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Fuentes de la Constitución Nacional

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FUENTES
DE LA
CONSTITUCIÓN
NACIONAL

“es necesario, en primer lugar, entrar en su estudio con amor y con respeto, porque es
la obra de muchos sacrificios de nuestros antepasados, y es la ley suprema de la
Nación”
Joaquín Víctor González (Manual de la Constitución Argentina)

Fuentes de la Constitución Nacional

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PRIMERA PARTE: INTRODUCCIÓN

“Aprovechad, augustos representantes, de las lecciones de nuestra historia y dictad
una Constitución que haga imposible para en adelante la anarquía y el despotismo.
Ambos monstruos nos han devorado. Uno nos ha llenado de sangre, el otro de sangre y
vergüenza. La luz del cielo y el amor a la patria os iluminen.”
(Justo José de Urquiza – 20 de noviembre de 1852)

LAS FUENTES DEL DERECHO
Diez Picazo y Gullón dicen que el tema de cuáles son las fuentes del derecho es, ante
todo, un problema político y sociológico.
Es un problema político porque entraña el especial reconocimiento de un ámbito de
poder de naturaleza política (poder dictar las normas que obligan a los demás y
hacerlas obedecer). En este sentido, en la Edad Media, la lucha entre la ley (poder real)
y costumbre (nobles y ciudades que defendían sus tradiciones), se troca luego de la
revolución en el enfrentamiento entre la ley (Estado revolucionario y burguesía) y la
costumbre (fuerzas conservadoras, nobleza).
Y es un problema sociológico porque revela las tensiones entre grupos sociales. Esto se
ve en la eficacia de las denominadas condiciones generales de los contratos, a las que
se pretende como derecho objetivo y que son una manera de demostrar la hegemonía
de los económicamente poderosos que pueden dictar el Derecho aplicable a
determinadas relaciones.
CONCEPTOS
Primera aproximación
El vocablo “fuente” es multívoca. La doctrina se ha referido a él por lo menos en seis
sentidos, a saber:
Etimológico: El vocablo “fuente” deriva del latín “fons” o “fontis”, y éstos de “fundo
dare”, que significa derramar o brotar; es decir, “el lugar donde se derrama o brota el
agua de la superficie”; o “buscar el sitio de donde ha salido el derecho a la superficie”.
En este sentido, las fuentes son los orígenes de la regla jurídica.
1.

Filosófico: Se ha señalado también que el derecho tiene su fuente esencial e
inagotable en la naturaleza humana. Esta corriente sostiene que “existe una fuente de
las fuentes”, que es el espíritu humano en su indefectible vocación jurídica.
2.

Formal: Para Kelsen, su mayor expositor, no sólo hay que analizar las fuentes desde
el punto de la “producción” de la norma jurídica, sino fundamentalmente desde la
óptica de la validez del derecho; y aquí aparece la voluntad del Estado que le imprime
dicha validez.
3.

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Técnico: En este sentido, no lógico ni formal, se señala que es perfectamente lícito
indagar “cómo aparecen las normas jurídicas”, “cuáles son sus fuentes de producción”,
y desde esta concepción se puede hablar de fuentes originarias y derivadas.
4.

Sociológico: También se ha esgrimido que en última instancia las fuentes de
producción del derecho no son más que los diversos medios técnicos de la
manifestación de la voluntad social predominante.
5.

Causalista: Por último, la fuente es el “hecho creador” del derecho y, por
consiguiente, su causa u origen. Estas causas pueden ser de naturaleza material o
formal. Las primeras son de índole metafísica y las segundas radican en el ámbito
normativo, y son las formas de manifestarse la voluntad creadora del derecho. Aquí, la
fuente formal de derecho es la “creación”; la norma jurídica “lo creado”.
6.

Fuentes formales y materiales
Se ha distinguido tradicionalmente entre fuentes formales y materiales. Las fuentes
formales del derecho son las costumbres, leyes y doctrinas que contienen normas o
dan estructura a las instituciones. Estas fuentes y aquéllas son antecedentes del
derecho, que debe luego estudiarse como sistema, investigando también su aplicación,
la cultura jurídica que lo ha inspirado y los resultados políticos, sociales o económicos
que haya producido. De esta manera se mantiene la vinculación del derecho con todos
los elementos de la vida social, dentro de la cual se inserta para regularla o para
orientar sus inevitables transformaciones. Son aquellas que en forma directa se
constituyen como “derecho aplicable”, es decir, la dotada de autoridad, de
obligatoriedad en virtud del mandato del mismo ordenamiento legislativo.
Las fuentes materiales son factores que provocan la aparición y determinan lo
contenidos de las normas jurídicas. Son las causas productoras del derecho, entre las
cuales pueden mencionarse las creencias religiosas y morales, las ideas políticas y
sociales, los intereses económicos y las circunstancias históricas. Éstas son las que
promueven u originan en sentido social – político a las primeras.
Puesto que toda, norma, en tanto pensamiento regulador de la conducta, tiene una
función existencial, sus fuentes materiales no pueden ser sino realidades existenciales
captadas y valoradas a través del acto de normación. Este acto, como expresión de una
voluntad creadora de situaciones valiosas, tiende en efecto a solucionar mediante el
contenido que confiere la norma creada, ese incesante conflicto que el devenir
existencial establece entre la situación presente y la futura situación deseable, entre el
ser social y el deber ser axiológico.
Los factores determinantes del contenido de las normas jurídicas están constituidos
por las diversas necesidades y requerimientos vitales de la sociedad o del individuo;
necesidades que se traducen en exigencias políticas, económicas, morales religiosas,
utilitarias, etcétera, que el sentimiento jurídico valora.
El contenido lógico de la norma jurídica creada con el fin de solucionar aquellas
necesidades, coimplica así, un punto de vista valorativo, un esquema axiológico sobre
las mismas. De ahí que cuando las circunstancias siempre cambiantes del acontecer
social, varían ha menester un nuevo punto de vista valorativo, para adecuar el

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contenido siempre idéntico de aquella norma a los nuevos, requerimientos y
circunstancias. Ese contenido coimplica entonces en esta nueva situación, un nuevo
requerimiento axiológico.
Fuentes históricas
Conociendo ya los conceptos básicos de qué se entiende por “fuente” en el derecho,
hay que hacer una aclaración. Este trabajo trata a las “fuentes históricas” de la
Constitución Nacional, es decir, de la norma. Diferente sería hablar de las fuentes del
Derecho Constitucional, dentro de las cuales estarían, además de la Constitución
(como fuente principal de esta rama del derecho), la jurisprudencia de la Corte
Suprema de Justicia (por su calidad de intérprete último de la Carta Magna), la
doctrina, etc.
Entonces, decimos que la ideología, los principios fundamentales, las normas, los
contenidos de la Constitución, tienen – como la Constitución toda – una génesis
histórica. Han surgido de alguna parte, y han entrado de algún modo en la
Constitución. Tal es el tema de las fuentes históricas, que nos lleva al hontanar donde
el constituyente se inspiró, y a los cauces que utilizó para plasmar positivamente,
desde y con esas fuentes históricas, nuestra Constitución.
Según su origen, las fuentes pueden ser nacionales o extranjeras. A su vez, según su
esencia, pueden ser:
Ideológicas o doctrinarias: Son el conjunto de ideas, doctrinas y creencias que
gravitó sobre el constituyente para componer el complejo cultural de la Constitución.
En este trabajo, analizamos, el pensamiento de Mayo, el pensamiento federal, el
pensamiento unitario, el pensamiento de la generación romántica del 37, el
pensamiento de Juan Bautista Alberdi y el pensamiento católico tradicional.

Normativas: Son los textos de las normas, nacionales o extranjeros, previos a 1853
– 1860 que sirvieron de inspiración y antecedente al articulado de la Constitución.
Entre éstas encontramos, Reglamento orgánico, el Estatuto provisional, el Estatuto de
1815, el Reglamento del 17 y la Constituciones de 1819 y 1826. Igualmente han sido
fuentes de interpretación los decretos que, como el de libertad de imprenta y de
seguridad individual de 1811 y los de la Asamblea del año XIII, proclamaron los
derechos del individuo frente a la sociedad, plasmándose en las declaraciones,
derechos y garantías de nuestra Ley Fundamental.

Instrumentales: Son la que apuntan al proceso jurídico – político que condujo al
establecimiento de la Constitución, y que dan noticia de cómo, por qué, y cuándo, se
incorporan a ella sus contenidos fundamentales. Podemos nombrar entre éstas
fuentes los pactos interprovinciales. En estos pactos, debemos distinguir entre pactos
preexistentes, fuente directa de la Constitución, como ya henos explicado, y los
antecedentes, que si bien no determinaron la convocatoria del Congreso del 53 y
fijaron las normas constitucionales como los anteriores, estuvieron todos ellos
inspirados en los principios rectores de la Federación. Son los primeros, el Pacto
Federal del 4 de enero de 1831 y el Acuerdo de San Nicolás; los segundos, los demás
pactos interprovinciales anteriores a 1853 (del Pilar, del Cuadrilátero, etc.).

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PODER CONSTITUYENTE
Es importante dedicar algunas líneas al concepto del poder constituyente por su
vinculación con la sanción de la Constitución Nacional en 1853, cuyas fuentes
históricas es objeto de este trabajo.
La Teoría del Poder Constituyente nació en Francia, fue construida en la época de la
Revolución Francesa por el abate Emmanuel Sieyes. Su construcción tiene o se elabora
en un contexto histórico determinado y fue cuando la tambaleante y quebrada
monarquía en Francia se vio obligada a convocar al Parlamento, éste se denominaba
“Estados Generales” y su estructura, en la que había tres ordenes era la siguiente: la
Nobleza, el Clero y el Tercer Estado.
En este último orden, correspondiente a los estratos sociales comunes, no
privilegiados, ejercía un papel preponderante la "burguesía". En el Parlamento, en ese
entonces, se votaba por órdenes y el Tercer Estado o también estado llano estaba en
desventaja numérica frente a la unión que había a la hora de votar entre la Nobleza y
el Clero.
Era indispensable una reforma para lograr el control de la asamblea parlamentaria, es
entonces cuando entre fines de 1788 y comienzos de 1789, Sieyes escribe su famoso
folleto titulado "¿Qué es el Tercer Estado?" con miras a explicar un cambio que se
tornaba indispensable.
Sieyes tenía que demostrar que para darse una Constitución, la nación tenía que tomar
la decisión mediante la reunión de representantes extraordinarios especialmente
delegados para expresar la voluntad nacional; ello lo conduce a elaborar la teoría del
Poder Constituyente, a fin de establecer a quién pertenece y cuáles son las condiciones
de su ejercicio.
El abate señala tres etapas en la formación de un Estado, en la primera etapa los
individuos que viven aislados en un estado de naturaleza racionalmente concebido,
resuelven reunirse y por este solo hecho pasan a formar una nación; es en la nación
donde el Poder Constituyente radica en forma indiscutible e inalienable. En la segunda
etapa, la nación lleva adelante la decisión de actuar en común y los asociados
convienen en cuáles son las necesidades públicas y los medios para proveerlas, el
poder ya pertenece al conjunto y es en este momento en el que nace la Constitución.
En la tercera etapa, los asociados son demasiados y están dispersos en una superficie
tan extensa que no les permite ejercitar por sí mismos su voluntad común, nace
entonces el gobierno, ejercido por representantes de la nación.
En doctrina hay infinidad de conceptos del poder constituyente. Entendemos que es la
competencia, capacidad o energía para constituir o dar constitución al estado, es decir,
para organizarlo, para establecer su estructura jurídico – política (Bidart Campos).
El poder constituyente puede ser originario o derivado. Es originario cuando se ejerce
para dar constitución a un estado por primera vez o, cuando se cambia totalmente un
régimen por otro (caso de la revolución). Es derivado cuando se lo ejerce para
modificar la constitución de un estado, siempre dentro del sistema que la misma
constitución establece.

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El poder constituyente originario tiene como titular al pueblo o la comunidad, porque
es la colectividad toda la que debe proveer a su organización política y jurídica en el
momento de crearse el estado. La noción responde a la búsqueda de la legitimidad en
el uso del poder constituyente. Sin embargo, esta titularidad debe reconocerse en
potencia, o sea, que no hay nadie predeterminado o investido para ejercerlo. El
ejercicio “en acto” de ese poder constituyente se radica en razón de la eficacia en
quienes, dentro del mismo pueblo, están en condiciones, en un momento dado, de
determinar con suficiente consenso social la estructura fundacional del estado y de
adoptar la decisión fundamental en conjunto.
El poder constituyente originario que dio nacimiento y organización a nuestro estado
aparece en una fecha cierta: 1853. Todo el proceso genético que desde la
emancipación del Virreynato del Río de la Plata en 1810 prepara la formación
territorial y política de la República Argentina, alcanza culminación en la constitución
que establece el Congreso Constituyente reunido en Santa Fe. Este poder
constituyente originario fue un poder constituyente abierto que se cerró en 1860 con
la incorporación de la Provincia de Buenos Aires a la Nación Argentina, previa reforma
constitucional. Es correcto entonces hablar de la Constitución de 1853 – 60.
Este poder constituyente originario fue ejercido por el pueblo. Social e históricamente,
las condiciones determinantes de la circunstancia temporal en que fue ejercido
llevaron a que las provincias históricamente preexistentes enviaran representantes al
Congreso de Santa Fe, en cumplimiento de pactos también preexistentes.

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SEGUNDA PARTE: FUENTES
“... la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos del hombre son las únicas
causas de los males públicos y de la corrupción de los gobiernos...”
(Asamblea Constituyente Francesa – 1789)
INTRODUCCIÓN
La Constitución sancionada el primero de mayo de 1853, no fue el producto de la
casualidad, del capricho de un legislador o la orden de un jefe de Estado; no fue la
consecuencia inmediata de los sucesos porteños de 1852, ni la copia de un texto
original, ni la adaptación de sistemas vigentes; no fue así porque de esa manera lo
quisieran los hombres del 53 o lo deseara Urquiza. La ley fundamental de 1853 fue
mucho más que eso. Su sanción fue el resultado de todo un largo y trabajoso proceso,
amalgamado de fechas, de nombres, de luchas por las instituciones y de valiosas
contradicción de principios donde el pueblo argentino gestó la verdadera
emancipación nacional.
Decía Juan Bautista Alberdi sobre las fuentes que inspiraron a los hombres del 53: “La
historia política de la colonia hispano – argentina, y no la historia de las colonias
inglesas de Norteamérica; la historia de la revolución del Plata, y no la historia de la
revolución Norteamericana; nuestras constituciones ensayadas en los 40 años
precedentes, y no los ensayos predecesores de la Constitución de la Unión Americana;
los partidos, las luchas, los intereses, las doctrinas de los pueblos argentinos ... es la
verdadera fuente de comento y explicación de la Constitución actual argentina, como
ha sido de su elaboración para el Congreso”.
Esto no quiere decir que los hombres del 53 no hayan tenido en cuenta numerosas
obras de derecho, constituciones nacionales y extranjeras y diversos proyectos, que
facilitaron su obra. El mérito singular de los constituyentes consistió en adaptar todo
ese cúmulo un tanto abstracto de conocimientos y fuentes a la realidad histórica del
país, superando, a veces, los modelos, y creando, en los más de los casos, auténtica
doctrina nacional.
Por último cabe decir que, nuestra Corte Suprema de Justicia en el siglo XIX se aferró
preferentemente al modelo norteamericano. En cambio, en 1937 la Corte dijo: “La
interpretación auténtica de la Constitución no puede olvidar los antecedentes que
hicieron de ella una creación viva, impregnada de realidad argentina, a fin de que
dentro de su elasticidad y generalidad que le impiden envejecer con el cambio de
ideas, crecimiento o distribución de intereses, siga siendo el instrumento de la
ordenación política y moral de la Nación” (fallos 178: 9).
FUENTES NACIONALES
Fuentes doctrinarias
Encontramos aquí todas aquellas ideas que, en mayor o menor medida, tuvieron
influencia sobre los hombres y mujeres que fueron protagonistas de la época de la
organización de la Nación Argentina. Ya sea que estén presentes en la obra legislativa,

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de gobierno, literaria o incluso de la prensa; encontramos varios grupos de ideas que
van nutriendo el camino hacia la Constitución de 1853 – 60.
Entre ellas podemos encontrar: el pensamiento de mayo, el de Mariano Moreno y de
Bernardino Rivadavia, el pensamiento federal y el unitario, el de la generación del 37 y
Juan Bautista Alberdi y, por último, el pensamiento Católico tradicional.
El pensamiento de mayo. La Revolución de Mayo es el punto de partida de una
doctrina jurídica que 43 años después sería plasmada en la Carta Fundamental. Como
fuente de la Constitución está dado en los votos y discursos de los patriotas del 22 de
mayo, en el reglamento del 24 y 25, en las proclamas y comunicaciones de la Junta y
en la obra y el pensamiento de Mariano Moreno, Juan José Castelli, Saavedra y en la de
todos aquellos que de una u otra forma fijaron la ideología del movimiento
emancipador.
Los revolucionarios de Buenos Aires conocían las doctrinas de filiación española
debido, especialmente, a la difusión que habían logrado desde las universidades de
Chuquisaca (o Charcas) y de Córdoba, aparte de la influencia que jugaron en la
formación intelectual de eclesiásticos y abogados. La neoescolástica española de los
siglos XVI y XVII desarrolló, sin mayores discrepancias una tesis fundamental:
1. El poder deriva de Dios, y se radica en el pueblo;
2. El pueblo como sujeto primario de autoridad puede trasferirla al gobernante;
3. El pueblo que transfiere el poder al gobernante puede reasumirlo en dos casos:
cuando el gobernante deviene en tirano y cuando hay acefalía.
Hay que tener también en cuenta la situación jurídica de la América española. Las
“Indias”, primero bajo señorío de los Reyes Católicos, pasan luego a ser reinos o
provincias y no colonias. Pero no reinos o provincias que no forman parte ni unidad
con el estado español sino que estaban incorporados a la Corona de Castilla, bajo
dependencia personal de su titular. El vínculo jurídico que ligaba a los reinos indianos
con la Corona de Castellana, y no con España como metrópoli, se suponía efectivizado
mediante pacto, y habían quedado garantizado a perpetuidad. Cuando el 22 de enero
de 1809 la Junta Central de Sevilla proclama que los dominios de España en las Indias
son parte integrante de la monarquía española, y cuando así lo reitera el Consejo de
Regencia de España e Indias el 14 de febrero de 1810, el cambio institucional
unilateralmente decidido se considera como ruptura ilegítima del pacto de
incorporación a la Corona.
Desde las vísperas del 22 de mayo hasta el 25, los documentos históricos existentes
traducen puntos de vista harto elocuentes. No son improvisación del momento, ni
aparecen entonces por vez primera. En este sentido, podemos analizar algunos de
ellos:
La opinión expuesta por Saavedra a Cisneros en la reunión de jefes militares del 20 de
mayo: “Señor, son muy diversas la épocas del primero de enero del año 1809 y la de
mayo de 1810 en que nos hallamos. En aquélla existía la España, aunque ya invadida
por Napoleón; en ésta, toda ella, todas sus provincias y plazas están subyugadas por

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aquel conquistador, excepto sólo Cádiz y la isla de León ... ¿Y qué, señor? ¿Cádiz y la
isla de León son España? Este inmenso territorio, sus millones de habitantes, ¿han de
reconocer la soberanía en los comerciantes de Cádiz y en la isla de León ...? No señor:
no queremos seguir la suerte de España ni ser dominados por los franceses; hemos
resuelto reasumir nuestro derecho y conservarnos nosotros mismos. El que dio
autoridad a V.E. para mandarnos ya no existe. Por consiguiente tampoco V.E. la tiene
ya; así que no cuente con las fuerzas de mi mando para sostenerle en ella”.
Es muy conocido este debate del Cabildo abierto del 22 de mayo de 1810. Ha sido
reconstruido en sus detalles, aunque muchos de los pasajes han permanecido como
tradición casi inalterada. Es indudable que la exposición de Castelli constituyó la
doctrina jurídica justificatoria de la revolución. Sostenía que “desde que el Señor
Infante don Antonio había salido de Madrid había caducado, el Gobierno Soberano de
España: que ahora con mayor razón debía considerarse haber expirado con la
disolución de la Junta Central porque además de haber sido acusados de infidencia por
el pueblo de Sevilla no tenía facultades para el establecimiento del Supremo Gobierno
de Regencia ... los poderes de sus vocales eran personalísimos para el gobierno y no
podían delegarse y ya por la falta de concurrencia de los diputados de América en la
elección y establecimiento de aquel Gobierno, deduciendo de aquí su ilegitimidad y la
reversión de los derechos de la Soberanía al pueblo Buenos Aires y su libre ejercido en
la instalación de un nuevo Gobierno, principalmente no existiendo ya como se suponía
no existir la España en la dominación del Señor don Fernando VII”. En consecuencia al
haber caducado España el pueblo debía asumir el “poder majestas” o los derechos de
soberanía para constituir un gobierno. Los pasos del discurso de Castelli son los
siguientes: a) la constitución de gobiernos propios en la Península (juntas españolas de
1808) y, más tarde, constitución de una Junta central; b) la nulidad de las Cortes, por
cuanto la Junta central, al ser disuelta, carecía de facultades para organizar el Consejo
de Regencia; además no habían concurrido los representantes de América, por lo que
ello constituía un motivo más de más de nulidad; c) el gobierno soberano de España,
por tales motivos, había caducado. Como corolario se producía la reversión de los
derechos de la soberanía al pueblo, éste readquiría su poder originario (doctrina del
contrato) y tenía libre ejercicio para instalar nuevo gobierno. Con referencia a la
réplica del fiscal Villota se conocen dos versiones, una propia del autor según el cual
“en las circunstancias de apuro en que se hizo e nombramiento de la Regencia, solo en
la Junta central podían reunirse los votos de todas las provincias y la facultad para la
elección: que cualquier defecto que se pudiera notar en ésta lo subsanaba el
reconocimiento posterior de los pueblos”. Conforme con ello, el pueblo de Buenos
Aires no tenía derecho a decidir sobre la legitimidad del Gobierno de Regencia sino “en
unión con toda la representación nacional y mucho menos a elegirse un gobierno
Soberano, que seria lo mismo que romper la unidad de la Nación y establecer en ella
tantas soberanías como pueblos”, de allí la existencia de un Gobierno Supremo y la
consecuente subsistencia de España. Según la otra versión (conocida a través de
Seguí), Villota negaba derecho a Buenos Aires a asumir la soberanía, por cuanto era
sólo uno de los miembros del Virreinato, debiéndose escuchar a todos los demás. Esta
última ha sido recogida corrientemente por nuestra tradición histórica pero es
indudable que la verdadera opinión de Villota fue la suministrada por él mismo, lo que
resulta mucho más coherente y no difiere sustancialmente de las razones expuestas
por el Virrey Cisneros en su manifiesto del día 19 de mayo y basada en el principio de

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la unidad e indivisibilidad de la monarquía española y sus colonias. La argumentación
conducía, por lo demás, a negar validez a resoluciones adoptadas por el Congreso
general, que reunía parte de los vecinos de Buenos Aires, por lo que el Virrey debía
continuar en el cargo. Nadie pone en cuestión que la soberanía residía esencialmente
en el pueblo y, que de ser necesario, sería éste quien decidiera la nueva forma de
gobierno. El voto de Saavedra no deja dudas: “... y que no quede duda de que el
pueblo es el que confiere la autoridad o mando”.
En realidad, las dos exposiciones centrales del Cabildo abierto fueron las del Obispo
Lue, quien sostuvo el derecho tradicional histórico, que repugnaba de todo cambio y
adhería totalmente a la corona y la de Castelli, justificatoria del cambio, con la
caducidad del Gobierno Soberano de España y la reversión de los derechos de la
soberanía al pueblo de Buenos Aires y su libre ejercicio en la instalación de un nuevo
gobierno. Las otras exposiciones, incluyendo la de Paso que, según la tradición habría
desarrollado la teoría de la gestión de negocios con la alusión a “Buenos Aires como
hermana mayor”, no agregaban nada a la discusión.
La circular del 27 de mayo de 1810 con que la Junta comunica su instalación, donde se
expresa que el pueblo de Buenos Aires “manifestó los deseos más decididos porque las
pueblos mismos recobrasen los derechos originarios de representar el poder,
autoridad y facultades del monarca cuando éste falta, cuando éste no ha provisto de
regente”.
La comunicación de la Junta de Buenos Aires remitida el 28 de mayo a los embajadores
de España y Gran Bretaña en Río de Janeiro, al virrey del Perú y a los presidentes de
Chile y Cusco: “La Junta Central Suprema, instalada por sufragio de los Estados de
Europa (se refiere a los reinos peninsulares) y reconocida por los de América, fue
disuelta en un modo tumultuario, subrogándose por la misma sin legitimo poder, sin
sufragio de estos pueblos, la junta de Regencia, que por ningún título podía exigir el
homenaje que se debe al señor don Fernando VII. No se le oculta cuánto la
incertidumbre del Gobierno Supremo podía influir en la división y causar una apatía
que rindiese estos Estados a la discreción del primero que fuera, o del interior aspirase
a la usurpación de los derechos del rey. Por eso (el pueblo de Buenos Aires) recurrió al
medio de reclamar los títulos que asisten a los pueblos para representar la soberanía,
cuando el jefe supremo del Estado cual es el rey se halla impedido y no proveyó a la
Regencia del Reino ...”. Dicha declaración expone implícitamente la doctrina, ya
explicada, de la participación de los reinos y provincias de América en la Soberanía de
acuerdo con la idea de la plurimonarquía (o monarquía plural). También contiene la
doctrina de la ilegitimidad en el origen de la Junta de Sevilla que citó Castelli junto a la
de la reversión de la soberanía al pueblo y asimismo la doctrina de la necesidad de
velar por la seguridad propia a la cual echó mano Paso. Pero apenas insinúa la
profunda crisis que había puesto en cuestión la autoridad de los gobernantes locales
que procedieron a la instalación de la Primera Junta porteña y del régimen político en
el que ellos habían mandado. Aparentemente, el proceso revolucionario estaba en los
momentos críticos en los que se litiga por la forma futura de convivencia sin que haya
impuesto un solo grupo el signo definitivo del cambio. La forma de gobierno elegida, la
Junta, es de fácil rastreo en el ejemplo español de 1808 y en el neojuntismo peninsular
del año 1810. La tesis de Castelli responde también a la idea de un pacto histórico que

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no se afincaba en las formas jerárquico - medievales de señor a vasallo, sino “en un
movimiento posterior que tiende a la limitación de las decisiones reales” por los
pueblos, y que puede hallarse incluso en las leyes de Partidas.
Las actas capitulares del cabildo, que narran los episodios del 25 de mayo, y en las que
se alega que “algunos individuos del pueblo, a nombre de éste, se apersonaron en la
sala, exponiendo que había el pueblo reasumido la autoridad que depositó en el
excelentísimo cabildo, negándose a acatar la junta formada el 24 y expresándole la
voluntad de constituir otra”.
Por eso la constitución del gobierno criollo se precipitó, quebrando argumentos y
resistencias. Hacia el mediodía del 25 Cisneros había hecho efectiva su renuncia a la
presidencia luego de la maniobra que intentó salvar la continuidad del régimen. La
petición de una nueva junta es ratificada por escrito de grupos revolucionarios. Leiva
intenta un último recurso: es día lluvioso y hora de la siesta. Sólo unos pocos
recalcitrantes quedan en la plaza. El síndico pretende entonces que la petición
formulada por los revolucionarios carece de apoyo popular. La respuesta es
terminante: si el Cabildo quiere saber lo que opina el pueblo que llame a reunión, y si
no se hace, se mandará tocar generala y abrir los cuarteles y entonces la ciudad sufrirá
lo que se había querido evitar. El Cabildo debe claudicar definitivamente. Acepta la
formación de la nueva junta y casi inmediatamente se realiza la ceremonia de juramento, donde el nuevo gobierno se compromete a conservar esta parte de América
para don Fernando VII y sus legítimos sucesores. La nueva Junta es aclamada por el
pueblo, que ahora llena nuevamente la plaza pese a la intensa lluvia. Ha quedado
constituido el primer gobierno patrio: un gobierno criollo.
Decía el editorial de La Gaceta de Buenos Aires del 6 de diciembre de 1810: “...
disueltos los vínculos con el monarca, cada provincia era dueña de sí misma, pro
cuanto el pacto social no establecía relación entre ellas directamente, sino entre el rey
y los pueblos. Si consideramos el diverso origen de la asociación de los estados que
formaban la monarquía española, no descubriremos un solo título por donde deban
continuar unidos, faltando el rey que era el centro de la anterior unidad”.
En síntesis, podemos resumir las ideas jurídico – políticas de la Revolución de Mayo de
la siguiente manera: la autoridad del Rey ha cesado, y, no existiendo sucesor legítimo
ni tener el la Junta Central de Sevilla primero, ni el Consejo de Regencia luego
legitimidad suficiente para asumir la soberanía; se retrotrae ésta al pueblo para que
éste se de el gobierno que más le convenga.
Por otro lado, en lo que respecta a los derechos de los ciudadanos, la libertad aparece
como el principio fundamental y punto de partida de los demás derechos a partir de
un principio de reserva a favor de las personas y de limitación al poder estatal,
enfatizado por el principio de legalidad. Este principio sustituye a la legitimidad del rey,
al absolutismo real. Es el imperio de la ley por encima de la voluntad humana
caprichosa que, al ser respetado, impone un marco de paz, de orden jurídico y de
seguridad individual para los gobernados.
La igualdad ante la ley asoma como segundo gran principio, limitado a una igualdad
formal o "igualdad ante iguales circunstancias", conforme ha sostenido la

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jurisprudencia de la Corte Suprema. La declaración de derechos, otorga especial
protección a la propiedad privada y a la seguridad personal; junto a ellos se alinean la
libertad de comercio, industria y navegación, la libertad de asociación, la libertad de
expresión y de prensa, el derecho a la educación, y otros no enumerados por el texto
constitucional pero que surgen de su propia filosofía. Con respecto a este punto se
dictaron: el “Decreto sobre supresión de honores al presidente de la junta” (del 8 de
diciembre de 1810), el “Decreto sobre libertad de imprenta” (del 26 de octubre de
1811) y el “Decreto de seguridad individual” (del 23 de noviembre de 1811). En estas
normas se cristalizan muchos de los principios sostenidos por los hombres de mayo.
Dice la introducción del Decreto sobre libertad de imprenta: “Tan natural como el
pensamiento le es al hombre la facultad de comunicar sus ideas. Es esta, una de
aquellas pocas verdades que mas bien se siente, que se demuestra. Nada puede
añadirse a lo que se ha escrito para probar aquel derecho, y las ventajas incalculables
que resultan a la humanidad de su libre ejercicio. El Gobierno fiel a sus principios
quiere restituir a los pueblos americanos, por medio de la libertad política de la
imprenta ese precioso derecho de la naturaleza, que le había usurpado un envejecido
abuso del poder, y en la firme persuasión de que es el único camino de comunicar las
luces, formar la opinión pública y consolidar la unidad de sentimientos, que es la
verdadera fuerza de los Estados; ha venido en decretar lo que sigue: ...”.
Por su parte, el Decreto de seguridad individual dice: “Si la existencia civil de los
ciudadanos se abandonase a los ataques de la arbitrariedad, la libertad de la imprenta
publicada en 26 de octubre del presente año, no sería más que un lazo contra los
incautos, y un medio indirecto para conservar las bases del despotismo. Todo
ciudadano tiene un derecho sagrado a la protección de su vida, de su honor, de su
libertad, y de sus propiedades. U posesión de este derecho, centro de la libertad civil, y
principio de todas las instituciones sociales, es lo que se llama seguridad individua..
Una vez que se haya violado esta posesión, ya no hay seguridad, se adormecen los
sentimientos nobles del hombre libre, y sucede la quietud funesta del egoísmo. Sólo la
confianza pública es capaz de curar esta enfermedad política, la más peligrosa de los
Estados, y sólo una garantía afianzada en una ley fundamental es capaz de
restablecerla. Convencido el Gobierno de la verdad de estos principios, y queriendo
dar a los pueblos americanos otra prueba positiva y real de la libertad que preside a
sus relaciones, y de las ventajas que le prepara su independencia civil, si saben
sostenerla gloriosamente y con honor contra los esfuerzos de la tiranía, ha venido a
sancionar la seguridad individual por medio del siguiente decreto: ...”.
Los derechos son individuales y no colectivos, consagrándose aquellos que en nuestros
días se denominan "derechos de primera generación", o "derechos civiles y políticos".
De los tres principios enunciados por la Revolución Francesa, la “Fraternidad”
(solidaridad) quedó relegada a un plano meramente declarativo. La participación no
era un valor efectivo y el ejercicio del poder quedaba reservado a la burguesía
ilustrada, a través de la limitación del sufragio y la no previsión constitucional de
partidos políticos y sindicatos. La República era representativa, no admitiéndose
formas de participación popular directa o indirecta.

Fuentes de la Constitución Nacional

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En fin, la Revolución de Mayo concreta en el Plata, con sus propias características, una
de las revoluciones típicas del siglo XIX, cuyas influencias filosóficas e ideológicas
pueden caracterizarse con bastante aproximación.
Las revoluciones políticas de la época, que se realizan a través de la independencia,
tienden a la organización del estado con reformas generales caracterizadas, en grandes
líneas, como reformas liberales. En general a liquidar o mitigar el absolutismo en sus
diversas formas, acuden a la ideología propia del derecho natural para el logro de la
igualdad política y de la libertad personal y el establecimiento de formas democráticas.
Es indudable que abarcan más aspectos políticos que sociales o económicos.
El pensamiento político – institucional de Mariano Moreno. Las ideas de Mariano
Moreno fundamentan las resoluciones más importantes del período revolucionario.
Las ideas constitucionales de Moreno, se revelan, no sólo a través de la mayor parte de
sus escritos, sino especialmente en los referidos a “las miras del Congreso que habrá
de convocarse”, esto es, al significado que para él tenía la reunión de los diputados del
interior. Los artículos de “La Gaceta”, aparecidos en octubre y noviembre de 1810,
tratan del Congreso convocado y de la constitución del Estado.
En el primero de ellos (28 de octubre), se refiere a la “reunión de diputados para reglar
el estado político de estas provincias”, es decir, que se particulariza a la reunión no
para formar gobierno con los diputados que se fueran incorporando, sino para
constituir al Estado. En su pensamiento se trata de una verdadera asamblea
constitucional o legislativa cuya finalidad sería la de otorgar una “constitución bien
calculada” para asegurar la felicidad del destino futuro, formada por los votos de todos
los pueblos. Se nota que propugna la representatividad popular para establecer
instituciones libres y con la finalidad del bien común y la prosperidad del Estado, que
no es otra cosa que la promoción del bienestar general. También observa de qué
manera la administración pública, en manos de los patriotas, ha progresado y tendido
a la formación de instituciones con espíritu renovado, dando un mentís a los
presupuestos del anterior orden que sólo creía en la eficacia de los empleos en mallos
de los españoles peninsulares. Para Moreno no hay premio mejor, para el hombre
público, que la confianza y estimación de los conciudadanos. El bien general debe ser
objeto de los desvelos del gobernante y el puebla no debe contentarse solamente con
el hecho obrar de sus representantes, sino que debe exigirle las mejores virtudes, pero
ello no es suficiente, ya que sus actos deben ser reglados a través de una constitución.
En el segundo artículo, de fecha 2 de noviembre, se refiere Moreno a los medios para
el logro de la constitución; habla del respeto debido a las naciones, las que se colocan
así en un pie de igualdad jurídica internacional. La grandeza del país, por otra parte, se
logrará a través de la virtud y del trabajo, en la seguridad de las personas, la
conservación de los derechos, los deberes del magistrado, los límites de la obediencia,
en un sistema comercial que rompa con el monopolio, en el ordenamiento jurídico, en
el tratamiento igualitario a las personas y en la legislación que favorezca a los indios.
Más que la bondad de la ley – dice – debe asegurarse su observancia: es difícil afirmar
los principios de una administración interior libre de corrupción y tal sería la primera
obra del Congreso: instaurar leves estables que sean obedecidas ciegamente por los
magistrados y, de tal manera, el ciudadano obedecerá a su vez a los probos y dignos
magistrados. Las formas absolutistas incluyen defectos gravísimos, por lo que en la

Fuentes de la Constitución Nacional

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constitución debería establecerse un equilibrio en los poderes. Así seria posible
obtener, a la vez, una justa medida entre dos extremos: el despotismo y la anarquía. La
Constitución quedaba legitimada por el hecho de la disolución de la Junta Central en
España, que gobernaba en nombre del monarca. Dice Moreno: “la autoridad del
monarca retrovertió a los pueblos por el cautiverio del rey; pueden pues aquellos
modificarla o sujetarla a la forma que más le agrade, en el acto de encomendarla a un
nuevo representante: éste no tiene derecho alguno, porque hasta ahora no se ha
celebrado con él ningún pacto social; el acto de establecerlo, es el de fijarle las
condiciones que convengan al instituyente y esta obra es lo que se llama constitución
del estado”.
Al mismo tiempo, no cabe duda que el gobierno ejerce el poder por representación del
pueblo y la fuerza de ese poder es inequívoca: “desde que depositasteis el poder en
nuestras manos quedaron las vuestras ligadas a la obediencia”.
El pensamiento de Bernardino Rivadavia. A través de la presidencia de Rivadavia se
ensayará un ordenamiento centralista del Estado. La unión nacional concebida desde
Buenos Aires con abstracción de concretas realidades locales, se haría en oposición a
los sentimientos federalistas de las provincias en particular. Rivadavia actúa en tres
momentos: primero como secretario del primer triunvirato, luego como ministro del
gobernador de la provincia de Buenos Aires Martín Rodríguez y, por último, como
presidente de la nación (1826 – 1827). Este proceso significa la puesta en marcha de
un programa tendiente al logro de un país moderno, mediante la incorporación de los
adelantos dela ciencia y de la técnica, el repartimiento de la tierra baldía, la liberación
de la industria y del comercio, el fomento de las artes y las letras, el aporte de la
inmigración, en pugna con las limitaciones del ambiente y de su tiempo.
Rivadavia es hijo del siglo de la ilustración. Para él la ilustración pública significaría el
motor que sustenta a la sociedad y, de tal manera, no se detiene a considerar las raíces
de los males del país o de su realidad concreta sino que piensa que “las causas del mal
del mal no son las formas, los principios ni el sistema; son la desproporción del
territorio con la población, la falta de capital, la ignorancia e imperfección racial de los
individuos y las consecuencias del sistema colonial y de las guerra de la independía ...”
o bien que “... los trastornos de nuestro país provienen mucho más inmediatamente
de la falta de espíritu público y de cooperación con el sostén del orden, que de los
ataques de los díscolos o de los ambiciosas”. Realiza, o pretende realizar, un primer
ensayo liberal de amplia escala, pero, un liberalismo con diferentes connotaciones: lo
que se denominaría la ideología, los principios de solidaridad social, utilitarismo de
Bentham, también Condillac, entre otros.
La experiencia de Rivadavia estaba ordenada dentro de lo que podríamos definir como
reformismo y progresismo. No existían en él, ideas revolucionarias que tendieran a
cambios sustanciales. Era un reformista, en el sentido que el término tenía en su época
para su escenario mayor que el que le tocara actuar. Creyó en las conquistas del
pensamiento con las armas pacíficas de una administración ordenada: ley, conciencia,
razón, fueron las palabras claves de Rivadavia.
A pesar de todo esto, no se puede dejar de ponderar el gran divorcio de las ideas del
grupo, del cual Rivadavia era la cabeza, y la realidad. Para algunos es un modelo del

Fuentes de la Constitución Nacional

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hombre del progreso y reinado de las razón, otros, piensan que aquella desconexión
entre su obra de gobierno y la realidad fue un obstáculo para la definitiva organización
del país. De esto último, la fallida Constitución de 1826 es un ejemplo.
El pensamiento federal. Es, sin lugar a dudas, el que ejerce mayor influencia,
juntamente con los hombres del 37, en la obra constitucional de 1853. La esencia del
federalismo es, ente otras cosas, la idea de que la provincias son entidades
autónomas, que se erigen en igualdad de condiciones y de derechos. Esta idea se logra
imponer en la Convención de Santa Fe de 1853 y se ve claramente reflejada en el
preámbulo de la actual Constitución: “... reunidos en Congreso General Constituyente
por voluntad y elección de las provincias que la componen, en cumplimiento de pactos
preexistentes...”. Queda claro, entonces, que las provincias son preexistentes a las
Nación y que son ellas las que delegan parte de su poder para constituir las
autoridades nacionales.
La historia de nuestra organización constitucional, la historia de nuestro estado como
unidad política de catorce provincias, está consustanciada con la historia de nuestro
federalismo. No es que el federalismo represente el único ni el más importante
contenido de la constitución del 53; se trata, si, de que el federalismo ha sido el único
sistema capaz de resolver la antinomia planteada desde 1810 entre Buenos Aires y el
interior, y la única forma política susceptible de obtener la unidad evitando la
segregación, y de mantener el pluralismo obviando la centralización. Por eso, en las
fuentes históricas de la constitución es imposible marginar el tratamiento de los
orígenes del federalismo argentino.
Gestado desde principios de la Revolución fue sostenido como bandera por
generaciones en el largo período de las luchas internas. Está dado en el pensamiento y
la obra de José Gervasio Artigas, que se viene manifestando desde las instrucciones
que en el año XII llevaran los representantes de la Banda Oriental a la Asamblea
Constituyente. Estas instrucciones reconocen diversas fuentes, se observan preceptos
de los Artículos de la Confederación de 1777, de la Constitución federal de 1787, de las
Constituciones estaduales de Massachussets y Virginia, así como también algunos
principios que informan la Declaración de Independencia de 1776. De toda esa
profusión de antecedentes contradictorios surge un documento que no se puede
precisar constitucionalmente. Se adoptan sistemas en pugna, como el de
confederación, que ya había fracasado en los Estados Unidos, y se insertan artículos de
la Constitución federal que son la negación del primero.
De estas instrucciones, podemos extraer tres ideas fundamentales: en primer lugar,
que la soberanía ha retrovertido a los pueblos imponiéndose el principio de
legitimidad democrática; en segundo lugar, se acepta la estructura republicana del
poder dividida en tres órganos y, por último, la existencia de un rechazo a la forma de
estado unitaria, y que lleva a Artigas a bregar por un régimen que respete
ampliamente la autonomía provincial, mediante un sistema de pactos que creara la
nación respetando las autonomías provinciales. No está claro si luego de lograda la
unión se mantendría esa amplia autonomía pactista o ésta cedería en alguna medida
frente al orden nacional.

Fuentes de la Constitución Nacional

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También podemos nombrar a Estanislao López, Francisco Ramírez y Manuel Dorrego,
que en 1816 fue desterrado por sus actividades políticas, residió durante cuatro años
en Estados Unidos, donde conoció el funcionamiento del sistema federal. Dorrego
defendió con bríos los principios federales durante el Congreso de 1826 – al ser
nombrado diputado por Santiago del Estero por el gobernador de dicha provincia,
Felipe Ibarra – destacándose la discusión del día 19 de septiembre de 1826 donde dice:
“... es el medio (la organización federal) de arribar al camino más breve de adquirir
más ventajas que el de unidad, que nos pone en distancia de ellas ...”. También afirma:
“Supongamos que este sistema federal contenga errores y males que vengan a
perjudicarlo; me pregunto, ¿la masa general decidida por el sistema federal, no
pondría un empeño en que él se ponga en planta, si probase que los errores que se le
atribuyen son falsos?” y continúa diciendo – en obvia alusión a lo enunciado por Castro
– “Así como en la guerra de la independencia era el clamoreo del gobierno de España y
de toda la Europa de que no éramos capaces y que no teníamos recursos para quedar
independientes, y todos nosotros hicimos empeños y esfuerzos para hacerles creer
que teníamos recursos y disposición bastante para hacernos independientes. ¿Esta
tendencia o disposición de la masa general a recibir con gusto el sistema federal no es
una ventaja? Termina diciendo: “... el sistema federal es, no solo conforme al voto de
la provincia que represento, sino al voto general de todas ellas ...”. Cabe destacar
también que con Dorrego en la gobernación de Buenos Aires se vuelve al sistema
confederativo, mediante el cual las provincias en un plano de igualdad, realizarían
acuerdos previos que comenzarán por convenciones o estipulaciones directas.
Encontramos también a Facundo Quiroga, Pedro Ferré, Manuel Leiva, Domingo Cullen,
Nicolás Laguna, Manuel Moreno, Juan Francisco Seguí y tantos otros que lucharon por
el triunfo de los principios federales.
En cuanto al origen de nuestro federalismo, podemos decir que éste coincide con el
proceso de nuestra unidad política y de nuestro constitucionalismo. Existen cuatro
factores fundamentales: un factor mesológico proveniente del medio geográfico,
territorial o físico, en el que Buenos Aires actúa como eje de rotación y polo de
atracción de catorce provincias; un factor ideológico, que es la doctrina federal; un
factor instrumental, que es el de los pactos interprovinciales del derecho contractual,
como procedimiento de unión e integración de las provincias y un factor institucional,
que es el ejercicio progresivo por parte del gobierno provincial de Buenos Aires de
competencias que hacen a asuntos y negocios de interés común a todo el conjunto de
las provincias separadas.
Detrás de cada uno de estos factores hay un por qué. ¿Por qué el medio predispone a
la federación y no al unitarismo? ¿Por qué surge, cobra fuerza y triunfa el ideario
federal? ¿Por qué el proceso de pactos conduce a institucionalizar la unidad federal?
¿Por qué el gobierno local de Buenos Aires ejerce competencias de carácter “nacional”?
El medio físico o geográfico es muy importante. Hay que estudiarlo antes y después de
1810. Antes, para ubicar en qué parte o división de Sur América está situado el que
luego será territorio de la República Argentina. Después, para verificar cómo se va
demarcando ese mismo territorio futuro.

