Carlos Mora Sandí Prof.

Juan Diego Moya F-3924 Filosofía Moderna I 21 Junio 2011 La Salida del Sol y las Nociones Erróneas Un poeta metafísico inglés hace evidencia de los cuatro ídolos enunciados en el tratado de Francis Bacon (1561-1626), El Órgano Nuevo, específicamente en el libro primero de la obra. Este afamado poeta metafísico se llama John Donne (1572-1631), y en su trabajo “La Salida del Sol” se observan dos metáforas extendidas que se tratan al mismo tiempo, que son muy bien elaboradas y de una complejidad retadora. El uso de las metáforas extendidas funcionando juntas de manera magistral, es precisamente lo que le da el título de poeta metafísico. Sus obras son de diversos temas políticos, sociales y religiosos principalmente. Se instruyó en una institución jesuita la primera parte de su vida; sin embargo, se retiró poco después porque decidió convertirse a la religión anglicana. Muchos de sus textos son de carácter religioso dado a su formación teológica y su función como sacerdote; sin embargo, en el texto a analizar no se encuentra ninguna evidencia a su afiliación con la religión, sino más bien todo lo contrario como veremos más adelante. Los ídolos de Bacon son grosso modo, la manifestación de la imperfección del ser humano para encontrar la verdad que la naturaleza encierra. Donne los ilustra en su poema haciendo referencia a todos los ídolos que Bacon describe en su obra: el ídolo de la tribu, del foro, de la caverna y del teatro. En este ensayo veremos cómo se hallan reflejados todos estos ídolos en el poema.

Mora 2

El primero que será el ídolo de la tribu. Bacon escribe que el ídolo de la tribu “tiene su fundamento en la misma naturaleza del hombre” cuando se afirma que el “el sentido humano es la medida de las cosas” (Bacon 40), ésta es para él una aseveración errónea que se asume en un nivel colectivo en la humanidad. En este pasaje, Bacon hace notar que el ser humano tiende, por su naturaleza, a aceptar como verdadero todo lo que sus percepciones de espíritu (entendimiento) y de cuerpo (sensaciones) le indiquen. Para el filósofo, la imperfección de las percepciones humanas no es reflejo de la naturaleza que les rodea sino más bien de la suya propia, que se explica a sí misma tomando arbitrariamente lo que percibe y reflejándolo de manera errónea corrompiendo así la verdadera naturaleza de las cosas; es decir, faltando a la verdad. El poema refleja esta idea de manera tácita “…y pues que tu deber / es calentar el mundo, con calentarnos baste. / Brilla para nosotros, que en todo habrás de estar, / este lecho tu centro, tu órbita estas paredes.” (líneas 27-30) El poeta hace alusión a la antigua idea general de ser el centro del universo, la teoría antropocéntrica que sin duda, siguiendo el razonamiento baconiano, proviene de la naturaleza colectiva y errónea del ser humano. El hecho de ver cómo el sol o la luna salen y se ocultan, y que todos los astros se despliegan ante sus ojos, el ser humano asumió que se encontraba en el centro del universo y que este giraba en torno a él. Donne escribe en éstas líneas lo que Bacon describiría como un ejemplo del ídolo de la tribu. Al ser éste a simple vista un poema de amor apasionado, en su aparente delirio amoroso Donne hace una afirmación que Bacon podría respaldar con su concepto del ídolo del foro: “Amor, que nunca cambia, no sabe de estaciones, / de horas, días o meses, los harapos del tiempo.” (líneas 9-10). Al ser el tiempo una cosa que es imposible de definir, el ser humano ha intentado dar con una explicación del mismo utilizando palabras para definirle y por ende ha fracasado. Las definiciones de horas, días y meses, no son más que

