo alargado.

Levantábanse aí fondo. también.mos terminados los camellones para los almácigos. señor de la tierra y de los mares! Ante el mágico conjuro panteísta. Veíanse. la siembra quedarí. NOSotros.ada”. ralizzda. es que no había sido posible conseguir de regadío. como otras muchas. visitando los alrededores. pese a las gestiones que hicimos para dobleg voluntad de las autoridades y de los propietarios de les. sobrecogidos de respeto y admiración ante la 5iilueta del artista-pontífice engrandecido por el silencio. envíanos t uL bendición. -iOh sol! . Si no lográbamos conseguirla. hasta la hora de 11 1%ada del tren que habría de conducir a nuestros amigos a San%o. la negra cordillera de la costa y el extenso valle de Santiago con sus cerros y montículos formando un océano de grandes olas petrificadas . en toda su grandeza. l escuchamos en si lencio o y cambiamos en voz baja impresiones sobre la bellez:a del paisaje. la 1majestad de las sombras y los tenues resplandores de la horz1. Lo callamos. Se quitaba el sombrero’ y despedía los Últimos rayos ccin solemnes frases y posturas de veneración pagana. ¡Bajo tus caricias maduran las mileses y los sueños! jDesde 10 alto de l a montaña. Otras veces declamaba poesías de algún maestro contemporáneo. 190 . esta vez. Siu voz adquiría entonaciones magníficas. especialmente l a “colina sagi. vivificada en amplia sonrisa por los ú timos 1 resplandores solares. Allí acostumbraba Augusto desarrollar una especie de rito pa[gano. En verdad era admirable e8 pa1 norama que se dominaba desde allí. los cerros de Chena. y l a cord!illera de los Andes. nuestra alma EYostrábase y esperaba a cabeza descubierta la hostia ofrecid a por nuestro sacerdote de belleza. como la llamara Augusto. severas y armoniosas. Terminamos el resto de tarde. y que constituía amarga fuente de cavilaciones Julio y para mí. .

no se hablaba más que de cuadros. Sin embargo. de novelas. a la recova y a los almacenes. Y O también amaba el arte. no me satisfacía el giro que iba toinando la colonia. todas las actividades fueron dirigidas hacia el arte Y no al cumplimiento de nuestro programa social y religioso. dispuesto a prodigarse en generosa actividad. discreta e inteligente. Todos grivitaban alrededor de la dominante personalidad de Thomson. Poseía espontánea alegría. sentíase arrastrado por la corriente. y como Augusto era artista antes que nada. Desde el primer momento pidió que se le diera lugar en nuesFras ocupaciones domésticas. quizá por ser su amigo de mayor confianza. las convicciones morales y religiosas que nos dan la forma y el sentido de la 191 . y. Pero antes que ei arte están la vida. tomó la escoba y cooperó a la limpieza. Tampoco tuvo escrúpulos en tomar la bolsa de las provisiones y salir de compras. que se desgranaba en bromas saturadas de jovialidad. en mi compañía. El objeto de ellas continuaba siendo Burchard. Más de una vez en mi vida de estudiante me Propuse cultivar mis aficiones literarias y realicé ensayos que encontraron eco estimulante en mis condiscípulos y profesores. Desde la mañana a la noche. El mismo Julio Ortiz de Zárate. que siempre me acompañó en los proyectos de vida tolstoyana.CONDENADO A SOLEDAD Valdés resultó ser un compañero agradable. de filosofía. pero bajo la sonrisa superficiaL era fácil descubrir el gesto humano y consciente. de música. a la mañana siguiente a su llegada.

de otros países? Goya. Poco a poco fuí perdiendo la timidez. Cada vez que pretendí defender estas idea contré en mis compañeros un silencio evasivo. Nuestro amigo I3 descendiente de españoles. Backhaus . cuand indiferente u hostil.existencia. a citar autores. . y testarudo! -Lo mismo podría decir de ti. Si sólo su forma lo está indicando: jespañol. cuya realitación requería consagración preferente. Comenzó a crecer la rebeldía en mi espíritu. sabios y hcrmbres de acción! -repliqué con vehemencia-. todos son toreros o frailes. Se me dejaba de lado. ¡Eres teutón puro! í Este fué el primer paso de una etapa nueva para m . Augusto no ocdtó su desagrado. La belies za constituye también una religión . bíamos abandonado aspiraciones anteriores. Veíázquez. y eso lo explica todo. tomando mi frente entre sus manos-. Comencé a expresar teorías. fué sólo Para sustituirlas por otras más grandes y sagradas. -iY también hay en Espasa artistas. -No hay que enojarse -expresó Backhaus-. . Sólo Julio me apoyó débilmente. . . poi lo menos había leído 192 . debe scr pospucsto el arte al an: la pareja humana.. Al manifestar mi5 opiniones. jno fueron españoles? -¡Esa cabeza! -me dijo Backhaus entre veras y btomas. Una carcajada general dió aprobación a este pretcmdido axioma. esencia del hogar y de la perpetuaci la especie. Los demás callaron o echaron mis palabras a broma. . . Si no lo conocía a fondo. a formular críticas. Se formz vacío a mi alrededor. Mi fuerte era Tolstoy. i~ ¿Habíamos abandonado los estudios. . ¿No fué artista Cervantes? ¿No es la pintura española digna de competir con l a . Murillo. junto con la espl de obtener una carrera profesional. En E:spaña. Aun más. solamente para VI discutir vagas teorías artísticas y a lucir fáciles actitudes a licas? E l arte se puede ejercer en cualquier lugar: en 1 tación mundana o al margen de una vida de trabajo.

Profunda amargura comenzó a apoderarse de mi ánimo. Augusto escribía desde temPra no y no interrumpía su trabajo hasta la hora de once. apacible: provocaron una marcada separación entre los colonos. Sólo llegaban a casa a Ia hora de almuerzo. algún libro interesante. Habíamos sembrado almácigos y dispuesto planteles con matitas compradas en una quiiita. amena. la comprensión resultaba fácil. Thomscin comenzó a mirarme con prevención. no continuó cumpliendo lo prometido. las plantas se marchitaron bajo el fuerte sol de verano. quizá con fast. E juez decidió que no podía concederla hasta el próximo año. Hasta Julio. estas lecturas me proporcionaron deliczdo goce.I 7 meditado. Generalmente nos sentábamos a la sombra de un la 1 árbo1 frondoso. desde que comeiicé a rebelarme contra las costumbres implantadas en nuestra colonia y a criticar el abandono de los ideales que nos hatdamos propuesto. Augusto sabía darles tanta vid. luego.tado aFixtol de Yasnaia Poliana. Leía exclusivamente para Julio. tan animoso. U n vecino que prometió cederr10s parte de sus derechos. Nuestro proyecto de cultivar la tierra pudo considerarse l fracasado. Augusto no perdía ocasión para demo Strarme su fastidio. que los pensamientos adquirían extraordinario relieve y a. Después del té. junto a un estero. con el prer exto de que la sequía reinante aumentaba la necesidad de sus riegos. v los demás lo siguieron. en voz alta. maiechábase también con ellos. como . En un principio. partía a reunirse con los excursionistas o nos convidaba a Julio y a mí a vagabundear por los caminos de región. parecía vacilar. que a veces terminaban en forma des. Cuando Valdés no estaba de turno en la cocina. Imposible obtener agua de riego. cumplió lo ofrecido dos o tres veces. Pero. Cuando cesó el riego.I4ir-l.-] 3 193 . Al cabo de algunos días. mediante el pago de cierta can1:idad. y Augusto leía. la profusa obra del atormen- < To!~ '+-vano. comían aprccsuradamente y partían de nuevo a sus interminables excuí!iiones. más que todos ellos. tuvimos la peszidumbre de verlas convertidas en pequeñas hojas achichalrradas que se confundían con el color de la tierra . Estas discusiones. época en que se clisponía el reparto general. Los pintores pasaban la mayor parte del tiempo en el camipo.

Me quedaba en casa. los comentarios eran sólo para é. 194 . Como este pro. apenas se dignaba dirigirme la palabra.si yo no me hallase presente. gracia ante nuestro abad. y en adelante evité acompañarlo. l cedimiento se repitiera. comprendí que había caído en des. leyendo. o salía a excursionar por mi cuenta.

por Dios!. . Doña Rosalía escuchaba c(in atención y me ayudaba a separar las piezas. . que se hailaba espa rcida y clasificada sobre una de las camas. ¿Así es que su - . La vía está recara. . Conforme. ? -Sig ue preso.. . . -Cie rto. . 11 195 . -Vea Lmos el detalle. . . Yo le ía e iba comprobando en la ropa limpia. sá banas. . (:reo que no habrá inconveniente. : pobrecito. Y aquí tenemos tambiién la toalla que no vino en el otro lavado. . de. pero. sobre too en las caniisas y en los cuellos. . dicen . l a cuenta está exacta -le dije-.. puños. . . Le echan la culpa. -¡Di Rosalía. . completa el mes . Las buenas cuentas hacen los buenos amigos. . Pero yo quería pedirle que me aumentara el su(:Ido . los caballeritos exigen harto . el material está por las nubes. entonces. Ahora 10 quieren llevar p’al presidio de Santiago. Y ahora que estoy sola. . marido. .En Santiago yo tenía una lavandera que me lavaba por dos pesos cincuenta al mes! -NO le digo que no. . Y como ahora somos seis. -Est á bien. . . . cuatro. ide lo que no ha hecho!. Lo consultaré con mis compañeros. . -Bie n. . .E: N B U S C A D E R E G A Z O -¿Se is docenas y media? to. . . tres. cuellos. . toallas. Con éste. Camisas. . con l a libreta en una mano y lápiz en la otra. JUSI Seis docenas y media. . Y . además. dieciocho pesos. doña Rosalía. le delJO. señor. Le va a salir por cinco años.

no. Al final todo va a salir bien y le devolverán a su marido. Calla el vocerío de niños y pienso e!n cristales rotos. . Doña Rosalía me da un ejemplo de C( mformidad cristiana.denarios a Mientras charlamos. Y a no recuerda las palizas que recibiera con regulari. Llora con s u corazón. -¡Esos perros! -exclama-. nadito. Mis compañeros están más allá de esas voces y acaso se agitan enL laboriosa búsqueda de belleza. no piiede Conte. de la joven señora viuda que la visitara con frecuencia cuando éramos vecinos. y siento fuerte impulso de extender los brazos en I ellos!. bien orde. Ha per donado sus infidelidades y borracheras. al llegar a este punto. de soledad.Doña Rosalía. dad inalterable de su verdugo inconsciente. . Nosotros. . -No se aflija. ahora que ella no me habla de la joven viuda. ¿Por qué me invade una sensación de can sancio. ¡Habría que or. Me traía os recados. Llora con la espont aneidad de un niño a quien se castiga. En otras ocasiones doña Rosalía r n!~daba noticias. con toda su carne. Siempre me molestó la intervención de doña Rosalía y sentía un poco de desprecio por el ingenuo y quizá desinteresado celestinaje de la buena mujer. beldes. Somos re. . Voces lejanas de niños forman música de cristal. Procuraba. por todos 1 medios. .-. de lealtad y abnegación. Llora. Sólo sabe que era su 1hombre. yo sentado en una caja. vecina -le digo con dulzura. Bocanadas de perfumes agrestes. acercarme a ella y conseguir un entendimiento entre nosotros. traen el mensaje melancólico de una jornada que declina. cálidos. .. cambian impresícmes. ella de pie en medio de la habiteción. Una charla en la que no puedo tomar parte. a&panse en amistosa charla. . me rebulle en la mente una idea extraña. En la imaginación agranda U Ina que otra caricia tirada a1 desgaire por el tunante del ma rido. Y 10 añora . Están abiertas las ventanas del cuarto que dan a la calle solitaria. nerse por más tiempo. SU compañero de miseria. insinuaciones . Ella no sabe compone:r el rostro como las señoras educadas. Deseo con vehemencia cp e la recuerde. Se consultan. siento COLno si doña Rosalía me defraudase. sin que se las pidiera. . jcosa extraiña!. Y ahora.

. . Sólo en la noche tra. . Busco algo en la caja de mi ropa. . me siento súbitamente poseído de extraordinaria excitación. Salgo a l a calle. Y se l pasa metía o en la iglesia. -¡Ay. . . -No hay dónde perderse. Con manos trémulas. Pero ya estoy frente a 197 . señor! -me respondió con voz condolida-. A veces llora sin asunto. La que sigue. ¡Vaya al tirito y con seguridá que la encuentra! Dicho esto con viva inquietud. El impulso que me domina es el de salir de carrera a casa de Hortensia. Hace tiempo que . mientras revuelvo todo con manos febriles. . me quito el traje de mezclilla que llevo en casa. . En ese momento. me habla de su amiga. me lo vuelvo a poner. . a pesar del sentimiento de vergüenza que me retiene. . es la d’ella. Pa más’ señas.Qué es de ella?. . hay en las ventanas unos figurines. En seguida. . una casita chica. . . . ¿Llegaré a tiempo?. . . si no me apresuro. . Un niño enfermo.. . . no sin advertirme por última vez: -¡Ande! ¡Vaya a verla! jNo se arrepienta!. -Si supiera dónde vive. Al quedar solo. pregunto a doña Rosalía: -¿Y Hortensia? . junto a mi cama. Ha tenido desgracias. . Por fin lo veo colgado en la pared. jabsurdo!” Procuro moderar mis pasos. . había pasado repetidamente por allí.. . . me digo en voz alta: . enrojeciendo hasta las orejas. ¿Qué?. . l apoya en las cao deras y se despide. porque la señora Hortensita le hace también a los trapos. Sin embargo. me ocurrirá una desgracia. . Sería obra de caridá. ¿]Por qué no la va a ver?. para quitármelo otra vez. Regreso a casa para buscarlo y no lo encuentro en ninguna parte. dos. . Alli me doy cuenta de que no llevo sombrero. doña Rosalía toma en sus brazos el voluminoso saco de ropa.licitud de un regazo cobijante? Sin mayores pr-ámbulos. . . Ahora está como apensioná. tres veces. . Se me ha olvidado. Una vez e’n la calle. . Me domina la impresión de que.. .nca sa puerta y entonces no le abre a naide. . Recorro los cuartos. Al lao de I’iglesia está la casa del cura. lentas camDanadas caen desde la torre de la iglesia y llenan mi espíritu ansiedad.. . “ES absurdo. Too el día está en su casa. . .

Quizá pueda yo servirle en -. ni o diré a la dueña de casa. . . Supe que pasaba por una época de niño sigue mal?. . -. . . absurdo que ni siquiera sé por qué estoy aquí.. En seguida. Ni la que me imaginaba al recordarla. . -Yo.Entre!. . Yo. . también sufro. -¿La contraría mi presencia ? -. . a pesar de la ávida y esperanzada luz que lo inunda. s í . No es la Hortensia que vi alguna vez en casa de doña Rosalía. . más bien.Entre!. ¡Pase. sumiso y cohibido. . Luego sonríe sin pronunciar palabra. atados en la nuca.Ah!. . La puerta está cerrada. no! Todo su ser está iluminado por suave irradiación interior. Ella escudriña mi rostro.Pase! -me dice en VOZ baja y precipitada. con el cabello partido en dos haces. .Usted! -exclama en voz baja. Su gesto es.” Pero se oyen pasos.No. La puerta se abre y aparec:e en el hueco Hortensia en persona. . cierra la puerta a mi espalda. -. Esta es una mujer en traje de casa.la casita que me ha indicado doña Rosalía. Golpeo nerviosamente. -. ni me doy cuenta de si l está ocurriendo es sueño o realidad. . . por favor! -repite con voz de súplica. . No hay en su actitud provocación ni donosa desenvoltura femenina. Sí. Toma mis dos manos y me atrae suavemente hacia el interior. “ES absurdo -repito con voz trémula-. . .

E matrimonio trae consigo deberes iineludibles que distraen al artista de sus lucubraciones ment. Repetía también Augusto una frase que se atribuye a Schopenhauer. posiblemente. el artista. su madre. el artista debería permane1cer célibe toda la vida. entre las que se en contraban su abuela Juana. Augusto hacía excepciones.iles. La misma O parecida idea desarrolla en “Los Sentimentales”. uno de o los mejores que escribió en su vida. empequeñece el espíritu. Así se hace la historia. que. coloca al hombre en contacto con la vulgaridad mínima de la vida. no debería mantener l contamcto con el otro sexo. Decía el grím autor de “Bola de Sebo”: “El matrimonio es un intercambio de malos humores en el día y de malos olores en la ncxhe”. quedaban por debajo de el. como (:onsecuencia de excesos venusinos: Maupassant. Frase cruel. pero se la imputan con i nsistencia. que la mayoría de las mujeres. que 199 . Naturalmente. Es posible que tuviera un concepto extremoso del ideal femenino.L 1A SENSUALIDAD ENEMIGA ssegún las teorías de Augusto. Así l deja entender en su cuento “Luminarias”. no Pronunció jamás el gran novelista. Citaba a menudo Augu Sto el ditirambo de un escritor que fué gran amador e Y qu‘ perdió sus facultades mentales a temprana edad. Allí. su hermana Elena Y al):unas pocas más. vulgar y grosera. muy conocida entre los maridos: “Si vas con mujer. no olvides el 1átigo”. Aun más. tan fino y elevado. si no todas.

imagino que Augusto llegó a convertirse en despreocupado del amc)r. en parte. sin duda. E artista debía parecerse. conocido pintor de su tiempo. su adhe. exclama: “Ahí vei yo tan refractario al matrimonio. según mi opinión. Su . En su juventud cometió excesos de toda clase. Thomson. con un candor inefable. la hija d 2 1 pin l c Valenzuela Puelma. una jornada de a caballo de más de cien verstas. a la edad de sesenta y cinco años hizo. Aún le sobraron fuerzas para requerir vi. sión a las ideas de Tolstoy. mantuvo fuertes pasiones carnales hasta muy entrado en años con una sierva de sus posesiones. Desgraciadamente el maestro de Yasnaia PoIiana poseyó un temperamento poderoso y sensual. Y de este modo se explica. como consecuencia del decisivo influjo de su primo Manue1Thom. l que. o son. J al llegar de vuelta a casa. si mal no recuerc10. a fin de conservar int actas las l fuerzas intelectuales. muy entrada la noche. en ese punto. que su ‘‘Lev” O . María Eugenia. fué enemigo de la lujurnia. me habría casado en entonces. pero no del amor. Se entregó a1 juego. “Leo”. ¡Terrible conflicto para el tremendo detractor de !as p* _I^ 200 .se desahoga en una cgcfidencia. en la última par te de su d vida. parecidas se desarrollan en “El Ideal” y en varias otras de SUS narraciones sentimentales. quien. yo que pienso qut -tista debe ser libre como un pájaro. rilmente a su apasionada mujercita. Este mismo Manuel fué quien influyó para que abandonara sus pretensiones a la vida teatral. comió J ejecutó música. y ella. “León”. Id. a los monjes. Tolstoy.contextura física de campesino era de potencia extraordinaria. realizó verdadera cruzada contra la sensualidai y los placeres viciosos. Manuel l sobrepasaba en edad y alcanzó cierto prestigio artístico mucho antes de que Augusto naciera a la vida literaria.. Yo discutí brevemente con Augusto sobre estz: punto. Su propia mujer cocifiesa en sus “Memorias”. E artista sería él. era cierto. en cierra ocasión. Pero más que por fracasos amorosos. . Lo convenció de que su verdadera vocación era la de las letras. . Tarnbién 10 o predicó cop insistencia la idea de que el artista del>e abandonar todo trato con mujer. jse l juro!” Como que este cuento tiene ! d a o zu l mismo que la mayoría de las obras novelescas d ? los o c critores.

inimitablc: artista. y que lucha denoda1damente contra el orgullo enraizado en su organismo de viejo noble atrabiliario. convencer a Augusto. Fui dominado por un movimiento de egoísta defensa cabntra la tortura de la soledad y el desamparo. una de sus obras póstumas. ¿Hasta qué pufito me impulsaron el ciego instinto genésico y la incontrolada sensualidad de la pubescencia? Y o comenzaba a sentir el vago deseo de realizar obra de arte. por supuesto. en sus últimos años. por fin. delicada compañera y confidente de los proyectos sirtísticos de su marido. fué por causas ajenas al amor o. y. religiosa y moral? ‘ 20 1 . No lograba yo. . “La Muerte de Iván Iliich” y orras novelas de mérito indiscutible. quizás. marido octogenario. Yo había sucumbido débilmente ante las seducciones del amor. Y ese hombre. protagonizado por aquel Sergio” asceta que tiene gran parecido con él mismo. sin emlJargo. Si en los últimos años de su vida huIbo disensiones en el matrimonio. a fin de que su marido borronetara sus interminables correcciones. en un momento en que se halla a punto de sucumbir ante los atractivos femeDinos dle una de sus neifitas. copió siete coiabor. La joven condesa.“I-Iadji Mourad”.y acaso con sistema nervioso algo desequilibrado. ni l a amistad de hombre y mujer. escribió “Resurrección ”. fué. Aunque un poco celosa. quizá para siempre? Y. ¿dónde quedaban mis propósitos de austeridad tolstoyana. pero cada urio de mis argumentos estaba organizado en defensa de mis propias dudas y cavilaciones. ¿Del amor? N i siquiera eso. veces alquella extensa obra llamada “Ana Karenina” y otro tanto h izo con “La Guerra y la Paz”. jse mutila cruelmente en preseocia (ie l a joven seductora! 2-0dstoy no proscribe el marrimonio. Solamente procura combatir el sensualismo y el pkxcer vicioso. fué gran artista. concentrado en los hijos y en sus intereses. por consecuencias de otra clase de amor. En su vida artística tuvo a su mujer por adora. por otra parte. que. ¿Sería posible que mis ciegos impulsos me alejaran de la divina creación.o oneS !sensuales! De este modo l vemos escrib% su “Padre . recién casada.

. de margaritas y sus balbuceos desarticulados y absurdos. 202 . corria a reunirme con mi amiga. llegada la hora. . Comenzábamos a salir por 10s al. riles y encantadores de todo amor naciente.Pero a pesar de mis reflexiones. Gustábamos 10s placeres pue. con SU desgrana. rededores del pueblo en busca de la soledad Y la frescura de las campiñas y los cerros.

sobre la tierra reseca. el vientecillo de A2i 203 . Las soñadas hortalizas se habían convertido en leves pavesas. Ec verdad que en un principio se debatían ideas y se comentaiian libros en común. bien abastecidos de agua. ¿A dónde fué aventado el maravilloso programa de vida casta y de sacrificio en favor de nuestros semejantes? Cada una de las ilusiones forjadas en un momento de entusiasmo fué deshojándose sin piedad. Las costumbres austeras que fraternalmente debimos compartir en la casa ofrecida por Magallanes Moure. quizá por cansancio de discusicmes fatigosas. en perpetua e insustancial academia de agudezas literarias. pero. frente al terreno que cultivamos en compañía de Julio. en estéril torneo de sutiles ocurrencias y de amables chanzas. Más parecíamos escolares en vacaciones que as(:éticos monjes laicos. La vida ruda y heroica que debimos llevar en los bosques del sur. amparados por la sombra de parientes y amigos. se convirtieron. acompañado de Hortensia. Con profunda vergüenza pasé un día. en cambio me proporcionó la certidumbre de un fracaso.A M A R G U R A Si es verdad que Hortensia trajo a mi vida evidente consuelo. poco a poco. Habría que esperar un nuevo año agrícola para iniciar siembras formales. E proyecto de labrar la tierra fué desechado en definil ti\‘a. abonos y útiles de labranza. se cambió por la plácida estadía en los aledaños de la capital. se fué trasformando este interesante ejercicio en charla ligera que se desvanecía en el aire como burbuja de champaña.

Hablábale de SUS esperanzas. -Ya está bueno. te vas a convertir en burro de noria . Aspiraba. Los pintores también producían con ardor. cuando nos ha] mos reunidos alrededor de una lámpara de querosén. Otras veces escribía poemitas dialogados a la manera de Maeterlinck o se ensayaba en pequeñas manchas de acuarela. Se trataba de una callejuela oscura a l u d>rada por un farol que esparcía una claridad amarillenta y verdosa llena de sugerencias. Nos leía largas cartas e. ErE posible sustraerse a la magia de su dicción. Eran pequeñas esquelasi impregnadas con fuerte perfume de verbena. compcxitor que escribió Óperas como “Floristas de Lugano”. -¿Está bueno?. . ya artículos de crítica literaria y de pintura. hombre! Si continúas dando vuelta al tem. miraba el ciiadro desde diversos ángulos y continuaba retocando. Julio tomaba entonces su violín y estudiaba durante 1:loras. “Lautaro” y numerosa música de cámara. Au escribía tesonerzmente. Y YO. quizás. con tl1 empecinamiento vas a concluir por echarlo a perder. . Por la noche. a seguir la huella de su padre. Burchard reía. de su reciente amistad con el célebre Mas:jenet. Julio Qrtiz de Zárate concluyó también por sufrir la atrFcción del ambiente. . Pablo -le decía Valdés-. no podía menos que unir mi v coro de alabanzas. .nviadas por su padre desde París. Una de ellas era un “Nocturno” que elaboró con paciencia y qiie rehizo varias veces. I licados poemas en prosa. Augusto le elogiaba con ardor. Burchard luchaba bravamente con la técriica a fin de dar expresión a ideas que se ahincaban en SU mente . ya hermosos cuentos que envia revistas. lanzaba algunos bufidos.a. 204 . pequeños remolinos ban en la superficie del suelo como almitas en pena. ¿Te parece bien? -¡Sí. sobre los camellonc moridos por la pala y el azadón. Rafael Vaidés había concluido por sentirse zrrastrado por el ejemp10 de SUS compañeros. Había decidido convertirse en miIsico. qu había distanciado de él. leí producciones con armoniosa y bien estudiada VOZ.la tarde levizntaba nubes de polvo.

YO er;L el único que, fuera de mis prosaicos menesteres domésticos, nada hacía, nada emprendía, nada que me elevara espiriitualmente a la altura de mis compañeros. Quise que Julio Ine diera lecciones de violín; pero fueron tan desapacibles, tim estridentes los rasguidos del arco sobre las cuerdas, que Ai!igusto salió del cuarto en que escribía y me increpó con tono d ramático a fin de que no continuara martirizando SUS oídos. No solamente le encontré razón, sino que, desde entonces, C2ida vez que escucho música y recuerdo mi ensayo, siento tan jgrande sensación de inferioridad, que me ruborizo interiormen[te. . . Yo ha bía escrito algunos cuentos y composiciones en prosa elogiados por mis condiscípulos, y aun por los profesores; pero cada vez que intenté leer algo a Augusto o a Julio, ellos me. miraron con tal asombro y manifestaron tan poco interé s que decidí guardarlos en lo más profundo del , baúl. Sin etmbargo, ocultamente continué borroneando cuara tillas, con 1; vaga esperanza de que alguna vez podría realizar cualquiera 1cosa que mereciera la atención de mis amigos. Amargado por el fracaso de los proyectos tolstoyanos, y por la inca pacidad para ponerme a tono con el grupo de artistas que me rodeaba, procuré sondear el pensamiento de Julio. -Creo 1 -le dije- que esto ha terminado y que yo estoy aquí de más. S tú, al menos, me acompañases, procuraría i realizar alg;uno de nuestros antiguos propósitos. {Recuerdas que proyectamos visitar en sus casas a las gentes humildes, a fin de m< Idificar sus hábitos de higiene y enseñarles a vivir mejor? Com enzaríamos por ganarnos su confianza hasta que nos considerarain amigos. Luego, poco a poco, tomaríamos a cargo la limpieza de las viviendas. Les ayudaríamos en el cultivo de las hueritas, l que nos serviría de práctica y aprendizaje o diConstruiríaimos muebles sencillos. . . ¿ N o te parece -le je, por fin- - que esta vida que estamos llevando es absurda? Julio nne escuchó con profunda atención, mirándome con ojos cristalizados por el esfuerzo. Sin embargo, nada respondió. EstiJve a punto de ampliar mis confidencias y hablarle de mi desnioralizacióa, de mi aislamiento y de mis ocultos :ntos a una vida pura y sencilla. renunciami< apremié-. iAconséjame! . . . -Dim e algo -le
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Enrojeció, hizo un desmañado esfuerzo para sonre continuó guardando silencio. Por fin, alzando los hon; di6 media vuelta y se alejó sin decir palabra. No podrís gurarlo, pero creo que, al volver la espalda, se lleva1 mano a íos ojos. - .

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;QUE BELLO CREPUSCULQ!

Dos pequeños acontecimientos vinieron a poner mayor distancia entre mis compañeros y yo. Voy a referirme a ellos, casi en contra de mi voluntad, sólo para explicar la profunda diferencia que me separó de Augusto, a pesar de todo lo que hicimos más tarde para acercarnos mutuamente. Estoy convencido de que, con los otros colonos, nunca hubiera tenido motivos de discordia, a pesar de mi temperamento inconformista. Eran buenos muchachos, aunque de personalidad menos fuerte que la de Augusto. El joven autor de “Juana Lucero” era dominante y poseía extraordinaria fuerza de carácter. Todo le ayudaba a sobresalir, desde su figura hasta su calculada actitud de actor. No era de extrañar que Pezoa 17&, agudo observador, anhelante también de predominio, procurase imitar l o que él llamaba las “tácticas” de Augusto. Todos sus compañeros de generación sufrieron, en mayor o menor grado, el influjo de Augusto Thomson. Y Augusto no ignoraba su poder. Lo conocía y l acrecentaba por todos o 10s medios a su alcance, como l hizo más tarde estudiando o a 10s faquires de la India y realizando pruebas de hipnotismo entre sus amistades. Pues bien, nunca he podido ser un médium sensible. Contra mi impermeabilidad, nada han podido los mejores magos esa misteriosa rama de la ciencia. En vano he querido anular mi voluntad y penetrar las sombras de l descoo n.ocido-Siempre nació en el fondo de mi espíritu una reo 9‘StenCia espontánea que me l impedía.

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A prop6sito del dominio de Augusto sobre nu_-.,. pañeros, tuve con ellos agrias discusiones. N o pod formarme que ejerciera sobre nosotros dictadura uno nuestros, ni aun cuando le reconociera superioridad. -Eres muy poco tolstoyano -arguyó Julio Ortiz ocasión-. El espíritu de Cristo fué de mansedumbre Hijo de Dios y se dejó arrastrar al patíbulo. Recuer Tolstoy, como cristiano, predicó la irresistencia al mal Estos argumentos me hacían cavilar. -Es verdad que me dejo dominar fácilmente polc el or. gullo -replicaba, procurando dulcificar la voz-. Eso 10 debo a herencias ancestrales. Pero recuerden, también, que CI no risto se opuso a la fuerza material sino para demostrar qiie nada se puede contra el espíritu. Fué crucificado, pero no renegó de s u doctrina; ésta resucitó, más poderosa que nunca, despL& de su muerte, y ha llegado hasta nosotros a través d ! veinte e siglos . . Tolstoy predica la irresistencia al mal; pero, ;a qué mal?'. , Al de la fuerza bruta, a la triste fuerza de ioc ejércitos y a la de los amos del dinero. Ese es el princ.ipio de los brazos caídos que hoy llaman huelga. Los huemlguistas no combaten contra la fuerza policial; pero si lo h,icen eipiritualmente, a costa del martirio del hambre, logran lo que desean. , Vean en qué forma Gandhi, discípulo de 'roistor, lucha por la libertad de su patria . . ¿Creen ustedes q ue algún día no vencerá, mejor que si lo apoyaran ejércitos pocIeroscs) Y hablaba también de mis experiencias en la Esc uela de Artes y Oficios, y de cómo logré que mis compañerosi se impusieran sobre la voluntad de superiores despóticos, solnmente utilizando la dulzura, la pasividad y la justicia. Y conc h í a diciéndoles: -En cambio, ustedes, mis amigos, no se oponen contrn la fuerza bruta, puesto que Augusto no la posee. Ustedcc están fascinados por el brillo espectacular de nuestro abad. Se dejan dominar por él ciegamente porque 10 admiran COrno artista o por cualquier otro motivo. N o lo discuten. si él les dice que soy díscolo, rebelde, inadaptable, ustedes 1 " creen y 10 acompañan en su malquerencia. . . Eso se llamn debilidad de carácter, indiferencia moral. -¡Este Fernandovich! . . . -exclamaba Julio, echando broma mis palabras-. Es un perfecto revolucionario. Ser''

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me;ior que saliera a predicar junto a doña Belén de SáffaiSa . Se refería a una conferenciante española que recorriera los países de América, incluso Chile, hablando contra el clero catcjlico y SUS métodos. -No podría hacerlo -replicaba yo-, porque respeto todas las creencias. Además, tengo espíritu religioso. Por eso estC)y aquí, en compañía de ustedes. En estos momentos me rebelo contra el abandono que hacen de sus propósitos. Se Pue,de ser artista sin abandonar la misión de apostolado que nos propusimos. Tanto peor si esta actitud la toman ustedes, no por voluntad propia, seguramente, sino para halagar a Thc3mson. Esto se llama debilidad, indecisión, carneraje . -No ofendas, hombre, no ofendas -aconsejábame Backs. Si d llamo español testarudo, es porque embistes hai:Icon10 toro bravo . -Prefiero eso a . Pero me contenía en homenaje a las doctrinas de Tolstoy., el cristiano, y me alejaba del grupo murmurando entre dieintes, seguido por el látigo de sus carcajadas. Era costumbre de mis compañeros reunirse en casa al caee la tarde. Generalmente se bañaban, para combatir el calor, duchándose con sendos jarros de agua. Luego salían en conipañía de Augusto a despedir el sol en l a cumbre del montíctilo “sagrado”. Esta ceremonia, a fuerza de repetirse cotidiianamente, concluyó por hastiarme. Pero, más que eso, Ileg:Ó a producirme irritación la teatralidad siempre renovada de Augusto y el servilismo con que lo seguían los colonos. La despedida al sol llegó a convertírseme en símbolo de lo Prefería salir SUPlerficial, de lo amanerado, de lo sincero en busca de Hortensia. Acompañábala en casa o salía con ellz a caminar por lugares poco frecuentados. Pero un día, Prchblemente empujado por demonio oculto, a regañadientes, los seguí. Esta vez no faltaba ninguno en la cumbre del cer r . Allí estaban Augusto, Mayallanes Moure, Backhaus, 0 Val[dés, Ortiz de Zárate, Burchard . -¡Qué hermoso crepúsculo! -¡Mira, mira! iAqcellas sombras violetas! . , -iY aquellos grises dorados!. . .
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Augusto se quitó el sombrero. Los otros acompañaron su gesto y guardaron silencio. El pontífice empezó: -;Qué hermoso crepúsculo!. . . iOh sol! . . . En ese instante se apoderó de mí un acceso de ira incon. tenible. N o podía creer en la sinceridad de aquella pantomima, Hubiera deseado apostrofarlos, escupirles mi descontento. Fué cosa de un instante. Ahora me avergüenzo, pero debo con. fesar la verdad. , . Me oculté detrás de unos matojos, a! pie del grupo que formabzn mis compañeros, y bajándome los , pantalones y adoptando la clásica actitud de los que dan expansión a las más repugnantes de las necesidades orgánicas, entre pujos y sonidos explosivos, exclamé en alta voz: -¡Qué bello crepúsculo!. . . ¡Qué hermoso crepúsculo! Un coro de voces me acribilló con palabras hirientes. Pero pudo más en ellos la pulcritud y el olfato herido. No me golpearon como deberían haberlo hecho. Antes bien, se alejaron cerro abajo, como pájaros dispersados por el tiro del cazador, murmurando expresioees que no alcancé a escuchar bien, pero que se parecían a “chancho”, “roto”, “grosero” o algo por el estilo. Yo, mientras tanto, exhalé un profundo suspiro de alivio. Aunque en forma torpe, deleznable, había expresado, por fin, toda mi contenida irritación.

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LA OTRA COLONIA

De más está decir que la grosería cometida con mis compañeros. hizo recaer sobre mi persona una lápida de frialdad y menosprecio. Se me habría perdonado cualquiera apostasía, menos aquélla cometida contra la belleza de un panorama romántico. Tácitamente se me condenó, por unanimidad, a mortificante ostracismo. No se me hablaba sino las palabras necesarias y no se me exigió explicación o arrepentimiento. Desde ese instante, me convertí para ellos en una especie de mueble despreciable. Tenían razón. Yo había procedido como un hombre de las cavernas. Yo mismo me despreciaba. N o tuve más recurso que aislarme cada vez más y reconcentrarme en minuciosas introspecciones. Mi primer impulso fué liar mis bártulos y abandonar la colonia. Pero, jadónde ir? Había tirado por la borda la ocupación que me diera un lejano pariente. Con ello comprendí que no debía pensar en nuevo apoyo de mi familia, por l o menos en Santiago y sus alrededores. Además, deshacer camino y regresar derrotado, escarnecido por mis propios compañeros, era, en realidad, trago demasiado amargo. Dirigirme al sur del país, en donde poseía amigos y parientes que, seguramente, me habrían acogido con benevolencia, no era camino que me sedujera, pues el porvenir de un muchacho apto para reanudar estudios universitarios sólo se encuentra en la capital. En estas cavilaciones me hallaba, cuando supe que vendría a visitarnos una delegación de cierta colonia comunista que existía en Santiago. No había tenido tanta resonancia la nuestra, seguramente, porque no exhibía en su seno

tolerantes y bondadosos. al pie del cerro San Cristóbal. quista del Pan”. {Cómo es posible que de estos hombres que execraban el alcohol. Formaban un grupo de hombres selectos por la pureza de costumbres y por el misticismo revolucionario que ardía en sus espíritus. Se hallaba situado en la calle Pío IX. Aceptaban coma biblia las teorías del príncipe Kropotkin. como los designa. Amaban siiiceramente al humilde y soñaban con la redención de la humanidad. condensadas en “La Con. muebles y mujeres. de Quillota. Por otra parte.hombres de las condiciones espectaculares de Thomson. Leyendo obras revolucionarias. Había también periodistas. Ilegaron a ser respetados en el país y en el extranjero. habían llegado a la conclusión de que la sociedad se hallaba mal construída y de que debían llevar a la práctica nuevos métodos de vida. ba la gente. como de los tolstoyanos. Eliseo Reclus. quienes. con el tiempo. se tejió una fábula truculenta. Se dijo que llevaban vida corrompida y que practicaban la comunidad de techo. y que sólo se alimentaban de verduras para no incurrir en el “asesinato” de seres vivos. También protegían esta publicación algunos hombres tan cultos como los hermanos Kenette. La mayor parte de los colonos eran obrero: ilustrados y muy distinguidos en su profesión. merceros franceses. Los colonos anarquistas o comunistas. era Otro de los autores que influyeron en la formación de aquella juventud. como eran los componentes de la nuestra. No faltaban tampoco artistas. se pudieran decir tantas atrocidades? 212 . turbulenta e indeterminada. todos sus miembros eran personas que había: sobrepasado la etapa de la adolescencia. se admiraba también a Tolstoy. arrendaron un caserón antiguo que abarcaba media cuadra de extensión. y el escritor millonario don Carlos Newmann. Eran ilusos. redactor de un pequeño periódico sostenido por los colonos: “La Protesta Humana”. hombre de ciencia. el tabaco. Alrededor de los colonos anarquistas. a Engels y a Carlos Marx. pero en cambio. geógrafo y explorador. y la mayor parte cultivaban la oratoria. La verdad era muy diversa. como Benito Rebolledo Correa y Julio Fossa Calderón. libro realista y de formidable lógica. Entre los primeros figuraba Alejandro Escobar y Carvallo.

