18 de septiembre 2012

Carta de Julio Pereyra, Intendente de Florencio Varela, Argentina, Presidente de la Federación Latinoamericana de Ciudades, Municipios y Asociaciones de Gobiernos Locales (FLACMA)

Con frecuencia en los espacios de diálogo de la cooperación internacional, se insiste en que uno de los desafíos a alcanzar con el apoyo que se brinda a proyectos de desarrollo en los países del sur, es la disminución de la pobreza y el mejoramiento del bienestar colectivo. Pese a su importancia estratégica, pues la Región ostenta la distinción de ser la que contiene mayor brecha entre ricos y pobres, mayores distancias entre los grados de desarrollo de los territorios al interior de los países, indescriptibles diferencias entre áreas rurales y urbanas y grandes distancias entre países comparados por los clasificadores de desarrollo humano, el desempeño de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) en Latinoamérica puede ser cuestionado desde varias perspectivas. La falta de integración a las prioridades nacionales y territoriales que se plantean sus gobiernos, la limitada eficacia y mínima eficiencia de sus inversiones, el desconocimiento manifiesto al valor de los gobiernos locales como gestores del desarrollo en su territorio, el desvío de los recursos a funciones intermedias que no aportan sustantivamente a la lucha contra pobreza, sus desempeños como enclaves externos que no dejan fortalecidos ni propician la cohesión del entramado social, la deficiente focalización de sus acciones que prefieren zonas de éxito a las concentraciones de debilidades y otras que básicamente sostienen agendas foráneas que atropellan las prioridades locales y las capacidades endógenas que deberían ponerse en juego para fortalecer la resiliencia de territorios a los fenómenos naturales y a las crisis de escala global. De tal manera renuncian las agendas de cooperación a las prioridades y capacidades de reacción local, que frecuentemente parecen, no solo diseñadas sin participación local, sino para otros lugares de destino. Apuestan por soluciones parciales y coyunturales más que por hacer fuertes a las condiciones locales para resolver sus problemas. En esta relación, todos nos hemos manifestado incapaces hasta ahora, de concretar los postulados de los Acuerdos de Accra, de manera que la cooperación del norte a los proyectos centrados en las necesidades de los beneficiarios del sur, sea no solo pertinente sino suficiente y no necesariamente determinadas por la exclusiva insistencia de colocar esas ayudas en los temas de interés particular de la tecnocracia de la cooperación internacional, en el manejo saludable de su cartera financiera y por la necesidad de conseguir apoyos a sus posturas en las negociaciones de la convivencia internacional. Si la Región, inmersa como está en una lucha sin cuartel para mejorar la situación de la pobreza, de la inequidad, de la seguridad ciudadana, de la descentralización, de la autonomía local, del desarrollo de la competitividad territorial para el aprovechamiento de sus territorios de las oportunidades de la relación mundial, procura por todos los medios a su alcance tratar de posicionar este tema en la cooperación, lo menos a esperarse es una respuesta política y técnica en la misma dirección y no en otros temas de proyección externa. Existe un profundo contraste entre los objetivos contemporáneos del desarrollo humano sustentable y la experiencia económica y social de América Latina, durante las últimas dos décadas. La última reunión de Río +20 así nos lo confirma. Por ello, con agrado desde la FLACMA saludamos los esfuerzos de muchos gobiernos locales que, frente a los desafíos y las limitaciones de recursos, impulsan y concretan esquemas y redes de colaboración e intercambio de información horizontales, para fortalecer sus propuestas, sus agendas y su gestión en beneficio de las comunidades que representan. Los gobiernos locales que estamos asociados insistimos en que la cooperación internacional se exprese en términos de absoluta transparencia y correspondencia a los convenios y acuerdos vigentes sobre cooperación internacional, que los suscribimos con el afán y el cuidado de que contribuyan a una armónica convivencia internacional.

September 18, 2012

Letter from Julio Pereyra, Mayor of Florencio Varela, Argentina, President of the Latin American Federation of Cities, Municipalities and Local Government Associations –FLACMA-

Often in international cooperation dialogues, it is emphasized that one of the challenges to be achieved with the support given to development projects in southern countries, is poverty reduction and advancement of the collective wellbeing. Despite its strategic importance, because our region has the distinction of having the largest gap between the rich and the poor, a great distance between the levels of development of territories within the countries, an unspeakable rural-urban divide and large distances between countries, if compared by the human development criteria, the performance of the Official Development Assistance (ODA) in Latin America can be questioned from several perspectives: i) the lack of integration with the national and territorial priorities defined by governments, ii) the limited effectiveness and minimum efficiency of their investments, iii) the manifest disregard of the value of local governments as agents of development in their territory, iv) the diversion of resources to intermediate functions that do not contribute substantially to the fight against poverty, v) the role of external outposts that do not produce social fabric cohesion, vi) the poor targeting of their actions that prefers areas of success to actions in areas where need is concentrated, v) the targeting of locations that basically are a product of foreign agendas that violate local priorities and endogenous capacities, which are needed to strengthen resilience of territories to natural phenomena and the global crises. Thus, cooperation agendas waive local priorities and capacities, and often seems not only designed without local participation, but for other destinations. It opts for partial and situational solutions, rather than strengthening long term local conditions to solve problems. In this regard, we have declared ourselves unable to uphold the principles of Accra. Therefore, Northern cooperation projects that focus on the needs of the beneficiaries of the South, are not only relevant but must be sufficient in quantity. Likewise, they cannot be determined by persisting on issues of particular interest to the technocrats of the international cooperation bureaucracy, neither on the positive returns of their financial portfolio nor by the need to gain support for their positions in negotiations of international coexistence. If the region, entrenched as it is in a relentless struggle to improve the situation of poverty, inequality, citizen security, decentralization, local autonomy, the development of territorial competitiveness to use their territories within the global opportunities, endeavors by every means at its disposal to try to position these subjects in the cooperation agenda, the least that can be expected is a technical and political response in the same direction and not in other areas of external origin. However, there is a sharp contrast between the current goals of sustainable human development and the economic and social experience of Latin America during the past two decades. The last meeting of Rio +20 confirms it. Therefore, we welcome from FLACMA the efforts of many local governments, faced with the challenges and resource constraints, that promote and succeed in creating networks of collaboration and horizontal information sharing, to strengthen their proposals, their agendas and their administration for the benefit of the communities they represent. The local governments members of FLACMA insist that international cooperation must be expressed in terms of absolute transparency and taking into account the conventions and agreements on international cooperation that we as a world have signed with the zeal and the care of contributing to a harmonious international coexistence.