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vecindad
p e r i ó d i c o c u l t u r a l l o c a l
v e r a n o 2 0 1 2 d o n a c i ó n s u g e r i d a $ 1

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Pa o l a E m h a r d t

Lea

desen-canto

Andrea T i e r r a

vecindad

Poesía : Andrea Tierra - Raoul Sentanat - César J. Sánchez - Urayoan Noel - Juana Ramos - Oscar Chico - Marcos Wasem - Cristian Puerco - Margarita Drago - Fotografía: Paola Emhardt - Andrés Jaramillo Sol Aramendi - Marta Rodríguez - Cuento: Iván Hincapie - Sandra Torres - Ilustración: Chócolo - Valente Arana - Juan Fernando Morales -Nazario- Ensayo: Luis Henao

Mis trenes ya no tienen ventanas tienen espejos no veo mis arrugas veo espinas. Esta ciudad y sus puentes me miran con agravio ciudad de inviernos falsos yo no te miro todos tus perros me han mordido tus árboles se ríen de mi voz que sangra.

Lea

http://poetasenny. blogspot.com/

vecindad
vecindad sobre la toma poética en el tren 7
Opinión
El escritor norteamericano O. Henry en su cuento “Un hombre de ciudad” trata de descifrar la geometría de los habitantes de la ciudad de Manhattan. A ese hombre de ciudad, el individuo perdido dentro del universo neoyorquino articulado, es al que queremos buscar. Aunque esta vez en otra frontera, del otro lado del río Hudson, en el condado de Queens, una de las áreas con más diversidad étnica del mundo. O. Henry se hace la siguiente pregunta “Has pintado su retrato en la galería de los tipos de la ciudad. Pero quiero encontrar uno cara a cara; hacer un estudio de primera mano del ¿Hombre de la Ciudad? ¿Dónde puedo encontrarlo? ¿Cómo lo conoceré?”. Éste quiere saber sobre la vida de millones de neoyorquinos de los años veinte, atrapados en el progreso material y la desigualdad de sus nuevos inmigrantes. La pregunta sigue ahí, ¿quién es el hombre de ciudad?, ¿quién es el hombre de Queens?, un hombre tal vez condenado a un ritmo opresor. Quizás la esencia de ese hombre haya que buscarla en los medios de transporte. Sí, ahí debe estar nuestro hombre, atrapado en la rutina de un horario laboral asfixiante o regresando al tedio del hogar para volver a repetir una y otra vez esa liturgia que parece ser la razón de su existencia. Es en los trenes donde a diario los inmigrantes hilan su historia. El colectivo Poetas en Nueva York eligió ese espacio, el tren, para buscar a nuestro hombre. El pasado abril se utilizó como plataforma poética los vagones del tren 7, siguiendo sus ocho millas de recorrido desde Queens a Manhattan. Se les declamó poesía a sus cientos de pasajeros, y entre miradas incrédulas y el asomo de alguna LIBRERÍA BARCO DE PAPEL Ramón Caraballo El colectivo Poetas en Nueva York tiene su punto de encuentro en el corazón de Jackson Heights, en la librería Barco de Papel, cerca de la calle 82, desde donde se escucha el traqueteo del tren 7 de forma permanente. Es en la parada 82 donde suben y bajan cientos, quizás miles de viajeros a diario, y es quizás uno de los espacios donde encontrar a nuestro hombre de ciudad. Nuestra comunidad hispana en Queens ostenta un record en su haber: es el segundo lugar de los Estados Unidos donde se habla más español y la población hispana sigue creciendo de forma acelerada. Esta comunidad ha influido de forma notoria en la ciudad de Nueva York. El consumo y el progreso material de la ciudad han atraído a muchos inmigrantes hispanos a quienes se les ha permitido un rápido crecimiento enfocado en su producción laboral. Pero ¿y la cultura, la literatura? ¿Es que no hay espacio para ella en este gran condado? ¿Dónde quedó esa cultura que nos identifica? Mientras miramos el camino de vuelta a casa, unos cuantos soñadores se empeñan en no olvidar nuestra cultura, y su poesía en movimiento atrapa por un momento la atención del hombre alienado y éste sonríe y escucha. leve sonrisa, fuimos recorriendo junto a ellos el trayecto de una ciudad cansada que aguardaba el regreso de sus héroes.

