CHORRILLOS Avanzamos lentamente apreciando el paisaje cada vez más agreste desapareciendo lentamente la vegetación hasta desaparecer.

algunos arbustos, pocos aves y pocos insectos el agua la recogimos cada vez que podíamos bajar al rio le echábamos cloro y en un bidón que teníamos preparamos cloro con refresco de sobre Tang o La Negrita, de este modo con el liquido vital asegurado e indispensable para soportar el calor, la deshidratación y los casi 30 kilos de peso de las mochilas , luego de caminar casi todo el día, y cruzar varias chacras de manzanas y membrillos, llegamos a Antioquia un pueblo típico con una pequeña plaza y una peculiar iglesia y en donde conocimos a un comunero que nos indico donde podíamos pasar la noche lo que siguiendo su recomendación lo hicimos en el restaurante El Timoncito, cuyo dueño el señor Sabino, nos vendieron la cena y luego de solicitar pasar la noche en aquel lugar, accedieron a darnos cobijo con un colchón y unas frazadas para dormir nos acomodamos en compañía de nuestro amigo y su hijo en el balcón del restaurante, y de muy madrugada nos despertó una bulla, era el bus que venía de bajada a lima y nuestros amigos se levantaron presurosos para tomarlo. Salimos temprano luego de tomar un buen desayuno en prevención a que más adelante no encontremos otro lugar donde hacerlo, todo lo que consumimos era con un precio excesivo pero tuvimos que pagarlo de paso por la hospitalidad que nos facilitaron. La gente con el amanecer del pueblo lentamente se paseaba por los alrededores del pueblo cosa que también hacíamos nosotros, seguimos luego de tomar algunas fotos por la carretera rumbo este siempre. En la salida del pueblo me di cuenta que al pasar por un puentecito para cruzar el rio en la playa del mismo había un totoral con plantas realmente grandes y presentando sus relucientes inflorescencias amarillentas, luego de eso seguimos lentamente por la carretera. Aprovechamos el agua cristalina y las piedras de rio redondas para asearnos, preparamos nuevamente refresco con cloro y lavamos algunos trapos, esperamos un poco en el rio y tomamos un poco de Sol, esperando que sequen nuestras prendas, algunos polos y medias, luego seguimos ya con los enormes bultos azules de Pacific Caps en la espalda, luego de cruzar el puentecito que sería uno de los tantos a lo largo de nuestro viaje, , proseguimos la caminata por unas horas en silencio y reflexión, siguiendo por el valle ribereño, cruzamos un pueblito de calles paralelas a la carretera en aquel lugar había un letrero de señalización con el nombre de Pampilla, y como siguiente destino había una señal hacia el pueblo de Chorrillos, en este punto sabíamos que

teníamos que llegar a Lanca que era parte de la ruta antigua del Capac Ñam, o que tendría más mención histórica pero no encontramos la señal para seguir hacia el otro extremo del valle por donde llegaríamos a Lanca, el calor y el polvo eran insoportables, luego sedientos y cansados llegamos a una estancia llamada Rio seco, cosa que afirma la situación geográfica de donde nos hallamos si el rio está seco es por algo, el mismo lugar rodeado por ceros tenia forma de una hondonada, la carretera serpenteante empezaba a hacerse de subida desde este punto se puede apreciar que el valle se abre hacia tres quebradas, una de ellas era el lado de Lanca la otra nos daba la espalda, hacia seguramente San Damián, calculo que pude hacer luego con la carta geográfica y conocedor de que los arrieros tenían este destino de llegada, seguimos por aquella carretera hasta empezar a cortar siguiendo una herradura por entre los huertos en su mayoría de manzana y membrillos, hasta nuevamente salir a la carretera , en la cual encontramos una capillita con una virgen María llamada Purísima, luego seguimos hacia el poblado que tenia pista y calles de concreto y piedra casitas ordenaditas y aparentemente acogedoras, siguiendo esta ruta podríamos subir a San José de los Chorrillos, lo cual nos enteramos por referencia de unos comuneros con quienes nos cruzamos en la carretera y que se sorprendieron al saber que subíamos a pie, luego entendí porque de su sorpresa, muy pocas personas se aventuran a subir a pie, a pesar de que cuando preguntábamos sobre cuanto era lo que faltaba nos decían que en media hora estábamos arriba siguiendo la herradura y que estaba “Aquisito nomas” , cuando ingresamos a Orcocoto, lo primero que buscamos fue si había algún restaurante para almorzar, obtuvimos como respuesta que no había pero si queríamos podíamos pedir almuerzo en el Club de Madres, seguimos por la calle principal y la única y a lo lejos quedaba la grutita de la Virgen, y como escuchando nuestra plegaria salió una señora muy amable que nos invito a pasar al local de las Madres, sentados en la entrada descansamos un poco acomodamos nuestros morrales y pudimos ver que el pueblo está ubicado a modo de un enclave en todo ese accidentado valle, a la vera del camino bien definidas acequias de riego, cubierto en su mayoría por flores todo el lugar se presenta como un gran huerto florido, las puertas y ventanas de casi todas las casas son de la misma fabricación y de madera, casi toda la gente del lugar estaba a la expectativa en el local comunal, con todo no mostraban mucho interés por nuestra presencia, nos miraban de reojo y con indiferencia, la comida se prepara los miércoles y sábados y justo este día era un día miércoles así que pedimos que nos vendan un par de porciones, lentejitas con un poco de guiso y una jarra de agua de

