PRIMERA FASE DE LA INDEPENDENCIA. 1808 – 1811.

En el siglo XVIII surge una serie de comportamientos nacionalistas en México con los criollos e indígenas motivados por todas las desigualdades que tenían ante los peninsulares apoyándose en la línea de ideologías liberales y demócratas provenientes del viejo continente de la misma época desarrolladas por los ilustrados europeos, además de un hecho que despierta esa necesidad de soberanía como lo es la invasión francesa a España. Esto da pie a la búsqueda de la soberanía de la Nueva España ante el absolutismo de la corona Española. El hecho que enmarca la búsqueda de la independencia por primera vez es la invasión napoleónica a España en 1808. La influencia que ejercieron en los países de América sujetos al dominio español, primeramente, la revolución de las colonias inglesas en America, y en seguida la revolución francesa difundiendo los principios de libertad y proclamando el advenimiento de la justicia y el derecho; Habrá que demostrar las consecuencias que produjeron en las colonias, la caída estrepitosa de Carlos IV; el alzamiento del pueblo español contra un dominador extraño (José I Bonaparte). Existían pues, todos los elementos que eran indispensables para producir una revolución. España se ve invadida por las tropas francesas de Napoleón Bonaparte tras haber firmado un tratado el año anterior (1807) llamado El Tratado de Fontainebleau. Firmado por Manuel Godoy que era quien manipulaba a los reyes Carlos IV y a su esposa, Godoy fue presionado por Napoleón para una supuesta invasión franco-española a Portugal y firma el tratado de manera secreta. Ya con las tropas francesas dentro de España a Godoy le parece sospechoso el comportamiento de las tropas francesas, permanecer en las principales provincias españolas, entonces Napoleón ataca a España y logra que el rey Carlos IV abdique hacia su hijo Fernando VII de manera expresa y Fernando VII quien era el favorito de la población decide quedar bien con Bonaparte dándole facilidades, sin embargo el objetivo de Napoleón es colocar a su hermano José al trono y esto sucede, llamado las Abdicaciones de Bayona, donde asciende al trono José Bonaparte. Cuando a la Nueva España llegan las noticias de la invasión napoleónica, Francisco Primo de Verdad integrante del Ayuntamiento de México se ve motivado por las ideologías liberales apela a seguir siendo gobernados por el rey usurpador de España y propone un gobierno autónomo por falta de un rey auténtico presentando al virrey José de Iturrigaray una propuesta ya que Bonaparte se encuentra en el trono. Primo de Verdad, Azcárate y Cristo licenciados integrantes del ayuntamiento del virreinato de la Nueva España consultan una junta para con el ayuntamiento mexicano y preguntarse ¿Qué hacer ante tal situación? De acuerdo con las Leyes de India, dio dos cuestiones fundamentales: primero, que la renuncia de Fernando VII a la corona era nula así como la consiguiente cesión de bienes de la monarquía española a los invasores, entonces era conveniente que Iturrigaray siguiera al frente del gobierno, aunque ya no con su antiguo carácter de virrey sino con una nueva calidad política, la de encargado del reino, para reafirmar la cual era necesario que convocara a un congreso nacional.

