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Año I Número VII Edición de Diciembre del 2008

Carmen Berenguer: La Review: El día que


Gran Hablada la tierra se detuvo.
Recuento del medio Montale más
año que tenemos en
hermético que
línea.
Ungaretti.
Recado sobre
Michoacán: XII Santos y bandidos en
Encuentro de poetas. el Valle del Elqui.

Poesía inédita de Narrativa en Cinosargo.


Guillermo Deisler.
Nelson Gómez:
Notas sobre Ariel
El Cóndor y la
Santibáñez.
Paloma.
Edesio Alvarado, tan
premiado y tan Ignacio Cardenal:
olvidado. El torogoz gordo.

La realidad literaria y Amanda Espejo:


editorial en el Norte Sepelio
Grande de Chile.
La creación
Creer en Dios y
temerle a los payasos literaria.

Suicidio sin ¿Qué es Poesía?


comentario.
El Darién en el
La Literatura abriendo bosque de la palabra
caminos en El
Salvador La fotografía de
Rafael Hierro y
Wilfredo Carrizales
Editorial.

Esta edición de Diciembre es sumamente especial para el equipo pues


nos permite en retrospectiva, analizar todos los logros y compromisos
adquiridos durante estos seis meses, y aunque la mayoría ya tenemos
años sumergidos en el mundo de las letras, Cinosargo aún es un
Director: Daniel Rojas Pachas infante, un proyecto que madura con prontitud y gran belleza, gracias
al trabajo desinteresado y responsable tanto de su directiva como de
los redactores, actores principales que dan vida a la Revista con cada
Coordinadores.
una de sus talentosas notas.
Milvia Alata y Daniel Rojas.
Orgullosos en tal medida, es decir poco, pues cerramos este primer
Redactores: ciclo con ocho números de la revista, un especial de poesía que
empezará a editarse todos los meses a modo de antología, eso sin
• Daniel Rojas P. contar a La santísima y su propia revista, que comienza a perfilarse
• Milvia Alata como hermano menor de Sargo, preservando claro su autonomía
creativa, a cargo de la tenaz Violeta Fernández. En el mismo plano no
• Arturo Volantines
hay que olvidar nuestro naciente trabajo editorial, la antología dedicada
• Violeta Fernández al escritor y fotógrafo Carrizales, que es la primera de una serie de
• Oliver Beltrán obras en formato digital las cuales pronto darán pie, a nuestro sello en
• Rolando Gabrielli papel. Y no hay que olvidar, dentro de esa suma de actividades, los
• Marietta Morales reconocimientos, la preferencia de los lectores y la gestión cultural en
• José Martínez F. cuanto a difusión de otros medios, cobertura de eventos, promoción de
autores y organización de talleres y recitales. Obras que
• Declarado Demente
dialécticamente dan un carácter preformativo a la palabra de
• Victor Sampayo. Cinosargo. Más que contentos, esperamos seguir creciendo en el 2009
• Wilfredo Carrizales y continuar dando vertiginosos mordiscos al arte.
• Mariana Ponsiglione
• Dios Pérez. Daniel Rojas Pachas
• Soledad Díaz E.
Director de Revista Cinosargo.
Colaboradores externos:
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• Grupo MAL.
• La Mancha
• Juan Carlos Gómez EL EQUIPO DE CINOSARGO.
• Patricia Contreras
• Rocio L’Amar
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La Revista Cinosargo esta en


línea desde el día 17 de mayo
del presente año, alojada en la
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pertenece a sus respectivos INVITACIÓN: Si tu interés es el arte y la cultura y deseas participar
autores. de Cinosargo, o enviar tus poemas o relatos a esta primera red de
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Revista Cinosargo invitamos a comunicarte al mail: carrollera@hotmail.com
Copyright © Daniel Rojas 2008 - 2009
Recuento del medio año que tenemos en línea: Algunos logros de Cinosargo
en estos seis meses de vida por Milvia Alata.

Cinosargo anotó un punto en favor de la literatura.

Nuestro compañero y director Daniel Rojas Pachas fue


reconocido como corresponsal del año 2008 por la red
de diarios digitales de Chile por sus completas e
inteligentes notas que han contribuido a revisitar la
escritura literaria de la ciudad y el norte del país,
además de indagar desde perspectivas interesantes,
clásicos universales y grandes autores de nuestra y
otras lenguas. El apoyo de nuestros lectores y
colaboradores, poetas, narradores y querido público de
Cinosargo, que día a día nos visita y lee, fue decisivo
para impulsar la votación de nuestro director y querido
amigo. Agradecemos el apoyo, los mails y comentarios y estamos más que entusiasmados con el buen
año que hemos tenido y nos comprometemos como equipo a continuar trabajando por la literatura y la
difusión libre y desinteresada del arte ello con mucha más fuerza y buen ánimo. "

Circulación de la Santísima Trinidad de las cuatro esquinas


Motivaciones.

La Santísima Trinidad de las


cuatro esquinas es un
proyecto literario hermano de
Cinosargo que cobra vida
gracias a cuatro inquietudes
(Violeta Fernández, Soledad
Echegurú, Daniel Rojas
Pachas y Oliver Beltrán) que
se han aproximado al mundo
poético, narrativo, dramático y
ensayístico de Chile por
diversas motivaciones y lecturas, pero que coinciden en su interés por la interpretación, el
diálogo profundo con los textos (textos en todo su sentido) la creación (también en toda la
gama que permite el lenguaje) y la obsesiva defensa y admiración por la autonomía de la
palabra.

Antología de la obra de Wilfredo


Carrizales en Cinosargo editada por
nuestra editorial

Estrenamos nuestro primer libro digital de la


colección Cinosargo.

Intromisiones, Radiogramas y Telegramas


Antología de poesía y fotografía de Wilfredo
Carrizales

Editorial y revista Cinosargo tuvo el placer de presentar antes del cierre del año 2008, ciclo bastante
productivo y fructífero para nuestro equipo literario tanto en materia de creación y gestión cultural, el
primer libro digital de nuestra colección, esta empresa va de la mano con la pronta inaguración de nuestra
oficina editorial llamada a llevar al papel el trabajo y arte desplegado por todos nuestros redactores.
Esta antología de poesía y fotografía en tal medida, es doblemente espacial, no sólo porque inaugura
nuestra labor como editorial independiente si no por que Intromisiones, Radiogramas y Telegramas está
íntegramente dedicado a la labor artística del poeta y fotógrafo Venezolano radicado en China, Wilfredo
Carrizales, querido amigo y autor que desde nuestros primeros pasos en el nacimiento de este espacio
dedicado a la literatura se interesó y unió con confianza al proyecto, apostando de forma fraterna y
desinteresada en nuestro empuje y talento.

Agradecidos de su aprecio y sobre todo de su rico trabajo con la pluma y lente, quisimos dar inicio a esta
nueva faceta de nuestro quehacer rindiéndole un afectuoso homenaje, salud y poesía.

Apoyo en la difusión y organización de importantes actividades culturales. La


visita de Carmen Berenguer, cobertura en lanzamientos de libros y colaboración
con otras revistas (El puñal, La Mancha, Des-Honoris Causa y más) Coordinación
con proyectos editoriales, movimientos y autores nacionales como extranjeros y la
presente contribución a la Salc en la promoción del prestigioso Premio Lagar
(Concurso de ensayo y poesía 2009)

Edición de nuestra revista Cinosargo (VII números) y colecciones especiales de Poesía


y la edición del magazine de Santísima trinidad de los cuatro esquinas
Estas son sólo algunas de las muchas actividades, motivadas, realizadas y
respaldadas por Cinosargo en este breve lapso. Sólo nos queda agradecer a
nuestros lectores y desde luego a nuestros redactores por su compromiso y pasión
por el arte y la literatura. Cinosargo tiene la palabra!!!!!!!!!

www.cinosargo.cl.kz
Semblanzas Profundas: Carmen Berenguer la gran hablada.
El martes 16 de diciembre estuvo en la
ciudad de Arica la escritora nacional
Carmen Berenguer, la poeta compartió
con la comunidad de escritores,
académicos y estudiantes de letras de la
universidad de Tarapacá todo un día de
poesía, con un valioso recorrido por la
historia literaria del país, a partir de lo
denominado metafóricamente fisura o
quiebre, caracterizando el ejercicio de
escribir e interpretar la realidad en el
panorama post setenta y tres.

Su discurso, lejos de estar encerrado en sí


mismo, tomó como eje la experiencia de
la autora pero permitió a los asistentes
revisitar cerca de noventa años de poesía, a partir de los veinte, retratando la influencia de figuras como
Neruda, Mistral, Huidobro, Pablo y Winett de Rokha para luego centrarse en Lihn como señera
personalidad de los cincuenta, luego vendría el reconocimiento a la obra de Juan Luis Martínez, autor de
la Nueva Novela, la agrupación C.A.D.A, Eltit, Lotty Rosenfeld y Zurita como inauguradores de un
movimiento de subversión, desacato y vanguardia creativa que a contar de la década de los ochenta
germinaría con inquietud en los jóvenes participes de talleres, potenciales escritores ansiosos por desatar
su verbo y contrarrestar la tajante represión.

Estos protagonistas, entre los cuales contamos la obra de: Carmen Berenguer, Elvira Hernández,
Verónica Zondec, Eugenia Brito, Alejandra Basualto, Bárbara Délano, Teresa Calderón y muchas
otras, constituyen un momento en la escena creativa nacional de indiscutible transformación, sobre todo si
destacamos el fértil rol que tomaría la mujer al intervenir de manera preponderante la creación y crítica
por medio de la palabra.

Estas autoras consiguieron no sólo dar un nuevo cauce a la voz y perspectiva del hablante femenino, sino
que lograron introducir temas esenciales para la situación social y política de la nación desde otro foco,
aquel que estaba vetado y que en un comienzo debieron ocultar pero que en la lectura e interpretación
profunda de sus estrategias textuales, arroja más que el amor y agonía de una sensibilidad; la poesía se
vuelca a profundas revisiones acerca del poder, el cuerpo, la lengua, todo a la luz de la caída de los
grandes discursos y el acercamiento que estas mujeres, que en ese entonces, motivaron un primer
congreso de literatura femenina (1987), consiguiendo sabiamente integrar a su poética y acervo, lecturas
postmodernas y de descreimiento que en una etapa posterior como Carmen Berenguer recalcó, dejaría
abierto los espacios para nuevas generaciones y voces.

Las llamadas minorías, étnicas, sexuales,


políticas, antes disidentes y acalladas tienen
hoy un sitio, gracias a la labor conjunta y
valorable en el tiempo de autores
comprometidos como Berenguer. Hablamos de
un mapa por el cual la poesía actual puede
transitar o desviarse para generar estéticas
impredecibles, rotas las limitantes que antes
podían constituir las verdades absolutistas, esto
es fácil de constatar, si revisamos el trabajo de
los novísimos; Gladys Gonzáles, H.H
Montecinos, Pablo Paredes y Diego Ramírez,
jóvenes que en el centro y sur del país no ocultan su admiración por Berenguer y la coherente evolución
que ha tenido su arte desde Bobby Sands desfallece en el muro, poema autoeditado y lectura personal
acerca de la trágica muerte por inanición del joven irlandés vinculado al IRA hasta sus títulos más
recientes, Mama Marx o La Casa de la Poesía editados por Mago, Lom y Alianza.
De manera que las escrituras actuales valoran y recorren el quehacer de la autora de “A media
asta” no sólo porque beben mucho de su trabajo al ser lectura indispensable si consideramos los
últimos treinta o cuarenta años de poesía en chile, sino además por que muchos de los que están
tejiendo el material creativo presente, en gran medida han sido alumnos de ella en el instituto Balmaceda
Arte Joven, foco renovador de la escena creativa desde el regreso a la democracia, lo cual demuestra otro
punto en la carrera de la autora, su permanencia en los espacios que motivan la creación y el empuje
de empresas, que hoy en lo literario dan sus frutos con editoras como Temple, Mantra, talleres
como moda y pueblo, publicaciones variadas y desde luego encuentros como el Poquita Fe.

En definitiva la clase magistral y el nutrido diálogo que sostuvo Carmen Berenguer con los escritores y
lectores obsesos de la ciudad fue sumamente saludable para revisitar temas como la escisión, ruptura y
lucha a través de la creación, la subversión del lenguaje, el do it yourself tan requerido y el giro en los
centros y contornos, materias de especial énfasis en su ponencia, y que más allá de lo teórico y
academicista nos permite de primera mano atestiguar el poder de la poesía gracias a la intervención de los
artistas e intelectuales que se ubican de cara a la lucha. Berenguer y el recorrido que ha tenido su obra
demuestran como las palabras dialécticamente desafían a su medio y trascienden al tiempo que las
vio nacer. a veces ocultando el mensaje como en Molusco otras con fuerte ironía como en Santiago Punk,
otras de manera directa, confrontacional y descarnada en los pasajes más explícitos de Naciste Pintada y
en lo personal, encuentro que de forma maravillosa, al desafiar sensorialmente a la lengua y sus
posibilidades comunicativas en el libro Sayal de pieles. En otro ámbito de su ponencia hay que
destacar la evolución y transito que ha tenido su obra. en cuanto a la difusión y reconocimiento que un
trabajo consecuente y de calidad logra al captar por merito propio el interés de las editoriales e
instituciones culturales, aún cuando ese no sea el norte o finalidad primera del escritor. Motivo que no es
menor dentro de su visita, pues Carmen Berenguer este año se adjudicó el premio iberoamericano de
poesía Pablo Neruda, anteriormente entregado a Juan Gelman, German Belli, José Emilio Pacheco,
siendo Berenguer la primera mujer chilena en ser reconocida con este título, lo cual entre otros beneficios
permitió su visita enmarcada dentro de una itinerancia en provicincias organizada por el Consejo nacional
de la cultura y las artes.

Situación que no es menor dentro de nuestra escena


literaria que paradójicamente necesita de interacciones de
este tipo para azuzar los ánimos y confirmar la realidad de
aislamiento en que estamos inmersos y que no pasa sólo
por distancias geográficas o una actitud vertical que se
origina desde el centro del país, .pues en una etapa
posterior del diálogo con Pablo Brodsky acompañante
de Berenguer en la itinerancia y representante del
consejo, muchas de las preguntas de los presentes se
enfocaron en torno a la reivindicación del norte y la
indiferencia del centro-sur., principalmente en cuanto a
la injusticia que hay en la selección de los fondos de
cultura y las políticas que ignoran a nuestras localidades;
desconocimiento total de algunos de los dueños de casa y
parte del público que sin fundamentos increpó y cuestionó
a los visitantes, sin considerar que en la sala habíamos
seis ganadores recientes de fondos de cultura en distintas
categorías, Luis Seguel Vorphal. por novela pronto a ser lanzada en Arica y con éxito editada por Mago
en Santiago bajo el contexto de la feria del libro, .Morales Fredes por narrativa breve con su libro
“Ausenciando” ya editado, Juan Jacobo Tancara. por su obra de ficción testimonial y con interesantes
libros editados como La Palabra comprometida, también el poeta y académico reciente beneficiado Juan
Carlos Mamani., y Daniel Rojas Pachas., el redactor ganador por investigación literaria en el 2008,
además de otros que previamente se han visto apoyados motivando el crecimiento de la escritura en estos
límites, lo cual demuestra un camino en la tarea de proyectarse sin esas miradas absolutistas y
autocompadeciente chauvinismo. En tal medida la visita de Berenguer fue además de un valiosísimo
encuentro un llamado de alerta hacia la tarea que hay por delante en cuanto a gestión y difusión de la
intelectualidad literaria del norte grande, el desafío está lanzado, y como dijo la autora “hay que ir de
cara a la lucha” Está por verse si estamos a la altura.

Autor: Daniel Rojas Pachas.


RECADO SOBRE MICHOACÁN;
XII ENCUENTRO INTERNACIONAL DE POETAS;
ZAMORA, MICHOACÁN, MÉXICO.

Por
Arturo Volantines

En su “Recado sobre Michoacán”, Gabriela Mistral, —escrito el 3 de julio de 1944;


reproducido en el texto Gabriela Mistral y México, selección y prólogo de Pedro Pablo
Zegers(Ril editores)—, dice, que Michoacán es un Estado mexicano de “gracia, locuestre y
folclórico…”. También, señala: “Como tierra subtropical, el verdor no ralea ni se empaña en ella
por las estaciones zurdas de otoño e invierno”. Luego, numera los diversos prodigios y
atributos de la “raza tarasca”, y sus inigualables sabores. Dice: “Yo dormí en tantas casas que
no puedo contarlas; comí en las mesas dispares, los guisos de las variadas cocinas: comí en
tarasco y en zapoteco, en yaqui y en otomí”.