. Nuestros pintores descansaban tendidos en sus lechos.d i j e . ¿Son ustedes? -sí -respondió el que parecía hacer de jefe-. Venimos a saludarlos y a cambiar ideas . E aspecto de todos ellos era de franqueza y de efusiva l cordialidad. Era día de fiesta. apareció en ese momento Augusto. En el cuarto vecino se oyeron risas sofocadas. Somos compañeros de la otra colonia.. Yo reposaba en la pieza contigua. . y no me atrevía tampoco a invitarlos a pasar al cuarto de los otros. cubierto. Afortunadamente. llegó a San Bernardo l a anunciada comisión. -iAh! . N o tenía asiento que ofrecerles. . -¿Quién es el salvaje que viene a interrumpir la meditación de estos sagrados monjes? -exclamó Augusto en fono humorísyco. Una forzada sonrisa de cortesanía colocaba un paréntesis a ambos lados de la boca y mostraba su larga dentadura. -Somos compañeros de ideas -habló uno de ellos con naturalidad-. . un abrazo fraternal. como de costumbre. solamente por su largo camisón de dormir.e x p l i c ó uno de ellos-. . sin duda. NO se había quitado la camisa de dormir y arrastraba sobre el piso de ladrillos las babuchas de levantarse. De pronto sentimos fuertes golpes en la puerta de calle. fuí quien se encargó de abrirla. Yo blos. fuera de mi cama. Venían cubiertos de polvo. . mientras Augusto circulaba entre ellos. Pero ya los visitantes estaban dentro del cuarto-pasadizo y se limpiaban el sudor que les inundaba la frente. Uno de ellos llevaba colgado al brazo un juego de guantes de box. vi que Augusto me hacía signos indicándome que no los recibiera. es una tarde como para pasarla en el agua. en mangas de camisa y los vestones al hombro. En seguida tendió a 10s recién llegados la punta de los dedos.$n una tarde calurosa. Como yo me encontraba cerca de la puerta. Esperaban. Por la puerta entreabierta. . Afuera esperaba un grupo de cuatro o cinco hombres. -Nos vinimos a pie desde Santiago para hacer ejerciPero hace un calor de los diacio . -Es verdad . 213 . Venimos a visitarlos.

. Con no poca vergüenza. No volvió a presentarse en el patio. Ellos bebieron con avidez. según expresaba Augusto. emanaban nubecillas de vapor.. .sentía que la vergüenza subía en oleadas rojas a m roStpo. me vi obligado a mentir. pasen. y hablé de trabajos realizados. Los condujo al patiezuelo. y allí la colocó. cogió una larga banca de ma. dera que nos servía de asiento en el comedor.. de proyectos por realizar. se despidieron sin decir palabra. luego.La confraternidad humana!. No se me ocurrió nada mejor que buscar una jofaina.. sino también SUS cuerpos. caminó con ella hasta el fondo. . Augusto había desaparecido. pasen al patio!. un jarro de agua fresca y vasos.. Alguno se lavó la cara. . sus camisas polvorientas. Al cabo de algunos minutos. inquirieron sobre nuestra vida tolstoyana. . ya ven. A su vez. i Augusto paseó su mirada por el cuarto y exclamó. extrañados. . comprendiendo que Augusto y los otros no se harían presentes. Los visitantes. quizá obligados por el cansancio. haciendo equilibrios para no caer. vacilaron un segundo. ¡El amor al pueblo!. Seguramente fué a reunirse con los amigos que “capeaban el calor”. aunque no lo recuerdo. al pie de la casita del retrete. N o sólo sus rostros. . aficionado a los términos náuticos. . que Julio y Valdés vinieran a hacernos compañía un momento. optaron por sentarse en el tosco mueble. . Respondieron con sencillez y dieron detalles. ¡Pero. Es posible. como si se disculpara : -¡Hombres! N o tengo asiento que ofrecerles. Formaban un cuadro lastimoso. . Y o interrogué a los visitantes sobre sus actividades en Santiago. ¿Era eso lo que deseábamos realizar en nuestra colonia? 214 . Vivimos en pobreza franciscana.

mientras ella se acercaba a los . Le bastaba saber que me quería y se entregaba plenamente en mis manos. ofrecía a su Virgen y a sus santos. esa ilusión i qut2 me despertaran la “Principessa” y otras muchachas de m edeid. No analizaba ella sus impulsos.SOLICITACIONES EROTICAS Me encontré de improviso acuciado por el problema sexiual. La joven viuda era suave y sumisa. aromadas de cándidos engal: sueños. de cón10 fuí defraudado en mis ilusiones por la cruda realidad del sexo complementario. “Carne de esclava” la habría llamado Augusto en algún libro del tieinpo de “La Lucero”. quizá. pero me sedujo su actitud de súplica y de mansedumbre: su adhesión ardiente e incondicional. de mis primeras y acres escaramuzas venusianas. de mis aventurillas antes anteriores a la pubertad. groseranlente impelidos por apetitos biológicos. Esta vez el impulso ciego que me guiara hacia Hortensia no me defraudó. Acaso la diferencia de edad -yo apenas linda1ba en los dieciocho años.tre i a mm agregaba a su cariño de hembra una fuerte afección msiternal. Y a hablé en otras páginas de mis primeros pasos en la vida amorosa cuando aún no contaba diez años. Intuitivamente comprendí que aquella mujer era la amiga que supliría la amistad que me negaban los compañeros 215 . . dulce y protectora. torpemente elegido al azar. de los mallos ejemplos que recibí entre muchachos mayores. La misma fe que . ni tampoco los sentimientos que pudiera albergar mi alma. . la volcaba a mis pies como hu milde ofrenda de su ser. N o sentía por ella.

aun . Cuando e n esos momentos detenía mis ojos en su rostro. de facciones correctas. me sentaba junto a ella y charlaba con los chicos como lo hice en un tiempo con mis hermanos. me habían convertido en fragua de lucubraciones eróticas.colonia y fuí a posar m cabeza afiebraba en su regazo i acogedor. como si procurase descubrir un misterio en mi alma y en mi actitud. El pavimento de ladrillos estaba siempre limpio y los modestos de 216 . . Me esperaba en su casa a la hora de siesta. E ambiente de aquel hogar era agradable. Poseía dulces ojos claros y un rostro ovalado. damente los quehaceres que tenía a mi cargo e iba a reunirme con Hortensia. me enlazaba el cuello con sus bracitos y me acariciaba con ternura. exacerbada por lecturas estimulantes y por vi. Estaba siempre alerta y se complacía en atender mis deseos. desde el primer momento me demostraron gran apego. el mayor contaba nueve a diez años. ~1 instinto genésico me impulsaba con violencia en busca de la mujer. esquivaba los suyos y se sonrojaba . E niño de más edad. colgaba mi sombrero en la percha. Noté que cuando me despreocupaba de su presencia. colocábame un almohadón en el asiento. Hortensia usaba cortinas en las ventanas y 10s cuartos se mantenían en fresca penumbra. Andrés. y el menor. Traíame agua fresca. Todas las tentaciones de San Antonio y algunas más acecha. termedia de la adolescencia y la varonía definitiva. cumplía apresura. él me observaba larga y meditativamente. no más de seis. La más pequeña trepaba a mis rodillas. Tanto este niño como los menores. Tenía tres hijos. Los gruesos muros de adobe y el techo de tejas eran la mejor valla para el calor.cuando afuera el sol abrasara e! pavimento. Como mis compañeros de colonia salían desde temprano y se despreocupaban por completo de mí. Una pu. bertad precoz. a pesar de l su pobreza. Pero había algo más. Me hallaba en la edad in. con todo el tipo español de las clases seleccionadas. de la eterna mujer que apaga las ansias materiales. Andrés se colocaba de pie cerca de mí y me escuchaba sonriendo. Cuando l a madre tenía una labor de costura que realizar. ban en la sombra para torturarme con delirantes avideces. era muy l parecido a su madre. cios escolares perniciosos para la normalidad sexual. Comenzó para nosotros una era de plácida tranquilidad.

Me recibió con bondad.. yo lo respetaba como a un padre. Si no me da más. Hortensia tuvo la delicadeza de el retrato de su marido difunto. peo daleancl con suavidad. . permanecía ara encenderse a los pies de una Virgen de Lourdes. ahí estaban los niños. . tuve que pa sar grandes penurias. Los pae rientes eran pobres. . y me ofreció que l a reemplazara. prodigarle palabras agradables. pero. nos fueron cerrando las pueSrtas. . también. Acepté con júbdo. Vine a ver un día al párroco de este pueblo. Se me imaginíiba que l hacía para ocultar su emoción. Los niños lloraban. y celeste. de empleada. Precisamente POCO tit:mpo antes había muerto su madre. Con mis costuras yo me ayudo (:omo puedo y así mantengo la decencia. una vela apagada. Luego siguieron las joyas. Los muebles fueron desfilarido uno a uno a la “Agencia”. Sobre la vieja a. H xtensia detiene en ese instante el pedaleo en la máC quina j7 levanta su obra de costura al nivel del rostro. pariente lejano de mi marido.:s se mantenían en pulcra compostura. en su palmatoria. Muchasi veces pensé en locuras . me contaba sus cuitas o me informaba de SU 7{ida. es porque no tiene. . Sentía deo seos de tomar sus manos. que le servía. es muy bueno. . ¡Hasta mi compromiso y el anillo del finado! Salía en busca de trabajo y no encontraba nada. En sv enfermedad gastamos los pocos ahorros que teníamos. ni siquiera de emp1 a1da doméstica: mis niños estaban muy chicos. . poco a poco. En los muros encalados había ingenuas esde litografía. después. Me enpegó esta casita junto a la parroquia y me hice cal*go de los quehaceres de su casa. ientras se inclinaba sobre su máquina de coser. el señor cura. El me doblaba en edad. D o n Poiicarpo. acariciarla . imágenes de santos y retratos de amigos onas de la familia. Mi niño mayor pudo i r a la escuela. A su niuerte quedamos en la miseria . Desde entonces tenemos lo indispensable para vivir. No teníamos qué comer. iDios me ha teni(lo lástima! - ’ - . Era empleado en la Empresa o de Feri*ocarriles y ganaba l suficiente para mantener la casa. Cuando murió mi marido -me dijo una vez-. . En un principio nos socorrieron con algunas limosnas. .

. titubea y mira a su madre. Ellos te pueden acompañar. anda a comprar una botella de limonada. Compra también caramelos para tus hermanitos.. Tan pronto han salido los chicos.solas con ella. me acerco a ella. . . -¡Hortensia. Andrés recibe las monedas. y luego pueden jugar un rato en la plaza. . . mi Hortensia! . . 218 . ~i~ labios se adhieren a 10s SUYOS.. . . . -Anda no más -le dice ella-. me dirijo al niño mayor: Sin poder contener más tiempo m deseo de hablar a i -Andrés.

Era. La alta muralla cordillei-ana había arrojado su blanco manto bordado y aparecía. calcinada de rojo. E aire parecía detel nido en el extenso valle y hasta las aves libres cruzaban el cielo como abatidas por la modorra. . con su inseparable bastón de guindo en la mano. Luego l sentí trajinar apresuradamente en el cuarto. envuelto en la do219 . En la pieza contigua trabajaba Thomson. Y se lanzó a la calle pasando a dos pasos de mi (:abeza. Se retostaban las yerbecitas de los campos. los otros habían salido. iUn entierro! -escuché que exclamaba Au-¡Toma!. y. vi al grupo. . Cuando salí a tuerta. acompañado de murmullo de rezo5i y vagos gemidos. cuando sentí que pasaba por la calle polvorienta un moniótono tropel de gentes. gustc5. los e árbo:L s inclinaban sus ramas en actitud de brazos caídos.EL ENTIERRO Así fué transcurriendo el verano. Habi an huído los frescos airecillos juguetones cargados de s sutilc: esencias. como extática aparición cavilosa. . revolcando en desesperación mis pensamientos. apareció completamente vestido. al fondo del paisaje. En una de estas siestas bochornosas. ya muy distante. o después de algunos momentos. .. un entierro campesino. s610 quedaba junto a nosotros la atmósfera pesacia que nos obligaba a la inactividad. en realidad. yo reposaba en mi lechc) de tablas. -Esto no hay que perderlo -murmuraba como hablando Para sí mismo.

por último. Por él conocí. Augusto fué quien presidió el cónclave. tan rudo en sus manifestaciones de descontento. vivía también en San Bernardo. murmurador. parecida. después. y eso bastaba. Alejandro Escobar y Carvallo. ¿A santo de que se debía soportar a un criticón. en la práctica. los coapañeros se reunieron para decidir si me expulsarían o no de la colonia. y a 61 asistieron. tan empecinado en sus teorías apostólicas y. Díscolo. Habría que castigarlo. el propósito de llevar en la colonia una vida de sacrificio y de realizaciones apostólicas. Resultaba estúpido empecinarse contra la realidad. Después de las incidencias provocadas “por mi mal carácter”. Manuel Magallanes se limitó a reír. pero se siente defraudado y desambientado entre nosotros. recogió en uno de sus libros? ¿Por qué la tengo tan grabada en la imaginación? Acaso porque concuerda con uno de los momentos más penosos que sufrí en aquella época. {Por qué recuerdo esta escena que más tarde D’Halm. 220 . quien. Augusto trotaba cerca d --. además. Tenía el prurito de escudriñar en el espíritu de los demás y de formular juicios temerarios. Y. era un tipo molesto. es verdad. N por un momento se pensó en escuchar i al culpable. Ellos estaban allí para trabajar en su profesión y so. -Se trata de un niño -dijode especial contextura moral y religiosa. quizás.u3. nia. subversivo. Manuel Magallanes Moure y uno de los miembros de la “otra colonia”. pero. algunas de las incidencias de aquella reunión.rada polvareda de la calle. De antemano había acuerdo en que se trataba de un individuo peligroso para la hermandad de la colo. Julio Ortiz de Zárate intentó mi defensa. a que continuara trabajando en el hoyo de los detritos. brellevar la vida en la forma más intensa o agradable posible. a la de Savonarola O a la del mismo Tolstoy. pareciéndole divertidas 1 las genialidades de ese Fernandovich. Augusto actuó como liscal en la acusación. agriado sabe Dios por cuáles anormalidades del cuerpo o del alma? Se había tenido. al mismo tiempo. e moviendo los brazos con rítmico movimiento. Lo secundó con entusiasmo Backhaus. desde hacía algún tiempo. por lo menos.. se comprobó que ésas sólo eran utopías. Naturalmente.

a quien demostraba admiración y respeto. Como era agradable su trato y YO deseaba expansionarme con alguien. N han visto en qué forma ha enflaquecido? Está pálido. Le pedí o noticias sobre la otra colonia de calle Pío IX y supe de sus l&os que había terminado bruscamente por falta de recursos Para sostenerla y por la incansable persecución de la policía.barse en sucios contactos-. Ejerció en Santiago de médico homeópata y naturista. Yo no me di cuenta de esta debatida sesión. . Después de haber formado parte de la ‘*otra colonia”. Alejandro Escobar opinó que. cada día más frecuentes a causa de la honda divergencia que venía separándbnos. quien. expresó Augusto. por el momento. El se comprometía a observarme. Es un puerco. Esta idea pareció echar raíces en el ánimo de mis acusadores.. “Después de todo. no eran actitudes normales en la juventud. Bien podría estar enfermo. El. somos tolstoyanos”. . no l rehuía. en cambio. .Sería hacerle demasiado honor juzgarlo como tú -ex-la& Augusto con pulcro ademán de persona que teme man. esa actitud sombría f” descontentadiza. Ese continuo cavilar. logró introducirse en nuestro círculo y mantener cordiaIes relaciones con Augusto. Pué mi salvación. además de sociólogo. --Quizá esté arrepentido -agregó Julio-. . y aseguró a los colonos que curaría mi enfermedad. yo debía hallarme enfermo. Me invitaba con fre- . se llegó al acuerdo de que. Noté que Alejandro Escobar buscaba mi compañía y Procuraba intimar conmigo. sólo era frecuente hallarla en adolescentes que se entregan a l onanismo. delgado y ágil. pronunciando las palabras con exagerada escrupulosidad. Era hombre de regular estatura. Después de breve discusión. Intervino en el conciliábulo Alejandro Escobar y Carvallo. Es posible que aconteciera durante alguna de mis ausencias. Hablaba con eran facilidad y corrección. y nada más . de cuerpo erguido. en espera de los resultados del tratamiento a que sería sometido por Alejandro Escobar. indudablemente. Es niño de . no se m e expulsaría. ~ 1 falto de apetito. pero no le falta sensibilidad. . se dedicaba al estudio de la medicina. inquiría datos sobre mi estado de espíritu Y sobre las causas de mi descontento. Cavila demasiado. con lo cual se ganaba la vida.

A pesar de SU frente estrechísima. simpatizó mucho conmigo. Le ayudé a buscar habitación y la encontramos en las inmediaciones de la nuestra. sencillos. en una habitación pequeña y vieja. Le agradaba mucho San Bernardo. Observando su hermoso rostro ovalado y sus almendrados ojos color café. pie muy pequeño. Reía por cualquier motivo. E más jóven. de curvas redondeadas. tiaguino. B ~ jita. Lo acompañaban su mujer y una cuñada. generosos. de apellido Lemire. - 272 . Al poco tiempo de tratarlos. que tenía al fondo un extenso huerto frutal. Vivía a pocas cuadras de la nuestra. Por lo demás declaraba-. felino y procaz. chapurreaba apenas el castellano. Casi todos estos hombres eran de una bondad rayana en la ingenuidad. pero de tez blanca y fina. Casi todos eran interesantes y orii ginales.cuencia a su casa. se pensaba inconscientemente en serrallos orientales. recordaban la picaresca expresión del pilluelo san. su manera de estirar la ú . En casa de Escobar fui conociendo a varios de los que formaron la otra colonia. decía que era um be1 pays. nunca dejaría de trabacar pour l’idée. Y a este propósito. 1 tima sílaba de las palabras finales en canturreo suave. era inteligente. su lenguaje. casi de mi edad. L~ mujer era una niña del pueblo. Cultos. comencé a sentirme entre ellos mucho mejor que en compañía de mis cofrades tolstoyanos. Sus modales.

Kropotkin no prosélito de Carlos Marx. S u optimismo no llegaba a imaginar que pudiera obtenerse la felicidad completa. quienes a veces combatieron a los marxiscon mayor violencia que a sus enemigos capitalistas. sus miembros no estaban agrupados en partido político. aunque. Tampoco lo fueron Bakunin Otros anarquistas. ni obedecían a normas de organización internacional. imaginaban que. podría considerárseles liberales manchesterianos -que llevaban la libertad a un extremo utópico. se agrupaban para alcanzar objetivos determinados. no lo fueran.R E V O L U C I O N A R I O S A principios del siglo. se vería que eran hombres dotados de sensibilidad. ni poseían programa definido. en realidad. Aunque parezca extraño. Como creían en la bondad innata del ser humano. autoridades 223 . pero su alcance social se limitaba a una acción de montoneras dispersas que. Pudiera ser que algunos llegaran a formar grupos dignos de consideración. Había. suprimiendo cárceles. revolucionarios anarquistas a quienes se les solía llamar comunistas. esporádicamente. que dedicaron SUS energías a predicar el mejoramiento material de los asalariados. no existía en Chile el comunismo. sí. Si se analizaran las teorías de los anarquistas que actuaron en los primeros años de este siglo en Europa. Nuestro Señor Jesucristo no lo habría hecho con mayor dulzura que Eliseo Reclus y que Pedro Kropotkin. Fueron ilusos creyentes en la bondad innata del ser humano. Eran ‘ntiPolíticos. Pretendían que el hombre “pasara de un estado menos feliz a otro un poco más feliz”. Por 10 menos. .

entre otras ideas. debían ser cuidados. la gastó íntegramente en experimentos socialistas que culminaron en Norteamérica con la fundación de la Colonia Armonía. que actuarían para interesar a las comunidades en la construcción de obras de interés público: carreteras. a semejanza de la q u e se realizó en Francia el año 1789.. Sin embargo. Debían ser las dos cosas a la vez. Stalin y otros.. ni disipador.conseguiría establecer una sociedad lozana. por no decir y todo régimen que disminuyera la libertad individual. Owen. nada o muy poco sabían de Carlos Marx y sus continuadores. Este último. dicinados y alimentados por la comunidad. prácticamente. como Saint-Simon. intercamb. monumentos. después de haber amasado una fortuna en rudo trabajo. el niño. Tampoco admitían el trabajo forzado. me. fué un industrial inglés que. Hubo también idealistas que predicaron la revolución social mantenida por el pueblo. discípulos de Marx y Engels. ferrocarriles. Más bien eran revolucionarios románticos como Fourier. Owen y otros. viviendo en general armonía. paseos. se les tuvo por demoledores. ni explotador del prójimo. los hombres deberían agruparse en comunidades de tendencias afines. vulgarizado por Emilio Zola. El pobrecito de Asís no hubiera sido más indulgente para considerar al prójimo. en Santiago. se lograría embellecerlo inmediatamente. quienes imaginaban que sólo se puede construir una sociedad mejor destruyendo la actual. iIlusos? En todo caso no eran malos. Creían que el hombre sano no puede ser flojo. Pero los anarquistas que formaron la colonia de la calle Pío IX. fundadores de la Primera Internacional y de1 comunismo científico. a los actuales gremios. así como al dársele libertad al horrible pie de las mujeres chinas. Entre éstos se hallaban los comunistas del tipo Lenin. do productos sin limitaciones egoístas.. parecidas. En ella pretendió establecer. dosa. comenzando por los gobernantes y los dueños de la riqueza. el decrépito. Probablemente se les confundió con los terroristas. Como autoridad ordinadora sólo admitían una especie de corporaciones con alguna semejanza a íos municipios. alegre y bonda. quizás. Por tal razón. ~1 anarquista no admitía la división de trabajadores manuales e intelectuales. la libertad en amor. para la organización del trabajo. se 224 .

cuando. En casa de Alejandro Escobar encontré por primera vez a Tomasso Peppi. seguramente las habrían rebspetado. “Se castiga a los ladrones con penas espantosas . con fingida indignación-. y de morir ahorcado. palmoteaba l a espalda de sus oyentes y los trataba como si fueran amia)s de muchos años.” Su afán de libertad era tan riguroso. -Así es que si nosotros vamos a tu casa -replicaba E scobar. para estableCL:r el reinado del amor y de la paz. aunque fuese -un c Víiso de limonada o un trozo de sandía. que ni siquiera a :eptaba invitación a beber ni a comer. al revés. a pesar de haber sido muy feliz en su viejo l n:lavimonio. N o estoy seguro de si conocieron las teorías de Henry George. como respetaban las enseñanzas de Tolstoy. jamás quiso pertener a ninguna. Cuando Alejandro Escobar lo invitaba a comer. Vestía pulcramente y sin afectación.” De esta clase de idealistas eran los colonos de la calle Pío IX. Todos estos innovadores sociales fueron homb res buenos como el pan y claros como el agua pura.e m o r libre. ya no P‘d r í a hablar con franqueza. canon izado hace poco por la Iglesia Católica. Aunque simPÍ3tizó siempre con la colonia de Pío IX y con la nuestra. que sintieron honradamente el malestar social de su época y que Proturaron remediarlo a costa de su propia tranquilidad.d e cía-. tan libre que jamás debe casarse o vivir amanC€ :bado. con scmora voz de barítono. A caso fueron demasiado buenos. s i así hubiera sido. Saludaba a gritos. después. Era alto y fornido. apenas presentado. rehuía al egremente: 4 N o n posso accettare. de ademanes desetivueltos. la humillación y las persecuciones. Pudiera ser predecesor d‘ ellos el canciller del reino británico Tomás Moro. 3r P‘ lo pronto. y. Si comiera vuestro pan. ‘ N o vacilaron en soportar el’ ridículo. a fin de que nadie tuviese necesidad de robar. Moro no vaciló en dirclarar que los humildes labradores tenían derecho a la P‘osesión de la tierra para evitar la miseria y las plagas soci&s. jserías capaz de dejarnos sin comer? - T . “El hombre debe ser libre decía-. debieran darles posibilidades de gani3rse la vida. pero. Tendría que adular para no P:asar como desagradecido. italiano de origen.

Cuando se pasaba frente a su tenducho de la calle Bandera. . Per la Madonna!. unzt hermosa voz varonil que cantaba trozos de ópera en boga: Liz donna 2 mobile cual piuma al uentoooo Trabajaba sin 'operarios en su oficio de sombrerero.-Ah. . Soy un hombre perfetto. . . Pueden insultarme. U: continúan siendo libres. Era un revolucionario alegre. libres los do s . Alejandro continuaba zahiriéndolo: -Yo creo que si no admites que te conviden es de Puro cicatero: para no devolver la mano.. . . . . porque permitía trasladarse de un país a otro con todo el taller metido en u n maletín. ¿Imaginas al Cristc3 Con una cataplasma en el lomo y predicando el Evangeliio ? . . Cuando yo doy. jeso no!. -jAh. Cuan( obsequio algo. Tampoco te casas. . . daba completa libertad. . estrecha y de edificios semirruinosos. que C Imocimos en la juventud. ¡Qué escándalo brutala para el p'overo rebelde del Nazaret! . ¿Y. . . . . . . eso no!. . . desde lejos. . ' Yo quiero mucho a las mujeres. ¡Nosotros debemos morire ccv dia gnitd. . el cual. sin chistare!. ¡Con perdón de las d o m a s ! . arrastrado a la croce del martirio con unzL mujer colgada al cuello y dando gritos. Lo mismo era considerado por los anarquistas el oficio de zapatero. . luego. . si lo dese. . lo hago por mi propia felicitd. . N o puedo ir por el mundi3 con un parche poroso a la espalda. decía. por no verte obligado a darle mantención a tu mujer. Pero libres. podía escucharse. . Cada uno por SU lado. . aquella vieja cal le de Bandera. tutto il niondo queda desligado de COI miso. . llorando y chillandto ? .

l a engorda o contorsiona a medida de sus concavidades o convexidades. en s u verdad tan misteriosa como desconcertante. Por otra parte. bien o mal. una introversión a los profundos repliegues del ser. siempre alerto para defendernos de las más absurdas y bajas posturas de la vida. torciéndolos a s u antojo. La “Memoria” es una confesión íntima. La natural tendencia del individuo es justificar hasta sus acciones abominables. Los hombres actúan. Hacer justicia Plena a uno mismo y a los demás es problema insoluble. baste a nuestra conciencia la intención de proceder con valiente e inquebrantable veracidad al referirnos a nosotros mismos y a los t 227 . el espejo del memorialista suele ser de tal naturaleza que Permite reflejar la imagen y colorearla con matices de extraordinaria simpatía y al gusto del espectador. Su objeto principal es mostrar la naturaleza humana. De este modo. van interpretando actcs. sus amigos contemporáneos. Mantenemos en el fondo del ser un abogado sutil. a imagen de su propia contextura física o moral. en fin. condescendiente y combativo. en lo que a nosotros concierne. y tambikn !as personas indiferentes y lejanas. es difícil decir la verdad sobre uno mismo. aunque se ponga el mejor empeño. a manera de espejo deformado. pero. Pero. a su alrededor.SOSLAYANDO L O ESCABROSO No deberian escribirse “Memorias” si no pudieran ser absolutamente sinceras. aun cuando tuvieran que referirse a hechos que empequeñecieran y ridiculizaran al propio memorialista. De ese modo se va formando alrededor de cada ser una leyenda. que alarga o empequeñece s u figura.

Tampoco usamos la manteca ni la mantequilla. a veces.que nos rodean. Producen recargos morbosos que perturban la circulación de la sangre. afrechillo o y demás componentes . . sandías. . Alejandro disertaba con ‘facilidad sobre 10s temas más variados y abstrusos. Pero aún le sobraba tiempo para escribir versos. agrupados sobre blanco mantel. . resantes disertaciones. de modo que en la página formaban figuras de extraños contornos geométricos. sin levadura y con harina en grano. mento humano digno de consideración. mezclados violentamente con otros muy cortos. desarrollaba Alejandro inte. Sentábamonos ante una pequeña mesa. su compañía fué para mí de incalculable consuelo utilidad. . Leía mucho y asimilaba con facilidad. Con delicadeza procuró alejarme de cavilaciones brías y evitarme el trato directo con mis cofrades tolstoyanos. melones. jugos de frutas. psicología y psiquiatría. N o le ofrezco pan. Por si le gusta. L o hemos eliminado como perjudicial a la salud. Recuerdo unos que tenían la particularidad de estar escritos en renglones muy largos. . . Usamos aceite crudo. nutritivo y no tiene el inconveniente del pan común. Ellas nos servían sabrosas ensaladas de cebollas y tOmates. literatura. sin desperdiciar el afrecho. medicina. Economía política. No faltaban. y notaba que. le tendré. A usted no le extrañarán estas comidas naturistas. duramos. i dua persecución amistosa de Escobar y Carvallo. atendían la mesa su mujer Y la cuñada. sopas de hortalizas y legumbres. para otra vez “pan completo”. Con frecuencia me invitaba a comer a su casa. es decir. con perfumes de campo chileno. compañero -me decía Escobar-. . . -Sírvase. . Las comidas de Escobar me parecían exquisitas. Como no tenía servidumbre. . me vi cercado por la asi. provoca fermentaciones pútridas en el intestino. pués. situada bajo la sombra de un árbol. Aunque no me di cuenta de sus verdaderos propósitos sino mucho des. ante una variadísima exhibición de platos vegetarianos. Y a he dicho que desde que estuvo a punto de realizarse m expulsión del grupo tolstoyano. y allí. me sentía con el cuerpo liviano Y el espíritu alegre. ni 10 per.No l ha comido nunca? Es sabroso. . mitían sus teorías sociales. . Es la única manera de ofrecer uii uocu. después de ellas. semejantes a los ~ 228 .

.. Sufrió. ~ \ Al general Ledesma y a Silva Renard les llamaba %hacales”. han de caer con las cabezas rotas y los uientres abiertos por un tajo. Y tus compañeros de forma idiota. un trastorno al conocer la forma en que fué sofocada una huelga de obreros en el Norte. Alejandro Escobar y otro compañero fueron en persona a visitar a Eugenio Castro. falso mentor de multitud ignata. No concebía que hombres jóvenes y vigorosos pudieran vivir sin contacto con mujeres. ‘y le entregaron aquellos Versos de dinamita. en la colonia de la calle Pío IX se esperó el apresamiento en masa y el martirio en común. y o te maldigo en nombre de la plebe tantas veces cuantas lágrimas llorara. en aquella época Director General de Investigaciones. utilizó Vicente Huidobro. Y recuerdo aún unos versos desafianres que dedicó a las autoridades de la época: don Pedro Montt el general Silva Renard. odiados por los hombres de trabajo. Tampoco les ocurrió nada. En las disertaciones médico-psicológicas con que me regalaba Escobar.que. . la ciencia preveía íos peligros a que se exponen aquellos que contravienen las leyes naturales. ’. Pronunció fogosos discursos en reuniones de plazas y teatros. Pedro Montt. me limitaba a &irar la forma tipográfica. Hablábame del onanismo. Furiosos por esta forma de desprecio manifestada por las autoridades policiales.tendido demasiado en esta rama literaria. no fueron molestados. más tarde. Según aseguraba. . Que tu mujer sufra de alguna entraña que le impida comer y deleitarse. tirano aleve. . insistía especialmente en los peligros de la castidad. en aquella época. Pero. y en su dolor sea una alimaña que te impida dormir sin lamentarse. Como nunca he . Después de estos desahogos poéticos. Pero cuando Escobar escribía con intensa emoción. de homo- - . “bestial ralea” y otros epítetos semejantes. con sorpresa de los colonos. olvidaba la forma externa y componía el resto de los poetas.

me hubiera sorprendido en pañía de Hortensia durante nuestros vagabundeos pc alrededores del pueblo. Yo le escuchaba con cierta extrañe2 tuitivamente presentía que aquellos sabios análisis eral un anzuelo destinado a pescar mis ideas recónditas y cc mi vida íntima. vez que Escobar dirigía la conversación a tema tan peli procuraba mantener el rostro impenetrable. Y como yo q e sentía culpabk o mis compañeros. A esto había que agregar que los niños artesanos provenían de los campos en SU mayor parte. el . nos inducía a la abstinencia sexual. Llegué a suponer que Escobar conocí aventurillas amorosas. Le hice ver que los colonos no habíamos estab'lecido normas de conducta sexual y que. conservábamos libertad de acción en esa materia. Y si Augusto. de deformidades sexuales. Nícele confidencias de l que me había sido posible observar en esta clase de establecimientos. y muy probable. en la Escuela de Artes y Oficios no se conocían sino corno excepción 10s vicios sexuales. de este modo. tácitamente. En cambio. suponíamos que lo hiciera sólo con el propósito de contribuir al mejor éxito de su carrera artística. por l menos de disimulo y reserva. probablemente debido al cansancio físico producido por el trabajo rudo de los talleres. nunca e:stablecimos en nuestra colonia un código para determinar 1 reas laciones entre sexos diferentes. de vicios crueles co sadismo y de otras perturbaciones. Sólo muchc tarde pude darme cuenta de cuáles eran sus verdadero pósitos. Me' escuchaba con atención e insistía majaderamente sobre 11 inos convenientes desastrosos de la falta de relaciones sexual es. Era posible.encanto y atracción de lo prohibido. con su ejc:mplo. En cuanto a la práctica del onanismo.' sexualidad. Pero todas las consideraciones que hice presente a Escobar no me valieron para que cambiara de tema. La conjunción instintiva entre ^" GIL 230 . q o alguien de su familia. especialmente o en los internados. en donde se develan desde la infancia 10s misterios del sexo y se pierde. tales como el Instituto Nacional y otros. Fuera de algunas m:inifestzciones vagas de Augusto contra la mujer. cuyo origen él atrit la castidad forzada. convinimu3 que era un mal generalizado entre íos niños.

gacho Y heni b t a se practica allí en foirna natural y desembozada. el coitimo de personas del otro sexo. . es -Exacto . la única manera. facilitarles. 231 . meditabundo y me observaba con los ojos entrecerrados. y luego. . por momentos. Con\rinímos en que la mejor manera de extirpar el . en época oportuna. exacto -murmuraba distraídamente-. Comprendía yo que no quedaba satisfecho y que esperaba otra clase de revelaciones. . .o&niento í1: Alejandro Escobar quedaba. .nanismo de los niños sería hacerles conocer SUS funestas .

regresábamos a la ciudad. Hasta los pintores habían resuelto suspender sus excursiones. con sus aguas murmurantes. permanecíamos durante las horas de calor. Y a pensaba dirigirme a la farmacia en busca de algún calmante. -Sí. i Pero aquella tarde no tuve ánimo de acompañar a m s amigos y me dirigí a casa de Alejandro Escobar. Vagamente recuerdo que se refirió a las “sangrías” Y a las “fuentes de salud” a que recurrían con frecuencia 10s médicos de otros tiempos. 232 . Bajo los sauces que se despeinaban sobre el canal y que proporcionaban sombra propicia. con la intención de consultarlo sobre mi extraño decaimiento. Me palpitaban con fuerza las sienes y me dolía la cabeza. abatidos por la onda flamígera que cruzaba el valle de San Ber. nardo. quien compartía nuestros juegos de escolares en vacaciones. hasta la presa del molino.TENTACIONES DE S A N ANTONIO Me sentía presa de profundo malestar físico. Allí establecimos nuestro balneario. N o s acompañaba la mujer de Lemire. sí -me dijo Escobar distraídamente. Pero no parecía preocuparse de m i mal. Yo me había concertado con el francesito Lemire para pasar las horas de siesta a orillas de un canal que corría al oriente del pueblo y que llegaba. que atribuía al calor extraordinario de los últimos días de febrero. cuando disminuía el calor. En la tarde. ya sumidos en el agua ensayando nuestras aptitudes para la natación. y se engolf6 en una erudita disertación sobre métodos curativos. cuando Alejandro se acercó y me observó el rostro. o tendidos a la larga sobre el pasto verde de la ribera.

. . Iré mañana a Vaipa- - 233 .ido por su habitual sonrisa bonachona. m i mujer y mi cuñada. 1de donde me llaman con urgencia. venir a acompañarlas por las noches mientras dura mi ausencia? -No tengo inconveniente -le dije. Necesito pedirle un fa-Tendré mucho gusto -le respondí. He tratado de convencerlas de que éste es un pueblo l. ni poseía el atractivo sensual de la otra. de r m r o vulgar. La broma me pareció un poc:o audaz. El ya 1iabía partido y me esperaban sólo las jóvenes con una agrada1. mi amigo. . Mucho más de1 adEi. tranqu i o pero ellas se consideran amenazadas por grandes peligrc1s. Se mag --Esta tarde saldré para Santiago... A menos que no quiera dormir con nosotras. La hermana de Rosa no era bonita. ErI ese momento volvja Rosa con el jugo de limón. . Rosa. cercóse la mujer con movimientos ondulantes de mujer id.¡Claro que sí! Le podemos arreglar. . Mi2 despedí. . ¿Hay ropa Ptara una cama? R x a posó en m sus entrecerrados ojos. . . . Pero mi amigo permaneció serio y afable. . son miedosas y temen quedarse solas. . -Convenido. me dijo: -A propósito. -Tráele al amigo un jugo de limón. Pero las compañeras. . A ver. . . entonces. sin azúcar. boca ancha y ojos saltones. ... a! . . Tómese el jugo de un con un poco de agua. ientras la joven se alejaba. ilumin. . . . Querían seguirme a Santiago. Fíjate. ver. regresé a casa de Escobar. Mis dolores se habían calmado un poco con el jugo de limón. . . .. raíso. el amigo Santiváñez puede venir a acompañarlas por las noches. compurwas con cierta coquetería. . jsabe? . . y creí percibir C í en sus labios una fugitiva sonrisa. Estaban muy avispadas. ¿No podría. . . y procuré observar la impresión que causaba eri Alejandro. mostrando sus pecIueños dientes y las rojas encías. Rosa.le cena de frutas y verduras. Al caer la tarde. .e -Recargos morbosos d i j o . . ¡Tiene cara de niño tan bueno! Se aplaudió ella misma con alegre carcajada.

