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Rafael Ángel Herrera

Viaje Al Reino De Los Deseos

Rafael Ángel Herrera

Viaje Al Reino De Los Deseos

Sobre El Autor
Rafael Ángel Herrara es catedrático de filosofía de la Universidad de Costa Rica. Miembro de número de la Academia Costarricense de la Lengua. Fue profesor huésped en las Universidades de Bamberg y Giessen, Alemania. Desde 1973 dirige y edita la Revista de Filosofía de la Universidad de Costa Rica. Se doctoró en la Universidad Johannes Gutenberg, Maguncia, y también cursó estudios de filología clásica, literatura comparada y filología románica. En la Universidad de Costa Rica hizo la Licenciatura en Filosofía y el Bachillerato en Estudios Clásicos. Dirigió la Escuela de Ciencias de la Comunicación Colectiva de la UCR. Es autor de una docena de libros de ficción y de ensayo y de artículos periodísticos. Tiene larga experiencia como editor en la Universidad de Costa Rica. Ganó un concurso centroamericano y del Caribe de radioteatro artístico auspiciado por la Westdeutscher Rundfunk de Colonia y el Instituto Goethe de San José. Ha participado en Coloquios e impartido conferencias en el país y en el extranjero (Montreal, Giessen, Colonia, Viena, Kioto, Guatemala, Panamá, México, Lisboa). Su actividad como escritor alterna entre el texto de ficción literaria, el ensayo y los artículos periodísticos. Los textos literarios incluyen dos colecciones de cuentos, tres novelas impresas, un radioteatro y unos cuantos poemas. La producción ensayística ha versado sobre temas filosóficos (la antropología filosófica, la corporalidad, la violencia, la ética del autoengaño, la estética de lo monstruoso, la filosofía intercultural, etc.), e incluye, además de los artículos, cuatro libros publicados. Los trabajos periodísticos, en general sobre temas de crítica cultural, comprenden unos trescientos textos recogidos parcialmente en un libro sobre crítica cultural, vida cotidiana y temas teatrales así como una obra de conversaciones con el artista costarricense Francisco Amighetti. También ha publicado en revistas nacionales y extranjeras una docena de artículos filosóficos, en español y en alemán. El libro sobre violencia fue traducido al francés y editado en Québec.

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En los relatos hay muchas cosas Y una de ellas es el placer de la ficción. *** A Florencia que Invento Muchas palabras de este libro; A Ángela y al recuerdo de mi abuela, por que ayudaron a inventar al que lo escribió.

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1 ERASE UNA VEZ un titiritero flaco, de mediana edad y fantasioso que se creía máquina. La historia de su locura empezó un lunes ya tarde, en el teatro de Maese Pedro, después de la función. Esa noche, iluminado por llamaradas de luz, trabajaba a solas, escribiendo un libreto, cuando inesperadamente los oídos se le llenaron de estruendos. Se levantó a investigar y los vio: entre los muñecos y los disfraces se encontraban los fantasmas de su delirio. Refería la lucha a muerte de un Caballero y un Dragón —inspirado en viejas pinturas religiosas— y, de pronto, el Dragón y el Caballero estaban ahí, a su lado, independientes del texto de ficción, como bichos dibujados que saltasen fuera del papel y cobrasen vida propia. El titiritero asistió al combate, sí, al mismo combate imaginario que describía cuando enloqueció. La bestia lanzaba fuego, el Caballero hendía la pica desde el caballo, tensas las piernas en los estribos, las riendas en la mano izquierda; pero hombre y bestia luchaban despaciosamente como se mecen los disfraces colgados en las casas de los actores; y así, atacándose, salían de su irrealidad y entraban poco a poco al mundo terrenal. El ayudante de Maese Pedro habría podido tocar al hombre y a la bestia con las manos. El Dragón derramaba escamas a los pies del titiritero. Las escamas eran esquirlas de metal purpúreo. El Caballero tenía el yelmo; su mirada despedía las iras de la guerra. Por un segundo el titiritero puso en tela de juicio lo que veía; pero no, aquellos se res no eran irreales, tenían cuerpo, cuerpo metálico. El Dragón arrojaba fuego en torrentes lentos, casi fijos, como movidos por hilos. Desde el caballo, el jinete hería a la bestia por el flanco derecho. Los aleteos y el metal crepitaban furiosamente. El Caballero exponía el pecho abierto y se le des prendían cables y circuitos integrados. El caballo era alto, blanco y de ojos tan tristes como los del Dragón. Encorvaba el cuello. Las crines se le mecían con una brisa inesperada en el teatro. El ayudante de Maese Pedro, movido quién sabe por qué extraño poder, se disputa línea de combate. Sentía un ardor misterioso; y ya se inflamaba en las llamas, cuando el Caballero y el Dragón detuvieron la lucha. Sobrevino un silencio prodigioso. El rostro del Caballero se volvió hacia el hombre enloquecido y lo contempló con ojos de cólera. La espada lanzó un destello y el titiritero se quedó ciego de tanta luz. Era metal al rojo vivo. En el guerrero, el ayudante de Maese Pedro conoció la furia. Pero también adivinó la ternura de las bestias en el Dragón, cuyo destino estaba seña lado por el Caballero Mecánico. El Dragón vivía, sí, no era un muñeco electrónico—como le pareció a primera vista—, con el semblante triste y abatido. Tenía cuerpo de seda metálica, garras de águila, ojos inmensos como grandes manzanas rojas. La ruta de regreso se había cerrado. El ayudante de Maese Pedro no podía echar atrás y ahora debía elegir entre la espada del guerrero y la triste cólera de la bestia. Se detuvo a medir los riesgos. Estudió a los combatientes. El jinete apretaba las piernas contra el costillar del caballo. En su delirio, el hombre avanzaba poco a poco, desgarrándose ya entre el goce y el terror, cuando inesperadamente el Dragón herido apartó la cabeza. El Caballero, a su vez, retrocedió unos pasos, se abrió la visera y sonrió con sonrisa dorada. Tenía ojos broncíneos y una vieja fatiga de máquina. Habló entonces, le habló al ayudante de Maese Pedro y le dijo muchas cosas que éste olvidó en las brumas de una leve sensación de vértigo. La historia de su locura se confunde con el enorme, maravilloso y aventurero esfuerzo por recordar. Su gran delirio fue creer que él mismo, titiritero y escritor de ficciones, era aquel Caballero Metálico, fabricado por Maese Pedro. Así empezó la historia. 2

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Me fabricó Pedro, el mago de los muñe cos, el que los inventaba y los construía. Antes de que yo existiese, Maese Pedro era ya un titiritero incomparable. En el escenario manipulaba los muñecos prodigiosamente, con manos de magia y con hilos sutiles, como nadie más en este país o en los demás países del mundo. Recorría todas las tierras, se detenía en las ciudades a representar las ficciones de un repertorio fascinante. Las gentes lo aplaudían, admiradas. El magnetismo de su teatro animaba a los pueblos como en un carnaval y atraía lo extraordinario. Alrededor de su carpa de títeres irrepetibles se avivaban las calles, y entonces iban y venían malabaristas, en cantadores de serpientes, payasos, toros de cartón, gigantes, mimos, prestidigitadores, magos, perros y gallos de pelea. Maese Pedro disfrutaba de su arte, haciendo dichosos a los espectadores. Así fue siempre, hasta que cierta noche de insomnio decidió construir un reparto nuevo, inquietante, Un reparto como jamás habían conocido los siglos anteriores. Un reparto de autómatas. La idea lo sumió en un estado febril. Trabajó día y noche, encerrado en su taller durante muchos años, en silencio, hasta diseñar y construir el robot que soy yo, su ayudante y libretista. Yo soy una prueba de su talento creativo. Imito a los hombres, pero soy muñeco de hierro y cables eléctricos. Pedro decía que una máquina sólo podía fascinar y divertir a los espectadores si tenía memoria: me llenó los circuitos de números y datos e incluso de fantasías; y almacenó en ella todos los registros de la palabra. Este fue —hay que decirlo— su trabajo más fino de constructor. Me vistió con vestidos comunes, como se usan en todas partes. Pero luego, cambiando de idea, me montó sobre un caballo, me puso armadura y me escondió el cuerpo de máquina bajo un disfraz de caballero errante. Después, para que fingiera más fielmente las historias de su teatro, me enseñó lo que todo buen títere necesita para imitar a la humanidad. Y así fue. Cuando salía a la calle y cuando estaba en escena se me confundía con los hombres. Difícilmente se podía descubrir la condición de autómata en mi apariencia. Pero había un pequeño detalle, casi inofensivo, que me diferenciaba de los hombres: yo no sentía nada, ni goce, ni sufrimiento, ni culpa. No deseaba, no podía desear nada. Era perfecto. Tal vez era perfecto. Maese Pedro cargaba en un carro el pequeño escenario de caoba y terciopelo bordado, el equipo de reparaciones, los disfraces, un gallo que le daba las horas; y viajaba de ciudad en ciudad. Yo lo acompañaba al trote del caballo, levantando el polvo de los caminos en verano, y lo seguía con indiferencia, el yelmo abierto. Así fue por largo tiempo. Íbamos, veníamos, regresábamos al taller, me reparaba o me sustituía los circuitos, montaba el escenario, lo bajaba, volvíamos a rodar mundo. Yo imitaba todos los sentimientos y agitaba las pasiones de los hombres sin sentirlas. Los perros no me ladraban. 3 Una noche de tantas llegamos a la única ciudad del mundo que no está señalada en los mapas. La llamaban Daduic. Pero debo corregirme: Daduic sí está en los mapas, aunque sólo por el reverso, dándole vuelta al papel o al pergamino. En las ciudades al revés, como Daduic, que sólo pueden dibujar se detrás de los mapas, casi todo sucede, existe y se piensa a la inversa del resto de las ciudades y de los países. Al cruzar las murallas, Maese Pedro se esfumó. Con frecuencia las murallas de las ciudades al revés son imperceptibles desde el exterior: uno las traspasa sin darse cuenta; y, una vez adentro, el camino de regreso es casi imposible de encontrar. Pedro no estaba, ni mi caballo,

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Vi tortugas que consolaban a las liebres. y no de manos dando saltos de un tejado a otro. Los días eran fríos y ardientes las noches. les daría temas de conversación a los daduicianos y les llenaría de recuerdos las tardes desoladas. Cuando llega un caballero a esta ciudad (aunque hasta hoy sólo tú has llegado) le pedimos algo. en el más curioso.. y retrocedieron al sentir las llamas que eché por los ojos y el metal quemante de mis palabras».Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos ni la carreta tirada por bueyes en la que acarreábamos los títeres y el escenario. por supuesto. los tejados de Daduic no eran tejados: eran las casas invertidas. Orellabac. y no tenían hojas. Así me bautizaron en Daduic y así me siguieron llamando quienes me hablaban. Página 6 de 59 . Las mariposas perseguían a los perros entre polvaredas. pero lo supe: me llamaba a mí. créanme.. comenzando las frases por el final. Los daduicianos me dijeron: «Forastero. Pidiéndole algo lo autorizamos a quedarse con nosotros o a cruzar nuestros suelos. acompáñanos». Me dijo: «Acércate. al madurar. se caminaba de manos. los lagartos volaban junto a los zorros por los cielos. Orellabac. La gente saltaba por los techos de las casas. saltaban como chorros de agua. Pensé en Maese Pedro. las grandes raíces de los árboles se hinchaban hacia arriba. Los frutos brotaban de la tierra y. los espejos reflejaban caras des conocidas. junto con el trueno y los destellos. En verano saltaba la nieve. desde el fondo de la tierra. los granizos.. porque has de saber que hemos elegido al hombre más miserable de Daduic para que nos gobierne. no quiero que me chupen los pies!» Un puñado de hombres llorosos se me aproximó blandiendo látigos y agitándolos por los aires. alivia nuestras penas. en la sima. Yo no quiero aduladores. al que llamaba Orellabac. Después de mucho dar vueltas y descender ( ascender?) por callejas en espiral (por las cuales rodaba el agua hacia arriba). Los ratones asustaban a los gatos. El caminante sonreía. pues la lluvia brotaba del suelo. El más miserable de los daduicianos volvió a gritar: «Yo no quiero ser gobernante. No repetiré aquí todo lo que dijo. El techo demostraba toda su utilidad en la parte de abajo. porque siempre las derrotaban en las competencias de velocidad. En Daduic se hablaba al revés. Lo seguí por callejas estrechas. vacías (o por algo semejante). donde flotaban olores que sólo ahí existen. e investigué mientras observaba a Daduic. la lluvia arreciaba ocasionalmente. pero sí puedo recordar y contar que el más miserable de los daduicianos rechazaba el mando y que sus palabras no eran más que ruegos para que lo dejasen tranquilo en el misterio de la obediencia y lo más lejos posible de las delicias del trono. Los peces habitaban fuera del agua. salpicándolo todo con su miel. Estamos en Asamblea. en el pozo más negro de la ciudad.. Tú puedes sernos útil. en otoño. el cual reía e imprecaba y humillaba a la masa de asambleístas que caminaba de manos a su alrededor. Las cosas también olían al revés. pero no quiere hacerlo. Orellabac! » Era un caminante que caminaba de manos. como cabelleras atraídas por el imán infinito de los planetas. El más miserable de los daduicianos gritaba: «Los que no tienen nada carecen de aduladores. necesitamos tu ayuda. ¿No percibes el grave silencio de los daduicianos cuando discuten? Ven. ni lo que decían los hombres aquellos. Esta vez grazné yo con voz de máquina y de bestia. Tal vez el escándalo de yerme caminar de pies. Dejadme»». Escuché una voz y tres veces el mismo grito: « ¡ Orellabac. es decir. bueno. De repente me había quedado solo. convéncelo de ejercer el mando»». Dos hombres castigaban ( premiaban?) a latigazos al más miserable de los daduicianos. Empecé a investigar. llegamos al centro del poder. Tardé un buen espacio de tiempo en saberlo. como la transpiración de un animal gigantesco.

Sólo era visible de frente o desde atrás. Escribió mucho tiempo. pero volvió a alejarse. escucha este anuncio: »Sentirás deseos y harás planes. Iban hacia atrás. desapareciendo y reapareciendo de frente o de espaldas. Después puso los papeles sobre una banqueta. ex clamó con gritos dulces y probablemente aterradores. ¿cómo hacerlo? Premiar a los autómatas por un delito es difícil: los autómatas no sufren. Las penumbras desgarraban el suelo. bañada por las penumbras de la torre. 4 Página 7 de 59 . »Para encontrar la espada negra de fuego debes vencer muchas pruebas. Descendí por las galerías. Se volvió de costado y ya no la vi. Desapareció brevemente. corrió hacia las cuerdas de las campanas y se puso a repicar. Me dijo: «Nos alegramos de verte. puedas triunfar sobre la bestia. Aquel sonido sordo se pierde en mis registros. se detenía a escudriñar el papel. me abalancé sobre las hojas. Recuerdo a la JovenVieja mientras bailaba colgada de las cuerdas tensas. Tu llegada coincide con el solsticio y las mil lunas de mi nacimiento. agra dablemente ácido». Escribía torpe mente. Regresé. »Ahora vete y busca». Yo me detuve. Orellabac. corrí. Los perseguidores retrocedieron. Cuando acabó de repicar. hallarás la espada negra y entonces. y conmigo corrieron los daduicianos que querían persuadir al más miserable de los suyos para que los gobernase.. »Pero antes debes matar al Dragón. Bajo la torre estaba sentada una JovenVieja. que se le pusieron negros como la tinta. Yo quise ver lo que había escrito (aunque no sabía si lo iba a entender. Luego tecleaba otra vez con aire misterioso y torpe.. Me miró de frente y sonrió. pero estaban en blanco. El castigo quedó registrado en mi memoria. Sobre la máquina colgaba un bombillo eléctrico de luz parpadeante como de candela. «Soy legisladora y verdugo. Tenía que encontrar a Maese Pedro. La JovenVieja regresó. De costado no: de costado era invisible. Orellabac». Así habló la JovenVieja del campanario de Daduic. al final de las cuales leerás el libro en el que está escrito cómo lograr la satisfacción del deseo. palpa el regocijo en mi llanto helado. Mis perseguidores desaparecier01 Caminé. Repentinamente se incorporó. El fuego difundía rayos de sombra. y siguió con las teclas. »Orellabac. se levantó y se fue. Un daduiciano sonriente gritó: «Orellabac. El día de hoy mancillaste mi juventud. tal vez entonces. »Sólo cuando lo encuentres y lo leas. Luego se sentó en una silla. picoteaba las teclas. detrás de una mesa. »Para matar al Dragón necesitas la espada negra de fuego. por túneles y laberintos castigados por la neblina. Había una torre con campanas. Dobló la espalda y empezó a escribir a máquina. La JovenVieja lloraba. Pero. de la que colgaban once cuerdas de campanas. Una joven se aproximó con mi caballo. porque no soportaron las cosas del mundo al derecho. «Te has hecho digno de un delito». Luego rea pareció: iba y venía. La JovenVieja se incorporó. agitadamente. que le teñía el cabello con efluvios plateados. hasta salir a la luz roja del poniente junto a un rebaño y a un pastor que le arrancaba notas melancólicas a una flauta de caña. crucé arboledas al revés y llegué a donde había una hoguera. Yo vine a este mundo hace mil lunas. especial mente cuando el perro del rebaño llegó olfateando. Estas coincidencias delictivas se premian en Daduic. Seguí descendiendo (o subiendo. pues Maese Pedro no había registrado la escritura de Daduic en mi memoria).Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos Corrí. Lo he pensado mucho. ¿quién lo sabe?). tomó a sentarse. y tú debes sufrir. hacía girar las carruchas de la cinta con los dedos.

M. Orellabac lo observó sin reacción alguna. Mimbo dijo (y lo que habló fue una boca de labios rosados y un cuerpo de animal desconocido): «Sé lo que quieres. cacto. me gusta confundirme con polvo de estrellas. se imaginó la desesperación de Maese Pedro mientras registraba todos los rincones del mundo. el titiritero que se creía caballero mecánico. enroscándose en sí mismo. De momento pensó que lo más oportuno era des enredar los enredos de Daduic.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos Tremolán inicio una extraña búsqueda por las calles de Uruq. El viento arrastraba los relinchos lejanos de su caballo. Un Mimbo es el que muta la forma del cuerpo cada vez que lo desea. seguía buscando. Echó a andar. sólo servían para entrar. Pero te diré un secreto: a mí además me gustaría cambiar de nombre con cada una de las meta morfosis. Orellabac respondió: «Ignoro aún si me serás útil». mientras se esforzaba por mitigar un inmenso ardor de abandono en el corazón. Puedo ser ave. 5 Orellabac. Oimmb. Después se esfumó y reapareció. Dejó atrás la torre y. en un inmenso pétalo blanco que. era ingenuo forjarse una imagen tan caricaturesca de Maese Pedro: aquel hombre poderoso. Quizás esta ría escrutando ahora las distancias. con paso de máquina. para buscar el Libro de los Deseos. Página 8 de 59 . Hablaba con lengua roja y labios negros. Mírame: ahora soy plano y redondo como el disco de los atletas. Aquella ciudad que sólo existe en el reverso de los mapas no le interesaba. hombre mecánico. lengua roja y pelambre blanca mecida la brisa. A Orellabac no le dolía el abandono. caminó muchas horas. para convertirse sucesivamente en pájaro azul. Mbo. vaciaba toda las pasiones en las artes del titiritero.. ¿cómo hallar la salida de una ciudad que sólo existe en el reverso de los mapas? Cuando veía una puerta y se aproximabas no era puerta de salida sino un espejo. «No me interesas». Cuento relatos y me transmuto en libro». fue tomando forma de perro otra vez. buscaba. hoja de otoño.. insondable carpa de circo donde rudas manos habían dibujado la corneta que volvía cada noche. ¿Conoces a los de mi especie? No. Llámame como gustes: Mmb... no existía. En vez del cielo se henchía en lo alto una inmensa.. Dijo: «Soy Mimbo.. El cielo. no creo que los conozcas. También llegaba a puertas de salida que.. protegiéndose del sol del mediodía con la mano abierta apoyada en la frente y la espalda ligeramente encorvada. y se veía a sí mismo alejándose. el que auxilia a los que necesitan auxilio».. en flor. De pronto llegó Mimbo. Mimbo.. Oimbm. A las máquinas no les duele nada. replicó Orellabac con displicencia de máquina.. Te ayudaré». pero no te preocupes ya que basta imaginárselo. consideran dolo bien. Le brillaban los ojos. a la JovenVieja del perfil invisible y olvidó en su desventura al más miserable de los daduicianos que no quería gobernar a los hombres. un día de carnaval. sin embargo. en ella. Caminó. Dijo: «Soy un Mimbo y me llaman Iombm. cuando sufría. Pero. pero estaban dibujadas Cartelones como los que se emplean en los teatros para imitar la realidad. Hallaba puertas que parecían reales. lento y seguro. pero no. Mmb. mi nombre es muchas veces impronunciable. Mimbo parecía un perro de labios negros..

una sombra tan voraz como la no che oscureció los cielos: era un pájaro que no estaba registrado en la memoria de Orellabac. y entonces una avecilla inmensa es tiró las patas. El ayudante de Maese Pedro se tendió en un resquicio. despedía fragancias de pétalos agitados en la noche. Orellabac no tenía información sobre lagos inclinados. Se detuvo. Resonó un crujido. El Caballero se dijo. extendió el cuello y abrió el pico. ni en las ficciones del tintero. Ahora sigue hacia adelante. un poco lejos del agua. Primero fue un dulce piar. pero no como los huevos ovalados y sin aristas que ponen todas las aves del mundo: era un huevo cúbico. levantando piedras y provocando inundaciones con las tormentas de su aleteo. Le ardía el vientre. Pero. nadie sabe por qué. alerta. porque su cerebro le había activado ya un movimiento de alerta. De repente temblaron los aires. Orellabac caminó hacia él. ardía bajo el crepúsculo dibujado en la carpa del cielo. como las corrientes que retroceden en sus ríos. Orellabac escuchaba. inmerso en el drama con la calma infinita del robot. tembloroso. callado. En seguida llegó a un lago inclinado en la ladera. y era ahí donde se empollaban los huevos cúbicos. Descendiendo los riscos del mediodía. dándole vueltas. las palabras de una lengua por in ventar aún. Orellabac salió del escondite en actitud guerrera. convertido en ángel. 6 Era amarillo. Si le hubiese sido posible. mientras Mimbo se alejaba aleteando: «Ese Mimbo es otra ilusión de Daduic. ¿también son ilusiones los castigos que me anunció la JovenVieja?» Se dijo así y. El ave madre remontó el vuelo inesperadamente y de creció en la lejanía con estragos de ciclón y arena. El rumor arrullaba a las aves melancólicas que volaban montaña abajo. Ardía con ardor blando. Fue imposible contar los días que duró aquel nacimiento. después. sin embargo. espada en mano y dispuesto a herir el vientre del recién nacido —pues sus reacciones ya estaban programadas pero se con tuvo al percibir una voz de trinos muy dulces: Página 9 de 59 . encontrarás señales». Crujió la roca y las aguas se poblaron de murmullos. enorme. en las entrañas del huevo. como si al hablar se uniesen de un modo tenue e infinito. Tenía ojos tiernos. escondido en la arena junto al huevo. se habría conmovido. se decían lo que los pájaros como ellos se dicen cuando nacen. Venía a empollarlo. adormecida por el arrullo de las olas. sin desoír los consejos. ni sobre un oleaje tan característico. las olas le dejaban manchas de encaje. embriagada. El huevo se abrió en dos. agitando las alas con suavidad. se agitó el agua. Durante aquel tiempo prodigioso fue como si la pulpa secreta del huevo inventase una vida irrepetible y lánguida. Otra vez se elevaron voces dulcísimas hacia el cielo: huevo y pájaro se llamaban. inagotablemente tiernos. entre las rocas y el huevo. El Caballero Mecánico. rozando a veces la superficie de las aguas. sin fisuras. cúbico. y tocó la superficie pulida y tibia. Al costado. El plumaje se le humedecía de espuma: con la cola le acariciaba el yelmo al Caballero. tal vez no. siguió la huella de luz que había dejado el ángel. no podía equivocarse: era un huevo. Se estremeció el pájaro. Orellabac permaneció ahí. montaña abajo. Después de decir esto. Se irguió. El ave graznaba poderosamente y crispaba las garras mientras descendía. susurros e incluso palabras. El ave madre. la ciudad cuyos moradores no están previstos en mi memoria. Luego se posó delicadamente sobre el huevo cúbico y se quedó ahí. Tal vez Daduic tenía encrucijadas misteriosas en las cuales el tiempo corría a la inversa. Sus censores difícilmente lo traicionaban. Tú dirás. Las cáscaras cayeron sobre la espuma. sí. muchas vueltas. lamentos de felicidad. no conservó los datos en la memoria. abrió las alas y celebró la fiesta de su nacimiento con júbilo.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos «Tal vez sí. El oleaje triste y sórdido fenecía entre guijarros. dio un salto por los aires. silos sentimientos hubiesen formado parte de su existencia.

