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Ipuche, Pedro Leandro Alas nuevas

PEDRO LEANDRO IPUCHE

^ ALAS

NUEVAS

VIONTEVIDEO -

1»22

PEDRO LEANDRO IPUCHE

J-/

ALAS NUEVAS

MONTEVIDEO

1922

Zy^^,,,

(/,

%,

/?S1

IMPRENTA RENACIMIENTO
25

DE MAYO,

483

y

esta es la hora de cantar en serio.

Vida, naturaleza, hombre, misterio.

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University of Toronto

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LOS CARREROS
1

Y

por los quietos caminos

Vienen

los carreros.

Displicentes, y fuertes, y cetrinos,

Misteriosos y

fieros.

Vienen los carreros.

Tarareando sus lentos

estilos,

Y
De

aguijando los bueyes mañeros
belfos

babosos y pasos tranquilos.

Las carretas gemebundas

De
Con

ásperos varales y toldos curtidos

Estiran dos franjas largas y errabundas

sus ruedas de ejes rayados de ruidos.

Pendulea

el

muchacho,
la

Y

el

perro sombrío viene a

culata

8

PEDRO LEANDRO IPUCHE
Torpe y borracho

Por

el

sol

de Enero

Que

desata
plata.

Sus llamas de

II

Vienen

los carreros.
la

Con

la

lanza de paz de
el

picana
:

Flexible sobre

hombro

Con
Sobre
la

la

pierna cruzada
;

cruz paciente del caballo

Y

tocando en los lomos manchados
el

Con

clavo feudal de
los

la

tacuara

La yunta de

bueyes delanteros.

Los macizos cuarteros,

Y

los

fuertes y

gordos pertigueros.

III

¡

Tira güey

!

¡

Pertiguero, gücy
i

I

Barcino, güey
!

!

¡

Delantero, güey

Vienen

los

carreros.

Ásperos

del

polvo volador del campo,

ALAS NUEVAS

Abochornados por

el

sol

abierto
totalmente.

Que

se lanza a los

campos

Visten

el

liso

chiripá, sujeto
:

Por

el

brazo apretado del cinto

Calzan crueles tamangos de

tientos,

Y

bajo

el

sombrero caen

las

cuatro puntas

Del pañuelo listado de colores

Que

los defiende

del

fuego del

aire.

IV
¡Oh,
sencillos

amigos de brazos quemados,
criollas.
el

De

barbas

V de ojos hechos a entender

día,
el

Y

hechos a ver

las

noches hasta
la

fondo:

Carreros ocres de

tierra

mía

!

Vosotros

fuisteis

los primeros,

Taciturnos carreros.

Que
Se
Al

enseñaron a andar
raza,

al

terruño

:

Cuando mi
dio
al

ensangrentada y
y

triste,

trabajo,

pudo desdoblarse

trajín

primitivo del comercio.

Vuestras carretas

Abrieron y anudaron los caminos,

10

PEDRO

LH ANDRÓ IPUCHE

De
Con
la

poblado a poblado,

paciencia terca que su andar alargaba.
el

Cruzando

pajonal alto y revuelto,

Y

el

río

oscuro de ramaje suelto
y

Que

— arcano
Y Y

desolado

— se

estiraba.

cacheteados por los vientos todos,
castigados por las aguas todas,

Entrabais a I03 pueblos primerizos

Con un esmalte serio De lo desconocido
Ante
la

gente crédula, encerrada
lugar.

En

la

línea apacible del

V
Yo
os he visto de niño, sufridos andariegos,
las

Pasar por

porteras, y entrar a los poblachos,
la

Suspendiendo

dulce soltura de mis juegos

Entre los talas grandes y los recios quebrachos.

I

Con qué miedo

os miraba venir del horizonte

Trayendo

los prodigios

de

la

ciudad ignota.
el

Yo, crecido entre pájaros, alborotando

monte,

Y

avistando del árbol

la

vibración remota!

Para

m'\

ergís augures,

nigromantes, herméticos,

1

ALAS NUEVAS

1

Con

vuestros rasgos bárbaros, terrosos y profélicos.

Venidos

de!

misterio para mi ingenua idea.

Yo

os veía con raros temores avanzar
:

Entre las estridencias de la carreta fea

Y

hoy sé que por vosotros mi

tierra

empezó

a andar.

VI
Se han detenido
En
el

las

carretas
y

ala del

bosque oscuro

largo.

Ya desuncen

sus bueyes los criollos ascetas.
el

Y

preparan

agua

ritual

del

mate amargo.

Y
Picanea

el

sol

seco del verano

Con

sus bermejas picanas
la

sombra hasta

el

llano.

Por
Sólo se ve de

la

noche,
la

lejos

inquietud de

la

llama

Alzar un círculo sabático,

Y

destacar

al

vivo
los

Las caras plácidas de

carreros.

I

Los carreros

!

Los primeros
Viajeros

!

12

PEDRO LEANDRO IPUCHE
Pacíficos y fieros

Que
Llevaron
la

a los caminos nuevos

andariega rudeza de un canlar
;

Ellos nos enseñaron a caminar bien lejos

Por

ellos

aprendimos a

salir

del

lugar.

I

Ah

mis carreros viejos,

Ya

os ha llegado

el

momento

Humano, de descansar

ALAS NUEVAS

15

LOS POTROS

Y

van saltando los potros, foscos, trémulos, crinudos,
estridentes.

Desplegando su energía en relinchos

Hay un

vaivén epiléptico en sus ojazos desnudos.
siniestra

Y

la

amenaza

del

desgarrón en sus dientes.

I

Ah,

los potros

de ancas duras y corvejones nervudos de lomos resplandecientes.
y

;

Impetuosos, primitivos

Donde

el

gaucho

ágil

audaz

entre gritos y saludos,
!

Hace un ángulo de

ajuste

con sus piernas resistentes

Los potros abren en mí

la

curva de los impulsos,

Repercuten en mi cuerpo, hacen tremolar mis pulsos.

En un

afán de banderas, de martillos y de lazos.

Son

la

fuerza
siento

— rauda
el

y

toda

—y

por eso

me

seducen,

Cuando
En un

tamboreo de sus cascos que relucen
mordiscos y pechazos.

tropel aturdido de

14

PEDRO LEANDRO IPUCHE

EL

CANTOR CIEGO

II

Lleva enhebrada en las cuerdas de su guitarra tristona

La

tradición lugareña de tragedias y aventuras
lo

;

Tiene algo de varonil

rauco de

la

bordona,

Y
Es

hay

tres

mujeres que ríen en las primas inseguras.

el

aeda

del

pago que

al

gauchaje sugestiona

:

Trashumante, ciego, augur, hace misteriosas curas.

Cuando
Pone en

extiende un episodio o un lance su voz temblona,
los rostros tostados la

humedad de

las ternuras.

Saltan y saltan por

lo

íntimo de su caja sexticorde
el

Tres cascabeles de víbora que hacen mágico

acorde.

Y

en los acentos tumbales de su voz octogenaria

Hay relámpagos de

lanzas y chispeos de facones.

Desafíos, domas, hierras, sortijas y pericones,

Y

la

llama del coraje y

el

temblor de

la

plegaria.

ALAS NUEVAS

13

LAS SORTIJAS
(1)
III

Por

la

luz

festiva y

ancha de este

sol

que abre
;

la tarde,

Hay un

júbilo

sonoro y centellantes ginetes
muestran un
el

Criollas que en los escaños

triunfal

alarde,
fletes.

Cuando ven
Allá,

sus novios trémulos sobre

ardor de los

por

los

cabezales de un camino que blanquea,

El arco de mataojos luce la argolla probática,

Y Y
¡

un gaucho alígero cruza, y no ensarta
sofrena
el

la

presea.

redomón que

es una furia acrobática.

El

número

tres
le

1

—Y

un gaucho, sacudido de emoción.
el

Siente que

arde en

pulso

la

audacia del corazón.
el

Aguija, y entre las chispas del polvo corre

cebruno

:

Saca

el

palillo

la

argolla
el

;

pero en

la

carrera loca,

Por un vértigo

rijoso,

cebruno se desboca,
el

Y--¡a bolearlo 1-atropeIlándose, grita

paisanaje hombruno.

16

PED.<0 LEANDRO IPUCHE

(

2)

Y

en un bordoneo sordo trazan sus círculos trágicos
la

Las boleadoras trenzadas, opresas por

manija

;

Y

arrojadas de

lo
al

alto,

como por
la

tres

dedos mágicos.
la

Atan de atrás

cebruno con

cincha a

verija.

Vuelve

el

ritmo de

la

fiesta.
el

Puede seguir

la

sortija.
la

Y

el

gaucho que en

palillo

encintado trae
anillos.
ella

argolla,

Recibe una caja hinchada de
Languidece, porque
el

Y

una

criolla
fija.

gaucho en

los ojos

Se apea

el

criollo,

y sereno,
le

con
todo

la

caja en una
y ufano.

mano.


Y
El

Elija,

prienda.

dice,

lírico

en un resople metálico, van

los

caballos en que arde
«

chapeado que se quiebra en fulgores
el

y

sonidos

;

Hasta que

sol.

resbalando por los cerros conocidos.
la

Tira una raya de sangre a lo largo de

tarde.

ALAS NUEVAS

it

MI

B^ÑO

IV

Son

las

cinco de

la

larde.

Cruza, enhebrando

el

ramaje,

Una

brisa larga y fina con sus agujas sutiles.

Me Me
Y

desnudo retozando.
levanta

Y

una cosquilla salvaje

suelto y ágil

— con

mis ímpetus

viriles.

en una arqueada

flexible,

mi cuerpo

las

líneas quiebra

Del agua que, bajo un ritmo sombrío, pasa, sonora.
Zambullo, me
alzo,

braceo, resbalo

— todo

culebra

Y

mis brazos se hacen hélices y mi cabeza una prora,

¡Cómo se interpora el agua Una frescura absoluta hasta Nado contra el correntaje, y

en mi carne áspera y fuerte
el

!

alma se me

vierte
:

;

jadeo triunfador

Y

apretando con mis dedos los raigones de
la

la

orilla,

Salto a

arena, y mi cuerpo

— blando

y

tembloroso

brilla

Por un

sol

que cabrillea con sus chispas de color.
•a

;

»

16

PEDRO LKANDRO IPUCHE

LA PENCA

V
Hoy
corren los seis caballos

más

ágiles y ligeros,

Y
Es

una yegua malacara de vivaces sacudidas.
el

día de la

penca

:

y hay carpas en los linderos

De

la

raya que se abre provocando las salidas.

