Poemas bastardos

Aníbal García Rodríguez

Índice
La ciudad
Nadie nos avisó ....................................................................................... 3 Versos de otoño ...................................................................................... 4 Círculos viciosos ...................................................................................... 5 Tú jamás me entendiste ........................................................................... 6 Palabras tristes .......................................................................................... 7 La voz desmembrada ............................................................................... 8 Local nocturno ........................................................................................ 9 Siempre vuelvo a septiembre ................................................................. 10 Fuego cruzado ....................................................................................... 11

Universo blanco
Las heridas del silencio ........................................................................... 13 A veces se me olvida .............................................................................. 14 La casa ................................................................................................... 15 Hay veces .............................................................................................. 16 Es inútil ................................................................................................. 17 Has venido del mar ................................................................................ 18

El tiempo y la memoria
Uno se empieza a conocer muy tarde .................................................... 20 Son esos años ......................................................................................... 21 Recuerdo que la vida ............................................................................ 22 Antes de que llegaras ............................................................................. 23 Quise ver mi rostro ............................................................................... 24 Tan cerca ............................................................................................... 25 Al fin me desprendí de los sueños .......................................................... 26 El desierto de los días ............................................................................. 27 Uno nace y luego muere ....................................................................... 28

Adoquines y alquitrán
La muerte y la palabra ............................................................................ 30 La vida, la muerte, la nada ..................................................................... 31 La senda de la muerte ............................................................................ 32

La nostalgia ............................................................................................ 33 La dualidad de los sueños ....................................................................... 34 De las noches en vela ............................................................................. 35 El hombre y la muerte ........................................................................... 36 En la sombra .......................................................................................... 37

Corazón de tu voz
La ciudad noctámbula de Springfield ..................................................... 40 Corazón de tu voz ................................................................................. 41 La aduana .............................................................................................. 42 Sueños de bohemia ................................................................................ 43 El porvenir ............................................................................................ 44 Ya nadie toca ......................................................................................... 45

Décimas esquizofrénicas
Mi sitio no está aquí .............................................................................. 47 No soy el rey de corazones .................................................................... 48 En tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada ................................. 49 En mi derribo ........................................................................................ 51 La musa esquizofrénica .......................................................................... 53 Creo en la poesía ................................................................................... 54 Prefiero tu mirada .................................................................................. 55

Sueños menores
He soñado Madrid ................................................................................. 58 Tus arqueros .......................................................................................... 59 La balada de los sueños .......................................................................... 60 Coplas de la vida .................................................................................... 61

Podría contar en un verso Todo, pero sería inútil, siempre habría un imbécil con más dudas.

1

La ciudad

2

Nadie nos avisó
Nadie nos avisó que la ciudad se nutre de las almas solitarias de los hombres que juegan a vivir. Por sus acantilados se lanzan las palabras que no llegan a traspasar el corazón famélico de las calles vacías. Un semáforo en ámbar avisa del peligro de las puertas que se cierran detrás de los números rojos y de las tentaciones de los puentes. Aparcado en la causa, yo también soy testigo de los muertos que yacen en los vasos de ginebra. Nadie nos avisó de la crueldad que habita en el silencio de los parques del frío amanecer ni del grito que anuncia la llegada de una nueva existencia.

3

Versos de otoño
Te has preñado de meses que aspiran al invierno y ha madrugado el miedo de las hojas caducas en los bostezos de los libros. Octubre debería tener en el olvido la muerte que merece. Casi te cala el frío la inocencia, ese reloj parado del recuerdo, y el fondo del espejo que te nombra, que descuenta minutos, que escupe tus miserias y destroza la piel que se esconde debajo de las lágrimas, ha sido tu mentira. Hubo un día perfecto, cuando en la carne blanca brotaba tu destino, cuando la música soñaba a Cohen y tus pies desandaban barrizales, entonces los cristales no cortaban tus ojos, - demasiado temprano para la poesía-. Si no creciera octubre en la humedad de los cuartos traseros, si no te hablara el ocre de la tarde, ese salto mortal de la nostalgia no dolería más que la memoria de los versos de otoño.

4

Detrás de la palabra y el hastío hay unos dedos golpeando esperas y un montón de deseos que caducan cuando llegas cansada del trabajo y le escondes tus ojos a la noche. Soy un punto en tu universo, un guión que parpadea en la pantalla del viejo ordenador, una voz que se apaga lentamente en tu ausencia. Los besos se suicidan en las camas dormidas de los sábados huyendo de relojes deprimidos y de sus círculos viciosos. Mientras tanto, la vida nos está malviviendo y deja sus velados fotogramas colgando de la cuerda del olvido. Me llama la rutina, a veces me despierta tu teléfono y encuentro una razón para existir allá donde la calle me desnuda, solo, quizás en medio de la nada. Detrás de las esperas, hay unos dedos golpeando noches y un monton de palabras que caducan cuando el trabajo esconde los deseos en los ojos cansados del hastío.

