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El amor es lo más parecido a un milagro que vi en mi vida
Alejandro Dolina recibió a Telémaco en su casa y se entregó por completo a las confesiones del corazón: negó ser un seductor y aseguró que las mujeres no le hacen ningún caso; reveló ser un escritor sufrido y un músico mediocre; y se enojó mucho, pero mucho, al hablar de su gran cuenta pendiente: “Siempre quise hacer televisión, pero jamás me llamaron”. Negro transparente. Íntimo…
Por Mauro García

-¡Adelante! -La reconocida voz viene del nal de la escalera que termina en espiral–Pónganse cómodos –invita. En el living destacan un piano de cola, una estufa a leña y una vasta biblioteca. Y está cargado de premios Martín Fierro, Clarín y otros homenajes. Allí, en el corazón de su hogar de Núñez, el escritor, locutor, lósofo, músico y “eterno enamorado” Alejandro Dolina se sienta mano a mano frente a los ¿ángeles? grises de Telémaco. -¿Con cuánto tiempo contamos, Alejandro? -Ehhh… Dos días. ¿Está bien? -…

-¿Cómo es nacer en Baigorrita? -En realidad nací en Morse, provincia de Buenos Aires, que es el pueblo que queda al lado de Baigorrita. Mi madre fue a que yo naciera en Baigorrita, el pueblo de sus mayores, con tanta mala suerte que la partera estaba en Morse. Tuvo que salir corriendo para Morse y allí nací. Fui inscripto, tramposamente, en Baigorrita. Ni siquiera el día en que nací, sino otro: estoy inscripto el 25 de mayo pero nací el 20. -¿Qué lo motivó a seguir una carrera como Derecho después de terminar la secundaria? -El Derecho es una cosa que no tenía, ni tiene, nada que ver conmigo. Simple-

mente seguí eso por inercia, por estupidez, por pereza mental, por seguir a mis amigos, por creer que el secundario continuaba en la facultad, por temor a sentirme solo. Y recibí una enorme decepción y una enorme tristeza, que duró mucho tiempo, incluso hasta hoy. -Y la radio no tardó en aparecer… -En realidad aparecí por casualidad, para hacer algo que no era exactamente lo que las personas que me fueron a buscar querían. De manera que no siento agradecimiento en ese sentido. Me llevaron, de hecho, a un horario de la una de la mañana. O sea, no era un gran favor el que me estaban haciendo. No fue un horario que ya estaba construido y al que

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Sería un gesto de soberbia decir: ‘Esto que he escrito no está muy bueno; podría ser mejor’. No, no podría ser mejor; más que esto no puedo
me llevaron para que yo disfrutara de las mieles y de las glorias que aquel horario deparaba. Era un horario donde te enviaban como quien te envía a Siberia… -Algunas radios siguen siendo Siberia, ¿no? -Algunas radios, sí. En otras han trabajado muy bien. Mi radio es Siberia. (Risas). -¿Realmente es el suyo un programa radial? -Creo que no. Es teatral, no es radial. No sigue las pautas de la radio, que son más relacionadas con lo editorial, con lo periodístico, con las noticias, con la comunicación a distancia. El programa que hacemos nosotros se produce ahí, en ocho metros. Es un fenómeno de la presencia, más que de la ausencia, y la gente, si pudiera elegir, quisiera estar presente. Los códigos son los de la función de teatro o los del recital de música o de lo que sea. No son códigos para la radio, ciertamente. Hay más conexión con el público que con los oyentes. De hecho no tenemos teléfonos. Algo raro en un programa de radio. Esto no fue algo buscado; no es que dijimos ‘bueno, mejor per lar el programa que tenemos’. No es una decisión, sino una catástrofe. (Risas) -¿Al mundo literario llegó antes de hacerse famoso? -Sí, en realidad antes o al mismo tiem-

po que a hacer radio. Pero, desde un punto de vista estrictamente cronológico, he pensado en escribir mucho antes que en hacer radio. La literatura sigue siendo una cuestión más cercana a mis intereses que la radio. No sólo como escritor; después de todo no soy un escritor tan prolí co. He escrito no más de cinco libros. Pero sí he leído mucho, así que la literatura y los libros están en mis pensamientos mucho más que la radio. -¿Cómo se prepara para escribir un libro? -Es un sufrimiento. Me preparo mucho y sufro mucho porque no me sale. Ni siquiera borro. No voy a mentir ahora diciendo: ‘Yo quemo’. Ojalá quemara. Cuando consigo escribir una página, mire si la voy a quemar. La guardo para ver si puedo sacar algo de ella.