Ya han

variado los ginetes sus ávidos parejeros
señal de un pañuelo de curvas estremecidas,

Y

a

la

Los

siete

equinos de un salto se estiran, rápidos,

fieros,

Y

cruza un jadeo cálido en las bocas encendidas.

— Voy
i

al

bayo! -

I

Voy

al

morol

— iVoy a
Y
el

la

yegua, canejo!

Ronca, desprendiendo

el

— Ya
Y

cinto y preparándose un viejo.

esiá.

— Se ajusta
lo

la

apuesta.

polvoriento tronido

Es un vértigo a

largo

de

la

raya palpitante.

de golpe, un grito vasto:
del

'jLa yegua llegó adelante!

Arranca una carcajada

gauchaje sorprendido.

ALAS NUEVAS

\9

EL VIRARÓ

VI

Por

el

centro de

la

selvn

abre sus brazos de abuelo,

Ásperos, torcidos, largos,

como para
el

recoger
cielo,

La

luz

solaría y

el

aire

y

agua viva del

Y

tirarlos a

sus árboles que empiezan a verdecer.

Tan

alto es,
el

de

tal

anchura, que,
redobla

triunfal,

sobrebosquea;

Y
De

cuando
las

trueno

sobre
tiembla,

los

negros tambores

agrias tempestades,

se estira, se arquea.

Y

tapa toda su selva de los rayos hachadores.

Y

ese arbolazo que, indemne de los

rayos y huracanes,

Alza sus gajos terrosos en angustiados afanes,

Es mordido en una rama por una simiente

fina

Que

lo

succiona y ahueca con un encono maldito.
flores, raja

Hasta que atado en sus cuerdas y en sus

un

grito,

Y se quiebra — seco y trágico — sobre

el

bosque que rechina.

20

PEDKO LEANDRO IPUCHE

EL

ÁRBOL SOLO
VII

(Para Carlos Sabaf

Ercasty, que
el

ha sentido ianlo como yo

aban-

dono del árbol solo en

las sierras.)

Hincando
Sobre
la

las

uñazones de sus raíces amargas
rota de un desventurado cerro.

calvicie

El árbol solo se abre por sus

ramazones largas
gritar

Pidiendo

el

pico de

un pájaro para

su

destierro.

Desde

lejos se le ve
el

en su abandono serrano,

Aquietado por

sol o
al

alborotado de
aire

viento.

Poniendo su sombra

con

la

piedad de una mano,

O

ahuecado como en copa,

pálido,

humano, sediento.

Árbol solo, ancho y paciente, cuerpo de la soledad. Donde la oveja, cansada, refresca su sequedad:

Donde nunca

trajo

un nido

el

júbilo de

unas alas:

Yo
Por

te
el

he visto de a caballo, taciturno, y bermejado

toque sanguinario de un sol que cae astillado

Entre los riscos filudos rayados de luces malas.

;

;

ALAS NUEVAS

21

LA MAJADA

VIII

Y

sigue por

el

camino, eslremecido y sonante.
y
larga,

La majada,

lenta

plañidera

y

fraternal,

Con

sus tres mil corderitos

de

lana

crespa y

flamante

Y

diez perros ovejeros de ojo celoso y cordial.

Van

quince gauchos

al

ritmo de su
ágil
el

caballo sedante
rural,

Y

tres

paisanos bisónos de

vaquía

Silban y gritan y amoldan

conjunto trashumante

Que

sigue por

el

camino en coro sentimental.

El sol hinca sus lancetas en
lis

el

aire alucinado
sol

medio
detiene
el

día.
la

Es

la

hora pálida del

volcado.

Se
En

majada, y los criollos se apean
de un
islote

frontal

liícido
el

de verde y oro;
cencerro sonoro

Y de golpe, salta, Un carnero cuyos

lúbrico,

con

cuernos de lujuria centellean.

22

PEDRO LEANDRO IPUCHE

EL RÍO

IX

De

sus entrañas antiguas se desata esa
las

frescura

Escondida, que se aviva en

gargantas sedientas:
la

Lo encrespan

árboles y árboles, y entre
el

vieja apretura,

Salta y fulge, canta y grita, bajo

sol

y las

tormentas.

Es un

río
la

originario de

la

América cobriza,
iba

Cuando

piragua

agreste

en

sus

ritmos flexuosos,

Y A

los indios asestaban
los hispanos

con su trágica ojeriza
rabiosos.

sangrientos sus pedernales

Río largo

y comunista;

río

bueno hasta agotarse;
el

Próvido y ancho, se cimbra en

afán de entregarse.

Estremecido de pájaros y humanizado de nidos.

Es mi

río,

el

río

oscuro de jaguares y matreros,

Que movió mi Con sus aguas

sangre nueva y mis ímpetus primeros
galopantes y sus árboles prendidos.

.

ALAS NUEVAS

25

LAS LAVANDERAS

X
(
1

)

El

día va

desdoblando su

lividez

inicial

Por

las pendientes

serranas y por

todo
la

el

pastizal.

En

los

árboles, serenos y húmedos,

pajarada

Chisporrotea de música asterjente, alborotada.

Por

el

recodo lejano vienen veinte lavanderas,
y

Cuatro chicos

un petizo tubiano, gordo y paciente,

Que

alza un atado en las cruces anchas, resignadamente,
la

Y

lleva

dirección en sus pupilas arteras.

Indias pálidas

;

criollas
el

de caderas peñascudas
duro,

:

Tres viejas con

carrillo

como de
la

cuchillo,
el

Cruzan, con

la
la

tabla

a

un lado y a

derecha

atado,

Por

entre de

espinosa ramazón de cinacinas,
creciente que dejó
el

Hablando de

la

rancho volcado

.

.

(Y

el

sol

se estira a lo largo de las líneas campesinas).

24

PEDRO LEANDRO IPUCHE

(2)

1

Malhaya

la suerte

endina,
;

El indio

me

traicionó

Ay,

si

lo

tuviera aquí,
el

Pa
Es una trigueña dulce que alza
Mientras apuña
!a

lavarle

corazón!

los versos plañentes.
la

f

ropa sobre

tabla en la orilla
sencilla,
/

Del lavadero selvático de agua

familiar,

Ampollada por

la

espuma de

los

jabones batientes.
I

Y

sigue,

entonces, un coro desajustado y doliente
;

Entre blancas frotaciones y golpes depuradores
El petizo, cazurrón,

rastronea. diente a diente,

Y
De

los chicos

por los árboles se enhebran, retozadores.

golpe, asaltan

el

agua cinco mujeres desnudas,
braceadoras, locas, rudas.

Y

otra, y otra, y otra, y todas,

Gritan, y nadan, alzando las nalgas, nítidamente;

Y

hay un chapoteo fresco de espumas borbollonadas.
plata solar caliente.

En esa alucinación de

Del mediodía que arroja sus diáfanas llamaradas.

ALAS NUEVAS

25

(3)

— Vamos —
Y Y
todas
la

dice,

maternal,
el
»

la

lavandera más vieja
;

;

siguen por
*

camino conocido
que
el

llegan a la

picada

sol,

de

lejos,

caído,

Satina, pálidamente, con un rosado de almeja.

El pañuelo a la cabeza, fresca del agua, y encima

La

tabla

con

el

atado y unas leñitas huesosas.
aire

Vienen con un

antiguo que

la

luz

última anima

Por una

ringla estival

de casuarinas piadosas.

Y Y Y

es de ver los cuatro chicos con su sarta de mojarras,
el

petizo macetón, de patas lentas y charras,

allá,

por

la

lejanía,

los

alegres teru

-

teros,

Una bandada

en collar volador de mazaricos,

Y Y

tres
la

flamencos hieráticos, rígidos hasta los picos,
los largos esteros,

noche que se arquea sobre

26

PEDRO LEANDRO IPUCHE

EL

CORDERITO SERRANO
(Para mi gran compañera senfimenfal).

PRIMER VIAJE

1

Iba

al

galope abierto de mi caballo fuerte
viejo

Apareado de un

baqueano de

las sierras.

La tarde
Sobre
la

se astillaba de sangre

desnudez áspera

De

las

piedras resecas y encendidas.

Ya cerca de las casas, un Con la lanita aun húmeda

corderito ingenuo,

de

la

entraña materna.

Balaba

Con

un fresco dolor su orfandad absoluta
la

Sobre

oveja madre,

tendida,

abandonada,

A
En

quien un cuervo acerbo, desprendió los dos ojos
el

momento

santo, angustioso y sangriento.

De

su parición primera.

ALAS NUEVAS

27

1

Aquel cuervo
alajc,

De dos metros de Y de pico mellado
Bajamos
del

de gran cresíón granate,
era
1

entre los riscos,

caballo

— blandos
el

de

!a la

emoción
madre,


puño
!

Y
i

el

corderito tímido se alejó de

Mirando con sus ojos de

lividez celeste

Cómo

nos acercábamos con

rebenque

al

i

Pobre
el

recental serrano

1

1

Temiendo ya
La

castigo,

cuando sólo traíamos
en
la

caricia piadosa

mano

!

SEGUNDO

VIAJE

II

Siempre, cuando llegábamos a

las

casas abiertas

De

la

estancia sin límites de

Nemesio Tajuárez,

El paisanaje

alegre liesplegaba su alma

En agasajos

cálidos de abrazos y de bromas.

El júbilo saltaba de las caras vitales

De

los

gauchos amigos,

y de los rostros frescos

De

las

criollas

dulces.

28

PEDRO LEANDRO IPUCHE

Y era una de empanadas y de asados con cuero, De mazamorras fuertes y de leche al corral, De lazos revoleados en trasluz — sibilantes —
Sonando
En
las argollas
el

por los cuernos del toro

ajuste rápido de la lazada.

Cuando no
Sobre
una
los

era un charleo alredor de las llamas.

trashogueros sagrados del fogón,
en
el

fiesta

bosque, cerca de

las

corrientes.
sol.

