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El complejo paterno de D. W.

Winnicott
Patricia Chavero, Viviana Kalmanowiecki, Marta Mosner, Graciela J. Zelicovich
El presente texto es fruto del minucioso trabajo realizado por el Grupo de Investigación de APICE sobre Donald Winnicott. (Extraído de la página web de El Sigma.com)

1. El RECUERDO ENCUBRIDOR INTRODUCCIÓN En un primer acercamiento a la obra de Winnicott nos resultaron llamativos los conceptos que trabaja respecto de la agresión, el verdadero y falso-self y el énfasis otorgado a la función de la ilusión materna por comparación al tratamiento ínfimo de la función paterna. Nos surgía el siguiente interrogante: ¿Será posible que encontremos alguna relación entre estos temas y su vida? ¿Podremos llegar a conocer algunos datos significativos de Winnicott que nos permitan hacer alguna inferencia de por qué se dedicó a profundizar esos temas y no otros? Este enlace entre vida y obra, lo hicimos con Freud, con A. Freud, con M. Klein. Cuando se desidealiza a un autor se puede hacer una incorporación pensante y reflexiva de sus ideas. Apostamos a este modo de estudio del psicoanálisis; creemos que permite un avance del pensamiento psicoanalítico y que reduce la posibilidad de hipnosis y fanatismo. DATOS BIOGRÁFICOS Y RECUERDOS: Donald Woods Winnicott nació en 1896 en Plymouth, Devon, un lugar de Inglaterra típicamente provinciano. La casa de Winnicott era una vasta mansión, había lugar para todos en el gran jardín y en la casa, y nunca faltó el dinero. Observamos que proviene de una familia muy bien acomodada, a diferencia de los inicios humildes de la mayoría de los psicoanalistas de la época. Winnicott revela en los comienzos de su autobiografía que su infancia fue muy dichosa. “Como mis hermanas eran cinco y seis años mayores que yo, en cierto sentido era un hijo único- era efectivamente el único varón- con varias madres y un padre, que durante mi infancia se hallaba muy absorbido por los asuntos de la ciudad y por los suyos propios”.1 El padre fue un hombre exitoso en sus negocios, fue elegido dos veces alcalde y llegó a ser ciudadano de honor a raíz de su obra cívica. Winnicott comenta que en una ocasión “como yo le formulara una pregunta sobre religión que habría podido arrastrarnos a una discusión sin fin, se contentó con decirme: “Lee la Biblia; allí hallarás la respuesta exacta”. Así fue como (mi papá) me dejó que me las ARREGLARA SOLO”...2 3 En una rápida lectura, podemos pensar a este papá como un estímulo al desarrollo en su hijo de un espíritu independiente y cuestionador de dogmas. Esto puede haber derivado en la idea de Winnicott de que la verdad cada cual debe descubrirla

por sí mismo. Pero escuchamos que Winnicott muestra cómo el padre no se prestó a un debate o intercambio de ideas, y dejó en Winnicott una sensación de intensa soledad y con el ideal de que es bueno “arreglárselas solo” Sigamos un poco más, quizá sea éste un comentario apresurado... Winnicott relata otro recuerdo: “Pero cuando otro día (tenía yo doce años) llegué diciendo: NOM DE NOM symbol 42 \f "Symbol" \s 12 * , mi padre p areció apenarse como sólo él podía estarlo, y le reprochó a mi madre el no haber vigilado más de cerca mis amistades. El incidente lo decidió a mandarme al colegio, cosa que ocurrió cuando cumplí trece años...”Nom de nom”! Apenas sonaba como un juramento, pero mi padre tenía razón porque mi nuevo amigo no era muy recomendable y las cosas hubieran podido tomar mal giro si se nos hubiera dejado en completa libertad”...”De manera que mi padre estaba allí para matar y ser muerto, pero también es cierto que durante mis primeros años me dejó con harta frecuencia al cuidado de mis muchas madres, y las cosas nunca volvieron a enderezarse por completo”. 4 Este recuerdo del “maldecir” de Winnicott no es sino un recuerdo encubridor. Si un niño de 12 años pronuncia una blasfemia, ¿un padre deberá expulsarlo de la vida familiar?. Winnicott se vale de este recuerdo encubridor para hacer una justificación de la actitud expulsiva de su padre, actitud que le provoca un intenso dolor. Si bien le critica que él no estuvo a su lado en la infancia, (lo dejó entre mujeres), no puede protestar respecto de la “expulsión” a la que será expuesto. El sentimiento de culpabilidad inconciente de haber apenado a su padre aparece en forma resistencial para no conectarlo con los sentimientos agresivos y hostiles hacia el padre. Acepta sin discusión irse de la casa familiar. Esto lo inferimos de las siguientes palabras: “mi padre pareció apenarse como sólo él podía estarlo.” ¡Qué enigmáticas éstas palabras! ¿Qué significación tendrán? A los 13 años Winnicott tuvo que adaptarse al cambio de la vida. Sólo en una escuela, internado en Cambridge. Al poco tiempo se sintió encantado de estar allí. Jugaba al rugby, cantaba en el coro, andaba en bicicleta. Formaba parte de los scouts de su escuela y se hizo de amigos nuevos. Todas las noches les leía una historia en voz alta a sus compañeros de dormitorio... Todo muy bien!, sin embargo, tiene un accidente a los 16 años jugando al rugby, una fractura de clavícula que lo llevó a pasar algún tiempo en la enfermería. Veamos cómo reacciona Winnicott: “No me podía imaginar que por el resto de mi vida dependería de los médicos cada vez que me lastimara o que cayera enfermo. El mejor modo de salir del paso era convertirme yo mismo en médico. A partir de entonces la idea no me abandonó, a pesar de que sé que mi padre esperaba que lo sucediera en sus muy prósperos negocios”.5 ¿Qué idea no lo abandonó? ¿La de arreglárselas solo? Su deseo de independencia lo conduce a un camino diferente de las expectativas paternas. ¿Por