El virrey José de Iturrigaray por otra parte convocó apresuradamente a los miembros de la audiencia y dijo su opinión al respecto y se reunió para el mismo efecto que el ayuntamiento. Pero el objetivo del virrey era personal, ni de preservar el gobierno español, ni de otorgar soberanía al pueblo, sino de continuar en el mandato. Los órganos de gobierno más importantes de la Nueva España eran el virrey, la audiencia y los ayuntamientos. El ayuntamiento estaba formado por un alcalde, trece regidores ordinarios y cuatro regidores honorarios. El martes 19 de julio de 1808 se juntaron en cabildo extraordinario Juan José de Fagoaga, alcalde ordinario; Antonio Méndez Prieto y Fernández, decano presidente; Ignacio Iglesias Pablo, Manuel de Cuevas Moreno de Montoy Guerrero y Luyando, el Marqués de Uluapa, León Ignacio Pico, Manuel Gamboa y Francisco Manuel Sánchez de Tagle, todos ellos, regidores propietarios, y el procurador general Agustín de Rivero. También participaron Francisco Primo de Verdad y Ramos, el síndico del común Juan José Francisco de Azcárate; el Marqués de Santa Cruz de Inguanz Agustín de Villanueva, y el doctor Manuel Díaz, regidores honorarios. El síndico del común Primo de Verdad propuso que se hiciera saber al virrey la disposición de la capital para defender los dominios del reino y conservarlos para sus legítimos soberanos. Hubo consenso en la propuesta y se resolvió solicitarle igualmente que mantuviera el reino fuera del alcance no sólo de los franceses y su emperador sino también “de toda otra potencia, aún de la misma España”. Bajo el argumento de que el rey Carlos IV no puede enajenar algo que ya no es suyo por haber abdicado en su hijo y se desconoce el hecho de que Fernando VII deje el cargo a Bonaparte porque “no puedes entregar algo que no te pertenece aún” y habiendo jurado no entregar a terceros la corona se rechaza la idea de seguir bajo el mandato de un usurpador como José I. Todo esto genero un debate que finalmente el virrey queda en el poder como un nuevo gobernante autónomo provisional o permanente según fuese el caso en el que se encuentre a la corona española. Después de unas semanas las ideas de Primo de Verdad y del Virrey fueron contenidas por un grupo de realistas que dieron un golpe de estado entre el 15 al 16 de septiembre de 1808. Aquel día los españoles conjurados en México, los oidores, asaltaron el palacio, aprisionaron al virrey y colocaron en su lugar al hombre que les inspiraba confianza Pedro Garibay. El nuevo gobierno dio principio a sus funciones ejerciendo actos de extraordinario rigor contra los que venían figurando al frente del partido que alentaba el propósito de romper las cadenas de Nueva España. Apenas instalado, desplegó amenazadora fuerza. En la misma noche del asalto al palacio y prisión de Iturrigaray fueron también aprehendidos Juan Cristo, Primo de Verdad y Azcárate, el fraile Talamantes y algunos otros personajes que habían sostenido con más empeño la creación de un gobierno provisional.

Junta Suprema y Conspiración de Valladolid.
La Junta Suprema Central, también llamada la Junta Suprema o Junta Central Suprema y, oficialmente, Junta Suprema Central y Gubernativa del Reino fue el órgano que acumuló los poderes ejecutivo y legislativo españoles durante la ocupación napoleónica de España. Se constituyó el 25 de septiembre de 1808 tras la victoria en la batalla de Bailén y después de que el Consejo de Castilla declarase nulas las abdicaciones de Bayona. Estuvo vigente hasta el 30 de enero de 1810. Con 35 miembros en total, la misión de la Junta fue la de asumir el poder del Estado durante la ausencia del rey, Fernando VII. La Junta Suprema Central decidió disolverse el 29 de enero de 1810 para formar el Consejo de Regencia de España e Indias con cinco de sus miembros. El propósito de este nuevo órgano era convocar a las Cortes de Cádiz.. Al conocerse esta noticia en la Ciudad de México, se juró obediencia y fidelidad al órgano al que se reconoció la misma autoridad que a Fernando VII. El 14 de febrero de 1810 los representantes americanos fueron invitados a participar en la redacción de una nueva constitución, que prometía cambios para criollos y mestizos. Por esos días, la Audiencia de México solicitó a la Regencia la destitución del virrey Lizana. El ejercicio del gobierno novohispano recayó en la Audiencia desde mayo de 1810 hasta la llegada de Francisco Xavier Venegas, nuevo virrey. En consonancia con los sucesos en otras partes de América, una nueva conspiración estaba en marcha en Nueva España. Aunque en todo el reino se efectuaban las elecciones de los diputados que habrían de asistir a las Cortes de Cádiz, los criollos estaban resentidos por el derrocamiento de Iturrigaray que habían planeado los españoles. En la nueva España se apoya a Fernando VII y se forma una conspiración en Valladolid, Capital de la provincia de Michoacán. Estaban en la conspiración el capitán primero don José María García Obeso, José mariano Michelena, Manuel Ruiz de Chávez, cura de Huango; fray Vicente de Santa María, Marino Quevedo y los licenciados José Nicolás Michelena, Soto Saldaña y José María Izazaga. Inmediatamente se relacionaron con el capitán Ignacio José de allende, con José María Abarca, con Mariano Abasolo, también militar y con otras muchas personas se hicieron reuniones secretas y sus trabajos hasta mediados de diciembre de 1809, en que vieron los comisionados Correa y Abarca con mas circunspección de la que podía esperarse la inexperiencia, pero no tanta que los españoles se apercibieran de ello. En Valladolid debía estallar la revolución el 21 de diciembre debido a que quizás hubiera alguna denuncia. Alonso de Terán mando aprehender el 21 de diciembre por la mañana al padre Santa María y otro de los conjurados don Luis Correa, delató a todos los comprometidos que fueron detenidos. Michelena dijo que la conducta durante la conjura fue buena que solo se prestan a la opinión y querían poner los medios de que si sucumbía España, este país no siguiese el mismo rumbo; por lo cual el arzobispo virrey mando en enero de 1810 cortar la causa, disponiendo que García Obeso pasase a San Luis, el licenciado Michelena a México, el teniente Michelena a Jalapa quedando los demás en libertad y prosiguiendo con sus trabajos. CONSPIRACIÓN DE QUERÉTARO.

