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Universidad de San Carlos de Guatemala Facultad de Humanidades Curso:BA10 Arte Antiguo Catedrático: Lic.

Angel Orlando Milian Ciclo Académico: 2012 Segundo Semestre

MUSICA PLÁSTICA RESTAURACIÓN

DEPARTAMENTO DE ARTE HUMANIDADES USAC

Arte Indoeuropeo
Celtas Íberos

ARTE CELTA

Etruscos

Primer área de expansión Hallstat. Hacia el 500 a.C Área de máxima expansión alrededor del 270 a.C. Área celta durante la Edad Media: conocida como “Naciones Celtas”
El término arte celta alude a las expresiones artísticas de los llamados pueblos celtas. Es, sin embargo, una categoría subjetiva y discutida, tanto como el propio concepto de "civilización celta", ya que se aplica a un período de tiempo muy dilatado y a múltiples culturas relacionadas pero diferentes entre sí. Pocas manifestaciones artísticas han sido tan difundidas entre el gran público como las relacionadas con la cultura celta. Desde la caligrafía, pasando por la decoración hasta la proliferación de representaciones religiosas como las cruces o los manuscritos miniados, numerosos son los ejemplos que encontramos a nuestro alrededor y que nos remiten a una cultura legendaria y fascinante que ha sido sistemáticamente mitificada por antropólogos e historiadores, quizá debido al hecho de que sus tradiciones fueron transmitidas de manera oral, y los pocos textos encontrados nos han llegado a través de autores clásicos que describían a los

celtas como bárbaros de apariencia amenazadora. Sin embargo, este pueblo, lejos de ser tan rudo como griegos y romanos creían, nos ha legado exquisitas muestras de un arte que, aún hoy, sorprende por su delicadeza.

Del pueblo celta se han encontrado vestigios en gran parte de la Europa continental y las islas británicas que se remontan a más de veinticinco siglos, a la conocida como Edad de Hierro. El primer estadio se conoce como cultura de la Hallstatt (por la zona austriaca en la que fueron encontrados los restos) y de esa época se han encontrado tumbas impresionantes y fortificaciones que denotan la riqueza de que gozaban por aquel entonces. De hecho, la expresión "arte celta" se emplea sobre todo en relación al arte pagano tardío y cristiano temprano de las islas británicas, cuya más notable expresión son los manuscritos ilustrados altomedievales ricamente ornamentados con elementos estéticos propios del arte nativo insular. Ejemplos son el Libro de Kells, el Libro de Durrow o los Evangelios de Lindisfarne. También destacan las piedras pictas escocesas, cálices, broches y cruces celtas. Posteriormente, en torno al siglo VII antes de Cristo, los intercambios culturales con griegos y etruscos darían lugar a un periodo del arte celta conocido como La Tène (Suiza). Es a partir de aquel momento cuando los rasgos

Triskel con espriales: el trisquel representa las tres dimensiones del ser humano: cuerpo, mente y alma

Knotworks estilo geometrizante

característicos del arte celta comienzan a perfilarse. Sin embargo la estabilidad no duraría eternamente, y cuando llegaron los malos tiempos, las tribus celtas se vieron obligadas a emigrar, invadiendo el territorio griego y romano y siendo invadidos a su vez por éstos últimos, a los que acabarían por asimilarse. Sólo zonas de Britania y de la Bretaña lograron mantener sus costumbres y su lengua durante siglos. La sociedad celta solía organizarse en torno a fortificaciones asentadas por lo general en lo alto de colinas para dominar el territorio de alrededor. Las llamadas oppida por Julio César contaban con lugares para almacenar el grano y estaban divididas en zonas específicas para cada actividad. Tenemos buenos ejemplos de estos asentamientos en la zona sur de Alemania y también en la Península Ibérica, donde adoptaron el nombre de castros. La llegada del cristianismo, con la introducción de nuevas costumbres marcó una nueva etapa en la historia celta, que a partir de ese momento vivió un periodo de esplendor. La tradición artesana basada en la escultura, el trabajo de metal y la talla de la madera que habían cultivado hasta alcanzar un nivel admirable vino a unirse a las formas de representación traídas por los misioneros para originar un arte espectacular y delicioso que nos ha dejado muestras tan admirables como el conocido manuscrito iluminado de Kells.