Trenzadas de colores, y de viento, y de

Mientras una guitarra se deshacía en todas

Las ternuras de América de una mano en calor.

Así fué que llegamos, y fuimos anudados

En

violentos abrazos de amistad
la

;

Y

ya,

¡unto a las llamas, en

cocina buena,
soltura cordial.

Tomando un mate amargo con

Nemesio, deshilando sus barbas bien llevadas:

— Mañana,
1

pues, muchachos, van a ver
1

Qué

asau de oveja van a paladiar

Tengo una guacha pronta pa una
Cordita, y

fiesta.

más sabrosa

.

.

.

que mi mujer.

Una

carcajada tónica, y una aprobación.

;

;


2^

Alas nuevas

— Este
En
la

pueblero tiene

tiricia.

ciudá no se come... se vive pal figurón.

Y

yo,

medio gastado de

la

Ciudad,

Sentí un rubor de

macho cuando escuché
arrojó.

Las recias palabras de aquella verdad

Que Don Nemesio me

Y

callé.

III

El día

No
Una

se veía

Todavía.
algarabía
la

De

todos los pájaros de

alegría

Levantó

la

entraña mía.

Salían del corral las vacas gemebundas,

Y

el

balido doliente de los terneros

Nos ablandaba de

ternura

el

alma.

Recorrimos las

islas,

nos entregamos

al

agua

En un baño madrugador

Nos embarramos por

los

bañados

;

PEDRO LEANDRO IPUCHE
Corrimos
diez carreras

con caballos de aguante

Por

el
el

camino rayador
sol ya

Y

cuando

penetraba todo

— En

su larga entrega de Padre de todo

Regresamos

al

galpón

Con

los

dieciocho perros
y fulgentes de sudor.

Deslenguados de cansancio

IV

Achira Blanca tenía
El

corazón tan dulce
la

Como

rizoma de un macachín.

Ella crió la

guacha

Después

del parto mortal,

Y

le

daba

la

plata nutricia de la leche
vasija
familiar.

En una

Ella

le

lavaba
la

La blandura encrespada de

lana

Con
Ella ponia

sus

manos

inocentes.

una palabra de cobija
la

En

la

soledad de

ovejita
tenía

triste

y fría.

(Achira Blanca

su hija).

ALAS NUEVAS

Jl

V

Y
De

todos en

el

galpón esperábamos

la

guacha.

golpe, llegó asustada y trascendiendo balidos

Extraños y adoloridos.

Achira Blanca corrió llorando.

— Tata
—A — Vaya
I

!

¿

qué van a hacer ?
hijita,

convidar esta gente, mi

Con

esa oveja aburrida.
tatita.
j

— No.
pa
las

No

la

maten.
1

Pobrecita.

Mi

guachita

casas, que estamos bromiando.
a matarle su guachita
!

Qué vamos

Y
Y

haciéndonos un guiño

inteligente.
la

Alzó en sus brazos duros
la
la

pequeña.

adentró a las casas, entregándola

A

madre.

Y

cambiaron una seña.

32

t>EDRO LEANDRO IPUCHE

VI

Colgada

del tirante,

yo me ofrecí a matarla.

El cuchillo certero crudelizó mi mano.

Todos

hicieron cerco a distancia.

La oveja
el

Con
Ya

la

pezuña

libre

de atrás daba en

aire.

iba a hincarle la hoja del cuchillo

cebado

A
Cuando veo

la

ovejita dolorosa,

los ojos

de

lividez

celeste
;

Del corderito serrano

Y

se paralizó de

emoción mi mano.

— Don
— Es
Un
Le vació

Nemesio, esta guacha

La reconozco. De recién nacida. La vi sobre la madre ensangrentada...
la

verdá. amigazo.

cuervo tamañazo
los
el

dos ojos

al

parir.

Y

este es

corderito que usted vio.

ALAS NUEVAS

53

VII

Y

yo.

con

las

pupilas punzantes po/

la

lástima,

Hice llorar a todos con mi recuerdo amargo.

Tan

al

fondo

les

fué mi

relato sentido,
la

Que

se deshizo en lágrimas

varonil ternura

De

aquella gente brava y pura,

Y
Vieron
al

con

el

corazón bien sostenido

I

corderito junto a

!a

oveja

madre
;

De De

los ojos

deshechos en sangre

Sufrieron de mi angustia compasiva;

mi

viril

y

húmeda piedad
llamó
la

;

Y Y

entonces.

Don Nemesio

la

pobre chica,

desató, callado y sombrío,

oveja.

Hijita,

¿no

vio,

pues, que era una

broma?

Y A Y me

estrujó,

hasta

el

sollozo,

Achira que lloraba de alborozo.

miró tan serio que

me

hizo palidecer.

— Aparcero,

j

qué broma me hizo hacer

1

34

PEDRO LEANDRO IPUCHE

LLUVIA DE SECA

La

lluvia

está

alambrando

el

aire,

Y

el

campo

se retuerce de frescura.

Ya

era un calor de peste

;

Un

fuego tenso de sol borracho y bravo.

I

Cómo
Cómo

llueve

I

¡

Cómo

llueve

I

I

Qué
I

olor abierto afelpa los boscajes
las piedras

!

reprobas
fiesta
1

Tienen su golpe musical de

Las

flautas pálidas de los maizales

Hacen sonar su

miel espigadora.

Los cañadones roncos de espumajos
Invaden los caminos de
I

las sierras.
i

Los caminos

sin

dueños que unen todo

El ganado,

torpe y flácido,
cosquillante y sana.

Siente

la

lluvia,

ALAS NUEVAS

35

Y
I

se aligera jubilosamente.

I

Qué Qué

pesadez
áspero

le
el

gastaba

la

sangre

!

posío muerto que raía

1

Las nubes y

las

tierras se
la

unimisman
lluvia

En

la

orgía fecunda de
el

Que desahoga

cielo y

que refresca
las

Las angustias resecas de

raíces

Que

gritan desde abajo
el

por alzarse,

Y

sólo

agua

las

levanta a Dios.

Agua que

cae,

agua que se levanta
y

;

Agua de todos

para todos

:

Nuestra y de Dios.

I

Oh

lluvia

clara que aliviana todo
1

Y

que todo suaviza

Parece que ha ablandado y desarmado
Al
sol

flagelo y

rojo de

la

seca,

Que

ha detonado en un crestón serrano

Y
En

se ha granado, en un caudal de chispas,
las

gotitas mágicas del

agua

Frutecidas de

iris

Por

los árboles buenos.

:

36

PEDRO LEANDRO IPÜCHE
Agua de iodos
y para todos

Nuestra y de Dios.

Ya

el

viento es una ondulación despierta.

Y

andan sueltos

Los sapos gimnastas.

Un

hornero golpea

el

ala,

Desde un horcón

— que
la

y grita

es

como un brazo erguido

Del alambrado largo y musical.

i

Viva

lluvia

1

ALAS NUEVAS

37

EL LAZO

Yo

siento

el

entusiasmo de los lazos abiertos
fiesta

Que

hacen

de líneas en

el

aire

:

Un
Que

entusiasmo largo, seguro, desplegado,

Y

bien trenzado,

salta hacia las

cosas con afán de enlazarlas.

Nadie sabe

lo

sano que es un lazo en un brazo
suelto que se distiende y baila,
y se alza, y se agita,

:

Es un impulso

Y Y

se enardece,

y se estira,

se lanza con júbilo a la presión

final.

Es una danza

al

aire,

el

torbellino en alas,
;

El juego que prolonga y agiliza los ojos

El contagio violento que toca todo músculo.

Todo

nervio latente,
el

Y

hace del cuerpo que anda sobre

caballo elástico

Una

hilazón de lazos vitales y potentes.

3fi

PEDi<0 LEANDRO IPUCHE

Sólo

el

lazo es

humano

!

Sólo

el

lazo es

hermoso

1

Perseguir toros chucaros en un gozoso vértigo,

Y Y

apretarles los cuernos de un rápido tirón

;

Pararlos
reírse
la

— brutalmente — con — — con
triunfante
el

la

rabia en las babas,

el

lazo engarrado
argollón.

A
Y

asidera dura prendida
es sentir
lazo,

al


mano.

Eso
el

y

el

aplauso del viento,
fuerza en
la

orgullo caliente de

la

II

Yo

soy un lazo abierto alzándose en
lo
el

el

mundo

:

Todo
Tengo

que se pone por mi alcance, ya es mío.
golpe certero y
el

revoleo firme,
el

Y

un

instinto

de cierre que va hasta

corazón.

Siento que por mi lazo

me

allego lo que quiero.

Soy
Cuidado, pues,

el

enlazador.

I

si

alguno

me

ve sobre
I

el

caballo

Y
No

con

los ojos largos

le

ha de valer ser toro,

Naturaleza o cosmos, hombre, misterio o Dios.

ALAS NUEVAS

39

Mi

lazo es inaudito,
lo
tira

Y

va donde

mi intención.

Mi

oficio es intuitivo,

Y
I

cuando enlazo

llevo al

puño

el

corazón,

Cuidado con
i

el

arco valiente de mi lazo
!

I

Soy buen enlazador

•40

PEDRO LEANDRO IPUCHE

A MI Rio

Nací cerquita de un
Crecí
al

río

:

lado de sus árboles

;

Y

desde entonces no soy

Más

que agua

flexible

y árbol.

Tengo
La

del

árbol
las

la

fuerza,

seriedad,

raíces,

Y

esa violencia cortada
lo

Porque

ata la tierra.

Era

el

viejo

Río aquel
y

Ten conocido
Que,
al

tan

mío.

subírmele a los árboles.

Me
Con
la

abiazaba
amistad de sus ramas.

ALAS NUEVAS

41

Y

al

entregarme a sus aguas,
frías

Rozaba sus sedas
Por
la

fruición de mis carnes

Sin tristezas todavía.

II

Olimar, mi viejo Río

De De

los

tarumanes bravos,

los coronillas duros,
los sarandíes ágiles.

Y

Donde

entran las mañanitas
traviesa
las
;

Con su claridad De donde salen

noches

A Y

sobrecoger

los

campos,

a escondernos los caminos.