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rostro
Raoul S e n t a n a t

Un orificio el rostro una piedra un pulpo interrogante se infla explota como un globo el rostro tiene ceniza en horizonte difuso la carne enroscada es barro chorreado ajedrez descompuesto donde reposa un caracol el rostro cebolla maraña de líneas topografía donde fluye la existencia capa a capa línea a línea rostro un bisturí lúcido para desentrañar sus pupilas rompecabezas incompleto el rostro moldearlo como arcilla el bisturí lúcido para desentrañarlo en el reflejo del cristal atraparlo

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Chócolo

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yedra-yerrba

C é s a r J. S á n c h e z

Compatriotas vertiginosos les advertimos que no habrían náufragos del buque aún con mucha zarza pliegan las ánforas de terokal y con mucha brisa sondean nuestros estómagos sangrando un verso tras otro, a púrpuras disecando la inspiración que llenaba el pomo; lirio es el azul, rosa la roja. Trasladábase la marea a latigazos burbujeos, supurando Nínives de la tráquea de un dogma “Escribiremos hasta el derretimiento” – navegalsirénicos cantos de bahías en Bermuda y mi corazón se abre, a monotonía de corteza. Ya es éste el último pómulo que acecho. Los versos que se engendraron de las lágrimas, revierto, mi sed equipara a los iracundos camaleones subyertos en la gota que carece de niveles. Profundizas auroras, germa en tu interior recaudas caprichos celdas y en tu quehacer alcohólico emanas ostias venéreas. Expulsa tus manzanas del Edén que mis duraznos psicodélicos perdieron conciencia y la palma del Origen expandió la niebla. Estupenda y ridícula primavera: traficaste las elevadas fábulas de un cacique ermitaño. No hay anhelos ni versos en las hojas, las montañas tienden a temblar al furor de tus caderas, inoculan sepia y coca, los indígenas desplegando las historias de un sol rojo, perpetrando en sus tambores paz selvática.

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Andrés J a r a m i l l o

Andrés J a r a m i l l o

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vecindad
Ur a y o a n Noel

somos
islas we are listless armies de los que bailan solos half smiling borrachos naked in torn pijamas de pellejos exchanging psicodramas with the city scraped skyline spewing proclamas en la esquina to no one in particular resplendent as partículas de luz por refractar

Va l e n t e A r a n a

caminante
Ju a n a R a m o s
Caminante que deja algo de sí en el camino, escucha el cencerro que cuelga de un humano quien ha extraviado su humanidad pero sigue dando pasos. Al doblar de su destino la descubre acurrucada en cuatro esquinas repitiendo su última agonía. Y la toma entre sus brazos, ambos hechos piedad buscan templo, capilla, altar, un espacio donde aposentarse, para observarte, caminante, con tus máscaras que quitas y que pones, que delatan tus premeditadas huellas. Te absorbe la hostilidad de tus cansancios, pero unges tus pies con el polvo del camino, procuras la sombra del árbol centenario que generosamente te cobija, bebes ríos, cantas pájaros, respiras norte y sur, te comprendes en la hoja, reverdeces, brotas, das tu fruto. Pero vuelves a tu andar bajo un sol que ahora te castiga, te marchitas, te anocheces, te huracanas, te arrancas de raíz, irreconciliable, inhóspito, y retornas a tus máscaras, las que te han llevado a salvo por la vida. Enmascarado andante, retomas veredas, el filo de tu paso va dejando cicatrices, se te multiplican las voces que te dividen, te suman y te restan, pero sigues estando, te quedas en la mano que saluda con sospecha, en la palabra que pronuncias con cautela, en los cuerpos aún tibios que te ruegan sepultura, te pones en escena en cada abrazo que te sofoca, que interrumpe tu silencio. Caminante te persiguen los demonios, no puedes enfrentarlos y huyes hacia ti, das de golpes a tu puerta, te encierras y sigiloso observas desde ti los instantes fugitivos, embaucadores que en su día devoraron tu confianza, parpadea la clemencia en tus ojos, pero ya nadie te engaña, ni la complicidad que destilan los que callan, ni siquiera aquel que edulcora la palabra, se sienta en tu mesa y comparte el vino y la sonrisa. No hallas paz, porque no la hay.