el Pájaro de la Dicha». dando saltitos de payaso. Tremolán franqueó las líneas de un ejército de bailarines en zancos. Yo Contemplaba su vuelo sereno. Cuando el polluelo se posó en tierra. el Pájaro de la Dicha. «Eres mi amigo. aunque seas máquina. el Pájaro de la Dicha. Ahora volaré. No soy hombre. Orellabac preguntó: « ¿Están los libros que busco?» Acayú. se encaminó hacia el barrio de las prostitutas. cuyos gritos penetraban las distancias. Su palabra fue un goce inacabado al decir. El Caballero respondió: «No soy amigo ni enemigo. cogió a Orellabac por la cintura. Y así es. antes de que rodase por el polvo. era ya una ave magnífica con plumas brillantes. piando. Tienes suerte». El Caballero vislumbró la aurora más allá de Daduic. Vamos!» El polluelo desplegó las alas alegremente y. Estoy encerrado en Daduic». Pero te advierto que debes callar. con los zapatones de tres palmos tamborileando sobre las piedras. ¿A dónde quieres que te lleve? Sólo yo puedo sacarte de Daduic. Emprendió el viaje sobre las aguas. quien tal vez aún lamentaba su desaparición. «Puedes buscar en esta isla». « ¿Dónde?» «No lo sé. Acayú. Será mi primer vuelo. el Pájaro de la Dicha. Viéndolo irse. Las comparsas se perdían en la noche. Porque está escrito en los libros de la fortuna que será amigo de las grandes aves quien vea su huevo resquebrajarse y sea testigo de su nacimiento. no importa lo que te suceda. y voló durante tres días con sus seis noches. desplegó las alas y voló alegremente. donde colgaban faroles rosados. Los malabaristas y payasos del circo deambulaban aquí y allá. reapareció en el horizonte. Uruq era un pueblo feliz que celebraba el carnaval. Su caballo lo seguía plácidamente. arrastrando lagartos perezosos. « ¿Es la nostalgia?». Y para remontar las aguas y abandonar la isla. contestó: «Como no conoces la alegría. Soy máquina. Pero la JovenVieja me lanzó una maldición. Orellabac pensó en Maese Pedro. «No soy hombre. dijo el polluelo.programado y tengo que buscar el Libro de los Deseos. ajustándose la esfera roja de la nariz. Caminaba a saltitos. atravesó el viejo puente colgante y miró sin interés las últimas casas. Por su causa estoy re. cuando de pronto la tierra empezó a temblar. no te diré cuán alegre estoy». reconoció el aliento de las estrellas y columbró la extraña inmensidad de los países en los que conocería el deseo.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos «Eres mi amigo». alejándose de la ciudad en la que cada día se pone el sol dos veces. Soy máquina. osciló bajo mis Página 10 de 59 . Aun que seas de hierro y no sientas. «Sólo yo puedo sacarte de Daduic. Buscaba. te recomiendo no subir a la harca del barquero con cara de pescado muerto». dibujando una línea sutil. puedo imaginarme tu desesperación. Me hizo Pedro. 7 Tremolán dejó atrás sus bártulos y echó a andar. no hables aquí. 8 Acayú. el titiritero. Llévame a él». mientras los gitanos armaban barullo en las cantinas. se preguntó. «Dime algo útil». antes de perderse en el campo abierto. montaña abajo. clavando las garras en las rocas y plegando las alas: «Ahora soy Acayú.

me echaría a dormir. giré impetuosamente y. Descubrí al genio empotrado en la roca. y a los Sembos resplandecientes junto a una fragua de todos los metales. donde siete hombres silenciosos se inclinaban sobre un fuego ver de. al hombre lobo que también era murciélago candoroso. probaría esas frambuesas diminutas. al final. se puso a vaciar ramilletes mar chitos. Después se abrió un ojo de buey y conocí una mujer reclinada sobre amapolas. a la dama de la concha sobre el mar. Giré en giros lentos. Me encontraba en la cúspide de un cono humeante por donde soplaban los seis vientos de aquellas regiones. sólo quedó un estallido de colores y un largo. más abajo. la espada negra de fuego y el Dragón dibujado en las páginas de un libro abierto. atropelladamente. desgarrándose y formando un vórtice que me trago y giré. Página 11 de 59 . Con sus amigos no. Conocí árboles de frutos tan grandes como elefantes. Sus amigos lo habrían arrastrado al placer. En otra ventana. Empezaría a caminar y a rebuscar. Más allá. Mi memoria registró entonces muchas cosas dignas de asombrar a quienes son capaces de asombrarse.. Si sintiese algo. exhalando flores de fuego.. Detrás de cristales empañados adiviné también el reino de las cosas innombrables porque están destinadas a perderse en la bruma de los sueños. Cuando empecé a discernir el Libro de los Deseos. Pensé: si tuviese sensaciones como los hombres estaría triste y sin fuerzas. doncellas abandonadas a sueños visibles como fantasmas a su alrededor. de pronto. corría un arroyo. Despedía por los ojos un incendio de geranios bajo la luna. con desesperación. Me detuve por largo tiempo a contemplar los cambios de la luz. Caminé lentamente. perdí la memoria. mientras una joven desnuda caminaba hacia él. me bastaría agacharme y hundir la boca en la corriente fresca. Quería estar solo con sus pensamientos. lleno de hambre y de sed. 9 Tremolán se llenó los pulmones de aire fresco. otra mujer le lamía los ojos a un jinete pálido. lagartos con huevos en las fauces. Seguí girando.. Si fuese hombre y no máquina de hierro como soy. Los labios se le teñían de colores humeantes. Luego seguí girando y conocí las barcas de ébano y la ciudad flotante. pero no siento nada.. hombres sonrientes llenos de espinas. al alcance del hambriento. Los frutos maduros colgarían de las ramas. no muy lejos. No tenía prisa. absoluto silencio. hasta hallar frutos y agua. A su lado tenía un cuerno de la abundancia del que se derramaban bulbos en torrentes. La mujer me hacía guiños y suspiraba. endureció el entrecejo. conocería su néctar dulce y.. Conocí a las Esfinges de bronce y hierro cuando se sacudían la modorra. El agua correría por un riachuelo. su regusto amargo me daría vértigos. pero. y a la mujer serpiente con un brasero en la mano. Sobre la superficie del agua se reflejaba un gusano enroscado a un árbol de frutos dorados. Había elegido el disfraz de payaso para no ser reconocido. Que ría estar solo. Tendría un sueño intranquilo.. Tres canastos de anémonas reposaban sobre un charco de estambres triturados. echó bigotes como pelos de maíz y. En las paredes del vórtice (si es posible llamarlo así) vi lo no visto y lo que a otros que no son como yo les gustaría ver. El crepúsculo dorado bañaba la línea del mar. Comería y bebería hasta que el hambre y la sed primitivas de mi cuerpo se agotasen en un grito de satisfacción. largo. maravillosos. seguramente. me tiendo las manos en el cuerno de la abundancia.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos pies. El rostro les ardía con resplandores sangrientos: leían la lengua de las llamas. Seguí descendiendo. Vi primero una bóveda excavada tosca mente en la pared. donde vigilaba la mujer de dos cabezas. que comía pétalos rojos.

Los esperé. Pero no sucedió nada pues los remeros remaron sin salpicarme.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos 10 Mientras caminaba así. y se echaron al suelo. y me guardé mis palabras bien guardadas porque no debía hablar mientras estuviese allí. Hasta la salpicadura es peligrosa. hizo dos disparos al aire. tratando de representarme las delicias y tormentos de los hombres. la isla de las piedras transparentes? ¿Sabías que las piedras de Zatar son las más transparentes del mundo? Tú no ignoras que sirven para darnos poder. gritó el del pañuelo rojo y pata izquierda de palo. Subimos por una escalera de cuerdas. escuché voces. agitando una botella de cristal de la que apuraba un líquido espeso. babeando: « ¿Por Qué nos espiabas? ¿Cómo llegaste a Zatar.. Tenía largos cabellos rojos y ojos negros que parpadeaban al sol. De nuevo me preguntó el del pañuelo rojo: « ¿Qué andabas espiando?» En aquel instante me percaté de que todos los piratas llevaban un pañuelo rojo en la cabeza. pero fue algo efímero.. Mientras me amarraban con cuerdas oscuras. «Este bromea. suplica o muere! » Decía lo que decía con amenazas. un escándalo de furia. con cuchillos entre los dientes. Era una hermosa joven de piedras transparentes labradas. detrás de él.. El de la botella: « ¿Qué es un pirata?» El del gancho: « ¿Sabes?» El de la botella: «Un pirata es el que trafica con las piedras de Zatar por todos los mares de todos los reinos». Tráiganlo». El que bebía el agua oscura de la botella repitió: « ¿Por qué llevas coraza? »Y el otro: « ¿Piedras escondes?» Y el de la botella: « ¿Para qué sirven esos cristales?» Iba a decirles que buscaba un libro y que las piedras no me interesaban. ya me habían visto. ruidos. Página 12 de 59 . Cuando los vi. Por momentos me pareció reconocer a alguien. montaña abajo. ¡En guardia. el Pájaro de la Dicha. Des de tierra llegaba un cortejo incesante de marineros con más cestos. y no pude completar los datos porque al punto desembarcó y se fue. observé que todos tenían la pata izquierda de palo. Di unos pasos. Los demás corrieron gruñen do.. Otro de aquellos hombres. defiéndete. Me miró asombrado con el único ojo visible. detrás de unos arbustos. Cuando apuntaron con los arcabuces vi no la calma. Preguntó: « ¿Por Qué llevas coraza? ¿Llevas coraza para esconder las piedras?» No contesté. Vi el mascarón de proa. En la ensenada se mecía un barco con muchas velas y una bandera negra de cala veras pintadas. Le envié una señal de fuego con la mirada. No debo tocarla. Uno de sus compañeros. Mis programas incluyen la advertencia de que el agua me corroe y me mata. que lo sobresaltó. que tenía un gancho de hierro en vez de mano. Uno de ellos dijo. espada en mano. Vinieron hacia mí. rehaciéndose. explícate. dijo: «Somos piratas». entre tosidos. pero otra vez me detuvo el consejo de Acayú. En cubierta sólo había cestos amontonados por todas partes. pues el otro estaba cubierto con un parche negro. A empujones me embarcaron en un bote y me llevaron hacia él.

gancho en el brazo izquierdo y pañuelo rojo. Sólo alguien como tú puede llegar a él. «Esto último es falso». tres de cobre. Pronto se formó una fila de hombres con antorchas olientes a resma. ¿Conoces el viejo cuento del sapo y el ciempiés? —le decía—. o que le hablaba a un compañero imaginario. yo te llevaré a él y te diré dónde está y cómo leerlo. ¿Por qué razón? ¿Por los programas de Maese Pedro? ¿O porque la JovenVieja me había condenado a la incertidumbre? 11 Tremolán se encontró con un actor borracho que venía hablando solo. No. tropezó por primera vez en su vida. parche en el ojo y gancho en vez de mano. «Las piedras no te ayudarán a conseguir el Libro de los Deseos. entre tosidos y tragos. hasta que el bote encalló suavemente en la arena. Ni los vórtices del pantano en ebullición. Había arbustos espinosos. que no pertenecía del todo a su realidad ni a la realidad de los piratas y que seguramente andaba buscando piedras porque las piedras me llevarían hacia el Libro de los Deseos. cuatro de oro y una de plata. vertiginosa mente: casi se los veía crecer. Después de mucho caminar. bosques rojos y colinas de hielo entre las que se extendían pantanos de agua hirviente. Algunos. gelatinoso. ¿No lo conoces? Escucha: el sapo le preguntó al ciempiés que cómo hacía para caminar. Bogaron hacia la costa. iluminados por antorchas de tres brazos cuyas llamas se agitaban con desesperación. emitiendo un sonido como de serpiente entre hojas secas. mientras agitaba un mazo enorme con la mano derecha. Descendimos por una tabla. Empecé a comprender que yo no hacía nada y que todo me sucedía sin provocarlo. Retrocedíamos y volvíamos a recorrer el mismo tramo. se halla oculto el anillo que te servirá a ti y que me servirá a mí». con tenazas en actitud guerrera. Los cangrejos amarillos que habitaban a la sombra de los hongos huían en fuga desordenada. Orellabac y los contrabandistas de piedras transparentes de la isla de Zatar llegaron a un valle cerrado por farallones perpendiculares. Detrás de nosotros fueron apareciendo más y más piratas. No tenía información que ilustrase aquella aventura completamente imprevisible en los programas que había concebido mi constructor. Te propongo que volvamos a tierra pues en esta isla de Zatar. sino yo. apurando el líquido negro de las botellas. Pero antes debes encontrar un anillo de once capas.. sin que yo entendiese bien de qué se trataba ni hacia dónde me llevaban. Los remos remaron sin producir salpicaduras (los remeros parecían saber que el agua me destruye). Orellabac pudo haberse sorprendido cuando vio hundirse a dos piratas de pata de palo. descendieron. El cielo brillaba con un resplandor de cometas enloquecidos. a los labios Página 13 de 59 . Ni el agua helada.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos Cuando el del gancho se sentó sobre un rollo de cuerdas. 12 Los piratas seguían veredas secretas entre los fantasmas de la niebla. cardos y grandes larvas flotantes. Todos cantaban. hasta que mi silencio le dijo —según dijo en voz alta— que ya había comprendido. La noche había caído ya. pensando en ello para responderle. las piedras no. Me preguntó que por qué callaba y. Por todas partes crecían hongos multiformes. Los más altos se mecían con el soplo del aire. dijo con aire de sabiduría que las máscaras metálicas hacen lucir grotescos a quienes las usan. Repentinamente vibró el aire con lamen tos. me soltó las amarras. entre el musgo. Los piratas se acerca ron. El pirata de la botella. Siguió preguntando más y muchas veces más y con más odio en los ojos. Un hongo plano. los había atraído con una especie de fascinación. tosiendo. dos de níquel. me di cuenta de que todos los piratas tenían gancho en vez de mano izquierda. en alguno de sus recodos o grietas. o debajo de los grandes hongos que se elevan muchos palmos sobre el suelo. entonaban un rezo entremezclado de chillidos. el de la pata de palo. O. y éste. Avanzamos por largos senderos. una de estaño. Tomamos un bote. dijo. se detenían entre la niebla flotante. yo mismo. El anillo es imprescindible. pero no se los tragaba el líquido estancado. que yo no era de ahí. más bien..

exclamó con voz compungida: «Estos hongos vigilan nuestro castillo de cristal. Orellabac registró una vibración de materia cristalina muy sutil. dormía. ¿O lo estaría mirando desde la inocencia de su reposo? El pirata que lo guiaba dijo: «Esta joven te ayudará a encontrar el anillo. los sótanos. con una belleza implacable. sin muebles. rodeado de fosos de los que manaban humo y sangre. aunque parecía tener algo escrito en las páginas abiertas. El que los oye hablar. La puerta de acceso seguía a un arco de medio punto adornado con escenas de amor y de caza grabadas en el cristal. ¡Bésala! Cuando la beses empezará a soñar. soñará un sueño visible.. como si pasasen revista. Después de llegar a un baluarte. Subieron escaleras de caracol. Así somos los piratas: adoramos el miedo de la gente. parecía formar un largo animal en ascenso. aunque estaba dormida. pues la memoria de aquel instante no podía morir. Era hermosa. La luminosidad de los muros era tan grande que no hacían falta las antorchas para alumbrarse en el hueco de la noche. Los mitos nos sirven a los fuertes para engatusar a débiles». las escaleras. los pasillos. Uno de los piratas. En el interior del castillo de cristal había escaleras. descendieron por escaleras externas sobre el vacío. cautivado por ilusiones malditas. A sus pies se extendía el bosque de hongos. zaguanes y habitaciones con paredes transparentes. Y fue como tendría que recordarla para siempre. flotaba la fragancia de una música tenue.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos carnosos del hongo y se fueron deshaciendo hasta convertirse en miasmas que acabaron por desaparecer entre burbujas. el pirata de la botella de agua negra que marchaba al lado de Orellabac. los detalles del cuerpo cálido. Respiraba. «porque nadie nos busca. donde la luna dejaba adivinar un acantilado tenebroso. La ruta subía y bajaba. como notas de un sonido áspero e implacable. Duerme desde hace cien años. «Nos escondemos aquí». por un laberinto de galerías. tú podrás contemplarlo: las imágenes vagarán en torno al cuerpo dormido y nos dirán dónde se halla el anillo de las once capas que Página 14 de 59 . como todas las leyendas. En la cúspide. Cuando los piratas callaban. En verdad es tos parajes no son tan peligrosos como lo sugiere su aspecto. Entonces la vio. sin nada. nos conviene mantener vivas. los cabellos de color púrpura. Entre los grupos de figuras se repetía la viñeta de un libro en el que no se podía leer nada. El cortejo de piratas. Los cristales ahora se volvían opacos y los cuerpos se reproducían o se hundían en profundos espejos. cantando sus canciones guerreras. atravesaba salones donde se amontonaban las piedras transparentes de los piratas. paso a paso. las torres. hasta ingresar de nuevo en el castillo y seguir zigzagueando. recorrieron las recámaras. Y los que querrían buscar nos les temen a los hongos. El susurro de cuerdas. tal vez soñaba con una máquina sin deseos ni sensaciones que ten dría que despertarla. salvo cestos de piedras. El lienzo se agitaba sobre el dibujo minucioso del cuerpo. colocándose la mano en el pecho. El castillo translúcido se erguía a doscientas varas.. transfigurado y repetido cien veces por los reflejos. espantan más que la realidad. Su canto es como el seseo de dos pieles de dragón al frotarse». Cruzaron el umbral. los ojos negros que parpadeaban. tosiendo. se dejaba escuchar también ahí. ¿Una máquina sin deseos ni sensaciones? ¿Una máquina imperturbable? Orellabac registraba la respiración pro funda. embriagante y rítmica. pero las leyendas que circulan sobre ellos que. Le cubría el cuerpo un lienzo vagamente translúcido. como rumor de cristales. dijo. su miedo nos da fuerza. la luz se volvía más intensa aún. que vagaba ásperamente por todas partes. perece. por todos los espacios del castillo. Siguieron caminando. Estaba tendida sobre una roca inmensa de cristal celeste.

entre nieblas transparentes de cristal molido. Página 15 de 59 . labios carnosos. para hallar el Libro de los Deseos». De pronto me agarraron del brazo. en el Jardín del Olvido serás dichoso». hecha de ecos. Tendría que decírselo. porque la voz del Caballero se multiplicó. «En mi bosque. A mis espaldas reventaban las piedras. Era la doncella del castillo de cristal. Los piratas habían callado. cu yo eco de vidrios rotos crecía sin límite. Tenía voz dulce. (Me hablaba como si yo fuese hombre y no máquina). Orellabac miraba. Los ojos se le mancharon de púrpura y parecían cobrar una lucidez que lo vencía todo. o no lo había previsto todo. e iluminaban la torre de la iglesia. en el que los circuitos eléctricos reprodujeron el arrebato de los sentidos. tronando con estruendo de fin de mundo. La doncella se agitó levemente. lo olvidarás todo». Los juegos de pólvora estallaban en el cielo distante. para desplomarse luego y quedar sepultada bajo piedras transparentes. Cubierta apenas por el lienzo. Y fue un grito de placer y no de hierro. «Te quedarás conmigo. cruzar los huertos vecinos. 14 La voz dijo: «Ahora vas a olvidarlo todo». Orellabac recordó al Pájaro de la Dicha. 13 Tremolán caminaba en torno a la ciudad. en mi casa. despedía pétalos de colores por la boca. siguió diciendo. Orellabac identificó un clamor en la memoria: «¡Qué bella es!». El castillo se derrumbaba pedazo a pedazo. En este jardín las palabras sólo te servirían para turbar la desmemoria tibia de mi regazo». sus ríos y lagunas. pensar en sí mismo. Ahora estaba inmóvil. chasqueando. y a ti. Zumbaban los cristales. Las torres se desmoronaban emitiendo quejidos de materia viva. En su misma voz. los cristales cayeron con estrépito. «tampoco deberás saber el nombre de las cosas. Se había despertado sin mis besos. tal vez. quien le había anunciado efectos ominosos si decía una sola palabra en aquella isla. como decía Maese Pedro de ciertos personajes de fábula. una lucidez maliciosa. para que los reparase. Los trabajos de la máquina encontraron un dato.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos nos servirá a todos: a nosotros. la doncella respiraba lánguidamente en la oscuridad de los sueños. los ecos fueron triturando cristales. paralizado por un embeleso absolutamente impropio de las máquinas. y regresar. gritó brutalmente. El ayudante de Maese Pedro pensó que sus registros vagaban por lugares de los que no tenía memoria: el titiritero se había equivocado cuando diseñó los programas. buscando minuciosamente por todas partes y. una puerta se cerró. la multiplicación produjo ecos de cristal. Una mano tibia me arrastró hacia un dintel todavía en pie. Quería bordear la ciudad. Entre las rocas se había abierto una puerta que traspasamos y rápidamente quedó atrás. Los piratas huyeron. lanzando chillidos como murciélagos. bramando. Al hablar. a paso tranquilo. Apretaba un clavel rojo entre los dedos. para vencer a los enemigos de los piratas. «Soy el olvido». El castillo caía en pedazos. El rostro magnífico se le había inflama do. soñando tal vez con un caballero que se apeaba del caballo para despertarla al amor con un beso. A su paso. Pero también fue un crujir de cristales rotos. sobre Uruq. «Aquí no tendrás necesidad de los recuerdos».

pero no lograba interpretar qué era. si yo hubiese sido como ellos: pasaría el tiempo. A mí alrededor se abría un bosque de hongos negros. Ninguno de ellos me ordenaba olvidar. como un inmenso animal de escamas. las formas desesperantes de la carne y el regusto de higo fresco en los labios que sólo exhalaban sonidos armoniosos.. hasta el bosque de hongos. donde el pantano despedía vahos flotantes y aromas. «Puedes comer de todo. excepto de este árbol de frutas rojas». y me imaginé la vida de los aventureros que habrían podido conocer el cautiverio de aquel jardín. A veces caminaba incluso hasta los límites occidentales. eran los que me Página 16 de 59 . irrigado por riachuelos. Era verde. pues todo cambia en los que ingresan al Jardín del Olvido». recorría el huerto. se mecía con la brisa un gran árbol de frutas rojas donde vivía enroscado un gusano. Entonces se lo dije. En mi reino cerrado jamás conocerás un solo deseo. destellante. la doncella me acercaría el rostro. lo que desees será satisfecho de inmediato.. Los lienzos se le apretaban a la carne con desesperación. Flotaban sierpes en el vaho. que me hizo el titiritero Maese Pedro —le respondería yo con voz imperturbable—. me volvería la espalda y se perdería en la bruma del norte por algunos días. donde tal vez se quedaría sepultado para siempre el anillo de once capas. me dijo que aún no había llegado la hora de decírmelo. olvidarás que alguna vez te condenaron a desear. De repente se aclaró la espesura y llegamos a un valle luminoso. dijo la doncella. el ardor en los ojos negros. en el centro. En el horizonte. Pero a mí. me la imaginé en mi caso. me diría. pero te digo que no será necesario. Quizá regresaría luego con más dulzura en la voz y más ardor en los ojos. Caminamos por entre las rocas. olvidarás que es posible el deseo». en sus pezones duros bajo el lienzo. soy máquina». Me limité a seguirla sin decir nada. sobre las aguas pantanosas. Pensé que estaba preparado para enfrentarme a la seducción del olvido. La luz de este jardín te irá borrando la memoria». a intervalos rapidísimos. A lo lejos se extendía un huerto con todas las frutas posibles. en sus ojos de fuego.. Pero tampoco pensarás en desear nada porque olvidarás también los deseos. comería frutos de olvido y dejaría de soñar. con el rostro mar cado por las pasiones y me hablaría otra vez de la dicha y del olvido y yo la ignoraría de nuevo con la fuerza invencible de las máquinas. Los hongos se abrían como capullos y sangraban. Escuchaba en silencio. Evocaban pompas turbias de jabón. «ni desearás hacerlo. verde claro y verde sombrío. no serás dichoso buscándolos. me diría al oído que estaba perdiendo los recuerdos y que sólo pensaba en ella. Me faltaban datos. O. los bosques rojos y las colinas de hielo. cerrando el espacio visual. la vi como la habría visto si me do minasen las pasiones: con sus lienzos transparentes. También sé que buscas el Libro de los Deseos. pasarían los días. Eché una mirada hacia atrás y alcancé a entrever la montaña de vidrios rotos. pensando sorprenderla y arruinarle los planes: «No soy hombre. No desearás nada. se levantaban los farallones perpendiculares. Muchos eran esféricos. Ella contestó: «Ya sé bien lo que eres. Y. La vi. En su interior adivinaba la presencia de figuras definidas por movimientos perezosos. a mí no me gobiernan las pasiones. Otros crecían velozmente y luego se desplomaban para convertirse en masas oleaginosas que se tragaba el pantano. salvo una cosa. Los hongos esféricos me sugerían algo. Mientras pasaban los días y las noches. Yo obedecía a los mandatos grabados en mi memoria de máquina inteligente. «De aquí no saldrás». Yo escuchaba. «Si las comes enloquecerás y te hundirás en los pantanos». Cuando le pregunté por ellos a la Doncella del Olvido.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos «Los deseos destruyen. muerto. en su interior se movían figuras indefinibles. pero que igualmente me lo diría. más bien.. esto ocurría a mi paso. Ella agitaría entonces la cabellera roja.

