SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.

- XIX Domingo después de Pentecostés 1 Forma Extraordinaria del Rito Romano

XIX DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTÉS
SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA 2 Gloria Iesu in Maria!

GLORIA IESU IN MARÍA!
Estimados lectores del Rincón Litúrgico: Ofrecemos a continuación una selección de textos para ayudar a preparar la liturgia del domingo según la forma extraordinaria del Rito Romano. La liturgia de este domingo XIX después de Pentecostés nos invita a considerar nuestra actitud ante Jesucristo. La Epístola (Ef 4, 23-28). San Pablo exhorta a los efesios para que se dejen revestir por la acción del Espíritu Santo que produce en el alma justicia y santidad verdadera. Esto ha de concretarse en las relaciones fraternas con respecto a decir la verdad y en el trabajo compartiendo con los más necesitados. El Evangelio (Mt 22, 1-14). Parábola de los invitados a las bodas reales que resume las actitudes de los hombres ante la invitación a aceptar a Jesucristo. Esperamos que el material ofrecido os sirva para la preparación de la homilía; y también para vuestra meditación y enriquecimiento espiritual.

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- XIX Domingo después de Pentecostés 3 Forma Extraordinaria del Rito Romano

TEXTOS DE LA SANTA MISA
Introito. Sal 77,1.- Es Dios quien salva al pueblo; el hombre, dejado a sí mismo, nunca podría procurarse la salvación.- Yo soy la salvación del pueblo, dice el Señor; yo les oiré cuando clamaren a mí en todas sus tribulaciones; y seré su Dios eternamente. Salmo. 77, 1.- Pueblo mío, guarda mi ley; escucha siempre cuanto Yo te digo. Oración. El hombre, ayudado por Dios, responde a su llamamiento y se pone a su servicio.Omnipotente y eterno Dios, apartad benignamente de nosotros todo lo que sea nocivo; para que, estando libres en el alma y en el cuerpo, cumplamos fácilmente vuestra voluntad. Por N.S.J. Epístola. Ef 4, 23-28. Hermanos: Dejad que el Espíritu renueve vuestra mentalidad, y vestíos de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas. Por lo tanto, desnudaos de la mentira, decíos mutuamente la verdad, porque pertenecemos al mismo cuerpo. Indignaos, pero sin llegar a pecar; que la puesta del sol no os sorprenda en vuestro enojo. No dejéis lugar al diablo. El ladrón, que no robe más; al contrario, que trabaje dura y honradamente con sus propias manos, hasta poder compartir con el necesitado. Gradual. Sal. 140, 2.- Suba mi oración, Señor, como incienso, en tu presencia; el alzar de mis manos, como ofrenda de la tarde. Aleluya, aleluya. Sal. 104, 1. -Dad gracias al Señor, invocad su nombre, dad a conocer sus hazañas a los pueblos. Aleluya. Evangelio. Mat. 22, 1-14. En aquel tiempo hablaba Jesús en parábolas a los jefes de los sacerdotes y a los fariseos diciendo: El Reino de los Cielos se parece a cierto rey que celebraba las bodas de su hijo. Mandó a sus criados para que llamasen a los convidados a la boda y ellos no querían venir. De nuevo envió otros criados encargándoles: Decid a los convidados: mi banquete está preparado; he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda. Pero los convidados, sin hacer caso, se fueron: uno a su tierra, otro a sus negocios, y los demás, echando mano de los criados, los maltrataron y los mataron. El rey montó en cólera y, enviando sus tropas, acabó con aquellos asesinos y puso fuego a su ciudad. Luego dijo a sus criados: La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id, pues, a los cruces de los caminos, ya todos los que encontréis, convidadlos a la boda. Salieron los criados a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. Y la sala del banquete se llenó de comensales. Cuando entró el rey a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de ceremonia, y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de ceremonia? Él enmudeció. Entonces el rey dijo a los camareros: Atado de pies y manos arrojadlo fuera a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque muchos son llamados y pocos escogidos. Ofertorio. Sal 137, 7.- Si me hallare, Señor, en medio de muchas tribulaciones, Vos me daréis vida; y extenderéis vuestra mano sobre mis enemigos y vuestro poder me salvará. Secreta.- Haced, Señor, que estos dones que os hemos ofrecido en vuestra presencia, nos alcancen la salvación. Por N.S.J. Prefacio de la Santísima Trinidad, En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor, no en la individualidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancia. Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De suerte, que confesando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la propiedad en las personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la majestad, la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines, que no cesan de cantar a diario, diciendo a una voz. Santo… Comunión. Sal 118, 4-5.- Nos mandáis, Señor, que guardemos cuidadosamente vuestros preceptos. ¡Ojalá enderece yo mis pasos a cumplirlos! Poscomunión. -Haced, Señor, que vuestra gracia, que es medicina para nosotros, nos libre benignamente de nuestros pecados, y nos una a vuestra ley. Por N.S.J.

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TEXTO I CATENAE AURAE
(almudi.org) San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 69,1.- Como había dicho el Salvador que se daría la viña a otras gentes que le pagasen sus frutos ( Mt 21,43), ahora dice a qué clase de gentes. Por eso el Evangelista añade: "Y respondiendo Jesús, les dijo", etc.
Glosa.- Dice respondiendo, porque contrariaba la intención depravada de los que fraguaban su muerte.

San Agustín, de consensu evangelistarum,.- Unicamente San Mateo refiere esta parábola; San Lucas refiere otra semejante, pero no es ésta, como indica el orden mismo. San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38.- Aquí se infiere a la Iglesia presente, por medio de las nupcias, pero allí se refiere, por medio de la cena, al convite último y eterno. Porque en éste entran algunos de los que han de salir, pero de aquél no saldrá ya el que una vez haya entrado. Y si alguno cree que esto viene a ser lo mismo, vea que San Lucas pasó en silencio lo que dijo San Mateo refiriéndose a aquel que no había entrado con el vestido nupcial. No obsta que por medio del primero se entienda la cena, por medio del segundo, la comida; porque cuando se almorzaba todos los días a la hora nona entre los antiguos, el almuerzo se llamaba cena. Orígenes, homilia 20 in Matthaeum.-El reino de los cielos es semejante, según quien allí reina, a un hombre rey; y según aquel con quien reina, al hijo del rey; según lo que hay en los estados del rey, es semejante a los siervos y a los convidados a las bodas, entre los que se encuentra también el ejército del rey. Y se añade: "a un hombre rey", para que como hombre hable a los hombres y gobierne a aquellos que no quieren ser gobernados por Dios. Pero entonces el reino de los cielos cesará de ser semejante a un hombre, porque cuando haya concluido el celo, la disputa y las demás pasiones, cesaremos también de andar como hombres, y lo veremos tal y como es; ahora lo vemos, no como es, sino como ha querido hacerse por nosotros. San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38.- Dios Padre celebró las bodas a su propio Hijo cuando unió a Este con la humanidad en el vientre de la Virgen. Mas como el casamiento no puede verificarse sino entre dos personas, no debemos pensar que la persona del Salvador consta de dos personas unidas. Decimos que consta y que está formada por las dos naturalezas, pero de ningún modo podemos decir que sea un compuesto de dos personas. Mejor puede decirse que este Padre rey celebró las bodas para su Hijo rey, asociándole la santa Iglesia por medio del misterio de la encarnación: el tálamo de este esposo es el vientre de la Virgen María. Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41.- Cuando suceda la resurrección de los santos recibirá el hombre la verdadera vida (que es Jesucristo), porque Este asumirá en su inmortalidad la mortalidad del hombre. Ahora recibimos al Espíritu Santo como en arras del consorcio eterno, pero después recibiremos al mismo Jesucristo en toda su plenitud. Orígenes, homilia 20 in Matthaeum.-Por la unión del esposo con la esposa (esto es, de Jesucristo con el alma) debe entenderse la aceptación de la divina palabra; y las buenas obras serán el parto. San Hilario, in Matthaeum, 22.- Se dice con razón que estas bodas ya han sido celebradas por el Padre, porque esta unión de la eternidad, y los desposorios del nuevo cuerpo, se han consumado ya por medio de Jesucristo. Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41.- Si envió a sus siervos, fue porque ya estaban invitados primeramente. Son invitados, pues, los hombres desde el tiempo de Abraham, a quien ya se prometió la encarnación de Jesucristo.

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- XIX Domingo después de Pentecostés 5 Forma Extraordinaria del Rito Romano

San Jerónimo.- Envió a su siervo; y no cabe duda que éste fue Moisés, por quien se dio la ley a los invitados. Aunque leemos siervos (como se encuentra en muchos ejemplares), debemos entender que se refiere a los profetas; porque invitados por ellos, no quisieron venir. Sigue, pues: "Envió de nuevo otros siervos, diciendo: decid a los convidados". Debe creerse que los siervos que fueron enviados la segunda vez son los profetas más bien que los apóstoles; y así, si antes está escrito el siervo, cuando después de lee los siervos, debe entenderse que estos segundos siervos son los apóstoles. Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41.- A quienes envió cuando les dijo: "No os marchéis por los caminos de los gentiles, sino más bien buscad antes las ovejas perdidas de la casa de Israel" ( Mt 10,5). Orígenes, homilia 20 in Matthaeum.- También puede decirse que los siervos enviados en primer lugar a que llamasen a los invitados a las bodas son los profetas, que invitaban al pueblo por medio de sus profecías, a la alegría por la unión de la Iglesia con Jesucristo. Y los que no quisieron venir habiendo sido invitados primero, son los que no quisieron oír las palabras de los profetas. Además, cuando pasaron éstos, hubo otro período en que abundaron los profetas. San Hilario, in Matthaeum, 22.- Los siervos que fueron enviados primeramente a llamar a los convidados, son los apóstoles. Habían sido enviados para que viniesen los que ya habían sido invitados antes, esto es, el pueblo de Israel, que fue llamado por medio de la ley a la gloria eterna. Era propio de los Apóstoles instar a los que los profetas habían invitado de antemano. Los que fueron enviados después en condición de maestros, son los varones apostólicos que sucedieron a aquéllos. San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38.- Y como los que antes habían sido invitados no quisieron venir al convite, se les dice en la segunda invitación: "He aquí que he preparado mi banquete". San Jerónimo.- El banquete preparado, los toros y los animales cebados ya muertos, representan, en sentido metafórico, las riquezas del rey, para que por medio de las cosas materiales se venga en conocimiento de las espirituales. Además, la magnificencia de los dogmas, y la doctrina del Señor, pueden conocerse de una manera evidente en la plenitud de la ley. Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41.- Cuando dijo el Señor a sus apóstoles: "Id y predicad que se acerca el reino de los cielos" ( Mt 10,7), se refirió a lo que dice ahora: "He preparado mi banquete"; esto es, por medio de la ley y de los Profetas he adornado las mesas de las Escrituras. Por esto sigue: "Mis toros", etc. San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38.- Los toros representan a los padres del Antiguo Testamento, los cuales, según estaba permitido en la ley, herían con el cuerno de su virtud corporal a sus enemigos. Llamamos a los animales cebados, por Aquel que alimenta desde lo alto; por eso les decimos saciados. Por medio de los animales cebados se figuran los padres del Nuevo Testamento, los cuales, cuando perciben la gracia de la dulce alimentación interna, se elevan de los deseos terrenos a las cosas de lo alto por las alas su contemplación. Dice, pues: "Mis toros y mis animales cebados ya están muertos". Como diciendo: Observad las muertes de los padres que precedieron, y pensad en aplicar los remedios para que conservéis vuestras vidas. Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41.- Y habla de los animales cebados y de los toros, no porque los toros no estuviesen cebados, sino porque no todos habían engordado del mismo modo. Luego, únicamente llama cebados a los profetas que estuvieron llenos del Espíritu Santo; y toros, a los profetas y sacerdotes, como Jeremías y Ezequiel. Así como los toros son los guías del rebaño, así los sacerdotes son los jefes del pueblo.

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San Hilario, in Matthaeum, 22..- Los toros representan la gloria de los mártires que han sido inmolados como víctimas escogidas por haber confesado a Dios; y cebados, los hombres espirituales, porque son alimentados con el pan del cielo, como las aves se alimentan cuando han de volar para alimentar a las demás, haciéndoles partícipes de la abundancia de su comida. San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38.- Debe advertirse también, que en la primera invitación nada se habló de toros ni de animales cebados; pero que en la segunda, se dice que los toros y los animales cebados ya están muertos. Porque el Dios omnipotente, cuando no queremos oír su divina palabra, cita ejemplos para que veamos que hay facilidad para poder vencer todo lo que consideramos como imposible, oyendo que otros han pasado por esto. Orígenes, homilia 20 in Matthaeum.- Y como la comida que estaba preparada es la palabra divina, se entiende que la gran fuerza de esta palabra está representada por medio de los toros. Y lo que éstos tienen de suave y de deleitable, es por lo que se les llama cebados. Si alguno dice que las razones expuestas tienen poca fuerza y que son de poco valor, tienen que admitir la esterilidad de cuanto se lleva dicho: son cebadas, cuando se citan muchos ejemplos para cada una de las proposiciones, en prueba completa del discurso. Cuando alguno predica sobre la castidad, cita por ejemplo la tórtola; pero cuando sobre la misma virtud cita muchas pruebas de las Sagradas Escrituras de modo que deleite y confirme, el alma del que oye queda como cebada. Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41.- Y cuando dice: "Todo está preparado", se entiende que ya está cumplido en las Sagradas Escrituras todo lo necesario para la salvación. El que es ignorante, encuentra allí algo que aprender; el que es orgulloso, encuentra algo que temer; el que trabaja, encuentra allí todo lo ofrecido a aquellos a quienes se invita a trabajar.
Glosa.- Todo está ya preparado, esto es, está preparada la entrada en el reino, por medio de la fe en mi encarnación, la que antes estaba cerrada.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41.- Dice que está preparado todo lo que pertenece al misterio de la pasión del Señor, y de nuestra redención. Por esto dice: "Venid a las bodas", no con los pies, sino con la fe y con las costumbres. Prosigue: "Mas ellos lo despreciaron". El por qué lo despreciaron lo da a conocer cuando añade: "Y se fueron, unos a sus granjas", etc. San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 69,1.- Aun cuando parece que los motivos son razonables, aprendemos, sin embargo, que incluso cuando sean necesarias las cosas que nos detienen, conviene siempre dar la preferencia a las espirituales: y a mí me parece que cuando alegaban estas razones, daban a conocer los pretextos de su negligencia. San Hilario, in Matthaeum, 22..- Los hombres del mundo se ocupan en la ambición de cosas temporales y muchos se dedican a los negocios por la codicia del dinero. Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41.- Cuando hacemos algo con el trabajo de nuestras manos, cuando cultivamos un campo o una viña, o cuando hacemos una obra de madera o de hierro, parece que entonces trabajamos la granja. Y cuando obtenemos otras ganancias, no por el trabajo de nuestras manos, todo esto se llama negocio. ¡Oh mundo miserable,

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- XIX Domingo después de Pentecostés 7 Forma Extraordinaria del Rito Romano y desgraciados los que le siguen! Muchas veces los trabajos del mundo alejan a los hombres de la vida verdadera. San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38.- El que se propone labrar un terreno, o está dedicado a las cosas del mundo, simula meditar en el misterio de la encarnación, y vivir según su espíritu, y marcha hacia la granja o sea hacia el negocio, rehusando venir a las bodas del rey. A veces (lo que todavía es peor), algunos llamados a la gracia, no sólo la desprecian, sino que también la persiguen: por esto añade: "Y los otros echaron mano de los siervos", etc. Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41.- Por la ocupación de la granja se entiende la gente del pueblo de los judíos, que por su deseo de las cosas del mundo fueron separados de Cristo; por la ocupación de los negocios se entiende a los sacerdotes y los demás ministros del templo a quienes el afán de lucro separó de la fe, aun siendo ellos los encargados del servicio de la ley y del templo. No dijo de éstos que habían obrado maliciosamente, sino que despreciaron; los que crucificaron a Jesucristo por odio o por envidia, fueron los que obraron mal; los que impedidos por los negocios no creyeron, son los que le despreciaron, aun cuando no eran malos. El Señor nada dice acerca de su muerte, porque ya había dicho lo bastante en la parábola anterior, pero da a conocer la muerte de sus discípulos, a quienes mataron los judíos, después que el Señor subió a los cielos, apedreando a Esteban y degollando a Santiago de Alfeo. Por todo lo cual Jerusalén fue destruida por los romanos. Debe advertirse que se habla de la ira de Dios, no en sentido propio, sino en sentido traslativo: se dice que se enfurece cuando castiga. Por lo que se dice aquí: "Y el rey, cuando lo oyó, se irritó". San Jerónimo.- Cuando invitaba a las bodas y obraba con clemencia, era llamado hombre; pero ahora, cuando vino a aleccionarse calla la palabra hombre, y únicamente se le llama rey. Orígenes, homilia 20 in Matthaeum.- Adviertan los que pecan contra el Señor de la ley, de los profetas y de toda la creación, que éste que ahora se llama hombre, y se muestra airado, es el mismo Padre de Jesucristo. Y si conocen que éste es el mismo, se verán obligados a confesar que de El se dicen muchas cosas parecidas a las que tiene la naturaleza pasible de los hombres: no porque El sea pasible, sino porque muchas veces obra a imitación de la naturaleza pasible de los hombres. Y en este mismo concepto debemos tener la ira de Dios, y la penitencia, y todo lo demás que leemos en los profetas. San Jerónimo.- Por estos ejércitos entendemos los ejércitos romanos, capitaneados por Vespasiano y por Tito, los cuales, habiendo destruido los pueblos de Judea, prendieron fuego a la ciudad prevaricadora. Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41.- El ejército romano se considera como el ejército de Dios porque la tierra y cuanto en ella se contiene pertenece a Dios ( Sal 23,1). No hubiesen venido los romanos a Jerusalén, si Dios no los hubiese enviado. San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38.- Los ejércitos de los ángeles son los de nuestro Rey. Habiendo, pues, enviado sus ejércitos se dice que acabó con aquellos homicidas porque todo designio se cumple sobre los hombres por medio de los ángeles. Acabó, pues, con aquellos homicidas, porque mató a los que le perseguían; incendió también su ciudad, porque no solamente sus almas sino que también su carne (en la que habían vivido), habían de ser atormentadas con el fuego eterno. Orígenes, homilia 20 in Matthaeum.- La ciudad de los impíos es la reunión de los que están en un todo conformes con el modo de pensar de los príncipes de este mundo: el rey incendia y destruye la ciudad, construida de malos edificios.

