Crisis de los rehenes en Irán

La crisis de los rehenes en Irán, se desarrolló en un periodo de 444 días, durante el cual el nuevo gobierno surgido tras la revolución iraní, tomó como rehenes 66 diplomáticos y ciudadanos de los Estados Unidos de América (EE.UU.).1 La crisis empezó el 4 de noviembre de 1979 y duró hasta el 20 de enero de 1981.

Toma de la embajada
El 22 de octubre de 1979 el Sah Mohammad Reza Pahlevi, monarca de Irán, viajó a Nueva York para ser sometido a un tratamiento contra el cáncer. El 1 de noviembre el nuevo líder de Irán, el ayatolá Ruhollah Jomeini, lanzó a su pueblo a manifestarse contra intereses de Estados Unidos e Israel. El 4 de noviembre la embajada estadounidense fue rodeada por un grupo de alrededor de 500 estudiantes iraníes (aunque los números varían entre 300 y 2000) que se dieron a conocer como los Discípulos del Imán. Parte de este grupo islamista se juntó alrededor de la embajada a modo de protesta. Durante el disturbio y con la confusión, seis personas escaparon y se ocultaron en el apartamento de uno de ellos antes de encontrar refugio en la embajada canadiense, donde les dieron pasaportes falsos, de modo que pudieran dejar la embajada canadiense sin ser identificados. Trece de los rehenes, concretamente las mujeres y los afroamericanos que había en el grupo, fueron liberados entre el 19 y 20 de noviembre, pero los 53 restantes siguieron como prisioneros, si bien un último rehén fue liberado debido a una enfermedad el 11 de julio de 1980. A menudo, se mostraban los rehenes con los ojos vendados a la población local y a las cámaras de televisión. Los ciudadanos cautivos serían liberados únicamente a cambio de la extradición del Sah a Irán, para ser juzgado por "crímenes contra el pueblo iraní". También ha sido considerado un acto de venganza contra los años en los que Estados Unidos había apoyado la política autoritaria del Sah. Jomeini era un fuerte antiestadounidense en su retórica, denunciando al gobierno estadounidense como "el Gran Satán" "y el enemigo del Islam".2 De hecho, la embajada ya había sido secuestrada brevemente una vez durante la revolución.

Reacción estadounidense
El presidente estadounidense, Jimmy Carter, inmediatamente aplicó presión económica y diplomática sobre Irán: las importaciones de petróleo de Irán se cortaron el 12 de noviembre, de 1979, algunos iraníes en EE.UU. fueron expulsados (aunque muchos de ellos no tenían ninguna relación con la crisis o con el nuevo gobierno iraní), y alrededor de 8 mil millones de dólares en activos iraníes en EE.UU. se congelaron el 14 de noviembre de 1979. En febrero de 1980, el gobierno iraní hizo públicas sus demandas a cambio de la liberación de los rehenes. Exigían la vuelta del antiguo Sah a Irán, aparte de algunos gestos diplomáticos como el reconocimiendo de las acciones que EE.UU. había tomado en Irán (incluyendo el golpe de estado apoyado por EE.UU. contra el primer ministro Iraní en 1953) y la promesa de no volver a interferir en el futuro. Carter rehusó ceder a las demandas. Jomeini utilizó la situación para consolidar su poder y anular los desafíos del ala moderada de su gobierno, encabezada por su presidente. La euforia por la humillación a la nación más poderosa distrajo al pueblo iraní de las dificultades económicas de su país. Carter, en abril de 1980, rompió relaciones diplomáticas con Irán e impuso un embargo comercial, exceptuando medicinas y alimentos. Los fondos iraníes en EE.UU. quedaban congelados y contabilizados para indemnizar a los rehenes al ser liberados y pagar las demandas de las empresas estadounidenses contra Irán. Un problema de relaciones internacionales se convirtió en un problema electoral. Su principal contrincante, el republicano Ronald Reagan, acusaba a Carter de “estar equivocado desde el principio”. Reagan declaró: "Los rehenes no debieron estar cautivos seis días, mucho menos seis meses."