No podía asociar ni disociar datos. no se forjaban ni una sola imagen. habían lo grado el olvido absoluto. Lo oí todo. Orellabac. y volvió el rostro. dijo. Era una mañana de aire fresco. Yo los admiraba. que los admirase con ojos ardientes.la imagne dia dohn ce!! lasem e desfasaba. En el centro de los reflejos sobresalía el gusano. poniéndome la mano sobre el pecho: «Orellabac. De noche me recostaba en el césped y contemplaba las estrellas. «Sólo piensan en mí. Me pedían. blancas y planas. todo saltaba.. las cosas se hicieron negras. Sólo yo los acompaño en sus placeres solitarios». Todos gozaban ahora del paraíso. náufragos y aventureros del deseo.. Escuché. reverberaba la imagen de la Doncella del Olvido con una mueca. viejos trashumantes. escuché sin duda alguna las voces de Mimbo. no que rían nada. desde el fondo del re manso. tal vez para que yo no la viese sonreír. Comprendí. La Doncella del Olvido se tendía a mi lado y me decía. abrazado al tronco e iluminado por la palidez rosada de la mañana. Or Or Or Orel Orell Orellabac Orellabac. Página 17 de 59 . de pronto fue la distorsión tttal. Yo respondía solamente con roncos gruñidos metálicos. pues sólo yo existía para ellos. Perdía fuerza.. Esa mañana de aire fresco me aproximé al riachuelo y me dejé dominar por sus murmullos. mi visión perdía color y profundidad. cerraba los ojos y gemía. eran casi vegetales abandonados al sueño continuo de aquellas esferas en las que regían el silencio y la embriaguez de la nada. El día séptimo comencé a entrar en los sueños. el yelmo abierto. Me fallaba la memoria. De pronto. me encontré bajo el árbol de frutos rojos. A mis espaldas. los ojos. Lo recuerdo todo. desde su inmensa soledad. escúchame: quienes llega ron a mi jardín se volvieron mansos y tibios como los frutos que comían. guerreros perdidos. sin que fuera mi propósito. La luz del huerto me iba transformando en un puñado de latas y alambres. al pie del cual se curvaban las aguas en un remanso cuyo espejo reproducía todo con precisión. mi pecho de hierro. con mi rostro. se me enviscaba la memoria. excepto la de mi cuerpo tembloroso». Lo vi todo. Escuché. sólo empleaba un tercio de mi capacidad acumulativa. El riachuelo me hablaba con murmullos desde el jardín oriental. Hallaban un placer desconocido en el reposo en que ahogaban sus facultades: no pensaban. Orellabac Sucedió algo. se conveeertiaen do sel murmu llillod el agu aera tprrente 3336 661111 &&&#o martille *p orr lengu de maq*. creí escuchar. & 60ac876abbOrrrrrrrrrr……………………………………………………………………… ……………………………………………………………………………………………… …………………………………………………………………………………… Or. la coraza. Yo callaba. Sobre el espejo del agua calma brillaban también mi rostro y.. Al decir esto.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos habían precedido: buscadores de tesoros. Era como una pérdida de energía.

No era la ruta del castillo de cristal derruido. serías una máquina muerta. «Sólo el Barquero con boca de pescado te podrá ayudar. 15 Tremolán sintió un sobresalto. pero el gusano rompió aquel ardor de máquina hechizada y exclamó: «Ya somos libres». también duplicado en el agua. seré como los hombres». Atravesó el valle. 16 El Barquero se erguía sobre la popa. masticando con firmeza. con los brazos abiertos. Dijo: «Haces bien en no mirarme directamente a los ojos cuando te hable. poco a poco. La barca arribaba perezosamente. Metí la mano en el agua (que no me hizo daño. porque se me reveló una belleza insospechada en mi rostro. El jinete se perdió en la noche. «No te vayas». El viento del alba le arremolinaba dos largos mechones de pelo tornasolado sobre las orejas y le henchía el balandrán raído. pues estoy cansado de ser el prisionero de este árbol del mal y del bien. regresó al Jardín del Olvido por un corto trecho y llegó a los pantanos. sino el fruto del reflejo.. adorándome sin fin. sí. Sigue ahora mis instrucciones: arranca primero un fruto rojo. a un atracadero. Una vez más adiviné un rostro evocador pero. habló su imagen duplicada al pie del árbol de frutas rojas. mete la mano en el remanso sin agitarlo demasiado. Adiós». Dijo así y se zambulló entre las olas. Después entró en un bosquecillo donde cantaban pájaros azules. «Aquí nos separamos. Mi propia imagen empezó a comer. A mis espaldas estallaron aullidos misteriosos: era la Doncella dulcísima del Jardín del Olvido que. Pero llévate una concha de este litoral y échala al agua cuando estés en peligro». Yo debo seguir mi ruta. pero no el fruto venenoso de las ramas. meciéndose sobre las aguas. me dijo. busco el Libro de los Deseos porque. al menos mientras habites en el Jardín del Olvido. sería el fin: perderías la energía y la memoria. Así lo hice. Los prisioneros abandonaban los sueños del olvido y corrían espantados en todas direcciones. Al re ventar liberaron el vientre. Página 18 de 59 . Hacía dos noches que el gusano se había ido. empezaba a conocer la soledad. leyéndolo. no le busqué los ojos en el árbol.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos El gusano blanco me habló entonces. se perdió en la dirección del árbol marchito de frutas rojas. del que atisbé la luminosidad lejana. al pie del árbol de frutos rojos. su vientre era una prisión donde los hombres encerrados y repentinamente liberados se restregaban los ojos e inquirían sorprendidos. me pidió que navegase sobre él. antes de que pudiera reconocerlo.). «busco un anillo de once capas y una espada negra. y habría seguido así.. Haz ahora lo que te diga. «Desciende». ya marchito. entró al agua y se deslizó serenamente. llegué al mar. a pesar de que puede destruir me. El gusano descendió. los busqué en los reflejos del remanso: los ojos reflejados tenían una fuerza inexplicable. El gusano siguió nadando entre bancos de niebla que flotaban sobre la tierra. Todo empezó a cambiar. dije. Después de una larga navegación sobre el gusano. Si lo hicieres. Pero no. hacia el oeste. que es inocuo y dulce.se el fruto reflejado. La mañana era salobre. Y fue entonces cuando me fasciné. si aspiras a salir de aquí y si quieres salvarme también a mí. abrazado al tronco. hasta atracar. Sólo fue un rostro evocador. coge el fruto y dáselo a tu reflejo para que lo palpe y se lo coma». Los hongos esféricos reventaban. flotando sobre el riachuelo.

que tal vez no le interesaba. para que nadie la olvide y para que todos tiemblen». dispuesto a protegerse. Había cuerdas por todas partes. sube. incluso el propio nombre. El Barquero. Si se te antoja. Existen muchas otras ciudades: en una de ellas las mujeres andan con una águila encadenada a la espalda como escudo. Por dentro destellaba. La concha. ¿No ves acaso el perfil de ciudades remotas? En aquel pueblucho de tejados negros la mentira es ley. « ¿Puedo ofrecerte?». puedes visitar la ciudad de las vanidades. Un buen robot —Orellabac recordó una vez más a Maese Pedro— debe estar programado para enfrentarse a todas las posibilidades. en fin. antes de hacer algo (mirarse en el espejo. caballero cuyo nombre desconozco. No. pero la barca no se les aproximaba nunca. Extraña paradoja! Acayú. colgando de la borda. le había presagiado el peligro a Orellabac si se embarcaba en la barca del Barquero con cara de pescado muerto. podemos abandonar los mares y los lagos y seguir un río. sonriendo con ojos coléricos. sobre todo el agua salada —como lo creía el Caballero Orellabac— tenía efectos malignos sobre los seres mecánicos. donde la vida se consagra al Altísimo Jefe: sus cortesanos de pedos de incienso editan avisos en los periódicos. en ese otro caserío de muchas cúpulas reinan el ocio y la abundancia. ¿Lo acompañaría la misma suerte que cuando subió al barco de los piratas y al lomo del gusano? No se trataba de la felicidad. De pronto dijo: Página 19 de 59 . Era flaco y escamoso. En el horizonte se divisaban las costas y los puertos. donde se columbran cuerpos de piel bronceada. El agua. Soy el señor de las aguas. para no sufrir. más acá. dominada por un castillo gris y una torre. en las inmediaciones. salta a mi barca. so pena de muerte (que ya está anunciada en las crónicas del futuro). el pájaro de la dicha.. te llevaré a todos los puertos. repitió con desesperación. con estrías en su exterior. hazme compañía. preguntó el Barquero. Te llevaré a donde quieras con mi barca. Se arrodilló y hundió la mano en la arena. imprimen estampillas. La clave era la sobrevivencia. También hay una región maravillosa cuyos ciudadanos. meciéndose como un olvido sobre el mar de plomo. soy muñeco. son reír. serás feliz conmigo. sólo valen los guiños voluptuosos y el amor carnal. generalmente infalible. parecía un demonio vencido. El gusano del árbol de frutos rojos acababa de decirle que sólo el Barquero podía ayudarlo a reencontrar la ruta. enarbolan insignias por las calles con la sacra efigie. La navegación se prolongó así. Y también las máquinas tienen derecho a sobrevivir. Las velas se hincharon.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos «Ven. y retornar después. Orellabac saltó. para iniciar un discurso inacabable: Yo gobierno la superficie de las aguas. « ¿Puedo ofrecerte?».. anda. tenía forma de abanico. como le había advertido el gusano. Estuvo a punto de decirle: no soy hombre. en aquel risco se tuesta al sol un pueblo cuya gente prefiere ignorarlo todo. corriente arriba o corriente abajo. pensando en recoger la concha blanca del litoral. porque la traición pertenece a las buenas maneras del trato social. Llevaba la concha en la mano. murmurar. Soy dueño y estoy solo.) lo ponen en palabras y jamás actúan sin cumplir esa regla infinita de pre-escritura. por añadidura. cuan do nos fatiguemos. ¿Por qué? Difícilmente se habría podido filtrar una contradicción tan insensata en los libretos de Maese Pedro. navego espantosa mente solo. conocerás la tempestad». Crujió el maderamen podrido. pero no dijo nada. A los dueños no se les dice que no. y pasó el tiempo. abren salas en los museos. arrolladas. con ojos de pescado muerto. por fuera evocaba las piedras ásperas. había también una anda y muchas cadenas. y está permitido insultar a los padres y a los hijos. El Barquero gritó: «Soy el dueño de las riberas». Caballero.

Soñé que me serían concedidos tres deseos. 18 Escuché una voz: «Tú no lo sabías. deseando que mi sueño fuese realidad. Con mi barca irás a todos los puertos de todos los reinos y conocerás lo incognoscible. arrancándosela de un zarpazo a Orellabac. El Barquero gemía. pues intempestivamente quise no haber deseado. Sé que eres muñeco de latas y alambre. por ventura. pero entonces abrió la mano y expuso la concha que había recogido en la playa. relamiéndose. y solamente tres. El Barquero. y contempló los cuerpos resplandecientes bajo el brillo de las estrellas.. Y aquí estoy. La boca se le llenó de babas y enseñó los dientes como espinas.. 17 Tremolán escuchó un chapoteo. dijo. de los árboles que producen pájaros azules? El fruto es verde como una sandía emplumada de plumas tenues. Caminó hacia Orellabac con un puñado de gruesos eslabones que emitían ondas magnéticas. ensangrentados los ojos por el furor de destruir. ¿Tienes noticia. El ayudante de Maese Pedro estuvo a punto de perderse. y me paso los años hendiendo el remo en las aguas. Cayó de rodillas.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos «Te conozco. Tu rostro se ha reflejado en las aguas muchas veces. El Barquero se proponía reprogramarte por completo. Al revelársele el sortilegio. se matiza de color granate y. «Ahora te encadenaré. Porque te he de contar un secreto. Estoy solo. al reventar. Desde el río llegaban hurras y voces de gozo. como los que se les ponen a los perros. La concha lo había trastornado. «te voy a encadenar a la barca. Habló así. en hileras. La furia me hizo malgastar la segunda oportunidad. Tu obligación será remar si no sopla el viento. muchísimo tiempo. Tres muchachas. antes de que las siembren a picotazos. fatigado. No te moverás de mi barca hasta que los vientos salobres carcoman el hierro de las cadenas y el hierro de tu cuerpo». Orellabac perdió fuerza. esclavizarte. dijo. La noche ardía. el Barquero palideció de ira. Mi tercer deseo fue convertirme en el dueño de las aguas. » Cogió una cadena. Caballero. Crispó las manos que eran como garras de gato.. para que no sufras de vértigo cuando se agite el agua. pero no me importa. Si te quedas conmigo te llevaré a buscarlos en sus bosques. Durante los años que pasaremos jun tos en este mar infinito te diré todo lo que es posible decir y verás lo que no es posible ver. hay que cogerlos en su nido. cuando sazona. las gaviotas dibujaban arabescos remotos sobre la playa. Al despertar gasté el primer deseo. Pero reaccionó sin demora y la arrojó fuera de la borda. cuando sucedió lo que tal vez estaba Página 20 de 59 . inconmensurablemente solo. quería ser poderoso y reinar sobre una flota de barcas que cruzasen todos los mares. pues sólo una máquina como tú podrá resistir lo que diga un ser inagotable como yo. fui ayudante de los muelles y sufría de infelicidad. «No escaparás». vinculado ya para siempre a este reino de olas y espuma del mediodía marino que yo solo gobierno y que no señala con su estela otra barca que la mía. se habían quitado los vestidos y se refrescaban del sopor nocturno. que pasaron corriendo a su lado. mientras auscultaba el fondo de la barcaza con los tristes ojos de pescado muerto. las aves que ya han madurado en su vientre emprenden el vuelo. Caballero Orellabac. El que atrape uno de esos pájaros azules se hará digno del Libro de los Deseos. y escucharme cuando yo crea necesario romper mis largos silencio melancólicos. pero ya no tenías porvenir. le ató un collar de castigo en el cuello. Podrías quedarte conmigo. y se puso a roncar.» Soplaba aire cálido. La cadena olorosa a herrumbre se unía al anda en el otro extremo.. Le temblaba el cuello. ¿No quieres quedarte conmigo y ayudarme a vencer la soledad? »Óyeme». Tremolán se sentó sobre una piedra. Los ojos se le avivaron malignamente. De los ojos muertos le goteó sangre. Hace mucho. Serán muchos años. luego de una pausa. mientras empollan las semillas. dominándolas.

Yo le dije: « Dónde se encuentra el libro que habla de los deseos?. «Y. le pregunté. «vislumbro una tristeza ardiente y voluptuosa». La Señora me miró con placidez. repetí. De su boca brotaron perfumes mientras sonreía: ¿cuántos hombres mimados por el destino se habrían sentido embriagados por la carnosidad roja y madura de sus labios. Descendimos. descendió del cielo y se posó encima. « ¿Te llamas?». La Señora miró con enojo al Barquero y le dijo: « ¿Tratas a los viajeros? ¡Abre la argolla y libera a este huésped del Reino de los Deseos! » Habló así y los hierros se abrieron. tocaron apenas el vientre de la concha. respondí sin titubear.. Los pies descalzos. El cielo oscurecía rápidamente. y los desdichados conocerán la dicha». «pero ya no tenías porvenir. Soy autómata. que se parece al abandono placen tero del hombre en un regazo de mujer. «Lo quiero para leerlo». La Señora de la Concha y de la espuma del mar extendió los brazos y. « Inventar una respuesta?» «Sí puedo: ¿no has pensado acaso en la felicidad?». La brisa le movía hacia el levante los cabellos castaños. esclavizarte. por sus cabellos agitados? Aquella tarde. vélame el sueño por esta noche. «Tú no lo sabías. «Me llevaré el libro a tierra de desdicha dos. irradiando luz pálida. dije. Caballero Orellabac». y continuó Página 21 de 59 .». Caminamos sobre la arena tibia. respirando con ardor. Tres gruesos velos de colores cambiantes le escondían el cuerpo. « ¿Te llamas?». cerró los ojos y se adormeció en un ensueño pasajero. «Me invade la tristeza». Le dije a la señora: «No soy hombre. El Barquero se proponía reprogramarte por completo.. dijo. « ¿Crees que se la merecen?» «No tengo respuesta». Un rumor de cantos llenó el entorno. ¡Pero no hablemos de mí! Calla ahora. No sé qué hago aquí: acabo de olvidarlo todo». Me han reprogramado para buscar el deseo». le respondí. « Qué buscas el Libro de los Deseos?». El Barquero despedía un hedor a pescado muerto. en aquel instante. evocando un dato que había grabado Maese Pedro en mi cerebro desde el día mismo en que terminó de fabricarme. flotamos sobre aguas espumosas y arribamos a una playa de piedrecillas blancas. El cielo se ha poblado de astros. ¿por qué te interesa leerlo?» «El que lea ese libro realizará los deseos. echó una última mirada incandescente a las tres doncellas que ahora bailaban trenzando los brazos bajo el resplandor de la noche. «Y. podrá desear». me respondió con un tono casi de angustia en la voz. La magia de la concha había triunfado. en vez de hundirse. y de ese modo. flotó sobre las aguas y creció. ¿qué ganarás con ello?» «No tengo respuesta. De pronto lo recordé todo. pensé que yo no debería ser máquina. ¿podrías guiarme hasta él?» « Seguro de lo que buscas?». Mañana te ayudaré a cruzar la Yerma Región de las Sombras. Quiero des cansar. bañados de espuma. una señora. «A ti te corresponde ponerme nombre. «Aquí hay un país en el que todos los habitantes son felices». un rumor que parecía elevarse perezosamente del mar. para terminar una conversación en completo desacuerdo con lo que deben conversar un robot y una dama que ha descendido de los cielos. se lo leeré. Salté a la concha y me acurruqué como un niño se acurruca en los sueños.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos escrito en alguno de los libros del destino: la concha. repitió. me respondió. 19 Tremolán volvió a ajustarse la nariz.

salpican los prados de oscuras esencias. sin pausa. aplastadas y planas.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos la búsqueda otra vez. no pises ninguna de sus huellas. se fundían y se separaban. la Ciudad Limítrofe. Ten cuidado. sin decirme nada. si uno de los moradores de estos países. Después de mucho caminar por veredas flanqueadas de cactos negros. Corroen el suelo. aquellos fuegos habían sido consagrados a la defensa de la ciudad y de todas las comarcas de Tava-Catú. subían por los peñascos. Por el horizonte marino ascendía un fuego plateado. 21 Las antorchas parpadeaban en La Ciudad Limítrofe. mientras ordenaba el caos de mis pensamientos. a los hombres sí. Oleadas. dijo. Seguimos la marcha. «No son peligrosas mientras estén en los confines del Reino de los Deseos». ni yo misma que soy poderosa como los sueños. Si fuese hombre. me habría atemorizado. Mi sombra temblaba. Hablaba así la Señora de la Concha cuan do apareció una Sombra inmensa. Los velos se le mecían como banderas alrededor del cuerpo. A las máquinas no nos asusta el destino. todo sucede sin mi intervención. Con el ocaso desaparecieron. Frecuentemente dejan estelas viscosas por donde pasan. Llegaron nuevas Sombras. entramos en un terreno muerto y sin fin. «El caos llegará al mundo entero cuando desborden la Yerma Región y se arrastren por otras comarcas». pero luego retrocedió y se fue. sin forma estable. a paso tranquilo. dijo con voz temblorosa. «Se nutren de todas las cosas. y lo desgastan lentamente hasta devorárselo. levantarse sobre los pies y mirarnos cara a cara. día y noche. pegadas a las rocas. La aurora me había sorprendido velándole el sueño. enjambres. 20 Habló con voz melodiosa: «Es hora de partir». Algo extraordinario. para tornar a agitarse en vórtices que agrietaban la roca y levantaban polvo del desierto. si conociese las pasiones. pulverizan la vida arrastrándose sobre ella e ingieren lo que ingieren con una espantosa lentitud que sólo aquí es posible. dijo. absolutamente silencioso. alargada. jaurías de Sombras iban y venían. aunque fuese sin ojos. cuyo viento húmedo le arremolinaba los cabellos. Si un hombre. pero soy máquina. o un extranjero. bajaban. restregándosele en la piel. sin Página 22 de 59 . El sol se des plomaba sobre nuestras cabezas Era la Yerma Región de las Sombras. Algo había ocurrido. La extinción de las antorchas no era un buen presagio. abriendo tres hocicos gigantescos de animal aplastado. Emprendimos la marcha. porque tendrías que sucumbir y nadie. Detrás de unas rocas pasó un grupo de cantores con antorchas que se dirigía a dar serenatas a las casas de campo. a paso firme. aunque prefieren la roca muerta. como vampiros pegados a la tierra que ansiasen cobrar forma tridimensional. «Aquí habitan las Sombras». Desde que traspasé los muros de Daduic. se ensanchó como una ameba negra. Desde el principio de los tiempos. siempre deslizándose. llegase a tocar los jugos pestilentes de las Sombras. tal vez su resplandor las habría aniquilado. algo iba a ocurrir. o máquina. Debían arder perpetuamente. Pero algo las ahuyentaba de los tres velos. perdería el cuerpo y se haría sombra igual que ellas. Algunas se arremolinaban a nuestro alrededor. Las Sombras suben por el cuerpo de quien atrapan. alejándonos del mar. podría salvarte». reptaban. Y se fue también la Señora de la Concha. animal. si hubiese sido posible aniquilar a una Sombra.

Kunko. te dije que iba a llegar a tiempo». ya casi marchita. las arboledas y flores rojas. Página 23 de 59 . El sol tenía un rostro sagrado y tenue. eran seres ya casi muertos. Pero luego se dijeron que el visitante metálico no era Sombra ni se originaba en la Yerma Región de las Sombras.. ni intentaba siquiera referir al forastero de armadura las causas de su languidez. desde tiempos viejísimos. los hombres y mujeres silenciosos que observó después de cruzar la muralla de antorchas. Primero se acobarda ron. escucha: llegas oportunamente». era el de los re cuerdos de una felicidad remota. aceptaron el fin y lloraron su suerte definitiva. que jamás nadie había cerrado con llave. martillos. desde hace muchas lunas. con ojillos saltones y boca puntiaguda. pues aquel extraño caballero sin caballo había traspasado la frontera y. los salvadores pocas veces huelen a hierro fresco! » Orellabac observó la estancia. Entonces los vio: eran dos Sembos decrépitos. Había sido. yunques diminutos. los pocos que encontró Orellabac. De pronto se abrió una puerta y el Caballero sintió dos manos y un tirón. completándose las frases. con el solo fin inevitable de ahuyentar a las Sombras. Sólo resonaba un lamento de fin de mundo. gritó su mujer. huele mejor». y de los adoquines que sólo ahí existían. El Sembo dijo: «Hombre de hierro. Luego lo empujaron hacia un vestíbulo. Kunka. ciudad adentro. «¡Apártate ya!» « Ay. ahora en peligro. Una vieja murmuró: «Vamos a sucumbir». los muros de piedra blanca. Tal vez fue la ciudad de la alegría. si algún sentimiento pervivía entre aquella gente. un patio interior de piedras rosadas y un corredor con estantes en los que había miniaturas de plata. ¡huele bien!» « Mujer». Había una fragua incandescente. y desfalleció. Hablaban interrumpiéndose el uno al otro. altos y flacos. Pero ya comenzaba a no serlo. «Y si lo toco. como todas las parejas que sobreviven a las pasiones y al tiempo. pero su información era suficiente para barruntar que algo extraño estaba al acecho y que. Los habitantes. Era.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos fatiga. «Sí. Tava-Catú era la ciudad de la alegría. los escasos ciudadanos visibles de aquella tarde de agonía. y que seguramente un privilegio extraordinario lo había protegido de su oscura devoración. La Ciudad Limítrofe sentía orgullo de su en canto. Pero nadie hacía nada. Por la puerta. Las luces se agolpaban en las rendijas de las ventanas a medio cerrar. los que se dejaron pillar en el silencio de las calles del goce perpetuo que ya se marchitaba. Las casas. «Yo te lo dije. mmh mmh. El mar se asomaba en el poniente. Otros se rasgaban las vestiduras. se mesaban los cabellos y aullaban como lobos infinitos. «Lo había olido ya. siempre tienes razón». de los techos de barro. vencida por la tristeza. hasta llegar a las penumbras tibias de un taller de orfebres. muy bellas y con macetas en los antepechos de las ventanas. se elevaban plácidamente a lo largo de las calles. para que las Sombras no transgrediesen el límite de sus yermos imperios para siempre jamás. nadie había llegado a Tava-Catú por la ruta del desierto. El polvo de oro destellaba en los frascos de cristal translúcido. ni hablaba nada. se asomaban ojos melancólicos. arrebatándole la palabra. Siguió caminando bajo la arboleda.. Orellabac no entendía del todo aquellos gestos que sólo le recordaban las ficciones melodramáticas de Maese Pedro.