Círculos viciosos

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Tú jamás me entendiste
Tú jamás me entendiste, para ti la tristeza era una enfermedad que nadie debería padecer - yo ingresaba en cuidados intensivos cada vez que escribía.Resulta tan difícil explicar que el mar es una lágrima en la voz, que la noche corrompe las palabras y que nunca estoy solo y, sin embargo, muero en soledad. Nada sabes de mí sino por la resaca incierta de los versos y por los labios rotos que la memoria miente, y se me antoja poca cosa.

6

Palabras tristes
Aunque a veces sea tu voz una mancha de tinta en la canción más triste (Belle Roma)
Son las palabras tristes como el amanecer de un día de resaca, nacen cansadas, casi agonizantes, y vienen a morir en un poema. Yo sé que en mi garganta encuentran su refugio y que esta voz que habla las cultiva en un discurso quedo y melancólico, pero, a veces, no caben en mi boca, y el silencio se escucha en lo que escribo. Hay quien dice que nada es más triste que una palabra triste, y puede ser verdad. La vida, caprichosa, declaró hace tiempo la guerra de los ánimos y yo estaba en el bando perdedor.

7

I Van sembrando palabras los poetas en trémulos renglones. Sin acierto, voy escrutando versos. Ya se ha muerto la garganta que hacía las maletas y regresa a un asfalto de chinchetas en la autopista gris de los fracasos, porque en la noche acabarán mis pasos quebrando con sus huellas la belleza. No existe corazón en la tristeza ni adioses que se cobren con atrasos.

II La voz se ha desmembrado de mi boca, lentamente, la vida se me escapa como la soledad. Cierro una etapa donde el pasado nunca desemboca. Quizá también el alma se equivoca cuando apaga con sal una sonrisa, cuando mira hacia atrás con tanta prisa que enmudece un poema en las aceras. Y temo descender las escaleras porque sé que la muerte me improvisa.

La voz desmembrada
III Y soñarán teclados estos dedos cuando asista el silencio a mi derrumbe y viva de sentir la mansedumbre de las letras noctámbulas sin ruedos. Empiezan reflejándose los miedos en los ojos abiertos de una herida, en la autopsia fugaz de la partida y en el espejo ciego de mi historia. Yo sé que no soy carne de memoria ni eterna adolescencia consumida.

8

Local nocturno
Hay un local oscuro y dos asientos libres en la página blanca de la noche y un agujero negro en la memoria de nuestas soledades. Sueñan los altavoces con canciones de amor en los cuartos vacíos pero pecan de insomnio las preguntas prohibidas, los poemas sin hielo de las copas y el después con olor a olvido del deseo. Quizá la barra del local no sea una frontera infranqueable y fría, a veces me imagino descansando en los brazos mullidos de tus versos, o quizá estén sonando los acordes que anuncian despedidas y no quiera escucharlos.

9

Siempre vuelvo a septiembre
Siempre vuelvo a septiembre, a la noche temprana de sus días y a la lluvia que moja los recuerdos. Una papelería se despierta con nuevas ediciones de textos colegiales, con el aroma a blanco de las páginas, con lápices y tintas y gomas borradoras de pasados. Siempre vuelvo a septiembre, a un futuro cargado de proyectos que esperan escondidos en la caja nublada de los buenos propósitos. Los últimos exámenes, el fin de la carrera que resume una nota expuesta en el pasillo solitario de la Universidad. Hace tiempo que pasa sin llamar - casi parece agosto se instala en mi oficina y toma decisiones por mi cuenta, pero ya no responden los clientes al teléfono ni a los números rojos los deudores. Siempre vuelvo a septiembre y a los años que roba el día seis a mi terca existencia.
10

Una tienda cerrada con carteles de rebajas, un rótulo apagado, un coche con las luces encendidas que salpica su prisa con un charco, una farola encadenada al suelo y unos ojos con lágrimas de barro.

Fuego cruzado
Para Isabel Reyes, que puso imagen y sonido a este poema. Ya nunca podré leerlo sin acordarme de su gran trabajo.

Una ciudad callada que vomita serpentinas de luz y yo, noctámbulo, enredado en su miedo de hormigón, caminando la noche muy despacio, como el rocío cala las baldosas de la acera. Es la hora de los gatos, la hora del silencio de las fuentes, la hora de descarga de los narcos, es el preciso instante que me siento en el fuego cruzado de mi barrio.