Fuentes de la Constitución Nacional

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Antes de 1810 tenemos tres divisiones importantes:
 En el siglo XVI, la que en el cono sur de América sitúa a la gobernación del Río de la
Plata, a la gobernación del Tucumán, a la gobernación de Chile, a la gobernación del
Paraguay, y al territorio de Cuyo, dependiente de la gobernación de Chile. El futuro territorio de Argentina ocupará aproximadamente el de las gobernaciones del Río de la
Plata y del Tucumán, y del territorio de Cuyo;
 A fines del siglo XVIII se crea el Virreinato del Río de la Plata, abarcando, además
del futuro territorio argentino, el de Paraguay, Uruguay y Bolivia;
 Dentro del Virreinato, la Ordenanza de Intendencias de 1782 erige las
Intendencias de La Paz, Cochabamba, Charcas o La Plata, Potosí, Salta del Tucumán,
Córdoba del Tucumán, Buenos Aires y Paraguay; y los territorios de Moxos, Chiquitos,
Misiones y Montevideo. La futura dimensión geográfica de Argentina tomará
parcialmente territorios de las Intendencias de Buenos Aires, Salta del Tucumán,
Córdoba del Tucumán, y de la provincia de Misiones.
Después de 1810, el Virreinato emancipado dará lugar a las Provincias Unidas, en cuyo
territorio se producirán cuatro desmembraciones: la de Paraguay, la de Bolivia, la de la
Banda Oriental, y la de Argentina. Las provincias que formarán la República Argentina
serán las catorce que se integrarán teniendo como polo de atracción a Buenos Aires.
No hay duda, en este sentido, que la fundación de ciudades por las tres corrientes
colonizadoras del norte, del oeste y del este, va a echar las bases del futuro localismo.
Trece de estas ciudades (Buenos Aires, Santa Fe, Corrientes, Córdoba, Santiago del
Estero, Tucumán, Salta, Jujuy, San Luis, La Rioja, Catamarca, San Juan y Mendoza)
serán futuras capitales de provincia en territorio argentino. Ello nos muestra que el
núcleo urbano se zonifica en una dimensión geográfica de influencia más amplia, no
obstante, la transformación de ese núcleo urbano en distrito territorial no alcanza, empero, a explicar el origen del federalismo.
Las ciudades y sus áreas de influencia configuran la vida local. En ésta, la institución del
cabildo es importante, pero acá también hay que tener en cuenta que los cabildos sólo
son el resultado de la existencia de la ciudad, y que la razón de ser de la actual división
política del territorio no es la creación anterior de los cabildos, sino la fundación de
ciudades.
La división introducida luego en el Virreinato por la Ordenanza de Intendencias
establece circunscripciones de carácter administrativo dentro de la centralización
política que la institución virreinal implica. Estas zonas van prefigurando las
formaciones provincianas, es decir, esbozando tan sólo territorialmente las futuras
demarcaciones. Esto sólo tampoco explica el federalismo, porque el localismo conduce
a formar entidades administrativamente separadas y no políticamente independientes,
ni siquiera autónomas.
Las ciudades, los cabildos, las divisiones territoriales de tipo administrativo, el
localismo municipal o regional, no son causas del federalismo; en un sentido
mesológico, sirven para comprender la formación de áreas que tienen su foco de
gravitación en una ciudad, que disponen de instituciones propias, que viven

Fuentes de la Constitución Nacional

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sociológicamente en función de ese medio, y que, a lo sumo, derivan a veces a un
aislamiento con respecto a las otras, y a una caracterización cultural propia. Esta base
física e institucional no proporciona más que un remoto elemento diseñador de
ámbitos geográficos, con la consiguiente influencia en el elemento humano que
convive en cada uno de ellos.
Cuando el proceso emancipador se desenvuelve a partir de 1810, una de esas ciudades
(la de Buenos Aires) aglutinará en torno suyo las fuerzas de dispersión, haciendo las
veces de imán y eje para las zonas del interior que, geográficamente, son susceptibles
de recibir esa influencia mesológica. Y progresivamente irán desintegrándose, para
formar núcleos territoriales separados, las zonas que, también mesológicamente,
escapan a la irradiación porteña (Paraguay, el Alto Perú o Bolivia, y la Banda Oriental).
Hacia 1820 queda bastante definida la futura composición territorial de Argentina.
Todavía no se ha formalizado la independencia de Bolivia (1825), de Uruguay (1823), y
de Paraguay (1842), pero mesológicamente dichos territorios han salido de la órbita
integradora de Buenos Aires (salvo Uruguay, que todavía en 1825 proclama su
incorporación a las Provincias Unidas, aunque con un sentido más bien negativo de
independencia respecto de Brasil. A partir de 1820 el territorio nacional queda
definido mediante la unión de las catorce provincias, y que, tal vez, este resultado
respondía a un imperativo geográfico: las regiones reunidas bajo el nombre argentino
eran aquéllas que no podían vivir aisladas ni se comunicaban fácilmente con el
exterior; eran las que dependían en gran medida del puerto de Buenos Aires; y eran,
en fin, las que tradicionalmente hablan mirado al Plata y veían en él un espejo que
reflejaba y distribuía los bienes que la unión estaba llamada a proporcionar.
Ahora bien: si catorce provincias están como si dijéramos cósmicamente dispuestas a
formar un solo estado, no sabemos todavía por qué ese estado será federal y no
unitario. La fuerza mesológica de Buenos Aires da razón de la integración y de la
unidad de catorce provincias, o sea explica por qué no se disgregaron definitivamente.
Pero falta algo que decir para entender cómo esa pluralidad de partes destinadas a
unificarse formarán una federación.
Algunos autores, defienden la tesis de que el antagonismo regional entre Buenos Aires
y el interior es la causa de nuestro federalismo. Pero por detrás de esa afirmación
habría que preguntarse por qué el antagonismo se resuelve mediante la fórmula federal, en vez de producir segregaciones o de conducir a una imposición coactiva de la
unidad centralizada. Que había antagonismo, nadie lo duda ni puede negarlo; pero hay
que comprender por qué lo había, y por qué se solucionó con el régimen federal. El
autor citado da una pauta importante: “Sólo mediante el federalismo se logró obtener
una fórmula de paz entre las diversas regiones que no podían permanecer desunidas
en razón de la configuración geográfica del territorio’’. Es decir, otra vez reaparece la
influencia del medio físico. Con este diagrama, podemos afirmar que: el federalismo es
la transacción para el antagonismo entre Buenos Aires y las provincias; el federalismo
salva la unidad integrada de las catorce provincias que en función del medio tenían su
eje de rotación en Buenos Aires. Hasta acá podemos dar por cierto que el sistema
federal impidió la segregación o disgregación de tales provincias porque actuaba en un
medio físico donde Buenos Aires anudaba geográficamente y territorialmente al con-

Fuentes de la Constitución Nacional

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glomerado de provincias separadas y aisladas; y que, simultáneamente, fue el único
régimen capaz de superar el antagonismo ya señalado (Zorraquín Becú).
Ahora bien, si con esto aclaramos algo, el panorama no queda aún suficientemente
iluminado. En efecto, decir que el antagonismo regional entre Buenos Aires y el
interior es la causa de nuestro federalismo, parece demasiado simple. ¿Por qué había
antagonismo? ¿Por qué el antagonismo existente no condujo, como ya nos lo hemos
preguntado, a la separación definitiva o a la imposición coactiva de la forma unitaria?
El antagonismo tiene raíces en la época colonial, pero se agudiza a partir de la
Revolución de Mayo a causa de la pretensión unilateral de Buenos Aires de asumir la
conducción hegemónica del movimiento y de ejercer su tutela paternalista sobre el
interior. La falta de coincidencia entre la línea política porteña y las aspiraciones
provincianas bifurca desde entonces a las dos grandes corrientes: unitaria y federal,
con toda la serie de acontecimientos y disputas que hemos relatado. Pero en verdad,
cuando en 1810 el antagonismo se perfila nítidamente, ya hay causas que dan razón de
esa hostilidad. O sea que hay antagonismo porque el interior tiene y maneja posiciones
doctrinarias y políticas opuestas a las de Buenos Aires, lo cual significa que el
antagonismo regional conduce al federalismo porque ya cuando el antagonismo surge
hay una incipiente disposición del interior a disfrutar, en la futura organización política
de conjunto, de las autonomías locales. Y es acá, entonces, donde debe ubicarse el por
qué existe originariamente esa pretensión de autonomía, y cuáles son las causas que
alimentan la pretensión.
Las provincias no quieren depender de Buenos Aires, pero tampoco abrigan propósitos
separatistas. La unidad tiene explicación en el medio físico, pero la pluralidad que en
esa unidad se federa no surge por generación espontánea ni deriva automáticamente
del antagonismo existente. Hay una ideología activa que ni desea la disgregación ni
tolera la centralización unitaria. El unitarismo no pudo imponerse coactivamente
porque la ideología federal activa lo resistió tenazmente. Prueba de ello son las crisis
de 1820 y 1827, frente a las constituciones unitarias de 1819 y 1826.
En suma, el antagonismo regional anterior y posterior a 1810 cuaja en la forma federal
porque al factor mesológico que impide la disgregación y vertebra la unidad se acopla
la fuerza activa del factor ideológico que, sobre la base de tradiciones de localismo
provenientes de las ciudades, de los cabildos, de las divisiones administrativas,
fomentó los particularismos zonales e incubó la pretensión de cada una de esas partes
de participar en pie de igualdad con Buenos Aires en el proceso de formación del
estado y en la organización del estado que debía crearse.
Ese ideario federal, pese a las fuentes norteamericanas que pueden haberle servido de
inspiración cuando hubo de proponer concretamente los lineamientos normativos del
régimen proyectado, se formó originariamente en nuestro medio cultural, a veces un
poco instintiva o sentimentalmente, otras doctrinariamente. En este sentido, ya
conocemos el ideario federal artiguista y oriental con toda la rica densidad de sus
elaboraciones desde el año liminar de 1813.
Sin valorar la ideología federal no puede responderse debidamente al tema de las
fuentes de nuestro federalismo. La predisposición mesológica derivada del territorio y

Fuentes de la Constitución Nacional

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de la geografía; el aislamiento de ciudades y provincias; el antagonismo regional; el
localismo y el particularismo de las distintas zonas, necesitan el impulso vital de la
ideología. Esta ideología es activa porque la circunstancia se lo permite; eso es cierto, y
sin aquellas predisposiciones su activismo no hubiera sido prolífico; pero sin la
ideología tampoco esas predisposiciones hubieran sido eficaces, sino que, antes bien,
hubieran permanecido inertes.
Ahora si podemos saber por qué el antagonismo no pudo ser superado con la
imposición prepotente de la forma unitaria, sino que sólo pudo conciliarse con el
federalismo.
Por fin, arribamos al factor instrumental que sirvió de procedimiento para que el factor
mesológico y el factor ideológico jugaran con éxito sus influencias en la organización
estatal. Ese factor instrumental ha sido el de los pactos interprovinciales, que desde
1813 hasta 1852 elaboran el derecho contractual o sinalagmático federativo, y que
todavía después de 1853 va a reaparecer en 1859 para permitir la incorporación de
Buenos Aires al estado federal creado con la constitución de Santa Fe. En cuanto al
factor instrumental, reiteramos que el ejercicio por parte del gobernador de la
provincia de Buenos Aires de competencias “nacionales”, excediendo las puramente
locales, engendra y atisba una magistratura federal que será el núcleo del gobierno
federal cuando la constitución de 1853 organice al estado. Es decir que en el ámbito de
ese gobierno federal tendrán acogida las facultades que, anticipadamente, había
investido el gobierno provincial de Buenos Aires en relación con el exterior y con las
demás provincias.
En rigor, la solución federal, pensada como forma organizativa del estado argentino,
constituye una cuestión compleja, y de esta forma se traslada desde el pasado al
presente. Esta complejidad nace de la naturaleza móvil y evolutiva del fenómeno; el
cual, por el juego de relaciones en que se desenvuelve, se torna dinámico y cambiante.
Esta característica se percibe tanto en el tiempo como en el espacio, y a ella la historia
la registra a través de la casuística. En tal sentido, Segreti ha distinguido, dentro de la
fragmentación republicana de nuestro espacio virreinal, la configuración de diferentes
federalismos: uno, de corte separatista, protagonizado por Paraguay que, sin fisuras,
actuó siempre como un coherente bloque; un federalismo rioplatense, oriental o
artiguista inspirado en la fuente norteamericana, con confusa mezcla de los “Artículos
de la Confederación” con la “Constitución de Filadelfia” y buscando como objetivo la
creación de un Estado Federal, aunque sin superar, en los hechos, la confederación; y
finalmente un federalismo que halla temprana expresión, tanto histórica como
normativa, en Córdoba, y del que cierta impronta se detecta, por influencia de Alberdi,
en el federalismo argentino y el la Constitución de 1853.
Cabe apreciar que existe una continuidad que marca la voluntad de los pueblos de este
país en el sentido de darse una organización federal. Y no sólo una organización
política federal sino también un tipo de sociedad donde las identidades comarcanas,
provincianas, locales, queden bien marcadas, tengan una incidencia en la vida de la
gran comunidad.
El pensamiento unitario. De filiación exclusivamente doctrinaria, corre a la par del
pensamiento federal desde los albores de la gesta emancipadora. Ilustra a los hombres

Fuentes de la Constitución Nacional

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del centralismo porteño, siendo producto de sus luchas y afanes numerosas obras de
índole constitucional. Los decretos, reglamentos, proyectos y Constituciones
Nacionales que corren desde 1810 hasta 1826, están inspirados, salvo honrosas
excepciones, en la ideología unitaria que, indudablemente, logra concretarse de una
manera expresa en las cláusulas de la ley suprema de 1853, que si bien tienen su
esencia y su fundamentación federales, recogen numerosos principios de inspiración
unitaria, que un simple examen del texto constitucional deja apreciar. La ideología
unitaria está dada por el pensamiento y la obra de Bernardino Rivadavia, Valentín
Gómez, Julián Segundo de Agüero, los Varela, Frías, José María Paz, Lavalle y toda la
élite rivadaviana, creadora del Congreso de 1824 – 1827, sus leyes esenciales y su
Constitución.
Manuel Antonio Castro, diputado por Buenos Aires en el Congreso Constituyente de
1824, fundamentó la propuesta impulsada por este grupo, partiendo de los derechos
de los ciudadanos y afirmaba, el 14 de julio de 1826: “Los derechos de los ciudadano
no pueden ser garantidos sino por una Constitución que asegure la libertad política ...”,
y mediante la división de los poderes, que no puede darse en un estado federal ya que
en las provincias “... no pueden constituirse los poderes públicos, y mucho menos
deslindarse en una independencia legal ...” por carencia de hombres capaces de
ejercer y rentas para mantener los “... empleos que necesita una administración
regular”. Termina diciendo que “... no puede hacerse la felicidad del país sino bajo la
forma de gobierno de unidad representativo republicano”. Estas ideas se gestan desde
el momento inicial de la Revolución de Mayo y trasciende la etapa de la organización
nacional.
El pensamiento de la generación del 37. Tiene singular importancia como fuente
doctrinaria de la Constitución; es “el pensamiento conciliador”, como alguien lo ha
llamado, entre las dos corrientes históricas argentinas que se disputaban el
predominio político al comenzar la dictadura de Rosas. Alberdi y Echeverría son sus
mentores principales; y el Dogma Socialista y las Bases, las obras señeras que habrían
de ilustrar años más tarde a los hombres del 53. Sarmiento habría de completar con
Facundo, Argirópolis, Educación Popular, etc., la obra de aquéllos. Florencio Varela,
Sastre, Mármol, Cané, Terrada y los jóvenes de la Asociación de Mayo, desde la página
periodística o el opúsculo, ya literario o histórico, conforman el todo homogéneo de
aquella generación que bajo los principios de democracia y progreso pretende
restaurar el pensamiento de Mayo, combatiendo a la anarquía y la dictadura, no ya
con las armas, sino dando un programa de reconstrucción nacional, presentando un
nuevo planteamiento del problema argentino. En el texto de la Constitución Nacional
se advierte la influencia de esta generación en numerosos principios orientadores.
La generación del 37 constituyó en la historia argentina el primer movimiento
intelectual con un propósito de transformación cultural totalizador, centrado en la
necesidad de construir una identidad nacional. En gran medida, la generación
romántica se gestó en el seno de las instituciones educativas rivadavianas, como el
Colegio de Ciencias Morales (1823 – 1839) primero, y en la Universidad de Buenos
Aires después. Muchos alumnos eran becarios provenientes del interior del país, lo
que ayudó a fortalecer un carácter nacional, ya que, los porteños Juan María Gutiérrez,
Vicente Fidel López, o José Mármol compartían, al menos durante una porción de sus

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años formativos, una misma experiencia cultural con los tucumanos Juan Bautista
Alberdi y Marco Avellaneda, con el sanjuanino Manuel José Quiroga Rosas, o con el
salteño Benjamín Villafañe. Es así, que los egresados de estas instituciones,
representan la primera manifestación de una elite intelectual para la cual la
pertenencia a una Nación Argentina era tan importante como su pertenencia a un
entorno provincial.
Esta experiencia educativa estuvo marcada por las tendencias secularizadoras del
régimen rivadaviano, que harían de ella no sólo una elite “nacional”, sino también una
elite cultural de procedencia y de configuración social laicas.
Otra característica recibida en las aulas del “Estado rivadaviano” es la permanencia de
una parte del programa ilustrado en el pensamiento romántico argentino, aun al
precio de cierta radical contradicción interna. Efectivamente, el núcleo del currículum
escolar estaba compuesto por las principales corrientes intelectuales pertenecientes al
movimiento de las Ilustración del siglo XVIII y principios del XIX. La filosofía que se
enseñaba era la ideología promovida en Francia por escritores directamente
vinculados con la experiencia revolucionaria. La enseñanza del derecho se impartía
según las doctrinas utilitaristas de Jeremy Bentham, mientras que en las lecciones de
economía política el libro de James Mill – seguidor de Bentham y padre de John Stuart
Mill – servía de manual. También eran conocidos los postulados de la época, como el
liberalismo de Benjamín Constant. Se ha sintetizado esta contradicción en la siguiente
fórmula: “ilustración de los fines, historicismo en los medios”. Sin lugar a dudas, el
pensamiento de Alberdi responde a esta lógica que fue receptada por los
constituyentes del 53 y es por eso que nuestra Constitución ha sido calificada, dentro
de las clasificaciones clásicas, como de “racional – historicista”.
En 1837 fundan en la librería de Marcos Sastre el “Salón Literario”, del que va a surgir
poco después la “Joven Argentina”, que cambiará luego su nombre por él de
“Asociación de Mayo”. En este grupo juvenil se elaboran las famosas Palabras
Simbólicas, que compondrán un código o dogma al que se bautizará con el nombre de
Dogma Social o Socialista. Las Palabras o Dogma Socialista desarrollan una serie de
principios, a modo de lemas, cuyo comentario constituye la creencia social de la
república, según la propia definición de Echeverría. El calificativo de “socialista’’ no
alude a la corriente que bajo el rótulo de socialismo comenzaba a difundirse en
Europa; la palabra está empleada en el genuino sentido de “social”, en oposición al
liberalismo individualista.
Las “quince Palabras Simbólicas” giran en torno de una trilogía: “Mayo – Democracia –
Progreso”. ”Mayo” hace referencia a la línea histórica de donde el movimiento bebe su
tradición originaria. “Democracia” define la decisión por la forma política a adoptar.
“Progreso” implica la dinámica para cumplir el programa propuesto. Con esta base
doctrinaria es posible comprender la totalidad de las Palabras Simbólicas que
componen el credo social de la Asociación de Mayo. Ellas son: “Asociación. Progreso.
Fraternidad. Igualdad. Libertad. Dios, centro y periferia de nuestra creencia religiosa; el
cristianismo. su ley. El honor y el sacrificio, móvil y norma de nuestra conducta social.
Adopción de todas las glorias legitimas tanto individuales como colectivas de la
revolución. Menosprecio de toda reputación usurpadora o ilegítima. Continuación de
las tradiciones progresivas de la Revolución de Mayo. Independencia de las tradiciones

Fuentes de la Constitución Nacional

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retrógradas que nos subordinan al antiguo régimen. Emancipación del espíritu
americano. Organización de la patria sobre la base democrática. Confraternidad de
principios. Fusión de todas las doctrinas progresivas en un centro unitario. Abnegación
de todas las simpatías que puedan ligamos a las dos grandes facciones que se han
disputado el poderío durante la revolución”.
Esta declaración vuelve a las fuentes de Mayo para recuperar su ideario y amalgamar
las posiciones encontradas con un enfoque realista: sienta las bases de la organización
a que aspira, y transmite a la constitución futura las grandes pautas ideológicas que
conformarán su filosofía política.
El realismo del Dogma Socialista se mueve en un doble plano: como ideología, porque
toma en cuenta las líneas de doctrina vernácula, con todos los ingredientes que el
curso histórico volcó en cada una de ellas y corno método o técnica de elaboración de
soluciones, porque atiende a la circunstancia de lugar y de tiempo con la
heterogeneidad de elementos que la componen, y no se entretiene con abstracciones
doctrinarias ni con imitaciones foráneas. Equilibrado entre el racionalismo puro y el
empirismo, maneja ideas y principios que extrae de nuestra realidad social, histórica y
política, y que aplica a la misma para proyectar su organización. “¿Qué nos importa –
dice Echeverría – las soluciones de la filosofía y de la política europea que no que no
tiendan al fin que nosotros buscamos? ¿Acaso vivimos en aquel mundo? ¿Sería un
buen ministro Guizot sentado en el fuerte de Buenos Aires, ni podría Leroux con toda
su facultad metafísica explicar nuestros fenómenos sociales? ¿No es gastar la vida y el
rigor de las facultades estérilmente, empeñarse en seguir el vuelo de esas
especulaciones audaces? ¿No sería absurdo que cada uno de los utopistas europeos
tuviese un representante entre nosotros? ¿Podríamos entonces entendernos mejor
que lo que lo hemos hecho hasta aquí? ¿Se entendían acaso en el Congreso, los
unitarios a nombre de los publicistas de la Restauración francesa, y Dorrego y su
séquito a nombre de los Estados Unidos, mientras el pueblo embobado oía
automáticamente sus brillantes y sofisticadas discusiones, y el tigre de la Pampa
cebaba con carne sus plebeyos cachorros? ¿Queda algo útil para el país, para la
enseñanza del pueblo de todas esas teorías que no tienen raíz alguna en su vida? Si
mañana cayese Rosas y nos llevase al poder ¿Podríamos desenvolvernos con ellas, y
ver claro en el caso nuestras cosas? ¿Qué programa de provenir presentaríamos, que
satisfiece las necesidades del país, sin un conocimiento completo de su modo de ser
como pueblo?
La persecución desatado por Rosas durante su gobierno, no hizo más que radicalizar
las posturas políticas de estos jóvenes. En realidad, todo se desenvolvía normalmente
hasta que se invitó a Echeverría a pronunciar una serie de disertaciones. Él hizo un
minucioso inventario de los diversos factores que obstaculizaban el desarrollo del país.
Expresó que la Revolución de 1810 había quedado inconclusa al no completarse la
alcanzada independencia política con la emancipación social y cultural y con un desarrollo de la economía. Echeverría incitó a la juventud a desempeñar un papel
protagónico en la búsqueda de un camino de cambio profundo, fundado en nuevas
concepciones ideológicas. Echeverría se consagró allí como el líder indiscutido de una
generación. Sus dos disertaciones fueron la culminación del Salón Literario, pero
también el principio del fin de la entidad. A comienzos de 1838, el gobierno

Fuentes de la Constitución Nacional

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conservador de Rosas, desconfiando de sus actividades que ya orillaban el terreno
vedado de la política independiente, apeló a presiones que determinaron el cierre del
Salón.
Se produjo entonces una decantación entre los concurrentes. Algunos optaron por
alejarse de toda actividad comprometida. Pero otros, los más, se dispusieron a insistir.
La nueva etapa, definidamente política, se conformó meses más tarde alrededor de la
Asociación de la Joven Generación Argentina, generalmente conocida como Asociación
de Mayo, donde el liderazgo ideológico de Echeverría alcanzó su punto más alto. Así se
definió el destino de una generación.
Para completar el cuadro del pensamiento nacional hasta 1853, aunque no es un
núcleo homogéneo, cabe citar la obra realizada por los hombres de Buenos Aires que
después de Caseros llegan a la histórica ciudad a colaborar con Urquiza, o también
aquéllos que aun viviendo en ella desde los años de Rosas, se aprestaron a difundir los
ideales de la organización. Podemos citar en especial la labor periodística de
Bartolomé Mitre, Dalmacio Vélez Sársfield, Carlos Tejedor, Valentín Alsina, Saturnino
Laspiur, Mariano Fragueiro, etc., federales unos, unitarios otros, pero mancomunados
en la primera hora del triunfo, en la magna obra de constituir el país.
El pensamiento de Juan Bautista Alberdi. Que inspiró a los hombres del 53 y fijó la
política de progreso que habría de decidir el destino de la Nación, más allá que su
proyecto aportara pocos artículos al texto constitucional como se verá. Alberdi, por
supuesto, superó la visión de todos los que le antecedieron. Su propósito era reflejar
en su obra “Bases y puntos de partida para la organización política de la República
Argentina” las peculiaridades, con un fiel registro de su historia y realidad. Era
contrario a la simple copia de los modelos extranjeros y sostenía que la historia, los
precedentes y los hechos normales eran la base granítica en que descansan las
constituciones durables.
Nacida su obra en el momento histórico oportuno, fue el valioso documento que los
congresales del 53 tuvieron en sus manos para concretar todo ese caudal experimental
y doctrinario que fluía del pasado como un imperativo mandato. En realidad, años más
tarde Alberdi se arrepentiría del exagerado culto al progreso material, en desdén de
las tradiciones nacionales o de todo aquello que llevara el signo de americano. “La
civilización – dirá en contraposición a lo afirmado en sus Bases – no es el gas, no es el
vapor, no es la electricidad, como piensan los que no ven sino la epidermis”. La
experiencia y las luchas por organizar al país habían hecho calar al viejo sociólogo en el
meollo de la realidad nacional. La patria no era solamente ferrocarriles, había algo
más. Ya cuando escribe Derecho Público Provincial, al introducir el proyecto de
constitución para la Provincia de Mendoza – que luego sería la Constitución Provincial
del 54 – escribe: “Para concebir la Constitución de Mendoza, he tenido a la vista
noticias infinitas y fidedignas sobre su territorio, producciones, industrias, población,
renta pública, sistema de contribuciones, bienes de la provincia, deuda, sistema
político anterior, régimen departamental, opiniones políticas dominantes, historia civil,
estado de las ideas religiosas, de la cultura de la población, del número de extranjeros
y del modo como son considerados, de la población de la campaña en sus ideas
respecto de la ciudad, de la condición que ha tenido la prensa, de las leyes y suerte
que han tenido las garantías individuales, de los escollos del gobierno legal, etc., etc”.

Fuentes de la Constitución Nacional

25

De todas maneras, los principios constitucionales son: Inmigración libre, libertad de
comercio, fomento del progreso industrial, poder ejecutivo fuerte, instrucción pública,
libertad de cultos, libertad de navegación de los ríos, igualdad de garantías para
ciudadanos y extranjeros y prodigalidad de la ciudadanía. Estos principios estaban ya
proclamados en el Pacto Federal de 1831 y en el Acuerdo de San Nicolás.
Alberdi hace un criterioso examen de las constituciones americanas al tiempo de
escribir las Bases. La primera constitución que estudia es la de Chile, a la que le critica
ser “incompleta y atrasada en cuanto a los medios económicos de progreso y a las
grandes necesidades materiales de la América Española”. Sigue la del Perú, a la que
titula “calculada para su atraso”. La principal crítica es lo difícil que es la obtención de
la ciudadanía para los extranjeros y condena al procedimiento para su obtención
diciendo que ha sido “calculado para hacer imposible su otorgamiento”. Las garantías
individuales son reconocidas sólo al peruano y para ser presidente, ministro de estado,
senador, diputado, etc. se requiere ser “peruano por nacimiento”. De la constitución
de los Estados que forman la República de Colombia (Ecuador, Nueva Granada y
Venezuela) critica la conservación del tipo constitucional recibido del libertador
Bolívar. A México le critica el trato a los derechos de los extranjeros. Éstos no pueden
adquirir “propiedad raíz” si no se ha naturalizado, casado con una mexicana y
respetando lo demás que la ley prescribe relativamente a estas adquisiciones.
Tampoco pueden trasladar a otro país su propiedad mobiliaria, sino con los requisitos
y pagando la cuota que establecen las leyes. La constitución del Estado Oriental del
Uruguay, dice Alberdi, “posee ventajas, sin duda alguna, que la hacen superior a
muchas otras; pero adolece de faltas, que son resabios del derecho constitucional
sudamericano de la primera época” y agrega “carece de garantías de progreso material
e intelectual”. La última, y la que más critica, es la constitución del Paraguay. Ella es lo
mismo que antes existía – la dictadura “inaudita” del doctor Francia – disfrazado con
una máscara de constitución, que oculta la dictadura latente. Termina diciendo:
“Excluye además todas las libertades. La Constitución tiene cuidado en no nombrar
una sola vez, en todo su texto, la palabra libertad, sin embargo de titularse Ley de la
República. Es la primera vez que se ve una Constitución republicana sin una sola
libertad. La única garantía que acuerda a todos sus habitantes, es la de quejarse ante el
Supremo Gobierno de la Nación. El derecho de queja es consolador sin duda, pero
supone la obligación de experimentar motivos para ejercitarlo”.
“Todas estas constituciones son expresiones de las necesidades americanas de otro
tiempo. Hace 30 años – dice Alberdi – América sólo miró la libertad y la independencia
y para ellas escribió sus constituciones. La gloria militar era el objeto supremo de
ambición”. Alberdi reconoce que todo eso ha cambiado y replantea las necesidades de
la América que ya ha obtenido su independencia. “Del progreso material e industrial –
dice Alberdi en las Bases – depende todo su porvenir” y agrega “no es que la América
de hoy olvide la libertad y la independencia como los grande fines de su derecho
constitucional; sino que, más práctica que teórica, más reflexiva que entusiasta, por
resultado de las madurez y de la experiencia, se preocupa de los hechos más que de
los hombres, y no tanto se fija en los fines como en los medios prácticos de llegar a la
verdad de esos fines. Hoy se busca la realidad práctica de lo que en otro tiempo nos
contentábamos con proclamar y escribir”. Los medios para alcanzar el progreso
material los sintetiza en “la inmigración libre, la libertad de comercio, los caminos de

Fuentes de la Constitución Nacional

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fierro, la industria sin trabas”. Es que Alberdi ve en el progreso material de los países
de América el robustecimiento de una independencia que, aunque ya ganada
definitivamente por las armas, requiere una reafirmación definitiva mediante el
ejercicio de las libertades cotidianas, que él encuentra característico de las poblaciones
anglosajonas. De ahí que insista tanto con las políticas de inmigración y libertad de
culto, políticas que también se ven reflejadas en su proyecto y en la Constitución
Nacional.
Otro de los grandes aportes de Alberdi fue su estudio e interpretación realista respecto
de cual sería la mejor forma de estado. Tanto es así que realiza un estudio de los
antecedentes unitarios y federales de la Argentina. Como antecedentes unitarios
pertenecientes a la época de la colonia nombra:

1.

Unidad de origen español en la población argentina.

2.

Unidad de creencias y de culto religioso.

3.

Unidad de costumbres y de idioma.

Unidad política y de gobierno, pues todas las provincias formaban parte de un solo
Estado.
4.

5.

Unidad de legislación civil, comercial y penal.

Unidad judiciaria, en el procedimiento y en la jurisdicción y competencia, pues
todas las Provincias del virreinato reconocían un solo tribunal de apelaciones, instalado
en la capital, con el nombre de Real Audiencia.
6.

7.

Unidad territorial, bajo la denominación de Virreinato de la Plata.

8.

Unidad financiera o de rentas y gastos públicos.

Unidad administrativa en todo lo demás, pues la acción central partía del virrey, jefe
supremo del Estado, instalado en la capital del virreinato.
9.

10. La ciudad de Buenos Aires, constituida en Capital del virreinato, es otro antecedente

unitario de nuestra antigua existencia colonial.

Luego enumera los antecedentes, también unitarios, pero existentes al tiempo de la
revolución:
Unidad de creencias políticas y de principios republicanos. La Nación ha pensado
como un solo hombre en materia de democracia y de república.
1.

Unidad de sacrificios en la guerra de la Independencia. Todas las Provincias han
unido su sangre, sus dolores y sus peligros en esa empresa.
2.

3.

Unidad de conducta, de esfuerzos y de acción en dicha guerra.

Los distintos pactos de unión general celebrados e interrumpidos durante la
revolución, constituyen otro antecedente unitario de la época moderna del país, que
4.

Fuentes de la Constitución Nacional

27

está consignado en sus leyes y en sus tratados con el extranjero. El primero de ellos es
el acto solemne de declaración de la independencia de la República Argentina del
dominio y vasallaje de los españoles. En ese acto, el pueblo argentino aparece
refundido en un solo pueblo, y ese acto esta y estará perpetuamente vigente para su
gloria.
Los Congresos, Presidencias, Directorios supremos y generales que, con
intermitencias más o menos largas, se han dejado ver durante la revolución.
5.

La unidad diplomática, externa o internacional, consignada en tratados celebrados
con Inglaterra, con el Brasil, con Francia, etc., cuyos actos formarán parte de la
constitución externa del país, sea cual fuere.
6.

7.

La unidad de gloria y reputación.

8.

La unidad de colores simbólicos de la República Argentina.

9.

La unidad de armas o de escudo.

10. La

unidad implícita, intuitiva, que se revela cada vez que se dice sin pensarlo:
República Argentina, Territorio Argentino, Pueblo Argentino y no República
Sanjuanina, Nación Porteña, Estado Santafecino.
11. La misma palabra argentina es un antecedente unitario.

Son antecedentes federativos de la República Argentina, tanto coloniales como
patrios:
Las diversidades, las rivalidades provinciales, sembradas sistemáticamente por la
dominación colonial, y renovadas por la demagogia republicana..
1.

Los largos interregnos de aislamiento y de independencia provincial, ocurridos
durante la revolución.
2.

Las especialidades provinciales, derivadas del suelo y del clima, de que se siguen
otras en el carácter, en los hábitos, en el acento, en los productos de la industria y del
comercio, y en su situación respecto del extranjero.
3.

Las distancias enormes y costosas que separan unas Provincias de otras, en el
territorio de doscientas mil leguas cuadradas, que habita nuestra población de un
millón de habitantes.
4.

La falta de caminos, de canales, de medios de organizar un sistema de
comunicaciones y transportes, y de acción política y administrativa pronta y fácil.
5.

Los hábitos ya adquiridos de legislaciones, de tribunales de justicia y de gobiernos
provinciales. Hace ya muchos años que las leyes argentinas no se hacen en Buenos Aires, ni se fallan allí los pleitos de los habitantes de las provincias, como sucedía en otra
época.
6.

La soberanía parcial que la Revolución de Mayo reconoció a cada una de las
Provincias, y que ningún poder central les ha disputado en la época moderna.
7.

Fuentes de la Constitución Nacional

28

Las extensas franquicias municipales y la gran latitud dada al gobierno provincial,
por el antiguo régimen español, en los pueblos de la República Argentina.
8.

La imposibilidad de hecho para reducir sin sangre y sin violencia a las Provincias o a
sus gobernantes al abandono espontáneo de un depósito que, conservado un solo día,
difícilmente se abandona en adelante: el poder de la propia dirección, la soberanía o
libertad local.
9.

10. Los

tratados, las ligas parciales, celebradas por varias Provincias entre sí durante el
período de aislamiento.
11. El

provincialismo monetario, de que Buenos Aires ha dado el antecedente más
notable con su papel moneda de provincia.
12. Por

fin, el acuerdo de los gobiernos provinciales de la Confederación, celebrado en
San Nicolás el 31 de mayo de 1852, ratificando el pacto litoral de 1831, que consagra el
principio federativo de gobierno.
Con su fórmula de “federación unitaria” o “unidad federativa”, Alberdi concibe un
federalismo más realista y ajustado a las posibilidades de la época y dedica varios
capítulos de las Bases para su análisis. Dice Alberdi, “la simple federación, la federación
pura, no es menos irrealizable, no es menos imposible en la República Argentina, que
la unidad pura ensayada en 1826”. De esta manera plantea un tipo de organización
superador de la vieja dicotomía entre unitarios y federales que ya le había costado a la
Argentina alrededor de 30 años de luchas sin claro predominio de uno sobre otro.
En su obra “Derecho Público Provincial” explica, “sería incurrir en un grande y capital
error el creer que las provincias se desprenden o enajenan el poder que delegan en el
gobierno nacional. No abandonan un ápice de su poder en esa delegación. En una
parte de él abandonan una manera local de ejercerlo, en cambio de otra manera
nacional de ejercer ese mismo poder, que parecen abandonar y que en realidad
toman. El gobierno nacional no es un gobierno independiente de las provincias: es
elegido, creado y costeado por las provincias mismas. Les pertenece del mismo modo
que sus gobiernos locales; con la sola diferencia de que, en vez de pertenecer a cada
una aisladamente, pertenece a todas ellas reunidas en cuerpo de nación ... Delegando
poderes las provincias no hacen más que aumentar su poder”.
El tercer gran punto en la obra de Alberdi es la configuración del poder ejecutivo. En
este tema, toma como modelo a la Constitución de Chile de 1833. Para él, este poder
es el “llamado a defender y conservar el orden y la paz, es decir, la observancia de la
Constitución y de las leyes, se puede decir que a él sólo se halla casi reducido el
gobierno en estos países de la América antes española”. La idea de este poder
ejecutivo fuerte, aunque siempre subordinado a la ley, se resume en uno de los
pasajes de las Bases: “Dad al poder ejecutivo todo el poder posible, pero dádselo por
medio de una constitución”. Queda claro, así, que todo poder que detente el órgano
ejecutivo debe ser ejercido a través de las leyes y principalmente de la constitución.
Esto por contraposición a la “omnipotencia del poder en las manos de un solo hombre,
erigiéndose en hombre – ley en hombre – código”, en clara alusión a Rosas.

Fuentes de la Constitución Nacional

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La fortaleza del poder ejecutivo tiene un objetivo claro: la estabilidad, el orden la paz y
la real eficacia de los derechos y garantías reconocidos por la Constitución. “Se
convertirían – dice Alberdi – en palabras vanas, en mentiras relumbrosas, si no se
hacen efectivas por medio de las garantías públicas”.
Si bien Alberdi hace una exaltación de los principios liberales en las Bases, cuando
leemos la su obra completa, apreciamos que no estamos en presencia de un puro hijo
del iluminismo racionalista. Sin lugar a dudas Alberdi cree que la razón es capaz de
moldear la historia en alguna medida, incluso de concebir el futuro orden como fruto
de un plan pero siempre sujeto a las pautas de los antecedentes históricos. Es la
posición de los “liberales doctrinarios” representada por “un liberalismo templado” y,
en general, por una burguesía que teme por igual al absolutismo que a la democracia,
pero que acaba pactando con los poderes sociales tradicionales, o dicho de otra
manera, integrándose en el Estado histórico.
Hablando de las fuentes de sus Bases, Alberdi, escribe a Sarmiento en la Cuarta Carta
Quillotana: “Habrá mucho de usted en mis Bases. Tomando lo que había en el buen
sentido general de esta época, habré tomado ideas de todos, y de ello me lisonjeo,
porque no he procurado separarme de todo el mundo, sino expresar y ser eco de
todos. Pero creo no haber copiado a nadie tanto como a mí mismo. Las fuentes y
orígenes de mi libro de las Bases, son: Preliminar al estudio del derecho, de 1837; mi
palabra simbólica en el Credo de la Asociación de Mayo, de 1838; El Nacional de
Montevideo, de 1838; Crónica de la Revolución de Mayo, de 1845; Treinta y siete años
después, de 1847. He ahí los escritos de mi pluma donde hallará usted los capítulos
originales que he copiado a la letra en el libro improvisado de mis Bases”.
El pensamiento católico tradicional. También influye en nuestra Constitución, que
subyace en la constitución histórica. Para ello debemos dejar de lado toda pretensión
de explicar esquemáticamente las influencias ideológicas en la Constitución y entender
que en cada período o etapa de la historia constitucional no ha habido una doctrina
excluyente, sino una predominante, como el liberalismo en la primera etapa y otras
influencias, que no obstante no ser las definitorias, también se mostraron en el texto
constitucional. En esa línea, también puede referirse, sin ninguna duda, que el
pensamiento cristiano tradicional ha ejercido su influencia.
Durante la Constitución de 1853, el tema de la confesionalidad del Estado fue el que
ocupó el debate más importante. El catolicismo fue también uno de los requisitos para
ser Presidente de la Nación hasta la reforma reciente. El Preámbulo también invoca a
Dios, como "fuente de toda razón y justicia". No coincidimos, en cambio en cuanto a
que el principio de "moral pública" a que refiere el art. 19 deba considerarse un
principio católico atento a que en los tiempos de la sanción de la Constitución la moral
era católica, porque, entendemos, en primer lugar que el concepto de "moral pública"
es separable de la idea de religión y, por otra parte, porque no estando la moral sujeta
a dogmas, la misma puede cambiar, según los tiempos.
Seguimos, pensando, sin embargo, que no obstante ser la Argentina un país
predominantemente católico a mediados del siglo pasado, al punto tal que el proyecto
de Constitución de Alberdi contemplaba a la Iglesia Católica Apostólica Romana como
religión de Estado, no fue el catolicismo, sino el liberalismo político y económico el

Fuentes de la Constitución Nacional

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definidor del perfil ideológico de la Constitución Nacional. Ocurre que las
Constituciones expresan en sus postulados el ideario político de sus pueblos y no
especialmente, el sentimiento religioso, que no obstante las referencias
constitucionales que pueden o no existir, se expresa por otros medios.
Fuentes normativas
En lo que respecta a la obra institucional argentina que abarca desde la Revolución
hasta 1853, cabe destacar el Reglamento de la Junta Provisional, Reglamento de la
Junta Conservadora, el Estatuto provisional, el Estatuto de 1815, el Reglamento del 17
y la Constituciones de 1819 y 1826. En especial estas dos últimas, obras plenamente
orgánicas que han aportado a la Constitución Nacional un conjunto destacado de
artículos, y la estructura definitiva de algunos de sus poderes (Legislativo y Judicial).
Igualmente han sido fuentes de interpretación los decretos que, como el de libertad de
imprenta y de seguridad individual de 1811 y los de la Asamblea del año XIII,
proclamaron los derechos del individuo frente a la sociedad, plasmándose en las
declaraciones, derechos y garantías de nuestra Ley Fundamental.
Reglamento de la Junta Provisional. Del 28 de mayo de 1810, muy breve, constituye
un primer intento de reordenamiento interno y separación de los poderes. Por él se
determinaban las reglas y métodos para el despacho de los asuntos y los ceremoniales.
El artículo 1 fijaba la residencia del presidente en la Real Fortaleza, y el horario diario
de reuniones de la Junta; el art. 6, el trato de excelencia a la Junta, aunque sus
miembros no tendrían tratamiento alguno en particular, el presidente recibiría en su
persona el tratamiento y los honores de la Junta, que eran los mismos que tenían los
virreyes (arts. 7 y 8). Los asuntos de patronato se deberían dirigir en los mismos
términos que a los virreyes, sin perjuicio de las excepciones a que legalmente conduzca
el sucesivo estado de la Península (art. 9). El derecho de petición por escrito o de
palabra a la Junta o a sus vocales en particular podía ser ejercido por cualquier vecino,
que también podía comunicar cuanto creyera conducente a la seguridad pública y
felicidad del estado (art. 10). Se crean dos departamentos o secretarias: la de hacienda
y gobierno y guerra. Los asuntos concernientes a gobierno y hacienda se giraban a la
Junta, para su tratamiento, por las oficinas respectivas ( arts. 2 y 3). La secretaría del
departamento de hacienda quedaba a cargo del doctor Juan José Paso, la del
departamento de gobierno y guerra a cargo del doctor Mariano Moreno. Los decretos
de substanciación, las contestaciones dentro del territorio de la Capital, los asuntos de
menor importancia y los de urgente despacho llevaban la firma del presidente
autorizada por el respectivo secretario; en los negocios que deban ser decididos por
Junta, la formarán cuatro vocales con el presidente, pero en los de importancia (de
alto gobierno) debían intervenir todos los miembros (arts. 4 y 5).
Del análisis de este reglamento resulta: la disposición de reglas para el funcionamiento
de la Junta, la regulación del despacho y clasificación de los asuntos atendiendo a su
importancia, así como los ceremoniales; la consagración del derecho de peticionar a
las autoridades; la seguridad pública y la felicidad del Estado como fines de gobierno;
cierta división de poderes: ejecutivo y legislativo por la Junta, el judicial a cargo de la
Audiencia y otros tribunales a establecerse (aunque no lo diga, esto último surge del
contexto y de los documentos del 25 de mayo, especialmente del reglamento de dicha
fecha); la división en departamentos de Estado con sus respectivas secretarias, para el

Fuentes de la Constitución Nacional

31

tratamiento específico de las cuestiones que se presentaran; la creación de dos
ministerios asignándoles funciones y creándoles responsabilidades. En forma
embrionaria tenemos aquí los dos temas de las constituciones de la época: los
derechos y garantías y la organización de los poderes.
Reglamento de la Junta Conservadora (30 de septiembre a 29 de octubre de 1811). Es
considerado como la primera Constitución del pueblo argentino. También conocido
como “Reglamento orgánico” (Seco Villalba) o “Reglamento de la división de poderes”
(Galletti). Funes afrontó el encargo que le confiaron los representantes provinciales. Si
bien no establece forma de gobierno, de sus cláusulas surge que está dado para una
república.
Fijaba las atribuciones del ejecutivo, judicial y de la junta, que si bien tenía carácter
legislativo, se arrogaba para sí funciones superiores y de contralor de los otros
poderes, a los que colocaba bajo su virtual dependencia. El Reglamento, precedido de
documentos oficiales que lo explican, se dividía en tres secciones, referidas a la Junta
Conservadora, al poder ejecutivo y al poder judicial., respectivamente. Está precedido
de una introducción de corte retórico, en la cual campean generales y, en ocasiones,
bastante oscuros; acerca de la división de poderes y de las funciones que la Junta se
reservaba, conviene transcribir algunos párrafos: “... La base en que creyó debía
fundarlo, fue la división de poderes legislativo, ejecutivo y judiciario, reservándose
aquélla la Junta de diputados bajo el título de Conservadora y depositando éstos en
varios funcionarios públicos. Es evidente, que no hallándose abierto a la sazón el
congreso nacional a la Junta actual de diputados solo tiene una representación
imperfecta de soberanía; es decir, que no reúne en su persona, ni toda la majestad que
corresponde al cuerpo que representa, ni todos los derechos y facultades que le son
propios. Pero no por eso es una representación nula, y sin ningún influjo inmediato y
activo, así corno no lo era la que tenía la Junta antes de la división de poderes ...” y
agregaba “... En ella residía seguramente la soberanía en aquel sentido, en que el bien
mismo del estado exigía imperiosamente encontrarlas para aquellos casos urgentes,
de que sólo ella podía salvarlo; así como reside en cualquier particular injustamente
atacado por otro la autoridad del juez, que no puede venir en su socorro. Esta es la.
soberanía y el alto poder que se adjudicó la Junta, separando de si el ejecutivo y
judiciario, y reservándose el legislativo en aquella acepción que es permitido tomarse:
reserva tanto más conveniente, cuanto que por ella, al paso se conserva en las
ciudades en las personas de sus diputados todo entero su decoro, se pone también
una barrera a la arbitrariedad ...”. La Junta pretendía retener la soberanía y
graciosamente daba sólo parte de ella.
En otros de sus pasajes, el preámbulo del Reglamento proclama la soberanía del
pueblo y su exclusivo derecho a darse sus propias leyes, estableciendo que: “Aunque
es cierto que la Nación había trasmitido en los reyes ese poder, pero siempre fue con
la calidad de reversible ...”, y luego agrega “... claro está por estos principios de eterna
verdad, que para que una autoridad sea legítima, entre las ciudades de nuestra
confederación política, debe nacer del seno de ellas mismas y ser una obra de sus
propias manos ...”.
Conforte a la sección primera del Reglamento que examinamos, la Junta, con el titulo
de “Conservadora de la soberanía del Sr. Don Fernando VII y de las leyes nacionales, en

Fuentes de la Constitución Nacional

32

cuanto no se oponen al derecho supremo de la libertad civil de los pueblos
americanos”, quedaba compuesta por los diputados de las provincias unidas que
existían en la Capital, a los que se agregaban los que fueran llegando después de la
formación del Reglamento. Tendría el tratamiento de Alteza, con los honores
correspondientes y celebraba sus sesiones los días martes y viernes de la semana en la
real fortaleza (art. 5), asistiría a las funciones públicas los días feriados que se
determinen, reservándose los puestos correspondientes a los más altos grados del
gobierno. Tenía un presidente, cuyo empleo turnaría de mes en mes en cada uno de
sus vocales empezando por el orden de sus nombramientos; declaraba inviolables a las
personas de los diputados que en caso de delito serian juzgados por una comisión
interior designada por la propia Junta (arts. 3, 6 y 7). Los diputados cesarían en sus
funciones en el momento de la apertura del Congreso (art. 8) y competía a la Junta la
declaración de la guerra, la paz, la tregua, tratados de límites, de comercio, nuevos
impuestos, creación de tribunales o empleos desconocidos en la administración, el
nombramiento de individuos del poder ejecutivo en caso de muerte o renuncia de los
que los componen, precediendo el informe y consulta del poder ejecutivo (art. 4).
En la sección segunda declaraba al poder ejecutivo independiente, le otorgaba el
tratamiento de Excelencia y los honores militares de que antes gozaba la Junta
Gubernativa, declaraba provisoria su autoridad y limitada al término de un año y la
presidencia turnaría cada cuatro meses entre sus miembros por orden de sus
nombramientos. (arts. 1, 11, 12 y 14). Correspondía al ejecutivo: la defensa del estado,
la organización de los ejércitos, el sosiego público, la libertad civil, la recaudación e
inversión de los fondos del estado, el cumplimiento de las leyes y la seguridad real y
personal de todos los ciudadanos (art. 2); le competía las reformas convenientes a la
administración y conferir empleos, el nombramiento y remoción de sus secretarios y el
juzgamiento de su conducta pública (arts. 2, 3 y 5); también el conocimiento de las
causas de contrabando y de las que se persiguiese el cobro de los caudales adeudados
por los derechos de aduanas y otros reglamentos. Le estaba prohibido conocer en
negocio judicial alguno, avocar causas pendientes o ejecutorias, mandar abrir nuevamente los juicios, alterar el sistema de administración de justicia (art. 7) aunque se
reservaba funciones para designar comisiones especiales (art. 7, última parte). No
podía arrestar o detener por mas de cuarenta y ocho horas, debiendo remitir a la
persona privada de su libertad al juez competente, bajo pena de ser considerada la
infracción corno atentado contra la libertad de los ciudadanos (art. 9). El poder
ejecutivo designaría una comisión judicial compuesta por tres ciudadanos para
conocer en los recursos de segunda suplicación (art. 10) y debía acordar las
providencias necesarias para lo reunión de los diputados, elección de los que faltaren y
celebración del congreso a la mayor brevedad posible, a cuyo fin seria auxiliado por la
Junta (art. 4). Finalmente se declaraba, que el poder ejecutivo seria responsable ante
la Junta Conservadora de su conducta pública (art. 13).
En cuanto al poder judicial (sección tercera), el Reglamento lo declara independiente,
lo responsabiliza por los atentados que se cometan contra la libertad y seguridad de
los súbditos (emplea esta palabra en vez de ciudadano) y deja al arbitrio del congreso
deslindar las atribuciones y facultades del mismo, siendo las leyes generales, las
municipales y bandos de buen gobierno las reglas de sus resoluciones (arts. 1 a 4).