membrillo fue el banquete, debe mencionar que en todo el viaje jamás volví a tomar un agua de membrillo tan agradable como la preparada en ese lugar, luego de reposar un poco continuamos viaje hacia el pueblo de Chorrillos que habíamos leído en el letrero del camino, el esfuerzo valdría la pena si encontramos un pueblo paradisiaco de donde manan y brotan chorros de agua como mágicos puquiales guiados tal vez por senderitos tallados en la roca viva y que se empozan en lavaderos que acumulan el agua cristalina. Puesto que las horas que nos tomo subir todo el camino serpenteante, soportar las nubes de mosquitos chupasangre, el calor, el polvo, la sed agobiante, el peso de nuestros equipos, bien valdrían la pena. Las señoras de Orcocoto nos indicaban el pueblo de chorrillos como un lugar relativamente cerca, un sitio en donde puedes llegar como ir a comprar un periódico, ósea un voy y vengo, a lo lejos esa cumbre apenas se podía ver, empezamos a seguir la carretera, que zigzagueante, se mostraba interminable poniéndole un poco mas de empeño nos atrevíamos a seguir los cortes a mitad de pista y que nos llevaban más rápido a nuestro objetivo, cuando ya salimos de la zona de huertos solo encontrábamos matas de plantas silvestres y espinos, atrás quedaba el olor muy característico de las plantaciones de manzanos y membrillos, el camino que en algunos tramos era ancho y en otros se angostaba hasta hacerse un simple sendero, nos llevo hasta unos ranchitos cercados burdamente con espinos y n cuyo interior ya escandalizados con nuestra presencia estaban Cabras y chivos, los perros chivateros ladraban a lo lejos , tal vez a visando que no nos acerquemos, en más de una ocasión jaurías de perros salían corriendo para mordernos pero a lo lejos los espantábamos amenazándolos con los brazos en alto, por este sitio la subida era más pronunciada motivo por el cual posiblemente no sembraban nada, y solo se dedicaban al pastoreo, ya empezaba a oscurecer, y el sendero se escondía ante nuestros ojos, no quedaba más remedio que seguir la carretera, a su vez sería más fácil pero más lento, ya en este momento el sendero se perdía para luego reaparecer unos metros más arriba, ya la altura se empezaba a sentir y en lo oscuro unas matas de cactáceas daban el aspecto tétrico de sombras, al borde del camino, a lo lejos Lanca con sus luces y sus gentes se podía ver al otro extremo del valle, luego de caminar por casi cuatro horas seguidas el agua se nos había acabado y en el trayecto de subida no habíamos podido encontrar más, ya dejábamos los espinos para seguir viendo hasta cuatro tipos de cactáceas dominantes, algunas retamales verdes y a lo lejos verdaderos pulpos tentaculares, que en realidad eran los agaves de gran tamaño, con sus inflorescencias como

postes señalando al cielo y en sus ramitas pequeñas plantitas que como clavadistas de Acapulco esperan su turno para caer al piso y crecer. La sed y lo interminable que parecía el camino nos hacían discutir irónicamente, había un cerro de forma rectangular que como un gigante escondido en la oscuridad nos observaba nuestro lento ascenso, llego incluso un momento que parecía que no avanzábamos nada el frio empezaba a hacerse sentir y un extraño presentimiento, como que nos electrizaba el cuerpo, ya estando en total oscuridad Rubén decidió encender su lamparín de kerosene, el cual a duras penas alumbraba el camino fue más difícil encender el quemador, nos gastamos más de diez fósforos en el intento, como siempre a pesar de eso el camino se veía claro en la oscuridad, seguimos caminando con frio y una sed que empezaba a torturarnos en esa oscuridad. En un pequeño pomito Rubén llevaba agua para sus lentes de contacto, y seguro que no duraría en tomárselo como último recurso, pasados unos minutos de las nueve de la noche que por fin llegamos a la cumbre y por fin llegamos a la parte baja del pueblito de Chorrillos, entramos por una callecita entre casitas de adobe, luego el pueblo se mostro ante nosotros, las calles definidas rectangularmente una plaza central una iglesia, en lo alto el cielo tenía un completo manto de estrellas tintineantes y entre ellas la luna se mostro por unos instantes para luego desaparecer, así como los pocos pobladores que aun quedaban merodeando en la oscuridad del pueblo, las calles angostas, bordeadas por las casas de dos pisos de adobe y madera a lo western, y entre ellas buscábamos algún lugar en donde nos pudieran dar alojamiento, la verdad que mas prioritario era la sed que nos secaba las gargantas y que ni tomando nuestra propia saliva podíamos aplacar, tratando de adivinar en donde pedir auxilio otras casas estaban con candado sus puertas, en una de ellas pudimos ver una pequeña luz que resplandecía desde su interior, tal vez una lamparita que amarillenta alumbraba la conversación de los habitantes de Chorrillos y que murmurando, aguzaban el oído tanto para escucharnos como nosotros a ellos, murmuraciones inentendibles, nos animamos a tocar esa puerta con la esperanza de conseguir un poco de agua, desde el interior ya el ladrido de algunos perros amenazaban nuestra presencia, entre las murmuraciones se escucho una voz femenina preguntarnos Quienes éramos a lo que yo le respondí Que éramos Turistas, un grave silencio domino nuestra conversación con la mujer luego se escucho que avisaba a los demás ocupantes de la casa que éramos Terroristas y escuchamos trancar