11

Universo blanco

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Las heridas del silencio

Han pasado los meses como el viento, como pasa la vida. Y han caído los muros de la casa nocturna sobre los versos de papel mojado y ya no quedan piedras, ni cemento, ni arena, ni palabras que vuelvan a levantar hogares, compañías, poemas o costumbres al calor de la fría madrugada. Hay un extraño mundo que me espera, un universo blanco que pronuncia mi nombre, una ciudad para llorar y un teclado debajo de mis dedos, hay soledad, tristeza y música de piano en las cuerdas vocales de la noche. Alguien dijo que el tiempo cura con el olvido las úlceras del alma y yo estoy, mientras tanto, sangrando poesía por las heridas del silencio.

13

A veces se me olvida
A veces se me olvida que te olvido y camino descalzo por la casa, y me ignoran los míseros espejos que enfocan con nostalgia mi pasado. Y vuelvo a hacer las paces con la muerte y frecuento los bares de lo insólito cuando cobro los besos que naufragan en los vasos sedientos de ginebra. A veces se me olvida que no escribo y creo un paraíso sin serpientes y un mar que cauteriza las heridas abiertas en las calles del adiós. Y me tumbo en la cama de la noche soñando la consciencia del retorno al metal de los versos, ya sabes que la vida es un niño crecido detrás de la ventana que cierra el porvenir, y puede que volver no sea un retroceso sino un lento camino hacia la coherencia.

14

La casa

Tiene el regreso a la memoria herida esa extraña quietud de las salas de espera de los aeropuertos. El lento caminar de las tardes de agosto se clava en las pupilas candescentes de una casa que expira, una casa que guarda los olores del frío y el dolor de la ausencia. Y el dolor de la ausencia se respira en la cal marrón de las paredes, y en las hojas cansadas de las parras, y en el párpado mustio de las flores, y en la rabia del viento de levante. Sobre la mesa viven unos niños vestidos de primera comunión y un cenicero roto de humo y alquitrán. Sobre todas las mesas. Sedientos de ceniza, el resto de los muebles ocupa su lugar entre el silencio. Sé que no habrá un baúl para el olvido en los ojos vacíos de la casa, sin embargo, me quema la ansiedad que sufren sus escombros.
15

Hay veces que uno escribe sin mirarse a los ojos y de silencio muere, la poesía es entonces un espejo que refleja el vacío de la tarde. Dame un motivo, una pequeña excusa para sentir mi voz, para invocar palabras de metal en los renglones blancos de la vida. Ahora, más que nunca, necesito escupir las verdades del cuarto solitario, ahora tengo que tender la ropa en las cuerdas ajadas del futuro. Porque la noche blande su mirada como un aullido tácito y sombrío y no quiero perderme en la ceguera de la banalidad.

Hay veces

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Es inútil
Teje la madrugada telarañas en el teclado breve de la ausencia y una palabra acaba acostumbrándose, y yo no me acostumbro. Es inútil fingir que soy marrón o que existe el color azul melancolía, es inútil perder, o esperar que no pase nada cuando se mueren las gaviotas y pudren las aceras de mi agosto. He pulsado la barra del espacio tantas veces que ya no veo ni el silencio blanco de su pisada, ni el sonido cromado de tu voz, ni el ronquido apagado de mi voz, ni el sórdido te espero, pero vuelve. Es inútil fingir que se acaba la noche, es demasiado tarde para eso.

17

Has venido del mar
Has venido del mar cuando las avenidas solitarias más te echaban de menos. Cuando llueve la vida, me decías, solo crecen farolas en las calles y noches de domingo. Pero la vida ya te llovió demasiado. Y aunque la soledad se duele en tus maletas despiden ese olor a pausa de la sal y de los reencuentros imposibles. Ya no habrá más estatuas en los versos de hielo de los amaneceres ni ron en la memoria. Has venido del mar y me juras que ya no volverán las noches de domingo ni las farolas a poblar tu acera. Cada mañana tiene lugar en tu regreso y en los armarios llenos de mañanas, y en el café con buenos días. Has venido del mar para quedarte o eso dice un poema.

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El tiempo y la memoria

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Uno se empieza a conocer muy tarde

Uno se empieza a conocer muy tarde, cuando la voz sabida ahoga la garganta. Y esa voz va diciéndose calculando presentes, innovando futuros, descifrando pasados y absurdas soledades que barren los trasteros oscuros del adiós. Porque aquella ciudad que te despierta ya no sueña contigo y los colchones, húmedos de tedio, te empiezan a abrazar muy lentamente. Uno se empieza a conocer muy tarde. Entonces dejan de quemar los años, y los besos letales de la vida, y las noches de lluvia que flanquean las camas de hospital.