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA 8 Gloria Iesu in Maria! San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38.- Pero éste que se ve despreciado de los que convida, no tendrá desiertas las bodas de su hijo: porque alguna vez la palabra de Dios encontrará también en dónde descansar. Por esto añade: "Entonces dijo a sus siervos". Orígenes, homilia 20 in Matthaeum.- Esto es, a los apóstoles o a los ángeles que estaban preparados para la vocación de los gentiles: "Las bodas ciertamente están aparejadas". Remigio.- Esto es, todo sacramento acerca de la redención de los hombres, ya está ultimado y concluido. "Mas los que habían sido convidados (esto es, los judíos), no fueron dignos" ( Rom 10,3), porque desconociendo la santidad de Dios, y queriendo dar preferencia a la suya, fueron considerados como indignos de la vida eterna. Por lo tanto, una vez reprobado el pueblo judío, fue llamado el pueblo gentil a estas bodas. Por esto sigue: "Pues id a las salidas de los caminos", etc. San Jerónimo.- El pueblo gentil no estaba en los caminos, sino en las salidas de los caminos. Remigio.- Estos son los errores de los gentiles. Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41.- Son caminos también todos los conocimientos humanos como los de la filosofía, los de la milicia, y otros por el estilo. Dijo, pues: "Id a las salidas de los caminos", para que llamen también a la fe a todos los hombres, cualquiera que sea su condición. Además, así como la castidad es el camino que lleva a Dios, la fornicación es el camino que lleva al demonio; y esto mismo debe decirse de las demás virtudes y de los demás vicios. Manda, por lo tanto que conviden a los hombres de cualquier clase y de cualquier condición para que crean. San Hilario, in Matthaeum, 22..- También pueden entenderse por el camino, la duración de esta vida, y por lo tanto, se les manda ir a las salidas de los caminos, porque estas gracias a todos se dan. San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38.- Según la Sagrada Escritura, se entiende por camino las acciones; las salidas de los caminos son las faltas de las acciones, porque con frecuencia vienen a Dios con facilidad, aquéllos que ninguna satisfacción se conceden en las cosas de la vida. Orígenes, homilia 20 in Matthaeum.- Yo creo que esta primera invitación a las bodas se dirigía a algunas almas sencillas: en verdad, Dios quiere que vengan al convite divino principalmente aquellos que son prontos para comprender; y como éstos generalmente no quieren venir cuando se les llama, son enviados otros siervos para animarlos, ofreciéndoles que si vienen, disfrutarán del convite preparado por su rey. Y así como en esta vida una es la esposa que se casa, otros los que convidan, y otros los que son convidados a las bodas, así el Señor conoce las diversas clases de las almas, las virtudes y sus fundamentos. Por esta razón unas son consideradas como esposas, otros como siervos que convocan, y otros están en el número de los invitados a las bodas. Pero los que en primer lugar fueron llamados, despreciaron a los primeros que los invitaban (como hombres de poco conocimiento), y se marcharon a cuidar de sus cosas, complaciéndose más en ellas que en lo que el Rey les ofrecía por medio de sus siervos. Pero éstos son menos culpables que aquéllos que injuriaron a los siervos enviados y los mataron. Estos últimos se atrevieron a detener a los siervos enviados por medio de cuestiones enojosas, y como no estaban preparados para contestar a sus ingeniosas cuestiones, fueron primero abrumados de insultos y luego muertos por ellos. Orígenes, homilia 20 in Matthaeum.- Habiendo salido los siervos, ya de Judea o Jerusalén, como los apóstoles de Jesucristo, o ya de los interiores, como los santos ángeles, y viniendo a los diversos caminos de las costumbres diferentes, reunieron a todos los que encontraron: y no se cuidan de si alguna vez habían sido malos o buenos, antes de ser llamados. Aquí debemos

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- XIX Domingo después de Pentecostés 9 Forma Extraordinaria del Rito Romano entender como buenos los que sencillamente son más humildes y más perfectos en cuanto afecta al culto divino y a quienes se refiere lo que dice el Apóstol: "Cuando las gentes que no conocen la ley, obran según lo que ella manda, ellos mismos son su propia ley" ( Rom 2,14). San Jerónimo.- También entre los gentiles hay una diversidad infinita, pues debemos conocer, que unos están más inclinados a lo malo, y otros practican las virtudes por sus buenas costumbres. San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38.- Y dice esto, porque en la Iglesia no puede haber buenos sin malos, ni malos sin buenos, y no fue bueno aquél que no quiso sufrir a los malos. Orígenes, homilia 20 in Matthaeum.- Las bodas, esto es, de Jesucristo y de la Iglesia, se llenaron porque fueron traídos a Dios los que fueron encontrados por los Apóstoles, y se recostaron para comer en las bodas. Pero como fue conveniente llamar a los buenos y a los malos, no para que los malos continuasen siendo malos, sino para que dejasen los vestidos impropios de las bodas, y vistiesen los trajes nupciales (esto es, el corazón misericordioso, bondadoso, etc.). Por eso, después entra el rey para ver a los que estaban sentados antes que se les presente la comida, para detener y regalar a los que tengan los vestidos nupciales, y para condenar a los que no los tengan. Por eso sigue: "Y entró el rey para ver a los que estaban a la mesa". Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41.- No es que el Señor deje de estar en todas partes, sino que donde quiere observar para juzgar, allí se dice que está presente, y donde no quiere, parece que está ausente. El día en que todo lo verá es el día del juicio, cuando habrá de visitar a todos los cristianos, que descansan sobre la mesa de las Sagradas Escrituras. Orígenes, homilia 20 in Matthaeum.- Cuando entró, vio a uno que no había mudado sus costumbres; por esto sigue: "Y vio allí un hombre que no estaba vestido con vestidura de bodas". Dijo en singular, porque son de un mismo género todos los que conservan la malicia después de la fe, como la habían tenido antes de creer. San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38.- ¿Qué debemos entender por vestido de bodas, sino la caridad? Porque el Señor la tuvo cuando vino a celebrar sus bodas con la Iglesia. Entra, pues, a las bodas, sin el vestido nupcial, el que cree en la Iglesia, pero no tiene caridad. San Agustín, contra Faustum, 2,19.- Se atreve a venir a las bodas sin vestido nupcial, el que busca allí la gloria, no la del esposo, sino la propia. San Hilario, in Matthaeum, 22..- El vestido de bodas es también la gracia del Espíritu Santo, y el candor del vestido celestial, que una vez recibido por la confesión de la fe, debe conservarse limpio e íntegro hasta la consecución del reino de los cielos. San Jerónimo.- El vestido nupcial es también la ley de Dios y las acciones que se practican en virtud de la ley y del Evangelio, y que constituyen el vestido del hombre nuevo. El cual si algún cristiano dejare de llevar en el día del juicio, será castigado inmediatamente; por esto sigue: "Y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí, no teniendo vestido de bodas?" Le llama amigo, porque había sido invitado a las bodas (y en realidad era su amigo por la fe), pero reprende su atrevimiento, porque había entrado a las bodas, afeándolas con su vestido sucio. Orígenes, homilia 20 in Matthaeum.- Y como el que peca y no se viste de nuestro Señor Jesucristo, no tiene excusa alguna, prosigue: "Mas él enmudeció". San Jerónimo.- Entonces, cuando todos los ángeles y el mundo entero sean testigos de los pecados, no habrá lugar a petulancias ni se podrá negar.

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA 10 Gloria Iesu in Maria! Orígenes, homilia 20 in Matthaeum.- Pero no sólo fue arrojado de las bodas el que las ultrajó, sino que fue atado por los ministros del rey, ya preparados a este fin, y con la presteza que él no había empleado para hacer cosa buena. Por no obrar el bien fue aprendido por la fuerza y fue condenado a un sitio en donde no hay luz alguna y que se llama tinieblas exteriores. Por lo que sigue: "Entonces el rey dijo a sus ministros: atado de pies y manos, arrojadle en las tinieblas exteriores". San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38.- En virtud del poder de aquella sentencia son atados sus pies y sus manos, que poco antes habían estado atados por las malas acciones, y no habían mejorado su vida. Entonces son atados para castigo los que la culpa tenía atados para impedirles que obrasen bien. San Agustín, de Trinitate, 11,6.- El embrollo de los malos deseos y de las malas intenciones, constituye un lazo, con el cual es atado, quien obra de tal modo, que merece ser arrojado a las tinieblas exteriores. San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38.- Llamamos tinieblas interiores, a la ceguedad del alma, y tinieblas exteriores a la noche eterna de la condenación. Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41.- De este modo se designa también la diferencia de castigos que se aplicarán a los pecadores: hay tinieblas exteriores e interiores, hay primeros lugares así como hay últimos lugares. San Jerónimo.- En el llanto de los ojos y en el rechinar de dientes, se da a conocer la magnitud de los tormentos por medio de una metáfora de miembros corporales. Los pies y las manos atadas, el llanto de los ojos y el rechinar de dientes, son para que se entienda la veracidad de la resurrección. San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38.- Para que allí rechinen los dientes de los que se gozaban en la voracidad, y allí lloren los ojos que aquí disfrutaban de complacencias ilícitas. Porque cada uno de los miembros sufrirá un castigo, relacionado con todas las acciones a que vivieron sujetos, obedeciendo a los vicios. San Jerónimo.- Y como en el convite nupcial no se busca el principio, sino el fin, añade: "Muchos son los llamados y pocos los escogidos". San Hilario, in Matthaeum, 22.- Cuando el que invita lo hace sin excepción, da a conocer su afecto y la gran bondad que resulta de su humanidad; pero en los convidados o llamados, se elige a cada uno según su mérito propio. San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 38.- Mas algunos, ni siquiera empiezan a obrar bien; y otros no perseveran en las buenas acciones que comenzaron. Tema cada uno por sí mismo, tanto más, cuanto que desconoce lo que viene después. Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 41.- O de otro modo: cuantas veces el Señor prueba a su Iglesia, entra en ella para ver a los que están reunidos. Si encuentra alguno que no tenga vestido nupcial, le pregunta: ¿para qué te has hecho cristiano si amabas estas acciones? A este tal entrega Jesucristo a sus ministros (esto es, a algunos sectarios), y le atan sus manos (esto es, sus acciones), y sus pies (a saber, las aspiraciones de su alma), y lo arrojan a las

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- XIX Domingo después de Pentecostés 11 Forma Extraordinaria del Rito Romano tinieblas, esto es, a los errores (o de los gentiles, o de los judíos, o de los herejes). En primer lugar, a las tinieblas de los gentiles, porque desprecian la verdad que no han oído; o a las exteriores de los judíos que oyeron, pero que no creyeron, y especialmente a las exteriores de los herejes que oyeron y conocieron.
Notas 1. Cierta crítica usa estas palabras para afirmar que el Evangelio de San Mateo fue escrito en fecha tardía. Sorprende realmente que si eso fuera así -que habría sido escrito después de la caída de Jerusalén en el año 70 d.C.- tan poco impacto hubiera hecho tal catástrofe en los relatos, ya que es ignorada a pesar de sus terribles consecuencias en el judaísmo. Las palabras del v. 7, por lo demás son un asunto secundario en la parábola. El pasaje, a pesar de su vaguedad sobre precisiones de lo ocurrido, ha sido calificado por la crítica racionalista -que no cree en profecías ni en milagros- como retrospectivo. El tema está vinculado a Is 5, que ya aparece en Mt 21,33. (Gundry) "No tenemos necesidad alguna de suponer en Mateo una retrospección de la destrucción de Jerusalén en el 70 d.C.". Luego de abundar en su análisis concluye: "Por lo tanto, 22, 7, no apunta hacia atrás al 70 d.C., sino es más bien una dramática figura del juicio derivada de la predicción de Isaías de la destrucción de Jerusalén".

TEXTO II COMENTARIO A LA LITURGIA DEL DÍA
Todos los hombres están llamados a entrar en el reino de los cielos y a nadie se excluye del festín nupcial en que Dios celebrará las bodas de su Hijo con la humanidad rescatada por su Pasión. Es una gran felicidad para el cristiano la de poder encontrar en la Eucaristía una anticipación, al mismo tiempo que una prenda, de este banquete celestial. Se ha revestido del hombre nuevo, del que habla san Pablo, creado según Dios en justicia y santidad verdaderas. Puede, pues, sentarse a la mesa del festín. La parábola de los invitados termina con una sentencia que se aplica a todo el conjunto del relato. Todos los llamados a formar parte del pueblo de Dios no han de salvarse por necesidad. INTERPRETACIÓN DE LOS TEXTOS DE LA MISA SEGÚN LAS LECCIONES DE MAITINES.* En torno de este Domingo suele leerse en Maitines el libro de Ester. Estudiemos brevemente esta figura, como venimos haciéndolo con otras del Antiguo Testamento. La situación de Israel, desterrado en Persia, llegó a ser sumamente precaria reinando en Susa el rey Asuero, y sólo la oración y la penitencia de la reina Ester y de Mardoqueo su tío fueron capaces de deshacer la tormenta y horrenda carnicería que el feroz y envidioso Amán, mayordomo del rey, tenía urdidas contra los hebreos deportados. Así sucedió que la horca para ellos dispuesta sirvió de suplicio a Amán, pudiendo cantar una vez más Israel las misericordias de Dios con los suyos. El ayuno de tres días observado por Ester es paralelo al de la Témporas, que por estos mismos dias observan todos los buenos hijos de la Iglesia, desterrada en tierra ajena, y cuyos enemigos no son menos feroces y menos despiadados que los del antiguo pueblo de Dios. Todo esto era figura del futuro, de lo que había de suceder con su Iglesia, sobre todo en el fin de los tiempos, en que arreciará furiosa la persecución. Amán, o sea, el Antecristo, con todos sus esbirros guerrearán sin tregua contra la Iglesia, contra Ester y Mardoqueo; pero en castigo de sus maldades, serán arrojados con ignominia del banquete de las bodas eternas a las tiniebla del exterior, en medio de la noche oscura y fria que no tendrá fin (Ev.); siendo la causa de esa reprobación el no entrar con el vestido nupcial, por no haberse revestido de ese hombre nuevo creado a la imagen de Dios y engalanado con justicia y santidad verdaderas (Ep.). Así tratará Dios a cuantos entren en la sala del festín sin ir revestidos con la túnica de la caridad (S. Agustín), de la gracia santificante, por la cual pertenecemos al alma de la Iglesia, ya que, por la fe, aun muerta, pertenecemos al cuerpo místico de Cristo. El medio eficaz de evitar ese bochorno y expulsión eterna del cielo nos lo indica la Epístola. Es renunciar a la mentira y a la falsedad y tener caridad, de manera que, jamás se nos ponga el sol guardando rencor en el corazón.

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA 12 Gloria Iesu in Maria! Pidamos al Señor que, como Ester y Mardoqueo, estemos siempre pegados a sus divinos mandamientos (Posc. y Com.); y así no tendremos que temer las terribles sanciones del día postrero, ni siquiera los escarmientos ejemplares que sufren muchos malos en el mundo, los engreídos como Amán, y los judíos que, por no haber recibido a Cristo, fueron remplazados por los paganos en las promesas hechas a Abrahán y sus descendientes; y los que persistan en su infidelidad serán también arrojados del banquete de las bodas eternas a las tinieblas exteriores donde no habrá sino llanto y crujir de dientes (Ev.).
*No siempre coincide.