Ese Río, mi Olimar,

Ha sido mi patria fresca, Mi hogar de muchacho alegre, Donde se mojó mi alma
En
la

primera emoción,

42

PEDRO LEANDRO IPUCHE

Yo fui De los Que oí

un hermano mayor
pájaros aquellos
cantar

— asustado
la

Del misterio que saltaba

De

sus picos agitados.
selva

(Los pájaros en

Dan miedo

al

niño sensible).

Yo De

fui

un acróbata dulce
trapecios agrestes,
el

los

Sosteniéndome en

aire,

Como

en

la

mano de Dios.

Olimar, mi viejo Río.

De

los

anchos mataojos,
las

Donde

aguas amigas,

Al volver,

me reconocen.

Aquellas aguas ariscas.

Donde

saltaba mi bote.
el

Cuando, con

remo

al

puño.

Me

iba a lo largo del

Río

— Taciturno
Desde

de emoción.

esta ciudad te grito

Con

la

nostalgia en

la

boca

:

!

ALAS NUEVAS

43

— Olimar,
Ya

mi viejo Río,

soy un hombre agrietado,
quien ató
!a

A
Y

tristeza,
el

ha puesto serio

sollozo.

III

Sin embargo, Río mío,

Me
Que

he conformado

al

saber
rieles

un puente ha puesto dos
tus árboles altos,

Sobre

Y

estás vencido también
el

Por

hombre avanzador,

Y

así
el

estamos—
tiempo y

yo,
la

vencido
ciudad,

Por

Por Por

esta
este

saudade

terca,

ritmo ancestral
primitivo

Que me pone

Entre mi modernidad.

Y

tú,

rayado y pequeño.

Por

esta audacia industrial.

Que

nos

lleva,

y

que nos mala,

Y

nos hace tan igual

;

;

44

PEDRO LKANDRO IPUCHE

LAS CINACINAS

Cinacinas

— Lentejuelas

Tornadizas y finas

;

y espinas.

Cinacinas bailarinas.

Sois las amigas nerviosas

Y
Y

os alargáis por los gajos
las

Para defender

casas

envolver los pueblos chicos.

Cinacinas saltarinas,

Hay como un punto de sangre

En

vuestros jaldes lloridos.

Sois tan fuertes y tan gráciles,

Tan

volátiles
el

y firmes,

Que

alma os quiere y os sigue

: :

ALAS NUEVAS

45

Pues

ella,

como

vosotras.

Vibra, pero está arraigada,

Y Y

echa su sangre en ramajes
en lentejuelas y en ritmos.

Cinacinas campesinas

Hoy cuando
Por

el

sol se

perdía

Astillado de amarillo
los bajos

ponentinos,

He
En

visto amarillo
la

todo

Porque

luz se

acendraba

vuestras copas abiertas

Y
Y

de
el

ellas

se desvasaba
las

Por

aire y

lomadas

las

oleadas

Bailarinas e inciertas.

Cinacinas
Puntilladas y finas
;

Lentejuelas y espinas

Cómo sé de la frescura Y el olor de tu sombraje Y el roce de tu hojerío
1
!

¡

Cómo

aprendieron mis nervios

A

hacer danzar las ideas

Al ver tus gajos bailando!

46

PEDRO LEANDRO IPUCHE

1

Cómo

recuerdo los cercos
viejo

Crespos de mi pueblo

Atado por

los ramajes
I

Largos de vuestra amistad

Cinacinas

Danzarinas

De

lentejuelas y espinas.

ALAS NUEVAS

47

LAS VACAS

Y

van

las
el

vacas grávidas y dulces

Tocándose

cuadril con sus colas pacíficas.

Llegan

al

agua

y

hunden

la

anchura de los morros,
el

Y

beben vitalmente hasta hincharse

costado.

Después por entre

el

fresco enredo de los
el

mimbres

Salen del arenal, y se abren por

campo.

Pastan con

lentitud.

De

pronto, oyen de lejos

Un

balido doliente en los corrales.

Son

sus hijos atados

1

Los terneros

!

Y Y
La
piel

aquellas vacas

mugen

y se exaltan

trotan toscamente y se sofocan,
del

Hasta que desde afuera

alambrado miran
y locos

jtan

conocida!

— de sus pequeños

mamones.

46

PEDRO LEANDRO IPUCHE

LAS PITANGAS

Me

sorprende

el

recuerdo de unas frutas antiguas
sensible.

En mi garganta

Yo

era un

muchacho totalmente

alegre.

En mi cuerpo

— Más
Y
corre que

vestido de viento que de ropa
dulce.

Retozaba una sangre limpia y

te

corre, por un

camino
sol

viejo,

Alados de

Y

fragancias de pastos curativos,
el

Cruzábamos

agua conocida.
las

Nos íbamos ahondando por

selvas,

Y

cada uno se apropiaba un árbol
la

— Dominándolo — airoso — hasta
Con

rama última —

los saltos triunfales

De una

inocencia eufónica de pájaros.

Y

entonces nuestras manos se mojaban

:

ALAS NUEVAS

49

En

la

miel resinosa de los racimos salvajes

Echábamos — tragones —
la

:

Frutas y frutas a

boca

alegre.

Hasta que nuestros dientes nos dolían

Morados por
Vencido por

la

dentera asperizante

:

Hasta que nuestro cuerpo se ablandaba
la

dulzura de los árboles

Que

se alzan en sus raíces

Como
j

hermanos mayores.

Qué

de fruta comía

I

i

Qué

de fruta comía

1

Nunca un

dolor,

nunca un empacho, nunca una repulsión

I

II

Ayer mi madre,

india y lugareña,
cajitas

Me mandó
(

dos

de pitangas

La

fruta entrañable
).

De

mis largos recuerdos infantiles

¿Qué habré comido? — Nueve o diez pitangas. Y qué dolor intestinal Qué espina En la mitad del vientre Qué calambres
^

1

!

¡

1

1

Por

las

curvas profundas de mi estómago
1

Agujado de nervios histológicos

4

50

PEDRO LEANDRO IPUCHE
Esta ciudad, amorfa y sensitiva,

Revuelta de ajetreo y quebrada de ruidos,

Me ha amargado la sangre ligera Me ha corrido mi diáfana alegría, Y me ha puesto sus sombras y sus
:

taras

En

el

centro del alma y en

la

cruz de los huesos.

Pitanguero selvático

:

Desde mi cuarto de poeta

abúlico,

Lloro mis pocos años por tus ramas fraternas.

Tu bondad

frutal

y

humana
;

De hermano mayor
I

Lloro mis cuatro lágrimas mejores

En mi

nostalgia mejor

I

ALAS NUEVAS

3l

TRAGEDIA DULCE

1

Estoy herido de Naturaleza
río

!

Nací cerca de un

oscuro y largo

Y

de una sierra crespa de aspereza
sentí

Donde nunca

mi genio amargo.

Un

día inocentón y

memorable

Vinieron a mis manos nuevas y ágiles

Unos

librotes

de portada amable

Que

abrieron de mi ser las puertas frágiles.

I

Cuentos en

iris

I

Ellos desplegaron

Mi

espíritu infantil a

todo vuelo

;

Y

desde entonces mis ojos buscaron
lo

La Ciudad de Oro en

lejos del

cielo.

Y Y Y Y

hoy. desde

la

Ciudad, veo mi sierra
y

mi

río estirado

tan huraño,

siento una nostalgia

que se

aferra,

que me ahonda en un gozoso daño.

:

52

PEDRO LEANDRO IPUCHE
Vuelvo a mis pagos, y a
pocos días
;

los

La ciudad me

despierta en un recuerdo
las cuchillas mías,

Y Y
Y

hallo

pequeñas

en los caminos viejos ya

me

pierdo.

mi dulce tragedia anda conmigo
las calles
al

Desde

duras y agitadas

Me

emociono

pensar en
flexión del

las
río

crispadas

Piedras, y en

la

amigo.

Y me

envuelvo en

la

lánguida fragancia
crucé, pequeño
;

De aquellas selvas que Y el recuerdo, a través

de

la

distancia,

Aclara mi niñez con un temblor de sueño.

II

:

¿PARA QUÉ?

¿Para qué más de cuatro palabras

Hondas

y limpias.

Si en esas palabras

Se enciende

tu

vida ?

La emoción encuentra su camino nuevo,

Su sonora
Cuando
Hasta
la

vía,

se

la

deja que suba agitada
al

palabra que

aire la estira.

La emoción

es alma nerviosa
fuerte

:

La palabra música

Cuando
Son como dos
Vital,

se hallan

vínculos extraños que vibran.
el

Pidiendo

milagro

que

las

saca y las cimbra.

(Poeta, tú puedes

Hacer ese milagro por todos

tus días).

56

PEDRO LEANDRO IPUCHE
hasta Poeta, poeta, franco
la

angustia.

Saca de

tu

entraña
tu

la

emoción movida

Echa La palabra

palabra.

certera que ella pide.

Y

que es eterna tu vida. verás, entonces, misteriosa. tu emoción

Como Y tu palabra

querida.

ALAS NUEVAS

57

HÉROES

El dolor que no duele por estar escondido,

Y

no verse en

la

carne, porque está

más adentro,

Es como una

alquitara violenta del espíritu

Que
Esa angustia
tan
la

ilumina los nervios.

honda que anula toda sonda.

Es

marca de reprobo

Que

arde en todo artista desde que alza su sangre

En

las

venas

sutiles

del

verso.

I

Qué

palidez tan íntima, que sangría
ser las del

raicera

Han de

hombre tocado

del

misterio

En esos dramas

tercos de ideas y emociones
el

Que hacen

fuerte la vida y triste

pensamiento

!

Luchas que pocos luchan, pero que anda en algunos

Que oyeron

su voz

No

la

dejan

j

oh

— heroicos — trágicos! — aunque
lírica

y

la

siguieron.

los mate, lenta,

En un arcano
Estos,

y lívido silencio.

1

sí,

son los héroes

I

:

56

PEDRO LEANDRO IPUCHE

POR LA NOCHE
I

Por

la

noche,

Mi corazón
Tiene una inquietud mística y seria,

Una Con

vibración hermana
el

vasto ritmo

astral.