qué medicina? ¿Para no depender de médicos cada vez que se lastimara o enfermara? ¿Será para curarse de haber tenido que ser tan tempranamente independiente? Winnicott estuvo a punto de casarse más de una vez. Se casó a los veinte años. Tras la muerte de su padre, en 1948, inició el divorcio de su primera mujer, y en 1951 se casó con Clare Britton, una asistente social psiquiátrica a quien conoce al trabajar juntos en un plan de evacuación de niños desde Londres a las zonas rurales. ¿Por qué no habrá t enido hijos?¿ Por qué no pudo ser padre? ¿Padre hay uno sólo, madres pueden ser varias? 6 Tal vez este interrogante se sostiene y retorna en el recuerdo encubridor. Un sentimiento que le quedó de no haber logrado enfrentar a su padre: “para matar y ser muerto”. Esta confrontación edípica sucede en el espacio de la fantasía. Si Donald vivió la expulsión de su hogar como una consecuencia de que cometió un acto irreparable, ofender y ensuciar el nombre del padre, el sentimiento de culpabilidad inconsciente reinará sobre los actos de la vida impidiendo la felicidad. Dice Winnicott: “En la cuesta que va del campo de croquet a la parte llana donde se encuentra el estanque..., aquella cuesta está como se dice, cargada de historia. Allí eché mano al Mazo de croquet de mi pertenencia (con un mango de 30 cm), pues yo no tenía más que tres años, para aplastarle la nariz a la muñeca de cera de mis hermanas. Aquella muñeca se había convertido para mí en una fuente de irritación, pues mi padre no dejaba de hacerme bromas con ella. Se llamaba Rosie, y mi padre, parodiando una canción popular, me decía (con una voz que me exasperaba): “Rosie le ha dicho a Donald: “te amo”. Rosie: “no lo creo” (los versos eran quizá a la inversa, no me acuerdo). Así pues, yo supe que tenía que destrozar esa muñeca, y gran parte de mi vida se basó en el hecho indiscutible de que yo había cometido realmente ese acto, sin haberme conformado con desearlo y proyectarlo. Probablemente me sentí un tanto aliviado cuando mi padre, encendiendo luego varios fósforos seguidos, calentó la nariz de cera para remodelarla. Y el rostro volvió a ser un rostro.”7 Este recuerdo encubridor nos permite pensar las demandas que tiene Winnicott hacia su padre. Si tratamos de entenderlo nos muestra cuáles serían los caminos en donde un padre se cruza con su hijo varón y ejerce su función paterna: Es el presentador de las niñas Es el que tiene que ayudar al hijo varón a sostener la diferencia, tiene un mazo de 30 cm. (desplazamiento del pene). Es el que sostiene la alternancia Falo symbol 185 \f "Symbol" \s 12 ¹ castración. Su intervención es fundamental para provocar la percepción de la castración.(Rostro de la muñeca sin nariz). Si esta función no se cumple habrá una desmentida de la percepción. Es quien mide la fuerza agresiva de su hijo y permite la descarga pulsional en el mundo exterior. Sería un modo de morigerar la pulsión agresiva del hijo y ligarla al dominio y aprehensión del objeto femenino. Es necesario que en este enfrentamiento “padre-hijo varón”, la reacción violenta del niño contra la muñeca, no cobre un sentido de daño efectivo o real; Debemos tener

en cuenta que la sexualidad masculina requiere un monto de carga agresiva que luego será necesaria en el acto sexual. Si se cristaliza el aspecto dañino, se fantasea haber roto el objeto, en este caso se producirá una neurosis obsesiva. El niño Donald se culpabilizará por “haber sido dueño de todas las mujeres de la casa”. Él mismo señala “su padre no lo acompañaba en su infancia”. Para poder renunciar a su posición edípica deberá percibir la falta e instalarse la amenaza de castración. Sólo sentirse amenazado podrá colocarlo en la disyuntiva de tener, en vez de ser. Queda un pequeño asustado en el descubrimiento de su odio, y de la fuerza agresiva de su “mazo”; por más intento de supuesta reparación y restitución que hiciera el padre, los efectos de la rivalidad padre hijo que nos evoca esta escena infantil habrán dejado posiblemente cierta impronta de impotencia y angustia en Winnicott. ¿Cómo habrá podido elaborar el odio al padre, su deseo de sustituirlo y de “haberlo hecho” en su fantasía? ¿Tendrá esto alguna incidencia con su falta de paternidad? ¿Tenía permiso a ser potente, a ser papá si, con las palabras de Winnicott, “yo había cometido realmente ese acto sin haberme conformado con desearlo y proyectarlo”? ¿Por qué decimos impotencia? Analicemos pues, este recuerdo encubridor con mayor profundidad: El recuerdo encubridor muestra a un niño de tres años, con su mango de 30 cm que destruye la nariz de una muñeca (desplazamiento: de abajo hacia arriba de la visión del pene), evidencia haberse enterado de la ausencia en las mujeres, es decir que el que tiene es el varón. Podríamos interpretar que Donald nos cuenta el afecto violento de haber percibido la amenaza de castración. La conjetura acerca de la evidencia del pene en las mujeres ha quedado destruida. Pero ocurre que el padre reconstruye la nariz, vuelve a armar una presencia donde debería haber una ausencia. ¿Es posible llenar un agujero? La construcción imaginaria de Winnicott de un padre reparador que construye otra nariz, es un intento defensivo de Donald de colocar nuevamente a su padre en el lugar de ser el único dueño de las mujeres y calmar su culpa por haberlas poseído. Resigna esa posición pues percibe la amenaza de castración. Construye en su fantasía un padre que se contenta con cubrir una falta con cera en vez de trasmitir el reconocimiento de la existencia del agujero (horror a la castración). Si esta confrontación se hubiera dado podría llegar a ocupar el lugar del padre, para crecer y poseer un mazo potente y agresivo que pueda penetrar un agujero. En caso contrario la neurosis obsesiva impide el logro de una satisfacción sexual. El sentimiento de culpabilidad inconsciente invade con angustia edípica cualquier representación. Winnicott dice: “crecer significa ocupar el lugar del padre, y lo significa de veras. En la fantasía inconciente, el crecimiento es intrínsecamente un acto agresivo”.8 Winnicott expresa: “para el desarrollo de la potencia, de la capacidad sexual no basta hablar de la progresión del predominio instintivo, ya que la esperanza de