Intento de rescate
En realidad, el 9 de noviembre de 1979, apenas cinco días después del secuestro del personal de la embajada, Carter ordenó a sus asesores pensar en opciones militares, entre ellas una misión de rescate. Diez días después, el informe estaba en su escritorio. Se propuso bombardear algunas instalaciones petrolíferas de Irán, bloquear el país por mar y llevar a cabo ataques aéreos. Pero, tras la entrada del Ejército Rojo en Afganistán en diciembre de 1979, la

Administración no lo consideró oportuno, máxime, recordando que una de las razones que llevó al Ejército soviético a Afganistán fue el temor a una intervención directa de EE.UU. en Irán. Optaron por la opción con menos bajas colaterales. Autorizó a la unidad antiterrorista Luz Azul a planear y entrenarse para la misión. Quería agotar las posibilidades de una solución diplomática. Carter declaró el 8 de enero, en una conferencia de prensa, que descartaba cualquier intento de rescate porque "seguramente fracasaría... y los rehenes morirían". A petición de Carter, el General Omar Torrijos Herrera, Jefe de Gobierno de la República de Panamá, recibió a Pahlevi el 15 de diciembre. La información sobre la Embajada y sus captores aumentó gracias a las declaraciones de los 13 rehenes liberados en noviembre por los iraníes y por las noticias que suministraban los agentes encubiertos. Las autoridades estadounidenses recibieron varias ofertas. La unidad antiterrorista alemana GSG 9 se ofreció para situar agentes en un equipo de la TV alemana invitado a visitar la embajada.3 El SAS británico brindó su asistencia con información previa a la misión. Las dos ofertas fueron rechazadas. El 11 de abril de 1980, Carter ordenó iniciar la misión de rescate. Involucraría los cuatro cuerpos de las fuerzas militares: ejército, fuerza aérea, marina e infantería de marina.

Operación Garra de Águila
Carter aprobó una misión secreta de rescate, que resultó ser un fiasco: la operación Garra de Águila (Eagle Claw). Al mando del coronel Charles Alvin Beckwith, de las fuerzas especiales. Diseñó la operación en dos partes: Un grupo se dedicaría exclusivamente a rescatar los rehenes, mientras el otro realizaría ataques de distracción. Seis aviones de transporte C-130 Hércules despegarían de una base aérea egipcia, circunvalarían la península arábiga y aterrizarían en un punto del desierto iraní, cuyo nombre en clave era Desierto Uno, 400 km al suroeste de Teherán. Ahí se les unirían ocho helicópteros, procedentes del portaaviones Nimitz en el cercano golfo Pérsico, que llevarían a los comandos -una fuerza selecta de 90 voluntarios- a la capital, donde el aterrizaje y asalto se coordinarían con marines que llegarían en camiones camuflados con emblemas del ejército iraní. Los pesados vehículos derribarían las puertas del recinto. Tres helicópteros aterrizan en el edificio de la embajada, cubiertos por las ametralladoras de otros tres helicópteros que sobrevuelan el lugar. Noventa soldados de elite desembarcan y se unen a los escuadrones de marines en camiones. Vencen fácilmente a los guardias y liberan a los rehenes. Otro grupo saca tres rehenes que tienen separados en el cercano Ministerio del Interior iraní. Mientras los milicianos iraníes se disparan en medio de la confusión, el comando lleva a los rehenes a abordar los helicópteros. Los rehenes liberados y los comandos viajarían en los helicópteros a Desierto Uno, donde abordarían los aviones de transporte para volar hacia Egipto, a salvo. Tras reabastecerse en los C-130, los helicópteros regresarían al portaaviones.