Hijo del

sol,

la

noche

Me

sobrecoge en su sombra piadosa,
su honda palidez callada.

En

Cuando
La sangre

el

sol

me
vital

deja.

Hay una mudanza

en mí

saltante se

me amarga,

Y

pienso en los ascetas afilados del Greco.

Una

laxitud nerviosa
la

Me

hace mirar con miedo

luz de

la

ciudad.

:

ALAS NUEVAS

59

Un

grito,

un ruido traicionero,

Un

golpe percutor,

Tocan agudamente mis nervios afinados.

Miro

el

árbol vecino,

Y veo Como
Soy un
Vida
antiguo

que estoy

serio,

un árbol de noche.

.

.

.

pero, lastimado por esta

frágil

y triste de los poetas nuevos
serio,

ñse árbol está

pero dulce en su entraña

:

Mi

seriedad arranca de mi entraña irritada.

II

Y
Se

sin

embargo, siempre mi buena salud gaucha
;

orienta por las noches para endulzar mi sangre
sale de mis ojos

Y

un sabeísta antiguo

Que

ha venido en mi raza hasta mi urdimbre activa.

Y

las

frescas estrellas ensedan mis pupilas
luz

;

Bajan su

quietosa y curativa
;

Hasta mis nervios lúcidos y ansiosos

Y
En

hay un despertamiento tónico de energía
esta voluntad de saltos,

que es tan mía.

60

PEDRO LEANDRO IPUCHE

Y

así,

no hay noche
nostalgia,

triste.

Noche de

Ni de anulación,
Si arde una estrella,

Como
En
el

una brasa alucinante,
:

fumino abierto de los aires
Si hay una voluntad

Alzándose de

lo

hondo de

la

carne mortal.

Hasta que llegue

el

tiempo,
la

el

gran tiempo

triunfal.

En que
Para
la

alegría sea

vida nuestra

— Tanto

en

el

día fuerte

como
agua.

en

la

noche blanda

Como una gota de Como una larga
Sobre una

gota de agua

raíz.

:

ALAS NUEVAS

61

LA MADRECITA

Madrecita nueva, madrecita pálida
¡

Qué
tus

bien se engarza
del

el

niño,

Venido

fondo de

tu

entraña cálida,
!

En

manos

intensas de cariño

Madrecita fresca

:

|

qué pronto se ha hecho
la

Forma de

tu

sangre

ilusión materna,
te

Cuando

el

hondo

instinto

endulzaba

el

pecho,

Y era la muñeca Un juego tranquilo
Jugando
te

I

has ido de un juego a otro juego,
niña

Y

eres

— casi
1

frágil,

como un

hilo

De

amor, enhebrando una gema.

Oh

niñez suprema

!

i

Cómo

sentiste,
triste.

Madrecita nueva, levemente

Apuntando en blancas dulzuras

tus pezones,

!

62

PEDRO LHANDRO IPUCHE

Y

temblar tus pechos

como dos
:

alciones,

— Rosados,
I

surgentes. sedosos

dos copones

Llenos de hostias pequeñas y tibias

Cómo

por

tu

sangre pasó un aire íntimo

De

maternidad,

Y

a la glotonería

Ingenua del hijo
Diste a presionar

La
¡

fruta en

desborde

Toda en

regocijo,
I

Toda maternal

II

Madrecita rubia, madrecita

grácil,

De Como

ojos frescos y azules.

humedecidos de esencias de mar
Madrecita
ágil,

;

Enjoyada en zumos como un colmenar.

j

Bravo por

el el

hijo

que sabes

criar

!

1

Bravo por

niño.

— rubio
al

y musical,

Que

en tus hondas vertientes aprende a mamar,

Y

por tus cantares

sueño se va

I

:

;

ALAS NUEVAS

63

Madrecita fresca como una
Fragante

hidria.

como un
las
la

árbol envuelto de sol

Odia

nodrizas
sangre, agrisan
el

Que cambian

el

alma,

Y

desnudan de amores

corazón.

I

Ay

de los

hijitos

que no hunden

la

boca
1

En un pezón de madre, híimedo de amor

Cría, pues, tu

hijito.

álzalo,

columpíalo

;

Que ande
En

en

tu

regazo

como

en un altar

ha florecido, y que en

madure.
filial.

Y

que en

se sienta rendido y

Madrecita

frágil

como

luz

de copa,
:

Constelada de amor

infinito

Madrecita nueva, madrecita niña.
Pareces
la

hermana mayor de

tu

hijito.

:

»

64

PEDRO LEANDRO IPUCHE

DESPERTADOR

Tú me

hallaste entregado a mi

egoísmo sano

Yo

creía

que todo

lo

mío era supremo,
día,

Hasta que un

hermano,
el

£n mi barca de remanso

pusiste

nervio del remo.

Tú me desengañaste de mi candor omniscio Tú
sacudiste
el

;

nido de mis palomas quietas
el

;

Tú me

trajiste

fuego hasta

la

paz del quicio,

Y
Y

el

garruleo argentino de tus locas panderetas.

yo

— férvido

y sensible

al

verme
;

así

despertado.

Te quise por despertador
Por que me
dijiste
:

*

Mírate por

lo

íntimo y guardado.

Y

verás qué rico eres.

¡Qué de minas

en tu hondor

i

Hermano

despertador, hermano sugeridor

:

Esta inquietud que hoy

me sube
nube,

Desde
Es por
tus

el

remanso a

la

manos

cordiales que agitaron mi motor.

ALAS NUEVAS

64

LA SELVA SIN PÁJAROS

Recorriendo

los

campos con un
del

criollo

amigo
y

Llegamos a un rincón

bosque serio

largo.

La

tarde, fatigada del sol, se replegaba

En una sombra amarga que contagiaba

todo.

— Mire
Eso se

esa rinconada tan intensa y oscura.
estira y sigue y

no acaba, mi amigo. que se ha visto en
la

Es
Es

lo
la

más

raro y

triste

tierra

:

selva sin pájaros, callada, cruel y dura.

Los troncos apretados

se sangran fatalmente
la

;

Los ramajes se anudan por

savia iracunda

;

Y

a veces,

con violencia,

salta

una

flor

al

aire,

Que

se desprende al viento en un

afán de alas.

;

66

f>EDRO LEANDRO iPUCHE

Nunca
Sin

se ha visto

el

sesgo balsámico

(Je

un pájaro

Bajar hacia una rama escondida y huraña.
el

asa de un nido familiar.

Es

tan cerrado todo

por arriba que
le

el

aire

Entra

como
la

estrujado, y se
fija

oye

gritar,

Y

que

luna

como un arco de
vegetal.

cal

Sobre aquella tragedia
Es

la

selva egoísta que se esconde en
ni

misma,

Y
Es

no da sombra
la
la

agua
la

ni

fruta ni

rumor

selva sin pájaros,

selva sin garganta.
día,

A

que sólo

el

hacha ha de quebrarla un
un claro
al

Y

abrirle

sol.

Y Y

cuando un brazo duro haga
salte el aire

gritar los troncos.

acróbata por los gajos abiertos.

Han de

estar tan atadas las

ramas dolorosas

Que

sólo han de soltarlas
del fuego

Los dedos alocados

redentor.

Y Y

entonces, por las brechas, habrá sol y habrá viento;

en un desquite eterno, todo
la

el

pajarerío

Asaltará

selva hasta la entraña abierta,

Y
(Y
a
la

endulzará sus árboles sin nidos.

Naturaleza habrá llegado un fuerte

Sentido humano triunfador).

ALAS NUEVAS

67

II

De

regreso a los ranchos, ante

la

noche atada
;

En sus

frescas negruras, di vuelta la cabeza
vi

Y

ya no

la

selva tan prieta y lan

vacía.

Sólo una
Alargaba

estrella

grande, inquieta, intencionada.

afilado

— un

rayo,
la

seco y vivo.

Hacia

el

lugar lejano de

selva sin pájaros.

1

Quién sabe

la

intención de las estrellas

Cuando ven

las

angustias de

la

tierra

!

I

Aquella estrella y aquella selva

!

!

68

PEDRO LEANDRO IPUCHE

LA VOCACIÓN FATAL

(A

Vicente Basso Magíio)

Y dirás — Ya no quiero más angustias No hago más versos ni me ahondo más.
:

;

Esta sangría
j

fina

de los nervios

Hay que
el

curarla,

hay que curarla,
la

Desde

fondo oscuro de

voluntad

i

Hay que

darse a otras cosas de
a olvidar.

la

vida

;

A

orillar,

Esas minas cegantes del misterio.

Hay que

vivir

en broma, y descansar

Y

será en vano.

Un
te

día

Una mano escondida
Te sacude

despierta,

y empuja,
la

Y

te

abre, de un golpe,

puerta.

ALAS NUEVAS

69

Y Y

vuelves a sangrarte dulcemente

;

sobre tu egoísmo de hombre serio.
el

El arte, la emoción,

alma en

alas,

Te levantan en

el

verso, y te

mojan de

misterio.

Un
I

consejo, poeta

:

no jures más.
sangre
la

Se

te

ha entrado en

la

vocación

fatal

1

70

PEDRO LEANDRO IPUCHE

TENER...

I

Tener

la

rabia roja y dulce de los toros

Cuando
Tener

ventean las vacas gemebundas.

el

brusco y largo vocerío

Del

río.

Tener

la

cárdena y violenta
la

Fuerza de

tormenta.

Y
De

los olores
las selvas

tónicos y sueltos

balsámicas y frescas.
sol.

Destrenzadas de viento y abrochadas de

Tener

la

elástica
;

Prolongación del viento

Del viento

saltarín

y revoltoso

Que

extiende los telares de las nubes.

Y

alza la ira de las polvaredas,

:

ALAS NUEVAS

71

Tener

la
la

lenta y
luz

sana
la

Venida de

por

mañana.

Y Y Y Y

la

inquietud translúcida del agua,
aire abierto al sol

del color del
la

virtud de levantarse en tronco,
flor.

en rama abierta y en temblor de

II

Hombre gastado
En vano
Estiras,

y vano

:

agriamente, tu delicada mano.

Vives en este ruido trágico de ciudad.