. una de ellas propuso: -¿Y. y sabida es la facilidad con que se entienden las personas jóvenes. Debo de haberme puesto rojo. El otro sirve de leñera y gallinero. porque no tenemos otra pieza. Quiero acostarme. en kvoluntaria caricia. arréglenme luego la c ama. porque ella exclamó: -¡Y por tan poco se achola el lindo!. Nos servimos café.nifestaba muy bien dispuesta en mi favor. -Por favor -les dije-. y a pesar de mi malestar físico. Ambas me designaban por el diminutivo de mi nombre. . chanceamos durante la comida como si nos hallára. -¿Cómo?.d i j o R osa-. al parecer. Cambiaron miradas picarescas. si tomáramos un “bajativo”? Queda un resto desde cuando tuvimos una visita “carnívora”. persona sobre la cual se tienen derechos adquiridos. Nos servimos varias copas de “Guindado Letelier”. I 234 . De este modo continuamos durante la comida en franca Y . . -Va a tener que dormir con nosotras . Ese día contravinimos varias de las normas dietéticas del vegetarianismo. sana camaradería. . aproveché ese movimiento para oprimir su mano entre el hombro y mi cuello. . Parecía Considerarme. no sé por qué. .d i j o una de ellas. Yo. . -¿Le agarró? . . . Me sentí francamente mal. Me trataba con familiaridad y con cierta actitud de sobona complacencia que tenía la facultad de irri:arme. . . Con todo. Acuérdese que soy su mamita. mos en plena aventura picaresca. Uno es la cocina. a la cual nunca me hubiera permitido mirar con ojos concupiscentes. y después de esta contravención al sistema natural que nos convertía en cómplices. a pesar del respeto que me inspiraba la mujer del amigo. Rosa anudó la servilleta a mi cuello recomendándome que fuera niño bueno y no mancha. . r)esde ese momento perdí gran parte de mi alegría. Ellas no tenían muchos eños más que yo. hasta el punto que olvidé mis dolores y me comporté como lo que era en verdad: un chiquillo. Así es que tendrá que dormir con nosotras. que no lograba vencer. ra mi traje. -La casa tiene sólo tres cuartos.

en un angosto diván. .d e c í a una de ellas-. Y a usted con una le bastaría. . . jno es cierto? -¡No. Se desprendieron lentamente de cacla una de sus prendas de vestir hasta quedar sólo cubiertas Col1 nieblas ondulantes que flotaban a su alrededor. ocupaba casi todo el cuarto. Yo las escuchaba sentado en la cama Y 1xocuraba ponerme a tono con el ambiente en que se situaiban mis Compañeras. haciendo alusión a un cuento popular-. Pero. y sentí extraordinaria angustia.No se le vaya a ocurrir botarse a sonámbulo!. pensé. N o supe l córno me desvestí.. descansar . . . Las veía moverse a través de una masa de cristal que les daba contornos irisados. . Observé como en pesadilla los aprestos y trajines de las jóvenes mientras arreglaban mi lecho. “$1 baño de vapor! ”.. Me hubiera parecido indigno de mi hombría y de los revolucionarios conceptos de sexualidad que seguramente tendrían mis compañeras anarquistas. ’ -¿Y qué más se haría? -replicó la otra-. Dispusieron mi cama a los pies. Sentía la sensación de que la caja de mi cráneo estaba a punto de estallar. En la cama grande cabemos los tres. amiguito! . Después penetré en un país extraño y sobrenatural. como si la tierra me atrajese con imán poderoso..Aquí no se libra nadie! ¡El salteo es saíteo ! . . pero me llamó la atención el aire de confabulación con que me lo proponían. . .descansar . Volvieron a reír. Parpadeaba sobre el velador una vela encendida. Sólo sentía un invencible deseo de hallarme en posición horizontal. porque conocía la costumbre de los campesinos glOdestos. . . ¿ C i)mo salir de aquel hoyo en que me encontraba? Quise mo235 . Sentía el cuerpo quebrantado como después de un apaleamiento.N o me hubiera extrañado que me hicieran dormir en cuarto común. -iAquí va a dormir como un bendito! . iMucho cuidado. . Un catre de bronce que podría cobijar a toda una familia. señora! -gritó Rosa. Después. me arrojé sobre é con ansias de descanso. dormir. Además. Sobre mi cabeza circulaban Rosa y su herma na. N o quise hacer alarde de pudor. apenas concluyeron de arreglar el diván. Me Paireció que descendía en un submarino de fuego a varios metros bajo tierra.

Sus movimientos provocadores me producían indefinible angustia. . . volvía a renacer. . Una de ellas decía: -Se pasa de tonto si no aprovecha. SiY quiera me hubiera sido posible gritar para que acudieran las muchachas en mi defensa . Con sigilo de ladrón. Pero me í hallaba atado a mi lecho de tierra por fuertes lazos de hierro. . Momentos después sentí como jugaban sobre el lecho grande con alborozo de animalitos jóvenes. iQué triste.. Mis compañeras dormían plácidamente. descansar.ver un brazo.El pobrecito está pa nunca!. . Cayó un manto pesado sobre mi cabeza. . Al amanecer sentí que cantaban los pájaros en el exterior. V cómo las jóvenes arrastraban una bañera pequeña i y la colocaban a los pies de mi cama. mir!. Tampoco pude articular palabra. . . que absurda aventura! Ahora sentía una ráfaga de aire candente que pasaba sobre mi cuerpo y al mismo tiempo veía moverse una ondulante hilera de bichos negros que bajaban por la sucia pared. huir!. Veía su dorso semidesnudo. me observó durante algunos segun. dos y exclamó: -. Cuchichearon un instante y luego se echaron a reír. aspirando el aire fresco. . i sin poder levantarme. moría . Pero mi cabeza era como un trozo de piedra. . . . me era imposiblé acercarme. . . Momentos después me encontraba en la calle. busqué mis ropas dispersas alrededor de la cama y comencé a vestirme. . . . defenderme. la mujer se levantó de su asiento. Al llegar a casa. . mi propia cama! dar: 236 . . . Vaga y angustiosamente recordé la noche pasada en un oscuro burdel de Concepción en compañía de Julio y Augusto. Moví un brazo. . . Rosa se sentó en el agua. Luego me senté sobre la cama. puede ser que. . . Brusca excitación se apoderó de m . . ¡Estaba destinado a morir devorado por aquellos seres diminutos! Menudeaban las picadutzs. se inclinó sobre mi cabeza. . Me ahogaba. los muslos blancos y el pos. Yo creo que. tro inclinado. Sólo aspiraba a una cosa: ¡Descansar.. . Mi cuerpo era una masa de plomo. jcon qué gusto volví a ocupar m* cama. . Acaso me quedé dormido . Después de un rato.. Oí que Rosa decía: -Voy a tomar mi baño de asiento.

la pobre no pudo ocultar su estado de ánimo. . Mi cuerpo ardía en agotador inceindio. Como alimento: sólo jugo de frutas. Más tarde pude reconocer a personas determinadas. Sed insaciable me hacía pedir con desesperación quiera bebida refrescante. Desgraciadamente. A Augusto l e pa- 237 . Valdés. con gran asombro de todos. se echó a llorar. -Miren que vivir estos pobrecitos comiendo sólo yerbas. . deliraba. y acercando su rostro al mío. Ducual{ rantc:los primeros días sólo vi a mi alrededor bultos y rostros preocupados. ¡Cómo pudiera estar a su lado Para cuidarlo! También fueron a verme Rosa. su hermana y Alejandro Escobar. Hortensia. -Alejandro me recetó baños y envolturas de agua fría. . iEjante no han muerto de inanición! -exclamaba. . secándose el rostro sudoroso con su pañuelo de yerbas. . porque. BackLhaus y Burchard. según ella. D’Halmar. m’hijito!. Junto a doña Rosalía entró. Por momentos. Se empeñaba en que me dieran cazuela de ave y unas empanaditas fritas. Vi desfilar a mis compañeros: Ortiz de Zárate. me tomó una mano. . También compareció nuestra lavandera. que se acercaban a mi lecho y me observaban. mi enfermedad provenía de la falta de alimentos. y. también. doña Rosalía. En un momento de descuido de los que me rodeaban. quien me trajo una ollita de mote con huesillos y un jarro de agua de culén azucarada.APRENDIZ DE ZAPATERO Mi aventura en casa de Escobar fué el comienzo de una fiebi:e que hizo peligrar mi vida. murmuró: -iMhijito.

Se olvidaban mis asperezas. se toleraron alrededor de mi lecho y posiblemente continuaron estimándose en el futuro. 238 . ciones. En aquellbs momentos de pavor entre los que me rodea. Concluyeron mis tormentos y vi la posibilidad de que m vida tomara nuevo rumbo. N o dejó de llamar la atención la heterogeneidad de mis visitantes. Lombardosi. c o ~ e f l c éa borronear cuartillas y a tomar apuntes. Eué un descobrimiento reconfortante. en las horas de soledad. por el contrario. que antes se manifestaron entre ellas antipatía. acudió a ofrecer su ayuda y confraternizó con mis compañeros. con quien. como mis amigos franceses y Alejandro Escobar. Allí se reunieron mujeres del pueblo. Es más: personas de mi proximidad. y que. Se me llegó a considerar chico bueno y de grandes condiciones de carácter. frases. sonidos. De preferencia. Acudieron a mi mente recuerdos. ‘a quien Augusto consideraba insoportable. Comencé a sentirme importante. ban. gentes de la clase media. como Magallanes Moure. se perdonaban mis salidas de tono. como doña Rosalía. De este modo ocurrió que la vecina del frente. guerras. cataclismo. más tarde. habría de ser tan amigo. y otros de mis compañeros de colonia. Desde luego. N~ faltaron a mi lado Lemire y su mujer. Mi convalecencia fué como un dulce sueño de recuperación. ácratas. y refinados. Ello me hizo pensar que no es imposible que las diferentes clases sociales puedan armonizar y convivir ante una impresión común que les sirva de nexo: enfermedades. Rafael Valdés. . No estoy seguro de si fué entonces cuando vino a visitarme por primera vez Benito Rebolfedo Correa. pude comprender que no era tan odiado como imaginaba. construcciones novelescas. Con premura.recieron absurdas las prescripciones del médico nat --. comenzó a bullir i en mi ánimo un vehemente deseo de expresar por escrito mis pensamientos. tout gour l’idée. Vino a visitarnos Tomasso Peppi y un propagandista. que se hallaba de pasa en Santiago. hizo venir a un doctor que veraneaba en San Bernardo. había conseguido formar alrededor de mi persona una cadena de siapatías. y varios otros franceses anarquistas que me prodigaron SUS aten. mis lucubraciones se agrupaban en forma de narraciones cortas y pequeñas novelas. como Hortensia y la vecina del frente.

. por ahora. . . .. A O se podía culpar a nadie del fracaso. tres bien!. . fui a visitar a Lemire. . continuaré escribiendo algunas páginas. Tienen ustedes razón: es trabajo que proporciona libertad. sin duda. {Y tú? -Me quedaré aquí un tiempo más. . Una ilusión menos. . . dolor. -Vengo a pedirle que trabajemos juntos. . . veremos. -¿A dónde piensas ir? -A Santiago. N o midió sus fuerzas. creyó sinceramente en la posibilidad de un apostolado. . me resigné 2 39 . . . como si procurase ocultar s u vergüenza. Magnifiqtce!. Era absurdo empecinarse en algo que no tenía base. ni aun con l a muerte.Cómo!. . ¿Cuándo quiere comancer? ’ con dar por fracasada y terminada nuestra aventura tolsto. Sin embargo. -2Trabacar pour l’idée? . Las consecuencias de esta aventura juvenil acaso fueron pata mí de mayor trascendencia que la aventura misma. . . . Tan pronto como me sentí con fuerza para levantarme. E mismo T l D’Halmar. . -Así es. Sin embargo. . . .el más fuerte!. . Si es posible.un desgarramiento el día en que Julio Ortiz de Zárate vino a anunciarme su próxima partida. Yo say siempre dispuesto!. sentí como . . Ninguno de nosotros estaba majuro para realizar experimentos como los que nos habíamos propuesto. :Voy a quedar solo! Julio inclinó la cabeza. Habrá que buscar otros caminos.. reanudaré mis estudios en el Pedagógico. no hizo labor de introspección.acaso no l a tuvo nunca. Aquí deberían terminar estas “Memorias”. .Bna. . Esta breve despedida fué el epitafio de la Colonia Tolstoyana. mientras encuentro ocupación. . . -No es precisamente trabajar por la idea lo que deseo.Tú. . ‘ien. aunque alguna relación pueda tener con eso. Quiero aprender el oficio de zapatero. ¿Es posible?. Fernandovich. Después. .. -. . . nada concluye. En cuanto a mis proyectos de carácter social. Es que en la vida todo se enlaza. M á s que vergüenza. .

pero sin que les faltara distinción a SUS modales. -Ah. Allí se confeccionaban botas de montar y fino calzado para íos “ricos imbechiles”. Comenzábamos nuestta tarea muy temprano. Comy partían conmigo el pan sin mezquindad y jUgábamos como niños en las horas de descanso. . . Poseí” . zarnos en el canal del molino. Además. Luego aprendí a usar la lezna curva para efectuar los diminutos agujeros que sirven para coser la suela al cuero de la caña. en SU alacena. si no tiene inconveniente Y tal como lo convinimos. recibían su pago y regresaban a casa con el material para nuevas obras. Cantaba tonadillas francesas durante el trabajo. Enseguida. día. hube de hacerme práctico en pasar el hilo por los agujerillos y efectuar la COStura con rítmicos movimientos de extensión lateral de 10s brazos. íbamos a sola. . vivían con mucha limpieza. Pronto me di cuenta de que Lemire ganaba salarios mucho más altos que los mejores obreros chilenos. los obreros libres entregaban el trabajo de la semana. cuando no se ocupaba de la cocina. Era un artista en su profesión. porque Lemire sólo tenía un cuarto redondo. llaba como recién salida del almacén. El día sábado. Dije a mis compañeros de colonia que seguiría durmiendo en casa. como decía Lemire. i eran tan cordiales mis nuevos compañeros!. inicié mi trabajo al L . Me entretenía aquel trabajo. Comencé mi trabajo preparando la pita encerada de las suelas. . A l a hora del calor. y la cristalería. Su mujercita. Sobre la pequeña mesa del come. Lemire era alegre. servía de “aparadora” del calzado. bri. después de “aparado” . Usted será luego un zapateró e s f i l e d i d . me consolaba de 10s fallidos propósitos de nuestra Colonia Tolstoyana: practicar el trabajo manual como base de vida saludable e igualitaria. tres bien! -me decía Lemire-. mujer de la clase social humilde y bien chi* lena. Ellos utilizarían los servicios de nuestra lavandera R ~ lía para los menesteres de casa. dor había siempre flores. . Mi amigo Lemire adoraba a su compañera. . Trabajaba en la tienda de Monsieur Pepay. en voz bajita pero agradable.-Mañana mismo. en aquel tiempo la mejor en su ramo en Santiago.

. pero en sus juegos se comportaba como esos perros nuevos de patas grandotas que rompen las muñecas de 10s niños. la amorosa lucha concluía en ternuras que me obligaban a salir discretamente al patio. N o tardé en presentarles a Hortensia.. Esto. poseen las verdaderas damas de cepa.. la arrojaba sobre el lecho con brusquedad y solía mordisquearla sádicamente. es posible. . Equivocat. . y. Le proporcionaba palmazos crueles. Hay cosas que sólo pueden realizarlas o un libertino depravado o un hombre extraordinario. dentro de nuestras costumbres occidentales. Bon ami Escobar. ah!. . -iOh! -me dijo-. Gramd cceut Escobar. . jlo respeto! SU espíritu y en su carne blandura de almohadón. Sentí que la figura de Escobar se agrandaba a mis ojos. compañera. Su voz no tenía vibraciones agudas. era cariciosa.. Con su marido era dulce y sumisa. en adelante. iAh.en Alguien me dijo que Lemire la había conocido en un lenocinio. . como sus manos. un espíritu que se eleva por encima de la moral corriente. . Quedé sobrecogido. entonces Escobar era trompé. . . generalmente. . iAh. Yo no sería tanto. -Sí -murmuré-. . . .. . . El creía que usted sería malade por falta de femme. ah!. -iApaches! -les decía. Formamos. Cuando Lemire S dió cuenta de que mis relaciones con la joven viuda eran e antiguas. dos parejas unidas por sincera amistad.. .. un gran corazón. . pero se comportaba con esa sencillez desprovista de arrogancia que. El quiso QOUS médiciner. cariñosamente. . . Mis vagas sospechas encontraban comprobación. era una loca temeridad. . -¿Equivocado?. Ella lloraba de dolor. 24í . Yo. no pudo ocultar su asombro. . El mundo podrá darle cualquier calificativo. entonces. . . E l le prodigaba caricias. -Eso es. .

E artista partía todas las mañanas como un minero que. y los sarmientos. hiciera el hallazgo de nuevas vetas preñadas de metales. sin su follaje de verano. sumergidas en brumas azuladas. retorcíanse como torturados brazos. el desbande continuó. En las lejanías. En la atmósfera diáfana temblaban las hojas de 10s árboles. Las viñas comenzaban a teñirse de colores de hierro oxidado. Backhaus. Vivía en perpetua fiebre de producción. y nosotros pasamos a ser “los tres señores de la Casbah”. aparecían las montañas. Pocos días más tarde partió Pablo Burchard. las nubes. A los días de sol y de calor tropical sucedieron días templados por vientos de la costa. recordando una novela de Loti. Augusto y yo. hasta formar blandos tapices en calles y aceras. En nuestra colonia. comenzaron los veraneantes a abandonar la ciudad. Veíamos poco a Backhaus. de líneas tan borrosas y suaves que parecían fundirse en el cielo empalidecido. Una que otra.comenzaron a desprenderSE hojas doradas. Alamedas de oro líquido. Augusto bautizó nuestra morada con el nombre de la “Casbah”. Fué entonces cuando.EL D E S B A N D E Después de la marcha de Julio. Más lejos. besadas por el sol de otoño. Al par que las hojas. emprendían marcha hacia países de ensueño. Backhaus Cose- 242 . a l principio. El paisaje de los alrededores iba adquiriendo tial tas nuevas. más tarde. Sólo quedamos en Ia casita. con profusión. de improviso. el primero en seguirios fué Rafael Valdés. el paisaje se dulcificaba. cruzaban el a z d como barquichuelos en lago transparente. De los grandes árboles que sombreaban las calles del pueblo.

. si vale la pena. Su rostro expresaba benevolencia.sus vinos dorados. dibujos de árboles esqueléticos. . Incliné la cabeza con el rostro convertido en brasa. Pero. me atreví a presentar a Augusto una de mis producciones literarias. hombre! -exclamó regocijadamente-. me dirigía la palabra con cierta condescendiente dÜlzura. me regaló algunos de sus apuntes y una copia suya de un D’Harpignies del Louvre. que tanto criticaba lo que 61 llamaba mis fanáticas gtitudes de español testarudo. . Todas las tardes traía nuevos apuntes. . . también. Hasta Backhaus. y corrijas. Mis palabras salieron con esfuerzo.. . . Más cerebral que sensitivo. En una ocasión. Sería curioso que Santiváñez nos resultara escritor. . . Debe de haber sido un cuentecillo sentimental. Augusto tomó el manuscrito. sabiduría poética que !as hacía gratas a los intelectuales.. realizaba sus producciones mediante cuidadosa preparación. como si una extraña fuerza las devolviera hacia el interior.. Backhaus se acercó. . confundido. incredulidad. Nunca ha leído mis cosas un escritor como tú. . Después de mi enfermedad. es decir.. trato de escribir. ¿Y dices que has hecho algo más. ¿tú también escribes? -me interrogó con asombro. En un tiempo recibí palabras de estímulo.. fuera de eso? 243 .. . . aliñado con recuerdos de la infancia. -Sí. -iHombre. -Entonces. se ahogaban en mi garganta. Y o me hallaba sofocado. .. Cierto día de fiesta. . tenían. en cambio. que aprovecharía más tarde en sus meditadas lucubraciones de taller. -Es un ensayo que deseo conozcas. apacible y beatífico. D’Halmar y el resto de los colonos comenzaron a tratarme con afabilidad. si no resultaban espontáneas. . con lejanos sonidos de campanas y teñido de pálido sol otoñal.. . impresiones de color. -¿Y esto?. . Backhaus era inteligente y fino. lo dió vueltas en sus manos y me miró con sus profundos ojos inquisitivos. .

-¡Es claro! -respondí con la afectada entereza de los tímidos-. En seguida volvió a tomar los papeles. . José. -repetía Backhaus. a Samuel Lillo y a otros escritores. . De vez en cuan. . falta la experiencia. Mi cuentecillo adquirió en sus labios sonoridad musical. me devolvió los papeles. . Por fin. ¿Era yo quien había escrito eso?. 244 . Y han sido pu. Desde luego. ¡Este Pernandovich nos va resultando el patito feo de Andersen! . . . que observaba estupefacto: -Escucha. . aquélla era una consagración. por movimiento rápido de los pies. . . ya me sentía consagrado escritor..de pequeña obra‘ maestra. . . delicadeza . ¡qué bien!. . Tienes sensibilidad. . se asciende en el espacio y se va dejando la tierra muy abajo y se va aproximando cada vez más a las estrellas. matices suaves. . a Díaz Garcés. . concluída la lectura. Tenía tanta fe en la capacidad crítica y artística de Thomson. abriendo sus grandes ojos azules y acariciando SU barbilla rubia-. Necesitas pulimento. . Backhaus rió con su fina risa de intelectual. . Leía mi trabajo con atención.! Pocas veces en mi vida he sido tan feliz como en ese momento. . que. Sentía deseos de reír y de llorar y una sensación parecida a la que se experimenta en sueños. Leyó. Y leyó. en realidad. -Está bien. . . Fui yo el que recibió la mayor sorpresa. Mientras tanto.. . que tanto podrían ser de aprobación como de repudio: -iHum! . de Chillán. Y. Hablaré con Díaz Garcés para que te admitan colaboraciones. . . en efecto. . .. Y añadió : -Me encargaré de eso. amplitud de velamen desplegado al viento. Voy a leerte el trabajo de Fernando. . i hum! . ¡qué bien!. Naturalmente. . . . cuando. añadió otras y dijo a Backhaus. ¡Quién iba a creer que. -Pero. do dejaba escapar leves interjecciones. . . con sólo su aprobación. .. . tarjÓ algunas palabras. . E cuentecillo fué leído por Augusto a Manuel Magallanes l Moure. yo observaba a Augusto con rápidas miradas de reojo. como Thomson sabía hacerlo. blicados en “La Discusión”. esto es mejor que muchos cuentos publicados en “Zig-Zag”. He escrito cuentos y artículos. .

Si te pillo otra vez. chiquillo! -me dijo Rosa con su cadenciosa y su. impresiones al óleo. la canción delgada as de 1 acequias cristalinas.. También los amigos anarquistas emigraron. Cerrábanse las pesadas puertas de las casonas y volvía a escucharse. También trabacaremos p o w l’idée.. y en las 1bodegas. -¡Adiós. el jadear de los hombres que bailaban en las zaraindas. Pasaban por los caminos de los alrededores de San Bernardo carros cargados de uvas negras o . La soledad comenzaba a invadir sus calles cobijadas por el varillaje descarnado de los árbodes. Nos despedimos con emoción. iChas con el san5 tito! Más tarde le llegó el turno a Lemire. Avanzaba el otoño. prometiendo encontrarnos más tarde en la capital. . No tardó Backhaus en seguir a los demás. dora das. . no te e caparás ni aunque estés boquiando. Fué su mejor cosecha del año. . .cuya aprobación significaba ser admitido en las mejores revistaIS del país en calidad de colaborador y que se me invitara a Paxticipar en las veladas del Ateneo. . 1 245 . por la u i e . Hay que trabí2car. Llevó consigo dos cajones repletos de apuntes: acuarelas. mantenido por la admirarble constancia de Samuel. Usted será buen zapateró. . exprimiendo el jugo azucarado de los racimos. -Yo soy todo de usted allá en Santiagó. ahora. . Se escuchaban las risas de las vendimiadoras. ave voz de pilluelo santiaguino-.. Primero fué Escobar y Carvallo con su familia. . Quedamos solos Augusto y yo. La atmósl[era se hacía cada vez más sutil y el viejo pueblo tomaba nue\ros y más profundos atractivos. . al borde de las aceras.

r de A r t i s t a s .TERCERA PARTE H0ga.

debo sufrir las consecuencias. prefiero trabajar con Lemire.zjes 249 . -Prefiero cualquier cosa antes que pedirle ayuda nueva mente -le dije a Augusto-. y. cómoda ocupación que me permitió obtener gratuitamente buLena lectura y asistir sin apremio a mis clases del Pedagáigico. Es persona muy inteligente. más tarde. Estoy seguro de que don Federico te o pe rdonará. fina y comprensiva. Me he portado mal. . Y :sin darle aviso. Comprendí que deseaba volver definitivam ?ntc a su casa y que yo debería marcharme también. TUVO especial estimación por tu madre y fué amigo de tu padre. Si vuelvo 'a Santiago. el paesto que me dió en la Librería Miranda. El ha prometido darmie pensión en pago de mi ayuda y. Es cuestión de dignidad. . Yo había sido expulsado del Instituto Nacional y de la Escuela de Artes y Oficios. en la Colonia Tolstoyana. Vi. abandoné sin motivo. pues c en San Bernardo no me sería posible hallar ocupación. es de tu raza.NUEVA FAMILIA Augusto comenzó a realizar con mayor frecuencia sus a Santiago. podrá sacar obra para mí en el almacén en que traba ja. que en aquel tiempo ocupaba el cargo de Mini stro de Relaciones Exteriores. Resu ltaba para mí bastante duro recurrir a mi lejano pariente Y protector. cuando conozca bien el oficio. Yo suponía que debió recibir informaciones sobre m: aventura. mientras él me sirvió de apoderado. . seguramente debía coni siclerarme loco de remate. -Hombre -me dijo Augusto-. Después de todo.. . . No hay que tomar las cosas tan a l trágico.

.

Tenía jardín y espacioso hue:rto frutal. hacia los POUteros deshabitados de una posesión rural. Con10 muchas viudas antiguas. . o lo cual no lo satisfacía. una vieja casa situada a pocas cuiadras de la línea del ferrocarril. me arrojó de su lado cc. una confusión que debería traer lamentables consecuencias Piira ambos. El frente daba a una de las sombreadas calles del pueblo. enrejadas de hierro.mo una basura. pero uno de sus costadc1s. comprendí que le agradaba disponer COl rodeaban. despué! de recorrer la casa. en cambio en cuanto a escritor nunca dejé de considerarlo como un maestro admirado. Toda su persona emanaba dulzura y bondad. pues a l que él aspiraba era un V2isallaje absoluto y total. . podríamos vivir juntos. Si durante la colonia no pude entenderme con Augusto er cuestiones morales o sociales. miraba por sus ventanas. al fin. Elegimos. -¿Qué te parece. 7 cu[ando tuve la audacia de contradecirlo. Había en ella paz y soledad. me rogó le ayudara a buscar casa en Sa n Bernardo. Indudablemente sufrió respecto a í m. Esi posible que tú y mi familia puedan llegar a estimarse.Q u i e r o que conozcas a los míos -me dijo un día-.n&í 25 1 . vestía siempre de negro. E Ella respondió con evasiva mirada: -¿Y cuándo he pensado de diverso modo que tú? Su modo de pronunciar las palabras la hacía adorableite sumisa. m o soberano de seres y cosas que :C . Poseía voz suave y ademanes señoriales. era S e l l Cd l a y pulcra. La abuela de Augusto era una ancianita encantadora. Cumplí su encargo. viejecita? -le preguntó Augusto. Para comenzar. Sus ojos de azul purísimo y el rostro muy blanco le habrían dado aspeao de tímida virgen si no tuviera ya los cabellos encanecidos por completo. En la Colonia o 4 olstoyana fué mi amigo mientras le rendí acatamiento. Fué un largo deambular por calles 1 Y casas. En es'e 'caso. por acuerdo unánime. 4 le juntos las visitáramos. vacías de habitantes en la estación otoñal. visité numerosas quinta s desocupadas'y un día cualquiera invitó a su familia para .a su familia.

desde luego. estoy acostumbrada al trabajo. . de las piezas de la casa: el Cuarto grande de la esquina sería salón y taller. bellos y brillantes. Ese mismo día convinimos en que viviría con ellos tan pronto como la familia se trasladara a San Bernardo. Llevaba el cabello corto y le caía hasta el cuello en rizados bu. . silenciosa y risueña. pero en Estela se marcaba este origen más que en su hermana: parecía una inglesita espigada. pero manecían velados por largas pestañas. iY le sienta muy bien! -No tanto -replicó Elena. el 252 . -Entonces. sar el tiempo. mostraba sus pequeños dientes engastados en rojas encías. . este otro. un cambio de pueblo y de casa es algo trascendental. l que daba a su rostro una expresión de misterio y de ensueño que parecía evadirse hacia parajes distantes. . su hermana Estela no era bonita. Ión y enternecido-. entre bur. . . Las hermanas se mostraron encantadas de la casa y del pueblo. Augusto dispuso. confusa ante el requiebro inesperado. . Cumplía apenas los quince años. si puedo tenerte a mi lado. Espontánea simpatía nació entre las hermanas de Au-’ gusto y yo. -iPor qué se ha cortado el pelo? -la interrogué atolondradamente a fin de iniciar la conversación. -Comprendo. . Su hermana explicó por ella: -No crea que Elena lo ha hecho por coquetería. Era alta. T u opinión tiene gran importancia. cles castaños. pero.. y no que. En cambio. -concluyó Augusto. -En cualquier parte estaré bien. ligeramente pecosa y de corta nariz. Ella se echó a reír y no respondió.. emanaban de SU persona salud y alegría. de hermosas facciones finas. . ya buscaré en qué pa. . Juanita Cross! -exclamó Augusto. habitación de la abuela. ControIaba sus gestos y se expresaba con dicción fácil. mientras los ojos. . rría que después te sintieras incómoda. el de más allá.-. Se lo cortaron durante una enfermedad de tifo. . Ambas tenían tipo sajón. ¿conformes?. Elena era de mi edad. Es verdad que echaré de menos a mis alumnas. Al reír. cuarto de las chicas.Pero. .

para nosotros los hombres.De ese modo quedk incorporado a la familia. Cuando ipañamos a las damas a la estación. 253 . guardaba silencio y caminaba con pasos inros. el comedor. todos parecíamos -es y charlábamos como viejos amigos. . Sólo la abuelita cía ausente. se halla junto al pasadizo.

el recuerdo de Hortensia..ICUPTURA . de alegría y sus pequeñas almas rebosantes de afecto. Uno de sus hijos 0 Su hermano. ticias de la madre. y cuando vuelve a casa. -¿Ni a mí tampoco? E niño calló. O com prendía demasiado. .. Los acariciaba. Comprendí que no deseaba herirme. que se había convertido en sombra huidiza. -Mamá está enferma -me dijo el mayorcito con voz llorosa-. con SUS caritas Ilenas. Yo soy como de la familia. . como siempre. anemia -respondió con vaguedad el chico. Nunca la encontré. l -Dile a tu mamá que esa orden no puede valer para mí. Nos tiene dicho que no abramos a nadie. 254 . . Procuraba comprender. . Fué donde el médico y la encontró mal. . Fueron muchos los viajes que realicé hasta su casa. . Esta herida era Hortensia. -¿Qué tiene? -Algo al pulmón. . E niño bajó los ojos y enrojeció como si realizara u* l esfuerzo físico o mental. Llevaba una herida en el pecho que no me permitía disfrutar de mi nueva situación gozosa de escritor novel. repartía algunos regalos e inquiría no. -Se l pasa en la iglesia. cierra las puertas y ventanas. Los chicos salían a recibirme. enigma y obsesión. Confirmó también algo que ya conocía por doña ROsalía: o .

. N o cedí en mi empeño de verme con Hortensia. 6‘:ave-. Pero Hortensia se esfumaba a pesar de haberla V [Sto poco antes arrodillada en las losas del templo. 255 . . C í‘ee qu’está condená por quererlo a usté. . . Es necesario i q1 e la vea. . Al sentir a mi espaldia el ruido de la puerta al cerrarse. mi hijito. . Como es tan pechoña. Le ruego que la busque y le diga que necesito u ia entrevista. doña Rosalía -le dije-. La eseré P’ varios días en las proximidades de su casa y en la puerta die la iglesia. . . Seguramente i seI hallaba tan preocupada como yo. iI’obrecita!. l que n3 era normal dentro de su carncter expansivo. . Le elrpliqué mis andanzas en seguimiento de Hortensia y los teo m!ores que me afligían. Si no también el desamparo en que se hall?ban los chicos. La Úítima. N o ha querío moverse. Me apenaba no sólo el rechazo de Hortensia. E l señor cura quería tom arle una reemplazante y qu’ella se juera con los niños a 3sar una temporá onde un pariente d’él. . .-Adiós.municación interior desde la iglesia a la casa del señor CIira. Ir P( esos laos de Colchagua. con voz Dios l’ha tocao la concencia. si ella lo dispone a s í .tan hacendiosa y preocupada de ellos. . ¡Yo no sé qué le va a pasar!. me pareció escuchar una 4ueja lastimera. . . que tiene jundo P. la convencería de muchas cosas. . sus trajes diesgarrados. . la Me alejé profundamente conmovido. . Ella me escuchó en silencio. . entonces. . 4‘ue era la medida del estado moral de la madre.N te vayas! -me dijo la más pequeña. . N o tardé I ei1 darme cuenta de que la joven se escabullía por alguna C( . 1 Dígale que no podemos separarnos sin una explicación. Yo creo que ni toma lo1 remedios que le da el meico. a la suya. . . -Estoy seguro. que si yo habl[ara con ella.. . . -Misia Hortensita s’ectá matando -me dijo. a los buenos oficios de Rosalía. abrazándome ¡o i~ piernas.. . . Cada uno de los chicos ofreció su carita para que los esara. . y de ahí. Tampoco ha querío irse s al campo pa poderse aliviar. . Recurrí. hablaban con elocuencia del dolor de la madre Y de su despreocupación de las cosas materiales. Sus caritas sucias.

\ 256 . siempre dejábamos entornada discretamente-. Si tiene alguna queja contra. dejaba ver sólo parte de su rostro. . aumentada por la separación. -Lo creía a usted enfermo -murmuró. Yo pienso ecirle que usté está enflermo. que exhalaban el alma viva de los jardines de San Bernardo en la estación otoñal. Hortensia. me preocupé de temperar el ambiente con una braserada de carbón y de evitar los gases arrojando al fuego yerbas de rómero y aíhucema. pero es lo cierto que esa misma tarde 1ne trajo una respuesta: -Mañana vendrá a verlo. A pesar de que estaba convencido de que podrí a doblegar la voluntad de Hortensia y de que nuestras rielaciones volverían a la antigua cordialidad. -No -protestó doña Rosalía-. . sobre todo. Sus ojos afiebrados fosforecían. enflaquecido Y pálido. Convinimos en que Hortensia vendría a mi cal5 en la a mañana. con la cabeza cubierta por el denso manto de seda que usaban las damas para asistir a misa. Esa mañana. . . tan pronto se marchó Augusto. como si vacilara entre seguir avanzando o retroceder. J . nunca esperé uina hora de cita con mayor ansiedad. Me proponía expresarle! m teri nura.Eso no!. Cuando Hortensia apareció en el umbral -después de haber penetrado silenciosamente por la puerta de calle que.-. oscuras ojeras acentuaban su expresión austera y dolorida. permanecimos un instante mudos. la convencería de la necesidad de que se pusiera en curacitjn y que abandonara el tétrico pesimismo en que se hallaba suniergida. Yo alargué mis manos con ademán afectuoso.. me aeaiqué a asear y embellecer el cuarto. . .3 . . y. . . Puse en los floreros grandes ramos de juncos y violetas. . A esa hora yo quedaba solo. por antiguo acuerdo.o si ha dejado de quererme.. . Augusto iba a su ocupación diariamente y se marchaba a Santiago en el! primer tren.Verá cómo viene al tirito! N o sé cómo se las arregló doña Rosalía para ha Mar con Hortensia. Como ya comenzaba el tiempo frío.. Y'a me lo habría dicho.como si fuéramos enemigos. de pie uno frente al otro. .. vestida de negro.

lejos de ella.. Desearía para csted todo l mejor . bruscamente. . . N o tengas ningún recelo. . . . ¿No es como si estuviera enfermo? Me había sentado en uno de los divanes. Hortensia. o -Pero si me tratas como a un extraño. y Permanecí todo el tiempo con la cabeza inclinada. Pero si me ves en pie. Hace poco. que la mantenían dispuesta a huir al menor intento de asedio amisroso. . . . Tolstoyano. ¡Ni siquiera me tuteas! . ¿Es un crimen quererse como nos que- -. Yo me limité a estrecharla coh obligada parm quedad. -Pero. Comprendí que debería adoptar una actitud pasiva para no alarmar su enfermizo estado de escrúpulos morales. -Toma asiento. Pero necesito que hablemos. -NO quiero que vohamos a ser 10 que fuimos antes . . ¿cómo no sentirme robado. cohibida. SOY menos aún que cualquiera de la calle. Hortensia se sentó en la silla que se hallaba más diso tan1:e de mí. ¿No lo comprendes así? -si 10 considerara un extraño -me dijo. . ¡Entra. . . pues! Hortensia. . no estaría aquí. Hortensia. . -Creí que estaba enfermo -volvió a repetir en voz baPor eso vine. avanzó un paso y extendió la mano t í idamente. Así me lo decías. extrajo de su bolso un pañuelito y l llevó a las narices delicadamente. . como veo. . ¡Es horbrible. . . T e l agrao dezico. . y sufro mucho.Tú. . trastornado. . como si hicieira un esfuerzo para expresarse-. horrible!. con voz casi imceptible-. . me resignaré. sin mirarla. no estaba bien! o -si me quitas algo que me pertenecía ye que tú mism? diste.-i7 257 . quieres considerarme como a simple forastero. ja-Ya lo sé. ¡Es . . Eso me indica que no me consideras extraño del todo. . . no quiere decir que me encuentro sano. era yo parte de tu vida. y no postrado en cama. . que me tratas como si no me hubieras visto cau: nunica. . . Hortensia .-Y estoy enfermo de verdad. ¿y por k no está bien?. Si. . Hoy. . me haces sufrir en forma cruel. Y tú eres la sa.. sin que yo te dé motivo a kuno. -Yo no quiero que sufra -me dijo. Estoy. Hortensia Y venías a cuidarme. . . her ido. en realidad. burlado?. .