TEXTO III COMENTARIO A LA EPÍSTOLA (I)
c) Revestirse del hombre nuevo (4,23-24). «...para renovaros en el espíritu de vuestra mente y revestiros del hombre nuevo». Aquí también como preámbulo para el revestirse del hombre nuevo se exige una renovación «en el espíritu de vuestra mente» (= la facultad de pensar). Aquí hay mucha oscuridad. ¿Se trata del Espíritu Santo? En este caso, ¿en qué sentido es el Espíritu de la mente? ¿Hay que entender este genitivo como puramente explicativo? Entonces se trataría del mismo pensar -de la mente-, pero en el lenguaje paulino el «espíritu» -el pneuma- siempre está sometido al influjo del Espíritu Santo, y, por lo tanto, se trata de un pensar «cristiano», de la mentalidad del creyente. Esta es la que tiene que renovarse constantemente, abriéndose al influjo del Espíritu y dejándose captar por él. Aquí no tenemos más que el reverso de lo que Pablo ha calificado de vida pagana: en primer lugar la «vacuidad de su pensamiento». Esto es lo que constituye la vida pagana como tal. Así pues, al sustituir esta vida por otra cristiana, debe verificarse una auténtica inversión de mentalidad. En el lugar de la «vacuidad de su pensamiento» tiene que entrar una mentalidad que contenga una realidad. Y como quiera que esta realidad es la misma realidad de la fe, esta renovación de la mente sólo puede realizarse en el Espíritu. Es alentador observar cómo Pablo es plenamente consciente de que en la vida cristiana no se trata sólo de un impulso inicial, de una conversión de una vez para siempre, sino que debemos perseverar en la decisión, en la constante vuelta hacia Dios, y que, sobre todo, nuestra mentalidad de creyentes (como fuente de nuestro obrar) necesita de una constante renovación. Esta es la raíz bíblica de la necesidad de la meditación, de la familiaridad con la palabra de Dios, de la vida consciente en una atmósfera espiritual. Aquí es donde se monta la guardia para mantener el derrotero de la nave (que por sí solo no se mantiene), y tanto más firme tiene que estar la mano sobre el timón, cuanto más fuertes son los vientos y más frecuentes las corrientes que combaten la dirección emprendida (cf. 4,14). Cuando ya está asegurado este fundamento de la mentalidad de la fe, se llega propiamente a «revestirse del hombre nuevo». Todo esto requiere una nueva actitud; por eso resulta raro que aquí no se emplee una forma verbal de duración y repetición (como «renovarse»), sino una forma que expresa un acontecimiento único. Esto puede tener conexión con la significación de la metáfora «vestirse», o sea una actividad transitoria, cuya finalidad es el hombre «vestido»; lo que emerge es precisamente el resultado final.

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- XIX Domingo después de Pentecostés 13 Forma Extraordinaria del Rito Romano El «hombre nuevo» es, en el lenguaje paulino, el hombre «en Cristo», «nuevamente creado en Cristo para las buenas obras» (2,10), «el hombre interior» (3,16), cuya fuerza es el Espíritu de Dios, el hombre, en quien Cristo habita por la fe (3,17). Aquí se describe como creado según Dios, o sea, con frase de la carta a los Colosenses: «según la imagen de su Creador» (3,10). Pero quizá deberíamos entender el verbo «crear» literalmente como «fundar», «fundamentar». De esta manera se perfila en nosotros la semejanza de Dios en Cristo, para poderla realizar «en verdadera justicia y santidad», o sea en aquella justicia y santidad que corresponde a la verdad, a una existencia derivada de Dios. IV. LA NUEVA VIDA EN EL AMOR (4,25-5,2). Ahora ya, después de haber dedicado dieciséis versículos a la unidad y construcción de la Iglesia y ocho versículos a la diferencia fundamental entre el hombre pagano y el cristiano, por primera vez se detiene Pablo en exhortaciones menudas, todas ellas dirigidas más o menos al servicio del amor y contra todo lo que no fomenta el amor y la amistosa convivencia. 1. Lo QUE NO HACE EL AMOR (4/25-31). Propiamente este título no es adecuado, ya que Pablo cada vez añade lo que específicamente diferencia al amor. a) El amor no miente (4,25). 25 Por lo cual, deshaciéndoos de la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo, porque somos miembros unos de otros. ¿Por qué se le da a la veracidad el lugar preeminente? Se pudiera creer que esto se debía a la última frase anterior: «en justicia y santidad de la verdad». Pero que hay una motivación más profunda lo demuestra la exhortación paralela en la carta a los Colosenses (3,8s). La expresión «no os mintáis mutuamente» está en su propio lugar. No está simplemente en la línea de «cólera», «animosidad» y otras cosas; sino que la exhortación a dejar la mentira se presenta como algo completamente nuevo y está conectada con el despojarse del hombre viejo y el revestirse del hombre nuevo: No os mintáis mutuamente: ¡os habéis revestido del hombre nuevo! La mentira en los usos y costumbres debió estar muy extendida en el ambiente oriental de la primitiva Iglesia. Pero el engaño, el fraude y la falsedad serán en todas partes el signo de un tiempo y de una sociedad en que se ha perdido el sentido de la interdependencia de los hombres, la conciencia de vivir y de existir los unos para los otros. Precisamente lo que el cristianismo introducía como una motivación, insospechadamente profunda, en un mundo individualista, era esto: no sólo sois iguales, no sólo sois hermanos: sois miembros de un mismo cuerpo, el sagrado cuerpo de Cristo, que os aúna y os hace llegar a ser «uno». Pero la mentira separa, introduce murallas, y con ello ofende no sólo al hermano, sino a todo el conjunto y a Cristo, su cabeza. b) El amor no se enoja (4,26-27). 26 Enojaos, pero no pequéis: el sol no se ponga sobre vuestra ira; 27 ni déis lugar al diablo. El mal humor persistente es peligroso. Se corroe a sí mismo y corroe todo lo que lo rodea: todo le sirve de nueva nutrición. Así es como da lugar al diablo. Es como una invitación hecha al diablo para que se valga de los cegados por la enemistad o incluso de los perjudicados en su tranquila sensibilidad, para hacerlos servir a sus propósitos, que siempre desembocan en la división y en la aniquilación. Este «no dar lugar al diablo» encuentra su anverso y su posibilidad salvadora en aquella otra recomendación: «dad lugar a la ira», o sea a Dios juez, y no os toméis la venganza por vuestras manos. «Mía es la venganza, yo daré lo merecido, dice el Señor» (Rom 12,19). La justicia es patrimonio único del Dios omnisciente. Si quieres ser justo, sé misericordioso. c) El amor no roba (4,28). 28 El que roba, que ya no robe más; sino, por el contrario, que trabaje haciendo el bien con sus propias manos, para que tenga algo que compartir con el necesitado.

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA 14 Gloria Iesu in Maria! Uno se admira quizá de que con tanta naturalidad se acepten como miembros de la comunidad ladrones, acostumbrados ya desde antes a vivir sin trabajar, y que, al hacerse cristianos, acepten también considerar esto como inmoral. Esto es ciertamente sorprendente, pero mucho más lo es la natural confianza con que Pablo le hace al ladrón de antaño esta propuesta: no sólo no debe servir a nadie de carga (ITes 4,12), sino que tiene que ganarse el sustento con sus propias manos (esto aquí no se dice expresamente), tiene que producir «algo» -en el orden de la posesión e incluso de la prosperidad-; y esto, no solo para que él lo pase bien, sino para poderlo compartir con los que están necesitados. ¡Qué optimismo! ¿Cuántos hay entre nosotros -que nunca fueron ladrones- que trabajen para esto?

TEXTO IV COMENTARIO A LA EPÍSTOLA (II)
El vestido distingue a las personas. Muchas profesiones tienen un vestido, un traje, un uniforme adecuado a las exigencias de la profesión; luego el trabajo viene a designar la profesión. Y el vestido distingue también los momentos de la vida: el trabajo, el deporte, la fiesta. Todo esto quiere decir que el vestido expresa los sentimientos de luto, de fiesta, de trabajo, los estados de ánimo, lo que se vive, la vida misma. Esta fuerza simbólica del vestido ha tenido siempre su trasposición al plano religioso: vestidos sagrados para expresar el contacto con la divinidad. Misas de paisano. Como la vida de Cristo se nos comunica por los sacramentos, el símbolo del "vestido" toma cuerpo en la liturgia. El bautismo es un "despojarse" del pecado y del mal, y ser revestido de Cristo; esto se expresa en el bautismo de adultos con un quitarse la ropa y vestirse el alba blanca. En el bautismo de niños el símbolo queda, pero reducido al mínimo: el capillo o velo blanco. La confirmación, la primera comunión, el matrimonio, la ordenación sacerdotal, son momentos nuevos del vestido blanco, porque son momentos nuevos del progresivo "revestirse" de Cristo. La salvación de Dios se nos da como un vestido que nos distingue y expresa la realidad interior se nuestra vida: la vida de Dios que se nos comunica en J.C. Por esto, S. Pablo dice que "bautizados en Cristo, nos hemos revestido de Cristo" (Ga/03/27). Y concibe la conversión como un cambio de vestido, un "despojarse" del hombre viejo y vestirse del Hombre nuevo, revestirse de Cristo, adoptar sus criterios, tener sus sentimientos, vivir su vida. Dejar un vestido sucio, para vestirse de limpio. El vestido, signo de lo que la persona es, o también, de lo que quiere aparecer sin ser. Carnaval. Pensemos en la tentación de los cristianos de salvar las apariencias a toda costa, esto es, el vestido. De contentarnos con "cumplir" sin la preocupación de la necesaria actitud de fe, de conversión, de cambio de mentalidad. Por eso pide S. Pablo... (ver lectura). Como se ve, el vestido que nos exige Cristo, no es del orden del tener", ni del orden del "parecer", sino del orden del "ser"... Por eso no sirve blanquearse por fuera como los sepulcros, ni vestirse con piel de oveja.

TEXTO V Comentario al Evangelio (I)
Esta parábola nos llega en dos versiones bastante diferentes. En san Mateo, el «banquete nupcial» sigue al relevo de los viñadores, y, por la intención general, es equivalente. La atmósfera sigue siendo la de los últimos dias de Jerusalén y de la crisis decisiva. Jesús saca la lección de sus fracasos, con la certeza de que la obra de Dios se hace y concluirá a pesar de las contradicciones humanas. Oigamos primero el relato de san Mateo. «El Reino de los cielos es semejante a una rey que preparó el banquete de bodas para su hijo. Y envió a sus criados a llamar a los invitados a la boda, y ellos no querían venir. De nuevo envió otros criados con este encargo: Decid a los invitados: Mirad, he preparado mi banquete; se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo está preparado; venid al banquete. Pero ellos, sin preocuparse, se marcharon, quién a su campo, quién a su comercio, y los otros se apoderaron de los criados, los maltrataron y los mataron. El rey montó en cólera, envió sus ejércitos,

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- XIX Domingo después de Pentecostés 15 Forma Extraordinaria del Rito Romano hizo perecer a aquellos asesinos y prendió fuego a su ciudad. Entonces dice a sus criados: el banquete está preparado, pero los invitados no eran dignos. Salid, pues, a los cruces de los caminos y convidad a todos los que encontréis. Los criados se fueron por los caminos, recogieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales» (Mt 22,1-10). La versión de san Lucas nos permitirá «criticar» la de san Mateo. San Lucas inserta esta parábola dentro de una sección que habría que titular el «Banquete» (la vieja forma literaria de los griegos, ya conocida). Para introducir la parábola sirve la exclamación de un invitado: «Dichoso el que tome parte en el banquete del Reino de Dios». De esta manera se espera una parábola del Reino, en la cual san Lucas tratará de conservar el giro de una conversación familiar. «Un hombre daba una gran cena, a la cual invitó a mucha gente. A la hora del banquete, envió a su criado a decir a los invitados: Venid, ya está todo preparado. Y todos a la vez empezaron a excusarse. El primero dijo: He comprado una tierra y tengo que ir a verla; te ruego que me dispenses. Otro dijo: Yo he comprado cinco pares de bueyes y voy a probarlos; te ruego que me dispenses. Otro dijo: Acabo de casarme, y, naturalmente, no puedo acudir. A la vuelta, el criado refirió todo esto a su amo. El dueño de la casa, montando en cólera, dijo a su criado: Sal en seguida por las plazas y calles de la ciudad, y trae aquí a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos. Y el criado dijo: Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía queda sitio. El dueño dijo entonces a su criado: Sal por los caminos y cercados, y obliga a la gente a entrar para que se llene mi casa. Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que habían sido invitados, gozará de mi banquete» (Lc 14,16-24). El Talmud palestinense nos relata incidentalmente una historia análoga. El rico publicano Bar Majan había organizado un gran festín para los principales de su pueblo. Ellos rechazaron la invitación. Entonces, antes de dejar que se echara a perder, hizo venir a los pobres para que comieran su banquete. Pero el mismo san Lucas no se para en una historieta. La introducción indica que el relato se refiere, de una u otra manera, al Reino de Dios; y la alusión final al castigo por la exclusión del festín, hace pensar a todo buen entendedor en el banquete mesiánico. Los puestos de los primeros invitados quedan definitivamente ocupados por los recién llegados; la conclusión coincide con la parábola de la viña. A primera vista, la conclusión actual de la parábola, en Mt 22,11-14, introduce la idea del juicio escatológico: «Entonces entró el rey para ver a los invitados, y se dio cuenta de que un hombre no llevaba el traje de bodas. Amigo, le dice, ¿cómo has entrado aquí sin tener el vestido de bodas? El otro enmudeció. Entonces el rey dijo a los sirvientes: Atado de pies y manos, arrojadlo fuera, a las tinieblas: allí habrá llanto y rechinar de dientes. Porque muchos son los llamados, y pocos los escogidos». Algunos comentaristas piensan que san Mateo ha reunido dos parábolas distintas, la del banquete al que llegan como comensales unos invitados improvisados, y la de la inspección de estos convidados, que termina con el castigo escatológico. Sin embargo, ya se sabe que el banquete mesiánico (que, de hecho, representa a la Iglesia terrestre, gozando misteriosamente ya de las alegrías eternas) se transforma fácilmente en festín escatológico (que mira directamente a la eternidad); y esto, tanto en el pensamiento de Jesús como en el de los evangelistas, según la natural inclinación del ambiente judío. Los Padres han comprendido bien la parábola del banquete. San Agustín nos ofrece un breve comentario de la misma, distinguiendo, dentro de una aplicación histórica y moral, las diversas categorías de invitados. «Todos esos mendigos que llegan de la ciudad, dice él, son los judíos, pecadores, publicanos, etc., debilitados por sus pecados, que por fortuna no tienen ese orgullo de la falsa justicia farisea, obstáculo insuperable que impide a las autoridades recibir el don de Dios. En cuanto a los otros, añade san Agustín, a los que el rey manda traer de los cercados y de los caminos, son los paganos enredados en sus sectas filosóficas y religiosas y en las espinas de sus pecados». ¿Puede realmente reprocharse a esta exégesis el apoyarse en la significación alegórica? Sin embargo, Jesús poseía la clara visión de los destinos de su obra humana. ¿Iba a detenerse su mensaje en las fronteras del mundo judío?

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA 16 Gloria Iesu in Maria!