Kunko». respondió Kunko. mientras dormías (por que siempre duermes). el ganado. dos veces. sólo por hoy». «Sí.. Orellabac percibió las trepidaciones. escucha». Kunko dijo: «El fin del mundo se aproxima». porque a Kunka no se le escapa nada.. ... « ¿Qué ha de callar Kunka cuando Kunko lo dice? No callaré. «Si puedo o no puedo.. «Se aproxima ya.. respondió el Caballero Orellabac. si puedes imaginar. los tiempos del fin están cerca»... horrible. «A partir de ese día. podrán satisfacer el deseo». «no está registrado en mis archivos». las horrendas Sombras. tuve que ahuyentar una Sombra asquerosa del taller: estaba junto al yunque. Kunko dio un martillazo y dijo: «Caballero de hierro. . sí. » «Si se marchita nuestra amada ciudad de geranios. » «.las Sombras de la Yerma Región. Sembo mío. Se derramó un cristal de quintaesencias. ay. mis pececitos de plata. «Te lo dije. «Imagínate el caos. . «Ay. «Puedes intentarlo». «no es el fin del mundo. Rodaron joyas de filigrana por el suelo. las grandes Sombras. Las Sombras. y tendrás que oírme largo tiempo aún». te lo dije: tienen hambre».. «Si cae nuestra ciudad de agua fresca.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos Kunko y Kunka hablaban nerviosamente. mujer».» «Calla. se borrarán las diferencias entre la sombra y la luz» «Escucha bien». » Se agitan como un mar embravecido. se han dado cuenta: la muralla de luz se debilita. saltando de un rincón a otro. pero La Ciudad Limítrofe no podrá sobrevivir».Únicamente las Sombras. «Caballero metálico». no podremos con tenerlas». «Por hoy tienes razón. los libros. Página 24 de 59 . La semana pasada. y acostúmbrate a buscar soluciones y no simplemente a llorar». «Las antorchas que nos separan de la Yerma Región de las Sombras se están extinguiendo poco a poco».. pero la pesqué... dijo Kunko. temblaba. «Es horrible.» «. mujer. ha llegado la hora de vencer a Tenebrante. dijo Kunka interponiéndose. ya que pronto no habrá muralla de antorchas que las detenga». Crujieron las vasijas.» «Nuestra gran desgracia. sutiles como lombrices... se había escondido entre el polvo y los hilos de oro. » «Se aproxima la hora del reino de las Sombras». «No. Dejó un trillo de pestilencia que sólo pude borrar con jugos exóticos y una mezcla de azogue y brasas». «Calla. la gente. «La muerte corre hacia Tava-Catú. «los temblores llegan del desierto. Nuestra ciudad será suya».. Kunko. tres veces.. se borrarán las fronteras entre todos los reinos».» «Imagínate a las Sombras del desierto comiéndose nuestro mundo: las casas. «Las Sombras se infiltran en la ciudad: Sombras pequeñas. Tava-Catú corre hacia la muerte». «El problema. «Están hambrientas como animales. no lo sé». Ya lo saben.. De pronto vibró el piso. mil veces horrible». el Señor de las Sombras». «Si nuestra ciudad se desploma.

existe una cascada. «No lo hará». aunque sean tontos como los tontos de verdad o tontos como las máquinas». «Calla. «Echémoslo al fuego. Kunko». busca y sálvanos». busca». mujer». después de humedecerlo en una lágrima del Genio del cubo escarlata» «Desconfía. agregó Kunka. Kunka». no dudes en desconfiar de todo. Es inútil como un niño». «No les temo a los genios. bah. Puedo trabajar los metales con técnicas secretas. Hizo una pausa y dijo. sucesiva mente. pero antes es preciso que encuentre el anillo de los piratas que hace invisible a quien se lo ponga». dijo Kunka. «¿no lo sabías?» Kunko tosió. Serás invisible cada vez que lo hagas girar tres veces. mira. contestó Orellabac. dijo el Sembo tranquilamente. dijo Kunka en voz baja. «Calla. acentuando las palabras con un dejo de ternura.. Detrás de la cascada. «Explícale. con el rostro enrojecido por el trabajo y por la fragua. Página 25 de 59 . junto a un roble de cinco ramas iguales. «el anillo que hace invisible a quien lo usa no existe. »El trabajo consiste en hallar y traernos la lámpara de hojalata de las siete llamas que arden perpetuamente. Una sola gota de sus resinas inflamables servirá para alimentar por cien veces cien años el fuego de las antorchas que nos protegen de las Sombras». entre las grandes rocas llorosas. Una Sombra flaca se deslizó por entre los frascos de cristal. entonces. Orellabac». al oído de Kunko. Luego preparó la cera. pero. Cuando estuvo listo. los héroes de las historietas siempre le ayudan a alguien. cuando el anillo no produzca su efecto mágico. dijo el Sembo sus pirando. suspirando. Volvió a temblar. fundió los metales y los yació en los moldes.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos «Sí puedes». cuatro de oro y una de plata. dos de níquel. «Kunko. lo que ha de hacer para ayudarnos. ¡tú no tienes corazón!» «Tal vez no sea necesario». Arrástrate por ella. Ya lo verás. «Este muñeco de chatarra es cobarde». «Estoy segura de que no podrá descender al fondo de la tierra ni enfrentarse al Genio». Caballero: estos anillos sólo sirven cuando pasa un corneta. intervino Kunka. que escuchaba todas las voces. le brillaron los ojotes de viejo Sembo cuando habló así con voz ronqueta: «Dicen que soy un gran orfebre. alcanzó un juego de moldes y.. Muchos la han creído. deberás desearlo intensamente. y aunque pase un comenta. mujer». con toda la fuerza del corazón.. sonriendo: «Anda. alcánzame el fuelle». soy robot». «éste pare ce un personaje de historieta». dijo Kunka. respondió: «No soy cobarde. encontrarás una gárgola. tres de cobre. «Vete ya». «Este montón de lata no sirve. el anillo tenía una capa de estaño. pero es falsa» «Los mitos les sirven a los impostores». exclamó. desconfía. «En el centro de La Ciudad Limítrofe. « Hace largos días camino a la búsqueda del Libro de los Deseos. le dijo Kunka con voz febril. «Te daré una clave. particularmente de los prodigios» «Mejor díselo. «Algunas veces. dijo Kunka. Kunko fue hacia una estantería. Esta hazaña te llevará al Libro de los Deseos». Cuando llegue a él y pueda leerlo. «Aquí lo tienes». tomándole el índice (o más bien el índice del guantelete) al Caballero Metálico. Es una leyenda de los piratas. Pero el Caballero. tendré que derrotar al dragón con una espada negra de fuego. soy máquina». El anillo que fundiré ahora sólo te servirá a ti. «Caballero metálico». Dale media vuelta a la cabeza de piedra y se abrirá una grieta.. Kunko dijo: «Te explicaré cómo salvar La Ciudad Limítrofe. se lo midió con sumo cuidado.

estaba la gárgola de bronce que me habían anunciado los Sembos: un cuerpo de mandril saltaba al vacío con las garras crispadas y ojos de ámbar llorosos. ya que un ser sensible sólo en los sueños podría ser tan valiente o vencer tanta in certidumbre como la que le habría infundido el trabajo con el que terminaría aquella tarde de males. fíate de tu fuerza y. tensándose. a primera vista. como ya lo hiciste. Pronto llegué a la plaza central. En cada columna ardía una antorcha. Kunka también. El que repartía la baraja gritó: «Si vuelves a hacer trampa te mataré». dejaba un espacio suficientemente amplio como para pasar sin salpicarme. la cueva se abría hasta adquirir la forma de una bóveda hexagonal. me arrastré como salamandra entre la grieta. como el agua podría destruirme. Bañados en lágrimas. como anteponiéndose a la ruina. Estos caían en un remanso. estalló en bolas de fuego. Kunka lo besó en la mejilla metálica y le dio un consejo. La planta entera se agitó como un animal. Una Sombra cruzó el umbral de la casa. mientras Kunko avivaba el rescoldo de la fragua para intimidar a las Sombras con sus relumbres de fuego tembloroso. después de precipitarse por las fauces dentadas de nueve gárgolas negras. el cual se vaciaba en un según do estanque. Página 26 de 59 . desconocido para mí. 22 Tremolán siguió el camino polvoriento que bordeaba el quebrador de piedra. Las cascadas formaban esculturas de espuma. debía reptar con cautela entre la cortina de agua y la pared vertical de roca. «Usa el prisma de espejos que se halla al pie de la columna trunca». deja que te abracemos. El espacio. Las flores tenían un rojo fresco y palpitante bajo los aleros. Caminé por callejas. andaban tristes. Detrás. hurgué en lo profundo. Kunka me dijo adiós. agregó Kunko. escrutaban la distancia insondable al otro lado de las antorchas. Apreté vigorosa mente la cabeza y la hice girar. sobre todo. en la penumbra tornasolada de roca y de líquenes. La hoja no me sirvió de nada pues el agua. no retrocedas jamás ante tu propia imagen». Había es culturas en los vestíbulos y en los patios centrales por donde caminaba buscando un roble de cinco ramas iguales. que se elevaba pesadamente desde adentro. Dos hombres discutían. al tocar el agua. recordaría la aventura como un sueño. al caer. Me incliné. Los vecinos de Tava-Catú. Los Sembos son sentimentales. los dos Sembos decrépitos abrazaron al ayudante de Maese Pedro. De los filamentos desgarrados brotó una savia purpúrea que. dejando una fisura angosta y larga en cuyo fondo parpadeaban luces amarillas. me arrodillé. y se perdió entre las rebabas de la fundición. 23 Los frascos de oro refulgían. aunque seas de hierro». serpenteando.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos Kunko empezó a llorar. embriagados por el carnaval y el aguardiente. «Tus muertos mueren de risa». Resonaron chillidos como de llanto humano y grito animal y se abrió la roca. Entonces recordé que. Si fuese héroe de carne y hueso —pensó—. La Ciudad Limítrofe. Orellabac no tenía capacidad suficiente para elaborar aquellos datos. finalmente el agua se perdía entre las calles de La Ciudad Limítrofe en riachuelos ramificados. Caballero. Llegué a la catarata por una escalera tallada en el suelo. Al cabo de un largo trecho. agitando los brazos. entre geranios. no sin enigmas: «Ten suerte. En las riberas de los dos estanques se arrastraban filodendros carnosos. parecía absolutamente vacío. bañado por un fétido soplo. con floraciones y hojas blancas más largas que la estatura de dos hombres. No era fácil. respondió el otro. «Pero. cuya cúpula semiesférica se apoyaba en seis gruesas columnas de pórfido. no mires al Genio directamente en los ojos». «Déjanos abrazarte. Al costado norte se alzaba una estribación de la montaña por la que rodaban pequeños torrentes. Arranqué una de aquellas hojas blancas para protegerme.

Escogí la derecha. Estaba hecho de catón. Cuando puse el pie en la escalera. Tenía cinco para elegir: a mi derecha había dos posibilidades. pero si me desplazaba al lado contrario. El Genio se agitaba. hundido en el cristal hasta la cintura. reflejados en el cristal. A la izquierda se erguía una columnata trunca y. Unas me gritaban que cogiese el prisma. pues recordé que debía llevar siempre el anillo en el índice de la mano derecha. o entre varias de ellas si eran reductibles a dos. A la derecha del dado de cristal escarlata. Tomé una antorcha y busqué. un hombre se habría desesperado. Pero entonces. Empecé a descender. escuché aplausos y voces entonadas por coros y golpes de tambor. En cada uno de sus lados se abría una puerta y empezaban seis escaleras: no había derecha ni izquierda: ¿qué iba a hacer? Mis programas podían decidir únicamente entre dos posibilidades. Era mitad negro y mitad blanco. Le relampagueaban los ojos. En aquellas circunstancias. Escogí la derecha. Más adelante la escalera volvió a dividirse. A uno de los lados se entreabría una puerta.. Un tercer ojo amarillo le ardía en la frente. Página 27 de 59 . El canto habría aterrorizado a quienquiera que no fue se máquina como yo. la escalera se dividía en dos. O la suerte del Reino de los Deseos. frente a ella. Tenía alas grandes de paloma mensajera. A cinco varas de ahí relucía un prisma de espejos. Había antorchas clavadas en el suelo. los chirridos de bisagras se repitieron en sonidos sordos. Dudé largamente. se apoyaba una escalera para subir a la cara superior. finalmente. el Genio. de hilos y de papel. ( qué? Tal vez por una asociación mecánica y gratuita. mil novecientas ochenta y nueve gradas largas que se ensanchaban y extendían hasta diluirse en una sala de muchas puertas en cuyo centro se levantaba un gigantesco cubo de cristal escarlata. otras. Las escaleras se repetían. junto a las paredes. No vi a nadie. completamente domina do por los caprichos del azar. dando varias vueltas por el piso. No tuve otra razón para elegir). el anillo se me desprendió del índice y rodó. Escaleras abajo. donde se dibujaban los puntos negros del cuatro. no en dos sino en tres nuevas escalinatas en forma de pata de gallo. Empujé. En un descanso. las mismas antorchas y los peldaños angostos y gastados en el centro. Fue un descenso torpe y fatigo so. que le aliviase el dolor de su estado y luego lo quemase puesto que era de cartón viejo. Las voces vibraban con retumbo de piedra. Al inclinarme a recogerlo me vi cara a cara frente a una de las puertas: elegí ésa. Bajé. que me aproximase al Genio y lo besase. el puesto de la derecha cambiaba. Era un enorme dado. Llegué a un nuevo hexágono.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos pero no: entre las penumbras de ambulaban presencias invisibles y espesas. y se repetían con las mismas paredes lisas. no obstante la hora crepuscular. Desde muy arriba se colaba un cielo luminoso. luego seis más y. Trepé. un dado tan gran de que serviría para jugarse con él la suerte del mundo. aún para una máquina condenada a so portar aquella espiral de peldaños diminutos que hería el vientre de la tierra. Seguí descendiendo y dejé atrás catorce peldaños hasta un descanso. Empecé por excluir la puerta por la que había entrado en el hexágono. Las voces parecían transformarse en palabras. dos brazos con manos de hombre y otros dos con garras de león. No era sólo un cubo. y le caían crines de caballo por las sienes. llegué a la cara superior del dado (los puntos negros del seis miraban hacia arriba).. Primero fue un rumor de ruidos sordos.

con la columna trunca detrás. Volví a escrutar los espejos: el semblante reflejado en ellos había cambia do: era casi mi rostro. entre se seos de papel desgarrado. hasta que estallaron los aplausos. hundido en el cristal escarlata. y luego. en estalactitas escondidas antes por las penumbras que ahora se disipaban bajo una luz prodigiosa y repentina. me dijo. El Genio la levantó y la acarició amorosamente. Me dio las gracias silenciosamente. Tuvieron miedo a última hora» «Yo no conozco el miedo. Seguramente no nos encontraremos nunca más». insondable. Calló. el Genio era como yo. Los hombres de las rocas me decían adiós y se iban. Me aproximé cautelosamente. Tres. Después de un largo silencio. El Genio me dijo: «Gracias por liberarme. le dije. Caballero Mecánico. vigilando las imágenes fragmentarias en el prisma. como dudando de lo que iba a anunciar. Un búho cantó en la noche. cuatro de oro y una de plata. Vete ya. Los seres mitad-roca mitad-hombre se fue ron separando del minera!. y esos ojos dolientes de la soledad absoluta: pero yo era máquina de hierro y no Genio de cartón (pensé). como si una fuerza quisiese arrebatármelo. tomándome de la mano. Creí reconocer a uno de ellos. tropecé. como soñando con una victoria lejana. replicó. en las ci-mas de las columnas. 24 Tremolán se ajustó los pantalones y la blusa cuadriculada de Arlequín. reconocí un resuello animal y divino muy cerca de mí. De los siete brazos de hojalata brotaban llamas. Yo no había olvidado los consejos de los Sembos. El Genio forcejeó un poco. me la entregó con una advertencia: «Si no quieres extraviarte para siempre. rasgar de hojas tostadas y palabras que querían nacer. que dormía con los tres ojos abiertos. esperó unos instantes y. La vi por primera vez. y los gritos estallaron como una batalla a mi alrededor. Todos estos hombres lo intentaron. Algún hechizo desconocido. junto a la columna trunca. Kunka y Kunko. los dos ojos inferiores tenían el velo opaco de la soledad. Tembló el prisma. hojear de libros. «Vete ya». pero logré mi propósito: el anillo se bañó en las lágrimas del Genio (ya no era mi rostro) reflejado en el espejo. ¿cómo podía reconocer mi cara sin yelmo en un monstruo? Extendí la mano con el anillo de las once capas: una de estaño. Los cielos de Uruq se iluminaron con el estallido de los fuegos artificiales. y se desprendió de un golpe.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos El Genio. entre los reflejos prismáticos: sus imágenes dibujaban muecas de tristeza. despertó. Las voces mezclaban alegría con lamentos. batir de alas. alas y crines. dos de níquel. Sonreían. 25 Página 28 de 59 . silencio otra vez. Dos. Saltaba de un punto negro a otro del dado. Sobrevino un silencio aún más hueco y absoluto. Cogí el prisma y lo vi. casi tocándolo. apoyando manos y garras contra el piso de cristal escarlata. Sigue descendiendo». Su rostro irradiaba algo parecido a la felicidad. «Aquí está la lámpara que buscas». mientras recogía los pedazos de cartón dispersos sobre el dado: «Adiós. le observé mejor el rostro. pero la mirada queman te de mi tercer ojo los lanzó contra la roca y los fundió con ella. para retomar la antigua forma de carne y hueso. percibí el silencio agotador que invadía el espacio. con garras. estaba roto y el anillo era invisible. Soy máquina». no pretendas regresar por la misma ruta de escaleras que te trajo hasta aquí. Concentrado en mi exploración. Entonces registré lo imprevisto: los que gritaban y aplaudían eran seres mitad-roca mitadhombre que se agitaban en las pequeñas naves y nichos de las paredes. Me levanté. Cuando estuve cerca del Genio. Di un paso más. El tercer ojo emitía un rayo quemante. tres de cobre.

Resuenan clamores sobre las cuadrículas. Tiemblan las torres. dicen dos peones con voz amarga. «Olvídanos». como buscándose en él con los tres ojos sin parpadear. Las hormigas no recuerdan la ruta porque no hay memoria en el denso tiempo sin pasado. la red pectoral. El rey blanco enrojece y el rey negro palidece de rabia. el rey blanco y el rey negro. los ojos de fuego. Caminó por largo tiempo. «No perteneces a este campo de batalla». y no conocen la esperanza de acabar jamás. en un viaje doloroso y fatigante hacia el olvido total. Orellabac registró los detalles de aquel encuentro. bajo una roseta. dice el rey blanco. vocifera el rey negro. dice el rey blanco. « ¿Eres. La escalera. alumbrado por la lámpara de hojalata de las siete llamas. muchas horas y tal vez días. Orellabac sale por la boca de un mandril de garras crispadas y ojos llorosos. palidecen de in dignación (porque así se indignan las es posas de los reyes y se ponen verdes de tanta rabia). Cuarenta y ocho gritos de infamia sacuden el mundo. conforme bajaba. las reinas... combaten a la cabeza de dos ejércitos. El rey blanco y el rey negro se inflaman de justa cólera (porque su cólera siempre es justa). Página 29 de 59 . y se zambulle en los tiempos espesos de La Ciudad Cuadriculada. «Vete».Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos El Genio estudió minuciosamente al Caballero. los tres arcos de una puerta abrían el laberinto hacia el exterior. pregunta el rey negro. sin pasado y sin porvenir. la cara larga. las escarcelas que se abrían como dos leves alas sobre las caderas. las rejillas por donde se pintaban brochazos de luz. dice el rey blanco. Saltan los caballos. en Tava-Catú. como la gárgola de bronce de Tava-Catú. Le miró los pómulos salidos. descubrió en la columnata una puerta inadvertida hasta entonces. « ¿Haces aquí?». Los reyes del mundo. «Aquí no cabes». Orellabac trastorna la guerra total cuan do su lámpara baña de luz las penumbras y ahoga los reflejos negros y blancos. dice el rey negro. repite el rey negro. porque el porvenir es imposible. La señal fue buena: entró e hizo los cien mil setecientos cin cuenta y ocho escalones en caracol. Pero no podía detenerse a reflexionar demasiado pues debía regresar al taller de los Sembos. «Vete ya». escalón tras escalón. «Vete. pregunta el rey blanco. Finalmente. abriéndose en círculos cada vez más anchos. despidiendo olor a azufre y a papel quemado. los quijotes brillantes. insensato?». «Aquí nadie te necesita». observó el yelmo de hierro levantado. hacia la realidad del tiempo detenido. ya abierta. vete». Luego la pendiente se fue suavizando y los peldaños se diluyeron en una galería de vitrales que teñían el piso de todos los colores. dice el rey blanco. Los caballos (Los negros y los blancos) se encabritan. dice el rey negro. Las mujeres. dice el rey negro. En los cielos de la Ciudad Cuadriculada flota una cinta retorcida sobre sí misma que recorren tres hormigas incansablemente. « ¿Has llegado?» pregunta el rey negro « ¡Los elegidos juegan el juego del poder!». los jinetes (los blancos y los negros) aprietan las lanzas. «No alteres nuestra guerra». parecía elevarse en vez de bajar. ascendían espectros encorvados. «Vete». donde no hay relojes porque sólo existe un presente inmóvil. para dar les la lámpara. «Vete». desapareció en medio de una fumarola amarilla.. con reinas y consejeros dedicados a azuzar el rencor. como hombres sin esperanzas. dice el rey blanco. Cuando se disponía a abandonar la cara superior del dado. Finalmente.. Si hubiese sido hombre —pensó— se habría estremecido: por una escalinata paralela.

La lámpara les hiere el rostro. «Es imposible que existas». «Desaparece de este mundo». Relinchan los caballos con relinchos negros y relinchos blancos. «Ves bien».». «Veo penumbras» responde Orellabac. De pronto las dos reinas. «Aléjate». finalmente. por entre los guerreros blancos y los guerreros negros y. con el poder sobre las cosas. (Orellabac no entiende nada) «Porque has de saberlo ya. a los blancos. mientras discuten en el teatro vacío.. le grita un rey al otro. (Los blancos y los negros) Crece la irritación de los reyes. dirigiéndose a los negros. e ignorando al ayudan te de Maese Pedro. « ¿Qué profanas nuestra santa guerra?». (Orellabac no entiende nada) «El tic tac de los relojes comienza con los placeres del vencedor». dice el rey negro.. dice el rey negro. «Distorsionas los embates. (Orellabac no entiende nada) «El tic tac de los relojes sólo puede ser la voz de mi victoria». « ¿Ves?». dice el rey blanco. «No puedes entrar en las cuadrículas». evocando lo que repite Maese Pedro.. «Sólo hay una corona». La presencia del Caballero Orellabac trastorna el orden de la guerra. lo abandonan a las armas de los ejércitos bombardeados por el eterno silencio de las hormigas sin memoria y sin esperanzas. «Advenedizo». dice el rey blanco. «Nos disputamos el reino». dice el rey blanco. (Orellabac no entiende nada) «La vida es triunfo y derrota». «Tú no existes». exclama el rey blanco. «Las penumbras desaparecen si resuena el tic tac de los relojes».Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos « ¿Pretendes?» exclama el rey negro. «Los reyes son cómicos y horrendos». Caballero». piensa Orellabac. dice el rey blanco. dice el rey blanco. pregunta el rey negro. a las hormigas. (Orellabac no entiende nada) «Ya percibo los vientos del olvido. » « ¿Tú los secretos del dinero?». (La del negro y la del blanco) Se irritan la reina blanca y la reina negra. En la parte oscura del rostro (y también en la parte clara) les palpita el odio. le dice el rey blanco. chilla una reina. Chillan los soldados. mitad luz y mitad sombra. ¿Acaso no te das cuenta?». dice el rey negro. dicen dieciséis infantes con voces negras y blancas. dicen los jinetes. dice el rey negro. «Tú sobras en esta ciudad». gobernando la palabra obtienen poder sobre las cosas y. la reina blanca y la reina negra. «los gobernantes gobiernan la palabra. salen de sus bastiones cuadrados. logran la obediencia.. lo empujan sesenta y cuatro veces por el campo de batalla. Página 30 de 59 . dice el rey negro. Pregunta el rey negro. después de las funciones. dice el rey negro. junto a las torres y los caballos. chillan las dos reinas. dice el rey blanco. (Orellabac no entiende nada) «Únicamente con los vientos del pasado y del porvenir se disipan las penumbras». aprietan al Caballero Mecánico por los guanteletes.

