Miércoles 29 de junio, 2005 Educación Preescolar: Cobertura, sin calidad, no sirve.

Profesores Gregory Elacqua y Paula Pacheco Escuela de Gobierno

Durante el último tiempo ha entrado con fuerza en el debate público el tema de las desigualdades sociales. Si bien no existe un consenso respecto de los instrumentos adecuados para cerrar las brechas, la propuesta política que cuenta con mayor apoyo entre los distintos sectores (y candidatos) es la necesidad de aumentar la cobertura de educación preescolar en los sectores más vulnerables. En primera instancia, esta parece ser una política bastante eficaz para hacer frente a la falta de oportunidades que sufren los sectores de menores ingresos. Sin embargo, es necesario ser cuidadoso: aumentar la cobertura sin mejorar la calidad puede ser una receta desastrosa. Estudios en biología del aprendizaje han demostrado que los primeros años de vida son críticos, ya que los niños se encuentran sensibles al desarrollo de habilidades y destrezas básicas, decisivas para su desempeño posterior. Por lo mismo, la educación parvularia resulta de vital importancia para los niños de bajo nivel socioeconómico, ya que estos presentan mayores carencias en términos de estimulación. Está comprobada la incidencia de entornos poco alfabetizados y de pobreza en la formación de los niños, y en su propensión a incurrir en conductas antisociales, por lo que las políticas de educación preescolar resultan altamente costo-efectivas. Además, la educación preescolar reporta importantes beneficios para las madres, ya que les permite ingresar al mercado laboral. Chile es hoy día uno de los países latinoamericanos con más baja tasa de inserción laboral femenina: sólo un 36% de las mujeres en edad de trabajar lo hacen y son precisamente las mujeres de bajos ingresos las que menos participan, agravando aún más su situación de pobreza. Actualmente Chile presenta bajos niveles de cobertura a nivel preescolar. Si bien se han experimentado importantes mejoras durante la última década, aumentado la cobertura de un 21% en 1990 a un 35% en 2003, aún persisten falencias, especialmente en los niveles más tempranos y en los sectores de menores ingresos. Sin embargo, antes de tomar la decisión de aumentar la cobertura hay que examinar el aspecto en donde el sistema presenta sus mayores falencias: calidad. Chile no cuenta con un sistema de certificación de calidad de la educación preescolar. Si bien existe un sistema de empadronamiento de jardines infantiles, este es voluntario, y sólo se encuentran registrados 785 de los 1.685 jardines infantiles que existen a lo largo del país. Además, no existen estándares definidos de aprendizaje ni evaluaciones que permitan medir y garantizar la calidad de los servicios entregados por los establecimientos. Hace falta establecer líneas claras respecto del tipo de enseñanza que debe ser impartida, para evitar el surgimiento de jardines de baja calidad, que no den garantías respecto de los contenidos de aprendizaje. Han surgido propuestas que plantean aumentar la cobertura preescolar a partir de modalidades no formales de guarderías, lo cual constituye un potencial riesgo. Es necesario evitar que prosperen este tipo de servicios, a cargo de personal no capacitado y sin metas de aprendizaje que aseguren una educación de calidad, ya que la evidencia internacional ha comprobado que la calidad deficiente puede ser más perjudicial para los niños de entorno de bajos ingresos.

Como se señala en el informe Educación Preescolar: Estrategia Bicentenario recientemente publicado por el Ministerio de Educación, es necesario fortalecer el desarrollo curricular a nivel preescolar y poner en práctica un sistema de evaluación de calidad, a partir de pruebas estandarizadas que midan ciertos estándares de aprendizaje. Además, establecer un mecanismo de acreditación, que entregue garantías a los padres respecto de la calidad de los establecimientos y los servicios entregados, y de la preparación del personal a cargo. Otro aspecto crucial que plantea el informe es la casi ausencia de estudios publicados respecto de la educación preescolar. Aún cuando se destacan los esfuerzos de algunas instituciones (CEDEP, Integra), resulta indispensable destinar mayores recursos y esfuerzos en el desarrollo de investigaciones que orienten el diseño de las políticas públicas en el área, como lo hace la mayoría de los países de la OCDE. En definitiva, lo que estamos planteando es la necesidad de no obnubilarnos con los consensos alcanzados en términos de cobertura preescolar, y llevar el debate hacia un aspecto que resulta central: la calidad de este nivel educativo. Hoy día todos hablan de aumentar cobertura, pero antes de diseñar políticas en esta línea tenemos que ser capaces de asegurar que los servicios entregados sean de calidad. Cobertura, sin calidad, no sirve.