La conspiración de Valladolid sofocada a fines de 1809 puede ser considerada como el preludio de la que se formo en Querétaro en el curso del siguiente año. En la conjuración de Valladolid se demuestra que Allende y Abasolo estaban en relación con José García Obeso y Michelena, entonces es la razón por la cual Allende es muy participativo en el movimiento que deriva a las juntas de Querétaro. Querétaro que estaba gobernado por un magistrado especial, tenía por corregidor a don Miguel Domínguez, hombre de saber, que ejercía ese cargo hacía tiempo. Su esposa doña Josefa Ortiz de Domínguez, quien uniría su nombre a la proclamación de independencia aparece como el numen de la patria en las reuniones que con pretextos de tratar asuntos puramente literarios se efectuaban en aquella ciudad, unas veces en la casa de José M. Sánchez y otras veces en casa del abogado Parra. Integrantes de la conspiración. Entre los que integraban las reuniones de la conspiración de Querétaro estaban: Los Domínguez, el corregidor y su esposa doña Josefa, José M. Sánchez y el abogado Parra, los abogados Altamirano y Laso, Francisco Araujo, Antonio Téllez, Ignacio Gutiérrez, Epigmenio y Emeterio González, el regidor Villaseñor Cervantes, el capitán Joaquín Arias, Francisco Lanzagorta, Ignacio Allende, Mariano Abasolo, Juan Aldama y el cura Miguel Hidalgo y Costilla un criollo que opinaba a favor de la soberanía mexicana en apoyo a Fernando VII esperando su regreso al trono.

EL GRITO DE DOLORES. Esta conspiración fue delatada, Joaquín Arias uno de los conspiradores se auto delata con el alcalde Juan Ochoa quien presiona al Corregidor para registrar la casa de los González, encontraron armamento que se había almacenado planeando el inicio de la revolución, en consecuencia fueron puestos presos y también los corregidores, pero Josefa pudo enviar un mensaje a Ignacio Allende para avisar sobre lo sucedido a él y a los conspiradores que se encontraban fuera de Querétaro, Allende viajó de Querétaro a Dolores aquella noche para avisar a Juan Aldama y a Miguel Hidalgo sobre el descubrimiento de la conspiración y así adelantar de manera súbita el levantamiento en armas. El levantamiento estaba planeado para finales de 1810, sin embargo el hecho de ser descubiertos solo apresuró el inicio de la lucha por la independencia. Al amanecer del día 16 de septiembre, aprovechando que su misa del domingo era muy concurrida y acudían gentes de la población y rancheros de todas partes de la comarca pronunció una arenga, que se ha dado en llamar el grito de Dolores, un grito de rebelión al que se unieron millares de campesinos e indios. Hidalgo mandó tocar las campanas de la iglesia para reunir a la gente. Les recordó las injusticias que sufrían y los animó a luchar contra el mal gobierno (Apoyando a Fernando VII). Sus palabras como el cura culto y que había beneficiado a las comunidades donde había estado entraron en el corazón de los habitantes de Dolores y se unen como insurgentes. Lo primero que hicieron fue sacar a los presos de la cárcel y poner dentro a las autoridades españolas.