Se había posado sobre un muro y luego había saltado junto a mí. Mimbo se sentó a mi lado. y el rey negro. sobre cuyo aislamiento total e intransigente flota una cinta retorcida con tres hormigas en marcha perpetua. más gruesas. dice el rey blanco. Atrás quedaba el campo de batalla cuadriculado. precediéndome. No había por qué perder la esperanza. déjanos cumplir con la obligación de nuestra guerra final». Tenía alas de mariposa. Mimbo echó a andar.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos «El que bautiza es dueño». y mis aventuras (que algunos llamarán desventuras) siguen porque estoy destinado a buscar el Libro de los Deseos». Hablan así y se miran otra vez como bus cando la propia cólera en el adversario. yo no: las máquinas no tienen salvación. y llevo la lámpara de hojalata de las siete llamas cuyo aceite servirá para repeler a las Sombras. Las noches de carnaval son largas. Las reinas se arrancan los ojos con el gesto. replica el rey blanco. resuena el me tal de la batalla. (los blancos y los negros) Por tercera vez relinchan los caballos negros con relinchos negros y los caballos blancos con relinchos blancos. ondean banderas y baten los tambores de los que van a matarse. De pronto sobrevino una gran calma. y se agitaban en vórtices por los que brotaban gemidos. No lo había visto llegar. Era una planicie de gramíneas dora das y de plata. de los relojes y de la historia». «Te guiaré». 26 Tremolán era fuerte. Estallan nuevos relinchos. desde la cuadrícula blanca. dijo. gorjeando como las aves. hasta que una puerta se abrió en la muralla. Página 31 de 59 . cuyo horizonte se pegaba al cielo corroído. Tava-Catú puede salvarse. los guerreros se vigilan mutuamente. con ojos de baraja gastada. «El dueño de las palabras es dueño de todo». no has venido. dos de níquel. La llanura se abría. En las cuatro esquinas del tablero resuenan trompetas. Ahí estaba la primera Esfinge. olfateando y tensando las orejas. «El rey victorioso es dueño de la palabra. que había dejado de existir para los guerreros blancos y negros. Más allá se extendía la Llanura de las Es finges. atravesé las filas y las torres artilladas y abandoné la plaza del tiempo detenido. bus cando la salida de aquella ciudad del infinito presente en la que dos reyes se disputan el mundo. desde la cuadrícula negra. Caminábamos con dificultad. Mimbo se detuvo. Las hojas lanceo ladas se hacían cada vez más altas. alejándome del grito de los reyes. Ven». «pues sin mi compañía te será imposible recorrer la Llanura de las Esfinges». Las hierbas se mecían en ole ajes sucesivos y parecían cantar y decir palabras con susurros de metal agitado. dice el rey negro. (la reina negra y la reina blanca) Los consejeros se azuzan. le gritan a Orellabac con voz quejosa. Nos abrimos paso lentamente. arrancándole espacios al bosque de espadas. no existes. una de estaño. Ya nadie se fijaba en mí. del grito de los jinetes y del grito de los infantes. gritan a un tiempo. 27 Así. sonriendo. y entonces el rey blanco. Pero ahí estaba otra vez. Me dijo: «Los Sembos te esperan. del grito de las reinas. Yo pensé: «Tengo el anillo de las once capas. más grandes. y me observó con ojos alegres. triste y prolongada: «Abandona el campo de batalla. cuatro de oro y una de plata. tres de cobre. nadie te ha nombrado. mientras caminaba de un baluarte a otro.

emprendió el vuelo. caminando suavemente. La cabellera de alambres sedosos y primitivos. en un instante perdió el aire de lejanía y clavó los ojos en mí desde lo alto. soy máquina». Mimbo tensó el cuerpo. Cuando batían las alas. los ojos perdidos en la lejanía. Las hierbas zumbaban. todavía desconozco las pasiones». y las preguntas de las Esfinges son horrendas». pues hacía ya muchas noches que no acariciaba una piel tibia. De pronto una Esfinge nos cerró el paso. «La pregunta de la Esfinge es más terrible que la guerra». Luego aceleró la marcha. El aire agitado levantó polvaredas sobre las hojas. Desde su inmensidad habría podido triturarnos. 28 Tremolán seguía en su búsqueda minuciosa cuando se cruzó con un carro de gitanos que se sumaban a la fiesta. En seguida volaron otras dos. y Tremolán se agitó. «No soy hombre. Vibró el suelo. aullidos. «Nos harán preguntas. llantos de aluminio. Crepitaba al sol —que se había encendido brutalmente— El cuerpo de león refulgía. Yo lo seguí a paso firme. Sus metales destellaron. Un poco más allá. Pero la Esfinge me miró a mí. Los cabellos de cobre se le mecieron frente al rostro. sin distraerte. Sí. oculto bajo grandes alas emplumadas con navajas. 29 Mimbo se detuvo. No resisten nada que les parezca nuevo». Pero no dijo nada. Dos perros le ladraron desesperadamente. posándose en tierra con agilidad de ave y de felino. « ¿Silencio?». y se puso a flotar ahí. Pero dormía. por la llanura. «Nos sintieron. salvo lo que decía la gran tristeza de sus pupilas secas. parecían los ojos de alguien (bestia. le escondía el rostro. La brisa meció la hierba con suaves oleajes.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos Era de hierro. Le vi las garras. La bandada se elevó muy alto en el cielo. Tenía plumas de bronce. La tarde se desplomaba con un viento agitado. nos extrañan. parecían livianas como pájaros errantes. Pasamos de lejos. fijando la mirada en el cielo. arremolinada por el viento. hasta que dejamos atrás la llanura de aquellas fieras del enigma. Sus ojos secos evocaban la tristeza de los hombres.» « ¿Dijiste?» Página 32 de 59 . respondió. «No te dije que desearas. Sus cabelleras nos apuntaban como rayos de sol. Mimbo la observó fijamente. Una joven le hizo un guiño. aleteando. exclamó. otra Esfinge. Escuché voces.. entrechocar de metales y zumbidos. Mimbo se movió. plegó las alas y se abandonó a nuestra presencia. retándola. Pensé que era el fin. Las demás Esfinges se dispersaron. Las ruedas crujían contra las piedras. ronroneando como un gato al calor. dijo Mimbo.. «no sé desear. Tenía una expresión bella y helada. rugiendo. más grande aún. La Esfinge distendió las garras sobre la hierba dorada. con un leve balanceo de la cola. hombre o dios) condenado al delirio de un cuerpo metálico. me dijo. Torció el cuello y volvió a extraviar los ojos en la distancia. pregunté. que deseas estar en el taller de los Sembos». «cierra los ojos y piensa. roncando con ronquidos de muerte. Una fuerza superior comenzó a inundar el mundo cuando la Esfinge tembló y gimió. rugidos. Yo esperaba su palabra enigmática. causando turbulencias en la hierba. que una pregunta suya me aplastaría. «Tuviste suerte». y luego una bandada rutilante cayó en picada y volvió a elevarse. «Caballero Orellabac’>.

te encontrarás a su lado al abrir los ojos. «corre. con palidez de carne a punto de transfigurarse. no soñaba. Mimbo le hablaba: «Concéntrate. mientras corría hacia un templete de terracota. junto a la fragua. rojo carmín. rojo el templo de piedra roja que se elevaba a unos cuantos pasos de ahí. pero impone una regla. Caballero. porque es preciso hacerlo. rojo púrpura. . rojo sangre. previó su mundo. no muy lejos. Rojo azul... Pero esfuérzate. Los torbellinos removían el mundo con fauces de fragua. «Ven». dijo el ser de las metamorfosis. calcinando todas las cosas. que se había convertido en niño. cazan do Sombras a escobazos.. entre los frascos de oro. Sus rayos eran pálidos. bañado por los resplandores de la fragua. pero calculaba. nieve sangrienta. Su voluntad de máquina flotó. Había algo vago y ausente en las palabras de Mimbo. que se creía máquina. rojo el ropaje del cielo nublado con desteñidas nubes rojas en fuga. La tierra expelía vapores rosados y líquidos de terracota manchada. piensa que deseas estar en el tallerdelosorfebresahuyentan doSombras. pensó que deseaba estar en el taller de los Sembos. granizos de conflagración. piensa en el deseo de encontrarte con los Sembos en su morada de frascosdeoro. Si sabes pensar que lo deseas. rojo negro la tormenta lejana. Cuando abrió los ojos se halló en la región imprevista de las tormentas de fuego. y era rojo pálido el sol. El sol flotaba entre los meandros de una aurora triste. rojo escarlata. se representó a Kunko. y calculaba bien: aunque Mimbo hubiese sido un personaje de (sus) sueños (o quizás por eso mismo). algo había fallado. ceniza metálica. rojas las plantas. «Mientras acaba la tormenta sólo es posible guarecerse aquí. hay que saber pensar en el deseo». fuelle en mano. rojo granate. Caballero de Hierro. La Casa de la Memoria resiste el fuego y protege a los que buscan cobijo en su interior para salvarse. evocó la felicidad perdida de Tava-Catú. no es cuches el aire silbar con sonidos quemantes. La voz se hacía sorda y confusa: Piensa que deseas estar en eneltallerde losorfebresKunkoyKunkahuyentandoSom brasconlassieteIIamasdeIa1ámparadehoj El artificio no resultó. Mimbo hizo una mueca. produciendo ríos de incandescencia y lagunas ardientes. en la Casa de la Memoria. nieve roja. Lenguas de fuego se abatían en vendavales. Orellabac percibió un desgarramiento. como si hablase en sueños. te fundirás bajo las llamas de la tormenta si no te das prisa». En la región imprevista de las tormentas de fuego las cosas se teñían y se desteñían con vértigo de incendio. gritó con voz de niño. » Página 33 de 59 .. . Porque el ayudante de Maese Pedro no vio Sembos en ninguna parte. rojo lila. nieve triste. convenía obedecerle. rojo marrón.. rojo minio. era rojo el horizonte. El cielo era rojo. «Estamos en la Casa de la Memoria». Al abrir los ojos. Mimbo había empezado otra mutación. El cielo vomitaba fuego líquido. Llovían rescoldos a lo lejos.. mole dura de brasas como nieve dolorosa y manchada. El ayudante de Maese Pedro. o desde un sueño. pero cuídate: olvida el golpe de las brasas contra los tejados. rojos los terrones.. entrégate a un solo recuerdo. entrégate a un solo recuerdo.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos «Te dije que pensaras en el deseo de estar en el taller de los Sembos. Cerró los ojos. y el mundo era púrpura. igual que los aparecidos cuando hacen señas desde la penumbra. concéntrate. Mimbo y el Caballero Orellabac entra ron en el templete cuando va la lluvia los salpicaba. piensa también que les entregas la lámpara de hojalata de las siete llamas. se los imaginó labrando metales. flotó en la vaga materialidad de las estrellas. piensa en el deseo de estar con los Sembos en su morada de frascos de oro. una sola regla. rojo azulado..

En su almacén había cosas. «¿Qué te parecen estos manuscritos? Son cuentos. ropa. Sentado junto a una pila de manuscritos. los personajes de los cuentos y las bestias fabulosas. álbumes. mientras los hojeaba cariñosamente: «Quien desee la salvación en la Casa de la Memoria. algunos de los cuales jugaban a la gallina ciega en un charco de espejos pintados. y volvió a meter la nariz en el reloj que tenía desarmado sobre la mesa. escuchó al relator de todos los cuentos maravillosos. me invade la melancolía y recuerdo a Baltasar. libros de aventuras. reconoció el ajedrez de Alicia. Leía re vistas como loco. series de relatos y aventuras maravillosas. entre papeles y humedad de tiempos viejos. y leía. Habló así. Mientras el toro se perdía en la plazoleta de la Iglesia. rompiendo las macetas de begonias. olvida cómo se llama». Sí. Perdí la respiración. con la espalda magullada. A veces un chorro de aire caliente agitaba las hojas y las abría en lugares caprichosos. sin orden. olvida el pasado. muchos años después. des variando. muebles y. donde flotaría para siempre un aire de sorpresa. —me dijo Baltasar cuando le conté la anécdota— no sólo los hombres descifran el signo de la fortuna. pergaminos con iluminaciones. regándolas por el suelo. donde Página 34 de 59 . Mimbo entresacaba hojas y las desordenaba. y trotó calle abajo. El vendaval crecía con furia. lo olvida todo. fábulas. te convido a acurrucarte en lo imaginario exclamó. Me hirió su mirada taciturna. corría a refugiarme en aquel reino. vio al niño al que le crecía la nariz cuando mentía. Orellabac creyó reconocer algo parecido a la sorpresa.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos En su pecho de hierro. y logró anticipar la historia infinita de Michael aún sin escribir. Resbaló dos veces. debe ignorar los gritos del fuego y abandonarse al encanto de una historia». salía corriendo a gastar me el dinero en la compra y venta. abandoné mi casa. Los sábados. mientras pasa la tormenta. siempre rodeado de una aura fantástica. historietas. Si me fastidiaba la Escuela. Te leeré el relato de Baltasar y del niño aficionado a las historietas. vio también los libros del hidalgo que había enloquecido por envidiar a los aventureros. muchas cosas. »Escucha». sobre todo historietas con dibujos a colores que llenaban estantes y formaban montañas sobre el piso. casi palpé las babas que derramó por el zaguán. sobre el que jugueteaba un efrit del desierto. Después. así como los restos cristalinos del soldado cuya locura fue creerse de vidrio. levantando nubes de polvo entre los jinetes. y las releía. cuando me remonto a la infancia escuchando el aullido lejano de los perros. historietas y dibujos. historias que sirven para salvarse del olvido. Era una compra y venta. —No te extrañe. todas las cosas. palimpsestos. también lo hacen los animales. La Casa de la Memoria era una biblioteca con libros de todas clases y de todos los tiempos: rollos antiguos. No entendí lo que dijo. aterrado.. revistas. todo lo que sobraba en el mundo estaba ahí: máquinas. como en los libros de misterio. para ganarme unas pesetas. adivinó la existencia del volumen infinito de los seres que jamás existieron. Los papeles flotaban unos segundos y luego caían suavemente. especial mente. hasta meterse en la casa de mis abuelos por el so lar del fondo y por la puerta de la cocina. 30 El toro huyó. no te extrañe. y salí corriendo a buscar refugio en las historietas de la compra y venta.. Orellabac identificó a sus autores predilectos. olvida el presente. Halló ilustraciones numerosísimas: en una de ellas un niño amaestraba a un toro para que luchase contra los héroes de las historietas. El niño Mimbo cogió unos papeles y si guió diciendo. «Si uno les pone atención a las voces de la lluvia ardiente mientras está en la Casa de la Memoria. antes de salir a la calle por la puerta de enfrente. ayudaba a las señoras a hacer las compras y recorría las calles de Alaj con mil bolsos repletos de verduras. Hoy. «Orellabac.

dejé de ir a los ríos con mis amigos. A mí se me metió en el alma el deseo de entrar.. Algo que no puedo definir resplandecía en él. cerrada siempre con canda do. Me puse pálido. hasta el lunes de angustias en que el toro se metió en mi casa. Llegaban olores. Los fonógrafos rotos se apretaban contra maniquíes y pilas de discos y libros. junto a la lechuza disecada. Siempre estaba insatisfecho. el Página 35 de 59 . Pero debo decir que las revistas me ofrecían generosamente lo que de otro modo me parecía inaccesible. Luego Me dormía al primer canto de los gallos. a esa humedad polvorienta de las bibliotecas del trópico. despedía una luz tenue y aroma a cedro. la puerta chilló. fonógrafos y ropa de tercera mano que esperaba cuerpos de mejor ventura a quienes arropar. más pequeño de lo que suponía. La apariencia. El efecto de repetición se multiplicaba en los muchos espejos manchados que había en las paredes. Los lectores de revistas se sentaban donde cayera un poco de luz. diablos. Los clientes iban y venían por donde se les antojaba. sólo pensaba en los héroes cuyos deseos se hacían realidad. Pero siempre se había negado. muchos títeres. consistía en cuartos pequeños comunicados desordenadamente unos con otros. a la que llevaban diez peldaños angostos de madera. unos sobre otros. Había espejos y disfraces como en los otros cuartos. me puso la mano sobre el hombro y me dijo: —Entremos al lugar de los secretos. con las páginas rotas. las de aventuras.. Al yerme tan abatido. a queso rancio. faltaba a la Es cuela. Entré temblando. me creían enfermo. atosigado por héroes míticos. Por la noche. infinidad de objetos. leyendo hasta más no poder bajo las penumbras del mostrador.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos alquilaba historietas y me confundía con infinidad de objetos extraordinarios. El tiempo no me rendía para leer tanto ni el lomo bastaba para aguantar las bolsas de todas las señoras que iban al mercado las mañanas ardientes de los sábados. Y no tengo derecho a aburrir al lector hablándole de las basuras y ratones que aquel reino de estropicio compartía con el resto del mercado. a pescado. Abrió el candado con una llave negra. Aquel ser-vicio de alquiler no tenía igual en Alaj ni en ninguna otra ciudad. las de relatos fantásticos. y títeres. por el que pasaban todas las cosas del mundo. diciendo cómo era y qué sucedía en ella. soñando con máquinas del tiempo. La compra y venta regalaba tardes de abundancia. En fin. a la búsqueda de quién sabe qué objeto salvador entre aquel desorden universal de todas las cosas. ángeles con alas amarillentas de tanto rodar por el mundo. Se lo rogué al viejo muchas veces. Sobre una tarima reposaba un viejo cofre de madera oscura. En cada cuarto había objetos. y el detalle de las páginas desgarradas. Casi siempre la risilla metálica de Baltasar se infiltraba en mis historias. casi al punto del extravío (así lo recuerdo ahora en la lejanía de la memoria). re pasaba las historias que había leído ese día. que es imposible describirla con una sola descripción. Las arañas no tenían tiempo de tejer pues era imposible que las telas sobrevivieran un día entero al movimiento de personas y de cosas. cuadrito por cuadrito. rememorando la acción paso a paso. se transformaba en el instante mismo de describirlo. A la compra y venta iban y venían todas las revistas del mundo. El lugar prohibido consistía en una cámara pequeña. como lo llamábamos mis amigos y yo. Habría que comenzar y recomenzar gran cantidad de veces. pegado a sus talones. Yo las devoraba todas: las de terror. a humedad. sin tapas. Cambiaba tanto y prometía tantas cosas de un segundo a otro. sucias y malolientes. Era como uno de los gigantes de cartón que colgaban del cielo raso. Había fantoches de carnaval: gigantes. y aun así no acabaría jamás de contar porque aquel sitio. También existía un lugar prohibido. calaveras. Así era la cueva del anticuario. Olía a fruta podrida. todos los olores. la cueva del anticuario. en continuo ir y venir. El lugar. aprovechó un segundo de respiro. mientras es cuchaba el aullido lejano de los perros. A veces terminaba dormido.

salió todo el mundo.. obsesiona do ya por una curiosidad irresistible. Mis amigos tenían coraje. como para abreviar las cosas en mis fantasías. quien seguramente se había olvidado de mí. pues aquel día pasó el tiempo entre atender a los clientes y reparar un reloj de pared que tenía desarmado sobre la mesa. simple mente aterrorizado. dando un por tazo. para subir los diez escalones y entrar en la cámara de los secretos. le untaron de boñiga el bigote. Tuve que valerme de todos mis berreos para que no fueran a cometer una locura. Mis temas predilectos pertenecían a los paisajes de Alaj. ¡Si mis amigos hubieran conocido mis intenciones! En realidad ya había elaborado el plan desde hacía varias semanas: un viernes saldría temprano de la Escuela. Jojoles. hasta caer en sopores de de lirio. Entonces no le entendí lo que decía. especialmente cuando acentuaba el perfil de las figuras con líneas negras. entre otros. Pero cuando intenté acercarme. Yo los admiraba mucho. trepábamos a los árboles y hacíamos guerras de frutas y semillas. no eran tan amigos de las historietas como yo ni se sentían fascinados por la compra y venta. hurtaba frutas maduras. tocar. apagó las luces y se fue. los más queridos. no me gustaba ir. Baltasar se apartó y me dejó admirarlo por espacio de largos minutos. por cansancio o por la confusión en el ir y venir de la compra y venta. Fredy.. mi vecino. Baltasar les parecía un viejo pirata. me bañaba en los ríos. sin más ceremonia que la habitual. un basurero.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos color. Después volvíamos a la casa sedientos. un domingo de desdicha en que lo encontraron durmiendo bajo un poyo del parque. Flauta. mientras nos bañábamos en el río junto al Bote de Piedra. me dije y me repetí que abriría el cofre. Yo me había quedado dormido. A mis amigos. Yo merodeaba con mis amigos por las colinas cercanas. Baltasar me dio unas revistas. y me quedaría ahí hasta que cerrara. Leí furiosamente. incluso Baltasar. mientras salíamos y Baltasar volvía a poner el candado. Cuando llegó la hora de cerrar. después me enseñó el cofre y yo me animé. embriagantes. se les metió en la cabeza que nos quedáramos escondidos entre los fantoches y abriéramos el cofre cuando Baltasar se hubiera marchado. Lo recordé aquel lunes. La noche del lunes tardó en llegar. tocar. Confieso que dibujaba bien con lápices de colores. Dibujar paisajes y leer historietas me aliviaba. A un pordiosero malhablado. cada vez más confundido con los muñecos de fanfarria. oír las bisagras chirriantes. Fui corriendo al mercado. corríamos. Tati. Ernesto. Quise abrirlo. Flaco y. y mi primo Gerardo. el viejo se interpuso y malogró la fascinación: —No juegues con los deseos. Conocía sus juegos terribles. y con un recuerdo de begonias rotas. la compra y venta. irradiaba esplendores extraños. peleaba con los coi Sólo obtenía buenas calificaciones en dibujo. Estaban. atisbándome maliciosamente. Me reñían las maestras. Se imaginaban cosas irrepetibles. como solía hablar desde su enjambre de maquinillas muertas y óleos resquebrajados. Habló con ojos chispeantes. o el bajorrelieve tallado minuciosamente en la tapa.. Al final de la tarde. Y no iba yo a facilitarles una broma pesada en el reino de Baltasar. En una que va y otra que viene. Sin embargo. El toro que se metió en mi casa me había dejado sin aliento y sin alma. cuando me pro puse abrir el cofre yo solo. me iría a leer revistas durante largas horas hasta pasar inadvertido del viejo. Creo que refunfuñaba. Caminábamos. Sido.. con incrustaciones. Pero. oliendo tufos de queso rancio y pasando febrilmente de una historia a otra. Joaquín. meter las manos en su interior. enardecidos de curiosidad. Página 36 de 59 . y gasté el día bajo el mostrador. Pasé aquel día en la compra y venta. Todos los sábados escapaba con mis amigos por esos montes de Dios. Pero mi historia se precipitó aquel lunes de sorpresas. le yendo revistas bajo el mostrador. sucios y cansados. Yo no me sentía bien en la Escuela. hablamos del misterio de aquel rincón del anticuario que no conocíamos. y prefería todo esto a los tormentos de las tareas escolares.

lombrices de papel con anteojos.. El fantasma del toro.. Al entrar se cerró sola a mis espaldas. le di vuelta por tercera vez y sonó un clic. acabas de llegar al Reino de los Deseos. Las palabras quieren venir y no vienen. Pienso ahora en ello y los escalofríos me recorren la espalda nuevamente. Me volví. turbado aún.. me confunde un poco recordar la noche prodigiosa en que debe ría haber sentido el más grande de los miedos. Eran de cebo. Contemplé el cofre. reyezuelos de naipes desiguales por arriba y por debajo. Apreté la llave de bronce ennegrecido. se pegaban a los espejos. Esos destellos hacían reventar espectros en los espejos y en los metales. —Hijo mío —exclamó con voz aguda y entre risillas—. Si en aquel instante hubiera querido cerrar la tapa. El mercado nunca se queda por completo a oscuras: aquella noche observé por primera vez las lenguas de luz infiltradas como cu chillos por las rendijas. Pero me he pro metido olvidar lo menos posible y contarlo. volvió a estremecerme. perros en muletas. corrí hacia la habitación del gran enigma. Aspiré su aroma. La luz dibujaba líneas temblorosas entre las máquinas y las marionetas colgantes. Muchos años después. sobre el tumulto de cosas viejas.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos Cuando desperté reinaba un silencio nocturno. También soplaba un aire turbio. salió un enjambre de figuras extravagantes y voló. y con frío. entre cuadernos y hojas manuscritas. Una pareja de gatos se puso a maullar como diablos en celo. Dos ratones se asomaron por la boca negra de un payaso. la historia verdadera —Que muchos no podrán creer— se resiste a salir de su memoria de penumbras y de mis fiebres de la infancia. que estaba en el ojo de la cerradura. seguí el plan. La hice girar. Un viejo de barbas blancas y batón celeste adornado de estrellas me hizo guiños. El aroma de cosas viejas se hizo más in tenso. Los bichos saltaban chillando. una tortuga. sin echarme atrás. flotaban como globos de fiesta. Pero como yo no iba a quedarme solo con unos cuantos suspiros de luz. haciendo aspavientos de carnaval. En aquel instante hubiera preferido la compañía de mis amigos y. temblando de miedo ante las penumbras y. La tiré un poco hacia afuera. titubeando. y me resulta difícil evocar ciertas cosas. Aquel lugar des pedía el encanto de los rincones tibios. querido lector. embelesado. hijo mío. Cuando levanté la tapa. me confunde.. ya no habría podido: del fon do del cofre. bufando en el zaguán de mi casa.. conejos sin pelo. una liebre. por mi conciencia atenazada entre la curiosidad más grande del mundo y la fruta prohibida. un intenso y renovado perfume de cedro amargo me invadió los pulmones. y nada. Eran fantasmas amarillos. Una gota de cebo me quemó los dedos. A tientas. como animales de patillas heladas. A mi alrededor reinaba el caos de todas las bestias del mundo: el ángel agitó las alas de cartón mientras los payasos hacían piruetas. Desde el fondo del cofre se elevó un brillo blanco. Cinco dedos metálicos me apretaron el hombro. una cabra con anteojos. empecé a temblar. co mo si galopara ahí mismo. me fui incorporando poco a poco entre los trapos llenos de alambres de un gigante y un ángel de feria que me oprimía con alas de cartón. sí. El olor a grasa se pegó en todas partes con ventosas de ungüento rancio. Con escalofríos. La empujé y abrí. el gigante de los festejos abrió un ojo Página 37 de 59 . tal vez. La hice girar nuevamente. acaricié las figuras talladas en la madera y perdí el miedo. como gallinas alborotadas. Curiosamente la puerta estaba sin candado. sin embargo. y nada. Cuando el viejo de barbas blancas y batón celeste adornado de estrellas me dijo que había llegado al Reino de los Deseos. angelillos emplumados. Sentí estremecimientos en la espalda. Temblé mucho. gallos sin plumas. lagartos transparentes. ya viejo.. busqué unas candelas (ya había visto dónde las guardaba el viejo) y las encendí.