20

Son esos años
Son esos años en que la soledad se empieza a conocer por el amor. Hay una edad que muere en cada desencanto y unos ojos en celo cada tarde de agosto, un beso de oficina y un micrófono roto por la noche en esos años. En la misma ciudad, la vida acostumbrada a vestirse de olvido. Ya solo quedan calles que llevan al trabajo cada día y barricadas de ginebra y tónica en la barra oxidada del espejo de esos años. Son esos años que regresan fumando cualquier tarde en el escaparate de una tienda y que no reconoces, detrás de las arrugas del pasado, si no es por el humo melancólico que exhala la memoria.

21

Recuerdo que la vida
Recuerdo que la vida me daba por entonces una tregua, en junio terminaba la estación del fracaso. No quedaba muy lejos el futuro. A dos copas de ti, borracho de silencio, aquella madrugada te esperaba, pero tú preparabas finales de Derecho y doblabas la esquina de la prisa con un adiós, el lunes nos veremos. Cada tarde fue lunes hasta el lunes y cada encuentro viernes por la noche. Recorrimos los bares del verano, los parques del otoño y de la Facultad, el frío de la ausencia, la primavera del billar de El Nico. Y no quedan tan lejos esos años, porque los años, a pesar de nosotros, nos devuelven recuerdos imposibles envueltos en papel - melancolía y es esa terquedad de la memoria la que explica la historia de nuestra convivencia. Ahora he comprendido que soñar no es estar en medio del atasco ni llenar la mañana de victorias.

22

Antes de que llegaras había un saxofón delante de aquel niño que se llamaba como yo. Entonces no sonaban las sirenas en medio de la tarde ni el asfalto inundaba las calles de vacíos, entonces, digo entonces, la vida era un arma cargada de presente. Antes de que llegaras un puente atravesaba aquella imagen en blanco y negro. Y ocupaban los juegos en el barrio el lugar de los coches, y aquel niño curaba sus paperas con el aire prohibido del portal. La luz atravesaba los visillos del miedo. Detrás de la ventana, quedaba todo un mundo por vivir. Y te lo digo porque, antes de que llegaras, mucho antes, yo era la inocencia y no existías y, ahora que me observas y preguntas, recuerdo la mirada, con tranquila nostalgia, de aquel niño que casi se llama como tú.

Antes de que llegaras

23

Quise ver mi rostro

Yo quise ver mi rostro en el espejo quebrado de la noche, despejarme las dudas en sus ojos de piedra, pero la noche calla. Yo quise ver mi rostro en la caricia infesta del reloj, reinventarme en el tiempo que oculta la memoria, pero el reloj me extingue. Yo quise ver mi rostro en la sutil mirada de la muerte, olvidarme de tanto precintar soledades, pero la muerte espera. Yo quise ver mi rostro y voy pudriendo pupilas con mis manos. Para reconocerme practico el exorcismo de la lírica.

24

Tan cerca
A miles de kilómetros de mí y, sin embargo, tan cerca. Puedo sentir el pulso frío de las pisadas sobre mi ausencia de cristal. No sé que pensarán estas paredes de tanta reclusión inútil, de tanto diálogo pueril, de tanta poesía estéril, de tanto no ser yo. Ya no cotiza el alma en el parquet de la vida. Debería saber que la ciudad interior se destruye fácilmente, tan solo necesito estar un rato conmigo. Tan lejos.

25

Al fin me desprendí de los sueños
Al fin me desprendí de los sueños, pesaba demasiado la vida. La mirada vacía de los muertos ha parado el reloj de la memoria. Ya nada te despierta, y aunque se me pudran las tardes de septiembre cuando brillen los labios del olvido y tu sombra sin cuerpo se convierta en la burda caricatura de mi cama, nada te despertará. No me quedan apenas versos para olvidarte pero esta retirada melancólica te suicida, da igual que los espejos no te miren en el pasillo oscuro de mi casa. Ayer me desprendí de los sueños, ahora me habita una caricia sin tu nombre.

26

El desierto de los días
Vago por el desierto de los días, como si fuera yo. Ese yo taciturno e inconformista que detona la bomba del recuerdo cuando nada merece la pena ser pasado, cuando la casa ahoga de paredes los segundos, cuando mañana tiene un nombre de mujer. Vago por el desierto de los días como una sombra frágil que se confunde con la oscuridad, pero que en ella existe, como existe la arena en un grano de arena o la desolación en la derrota. Vuelvo a mí. Y al regreso del vástago perdido encuentro las paredes desconchadas de los años cubriendo soledades, tapando las heridas del silencio. Y mi boca colgada de un anzuelo de hastío.