. . . {Qué te pasa. . . que no te quiero. . . . debes decírmelo!. . ¡Y quieres que no sufra!. . me consideres siquiera cc)mo un amigo. . e hice que se pusiera de pie para mirarla de cerca.por el cuarto. ¿Es posible?. . . . . sinceras. ¿ N o somos libres tú y yo?. pero lo soportaré con valentía. me diste ánimo y fe. . Y O esta1 abatido. dome de refugio.. y Ique soy como una piedra del camino que se puede arrojar con el pie como un estorbo? -¡Eso no!. fervorosas. . mi Hortensia?. . . . .blando. ¡Abreme tu alma!. pobrecita mía! -le dije con voz cariñosa-. ¡Mírame! ¡Déjame mirar tus ojos! Comprendí que mis palabras. Pero nosotros no tenemos dereth o para 258 . ¡Ayudémonos! . . . . Continué ha. Me acogiste como una hermana. .. . -¡Has adelgazado. Dias pue!de caso tigar o enviar la muerte cuando l crea conveniente. ¡Es el Supremo Juez!. sin una explicac. . . . . me vuelves la espalda. . Fuiste samente buena. sus manos. encontraban eco en Hortensia y que su redstencia disminuda. los que necesitan de tu cariño parí1 vivir. . ¿Cómo puedes pensar eso?. . . . Tomé. . ¿F>or qué huyes de m í ? . .que m rías y que me prestarías auxilio: acompañándome. . T ú no te perteneces. . . N o puedes disponer de tu vida como si fueira sola: mente de tu propiedad. ¡Cuéntame tus pe nas! . ¡Hortensia! -le dije. . Me quitas esa compañía cariiTosa. -¡Hortensia!. . . . . sin una advertencia.ríamos?. Me 1 pie y di algunos pasos. . ¡Yo no quiero forzar tu voluntad! ¡Si has dejado de quererme. . 2 crees que no te he querido. sin dejar de pasearme: -De pronto. . . . TI debes a tus hijos y a . . . Sufriré como si me echaras al infiernc>.ión.Había algo de malo en eso? Tuse de Hortensia bajó la cabeza y no respondió. . . T e busqué. . . . con voz trémula de emoción. te estás matando.. . . . . {Qué será de nosotros si hos abandonas?. deteniéndome delante de ella-. . . raste mis heridas. . . . Hortensia. presintiendo . Con tus cavilaciones y el genero de vida cp e llevas. Sólo te pido que si no puedes darme el cariño de amante. sufriente. Imagirias que 0 sigo viviendo feliz. . como si m inquietud i espiritúal necesitase aire y movimiento. N o tienes derecho para es(). entonces. ¡Eso no! -sollozó ahogadamente.

. ¿No nos queremos? $0 me quieres? ¿No somos libres? -¡Sí. Hortensia. . . . dijo: / -¡Eres un niño!. iNada hay que lo imPida!. Nada conoces de la vida. mi hijita. -¿Por qué. E l día que tú quieras. cuidados. . Secóse rápidamente las lágrimas y con voz entera. ¿Llamas maldad el haberme dado consuelo. y si tomara en consideraC cicón l que he sufrido. o Y apenas puedo mantenerlos con mi trabajo. no cometeré jamás esa locura! isería un crimen!.gitimarlo! . . . Tengo hijos. Yo la enlacé por el busto lá4 con delicadeza. . . . . iy no quieres le. ¡No te comprendo! ¿Quién te ha dicho eso?.reemplazarlo. ¡Puedo trabajar! . . decirme que este car. ni de juzgar sus intenciones. Soy ya un hcmbre. . . Dices que me quieres Y que consideras nuestro cariño un pecado. 259 .i L o nuestro no ha sido sancionado aún por las leyes hum. He sentido alegría y orgullo de mi maldad. . He viso. .. .anas o divinas. . ¿Puedes arrepentirte de habe rme hecho feliz y de sacarme de la desesperación y abandono en que me hallaba? Quieres. . fire. . i -¡Vivías en pecado!. . . . que son inescrutalbles. . . cariño generoso?. Tú no podrías udarme en eso. ¡Debo pagar m i culpa! i TomÓse el rostro con las manos desesperadamente. . -iNo comprendo. .. . Yo soy U tia mujer con experiencia y debo velar por ti y por m í . . nos casaremos. dos veces tu madre. por l a edad.e x c l a m ó con incontenible ~ 0 2 0 . -¡Es que soy muy mala! ... . calla! -le dije con arrebato-. -iCaila. . Pero. . . eso tiene remedio. O deberías sacrificar por nosotros juVE:ntud y justas ambiciones. envolviéndola en un abrazo que expresara m i ternura y deseo de protección. sin duda. por qué?. Hortensia!. Además. . . 30 vi( en pecado. porque te' quiero. . en vez de humillarme y avergonzarme.humillando el rostro anegado en lágrimas-. .e x c l a m ó Hortensia. . desprendiéndose de xií con gesto rápido e irguiéndose con energía. y las grimas corrieron entre sus dedos. . -¡Eso nunca! . . . P >dría ser tu madre.

. . . . por favor!. Eres joven. y busqué sus labios afanosamente hasta conseguir que se unieran a 10s míos. Eso crees ahora. no. . estrujándonos como si quisiéramos formar un solo cuerpo.Hortensia!. -¡Sanarás! jY0 te cuidaré! -No. . Sin darnos cuenta. nos sentamos en el lecho. Morirías t ú también. . . . -. . Debes vivir.hijito. . . . hijito. Tengo. . cia Y estrujándola apasionadamente. diez años más que tú.. . . Pero pasaría el tiempo. . . . Pero yo sé que lle. Además.. . T e contagiaría. por lo menos. . pero no tienes experiencia. pensé. Recuerdo que sentí abrirse la puerta de calle y que se volvía a cerrar “¡Es el viento!”. . . . condenada a morir. . Ella palpitaba entera me transmitía el calor de su cuerpo blando y tibio. de buena familia. . .. -¡Te quiero. . . Envejeceré. La pasión de otras horas renacía con la fuerza incontenible de la juventud y el cariño. . YO sólo veía confusamente SU rostro bellamente desencajado por la pasión y SUS ojos entreabiertos y ausentes. jNunca. iY Dios premiará tus buenas intenciones!. . . . Entonces. . ¡Amor!. ilustrado. . -¡Déjame. Era la locura que llegaba. Eres inteligente. . . Y nos abrazamos y nos volvíamos a abrazar. . La acaricié con efusión. . . - . . . Eres bueno. -000¿En qué momento penetró en la pieza sin que nos diéramos cuenta?. me aborrecerías. . . garía un momento en que sería una carga tremenda para ti. . . . unidos en una sola palpitación. . . nunca! -jPobrecito! . jN0 son bellezas materiales las que busco e n ti! -Sigues hablando como un niño. . . 260 . Óyelo bien.N o lo dudo. luego. . perderé el escaso atractivo que m e queda. llené su rostro de besos. quizá me culparías. Nuestros labios se bebían con ansia que parecía no saciarse jamás. . Estoy enferma.. -jQ& importa! .d i j e enlazándola con violen. . . No seas loco. . -Mi hijito. ~6 debes vivir. enlazados. perdida l a nol ción de lugar y tiempo. Hortensia! . mi . rodamos en é . .

. Luego Augusto dió media vuelta y sentí sus pasos que atravesaban la pieza vecina. Nerviosamente comenzó a ordenar sus vestidos junto a la cama. desencajado. y nos convidó a almorzar. Yo no hice el menor movimiento. Su rostro estaba pálido. Después sentí el golpe de la puerta de calle al cerrarse. Yo me quedaré. . me limité a encogerme de hombros. Acaso. Sólo algún tiempo después apareció Augusto en el cuarto. Hortensia se levantó de un salto. Por respuesta a esta interrogación. . . .Pero de pronto se irguió ante mí una sombra de gigante que parecía llenaba todo el marco de la puerta de comunicación con la pieza vecina. . Fué toda nuestra explicación. -Perdí el tren -me dijo con tono de voz n a t u r a l 7 Pasé donde Magallanes. tranquilidad. ¿Se produciría entre nosotros una escena violenta?. y salió del cuarto sin mirar siquiera una vez hacia atrás. Sentía en ese momento una gran conformidad. .Quieres acompañarme? -Mejor será que vayas solo. . Me miró. más bien. Denotaba. Luego me levanté y comencé a pasearme. Echó él una mirada inquisitiva al lecho en que estábamos enlazados. En sus ojos no había agresividad ni reproche. como si nada hubiera sucedido. . esperando el regreso de Augusto.Qué me iría a decir?. Permanecí algunos minutos sin movimiento. -iAugusto!. En cambio. ni de alarma ni de terror. -¡Castigo de Dios! -murmuró ahogadamente. Fué una mirada rápida. . en dirección al patio. Su rostro no demostraba sorpresa ni cólera. 261 . Me hallaba resuelto a cualquiera cosa que pudiera sobrevenir. un poco de curiosidad. Tomó s u sombrero y se despidió afablemente.

CABEZA D E FAMILIA

En el momento en que fui sorprendido en compañía de Hortensia, se produjo en mi espíritu un fenómeno que se ha repetido en los momentos culminantes de mi vida: terremo. tos, fallecimientos, incendios, pérdidas súbitas de fortuna 0 de afectos. Todo, en fin, lo que sigpifica catástrofe material o moral. Insisto en recordarlo, porque esto me ha preocupado más de una vez. En esos momentos me sobrevenía algo que era como la ausencia o paralización de sensaciones. ¿Existe alguna ley que permita al espíritu conservar su equilibrio ante los acontecimientos catastróficos? Emerson habla de la ley de las compensaciones. Sería una explicación. Sin ello el corazón estallaría de dolor, como una granada. Al salir Hortensia del cuarto, tuve la certeza de que la perdía para siempre. Este era, para mí, el cataclismo. Lo demás tenía importancia secundaria. Algo definitivo se había realizado. Sin embargo, a pesar de la extraordinaria excitación nerviosa en que me hallaba, invadióme gran serenidad. N o era resignación, ni otro sentimiento depresivo, sino una especie de alejamiento súbito de este mundo para ser trasladado a una estrella lejana. . . Allí no existiría dolor ni felicidad. Cuando Augusto regresó de casa de Magallanes, no demostró contrariedad alguna. ¿En dónde quedaban su fobia contra el sexo femenino y sus teorías de prescindencia de la mujer, perturbadora de la potencia creadora del artista? si su actitud se debió a prudencia, de todos modos debí agradecércelo, pues no era él persona acostumbrada a callar SUS

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>resiones; por el contrario, las exprewba con energía y taba imponerlas. Pero lo que me extrañó más fué que no renunciara a sus propósitos de introducirme en su grupo familiar. Al fin, mis relaciones con cualquiera mujer eran asuntos de mi exo ClU!;iva incumbencia; pero no era l mismo el ingreso mío en el círcuuna persona contaminada por la concupiscencialo :íntimo de los suyos. Pensando en esto, yo había resuelto abandonar el pueblo e irme a Santiago. -Creo -me dijo Augusto, al referirse a sus proyectosque todo va resultando a medida de nuestros deseos . T e traigo una buenb noticia . . Encontré en el correo una carta del caballero de quien te hablé. . Me comunica que te dará el fmesto que le hemos solicitado. Es un abogado muy culto Y que siente simpatía por el arte y los artistas , Creo que . . E sueldo es bueno. Sólo exige que l ' te Entenderás con él te x>erfecciones en la dactilografía. Como te harás cargo del PueSto en la próxima semana, mientras tanto puedes practica.c . . . Y a arreglaremos eso . . Agregó que, de este modo, yo contribuiría con mi sueldo a IcIS gastos de casa y desaparecería el último escrúpulo que me detenía para vivir en casa de su familia. La actitud de Augusto me pareció extrañamente generosa. Era indudable que perdonaba mis flaquezas o las consideró desde tanta altura, que ni siquiera quiso hablar de ella:i. En vez de adoptar un temperamento agresivo, como Esperaba, su posición fué fraternal, desprejuiciada y huYO 1 mania. Eso me hizo olvidar los últimos reparos que tenía en su contra y pude considerarlo de nuevo, como al comienzo de nue!zro conocimiento: como maestro y amigo. -Está bien -le dije-. Espero que, en adelante, continuaremos estimándonos cada vez más. N o por eso dejé de pensar en los Últimos acontecimientos, tratando de explicármelos y comprenderlos. ¿Poseía Augusto un espíritu paradojal y contradictorio? Posiblemente no. Debía reconocer que era egocentrista, y, además, psicólogo de mediana clarividencia. Se inclinaba siempre a las generalizacicmes, por pálpito, por intuición - c o m o él decía-, y, com0 es natural, con base tan vaga, las generalizaciones le resultaban siempre mal. Proclamaba que todas- las mujeres

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eran falsas, perversas, dañinas para la salud del hombi-. se exceptuaban las que entraban en la órbita de sus afectos: su madre, la abuelita, s u hermana Elena y las almas infantiles que aún no habían sido contaminadas por el apestoso espíritu del mundo femenino. Es probable que mi hermana Ascensión, por ser aún muy niña, y porque imaginó le sería fácil ejercer dominio sobre ella, también formó, durante algún tiempo, en el círculo de excepciones. Desde que l conocí, yo fui co. o locado en diferentes clasificaciones, según fuese mi actitud respecto a é . Malvado y torpe, el tiempo que duró la colonia; l bondadoso e inteligente, un poco después. Por eso es que, más tarde, al hablar de mí, creyó salir del caos en que él mismo se había metido, diciendo que yo poseía un espíritu “que cristalizaba a veces, y que otras se transformaba en escoria”. . . Cuando sorprendió mis relaciones con Hortensia, yo me encontraba, respecto a él, en época de privanza. Por 10 tanto, debía poseer ante sus ojos el máximo de buenas cualidades y mis defectos reducidos al mínimum, o bien, perdonados. {hlis aventuras amorosas con ésta u otra mujer? iPequeños deslices provocados, seguramente, por el hastío o la ociosidadi ¡Otra cosa sería cuando me hiciera cargo de obligaciones y me abocara al matrimonio y al mantenimiento de un hogar!. . . Comencé a viajar con regularidad a Santiago. Muy temprano desayunábamos en la “Casbah”, como llamaba Augusto la casita en que vivíamos, y a las nueve tomábamos el primer o tren. Como l habíamos proyectado, practiqué dactilografía en la Universidad. Samuel Lillo, su pro-rector, me dió facilidades. Allí me fué posible conocer a varios escritores: Eduardo Barrios, Carlos Mondaca, Max Jara y, muy en especial, a Baldomero Lillo, a cuya oficina asistí para mi aprendizaje. Todos me trataron como a viejo camarada. Desde entonces iniciamos una amistad que no se turbó sino por la muerte de alguno de ellos. Todos se comportaron en forma sencilla, cordial, exceptuando a Jara, con quien, no sé por qué, nunca lcgramos estrechar amistad. Poco después, la familia de Augusto se trasladó a San Bernardo. Desde entonces, nuestra vida adquirió ritmo =an* quilo, burgués, burocrático. Se estableció entre nosotros Sana armonía.

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Las hermanas de Augusto se repartían los quehaceres doniésticos, ayudadas a ratos por una pequeña criada; la abuelita leía o se ejercitaba en el piano. Nosotros, al regreso de la ocupación, nos dedicábamos al trabajo literario. Durante las prirneras horas de la noche, reunidos en el salón, se charlaba, *se 1.iacía música. Otras veces realizábamos pequeñas excursiones en el pueblo y sus alrededores. En suma, vida afanosa y agrí%dable.Era de esperar que también sería fructífera. Tan pronto me sentí afianzado en la nueva ocupación, Pedí permiso para ausentarme durante algunos días, y realicé un viaje a Arauco. A mi regreso, traje conmigo a mi hermana, corrLO lo habíamos proyectado. Ascensión fué recibida cariñosamente por la familia de psto, en especial por Estela, que tenía su misma edad. Augusto se manifestaba satisfecho. Sus planes adquirían forrna. Sentíase “cabeza de familia”, jefe de un hogar en donde todcJS sus miembros lo consideraban como árbitro supremo. Realizaba su obra literaria. ¿Qué más podía esperar?

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A B O L E N G O S

Los muertos mandan. Es el título de una novela de V i cente Blasco Ibáñez. Seguramente Emilio Zola influyó en laS teorías biológicas de don Vicente, y él, a su vez, las recibic5 de otros autores. La herencia se cierne sobre cada ser comi5 nube fantasma que cubre el cielo y emite su efluvio infa tigable y tiránico sobre la vida. Somos l o que fueron los as cendientes y los hijos llevarán la marca de fuego de nuestriO espíritu. Ellos no conocerán el porqué de sus melancolías, de sus ambiciones, de sus ensueños y de sus ansias. Irán tejiendc3 sus propias vidas con el hilo invisible heredado de abuelos . remotos. El conocimiento de la familia de Augusto y la histori a de sus padres y antecesores, me dieron mayores noticias de siU espíritu que todas las confidencias que él mismo pudo en1tregarme en momentos de sinceridad. Desde que quedamo'S solos en San Bernardo, después de la dispersión de nuestro5 compañeros de colonia, se produjo entre nosotros un ace! 1 camiento cada vez mayor, que llegó a su culminación con ei proyecto de reunir, en un solo haz, los restos de nuestras fa 1milias náufragas. N o sólo me iría yo a vivir a casa de su abuela materna y de sus hermanas, sino que llevaría conmigo a un a hermana, que, desde la muerte de mi padre, había sido aca1gida cariñosamente en casa de parientes de Arauco. N o tardó Augusto en conseguir para mí un puesto n el estudio de un eminente abogadb de Santiago. RemiendiO O nuestros sueldos, podríamos mantener holgadamente el nuevi hogar. Con alegría comenzarnos a acumular íos materiales

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m e b les, cuadros, utensilios. La abuelita poseía un viejo piano de no;ble fábrica, y él pasó a ocupar el puesto de honor en la sala.-taller. En ese tiempo, la familia Cross recibió una parte de herencia quedada a la muerte de los padres de la abuelita. E Sta contribución inesperada permitió completar el arregío dt: la casa, y, a mí, conocer detalles interesantes de los antepa sados de Augusto. En la herencia de los Cross se inuna casa en Edimburgo que fué vendida para facilitar chía 1 el reParto. El edificio era valioso, pero los herederos eran tantos, diseminados en todo el mundo, que la cuota que correspo ndió a la abuelita fué insignificante. Siquiera en Chile, la fam ilia de don Alejandro Cross se subdividió en no menos de cinlco o seis ramas, que correspondían a los hijos que tuvo el bis2ibuelo escocés en su matrimonio con una señora Prieto de Vadparaíso. Entre estas familias, recuerdo a la de don Alejandro Cross Prieto, hermano de la abuelita de D’Halmar, y a la de los Mackenna Cross, Greeck Cross, Garcia Cross, formadas por alianza de las bellas hijas del fundador. P ara los que se preocupan de genealogía, es preciso advertir que los Prieto de Valparaíso nada tienen que ver con los de Concepción, que tuvieron su más alto representante en el general don Joaquín Prieto, vencedor de Lircay y Presidentt? de Chile. Los Prieto de Valparaíso proceden del español José Prieto Spriella, llegado a estas tierras el año 1766, progeriitor de los Prieto Romero, entre los cuales descuella el genera 1 Ignacio José Prieto, combatiente en el Perú durante la camipaña del general Bulnes, en el sitio de La Serena y en la batsilla de Los Loros, contra los Gallo, patriarcas venerados de un partido histórico. H ija de un hermano del general don Ignacio José Prieto fué la bella porteña que cautivó al comerciante escocés don Alejandro Cross. Este don Alejandro es digno de párrafo aparte. Recorría el mundo visitando las factorías de su casa centralL de Inglaterra, situadas en puertos tan distantes entre sí, COIno Valparaíso, Liverpool, Cádiz, Calcuta, Shangai y Hongk:ong. E negocio principal de la casa Cross era la iml Portac ión y exportación de ese precioso vegetal exótico que ha coristituído la delicia de los ingleses y que nosotros acogemos con igual beneplácito: el té. En una de sus visitas a la SI ucursal de Valparaíso, don Alejandro conoció a la fa-

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rnilia Prieto y se enamoró de una de las niñas. ¡Cómo! di. jeron los Prieto-. {Un extranjero, venido de tierras lejanas por añadiduría rival de la Madre Patria, pretendía llevarse una de las más bellas jóvenes de Valparaíso? Hubo conciliábulos de familia, protestas, llantos y desmayos. Y , sóID des. pués de largo parlamentar con el pretendiente, con quien era necesario entenderse por gestos y mal chapurreadas frases en inglés, se llegó a un acuerdo de transacción. La elegida aceptaría entregar su mano al extranjero a condición de que la desposada no saliera de Chile. . . Lo que se convino se realizó. E l testarudo escocés celebró fastuosamente su matrimonio en Valparaíso, y, después de su luna de miel, obligado por 10s negocios, partió a re. correr sus diversas sucursales.

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Regresó después de un año, a fin de pasar una tempo. rada en compañía de su esposa y a conocer al hijo que ésta tuvo en su ausencia. En seguida volvió a emprender viaje para regresar de nuevo al cabo de largo vagabundeo por el mundo. En una de sus estadas en Valparaíso, se encariñó especialmente con uno de sus retoños: la grácil Juanita, una de las mayores de sus hijas, y, después de largo regateo, consiguió que la madre se la confiara. Don Alejandro Cross quería darle educación, de acuerdo con sus gustos, en uno de íos mejores colegios de Edimburgo. De este modo, Juanita estuvo ausente muchos años de patria. Fué mimada por la familia escocesa. En alguna de sus vacaciones, don Alejandro la hizo viajar por países europeos y orientales. Recibió educación de princesa. Apenas salida de la adolescencia, asistió a bailes y fiestas de la mejor sociedad. Los mas hábiles maestros de música hicieron de ella una virtuosa del piano. Seguramente estaba destinada -por su hermosura, por su gracia leve, por la elegancia proporcionada por la fortuna de su padrea convertirse en la compañera de algún miembro escogido de la sociedad edimburguesa. Sin embargo, no fué así. Su madre la reclamó con insistencia. Y como ya su educación había terminado, y no existía ningún pretexto para que permaneciera lejos del hogar, el empecinado escocés tuvo que devolverla a su madre y a su país.
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con su boca menuda y su balbucear de avecilla musical. Era linda la inglesita. Hasta sus hermanas.Pobre Juanita! Pasó a ser una extranjera en su propio bogar. N o le interesaban las costumbres lugareñas de Valparaíso. y su misma madre. que el repaso de sus álbumes de música y la lectura de alguna novela inglesa conseguida entre sus amistades del Cerro Alegre. no le faltaron entusiastas pretendientes. Usted en el piano y yo en el violín. . olvidó el idioma nativo y debió iniciar de nuevo SU aprendizaje. La rodeaban en los bailes. que aquel 269 . ni mantener cándidos chismorreos a propósito del próximo sarao o de las prédicas dominicales de algún famoso sacerdote. Sólo que a ella le parecían torpes y rudos aquellos muchachos. más de moda en aquellos tiempos. -Jurada. El entendimiento fué tan perfecto. la asediaban en los paseos y a la salida de misa. ni bajar púdicamente la vista cuando le dirigía la palabra un galán. en donde se iba formando una nueva AlbiÓn con el concurso de comerciantes ven’idos de allende 10s mares. . Vamos a tocar juntos. . pero sabía hablar con desparpajo y sin petulancia. Habríase dicho que habían ensayado largamente juntos. más adiestrados en las lides del deporte que en el arte y el amor. . La frase comenzada Por uno de ellos era terminada por el otro. en una fiesta. ni tejer miriñaques. para distraer SUS ocios. Juanita bostezaba. sin que se notaran trizaduras ni vacilaciones. . escuchó muchas veces las risas sofocadas de sus hermanas. no la nombraban sino “La Gringa”. Y se entendieron en el mundo irreal del arte. Pronto olvidaron a los que los mdeaban. tan sin afectación como el que se encuentra rodeado de los suyos en la intimidad del hogar.. ni mucho menos un petimetre. N o sabía confeccionar una torta. Desde el primer instante la trató con la naturalidad del varón dominante que transita por ciudad conquistada. Mientras repasaba su Mozart o su Beethoven. Y pusieron tanta emoción en lo que interpretaban. A pesar de todo. Es verdad que habiendo salido muy niña de su tierra. que hubieran preferido valses y cuadrillas. N o era buen mozo. N o le quedó otro recurso. con un extraño galán: Juan Jacobo Thomson. Y tocaron. Hasta que un día se encontró.

partido en dos por una bala de quinientas libtas lanzada en la bahía de Arica por los buques peruanos. convirtiéndolo en nombre inglés. Manuel Thomson tenía o el brillo y la hermosura varonil que no poseía SU herniano Juan Jacobo. como l escriben algunos hist oriao dores. Juan Jacobo Thomson Porto Mariño fué hermano1 de aquel gallardo capitán de mar que nació enfermo de g] loria y que sólo pudo obtenerla a costa de la vida. y formaron la pareja que dió vida a la rniadre de Augusto: Manuela Thomson Cross. Estos Thomson eran hijos de don Joaquín. Su apellido era Thomson> Y no Thompson. nime. fué sintiéndose cogido por la garra impalpable del hasta el punto de que se hizo el silencio en torno de e y al finalizar la pieza. a bordo del “Huáscar”. con “p”. y l obtuvo a medias. deliiera ser Thomsen. y todas se vienen a mi lado. Pero ésta es otra biistotia. . a la manera de Suecia y Noruega. De modo que este don Juan Jacobo Thomson.mundo trivial que los escuchó distraídamente en un C O ~ 20. Estaban predestinado matrimonio. -Cuando Manuel llega a una fiesta -decía el grac:ioso bizco-. hijoI del sueco don Joaquín y de la saladísima e inteligente crioll a de cepa doña Manuela Porto Mariño. fueron aclamados con aplauso . En realidad. 270 . casó con doña Juímita Cross Prieto. Pero comienzo a hao blar. Qluiso igualar a Prat. Aquella noche fué la pareja de moda y continuó dolo en otras veladas memorables y en otras de intim en los hogares del mundo porteño. todas las chiquillas l rodean. marino sueco que prestó servicios en el Ejército Libertador del Perii en tiempos de la Independencia.

y que había trajinado mi infancia en las rocas de Miramar y Las Salinas. Sonaba aún en sus oídos la caracola marina que guardó en sus espirales el rumor de olas de todos los mares que cruzó su bisabuelo Alejandro en busca de las especias de Oriente. . Paseando por las solitarias calles de San Bernardo. Por lo que Augusto contaba. el lugar de su cuna fué Santiago. Me l dijo con l a sonrisa cómplice y jubilosa que emo plearía un abuelo al prometer a los chicos un árbol de Pascua. no podía menos que compartir las nostalgias aventureras de mi nuevo amigo. . en su calidad de hermano mayor y jefe de familia. poblado de tritones y sirenas. acaso el Único mar que conociera en su infancia. Sin embargo. El gran océano o fué para él una obsesión cuando l había visto apenas.tan parte de sus cualidades. habría nacido en Valparaíso.LA ABUELA JUANITA E s indudable que Augusto extrajo de los antepasados . -En cuanto reunamos algunos pesos. que había nacido junto a una costa de azul y plata. gustos y aficiones. de cuevas nocturnas de marineros y de fascinantes historias de terror y misterio. iremos a pasar una temporada en Valparaíso -me comunicó Augusto. y sólo ’ 271 . como de un sitio mitológico. Yo. que conocía palmo a palmo los escondrijos de casi todos los cerros del vecino puerto y que permanecí horas inacabables junto a los malecones bajo la verde fascinación de las aguas prisioneras de la bahía. comentábamos nuestros recuerdos y tejíamos nuevos proyectos. D’Halmar me hablaba de Valparaíso.

para que llegase a enrolarse en la Expe. De vuelta a casa. pero. y que no dejó barrabasada que cometer en su infancia y en sus años pueriles. dición Libertadora del Perú. pobre e ingeniosa. Augusto tenía menos noticias que de don Alejandro Cross. Como era un chico de cinco o seis años. De aquel otro bisabuelo venido de los fiordos de Suecia. -. porque de los Porto Mariño no pudo sacar aquellas costumbres. Doña Manuela Porto Mariño conoció desde su infancia a los hombres de gobierno que mantuvieron amistad con su marido. en lo cual. Sus hermao nas. -¿Qué te pasa? -le interrogó. -Nada -respondió el chico. posiblemente. en e l viejo barrio cercano a la Quinta.su amor marino l hizo preferir aquella ciudad. el bisabuelo escocés. Cuentan que un día Juan Jacobo acompañó a su madre de compras en la ciudad. . su madre notó que su hijo había engordado en pocos minutos. ¿Y esto? Y la señora extrajo un enorme acordeón que Juan Jacobo había hirtado con miras a iniciar su aprendizaje de música. por mal nombre. Pero Augusto pretendió desde niño que la leyenda es siempre más verdadera que la historia. Joaquín Thomson. que seguramente lo supieron por la abuelita. ¿En qué mares O en qué tierras blandió SU espada de recio hombre de los mares glaciales? Sólo se sabe que dejó una viuda chilena.Cómo nada!. y Juan Jacobo pudo trajinar libremente en la tienda. Debió de ser marino de amplias aventuras. la que supo dar educación y abrigo a sus dos hijos huérfanos. salida de Chile bajo el mando de Cochrane y San Martín. su imaginación divagó más a sus anchas. por eso mismo. Educó en el Seminario Conciliar a uno de sus hijos: aquel que. según la señora. llegó con su hijo colgado de una oreja hasta el almacén en que había realizado el pillaje. su padre gringo debió de ser corsario. La indignada doña Manuela. y consiguió de ellos una pensión para mantener su prole. tenía el de un hereje. los dependientes no pusieron cuidado en su persona. afirmaban que nació el 23 de abril de 1882 en la calle Catedral. gran dama. tuvo razón. . que era viva de genio. 272 . desabrochándole la pequeña capa. A no dudarlo -comentaba ella después-.

Sin embargo. dulcemente embriagada por su genio turbulento. Juan Jacobo resultó descreído. y que en Chile nos causan extrañeza. en sus manos. Dickens. por medio de consulados. al comenzar la instalación de la casa de San Bernardo. blanda arcilla que se plegara dócilmente a sus fantasías y a su vida pintoresca. la familia de Augusto recibió una suma proveniente de un inmxeble heredado de los parientes de Escocia. pero lo completaba. legaciones y gobiernos. Andersen. De la vida que Juan Jacobo dió a SU mujer. si no lo hizo artista del pentagrama. sin duda recibió con extrañeza las extensas comunicaciones del 1iqu:dador de una herencia lejana y desconocida. La buena y delicada niña debió de ser. Era su contraste. Grieg. Nunca pidió cuentas ni se interesó por el monto de los bienes legados. La ruda fantasmagoría de los nórdicos encontró en Augusto un campo ávido para recibir su herencia intelectual. de sus abuelos Juan Jacobo y Juanita Cross heredó el gusto musical que. iY qué de trámites y comprobantes. Pekín o Sanriago de Chile. Si de los bisabuelos Alejandro Cross y Joaquín Thomson extrajo Augusto su nostálgica fantasía por expediciones marinas en lejanos países de fábula y exotismo. que se encargó de buscar a los herederos. Doña Juanita lo seguía. al menos. ya la paseaba por los salones aristocráticos. de firmas y documentos para To1stoyano. en prosador escogido del lenguaje rítmico y armonioso. ya se encontrasen en Calcuta. a través del mundo. no se tienen muchas noticias. Llevaba también en la sangre su velada y salvaje pasión. N o es de extrañar que las predilecciones de Augusto estuviesen en artistas del norte: Ibsen. lo convirtió. Y a le llenaba la casa de amigos y atorrantes para formar orquesta.-i 8 273 . Menos mal que tenía verdadera alma e artista y llegó a ser eximio ejecutante y un precursor ntre los compositores chilenos. Y a he dicho que. para haer honor a su nombre.* A pesar de sus estudios religiosos (su madre lo destiaba al sacerdocio). doña Juanita Cross. La familia Cross de Chile. en donde era codiciado por su buen humor y su arte generoso. hasta dar con ellos. allá en los dominios de la poderosa Albión funcionaba una complicada y honesta maquinaria. Hay modalidades en la vida escandinava o sajona que los meridionales no asimilamos con facilidad.

Sus discipulos fueron sus propios amigos y parientes. Eran repartos de pequeños recuerdos hereditarios que realizaba espontáneamente aquella dama antigua. . ¿De qué valdría acuchillar las nieblas diáfanas que acarician la tierra en ciertas mañanas de verano? La joven delicada. con sus rudas facciones encallecidas por los vientos árticos. la terca y agreste actitud de aquella tía sueca. hija. soíterona y enemiga del sexo opuesto! Doña Juanita Cross fué feliz con su terrible Juan Jacobo. N o podría precisar qué grado de parentesco tenía aquella señora con el bisabuelo Joaquín.que el último mísero centavo llegase a manos de quienes tenían derecho a él! Fuera de los antepasados Cross. Probablemente fué su hermana. junto con su marido. que’ hacían pensar en las esbelteces y donaires de la emperatriz Eugenia o en la arrogancia criolla de Josefina. un anillo de oro. aunque en forma fugaz. que en su virginidad no conoció el contacto ni la protección de hombres. queñas encomiendas postales con las más extrañas baratijas: un cubierto de plata. Aparecía extraña. junto a las delicadas y bellas Cross Prieto. en casa de Augusto se cuchicheaban noticias de una misteriosa “tía sueca”. . empleó heroicamente sus conocimientos musicales para cooperar. . Lo hizo como jugando. y que supo bastarse sin recurrir a ellos.” ¡Cuántas veces me pareció ver en el refinado Augusto. En los 274 . nieta y bisnieta de los Thomsen de Estocolmo. ¡Pero qué energía sana y honrada se transparentaba en SUS ojos y en sus manos hábiles en labores de casa o de campo! “Yo soy l a señora Thomson o Thomsen -parecía decir-. En los álbumes de familia conocí la fotografía de aquella legendaria tía nórdica. la repudiada. de elegantes figuras. ¡y todas las tosquedades de la vida se iluminaban de suave matiz dorado! Nada podían los feroces mandobles de la suerte contra su levedad y su no resistencia al mal. que fué como una flor de albura en el búcaro que labró el amor de su padre. pero ella sonreía. una pipa de fumar. un viejo chal de seda. Pero lo cierto es que periódicamente llegaban de Suecia pe. Seguramente no escasearon las penurias materiales que debió de pasar el matrimonio. a las atenciones del Rogar. . soltera y distante.

en recuerdo de su bisabuelo Joaquín. m entaban l a última fiesta social. según él. hasta que llegó el nieto. i Cuando murió aquel despreocupado artista que fué don JU an Jacobo Thomson. 275 . c :os! i hc>gares santiaguinos se la recibía con demostraciones de júbilo. que ás m: adelante adoptó voluntariosamente el seudónimo D’Halmiar. barón de ese apeIlido.mo a visita privilegiada. Augusto.co. Esta fué toda la fortuna de la viuda. dejó a Juanita Cross en l a pobreza Y con una sola hija: Manuela Thomson Cross. i Juanita Cross! iLlegó Juanita Y más de una vez la clase de piano o de idiomas se msformaba en charla alegre de jovencitas comadres que cotr.

empequeñecido. Yo estaba profundamente conmovido. E Augusto altivo que yo había visto pasear l por las calles de la capital. estaba ahora junto a mí. Conmovido no tanto por la confesión misma. guardamos silencio. . para demostrarle mi agradecimiento por la dolorosa prueba de confianza de que me hacía objeto. . N o tengo palabras para expresarte lo que siento. 276 . ante un extraño que no se sabía cómo habría de recibirlas. exponer hechos y humillaciones. imaginarias o verdaderas. -Augusto. . en otro tiempo. humillado. Hubiera deseado poseer en ese instante la extraordinaria facilidad expresiva de Augusto. a quien admiré desde lejos. el mismo Augusto Thomson. N o sé si alegrarme o si.LA FUENTE Después de la penosa confidencia. . el compañero de aventuras moralizantes que me hizo pasar malos ratos con sus veleidades artísticas después de haber torcido el curso de mi vida. tan llena de matices y contrastes de finísima estructura. con pausas. a ratos trémulas de lágrimas o roncas de cólera contenida. sino por el dolor que significaba para el orgullo de un hombre joven. Yo esperaba nuevas palabras de Augusto. en espera de un juicio mío. esas palabras suyas engranadas por hilo sutil de sentimiento. aquel Augusto que sabía responder a una frase malévola con un sarcasmo elegante. . benévolo o cruel. erguida la cabeza y los labios entreabiertos por leve sonrisa irónica o desdeñosa. consciente de sus fuerzas y de su talento. el escritor que dominaba los públicos desde las páginas de la prensa o desde la tribuna del Ateneo. T e ruego q u e . titubeante. pronunciadas a media VOZ. .