-¿Se necesita disciplina y rigor? -Rigor. Que no soy muy capaz de cumplir tampoco. No soy disciplinado. Me paso buscando excusas para no escribir ese día y después, para no escribir al día siguiente. Además boicoteo lo que escribo. En realidad, con la secreta esperanza de que el proyecto sea abolido, para entonces descansar tranquilo. Porque me hace mucho daño escribir. Ahora, una vez que terminé de escribir, soy muy feliz por haberlo escrito. Estoy orgulloso de lo que he escrito. Pero no porque crea que sea fantástico o extraordinario, sino porque para mí, es un gran esfuerzo y un gran logro. Sería un gesto de soberbia decir: ‘Esto que he escrito no está muy bueno; podría ser mejor’. No, no podría ser mejor; más que esto no puedo. -Usted se llama Alejandro como el escritor francés Alejandro Dumas y, al igual

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que él, ha escrito sobre el amor, el honor y la amistad. ¿Son estas tres cosas imprescindibles en la vida de cualquier persona? -El amor sí es imprescindible. Sin honor se puede vivir tranquilamente, sin amistad también. Sin amor, es más difícil. Yo aprendí a vivir sin honor, lo juro. Lo que pasa es que el honor, trabajado por personas bestiales, puede desencadenar masacres. El honor en la cabeza de un estúpido, digo. Imagínese: ponen la bandera de Deportivo Morón en la entrada de la cancha; entonces usted, para entrar, tiene que pisarla. La pisa y queda consumada una ofensa mortal, entonces lo matan a usted. Después viene otro, hace lo mismo y lo matan. Así hasta que mueren todos. Ese es el honor: la verdadera estupidez. En cambio, la amistad está un poco mejor, hasta que usted se aburre de ir a pizzerías con amigos a hablar de Deportivo Morón. El amor, en cambio, es más persistente; lo que no quiere decir que usted deba ejercerlo siempre con la misma persona. Pero, en cuanto a sentimientos, es lo más parecido a un milagro que yo he visto en mi vida. El amor es lo más sagrado. Es más importante que la vocación, que el arte, que el poder, que el dinero, que todo. En sus distintas formas: el amor pasión, que es el que estamos tratando ahora, y también el amor por los hijos, que es otra cosa pero que también es tan intensa e indispensable. -¿Qué es lo más ridículo que ha hecho por amor?

-Muchas cosas. Todo el que cree que con actos altruistas va a recuperar un amor perdido es una persona ridícula. De manera que todos aquellos actos que he hecho para tratar de recuperar el amor de personas que han dejado de quererme, han sido muy ridículos. No se recuperan así nomás. No se recuperan nunca. Salvo que uno regrese, casi, en otra vida. A veces pasa tanto tiempo, cambia uno de tal manera y cambia la otra persona, que se produce un reencuentro, pero ya de personas diferentes, como si fueran en vidas diferentes. Yo he tenido, quizás, algún reencuentro, pero muy parecido al reencuentro de otras personas. -¿Sufrió por amor? -El sufrimiento se produce cuando el amor evoluciona distinto entre los integrantes de la pareja. El amor crece de manera distinta. La antorcha se apaga primero en uno y después en otro. A mí

me han pasado ambas cosas: se le apagó la antorcha primero a mi pareja, antes que a mí; y he sufrido por ello, mucho y más veces. Y otras, me ha pasado que se me apagó primero a mí. En tal caso, he preferido esperar a que se apagara la otra antorcha. Y en ese sentido he sido cuidadoso, porque el sufrimiento por amor es intenso. -¿Cuándo aparece la música en su vida? -La música aparece muy cada tanto. Conozco menos de música que de literatura. Esa es la verdad. Tengo estudios musicales pero no soy tan bueno. No soy tan bueno porque no tengo tanta formación. Me de endo, soy un pianista mediocre, un compositor bastante inspirado a veces, pero no soy bueno tocando cosas complejas. Me paso componiendo y después tengo que decir ‘vení, Federico (Mizrahi, su arreglador), tocá’. Yo no lo

