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Panorama Interzona Elsa Drucaroff  El oficio de antologar.

Seba Kirzner me dijo, en razón de la antología de poesía 2021, que se había dado cuenta que en la mayoría de las antologías que había leído el criterio era más bien de cercanía o amistad, y que le resultaba difícil encontrar el criterio para dejar a alguien afuera. El primer tomo de esa antología editada por milena caserola tiene más de 500 páginas. Esta anécdota fue lo primero que me vino a la mente cuando comencé a leer Panorama. Elsa argumenta en el prólogo una tesis, que iremos desgranando, que me permite hacer al menos una diferencia conceptual entre lo que sería una antología y lo que reconozco como libro colectivo. Cuando un grupo o taller decide autopublicarse, el libro resultante suele llevar el “Antología” de subtítulo. Esto es una reunión de textos, y su eje lo compartido, lo leído lo reconocido entre “cercanos” aún cuando el “grupo” sea virtual aún cuando los autores sólo se conozcan por sus post o actualizaciones de estado. Hay entonces un trabajo de antóloga, un antologar que va a recortar, elegir, seleccionar. Elsa propone una extensión o desviación o paralela a un trabajo anterior: “Los prisioneros de la torre” dice “(Panorama)explora el después de mi ensayo Si allí trabajé con narradores de estas
generaciones, que en su mayoría publicaron antes del 2007, ahora busqué autores que publicaron luego o que permanecían inéditos.” La propuesta es entonces, “lo nuevo” y a lo porvenir suma un desafío que explicita: “ensanché la mirada” escribe en el prólogo. Esa amplitud se refiere al concepto mismo de lo que implica narrar, contar una historia. La autora tiene allí un acierto que el libro corrobora, porque no se limita a la narrativa encasillada en la prosa sino que la libera, la re sitúa en su sentido profundo, la lleva a su origen, que se corresponde al origen de toda la literatura. Explica Druki: “la idea de lo narrativo trasciende sus géneros específicos (cuento y novela). Las obras de teatro casi siempre cuentan historias, la poesía lo hace a veces, y la crítica —literaria, teatral, etc.— construye relatos implícitos o explícitos mientras organiza y reflexiona sobre lo que otros han contado. Existen más géneros con escritura que podrían haberse integrado a este libro con igual derecho: el guión cinematográfico o televisivo, el cómic, la crónica periodística y más. Límites de tiempo, de espacio, y algunas dificultades prácticas me obligaron a seleccionar narrativas en cuatro géneros entre todos los posibles. Otro de los ejes del trabajo es la investigacioón, la exploración de lo desconocido. Porque desde “Prisioneros de la torre” Druki se mete de lleno en el under literario y lo recorre con el cuerpo y la mirada atenta. Desde allí comienza a tramar el libro y a encontrarlo necesario. En este sentido hay un acierto más que es editarlo con Interzona, que para quienes transitamos el mundillo editorial ha sido la editorial que nos presentó, en su momento a Cucurto, Casas, Umpi, Lemebel y tantas otras “nuevas voces”. Interzona se hizo mítica, implosionó y ahora ha vuelto a la carga, renovada pero sosteniendo la antorcha del legado editorial. Un último punto referido al trabajo de antologar, se halla en la forma que Elsa presenta las lecturas, los agrupamientos que nos ofrece y de los cuales hay mucho por decir y discutir. Es cierto que los textos son merecedores y que no se han trabajado por “encargo”. Que como ella afirma “son poderosos”. El modo en que decide entregarlos a los lectores utiliza el agrupamiento como “hipótesis de ciertos relatos que pululan hoy en la sociedad”. El índice razonado. Cada agrupamiento define alguna temática que la antóloga presenta con una frase extraida del cancionero rockero. Aquí una salvedad clave, ya que Druki apela a la vigencia de estos referentes del rock. Es entonces cuando las generaciones se cruzan, hay allí una operación intelectual que pretende trascender y comprender a los autores desde la mirada de quien elige. Las frases de apertura corresponden, en su mayoría, a bandas que refieren a generaciones anteriores pero que han logrado trascender en sus tribus, y han renovado su público. A mi modo de ver, son puentes que la antologadora utiliza para para poder dialogar con esas voces desconocidas, algo de la reciente tradición que podría ser común a los nuevos narradores, aunque no los identifique. Es, me atrevo a decir, una manera de hallar lo que nos une y a la vez revelarles a los creadores empatías y como lo nuevo se encuentra también inserto en las banderas levantadas por generaciones anteriores. Es cierto que las narrativas contemporáneas exploran los mundos que han surgido al margen de la cultura central, y allí aparece el reggeton, la cumbia, el hiphop, el trance, los subgéneros, la villa, el

barrio, etc. También arriesgo a modo de pregunta, que el rock hoy en día es más bien parte de la industria cultural de consumo, que ha perdido el halo que lo situaba en lo paracultural de los años ochenta incluso de los noventa. Por ello es también un hallazgo no menor que Elsa recoja aquellos referentes que han mantenido ese halo. Principalmente Los redondos, divididos y las manos de filipi, que si bien parece una banda nueva, tiene más de veinte años con la música.   En definitiva, el libro propone dialogar desde una mirada que ha atravesado el under y que ha sabido situarse como puente y avanzada. Logra armar un compendio sólido, reflexivo y donde prima la obra que se viene, el futuro que ya llegó. Los temas, insisto, revelan conexiones que, intuyo, los propios autores podrían no haber tenido en cuenta y esto la vuelve atrapante, cada introducción lejos de ahuyentar al lector lo incita a aboradar los textos. Al modo inverso de lo que exponía al principio, logra una reunión, un libro colectivo que no parte de la premisa de conocerse previamente sino de haberse descubierto junto a otro texto y este es uno de los mayores logros del libro, aunar la polifonía sin hacerle perder sus atributos.

Quiero hacer un apartado breve para referir a las obras que son el fundamento del libro y como ya se dijo se destacan por su pawuer. Fuertes, exasperantes, dulces, íntimas, divertidas, reveladoras. Un guiso bien cargado en un mediodía frío, o un refrescante tereré en la siesta chaqueña. Violencia, encuentros, sexo