Baltasar se abandonó a la ensoñación y los ojos se le humedecieron. no escuchar. en vez de cobrarme la falta: —Niño. se volvió loco repentinamente e. Sacó un puñado de cuadernos amarillos del cofre. los abrió y. ya es hora de partir. «El aire está puro. leyendo o contando de memoria. este cofre es la puerta de acceso al Reino de los Deseos. no registrar nada. Sentí un ardor de culpa en el pecho.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos inmenso como el sol del Caribe. dijo. lea. severamente. Cuando completó la metamorfosis. «Orellabac». niño. —¿Cómo? —Sí. Lo recordé muchas veces... El viejo chillón se rascó la barba blanca y clavó los ojos en mí. A mí alrededor flotaban fragancias de cedro antiguo. Un vientecillo fresco se coló en la Casa de la Memoria y acarició los libros. Lo hacía ya. —Ya es tarde. Daremos el gran salto. —Hijo mío. A esa hora no quedarían vestigios del reguero de macetas que dejó el toro en mi casa. tenemos suerte». niño. La muralla de antorchas se ha extinguido y las Sombras roen ya las piedras blancas de Tava-Catú»... te contaré la historia del Reino de los Deseos y un hombre que se creía máquina. en la compra y venta había fiesta. Apretando las riendas. El querubín de plata chorreaba café en una esquina. lea. de su abuelo. alzó la nariz y olfateó. Lo heredé de mi padre. que se hizo más grande y más fuerte. Subí sobre el caballo. Tenía razón el viejo: mi familia me echa ría de menos. «el fuego se ha calmado. entremezclan do su fuga con las historias de Baltasar. —No. Baltasar me habló apaciblemente. Tenía los de dos fríos. Me había pillado. Pero debes cerrar los ojos. a su lado. El viejo me tomó del brazo y me hizo sentarme en el suelo. Sólo con los ojos cerrados es posible dar el gran salto por los atajos del tiempo y del espacio y abreviar distancias y viajes infinitos. mientras mi abuela llegaba a tranquilizar me y me llenaba la vida de tiernos y gene rosos recuerdos. dijo Mimbo. que trabajaba como ayudante del titiritero Maese Pedro. Pero no era el momento de pensar en ello. «Anda. Regresa mañana para leerte los manuscritos. Los piratas lo abandonaron. — ¿seguro? — ¡llévame! En aquel instante reconocí a Baltasar. y sus crines me arropa ron. Algún día aprenderás a hacerlo por tu propia cuenta». imaginándose que era robot y que tenía cuerpo de hierro y circuitos integrados en vez de corazón. extasiado. Mimbo se transfiguró entonces en caballo de largas crines plateadas. Las constelaciones titilaron en su batón celeste. En tu casa andarán buscándote. en una playa del Caribe. quiero oír la historia hoy mismo. Orellabac. hace mucho. En él se encuentran las memorias de un titiritero al que llamaban Orellabac. nuestro héroe. no —le dije—. —Yo también abrí el cofre cuando era niño como tú —dijo—. ¿Quieres entrar? —Sí. Kunko y Kunka te esperan. volteándose hacia él. —Cuéntame la historia —exclamé. cuando la memoria se me llenó abruptamente con la imagen de la Página 38 de 59 . vete a dormir. entre ardores de fiebre. recorrió tierras extrañas y visitó el Reino de los Deseos. haciendo un gran esfuerzo por separarse de los papeles donde estaba escrita la historia del viejo Baltasar y del niño que se extraviaba en el encanto de las historietas. pensé en desconectarme del mundo para no ver. súbete a mi lomo y cabalga. 31 Mimbo levantó los ojos con pesar. y éste. me zambulló en las aventuras de Orellabac. El escándalo se calmaba poco a poco.

a paso firme. Inesperadamente las Sombras corrieron absurdamente. Kunko y Kunka tenían los ojos inflama dos de llanto. con los caballos sin ensillar. Página 39 de 59 . De pronto. Los hombres se aproximaban a la lámpara. 33 Los Sembos lo sacaron a gritos de algo que parecía un sueño profundo aunque Orellabac jamás dormía. En la prisión te espera una doncella a quien encerró su padrastro. se disputaban una botella. cruza el desierto y libérala». Los habitantes de La Ciudad Limítrofe.. envueltos en lienzos blancos que agitaba el viento. entre bestias y carros. entre cartelones obscenos. le arrancaron la lámpara del hocico y corrieron hacia la primera antorcha. El cielo rojo.. «Hombre de hierro». Por el desierto se arrastró un quejido siniestro y TavaCatú fue otra vez la ciudad del goce. Kunko y Kunka lloraban. tal vez semanas durante las cuales no anochecía ni dejaba de restallar el cielo. Las Sombras protegían la casa de Tenebrante. esperaban al pie de un roble. Los fantasmas olisqueaban. me encontré en Tava-Catú. olfateaban. se deslizaban en todas direcciones. Había letras de carbón borrosas en las paredes y una vieja lloraba junto al riachuelo cercano. Orellabac tembló. 32 Tremolán tembló al cruzar bajo el almendro seco. resistiéndose al caos. cerrándole el paso al Caballero Metálico. Ahí estaban. quizás buscaban una fragancia perdida. chillaron como plañideras pues se les había acabado el aguardiente. Sonrió una mujer con cara de caballo. Rápidamente comprendí lo in compresible: habíamos llegado a un pueblo extraño. Orellabac se alertó. mientras Mimbo removía papeles. ardía. El Caballero siguió su marcha. hasta que llegó a un bosque calcinado y a una explanada. Y mientras los Sembos le decían adiós con la mano. Aún ardían las llamas.. oyó decir entre las brumas de la imaginación«más allá del desierto de las Sombras se encuentra una prisión. empezaba a salir del caos. cruzó la muralla de antorchas y penetró en el desierto. Al percibir el mundo otra vez.. la vi por última vez en la Casa de la Memoria. olfateaban. perdido en los vericuetos del tiempo y del espacio. hasta congregarse en torno a una colina. sin nubes. Fue sólo un temblor. Un círculo de disfraces de carnaval se cerraba a su alrededor Los fantoches olisqueaban.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos lámpara de hojalata de las siete llamas: ¿dónde estaba? Algo había su cedido. «Vete ya». Tava-Catú. Los Sembos. derrotados. Creí reconocer a alguien. Algo sucedía. atropellándose. Iban y venían. suscitando un zumbido grave y discordante en las piedras que reventaban a su lado. Toma la lámpara. en el cielo iluminado resonaron gritos de júbilo. junto a dos enjambres de Sombras. y en Tava-Catú las Sombras. corrió por una ladera rocallosa.. entonces. por horas y días. Entonces la reconocí: estaba al pie de un almendro seco. la Ciudad Limítrofe. trémulas. Se aproximaban lentamente y se echaban atrás al percibir las llamas de la lámpara de hojalata de las siete ¡la mas. que de nuevo era un perro blanco de cola cadenciosa. dijeron «atraviesa el reino de Tenebrante. corrían desesperadamente.. y fue como si nos hubiésemos metido clandestinamente en un relato que yo no había escuchado nunca. Un círculo de hombres fantasmales se cerraba a su alrededor. Los fantasmas chillaron como plañideras. Se dijo que era una señal. Kunka vertió una gota de aceite en ella y. acariciando el cuerpo de un niño imaginario. como serpientes en delirio. y salva a DulceLuz». Kunka y Kunko se arrojaron sobre Mimbo. No fue un sentimiento. La muralla de fuego humeaba triste mente. pero dejé de oírlos porque había desconectado los censores para dejarme llevar en el gran salto hacia la muralla de las antorchas muertas. No la tenía a mano.

Lo que vino luego no es el producto de una memoria caótica. existen pasos de unión entre todos los seres.» La gran Sombra negra comenzó a hablar.. si hubiese podido dudar de la realidad. ya que Maese Pedro. se desliza por los suelos y las paredes y deja una estela viscosa a su paso. ve cómo se Página 40 de 59 .. « ¿Hablas ahora?». deslizándose y alargándose majestuosamente. y había poliedros semitransparentes que flotaban por regiones infinitas. líneas. alimentándose de rocas. contra. hacia el Caballero Metálico. «si esta criatura prodigiosa del titiritero Maese Pedro que soy yo hubiese conocido las pasiones y el efecto de los es calofríos. se dijo Orellabac. resistiendo las palpitaciones de la lámpara de las siete llamas por varios días. uno de ellos se alargó hasta dos Sombras menores y las atrajo de un tirón hambriento para fundirlas con su propia oscuridad profunda. los de una dimensión con los de muchas dimensiones. cómo distinguir a Tenebrante. me habría horrorizado. las Sombras habrían atisbado un parpadeo en sus ojos de cristal mutante Tenebrante reptó como una gran serpiente hacia la grieta de la colina. «las Sombras no hablan: ¡un ser de dos dimensiones no puede hablar con los seres de tres dimensiones! ¡Mejor calla por que no puedes hablar!» «Las Sombras sí hablan». lo cual les está vedado a las máquinas». cambia su dibujo sobre las superficies incesantemente. obsérvala atentamente. pero vaga mente luminoso y sin estrellas. cubos. pero aquí. Las demás Sombras dibujaban grupos simétricos a su alrededor. sino que fue abriéndose y cerrándose y expulsando sombras de palabras. en aquel reino de Sombras incontables. en este espacio en que te hallas. trapecios y todos los paralelepípedos imaginables. ingresé en un espacio exclusivo del universo donde se entremezclan todas las dimensiones. parábolas. prismas. liberó al ayudante de Maese Pedro (que había registrado todo en la memoria) y se deslizó hacia atrás. Después se fundió en un anillo espeso y encerró en su interior al Caballero Metálico. mi constructor me concibió de tal forma que jamás conocería el desorden. La gran Sombra se ensanchó más y más. rombos. exclamó el rey de las Sombras con voz mugiente. no habló. su rey. más bien. .yéndose: el rey Tenebrante era un parche negro a los pies del Caballero. hipnotizado. multiplicándose incansablemente. Por ahí empezó a salir una Sombra. esferas. Al cabo del día noveno se abrió. aunque no sé si esta explicación pertenezca al campo de mis Posibilidades frente a un destino que me ha condenado a olvidarlo casi todo. Detrás de la grieta se abría un espacio ilimitado como la esfera celeste. » « ¿Me llama?» «Soy Tenebrante».. Había puntos. Escuché una voz lenta. «Si hubiese podido admirarme. sin acercarse demasiado. Orellabac lo siguió. Al cruzar la grieta cambié de dimensión O. La gran Sombra estiró el cuerpo repentinamente y liberó seis tentáculos. dijo. O. Quiero explicarlo bien. borrosa: «Caballero. «Soy Tenebrante. Acaba de imitar la forma de sombra humana.. « Orellabac no se sorprendió. elipses. más exactamente. ¿Cómo diferenciar al rey frente a los súbditos? En la colina se abría una grieta larga. rotando.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos ¿Pero. pero. horizontal y angosta. el rey de las Sombras? Una Sombra es igual a otra. encabalgándose unos en otros. «las Sombras tenemos dos dimensiones. rodeando al Caballero y a su sombra temblorosa con una espiral gigantesca y perfecta que casi le tocaba los pies. si hubiesen podido ver.. respondió el Caballero. Mira esa Sombra a tus pies. el señor de las Sombras».

acariciándole la cabeza tiernamente. pues su sueño era un letargo de máquina. la joroba tiembla al esforzarse por arrancar una parte del cuerpo a la soledad de las sombras. si quieres hacer la prueba. brillante. se separa ligeramente. echa a correr. te hablo. mientras algo se rasga. salvo los cuernos y las pezuñas. dejó de susurrar. Mientras los Sembos le decían adiós con la mano. «Vete ya». Kunko y Kunka lo miraban con los ojos húmedos. puedes atravesarle el lomo sin tocarlo. Decidió olvidarlo como olvida una máquina. redondo. ese ojo inmenso. aprieta los músculos. aun que aún pertenece al reino de los toros in corpóreos. que se han endurecido con la fuerza de las tres dimensiones.. .Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos le dibuja una mancha en la boca abierta. «Hombre de hierro». En la prisión mora una doncella. rompiendo tiestos de begonias. son cuernos de tres dimensiones. ya lo hace: va endureciéndose. y entró al Reino de los Deseos. aunque Orellabac jamás dormía. es tan grande como la sombra de un toro. 35 Los Sembos lo sacaron a gritos de algo que parecía un sueño profundo. se desprenden del suelo. Tembló. brama. una oreja salta a la tercera dimensión. Uno de los fantasmas del carnaval. adquiere volumen. Llévate la lámpara de hojalata de las siete llamas y sálvala. salta una pata con las pezuñas manchadas de tierra.. los cuernos se le alargan. la pirámide tiene una prisión. aplastada y sucia. Habló así. No fue un sentimiento. crece. enseguida trata de rascar el suelo. Orellabac. De repente escuchó (o creyó escuchar) la voz de Mimbo otra vez (¿última vez?). dejó atrás la muralla de antorchas y penetró en el desierto por las cenizas de un bosque calcinado. Mimbo le susurró desde una pompa de jabón: «Orellabac. babea. pero hazlo ya. la cabeza se yergue. Orellabac escuchaba aquellas palabras por segunda vez. todavía es dibujo tridimensional intangible. «vete y salva a DulceLuz». aunque parte del cuerpo todavía pertenece a la mancha oscura de dos dimensiones pegada al suelo.. completamente. . Orellabac lo olvidó al instante. Al avanzar se le repetían los temblores en todo el cuerpo. luego la otra. Tremolán se ajustó la peluca. «más allá del desierto de las Sombras se levanta una pirámide. sin materia sólida. recogió la nariz del suelo. ya no son sombras de cuernos. Mimbo había desaparecido. he regresado porque va no existo: he regresado para anunciarte que a partir de hoy tendrás que sacarme de la imaginación cuando me necesites». ¿no? Hasta los payasos duermen cuando tienen sueño. Amanecía bajo el almendro seco de los fantasmas. estremecimientos. Fue sólo un temblor que le recorrió el metal de las articulaciones y le hizo cimbrar la armadura levemente. dijo Kunka. Kunko y Kunka lloraron. muge. » 34 Tremolán sintió un sobresalto. doblada en la rodilla. porque ahora emprende la segunda transformación. y se levantó para alejarse a saltos entre disfraces amodorrados y pestilencia de aguardiente.. y muge. temblores. pues las máquinas desconocen las pasiones. Nada pasional —se dijo—. como si su lengua fuese la silueta de un toro: el toro va formándose. entre los dientes. mientras se perdía en el horizonte de un cielo gris cuyas filigranas de plomo gravitaban severamente sobre el mundo. crece. Página 41 de 59 . La Ciudad Limítrofe resplandecía. oyó repetir desde las brumas de su memoria. Fue como un parpadeo. las babas se le pegan a la piel. corre y corre. sólo eso. le dijo con alegre voz femenina: _ ¿Descansaste? — ¿Cómo? —Dormías. pero lo logra y se libera.

pero grave en consecuencias: ¿por qué seguía las instrucciones cada vez que se las daban?. arrastrando los pies de hierro. y entonces el muñeco de hierro vestido toscamente de caballero sin caballo seguía las instrucciones. quebrándose a intervalos. cruzaba arroyos. se dijo. cuando lo hizo —se d le había dicho que debía ser una máquina tan perfecta como los hombres.. Su cerebro respondía siempre de inmediato. reapareciendo más allá de las colinas y de los riscos. Más allá del árbol había Otros árboles pintados en cada hoja del bastidor.. absolutamente impropios de una máquina. Sus censores internos registraban esa especie de cosquilleo de la materia electrizada que sólo podía existir en las ficciones del titiritero. teje fantasías. re memoró el escaso tiempo que tenía de pertenecer al mundo de los muñecos y de las cosas.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos Mimbo ya no existía. Se detuvo para sorprenderse de sí mismo. Fue una idea. ¿pero acaso puede rebelarse? ¿Qué es entonces el deseo? Estas frases volaron fugazmente por los laberintos de aquel cerebro de alambres. mientras el Caballero avanzaba. junto al sendero cubierto de hojas. los hacen más perfectos que a las máquinas? ¿Para qué sirve una pasión? ¿Qué son las pasiones? ¿Y el amor? El nombre de DulceLuz lo estremeció: ¿su estremecimiento anunciaba la germinación de un deseo? Una máquina no puede desear a quien ni siquiera ha visto. Era el primero que encontraba en su vida. y otros. pues su capacidad de trabajo era excepcional. Caían torrencialmente. Desaparecieron por completo. perdidas entre los circuitos del cerebro metálico. Maese Pedro lo había programado con un sistema de respuestas veloces. Pero había un detalle que no encajaba en aquel rompecabezas: ¿los sentimientos hacen perfectos a los hombres? ¿O.. ¿No era eso la obediencia ciega?. muy superior a la de todos los demás muñecos que había construido el titiritero en toda una vida de trabajo interminable. un hombre sí. repensando. Hacia una puerta. y su largo esfuerzo de organización mental se convertía en un ir y venir de señales eléctricas impotentes. o algo parecido. El asunto era muy sencillo.. Era como esos bastidores que acostumbran poner los comediantes en el teatro cuando quieren imitar un bosque o fingir realidades. era un mural alargado hacia el sol. con hojas finas y ramas esbeltas e interminables. un Sembo o un pirata le decía que hiciese algo. Repasaba y comparaba todos los registros cuando cayó en la cuenta de una coincidencia. un hombre anticipa satisfacciones. ¿por qué obedecía a sus pro gramas. Dudaba y no resol vía. con un reguero de corrientes eléctricas que no alcanzaban el destino programado. Y también al mundo de los hombres. pensando.. Orellabac solía pensar rápidamente. como en un otoño de fantasía.. y otros. Sentado ahí. La gran fronda escarlata del follaje lo acogía con serenidad. infatigables. Sí. Orellabac siguió un sendero paralelo. Porque Maese Pedro. salvo en que no iba a conocer los sentimientos. ¿y qué puede hacer una máquina contra la obediencia ciega? Si se rebela deja de ser máquina. Descendía. mientras recorría el desierto sin saber cómo orientarse para buscar la pirámide. reparó en una muralla enorme. pero una máquina. al frente suyo.. pero esta vez ya no. re corría el borde de precipicios cuyo fondo se perdía en la oscuridad y siempre lo acompañaba el mismo dibujo de PaloRojos en fila. más bien. se preguntó. subía. con un sí o con un no. El PaloRojo. bajo la sombra de árboles que no eran árboles. o cambiaba de acción cada vez que lo reprogramaban? Una voz cualquiera. Pensó en sus aventuras pasivas. pensó al fin la criatura electrónica de Maese Pedro. O fue más bien un destello de sospecha. Orellabac se detuvo a la sombra de un PaloRojo.. perfecta en todo. El ayudante de Maese Pedro pasó revista a los archivos de su memoria. Iba despacio. Página 42 de 59 . pero el Caballero las olvidó cuando los misterios de la prisionera DulceLuz se le interpusieron en el pecho y se embriagó en extravíos confusos. Eran hojas de papel. La pared se perdía en la distancia. Las Sombras también habían desaparecido.

el bosque nuboso a lo lejos y. A las paredes se pegaban hiedras y bejucos. más pequeña invertida. más bien. A mí. La puerta estaba entreabierta. Entre las fisuras relumbraban ojillos de animales. ¿Será así la suerte de las máquinas? Orellabac se abandonó a sus pensamientos de nuevo. conforme Orellabac penetraba en el vientre de la aran pirámide. Un mono sin pelo salió chillando y se escondió detrás de un montón de cuerdas de reloj enormes. y se convertía en cartelón solapadamente. traspasó la pared luminosa que quemaba la hierba como un sendero de hormigas. Se sentía extraño después de aquella noche. Se volvió a mirar. Sólo estaban el árbol de una especie irreconocible. ¿qué buscaba?. Página 43 de 59 . sobre el cual se asomaba el cielo húmedo. una especie de cáscara de luz que las nubes atravesaban agitadamente... bruscamente: eran tres hojas de cuaderno que caían. y sobre ella reposaba una esfera amarilla. La escalera daba a un pasillo angosto cuyas paredes mohosas crecían vertiginosa mente hacia el cielo. No había duda. Los helechos crecían profusamente. sino una piedra de sacrificio. todo me ocurre. Cuando se volteó hacia atrás a mirar.. Le ardía en el pecho una sed de paz consigo mismo que todavía estaba lejos de colmar. O. pues Orellabac era autónomo desde su nacimiento. las aventuras me eligen. entre bosques empañados por la niebla. Frente a la gran pirámide había una pared de material translúcido. caminando veinticinco pasos. O quizá pueda expresarse de otro modo: era como si lo di rigiesen desde afuera y alguien fuese narrando simultáneamente lo que hacía. El Caballero siguió la marcha por el pasillo. 37 Muchos hombres eligen la aventura para hacerse héroes. O. Orellabac siguió aproximándose. El musgo cubría el piso y las piedras. ¿qué? El ayudante de Maese Pedro presintió un gesto amenazante sobre la cabeza. Los dos canales de agua se encontraban en el centro del patio y se perdían entre los helechos. mientras se agachaba a recoger las tres vainas con un movimiento automático. los hechos me hacen rodar como una bola. Sí. Sobre el vértice flotaba otra pirámide azul. Al pasar al otro lado. Algo acababa de ocurrir. Tembló el bastidor. O un corte en la roca. y llegó a una escalera. En las paredes brotaban dos fuentes: una al norte. y ¿quién puede dudar de la infinita seguridad de las máquinas pensantes? Pero algo ocurría. se apoyaba un trono.. como si algo o alguien estuviese marcando el ritmo de sus pasos. Realidad y ficción se entrecruzaban como un gemido de amor. ciertamente. Orellabac le dio un empujón. las vainas. balanceándose. Lo vigilaban. Pero.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos Hacia el tronco de un árbol. Con el golpe vibró el tronco y cayeron tres vainas tiernas. nunca visto por Orellabac ni por nadie que no hubiese recorrido aquellos países: al mismo tiempo era di bujo y era real. de agua caliente. Un tronco extraño. las pirámides y la esfera flotante. de agua fría. Pero. contra la pared inundada por chorros de luz. era como si lo vigilasen.. Al este. Subió. hasta llegar a un patio. ya no había dibujos. chillaron las bisagras. por el contrario. entre los trasnochadores del carnaval. penetraba en la tierra o emergía de ella con raíces poderosas. Fue hacia allá. estaba seguro. Al pie estaba sentada una vieja que terminaba de leer un libro.. la puerta se cerró a sus espaldas. allí cerca. mejor aún. cosa extraña. oxidadas. Después observó largamente la pirámide erguida sobre una colina. 36 Tremolán respiró el aire fresco de la mañana. y otra al sur. El Caballero cruzó el corazón del tronco. Conforme se aproximaba la edificación perecía crecer. Su búsqueda había sido infructuosa y había dormido al aire libre. todo me llega. O tal vez no era un trono. se preguntó por primera vez.

«Todo te sobreviene. « ¿Qué hablas? ¿Quién eres?» «Estoy leyendo tu historia en este libro. al contrario de esas vulgares marionetas de hilos que sólo se animan si el titiritero mueve las manos. «Eso no es un nombre». una fuerza todavía incompleta que buscaba dirección.. Orellabac recordó que una maga. Maese Pedro había construido a Orellabac para ir de pueblo en pueblo con las historias de muñecos. lo abrió. sí.. a los estafa dores y a los sabios. consagrada a asombrar en las ferias a los incrédulos. sí. ¿cómo explicar su percepción? ¿Cómo definir algo extraño? Algo extraño es lo que no se domina dentro de uno mismo. Sin este libro no serías nada. Llegas precisa mente cuando tenías que llegar porque no podía ser ni antes ni después». volvió a cerrarlo y. tu historia personal. Orellabac vio perfectamente. Sin este libro no eres nada. desaparecerías. «llegas a tiempo. leyó. con un nuevo estremecimiento. «En mi caso. ¿quieres leerlo? Tiene ilustraciones» « Exclamó el Caballero. La vieja se echó a reír. poniendo los ojos en blanco. Un muñeco perfecto reina sobre todos los procesos que transcurren en su interior. y no es como antes. Orellabac era perfecto. Eres porque soy. « ¿la razón? Escucha: ¡se perdieron tres páginas!» La vieja se levantó.. recitó un texto misterioso: Arrástrase el calor Por las mañanas canta el frío Calor y frío apuntan al cielo Pero antes debe florecer la semilla Página 44 de 59 . pues los salteadores de caminos echarían el libro a las llamas.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos «Llegas oportunamente» dijo al ver a Orellabac. Empezó entonces a adarársele por qué había percibido algo extraño al penetrar en la pirámide. lo cerró.. Una fuerza actuaba dentro de él. Orellabac alzó los hombros. Hasta ahora sólo has existido porque yo leía la historia que se contaba en él. pero ya no. Orellabac. Pero Laquelee regresó al punto con un cuaderno en la mano. El Caballero Mecánico fue su gran innovación. pero el libro se acaba con tu llegada al patio del trono. « ¿Eres?». Un estremecimiento. como lo quiso su constructor. De pronto reina en su interior un cosquilleo sobre el que no tiene poder absoluto. y agregó. como los hombres al dudar: le colgaban hilos de los brazos y de las piernas. Era la segunda o la tercera vez. «Soy Laquelee». para que nadie tenga la libertad de imaginarte de otro modo... acariciándose el rostro: «Soy la que leía el libro. pero. Si alguien lograse destruir esas hojas.» Orellabac se estremeció. Cuídate. en este libro. una pasión... lo había condenado a sentir y a desear. le preguntó a la vieja que aún sostenía el libro en las manos. con risa pícara. la JovenVieja de Daduic. volvió a abrirlo y a leer. Sí. ¿Sabes la razón?». gustosamente. dejando tras de sí un reguero de hojas en blanco. aún cuando lo normal es que una máquina lo sepa todo de sí misma. Escucha bien: eres porque soy Laquelee.. largó dos palabrotas más entre dientes y se fue. Repentinamente se hallaba ante algo nuevo. eres máquina sigues programas preestablecid0s tu historia in completa se relata aquí. sí». no tenía que restregarse los ojos.. El episodio de tu encuentro con Tenebrante quedó trunco. con ilustraciones que te retratan minuciosamente.

Tronaron bombetas. Las plumas volaban por los aires.. Si es capaz. pero no cedo a la desesperación pues bien sé —lo presiento— que el héroe de los relatos de Laquelee vendrá pronto. al que reina sobre el Reino de los Deseos. Sobre el trono caía un foco de luz.. suspendida sobre la gran pirámide. Al declinar el día. se desgarró las vestiduras y volvió a desaparecer. y me encerraron en ella. Por la Calle Real venían gigantes bailando: en cada giro golpeaban a alguien con las mañazas de madera. Desde que me encerraron aquí. pío. Escribe. Para vencer esos designios. pío. a mi prisión esférica. los magos mismos. Las pollas respondían. de ti no me fío. las quemó. de ti no me fío. no era luz: era confeti amarillo que dejaba marcas en las piedras. hace dibujos. que ahora tenía un ligero color de púrpura. El Caballero se confundía: aunque. pío. de ti no me fío. ay. máscaras rotas. qué dolor. Tremolán no podía contener la angustia que lo acosaba. Orellabac volvió la mirada hacia lo alto y observó la pirámide menor. se refresca bajo la fronda del PaloRojo. para llegar hasta ti». Hoy. va a cruzar la gran muralla de bastidores. construyeron esta prisión sobre la pirámide de todos los poderes.. coreando: —Pío. No. pío. 39 Los magos le anunciaron a mi padrastro. relee. Laquelee me habla de un héroe que romperá el hechizo y escalará la gran pirámide.. no sin misterio. no hago más que delirar Por las tardes tibias me domina la fiebre. el Pájaro de la Dicha. El gallo decía: —Quiquiriquí. y me gritó desde el patio (o tal vez adiviné lo que decía): «Los Sembos ya enviaron al que te salvará. Detrás del maquillaje de payaso. se interpone en el disco solar y dibuja la silueta de un caballero entre las nubes. pío. Ya no abrigo dudas en mi corazón: el que ha de terminar con mi cautiverio se aproxima. Detrás de ellos iba un cortejo de ángeles de cartón.. me duele aquí. que yo sería la causa de su ruina. supera la Yerma Región de Tenebrante. Déjame esperarlo junto al trono. llegará a la pirámide invertida y. Por todos lados quedaba el estropicio de la noche de fiesta: guirnaldas. semitranslúcida. quiquiriquí. pío. en el patio donde manan las fuentes de agua fría y de agua caliente. Alcanzó a entrever después un ave Página 45 de 59 .Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos Repitió las palabras. Me lo ha estado diciendo con sus vuelos crepusculares. lee. que terminaron en alaridos. me duele aquí. pío. También arrancó tres páginas. Más arriba flotaba también la esfera. de ti no me fío. También lo anuncia Acayú. ¿es posible que algo confunda a una máquina inteligente? 38 Tremolán cruzó las calles de Uruq apresuradamente. Desde el patio del trono. finalmente. hace ya muchas lunas. simulaban el rito del amor en el gallinero. con su magia. Pero la fiesta recomenzaba. Lo he deseado con la fuerza de los torrentes misteriosos que corren hacia el alba. el gallo mío se va con otras. Después. recoge tres vainas.. se va con otras. pío. Varios actores embriagados. sonríe. La gallina se lamentaba: —Cloc doc doc. dándose picotazos y cantando. globos. Le han dicho que te llamas DulceLuz. con el rostro sonrosado. Las pollas repetían: —Pío. pío. Ahora emprende la marcha por el desierto. mi nodriza ha escrito en su libro otra vez. El diablo escarlata de todos los años pasó corriendo y le pegó un golpe a Tremolán con tres vejigas de cerdo infladas. resolverá los acertijos que han impuesto los magos. cada vez con más detalle y menos irrealidad. Las ficciones de Laquelee siempre se hacen realidad. pío. qué dolor. Sufro mucho.

