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HISTORIA PSI DE LA PROVINCIA DE MENDOZA

LOS INICIOS DE UN PSIQUIATRA: ENTREVISTA AL PROFESOR JUAN JOSÉ VILAPRIÑOAÑE.
Por: EGEA Carolina; VELEZ Ivana; FLORES Mauricio; MOTUCA Mariano. historiapsi.mza@gmail.com
¿Qué debemos tratar de reencontrar en la historia? Al hombre, y al hombre más humilde. Roberto Rossellini

“Para ser humilde se necesita grandeza”. Ernesto Sábato

Jaspers comienza su Psicopatología General estableciendo una delimitación entre la psiquiatría como profesión práctica y la psicopatología como ciencia. Dice que el psiquiatra en la vocación práctica es una personalidad viviente que capta y actúa, para lo cual la ciencia (la psicopatología) es sólo un medio auxiliar para utilizar a favor del enfermo que acude a él. (1) El psiquiatra es un médico, dice Henry Ey, que “…debe ser un hombre de equilibrio, de ponderación y de tolerancia para asumir su función…” Al tratar las enfermedades mentales tiene la doble función de comprenderlas y explicarlas y por lo tanto ser capaz de ir muy lejos en la psicología profunda y al mismo tiempo conocer la desorganización y la vulnerabilidad de lo orgánico; continua diciendo que “… para ofrecer su imagen ideal, debe ser a la vez intuitivo y romántico, pero también biólogo y racionalista…”.(2) Quienes conocieron al Dr. Vilapriño podrán reconocer sus virtudes como un gran clínico, conocedor como pocos de la psicopatología y de su preferencia por la escuela alemana; su capacidad para combinar fármacos y ser efectivo en los tratamientos de pacientes refractarios apoyándose siempre en sus bastos conocimientos de psicofarmacología; su vocación docente en donde no sólo transmitía los contenidos de sus lecturas sino también sus experiencias clínicas(cuantos nos hemos beneficiado con su clases!); elogiarán su capacidad de gestión, demostrada en su paso por la dirección de los hospitales neuropsiquiátricos de Mendoza y también como profesor universitario de cátedras de psicología y psiquiatría. En resumen, podríamos decir que el Dr. Vilapriño ha sabido, durante su vida profesional, satisfacer los postulados de Jaspers y Ey sobre que debe ser un psiquiatra.

Quienes conocimos a Juan José podemos dar fe de todo lo anterior, pero también podemos, y queremos, decir que por sobre todo eso fue un excelente ser humano.

Tuvimos el honor del encuentro con el Dr. Juan José Vilapriño padre a fines del 2011, nos recibió en su casa, en su biblioteca, en su consultorio… Lo que pensamos como una entrevista fue en realidad un dialogo, una charla, una conversación, de esas que no se olvidan nunca. Como buen maestro, comienza él con una pregunta… Juan José Vilapriño (JJV) ¿Ustedes saben cómo se hizo el Sauce? Al Sauce lo construyeron para hacer un Instituto de enseñanza de artes y oficios, y cuando lo hicieron se dieron cuenta que el Psiquiátrico de la Provincia (actual Hospital Pereyra) era escaso y era malo, por eso decidieron estrenarlo como Hospital. Yo conocí el Hospital cuando fui a hablar con Crivelli (director del hospital en ese momento), porque un compañero mío me había dicho que andaban buscando un estudiante de medicina. Yo iba a tercer año, no sabía nada de nada, fui a hablar con Crivelli y le dije que me interesaba vivir en un Hospital y así llegué. ¿Crivelli vivía en el Hospital? (JJV): No, no vivía ahí, pero tenía unos caballos en el predio del Hospital, no sé para qué.  Estuvimos viendo que las primeras Historias Clínicas del Hospital El Sauce estaban escritas por el Dr. Crivelli, nos preguntábamos si él era el único médico que había en ese entonces en el Hospital… (JJV): Sí, médicos de sala no había. Habían médicos de guardia que eran Julio Herrera padre y Fernández Cheretti. Eran los dos únicos médicos que había. De ellos quien se interesaba por la psiquiatría realmente y lo motivaba a uno mucho era Herrera. Esto era en el 54, yo fui a vivir al Sauce en junio de 1954. Viví ahí tres, cuatro meses. Antes había intentado entrar a vivir al Hospital Central y al Hospital Emilio Civit y no me aceptaron. Yo había oído que en Córdoba habían estudiantes que vivían en los Hospitales y yo quería eso, no porque lo necesitara económicamente, sino porque era el ambiente.  Como era el Dr. Crivelli, ¿él atendía a los pacientes en los Servicios? (JJV): No, yo al que he visto atender pacientes y muchos era a Herrera. Y hacia consultorio externo también. Porque Herrera fue al primero que yo escuche decir que el Hospital psiquiátrico no es un lugar donde los pacientes deban vivir, que hay que mover las camas, que hay que hacer mucho consultorio externo, muchos tratamientos