Mora 3

una invención humana para caracterizar y, en este caso dividir imaginariamente al tiempo; su significado cae en un círculo vicioso, donde lo definido no hace referencia más allá que la de las mismas palabras que lo definen. A propósito de los ídolos del foro Bacon dice: Los más peligrosos de todos los ídolos son los del foro, que llegan al espíritu por su alianza con el lenguaje […] las definiciones se hacen con palabras y las palabras engendran palabras […] o son nombres de cosas que no existen […] o son nombres de cosas que existen, pero confusas y mal definidas, que reposan en una apreciación de la naturaleza demasiado ligera e incompleta (Bacon 48-49). Consecuentemente, “Los harapos del tiempo” no son algo que exista realmente sino más bien, una inexacta definición del tiempo atada a la limitación del lenguaje y percepción humanos. Vale la pena referirse como prueba de esto, a la falta de exactitud del calendario gregoriano que se ha aceptado casi en la totalidad del mundo de hoy. Y para hacer más congruente la afirmación de Donne con la filosofía baconiana, se reemplazaría la palabra “amor” por la de “naturaleza” porque para la naturaleza, no existe la verdad dentro de esas definiciones. Donne utiliza una metáfora extendida que es la más aparente: la del amor apasionado entre su mujer y él. El enamoramiento evidente del autor lo lleva a una exaltación portentosa de la pasión amorosa. Ésta extraordinaria exaltación es el núcleo de su metáfora extendida, ya que por medio de ésta su percepción se limita sólo a lo que se piensa de él mismo en su estado personal, es decir en su ídolo de la caverna. Francis dice: Pero la fuente más grande de errores y dificultades para el espíritu humano se encuentra en la grosería, la imbecilidad y las aberraciones de los sentidos, que dan a las cosas que les llama la atención más importancia que

Mora 4

a aquellas que no se la llaman inmediatamente, aunque las últimas la tengan en realidad mayor que las otras. No va más allá el espíritu que el ojo; también la observación de lo que es invisible es completamente nula o poco menos. (Bacon 45) Donne escribe que los ojos de su amada pueden ser aún más deslumbrantes que los rayos del solares, y que se dirige al sol de manera retadora en todo el poema, “si sus ojos aún no te han cegado” (línea 15), “Viejo necio afanoso, ingobernable sol” (línea 1), y “Tú eres, sol, la mitad de feliz que nosotros” (línea 25). Creer que los ojos de su amada son más poderosos que los rayos del sol y decir que el sol es menos feliz, es evidencia de que el autor está cegado por su pasión y que por eso presta más atención a ella y le da una más importancia que al propio sol. Por eso, llega hasta el punto en que la naturaleza no se reconoce con los meritos que posee en la realidad, sino que más bien su propia pasión, su caverna le hace apartarse de la luz, y ver algo que no corresponde con la verdad. Otra evidencia de su limitación errónea es cuando escribe: “Ella es todos los reinos y yo, todos los príncipes, / y fuera de nosotros nada existe” (línea 22). Como resultado, el poeta cae en la utilización del ídolo de la caverna, pues su propio estado anímico eufórico de pasión humana lo hace creer que él y sus sentimientos son lo único que existe y no ve más allá. El ídolo baconiano de la caverna es algo que es “en extremo variable” (Bacon 41), aquel que se rige de la naturaleza individual del ser humano, como las pasiones. La otra metáfora extendida que posee la obra de Donne es más implícita en el texto. Dado a su relación con la religión, el autor pasa por una etapa de total rechazo hacia la misma. Si se piensa al sol como el Dios judeocristiano, se puede notar una crítica bastante fuerte no necesariamente de manera directa hacia Dios pero sí hacia las convenciones humanas religiosas con respecto a la divinidad. Por otro lado, Bacon asevera que “El

