Año I Número VII

Edición de Diciembre del 2008

Carmen Berenguer: La Gran Hablada Recuento del medio año que tenemos en línea. Recado sobre Michoacán: XII Encuentro de poetas. Poesía inédita de Guillermo Deisler. Notas sobre Ariel Santibáñez. Edesio Alvarado, tan premiado y tan olvidado. La realidad literaria y editorial en el Norte Grande de Chile. Creer en Dios y temerle a los payasos Suicidio sin comentario. La Literatura abriendo caminos en El Salvador

Review: El día que la tierra se detuvo. Montale más hermético que Ungaretti. Santos y bandidos en el Valle del Elqui.

Narrativa en Cinosargo.
Nelson Gómez: El Cóndor y la Paloma. Ignacio Cardenal: El torogoz gordo. Amanda Espejo: Sepelio La creación literaria. ¿Qué es Poesía? El Darién en el bosque de la palabra La fotografía de Rafael Hierro y Wilfredo Carrizales

Editorial. Esta edición de Diciembre es sumamente especial para el equipo pues nos permite en retrospectiva, analizar todos los logros y compromisos adquiridos durante estos seis meses, y aunque la mayoría ya tenemos años sumergidos en el mundo de las letras, Cinosargo aún es un infante, un proyecto que madura con prontitud y gran belleza, gracias al trabajo desinteresado y responsable tanto de su directiva como de los redactores, actores principales que dan vida a la Revista con cada una de sus talentosas notas. Orgullosos en tal medida, es decir poco, pues cerramos este primer ciclo con ocho números de la revista, un especial de poesía que empezará a editarse todos los meses a modo de antología, eso sin contar a La santísima y su propia revista, que comienza a perfilarse como hermano menor de Sargo, preservando claro su autonomía creativa, a cargo de la tenaz Violeta Fernández. En el mismo plano no hay que olvidar nuestro naciente trabajo editorial, la antología dedicada al escritor y fotógrafo Carrizales, que es la primera de una serie de obras en formato digital las cuales pronto darán pie, a nuestro sello en papel. Y no hay que olvidar, dentro de esa suma de actividades, los reconocimientos, la preferencia de los lectores y la gestión cultural en cuanto a difusión de otros medios, cobertura de eventos, promoción de autores y organización de talleres y recitales. Obras que dialécticamente dan un carácter preformativo a la palabra de Cinosargo. Más que contentos, esperamos seguir creciendo en el 2009 y continuar dando vertiginosos mordiscos al arte. Daniel Rojas Pachas Director de Revista Cinosargo.

Director: Daniel Rojas Pachas
Coordinadores. Milvia Alata y Daniel Rojas. Redactores: • • • • • • • • • • • • • • Daniel Rojas P. Milvia Alata Arturo Volantines Violeta Fernández Oliver Beltrán Rolando Gabrielli Marietta Morales José Martínez F. Declarado Demente Victor Sampayo. Wilfredo Carrizales Mariana Ponsiglione Dios Pérez. Soledad Díaz E.

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EL EQUIPO DE CINOSARGO.

La Revista Cinosargo esta en línea desde el día 17 de mayo del presente año, alojada en la plataforma social Bligoo. Todos los derechos de los artículos y la responsabilidad de su contenido, pertenece a sus respectivos autores. www.cinosargo.cl.kz Revista Cinosargo
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INVITACIÓN: Si tu interés es el arte y la cultura y deseas participar de Cinosargo, o enviar tus poemas o relatos a esta primera red de corresponsales literarios y artísticos, no importa donde estés, te invitamos a comunicarte al mail: carrollera@hotmail.com

Recuento del medio año que tenemos en línea:
en estos seis meses de vida por Milvia Alata.

Algunos logros de Cinosargo

Cinosargo anotó un punto en favor de la literatura. Nuestro compañero y director Daniel Rojas Pachas fue reconocido como corresponsal del año 2008 por la red de diarios digitales de Chile por sus completas e inteligentes notas que han contribuido a revisitar la escritura literaria de la ciudad y el norte del país, además de indagar desde perspectivas interesantes, clásicos universales y grandes autores de nuestra y otras lenguas. El apoyo de nuestros lectores y colaboradores, poetas, narradores y querido público de Cinosargo, que día a día nos visita y lee, fue decisivo para impulsar la votación de nuestro director y querido amigo. Agradecemos el apoyo, los mails y comentarios y estamos más que entusiasmados con el buen año que hemos tenido y nos comprometemos como equipo a continuar trabajando por la literatura y la difusión libre y desinteresada del arte ello con mucha más fuerza y buen ánimo. "

Circulación de la Santísima Trinidad de las cuatro esquinas
Motivaciones. La Santísima Trinidad de las cuatro esquinas es un proyecto literario hermano de Cinosargo que cobra vida gracias a cuatro inquietudes (Violeta Fernández, Soledad Echegurú, Daniel Rojas Pachas y Oliver Beltrán) que se han aproximado al mundo poético, narrativo, dramático y ensayístico de Chile por diversas motivaciones y lecturas, pero que coinciden en su interés por la interpretación, el diálogo profundo con los textos (textos en todo su sentido) la creación (también en toda la gama que permite el lenguaje) y la obsesiva defensa y admiración por la autonomía de la palabra.

Antología de la obra de Wilfredo Carrizales en Cinosargo editada por nuestra editorial
Estrenamos nuestro primer libro digital de la colección Cinosargo. Intromisiones, Radiogramas y Telegramas Antología de poesía y fotografía de Wilfredo Carrizales Editorial y revista Cinosargo tuvo el placer de presentar antes del cierre del año 2008, ciclo bastante productivo y fructífero para nuestro equipo literario tanto en materia de creación y gestión cultural, el primer libro digital de nuestra colección, esta empresa va de la mano con la pronta inaguración de nuestra oficina editorial llamada a llevar al papel el trabajo y arte desplegado por todos nuestros redactores.

Esta antología de poesía y fotografía en tal medida, es doblemente espacial, no sólo porque inaugura nuestra labor como editorial independiente si no por que Intromisiones, Radiogramas y Telegramas está íntegramente dedicado a la labor artística del poeta y fotógrafo Venezolano radicado en China, Wilfredo Carrizales, querido amigo y autor que desde nuestros primeros pasos en el nacimiento de este espacio dedicado a la literatura se interesó y unió con confianza al proyecto, apostando de forma fraterna y desinteresada en nuestro empuje y talento. Agradecidos de su aprecio y sobre todo de su rico trabajo con la pluma y lente, quisimos dar inicio a esta nueva faceta de nuestro quehacer rindiéndole un afectuoso homenaje, salud y poesía.

Apoyo en la difusión y organización de importantes actividades culturales. La visita de Carmen Berenguer, cobertura en lanzamientos de libros y colaboración con otras revistas (El puñal, La Mancha, Des-Honoris Causa y más) Coordinación con proyectos editoriales, movimientos y autores nacionales como extranjeros y la presente contribución a la Salc en la promoción del prestigioso Premio Lagar (Concurso de ensayo y poesía 2009)

Edición de nuestra revista Cinosargo (VII números) y colecciones especiales de Poesía y la edición del magazine de Santísima trinidad de los cuatro esquinas

Estas son sólo algunas de las muchas actividades, motivadas, realizadas y respaldadas por Cinosargo en este breve lapso. Sólo nos queda agradecer a nuestros lectores y desde luego a nuestros redactores por su compromiso y pasión por el arte y la literatura. Cinosargo tiene la palabra!!!!!!!!!

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Semblanzas Profundas: Carmen Berenguer la gran hablada.
El martes 16 de diciembre estuvo en la ciudad de Arica la escritora nacional Carmen Berenguer, la poeta compartió con la comunidad de escritores, académicos y estudiantes de letras de la universidad de Tarapacá todo un día de poesía, con un valioso recorrido por la historia literaria del país, a partir de lo denominado metafóricamente fisura o quiebre, caracterizando el ejercicio de escribir e interpretar la realidad en el panorama post setenta y tres. Su discurso, lejos de estar encerrado en sí mismo, tomó como eje la experiencia de la autora pero permitió a los asistentes revisitar cerca de noventa años de poesía, a partir de los veinte, retratando la influencia de figuras como Neruda, Mistral, Huidobro, Pablo y Winett de Rokha para luego centrarse en Lihn como señera personalidad de los cincuenta, luego vendría el reconocimiento a la obra de Juan Luis Martínez, autor de la Nueva Novela, la agrupación C.A.D.A, Eltit, Lotty Rosenfeld y Zurita como inauguradores de un movimiento de subversión, desacato y vanguardia creativa que a contar de la década de los ochenta germinaría con inquietud en los jóvenes participes de talleres, potenciales escritores ansiosos por desatar su verbo y contrarrestar la tajante represión. Estos protagonistas, entre los cuales contamos la obra de: Carmen Berenguer, Elvira Hernández, Verónica Zondec, Eugenia Brito, Alejandra Basualto, Bárbara Délano, Teresa Calderón y muchas otras, constituyen un momento en la escena creativa nacional de indiscutible transformación, sobre todo si destacamos el fértil rol que tomaría la mujer al intervenir de manera preponderante la creación y crítica por medio de la palabra. Estas autoras consiguieron no sólo dar un nuevo cauce a la voz y perspectiva del hablante femenino, sino que lograron introducir temas esenciales para la situación social y política de la nación desde otro foco, aquel que estaba vetado y que en un comienzo debieron ocultar pero que en la lectura e interpretación profunda de sus estrategias textuales, arroja más que el amor y agonía de una sensibilidad; la poesía se vuelca a profundas revisiones acerca del poder, el cuerpo, la lengua, todo a la luz de la caída de los grandes discursos y el acercamiento que estas mujeres, que en ese entonces, motivaron un primer congreso de literatura femenina (1987), consiguiendo sabiamente integrar a su poética y acervo, lecturas postmodernas y de descreimiento que en una etapa posterior como Carmen Berenguer recalcó, dejaría abierto los espacios para nuevas generaciones y voces. Las llamadas minorías, étnicas, sexuales, políticas, antes disidentes y acalladas tienen hoy un sitio, gracias a la labor conjunta y valorable en el tiempo de autores comprometidos como Berenguer. Hablamos de un mapa por el cual la poesía actual puede transitar o desviarse para generar estéticas impredecibles, rotas las limitantes que antes podían constituir las verdades absolutistas, esto es fácil de constatar, si revisamos el trabajo de los novísimos; Gladys Gonzáles, H.H Montecinos, Pablo Paredes y Diego Ramírez, jóvenes que en el centro y sur del país no ocultan su admiración por Berenguer y la coherente evolución que ha tenido su arte desde Bobby Sands desfallece en el muro, poema autoeditado y lectura personal acerca de la trágica muerte por inanición del joven irlandés vinculado al IRA hasta sus títulos más recientes, Mama Marx o La Casa de la Poesía editados por Mago, Lom y Alianza.

De manera que las escrituras actuales valoran y recorren el quehacer de la autora de “A media asta” no sólo porque beben mucho de su trabajo al ser lectura indispensable si consideramos los últimos treinta o cuarenta años de poesía en chile, sino además por que muchos de los que están tejiendo el material creativo presente, en gran medida han sido alumnos de ella en el instituto Balmaceda Arte Joven, foco renovador de la escena creativa desde el regreso a la democracia, lo cual demuestra otro punto en la carrera de la autora, su permanencia en los espacios que motivan la creación y el empuje de empresas, que hoy en lo literario dan sus frutos con editoras como Temple, Mantra, talleres como moda y pueblo, publicaciones variadas y desde luego encuentros como el Poquita Fe. En definitiva la clase magistral y el nutrido diálogo que sostuvo Carmen Berenguer con los escritores y lectores obsesos de la ciudad fue sumamente saludable para revisitar temas como la escisión, ruptura y lucha a través de la creación, la subversión del lenguaje, el do it yourself tan requerido y el giro en los centros y contornos, materias de especial énfasis en su ponencia, y que más allá de lo teórico y academicista nos permite de primera mano atestiguar el poder de la poesía gracias a la intervención de los artistas e intelectuales que se ubican de cara a la lucha. Berenguer y el recorrido que ha tenido su obra demuestran como las palabras dialécticamente desafían a su medio y trascienden al tiempo que las vio nacer. a veces ocultando el mensaje como en Molusco otras con fuerte ironía como en Santiago Punk, otras de manera directa, confrontacional y descarnada en los pasajes más explícitos de Naciste Pintada y en lo personal, encuentro que de forma maravillosa, al desafiar sensorialmente a la lengua y sus posibilidades comunicativas en el libro Sayal de pieles. En otro ámbito de su ponencia hay que destacar la evolución y transito que ha tenido su obra. en cuanto a la difusión y reconocimiento que un trabajo consecuente y de calidad logra al captar por merito propio el interés de las editoriales e instituciones culturales, aún cuando ese no sea el norte o finalidad primera del escritor. Motivo que no es menor dentro de su visita, pues Carmen Berenguer este año se adjudicó el premio iberoamericano de poesía Pablo Neruda, anteriormente entregado a Juan Gelman, German Belli, José Emilio Pacheco, siendo Berenguer la primera mujer chilena en ser reconocida con este título, lo cual entre otros beneficios permitió su visita enmarcada dentro de una itinerancia en provicincias organizada por el Consejo nacional de la cultura y las artes. Situación que no es menor dentro de nuestra escena literaria que paradójicamente necesita de interacciones de este tipo para azuzar los ánimos y confirmar la realidad de aislamiento en que estamos inmersos y que no pasa sólo por distancias geográficas o una actitud vertical que se origina desde el centro del país, .pues en una etapa posterior del diálogo con Pablo Brodsky acompañante de Berenguer en la itinerancia y representante del consejo, muchas de las preguntas de los presentes se enfocaron en torno a la reivindicación del norte y la indiferencia del centro-sur., principalmente en cuanto a la injusticia que hay en la selección de los fondos de cultura y las políticas que ignoran a nuestras localidades; desconocimiento total de algunos de los dueños de casa y parte del público que sin fundamentos increpó y cuestionó a los visitantes, sin considerar que en la sala habíamos seis ganadores recientes de fondos de cultura en distintas categorías, Luis Seguel Vorphal. por novela pronto a ser lanzada en Arica y con éxito editada por Mago en Santiago bajo el contexto de la feria del libro, .Morales Fredes por narrativa breve con su libro “Ausenciando” ya editado, Juan Jacobo Tancara. por su obra de ficción testimonial y con interesantes libros editados como La Palabra comprometida, también el poeta y académico reciente beneficiado Juan Carlos Mamani., y Daniel Rojas Pachas., el redactor ganador por investigación literaria en el 2008, además de otros que previamente se han visto apoyados motivando el crecimiento de la escritura en estos límites, lo cual demuestra un camino en la tarea de proyectarse sin esas miradas absolutistas y autocompadeciente chauvinismo. En tal medida la visita de Berenguer fue además de un valiosísimo encuentro un llamado de alerta hacia la tarea que hay por delante en cuanto a gestión y difusión de la intelectualidad literaria del norte grande, el desafío está lanzado, y como dijo la autora “hay que ir de cara a la lucha” Está por verse si estamos a la altura. Autor: Daniel Rojas Pachas.