Página 46 de 59 . porque sus programas de acción constaban únicamente de ideas claras y distintas. configurando una fisura altísima y estrecha. abrieron la boca dentada. uno más. Orellabac abrió una vaina. ¿cómo se leen los signos? Todo podía interpretarse de muchas maneras. gira alrededor del trono. hasta reventar. despedazó el ArbolSerpiente y se tragó los pedazos. Pero esta vez la semilla no germinó. arrojó la semilla al suelo y la humedeció con agua fría. ¿Lo destinaban sus programas a esta nueva aventura? ¿Por qué empezaba a dudarlo ahora? Se sacudió los pensamientos.. juego de ambigüedades. y siguió indagando. salvo el patio del trono y la inmensa grieta que la traspasaba de un lado al otro. Y así fue: el gallo. Sin éxito. De su vientre emplumado saltó un gallo de colores. Las palabras se referían a las tres vainas. Las circunstancias favorables que lo habían acompañado hasta entonces le ayudarían una vez más. Tal vez su destino estaba señalado en la otra parte del enigma: Por las mañanas canta el frío. y los rayos fundieron piedras. finalmente. batió las alas. Y. Comprendía esto ahora. irrigó el suelo con agua caliente: Arrástrase el calor La simiente germinó. Brotó un retoño. El Caballero Metálico sacó la espada y les cortó las cabezas de un tajo. valiéndose de una hoja. sí. No había aberturas visibles en la pirámide. pero luego las ponía delicadamente sobre el musgo. el cual. silbaron: eran tres serpientes unidas por la cola al tallo y a las raíces que crecían entre las piedras y las resquebrajaban. su memoria jamás lo engañaba. Acayú se ha ido volando hacia el crepúsculo. ¿Por qué no entrever un signo en aquellas vainas? Pero. liberándose. El ArbolSerpiente parecía indestructible. el Pájaro de la Dicha.. sólo ahora. de movimiento hacia lo alto. de calor y frío. a juzgar por el apetito del gallo. En seguida siguió escarbando hasta devorar incluso las raíces más profundas. pero de cada cuello sangrante brotaron tres más que abrieron la boca y echaron rayos por entre los dientes. sino que creció y se hinchó varios palmos. absoluta mente nada le daba una pista. tensando las patas y dando picotazos de estremecimiento. Sólo tenía que ponerlo a prueba. Las paredes de piedra se erguían hacia el cielo. vuelve al patio. La evocación repentina de un viejo cuento acababa de auxiliarlo. Luego. Era Acayú. Orellabac repasó una y otra vez los corre dores y el patio del trono. El acertijo hablaba de semillas. Hasta aquel día el Caballero Mecánico ignoraba la desesperación. agitándose.se a los torbellinos del deseo ignoraba la in certidumbre. De cuando en cuando la brisa levantaba las hojas en blanco de Laquelee. antes de erizar las plumas y arrojarse contra las serpientes arraigadas. hasta el tamaño de cinco varas. pensó. Pero fue una visión efímera. Pero se habría desesperado —pues ya tocaba el filo de las pasiones— si no hubiese tenido a mano las tres vainas que recogió antes de llegar a la pirámide. sin duda. Los retoños crecieron. Antes de aproximar. Luego otro. sacó la semilla y la echó junto al muro. que tenían un aspecto fantasmal y que sabían bien. Investigó minuciosamente el espacio a su alrededor. Orellabac abrió la segunda vaina. corre de un pasillo al otro.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos inmensa vagando perezosa mente entre las nubes. Las repitió: Arrástrase el calor Por las mañanas canta el frío Calor y frío apuntan al cielo Pero antes debe florecer la semilla Eso era. cambiaron de color... paralela mente. Pensó en que debía encontrar a DulceLuz y que ésta lo llevaría al Libro de los Deseos. Nada. se asoma a las fuentes de agua. El que ha de liberarme está en la pirámide. Adivinanza. escudriña los espacios. una frente a la otra. alargó el cuello y Cantó tres veces. Lo más enigmático de la pirámide habían sido las palabras de Laquelee. Ahí estaba la clave. Laquelee ya le ha dado la señal con palabras enigmáticas.

que terminaba en punta de lanza. que ahora tenía la voluntad de emprender tareas nuevas y. Si me rozas con los ojos ya no escucho.. Contra lo esperado. despedía tenues destellos.. la semilla no germinó. subió al trono y depuso sobre él. flotaba en las penumbras con el cuerpo distendido. dijo. 40 Tremolán se dejó embriagar por una voz melancólica: Desde que llegaste a mis sueños te empecé a buscar.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos Ocurrió otra cosa sorprendente (Orellabac se familiarizaba también con las sor presas): el gallo lanzó un canto primitivo y triunfal y se transformó en GalloSerpiente de mirada turbia. y nada. y nada sucedió. DulceLuz debía estar cautiva en la esfera. buscando el sentido en las ento naciones. movimientos. «Te deseaba». humedecidas por las nubes. Si te veo a mi lado. en orden e intervalos estrictos. Algo andaba mal. Luego arrastró la cola. al flotar sobre aquella. ¿Por qué estás tan cerca y tan ausente? 41 La esfera de los transgresores. al sembrar la planta que ascendía hacia los cielos. ... Orellabac escrutó el vacío. el silencio. Caminó hacia la planta. parecía asediada por un rito mágico. imprevistas por su constructor. Se proponía inventar sus programas. que ría ser el dueño absoluto de su memoria. Imaginando lo que los hombres llaman ansiedad el Caballero abrió con la espada un boquete en la pared gelatinosa y entró de un salto. en dirección al vértice de la gran pirámide hasta la pirámide invertida La esfera. Las hojas verdeoscuro transpiraban gotas blancas que. Pero habían ocurrido tantas cosas en su vida de máquina. La cabellera le rodaba por los hombros. hacia abajo. aún cuando Maese Pedro no lo hubiera preparado para escalar paredes aferrado a los brotes de una leguminosa gigante. cargada ya de vainas sazonas. Estudió cuidadosa mente la vía de ascenso. agua caliente y agua tibia. y entonces germinó. se perdió en las cumbres de la gran pirámide. sin duda. Ya no lo ponía en duda. ¡Eso era! El ayudante de Maese Pedro le arrojó a la semilla de la tercera vaina un puñado de PétalosExcremento del GalloSerpiente. « ¡Por fin llegas!». cuya desnudez derramaba una aura de voluptuosa soledad. y percibió algo: ruidos. corrió a las fuentes. pegándose con raíces aéreas a los muros. agitó la cresta. «Y yo he venido para que me enseñes a desear. aleteó con ruidos de tormenta. Del tallo brotaban ramas laterales. Dio unos pasos. » «¿Me enseñarás el secreto de los deseos?» Página 47 de 59 . desplegó y plegó las alas. luego fría.. y trepó por el tallo. La esfera semitransparente suspendida entre las nubes. Volvió a verter agua tibia. extraordinarias. un excremento de pétalos dorados. entrechocar de metales en el patio del trono. en lo posible. «Un libro te destinó a liberarme de este cautiverio . al desplomarse en el vacío. pero no pudo precisar de qué se trataba Volvió los ojos hacia arriba. El Caballero arrojó al suelo la simiente de la tercera vaina. OH sombra dulce. El ayudan te de Maese Pedro repitió una y otra vez la adivinanza. Soy máquina. murmullos. pero antes debe florecer la semilla. invirtió el orden. sufro. agarrándose de un brote a otro. se transfiguraban en mariposas diminutas. hasta sospechar dónde estaba la clave: los dos últimos versos no debían sepa rarse: Calor y frío apuntan al cielo. mezcló las dos aguas y las vertió sobre aquella: Calor y frío apuntan al cielo. antes de partir. Echó agua caliente. Busco el Libro de los Deseos». El Caballero Metálico. había re suelto el enigma ¿Era un buen camino? Debía verificarlo. y voló hasta desaparecer entre la niebla. DulceLuz. La planta creció presurosamente. como los simios. y alcanzó la segunda pirámide..

embriagado (sí. el grito del corazón». si en nada debía conmoverse una máquina al contacto con la piel y. Para vencer esos designios. con su magia. «Si me liberas de este cautiverio. y retenía la imagen del cuerpo desnudo: ¿Por qué?. ¿cómo te llamas?» «Orellabac». las conocidas y las innombrables. mientras registraba minuciosamente los pequeños gestos rituales de la doncella al vestirse. prohibida por Imago Rex. «le anuncia ron a mi padrastro. El Caballero acercó los dedos de hierro y se los humedeció. Esta embriaguez era la fascinación de seguir oyendo palabras sin descanso. Orellabac escuchaba. hay que decirlo) por la voz de DulceLuz. mapas y libros. Dijo: <(Los Sembos de Tava-Catú. al que reina sobre el Reino de los Deseos. nadie lo conoce. Ese libro explica el arte por el cual se le cumplirán los deseos a quien lo lea y lo interprete. campanas. deberás enfrentar la cólera de mi padrastro. puedes tocarme la piel. «Lo sabía. perfumando el aire de la esfera con los cabellos agitados. DulceLuz se incorporó. Y fue en aquel instante. dio tres pasos hacia el ayudante de Maese Pedro. y me encerraron en ella. dos guitarras. respondió el Caballero Metálico.. almohadones recamados. algunos irreconocibles. Imago Rex reina sobre los gobernantes y los súbditos del Reino de los Deseos.. como comprobaría después en el silencio de los recuerdos. dijo DulceLuz. las mejillas tibias. péndulos. El cautiverio de DulceLuz estaba poblado de toda clase de objetos. cuando todo hubo pasado. ni siquiera Imago Rex sabe dónde está». « ¿Libro?» «Ya no existe». y se aproximó a DulceLuz. ceñida a la cintura. Resonaban melodías de trovadores muertos que Orellabac ya conocía. mientras se vestía con una túnica corta. dijo DulceLuz.. que yo sería la causa de su ruina. engranajes de reloj. Y entonces evocó los cielos sin luna y el viento que avivaba los muñecos de Maese Pedro cuando acampaban en las llanuras siniestras del Norte. Después rozarás el ardor. La Ciudad Limítrofe. «Los magos». teodolitos primitivos astrolabios. «Cuando sea preciso conocer su cólera. no antes ni después. El Caballero apartó la mirada y observó a su alrededor. para comenzar. Debes saberlo».. Sobre la cabeza de Orellabac sopló una brisa repentina y cálida. Este Reino se llama así porque existe una Biblioteca. Nadie lo ha tocado. cuando empezó a temblar. como se hace llamar. Orellabac hizo un recuento de todas las cosas. la conoceré». interrumpiéndola: «He venido para que me ayudes a buscar ese libro que nadie ha tenido en las manos». donde se encuentra el libro más enigmático de todas las bibliotecas del mundo. un látigo de orozuz. Página 48 de 59 . ¿eres tú. los magos mismos.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos «Te lo enseñaré. ¡Laquelee jamás se equivoca! También me dijo que te destinaron a buscarme». Tú. acaso?» «Sí. Pero el hechizo ya había terminado. en cierto modo. Había dos lechos con pieles. Imago Rex. custodiada y. un minotauro de cartón con rostro sensual y pan humeante sobre el piso. nadie lo ha visto. Las lágrimas le dejaron manchas imborrables. « ¿Lo sabes?» «Te lo he dicho ya: está escrito en las páginas de un libro». sin embargo. embriagado. a quien le rodaban lágrimas por las mejillas. Orellabac dijo. otros sin utilidad aparente en aquella prisión: un sistro antiquísimo. me pidieron encontrar a DulceLuz. construyeron esta prisión sobre la pirámide de todos los poderes.

Laquelee disimulaba una sonrisa. convertidas en polvo azul. Y te aseguro que no volverás a encarcelarme». ¡qué me importa a mí que quieras penetrar el secreto de los Deseos para destruir a Maese Pedro en tu memoria! Te aseguro que me da igual. señalando un puñado de tigres de plata a su alrededor. Imago Rex los esperaba en el trono. pero sólo quedaba el puño con un pedazo de hoja hecha trizas. Así El descenso fue lento. chispeando por las coyunturas. Orellabac se inclinó a re cogerla. « Esas Bestias son CazaHierro. «Lo guiaré hasta la Biblioteca.. como si se hubiese llenado de cortocircuitos. al borde del río más profundo de todas estas comarcas. pero no lo harán. aproximándose a Orellabac. «No me extraña.. Enloquecen con el olor de los metales. bueno. al abrir el hocico. Era el rostro del dragón con figura de rey. Y. pero luego se suavizó hasta adquirir un tono de complicidad. «No puedes escapar»... Busco el libro que habla de los deseos». tornillo por tornillo. Entonces Orellabac se explicó un enigma: el rostro de Imago Rex se le había insinuado muchas veces durante su paso por el Reino de los Deseos. No había terminado de triturar la cuando los otros CazaHierro lo aparta ron a mordiscos.. Responde ahora: ¿por qué liberaste a DulceLuz?» «En sus funciones de feria. ya saben quién eres).. «Ya veremos». Conforme iban desde me hicieron. Pero no pudo seguir pensando en ello.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos « Aquella torre inclinada junto a un precipicio? Es la Biblioteca». Su armadura. « ¿Seguro? Te he visto dudar y. desmembrándote cable tras cable. ¿No te lo había ofrecido? Después volverá a la prisión para siempre jamás». vi brando. ¡No! DulceLuz lo hará. a los que lleva una escalera en espiral. Dio tres pasos hacia el Rey... babearon plomo líquido por dentaduras de diamantes de siete hileras. las máquinas no dudan». «Busco una espada negra de fuego. emitió un llanto de metal retorcido. Imago. A una señal de Imago Rex. Estaba entre los pira tas y en el jardín del gusano blanco. Orellabac experimentó una sacudida eléctrica. Orellabac». y luego. Al principio la voz de Imago Rex fue pausada y brutal.. Un poco más allá se extiende La Ciudad del Palacio Gris. le susurró al oído: «jy que no te engañen estas dos brujas. sin embargo. luego la armadura y. me destina siempre a representar el papel de Caballero salvador. A una señal mía saltarán sobre tu cabeza. Rugieron con voz de quebrador de roca y. El viento arrastraba las hojas. le dijo el Rey. ¿Tu destino es llegar hasta él? La torre se eleva sobre un peñasco. se halla el Libro de los Deseos. agregó. respondió DulceLuz. Aunque es la primera vez que estoy frente a un muñeco sin hilos. en el recinto de los hombres petrificados. El Rey dijo: «Así te podrían destruir. Todos lo buscan.. Al llegar a tierra. porque en mis reinos todo es posible. replicó Orellabac.. «antes de que se derrumbe la pirámide flotante ». Caballero». desenfundando la espada. minuciosamente.bajando la planta se marchitaba. por ahora». Pero entonces los CazaHierro dieron un salto y cayeron al frente. También yo. finalmente. el cuerpo. «Aproxímate. DulceLuz estaba pálida. Así actúo”. Maese Pedro de be de haberte maltratado mucho. primero la espada. DulceLuz temblaba de rabia. agita ron la cola y se echaron a su lado. «En alguno de sus mil pisos. ahí te olieron por primera vez (¡ay de ti!.. pero ya uno de ellos le había arrancado la espada al Caballero. dijo. Te llevaré a la Biblioteca. interponiéndose entre el Caballero y el Rey de todos los Reinos. obsesionado por el Libro de los Deseos. Su rostro se repetía. Pertenecen al Valle de las Esfinges. »Pero bajemos ya. el titiritero Maese Pedro. El Caballero preguntó acremente: Página 49 de 59 . Caballero! » «Así hablan los tiranos».

A un gesto de Imago Rex bajó del cielo una caja de cristal turbio. lo ha visto jamás. leía e interpretaba correctamente el Libro de los Deseos. La ribera opuesta se perdía. «Hoy no es un día propicio. a pesar de las lucecillas que parpadeaban de tramo en tramo. busquen. milagroso e inquietan te. precedido de DulceLuz y Laquelee. Laquelee. lo encuentra. «Así hablan los tiranos». Después de caminar por una vía de piedras blancas bordeada de jacintos. sin saber por qué... lo recorrían enredaderas. pero entonces me pregunté. aventurándonos a través de la niebla. Página 50 de 59 . replicó por segunda vez el ayudante de Maese Pedro. salvo los remos hendiendo el agua. pero conforme descendíamos. durante horas. busquen. sobre el que se mecía un puente colgante tan largo que no se columbraba el otro extremo. El abismo despedía ruidos lejanos y sin identidad. llegué al filo de un cañón profundo. murmuró la vieja con un ronquido angustiado. Nos detuvimos. ni yo mismo. pues la bruma se había espesado. Sólo así podremos llegar a la otra orilla. Vamos». dijo Laquelee. un dios. «Pasamos el río». le abanicaban el trasero. una bestia. El puente crujió. ¿No se te ha ocurrido pensarlo? ¿A quién más que a un gobernante le gustaría leer lo que dice? Un hombre como yo sólo piensa en la felicidad de sus súbditos». yo. resonaron golpes en el agua. meciéndose sobre el río. 43 Fue aquella tarde cuando me sentí liviano y empecé a reconocer un murmullo in tenor que tal vez podría llamarse felicidad. La nave se despegó poco a poco del muelle y se alejó. Estaba poblado de plantas parásitas. ¿haré felices a cuantos se me acerquen y me vean sonreír?». luego DulceLuz y. Aunque no se veían remeros por ninguna parte. Desde las profundidades del abismo se elevó un viento cargado de presagios. Súbitamente sobrevino una clan. Emprendimos la marcha por un sendero angosto al borde del precipicio. escrutando las tinieblas.» 42 Tremolán se encontró con una carroza de carnaval..dad y la barca de ébano atracó. el bramido se transformaba en murmullos. Traté de penetrar el arcano de las profundidades. Si encontraba. DulceLuz arrojó un suspiro de tranquilidad. se ponía de cuatro patas en el suelo y decía con voz recitativa. ahora invisible. Cada vez que simulaba darle un golpe para reventarla. La navegación fue tranquila. Los actores ensayaban. Como nadie. para desaparecer de inmediato. DulceLuz..Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos « ¿Por Qué me has estado vigilando que salí de Daduic?» «En mis reinos vigilamos a todos los que se interesan por el Libro de los Deseos. La barca parecía completamente vacía. en donde entró. Orellabac. haciendo muecas de reverencia. Después susurró con voz armoniosa: «Ya pueden irse. Primero subió Laquelee. ¿Seré yo ese alguien? ¿Seré yo? ¿Seré yo?» Mientras estaba en ésas. En el muelle estaba atracada una única nave: la barca de ébano. o una máquina. parecía vivo. queremos saber si un hombre. por último. gracias al cual no habría fuerza en el mundo dispuesta a enfrentárseme. El agua corría blandamente. vayan. arrastrando las vocales: «Siempre hay alguien próximo a donde cae el grueso de la piñata. Podemos ir a La Ciudad del Palacio Gris. Un viejo con cara de mono parodiaba al Gran Gobernador de la Patria frente a una piñata. por un puentecillo. El río bramaba. corran a la Biblioteca. obtendría un poder sin límites. «Acabamos de llegar a La Ciudad Flotante». los actores acompañantes. sobresaltado: «Después de leer el libro. sin voces ni ruidos. devorada por la bruma pegajosa. ¡pero no por el puente de hamaca!». pero tuve que alejar rápidamente aquellos pensamientos. «Debemos descender por los acantilados y embarcarnos en la barca de ébano.

Un lamento de horror vibraba en el aire. extasiado en la pelea de gatos que esa mañana había dibujado con tinta china. Más allá. Parecían hablarse. A la derecha de las columnas se mecían dos muchachas en un columpio. leves. murmuró la bella DulceLuz. ligera mente volteado hacia el cielo. Bajamos al muelle por una escalerilla. pero entonces las dos bellas durmientes. se fusionaron ambos. que no se podía nombrar cuando no había mundo. como un deseo distante plagado de obscenidad. se extendía un largo y sinuoso pasillo con columnas. hizo chillar los goznes. En la barca de ébano confinaban a los locos. como esforzándose por interpretar un texto ilegible. hasta que se mutaron en varón. bajo florestas amarillas. estaba un pintor frente al caballete. el otro despedía flores de fuego en la dirección opuesta. De los frutos salían pájaros volando hasta los reptiles. sin frío y sin calor. gesticulaban y retorcían el rostro hasta la desesperación. La conversación era un intercambio de fantasmas. El ayudante de Maese Pedro caminó cien pasos y llegó hasta el final. El ayudante de Maese Pedro se detuvo. «No entres. Los animales tensaban el cuerpo. De pronto se abrió una escotilla y del vientre de la barca de ébano salieron siete hombres.. Los pinceles rodaron por el suelo. Otros eran borrosos. se erguía una mujer de dos rostros: uno miraba hacia adelante. encadenados. las criaturas de su imaginación eran visibles alrededor suyo. dormitaban lagartos con huevos en la boca. Laquelee lanzó un grito de angustia: « Entren ahí!» Orellabac pensó que debía explorarlo todo. Lo que había al final del pasillo era la nada sin luz ni oscuridad. Más allá de la jaula. con goznes de plata. La apertura daba a un pasillo en penumbras. entre las rosas silvestres. se sentaron en círculo y se frotaron las manos para calentarse (aunque no hacía frío). En el primer jardín. que debimos seguir para atravesar la Ciudad Flotante. los cuales. Un paso más. casi sin voz. Adentro. con las miradas fijas en el fuego. De pronto aulló un lobo. vigilada por cuatro águilas.los. colgaba una puerta de marfil.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos Dejábamos la nave cuando estalló un fuego verde en cubierta.. descendió un murciélago. tres rayas junto a los ojos simulaban la furia: de pronto. En un nuevo jardín. Algunos de ellos se cristalizaban en el aire. Se imaginaban escenas o soñaban. se arrancaron de sus sueños y se pusieron a cortar flores. entre empalizadas agrestes. El varón extendió los brazos para atraer a las doncellas (el columpio se había detenido). o como los comediantes cuan do imitan el delirio. metiéndose uno dentro del otro. Pero no. Vivían en la nave y. En los huevos reventados había semillas que inmediatamente germinaban y producían plantas con frutos blancos. sin placer y sin dolor: era la inexistencia plena que precede a lo que existe. Más allá se abrían frutos blancos. a robarles los huevos y a picotear. entre jardines maravillosos. para que pudiesen sentarse en torno al fuego. Pero el Caballero Mecánico empuñó la agarradera de marfil y. donde. El viaje al Reino de los Deseos no tenía límites. pero al final no había nada. y se mecían también apasionadamente. contándose los sueños de sus largas noches de encierro. pero a veces los dejaban salir a cubierta. sin cosas y sin vacío. y estallaban al caer sobre las piedras. sin silencio y sin ruido.. no se hablaban. normalmente. el vacío total que antecede a la memoria. Caballero». permanecían ahí. entre risas. La vieja me explicó que leían la lengua de las llamas. lo innombrable. junto a sus cabellos dorados. un gato descolorido y triste sacó las patas del dibujo y desgarró el papel. marginales. restregándose los ojos. En medio de la piedra. bordeamos tres obeliscos de hierro oxidado y llegamos a una jaula con barrotes de hielo. tirando suavemente. Lo ignoraban todo a su alrededor. A una máquina no le atemoriza abrir puertas. el tiempo sin espacio y el espacio sin tiempo. si Orellabac hubiese dado un solo paso Página 51 de 59 . a la izquierda de la galería se levantaba un monolito torpemente cincela do por manos de artistas desconocidos..