Reajustes
El plan sufrió reajustes. Los helicópteros RH-53 no poseían el alcance suficiente para volar desde Omán o desde un portaaviones hasta el emplazamiento elegido cerca de Teherán, donde debían repostar tomando el combustible de los tanques de goma arrojados por transportes Lockheed C-130. Las pruebas de lanzamiento de estos tanques se retrasaron y resultaron un fracaso. Modificaron el plan de nuevo. En vez de trasladarse a bordo de los helicópteros, la Fuerza Delta volaría hasta el lugar de cita en tres MC-130 Hercules mientras los helicópteros se dirigían hacia el punto de encuentro directamente desde el portaaviones, reaprovisionados desde tres EC-130 Hercules. Los tres EC130 pertenecían al 7.° ACCS, mientras que los MC-130 se reclamarían a los Escuadrones de Operaciones Especiales 1, 7 y 8, con bases, respectivamente, en Filipinas, Alemania y Florida. El plan de rescate tomó forma. Una cita en el desierto, a casi 490 km. al sur de Teherán era la alternativa. Tres hombres demostraron el 31 de marzo que era posible aterrizar y despegar en ese sitio. Este punto pasó a denominarse como Desierto Uno y a él transportarían a la Fuerza Delta, allí transbordaría de los MC-130 a los RH-53, que deberían repostar previamente en ese mismo lugar. Después los helicópteros volarían a unos 80 km. al sudeste de la capital iraní, para llegar allí aproximadamente una hora antes de rayar el día. Los RH-53 volarían a continuación hasta un segundo escondite. Después de descansar durante el día, la Fuerza Delta llegaría con las primeras horas de la tarde a Teherán en camión, desechando la escandolosa llegada en helicópteros que no habría pasado desapercibida. Los rehenes serían liberados por asalto directo y evacuados al estadio de fútbol donde los recogerían los RH-53. Dos AC-130 Hercules permanecerían a la espera, uno de ellos en vuelo sobre el aeropuerto internacional Mehrabad para impedir que los dos McDonnell Douglas allí basados pudiesen despegar y el otro sobre la Embajada, listo para detener cualquier intento acorazado iraní. Después de ser evacuados, los edificios serían destruidos por el Hercules para no dejar detrás nada que pudiese utilizarse como propaganda. En el estadio, la Fuerza Delta y los rehenes embarcarían en los helicópteros y volarían hacia un aeródromo abandonado a medio camino entre Teherán y la ciudad santa de Qom. En una ocasión los estadounidenses consideraron la evacuación de rehenes y comandos desde el estadio a bordo de un Hercules equipado con despegue asistido por cohetes, pero el plan fue abandonado al estrellarse el avión de prueba.

El aeródromo se habría asegurado mediante una fuerza, con los efectivos de una compañía de Ranger y estos hombres, junto con los rehenes y la Fuerza Delta serían trasladados a Omán en avión. Durante todas las fases de la Operación, la Fuerza Delta podía solicitar ayuda aérea del portaaviones USS Nimitz (CVN-68) que habría enviado sus A-6 Intruder y Vought A-7 Corsair II de ataque y con interferidores electrónicos Grumman EA-6B Prowler, con cobertura superior de los Grumman F-14 Tomcat. Un McDonnell Douglas C-9 Nightingale de evacuación sanitaria habría estado a la espera por si se producían bajas.

Movilización
A finales de 1979 seis RH-53 fueron transportados a la isla Diego García, en el Océano Índico. Allí se montaron y probaron en vuelo antes de ser embarcados en el portaaviones USS Kitty Hawk (CV-63) que estaba destacado en el Mar de Arabia. En enero del siguiente año fueron transferidos al Nimitz, que llevaba otros dos. Carter aprobó el inicio de la Operación el 16 de abril y la Fuerza Delta voló desde la base aérea de Pope a la de Fráncfort del Meno el 20 de abril. Allí la fuerza recibió otros 13 hombres cuya tarea sería rescatar los rehenes mantenidos dentro del edificio de Asuntos Exteriores. Después volaron a Egipto, para llegar la mañana del 21 de abril. Aunque la misión iba a controlarse desde Egipto, donde se disponía de instalaciones de comunicación por satélite, se partiría desde una isla en la costa de Omán. A bordo del Nimitz se encontraban los A-7 Corsair del VA-82 y del VA-86, los A-6 Intruder del VA-35, los F-14 Tomcat del VA-41 y del VF-84, así como varios Prowler, Vikings, McDonnell Douglas Skywarrior y Grumman Hawkeye. El Coral Sea embarcaba los A-7 del VA-27 y VA-97, así como los F-4N Phantom del del VFMA-323. Por la tarde del jueves 24 de abril, los C-130 despegaron de Egipto para cruzar Irán en vuelo rasante, y evitar ser detectados por los radares. La operación estaba planeada de una forma tan compleja, que necesitó la colaboración de Egipto, Omán, Baréin, Turquía e Israel. Ese 24 de abril, los 132 hombres del equipo emprendieron el vuelo rumbo a Desierto Uno a bordo de los tres MC130. La fuerza la formaban 93 hombres de Delta, los 13 del equipo de rescate del edificio de Asuntos Exteriores, una docena de conductores y otra docena de hombres para vigilar las carreteras y dos ex-generales iraníes. El primer MC130 despegó una hora antes que el resto de la Fuerza, y cruzó la costa iraní a 120 m. de altura. El avión llegó a Desierto Uno y conectó una radiobaliza dejada por el avión de exploración, antes de aterrizar y desplegar el equipo de vigilancia de carretera. Pero antes que el MC-130 pudiese volver a despegar llegó a la escena un autobús iraní con 43 pasajeros civiles. Fue detenido, registrado y los civiles apresados. Poco después llegaba un camión que, tras ignorar las órdenes de detenerse, fue destruido por un arma ligera contracarro M72. El conductor consiguió escapar en un automóvil. Los ocho RH-53D tenían que llegar unos treinta minutos después del último Hercules. Pero finalmente llegaron desde todos los puntos cardinales y escalonados con retrasos de entre 60 y 90 minutos. Sólo seis consiguieron llegar además, al verse obligado a aterrizar en ruta uno de ellos por temor a una rotura de pala y otro por abortar la misión tras perder parte del sistema de control de vuelo y algunos instrumentos al ser sorprendido por una tormenta de arena. El resto de la formación hubo de volar entre nubes de polvo en suspensión y los dos de la cabeza incluso se vieron forzados a tomar tierra en el desierto y esperar durante 20 minutos a que mejoraran las condiciones.