RECADO SOBRE MICHOACÁN; XII ENCUENTRO INTERNACIONAL DE POETAS; ZAMORA, MICHOACÁN, MÉXICO. Por Arturo Volantines

En su “Recado sobre Michoacán”, Gabriela Mistral, —escrito el 3 de julio de 1944; reproducido en el texto Gabriela Mistral y México, selección y prólogo de Pedro Pablo Zegers(Ril editores)—, dice, que Michoacán es un Estado mexicano de “gracia, locuestre y folclórico…”. También, señala: “Como tierra subtropical, el verdor no ralea ni se empaña en ella por las estaciones zurdas de otoño e invierno”. Luego, numera los diversos prodigios y atributos de la “raza tarasca”, y sus inigualables sabores. Dice: “Yo dormí en tantas casas que no puedo contarlas; comí en las mesas dispares, los guisos de las variadas cocinas: comí en tarasco y en zapoteco, en yaqui y en otomí”. Detrás de esas especias, coloridos y guisos, partí a México; detrás de esa música que escuchaba en mi casa paterna, en los bares del norte; partí detrás de su poesía y detrás del rostro hermanado que hago mío desde la revolución mexicana. Me llama la atención de Ciudad de México, que cada 3 minutos baja un avión. Llueve suavemente sin molestar a los transeúntes. Huele a tierra mojada, canta, Amparo Ochoa. Es el comienzo de julio. El Zócalo y la plaza Garibaldi están casi desnudos y húmedos, pero se siente el ronronear de los mariachis y la alegría de los enamorados. Entro a un bar lleno de fotos y fetiches. Aparece el olor de la tortilla de maíz que me acompañaría todo el viaje. Al amanecer, aparece América, en el Palacio de Gobierno, en los tremendos murales de Diego Rivera.

Me parece una ciudad tranquila y amable, a pesar que los diarios dan cuenta de veinte asesinados en la noche. Al ir al encuentro de Frida Khalo, descubro que el Metro es barato(menos de 200 pesos chilenos). La gente que va y viene es sencilla y tiene ropa de trabajo duro. En la Casa Azul, en su patio refrescante, me tomo un café, y le comento a unas italianas del libro de César Moro colgado de una estantería de la casa. Luego, me voy a Jalisco. La salida de Ciudad de México es lentísima en bus, y sólo veo a los vendedores de fresas enrojecer el camino. En Guadalajara me encuentro con la familia de Fabián Muñoz, el cual prepara un texto de la Generación ’80 de Chile, llamado “El árbol de los libres”. Recorremos la notable ciudad; nos estacionamos en el mercado y nos zarpamos unas cervezas y un recital de mariachis proporcionado por Felipe Ponce, editor de Arlequín y premiado en México por sus preciosos libros. Con Fabián y Felipe nos damos un festín de caldos de borrego, pozole, birrias de chivo, tacos, huitlacoche y otras exquisiteces locales. Luego, vamos, al Instituto Cultural Cabañas, al encuentro de los murales de José Clemente Orozco, que me dejan mudo y rendido a la importancia mundial del muralismo mexicano y su vigoroso aporte al arte. Ya complacido, nos dirigimos al bar La Fuente, donde gastaban codos Arreola y Rulfo. Se nos hace la tarde, entre el repaso de la música y la literatura mexicana tan influyente en el pueblo chileno. Al amanecer, estoy en el terminal de buses, y me encuentro con las poetas, Florita Villegas y Adelita Zapata, que también van al Encuentro de Poetas en Zamora. El Estado de Michoacán es tal, lo dice Gabriela Mistral. Un escolar me emociona cuando recita en su lengua nativa. Las calles de Zamora también tienen la amabilidad de La Serena. Su mercado está atiborrado de artesanías locales. Los ponchos y los sombreros llenan de color la mañana. Su iglesia inmensa tiene un órgano fenomenal que deja pálido al concertista chileno, Jaime Valenzuela. El lago Camécuaro es azul y verde, y pareciera que bailara con el “Paso del Norte”. La lluvia que cae se abriga con el tequila. Camino por las calles de Zamora – —la de Tierra Negra y de los espejos de agua—, con la serenidad de andar por las calles de mi pueblo natal, allá en Atacama. Estoy abismado por la cordialidad. Mande. Aún no me encuentro con los asesinos feroces de “Los detectives salvajes”, pero sí con la poesía de Rosario Castellanos. Pero, indudablemente, lo más notable es el Encuentro. Desde Argentina, Perú y Chile y subiendo por América hasta la Madre Patria llegan los poetas. El programa es estricto, cargado de lecturas. Veo que será difícil escaparse a un bar, pero debajo de los árboles del hotel saboreamos la poesía. Escucho lecturas notables, precisas, exigentes al oído; hay que estar atento a las diferentes modulaciones y ritmos de América. Hay versos que se me quedan cantando como pájaro en el aire. Y, con la poesía de las calles de Zamora, de sus mercados y de las conversaciones, ya no volveré a ser el mismo. He organizado una media docena de Congresos. He participado en un par de docenas. Y siempre queda la duda que pudieron hacerse mejores. Las peleas típicas entre los organizadores, los atrasos y los egos, se construye una tapia que no deja saborear lo bueno de juntarse, de hablar de lo infinito; y que, entre la calidad de los poetas invitados y los esfuerzos de los organizadores, siempre hay una dicotomía insalvable. Pero, el XII Encuentro Internacional de Poetas en Zamora fue inolvidable, porque el arte subió con dignidad a los escenarios y en la conversación con la gente; porque la organización venció la dicotomía irreversible entre la calidad y la cantidad y porque, indudablemente, se necesita algo de maestría para hacer también poesía de los congresos de artistas. Ha sido un esfuerzo financiero importante de entidades locales, pero quien hace posible — de cuerpo y alma— este evento anual de factura latinoamericana es Roberto Reséndiz. Este poeta, médico dentista y gestor cultural, logra indudablemente con paciencia, agudeza y experiencia llevar adelante un evento, que concentra a muchos poetas de valor latinoamericano; y logra, sobre todo, que estas voces puedan dialogar con un público atento. Además, este diálogo permite trasmitir valiosa información literaria e, incluso, de las necesidades y esperanzas de los pueblos de nuestro idioma.

Roberto Resendiz (México), Lina Zeron(México), Jose Sosa de Ecuador y Arturo Volantines de Chile Lo dicho viene a denotar que los eventos artísticos deben ser desarrollados principalmente por éstos, y no caer en el garlito que los artistas sólo se deben dedicar a su arte. Esto permite que el espíritu más profundo saque adelante las esperanzas más sentidas; además, dignifique el oficio, —frente a la sociedad que persiste en crisis—, al contar directamente con recursos. Este evento indudablemente fue posible por la maestría de Roberto Reséndiz. La poesía de Roberto Reséndiz no sólo es su poesía sino todo lo que hace para que, a partir de esta hibrides, seamos una sola voz. Finalmente me voy de México con un puñado de hermanos en el corazón, y con un libro que reúne obras de los 50 autores participantes del Encuentro. En la portada: mar del cielo apegado a un valle, con un rostro de labios rojísimos, con notable diseño gráfico de Mirna Ávila Barrera, publicado por “Cultura, Arte y Tradición”. Otro acierto. No tengo certeza que me he ido de México, pero sí que volveré. Tal como dice Roberto en el prólogo del libro, ha valido la pena, porque: “La voz del poeta sigue firme, fuera de la retórica y el discurso de un mundo desgastado; ellos, con el sentimiento en la epidermis, amanecen, algunas veces, con una sonrisa entre los labios y otras se alimentan con el sinsabor de la derrota…, sin embargo, cada uno de ellos, sueña la luz que ilumina al viento…”. Órale wei.

Atacama, diciembre, 2008.-

REVIEW: El día que la tierra se detuvo.
Hace un buen tiempo que se ha dado esta suerte de costumbre de hacer remakes de películas antiguas, lo cual nos confirma que al parecer Hollywood se ha quedado sin creatividad. Dicha premisa no debería significar ningún tipo de desagrado, con la nueva tecnología al servicio de la entretención podríamos tener resultados preciosos que rememoren aquellos productos y de la misma manera puedan hacer que las nuevas generaciones de espectadores disfruten y se maravillen como en el pasado. Eso teóricamente. Bastante complejo de por si es tener una buena disposición ante una película para cuya entrada te hacen desembolsar 3100 pesos, en esa postura hasta el Padrino me parecería una mala idea. Aun así, la curiosidad es más grande. El día que la tierra se detuvo -remake de la película del mismo nombre - fue dirigida por Scott Derrickson (El exorcismo de Emily Rose) quien nos presenta una adaptación temática a nuestros tiempos aunque con menor simbolismo político (la original era para causar conciencia por la guerra fría) a cambio de una inyección de significancia mesiánica barata: Un extraterrestre y su robot gigante (basado en el robot original, quien de seguro sirvió de inspiración para Amazo de la serie animada de la Liga de la Justicia) visitan nuestro planeta para notificarnos que acabaran con la plaga que se cierne sobre él, la raza humana. El progreso destructivo y los clichés de activista Greenpeace salen a relucir en paralelo con una débil crítica (que bien pudo desembocar en algo mas poderoso y menos ambiguo, como el lanzamiento de un zapato galáctico hacia el imperio) al actuar estadounidense y su política de “disparo y luego pregunto” muy bien retratada en la película: El emisario de la paz cósmica llega a nuestro planeta y lo reciben calurosamente con ráfagas de metralla y con cuasi misiles Stinger. En pleno Central Park lugar predilecto para que los extraterrestres y dinosaurios crecidos causen destrozos, Klaatu (Keanu Reeves) estaciona su esfera/nave dispuesto a entregar su terminante mensaje a los lideres de estado, lo cual nos da el resultado de tener al alien en UCI (contradicciones de la vida, luego de intentar pulverizarlo a palos lo reviven delicadamente; otra referencia a la estupidez gringa) lugar en donde conoce a la doctora Hellen Benson (Jennifer Connelly) cuya capacidad de análisis científico se ve sobrepasada con un compromiso místico sexual -realmente no sabría entender por que a ciencia cierta deja ir la fuente de estudios y posibles descubrimientos médicos de los siguientes siglos- con el viajero cósmico, logrando libertarlo. El resultado es en una huida sin mucho peso pero con curiosos resultados dignos de mencionar. El destino de nuestra existencia se decide entre un Big Mac y el Mc Sundae que sirve para bajar la comida, el extraterrestre residente contactado en el restaurant intenta persuadir a Klaatu haciendo alusión a ese rasgo especial que tienen los humanos, esa cualidad que justifica cualquier tipo de error o equivocación: el amor. Cliché ultra manoseado que nos anticipa el predecible desenlace de la cinta: luego de una conversación interrumpida con el premio novel y posterior berrinche infantil, somos testigos de la liberación del arma de destrucción masiva, langostas nanobots que emulan de cierta manera el actuar de las esporas de The Happening (otro pedazo de olvido a mi juicio) solo que de una forma mas brutal. El 80% de la actuación de Connelly se basa en tratar de convencer a Reeves de desistir en sus intenciones lo que finalmente da resultado en el momento cúspide del exterminio. Luego de comprender la capacidad humana de cambiar ante la extinción (probablemente el cambio seria solo temporal y esta claro que los extraterrestres no conocen el cuento de Pedrito y el

lobo) plus el amor que todo lo perdona Klaatu decide retirarse a rendir cuentas con su jefe, quien de seguro lo despedirá por su ineficiente trabajo. Hablando de detalles curiosos, la cinta posee un particular apartado de situaciones bastante llamativas, que si bien no ayudan para nada con la trama bien nos sirven de cuestionamiento y de fuente de entretención. Pongámonos en el caso primero de establecer un contacto alienígena, la manipulación con todo lo proveniente de lo desconocido en el film es tomado demasiado a la ligera. De esta manera, el manejo físico del enviado es de lo mas común y sin mayor reparo, digo para examinar un ser proveniente de la nada existencial cósmica mínimo utilizaría un receptáculo reforzado por 6 capas de acero, implementación especial y seguridad máxima en caso de que el bicho pestañeara, con suerte vemos unos guantes de látex al momento de la operación y posterior suministro de aspirina al viajero, lo cual le resta seriedad y le suma mas puntos a la cuestionada realidad presentada. Lo mismo pasa con Gort, el robot gigante. Quien basa su entretención en destruir los intentos de reacción de parte del ejercito de una manera muy simple. ¿Qué hizo pensar al departamento de inteligencia que podrían contenerlo con un cristal? Es como armar una fortaleza con bloques lego, bloques que son desintegrados en breve. Lo que nos hace pensar si acaso esta hecho de forma accidental o si realmente estamos frente a una autocrítica. De lo mismo se desprende el comentario de la secretaria general (Kathy Bathes) con respecto a las dominaciones, citando el genocidio que comenzó con el descubrimiento de América y posteriormente se desarrollo con Pizarro y los Incas, evadiendo olímpicamente una referencia al propio sometimiento norteamericano hacia Medio Oriente. Mención honrosa se merece la pomada alienígena con milagrosos resultados, la referencia bíblica intergaláctica sobre el diluvio y las arcas transportadoras de animales y la seguridad ante todo de un Klaatu que utiliza cinturón de seguridad al subir a un automóvil, y luego se quejaba de que le costaba adaptarse. Con respecto a las actuaciones, estas son de acorde al film, es decir planas y sin mayor ciencia. La actuación de Keanu Reeves es magnifica, cuyo punto cúspide y catártico lo podemos apreciar en el afiche promocional, cuya expresión resume el sufrimiento y preocupación por el balance que establece nuestro planeta en el infinito cósmico, el inexpresivo Reeves se postula en este filme como un firme candidato a representar un moai de forma mas que exitosa. Lo mejor de la película lejos es ver a la preciosa Jennifer Connelly, dama quien aunque estuviera en pleno parto de quintillizos y con severas complicaciones seguiría viéndose angelicalmente bella. Por encima de una odiosa Khaty Bates (quien de seguro es mala en la vida real) se desarrolla el personaje más detestable y eliminable que puede tener la película, Jacob. El hijo de Will Smith se posiciona como un fiel candidato a la extinción, lastima que Klaatu no toma de referente al humano mas cercano que tuvo, sino la película habría terminado mucho antes. El chico casi bipolar (por eso a las madres que leen este artículo, resguarden las horas que su hijo pasa jugando World of Warcraft frente a su notebook) no aporta demasiado a la trama salvo su antipática, racista e insulsa presencia. El día que la tierra se detuvo es de esas películas planas, algo tontas, que intentan recrear un mensaje a conciencia de manera infructuosa debido al entorno que lo cobija, esto no quiere decir que no se pueda comunicar en el apartado cinematográfico comercial una intención seria sino mas bien por la ambigüedad argumental de dicho mensaje y la pobreza de la ejecución actoral en el film. Todo esto vierte la atención a los efectos especiales los cuales son el punto fuerte de la cinta, destrucciones de diverso tipo correctamente representadas pero que no son lo suficiente como para establecer un nexo espectador-obra satisfactorio. Ni tampoco, claro esta, como para invertir tanto dinero en aquello.

Autor: Edgard Lara.

MONTALE, MÁS HERMÉTICO QUE UNGARETTI
Por José Martínez Fernández

Yo tenía escasa información del poeta Eugenio Montale en octubre de 1975, cuando se hizo acreedor al Premio Nobel de Literatura. En aquellos días fui al departamento de la poeta Stella Díaz Varín -en la Villa Olímpica- junto a los poetas Francisco Medina Cárdenas y Sergio Vergara Arteaga, éste último hoy constituido en una figura importante de la expresión plástica chilena. Stella nos había invitado a una comida, la que compartimos con vino y mucha conversación sobre poetas y política, con ácidas críticas de la creadora y nosotros a diversos autores que en esos días publicaban. O la poeta se reía o se enfurecía…teníamos que saber que no podíamos hablar bien de un autor que ella rechazara. “Huevón” era el término suave que la aeda nos aplicaba si alguno de nosotros cometía la imprudencia señalada. Ella nos mostró las fotografías de su juventud en que deslumbraba por su belleza. Stella parecía una actriz de cine. En medio de todo ello Sergio Vergara Arteaga me señaló un libro que andaba trayendo. “Es el último Nobel”, me dijo. Era un libro de Eugenio Montale. Le pedí me lo facilitara para hacer una crónica sobre el poeta, antes que otros la hicieran en medio del impacto que había provocado el que él hubiese ganado la más alta recompensa en la escena literaria mundial en ese año de suma tristeza en Chile. Leer a Eugenio Montale fue un gozo. Aunque me costaba llegar a entender los espacios de su hablar lírico, éste me producía una sensación de encontrarme frente a la belleza enorme hecha poemas. Los caminos que indicaba el enorme bardo estaban a la vista, haciéndome sentir que lo difícil, lo hermético, no puede, no deja de tener ese eco de dulzura que ronda la creación de los poetas mayores. Yo conocía más a Ungaretti que a Montale, y aunque el primero me parecía un poeta difícil, aún más difícil encontré a Montale. Por ello cuando le entregué –escrita a máquina, medio oficial de escritura en los setenta- la crónica a Luis Sánchez Latorre (Filebo), y dudé del título, le señalé que este poeta me parecía más hermético que Ungaretti y que esa opinión no era sólo mía sino que era casi general en los que le habían estudiado. “Entonces póngale ese título”, me dijo Luis Sánchez Latorre y yo no cavilé. Así salió publicado el artículo al día siguiente: “MONTALE, MÁS HERMÉTICO QUE UNGARETTI”, el sábado 1 de noviembre de 1975.