ambulatorios. En aquella época hasta la insulinoterapia la hacíamos a veces ambulatoria. Y después con la medicación empezamos a externar muchos pacientes, sobre todo esquizofrénicos y a manejarlos ambulatoriamente.  ¿Y a usted qué lugar le dieron en el Hospital El Sauce? (JJV): Con el médico de guardia, en el edificio viejo, por el pasillo estaba la habitación del médico de guardia, yo dormía ahí. Me levantaba a las seis de la mañana porque a las ocho entraba en el Central, en esa época la Facultad de Medicina funcionaba en el Central. Me tomaba el micro, el 39, que se demoraba media hora en llegar, y demoraba mucho en pasar. En el Central tenía las clases y los prácticos, después volvía al Hospital y almorzaba como a las dos de la tarde. Me gustaba estar ahí, lo conocí a Herrera y nos hicimos amigos. A él en noviembre lo nombraron en el Hospital El Carmen en el Servicio de Psiquiatría y me pidió que me fuera a vivir allá y me fui, viví ahí como tres años. Tenía un departamento en el Centro en la calle Rondeau, pero iba de vez en cuando. Me gustaba la vida del Hospital porque ahí uno aprende toda la terminología médica sin estudiar y en el Hospital El Carmen en esa época no había cirujano que estuviera en el hospital, había un cirujano que había que llamar, el primer ayudante era el médico de guardia y el segundo era yo. Hacíamos cirugías abdominales… yo estaba a cargo del Servicio de Psiquiatría, desde luego sin saber nada, preguntaba y así fui empapándome. El primer libro que me dio Herrera para leer fue Jaspers, lo compré y no entendí mucho. Jaspers no es un libro fácil. Y bueno yo pensaba hacer pediatría cuando llegó esa caja misteriosa al Hospital El Carmen dirigida a Herrera…  ¿Nos cuenta? (JJV): Un día entro al Servicio de Hombres, porque el servicio de psiquiatría del Hospital El Carmen tenía un Servicio de hombres y un Servicio de mujeres con unas 28 camas en total y cuando entro al Servicio de hombres, veo una caja medio misteriosa envuelta, era grande, tenía muchos comprimidos y muchas ampollas. Al principio lo que más usábamos eran las ampollas en los cuadros de excitación, en los que antes no teníamos nada, ahora usábamos el Ampliactil. Herrera estaba muy entusiasmado y tenía razón, era el comienzo de una nueva época.  ¿De dónde venía esa caja? (JJV): Esa caja había llegado de Buenos Aires de un Laboratorio.  ¿En qué año llegó la caja? (JJV): Esto era en el año 58, había salido este medicamento en Francia en el año 52-53. Lo empezamos a usar acá Herrera y yo nada más. Usábamos el inyectable para los cuadros de excitación y para el delirium tremens; era espectacular, para esa época era

espectacular. Se lo mandaron a Herrera, yo creo que como prueba y lo probó, le gustó y lo usó muchísimo (ríe). Los pacientes se calmaban, los esquizofrénicos mejoraban, un milagro… Yo ahí decidí ser psiquiatra. Porque además en el 59 salieron los dos primeros antidepresivos que eran el Marsilid (Iproniazida 50 mg) que era un antidepresivo fantástico, lástima que era hepatotóxico. Era de una eficacia espectacular. Y el Tofranil, llegó después. Entonces, ya uno tenía con que tratar las depresiones y con que tratar la esquizofrenia. Además sabíamos que estas eran las primeras drogas y que vendrían después una serie de fármacos más, como fue en realidad y todo cambió. Yo no digo que la terapéutica psiquiátrica en la actualidad sea fantástica, pero es otra cosa, en aquella época no había nada, estábamos atados de pies y manos, insulina, electroshock o nada.  ¿Qué otros tratamientos habían antes de la llegada de los psicofármacos? (JJV): Aparecían esas cosas como la neumoencefaloterapia, que se hacían por hacer algo. El Cardiazol era terrible… unas crisis convulsivas espantosas, yo no lo usé nunca pero lo vi usar. Eso no se podía usar, el enfermo se sentía muy mal, no perdía el conocimiento. Y eso se usaba en cualquier cuadro, como para hacer algo, hasta en la esquizofrenia se usaba. También se usaba la leche tindalizada, era una leche con un proceso, se la usaba en la esquizofrenia y en cualquier otro cuadro, era intramuscular, pero no pasaba nada. Yo creo que el médico lo hacía para sentir que hacia algo por los pacientes, pero era igual. La psiquiatría en aquella época era un desierto total terapéuticamente. Imagínense la impotencia terapéutica que había en esa época, no sabíamos qué hacer con los pacientes, yo en esa época ya había decidido que no iba a hacer psiquiatría, iba a hacer pediatría o alguna otra cosa, hasta que apareció el Ampliactil, en el 58 y todo cambio.  Encontramos algo acerca de la neumoencéfaloterapia… ¿Como se hacía, que efectos tenía? (JJV): Yo la vi hacer, se inyectaba aire el líquido cefalorraquídeo, y les dolía la cabeza.  Juan José toma una de las primeras historias y la observa… Lee lo que figura en el apartado de tratamiento. (JJV): Dice “Purgado”, se les daba una purga… (un catártico). En esa época se le daba importancia a eso… “Somnifene”, era un sedativo que se daba en la epilepsia, en los cuadros de excitación, porque no había antipsicóticos… “Insulinoterapia”… lo hacíamos en aquella época.  Acerca de los médicos en esa época…