27

Uno nace y luego muere

Uno nace entre sangre y un proyecto de vida bajo el brazo, entre las gasas tibias y unas manos expertas nos llega el primer llanto. Uno crece con miedo a lo divino y terror a lo humano, con juegos de ficción y pasquines de guerra en los primeros años. Uno sabe de amor por despedidas, distancias y rechazos, uno descubre el sexo cuando aprende en secreto a hacerlo en solitario. Uno moja el futuro en el sudor y en lágrimas de barro, en los hijos que vienen, los padres que se van, en los que están quedando. Uno malvive de melancolía al borde del desahucio, con las botas colgadas en percheros de olvido, errabundo y noctánbulo. Uno con treinta y ocho muere cada día en su calendario, en la palabra escrita con sangre y sin proyecto, sólo, frío, cansado.

28

Adoquines y alquitrán

29

La muerte y la palabra
Yo también pactaré cuando pueda la muerte, la voz que me susurra cuando todo es nada, cuando me desafina la fría madrugada y mueren en mis ganas las ganas de creerte. También apostaré con la vida mi suerte, con el miedo una lágrima y la noche que horada mi voz con el silencio. Bailaré en su mirada al auspicio del día cuando el sol me despierte. Y buscaré una sombra que me alumbre si pierdo con la excusa de ver si amanece el ciprés que preside la ausencia. Pero ya no me ves, soy crepúsculo rojo de la tiniebla, muerdo la tierra y un poema se vuelve del revés; la muerte y la palabra rompen así su acuerdo.

La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos. (Antonio Machado)

30

La vida, la muerte, la nada

Ignoramos por qué, pero nacemos. La vida nos esconde este misterio pero muestra el oscuro ministerio del tiempo en el que, al poco, no seremos. Buscamos un sentido a la existencia entre dioses, gurús y religiones, sinestras letanías y sermones que acaban por domar la inteligencia. La vida es un proceso de la muerte y la muerte antesala de la nada, la nada es un vacío sin Tutela. Quedamos a merced de nuestra suerte blandiéndole al destino una mirada volviendo a ser vacío aunque nos duela.

31

La senda de la muerte
No hay nada tan efímero y eterno como el ahora. Se nos va, y se queda como nosotros nos marchamos, rueda sobre sí mismo en busca del invierno. Igual le ocurre al inmortal cuaderno que arrastra nuestra vida en su vereda, uno se va, pero un renglón hereda el verso que no arde en el infierno. El tiempo es la senda de la muerte y nosotros, amigo, peregrinos que vagan como seres errabundos, las horas, los minutos, los segundos van labrando feroces los caminos que nos dejan llorando nuestra suerte.

32

La nostalgia

He conducido el alma por el lado oscuro de mi vida, la nostalgia, esa sombra que cubre soledades y guarda los secretos de la noche. Con la letra mayúscula del miedo he saltado al abismo de sus ojos buscando paraísos que no existen más que en la mente imaginaria y muda. No solo de silencio vive el hombre, el viento del recuerdo nos depara sensaciones y cláusulas prescritas en contratos preñados de futuro, la estación sin solsticio que no llega con la lluvia ni el sol de la memoria.

33

La dualidad de los sueños
En un sueño viví toda la vida y duró lo que dura un solo instante, el tiempo de olvidar, el fulminante segundo de una época perdida. En un sueño murió toda la vida y la muerte, infinita y susurrante, pasó de largo. La vereda errante del tiempo permanece dividida. Terrible dualidad la de los sueños donde, a veces, vivimos y otras veces morimos cada vez que despertamos. La existencia se va, no somos dueños de las agujas del reloj ni jueces de la oscura frialdad en la que estamos.

34

De las noches en vela, solitario, del recorrido urgente de la vida, desde aquella memoria adormecida se presenta desnudo mi glosario. Soy un hombre pegado al calendario que se atreve a vivir, pobre suicida, sin la careta del actor, olvida que el tiempo se convierte en escenario. Persigo la belleza de una duda, la clave que me explique sin la ayuda de preguntas que invoquen al espejo. Recuerdo que apostaba mi pellejo por la verdad cortante y puntiaguda, ahora es todo mucho más complejo.

De las noches en vela

35

El hombre y la muerte
El hombre que batalla su interior asume que la vida le abandona definitivamente, no perdona el tiempo que golpea sin pudor. El hombre que se sabe soñador vive la eternidad y se emociona con la mañana, por la tarde entona su destino y de noche su dolor. No cabe la añoranza en la mirada absurda de la muerte, ni el sonido metálico del miedo y del olvido, el hombre, para el hombre, es una espada que lucha cuando todo está perdido, ignora que, al final, no queda nada.

36

En la sombra
En la sombra del parque que frecuentas te he soñado esperándome, te he visto en los bancos de niebla donde asisto para encontrar tus tardes polvorientas. Me han citado las gárgolas sedientas de tu teclado, por tu cita existo, por la verde alameda que conquisto en sueños de papel. Después te ausentas. Y se quedan los árboles sin savia, y los bancos de humo se evaporan con el calor pesado de mi rabia, y los poemas que no escribo lloran versos desesperados, que me ignoran, y me muero en la sombra de tu labia.