Aún –releyendo de nuevo a Eugenio Montale- sigo encontrándolo un poeta hermético y, sin embargo, también entiendo los senderos luminosos de sus versos. He releído algunos poemas de este gran poeta del siglo veinte y he decidido inclinarme por publicar “Las ocasiones Motetes”. Poema breve, pero menos difícil que la mayor parte de su poesía. LAS OCASIONES MOTETES Lo sabes: debo volver a perderte, y no puedo. Como la conmoción de un tiro preciso cada obra, cada grito e incluso el suspiro salino que se desborda desde los muelles y oscurece en Sottoripa la primavera. Lugar de arboladuras y de ferreterías una selva en el polvo de la tarde un largo zumbido viene desde fuera desgarra como uña sobre vidrios. Busco el signo perdido, la única prenda recibida en gracia de ti. El infierno es cierto. (Traducción de Juan Mauro) Eugenio Montale nació en Génova en 1896 y falleció en Milán en 1981. Su libro más importante sea, quizás, “Huesos de sepia”. Deseo reproducir unas líneas de aquella antigua nota: “En la poesía de Eugenio Móntale se manifiesta la búsqueda que el creador ha hecho en el campo de este arte. Su voz, muy intrínseca, se encuentra presente desde su primer libro publicado en 1925. Ha llegado a caminos tan nuevos la poesía de Montale que se le ha podido calificar como un creador más hermético que Ungaretti”. FUENTES: “Montale, más hermético que Ungaretti”, José Martínez Fernández. LAS ÚLTIMAS NOTICIAS, 1 de noviembre de 1975. “”Montale, la vida”, Giuseppe Bartolucci. EL MERCURIO, 16 de junio de 1996. Otras fuentes.

El Darién, en el bosque de la palabra

a Elvira, joven de la etnia Emberá del Darién, Panamá. (Jean Marie Le Clézio) "En esta región del istmo de Panamá el bosque tropical es extremadamente denso, y la única manera de viajar es en una balsa río arriba. En ese bosque vive una población indígena, dividida en dos grupos, los embera y los wounaans, ambos pertenecientes a la familia lingüística ge-pano-carib. Aterricé allí por casualidad, y quedé tan fascinado por esta gente que permanecí durante varios periodos a lo largo de 3 años. Durante todo ese tiempo no hice otra cosa que vagar sin rumbo fijo de casa en casa —en ese tiempo la población se negaba a vivir en villas— y aprendí a vivir de acuerdo a un ritmo que era completamente distinto a cualquiera que hubiera experimentado hasta ese momento. Como todos los bosques verdaderos, este era particularmente hostil. Tuve que hacer una lista de todos los peligros potenciales y de todos los correspondientes recursos de sobrevivencia. Debo decir que los embera fueron muy pacientes conmigo. Estaban muy divertidos con mi falta de elegancia, y creo que hasta cierto punto yo estaba dispuesto a pagarles con entretenimiento lo que ellos me compartían en sabiduría. No escribí un gran tratado. El bosque tropical no es realmente un escenario ideal. Los papeles se reblandecen por la humedad, el calor seca las puntas de las plumas. Nada que funcione por medio de electricidad dura mucho. Arribé allí con la convicción de que la literatura era un privilegio, y que siempre me hospedaría en ella para resolver todos mis problemas existenciales. Una protección, de cierta manera; una suerte de ventana virtual que podía desenrollar cuando necesitara refugio de la tormenta." La literatura oral existe antes que la palabra escrita y todo lenguaje quizás fue poesía original, memoria de una misma memoria, como una estrella contemplada por el brillo de los ojos del hombre primitivo y después el poeta que quedó encadenado a una palabra siempre nueva. Sólo especulo, trazo unas pobres coordenadas en un mundo donde todo es especulación y se eclipsa, no como el sol o la luna en el horizonte, sino las monedas falsas acuñadas por la usura dentro de un planeta de papel amurallado. El discurso de un premio Nobel de Literatura siempre es noticia y el del francés Jean Marie Le Clézio doblemente para América latina, su literatura (México), Panamá y un mundo que se evapora en las alcancías de Wall Street. Es que la naturaleza humana devora a la propia naturaleza, que equivale a un perfecto acto de antropofagia sorda y estúpida, que no escucha a su propio ventrílocuo. El hombre silencia la voz, la palabra, la historia, su propia cultura y quiere

desandar antiguos pasos, olvidar la sombra, el agua, el curso de los ríos. Colecciona el vacìo de su risa tonta frente a un video juego, se hipnotiza como una rata frente a la serpiente en el desierto que construye frente así mismo. Las palabras tienen memoria, son un recurso insuperable frente a un aviso publicitario, esa luz de neòn que brilla para una pobre imaginación. ¿Es tan torpe la ecuación que nunca terminaremos de despejar nuestra propia X? No son tiempos para filosofar, ni tirar números al azar, ni oler las vacías bóvedas del espanto bursátil. La pirámide es el tercer ojo del engaño, la sabiduría faraónica del río Nilo que no alcanza a purificar la piedra ni el desierto, trabajo esclavo para los antiguos y nuevos rascacielos. Le Clézio, dedicó su Nobel en primera instancia a la prodigiosa contadora de cuentos Emberá, Elvira, cuyo discurso tituló: En la selva de las paradojas. Conoció a la india panameña en el Darièn, donde Vasco Nuñez de Balboa fue guiado por los nativos para que conociera y descubriera el mar del Sur, es decir el futuro Océano Pacífico, el mar más grande y rico del planeta. Los indios, que no lo eran, le habían dado conocer al conquistador, un tercio de la tierra, ni más ni menos. Allí fue también decapitado Vasco Núñez por Pedrerías Dávila, el designado Gobernador y Capitán General de Castilla de Oro. Es historia vieja y ya Vasco Núñez había sido nombrado Gobernador de Panamá y Coiba. Volvamos al discurso de Le Clèzio que nos llega como astillas de una carpintería sin bosque, fragmentariamente, desde la gélida Suecia, pero pensando en el mexicano Juan Rulfo, el nigeriano Chinua Achebe, el mauritano Malcom de Chazal o el poeta británico Wilfrid Owen y en la selva panameña del Tapón del Darién, esa barrera natural que corta la carretera de Colombia con el Istmo, su antiguo departamento hoy república de Panamá. La hostil selva, dijo, le permitió comprender que "la literatura podía existir, pese a todo el desgaste de las convenciones y de los compromisos, pese a la incapacidad de cambiar el mundo en la que se encontraban los escritores". Lamentablemente no cuento con el discurso íntegro de Le Clezio, para comprender toda su profundidad y matices. La selva, la naturaleza es la vida misma para los Emberà hasta nuestros días. es la herencia y allí está todo, dicen, para vivir: medicina, alimentos, techo. Son una etnia muy solidaria en el trabajo. Elvira debió ser una poeta del cuento ancestral, de las historias que se conservan en la vasija profunda de los sueños y de la realidad cotidiana, donde llega la luz verdadera simplemente. Recorrí la primera trocha en los 76 hacia el Darièn en un jeep, tierra dura, selva, selva y pude ver el monumental paisaje por donde los españoles atravesaban hacia el istmo con sus corazas, miedos, precipicios, tormentas, lluvias diluvianas, buscando oro para los Reyes católicos. El Atlántico siempre ha estado incomunicado, abandonado, salvaje y eso también tiene sus ventajas. En otro recorrido nos perdimos de noche en la selva darienita. Siempre como Corresponsal Extranjero, iba en el camión descapotado atrás. Y tuve el impacto de sentir como la selva me abrazaba y arrojaba hacia dentro de sus entrañas y los ruidos de los animales no eran meros fantasmas. La selva existe, me dije, yo que jugaba con las hormigas y cazaba moscas frente a un ventanal en Santiago. El tiempo no sobra en la selva, simplemente no pasa, sopla como el sueño de un duende desconocido y su misterio es la propia selva que se multiplica asimisma. Un escritor que quiera cambiar el mundo, está fuera de época y tiempo, de la realidad. Los escritores no son dioses, ni de mentira. Al mundo puede cambiarlo una gran crisis como la que ya estamos viviendo. Una guerra mundial devastadora. Un cambio climático que convierta los

pingüinos en lagartijas del desierto. Pero la misma piedra o palabra o voz, no cambia el tráfico del desierto. El espejo puede ser cuadrado pero repite la misma imagen. Véanse y verán. Lo interesante en un mundo de consolas, imágenes y digital, es que un francés, años ha, miró, vivió en esta parte del mundo marginado, aislado, despreciado, de México a Panamá y Colombia, y desde luego, el viejo y colonizado, casi extinguido continente negro: África. Escribió y testimonió, aunque dijo que le gustaría actuar. "Lo que le gustaría al escritor por encima de todo es actuar. Actuar en lugar de testimoniar. Escribir, imaginar, soñar, para que sus palabras, sus invenciones y sus sueños intervengan en la realidad, cambien las mentalidades y los corazones, abran un mundo mejor". Lo que está en juego no sólo es la credibilidad, sino la eficacia, el significado, el poder de la palabra, pero mucho más serio aún es la pérdida de la memoria ancestral de decenas de algunas lenguas y otros cientos que se ven amenazadas con su extinción. Algo de ello trasciende en el discurso del hombre blanco de Francia. La palabra siempre es y será un compromiso, cada ser humano es la palabra. Los escritores y poetas hacen el trabajo de ordenarlas a su manera y ponerlas en rebelión con el abecedario de las grandes mayorías, si es necesario, azuzarlas, mantenerlas siempre activas y encontrar las justas y necesarias en el eslabón perdido de las palabras. "En la actualidad, después de la descolonización, la literatura es uno de los medios para que hombres y mujeres de nuestro tiempo expresen su identidad y reivindiquen su derecho a la palabra y a ser escuchados en su diversidad". Son sus palabras traducidas. La literatura cada día está más arrinconada por el mercado, la televisión, el entretenimiento banal, los gobiernos ciegos, corruptos y la idiotez colectiva que hace mucho tiempo tomó el micrófono y dispone de esos ruidos guturales que superan a las viejas tribus o al hombre de las cavernas. La literatura es de unos pocos, con la rara excepción de algunos best seller que terminan por ahondar este mundo de sordos y sumir a las personas no en aventuras mágicas como lo hicieron Julio Verne, Stevenson, Defoe, Fielding, Bradbury, Salgari, sino en acartonados eslóganes de violencia, de escenarios mudos, inertes, de falsos ídolos que comunican el vacío y la superficie estéril, vacua del ser humano. Tal vez no hay lugar, ni tiempo para hacer la literatura, construir, disparar la silenciosa bengala o quizás cada época organiza su propio vacío. Un libro puede ser definitivamente una ciudad sin palabras, el silencio de sus propios puntos cardinales. Le Clèzio reflexionó, "entendió", aceptó en la selva darienita que "la literatura podía existir, pese a todo el desgaste de las convenciones y de los compromisos, pese a la incapacidad de cambiar el mundo en la que se encontraban los escritores". Los libros seguirán recorriendo como fantasmas el mundo y si bien no tienen la capacidad de transformarlo por arte de magia o un golpe de dados, sus páginas siempre encontrarán un par de ojos abiertos. La cultura a escala mundial es asunto de todos", sostuvo en Estocolmo el premio Nobel. Y subrayó que el libro, pese a sus elevados precios en los países pobres, sigue siendo el mejor vector para acceder a la cultura, comparado con internet o el cine. "El libro es, en todo su arcaísmo, la herramienta ideal. Es práctica, fácil de manejar, económico, señaló. Advirtió que los libros son un tesoro mayor que los bienes inmuebles o las cuentas bancarias. Casi una ironía, después que las cuentas se vaciaron por arte y magia de la especulación, el fraude, la avaricia, esa enfermedad tan humana. Por ahí algunos brokers señalan con el dedo el infinito de la nada y observan el agujero negro de la oscuridad. ¿Todas las chicharras mueren cantando? Le Clèzio, rindió un homenaje a la lengua, principio de todo lo humano, pienso,“sin la lengua no habría ciencia, tecnología, leyes, arte, amor”, sentenció.

Volvamos al discurso, a su naturaleza, a la física, humana, a la del lenguaje y no olvidemos que hay países que ya han elaborado su mapa de muerte, tragedias naturales y físicas, que saben dónde está su talón de Aquiles. Le Clézio define la naturaleza que le ha tocado vivir y hacer su palabra. No se trata de ver el cristal según sea su color. Primero, debemos verlo, saber que está ahí, convivir con cada una de sus miradas. La palabra es la primera en ver, habla, dice, opina, hace ver. Dice así en una de sus partes leídas en Estocolmo: "El bosque es un mundo sin fronteras. Puedes perderte en la espesura de los árboles y la oscuridad impenetrable. Lo mismo podría decirse del desierto, o el océano abierto, donde cada duna, cada pradera nos encamina a una pradera idéntica, cada ola nos lleva a otra perfectamente idéntica ola." Sé de que está hablando el francés porque conozco los tres escenarios y un bosque siempre escribe mis palabras y el río las modifica, transcribe una y otra vez, y ya no sé si son las mismas y si pudiera bañarme en sus lecturas no sólo una vez. Es un acto muy personal, íntimo, seguir arando en el desierto. ¿Quién era Elvira? ¿Por qué Le Clèzio le prestó tanta atención en su discurso? "Pero una noche, una joven mujer vino. Su nombre era Elvira. Ella era conocida a lo largo de todo el bosque de los embera por sus habilidades para narrar. Era una aventurera y vivía sin un hombre, sin niños —la gente decía que era un poco borracha, un poco prostituta, pero yo no lo creí ni por un minuto—, e iba de casa en casa para cantar, a cambio de carne, una botella de alcohol o unas monedas. Aunque no tuve otro acceso a sus historias más que por traducción —el lenguaje de los embera tiene variantes literarias que lo hacen mucho más complejo que su forma cotidiana—, rápidamente me di cuenta de que ella era una gran artista, en el mejor sentido del término. El timbre de su voz, el ritmo de sus manos golpeando contra su pecho, contra su collar de monedas plateadas, y encima de todo ese aire de posesión que iluminó su rostro y su mirada, una suerte de trance rítmico mesurado, ejercía un poder sobre todos aquellos que lo presenciaban. Al simple marco de sus mitos —la invención del tabaco, los gemelos primigenios, historias sobre dioses y humanos al amanecer del tiempo— ella añadía su propia historia, su vida de errancia, sus amores, las traiciones y el sufrimiento, la intensa alegría del amor carnal, el escozor de los celos, su miedo a envejecer, a morir. Ella era poesía en acción, teatro antiguo, y la más contemporánea de todas las novelas al mismo tiempo. Ella era todas esas cosas con fuego, con violencia; ella inventó, en la oscuridad del bosque, entre el envolvente sonido de insectos y ranas y el aleteo de los murciélagos, una sensación que no podía ser llamada de otra manera más que belleza. Como si en su canción ella cargara el auténtico poder de la naturaleza, y esto era seguramente la más grande paradoja: que este lugar aislado, este bosque, tan lejos como podía imaginarlo de la sofisticación de la literatura, era el sitio donde el arte había encontrado su más fuerte, su más auténtica expresión. Después dejé la región y no volví a ver a Elvira, ni a ningún otro rapsoda del bosque de Darién. Me quedé con algo más que nostalgia —con la certeza de que la literatura podría existir, incluso si estaba revestida con la convención y compromiso, incluso si los escritores fueran incapaces de cambiar al mundo. Algo grande y poderoso, que los sobrepasaba, que en alguna ocasión podría animarlos y transfigurarlos, y restaurar el sentido de armonía con la naturaleza. Algo nuevo y muy antiguo al mismo tiempo, impalpable como el viento, etéreo como las nubes, infinito como el mar. Esto es algo que vibra en la poesía de Jalal ad-Din Rumi, por ejemplo, o en la arquitectura visionaria de Emanuel Swedenborg. El escalofrío que uno siente al leer los más bellos textos de la humanidad, como el discurso que Chief Stealth dio en la mitad del siglo XIX al presidente de los Estados Unidos cuando les concedió su tierra: “Podemos ser hermanos después de todo...”.