(JJV): Herrera, entró al Hospital, entre el 53 y el 54, iba dos veces por semana y Fernández Cheretti iba también dos veces a la semana, los dos a la Guardia.  ¿Y a los pacientes que estaban internados, quien los atendía? (JJV): Herrera veía muchos pacientes, a él le encantaba ver enfermos y era muy resolutivo, era de los que resolvía el problema como podía, pero los resolvía.  ¿Qué otra institución pública existía en aquella época? (JJV): El Instituto Psiquiátrico de la Provincia, se llamaba así en aquella época, actualmente es el Hospital Pereyra. Ese Hospital estaba muy estigmatizado porque era un desastre, entonces le cambié el nombre y le puse Carlos Pereyra. La primera vez que fui director pensé que no le hacía bien al hospital seguir llamándose así, por eso le cambié el nombre. En aquel momento, el Hospital “El Sauce” era nacional y lo fue hasta el 68.  Además de los Hospitales, ¿había alguna institución privada en aquella época? (JJV): Si, el Sanatorio Andino de Júdice-Cicchitti, estaba ubicado en la calle Adolfo Calle, todavía está el edificio allí, creo que ahora es un colegio. Ese Instituto privado llegó a tener 60 camas, era grande, y se llenaba porque la gente hipotecaba la casa para no llevar a su familiar al Neuropsiquiatrico de la Provincia que era un desastre. Cuando yo fui director por primera vez del Hospital habían 90 camas y 160 pacientes, muchas camas estaban ocupada por dos pacientes, no había comedores, era un verdadero desastre, un desastre total. Esto era en el año 66. El Sauce nació como consecuencia de las pocas camas, mejor dicho de las malas camas…. En el Instituto Privado habían mejores instalaciones, el lugar era lindo, pero no había un tratamiento distinto que el del Hospital, que eran insulina y electroshock y el personal que lo sabía hacer. Porque la insulina había que saberla hacer, sino los pacientes se morían por coma irreversible. Entonces había que saber que la pupila esté miótica o dilataba y en ese momento interrumpir el coma. Es decir que alguna ciencia había en cuanto al tratamiento, pero claro, aparecieron los antipsicóticos y desapareció la insulinoterapia.  Nos llamaba la atención al revisar las Historia Clínicas, que las internaciones no eran tan prolongadas como esperábamos… (JJV): Desde que yo fui a vivir al Hospital El Sauce, esa era una premisa, que el enfermo no esté un solo día de más. Diagnóstico, tratamiento, historia clínica y alta, a cualquier lado, con la familia mejor pero sino a una pensión u otro lugar.  Esto que nos comentó que en un primer momento la institución fue pensada como un instituto de artes y oficios, ¿eso después se aprovechó para los pacientes? (JJV): No, Herrera y otro pionero importante de la psiquiatría mendocina, que no recuerdo el apellido, fueron los primeros que le dieron mucha importancia a la terapia