Detrás de esas especias, coloridos y guisos, partí a México; detrás de esa música que
escuchaba en mi casa paterna, en los bares del norte; partí detrás de su poesía y detrás del
rostro hermanado que hago mío desde la revolución mexicana.

Me llama la atención de Ciudad de México, que cada 3 minutos baja un avión. Llueve
suavemente sin molestar a los transeúntes. Huele a tierra mojada, canta, Amparo Ochoa. Es el
comienzo de julio. El Zócalo y la plaza Garibaldi están casi desnudos y húmedos, pero se
siente el ronronear de los mariachis y la alegría de los enamorados. Entro a un bar lleno de
fotos y fetiches. Aparece el olor de la tortilla de maíz que me acompañaría todo el viaje. Al
amanecer, aparece América, en el Palacio de Gobierno, en los tremendos murales de Diego
Rivera.
Me parece una ciudad tranquila y amable, a pesar que los diarios dan cuenta de veinte
asesinados en la noche. Al ir al encuentro de Frida Khalo, descubro que el Metro es
barato(menos de 200 pesos chilenos). La gente que va y viene es sencilla y tiene ropa de
trabajo duro. En la Casa Azul, en su patio refrescante, me tomo un café, y le comento a unas
italianas del libro de César Moro colgado de una estantería de la casa.

Luego, me voy a Jalisco. La salida de Ciudad de México es lentísima en bus, y sólo veo a los
vendedores de fresas enrojecer el camino.

En Guadalajara me encuentro con la familia de Fabián Muñoz, el cual prepara un texto de la


Generación ’80 de Chile, llamado “El árbol de los libres”. Recorremos la notable ciudad; nos
estacionamos en el mercado y nos zarpamos unas cervezas y un recital de mariachis
proporcionado por Felipe Ponce, editor de Arlequín y premiado en México por sus preciosos
libros. Con Fabián y Felipe nos damos un festín de caldos de borrego, pozole, birrias de chivo,
tacos, huitlacoche y otras exquisiteces locales. Luego, vamos, al Instituto Cultural Cabañas, al
encuentro de los murales de José Clemente Orozco, que me dejan mudo y rendido a la
importancia mundial del muralismo mexicano y su vigoroso aporte al arte. Ya complacido, nos
dirigimos al bar La Fuente, donde gastaban codos Arreola y Rulfo. Se nos hace la tarde, entre
el repaso de la música y la literatura mexicana tan influyente en el pueblo chileno.

Al amanecer, estoy en el terminal de buses, y me encuentro con las poetas, Florita Villegas y
Adelita Zapata, que también van al Encuentro de Poetas en Zamora.

El Estado de Michoacán es tal, lo dice Gabriela Mistral. Un escolar me emociona cuando


recita en su lengua nativa. Las calles de Zamora también tienen la amabilidad de La Serena.
Su mercado está atiborrado de artesanías locales. Los ponchos y los sombreros llenan de color
la mañana. Su iglesia inmensa tiene un órgano fenomenal que deja pálido al concertista
chileno, Jaime Valenzuela. El lago Camécuaro es azul y verde, y pareciera que bailara con el
“Paso del Norte”. La lluvia que cae se abriga con el tequila. Camino por las calles de Zamora –
—la de Tierra Negra y de los espejos de agua—, con la serenidad de andar por las calles de mi
pueblo natal, allá en Atacama. Estoy abismado por la cordialidad. Mande. Aún no me encuentro
con los asesinos feroces de “Los detectives salvajes”, pero sí con la poesía de Rosario
Castellanos.

Pero, indudablemente, lo más notable es el Encuentro. Desde Argentina, Perú y Chile y


subiendo por América hasta la Madre Patria llegan los poetas. El programa es estricto, cargado
de lecturas. Veo que será difícil escaparse a un bar, pero debajo de los árboles del hotel
saboreamos la poesía. Escucho lecturas notables, precisas, exigentes al oído; hay que estar
atento a las diferentes modulaciones y ritmos de América. Hay versos que se me quedan
cantando como pájaro en el aire. Y, con la poesía de las calles de Zamora, de sus mercados y
de las conversaciones, ya no volveré a ser el mismo.

He organizado una media docena de Congresos. He participado en un par de docenas. Y


siempre queda la duda que pudieron hacerse mejores. Las peleas típicas entre los
organizadores, los atrasos y los egos, se construye una tapia que no deja saborear lo bueno de
juntarse, de hablar de lo infinito; y que, entre la calidad de los poetas invitados y los esfuerzos
de los organizadores, siempre hay una dicotomía insalvable. Pero, el XII Encuentro
Internacional de Poetas en Zamora fue inolvidable, porque el arte subió con dignidad a los
escenarios y en la conversación con la gente; porque la organización venció la dicotomía
irreversible entre la calidad y la cantidad y porque, indudablemente, se necesita algo de
maestría para hacer también poesía de los congresos de artistas.

Ha sido un esfuerzo financiero importante de entidades locales, pero quien hace posible —
de cuerpo y alma— este evento anual de factura latinoamericana es Roberto Reséndiz. Este
poeta, médico dentista y gestor cultural, logra indudablemente con paciencia, agudeza y
experiencia llevar adelante un evento, que concentra a muchos poetas de valor
latinoamericano; y logra, sobre todo, que estas voces puedan dialogar con un público atento.
Además, este diálogo permite trasmitir valiosa información literaria e, incluso, de las
necesidades y esperanzas de los pueblos de nuestro idioma.
Roberto Resendiz (México), Lina Zeron(México), Jose Sosa de Ecuador y Arturo
Volantines de Chile

Lo dicho viene a denotar que los eventos artísticos deben ser desarrollados principalmente por
éstos, y no caer en el garlito que los artistas sólo se deben dedicar a su arte. Esto permite que
el espíritu más profundo saque adelante las esperanzas más sentidas; además, dignifique el
oficio, —frente a la sociedad que persiste en crisis—, al contar directamente con recursos.
Este evento indudablemente fue posible por la maestría de Roberto Reséndiz. La poesía de
Roberto Reséndiz no sólo es su poesía sino todo lo que hace para que, a partir de esta
hibrides, seamos una sola voz.

Finalmente me voy de México con un puñado de hermanos en el corazón, y con un libro que
reúne obras de los 50 autores participantes del Encuentro. En la portada: mar del cielo
apegado a un valle, con un rostro de labios rojísimos, con notable diseño gráfico de Mirna Ávila
Barrera, publicado por “Cultura, Arte y Tradición”. Otro acierto.

No tengo certeza que me he ido de México, pero sí que volveré. Tal como dice Roberto en el
prólogo del libro, ha valido la pena, porque: “La voz del poeta sigue firme, fuera de la retórica y
el discurso de un mundo desgastado; ellos, con el sentimiento en la epidermis, amanecen,
algunas veces, con una sonrisa entre los labios y otras se alimentan con el sinsabor de la
derrota…, sin embargo, cada uno de ellos, sueña la luz que ilumina al viento…”. Órale wei.

Atacama, diciembre, 2008.-


REVIEW: El día que la tierra se detuvo.
Hace un buen tiempo que se ha dado esta suerte de costumbre de
hacer remakes de películas antiguas, lo cual nos confirma que al
parecer Hollywood se ha quedado sin creatividad. Dicha premisa no
debería significar ningún tipo de desagrado, con la nueva tecnología
al servicio de la entretención podríamos tener resultados preciosos
que rememoren aquellos productos y de la misma manera puedan
hacer que las nuevas generaciones de espectadores disfruten y se
maravillen como en el pasado.

Eso teóricamente.

Bastante complejo de por si es tener una buena disposición ante una


película para cuya entrada te hacen desembolsar 3100 pesos, en esa
postura hasta el Padrino me parecería una mala idea. Aun así, la
curiosidad es más grande.

El día que la tierra se detuvo -remake de la película del mismo nombre - fue dirigida por Scott Derrickson
(El exorcismo de Emily Rose) quien nos presenta una adaptación temática a nuestros tiempos aunque con
menor simbolismo político (la original era para causar conciencia por la guerra fría) a cambio de una
inyección de significancia mesiánica barata: Un extraterrestre y su robot gigante (basado en el robot
original, quien de seguro sirvió de inspiración para Amazo de la serie animada de la Liga de la Justicia)
visitan nuestro planeta para notificarnos que acabaran con la plaga que se cierne sobre él, la raza humana.
El progreso destructivo y los clichés de activista Greenpeace salen a relucir en paralelo con una débil
crítica (que bien pudo desembocar en algo mas poderoso y menos ambiguo, como el lanzamiento de un
zapato galáctico hacia el imperio) al actuar estadounidense y su política de “disparo y luego pregunto”
muy bien retratada en la película: El emisario de la paz cósmica llega a nuestro planeta y lo reciben
calurosamente con ráfagas de metralla y con cuasi misiles Stinger.

En pleno Central Park lugar predilecto


para que los extraterrestres y dinosaurios
crecidos causen destrozos, Klaatu (Keanu
Reeves) estaciona su esfera/nave
dispuesto a entregar su terminante
mensaje a los lideres de estado, lo cual
nos da el resultado de tener al alien en
UCI (contradicciones de la vida, luego de
intentar pulverizarlo a palos lo reviven
delicadamente; otra referencia a la
estupidez gringa) lugar en donde conoce a
la doctora Hellen Benson (Jennifer
Connelly) cuya capacidad de análisis
científico se ve sobrepasada con un
compromiso místico sexual -realmente no
sabría entender por que a ciencia cierta deja ir la fuente de estudios y posibles descubrimientos médicos
de los siguientes siglos- con el viajero cósmico, logrando libertarlo. El resultado es en una huida sin
mucho peso pero con curiosos resultados dignos de mencionar. El destino de nuestra existencia se decide
entre un Big Mac y el Mc Sundae que sirve para bajar la comida, el extraterrestre residente contactado en
el restaurant intenta persuadir a Klaatu haciendo alusión a ese rasgo especial que tienen los humanos, esa
cualidad que justifica cualquier tipo de error o equivocación: el amor. Cliché ultra manoseado que nos
anticipa el predecible desenlace de la cinta: luego de una conversación interrumpida con el premio novel
y posterior berrinche infantil, somos testigos de la liberación del arma de destrucción masiva, langostas
nanobots que emulan de cierta manera el actuar de las esporas de The Happening (otro pedazo de olvido a
mi juicio) solo que de una forma mas brutal. El 80% de la actuación de Connelly se basa en tratar de
convencer a Reeves de desistir en sus intenciones lo que finalmente da resultado en el momento cúspide
del exterminio. Luego de comprender la capacidad humana de cambiar ante la extinción (probablemente
el cambio seria solo temporal y esta claro que los extraterrestres no conocen el cuento de Pedrito y el
lobo) plus el amor que todo lo perdona Klaatu decide retirarse a rendir cuentas con su jefe, quien de
seguro lo despedirá por su ineficiente trabajo.

Hablando de detalles curiosos, la cinta posee un particular apartado de situaciones bastante llamativas,
que si bien no ayudan para nada con la trama bien nos sirven de cuestionamiento y de fuente de
entretención. Pongámonos en el caso primero de establecer un contacto alienígena, la manipulación con
todo lo proveniente de lo desconocido en el film es tomado demasiado a la ligera. De esta manera, el
manejo físico del enviado es de lo mas común y sin mayor reparo, digo para examinar un ser proveniente
de la nada existencial cósmica mínimo utilizaría un receptáculo reforzado por 6 capas de acero,
implementación especial y seguridad máxima en caso de que el bicho pestañeara, con suerte vemos unos
guantes de látex al momento de la operación y posterior suministro de aspirina al viajero, lo cual le resta
seriedad y le suma mas puntos a la cuestionada realidad presentada. Lo mismo pasa con Gort, el robot
gigante. Quien basa su entretención en destruir los intentos de reacción de parte del ejercito de una
manera muy simple. ¿Qué hizo pensar al departamento de inteligencia que podrían contenerlo con un
cristal? Es como armar una fortaleza con bloques lego, bloques que son desintegrados en breve. Lo que
nos hace pensar si acaso esta hecho de forma accidental o si realmente estamos frente a una autocrítica.
De lo mismo se desprende el comentario de la secretaria general (Kathy Bathes) con respecto a las
dominaciones, citando el genocidio que comenzó con el descubrimiento de América y posteriormente se
desarrollo con Pizarro y los Incas, evadiendo olímpicamente una referencia al propio sometimiento
norteamericano hacia Medio Oriente.

Mención honrosa se merece la pomada alienígena con milagrosos resultados, la referencia bíblica
intergaláctica sobre el diluvio y las arcas transportadoras de animales y la seguridad ante todo de un
Klaatu que utiliza cinturón de seguridad al subir a un automóvil, y luego se quejaba de que le costaba
adaptarse.

Con respecto a las actuaciones, estas son de


acorde al film, es decir planas y sin mayor
ciencia. La actuación de Keanu Reeves es
magnifica, cuyo punto cúspide y catártico lo
podemos apreciar en el afiche promocional, cuya
expresión resume el sufrimiento y preocupación
por el balance que establece nuestro planeta en el
infinito cósmico, el inexpresivo Reeves se
postula en este filme como un firme candidato a
representar un moai de forma mas que exitosa.
Lo mejor de la película lejos es ver a la preciosa
Jennifer Connelly, dama quien aunque estuviera
en pleno parto de quintillizos y con severas
complicaciones seguiría viéndose angelicalmente bella. Por encima de una odiosa Khaty Bates (quien de
seguro es mala en la vida real) se desarrolla el personaje más detestable y eliminable que puede tener la
película, Jacob. El hijo de Will Smith se posiciona como un fiel candidato a la extinción, lastima que
Klaatu no toma de referente al humano mas cercano que tuvo, sino la película habría terminado mucho
antes. El chico casi bipolar (por eso a las madres que leen este artículo, resguarden las horas que su hijo
pasa jugando World of Warcraft frente a su notebook) no aporta demasiado a la trama salvo su antipática,
racista e insulsa presencia.

El día que la tierra se detuvo es de esas películas planas, algo tontas, que intentan recrear un mensaje a
conciencia de manera infructuosa debido al entorno que lo cobija, esto no quiere decir que no se pueda
comunicar en el apartado cinematográfico comercial una intención seria sino mas bien por la ambigüedad
argumental de dicho mensaje y la pobreza de la ejecución actoral en el film. Todo esto vierte la atención a
los efectos especiales los cuales son el punto fuerte de la cinta, destrucciones de diverso tipo
correctamente representadas pero que no son lo suficiente como para establecer un nexo espectador-obra
satisfactorio.

Ni tampoco, claro esta, como para invertir tanto dinero en aquello.

Autor: Edgard Lara.


MONTALE, MÁS HERMÉTICO QUE UNGARETTI
Por José Martínez Fernández

Yo tenía escasa información del poeta Eugenio Montale


en octubre de 1975, cuando se hizo acreedor al Premio
Nobel de Literatura.

En aquellos días fui al departamento de la poeta Stella


Díaz Varín -en la Villa Olímpica- junto a los poetas
Francisco Medina Cárdenas y Sergio Vergara Arteaga,
éste último hoy constituido en una figura importante de
la expresión plástica chilena.

Stella nos había invitado a una comida, la que


compartimos con vino y mucha conversación sobre
poetas y política, con ácidas críticas de la creadora y
nosotros a diversos autores que en esos días
publicaban. O la poeta se reía o se enfurecía…teníamos
que saber que no podíamos hablar bien de un autor que ella rechazara. “Huevón” era el
término suave que la aeda nos aplicaba si alguno de nosotros cometía la imprudencia
señalada. Ella nos mostró las fotografías de su juventud en que deslumbraba por su belleza.
Stella parecía una actriz de cine.

En medio de todo ello Sergio Vergara Arteaga me señaló un libro que andaba trayendo. “Es el
último Nobel”, me dijo. Era un libro de Eugenio Montale. Le pedí me lo facilitara para hacer una
crónica sobre el poeta, antes que otros la hicieran en medio del impacto que había provocado
el que él hubiese ganado la más alta recompensa en la escena literaria mundial en ese año de
suma tristeza en Chile. Leer a Eugenio Montale fue un gozo. Aunque me costaba llegar a
entender los espacios de su hablar lírico, éste me producía una sensación de encontrarme
frente a la belleza enorme hecha poemas.

Los caminos que indicaba el enorme bardo


estaban a la vista, haciéndome sentir que lo
difícil, lo hermético, no puede, no deja de
tener ese eco de dulzura que ronda la
creación de los poetas mayores.