TEXTO VI COMENTARIOS AL EVANGELIO (II)
1. Mateo recalca fuertemente la posición de los que no aceptan el banquete. Deliberadamente "no se preocupan" del asunto y se vuelven a sus negocios. Incluso con sangre fría arremeten contra los mensajeros. La crítica que esto supone a la actitud de los jefes del pueblo es de toda dureza. Se describe una situación límite para poner en guardia al posible lector. Para el que ha recibido el don de la fe es de todo punto necesario responder con la vida a ese don, de lo contrario él mismo se autodestruye. El mensaje de Jesús es para todos y a todos se llama al convite que es la fe. No hay situación, cualquiera que sea, que discrimine ante este don de Dios. Jesús recoge la herencia universalista del profetismo llevándola hasta sus límites. Mas aún, no hay selección en cuanto a la postura moral de los participantes ya que hasta los malos pueden llegar a participar de la fe si aceptan a Jesús. Para ser buen creyente no es imprescindible ser ya bueno moralmente. Más todavía, a muchos les estorba su "bondad" para llegar a Dios. v.14: No hay en esta sentencia, un tanto oscura de por sí, ninguna clase de discriminación. A muchos, a todos (polloi), se ofrece el reino pero no todos tienen la limpieza de corazón para dar una respuesta de fe honda. Esto hace que el creyente se encuentre en una sana y creadora tensión de cara al Reino, para no dormirse en una vanidad o seguridad que le podría ser nociva.
EUCARISTÍA 1978/47

2. -El Reino de Dios es un banquete de bodas. Una idea que destaca en el evangelio de hoy es que el Reino de Dios es un banquete. Es algo que no conviene olvidar en un mundo y en una cultura que ha criticado a la religión como algo que aliena al hombre y va contra sus tendencias más naturales, como si se opusiese a su felicidad. Y esto no es así en la Palabra de Dios y, por tanto, en la fe cristiana. Otra cosa puede ser el camino y hasta la meta para conseguir esa felicidad. Ahí puede haber y hay discordancias profundas y opuestas. Pero quede claro que la felicidad es la meta del hombre para el sentido cristiano de la vida. -El traje de fiesta. Los exegetas no dan una explicación convincente y unánime. ¿Es la gracia? Parece que no, porque allí entran buenos y malos. ¿Es una nueva mentalidad? En este caso nos parece excesivo el castigo que se le propina. ¿Es que era un boicoteador de la fiesta y eso va contra lo más fundamental del Reino, rechazándolo y negándolo? Habría que preguntárselo a Jesús, y mientras tanto, la cuestión queda abierta. Yo me inclino a pensar que se trata de una actitud contra la Buena Nueva de la fe y la fiesta, que se opone de frente al Reino de Dios. Una especie de pecado contra el Espíritu Santo, contra lo más sagrado del hombre y de Dios, que sería la fe, la fiesta y la felicidad.
MARTÍNEZ DE VADILLO DABAR 1987/50

3. JESÚS HABLA EN CLAVE DE UTOPIA. EL REINO DE DIOS NO SE HACE CON GENTE BUENA SINO CON GENTE UTÓPICA. SV/CONDENACION/NUMERO "MUCHOS SON LOS LLAMADOS". DESGRACIADAMENTE ESTA FRASE SUELE SER CITADA PARA SUSTO Y TORMENTO DE CONCIENCIAS. Una vez más, Mateo no está seguro de que el nuevo Pueblo no vaya a caer en los defectos del antiguo Pueblo. La segunda parte de la parábola es un aviso en serio de que no hay Pueblo de Dios por descontado. Más aún, en tiempos del autor el nuevo Pueblo empezaba ya a dar señales de convertirse en antiguo. Y de la pluma del evangelista brota la tinta de la desilusión: "muchos son los llamados, pocos los elegidos". Desgraciadamente esta frase suele ser citada para susto y tormento de conciencias. Suele ser citada como prueba de que son más los que se condenan que los que se salvan. ¡Es ya hora de olvidar esta interpretación! Jesús no hablaba en clave ética. Jesús no hablaba en clave de buenos y malos, de salvación y condenación eternas, de cielo e infierno. Jesús hablaba en clave de utopía. A hacer realidad la utopía estamos llamados todos, pero ¡qué pocos se creen que la utopía pueda ser realidad! (=Muchos son los llamados, pocos los elegidos). La Iglesia de Jesús no se hace con gente buena (la

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- XIX Domingo después de Pentecostés 17 Forma Extraordinaria del Rito Romano bondad no es patrimonio de la Iglesia, sino de la conciencia. Y la conciencia es patrimonio de creyentes y de ateos). La Iglesia de Jesús se hace con gente utópica.
DABAR 1981/53

4. JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDOS COMO PARA ASEMEJARSE MAS A LA HUMANIDAD PECADORA FRENTE A LA MUERTE: Ga 3. 27-28: Ef 4. 24:Col 3. 10-11: Gn 3. 11. El tema del traje nupcial recuerda el del vestido y su significado simbólico en el orden de la salvación. El vestido humaniza el cuerpo, ayuda a situarse entre los semejantes, le saca a uno del anonimato. De ahí que sea con toda normalidad signo de la alianza entre Yahvé e Israel: cual un esposo, Dios extiende el paño de su manto sobre su esposa (Ez 16). Pero ésta es infiel y se muestra a todo el que llega: su vestido se deteriora, a no ser que Dios se lo quite y vuelva a dejar de nuevo a su esposa en el anonimato y la desnudez. En la cruz, Jesús es despojado de sus vestidos como para asemejarse más a la humanidad pecadora frente a la muerte, que da al traste con todas las falsas seguridades y las apariencias. Pero muy pronto revestirá, en la resurrección, la gloria divina que vive en Él. "Revestirse de Cristo" o "revestirse del hombre nuevo" (/Ga/03/27-28; /Ef/04/24; /Col/03/10-11), representa, pues, participar en ese orden de la salvación que engloba el desprendimiento y la resurrección de Jesús. Esta participación en plenitud está reservada a la escatología, cuando toda la humanidad se revestirá de la incorruptibilidad y estará engalanada para presentarse ante su Esposo eterno (Ap 21. 2). Pero hay que revestirse del atuendo nupcial antes de participar en el banquete eucarístico. O, dicho de otro modo: esa participación es una fuente de exigencias morales que el invitado debe honrar mediante los desprendimientos que se imponen.
MAERTENS-FRISQUE, NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA VII MAROVA MADRID 1969.Pág. 164

5. LA PALABRA DE JESÚS ES APTA PARA DAR EL SENTIDO PROFUNDO DE TODAS LAS COSAS. ES INCLUSO LA ÚNICA CAPAZ DE EXPRESAR EL SENTIDO DE LA VIDA. Nosotros no podemos hacernos una idea de la resonancia que debió tener en la conciencia de los judíos de la época, convertidos o no al Evangelio, la toma y la destrucción por los romanos de la capital judía, de "Jerusalén, la Ciudad del Gran Rey" (5. 35). Este derrumbamiento había afectado dolorosamente al sentido patriótico de todos los judíos y más todavía al sentido religioso, a su fe en las promesas divinas. El otro acontecimiento es más actual, pero continúa desde hace mucho tiempo: es el fracaso que los predicadores del Evangelio han sufrido en el medio judío, sobre todo en Palestina. Pablo, que experimentaba más que otros muchos sus dolorosas consecuencias, sintió el carácter trágico de este hecho (Rm 9. 1-5; 10. 1-4, etc.); un hecho que hería, además, el sentimiento de solidaridad nacional y ponía a prueba la fe en la eficacia de la palabra de Dios. La parábola evangélica es una meditación sobre estos acontecimientos. Es el fruto de esa confrontación entre la existencia y la Palabra, en que consiste lo más profundo de la vida de la fe. Para decirlo en lenguaje de hoy, puede decirse que esta parábola es una especie de "revisión de vida" que hace el evangelista ante sus oyentes. Su fe considera ante ellos los acontecimientos dolorosos que afectan al corazón de todos; esa fe los ve y llega a juzgarlos y a apreciar su sentido divino, y examina, en fin, qué proceder ha de adoptar ella para que la vida sea más conforme a la Palabra oída. Todo ello ha de ser contemplado más de cerca. Hay ya un primer hecho evidente: para hallar el sentido de la actualidad, el evangelista acude a la Palabra de Jesús. De hecho, la parábola que va a buscar en el pasado de Israel la explicación de todas las cosas, es una palabra de Jesús: "Jesús se puso a hablarles en parábolas" (v. 1). (...) Mateo demostraba que la palabra de Jesús es apta para dar el sentido profundo de todas las cosas; que es incluso la única capaz de expresar el sentido de la vida. Si hay fracaso de la Palabra, explica Jesús, no es más que momentáneo, ya que la sala del banquete se llenará completamente; este rechazo parcial es debido al libre rechazo de los primeros invitados. En cuanto al aniquilamiento de la ciudad, es el castigo a la incredulidad del pueblo y al trato infligido a los enviados de Dios.
LOUIS MONLOUBOU, LEER Y PREDICAR EL EVANGELIO DE MATEO EDIT. SAL TERRAE SANTANDER 1981.Pág. 256

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA 18 Gloria Iesu in Maria! 6. VESTIDO DE FIESTA. NO COMO QUIEN VA A UNA OBLIGACIÓN O ENTIERRO. Es preciso salir a los caminos del mundo para anunciar a todos -"malos y buenos" dice el evangelio- la Buena Noticia del amor de Dios, de la vida de Dios, que Él quiere para todos los hombres, el amor y la vida que Jesús quiere comparar con un gran convite de boda (para asistir al cual, dice Jesús, la única condición es ir con vestido de fiesta, es decir, no como quien va a una obligación -o a un entierro- sino a una alegre e importante fiesta.
J. GOMIS MISA DOMINICAL 1987/19

7. Muchos son los llamados y pocos los elegidos. A propósito de la traducción de esta frase se impone una observación. El adjetivo muchos es la manera semítica de decir todos. Un caso similar se encuentra en las palabras de la cena del Señor esta es mi sangre... que va a ser derramada por muchos=todos (Mt 26, 28). La frase final de la parábola no significa que unas personas sean llamadas y otras no. Para evitar malentendidos una buena traducción sería la siguiente: Todos son llamados, pero pocos escogidos. Al margen de la traducción, el sentido de la frase no tiene nada que ver ni con las vocaciones sacerdotales ni con la predestinación ni con la salvación eterna. La frase significa sencillamente que todos estamos llamados a construir el Reino de los cielos aquí en la tierra, pero que no todos lo construimos.
ALBERTO BENITO DABAR 1990/50

8. ESFUERZO: Había uno en el banquete sin traje de fiesta, y una vez descubierto es arrojado a las tinieblas atado de pies y manos. Sin duda se apoya aquí Jesús en algún detalle histórico y costumbrista que desconocemos. Porque no se iba a hacer esto con aquellos pobres que fueron llamados por los caminos con urgencia, y es lógico suponer que no tenían traje de fiesta. ¿Es que les rogaron a todos que se pusieran unos trajes de fiesta que les proporcionaron y éste despectivamente no quiso hacerlo? Fuera lo que fuera aquí se quiere insinuar algo. Y es que para pertenecer al Reino de Dios hay que poner algo de nuestra parte. Dios invita y hasta pone el traje y todo lo demás. Pero algo se le exige al hombre. ¿Qué? Sinceridad, buena voluntad, apertura a Dios y los hermanos, frutos. Dios pone lo más, sin duda, que es su llamada y su gracia, pero hay algo imprescindible que tiene que poner el hombre. Porque Dios, que quiso crear al hombre sin el hombre, no quiere salvar al hombre sin el hombre (·Agustín-SAN). Nos hizo libres y quiere que ejerzamos la libertad. Dios llama, pero el hombre ha de responder. Esto nos lleva a la conclusión de la parábola: "Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos". Esto es así, pero no por culpa de Dios.
DABAR 1978/55

9. Estas líneas de J. Jeremías pueden sernos útiles para situar la parábola del banquete -la última de las dirigidas "a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo"- en el ambiente en que fue pronunciada: "el anfitrión que daba una recepción podía distinguirse de modo espectacular por el número de sus invitados o, de forma más real, por el buen servicio a sus huéspedes... El invitado esperaba que le fuesen comunicados los nombres de los restantes comensales y que, independientemente de la invitación anterior, fuese llamado el mismo día del banquete por mensajero". (·JEREMIAS-JQ, Jerusalén en tiempos de Jesús, pp. 110-111) La situación que se ha creado con el advenimiento del Reino en la persona de Jesús puede ilustrase con lo que se describe en la parábola. En primer lugar se destaca la importancia del que llama: "un rey" -la

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- XIX Domingo después de Pentecostés 19 Forma Extraordinaria del Rito Romano mentalidad popular pensaba inmediatamente en Dios- y de la fiesta que celebra: "la boda de su hijo". El punto que merece subrayarse con mayor insistencia son las reiteradas invitaciones, en primer lugar a sus amigos que ya habían sido convidados (llamados) anteriormente. En la invitación que se les dirige ("Todo está a punto. Venid a la boda") resuenan las palabras que inician y resumen la predicación de Jesús: "Está cerca el Reino de los cielos: convertíos" (cfr. Mt 4, 17). Pero, a la hora de la verdad, los primeros invitados se desentienden. Tratándose del rey, rechazar su invitación y maltratar a sus enviados, es una muestra clara de estar contra él. La reacción del anfitrión es doble: a) Convidar a todos, malos y buenos, a la fiesta y llenar así la sala del banquete. Esto debía ser una gran bofetada para los que no habían querido acudir a la boda. B) Terminar con los que han rechazado la invitación y prender fuego a la ciudad. Parece que la parábola seguiría un orden más lógico sin los versículos 6 y 7, y así Lucas los desconoce totalmente. Seguramente son fruto de la reinterpretación que la iglesia mateana hace de la parábola después de la destrucción de Jerusalén, el año 70, a la que aquí se alude; y los malos tratos al segundo grupo de enviados pueden referirse a la actuación del judaísmo con los primeros cristianos. El versículo 10 ("La sala del banquete se llenó de comensales") sería el final de la parábola. El nuevo pueblo de Dios se ha reunido abriendo a todos sus puertas: a buenos y malos. Pero los últimos versículos -una parábola de juicio- indican que del hecho de pertenecer a la comunidad eclesial no se sigue automáticamente la entrada en el Reino, sino que es necesaria una transformación personal, expresada con la imagen del traje de fiesta. El rey-juez excluye a quien no lo lleva y su situación expresa la desaparición de aquel que, por culpa propia, ha sido excluido de la salvación. Y el texto evangélico termina con una sentencia generalizadora, en su origen seguramente independiente de la parábola: la llamada de Dios es para todos, pero exige una respuesta que no todos dan.
J. ROCA MISA DOMINICAL 1981/19

10.Si hay alguno que viene para escuchar la Palabra de Dios, oiga lo que manda Dios: debe venir santificado para escuchar la Palabra, debe lavar sus vestidos. Si traes vestidos sucios, tú también oirás: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin tener vestido de boda? 88 Nadie puede oir la Palabra de Dios, si no es antes santificado, esto es, si no es santo en el cuerpo y en el espíritu 89, si no ha lavado sus vestidos. En efecto, poco después ha de entrar a la cena nupcial, ha de comer la carne del Cordero, ha de beber la copa de la salvación. Que nadie entre a esta cena con vestidos sucios. Esto mismo es lo que manda la Sabiduría en otro lugar diciendo: En todo tiempo estén limpios tus vestidos 90. Tus vestidos han sido lavados ya una vez, cuando viniste a la gracia del bautismo, fuiste purificado en el cuerpo, fuiste purificado de toda mancha de la carne y del espiritu. Lo que Dios ha purificado, no lo hagas tú impuro 91.
ORÍGENES, HOMILÍA XI

TEXTO VII COMENTARIO AL EVANGELIO (III)
El banquete mesiánico

FELIPE RAMOS

Incluimos esta parábola dentro de la Nueva Jerarquía de Valores, por las múltiples inverosimilitudes o extravagancias que contiene. La invitación de un rey al banquete de bodas de su hijo, según la versión de Mateo (22, 1-14), o del hombre que preparó una gran cena, según la versión de Lucas (14, 16), es una prueba de su magnanimidad. Resulta inverosímil el rechazo unánime por parte de los invitados; las excusas que presentan para no asistir al banquete; la insistencia en la invitación; el comportamiento violento y cruel frente a los enviados del rey para recordarlos la fecha de la boda; el cambio de invitados, que son buscados por todas partes, incluso entre aquellos a los que nadie invitaría a un banquete, como son los pobres, los lisiados, los ciegos y los cojos; la posibilidad de otros comensales con tal de

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA 20 Gloria Iesu in Maria! llenar la sala del banquete; la reacción violenta del rey, que monta en cólera y manda los ejércitos para que destruyan la ciudad; la expulsión del que había acudido al banquete sin el "traje de boda". La mención de las irregularidades o extravagancias citadas hablan por sí solas de que la historia narrada no presenta un acontecimiento normal. A ningún lector puede evocarle algo parecido que él haya conocido. La imaginería no está tomada ni de la observación de lo que ocurre en el mundo conocido de la naturaleza ni de la conducta que regula las relaciones humanas. La parábola se sale de estos ámbitos con toda intención. De este modo obliga al lector a buscar la finalidad singular del Parabolista. ¿Cuál es en cada caso?... Para Lucas, el Invitador, el Anfitrión, es Jesús. La invitación, como es lógico, se dirigió al pueblo de Israel. La reacción de los primeros invitados es la que tuvo el antiguo pueblo de Dios ante la predicación-llamada de Jesús. El rechazo y las disculpas reflejan la situación real vivida por Jesús ante su palabra e invitación. La no aceptación del enviado de Dios se convierte dentro de la parábola en la amenaza de un juicio negativo por la decisión tomada. El evangelista Mateo ha alegorizado la parábola hasta tal extremo que hoy nos parece, más bien, una alegoría que una parábola. Ha hecho de ella una síntesis de la historia de Israel. Dios es el rey que invita. Y lo hace con insistencia. Por tres veces se repite que "todo está preparado" (Mt 22, 4; dos veces, y 8). Los siervos enviados son los profetas, que corrieron distinta suerte: unos fueron desoídos y algunos hasta sufrieron la muerte. Mediante la presentación de la cena como banquete mesiánico Mateo reviste la parábola con el ropaje estrictamente escatológico. La clave para su interpretación es la escatología. La ira del rey, que manda sus ejércitos para que destruyan la ciudad, es una adición propia de Mateo. Se refiere a la destrucción de Jerusalén por Roma el año 70, interpretada como un castigo infligido al pueblo rebelde, particularmente a los dirigentes judíos. Los otros dos rasgos de Mateo: el del "traje de boda" y la conclusión, "muchos son los llamados y pocos los escogidos" fueron, respectivamente, una parábola independiente y unas palabras pronunciadas por Jesús, ciertamente, pero fuera de este contexto. Ambas han sido colocadas como pertenecientes a la parábola del banquete mesiánico por Mateo con la finalidad de acentuar más fuertemente la finalidad que se ha propuesto en la parábola original de Jesús. El substrato más adecuado de esta parábola, particularmente en lo referente al "traje de boda" —nos referimos, naturalmente, a la versión de Mateo— sería el A. T. Un buen comentario tenemos en las palabras siguientes de Isaías que llegan a nosotros de forma casi inevitable: Y yo me gozaré en Yahvé, y mi alma saltará de júbilo en mi Dios, porque me vistió con vestiduras de salud y me envolvió en manto de justicia, como esposo que se ciñe la frente con diadema y como esposa que se adorna con sus joyas (Is 61, 10). Tengamos en cuenta que este capítulo de Isaías es utilizado frecuentemente por Jesús (Mt 5, 35; 11, 5). Dios viste a los redimidos con el traje de boda de la salud. Esta línea continúan algunos textos del Apocalipsis y otros de la literatura apocalíptica, como el libro etiópico de Henoc que habla del vestido de gloria con el que son vestidos los justos y los elegidos. En los textos citados y en los aludidos, el traje de boda, el vestido blanco y limpio, significa la justicia de Dios participada por el hombre, la gracia santificante. Llevar este traje de boda es la garantía de nuestra pertenencia a la comunidad de los redimidos y de los elegidos. No podemos salir de esta parábola sin poner claramente de relieve que, en la versión de Mateo, el Invitante, el Anfitrion es Dios mismo. Esta frase, a propósito de la versión lucana de la parábola sonó así: el Invitante, el Anfitrión, es Jesús. No queremos situarnos en el ámbito de la contradicción para obligarnos a optar por uno o por el otro. Las hemos yuxtapuesto al final con toda la idea de resaltar la validez de ambas. En la de Mateo el pensamiento. dentro del contexto en el que nos estamos moviendo, podría formularse así: Dios es revelado por Jesús La versión lucana justificaría la acentuación del otro aspecto de la revelación: Jesús es revelado por Dios. Una vez más hemos armonizado lo que en los dos artículos precedentes hemos desarrollado con la amplitud requerida. En éste, nuestra intención ha sido ofrecer dicha armonía de forma

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- XIX Domingo después de Pentecostés 21 Forma Extraordinaria del Rito Romano "escenificada", en las parábolas que acentúan el pensamiento de la revelación destacando un aspecto o el otro.