Al hablar escupía nubes de polvo. Pasen. En el jardincillo. inocentes para ellos. Soy juez. «Les hablo del paraíso. sacó una baraja y se puso a jugar solitario. En cuanto a tu pregunta.. Si la verdad es lo contrario de lo que digo. por favor. habría conocido lo que es absolutamente imposible de conocer. y entonces hubiese sido demasiado tarde. De nuevo caminaron por las galerías. Un segundo después comprendió que se había aproximado a algo indiscernible entre el infinito y la nada.. como todo es mentira. Laquelee se había adelantado. como saliendo de un entremés de Maese Pedro. El juez se quitó la peluca y la puso sobre una silla. Imagínate a los acusados de este tribunal: yo los declaro inocentes. que ellos son y no son inocentes. dijo con voz solemne. La sala. Orellabac recordó el repertorio humorístico de Maese Pedro. pero.. « ¡Al Tribunal de las mentiras!». El titiritero sintió dos tirones y. traje negro. Sobra decir que en este lugar el engaño es regla: La es posa dice: “soy fiel”. ¿Ves aquella balanza de la justicia? Si te di go que es una balanza. mecánica mente. DulceLuz corrió hacia ella. Sin quererlo.. ¿No lo sabían? En el paraíso todos mienten. digo mentira. les digo que esta balanza es y no es una balanza. El perro de manchas negras decía. mascullando las palabras: había una vez que había un perro. Página 52 de 59 . debía inventar historias y contárselas una y otra vez. al que llamaban Perropinto. A un grito de DulceLuz volvió sobre sus pasos y cerró la puerta de marfil violentamente.. « ¿Un litigio entre manos? Aquí sólo vienen los que buscan la injusticia.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos más allá del final del túnel. dos perros. afirma en ella la fidelidad de su mujer. entre las columnatas. echados a la sombra.» El juez de las mentiras se echó tres nsj has.. era una especie de taller en el que colgaban la balanza de la justicia. Se movía imitando a los muñecos de madera. siguió los pasos de DulceLuz. que son mentirosas. repitiéndolas. peluca de rizos blancos. entienden lo contrario. máscaras y toda clase de objetos cortantes. Al final quedamos en lo mismo: inocentes y culpables a la vez: culpables para mí. un perro joven de manchas negras y un perro viejo. te diré que el Libro de los Deseos existe y no existe.. con los brazos sueltos. no sonrío. Creyéndose culpables. mal iluminada. El marido entiende que le es infiel y le responde: “eres infiel”. ropa sucia en grandes tinas y tres viejas que tejían infatigablemente bajo lámparas de luz roja. El ayudante de Maese Pedro sintió vértigos por vez primera en su vida de máquina. si digo que no es una balanza también miento. Los carceleros cumplen mis órdenes. solemne y gordo. encadenándolas locamente. no sin ansiedad. mezclándolas. ¿Quieren quedarse?» Orellabac le preguntó: «¿ Decirme cómo encontrar el Libro de los Deseos?» «Sí y no». por que lo que afirmamos aquí siempre es mentiroso. ignorando a los intrusos del paraíso. Al cabo de pocos minutos se interpuso un personaje antiguo. Había también dos graderías. pero como su respuesta es mentirosa. se imaginan lo opuesto de lo que creen y afirman su inocencia. encerrado en una botella. Para que me crean los acusados.. Luego se sentó encima y siguió hablando: «Te digo que sí y que no porque así es.. El juez abrió una escotilla en el suelo y los invitó a bajar por una escalera. El perro joven le refería al perro viejo sus invenciones literarias: el Genio Aldebarán. también es mentirosa. conversaban perezosamente. Nueva caminata por las galerías. retratos de jueces. que se encontró una botella. Estaba frente a un nuevo jardín. para matar el tedio de mil años de prisión. con cumplimientos verdaderos.. y un periódico bajo el brazo. pasen a la sala del Tribunal». El juez llevaba las mejillas pintadas como payaso de circo y la nariz hinchada en forma de berenjena.

como los teatros antiguos. Tal vez pensaban así. «La Ciudad del Palacio Gris y los vastos reinos de Imago están llenos de cámaras y de pantallas». aunque pudo haberles despertado la curiosidad ver a aquella vieja pícara con fama de hechicera y a una doncella de largos cabellos que le ocultaban el rostro. Pero lo más notable entre tanto polvo de desesperanza. Imago Rex miraba fijamente al espectador y lo señala ba con el brazo hacia adelante y el índice extendido. cuyo perfil se dibujaba contra el cielo oscuro y relampagueante. porque preferíamos los títeres. el yelmo entreabierto. Vida turbia. Ciudad oscura. mientras con la otra mano. a quien el viento del sur desnudaba en cada soplo. sin árboles ni flores. tan vasta y silenciosa como el olvido. en la confluencia de la Calle Central y el Paseo de los Robles Marchitos. risible. acompañada de forasteros. pareció no reparar en el polvo infinito ni en los rostros sin vida. junto al abismo. Finalmente. Nadie se hablaba.. azotados por el viento. por más insólitos que les resultasen. si ya nadie leía libros? No era la primera vez que atisbaban a Laquelee por aquel camino. vida melancólica en las calles. Ardía. Tal vez debían resultarles extraños aquellos personajes. sobre el aventurero enigmático y. la columnata. como lo ignoraban. todo gris en las casas. mientras seguían la ruta del desfiladero. CIUDADANO: ERES MI ELEGIDO. vida triste. seguidas de un caballero sin caballo. porque en todas partes se proyectaba el Rostro Fraterno. se regalaban grabaciones de la Voz Siempre Bien Entonada y se alzaban esculturas del Rey Sembrador. La Ciudad Flotante.. exclamó Laquelee amargamente. Una y otra vez. Entonces me di cuenta: los prodigios que acabábamos de contemplar. Debajo estaban siempre un letrero y la misma leyenda: TE SEÑALO. Las cuadrillas de funcionarios especializados en limpieza iban de una imagen a otra. ignorándolo todo. poseído como iba por su destino. DulceLuz se abrazó a mí. junto al río. vestigios de plantas podridas y mar chitas. la barca de ébano. apretando los labios al sentirse señalados por la décima tercera estatua ecuestre del Rey. hacia los espacios de Imago..Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos Las columnas acababan en un pequeño puente sobre el río por el cual La Ciudad Flotante se unía a la ribera y a una gradería en la roca. Los habitantes de La Ciudad del Palacio Gris rara vez se interesaban demasiado en los forasteros. con esa tristeza de los dioses muertos. sin embargo. entre polvaredas. trituraba un haz de espigas. imágenes repetidas hasta el infinito. sin descanso. La Ciudad del Palacio Gris. Los transeúntes miraban el mundo con indiferencia. lo que más llamó la atención del Caballero Metálico. ciudad lánguida. hacia la Torre de la Biblioteca. En aquel instante lo recordé: entre los bártulos de Maese Pedro había una linterna mágica. oxidada desde tiempos remotos. y una armadura arrebatada a las bodegas de un teatrillo de pueblo. ¿Qué podría interesar en la Torre? ¿El Libro de los Deseos? Ese libro era Una fábula — Página 53 de 59 . «El poderoso Imago Rex nos ha hechiza do con otro de sus mil trucos». y sólo eso. plegada hacia el pecho. una y otra vez. 44 Nuevo ascenso. el cubo.. fue reconocer a Imago Rex en todas partes. horror en las piedras y los cristales. ciudad petrificada bajo un cielo de hollín y de plomo. ¿Por qué iban a la Biblioteca. en cierto modo. de una escultura a otra. no eran otra cosa que imágenes cinematográficas proyectadas en el muro. has ta la asfixia. Orellabac. en los jardines sin hojas. ya que una era el reflejo de otra: en todas. arrancando la costra que formaba sobre todas las cosas el polvo perpetuo de La Ciudad del Palacio Gris.

de igual forma y con el mismo poder insondable lo ocultarían sin cesar a la lectura de ojos infames. Esta cadena de desilusiones le resultaba agradable al tirano y a la estirpe de señores poderosos que. llegó al absurdo de contratar bibliotecarios audaces para que lo identificasen. en sus corazones. leerlo. sino que más bien les avivaba en sueños antiguos y fatigosamente guardados. igual que la Ciudad. Pero algo había sucedido en su vida. practicaban el arte infame de gobernar adormeciendo a la gente con mitos y milicias. verificar las existencias. el mismo Imago Rex. esconderlo e interpretarlo para siempre jamás. Página 54 de 59 .. sin código de clasificación. ¿Por qué estaba DulceLuz en libertad y no en la prisión de la pirámide prohibida?. ya no tan indiferentes. pero sólo a un aventurero se le podía ocurrir lo imposible. Imago Rex —pensaron. desde los antiquísimos días en que se construyeron la Torre de la Biblioteca y el Palacio Gris. sin embargo— se impondría otra vez. aquella maldición había tenido consecuencias reales. sin duda— muchos sabios y buscadores de fortuna se decían que el libro estaría en algún estante. aunque nadie sabía cómo hacerlo ni en qué señales apoyarse. se preguntaron con curiosidad algunos transeúntes. lo único que se podía afirmar al menos con cierta verosimilitud. igual que sus antecesores. con él. Cien veces (ingenuamente. para engañar a quienes iban en su busca. y vigilaban de reojo a los forasteros que les re movían el rescoldo bajo las cenizas. era una leyenda antiquísima. divisar a aquel extraño trío en su paso firme hacia la Torre de la Biblioteca no los sorprendía. ya no buscaban nada. con esa tristeza de la desilusión absoluta. petrificados bajo un cielo de hollín y de plomo. pero no muerto.. en las casas. varias generaciones de gobernantes que lo antecedieron en el palacio gris. aquellos hombres habían olvidado todos los libros. ni había fuerza humana capaz de recorrer el total de la Biblioteca. la estirpe de Imago Rex les facilitaba la búsqueda del Libro a los aventureros ocasionales. habían fortalecido la tiranía gracias a las debilidades que provocaban en muchos súbditos las ansias de encontrar el Libro. para que no conspirasen: el frenesí de buscar agotaba en ellos las tentaciones de rebelión a la hora misma de gestarse. vivían entre plantas resecas. ningún catálogo lo mencionaba. Antes de desistir. De cuando en cuando —cada diez años.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos pensaron tal vez aquellos hombres indiferentes—. Por eso. su vida era turbia: vida melancólica en las calles. Unos cuantos se habían atrevido a ir en su busca. o con signatura errada. aún contra las predicciones de su caída. Aunque todos habían oído hablar de él. si eran capaces de semejante milagro. renovarlos.. como había sido siempre y sería para siempre jamás en la Ciudad del Palacio gris y en el Reino de los Deseos. según la cual buscar el Libro de ¡os Deseos significaba aproximarse a la muerte o al delirio. Los súbditos de ¡mago se habían cansado ya y dormitaban bajo el polvo de aquel secreto dormido. algo que ya ni los mismos habitantes de La Ciudad del Palacio Gris reconocían: por tanto añorar un libro sin rostro. desde hacía tanto tiempo que ya todos lo habían olvidado. Desde hacía tiempo. para reservárselo Únicamente a quienes ellas mismas señalasen. revisar los catálogos. Tal vez esperaban. ya casi no deseaban e. poseerlo. viéndola preceder a Laquelee y al grotesco Caballero sin caballo que las acompañaba. Por tanto buscar los frutos del deseo. nadie había llegado a tocarlo. Los más sagaces se atrevieron a pensar lo impensable: si las fuerzas que escribieron el libro podían conceder la realización de los deseos a quien lo leyere —decían---. Por tanto desear. ni a echarle siquiera una mirada efímera. Lo único sensato. Esperaban. Imago Rex y. ¿No era DulceLuz aquella joven ardiente? La brisa del sur acababa de liberarle el rostro y apretarle el vestido contra el cuerpo. Pero el Libro de los Deseos no estaba clasificado. Verdadera o falsa. Sobre Imago Rex circulaba una profecía según la cual su ahijada había de destronarlo. por cierto) había ordenado a los eruditos poner en orden la Biblioteca. nadie lo había leído jamás..

y encontraron a una niña muy pequeña con un libro en las manos. parecía una fortaleza en construcción. Desde ahí. El Caballero Metálico. parecía brotar vida en todas partes. Después de una marcha infinita alrededor de la Torre.. Los magos son pausados y hacen menos muecas que los payasos En aquella Uruq. Cuan do acabaron su tarea. Al pisar el primer peldaño. 46 La soledad. DulceLuz y Laquelee. que barría el polvo alrededor de Orellabac y de las dos mujeres. atropellándose. con una sonrisa tierna. luego de un largo esfuerzo. llena de alegría.. pero rotas. con las cuerdas podridas. llevaba al pie de la escalera. Página 55 de 59 . 45 Tremolan había regresado a su casa a cambiarse de disfraz Traía un batón de mago y barbas postizas No se puede caminar por mucho tiempo con zapatos de payaso: hay que hacerlo a saltitos. Subían. Pero no pudieron leer nada. un camino accidenta do. recogiendo las hojas sueltas. cuya vida se había desperdiciado buscando el Libro de los Deseos en la Biblioteca. famosa por los carnavales. Una escalera ascendía por el exterior. Aproximándose desesperadamente. pero no volaron hacia afuera de la Torre. y cinceles incrustados. Las hojas flotaron por la cámara abierta a todos los vientos. alcanzaron la cima. las piedras vibraron. la Torre de la Biblioteca. con andamios de troncos en pie sobre los cuales reposaban arcos. que duró un tiempo incalculable.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos Sentados sobre una piedra. para no convertirse en el hazmerreír de todos los picaros de la Ciudad Tremolán llevaba también una varita mágica. casi saltando hacia adelante. casi intransitable. Sopló un viento cálido. el espacio era ilimitado. si uno se disfrazaba. Todas las hojas. Llegaron al pie de la escalera. brutal. entraron a una cámara abierta a todos los vientos. La brisa les lamía el rostro. corrieron por todas partes. dinteles y azoteas inconclusas. Aún quedaban grúas de rueda. levantando la pierna y doblando mucho la rodilla. los actores y los con cursos de disfraces. y que leyó (todos la oyeron leer): yango hinya fonga pacas cayo sas simba sa sa ques mm pm pm yinya yinyoyingo conga tonga yin. sopló un viento poderoso que lo descuadernó y dispersó las hojas. polvorienta y casi melancólica. vencidos por la avidez de la última oportunidad. todos la oyeron leer: yayan do yayanga yayayo yachingui yayancho sissisi singa sinya sisa sasa mingo mema sembo minya miño. El vestido de mago le sentaba mejor. inclinada hacia el abismo. los riscos. al mismo tiempo. dos sabios decrépitos. agitados. A sus pies reposaban cúmulos de granito cortado. inacabada después de tantos años. excepto una (tal vez). Por el norte. pero ya entonces fue demasiado tarde pues. en el peñasco más alto. apilaron las hojas en el suelo y se sentaron a leer. Abrieron una puerta. Y eso cansa tanto como si se durmiese de pie. El aire comenzó a perfumarse. cambiante. el precipicio negro. sí. Laquelee sonrió.. en cuya portada sobresalía esta leyenda. Orellabac pensaba en su destino. se mesaron los cabellos y exhalaron tristes lamentos. La niña leía. Orellabac alargó la mano para arrebatarle el libro. y allí. que había recogido la niña. sino que descendieron balanceándose suavemente. La niña sonrió. dando vueltas en espiral. Los troncos de roble labrado se pudrían a la sombra. tema que hacerlo bien. escrita con letras de fuego: Libro que trata de los deseos y como realizarlos.. Conforme se aproximaban a la torre. o a medio cortar. escalón tras escalón. No leyeron nada porque las hojas del Libro de los Deseos estaban en blanco. Absolutamente nada.

y lo comprenderás para siempre jamás. se volvió invisible a espaldas de DulceLuz y Laquelee y siguió buscando así la última hoja del Libro de los Deseos.. al azar. había crecido. saltó un dragón humeante de ojos tristes cuyo dibujo había ocupado dos páginas completas. taloneando contra los libros en que esta sentada. aunque yo sea máquina y las máquinas no deseen nada. en medio de la página. ¿no era ése uno de tus deseos? » El Caballero abrió el libro una vez más al azar y.. Ábrelo». había aprendido a hablar. «Cógela. El Caballero Metálico recordó el anillo de dos capas de níquel. Lo ignoro aún. «Ya me oíste leer lo que dice. «puedes abrir otra página y hallarás la espada negra de fuego: tú la andabas buscando. Ponlo en el suelo. el Caballero Orellabac..Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos Orellabac corrió. Orellabac se incorporó de un salto. uno solo. entre torres incontables de libros que se superponían de un piso a otro. «Puedes estar seguro de una cosa: el Libro de los Deseos no existe. Página 56 de 59 . El Caballero cumplió la orden.» La niña le guiñó un ojo y murmuró: «Coge aquel volumen de lomo azul y le tras rojas. El destino me obliga a intentarlo».. ¿No has es cuchado nunca a los niños cuando aprenden a hablar?» «Un destino extraordinario me arrastra hacia el Libro de los Deseos. La niña. ¿Debía seguir buscando? ¿Era importante lo que buscaba? 48 «He buscado el Libro de los Deseos por largo tiempo. Había perdido la fortaleza. tres de cobre. estaba el dibujo de su propia espada negra. Tú lo tenías. sentada sobre un grueso volumen. «De nada te sirve hacerte invisible». saltando hacia ella otra vez. 47 Tremolán se agitó levemente. con tono imperioso y riéndose. ahí. alumbrados por los resplandores del crepúsculo amarillo. agigantado. Rompió la varita mágica y se desgarró la barba. descendía ya por las escaleras. La niña le hablaba con voz dulce y armoniosa. mete la mano en el dibujo y cógela». aplaudía y sonreía tierna mente. Lee uno. una de estaño. perseguido por ángeles de cartón. Al abrir lo. pero el dragón. la que había destruido el CazaHierro.. La magia de la sortija carecía de importancia para aquella niña que alcanzaba con la mirada incluso a los seres invisibles. Ya no gateaba. «Siéntate». leías una hoja. Haciéndolo girar tres veces.. podré desear y realizar los deseos. ¡Dámela! » « ¿Qué la quieres?» « Vociferó. volvió a decir la niña. pero la niña gateó velozmente por la puerta de acceso a los pisos inferiores de la Biblioteca y se perdió de vista. gesticulando. Lo que siguió luego fue una nueva y maravillosa búsqueda en el laberinto de los libros olvidados del mundo.» « tú te imaginas que podrás lograrlo?» «No lo sé. Sostenía la última hoja del Libro de los Deseos entre los dedos y le sonreía. desde donde le colgaban las piernas.. Pero existen los libros. dijo. Un gigante pasó girando a su lado. Todos los libros son el Libro de los Deseos. Cuando lo interprete. cuatro de oro y una de plata.. «Ahora». Orellabac hizo girar el anillo y se volvió visible de nuevo. sabiendo esto. como si en el pecho le germinase una semilla de in certidumbre. el anillo mágico de los Sembos de Tava-Catú que había remojado en las lágrimas del Genio.

Pero entonces se interpuso Imago Rex.» «Ya empiezas a entender. « ¿Pueden satisfacer los deseos?» «Te diré lo que sabemos los gobernantes. quien gritó con desdén: «No lo mates». inesperadamente. entre montañas de libros. como gran des manzanas rojas. lo aplaudían.. cuya hoja despidió lenguas de fuego. porque los seres imaginarios pueden ser más poderosos que los seres reales».Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos Al tocar el papel. » «Y podrás reinar en su corazón.. me temerán a mí. Orellabac observó cómo la mano derecha se le convertía en di bujo y apretaba el puño negro. que observaban. corrió detrás del dragón cuya estela de humo flotaba en el laberinto de los libros olvidados. que a la vez parecía escenario y bodega de muñecos. preguntó el ayudante de Maese Pedro. « «Sí. arrancó el arma.. El Caballero blandió la espada de fuego y se dispuso a hendir la carne escamosa. el Caballero Metálico. «Sí lo sabes.. Tenía cuerpo brillante. En los teatrillos había señoras de pie. En una bóveda oscura un pintor dibujaba al Rey. respiraban animales anónimos. aunque sean imaginarios». se a cuerpos bajo sábanas blancas. admiradas. Página 57 de 59 . No sabía qué hacer. y lo vio. 49 Tremolán sentía fiebre. detrás de los estantes. De pronto corrió al teatro de Maese Pedro a cambiarse de disfraz por tercera vez. El Dragón venía a su encuentro. el ayudante de Maese Pedro se encontró repentinamente bajo una carpa de circo.. ojos inmensos.. mientras un grupo de poetas con orejas de burro le recitaba poemas épicos. garras de águila. ¿por qué lo preguntas?» «No lo sé». 50 « ¿Es cierto lo que dices?». Luego de una marcha de sorpresas. blandiendo la espada negra de fuego.. estaba a punto de exaltarse y delirar. Un chorro de sangre le bajaba por el lomo.. pero no esperó más y. « ¿Quieres el dragón para vencer la voluntad de los hombres?» «Mientras los hombres les teman a los bichos de papel. al ayudante de Maese Pedro. y le lanzaban flores rojas. « ¿Qué no he de matarlo?» «¿Porque lo necesito». A su paso derramaba escamas que parecían esquirlas de metal purpúreo. con la espada en alto. En rincones oscuros. También había niños con revistas o jugando a la rayuela. Sin dar muestras de sorpresa por aquellos nuevos prodigios. ¿Qué buscaba? Había dado muchas vueltas y seguía en la incertidumbre. En su persecución corrió por salas y teatrillos. los poderosos y los malvados: es muy fácil engañar a un hombre cuando confía demasiado en la satisfacción de los deseos». de un tirón. como en el teatro. « ¿Lo necesitas?» «Los tiranos necesitamos de los dragones. Orellabac». despidiendo fuego.. « ¿Dices?» «Tú lo sabías ya: los hombres han llenado el mundo de seres imaginarios. y.. Por las salas iban y venían hombres terribles arrojándose ladrillos y discutiendo en lenguas que ni ellos mismos comprendían. Los hombres sensibles al horror se dejan dominar sin mucho esfuerzo».

sin re parar demasiado en su interlocutor. el Caballero Orellabac tuvo tres visiones que escenificaban las tres últimas oportunidades de su vida: en la primera. cuando escuchó un crujir de metales que se entrechocaban como cien máquinas al quebrar tuercas de acero.. un día. tras un biombo de cristal empañado. En la embriaguez de las ficciones a las cuales me abandoné mágicamente (al fin y al cabo era yo. y sus aventuras en el Reino de los Deseos. y. pidiéndole que huyese de aquel mundo engañoso. dijo. Ahora vete Página 58 de 59 . vagué por las calles de Uruq. triturado por los CazaHierro. y lo comprendió todo. escribiendo la historia de un Caballero y un Dragón. un corazón a punto de estallar. lo despedía con señas y con gritos inaudibles. «Pienso una cosa». una espada y un libro. de gustando y destruyendo con placer de engranaje. la mandíbula temblorosa y los ojos calenturientos. A cada hombre le gusta creer que los demás tienen la culpa del daño que hace. y luego le clavaron los dientes en el cuerpo y chuparon el líquido rojo que derramaba a chorros. con el deseo. y le vino a la memoria también el episodio extraordinario a causa del cual había enloquecido y se había quedado sin memoria: liaba jaba en el teatro de Maese Pedro. Después de aquel arrebato de locura. se arrojó contra el Dragón para desgarrarle el costado. niño. para triunfar sobre el delirio. Exhaló gritos de guerra y. blandiendo la espada de fuego con el brío majestuoso de los caballeros. a la vez que se quitaba el yelmo por primera vez en esta historia y exhibía el rostro apasionado. pero lanzaba tiernas miradas al Dragón. el yelmo. Orellabac sintió una extraña cabalgata de bestias. 52 Ya a punto de morir. una no che y un día más de carnaval. en el último instante. ignorando la mirada turbia del Rey Imago. la historia de Tremolán. quien inventaba las historias del tiranuelo Maese Pedro). 1 los fantasmas que les corroen el corazón!» Imago hablaba indiferentemente. ¿por qué tienes dudas? El placer de engañarse tienta a los hombres. la hoja de la espada negra. salta ron y le hundieron los dientes de clavos y dagas centelleantes. como si hubiesen ingresado en la realidad física. cuando se degradaba en un puñado de basuras metálicas. Estaba enardecido. En el vértigo de morir quiso la vida y. Era un arrebato. lo hacía con displicencia. empezó a buscar un Dragón. Comprendió que aquella era una búsqueda de su memoria.. el dolor y el fin de todas las cosas. le ordenaba encerrarse en el delirio para siempre jamás.. te destruiré a ti y a todos los de tu estirpe». el Caballero Metálico. su ayudante. amarillento y con los ojos sangrantes. reconoció el deseo y. «Pienso que.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos «Sí. destruyendo tus dragones. ya tarde. un torbellino de hierros candentes.. entre llamaradas de luz. DulceLuz. cuando de pronto el Dragón y el Caballero estaban ahí. y entonces Orellabac. en la segunda. Imago Rex. Los CazaHierro llegaron bufando. Lo dominaba una pasión primigenia. el ayudante de Maese Pedro. mientras vagaba por regiones maravillosas. llorosa. recordó que en realidad se llamaba Tremolán. como jamás lo había soñado en sus sueños de máquina degradada por el caos de los deseos. Orellabac tenía la voz temblorosa. como si se hubiesen liberado del texto en que el titiritero hablaba de ellos. tuvo la tercera visión: la vieja Laquelee tomaba un libro entre las manos y leía lo siguiente: 53 —Así ha sido. Lo hacía ya. 51 Cuando Tremolán se disfrazó de caballero andante. masticaron la armadura. deseando la vida con desesperación. Cuan do lo miraba. me dio por confundirlo todo y por imaginarme que me sucedían aventuras incomparables y que era un robot al cual habían condenado a buscar el Libro de los Deseos.

.. pues se ha hecho tarde. guiándome por entre los ángeles de cartón. He olvidado muchas cosas.ar Página 59 de 59 . Fue un adiós para siempre. depositando los manuscritos en el cofre—. en el cofre. Percibí un leve temblor en sus manos. Libros Tauro http://www.com. Me empujó cuidadosamente.Rafael Ángel Herrera Viaje Al Reino De Los Deseos —exclamó Baltasar. pude entrever. En tu casa ya habrán limpiado el reguero de begonias que dejó el toro. una espada negra con la hoja hecha trizas. vete ya. las máquinas y las revistas de la compra y venta.LibrosTauro. pero jamás olvidaré este detalle: cuando Baltasar guardaba los papeles. Le dije adiós.