Autor: Rolando Gabrielli

La creación literaria

Por CARLOS ENRIQUE CABRERA ¿CÓMO se llega a la gestación de una obra de creación literaria perdurable y valiosa? Verdaderamente son muchos los elementos que en ello intervienen. La necesidad del autor de expresarse, de dar forma a sensaciones, emociones, percepciones, ideas y pensamientos; la necesidad imperiosa, fatal e inevitable, de exorcizar los propios temores, miedos y fantasmas. Algún autor español, cuyo nombre ahora no recuerdo, dijo que No creía en escritores que fueran al psiquiatra o al psicólogo. Porque ciertamente la creación literaria es una fórmula eficaz contra la desesperación, la desesperanza y la locura: así cuenta el novelista chileno José Donoso cómo escribió El obsceno pájaro de la noche en un momento en el que se hallaba al borde de la locura, y cómo la gestación de la vasta y riquísima obra lo rescató de ese abismo sin retorno. De igual modo la creación literaria actúa como elemento compensatorio: la mayoría de autores señalan que escriben porque están incompletos, porque les falta algo, porque no están del todo satisfechos con su realidad o con la Realidad a secas, porque en definitiva no son seres felices. Hay entonces la necesidad imperiosa de oponer a esa Realidad odiosa y agresiva de ahí fuera otra hecha de palabras. Luego vienen los otros elementos que intervienen en la creación literaria auténtica. Uno de vital importancia es la soledad. El acto de creación es un acto solitario, de absoluta y total concentración, de inmersión en el ser y en la propia humanidad. La soledad para la reflexión y el análisis y la introspección, para la dedicación y la entrega: tantas horas a lo largo de días y meses (en el caso de una novela) encerrados en un cuarto, solos con las cuartillas o ante la pantalla del computador. De ello da cuenta elocuentemente el escritor norteamericano Paul Auster cuando habla de “lo que justifica que me pase la vida encerrado en una pequeña habitación poniendo palabras sobre el papel”, y es bien conocido cómo el narrador italiano Cesare Pavese (lavorare stanca, decía éste en su dialecto piamontés) se amarraba cada mañana a la silla ante su mesa de trabajo para contrarrestar toda tentación y concentrarse a fondo en la creación de su obra. Obra que se logra sólo así, con constancia, tenacidad, entrega, perseverancia: cuántas veces hay que rehacer una misma oración, un mismo párrafo, una misma página. Cuantas veces hay que variar este diálogo, suprimir y tachar, romper páginas enteras; modificar, entrar y sacar personajes y variar situaciones.

Es muy grande la fe y el amor por el trabajo que se hace para poder acometerlo. Y es muy alta asimismo la autoestima que hay que tener para acometer el ímprobo trabajo de la escritura. García Márquez nos advierte: Para escribir hay que sentirse del todo Cervantes; si no no sería posible escribir una sola línea. Porque siempre nos va a asaltar (hoy sabemos ya que es el cerebro izquierdo el que nos acosa con su crítica feroz) esa voz que nos echa hacia abajo, nos rebaja el tono vital, nos señala de forma persistente qué mal lo haces, los muchos yerros que cometemos, las muchas faltas en que de forma continua incurrimos. El debate y la lucha son pues consustanciales a la tarea de la escritura de creación. Es por ello que tantos autores hablan de sufrimiento, de dolor, de tortura infinita y sin límites: porque jamás están satisfechos con el trabajo realizado, con lo logrado, o lo están sólo a medias y tras un largo, tortuoso e incierto recorrido del todo agotador. El conocidísimo caso del novelista francés Gustave Flaubert así lo atestigua. Y son numerosos los escritores que yendo más allá decidieron en el último momento destruir la obra que para nada valoraban (Franz Kafka es un caso paradigmático en este sentido) o que terminaron, ante su insatisfacción extrema, por tomar el camino del suicidio: un dramático ejemplo es el del escritor norteamericano John Kennedy Toole, que se suicidó a los treinta y dos años. Su caso es más doloroso aún cuando sabemos que su novela, La conjura de los necios, ganó el Premio Pulitzer en 1981 y es hoy reconocida como una auténtica obra maestra… Son también elementos valiosísimos en la gestación de una obra de creación literaria auténtica los conocimientos del autor, su percepción de la forma y su sensibilidad artística. Un gran autor, aquél que de verdad logra una obra que exprese al conjunto de la humana especie y perdure en el tiempo, sabe de muchas cosas. En primer lugar, posee una vasta cultura general (muchas veces enciclopédica); conoce el corazón humano y conoce los problemas de su época y de su tiempo; tiene además un gran conocimiento de la literatura universal (de la del pasado y de la del presente) y de los recursos, técnicas y complejidades estructurales del género que emprende: drama, cuento, novela. Cervantes conocía a fondo los géneros existentes en su época, sólo de este modo pudo incorporarlos a su creación y fundirlos en su propio crisol, generando así uno diferente y del todo novedoso: la novela moderna. Del igual forma el gran creador está en posesión de un gran conocimiento y dominio del idioma (del materno y de otros foráneos, lo que expande y aguza la sensibilidad y el sentido del propio) y de los recursos lingüísticos. Octavio Paz decía en este sentido: “¡Ay del poeta que no sepa gramática!” Pero el gran creador es sobre todas las cosas, como señala lúcida y certeramente el escritor mexicano Sergio Pitol –y con él concluyo–, un hombre de inspiración y de instinto: “un escritor sabe que el instinto y la inspiración son sus mayores armas, las fuerzas secretas de la razón. Sabe también que esas fuerzas obtienen en determinado momento una amplia autonomía que les permite transformar en literatura lo que apenas antes era esbozo, proyecto inacabado, o mera redacción.” DATOS DEL AUTOR: Carlos Enrique Cabrera es escritor, profesor universitario y promotor cultural. Estudió Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Madrid y desde 1994 se desempeña como profesor a tiempo completo del Área de Humanidades del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC). En 2001 fundó la revista cultural de letras, artes y pensamiento Caudal, que bajo su dirección lleva ya publicados 26 números. Ensayos y cuentos suyos han aparecido en diversos medios impresos y digitales y son de su autoría el libro: Reflexiones de bolsillo (2002) y el conjunto de microcuentos de pronta aparición: Conjuros. Mantiene en La Comunidad del diario madrileño El País el blog Conjuros y en Blogger el blog promocional de la revista Caudal.

Creer en Dios y temerle a los payasos
Por Declarado Demente.
Según la lista de participantes, debe ser de Barcelona. El autor que le ha tocado para su sesión de biblioterapia es “San Juan de la Cruz”, pero presenta su ponencia en un francés impecable. Se sonroja un poco cuando nos cuenta que la traducción al francés es de ella y que ha partido de la traducción de Gaultier de 1620. Traducidos al francés, los versos de San Juan tienen una musicalidad similar a la de los parlamentos de Racine: la misma pasión, la misma voluptuosidad contenida, los mismos intentos de insanas fugas. Ella nos habla de los mágicos 999 versos que componen la obra total del poeta carmelita. Nos habla de sus encarcelamientos y sus fugas en medio de la noche. De cómo su obra fue censurada por su propia congregación y sólo se publicó treinta años después de su muerte. Nos cuenta también de las polémicas sobre ciertos versos de la última estrofa, que aún ahora son objeto de violentas disputas, entre los carmelitas españoles y franceses. Se llama Andrea L. y debe tener menos de treinta años, sus grandes ojos son de un color verde oscuro e intenso, como las hojas del pino navideño, que de forma completamente extemporánea decora la sala que ocupamos. Cuando habla, sus manos finas parecen dirigir una orquesta invisible: a la derecha los arcos, más allá los vientos, al fondo las percusiones. Y así, poco a poco, Andrea L. nos va deshilvanando su historia personal, mechada con citas de la poesía de San Juan y otras de Sor Juana y de Santa Teresa, también nos habla de Thomas Kempis y Bossuet. Acababa de recibir su doctorado, por la Blanquerna, en Filosofía Clásica, con una tesis de título imponente, Preguntas nuevas sobre Aristoteles y su influencia en La Maquina de Ramón Llull. Fue por ese entonces cuando le sobrevino el cataclismo interno y no pudo dejar de llorar por varios días. Encerrada en su piso del Monistrol de Montserrat, jamás había llorado tanto, no podía comer, sufrió una conjuntivitis, hubo riesgo de deshidratación. —No a causa del llanto o las lagrimas. Sonríe, otra vez con el rostro arrebolado. Sino porque la melancolía me impedía comer o beber. Algo dentro de mí había dejado de funcionar. Sabía que algo se había roto, pero no sabía qué Su voz es pausada, sus afirmaciones terminan en una ligera forma interrogativa, que mantiene a los que la escuchamos absortos en sus palabras: abandonar la enfermedad mental, la noche —ella la llama así—, significa salir de sí mismos, abandonarse, para a

partir de lo más profundo de esa noche y buscar el encuentro con Dios: cauterio para su herida. —Yo también he sufrido, dice. Yo también me he sentido sola y perdida en la mitad de la noche, entre bosques y espesuras, he tratado de buscar esa almunia florida de la que San Juan habla. Sé que tengo mucho camino por recorrer, hasta sentir nuevamente “el aire de la almena”. Le brillan los ojos, cuando habla de ello: mantener ese blog dedicado a la defensa de las mujeres víctimas de la violencia domestica, también le ha ayudado. Sonríe con auto ironía cuando nos habla del origen de sus problemas: —Es inverosímil, dice. Se van a reír, nos advierte. Cuando finalmente nos lo dice, nadie entiende de qué se trata. —Sufro de Coulrofobia. —No se preocupen, sonríe. Yo también busqué en el Diccionario y la palabra no existe. En Google sin embargo hay unas cien mil entradas entre inglés y castellano. El artículo, en español, de la Wikipedia lo estamos redactando conjuntamente con la doctora Pí de Barcelona, mi analista. No ha podido asistir, porque perdió la coincidencia en París. La coulrofobia es la fobia o miedo irracional a los payasos. Las causas de la coulrofóbia no son claras aunque la mayoría de los pacientes coinciden en que lo que más les aterroriza de los payasos es el maquillaje excesivo, a menudo acompañado de la nariz roja y del color extraño del cabello, y el hecho que ocultan su verdadera identidad. Durante la pausa de café, evito hablar con Andrea L, aún si quisiera preguntarle sobre la Máquina de pensar de Llull. No creo que salir de la locura, sea como encontrar a Dios, creo que si yo encontrará a Dios o cualquiera de vosotros lo hiciera se volvería realmente loco. Hace unos días aprendí —me lo explicó el Dr. Bleuler— que el Delirium Tremens no es causado por exceso de alcohol, como yo creía, sino por falta de él. Algo así es la locura, cuando nos falta, deliramos.

VITRINA Morales. LOS VERSOS DE UNA VITRINA por Marietta Morales.
Era un errante poeta en las calles de Santiago. Solamente el sonido del estruendo de las palomas, hacia latir su corazón. Vio el brillo de las vitrinas y una lágrima cayo en su rostro. La protesta de estudiantes. El guanaco con sus lanzas aguas. Las micros como orugas temerosas. Era el silencio en el caos y llorar su pena infinita. Todos tienen derecho a sus quinces minutos de fama. Vio como sus versos estallaban en la vitrina. Un disparo estalló y el poeta volvía a ser ese estudiante inquieto.

SEPELIO Anoche sentí la muerte susurrar al costado de mi cama. Seguramente quería decirme algo... No sentí miedo. Y no lo sentí hasta comenzar a revisar una lista imaginaria con los posibles candidatos a merecer su inevitable abrazo. Allí, después de un rato de adormecidas divagaciones, caí en cuenta de que mi temeridad no era tal y que el sueño o presentimiento de la Vieja Parca, seguramente, era una premonición a mi persona, una invitación indelegable a revivir una de mis antiguas muertes. Ahí sí tuve miedo... pensé, seguramente, que allí estarías tú. Porque, más que seguro , que si de edad se trata , la finada no ha de ser otra que la vieja tía Cándida, con sus casi noventa años a cuestas, evento al que no podré excusarme de asistir por miedo a disgustar a los parientes que ya se fueron y esperan por ella... seguramente, ha de ser así. Seguramente aquél día, será cuantioso en personas el cortejo a desfilar por el viejo Cementerio General, hacia el Patio de las Esculturas, en la Tercera de Tilo, y más que seguro, yo iré sola – no es cosa de complicar a las generaciones posteriores – y marchando en apartado, seguramente, por temor a encontrarte entre tantos rostros vacíos de vivencias en común. Y entonces, más que seguro, mi prima, la Pilar se acercará a mí en un gesto tan típico de los de ella: tan cristiano y redentor que me será imposible rechazarlo y, en un dos por tres nos abrazaremos llorando – o casi – como corresponde, y ello, seguramente, llamará la atención de alguien más de lo que yo quisiera y, más que seguro que, entre aquellos, estarás tú. En ese temido momento, seguramente los árboles se quedarán pasmados ante el retroceso sin vergüenza alguna del tiempo, y el viento dejará de colarse entre sus doradas hojas por miedo a interrumpir tan delicado e inusual momento... y las tumbas, las tumbas que de por sí están quietas, se alinearán una a otra, codo con codo para mantenerse más quietas si es posible aún. Seguramente ni tú ni yo dejaremos ver el impacto de la mutua visión. Es más, trataremos de no reconocernos de buenas a primeras para no romper con las buenas costumbres. Porque más que seguro, que todas las fortalezas adquiridas a través de los años se derrumbarán en cosa de segundos y, entonces, nos saludaremos con una voz casi cordial y un beso frío en la mejilla remordiendo la rabia acumulada en más de veinte años. Será así, más que seguro, que tendré que descolgarme de tu rostro y centrar mi atención en tus pasos, en mis pasos, en los pasos cansados y frívolos del cortejo en general y no reptar por tu espalda mientras te adelantas para acompañar el féretro más de cerca. Para ti ha de ser difícil... lo sé, tú la querías tal vez,