Cambio de plan y fracaso
Mientras se reabastecían de combustible en el desierto, detectaron, un problema hidráulico en otro helicóptero. No podía repararse y usarlo era arriesgarse a un fallo completo del sistema de control de vuelo. El coronel a cargo se enfrentó a un dilema: el mínimo indispensable para rescatar a los rehenes se había fijado en seis helicópteros; tenía sólo cinco. Solicitó autorización para continuar la misión. Carter ordenó el abandono de la misión. Aunque en el plan original los RH-53D iban a ser abandonados, se decidió no dejarlos en Desierto Uno. Pero los Hércules habían gastado mucho combustible después de permanecer tres horas en funcionamiento. El primero de los RH-53D llegados necesitaba una carga completa de combustible, que había agotado para llegar hasta el Nimitz. Después despegó en medio de una nube de arena para virar ligeramente al pasar sobre el ala de uno de los cisternas EC-130. Una pala del rotor principal rozó el fuselaje y lo cortó causando una gran explosión cuyas llamas envolvieron a las dos aeronaves. Las detonaciones de la munición dificultaron la evacuación de los supervivientes e impidieron recuperar los cuerpos de los tres muertos en el helicóptero y los cinco más fallecidos en el EC-130. Fueron dañados más helicópteros. Todo el personal embarcó en los Hercules y abandonaron los RH-53D, ya que los cisternas no disponían de combustible ni siquiera para incendiarlos. La Fuerza Delta regresó en vuelo a Masirah, donde los hombres fueron transferidos a un C-141 StarLifter y a un C-9A. Los aviones volaron entonces a Ramstein en la República Federal de Alemania, después de repostar en Baréin.

En total murieron cinco tripulantes de un C-130, y tres marines del RH-53. Otros cuatro soldados sufrieron quemaduras graves. Los cuerpos se abandonaron cuando tuvieron que hacer frente a los iraníes armados que aparecieron en Desierto Uno. Los comandos se apiñaron en los C-130 restantes para salir apuradamente. Los cadáveres de algunos de estos soldados fueron expuestos en las calles de Teherán durante protestas callejeras delante de cámaras de televisión que emitían para todo el mundo. Los aparatos que habían tomado parte de la misión fueron olvidados por los iraníes, aunque posteriormente los mostrarían a los medios de comunicación. El secretario de Estado de Carter, dimitió por oponerse a la misión. Después del fracaso los militantes iraníes dispersaron a los rehenes en varios lugares de la capital para imposibilitar otra misión de rescate. Carter apareció en la televisión y ante todo el país se responsabilizó del fracaso. "Fue mi decisión intentar la misión de rescate", declaró, "y fue mi decisión cancelarla cuando surgieron problemas".

Segundo intento
Un segundo intento de rescate fue planificado usando un Hércules YMC-130 modificado. Equipado con motores a propulsión en su parte delantera y trasera para permitir un aterrizaje y un despegue sumamente cortos, en apenas lo que ocupa un estadio de fútbol. Tres aviones fueron modificados conforme a un programa apresurado y de alto secreto conocido como Deporte Creíble. Uno de estos aviones se estrelló durante una demostración en Florida (Base auxiliar 3 de las Fuerzas Aéreas) el 29 de octubre de 1980 cuando el sistema de aterrizaje (frenaba gracias a los cohetes) fue encendido demasiado pronto causando un aterrizaje brusco que arrancó un ala, para incendiarse posteriormente. Por suerte, toda la tripulación sobrevivió. Pero esto condujo a un abandono del proyecto. Los dos aviones que no fueron probados se devolvieron al ejército regular sin los cohetes.