recuperación respecto de la culpa por las ideas destructivas es un elemento vitalmente importante de la potencia.”9 Vemos cómo Winnicott en la teoría inte nta darle forma a este recuerdo encubridor. De hecho nos encontramos con su pensamiento dedicado no casualmente a profundizar el tema del odio, el empleo constructivo del impulso destructivo como formador de la realidad Entonces, dirá Winnicott: “Una persona se vuelve útil para otra, más real, si consigue sobrevivir al aspecto agresivo de la relación”.10 2. NOSOTROS Y WINNICOTT a) WINNICOTT SUFICIENTEMENTE BUENO Cuando comenzamos a investigar todo aquello escrito por Winnicott, lo hicimos con el objetivo de aprender sus conceptos y sus puntos de vista. Nos propusimos no fascinarnos con la lectura. Tal vez leerlo aplicando sobre los textos por él escritos, la misma crítica y valentía que Donald tuvo para percibir las teorías de sus colegas, o los obstáculos narcisísticos que impedían la comprensión del psicoanálisis por las discusiones entre seguidores de Anna Freud o M. Klein. Clare, su segunda esposa nos introduce con un relato conmovedor en la vida de Winnicott. Ella nos entrega sus visiones más íntimas de un tema que muchas personas ni se atreven a mencionar, el problema de la muerte propia. Winnicott se encontraba muy enfermo y debía enfrentar su destino. Comenzaremos por el final. Clare Winnicott nos cuenta 11: “Yo siempre lo había urgido a escribir su autobiografía, convencida de que su estilo era indicadísimo para ese trabajo. Se entregó, pues, a la tarea, pero no escribió más que unas cuantas páginas. Utilizó su ejercicio para hacer frente -era típico de él- a su problema inmediato de vida, que era el problema de su muerte. Sé que procedió así porque llevaba consigo el cuaderno del que sólo tuve conocimiento con posterioridad a su muerte. La biografía se habría titulado: NADA MENOS QUE NADA. Winnicott hace una súplica ¡Oh, Dios mío, haz que yo viva el momento de mi muerte!. Luego de imaginar cómo moriría escribe: …“veamos un poco, ¿qué pasó cuando morí?. Mi ruego había sido oído. Estaba vivo en el momento de morir. Eso era todo lo que yo había pedido, y lo he obtenido. ( lo que me da remordimiento, porque tantos de mis amigos y contemporáneos murieron durante la primera guerra mundial, y nunca pude desembarazarme de la idea de que estar yo con vida era como una faceta de algo cuyas otras facetas las constituían las vidas de ellos: un cristal enorme, un cuerpo cuya integridad y cuya forma son intrínsecas de él mismo” Continúa explicando “… cuán difícil le es a un hombre morir cuando no ha tenido un hijo para matarlo imaginariamente y poder sobrevivirlo, proporcionando así la única continuidad que los hombres conozcan. Las mujeres, por su parte, son continuas.” Para contestar a Winnicott tuvimos que recordar casi toda la teoría psicoanalítica. Para poder tener hijos hay que dejar de estar embarazado de los duelos y pérdidas

del pasado. Los hijos, significan una apuesta a la vida y una continuidad de nuestra materia germinal. Tener hijos, ser padres, nos permitirá no tener que estar vivos en el momento de nuestra muerte. Es decir no necesitaremos vernos y sentirnos vivos en ese instante dado que seremos vistos, observados y amados, en el mejor de los casos, en ese instante tan difícil. Los hijos son el desprendimiento de nuestro narcisismo que nos constituye en esa función de ser mirados, ser pensados desde un otro lugar. Ser padres es la muerte de nuestro narcisismo en cuanto aceptamos la castración simbólica, saber que nuestros hijos no nos pertenecen. Suponemos que Winnicott no pudo pasar por la experiencia de ser padre pues sufrió dos situaciones traumáticas importantes. A la experiencia infantil del alejamiento del hogar familiar, se le superpuso la muerte trágica de sus amigos. El ser joven no le alcanzó para superar este duelo de haber sobrevivido a su generación. Pudo salvarse y no estar ante el fuego y el combate, pues al estudiar en la escuela de medicina, no tenía que estar en el frente de batalla. En cambio integraba el cuerpo de ayuda sanitaria en la marina. Sus amigos, con otras profesiones, sí debieron luchar. Y otra vez pensamos en el recuerdo encubridor. Si la función paterna hubiera actuado provocando una percepción de la falta, (sin reconstruir una nariz donde se ve un agujero), ¿hubiera podido el joven Donald superar este nuevo duelo? El duelo por la muerte de seres queridos es un proceso arduo de trabajo y ligadura para el aparato psíquico 12. Los duelos patológicos son reconstrucciones en el Yo del objeto. No se resigna su pérdida. En el lugar del agujero, la sombra del objeto cae sobre el Yo, es un relleno de melancolía pues no se tolera la ausencia. Para tolerar la ausencia, la falta, es necesario un padre que morigere y eduque la pulsión de agresión de su hijo. En cambio en el recuerdo encubridor de romper la nariz de la muñeca, al igual que en el siguiente recuerdo encubridor, (blasfemar y ofender a Dios), encontramos dos escenas claras de intolerancia paterna a las manifestaciones agresivas de su hijo varón. La primera respuesta educativa es tibia, reparadora y benigna, la segunda es exagerada y vivida como un castigo que lleva a la expulsión de la vida familiar. Recordemos que la construcción de la pulsión de dominio, es una función del padre a los fines de tolerar la agresividad necesaria de su hijo, para sostener la potencia masculina en el coito, en el abrazo sexual. Ésa hubiera sido la manera adecuada de que Donald posea pulsión de dominio suficiente, agresividad útil para proteger el egoísmo sano del sentimiento de culpabilidad inconciente. Queda a merced de un Superyó sádico que le reprocha haber sobrevivido. Tal como lo expresó Winnicott; recordemos que dice haber quedado embarazado de estas ideas: él vivo y sus amigos muertos, sus remordimientos.