Fuentes de la Constitución Nacional

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Las críticas que se han hecho al Reglamento son varias. En primer lugar, las ideas
aristocráticas que esbozan las “Observaciones” están presentes en el Reglamento, en
el propio carácter que se atribuye la Junta Conservadora (art. 1) y en el tratamiento de
Alteza que se adjudica. La facultad de nombrar los miembros del Ejecutivo “en caso de
muerte o renuncia de los que lo componen”, reservada a la Junta Conservadora, es
otra aplicación de los conceptos glosados por Funes.
Como todas las obras de Funes, el “Reglamento” tampoco es original. Ha sido calcado
sobre el “Reglamento provisional del Poder Ejecutivo” sancionado el 16 de enero de
1811 por las Cortes Generales y Extraordinarias reunidas en la Isla de León, precedido
por el decreto de 24 de septiembre de 1810, que había declarado la división de los
poderes en Legislativo, Ejecutivo y Judicial, reservándose las Cortes el primero. Por
ejemplo, el art. 1, inc. III. Cap. III, del Reglamento de las Cortes, dispone: “El Consejo de
Regencia no podrá detener arrestado a ningún individuo en ningún caso más de
cuarenta y ocho horas, dentro de cuyo término deberá remitirle al tribunal
competente con lo que se hubiere obrado. La infracción de este articulo será reputada
por un atentado contra la libertad de los ciudadanos, y cualquiera en este caso estará
autorizado para recurrir con queja ante las Cortes”. El art. 9 del Reglamento de la
Junta, expresa: “El Poder Ejecutivo no podrá tener arrestado a ningún individuo, en
ningún caso, más que 48 horas, dentro de cuyo término deberá remitirlo al juez
competente, con lo que se hubiere obrado. La infracción de este artículo se
considerará como un atentado contra la libertad de los ciudadanos y cualquiera. en
este caso, podrá elevar su queja a la Junta Conservadora”.
Son serias las imperfecciones del Reglamento. La independencia de los poderes no se
establece porque se diga que son independientes, y esto es lo que ocurre con la
división de poderes que practica el Reglamento. Como tampoco puede consagrarse
con la calidad de descubrimiento, la circunstancia de admitir principios que eran una
verdad popularizada por la práctica constitucional de los primeros países de la época y
por el ejemplo de la propia España.
Las facultades que se arroga la Junta Conservadora invaden el terreno concedido a los
otros dos poderes. Participa del judicial porque se reserva la facultad de conocer en las
causas contra los diputados, no para exonerarlos de sus privilegios y someterlos a los
jueces ordinarios, sino para juzgarlos por las leyes comunes. Este derecho a nombrar
Comisiones especiales lo hace extensivo a las causas contra magistrados superiores
inferiores, jueces subalternos y funcionarios públicos (art. 7 sección segunda).
El deán Funes se inspiró en el Reglamento de las Cortes, que establecía la inviolabilidad
y el privilegio de juzgar a sus miembros por una comisión especial en el caso de
formárseles causa, aberración que pasó a formar parte de la Constitución de la
Monarquía Española de 1812.
Funes no olvidó en esta ocasión las enseñanzas de Necker y Mably. El poder ejecutivo
llegaría a ser fuerte únicamente si pasaba sobre el cuerpo del que hacia las veces de
legislativo. Y eso sucedió. El Triunvirato se sacudió la tiranía que le había sido impuesta
y destruyó la Junta Conservadora, mandando regresar a los diputados.

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Estatuto Provisional. Disuelta la Junta conservadora y no aceptado el reglamento que
aquélla había presentado, el Triunvirato se dio a la tarea de redactar su propio código.
Con tal propósito sancionó el 22 de noviembre de 1811 el llamado “Estatuto
Provisional para el Gobierno Superior de las Provincias Unidas del Río de la Plata a
nombre del señor Don Fernando VII”. La experiencia fue fructífera porque los ensayos
posteriores superaron el antecedente. Como he dicho, el “Reglamento” no tiene nada
de original y lo aprovechable, la división de los poderes, procedía de la legislación
provisional española. Su valor de fuente es limitadísimo.
El Estatuto comenzaba con un largo exordio, por el cual se explicaban las causas que
condujeron al derrocamiento de la Junta Conservadora y a la constitución de un poder
ejecutivo fuertemente centralista. Señalaba los peligros y acechanzas que se cernían
sobre el gobierno: por un lado la derrota y dispersión del ejército en Huaqui, expuestas
las provincias del Alto Perú a la ocupación de los enemigos, interceptadas las
relaciones mercantiles, casi aniquilados los recursos; por otro, el ejército extranjero en
la Banda Oriental, el bloqueo del río paralizando el comercio exterior, la disciplina
militar relajada, debilitado el patriotismo, envueltos los ciudadanos en una guerra
cruel y de exterminio. A todo esto se agregaba la actitud de la Junta, erigida en
soberana, cuyos miembros deseaban “perpetuarse en el poder”, colmada – según se
expresaba – de arbitrariedades; oído el dictamen del cabildo y el juicio de los
ciudadanos ilustrados – continúa – determinaba rechazar el reglamento de la Junta y la
existencia de una autoridad suprema y permanente que “envolvería a la patria en
todos los horrores de una furiosa aristocracia”, por lo que, hasta tanto las provincias
reunidas en congreso determinaran la forma de gobierno a través de una constitución
permanente, se dictaba el Estatuto que establecía las normas generales a las que se
sujetaría el gobierno.
Esta nueva pieza mantuvo la división de poderes y pretendió organizar el poder
legislativo mediante un sistema de Asambleas de factura popular. El Triunvirato
prometía reunir una Asamblea General, periódica y de facultades limitadas,
desprovista de poder soberano, y además un Congreso encargado de organizar la
Nación y dictar la Constitución.
Por su artículo 1 determinaba la amovilidad de los miembros, cuyos vocales se
removerán alternativamente cada seis meses, empezando por el menos antiguo en el
orden de nominación, debiendo turnar la presidencia en igual período por orden
inverso. Asimismo para la elección del candidato que debía sustituir al vocal saliente,
se creaba una asamblea general, compuesta del ayuntamiento de las representaciones
que nombren los pueblos y de un número considerable de ciudadanos designados por
el vecindario de la capital según el modo y forma que prescribiría el reglamento
respectivo. También se determinaba que en las ausencias temporales suplirían los
secretarios. Por el artículo 2 se expresaba que el gobierno no podría resolver sobre los
grandes asuntos del estado que por su naturaleza tuvieran un influjo directo sobre la
libertad y existencia de las Provincias Unidas, sin acuerdo expreso de la asamblea
general. Por el articulo 3 el gobierno se obligaba solemnemente a tomar las medidas
conducentes, luego que lo permitieran las circunstancias, para acelerar la instalación
del congreso de las Provincias Unidas, ante el cual serían responsables de su conducta
pública, tanto sus integrantes como los secretarios. Para el caso de no haberse

Fuentes de la Constitución Nacional

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instalado el Congreso después de dieciocho meses de dictado el Estatuto, serán
responsables ante la asamblea general. El conocimiento de los asuntos de justicia
correspondería a las autoridades judiciarias con arreglo a las disposiciones legales y
para resolver en los asuntos su segunda suplicación, el gobierno se asociaba dos a dos
ciudadanos de probidad y luces (art. 5). El gobierno tendría el tratamiento Excelencia y
duraba hasta la apertura del congreso. Para cualquier variación en la forma adoptada,
debería intervenir la asamblea general, con el objeto de dictar la resolución que mejor
conviniera a los intereses de la patria (art. 8), correspondiéndole velar sobre el
cumplimiento de las leyes y adoptar las medidas que creyera necesarias para la
defensa y salvación de la patria según lo exigiera el imperio de la necesidad y las
circunstancias del momento (art. 6). Para el caso de renuncia, ausencia o muerte de los
secretarios, el gobierno designaría a los que debía sustituir, presentando el nombramiento en la primera asamblea siguiente (art. 7). El ejecutivo tenía la obligación de
guardar y hacer guardar religiosamente los principios de la libertad de imprenta y de la
seguridad individual (art. 4) cuyos decretos, dictados con antelación, quedarían
incorporados al Estatuto y asimismo, se autolimitaba en sus funciones al manifestar
que jurarán puntual observancia de las normas legales, considerándose atentado
contra la libertad civil cualquier infracción a las mismas (art. 9).
De esencia fuertemente centralista, nada dice acerca de las provincias a las que se
refiere solo cuando habla del Congreso compuesto por sus representantes, pero cuya
instalación se verificaría en “cuanto lo permitieran las circunstancias”.
El Triunvirato que dio un golpe de estado para afianzarse, fue a su vez derribado por la
revolución del 8 de octubre de 1812, la que impuso a los gobernantes el mandato
imperativo de reunir la Asamblea General, indefectiblemente en el mes de enero de
1813.
Estatuto de 1815. La revolución de abril de 1815 dio por tierra con la célebre Asamblea
General Constituyente. Fue la cuestión de los sistemas de organización política lo que
le impidió sancionar una Constitución, y esta misma causa seguirá obstruyendo el
camino por mucho tiempo más. El nuevo Gobierno encargó a la Junta de Observación
que redactara un “Estatuto provisional para la dirección y administración del Estado”,
el que se publicó el 5 de mayo de 1815.
Está compuesto por siete secciones y un capítulo final. Su originalidad es bien escasa.
Este estatuto no registra ninguna disposición original de carácter perdurable, y todos
los artículos que componen los capítulos que pueden llamarse propios, son de valor
puramente formal. Como fuente, sólo le corresponde el mérito de haber contribuido a
mejorar el estilo de dos artículos que se hallan en la Constitución vigente, parte del
artículo 18 – en lo referente a las cárceles y su fin de seguridad y reeducación de los
presos – y el artículo 19.
Tenía un breve preámbulo, en el cual se enunciaban algunos principios generales que
lo fundamentaban: la felicidad común, la libertad, la igualdad y la seguridad; y se
establecían reglas o normas constitucionales, principios estos que conforme al
preámbulo del Estatuto “hacen el precioso vellocino y la rica herencia, al par que son
los más interesantes derechos del hombre”.

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La sección primera, dividida en siete capítulos, bajo el título general de “el hombre en
sociedad”, se refería a los derechos que competían a los habitantes, a la religión del
Estado, a la, a los modos de perderla o suspenderse la ciudadanía, a los deberes de
todo hombre en el Estado y a los deberes del cuerpo social. Los derechos de los
habitantes eran la vida, la honra, la libertad, la igualdad, la propiedad y la seguridad.
Los definía como normas de tipo moral universales y de ellos gozaban los hombres en
todo el territorio, fueran americanos o extranjeros, fueran o no ciudadanos. Se trata,
pues, de derechos naturales erga omnes, para todos, sin limitaciones; aquéllos con los
cuales nace el hombre, intransferibles, imprescindibles. La religión Católica se
consagraba como del Estado. Todo hombre – se dice – debía respetar el culto público y
la “Religión Santa del Estado” y la infracción a la norma sería reputada violación a las
leyes fundamentales del país. Eran ciudadanos los hombres libres nacidos y residentes
en el territorio del Estado, entrando en el ejercicio de sus derechos como tales al
cumplir veinticinco años de edad o cuando se emanciparan; el extranjero residente en
el país por más de cuatro años, propietario o que ejercitara arte o profesión útil, que
supiera leer y escribir, tendría voto activo en los comicios; pero el español sólo podía
disfrutar del sufragio activo o pasivo, cuando las provincias fueran reconocidas por el
gobierno peninsular, aunque obtendrían carta de ciudadanía por eminentes servicios a
la causa del país.
También y limitadamente se otorgaban derechos a los hijos de esclavos. Se perdía la
ciudadanía por naturalización en país extranjero, por la aceptación de empleos,
distinciones o títulos de nobleza de otra nación, por pena aflictiva o infamante o por el
estada de deudor fallido e inhabilitado. La ciudadanía se suspendía por ejecución seguida por el Estado en casos de deudas fiscales, por acusación de delito que llevara
consigo pena corporal, aflictiva o infamante, por la situación de doméstico asalariado,
por no tener propiedad u oficio lucrativo útil al país, o por el estado de demencia. Todo
hombre tenía deberes para con el Estado (cap. VI). Debía someterse a la ley, obedecer,
honrar y respetar a los magistrados y funcionarios, sacrificarse en aras de la patria, aún
ofrendando su vida, contribuyendo al sostén y conservación de los derechos de los
ciudadanos y a la felicidad pública; para merecer, en fin, el honroso título de hombre
de bien. A su vez el cuerpo social debía garantizar y afianzar el goce de los derechos
del hombre, aliviar la miseria, proveer a la instrucción y a la prosperidad general (cap.
VII). La soberanía originariamente radicaba en el pueblo (cap. IV). Aparte de esta
normas generales establece otras que eran, lisa y llanamente, los decretos de
seguridad personal y de libertad de imprenta.
En cuanto a la organización de los poderes, el Estatuto provisional adoptaba la clásica
división tripartita de los poderes constituidos y sus disposiciones son un tanto sui
generis. Dedica extensos capítulos al Poder Ejecutivo y a la administración de justicia,
no así al referirse al Legislativo. Acerca del Poder Legislativo que, según expresa,
residía originariamente en los pueblos lo dejaba determinado a las resultas del
Congreso general a convocarse e ínterin, para los asuntos urgentes y necesarios,
intervendría con análogas funciones la Junta de Observación.
El Poder Ejecutivo sería ejercido por un ciudadano con el titulo de Director del Estado,
duraba un año en su mandato, podía ser vecino y natural de cualquiera de los pueblos
del Estado con residencia no menor a cinco años anteriores a su elección y treinta y

Fuentes de la Constitución Nacional

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cinco años de edad cumplidos. Tenía a su cargo el mando y organización del ejército,
armada y milicias nacionales, debía ejecutar las leyes, nombraba embajadores y
enviados a las potencias extranjeras y los recibía, con aviso a la Junta de Observación;
tenía facultades para conmutar penas o indultar, para firmar y concluir tratados de
paz, alianza, comercio y otras convenciones, etc. Designaba a los secretarios de
gobierno, guerra y hacienda, siendo responsable por la mala elección que realizara.
Dichos funcionarios eran amovibles a voluntad del Director y no podían autorizar
órdenes, decretos o providencias contrarias al Estatuto. El Estatuto imponía limites
expresos a la autoridad del Director. Este no podía alterar el sistema de administración
de justicia y en casos de arrestos excepcionales estaba obligado a poner a los
detenidos a disposición de los magistrados competentes; no podía proveer a canongías
o prebendas eclesiásticas ni conceder exenciones o privilegios a ninguna persona ni
expedir orden de ninguna naturaleza sin estar refrendada por el respectivo secretario,
bajo pena de responder por los daños que ocasionare ni disponer expediciones
militares fuera de la provincia ni imponer contribuciones o empréstitos sin previa
consulta a la Junta de Observación unida al Cabildo y Tribunal del Consulado; le era
vedado interceptar directa o indirectamente la correspondencia epistolar de los
ciudadanos, que se reputaba sagrada y para “algún raro y extraño accidente” por motivos de salud pública podría hacerlo con previa noticia y consentimiento de la Junta de
Observación, Fiscal de Cámara y Procurador general de la ciudad. Es decir, el director
está totalmente controlado en sus funciones por dos organismos locales: el cabildo de
la ciudad de Buenos Aires y la Junta de observación. Como hemos visto, ante esta
última tiene que rendir cuenta de su cometido. A su vez, todos los resortes del Poder
legislativo quedan al total arbitrio de esta junta, que de esta manera es la que
realmente gobierna. Los hechos demostraron de inmediato la ineficacia del Estatuto, al
comenzar los choques entre director, cabildo y Junta de observación.
La sección cuarta estaba dedicada al Poder Judicial, que residía en el tribunal de
recursos extraordinarios de segunda suplicación, nulidad e injusticia notoria, en las
cámaras de apelaciones y demás tribunales inferiores. Era totalmente independiente.
Los nombramientos de los jueces de cámaras se hacían por el Director del Estado a
propuesta del cuerpo de abogados residentes en la ciudad asiento de las cámaras.
Reunidos los abogados inscriptos en la matricula designaban tres candidatos, entre los
cuales debía ser elegido el juez por el Director. Se daban, asimismo, algunas normas
para la administración de justicia.
La sección quinta, en seis capítulos, se refería a las elecciones, determinando que
debían ser elegidos popularmente el Director del Estado, los Diputadas de las
provincias pata el Congreso general, los Cabildos seculares de villas y ciudades, los
Gobernadores de Provincia, los miembros de la Junta de Observación. Se establecía un
engorroso sistema, acorde a los lineamientos del Proyecto de la Sociedad Patriótica,
mediante asambleas primarias, tanto en las ciudades y villas como en la campaña. Se
detallaba minuciosamente la forma y modo de composición de las mismas. Los
electores elegidos se reunían en Asambleas electorales. Análogo sistema se utilizaría
para las elecciones de empleos concejiles en las villas que tenían establecidos Cabildos;
la ciudad se dividiría en cuatro secciones, para elegirse electores conforme a la
población de cada una, concluida la votación se reunirían los votos de las secciones en
la Sala Capitular del Cabildo, resultando electores los que obtuvieren mayor numero

Fuentes de la Constitución Nacional

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de sufragios en la elección primaria y éstos, a su vez, realizarían la elección definitiva.
Los gobernadores de las provincias serían elegidos por sus respectivos electores,
nombrados de entre seis ciudadanos, de los cuales se elegirán tres y de éstos al
Gobernador, que duraba tres años en su empleo. Pero los tenientes gobernadores
serian nombrados por el Director a propuesta en terna del Cabildo de su residencia y
los subdelegados, por los gobernadores de la provincia, también mediante terna del
Cabildo de cada capital. Obsérvese lo engorroso de todos los procesos eleccionarios,
cuyos contextos darían por resultado la designación de personas ajenas a los principios
de soberanía del pueblo que pomposamente se enunciaban. Se insiste en el sistema de
asambleas de primero y segundo grado; en los últimos casos examinados se designan
los electores y éstos confeccionaban una lista de seis candidatos, de los cuales se
desinsaculaban y de éstos, a su vez, surgía el mandatario (en el caso de gobernador,
por ejemplo).
En la sección sexta se reglamenta todo lo concerniente al ejército y a la armada, con
especial mención de las “tropas veteranas y marina, de las milicias provinciales y de las
milicias cívicas”. En su afán reglamentarista, el Estatuto era particularmente minucioso
con referencia a este tema. Se refería a las tropas veteranas y a la marina, imponiendo
al Director la designación de un Inspector general, con el objeto de impedir que el
Director mismo “se mezclare en lo interior y económico de todos los cuerpos de línea”,
manteniendo, de tal manera, su autoridad como Jefe Supremo de las fuerzas. Se
reglamentaban las milicias provinciales. Se creaban las milicias cívicas constituidas por
todos los habitantes del Estado nacidos en América, los extranjeros con más de cuatro
años de residencia, los españoles europeos con carta de ciudadanía y los africanos y
pardos libres, es decir todos aquéllos que no se hallaren incorporados a las tropas de
línea y armada. Desde los quince a los sesenta años deberían acudir en defensa de la
patria ante el llamado por las campanas del Cabildo, con las armas que tuvieren y con
el destino que ulteriormente se les daría. Se creaba una brigada de cívicos, formándose
compañías y batallones, circunscribiéndose su acción a la ciudad y arrabales; se
tomaban las precauciones debidas para que el manejo de las armas se redujera a los
fines para los cuales se creaban las brigadas y de tal manera cada ciudadano debía
responder por el arma que la armería del Estado le proveía, castigándose a quien
hiciera uso indebido de ella.
En la sección séptima se agregaban, normas referidas a la libertad de imprenta y
seguridad individual – similares a los decretos de 1811 – y un Estatuto provisional de la
Junta de Observación, cuyas funciones no quedaban determinadas con claridad,
aunque se nota un decidido propósito de transformar dicho organismo en verdadero
ente de fiscalización de los actos de los otros poderes. En efecto, el artículo VII
manifiesta que la Junta tiene esencialmente como misión la de observar el fiel
cumplimiento del Reglamento provisional para el gobierno del Estado “en todos los
ramos de la administración pública”, reclamando enérgicamente la menor infracción al
mismo y oponiéndose a todo aquello que de algún modo perjudique a la felicidad
común. Obsérvese la amplitud e indeterminación de las funciones, que permiten
transformar a la Junta en un organismo cuyas facultades sobrepasan las de los demás
poderes: puede intervenir para remediar la menor infracción al Estatuto y ella es la
que determina el “grado” de las “infracciones”. Por otra parte, también es poco
definible el concepto de “perjuicio a la felicidad común” que seria determinado por la

Fuentes de la Constitución Nacional

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propia Junta. En resumen, ella quedaba como organismo máximo de fiscalización,
acentuada por las normas del artículo VIII al expresar que la institución debía proveer
todos los arbitrios y medidas que fueran conducentes a los objetivos indicados,
quedando autorizada para limitar, añadir y enmendar el Estatuto, lo mismo que para
hacer otros nuevos según lo “exijan tas circunstancias”, aunque toda adición o nuevo
reglamento se consultaría con el Gobierno antes de publicarse, lo mismo que con el
Cabildo, pudiendo expresar su consentimiento o disenso. Aquí se creaban fuentes de
nuevas perturbaciones entre los poderes al reglamentarse las situaciones de conflicto.
En caso de disentimiento la ley o estatuto quedarían sin efecto y se reservarían en la
Junta, pero ésta tenía facultades para resolver por si sola las dudas sin consultas
previas, declarándose a los vocales inviolables y exentos de toda autoridad y, en
definitiva, se preveía la creación de otro organismo, una comisión que podría designar
la misma Junta. Según se ve, un sistema complicado y poco claro, pero que tendía a
poner de resalto a la Junta como máxima autoridad en los hechos, creándose
posibilidades de frecuentes conflictos en cuanto hubiere desacuerdos. Ello era
previsible y los hubo, con todas sus consecuencias.
Este Estatuto se trata de una instrumentación de carácter provisional, supeditado a la
Constitución que debería dictar inequívocamente el Congreso a reunirse en Tucumán,
conforme con el artículo XXX de la sección III, que textualmente expresa: “Luego que
se posesione del mando, invitará con particular esmero y eficacia a todas las Ciudades
y Villas de las Provincias interiores para el pronto nombramiento de diputados, que
hayan de formar la Constitución, los cuales deberán reunirse en la ciudad de Tucumán,
para que allí acuerden el lugar en que se hayan de continuar sus Sesiones, dejando al
arbitrio de los Pueblos el señalamiento de Viático y sueldo a sus respectivos
representantes”.
Reglamento de 1817. Inspirándose en el Estatuto de 1815, el Congreso de Tucumán
expidió el “Reglamento provisorio”, que es en su mayor parte una glosa del anterior,
habiéndose introducido algunas modificaciones.
Pueyrredón formuló reparos al Estatuto provisional del 22 de noviembre de 1816 (que
nunca entró en vigencia). Ellos se refieren a disposiciones de carácter militar
principalmente. En algunos respectos se nota la tendencia, cada vez más pronunciada,
de constituir un poder ejecutivo fuerte, con un desplazamiento cada vez mayor y en
desmedro de los otros poderes. Si observamos el Estatuto de 1815, y el de 1816 y el
Reglamento de 1817 podemos apreciar lo expuesto. Existe un proceso de
centralización cada vez mayor y si a primera vista las modificaciones no parecen
sustanciales, al entrar en detalles se observa como, a veces sutilmente, otras con más
desembozadamente, el poder ejecutivo se fue haciendo cada vez más fuerte y el
ejercicio del poder, así en general, se centralizaba en grado cada vez más. Al mismo
tiempo Pueyrredón deseaba una mayor cohesión en el ejército, ya que había prestado
todo su apoyo a San Martín; en carta a éste le manifestaba su disconformidad con la
milicia cívica en todos los pueblos al mando de los cabildos; de tal manera – expresaba
– la oficialidad cívica sería elegida por los propios soldados; también expresaba que el
Congreso quería ejercer funciones inherentes al Ejecutivo, lo que constituía un
descrédito para su persona.

Fuentes de la Constitución Nacional

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Este “Reglamento” modificó la autonomía provincial que les concedía el Estatuto para
el nombramiento de los Gobernadores, restableciendo la designación por arbitrio del
Director Supremo de los gobernadores – intendentes (el Estatuto de 1815 hablaba de
gobernadores), de la lista de elegibles que debían pasar todos los Cabildos. Sus sueldos
eran pagados por “los fondos del Estado”. Durarían en sus funciones tres años, con las
facultades de la ordenanza de intendentes. En cambio, los empleos consejiles se
elegían mediante elecciones populares. Las provincias no existían sino en el lenguaje
constitucional, siendo tan sólo simples entidades administrativas, más no estados
autónomos.
El Reglamento de 1817 estaba dividido en siete secciones. Al igual que el estatuto de
1815 este reglamento dedica su primera parte a los derechos individuales, la religión
del estado y la ciudadanía. Adoptaba la religión Católica como religión del estado,
debiendo ser respetada y siendo la violación a esta norma severamente castigada. Con
referencia a la ciudadanía, su ejercicio, las prerrogativas del ciudadano, la pérdida y
suspensión, reiteraba disposiciones del Estatuto aunque con mayores detalles y
minucias, dignas de una reglamentación municipal pero no de una carta constitucional.
Los capítulos VI y VII (deberes de todo el hombre en el Estado y deberes del cuerpo
social) repetían textualmente las mismas disposiciones del Estatuto. El Poder
Legislativo ocupa su segunda parte, que residía originariamente en la Nación, pero se
dejaba librada a la Constitución a dictarse su composición y facultades; ínterin se
regiría por las disposiciones del Reglamento, quedando incorporadas las leyes, códigos,
cédulas, disposiciones, generales, etc., del “antiguo gobierno español” cuando no se
encontraran en pugna, directa o indirectamente, con la libertad e independencia de las
Provincias Unidas. La sección tercera está dedicada al Ejecutivo, que sería ejercido por
un “Director de Estado”, que hasta tanto no se sancionara la Constitución, era
nombrado por el Congreso; duraría en sus funciones hasta la sanción de la
Constitución o antes si el Congreso lo creyere conveniente. Tanto en lo referente a las
facultades y límites del Poder Ejecutivo como a los ministros – secretarios, salvo
algunas leves modificaciones, se repetían las normas del Estatuto de 1815. La cuarta al
Poder Judicial, sección, ésta reproducida sin mayor variante. La sección quinta refiere
al régimen electoral. La sección siguiente está dedicada al ejército y la armada,
organización de milicias, etc.; se daba un mejor ordenamiento a las milicias nacionales,
se agregaron normas referentes a tribunales militares, a la gratificación de los soldados
que delataren a los desertores, entre otras. En cuanto a las milicias cívicas, le quitaba
su fuerza y eficacia: solo se compondría de vecinos propietarios, comerciantes,
empleados y funcionarios públicos, quedando subordinadas al Director del Estado. Por
último se adicionan los decretos de seguridad individual y de libertad de imprenta de
1811.
Este reglamento de carácter esencialmente unitario, rigió provisionalmente hasta la
sanción definitiva de la Constitución de 1819.
Constitución de 1819. Es interesante destacar que de los cinco miembros encargados
de redactar el proyecto había dos que tenían parte en la redacción de los bosquejos de
1813. Fue sancionada por el Congreso reunido en Tucumán en marzo de 1816. En la
época que sanciona la Constitución, ya se había trasladado a Buenos Aires.

Fuentes de la Constitución Nacional

41

La Constitución no era original y sus fuentes y antecedentes son fácilmente
pesquisables, ya que la propia comisión redactora había ordenado una recopilación de
los mismos. Influyó acentuadamente la Constitución de Cádiz (de 1812), la francesa de
1891 y, en varios aspectos, la de los Estados Unidos (1787). Se nota que tanto
Inglaterra como Estados Unidos provocaron con sus sistemas la admiración de los
hombres del Río de la Plata y en sus tentativas, procuraron reunir las excelencias de
ambos. Así, al tratarse el Poder Legislativo, la Comisión explicó por qué adoptaba el
sistema bicameral, cuyo senado aristocrático la caracteriza, diciendo: “Al desempeñar
la Comisión el difícil trabajo de preparar el Proyecto de Constitución que se examina,
se propuso usar de la circunspección necesaria para no sacrificar a meras teorías, o al
prurito de ideas originales aquellos principios de organización social que concibiese
fundados en las sólidas lecciones de la experiencia combinada con los cálculos más
profundos sobre las pasiones humanas, y los medios más capaces de precaver sus
efectos. No pudiendo desconocerse este mérito en las más célebres Constituciones
que nos han precedido, la de Inglaterra, y la de Estados Unidos, modelos
verdaderamente dignos de imitarse en todo pueblo libre, no ha trepidado en adoptar
de una y otra lo que ha creído mejor, y más consistente con la diferencia de nuestras
circunstancias nacionales. En ambas se ha establecido la división del Cuerpo
Legislativo, y estribando este sistema en tan buenos fundamentos que ya pasa por un
axioma en lo político, no ha podido menos de preferirlo al sistema de la unidad”. La
Comisión destaca “las circunstancias nacionales” y ellas son las que a veces, como una
originalidad de forma y otras como una novedad de fondo, van dando a nuestras leyes
constitucionales, su tono particular.
En esta Constitución los congresistas cifraron las esperanzas de dotar al país de un
ordenamiento que rigiera las instituciones y daría cima a los proyectos de
institucionalizar constitucionalmente al país. Sin embargo, no tuvo vigencia y resultó
ajena a las necesidades del país. De todas maneras no fue un fracaso total, ya que la
importancia que asume la Constitución de 1819 en la historia constitucional argentina,
proviene de que ella sirve de enlace entre un periodo de tentativas y de ensayos, y la
carta política definitiva. La Constitución de 1819 refundió en su cuerpo dispositivo el
pensamiento de 1813, el más vivo y el más identificado con los ideales de la
Revolución de Mayo, y que de este modo ha llegado a infundirse ese hálito inmortal en
la Ley vigente.
Se ha dicho de esta Constitución que es de tendencia aristocrática y que fue preparada
con vistas a las ideas monárquicas del grupo gobernante. Es en efecto aristocrática y su
punto neurálgico al respecto, se halla en la formación del senado. La Comisión había
proyectado una Cámara Alta, de clases, de número variable y miembros inamovibles
por el tiempo de su buena conducta, que la sanción redujo al término de 12 años, y a
número fijo, destinada a constituir un poder moderador y conservador, en su más
absoluta concepción. Estaba formado por “los senadores de provincias, cuyo número
será al de las provincias; tres senadores militares, cuya graduación no baje de Coronel
Mayor; un Obispo y tres eclesiásticos, un senador por cada Universidad y el Director
del Estado, concluido el tiempo de su gobierno”. Los diputados son elegidos en
proporción de uno por cada 25.000 habitantes, y duran cuatro años en su
representación, renovándose la cámara por mitad cada bienio. Este cuerpo popular
tiene la iniciativa en materia de contribuciones.

Fuentes de la Constitución Nacional

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La Constitución de 1819 contaba de seis secciones, divididas en capítulos, un apéndice
y un manifiesto que se anexaba al final de sus disposiciones. La declaración de
derechos se insertaba en uno de los capítulos finales; en cambio los primeros,
estructuraban los poderes del estado. La sección primera, muy breve (apenas
compuesta por dos artículos) se refería a la religión del estado; reproducía textos
anteriores y establecía a la Católica como tal, debiéndole el gobierno toda suerte de
protección y los habitantes el mayor respeto, cualesquiera fueran sus opiniones
privadas y la infracción de tal norma sería considerada como violación a las leyes
fundamentales del país.
La sección segunda se refería al Poder Legislativo, que era bicameral: estaba
compuesto por una Cámara de Representantes y otra de Senadores; la primera,
formada por diputados elegidos en proporción de uno por cada 25.000 habitantes o
fracción que no bajara de 16.000; sus miembros debían tener por lo menos siete años
de ciudadanía antes de su nombramiento, veintiséis años de edad como mínimo, un
fondo no menor de cuatro mil pesos o en su detecto, arte, profesión u oficio útil, no
debiendo estar en situación de dependencia del Ejecutivo por servicio a sueldo. Los
diputados duraban en sus funciones cuatro años, renovándose por mitades al final de
cada bienio. La Cámara de Representantes, así formada, tenía iniciativa exclusiva en
materia de contribuciones, tasas e impuestos y el derecho privativo de acusar de
oficio, o a instancia de cualquier ciudadano a los miembros de los tres poderes,
ministros, enviados a las cortes extranjeras, generales de los ejércitos, gobernadores y
jueces superiores de las provincias, y demás funcionarios de rango superior, por delitos
de traición, malversación de fondos públicos, infracción a la Constitución u otros que
merezcan pena de muerte o infamia.
El Senado estaba compuesto por los senadores de provincia, en número igual al de las
provincias, tres senadores militares cuya graduación no bajara de coronel mayor; un
obispo y tres eclesiásticos; un senador por cada Universidad y el Director de Estado,
concluido el tiempo de su gobierno; deberían tener por lo menos treinta años
cumplidos al ser elegidos, nueve de ciudadanía, un fondo de ocho mil pesos o renta
equivalente o una profesión que, según se expresaba, lo pusiera en estado de ser
ventajoso a la sociedad, durando en el cargo doce años, renovándose por terceras
partes cada cuatro, decidiéndose por sorteo quiénes debían cesar en el primero y
segundo cuatrienio. Asimismo la Constitución preveía la forma de elección: los de
provincias serian elegidos mediante una terna que se enviaba al Senado con
testimonio del acta de elección, efectuada por dos electores por Municipalidad (un
capitular y un propietario con rentas, en cada caso) reunidos en alguna villa del centro
de cada provincia; los militares, por el Director de Estado; el obispo – senador por los
obispos del territorio, remitiendo los votos al Senado, en tanto los otros tres
eclesiásticos por la reunión de los cabildos eclesiásticos, prelado diocesano, curas
rectores de la Iglesia Catedral y rectores de los colegios eclesiásticos. Se ha dicho que
este Senado de la Constitución de 1819 era estamentario, y hay cierta razón en ello,
pues los congresistas creían en una sociedad formada por diferentes clases, volviendo,
tanto en éste como en otros aspectos, a las formas estructurales de la sociedad
colonial. En efecto; no obstante la solemne protesta en contra del dominio español,
repetida reiteradamente tanto en el Manifiesto de 1817 como en el que clausura esta
Constitución se hizo referencia expresa; para fundamentar la constitución del Senado,

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a clases, “cuyas inmunidades, condecoraciones y fueros están los pueblos habituados a
reconocer y respetar” y, asimismo, se llamaba al Senado a los ciudadanos distinguidos
“ya por pertenecer a la clase militar y a la eclesiástica, ya por sus riquezas y talentos
aprovecha lo útil de la aristocracia”. También el apéndice insistía en tratamientos,
ceremoniales, insignias, indignos de una democracia representativa y, en medio de
franciscana pobreza y de una crisis de proporciones porque atravesaba el país, los
congresista, hablaban de tratamientos: “Soberano Señor”, “Alteza Serenísima”; los
ceremoniales de asiento, de los escudos de oro colgando de su pecho y los trajes de
ceremonia, abundando decoraciones en plata y metales preciosos ... Aún más, si los
impulsos aristocratizantes y monárquicos se frenaban a veces, no se debe, precisamente, a los sentimientos íntimos de los congresistas, monarquistas a porfía.
Los capítulos IV y V se referían a las atribuciones del Congreso y a la formación y
sanción de las leyes. El Congreso dictaba las leyes, decretaba la guerra y la paz,
imponía contribuciones, fijaba a propuesta del Ejecutivo la línea de mar y tierra para el
servicio del Estado y determinaba el número de las tropas, reglaba la forma de los
juicios y establecía tribunales inferiores, reglaba el comercio exterior e interior, creaba
y suprimía empleos, habilitaba puertos, elevaba las poblaciones al rango de provincias,
villas o ciudades, formaba planes de educación pública, reglaba la moneda, pesos y
medidas, etc. Para aprobar los proyectos de ley se requería la mayoría de sufragios de
cada Cámara, no pudiendo repetirse en el mismo periodo el que hubiere sido
rechazado. El Director de Estado podía objetar los proyectos, devolviéndolos a la
cámara donde se originaran y, en tal caso, para obtener sanción, se requerirán dos
tercios del total en cada una de ellas.
El Poder Ejecutivo (sección tercera de la Constitución) estaba a cargo del “Director del
Estado”, quien debería tener las calidades de ciudadano, natural del territorio de la
Unión con seis años de residencia antes de la elección y, por lo menos, treinta y cinco
años de edad; duraba cinco años en el cargo y en caso de enfermedad, acusación o
muerte, administraría provisoriamente el Poder Ejecutivo el presidente del Senado.
Seria elegido por las dos cámaras reunidas, a mayoría de votos; si después de tres
votaciones no se llegara a lograr mayoría, la votación se circunscribía a los tres con
mayores sufragios; si luego de tres veces no se lograba la mayoría se excluía al menos
votado, quedando reducida la votación entre dos, y si ni aún así no se lograba mayoría,
se “sacaría por suerte” al Director. El Director de Estado era Jefe Supremo de las
fuerzas de mar y tierra, hacia ejecutar las leyes, abría las sesiones del Congreso, emitía
su mensaje en tal ocasión, proponía proyectos, medidas o reformas que estimara
necesarias, nombraba a los generales de los ejércitos, embajadores, cónsules;
designaba y destituía a sus ministros, celebraba y concluía tratados con naciones
extranjeras con el consentimiento de las dos terceras partes del Senado, expedía
cartas de ciudadanía, nombraba los empleos no excluidos por las leyes, obispos y
arzobispos a propuesta en terna del Senado, indultaba la pena capital, conmutaba
penas, etc.
En la sección cuarta, la Constitución de 1819 se refería al Poder Judicial. El Supremo
Poder Judicial estaba ejercido por una Alta Corte de Justicia, compuesta de siete jueces
y dos fiscales, designados por el Director del Estado con consentimiento del Senado,
los cuales debían tener por lo menos ocho años de ejercicio como abogados y cuarenta

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años de edad. La Corte conocía exclusivamente en las causas concernientes a enviados
y cónsules extranjeros, en las que fuera parte una provincia o en las que se suscitaran
entre provincias o pueblos de una provincia, sobre límites y derechos contenciosos; y,
como tribunal de recursos, en los casos concernientes a tratados realizados bajo la
autoridad del gobierno, de crímenes cometidos contra el derecho público de las
naciones y de todos aquellos que según las leyes hubieren lugar a los recursos de
segunda suplicación, nulidad e injusticia notoria. En esta Constitución, se habla por
primera vez en nuestros antecedentes de una Alta Corte de Justicia, sin duda un
avance significativo en relación con intentos y proyectos anteriores.
La sección quinta, bajo el título de “Declaración de derechos” se dividía en dos
capítulos, uno acerca de los derechos de la Nación, el otro sobre los que denominaba
“derechos particulares”. Sobre los derechos de la Nación anotaba expresamente que la
soberanía residía en la Nación, tenía derecho a reformar su Constitución cuando lo
exigiera el interés común. Los representantes de los poderes eran apoderados de la
Nación y responsables ante ella y nada era superior a la ley. El principio de la soberanía
popular y el de la voluntad general, está ausente. Entre los derechos particulares
formulaba una enumeración, otorgaba garantías, daba reglas de lo que se denomina el
debido proceso. Así, protegía el derecho a la vida, reputación. libertad, seguridad y
propiedad. Se enunciaba el principio de igualdad ante la ley, el de libertad de prensa, el
de la imparcialidad e igualdad frente al proceso, el de la inviolabilidad del domicilio y
de la propiedad, etc. Algunas disposiciones pasaron sin modificaciones al capitulo de
declaraciones, derechos y garantías de la Constitución de 1853.
La sección sexta trataba de las reformas a la Constitución. Las mismas se sustanciaban
en el Congreso y no en Convención aparte. La cuarta parte de los miembros de las
cámaras debían apoyar una moción para la reforma, sancionándose con los dos tercios
de votos de capa una de las cámaras. Disintiendo el Ejecutivo, era necesaria la
concurrencia de las tres cuartas partes de cada una de ellas.
La Constitución de 1819 era fuertemente unitaria. La provincias, como entidades de
derecho público, no aparecen en ella. Sólo se citan en cuanto a la composición del
Senado o en los casos de intervención de la Suprema Corte. No era un olvido
involuntario: se trataba de la absorción centralista por la Nación, como única
depositaria de la soberanía. Podemos decir que las provincias, para ella, no existían.
Asimismo, conservaba todo el aparato legal propio de la colonia, continuándose las
leyes, estatutos, reglamentos que no contradijeran la Constitución, que debería ser
solemnemente jurada en todo el territorio del Estado.
Quiso fundir en crisol propio, para obtener un equilibrio perfecto, los tres tipos de
gobiernos, monárquico, aristocrático y democrático, introduciendo en los órganos de
la clásica división tripartita del poder, algunas de las cualidades de los dos primeros
sistemas. Esta fue la idea que la misma Comisión expresó: “Depositando el Poder
Ejecutivo en una sola persona el Proyecto apropia a nuestro Gobierno la unidad, esa
cualidad importante de las Monarquías. Llamando al Senado a los ciudadanos
distinguidos ya por pertenecer a la clase militar y a la eclesiástica, ya por sus riquezas y
talentos aprovecha lo útil de la aristocracia. Reservando para la Cámara de
Representantes a los ciudadanos sin gozo de fuero, o de clase común le da un carácter
democrático”.