Resolución de la crisis
En 1980, la muerte del Sah (el 27 de julio) y la invasión de Irán por parte de Iraq en septiembre hizo a Irán más propenso a la resolución de la crisis de los rehenes. En EE.UU., Carter perdió en noviembre de 1980 la reelección presidencial en beneficio de Ronald Reagan. La mayor parte de los analistas creen que los errores de Carter al intentar solucionar la crisis desempeñaron un papel importante en su derrota.4 La Cámara de Representantes estadounidense dirigió un mensaje a Irán instándole a reconsiderar el problema de los rehenes. El Parlamento contestó que EE.UU. debía asumir las responsabilidades financieras y económicas derivadas de las acciones de Mohammad Reza Pahlevi: devolución de los fondos del Sah, cancelación de las demandas contra Irán, descongelamiento de los cuantiosos fondos iraníes en bancos estadounidenses y la promesa de no intervenir en los asuntos internos iraníes. Ronald Reagan, el candidato presidencial republicano, aseguró que aceptaría tres de esas condiciones y dejaría la decisión sobre los fondos a nombre del Sah en manos de los tribunales. Los rehenes fueron enviados a la base aérea de Fráncfort del Meno en la RFA, donde fueron recibidos por el ya expresidente Jimmy Carter (como emisario de la administración Reagan), y desde allí tomaron un segundo vuelo a Washington DC, donde recibieron la bienvenida como héroes.

Supuesta participación de Mahmud Ahmadineyad
Algunos rehenes han reconocido a Mahmud Ahmadineyad -elegido como Presidente de Iran en 2005- como uno de los asaltantes. Ahmadineyad era entonces estudiante universitario en Teherán y miembro de la organización estudiantil que planificó la toma de rehenes pero, según su entorno, estaba más preocupado en atacar a los soviéticos que a los estadounidenses. El líder de los estudiantes que irrumpieron el 4 de noviembre de 1979 en la Embajada, aseguró que el presidente electo se opuso: "No formó parte de nuestro grupo. No tuvo ningún papel en el ataque, y mucho menos en la seguridad".5

¿Quién es Mahmud Ahdmadineyad?
Nacido en la aldea de Aradan, cerca de Garmsar, hijo de un herrero, su familia se trasladó a Teherán cuando él tenía un año. Entró en la Universidad de Irán de la Ciencia y la Tecnología (IUST) como un estudiante de grado de ingeniería civil en 1976. Continuó sus estudios en la misma universidad, entrando en el programa de master para la ingeniería civil en 1986 y finalmente obtuvo su doctorado en Tráfico e ingeniería de transporte y planificación. En 1980, Ahmadineyad era el representante principal del IUST en las diversas sesiones de reuniones de estudiantes con el ayatolá Jomeini. En estas sesiones, se crearon las bases de la primera Oficina para Consolidar la Unidad (daftar-e tahkim-e vahdat), la organización de estudiantes que estuvo detrás del ataque de la embajada de Estados Unidos que llevó a la crisis de los rehenes de Irán. Durante el ataque de la embajada, Ahmadineyad sugirió una tentativa simultánea contra la embajada de la Unión Soviética, pero se votó en contra. Durante la guerra con Irak, Ahmadinejad fue instructor de los Basiji Mostazafan, una organización fundada en 1979 por Jomeini. Los basiji eran niños de hasta 12 años que estaban obligados a defender el régimen de Jomeini armados de una llave de plástico en el cuello, una llave que les aseguraba su entrada en el paraíso. Los niños eran utilizados para limpiar los campos minados. Se había intentado con asnos, ovejas y perros, pero éstos, al ver una explosión, se asustaban y huían. En cambio los niños plenos de fervor religioso y con sed de paraíso se ofrecían jubilosamente. Para evitar la dispersión de sus cuerpos, antes de entrar a los campos minados los niños se enrollaban en alfombras, para que sus partes permanecieran juntas tras la explosión. (En la actualidad, en Téhéran hay 1.250.000 personas pertenecientes a este movimiento.) También durante la guerra Irán-Iraq, Ahmadineyad se unió a los Guardianes de la Revolución en 1986. Después de entrenar en los cuarteles generales, estuvo en acción en las operaciones secretas extraterritoriales contra Kirkuk (Iraq). Luego se convirtió en el ingeniero jefe del sexto ejército de los Guardianes de la Revolución y el jefe de los Cuerpos de los Guardianes en las provincias occidentales de Irán. Tras la guerra, sirvió como gobernador y vicegobernador de Maku y Khoy, como consejero del Ministro de Cultura y Guía Islámica, y como gobernador de la entonces nuevamente establecida Provincia de Ardabil de 1993 a octubre de 1997. Pero Ahmadineyad era una figura mayormente desconocida en la política iraní, hasta ser elegido alcalde de Teherán por el Segundo Consejo de la Ciudad de Teherán el 3 de mayo de 2003, después de las elecciones al ayuntamiento del 2003, cuando con una ventaja del 12% los candidatos conservadores de la Alianza de Constructores del Irán Islámico se alzaron con la victoria en Teherán. Durante su mandato revirtió muchos de los cambios hechos por anteriores alcaldes moderados y reformistas, puso un gran énfasis religioso en las actividades de los centros culturales fundados por alcaldes previos, impuso el uso de ascensores separados para hombres y mujeres en las oficinas municipales y sugirió el entierro de los cuerpos de los mártires de la guerra Irán-Iraq en las principales plazas de la ciudad de Teherán.