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entrevista

vecindad
deudarme más y al final se cumplió el tiempo y aquí estoy, llevo 8 años. En estos momentos me siento relajado. Al principio no encontraba con quien tocar, entonces me tocó dar talleres para enseñar y poder tener con quién tocar. Ahora trabajo en un cementerio, en Cypress Hills en Jamaica, y me siento tranquilo, los muertos no asustan, sino los vivos. Empecé a trabajar ahí después de un mes de llegar, me dijeron: “hay trabajo en un parque”, y cuando llegué dije: “¿qué es esto?”. La primera impresión es fuerte, pero después de acostumbrase no pasa nada. Siento que lo único que me falta es poder viajar. El año pasado paso algo que me dolió bastante, yo siempre he querido ir a Africa y me salió un toque para ir a Kenia, pero no se dio y hasta mejor porque es capaz que no regreso. El reconocimiento está, para mi realización como persona me falta eso, poder sentirme libre. Ahora, si yo sólo trabajara, ya estaría tostado; estaría ahí donde trabajo pero acostado. La música Mi género favorito es música del Pacífico en Colombia, eso es lo que llevo en las venas; eso es lo que se me inyectó con el tiempo y nací escuchando música y crecí tocándola. Hay muchas canciones y estilos como Juga o el Currulao. Algunas canciones reconocidas a pesar que no es un currulao pero la gente siempre lo asocia son La Caderona y Mi Buenaventura que son muy conocidas a nivel internacional. Yo creo que ésas son de las más representativas. Ahora hay muchas canciones, pero en estos momentos creo que tengo varias canciones inéditas que el público no conoce que me gusta tocarlas, no tanto porque yo las haya escrito, si no porque me gustan realmente. Lo de músico a un lado y lo del interpretador al otro. Por ejemplo yo escribí una canción que se llama El lamento de la niña. Esa canción es un poco triste pero tienen un mensaje social muy importante, es una situación que yo creo que a diario está pasando pero la gente lo ignora pero está pasando en todos lados. Otra canción que he tocado pocas veces es El canalete pero me gusta mucho y hay muchas. Si la pregunta es lo que más le gusta, la respuesta no es una sino muchas. La música es mi vida Bueno estoy esperando que se resuelvan unas cosas y tal vez me vaya para otra ciudad. Me hace falta mi cantora. Esta música siempre está acompañada de una voz nostálgica que invoca al mar cuando canta. Siempre seguiré tocando, es la mejor forma de estar vivo.

Diego O b r e g ó n

Mi Nombre es Diego Obregón, soy de Guapi, Colombia, una tierra muy bonita del Pacífico, en el sur del país. De allí sale unos de los géneros musicales más bonitos de Colombia que se tocan con la marimba y diferentes tipos de tambores. Estos ritmos son autóctonos de esta región y desde chiquitos crecemos con la música en las venas; está en todas partes. Guapi y los principios musicales Cuando pienso en mi barrio pienso en el color papaya oscurito porque en mi barrio quedaba un aserradero y nosotros jugábamos mucho con el aserrín; la cancha donde jugábamos fútbol era de aserrín, entonces eso hacía parte de uno. Claro, primero íbamos a la escuela y después era jugar; nosotros éramos expertos tirando acansapera, son unos recortes de madera cuadrados y los tirábamos, a los perros y eso iba preciso. Pero a la música llegué por casualidad, tenía como 19 o 20 años y antes no tocaba ni un instrumento. Salimos con unos compañeros de clase a buscar chicas por ahí, entonces salieron a recreo los del nocturno de la escuela del barrio y yo escuché unos tambores. Mis amigos se fueron y yo me fui donde estaban los tambores. Me quedé parado toda la clase, ahí parado afuera. Cuando se terminó la clase me preguntaron que si yo quería entrar y ¡Claro! Ahí empezó todo. Yo empecé tocando bombo y cununo, el segundo se parece a una conga. La marimba fue más que todo una inquietud. En mi pueblo yo siempre hice parte del grupo representativo tocando cununo porque le daba bastante bien y siempre quería una marimba, quería una marimba, pero no había dinero. Dije, bueno, yo voy hacer una marimba y se me metió a la cabeza eso. Un día cuando salí de mi pueblo, yo me fui pa’ Nariño, una región al suroeste del país. Ahí empecé un día de tantos; había una palma muerta, la corté y me voy con mi basura a la casa y la gente pensaba que yo estaba loco; sí, por que llevaba basura para la casa. Al otro día a las seis de la mañana ya estaba trabajando, no sabía qué iba a hacer pero a la seis de la tarde ya había echo una octava y yo dije: “¡Ah, bueno, sé que puedo! Yo había recibido unas clases de mi maestro donde Bordón en la marimba, pero era algo muy sutil por que yo tocaba tambores, pero cuando empecé a construirla también empecé a practicar y practicar y de ahí lo poquito que ustedes ven. Diego y la Marimba Bueno, vamos a hablar de Colombia y de la música del Pacífico. Estaba viviendo en Cali y habíamos muy pocos marimberos. Hasta antes de que empezara a construirla era un instrumento netamente folklórico, era para tocar solamente con tambores por que no tenía más afinaciones. Es