Poder sobreponerse a la visión de la castración inaugura en el hombre su masculinidad, sus fantasías, y la tolerancia a la ausencia y pérdida de los objetos queridos. Al no haber quedado atravesado por este aspecto de la función paterna, podemos inferir en Donald una posible idealización de la mujer. Cuando Winnicott dice que “… La mujer es continua…”, deberíamos contestar: sólo a nivel de la percepción de los sentidos ya que el embarazo sucede en un cuerpo que se puede percibir. La panza se ve en su total desarrollo, de ahí que la madre siempre es cierta y el padre es incierto. Esta incertidumbre en saber quién es el padre, obliga a su descendencia, según Freud, a la búsqueda de los pensamientos necesarios para la apropiación del padre. Las fantasías de la novela familiar del neurótico en el período de latencia, y los recuerdos encubridores en la pubertad, nos muestran el trabajo del inconsciente para la captura e investigación de la función paterna. Se produce una inferencia que va más allá de la percepción de los sentidos.13 Para lograr este giro, es importante que el padre sea reconocido en su aspecto de testigo, es decir poder inferir la parte que el varón desempeña en el acto de reproducción. Saberse hijo de, confrontarse con la potencia y fuerza del padre, amar al padre, fantasear con las infidelidades cometidas por los progenitores, soñar ser un hijo adoptado son construcciones elaborativas del complejo de Edipo. Pensamos que el complejo en que ha quedado fijado Winnicott con respecto a su padre lo ha dejado privado de una parte de su potencia masculina. Ése fue tal vez su dolor más profundo. Quedar encerrado en los pensamientos obsesivos, preferentemente en aquellos temas en que la incertidumbre de los hombres es universal. Esos temas son: la filiación paterna, la duración de la vida, la vida después de la muerte. Los pensamientos obsesivos le impidieron dar muerte simbólica a su padre. Mas luego daremos la versión de J. B. Pontalis y O. Mannoni sobre la implicancia del complejo del padre en los puntos ciegos de su teoría. Sólo vamos a agregar un hecho que nos impactó profundamente. Cuando pensábamos en grupo sobre todas estas especulaciones acerca de la vida y muerte de Donald, nos sentíamos muy confundidos. Decíamos ¿ a quién se le podía ocurrir hablar de lo difícil que es morir cuando no hay descendencia que nos continúe?. No pasó mucho tiempo y tuvimos la evidencia más rotunda de la anticipación que el inconsciente hace de los sucesos que no nos atrevemos a pensar. Murió nuestra compañera María Rosa Fernández, y ante este hecho tan triste las palabras de Winnicott acudían una y otra vez a nuestros oídos para darnos consuelo. ¡Qué triste es no poder encontrar consuelo, no poder despedirse de una colega que uno quiere y ya no está, cuando no hay hijos que la continúen!. ¡Qué difícil le debe haber resultado a Winnicott elaborar la desaparición abrupta de sus compañeros!. El WINNICOTT COMBATIVO Procederemos a leerles las cartas 14 de Winnicott a las personas significativas de su ámbito cultural.

El contraste entre lo que expondremos a continuación y lo que analizamos de sus recuerdos encubridores es enorme. Winnicott opinaba acerca de todos los temas, se creía con derecho como ciudadano de poder de cir libremente su diagnóstico de la situación social que lo rodeaba. A la Sra. Neville Chamberlain 10 de noviembre de 1938 Estimada señora Chamberlain: Pienso que el Primer Ministro está demasiado ocupado como para responder preguntas, pero realmente quiero saber dos cosas. Quisiera que usted trate de responder esta carta, ya que muchos de nosotros estamos necesitando con urgencia respuestas que no obtenemos. De hecho, ¿el Primer Ministro cree realmente que una administración menos buena por alguien que representa el voto mayoritario de los ciudadanos es preferible a una mejor administración de alguien que conserva el poder gracias a la supresión del libre pensamiento?. La segunda pregunta es: ¿Por qué el Primer Ministro no menciona jamás a los judíos? ¡Acaso los desprecia secretamente?. Cuando en Inglaterra decimos Nosotros, incluimos a los judíos, que son personas como nosotros mismos. No le estoy pidiendo que sea pro-judío, pero sí quiero saber claramente si es o no secretamente anti-judío…en la actualidad parece que estuviéramos compartiendo secretamente la locura antijudía alemana, y no queremos que nuestros conductores nos lleven en esa dirección. Al Director de British Medical Journal 22 de diciembre de 1945 Señor: Hace hoy dos años que usted publicó dos cartas mías sobre el tratamiento físico del trastorno mental, especialmente las convulsiones provocadas eléctricamente… De tanto en tanto hay que recordar a la profesión médica que esos tratamientos son pura conjeturas tan azarosas como “disparos en la oscuridad”… De hecho, un aspecto importante de toda leucotomía debe ser el considerar que si bien el paciente puede mejorar para salir de compras e ir al cine, no por ello recobrará el derecho al sufragio ni tomará parte activa en el manejo de nuestros asuntos. Queda permanentemente mutilado…, o para tomar un ejemplo más corriente, que a un prisionero político se le permita conservar sus convicciones políticas y su cerebro… Se necesita hoy, y con mucha prontitud, un nuevo hábeas corpus, un “hábeas cerebrum” A Anna Freud Estimada señorita Freud: Uno no puede dejar de pensar sobre este horrible Congreso de Salud Mental…. Pese a todo, le manifestaré lo siguiente:

En este Congreso, lo importante a lo que hay que llegar es que los problemas del mundo no se deben a la agresión del hombre, sino a la agresión reprimida en cada individuo. De ello se desprende que el remedio no es educar a los niños sobre el modo de manejar y controlar su agresión sino proporcionar, al máximo número de bebés y de niños, condiciones estables y confiables (de ambiente emocional) como para que cada uno de ellos pueda llegar a conocer y a tolerar, como parte de sí mismo, la totalidad de su agresión (amor voraz primitivo, destructividad, capacidad de odiar etc.) A fin de posibilitar que los seres humanos (bebes, niños o adultos) toleren y acepten su propia agresión, es necesario respetar la culpa y la depresión y reconocer plenamente las tendencias reparadoras cuando ellas existen. También es importante manifestar con claridad que en esta cuestión de la agresión y sus orígenes en el desarrollo humano, hay muchas cosas que aún no se conocen. A Hanna Segal: 21 de febrero de 1952 Estimada Dra Segal: Me he dado cuenta de que quiero decirle algo como resultado de la reunión de anoche y confío en que usted se sienta lo bastante fuerte; de lo contrario, mejor será que posponga la lectura de esta carta hasta que se dé el momento adecuado. …Sé perfectamente bien que usted es capaz de ser tan humilde como cualquiera en el momento apropiado, pero pienso que no tiene siquiera una idea del antagonismo que suscita contra sí misma cuando se levanta en una reunión y dice que le sorprende comprobar que sus colegas más jóvenes son capaces de realizar un buen análisis, e informar de sus hallazgos en un inglés que puede ser entendido…Realmente pienso que, durante unos minutos, a veces usted está tremendamente envanecida, y eso se nota si ocurre que en ese momento le toca hablar… Teniendo en cuenta todo esto, naturalmente me inquieta que usted pueda arruinarlo todo poniéndose en alguna especie de desagradable estado en que usted se halla sentada sobre la cima de un monte Everest de un pecho bueno internalizado. A Melanie Klein 17 de noviembre de 1952 Estimada Melanie: Quiero escribirle acerca de la reunión del viernes pasado, para tratar de convertir esto en algo constructivo. Lo primero es que puedo advertir cuán molesto resulta que cuando algo se desarrolla en mí por mi crecimiento y mi experiencia analítica, deseo expresarlo en mi propio lenguaje. Es molesto porque yo supongo que todo el mundo quiere hacer lo mismo, y en una sociedad científica uno de nuestros objetivos es encontrar un lenguaje común. Sin embargo, este lenguaje debe mantenerse vivo, ya que no hay nada peor que un lenguaje muerto. He dicho que lo que estoy haciendo es molesto, pero también pienso que tiene su lado bueno. En primer lugar no hay muchas personas creativas en la Sociedad, con

ideas personales y originales. Pienso que cualquiera que tenga ideas es realmente bienvenido…. Como verá, lo que me preocupa es algo que considero mucho más importante que este artículo mío. Me preocupa este modo de presentación que podría llamarse Kleiniana, y que a mi juicio es el verdadero perjuicio para la difusión de su obra. Sus ideas sólo perdurarán en tanto y cuanto sean redescubiertas y reformuladas por personas originales, dentro y fuera del movimiento psicoanalítico. Desde luego, es necesario que usted tenga un grupo en el cual pueda sentirse como en su casa. Todo autor original requiere un círculo en el que encuentre un lugar de descanso de las controversias y donde pueda sentirse cómodo. El peligro es, empero, que el círculo se desarrolle hasta convertirse en un sistema basado en la defensa de la posición ganada por el autor original, en este caso usted misma. Usted es la única capaz de destruir este lenguaje denominado doctrina kleiniana y kleinismo, y todo esto por un propósito constructivo. …Le escribo todo esto para mostrarle por qué tengo verdadera dificultad en redactar un capítulo para su libro, aunque tengo tantas ganas de hacerlo. Esta cuestión que estoy comentándole toca la raíz misma de mi dificultad personal, así que lo que usted ve puede ser desechado siempre como la enfermedad de Winnicott, pero si la desecha de ese modo puede perderse algo que a la postre sea una contribución positiva. Mi enfermedad es algo que yo soy capaz de tratar a mi manera, y no está lejos de constituir la dificultad intrínseca del contacto humano con la realidad externa. Winnicott criticaba la fascinación y el hechizo que provocaban determinados personajes del ambiente psicoanalítico. En la Sociedad Británica las luchas entre los seguidores de Anna Freud, y los de M. Klein se hacían permanentes. Optó por no alinearse en ninguno de los dos grupos. Integró el llamado grupo intermedio. Fue renuente a leer la obra de Freud. Le escribe a A. Strachey, quien fuera analista durante diez años, y le pide que le ayude a superar la inhibición por la lectura de la obra de Freud. Sin embargo esto también favoreció la conservación de un estilo original y le permitió transmitir sus pensamientos en ámbitos no psicoanalíticos. Las dificultades se le presentaban en los dos círculos internos de la Sociedad Británica ya que padeció una lucha para expresarse. Quedaría como un interrogante ¿qué le produjo a su vida, a su “sentimiento de sí”, la sensación de un padre distante, pero un padre que sin embargo cobrara una dimensión psíquica de figura omnipotente?. Tal como Dios, creador de vidas, de cuerpos. Este padre representaría para Donald el restaurador de una nariz mágica. 3. a) FALSO Y VERDADERO SELF Como ya expresamos anteriormente al inicio del grupo de investigación sobre Winnicott nos propusimos no sólo acercarnos a su teoría y su práctica como psicoanalista de niños, sino también intentar establecer posibles enlaces entre su legado teórico y su vida.