Alcalde de Teherán
Como alcalde de Teherán, Ahmadineyad también se convirtió en director a cargo del

periódico Hamshahri, que empezó con el despido de Mohammad Atrianfar como editor y su reemplazo por Alireza Sheij-Attar, que fue posteriormente despedido el 13 de junio de 2005, unos pocos días antes de las elecciones presidenciales, debido al no apoyo a Ahmadineyad por el periódico. Sheij-Attar sería reemplazado por Ali Asghar Ash'ari, un antiguo Viceministro de Cultura y Guía Islámica durante el mandato como ministro de Mostafa Mirsalim. Durante su mandato, también despediría a Nafiseh Kouhnavard (uno de los periodistas de Hamshahri) por realizar una pregunta al entonces presidente Jatamí sobre las "líneas rojas" del régimen y las agencias de inteligencia ilegales paralelas, que Ahmadineyad no consideró apropiada, y más tarde acusaría al periodista de ejercer de espía para Turquía y Azerbaiyán. Ahmadineyad es conocido por haberse peleado con el presidente reformista Mohamed Jatamí, que entonces le quitó el poder de asistir a las reuniones de la Cámara de Ministros, un privilegio normalmente permitido a los alcaldes de Teherán. Ahmadineyad ha criticado públicamente a Jatamí por no conocer los problemas diarios del público en general. Normalmente evita las entrevistas con periodistas independientes o evita contestar sus preguntas haciendo él a su vez otras preguntas o diciéndoles que no le hagan "preguntas complicadas". Después de dos años como alcalde de Teherán, Ahmadineyad fue seleccionado en la lista de los sesenta y cinco finalistas del Alcalde Mundial (World Mayor) de 2005 seleccionados entre los 550 nominados. Sólo nueves alcaldes eran de Asia. Polémica. Varias posturas de Mahmud Ahmadineyad han causado polémica y malestar en los países occidentales e Israel. En algunos casos, las críticas provendrán de acciones previas a su llegada a la presidencia de Irán, como es el caso de su presunta participación en la crisis de los rehenes. Tras alcanzar el poder, sus declaraciones y posiciones frente al holocausto, y su decisión de conseguir tecnología atómica darían como resultado un desgaste en las relaciones diplomáticas de la mayor parte de los países no islámicos. En enero de 2002, el presidente Bush incluyó a Irán, junto con Irak y Corea del Norte, en lo que llamó el "eje del mal", y desde entonces Washington ha acentuado sus denuncias del programa nuclear iraní.

Declaraciones sobre la homosexualidad
En el 2007, con motivo de una conferencia de Mahmud Ahmadineyad en la Universidad de Columbia (que generó protestas multitudinarias en la plaza de dicha universidad), el presidente iraní afirmó que en su país "no hay homosexuales como aquí, no existe ese fenómeno",46 47 siendo acusado de homofobia. Por otra parte, la homosexualidad es castigada con la pena de muerte en Irán,48 49 50 51 52 53 hecho que se extiende a numerosos países en los que rige una interpretación de la Sharía o ley musulmana para reprimir conductas de este tipo.54 55 Tras ganar de nuevo las elecciones en 2009 Ahmadineyad acusó a las democracias occidentales "de apoyarse en los homosexuales para ganar más votos" añadiendo que en Irán "la democracia está basada en la ética" y previamente asegurando que en dicho país "todos los iraníes son iguales ante la ley, sean ministros o políticos".