más, la estructura física del instrumento era débil, en un toque se caía la marimba dos, tres y cuatro veces, se caía al piso porque no era muy firme. Cuando empecé a construirla con todos los fierros se le hicieron cambios de materiales que son los que se están utilizando hasta ahora. Tradicionalmente la marimba no era un instrumento que se podía tocar con un piano o con una guitarra porque la afinación no era precisa, bueno ese fue el primer cambio que implementé. En cuanto a los materiales en la parte de los amortiguadores utilizaban jicrilla, que es un material que se encuentra en una palma de coco lo que parece una mallita. Entonces en dos días de toque ese material se gastaba, se acababa y después estaba uno tocando y quedaba sonando madera con madera; pero yo me puse a buscar y encontré un material que utilizaban para zapatos y eso fue lo que le puse a la marimba, eso es lo que utilizan todos ahora. Donde van los tarros1 utilizaban unos bejucos, alambre de cobre, pero eso no quedaba tan resistente; ahí tocaba buscar algo mas fuerte y le metí hierro. En la parte de la estructura física del mueble, hice un pequeño diseño, un ensamble para que quedara bien y con unas buenas bases y eso es lo que hay ahora. Si ven una marimba se dan cuenta que son los mismos modelos de ahora, porque así se quedaron trabajando el instrumento. La marimba siempre ha tenido su fondo, su forma. Primero se usaba que las patas eran un pedazo de madera con una base y un hueco donde se montaba la marimba y si alguien no la tocaba bien se partía el pedazo de madera y la marimba para el piso. Entonces con el sistema de ahora eso no pasa. En Colombia llegué a ser el mejor constructor de marimba y después que me vine entonces otras personas empezaron hacer sus cosas; una de esas personas a mi me tocó enseñarle y yo sé que si ahora voy el reconocimiento está ahí. Yo vivía de construir marimbas, le hice una a Totó la Momposina entre muchas marimbas que hice pa’ toda Colombia. El Marimbero en Nueva York Cuando llegué acá no pensaba quedarme, llegué con un grupo que me dijo: “consiga el pasaje, que te lo damos”. Ellos me quedaron mal y yo ya había prestado ese dinero allá y dije: “me voy a quedar un tiempo acá trabajando para devolver ese dinero”. Pero resulta que pasó el tiempo y lo que hice fue en-

1 Cilindros que dan sonido al instrumento.

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vecindad
experiencia religiosa
Octubre 7 Rogelio me engaña. Lo sé por la forma en que me ha estado mirando por más de una semana, con los ojos opacados y como buscando un escondite. Ya casi no me sonríe, se queja con constancia de mis comidas y del desorden de José María y Maria José. Pero los niños son niños e igual se les educa, sin gritarles como lo hace él. Apenas hace unos días se molestó porque estaban haciendo las tareas en el comedor, ocupándolo todo. El nunca fue así. Además aquí no le falta nada; cuando me casé juré amarle y serle fiel por sobre todas las cosas; sus hijos le quieren a pesar de sus regaños; el trabajo en la fábrica de muebles no podría estar mejor, ahora que lo ascendieron a Jefe de Personal. No entiendo qué es, y él no me dice nada, sólo está ausente. ¿Entonces qué puede hacer una sino pensar que hay alguien más? ¿Será que ya me estoy volviendo vieja y fea? Pero si no tengo ni cuarenta y me veo bien frente al espejo, incluso en el bus hay hombres que me observan. Claro que los hombres miran a cualquiera. Necesito saber lo que le pasa. Pero tampoco hay indicios contundentes de un engaño. No hay un olor particular en su ropa o llamadas extrañas. Mas su comportamiento es preocupante.

Iv á n H i n c a p i é

Octubre 8 En la mañana fui al supermercado, pero en la fila para pagar, con el carrito medio lleno, me di cuenta de que no tenía mi cartera. Entonces regresé corriendo a la casa para buscarla en el cuarto, y no fue fácil. ¿Por qué será que cuando uno más necesita algo se hace imposible encontrarlo? Al fin vi la cartera en el suelo junto al solterón en el cual Rogelio había colgado una camisa y un pantalón. Estimulada por la necesidad de encontrar algo que delatara a Rogelio metí mi mano en uno de los bolsillos del pantalón y saqué un rosario. No supe qué pensar. Rogelio no es religioso y jamás asiste a misa conmigo. Dice que no quiere tener nada que ver con Dios (y pensar que aún así lo acepté). Al llegar Rogelio en la noche le dije que accidentalmente había visto el rosario en el bolsillo de su pantalón, y que estaba muy sorprendida de saber que después de tanto tiempo estaba decidido a orar. Pero él me dijo que no pensaba orar nunca, y que el rosario era en realidad para mí. Al parecer un desconocido se lo obsequió en el bus, él no supo decir que no y se lo guardó en el bolsillo. Le dije que tal vez era una señal para que buscara a Dios. Me respondió diciendo que si no creía en Dios pues mucho menos en señales. Ahora ronca y lo hace con mayor agitación. Parece ocultar con sus ronquidos algo que dice entre sueños. Hace un rato me acerqué para investigar si en realidad decía algo y lo escuché mencionar un nombre, Berta. Berta fue su primera novia.