mucho más que yo. Entonces, una vez reconocidos y reencontrados tú y yo, ya no será posible la paz en el Viejo Mundo de los Recuerdos Rotos porque, por un simple resquicio del veleidoso tiempo se escaparán juntos nuestros clones de antaño. Y entonces, dime...¿qué haremos allí tú y yo completamente desnudos de ropajes y de las trancas adquiridas con el pasar de los años? Seguramente, me costará reconocerme... me veré tan fresca y vital como ya ni me recuerdo. Mi vientre, libre y sin complejos, con su suave curva al frente y no parapetado tras absurdos ropajes. Mi trasero loco saltando de alegría frente al calor de tus ojos y hasta mis senos, libres de amarras y prejuicios bailarán alborotados tu bienvenida y, más que seguro que acabaran atrapados entre tus labios y tus dientes, mordisqueados dulcemente con todo el amor contenido por tanto tiempo, y... ¿es que aquellas serán mis manos? Esas que, seguramente, recorrerán tu cuerpo con la misma fiebre de antaño, palmotearán tus nalgas y te abrirán las piernas para poder acogerte entero entre sus palmas. Siempre fue así... mi mano izquierda, su palma, la cuna perfecta para tu sexo y, más que seguro que no lo habremos olvidado y retozaremos felices recostándonos en cada tumba que se nos antoje, con los brazos abiertos para abrazar el sol y las piernas abiertas para abrasarnos por dentro, haciendo el amor de a poco, un poco en cada superficie, un tanto así y un tanto asa hasta practicar toda la agenda de posturas que solíamos coleccionar... Y entonces, dime... ¿cómo es que no nos ves? O acaso sí, porque vas demasiado envarado y sonrojado mientras se deposita el ataúd en el atrio. Si. Seguramente, ya nos viste, y ¿cómo no hacerlo? Estamos desquiciados y como nunca presos de antojos y desvaríos. Míranos, o mejor, no, no te voltees, porque ¡fíjate!, estamos allí, sólo cuatro tumbas al fondo haciendo el amor de pie, tú agarrado a mi espalda y yo asiéndome al jarrón de mármol despojado de flores secas. Seguramente no lo habremos olvidado... nos excitaba tanto hacerlo así, y reíamos, reíamos a medias entre lo gemidos calientes de cada empellón. Seguramente, aquél día no dejaremos de hacerlo, entonces, por dentro, rezaré fervientemente para que el sermón del cura pueda apagar los estertores de cada orgasmo. Créeme: no quisiera seguir mirándonos en un momento así pero, te juro... no nos recordaba así... y si los demás pudiesen vernos tal como nosotros lo haremos, más que seguro, pensarían que la muerta soy yo. Un perfumé de flores húmedas se expandirá por el aire mientras depositan los ramos y coronas sobre la tumba de tía Cándida y nuestras siluetas se irán esfumando de a poco entre el murmullo denso del ambiente. Todo parecerá volver a la normalidad - si es que es normal un silencio de más de dos décadas – y ya sin excusas, más que seguro, te acercarás a mí para la el momento culmine de la despedida, y será entonces que yo sentiré toda mi vida dependiendo del giro de tus palabras, de la supuesta pregunta que puedas conformar con ellas, y más que seguro que ahí estaré padeciendo, con el vientre apretado y el corazón desorbitado hecho un manojo de alas dentro del pecho. Seguramente, tú tratarás de conservar la calma – siempre lo hiciste - y tomarás aliento antes de abrir los labios y, con esa voz suave y agazapada que usabas para los momentos difíciles me dirás: ¿Y cómo está nuestro hi...? Y allí quedará todo, porque seguramente, ya no te acuerdas de su nombre... ¡Ignacio!, gritaré yo, ¡se llama Ignacio y es el hijo que espera hace más de veinte años por un gesto tuyo! Pero, presiento que todo será inútil, porque conociéndote, seguramente ni siquiera lograrás formular la pregunta que alienta mi eterna espera y yo, más que seguro, tampoco seré capaz de tocar el tema frente a ti, allí, en el terreno de las Almas Muertas, y tan muerta a la vez me sentiré, que tendré que colgarme de la cima de los árboles y mover con fuerza mis pies que, de tan estáticos, habrán comenzado a echar raíces como corresponde a los de una torpe muerta en vida, como yo. Mas que seguro, a estas alturas, nuestros clones se habrán hecho añicos ante la vergüenza de tu silencio cobarde y, seguramente, sus fragmentos de cristales rotos volarán por el cielo completamente extraviados hasta hacerse polvo y nube y rayo y agua y, por fin, volver a la tierra en forma de llovizna tenue. Puedo afirmar – y es con toda seguridad - , que nadie notará mis lágrimas en un momento como ese y libremente, aunque sintiéndome más vencida que nunca, me marcharé del recinto recriminándome una y mil veces por haber nombrado amor a una simple calentura. Amanda Espejo. Quilicura / 5 Agosto / 2008 Cuento seleccionado para la revista ANCLA número dos, dedicado al erotismo. (No lo publicaron entero). Diciembre del 2008

LA LITERATURA ABRIENDO CAMINOS EN EL SALVADOR
Por Ignacio Cardenal
El pasado 29 y 30 de noviembre de 2008 tuvo lugar en la ciudad salvadoreña de Quezaltepeque el “II Encuentro Nacional de Talleres Literarios” denominado “Generación de la Sangre”, evento en el cual se han sentado las bases que orientarán el trabajo de los nuevos escritores de este pequeño país durante los próximos doce meses. Distintos talleres literarios de todas partes de El Salvador se dieron cita para ser partícipes de la construcción de una nueva literatura en la región, ya que durante los últimos 20 años se ha experimentado la difuminación de las bases que deben de configurar la creación de textos que reflejen la convulsionada realidad actual nacional e internacional. El encuentro, desarrollado bajo el patrocinio del departamento de cultura de la alcaldía municipal de Quezaltepeque, ha debatido acerca de la importancia del redescubrimiento de los valores precolombinos a fin de poder escribir nuevas poesías e historias que busquen en definitiva la consolidación de una identidad de nación. Se contó con la participación de ponentes altamente reconocidos en el mundo de las letras salvadoreñas, tales como el Dr. Luis Melgar Brizuela y el Lic. Antonio Casquín, quienes explicaron a los participantes que la identidad del salvadoreño deberá construirse a través de una literatura que refleje los valores del pueblo pipil, antiguos habitantes de lo que anteriormente se denominó Cuscatlán, hoy El Salvador. La “Generación de la Sangre” El nombre de este grupo de escritores noveles fue otorgado por los organizadores en alusión al compromiso de hacer resurgir la sencillez de la vida a través de las letras, tal y como la sangre que recorre las venas. Chicos y chicas cuyas edades oscilaban entre los 14 y 25 años permanecieron dos días reunidos proponiendo formas e ideas para impulsar este gran movimiento entre sus contemporáneos. Actividades culturales como el canto, la danza, la guitarra clásica, el teatro y la lectura de textos poéticos en torno a la fogata permitieron a los jóvenes poetas divertirse tanto apreciando las artes de los quezaltecos como en el compartir de la poesía al calor de la hoguera. Como miembro de esta generación puedo asegurar que el compromiso es grande, pero que no será desoído por todos los que nos adentramos en esta aventura literaria, pues la lucha por defender las letras en un país donde no existen muchos, o muy pocos espacios de difusión de este bello arte, representa un gran reto a vencer para la transformación del país que Gabriela Mistral bautizara como “pulgarcito de América”. Esperamos que este eco de esperanza llegue a otras latitudes a través de la red, invitando a nuestros lectores a que sigan apoyando a la literatura bajo todas sus formas en cada uno de sus países. Así mismo esperamos que se apoye a El Salvador compartiendo esta noticia en todas partes, demostrando así que los jóvenes salvadoreños podemos unirnos al concierto literario de las naciones.

EL CÓNDOR Y LA PALOMA por Nelson Gómez León Tras años de ausencia, los primeros días los pasé recorriendo la ciudad y admirando las obras realizadas durante mi prolongado alejamiento; a la semana, visité la cima del morro de Arica. Después de ver las nuevas construcciones, eché de menos las trincheras, según recuerdo, eran unos huecos cavados en el suelo con la forma de un rectángulo, de unos ocho metros de profundidad, por un metro de ancho, con varios nichos a los costados donde dormían los soldados; esta cavidad estaba recubierta con cemento y piedras. Al terminar el paseo caminé en dirección sur, buscando una huella que me llevara hasta la playa La Lisera; durante las dos horas que había durado esta jornada, en varias oportunidades vi planear a un cóndor por los alrededores y, ahora que estaba casi llegando al mar, me encontré con esa magnífica ave posada en una roca contigua a la ruta que estaba siguiendo; al llegar a quince metros de él me detuve, el cóndor impertérrito escudriñaba lontananza del océano y, a esta distancia, pude apreciar que una paloma blanca estaba posada en el vértice de sus alas y el cuello. Asombrado ante este insólito hecho que no encajaba en mi cerebro, y menos encontraba alguna explicación lógica a tan kafkaiana visión, lentamente me fui acercando hasta llegar a unos siete metros de las aves; sí, no me cupo duda posible, era una paloma blanca. Poco a poco fui doblando las rodillas hasta quedar sentado en el suelo; pasaron varios minutos hasta que el cóndor se dignó a girar su majestuosa cabeza y sus penetrantes ojos se clavaron en los míos y, nos quedamos mirando un buen rato. Las aves mostraron buena disposición ante mi inoportuna presencia, casi podría decir, con amistad; traté entonces de serenarme al máximo, y como entre los conocimientos que poseo incluyo el hipnotismo, traté de hacer un enriquecedor experimento y ver qué podría lograr en esta oportunidad. Al principio me vi en dificultades por la fuerte mirada del paciente, que casi revierte el intento; poco a poco, fui notando mi supremacía frente al señor de los cielos, hasta que en unos pocos minutos logré mi objetivo. Como si hubiese estado en una situación totalmente normal, pregunté: -¿Cóndor, por qué razón llevas sobre tus hombros a una paloma? Al quedar en la incertidumbre de lo que podría acontecer, en mi interior bulleron cosas que subían y bajaban, chocaban y saltaban. De pronto, a mis oídos llegó una profunda y bella voz de barítono, que me decía: -Has logrado lo que nunca imaginó persona alguna, en años, yo mismo no había escuchado mi voz, y paladeo la agradable sensación de comunicarme por medio de las palabras. Si contesto la pregunta, tal como tú me la formulas, no entenderás nada, por eso, te relataré mi vida anterior, y ahí sabrás los hechos que responderán a tu curiosidad. Nací y me crié en la ciudad de Linares, llegué a la capital a cursar los estudios superiores, justo cuando la Patria reclutaba hombres ante una guerra que amenazaba nuestra soberanía; después de un breve entrenamiento nos enviaron a Antofagasta, desde donde, entre batallas y hambre nos vinimos tirando calamorro hasta llegar a Arica; la noche anterior al 7 de junio de 1880, por razones que uno muchas veces no puede explicarse, repasé lo que había sido mi vida. Allí apareció mi novia de Linares, una pololita de Santiago y, la única mujer antofagastina que conocí como se debe, hasta donde el pudor queda atrás; entre los bártulos de mis recuerdos, aparecieron rostros de soldados que fueron mis amigos y murieron en el camino, y un sinnúmero de muertes innecesarias, horrorosas mutilaciones y largas agonías. Los sufrimientos, las amarguras, los desengaños y las

ingratitudes habían hecho mella en mi fortaleza; tenía que soportar una soledad forzada, que no me permitía integrar grupos de soldados, por miedo a encariñarme con esos futuros muertos que irían quedando sepultados a nuestro paso. Cuando corrimos ese amanecer a tomarnos el morro, en mi interior ya iba destrozado; cumplía sólo por mi Patria. Luego de sortear la balacera más tupida que nos había tocado enfrentar en la campaña, a los pies del fuerte Ciudadela llegamos la mitad del batallón; con los corvos rajamos los sacos de arena que estaban en las bases de las trincheras; se abrió un forado y, gritando como un poseído entré expectante con la bayoneta en ristre, justo en el momento que un soldado enemigo trataba de tapar ese hueco con la bayoneta y su cuerpo; encontrarnos en la entrada y ambos quedar clavados en nuestras armas, resultó una sola acción; nuestra agonía fue corta, con las miradas nos contamos las penurias vividas y, en medio de los estertores de la muerte, junto con una lágrima nos pedimos perdón. Pasados los años me reencarné en un cóndor, y un día, al sobrevolar el sector de Lluta, desde lejos divisé a una paloma blanca, en raudo vuelo llegué a su lado y cuando pretendí atraparla, al mirar su ojos, de inmediato reconocí al soldado que me dieron por enemigo al que sin odio asesiné, y el que en las mismas condiciones me mató. Como en los días de la guerra del Pacífico nosotros no deseábamos ni disfrutamos de las batallas, decidimos volar juntos por el resto de nuestras vidas-. Durante el relato de su amigo, la palomita movía afirmativamente la cabecita, como señal de su aprobación. Después de oír esta sensible y estremecedora historia ¿qué decir?, ¿qué opinar, y hasta qué punto podía creer lo que estaba viendo y oyendo? Sin poder cerrar la boca ante tanto desatino y preguntándome hasta que punto mi hipnotismo era el culpable, únicamente me quedó una idea clara en la cabeza: cada día, yo estaba más loco.

EL TOROGÓZ GORDO *1 Por Ignacio Cardenal

Había una vez un torogóz muy gordo. Se había inflamado de tanto comer las sobras que en los platos desechables dejaban los estudiantes en la cafetería universitaria, y, con suma dificultad, se la pasaba brincando de mesa en mesa para engullir extraños bocadillos que le saciaran el hambre. Un día, el torogóz se sintió muy triste, pues a duras penas conseguía volar hacia su nido o hacia los jardines en los que prefería estarse. Sus alas esmeralda no podían con todo el sobrepeso que había ganado en semanas. -No, no es posible –pensó el torogóz-. Debo de hacer algo o nunca jamás podré remontar el vuelo. Tengo que buscar un mejor lugar en dónde alimentarme. Así lo hizo. El torogóz voló con grandes esfuerzos hasta la estatua de la diosa Atenea, en la que fue a posarse sobre el hombro izquierdo. Ahí, mientras descansaba de su fatigoso viaje, pensaba que había

encontrado el lugar perfecto para cambiar de vida; justo al lado de la diosa de la sabiduría. Pero pronto se percató de los murmullos que le lanzaban los estudiantes: -Ve, ese torogóz maje cree que es el tecolote de la Minerva. -No –pensó el torogóz – Yo no puedo compararme con un tecolote. Si sigo aquí sentado la gente va creer que soy un pájaro que no soy: mi gracia son mis plumas. Además aquí hay muy pocos sitios dónde comer. Me voy. El torogóz emprendió nuevamente su trabajoso vuelo, no sin antes despedirse de la diosa de la sabiduría, a quien estampó un recuerdo desde las profundidades de sus entrañas en el hombro dónde se había posado. Primero descansó en un almendro, luego descansó en una palmera, después se posó a la sombra de un árbol de mangos y por fin se estableció en una viga de una casa donde se reunían los miembros de una organización de estudiantes, los cuales acogieron al torogóz de muy buena manera, colocándole agua en un recipiente y algunos trozos de fruta. -Creo que me quedaré por fin en esta casa –se dijo el torogóz-. Estos jóvenes aún se acuerdan de los animales de su tierra. Además sus pláticas se oyen muy interesantes. De este modo el torogóz permaneció por dos semanas en el local de la organización estudiantil, y durante ese tiempo comió fruta fresca y agua purificada; escuchando atentamente las conversaciones acerca de un señor al que llamaban Marx, y otro al que llamaban por un nombre más extraño de pronunciar aún. Pasaron los quince días y el ave volvió a sentirse incómoda en aquel lugar, pese a la buena comida y a los diálogos. -No sé por qué pero ya no me gusta esta casa –pensó el torogóz – Creo que no he bajado solamente de peso, sino también de conciencia. Estos nombres tan raros de pronunciar no van conmigo. Me voy. Si bien era cierto que el pájaro había bajado algunos gramos de su grasa, no consiguió volar con completa libertad. Se dio cuenta que aún llevaba consigo mucha de la porquería que había comido de todas partes, en especial de las sobras de los platos desechables. Por fin llegó a una Ceiba, y permaneció ahí en silencio durante veinte días con sus noches, no sin esforzarse por no dejarse ver de los transeúntes de la facultad que se morían de risa al ver su perfecta redondez. En ese tiempo el torogóz aprendió finalmente lo que era ser un torogóz, y al final de sus veinte días y veinte noches de reflexión profunda se dijo: -Ahora sí que he bajado mucho de peso, y he aprendido mucho sobre lo que es ser torogóz. La lluvia me ha dado de beber, la brisa ha refrescado mi mente y las risas de los estudiantes me han templado las alas del carácter. Hoy debo volar. Y el torogóz, que antes había sido muy gordo, voló por encima de toda la capital, hacia regiones de bosques y árboles donde pudo encontrar aves semejantes a él, con las cuales compartió lo que era ser torogóz. Les enseñó a cómo surcar los cielos, a cómo mezclarse entre las nubes, y por supuesto cómo escoger la comida que sí nutría tanto el organismo como la esencia de torogóz. Una tarde, uno de los pájaros más jóvenes, mientras aprendía a volar por sobre el smog de la ciudad, preguntó al que antes había sido muy gordo: -Decíme amigo, y al final, ¿qué es ser torogóz? Y el otro respondió: -Es saber comer aquello que te dejará volar por sobre el cielo azul que tenés enfrente. _________________________________________________ *1 El torogóz es el ave nacional de El Salvador, escogida por caracterizar las cualidades hospitalarias y hogareñas del pueblo salvadoreño, debido a que esta ave convive como en una familia.