Programa nuclear
Artículo principal: Programa nuclear de Irán.
Ahmadineyad anunció el 11 de enero de 2006 la intención de conseguir acceso a la tecnología nuclear para aplicarla con fines pacíficos. Enfatizó que su gobierno no deseaba fabricar la bomba atómica, afirmando que algo así sería "ilegal y contrario a nuestra religión" 58 En una conferencia celebrada en enero de 2006 en Teherán comentó que una nación que tiene "cultura, coherencia y civilización" no tenía por qué necesitar armas nucleares. No obstante, aquellos países que poseen armamento atómico suelen ser aquellos que prefieren solucionar todo tipo de problemas mediante el uso de la fuerza".59

En abril de 2006, Ahmadineyad anunció que Irán había conseguido refinar uranio hasta un grado en el que era posible su utilización como combustible nuclear. En un discurso para estudiantes y académicos en Mashad, dijo que las condiciones de Irán habían cambiado completamente acorde a la consecución de un "estado nuclear", y que podía hablar con el resto de países desde ese estatus. 60 El 13 de abril de 2006, la Agencia iraní de noticias (IRNA) afirmó que Ahmadineyad había dicho que la tecnología nuclear iraní no supondría amenaza alguna porque el gobierno deseaba "paz y estabilidad". También afirmó que no provocarían injusticias, pero que tampoco se someterían a la injusticia. 61 A pesar del apoyo expreso de Ahmadinejad al programa, el equipo del presidente Iraní no es responsable por la política nuclear. Esta es establecida por el Consejo Supremo Nacional de Seguridad. El consejo incluye a dos representatnes nombrados por el líder Supremo, los oficiales militares y los miembros de los poderes ejecutivo, judicial y legislativo del gobierno.(ver eg. Alí Larijani), e informa directamente el Líder Supremo Ali Khamenei, quien expidió un fatwa contra armas nucleares en 2005.62 El 15 de noviembre de 2006 El presidente iraní anunció que "Desde ese día, la nación iraní poseía el ciclo completo para uso de combustible nuclear.

Conspiración judía mundial
En un discurso de Ahmadineyad en la sede de la Asamblea General de la ONU en Nueva York, el 23 de septiembre del 2008, el mandatario iraní afirmó que los judíos dominan Estados Unidos y Europa, especialmente el mundo financiero y acusó a Israel de ser la causa de todos los males del mundo. A su vez, el presidente iraní declaró que la independencia de los pueblos de Osetia, Abjasia y Georgia está siendo obstruida por la acción secreta de los sionistas y que son esos mismos poderes invisibles la causa de las campañas encaminadas a impedir a Irán ver su programa nuclear tener éxito. Posteriormente también dijo en su discurso que los sionistas criminales que dominan el mundo son los que destruyen el medio ambiente y la solidaridad entre las naciones y denunció la manipulación de la soberanía del pueblo americano y europeo por una minúscula minoría dominadora y agresiva que se cree superior y actúa en secreto. Finalmente Mahmud Ahmadineyad profetizó que el irresistible hundimiento del peligro judío permitirá al mundo vivir en armonía y fraternidad.32 33 34 35 36 37 Las reacciones no se hicieron esperar. Numerosas personalidades que se habían congregado en Manhattan, en el marco de una marcha en repudio de la visita de Ahmadineyad, condenaron este discurso. Entre ellos estuvo el sobreviviente del Holocausto Elie Wiesel quien dijo Ahmadineyad debe irse a su casa y quedarse allí. Las Naciones Unidas no es su lugar; su lugar es la Corte Penal Internacional donde será juzgado por promover un genocidio y la destrucción nuclear.32 38 39 40 Por otra lado, los miembros de las delegaciones norteamericanas e israelíes se negaron a asistir a la intervención de Ahmadineyad. 41 El ministro francés de Asuntos Exteriores Bernard Kouchner proclamó que no era suficiente limitarse a condenar las declaraciones de Ahmadineyad y que era necesario "reaccionar porque la situación es extremadamente grave y se vuelve peligrosa".32 Por otra parte, el presidente israelí Shimón Peres afirmó que Ahmadineyad es una desgracia para el Islam, para su propio pueblo y para las Naciones Unidas, que le había permitido pisotear los valores y principios por los cuales el organismo había sido creado. En su alocución, Peres luego declaró: Irán es el centro de toda violencia y fanatismo en la zona, su régimen constituye un peligro para el mundo entero. Irán busca la hegemonía religiosa y la dominación regional, profundiza la división en Oriente Medio, obstaculiza el proceso de paz y atenta contra los derechos humanos. El apoyo de Irán a Hezbolá dividió al Líbano, su apoyo a Hamás divide a los palestinos y retrasa el establecimiento de un Estado Palestino soberano. Su despreciable y cínica negación del Holocausto es una ofensa a los sobrevivientes del horror. Y es algo contradictorio con las resoluciones adoptadas por esta asamblea. Irán continúa desarrollando uranio enriquecido y misiles de largo alcance. Ellos introducen una religión de miedo, en oposición al llamado de Dios por el respeto a la vida. El pueblo iraní no es nuestro enemigo y nunca lo ha sido. El liderazgo fanático de ese país es nuestro problema y la preocupación del mundo. Irán combina misiles de largo alcance con mentes de corto alcance. El líder iraní es un peligro para su pueblo, para la región y para el mundo entero. Él es una auténtica desgracia para el antiguo pueblo iraní. Él es una desgracia para los valores del Islam. Él es una desgracia para esta casa, las Naciones Unidas, sus principios y sus valores básicos. Nunca se ha vertido en este recinto un discurso tan abiertamente