ocupacional, entonces en 1960, con una asociación que Herrera había formado, que se llamaba ACLEM: Asociación Cuyana de Lucha Contra las Enfermedades Mentales, hicieron el pabellón de terapia ocupacional del Hospital El Sauce. Herrera hizo construir un edificio al lado del edificio viejo, al lado de la cancha de básquet y la encontró a Lila Peña, que para mí es la mejor terapista ocupacional psiquiátrica que hay en la Argentina. Entonces empezaron a hacer terapia ocupacional fantástico. Muchos enfermos salían adelante por la terapia ocupacional y después, a la casa, porque la mejoría se completaba ahí. Después Herrera hizo construir ese pabellón en que actualmente está la parte administrativa del Hospital, lo construyó a través de ACLEM para que funcionara como pabellón de mujeres, que hasta ese entonces no había, esto fue en la década del 60, ahí empezamos a internar mujeres.  Y antes de eso, ¿qué hacían con las mujeres que venían por ejemplo con una crisis de excitación? (JJV): Las mandábamos a la casa, si era afiliada a OSEP la mandábamos al Hospital El Carmen, si tenía medios económicos la mandábamos al Sanatorio Andino y mientras tanto nos manejábamos con el Somnifene, que era un tranquilizante y anticonvulsivo, se le hacia el Somnifene intramuscular, se sedaban y se dormían. Después, cuando yo estuve en la OSEP conseguí poder internar afiliados y no afiliados. El no afiliado pagaba algo, pero era el único servicio de psiquiatría que había en la provincia en un Hospital General.  ¿Qué piensa de los Servicios de Psiquiatría en los Hospitales Generales? (JJV): Yo creo que es bueno, lo que pasa es que hubo un servicio de psiquiatría en el Central que se les ocurrió ponerlo en el quinto piso y hubo dos o tres suicidios, la gente se tiraba por la ventana. Yo creo que no estuvo bien ubicado, es más, quienes estaban como médicos, eran psicoanalistas, no medicaban, y al enfermo grave hay que medicarlo. Yo creo que la idea es buena, yo pensaba que si algún día cierran los Hospitales Psiquiátricos hay que poner un Servicio de Psiquiatría en todos los Hospitales Generales. Lo que pasa es que eso desde el punto de vista presupuestario debe ser más caro que mantener los Hospitales Psiquiátricos. Yo siempre digo una cosa en relación al tema de si el Hospital Psiquiátrico debe existir o no, creo que hay un error de concepto que es el siguiente: en mi criterio el Hospital Psiquiátrico chico es eficiente y útil; lo que pasaba que en Buenos Aires estaban esos Hospitales de tres mil, cuatro mil camas, entonces entre eso y nada es lo mismo. Pero estos Hospitales chicos bien manejados son útiles, los enfermos no están sin atención. En Buenos Aires y en Córdoba había enfermos, que los ingresaban y no los volvía a ver más nadie, no había suficientes médicos, no había interés tampoco, y nos los volvía a ver nadie hasta que se morían o tenían una enfermedad física por la que había que trasladarlos. Inclusive en el Pereyra (en ese entonces Neuropsiquiátrico de la Provincia) cuando yo llegué, era un poco así, los enfermos que estaban en tratamiento eran unos pocos agudos que eran internados por un médico que tenía interés de seguirlos, pero

nadie se sentía obligado de tratar a nadie. Yo empecé a obligar que todos los enfermos tuvieran historia clínica, tuvieran un seguimiento semanal, estuviera o no estuviera medicado, si estaba medicado dos seguimientos en la semana, que tenían que estar escritos. Habían muchos médicos en el Psiquiátrico de la provincia, pero no trataban a nadie, casi todos eran psicoanalistas. Yo les decía, hagan psicoanálisis pero denle algo también. Es decir, no era cuestión de poner un criterio, no era esa la pretensión mía, pero eso de que al enfermo se lo internaba y no lo trataban es una actitud anti médica. Algo hay que hacer con los enfermos.  Veíamos en las Historias, que casi a todos los pacientes les hacían punción lumbar, pruebas para detectar sífilis y otras enfermedades… ¿era un criterio para todos? (JJV): En general se hacía mucho, aunque fuera una esquizofrenia, decíamos no vaya a ser que sea una neurolues, en aquella época la neurolues era muy frecuente, mucho más frecuente que ahora. Entonces por ahí encontrábamos una neurolues, entonces eso justificaba que le hiciéramos a todos análisis, así era. Era otra psiquiatría a la que hay ahora, más ligada incluso a la neurología.  En las historia clínicas hay mucho peso en las descripciones neurológicas, que ahora no se ven tanto… (JJV): Además, en aquella época entre 1952 y 1960 durante dos o tres años los directores del Hospital El Sauce fueron dos neurocirujanos. Casi no había psiquiatras.  ¿Y los psiquiatras donde se formaban? (JJV): Se supone que venían ya formados de Buenos Aires y de Córdoba. Los psicoanalistas se formaban con Echegoyen acá y sabían nada más que psicoanálisis. Yo no creo que estuviera mal saber psicoanálisis, pero solo psicoanálisis no es para esta época al menos. Igual no les hacía psicoterapia, ni psicoanálisis, ni nada, el enfermo estaba sin tratamiento. En esa época que estuvieron los neurólogos, estaba Egea, que también era neurólogo, no había tratamiento psiquiátrico y ya había psicofármacos. Fue una época que Herrera anduvo en España y en el Sauce nadie hacía nada.  Notamos que la recopilación de datos en los ingresos de los pacientes no era muy abundante en aquellas primeras Historias… (JJV): Sí, no había mucha exigencia, el único que se preocupaba por los pacientes era Herrera (se emociona), el único. Ni Crivelli, ni nadie. Sin embargo, Herrera tenía una personalidad muy difícil para convivir, entonces sus ideas no prendieron demasiado, yo creo que solo Nazar y yo, aprendimos de él mucho y casi nadie más, porque la gente no se acercaba a Herrera. Lamentablemente murió joven, tenía 57 o menos, yo ya tengo 78. Yo creo que fue una pérdida importante para la psiquiatría de Mendoza, él era muy inteligente, muy capacitado, buen médico y sabía psiquiatría.