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Si bien fue jurada, llevaba de inmediato los gérmenes de su propia destrucción.
Pueyrredón renunció y ante su insistencia el Congreso aceptó la dimisión y designó
Director a José Rondeau (10 de junio de 1819). Pero estábamos en los inicios de la
liquidación del Directorio. Pocos meses después se levantaban las provincias. El 1 de
febrero de 1820 se producía la batalla de Cepeda, donde se enfrentaron López y
Ramírez y las tropas del Directorio (comandadas por el propio Rondeau). Cesaban las
autoridades nacionales.
Constitución de 1826. A la Constitución de 1819 siguió la Constitución de 1826. Fue
sancionada por el Congreso General reunido en Buenos Aires en 1824, el 24 de
diciembre de 1826. Fue trazada sobre el molde de la anterior. La Comisión encargada
de redactar el proyecto lo expresó en los términos siguientes: “En materia de
constitución ya no puede crearse: sólo hay que consultar los consejos de la prudencia
en las aplicaciones, que se hagan a las circunstancias locales y demás aptitudes de los
pueblos. La comisión no rehúsa confesar que no ha hecho más que perfeccionar la
constitución de 1819”.
La preparación de los constituyentes de 1826 hace honor a los cuerpos legislativos
nacionales, Había allí hombres nuevos, y otros antiguos forjadores de la emancipación
argentina. Próceres que habían formado parte de la Asamblea de 1813, como los
doctores José Valentín Gómez, Pedro Feliciano Cavia y José F. Ugarteche; y del
Congreso de Tucumán, como eran Narciso Laprida y Juan José Paso, este último
cargado con el prestigio que le diera el haber actuado en la Primera Junta, al lado del
inmortal Dr, Mariano Moreno.
La Constitución de 1826 está precedida por un manifiesto dirigido a los pueblos al
presentarles a éstos el texto. Allí se habla de que una federación, en el estado y
circunstancias del país sería la forma menos adaptable y se insiste en ternas polémicos
acerca del asunto. Pero el optimismo de los congresistas tendría efímera duración: el
amor a la patria, el bienestar general, la felicidad de todos, el olvido de los pasados
errores, la concordia que se invocaban, quedaban en el papel. Porque, una vez más, no
se respondía a las necesidades concretas y reales del país.
Está dividida en diez secciones, con un total de 191 artículos. La sección primera se
refiere a la Nación y su culto: es para siempre libre e independiente, no será jamás
patrimonio de una persona o familia. La religión era la Católica Apostólica Romana, a la
que prestaría la más eficaz y decidida protección, debiéndola respetar sus habitantes,
sean cuales fueren sus opiniones religiosas.
La sección segunda se refería a la ciudadanía. Por el artículo 4 se establecía quienes
eran ciudadanos, por el 5 los casos de pérdida de la ciudadanía y por el 6 la suspensión
de tales derechos. Eran ciudadanos: todos los hombres libres nacidos en su territorio y
los hijos de éstos, dondequiera que nazcan; los extranjeros que hubieren combatido o
combatieren en los ejércitos de mar o tierra de la República; los extranjeros
establecidos en el país desde antes de 1816 y que se inscribieran en el registro cívico;
los que se establecieren después de dicha, fecha, que obtengan carta de ciudadanía.
Los derechos de la ciudadanía se perdían: por la aceptación de empleos, distinciones o
títulos de otras naciones sin la autorización del Congreso; por sentencia que impusiera
pena infamante, mientras no se obtuviera rehabilitación conforme a la ley. Y se

Fuentes de la Constitución Nacional

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suspenden: por no haber cumplido veinte años de edad, no siendo casado; por no
saber leer ni escribir (condición que no tendría efecto hasta quince años de la fecha de
la aceptación de la Constitución); por la naturalización en otro país; por el estado de
deudor, fallido declarado tal; por ser deudor del tesoro público legalmente ejecutado
sin cumplir la deuda; por ser criado a sueldo, peón jornalero simple soldado de línea,
notoriamente vago o legalmente procesado en causa criminal, en que pueda resultar
pena corporal o infamante. En cuanto a la sexta parte del artículo 6, hubo una larga
discusión. Dorrego se opuso a que se insertada “doméstico asalariado”, pues no veía
por qué se excluía a estos y no otros empleados que están en situación de
dependencia y advertía: “... en caso contrario se estaría en presencia de la aristocracias
del dinero que es la peor de todas ...”.
La sección tercera se refería a la forma de gobierno: la Nación Argentina adopta para
su gobierno la forma representativa, republicana, consolidada en unidad de régimen y
delega al efecto el ejercicio de su soberanía en los tres poderes clásicos, balo las
restricciones que la misma constitución expresaba (arts. 7 y 8).
El Poder Legislativo (sección cuarta) estaba formado por un Congreso compuesto por
dos cámaras: de representantes y senadores. La de representantes se componía de
diputados elegidos directamente a simple pluralidad de sufragios en proporción de
uno por quince mil habitantes o fracción que iguale el número de ocho mil. Para
ejercer el cargo, debería tener siete años de ciudadanía antes de su nombramiento,
veinticinco años cumplidos, un capital, arte u oficio útil y que no fuera dependiente del
Poder Ejecutivo por servicio a sueldo (arts. 10 – 16). La cámara de senadores estaba
compuesta por senadores nombrados por la capital y las provincias, mediante el
sistema de elecciones que se determina (art. 23); deberían tener treinta y seis años
cumplidos, nueve de ciudadanía, capital o renta; habrían de durar nueve años en el
cargo, renovándose por tercios cada trienio. Correspondía a senado juzgar en juicio
político a los acusados por la sala de representantes. Ambas Cámaras tenían
atribuciones comunes, estableciéndose en el artículo 39 la interpolación
parlamentaria. El Congreso poseía atribuciones específicas: declarar la guerra, oídos
los motivos que expusiera el ejecutivo; recomendar, cuando lo estimare conveniente,
la negociación de l paz; fijar la fuerza de la línea de mar, y tierra en tiempo de paz y
guerra; mandar construir o equipar las escuadras nacionales; fijar cada año los gastos
generales, con presencia de los presupuestos que presente el gobierno; recibir
anualmente la cuenta de inversión de los fondos públicos, examinarlas y aprobarla;
establecer derechos de importación y exportación e imponer por un tiempo no mayor
de dos años, contribuciones proporcionalmente iguales en todo el territorio; ordenar
empréstitos que hayan de negociarse sobre fondos del estado; fijar la ley, valor, peso y
tipo de moneda; establecer tribunales inferiores y reglar la forma de los juicios;
acordar amnistías; crear y suprimir empleos de toda clase; reglar el comercio interior y
exterior; demarcar el territorio del Estado y fijar los limites de las provincias; habilitar
puertos, elevar las poblaciones al rango de villas, ciudades o provincias en los casos y
calidades que la ley fije; formar planes generales de educación pública; acordar
premios por servicios a la Nación; acordar a autores e inventores privilegios por tiempo
determinado; hacer las demás ordenanzas y leyes de cualquier naturaleza que reclame
el bien del Estado y modificar, interpretar y abrogar las existentes (arts. 40 – 58). Se
concedía a las Cámaras la facultad de hacer venir a los ministros del Poder Ejecutivo en

Fuentes de la Constitución Nacional

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la proposición de las leyes. En lo que respecta a la formación y sanción de las leyes,
podían tener principio en cualquiera de las cámaras. Aprobado un proyecto por una
cámara se pasaba a la otra para que, discutido, lo aprobara o desechara ,no pudiendo
repetirse el rechazado en las sesiones del mismo año. Aprobados por ambas cámaras
los proyectos pasarían al Ejecutivo que, si los suscribía o no los devolvía objetados en
el término de diez días tendrían fuerza de ley; caso, contrario, al devolverlos, deberían
ser reconsiderados por ambas cámaras, con dos tercios de sufragios en cada una,
mediante votaciones nominales (arts. 59 – 67).
La sección quinta está dedicada al Poder Ejecutivo. Sería desempeñado por un
ciudadano con el título de presidente y con las calidades para ser senador; duraba
cinco años en el cargo y no podía ser reelecto a continuación. El presidente del cenado
lo reemplaza en caso e ausencia o enfermedad o cuando se proceda a nueva elección
por fallecimiento. El presidente debía juramento de debido desempeño del cargo, de
protección de la religión Católica y de conservación de la integridad e independencia
de la República, como así de la fiel observación de la Constitución (arts. 68 – 72). El
presidente se elegía mediante junta electoral que votarían reunidos, requiriéndose dos
terceras partes del total de votos; en caso de no obtenerse la mayoría se formaría una
terna, reduciéndose luego a dos y finalmente decidiría el presidente del senado (arts.
73 – 80). El presidente era el jefe la administración general de la República, publicaba y
hacía ejecutar las leyes y decretos emanados del Congreso, convocaba a sesiones ordinarias o extraordinarias del Congreso, abría sus sesiones; era jefe supremo de las
tuerzas de mar y tierra, exclusivamente encargado de su dirección en tiempos de paz o
en guerra, pero no podía mandar en persona el ejército, sin especial permiso del
Congreso (arts. 81 – 86). Además determinaba la guerra y la paz, firmaba los tratados
de paz, amistad, alianza y comercio, nombraba y destituía a los ministros secretarios
de Estado y del despacho en general, designaba embajadores, ministros enviados y
cónsules con aprobación del Senado, expedía cartas de ciudadanía, ejercía el
patronato. En todos los objetos y ramos de hacienda y policía, etc. tenía a su cargo la
suprema inspección conforme con las leyes que los rigen; proveía los empleos,
requería las informaciones que creyera convenientes a los funcionarios y empleados;
podía indultar penas capitales, proveer a consultas en casos de sentencias
pronunciadas por los juzgados militares (arts. 81 – 100). Las resoluciones del
presidente debían ser autorizadas por cinco ministros secretarios (de gobierno,
negocios extranjeros, guerra, marina y hacienda). Los ministros formaban el consejo de
gobierno que asistiría con sus dictámenes al presidente, aunque este no estaba
obligado a sujetarse a ellos. Los ministros no podían tomar determinaciones por si
solos y eran responsables por su firma, en concurrencia con el presidente (arts. 102 –
109).
El Poder Judicial (sección sexta) era ejercido por la Alta Corte de Justicia, tribunales
superiores y demás juzgados establecidos por la ley. La Corte estaba compuesta por
nueve jueces y dos fiscales, designados por el presidente de la República con acuerdo
del Senado, deberían ser letrados con ocho años de ejercicio y cuarenta de edad, con
las demás condiciones exigidas para ser senador. Conocía en asuntos en que fuera
parte una provincia, o los suscitados entre dos provincias, en las cuestiones derivadas
por contratos o negociaciones del Poder Ejecutivo o de sus agentes, bajo su inmediata
aprobación, en las causas de funcionarios públicos conforme lo determinaba la

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constitución, en las que concernían a embajadores o diplomáticos. La Corte se dividía
en dos salas a los fines expresados. También dirimía las competencias suscitadas entre
tribunales superiores de la Nación, examinaba los breves y bulas pontificias y
dictaminaba al Ejecutivo sobre su admisión o retención (arts. 111 – 129).
La sección séptima trataba de la administración provincial. El gobernador de provincia
era un funcionario bajo inmediata dependencia del Ejecutivo, designado a propuesta
en terna del Consejo de administración. Debía tener treinta años de edad y las
condiciones requeridas para ser senador; se encargaba de ejecutar en las provincias las
leyes generales emanadas de la legislatura nacional, los decretos del presidente de la
República y las disposiciones particulares de los consejos de administración (arts. 130 –
136). Se establecían tribunales superiores de justicias en las capitales de provincia que
la legislatura juzgara convenientes, los que conocerán en los recursos de los tribunales
inferiores; se compondrán de jueces letrados nombrados por el presidente de la
República a propuesta en terna de la Alta Corte de Justicia (arts. 137 – 139). Los
Consejos de Administración, de filiación francesa, eran organismos administrativos de
fomento, policía interior, educación primaria, obras públicas y establecimientos
costeados y mantenidos por sus propias rentas (arts. 140 y 143). Se componían de un
número de personas no mayor de quince ni menor de siete, elegidos popularmente
por nombramiento directo y funcionamiento en las capitales de provincia (arts 141 y
142). Acordaban anualmente el presupuesto de gastos que demandara el servicio
interior de la provincia, debiendo ser presentado al presidente de la República para su
aprobación, con el general de gatos, por la legislatura nacional; establecían las rentas
particulares y regularían su recaudación. Las rentas provenían de impuestos directos,
pues las contribuciones indirectas se adscribían al tesoro nacional; si quedaba algún
sobrante, una vez cubiertos los gastos de la provincia, éste se invertía en la misma
provincia, en obras que acordara el Consejo con consentimiento de la legislatura
nacional, la que aprobaría o desaprobaría las cuentas que se le presentaran. Los
consejeros duraban en sus funciones dos años, siendo reemplazados por mitades
anualmente, no recibían compensación por sus servicios y no respondían por sus
opiniones, las que quedaban libradas a la censura publica (arts. 150 – 157). Según
resulta de lo expuesto, la Constitución de 1826 es unitaria, sin mayores matices. El
hecho que el gobernador emerja de una terna designada por los consejos nada
significa para cambiar ese sentido. Todo depende del poder central, la provincia no
tiene existencia propia y ninguna a autonomía, los municipios resultan también
inexistentes.
En la sección octava, y bajo el título de “disposiciones generales” se determinaban las
declaraciones, derechos y garantías: los habitantes del Estado estaban protegidos en el
goce de su vida, reputación, libertad, seguridad y propiedad; los hombres eran iguales
ante la ley; se determinaba la libertad de publicar las ideas sin censura previa. Las
acciones privadas de los hombres quedaban exentas de la autoridad de los
magistrados, nadie podía ser obligado a hacer lo que la ley no mandaba ni la ley ni
privado de lo que ella no prohíbe. También se declaraban las normas generales
referentes a lo que se denomina el debido proceso y las garantías de defensa en juicio.
Si bien se declaraba la inviolabilidad de la propiedad, cuando el interés del Estado
exigiere que ella fuera destinada a usos públicos, el propietario recibiría una justa

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compensación. Asimismo se prohibía la confiscación de bienes y se consagraba el
derecho a peticionar a las autoridades (arts. 150 – 181).
La sección novena contenía disposiciones referentes a la reforma de la Constitución.
Ésta podía reformarse en todo o en parte por el mismo organismo legislativo. La
moción de reforma exigía el apoyo de la cuarta parte de los miembros concurrentes;
discutida en forma ordinaria serían necesarias las dos terceras partes de votos de cada
una de las salas para sancionarse el o los artículos reformados. Si el ejecutivo
disintiera, reconsiderada la materia en ambas cámaras, se requeriría la concurrencia
de las tres cuartas partes por lo menos de cada una de ellas para sancionar la
necesidad de la reforma, que se verificaría con los dos tercios de cada sala. Verificada
la reforma, pasaba al Poder Ejecutivo para su publicación y en caso de ser devuelta, se
exigía para la última sanción una mayoría de tres cuartas partes de sufragios (arts. 182
– 186).
La última sección hacía referencia a la forma de “aceptación y observancia”. Para su
entrada en vigencia debía ser aceptada por las dos terceras partes de las provincias,
incluso la capital. El artículo 191 castigaba incluso con la muerte, según la gravedad, a
quien atentare contra ella o prestare medios para hacerlo.
Esta Constitución nunca entró en vigencia porque fue rechazada por la gran mayoría
de las provincias, al cumplirse el procedimiento que ella misma establecía y al que ya
hemos hecho referencia.
Otros antecedentes normativos. La “Ley Fundamental”, a pesar de provisoria, influye
de manera indirecta en la configuración definitiva de la relación entre la Nación y las
provincias. Esta ley reconoce una situación que se daba desde 1820, año de la
disolución del Directorio.
La ley fundamental, fue dictada por el Congreso reunido en Buenos Aires el 23 de
enero de 1825. Constaba de siete artículos. En su texto definitivo, la ley fundamental
determinaba que “las Provincias del Río de la Plata, reunidas en Congreso, reproducen
por medio de sus diputados y del modo más solemne el pacto con que se ligaron desde
el momento en que, sacudiendo el yugo de la antigua dominación española, se
constituyeron en nación independiente”, comprometiéndose también a emplear todas
sus fuerzas y recursos para afianzar la independencia nacional y “cuanto pueda
contribuir a la felicidad general”. Esta declaración, establecida en el artículo uno, tendía a ratificar la independencia. En este Congreso estaban representadas todas las
provincias, incluso la Banda Oriental y, por lo tanto, se convalidaba, para las que
habían estado ausentes en el de 1816, el pacto por el cual se constituían en nación
independiente. Asimismo el Congreso General se definía expresamente como
constituyente: es y se declara constituyente, expresaba el artículo dos. Es decir, que se
determinaban expresamente los dos puntos que debía haber tratado la Asamblea de
1813: constitución e independencia y se los afirmaba categóricamente.
Por el artículo tres se determinaba que “por ahora y hasta la promulgación que ha de
reorganizar el Estado, las provincias se regirán interiormente por sus propias
instituciones”. El diputado Funes había propuesto una adición al artículo agregándose:
“menos aquellas que están en oposición a los derechos esenciales del Congreso y que

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embaracen sus deliberaciones”. La propuesta originó un largo debate, pero finalmente
se entendió que otros artículos de la ley clarificaban su alcance, al determinar el
resorte privativo del Congreso General. desechándose la moción.
Los artículos cuatro y cinco determinaban los negocios de carácter nacional privativos
del Congreso. Así se expresaba: cuanto concierne a los objetos de la independencia,
integridad, seguridad, defensa y prosperidad nacional, es del resorte privativo del
Congreso General” (art. 4) y el “Congreso expedirá progresivamente las disposiciones
que se hicieran indispensables sobre los objetos mencionados en el artículo anterior
(art. 5). Significaba que las provincias podrían, por contrario sensu determinar sus
monedas y formalizar tratados entre ellas, situaciones de hecho que, al mantenerse
implicaban un reconocimiento de sus autonomías, limitando al Congreso General el
tratamiento de los asuntos de interés general y nacional, con un extenso marco para
determinarse por sus propias instituciones, como era la norma del artículo tres.
El articulo seis se refería a la Constitución que sancionare el Congreso (que por el
artículo dos se declaraba constituyente) la cual debería ofrecerse a la consideración de
las provincias y no podía ser promulgada ni establecida en ellas hasta no haber sido
aceptada. En este sentido, responde a la línea del derecho constitucional originario, o
sea, del que surge del pacto, y de la participación común de todas las provincias. Que
el Congreso de 1824 lo recuerde significa no abdicar de la tesis vernácula con que se
maneja el proceso revolucionario desde la semana de 1810, de modo que cualquiera
haya sido el resultado de aquel Congreso, su adhesión a la ideología pactista revalida la
legitimidad histórica de la misma.
EL artículo siete complementaba al anterior, al determinar que el gobierno de Buenos
Aires quedaría a cargo provisionalmente del Poder Ejecutivo nacional, con las
facultades que en el mismo se expresaban. Se determinaba que “por ahora” y “hasta la
elección del poder ejecutivo nacional” se encomendaban provisoriamente las tareas al
gobierno de Buenos Aires, delimitando las facultades: desempeñar todo lo
concerniente a negocios extranjeros, nombramientos y recepción de ministros y
autorización de los nombrados; celebrar tratados, los que no podrá ratificar sin
obtener previamente especial autorización del Congreso; ejecutar y comunicar a los
demás gobiernos todas las resoluciones que el Congreso expida en orden a los objetos
mencionados en el artículo cuatro (o sea independencia, integridad, seguridad,
defensa y seguridad nacional, resorte exclusivo del Congreso); elevar a la
consideración del Congreso las medidas que conceptúe convenientes para la mejor
expedición de los negocios del Estado.
Otra ley importante es la que crea el ejecutivo permanente, conocida como “ley de
presidencia”. Fue sancionada el seis de febrero de 1826 y consta de siete artículos. Es
la primera institucionalización de la magistratura presidencial en nuestro
constitucionalismo. Determinaba que siendo oportuna y urgente la instalación del
ejecutivo nacional permanente, debería el Congreso nombrar a la persona que lo
desempeñara, la que sería elegida a simple mayoría de los diputados presentes. Si
después de tres votaciones no se alcanzara la mayoría simple requerida, se debería
sufragar por las tres que hubieran obtenido el mayor número; reiterada por tres veces
la votación, en caso de no existir la mayoría indicada se excluiría al que lograra el
menor número de votos. Circunscripta la votación a los dos candidatos, en caso de

Fuentes de la Constitución Nacional

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subsistir la situación la decidiría el presidente de la Sala. El electo tendría a el título de
presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata con el tratamiento de excelencia
y los honores correspondientes al jefe supremo del Estado, durando en el ejercicio de
sus funciones el tiempo que estableciera la Constitución, el cual se computaría desde
el día en que tomara la posesión. El presidente así elegido debía prestar juramento y
se comprometería a cumplir la Constitución que se sancionare, proteger la religión
Católica y defender y conservar la integridad e independencia del territorio de la Unión
bajo la forma representativa republicana. Sus facultades serian las otorgadas al
gobierno de Buenos Aires como encargado provisorio del poder ejecutivo nacional y
las que ulteriormente se le acordaren. Gozaría de una compensación anual de veinte
mil pesos que no seria disminuida ni aumentada durante el tiempo de su
administración. Fue elegido como presidente Bernardino Rivadavia.
Dentro de este panorama institucional surgen las Constituciones Provinciales, como el
Estatuto provisional de 1819 de Santa Fe, inspirado en el pensamiento de Estanislao
López; la Constitución de Córdoba de 1821, la Constitución de la República de
Tucumán de 1820; la de Entre Ríos de 1822 o la famosa Carta de Mayo de San Juan de
1825 que seguramente fueron tenidas en cuenta por los representantes de las
provincias que integraron la Convención de Santa Fe.
Proyectos presentados en la Asamblea del año XIII. Inicia su tarea el 31 de mayo de
1813 y proclama que en ella reside la “representación y el ejercicio de la soberanía de
las Provincias Unidas del Río de la Plata”. La última reunión se realiza el 26 de enero de
1815. Si bien la Asamblea fracasa en su objetivo de dictar la Constitución, es
interesante analizar los proyectos presentados en ella, pues, también ejercieron su
influencia, inspirados fundamentalmente en la Constitución española de 1812, y que
las Constituciones argentinas posteriores tendrían encuenta en la redacción de sus
respectivos textos.
Tres de los proyectos son unitarios, y uno federal. De los unitarios citamos los
siguientes:
El de la Comisión Oficial designada por la misma Asamblea, que consta de 268
artículos; declara que las Provincias del Río de la Plata forman una república libre e
independiente; organiza un poder ejecutivo colegiado de tres miembros con el nombre
de Directorio, asistido por cuatro secretarios de estado con facultad de refrendo; crea
un Consejo de Estado; establece un congreso bicameral como poder legislativo, y un
poder judicial. Este proyecto se inspira en la constitución española de Cádiz de 1812 y
en la de Estados Unidos.
EL de la Sociedad Patriótica recoge, además, algunas disposiciones de las
constituciones francesas posteriores a 1789; contiene una declaración de derechos del
hombre en la parte dogmática, y crea un poder ejecutivo unipersonal a cargo del presidente, añadiendo un vicepresidente y cuatro ministros. Consta de 211 artículos.
El tercer proyecto del 27 dc enero dc 1813 es una síntesis de los dos anteriores, con
algunos agregados originales; parece haber sido elaborado por una comisión interna
de la asamblea, e implanta un ejecutivo colegiado (triunvirato) con ministerio, y un
congreso bicameral.

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52

El cuarto proyecto se conoce con el nombre de “proyecto federal” y su autoría se
atribuye al diputado oriental Felipe Santiago Cardozo. Dado este origen, conviene
advertir que el proyecto federal es correlativo del proyecto de constitución para la
Provincia Oriental, del mismo año 1813. La portada del proyecto federal contiene
como título el de “Plan de una constitución liberal federativa para las Provincias Unidas
de la América del Sur”, y por la influencia artiguista que en él se adivina señalamos su
estrecha vinculación con todo el pensamiento federal de análoga cuna que hace
presencia en 1813. Entre sus fuentes se encuentran los Artículos de Confederación y la
constitución norteamericana, más las enmiendas a dicha constitución, y la constitución
estadual de Massachusetts. En la división de poderes organiza un ejecutivo
unipersonal presidencialista sin ministerio, con la novedad de que, conforme al
sistema electoral creado, “han de turnar por todas las provincias los individuos del
poder ejecutivo”; un congreso bicameral y un poder judicial federal. El art. 63
resguarda “un gobierno de leyes y no de hombres”, o sea, acuña el principio de legalidad al estilo norteamericano. En el esquema federal, prescribe que: cada provincia
retiene su soberanía, libertad e independencia, más todo poder, jurisdicción y derecho
que no es delegado expresamente a las Provincias Unidas juntas en congreso; las
provincias entran en una liga de amistad para su defensa común, seguridad de su
libertad y mutua y general felicidad; los poderes no delegados a las Provincias Unidas
por la constitución ni prohibidos por ella a las provincias o al pueblo, serán reservados
a las provincias o al pueblo respectivamente; las Provincias Unidas asegurarán a cada
provincia una forma republicana de gobierno; cada provincia dictará su constitución
territorial conforme a ciertas pautas que se enuncian. En los derechos que se declaran;
en la libertad de circulación territorial de bienes; en materia de navegación, comercio
interprovincial e internacional; moneda; aceptación de nuevas provincias, etc., el
proyecto federal es una fuente importantísima de la constitución de 1853, muchos de
cuyos artículos reproducen los de aquél.
Por su concordancia con el proyecto federal, la constitución de la Provincia Oriental es
otro aporte básico a la estructura federativa, y el primer antecedente del
constitucionalismo provincial o territorial en nuestra historia.
La Asamblea del año XIII, a pesar de haber fracasado en su intento de sancionar una
constitución, realiza una importante labor en otros aspectos: declara la libertad de
vientres, la igualdad de los indios y la establece la fiesta patria del 25 de mayo; se
suprime la mita, el mayorazgo, y el servicio personal de los indios, además de suprimir
la inquisición. También prohíbe los títulos de nobleza, manda acuñar monedas y
aprueba los símbolos patrios. En materia religiosa, declara la independencia de las
Provincias Unidas con respecto de toda autoridad eclesiástica residente fuera de su
territorio.
Proyectos de constitución en la Convención de 1852. Ya Buenos Aires de espaldas al
interior, el Congreso Constituyente se instala en Santa Fe el 20 de noviembre de 1852,
en los altos de la antigua casa del cabildo. El Congreso está compuesto por la
siguientes representaciones provincianas: por Santa Fe, Manuel Leiva y Juan Francisco
Seguí; por Entre Ríos, Juan María Gutiérrez y José Ruperto Pérez; por Córdoba, Juan del
Campillo y Santiago Derqui (como suplente de éste, Clemente J. Villada); por Santiago
del Estero, José Benjamín Gorostiaga y el presbítero Benjamín Lavaisse; por Mendoza,

Fuentes de la Constitución Nacional

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Martín Zapata y Agustín Delgado; por Corrientes, Pedro Díaz Colodrero y Luciano
Torrent; por San Juan, Salvador María del Carril y Ruperto Godoy; por Tucumán, fray
José Manuel Pérez y Salustiano Zavalía; por San Luis, Delfín Huergo y Adeodato de
Gondra (sustituido por Juan Llerena); por Salta, Facundo Zubiría y Eusebio Blanco; por
Catamarca, Pedro Ferré y el presbítero Pedro Centeno; por Jujuy, Manuel Padilla y José
Quintana; por La Rioja, Regis Martínez.
Las invasiones dispuestas por Buenos Aires obligan a Urquiza a estar ausente en la
inauguración, de todas maneras, el canciller Luis José de la Peña leyó el discurso
enviado por aquél. Del 20 al 30 de abril se extienden las sesiones en que el Congreso
discute el texto constitucional a sancionar. El 25 de mayo de 1853 se promulga la
Constitución y se jura el 9 de julio del mismo año. Se escriben cuatro proyectos para
ser tratados en el seno de la Asamblea, aparte del elaborado por la comisión oficial:
Proyecto de Pedro de Ángelis. Fue confeccionado por su autor en el mes de junio 1852
después del triunfo de Caseros, sin mayor importancia. Carece de originalidad por ser,
en su mayor parte, una copia de la Constitución federal mexicana. Se caracteriza por
admitir la tolerancia de cultos “mientras no turben el ejercicio de la religión
dominante, y no se entreguen al proselitismo” y por carecer de un título destinado a
consignar las declaraciones de loso derechos y garantías ciudadanas. Crea una
“Comisión permanente del Congreso”, destinada a funcionar durante el receso
legislativo, ausencia importante que se advierte en nuestra actual Constitución.
Además, inviste al vicepresidente de la Confederación del carácter de gobernador de la
provincia de Buenos Aires, ubicando a las autoridades nacionales y provinciales de esta
última, dentro del mismo recinto territorial.
Proyecto de Juan Bautista Alberdi. Preparado por éste, como se sabe, a los fines de
servir a la obra de los constituyentes reunidos en Santa Fe. Se a discutido mucho sobre
la legítima influencia que ha ejercido sobre la Ley Fundamental argentina. Es evidente
que los hombres del 53 lo tuvieron presente en numerosos artículos, si bien el texto
norteamericano fue el modela es decir, la estructura sobre la que los constituyentes
trabajaron, elaborando así la doctrina nacional de la Constitución. Sin embargo, las
declaraciones, derechos y garantías de nuestra Carta Suprema consagran idénticos
principios a los del proyecto alberdiano. Es verdad que ya en esa época, antes de
Alberdi, esos derechos e instituciones estaban recogidos en muchas de las
Constituciones sudamericanas que, a su vez, las habían tomado de la legislación del
Norte, y de Constituciones europeas que, la helvética, ejercieron un notable influjo en
la organización de los estados de América. Alberdi divide en dos grandes partes su
proyecto constitucional; la primera estaba consagrada como la nuestra a los
“principios, derechos y garantías”; y la segunda, a las “autoridades argentinas”. En la
primera, luego de las disposiciones generales, trata del derecho publico argentino, del
derecho público deferido a los extranjeros y de las garantías públicas de orden y
progreso. La parte segunda legisla sobre el Poder Legislativo, Ejecutivo y Judicial,
concluyendo con la organización de los gobiernos de provincias. En la organización de
los poderes observamos también similitud con nuestra ley al igual que con el texto
norteamericano; las atribuciones del Congreso la organización judicial nacional, etc.,
tienen cláusulas comunes. Y en cuanto al régimen provincial, prescriben también como

Fuentes de la Constitución Nacional

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nuestra Constitución “que las provincias conservan todo el poder no delegado a la
Nación”.
Los constituyentes del 53, con honda sabiduría supieron tomar del proyecto
alberdiano aquellas instituciones que se adaptaban naturalmente a nuestra realidad
histórica, apartándose de los enunciados abstractos que no respondían a nuestro ser
nacional. Fracasó, en parte, como modelo a fuente, por ser esta obra, repetimos, una
formulación un tanto teórica. Alberdi nos lo dice al expresar que, emigrado en un país
extranjero, “entregado a mis esfuerzos aislados, y sin los datos que ofrece la reunión
de hombres prácticos en un Congreso, no he podido hacer otra cosa que un trabajo
abstracto, en cierto modo”. En dicha advertencia habla de la influencia que ha ejercido
sobre él, en cuanto a la sistemática, la Constitución de Massachussets, si bien su
fuente preferida es la de California, como se advierte en las Bases. Pelliza dice al
respecto de la obra que comentamos: “El proyecto de Alberdi, correcto en el fondo,
adolecía de graves defectos de aplicación. Adoptado sin el examen escrupuloso a que
se le sometiera habría resultado funesto. No había el sabio constitucionalista tocado
las cosas y pulsado los hombres que actuaban en su país; las tradiciones y los ejemplos
por sí solos, no bastaban para conducirlo con acierto, y su obra se resentía no sólo por
demasiado especulativa sino por falta de previsión y el anhelo del bien permanente
que aparecía sacrificado al bien de circunstancias. En resumen, era más una
Constitución para el vencedor de Rosas que para la Nación Argentina. Constitución a la
medida, como se hiciera antes en otros países, para Bolívar, para Sucre y otros insignes
libertadores, que los dejaba siempre con más poder que la ley misma, obra de
congresos complacientes”. A su vez, Seco Villalba comenta: “El proyecto de Alberdi
adolece de serios defectos. Su aportación material a la Constitución argentina se
reduce a unos pocos artículos, no siempre originales, porque Alberdi los había tomado
de otros textos positivos”.
Proyecto de Gorostiaga. Cuyos originales están manuscritos, en parte, por el preclaro
constituyente, en las secciones que le correspondió redactar, es el mismo que adoptó
la Comisión de negocios constitucionales y que, sin enmiendas, fue presentado a
consideración del Congreso. Por eso, dicho proyecto no puede ser considerado aparte,
como una obra personal de Gorostiaga, sino más bien como el esbozo que estudió y
trató dicha comisión para elaborar el proyecto definitivo. Por los borradores
conservados se echa de ver el procedimiento seguido por Gorostiaga para la redacción
de los artículos; consiste la más de las veces en transcribir un artículo del modelo
elegido y luego corregirlo o adicionarlo, buscando un estilo limpio y una fórmula
expresiva.
El bosquejo de Gorostiaga comprende cinco incisos de las facultades del Congreso; el
Capítulo 5° de la formación y sanción de las leyes; la Sección 3° del Poder Judicial y el
Título 2° de los Gobiernos de Provincia.
De los papeles pertenecientes al doctor José Benjamín Gorostiaga, se infiere que para
realizar su trabajo ha tenido presente la Constitución de 1826 y los debates del
Congreso respectivo, el Federalista, Argirópolis de Sarmiento, el proyecto de Alberdi, el
derecho público vigente y el Dogma Socialista, del cual extractó la sentencia siguiente:
“La fórmula llamada hoy a presidir la política moderna, consiste en la armonización de
la individualidad con la generalidad o en otros términos, de la libertad con la

Fuentes de la Constitución Nacional

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asociación”. A la vista del párrafo trascripto del Dogma, se comprende cuál ha sido el
espíritu y el propósito que animó a los autores de la Constitución del 53, mediante el
cual procuraron hallar sabiamente, un equilibrio adecuado entre el derecho individual
y el interés social.
Proyecto anónimo. El último proyecto fue hallado por José R. López Rosas en 1976 con
motivo de una investigación llevada a cabo en España, en el Archivo General de Indias,
donde obtuvo un dato que lo remitió a la Biblioteca Nacional de Madrid, donde, en su
Sección Manuscritos (“Colección Fernández Duro”) pudo dar con la Memoria
explicativa de un proyecto, escrito – según surge de ese documento – para los
congresales de 1853. Su autor – cuyo nombre lamentablemente no figura al pie de la
Memoria – debió ser un amante de las ideas rousseaunianas – expuestas en el
Contrato Social – ya que expone las mismas en lo que hace a la teoría de la soberanía y
a los procedimientos electorales. Sin poseer la erudición de Alberdi o Gorostiaga, el
autor – hombre posiblemente del interior – expone los lineamientos de una
Constitución criolla, inspirada en resolver los acuciantes problemas que aquejaban por
entonces a nuestro país, al margen de dogmatismos, de exageradas ideas liberales y de
todo intento de anglosajonamiento de nuestras costumbres o instituciones. Quizá, por
esas limitaciones y su marcada posición nacional – desprendida del deslumbramiento
europeo – este proyecto no tuvo acceso a la Asamblea, ni fue tratado – según
suponemos – por la Comisión de negocios constitucionales, ni presentado por ningún
congresal.
Fuentes instrumentales
Los pactos preexistentes a que se refiere el preámbulo de la Constitución Argentina,
tienen importancia mayúscula en el proceso institucional que epilogó en el Congreso
de 1853 y la Convención de 1860. Las provincias, desde el fracaso de la Constitución de
1819, asumen poderes constituyentes y obran como sujetos de voluntad decisoria en
éste ámbito. En tal carácter llegan, sin duda, hasta el Congreso de Santa Fe, pues son
las provincias las que, existentes y constituidas en 1852 crean la Nación, conservando
todos los poderes no delegados en ella.
Los pactos, históricamente, se originan al día siguiente de la Revolución de Mayo. En
cierto modo, ellos tienen explicación a raíz de la aparición en el escenario político de
un nuevo personaje: el caudillo. Recuérdese, en este orden de antecedentes, el pacto
del 12 de octubre de 1811 celebrado entre la Junta de Buenos Aires y la del Paraguay,
que condujo, luego nomás a la escisión irrevocable. Dos causas simultáneas engendran
el problema de la dicotomía interior – puerto: una de orden militar y administrativa y
otra, política e institucional, que estallarán en 1813, con motivo de la composición y
funcionamiento de la Asamblea General Constituyente, y cuya cabeza dirigente fue
Artigas, personalidad como muchas que acaudillaron muchedumbres que ha sido
deformada en nuestra historia.
En 1819 el país asiste a la primera quiebra de su continuidad política. La Constitución
que sanciona el célebre Congreso de Tucumán que desde 1817 se hizo porteño, y su
consiguiente fracaso, lanza a las provincias a buscar su seguridad en uniones o pactos
entre ellas. Comienza, en verdad, el régimen histórico institucional que había de
conducir a la Constitución de 1853. Frente a la acefalía de los poderes nacionales, las

Fuentes de la Constitución Nacional

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provincias no pierden el sentido de la unidad de destino en la historia. Nunca privó un
criterio secesionista; la integridad nativa alumbrada en mayo se mantuvo
constantemente a través de todos los pactos interprovinciales. El ejemplo separatista
de nuestra historia no vino precisamente del interior del país.
Es síntesis, se puede decir que la forma de estado federal establecida en la
Constitución es típica muestra de voluntad constituyente expresada por las provincias
mediante los pactos preexistentes que, partiendo desde el de Pilar de 1820, llegan
hasta el de San José de Flores de 1859. Entonces:
 Las provincias argentinas fueron titulares y sujetos del poder constituyente
argentino;
 Los pactos anteriores a la Constitución de 1853 – 60 son expresiones de la
voluntad constituyente originaria de las provincias;
 Algunos aspectos de esos convenios interprovinciales, significaron límites
autónomos a la instancia constituyente genuina ejercida en 1853 y 1860;
 Tales limitaciones mantienen su vigencia porque pertenecen al poder
constituyente originario;
 Ningún poder constituyente derivado podría apartarse de esos límites en orden a
la forma federal del Estado y a la libertad de tránsito de productos nacionales;
 Las provincias no podrían prever en la Constitución su propia destrucción política y
cuya conservación física tratan de resguardar;
 El preámbulo autoriza a interpretar que los pactos preexistentes subordinan la
soberanía de los congresistas de 1853 y, como tal, su incidencia normativa en el texto
constituyente es cierta y perenne;
 Hay un federalismo histórico en la República y constituye una constante de su
proceso institucional que no puede desconocerse;
 La Constitución no es un pacto, pero se posibilitó su sanción por la vigencia de
convenios interprovinciales múltiples;
 El respeto al federalismo de la Constitución, fuera de ser imposición histórica, es
congruente con los perfiles definitorios del ser nacional y conduce, sin duda, a
consolidar nuestra autenticidad nativa.
Para algunos autores, debemos distinguir entre pactos preexistentes, fuente directa de
la Constitución y los antecedentes, que si bien no determinaron la convocatoria del
Congreso del 53 y fijaron las normas constitucionales como los anteriores, estuvieron
todos ellos inspirados en los principios rectores de la federación. Entre los primeros
encontramos, el Pacto Federal del 4 de enero de 1831 y el Acuerdo de San Nicolás;
entre los segundos, los demás pactos interprovinciales anteriores a 1853 (del Pilar, del
Cuadrilátero, Venegas, etc.). Para otros autores, todos los pactos anteriores a 1853 son
preexistentes (en el sentido que se utiliza en el preámbulo de la Constitución), pues en
todos ellos se establece la transitoriedad de la situación que se da a partir de 1820 y

Fuentes de la Constitución Nacional

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que la forma federal sería, de modo inexcusable, el modo de organización del futuro
estado al que las partes contratantes (la provincias) se sentían indisolublemente
ligadas.
Pacto Federal del 4 de enero de 1831. El cuatro de enero de 1831 se firma
solemnemente el Pacto Federal entre Santa Fe, Buenos Aires y Entre Ríos. Y así, en
virtud de los tratados litorales celebrados el año anterior, y considerado que “la mayor
parte de los pueblos de la República ha proclamado del modo más libre y espontáneo
la forma de Gobierno Federal ...” convienen las provincial signatarias los artículos que
forman el pacto.
Obvio resulta destacar la importancia de este pacto, piedra angular de nuestra
organización nacional. En él se dan las bases definitivas sobre las que habrá de
constituirse el país, bajo los principios del federalismo. Y es en virtud de su mandato
que, caído el gobierno de Rosas, habrá de organizarse la República. Su valor radica no
sólo en el contenido de sus cláusulas, sino en que no fue la actitud aislada de una o dos
provincias, sino la expresión unánime de todas, que posteriormente a su sanción se
fueron paulatinamente adhiriendo. En él se consagra la aspiración legítima del pueblo
argentino a abandonar la anarquía y organizarse constitucionalmente, bajo los
principios de un sistema político por el cual habían luchado desde los primeros años de
la revolución.
Para algunos, el tratado del cuatro de enero de 1831 es un verdadero pacto de
confederación, dado como única solución, hasta tanto las provincias pudieran
constituirse federalmente bajo una constitución general. Por medio de este pacto cada
provincia conserva íntegramente el uso y ejercicio de su soberanía, delegando ciertas
facultades en un gobierno central, es decir, en la Comisión representativa de los
gobiernos litorales. Este pacto de unión tiene mucha similitud con los Artículos de
Confederación y perpetua Unión que adoptaron los Estados Unidos de Norteamérica,
antes de consagrar el régimen federal contenido en la Constitución de 1787. “Entre la
situación política de los Estados norteamericanos confederados (1781-1787) y la de las
provincias argentinas confederadas (1831-1832) hay mucha analogía, aunque no haya
identidad. La comparación puede hacerse sin exagerar la concordancia. Desde luego, el
fundamento, la base de esas dos confederaciones fue el pacto, lo que significa que las
partes contratantes, estados o provincias, eran entidades jurídicas con absoluta
capacidad o plenitud de poder para obligarse y delegar voluntariamente a una autoridad común, los derechos y atribuciones cuyo ejercicio en particular no les convenía
reservarse.” Es verdad que los estados americanos tuvieron como gobierno general a
un congreso, y que las provincias argentinas instituyeron una comisión representativa,
pero las facultades de ambos cuerpos tienen mucha semejanza. Resumiendo,
podemos afirmar que los estados argentinos vivieron durante 20 años en estado de
confederación, pues si bien la Comisión representativa tuvo muy poca vigencia (hasta
1832), no debemos olvidar que el gobierno de Buenos Aires mantuvo el manejo de las
relaciones exteriores, y que cada provincia argentina ejerció plenamente sus
facultades soberanas hasta 1852. Por eso, aun bajo la dictadura de Rosas, tuvo vigencia de hecho la confederación creada por el Pacto Federal de 1831.
Otros en cambio, dudan respecto de que el Pacto Federal crea una confederación. El
indicio aparente de mayor fuerza para tal afirmación radica en el hecho de erigirse un

Fuentes de la Constitución Nacional

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órgano común, de competencias reducidas para ciertos objetivos de la alianza, que es
la Comisión Representativa de los gobiernos provinciales a que hemos aludido. Sin
embargo, si al fenómeno histórico de la breve duración de esa Comisión (15 de febrero
de 1831 a 13 de julio de 1832) añadimos la consideración de que su finalidad ha sido la
muy transitoria de atender a la guerra, la defensa y la celebración de tratados, y la más
importante de convocar un congreso futuro pata implantar la organización federal,
comprendemos que no ha creado una confederación de provincias, sino que
únicamente las ha preparado para integrarse posteriormente en federación, bien que
estableciendo interinamente un órgano común, a falta de autoridad central, para
escasísimos asuntos también temporarios, y con el destino trascendente de disponer la
próxima unión federativa. Es el horizonte del Pacto, y no su producto inmediato, lo que
le asigna vitalidad histórica y trascendencia constitucional.
A diferencia del pacto de confederación que aparece en Estado Unidos de
Norteamérica con los Artículos de Confederación, nuestro Pacto de 1831 no pretende
formar una confederación, sino proporcionar las bases para que, en un posible futuro,
se organice la unidad federal de todas las provincias. Los Artículos de Confederación
norteamericana dieron lugar en 1787 a un estado federal; esto es cieno, pero ésa no
fue la finalidad, prevista y querida por ellos. El Pacto Federal no organiza ni quiere
organizar una confederación; tampoco organiza una federación, pero aspira a ser
instrumento de su elaboración futura; y cuando esa federación surja en 1853, la fuerza
histórica del Pacto de 1831 habrá logrado un fruto querido y previsto inicialmente.
No se encuentran en el Pacto Federal los clásicos derechos de secesión y nulificación
que se reservan los estados miembros de una confederación. Todo lo contrario, el
pacto no cuenta con perspectivas de desintegración y oposición, sino de formación de
la unidad, y de solidaridad permanente. Nuestro pacto procura acabar con la acefalía
“nacional” y la independencia de las provincias, para llegar a construir el estado único
con plenitud de poder y de órganos gubernativos, integrando en él a las catorce
provincias autónomas, pero ya no independientes ni soberanas.
Del Pacto Federal emergerá la constitución del 53, no porque el pacto condicione su
contenido, ni porque sea origen lógico de su validez, sino porque en la carnación
histórica de fuerzas e instrumentos se coloca en el umbral de nuestro
constitucionalismo, logra eficacia, y cierra definitivamente la decisión política favorable
a la unidad y a la federación.
Hechas estas aclaraciones, queremos todavía extenderlas para negar que alguna vez
las provincias argentinas hayan formado una confederación. Ni el ejercicio por parte
del gobierno de Buenos Aires de competencias comunes a todas las provincias, ni la
existencia de órganos también comunes (como la Convención Nacional de Santa Fe de
1828 – 1829, o la Comisión Representativa del Pacto Federal, de 1831 – 1832) revelan
la tipología de una confederación. Las apariencias no han de desorientarnos. Tampoco
el uso innegable de la palabra “confederación” con que contemporánea y posteriormente se ha mencionado al conjunto de nuestras provincias, hasta el extremo de
que le de recepción oficial el texto originario de la constitución del 53, y lo mantenga
corno nombre oficial el texto modificado en 1860. Antes de 1853 las provincias nunca
formaron confederación. Tampoco formaron federación. Cuando hubo autoridad
común de un solo estado, éste fue unitario. Ese estado tampoco fue, hasta 1853, la

Fuentes de la Constitución Nacional

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República Argentina. En 1853 surge la República Argentina como estado nuevo con la
constitución federal, integrándose definitivamente la federación en 1860 con la incorporación de Buenos Aires.
Este importante tratado determinó en su cláusula dieciséis (inc. 5°) que, cuando las
provincias estuvieren en plena libertad y tranquilidad, organizasen a la nación bajo el
sistema federal de gobierno. Después de Caseros, es en virtud de ese mandato que se
llega al Acuerdo de San Nicolás de los Arroyos. En dicha reunión se proclama Ley
fundamental de la República al Pacto Federal y se declara “que estando todas las
provincias de la república en paz y tranquilidad, ha llegado el caso previsto en el
artículo 16 del precitado tratado, de arreglar por medio de un congreso general
federativo la administración general del país bajo el sistema federal”. Y a su vez, es en
virtud de este Acuerdo de San Nicolás que se convoca al congreso constituyente de
Santa Fe que habría de darnos la Carta Fundamental. Por eso, los pactos preexistentes
de que habla el preámbulo de la Constitución Nacional del 53, en cumplimiento de los
cuales se constituye la nación argentina y se da dicha ley, no son otros que el Pacto
Federal y el Acuerdo de San Nicolás. Es en razón de sus mandatos que surge la
Constitución, consagrando el régimen federal, exigido en ambos documentos. Los
demás pactos: Pilar, Cuadrilátero, etc., surgidos desde 1820 en adelante son pactos
antecedentes de la Constitución, pero no son los que refiere el preámbulo comentado.
Por el art. uno los gobiernos contratantes “ratifican y declaran en su vigor y fuerza
todos los tratados anteriores celebrados” entre los mismos, que “estipulan paz firme,
amistad y unión estrecha y permanente, reconociendo recíprocamente su libertad,
independencia, representación y derechos”.
Por el art. dos las tres provincias se comprometen a “resistir cualquiera invasión
extranjera” contra alguna de las provincias argentinas. A su vez constituyen una
“alianza ofensiva – defensiva” (art. 3°) contra toda agresión de las demás provincias,
obligándose a no celebrar tratados por sí sola, ninguna provincia con otra de las
litorales, sin previo consentimiento de las signatarias del pacto (art. 4°). Y si aquel
tratado no perjudicase a alguna de las provincias litorales o a los intereses generales
de ella o de toda la república, se obligan las firmantes a dar su consentimiento (art. 5°).
El art. siete refiere a la prohibición de “dar asilo a ningún criminal que se acoja a una
de ellas, huyendo de las otras dos por delito, cualquiera que sea”.
En la cláusula octava se consagra la libertad de los habitantes las tres provincias de
entrar y transitar con sus buques y cargas “en todos los puertos, ríos y territorios de
cada una, ejerciendo en ella su industria con la misma libertad” de los naturales de la
provincia en que residan, permanente o accidentalmente. Relacionado con este
artículo se dispone a continuación (art. 9°) que los “frutos y efectos que se importen o
exporten de una provincia a otra no pagarán más derechos que si fueran importados
por los naturales de la provincia a dónde o de dónde se exportan o importan”. El art.
10 concede iguales derechos a los habitantes de cada una de las provincias signatarias.
Como algunas de las provincias determinaban en sus leyes que para ser gobernador los
ciudadanos debían ser naturales de las mismas, la cláusula onceava refería a la

Fuentes de la Constitución Nacional

60

excepción. “Entendiéndose que en caso de hacerse por una provincia alguna excepción
– estipulaba – ha de extenderse a los naturales y propiedades de las otras dos aliadas”.
El art. trece preveía el caso de ser atacada alguna de las provincias contratantes por
otra que no integrara la federación o “por algún poder extraño”, determinando que en
esa situación debería ser auxiliada por las otras dos provincias litorales con cuantos
recursos y elementos estuvieren en la esfera de su poder. A continuación (art. 14) se
disponía que las fuerzas que fueran en auxilio de la provincia invadida deberían quedar
“con sujeción al Gobierno de ésta, mientras pisaran su territorio y navegaran sus
ríos...”.
Ahora bien: la verdadera importancia del Pacto Federal reside en sus artículos 15 y 16,
donde se define el estado de confederación y se establecen las bases fundamentales
de la organización nacional. Los artículos 15 y 16 dicen textualmente:
Art. 15. - Interin dure el presente estado de cosas, y mientras no se establezca la paz
pública de todas las provincias de la República, residirá en la capital de la de Santa Fe
una comisión compuesta de un diputado por cada una de las tres provincias litorales,
cuya denominación será "Comisión representativa de los gobiernos de las provincias
litorales de la República Argentina", cuyos diputados podrán ser removidos al arbitrio
de sus respectivos gobiernos, cuando lo juzguen conveniente, nombrando otros
inmediatamente en su lugar.
Art. 16. - Las atribuciones de esta comisión serán:
Primera: Celebrar tratados de paz a nombre de las expresadas tres provincias,
conforme a las instrucciones que cada uno de los diputados tengan de su respectivo
gobierno y con la calidad de someter dichos tratados a la ratificación de cada una de
las tres provincias.
Segunda: Hacer declaración de guerra contra cualquier otro poder a nombre de las tres
provincias litorales, toda vez que estas estén acordes en que se haga tal declaración.
Tercera: Ordenar se levante el ejército en caso de guerra ofensiva y defensiva, y
nombrar el general que debe mandarlo.
Cuarta: Determinar el contingente de tropas con que cada una de las provincias aliadas
deba contribuir conforme al tenor del artículo trece.
Quinta: Invitar a todas las demás provincias de la República, cuando estén en plena
libertad y tranquilidad, a reunirse en federación con las tres litorales; y a que por
medio de un congreso general federativo se arregle la administración general del país
bajo el sistema federal, su comercio interior y exterior, su navegación, el cobro y
distribución de las rentas generales y el pago de la deuda de la República, consultando
del mejor modo posible la seguridad y engrandecimiento general de la República, su
crédito interior y exterior, y la soberanía, libertad e independencia de cada una de las
provincias.
Acuerdo de San Nicolás. Analicemos las cláusulas del memorable convenio. Sabemos
que el 31 de mayo de 1852 quedó solemnemente aprobado el Acuerdo de San Nicolás
de los Arroyos, ce1ebrado entre los gobernadores de las catorce provincias argentinas.

