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Entretanto Kevin y Sofía habían estado siguiendo todo lo acontecido en la comida con sumo detalle.

En esos momentos Sofía le guiñó un ojo al joven, mostrándole así su complicidad. En el fondo, los dos muchachos se sentían más cómodos y seguros teniendo a Peter como director de orquesta que a Steve, este siempre sembraba dudas sobre su cordura. En la otra mesa también se hablaba en voz baja sobre la jugada, el más disgustado parecía Tom, ya que junto a Steve, ambos compartían ese punto de locura, que los mantenía unidos y creaba un nexo especial. Al japonés y al germano parecía darles lo mismo, tenían una buena impresión del nuevo arqueólogo. Por otro lado Jack, parecía evidenciar su envidia hacía Peter en sus palabras. El jefe no había contado con él ni su experiencia en la excavación para el puesto, en una decisión tan rápida, que desacreditaba totalmente a Steve y sus métodos. Los comensales estaban acabando de comer, mientras digerían todas las noticias nuevas. Los primeros en finalizar fueron Kevin y Sofía, estos se levantaron y abandonaron la mesa donde Peter y Juan seguían hablando. En la otra mesa también seguían hablando del misterioso lugar. La luz de la estatua y las leyendas de la zona que les relataba Tom, parecían tenerles entretenidos. La muchacha cogió una pequeña mochila, que había dejado preparada en otra mesa cercana y tomó de la mano al joven. Estos fueron paseando y disfrutando de las magnificas vistas, que fundían al mar con el bosque, el cual se difuminaba en el horizonte, cuya cúspide aparecía coronada por altos picos nevados y resplandecientes bajo la luz del sol. - ¡Vaya! Se me ha olvidado llamar a Luis. Parece que es demasiado tarde.- dijo Kevin cuando vio que eran las dos. - No pasa nada, le puedes llamar mañana. - Tienes razón.

- Estoy muy contenta de que tu padre dirija al grupo, nunca me ha gustado Steve.- expresó rotundamente la joven. - Sí, la verdad es que es mejor así. Parece un hombre sin escrúpulos. - Mira vamos a un sitio que conozco. Suelo dar vueltas por aquí, ya que a mi padre no le gusta que acceda al lugar de la excavación.- dijo señalando una pequeña senda. - Vale, pero no debemos alejarnos mucho, a la tres tengo que volver ahí. - No te preocupes, está cerca. Los dos jóvenes fueron descendiendo por una senda de tierra marrón, bastante compacta que pasaba cerca del lago y penetraba por un tupido bosque de arces. Siguieron avanzando a través del bosque. Bajo este, el suelo fue cambiando y se torno mucho más verde, blando y lleno de vida. A los pocos minutos de pasear por el bosque, apareció frente a ellos una cortina de humo al fondo, divisable entre la vegetación. - ¿Qué es eso?- preguntó intrigado el muchacho. - Ahora lo verás, es muy bonito. La joven siguió avanzando entre el bosque, en dirección a lo que parecía una cortina de humo. Conforme avanzaban se empezó a escuchar un fuerte sonido, era similar al del agua lanzada a presión. Pronto apareció ante ellos un cortado, desde donde se podía ver un bonito geiser, que mediante una continua erupción elevaba vapor de agua sobre unos diez metros. Esta columna de agua, sobrepasaba la altura donde estaban los jóvenes en aquellos mágicos momentos. - ¡Un geiser! ¡Es impresionante!- dijo atónito el joven. - Exacto, sobre estas horas suele eclosionar por un intervalo que dura al menos diez minutos. - ¡Vaya es fabuloso! ¡Y al lado hay un pequeño lago!dijo señalando la zona. - Sí, allí es a donde vamos.