. Z ft:rido que no me hablaras de estas cosas. . de nuestros proY' xtos matrimoniales. . comPuesta de palabras y silencios. . Nos hallábamos sentados e n un escaño de la plaza del pueblo. . Augusto!. que protesta y soi oza. iOh. intervenía el murmullo de la filente. Sólo les halaga poseer ascendientes que pertenecieron c a . nada más. No tenemos der :cho para penetrar en el misterio de las alcobas de nuestros c P rogenitores. fabía allí una vieja fontana de piedra. . Esa clase de incapaces son siempre 10s que lanzan escupitajos envenenados desde l alto de su o - 277 .go. ni de haber sobresalido en P >lítica. i -Augusto -le dije. La rodeaba. pobres de espíritu. . U n camino enarenado que servia de encrucijada a los anclhos senderos que partían hacia los vértices extremos del Paseo. .No!. en fría noche de otoño. . sé l p e significa l a. La sombra de los árboles Y el medroso reflejo de las aguas. . {Cómo es posible que raciocines diE ese modo?. ¿Te consideras manchado por las debilildades de tus padres?. Eran como suspiros de un alma adolescente que sufre y vacila. . .' Guardamos de nuevo silencio. . pero no la justifico. . Nadie transitaba a esa hora. Como una tercera voz musical de nuestra charla.. purísima e interminable. Hubiese preC i-. No era neo Ct:sario. 1 1 alpasionada y sensitiva de aquella joven madre que había evoC ido Augusto en su relato. No se enorgullecen de haber escrito libros o de híiber actuado como guerreros. prosiguiendo mi empezada réplicomprendo tu pena. Era una voz delgada. T e has creído en la obligación de informarme die intimidades de hogar en vista. A pesar de mi juventud. haraganes de familias que fueron lab xiosas en un tiempo. . . además. . iVamos. Sabes que los que hacen aspavientos son. herido por dari dos de amor. CC)madres de barrio. alhuyentaba durante las noches a los transeúntes del pueblo. malevolencia. créemelo. . débilmente iluminadas.la nobleza de casta y se vanaglorian de su legitimidad consagrada por las leyes. Esos prejuicios no se avienen conti. alrededor de ella E St? elevaban grandes árboles umbrosos. Ella era la que hablaba por -boca Z de la fuente y nos mostraba su blanco seno. con cuánto c 01 :gullo levantan la cabeza para proclamar la legitimidad de SVL raza!. . sin duda. . Hablaba de lejanías y de lágrimas de cristal. Yo imaginaba en esos momentos la figura candorosa. .

pero sus ojos. Y aquella abuelita lilial. En cambio. cándida adolescente en el bosque de Caperucita. Hubiera deseado pronunciar palabras más cordiales. como que era más débil que su hija. La luz de luna formaba arabescos temblorosos sobre la superficie de la fuente. acechada por el lobo. incapaz de defender l a carne de su carne. N o las encontraba. A la muerte del marido artista y bohemio. Y la hacen valer. fué la hija de su hija. mientras. de la mía. pudo ganar la subsistencia de ambas. Tenía la hermosura de los niños engreídos cuyas madres creen que el hijo es un sol y el mundo su satélite. D e hecho. hasta que se presentó el doncel con arrestos de don Juan y gallardías de pirata. Juan Jacobo Thomson. cumpli6 los quince años. semejaban brasas que ardieran tras enrejado colonial. . Soñaba -como sueñan los adolescentes-. protegidos por largas pestañas.la inefable voz del agua. Sin embargo. . también. El matri9 278 .“pureza de sangre” sobie hombres eminentes. Callé por un instante. Imaginaba yo a la madre de Augusto. Se llamaba Augusto Goemine. Cuando la hija. Me sentía descontento de mí mismo. era una joven alta y delicada. como si quisiera acentuar con un suspiro la voz de 10s espíritus. más íntimas y contundentes. Luego cobraba nuevamente bríos y la voz parecía enronquecer. protegida por las circunstancias. como lo hiciera en otro tiempo en ayuda del marido despreocupado.. Si las almas poseen algún modo de expresarse. la canción mística y pura del surtidor inmediato desgranaba frases que me enternecían y acariciaban con dulcísima ilusión. Manuelita Thomson. Es la única ventaja que pueden exhibir. . ¿Y en qué familia no se encuentran sombras que enturbian esos vanoS orgullos? Acaso podría contar algo. La niña tenía carácter y decisión. seguramente lo hacían en aquel instante por medio de las diamantinas gotas que se desgranaban sobre el amplio tazón. La historia era simple. Provenía el novio de Francia. cuna de fina sensualidad y de tradicional sibaritismo.. aquella Juaoita Cross de ensueño y espuma debió enfrentar la vida y educar la hija única. La ligera brisa que movía las copas del ramaje alejaba o atenuaba por momentos . doña Juanita era frágil e indecisa.

nonio de Manuelita y Augusto Goemine fué concertado con iquiescencia de padres y parientes. Y continuó mirando largo rato ese mar azul que se dijera había tragado su secreto junto con el doncel que sembrara en su vientre el sueño de todas las futuras madres de la tierra. Y él sabía. . . La abuela Juana dió clases de música entre la gente modesta de los cerros. Como el novio era muy joven y no tenía aún fortuna .u6 despedido. -¡Miserable! -exclamó la joven al convencerse. Su madre. la única que no lloraba era la novia. ¡Siquiera hubiera tenido la piadosa delicadeza de engañarme con algunas letras mentirosas! . .Es un pillete! Nunca podría ser feliz junto a él. . ya que no podía descubrirse ante su parentela aristocrática. después del ultraje. la ultrajada avizoró durante mucho tiempo el mar. . Desde l o alto de un cerro poblado de casas humildes. El recién nacido fué bautizado con el nombre del padre. La confidencia se trocaba sollozo. (La voz de la fontana enronqueció un momento. a implorar perdón . de la felonía de su amado-. Airada como una llama. La misma doña iuanita Cross puso a contribución a sus amigos para conseguirle un puesto en la Marina Mercante. Este hombre no puede ser bueno. . ..) . Cuando el barco se perdió en el horizonte. decidió casarse con el primer hombre que pidiera su mano. . Y el flamante novio . Se trasladó desde Santiago a Valparaíso con el hijo recién nacido. se convino en que debía trabajar algún tiempo antes de realizarse el matrimonio. Madre e hija vivieron ocultas. Se limitaba a seguir la estela del barco con sus ojos de ensueño ardiente. .Ni una línea!. ¡Del padre! Pero crecería para honrar el apellido ilustre de su madre. Y para impedir una reconciliación tardía. subía recto hacia lo alto. Había que colocar un muro infranqueable entre ella y el fugitivo.. meses después. aunque regresara.ara sostener un hogar. la acompañó. el mismo que 279 . o su a m o r .Sobrevinieron días de miseria vergonzante. rumiando su odio. El follaje de los árboles exhaló un gemido. algún día. ¡No! . Fué la Última vez que lo viera. por las familias de los prometidos que le deseaban buena suerte y pronto regreso. . doña Juanita. en Valparaíso.

Me has dado lo mejor de tu alma: me diste tu ’íntima humillación Eso que no se da a nadie. música de piano barato y rasguear de vihuela democrática. . . alegre. En uno de ellos. . Ilevrj el sbuc!o mi-rino Joaquín. . . . Llevaba de la mano a su hijito de PO cos años. a bordo del “Huáscar”. ¡Eso s í . (El gemido de la fuente adquirió en ese momento so‘noridad airada: ¡Castigo! ¡Castigo! ¡Castigo para el traidoIr! ) Continuaba el relato: . leal!. Acaso fueran novios. Después. . . . Augusto. leal. En las casas del vecindario brillaban luces de hogstres satisfechos. “Ese hombre no me desagrada -exclamó-. . Manuelita Thomson Cross se unió en matrimonio con aquel desconocido de aspecto viril. y el de aquel otro que klizo . Se quebraba. Proseguía. Considérame tu amigo. con voz cansada. En s u rostro se marcaban ojeras y sombras de fiebre. con fino brío de alma resignada y fuerte. pero valiente. leal . agradecido y angustiado. Del interior de la casa salía a la calle atmósfera caldeaida. . efectivamente.. La madre y el niño se detuvieron ante la ventandy vieron en el centro del salón a un hombre rubio que bailaba con una mujer de airoso busto. . provisto de todas las cualidades y defectos del chiieno de la clase media. Lena y Tela.. Nacieron dos hijas del matrimonio de Manuela Thomson y Ernesto González: Elena y Estela. después. (La fontana recobraba su cristalina voz monótona. En la sombra proyectada sobre nosotros. mi mano se unió a la de1 -amigo. .) -Y eso es todo -murmuró Augusto. miewras en la fonrana se escuchaba una canción regocijada y triunfal . . . . frente al Morro. El la estrechó nerviosamente. 290 . ¡Ahora. en compañía de su madre. . . a ratos. ¡Me casaré con él!” Y. en un trkmolo desfalleciente. Eran duros los escalones de piedra. estoy más cerca de ti que nunca! Espero que pronto seremos hermanos.. La joven madre fijó en la pareja una mirada quemante. bajo la protección de un brazo modesto.La pobrecita descendía una noche por la tortuosa callejuela del cerro. “la vida. . nada más que la vida”. . Ahora le sería posible regresar a Santiago. . . la familia se hallaba en fieSta. -Gracias. .. meses después..flamear su corazón como una enseña roja.

Posiblemente no hubiera ocurrido igual con SU madre. Esta poseyó temperamento decidido y ardiente. de las hermanas y de su padrastro. como en su casa no había quién l o contradijera. pero doña Manuelita Thomson abandonó l a vida cuando Augusto era muy niño y no alcanzó a ejercer en su hijo la autoridad que se necesitaba para dirigir un carácter voluntarioso. En adelante fué autodidacto. fué sólo al futuro hombre situado en la brega mundana. decidió emanciparse de tutela sistemática. tan suave y que- 281 . Como siempre. el niño se convirtió. Si a alguien pudo perjudicar la falta de influencias educativas. en jefe del hogar. La abuelita. Augusto la moldeaba a su aníojo. pero. de hecho. quien necesitaría controlar sus deseos. Allí pudo conocer la mano recia de los educadores católicos. con la inflexible voluntad empleada en todos sus propósitos. Después de la muerte de la madre. y. Del mismo modo dirigió en otros tiempos !a vida de la abuelita. Augusto asistió en sus primeros años al colegio de Santo Tomás de Aquino. abandonó l que él estimaba odiosa atmósfera o escolar. que pudo desplegar libremente las alas de sd fantasía creadora. emociones y palabras para evitarse quebrantos. sin otro método que SUS gustos y preferencias. Solamente puso interés en los conocimientos que le placieron. ya en el segundo año de humanidades. ZFué para mejor? 2 para peor? N o cabe duda de que la falta de 0 intervención familiar sirvió al libre desarrollo del artista.PREPARACION DE NOVELAS La vida hogareñi en el pueblo de San Bernardo continuó desarrollándose en forma apacible.

de modo que a su vez debieron enseñárselos al profesor para entenderse. en una de sus confidencias. De este modo. dispuso que permaneciéramos solas. ¡Cuántos azotes 282 . Cuando vivíamos en l a calle Libertad. Augusto decidía de su modesto peculio. No es de extrañar que su educación sufriera graves contratiempos. a fin de que adquiriésemos conocimientos de dueñas de casa. en per. Bastaba una leve contrariedad con sus hermanas para que el pequeño jefe dispusiera trasladar a las niñas a casa de la abuela paterna o a la del padre. . Quería educarnos. M hermana era i dócil . Ni siquiera podíamos jugar en el patio. las chiquillas. teníamos que permanecer encerradas en casa. Ernesto González. imponía las viviendas que deberían ocupar. pues nos servía de entretención . Yo.qo. Y a dijimos anteriormente de qué modo el pequeño jefe de hogar impuso cierta vez a SU gente un idioma inventado por 61. Quizás Augusto no realizaba estos programas por crueldad. y sólo por motivos de añoranzas fraternales. que residía en Valparai. los empleos que a 61 como a la abuela convendrían. ¡Pero. vivieron sin saber nunca cuánto duraría su alegría o su desventura. me rebelaba . Corno l a abuelita y él debían pasar el día fuera.rendona. en cambio. . disponía que regresaran a convivir con él y la abt\elita Juana. Sólo que el autor olvidó pronto vocabulario y reglas gramaticales. petua incertidumbre. . consideró que perdíamos demasiado tiempo jugando con las chicas vecinas. . Nosotras mismas debíamos hacer el aseo y preparar la comida. -Era malo. porque temíamos la burla o la compasión de los vecinos. No por eso fué Augusto un “cabeza de familia” despre. Aunque abuelita ganaba lo suficiente para alquilar una muchacha. era malo -me dijo Estela. Nos sentíamos profundamente humilladas. vagando tristemente por las habitaciones. Dispuso entonces que vistiéramos durante el día únicamente con l a s camisas de dormir y guardó bajo Ilaves el resto de la ropa . cuidadito con que no cumpliéramos las órdenes que nos dejara nuestro tirano!. pasó a ser su hija mayor. . sonriendo rencorosamente al recordar aquella época de su vida-. lo que no’era sacrificio. Imaginaba programas y establecía normas severas a fin de educar a sus hermanas. ocupado. mientras las hermanas los conservaron con respeto. Con la misma facilidad. .

tanto é como yo. por timidez o prudencia. Germana. Quienes conozcan “La Lámpara en el Molino”. ¡Sus alas angélicas se extenderían sobre sus nietos y bisnietos y pondría en sus almas inefable armonía musical! N o me detendría en estos detalles íntimos si no fuera . Nuestros proyectos matrimoniales habían sido elaboradoIS sin tomar en cuenta mi parecer ni el de las jóvenes. porque para él El1ena era el tipo de mujer perfecta. Favore1cíame con calladas y oportunas demostraciones: un ramo de flores colocado en el velador de mi cuarto. el s midino. Tampoco Augusto. la mayor. al menos. Además. Se derpostraba sileinciosamenie. ano de una pieza elegida por mí. que. de modo q l qui cualquier día. A nuestro regreso. Augusto contaba para la realización de sus P‘ oyectos hogareños con que la abuelita viviría eternamente. . debería casarse con AuS gu1x0.a recibir por mis rebeldías! Lena. en cambio. ¡Qué hogar más feliz! Juanita Cr’oss presidiría nuestra ventura. comencé a sentir compajn si¿ por Estela. . ha bía consultado la voluntad de su presunta novia. Fui conociendo los procedimientos de Augusto en la elabc)ración de sus trabajos literarios. tanto como nosotros. riendo con sana y natural jovialidad. ¿Cuál? Elena. se llevaba todo s u cariño. según lo convenido. Según he relatado antericIrmente. Desde que conocí a sus hermanas proyectó Aiigusto que yo debería casarme con una de ellas. por su manjumbre. realicé el viaje a Arauco en busca de mi hermana A scensión. l a ejecución al pi. era activa y afectuosa. El “discípulo”. Cristián se incubaron a costa nuestra. mecidos y zarandeados por su5 sueños de poeta. para quien la vida no t&ía m:ayor importancia que unas cuantas piedras de colores con la:s que se podían construir esbeltos castillos. Es o de suponer que Augusto me destinaba a Elena.P C)r la repercusión que deberían tener en la vida y en la obra artística de Augusto. las tres jóvenes formaron un ramill€’te fraternal. O. podríamos sufrir una sorPresa. En una ocasión nos ex- 283 . Después de estas confidencias. deberán re’ conocer en nuestra vida el mineral de donde extrajo el autor 10: materiales para s u trabajo. con l cual noI hacía más que darme una demostración.

Poco a poco sus confidencias fueron adquiriendo audacia. se entrete. con cuyo retrato físico tenía semejanza. . No 10 sabía. según mi maestro. base de futura producción literaria. aprisionar la existencia con lazo indisoluble. ¿Cuál de las dos hermanas sería mi elegida? . Estela poseía un temperamento fogoso. ventud! . su padre. Por supuesto coqueta sin saberlo.Amor? ¡Eso no tenía importancia! Sólo deberíamos pensar en la formación de un hogar de artistas. De este modo se fué creando entre nosotros una lucha curiosa. deberían ser aprovecha. Por ella fuí conociendo la vida íntima de Augusto y su familia: la abuelita. Todo nos parecía uno de tantos juegos a que se entregan los jóvenes de nuestra edad. Siempre tuve debilidad por aquella parte de la humanidad que sufre y desespera. Los mismos ojos de largzs pestañas. Estela era coqueta. y ella el de ave juguetona que incitaba con sus movimientos y luego huía. Las recaudaba por cantidades y las iba depositando en un jarrón del escritorio.nos o plumillas de cardo. U n día. Además. a pesar de su extrema juventud. encargadas del aseo. . Estela. El romanticismo de la edad me empujaba hacia ella. la abuela paterna. ya lo he dicho. Entonces resumía su impresión en frases litera. en que yo ejercía el papel de cazador. siguiendo con interés sus evoluciones a impulso de la brisa o del viento. Pero me atraía su carácter indisciplinado. . Constituir un hogar. más tarde. seguramente lanzadas con liviandad. al referirse a Augusto. se presentaba a mis ojos como un ser oprimido y vejado. das en su magnífico cuento “A Rodar Tierras”. nía en echarlas a volar en el interior de la casa o en el patio. ¡Con qué ligereza e irresponsabilidad afrontábamos la vida en aquella época de la adolescencia y de la primera ju.trañó su afán de recoser en el campo manojos de viIz. con gran protesta de las hermanas. no era hermosa. debía ser el hogar SOñado. . Todos los días. rias y observaciones que. voluntarioso. Lo esencial. por fin. respondía ella con desdenes que herían mi amor propio. echar hijos al mundo . Además. de seguro heredado de la madre. exhibió su alma al desnudo: 284 . No salía aún del estado larvario de los años adolescentes. me interesaban SUS confidencias. A mis vagas insinuaciones galantes. el mismo mirar de intensidad apasionada y de ensoñación ardiente.

y lo soporta. . . . Y Estela elevaba al cielo sus delgados brazos. . . empuñan%o las Y él también me odia. -¡Lo sus ojos fosforecían. . . . . Elele.Y eso mismo hace que él me des- m anos-. todo! Me inspiras confianza. .P eecie ' t O do. odio!. ¡Lo odio! -me dijo. mientras y me humille con mayor crueldad! Quiero conrártelo 285 . ¡Me iría jos!. .Si yo pudiera!. nai lo quiere.No imaginas lo que sufro! iEs un tirano!.. . Pero prométeme que nc) repetirás a nadie lo que te diga. . . .

por un fervor fraternal de indudable veracidad. que sus juicios coincidían con los que me formé durante la Colonia Tolstoyána. y que ahora reemplazaba. Era verdad. desnudo e indefenso. N o negaba ninguna de sus afirmaciones. en una íntima charla junto a la fuente de la plaza. N o dudaba de que las afirmaciones apasionadas de la chiquilla eran ver. además. con interés creciente. ofrecida con actitudes casi femeninas.N O S T A L G I A S D E M A R Yo escuchaba a Estela con cierta reserva. . después de oírla. sin que me . Augusto se comportaba arbitrario y obcecado con los que se oponían a su voluntad. Tanta delicadeza. pero l hacía sono riendo. con claro espíritu perdonador. me confió su martirio obsesivo. . Y a he dicho que no escribía una línea sin consultármela. Lena asistía generalmente a las charlas que yo mantenía con su hermana menor. daderas. como tampoco adquiría el más insignificante objeto sin pedirme el parecer. Cuando Augusto. ahora. . Su espíritu aparecía. además. acaso. de haber vencido el despego y hasta la hostilidad desdeñosa que en otro tiempo demostró por mi'persona. . Antes bien. ' Me sentía orgulloso. Augusto m e consultaba tanto en los negocios más importantes como en los nimios menesteres de la vida. . oleadas de ternura protectora partían de mi alma y me aproximaban a la suya. y pude comprobar. sentía remordimiento de haberlo hecho. aunque' reaccionaba cuando a sus violencias se oponía pasividad. volví a sentir por él esa admiración que me poseyera antes de conocerlo y en los comienzos de nuestra aventura tolsroyana. solía confirmarlas.

. Terminó nuestro breve viaje con la visita a su amigo Isamitt. Augusto nada dijo. Mi padre solía expresarme su cariño a latigazos. y yo procuraba evitar esas efusiones. Yo también anhelaba revivir esas impresiones de niño. dispuestos a revivir una vida maravillosa! Pero. la majestad de las tempestades. Nos conformamos pensando en que aquello era vida. y yo no dejé de recogerla con avidez y deslumbrado asombro. como de una debilidad. la hechicería de luces multicolores de los cerros y del cielo fosforescente de estrellas. uno de los deseos más ardientes expresados por Augusto era el de visitar a Valparaíso y de recorrer en mi compañía el escenario de su martirio y de sus primeros goces de infancia. las flores y las delicadezas inefables. los dejamos solamente para la mujer. Yo había conocido. desgraciadamente. comerciante en licores. La falta de recursos nos obligó a caer en alojamientos sucios y deleznables. los baños soleados de Viña y Población Vergara. los arrecifes y cuevas de Las Salinas y Concón. La realidad suele a veces traicionarnos. de playas rocosas o alfombradas de arena. En nuestras conversaciones de aquella época. Era una manera de explicar su pensamiento. quien. . . LOS perfumes.diera cuenta por qué. además.+en mis andanzas. Conocía. como le ocurriría siempre en el curso de su existencia. y en bares subterráneos de asquerosa prostitución. los misterios de cerros y quebradas.. fui educado en una escuela ruda. soeces. pero días después me leyó algunos cuentos recién escritos: “Ternura” y otros. ¡En el panteón de Viña reposaba mi madre! Nuestros primeros ahorros fueron destinados a realizar el viaje. Los varones de mi raza se avergüenzan en SU trato mutuo de las suaves maneras. pese a su testaruda voluntad de Crear sucesos a medida de su imaginación.. el paseo proyectado resultó un fracaso. el embrujo del oscuro mar cautivo de los malecones. en restaurantes de marineros camorristas. -Perdóname. . . no pudo atendernos personalmente e hizo encargo . Augusto -le dije un día-. proyectadas sobre la bahía cubierta de mástiles. ¡Con qué alegría partimos cualquier día. no sé por qué circunstancias. pero o Augusto sufrió ante l inesperado. me producían malestar. 287 . .

vinos franceses. rotosos! . . vividor empedernido. mientras nos perseguía un incomprensivo policía porteño: -¡Andando. ¡Ya explicarán al oficial de guardia si son turistas o pungas conocidos!. estimulados por el exquisito veneno verde de los bohemios. se ptopuso divertirse a nuestra costa. Al final de aquella noche de francachela. vimos levantarse el sol sobre los cerros circundantes. sólo que el pérfido muchacho. . . y nos sorprendimos a nosotm mismos filosofando con extraordinaria clarividencia. ron de Jamaica y absintio verlainiano. regada con licores exóticos. . . y nos brindó opípara comida en un restaurante de lujo.\ a su empleado para que nos festejara con esplendidez.

y aquella almita altiva. Comprendí. de alegría. A l más. apasion a da. escuchando a Estela. pude ir desentrañando la vida íatima de aquella familia que tanto me interesaba. por qué causa Augusto as< nc pudo ser verdadero discípulo de Tolstoy. aventureros disC tiiiguidos o señores que calzaron espuela. El mismo Tolstoy ja:más consiguió extirpar. a pesar de sus esfuerzos. que es muy diversa de la que se compone con la ayuda de la fantasía. de humanidad. Es por eso también que en la obra de Thomson no existen manifestaciones de comprensión y simpatía para el hombre o de:1 pueblo. y después de conocer la cendencia familiar de los Thomson. Vida re:al. pero que posee enorme fuerza de dolor. N o se le podía pedir más a Augusto. Traía en su sangre el prejuicio de razas burguesas y de hombres que se habituao ron a mirar l plebeyo como representación de lo abyecto.BRASA E S C O N D I D A Por primera vez en su vida Estela encontró alguien que la escuchara con atención. sino P(Ir el avasallamiento que sintieron por el señor auténtico o ‘alctoyano. humillada. desbordó su oculto sufrimiento con salvaje espontane idad. los malos hiibitos contraídos en su cuna. expresa ternura por algunos “servidores” a quienes consideró. sin Pemonalidad espectacular. que. ni su zarpa de hombre de presa voluntariamente mutilada. se:guramente eran arbitrarios. A través de sus relatos. L )s ascendientes pudieron ser comerciantes.-1 9 2 89 . ninguno ’tuvol oc asión de convivir con la gran masa amorfa. no por sus virtudes intrínsecas. aunque sinceros. vida vulgar.

le hubiera sido posible realizar buena boda y obtener una situación próspera. observa con asombrada :Uriosidad las buenas cualidades de personas que pertenecieron al gremio de criados. Esta inclinación hacia el aristocratismo. Sólo supe de su existencia por las hermanas de Augusto. Augusto no le perdonaba su descuido en el vestir. esos seres fueron un poco niás. Con s u figura y la fortuna de su padre adoptivo. lo cuidó con abnegación. y que lo vincula estrechamentc: a n. L 3 c desprecian. -Mi abuela Juana es mi mejor escudo heráldico -solía decir. que “Selika”. de origen y carácter que lo vincularon a lo popular. a quien él agrega. ni su fraternidad con gentes humildes. -Yo adoro a papá -me dijo Estela. A pesar de este gesto hidalgo. hizo la campaña del Perú y obtuvo. Nunca me habló de él. lo que contribuyó a hacerlo descender algunos peldaños más en la escala social.figurado que se consideraba él. Para él. refiriéndose a la belleza y natural elegancia de la anciana. hombre bonísimo que sentía adoración por él y que. en cambio lo obliga a repudiar a +rientes que no poseían distinción racial. re. En sus cuentos “Coilipca”. que lo hace 1nirar con nostálgica complacencia la vida de su bisabuelo JI oaquin Thomson. N o se habría detenic. Pero no amó a su padrastro Ernesto. . “Mamá Dotea”. El marido de su madre fué hombre despreocupado y sin ambición.lsu abuela Juanita Cross. “Gatita” y otros. lo humillan. hablando de élMe gustaría vivir a su lado. un poco bohemio. Siendo niño. . con muchas de las cualidades y defectos del criollo aventurero. prefirió unirse por amor a Manuelita Thomson. Fuié bueno con mi madre y quiere a Augusto más que a nosotras Pero mi hermano no puede perdonarle que viva de su oficic de obrero y que mantenga en su casa una mujer de clase u 290 . En “esta casa” no le quieren. El exceso de generosidad le hizo descuidar su fortuna. un animalito que le fué adicto y al que cJedica páginas emocionadas. el título de barón D’Halmar. ni sus deslices en cantinas y casas de diversión. ni sus bromas picantes. en su primera edad. los galones de oficial. cordarlos sin esta especial condición. por su valor. una niña en desgracia. con razón o sin ella. El pobre ha sufrido mucho.

. Poco Augusto se enfurece porque N‘ecesitaba iniferior. ¡No importa! o iI. . como si no l conociera.qué podía hacer? 29 1 . Cuando éramos muy nijs. aristócrata del espíritu. . seguramente Augusto llevaba en su ser un doloroso complejo. El había llegado a convertirse en artista refinado. . . ñ( yo solía llorar recordando a mi padre. Augusto fué invitado a Valparaíso para dar unas colnferencias. vivía muy mal. Actuaban en esos momentos los antepasados que le transmitieron su desdén por la miseria popular. Yo recordaba. . . Le llevaba un regalito. que. Yo lo vi llorar.’pero el pobre ganalja-poco. . Sí. . Cluando nos enviabafi a Valparaíso. Sólo por eso. quienes en seguida las abandonan al torrente de un mundo corrompido.de alguien que l atendiera y le ofreciese cariño. Sí. El pobre viejo tuvo n ~ e yi regresar a casa con su regalo. . mi papá se alegraba m u chLO y nos llenaba de agasajos. Entonces nos ernbarcaba a Valparaíso.. . Cuando YaL no podíamos soportar más. E s a . la forma en que recibió Augusto a la comisión de obreros de “la otra colonia”. . . . Aldemás. Verdad es que en “Juana Lucero” escribió con emoción sobre las mujeres que caen víctimas de la lujuria de los poderosos. Otras veces íbamos a parar a casa dr: la otra abuela. . . Elena escribía a la abuelita Jx lana y ella conseguía con Augusto que nos permitiera reg*cesar de nuevo a casa. . .o defenderé hasta la muerte!. Mi padre supo por los diarios la llegada de Augusto. haice años. abrió los brazos gritando: iAugustit. . segLiramente. En su casa lo pasábamos muy mal. o l defiendo. . y f u é a recibirlo a la estación. . No le perdonaré nunca a mi herm ano los desaires que hacía a mi papá. Se dedicó a rebartir o es] abirazos y apretones de mano a sus amigos.. .Comprendes? Los ojos de Estela fulguraban de indignación.o!. . . . . la madre de mi p a p á . . A s í lo llamaba. y entonces perdía la cabeza. . al escuchar su relato. en f i n . Aug‘isto nos golpeaba y nos arrojaba de casa. En cierta ocasión. Pero mi hermano le volvió l a Dalda. . Pero fué una excepción que es preciso atribuir a la pasajera influencia de Zola. y en su compañía pasábamos escaseces. . Cuando mi papá vió a AugListo que bajaba del tren. era una vieja mala. Después de muerta mi madre. . . compró con sacrificio. . bebía mucho. Sus amigos le prepararon un buen recibimient O . . N o comprendía ni sentía el dolor del pueblo.

sos de observador y de analista. Otro tanto debía de OCU- 292 . . táculos que se le pusieron en el camino. una llaga en s u pecho: la injuria inferida a SU madre por un advene. Todo lo puso al servicio del triunfo. acaso su apoyo moral. además. a pesar de que me creía solidario de los proyectos de Augusto. Inscribiría su nombre en los anales literarios de este país. Ocultó su timidez con máscara desdeñosa. arremetió contra los obs. poco su temperamento se avenía con las crudas luchas POIíticas ni con los negocios. risas y aleteos de pájaros. La abuelita y sus nietas se preocupaban de la casa. Necesitaba sublimarse. pensó que mi hermana sería una colaboradora en las molestas preocupaciones hogareñas. Ascensión escuchaba complaciente a Augusto y pareció dispuesta a secundar sus planes de matrimonio. aristócrata del espíritu. a las que Augusto era muy aficionado. Cuando el tiempo era favorable. Desde entonces. apretando los dientes y empuñando las manos. como lo era por s u ancestro. tam. en realidad. Sin embargo. hacer olvidar hasta el último rastro de la mancha traidora impresa en su sangre. Sería artista. Juntos podríamos asaltar el ansiado triunfo. Mis charlas con Estela me aproximaban cada vez más a ella. realizábamos excursiones. En nuestra casa sólo se oían voces de chiquillas. dizo. . sacrificó su sentimentalismo amoroso o sus instintivos impulsos de sensualidad. se fraguaba en la sombra una atmósfera alarmante. Por las noches ejecutaban música escogida. En San Bernardo llevábamos. Cuando Augusto se propuso crear un hogar que sería como un bastión defensivo contra las importunidades del mundo. su pasión. comenzaron a $obsesionarmecorno brasa colocada en las entrañas y ejercieron. Llevaba. Augusto se avergonzó de su primera obra Y hablaba de ella como de un ensayo grosero. su amigo. una influencia disgregadora y fatal. Sin embargo. ¿Cómo obtenerlo? su timidez le impediría esgrimir la espada. como Elena y su abuelita. su-expresiva franqueza. En un momento pudimos creer que la vida se doblegaba sumisa ante nuestros deseos. Charlábamos de actualidad literaria. vida sana y agradable.más tarde. Yo sería su colaborador. Creo que en ninguna otra se pueden encontrar trazos más vigoro.

cbn quien Éstela vivía en constante . . no sé por q u é . . trabajadora. -No pienso como tú -le dije-. . . . . Así lo piensa Augusto. . Bien sé que eso es m entira. me atraes. . iJ lo desentonaría en “el hogar feliz”! . . . -Estela -le dije un día. . . . rrirle a mi hermana. buena. Ella sí es biiena moza. . mirándola a los ojos-. Eres inteligente y.. Los encantos se los llevó todos Elena. Y.. .ccimunicación. jsabes 4‘i e eres encantadora? -No quiero que te burles de mí. Estela hizo un mohín de desprecio y se alejó precipita/ dimente.

Cuando apenas Lena tenía ocho años. y que.. . sonriente. ¡Buena muchacha Lena! Desde el primer momento nos tratamos como si nos conociéramos desde niños. Lena se desempeñaba con destreza y rapidez. era ya una personita importante en la casa. Jamás la abuelita se preocupó de menesteres hogareños. Todo lo realizaba sin aspavientos. Es verdad que Lena era fresca y sana. desde el amanecer ponía orden en la casa. . Silenciosa. . 294 . ¿qué es amor?. Poseía una jovialidad práctica y sencilla. Mientras Estela protestaba por las tareas que se le encomendaban. se preocupaba de la ropa. -Lena. Acaso fué amor el que tuve por Hortensia. y me demostraba gran simpatía. Había sólo un vago proyecto de Augusto.LA REBELDE Sí. discutía con la lavandera. Pero ahora. cuando mis sentidos comenzaban apenas a despertar. Sabía que a él le habría gustado verme casado con Elena. . Ella disponía las comidas. tan humilde y abnegada. conocía la vida por su lado más duro. estrella radiante y lejana. M i terno de parada. Con senciilez y camaradería. llevaba las cuentas del carnicero y del almacenero. afectuosa y diligente. . sin demostrar disgusto ni cansancio. . Acaso lo fuera aquella niña adolescente que conocí en tierras del sur. Pudo ser también el que sentí por la “Principessa”. . . con la seguridad de persona que conoce bien sus obligaciones. Lo hizo desde niña. hermana menor de mi madrastra. acuérdate de que estamos convidados a comer. realizaba mal y con atraso. generalmente.

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e5 porque sufre. . No creo que Augusto s. es porque él ha cambiado. mi verdadera hermana. También dicen de mí que tengo mal carácter.. Así como soy 1 rebelde. y luego dijo -Me inspiras Confianza. . ¡Oyelo bien!. . ten por seguro que si en mi PI tesencia Augusto fuera cruel contigo. Ella alzó la vista con ademán 1 : 296 . ¡Acaso también l odia i o mo yo! -No lo creo.Y a en una oeasibn me puse en contra de tu hermano. Y o . .ea malo. acercándose a mí con los ojos fulgurantes-. Serás mi hermana. Es buena.. Sólo que no tiene tu carácter.. .L . Su temperamento la pone a cubierto de reacciones violentas. . Estela. T e considero hombre. . .. Lena no es hipócrita. . Ten confianza. .. .. . . -¿Por qué a Lena? -¡Porque. que ha sido injusta con él. Pero. . Estela. . Desconfías de mí y de todo el mundo. . . siempre yo estaría de tu parte. . . -¡Niña! -le dije-. . . Es. Lena tiene todas las preferencias de Augusto Y de la abuela. iyo no tengo nada!. ¿Crees que ella es f0 sincera al demostrar tanta abnegación con Augusto?. . 1 :Ocreo que disimula su fastidio. . observándome. . . Quiero ser tu co:mpañero. Si tiene rarezas. Puede soportar. Eres susceptible. Estela meditó un instante. como tú crees. Ni a Lena. .. . por un movimiento espontáneo la acerqué a mi cuerpo y la enlacé suavemente. También es posible que tenga menos sensibilidad.. No te traicionaré. . -¿Así es que tú también crees que tengo mal carácter? -¡No. No es compasión. . Quiere vengarse de la vida. . Pronlé. . soy también agradecido. . Si aho nos entendemos. . . afiECto. tú la quieres! ¡Mira! -zgregó con vive:za. Es porque has sufrido y te sientes acorralada. . . Estela alargó su mano y esta vez permitió que la acariciara. . . Lena es bonit. teme que no le dirás a nadie lo que te he contado. Talmbién es un rebelde. Y como estábamos muy juntos y yo mantenía su mano entre las mías. no!. ¿Siempre me contarás tus penas?. A todo el que se defiende se le clasifica de mal carácter.