Fuentes de la Constitución Nacional

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El histórico documento, en su parte preliminar, luego de expresar que su objeto es
acercar el día en que se celebre la reunión del congreso general que ha de sancionar la
Constitución política “que regularice las relaciones que deben existir entre los pueblos
argentinos, como pertenecientes a una misma familia”; que defina, a su vez, los “altos
poderes nacionales y afiance el orden y prosperidad interior y la respetabilidad de la
Nación”, termina esa primera parte, diciendo que: “Teniendo presente las necesidades
y los votos de los pueblos que nos han confiado su dirección, e invocando la protección
de Dios, fuente de toda razón y justicia, hemos acordado y adoptado las resoluciones
siguientes”.
El art. uno establece que “Siendo una ley fundamental de la República el
tratado celebrado el 4 de enero de 1831 entre las provincias de Buenos Aires, Santa Fe
y Entre Ríos, por haberse adherido a él todas las demás provincias de la Confederación,
será religiosamente observado en todas sus cláusulas, y, para mayor firmeza y garantía
queda facultado el Excmo. Señor Encargado de las relaciones exteriores para ponerlo
en ejecución en todo el territorio de la República”. En este artículo se deja establecida
la fundamentación jurídica del proceso que habrá de culminar con la sanción de la
Constitución Nacional. En cumplimiento del Pacto Federal se levanta Urquiza en 1851,
se resuelven los preliminares de la organización y en su cumplimiento, también, los
gobernadores de las provincias confederadas resuelven observarlo religiosamente
como ley fundamental de la República, poniendo en movimiento sus disposiciones
constitucionales.
El art. dos, íntimamente ligado al primero, establece “que estando en la actualidad
todas las provincias de la República en plena libertad y tranquilidad, ha llegado el caso
previsto en el art. 16 del precitado Tratado, de arreglar por medio de un Congreso
General federativo la administración general del país bajo el sistema federal; su
comercio interior y exterior, su navegación, el cobro y distribución de las rentas
generales, el pago de la deuda de la República, consultando del mejor modo posible la
seguridad y engrandecimiento de la República, su crédito interior y exterior y la
soberanía, libertad e independencia de cada una de las provincias”. Este artículo es el
triunfo del proceso histórico del federalismo. En él se establece en forma expresa el
sistema mediante el cual habrá de organizarse la nación; cumpliendo así con el
mandato que todas las provincias confederadas depositaron para su observancia en el
frustrado Pacto del 31. Por ello, repetimos que el Tratado del 4 de enero de 1831 y el
Acuerdo de San Nicolás son los pactos preexistentes de que habla el preámbulo de
nuestra Constitución nacional. Únicos pactos preexistentes, ya que en virtud del
primero se realiza el proceso de la organización, proyectándose en el histórico Acuerdo
que, cumpliendo con el mandato de aquél, le consagra como ley fundamental,
convocando a un congreso que habrá de organizar la República bajo el sistema federal
que estipularon los hombres de 1831. Por lo tanto, el Congreso Constituyente del 53 se
reúne en virtud y por mandato expreso de estos dos pactos fundamentales que
determinan su existencia y condicionan el sistema de gobierno que habrá de
adoptarse.
El art. tres dispone que “estando previstos en el art. 9° del tratado referido los arbitrios
que deben mejorar la condición del comercio interior y recíproco de las diversas
provincias argentinas; y habiéndose notado por una larga experiencia los funestos

Fuentes de la Constitución Nacional

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resultados que produce el sistema restrictivo seguido de alguna de ellas, queda
establecido: que los artículos de producción o fabricación nacional o extranjera, así
como los ganados de toda especie que pasen por todo el territorio de una provincia a
otra, serán libres de los derechos llamados de tránsito, siéndolo también los carruajes,
buques o bestias en que se transporten; y que ningún otro derecho podrá
imponérseles en adelante, cualquiera que sea su denominación, por el hecho de
transitar el territorio. Esta importante cláusula está vinculada directamente a lo
dispuesto en los arts. 8° y 9° del Pacto Federal de 1831 que consagran estos mismos
derechos. Al reunirse el Congreso del 53, sus hombres tuvieron en cuenta los
principios asentados en esta cláusula, consagrándolos en el artículo 11 de la
Constitución Nacional.
En la cláusula cuarta se entra directamente al problema de la organización. “Queda
establecido – dice – que el Congreso General Constituyente se instalará todo el mes de
agosto próximo venidero; y para que esto pueda realizarse, se mandará hacer, desde
luego, en las respectivas, provincias, elección de los diputados que han de formarlo
siguiéndose en cada una de ellas las reglas establecidas por la ley de elecciones para
los diputados de las legislaturas provinciales.” Estas disposiciones se cumplieron, con
excepción de la fecha de instalación del congreso que, a causa de los acontecimientos
políticos que tuvieron lugar después del Acuerdo en Buenos Aires, fue imposible
realizar. Postergada la inauguración, ella tuvo lugar el 20 de noviembre de 1852 en la
ciudad de Santa Fe.
Reglamentando la próxima convención, el art. cinco establece que “siendo todas las
provincias iguales en derechos, como miembros de la Nación, queda establecido que el
Congreso Constituyente se formará con dos diputados por cada Provincia”. Esta
disposición fue quizás una de las más sabias que aprobaran los gobernadores del
Acuerdo, al establecer la igualdad de la representación de cada provincia. La soberanía
nacional, luego del grito de Mayo, había retrovertido a todos y a cada uno de los
pueblos que formaban entonces el virreinato y que, desde aquel momento, la iban a
ejercer, como partes constitutivas e iguales, al margen de su número de habitantes o
importancia económica o política. Sabemos las diferencias que creó el Congreso de
1824 – 27, instalado en base a la proporcionalidad, dejando en manos de Buenos Aires
la dirección de las deliberación hasta llegar a su fracaso completo. Por ello, la igualdad
consagrada en esta cláusula del Acuerdo, en consonancia con los antecedentes
históricos y con lo establecido en el Tratado del Cuadrilátero de 1822 y el Pacto
Federal de 1831, tenía una honda significación en aquella hora difícil de la organización
nacional en que se buscaba la pacificación de la familia argentina. Es cierto que Buenos
Aires tenía sancionada desde 1827 una ley por la cual se declaraba que la Provincia se
prestaría a concurrir a un Congreso o Convención Constituyente, bajo la condición de
que cada provincia estuviere representada en la proporción de un diputado por cada
15.000 habitantes. Pero ni al más exagerado porteño se le ocurriría que esa ley local,
sancionada por la Legislatura de Buenos Aires, podía tener validez legítima para todas
las provincias argentinas, tanto menos cuanto que en todos los tratados que
concertaron, especialmente en el pacto fundamental de 1831, habían estipulado el
reconocimiento recíproco de su igual representación y derechos. La ley local de 1827
no podía tener otro alcance que el de una simple expresión de la opinión particular de
Buenos Aires sobre la manera de componer el Congreso Constituyente de la Nación.

Fuentes de la Constitución Nacional

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El art. seis disponía que el, “Congreso sancionará la Constitución nacional a mayoría de
sufragios y como para lograr este objeto sería un embarazo insuperable que los
diputados trajeran instrucciones especiales, que restringieran sus poderes, queda
convenido que la elección se hará sin condición ni restricción alguna; fiando a la
conciencia, al saber y al patriotismo de los diputados, el sancionar con su voto lo que
creyesen más justo y conveniente, sujetándose a lo que la mayoría resuelva sin protestas ni reclamos”. Esta disposición trajo como consecuencia que la obra del Congreso
Constituyente pudiera realizarse sin trabas de ninguna naturaleza, y que las decisiones
tomadas por cada diputado no estuvieran luego supeditadas a la ratificación de su
provincia. Igualmente, este artículo consagra un principio plenamente democrático al
establecer que la Constitución sería sancionada por mayoría de sufragios, como así
también todas las decisiones de la asamblea, sin que diera lugar a protestas ni
reclamos.
Consecuente con estos principios, los gobernadores aconsejan “que los diputados (art.
7°) estén penetrados de sentimientos puramente nacionales, para que las
preocupaciones de localidad no embaracen la grande obra que se emprende; que
estén bien persuadidos que el bien de los pueblos no se ha de conseguir por exigencias
encontradas y parciales, sino por la consolidación de un régimen nacional, regular y
justo; que estimen la calidad de ciudadanos argentinos antes que la de provincianos. Y
para que esto se consiga, los infrascriptos usarán de todos los medios para infundir y
recomendar estos principios, y emplearán toda su influencia legítima a fin de que los
ciudadanos elijan a los hombres de más probidad y de un patriotismo más puro e inteligente”. Este artículo está inspirado en la dolorosa experiencia del proceso histórico
argentino, donde, unitarios o federales, porteños o provincianos, habían dividido la
familia argentina, olvidando muchas veces ambas partes en lucha, los sagrados intereses de la nación. De ahí el llamado a la concordia de este artículo y los preceptos de
buena moral que encierra.
Al referirse a los representantes, sus inmunidades y obligaciones, el art. ocho
establecía que “una vez elegidos los diputados e incorporados al Congreso, no podían
ser juzgados por sus opiniones ni acusados por, ningún motivo ni autoridad ninguna,
hasta que no esté sancionada la Constitución. Sus personas serán sagradas e
inviolables durante este período. Pero cualquiera de las provincias podrá retirar sus
diputados cuando lo creyese oportuno; debiendo en este caso sustituirlo
inmediatamente”. Esta disposición está tomada de las cláusulas similares de otros
ensayos constitucionales argentinos, siempre renovadas desde la Asamblea del año XIII
que así lo consagró para sus diputados. Posteriormente, el Congreso del 53 al tratar
sobre las inmunidades parlamentarias consagra el espíritu de este artículo en las
cláusulas 68 y 69.
El art. nueve dispone que “queda a cargo del Encargado de las exteriores de la
Confederación el proveer a los gastos de viático y dieta de los diputados”.
En cuanto a la inauguración del congreso, el art. diez dispone que el “Encargado de las
relaciones exteriores instalará y abrirá las sesiones del Congreso, por sí o por un
delegado en caso de imposibilidad; proveerá – añade – a la seguridad y libertad de sus
discusiones; librará los fondos que sean necesarios para la organización de las oficinas
de su despacho; y tomará todas aquellas medidas que creyese oportunas para

Fuentes de la Constitución Nacional

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asegurar el respeto de la corporación y sus miembros”. Desgraciadamente, Urquiza no
pudo inaugurar personalmente, como hubiera sido su más preciado sueño, las
sesiones del Congreso Constituyente, haciéndolo en su nombre el ministro de
relaciones exteriores, doctor Luis de la Peña.
En el art. once queda dispuesto que “la convocatoria del Congreso se hará para la
ciudad de Santa Fe, hasta que, reunido e instalado, él mismo determine el lugar de su
residencia”. Se consagraba con esto la vieja aspiración de los pueblos de realizar fuera
de la ciudad de Buenos Aires todo congreso tendiente a la organización general del
país. De paso, se consagraba a Santa Fe, sede del Tratado Cuadrilátero, de la
Convención Nacional y del Pacto Federal, como ciudad de convenciones, bajo cuya
inspiración se habían forjado los grandes acuerdos constitucionales de la nación. En
ella se sancionaría luego la Carta del 53 y las reformas de 1860, 1866 y 1957.
“Sancionada la Constitución – establece el art. doce – y las leyes orgánicas que sean
necesarias para ponerla en práctica, será comunicada por el presidente del Congreso al
encargado de las relaciones exteriores, y éste la promulgará inmediatamente como ley
fundamental de la Nación, haciéndola cumplir y observar. En seguida será nombrado el
primer Presidente constitucional de la República, y el Congreso Constituyente cerrará
sus sesiones, dejando a cargo del Ejecutivo poner en ejercicio las leyes orgánicas que
hubiere sancionado.” Todo pudo cumplirse; y así en marzo de 1854, proclamado
presidente de la República el general Justo José de Urquiza termina su labor
constituyente – legislativa el Congreso inaugurado en Santa Fe en 1852.
Por la cláusula trece se dispone que “siendo necesario dar al orden interior de la
República, a su paz y respetabilidad exterior, todas las garantías posibles, mientras se
discute y sanciona la Constitución nacional, los infrascriptos emplearán por sí cuantos
medios estén en la esfera de sus atribuciones, para mantener en sus respectivas
provincias la paz pública y la concordia entre los ciudadanos de todos los partidos,
previniendo o sofocando todo elemento de desorden o discordia, y propendiendo al
olvido de los errores pasados y estrechamiento de la amistad de los pueblos
argentinos”. Por desgracia, los acontecimientos producidos en Buenos Aires y que
traerían como consecuencia su separación de la Confederación argentina, echarían por
tierra las buenas intenciones formuladas en estos articulados.
El art. catorce establecía: “Si, lo que Dios no permita, la paz interior de la República
fuese perturbada por hostilidades abiertas entre una u otra provincia, o por
sublevaciones, armadas dentro de la misma provincia, queda autorizado el encargado
de las relaciones exteriores para emplear todas las medidas que su prudencia y
acendrado patriotismo le sugieran, para restablecer la paz, sosteniendo las
autoridades legalmente constituidas; para lo cual los demás gobernadores prestarán
su cooperación y ayuda en conformidad al Tratado del 4 de enero de 1831.” Desde
este artículo comienzan las facultades que los gobernadores del Acuerdo otorgaron al
general Urquiza en su carácter de encargado de las relaciones exteriores. Serán, a su
vez, las cláusulas que conformarán el futuro ejecutivo fuerte de nuestra Constitución.
Algunos autores ven en este articulo la fuente del actual derecho de intervención
legislado en el art. 6° de la Constitución Nacional.

Fuentes de la Constitución Nacional

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Ya en tren de conceder facultades al vencedor de Caseros los hombres del Acuerdo
resolvieron que “siendo de la atribución (art. 15) del encargado de las relaciones
exteriores representar la soberanía y conservar la indivisibilidad nacional, mantener la
paz interior, asegurar las fronteras, durante el período constituyente, y defender la
República de cualquier pretensión extranjera y velar sobre el exacto cumplimiento del
presente acuerdo, es una consecuencia de estas obligaciones el que sea investido de
las facultades y medios adecuados para cumplirlas. En su virtud, queda acordado –
agregan – que el excelentísimo señor General don Justo José de Urquiza, en el carácter
de general en jefe de los ejércitos de la Confederación tenga el mando efectivo de
todas las fuerzas militares que actualmente tenga en pie cada Provincia, las cuales
serán consideradas desde ahora como partes integrantes del ejército nacional. El
General en Jefe destinará estas fuerzas del modo que lo crea conveniente al servicio
nacional, y si para llenar sus objetos creyere necesario aumentarlas, podrá hacerlo,
pidiendo contingentes a cualquiera de las provincias, así como podrá también
disminuirlas si las juzgase excesivas en su número u organización”. Éstas y las demás
facultades otorgadas a Urquiza harían exclamar al joven coronel don Bartolomé Mitre,
al tratarse el Acuerdo en la legislatura porteña, que ya más no se podía dar a una
autoridad humana, a la cual – decía – se le pone en una mano la plata y en la otra las
bayonetas. Lo que no se comprendió entonces era que no se estaban viviendo
momentos de plena constitucionalidad, sino que se acababa de salir de una violenta
dictadura y de una batalla; y que todas las medidas de seguridad que se tomasen eran
pocas para poder mantener las instituciones. No se dieron las facultades para
entronizar otro período de sangre, sino para poder llegar a la ansiada organización
nacional. Que así no lo entendieran los porteños en aquella hora, lo comprendemos.
Lo que no comprendemos es a algunos autores contemporáneos que, pese a haber
demostrado Urquiza con su conducta posterior que su sola aspiración fue alcanzar la
meta de la organización, vean en él un simple dictador o tiranuelo. Lógicamente, de no
haberse otorgado esas facultades al general vencedor, el país se hubiera convertido en
una sola expresión de anarquía, sin un brazo fuerte que, conteniendo las aspiraciones
de los caudillos, los congregara, no bajo su persona, como lo había hecho Rosas, sino
en torno a un intento de organización que culminó en el triunfo de la Ley.
El art. dieciséis del Acuerdo establecía: “Será de las atribuciones del encargado de las
relaciones exteriores, reglamentar la navegación de los ríos interiores de la República,
de modo que se conserven los intereses y seguridad del territorio y de las rentas
fiscales, y lo será, igualmente, la administración general de correos, la creación y
mejora de los caminos públicos y de postas de bueyes para el transporte de
mercaderías”. Estas sanas medidas de bien público encontraron en Urquiza un buen
realizador, si bien la guerra encendida con Buenos Aires, a raíz de la revolución del 11
de septiembre de ese año, entorpecería toda labor de gobierno. A pesar de ello, y en
uso de estas facultades, Urquiza decretó el 8 de octubre de 1852 la libre navegación de
los ríos Paraná y Uruguay. Posteriormente, habría de consagrarse este principio en la
Constitución Nacional de 1853 (art. 26).
Por la cláusula diecisiete se disponía que “conviniendo para la mayor respetabilidad y
acierto de los actos del encargado de las relaciones exteriores en la dirección de los
negocios nacionales, durante el período constituyente, el que haya establecido cerca
de su persona un Consejo de Estado, con el cual pueda consultar los casos que le

Fuentes de la Constitución Nacional

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parezcan graves: queda facultado el mismo excelentísimo señor para constituirlo,
nombrando a los ciudadanos argentinos que, por su saber y prudencia, puedan
desempeñar dignamente este elevado cargo, sin limitación de número”. Este Consejo
de Estado tenía ya un antecedente. En efecto: en el decreto del 26 de enero de 1814
que creaba el Directorio, la Asamblea Constituyente dejaba constituido un Consejo de
Estado, compuesto de nueve vocales que, sin constituir el ejecutivo, tenían un papel
asesor.
El art. dieciocho establecía que, “atendidas las importantes atribuciones que por este
convenio recibe el excelentísimo encargado de las relaciones exteriores, se resuelve
que su título sea el de Director Provisorio de la Confederación Argentina”. Se dio este
título al general Urquiza para unificar en una sola denominación las diversas funciones
que tenía y que le otorgaba el Acuerdo (manejo de las relaciones exteriores, general en
jefe de las fuerzas confederadas, dirección de los negocios nacionales, etc.).
Por último, el art. diecinueve asentaba que “para sufragar a los gastos que demanda la
administración de los negocios nacionales declarados en este Acuerdo, las provincias
concurrirán proporcionalmente con el producto de sus aduanas exteriores, hasta la
instalación de las autoridades constitucionales, a quienes exclusivamente competirá el
establecimiento permanente de los impuestos nacionales”.
Otros pactos interprovinciales. La voluntad de organizar al país, dictando una
constitución queda clara, al analizar algunos de los principales pactos firmados entre
las provincias a partir de 1820.
El Tratado del Pilar (23 de febrero de 1820), que se propuso dar término a la guerra
suscitada entre las provincias representadas por Sarratea (Buenos Aires), López (Santa
Fe) y Ramírez (Entre Ríos). Su cláusula primera dice textualmente: “Protestan las
partes contratantes que el voto de la Nación, y muy particularmente, el de las
provincias de su mando, respecto al sistema de gobierno que debe regirlas, se ha
pronunciado a favor de la federación que de hecho admiten”. Para ello, se prevé un
congreso en San Lorenzo (Provincia de Santa Fe), dentro de un plazo de tres meses y
con la participación de todas las provincias.
El Tratado de Benegas, firmado el 24 de noviembre de 1820 en las márgenes del
Arroyo del Medio, también preveía la convocatoria a un congreso que se realizaría en
Córdoba, en plazo de dos meses. Las políticas de Rivadavia frustraron este congreso.
El Pacto de Vinará, del 5 de junio de 1821, pone fin a la lucha entre Santiago del Estero
y Tucumán y se estipulaba el envía de representantes al congreso de Córdoba.
Ratifican esta posición el 19 de septiembre del mismo año.
El Tratado del Cuadrilátero del 25 de enero de 1822, firmado entre Buenos Aires, Entre
Ríos, Corrientes y Santa Fe, se firma con el manifiesto propósito de obstaculizar el
congreso de Córdoba previsto en el Pacto de Benegas. Alude al recíproco
reconocimiento de la libertad, representación, independencia y derechos de las
respectivas provincias signatarias, previéndose un futuro congreso soberano nacional,
considerando inconveniente el “diminuto Congreso de Córdoba”.

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Las provincias de Cuyo firman el Pacto de San Miguel de las Lagunas el 22 de agosto de
1822. Proveía un gobierno constitucional y la necesidad de un congreso general que
debía reunirse, provisoriamente, en San Luis. Con vistas más amplias y generales, las
mismas provincias firman, el 1 de abril de 1827,el Pacto de Huanacache.
Luego del rechazo de la Constitución unitaria de 1826, se firma otro tratado el 17 de
mayo de 1827. Lo suscriben Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Santiago del
Estero, La Rioja, Salta, Mendoza, San Juan, Banda Oriental y San Luis; invitándose a
adherirse a la liga a las provincias de Buenos Aires, Tucumán y Catamarca. Este pacto
desecha la Constitución de 1826 por ser opuesta en cuanto a régimen de unidad
política ”a la voluntas general de las provincias”. Además, las provincias federales
pondrán todos sus recursos para destruir las “autoridades nominadas nacionales” y se
prevé un congreso general de todas las provincias “cuyo sólo objeto sea constituir al
país bajo la forma de gobierno federal”.
FUENTES EXTRAJERAS
Fuentes doctrinarias
La doctrina extranjera debe mencionarse, igualmente, entre las fuentes de la ley
suprema. Amén de la doctrina nacional de que ya hemos hablado al referirnos a la
generación del 37, a la que podríamos agregar la “Ojeada retrospectiva” de Echeverría,
el “Fragmento preliminar” de Alberdi, las “Cuestiones argentinas” de Fragueiro y
algunos escritos de Sarmiento, los constituyentes tuvieron en cuenta también algunas
obras de autores europeos y americanos (predominan los constitucionalistas
norteamericanos). Aunque no existe una constancia fidedigna se sabe que conocieron
y tuvieron en sus manos “El federalista” y algunas otras obras extranjeras. Una vasta
literatura constitucional ilustraba a los hombres de aquella época; los hombres doctos
en derecho no ignoraban a Pellegrino Rossi y su proyecto de constitución federal para
la Confederación Suiza, así como tampoco sus comentarios y doctrinas sobre derecho
constitucional, editados años más tarde en sus obras completas (1866); ni desconocían
la obra de Tocqueville, “La democracia en América con un examen de la democracia en
los Estados Unidos y Suiza”; ni los trabajos de Adams, Story, Godwin, Jay, De Lolme,
Madison, Constant, Daunon, Bentham, Paine, Curtis, Ticknor y otros más; traducidos
unos y en su idioma originario otros, pero que de una u otra manera llegaban al Río de
la Plata.
Fuentes normativas
Por último, cabe consignar como fuentes de nuestra ley Fundamental a las
Constituciones de otros países, con especial mención de la de Estados Unidos de
América. Ya en el informe de la Comisión de negocios constitucionales, se habla de que
los argentinos “como cristianos y demócratas, y teniendo noble emulación a los
federales del Norte, modelo de engrandecimiento rápido y de libertad civil y política”,
debíamos mostrarnos hospitalarios. Y en los debates, es Juan María Gutiérrez quien
sostiene que nuestra Constitución eminentemente federal está vaciada en el molde de
la de los Estados Unidos, “única Federación que existe en el mundo digna de ser
imitada”. Por su parte, Gorostiaga afirmará idéntico concepto, agregando
posteriormente, durante la labor legislativa del Congreso, que “la Constitución

Fuentes de la Constitución Nacional

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norteamericana había servido de molde y modelo de la nuestra”. Y Sarmiento, en sus
Comentarios a la Constitución, expresa: “No bien hubimos abierto la página de la
Constitución federal sancionada por el Congreso de Santa Fe en mayo, y jurada por las
provincias en julio, cuando nos vino de súbito la idea primordial que encierran las
subsiguientes páginas... Eureka – agrega –, pudimos exclamar, no en relación a
nosotros, sino con respecto al Congreso, por cuanto es, en efecto, el Congreso quien
ha señalado y abierto un camino anchísimo, al adoptar no sólo las disposiciones
fundamentales de la Constitución de los Estados Unidos, sino la letra del preámbulo y
de gran número de sus disposiciones constituyentes”.
En efecto, nuestros constituyentes, que tuvieron como modelo para estructurar
nuestra ley a la Constitución federal de los Estados Unidos de América, tomaron de ella
sesenta artículos, sin contar los numerosos incisos de los artículos 67 y 68, respecto de
las atribuciones del Congreso y del Poder Ejecutivo. Es verdad que dichas cláusulas, en
gran parte, se encontraban en la Constitución e 1826 y en otras Constituciones
americanas, pero, sea cual fuere el modelo, todas ellas reconocían por fuente
primigenia a la Constitución del país del Norte.
Lo que acabamos de afirmar no significa que nuestra Constitución esté calcada, como
se ha dicho, de la norteamericana, ni carezca de originalidad. Si nuestros
constituyentes hubieren vaciado el molde norteamericano, nuestra ley hubiera estado
condenada al fracaso. Su adaptación a la realidad nacional hizo que fuera una
auténtica creación y pudiera así perdurar a través de los años.

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TERCERA PARTE: CONSTITUCIÓN NACIONAL
“Ignorar la Constitución de su país es como vivir extranjero en su patria.”
(Pellegrino Rossi – 1834)
ANTECEDENTES NACIONALES Y FUENTES DE LA CONSTITUCIÓN NACIONAL
Preámbulo: Nos los representantes del pueblo de la Nación Argentina, reunidos en
Congreso General Constituyente por voluntad y elección de las provincias que la
componen, en cumplimiento de pactos preexistentes, con el objeto de constituir la
unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa
común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para
nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran
habitar en el suelo argentino: invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y
justicia: ordenamos, decretamos y establecemos esta Constitución, para la Nación
Argentina.
Fuente:
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Nos, el pueblo de los Estados
Unidos, a fin de formar una Unión más perfecta, establecer la justicia, asegura la
tranquilidad doméstica, proveer á al defensa común, promover el bienestar general, y
asegurar las bendiciones de la libertad para nosotros mismos y nuestra prosperidad,
ordenamos y establecemos esta constitución para los Estados Unidos de América.
PRIMERA PARTE
CAPITULO I – Declaraciones, derechos y garantías
Art. 1º: La Nación Argentina adopta para su gobierno la forma representativa
republicana federal, según la establece la presente Constitución.
Antecedente nacional:
Constitución de 1826. Art.7°: La Nación Argentina adopta para su Gobierno la forma
representativa republicana, consolidada en unidad de régimen.
Fuentes:
Constitución Federal de los Estado Unidos Mejicanos (1824). Título II. Sección única.
Art. 4°: La nación mejicana adopta para su gobierno la forma de república
representativa popular federal.
Constitución de la República Oriental del Uruguay (10 – Septiembre – 1829). Sec. III.
Capítulo único. Art. 13: El Estado Oriental del Uruguay adopta para su gobierno la
forma Representativa Republicana.
Art. 2º: El Gobierno federal sostiene el culto católico apostólico romano.
Antecedentes nacionales.

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Proyecto de Constitución formado por la Comisión oficial nombrada en 1812. Cap. III.
Art. 1°: La religión católica es la religión del Estado. El la protege, y mantendrá del
tesoro público las iglesias, el culto público y sus ministros, en la forma que
oportunamente establecerán las leyes.
Proyecto de Constitución de la Sociedad. Patriótica. Art. 12: La Religión católica es y
será siempre la del Estado.
Fuentes.
Constitución Federal para los Estados Unidos Venezuela (21 de Diciembre de 1811).
Art. 1°: La Religión Católica, Apostólica, Romana es también la única y exclusiva de los
habitantes de Venezuela. Su protección conservación, pureza e inviolabilidad será uno
delos primeros deberes de la Representación nacional, que no permitirá jamás en todo
el territorio de la Confederación, ningún otro culto público, ni privado, ni doctrina
contraria a la de Jesucristo.
Constitución de la República de Colombia (1821). Tit. II. Art. 6°: La religión católica,
apostólica, romana, es la religión de la República.
Constitución de México (1824). Art. 3°: La religión de la nación mejicana, es y será
perpetuamente la Católica, Apostólica, Romana. La nación la protege por leyes sabias y
justas y prohíbe el ejercicio de cualquiera otra.
Constitución de la R.O. del Uruguay (1829). Art. 5°: La religión del Estado es la Católica
Apostólica Romana.
Constitución de Chile (1833). Art. 5°: La Religión de la República de Chile es la Católica
Apostólica Romana, con exclusión del ejercicio público de cualquier otra.
Art. 3º: Las autoridades que ejercen el Gobierno federal, residen en la ciudad que se
declare Capital de la República por una ley especial del Congreso, previa cesión hecha
por una o más legislaturas provinciales, del territorio que haya de federalizarse.
Antecedentes nacionales.
Proyecto de la Comisión de Negocios constitucionales (1853). Art. 3°: Las autoridades
que ejercen el Gobierno Federal residen en la Ciudad de Buenos Aires, que se declara
Capital de la Confederación por una ley especial.
Proyecto de Alberdi. Art. 20: El Gobierno de la República es democrático,
representativo federal. Las autoridades que lo ejercen, tienen su asiento... ciudad que
se declara federal.
Proyecto de Ángelis. Art. 71: Estos dos Jefes residirán en la Ciudad de Buenos Aires,
que será al mismo tiempo capital de la Provincia de este nombre, y capital de la
República.
Art. 4°: El Gobierno Federal provee a los gastos de la Nación con los fondos del Tesoro
Nacional, formado del producto de derechos de importación; y de exportación, hasta
mil ochocientos sesenta y seis, con arreglo a lo estatuido en el inciso 1° del articulo 67;
del de la venta o locación de Tierras de propiedad Nacional, de la Renta de Correos, de

Fuentes de la Constitución Nacional

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las demás contribuciones que equitativa y proporcionalmente a la población imponga
el Congreso General, y de los empréstitos y operaciones de crédito que decrete el
mismo Congreso para urgencias de la Nación 6 para empresas de utilidad Nacional.
Antecedentes nacionales.
Constitución de 1853. Art. 40: El Gobierno federal provee a los gastos de la Nación con
los fondos del tesoro nacional, formado del producto de derechos de importación y
exportación de las Aduanas; del de la venta o locación de tierras de propiedad
nacional, de la renta de Correos, de las demás contribuciones que equitativa y
proporcionalmente a la población imponga el Congreso General, de los empréstitos y
operaciones de crédito que decrete el mismo Congreso para urgencias de la Nación, o
para empresas de utilidad nacional.
La reforma sancionada por la Convención Nacional, el 12 de Septiembre de 1866,
suprimió la parte siguiente: “hasta 1866, con arreglo a lo estatuido en el inciso 1° del
artículo 67”, volviendo a quedar por lo tanto en la misma forma que tenía por el texto
de 1853.
Proyecto de Alberdi. Art. 80: Los gastos de la Confederación serán sostenidos por un
tesoro federal creado con impuestos soportados por todas las provincias.
Fuente.
Acta Federal de Nueva Granada (1811). Art. 20: Más como nada de eso podrá
conseguirse, sin un fondo y un tesoro nacional, que ocurra a los grandes gastos que demanda la salvación de la patria y la seguridad común el Congreso tendrá facultad para
establecer impuestos, exigir contribuciones ó derechos sobre todos aquellos objetos y
en todas aquellas materias que sean de un interés general, y no privativas y especiales
de ninguna provincia en particular, y también para repartir cuotas o contingentes
extraordinarios a cada una de ellas, con arreglo a su población y demás circunstancias,
siempre con igualdad y una equitativa proporción. Art. 21: ... las aduanas y todos sus
productos en ellas quedan a beneficio común, y constituirán uno de los fondos de la
Confederación .... Art. 29: ... Tomar dinero a crédito sobre sus fondos y rentas .... Art.
32: ... La renta de Correos y sus dependencias o anexidades como postas y
encomiendas.
Art. 5°: Cada Provincia dictará para sí una Constitución bajo el sistema Representativo
Republicano, de acuerdo con los principios, declaraciones y garantías de la Constitución
Nacional; y que asegure su administración de Justicia, su régimen municipal, y la
educación primaria. Bajo estas condiciones el Gobierno Federal, garante a cada
Provincia el goce y ejercicio de sus instituciones.
Antecedentes nacionales.
Constitución de 1853. Art. 5°: Cada Provincia Confederada dictará para sí una
Constitución bajo el sistema representativo republicano, de acuerdo con los principios,
declaraciones y garantías de la Constitución Nacional; y que asegure su administración
de Justicia, su régimen municipal, y la educación primaria gratuita. Las constituciones
provinciales serán revisadas por el Congreso antes de su promulgación. Bajo de estas

Fuentes de la Constitución Nacional

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condiciones el Gobierno federal garante a cada Provincia el goce y ejercicio de sus
instituciones.
Proyecto de Alberdi. Art. 7°: La Confederación garantiza la estabilidad de las
constituciones provinciales con tal que no sean contrarias a la constitución general,
para lo cual serán revisadas por el Congreso antes de su sanción.
Fuente.
Constitución Federal para los Estados Unidos de Venezuela (1811). Art. 133: El
Gobierno de la Unión asegura y garantiza a las Provincias la forma de Gobierno
Republicano que cada una de ellas adoptare para la administración de sus negocios
domésticos: sin aprobar constitución alguna provincial que se oponga a los principios
liberales y francos de representación admitidos en ésta, ni consentir que en tiempo
alguno se establezca otra forma de Gobierno en toda la Confederación.
Art. 6°: El Gobierno Federal interviene en el territorio de las Provincias para garantir la
forma Republicana de Gobierno, o repeler invasiones exteriores, y a requisición de sus
Autoridades constituidas para sostenerlas o restablecerlas, si hubiesen sido depuestas
por la sedición, o por invasión de otra Provincia.
Antecedente nacional.
Constitución de 1853. Art. 6°: El Gobierno federal interviene con requisición de las
legislaturas o Gobernadores provinciales, o sin ella, en el territorio de cualquiera de las
Provincias, al solo efecto de restablecer el orden público perturbado por la sedición, o
de atender a la seguridad nacional amenazada por un ataque o peligro exterior.
Fuentes.
Constitución de los Estados Unidos de América. (1787). Art. IV Sección 4: Los Estados
Unidos garantirán a cada estado una forma republicana de gobierno y protegerán a
cada uno de ellos contra invasión, y contra violencia interior, cuando así lo solicitare la
legislatura, o el ejecutivo (cuando la legislatura no pueda reunirse).
Constitución Federal de los Estados Unidos de Venezuela (1811). Art. 134: También
afianza a las mismas Provincias su libertad e independencia reciproca en la parte de su
Soberanía que se han reservado; y siendo justo y necesario protegerá y auxiliará a cada
una de ellas contra toda invasión o violencia doméstica, con la plenitud de poder y
fuerza que se le confía para la conservación de la paz y seguridad general; siempre que
fuere requerido para ello por la Legislatura provincial, o por el Poder Ejecutivo cuando
el Legislativo no estuviere reunido, ni pudiere ser convocado.
Art.7°: Los actos públicos y procedimientos judiciales de una Provincia gozan de entera
fe en las demás; y el Congreso puede por leyes generales determinar cual será la forma
probatoria de estos actos y procedimientos, y los efectos legales que producirán.
Fuentes.
Constitución de los Estados Unidos de América, (1787). Art. IV Sección 1: En cada
estado se dará plena fe y crédito a los actos públicos, registros y procesos judiciales de

Fuentes de la Constitución Nacional

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todo otro estado. Y el Congreso puede prescribir por regla general el modo de probar
los actos, registros y procedimientos, y el efecto de ellos.
Constitución Federal de los Estados Unidos de Venezuela (1811). Art. 125: Los actos
públicos de todas clases, y las sentencias judiciales sancionadas por los Poderes, Magistrados y Jueces de una Provincia, tendrán entera fe y crédito en todas las demás
conforme a las leyes generales que el Congreso estableciere para el uniforme e
invariable efecto de estos actos y documentos.
Constitución de México (1824). Art. 145: En cada uno de los estados de la federación
se prestará entera fe y crédito a los actos, registros y procedimientos de los jueces y
demás autoridades de los otros estados. El Congreso general uniformará las leyes,
según las que deberán probarse dichos actos, registros y procedimientos.
Art. 8°: Los Ciudadanos de cada Provincia gozan de todos los derechos, privilegios e
inmunidades inherentes al titulo de Ciudadanos en las demás. La extradición de los
criminales es de obligación recíproca entre todas las Provincias.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. IV Sección 2: Los
ciudadanos de cada estado tendrán derecho a todos los privilegios e inmunidades de
ciudadanos en lose diversos estados.
Una persona sindicada en un estado de traición, felonía u otro delito, que huya de la
justicia, será entregada, en virtud de demanda de la autoridad ejecutiva del estado de
donde fugó, para ser puesta a disposición del estado que tiene jurisdicción sobre el
delito.
Art. 9°: En todo el territorio de la Nación no habrá más Aduanas que las Nacionales, en
las cuales regirán las tarifas que sancione el Congreso.
Antecedente nacional.
Este articulo es una consecuencia del articulo 4 y se halla abonado por la experiencia
histórica de las provincias argentinas, que impuso al respecto una doctrina nacional.
Art. 10: En el interior de la República es libre de derechos la circulación de los efectos
de producción Nacional, así como la de los géneros y mercancías de todas clases,
despachadas en las aduanas exteriores.
Antecedente nacional.
Pacto del 4 de Enero de 1831, celebrado entre Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos. Art.
9: Los frutos y efectos de cualquier especie que se importen o exporten del territorio o
puertos de una provincia a otra por agua o por tierra, no pagarán más derechos que si
fuesen importados por los naturales de la provincia, a dónde o de dónde se exportan o
importan.
Fuente:

Fuentes de la Constitución Nacional

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Constitución de Los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 9: No se
establecerá impuesto o derecho alguno sobre los artículos que se exporten de cualquiera de los estados.
Art. 11: Los artículos de producción o fabricación nacional o extranjeros, así como los
ganados de toda especie, que pasen por territorio de una Provincia a otra, serán libres
de los derechos llamados de tránsito, siéndolo también los carruajes, buques o bestias
en que se transporten; y ningún otro derecho podrá imponérseles en adelante,
cualquiera que sea su denominación, por el hecho de transitar el territorio.
Antecedente nacional.
Pacto de San Nicolás (1852). Art. 3°: Estando previsto en el articulo 9 del tratado
referido los arbitrios que deben mejorar la condición del comercio interior y reciproco
de las diversas Provincias Argentinas; y habiéndose notado por una larga experiencia
los funestos efectos que produce el sistema restrictivo seguido en algunas de ellas,
queda establecido: que los artículos de producción o fabricación nacional o extranjera,
así como los ganados de toda especie, que pasen por el territorio de una Provincia a
otra, serán libres de los derechos llamados de transito, siéndolo también los carruajes,
buques o bestias en que se transporten; y que ningún otro derecho podrá
imponérseles en adelante cualquiera que sea su denominación, por el hecho de
transitar el territorio.
Art. 12: Los buques destinados de una Provincia a otra, no serán obligados a entrar,
anclar y pagar derechos por causa de tránsito, sin que en ningún caso puedan
concederse preferencias a un puerto respecto de otro, por medio de leyes o
reglamentos de comercio.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1. Sección 9: No se dará
preferencia, por ningún reglamento de comercio o de rentas, a los puertos de un
estado sobre los de otro; ni los buques destinados a, o procedentes de un estado serán
obligados a entrar, abrir o cerrar registro, o pagar derechos en otro.
Art. 13: Podrán admitirse nuevas provincias en la Nación pero no podrá erigirse una
Provincia en el territorio de otra u otras, ni de varias formarse una sola, sin el
consentimiento de la Legislatura de las Provincias interesadas y del Congreso.
Antecedente nacional.
Proyecto de Constitución federal (1813). — Art. 59: Nuevas Provincias pueden ser
admitidas por el Congreso a esta unión; pero ninguna nueva Provincia será formada o
erigida dentro de la jurisdicción de alguna Provincia; ni se formará alguna por la unión
de dos o más Provincias, o partes de ellas, sin el consentimiento de las Legislaturas de
las Provincias interesadas, como también del Congreso.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América. (1787). Art. 1V. Sección 3: El Congreso
puede admitir en la Unión nuevos estados: pero no se formará o erigirá ningún nuevo

Fuentes de la Constitución Nacional

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estado dentro de la jurisdicción de cualquier otro estado, ni se formará ningún estado
por la Unión de dos o más estados o partes de estados, sin el consentimiento tanto de
las legislaturas de los estados interesados, como del Congreso.
Art. 14: Todos los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos conforme a
las leyes que reglamenten su ejercicio; a saber: de trabajar y ejercer toda industria
lícita; de navegar y comerciar; de peticionar a la autoridades; de entrar, permanecer,
transitar y salir del territorio argentino; de publicar sus ideas por la prensa sin censura
previa; de usar y disponer de su propiedad; de asociarse con fines útiles; de profesar
libremente su culto; de enseñar y aprender.
Antecedentes nacionales.
Este artículo reúne los derechos que en los ensayos anteriores comprendían varias
disposiciones y se caracteriza por haberlos resumido con claridad y precisión.
Proyecto de Constitución de 1819. Art. 110: Los miembros del Estado tienen derecho a
gozar y defender su vida, su seguridad y libertad; a adquirir, poseer y proteger su
propiedad y reputación; y a procurar su propia felicidad, Todo habitante del país será
protegido en el goce de estos derechos. Art. 115: La libertad de publicar sus ideas por
la prensa es un derecho tan apreciable al hombre; como esencial para la conservación
de la libertad civil en un estado. Art. 131: Todo hombre tiene libertad para permanecer
en el territorio del Estado ó retirarse siempre que por esto no se exponga la seguridad
del país.
Proyecto de Alberdi. Capitulo II. Derecho Público Argentino. Art. 16: La constitución
garantiza los siguientes derechos a todos los habitantes de la Confederación sean
naturales o extranjeros:
DE LIBERTAD.
Todos tienen la libertad de trabajar y ejercer cualquier industria.
—De ejercer la navegación y el comercio de todo género.
—De peticionar a todas las autoridades.
—De entrar, permanecer, andar y salir del territorio sin pasaporte,
—De publicar por la prensa sin censura previa.
—De disponer de sus propiedades de todo género y en toda forma,
—De asociarse y reunirse con fines lícitos,
—De enseñar y aprender.
Fuentes.
El antecedente más inmediato, por la reunión de varios derechos en un mismo
articulo, es la Constitución de Chile (1833) de donde lo tomó Alberdi, adicionándolo;
pero es sabido que todos los derechos individuales enumerados, tienen su fuente

Fuentes de la Constitución Nacional

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originaria en la Constitución de los Estados Unidos de América y en las Constituciones
francesas de 1791 y 1793.
Constitución de Chile. (1833). Cap. V. Derecho público de Chile. Art. 12: La Constitución
asegura a todos los habitantes de la República; 1° La igualdad ante la ley. En Chile no
hay clase privilegiada; 2° La admisión a todos los empleos y funciones públicas, sin
otras condiciones que las que impongan las leyes; 3° La igual repartición de los impuestos y contribuciones a proporción de los haberes, y la igual repartición de las demás
cargas públicas. Una ley particular determinará el método de reclutas y reemplazos
para fuerzas de mar y tierra; 4° La libertad de permanecer en cualquier punto de la
República, trasladarse de uno a otro, o salir de su territorio, guardándose los
reglamentos de policía, y salvo siempre el perjuicios de tercero; sin que nadie pueda
ser preso, detenido o desterrado, sino en la forma determinada por las leyes; 5° La
inviolabilidad de todas las propiedades, sin distinción de las que pertenezcan a
particulares o comunidades, y sin que nadie pueda ser privado de la de su dominio, ni
de una parte de ella por pequeña que sea, o del derecho que a ella tuviere, sino en
virtud de sentencia judicial; salvo el caso en que la utilidad del Estado, calificada por
una ley, exija el uso enajenación de alguna; lo que tendrá lugar dándose previamente
al dueño la indemnización que se ajustase con él, o se avaluare a juicio de hombres
buenos; 6° El derecho de presentar peticiones a todas las autoridades constituidas, ya
sea por motivo de interés general del Estado, ó de interés individual, procediendo legal
y respetuosamente; 7° La libertad de publicar sus opiniones por la imprenta, sin
censura previa, y el derecho de no poder ser condenado por el abuso de esta libertad,
sino en virtud de un juicio en que se califique previamente el abuso por jurados, y se
siga y sentencie la causa con arreglo a la ley.
Art. 14 bis: El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes, las
que asegurarán al trabajador: condiciones dignas y equitativas de labor, jornada
limitada; descanso y vacaciones pagados; retribución justa; salario mínimo vital móvil;
igual remuneración por igual tarea; participación en las ganancias de las empresas, con
control de la producción y colaboración en la dirección; protección contra el despido
arbitrario; estabilidad del empleado público; organización sindical libre y democrática,
reconocida por la simple inscripción en un registro especial.
Queda garantizado a los gremios: concertar convenios colectivos de trabajo; recurrir a
la conciliación y al arbitraje; el derecho de huelga. Los representantes gremiales
gozarán de las garantías necesarias para el cumplimiento de su gestión sindical y las
relacionadas con la estabilidad de su empleo.
El Estado otorgará los beneficios de la seguridad social, que tendrá carácter de integral
e irrenunciable. En especial, la ley establecerá: el seguro social obligatorio, que estará a
cargo de entidades nacionales o provinciales con autonomía financiera y económica,
administradas por los interesados con participación del Estado, sin que pueda existir
superposición de aportes; jubilaciones y pensiones móviles; la protección integral de la
familia; la defensa del bien de familia; la compensación económica familiar y el acceso
a una vivienda digna.
Art. 15: En la Nación Argentina no hay esclavos; los pocos que hoy existen quedan
libres desde la Jura de esta Constitución; y una ley especial reglará las indemnizaciones

Fuentes de la Constitución Nacional

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a que dé lugar esta declaración. Todo contrato de compra y venta de personas es un
crimen de que serán responsables los que lo celebren, y el escribano 6 funcionario que
lo autorice. Y los esclavos que de cualquier modo se introduzcan quedan libres por el
sólo hecho de pisar el territorio de la República.
Antecedentes nacionales.
Decreto del Triunvirato. Buenos Aires, 14 de Mayo de 1812. Haciendo ya oportuna la
actual solicitud del Exmo. Cabildo la publicación del Decreto Superior de 9 de Abril
sobre la prohibición de la introducción de los esclavos, publíquese en Gaceta
Ministerial”, y expídanse las órdenes consiguientes a fin de que se ponga en ejecución.
Herrera. Secretario. DECRETO. Por obsequio a los derechos de la humanidad afligida, a
la conducta uniforme de las naciones cultas, a las reclamaciones de las respetables
autoridades de esta capital, y a las consecuencias de los principios liberales que han
proclamado y defienden con valor y energía los pueblos ilustres de las Provincias
Unidas del Río de la Plata, acordó el Gobierno con fecha 9 de Abril último el siguiente
decreto que en la presente manda publicar. Art. 1° Se prohíbe absolutamente la
introducción de expediciones de esclavatura en el territorio de las Provincias Unidas.
Art. 2° Las que lleguen dentro de un año contado desde el día 25 del corriente mes de
Mayo, se mandarán salir inmediatamente de nuestros puertos. Art. 3° Cumplido el año
serán confiscadas las expediciones de esta clase que arriben a nuestras costas, los esclavos que conduzcan se declararán en estado de libertad, y el Gobierno cuidará de
aplicarlos a ocupaciones útiles. Art. 4° Todas las autoridades del Estado quedan
estrechamente encargadas de la observancia y ejecución del presente decreto, que se
publicará y circulará, archivándose en la Secretaría de Gobierno. Buenos Aires, 9 de
Abril de 1812. Feliciano Antonio Chiclana. Bernardino Rivadavia. Nicolás Herrera,
Secretario.
Decreto de la Soberana Asamblea General Constituyente de 1813. Siendo tan
desdoroso, como ultrajante a la humanidad, el que en los mismos pueblos, que con
tanto tesón y esfuerzo caminan hacia su libertad, permanezcan por más tiempo en la
esclavitud los niños que nacen en todo el territorio de las Provincias Unidas del Río de
la Plata, sean considerados y tenidos por libres todos los que en dicho territorio
hubiesen nacido desde el 31 de Enero de 1813 inclusive en adelante, día consagrado a
la libertad por la feliz instalación de la Asamblea General, bajo las reglas y
disposiciones que al efecto decretará la Asamblea General Constituyente. Lo tendrá así
entendido el Supremo Poder Ejecutivo para su debida observancia. Buenos Aires.
Febrero 2 de 1813. Carlos Alvear, Presidente. Hipólito Vieytes, Diputado Secretario.
Decreto del 4 de febrero de 1813. La Asamblea General ordena que todos los esclavos
de países extranjeros, que de cualquier modo se introduzcan desde este día en
adelante quedan libres, por el sólo hecho de pisar el territorio de las Provincias Unidas.
Carlos Alvear, Presidente. Hipólito Vieytes, Secretario.
Proyecto de Constitución de 1813. (P. A. C.). Art. 178: Queda solemne y
constitucionalmente abolido el comercio de Esclavos, y prohibido para siempre su
introducción en el territorio. Los esclavos que en adelante se introduzcan de
cualesquiera manera que sea, quedan libres desde que pisen el territorio del Estado.

