comunidad

Sábado 26 de mayo de 2012

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Vamos alParque

Cuidemos el primer amor
l amor es un sentimiento imprescindible para sobrevivir. Además, no cabe duda de que sobre sus cimientos se han levantado grandes empresas humanas. Esta realidad que damos por sentada se acompaña de otra no menos contundente: en nombre del amor también se provocan sufrimientos difíciles de contar a muchas personas. Recogeremos un ejemplo inquietante. La adolescencia suele hacer gala de las primeras relaciones de pareja. El amor juvenil servirá de medida para mucho de lo que las próximas parejas nos depararán y es lamentable constatar que la importancia de estos amores iniciáticos no se restringe a sus más hermosos detalles. En la Unidad de Psicología Padre Luis Azagra s.j., que la Universidad Católica Andrés Bello puso a disposición de las comunidades caraqueñas desde hace trece años, detectamos con creciente alarma cómo los noviazgos adolescentes constituyen un ámbito para que se expresen distintas formas de violencia. Las más sutiles pueden pasar desapercibidas y por tanto es menester iluminarlas. Los adolescentes no identifican muchos intercambios de naturaleza violenta y, por ello, tampoco los reportan de manera oportuna. Es común que los celos y el control autoritario se tomen como signos de amor. Conductas de este tipo llegan a justificarse a través de la esperanza infundada de que el cariño se impondrá y permitirá que el agresor cambie. Además, un efecto de la violencia crónica es la duda que se instala en el agredido acerca de la exactitud de

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sus opiniones. De esta manera, no es raro que la propia víctima se culpe de lo ocurrido y exonere al victimario. En el mundo adolescente, los códigos de lealtad operan con extremismo y, así, supuestas “traiciones” menores sirven de base para proferir insultos inaceptables. Con el fin de comprender esta clase de situaciones, es útil agudizar la sensibilidad ante el momento evolutivo de la adolescencia. Actitudes típicas de los jóvenes pueden aumentar la vulnerabilidad frente a la violencia, de forma que la búsqueda de experiencias cargadas emocionalmente, algunas dificultades para anticipar consecuencias y la ingente presión de los pares, constituyen factores que potencian el riesgo. Cuando la violencia está presente dentro de la familia, como forma aceptada de resolver las diferencias, mayor es el riesgo de involucrarse en noviazgos cargados de agresividad. Sin embargo, la pertenencia a grupos de amigos donde el despliegue violento se concibe como una conducta natural, es un elemento que fortalece más aún la probabilidad de establecer relaciones violentas de pareja. Esto coloca el acento en la responsabilidad de los padres para supervisar las relaciones tempranas y crear un ambiente propicio para develar los hechos violentos. A partir de allí, se abre la puerta para que organizaciones especializadas como la Unidad de Psicología del Parque Social Padre Manuel Aguirre, s.j. puedan actuar profesionalmente.
http://upla.org.ve/ upla.proyectos@gmail.com @UPLAucab

Parque Social Padre Manuel Aguirre s.j.Av. Teherán, Urbanización Montalbán, La Vega. Frente a la Universidad Católica Andrés BelloCaracas, Venezuela. RIF J-30434905-0 Telf.: 0212.471.55.80 Fax: 0212.471.69.23