El arte de Rafael Hierro Rivero
Cinosargo acusa recibo de la obra fotográfica de Rafael Hierro Rivero y tiene el placer de presentar una selección de su arte. Más detalle del trabajo de este autor en el siguiente vínculo http://www.flickr.com/photos/27554530@N02/

Espejismo.

La Novia de Duchamp (Serie Noticias del paraíso)

Herido y Solemne

Violencia urbanística Serie Violencia urbanística

La Mirada Sumergida Serie El ojo narrativo ECOS (1)

Doblar la esquina aquella Serie El ojo narrativo ECOS (1)

Anverso Literario: La situación Literaria y editorial del Norte Grande

La incomunicación literaria que el norte grande de nuestro país sufre en el plano intelectual y creativo, entiéndase por esto instancias que fomenten la producción, especialización y difusión de obras de autores incipientes, poetas, narradores, ensayistas, dramaturgos y críticos literarios emergentes así como la condición de olvido de obras de artistas vivos y ya fallecidos, que por años se consagraron al cultivo de la palabra en esta región del mundo, es tremenda y raudamente trae a la memoria la tesis que José Donoso subjetiva pero magistralmente plantea en su libro titulado historia personal del Boom para referirse al sistema parroquial o feudal imperante en el continente hasta la irrupción violenta de esas voces cosmopolitas y universales, experimentales y arriesgadas que sin perder de vista la riqueza del lenguaje español y sus variantes dialectales, peruanas, chilenas, cubanas, argentinas o caribeñas, consiguieron revertir a nivel mundial, académico, crítico y comercial el aislamiento a partir de los años sesenta al redefinir no sin detractores, insidias, odios y resquemores la limitante condición del escritor y lector Americano que previo a Rayuela, Tres tristes tigres, Paradiso, El Obsceno pájaro de la Noche, La Casa Verde, Cien años de Soledad y la Región más Transparente, solo veía con el respeto que me merecen Rómulo Gallegos o Mariano Azuela, la epítome cultural del continente, en Segundo Sombra, La Vorágine, Doña Bárbara y Los de abajo por nombrar algunos. Y es que tal como lo plantea el autor de Coronación y El lugar sin límites, el estar encerrados en las fronteras de tu provincia y de tu país, sabiendo que la única lectura valida es la que no desafíe la cotidianidad y las conciencias, la tradición y el ejercicio mecánico de interpretación y que ninguna editorial apueste por ti y que el único sistema de difusión sea un correo de chasquis integrado por tus amigos, que a la venta de tu libro se imponga el trueque, o que simplemente no hay una editorial y sólo carísimas e impersonales imprentas, es una condición que indefectiblemente terminará por convertirse en una bomba de tiempo, pues la literatura buscará su propio cauce. Neruda, Carlos Fuentes, Arguedas, Roa Bastos, Carpentier y Gonzalo Rojas entre muchos más, así lo anticiparon reunidos ante los ojos de un joven atónito Donoso en una cumbre en Concepción en el 62, esto fue antes del fenómeno del boom, antes que Llosa ganara a los 24 años el premio creado por Carlos Barral, o siquiera se pensará en que el Colombiano Gabo ganaría un nobel, convirtiendo la gesta de los Buendía en un libro imprescindible en nuestra lengua, pero volviendo al tema, y por esperanzadora que sea la anécdota y vivencia de Donoso y compañía, debemos recordar que esto fue entre los sesenta y setenta; mucho agua ha corrido bajo el puente desde entonces, pues pronto se van a cumplir cerca de cuarenta años y el norte grande de Chile… pues bien; sigue igual, seguimos inmersos en un sistema feudal literario por mucho que este el éxito de ventas Rivera Letelier que es sólo un hombre entre miles y que caso no anecdótico, forma parte de las dos generaciones posteriores al boom, una de clones y escritores más

cercanos al periodismo y al testimonio y la otra de gente que mira hacia autores y géneros ninguneados como el policiaco y la serie B, cuyo santo patrón sería Bolaño, ellos son los que abarrotan hoy los anaqueles, aunque el predominio aún es de los cuatro jinetes del Apocalipsis, Cortázar, Fuentes, Márquez y Llosa, en poesía, y drama es tan poco lo que se puede conseguir en librerías comunes y silvestres de estos lares que casi sería argumento de teatro del absurdo mencionarlo. Y a todo esto, ¿qué hay de la literatura del norte de Chile?, ¿existe?, ¿vale la pena que exista? ¿Quiénes son los autores del norte? Sabella, Zañartu, Bahamonde, Nana Gutiérrez, María Monvel, Oscar Hahn, eso es todo, claro hay más, y quizá la pregunta es incorrecta en función del propósito de este artículo. Más correcto sería preguntar: ¿Qué debe ocurrir para que un escritor que nace, vive y crece en el norte o en provincia, salga de su parroquia, o logre conectar su espacio vital con el mundo?, es necesario emigrar, escapar, decir paz yo me borro… o es que hay una posibilidad de que algún día el norte grande y otras zonas, céntricas o australes del país, sean reconocidas como una valiosa medula cultural, o al menos un espacio que también tiene sus méritos independientes de la gran urbe. Fácilmente podemos como muchas otras problemáticas, achacar la situación de indefensión, a las características geográficas y administrativas que hacen de Chile un único núcleo: Santiago; sin embargo si quitamos la vista del terruño y el argumento cliché por un segundo, vemos que la relación que se evidencia en otros países entre sus capitales y provincias, no dista de la de nuestro austral hogar, pregúntele a un argentino a mexicano que no sea de Buenos Aires o DF, el que menos siempre ataca el centro económico y político de su país por lo indiferente y autoreferecial. Un caso más cercano, es Perú, basta con cruzar Chacalluta y descubrir que para muchos la tierra de Vallejo (curiosamente nacido en Santiago de Chuco, Andes del Perú) es sólo Lima, pero afirmar ello sería un injusto error, pues si atendemos a lo que ocurre allá en lugares que como Arica y Punta Arenas, se hallan tan o más alejados de la gran ciudad y que por tanto se diferencian de esta en su temple y ánimo, habló de zonas de la sierra y selva, o espacios costeros que por mucho que Lima tenga aglutinada a la mayor cantidad de la población, museos y prestigiosas Universidades públicas y privadas, orgullosos pueden demostrar ante todo. que tienen grandes creadores y como apoyo a estos, espacios para que estos genios y valores creativos, se den a conocer, ferias del libro con invitados de primera (Arica no tiene en primera instancia, una feria del libro regular, la cual año a año, de existir, beneficiaría el contacto tanto de escritores del país como la función de los libreros) , otro factor a destacar en el vecino país, son las ediciones que nada tienen que envidiar a Alfaguara o Anagrama, la adquisición de libros de todo tipo y año, el costo bajísimo del servicio de imprentas y por último, los centros culturales que los mismos artistas han gestionado paradójicamente, sin el apoyo de un Ministerio de Cultura como el nuestro, que año a año hay que reconocer entrega un fuerte espaldarazo económico a los creadores con las becas de creación y fomento en diversas áreas (Fondart). La existencia de colectivos y grupos editoriales en la tierra de Salazar Bondy es envidiable, y que los mismos creadores se apoyen en los lanzamientos, que el escritor pueda realizar, recitales o una gira por provincias y sentir el apoyo de sus pares y agotar ediciones es motivador, junto con ver cuanta revista se publica. Otro aliciente es la cantidad de estudiosos de las letras que realizan crónicas y reseñas de los autores emergentes, claro, no todo es color de rosa, no se trata esto de ensalzar una realidad y denostar otras y entre esas la nuestra, pues en conversaciones que tuve recientemente con escritores y libreros de allá, enfocándonos netamente en el plano practico de la producción del libro, todo el proceso

hasta su difusión y destino comercial, pude descubrir que no estamos ante la panacea, no se trata de un negocio redondo, siempre está la tarea de formar un público que madure y lea, que demande y critique desde su contacto con la obra, por tanto en muchos casos el lanzar un libro implica un riesgo material, pues se va a perdida y las obras sólo permiten la rotación del material, la recuperación justa del capital y el gran logró, jamás menor, es la difusión del escritor y el ir construyéndose un nombre y un prestigio como casa editora, esto sin entrar a juzgar la calidad y evolución del trabajo estético del publicado, pues estar en papel tampoco es garantía de valor creativo o la finalidad misma de la escritura, sin embargo es una opción importante para muchos autores que quieren ser leídos, o buscan comunicar y ver su trabajo reflejado en un texto, la suma de todas estas aclaraciones sólo demuestra lo loable de los grupos y personas que en Perú han asumido la tarea cultural y batuta en pro de la letras, ya que nadie entra a la literatura para lucrar o enquicerse, al menos no materialmente y el que lo hace, bueno, no pasa más allá de ser un parasito como los hay en todas las instancias en que el hombre se desenvuelve. Como conclusión, me pongo a reflexionar sobre si la situación es entonces un problema a nivel interno, sólo atribuible a los hombres y mujeres de Chile y en específico del desierto, y rápidamente vuelvo la vista hacia el Centro Sur de Chile y me topo con Revistas que ya superan la decena de números como La Mancha por ejemplo y editoriales como Temple, Fracturas, Mantra entre muchas otras que se han arriesgado, que han apostado por autores jóvenes siendo jóvenes mismos los que están detrás de su génesis y dirección, encuentros recientes como el descentralización que llevó la poesía a las calles, plazas y mercados y el Poquita fe que en Santiago este año tomó ribetes internacionales, revelan que la capital y otras ciudades de Chile, no están atrás en lo que concierne a una consciencia literaria, abierta a la creación y la difusión, por otro lado, esta preocupación que expongo tampoco es ajena a los escritores del Norte y de Arica, sabemos cuán encerrados estamos entre el desierto, el mar, la cordillera y las cuestas, sabemos cuál es el desafío, por ello la creación se traslada ahora desde las páginas a la gestión cultural, a la creación de instancias de encuentro, de intercambio, de más talleres, de espacios de rotación de bibliografía actualizada, congresos y por qué no, un par de editoriales independientes, por ello, el escribir y pensar esto, no sólo procura lanzar una denuncia, poner en el tapete el problema y luego irse a la cama a dormir y esperar como cambian las cosas, es un tema que se repite en muchas áreas, no sólo artísticas, lo vemos gravemente en la educación y en otros sectores, salud, comercio, pero centrándome en el caso de la literatura puedo afirmar que este problema de reclusión ligado de manera prominente a la lectura, a la lengua, a la lógica y a la identidad, sea fundacional o desterritorializada, es un tema que verdaderamente debiera preocupar a todos aquellos vinculados al quehacer político y cultural, no sólo a la gente de letras, sino en general, pues el pensamiento del hombre en gran medida (por no decir exclusivamente), está delimitado por su lenguaje. Vivimos en un mundo sígnico donde todo comunica y requiere una interpretación en función de códigos preestablecidos, no quiero con esto restar valor a la música, a los gestos, a otras formas de significación, pero el código universal, que todos estamos llamados a captar desde la más tierna infancia es la lengua, sea la de Shakespeare, Cervantes, Tolstoi, Flaubert , Kawabata, Homero, Li Po y cada una con sus variantes nacionales y regionales, por eso es tan triste la situación de una lengua que pierde a su último hablante, pues con la desaparición de aquella mente, de aquella vida, muere una cultura, una cosmovisión, lo cual demuestra, cuan vinculada está la tarea del lector-escritor a como se comprende y lee la realidad y como sensorial y tantas veces irracional, surrealista, intuitiva, matemática, existencial, desectructural o naturalista-mente la reescribimos desde la oralidad y la escritura. Autor: Daniel Rojas Pachas

¿QUÉ ES LA POESÍA?
Por José Martínez Fernández
Aunque a los poetas les resulta más o menos simple construir un poema, les es difícil decir donde está la razón de su creación y que intentó, al final de cuentas, exponer. “Poesía eres tú”, decía Bécquer. Yo creo que en todas las cosas hay algo de poesía. Eso me resulta obvio. En la época dura (dictadura) un diario a nivel nacional me hizo una entrevista. Puso como título del artículo una de mis frases señaladas en ella: “En todas las cosas hay algo de poesía”. Hoy reafirmo ello. La poesía, su motivo, está en todas las cosas y lugares y es el creador (poeta) quien sabrá darle forma a las impresiones que esas cosas les causen. De allí que existan desde poemas a las moscas (Waldo Rojas) hasta poemas al aparato biológico interior de la mujer (Baldomero Fernández Moreno), donde todos los órganos no considerados “bellos” son rescatados por el bardo argentino. La poesía debiera ser el acto no explicativo del poeta, aunque los profesores se dediquen a desmenuzar los diferentes espacios del poema, en el que, algunos, suelen llegar a la interpretación más correcta, pero como un estudioso decía: siempre habrá algo indescifrable en la poesía, ya que el intento del vate por todo lo que desea expresar, a veces, le resulta imposible. Entre los creadores de este bello arte hay quienes hacen desde la llamada “poesía culta” hasta los que realizan “poesía popular”. Las diferencias que puedan establecerse entre el creador de una u otra no sería válida, toda vez que en el hacer poético es interesante cualquiera de esas formas. De allí que la poesía culta de Antonio Machado se acerque a lo popular a través de su musicalización, convertida en asunto muy universal a través de la voz de Serrat. A la inversa sucede con José María Contursi, quien escribiendo canciones, se acerca a la otra poesía. “Sombras”, hecha célebre en la voz de Javier Solís, vendría a ser un ejemplo. Nadie tiene la definición absoluta de lo que es poesía y de su análisis perfecto. Uno puede acercarse a interpretar un poema, pero algo puede quedar merodeando en el aire, fuera de la esfera de la razón que el poeta indicó en el texto. Sin embargo no dejan de ser útiles los analistas cultos (y no cegados por odios o sectarismos) que pueden dar muchas luces sobre determinados textos, porque sea como sea, al final hay buena, mediana y mala poesía. Analizar por ejemplo a poetas herméticos como Rosamel del Valle, Juan Luis Martínez, Humberto Díaz Casanueva y Eduardo Anguita (para hablar sólo de autores chilenos), puede resultar difícil…pero…¡ay! cuánta belleza existe en esos textos. Uno se deleita leyéndolos, aunque –al final- haya entendido poco de lo que los poetas hayan querido decirnos. Yo creo que el creador, ese “pequeño dios” del que nos hablaba Huidobro, es un sujeto de una sensibilidad y de una inteligencia mayor…Y esto último no es nuevo. Un famoso estudioso – cuyo nombre hoy no recuerdo- dijo que “el poeta era el hombre más inteligente” y no ha de olvidarse que Goethe, el padre de las letras alemanas, ha sido considerado como el mayor genio de todos los tiempos y en todos los campos.