TEXTO VIII COMENTARIO AL EVANGELIO (IV)
- d) Parábola del banquete de las bodas reales (Mt/22/01-14). Esta parábola ha sido transmitida también por san Lucas de forma semejante, pero que difiere mucho en los pormenores (/Lc/14/16-24). En san Lucas, sólo se habla de un banquete que prepara un hombre. En san Mateo, se cuenta que un rey proyecta la celebración de las bodas de su hijo. Las dos redacciones tienen su origen en la misma parábola de Jesús, pero no la conservamos en su texto original. Se puede mostrar que los dos evangelistas configuraron independientemente la materia y la encauzaron según determinadas intenciones. En san Mateo se añade un problema particular, por cuanto toda la historia tiene dos partes y dos puntos culminantes. La primera parte concluye con la invitaci6n de los nuevos huéspedes en lugar de los que fueron invitados en primer lugar (22,10). La segunda parte tiene como punto culminante la separación de un huésped sin traje de boda (22,13). Hasta hoy día aún no se ha contestado de una manera armoniosa la pregunta de cómo se relacionan mutuamente estas dos partes. Muchos opinan que san Mateo en 22,11-14 ha enlazado una corta parábola, que originalmente era independiente, con la parábola más larga. Según otra apreciación el texto de 22,11-14 sólo es una ampliación, un suplemento circunstanciado de la historia original, configurado así por san Mateo. En la explicación procuraremos hacer resaltar los dos puntos difíciles, que se muestran claramente en el contexto actual de san Mateo: el pensamiento del castigo, que se expresa en la primera parte y especialmente en 22,7, y el pensamiento exhortatorio que quiere advertir a la comunidad que tenga dispuesto el traje de ceremonia. 1 Nuevamente se puso Jesús a hablarles en parábolas, diciendo: 2 El reino de los cielos se parece a un rey que preparó el banquete de bodas para su hijo. 3 Envió sus criados a llamar a los convidados al banquete, pero éstos no querían venir. 4 Nuevamente envió a otros criados con este encargo: Decid a los convidados: Ya tengo preparado el banquete; he sacrificado mis terneros y reses cebadas; todo está a punto. Venid al banquete. 5 Pero ellos no hicieron caso y se fueron: el uno a su campo, el otro a sus negocios; 6 y los demás echaron mano a los criados del rey, los ultrajaron y los mataron. Salta a la vista la semejanza de esta narración con la precedente. Allí actúa un propietario y dueño de la viña, aquí un rey. El propietario por dos veces envía mensajeros para reclamar el beneficio que le correspondía, el rey envía criados dos veces para ir a buscar a los invitados. Los comisionados no consiguieron su objetivo ninguna de las dos veces por la maldad de aquellos a quienes fueron enviados. Las dos veces se presenta el «hijo». Allí como el último de los delegados, aquí como la persona a quien se dedica la fiesta. Las dos veces se maltrata a los criados y se les da muerte. Mediante estos múltiples puntos de contacto nuestra inteligencia se orienta en la dirección intentada por el evangelista. El propietario y el rey hacen alusión al mismo Padre que está en el cielo, y el hijo se refiere al que se había designado como el «Hijo» por excelencia (11,27). Cuando se nos habla de los criados también debemos pensar en los similares mensajeros de Dios, sobre todo en los profetas, y cuando se nos habla de los invitados hay que pensar en el pueblo infiel, que había administrado tal

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA 22 Gloria Iesu in Maria! mal la viña. Pero en la disposición del relato hay además otra cosa. En la parábola de la viña se trataba de una reclamación justa, aquí se cursa una invitación honrosa. Allí está el propietario severo, que insiste en su derecho; aquí el rey magnánimo, que quiere que sean muchos los que participen en la alegría de su hijo. Así pues, en la parábola del banquete de bodas los colores son más vivos. Gravedad tanto mayor reviste el desinterés de los invitados. No se trata de una infracción del derecho, sino de una grave injuria al honor. El trabajo cotidiano en el campo y en el negocio es preferido a la invitación a la brillante fiesta. Esta falta de interés se convierte en enemistad de forma inexplicable. La gente incluso se siente molesta con los mensajeros y sin reflexionar les da muerte. En este pasaje surge la misma pregunta que Jesús antes hizo a los adversarios: Si ahora viene el Señor de la viña, ¿qué hará con estos viñadores? (21,40). Aquí ya no se da la respuesta con palabras amenazadoras, sino con una acción punitiva. En el orden de las parábolas hay una gradación. 7 Entonces el rey se enfureció y, enviando sus tropas, acabó con aquellos asesinos y les incendió la ciudad. 8 Luego dice a sus criados: El banquete de bodas está preparado, pero los convidados no se lo merecían. 9 Salid, pues, a las encrucijadas de los caminos, y a todos cuantos encontréis, convidadlos al banquete. 10 Salieron los criados a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de comensales. La respuesta del rey es una devastadora expedición de castigo. Al instante, se movilizan grupos armados y se ponen en marcha. Tienen el encargo de matar a los asesinos y pegar fuego a su ciudad. Este giro de la narración resulta difícilmente comprensible para un lector atento. ¿No se tenía que pensar hasta ahora en una misma ciudad en que viven el rey y los invitados? ¿Es devastada toda la ciudad con todos sus habitantes, incluso los inocentes, aunque sólo los homicidas han merecido esta represalia? ¿No son los asesinos solamente algunos de los invitados indignos, de tal modo que ningún castigo debe recaer sobre los desinteresados, que van al campo y a los negocios? Tales preguntas muestran que en el versículo séptimo la historia se corta interiormente. Aquí se tiene que haber hecho alusión a una cosa distinta de la que se tendría que esperar de la parábola (cf. también Lc 14, 16-24). Se continuó la historia en linea recta con la invitación de los nuevos huéspedes en vez de los antiguos. Pero la represalia produce el efecto de un cuerpo extraño en el curso de la narración. Es muy probable que el evangelista piense en la destrucción de Jerusalén, que ya había ocurrido cuando redactó su libro. Esto sólo explicaría la enorme envergadura de la expedición militar y la totalidad del exterminio. De hecho Jerusalén, el año 70 después de Cristo, fue entregada enteramente a las llamas y arrasada hasta los cimientos. Y los asesinos no solamente son los pocos que pueden hacer comprensible la parábola, sino los viñadores en total, que han matado al hijo en virtud de un común acuerdo (cf. 21,38s). Una actual interpretaci6n del evangelista se mete aquí en una historia transmitida por tradición. San Mateo de este modo creyó exponer acertadamente y dilucidar las palabras de Jesús. De san Mateo no sólo recibimos el fiel testimonio de las palabras tradicionales de Jesús, sino también la manera como las entendía la Iglesia primitiva. Ambas cosas están indisoluble y recíprocamente unidas. Sólo las palabras del Señor acertadamente entendidas e interpretadas en la Iglesia apostólica son las inspiradas por el Espíritu Santo y las competentes para nosotros. Se concibe la destrucción de Jerusalén como castigo de Dios por la obstinación de Israel y por el homicidio del Mesías. Aquí había obrado la ira de Dios, como ya antiguamente, cuando Dios hizo que los ejércitos babilónicos asaltaran y conquistasen la ciudad santa. Entonces el mejor núcleo del pueblo se había convertido durante el destierro. ¿Ocurrirá lo mismo esta vez? Los acontecimientos de la historia son susceptibles de muchas interpretaciones. Los profetas han interpretado la historia a luz de la fe, y los autores sagrados solamente así han relatado la historia. Así lo hacen también los autores del Nuevo Testamento. Con todo así como pueden coexistir varias interpretaciones en el Antiguo Testamento -según la manera de entender de un escritor y de su tiempo y según el especial propósito de su libro-, así también en el Nuevo Testamento. Porque la verdad de la historia siempre es mayor y más amplia que el éxito que podría tener una tentativa de expresarla. Es una interpretación verdadera, pero sólo es una interpretación dentro del Nuevo

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- XIX Domingo después de Pentecostés 23 Forma Extraordinaria del Rito Romano Testamento decir que la destrucción de la ciudad santa es un castigo de Dios por haber dado muerte al Mesías. Los criados deben invitar a nuevos huéspedes sin hacer distinciones. Al que hallen en el camino, le deben traer a la sala del banquete. Se cumple la orden, y la sala pronto se llena de una multitud abigarrada. Allí ha concurrido un pueblo entremezclado, no por causa de sus diferencias en el vestido, en el estado o en la posición social, sino por causa de su cualidad externa. Allí están juntos malos y buenos. Eso es digno de notarse, y para explicarlo también se requiere pensar en la realidad a la que alude el evangelista. En vez de Israel, que no mereció la invitación, ahora entra en su posesión el nuevo pueblo. Pero no es un pueblo de puros y santos, sino una sociedad mixta de malos y buenos. Las dos clases se encuentran en la Iglesia, así como en el campo la cizaña no está separada del trigo. La sala se ha llenado, la invitación ha logrado su objetivo. Había libre acceso para todos los que se había hallado. Pero es inminente una separación definitiva. Con la invitación no se ha celebrado ya la boda, para mantenernos en el lenguaje de la parábola. Antes de celebrarla se colocan unos aparte de otros, como la cizaña aparte del trigo y los machos cabríos aparte de las ovejas. Así nos lo dice la segunda parte de la historia. 11 Cuando entró el rey a ver a los convidados, descubrió allí a uno que no estaba vestido con traje de ceremonia, 12 y le dice: Amigo, ¿cómo entraste aquí sin traje de ceremonia? Pero él se quedó callado. 13 Entonces el rey dijo a los sirvientes: Atadlo de pies y manos y arrojadlo a la obscuridad, allá afuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. 14 Porque muchos son los llamados, pero pocos los escogidos. A cualquiera se le puede ocurrir preguntar cómo el hombre debe tener su vestido de fiesta, si se le va a buscar a la calle, para que asista a la celebración. ¿No es eso una injusticia espantosa? La dificultad que todos nosotros experimentamos, sólo pone en claro que el vestido de boda tiene que designar una cosa distinta de una vestidura de tela. Estamos preparados para esta solución observando que en la sala hay malos y buenos. El que no está vestido con traje de fiesta, evidentemente forma parte de los malos. Sólo entonces resulta inteligible que se trate así al huésped. No solamente se le saca de la sala de fiestas profusamente iluminada y se le arroja al sombrío jardín, sino a la obscuridad en general, donde hay llanto y rechinar de dientes. Es echado a la perdición. En la Iglesia se multiplica rápidamente la cizaña entre el trigo, incluso los fieles van hacia la separación definitiva. Aunque están invitados, es decir aunque fueron llamados, aún no están definitivamente salvados. El número de los llamados es grande, es decir, a muchos se les hace entrar indistintamente, sin cumplir las condiciones previas. No necesitan guardar la ley de Moisés ni se hacen circuncidar, sino que tienen libre acceso. Pero no tienen ninguna garantía de que con su admisión en la Iglesia también se les haya asegurado la elección para el reino de Dios al fin de los tiempos. Hay una esperanza confiada y una temeraria seguridad de la salvación. Se debe aspirar a la esperanza y precaverse de la seguridad. La oposición entre muchos y pocos se refiere en primer lugar a que el número de los definitivamente salvados no es igual al número de los que fueron invitados al principio. Pero esta oposición no dice que sólo sean pocos los que consiguen el fin y que se pierda la gran masa de los llamados. En esta

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA 24 Gloria Iesu in Maria! sentencia también hay que pensar en el contexto en que está, y en el acento exhortativo que domina la segunda mitad de la parábola, Esta sentencia no contiene ninguna relación entre llamados y escogidos, sino el serio llamamiento de ser cuidadosos en este particular y de tener la aspiración de formar parte del segundo grupo. Por lo demás la frase «para Dios todo es posible» (19,26) también puede aplicarse a la salvación del que quizás aporta pocos requisitos para la misma. El misterio de la predestinación de Dios no se revela, se sustrae a cualquier cavilación. No debemos derrochar nuestros pensamientos sobre este problema, sino vivir de modo que nos salvemos. ¿Qué es el vestido de ceremonia? Sólo puede ser lo mismo, a lo que antes se aludía con los frutos del reino en la parábola de los viñadores. Es la justicia del reino, y por cierto la justicia realizada en la vida y en las obras. Sólo puede esperar ser uno de los predestinados el que ha cumplido la voluntad del Padre celestial. El que la ha cumplido, aporta lo que le dispone a participar en la festividad eterna. Ante todos, está amenazador el destino del que no dio fruto y, en consecuencia, fue arrancado como árbol estéril y arrojado al fuego.

TEXTO IX Muchos son los llamados, mas pocos los escogidos
Domingo Montero La frase se encuentra en el Evangelio de S. Mateo, al final de la llamada parábola del banquete nupcial (22, 1-14). Se trata de un expresión chocante. Leyéndola aisladamente sugiere una visión elitista y clasista de la salvación, al tiempo que parece provocar una sensación de miedo ante el escaso número de los que tendrían acceso a la salvación. Sin embargo esta conclusión iría frontalmente contra la predicación y la praxis de Jesús, que vino a buscar lo que estaba perdido (Lc 19, 10), derribando fronteras, y en cuya búsqueda entregó la vida, dejando como tarea a los suyos ir por todo el mundo ofreciendo su evangelio a todos los hombres (Mt 28, 19-20). A primera vista, tras una lectura atenta del texto (Mt 22, 1-14), la impresión que se extrae es la de que esa frase (v 14) no cuadra con la narración, pues la verdad de que sólo se salva una pequeña grey no se expone ni en Mt 22, 1-10 (la sala se llena) ni en 22 11-13 (sólo un invitado indigno es expulsado). Estaríamos ante lo que los especialistas del tema denominan «ampliaciones generalizantes» del tono original de las parábolas; dichas ampliaciones son, en su mayor parte secundarias en el contexto, aunque no siempre (cf. Lc 14, 11). Con esto no se pretende impugnar la autenticidad de esas frases («logia»), sino solamente indicar que no fueron pronunciadas como conclusión de la parábola; allí fueron llevadas por el redactor, obedeciendo a sus peculiares puntos de vista teológico-pastorales. Aclarado este aspecto, pasamos a preguntamos por el significado de la expresión muchos son llamados, mas pocos escogidos, en su hipotético momento o contexto existencial de la predicación de Jesús y en su contexto literario actual. El momento original. - Desconocemos el momento preciso en que Jesús pronunciara esta sentencia, pero sí conocemos la situación que con ella pretendió aclarar: desmontar la autosuficiencia de los dirigentes del pueblo judío (cf Jn 8, 33.38) haciendo una llamada a la responsabilidad ante la oferta salvadora de Dios (cf Mt 21, 31-32) advirtiendo cómo, de hecho, con su autosuficiencia ellos mismos se autoexcluían del banquete del Reino (cf. Mt 8, 11-12). Ya los profetas intentaron llamar la atención sobre estos dos aspectos: la oferta salvadora de Dios dirigida a Israel, gratuita, unida a la llamada a la obediencia de la Alianza. La salvación no es un privilegio irresponsabilizador, para crear falsas seguridades (Jr 7, 10), sino un don que ha de acogerse con gratitud y responsabilidad; de lo contrario la elección se convierte en argumento de juicio (cf. Am 3, 2). La predicación y la praxis de Jesús se movió también en esas coordenadas: anunciar un Dios volcado misericordiosamente sobre el hombre, sobre todo hombre, sin prefijos excluyentes; predicar y encarnar la gracia del Padre, su voluntad salvífica, instaurando el Reino e invitando a todos a entrar en él y, al mismo tiempo, hacer una llamada enérgica, exenta de ambigüedades, a la conversión. «Muchos son los llamados» sería una clara referencia a esa voluntad salvadora de Dios; sería más exacto decir «todos son llamados porque» Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, 1 Tm 2, 4. Aquí Dios es el sujeto protagonista de la llamada.

