La sociedad materialista es incompatible con la verdadera filosofía cristiana

El deseo de acumular riquezas es una propensión original de nuestra naturaleza que fue implantada allí por nuestro Padre celestial para que sirviera a fines nobles. Si preguntamos al capitalista que ha dedicado todas sus energías al sólo objeto de acumular riqueza y que trabaja con perseverancia y laboriosidad para acrecentar sus bienes, cuál es el propósito que lo anima en sus esfuerzos, no podría darnos una razón de él ni podría presentar una finalidad que justifique sus esfuerzos por ganar dinero y por acumular riqueza. No podría definir ningún gran blanco o propósito que tuviera en vista, o ninguna fuente de felicidad que esperara alcanzar. Sigue acumulando bienes porque ha aplicado todas sus habilidades y capacidades en esa dirección. El hombre mundano siente un deseo vehemente por algo que no posee. La fuerza del hábito lo ha inducido a orientar cada pensamiento y propósito hacia la tarea de hacer provisión para el futuro, y a medida que envejece se pone más ansioso que nunca por adquirir todo lo que sea posible. Es tan sólo natural que el codicioso se torne cada vez más codicioso a medida que se aproxima al tiempo cuando ha de perder su dominio sobre todas las cosas terrenales. Toda esta energía, perseverancia, determinación y laboriosidad aplicada a la obtención de poder mundano es el resultado de la perversión de sus facultades aplicadas a un objetivo equivocado. Habría podido cultivar mediante el ejercicio cada facultad hasta su grado más elevado en su preparación para la vida celestial e inmortal, y para un sobremanera grande y eterno peso de gloria. No es la copa vacía la que nos causa dificultades para llevarla; es la copa llena hasta el borde la que debe equilibrarse cuidadosamente. La aflicción y la adversidad pueden causar muchos inconvenientes y pueden provocar una gran depresión, pero es la prosperidad la que es peligrosa para la vida espiritual. A menos que la persona se someta constantemente a la voluntad de Dios, a menos que sea santificada por la verdad y que tenga una fe que obre por amor y purifique el alma, la prosperidad con seguridad despertará la inclinación natural a la presunción. La riqueza acumulada no sólo es inútil, sino que también es una maldición. En esta vida es una trampa para el alma porque aleja los afectos del tesoro celestial. En el gran día de Dios, su testimonio contra las aptitudes que no se utilizaron y las oportunidades que se descuidaron condenará a su poseedor. En el valle de la humillación, donde los hombres dependen de Dios para que les enseñe y los guíe en cada paso, existe una relativa seguridad. Pero todos los que estén en una relación viva con Dios oren por los hombres que ocupan cargos de responsabilidad… a menos que esos hombres sientan necesidad de un brazo más fuerte que el brazo de carne sobre el cual apoyarse, a menos que dependan de Dios, su visión de las cosas se distorsionará y caerán.

Y los que sienten más su necesidad de dependencia de Dios son generalmente los que tienen menos tesoros terrenales y honores mundanales de los cuales depender. Sienten que tienen obligaciones hacia su prójimo que no pueden descartar si quieren obedecer el mandamiento de Dios: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". compartió la suerte de los pobres y humildes. Consideran la salvación de sus semejantes de más importancia que todo el oro y la plata contenidos en el mundo. Muchos piensan que sólo los ricos pueden dedicarse a la adoración pública de Dios en una forma adecuada como para causar una buena impresión en el mundo. es muy cierto que el orgullo de clase y la opresión de los pobres que prevalecen en el mundo. Los hombres se apoderan de los dones confiados a ellos para que beneficien a otros. Cristo declaró que el Evangelio debía predicarse a los pobres. 167 un don que escapa a todo cálculo.En todos los siglos las riquezas y el honor han llevado aparejado mucho peligro para la humildad y la espiritualidad. Los ricos abusan de los pobres y emplean los recursos así ganados para complacer su orgullo y su amor a la ostentación aun en la casa de Dios. y despreciar a los infortunados y los pobres? Sin embargo. Nunca deberíamos actuar con indiferencia y falta de simpatía. Jesús es menospreciado cuando se desprecia a sus hijos necesitados. La abnegación y el sacrificio caracterizaron su vida. En vista de lo que el cielo está haciendo para salvar a los perdidos. especialmente cuando tratamos con los pobres. su madre pudo llevar tan sólo la ofrenda establecida para los pobres: un par de tórtolas o dos palominos. Si no fuera porque el Señor manifestó su amor a los pobres y humildes que experimentan contrición de espíritu. La prosperidad espiritual continúa tan sólo mientras el hombre depende plenamente de Dios para obtener sabiduría y perfección de carácter. ¿cómo pueden los que participan de las riquezas de la gracia de Cristo retirar su interés y su simpatía a sus semejantes? ¿Cómo pueden complacerse en el orgullo de jerarquía o clase social. y cuando en su infancia fue presentado en el templo. El hombre es humano. El constituyó el don más precioso hecho por el cielo a nuestro mundo. y sin embargo se dio testimonio de él sólo mediante la ofrenda más pequeña. A todos debemos tratar con cortesía. Los pobres fieles y confiados se hacen ricos delante de Dios utilizando juiciosamente lo poco que poseen para bendecir a otros. La parcialidad manifestada hacia los ricos desagrada a Dios. parecería que se han congelado los afectos que deberían manifestarse plenamente hacia la humanidad. durante su estada en el mundo. Estos no son ricos en bienes de este mundo. El Redentor del mundo fue hijo de padres pobres. pero ellos son caros a su corazón amante. En el caso de muchos. este mundo sería un lugar muy triste para los pobres. también existen entre los seguidores profesos de Cristo. Los pobres llegan a sentir que resulta demasiado costoso para ellos asistir a los servicios de adoración a Dios. simpatía y compasión. Cuando un hombre prospera y todos hablan bien de él es cuando corre especialmente peligro. La verdad de Dios nunca se reviste más de un aspecto de mayor belleza que cuando es llevada a los necesitados y desposeídos. . Nuestro Salvador.

Elevados por encima de cualquier posición social que la tierra pueda conceder. Los que han sido descuidados y abandonados por el mundo son ensalzados para llegar a ser hijos e hijas del Altísimo. Los ángeles de Dios están allí y su presencia convierte en un banquete el pedazo de pan duro y el vaso de agua. se sientan en los lugares celestiales en Cristo Jesús.Entonces es cuando la luz del Evangelio brilla con su claridad más radiante e ilumina la choza 169 de los campesinos y la rústica cabaña del labrador. Puede ser que no posean tesoros terrenales. pero han encontrado la perla de gran precio. .