EL TIEMPO EN PSICOANALISIS Autora: Dra.

Mirta Goldstein Miembro del Comité Académico de la Maestría en Psicoanálisis

El tiempo en psicoanálisis está íntimamente ligado a la razón del método freudiano, o sea, al acto de hablar en tanto constituye el acto de tomar la palabra, de hacerse escuchar y escucharse (es lo que el análisis propone). El tiempo es entonces uno de los fundamentos de la teorización y uno de los fundamentos de la práctica. Voy a referirme entonces, a algunos impasses del tiempo en psicoanálisis.

1- El acto de tomar la palabra está determinado por un tiempo que le falta al sujeto y le faltará siempre: es el tiempo en que le faltaba la palabra, o sea, cuando el sujeto faltaba al acto de hablar. Toda la armazón lógica del psicoanálisis se sostiene en esta falta del tiempo de la palabra que es causa del habla, de ahí el deslizamiento entre causa y Cosa, nombre del goce que falta o perdido. En este vacío de tiempo o fuera del tiempo se inserta el trauma y también el acontecimiento de lo que adviene como nuevo delineando la singularidad de cada sujeto. En cambio del hablar se goza en el tiempo, se goza del Falo en el tiempo de su circulación: si nadie lo tiene y nadie lo es, entonces circula al hablar. La dimensión del tiempo es menos aprehendible que la del espacio, por ello se necesita del espacio para soportarlo. Por ejemplo decimos los trayectos del análisis, cuando en realidad estos recorridos por la estructura del sujeto, son recorridos en el tiempo. Al trasponerlo al espacio se lo imaginariza de la misma manera que imaginarizamos un espacio para lo inconsciente o las posiciones del sujeto en el fantasma. Aún la denominada posición del analista no corresponde a un lugar en el espacio sino a un lugar simbólico de operatividad con el tiempo de la sesión y la estructura del analizante. Trasponer el aparato mental al espacio le da a éste estabilización; la misma denominación de aparato ya pre-supone un espacio donde localizarlo. Para salvar este impasse hablamos de espacio virtual o

recurrimos a escrituras topográficas o a modelos físicos -como hizo Freud- o a la mostración topológica como hizo Lacan. Cada orientación teórica arma su propia concepción del tiempo de la cual derivan las distintas posturas respecto de lo inconsciente, las estructuras clínicas, la dirección de la cura y el dispositivo analítico. El concepto de tiempo tiene el tiempo de la historia y ha construido la historia del pensamiento; por ejemplo de esa historia dependen las perspectivas sobre el origen, la evolución, la identidad, la trascendencia, la repetición. El psicoanálisis agrega a esta historia el espesor erótico del tiempo, el espesor de la transferencia, que se actualiza en el dispositivo de la sesión anudando las dimensiones real, simbólica e imaginaria de la temporalidad finita e infinita del sujeto, del pensar y del análisis.

2- El tiempo del psicoanálisis es el tiempo forcluido por la linealidad cronológica, de la misma manera que el sujeto es el forcluido por la ciencia; el tiempo libidinal queda fuera de la linealidad imaginaria y la expresión espacial del tiempo. Justamente las zonas erógenas se delimitan por la pulsación temporal. Esta nolinealidad del tiempo del sujeto, o del goce y del deseo no puede expresarse en la geometría euclideana de tres dimensiones. Se expresa mejor en la

multidimensionalidad y en el devenir simultáneo hacia el pasado y hacia el futuro. La idea de retroacción tampoco es una noción sólo de la acción, o sea del movimiento, sino del movimiento en el tiempo, es más una cinética que una geometría. Si en 2 dimensiones el recorrido más corto entre a y b es una recta, esto no es aplicable al análisis pues hay que pasar por lo menos más de una vez por el mismo lugar sintomático, repetitivo de la estructura, para deshacerlo y para atravesar sus efectos; las circunvoluciones que hagamos no llegan al mismo punto de partida y además se avanza mientras aparentemente se retrocede. La orientación progrediente de la cura es tal, ya que no hay progreso, si un corte, o un entre dos, generador de una diferencia, instala en la retroacción la dimensión