La campaña de Hidalgo inicia el 16 de Septiembre de 1810, pone en marcha a un reducido grupo de personas que prodigiosamente se multiplica en los días siguientes. Con poco más de 6.000 soldados Hidalgo, acompañado de Allende, Aldama y Abasolo inició la lucha. En pocos días entró sin ninguna resistencia en Celaya, Salamanca y Acámbaro, donde fue nombrado capitán general de los ejércitos sublevados. En Atotonilco, entró al santuario local y tomó el estandarte de la virgen de Guadalupe, que es la santa patrona del pueblo indígena y se convierte en símbolo de su lucha, el grito de independencia se dice no fue aquel de “mueran los gachupines” sino uno de apoyo al rey FERNANDO VII. En Guanajuato, el 28 de septiembre, Hidalgo intentó intimidar al intendente, Juan Antonio Riaño. Pero el desistió de entregar la plaza sin derramar sangre, prefirió reunir al regimiento local para acuartelarse en la bodega más grande de toda la provincia: la Alhóndiga de Granaditas, donde también se congregaron miembros de las familias más acaudaladas de la ciudad. Hidalgo ordenó a Allende, brazo armado del movimiento, lanzar a sus tropas contra el edificio. Un abogado quien legalmente debía quedarse a cargo de la intendencia en ausencia del titular muerto en el ataque intentó pactar con los insurgentes y alzó una bandera blanca en señal de paz. El coronel García de la Corona, comandante militar de la plaza, mató al regidor y reinició las acciones bélicas. Con ayuda de Juan José de los Reyes Martínez, apodado "El Pípila", quemó la puerta de la bodega con una loza atada a la espalda para repeler ataques, los militares al mando de Allende y Aldama pudieron penetrar en la alhóndiga, y una vez dentro mataron a todos los españoles, tanto ciudadanos como militares. Acto seguido se dio el saqueo de la ciudad, con lo que los insurgentes pudieron conseguir fondos para batallas posteriores. Valladolid fue el siguiente objetivo de Hidalgo y su tropa, quienes salieron de la ciudad de Guanajuato el 3 de octubre, y a los pocos días se dio parte en la capital de la intendencia michoacana. Todos los españoles, comenzaron a huir semanas antes de la toma de la ciudad. El 17 de octubre Hidalgo entró a la ciudad con su tropa y tomó parte del patrimonio del episcopado local. Para el 20 de octubre se unió a Ignacio López Rayón en Tlalpujahua, y ese día habló con José María Morelos, en Charo. Ex alumno suyo, pidió permiso para luchar, y a la postre se convertiría en el sucesor de Hidalgo al frente de la lucha, Hidalgo le da la encomienda de levantar el movimiento insurgente al sur del país a Morelos. Toluca cayó en poder de los insurgentes el 25 de octubre y en la capital se rumoraba que un avance de los insurgentes era inevitable. En la mañana del 30 de octubre, Torcuato Trujillo enfrentó a los insurgentes en la Batalla del Monte de las Cruces, acción en la que los realistas, inferiores en número de soldados, fueron derrotados por más de 80.000 insurgentes, quienes sin embargo perdieron gran número de efectivos. El paso siguiente para la tropa era tomar la ciudad de México, pero Hidalgo, queriendo evitar una masacre como la acontecida en Guanajuato, envió a sus emisarios a negociar con el virrey el 1 de noviembre. Tras el rechazo sufrido por parte de Venegas, Hidalgo dudó y dudó, la presión de Allende no hizo efecto y decidió retirarse al Bajío para continuar la lucha. El 7 de noviembre, luego de la retirada, Hidalgo fue vencido por el brigadier y capitán general de San Luis Potosí, Félix María Calleja, en la Batalla de Aculco.