Yo conocía más a Ungaretti que a Montale,


y aunque el primero me parecía un poeta
difícil, aún más difícil encontré a Montale.

Por ello cuando le entregué –escrita a


máquina, medio oficial de escritura en los
setenta- la crónica a Luis Sánchez Latorre
(Filebo), y dudé del título, le señalé que este
poeta me parecía más hermético que
Ungaretti y que esa opinión no era sólo mía
sino que era casi general en los que le
habían estudiado.

“Entonces póngale ese título”, me dijo Luis Sánchez Latorre y yo no cavilé. Así salió publicado
el artículo al día siguiente: “MONTALE, MÁS HERMÉTICO QUE UNGARETTI”, el sábado 1 de
noviembre de 1975.
Aún –releyendo de nuevo a Eugenio Montale- sigo encontrándolo un poeta hermético y, sin
embargo, también entiendo los senderos luminosos de sus versos.

He releído algunos poemas de este gran poeta del siglo veinte y he decidido inclinarme por
publicar “Las ocasiones Motetes”. Poema breve, pero menos difícil que la mayor parte de su
poesía.

LAS OCASIONES MOTETES

Lo sabes: debo volver a perderte, y no puedo.

Como la conmoción de un tiro preciso

cada obra, cada grito e incluso el suspiro salino

que se desborda

desde los muelles y oscurece en Sottoripa

la primavera.

Lugar de arboladuras y de ferreterías

una selva en el polvo de la tarde

un largo zumbido viene desde fuera

desgarra como uña sobre vidrios.

Busco el signo perdido, la única prenda

recibida en gracia

de ti.

El infierno es cierto.

(Traducción de Juan Mauro)

Eugenio Montale nació en Génova en 1896 y falleció en Milán en 1981. Su libro más importante
sea, quizás, “Huesos de sepia”. Deseo reproducir unas líneas de aquella antigua nota: “En la
poesía de Eugenio Móntale se manifiesta la búsqueda que el creador ha hecho en el campo de
este arte. Su voz, muy intrínseca, se encuentra presente desde su primer libro publicado en
1925. Ha llegado a caminos tan nuevos la poesía de Montale que se le ha podido calificar
como un creador más hermético que Ungaretti”.

FUENTES:

“Montale, más hermético que Ungaretti”, José Martínez Fernández. LAS ÚLTIMAS
NOTICIAS, 1 de noviembre de 1975.

“”Montale, la vida”, Giuseppe Bartolucci. EL MERCURIO, 16 de junio de 1996.

Otras fuentes.
El Darién, en el bosque de la palabra

a Elvira, joven de la etnia Emberá del Darién, Panamá. (Jean Marie Le Clézio)

"En esta región del istmo de Panamá el bosque tropical es extremadamente denso, y la única
manera de viajar es en una balsa río arriba. En ese bosque vive una población indígena,
dividida en dos grupos, los embera y los wounaans, ambos pertenecientes a la familia
lingüística ge-pano-carib. Aterricé allí por casualidad, y quedé tan fascinado por esta gente que
permanecí durante varios periodos a lo largo de 3 años. Durante todo ese tiempo no hice otra
cosa que vagar sin rumbo fijo de casa en casa —en ese tiempo la población se negaba a vivir
en villas— y aprendí a vivir de acuerdo a un ritmo que era completamente distinto a cualquiera
que hubiera experimentado hasta ese momento. Como todos los bosques verdaderos, este era
particularmente hostil. Tuve que hacer una lista de todos los peligros potenciales y de todos los
correspondientes recursos de sobrevivencia. Debo decir que los embera fueron muy pacientes
conmigo. Estaban muy divertidos con mi falta de elegancia, y creo que hasta cierto punto yo
estaba dispuesto a pagarles con entretenimiento lo que ellos me compartían en sabiduría. No
escribí un gran tratado.

El bosque tropical no es realmente un escenario ideal. Los


papeles se reblandecen por la humedad, el calor seca las
puntas de las plumas. Nada que funcione por medio de
electricidad dura mucho. Arribé allí con la convicción de que
la literatura era un privilegio, y que siempre me hospedaría
en ella para resolver todos mis problemas existenciales. Una
protección, de cierta manera; una suerte de ventana virtual
que podía desenrollar cuando necesitara refugio de la
tormenta."

La literatura oral existe antes que la palabra escrita y todo


lenguaje quizás fue poesía original, memoria de una misma
memoria, como una estrella contemplada por el brillo de los
ojos del hombre primitivo y después el poeta que quedó
encadenado a una palabra siempre nueva. Sólo especulo,
trazo unas pobres coordenadas en un mundo donde todo es
especulación y se eclipsa, no como el sol o la luna en el
horizonte, sino las monedas falsas acuñadas por la usura
dentro de un planeta de papel amurallado.

El discurso de un premio Nobel de Literatura siempre es noticia y el del francés Jean Marie Le
Clézio doblemente para América latina, su literatura (México), Panamá y un mundo que se
evapora en las alcancías de Wall Street. Es que la naturaleza humana devora a la propia
naturaleza, que equivale a un perfecto acto de antropofagia sorda y estúpida, que no escucha a
su propio ventrílocuo. El hombre silencia la voz, la palabra, la historia, su propia cultura y quiere
desandar antiguos pasos, olvidar la sombra, el agua, el curso de los ríos. Colecciona el vacìo
de su risa tonta frente a un video juego, se hipnotiza como una rata frente a la serpiente en el
desierto que construye frente así mismo. Las palabras tienen memoria, son un recurso
insuperable frente a un aviso publicitario, esa luz de neòn que brilla para una pobre
imaginación. ¿Es tan torpe la ecuación que nunca terminaremos de despejar nuestra propia X?
No son tiempos para filosofar, ni tirar números al azar, ni oler las vacías bóvedas del espanto
bursátil. La pirámide es el tercer ojo del engaño, la sabiduría faraónica del río Nilo que no
alcanza a purificar la piedra ni el desierto, trabajo esclavo para los antiguos y nuevos
rascacielos.

Le Clézio, dedicó su Nobel en primera instancia a la prodigiosa contadora de cuentos Emberá,


Elvira, cuyo discurso tituló: En la selva de las paradojas. Conoció a la india panameña en el
Darièn, donde Vasco Nuñez de Balboa fue guiado por los nativos para que conociera y
descubriera el mar del Sur, es decir el futuro Océano Pacífico, el mar más grande y rico del
planeta. Los indios, que no lo eran, le habían dado conocer al conquistador, un tercio de la
tierra, ni más ni menos. Allí fue también decapitado Vasco Núñez por Pedrerías Dávila, el
designado Gobernador y Capitán General de Castilla de Oro. Es historia vieja y ya Vasco
Núñez había sido nombrado Gobernador de Panamá y Coiba.

Volvamos al discurso de Le Clèzio que nos llega como astillas de una carpintería sin bosque,
fragmentariamente, desde la gélida Suecia, pero pensando en el mexicano Juan Rulfo, el
nigeriano Chinua Achebe, el mauritano Malcom de Chazal o el poeta británico Wilfrid Owen y
en la selva panameña del Tapón del Darién, esa barrera natural que corta la carretera de
Colombia con el Istmo, su antiguo departamento hoy república de Panamá. La hostil selva, dijo,
le permitió comprender que "la literatura podía existir, pese a todo el desgaste de las
convenciones y de los compromisos, pese a la incapacidad de cambiar el mundo en la que se
encontraban los escritores". Lamentablemente no cuento con el discurso íntegro de Le Clezio,
para comprender toda su profundidad y matices. La selva, la naturaleza es la vida misma para
los Emberà hasta nuestros días. es la herencia y allí está todo, dicen, para vivir: medicina,
alimentos, techo. Son una etnia muy solidaria en el trabajo. Elvira debió ser una poeta del
cuento ancestral, de las historias que se conservan en la vasija profunda de los sueños y de la
realidad cotidiana, donde llega la luz verdadera simplemente.

Recorrí la primera trocha en los 76


hacia el Darièn en un jeep, tierra
dura, selva, selva y pude ver el
monumental paisaje por donde los
españoles atravesaban hacia el
istmo con sus corazas, miedos,
precipicios, tormentas, lluvias
diluvianas, buscando oro para los
Reyes católicos. El Atlántico
siempre ha estado incomunicado,
abandonado, salvaje y eso
también tiene sus ventajas. En
otro recorrido nos perdimos de
noche en la selva darienita.
Siempre como Corresponsal
Extranjero, iba en el camión
descapotado atrás. Y tuve el
impacto de sentir como la selva
me abrazaba y arrojaba hacia dentro de sus entrañas y los ruidos de los animales no eran
meros fantasmas. La selva existe, me dije, yo que jugaba con las hormigas y cazaba moscas
frente a un ventanal en Santiago. El tiempo no sobra en la selva, simplemente no pasa, sopla
como el sueño de un duende desconocido y su misterio es la propia selva que se multiplica
asimisma.

Un escritor que quiera cambiar el mundo, está fuera de época y tiempo, de la realidad. Los
escritores no son dioses, ni de mentira. Al mundo puede cambiarlo una gran crisis como la que
ya estamos viviendo. Una guerra mundial devastadora. Un cambio climático que convierta los
pingüinos en lagartijas del desierto. Pero la misma piedra o palabra o voz, no cambia el tráfico
del desierto. El espejo puede ser cuadrado pero repite la misma imagen. Véanse y verán.

Lo interesante en un mundo de consolas, imágenes y digital, es que un francés, años ha, miró,
vivió en esta parte del mundo marginado, aislado, despreciado, de México a Panamá y
Colombia, y desde luego, el viejo y colonizado, casi extinguido continente negro: África.
Escribió y testimonió, aunque dijo que le gustaría actuar. "Lo que le gustaría al escritor por
encima de todo es actuar. Actuar en lugar de testimoniar. Escribir, imaginar, soñar, para que
sus palabras, sus invenciones y sus sueños intervengan en la realidad, cambien las
mentalidades y los corazones, abran un mundo mejor".

Lo que está en juego no sólo es la credibilidad, sino la eficacia, el significado, el poder de la


palabra, pero mucho más serio aún es la pérdida de la memoria ancestral de decenas de
algunas lenguas y otros cientos que se ven amenazadas con su extinción. Algo de ello
trasciende en el discurso del hombre blanco de Francia. La palabra siempre es y será un
compromiso, cada ser humano es la palabra. Los escritores y poetas hacen el trabajo de
ordenarlas a su manera y ponerlas en rebelión con el abecedario de las grandes mayorías, si
es necesario, azuzarlas, mantenerlas siempre activas y encontrar las justas y necesarias en el
eslabón perdido de las palabras.

"En la actualidad, después de la


descolonización, la literatura es uno
de los medios para que hombres y
mujeres de nuestro tiempo expresen
su identidad y reivindiquen su
derecho a la palabra y a ser
escuchados en su diversidad". Son
sus palabras traducidas. La literatura
cada día está más arrinconada por
el mercado, la televisión, el
entretenimiento banal, los gobiernos
ciegos, corruptos y la idiotez
colectiva que hace mucho tiempo
tomó el micrófono y dispone de esos
ruidos guturales que superan a las
viejas tribus o al hombre de las cavernas. La literatura es de unos pocos, con la rara excepción
de algunos best seller que terminan por ahondar este mundo de sordos y sumir a las personas
no en aventuras mágicas como lo hicieron Julio Verne, Stevenson, Defoe, Fielding, Bradbury,
Salgari, sino en acartonados eslóganes de violencia, de escenarios mudos, inertes, de falsos
ídolos que comunican el vacío y la superficie estéril, vacua del ser humano.

Tal vez no hay lugar, ni tiempo para hacer la literatura, construir, disparar la silenciosa bengala
o quizás cada época organiza su propio vacío. Un libro puede ser definitivamente una ciudad
sin palabras, el silencio de sus propios puntos cardinales. Le Clèzio reflexionó, "entendió",
aceptó en la selva darienita que "la literatura podía existir, pese a todo el desgaste de las
convenciones y de los compromisos, pese a la incapacidad de cambiar el mundo en la que se
encontraban los escritores". Los libros seguirán recorriendo como fantasmas el mundo y si bien
no tienen la capacidad de transformarlo por arte de magia o un golpe de dados, sus páginas
siempre encontrarán un par de ojos abiertos. La cultura a escala mundial es asunto de todos",
sostuvo en Estocolmo el premio Nobel. Y subrayó que el libro, pese a sus elevados precios en
los países pobres, sigue siendo el mejor vector para acceder a la cultura, comparado con
internet o el cine. "El libro es, en todo su arcaísmo, la herramienta ideal. Es práctica, fácil de
manejar, económico, señaló. Advirtió que los libros son un tesoro mayor que los bienes
inmuebles o las cuentas bancarias. Casi una ironía, después que las cuentas se vaciaron por
arte y magia de la especulación, el fraude, la avaricia, esa enfermedad tan humana. Por ahí
algunos brokers señalan con el dedo el infinito de la nada y observan el agujero negro de la
oscuridad. ¿Todas las chicharras mueren cantando? Le Clèzio, rindió un homenaje a la lengua,
principio de todo lo humano, pienso,“sin la lengua no habría ciencia, tecnología, leyes, arte,
amor”, sentenció.
Volvamos al discurso, a su naturaleza, a la física, humana, a la del lenguaje y no olvidemos
que hay países que ya han elaborado su mapa de muerte, tragedias naturales y físicas, que
saben dónde está su talón de Aquiles. Le Clézio define la naturaleza que le ha tocado vivir y
hacer su palabra. No se trata de ver el cristal según sea su color. Primero, debemos verlo,
saber que está ahí, convivir con cada una de sus miradas. La palabra es la primera en ver,
habla, dice, opina, hace ver. Dice así en una de sus partes leídas en Estocolmo: "El bosque es
un mundo sin fronteras. Puedes perderte en la espesura de los árboles y la oscuridad
impenetrable. Lo mismo podría decirse del desierto, o el océano abierto, donde cada duna,
cada pradera nos encamina a una pradera idéntica, cada ola nos lleva a otra perfectamente
idéntica ola." Sé de que está hablando el francés porque conozco los tres escenarios y un
bosque siempre escribe mis palabras y el río las modifica, transcribe una y otra vez, y ya no sé
si son las mismas y si pudiera bañarme en sus lecturas no sólo una vez. Es un acto muy
personal, íntimo, seguir arando en el desierto.

¿Quién era Elvira? ¿Por qué Le Clèzio le prestó tanta atención en su discurso?
"Pero una noche, una joven mujer vino. Su nombre era Elvira. Ella era conocida a lo largo de
todo el bosque de los embera por sus habilidades para narrar. Era una aventurera y vivía sin un
hombre, sin niños —la gente decía que era un poco borracha, un poco prostituta, pero yo no lo
creí ni por un minuto—, e iba de casa en casa para cantar, a cambio de carne, una botella de
alcohol o unas monedas.

Aunque no tuve otro acceso a sus historias más que por


traducción —el lenguaje de los embera tiene variantes
literarias que lo hacen mucho más complejo que su forma
cotidiana—, rápidamente me di cuenta de que ella era una
gran artista, en el mejor sentido del término. El timbre de
su voz, el ritmo de sus manos golpeando contra su pecho,
contra su collar de monedas plateadas, y encima de todo
ese aire de posesión que iluminó su rostro y su mirada,
una suerte de trance rítmico mesurado, ejercía un poder
sobre todos aquellos que lo presenciaban. Al simple
marco de sus mitos —la invención del tabaco, los
gemelos primigenios, historias sobre dioses y humanos al
amanecer del tiempo— ella añadía su propia historia, su
vida de errancia, sus amores, las traiciones y el
sufrimiento, la intensa alegría del amor carnal, el escozor
de los celos, su miedo a envejecer, a morir. Ella era
poesía en acción, teatro antiguo, y la más contemporánea
de todas las novelas al mismo tiempo. Ella era todas esas
cosas con fuego, con violencia; ella inventó, en la oscuridad del bosque, entre el envolvente
sonido de insectos y ranas y el aleteo de los murciélagos, una sensación que no podía ser
llamada de otra manera más que belleza. Como si en su canción ella cargara el auténtico
poder de la naturaleza, y esto era seguramente la más grande paradoja: que este lugar aislado,
este bosque, tan lejos como podía imaginarlo de la sofisticación de la literatura, era el sitio
donde el arte había encontrado su más fuerte, su más auténtica expresión.