Fuentes de la Constitución Nacional

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Todos los hijos de los esclavos nacen libres. La ley proveerá a su educación física y
moral sin perjuicio de tercero.
Art. 16: La Nación Argentina no admite prerrogativas de sangre, ni de nacimiento; no
hay en ella fueros personales ni títulos de nobleza. Todos sus habitantes son iguales
ante la ley, y admisibles en los empleos sin otra condición que la idoneidad. La igualdad
es la base del impuesto y de las cargas públicas.
Antecedentes nacionales.
Decreto de la Soberana Asamblea General Constituyente de 1813. Mayo 21 de 1813.
La Asamblea General ordena la extinción de todos los títulos de Condes, Marqueses, y
Barones en el territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Juan Larrea,
Presidente. Hipólito Vieytes, Secretario.
Proyecto de Constitución de 1819. Art. 112: Todos los hombres son iguales ante la ley.
Constitución de 1826. Art. 180: A ningún hombre o corporación se concederán
ventajas, distinciones o privilegios exclusivos, sino los que sean concedidos a la virtud,
o los talentos; y no siendo estos transmisibles a los descendientes, se prohíbe
conceder título alguno de nobleza.
Fuentes.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1. Sección 9: No se
concederá ningún título de nobleza en los Estados Unidos.
Constitución francesa. (1793). Art. 3°: Todos los hombres son iguales por naturaleza y
ante la ley. Art. 5°: Todos los ciudadanos son igualmente admisibles en los empleos
públicos. Las virtudes y los talentos son las solas consideraciones que guían a las
naciones libres en sus elecciones.
Constitución de Chile (1833). Art. 12: La Constitución asegura a todos los habitantes de
la República ... 3° La igual repartición de los impuestos y contribuciones a proporción
de los haberes, y la igual repartición de las demás cargas públicas.
Art. 17: La propiedad es inviolable, y ningún habitante de la Nación puede ser privado
de ella, sino en virtud de sentencia fundada en ley. La expropiación por causa de
utilidad pública, debe ser calificada por ley y previamente indemnizada. Solo el
Congreso impone las contribuciones que se expresan en el articulo 4°. Ningún servicio
personal es exigible, sino en virtud de ley ó de sentencia fundada en ley. Todo autor o
inventor es propietario exclusivo de su obra, invento ó descubrimiento, por el término
que le acuerda la ley. La confiscación de bienes queda borrada para siempre del Código
penal Argentino. Ningún cuerpo armado puede hacer requisiciones, ni exigir auxilios de
ninguna especie.
Antecedentes nacionales.
Proyecto de Constitución de 1813 (P. A. C.). Art. 160: Queda abolido el tormento, las
penas crueles e inusitadas, y la confiscación de bienes. Los bienes de un delincuente

Fuentes de la Constitución Nacional

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ejecutado por crimen de Estado sólo entrarán al tesoro público, por defecto de
herederos legítimos, en el territorio del Estado.
Art. 180: Ningún ciudadano está obligado a dar alojamiento a los Militares, sino en
virtud de orden de los Magistrados civiles conforme a las leyes.
Constitución de 1826. Art. 175: Siendo la propiedad un derecho sagrado e inviolable,
los habitantes del estado no pueden ser privados de ella, ni gravados en sus facultades
sino en los casos establecidos por la ley. Art. 176: Cuando el interés del Estado exija
que la propiedad de algún Individuo particular sea destinada a usos públicos bajo las
formalidades de la ley, el propietario recibirá por ella una justa compensación. Art.
177: Queda prohibida la pena de confiscación de bienes. Art. 178: Ninguno será
obligado a prestar auxilios de cualquier clase para los ejércitos ... sino de orden del
magistrado civil según la ley. Art. 57: Acordar a los autores, o inventores de establecimientos útiles, privilegios exclusivos por tiempo determinado.
Proyecto de Alberdi. Art. 18: La propiedad es inviolable. Nadie puede ser privado de
ella sino en virtud de la ley, o de sentencia fundada en ley. La expropiación por causa
de utilidad pública debe ser calificada por ley y previamente indemnizada. Sólo el
Congreso impone contribuciones. Ningún servicio personal es exigible sino en virtud de
ley o sentencia fundada en ley. Todo autor ó inventor goza de la propiedad exclusiva
de su obra o descubrimiento. La confiscación y el decomiso de bienes son abolidos
para siempre. Ningún cuerpo armado puede hacer requisiciones ni exigir auxilios.
Ningún particular puede ser obligado a dar alojamiento en su casa a un militar.
Fuentes.
Constitución francesa (1793). Art. 19: Nadie puede ser privado de la menor porción de
su propiedad sin su propio consentimiento, a menos que así lo exija una necesidad
general y legalmente especificada, y en ese caso solamente con condición de una justa
compensación fijada previamente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1. Sección 8: El Congreso
tendrá poder: Para establecer y cobrar impuestos, derechos, contribuciones y sisas
para pagar las deudas y proveer a la defensa común y al bienestar general de los
Estados Unidos ... Para promover el progreso de las ciencias y artes útiles, asegurando
por tiempos limitados a los autores e inventores el derecho exclusivo de sus
respectivos escritos e invenciones.
Articulo adicional III: No se acuartelará ningún soldado en ninguna casa, en tiempo de
paz, sin consentimiento de su dueño; ni en tiempo de guerra sino en la manera
prescripta por la ley.
Constitución del Ecuador (1845). Art. 120: Ningún ecuatoriano podrá ser privado de su
propiedad, o del derecho que a ella tuviere, sino en virtud de sentencia judicial; salvo
el caso en que la utilidad pública, calificada por ley, exija su uso o enajenación; lo que
tendrá lugar dándose previamente al dueño la indemnización que se ajustare con él,
avaluada a juicio de hombres buenos (Este artículo de la Constitución ecuatoriana ha
sido tomado de la Constitución chilena de 1833, art. 12, inc. 5, de donde también lo
sacó Alberdi para redactar el suyo).

Fuentes de la Constitución Nacional

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Art. 18: Ningún habitante de la Nación puede ser penado sin juicio previo fundado en
ley anterior al hecho del proceso, ni juzgado por comisiones especiales, ó sacado de los
jueces designados por la ley antes del hecho de la causa. Nadie puede ser obligado a
declarar contra sí mismo; ni arrestado sino en virtud de orden escrita de autoridad
competente. Es inviolable la defensa en juicio de la persona y de los derechos. El
domicilio es inviolable, como también la correspondencia epistolar y los papeles
privados; y una ley determinará en que casos y conque justificativos podrá procederse
a su allanamiento y ocupación. Quedan abolidos para siempre la pena de muerte por
causas políticas, toda especie de tormento y los azotes. Las Cárceles de la Nación serán
sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas, y toda
medida que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que
aquella exija, hará responsable al Juez que la autorice.
Antecedentes nacionales.
Constitución de 1826. Art. 165: Queda absolutamente prohibido todo juicio por
comisión. Art. 171: Ningún habitante del estado puede ser penado, ni confinado, sin
que preceda juicio, y sentencia legal. Art. 169: Para el arresto de un individuo, fuera
del caso de delito in fraganti, debe preceder un mandamiento firmado por el magistrado, a quien la ley concede esta facultad, que exprese el motivo de este arresto, que
debe notificársele en el acto de la prisión, y del cual se le debe dar copia, si la pidiere.
Art. 172: La casa de todo habitante del estado es un sagrado, que no puede violarse sin
crimen, y sólo podrá allanarse en caso de resistencia, a la autoridad legitima. Art. 170:
Las cárceles sólo deben servir para la seguridad, y no para castigo de los reos. Toda
medida que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que
aquella exige, será corregida según las leyes.
Proyecto de Constitución de 1813. (P. A. C.). Art. 149: Los ciudadanos no podrán ser
arrancados de su Provincia, para ser juzgados fuera de ella, en las causas civiles
ordinarias, menos en los casos exceptuados en la constitución. Art. 152: Ningún
ciudadano puede ser castigado sin forma de proceso ni sentencia legal. Tampoco
podrá ser arrestado ni detenido sin prueba al menos semiplena, ó indicios vehementes
de crimen, y en fuerza de un Decreto emanado de autoridad pública del que se dará
copia al arrestado si la pidiese. Art. 155: Todo rigor que se use en el arresto sin suma
necesidad, es un crimen público. Art. 159: Ningún ciudadano será obligado a declarar
con juramento sobre su delito.... Art. 160: Queda abolido el tormento, las penas
crueles e inusitadas .... Art. 163: La casa de un ciudadano es un asilo inviolable. Art.
164: Cuando se acordaren, por la pública autoridad semejantes actos se limitarán estos
a la persona, y objetos expresamente indicados en el Decreto, en que se ordene la
visita, y ejecución, el cual no podrá extenderse al Registro y examen de los papeles
particulares, pues estos deben mirarse como inviolables; igualmente que las
correspondencias epistolares de todos los ciudadanos.
Fuentes.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. III: El juicio de todos los
delitos, excepto en el caso de acusación pública, será por jurados; y dicho juicio tendrá
lugar en el estado en donde dichos delitos se hayan cometido; paro cuando no se

Fuentes de la Constitución Nacional

81

hayan cometido dentro de ningún estado, el juicio tendrá lugar en el lugar o lugares
que el Congreso haya determinado por ley. Artículos adicionales. Art. IV y Art. VI.
Constitución de Chile (1833). Art. 133: Ninguno puede ser condenado si no es juzgado
legalmente y en virtud de tina ley promulgada antes del hecho sobre que recae el
juicio. Art. 134: Ninguno puede ser juzgado por comisiones especiales, sino por el
tribunal que le señale la ley, y que se halle establecido con anterioridad por esta. Art.
135: Para que una orden de arresto pueda ejecutarse, se requiere que emane de
autoridad que tenga facultad de arrestar .... Art. 144: En las causas criminales no se
podrá obligar al reo a que declare bajo de juramento sobre hecho propio .... Art. 145:
No podrá aplicarse tormento, ni imponerse en caso alguno la pena de confiscación de
bienes. Art. 146: La casa de toda persona que habite el territorio chileno, es un asilo
inviolable, y sólo puede ser allanada por un motivo especial determinado por la ley, y
en virtud de orden de autoridad competente. Art. 147: La correspondencia epistolar es
inviolable.
Constitución francesa. (1848). Capítulo II. Inc. 59: Queda abolida la pena de muerte en
materia política.
Art. 19: Las acciones privadas de los hombres, que de ningún modo ofendan al orden y
a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas
de la autoridad de los Magistrados. Ningún habitante de la Nación será obligado a
hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohíbe.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 162: Las acciones privadas de los hombres, que de ningún
modo ofenden al orden público, ni perjudican a un tercero, están sólo reservadas a
Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados. Art. 163: Ningún habitante del
estado será obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no
prohíbe.
Art. 20: Los extranjeros gozan en el territorio de la Nación de todos los derechos civiles
del Ciudadano; pueden ejercer su industria, comercio y profesión; poseer bienes raíces,
comprarlos y enajenarlos; navegar los ríos y costas; ejercer libremente su culto; testar y
casarse conforme a las leyes. No están obligados a admitir la Ciudadanía, ni a pagar
contribuciones forzosas extraordinarias. Obtienen nacionalización residiendo dos años
continuos en la Nación; pero la autoridad puede acortar este término a favor del que lo
solicite, alegando y probando servicios a la República.
Antecedentes nacionales.
Proyecto de Constitución de 1813. (P. A. C.). Art. 176: Los Extranjeros de todas las
Naciones gozarán en el país de la misma seguridad en sus familias, personas y
propiedades que los demás ciudadanos, con tal que respeten las Leyes y las
autoridades constituidas.
Proyecto de Alberdi. Art. 21: Ningún extranjero es más privilegiado que otro, Todos
gozan de los derechos civiles inherentes al ciudadano, y pueden comprar, vender, locar, ejercer industrias y profesiones, darse a todo, trabajo; poseer toda clase de

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propiedades y disponer de ellas en cualquier forma; entrar y salir del país con ellas,
frecuentar con sus buques los puertos de la República. navegar en sus ríos y costas,
Están libre de empréstitos forzosos, de exacciones y requisiciones militares. Disfrutan
de entera libertad de conciencia y pueden construir capillas en cualquier lugar de la
República. Sus contratos matrimoniales no pueden ser inválidos porque carezcan de
conformidad con los requisitos religiosos de cualquier creencia, si estuviesen
legalmente celebrados. No son obligados a admitir la ciudadanía. Gozan de estas
garantías sin necesidad de tratados, y ninguna cuestión de guerra puede ser causa de
que se suspenda su ejercicio, Son admisibles a los empleos, según las condiciones de la
ley, que en ningún caso puede excluirlos por sólo el motivo de su origen. Obtienen
naturalización, residiendo dos años continuos en el país; la obtienen sin este requisito
los colonos, los que se establecen en lugares habitados por indígenas o en tierras
despobladas; los que emprendan y realicen grandes trabajos de utilidad pública; los
que introducen grandes fortunas al país; los que se recomienden por invenciones o
aplicaciones de grande utilidad general para la República.
Fuentes.
Constitución Federal de los Estados Unidos de Venezuela (1811). Art. 169: Todos los
extranjeros, de cualquiera nación que sean, se recibirán en el estado, sus personas y
propiedades gozarán de la misma seguridad que las de los demás Ciudadanos, siempre
que respeten la Religión Católica, única del País, y que reconozcan la independencia de
estos pueblos, su soberanía y las autoridades constituidas por la voluntad general de
sus habitantes.
Constitución de California. (1849). Art. 1. Sección 17: Los extranjeros, que son o fueren
bona fide residentes de este Estado, gozarán de los mismos derechos, con respecto a
la posesión y goce de la propiedad, y a la capacidad de heredar, que los ciudadanos
nacidos en el país.
Art. 21: Todo Ciudadano Argentino está obligado a armarse en defensa de la Patria y
de esta Constitución, conforme a las leyes que al efecto dicte el Congreso y a los
decretos del Ejecutivo Nacional. Los ciudadanos por naturalización son libres de prestar
ó no éste servicio por el término de diez años desde el día en que obtengan su carta de
ciudadanía.
Antecedente nacional.
Proyecto de Alberdi. Art. 24: Todo argentino es soldado de la guardia nacional. Son
exceptuados por 30 años los argentinos por naturalización.
Fuentes.
Constitución francesa (1793). Art. 109: Todos los franceses son soldados; todos serán
ejercitados en el uso de las armas.
Acta Federal de la Confederación Suiza (1832). Art. 30: Todo suizo es soldado. Art. 31:
Están igualmente sometidos al servicio militar los extranjeros domiciliados, a
excepción de aquellos que pertenezcan a Estados donde los Suizos son excluidos del
servicio.

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Art. 22: El pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus Representantes y
Autoridades creadas por esta Constitución. Toda fuerza armada o reunión de personas
que se atribuya los derechos del pueblo y peticione a nombre de éste, comete delito de
sedición.
Antecedentes nacionales.
Proyecto de Constitución de 1813. (P. A. C.). Art. 20: La soberanía del Estado, reside
esencialmente en el Pueblo, y el ejercicio de ella en sus inmediatos Delegados. Art.
183: Toda reunión de gente armada bajo cualquier pretexto que se forme sin orden de
autoridad competente, es un crimen contra la seguridad pública, y será dispersada
inmediatamente por la fuerza, en caso de no disolverse a intimación del Gobierno.
Constitución de 1819. Art. 108: Al delegar el ejercicio de su Soberanía
constitucionalmente, la Nación se reserva la facultad de nombrar sus Representantes,
y las de ejercer libremente el poder censorio por medio de la prensa.
Proyecto de Alberdi. Art. 26: Toda persona o reunión de personas que asuma el título o
representación del pueblo, se arrogue sus derechos o peticione a su nombre, comete
sedición.
Fuente.
Constitución francesa (1793). Art. 27: Todo individuo que asuma la soberanía deberá
ser al momento condenado a muerte por los hombres libres.
Art. 23: En caso de conmoción interior o de ataque exterior que pongan en peligro el
ejercicio de esta Constitución y de las Autoridades creadas por ella, se declarará en
estado de sitio la Provincia o territorio en donde exista la perturbación del orden,
quedando suspensas allí las garantías constitucionales. Pero durante esta suspensión
no podrá el Presidente de la República condenar por si ni aplicar penas. Su poder se
limitará en tal caso respecto de las personas, a arrestarlas ó trasladarlas de un punto a
otro de la Nación, si ellas no prefiriesen salir fuera del territorio argentino.
Antecedente nacional.
Disposiciones generales sobre seguridad individual (1811). Art. 9°: Sólo en el remoto y
extraordinario caso de comprometerse la tranquilidad pública o la seguridad de la
patria, podrá el Gobierno suspender este decreto, mientras dure la necesidad, dando
cuenta inmediatamente a la Asamblea General con justificación de los motivos, de esta
medida.
Fuente.
Constitución de Chile (1833). Art. 161: Declarado algún punto de la República en
estado de sitio, se suspende el imperio de la Constitución en el territorio comprendido
en la declaración; pero durante esta suspensión, y en el caso en que usase el
Presidente de la República de facultades extraordinarias especiales, concedidas por el
Congreso, no podrá la autoridad pública condenar por si, ni aplicar penas. Las medidas
que tomare en estos casos contra las personas, no pueden exceder de un arresto, 6
traslación a cualquier punto de la República.

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Art. 24: El Congreso promoverá la reforma de la actual legislación en todos sus ramos,
y el establecimiento del juicio por jurados.
Antecedentes nacionales.
Proyecto de Constitución de 1813 (P. A. C.). Art. 184: Mientras se organiza el código
civil, y criminal, quedan en su fuerza las Leyes y la práctica observada hasta aquí en
todos los puntos en que directa ó indirectamente no se opongan a lo establecido en
esta Constitución.
Constitución de 1826. Art. 164: Es del interés, y del derecho de todos los miembros del
estado el ser juzgados por jueces los más independientes e imparciales, que sea dado a
la condición de las cosas humanas. El cuerpo Legislativo cuidará de preparar, y poner
en planta el establecimiento del juicio por jurados, en cuanto lo permitan las
circunstancias.
Proyecto de Alberdi. Art. 31: La constitución garantiza la reforma de las leyes civiles,
comerciales y administrativas, sobre las bases declaradas en su derecho público.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. III. Sección 2: El juicio de
todos los delitos, excepto en el caso de acusación pública, será por jurados.
Art. 25: El Gobierno Federal fomentará la inmigración Europea; y no podrá restringir,
limitar ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los
extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias, e introducir y
enseñar las ciencias y las artes.
Antecedente nacional.
Proyecto de Alberdi. Art. 33: La inmigración no podrá ser restringida, ni limitada de
ningún modo, en ninguna circunstancia ni por pretexto alguno.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 9: La inmigración
e importación de las personas que cualquiera de los estados ahora existentes crea conveniente admitir, no será prohibida por el Congreso antes del año 1808; pero podrá
imponerse una contribución no excedente de diez dólares por cada persona que se
importe.
Art. 26: La navegación de los nos interiores de la Nación es libre para todas las
banderas, con sujeción únicamente a los reglamentos que dicte la Autoridad Nacional.
Antecedentes nacionales.
Proyecto de Alberdi. Art. 34: La navegación de los ríos interiores es libre para todas las
banderas.

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Art. 27: El Gobierno Federal está obligado a afianzar sus relaciones de Paz y Comercio
con las Potencias extranjeras por medio de tratados que estén en conformidad con los
principios de derecho público establecidos en esta Constitución.
Antecedente nacional.
Proyecto de Alberdi. Art. 35: Las relaciones de la Confederación con las naciones
extranjeras respecto a comercio, navegación y mutua frecuencia, serán consignadas y
escritas en tratados que tendrán por bases las garantías constitucionales deferidas a
los extranjeros. El Gobierno tiene el deber de promoverlos.
Art. 28: Los principios, garantías y derechos reconocidos en los anteriores artículos, no
podrán ser alterados por las leyes que reglamenten su ejercicio.
Antecedente nacional.
Proyecto de Alberdi. Art. 36: Las leyes orgánicas. que reglen el ejercicio de estas
garantías de orden y de progreso, no podrán disminuidas ni desvirtuadas con
excepciones.
Art. 29: El Congreso no puede conceder al Ejecutivo Nacional, ni las Legislaturas
provinciales a los Gobernadores de Provincia, facultades extraordinarias, ni la suma del
poder público, ni otorgarles sumisiones o supremacías por las que la vida, el honor o las
fortunas de los Argentinos queden a merced de Gobiernos o de persona alguna. Actos
de esta naturaleza llevan consigo una nulidad insanable, y sujetarán a los que los
formulen, consientan o firmen, a la responsabilidad y pena de los infames traidores a la
Patria.
Antecedente nacional.
Doctrina nacional impuesta por la experiencia histórica local.
Proyecto de Constitución para la Provincia de Buenos Aires (Diciembre de 1833). Art.
170: Jamás podrá en la provincia el Poder ejecutivo ser investido con facultades
extraordinarias, para disponer de las vidas ni fortunas de los particulares, ni trastornar
el orden y forma de la administración establecidos por las leyes.
Art. 30: La Constitución puede reformarse en todo o en cualquiera de sus partes. La
necesidad de reforma debe ser declarada por el Congreso con el voto de dos terceras
partes, al menos, de sus miembros; pero no se efectuará sino por una Convención
convocada al efecto.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América. (1787). Art. V: El Congreso podrá
proponer enmiendas de esta Constitución, siempre que los dos tercios de ambas
cámaras las juzguen necesarias; o si las legislaturas de dos tercios de los estados lo
solicitaren, convocará una convención para proponer enmiendas, las cuales en uno u
otro caso, serán válidas para todos intentos y fines, como parte de esta constitución,
cuando sean ratificadas por las legislaturas de tres cuartas partes de los estados, o por
convenciones en tres cuartas partes de ellos, según que el Congreso proponga uno u

Fuentes de la Constitución Nacional

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otro modo de ratificación; con tal que ninguna enmienda que se haga antes de 1808,
afecte en manera alguna lo dispuesto en la primera y cuarta cláusula de la sección
novena del artículo primero; y que ningún estado sea privado de su voto igual en el
senado, sin su consentimiento.
Art. 31: Esta Constitución, las leyes de la Nación que en su consecuencia se dicten por el
Congreso y los tratados con las potencias extranjeras son la ley Suprema de la Nación;
y las Autoridades de cada Provincia están obligadas a conformarse a ella, no obstante
cualquiera disposición en contrario que contengan las leyes o Constituciones Provinciales, salvo para la Provincia de Buenos Aires, los Tratados ratificados después del Pacto
de 11 de noviembre de 1859.
Antecedentes nacionales.
Proyecto de Constitución de 1813 (P. A. C.). Art. 185: La presente constitución, las
Leyes que en consecuencia se expidan, y todos los tratados que se concluyan bajo la
autoridad del Gobierno de las Provincias unidas del Río de la Plata, serán la Suprema
Ley del Estado, que todos los Individuos observarán religiosamente sin excusa ni pretexto alguno.
Constitución de 1853. Art. 31: Esta Constitución, las leyes de la Confederación que en
su consecuencia se dicten por el Congreso, y los tratados con las potencias extranjeras,
son la suprema ley de la Nación; y las autoridades de cada Provincia están obligadas a
conformarse a ellas, no obstante cualquiera disposición en contrario que contengan las
leyes o Constituciones Provinciales.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. VI: Esta constitución, y las
leyes de los Estados Unidos que se hagan en conformidad de ella y todos los tratados
hechos, ó que se hicieren bajo la autoridad de los Estados Unidos, serán la suprema ley
del país; y los jueces se arreglarán a ellas en todo estado, no obstante cualquier cosa
en contrario en la constitución ó leyes de cualquier estado.
Art. 32: El Gobierno Federal no dictará leyes que restrinjan la libertad de imprenta o
establezcan sobre ella la jurisdicción federal.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 161: La libertad de publicar sus ideas por la prensa, que es
un derecho tan apreciable al hombre, como esencial para la conservación de la libertad
civil, será plenamente garantida por las leyes.
Fuentes.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787): Artículos adicionales. Art. 1: El
Congreso no hará ley ninguna ... ni para restringir la libertad de la palabra ó de la
prensa.
Constitución Francesa (1793). Art. 7°: No puede prohibirse el derecho de comunicar los
pensamientos y opiniones, ya sea por la prensa o de otra manera.

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Art. 33: Las declaraciones, derechos y garantías que enumera la Constitución, no serán
entendidos como negación de otros derechos y garantías no enumerados; pero que
nacen del principio de la Soberanía del Pueblo y de la forma Republicana de Gobierno.
Antecedente nacional.
Proyecto de Constitución de 1813 (P. A. C.). Cap. 1 Art. 1: Inc. 2. La soberanía del
Estado, reside esencialmente en el Pueblo, y el ejercicio de ella en sus inmediatos
delegados.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Artículos adicionales. Art. IX: La
enumeración de ciertos derechos en la constitución, no se interpretará como una
negación o desmejora de otros retenidos por el pueblo.
Constitución de California (1849). Art. 1 Sección 21: Esta enumeración de derechos no
se interpondrá como una denegación o infirmación de otros retenidos por el pueblo.
Art. 34: Los jueces de las Cortes Federales no podrán serlo al mismo tiempo de los
Tribunales de Provincia, ni el servicio Federal, tanto en lo civil como en lo militar, da
residencia en la Provincia en que se ejerza, y que no sea la del domicilio habitual del
empleado, entendiéndose esto para los efectos de optar a empleos en la Provincia en
que accidentalmente se encuentre.
Antecedentes nacionales.
Doctrina nacional.
Constitución de 1826. Art. 116: Los miembros de la alta corte de justicia no pueden ser
senadores, ni representantes, sin hacer dimisión de sus empleos; ni pueden ser
empleados en otros destinos por el presidente de la república, sin su consentimiento, y
aprobación de la corte.
Art. 35: Las denominaciones adoptadas sucesivamente desde 1810 hasta el presente, a
saber: Provincias Unidas del Río de la Plata; República Argentina, Confederación
Argentina, serán en adelante nombres oficiales indistintamente para la designación del
Gobierno y territorio de las Provincias; empleándose las palabras “Nación Argentina”
en la formación y sanción de las Leyes.
Antecedente nacional.
Doctrina nacional.
CAPITULO II – Nuevos derechos y garantías
Art. 36: Esta Constitución mantendrá su imperio aun cuando se interrumpiere su
observancia por actos de fuerza contra el orden institucional y el sistema democrático.
Estos actos serán insanablemente nulos.

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Sus autores serán pasibles de la sanción prevista en el art. 29 inhabilitados a
perpetuidad para ocupar cargos públicos y excluidos de los beneficios del indulto y la
conmutación de penas.
Tendrán las mismas sanciones quienes, como consecuencia de estos actos usurparen
funciones previstas para las autoridades de esta Constitución o las de las provincias los
que responderán civil y penalmente de sus actos. Las acciones respectivas serán
imprescriptibles.
Todos los ciudadanos tienen el derecho de resistencia contra quienes ejecutaren los
actos de fuerza enunciados en este artículo.
Atentará asimismo contra el sistema democrático quien incurriere en grave delito
doloso contra el Estado que conlleve enriquecimiento, quedando inhabilitado por el
tiempo que las leyes determinen para ocupar cargos o empleos públicos.
El Congreso sancionará una ley sobre ética pública para el ejercicio de la función.
Art. 37: Esta Constitución garantiza el pleno ejercicio de los derechos políticos, con
arreglo al principio de la soberanía popular y de las leyes que se dicten en
consecuencia. El sufragio es universal, igual, secreto y obligatorio.
La igualdad real de oportunidades entre varones y mujeres para el acceso a cargos
electivos y partidarios se garantizará por acciones positivas en la regulación de los
partidos políticos y en el régimen electoral.
Art. 38: Los partidos políticos son instituciones fundamentales del sistema democrático.
Su creación y el ejercicio de sus actividades son libres dentro del respeto a esta
Constitución la que garantiza su organización y funcionamiento democráticos, la
representación de las minorías, la competencia para la postulación de candidatos a
cargos públicos electivos, el acceso a la información pública y la difusión de sus ideas.
El Estado contribuye al sostenimiento económico de sus actividades y de la
capacitación de sus dirigentes.
Los partidos políticos deberán dar publicidad del origen y destino de sus fondos y
patrimonio.
Art. 39: Los ciudadanos tienen el derecho de iniciativa para presentar proyectos de ley
en la Cámara de Diputados. El Congreso deberá darles expreso tratamiento dentro del
término de doce meses.
El Congreso, con el voto de la mayoría absoluta de la totalidad de los miembros de
cada Cámara, sancionará una ley reglamentaria que no podrá exigir más del tres por
ciento del padrón electoral nacional, dentro del cual deberá contemplar una adecuada
distribución territorial para suscribir la iniciativa.
No serán objeto de iniciativa popular los proyectos referidos a reforma constitucional,
tratados internacionales, tributos, presupuesto y materia penal.

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Art. 40: El Congreso, a iniciativa de la Cámara de Diputados, podrá someter a consulta
popular un proyecto de ley. La ley de convocatoria no podrá ser vetada. El voto
afirmativo del proyecto por el pueblo de la Nación lo convertirá en ley y su
promulgación será automática.
El Congreso o el presidente de la Nación, dentro de sus respectivas competencias,
podrán convocar a consulta popular no vinculante. En este caso el voto no será
obligatorio.
El Congreso, con el voto de la mayoría absoluta de la totalidad de los miembros de
cada Cámara, reglamentará las materias, procedimientos y oportunidad de la consulta
popular.
Art. 41: Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto
para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las
necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras; y tienen el
deber de preservarlo. El daño ambiental generará prioritariamente la obligación de
recomponer, según lo establezca la ley.
Las autoridades proveerán a la protección de este derecho, a la utilización racional de
los recursos naturales, a la preservación del patrimonio natural y cultural y de la
diversidad biológica, y a la información y educación ambientales.
Corresponde a la Nación dictar las normas que contengan los presupuestos mínimos de
protección, y a las provincias, las necesarias para complementarlas, sin que aquéllas
alteren las jurisdicciones locales.
Se prohíbe el ingreso al territorio nacional de residuos actual o potencialmente
peligrosos, y de los radiactivos.
Art. 42: Los consumidores y usuarios de bienes y servicios tienen derecho, en la relación
de consumo, a la protección de su salud, seguridad e intereses económicos; a una
información adecuada y veraz; a la libertad de elección, y a condiciones de trato
equitativo y digno.
Las autoridades proveerán a la protección de esos derechos, a la educación para el
consumo, a la defensa de la competencia contra toda forma de distorsión de los
mercados, al control de los monopolios naturales y legales, al de la calidad y eficiencia
de los servicios públicos, y a la constitución de asociaciones de consumidores y de
usuarios.
La legislación establecerá procedimientos eficaces para la prevención y solución de
conflictos, y los marcos regulatorios de los servicios públicos de competencia nacional,
previendo la necesaria participación de las asociaciones de consumidores y usuarios y
de las provincias interesadas, en los organismos de control.
Art. 43: Toda persona puede interponer acción expedita y rápida de amparo, siempre
que no exista otro medio judicial más idóneo, contra todo acto u omisión de
autoridades públicas o de particulares, que en forma actual o inminente lesione,
restrinja, altere o amenace, con arbitrariedad o ilegalidad manifiesta, derechos y
garantías reconocidos por esta Constitución, un tratado o una ley. En el caso, el juez

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podrá declarar la inconstitucionalidad de la norma en que se funde el acto u omisión
lesiva.
Podrán interponer esta acción contra cualquier forma de discriminación y en lo relativo
a los derechos que protegen al ambiente, a la competencia, al usuario y al consumidor,
así como a los derechos de incidencia colectiva en general, el afectado, el defensor del
pueblo y las asociaciones que propendan a esos fines, registradas conforme a la ley, la
que determinará los requisitos y formas de su organización.
Toda persona podrá interponer esta acción para tomar conocimiento de los datos a ella
referidos y de su finalidad, que consten en registros o bancos de datos públicos, o los
privados destinados a proveer informes, y en caso de falsedad o discriminación, para
exigir la supresión, rectificación, confidencialidad o actualización de aquéllos. No podrá
afectarse el secreto de las fuentes de información periodística.
Cuando el derecho lesionado, restringido, alterado o amenazado fuera la libertad física,
o en caso de agravamiento ilegítimo en la forma o condiciones de detención, o en el de
desaparición forzada de personas, la acción de hábeas corpus podrá ser interpuesta
por el afectado o por cualquiera en su favor y el juez resolverá de inmediato, aun
durante la vigencia del estado de sitio.
SEGUNDA PARTE – AUTORIDADES DE LA NACIÓN
TÍTULO PRIMERO – Gobierno Federal
SECCIÓN PRIMERA – Del Poder Legislativo
Art. 44: Un Congreso compuesto de dos Cámaras, una de Diputados de la Nación y otra
de Senadores de las Provincias y de la Ciudad de Buenos Aires, será investido del Poder
Legislativo de la Nación.
Antecedentes nacionales.
Proyecto de Constitución de la Sociedad Patriótica (1813). Art. 79: El congreso o
cuerpo Legislativo se compondrá de dos Cámaras, una de Representantes y otra de
Senadores.
Proyecto de Constitución de 1813 (P. A. C.). Art. 66: Los Representantes de las
Provincias y los Senadores forman el cuerpo Legislativo. El cuerpo Legislativo se dividirá en dos Salas que se denominarán la Sala del Senado y la Sala de los
Representantes.
Constitución de 1826. Art. 9°: El poder legislativo se expedirá por un congreso
compuesto de dos cámaras, una de representantes, y otra de senadores.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 1: Todos los
poderes legislativos en esta constitución concedidos, serán investidos en un Congreso
de los Estados Unidos, que se compondrá de un Senado y una Cámara de
representantes.

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CAPITULO I – De la Cámara de Diputados.
Art. 45: La Cámara de Diputados se compondrá de representantes elegidos
directamente por el pueblo de las provincias, de la ciudad de Buenos Aires, y de la
Capital en caso de traslado, que se consideran a este fin como distritos electorales de
un solo Estado y a simple pluralidad de sufragios. El número de representantes será de
uno por cada treinta y tres mil habitantes o fracción que no baje de dieciséis mil
quinientos. Después de la realización de cada censo, el Congreso fijará la
representación con arreglo al mismo, pudiendo aumentar pero no disminuir la base
expresada para cada diputado.
Antecedentes nacionales.
Constitución de 1826. Art. 10: La cámara de representantes se compondrá de
diputados elegidos por nombramiento directo de los pueblos, y a simple pluralidad de
sufragios, en la Proporción de uno por quince mil habitantes; o de una fracción, que
iguale al número de ocho mil.
Proyecto de Alberdi. Art. 61: La Cámara de Diputados representa la nación en globo, y
sus miembros son elegidos por el pueblo de las Provincias, que se considerarán a este
fin como distritos electorales de un solo Estado. Cada diputado representa a la Nación,
no al pueblo que lo elige.
Decreto de la Soberana Asamblea Gral. Constituyente. Marzo 8 de 1813. Los Diputados
de las Provincias Unidas, son diputados de la Nación en general, sin perder por esto la
denominación del pueblo a que deben su nombramiento, no pudiendo en ningún
modo obrar en comisión.
Fuentes.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 2: La Cámara de
representantes se compondrá de miembros elegidos cada dos años por el pueblo de
los diversos estados ....
Constitución de Chile (1833). Art. 18: La Cámara de Diputados se compondrá de
miembros elegidos por los departamentos en votación directa, y en la forma que
determinará la ley de elecciones. Art. 19: Se elegirá un Diputado por cada veinte mil almas, y por una fracción que no baje de diez mil.
Art. 46: Los diputados para la primera Legislatura se nombrarán en la proporción
siguiente: por la provincia de Buenos Aires doce: por la de Córdoba seis: por la de
Catamarca tres: por la de Corrientes cuatro: por la de Entre Ríos dos: por la de Jujuy
dos: por la de Mendoza tres: por la de La Rioja dos: por la de Salta tres: por la de
Santiago cuatro: por la de San Juan dos: por la de Santa Fe dos: por la de San Luis dos:
y por la de Tucumán tres.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 11: Los diputados para la primera legislatura se nombrarán
en la proporción siguiente: por la capital, cinco: por el territorio desmembrado de la
capital, cuatro: por la provincia de Córdoba, seis: por la de Catamarca, tres: por la de

Fuentes de la Constitución Nacional

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Corrientes, tres: por la de Entre Ríos. dos: por la de Montevideo, cuatro: por la de
Mendoza, dos: por la de Misiones, uno: por la de la Rioja, dos: por la de Salta y Jujuy,
tres: por la de Santiago del Estero, cuatro: por la de San Juan, dos: por la de San Luis,
dos: por la de Santa Fe. uno: por la de Tucumán, tres; y por la de Tanja, dos.
Fuentes.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 2: El número de
representantes no excederá uno por cada treinta mil habitantes, pero cada estado tendrá al menos un representante; y hasta que se haga la enumeración, el estado de
Nueva Hampshire tendrá derecho a elegir tres, el de las Colonias de Rhode Island y
Providencia uno, Connecticut cinco, Nueva York seis, Nueva Jersey cuatro, Pensilvania
ocho, Delaware uno, Maryland seis, Virginia diez, Carolina del Norte cinco, Corolina del
Sur cinco, y Georgia tres.
Constitución de la Rep. O. del Uruguay (1829). Cap. II. Art. 20: Los representantes para
la primera y segunda legislatura, serán nombrados en la proporción siguiente: por el
Departamento de Montevideo cinco: por el de Maldonado cuatro: por el de Canelones
cuatro: por el de San José tres: por el de Colonia tres: por el de Soriano tres: por el de
Paisandú tres: por el de Durazno dos: y por el de Cerro Largo dos.
Art. 47: Para la segunda Legislatura deberá realizarse el censo general, y arreglarse a
él el número de diputados; pero este censo sólo podrá renovarse cada diez años.
Antecedentes nacionales.
Proyecto de Constitución de la Sociedad Patriótica (1813). Art. 38: Para las Asambleas
primarias debe antes haberse practicado un censo puntual de todas las Ciudades, y
distritos donde no lo hubiese ya formado por lo menos de ocho años a esta parte, y
cada diez se renovará.
Constitución de 1826. Art. 12: Para la segunda Legislatura deberá realizarse el censo
general, y arreglarse a él el número de diputados; pero ese censo sólo podrá renovarse
cada ocho años.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 2: La
enumeración efectiva se hará dentro de tres años, después de la primera reunión del
Congreso de los Estados Unidos, y dentro de cada término subsiguiente de diez años,
de la manera que se ordenare por la ley.
Art. 48: Para ser diputado se requiere haber cumplido la edad de veinte y cinco años,
tener cuatro años de ciudadanía en ejercicio, y ser natural de la Provincia que lo elija, o
con dos años de residencia inmediata en ella.
Antecedentes nacionales.
Constitución de 1826. Art. 15: Ninguno podrá ser representante, sin que tenga las
calidades de siete años de ciudadano antes de su nombramiento: veinte y cinco años
cumplidos: un capital de cuatro mil pesos; o en su defecto, profesión, arte, u oficio útil,

Fuentes de la Constitución Nacional

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y que no esté dependiente del poder ejecutivo por servicio a sueldo. (Esta condición,
por el término de diez años, sólo tendrá efecto respecto de los empleados ad nutum
amovibles).
Proyecto de Constitución de la Comisión Redactora (1853): Art. 36: Para ser diputado
se requiere haber cumplido la edad de veinte y cinco años, tener cuatro años de
ciudadanía en ejercicio, y hallarse al tiempo de su elección residiendo en la Provincia
en que fuere electo.
Constitución de 1853. Art. 36: Para ser Diputado se requiere haber cumplido la edad
de veinticinco años, y tener cuatro años de ciudadanía en ejercicio.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Sección 2: No deberá ser
representante ninguna persona que no haya llegado a la edad de veinte y cinco años, y
sido por siete años ciudadano de los Estados Unidos, y que al tiempo de la elección no
sea habitante del estado en donde sea elegido.
Art. 49: Por esta vez las Legislaturas de las Provincias reglarán los medios de hacer
efectiva la elección directa de los Diputados de la Nación: para lo sucesivo el Congreso
expedirá una ley general.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 14: Por esta vez reglará cada junta de provincia los medios
de hacer efectiva la elección directa de los representantes, en conformidad a los
artículos anteriormente citados: para lo sucesivo el congreso expedirá una ley general.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 4: La legislatura
determinará en cada estado los tiempos, lugares y manera de hacer las elecciones para
senadores y representantes; pero el Congreso puede en cualquier tiempo hacer o
alterar por ley esos arreglos, excepto por lo que respecta a los lugares de elegir
senadores.
Art. 50: Los diputados durarán en su representación por cuatro años, y son reelegibles;
pero la Sala se renovará por mitad cada bienio; a cuyo efecto los nombrados para la
primera Legislatura, luego que se reúnan, sortearán los que deberán salir en el primer
periodo.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 16: Los diputados durarán en su representación por cuatro
años, pero la Sala se renovara por mitad cada bienio.
Fuente.
Constitución de la República de Bolivia (1843). Art. 23: La Cámara de Representantes
se renovará por mitad cada ano. La primera renovación se verificará por suerte; y si
resulta fracción, saldrá esta en el segundo bienio.

Fuentes de la Constitución Nacional

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Art. 51: En caso de vacante, el Gobierno de Provincia, o de la Capital, hace proceder a
elección legal de un nuevo miembro.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 2: Cuando
sobrevengan vacantes en la representación de algún estado, la autoridad ejecutiva de
él expedirá órdenes de elección para llenar dichas vacantes.
Art. 52: A la Cámara de Diputados corresponde exclusivamente la iniciativa de las leyes
sobre contribuciones y reclutamiento de tropas.
Antecedentes nacionales.
Constitución de 1826. Art. 18: La cámara de representantes tiene exclusivamente la
iniciativa en la imposición de contribuciones, quedando al senado la facultad de admitirlas, rehusarlas, u objetarles reparos.
Proyecto de Alberdi. Art. 65: A la Cámara de Diputados corresponde exclusivamente la
iniciativa de las leyes sobre contribuciones y sobre reclutamiento de tropas.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 7: Todas las leyes
para levantar rentas tendrán su origen en la Cámara de representantes; pero el Senado
puede proponer modificaciones o enmiendas, o concurrir con ellas como respecto de
las demás leyes.
Constitución de Chile (1833). Art. 40: Las leyes sobre contribuciones de cualquier
naturaleza que sean, y sobre reclutamiento, sólo pueden tener principio en la Cámara
de Diputados.
Art. 53: Sólo ella ejerce el derecho de acusar ante el Senado al presidente,
vicepresidente, al jefe de gabinete de ministros, a los ministros y a los miembros de la
Corte Suprema, en las causas de responsabilidad que se intenten contra ellos, por mal
desempeño o por delito en el ejercicio de sus funciones; o por crímenes comunes,
después de haber conocido de ellos y declarado haber lugar a la formación de causa
por la mayoría de dos terceras partes de sus miembros presentes.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 19: Ella tiene igualmente el derecho exclusivo de acusar
ante el senado al presidente de la república, y sus ministros: a los miembros de ambas
cámaras, y a los de la alta corte de justicia, por delitos de traición, concusión,
malversación de los fondos públicos, violación de la constitución, particularmente con
respecto a los derechos primarios de los ciudadanos, u otros crímenes, que merezcan
pena infamante, o de muerte.
Fuentes.

Fuentes de la Constitución Nacional

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Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 2: La Cámara de
representantes elegirá su presidente y demás empleados; y sólo ella tendrá el poder
de acusación pública (impeachment).
Constitución de la Rep. O. del Uruguay (1829). Cap. II, Art. 26: Compete a la Cámara de
Representantes... 2° El derecho exclusivo de acusar ante el Senado al Jefe Superior del
Estado, y sus ministros, a los miembros de ambas cámaras, y de la Alta Corte de
Justicia. por delitos de traición, concusión, malversación de fondos públicos, violación
de la Constitución, u otros que merezcan pena infamante ó de muerte, después de
haber conocido sobre ellos, a petición de parte, o de alguno de sus miembros, y declarado haber lugar a la formación de causa.
CAPITULO II – Del Senado
Art. 54: El Senado se compondrá de tres senadores por cada provincia y tres por la
ciudad de Buenos Aires, elegidos en forma directa y conjunta, correspondiendo dos
bancas al partido político que obtenga el mayor número de votos, y la restante al
partido político que le siga en número de votos. Cada senador tendrá un voto.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 3: El Senado de
los Estados Unidos se compondrá de dos senadores por cada estado, elegidos por su
legislatura por el término de seis años; y cada senador tendrá un voto.
Art. 55: Son requisitos para ser elegido Senador: tener la edad de treinta años, haber
sido seis años ciudadano de la Nación, disfrutar de una renta anual de dos mil pesos
fuertes o de una entrada equivalente, y ser natural de la Provincia que lo elija o con dos
años de residencia inmediata en ella.
Antecedentes nacionales.
Constitución de 1826. Art. 24: Ninguno será nombrado senador que no tenga la edad
de treinta y seis años cumplidos, nueve de ciudadano, una capital de diez mil pesos, o
una renta equivalente, o profesión científica, capaz de producirla.
Constitución de 1853. Art. 43: Son requisitos para ser elegido Senador: tener la edad
de treinta años, haber sido seis años ciudadano de la Confederación, y disfrutar de una
renta anual de dos mil pesos fuertes, o de una entrada equivalente.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 3: No será
senador ninguna persona que no haya llegado a la edad de treinta años, y sido por
nueve años ciudadano de los Estados Unidos, y que al tiempo de la elección no haya
sido habitante del estado que lo elija.
Art. 56: Los senadores duran seis años en el ejercicio de su mandato, y son reelegibles
indefinidamente; pero el Senado se renovará a razón de una tercera parte de los
distritos electorales cada dos años.
Antecedente nacional.