ARIEL SANTIBÁÑEZ NO MORIRÁ NUNCA
Por José Martínez Fernández

He sabido que se han dictado condenas contra los militares involucrados en la desaparición del poeta nortino Ariel Santibáñez Estay. En esta crónica yo no quiero hacer otra cosa que una semblanza personal del Ariel que yo conocí. Ariel era estudiante de los últimos años de la carrera de Pedagogía en Castellano de la Universidad de Chile, Sede Arica, cuando yo le conocí. Era ya un poeta destacado y sus trabajos, principalmente, aparecían en la revista “Tebaida” que dirigía la profesora universitaria Alicia Galaz Vivar. Usaba anteojos gruesos y hablaba en forma calma, aunque solía ser un tipo de una crítica bastante fuerte frente a muchos escritores. No le gustaban aquellos poemas largos que escribían algunos autores. Supe aquello cuando le hablé de Waldo Rojas, un bardo interesante que empezaba a destacar, precisamente, en los años setenta. Imbuido de una cultura enorme: en especial la literaria, la histórica y la política, Ariel planteaba sus puntos en forma casi autoritaria, pero tenía el don de aceptar la respuesta a sus argumentos. Pocas veces dialogamos. El “joven duro” de las primeras veces se fue abriendo a la aceptación de las diferencias a medida que pasaban nuestras conversaciones que fueron pocas. Yo no entiendo esta desaparición, ni a sus verdugos, ni nada de lo que tuvo que ver con ella. Ariel no era un joven que fuera a poner en riesgo la dictadura militar, a no ser por su poesía de carácter político. Pero el pensamiento es libre. Ariel Santibáñez sí es un PERSONAJE de la historia trágica de las letras chilenas. De sus poemas, varios pueden tener el destino del largo vivir, del ser presente en la historia de la poética nacional. No se ha rescatado, aún, mucho de su obra. Alguien deberá hacer esa tarea, para que Ariel siga vivo y acompañándonos en el acto de las vidas nuestras y las de las generaciones venideras. Esa es la enorme distancia entre el poeta que es Santibáñez y sus verdugos. Éste pasa a la historia como un creador. Los otros, como asesinos. Esté donde esté el cuerpo de Ariel, su quehacer poético se halla en muchos lugares. Ariel Santibáñez Estay crece y crecerá más con el paso de los años en la poesía chilena.

Condenan a prisión a responsables de desaparición de poeta Atacameño
Un juez chileno condenó a penas de prisión, este jueves 13 de noviembre, al general retirado Manuel Contreras, y a otros dos miembros de la policía secreta de la dictadura de Augusto Pinochet por la desaparición, en 1974, del profesor y poeta Ariel Santibáñez Estay. La sentencia, de primera instancia, fue dictada por el juez Juan Eduardo Fuentes, quien condenó a Contreras (en la foto), ex jefe de la Dirección de Inteligencia Nacional (Dina) a cinco años de presidio efectivo por el secuestro calificado (desaparición) de Santibáñez Estay. Además, sentenció a tres años de presidio efectivo al ex coronel Marcelo Moren Brito y al también ex coronel de Carabineros Ricardo Lawrence, aunque a este último le concedió el beneficio de libertad vigilada. Ariel Danton Santibáñez Estay fue un profesor de castellano que tenía 26 años cuando fue detenido por agentes de la Dina en Santiago el 13 de noviembre de 1974; se le vio por última vez en la Villa Grimaldi, uno de los más siniestros centros de tortura de la dictadura. Hijo de un telegrafista que llegó a ser alcalde de Antofagasta, la víctima era además sobrino del técnico de fútbol Luis Santibáñez, seleccionador de Chile en el Mundial de España'82. Nacido en Antofagasta, Santibáñez también fue detenido y torturado en esa ciudad, donde había desarrollado una activa actividad literaria como fundador de la revista Tebaida y autor de poemas que le significaron ganar el Premio Municipal de la ciudad de Arica en 1967. El poeta era miembro del Movimiento de Izquierda Revolucionaria. La revista argentina Cormorán y Delfín publicó en 1970 una selección sobre poetas chilenos que incluyó dos textos suyos: “Esos viejos” y “Discorrayado”. Una versión en inglés de su poema “Descubro oficinas y pasillos transitados” se publicó en 1972 en la Road Apple Review, de la Universidad de Wisconsin, en un especial sobre poesía chilena contemporánea. La revista Nuevo Mundo, del Instituto Latinoamericano de Relaciones Internacionales publicó en 1971, “Ídolo roto” y “Esos viejos”. El escritor dejó varios poemarios inéditos, entre ellos “No comulgar” y “Conquista y asalto” y preparaba el libro Estado de cosas, con poemas de corte político, cuando fue detenido y desaparecido. Un trabajo sobre su obra, a cargo del investigador chileno Arturo Volantines, fue publicado en Letralia 191.

Poema inédito de Guillermo Deisler: Recopilación de Arturo Volantines

CIRCULAR N° 45.- Confidencial* teníamos que identificarnos ser un poco nosotros mismos y ahora está la oportunidad Operarios despedidos de las oficinas durante la Tercera semana de Julio, que terminó el sábado 19. cualquier cosa estaría mejor pensamos quizás nunca pensamos se nos depositaba encima como la humedad de la mañana OF. RENACIMIENTO LISTA “C” Despedidos por ser elementos subversivos y formar una contramanifestación patriótica con motivo de los preparativos para celebrar las fiestas en esta oficina.JOSÉ E. BENAVIDES RODRIGUEZ: José Félix Cortés Alfaro, carnet N° 208942 Jesús Sotelo Espinoza, carnet, no tiene ERA UNA SOSPECHA DE ALGO NO COMPARTIDA pero la que tácitamente aceptábamos

que era nuestra manera de compartirla OF. ANGAMOS LISTA.- B.- Donoso Villalobos Clemente c/. no tiene.Despedido por subversivo muy atrevido.´´ .- B.- Medina González Francisco c/. 9067. Despedido por que fue sorprendido robando.Revisé los papeles que tenía sobre la mesa una foto nos trajo recuerdos comunes y con la misma precaución que presidió todos nuestros actos ese (día la volvimos sobre el escritorio OF. MARÏA LISTA.-A.- Pizarro Contreras Víctor 2° s/c.despedido por insolente.seguros de que no volveríamos más llevamos lo justo para el viaje OF. ARAUCANA LISTA.-A.-Lazo Lazo Carlos c/n.1610,despedido por existir sospecha de estar comprometido en un robo.LISTA .-B.- Rojas Ojeda Francisco c/n. 22003, despedido por la misma causa.ANTOFAGASTA JULIO 22 DE 1924.quizás la noche anterior no le pusimos mucho interés a este (detalle ahora era diferente percibíamos hasta el menor ruido el más pequeño detalle -nos sentíamos actuando en conciencia por primera vezdescorrimos los visillos sin que afuera ocurriera nada esta decisión había sido largamente madurada dentro de (nosotros No era una partida desesperada era algo adentro como una digestión.

* Este texto “a dos planos” fue escrito en los ´70. Fue recopilado y editado por Arturo Volantines desde el “Archivo Oliver Welden”. Se conservaron las proporciones, giros del texto e indicaciones del autor. Cinosargo saluda y agradece la confianza y colaboración del poeta Arturo Volantines que nos entrega interesante y valioso material de autores del norte de Chile como el poeta visual Guillermo Deisler y desde luego escritos de su autoría que confirman su desinteresada amistad y apoyo a este proyecto. Daniel Rojas Pachas

Dr. Emmanuel Lasker
por Denis Osorio Cepeda *DOC*
A propósito de ajedrez (el "deporte - ciencia", pero en lo personal, el "juego - arte"), permítanme salirme un poco del canon literario y hacer alguna mención de este juego o deporte o como se quiera llamar, porque pienso que tiene muchísima relación con la poesía y con el diseño y con el arte en general. Pretendo ahora recordar y celebrar a uno de los grandes maestros antiguos de este juego, por su carisma, inteligencia, frialdad y sagacidad. Créanme, amantes o no del ajedrez, la historia es interesante, y juzguen por sí mismos: Su nombre, Emmanuel Lasker, nacido en 1868, en Berlinchen, quien no sólo se ha distinguido como maestro del tablero, sino incluso como matemático y filósofo. Lo esencial, lo novedoso que Lasker ha llevado al juego del ajedrez, no es todo técnica pura, es el juego psicológico. En palabras del GMI Richard Reti: "al estudiar las partidas de Lasker, jugadas en los torneos, reconocí que, a primera vista, en el curso parece tener una suerte increíble. Hay torneos en los que quedaba primero y durante los cuales ganó casi todas las partidas, a pesar de que la mitad de casi todas ellas se había encontrado a punto de perder, de modo que muchos decían de una influencia hipnótica de Lasker sobre sus adversarios. ¿Qué es la verdad? Me esforcé nuevamente en descubrir el secreto de sus partidas, estudié el por qué de sus éxitos. Es un hecho que no se puede negar: Lasker establece siempre mal sus partidas, cien veces va a la pérdida y, sin embargo, las gana. La hipótesis de tanta suerte es inverosímil. Un hombre que consigue tantos éxitos, debe de poseer una fuerza sorprendente, ¿por qué tantas veces una situación tan mala de pérdida? Solamente queda una contestación que parece sólo una paradoja al juzgarla superficialmente: Lasker, a menudo, intencionadamente, juega mal." La causa no está tan lejana. El doctor Tartakower ha señalado la paradoja que aquí nos vale una aclaración: "Una partida se gana siempre por una falta, ya sea propia o del contrario". En un juego correcto que siga en esta forma en todo su curso, casi todas las partidas dan empates. A fin de evitar esto, Lasker lleva la partida por juego teóricamente incorrecto al borde del abismo; y aunque él mismo pueda sostenerse, su adversario, que cree se siente fuerte, acaba por hundirse a causa de la mayor potencia de Lasker. Así logra la victoria que no la hubiera podido conseguir con juego completamente correcto. 'Así es como yo hubiera concebido -afirma Reti- el juego de Lasker por mis estudios. En los torneos internacionales de Marisch-Ostrau y Nueva York, tuve ocasión de poder contemplar directamente su manera de jugar, verlo frente a los mismos contrarios que yo mismo había tenido, de los cuales yo conocía exactamente el juego, y entonces me fue posible comprender de mejor forma, sus éxitos y su juego, y así pude descubrir el por qué del repentino hundimiento de sus adversarios. 'Cada partida de ajedrez es acompañada por una lucha de nervios. El juego del torneo no es ninguna ocupación en la quietud de la habitación, donde se trabaja y se está en disposición de ánimo, y si se está cansado se descansa, es una lucha espiritual, encarnizada hasta el extremo, ante un público numeroso, a prescrita hora y con restricción de tiempo.

'Cada uno de los maestros toma muy en serio su profesión, cada uno tiene la sensación de forjar en cada jugada la obra de su vida. Es pues, explicable, que la mayor parte de los maestros de ajedrez, el conocimiento de una precabida falta especialmente una partida perdida les produce una gran depresión nerviosa." Y sigue: 'Yo he visto maestros de ajedrez, que después de una derrota, ha permanecido todo el día en su habitación, no siendo ni capaz para tomar alimentos ni recuperar ánimos de ninguna manera. 'El secreto de Lasker consiste en lo siguiente: lo esencial para él es la lucha de los nervios. Busca, por medio de la partida de ajedrez, atacar en primer lugar, la sicología de su contrario. Sabe producir en éste el decaimiento nervioso que es corriente después de una falta cometida, ya antes de cometerla, y hace que este decaimiento sea precisamente el origen y la causa de una próxima falta. ¿Cómo lo consigue? Estudia las partidas, la forma de jugar, la fuerza y la flaqueza de los maestros con los maestros con los cuales ha de luchar. No busca las mejores jugadas, sino las más desagradables al contrario, guiando la partida en una dirección que no sea la que agrade a su contrincante. Sobre este camino, desconocido por su oponente, y con jugadas malas verificadas adrede, Lasker se encamina a menudo hacia el abismo, tal como se halla descrito anteriormente.

Así, resulta que encontrando siempre nuevos problemas en su camino, llega el momento en que el tiempo apremia, hay que jugar con rapidez en posiones difíciles, se entra en trances de apuro y entonces es cuando Lasker aprieta con toda su fuerza verdadera, viene el decaimiento nervioso del contrincante, la catástrofe psicológica, y con ella la catástrofe en el Tablero". Richard Reti, Los Grandes Maestros del Tablero.

El arte de Leo Mendoza

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Cinosargo se enorgullece en presentar una muestra de la obra del pintor Leo Mendoza y un link a su blog personal en el cual podrán conocer más de su trabajo. www.leomendoza.blogspot.com

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SOLITARIO, NO AUSENTE
Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales

1 Allá se le ve, bajo la sombra de su destino. Dio sus frutos de desnudez, despojado de la corteza de los lustros que han sido fatales. Las mareas sondean en su sangre: amparan su savia hemofílica. Atento a las pulpas alejadas de sus crepúsculos, mantiene la calma hasta que del conticinio se desprenda una estrella de carbón. El deseo de prolongar la complicidad de su secreto le aproxima a un especial averno acuático. Los peces tiran de sus ramas para proponerle un abismo. Él prefiere que aparezca un fuego y que traiga reconditeces del azufre y un memorial del nacimiento de los arenales. ¿Un olor a gres no viene y se desentiende? ¿O ratifican las escamas su penitencia de sal y temblor? Hace tiempo que el sol no intenta la quema por traición. El solitario rechaza el fraude y disuelve las ofensas. La respuesta de su alma torna en fiebre a las ondas que carecen de naufragios. Solo, en la no ausencia, él pregona su brillo y se hunde en la conciencia de las aguas que han salado su altivez.

2 El espacio presagia estados de climas que rielan. Los habitantes de las várices del solitario tragan los peligros con anzuelos avaros. El color de su verticalidad escinde la muerte con la naturalidad dispersa sobre los reflejos. Un árbol solo hace su bosque en medio de las líneas acuosas que alternan las perspectivas. Si le cae de una ventisca una piedra será de mica y destellos de un tiempo pronto concebido. De las fisuras de su silueta un calcio que se ablanda salpica los remotos nombres de las mareas, sus impertérritos temblores. Durante el comercio de las corrientes, el solitario se empina sobre su alma y le canta a las brisas que transportan a los seres de tenazas y minutos en retroceso. (No siempre es el mismo sol quien entusiasma al solitario, pero la refriega del espectro sí se amolda a su deseo de arena y coral). La sed asiste al horizonte con su garganta de palabras amargas y la soledad que atraviesa al árbol como rutina de pesca sedimenta su espejismo.

3 …Y aún en la eternidad, el solitario no se enmohece ni le resuena ningún pálpito en la médula de antojo. La paz y la largueza de sus miras lo ubican encima del secreto péndulo del arte de marear y ser venteado. ¿Hasta los observadores distantes llegará el perfume de su unívoca putrefacción? ¿Quizás un atisbo de sus muescas más preferidas penetren por nuestras pupilas que curiosean y las atiborren de virutas o goces de marisquerías? Se deja el solitario un presente de yacencias. Es un asunto de trashumancia verbal o suerte. En las diversas facetas de su estamento se advierte un impulso de complejidades: líneas que se avienen y se enemistan, matices de sombras eslabonadas a las costras de la memoria, insectos de una hibridación de épocas lloviznadas… Sin embargo, la plenitud del silencio es lo que más discurre. La enseñanza de su desplazamiento acaece con la fuerza de un torneo de males menores. La necesidad de conocer la propiedad de la madera hundida construye un camino que desemboca en la presencia de un hirsuto signo.

4 Una carta de marear le es enviada al solitario por pescadores de risas mudas y procaces. La pobreza de propósitos posee un regusto a la nubilidad de un cayo que se aleja constantemente del paraíso inestable. Ubicuos mosquitos chupan los dedos de las palmeras y cuelgan de un recodo un nuevo paisaje que le transmita al solitario el asalto de la impermanencia. Unas arañas aclaman los orines derramados por los bañistas que pronuncian monólogos y emasculan la sed. En el calor bulle una infección que rememora el zumbido de caracolas que atisban desde la raíz de los manglares. El solitario presiente que el mar puede volverse loco y arrastrar con su furia a los ramajes que ahuyentan los petróleos. Una obra inefable nace de los flancos de las canoas. Un probable grito de gaviota profetiza la infancia de un piélago que no ha de venir ni manifestarse. Otra vez el comienzo y la vivacidad y un saco de espuma empuja al solitario hacia la barrera donde nunca existió el verde.