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- XIX Domingo después de Pentecostés 25 Forma Extraordinaria del Rito Romano «Pocos los escogidos» aludiría a la responsabilidad histórica de los llamados; y en este sentido, el sujeto protagonista de la elección-exclusión no sería Dios, que no es marginador, sino quienes se autoexcluyen, como ocurre en la parábola (v. 8). En otro momento, respecto de los diez leprosos curados, Jesús preguntará: «¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están?» (Lc 17, 17). Por otra parte el dicho que nos ocupa no ha de entenderse en su materialismo literalista sino dentro del tono de una sentencia sapiencial-enigmática construida con elementos antitéticos: muchos-pocos, llamados-escogidos. Consideraciones éstas que no están orientadas a quitar realismo a la expresión, pero sí a liberarla del literalismo. Con ella Jesús quiere decir: la oferta salvadora de Dios tiene sus exigencias; es algo gratuito pero no automático, es un don divino que requiere acogida por parte del hombre. Todo Israel fue llamado, sin embargo no todo Israel ha sido escogido (ha respondido). Y esto se ha verificado con él, con su persona y mensaje, rechazado por los inicialmente llamados, los judíos. Y en este sentido encajaría con la primera parte de la parábola (vv 1-10), reflejado en los vv 5 al 8. En el contexto actual. - Los comentaristas modernos coinciden en señalar que Mt 22, 1-14 consta de tres momentos: vv 1-10 (parábola de los invitados al banquete); vv 11-13 (parábola del vestido de bodas) y v 14 (conclusión). Un conocido especialista, J. Jeremías, escribe al respecto: «Desde siempre la conclusión de Mateo 22, 11-13 ha causado quebraderos de cabeza a la exégesis, ya que aparece enigmático que las gentes invitadas de la calle (vv 9-10) debieran tener un traje de bodas. La explicación de que era costumbre regalar a los invitados un vestido de bodas (cf II Re 10, 12) es desechada, porque tal costumbre no encuentra ejemplos en los tiempos de Jesús. Más bien la ausencia de estos versículos en Lucas (Lc 14, 16-24) y en el Evangelio de Tomás muestra que los vv 11-13 representan una ampliación, provenientes de una parábola independiente en su origen. ¿Por qué Mateo (o su tradición) añade esta segunda parábola? Porque se debe evitar un error que podría surgir de una invitación sin discriminación de los convidados (v 8 ss); a saber, el creer que la conducta de los hombres que son llamados no cuenta para nada. Para no dar apoyo a este error, se añade la parábola del vestido de bodas (vv 11-13) a la de la gran cena (vv 1-10)». Y en esta línea estaría la conclusión recogida en el v 14. En un principio esa advertencia fue dirigida por Jesús en un contexto polémico a sus críticos y enemigos, que se creían llamados-escogidos por el mero hecho de pertenecer al pueblo judío, por ser raza de Abrahán y tenerle por padre (Jn 8, 33. 39), advirtiéndoles que la pertenencia a la estirpe abrahámica se acredita con las obras. Ahora el evangelista Mateo, temiendo que los cristianos cayeran en un planteamiento similar, de falsa confianza ante la voluntad salvadora de Dios, considerándose ya llamados y escogidos por el hecho de pertenecer a la Iglesia (vv 9-10), les advierte de la necesidad de asumir responsablemente las exigencias de la gracia bautismal (w 11-12). No hacerlo es eliminarse a sí mismo, autoexcluirse (v 13). Porque el hombre sigue teniendo una palabra que decir ante la oferta de Dios (v 14). «Muchos son los llamados, mas pocos los escogidos» no se puede esgrimir para defender planteamientos sectarios ni elitistas. El evangelio de Jesús es para todos, y él dio su vida por todos, pero ¿todos acogerán ese evangelio? Decía más arriba que estos «dichos», si los observamos con atención, no son sino unas formas diferentes, variantes, de proclamar las Bienaventuranzas. En este caso deaquella que dice Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen (Lc 11, 28).

TEXTO X EL OCTAVO MANDAMIENTO
CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA

«No darás testimonio falso contra tu prójimo» (Ex 20, 16). «Se dijo a los antepasados: No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos» (Mt 5, 33).

2464 El octavo mandamiento prohíbe falsear la verdad en las relaciones con el prójimo. Este precepto moral deriva de la vocación del pueblo santo a ser testigo de su Dios, que es y que quiere la verdad. Las ofensas a la verdad expresan, mediante palabras o acciones, un rechazo a comprometerse con la rectitud moral: son infidelidades básicas frente a Dios y, en este sentido, socavan las bases de la Alianza.

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA 26 Gloria Iesu in Maria! I. Vivir en la verdad 2465 El Antiguo Testamento lo proclama: Dios es fuente de toda verdad. Su Palabra es verdad(cf Pr 8, 7; 2 S 7, 28). Su ley es verdad (cf Sal 119, 142). “Tu verdad, de edad en edad” (Sal119, 90; Lc 1, 50). Puesto que Dios es el “Veraz” (Rm 3, 4), los miembros de su pueblo son llamados a vivir en la verdad (cf Sal 119, 30). 2466 En Jesucristo la verdad de Dios se manifestó en plenitud. “Lleno de gracia y de verdad” (Jn1, 14), él es la “luz del mundo” (Jn 8, 12), la Verdad (cf Jn 14, 6). El que cree en él, no permanece en las tinieblas (cf Jn 12, 46). El discípulo de Jesús, “permanece en su palabra”, para conocer “la verdad que hace libre” (cf Jn 8, 31-32) y que santifica (cf Jn 17, 17). Seguir a Jesús es vivir del “Espíritu de verdad” (Jn 14, 17) que el Padre envía en su nombre (cf Jn 14, 26) y que conduce “a la verdad completa” (Jn 16, 13). Jesús enseña a sus discípulos el amor incondicional de la verdad: «Sea vuestro lenguaje: “sí, sí”; “no, no”» (Mt 5, 37). 2467 El hombre busca naturalmente la verdad. Está obligado a honrarla y atestiguarla: “Todos los hombres, conforme a su dignidad, por ser personas [...], se ven impulsados, por su misma naturaleza, a buscar la verdad y, además, tienen la obligación moral de hacerlo, sobre todo con respecto a la verdad religiosa. Están obligados también a adherirse a la verdad una vez que la han conocido y a ordenar toda su vida según sus exigencias” (DH 2). 2468 La verdad como rectitud de la acción y de la palabra humana, tiene por nombre veracidad, sinceridad o franqueza. La verdad o veracidad es la virtud que consiste en mostrarse veraz en los propios actos y en decir verdad en sus palabras, evitando la duplicidad, la simulación y la hipocresía. 2469 “Los hombres [...] no podrían vivir juntos si no tuvieran confianza recíproca, es decir, si no se manifestasen la verdad” (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, 2-2, q. 109, a. 3 ad 1). La virtud de la veracidad da justamente al prójimo lo que le es debido; observa un justo medio entre lo que debe ser expresado y el secreto que debe ser guardado: implica la honradez y la discreción. En justicia, “un hombre debe honestamente a otro la manifestación de la verdad” (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, 2-2, q. 109, a. 3). 2470 El discípulo de Cristo acepta “vivir en la verdad”, es decir, en la simplicidad de una vida conforme al ejemplo del Señor y permaneciendo en su Verdad. “Si decimos que estamos en comunión con él, y caminamos en tinieblas, mentimos y no obramos conforme a la verdad” ( 1 Jn 1, 6). II. “Dar testimonio de la verdad” 2471 Ante Pilato, Cristo proclama que había “venido al mundo para dar testimonio de la verdad” (Jn 18, 37). El cristiano no debe “avergonzarse de dar testimonio del Señor” ( 2 Tm 1, 8). En las situaciones que exigen dar testimonio de la fe, el cristiano debe profesarla sin ambigüedad, a ejemplo de san Pablo ante sus jueces. Debe guardar una “conciencia limpia ante Dios y ante los hombres” (Hch 24, 16). 2472 El deber de los cristianos de tomar parte en la vida de la Iglesia, los impulsa a actuar comotestigos del Evangelio y de las obligaciones que de él se derivan. Este testimonio es transmisión de la fe en palabras y obras. El testimonio es un acto de justicia que establece o da a conocer la verdad (cf Mt 18, 16): «Todos [...] los fieles cristianos, dondequiera que vivan, están obligados a manifestar con el ejemplo de su vida y el testimonio de su palabra al hombre nuevo de que se revistieron por el bautismo y la fuerza del Espíritu Santo que les ha fortalecido con la confirmación» (AG 11).

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- XIX Domingo después de Pentecostés 27 Forma Extraordinaria del Rito Romano 2473 El martirio es el supremo testimonio de la verdad de la fe; designa un testimonio que llega hasta la muerte. El mártir da testimonio de Cristo, muerto y resucitado, al cual está unido por la caridad. Da testimonio de la verdad de la fe y de la doctrina cristiana. Soporta la muerte mediante un acto de fortaleza. “Dejadme ser pasto de las fieras. Por ellas me será dado llegar a Dios” (San Ignacio de Antioquía, Epistula ad Romanos, 4, 1). 2474 Con el más exquisito cuidado, la Iglesia ha recogido los recuerdos de quienes llegaron hasta el extremo para dar testimonio de su fe. Son las actas de los Mártires, que constituyen los archivos de la Verdad escritos con letras de sangre: «No me servirá nada de los atractivos del mundo ni de los reinos de este siglo. Es mejor para mí morir en Cristo Jesús que reinar hasta los confines de la tierra. Es a Él a quien busco, a quien murió por nosotros. A Él quiero, al que resucitó por nosotros. Mi nacimiento se acerca...» (San Ignacio de Antioquía, Epistula ad Romanos, 6, 1-2). «Te bendigo por haberme juzgado digno de este día y esta hora, digno de ser contado en el número de tus mártires [...]. Has cumplido tu promesa, Dios, en quien no cabe la mentira y eres veraz. Por esta gracia y por todo te alabo, te bendigo, te glorifico por el eterno y celestial Sumo Sacerdote, Jesucristo, tu Hijo amado. Por Él, que está contigo y con el Espíritu, te sea dada gloria ahora y en los siglos venideros. Amén» (Martyrium Polycarpi, 14, 2-3). III. Ofensas a la verdad 2475 Los discípulos de Cristo se han “revestido del hombre nuevo, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Ef 4, 24). “Desechando la mentira” (Ef 4, 25), deben “rechazar toda malicia y todo engaño, hipocresías, envidias y toda clase de maledicencias” (1 P 2, 1). 2476 Falso testimonio y perjurio. Una afirmación contraria a la verdad posee una gravedad particular cuando se hace públicamente. Ante un tribunal viene a ser un falso testimonio (cf Pr 19, 9). Cuando es pronunciada bajo juramento se trata de perjurio. Estas maneras de obrar contribuyen a condenar a un inocente, a disculpar a un culpable o a aumentar la sanción en que ha incurrido el acusado (cf Pr 18, 5); comprometen gravemente el ejercicio de la justicia y la equidad de la sentencia pronunciada por los jueces. 2477 El respeto de la reputación de las personas prohíbe toda actitud y toda palabra susceptibles de causarles un daño injusto (cf CIC can. 220). Se hace culpable: — de juicio temerario el que, incluso tácitamente, admite como verdadero, sin tener para ello fundamento suficiente, un defecto moral en el prójimo; — de maledicencia el que, sin razón objetivamente válida, manifiesta los defectos y las faltas de otros a personas que los ignoran (cf Si 21, 28); — de calumnia el que, mediante palabras contrarias a la verdad, daña la reputación de otros y da ocasión a juicios falsos respecto a ellos. 2478 Para evitar el juicio temerario, cada uno debe interpretar, en cuanto sea posible, en un sentido favorable los pensamientos, palabras y acciones de su prójimo: «Todo buen cristiano ha de ser más pronto a salvar la proposición del prójimo, que a condenarla; y si no la puede salvar, inquirirá cómo la entiende, y si mal la entiende, corríjale con amor; y si no basta, busque todos los medios convenientes para que, bien entendiéndola, se salve» (San Ignacio de Loyola, Exercitia spiritualia, 22). 2479 La maledicencia y la calumnia destruyen la reputación y el honor del prójimo. Ahora bien, el honor es el testimonio social dado a la dignidad humana y cada uno posee un derecho natural al honor de su nombre, a su reputación y a su respeto. Así, la maledicencia y la calumnia lesionan las virtudes de la justicia y de la caridad. 2480 Debe proscribirse toda palabra o actitud que, por halago, adulación o complacencia, alienta y confirma a otro en la malicia de sus actos y en la perversidad de su conducta. La adulación es una falta grave si se hace cómplice de vicios o pecados graves. El deseo de prestar un servicio o la amistad no justifica una doblez del lenguaje. La adulación es un pecado venial cuando sólo desea hacerse grato, evitar un mal, remediar una necesidad u obtener ventajas legítimas. 2481 “La vanagloria o jactancia constituye una falta contra la verdad. Lo mismo sucede con laironía que trata de ridiculizar a uno caricaturizando de manera malévola tal o cual aspecto de su comportamiento.

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA 28 Gloria Iesu in Maria! 2482 “La mentira consiste en decir falsedad con intención de engañar” (San Agustín, De mendacio, 4, 5). El Señor denuncia en la mentira una obra diabólica: “Vuestro padre es el diablo [...] porque no hay verdad en él; cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira” (Jn 8, 44). 2483 La mentira es la ofensa más directa contra la verdad. Mentir es hablar u obrar contra la verdad para inducir a error. Lesionando la relación del hombre con la verdad y con el prójimo, la mentira ofende el vínculo fundamental del hombre y de su palabra con el Señor. 2484 La gravedad de la mentira se mide según la naturaleza de la verdad que deforma, según las circunstancias, las intenciones del que la comete, y los daños padecidos por los que resultan perjudicados. Si la mentira en sí sólo constituye un pecado venial, sin embargo llega a ser mortal cuando lesiona gravemente las virtudes de la justicia y la caridad. 2485. La mentira es condenable por su misma naturaleza. Es una profanación de la palabra cuyo objeto es comunicar a otros la verdad conocida. La intención deliberada de inducir al prójimo a error mediante palabras contrarias a la verdad constituye una falta contra la justicia y la caridad. La culpabilidad es mayor cuando la intención de engañar corre el riesgo de tener consecuencias funestas para los que son desviados de la verdad. 2486 La mentira, por ser una violación de la virtud de la veracidad, es una verdadera violencia hecha a los demás. Atenta contra ellos en su capacidad de conocer, que es la condición de todo juicio y de toda decisión. Contiene en germen la división de los espíritus y todos los males que ésta suscita. La mentira es funesta para toda sociedad: socava la confianza entre los hombres y rompe el tejido de las relaciones sociales. 2487 Toda falta cometida contra la justicia y la verdad entraña el deber de reparación, aunque su autor haya sido perdonado. Cuando es imposible reparar un daño públicamente, es preciso hacerlo en secreto; si el que ha sufrido un perjuicio no puede ser indemnizado directamente, es preciso darle satisfacción moralmente, en nombre de la caridad. Este deber de reparación se refiere también a las faltas cometidas contra la reputación del prójimo. Esta reparación, moral y a veces material, debe apreciarse según la medida del daño causado. Obliga en conciencia IV. El respeto a la verdad 2488 El derecho a la comunicación de la verdad no es incondicional. Todos deben conformar su vida al precepto evangélico del amor fraterno. Este exige, en las situaciones concretas, estimar si conviene o no revelar la verdad a quien la pide. 2489 La caridad y el respeto de la verdad deben dictar la respuesta a toda petición de información o de comunicación. El bien y la seguridad del prójimo, el respeto de la vida privada, el bien común, son razones suficientes para callar lo que no debe ser conocido, o para usar un lenguaje discreto. El deber de evitar el escándalo obliga con frecuencia a una estricta discreción. Nadie está obligado a revelar una verdad a quien no tiene derecho a conocerla (cf Si 27, 16; Pr25, 9-10). 2490 El secreto del sacramento de la Reconciliación es sagrado y no puede ser revelado bajo ningún pretexto. “El sigilo sacramental es inviolable; por lo cual está terminantemente prohibido al confesor descubrir al penitente, de palabra o de cualquier otro modo, y por ningún motivo” (CICcan. 983, § 1), 2491 Los secretos profesionales —que obligan, por ejemplo, a políticos, militares, médicos, juristas— o las confidencias hechas bajo secreto deben ser guardados, salvo los casos excepcionales en los que el no revelarlos podría causar al que los ha confiado, al que los ha recibido o a un tercero daños muy graves y evitables únicamente mediante la divulgación de la verdad. Las informaciones