Trataremos de vincular ahora sus conceptos sobre “verdadero” y “falso self” y la noción de salud que Winnicott postula, con algunos episodios ocurridos en su niñez y adolescencia. Dice Winnicott: " la salud es la madurez que corresponde a la madurez propia de la edad del individuo”. Por lo tanto ''un desarrollo del yo o una conciencia de sí, no son más sanos cuando sobrevienen prematuramente, que cuando sufren de atraso”.15 Mientras la tendencia a la maduración se incluye en el bagaje hereditario, el desarrollo depende, en gran medida, de la aportación de un ''medio circundante suficientemente bueno” que es aquél que facilita las diferentes tendencias heredadas del individuo. Winnicott aclara que: “forman parte del medio circundante facilitador las funciones paternas, que vienen a completar las funciones de la madre, y la función de la familia, con su manera más o menos compleja de introducir el principio de realidad a medida que el niño crece sin dejar al mismo tiempo de permitirle al niño ser un niño”.16 Nos preguntamos ¿qué pasó con Winnicott?, ¿hasta qué punto su medio circundante aceptó y toleró sus cuestionamientos, sus rebeldías y oposiciones?. ¿Podía Winnicott seguir siendo un niño cuando a los 12 años es expulsado del hogar familiar por enunciar una blasfemia?. Su padre que, según Winnicott “estaba allí para matar y para ser muerto'' decide entonces “matar” al niño que formulando un juramento en vano (“Nom de nom”) cuestionaba, entre otras cosas, su profunda fe religiosa. Ese padre no estaba allí para ser muerto; lejos de transmitir una ley, se erige a sí mismo en aquel Dios Todopoderoso que castiga a su hijo con la expulsión. ¿Y qué dice Donald ante semejante dolor ?. “Mi padre tenía razón; mi nuevo amigo no era muy recomendable, y las cosas habrían podido tomar un mal giro si se nos hubiera dejado en completa libertad” 17. Le dio la razón cuando su apenado padre decide enviarlo tempranamente al colegio. Aquellas palabras pronunciadas y el castigo recibido lo marcarían profundamente. Aprendería que existe un “lenguaje propio” y otro “impropio” , cuestión sobre la que nunca dejaría de interrogarse y que lo llevaría a una eterna discusión con sus colegas , sobre todo con Melanie Klein y sus seguidores, a quienes acusaba de comunicar un “ lenguaje muerto”. En una carta a Melanie Klein, Winnicott dice: “es muy importante que su obra sea re-enunciada por personas que hagan los descubrimientos a su manera y que presenten lo que descubren en su propio lenguaje, porque sólo de este modo se mantendrá vivo el lenguaje. Si usted estipula que en el futuro sólo su propio lenguaje debe ser utilizado para la enunciación de los descubrimientos de otra gente, el lenguaje se convertirá en un lenguaje muerto” 18. Podemos pensar que, así como su padre lo expulsó del hogar por utilizar un “lenguaje impropio,” se sentía rechazado por sus colegas y por Melanie Klein, quien

tal vez desde el mismo lugar de omnipotencia paterna, rechazara el esfuerzo de Winnicott por construir su propio espacio en el mundo psicoanalítico. El concepto de “self” ha sido uno de los más cuestionados. Se lo ha criticado como producto de la psicología del yo, sin entender que Winnicott apuntaba a una noción que habla de “lo propio del ser”. Winnicott dice: “En todos existe un falso self: el que la educación nos obliga a adquirir para mantener con nuestros semejantes relaciones civilizadas. En los casos favorables, el falso self determina una actitud maternal inmutable para con el verdadero self y mantiene permanentemente a éste, como una madre que lleva su bebé a partir del inicio de la diferenciación cuando emerge de la identificación primaria” 19. Por lo tanto el falso self tiene una función protectora hacia el verdadero self, que sólo se manifestará libremente en determinadas circunstancias. Si pensamos que la situación analítica es una circunstancia privilegiada para que el verdadero self salga de su escondite, ¿no se acerca Winnicott, en su propio lenguaje, a la noción de inconciente freudiano? ¿Podríamos equiparar al verdadero y falso self con lo que conocemos como contenidos manifiesto y latente en el discurso de un paciente?. Con respecto al terreno de la patología dice Winnicott que a través de un proceso de escisión el falso self queda disociado del verdadero self y que, a partir de dicho clivaje, permanecerá oculto, inaccesible y se verá privado de su posibilidad de expresión y satisfacción. En tal situación el sujeto no experimenta sentimiento de existencia y se siente invadido por una vivencia de futilidad, de exterioridad extraña. Dice Winnicott: "el verdadero self ampara lo que está vivo en el sujeto, su potencial de vida psíquica creativa, aquello por lo cual existe, lo espontáneo, lo más subjetivo que hay en él".20 En este punto, podemos relacionar este concepto con el de espacio transicional, aquel espacio potencial al que Winnicott sitúa entre lo subjetivo y lo objetivo, entre la madre y el bebé. Es el lugar para el juego, aún rudimentario del bebé y el contrajuego de la madre, donde se ubican los orígenes de la fantasía, la imaginación y la creación. Para Winnicott, sin el juego, sin ese espacio potencial, el niño se vería en un serio peligro, ya que debería adaptarse a las exigencias maternas y lo haría, seguramente por temor y para complacerla. De este modo la transición de la dependencia a la independencia resultaría casi imposible. Así se constituye el falso self, concepto cercano a cierta concepción del yo (moi), si lo entendemos como una imagen más o menos engañosa para sí y para los demás y que funciona según Winnicott, como una defensa. Octave Mannoni compara al objeto transicional winnicotiano con el carretel del FortDa de Freud. Para ambos autores, la ausencia de la madre crea una situación penosa que el niño intenta dominar por medio de la repetición. Pero, mientras el