Octubre 9 Hoy sucedió algo raro en la iglesia. El padre Ramón inició su sermón anunciando que se robaron la imagen de la Virgen María y la de San José, patrón de los carpinteros. Dijo que no dejaron rastro alguno. Yo me asusté e imaginé dos tipos peligrosísimos con los ojos endemoniados, riendo mientras se llevaban las sagradas imágenes, sabe Dios a qué tugurio. Recuerdo que las estatuas fueron donadas tan sólo hace un mes. El rostro de la virgen era perfecto, pero el hecho de ser una voluptuosa estatua cubierta ligeramente por un par de túnicas me perturbó. Cuando la vi por primera vez pensé que era bastante sexual, pero luego me convencí de que no eran más que suposiciones mías. Como todos los domingos después de salir de misa, fui al parque con los niños. Rogelio se quedó en casa, en el garaje, haciendo no sé qué. Mientras los niños jugaban me preguntaba si Rogelio aún me amaba, si yo lo amaba todavía. Es difícil pensar en estas cosas cuando se tienen hijos y luego de diez años de matrimonio. Pero es que una se cansa de la sequedad, del escalofrío que a veces me da cuando estamos en la cama y no saber si me hará el amor o me dará la espalda. A veces lo veo y las estatuas de la iglesia me parecen más vivas y humanas. Llegamos del parque y los niños se fueron a jugar al cuarto. Yo fui a buscar a Rogelio al garaje, pero estaba con llave. Golpeé la puerta y me respondió con una voz extraña, como cortada, que ya salía. Decidí esperar, y a los cinco minutos salió, cerrando la puerta tan rápido que no me dio tiempo de mirar hacia adentro. Lo peor es que sólo él tiene la llave del garaje. Es como su santuario masculino o algo así. Le pregunté qué pasaba, y dijo que había estado trabajando en un mueble para la sala toda la mañana y que estaba cansado. No lo contradije y le ofrecí jugo y un abrazo, me recibió el jugo. Debo encontrar una forma de entrar al garaje sin que él se dé cuenta.

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vecindad
Octubre 10 Es de noche y voy en un bus con mis maletas y mis hijos. Nos dirigimos a casa de mi madre. No pienso regresar con Rogelio. Llegó del trabajo como siempre, con cara de cansado y buscando comida. Luego de comer vimos televisión un rato, se levantó y dijo que iba a estar en el garaje. Pasada media hora decidí ir e intentar abrir la puerta. Qué sorpresa, y susto al tiempo, me llevé cuando giré la manija y no estaba asegurada. Allí estaba Rogelio, sin percatarse de su error ni de mi presencia. Jamás olvidaré esa expresión en su rostro, como si estuviera poseído; estaba desnudo, haciéndole el amor a la estatua de la Virgen que desapareció de la iglesia mientras le decía “Berta, Berta”, jadeando como nunca lo había hecho conmigo. Restregando el rosario por entre sus senos de yeso y sus piernas blancas. A un lado estaba la imagen de San José, con los ojos vendados, impotente.

Sol A r a m e n d i

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es un p e r i ó d i c o c u l t u r a l l o c a l abierto a distintas expresiones artísticas y culturales de la experiencia inmigrante en el área de Nueva York. Si desea enviar su cuento, poesía, fotografía, ensayo o ilustración, puede contactarnos a poetasenny@gmail.com

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vecindad
el ovillo de lana
Arrodillada en el piso y con la cabeza en el inodoro Malena comienza a recuperar la respiración después de haber estado vomitando bilis con sangre desde hacía cuarenta minutos. El exorcismo estaba llegando a su fin. Llevaba un ovillo de lana atragantado en el estómago desde que era una niña. Un viaje a un sitio lejano y el encuentro con los espíritus superiores la ayudaron a tomar la decisión de liberarse de él. Durante la noche tuvo mucha fiebre. Las presencias en su dormitorio le susurraban palabras en un lenguaje ajeno, milenario, incomprensible para nuestra raza bípeda acostumbrada a escucharse a sí misma. Se arrastró hasta el borde de la cama y las contracciones la dejaron en el piso revolcándose en sudor y dolor. Ahí mismo sintió la punta del ovillo en la garganta. Se metió la mano en la boca y con tres dedos empezó a tirar. Con el primer tirón la lana le llegó al pecho y a esa primera arcada le siguió la bilis de tres vientres. Comenzó a gatear hasta el baño pero sus rodillas se patinaban en su propio vómito de sangre mezclada con bilis. Seguía tirando a pesar de las llagas que comenzaban a quemarle la garganta. Fue entonces cuando la visión la paralizó: El cuerpo de una serpiente azul-celeste con cabeza plana se le enroscaba en la columna cervical y se le venía encima susurrando siseos similares a una maldición. Quería gritar y no podía. Quería arañar el

