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TEMA 7. Teatro clásico europeo. El teatro isabelino en Inglaterra: Shakespeare.

El teatro clásico francés: Molière
INTRODUCCIÓN La primera mitad del siglo XVII viene marcada por la guerra de los Treinta Años (1618-1648) y la sustitución de la hegemonía continental de España por la de Francia. Hay un gran impulso de la ciencia gracias a teorías filosóficas como el racionalismo y el empirismo. Destacan figuras como Descartes y Bacon. Se va perdiendo el optimismo y el equilibrio renacentistas y surgen nuevas formas culturales como el Barroco, apareciendo ahora el desengaño y un mayor artificio estético. TEATRO ISABELINO EN INGLATERRA El teatro isabelino inglés está constituido por las obras escritas desde 1580 hasta 1640. Destacan Marlowe, Kyd, Benjamin Jonson y sobre todo Shakespeare. El teatro isabelino se aparta de las reglas clásicas: no respeta las tres unidades (lugar, tiempo y acción), mezcla lo cómico y lo trágico; la prosa y el verso; los personajes nobles con los plebeyos, etc. No obstante, aunque se escriben muchas tragicomedias, también es posible distinguir obras con un marcado carácter trágico o cómico. Asimismo, merecen una especial mención las piezas de tema histórico, fruto del gran interés del público por el pasado agitado y cruento de su país. SHAKESPEARE Shakespeare es el iniciador del moderno teatro inglés. Conserva los cinco actos del teatro clásico, pero no las convenciones clásicas dictadas por Aristóteles ya citadas anteriormente. Su estilo es asombrosamente rico. Muestra un dominio extraordinario de la lengua inglesa, manejando con maestría desde la expresión más exquisita hasta la gracia y desenvoltura del habla popular. Elevó a sus criaturas a la categoría de personajes universales, al encarnar las pasiones más arrebatadoras, pero sin restarles humanidad por lo que nos resultan extraordinariamente vivos. Asimismo, consigue emocionar enormemente al público, que nunca queda indiferente ante sus obras. Destaca su concepción del personaje cómico (clown), que no se limita simplemente a poner la nota cómica, sino que alcanza en ocasiones hondura filosófica, de modo que el humor es más amargo que burlesco. Dramas históricos En estas obras se llevan al escenario asuntos de la historia inglesa, reflejando el sangriento pasado, plagado de asesinatos y conspiraciones. Sin embargo, interesa más la profundización en los personajes que los propios hechos. Destaca su obra Ricardo III, cuyo protagonista destaca por su anhelo de poder. Comedias Partió de la comedia de enredo de raíces clásicas e italianas. Nos encontramos con intrigas amorosas salpicadas de dificultades, celos y malentendidos. No obstante, Shakespeare las enriquece, ya que crea personajes perfectamente individualizados. Además, suele mezclar la realidad y la fantasía. Destacan sus comedias Las alegres comadres de Windsor, La fierecilla domada, El mercader de Venecia, La tempestad (más tardía) y El sueño de una noche de verano, que trata el tema de la inconstancia amorosa, simbolizada por el duende Puck y su filtro mágico.

Tragedias En sus tragedias convierte a los protagonistas, trazados con enorme profundidad y perfección, en símbolos de actitudes humanas: el amor (Romeo y Julieta), los celos (Otelo), la duda (Hamlet), la ambición (Macbeth), el amor filial (El rey Lear), etc. Frente a estas pasiones desbordadas no hay más salida que la muerte, final común a todas las tragedias. Algunas de sus tragedias más importantes son: - Hamlet, en la que se plantea el conflicto interior del protagonista que debe decidir si venga la muerte de su padre. - Otelo, cuyo protagonista mata a su mujer tras las sospechas de infidelidad que le infunde Yago. Es la tragedia de los celos. - Macbeth, en la que la esposa del protagonista impulsa a su marido a asesinar al rey. - El rey Lear, cuyo protagonista, una vez repartido el reino entre dos de sus hijas, es abandonado por ellas. - Romeo y Julieta, en la que el odio entre familias impide la pasión de dos jóvenes. - Julio César, que escenifica la conspiración contra César. TEATRO CLÁSICO FRANCÉS A partir de 1630 se rechaza en Francia el teatro barroco, caracterizado por los excesos, y se impuso un teatro más equilibrado, comedido y claro, que respetaba las normas clásicas. Es el teatro clásico francés, que presentaba las siguientes características: Hay una clara separación entre tragedia y comedia y de personajes según los géneros La obra se desarrolla en cinco actos y se suelen respetar las tres unidades: de tiempo, de lugar y acción. Se da el decoro poético, en la que se evitan acontecimientos y palabras que atentan contra el buen gusto (refinamiento aristocrático).

Pierre Corneille En sus obras se plantea un conflicto en el que los personajes deberán decidir entre los impulsos de su voluntad o acatar los dictados de un deber superior. Así, en El Cid (1636), el protagonista debe decidir entre su amor a Jimena y su honor, que le obliga a vengar a su padre matando en duelo al padre de Jimena. Otras obras suyas son Horacio y Cinna.  Jean Racine Predomina en sus obras el pesimismo y el destino adverso de sus protagonistas. Sus personajes son humanos, débiles e indefensos frente a sus propias pasiones (la ambición, el amor, los celos, etc.), ante las que sucumben fatalmente. Destaca su tragedia Fedra, en la que el amor no correspondido de la protagonista hacia su hijastro Hipólito, provoca la muerte de éste y el suicidio de Fedra. Escribió también Andrómaca, Británico, Berenice e Ifigenia.  Molière Fue el creador de la comedia clásica francesa. Las comedias de Molière no son de intriga sino de caracteres. Importa la caracterización de los personajes. Se busca la verosimilitud, la naturalidad y la penetración psicológica.

Molière es creador de personajes complejos, que encarnan vicios y defectos que se critican y ridiculizan: la pedantería (Las preciosas ridículas), las pretensiones intelectuales de los nuevos ricos (El burgués gentilhombre), la ignorancia de los médicos (El médico a palos), la hipocresía religiosa (Tartufo), etc. Algunas de sus piezas más conocidas son: Tartufo, que es una sátira contra la hipocresía religiosa encarnada en el protagonista de la obra, que es un farsante que finge ser bondadoso para enriquecerse. El misántropo, en la que un personaje alejado del ambiente vano y superficial de los salones de la época es objeto de burla. Don Juan, que recrea al personaje libertino de El burlador de Sevilla de Tirso de Molina. El avaro, refleja la avaricia encarnada en el personaje de Harpagón, que está obsesionado con la posibilidad de ver menguada su fortuna. Esta obra recibe la influencia de La olla de Plauto. El enfermo imaginario, que retrata a un hipocondríaco.