Estás prometido otra y me besas como si fuera tu novia.derconfiedo. . Estela dió un salto como si la hubiera picado una víbora. . :trocedió mirándome con espanto. Allí se detuvo. . escúchame! . Y aprovechando la proximidad.Canalla!. . y. . lanzando sobre m una mirada arí cnte. Pero Estela había dado ya media vuelta y salía corriendo cia el jardín. ¡Espera! . Ese gesto me provocó un movimiento de travesura. . . casi de pavor. puse mis labios en los suyos. Luego huyó hacia la ierta. -¡Estela. . . . . 297 . gritó: -¡También eres falso!.

los hombres no hacemos otra cosa que perseguir una pieza con la obstinación del hombre que maneja su fusil en la selva. comencé a perseguirla. atrayente! Y. sin embargo. volvía a repetirme. llegué a sobreestimarme en forma exagerada. Cuando regustaba el sabor del beso robado. . En muchos casos. por el hecho de creerme ya artista. no importa l que el objetivo sea mezquino. Pero. dar en mi alma. ción. saltando cercos. Mis relaciones con Estela tomaron asperto de persecución. 298 . E cazador suele perder la mitad de un día persiguiendo un mísero zorzal. recordando su cuerpecillo entre mis brazos. A s í es. bufando de rabia impotente y más empecinado mientras más travieso y esquivo es el pajarillo que se persigue. En aquel tiempo. A mi extrañeza siguió la curiosidad. {quién era Estela en mi concepto? Nada más que una pobre niña apaleada y menospreciada. la chiquilla no aceptaba el afecto que le ofrecía.. procurando ahon. En cambio.LA CAZA “{Qué es amor?”. . . no podía dejar de mofarme de mí mismo. con gran sorpresa. desgarrándose el vestido.. Si me hubieran dado el espaldarazo de caballero y de príncipe. Acaso el ancestro nos legó el insrinro de la caza. no me habría sentido tan orgulloso y satisfecho como de que se me considerara artista. ¡Pobre Estela! ¡Cuánto le faltaba aún Para ser mujer de garra sensual. En nuestra época de apariencia civilizada. Buscaba su compañía con cualquier pretexto. a quien me dignaba tomar en cuenta y colocar bajo mi protec- . transpirando..

volvía sobre ellas. En cambio. pensaba continuamente en ella.Estela! -le dije-. Comenzó a despertarse en a el1L la femineidad. -. La solitaria estudiosa . . Lena era dócil y l a aventajaba en conocim. me di cuenta de que la ejecución era miás imperfecta que la de Lena. ya sin cuidarme de Augusto. b 8 299 . como si se tratara de vencer ten a zmente una dificu!tad. Puso más esmero en el vestir y en el pein aIdo. Era uno de los motivos de reyerta entre tu' el1la. Augusto y la abuelita. Continuamente yo rogaba a Lena que tocase alguna de mis piezas favoritas y en especial una sonata de Schubert. Vaciaba sobre su cabeza lluvia de flcires y frases apasionadas. La rodeaba de atenciones.Sin embargo. quie yo prefería. Estela recibía mis homenajes con displicencia. de Lena o de la abuelita. a pesar de mi escasez de iien conocimientos musicales. en momentos en 4': te yo charlaba con otras personas.ientos. Estos síntomas me hicieron insistir. Yo sabía que Estela siempre fué muy perezosa en el esdio de l a música. Pero. Dormían en la misma pieza. O€rimió mi corazón y me hizo penetrar con brusquedad en la sala. se acicalaban con parecidas prendas y paseaban juntas. ¿qué tiene de raro? Me miró desafiante. U n pensamiento cruzó por mi mente. Soirprendía sus miradas que me acechaban.i hermana Ascensión. vacilaba. Me extrañó escuchar todos los días a cierta hcIra l a pieza solicitada. evocadoras de frescura otoñal y de suave intimidad de alcoba. el instinto me hito comprobar que no le era indiferente. se aislaban del resto de l a familia c Y mantenían conversaciones interminables. Noté que Estela aumentó en esos días su intimidad con m. amorosam 2nte enlazadas del brazo. . Sin emba rgo. Llevábale grandes raos de juncos y violetas. Estaba roja como si la hubiera sorprendido en una falta. Se esponjaba como los retoños de árboles cuando la Primavera está próxima. M i propio fuego alimentaba y acrecía mi ardimiento pasional. Vivía pendiente de sus gestos. ¿Eras tú? -Sí.". jeta Estela! Tan pronto como se dió cuenta de mi presencia. En un principio creí que era Lena 'qi: procuraba complacerme. quienes trataban de hacerla progresar. dejó de toicar y se levantó bruscamente. Se detenía ante ciertas notas. Y eso.

el primer movimiento que me acercó a ti fuera cierto impulso de. . porque tocabas la sonata que me agrada. que no te quiero con piedad. . . . . . . T e crees buen mozo e i:. . Se aprovechan de las muchachas y luego se van . . . . solidaridad. . . fraternal. No tengo pretensiones de don Juan. . Secó una lágrima. Me acerqué con cautela. i -Hay muchas maneras de querer -dijo-. . . con expresión alternada de burla y de indignación. ¡te odio! Enrojeció de indignación. T e veía sufrir.. . . Ponen el mar entre ellos y no regresan más {Sabes que te pareces al padre de Augusto? Cuando pienso en esto. comencé a sentir interés creciente. Me miraba con sus apasionados ojos enttecerrados. -No sé si me caes bien o mal. . 300 . . . . sino como a mujer que se a m a . . . jhae eres indiferente!. .. . ¡Me quieres como si me tuvieras lástima! -Ya te he dicho. . . Imaginas que todas las mujeres se fijan en ti . . . . Retorció en sus manos un Pañuelito.. Estela.---Me importa -le dije-. jte odio!. . Ahora. Conocí algo de tu vida y quise acompañarte. -¡Eres un farsante! ilonozco esa clase de hombres!. que me atraes. Especialmente a t i . no ya como a niña a quien se quiere acompañar en sus penas. . N o se movió. .. -Pero. . que siento por ti una ternura inexplicable. Y a vez que te hablo con sinceridad. . . Estela. Quizá. . -No sólo a ti te gusta. probablemente porque rehusabas mi trato y desdeñabas ese impulso . Escúchame. ¡Me tratas camo a una chiquiJla! -Es una manera de expresar cariño. Sé que hay muchas mujeres a quienes no caigo bien. .. . en un comienzo. -¿No tocabas entonces para mí? -Eres demasiado presumido. D un paso hacia ella. Pero cuando veo que pretendes burlarte de mí. he comprendido que te quiero. . hijita. Estela. . -Te equivocas. . jsiento una rabia!.:teligente. Después. . ¿por qué puedes creer eso? -No me digas “hijita”. .

no y al mismo tiempo piensas casarte con mi hermana. Me demuestras ca. . . . . Esta vez no huyeron e los míos: ardían. -Entonces. .aja. clara. 301 . ¡Yo habría muerto a ese h ombre!. Nunca he dicho que me Ciisaré con tu hermana. . . T e dices b ueno.. muy lejos. . T e l juro p o r . Permanecimos un minuto juntos.treché en mis brazos. . . Miraba ardorosamente. jEso es todo! Me había acercado a ella. -Estela -Continué. . o -jNo jures! -interrumpió con vehemencia-.ri. jNo Sf:as orgullosa!. Guardó silencio. sí. . . . . . Había recobrado su voz de chiquilla. Estela. Estela. pero no retiró su mano. . .d i j o en voz muy b... pero necesitaba tiempo para decidirlo. Estela!. . e:. SZguramente. . . . ¡Lo habría sacrificado a pausa. En ese instante ya o era una niña. . . como Lena es la hermana que más o 4 uiere. y. pero sólo para mirarme a los ios inquisitivamente. -lr Se detuvo. Estaba sofocada. naturalmente. . Era mujer definitivamente. Estos asuntos no sc)n un juego de niños. Dime que die sus manos-. . Augusto ha arreglado las cosas a su aintojo. Sus ojos miraan hacia adelante. . . Y si o t E! l propongo no es para complacer a nadie. Es probable que también yo l pensarii. ¡Sincero!. esta vez. pensó en ella. . Yo la .a pieza que tocabas la estabas ensayando para mí. -La quiero. busqué sus labios. Contenía las lágrimas que. Deja hablar tu alma. ~. . . Estela apoyó su cabeza en mi pecho. serías mi mujer. como a un anis tal dañino!. De ronto se desprendió de mí. ¡Escúchame!. ¡Lo habría pisoteado como a un gusano!. . ingenua. Ahora me he tonvencido de que e:i a ti a quien quiero. ni tampoco e:dusivamente para formar un hogar. No me compares con ese hombre. tomando una Dime que también me quieres. Sino porque te 4 uiero. Si tú me aceptaras.-¡Mi madre fué una santa!. no me rechazó. jno quieres a Lena? . Deseo saber si me puedes C( mesponder. . . -jCálmate. . . . . -No. OY honrado. como a una hermana. con acento de ruego. y estás cometiendo una infamia. acudían a sus ojos.

Pero yo he creído comprender tus deseos. Una brisa de esperanzas me había empujado hacia un país azulado de luna. La admiro. del pre- 302 . Yo comprendía lo que tú deseabas. que suele ser arbitrario o imperativo. . Quiero ser leal contigo -le dije-. Augusto. Es la hermana que más quieres. .. Debía una explición a Augusto. -Escucha. A la otra casi no la tomas en cuenta. como si estuviera envuelto en túnica de pecado. Sin que me lo propusiera. . . . . había torcido hacia una región teñida de rojas pasiones. Tú también crees en el destino. . hermanas. Yo también creo que kena es una gran mujer. Luego me interrumpió: -Nunca te he querido hacer una imposición . Si era huérfano. . . Pero no todo resulta a medida de nuestros deseos. . levantó la cabcza y me miró. Era muy generoso de tu parte: en realidad me ofrecías lo mejor de tu casa. . mas. . Mi vida se perdía. la respeto. me escuchaba con la vista baja. ¡No sabes. la quiero. me he dado cuenta de tu vida familiar. Me introdujiste en tu hogar. ahora tengo familia. -Es verdad. .EL COMPR'OMISO Me sentí. Pero no contábamos con que el destino. Augusto. . en un campo plagado de zarzamoras. de pronto. . .. . sentado en su cama. .. . . Volvió a mirarme con leve ademán de protesta. . Fuí como un miembro más de tu familia. hermano.. interrogante. . por el camino. -No te culpo de nada -sontinu&. . cuánto te lo agradezco!. vacilante. Al oír el nombre de Lena. . . .

Trabajaré. -¿Qué dices?. el tropiezo con una persona conocida. Puede ser que tengas razón. .. Continué hablando: -Las circunstancias. . Bromeas. . . los resultados los que interesan. . en el fondo. . . Yo mismo me sorprendo. . . . a pesar de la voluntad que ponemos en dirigirlos en cualquier sentidlo.setite y del pasado. Pero.. Me siento profundamente atraído por Estela. Yo sé que todo habría marchado bien si hubiera seguido mi primer impulso. . . deteniéndome cerca de él-. que consientas en que la continúe tratando como a novia. Pero.. es posible que todo se eche a perder. No he sabido cómo he llegado a eso. Arreglaremos todo para que se realice un programa dentro de las formas convencionales. ' 303 . las. hijo?. . Y o creo que si Lena hubiera sido mi prometida. . . ¿Qué logramos con hacer análisis de almas y situaciones?.. . unidos contra la adversidad. Comencé a acercarme a ella por un gesto de piedad. .. Augusto había vuelto a inclinar la cabeza y me escuchaba en actitud de melancólica resignación. ¡Me das miedo! -Nada importante.. tainbién. cierto impulso instintivo de hombre que desea vencer dificultades. . . . una piedrecita.circunstanciaLS son siempre las que determinan nuestros actos. Me había puesto de pie y comencé a pasearme a lo largo de la pieza. y te ruego. . en apariencia. .. S saldré de casa y vendré a visitarlos a ustedes cuando sea de rigor. más tarde. Habríamos formado una familia de artistas. . viento. . suele trastornar nuestra vida entera.. quiero pedirte. . . una ráfaga 2 . . .i tú quieres -le dije. Tengo la obligación de decírtelo. yo paseándome agitadamente. . . procuraré instalar una casita y vendré a buscar a Estela cuando sea oportuno. Luego. . Permanecimos un momento en silencio. Pero. sí.. . . Augusto con los codos en las rodillas y el rostro hundido en las manos. .. . . . . . puede ser. algo imprevisto y desconcertante. -Nada de bromas. fíjate bien. Son los hechos. T e lo diré de una vez: me he enamorado de Estela. . -¿Qué pasa. . Pero es así. ¿a qué proseguir?. al menos.. Augusto levantó la cabeza como si escuchara una detonación. . que te hayas equivocado. U n hecho insignificante.

Lo que me propones habrá que pensarlo con calma. se sintió complacida al escuchar el relato de mi entrevista con su hermano. a la cual se le solía consultar y complacer. Si persistes. al parecer. Mientras tanto. discutían. fué más espontánea en sus manifestaciones y hasta pareció dulcificarse con los que la rodeaban. . -Niño . . eso no te será difícil. . Adquirió desenvoltura en el andar y en sus gestos. Procura cono. NO esperaba tanta bondad ni tan sereno juicio. charlaban. Se mezclaba en nuestras conversaciones. por todos los medios. Esta actitud de Augusto me conmovió. Yo la llenaba de atenciones delicadas y procuraba. Se encerraba largas horas en su cuarto con mi hermana Ascensión.d i j o con acento paternal-. cohtinuemos viviendo como hasta aquí. de un patriarca bíblico. NO eres más un niño. Después de esta explicación provocada por mí. . . la vida en casa continuó su curso normal. tivo. Estela. N o le demos a tu noviazgo un carácter defini. . y en todo caso será una buena hermana tuya. a fin dc quedar en paz con mi conciencia. Adquirió mayor seguridad. Augusto se levantó y me puso una mano en el hombro. Creo que puedes cambiar de parecer. ya encontraremos medio para que realices tus propósitos . Es buena muchacha. opinaba sobre música y literatura.habríamos podido vivir juntos. . si es que ella pudo haberse formado algunas ilusiones respecto a ti. . Diríase que su cuerpo creció y su envoltura fué adquiriendo redondeces y atractivos femeninos. En ese momento tenía la apariencia. El mismo hermano la escuchaba con disimulada sorpresa. cer bien a Estela. Hasta creí ver que envolvía su rostro luenga barba y que las manos que extendía estaban tatuadas por veneirables arrugas. pero con Estela las cosas cam. Sólo te pido que seas discreto y que no hagas sufrir a Lena. del cuidado de su rostro y de sus manos. por el tono de su voz y SUS gestos. Cambió hasta en su aspecto externo. Estela pasó a ser una personita importante. . 304 . Se preocupó con esmero de trajes. . disponía paseos y programas. Con la facilidad que tienes para tratarla en la intimidad del hogar. si ves que puedes ser feliz con Estela. realzar su personalidad ante Augusto Y 10s de casa. paseaban juntas. bian.

Ella. Llegamos. Fregaba y barría los pisos con mayor escrupulosidad y se enfrascaba en sus cuentas de perfecta y hacendosa dueña de casa. en su alma? N o podría asegurarlo. de los míos y los de mi hermana. como manso manantial generoso. siempre estaba lista para acompañarnos con fresca y cordial aquiescencia. poco a poco. seres extraños a su intimidad y que la trataban con respeto cortés Y distante. Se preocupaba de mis pequeñas necesidades. Augusto la traSolstoyano. sonrientes e inmutables. y no faltaron sobre mi velador l a s flores frescas que siempre cortó para mí.-20 305 . al menos en apariencia. Pero si l a invitábamos a nuestras excursiones. Y a no visitaba diariamente a sus parientes y alumnas. enseguida de su hija y luego de sus nietos. ¿Qué pasaba. pero. Pero si cuando la conocí era discretamente alegre y sus azules ojos sonreían con blanca travesura de niña. N o había perdido su placidez ni la suave pasividad que constituía la esencia de su carácter. Comenzó a levantarse cada día más tarde. Tenía Lena en su figura. ahora. Si algún cambio se operó en ella. una ímperturbabilidad y dignidad que yo siempre tuve como atributo exclusivo de los nobles ingleses. o no se dió cuenta. ¡No tener a quién servir! jhfodesta ruedecilla puesta en desuso! N o hallaba qué hacer de sus manos y de su pensamiento. Continuó siendo la buena y sencilla camarada de siempre. parecía hallarse perturbada por ansiedad inexpresable. ya no escuchaba el bullir alegre o turbulento de otras vidas. se entretenía apenas escuchando los proyectos y los afanes de su nieto predilecto. y quizás en su espíritu. en realidad. a olvidarnos de su existencia. ahora se recogía en su vida interior y sus gestos se velaban a menudo de vaga melancolía. pero. fué en favor de sus quehaceres domésticos. Lo que para mí' empezó a constituir enigma fué la abuelita Juana. que nada se le exigía. dormía largas siestas y se recogía por las noches temprano. o l o disimuló con discreción. ella veía desfilar la vida y los seres humanos desde serena altura. que durante su vida no hizo otra cosa que darse entera en beneficio de los que amaba: primero de su marido. Recluída en el pueblo silencioso y provinciano de San Bernardo.Me preocupaba mucho la actitud que podría adoptar. Lena ante la creciente intimidad que yo iba adquiriendo con su hermana.

He traído para ti un libro de Byron. ya Augusto se estaba dirigiendo a uno de nosotros para comuni. agradecida. con suave obstinación. de hogar y de raza. más que un acto intencionado. Sólo en Lena halló la abuelita el apoyo material y sentimental de otros tiempos. que. . Pero no fué posible. . Y antes de que ella le respondiera. Le prodigaba atenciones y traté de que me considerase uno más de sus nietos. Ella la ayudaba a vestirse. Ascensión y yo éramos los forasteros. . . me colocaba a discreta distancia. nica. mi amor! . . ción reglamentaria. La abuela aprovechaba estas ocasiones para derramar su ternura en frases de cariño. la acompañaba en su aseo personal y se preocupaba de su alimenta. cias. que veníamos a hurtarle algo del cariño de sus nietos. -Viejecita. engolfado de continuo en proyectos literarios o en sus lecturas. en inglés . 'blo creí adivinar la silenciosa tragedia que se desarrollaba en el espíritu de este ser de selección y procuraba hacerme grato a sus ojos. . . Siempre me encontré con su mirada evasiva y con. SU interés por ella. . . su espíritu alerto. florcita mía!. carnos alguna noticia relacionada con SUS preocupaciones habituales. parecía. . -miirmuraba-. .taba con distraída ternura. una ejecución mecá. jcómo te sientes?. iGra-iPalomita.

TORMENTA No había vuelto a saber de Hortensia desde que Augusto nos sorprendiera enlazados. no pude menos que compararla a aquella rozagante mujer que. que no lo veré nunca más al pobrecito!. Había entristecido. ¿A dónde habríamos ido a parar con nuestro amor? Hortensia fué buena. con su sola aparición. y yo no podía menos que sentir nostalgia de su ternura. Cuando en casa necesitaron lavandera. sí. doña Rosalía? 307 . {Cuándo hey de vivir tanto pa juntarme con él? -¿Cómo es eso. me hizo flecordar intensamente a Hortensia. caayero! -me dijo con voz quebrada-. {Ha sabido de su marido? ¡Creo -¡Ay. exudaba vida y optimismo. pero como se recuerda el pasado lejano. Continuaba recordándola. después de aquella entrevista que fué nuestra despedida dolorosa. sumisa. mi conformidad habría sido absoluta. . . Convinimos en que Rosalía continuaría prestándonos sus servicios. -¿Qué me cuenta. cuando la conocimos. con esa vaguedad de penumbra que convierte en suaves aun aquellos acontecimientos que fueron ácidos. Si hubiera sabido que ella ya no sufría. a pesar de las arrugas que no correspondían a sus años. doña Rosalía? -la interrogué al verla llegar con su atado de ropa limpia-. Al verla. recomendé a Rosalía. Pero era necesario olvidarla. cortantes. :Esos bandíos le aumentaron la condena otra vez!. . Agora está por veinte años. Quizá ella tuvo razón. incondicionalmente amorosa. Ella. porque la vida así lo quería.

. Tamién a mí me saci o el cuerpo. . Huyó como si la persiguiera el demonio. . ¡Quién sabe si yo sea el culpable de. . Venimos al mundo sólo pa sufrir. prendí que nada ganaría con despojarla de su ilusión. . Procuré consolari. . . . ¿No la ha visto? -No. porque sus maldades la llevarían derechito al infierno. . . . .. -Si la encuentra alguna vez. mi señor! ¡Qué va a ser usted el culpao o ble!. que me vi obligado a pasar junto a ella sin hablarle. El otro resultó muerto. . . . . ¡Me dió pena. No vive más qu’en l a iglesia. N o es ni sombra de l qu’era antes. ¡s -Casi es de alegrarse que e&é condená a morir pronto. . . lilos. . no más. Hubo trifulca en 10s pa‘ tios. Quisiera hacer algo por ella. . . Iba a aproximarme a ella para prodigarle algún . y pensé decirle que era preferible que l tuvieran encerrado. Lo mesmo le pasa a mi hombre. Está como espiritá. señor!. . . ¡Por más qu’el pobrecito es tan güeno! . iPobrecitos! U n día que logré atraparla. pero coa. o porque cualquier día la habría matado a ella. que no le pedía otra cosa a Dios sino que se l a llevara pronto. doña Rosalía. . que era una gran pecaora. ¡Ya no es cara la que tiene. .! -¡Ni l piense. Ahí l tiene usté. ¡Ea pura desgracia. . Sus niños andan sueltos por ei y parecen puros pi. procurando contener mi emoción. Ahora me Cuesta mucho verlo. doña Rosalía. . . . fenderse. Nació destinao a ser un roto o desgraciao. Y a ve l que le pasa a la se&. Callamos. . La imagen evocada era demasiado dolorosa. hijito de mi alma! . créamelo! -A mí tamién me da pena -murmuró doña Rosalía-. me dijo qu: quería morir. y . Doña Rosalía se ahogaba en llanto.. Dicen qu’es tisis la que tiene. -Lo llevaron al presidio de Santiago. Doña Rosalía se llevó el pañuelo a los ojos y lloró silenciosamente. Una vez la encontré en la calle. . .-Asina mismo no más es. . .A í es! -asentí. Fué la pura fatalidá. dígale que deseo verla. o rita Hortensia. . Salieron a relucir los fierros y el pobre tuvo que de. que ni siquiera tenía esperanza de pasar por el purgatorio. . ¿No l sabré yo?. . y . pero me miró con tal cara de espanto. . . . .

Desde que sé que vas a ser mi mujer. . Pero no deseo ocultarte nada.consuelo. ¡No sé por qué me imagino que se trata de un embrollo tuyo!. . mirándonos con extrañeza. o ES una historia absurda y triste. -¿Por qué llora? -me preguntó. . l compuso sobre la cadera. . l haría sin vacilar para que pudieras conocerlos hasta en los detalles más íntimos. . Ella recordaba a su marido que está en la cárcel. . cuando vi apaircer a Estela en el extremo del COrredor. Pero la verdad es. Mientras tanto. de una señora amiga. que se halla muy enferma. . Y no creas que es porque me crea buena. . y atravesó el jardín para ir en busca de Lena. porque Estela me miró con desconfianza. La joven se acercó. . Y o tomé por un brazo a Estela y la conduje mimosamente hasta nuestra sala de trabajo. ¿Qué le has hecho? -¿Yo?. Creo que la sinceridad conserva el cariño. . Tela. . . ¿No crees l o mismo? -¡Claro! . . . Hablábamos. .e x c l a m ó . . -Te l voy a contar todo -le dije con voz insegura-. señalando a la mujer-.que no oculto mis pensamientos. . -¿Y por eso estás tan compungido? -No sólo por eso. doña Rosalía había tomado su atado de o ropa. . . ¡Nada. con voz apasionada-. . ¡Ya te contaré! Es posible que hubiera una vacilación en mi voz. .Todos necesitamos perdón! -¡Yo no lo necesito! -interrumpió Estela. . -Está bien -le dije. Tú has visto. . . Debo confesarte que me siento turbado como si hubiera cometido un delito. niña!. . también. . Quizá se deba a que me escuchas con desconfianza. Tela!. me hice el prop6sito de ser leal y sincero contigo. Sientes or- 309 . Sólo temo que cierta falta o de comprensión te impida perdonar los errores ajenos. Imagino que es la mejor manera de conseguir la unión perfecta entre personas que se aman. -¡Qué raro me parece! -murmuró-. que si pudiera colocar o mi pasado y mi presente en tus manos. -Es l que más admiro en ti. La sinceridad limpia como e1 agua pura. . . . aunque aparentemente creamos que nos puede perjudicar. en tono conciliador-. irguiéndose l e su asiento-. ¡Qué cosas tienes.

-Pero. Luego volvió a interrogar: -¿Te habrías casado con ella? Yo repliqué. Procuraba explicar claramente mi pensamiento. en su interior. los. -Y tú. luego. . iQjaiá todos pudiéramos hace? lo mismc~!. como si mis palabras no le interesaran. . velando sólo ciertos detalles crudos que pudieran herir SU pudor. inmóvil. . Pero yo veía que. ¿quisiste a esa señora? Vacilé antes de contestar. chispeantes sus ojos. con la vista baja. Estela me escuchó sin interrumpirme. -Hay muchas maneras de querer d i j e a l fin-. Estela esbozó un movimiento de impaciencia. amor.. el arrebato o pasional que me arrojó en sus brazos . De pronto. . . Recordé mi vacilación antes de acercarme a ella. Sin embargo. como después de una labor pesada. Había muchos pequeños detalles que nos separaban. hasta el día de nuestra ruptura. Y tú. buenos o ma. Estela meditó un momento.. ¿No sentiste por ella amor? Respondí en forma vaga: -No creo que eso sea precisamente el amor. ¿habrías sido dichoso? -Posiblemente no me habría sentido cómodo a su lado. hice un análisis de mi soledad entre mis compañeros de colonia. . Yo quería protegerla y hacerla feliz. y. yo estaba fatigado. Era desgraciada. Fué buena conmigo y yo se l agradecía. ella no aceptó. no perdía SU expresión de niña voluntariosa. Diferen310 gullo de asumir la responsabilidad de tus actos.A continuación conté a Estela l a historia de mis pasadas relaciones con Hortensia. Era demasiado modesta para esb. esforzándose por compenetrarse de mis palabra? Por momentos enryjecía y detenía sus ojos en mi rostro comc si quisiera pesar mi pensamiento. me interrogó: -Dime. y eso o me acercó a ella. Cuando terminé de hablar.. Me habría casado para librarla de sus tremendos escrúpulos religiosos. Por momentos procuraba adoptar actitud de indiferencia. Todo se l dije. . desde que la conociera en casa de doña Rosalía. ¡Amor!. se desarrollaba un trabajo laborioso. . después de ligera vacilación: -Sí. . Le propuse que nos casáramos.

Estela!. . . . . . no desvaríes!. . Necesito un hombre igual a mí. de edad. ¿Ves? ¿Ves?. quién sabe. . -dijo Estela en tono irónico-. . . .No me toques!. . . . de educación. . E s como una felicidad refleja. . . ¿Tenía razón Estela? me^ ardía la cabeza. -¡Eres admirable!. la quería! ¡Con vehemencia. era justo que. -. Pero también se puede sentir felicidad contribuyendo a la dicha de los demás. . . cariño haya cierto espíritu protector. . no querría que nadie me quisiera por compasión. soy todavía. Dió media vuelta y huyó. . en mi interior.Esa es tu manera de quererme!. Ella retrocedió decididamente y me rechazó como si se sintiera amenazada por contacto repugnante.Estela. . . Estela: jestás equivocada!. T e comportas como una chiquilla voluntariosa. Dicen 'que don Quijote hizo cosas por el estilo. . Pero en lo que a mí se refiere. ¡Eres un hombre perfecto!. . ahora!.Sí. . 311 . . unir mis labios a los suyos. . Me has conocido como una muchacha medio abandonada dentro de la familia. .Pero. . -¡No!. . pero no me siento querida por mí misma: por mis cualidades y por mis defectos. . Créeme.! -Amiguito -me dijo con acento airado-. y te dispusiste a defenderme. . y. . En un comienzo. Di un paso y procuré enlazarla. Y o quedé en suspenso. . Pero tampoco acepto que sea más que yo. . Si ella se di6 entera. ¡Pero hay mucho más que eso!. . . -¿Así es que tú eres capaz de querer por. compasión? -¿Por qué no? Y también me habría unido a ella para cumplir con ciertos deberes. Si fuera inferior. Algo. -.Te he dicho que. Puedo agradecer tu protección. . . de creencias. ni por obligación. . Acuérdate de que fuí. prodigarle palabras tiernas. . . Sentía impulsos de estrujarla en mis brazos. . ¡No!. quizás no podría quererlo. con plenitud! La deseaba con pasión.cias de espíritu. . quizás. Puede ser verdad que en mi . se retorcía dolorosamente. un discípulo de Tolstoy. ese deseo de protección pudo ser un estimulante. No acepto eso. . .Niña!. . .

-Estela. . ¡Eran mis cartas! Luego la puerta se cerró con violencia. Iba yo a lanzar una exclamación de regocijo. Silencio.. Se entreabrió la puerta.. Necesito hablar contigo. ha. seguida pasos que se acercaban. Esta vez se escuchó un ligero ruido en el interior. Nadie respondió. cuando sentí que caía algo a mis pies. U n pequeño paquete de manuscritos. . Golpeé con mayor fuerza.Me dirigí a su cuarto y golpeé la puerta suave ni^^. 312 .

y SUS evocaciones de Pico de la Mirándola. ejerce en los sentidos influencias secretas. comenzó a surgir de la tierra. de las paredes y hasta de las flores del jardín. Augusto desenvolvía extrañas teorías cuya clasificación es difícil determinar. que. Frecuentaba la casa una tía de Augusto. T í a Carmela era viuda. N o recuerdo si Augusto conocía los tratados de magos y alquimistas de la Edad Media. pero puedo asegurar que sentía admiración por la vida y actuaciones de los sabios hindúes. Tampoco sé si conocía a Huysmans y sus tétricas descripciones de misas negras. sólo recuerdo que aludía constantemente al “misterio del arte”. para Augusto significaba un abismo de sugerencias esotéricas y simbólicas como jamás se han escrito. También hablaba del sonido. como bien l o saben los maestros de la música. El “Halvard Solness”. muy bella en su tiempo. o prácticas que tanto podían ser experiencias científicas como lucubraciones de astutos charlatanes. 3x3 . que a los ojos penetrantes e irrespetuosos de Tolstoy es una de las mayores majaderías dramáticas del pasado siglo. junto con mi amor contrariado. como de una realidad que era preciso desentrañar y practicar. ni si tuvo noticias de las actuaciones de Cagliostro o de Alberto el Grande. E s posible que fueran tomadas de diferentes creencias antiguas o modernas. Siempre creyó en la magia de las palabras y en su influjo sobre la sensibilidad. un hálito inquietante. hija del comandante y héroe nacional Manuel Thomson y de una señora Tousiño. de Ibsen.SBSIQN D E HIPNOTISMO En esa vieja casa impregnada de primavera.

-Fíjate bien. demostrándome su creciente desvío. . a pesar de sus cuarenta años. {NO crees que . . gría cada vez que llegaba a casa. . los trajes usados. niña! -murmuré. abuelita y las niñas la recibían con rece!o. ella le lleva el amén y le sacude el incensario a dos manos. pues. una excelente camarada para Augusto. Ella continuó: -Augusto la prefiere a nosotras en todo. sin dejar de reír. . Fíjate cómo.Augusto senda por ella gran cariño y tía Carmela se 1 de. . No creo que tuviera una educación sólida. motivados por las prderencias de Augusto por su tía. . muy fina y elegante. Acaricia a Augusto y lo llama “SU hijo” . Habla de sus “manitos” y muestra unas uñas perfiladas. -Esta vieja -me dijose cree artista. Al parecer. sobre todo. adopta posturas de chiquilla. nunca estabz en desacuerdo con las opiniones de su sobrino. antes que nada. un día me dirigió incidentaimente la palabra. Dice: “yo con mis manitos tejí esta blusa”. ¡Y allá van los sacos de fréjoles o de trigo. pero no le faltaba cierta astucia femenina que le permitía asimilar y orientarse en toda clase de conocimientos. Aunque Estela hablaba ya muy poco conmigo. Ahora que Augusto está con sus ideas de misterios y brujerías. Era. . Cuando llegan regalos y provisiones que mandan a la abuelita sus discípulas o parientes ricos. Pero . los zapatos y compotas! . leíale sus trabajos y manifestaba franca ale. A menudo consultaba con ella sus proyectos literarios. Acaso hubiera en ellas un poco de celos. ¡Claro. o -¡No seas pelambrera. . ¿Cómo no iba a preferiris a una familia que se limitaba a escucharlo con admirativa complacencia y que nunca agregaría el más leve comentario a sus indiscutidas disquisiciones? No siempre agrada a los dioses una sumisión ciega y muda. estaba al corriente de los modernos acontecimientos artísticos. como la linda lo adula y l lame como una gata!. ? No pude menos que sonreír. En cambio. . T í a Carmela conservaba el vago resplandor de una hermosura pasada. y. 314 . 0 volvía con adhesión admirxiva inconlicional. él separa la mejor parte para tía Carmela y sus hijas.

. -¡Fantasías! -respocdí. mudo. nos reunimos en la sala Augusto. -Bueno. hijito -me dijo. oscuros y penetrantes. crea usted l que le parezca. Calla y suspira. . . ¡para qué hablar de tía Carmela! . . . . Esa vez Augusto decidió comenzar conmigo sus experimentos de hipnotismo. ipero que no cuenten cono migo para sus chifladuras! Cierta noche. . . Extendió hacia mí las manos abiertas y ejecutó alganos movimientos breves y lentos. . Pero la abuelita y Lena. Desearía ser su Única confidente. con las manos extendidas hacia adelante. la abuelita. Estela. l siguen con la boca abierta. ¡Relaja tu voluntad! ¡Pon los músculos en ‘descanso! A pesar de que nunca tuve condiciones de médium. Sólo a mí y o a Ascensión no nos interesan sus “sesiones” de espíritus. . -A ver -me dijo con voz ahuecada y lenta-. . Estela y Ascensión se retiraron a su cuarto. ¡Siempre rebelde! -¿Te has fijado en que la vieja no te mira con pizca de buena voluntad?. iAugustit0 va a concluir por trastornar -a todos los de casa!. . . . preparó adecuadamente el escenario. con los suyos. tía Carmela. Dejó el vasto salón en penumbras. .-No son brujerías. o -iTambién tú!. obedecí con la mejor intención. que envizban sus dardos desde el fondo de las cuencas profundas. Augusto me miró con fijeza a los ojos. Con anterioridad. . Yo me di por hipnotizado. experimentos de magnetismo. Es que siente celos. no sé si por falta de sensibilidad o por incontrolable y oculta repugnancia a esa clase de representaciones.. . durante el cual Augusto puso todo su empeño 315 . tú siquiera sabes discutirle a veces. . . . T e observa. Son. En fin. deseoso de contribuir al éxito de la prueba. Celos porque Angusto toma en cuenta tu opinión. . . . formó un círculo con el sofá y los sillones. . a pesar de mi cooperación. erguido. Después de largo rato. como de costumbre. pero. acomodó en ellos a los espectadores. dipnctisZ2o7 o ! que quieras!.. y permaneció inm6vil en el centro durante algunos instantes. pasaron algunos minutos sin que mi organismo sintiera nada extraordinario. Lena y yo. .. . -iAh cabecita!. mostrando la lengua con enoj o .

i Q d bueno!. La insensibilidad era perfecta. . Avanzó hacia el centro del salón y se ofreció en actitud rendida. más que yo. . . . . existen recelo 316 . Se irguió en toda su estatura y le habló en tono solemne : -Carmela. hija mía.e x c l a m ó Augusto con satisfacción-. Augusto la tomó entonces. una armonía perfecta. hasta hace poco. Augusto. -Está dormida . Ahora obedecerá lo que yo le ordene. . . Augusto la miró un momento a 10s ojos con fijeza. -Quizás yo te podría servir -insinuó tímidamente la anciana. palmoteando y dando saltitos de niña-. y repitió las manipulaciones que poco antes había ejecutado conmigo. concluyó por desalentarse y dejó caer las manos. iMe siento feliz de que Augustito me hipnotice!. por su palidez y la tensión de sus facciones parecía hallarse ya en estado de trance. Pero. .' Me sentí decepcionado. Me guardé de añadir que siempre la consideré como histérica y que yo suponía que esta clase de personas eran especialmente aptas para pruebas de hipnotismo. Para su ternura de abuela no existía proeza de que su nieto no fuera capaz. vas a revelarnos algo que nos interesa saber. iEstás muy delicada y podría hacerte mal!. especialmente para el artístico. iQué bueno! exclamó. . T e aconsejaría. De improviso todo ha cambiado. Donde hubo confianza. -Eres más duro que un adoquín -me dijo con visible molestia. -Creo que es demasiado sana -murmuré a media voz-. e hizo que Lena le pinchara un brazo con un alfiler. No tardó tía Carmela en dar señales de sueño hipnótico. Las sombras invadieron nuestro hogar. . . sufría seguramente doña Juanita. . . . Lena. .para llevarme a la región del sueño. mientras se limpiaba la frente humedecida por gotitas de sudor. En esta casa reinó. . -iNo. que ensayaras con Carmela. humillado. . T í a Carmela demostróse entusiasmada. viejecita! -exclamó Augusto sin ocukar su mal humor-. posiblemente. . Hasta pensé que con aquella prueba quedaba demostrada mi incapacidad para cualquier trabajo.

sin quererlo. es el causante de este cambio. mantenía los labios entreabiertos como persona que observa embobada el desarrollo de una prueba peligrosa. {Podrías señalarla? Me di cuenta de que Augusto preparaba una de esas escenas que tanto le seducían. que nunca abandonaba su sonrisa despreocupada. Vi con claridad que su indiferencia por los acontecimientos sentimentales que se desarrollaban en nuestra casa era sólo disimulo y que ocultaba su descontento. sea yo o cualquier otro! ¡Pon tu mano sobre su hombro! Gran expectación se tradujo en el rostro y en las actitudes de los circunstantes. Augusto.en la expresión. ligeramente cavernosa y solemne. T í a Carmela demostraba dolor . comprendí que en mi organismo se preparaba una de esas reacciones tempestuosas que a menudo me dejan a la deriva. y que enturbia. se hizo aún más vago su mirar. giró en dirección a mi asiento. Se contrajeron sus facciones. y. Sin embargo. en ese momento permanecía seria. Por todos estos síntomas. resonó de nuevo en la estancia: -¡Abandona todo temor! ¡Deja obrar tu espíritu! ¡Señala a la persona que está equivocada. Habría que esí perar el desarrollo de la empezada sesión. como si adquiriese repentino brío. y estrujó nerviosamente una mano con otra hasta hacer crujir sus huesos. la atmósfera de esta casa! ¡Señala al que se encuentra en error.y malestar. más bien llamado “plexo solar”. retrocedió en seguida. iCosa extraña! En vez de sentir la esperada irq- . . abrió la boca con mueca amarga. sin querer. yo traducía al claro y vibrante idioma español el drama nórdico que Augusto representaba. Vas a decirnos quién. La lucha comenzaba. aún tuve un resto de dominio sobre m mismo. Debí demudarme. . tenía su objetivo. sin duda. Un golpe a íos centros nerviosos hizo que sintiera una angustiosa sensación en lo que llamamos vulgarmente Y a boca del estómago”. Hay aquí una persona que se halla en error. perdido el timón. caminó hasta colocar una mano sobre mi hombro. Abuelita Juana dejó escapar un casi imperceptible gemido y extendió los brazos en actitud de súplica. Tía Carmela avanzó un paso hacia Augusto. Y bien. Hasta Lena. La voz de Augusto.

¡Fuera de aquí! -Estoy en mi casa. He dejado de ser una niña. . enrojeciendo a su vez. al psrecer. . Augusto avanzó hacia ella con las manos levantadas. Sólo vengo a decirte que el culpable no es tu amigo. hijo mío!. se había recobrado del trance hipnótico-. . que. procurando interponerme entre los hermanos. . trémulo de furor. sedante. ¡Por favor. Ten la seguridad de que muy pronto quedarán ustedes en paz. Y a no tienes poder sobre mí!. no sé cuando. tampoco se casará contigo. . . En cuanto a Ascensión. y dentro de algunos días él vendrá del norte a pedir su mano. ¡Ojalá consigas que tu amigo forme el hogar que tú deseas!. -¡No me toques!.. Me puse en pie. .. de pronto. Ha respondido ya a un antiguo pretendiente. . -Me alegro -le d i j c que tú y Carmela. iPué ella la que encendió la luz? Se dirigió sin vacilar hacia Augusto y dijo con voz entera: -He estado escuchando desde la pieza vecina. Yo no quiero a tu amigo. . .presión de mordedura de víbora. Iba a continuar hablando para explicar mi actitud pasada. pero en ese instante ocurrió algo que a todos nos dejó perplejos. . Sólo lamento que no l hayan hecho antes. . . ¡Es una chiquilla insolente!. . ¡Déjala. ¡Pero todo tiene remedio.c h i llaba dramáticamente tía Carmela. Por favor. como si me SUmergiera. . -iAugustito! iAugustito! ¡Por el amor de Dios! . irni hijo! . Se abrió la puerta del salón y apareció Estela en el umbral. . estás en error. que yo esperaba. N o quiero entrar en explicaciones. ¡Y no me moveré! -gritó Estela. -gritó Estela.. Mi cariño será para alguno elegido por mí. . .. . me invaadió una tranquilidad extraordinaria. -¡Fuera! -gritó Augusto con voz a u l l a n t c . sin retroceder-. Augustito! . -:Augusto! -grité yo. hayan definido con claridad A i situación entre ustedes.Yo soy el que perturba la o tranquilidad de tu casa? Bien. . Pero si crees que interpongo mi deseo para desbaratar tus planes. Lena merece ser feliz.. Au!gusto!. . . . . en baño tibio. y me dirigí con lentitud hacia Augusto. Soy yo. de armonía.

iUséed. Todos hablábamos y gritábamos a la vez.-¡Hijo mío! --exclamó Estela con sarcasmo. ¡Había sufrido un síncope! 319 . mientras tía Carmela y yo le sujetábamos los brazos. procurando alejar a los hermanos. mirándola de reojo-. la vimos derrumbada sobre un sillón. En un momento intervino Lena para calmar a Estela. sólo es una intrusa! ¡Intrigante! -¡Fuera! -volvió a repetir Augusto con voz enronquecida. suplicándole en voz baja: -¡Tela. piensa en la abuelita! iLa abuelita! ¡La habíamos olvidado! {Quién fué el primero que reparó en ella? Cuando volvimos la vista. señora. por favor. rígida y pálida como mármol. que se miraban con ojos chispeantes de odio.