Después dejé la región y no volví a ver a Elvira, ni a ningún otro rapsoda del bosque de Darién.
Me quedé con algo más que nostalgia —con la certeza de que la literatura podría existir,
incluso si estaba revestida con la convención y compromiso, incluso si los escritores fueran
incapaces de cambiar al mundo. Algo grande y poderoso, que los sobrepasaba, que en alguna
ocasión podría animarlos y transfigurarlos, y restaurar el sentido de armonía con la naturaleza.
Algo nuevo y muy antiguo al mismo tiempo, impalpable como el viento, etéreo como las nubes,
infinito como el mar. Esto es algo que vibra en la poesía de Jalal ad-Din Rumi, por ejemplo, o
en la arquitectura visionaria de Emanuel Swedenborg. El escalofrío que uno siente al leer los
más bellos textos de la humanidad, como el discurso que Chief Stealth dio en la mitad del siglo
XIX al presidente de los Estados Unidos cuando les concedió su tierra: “Podemos ser
hermanos después de todo...”.

Autor: Rolando Gabrielli


La creación literaria

Por CARLOS ENRIQUE CABRERA

¿CÓMO se llega a la gestación de una obra de creación literaria perdurable y valiosa? Verdaderamente
son muchos los elementos que en ello intervienen. La necesidad del autor de expresarse, de dar forma a
sensaciones, emociones, percepciones, ideas y pensamientos; la necesidad imperiosa, fatal e inevitable, de
exorcizar los propios temores, miedos y fantasmas. Algún autor español, cuyo nombre ahora no recuerdo,
dijo que No creía en escritores que fueran al psiquiatra o al psicólogo. Porque ciertamente la creación
literaria es una fórmula eficaz contra la desesperación, la desesperanza y la locura: así cuenta el novelista
chileno José Donoso cómo escribió El obsceno pájaro de la noche en un momento en el que se hallaba al
borde de la locura, y cómo la gestación de la vasta y riquísima obra lo rescató de ese abismo sin retorno.
De igual modo la creación literaria actúa como elemento compensatorio: la mayoría de autores señalan
que escriben porque están incompletos, porque les falta algo, porque no están del todo satisfechos con su
realidad o con la Realidad a secas, porque en definitiva no son seres felices. Hay entonces la necesidad
imperiosa de oponer a esa Realidad odiosa y agresiva de ahí fuera otra hecha de palabras.

Luego vienen los otros elementos que intervienen en la creación literaria auténtica. Uno de vital
importancia es la soledad. El acto de creación es un acto solitario, de absoluta y total concentración, de
inmersión en el ser y en la propia humanidad. La soledad para la reflexión y el análisis y la introspección,
para la dedicación y la entrega: tantas horas a lo largo de días y meses (en el caso de una novela)
encerrados en un cuarto, solos con las cuartillas o ante la pantalla del computador. De ello da cuenta
elocuentemente el escritor norteamericano Paul Auster cuando habla de “lo que justifica que me pase la
vida encerrado en una pequeña habitación poniendo palabras sobre el papel”, y es bien conocido cómo el
narrador italiano Cesare Pavese (lavorare stanca, decía éste en su dialecto piamontés) se amarraba cada
mañana a la silla ante su mesa de trabajo para contrarrestar toda tentación y concentrarse a fondo en la
creación de su obra. Obra que se logra sólo así, con constancia, tenacidad, entrega, perseverancia:
cuántas veces hay que rehacer una misma oración, un mismo párrafo, una misma página. Cuantas veces
hay que variar este diálogo, suprimir y tachar, romper páginas enteras; modificar, entrar y sacar
personajes y variar situaciones.
Es muy grande la fe y el amor por el trabajo que se hace para poder acometerlo. Y es muy alta asimismo
la autoestima que hay que tener para acometer el ímprobo trabajo de la escritura. García Márquez nos
advierte: Para escribir hay que sentirse del todo Cervantes; si no no sería posible escribir una sola línea.
Porque siempre nos va a asaltar (hoy sabemos ya que es el cerebro izquierdo el que nos acosa con su
crítica feroz) esa voz que nos echa hacia abajo, nos rebaja el tono vital, nos señala de forma persistente
qué mal lo haces, los muchos yerros que cometemos, las muchas faltas en que de forma continua
incurrimos.

El debate y la lucha son pues


consustanciales a la tarea de la
escritura de creación. Es por ello
que tantos autores hablan de
sufrimiento, de dolor, de tortura
infinita y sin límites: porque
jamás están satisfechos con el
trabajo realizado, con lo logrado,
o lo están sólo a medias y tras un
largo, tortuoso e incierto
recorrido del todo agotador. El
conocidísimo caso del novelista
francés Gustave Flaubert así lo
atestigua. Y son numerosos los
escritores que yendo más allá
decidieron en el último momento
destruir la obra que para nada
valoraban (Franz Kafka es un
caso paradigmático en este
sentido) o que terminaron, ante
su insatisfacción extrema, por tomar el camino del suicidio: un dramático ejemplo es el del escritor
norteamericano John Kennedy Toole, que se suicidó a los treinta y dos años. Su caso es más doloroso
aún cuando sabemos que su novela, La conjura de los necios, ganó el Premio Pulitzer en 1981 y es hoy
reconocida como una auténtica obra maestra…

Son también elementos valiosísimos en la gestación de una obra de creación literaria auténtica los
conocimientos del autor, su percepción de la forma y su sensibilidad artística. Un gran autor, aquél que
de verdad logra una obra que exprese al conjunto de la humana especie y perdure en el tiempo, sabe de
muchas cosas. En primer lugar, posee una vasta cultura general (muchas veces enciclopédica); conoce el
corazón humano y conoce los problemas de su época y de su tiempo; tiene además un gran conocimiento
de la literatura universal (de la del pasado y de la del presente) y de los recursos, técnicas y
complejidades estructurales del género que emprende: drama, cuento, novela. Cervantes conocía a fondo
los géneros existentes en su época, sólo de este modo pudo incorporarlos a su creación y fundirlos en su
propio crisol, generando así uno diferente y del todo novedoso: la novela moderna.

Del igual forma el gran creador está en posesión de un gran conocimiento y dominio del idioma (del
materno y de otros foráneos, lo que expande y aguza la sensibilidad y el sentido del propio) y de los
recursos lingüísticos. Octavio Paz decía en este sentido: “¡Ay del poeta que no sepa gramática!” Pero el
gran creador es sobre todas las cosas, como señala lúcida y certeramente el escritor mexicano Sergio
Pitol –y con él concluyo–, un hombre de inspiración y de instinto: “un escritor sabe que el instinto y la
inspiración son sus mayores armas, las fuerzas secretas de la razón. Sabe también que esas fuerzas
obtienen en determinado momento una amplia autonomía que les permite transformar en literatura lo que
apenas antes era esbozo, proyecto inacabado, o mera redacción.”

DATOS DEL AUTOR: Carlos Enrique Cabrera es escritor, profesor universitario y promotor cultural.
Estudió Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Madrid y desde 1994 se desempeña como
profesor a tiempo completo del Área de Humanidades del Instituto Tecnológico de Santo Domingo
(INTEC). En 2001 fundó la revista cultural de letras, artes y pensamiento Caudal, que bajo su dirección
lleva ya publicados 26 números. Ensayos y cuentos suyos han aparecido en diversos medios impresos y
digitales y son de su autoría el libro: Reflexiones de bolsillo (2002) y el conjunto de microcuentos de
pronta aparición: Conjuros. Mantiene en La Comunidad del diario madrileño El País el blog Conjuros y
en Blogger el blog promocional de la revista Caudal.
Creer en Dios y temerle a los payasos
Por Declarado Demente.

Según la lista de
participantes, debe ser
de Barcelona. El autor
que le ha tocado para
su sesión de
biblioterapia es “San
Juan de la Cruz”, pero
presenta su ponencia
en un francés
impecable. Se sonroja
un poco cuando nos
cuenta que la
traducción al francés
es de ella y que ha
partido de la
traducción de Gaultier
de 1620. Traducidos al francés, los versos de San Juan tienen una musicalidad similar a
la de los parlamentos de Racine: la misma pasión, la misma voluptuosidad contenida,
los mismos intentos de insanas fugas. Ella nos habla de los mágicos 999 versos que
componen la obra total del poeta carmelita. Nos habla de sus encarcelamientos y sus
fugas en medio de la noche. De cómo su obra fue censurada por su propia congregación
y sólo se publicó treinta años después de su muerte. Nos cuenta también de las
polémicas sobre ciertos versos de la última estrofa, que aún ahora son objeto de
violentas disputas, entre los carmelitas españoles y franceses.

Se llama Andrea L. y debe tener menos de treinta años, sus grandes ojos son de un color
verde oscuro e intenso, como las hojas del pino navideño, que de forma completamente
extemporánea decora la sala que ocupamos. Cuando habla, sus manos finas parecen
dirigir una orquesta invisible: a la derecha los arcos, más allá los vientos, al fondo las
percusiones. Y así, poco a poco, Andrea L. nos va deshilvanando su historia personal,
mechada con citas de la poesía de San Juan y otras de Sor Juana y de Santa Teresa,
también nos habla de Thomas Kempis y Bossuet. Acababa de recibir su doctorado, por
la Blanquerna, en Filosofía Clásica, con una tesis de título imponente, Preguntas
nuevas sobre Aristoteles y su influencia en La Maquina de Ramón Llull. Fue por
ese entonces cuando le sobrevino el cataclismo interno y no pudo dejar de llorar por
varios días. Encerrada en su piso del Monistrol de Montserrat, jamás había llorado
tanto, no podía comer, sufrió una conjuntivitis, hubo riesgo de deshidratación. —No a
causa del llanto o las lagrimas. Sonríe, otra vez con el rostro arrebolado. Sino porque la
melancolía me impedía comer o beber. Algo dentro de mí había dejado de funcionar.
Sabía que algo se había roto, pero no sabía qué

Su voz es pausada, sus afirmaciones terminan en una ligera forma interrogativa, que
mantiene a los que la escuchamos absortos en sus palabras: abandonar la enfermedad
mental, la noche —ella la llama así—, significa salir de sí mismos, abandonarse, para a
partir de lo más profundo de esa noche y buscar el encuentro con Dios: cauterio para su
herida. —Yo también he sufrido, dice. Yo también me he sentido sola y perdida en la
mitad de la noche, entre bosques y espesuras, he tratado de buscar esa almunia florida
de la que San Juan habla. Sé que tengo mucho camino por recorrer, hasta sentir
nuevamente “el aire de la almena”. Le brillan los ojos, cuando habla de ello: mantener
ese blog dedicado a la defensa de las mujeres víctimas de la violencia domestica,
también le ha ayudado. Sonríe con auto ironía cuando nos habla del origen de sus
problemas: —Es inverosímil, dice. Se van a reír, nos advierte. Cuando finalmente nos lo
dice, nadie entiende de qué se trata.

—Sufro de Coulrofobia. —No se


preocupen, sonríe. Yo también
busqué en el Diccionario y la
palabra no existe. En Google sin
embargo hay unas cien mil
entradas entre inglés y castellano.
El artículo, en español, de la
Wikipedia lo estamos redactando
conjuntamente con la doctora Pí
de Barcelona, mi analista. No ha
podido asistir, porque perdió la
coincidencia en París. La
coulrofobia es la fobia o miedo
irracional a los payasos. Las
causas de la coulrofóbia no son
claras aunque la mayoría de los pacientes coinciden en que lo que más les aterroriza de
los payasos es el maquillaje excesivo, a menudo acompañado de la nariz roja y del color
extraño del cabello, y el hecho que ocultan su verdadera identidad.

Durante la pausa de café, evito hablar con Andrea L, aún si quisiera preguntarle sobre la
Máquina de pensar de Llull. No creo que salir de la locura, sea como encontrar a Dios,
creo que si yo encontrará a Dios o cualquiera de vosotros lo hiciera se volvería
realmente loco.

Hace unos días aprendí —me lo explicó el Dr. Bleuler— que el Delirium Tremens no es
causado por exceso de alcohol, como yo creía, sino por falta de él. Algo así es la locura,
cuando nos falta, deliramos.

LOS VERSOS DE UNA VITRINA


VITRINA por Marietta Morales.
Morales.
Era un errante poeta en las calles de Santiago.
Solamente el sonido del estruendo de las palomas,
hacia latir su corazón. Vio el brillo de las vitrinas y
una lágrima cayo en su rostro. La protesta de
estudiantes. El guanaco con sus lanzas aguas. Las
micros como orugas temerosas. Era el silencio en el
caos y llorar su pena infinita. Todos tienen derecho a
sus quinces minutos de fama. Vio como sus versos
estallaban en la vitrina. Un disparo estalló y el poeta
volvía a ser ese estudiante inquieto.
SEPELIO

Anoche sentí la muerte susurrar al costado de mi cama. Seguramente quería decirme algo... No sentí
miedo. Y no lo sentí hasta comenzar a revisar una lista imaginaria con los posibles candidatos a merecer
su inevitable abrazo. Allí, después de un rato de adormecidas divagaciones, caí en cuenta de que mi
temeridad no era tal y que el sueño o presentimiento de la Vieja Parca, seguramente, era una premonición
a mi persona, una invitación indelegable a revivir una de mis antiguas muertes.

Ahí sí tuve miedo... pensé, seguramente, que allí estarías tú.

Porque, más que seguro , que si de edad se trata , la finada no ha de ser otra que la vieja tía Cándida, con
sus casi noventa años a cuestas, evento al que no podré excusarme de asistir por miedo a disgustar a los
parientes que ya se fueron y esperan por ella... seguramente, ha de ser así.

Seguramente aquél día, será cuantioso en personas el cortejo a desfilar por el viejo
Cementerio General, hacia el Patio de las Esculturas, en la Tercera de Tilo, y más que seguro, yo iré sola
– no es cosa de complicar a las generaciones posteriores – y marchando en apartado, seguramente, por
temor a encontrarte entre tantos rostros vacíos de vivencias en común. Y entonces, más que seguro, mi
prima, la Pilar se acercará a mí en un gesto tan típico de los de ella: tan cristiano y redentor que me será
imposible rechazarlo y, en un dos por tres nos abrazaremos llorando – o casi – como corresponde, y ello,
seguramente, llamará la atención de alguien más de lo que yo quisiera y, más que seguro que, entre
aquellos, estarás tú.

En ese temido momento, seguramente los árboles se quedarán pasmados ante el retroceso sin vergüenza
alguna del tiempo, y el viento dejará de colarse entre sus doradas hojas por miedo a interrumpir tan
delicado e inusual momento... y las tumbas, las tumbas que de por sí están quietas, se alinearán una a
otra, codo con codo para mantenerse más quietas si es posible aún.

Seguramente ni tú ni yo dejaremos ver el impacto de la mutua visión. Es más, trataremos de no


reconocernos de buenas a primeras para no romper con las buenas costumbres. Porque más que seguro,
que todas las fortalezas adquiridas a través de los años se derrumbarán en cosa de segundos y, entonces,
nos saludaremos con una voz casi cordial y un beso frío en la mejilla remordiendo la rabia acumulada en
más de veinte años.

Será así, más que seguro, que tendré que descolgarme de tu rostro y centrar mi atención en tus pasos, en
mis pasos, en los pasos cansados y frívolos del cortejo en general y no reptar por tu espalda mientras te
adelantas para acompañar el féretro más de cerca. Para ti ha de ser difícil... lo sé, tú la querías tal vez,
mucho más que yo. Entonces, una vez reconocidos y reencontrados tú y yo, ya no será posible la paz en
el Viejo Mundo de los Recuerdos Rotos porque, por un simple resquicio del veleidoso tiempo se
escaparán juntos nuestros clones de antaño.

Y entonces, dime...¿qué haremos allí tú y yo completamente desnudos de ropajes y de las trancas


adquiridas con el pasar de los años? Seguramente, me costará reconocerme... me veré tan fresca y vital
como ya ni me recuerdo. Mi vientre, libre y sin complejos, con su suave curva al frente y no parapetado
tras absurdos ropajes. Mi trasero loco saltando de alegría frente al calor de tus ojos y hasta mis senos,
libres de amarras y prejuicios bailarán alborotados tu bienvenida y, más que seguro que acabaran
atrapados entre tus labios y tus dientes, mordisqueados dulcemente con todo el amor contenido por tanto
tiempo, y... ¿es que aquellas serán mis manos? Esas que, seguramente, recorrerán tu cuerpo con la misma
fiebre de antaño, palmotearán tus nalgas y te abrirán las piernas para poder acogerte entero entre sus
palmas. Siempre fue así... mi mano izquierda, su palma, la cuna perfecta para tu sexo y, más que seguro
que no lo habremos olvidado y retozaremos felices recostándonos en cada tumba que se nos antoje, con
los brazos abiertos para abrazar el sol y las piernas abiertas para abrasarnos por dentro, haciendo el amor
de a poco, un poco en cada superficie, un tanto así y un tanto asa hasta practicar toda la agenda de
posturas que solíamos coleccionar...