Fuentes de la Constitución Nacional

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Constitución de 1826. Art. 26: Durarán en el cargo por el tiempo. de nueve años,
renovándose por terceras partes cada trienio, y se decidirá por la suerte, luego que
todos se reúnan, quienes deben salir el primero, y el segundo trienio.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 3: El Senado de
los Estados Unidos se compondrá de dos senadores por cada estado, elegidos por su
legislatura por el término de seis años .... Inmediatamente después que se hayan
reunido los senadores en consecuencia de la primera elección, se dividirán tan
igualmente como pueda ser en tres clases. Los asientos de los senadores de la primera
clase quedarán vacantes a la expiración del segundo año, los de la segunda clase a la
expiración del cuarto año, y los de la tercera clase a la expiración del sexto año, de
modo que un tercio sea elegido cada dos años.
Art. 57: El Vicepresidente de la Nación será presidente del Senado; pero no tendrá voto
sino en el caso que haya empate en la votación.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 3: El
vicepresidente de los Estados Unidos será presidente del Senado, pero no tendrá voto
sino en los casos de empate.
Art. 58: El Senado nombrará un Presidente provisorio que lo presida en caso de
ausencia del Vicepresidente, o cuando éste ejerza las funciones de Presidente de la
Nación.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 3: El Senado
elegirá sus demás empleados y también un presidente pro tempore, en ausencia del
vicepresidente, o cuando éste ejerza el empleo de Presidente de los Estados Unidos.
Art. 59: Al Senado corresponde juzgar en juicio público a los acusados por la Cámara de
Diputados, debiendo sus miembros prestar juramento para este acto. Cuando el acusado sea el Presidente de la Nación, el Senado será presidido por el Presidente de la
Corte Suprema. Ninguno será declarado culpable sino a mayoría de los dos tercios de
los miembros presentes.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 27: Al senado corresponde juzgar en juicio público a los
acusados por la sala de representantes. Art. 28: La concurrencia de las dos terceras
partes de sufragios hará sentencia contra el acusado, únicamente al efecto de
separarlo del empleo.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 3: Solamente el
Senado tendrá poder para juzgar todas las acusaciones públicas (impeachments).
Cuando tenga sesión para ese fin, sus miembros procederán bajo juramento o

Fuentes de la Constitución Nacional

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afirmación. Cuando se juzgue al Presidente de los Estados Unidos, presidirá el justicia
mayor (presidente de la Suprema Corte); y nadie será condenado sin que concurran
para ello los votos de los dos tercios de los miembros presentes.
Art. 60: Su fallo no tendrá más efecto que destituir al acusado, y aún declararle incapaz
de ocupar ningún empleo de honor, de confianza o a sueldo en la Nación. Pero la parte
condenada quedará, no obstante, sujeta a acusación, juicio y castigo conforme a las
leyes ante los tribunales ordinarios.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 29: La parte convencida y juzgada, quedará no obstante
sujeta a acusación, juicio y castigo, conforme a la ley.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 3: La sentencia en
caso de acusación pública no se extenderá a otra cosa que a remover de su empleo al
acusado, a inhabilitarlo para tener o gozar ningún empleo de honor, confianza o
lucrativo bajo los Estados Unidos; pero la parte condenada quedará sin embargo
obligada y sujeta a acusación, juicio, sentencia y castigo según las leyes.
Art. 61: Corresponde también al Senado autorizar al Presidente de la Nación para que
declare en estado de sitio, uno o varios puntos de la República en caso de ataque
exterior.
Fuente.
Constitución de Chile (1833). Art. 82: Son atribuciones especiales del Presidente: 20°
Declarar en estado de sitio uno o varios puntos de la República en caso de ataque
exterior, con acuerdo del Consejo de Estado, y por un determinado tiempo.
Art. 62: Cuando vacase alguna plaza de Senador por muerte, renuncia u otra causa, el
Gobierno a que corresponda la vacante hace proceder inmediatamente a la elección de
un nuevo miembro.
Antecedente nacional.
Proyecto de Ángelis. Art. 38: Cuando falte algún Senador, por muerte, destitución, u
otra causa, se avisará a la Legislatura correspondiente, para que nombre el que deba
reemplazarle.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 3: ... y si
sobrevinieren vacantes por renuncia, o de otra manera, durante el receso de la
legislatura de algún estado, el ejecutivo de él puede hacer nombramientos temporales
hasta la siguiente reunión de la legislatura, la cual llenará tales vacantes.
CAPITULO III – Disposiciones comunes a ambas cámaras

Fuentes de la Constitución Nacional

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Art. 63: Ambas Cámaras se reunirán por sí mismas en sesiones ordinarias todos los
años desde el primero de marzo hasta el treinta de noviembre. Pueden también ser
convocadas extraordinariamente por el Presidente de la Nación o prorrogadas sus
sesiones.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 31: Ambas Cámaras se reunirán en la capital, y tendrán sus
sesiones diarias en los meses de Mayo, Junio, Julio, Agosto y Septiembre, debiendo
permanecer en ella sus miembros en los meses restantes del año.
Fuentes.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 4: El Congreso se
reunirá una vez a lo menos en cada año, y tal reunión tendrá lugar el primer lunes de
Diciembre a menos que por ley señale un día diferente. Art. II Sección 3: El presidente
... en ocasiones extraordinarias puede convocar ambas Cámaras, o una u otra de ellas.
Constitución de Chile (1833). Art. 52: El Congreso abrirá sus sesiones ordinarias el día
1° de Junio de cada año, y las cerrará el 1° de Septiembre. Art. 53: Convocado
extraordinariamente el Congreso, se ocupará en los negocios que hubieren motivado
la convocatoria, con exclusión de todo otro.
Art. 64: Cada Cámara es Juez de las elecciones, derechos y títulos de sus miembros en
cuanto a su validez. Ninguna de ellas entrará en Sesión sin la mayoría absoluta de sus
Miembros; pero un número menor podrá compeler a los miembros ausentes a que
concurran a las Sesiones, en los términos y bajo las penas que cada Cámara
establecerá.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 32: Cada sala será privativamente el juez para calificar la
elección de sus miembros. Art. 34: Ninguna de las salas comenzará sus funciones,
mientras que no hayan llegado al lugar de las sesiones, y se reúnan en cada una de
ellas dos terceras partes de sus miembros; pero un número menor podrá compeler a
los que no hayan concurrido a verificarlo, en los términos, y bajo los apremios, que
cada sala proveerá.
Fuentes.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 5: Cada cámara
será el Juez de las elecciones, escrutinios y calificaciones de sus miembros, y la mayoría
de ellos constituirá quórum para despachar los negocios; pero un número menor
puede emplazarse de día en día, y está autorizado para compeler a los miembros
ausentes a que asistan, de la manera y bajo las penas que cada cámara establezca.
Constitución de Chile (1833). Art. 54: Ninguna de las Cámaras puede entrar en sesión
sin la concurrencia de la mayoría absoluta de los miembros de que debe componerse.

Fuentes de la Constitución Nacional

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Art. 65: Ambas Cámaras empiezan y concluyen sus Sesiones simultáneamente.
Ninguna de ellas mientras se hallen reunidas, podrá suspender sus Sesiones más de tres
días, sin el consentimiento de la otra.
Antecedente nacional.
Proyecto de Constitución de 1813 (P. A. C.). Art. 85: Una Sala no prorrogará sus
sesiones por más de tres días sin consentimiento de la otra, ni podrá transferirse a un
lugar distante del que haya designado la ley.
Fuentes.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 5: Durante la
sesión del Congreso, ninguna de las cámaras se emplazará para después de más de
tres días, ni para otro lugar que aquel en que estén celebrando sus sesiones, sin que
para ello concurra el consentimiento de la otra.
Constitución de Chile (1833). Art. 56: El Senado y la Cámara de Diputados abrirán y
cerrarán sus sesiones ordinarias y extraordinarias a un mismo tiempo.
Art. 66: Cada Cámara hará su Reglamento, y podrá con dos tercios de votos, corregir a
cualquiera de sus miembros por desorden de conducta en el ejercicio de sus funciones,
o removerlo por inhabilidad física o moral sobreviniente a su incorporación, y hasta
excluirle de su seno; pero bastará la mayoría de uno sobre la mitad de los presentes
para decidir en las renuncias que voluntariamente hicieren de sus cargos.
Antecedentes nacionales.
Proyecto de Constitución de 1813 (P. A. C.). Art. 79: Cada una de las Salas prescribirá el
método interior que asegure el orden de sus debates y sesiones, y facilite el despacho
de sus resoluciones y Decretos.
Constitución de 1826. Art. 38: Puede igualmente cada sala corregir a cualquiera de sus
miembros, con igual número de votos, por desorden de conducta en el ejercicio de sus
funciones; o removerlos por inhabilidad física, o moral, sobreviniente a su
incorporación; pero bastará la mayoría de uno sobre la mitad de los presentes para
decidir en las renuncias, que voluntariamente hicieren de sus cargos.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 5: Cada cámara
puede determinar las reglas de sus procedimientos, castigar a sus miembros por su
conducta desordenada, y, con los votos de dos tercios, expeler a un miembro.
Art. 67: Los Senadores y Diputados prestarán, en el acto de su incorporación,
juramento de desempeñar debidamente el cargo, y de obrar en todo en conformidad a
lo que prescribe esta Constitución.
Antecedente nacional.
Constitución dc 1826. Art. 20: Los representantes en el acto de su incorporación
prestarán juramento de desempeñar debidamente el cargo, y de obrar en todo en

Fuentes de la Constitución Nacional

100

conformidad a lo que prescribe esta constitución. Art. 25: Los senadores, en el acto de
su incorporación prestarán el juramento prescripto en el artículo 20.
Art. 68: Ninguno de los miembros del Congreso puede ser acusado, interrogado
judicialmente, ni molestado por las opiniones o discursos que emita desempeñando su
mandato de Legislador.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 35: Los senadores y representantes jamás serán
responsables por sus opiniones, discursos, o debates.
Fuentes.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 6: Los senadores
y representantes ... no tendrán que responder en ningún otro lugar por ningún
discurso o debate en cualquiera de las cámaras.
Constitución Francesa (1793). Art. 43: En ningún tiempo puede hacerse responsables a
los diputados, ni acusárseles ni condenárseles a causa de las opiniones que emitan en
el cuerpo legislativo.
Art. 69: Ningún senador o diputado, desde el día de su elección hasta el de su cese,
puede ser arrestado; excepto el caso de ser sorprendido in fraganti en la ejecución de
algún crimen que merezca pena de muerte, infamante, u otra aflictiva; de lo que se
dará cuenta a la Cámara respectiva con la información sumaria del hecho.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 36: Tampoco serán arrestados por ninguna otra autoridad
durante su asistencia a la legislatura, y mientras vayan y vuelvan de ella; excepto el
caso de ser sorprendidos in fraganti en la ejecución de algún crimen, que merezca
pena de muerte, infamia, u otra aflictiva, de lo que se dará cuenta a la sala respectiva
con la información sumaría del hecho.
Fuentes.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 6: Estarán
exentos de ser arrestados, durante la asistencia a la sesión de sus respectivas cámaras
y mientras van a ellas y regresan a su domicilio, en todos los casos, excepto los de
traición, felonía e infracción a la paz.
Constitución Francesa (1793). Art. 44: En casos criminales pueden ser arrestados in
fraganti delito; pero la orden para que se les mantenga en prisión no puede ser
expedida sino por el cuerpo legislativo.
Art. 70: Cuando se forme querella por escrito ante las justicias ordinarias contra
cualquier Senador o Diputado, examinado el mérito del sumario en juicio público, podrá
cada Cámara, con dos tercios de votos, suspender en sus funciones al acusado, y
ponerlo a disposición del Juez competente para su juzgamiento.
Antecedente nacional.

Fuentes de la Constitución Nacional

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Constitución de 1826. Art. 37: Cuando se forme querella por escrito ante las justicias
ordinarias contra cualquier senador, o representante, por delito, que no sea de los
expresados en el artículo 19, examinado el mérito del sumario en juicio público, podrá
cada sala, con dos tercios de votos, suspender en sus funciones al acusado, y ponerlo a
disposición del tribunal competente para su juzgamiento.
Art. 71: Cada una de las Cámaras puede hacer venir a su Sala a los Ministros del Poder
Ejecutivo para recibir las explicaciones é informes que estime convenientes.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 39: Cada una de las cámaras puede hacer venir a su sala a
los ministros del poder ejecutivo para recibir los informes que estime convenientes.
Fuente.
Constitución Francesa (1793). Art. 77: El cuerpo legislativo lo llamará a su seno, en
todo o en parte, cuando lo juzgue necesario.
Art. 72: Ningún miembro del Congreso podrá recibir empleo o comisión del Poder
Ejecutivo, sin previo consentimiento de la Cámara respectiva, excepto los empleos de
escala.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 21: Ninguno después de incorporado podrá recibir empleo
del poder ejecutivo, sin el consentimiento de la cámara, y sin que quede vacante su
representación en el acto de admitirlo, salvo los empleos de escala.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 6: Ningún
senador o representante, durante el tiempo por el cual fue elegido, será nombrado
para ningún empleo civil bajo la autoridad de los Estados Unidos, que haya sido
creado, o cuyos emolumentos hayan sido aumentados durante dicho tiempo; y
ninguna persona que tenga algún empleo bajo la autoridad de los Estados Unidos, será
miembro de las cámaras mientras continúe en dicho empleo.
Art. 73: Los eclesiásticos regulares no pueden ser miembros del congreso, ni los
Gobernadores de Provincia por la de su mando.
Fuente.
Constitución de Chile (1833). Art. 23: No pueden ser diputados los eclesiásticos
regulares ... y gobernadores por la provincia o departamento que manden.
Art. 74: Los servicios de los Senadores y Diputados son remunerados por el Tesoro de la
Nación, con una dotación que señalará la ley.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Arts. 22 y 30: Serán compensados por sus servicios con una
dotación que señalará la ley.

Fuentes de la Constitución Nacional

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Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 6: Los senadores
y representantes recibirán por sus servicios una compensación, que determinará la ley,
y será pagada por la tesorería de los Estados Unidos.
CAPITULO IV – Atribuciones del Congreso
Art. 75: Corresponde al Congreso:
1. Legislar sobre las Aduanas exteriores. Establecer los derechos de importación y
exportación, los cuales, así como las avaluaciones sobre que recaigan, serán uniformes
en toda la Nación.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 46: Establecer derechos de importación, y exportación; y
por un tiempo, que no pase de dos años, imponer, para atender a las urgencias del
Estado, contribuciones proporcionalmente iguales en todo el territorio.
Fuentes.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 8: El Congreso
tendrá poder: Para establecer y cobrar impuestos, derechos, contribuciones y sisas
para pagar las deudas y proveer a la defensa común y al bienestar general de los
Estados Unidos; pero todos los derechos, impuestos y sisas serán uniformes en los
Estados Unidos.
Constitución de la Rep. O. del Uruguay (1829). Art. 17: A la Asamblea General
compete: 9° ... habilitar puertos, establecer aduanas y derechos de exportación e
importación.
2. Imponer contribuciones indirectas como facultad concurrente con las provincias.
Imponer contribuciones directas, por tiempo determinado, proporcionalmente iguales
en todo el territorio de la Nación, siempre que la defensa, seguridad común y bien
general del Estado lo exijan. Las contribuciones previstas en este inciso, con excepción
de la parte o el total de las que tengan asignación específica, son coparticipables.
Una ley convenio, sobre la base de acuerdos entre la Nación y las provincias, instituirá
regímenes de coparticipación de estas contribuciones, garantizando la automaticidad
en la remisión de los fondos.
La distribución entre la Nación, las provincias y la ciudad de Buenos Aires y entre éstas,
se efectuará en relación directa a las competencias, servicios y funciones de cada una
de ellas contemplando criterios objetivos de reparto; será equitativa, solidaria y dará
prioridad al logro de un grado equivalente de desarrollo, calidad de vida e igualdad de
oportunidades en todo el territorio nacional.
La ley convenio tendrá como Cámara de origen el Senado y deberá ser sancionada con
la mayoría absoluta de la totalidad de los miembros de cada Cámara, no podrá ser
modificada unilateralmente ni reglamentada y será aprobada por las provincias.

Fuentes de la Constitución Nacional

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No habrá transferencia de competencias, servicios o funciones sin la respectiva
reasignación de recursos, aprobada por ley del Congreso cuando correspondiere y por
la provincia interesada o la ciudad de Buenos Aires en su caso.
Un organismo fiscal federal tendrá a su cargo el control y fiscalización de la ejecución
de lo establecido en este inciso, según lo determina la ley, la que deberá asegurar la
representación de todas las provincias y la ciudad de Buenos Aires en su composición.
Antecedentes nacionales y fuentes. Ídem.
3. Establecer y modificar asignaciones específicas de recursos coparticipables, por
tiempo determinado, por ley especial aprobada por la mayoría absoluta de la totalidad
de los miembros de cada Cámara.
4. Contraer empréstitos de dinero sobre el crédito de la Nación.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 47: Ordenar los empréstitos que hayan de negociarse sobre
los fondos del Estado.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 8: El Congreso
tendrá poder: Para contraer empréstitos sobre el crédito de los Estados Unidos.
5°. Disponer del uso y de la enajenación de las tierras de propiedad nacional.
Antecedentes nacionales.
Proyecto de Constitución de 1813 (P. A. C.). Art. 88: Disponer del modo más útil la
venta, repartición gratuita, o administración de las tierras del Estado.
Proyecto de Alberdi. Art. 69 inc. 8°: ... Dispone del uso y de la venta de las tierras
públicas o nacionales.
Fuente.
Constitución de la República del Ecuador (1845). Art. 42: Son atribuciones del
Congreso: ... 3°: Decretar la enajenación, o aplicación a usos públicos de los bienes
nacionales, y arreglar su administración.
6. Establecer y reglamentar un banco federal con facultad de emitir moneda, así como
otros bancos nacionales.
Fuente.
Constitución de la República de Colombia (1821). Art. 55: Son atribuciones
exclusivamente propias del Congreso: 5° Establecer un Banco nacional.
7. Arreglar el pago de la deuda interior y exterior de la Nación.
Fuente.

Fuentes de la Constitución Nacional

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Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos (1824). Art. 50: ... 10°
Reconocer la deuda nacional y señalar medios para consolidarla y amortizarla.
8. Fijar anualmente, conforme a las pautas establecidas en el tercer párrafo del inc. 2
de este artículo, el presupuesto general de gastos y cálculo de recursos de la
administración nacional, en base al programa general de gobierno y al plan de
inversiones públicas y aprobar o desechar la cuenta de inversión.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 44: Fijar cada año los gastos generales, con presencia de los
presupuestos presentados por el gobierno. Art. 45: Recibir anualmente la cuenta de
inversión de los fondos públicos, examinarla y aprobarla.
Fuentes.
Constitución Francesa (1793). Art. 54: A la administración general de las rentas y los
gastos generales de la República.
Constitución de México. (1824). Art. 50 ... inc. 8°: Fijar los gastos generales, establecer
las contribuciones necesarias para cubrirlos, arreglar su recaudación, determinar su
inversión, y tomar anualmente cuentas al Gobierno.
Constitución de la República de Colombia (1821). Art. 55 ... inc. 1°: Fijar cada año los
gastos públicos en vista de los presupuestos que le presentará el Poder Ejecutivo.
Constitución de Chile (1833). Art. 36: ... 1° Aprobar o reprobar anualmente la cuenta
de la inversión de los fondos destinados para los gastos de la administración pública
que debe presentar el Gobierno.
9. Acordar subsidios del Tesoro Nacional a las Provincias, cuyas rentas no alcancen,
según sus presupuestos, a cubrir sus gastos ordinarios.
Doctrina nacional.
10. Reglamentar la libre navegación de los Ríos interiores, habilitar los puertos que
considere convenientes, y crear y suprimir Aduanas.
Antecedentes nacionales.
Constitución de 1826. Art. 54: Habilitar puertos en las costas del territorio, cuando lo
crea conveniente.
Proyecto de Alberdi. Art. 67: Reglar la navegación y el comercio interior. Art. 69 ... 5:
Habilita puertos mayores, crea y suprime aduanas.
Proyecto de Ángelis. Art. 47: ... 20° Habilitar puertos, establecer aduanas, y formar sus
aranceles.
11. Hacer sellar moneda, fijar su valor y el de las extranjeras; y adoptar un sistema
uniforme de pesos y medidas para toda la Nación.
Antecedente nacional.

Fuentes de la Constitución Nacional

105

Constitución de 1826. Art. 48: Fijar la ley, valor peso, y tipo de la moneda.
Fuentes.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 8: ... Para acuñar
moneda, reglar el valor de ella y el de la moneda extranjera, y fijar el patrón de los
pesos y medidas.
Constitución Federal para los Estados Unidos de Venezuela (1811). Art. 71: ... de
acuñar y batir moneda, determinar su valor y el de las extranjeras, introducir la del
papel si fuere necesario, y fijar uniformemente los pesos y medidas en toda la
extensión de la Confederación.
12. Dictar los Códigos Civil, Comercial, Penal, de Minería, y del Trabajo y Seguridad
Social, en cuerpos unificados o separados, sin que tales códigos alteren las
jurisdicciones locales, correspondiendo su aplicación a los tribunales federales o
provinciales, según que las cosas o las personas cayeren bajo sus respectivas
jurisdicciones; y especialmente leyes generales para toda la Nación sobre
naturalización y nacionalidad, con sujeción al principio de nacionalidad natural y por
opción en beneficio de la argentina: así como sobre bancarrotas, sobre falsificación de
la moneda corriente y documentos públicos del Estado, y las que requiera el
establecimiento del juicio por jurados.
Antecedentes nacionales.
Constitución de 1853. Art. 64: ... 11° Dictar los códigos civil, comercial, penal y de
minería, y especialmente leyes generales para toda la Confederación sobre ciudadanía
y naturalización, sobre bancarrotas, sobre falsificación de la moneda corriente y
documentos públicos del Estado, y las que requiera el establecimiento del juicio por
jurados.
Proyecto de Alberdi. Art. 67: ... Legislar en materia civil, comercial y penal.
Proyecto de Ángelis. Art. 47: ... 12° Examinar y aprobar los códigos que le someta la
Cámara Suprema de Justicia. 25° Establecer reglas generales de naturalización, y
acordarla.
Fuentes.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 8: ... Para
establecer una regla uniforme de naturalización, y leyes uniformes sobre la materia de
quiebras o bancarrotas en todos los Estados Unidos ... Para establecer penas contra los
que falsifiquen los vales y moneda corriente de los Estados Unidos.
Constitución de la República del Ecuador (1845). Art. 42: ... 18° Formar los códigos
nacionales, y dar las leyes y decretos nacionales para el arreglo de los diferentes ramos
de la administración: interpretar, reformar o derogar cualesquiera leyes ó actos
legislativos.
13. Reglar el comercio marítimo y terrestre con las Naciones extranjeras, y de las
Provincias entre sí.

Fuentes de la Constitución Nacional

106

Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 8: ... Para reglar
el comercio con las naciones extranjeras, y entre los diversos estados, y con las tribus
de indios.
14. Arreglar y establecer las postas y correos generales de la Nación.
Antecedente nacional.
Proyecto de la Sociedad Patriótica (1813). Art. 87: Los establecimientos de Correos y
Caminos.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 8: ... Para
establecer correos y caminos postales.
15. Arreglar definitivamente los límites del territorio de la Nación, fijar los de las
Provincias, crear otras nuevas, y determinar por una Legislación especial la
organización, administración y gobierno que deben tener los territorios Nacionales, que
queden fuera de los limites que se asignen a las Provincias.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 53: Demarcar el Territorio del Estado, y fijar los límites de
las provincias, sin perjuicio de la permanencia de las enumeradas en el articulo 11.
Fuente.
Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos (1824). Art. 50 ... 5°: Arreglar
definitivamente los limites de los Estados, terminando sus diferencias cuando no
hayan convenido entre sí sobre la demarcación de sus respectivos distritos. 6° Erigir los
territorios en Estados, o agregarlos a los existentes.
16. Proveer a la seguridad de las fronteras.
Doctrina nacional.
17. Reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos.
Garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e
intercultural; reconocer la personería Jurídica de sus comunidades, y la posesión y
propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan; y regular la
entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano; ninguna de ellas será
enajenable, transmisible ni susceptible de gravámenes o embargos. Asegurar su
participación en la gestión referida a sus recursos naturales y a los demás intereses que
los afecten. Las provincias pueden ejercer concurrentemente estas atribuciones.
18. Proveer lo conducente a la prosperidad del país, al adelanto y bienestar de todas
las provincias, y al progreso de la ilustración, dictando planes de instrucción general y
universitaria, y promoviendo la industria, la inmigración, la construcción de
ferrocarriles y canales navegables, la colonización de tierras de propiedad nacional, la

Fuentes de la Constitución Nacional

107

introducción y establecimiento de nuevas industrias, la importación de capitales
extranjeros y la exploración de los ríos interiores, por leyes protectoras de estos fines y
por concesiones temporales de privilegios y recompensas de estímulo.
Antecedentes nacionales.
Constitución de 1826. Art. 55: Formar planes generales de educación pública.
Proyecto de Alberdi. Art. 67: ... Proveer lo conducente a la prosperidad, defensa y
seguridad del país; al adelanto y bienestar de todas las provincias, estimulando el
progreso de la instrucción y de la industria, de la inmigración, de la construcción de
ferrocarriles y canales navegables, de la colonización de las tierras desiertas y
habitadas por indígenas, de la plantificación de nuevas industrias, de la importación de
capitales extranjeros, de la exploración de los ríos navegables, por leyes protectoras de
esos fines y por concesiones temporales de privilegios y recompensas de estimulo.
Fuentes.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 8: ... Para
promover el progreso de las ciencias y artes útiles, asegurando por tiempos limitados a
los autores e inventores el derecho exclusivo de sus respectivos escritos e invenciones.
Constitución federal de los Estados Unidos Mexicanos (1824). Art. 50: ... 1° Promover
la ilustración, asegurando por tiempo limitado derechos exclusivos a los autores por
sus respectivas obras; estableciendo colegios de marina, artillería e ingenieros;
erigiendo uno o más establecimientos en que se enseñen las ciencias naturales y
exactas, políticas y morales, nobles artes y lenguas; sin perjudicar la libertad que
tienen las legislaturas para el arreglo de la educación pública en sus respectivos
estados. 2° Fomentar la prosperidad general, decretando la apertura de caminos y
canales, o su mejora, sin impedir a los Estados la apertura o mejora de los suyos;
estableciendo postas y correos, y asegurando por tiempo limitado a los inventores,
perfeccionadores o introductores de algún ramo de industria, derechos exclusivos por
sus respectivos inventos, perfecciones o nuevas introducciones.
19. Proveer lo conducente al desarrollo humano, al progreso económico con justicia
social, a la productividad de la economía nacional, a la generación de empleo, a la
formación profesional de los trabajadores, a la defensa del valor de la moneda, a la
investigación y al desarrollo científico y tecnológico, su difusión y aprovechamiento.
Proveer al crecimiento armónico de la Nación y al poblamiento de su territorio;
promover políticas diferenciadas que tiendan a equilibrar el desigual desarrollo relativo
de provincias y regiones. Para estas iniciativas, el Senado será Cámara de origen.
Sancionar leyes de organización y de base de la educación que consoliden la unidad
nacional respetando las particularidades provinciales y locales; que aseguren la
responsabilidad indelegable del Estado, la participación de la familia y la sociedad, la
promoción de los valores democráticos y la igualdad de oportunidades y posibilidades
sin discriminación alguna; y que garanticen los principios de gratuidad y equidad de la
educación pública estatal y la autonomía y autarquía de las universidades nacionales.

Fuentes de la Constitución Nacional

108

Dictar leyes que protejan la identidad y pluralidad cultural, la libre creación y
circulación de las obras del autor; el patrimonio artístico y los espacios culturales y
audiovisuales.
20. Establecer Tribunales inferiores a la Suprema corte de Justicia; crear y suprimir
empleos, fijar sus atribuciones, dar pensiones, decretar honores, y conceder amnistías
generales.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 49: Establecer tribunales inferiores a la corte de justicia, y
arreglar la forma de los juicios. Art. 50: Acordar amnistías, cuando grandes motivos de
interés público lo reclamen. Art. 51: Crear, y suprimir empleos de todas clases.
Fuentes.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 8: Para establecer
tribunales inferiores a la suprema corte.
Constitución de Chile (1833). Art. 37: ... inc. 10: Crear o suprimir empleos públicos;
determinar o modificar sus atribuciones; aumentar o disminuir sus dotaciones; dar
pensiones y decretar honores públicos a los grandes servicios; inc. 11: Conceder indultos genera1es o amnistías.
21. Admitir o desechar los motivos de dimisión del Presidente o Vicepresidente de la
República; y declarar el caso de proceder a nueva elección.
Fuente.
Constitución de Chile (1833). Art. 36 ... 3°: Declarar cuando el Presidente de la
República hace dimisión de su cargo, si los motivos en que se funda, le imposibilitan, o
no, para su ejercicio, y en su consecuencia, admitirla o desecharla. 4° Declarar, cuando
en los casos de los artículos 74 y 78 hubiere lugar a duda, si el impedimento que priva
al Presidente del ejercicio de sus funciones, es de tal naturaleza que deba procederse a
nueva elección.
22. Aprobar o desechar tratados concluidos con las demás naciones y con las
organizaciones internacionales y los concordatos con la Santa Sede. Los tratados y
concordatos tienen jerarquía superior a las leyes.
La Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre; la Declaración
Universal de Derechos Humanos; la Convención Americana sobre Derechos Humanos;
el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales; el Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos y su Protocolo Facultativo; la Convención
sobre la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio; la Convención Internacional
sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial; la Convención sobre
la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer; la Convención
contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes; la
Convención sobre los Derechos del Niño; en las condiciones de su vigencia, tienen
jerarquía constitucional, no derogan artículo alguno de la primera parte de esta
Constitución y deben entenderse complementarios de los derechos y garantías por ella

Fuentes de la Constitución Nacional

109

reconocidos. Sólo podrán ser denunciados, en su caso, por el Poder Ejecutivo Nacional,
previa aprobación de las dos terceras partes de la totalidad de los miembros de cada
Cámara.
Los demás tratados y convenciones sobre derechos humanos, luego de ser aprobados
por el Congreso, requerirán del voto de las dos terceras partes de la totalidad de los
miembros de cada Cámara para gozar de la jerarquía constitucional.
Antecedente nacional.
Constitución 1853 – 60: Art. 67 inc. 19: Aprobar o desechar los tratados concluidos con
las demás Naciones, y los Concordatos con la Silla Apostólica; y arreglar el ejercicio del
Patronato en toda la Nación.
Fuente.
Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos (1824). Art. 50: ... 12° Dar
instrucciones para celebrar concordatos con la silla apostólica, aprobarlos para su
ratificación, y arreglar el ejercicio del patronato en toda la federación.
23. Legislar y promover medidas de acción positiva que garanticen la igualdad real de
oportunidades y de trato, y el pleno goce y ejercicio de los derechos reconocidos por
esta Constitución y por los tratados internacionales vigentes sobre derechos humanos,
en particular respecto de los niños, las mujeres, los ancianos y las personas con
discapacidad.
Dictar un régimen de seguridad social especial e integral en protección del niño en
situación de desamparo, desde el embarazo hasta la finalización del período de
enseñanza elemental, y de la madre durante el embarazo y el tiempo de lactancia.
24. Aprobar tratados de integración que deleguen competencias y jurisdicción a
organizaciones supraestatales en condiciones de reciprocidad e igualdad, y que
respeten el orden democrático y los derechos humanos. Las normas dictadas en su
consecuencia tienen jerarquía superior a las leyes.
La aprobación de estos tratados con Estados de Latinoamérica requerirá la mayoría
absoluta de la totalidad de los miembros de cada Cámara. En el caso de tratados con
otros Estados el Congreso de la Nación, con la mayoría absoluta de los miembros
presentes de cada Cámara, declarará la conveniencia de la aprobación del tratado y
sólo podrá ser aprobado con el voto de la mayoría absoluta de la totalidad de los
miembros de cada Cámara, después de ciento veinte días del acto declarativo.
La denuncia de los tratados referidos a este inciso, exigirá la previa aprobación de la
mayoría absoluta de la totalidad da los miembros de cada Cámara.
25. Autorizar al Poder Ejecutivo para declarar la guerra o hacer la paz.
Antecedentes nacionales.
Constitución de 1819. Art. 32: Decretar la guerra y la paz.

Fuentes de la Constitución Nacional

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Constitución de 1826. Art. 40: Al Congreso corresponde declarar la guerra, oídos los
motivos, que exponga el poder ejecutivo. Art. 41: Recomendar al mismo, cuando lo
estime conveniente, la negociación de la paz.
Fuentes.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 8: ... Para
declarar la guerra ....
Constitución de Nueva Granada (1843). Art. 67 ... inc. 9°: Autorizar al Poder Ejecutivo,
cuando lo solicite, para declarar la guerra a alguna nación; y requerirle para que
negocie la paz.
26. Facultar al Poder Ejecutivo para ordenar represalias, y establecer reglamentos para
las presas.
Antecedentes nacionales.
Constitución de 1853 – 60. Art. 67 inc. 22: Conceder Patentes de corso y de represalias,
y establecer reglamentos para las presas.
Proyecto de Constitución 1813 (P. A. C.). Art. 88: ... Declarar la guerra, y dar las reglas
concernientes a represalias, detenciones, apresamientos. y embargos así en mar como
en tierra.
Proyecto de Constitución de la Sociedad Patriótica (1813). Art. 88: El derecho de la
guerra; el decretar las represalias, y hacer reglamentos sobre los corsos de Mar y
tierra.
Fuentes.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 8: ... Para
declarar la guerra, conceder patentes de corso y represalia, y hacer las ordenanzas
concernientes a presas por tierra y por agua.
27. Fijar las Fuerzas Armadas en tiempo de paz y guerra, y dictar las normas para su
organización y Gobierno.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 42: Fijar la fuerza de línea de mar y tierra en tiempo de paz y
guerra.
Fuentes.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 8: ... Para
levantar y mantener ejércitos.
Constitución Política de la Monarquía Española (1812). Art. 131: ... 10° Fijar todos los
años a propuesta del Rey las fuerzas de tierra y de mar, determinando las que se hayan
de tener en pié en tiempo de paz, y su aumento en tiempo de guerra.

Fuentes de la Constitución Nacional

111

28. Permitir la introducción de tropas extranjeras en el territorio de la Nación, y la
salida de las fuerzas nacionales fuera de él.
Fuentes.
Constitución Francesa (1793). Art. 55: ... A permitir o rehusar el paso de tropas
extranjeras por territorio francés.
Constitución de Chile (1833). Art. 37: ... 7° Permitir la introducción de tropas
extranjeras en el territorio de la República, determinando el tiempo de su
permanencia en él. 9° Permitir la salida de tropas nacionales fuera del territorio de la
República, señalando el tiempo de su regreso.
29. Declarar en estado de sitio uno o varios puntos de la Nación en caso de conmoción
interior, y aprobar o suspender el estado de sitio declarado, durante su receso, por el
Poder Ejecutivo.
Fuente.
Constitución de Chile (1833). Art. 82 inc. 20.
30. Ejercer una legislación exclusiva en el territorio de la capital de la Nación y dictar la
legislación necesaria para el cumplimiento de los fines específicos de los
establecimientos de utilidad nacional en el territorio de la República. Las autoridades
provinciales y municipales conservarán los poderes de policía e imposición sobre estos
establecimientos, en tanto no interfieran en el cumplimiento de aquellos fines.
Antecedentes nacionales.
Constitución de 1853 – 60: Art. 67 inc. 27: Ejercer una Legislación exclusiva en todo el
territorio de la Capital de la Nación, y sobre los demás lugares adquiridos por compra ó
cesión en cualquiera de las Provincias, para establecer fortalezas, arsenales, almacenes
ú otros establecimientos de utilidad Nacional.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 8: ... Para legislar
exclusivamente, en todos los casos cualesquiera que sean, sobre el distrito (no
excedente de diez millas cuadradas) que, por cesión de estados particulares y adoptación del Congreso, llegue a ser el asiento del gobierno de los Estados Unidos; y para
ejercer igual autoridad sobre todos los lugares comprados con consentimiento de la
legislatura del estado en que se hallen, para erigir fuertes, almacenes, arsenales,
astilleros, y otros edificios necesarios.
31. Disponer la intervención federal a una provincia o a la ciudad de Buenos Aires.
Aprobar o revocar la intervención decretada, durante su receso, por el Poder Ejecutivo.
Doctrina Nacional.

Fuentes de la Constitución Nacional

112

32. Hacer todas las leyes y reglamentos que sean convenientes para poner en ejercicio
los poderes antecedentes, y todos los otros concedidos por la presente Constitución al
Gobierno de la Nación Argentina.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 58: Hacer, en fin, todas las demás leyes y ordenanzas de
cualquier naturaleza, que reclame el bien del Estado; modificar, interpretar y abrogar
las existentes.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 8: ... Y para hacer
todas las leyes que sean necesarias para poner convenientemente en ejecución los
precedentes poderes, y todos los demás investidos por esta constitución en el gobierno de los Estados Unidos o en cualquiera de los departamentos de él.
Art. 76: Se prohíbe la delegación legislativa en el Poder Ejecutivo, salvo en materias
determinadas de administración o de emergencia pública, con plazo fijado para su
ejercicio y dentro de las bases de la delegación que el Congreso establezca.
La caducidad resultante del transcurso del plazo previsto en el párrafo anterior no
importará revisión de las relaciones jurídicas nacidas al amparo de las normas dictadas
en consecuencia de la delegación legislativa.
CAPITULO V – De la formación y sanción de las leyes
Art. 77: Las leyes pueden tener principio en cualquiera de las Cámaras del Congreso,
por proyectos presentados por sus miembros o por el Poder Ejecutivo, salvo las
excepciones que establece esta Constitución.
Los proyectos de ley que modifiquen el régimen electoral y de partidos políticos
deberán ser aprobados por mayoría absoluta del total de los miembros de las Cámaras.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 59: Las leyes pueden tener principio en cualquiera de las
cámaras, que componen el cuerpo legislativo, por proyectos presentados por sus
miembros, o por el poder ejecutivo por medio de sus ministros.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 7: Todas las leyes
para levantar rentas tendrán su origen en la Cámara de representantes; pero el Senado
puede proponer modificaciones o enmiendas, o concurrir con ellas como respecto de
las demás leyes.
Constitución Federal de Venezuela (1811). Art. 4°: En cualquiera de las dos podrán
tener principio las leyes; y cada uno respectivamente podrá proponer al otro reparos.
alteraciones o adiciones, o rehusar a la ley propuesta su consentimiento por una
negativa absoluta. Art. 5°: Sólo las leyes sobre contribuciones, tasas é impuestos, están
exceptuadas de esta regla.

Fuentes de la Constitución Nacional

113

Art. 78: Aprobado un proyecto de ley por la Cámara de su origen, pasa para su
discusión a la otra Cámara. Aprobado por ambas, pasa al Poder Ejecutivo de la Nación
para su examen; y si también obtiene su aprobación, lo promulga como ley.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 61: Aprobado un proyecto de ley en la cámara, en que haya
tenido principio, se pasará a la otra, para que discutido en ella, lo apruebe, ó lo
deseche. Art. 63: Los proyectos de ley aprobados por ambas cámaras pasarán al poder
ejecutivo.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 7: ... Todo
proyecto de ley que haya pasado en las Cámaras de representantes y el Senado, antes
de que venga a ser ley, será presentado al presidente de los Estados Unidos. Si él lo
aprobare, lo firmará....
Art. 79: Cada Cámara, luego de aprobar un proyecto de ley en general, puede delegar
en sus comisiones la aprobación en particular del proyecto, con el voto de la mayoría
absoluta del total de sus miembros. La Cámara podrá, con igual número de votos, dejar
sin efecto la delegación y retomar el trámite ordinario. La aprobación en comisión
requerirá el voto de la mayoría absoluta del total de sus miembros. Una vez aprobado
el proyecto en comisión, se seguirá el trámite ordinario.
Art. 80: Se reputa aprobado por el Poder Ejecutivo todo proyecto no devuelto en el
término de diez días útiles. Los proyectos desechados parcialmente no podrán ser
aprobados en la parte restante. Sin embargo, las partes no observadas solamente
podrán ser promulgadas si tienen autonomía normativa y su aprobación parcial no
altera el espíritu ni la unidad del proyecto sancionado por el Congreso. En este caso
será de aplicación el procedimiento previsto para los decretos de necesidad y urgencia.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 64: Si el poder ejecutivo los suscribe, o en el término de diez
días no los devuelve objecionados, tendrán fuerza de ley.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 7: ... Si el
presidente no devolviere cualquier proyecto dentro de diez días (exceptuados los
domingos) después que el proyecto se le hubiere presentado, el proyecto será ley, de
la misma manera que si lo hubiese firmado, a menos que el Congreso poniéndose en
receso, haya impedido la devolución, en el cual caso no será ley.
Art. 81: Ningún proyecto de ley desechado totalmente por una de las Cámaras podrá
repetirse en las sesiones de aquel año. Ninguna de las Cámaras puede desechar
totalmente un proyecto que hubiera tenido origen en ella y luego hubiese sido
adicionado o enmendado por la Cámara revisora. Si el proyecto fuere objeto de
adiciones o correcciones por la Cámara revisora, deberá indicarse el resultado de la
votación a fin de establecer si tales adiciones o correcciones fueron realizadas por

Fuentes de la Constitución Nacional

114

mayoría absoluta de los presentes o por las dos terceras partes de los presentes. La
Cámara de origen podrá por mayoría absoluta de los presentes aprobar el proyecto con
las adiciones o correcciones introducidas o insistir en la redacción originaria, a menos
que las adiciones o correcciones las haya realizado la revisora por dos terceras partes
de los presentes. En este último caso, el proyecto pasará al Poder Ejecutivo con las
adiciones o correcciones de la Cámara revisora, salvo que la Cámara de origen insista
en su redacción originaria con el voto de las dos terceras partes de los presentes. La
Cámara de origen no podrá introducir nuevas adiciones o correcciones a las realizadas
por la Cámara revisora.
Antecedentes nacionales.
Constitución de 1853 – 60. Art. 71: Ningún proyecto de ley desechado totalmente por
una de las Cámaras, podrá repetirse en las Sesiones de aquel ano. Pero si sólo fuere
adicionado o corregido por la Cámara revisora, volverá a la de su origen; y si en ésta se
aprobasen las adiciones o correcciones por mayoría absoluta, pasará al Poder Ejecutivo
de la Nación. Si las adiciones o correcciones fuesen desechadas, volverá segunda vez el
proyecto a la Cámara revisora, y si aquí fuesen nuevamente sancionadas por una
mayoría de las dos terceras partes de sus miembros, pasará el proyecto a la otra
Cámara, y no se entenderá que ésta reprueba dichas adiciones o correcciones, sino
concurre para ello el voto de las dos terceras partes de sus miembros presentes.
Constitución de 1826. Art. 62: Ningún proyecto de ley, desechado por una de las
cámaras, podrá repetirse en las sesiones de aquel año.
Fuente.
Constitución Política de la Monarquía Española (1812). Art. 140: Si las Cortes
desecharen un proyecto de ley en cualquier estado de su examen, o resolvieren que no
debe procederse a la votación, no podrá volver a proponerse en el mismo año.
Constitución de Chile (1833). Art. 51: El proyecto de ley que fuere adicionado o
corregido por la Cámara revisora, volverá a la de su origen; y si en esta fueren
aprobadas las adiciones o correcciones por la mayoría absoluta de sus miembros
presentes, pasará al Presidente de la República. Pero si las adiciones o correcciones
fuesen reprobadas, volverá el proyecto segunda vez a la Cámara revisora; donde, si
fuesen nuevamente aprobadas las adiciones o correcciones por una mayoría de las dos
terceras partes de sus miembros presentes, volverá el proyecto a la otra Cámara, y no
se entenderá que esta reprueba las adiciones o correcciones, si no concurre para ella
el voto de las dos terceras partes de los miembros presentes.
Art. 82: La voluntad de cada Cámara debe manifestarse expresamente; se excluye, en
todos los casos, la sanción tácita o ficta.
Doctrina nacional.
Art. 83: Desechado en el todo o en parte un proyecto por el Poder Ejecutivo, vuelve con
sus objeciones a la Cámara de su origen: ésta lo discute de nuevo, y si lo confirma por
mayoría de dos tercios de votos, pasa otra vez a la Cámara de revisión. Si ambas
Cámaras lo sancionan por igual mayoría, el proyecto es ley y pasa al Poder Ejecutivo

Fuentes de la Constitución Nacional

115

para su promulgación. Las votaciones de ambas Cámaras serán en este caso
nominales, por si o por no; y tanto los nombres y fundamentos de los sufragantes,
como las objeciones del Poder Ejecutivo, se publicarán inmediatamente por la prensa.
Si las Cámaras difieren sobre las objeciones, el proyecto no podrá repetirse en las
sesiones de aquel año.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 7: ... pero si no lo
aprobare (el P. E.), lo devolverá con sus objeciones a la cámara donde haya tenido
origen, la cual insertará las objeciones por extenso en su diario, y procederá a
reconsiderarlo. Si después de tal reconsideración, dos tercios de los miembros de la
Cámara decidieren pasar el proyecto, será enviado, junto con las objeciones, a la otra
cámara, por la cual será igualmente reconsiderado, y si fuese aprobado por los dos
tercios de esa cámara, vendrá a ser ley. Pero en todos los tales casos los votos de los
miembros serán nominales por si y no, y se insertarán en el diario de cada cámara los
nombres de los miembros que respectivamente hayan votado en favor ó en contra del
proyecto.
Art. 84: En la sanción de las leyes se usará de esta fórmula: El Senado y Cámara de
Diputados de la Nación Argentina, reunidos en Congreso, ... decretan o sancionan con
fuerza de ley.
Fuente.
Constitución de la República de Colombia (1821). Art. 54: Para la promulgación de ley
se usará siempre de esta fórmula: “El Senado y Cámara de Representantes de la
República de Colombia, reunidos en Congreso, etc., decretan”.
Constitución de la Rep. O. del Uruguay (1829). Art. 71: Sancionada una ley, para su
promulgación se usará siempre esta fórmula: “El Senado y Cámara de Representantes
del Uruguay, reunidos en Asamblea General, etc., decretan
CAPITULO VI – De la Auditoría General de la Nación
Art. 85: El control externo del sector público nacional en sus aspectos patrimoniales,
económicos, financieros y operativos, será una atribución propia del Poder Legislativo.
El examen y la opinión del Poder Legislativo sobre el desempeño y situación general de
la administración pública estarán sustentados en los dictámenes de la Auditoría
General de la Nación.
Este organismo de asistencia técnica del Congreso, con autonomía funcional, se
integrará del modo que establezca la ley que reglamenta su creación y funcionamiento,
que deberá ser aprobada por mayoría absoluta de los miembros de cada Cámara. El
presidente del organismo será designado a propuesta del partido político de oposición
con mayor número de legisladores en el Congreso.
Tendrá a su cargo el control de legalidad, gestión y auditoría de toda la actividad de la
administración pública centralizada y descentralizada, cualquiera fuera su modalidad
de organización, y las demás funciones que la ley le otorgue. Intervendrá

Fuentes de la Constitución Nacional

116

necesariamente en el trámite de aprobación o rechazo de las cuentas de percepción e
inversión de los fondos públicos.
CAPITULO VII – Del Defensor del Pueblo
Art. 86: El Defensor del Pueblo es un órgano independiente instituido en el ámbito del
Congreso de la Nación, que actuará con plena autonomía funcional, sin recibir
instrucciones de ninguna autoridad. Su misión es la defensa y protección de los
derechos humanos y demás derechos, garantías e intereses tutelados en esta
Constitución y las leyes, ante hechos, actos u omisiones de la Administración; y el
control del ejercicio de las funciones administrativas públicas.
El Defensor del Pueblo tiene legitimación procesal. Es designado y removido por el
Congreso con el voto da las dos terceras partes de los miembros presentes de cada una
de las Cámaras. Goza de las inmunidades y privilegios de los legisladores. Durará en su
cargo cinco años, pudiendo ser nuevamente designado por una sola vez.
La organización y el funcionamiento de esta institución serán regulados por una ley
especial.
SECCION SEGUNDA – Del Poder Ejecutivo
CAPITULO I – De su naturaleza y duración
Art. 87: El Poder Ejecutivo de la Nación será desempeñado por un Ciudadano con el
título de “Presidente de la Nación Argentina”.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 68: El Poder Ejecutivo de la Nación, se confía y encarga a
una sola persona, bajo el título de Presidente de la República Argentina.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. II: El poder ejecutivo será
investido en un presidente de los Estados Unidos de América ....
Art. 88: En caso de enfermedad, ausencia de la Capital, muerte, renuncia o destitución
del Presidente, el Poder Ejecutivo será ejercido por el Vicepresidente de la Nación. En
caso de destitución, muerte, dimisión o inhabilidad del Presidente y Vicepresidente de
la Nación, el Congreso determinará que funcionario público ha de desempeñar la
Presidencia, hasta que haya cesado la causa de la inhabilidad o un nuevo Presidente
sea electo.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. II: ... En el caso de que el
presidente sea removido de su empleo, o de muerte, renuncia o incapacidad para
desempeñar los poderes y deberes de dicho empleo, entrará a desempeñarlos el
vicepresidente, y el Congreso puede determinar por una ley qué empleado obrará
como presidente en el caso de remoción, muerte, renuncia o incapacidad tanto del

Fuentes de la Constitución Nacional

117

presidente como del vicepresidente; y dicho empleado obrará como tal hasta que cese
la incapacidad o sea elegido un presidente.
Art. 89: Para ser elegido Presidente o Vicepresidente de la Nación, se requiere haber
nacido en el territorio argentino, o ser hijo de ciudadano nativo, habiendo nacido en
País extranjero; y las demás calidades exigidas para ser electo Senador.
Antecedente nacional.
Constitución de 1853 – 60: Art. 76: ... pertenecer a la comunión Católica Apostólica
Romana ... (fue derogado por la reforma de 1994).
Constitución de 1826. Art. 69: Ninguno podrá ser elegido presidente, que no haya
nacido ciudadano de la república, y no tenga las demás calidades exigidas por esta
constitución para ser senador.
Fuentes.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. II: ... Ninguna persona que
no sea ciudadano por nacimiento, o ciudadano de los Estados Unidos al tiempo en que
se adopte esta constitución, será elegible para el empleo de presidente; ni será
tampoco elegible para ese empleo ninguna persona que no haya llegado a la edad de
treinta y cinco años, y que haya residido catorce años en los Estados Unidos.
Constitución de la República de Bolivia (1826). Art. 79: Para ser nombrado Presidente
de la República, se requiere: 1° Ser ciudadano en ejercicio y natural de Bolivia, 2°
Profesar la religión de la República, 3° Tener más de treinta años ....
Art. 90: El Presidente y vicepresidente duran en sus funciones el término de cuatro años
y podrán ser reelegidos o sucederse recíprocamente por un solo período consecutivo. Si
han sido reelectos o se han sucedido recíprocamente no pueden ser elegidos para
ninguno de ambos cargos, sino con el intervalo de un período.
Antecedente nacional.
Constitución 1853 – 60. Art. 77: El Presidente y Vicepresidente duran en sus empleos el
término de seis años; y no pueden ser reelegidos sino con intervalo de un período.
Fuente.
Constitución de la República del Perú (1839). Art. 78: La duración del cargo del
Presidente de la República es la de seis años, y ningún ciudadano puede ser reelegido,
sino después de un periodo igual.
Art. 91: El Presidente de la Nación cesa en el poder el mismo día en que expira su
período de cuatro años; sin que evento alguno que lo haya interrumpido, pueda ser
motivo de que se le complete más tarde.
Antecedente nacional.
Proyecto de Alberdi. Art. 83: El presidente de la Confederación cesa en el poder el día
mismo en que expira su período de seis años, sin que evento alguno puede ser motivo

Fuentes de la Constitución Nacional

118

de que se complete más tarde; y le sucederá el candidato electo, o el presidente del
Senado interinamente, si hubiese impedimento.
Fuente.
Constitución de Chile (1833). Art. 77: El Presidente de la República cesará el mismo día
en que se completen los cinco años que debe durar en el ejercicio de sus funciones, y
le sucederá el nuevamente electo.
Art. 92: El Presidente y vicepresidente disfrutan de un sueldo pagado por el Tesoro de
la Nación, que no podrá ser alterado en el período de sus nombramientos. Durante el
mismo período no podrán ejercer otro empleo, ni recibir ningún otro emolumento de la
Nación, ni de provincia alguna.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 101: Recibirá por sus servicios la dotación establecida por la
ley, que ni se aumentará, ni se disminuirá, durante el tiempo de su mando.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. II: ... El presidente recibirá
en tiempos determinados una compensación por sus servicios, que no será aumentada
ni disminuida durante el período para el cual haya sido elegido; y dentro de ese
período no recibirá ningún otro emolumento de los Estados Unidos; ni de ninguno de
ellos.
Art. 93: Al tomar posesión de su cargo el presidente y vicepresidente prestarán
juramento, en manos del presidente del Senado y ante el Congreso reunido en
Asamblea, respetando sus creencias religiosas, de "desempeñar con lealtad y
patriotismo el cargo de Presidente (o vicepresidente) de la Nación y observar y hacer
observar fielmente la Constitución de la Nación Argentina".
Antecedente nacional.
Constitución de 1853 – 60. Art. 80: Al tomar posesión de su cargo el Presidente y
Vicepresidente prestarán juramento en manos del Presidente del Senado, (la primera
vez del Presidente del Congreso Constituyente), estando reunido el Congreso, en los
términos siguientes: “Yo, N. N., juro por Dios Nuestro Señor y estos Santos Evangelios,
desempeñar con lealtad y patriotismo el cargo de Presidente (o Vicepresidente) de la
Nación, y observar y hacer observar fielmente la Constitución de la Nación Argentina.
Si así no lo hiciere, Dios y la Nación me lo demanden”.
Constitución de 1826. Art. 70: Antes de entrar al ejercicio del cargo, el presidente
electo hará en manos del presidente del senado, y a presencia de las dos cámaras
reunidas, el juramento siguiente: “Yo, (N....) juro por Dios Nuestro Señor y estos santos
evangelios, que desempeñaré debidamente el cargo de presidente, que se me confía:
que protegeré la religión Católica, conservaré la integridad é independencia de la
república y observaré fielmente la constitución”.
Fuente.