Sofía parecía decidida a llegar a un pequeño lago, rodeado de esa tierra marrón que se abría paso entre el bosque. Descendieron por otra senda en forma de pendiente, que dejaba a un lado al geiser y permitía el acceso al magnífico lago, situado en la llanura dentro del bosque. - ¡Vamos a darnos un baño!- dijo rápidamente Sofía. - ¡Pero esa agua puede estar muy caliente!- dijo el muchacho no muy convencido. - ¡No te preocupes! He venido otras veces y justo aquí se puede nadar sin problemas. Además he traído toallas en la mochila y un neceser. - No sé.- dijo el joven mirando a su alrededor. Tras mirar el reloj y ver que aun eran las dos y cuarto decidió que podía ser una buena idea. Cuando de pronto, oyó el sonido de una zambullida en el agua, era Sofía había dejado su ropa en la orilla y se había metido en el lago. - ¡Ven Kevin! ¡Esta perfecta!- le dijo, al mismo tiempo que le hacía señales con la mano a unos metros en el agua. El muchacho no se lo pensó más y se quitó rápidamente la ropa, la tiró al lado de la de Sofía a unos dos metros de la orilla. Desnudo totalmente se adentró rápidamente en las tibias aguas del lago. Fue nadando hasta la posición de la joven, donde aun hacían pie, quedando con medio torso al aire. Sofía estaba metida en el agua hasta el cuello mientras le decía: - ¿Qué te parece? Es magnífico ¿Eh? - Sí, jaja. Es fantástico.- respondió entusiasmado el joven, con la agradable temperatura de aquel agua cristalina. Los dos muchachos se sentían fuertemente atraídos. Las hormonas, la juventud y las tensiones experimentas en los días anteriores, hacían que todos estos factores convergiesen en un gran torrente químico, que derivaba en un fuerte deseo mutuo. Kevin se acercaba rápidamente a Sofía, los dos mantenían una ardiente mirada de deseo. Cuando el

muchacho llegó a su altura, este le acercó sus labios suavemente con la cabeza girada, para formar un beso de tornillo con su pareja. Ella con experiencia, continuó besándolo y entrelazando su cálida lengua con la de él, a la vez que rodeaba con su brazo el fuerte cuello del joven. El muchacho fuertemente excitado, tocó los firmes pechos de la joven llevado por la pasión. Ella llevó su mano bajo el agua para acariciar y agarrar el duro sexo de su amante. A continuación, Sofía se aferró fuertemente con sus piernas a la cintura de Kevin. Sin más dilación el muchacho introdujo su rígido y firme sexo en el de la joven, esta esgrimió un gemido de placer al recibirlo. Poco a poco, el amante comenzó a mover sus caderas con Sofía aferrada como si de una llave de judo se tratara. Quería ser suave, ayudado por las tibias aguas, mientras la muchacha jadeaba suavemente en el oído del joven, mostrándole sus agradables sensaciones. Él la besaba reiteradamente en el cuello, cogiendo firmemente su culo y sujetándola fuertemente contra él. A continuación la amante le plantó un apasionado beso en la boca, al mismo tiempo que la pareja consensuaban su pasión en las tórridas aguas del fabuloso lago, mimetizándose con la vida salvaje de aquel remoto y bello lugar. A unos pocos metros de allí, escondido tras los grandes arces, se encontraba Steve, que conocía la zona y sus parajes. Presenció toda la escena, sin perder de vista ningún detalle y fumando uno de sus habituales habanos. Todavía seguía enfadado, por su degradación sufrida en la comida. Tenía el ceño fruncido, dándole un aspecto casi siniestro a su malograda cara, fruto del accidente por conseguir la estatuilla de jade. El hombre daba largas caladas a su puro, a la vez que su inquieta mente parecía maquinar algún siniestro plan. Pasados diez minutos la pareja llegó a su clímax sexual. La joven volvió a dar un par de gemidos del gran placer, que había recibido por parte de su amante, acompañados de unas

rápidas convulsiones. Todo esto derivó en una intensa mirada entre ellos y una sonrisa por parte de Sofía, cuando el muchacho también alcanzaba el orgasmo. Aplacado su ardor, los dos jóvenes fueron avanzando hacía la orilla poco a poco, de una forma relajada, a la vez que se sonreían y miraban en el agua. Al llegar a la orilla, Sofía salió corriendo del agua, dirigiéndose rápidamente en busca de las toallas que llevaba en la mochila. Kevin se fijó en su perfecto y duro culo, tonificado por horas de gimnasio y acompañado por su perfecta piel. Una vez la joven sacó las toallas, le dio una a Kevin, mientras con la otra rodeaba su esculpido cuerpo, intentando secarlo lo antes posible. La muchacha contempló el musculoso físico del joven, también fruto del deporte, haciendo este lo propio con la toalla y colocándose está fijada en la cintura. Aunque era mediodía de verano, la temperatura en ese lugar era de unos doce grados centígrados y podía suponer coger un resfriado. Una vez la pareja se secó del todo y se puso la ropa, Kevin plegó las toallas y las introdujo en la mochila, como buen caballero que era. Sofía se acercó a su oído susurrándole: - Ha estado increíble, me ha gustado mucho.- manifestó sonriéndole.

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