Con

un sol de limosna y un viento desgarrado.
sangre está amarga, y tu
piel

Y Y

tu

se ha secado,

tus nervios se afinan hasta engastar la idea

Contumaz

y enfermiza que en tu herida llamea.

III

Mi

familia es antigua

:

mi familia es aquella

Que

vio arrancar

el

viento y vio n^cer la estrella,

:

72

PEDRO LEANDRO IPUCHE

Que Que

se asustó del

mar

y

de
la

la

noche honda

/

ponía en

el

mundo

oscuridad redonda.

El aire de los

campos cómo

limpia mis ojos

I

Al ver los horizontes escuetos y lejanos,
Siento

como

nostalgia

/

Por

los

hombres primeros
humanos;

Y

por los elementos primitivos y arcanos
la

Cuando empezó Cuando la

savia y los gritos

luz y el
el

agua,

Y

el

viento y

Dios y

hombre eran hermanos

!

;

;

ALAS NUEVAS

73

LOS ÁRBOLES

Los árboles son buenos como hermanos mayores
Misteriosos y abiertos, en
la
la

tierra

ellos

fueron

Un arranque elevándose de Que se abrazó a los aires,
Los árboles levantan su

semilla humilde

y alzó su vida pura.

vida,

y son su vida,

Y

dan por sobrevida su

fruta al

hombre sórdido.
del

Ellos son para darse a la

maldad
le

hombre

Que

le

raja ¡as carnes y

roba

las mieles.

Sobre

la la

tierra

fea trajeron
triste

la

belleza

;

Sobre

piedra
la

volcaron su frescura

Junto a

casa ruda fueron

como guardianes

Y

en

el

desierto antiguo clavaron la distancia.

Los árboles se abrazan en

la

selva o levantan

Sus brazos castigados en

los

caminos solos,

:

:

74

PEDRO LEANDRO IPUCHE
saltó de sus

La música primera

marañas

:


Y

1

Oh

los instrumentales árboles

con sus nidos
aire

1

Las alas y

los élitros y las cintas del
sol,

las fiestas del

lo

esmaltaron de júbilo.

Donde hay

árboles tiembla
se

el

misterio hecho sombra,
al

Y
Y

el

hombre

emociona y hace cara
con sus colores
la

destino

;

El fuego se desata
el

fuertes,

hombre ante

llama ve a Dios cerca del hombre:

Amansa

sus impulsos y hace un cerco cordial,

Y Y Y

descubre su vida y aparece inspirado,
siente

que sus carnes ásperas ya no tiemblan,

que

la

noche ciega no

lo

tapa de miedo.

II

Árboles compañeros

:

amigos serios y hondos

Yo
En
Por
Esa

tengo de vosotros una raíz hundida
la

tierra

bermeja de mis entrañas

líricas

eso, al agitarme, siento un roce de ramas.

raíz

me

invade con un

latir

de cuerda.
;

Potente y delicado, que humedece mis versos

Pero yo, buenos árboles,

:

ALAS NUEVAS

75

No

tengo las angustias sordas de
libre

la

raíz

Soy como un árbol

que se dio a caminar.

Ah yo os conozco al aire, y sé vuestras tragedias Y vuestros regocijos. Sois hermanos mayores,
!

Cuando mis huesos

sueltos toquen vuestras raíces,
largas.

Tomadlos y fundidlos en vuestras savias

Y

entonces, no habrá muerto vuestro hermano cantor

;

Vuestro hermano menor.

Las cales misteriosas de mis huesos

Os harán tan humanos. Que en más de una ocasión Os sentiréis con manos, Y con sangre de hombres
;

Y
En

sentiréis

que anda mi viejo corazón

los ritmos

más dulces de

vuestra oscilación.

76

PEDRO LEANDRO IPUCHE

NARANJAS

¡

Oh

el

agua rubia y suave

Guardada

y sostenida,

como

en puños avaros,

Entre los claros

Mágicos

del aire

I

1

Oh

el

aro

húmedo de

las naranjas

I

Todas

las

mañanas viene a nuestra puerta

Un

doliente italiano, tarareando músicas.

Remotas

y lentas, de su tierra,

— hundida

En

la

vida

Movida

De

sus recordaciones callejeras.

1

Naranjas

I

j

Naranjas
el

I

|

Naranjas

!

Vocea

frutero,
las

Todo atravesado por

madureces
de azúcar.

De

las

frutas curvas de sol y

:

ALAS NUEVAS

77

Vienen a mi mesa

los

oros redondos

De

las

naranjas,
las

Y

con un dentazo

destapo, y hundo
:

Mi boca

encendida en las aguas frescas
y

Aguas de panas

de terciopelos
el

Venidas desde

fondo

Más hondo De los suelos.

Y
De

pienso en
la

el

designio misterioso
el

savia que esconde

punto

vital.

Esa

fruta

ha pasado por

las

blancuras

De

la

luna,

Y

por

el

jalde fuerte del sol sentimental.

La savia

viajera lleva

toda gracia
;

Y
Lleva
Lleva

todo contagio elemental
la la

fuerza

mansa de

la

luna

;

chispa tónica del sol

Lleva las sedas claras de los aires,

Las cosquillantes gotas de

la

lluvia,

Y

la

dulce y oscura

Frescura
Terrenal.

Naranjas orientales

1

Naranjas tropicales

!

!

78

PEDRO LEANDRO IPUCHE
Naranjales

I

De

los antiguos patios provinciales,

Piadosos y cordiales

!

A
En

vuestra
la

sombra pasamos de niños
fácil

dulzura

de

la

edad

;

Y

cuando amarillearon vuestras ramas
alegre y sano y
lírico,

Qué

robar

1

Naranjas

!

Naranjas

!

Naranjas

!

Inocencia, dulzura, color, fragancia orgánica

Agua

prisionera que se acendra
santifica en miel.

Y

Naranjas

I

Naranjas

!

Naranjas

!

De

flores

de luna

Y

jaldes

de sol

I

Naranjas de Dios

I

;

ALAS NUEVAS

7g

LAS PLAZAS

Fatigado y tensivo de mis andanzas bravas

Por

la

Ciudad

Llegué

— no

revuelta y apretada de techos,

sé bien

cómo

—a

la

plaza inocente
infantiles.

Donde una

fuente salta

con chispas

Venía sudoroso y enturbiado de angustia
El sol

:

desesperado y los hombres mezquinos

Habían amargado mi sangre delicada.

Y me

senté en un

banco

listado

de madera.

Empezaron mis ojos a endulzarse en

el

césped

;

Mis nervios

se

amansaron con
la

la

visión del árbol

Y en Y me

mi

piel

de indio fuerte

sombra puso sedas.
niño liviano.

sentí

tan suave

como un

i

Oh. plazas serenantes

y fragantes

1

60

PEDRO LEANDRO IPUCHE
frescura única de

Sois
I

la

la

Ciudad
árboles

reseca.
la

Cómo guardáis en vuestros Y los ritmos primeros de la
La sombra en
la

alegría
1

vida del hombre

Ciudad es

rígida y enferma

;

En

la

plaza

la

sombra

baila y

anda de

fiesta.

Allí saltan

los niños a los carritos bajos

Tirados por dos viejas ovejas bondadosas.

Allí se

ve

la

astuta traza del barquillero
infantil

Que
Por

hace vibrar un corro
los frágiles
el

de ambiciones
;

conos de

los barquitos secos
:

Y

allí

propagandista de abalorios y juegos

Los muñecos que brincan,
Los globos

los insectos metálicos,

finos y ápteros y los

resortes mágicos.

Allí los atorrantes

que se espinan de júbilo
entibia las carnes en invierno.
la

Cuando

el

sol

les

Y Y

en un bostezo hondísimo se olvidan de
se frotan las

vida.

manos con

religiosidad.

Allí

el

frutero bueno, barbudo, y trascendido
las

Por todas
Allí
el

dulzuras de

la

canasta humilde

;

perro cazurro que ladra

como

en broma,

Y

se deja pegar por los niños fraternos.

ALAS NUEVAS

él

Allí

los extranjeros,

sorprendidos, callados,

Que

salen de los puertos y entran los aledaños,

Y

al

ver

el

regocijo de los pájaros chicos
el

Buscan también

árbol que hace cantar

al

hombre.

Allí

van

las niñeras

a hacer andar los niños

Que

tiemblan

— asustados — en
la

sus piernitas nuevas:

Y

de repente, un coche a

carrera cruza

Con

un bebé acostado que da sus gritos limpios.

Y

al

caer de las tardes, vienen todos los músicos
los cuarteles,

Del batallón sombrío que guardan

Y

aquellos militares odiosos se transforman

En bruscos camaradas que hacen emocionar.

Y
Y Y

los

bronces soplados extienden
las piezas

el

enredo
al

Sonoro de
la

que nos llegan

pecho;

gente se acerca

— trémula — a

los atriles,

estira los

oídos que se llenan de notas.

Plazas, sois familiares,

Y
Sois
el

curativas en los descansares.

remedio plácido de

la

inquietud bravia

En

la

Ciudad moderna

tan mala y tan sombría.

El sol os da sus joyas

;

la

luna os sortilegia

;

82

PEDRO LEANDRO IPUCHE
Las muchachas alegran vuestras rayas de arena

Con un

andar arcaico y un charloteo fresco.

Y

estos pobres poetas

— desterrados
como
el

perpetuos

Tristes hasta la muerte,

divino hebreo,

Os buscan en el sol tónico de los días, Y en la noche materna que nos conoce bien. Y en el cansancio trágico de la Ciudad terrible Que gasta y hace amargos los hombres delicados Que buscan vuestros bancos desocupados Como desocupados, también.
Plazas,

me

sois queridas.
;

Con vuestras curvas florecidas Con vuestras aguas encendidas Con vuestras músicas humedecidas; Con el aire nostálgico
;

De

vuestras palmeras enanas y entristecidas,
el

Y

diorama simpático de vuestras avenidas.

Plazas de las retretas;

Plazas de los poetas.

;

ALAS NUEVaS

8i

AGUA Y

RAlZ

Por
Por

la
el

concentración fresca del árbol
estiramiento de los ríos,
raíz

Aprendí a ser

que

salta en

rama.