del pasado, o sea, la orientación regrediente. De lo más corto pasamos a lo que corta y produce discontinuidad. La orientación de la cura se encuentra en su camino con discontinuidades generadas por el tiempo del significante inscribiéndose en el cuerpo. La estructura del lenguaje, que pre-ex-siste y per-siste, nos obliga a saltar de significante en significante dibujando en la intermitencia del salto, un vacío contado como temporalidad del sujeto. El recorrido por el análisis va develando el tiempo subjetivo según las modalidades del deseo neurótico: postergado, insatisfecho y prevenido, que constituyen las formas de aceleración, retención, retardo y huída en alcanzar el objeto del deseo, del goce y del amor. Entonces hay un tiempo de la histeria, un tiempo de la neurosis obsesiva, otro de la fobia y hay un tiempo de la impulsión, de la perversión, de la psicosis y de la melancolía y la manía.

3- En Pulsiones y destinos de pulsión ésta es definida como una energía somática constante que representa una excitación para lo psíquico. El empuje de la pulsión es perentoriedad que la descarga no anula sino que reintroduce. Es un esfuerzo en el tiempo entre el máximo de excitación y un mínimo que nunca es cero. Este esfuerzo traducido también como perentoriedad, es un esfuerzo de urgencia hacia el acto, modulado por el tiempo lógico: instante de ver, tiempo de comprender y momento de concluir. Lacan toma al movimiento en el tiempo de la pulsión y lo describe como un bucle alrededor del objeto, al cual la pulsión no alcanza, y que volviendo casi al mismo lugar -el de la imposibilidad el cero- ésta busca repetir el trayecto hacia la descarga. Así la pulsión está ligada al concepto de repetición que introduce la singularidad en la temporalidad del sujeto. Esta temporalidad contrasta con la atemporalidad del inconsciente. Lacan dice: Dios es inconsciente. Pienso que dios e inconsciente participan de esta dimensión atemporal pues nombran la faz del tiempo que se desconoce a sí mismo, que no puede capturar su propia presentación, su inicio o su origen, los cuales se vuelven imposibles o reales, en el sentido lacaniano.

En la repetición que el análisis pone a funcionar de otra manera, se hace posible que algo cese de producir sufrimiento o destino inexorable pues se interceptan el automaton (red de los significantes que se repiten) y la tyche (encuentro casi por azar con lo real). Para Freud el trauma se repite para inscribir una diferencia en la constancia del empuje; si se inscribe una diferencia de repetición, se duela lo imposible del objeto inscripto como perdido; comienza una cuenta progresiva que parece ir hacia adelante, pero que en realidad cuenta las repeticiones dadas más una demás vacía. O sea, que el tiempo subjetivo del pasado nace de una serie que parece ir hacia el futuro, cuando éste es también su creación. El amor de transferencia moviliza el duelo en un tiempo que hará falta. En resumen, hace falta tiempo desplegado en el análisis porque el tiempo "hace la falta". Cuando Freud trabaja por ejemplo la pulsión escópica y el fantasma de pegan a un niño, habla de tres tiempos: activo, pasivo y reflexivo. Lacan va a decir que este tercer tiempo, el del darse a ver, es el del anclaje o advenimiento del sujeto en el fantasma con lo cual lógicamente los dos primeros son presubjetivos. Sin embargo no hay antes sino que el aspecto perentorio de la pulsión al cruzarse con la angustia de castración y la ley simbólica del padre, articula un sujeto en el fantasma.