Sandra To r r e s
aire y no podía. Quería defenderse del enemigo etéreo y no podía. Cuando desistió a la batalla y se sintió fallecer, la serpiente salió de su cuerpo por la oreja en forma de secreción amarilloverdosa y hedionda que se le pegó en el cabello. Subió la mano derecha para sacarse el pelo de la cara y con la izquierda siguió tirando. La mezcla inhumana de dolores le trajo una nueva tentación, la de desistir a la lucha contra sus monstruos, y se le apareció en forma de hamaca, la visión del columpio que siempre se le aparecía en sus pesadillas; “siempre en el mismo sitio pero con la ilusión del movimiento” le repetía la voz desde en el viento y debajo de sus pies el vacío inmenso del abismo. Pero la idea de vivir lo que le quedaba de vida con un ovillo de lana en la boca del abdomen la aterrorizó más que el miedo a morir ahogada en el intento. Cuarenta minutos después comenzaba a reaccionar y la idea se hacía cada vez más clara en su mente. Había terminado: Ya no era un ovillo en su estómago sino mucha lana desperdigada en su apartamento. Durmió en el piso casi veinticuatro horas antes de ponerse de pie una vez más. Lo primero que hizo fue bañarse. Después, con el estomago vacío juntó toda la lana, la puso en una bolsa, buscó dos agujas y se fue a tejer a la sombra del Sauce Llorón.

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Marta R o d r í g u e z

vecindad
te recuerdo en una mañana desierta
Marcos W a s e m
Te recuerdo en una mañana desierta entre la muchedumbre arreando el cajón de tu hermano con otros hombres sobre los hombros Te vi de lejos, porque me había levantado tarde en la casa desierta la gente en cambio era un mar en las calles pero mi casa estaba vacía, sólo estaba Isabel la amiga negra de mi abuela que esperaba paciente a que yo abriera los ojos los abrí Va l e n t e A r a n a estaba lejos cuando desperté apoyado en el respaldo de mi cama estaba en el desierto de Gobi mirando estampas de una Sputnik descifrando el cirílico vos me habías mostrado las fotos de tu hermano ahora muerto perdido en Leningrado

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Oscar C h i c o
Una vez más, otra noche, una lágrima más, el mismo problema. La rabia inundó mis ojos, se tiñeron color grana y el cielo me acarició. Me acogió entre sus brazos y se disculpó a nombre propio. Acarició mi cabello y me arrulló. El cielo es mi próxima parada. Me enamoró con su color obscuro; cubierto de estrellas entre amapolas. El cielo me ama, me aclama, me asesina. De entre sus nubes relampaguearon un par de palabras que me fulminaron. Cogieron mi espíritu, lo envolvieron y lo escupieron. Vomitaron mis ideas y desnudaron mis pupilas. Palabras que hieren, palabras de nacimiento. Palabras hirientes que atravesaron cada arteria de mis brazos, destruyendo glóbulos atómicos, metas, sueños, destruyendo mi cinismo. El cielo ahora me tiene entre sus brazos tocando una compleja nota. Ahora me siente, ahora sí me escucha. El cielo llora conmigo.

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Marta R o d r í g u e z

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vecindad
Cristian P u e r c o

Un hombre en sus treinta. Tiene una muleta, una pierna, una armónica. Camina en el tren. Se desliza entre figuras, maletines y piernas, caras de oposición, menosprecio y asco.

rey de bastos

rey de espadas

Camina entre sombras, Huye de los de azul, los de rojo y los de verde. Tiene varios muertos bajo la manga, sobre la manga una punta. Tres padrenuestros y un beso al doblefilo brillante. Un coyote en la ciudad, manchando aceras con su acero inoxidable. Con sus orejas afinadas y ojos en la espalda a recorrer la Northern Boulevard. Los búhos se acercan al fulano, lo confunden con mengano Un cuchillo de carnicería que descansaba entre la basura, rebanó sutilmente la cara de zutano. ¡Ruge, zutano, ruge! Las panteras atentas al llamado, ya atacaron de costado.