Y
No
De

a ser agua que canta, ágil y larga.

hay pájaro que vuele y no

me

vea,

Ni color que no
la
el

baile en mis caudales.

raíz

me subo

a las estrellas a la raíz.

;

Por

cauce

me ahondo
río soy.

Árbol y

En

lo

movido

Y

en lo escondido,

:

:

84

PEDRO LEANDRO IPUCHE

COMO UNA

VIDA

Me dijiste: — Te quiero como una Y yo sentí que un filo sensible me
Mujer, así se quiere. Puedes
vivir

vida, amigo.

cortaba.

conmigo.

De

este

modo mi

boca, trémula, contestaba.

Lírica y esmaltada de emoción, tus
Tejiste entre las

dos manos

húmedas

varillas

de mis dedos hermanos.

Y

yo

le

dije,

todo suavizado en mi entraña

— Así
Con
el

se quiere, amiga delicada y extraña.

Querer como una

vida,

es querer sobre todo

sentido eterno de nuestro viejo lodo.

Vencer

la

soledad seria y
el

el

tedio

amargo

Es

el

amor, amiga,

compañero largo
la

Que

nos hace y afirma y nos llena

vida.

Has dicho

bien.

Quiéreme

así.

Como

una

vida.

!

:

ALAS NUEVAS

85

DE LOS NIÑOS

Los

niños, buenamente,

todo

lo

ven en cosa
el

El pañal, los juguetes, los padres,

pezón.

Todo

es fraterno y vivo para su alma lechosa
flor.

De
Ah

una pureza fresca, como de agua o de

I

niños,

cómo

cuesta

al

hombre

darle vida

A
Hay
Hay

las

cosas

violencias de amor;

afán y años fuertes,

Cuando

las

cosas viven, andan y están en nos.

El alma de las cosas que fácilmente ven

Los

niños.
el

Es un aprendizaje largo que

hombre hace,
días,

En dolorosos

y

amorosos

Con esa lucidez activa, desprendida De los últimos bordes de la infancia madura.
Niños,
al

i

transformaros.
j

Cambiar^ de color vuestra blanca locura

86

PEDRO LEANDRO IPUCHE

DOS MOMENT1T05

Erguido y cálido como una llama

Me

he levantado hoy.

Me he desprendido ya de las raíces, Y hay un clarín orgánico en mi boca.
La emoción anda en mí como una onda
Intima de fervor
:

Ya

soy un olimpista de

la

sangre.

Y

en mis nervios hay cuerdas para todo temblor

II

Y he de bailar como Y he de gritar como Y he de alargar mis Como dos cintas del

el
el

agua,
viento,

dos ojos
50I,

ALAS NUEVAS

87

Y

entonces he de sentirme

Suelto y dulce

como un

pájaro

;

Rumoroso como un

árbol.

Y

ágil

misteriosamente.

:

88

PEDRO LEANDRO IPUCHE

RITMO Y HORA

Todo poeta
En
la

tiene el

ritmo de su hora

:

naturaleza es nueva cada aurora.
trabaja en vibración cambiante.
sale

La palabra

Y
Es

el el

momento en que

con su idea triunfante

único vivo, eterno y palpitante.

Haz caso de

tu

vida,

Y
En

sácala movida
el

verso que venga.

Eso

es

la

poesía.
el

En

tu

sangre está
lírica

arte,

Si tienes gracia

y das

con

tu

armonía.

La gente no ha de hallarme cantando en
Palabras
sin

las orillas

raíces ni

emociones de
que aquel de
flor

piel

Ya no

quiero

más

arte

las semillas

Que

del

jugo profundo alzan su

de miel,

ALAS NUEVAS

89

Ya no quiero más ritmo que el ritmo de mi He sido mi maestro escondido hasta hoy
En que ya
El

hora.

sé que tengo en mi entraña sonora
te

agua dulce y honda que en mis versos

doy.

Defiendo a todo

artista

que cante a su manera

En un verso que arranque de su profundidad.

No

reparo en

el

ruido ni en
ritmo y
el

la

línea

de afuera

:

La hora

tiene su

arte su verdad.

:

:

90

PEDRO LEANDRO IPUCHE

VIDA, VIDA

.

.

Vida, siempre estiré hasta

mis dos brazos
;

Desde

el

fondo más hondo de todas mis tristezas
te

No

has de poder decir que no
el

amé en

instinto

Y

en

contagio tónico de todas tus bellezas.

Tengo

el

sentido dulce de tu ciega potencia,
íntima, de tu

De No
En

tu alegría

hermandad conmigo
que se sienta un grito

ha de caer mi carne,
la

sin

sangre rebelde del corazón amigo.

Vida que ardes y trenzas

los
el

hombres y

las cosas,

Y
Y

los astros y
saltos,

el

alma y

elemento eterno

Mis

mis silbidos, mis palabras, mis juegos,

mis meditaciones, llevan tu toque interno.

Y en la furia gozosa de mis venas calientes Me hermano con el potro, con el agua andariega Y me siento el joyero de la alta pedrería
Que
|a

:

noche me entrega.

:

ALAS NUEVAS

91

Mi

vida es una chispa luya. Vida.

Con

esa vida enfrento
el

el

misterio en mis noches.
:

Y
Y

en

día

Con

esa

me enferro como un trabajador vida me hundo en la Naturaleza,
puño creador.

levanto orgulloso mi

Vida consoladora, esencia triunfadora.

Que
¡

has hecho

el

sol paterno y el

hombre luchador,
y recia.
!

Oh

vida de mi vida pequeña y

triste

Que me

has hecho sensible, amoroso y cantor

No me

deje tu

mano, hasta que mi destino
pies
el
fin

Ponga en mis

sin

fin

de mi camino

Perdurar en mis hijos y en mis libros fervientes.

Como
(

en prolongación de cruzadas corrientes,
ellos dirán

Que

de mí

si

Como

una

luz

que pasa y

me porté contigo como un buen amigo ).

;

:

92

PEDRO LEANDRO IPUCHE

LUNA
Cómo
la

I

íe

han

visto,

luna,

esos pobres poetas

De

vieja mentira
1

y la falsa

emoción

!

Los

tibios

marionetas

Sin ojos y sin alma y sin una pasión!

Yo

te

reintegro,

fuerte luna mía,
:

A

tu

descolorida potestad
las

Luna de

mareas que revuelves

los

mares

Desde su más antigua profundidad.
Luna que atas con sangre En
el

los vínculos del

hombre

vientre agitado de las dulces mujeres
el

Luna que abres
Metidas en
las

pico vivo de las semillas

tierras abiertas y sencillas.

Eso eres

tú.

mi luna, más que toda otra cosa
útil

La transparencia

y

la

luz contagiosa.

;

ALAS NUEVAS

03

ASUNTO

:

(

La inspiración pobre de solemnidad

)

A
Y

veces tocarás

tu

corazón

Duro

en toda aridez,

sentirás que sólo te responde

Un

bostezo soez.

Seco
Te
irritarán

y desganado,

las

cosas más queridas,
lirismo

Y pedirás la humedad del Como Teresa de Avila las

lágrimas.

Pereza y desabrimiento,
Laxitud, vaciedad

Sólo una fuerza

te

alzará a

la

vida
:

Proba

y sensible de la inspiración

La

vieja

voluntad.

Ese antiguo resorte

De

todo vencimiento;

.

94

PEDRO LEANDRO IPUCHE
Esa leña capaz de todo incendio Esa
raíz

;

que alza un temblor de

flor.

Lleva

el

rebenque

al

puño, gaucho viejo

;

Y

si

la

voluntad no quiere andar,
le
.
.

Castígale las ancas hasta que

duela

;

Hasta

trotar,

galopar, carrerear

i

Pobre de

si

con caballo lerdo
la

Piensas hacer caminos en

vida

!

Te agarrará

la

noche

lejos

de las casas,

Y

nunca llegarás a tiempo en nada.

Maneja
Pero

los

ritmos del andar,
destino.

llega a tu

Cuidado con quedar
Siempre en
el

camino

.

.

.

siempre en

el

camino


ALAS NUEVAS
05

AMOR TRIUNFADOR

Y
La

sé que
tristeza

el

hombre

es triste porque sabe que muere.

más honda nos
la

viene de ese mal.

El dolor es

viva presencia espiritual
la

De
El viejo

muerte.

Omar —
el

arcano, y bellaco, y borracho,

Gritaba por

vino olvidador, y fué
del

Un angustiado enorme Que no hay vino que
Por eso

pensar de

la

muerte.
cruel.

pueda con ese mal

la

alegría tiene
el

una esencia amarga,

Y

nos deja

recuerdo que es

como una venganza

Del dolor olvidado.

Pero

el

hombre que sabe su eternidad comprende
vital

Que
Es
el

hay una fuerza trágica,

y triunfadora

:

amor, hermanos, que en nosotros se prende,
a la muerte

Y

resiste

con su

raíz sonora.

06

PEDRO LEANDRO IPUCHE

(

Amar

No

es olvidar

La muerte.
Es vencerla de muerte
).

: ;

ALAS NUEVAS

97

ALEGRÍA

Para mí sólo es hombre quien vence su dolor
El

que levanta
I

el


Y

alma y

grita
las

a sus entrañas
el

Afuera

la

amargura,
la

congojas y

tedio,
I

que se abra

dulce fuerza de las

mañanas

No

hay que decir:

— Yo
inútil

soy un estoico, y convierto.
:

Empedrando mi

bilis,

mi dolor en cantar
quietud de
la

Hay que arrancar

la

tristeza,

Y
La
Es

ver de ser alegre hasta saltar.

alegría es afluente, y su esmalte de júbilo
la

viva surgencia de la sangre
se va la

más honda.

Cuando

ingenua facilidad del niño.

La alegría nos cuesta, porque ya no es redonda.

Todos asperizados por

la

conciencia trágica,
refugia, se pierde
;

La alegría se esconde, se

Pero creedme que anda buscando una

salida,

Y

en

la

sangre nos muerde.

;

í»

PEDRO LEANDRO IPUCHE
es alegría un fácil oscilar, ni una risa
la
el

No
La

Pasando por
alegría es

boca en rápida

soltura.
la

ritmo profundo de
al

sangre
la

Que

hacer decir

hombre

:

— Es

mía

ternura.