4- En la Carta 52 Freud destaca una huella sin marca que trabaja a nivel del Ello, que no implica traza en el inconsciente. Corresponde a un punto de atracción, un atractor, se diría hoy, sobre el cual el inconsciente gira pero al que no alcanza jamás. Esta inscripción primera está sustraída. Freud ordena las transcripciones como un movimiento en el espacio que repiten transcripciones alrededor de un vacío, pero que implica toda una concepción sobre el tiempo. Lacan toma de Heidegger el advenir siendo sido que después remite al futuro anterior: habré sido y Deleuze habla de un tiempo que simultáneamente va hacia adelante y hacia atrás el cual es el único que podría dar cuenta del sujeto y su temporalidad, pues este tiempo indica que la repetición repite la sustracción del

presente: se repite una sustracción y no una presencia presente en el hoy o en el ayer. Este aporte es correlativo de una concepción psicoanalítica que formula a la repetición y a la transferencia como la inscripción de las diferencias más que la regresión y la presentificación de lo dado. Para Lacan tanto la represión como la repetición vienen del futuro. La represión anticipa porque se reprime antes que ...lo cual le da a la represión la dimensión no de lo que fue, sino de lo que está siendo ....sido. Lo que se repite es este circuito de anticipación ante la angustia y la represión que retorna como si proviniera del pasado. Por un lado este ciclo es atemporal y por otro es una atemporalidad sujeta a la irreversibilidad de la flecha del tiempo para cada analizante; esta flecha se escribe en el análisis para que haya reversibilidad del síntoma, de la repetición y de la identificación del sujeto al objeto. La idea de irreversibilidad es solidaria de los cortes simbólicos que marcan un antes y un después: la paternidad, la separación, etc. El sujeto bascula entre ese antes y después del acto con que concluye según la direccionalidad de su deseo. Así el tiempo funciona para el sujeto como un punto de corte que lo divide entre lo que no alcanzó a ser y lo que jamás será igual a sí mismo. Entonces desde este punto de vista, la atemporalidad es solidaria del acontecimiento, entendido como ruptura, quiebre, corte del atemporal en la temporalidad, es decir: discontinuidad en la continuidad.

5- Hay un tiempo fuera del tiempo que es el acontecimiento del encuentro; este encuentro si bien parece escapar al fantasma, condensa en el instante del encuentro-acontecimiento las modalidades temporales del deseo, el amor y el goce. Sobre esto quiero poner el acento: no es o el deseo, o el goce o el amor, sino que el encuentro es el punto de condensación crítica, como el Big Bang, que creará la dimensión real, simbólica e imaginaria de lo que cada uno de los partenaires es en tanto objeto para el otro-semejante y como Otro Sexo. El flechazo, es la flecha del tiempo que se comienza a contar a partir del reconocimiento del encuentro (fechas de aniversarios) durante el tiempo de la vivencia que inunda la conciencia de sentimientos porque esta referido a la lógica

del fantasma. Por eso la angustia señala lo demasiado súbito o lo demasiado esperado o lo demasiado retardado o lo perdido aún antes de comenzar. El encuentro tiene algo de amoroso, algo de ominoso y algo de indiferente. La estructura del encuentro es la del rehallazgo del objeto, por un lado, y de lo novedoso, por otro, de lo imposible de simbolizar y traumático que se repite, y de lo irrevocable e irreversible creador. El encuentro y sus vicisitudes es algo que retoman los analistas de pareja y familia, o de la vinculación-segregación porque ambos se encuadran en la dimensión del objeto, pero también el encuentro forma parte de la transferencia por advenir. El análisis de una familia puede asemejarse a un sistema disipativo o en noequilibrio, lo cual implica no tratar de volverlo a un equilibrio supuestamente normal, sino entender la dinámica del no-equilibrio. A modo de metáfora tomaré algunas ideas de Prigogine quien dice: "Lejos del equilibrio la materia adquiere nuevas propiedades, típicas de las situaciones de no-equilibrio, situaciones en las que un sistema, lejos de estar aislado, es sometido a fuertes condicionamientos externos (flujos de energía o de sustancias reactivas)...Cuando nos encontramos ante una estructura en no-equilibrio o disipativa, tienen que suceder elementos que empiecen a ver más allá de lo que rodea a cada molécula, o sea, que la materia se vuelva sensible. Cuando nos acercamos al equilibrio todo resulta lineal, en cambio en las estructuras disipativas hay muchos estados posibles... La vida es el tiempo que se inscribe en la materia." Considero que el tiempo en que se inscribe la vida erógena en la materia del cuerpo viviente, es la vida del sujeto. Lacan escribe la vida en el agujero Real, ahí donde el tiempo es puro corte.

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