Hidalgo y Allende se separan con la lucha. El cura de Dolores marchó a Valladolid, donde se cometieron masacres de españoles y saqueos contra las propiedades de los peninsulares, situación que se repitió en Guadalajara en noviembre. La capital de la intendencia de Jalisco cayó en manos del jefe insurgente José Antonio Torres, el mismo día de la derrota en Aculco, es decir, el 7 de noviembre. Allende, mientras tanto, se fortificó en la alhóndiga de Granaditas, donde aún estaban algunos prisioneros españoles. Cuando se supo de Calleja quien lideraba a los realistas contra el movimiento insurgente y el intendente de Puebla Manuel Flon, Allende ordenó la ejecución de los reos. El 26 de noviembre, Calleja y Flon atacaron Guanajuato, recuperando así la ciudad minera. Allende, Aldama y Jiménez se unieron a Hidalgo en Guadalajara el 8 de diciembre. En respuesta a los insurgentes, el virrey Venegas publicó un bando ofreciendo una recompensa de diez mil pesos por las cabezas de los líderes de la insurrección. Félix María Calleja y Roque Abarca se pusieron en marcha para cercar la rebelión. Por su parte, el obispo de Michoacán Manuel Abad y Queipo excomulga a Hidalgo y sus seguidores, esto no afecta en nada a Hidalgo y continua con su lucha. A Allende le llamó la atención que Hidalgo no hiciera las cosas como se pactaban, le preocupaba que ya no luchara en apoyo al real gobierno español, o sea en apoyo a FERNANDO VII. Allende e Hidalgo propusieron estrategias distintas, pero la decisión final fue de Hidalgo, quien dispuso que Ruperto Mier saliera a detener el regimiento de Pedro Celestino Negrete. Mier fue derrotado en Urepetiro. Los insurgentes fortificaron el puente de Calderón y allí se encontraron con el contingente realista al mando de Manuel de Flon y Félix María Calleja. Después de seis horas de combate, los insurgentes terminaron huyendo del lugar y Guadalajara fue ganada por los realistas. Los insurgentes se movilizaron a Aguascalientes. En Pabellón, Hidalgo fue relevado como Generalísimo y Allende condujo a la tropa rumbo al norte para unirse con José Mariano Jiménez que tomó Saltillo después de ganar la Batalla de Aguanueva. La idea era conseguir el apoyo de las provincias septentrionales de la Nueva España y, posteriormente, de Estados Unidos Hidalgo y Allende, los dos principales jefes de la insurrección armada, acrecentaron sus diferencias a raíz de la derrota en el Puente de Calderón. Incluso, Allende confesó haber estructurado un plan para envenenar al cura Hidalgo. Tras acordarlo con Aldama, Abasolo y Rayón, se acordó despojar a Hidalgo del mando militar en la Hacienda de Pabellón, Aguascalientes, el 25 de febrero de 1811 cuando los insurgentes se disponían a huir a Estados Unidos de América, para comprar armamento y seguir la lucha tal vez con apoyo de Estados Unidos. Justamente por esos días, Allende recibió comunicación de Ignacio Elizondo, antiguo realista ahora militante en las fuerzas revolucionarias, pero era un espía del gobierno virreinal. Elizondo invitó a los caudillos de la insurrección a detenerse en su zona de influencia, conocida como las Norias de Acatita de Baján, situado en la frontera de Coahuila y Texas, entonces parte del virreinato novohispano. El 21 de marzo, Hidalgo llegó a las norias, para descansar un poco y seguir el camino a la Alta California. Primero llegó el contingente de Abasolo y sus soldados, quienes fueron capturados por los efectivos españoles. Poco después, y sin percatarse de la captura de Abasolo, Allende, su hijo Indalecio, Aldama y Jiménez bajaron de un coche escoltado por algunos capitanes. Tras ofrecerles algo de comer, fueron aprehendidos, pero Allende opuso resistencia y Elizondo mató a su hijo. Finalmente

apareció Hidalgo, a caballo y escoltado por pocos hombres, su captura fue más sencilla que las anteriores realizadas. Los reos fueron llevados a Chihuahua, capital donde se les seguiría juicio. Allende, Juan Aldama y Jiménez fueron encontrados culpables por el delito de alta traición, y se les condenó a muerte en mayo de 1811. Abasolo aportó datos adicionales sobre la insurgencia que permitieron llevar a cabo redadas donde se obtuvo material para contrarrestar el movimiento. Su colaboración, sumada a los esfuerzos de su mujer lograron conmutar su condena a la de prisión perpetua en Cádiz, España, donde murió en 1816. Mientras, en Chihuahua, Allende, Aldama y Jiménez fueron pasados por las armas por la espalda en la plazuela de la ciudad el 26 de junio, más tarde sus cuerpos fueron decapitados y sus cabezas enjauladas. Hidalgo fue enterado de esta noticia la misma noche de la ejecución. Días después, el obispo de Durango ordenó el proceso para degradar al ex párroco de Dolores de su condición sacerdotal, como se explica en el siguiente apartado; de esta forma, Hidalgo quedaría libre del fuero eclesiástico ante las autoridades civiles para poder llevar a cabo su ejecución, el declarado amante de las ideas de la ilustración, fue fusilado en Chihuahua el día 30 de julio de 1811 por las fuerzas realistas y el movimiento insurgente queda a cargo de Ignacio López Rayón que fue puesto a cargo en marzo de 1811.