Fuentes de la Constitución Nacional

119

Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. II: ... Antes de entrar en el
desempeño de su empleo, prestará el siguiente juramento o afirmación: “Juro (o afirmo) solemnemente que desempeñaré fielmente el empleo de presidente de los
Estados Unidos, y que conservaré, protegeré, y defenderé la constitución de los
Estados Unidos del modo mejor que yo sea capaz de hacerlo”.
CAPITULO II – De la forma y tiempo de la elección de Presidente y Vicepresidente de la
Nación.
Art. 94: El Presidente y el vicepresidente de la Nación serán elegidos directamente por
el Pueblo, en doble vuelta, según lo establece esta Constitución. A este fin el territorio
nacional conformará un distrito único.
Antecedente nacional.
Constitución de 1853 – 60. Art. 81: La elección del Presidente y Vicepresidente de la
Nación se hará del modo siguiente: La Capital y cada una de las Provincias nombrarán
por votación directa una junta de electores, igual al duplo del total de Diputados y
Senadores que envían al Congreso, con las mismas calidades y bajo las mismas formas
prescriptas para la elección de Diputados. No pueden ser electores los Diputados, los
Senadores, ni los empleados a sueldo del Gobierno Federal. Reunidos los electores en
la Capital de la Nación y en la de sus Provincias respectivas cuatro meses antes que
concluya el término del Presidente cesante, procederán a elegir Presidente y
Vicepresidente de la Nación con cédulas firmadas, expresando en una la persona por
quien votan para Presidente. y en otra distinta la que eligen para Vicepresidente.
Se harán dos listas de todos los individuos electos para Presidente, y otras dos de los
nombrados para Vicepresidente con el número de votos que cada uno de ellos hubiere
obtenido, Estas listas serán firmadas por los electores, y se remitirán cerradas y
selladas dos de ellas (una de cada clase) al Presidente de la Legislatura Provincial, y en
la Capital al Presidente de la Municipalidad, en cuyos registros permanecerán
depositadas y cerradas, y las otras dos al Presidente del Senado, (la primera vez al
Presidente del Congreso Constituyente).
Fuentes.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. II: ... Cada estado
nombrará, del modo que ordene su legislatura, un número de electores igual al
número total de senadores y representantes en Congreso que a dicho estado
correspondan; pero ningún senador ó persona que tenga un empleo de confianza ó
lucrativo bajo los Estados Unidos será nombrado elector. Los electores se reunirán en
sus respectivos estados, y votarán, por boletas, por dos personas, una de las cuales a lo
menos no sea habitante del mismo estado que ellos, Y harán una lista de todas las
personas por quienes voten, y del número de votas que reúna cada una; la cual lista
firmarán y certificarán, y la enviarán en pliego sellado al asiento del gobierno de los
Estados Unidos, dirigido al presidente del Senado.
Constitución de Chile (1833). Art. 66: Las mesas electorales formarán dos listas de
todos los individuos que resulten elegidos, y después de firmadas por todos los
electores, las remitirán cerradas y selladas, una al Cabildo de la Capital de la provincia,

Fuentes de la Constitución Nacional

120

en cuyo archivo quedará depositada y cerrada, y la otra al Senado que la mantendrá
del mismo modo hasta el 30 de agosto.
Art. 95: La lección se efectuará dentro de los dos meses anteriores a la conclusión del
mandato del Presidente en ejercicio.
Art. 96: La segunda vuelta electoral, si correspondiere, se realizará entre las dos
fórmulas de candidatos más votadas, dentro de los treinta días de celebrada la
anterior.
Art. 97: Cuando la fórmula que resultare más votada en la primera vuelta, hubiere
obtenido más del cuarenta y cinco por ciento de los votos afirmativos válidamente
emitidos, sus integrantes serán proclamados como Presidente y vicepresidente de la
Nación.
Art. 98: Cuando la fórmula que resultare más votada en la primera vuelta hubiere
obtenido el cuarenta por ciento por lo menos de los votos afirmativos válidamente
emitidos y, además, existiere una diferencia mayor de diez puntos porcentuales
respecto del total de los votos afirmativos válidamente emitidos sobre la fórmula que le
sigue en número de votos, sus integrantes serán proclamados como Presidente y
vicepresidente de la Nación.
CAPITULO III – Atribuciones del Poder Ejecutivo
Art. 99: El Presidente de la Nación tiene las siguientes atribuciones:
1. Es el jefe supremo de la Nación, jefe del gobierno y responsable político de la
administración general del país.
Antecedentes nacionales.
Constitución dc 1826. Art. 81: El presidente es el jefe de la administración general de la
república.
Proyecto de Alberdi. Art. 85: El presidente de la Confederación tiene las siguientes
atribuciones: En lo Interior, 1° Es el jefe supremo de la Confederación y tiene a su
cargo la administración general del país.
Fuente.
Constitución de Chile (1833). Art. 59: ... Es el Jefe Supremo de la Nación. Art. 81: Al
Presidente de la República está confiada la Administración del Estado.
2. Expide las instrucciones y reglamentos que sean necesarios para la ejecución de las
leyes de la Nación, cuidando de no alterar su espíritu con excepciones reglamentarias.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 82. Publica, y hace ejecutar las leyes, y decretos del
Congreso. reglando su ejecución por reglamentos especiales.

Fuentes de la Constitución Nacional

121

Proyecto de Alberdi. Art. 85: ... 2° Expide los Reglamentos é instrucciones que son
necesarios para la ejecución de las leyes generales de la Confederación, cuidando de
no alterar su espíritu por excepciones reglamentarias.
Fuente.
Constitución Política de la Monarquía Española (1812). Art. 171: ... 1° Expedir los
decretos, reglamentos e instrucciones que crea conducentes para la ejecución de las
leyes.
3. Participa de la formación de las leyes con arreglo a la Constitución, las promulga y
hace publicar.
El Poder Ejecutivo no podrá en ningún caso bajo pena de nulidad absoluta e insanable,
emitir disposiciones de carácter legislativo.
Solamente cuando circunstancias excepcionales hicieran imposible seguir los trámites
ordinarios previstos por esta Constitución para la sanción de las leyes, y no se trate de
normas que regulen materia penal, tributaria, electoral o de régimen de los partidos
políticos, podrá dictar decretos por razones de necesidad y urgencia, los que serán
decididos en acuerdo general de ministros que deberán refrendarlos, conjuntamente
con el jefe de gabinete de ministros.
El jefe de gabinete de ministros personalmente y dentro de los diez días someterá la
medida a consideración de la Comisión Bicameral Permanente, cuya composición
deberá respetar la proporción de las representaciones políticas de cada Cámara. Esta
comisión elevará su despacho en un plazo de diez días al plenario de cada Cámara para
su expreso tratamiento, el que de inmediato considerarán las Cámaras. Una ley
especial sancionada con la mayoría absoluta de la totalidad de los miembros de cada
Cámara regulará el trámite y los alcances de la intervención del Congreso.
4. Nombra los magistrados de la Corte Suprema con acuerdo del Senado por dos tercios
de sus miembros presentes, en sesión pública, convocada al efecto.
Nombra los demás jueces de los tribunales federales inferiores en base a una propuesta
vinculante en terna del Consejo de la Magistratura, con acuerdo del Senado, en sesión
pública, en la que se tendrá en cuenta la idoneidad de los candidatos.
Un nuevo nombramiento, precedido de igual acuerdo, será necesario para mantener
en el cargo a cualquiera de esos magistrados, una vez que cumplan la edad de setenta
y cinco años. Todos los nombramientos de magistrados cuya edad sea la indicada o
mayor se harán por cinco años, y podrán ser repetidos indefinidamente, por el mismo
trámite.
Antecedente nacional.
Proyecto de Alberdi. Art. 85: ... 5° Nombra los magistrados de los tribunales federales y
militares de la Confederación con acuerdo del Senado de las provincias, o sin él, hasta
su reunión, si está en receso.
Fuente.

Fuentes de la Constitución Nacional

122

Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. II Sección 2: ... con acuerdo
y consentimiento del Senado nombrará ... jueces de la suprema corte.
5. Puede indultar o conmutar las penas por delitos sujetos a la jurisdicción Federal,
previo informe del Tribunal correspondiente excepto en los casos de acusación por la
Cámara de Diputados.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 99: Puede indultar de la pena capital a un criminal, previo
informe del tribunal, ó juez de la causa, cuando medien graves y poderosos motivos,
salvo los delitos que la ley exceptúa.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. II Sección 2: ... y tendrá
para conceder suspensiones de castigo y perdones por delitos contra los Estados
Unidos, excepto en los casos de sentencia por acusación pública (impeachment).
6. Concede jubilaciones, retiros, licencias y pensiones conforme a las leyes de la Nación.
Fuente.
Constitución de Chile (1833). Art. 82: ... 11° Conceder jubilaciones, retiros, licencias y
goces de monte-pío, con arreglo a las leyes.
7. Nombra y remueve a los embajadores, ministros plenipotenciarios y encargados de
negocios con acuerdo del Senado; por sí solo nombra y remueve al jefe de gabinete de
ministros y a los demás ministros del despacho, los oficiales de su secretaría, los
agentes consulares y los empleados cuyo nombramiento no está reglado de otra forma
por esta Constitución.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 90: Nombra, y destituye a los ministros secretarios de
estado, y del despacho general. Art. 91: Nombra igualmente los embajadores,
ministros plenipotenciarios, enviados, cónsules generales, y demás agentes, con
aprobación del senado.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. II Sección 2: ... con acuerdo
y consentimiento del Senado nombrará los embajadores, otros ministros públicos y
cónsules ... y todos los demás empleados de los Estados Unidos, cuyos nombramientos
no ordena esta constitución hacer de otra manera, y los que sean establecidos por la
ley.
8. Hace anualmente la apertura de las sesiones del Congreso, reunidas al efecto ambas
Cámaras, dando cuenta en esta ocasión del estado de la Nación, de las reformas
prometidas por la Constitución y recomendando a su consideración las medidas que
juzgue necesarias y convenientes.

Fuentes de la Constitución Nacional

123

Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 84: Hace anualmente la apertura de sus sesiones, reunidas
ambas cámaras al efecto en la sala del senado, informándoles en esta ocasión del
estado político de la nación. y de las mejoras y reformas, que considere dignas de su
atención.
Proyecto de Alberdi. Art. 14: Le recuerda anualmente en sus memorias, el estado de
las reformas prometidas por la constitución en el capítulo de las garantías públicas de
progreso, y tiene a su cargo especial el deber de proponerlas.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. II Sección 3: De tiempo en
tiempo dará informe al Congreso del estado de la Unión, y recomendará a su
consideración las medidas que juzgue necesarias y convenientes.
9. Prorroga las Sesiones ordinarias del Congreso, o lo convoca a sesiones
extraordinarias, cuando un grave interés de orden o de progreso lo requiera.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 83: Convoca al Congreso a la época prefijada por la
constitución, ó extraordinariamente, cuando graves circunstancias lo demanden.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. II Sección 3: ... en ocasiones
extraordinarias puede convocar ambas cámaras, o una u otra de ellas.
10. Supervisa el ejercicio de la facultad del jefe de gabinete de ministros respecto de la
recaudación de las rentas da la Nación y de su inversión, con arreglo a la ley o
presupuesto de gastos nacionales.
Fuente.
Constitución de Chile (1833). Art. 82 ... 12 °: Cuidar de la recaudación de las rentas
públicas, y decretar su inversión con arreglo a la ley.
11. Concluye y firma tratados, concordatos y otras negociaciones requeridas para el
mantenimiento de buenas relaciones con las organizaciones internacionales y las
naciones extranjeras, recibe sus ministros y admite sus cónsules.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 89: Hace los tratados de paz, amistad, alianza, comercio y
cualesquiera otros; pero no puede ratificarlos sin la aprobación y consentimiento del
Senado. Art. 93: Recibe, según las formas establecidas, 1os ministros y agentes de las
naciones extranjeras.
Fuentes.

Fuentes de la Constitución Nacional

124

Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. II Sección 2: ... Tendrá
poder para hacer tratados, con acuerdo y consentimiento del Senado, con tal que para
ello concurran dos tercios de los senadores presentes.
Constitución de Chile (1833). Art. 82 ... l9°: Mantener las relaciones políticas con las
potencias extranjeras, recibir sus ministros, admitir sus cónsules, conducir las
negociaciones, hacer las estipulaciones pre1iminares, concluir y firmar todos los
tratados de paz, de alianza, de tregua, de neutralidad, de comercio, concordatos y
otras convenciones.
12. Es comandante en jefe de todas las Fuerzas Armadas de la Nación.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 86: Es el jefe supremo de las fuerzas de mar, y tierra,
exclusivamente encargado de su dirección en paz ó en guerra: pero no puede mandar
en persona el ejército, sin especial permiso del Congreso, con el sufragio de las dos
terceras partes de cada cámara.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. II Sección 2: El presidente
será comandante en jefe del ejército y armada de los Estados Unidos, y de la milicia de
los diversos estados, cuando sea llamada a actual servicio de los Estados Unidos.
13. Provee los empleos militares de la Nación: con acuerdo del Senado, en la concesión
de los empleos o grados de Oficiales Superiores del Ejército y armada; y por sí solo en el
campo de Batalla.
Fuente.
Constitución Política de la Monarquía Española (1812). Art. 171 ... .5°: Proveer todos
los empleos civiles y militares.
Constitución de Chile (1833). Art. 82 ... 9°: Proveer los demás empleos civiles y
militares, procediendo con acuerdo del Senado, y en el receso de éste, con el de la
Comisión conservadora, para conferir los empleos o grados de coroneles, capitanes de
navío, y demás oficiales superiores del ejército y armada. En el campo de batalla podrá
conferir estos empleos militares superiores por sí solo.
14. Dispone de las Fuerzas Armadas, y corre con su organización y distribución según
las necesidades de la Nación.
Fuente.
Constitución Política de la Monarquía Española (1812). Art. 171 ... 9°: Disponer de la
fuerza armada, distribuyéndola como más convenga.
Constitución de Chile (1833). Art. 88 ... 16°: Disponer de la fuerza de mar y tierra,
organizarla y distribuirla, según lo hallare por conveniente.
15. Declara la guerra y ordena represalias con autorización y aprobación del Congreso.

Fuentes de la Constitución Nacional

125

Fuente.
Constitución de Chile (1833). Art. 82 ... 18° Declarar la guerra con previa aprobación
del Congreso, y conceder patentes de corso y letras de represalia.
16. Declara en estado de sitio uno o varios puntos de la Nación, en caso de ataque
exterior y por un término limitado, con acuerdo del Senado. En caso de conmoción
interior sólo tiene esta facultad cuando el Congreso está en receso, porque es
atribución que corresponde a este cuerpo. El Presidente la ejerce con las limitaciones
prescriptas en el art. 23.
Fuente.
Constitución de Chile (1833). Art. 82 ... 20°: Declarar en estado de sitio uno o varios
puntos de la República en caso de ataque exterior, con acuerdo del Consejo de Estado,
y por un determinado tiempo. En caso de conmoción interior, la declaración de
hallarse uno ó varios puntos en estado de sitio, corresponde al Congreso; pero si éste
no se hallare reunido, puede el Presidente hacerla con acuerdo del Consejo de Estado,
por un determinado tiempo. Si a la reunión del Congreso no hubiese expirado el
término señalado, la declaración que ha hecho el Presidente de la República se tendrá
por una proposición de ley.
17. Puede pedir al jefe de gabinete de ministros y a los jefes de todos los ramos y
departamentos de la administración, y por su conducto a los demás empleados, los
informes que crea convenientes, y ellos están obligados a darlos.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 98: Puede pedir a los jefes de todos los ramos, y
departamentos de la administración, y por su conducto a los demás empleados, los
informes que crea convenientes, y ellos son obligados a prestarlos.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 11 Sección 2: ... puede
exigir la opinión por escrito del jefe de cada departamento ejecutivo, .sobre asuntos
relativos a los deberes de sus respectivos empleos.
18. Puede ausentarse del territorio de la Nación, con permiso del Congreso. En el receso
de éste, sólo podrá hacerlo sin licencia por razones justificadas de servicio público.
Antecedente nacional.
Constitución de 1853 – 60. Art. 86 inc. 21: No puede ausentarse del territorio de la
Capital, sino con permiso del Congreso. En el receso de éste. sólo podrá hacerlo sin
licencia por graves objetos de servicio público.
Fuente.
Constitución Política de la Monarquía Española (1812). Art. 172 ... 2°: No puede el Rey
ausentarse del reino sin consentimiento de las Cortes; y si lo hiciere, se entiende que
ha abdicado la corona.

Fuentes de la Constitución Nacional

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Constitución de Chile (1833). Art. 76: El Presidente de la República no puede salir del
territorio del Estado durante el tiempo de su gobierno o un año después de haber
concluido, sin acuerdo del Congreso.
19. El Presidente tendrá facultad para llenar las vacantes de los empleos, que requieran
el acuerdo del Senado, y que ocurran durante su receso, por medio de nombramientos
en comisión que expirarán al fin de la próxima Legislatura.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 92: Mientras el senado tenga suspendidas sus sesiones,
podrá, en caso de urgencia, hacer los nombramientos necesarios para los empleos
indicados en el artículo anterior; obteniendo su aprobación, luego que se halle
reunido.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. II Sección 2: El presidente
tendrá poder para llenar las vacantes que puedan ocurrir durante el receso del
Senado, concediendo comisiones que expirarán al fin de la siguiente sesión.
20. Decreta la intervención federal a una provincia o a la ciudad de Buenos Aires en
caso de receso del Congreso, y debe convocarlo simultáneamente para su tratamiento.
Doctrina nacional.
CAPITULO IV – Del Jefe de Gabinetes y demás Ministros del Poder Ejecutivo
Art. 100: El jefe de gabinete de ministros y los demás ministros secretarios cuyo
número y competencia será establecida por una ley especial, tendrán a su cargo el
despacho de los negocios de la Nación, y refrendarán y legalizarán los actos del
presidente por medio de su firma, sin cuyo requisito carecen de eficacia.
Al jefe de gabinete de ministros, con responsabilidad política ante el Congreso de la
Nación, le corresponde:
1. Ejercer la administración general del país.
2. Expedir los actos y reglamentos que sean necesarios para ejercer las facultades que
le atribuye este artículo y aquellas que le delegue el presidente de la Nación, con el
refrendo del ministro secretario del ramo al cual el acto o reglamento se refiera.
3. Efectuar los nombramientos de los empleados de la administración, excepto los que
correspondan al presidente.
4. Ejercer las funciones y atribuciones que le delegue el presidente de la Nación y, en
acuerdo de gabinete resolver sobre las materias que le indique el Poder Ejecutivo, o por
su propia decisión, en aquellas que por su importancia estime necesario, en el ámbito
de su competencia.
5. Coordinar, preparar y convocar las reuniones de gabinete de ministros,
presidiéndolas en caso de ausencia del presidente.

Fuentes de la Constitución Nacional

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6. Enviar al Congreso los proyectos de ley de ministerios y de presupuesto nacional,
previo tratamiento en acuerdo de gabinete y aprobación del Poder Ejecutivo.
7. Hacer recaudar las rentas de la Nación y ejecutar la ley de presupuesto nacional.
8. Refrendar los decretos reglamentarios de las leyes, los decretos que dispongan la
prórroga de las sesiones ordinarias del Congreso o la convocatoria de sesiones
extraordinarias y los mensajes del presidente que promuevan la iniciativa legislativa.
9. Concurrir a las sesiones del Congreso y participar en sus debates, pero no votar.
10. Una vez que se inicien las sesiones ordinarias del Congreso, presentar junto a los
restantes ministros una memoria detallada del estado de la Nación en lo relativo a los
negocios de los respectivos departamentos.
11. Producir los informes y explicaciones verbales o escritos que cualquiera de las
Cámaras solicite al Poder Ejecutivo.
12. Refrendar los decretos que ejercen facultades delegadas por el Congreso, los que
estarán sujetos al control de la Comisión Bicameral Permanente.
13. Refrendar conjuntamente con los demás ministros los decretos de necesidad y
urgencia y los decretos que promulgan parcialmente leyes. Someterá personalmente y
dentro de los diez días de su sanción estos decretos a consideración de la Comisión
Bicameral Permanente.
El jefe de gabinete de ministros no podrá desempeñar simultáneamente otro
ministerio.
Art. 101: El jefe de gabinete de ministros debe concurrir al Congreso al menos una vez
por mes, alternativamente a cada una de sus Cámaras, para informar de la marcha del
gobierno, sin perjuicio de lo dispuesto en el art. 71. Puede ser interpelado a los efectos
del tratamiento de una moción de censura, por el voto de la mayoría absoluta de la
totalidad de los miembros de cualquiera de las Cámaras, y ser removido por el voto de
la mayoría absoluta de los miembros de cada una de las Cámaras.
Art. 102: Cada Ministro es responsable de los actos que legaliza; y solidariamente de
los que acuerda con sus colegas.
Antecedente nacional.
Proyecto de Constitución de 1813 (P. A. C.). Art. 116: Los Secretarios son responsables
de los Decretos órdenes o Reglamentos que autoricen contra la constitución y las
leyes.
Fuentes.
Constitución Política de la Monarquía Española (1812). Art. 226: Los Secretarios del
Despacho serán responsables a las Cortes de las órdenes que autoricen contra la
Constitución ó las leyes, sin que les sirva de excusa haberlo mandado el Rey.

Fuentes de la Constitución Nacional

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Constitución de Chile (1833). Art. 87: Cada Ministro es responsable personalmente de
los actos que firmare, e in solidum de lo que suscribiere o acordare con los otros.
Ministros.
Art. 103: Los Ministros no pueden por sí solos, en ningún caso, tomar resoluciones, a
excepción de lo concerniente al régimen económico y administrativo de sus respectivos
departamentos.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 107: Los ministros no podrán por sí solos, en ningún caso,
tomar deliberaciones, sin previo mandato, o consentimiento del presidente de la
República, a excepción de lo concerniente al régimen especial de sus respectivos
departamentos.
Art. 104: Luego que el Congreso abra sus Sesiones, deberán los ministros del despacho
presentarle una memoria detallada del estado de la Nación en lo relativo a los negocios
de sus respectivos Departamentos.
Fuente.
Constitución de Chile (1833). Art. 88: Luego que el Congreso abra sus sesiones,
deberán los Ministros del despacho darle cuenta del estado de la Nación, en lo relativo
a los negocios del departamento de cada uno.
Art. 105: No pueden ser Senadores ni Diputados, sin hacer dimisión de sus empleos de
Ministros.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 108: No podrán ser diputados, ni senadores, sin hacer
dimisión de sus empleos de ministros.
Art. 106: Pueden los Ministros concurrir a las Sesiones del Congreso y tomar parte en
sus debates, pero no votar.
Antecedente nacional.
Proyecto de Constitución de 1813 (P. A. C.). Art. 120: Los Secretarios del Estado
asistirán a las Salas del Cuerpo Legislativo, siempre que sean llamados por los
respectivos Presidentes, informarán de todo lo que se les pregunte, y darán su
dictamen cuando la Sala lo exija.
Fuente.
Constitución de Chile (1833). Art. 91: Los Ministros, aun cuando no sean miembros del
Senado o de la Cámara de Diputados, pueden concurrir a sus sesiones, y tomar parte
en sus debates; pero no votar en ellas.
Art. 107: Gozarán por sus servicios de un sueldo establecido por la Ley, que no podrá
ser aumentado ni disminuido en favor ó perjuicio de los que se hallen en ejercicio.
Antecedente nacional.

Fuentes de la Constitución Nacional

129

Constitución de 1826. Art. 109: Gozarán de una compensación por sus servicios
establecida por la ley, que no podrá ser aumentada, ni disminuida, en favor o perjuicio
de los que se hallen en ejercicio.
SECCION TERCERA – Del Poder Judicial
CAPITULO I – De su naturaleza y duración
Art. 108: El Poder Judicial de la Nación será ejercido por una Corte Suprema de Justicia,
y por los demás Tribunales inferiores que el Congreso estableciere en el Territorio de la
Nación.
Antecedentes nacionales.
Constitución de 1826. Art. 110: El poder judicial de la República será ejercido por la
alta corte de justicia, tribunales superiores, y demás juzgados establecidos por la ley.
Constitución de 1853. Art. 91: El Poder Judicial de la Confederación, será ejercido por
una Corte Suprema de Justicia, compuesta de nueve jueces y dos fiscales, que residirá
en la Capital, y por los demás tribunales inferiores que el Congreso estableciere en el
territorio de la Confederación.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. III Sección 1: El poder
judicial de los Estados Unidos será investido en una suprema corte, y en los tribunales
inferiores que el Congreso tenga a bien ordenar y establecer de tiempo en tiempo.
Art. 109: En ningún caso el Presidente de la Nación puede ejercer funciones judiciales,
arrogarse el conocimiento de causas pendientes o restablecer las fenecidas.
Antecedente nacional.
Reglamento fijando las atribuciones, prerrogativas y deberes de los Poderes
Legislativo. Ejecutivo y Judicial (1811). Sección segunda. Art. 7°: El Poder Ejecutivo no
podrá conocer de negocio alguno judicial. avocar causas pendientes ni ejecutoriadas,
ni mandar abrir nuevamente los juicios ....
Fuente.
Constitución de Chile (1833). Art. 108: Ni el Congreso, ni el Presidente de la República
pueden en ningún caso ejercer funciones judiciales, o avocarse causas pendientes, o
hacer revivir procesos fenecidos.

Art. 110: Los Jueces de la Corte Suprema y de los Tribunales inferiores de la Nación
conservarán sus empleos mientras dure su buena conducta, y recibirán por sus servicios
una compensación que determinará la ley, y que no podrá ser disminuida en manera
alguna, mientras permanecieren en sus funciones.
Fuente.

Fuentes de la Constitución Nacional

130

Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. III Sección 1: Los jueces,
tanto de la suprema corte, como de los tribunales inferiores, conservarán sus empleos
durante su buena conducta, y en tiempos determinados recibirán por sus servicios una
compensación, que no será disminuida durante su continuación en el empleo.
Art. 111: Ninguno podrá ser miembro de la Corte Suprema de Justicia, sin ser Abogado
de la Nación con ocho años de ejercicio, y tener las calidades requeridas para ser Senador.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 112: Ninguno podrá ser miembro de ella, que no sea letrado
recibido con ocho años de ejercicio, cuarenta de edad, y que no reúna las calidades
necesarias por esta constitución para ser senador.
Fuente.
Constitución Política de la Monarquía Española (1812). Art. 251: Para ser nombrado
magistrado o juez se requiere haber nacido en el territorio español, y ser mayor de
veinticinco años. Las demás calidades que respectivamente deben éstos tener, serán
determinadas por las leyes.
Art. 112: En la primera instalación de la Corte Suprema, los individuos nombrados
prestarán juramento en manos del Presidente de la Nación, de desempeñar sus
obligaciones, administrando justicia bien y legalmente, y en conformidad a lo que
prescribe la constitución. En lo sucesivo lo prestarán ante el Presidente de la misma
Corte.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 114: En la primera instalación de la corte, los provistos
prestarán juramento en manos del presidente de la República de desempeñar sus
obligaciones, administrando justicia bien y legalmente: en lo sucesivo lo prestarán ante
el de la misma corte.
Fuente.
Constitución Política de la Monarquía Española (1812). Art. 279: Los magistrados y
jueces, al tomar posesión de sus plazas, jurarán guardar la Constitución, ser fieles al
Rey, observar las leyes y administrar imparcialmente la justicia.
Art. 113: La Corte Suprema dictará su reglamento interior y nombrará a sus
empleados.
Antecedente nacional.
Constitución de 1826. Art. 117: La alta corte de justicia nombrará sus oficiales, en el
número y forma, que prevenga la ley.
Art. 114: El Consejo de la Magistratura, regulado por una ley especial sancionada por
la mayoría absoluta de la totalidad de los miembros de cada Cámara, tendrá a su cargo
la selección de los magistrados y la administración del Poder Judicial.

Fuentes de la Constitución Nacional

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El Consejo será integrado periódicamente de modo que se procure el equilibrio entre la
representación de los órganos políticos resultantes de la elección popular, de los jueces
de todas las instancias y de los abogados de la matrícula federal. Será integrado,
asimismo, por otras personas del ámbito académico y científico, en el número y la
forma que indique la ley.
Serán sus atribuciones:
1. Seleccionar mediante concursos públicos los postulantes a las magistraturas
inferiores.
2. Emitir propuestas en ternas vinculantes, para el nombramiento de los magistrados
de los tribunales inferiores.
3. Administrar los recursos y ejecutar el presupuesto que la ley asigne a la
administración de justicia.
4. Ejercer facultades disciplinarias sobre magistrados.
5. Decidir la apertura del procedimiento de remoción de magistrados, en su caso
ordenar la suspensión, y formular la acusación correspondiente.
6. Dictar los reglamentos relacionados con la organización judicial y todos aquellos que
sean necesarios para asegurar la independencia de los jueces y la eficaz prestación de
los servicios de justicia.
Art. 115: Los jueces de los tribunales inferiores de la Nación serán removidos por las
causales expresadas en el art. 53, por un jurado de enjuiciamiento integrado por
legisladores, magistrados y abogados de la matrícula federal.
Su fallo, que será irrecurrible, no tendrá más efecto que destituir al acusado. Pero la
parte condenada quedará no obstante sujeta a acusación, juicio y castigo conforme a
las leyes ante los tribunales ordinarios.
Corresponderá archivar las actuaciones y, en su caso, reponer al juez suspendido, si
transcurrieren ciento ochenta días contados desde la decisión de abrir el procedimiento
de remoción, sin que haya sido dictado el fallo.
En la ley especial a que se refiere el art. 114, se determinará la integración y
procedimiento de este jurado.
CAPITULO II – Atribuciones del Poder Judicial
Art. 116: Corresponde a la corte suprema y a los Tribunales inferiores de la Nación, el
conocimiento y decisión de todas las causas que versen sobre puntos regidos por la
Constitución, y por las leyes de la Nación, con la reserva hecha en el inciso 12 del
artículo 75; y por los Tratados con las Naciones extranjeras; de las causas
concernientes a Embajadores. Ministros Públicos y Cónsules Extranjeros; de las causas
de almirantazgo y jurisdicción marítima: de los asuntos en que la Nación sea parte; de
las causas que se sus-~ citen entre dos o más Provincias; entre una Provincia y los
vecinos de otra; entre los vecinos de diferentes Provincias; y entre una Provincia o sus
vecinos, contra un Estado o ciudadano Extranjero.

Fuentes de la Constitución Nacional

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Fuente.
Constitución de los Estados Unidos dc América (1787). Art. III Sección 2: El poder
judicial se extenderá a todos los casos en derecho y equidad que emanen de esta
constitución, las leyes de los Estados Unidos, y los tratados hechos o que se hicieren
bajo su autoridad; a todo los casos que afecten a embajadores, otros ministros
públicos y cónsules a todos los casos de jurisdicción de almirantazgo y marítima, a las
controversias en que sean parte los Estados Unidos; a las controversias entre dos ó
más estados; entre un estado y ciudadano de otro estado; entre ciudadanos de diferentes estados; entre ciudadanos del mismo estado que reclamen tierras bajo
concesiones de diferentes estados; y entre un estado, o los ciudadanos de él, y
estados, ciudadanos o súbditos extranjeros.
Art. 117: En estos casos la Corte Suprema ejercerá su jurisdicción por apelación según
las reglas y excepciones que prescriba el Congreso; pero en todos los asuntos concernientes a Embajadores. Ministros y Cónsules extranjeros, y en todos los que alguna
provincia fuese parte, la ejercerá originaria y exclusivamente.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. III Sección 2: La corte
suprema tendrá jurisdicción original en todos los casos que afect2n a embajadores,
otros ministros públicos y cónsules, y en los que sea parte un estado. En todos los
demás casos antes mencionados, la suprema corte tendrá jurisdicción de apelación,
tanto respecto del derecho como del hecho, con las excepciones y bajo las reglas que
determinare el Congreso.
Art. 118: Todos los juicios criminales ordinarios, que no se deriven del derecho de
acusación concedido a la Cámara de Diputados se terminarán por Jurados, luego que
se establezca en la República esta institución. La actuación de estos juicios se hará en la
misma Provincia donde se hubiere cometido el delito; pero cuando éste se corneta
fuera de los límites de la Nación, contra el Derecho de Gentes el Congreso determinará
por una ley especial el lugar en que haya de seguirse el juicio.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1 787). Art. III Sección 2: El juicio de
todos los delitos, excepto en el caso de acusación pública, será por jurados; y dicho
juicio tendrá lugar en el estado en donde dichos delitos se hayan cometido; pero
cuando no se hayan cometido dentro de ningún estado, el juicio tendrá lugar en el
lugar o lugares que el Congreso haya determinado por ley.
Constitución Federal de los Estados Unidos de Venezuela (1811). Art. 117: Todos los
juicios criminales ordinarios que no se deriven del derecho de acusación concedido a la
Cámara de Representantes por el articulo 45° se terminarán por jurados luego que se
establezca en Venezuela este sistema de legislación criminal, cuya actuación se hará en
la misma Provincia en que se hubiese cometido el delito; pero cuando el crimen sea
fuera de los limites de la Confederación contra el derecho de Gentes, determinará por
una ley particular el lugar en que haya de seguirse el juicio.

Fuentes de la Constitución Nacional

133

Art. 119: La traición contra la Nación consistirá únicamente en tomar las armas contra
ella, o en unirse a sus enemigos prestándoles ayuda y socorro. El Congreso fijará por
una ley especial la pena de este delito; pero ella no pasará de la persona del
delincuente, ni la infamia del reo se transmitirá a sus parientes de cualquier grado.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. III Sección 3: La traición
contra los Estados Unidos consistirá solamente en hacer la guerra contra ellos, o
adherirse a sus enemigos dándoles auxilio y amparo. Ninguna persona será condenada
por traición, a menos que el testimonio de dos testigos sobre un mismo hecho
manifiesto, o sobre confesión de la parte en tribunal abierto. El Congreso tendrá poder
para establecer la pena en que se incurre por la traición; pero la mancha de traición no
producirá corrupción de sangre o confiscación, excepto durante la vida de la persona
estigmatizada con ella.
SECCION IV – Del Ministerio Público
Art. 120: El Ministerio Público es un órgano independiente con autonomía funcional y
autarquía financiera que tiene por función promover la actuación de la justicia en
defensa de la legalidad de los intereses generales de la sociedad en coordinación con
las demás autoridades de la República.
Está integrado por un procurador general de la Nación y un defensor general de la
Nación y los demás miembros que la ley establezca.
Sus miembros gozan de inmunidades funcionales e intangibilidad de remuneraciones.
TITULO SEGUNDO – Gobiernos de Provincia
Art. 121: Las Provincias conservan todo el Poder no delegado por esta Constitución al
Gobierno Federal, y el que expresamente se hayan reservado por Pactos especiales al
tiempo de su incorporación.
Antecedente nacional.
Proyecto de Constitución Federal para las Provincias Unidas de la América del Sud
(1813). Art. 2: Cada Provincia retiene su soberanía, libertad, ó independencia, y todo
poder, jurisdicción y derecho; que no es delegado expresamente por esta
Confederación a las Provincias Unidas juntas en Congreso.
Constitución de 1853. Art. 101: Las Provincias conservan todo el poder no delegado
por esta Constitución al Gobierno Federal.
Proyecto de Alberdi. Art. 90: Las provincias conservan todo el poder que no delegan
expresamente a la Confederación.
Fuentes
Constitución Federal de los Estados Unidos de Venezuela (1811). Preliminar. Bases del
Pacto Federativo que ha de constituir la Autoridad General de la Confederación. En
todo lo que el Pacto Federal no estuviere expresamente delegado a la Autoridad

Fuentes de la Constitución Nacional

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General de la Confederación, conservará cada una de las Provincias que la componen,
su Soberanía, Libertad é Independencia: ....
Proyecto de Acta Federal de la Confederación de Suiza (1832). Art. 2: Los cantones son
soberanos, y, como tales, ejercen todos los derechos que no son expresamente
cedidos al poder federal.
Art. 122: Se dan sus propias instituciones locales y se rigen por ellas. Eligen sus
Gobernadores, sus Legisladores y demás funcionarios de Provincia, sin intervención del
Gobierno Federal.
Antecedente nacional.
Proyecto de Alberdi. Art. 100: Se dan sus propias instituciones locales y se rigen por
ellas.
Fuente.
Constitución Federal de los Estados Unidos de Venezuela (1811). Preliminar. Bases del
Pacto Federativo que ha de constituir la Autoridad General de la -Confederación: en
uso de ellas, tendrán el derecho exclusivo de arreglar su Gobierno y Administración
territorial, bajo las leyes que crean convenientes, con tal que no sean de las
comprendidas en esta Constitución, ni se opongan o perjudiquen a los Pactos
Federativos que por ella se establecen.
Art. 123: Cada provincia dicta su propia constitución, conforme a lo dispuesto por el
art. 5° asegurando la autonomía municipal y reglando su alcance y contenido en el
orden institucional, político, administrativo, económico y financiero.
Antecedentes nacionales.
Constitución 1853 – 60. Art. 106: Cada Provincia dicta su propia constitución, conforme
a lo dispuesto en el artículo 5°.
Constitución de 1853. Art. 103: Cada Provincia dicta su propia constitución, y antes de
ponerla en ejercicio, la remite al Congreso para su examen, conforme a lo dispuesto en
el articulo 5°.
Proyecto de Alberdi. Art. 102: Cada provincia hace su constitución; pero no puede de
alterar en ella los principios fundamentales de la constitución general del Estado.
Constitución de la Provincia de Córdoba (1987). Art. 180: Autonomía. Esta Constitución
reconoce la existencia del Municipio como una comunidad natural fundada en la
convivencia y asegura el régimen municipal basado en su autonomía política,
administrativa, económica, financiera e institucional. Los Municipios son
independientes de todo otro poder en el ejercicio de sus atribuciones, conforme a esta
Constitución y las leyes que en su consecuencia se dicten.
Art. 124: Las provincias podrán crear regiones para el desarrollo económico y social y
establecer órganos con facultades para el cumplimiento de sus fines y podrán también
celebrar convenios internacionales en tanto no sean incompatibles con la política
exterior de la Nación y no afecten las facultades delegadas al Gobierno federal o el

Fuentes de la Constitución Nacional

135

crédito público de la Nación; con conocimiento del Congreso Nacional. La ciudad de
Buenos Aires tendrá el régimen que se establezca a tal efecto.
Corresponde a las provincias el dominio originario de los recursos naturales existentes
en su territorio.
Antecedentes.
Constitución Federal de los Estados Unidos de Venezuela (1811). Preliminar. Bases del
Pacto Federativo.
Doctrina nacional.
Art. 125: Las provincias pueden celebrar tratados parciales para fines de
administración de justicia, de intereses económicos y trabajos de utilidad común, con
conocimiento del Congreso Federal; y promover su industria, la inmigración, la
construcción de ferrocarriles y canales navegables, la colonización de tierras de
propiedad provincial, la introducción y establecimiento de nuevas industrias, la
importación de capitales extranjeros y la exploración de sus ríos, por leyes protectoras
de estos fines, y con sus recursos propios.
Las provincias y la ciudad de Buenos Aires pueden conservar organismos de seguridad
social para los empleados públicos y los profesionales; y promover el progreso
económico, el desarrollo humano, la generación de empleo, la educación, la ciencia, el
conocimiento y la cultura.
Art. 126: Las provincias no ejercen el poder delegado a la Nación. No pueden celebrar
tratados parciales de carácter político; ni expedir leyes sobre comercio, o navegación
interior o exterior; ni establecer aduanas provinciales; ni acuñar moneda; ni establecer
bancos con facultad de emitir billetes, sin autorización del Congreso Federal; ni dictar
los Códigos Civil, Comercial, Penal y de Minería, después que el Congreso los haya
sancionado; ni dictar especialmente leyes sobre ciudadanía y naturalización,
bancarrotas, falsificación de moneda o documentos del Estado; ni establecer derechos
de tonelaje; ni armar buques de guerra o levantar ejércitos, salvo el caso de invasión
exterior o de un peligro tan inminente que no admita dilación dando luego cuenta al
Gobierno federal; ni nombrar o recibir agentes extranjeros.
Antecedente nacional.
Proyecto de Alberdi. Art. 105: Las provincias no ejercen el poder que delegan a la
Confederación. No pueden celebrar tratados parciales de carácter político; no pueden
expedir leves sobre comercio o navegación interior o exterior, que afecten a las otras
provincias; ni establecer aduanas provinciales; ni contraer deudas gravando sus rentas
o bienes públicos, sin acuerdo del congreso federal; ni acuñar moneda; ni legislar sobre
peajes, caminos y postas; ni establecer derechos de tonelaje; ni armar buques de guerra; ni levantar ejércitos; ni nombrar ni recibir agentes extranjeros.
Fuente.
Constitución de los Estados Unidos de América (1787). Art. 1 Sección 10: Ningún
estado establecerá derecho alguno de tonelaje, ni mantendrá tropas o buques de

Fuentes de la Constitución Nacional

136

guerra en tiempo de paz, ni entrará en ningún convenio o pacto con otro estado o con
una potencia extranjera, o se empeñará en alguna guerra, sin consentimiento del
Congreso, a menos que sea actualmente invadido, o se halle en peligro tan inminente
que no admita demora.
Constitución Federal de los Estados Unidos de Venezuela (1811). Art. 43: No pueden
hacer las Provincias entre sí, tratados algunos de amistad, unión, alianza, comercio,
etc., sin la expresa noticia y aprobación del Congreso que la otorgará si no fueren
perjudiciales al bien común o a otra tercera, y los que se hubieren hecho hasta el presente desde el 20 de Julio de 1810, época, como se ha dicho, de la transferencia
política del reino, se someterán igualmente a su sanción, sin que puedan tener ni
tengan fuerza alguna en todo lo que sea contrario a los pactos de esta Unión.
Art. 127: Ninguna Provincia puede declarar, ni hacer la guerra a otra Provincia. Sus
quejas deben ser sometidas a la Corte Suprema de Justicia y dirimidas por ella. Sus
hostilidades de hecho son actos de guerra civil, calificada de sedición o asonada, que el
Gobierno Federal debe sofocar y reprimir conforme a la Ley.
Antecedente nacional.
Proyecto de Alberdi. Art. 106: Ninguna provincia puede declarar, ni hacer la guerra a
otra provincia. Sus quejas deben ser sometidas a la Corte Suprema y dirimidas por ella.
Sus hostilidades de hecho son actos de guerra civil, calificados de sedición o asonada,
que el gobierno general debe sofocar y reprimir, conforme a la ley.
Fuente.
Constitución Federal de Suiza (1848). Art. 14: Si se suscitaren diferencias entre los
cantones, los Estados se abstendrán de pasar a vías de hecho ni disponer armamento
alguno, sino que se someterán a lo que se acuerde respecto a dichas diferencias con
arreglo a las disposiciones federales.
Art. 128: Los Gobernadores de Provincia son agentes naturales del Gobierno Federal
para hacer cumplir la Constitución y las leyes de la Nación.
Antecedente nacional.
Reglamento provisorio de la Provincia de Córdoba (30 de Enero de 1821). Capitulo XV.
Art. 1°: El poder ejecutivo de la provincia será en ella el agente natural e inmediato del
poder ejecutivo federal para todo aquello que, siendo de su resorte o del congreso
general de los estados, no estuviere cometido a empleados particulares.
Proyecto de Alberdi. Art. 107: Los gobernadores de provincia y los funcionarios que
dependen de ellos, son agentes naturales del gobierno general, para hacer cumplir la
constitución y las leyes generales de la Confederación.
Fuente.
Constitución de la República de Colombia (1821): Art. 151: El mando político de cada
departamento residirá en un magistrado, con la denominación de intendente, sujeto al

Fuentes de la Constitución Nacional

137

Presidente de la República, de quien será el agente natural e inmediato. La ley
determinará sus facultades.
Art. 129: La ciudad de Buenos Aires tendrá un régimen de Gobierno autónomo con
facultades propias de legislación y jurisdicción, y su jefe de gobierno será elegido
directamente por el pueblo de la ciudad.
Una ley garantizará los intereses del Estado nacional mientras la ciudad de Buenos
Aires sea capital de la Nación.
En el marco de lo dispuesto en este artículo el Congreso de la Nación convocará a los
habitantes de la ciudad de Buenos Aires para que mediante los representantes que
elijan a ese efecto dicten el estatuto organizativo de sus instituciones.

Fuentes de la Constitución Nacional

138

BIBLIOGRAFÍA
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M. Cristina Seghesso de López Aragón, Diario El Derecho (Miércoles 23 de febrero de
1994)