Y entonces, dime... ¿cómo es que no nos ves? O acaso sí, porque vas demasiado envarado y sonrojado
mientras se deposita el ataúd en el atrio. Si. Seguramente, ya nos viste, y ¿cómo no hacerlo? Estamos
desquiciados y como nunca presos de antojos y desvaríos. Míranos, o mejor, no, no te voltees, porque
¡fíjate!, estamos allí, sólo cuatro tumbas al fondo haciendo el amor de pie, tú agarrado a mi espalda y yo
asiéndome al jarrón de mármol despojado de flores secas. Seguramente no lo habremos olvidado... nos
excitaba tanto hacerlo así, y reíamos, reíamos a medias entre lo gemidos calientes de cada empellón.

Seguramente, aquél día no dejaremos de hacerlo, entonces, por dentro, rezaré fervientemente para que el
sermón del cura pueda apagar los estertores de cada orgasmo. Créeme: no quisiera seguir mirándonos en
un momento así pero, te juro... no nos recordaba así... y si los demás pudiesen vernos tal como nosotros lo
haremos, más que seguro, pensarían que la muerta soy yo.

Un perfumé de flores húmedas se expandirá por el aire mientras depositan los ramos y coronas sobre la
tumba de tía Cándida y nuestras siluetas se irán esfumando de a poco entre el murmullo denso del
ambiente. Todo parecerá volver a la normalidad - si es que es normal un silencio de más de dos décadas –
y ya sin excusas, más que seguro, te acercarás a mí para la el momento culmine de la despedida, y será
entonces que yo sentiré toda mi vida dependiendo del giro de tus palabras, de la supuesta pregunta que
puedas conformar con ellas, y más que seguro que ahí estaré padeciendo, con el vientre apretado y el
corazón desorbitado hecho un manojo de alas dentro del pecho.

Seguramente, tú tratarás de conservar la calma – siempre lo hiciste - y tomarás aliento antes de abrir los
labios y, con esa voz suave y agazapada que usabas para los momentos difíciles me dirás: ¿Y cómo está
nuestro hi...? Y allí quedará todo, porque seguramente, ya no te acuerdas de su nombre... ¡Ignacio!, gritaré
yo, ¡se llama Ignacio y es el hijo que espera hace más de veinte años por un gesto tuyo! Pero, presiento
que todo será inútil, porque conociéndote, seguramente ni siquiera lograrás formular la pregunta que
alienta mi eterna espera y yo, más que seguro, tampoco seré capaz de tocar el tema frente a ti, allí, en el
terreno de las Almas Muertas, y tan muerta a la vez me sentiré, que tendré que colgarme de la cima de los
árboles y mover con fuerza mis pies que, de tan estáticos, habrán comenzado a echar raíces como
corresponde a los de una torpe muerta en vida, como yo. Mas que seguro, a estas alturas, nuestros clones
se habrán hecho añicos ante la vergüenza de tu silencio cobarde y, seguramente, sus fragmentos de
cristales rotos volarán por el cielo completamente extraviados hasta hacerse polvo y nube y rayo y agua
y, por fin, volver a la tierra en forma de llovizna tenue.

Puedo afirmar – y es con toda seguridad - , que nadie notará mis lágrimas en un momento como ese y
libremente, aunque sintiéndome más vencida que nunca, me marcharé del recinto recriminándome una y
mil veces por haber nombrado amor a una simple calentura.

Amanda Espejo. Quilicura / 5 Agosto / 2008

Cuento seleccionado para la revista ANCLA número dos, dedicado al erotismo.


(No lo publicaron entero). Diciembre del 2008
LA LITERATURA ABRIENDO CAMINOS EN EL SALVADOR
Por Ignacio Cardenal

El pasado 29 y 30 de noviembre de 2008


tuvo lugar en la ciudad salvadoreña de
Quezaltepeque el “II Encuentro Nacional de
Talleres Literarios” denominado
“Generación de la Sangre”, evento en el cual
se han sentado las bases que orientarán el
trabajo de los nuevos escritores de este
pequeño país durante los próximos doce
meses.

Distintos talleres literarios de todas partes de


El Salvador se dieron cita para ser partícipes
de la construcción de una nueva literatura en
la región, ya que durante los últimos 20 años
se ha experimentado la difuminación de las
bases que deben de configurar la creación de
textos que reflejen la convulsionada realidad
actual nacional e internacional. El
encuentro, desarrollado bajo el patrocinio
del departamento de cultura de la alcaldía
municipal de Quezaltepeque, ha debatido
acerca de la importancia del
redescubrimiento de los valores
precolombinos a fin de poder escribir nuevas
poesías e historias que busquen en definitiva
la consolidación de una identidad de nación.

Se contó con la participación de ponentes


altamente reconocidos en el mundo de las
letras salvadoreñas, tales como el Dr. Luis
Melgar Brizuela y el Lic. Antonio Casquín,
quienes explicaron a los participantes que la
identidad del salvadoreño deberá construirse
a través de una literatura que refleje los valores del pueblo pipil, antiguos habitantes de lo que
anteriormente se denominó Cuscatlán, hoy El Salvador.

La “Generación de la Sangre”

El nombre de este grupo de escritores noveles fue otorgado por los organizadores en alusión al
compromiso de hacer resurgir la sencillez de la vida a través de las letras, tal y como la sangre que recorre
las venas. Chicos y chicas cuyas edades oscilaban entre los 14 y 25 años permanecieron dos días reunidos
proponiendo formas e ideas para impulsar este gran movimiento entre sus contemporáneos. Actividades
culturales como el canto, la danza, la guitarra clásica, el teatro y la lectura de textos poéticos en torno a la
fogata permitieron a los jóvenes poetas divertirse tanto apreciando las artes de los quezaltecos como en el
compartir de la poesía al calor de la hoguera. Como miembro de esta generación puedo asegurar que el
compromiso es grande, pero que no será desoído por todos los que nos adentramos en esta aventura
literaria, pues la lucha por defender las letras en un país donde no existen muchos, o muy pocos espacios
de difusión de este bello arte, representa un gran reto a vencer para la transformación del país que
Gabriela Mistral bautizara como “pulgarcito de América”. Esperamos que este eco de esperanza llegue a
otras latitudes a través de la red, invitando a nuestros lectores a que sigan apoyando a la literatura bajo
todas sus formas en cada uno de sus países. Así mismo esperamos que se apoye a El Salvador
compartiendo esta noticia en todas partes, demostrando así que los jóvenes salvadoreños podemos unirnos
al concierto literario de las naciones.
EL CÓNDOR Y LA PALOMA

por Nelson Gómez León

Tras años de ausencia, los primeros días los pasé recorriendo la ciudad y admirando las obras realizadas
durante mi prolongado alejamiento; a la semana, visité la cima del morro de Arica. Después de ver las
nuevas construcciones, eché de menos las trincheras, según recuerdo, eran unos huecos cavados en el
suelo con la forma de un rectángulo, de unos ocho metros de profundidad, por un metro de ancho, con
varios nichos a los costados donde dormían los soldados; esta cavidad estaba recubierta con cemento y
piedras. Al terminar el paseo caminé en dirección sur, buscando una huella que me llevara hasta la playa
La Lisera; durante las dos horas que había durado esta jornada, en varias oportunidades vi planear a un
cóndor por los alrededores y, ahora que estaba casi llegando al mar, me encontré con esa magnífica ave
posada en una roca contigua a la ruta que estaba siguiendo; al llegar a quince metros de él me detuve, el
cóndor impertérrito escudriñaba lontananza del océano y, a esta distancia, pude apreciar que una paloma
blanca estaba posada en el vértice de sus alas y el cuello. Asombrado ante este insólito hecho que no
encajaba en mi cerebro, y menos encontraba alguna explicación lógica a tan kafkaiana visión, lentamente
me fui acercando hasta llegar a unos siete metros de las aves; sí, no me cupo duda posible, era una
paloma blanca. Poco a poco fui doblando las rodillas hasta quedar sentado en el suelo; pasaron varios
minutos hasta que el cóndor se dignó a girar su majestuosa cabeza y sus penetrantes ojos se clavaron en
los míos y, nos quedamos mirando un buen rato. Las aves mostraron buena disposición ante mi
inoportuna presencia, casi podría decir, con amistad; traté entonces de serenarme al máximo, y como
entre los conocimientos que poseo incluyo el hipnotismo, traté de hacer un enriquecedor experimento y
ver qué podría lograr en esta oportunidad. Al principio me vi en dificultades por la fuerte mirada del
paciente, que casi revierte el intento; poco a poco, fui notando mi supremacía frente al señor de los
cielos, hasta que en unos pocos minutos logré mi objetivo. Como si hubiese estado en una situación
totalmente normal, pregunté: -¿Cóndor, por qué razón llevas sobre tus hombros a una paloma?

Al quedar en la incertidumbre de lo que podría acontecer, en mi interior bulleron cosas que subían y
bajaban, chocaban y saltaban. De pronto, a mis oídos llegó una profunda y bella voz de barítono, que me
decía:

-Has logrado lo que nunca imaginó persona alguna, en años, yo mismo no había escuchado mi voz, y
paladeo la agradable sensación de comunicarme por medio de las palabras. Si contesto la pregunta, tal
como tú me la formulas, no entenderás nada, por eso, te relataré mi vida anterior, y ahí sabrás los
hechos que responderán a tu curiosidad. Nací y me crié en la ciudad de Linares, llegué a la capital a
cursar los estudios superiores, justo cuando la Patria reclutaba hombres ante una guerra que amenazaba
nuestra soberanía; después de un breve entrenamiento nos enviaron a Antofagasta, desde donde, entre
batallas y hambre nos vinimos tirando calamorro hasta llegar a Arica; la noche anterior al 7 de junio de
1880, por razones que uno muchas veces no puede explicarse, repasé lo que había sido mi vida. Allí
apareció mi novia de Linares, una pololita de Santiago y, la única mujer antofagastina que conocí como se
debe, hasta donde el pudor queda atrás; entre los bártulos de mis recuerdos, aparecieron rostros de
soldados que fueron mis amigos y murieron en el camino, y un sinnúmero de muertes innecesarias,
horrorosas mutilaciones y largas agonías. Los sufrimientos, las amarguras, los desengaños y las
ingratitudes habían hecho mella en mi fortaleza; tenía que soportar una soledad forzada, que no me
permitía integrar grupos de soldados, por miedo a encariñarme con esos futuros muertos que irían
quedando sepultados a nuestro paso.

Cuando corrimos ese amanecer a tomarnos el morro, en mi interior ya iba destrozado; cumplía sólo por
mi Patria. Luego de sortear la balacera más tupida que nos había tocado enfrentar en la campaña, a los
pies del fuerte Ciudadela llegamos la mitad del batallón; con los corvos rajamos los sacos de arena que
estaban en las bases de las trincheras; se abrió un forado y, gritando como un poseído entré expectante
con la bayoneta en ristre, justo en el momento que un soldado enemigo trataba de tapar ese hueco con la
bayoneta y su cuerpo; encontrarnos en la entrada y ambos quedar clavados en nuestras armas, resultó
una sola acción; nuestra agonía fue corta, con las miradas nos contamos las penurias vividas y, en
medio de los estertores de la muerte, junto con una lágrima nos pedimos perdón.

Pasados los años me reencarné en un cóndor, y un día, al sobrevolar el sector de Lluta, desde lejos divisé
a una paloma blanca, en raudo vuelo llegué a su lado y cuando pretendí atraparla, al mirar su ojos, de
inmediato reconocí al soldado que me dieron por enemigo al que sin odio asesiné, y el que en las mismas
condiciones me mató. Como en los días de la guerra del Pacífico nosotros no deseábamos ni disfrutamos
de las batallas, decidimos volar juntos por el resto de nuestras vidas-. Durante el relato de su amigo, la
palomita movía afirmativamente la cabecita, como señal de su aprobación.

Después de oír esta sensible y estremecedora historia ¿qué decir?, ¿qué opinar, y hasta qué punto podía
creer lo que estaba viendo y oyendo? Sin poder cerrar la boca ante tanto desatino y preguntándome hasta
que punto mi hipnotismo era el culpable, únicamente me quedó una idea clara en la cabeza: cada día, yo
estaba más loco.

EL TOROGÓZ GORDO *1

Por Ignacio Cardenal

Había una vez un torogóz muy gordo. Se había inflamado de tanto comer las sobras que en los platos
desechables dejaban los estudiantes en la cafetería universitaria, y, con suma dificultad, se la pasaba
brincando de mesa en mesa para engullir extraños bocadillos que le saciaran el hambre.

Un día, el torogóz se sintió muy triste, pues a duras penas conseguía volar hacia su nido o hacia los
jardines en los que prefería estarse. Sus alas esmeralda no podían con todo el sobrepeso que había ganado
en semanas.

-No, no es posible –pensó el torogóz-. Debo de hacer algo o nunca jamás podré remontar el vuelo. Tengo
que buscar un mejor lugar en dónde alimentarme.

Así lo hizo. El torogóz voló con grandes esfuerzos hasta la estatua de la diosa Atenea, en la que fue a
posarse sobre el hombro izquierdo. Ahí, mientras descansaba de su fatigoso viaje, pensaba que había
encontrado el lugar perfecto para cambiar de vida; justo al lado de la diosa de la sabiduría. Pero pronto se
percató de los murmullos que le lanzaban los estudiantes:

-Ve, ese torogóz maje cree que es el tecolote de la Minerva.

-No –pensó el torogóz – Yo no puedo compararme con un tecolote. Si sigo aquí sentado la gente va creer
que soy un pájaro que no soy: mi gracia son mis plumas. Además aquí hay muy pocos sitios dónde
comer. Me voy.

El torogóz emprendió nuevamente su trabajoso vuelo, no sin antes despedirse de la diosa de la sabiduría,
a quien estampó un recuerdo desde las profundidades de sus entrañas en el hombro dónde se había
posado.

Primero descansó en un almendro, luego descansó en una palmera, después se posó a la sombra de un
árbol de mangos y por fin se estableció en una viga de una casa donde se reunían los miembros de una
organización de estudiantes, los cuales acogieron al torogóz de muy buena manera, colocándole agua en
un recipiente y algunos trozos de fruta.

-Creo que me quedaré por fin en esta casa –se dijo el torogóz-. Estos jóvenes aún se acuerdan de los
animales de su tierra. Además sus pláticas se oyen muy interesantes.

De este modo el torogóz permaneció por dos semanas en el local de la organización estudiantil, y durante
ese tiempo comió fruta fresca y agua purificada; escuchando atentamente las conversaciones acerca de un
señor al que llamaban Marx, y otro al que llamaban por un nombre más extraño de pronunciar aún.
Pasaron los quince días y el ave volvió a sentirse incómoda en aquel lugar, pese a la buena comida y a los
diálogos.

-No sé por qué pero ya no me gusta esta casa –pensó el torogóz – Creo que no he bajado solamente de
peso, sino también de conciencia. Estos nombres tan raros de pronunciar no van conmigo. Me voy.

Si bien era cierto que el pájaro había bajado algunos gramos de su grasa, no consiguió volar con completa
libertad. Se dio cuenta que aún llevaba consigo mucha de la porquería que había comido de todas partes,
en especial de las sobras de los platos desechables. Por fin llegó a una Ceiba, y permaneció ahí en silencio
durante veinte días con sus noches, no sin esforzarse por no dejarse ver de los transeúntes de la facultad
que se morían de risa al ver su perfecta redondez. En ese tiempo el torogóz aprendió finalmente lo que era
ser un torogóz, y al final de sus veinte días y veinte noches de reflexión profunda se dijo:

-Ahora sí que he bajado mucho de peso, y he aprendido mucho sobre lo que es ser torogóz. La lluvia me
ha dado de beber, la brisa ha refrescado mi mente y las risas de los estudiantes me han templado las alas
del carácter. Hoy debo volar.

Y el torogóz, que antes había sido muy gordo, voló por encima de toda la capital, hacia regiones de
bosques y árboles donde pudo encontrar aves semejantes a él, con las cuales compartió lo que era ser
torogóz. Les enseñó a cómo surcar los cielos, a cómo mezclarse entre las nubes, y por supuesto cómo
escoger la comida que sí nutría tanto el organismo como la esencia de torogóz.