Ascensión decidió escribir la prometida carta. acudiría inmediatamente. Pero él l a hizo prometer que si pasado el tiempo se decidía a aceptarlo. Fruto de esa correspondencia fué la llegada a San Bernardo de un joven pretendiente de Ascensión a quien conoció en Victoria antes de la muerte de mi padre. se dedicaba a mantener correspondencia con sabe Dios qué personas. Mis relaciones con Estela quedaron definitivamente rotas.C L I M A E S O T E R I C O Pocos días después -a pesar de las protestas de AuguF me instalé en Santiago. o de cualquier puerto del Norte. En esa época me acosaron grandes sufrimientos. y que yo iría a visitarlos 10. y ahí teníamos al pretendiente venido desde Taltal. días festivos. a menos que la misma interesada 10 to- 320 . que hubo de responder negativamente. en compañía de mi hermana. Convinimos que mi hermana permanecería en San Bernardo durante algún tiempo. Pero 61 respondió que había venido a casarse y no se movería hasta obtener lo que deseaba. le escribiría a cualquiera parte que se hallase. Como consecuencia de los conciliábulos con Estela. No me fué difícil hallar un: modesta casa de pensión. Entonces ella era tan niña -trece años-. cerca de la oficina. quise ser leal a nuestro compromiso y procuré convencer al recién llegado de que debía abandonar sus ilusiones. A pesar de mis disidencias con AugustO. En vano procuré disuadirlo. y se casarían. La voluntariosa chiquilla pasaba gran parte del tiempo en su cuartr y.

debí encargarme de atender una larga y fatigosa correspondencia y excederme en el trabajo a deshoras. Estela -repliqué con dulzura-. . que había pasado a ser mi confidente y paño de lágrimas. . . -Estela -le dije a la rebelde chiquilla en la primera jcómo es posible que ocasión que la tuve a mi alcance-. aunque después me pese! M i vida en Santiago transcurría penosamente.despachase. Es un joven de familia modesta. cuto eso. En cuanto a ella.-21 321 . Como compensación. . y pedirles consentimiento para que visite la casa. que dar mi consentimiento. tuve un trabajo abrumador. y como yo aún no había olvidado del todo el inglés aprendido en la infancia. Puedes quererlo y casarte. ustedes procurarían humillarlo. . pero es sencillo y es bueno. si te place. -No seguiré tu consejo -replicó en forma airada-. En los días de fiesta iba a San Bernardo. No me quedó otro recurso. sin considerarme su protegida. Como mis relaciones con Augusto continuaban muy tirantes. . . . debías comunicárselo a tu abuelita o a Augusto. . -jGuarda tu cariño y tus consejos! -me replicó en tono violento-. ¡Arreglaré mi vida a mi gusto. Un cliente ingeniero e industrial mantenía un pleito en los Estados Unidos. Lo supe por Lena. Generalmente él se reunía con Magallanes Tol~tcyan0. . estés en relaciones con un muchacho a quien has conocido en la calle? ¿Sabes qué intenciones tiene? ¿Conoces su modo de pensar y de proceder? Al menos. lo que me valió el beneplácito de mi jefe y generosas propinas del agradecido cliente. Pero no me puedes quitar el derecho de seguir interesándome por ti y de evitarte una contrariedad. también mantenía correspondencia con un jovencito que conociera en un tranvía y de quien había recibido una significativa tarjeta postal. No es tampoco un intelectual. ¡Yo l adoro! o No te dis-Está bien. apenas cruzábamos palabra. No los necesito. Después decidirás. Yo sé que tú y yo estamos desligados de todo compromiso. Me sentía huérfano y añoraba el calor de familia creado en San Bernardo. en calidad de hermano mayor. . De este modo resultaban ciertas las afirmaciones que hizo Estela durante la borrascosa sesión de hipnotismo. . Si él viniese a casa. Me quiere por mí misma.

pero que no puedo eludir. la presencia de una lechuza. pues servirá para comprender los sucesos que relataré más tarde. Dormía poco. M superstición. Ascensión y Estela se ais. mi Única Compañera fué Elena. ansiedad. -Tendré que hacerlo. Y a he dicho que mi sensibilidad para captar fenómenos anormales era muy limitada. muy acentuada. iqué buena eres! Como ella me veía pálido y enflaquecido. preparábame comidas especiales y me rodeaba de silenciosas atenciones. por lo demás. ajena al raciocinio y a mi i voluntad. . Sin embargo. nunca en nuestros coloquios hubo palabras que pudieran interpretarse con intención amorosa. enferma. Para todo eso mis conocimientos científicos. YO me quejaba de una incipiente enfermedad nerviosa. brujerías. pretendidas apariciones de espíritus. En una de mis vistas a San Bernardo nos ocurrió algo que vacilo expresar. ni cuando niño. De este modo. lo que espero no ha de suceder. . el número trece. instabili. -Si te agravas. puertas y ventanas que se abren y cierran sin motivo. laban. Las hijas de tía Carmela me han invitado. podría ir yo a Santiago para cuidarte. Debías ver médico. -¡Cuánto me gustaría tenerte aquí -me dijo Elena-. dad mental.Moure y pasaba el día en su casa. . . no salía de su cuarto. por exiguos que fueran.. Inquietud. El paso bajo una escala. se me aparecieron fantasmas ni tuve manifestaciones de otro mundo. . pasos y golpes en las habitaciones desocupadas. llegaba sólo hasta aceptar los augurios más sencillos y corrientes. -Elena. Acaso valía más que la exaltada pasión. Pero nunca me hicieron la menor impresión las. Estas sencillas palabras me conmovieron. -¡Los novios! -exclamaba Estela sarcásticamente al pasar. siempre encontraron una ex< 322 . con quien. Nos bastaba una amistad fraternal y sencilla. nos entendimos como buenos hermanos. podían impresionarme y hacerme esperar de ellos buena O mala fortuna. asediado por sobresaltos y pesadillas. Nunca.. La abuelita. y otros acontecimientos pueriles.

-Está bien. La pequeña estación de San Bernardo se hallaba casi desierta. ni yo creí en ellas. que pasaba a las diez de la noche. Volvamos a casa. cambiamos pocas palabras. ¿Para qué hablar? . Paz de c a piña. Fui. N i un alma transitaba por allí a esas horas. Augusto se quedó ese día a comer con nosotros. y. como no era aún hora de tren. Me respondieron que el tren llegaría muy tarde. porque traía varias horas de retraso. comí en compañía de la familia. Regresamos a casa por la calle que lindaba con el campo. Podré irme mañana a primera hora. y. o a la oficina del jefe de estación a fin de indagar l que pasaba. La atmósfera parecía impregnada del perfume de las acacias y de las yerbas de campos vecinos. Cuando me despedía. hasta un bosquecillo de acacias. La noche estaba en peri fecta calma. En uno de mis viajes a San Bernardo.Para qué turbar el silencio aquietador. Esta escena ocurrió en verano. Lo cierto es que nunca me ocurrieron COsas extraordinarias. Pues bien. y luego me despedí para tomar el tren a Santiago. y extraer de mi relato las consecuencias que les parezca. entonces. El cielo mostraba todas sus estrellas. cercada por cerros centinelas. -Tendrás que quedarte -me dijo Augusto-. infinito? 323 .plicación racional. He aquí cómo ocurrieron las cosas. {Cuánto tiempo duró nuestro paseo? Seguramente más de un hora. abstraídos en nuestros pensamientos. voy a contar algo que en mi vida es una excepción. silencioso. Sólo el ladrido de perros lejanos y el chillido de los grillos cortaban el silencio de la noche. me dijo: -Te acompañaré. de%cidirnospasearnos por uno de los andenes. Augusto y yo caminamos en silencio. oscuro. Los que me lean pueden creerme o no. y hacia el otro nos enfrentaban con un viejo molino próximo a la estación. recortándose con su arquitectura despareja en el cielo plateado por las estrellas. sedante. como de costumbre. Necesito tomar aire. N un soplo de aire movía las hojas de los árboles. porque el tren tardaba en llegar. acepto tu invitación -le dije-. Nuestros pasos acompasados nos llevaban. N o creo que valga la pena seguir esperando. por un lado.

dialogando con voces que correspondían a nuestro estado de ánimo. Todo el paisaje permaneció apaciblemente quieto. Generalmente esta puerta permanecfa cerrada y -la cruzaba un pesado cerrojo. juntaron sus ramas en la altura. cavilosos. Indudablemente nos hallábamos sobrecogidos de extrañeza y pavor. nada se había alterado a nuestro alrededor. 324 . . ensimiailiauos. sus troncos derechos y lisos. como era lo natural? Nos detuvimos ante ella. en vez de golpear en la ancha puerta principal. pasamos junto al canal que caía en cascada ronca cerca de ella y que durante las noches murmuraba junto a nuestro cuarto sus historias trágicas o idílicas. nos dirigimos a un portón de servicio que miraba hacia el campo. iFué realidad o fantasía?. . . los troncos recobraron su primitiva posición y los ramajes volvieron a su mansedumbre. Augusto y yo vimos claramente que los eucaliptos se encorvaron uno hacia el otro. N i una sola hoja se movía en la quietud estática. había d eucaliptos. al desplegarse. sin causa física aparente. Eran dos guardianes enormes. Augusto y 90 nos habíamos detenido con los ojos muy abiertos y el espíritu interrogante. ábrete”. 1 Al enfrentar la casa. Nos miramos. §acudieron sus melenas frené. mezclándolas con furia satánica. Sus dos batientes. de pronto. sólo exhibían en la parte superior un plumero de ramas desmadejadas. a una distancia de cuatro a cinco metros otro. Pero. como si nos propusiéramos pronunciar un silencioso “Sésamo. esta vez continuaba su música de imperturbable insistencia. como si sólo para los eucaliptos solitarios se hubiera creado la tempestad. Y l a puerta se abrió. y sin que nos pusiéramos de acuerdo. . {Por qué elegimos esta \puerta y no fa otra. ticamente. Mientras tanto. Luego reanudamos el camino con los mismos pasos acompasados que traíamos desde la estación. . Después de este arrebato. . Sin motivo. que daba frente al extremo de la calle de la ciudad. pero sin pronunciar palabra. tocándonos los codos. como agitados por súbito huracán.de la naturaIeza. en una esquina.Muy próximos a la casa. No sé por qué.

que chirrió con estridencia de metal forzado. . Pero. Fernando no pudo irse a Santiago. .Quién es? -Somos nosotros -respondió Augusto. . . Los pasos continuaron. . . ¡Nadie!. . pero es posible que se hallase en Santiago. ' -Nada -respondió Augusto-. . Estela respondió con voz exageradamente firme: -. -¡Dios mío! ¿Qué pasa? -fueron las amendrentadas interrogaciones de Elena y Estela. Desde que ustedes se fueron a la estación.. . los hubiera empujado con violencia. N o se ha tocado la suya desde que se trasladó a Santiago. -Pero ¿qué pasa? -interrogó Estela de nuevo-. hemos pasado en continuo sobresalto. . donde iba continuamente a donde una familia amiga. ¿Pausados? ¿Rápidos? 325 . frente a la puerta de esta pieza. . como si un viento huracanado.golpearon violentamente en las paredes del pasillo. . Tendrá que alojar aquí. . Nadie había en é . o una fuerte mano misteriosa. Cruzamos el umbral y cerramos por dentro el pesado cerrojo corredizo. Habrá que arreglarle cama. . portancia. -¡Está lista!. Todo en silencio. cada vez que los trancos se acercaban a nuestro l cuarto. No le dimos im-. Al golpear la puerta del cuarto que ocupaban las hermanas. . como transcurría el tiempo y el paseo continuaba. Salimos varias veces. Cerca del zaguán. l Volvimos a interrogarnos con la mirada. -¿Cómo eran los pasos? -interrogué-. y atrancamos la puerta. conversando. a causa del descarrilamiento de un tren. Pero. Miramos ávidamente hacia el interior del zaguán. Pero los paseos continuaron. jnada! . tenían su cuarto Elena y Estela. E corredor. Sólo entonces se abrió tímidamente la puerta y acudieron las dos hermanas. siempre solitario. porque imaginamos eran ustedes que se paseaban. Los pasos se acercaban y se alejaban. salirnos al corredor para advertirles que era hora de tren. . ¡No había alma viviente en el corredor! Supusimos entonces que ustedes se habían marchado ya. -informó Elena-. . Primero sentimos pasos en el corredor del jardín. ¿No estaba Ascensión en casa? N o lo recuerdo. Entonces se apoderó de nosotras el miedo.

Que l expliquen los hombres de ciencia. ¡Eran ustedes! -¿Y la abuelita? -preguntó Augusto. Sólo del30 añadir que Augusto sintió idénticas impresiones a las mí.. Su respiración era normal. murmuraba confidencialmente. . Aunque no sentíamos las voces. Lo Único que he procurado es q ue ellas sean verídicas. ¿Por qué no regresas a casa. pero no volvimos a cambiar impresiones. ¡La misma cadencia de 1 >S nuestros en el andén de la estación!.. -Serán espíritus. Nuestro comentario se detuvo allí. . Contamos a nuestro turno l o ~ q u enos había ocurrido. 326 . . procurando imitar los pasos escuchados. seguido de calma perfecta.is. ¿Y luego? -Sentimos un portazo. < -¡Curioso! -exclamé-. . Sentí a Augusto que se revolv en el lecho.r. Me he limita(30 o a contar mis impresiones. . Aquí todlOS te quieren. 1 El brusco ventarrón sobre los eucaliptos.~ -Tal como de personas que charlan reposadamente . . en esta forma --explic :ó Estela. . . Sólo el rumor del canal: aullab gemía. . . a tu casa?. Así. -Fui a verla varias veces d i j o Elena-. -Está bien -respondí-. N o deseo hacer comentarios de los sucesos. Esa noche dormí poco. Enseguida golpearon en 1 la puerta de nuestro cuarto. impresionante. que penan? -exclamó medrosamente Elena. Las jóvenes cerraron la puerta de s u cuarto y sentimos qiie le ponían llave. Ni gún ruido en las afueras. . . Pero dormía plácidamente. Quisimos se1 ntirnos acompañados con ella. volveré a fines de mes. . A la mañana siguiente. la puerta de servicio que se abrió pcIr sí sola. Nos fuimos a acosta. mientras nos vestíamos. . . ¿Esoterismo? ¿Fenómenos telúricos? ¿Telepatía? iSugestiÓin? ¿Desarreglos nerviosos? . AugustO me dijo: -No veo el motivo para que sigas viviendo en SantiagO. He procurado exponer escuetamente l ocurrido aquella o noche. ..

escritor determinante de una época en nuestra joven literatura. ofrecer a mis posibles lectores. volviendo la vista hacia atrás. también. en tal caso. por ejemplo. a fin de clarificar el caos de nuestro espíritu y determinar su objetivo dentro del enorme misterio de la finalidad propia y universal! Pero esta explicación no me satisface del todo. y. ¡Cuántas veces deseamos conocer algo de la vida de nuestros padres y abuelos. quiero referirme a Augusto dHalmar. actuales o futuros. para plasmar páginas artísticas de trascendencia en la historia de nuestro ambiente criollo. Será preciso que agregue otras razones. acaso. Tendencia humana es considerarse el centro del universo y abrumar a los oyentes con minucias pueriles que sólo interesan a su dueño. y. l s recuerdos que se refieren a mi persona tendrían una o explicación excusable. sirvieron. 327 . en el decurso de los años. sin embargo. nimios y vulgares.LIQUIDACION S E N T I M E N T A L Varias veces me he preguntado. podrían obtener una explicación de los orígenes y misterios de su propio ser. En este caso. y. Estas páginas tienen por obfeto. por s u puesto. Hechos sencillos. si no incurro en la majadería de preocuparme en exceso de mi persona. mientras escribo este relato destinado a la publicidad. quienes. “Vida y Pasión del Cura Deusto” y numerosos cuentos y poemas en prosa de DHalmar. al parecer. una visión del curioso sendero que siguen las creaciones artísticas para / expresarse por intermedio de sus progenitores. Bien pudieran ser estas páginas un resumen de vida destinado a los descendientes íntimos. “La Lámpara en el Molino”.

feas y viejas en ocasiones. néctar para hombres de refinamiento o desequilibrio. Seguramente lo fué. en dotlde pretendí aprisionar parte de mi vida familiar postolstoyana. I La Colonia Tolstoyana y sus derivaciones tienen impar tancia decisiva para conocer un escritor original y. a una distancia de cuarenta años. pensé más en el éxito documental que en el artístico. He procurado ser veraz y sincero en mis recuerdos y en mis apreciaciones. al exhibir intimidades que generalmente se ocdtan a los extraños con el celo que emplean los musulmanes para mantener envelada la fisonomía de sus mujeres. y. bre voluntarioso que pretendió “forjar vida” artificialmente. como resultado de complejas lucubraciones del cerebro. Confieso que después de releer. in. a su vez. por el poderoso pensamiento de artistas uni. si se quiere. un sensitivo. tan importante pzra el desarrollo de mi vida. Acaso alguna o vez l pudo realizar aomentáneamente. si hemos de emplear una de sus expresiones favoritas. o Ibsen. En la mayoría de sus intentos sólo obtuvo fracasos. D’Halmar fué un sentimental. elaborando a su capricho una vida bella. versales. o viajero exótico. aquellas páginas olvidadas. al Fatum. sería mi mayor satisfacción haberlo conseguido en parte. Quiso trasladar Tolstoy o Dickens al círculo de SU vida y de sus próximos. pero a costa de su corazón y de la tranquilidad propia o ajena. sustituir a Dios y a la Naturaleza. explorador audaz del espíritu. en realidad. y en otras. acaso Único en nuestra literatura. En esta ocasión. en cierto modo. a riesgo de que se me considere despiadado para los demás y para mí mismo. El arte recogió más tarde en sus libros este alquitarado producto de alquimias medievales. sentí el orgullo de comprobar la similitud extraordinaria de la vida “creada” artísticamente entonces con la auténtica historia que en estos momentos pro- 328 . pero fui5 al mismo tiempo un hom. amargaron parte de su vida. fluído. pálida “sombra de humo en el espejo”. Por momentos se consideró profundamente desgraciado.encontrarhn aquí un hilo conductor para determinú. oscuro pesimismo. como la que sentí al comparar estas páginas de ogaño con una de mis novelas de juventud: “Ansia”. Quiso D’Malmar. l mismo que hizo después con Loti. Impotente rebeldía. ge nesis. y culpó de ellos al Destino. bellas y discretas.

comenzamos a escribir en colaboración Una novela que planeamos minuciosamente. Siempre fué mi gran aspiración crearme un nombre con mis propios recursos. que podría intercalzr algunos capítulos de “Ansia” en los recuerdos de hoy. pero en conjunto debería servir para mostrar la influencia de nuestra cordillera sobre las ideas y costumbres de los chilenos. precedido por los nombres Augusto y Fernando. No recuerdo en detalle el tema. vistos desde el valle central. El título sería “Las Montañas”. Agradecía a Augusto su generosa intención. presentes sobre la existencia de ~ n familia de la clase media. con sus quebrantos y a victorias. {Puede esto ser comprobación de sinceridad y veracidad del escritor? Después de aquellas tragicómicas sesiones de hipnotismo. Alcancé a firmar cuentos y articulos con este seudónimo. y hasta hizo amago de golpearme. por fortuna m s i 329 . para adoptar el común seud6nimo D’HaImat. mis relaciones con Augusto se quebrantaron notablemente. proyectando su sombra telúrica en la vida de los personajes. Los Andes. más honesto conservar la personalidad que me entregó Dios al nacer y fortalecerla mediante mi iniciativa. Augusto me fulminó con sus improperios. A pesar del honor que significaba colaborar con un escritor tan conocido. Thomson y Fernando Sant-Iván. N o permitió el jefe de familia que yo abandonara el hogar. Augusto me había convencido de que deberíamos colaborar. A tal punto se parecen los dos relatos. Alcanzamos a terminar cuatro capítulos. sin que el lector se percatara del cambio. nuestra cordillera actuaría como protagonista principal. U n día resolví interrumpir el trabajo e hice pedazos las carillas escritas. Pero no me sentía satisíecho. después de largas discusiones. Icseado siempre por Augusto. La obra culminaría con un canto de energía y de belleza. Fué entonces cuando abandonamos nuestros nombres de Augusto G. a semejanza de aquellos célebres hermanos Goncourt o de los saboyanos Erkmann-Chatrian: una amistad perfecta y desinteresada armonía literaria.curo evocar. prefería mi anonimato. pero fueron tantas las discusiones que provocaban nuestros temperamentos disímiles que solían degenerar en altercados. pero nuestra mutua confianza se transformó en esquiva cortesía. tan exactamente se ajusta la impresión lejana con la que se interpretó en la proximidad inmediata del suceso. pero me parecía.

Para ella. o todos. E médico rel cetó cambio de clima y la familia decidió que pasara una temporada en casa de su hermano Alejandro. Para ellos fué su ternura y el trabajo silencioso en busca del sustento diario. gran amigo de Augusto. sobrino suyo. pero la paciente quedó en tal estado de abatimiento. la 330 . Ella dedicó su vida entera a aquellos niños. que. Su misión había terminado. Por Augusto sentía algo más que adoración. como una vestal a su Dios. o en el balneario de Concón. y apenas una sonrisa melancólica quedó dibujada en el ambiente de aquel nuevo hogar. entonces. Profesaba al nieto predilecto una especie de amor místico. en su fino pañolón de encajes. se hacía intolerable. Era demasiado gran dama para demostrar su descontento. Primero sufrió un fuerte resfrío. unidos a los sentimentales que ya he expuesto en páginas anteriores. Mis requerimientos ineficaces a Estela. siguiólo una pulmonía. para ella. De nuevo se apoderaron de nosotros las pasiones que circuiaban en el ambiente hogareño como caldeado ventarrón. al cual dedicaba su vida. Observé la mirada de tristeza recóndita con que recibió el abrazo de sus nietos y pensé que alguno de ellos. Hacía tan poco bulto. Se optó por ‘Concón. Un acontecimiento vino a unirnos de nuevo durante algún tiempo. Sin una protesta se despidió de nosotros. la intromisión mía y de mi hermana en su vida familiar fué un asalto a sus pudorosas costumbres británicas y a sus sentimientos delicados. y. creo. que apenas la echamos de menos. que pasaba la vida durmiendo apaciblemente. debieron acompañarla en este viaje de descanso. Tuve un presentimiento al verla partir.fuerzas eran superiores a las suyas y debió limitarse a manifestaciones dramáticas e impotentes. se logró dominar la enfermedad. que acaso pudiera ser eterno. 1 Estos fracasos artísticos. La abuelita cayó enferma de gravedad. e inclinó de una vez por todas su cabeza hacia la tierra piadosa que le abría sus brazos. acompañada de una sirvienta. en compañía también de la madre de Melossi. por momentos. en Viña. propiedad del pintor Alfredo Melossi. las rabietas de Augusto. crearon en casa una atmósfera nerviosa qué. Vino de Santiago un médico. cómo hacerlo ante su-divino tirano? Se arrebujó. y hacia allá partió silenciosamente la dulce ancianita. fué incomprensible y hostil.

cuando nos hallábamos reunidos alrededor de la mesa. iqué rico! -murmuraba de vez en cuando. las esquiveces y coqueteos de Ascensión. -¿Qué será de la abuelita? -solía ser el melancólico comentario.. La criada la creyó dormida. . llamó a la criada y le rogó que le friccionara los pies: -. efectivamente. De pronto dejó de hablar. En un atardecer se echó a la cama y permaneció un instante dormitando.Qué rico!.obstinada concentración en sí misma de la hacendosa Lena. Y un día lo supimos. Entonces se dió cuenta: Doña Juanita había dejado de existir. Luego. Antes de alejarse del lecho. Una parienta escribió contando lo ocurrido. :Doña Juanita Cross de Thomson había pasado al sueño de la eternidad con la misma furtiva dulzura que diera a sus pasos en vida! 331 . Y nada más. dulcemente. . se enseñorearon de nuevo de nuestra vida y la precipitaron por su cauce. Así era. arregló los cobertones alrededor de su cuello.

Augusto me informó que eran García. delicada y aromática como una flor de sus montañas 332 . dentro de la caja del vehículo. Mackenna y Greek Cross. Para Augusto fué un golpe fulminante. l a estrecha urna mortuoria que serviría para guardar los restos de aquella exquisita mujer. Llevábamos. respectivos hijos de las tres hermanas casadas de doña Juadta. para ella. Probablemente no le era antipático. tirado por dos caballejos escuálidos. Fueron a despedirnos a la Estación Alameda tres sobrinos de abuelita. de extraordinario parecido físico con su hermana. Me llamó la atención el sincero dolor que manifestaron y la ternura que empleaban al hablar de su tía. fuí un extraño que le robaba parte del cariño de sus nietos. Yo no les conocía. Al día siguiente partimos de Viña en un destartalado coche “americano”. desentenderse de la vida famiIiar. también. Eran tres mozos esbeltos. y su actitud siempre me produjo preocupación.EL ENTIERRO D E A B U E L I T A La noticia del fallecimiento de doña Juanita Cross nos sumió en profunda consternación. Ninguno de estos caballeros nos acompañó a Concón. a quienes dedicó su existencia en forma exclusiva? La vi recluirse en su cuarto. En Viña del Mar nos esperaba don Alejandro. Esa misma noche Augusto y yo partimos a Concón. a pesar de la actitud huidiza y ligeramente irónica que la buena señora adoptaba en mi presencia. este desvío inconsciente de sus nietos. ¿Hasta qué punto determinó el abatimiento de la abuelita. elegantes y de fisonomía agradable. y para mí. apática y entristecida. y acaso su muerte.

con fealdad disforme de niño aterrado. Lloró descompasadamente. cnmbió súbitamente. Cuando recibió la noticia en San Bernardo. a causa de lluvias y temporales marinos. Y Augusto lloró. como si durmiera arrullada por un plácido sueño. tuvimos que seguir uno que atravesaba cerros y quebradas profundas. Sólo grupos de mujeres y pescadores de las proximidades acudieron a acompañarnos. reblandecidas y contrahechas. El hotel se hallaba despoblado. con esa plañidera soIicitud que le presta a la clase popular chilena un carácter de honda y cálida humanidad. Sus palabras durante ese tiempo fueron graves y bien moduladas. Llegamos a mediodía a Concón. Cuatro velones encendidos en cada ángulo del diván. las impresiones. envuelto en SU infranqueable pudor. Es posible que sólo en ese momento tuviese Augusto la verdadera sensación de la muerte de su abuela. el corazón silencioso. sus pensamientos. Estaba bella la ancianita con su rostro sereno y los ojos entornados. atravesar arenales o pantanos. Por i sus mejillas. Al fin de cuentas. Habían vestido a la muerta con su traje mejor y la colocaron en un diván que ocupaba el centro del cuarío. y un aullido lúgubre se estranguló en su garganta. y en esa edad. lánguida. s n pensar ya en los espectadores que l o contemplaban. tanto allí como durante el viaje viósele en postura de tristeza. siguiendo caminos que apenas podían considerarse “huellas” intrincadas. 333 . corrieron lágrimas. rumoroso de olas y eucaliptos azotados por el viento. éramos jóvenes. henchidos de serena filosofía.a1 subir cuestas. elegante. Estos accidentes sirvieron para disxaer nuestro mutismo y la emoción que nos embargaba. Perdió la línea perfecta. A cada tumbo del coche chirdaban los resortes y la ferretería. mientras la urna se derrumbaba sobre el hombro de Augusto o sobre el mío. Pero cuando se halló frente a la marmórea sonrisa eterna de la muerta. que lo hacía asemejarse a un joven lord melancólico. aunque hondas. no dejó un instante de aparecer como actor de armonioso drama. suelen ser tornadizas. su traje se desaliñó como la ola sorprendida en alto por viento huracanado. Hubo momentos en que tuvimos que bajarnos del chirriante vehículo.de Escocia. Como el camino por la costa estaba muy malo en aquella época otoñal. dejaban caer sus lágrimas densas con leve chisporroteo. y con ella.

¡Adiós. sentíase el ruido del agua que caía sobre el profundo cajón de tablones que servía de tubo a la turbina. lar de tierra olorosa. Augusto se encerraba en su taller. Cogió un puñado de tierra y lo arrojó sobre el ataúd. acaso no menos pura que aquellas de Beethoven. la vida cobró su ritmo antiguo. observándolo con profundo interés. Adquirimos la costumbre de salir por las noches a dar una vuelta por los alrededores del pueblo. Allí se abrió un hoyo rectangu. Su artificial idilio con Ascensión terminó bruscamente. que evocaban sus manos sobre el teclado virginal. El dolor que no puede ser imitado por el arte. . Sin duda sobrecogíalo de nuevo esa anestesia singular que insensibiliza los intensos dolores. . sin palabras y sin demostraciones de pesar. Era el dolor. Más de una vez lo rodeamos en compañía de Augusto. llegábamos a la línea del ferrocarril e íbamos a enfrentar el viejo molino semiabandonado. Siguiéronie las paletadas de 10s panteoneros hasta formar sobre la fosa un ligero montículo que las mujeres de los pescadores cubrieron de flores silvestres y de rústicas coronitas de avellanos y de espino. ban suplicantes candelabros. Entonces me acerqué a 61 y 10 estreché en silencioso abrazo.auténticas lágrimas. ¿Vivía alguien en su interior? ¿Podría vivir otra cosa que trasgos y brujas de aquelarre? N o era difícil imaginar que tras sus paredes azotadas por alas de murciélagos se desarrollaba una vida recóndita y 334 . Estela y Lena vistieron de luto. Para ello no teníamos más que seguir por la calle que pasaba junto a nuestra casa y que nos separaba del campo. yo les hice compañía en esta manifestación de duelo. como una carta sin trascendencia que se traspapela entre las páginas de un libro. Augusto había recobrado SU estado normal. Sobre el sombrío edificio de irregular construcción pesaba un silencio húmedo y misterioso. * A nuestro regreso a San Bernardo. Al pasar junto a él. entre cerros cubiertos de breñales y de quiscos que semeja. Esa misma tarde enterramos a la abuelita en el cementerio rústico situado a buena distancia del caserío de Cancón. abuelita Juana! Los vientos de los cerros y el rumor lejano del mar formarán para ella una sinfonía agreste.

Nos sentamos un instante a descansar. Estela alejada de mi vida. como el que produce un cuerpo pesado al caer en el agua. como voces angustiadas de almas prisioneras. Estela. sólo quedaba Lena cerca de mí. me despertó del ensimismamiento doloroso. Sin duda comenzaba a gestarse en su espíritu el extraño y hermoso poema novelesco que habría de resumir. persiguiendo con inquietud algo impreciso que apagara la sed de mi alma. Una sensación de abandono. buscando ansiosamente a través del mundo un par de brazos que me cobijaran. casi a flor de tierra. -¡Fernando! -gritó la voz. Augusto trastornado por raros sentimientos.fantasmal. Me erguí bruscamente y vi a Estela que corría al borde del canal en persecución de un bulto negro que chapoteaba en el agua. Silencio sobrecogedor lo invadía todo. más tarde. Caminábamos junto al gran canal del molino. dentro de poco me vería en la necesidad de abandonar la casa de los Thomson. una faz de nuestra vida íntima: “La Lámpara en el Molino”. Augusto destilaba algunas frases sabiamente elaboradas y continuábamos nuestro camino. me acongojaba hasta el punto que hubiera deseado llamar a alguien en mi auxilio. extendiendo los brazos en busca de auxilio. seguido de un grito angustioso que rompió la quietud de la noche. de aislamiento. crujían las ramas de vez en cuando y aparecía la silueta negra de un buey que rumiaba su ración. Una noche. Lena y yo nos deslizamos con cautela junto a la sombría fábrica del edificio y continuamos en dirección a la cordillera por un largo callejón flanqueado por grandes álamos. Entonces debería irme lejos para continuar mi vida de aislamiento. y si los l acontecimientos seguían desarrollándose como hasta ese momento. Doña Juanita muerta. Brillo de aguas quietas en las explanadas y sombras silenciosas se movían en los potreros. Yo me sentía invadido por tristeza profunda. Palpitaba en las tinieblas el cric-crac de los sapos y setoían a distancia lastimeros aullidos. y ella también concluiría por abandonarme. Penetrante perfume de pasto húmedo y de árboles saturaba la atmósfera. que corría silencioso. Em- 335 . de angustia. E hogar que creíamos formado se iba desmoronando. Un ruido. Al borde del camino.

en lugares sombríos. que dibujaban sus formas. . una caza obstinada de aquel cuerpo que huía flotando sobre la campana de unos vestidos infladcs. Sumido en el agua hasta la cintura.logré coger. explicarme nada. y sin saber a punto fijo de qué se trataba. Desaparecía por momentos bajo las yerbas de la ribera. comencé. con los cabellos aplastados a la cabeza y las mandíbulas contraídas por el frío y el terror. angustiado. pálido. deslizándose sobre la movible superficie. . {qué ha pasado? -la interrogué. una de sus manos y atraerla hacia la orilla. Era tiempo. Lena. acariciándola tiernamente. Presintiendo una desgracia. y reaparecía un poco más lejos moviendo los brazos como lentas paletadas de remo. enlazó SUS brazos a mi cuello y se echó a llorar con angustia. o no pudo. chorreando agua. . ceñidas al cuerpo las ropas. pues algunos pasos más allá el canal se despeñaba sobre l a presa del molino y nuestra caída habría sido fatal. -Lena.1 ' prendí también la carrera a l borde del canal. en compañía de Estela. después de grandes esfuerzos. Ella no supo. .un lampo de claridad reconocí el rostro de Lena. Bajo.

sufre y To1stoyano. los únicos. procura eliminar su rival. suspicaces o malévolos. El resto podría recordarse en un libro de memorias íntimas destinadas exclusivamente a mis descendientes directos. Eso mismo me convenció de que no me quería con amor de mujer o de hembra. El ser humano defiende su amor. ni aún con la muerte. en o forma rápida los acontecimientos que dan término a una i etapa de m existencia. pues. lo ampara con sus brazos. en todo caso. Desenlace provisional. Cuando se ama de ese modo. Pero los hechos que motivaron estas líneas ya trazzdas. Ni cuanbo estuve a punto de casarme con Estela se empañó el limpio cristal de s u alma. acogedor. simplemente. O. Elena se había comportado conmigo en forma inalterable. Aquel grito en la noche penetró muy hondo en mi corazón. Después de la escena del canal. procuré acercarme a ella y conocerla mejor.EPILOGO Sería mi deseo suspender aquí los recuerdos de la Colonia Tolstoyana y de sus consecuencias literarias o familiares. Un afecto sereno. Desde que la conocí. requieren un desenlace. que pudo costar la vida de Elena. según sea el ánimo de mis lectores. afable. desabrida o interesante. nadie puede contemplar impasible el fervor pasional del cbjeto amado hacia otra persona. Jamás desmintió s u afecto o su simpatía. ya que la vida no l tiene jamás. Fué una amiga.-22 337 . por su mismo impulso. acaso. Para mí ya ha sido exccsiva penitencia exhibir intimidades de mi vida ante lectores quizás indiferentes. que pudieran interesarse por conocer la vida de su progenitor. Relataré. una hermana o compañera leal.

No pude haber hallado una enfermera más alerta. . Por prescripción del médico se preocupaba también de hacerme tomar aire puro. sonreía. o psicastenia. N manifestaba en palabras. cansancio cerebral. Rápidamente mejoraba mi salud. ide amor! -Yo hablo de amor -¿Ya no quieres a Tela? 338 . recomendado por mi jefe. Elena se encargó de suministrarme las pócimas y hasta de colocarme las inyecciones. Me habitué a comunicarle mis impresiones de vida cotidiana y hacerla partícipe de mis proyectos literarios. Desde esa noche comencé a rodearla de ternura. sacudiendo su melena: -¡Tonto! ¿Por qué lo dices? -Porque siento que te quiero. -Pero. muchas veces me acompañaba en mis paseos al campo. nes delicadas! Contribuyó a unirme más a ella mi reciente enfermc nerviosa. Procuré sondear las profundidades de su a . Nada de esto realizó Elena. . fué el diagnóstico del doctor Cádiz. cacodilato. o de hermana a hermano. . Afectuosa. tónicos a base de fósforo. Sus actitudes eran como caricia madre a hijo. La sangre joven acudía tumuituosa a las arterias.llora. cal] Disculpó a Estela y hasta procuró que nos reconciliára Una inmutabilidad imperturbable envolvía sus actos. ella bajó la cabeza. también me quieres no te he querido? Siempre te consideré como -. Luego. Pero.Con qué finura de espíritu percibía Elena las manifest. Leíamos juntos algunos libros y ella ejecutaba al piano mis piezas favoritas. Crecía nuestra intimidad. imagino que tú . Bu su compañía.. Neurastenia. -Elena -le dije. . Recetóme inyecciones. . -¿Qué? . Las charlas y las mutuas confidencias se hicieron interminables.Cuándo una persona de la familia . Me mimaba como a niño regalón. . con voz leve-. ¿no sientes la impresión de que somos novios? Cubierta de sonrojo. más delicada. Y un día. . Aquel grito.