carretel de madera del Fort-da sería un objeto cualquiera y fortuito, el objeto transicional es elegido, "creado", e irremplazable. En el caso observado por Freud, dice Mannoni, el Fort-da asegura al niño el dominio del objeto, a través del lenguaje, esto es, en el mundo simbólico. El objeto transicional en cambio, acompaña en silencio; es un sustituto que posibilita una transición. Se trata de una modalidad aún pre - simbólica. Lacan lo ha comparado con el fetiche. Como sustituto del falo materno, el fetiche exime de decir que le falta a la madre. El objeto transicional obstruye aquello que le falta al niño: llena "materialmente" la falta que deja la ausencia.21 Mientras el juego del carretel es progresivo, es decir inaugura el dominio simbólico, el objeto transicional sería conservador o como el fetiche, regresivo. A través de la comparación formulada por Lacan entre el objeto transicional y el objeto fetiche, Mannoni nos muestra un punto ciego en la teoría de Winnicott. El recuerdo encubridor de la muñeca de cera en el que el padre de Winnicott le enseña a su hijo cómo llenar un agujero, alude a la dificultad para aceptar la castración: nos dice que a esa muñeca - mujer, no le falta nada. Donde debía quedar un agujero que sólo un pene podrá completar, aparece un sustituto, un objeto fetiche que desmiente la castración. ¿Podemos pensar que este descubrimiento temprano haya marcado en Winnicott el origen de su teoría sobre el objeto transicional?. Recordemos que el objeto transicional, como objeto creado y hallado, se vincula con la ilusión de onmipotencia. Es una defensa contra la angustia, que niega una falta. En sus intentos por definir el concepto de salud, Winnicott dice que hay personas que han necesitado inconcientemente organizarse a través de un falso self para poder enfrentar al mundo. Esta fachada es una defensa destinada a proteger al verdadero self. Y afirma: que el falso self aún cuando sea una defensa eficaz, no forma parte de la salud. Se confunde con el concepto kleiniano de defensa maníaca. Pero según Winnicott, se trata de una depresión negada por un proceso inconciente, en que los síntomas aparecen bajo su forma opuesta, por ej: vida en lugar de muerte, excitación en lugar de indiferencia, etc. Vemos otra vez como estos conceptos teóricos nos remiten a su historia personal. Dice Clare Winnicott: “Donald me describió su partida para la escuela. Toda la familia estaba allí para presenciarla; él les hacía señas y se sintió muy desdichado por tener que partir, hasta el momento en que desapareció de su vista, pues el tren se metía en un largo túnel justo al salir de Plymouth. Durante el cruce del túnel tuvo el pensamiento fijo en la idea de la partida, pero una vez del otro lado ya no pensó en ello y se alegró de ir a la escuela. A menudo bendijo ese túnel porque había podido manifestar con toda honestidad su tristeza hasta el momento en que el tren se hundió en él”.22 ¿Ese largo túnel podría pensarse como un canal de parto que daría a luz a un falso self en Winnicott? No hay odio, ni miedo, ni deseos de venganza hacia aquel padre que castiga con el exilio. Del otro lado del túnel aparece, casi mágicamente un

muchachito feliz. “en Cambridge, Donald se sentía encantado: corría, andaba en bicicleta, nadaba, jugaba al rugby, tenía amigos, cantaba en el coro, y todas las noches les leía una historia en voz alta a sus compañeros de dormitorio”.23 El túnel divide, instaura una brecha. Marca un antes y un después. Representa un momento traumático, es decir, una ruptura en la continuidad de su existencia. Para seguir viviendo debió adaptarse a través de una “falsa madurez”. Debió recrear las riquezas de su mundo infantil perdido, aferrándose a la imagen de una “madre suficientemente buena” para proteger su verdadero self y lograr el sentimiento de ser y de vivir. b) PONTALIS Y O. MANNONI OPINAN SOBRE WINNICOTT Dice Octave Mannoni que esta identificación con una buena madre era precisamente su punto ciego, pero que de allí obtuvo sus mejores intuiciones. Pontalis va mas allá: dice: "Winnicott es una nodriza; es la maternización universal; el padre brilla sólo por su ausencia", 24. Es decir que el lugar del padre, tanto en su obra como en su vida, solo ha sido importante en tanto lugar vacío y ausente. Pero lejos de criticarlo, Pontalis elogia su intuición en la clínica y la libertad con la que Winnicott se manejaba. Afirma que el concepto de "madre suficientemente buena" se refiere a la constitución progresiva de la ausencia. Dice Pontalis que: "La madre ausente hace nuestro interior y nuestro "verdadero sí" es la relación mantenida viva con esa ausencia, sin lo cual falta el sentimiento de ser y de vivir".25 Veamos como Winnicott teoriza sobre esta cuestión. Comparando las ideas adolescentes con las de la niñez, dice: ” Si en la fantasía del primer crecimiento hay un contenido de muerte, en la adolescencia el contenido será de asesinato. Crecer significa ocupar el lugar del padre. Y lo significa de veras. Si se quiere que el niño llegue a adulto, ese paso se logrará por sobre el cadáver de un adulto”.26 La fantasía edípica con contenidos de muerte dirigidos hacia el progenitor rival, cuyo lugar se quiere ocupar, sofocada durante la latencia, será reeditada en la adolescencia exigiendo que el asesinato se haga efectivo, como única garantía para acceder al mundo adulto. ¿Habrá podido Winnicott “matar” a su padre? ¿Cómo crecer sin oposición? ¿Cómo destituir y matar a un padre que expulsa, en vez de ceder su lugar? ¿Cómo ser, él mismo, un padre? Dice Winnicott: “la inmadurez es una parte preciosa de la escena adolescente. Contiene los rasgos más estimulantes del pensamiento creador, sentimientos nuevos y frescos, ideas para una nueva vida. Si los adultos abdican, el adolescente se convierte en un adulto en forma prematura, y por un proceso falso. Es una forma de traicionar a los hijos en un momento crítico. Ya no tiene sentido la rebelión y el adolescente que triunfa demasiado temprano resulta presa de su propia trampa; tiene que convertirse en dictador y esperar a ser muerto, no por una nueva generación de sus propios hijos, sino por sus hermanos. Como es lógico, trata de dominarlos”.27