antisemita y que llama al odio más bajo como el pronunciado por ese demente. Su aparición aquí, es ya de por sí una verguenza. La Asamblea General y el Consejo de Seguridad tienen la responsabilidad de prevenir agonías antes de que ocurran. Israel ha probado que las democracias pueden defenderse a sí mismas. No vamos a cambiar. El terrorismo no ha resuelto ni un sólo problema. Nunca lo ha hecho y nunca lo hará. Los terroristas harán del mundo un lugar ingobernable. Si a un pequeño grupo de violentos asesinos se les permite amenazar a masas inocentes, el mundo quedará sin orden ni seguridad. El mundo libre debe unirse para combatir este flagelo.

Plataforma electoral de 2009
En su campaña presidencial, Ahmadineyad adoptó un enfoque similar al de 2005, considerado por algunos populista, haciendo énfasis en su vida sencilla, y comparándose a sí mismo con Mohammad Alí Rayaí (segundo presidente de Irán asesinado en 1981, último seglar en ocupar el cargo antes del propio Rafsanyani), —reivindicación que suscitó objeciones de la familia de Rayaí. Ahmadineyad anunció que planeaba formar un "gobierno ejemplar para las personas de mundo". Ahmadineyad se inscribía en la corriente política iraní que autodefine como principista, surgida como reacción al reformismo de los años 90 del presidente Jatamí con el lema de la lealtad a los "principios del islam y la Revolución". Ahmadineyad era el único candidato a la presidencia que habló contra futuras relaciones con los Estados Unidos. Además, en una entrevista en la televisión iraní unos pocos días antes las elecciones, Ahmadineyad acusó a las Naciones Unidas de ser "unilateral, situada en contra del mundo del Islam". Se ha opuesto abiertamente al derecho de veto del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas dado a los cinco miembros permanentes. En la misma entrevista, mencionó que "No es justo que unos pocos estados se sienten a vetar los acuerdos globales. Si tal derecho continúa existiendo, al mundo musulmán con una población de casi 1.500 millones de habitantes debería serle dado el mismo privilegio". Además, ha defendido el programa nuclear iraní y ha acusado a "unos pocos poderes arrogantes" de intentar limitar el desarrollo industrial y tecnológico de Irán en este y otros campos. A una pregunta de un periodista de Shargh acerca de la liberación de presos políticos en el caso de que él llegara a ser presidente, Ahmadineyad contestó con una pregunta: "¿Qué presos políticos? ¿Los presos políticos en los Estados Unidos?" El lema principal de su campaña era "Es posible y nosotros lo podemos hacer" (‫ت وان یم(. شود و مییم‬ Políticamente, es miembro de la Sociedad Islámica de Ingenieros, pero tiene también una base poderosa dentro de la Alianza de Constructores de Irán Islámico (también conocido como Abadgaran). Durante su campaña para la segunda vuelta, ha afirmado "nosotros no tomamos parte en la revolución para un gobierno por turnos [...] Esta revolución trata de alcanzar un gobierno mundial". [3] También ha mencionado que posee un extenso programa para luchar contra el terrorismo, para mejorar las relaciones exteriores y ha hecho un llamamiento para mayores acuerdos con los vecinos de Irán y terminar con los requisitos de visado entre los estados en la región, diciendo que "las personas deben poder visitar cualquier sitio que ellos deseen libremente. Deben tener libertad en sus peregrinaciones y visitas. "