Mora 5

espíritu humano, una vez que lo han reducido ciertas ideas, ya sea por su encanto, ya por el imperio de la tradición y de la fe que se les presta, vese obligado a ceder a esas ideas poniéndose de acuerdo con ellas…” (Bacon 42), éste es el origen de los ídolos del teatro o de los sistemas que el poema rechaza, al oponerse la autoridad eclesiástica. Primeramente reprende la intrusión del sol en su lecho, “Viejo necio afanoso, ingobernable sol, / ¿por qué de esta manera, / a través de ventanas y visillos, nos llamas?” (líneas 1-3) Llamándole “necio” y “afanoso” al sol hace alusión a su disgusto con la Iglesia, que se entromete sin permiso en su vida privada, dificultando su libertad de quedarse en su lecho con su amante todo el tiempo que él quiera. Después, le da la característica divina convencional de juez: “¿Por qué tus rayos juzgan / tan fuertes y esplendentes?” (líneas 11-12). Aquí relaciona a la Iglesia y su rol de juez en todos los aspectos humanos, que la tradición y la creencia, “los rayos” han perpetuado por siglos: “Tu edad pide reposo, y pues que tu deber / es calentar el mundo, con calentarnos baste. / Brilla para nosotros, que en todo habrás de estar, / este lecho tu centro, tu órbita estas paredes.” (líneas 27-30) En estas líneas también concluye con una invitación hacia la Iglesia para que entre en su recámara porque su omnipresencia no le evitará entrar de todos modos, y el calor y la luz que trae, no le va a impedir quedarse con lo que tiene porque él es inmune a su juicio. De acuerdo con los ídolos baconianos, Donne rechaza el ídolo del teatro, pues no se adhiere a la filosofía y el mandato de la tradición y la fe. Aunque Bacon no es precisamente un ávido crítico de la iglesia, en su texto se puede leer un cuestionamiento a la filosofía que se nutre de la teología y de la autoridad. “Una tercera especie de filósofos existe, que introduce en la filosofía la teología y las tradiciones, en nombre de la fe y de la autoridad” (Bacon 52). Estos filósofos son llamados supersticiosos y junto con los empíricos y los dogmáticos (las dos primeras especies), “descansan sobre una base excesivamente estrecha de experiencia y de historia

Mora 6

natural, y sus conclusiones derivan de datos legítimamente demasiado restringidos.” (Bacon 52) Finalmente, el poema de Donne rechaza este ídolo del teatro. Donne escribe en su poema dos metáforas extendidas que tratan al mismo tiempo el tema del amor apasionado y la crítica a la religión correspondientemente. Desde el punto de vista baconiano, el autor ilustra los ídolos, haciendo uso de ellos o rechazándolos. En “La Salida del Sol”, el autor aprovecha los ídolos baconianos de la caverna y de la tribu para describir un amor apasionado. Según las ideas de Bacon esto tiene mucho sentido, pues es precisamente la percepción imperfecta del ser humano lo que lo lleva a entrar en el error. La percepción del amante se encuentra totalmente influenciada por la afinidad hacia su sentimiento, y como es sabido, esto es algo perfectamente normal en la naturaleza humana. Por otro lado, los ídolos del foro y del teatro son rechazados al tratarse el tema de la crítica hacia la religión. Donne reafirma con su texto, su opinión de que las definiciones humanas son tan irreales como las convenciones religiosas, coincidiendo una vez más con el filósofo. Es así como los dos autores se respaldan el uno al otro textualmente en comparación temática.

Mora 7

Trabajos citados Bacon, Francis. El Órgano Nuevo. Trad. Cristobal Litrán. Barcelona: Fontanella, 1979. Donne, John. «John Donne.» A Media Voz. Ed. Jordi Doce. 18 de Junio de 2011 <http://amediavoz.com/donne.htm#LA%20SALIDA%20DEL%20SOL>.

Mora 8

Apéndice 1 La salida del sol Viejo necio afanoso, ingobernable sol, ¿por qué de esta manera, a través de ventanas y visillos, nos llamas? ¿Acaso han de seguir tu paso los amantes? Ve, lumbrera insolente, y reprende más bien a tardos colegiales y huraños aprendices, anuncia al cortesano que el rey saldrá de caza, ordena a las hormigas que guarden la cosecha; Amor, que nunca cambia, no sabe de estaciones, de horas, días o meses, los harapos del tiempo. ¿Por qué tus rayos juzgan tan fuertes y esplendentes? Yo podría eclipsarlos de un solo parpadeo, que más no puedo estarme sin mirarla. Si sus ojos aún no te han cegado, fíjate bien y dime, mañana a tu regreso, si las Indias del oro y las especias prosiguen en su sitio, o aquí conmigo yacen. Pregunta por los reyes a los que ayer veías y sabrás que aquí yacen Todos, en este lecho. Ella es todos los reinos y yo, todos los príncipes, y fuera de nosotros nada existe; nos imitan los príncipes. Comparado con esto, todo honor es remedio, toda riqueza, alquimia. Tú eres, sol, la mitad de feliz que nosotros, luego que a tal extremo se ha contraído el mundo. Tu edad pide reposo, y pues que tu deber es calentar el mundo, con calentarnos baste. Brilla para nosotros, que en todo habrás de estar, este lecho tu centro, tu órbita estas paredes. John Donne, 1633