Una tarde, uno de los pájaros más jóvenes, mientras aprendía a volar por sobre el smog de la ciudad,
preguntó al que antes había sido muy gordo:

-Decíme amigo, y al final, ¿qué es ser torogóz?

Y el otro respondió:

-Es saber comer aquello que te dejará volar por sobre el cielo azul que tenés enfrente.

_________________________________________________
*1 El torogóz es el ave nacional de El Salvador, escogida por caracterizar las cualidades hospitalarias y
hogareñas del pueblo salvadoreño, debido a que esta ave convive como en una familia.
El arte de Rafael Hierro Rivero
Cinosargo acusa recibo de la obra fotográfica de Rafael Hierro Rivero y tiene el placer de
presentar una selección de su arte. Más detalle del trabajo de este autor en el siguiente vínculo
http://www.flickr.com/photos/27554530@N02/

Espejismo.
La Novia de Duchamp

(Serie Noticias del paraíso)


Herido y Solemne
Violencia urbanística

Serie Violencia urbanística


La Mirada Sumergida

Serie El ojo narrativo ECOS (1)

Doblar la esquina aquella

Serie El ojo narrativo ECOS (1)


Anverso Literario: La situación Literaria y editorial del
Norte Grande

La incomunicación literaria que el norte grande de nuestro país sufre en el plano intelectual y creativo,
entiéndase por esto instancias que fomenten la producción, especialización y difusión de obras de autores
incipientes, poetas, narradores, ensayistas, dramaturgos y críticos literarios emergentes así como la
condición de olvido de obras de artistas vivos y ya fallecidos, que por años se consagraron al cultivo de la
palabra en esta región del mundo, es tremenda y raudamente trae a la memoria la tesis que José
Donoso subjetiva pero magistralmente plantea en su libro titulado historia personal del Boom para
referirse al sistema parroquial o feudal imperante en el continente hasta la irrupción violenta de esas
voces cosmopolitas y universales, experimentales y arriesgadas que sin perder de vista la riqueza del
lenguaje español y sus variantes dialectales, peruanas, chilenas, cubanas, argentinas o caribeñas,
consiguieron revertir a nivel mundial, académico, crítico y comercial el aislamiento a partir de los años
sesenta al redefinir no sin detractores, insidias, odios y resquemores la limitante condición del escritor y
lector Americano que previo a Rayuela, Tres tristes tigres, Paradiso, El Obsceno pájaro de la Noche,
La Casa Verde, Cien años de Soledad y la Región más Transparente, solo veía con el respeto que me
merecen Rómulo Gallegos o Mariano Azuela, la epítome cultural del continente, en Segundo Sombra, La
Vorágine, Doña Bárbara y Los de abajo por nombrar algunos.

Y es que tal como lo plantea el autor de Coronación y El lugar sin límites, el estar encerrados en las
fronteras de tu provincia y de tu país, sabiendo que la única lectura valida es la que no desafíe la
cotidianidad y las conciencias, la tradición y el ejercicio mecánico de interpretación y que ninguna
editorial apueste por ti y que el único sistema de difusión sea un correo de chasquis integrado por tus
amigos, que a la venta de tu libro se imponga el trueque, o que simplemente no hay una editorial y sólo
carísimas e impersonales imprentas, es una condición que indefectiblemente terminará por convertirse en
una bomba de tiempo, pues la literatura buscará su propio cauce. Neruda, Carlos Fuentes, Arguedas,
Roa Bastos, Carpentier y Gonzalo Rojas entre muchos más, así lo anticiparon reunidos ante los
ojos de un joven atónito Donoso en una cumbre en Concepción en el 62, esto fue antes del fenómeno
del boom, antes que Llosa ganara a los 24 años el premio creado por Carlos Barral, o siquiera se pensará
en que el Colombiano Gabo ganaría un nobel, convirtiendo la gesta de los Buendía en un libro
imprescindible en nuestra lengua, pero volviendo al tema, y por esperanzadora que sea la anécdota y
vivencia de Donoso y compañía, debemos recordar que esto fue entre los sesenta y setenta; mucho agua
ha corrido bajo el puente desde entonces, pues pronto se van a cumplir cerca de cuarenta años y el norte
grande de Chile… pues bien; sigue igual, seguimos inmersos en un sistema feudal literario por
mucho que este el éxito de ventas Rivera Letelier que es sólo un hombre entre miles y que caso no
anecdótico, forma parte de las dos generaciones posteriores al boom, una de clones y escritores más
cercanos al periodismo y al testimonio y la otra de gente que mira hacia autores y géneros
ninguneados como el policiaco y la serie B, cuyo santo patrón sería Bolaño, ellos son los que
abarrotan hoy los anaqueles, aunque el predominio aún es de los cuatro jinetes del Apocalipsis, Cortázar,
Fuentes, Márquez y Llosa, en poesía, y drama es tan poco lo que se puede conseguir en librerías comunes
y silvestres de estos lares que casi sería argumento de teatro del absurdo mencionarlo. Y a todo esto,
¿qué hay de la literatura del norte de Chile?, ¿existe?, ¿vale la pena que exista? ¿Quiénes son los
autores del norte? Sabella, Zañartu, Bahamonde, Nana Gutiérrez, María Monvel, Oscar Hahn, eso
es todo, claro hay más, y quizá la pregunta es incorrecta en función del propósito de este artículo. Más
correcto sería preguntar: ¿Qué debe ocurrir para que un escritor que nace, vive y crece en el norte o en
provincia, salga de su parroquia, o logre conectar su espacio vital con el mundo?, es necesario emigrar,
escapar, decir paz yo me borro… o es que hay una posibilidad de que algún día el norte grande y otras
zonas, céntricas o australes del país, sean reconocidas como una valiosa medula cultural, o al menos un
espacio que también tiene sus méritos independientes de la gran urbe.

Fácilmente podemos
como muchas otras
problemáticas, achacar
la situación de
indefensión, a las
características
geográficas y
administrativas que
hacen de Chile un único
núcleo: Santiago; sin
embargo si quitamos la
vista del terruño y el
argumento cliché por un
segundo, vemos que la
relación que se evidencia
en otros países entre sus
capitales y provincias,
no dista de la de nuestro
austral hogar, pregúntele
a un argentino a
mexicano que no sea de
Buenos Aires o DF, el
que menos siempre ataca el centro económico y político de su país por lo indiferente y
autoreferecial. Un caso más cercano, es Perú, basta con cruzar Chacalluta y descubrir que para muchos
la tierra de Vallejo (curiosamente nacido en Santiago de Chuco, Andes del Perú) es sólo Lima, pero
afirmar ello sería un injusto error, pues si atendemos a lo que ocurre allá en lugares que como Arica y
Punta Arenas, se hallan tan o más alejados de la gran ciudad y que por tanto se diferencian de esta en su
temple y ánimo, habló de zonas de la sierra y selva, o espacios costeros que por mucho que Lima tenga
aglutinada a la mayor cantidad de la población, museos y prestigiosas Universidades públicas y privadas,
orgullosos pueden demostrar ante todo. que tienen grandes creadores y como apoyo a estos, espacios para
que estos genios y valores creativos, se den a conocer, ferias del libro con invitados de primera (Arica no
tiene en primera instancia, una feria del libro regular, la cual año a año, de existir, beneficiaría el
contacto tanto de escritores del país como la función de los libreros) , otro factor a destacar en el
vecino país, son las ediciones que nada tienen que envidiar a Alfaguara o Anagrama, la adquisición de
libros de todo tipo y año, el costo bajísimo del servicio de imprentas y por último, los centros culturales
que los mismos artistas han gestionado paradójicamente, sin el apoyo de un Ministerio de Cultura
como el nuestro, que año a año hay que reconocer entrega un fuerte espaldarazo económico a los
creadores con las becas de creación y fomento en diversas áreas (Fondart).

La existencia de colectivos y grupos editoriales en la tierra de Salazar Bondy es envidiable, y que los
mismos creadores se apoyen en los lanzamientos, que el escritor pueda realizar, recitales o una gira por
provincias y sentir el apoyo de sus pares y agotar ediciones es motivador, junto con ver cuanta revista se
publica. Otro aliciente es la cantidad de estudiosos de las letras que realizan crónicas y reseñas de
los autores emergentes, claro, no todo es color de rosa, no se trata esto de ensalzar una realidad y
denostar otras y entre esas la nuestra, pues en conversaciones que tuve recientemente con escritores y
libreros de allá, enfocándonos netamente en el plano practico de la producción del libro, todo el proceso
hasta su difusión y destino comercial, pude descubrir que no estamos ante la panacea, no se trata de un
negocio redondo, siempre está la tarea de formar un público que madure y lea, que demande y critique
desde su contacto con la obra, por tanto en muchos casos el lanzar un libro implica un riesgo material,
pues se va a perdida y las obras sólo permiten la rotación del material, la recuperación justa del capital y
el gran logró, jamás menor, es la difusión del escritor y el ir construyéndose un nombre y un prestigio
como casa editora, esto sin entrar a juzgar la calidad y evolución del trabajo estético del publicado, pues
estar en papel tampoco es garantía de valor creativo o la finalidad misma de la escritura, sin embargo es
una opción importante para muchos autores que quieren ser leídos, o buscan comunicar y ver su trabajo
reflejado en un texto, la suma de todas estas aclaraciones sólo demuestra lo loable de los grupos y
personas que en Perú han asumido la tarea cultural y batuta en pro de la letras, ya que nadie entra a la
literatura para lucrar o enquicerse, al menos no materialmente y el que lo hace, bueno, no pasa más
allá de ser un parasito como los hay en todas las instancias en que el hombre se desenvuelve.

Como conclusión, me pongo a


reflexionar sobre si la situación es
entonces un problema a nivel
interno, sólo atribuible a los
hombres y mujeres de Chile y en
específico del desierto, y
rápidamente vuelvo la vista hacia
el Centro Sur de Chile y me topo
con Revistas que ya superan la
decena de números como La
Mancha por ejemplo y editoriales
como Temple, Fracturas, Mantra
entre muchas otras que se han
arriesgado, que han apostado
por autores jóvenes siendo
jóvenes mismos los que están
detrás de su génesis y dirección,
encuentros recientes como el descentralización que llevó la poesía a las calles, plazas y mercados y el
Poquita fe que en Santiago este año tomó ribetes internacionales, revelan que la capital y otras ciudades
de Chile, no están atrás en lo que concierne a una consciencia literaria, abierta a la creación y la difusión,
por otro lado, esta preocupación que expongo tampoco es ajena a los escritores del Norte y de Arica,
sabemos cuán encerrados estamos entre el desierto, el mar, la cordillera y las cuestas, sabemos cuál
es el desafío, por ello la creación se traslada ahora desde las páginas a la gestión cultural, a la
creación de instancias de encuentro, de intercambio, de más talleres, de espacios de rotación de
bibliografía actualizada, congresos y por qué no, un par de editoriales independientes, por ello, el
escribir y pensar esto, no sólo procura lanzar una denuncia, poner en el tapete el problema y luego
irse a la cama a dormir y esperar como cambian las cosas, es un tema que se repite en muchas áreas,
no sólo artísticas, lo vemos gravemente en la educación y en otros sectores, salud, comercio, pero
centrándome en el caso de la literatura puedo afirmar que este problema de reclusión ligado de manera
prominente a la lectura, a la lengua, a la lógica y a la identidad, sea fundacional o desterritorializada, es
un tema que verdaderamente debiera preocupar a todos aquellos vinculados al quehacer político y
cultural, no sólo a la gente de letras, sino en general, pues el pensamiento del hombre en gran medida
(por no decir exclusivamente), está delimitado por su lenguaje. Vivimos en un mundo sígnico donde
todo comunica y requiere una interpretación en función de códigos preestablecidos, no quiero con esto
restar valor a la música, a los gestos, a otras formas de significación, pero el código universal, que todos
estamos llamados a captar desde la más tierna infancia es la lengua, sea la de Shakespeare, Cervantes,
Tolstoi, Flaubert , Kawabata, Homero, Li Po y cada una con sus variantes nacionales y regionales,
por eso es tan triste la situación de una lengua que pierde a su último hablante, pues con la desaparición
de aquella mente, de aquella vida, muere una cultura, una cosmovisión, lo cual demuestra, cuan vinculada
está la tarea del lector-escritor a como se comprende y lee la realidad y como sensorial y tantas veces
irracional, surrealista, intuitiva, matemática, existencial, desectructural o naturalista-mente la
reescribimos desde la oralidad y la escritura.

Autor: Daniel Rojas Pachas


¿QUÉ ES LA POESÍA?
Por José Martínez Fernández

Aunque a los poetas les resulta


más o menos simple construir un
poema, les es difícil decir donde
está la razón de su creación y que
intentó, al final de cuentas,
exponer. “Poesía eres tú”, decía
Bécquer. Yo creo que en todas las
cosas hay algo de poesía. Eso me
resulta obvio.

En la época dura (dictadura) un


diario a nivel nacional me hizo una
entrevista. Puso como título del
artículo una de mis frases
señaladas en ella: “En todas las
cosas hay algo de poesía”.

Hoy reafirmo ello. La poesía, su motivo, está en todas las cosas y lugares y es el creador
(poeta) quien sabrá darle forma a las impresiones que esas cosas les causen.

De allí que existan desde poemas a las moscas (Waldo Rojas) hasta poemas al aparato
biológico interior de la mujer (Baldomero Fernández Moreno), donde todos los órganos no
considerados “bellos” son rescatados por el bardo argentino.

La poesía debiera ser el acto no explicativo del poeta, aunque los profesores se dediquen a
desmenuzar los diferentes espacios del poema, en el que, algunos, suelen llegar a la
interpretación más correcta, pero como un estudioso decía: siempre habrá algo indescifrable en
la poesía, ya que el intento del vate por todo lo que desea expresar, a veces, le resulta
imposible. Entre los creadores de este bello arte hay quienes hacen desde la llamada “poesía
culta” hasta los que realizan “poesía popular”. Las diferencias que puedan establecerse entre
el creador de una u otra no sería válida, toda vez que en el hacer poético es interesante
cualquiera de esas formas.

De allí que la poesía culta de Antonio Machado se acerque a lo popular a través de su


musicalización, convertida en asunto muy universal a través de la voz de Serrat. A la inversa
sucede con José María Contursi, quien escribiendo canciones, se acerca a la otra poesía.
“Sombras”, hecha célebre en la voz de Javier Solís, vendría a ser un ejemplo.

Nadie tiene la definición absoluta de lo que es poesía y de su análisis perfecto. Uno puede
acercarse a interpretar un poema, pero algo puede quedar merodeando en el aire, fuera de la
esfera de la razón que el poeta indicó en el texto. Sin embargo no dejan de ser útiles los
analistas cultos (y no cegados por odios o sectarismos) que pueden dar muchas luces sobre
determinados textos, porque sea como sea, al final hay buena, mediana y mala poesía.

Analizar por ejemplo a poetas herméticos como Rosamel del Valle, Juan Luis Martínez,
Humberto Díaz Casanueva y Eduardo Anguita (para hablar sólo de autores chilenos), puede
resultar difícil…pero…¡ay! cuánta belleza existe en esos textos. Uno se deleita leyéndolos,
aunque –al final- haya entendido poco de lo que los poetas hayan querido decirnos. Yo creo
que el creador, ese “pequeño dios” del que nos hablaba Huidobro, es un sujeto de una
sensibilidad y de una inteligencia mayor…Y esto último no es nuevo. Un famoso estudioso –
cuyo nombre hoy no recuerdo- dijo que “el poeta era el hombre más inteligente” y no ha de
olvidarse que Goethe, el padre de las letras alemanas, ha sido considerado como el mayor
genio de todos los tiempos y en todos los campos.
ARIEL SANTIBÁÑEZ NO MORIRÁ NUNCA
Por José Martínez Fernández

He sabido que se han dictado condenas contra los militares involucrados en la


desaparición del poeta nortino Ariel Santibáñez Estay. En esta crónica yo no quiero hacer otra
cosa que una semblanza personal del Ariel que yo conocí. Ariel era estudiante de los últimos
años de la carrera de Pedagogía en Castellano de la Universidad de Chile, Sede Arica, cuando
yo le conocí.

Era ya un poeta destacado y sus trabajos, principalmente, aparecían en la revista


“Tebaida” que dirigía la profesora universitaria Alicia Galaz Vivar. Usaba anteojos gruesos y
hablaba en forma calma, aunque solía ser un tipo de una crítica bastante fuerte frente a
muchos escritores.

