Sábado 29 de Setiembre del 2012

La incoherencia del odio
Por: Martha Meier Miró Quesada Los mismos personajes que en la campaña presidencial del 2006 acusaron al actual presidente Ollanta Humala de ser el temible ‘capitán Carlos’ –que según ellos sembró el terror en Madre Mía, en 1992– ahora pretenden ponerlo contra las cuerdas para evitar que pueda conceder un indulto humanitario al ex presidente Alberto Fujimori. En eso andan, también, algunos líderes regionales simpatizantes de las dictaduras de Cuba y Venezuela. ¿Castro-chavismo para debilitar las atribuciones presidenciales y deslegitimar una figura constitucional? A lo largo de la semana pasada, el presidente refirió que no había recibido pedido de indulto para el ingeniero Fujimori, pero ayer por la tarde los hijos del ex presidente anunciaron que lo solicitarían debido al evidente deterioro de la salud física y emocional de su padre. Bastó ese anuncio para que los eternos sembradores y voceros del odio desataran su contracampaña. Quien parece estar encabezando a los indignados por la posibilidad de que un hombre enfermo, debilitado y que no supone ningún peligro para la sociedad sea liberado es el presidente regional de Cajamarca, Gregorio Santos. Este militante comunista, conocido por el alias de ‘camarada Marañón’, funge de defensor de los derechos humanos y aparece como muy sensible ante las presuntas violaciones de estos, achacadas al fujimorato. Bastante incoherente para alguien que, como el ‘camarada Marañón’, pasó dos

años preparándose en la isla-cárcel caribeña de Cuba y, que, según la revista ‘Ideele’, juró que regresaría convertido en autoridad de su pueblo (cosa que hizo en julio del 2011). Aquí reclama por los derechos y más democracia, y allá aclama a una corrupta y perversa dictadura. Santos ha estado bastante activo en las redes sociales desgarrándose las vestiduras ante la posibilidad del indulto y, de paso, envenenando con su prédica a jóvenes idealistas que creen que lo justo y correcto es despreciar y seguir humillando al hombre que derrotó a Sendero Luminoso, pacificó a nuestro país y lo reinsertó en la comunidad financiera internacional. Hoy, cuando Sendero Luminoso se reagrupa en el Vraem y asesina a los valientes jóvenes de las Fuerzas Armadas y la policía que lo enfrentan para defender nuestra seguridad individual y colectiva, lo último que requiere nuestro país son incoherencias ideológicas y azuzadores del odio que pretenden politizar una cuestión de simple humanidad y compasión. Si el presidente Ollanta Humala optase por el indulto, sabe –porque así lo revelan las encuestas– que tiene el respaldo de un gran sector de la población, aunque claro no la de los opinólogos del odio y la incoherencia. Si el Poder Judicial diera paso a una figura intermedia, como la del arresto domiciliario (planteada en esta columna la semana pasada), buena parte de la población también apoyaría, según las encuestas. Muy difícil y doloroso debe ser para el puñado de voceros del odio y rentistas de los derechos humanos entender que la gran mayoría de peruanos no tenemos esa enfermiza sed de venganza y que aspiramos a lograr construir un país

unido, más justo y solidario, basado en los sentimientos más nobles y no en la baja pasión de la ira. [*] Editora De Fin De Semana y Suplementos