5 Orbitante, dentro de una edad sufriente, el árbol solo e incrédulo, rebasa las visiones de los farallones que no han utilizado los suicidas. La abundancia es generosa cual tabla de salvación o jardín flotante de los desechos de las riadas o de las nubes que han mendigado arcillas de petulancia. ¿Y si el solitario deviene en palmera execrada de sus cocos y de sus aguas que inducen a la amnesia? El delirio podría acallar las figuras de ángeles despeinados encima de sus boyas, a las sirenas que ululan desde sus libros de bruma y, acaso, a los moluscos que tañen sus piernas para profundizar en su sabor. Se restablece, al final de un incierto periodo, el nombre del árbol solo. La prudencia aconseja no insuflarlo de hojas ni discordantes nervaduras. De eso se encargará el vasto presentimiento del ocaso que avanza, sin nudos, sin cisternas de texturas, por el entrepecho del solitario para resumir la invisibilidad de la madera en su querella contra el mar y su desgaste de emblemas.

EDESIO ALVARADO, TAN PREMIADO Y TAN OLVIDADO
Por José Martínez Fernández

Edesio Alvarado fue el escritor chileno que más premios obtuvo en vida. Se lo ganó todo, exceptuando el Nacional de Literatura. Con “El desenlace” ganó el Primer Premio en el Concurso Hispanoamericano de Novela realizado por la Editorial Zig-Zag en 1966, el más importante galardón al que se hizo acreedor. En el citado concurso participaron cien novelas. La obra fue publicada un año más tarde. Vivía Edesio Alvarado, en esos años, en la Villa Olímpica, es decir que si yo entonces ya hubiera vivido aquí, de seguro le habría conocido. Esta Villa fue también la de la rucia “dura” y gran poeta Stella Díaz Varín. Y el lugar de varios otros artistas. En aquella ocasión el jurado estuvo integrado por Luis Sánchez Latorre (Filebo), Raúl Silva Castro (dos enormes críticos literarios) y Guillermo Atías (novelista), entre otros. Informan ellos sus argumentos para premiar “El desenlace”: Luis Sánchez: “…ésta es la primera novela larga que escribe Edesio Alvarado, su estilo es más reposado y tradicional”. Raúl Silva: “Es admirable, porque muestra en acción la voluntad del hombre para sobreponerse a la naturaleza”. Guillermo Atías: “El gran valor de la novela de Edesio Alvarado reside en que es de tipo nacional y está muy bien escrita” Dan otros argumentos los tres especialistas. La novela “El desenlace” que fue todo un éxito por esos años, ahora está casi olvidada, al igual que su autor. Leamos un trozo de la primera parte de esta obra: “El sobresalto de los perros hizo que el hombre se levantara de su asiento. Alguien andaba afuera. ¿Carabineros? ¿Un viajero perdido? Nadie más podía ser a esa altura de la noche, a menos que se tratara de cuatreros. El hombre caminó hacia la puerta y, de paso, se echó el revólver al bolsillo trasero. Al abrir, la luz interior se proyectó imprecisa sobre el césped mojado. Pero eso fue todo. Un fogonazo rasgó la oscuridad, un disparo hizo pedazos la quietud, y el hombre cayó boca abajo ante el umbral de su casa. Los perros lo rodearon, aullando, mientras el galope de un caballo se perdía a lo lejos como en un túnel ciego, velozmente, cubierto por el estrépito del río, mayor ahora con los últimos deshielos. La mujer gritó en su dormitorio. Pero ya era un grito tardío, excesivo…”

La génesis del texto induce el interés por la lectura restante de “El desenlace”, que es bastante largo: más de 200 páginas. Edesio Alvarado tenía esa habilidad propia de maestros como Manuel Rojas, Alberto Romero, Óscar Castro, Baldomero Lillo, Nicomedes Guzmán y otros para entrar en relación con el lector. Esta novela se desarrolla en los parajes de Aysén y toma de personajes a los mismos que estarán presentes en otras novelas y cuentos de Alvarado: bandidos, cuatreros, policías. Alvarado nació en Calbuco (Región de Los Lagos) en 1926 y falleció en 1981, es decir cuando tenía sólo 55 años. Aunque era de ideas de izquierda, siempre se autocalificó como “un hombre no sectario”. Sáchez Latorre lo recordaba como un señor que “llevaba un bigote a lo Pedro Armendáriz”, haciendo alusión al gran artista mexicano. Aparte de la novela citada, Edesio Alvarado es autor de varios otros libros. Nombramos sólo otros dos más: “La captura”, 1961 y “El silbido de la culebra”, 1966. FUENTES: “Vea”, revista semanal. Santiago de Chile, julio de 1966. “El desenlace”, Edesio Alvarado. Editorial Zig-Zag, Santiago de Chile, 1967. Otras fuentes.

Suicidio sin comentarios
Por Declarado demente En el barullo, los agentes de la policía y los enfermeros me hacen preguntas como si yo fuera parte del personal y no un paciente. Claudia, la médico portuguesa de la ambulancia, en un rapto de celo profesional, me reporta todo el tratamiento que le han aplicado a la paciente, sobre una de las mesas en las que normalmente se sientan doce pacientes y un enfermero-celador. Para controlar el cuadro de excitación psicomotriz se le indicó: flunitrazepam dos ampollas intramuscular, haloperidol una ampolla intramuscular y diazepam una ampolla intramuscular. Al parecer, ella había caído presa de espasmos cuando el servicio de vídeo vigilancia la trasladó a la enfermería del manicomio, demasiado pequeña para dar cabida a todo el personal que se convocó al llamar a urgencias.

Ha intentado suicidarse. En las últimos días o semanas, quizá nunca lo sepamos — aunque tampoco importa— acumuló pastillas de alprazolam y esta tarde después de la comida las ingirió. El servicio de urgencias del hospital cantonal despachó una ambulancia y le han practicado un rescate digestivo. Denominación políticamente correcta del “lavado gástrico” que está fuera de uso, como me lo explica una de las enfermeras del servicio de urgencias. También me corrige cuando le hablo de intento de suicidio: me mira con condescendencia y usa la palabra “autoeliminación”. A lo lejos se escucha una sirena que parece sonar cada vez más próxima. El sonido llega deformado al refectorio de la casona manicomio, ahora improvisada en sala de primeros auxilios. Apenas son las cinco de la tarde, pero la penumbra del atardecer vuelve amenazadores y siniestros a los árboles del parque-jardín Me han traído de vuelta los libros que Riva V. estaba leyendo: Obras de Cioran en la edición Quarto de Gallimard y uno de nuestros tesoros bibliográficos: Las penas del joven Werther, en la edición de Leipzig de 1775. No tiene un gran valor comercial, como rápidamente lo constató Ralf hace algunas semanas, pero sí crítico: es la edición que Goethe hizo copiar a mano y en base a la cual revisó y corrigió hasta redactar la edición definitiva del Werther, tal como se le conoce hoy en día. Lo más notable de esa edición son los versos de Goethe que servían de epígrafe al libro. Disculpad mi seguramente imperfecta traducción. Todo joven añora así amar Toda doncella ser amada así Ay, el más sagrado de nuestros deseos, ¿Por qué brota de él tan amargo dolor? Tú lo lloras, tú lo amas, alma querida, Salva su memoria de la ignominia; Mira, su espíritu te saluda desde su infierno: Se un hombre y no me sigas. Entre las páginas del Werther encuentro una fotografía de Riva, seguramente un autorretrato, en clave irónica. Es sólo una suposición, claro, pero que de pronto me revela una certeza. Esta fotografía en oposición a mis recuerdos, les lleva una ventaja: es ella, y al contemplarla mi memoria no podrá deformarla, su materialidad escapa a la usura de mi descripción. Ningún texto me puede dar esta certeza. Es el infortunio (o, más bien, volubilidad) del lenguaje: no poder autentificarse. El sino del lenguaje está ligado a esta impotencia, o, para expresarlo de manera positiva: el lenguaje es por naturaleza ficcional: para tratar de convertir el lenguaje en no-ficcional, necesitaría una maquinaria enorme: debo invocar la lógica, o, en su defecto a un juramento. Pero la fotografía, ella no inventa: del sujeto de la misma, —en mi caso, Riva V,— podremos siempre decir por lo menos que existió. Si algún día alguien encuentra esta fotografía robada entre mis libros quizá pueda saber que su historia y la mía no fueron inventadas. A lo lejos se escucha una sirena que parece sonar cada vez más próxima.

DOGAL DE SOMBRAS, Textos de Fabián Muñoz, México.
DOGAL DE SOMBRAS, Textos de Fabián Muñoz*, México. Por Arturo Volantines La tradición de la poesía mexicana es notable. Son muchas las voces que repercuten en América Latina, y algunas de estas voces son de la nervadura de la poesía contemporánea. Basta con nombrar a José Juan Tablada, Rosario Castellanos, Ramón López Velarde, Carlos Pellicer, José Gorostiza, Xavier Villaurrutia, Octavio Paz, etc. El libro Dogal de Sombras —publicado por el Fondo Editorial Tierra Adentro, México—, de Fabián Muñoz es obscuro, intimista, de aire surrealista, existencialista por consecuencia y, fundamentalmente, de otredad. Podríamos decir que no hay nada que decir. Ahí, la paradoja. Por ser un texto cerrado es tremendamente abierto y de multipropuestas. Tal vez sea para encontrarse “en la oquedad de casa abandonada”, en lo que habita en la ausencia, en lo que duele de lo que no está o que se ha perdido, pero que puede encontrarse en lo que no está. Pareciera que coincidiera con Roberto Juarroz: si no la encontramos, ella nos puede encontrar a nosotros, aunque sea a través del recuerdo, a través de un diálogo de recuperación nostálgica y del olor que podamos recordar. La proposición estética de Fabián puede coincidir con la visión que el arte es lo que no está; lo que se insinúa desde ese no estar; tal vez, sea éste el enigma fantástico del arte: mostrar; no lo que muestra sino mostrar lo que no está, pero que cobra existencia en éste no estar. En el caso de este texto: es la carencia que se llena con la otredad. Hay un aire, una lucha entre lo que pasa y lo que pasando queda. En el texto llamado Viento, dice: “El viento es el zumbido oculto de las mujeres/ solas,/ es el que repta desviste murmura y enmudece.// Es el aire un dibujo de ocres ventanales…”. En otro texto también se refiere a este viento: “Huye en el viento terrible que le rasga el rostro/ se esconde de sus últimas frases torcidas por la ira,/ camina mientras sangra palabras de hojarasca…”. Y especialmente en el llamado Qué viento bajo la falda: Asciende su carne oscura/ como látigo lento en la mirada/ hasta doblar la ciudad/ es una esquina”. La otredad es dialogante con la vida que se abre y se cierra como una puerta. Recordar es buscar que se cierre definitivamente, porque la vida no fue sino es; nos enseña como si el recordar fuera nuevamente vivido. Acaso lo verdadero sea lo cerrado, y se vive en el recuerdo más intensamente. Esto me lleva a algunos versos de Constantino Petrou Cavafis. Este dogal es la respiración de la amada perdida, ya sea amante o madre, que sofoca pero no mata; puede ser el dolor, pero también el placer de lo amado que se vuelve a vivir. En el texto “Carmen”, están los conceptos estéticos implícitos del poeta; en el canto a la mujer-madre, donde señala que no la podrá olvidar por siglos, donde la infancia sería un refugio sin desamparo y donde el recuerdo hace aparecer a la ciudad distinta, pero que estará allí por siempre. Dice: “Eres quien hunde mi ciudad con tu memoria,/ quien me hojarasca a cada calle/ a cada tramo de cantera/ a cada trozo de mi cuerpo,…”. Este texto murmura. Indudablemente es de viento, como sauce con el viento; el viento de alguien amado que no se va y se queda en los versos de Fabián. Este poeta hace murmurar la poesía, para que viva en nosotros. Es un murmuro mexicano, latinoamericano; es un murmullo fulgoroso, de lectura que no se resuelve en una lectura. Pero, son lecturas propositivas; ya que cada lector tendrá que completar, —como toda obra que se abre paso en el pasar—, para que quede en la memoria de los hombres.

*Textos de Fabián Muñoz*, México. nació Guanajuato en 1968. Se ha desempeñado como reportero y corresponsal del Grupo Reforma, Excélsior y Grupo Radio Centro. Ha publicado los poemarios Esperando abril, En la niebla de los parques, Nimbus, Navegación de Medusa, Segundo laberinto y Dogal de Sombras y Sur de la Noche, incluido en diversas antologías en México y colaborado en revistas y suplementos culturales de España, Chile y México.

SANTOS Y BANDIDOS DEL VALLE DE ELQUI
Prólogo por Arturo Volantines
No hay duda que en el Valle de Elqui y, especialmente, en Vicuña, la tradición es arrope, y fluye entre los labios de sus habitantes. Esa “criatura regional” y de creatura universal, Gabriela Mistral, fue posible en su magnitud, por este alimento tan propio del solar nortino. El movimiento radical del siglo XIX, la influencia del llano argentino, y este sol que levanta muertos, convirtieron al Valle de Elqui —además, de ser la cuna de la Generación Naturalista(Goic)—, en territorio de magia cotidiana. Pero, también este solar se expande y comprime, por lo que a través de este texto, podemos recuperar la lucecilla como un claro en el bosque, para ver su macizo espiritual. Legendarios paradigmáticos como Pedro León Gallo, Pedro Pablo Muñoz, Domingo Zárate Vega —el Cristo de Elqui— y muchos otros, que vuelven a suspirar en este texto, fueron posible, porque el atractivo elquino es un constructo de tierra, tradiciones y nervios. Este texto de Carlos Toro Ponce, “Santos y Bandidos del Valle de Elqui”, es un recorrido por algunas personas y personajes de este sector, que ya son leyendas, y patrimonio. Es un texto fresco y dialogante; contiene una proposición de lectura y de ideario, porque las palabras aquí bailantes, van

enarbolando una idea de ser; aún más, van haciendo aparecer el verdadero espíritu del valle. No ese valle meramente esotérico, sino el serio y profundo, construido surco a surco por su gente.

También, es un espejo para sus propios habitantes; ya que cuando el autor nos habla de las gestas de los patriarcas, dice de cada uno de sus habitantes; y es, además, una re-visión de este mundo en el mundo, al cumplirse 150 años de la Revolución Constituyente. El lector y el propio poblador podrán ver, los verdaderos sustentos de la magia del valle. Tal como lo hicieran antes un puñado de iluminados —Ricardo Latcham, Greta Mostny, Elías Marconi, Marta Elena Samatán, Domingo Zarate, etc. —, ahora, Carlos Toro Ponce, con un lenguaje coloquial, aborda desde el entorno hasta desnudar los hechos, para que quede suficiente inquietud, pero, también, sustancia. Así, el lector puede encontrarse invadido no por palabras sino por sucesos, como tomarse un té al atardecer en la interioridad del valle. Cosas y casos increíbles aparecen en esta obra: las andanzas de la “Madre Cecilia”, o el “Cristo de Elqui”, o las aventuras del Caudillo; los bandoleros que asolaban la región y que ataban la injusticia con sus propias manos; los santos y devotos que habitaban y volaban las quebradas, y que también salpicaban de encantamiento la zona. Es mucho más el fabulario de seres feroces, patriarcas, héroes y vates del valle que no aparecen aquí, pero quedan prometidos para varios libros más. Como todo cuento, siempre una hebra nos lleva a otra. Además, de los personajes anónimos y reales, el texto es abundante en otros, como la “Llorona” y el “Chonchón”. Aquí, hay una danza entre seres y personajes, donde no sabemos cuáles son los reales y cuáles son los muy reales. No hay duda que los hombres somos parte, pertenecemos a la tierra. Somos tierra levantada. Tampoco hay duda que los hombres del norte, los artistas del norte, tenemos un compromiso relacional con la estética y su ethós; un propósito, como el queltehue que canta la necesidad de decir, para que este canto quede y se vuelva a cosechar. En esta obra es el espíritu del valle el que habla.

Autor: Arturo Volantines.

EL EQUIPO DE CINOSARGO.

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