Un joven sonríe al final del vagón. La música le recuerda una mejor situación, su padre músico de profesión murió ahogado en la vida bohemia, al saber que su hija y hermano ocupaban la misma pieza de hotel. Al frente del joven hay una niña, su cara, apuntando hacia el frente. Su mirada, nadando en el poco hidrógeno del vagón. Ella, perdida. (Up in the hazy sky) Escapó de casa después de morder a su madre. Escapó para volar por el aire, entre el humo y la polución. Escondida entre paredes descascaradas, el tren se pudre por dentro, las ratas se tomaron casi todo el lugar. Ella sigue debajo de una araña que lamenta no tener 9 ojos. Huye de sí misma, temblando entre montañas de nieve y zapatos ruñidos. Al entrar al túnel se apagan las luces por un instante. Ellos, buscan claridad en sus mentes. Yo, busco luz que me deje ver lo que escribo. A las ratas no les importa. Compraron collares con nombres en Chinatown. María Ratulia casi me muerde la oreja. Yo la clavé con mi daga. La clavé como al resto. Cuando se ilumina el vagón de nuevo, todo parece más oscuro en sus rostros. Mi papel lleno de mamarrachos que no entiendo. Las ratas bandidas sólo clavan el diente. Sólo clavan el... Sólo clavan.

rey de copas
Hoy es lunes otra vez, ya casi martes. A esta hora, estaba ebrio la semana pasada. Mi-Fa-Sol-La-Si-Do-Re-Fle-Xio-Ne-El-Co-Do Huyendo de la vida sobria, escondi’o entre altares de luna a sol, de sol a sol. Calle Abajo Skillman, Avenida Roosevelt Arriba. Greenpoint Avenue, Irlanda en Sunnyside. De camino a St. Patricks Parade zigzagueo obstáculos transparentes. Tener mellizo está de moda, el mío sólo lo veo en el espejo. Parece ser que en este barrio no hablan inglés, pues nadie me entiende ni en español. Media de ron mientras vamos por la botella. Un tekila pa’ utilizar los limones que se van a dañar. Un guaro pa’ transportarme a Colombia, así sea por 3 segundos mientras baja mi garganta. El último gusano del estante, el último trago del mezcal. Un whisky en las rocas, para recordar las noches locas, de conversa e inversa. Noches que quisiera recordar. Uso fotos, videos y relatos. Mi nombre es Aureliano y soy alcohólico. Salud. (Todos repiten). Salud.

rey de corazones

Hace unos años tuve un sueño. Soñé que era una serpiente y que lamía 425 arepas en un año. La misión era llenarlas de saliva y leche venenosa. Inmortalidad es Recompensa: A un callo en la lengua. Me levanté cansado, sudando y pensativo. Tanto que no fui a trabajar, ni a estudiar, ni al baño siquiera. La siguiente noche se repitió. Y la otra. Y la otra. Seguí soñando lo mismo por varias noches, hasta que comprendí que era una señal. Me levanté y me comí tres arepas con café. A medio día me comí cuatro con jugo. En la noche con mucho esfuerzo otras tres. Me tomé dos copas de vino y a la cama. Esa noche no soñé con serpientes, ni con arepas. Aunque sí soñé con lenguas y otro meneo. Me levanté enérgico, sudando y ardiente. Ese día entendí mi misión. El callo aún no lo tengo y sigo buscando esa arepa que me haga inmortal.

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Ju a n F e r n a n d o M o r a l e s - N a z a r i o