-Sí. .unir nuestros labios en plácida oración silenciosa. -¡Yo desearía tenerte para mí solo! -¿Y no me tienes ya? Oculté mi pensamiento. . . . Las panojas de maíz sonreían con sus dientes de oro. livianas y flexibles. ¡Me con que me da invidia! . pero no tenías la culpa. . Siempre te he querido. . cogidos del brazo. ¡Responde! Bajó la vista. . montado en brioso caballo. . Se alegrará. . El otoño se deshojaba en los árboles. . . N o hubo otro inconveniente que la aprobación del padre de Elena. -Viviremos juntos. . . Nos abrazamos. . Guardó silencio. -Elena. -Espero que sea así -le dije. Este frío de la tarde puede hacerte mal. ¿me ‘quieres con amor?. -Volvamos. Un garrido huaso pasó al galope. Procuraremos que sea feliz. Elena estaba transfigurada. -Buena suerte. . -¡Claro que sí!. .d i j o Elena-. .. Me tomó una mano y la estrechó con firmeza. pero. . Si crees que. .-Creo que no. -Volvamos . . Elena. verdad? -Si tú lo quieres. unidos. . . Y yo entonces. Luego levantó los ojos. . . Y regresamos por el camino solitario. Permanecimos un momento. ¿Y tu hermano ? -¿Augusto?. YO sentía la palpitación de su sangre suave y cálida. . de su rostro flpían luz y candor. . . -Elena. -Sí. . . . patroncitos. . Elena. . mirándonos a los ojos y deteniéndonos para. E l habla siempre de un hogar común. . . . . Parecía más niña en esos momentos. . llovían láminas de oro. murmurando una tenue canción de amoroso desmayo. . Interrogué: -¿Nos casaremos. 339 .. Iba cargado con las ú 1 timas cosechas chacareras. Nuestro matrimonio se realizó a breve plazo. U n pesado carro tirado por caballos se interpuso ante nosotros. Sólo a tu lado me siento bien. . Estaban húmedos. . {Te hice sufrir? -Me hiciste sufrir. .

hube discusiones y nuevas reyertas. Descubrió que Carlyle se hacía confeccionar el pan por su mujer y pretendió imitarlo. Augusto y YO. pero mía. y hasta del cuidado de sus uñas. Augusto dispuso qiie nos bañáramos en el patio. con motivo de un discurso que debíamos escribir juntos para la muerte de Ibsen. de su ropa. Era su esclava. por fin. que degeneró en violenta disputa. y el baño que en verano pudo ser agrzdable. haceres habituales. y luego en invierno. fué convirtiéndose en suplicio a medida que avanzaba la estación. En vano propuse que se tontratara una criada para esas menudencias que yo estimaba denigrantes. En otoño. No tardó en llegar en persona a San Bernardo. M e rebelé. 340 . Fuera de eso. las comidas no tenían buen sabor si no las con!a dimentaba r! . Ella debía preocuparse de la limpieza de su calzado. Yo debía levantarme temprano para alcanzar el tren. Continuaba acaparando a Elena como siempre lo hizo. modesta. de su aseo íntimo. Esta situación apacible fué de corta duración. Y o pretendía 'conservar mi personalidad independiente. Ya he dicho que Augusto procuraba convencerme de que uniéramos nuestra colaboración bajo un mismo seudbnimo. el líquido amanecía escarchado. Al día siguiente nos entregamos a nuestros que. la intervención de Augusto en la vida familiar comenzó a parecerme insoportable. entregadas a sus eternzs tareas epistolares. Como no yeníamos instalaciones higiénicas aderiiadas. Augusto sólo se satisfacía con el servicio de Elena. las ceremonias se realizaron con extremada sencillez y sólo con asistencia mínima de amigos y personas de la familia. E l descontento de Augusto fué grande. Estela y Ascensión. Elena accedía a todo sonriendo y como si fuera natural. y dispuse continuar mis abluciones matinales en mi cuarto. al frente de la casa. No estoy seguro de si fué entonces. Hallaba mal planchadas las camisas si no realizaba el trabajo su hermana.* que vivía en Valparaíso. en una gran pipa vacía que hizo colocar bajo la llave del agua. cuando nuestro desacuerdo fué tan grave. a nuestras ocupaciones d: Santiago. No tuvimos viaje de novios. Como nos escaseaba el dinero. Comenzaron de nuevo mis divergencias con Augusto. Elena.

Las exigencias de Augusto eran inagotables. 341 . . que yo mismo. . -Soy yo el que debe marcharse -le dije. Todos mis sueños se derrumban . . Nos insultamos. con el cariño que siente por t i . . Todo el mundo caminaba en puntillas. ¡Está bien! . . . escuchar la lectura de sus producciones literarias. maltrecho y humillado. . . . permaneció un instante en silencio. Era necesario darle sesiones musicales o acompañarlo en sus paseos. Esto no puede continuar. -¿Y qué piensa de esto Elena? -preguntó. Todo esto expresado con voz tan dramática y lastimosa. sentí un escalofrío de pavor. Según decía. Saldré a vagar por el mundo . de este modo se le apaciguaban los nervios. Me iré . y sólo así podía quedarse dormido. Todo esto. Hay soluciones mejores. lo arrojé de un empujón debajo de un mueble. no te moverás de esta casa . . Hubo ocasiones en que Elena debió permanecer en e! cuarto de su hermano hasta horas avanzadas de la noche para rascarle suavemente la cabeza. extraviados los ojos y el cabello revuelto. a pesar del estado de exasperación en que me hallaba. Tuvimos. en actitud de hombre ebrio que procura recoger sus ideas. Seré un paria . y como amenazara golpearme. -Ella está acostumbrada desde la infancia a tu régimen. que pudo ser agradable siempre que se realizara por voluntad espontánea. que suspender el aseo o cualquiera ocupación casera. Cuando escribía. .. N o tengo hogar . era necesario que hubiera completo silencio. o nos marchamos. echan de esta casa . -Entonces. Soy aquí un estorbo . Díjele con acento de súplica: -Augusto. Yo estaba dispuesto a no ceder. Llegó un momento en que no pude disponer de mi mujer ni aun para las comunicaciones más sencillas. . Además. O nos dejas tranquilos. resultaba insoportable como fruto de una despbtica imposición.¿Qué hacer con este etzzfanb terrible? Soportarlo O reaccionar en forma violenta. -Augusto -le dije-. a continuación. . Me -Está bien -murmuró con voz baja-. una agria disputa. Se levantó. entonces. Había.

No. al no encontrarlo. solo o acornpañado de Elena. Lo esperamos en los trenes siguientes. Si te he ofendido. sollozando. . desconcertada. Augusto! ¡Por Dios. Grande fué mi sorpresa esa tarde. Puse nuestro cuarto en la pieza de la abuelita. llorosa. Tienes a tu mujer. rarios. pedidos con insistencia por diversos conductos. Augusto persistió en su resolución. En los días que siguieron. pero no llegó. como antes de mi matrimonio. Aparecía sereno y me habló de sus proyectos lite. por disposición de Augusto. Con las gratificaciones recibidas en mi ocupación y el regalo -. Era absurdo. . . ¡Sería una locura!. acompañada de Estela y de mi hermana. Debes quedarte. que. No debo vivir más tiempo con ustedes. como de costumbre. Me voy. hasta ese momento permanecía cerrada. y yo en el de Augusto. -¡No. 342 . Llegué a pensar que había desistido de su traslado a Santiago. Volví solo a San Bernardo. pero decidí esperar que la vida se arreglase por sí sola.Me voy! Elena se colgó a su cuello. hubo que enviarle los muebles. Era yo quien pensaba marcharse a Santiago. para evitar molestias mayores. . ¡perdóname! Fué inútil todo lo que hicimos para convencerlo. .. Nos fuimos juntos a la estación. -Elena. . . Yo quedé un poco desconcertado. Elena continuaba durmiendo en el cuarto de las chiquillas. pero.Llamó en voz alta: -¡Elena! Apareció Lena. no! También lo rodearon Estela y Ascensión. en la Estación Alameda. después de ordenar que se le enviasen por equipaje algunos muebles que dejó escogidos.. pero debíamos resignarnos. a la mañana siguiente. . Yo me uní a ellas para suplicarle: -No puedes abandonarnos. Me acomodé en casa un poco mejor.. que seguramente escuchaba en la pieza vecina. . prepara mi equipaje.. no!. hija mía . Augusto. Pudimos arrullarnos mi mujer y yo.e x c l a m ó Augusto con VOZ quejumbrosa-. La vida comenzó a adquirir una normalidad sonriente. Augusto tomó el tren. . sin aludir a nuestra situación familiar. Sólo entonces comprendimos que su resolución era seria.

Para mí. Es tarea ingrata relatar la vida íntima de un artista como Augusto. . Sin embargo. Debes cuidarlo. Llegaban de Santiago noticias alarmantes. Volvió desolada. Insistió cariñosamente para que reanudáramos nuestra vida en COmún. Es preciso que vayas a Santiago. ojeroso. la tranquilidad duró poco. Pero al autor de “La Lámpara en el Molino” permanecería desconocido en su calidad de hombre integral si alguien no mostrara junto a sus excelsitudes las flaquezas. Pretendía servir de intermediario entre Augusto y yo. tan pulcro en el vestir. Elena sufría. seguía hilvanando palabras inconexas. algunos cuadros litográficos. -No se le puede abandonar -dije a Elena-. Divagaba. me negué a visitarle. cómo es posible negárselos a sus colaboradores domésticos. Primero fué la tía Carmela quien vino a husmear lo que ocurría entre nosotros. acaso determinantes en la gestación de su obra. enflaquecido. Su aspecto era deplorable. pero admitíd como posible un trastorno de sus nervios. “choapinos” para el piso. al parecer. Si los grandes hombres poseen sus derechos. luego. Augusto estaba muy mal.de matrimonio que me hizo mi jefe adquirimos camas gemelas. aparecía desaliñado. Comenzaba una frase y la dejaba sin terminar. aquellos modestos dispendios constituían un lujo y los celebrábamos como el primer paso en la formación de nuestro hogar propio. concluyó por convencerse y me dió la razón. Comprendí que se hallaba mal informado por Augusto y le di minuciosas explicaciones de lo ocurrido. Seguramente recibió un mensaje de su hermano y cualquier día salió para Santiago dispuesta a encontrarlo. Por mi parte. Magallanes. Supuse que mi presencia contribuiría a exacerbarlo. Poco después vino a visitarme Magallanes Moure. pálido. Yo conocía las dotes de actor de mi cuñado. . y. Esta vez fué Estela quien se encargó de situar las cosas en su lugar y de poner a la engallada señora en la puerta. El. 343 . un divancillo. Elena decidió realizar viajes frecuentes y regresar en el mismo día. Compadecía a Augusto como a una víctima de nuestra dureza o de nuestra rapacidad. . .

con pasos rápidos. En cuanto a mí. me iré solo con Ascensión. -Bueno -le dije a Elena-. A la mañana siguiente. pero creo que es un gran comediante y que todos somos un juguete suyo . se dejó abrazar y pronunció algunas palabras ininteligibles. -Entonces -le d i j e .Una tarde. Luego se encerró en su pieza y no permitió que nadie entrase en ella. sin hogar . le administró calmantes. cuarto por cuarto. que demostraba gran afecto por él. Costó mucho reducirlo y llevarlo a casa de nuevo. la vida fué recobrando su aspecto acostumbrado. en parte al menos. lo mejor es que regrese. 344 . Al día siguiente fué Elena a Santiago y volvió acompañada de Augusto. Sólo admitía a Elena. Como era muy aficionado a la buena mesa.cia invencible por Augusto Quizá me equivoque. Elena no regresó. Estoy resuelto a que separemos casa Si tú no quieres. gesticulando. apenas me dirigía la palabra. escribía y daba sus paseos por la ciudad. Comienzo a sentir repugnan. en realidad. muy desmejorado. lo hicieron restablecerse. Aunque nada dije a Elena. Sólo yo me sentía cada vez más incómodo. sin sombrero. Elena y tía Carmela debieron seguirlo llorando y pidiendo auxilio. Me miró. este último era un joven descendiente de ingleses. no creí en la locura de Augusto. que es un miserable en destierro . . Llegó al día siguiente. -Sí. que. es un infierno. En seguida. AUgusto había sufrido un ataque de locura. Debieron cuidarlo toda la noche y escuchar sus gritos. y se echó a correr dando gritos estridentes. Salió a la calle. Augusto leía. Venía. al parecer. preparábale comidas especiales que él devoraba como si tuviera apetitos atrasados. Echa de menos la casa Imagina que se la han robado . o no puedes acompañarme. Los días siguientes fueron de relativa tranquilidad. atropellando a los transeúntes. -¿Augusto habló de regresar a San Bernardo? -pregunté. aquí. recorrió la casa. Visitaba especialmente a Magallanes y a Willie Gomien. Mi vida. lo vió un médico.. Elena continuaba acaparada por Augusto y debía vivir cuidándolo. Poco a poco.

-Yo debo acompañarte -me dijo Elena con tristeza-. arrendamos una casita de tres piezas en una cité. En realidad. Comenzamos los preparativos de traslado. T e encuentro razón. i Con gran sorpresa mía. Quedaría solo con Estela. un valioso secreter antiguo. Nos marchamos silenciosamente. Sin duda este proyecto le trajo el recuerdo de su abuelita muerta en casi 345 . todo lo que constituye un menaje. las únicas herederas legales de doña Juanita Cross debieron ser sus nietas Elena y Estela. en fin. No puedes vivir junto a Au-sto. sofás. al fin. Comenzaron a llegar noticias. o pasaje. pero todo había sido zomprado con el trabajo de l a señora o con las monedas que ieredó de sus parientes de Escocia. Augusto no lo creyó así. sirvieron para nuestra primera instalación. única fortuna que poseíamos. Augusto continuaba mal de salud. Augusto consintió en que partiésemos Elena. Por fin llegó una carta en que su hermano le hablaba de un viaje a Concón. cómodas. misivas lacónicas que la inquietaban. roperos. Algunos créditos conseguidos en casas de compraventa de menaje y nuestro ajuar de dormitorio recién adquirido. Era necesario que partiera pronto y que lo acompañara Elena. La herencia no era más que un conjunto de muebles antiguos. vajilla de comedor y de cocina. y yo no hice ninguna objeción. Hubo que embalar nuestros mUebles de dormitorio. Entre aquellos modestos muebles había un piano. o cambió más tarde de opinión. y no poseyendo medios para hacerlo. tranquilo. por prescripciin del médico. Elena recibía mensajes misteriosos. sillones. Pero pude vivir. sin llevarnos más que lo puesto. Elena quiso llevarse algunos recuerdos de abuelita. Todo lo de esa casa le pertenecía y no 30 compartiría con nadie. y nos instalamos pobremente. O la satisfacción de Augusto había sido aparente. única persona que lo podría cuidar. Parecía justo que al establecer Elena casa. Ascensión y yo. Poco duró nuestra tranquilidad. a pesar de la tristeza inconfesada de Elena. pero Augusto se los negó con intransigencia. Me di cuenta de que mi cuñado no tenía idea de lo que significaba la propiedad ni los derechos otorgados por los códigos. se le ofreciera lo que le correspondía por derecho. Elena se alarmó. Hablaré con él.

Al frente. . Porque mientras viviera Augusto cerca de nosotros. E l 16 de agosto de 1906 ocurrió el terremoto de Valparaíso. . si abandonas la casa. En los siguientes días permaneció cavilosa. sin preocuparme de Augusto ni de Elena. Pero mi resolución estaba ya tomada. lecturas. pero sin mi consentimiento. . yo me hallaba leyendo en mi cuarto. tornada. como si ella me abandonase por un amante. Esa noche. A pesar de mi angustia interior. Quedé solo. -Está bien -le dije a Elena-. Nada me respondió. Mi hermana pasaba poco tiempo en casa. para no recibir noticias desagradables. pero comprendí que se hallaba tras. Y. mi mujer estaría sujeta a los caprichos de s u voluntad. producción literaria. me consideré burlado. ¿Qué podría yo proyectar en el futuro sin contar con la seguridad de ser acompañado por ella? Si tuviese hijos. Hasta evité el contacto con su familia. . éstos pertenecerían junto con la madre a ese hermano que se cernía sobre nuestras vidas como ave siniestra. ¡Nos separaremos para siempre!. fingí serenidad. Pero te advierto que esta vez seré inflexible. no cuentes más conmigo. Dejó un papel explicándome que había decidido acompañar a su hermano. . cuando comenzaron los recios temblores. Me pareció una nuc l va trastada de mi inquieto cuñado. Y a no tenía fe en é . Ambos salimos sin apresuramiento a la puerta de nuestras habitaciones y nos miramos un instante. Lo que desea Augusto es separarme de ti y. un día no la encontré en casa. No volvería a juntarme con Elena. si quieres acompañar a tu hermano. separado por angosto pasadizo. pero que no podía abandonarlo en esos momentos trágicos. . para abreviar. Huía la vista cuando yo le hablaba. Continué mi vida normal: mis trabajos de oficina.completo abandono. Que yo la perdonara. Nuestro matrimonio se trizaba definitivamente. estaba la pieza de mi hermana. Sufrí. engañado. como si nos preguntásemos 346 . presa de turbación y ansiedad. recuperar a SU esclava. ¿No podría ocurrirle otro tanto a Au gusto? -Yo tuve una impresión diferente. hazlo. Mi matrimonio había terminado.

pidiendo auxilio a gritos. Subía a lo alto un clamor histérico. Otros formaban carpas con sábanas y colchas. 347 . llamando a Dios y pidiendo misericordia. dando gritos angustiosos. mientras los vecinos salían despavoridos. Algunas murallas de barro se habían derrumbado. proseguimos nuestro camino hacia la Alameda. probablemente de alguna cañería rota. alucinada. me limité a exclamar: -Es terremoto. Yo la arrastré. Cuando vi que los temblores continuaban con rabiosa insistencia. aunque los remezones eran cada vez de menor fuerza. formado por las voces de toda la ciudad. Las gentes habían sacado sus camas de las casas y las tendían sobre los bancos de piedra de la Alameda. huyendo en ola tumultuosa. junto con mi hermana. menos peligrosa. Mi hermana iba tomada de mi brazo. Los remezones producían un ruido sordo venido del seno de la tierra. como un profundo gruñido de mal humor. mucho más ancha. Por la cuneta de las aceras corría agua cristalina. y en esa forma llegamos a la calle. Cuando llegaba un nuevo temblor. y tan pronto me vi libre de ella. o Salimos al calIejón del pasaje. Como las casas parecían abalanzarse sobre nosotros en cada remezón. por consiguiente. al centro de la calle. continuamos nuestro camino con calma. moviendo las paredes como si una mano gigante pretendiese juntarlas. En la calle. Un pequeño grupo de personas rezaba de rodillas sobre el duro suelo. haciendo pinitos como de olas en miniatura que entrechocaran. Las mujeres ancianas salmodiaban oraciones y se golpeaban el pecho. el desorden era aún mayor. ¡Salgamos! Mi hermana obedeció. Santo inmortal! . Apaga la luz. apagó la bombilla eléctrica de SU cuarto y yo hice l mismo en la mía. gritando: -jSanto fuerte.qué proporciones tomaría el fenómeno. tomamos el centro. Allí las escenas de angustia se repetían a cada nuevo temblor. el agua parecía detenerse. Una muchacha con el pelo suelto y la expresión enloquecida se colgó a mi cuello. clamando piedad. y.

No recuerdo en qué momento. Habíamos decidido dirigirnos a casa de tía Carmela. E telél grafo y los teléfonos estaban interrumpidos.. E cataclismo los había sorl prendido danzando. No podían ser más desastrosas. y trizaduras en las murallas. ¿Augusto?. Naturalmente. procuré obtener noticias de Concón. No podía continuar en la atroz incertidumbre. Una que otra cornisa caída a la calle. Le di su dirección. Un escalofrío recorrió mi cuerpo . Limache. los caballeros de frac y las señoras con trajes de baile escotados. Tampoco funcionaban los ferrocarriles. con algunos árboles frutales. . bajo los cuales podríamos cobijarnos sin peligro. Sin embargo. ni en dónde. -Salgo para Concón -le d i j e . allí estaba la familia. los brazos descubiertos.. Los remezones continuaban. Aquí dejo a Ascensión. La atención de las gentes se concentraba en las noticias llegadas de Válparaíso y poblaciones vecinas. J s efectos en el centro fueron relativamente escasos. Pero todas las noticias eran vagas o inseguras. y. . destruídos. en la calle Toesca. Habían levanta'do carpas y reinaba entre ellos cierta conformidad. {Qué hacer? Resolví trasladarme a Concón. dormimos poco. a fin de solicitarle permiso para ausentarme y el dinero sufi- 348 . salí en busca de su casa habitación. En efecto. Su aspecto era más pintoresco que desolado. A la mañana siguiente salí a recorrer la ciudad y a captar o noticias. El puerto habría sido arrasado por los temblores y por las llamas. cerca de la Universidad.Un crecido número de personas vestidas de etiqueta. a fin de reunirme con Augusto y mi mujer. La niebla se extendía sobre la ciudad. Quillota. se agrupaban frente a la calle del Estado. {Querrías encargarte de ella y protegerla si le ocurre algo? Mariano conocía a mi hermana desde pequeña y aceptó sin vacilar. por no haber encontrado a mi jefe en la oficina. La población continuaba acampada en la Alameda y en la Plaza de Armas.. E hotel habría aplastado en su caída a todos l sus moradores. que habitaba cerca del Parque Cousiño. Recordé que la casa tenía patio grande. una tupida llovizna caía en forma intermitente. encontré a Mariano Latorre. Viña del Mar. {Elena? . Quilpué. .

' ciente para un viaje. El otro. en un tren auxiliar que salía a explorar la línea. Giinther compartió con nosotros el contenido de una botellita de ron que abrasaba las entrañas. Decidimos continuar a pie siguiendo la línea del ferrocarril. Tomó la delantera a grandes zancadas y debimos tranquear firme para no perderlo de vista. Uno de ellos era un mozo de estatura gigantesca y de aspecto extranjero. en Elena. A cada momento el tren se detenía y lanzaba al aire pitazos angustiosos como alaridos. Dijo llamarse Günther. jamón. Estudiaba dentística en la Universidad y su familia era de Valdivia. Algunas mujeres nos detuvieron para ofrecernos comestibles: queso. esmirriado de rostro y cutis reseco. Murallas y pircas derrumbadas. La imaginaba bajo los escombros. triturada. Macuada. Cursaba el quinto año de medicina. Al ahianecer. sobre un hacinamiento de cajones y útiles de trabajo. Después de muchos trajines conseguí embarcarme. me dirigí a l a estación Alameda. Fueron dos buenos compaíieros de viaje. 349 . Después de un ligero descanso. y sentía sorda angustia. reunimos nuestras menguadas provisiones. charlaba incansablemente y se quejaba de dolor de los pies. gentes con el rostro empalidecido de pavor y falta de sueño. conservas. a pesar de la brevedad del trayecto. en cambio. E l susto reciente no les impezía comerciar. Sudábamos copiosamente. Obtenidas ambas cosas. Günther hablaba poco y sólo respondía con gruñidos. Macuada. La línea se hallaba en pésimo estado y el tren debía marchar con extrema cautela. En un carro de carga. A medida que nos acercábamos a Valparaíso. las piernas se nos ponían torpes. largos brazos y enormes manos. llegamos al paradero de Montenegro. a las doce de la noche. Yo pensaba en Concón. en la suerte que habrían corrido los hermanos. comimos sandwiches y tortillas al rescoldo. bajito. pero continuábamos caminando sin desmayar. ya de noche. los destrozos del terremoto eran cada vez mayores. ofreciendo mercaderías a precios usurarios. convertida en un montón de huesos destrozados. En Montenegro me reuní con dos jóvenes que también se dirigían a Valparaíso. reanudamos la marcha. parecía de más edad.

democrático. la tragedia fué horrible. Recreo. varias botellas de vino y licores fuertes.A l caer la tarde. llegamos a una población de importan. Una familia compartió con nosotros su comida. emprendimos de nuevo la marcha. Allí los destrozos fueron enormes. Se establecieron otros al aire libre con camas extraídas de las casas y cocinaban en grandes fogatas. al lado de personas opulentas se veían proletarios modestísimos que confraternizaban y se ayudaban mutuamente. Viña. se fusilaba a los delincuentes en la Gran Avenida. probablemente de alguna despensa de la casa. Aceptamos. En l a estación se habían apoderado de los vagones de ferrocarril. Para evitarse el acerreo de muertos al cementerio. los amontonaban. y. instalados en casa confortable. El populacho se había entregado al saqueo de casas de comercio y particulares. Quizá había en estos comentarios un poco de exageración y comenzaba a formarse la leyenda. Otros nos ofrecieron la casa que habían abandonado. Macuada y yo también bebimos algo. se les ponía fuego. Imperaba la ley marcial. sin pensar en que lasLparedes podrían derrumbarse con nuevos remezones. 350 . Temblaba de vez en cuando. Lo que ano hicieron los temblores. pintoresco. LOS transeúntes aumentaban a medida que nos acercábamos a Valparaíso. Se despachaba las botellas de un trago. Hermosas jovencitas nos ofrecían refrescos y empanadas. l o completaban las llamas. después de rociarlos con petróleo. Muy temprano. Las familias acampaban al aire libre. como si lo dominara una sed de siglos. En algunas estaciones las autoridades habían establecido restaurantes gratuitos al aire libre. Cia. Las noticias que íbamos recogiendo eran espeluznantes. en espera de nuevos remezones. -¿Y Concón! -interrogaba yo. bullicioso. de todos modos. Posiblemente Quillota. Günther extrajo de no sé dónde. Formaban un vasto campamento. Esa noche. El cansancio y las emociones habían embotado nuestra sensibilidad. Valparaíso se hallaban destruídos por completo. pero. dormimos en el suelo o en sillones y almohadones abandonados por los moradores. pero estábamos fatigados y no supimos más de nosotros hasta el amanecer. después de un baño reconfortante. Formaban comparsas y caminaban en caravanas interminables. pero sin fuerza.

-Ei . sillones en orden. Era un edificio de un solo piso.Nadie supo darme noticias. Nos dirigimos a unos pequeños gzlpones que habían quedado intactos al pie del edificio. con sus lechos. pura carne podría y carne asá. A media tarde llegamos a Concón. . . como si se exhibieran en vitrinas de almacenes. . -iElena! 351 . Macuada y Günther siguieron a Valparaíso. a cierta altura. . -Creo que han muerto todos -me respondió alguien. mejor dicho. . Emprendimos la marcha por el camino zigzagueante de los cerros. Recuerdo haber visto hermosos chalets con sus murallas exteriores derrumbadas. Viña había sufrido enormes pérdida>. El corazón no me cabía en el pecho y subía a la garganta. . y el hotel?. se desflecaba al viento. que se inclinaba hacia tierra y. ¡Qué le va a hacer el temblor a una ranchería de totora! -¿Pero. espejos. Y guardó despreocupado silencio. . ichiquillo! De un Salé0 estuve en el suelo junto a mi cabalgadura. cristales. -Icen que la hediondez es tremenda en el Puerto --dijo mi compañero-. ei no ha pasao na. siniestra. tal como los había sorprendido el terremoto. puee ser -respondió el hombre-. de modo que él mismo podría servirme de guía. En los altos se veían habitaciones que mostraban sus amoblados completos. Allí había un grupo de personas. Encontré por fin un arriero que me arrendó uno de sus caballejos. Sólo faltaban los maniquíes que imitaran moradores. La jutrería es la que más ha sufrío. vimos una enorme humareda negra. Nos detuvimos frente al hotel. De pronto escuché detrás de mí una voz conocida que gritaba: -¿Tú?. Todo se hallaba silencioso y solitario. Yo me dediqué a recorrer el pueblo en busca de cualquier medio de transporte que me llevara a Concón. Desde una de las alturas divisamos Valparaíso. En Viña del Mar me separé de mis compañeros. Me sentí morir de angustia. -¿'Y Concón! A : mi moo de ver. . Casi todo el techo y varias murallas se habían desplomado. Se dirigía a Quinteros. .

-¿Cierto? -¿Cuándo no te he dicho la verdad? -¿Nunca más. al verme. Augusto salía desde temprano a recorrer la región y nos dejaba solos. Permanecimos unidos largo rato. Elena. abriéndome los brazos. -¡Se habrán extraviado quizá! 352 . Augusto no ha estado nunca enfermo. Muy poco se dejó ver Augusto durante ese tiempo. intacta. el rostro radiante. -I. -<Tus cartas? ¿Me escribiste? Ningún día dejé de hacerlo iY -¡Claro que sí! Era tan grande mi desesperación.ctfam! -murmuró al darme la mano. Los labios de Elena tenían sabor a mar. -¡Es raro! -dijo-. tan suave. Evitó hablar de Augusto. y cuando le expresé que yo debía regresar a Santiago al día siguiente. chiquillo . Besos. Y a no nos separaremos más. me acariciaba el rostro. T ú tenías razón. tan mía. No Iiicharía más. Comprendí que la recuperaba. lo había vencido. me dijo: -Te acompañaré. l Permanecimos dos días en Concón. sola estuve a punto de salir a buscarte -No he recibido ni una letra. Palabras atolondradas. Pero había en s u actitud una expresión que me infundió piedad. no yo. esperando un vehículo que nos condujera a Viña del Mar. Nos arranchábamos en un pequeño galpón que anteriormente había servido de cochera y caballeriza. definitivamente. Comprendí que se sentía derrotado. palabras sin respuesta. que tú no respondías! . -Sí -respondió ella gravemente. naturalmente ondulada. forzado.Sí. La melma. esta vez. Elena? -¡Hasta el día de mi muerte! Augusto. Risas. E Destino. Me convencí desde el primer día de mi llegada aquí Todo eso te lo contaba en mis cartas . -Parece haber mejorado -dije a Elena. sonrió con gesto ambiguo. Su rostro se había quemado ligeramente con los vientos salinos. Y o le entregaba mis czrtas a Augusto y él se encargó de enviártelas con el mozo del correo . volviendo el rostro hacia el mar-.

en colchones desgarrados que se extrajeron de íos escombros. Pasarían muchos años sin que nos volviéramos a encontrar. desde entonces. esta vez. Yo te pedía que vinieras a buscarme . E nos abrazó en silencio. olorosas a campo. Pero una dicha inefable llenaba nuestro corazón. Hasta que Ilegaste. ligrimas l amargas. un camino diferente. E se marcharía al extranjero. ¡por fin! -Aunque para eso tuvo que ocurriraun terremoto . . Nuestras vidas tomaron. No fueron.. . Vida. Aquellos días pasados en Concón fueron nuestra verdadera luna de miel. E día de la partida. . nos despedimos de Augusto sin l ningún rencor. o en pallasas de hojas de maíz crujientes. . recogíamos mariscos y algas de mar. Estábamos conmovil dos. Nuestra tierra. Vida de sufrimientos y alegrías . Pero en aquella época teníamos sangre joven. nos bañábamos. del San Cristóbal. Elena depositó en la tierra custodiada por una cruz de madera una coronita tejida con ramas de michay y avellano. trepábamos a las rocas. También fuimos a visitar el camposanto serrano en que reposaba la abuelita. con entera libertad. El sol de otoño brillaba con júbilo primaveral. To1gtopeno.23 353 . sin que nos escribiéramos siquiera algunas letras. E poderoso aliento de mar venía desde la playa como un rezongo de buen viejo gruñón. de la Cordillera de los Andes. Y nos abrazábamos. por primera vez.-¡Es raro! -repitió Elena-. Y te esperaba de día en día . Salíamos a la playa desde temprano. Dormíamos en el suelo. Nosotros continuaríamos bajo l la sombra del Santa Lucía. De rodillas rezó y derramó lágrimas en recuerdo de la anciana que le sirvió de mzdie. Podíamos labrar alegremente la tierra humilde.

el asesino de la fantasía que creó amntecimientos y héroes que nos enaltmn . La Colonia Tolstoyana fué un gesto juvenil intrascendente en su iniciación y en su realización. 354 . quizá. ¿Estaría bien que un protagonista contemporáneo de don Rodrigo Díaz de Vivar nos mostrara la cruda realidad de sus hazañas? Y o no he hecho otra cosa. . Tanto se ha escrito y comentado a propósito de esta curiosa aventura de un puñado de muchachos ilusos. a una hermosa leyenda. ¿Qué cosa es el enorme poema de Mio Cid Campeador? Una creación popular que representa el alma de una raza generosa. He dado muerte. en las páginas de este libro. Mediante la leyenda fuimos algo más que carne perecedera y barro en fermentación. Pero ese gesto. se transformó en creación de calidad. Ella vino a darle alas para volar y lo elevó un poco sobre el realismo que pesa en nuestra sangre. pero con ayuda de la fantasía. La leyenda ha sido en este caso la que tuvo un influjo positivo en el alma de nuestros contemporáneos.HISTORIA Y LEYENDA ¿Y la Colonia Tolstoyana? Después de escribir las anteriores páginas. La leyenda recogió y tradujo el ansia de idealidad de un pueblo que posee ideales y fantasía. amplificado por l a imaginación colectiva. la tuvo. quizás.. que conuibuir a la muerte de la leyenda de la Colonia Tolstoyana. %y el contradictor y. que se ha conseguido darle trascendencia en la historia de nuestra literatura.. ¿La tuvo en realidad? Sí. me acosa un sentimiento de culpabilidad.

jamás abandonó su papel de creador imaginativo por excelencia. El Molino y su pequeña lámpara irreal. habría logrado empinarme hacia una supervivencia buscada por todos los artistas. . son los que continúan iluminando la “entrada del gran camino. sin quererlo ni saberlo. La vida se encargará del resto. En vez de empequeñecer la leyenda. como hubiera sido nuestro deseo. . Pero yo me digo que si no pudimos ser Quijotes. sólo Augusto d’Halmar.” Y eso es todo. Estas págínas mías no son de exaltación. logran esclarecer un pequeño rincón de esta tierra envuelta en las sombras de la noche . el menos tolstoyano de los tolstoyanos. y. nunca dijo nada verdadero sobre la colonia. FINIS . . Después de todo. Yo mismo. estuvo en lo cierto. Sería de desear. El dijo en una ocasión: “No despertéis al que sueña”. debí fomentarla. debemos conformarnos con el humilde papel de Sanchos . leyenda maravillosa. personaje de esa leyenda. Cada vez que tuvo ocasión. SÓIo una pueril vanidad de verismo me hizo entregarlas a la vida. . como es posible ocurra. Acaso valdría la pena quemarlas y lanzarlas al viento.colectivamente. Al referirse a nuestra aventura. procuró agregar misterio y vaguedad sobre nuestras inocentes correrías. que la VOZ de este libro se apague como un grito sobre la superficie del mar.

Junto al mar . . . . . .. . . . . . . .. . . . . . . . . .. . . .. .. El hogar de los colonos . . . . . . ... . . .. . Era un pueblecito casto y perfumado . . . . .. . . . .. .... .. .. . . ... . . . . . Curiosidades indiscretas . . .. . . . .. . . . .. . .. . ... . 7 25 32 44 50 58 62 69 78 83 105 110 114 117 121 125 128 131 134 138 141 145 149 154 157 160 164 95 99 91 ... .. . . . . Enemigo a la vista . . . . . ... . . . . . . . . . . . ... . . . . ... .. . . .. .. . . . . .. . . .. . Fuera de ambiente . Adiós a la Frontera'... .. .. . . . . . Lo que desearíamos ser . .. . . ... . . . . . .. . . . San Bernardo . . Exploraciones . .. . . . .. . .. . .. . . .... .. T í a Carmelita ... . . . . . ... . . . . Hogar paterno . . . .. . . . . . .. . . .. .. . .. .. ... . . . .. .. . . . . . . .. .. . . .. . . . . . . . . . . T í a Rufina . . . . .. .. r . . . . . . .. . . . . . . . . . . . ... .. . .. . . . . . . . .. . . ... . . . ... . . . . ... . Segunda Parte COLONIA TOLSTOYANA A la sombra de Tolstoy . .. . . . . . .. . c . . .. . Vida austera . ... . .. . . . . . . . . . ..... .. . . . Listos para volar . . . . . . . . ...... . . . . . . .. . . . .. . . .. . . . . .. Un apóstol de la higiene . . - Prólogo.. . . . .. . . ... . . . . .. ... .. . . . ... . . . . . . . .. . . . . . . . .. . .. . . . . ... .. ..... . . .. . .. . . . . . . . . . . . Júbilo de amanecer . . . . . . . . ... . . . .. . . por Mariano Latorre . . . . . . . .. . .. . . . . .. . . . La avanzada .. . . . . . .. . .... ... .. . .. . . .. .INDICE Pág . . . . .. Primera Parte ANTjCEDENTES PERSONALES DEL AUTOR La amante pobre . .. . . . . .. .. ... . . . . . .. .. . . . . . . . . . . . l . . .. . . . . . .. . . ... ... . .. .. . . . . . . . . .. . . . .. . . . . . Experiencia agraria ... . .. . .. Oficios humildes .. . . . . . . . . ... . . . . . . . . ... . . . . . .. . ... .. .. .. . .. . ... . . . .. . . En el camino popular . . .. . . .. . . . . ... . .. .. . . . . . ... . . .. . . . . . .. . . . .. . . . .. . .. . ... ... . .. . . .. . . . . .. . . . . . .. . . Sirenas en fuga .. . . . . . . . . .. . . . ... . . . .. . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . E primer paso . . .. .. .. . .

.. . . . . . . . .. . . . . .. . ... . . . Cordillera sagrada .. .. .. .. . La otra colonia . . ... .. . . Condenado a soledad . . . . .. .. . . .. . ... . . .. 227 242 249 254 Cabeza de familia . 354 . .. .. . .. . . ... .. . .. . . . El desbande . .. ... .. . . . . . . . . . . . . . .. . . . . .. . .. . .. . . . . . .. . . . . . . . En busca de regazo .. 294 298 .. . . . .... .. ... . . . . . .. ... . . . . . El entierro . ... . . . Trapos sucios . . . . .. 332 Epílogo . .. . . . . .. . .. 2 89 La rebelde . . .. ¡Qué bello crepúsculo! . . . . . . .. .. . . . . . ... .. .. . .. .. . .. . . . ... . . . . .. . .. .. . . . . . . . .. .. . .. . . . . . .. .. . . . 262 Abolengos .. . .... Tierra mullida y fragante .... . . .. . . . . . . . .. . . .... . . Tentaciones de San Antonio .. . . . . .. . .. ... Revolucionarios .. . . . . . .. . .. . . . . . . .. . . . . Aprendiz de zapatero. . . . . . . . .. . . . . . . .. . .. . . . . .. . . . .. . . . .. . __. . .. . . . . ... .. . . . . . . .. . . ... . . . . . . . ... .. . .. . .. .. .. . . ... . . . . . . . . ... . . .. . . :_. . . . . . . ... .. . .. .. . 307 313 320 327 E l entierro de abuelita . . . . . . . . . ... . . .. . . . . . . . . . . Amargura . . . .. . . .. . . . ... Tercera Parte HOGAR DE ARTISTAS 169 173 177 181 187 199 203 207 211 215 219 223. . . . . .. . . . . . . . .. . . . . . . . . .... .. . . . ... . < . .. ... . . . . . . . .. . 302 .. La sensualidad enemiga .. . . Solicitaciones eróticas . . .. . ... . . ... . . . .. . . . . . . . . .. .. . . . . ..Pág. . ... 266 27 1 276 281 286 Brasa escondida . . . ... . . . . ... ... . .. . . . . . . .. . . ... . . .. ... . .. . .. . 337 Historia y leyend . . . .. . . . . . . . ... Soslayando l esc o . . . . . .. .. . . .. ... ... .. . .. . .. .. . . .. .... . .. . El misterio en el arte . . Embajada artística .... . .. .. . . . .