No le gustaban aquellos poemas largos que escribían algunos autores. Supe aquello
cuando le hablé de Waldo Rojas, un bardo interesante que empezaba a destacar,
precisamente, en los años setenta.

Imbuido de una cultura enorme: en especial la literaria, la histórica y la política, Ariel


planteaba sus puntos en forma casi autoritaria, pero tenía el don de aceptar la respuesta a sus
argumentos. Pocas veces dialogamos. El “joven duro” de las primeras veces se fue abriendo a
la aceptación de las diferencias a medida que pasaban nuestras conversaciones que fueron
pocas.

Yo no entiendo esta desaparición, ni a sus verdugos, ni nada de lo que tuvo que ver con
ella. Ariel no era un joven que fuera a poner en riesgo la dictadura militar, a no ser por su
poesía de carácter político. Pero el pensamiento es libre.

Ariel Santibáñez sí es un PERSONAJE de la historia trágica de las letras chilenas.

De sus poemas, varios pueden tener el destino del largo vivir, del ser presente en la
historia de la poética nacional. No se ha rescatado, aún, mucho de su obra. Alguien deberá
hacer esa tarea, para que Ariel siga vivo y acompañándonos en el acto de las vidas nuestras y
las de las generaciones venideras.

Esa es la enorme distancia entre el poeta que es Santibáñez y sus verdugos. Éste
pasa a la historia como un creador. Los otros, como asesinos. Esté donde esté el cuerpo de
Ariel, su quehacer poético se halla en muchos lugares.

Ariel Santibáñez Estay crece y crecerá más con el paso de los años en la poesía
chilena.
Condenan a prisión a responsables de desaparición de
poeta Atacameño
Un juez chileno condenó a penas
de prisión, este jueves 13 de
noviembre, al general retirado
Manuel Contreras, y a otros dos
miembros de la policía secreta de la
dictadura de Augusto Pinochet por
la desaparición, en 1974, del
profesor y poeta Ariel Santibáñez
Estay.

La sentencia, de primera instancia,


fue dictada por el juez Juan
Eduardo Fuentes, quien condenó a
Contreras (en la foto), ex jefe de la
Dirección de Inteligencia Nacional
(Dina) a cinco años de presidio
efectivo por el secuestro calificado
(desaparición) de Santibáñez Estay.

Además, sentenció a tres años de


presidio efectivo al ex coronel
Marcelo Moren Brito y al también ex
coronel de Carabineros Ricardo
Lawrence, aunque a este último le
concedió el beneficio de libertad
vigilada.

Ariel Danton Santibáñez Estay fue un profesor de castellano que tenía 26 años cuando fue
detenido por agentes de la Dina en Santiago el 13 de noviembre de 1974; se le vio por última
vez en la Villa Grimaldi, uno de los más siniestros centros de tortura de la dictadura. Hijo de un
telegrafista que llegó a ser alcalde de Antofagasta, la víctima era además sobrino del técnico
de fútbol Luis Santibáñez, seleccionador de Chile en el Mundial de España'82.

Nacido en Antofagasta, Santibáñez también fue detenido y torturado en esa ciudad, donde
había desarrollado una activa actividad literaria como fundador de la revista Tebaida y autor de
poemas que le significaron ganar el Premio Municipal de la ciudad de Arica en 1967.

El poeta era miembro del Movimiento de Izquierda Revolucionaria. La revista argentina


Cormorán y Delfín publicó en 1970 una selección sobre poetas chilenos que incluyó dos textos
suyos: “Esos viejos” y “Discorrayado”. Una versión en inglés de su poema “Descubro oficinas y
pasillos transitados” se publicó en 1972 en la Road Apple Review, de la Universidad de
Wisconsin, en un especial sobre poesía chilena contemporánea.

La revista Nuevo Mundo, del Instituto Latinoamericano de Relaciones Internacionales publicó


en 1971, “Ídolo roto” y “Esos viejos”. El escritor dejó varios poemarios inéditos, entre ellos “No
comulgar” y “Conquista y asalto” y preparaba el libro Estado de cosas, con poemas de corte
político, cuando fue detenido y desaparecido.

Un trabajo sobre su obra, a cargo del investigador chileno Arturo Volantines, fue
publicado en Letralia 191.
Poema inédito de Guillermo Deisler: Recopilación de
Arturo Volantines

CIRCULAR N° 45.- Confidencial*

teníamos que identificarnos


ser un poco nosotros mismos
y ahora está la oportunidad
Operarios despedidos de las oficinas durante la
Tercera semana de Julio, que terminó el sábado 19.
cualquier cosa estaría mejor pensamos
quizás nunca pensamos
se nos depositaba encima
como la humedad de la mañana

OF. RENACIMIENTO
LISTA “C”

Despedidos por ser elementos subversivos y formar


una contramanifestación patriótica con motivo de
los preparativos para celebrar las fiestas en esta
oficina.-

JOSÉ E. BENAVIDES RODRIGUEZ:


José Félix Cortés Alfaro, carnet N° 208942
Jesús Sotelo Espinoza, carnet, no tiene
ERA UNA SOSPECHA DE ALGO NO COMPARTIDA
pero la que tácitamente aceptábamos
que era nuestra manera de compartirla

OF. ANGAMOS

LISTA.- B.- Donoso Villalobos Clemente c/. no tiene.-


Despedido por subversivo muy atrevido.-
´´ .- B.- Medina González Francisco c/. 9067.
Despedido por que fue sorprendido robando.-
Revisé los papeles que tenía sobre la mesa
una foto nos trajo recuerdos comunes
y con la misma precaución que presidió todos nuestros actos ese
(día la volvimos sobre el escritorio

OF. MARÏA
LISTA.-A.- Pizarro Contreras Víctor 2° s/c.-
despedido por insolente.-
seguros de que no volveríamos más
llevamos lo justo para el viaje

OF. ARAUCANA

LISTA.-A.-Lazo Lazo Carlos c/n.1610,despedido


por existir sospecha de estar comprometido
en un robo.-
LISTA .-B.- Rojas Ojeda Francisco c/n. 22003,
despedido por la misma causa.-
ANTOFAGASTA JULIO 22 DE 1924.-
quizás la noche anterior no le pusimos mucho interés a este
(detalle
ahora era diferente percibíamos hasta el menor ruido
el más pequeño detalle
-nos sentíamos actuando en conciencia por primera vez-
descorrimos los visillos sin que afuera ocurriera nada
esta decisión había sido largamente madurada dentro de
(nosotros
No era una partida desesperada
era algo adentro

como una digestión.

* Este texto “a dos planos” fue escrito en los ´70. Fue recopilado y editado
por Arturo Volantines desde el “Archivo Oliver Welden”. Se conservaron
las proporciones, giros del texto e indicaciones del autor.

Cinosargo saluda y agradece la confianza y colaboración del poeta Arturo Volantines


que nos entrega interesante y valioso material de autores del norte de Chile como el
poeta visual Guillermo Deisler y desde luego escritos de su autoría que confirman su
desinteresada amistad y apoyo a este proyecto.
Daniel Rojas Pachas
Dr. Emmanuel Lasker
por Denis Osorio Cepeda *DOC*

A propósito de ajedrez (el


"deporte - ciencia", pero en lo
personal, el "juego - arte"),
permítanme salirme un poco del
canon literario y hacer alguna
mención de este juego o deporte
o como se quiera llamar, porque
pienso que tiene muchísima
relación con la poesía y con el
diseño y con el arte en general.

Pretendo ahora recordar y


celebrar a uno de los grandes
maestros antiguos de este juego,
por su carisma, inteligencia,
frialdad y sagacidad. Créanme, amantes o no del ajedrez, la historia es interesante, y juzguen
por sí mismos:

Su nombre, Emmanuel Lasker, nacido en 1868, en Berlinchen, quien no sólo se ha distinguido


como maestro del tablero, sino incluso como matemático y filósofo. Lo esencial, lo novedoso
que Lasker ha llevado al juego del ajedrez, no es todo técnica pura, es el juego psicológico.

En palabras del GMI Richard Reti: "al estudiar las partidas de Lasker, jugadas en los torneos,
reconocí que, a primera vista, en el curso parece tener una suerte increíble. Hay torneos en los
que quedaba primero y durante los cuales ganó casi todas las partidas, a pesar de que la mitad
de casi todas ellas se había encontrado a punto de perder, de modo que muchos decían de
una influencia hipnótica de Lasker sobre sus adversarios. ¿Qué es la verdad? Me esforcé
nuevamente en descubrir el secreto de sus partidas, estudié el por qué de sus éxitos. Es un
hecho que no se puede negar: Lasker establece siempre mal sus partidas, cien veces va a la
pérdida y, sin embargo, las gana. La hipótesis de tanta suerte es inverosímil. Un hombre que
consigue tantos éxitos, debe de poseer una fuerza sorprendente, ¿por qué tantas veces una
situación tan mala de pérdida? Solamente queda una contestación que parece sólo una
paradoja al juzgarla superficialmente: Lasker, a menudo, intencionadamente, juega mal."

La causa no está tan lejana. El doctor Tartakower ha señalado la paradoja que aquí nos vale
una aclaración:

"Una partida se gana siempre por una falta, ya sea propia o del contrario". En un juego correcto
que siga en esta forma en todo su curso, casi todas las partidas dan empates. A fin de evitar
esto, Lasker lleva la partida por juego teóricamente incorrecto al borde del abismo; y aunque él
mismo pueda sostenerse, su adversario, que cree se siente fuerte, acaba por hundirse a causa
de la mayor potencia de Lasker. Así logra la victoria que no la hubiera podido conseguir con
juego completamente correcto.

'Así es como yo hubiera concebido -afirma Reti- el juego de Lasker por mis estudios. En los
torneos internacionales de Marisch-Ostrau y Nueva York, tuve ocasión de poder contemplar
directamente su manera de jugar, verlo frente a los mismos contrarios que yo mismo había
tenido, de los cuales yo conocía exactamente el juego, y entonces me fue posible comprender
de mejor forma, sus éxitos y su juego, y así pude descubrir el por qué del repentino
hundimiento de sus adversarios.

'Cada partida de ajedrez es acompañada por una lucha de nervios. El juego del torneo no es
ninguna ocupación en la quietud de la habitación, donde se trabaja y se está en disposición de
ánimo, y si se está cansado se descansa, es una lucha espiritual, encarnizada hasta el
extremo, ante un público numeroso, a prescrita hora y con restricción de tiempo.
'Cada uno de los maestros toma muy en serio su profesión, cada uno tiene la sensación de
forjar en cada jugada la obra de su vida. Es pues, explicable, que la mayor parte de los
maestros de ajedrez, el conocimiento de una precabida falta especialmente una partida perdida
les produce una gran depresión nerviosa."

Y sigue: 'Yo he visto maestros de


ajedrez, que después de una derrota, ha
permanecido todo el día en su
habitación, no siendo ni capaz para
tomar alimentos ni recuperar ánimos de
ninguna manera.

'El secreto de Lasker consiste en lo


siguiente: lo esencial para él es la lucha
de los nervios. Busca, por medio de la
partida de ajedrez, atacar en primer
lugar, la sicología de su contrario. Sabe
producir en éste el decaimiento nervioso
que es corriente después de una falta
cometida, ya antes de cometerla, y hace
que este decaimiento sea precisamente
el origen y la causa de una próxima falta.
¿Cómo lo consigue? Estudia las
partidas, la forma de jugar, la fuerza y la
flaqueza de los maestros con los
maestros con los cuales ha de luchar. No
busca las mejores jugadas, sino las más desagradables al contrario, guiando la partida en una
dirección que no sea la que agrade a su contrincante. Sobre este camino, desconocido por su
oponente, y con jugadas malas verificadas adrede, Lasker se encamina a menudo hacia el
abismo, tal como se halla descrito anteriormente.

Así, resulta que encontrando siempre nuevos problemas en su camino, llega el momento en
que el tiempo apremia, hay que jugar con rapidez en posiones difíciles, se entra en trances de
apuro y entonces es cuando Lasker aprieta con toda su fuerza verdadera, viene el decaimiento
nervioso del contrincante, la catástrofe psicológica, y con ella la catástrofe en el Tablero".

Richard Reti, Los Grandes Maestros del Tablero.


El arte de Leo Mendoza

Cartagena.Estacion del pasado.Acril 80x1mt

Cinosargo se enorgullece en presentar una muestra de la obra del pintor Leo


Mendoza y un link a su blog personal en el cual podrán conocer más de su
trabajo. www.leomendoza.blogspot.com

Cartagena.Iglesia del Diablo.Oleo 80 x 1mt


SOLITARIO, NO AUSENTE
Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales

Allá se le ve, bajo la sombra de su destino. Dio sus frutos de desnudez, despojado de la
corteza de los lustros que han sido fatales. Las mareas sondean en su sangre: amparan su
savia hemofílica. Atento a las pulpas alejadas de sus crepúsculos, mantiene la calma
hasta que del conticinio se desprenda una estrella de carbón.
El deseo de prolongar la complicidad de su secreto le aproxima a un especial averno
acuático. Los peces tiran de sus ramas para proponerle un abismo. Él prefiere que
aparezca un fuego y que traiga reconditeces del azufre y un memorial del nacimiento de
los arenales. ¿Un olor a gres no viene y se desentiende? ¿O ratifican las escamas su
penitencia de sal y temblor?
Hace tiempo que el sol no intenta la quema por traición. El solitario rechaza el fraude y
disuelve las ofensas. La respuesta de su alma torna en fiebre a las ondas que carecen de
naufragios.
Solo, en la no ausencia, él pregona su brillo y se hunde en la conciencia de las aguas que
han salado su altivez.
2

El espacio presagia estados de climas que rielan. Los habitantes de las várices del
solitario tragan los peligros con anzuelos avaros. El color de su verticalidad escinde la
muerte con la naturalidad dispersa sobre los reflejos.
Un árbol solo hace su bosque en medio de las líneas acuosas que alternan las
perspectivas. Si le cae de una ventisca una piedra será de mica y destellos de un tiempo
pronto concebido. De las fisuras de su silueta un calcio que se ablanda salpica los
remotos nombres de las mareas, sus impertérritos temblores.
Durante el comercio de las corrientes, el solitario se empina sobre su alma y le canta a
las brisas que transportan a los seres de tenazas y minutos en retroceso. (No siempre es
el mismo sol quien entusiasma al solitario, pero la refriega del espectro sí se amolda a
su deseo de arena y coral).
La sed asiste al horizonte con su garganta de palabras amargas y la soledad que
atraviesa al árbol como rutina de pesca sedimenta su espejismo.
3

…Y aún en la eternidad, el solitario no se enmohece ni le resuena ningún pálpito en la


médula de antojo. La paz y la largueza de sus miras lo ubican encima del secreto
péndulo del arte de marear y ser venteado.
¿Hasta los observadores distantes llegará el perfume de su unívoca putrefacción?
¿Quizás un atisbo de sus muescas más preferidas penetren por nuestras pupilas que
curiosean y las atiborren de virutas o goces de marisquerías?
Se deja el solitario un presente de yacencias. Es un asunto de trashumancia verbal o
suerte. En las diversas facetas de su estamento se advierte un impulso de complejidades:
líneas que se avienen y se enemistan, matices de sombras eslabonadas a las costras de la
memoria, insectos de una hibridación de épocas lloviznadas…
Sin embargo, la plenitud del silencio es lo que más discurre. La enseñanza de su
desplazamiento acaece con la fuerza de un torneo de males menores.
La necesidad de conocer la propiedad de la madera hundida construye un camino que
desemboca en la presencia de un hirsuto signo.
4

Una carta de marear le es enviada al solitario por pescadores de risas mudas y procaces.
La pobreza de propósitos posee un regusto a la nubilidad de un cayo que se aleja
constantemente del paraíso inestable.
Ubicuos mosquitos chupan los dedos de las palmeras y cuelgan de un recodo un nuevo
paisaje que le transmita al solitario el asalto de la impermanencia. Unas arañas aclaman
los orines derramados por los bañistas que pronuncian monólogos y emasculan la sed.
En el calor bulle una infección que rememora el zumbido de caracolas que atisban desde
la raíz de los manglares. El solitario presiente que el mar puede volverse loco y arrastrar
con su furia a los ramajes que ahuyentan los petróleos. Una obra inefable nace de los
flancos de las canoas. Un probable grito de gaviota profetiza la infancia de un piélago
que no ha de venir ni manifestarse.
Otra vez el comienzo y la vivacidad y un saco de espuma empuja al solitario hacia la
barrera donde nunca existió el verde.
5

Orbitante, dentro de una edad sufriente, el árbol solo e incrédulo, rebasa las visiones de
los farallones que no han utilizado los suicidas. La abundancia es generosa cual tabla de
salvación o jardín flotante de los desechos de las riadas o de las nubes que han
mendigado arcillas de petulancia.
¿Y si el solitario deviene en palmera execrada de sus cocos y de sus aguas que inducen
a la amnesia? El delirio podría acallar las figuras de ángeles despeinados encima de sus
boyas, a las sirenas que ululan desde sus libros de bruma y, acaso, a los moluscos que
tañen sus piernas para profundizar en su sabor.
Se restablece, al final de un incierto periodo, el nombre del árbol solo. La prudencia
aconseja no insuflarlo de hojas ni discordantes nervaduras. De eso se encargará el vasto
presentimiento del ocaso que avanza, sin nudos, sin cisternas de texturas, por el
entrepecho del solitario para resumir la invisibilidad de la madera en su querella contra
el mar y su desgaste de emblemas.
EDESIO ALVARADO, TAN PREMIADO Y TAN OLVIDADO
Por José Martínez Fernández

Edesio Alvarado fue el escritor chileno que más


premios obtuvo en vida. Se lo ganó todo,
exceptuando el Nacional de Literatura. Con “El
desenlace” ganó el Primer Premio en el Concurso
Hispanoamericano de Novela realizado por la
Editorial Zig-Zag en 1966, el más importante
galardón al que se hizo acreedor. En el citado
concurso participaron cien novelas. La obra fue
publicada un año más tarde.