37

Corazón de tu voz

38

El corazón humano es un instrumento de muchas cuerdas; el perfecto conocedor de los hombres las sabe hacer vibrar todas, como un buen músico. (Charles Dikens)

39

La ciudad noctámbula de Springfield

Si pudiera contarte que no estuve tan cerca del cielo como ahora, que tus huellas me atrapan como el saxo a la noche y que la soledad en tu voz me abandona. Si pudiera decirte que tu palabra vive en la garganta muerta y que la prima-vera se ha colado en mi casa con la acertada y cruel intención de quedarse. Nada sabe de lírica el que no ha condenado a la hoguera sus versos, ha renunciado al sueño por la melancolía y de noche la vida no le ha dado la espalda. Tu has encendido fuego desde siempre en la ciudad noctámbula de Springfield.

40

Corazón de tu voz
No será este poema que escribo mercancía de alguna editorial, no forrará paredes de cristal y nunca morirá en tu estantería. No será mi poema solo melancolía o tristeza verbal, esa voz desgarrada y personal en el desierto azul de tu alegría. No será la memoria digna de su osadía, de este salto mortal que araña con su garfio emocional el corazón de la palabra fría. Este poema es un breve llanto, serán tus versos, Luz, será mi canto.

41

Echa la puerta el club Melancolía pero abre a la noche una ventana, y el corazón al viento y a la urbana voz de la soledad tu compañía. La barra confidente está vacía. Ahora, inevitablemente aduana, requisa la tristeza que profana una vida callada, que es la mía. Yo vine con un sueño de papel para escuchar la música sin piel de la nube que vuela en tu cercado, y me voy con el verso huracanado que traza una existencia siempre cruel en la libreta ajada del pasado.

La aduana

42

No supo ser el viento de levante y se hizo huracán muy poco a poco, mitad desposeído, mitad loco, mitad fiera corrupia y mitad Dante. Ella era la voz que, susurrante, conquistaba sin armas el barroco jardín de los silencios con su foco de luz rosada, firme y deslumbrante. Fueron sombra de sombras sin espacio para morir en sueños de bohemia, la ciudad que corrompe la memoria. Fueron carne de verso, la pandemia de la palabra triste que es la historia de esta historia que arranca tan despacio.

Sueños de bohemia

43

El porvenir
No queda un porvenir al que aferrarme, mis manos, condenadas al olvido, no encuentran más razón que tu latido para tentar la musa en mi rearme. No juzgo la palabra al acusarme de ser un corazón enmudecido, tampoco me sentencio. He convivido con la vulgaridad antes de obviarme. Evito la pancarta de neón cuando bajo de noche tu telón con la voz de mis labios silenciosos. Yo te espero detrás de la pantalla que refleja la boca que me calla bruñéndote los versos más hermosos.

44

He rondado el jardín rosa de tu talento, he soñado un poema. La maleta de las palabras vuela como el viento por la mente cansada del poeta. Ya no hurgaré en ninguna herida. Me lamento desde la sombra estéril que sujeta un teclado podrido, un filamento de voz sin tu latido anacoreta. Regresaré al lugar de donde vine para descerrajarme los mordiscos que han callado tu boca. Y vendré cuando todo se termine, - aún sigue girando el tocadiscos pero ya nadie toca.-

Ya nadie toca
“Un sabio dijo una vez: “La habilidad mayor al asistir a una fiesta consiste en saber cuándo es el momento de retirarse””(Michael Stipe)

45

Décimas esquizofrénicas

46

I Me has encontrado solo, y solo estoy en este ir y venir por tus caminos, solo. No hay gigantes ni molinos ni quijotes que nombren lo que soy. Me aprietan los zapatos de cowboy que ensucié cuando apenas me dolías, cuando pude decir - tú no me oías que mi verso se armaba de futuro. Nuestra guerra es amor en claroscuro oculto entre tus malas compañías.

II Sospecho que mi sitio no está aquí al lado de la sombra que te encierra, yo soy un forastero en esta tierra y entiendo que estarás mejor sin mí. En medio de tu voz yo me viví buscando las aceras de tu encanto, desnudo de palabra. Pero el canto de sirena destroza mis oídos cuando escucho los vidrios esparcidos por el choque del tren de mi quebranto.

Mi sitio no está aquí
III Y vuelvo, y al volver nadie me espera con los brazos llorados de dolor. Y al volver faltas tú y sobra el amor que consume mi estancia pasajera. Ya te empiezo a olvidar a mi manera en el salto mortal de la desidia, en el flato punzante de la envidia malsana y delirante. Ya no creo que escribir me prevenga del deseo ni recordar me llame a la perfidia

47

I Que el futuro es ciego ya lo sé, acaso una mirada corrosiva horada la memoria. La saliva ácida no recuerda si no ve. El silencio es un rígido corsé que aflojo con palabras desolladas cuando ofreces caricias congeladas y no existen razones para amarte, no me quedan más besos para darte ni voz para encender tus madrugadas.