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- XIX Domingo después de Pentecostés 29 Forma Extraordinaria del Rito Romano privadas perjudiciales al prójimo, aunque no hayan sido confiadas bajo secreto, no deben ser divulgadas sin una razón grave y proporcionada.” 2492 Se debe guardar la justa reserva respecto a la vida privada de la gente. Los responsables de la comunicación deben mantener un justo equilibrio entre las exigencias del bien común y el respeto de los derechos particulares. La injerencia de la información en la vida privada de personas comprometidas en una actividad política o pública, es condenable en la medida en que atenta contra su intimidad y libertad. V. El uso de los medios de comunicación social 2493 Dentro de la sociedad moderna, los medios de comunicación social desempeñan un papel importante en la información, la promoción cultural y la formación. Su acción aumenta en importancia por razón de los progresos técnicos, de la amplitud y la diversidad de las noticias transmitidas, y la influencia ejercida sobre la opinión pública. 2494 La información de estos medios es un servicio del bien común (cf IM 11). La sociedad tiene derecho a una información fundada en la verdad, la libertad, la justicia y la solidaridad: «El recto ejercicio de este derecho exige que, en cuanto a su contenido, la comunicación sea siempre verdadera e íntegra, salvadas la justicia y la caridad; además, en cuanto al modo, ha de ser honesta y conveniente, es decir, debe respetar escrupulosamente las leyes morales, los derechos legítimos y la dignidad del hombre, tanto en la búsqueda de la noticia como en su divulgación» (IM 5). 2495 “Es necesario que todos los miembros de la sociedad cumplan sus deberes de caridad y justicia también en este campo, y, así, con ayuda de estos medios, se esfuercen por formar y difundir una recta opinión pública” (IM 8). La solidaridad aparece como una consecuencia de una información verdadera y justa, y de la libre circulación de las ideas, que favorecen el conocimiento y el respeto del prójimo. 2496 Los medios de comunicación social (en particular, los mass-media) pueden engendrar cierta pasividad en los usuarios, haciendo de éstos, consumidores poco vigilantes de mensajes o de espectáculos. Los usuarios deben imponerse moderación y disciplina respecto a los mass-media. Han de formarse una conciencia clara y recta para resistir más fácilmente las influencias menos honestas. 2497 Por razón de su profesión en la prensa, sus responsables tienen la obligación, en la difusión de la información, de servir a la verdad y de no ofender a la caridad. Han de esforzarse por respetar con una delicadeza igual, la naturaleza de los hechos y los límites el juicio crítico respecto a las personas. Deben evitar ceder a la difamación. 2498 “La autoridad civil tiene en esta materia deberes peculiares en razón del bien común [...] al que se ordenan estos medios. Corresponde, pues, a dicha autoridad [...] defender y asegurar la verdadera y justa libertad” (IM 12). Promulgando leyes y velando por su aplicación, los poderes públicos se asegurarán de que el mal uso de los medios no llegue a causar “graves peligros para las costumbres públicas y el progreso de la sociedad” (IM 12). Deberán sancionar la violación de los derechos de cada uno a la reputación y al secreto de la vida privada. Tienen obligación de dar a tiempo y honestamente las informaciones que se refieren al bien general y responden a las inquietudes fundadas de la población. Nada puede justificar el recurso a falsas informaciones para manipular la opinión pública mediante los mass-media. Estas intervenciones no deberán atentar contra la libertad de los individuos y de los grupos. 2499 La moral denuncia la llaga de los estados totalitarios que falsifican sistemáticamente la verdad, ejercen mediante los mass-media un dominio político de la opinión, manipulan a los acusados y a los testigos en los procesos públicos y tratan de asegurar su tiranía yugulando y reprimiendo todo lo que consideran “delitos de opinión”. VI. Verdad, belleza y arte sacro 2500 La práctica del bien va acompañada de un placer espiritual gratuito y de belleza moral. De igual modo, la verdad entraña el gozo y el esplendor de la belleza espiritual. La verdad es bella por sí misma. La verdad de la palabra, expresión racional del conocimiento de la realidad creada e increada, es necesaria al hombre dotado de inteligencia, pero la verdad puede también encontrar otras formas de expresión humana, complementarias, sobre todo cuando se trata de evocar lo que ella entraña de indecible, las profundidades del corazón humano, las elevaciones del alma, el Misterio de Dios. Antes de revelarse al hombre en palabras de verdad, Dios se revela a él, mediante

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA 30 Gloria Iesu in Maria! el lenguaje universal de la Creación, obra de su Palabra, de su Sabiduría: el orden y la armonía del cosmos, que percibe tanto el niño como el hombre de ciencia, “pues por la grandeza y hermosura de las criaturas se llega, por analogía, a contemplar a su Autor” (Sb 13, 5), “pues fue el Autor mismo de la belleza quien las creó” (Sb 13, 3). «La sabiduría es un hálito del poder de Dios, una emanación pura de la gloria del Omnipotente, por lo que nada manchado llega a alcanzarla. Es un reflejo de la luz eterna, un espejo sin mancha de la actividad de Dios, una imagen de su bondad» (Sb7, 25-26). «La sabiduría es, en efecto, más bella que el Sol, supera a todas las constelaciones; comparada con la luz, sale vencedora, porque a la luz sucede la noche, pero contra la sabiduría no prevalece la maldad» (Sb 7, 29-30). «Yo me constituí en el amante de su belleza» (Sb 8, 2). 2501 El hombre, “creado a imagen de Dios” (Gn 1, 26), expresa también la verdad de su relación con Dios Creador mediante la belleza de sus obras artísticas. El arte, en efecto, es una forma de expresión propiamente humana; por encima de la satisfacción de las necesidades vitales, común a todas las criaturas vivas, el arte es una sobreabundancia gratuita de la riqueza interior del ser humano. Este brota de un talento concedido por el Creador y del esfuerzo del hombre, y es un género de sabiduría práctica, que une conocimiento y habilidad (cf Sb 7, 16-17) para dar forma a la verdad de una realidad en lenguaje accesible a la vista y al oído. El arte entraña así cierta semejanza con la actividad de Dios en la creación, en la medida en que se inspira en la verdad y el amor de los seres. Como cualquier otra actividad humana, el arte no tiene en sí mismo su fin absoluto, sino que está ordenado y se ennoblece por el fin último del hombre (cf Pío XII, Mensaje radiofónico del 24 diciembre de 1955; Id. Mensaje radiofónico dirigido a los miembros de la Juventud Obrera Católica J.O.C., 3 de septiembre de 1950). 2502 El arte sacro es verdadero y bello cuando corresponde por su forma a su vocación propia: evocar y glorificar, en la fe y la adoración, el Misterio trascendente de Dios, Belleza sobreeminente e invisible de Verdad y de Amor, manifestado en Cristo, “Resplandor de su gloria e Impronta de su esencia” (Hb 1, 3), en quien “reside toda la Plenitud de la Divinidad corporalmente” (Col 2, 9), belleza espiritual reflejada en la Santísima Virgen Madre de Dios, en los Ángeles y los Santos. El arte sacro verdadero lleva al hombre a la adoración, a la oración y al amor de Dios Creador y Salvador, Santo y Santificador. 2503 Por eso los obispos deben personalmente o por delegación vigilar y promover el arte sacro antiguo y nuevo en todas sus formas, y apartar con la misma atención religiosa de la liturgia y de los edificios de culto todo lo que no está de acuerdo con la verdad de la fe y la auténtica belleza del arte sacro (cf SC 122-127). Resumen 2504 “No darás falso testimonio contra tu prójimo” (Ex 20, 16). Los discípulos de Cristo se han “revestido del Hombre Nuevo, creado según Dios, en la justicia y santidad de la verdad” (Ef 4, 24). 2505 La verdad o veracidad es la virtud que consiste en mostrarse verdadero en sus actos y en sus

palabras, evitando la duplicidad, la simulación y la hipocresía. 2506 El cristiano no debe “avergonzarse de dar testimonio del Señor” (2 Tm 1, 8) en obras y palabras. El martirio es el supremo testimonio de la verdad de la fe. 2507 El respeto de la reputación y del honor de las personas prohíbe toda actitud y toda palabra de maledicencia o de calumnia. 2508 La mentira consiste en decir algo falso con intención de engañar al prójimo. 2509 Una falta cometida contra la verdad exige reparación. 2510 La regla de oro ayuda a discernir en las situaciones concretas si conviene o no revelar la verdad a quien la pide. 2511 “El sigilo sacramental es inviolable” (CIC can. 983, § 1). Los secretos profesionales deben ser guardados. Las confidencias perjudiciales a otros no deben ser divulgadas. 2512 La sociedad tiene derecho a una información fundada en la verdad, la libertad, la justicia. Es preciso imponerse moderación y disciplina en el uso de los medios de comunicación social. 2513 Las bellas artes, sobre todo el arte sacro, “están relacionadas, por su naturaleza, con la infinita belleza divina, que se intenta expresar, de algún modo, en las obras humanas. Y tanto más se consagran a Dios y contribuyen a su alabanza y a su gloria, cuanto más lejos están de todo propósito que no sea colaborar lo más posible con sus obras a dirigir las almas de los hombres piadosamente hacia Dios” (SC 122).

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- XIX Domingo después de Pentecostés 31 Forma Extraordinaria del Rito Romano

TEXTO XI Benedicto XVI comenta el Evangelio
9 de octubre de 2011

La liturgia de este domingo nos propone una parábola que habla de un banquete de bodas al que muchos son invitados. La primera lectura, tomada del libro de Isaías, prepara este tema, porque habla del banquete de Dios. La imagen del banquete aparece a menudo en las Escrituras para indicar la alegría en la comunión y en la abundancia de los dones del Señor, y deja intuir algo de la fiesta de Dios con la humanidad, como describe Isaías: «Preparará el Señor del universo para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos..., de vinos de solera; manjares exquisito, vinos refinados» (Is 25, 6). El profeta añade que la intención de Dios es poner fin a la tristeza y a la vergüenza; quiere que todos los hombres vivan felices en el amor hacia él y en la comunión recíproca; su proyecto entonces es eliminar la muerte para siempre, enjugar las lágrimas de todos los rostros, hacer desaparecer la situación deshonrosa de su pueblo, como hemos escuchado (cf. vv. 7-8). Todo esto suscita profunda gratitud y esperanza: «Aquí está nuestro Dios. Esperábamos en él y nos ha salvado. Este es el Señor, en quien esperamos. Celebremos y gocemos con su salvación» (v. 9). Jesús en el Evangelio nos habla de la respuesta que se da a la invitación de Dios — representado por un rey— a participar en su banquete (cf. Mt 22, 1-14). Los invitados son muchos, pero sucede algo inesperado: rehúsan participar en la fiesta, tienen otras cosas que hacer; más aún, algunos muestran despreciar la invitación. Dios es generoso con nosotros, nos ofrece su amistad, sus dones, su alegría, pero a menudo nosotros no acogemos sus palabras, mostramos más interés por otras cosas, ponemos en primer lugar nuestras preocupaciones materiales, nuestros intereses. La invitación del rey encuentra incluso reacciones hostiles, agresivas. Pero eso no frena su generosidad. Él no se desanima, y manda a sus siervos a invitar a muchas otras personas. El rechazo de los primeros invitados tiene como efecto la extensión de la invitación a todos, también a los más pobres, abandonados y desheredados. Los siervos reúnen a todos los que encuentran, y la sala se llena: la bondad del rey no tiene límites, y a todos se les da la posibilidad de responder a su llamada. Pero hay una condición para quedarse en este banquete de bodas: llevar el vestido nupcial. Y al entrar en la sala, el rey advierte que uno no ha querido ponérselo y, por esta razón, es excluido de la fiesta. Quiero detenerme un momento en este punto con una pregunta: ¿cómo es posible que este comensal haya aceptado la invitación del rey y, al entrar en la sala del banquete, se le haya abierto la puerta, pero no se haya puesto el vestido nupcial? ¿Qué es este vestido nupcial? En la misa in Coena Domini de este año hice referencia a un bello comentario de san Gregorio Magno a esta parábola. Explica que ese comensal responde a la invitación de Dios a participar en su banquete; tiene, en cierto modo, la fe que le ha abierto la puerta de la sala, pero le falta algo esencial: el vestido nupcial, que es la caridad, el amor. Y san Gregorio añade: «Cada uno de vosotros, por tanto, que en la Iglesia tiene fe en Dios ya ha tomado parte en el banquete de bodas, pero no puede decir que lleva el vestido nupcial si no custodia la gracia de la caridad» (Homilía 38, 9: pl 76,1287). Y este vestido está tejido simbólicamente con dos elementos, uno arriba y otro abajo: el amor a Dios y el amor al prójimo (cf. ib., 10: pl 76, 1288). Todos estamos invitados a ser comensales del Señor, a entrar con la fe en su banquete, pero debemos llevar y custodiar el vestido nupcial, la caridad, vivir un profundo amor a Dios y al prójimo.

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA 32 Gloria Iesu in Maria!

TEXTO XII Comunicar con la fuerza del Espíritu Santo
JUAN PABLO II, CARTA APOSTÓLICA «El rápido desarrollo» 13. El gran reto para los creyentes y para las personas de buena voluntad en nuestro tiempo es el de mantener una comunicación verdadera y libre, que contribuya a consolidar el progreso integral del mundo. A todos se les pide saber cultivar un atento discernimiento y una constante vigilancia, madurando una sana capacidad crítica ante la fuerza persuasiva de los medios de comunicación. También en este campo los creyentes en Cristo saben que pueden contar con la ayuda del Espíritu Santo. Ayuda aún más necesaria si se considera cuan grandes pueden ser las dificultades intrínsecas a la comunicación, tanto a causa de las ideologías, del deseo de ganancias y de poder, de las rivalidades y de los conflictos entre individuos y grupos, como a causa de la fragilidad humana y de los males sociales. Las modernas tecnologías hacen que crezca de manera impresionante la velocidad, la cantidad y el alcance de la comunicación, pero no favorecen del mismo modo el frágil intercambio entre mente y mente, entre corazón y corazón, que debe caracterizar toda comunicación al servicio de la solidaridad y del amor. En la historia de la salvación Cristo se nos ha presentado como “comunicador” del Padre: “Dios ... en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo” (Hb 1, 2). Él, Palabra eterna hecha carne, al comunicarse, manifiesta siempre respeto hacia aquellos que le escuchan, les enseña la comprensión de su situación y de sus necesidades, impulsa a la compasión por sus sufrimientos y a la firme resolución de decirles lo que tienen necesidad de escuchar, sin imposiciones ni compromisos, engaño o manipulación. Jesús enseña que la comunicación es un acto moral “El hombre bueno, del buen tesoro saca cosas buenas; el hombre malo, del tesoro malo saca cosas malas. Os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del Juicio. Porque por tus palabras serás declarado justo y por tus palabras serás condenado” (Mt 12, 35-37). 14. El apóstol Pablo ofrece un claro mensaje también para cuantos están comprometidos en las comunicaciones sociales -políticos, comunicadores profesionales, espectadores-: “ Por lo tanto desechando la mentira, hablad con verdad cada cual con su prójimo, pues somos miembros los unos de los otros. […]No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchan” (Ef 4, 25.29). A los operadores de la comunicación y especialmente a los creyentes que trabajan en este importante ámbito de la sociedad, aplico la invitación que desde el inicio de mi ministerio de Pastor de la Iglesia he querido lanzar al mundo entero: “¡No tengáis miedo!”. ¡No tengáis miedo de las nuevas tecnologías!, ya que están “entre las cosas maravillosas” –“Inter mirifica”– que Dios ha puesto a nuestra disposición para descubrir, usar, dar a conocer la verdad; también la verdad sobre nuestra dignidad y sobre nuestro destino de hijos suyos, herederos del Reino eterno. ¡No tengáis miedo de la oposición del mundo! Jesús nos ha asegurado “Yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33). ¡No tengáis miedo de vuestra debilidad y de vuestra incapacidad! El divino Maestro ha dicho: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20). Comunicad el mensaje de esperanza, de gracia y de amor de Cristo, manteniendo siempre viva, en este mundo que pasa, la perspectiva eterna del cielo, perspectiva que ningún medio de comunicación podrá alcanzar directamente: “Lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman. ” (1Cor 2, 9). A María, que nos ha dado el Verbo de vida y ha conservado en su corazón las palabras que no perecen, encomiendo el camino de la Iglesia en el mundo de hoy. Que la Virgen Santa nos ayude a comunicar, con todos lo medios, la belleza y la alegría de la vida en Cristo nuestro Salvador.