Vivía Edesio Alvarado, en esos años, en la Villa


Olímpica, es decir que si yo entonces ya hubiera
vivido aquí, de seguro le habría conocido. Esta
Villa fue también la de la rucia “dura” y gran poeta
Stella Díaz Varín. Y el lugar de varios otros
artistas.

En aquella ocasión el jurado estuvo integrado por


Luis Sánchez Latorre (Filebo), Raúl Silva Castro
(dos enormes críticos literarios) y Guillermo Atías
(novelista), entre otros.

Informan ellos sus argumentos para premiar “El


desenlace”:

Luis Sánchez: “…ésta es la primera novela larga que escribe Edesio Alvarado, su estilo es más
reposado y tradicional”.

Raúl Silva: “Es admirable, porque muestra en acción la voluntad del hombre para sobreponerse
a la naturaleza”.

Guillermo Atías: “El gran valor de la novela de Edesio Alvarado reside en que es de tipo
nacional y está muy bien escrita”

Dan otros argumentos los tres especialistas. La novela “El desenlace” que fue todo un éxito por
esos años, ahora está casi olvidada, al igual que su autor. Leamos un trozo de la primera parte
de esta obra: “El sobresalto de los perros hizo que el hombre se levantara de su asiento.
Alguien andaba afuera. ¿Carabineros? ¿Un viajero perdido? Nadie más podía ser a esa altura
de la noche, a menos que se tratara de cuatreros. El hombre caminó hacia la puerta y, de paso,
se echó el revólver al bolsillo trasero.

Al abrir, la luz interior se proyectó imprecisa sobre el césped mojado. Pero eso fue todo. Un
fogonazo rasgó la oscuridad, un disparo hizo pedazos la quietud, y el hombre cayó boca abajo
ante el umbral de su casa. Los perros lo rodearon, aullando, mientras el galope de un caballo
se perdía a lo lejos como en un túnel ciego, velozmente, cubierto por el estrépito del río, mayor
ahora con los últimos deshielos.

La mujer gritó en su dormitorio. Pero ya era un grito tardío, excesivo…”


La génesis del texto induce el interés por la lectura restante de “El desenlace”, que es bastante
largo: más de 200 páginas.

Edesio Alvarado tenía esa habilidad propia de


maestros como Manuel Rojas, Alberto Romero,
Óscar Castro, Baldomero Lillo, Nicomedes
Guzmán y otros para entrar en relación con el
lector. Esta novela se desarrolla en los parajes de
Aysén y toma de personajes a los mismos que
estarán presentes en otras novelas y cuentos de
Alvarado: bandidos, cuatreros, policías.

Alvarado nació en Calbuco (Región de Los Lagos)


en 1926 y falleció en 1981, es decir cuando tenía
sólo 55 años. Aunque era de ideas de izquierda,
siempre se autocalificó como “un hombre no
sectario”.

Sáchez Latorre lo recordaba como un señor que


“llevaba un bigote a lo Pedro Armendáriz”,
haciendo alusión al gran artista mexicano.

Aparte de la novela citada, Edesio Alvarado es


autor de varios otros libros. Nombramos sólo
otros dos más: “La captura”, 1961 y “El silbido de
la culebra”, 1966.

FUENTES:

“Vea”, revista semanal. Santiago de Chile, julio de 1966.

“El desenlace”, Edesio Alvarado. Editorial Zig-Zag, Santiago de Chile, 1967.

Otras fuentes.

Suicidio sin comentarios


Por Declarado demente

En el barullo, los agentes de la policía y los enfermeros me


hacen preguntas como si yo fuera parte del personal y no un
paciente. Claudia, la médico portuguesa de la ambulancia, en
un rapto de celo profesional, me reporta todo el tratamiento
que le han aplicado a la paciente, sobre una de las mesas en
las que normalmente se sientan doce pacientes y un
enfermero-celador. Para controlar el cuadro de excitación
psicomotriz se le indicó: flunitrazepam dos ampollas
intramuscular, haloperidol una ampolla intramuscular y
diazepam una ampolla intramuscular. Al parecer, ella había
caído presa de espasmos cuando el servicio de vídeo
vigilancia la trasladó a la enfermería del manicomio,
demasiado pequeña para dar cabida a todo el personal que se
convocó al llamar a urgencias.
Ha intentado suicidarse. En las últimos días o semanas, quizá nunca lo sepamos —
aunque tampoco importa— acumuló pastillas de alprazolam y esta tarde después de la
comida las ingirió. El servicio de urgencias del hospital cantonal despachó una
ambulancia y le han practicado un rescate digestivo. Denominación políticamente
correcta del “lavado gástrico” que está fuera de uso, como me lo explica una de las
enfermeras del servicio de urgencias. También me corrige cuando le hablo de intento de
suicidio: me mira con condescendencia y usa la palabra “autoeliminación”.

A lo lejos se escucha una sirena que parece sonar


cada vez más próxima. El sonido llega
deformado al refectorio de la casona manicomio,
ahora improvisada en sala de primeros auxilios.
Apenas son las cinco de la tarde, pero la
penumbra del atardecer vuelve amenazadores y
siniestros a los árboles del parque-jardín Me han
traído de vuelta los libros que Riva V. estaba
leyendo: Obras de Cioran en la edición Quarto
de Gallimard y uno de nuestros tesoros
bibliográficos: Las penas del joven Werther, en
la edición de Leipzig de 1775. No tiene un gran
valor comercial, como rápidamente lo constató
Ralf hace algunas semanas, pero sí crítico: es la
edición que Goethe hizo copiar a mano y en base
a la cual revisó y corrigió hasta redactar la
edición definitiva del Werther, tal como se le
conoce hoy en día. Lo más notable de esa edición son los versos de Goethe que servían
de epígrafe al libro. Disculpad mi seguramente imperfecta traducción.

Todo joven añora así amar


Toda doncella ser amada así
Ay, el más sagrado de nuestros deseos,
¿Por qué brota de él tan amargo dolor?
Tú lo lloras, tú lo amas, alma querida,
Salva su memoria de la ignominia;
Mira, su espíritu te saluda desde su infierno:
Se un hombre y no me sigas.

Entre las páginas del Werther encuentro una fotografía de Riva, seguramente un
autorretrato, en clave irónica. Es sólo una suposición, claro, pero que de pronto me
revela una certeza. Esta fotografía en oposición a mis recuerdos, les lleva una ventaja:
es ella, y al contemplarla mi memoria no podrá deformarla, su materialidad escapa a la
usura de mi descripción. Ningún texto me puede dar esta certeza. Es el infortunio (o,
más bien, volubilidad) del lenguaje: no poder autentificarse. El sino del lenguaje está
ligado a esta impotencia, o, para expresarlo de manera positiva: el lenguaje es por
naturaleza ficcional: para tratar de convertir el lenguaje en no-ficcional, necesitaría una
maquinaria enorme: debo invocar la lógica, o, en su defecto a un juramento. Pero la
fotografía, ella no inventa: del sujeto de la misma, —en mi caso, Riva V,— podremos
siempre decir por lo menos que existió. Si algún día alguien encuentra esta fotografía
robada entre mis libros quizá pueda saber que su historia y la mía no fueron inventadas.
A lo lejos se escucha una sirena que parece sonar cada vez más próxima.
DOGAL DE SOMBRAS, Textos de Fabián Muñoz, México.
DOGAL DE SOMBRAS, Textos de Fabián Muñoz*,
México.

Por
Arturo Volantines

La tradición de la poesía mexicana es notable. Son


muchas las voces que repercuten en América Latina, y
algunas de estas voces son de la nervadura de la poesía
contemporánea. Basta con nombrar a José Juan
Tablada, Rosario Castellanos, Ramón López Velarde,
Carlos Pellicer, José Gorostiza, Xavier Villaurrutia,
Octavio Paz, etc.

El libro Dogal de Sombras —publicado por el Fondo


Editorial Tierra Adentro, México—, de Fabián Muñoz
es obscuro, intimista, de aire surrealista, existencialista
por consecuencia y, fundamentalmente, de otredad.
Podríamos decir que no hay nada que decir. Ahí, la
paradoja. Por ser un texto cerrado es tremendamente
abierto y de multipropuestas. Tal vez sea para
encontrarse “en la oquedad de casa abandonada”, en lo
que habita en la ausencia, en lo que duele de lo que no
está o que se ha perdido, pero que puede encontrarse en
lo que no está. Pareciera que coincidiera con Roberto Juarroz: si no la encontramos, ella nos puede
encontrar a nosotros, aunque sea a través del recuerdo, a través de un diálogo de recuperación nostálgica
y del olor que podamos recordar.

La proposición estética de Fabián puede coincidir con la visión que el arte es lo que no está; lo que se
insinúa desde ese no estar; tal vez, sea éste el enigma fantástico del arte: mostrar; no lo que muestra sino
mostrar lo que no está, pero que cobra existencia en éste no estar. En el caso de este texto: es la carencia
que se llena con la otredad.

Hay un aire, una lucha entre lo que pasa y lo que pasando queda. En el texto llamado Viento, dice: “El
viento es el zumbido oculto de las mujeres/ solas,/ es el que repta desviste murmura y enmudece.// Es el
aire un dibujo de ocres ventanales…”. En otro texto también se refiere a este viento: “Huye en el viento
terrible que le rasga el rostro/ se esconde de sus últimas frases torcidas por la ira,/ camina mientras sangra
palabras de hojarasca…”. Y especialmente en el llamado Qué viento bajo la falda: Asciende su carne
oscura/ como látigo lento en la mirada/ hasta doblar la ciudad/ es una esquina”.

La otredad es dialogante con la vida que se abre y se cierra como una puerta. Recordar es buscar que se
cierre definitivamente, porque la vida no fue sino es; nos enseña como si el recordar fuera nuevamente
vivido. Acaso lo verdadero sea lo cerrado, y se vive en el recuerdo más intensamente. Esto me lleva a
algunos versos de Constantino Petrou Cavafis. Este dogal es la respiración de la amada perdida, ya sea
amante o madre, que sofoca pero no mata; puede ser el dolor, pero también el placer de lo amado que se
vuelve a vivir. En el texto “Carmen”, están los conceptos estéticos implícitos del poeta; en el canto a la
mujer-madre, donde señala que no la podrá olvidar por siglos, donde la infancia sería un refugio sin
desamparo y donde el recuerdo hace aparecer a la ciudad distinta, pero que estará allí por siempre. Dice:
“Eres quien hunde mi ciudad con tu memoria,/ quien me hojarasca a cada calle/ a cada tramo de cantera/ a
cada trozo de mi cuerpo,…”.

Este texto murmura. Indudablemente es de viento, como sauce con el viento; el viento de alguien amado
que no se va y se queda en los versos de Fabián. Este poeta hace murmurar la poesía, para que viva en
nosotros. Es un murmuro mexicano, latinoamericano; es un murmullo fulgoroso, de lectura que no se
resuelve en una lectura. Pero, son lecturas propositivas; ya que cada lector tendrá que completar, —como
toda obra que se abre paso en el pasar—, para que quede en la memoria de los hombres.
*Textos de Fabián Muñoz*, México. nació Guanajuato en 1968. Se ha desempeñado como reportero y
corresponsal del Grupo Reforma, Excélsior y Grupo Radio Centro. Ha publicado los poemarios
Esperando abril, En la niebla de los parques, Nimbus, Navegación de Medusa, Segundo laberinto y Dogal
de Sombras y Sur de la Noche, incluido en diversas antologías en México y colaborado en revistas y
suplementos culturales de España, Chile y México.

SANTOS Y BANDIDOS DEL VALLE DE ELQUI


Prólogo por Arturo Volantines

No hay duda que en el Valle de Elqui y, especialmente, en


Vicuña, la tradición es arrope, y fluye entre los labios de sus
habitantes. Esa “criatura regional” y de creatura universal,
Gabriela Mistral, fue posible en su magnitud, por este
alimento tan propio del solar nortino.

El movimiento radical del siglo XIX, la influencia del llano


argentino, y este sol que levanta muertos, convirtieron al
Valle de Elqui —además, de ser la cuna de la Generación
Naturalista(Goic)—, en territorio de magia cotidiana. Pero,
también este solar se expande y comprime, por lo que a
través de este texto, podemos recuperar la lucecilla como un
claro en el bosque, para ver su macizo espiritual.

Legendarios paradigmáticos como Pedro León Gallo, Pedro


Pablo Muñoz, Domingo Zárate Vega —el Cristo de Elqui— y
muchos otros, que vuelven a suspirar en este texto, fueron
posible, porque el atractivo elquino es un constructo de tierra,
tradiciones y nervios.

Este texto de Carlos Toro Ponce, “Santos y Bandidos del


Valle de Elqui”, es un recorrido por algunas personas y
personajes de este sector, que ya son leyendas, y patrimonio.
Es un texto fresco y dialogante; contiene una proposición de
lectura y de ideario, porque las palabras aquí bailantes, van
enarbolando una idea de ser; aún más, van haciendo aparecer el verdadero espíritu
del valle. No ese valle meramente esotérico, sino el serio y profundo, construido surco
a surco por su gente.

También, es un espejo para sus propios habitantes; ya que cuando el autor nos
habla de las gestas de los patriarcas, dice de cada uno de sus habitantes; y es,
además, una re-visión de este mundo en el mundo, al cumplirse 150 años de la
Revolución Constituyente. El lector y el propio poblador podrán ver, los verdaderos
sustentos de la magia del valle.
Tal como lo hicieran antes un puñado de iluminados —Ricardo Latcham, Greta
Mostny, Elías Marconi, Marta Elena Samatán, Domingo Zarate, etc. —, ahora, Carlos
Toro Ponce, con un lenguaje coloquial, aborda desde el entorno hasta desnudar los
hechos, para que quede suficiente inquietud, pero, también, sustancia. Así, el lector
puede encontrarse invadido no por palabras sino por sucesos, como tomarse un té al
atardecer en la interioridad del valle.

Cosas y casos increíbles aparecen en esta obra: las andanzas de la “Madre Cecilia”,
o el “Cristo de Elqui”, o las aventuras del Caudillo; los bandoleros que asolaban la
región y que ataban la injusticia con sus propias manos; los santos y devotos que
habitaban y volaban las quebradas, y que también salpicaban de encantamiento la
zona. Es mucho más el fabulario de seres feroces, patriarcas, héroes y vates del valle
que no aparecen aquí, pero quedan prometidos para varios libros más. Como todo
cuento, siempre una hebra nos lleva a otra.

Además, de los personajes anónimos y reales, el texto es abundante en otros, como


la “Llorona” y el “Chonchón”. Aquí, hay una danza entre seres y personajes, donde no
sabemos cuáles son los reales y cuáles son los muy reales.

No hay duda que los hombres somos parte, pertenecemos a la tierra. Somos tierra
levantada. Tampoco hay duda que los hombres del norte, los artistas del norte,
tenemos un compromiso relacional con la estética y su ethós; un propósito, como el
queltehue que canta la necesidad de decir, para que este canto quede y se vuelva a
cosechar. En esta obra es el espíritu del valle el que habla.

Autor: Arturo Volantines.


EL EQUIPO DE CINOSARGO.

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