II Prefieres traficar con mi arrebato y mentir en directo la osadía de morir cada noche y cada día en la guerra que nunca es un conato. Solo quieres pasar conmigo el rato que va desde tu agosto hasta el invierno porque, al fin y a tu cabo, soy un tierno bocado para abrir el apetito y te olvidas que puedo ser el grito que te lleve al silencio de tu infierno

No soy el rey de corazones
III ¿Sabes?, no soy el rey de corazones, mi leyenda es carne de lujuria, no vive el hombre solo de la furia que esconden sin pudor los pantalones. Me mueven a escribirte otras razones y a odiar como te quiero tu misterio, si no puedes vivir en mi hemisferio pondremos nuestra tierra en alquiler, contigo ya no cabe un alfiler en la memoria fiel del adulterio. IV Ya ves que sigo aquí, desvinculado de estéticas fetiches y etiquetas glamourosas, también de los poetas que siempre recitaron a tu lado. Rechazas la moral de mi pecado porque no se merece tu pasión, ¿no sabes que me arrastro hasta tu don para ver el puñal en mi garganta? Me temo que yo soy el que te canta cuando pierdes sinmigo el corazón.

48

I Dime, ¿sabes por qué nos apostamos un poema?, ¿por qué nos redimimos verso a verso y después casi morimos el uno por el otro si no estamos?. Ninguno de los dos lo imaginamos más allá de las cláusulas del reto, donde la vida es un esqueleto que intercambia mi cuerpo con el tuyo, donde acaba la voz que prostituyo en medio del burdel de tu secreto. II Tu camino se vuelve línea recta en la poética y fatal diatriba, lamento que mi calma te describa sola borrando lo que a mí respecta. Eres hierba curada que proyecta su frágil humareda hacia el futuro, esa tumba del tiempo que, seguro, silenciará las yemas de mis dedos. Empiezo a deshacerme de los credos que alimentan el miedo de lo oscuro.

En tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada

49

III Yo sé muy bien de quién o no reniego, aquí estoy destrozando las aristas de la palabra lejos de sofistas que confunden mi nombre con su ego. El laberinto blanco es el juego que expones, pero tú ya no me encuentras, cuando mi espectro sale, entonces entras por la puerta de atrás, mas con la llave de la mañana no abrirás la nave donde enciendo la llama verde mientras. IV Poco a poco me gusta lo que eres, cristal en el espejo de tu pena, aullido silencioso de sirena que perfora mi sien con alfileres. La existencia nocturna y los placeres se olvidan de mi historia y tu mirada, ocupan un lugar de madrugada en el atlas fetiche de la muerte pues la noche sin luna se convierte en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

50

En mi derribo
I Yo me vuelo la tapa de los versos por un poema que me arañe el alma, suicido el corazón con esta calma vocal en la que estamos tan inmersos. Existen en tu escrúpulo universos que ofrecen la palabra desvestida lejos del duelo y la mirada ardida que miden las distancias del planeta, cómo me gustaría ser poeta en aquel otro mundo que me olvida. II Quizá no sea el hombre que te esperas tras las lunas oscuras que me ocultan, a mí tus noches negras me resultan enfermas infectadas de quimeras, quizá tanto lucharme en las aceras de tu calle me tenga al fin en jaque y, tal vez, de la manga no me saque otra carta que un as de corazones. Me sobra más nostalgia que razones para ser un indulto en tu almanaque.

51

III Yo no quiero matarte con la bala hueca de la caricia, tu camino has de correr en busca de un destino que te lleve muy lejos de mi escala. Un libro de recuerdos me señala como preciado souvenir futuro en medio de un presente prematuro que no tiene pasado en la memoria; si miro en el espejo de la euforia el tiempo me dirá que no figuro. IV Y déjame por último que cuente la historia de la historia de mi vida, esa voz que se queda sin salida cuando grito y silencio inútilmente. Es tan frágil el muro de la mente que vuelvo a recaer en mi derribo, es difícil hallar el revulsivo en este no quererme tan intenso porque, a veces, escribo lo que pienso y otras veces maldigo lo que escribo.

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I Qué me importa ganar o ser vencido cuando llego penúltimo a la meta que me ofrece tu piel, con qué asceta me vistes si a tu altar nunca he subido, qué caricia letrálica he mentido en el verso que tasas con tu precio, cómo ser un don Juan y ser el necio que, a veces, cataloga tu mirada, cómo ser todo cuando ya no hay nada entre mi voz cansada y tu desprecio.