todas las puertas y ventanas entre un gran alboroto finalmente apagaron su luz, no volvimos a tocar ni esa ni otra puerta, Luego de meditar un poco en la entrada de la Iglesia de la plaza central miramos una zona del jardín en donde no tuvimos más remedio que instalar nuestra carpa, lo cual hicimos rápidamente guardando en su interior todo nuestro equipo y acurrucándonos nos quedamos profundamente dormidos clara que con la garganta completamente seca, renegamos por la falta de hospitalidad de los pobladores de Chorrillos, pero al final reparamos que todavía eran épocas de emergencia y desconocíamos que había acontecido con la gente de este lugar para que actúen así. Al día siguiente cuando abrimos la puerta de la carpa ya se encontraban varios pobladores rodeándonos, conversando entre ellos, murmurando y viéndonos con extrañeza seguramente seriamos unos de los muy pocos viajeros que estas personas hayan visto, sobre todo venir a pie a su localidad, algunos niños también se hallaban jugando y con su natural curiosidad se acercaban a nosotros, me percate que un grupo de pobladores hacían cola en las esquinas frente a unas cosas de aspecto colonial y de donde salía unos cañitos, con recipientes de todo tipo esperaban su turno, para llenar sus recipientes del liquido elemento, al frente de nosotros reparamos un busto de Ricardo Bentin, que había hecho guardia cerca de la carpa toda la noche, hasta que por fin dos pobladores se acercaron a nosotros presentándose nos preguntaron sobre nuestra presencia en su pueblo, y de cómo es que habíamos llegado si no había venido ningún camión ni ómnibus por el lugar, les explicamos de nuestros proyecto, pero insistían en decir que no había venido ninguna movilidad, hasta que entendieron que era lo que hacíamos y mas sorpresa les causo escuchar que nuestra meta era llegar hasta el Cusco. ¡Vienen desde lima! ¡Caminando hasta el Cusco! Mucha alegría les causo saber de nuestra loca aventura y sin más se retiraron, los pobladores nos contaron que este lugar tiene escases de agua potable, mientras nos explicaban esto, empezó a salir agua del cañito ubicado en la calle y un tumulto de personas se acerco a tratar de llenar sus recipientes de aquel hilo de agua que a las justas llenaba las vasijas, entre risas y murmuraciones se tomaban sus turno, en su mayoría mujeres y niños, nos miraban de reojo y luego con sus baldes se perdían entre las puertitas de madera hacia el interior de las casitas del pueblo un joven llamado Sebastián me conto que era poca el agua durante todo el año, no alcanzaba para sembrar, por este motivo en el pueblo vivían pocas personas, el alcalde vive en lima y el gobernador vive en Orcocoto, por los cerros hay abundancia de Perdices y Vizcachas. El cerro que gobierna al pueblo y que durante el ascenso el día anterior nos había conmovido con su presencia, tiene

forma de un gran morro y durante la noche parecía que las estrellas cansadas terminaban por posarse en su cima, La vegetación que rodea la cima entre ellas pude apreciar algunos helechos y tilansiales. La iglesia de la plaza tiene sus campanarios y unos estilizados arcángeles a ambos lados y un portón con el rostro de dos leones tal vez para espantar a los herejes y no creyentes, para más seguridad una reja circunda la entrada a la iglesia, tal vez Dios salió de paseo llevándose la alegría de este pueblo. El siguiente punto es Escomarca que según los pobladores esta a cinco horas de Chorrillos. Continuamos nuestro viaje sin despedirnos de nadie de Chorrillos, por la carretera continuamos lentamente ahora si provistos de agua, Rubén se había tomado el agua del pomito que guardaba para sus lentes de contacto, pero ya lo había repuesto con agua de chorrillos, luego de un par de horas llegamos a la estancia de Lanchy, el paisaje desde aquí era monótono, en algunos lugares eran planicies y en otro cadenas de cerros, con una falta de la presencia de agua, continuamos lentamente comentando sobre todo lo que haríamos cuando lleguemos a Huarochirí.

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