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puedo tocar. Hasta tocan mucho mejor mis hijos que yo. -¿Cómo le fue en la televisión? -No tuve la suerte de trabajar en televisión. Hubiera querido hacerlo pero no tuve la oportunidad, el talento, o lo que sea. Quise trabajar en televisión y nunca pude, ni antes, ni ahora. Creo que ha pasado en mí la virtud principal que es necesaria en la televisión: la juventud. Si no me llamaron antes, cuando era joven, menos me van a llamar ahora. Algunos dicen: ‘Dolina nunca quiso hacer televisión’. Siempre quise hacer televisión; jamás me llamaron, pre rieron a otras personas que, seguramente, eran mejores que yo. Tampoco fue una cuestión de ideología. No me llamaron durante la dictadura, ni durante la democracia, ni durante el menemismo, ni durante la época de la alianza, ni ahora. No me llamaron nunca para hacer nada. No me llamaron solamente para hacer un proyecto mío, sino que tampoco me llamaron para participar en ningún proyecto de nadie, ni para que actuara, ni para que escribiera, ni para que participara de ninguna manera; ni hacer música, ni escribiendo libretos, ni nada. Dolina se envalentona. A esta altura es una de las respuestas más larga de la charla, pero todavía tiene más para decir: “Aprovecho que están ustedes preguntando esto para decirlo: no me llamaron, ni personas que conozco, ni personas que no conozco, ni amigos, ni enemigos; jamás me llamaron. Muchos dicen que tienen por mí un gran respeto y una gran admiración. Lo digo con toda sinceridad y sin ninguna queja: no creo absolutamente en eso. Estoy contento con el respeto y la admiración que tienen algunas personas que compran mis libros -y de ese modo lo demuestran-, o que escuchan el programa, o en el caso de ustedes que me vienen a ver y a hacerme una nota. Pero en el otro caso, no

-Existe una famosa frase “Yo nunca me metí en política. Siempre fui peronista”. ¿Dolina siempre fue peronista? -No, en la adolescencia. Igual no creo mucho en esa frase, creo que es al revés. Justamente el peronismo es estar en política. Casi todas las personas que están interesadas en cómo les va a los demás, son peronistas. Creo que la persona que odia la política, odia al peronismo. Creen que la política es lo sucio; esas son cosas, más bien, propias de burgueses, que ven pasar a las manifestaciones con horror. Creo, por el contrario, que ir a la plaza encuadrado, hablar con los compañeros, emplear horas de descanso para ayudar un cacho a los demás, cebar mate a la unidad básica, es una actitud mucho más peronista. Creo exactamente al revés. Generalmente el peronismo acepta la política.
Un libro para recomendar Uno, seguramente, empieza leyendo un libro que no era el que quería leer. Cuando leí el que más me gustó, ya había leído un montón de porquerías. Me recomendaría a mi mismo Ficciones, de Borges, en lugar de leer El caso Nueve Dedos, de Colección Rastros. pero solamente porque ha pasado el tiempo; no porque yo me especialice en la seducción o porque tenga suerte en ello. Además es horrible: esos tipos que dicen que soy un gran seductor… eso es una porquería. Lo que sí le puedo decir es que el de las mujeres es un asunto importantísimo para mí, que es la cosa que más me importa en la vida, en el mundo y le regalo todos los demás dones a cambio de ese. -¿Intenta seducir a la mujer que más le gusta o a la que accede seguro? -Pre ero fracasar con la reina del corso. Solamente puedo estar con una mujer que, creo, es la mejor de todas. Hay una realidad que no hay que negarla (en algunos aparece más temprano y en otros más tarde): tanto el hombre como la mujer ven llegar una edad en que se convierten en un objeto de deseo de segundo orden, y eso es un asunto difícil de resolver. La selva es rigurosa. Se puede resolver de distintas maneras, por eso también la familia tiene esa función. Son asuntos espinosos. Cada uno lo resuelve como puede. Algunos creyéndose que realmente la persona que está con uno es indispensable y es, de algún modo, la mejor de la manada. Porque, si no, la especie se encaminaría hacia el suicidio masivo.
Producción: J.O. y J.I.S. Fotos: Mariana Palacio

veo en que pueda existir una admiración o un respeto profesional cuando jamás han hecho ningún movimiento de acercamiento para demostrarlo”. -¿Cuántos proyectos presentó? -Muchos, de todo tipo. Incluso el único aceptado fue “Recordando el show de Alejandro Molina”, en un canal, casi podríamos decir, fuera de las 40 del mazo (risas): el canal Encuentro. Fue un programa extraordinario. -En ese programa, el protagonista era perseguido por varias mujeres. ¿Cuánto tiene que ver con Alejandro Dolina? -En nada. Las mujeres no me hacen ningún caso. Que Dolina es un buen seductor, lo dicen en Duro de Domar, que quieren que sea así. A lo largo de tanto tiempo, porque soy un hombre muy viejo ya, he tenido cierto número de novias,

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