Aquí parece referirse nuevamente a los enfrentamientos con sus colegas, aquellos “hermanos” a los que era necesario dominar y con quienes tenía actitudes dictatoriales y querellantes para hacerse oír. Esto explica porqué era rechazado en determinados círculos psicoanalíticos; su actitud a veces omnipotente contrastaba con la “paciencia maternal” que tenía con sus pacientes. Para terminar, una frase que parece casi autobiográfica; un mensaje a los padres pero que podemos leerlo dirigido a su propio padre: “Mientras se encuentra en marcha el crecimiento las figuras paternas deben hacerse cargo de la responsabilidad. Si abdican, los adolescentes tienen que saltar a una falsa madurez y perder su máximo bien: la libertad para tener ideas y para actuar por impulso. Hacen falta adultos si se quiere que los adolescentes tengan vida y vivacidad. La confrontación se refiere a una contención que no posea características de represalia, de venganza, pero que tenga su propia fuerza”. 28 BIBLIOGRAFÍA: 1 Clare Winnicott, “D.W.Winnicott en persona”, Editorial Trieb, 1978(pág.50) 2 Idem Nota al pie: 1,pág.50 3 Las comillas es cita textual de Winnicott, la negrita mayúscula es indicación nuestra para remarcar aquello que deseamos resaltar. symbol 42 \f "Symbol" \s 12 * Nom de nom! : Expresión intraducible, nom ( nombre en francés) se utiliza en la exclamación como parte de la frase Nom de Dieu (nombre de Dios); Es decir, equivale a un juramento en vano. 4 Idem. Nota al pie 1, pág.50 5 Idem. Nota al pie 1, pág.51 6 Idem. Nota al pie 1,pág. 46 7 Idem. Nota al pie1, pág. 49 8 D.W.Winnicott, “La Naturaleza Humana”, capítulo: Relaciones Interpersonales, pag.71. Editorial Paidós (1996) 9 Idem. Nota al pie 7 10 D.W. Winnicott, “Realidad y Juego”, Cap.: El uso de un objeto y la relación por medio de identificaciones. Editorial Gedisa 1982. 11 Clare Winnicott, “Donald Winnicott en persona”. D. W: Winnicott, ed. Trieb pag 45. 12 “Penas comunes, salidas pulsionales diversas” 1995. Premio Arminda Aberastury. Autoras, Chavero Patricia, Kalmanowiecki Viviana, Mosner Marta y otros. 13 Freud, S “A propósito de un caso de neurosis Obsesiva” Tomo X, pag.182 Ed. Amorrortu. Dice Freud citando a Lichtenberg; “Si la luna está o no habitada, el astrónomo lo sabe más o menos con la misma certeza con que sabe quién fue su padre, pero no con la certeza con que sabe quién ha sido su madre”- Se produjo un gran progreso cultural cuando los hombres se decidieron a admitir el razonamiento junto al testimonio (Zeugnis) de los sentidos y a pasar del derecho materno al paterno._ Figuras prehistóricas en que una persona más pequeña está sentada

sobre la cabeza de una más grande significan la descendencia patrilineal; La Atenea sin madre sale de la cabeza de Zeus. Todavía en nuestra lengua, quien da fe de algo ante el tribunal se llama Zeuge (testigo) de acuerdo con la parte que el varón desempeña en el acto de la reproducción “zeugen, procrear”, y ya en los jeroglíficos, “testigo” es escrito con la imagen de los genitales masculinos. 14 Rodman R. “El gesto espontáneo” Cartas escogida de D. W. Winnicott” Ed. Paidos. 15 Donald W. Winnicott- Editorial Trieb - Buenos Aires - 1978 - pag. Nro 27. 16 Idem Donald W. Winnicott pag. Nro. 29 17 Donald W. Winnicott - Editorial Trieb - Buenos Aires 1978 - pag. Nro. 50 18 " El gesto espontáneo" D.W. Winnicott - Carta a Melanie Klein. 19 D.W. Winnicott - obra citada - pag. Nro. 16 20 Donald W. Winnicott - obra citada - pag. Nro. 17 21Donald W. Winnicott - obra citada - pag Nro. 51 22Donald W. Winnicott - obra citada - pag nro. 50 23 Donald W. Winnicott - obra citada - pag Nro. 71 24Donald W. Winnicott - obra citada - pag. Nro. 73 25 Realidad y juego - D.W. Winnicott - editorial Gedisa - año 1971 - pag. 186 y 187 26 Realidad y juego - D.W. Winnicott - pag Nro. 189 27 Realidad y juego - D. W. Winnicott - pag. Nro 193 Autores: Patricia Chavero, Viviana Kalmanowiecki, Marta Mosner y Graciela Jolodenko Zelicovich