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- XIX Domingo después de Pentecostés 33 Forma Extraordinaria del Rito Romano

TEXTO XIII El significado del Reino de Dios en las parábolas evangélicas
JUAN PABLO II, 18 de septiembre de 1991 1. Los textos evangélicos documentan la enseñanza de Jesús sobre el reino de Dios en relación con la Iglesia. Documentan, también, de qué modo lo predicaban los Apóstoles, y cómo la Iglesia primitiva lo concebía y creía en él. En esos textos se vislumbra el misterio de la Iglesia como reino de Dios. Escribe el Concilio Vaticano II: «El misterio de la santa Iglesia se manifiesta en su fundación. Pues nuestro Señor Jesús dio comienzo a la Iglesia predicando la buena nueva, es decir, la llegada del reino de Dios prometido (...). Este reino brilla ante los hombres en la palabra, en las obras y en la presencia de Cristo» (Lumen gentium, 5). A todo lo que dijimos en las catequesis anteriores acerca de este tema, especialmente en la última, agregamos hoy otra reflexión sobre la enseñanza que Jesús imparte sobre el reino de Dios haciendo uso de parábolas, sobre todo de las que se sirvió para darnos a entender su significado y su valor esencial. 2. Dice Jesús: «El reino de los cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo» (Mt 22, 2). La parábola del banquete nupcial presenta el reino de Dios como una iniciativa real ―y, por tanto, soberana― de Dios mismo. Incluye también el tema del amor y, con mayor propiedad, del amor nupcial: el hijo, para el que el padre prepara el banquete de bodas, es el esposo. Aunque en esta parábola no se habla de la esposa por su nombre, las circunstancias permiten suponer su presencia y su identidad. Esto resultará más claro en otros textos del Nuevo Testamento, que identifican a la Iglesia con la Esposa (Jn 3, 29; Ap 21, 9; 2 Co 11, 2; Ef 5, 23-27. 29). 3. Por el contrario, la parábola contiene de modo explícito la indicación acerca del Esposo, Cristo, que lleva a cumplimiento la Alianza nueva del Padre con la humanidad. Ésta es una alianza de amor, y el reino mismo de Dios se presenta como una comunión (comunidad de amor), que el Hijo realiza por voluntad del Padre. El «banquete» es la expresión de esta comunión. En el marco de la economía de la salvación descrita por el Evangelio, es fácil descubrir en este banquete nupcial una referencia a la Eucaristía: el sacramento de la Alianza nueva y eterna, el sacramento de las bodas de Cristo con la humanidad en la Iglesia. 4. A pesar de que en la parábola no se nombra a la Iglesia como Esposa, en su contexto se encuentran elementos que recuerdan lo que el Evangelio dice sobre la Iglesia como reino de Dios. Por ejemplo, la universalidad de la invitación divina: «Entonces [el rey] dice a sus siervos (...): «a cuantos encontréis, invitadlos a la boda» (Mt 22, 9). Entre los invitados al banquete nupcial del Hijo faltan los que fueron elegidos en primer lugar: esos debían ser huéspedes, según la tradición de la antigua Alianza. Rechazan asistir al banquete de la nueva Alianza, aduciendo diversos pretextos. Entonces Jesús pone en boca del rey, dueño de la casa: «Muchos son llamados, mas pocos escogidos» (Mt 22, 14). En su lugar, la invitación se dirige a muchos otros, que llenan la sala del banquete. Este episodio nos hace pensar en otras palabras que Jesús había pronunciado en tono de admonición: «Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos, mientras que los hijos del reino serán echados a las tinieblas de fuera» (Mt 8, 11-12). Aquí se observa claramente cómo la invitación se vuelve universal: Dios tiene intención de sellar una alianza nueva en su Hijo, alianza que ya no será sólo con el pueblo elegido, sino con la humanidad entera. 5. El desenlace de esta parábola indica que la participación definitiva en el banquete nupcial está supeditada a ciertas condiciones esenciales. No basta haber entrado en la Iglesia para estar seguro de la salvación eterna: «Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de bodas?» (Mt 22, 12), pregunta el rey a uno de los invitados. La parábola, que en este punto parece pasar del problema del rechazo histórico de la elección por parte del pueblo de Israel al comportamiento individual de todo aquel que es llamado, y al juicio que se pronunciará sobre él, no especifica el significado de ese «traje» Pero se puede decir que la explicación se encuentra en el conjunto de la enseñanza de Cristo. El Evangelio, en particular el sermón de la montaña, habla del mandamiento del amor, que es el principio de la vida divina y de la perfección según el modelo del Padre: «Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial» (Mt 5, 48). Se trata

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA 34 Gloria Iesu in Maria! del «mandamiento nuevo» que, como enseña Cristo, consiste en esto: «Que como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros» (Jn 13, 34). Por ello, parece posible colegir que el «traje de bodas», como condición para participar en el banquete, es precisamente ese amor. Esa apreciación es confirmada por otra gran parábola, de carácter escatológico: la parábola del juicio final. Sólo quienes ponen en práctica el mandamiento del amor en las obras de misericordia espiritual y corporal para con el prójimo, pueden tomar parte en el banquete del reino de Dios: «Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del reino preparado para vosotros des de la creación del mundo» (Mt 25, 34).

TEXTO XIV Eucaristía y sacramento de la Reconciliación
BENEDICTO XVI, SACRAMENTUM CARITATIS

Su relación intrínseca 20. Los Padres sinodales han afirmado que el amor a la Eucaristía lleva también a apreciar cada vez más el sacramento de la Reconciliación.[54] Debido a la relación entre estos sacramentos, una auténtica catequesis sobre el sentido de la Eucaristía no puede separarse de la propuesta de un camino penitencial (cf. 1 Co 11,27-29). Efectivamente, como se constata en la actualidad, los fieles se encuentran inmersos en una cultura que tiende a borrar el sentido del pecado,[55] favoreciendo una actitud superficial que lleva a olvidar la necesidad de estar en gracia de Dios para acercarse dignamente a la Comunión sacramental.[56] En realidad, perder la conciencia de pecado comporta siempre también una cierta superficialidad en la forma de comprender el amor mismo de Dios. Ayuda mucho a los fieles recordar aquellos elementos que, dentro del rito de la santa Misa, expresan la conciencia del propio pecado y al mismo tiempo la misericordia de Dios.[57] Además, la relación entre la Eucaristía y la Reconciliación nos recuerda que el pecado nunca es algo exclusivamente individual; siempre comporta también una herida para la comunión eclesial, en la que estamos insertados por el Bautismo. Por esto la Reconciliación, como dijeron los Padres de la Iglesia, es laboriosus quidam baptismus,[58] subrayando de esta manera que el resultado del camino de conversión supone el restablecimiento de la plena comunión eclesial, expresada al acercarse de nuevo a la Eucaristía.[59] Algunas observaciones pastorales 21. El Sínodo ha recordado que es cometido pastoral del Obispo promover en su propia diócesis una firme recuperación de la pedagogía de la conversión que nace de la Eucaristía, y fomentar entre los fieles la confesión frecuente. Todos los sacerdotes deben dedicarse con generosidad, empeño y competencia a la administración del sacramento de la Reconciliación.[60] A este propósito, se debe procurar que los confesionarios de nuestras iglesias estén bien visibles y sean expresión del significado de este Sacramento. Pido a los Pastores que vigilen atentamente sobre la celebración del sacramento de la Reconciliación, limitando la praxis de la absolución general exclusivamente a los casos previstos,[61] siendo la celebración personal la única forma ordinaria.[62] Frente a la necesidad de redescubrir el perdón sacramental, debe haber siempre un Penitenciario [63] en todas las diócesis. En fin, una praxis equilibrada y profunda de la indulgencia, obtenida para sí o para los difuntos, puede ser una ayuda válida para una nueva toma de conciencia de la relación entre Eucaristía y Reconciliación. Con la indulgencia se gana « la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en lo referente a la culpa ».[64] El recurso a las indulgencias nos ayuda a comprender que sólo con nuestras fuerzas no podremos reparar el mal realizado y que los pecados de cada uno dañan a toda la comunidad; por otra parte, la práctica de la indulgencia, que, además de la doctrina de los méritos infinitos de Cristo, implica la de la comunión de los santos, enseña « la íntima unión con que estamos vinculados a Cristo, y la gran importancia que tiene para los demás la vida sobrenatural de cada uno ».[65] Esta práctica de la indulgencia puede ayudar eficazmente a los fieles en el camino de conversión y a descubrir el carácter

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- XIX Domingo después de Pentecostés 35 Forma Extraordinaria del Rito Romano central de la Eucaristía en la vida cristiana, ya que las condiciones que prevé su misma forma incluye el acercarse a la confesión y a la comunión sacramental.

TEXTO XV EL TRAJE DE BODA

Benedicto XVI

«Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer» (Lc 22,15). Con estas palabras, Jesús comenzó la celebración de su última cena y de la institución de la santa Eucaristía. Jesús tuvo grandes deseos de ir al encuentro de aquella hora. Anhelaba en su interior ese momento en el que se iba a dar a los suyos bajo las especies del pan y del vino. Esperaba aquel momento que tendría que ser en cierto modo el de las verdaderas bodas mesiánicas: la transformación de los dones de esta tierra y el llegar a ser uno con los suyos, para transformarlos y comenzar así la transformación del mundo. En el deseo de Jesús podemos reconocer el deseo de Dios mismo, su amor por los hombres, por su creación, un amor que espera. El amor que aguarda el momento de la unión, el amor que quiere atraer hacia sí a todos los hombres, cumpliendo también así lo que la misma creación espera; en efecto, ella aguarda la manifestación de los hijos de Dios (cf. Rm 8,19). Jesús nos desea, nos espera. Y nosotros, ¿tenemos verdaderamente deseo de él? ¿No sentimos en nuestro interior el impulso de ir a su encuentro? ¿Anhelamos su cercanía, ese ser uno con él, que se nos regala en la Eucaristía? ¿O somos, más bien, indiferentes, distraídos, ocupados totalmente en otras cosas? Por las parábolas de Jesús sobre los banquetes, sabemos que él conoce la realidad de que hay puestos que quedan vacíos, la respuesta negativa, el desinterés por él y su cercanía. Los puestos vacíos en el banquete nupcial del Señor, con o sin excusas, son para nosotros, ya desde hace tiempo, no una parábola sino una realidad actual, precisamente en aquellos países en los que había mostrado su particular cercanía. Jesús también tenía experiencia de aquellos invitados que vendrían, sí, pero sin ir vestidos con el traje de boda, sin alegría por su cercanía, como cumpliendo sólo una costumbre y con una orientación de sus vidas completamente diferente. San Gregorio Magno, en una de sus homilías se preguntaba: ¿Qué tipo de personas son aquellas que vienen sin el traje nupcial? ¿En qué consiste este traje y como se consigue? Su respuesta dice así: Los que han sido llamados y vienen, en cierto modo tienen fe. Es la fe la que les abre la puerta. Pero les falta el traje nupcial del amor. Quien vive la fe sin amor no está preparado para la boda y es arrojado fuera. La comunión eucarística exige la fe, pero la fe requiere el amor, de lo contrario también como fe está muerta.

TEXTO XVI "He aquí que todo está preparado”
JUAN PABLO II, 13 de octubre de 2002 En la página evangélica que acaba de proclamarse en lengua latina y rumana, casi respirando, por decirlo así, con "dos pulmones", ha resonado la invitación a la boda real. Todos somos invitados. La llamada del Padre misericordioso y fiel constituye el núcleo mismo de la revelación divina y, en particular, del Evangelio. Todos somos llamados, llamados por nuestro nombre. "¡Venid!". El Señor nos ha llamado a formar parte de su Iglesia una, santa, católica y apostólica. Por medio del único bautismo somos injertados en el único Cuerpo de Cristo. Pero nuestra respuesta, ¿ha sido siempre un sí incondicional? Por desgracia, ¿no hemos rechazado alguna vez la invitación? ¿No hemos rasgado la túnica inconsútil del Señor, alejándonos los unos de los otros? ¡Sí! Nuestra división recíproca es contraria a su voluntad.

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE Y SANTA MARÍA REINA 36 Gloria Iesu in Maria! Quiera Dios que no se aplique también a nosotros este duro juicio: "La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos" (Mt 22, 8). Un día se nos pedirá cuenta de lo que hemos hecho por la unidad de los cristianos. 4. En su gracia hacia nosotros, pecadores, Dios nos ha concedido en estos últimos tiempos acercarnos más, con la oración, la palabra y las obras, a la plenitud de la unidad querida por Jesús para sus discípulos (cf. Unitatis redintegratio, 1). Ha crecido nuestra conciencia de que hemos sido invitados juntamente a la boda real. En la víspera de su pasión, Cristo nos dejó como herencia el memorial vivo de su muerte y resurrección, en el que, bajo las especies del pan y del vino, nos da su Cuerpo y su Sangre. Como reafirmó el concilio Vaticano II, la Eucaristía es la fuente y la cumbre de toda la vida cristiana, el centro de irradiación de la comunidad eclesial (cf. Sacrosanctum Concilium, 10; Christus Dominus, 30). La Iglesia católica y las Iglesias ortodoxas, al celebrar según sus respectivas tradiciones la verdadera Eucaristía, viven ya ahora en una comunión profunda, aunque no sea plena. Quiera Dios que llegue cuanto antes el día bendito en que podamos vivir verdaderamente en su plenitud nuestra comunión perfecta. Hoy la invitación del evangelio se dirige particularmente a nosotros. Dios nos guarde de actuar como los que "se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio" (Mt 22, 5). 5. El rey, en la parábola evangélica, preguntó a uno de los comensales: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?" (Mt 22, 12). Estas palabras nos interpelan. Nos recuerdan que debemos prepararnos para la boda real, revistiéndonos del Señor Jesucristo (cf. Rm 13, 14; Ga 3, 27). La participación en la Eucaristía presupone la conversión a una vida nueva. También la participación común, la comunión plena, presupone la conversión. No hay auténtico ecumenismo sin conversión interior y renovación de la mente (cf. Unitatis redintegratio, 6-7), si no se superan los prejuicios y las sospechas; si no se eliminan las palabras, los juicios y los gestos que no reflejan con justicia y verdad la condición de los hermanos separados; si no existe la voluntad de llegar a estimar al otro, de entablar una amistad recíproca y alimentar un amor fraterno. Para alcanzar la comunión plena, debemos superar con valentía nuestra desidia y estrechez de corazón (cf. Novo millennio ineunte, 48). Debemos cultivar la espiritualidad de la comunión, que es capacidad "de sentir al hermano de fe (...) como uno que me pertenece, para saber compartir sus alegrías y sufrimientos, para intuir sus deseos y atender a sus necesidades, para ofrecerle una verdadera y profunda amistad" (ib., 43). Debemos alimentar incesantemente la pasión por la unidad.

TEXTO XVI " La riqueza existe para ser compartida”
COMPENDIO DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA 328 Los bienes, aun cuando son poseídos legítimamente, conservan siempre un destino universal. Toda forma de acumulación indebida es inmoral, porque se halla en abierta contradicción con el destino universal que Dios creador asignó a todos los bienes. La salvación cristiana es una liberación integral del hombre, liberación de la necesidad, pero también de la posesión misma: « Porque la raíz de todos los males es el afán de dinero, y algunos, por dejarse llevar de él, se extraviaron en la fe » (1 Tm 6,10). Los Padres de la Iglesia insisten en la necesidad de la conversión y de la transformación de las conciencias de los creyentes, más que en la exigencia de cambiar las estructuras sociales y políticas de su tiempo, instando a quien desarrolla una actividad económica y posee bienes a considerarse administrador de cuanto Dios le ha confiado.

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA.- XIX Domingo después de Pentecostés 37 Forma Extraordinaria del Rito Romano 329 Las riquezas realizan su función de servicio al hombre cuando son destinadas a producir beneficios para los demás y para la sociedad: « ¿Cómo podríamos hacer el bien al prójimo —se pregunta Clemente de Alejandría— si nadie poseyese nada? ». En la visión de San Juan Crisóstomo, las riquezas pertenecen a algunos para que estos puedan ganar méritos compartiéndolas con los demás. Las riquezas son un bien que viene de Dios: quien lo posee lo debe usar y hacer circular, de manera que también los necesitados puedan gozar de él; el mal se encuentra en el apego desordenado a las riquezas, en el deseo de acapararlas. San Basilio el Grande invita a los ricos a abrir las puertas de sus almacenes y exclama: « Un gran río se vierte, en mil canales, sobre el terreno fértil: así, por mil caminos, tú haces llegar la riqueza a las casas de los pobres ». La riqueza, explica San Basilio, es como el agua que brota cada vez más pura de la fuente si se bebe de ella con frecuencia, mientras que se pudre si la fuente permanece inutilizada. El rico, dirá más tarde San Gregorio Magno, no es sino un administrador de lo que posee; dar lo necesario a quien carece de ello es una obra que hay que cumplir con humildad, porque los bienes no pertenecen a quien los distribuye. Quien tiene las riquezas sólo para sí no es inocente; darlas a quien tiene necesidad significa pagar una deuda.

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