CUANDO SE DESPIERTEN EN EL INFIERNO.

Arthur W. Pink (1886-1952).

Si pesamos el evangelismo moderno en la balanza de las Sagradas Escrituras, será hallado falto; falto de aquello que es vital para una conversión genuina, falto de lo que es esencial si se quiere mostrar a los pecadores su necesidad de un Salvador, falto de aquello que produce vidas transformadas en Jesucristo. El “evangelismo” de hoy no sólo es superficial hasta el grado máximo, sino defectuoso de raíz. Carece completamente de una base en la que apoyar la llamada a los pecadores para que vengan a Cristo. No sólo existe una lamentable falta de proporciones (la misericordia de Dios se hace mucho más prominente que Su santidad, Su amor mucho más que Su ira), sino que hay una omisión fatal de lo que Dios ha dado con el propósito de impartir un conocimiento del pecado. No sólo hay una reprensible introducción de dichos ingeniosos en clave de humor y de anécdotas para el entretenimiento de los oyentes, sino también una estudiada omisión del oscuro y único telón de fondo sobre el cual puede brillar la luz del Evangelio de manera efectiva. En el evangelismo del siglo XX, se ha ignorado fatalmente la solemne verdad de la depravación total del hombre. Se ha subestimado completamente el caso y la condición desesperada del pecador. Muy pocos, poquísimos, se han enfrentado al hecho desagradable de que cada uno de los hombres está totalmente corrompido por naturaleza, de que es completamente inconsciente de su propia maldad, ciego e incapaz de hacer nada al respecto, y muerto en delitos y pecados. Y dado que esta es la situación, porque su corazón está lleno de animadversión hacia Dios, se infiere que ningún hombre puede salvarse sin la intervención especial y sobrenatural de Dios. La enseñanza de la Sagrada Escritura en este punto no admite confusión: la situación del hombre es tal que su salvación es imposible, a menos que Dios despliegue su maravilloso poder. No servirá de nada espolear las emociones con anécdotas, regalarle los sentidos con música, la oratoria del

. presentes y futuros) simplemente “aceptando a Cristo como su Salvador personal” no es más que echar perlas delante de los cerdos. ¿Qué es el Evangelio? ¿Es un mensaje de alegres noticias del cielo para hacer que los rebeldes que desafían a Dios se sientan a gusto en su maldad? ¿Nos es dado para asegurar a los jóvenes locos por buscar los placeres que si sólo “creen” ya no tienen nada que temer en el futuro? ¡Eso es lo que uno pensaría por la manera en que el Evangelio es presentado – o más bien es pervertido – por la mayoría de los “evangelistas” de hoy! ¡Y más aún. y traernos a la sumisión al señorío de Cristo. Le cantan a su alma hasta dormirla con el opio del diablo. son fatalmente engañados. mayoritariamente. Es un camino que al hombre le parece derecho. servido de la forma más insospechada. las llamadas persuasivas. es peor todavía lo que venden los charlatanes del evangelismo de hoy. Sólo él puede producir una tristeza piadosa por el pecado. pero a menos que la soberanía de Dios intervenga por un milagro de gracia. El contenido positivo de su mensaje no es otra cosa que tirarle arena a los ojos del pecador. todos los que lo siguen descubrirán con toda seguridad que su final es camino de muerte. y que pueden obtener un perdón completo por todos sus pecados (pasados. y una fe salvadora en el Evangelio.predicador. Pero siendo graves estos cargos. Aquellos que realmente reciben el “mensaje” que ahora se da desde la mayoría de los púlpitos y las plataformas de hoy. Decenas de miles que confiadamente se imaginan caminando hacia el cielo se toparán con una desilusión terrible cuando se despierten en el infierno. Y el hecho de que las iglesias estén tan llenas. de estos “convertidos” explica por qué son iglesias tan poco espirituales y mundanas. cuando miramos las vidas de sus “convertidos”! Seguro que aquellos con algún discernimiento espiritual deben percibir que asegurar a tales “convertidos” que Dios les ama y que Su Hijo murió por ellos. Nadie más que el Espíritu Santo puede hacer que el hombre esté dispuesto en el día de Su poder (Salmo 110:3). Sólo Él puede hacer que no nos amemos a nosotros mismos primero y por encima de todo.