Es mía

la

canción, es mío

el

caminar.
estrella.

El abrir toda fruta,

quemarme en loda
un hogar»

Sacudir a los hombres y dar llama

A
Es mía

esta mi vida

que anda y se derrama
1

Mi

vida que es de todos porque se sabe dar

;

ALAS NUEVAS

W

Y VINE

Montevideo.

Tú me

visle llegar
río

Desde mi
Hasta
tu

río

Grande

y golpeado

como un

mar.

Yo

traía la antigua fragancia

de

las selvas

Perdidas de mi Olimar.

Tu

río

estaba trémulo de mástiles alzados

Que

sólo conocía por las queridas láminas

De

mi

libro escolar.

Yo

traía

mi alma lugareña

Clara, nueva, medrosa

Y
Y
el

la

soltura alegre del camino.
la

arranque del viento y

salud del día

Por mis campos

fuertes y mi serranía.

100

PEDRO LEANDRO IPUCHE
embriaguez oscura de
noches,

Traía

la

las

Y Y
Entre
el

la la

gaucha pasión de

los fogones,

inquietud sonora de las aguas

tajo violento

de mis brazos, nadando.

Traía algo de pájaro.

Y

de ternero y de potrillo
inocencia
la

;

De la Y de

húmeda

del

árbol,

limpieza fragante del aire
islas

Por mis

oscuras.

Así

me

viste

entrar.

Montevideo,

Por

tus calles cerradas y

medidas

Y

tus casas

erguidas.

Sano

y

miedoso

Y
Con
la

alucinado:

sangre limpia de mi adolescencia,

Y

un anuncio de triunfo en mi costado.

ALAS NUEVAS

101

EL

DESARROLLO

Tenía dieciocho años cuando empecé a amargarme

;

Cuando
1

en un

tren,

de noche,

me

asaltó

la

tristeza.

Qué hondo y agrio fué aquello que vino a transhombrarme, Y a prenderme la angustia tenaz en la cabeza
I

~

Eso
tía

es

el

desarrollo,
vieja

muchacho, que ya empieza
al

Una
...

muy

decía

consolarme.

Y

era un afinamiento de mi naturaleza.

Tuve un miedo nervioso.

Y

lloré

hasta alarmarme.


.

¿

Eso

es

el

desarrollo ?

.

.

.

No

sé,

porque es de adentro

Que

viene esta congoja, así,

como

del centro

Del alma sublevada y enojada conmigo.
.
.

De

ese día

me he puesto
soy
en
la

íntimo y preocupado,
el

Y ya no vivo afuera, ni Que no vio el sacrificio

alocado
vara del trigo.

\m

PUDRO LEANDRO IPUCHE

LA SERENATA
(De mi
pueblo).

Dos
Las

guitarras
rejas

hermanas envolvieron, sonoras,
la

perfumadas de

casa querida,

Y
De

una voz fresca y

larga,

por las primeras horas
la

aquella madrugada, sortilegio

vida.

Despertar en

la

seda diáfana de aquel canto
el

Es

estar sobre
la la

mundo como
alma
;

en una mudanza
el

De De
La

vida y

el

es vivir
la

encanto

estrella y

el

aire y

luna que danza.

novia,

embebecida, oye
gracias

el

dedicatorio

;

— Muchas
Y
al

— modula

desde su dormitorio;
de
la

sentir las pisadas despacias

ronda.

Piensa en aquel altivo guitarrero que a veces

La

mira, amartelando todas sus altiveces,

Y

que alza como un beso su guitarra redonda

I

. :

ALAS NUEVAS

103

¿CÓMO

FUÉ?
(

Con Parra

drl Riego

).

Cómo ¿Cómo
¿

fué aquel

encuentro que removió mi vida ?
el

nos estrechamos tan hondo en
te

abrazo?

¿Quién

trajo

a mi mesa, largamente tendida.
el

Donde

el

pan es humano y

vino es

como un

lazo ?

Un

ritmo íntimo y fuerte nos acercó aquel día

(El ritmo intencionado, diría a mi manera).

Yo precisaba el golpe de una mano Que me tocase el alma para que se

en

la

mía

vertiera.

dos exorantes que por pueblos y gentes Iban buscando el hombre gemelo, su alma par.

Y nos Como

entrelazamos

como dos

impacientes:

¿Cómo
Hace

nos encontramos?

¿Cómo
¿no

viniste,

hermano?
!
.

tan

poco tiempo

.

.

.

parece tan lejano

.

(Y

nuestra 9mi$tad

lírica,

será yn avatar?)

:

:

104

PEDRO LEANDRO IPUCHE

VENGA UN ABRAZO

Un

abrazo que apriete hasta
ver las sierras ver
la

la

sangre,

hermano

Vengo de
Vengo de

más

largas y
seria

más duras
el

sombra más

por

llano,

Y
Un De

de hundirme en las aguas

más hondas, más

oscuras.

abrazo que anude como raigón serrano;
las

Traigo todas mis sierras vivas en

honduras

mis entrañas fuertes, trémulas de frescuras,
la

Donde

luz

solana pone un roce de mano.

Quiero hacer consanguíneo este alegrón contigo
Repartir mi tesoro,

:

como un

prodigio amigo.
el

Junto a

la

mesa

antigua, bajo

árbol casero.

Yo te hablaré de espinas, de piedras y chilcales, Y harás de tus oídos hilos sentimentales
Donde
se prenda
el

júbilo

sonoro

del viajero.

ALAS NUEVAS

105

POR

FIN

¿Cómo no he de cantar si Un salto de energías y un
¿ Si siento en
la

siento en las entrañas

caudal de frescura?

garganta pulsaciones extrañas,

Y

en

la

raíz

del

alma como una encordadura ?

Árbol que alzas

la

inquieta fuerza de tus
tu

marañas

Como
Se
Desde

tu

sangre larga y

airón de verdura,

levantan mis tercos egoísmos de hazañas
la

tierra

roja de mi vida

madura.

Ya he dado con el ritmo humano de mis cosas, Con la palabra mía, mis venas harmoniosas, Y estoy en labrantío como recia heredad Ya están mis manos duras para alzar mi bandera, Y el alma aleteadora para esta primavera Que ha cimbrado mis músculos de fresca agilidad.
;

;

106

PEDRO LEANDRO IPUCHE

OÍRSE.

..

{AI

leer

un

libro fresco )

Y

¿quién pudo decir que nos llegara un día
de pasión y lirismo
contagio del libro de hoja
el

Una voz absoluta Que no fuera un

fría,

— Sugestionando
Desde que nace

numen primario de uno mismo?

el

hombre

lleva

un hondo vigía
en creador abismo
librería,

Que

vive en sus entrañas
lo

como

Algunos

emparedan con una
él

Y
I

otros bajan hasta

con sangriento egoísmo.

Hay que oírse Cada cual es

I

I

Hay que

hallarse!

I

Hay que

sacarse afuera

su dueño, su campo, su cantera,

Y

el

poeta es divino porque en su sangre crea.

Todo

lo

que nos viene
|

del aire es sugerencia.

Despertadores, formas.

Lo nuestro

es la latencia

Que

nos remueve, y

salta en línea,

son, o idea!

!

:

ALAS NUEVAS

107

NUESTRA HOMBRÍA

De todas las angustias que ataron mi garganta, Y pusieron mi ánimo oscilante y amargo,
He sacado la fuerza de una certeza santa Que ha traído a mi sangre como un tónico
Hay que
.
.

largo.

¡

tener coraje para vivir,

amigos

.

Los que

tienen los nervios finos y musicales
las cosas,

Para todas

están

como

los trigos.

Madurando de

víctimas en sus tierras cordiales.

El que toca

con dedos de amor sus emociones

;

El que arranca de adentro sus vivas floraciones El que todo lo dice por los

demás hermanos,

Tiene que ser

más hombre que
lo siente,

los

demás por eso
beso,

Porque todo

como beso con

En su pálida psiquis que ando

entre los humíínos.

:

108

PEDRO LEANDRO IPUCHE

LA

NOCHE

Noche

eres

abierta de estrellas y cerrada de honduras
;

Tengo catorce versos también para cantarte
el

arco serio de mis sienes maduras,
la

Y

tu sal

negra afirma

raíz

de mi

arte.

Noche dura de
Aunque
te

estrellas y

toda pedrería.
la

sobran ojos, eres
te

ciega eterna.
fría,

A Y

las

veces

siento tan lejana y tan

a deshora

me

rozas con tu seda materna.

Noche impoluta Noche

y trágica, noche bíblica y fuerte
la

:

alucinadora, cómplice de

muerte

;

Madre

antigua del día lívido que despunta:

El

hombre

te

bordea porque

te

tiene

miedo.

Porque hasta

no

llega

la

ansiedad de su dedo,
luz,

Y — angustiado — te

raya de

de punta a punta

ÍNDICE

Página

Primera parte

5
7
13

Los carreros Los pofros
El

cantor ciego
sortijas

14 15

Las

Mi baño
La penca
El viraró
El árbol solo

17
18

19

20
21

La majada
El río

22
23 26

Las lavanderas
El corderito serrano

Lluvia de seca
El lazo

34
37 40
44 47

A

mi Río

Las cinacinas Las vacas

Las pitangas
Tragedia dulce

46
51

Segunda parte
¿

53

Para qué

?

55

.

i

10

PEDRO LEANDRO IPUCHÉ
Página

Héroes

57
noche

Por

la

58
61

La madrecita
Despertador

64
65 68

La selva

sin pájaros.
fatal

La vocación
Tener

70
73
»

Los árboles
Naranjas

76
7Q 83 84

Las plazas

Agua

y raíz

I

Como una vida De los niños
Dos momenfitos
Ritmo y hora
Vida, vida
'

85 86

88
90 92 93 95
97

Luna
Asunto, etc

Amor

triunfador

Alegría

Y

vine
*

99
101

El desarrollo

La serenata
¿
¡

102

Cómo
Por
fin

fué ?
!

103
104 105

Venga un abrazo
!

¡

Oírse
Nuestra hombría

106
1

07
08

La noche

1

"LUOYI LITERyík"
USIHA
II de
Julio.

}
-

Cia.
Monteyideo

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