vecindad
sacudiendo fórmulas
Lu i s H e n a o
Para bien y para mal, publicar se ha vuelto una cosa de hacer varios clics. El voraz avance tecnológico que ha transformado tantos aspectos de nuestra vida también ha redefinido la manera cómo escribimos y cómo leemos. Hoy podemos fácilmente compartir nuestros escritos con cualquier persona del mundo que se tope con ellos en Internet. Por supuesto, esta ‘democratización’ de la información nos ha permitido acceder a textos que de otra manera no hubiéramos conocido, cuyos temas y formas no encajan en la visión de literatura tradicionalmente dominada por el medio editorial. Pero esa liberación ha traído otro problema: la facilidad con que se publica ha creado un problema de tamaño; muchas veces nos encontramos perdidos entre toda esa información, intentando encontrar algo significativo. Otro gran reto que nos ofrece esta transformación tecnológica es el de cómo lidiar con la inmediatez: el mundo digital corre a una velocidad vertiginosa y es fácil quedarse rezagado. Existe una presión por permanecer relevante que obliga a publicar constantemente. El problema no es ser prolífico, sino sacrificar la calidad del texto en un afán de permanecer visible y dejarse de cuestionar el oficio. La gente que escribe con regularidad tiene el gran riesgo de empezar a seguir sus propias fórmulas. Por supuesto, ha costado tanto encontrar una voz, coherente y especial; se ha sufrido tanto acumulando esas palabras favoritas, jornadas enteras en tiendas de antigüedad y ventas de garaje o participando en subastas en línea para conseguir ese adjetivo perfecto. Y cómo no seguir usando los mismos temas, tan familiares que ya hacen parte de la familia, parados al fondo de una foto en la que uno celebra un cumpleaños. Uno carga con el lastre del lenguaje que ya ha utilizado. Se puede dejar de escribir acerca de la vida, para escribir sobre la propia obra y así quedarse atrapado en el espejo en el espejo en el espejo de la autorreferencia. Hacer un acto constantemente lleva, idealmente, a pulir la técnica con que se hace: un futbolista profesional se queda horas extras entrenando tiros libres: gol, gloria. Pero la rutina, la repetición, pueden matar cualquier cosa porque estira la distancia entre la acción, escribir, y el referente, la vida. Se escribe, se escribe, pero al final no sabemos para qué. Y entre más lejos el texto de la vida, más lejos

de los sentimientos: el destino trágico es un texto, no solamente aislado, sino poco interesante. Decir por decir es no sólo perder una oportunidad única de decir algo y de escuchar algo, sino también contribuir al ruido que ya existe. Por supuesto, se puede escribir siguiendo fórmulas meramente racionales: lo atestiguan los manuales de novela, los programas de computador que organizan la historia siguiendo parámetros ya establecidos como exitosos; lo confirman millones de best sellers brillando en los estantes de libros de aeropuertos; incluso se pueden pagar clases para mejorar el diseño de personajes, hay doctores dramaticales que con lápiz en mano intervienen cosméticamente un texto. Claro, uno puede mejorar su técnica, siempre hay espacio para hacerlo, pero si una persona no es sensible a lo que yace afuera qué y cómo va a comunicar a sus lectores. Si bien las ideas posibles son muchas, tal vez infinitas, los sentimientos son sólo un puñado, independientemente de dónde o cuándo vivamos: alegría, tristeza, desespero, miedo, etc. En mayor o menor medida, hemos sentido algunos de estos, sino

Pa o l a E m h a r d t

todos, como partes inseparables de nuestra experiencia humana. En los sentimientos está aquello que nos une como seres, a pesar de cuántas otras diferencias intenten separarnos: nadie se puede escapar del amor o la muerte, y por más gruñones que seamos alguna vez hemos experimentado un pico de alegría, como un rayo de luz que se cuela atrevidamente por una cortina cerrada para hacer brillar un punto de la habitación. Escribir sin sentimientos es de alguna manera renunciar a nuestra humanidad como escritores y quitarle la posibilidad de humanidad a nuestros lectores. Como escritoras y escritores, tenemos el reto de sacudirnos de la comodidad, de nuestros propios logros, someter nuestras fórmulas al escrutinio de la duda constantemente y airear el lenguaje. Si bien al momento de escribir tenemos que estar solos, tenemos que no estar solos para poder escribir bien; no podemos alejarnos de la vida, de las tragedias y traiciones, de las emociones totales y orgásmicas, pero también de las tardes tranquilas y los gestos sutiles.

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vecindad
Sol A r a m e n d i Hoy me levanté con la memoria descompuesta, con unas ganas de desentrañar gritos, desenterrar las piedras atadas a los pies de mis hermanos. Hoy me levanté con la memoria al ras de la garganta, a punto de estallar. Que se propague la estampida, sea la onda un canto que amalgame las voces acalladas. Que sea la memoria roca, piedra fundamental de nuestra casa.

con la memoria al ras de la garganta
Margarita D r a g o

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d o n a c i ó n
director: Ramón Caraballo comité editorial: Natalia Aristizábal, Diana Bejarano, Marisol Castellanos, Luis Henao, Raúl Martínez, Nicolás Linares, Sandra Torres. Los poemas, cuentos, fotografías, ensayos e ilustraciones incluídas en esta edición pertenecen a sus autores. Puede contactar a vecindad escribiendo a

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vecindad es un p e r i ó d i c o c u l t u r a l l o c a l creado en Jackson Heights, Queens, New York. vecindad es un producto del colectivo Poetas en Nueva York. vecindad no sería posible sin la participación de la librería Barco de Papel, 40-03 80th, Elmhurst, NY, 11373.

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