La musa esquizofrénica
II No me importa el oficio de tu madre ni tus muestras de amor al coronel, yo he dejado la sangre en el papel y en tu sórdida mente mi desmadre, Tú serás la gaviota que taladre mis poemas, la musa esquizofrénica, la diva inconformista y ecuménica que abarque con palabras mi pasión si aprendes a vivir sin el telón de esa pose tan fiera y fotogénica.

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Creo en la poesía

Creo en la voz que nunca duerme eternamente, siempre en el dedo sospechoso y conflictivo, en la verdad del verso fiero y subjetivo que se derrama por la página valiente. Creo en los sueños que desvirgan nuestra mente al desamparo de la lírica barata, en los remansos de cristal de tanta errata como he tachado en mi liviana subsistencia. Nada seré, nada hallaré si no la herencia de la palabra descreída que me mata.

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Prefiero tu mirada

I Eres río que fluye lentamente a través del crepúsculo verbal, la caricia recíproca, el cristal que me refleja cuando estoy ausente. Eres la claridad omnipresente que baña con palabras mi deseo, la boca húmeda que muerdo y leo con la sed que traiciona la memoria. Si amanece por fin, serás historia de mi historia, lo poco que poseo. II Soy la mirada que marchita absorta en verdes paraísos conceptuales, las manos que silencian los metales de la vida, lo único que importa. Soy la pesada piedra que soporta mi destino, pregunta torrencial, el arpón de la duda existencial que se clava en las branquias del pecado. Si me dejas, seré cauce mojado por el agua del río de tu grial.

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III Somos, querida amiga, poesía, quizá la primavera de la angustia, color en la mirada oscura y mustia que acaba de un brochazo su agonía. Somos como raíles de una vía del tren que siguen sendas paralelas, el murmullo que callan las cautelas de los enamorados del silencio. Te miro, me arrebato, nos sentencio: prefiero tu pupila aunque me duelas.

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Sueños menores

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Se reinventa la vida con tus axiomas, con palabras que vuelan sobre las horas, ¡ay! amor mío si supieras que el tiempo se ha detenido. Si la tarde te llama y no te encuentras acércame la mano de tu tormenta, que si la lluvia nos moja, bailaremos la danza púrpura. He soñado Madrid, bocas de metro que te engullen oscuras y me despierto. Yo te he buscado en los andenes fríos de mi quebranto. El camino del norte y de tu espalda cada noche recorro con la nostalgia. Los seminarios te han llevado muy lejos de mis abrazos.

He soñado Madrid

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Tus arqueros
En el suave susurro de terciopelo se mecen las palabras de tu misterio, y en cada esquina de tus versos me busco mas no me citas. Cada beso me besas, cada caricia serpentea la espalda de mi mentira. Siempre me invento tu voz cuando me dice que no fue un sueño. Al borde del abismo de la distancia, se cruza tu frontera con mi garganta. Soy el tenor ahogado en el pálpito de tu canción. Los dioses te acompañan con dulce lira en el viento que sopla tras de tu vida. Confieso el vértigo que produce la altura de tus arqueros.

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He subido de puntillas la escalera de los años y cada tarde los trenes pasaban siempre de largo. Me han faltado partituras para escribir mis fracasos desde el espejo convexo de las páginas de un diario. He visto pasar la moda de chinchetas y de clavos atravesando las chupas de los poetas de barro. He debido reponerme de algún amago de infarto, de la fría madrugada, de la espesura del fango. He quebrado las estrellas del cielo con estas manos, y han quedado los cristales que yo he pisado descalzo. Me ha despertado el sudor de la memoria cantando la balada de los sueños que se canta muy borracho.

La balada de los sueños

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Coplas de la vida
I Estos años que vivimos no dejan más que letargo y agonía, ignoramos lo que fuimos, se nos hace tan amargo cada día, las arrugas que nos faltan son las mismas que nos sobran, lamentamos las dudas que nos asaltan, las certezas que nos cobran las pagamos. II Esperamos del mañana el amor y la riqueza, buena suerte, miramos por la ventana contemplando con pereza nuestra muerte, pero hacer hacemos poco cada vez más inhumanos nos reímos, y tanto hacernos el loco, tanto lavarnos las manos lo sufrimos.
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III Que la eterna juventud dura solo unos segundos, el ahora, el tiempo es como un alud, somos seres errabundos y nos llora el alma cuando crecemos y después nos despertamos con sudor, ya no nos reconocemos, la noche nos encontramos al albor. IV Disfrutemos cada día y que no haya más futuro que el presente, brindemos que, todavía, el cielo no torna oscuro y es urgente soñar cuanto el niño engaña hacer su quimera tuya y su herida, que aunque sea tan extraña no hay otra que sustituya nuestra vida.

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