 ¿Dónde se había formado Herrera? (JJV): Herrera se había formado en Córdoba. En aquella época allá estaba Bringa Núñez, que era un tipo muy capaz. Herrera me llevaba a mí más de diez años. Cuando el vino acá, yo estaba en cuarto año de medicina y él además se había quedado dos años más en Córdoba especializándose. Cuando Herrera se vino a Mendoza y acá no había nadie prácticamente, yo fui el psiquiatra número nueve, pero además la mayoría de los psiquiatras se dedicaban a hacer psicoterapia en el consultorio, no iban a los Hospitales. Herrera llegó al Sauce y empezó a mover el Hospital, a hacer terapia ocupacional, tratamientos ambulatorios y además se le llenó el consultorio, porque era el único que hacia una psiquiatría clínica bien hecha. Y esa fue la historia de él y la historia mía. El fue el que me motivó (se emociona). Yo siempre he dicho, desde luego que nadie me hace caso, que el Hospital El Sauce debería haberse llamado Hospital Herrera en mi opinión; porque Herrera hizo mucho por el Hospital El Sauce, mucho, mucho… El llegó más o menos en la época que llegue yo, unos pocos meses antes. El estaba en la Guardia pero además atendía los pacientes internados, porque no los atendía nadie. Tenía esta noción médica de que al paciente hay que hacerle Historia Clínica, diagnosticarlo, tratarlo y darlo de alta. Y en la psiquiatría de aquella época en Mendoza, no había ese criterio, la gente entraba para que no molestara a la familia, para que no molestara a la sociedad y listo, tratarlo no era obligación, diagnosticarlo tampoco. Era una psiquiatría muy primitiva la de aquella época, una psiquiatría que yo llamaría triste. Era ver pasar a los pacientes internarlos, darles de comer, que no pasaran frio, era un albergue el hospital. Yo creo que con ese concepto de hospital se justifica que haya psiquiatras que quieran cerrar los hospitales, ahora si el hospital es operativo, da altas, tiene mucho consultorio externo, mucho tratamiento ambulatorio… La variante sería hacer servicios de psiquiatría en todos los hospitales generales, pero no sé si sería útil para todos los casos, porque esos enfermos esquizofrénicos muy excitados o maníacos no sé si se puedan internar en un hospital general. Lo que si hay que hacer hincapié siempre es que el hospital psiquiátrico no es un lugar para que la gente viva, eso ya lo decía Herrera y lo aplicaba, que era lo más importante. Los que nos formamos con él seguimos el mismo criterio, no han cambiado muchos las cosas, bueno cambiaron por los psicofármacos, que como dicen algunos fue una verdadera revolución, cambió todo. El Ampliactil bendito… ¿Saben con que trataban muchos médicos el delirium tremens? Con vino, algunos se curaban, otros se morían… En cambio con el Ampliactil se curaban y no se morían… fue un cambio increíble, los esquizofrénicos empezaron a ser dados de alta… para nosotros fue maravilloso. Yo creo que la psiquiatría es una hermosa especialidad, pero ahora. En aquella época no, era muy desolada. Bueno esa es la psiquiatría en nuestra querida Mendoza… Muchas Gracias Juan José. Nunca olvidaremos su generosidad y su grandeza.

Bibliografía:

1- Jaspers, K. (1946). Psicopatología General; pag 7.Mexico: Fondo de la Cultura Económica. 2- Ey, H. (1979). En defensa de la Psiquiatría; pag 119-120. Buenos Aires: Huemul.