Sus creencias espirituales se fundamentaban en dichos ciclos naturales y en la continuidad entre el mundo material y el más allá. Los druidas enseñaban que cada fenómeno terrestre tenía su correspondencia en el mundo celeste y de ahí que sus representaciones tuvieran un significado eminentemente simbólico. Así, encontramos numerosas manifestaciones que imitan elementos de la naturaleza de complicada fantasía: hojas, flores, guirnaldas, animales, etc. que se interpretan de manera estilizada, siendo reducidos a esquemas. Por otro lado tenemos la tendencia geométrica, que consiste en una ornamentación basada en decoraciones abstractas de líneas intrincadas que dan lugar a complicados y bellos diseños de una gran armonía. Un ejemplo de este tipo de decoración lo encontramos en los llamados knotworks, o trabajos a base de dibujos entrelazados realizados con una línea continua que fluye formando curvas, nudos y zigzags. También son muy frecuentes las espirales que tenían una profunda carga simbólica y solían representarse solas o formando grupos, como el conocido triskel, consistente en tres espirales unidas que aludía las tres naturalezas del alma humana (o los tres elementos sagrados: tierra, mar y cielo). Todos estos elementos los podemos encontrar también en los que son, quizá, el más bello ejemplo del arte celta: los manuscritos iluminados, auténticas obras maestras de una práctica que los artesanos dominaban, la caligrafía. En ellos encontramos bellísimos diseños realizados con gran habilidad y decorados con fantásticos colores que aun hoy provocan asombro de quien los contempla. Sin embargo se han hallado otros ejemplos en los que los artesanos celtas demostraron su destreza. Tal es el caso de la orfebrería, de la que tenemos restos como collares, pendientes o las fíbulas usadas tanto

a modo de alfiler para sostener la ropa como de amuleto, y que muestran en algunos casos deliciosas formas zoomórficas; o de los llamados torques, pesados collares utilizados frecuentemente por los miembros relevantes de la sociedad, que se realizan de diferentes metales, algunos estaban ricamente decorados con filigranas y otros motivos. Entre los objetos cotidianos los celtas demostraron su creatividad en las máscaras ceremoniales, los calderos o las figuritas votivas. Otro ejemplo del dominio que este pueblo tenía sobre la manufactura del metal lo tenemos en las armas: espadas con grandes empuñaduras ricamente ornamentadas o escudos y cascos de hierro y bronce decorados con figuras muy elaboradas que simbolizaban fuerza y poder. Sin embargo la herencia que con más nitidez podemos rastrear en al actualidad son los mitos, cuentos y leyendas que han llegado hasta nosotros a través de la tradición cristiana, muchas de cuyas propias historias están basadas en fábulas de la historia celta. Tal es el caso de la mitología que incluye seres fantásticos como hadas, héroes, duendes o gigantes, o como las fascinantes narraciones del Rey Arturo y los caballeros de la Tabla Redonda, historias cuyas raíces más profundas se hunden en el brumoso y evocador pasado de bardos, vates y druidas transmitidas de generación en generación.

Dos tendencias del arte celta
Se pueden distinguir dos tendencias bien diferenciadas en el arte celta; una es aquella que se basa en la representación de la naturaleza. Para entender este tipo de manifestación debemos señalar que estamos hablando de un pueblo que basaba su economía en la agricultura y que mantenía una estrecha relación con la naturaleza y los fenómenos celestes.

Arte celta insular
El arte celta insular, con sus característicos motivos de lazos y espirales, está estrechamente relacionado con (e influenciado por) el arte ornamental y zoomórfico vikingo, sobre todo el estilo Borre. · Abstracción geométrica: se desmaterializa el arte, guardando sólo las líneas esenciales de la figura representada o incluso prescindiendo

Figurilla de caballo celtíbero encontrado en Numancia

Castro celta en Vilanova de Cerveira

Roquepertruse: arte celta zoomorfo de las primeras etapas de este arte

totalmente de ella (espirales, entrelazados, etc.). Las formas se reducen a esquemas geométricos. · Creatividad: muchas veces la obra solo es un pretexto para dar rienda suelta a la técnica y la imaginación del artista. · Horror vacui: el llamado horror al vacío, acuñado por los romanos (véase la Columna de Trajano) también es muy característico del arte celta. No se encuentra prácticamente ningún punto vacío en el espacio dispuesto por el artista. · Zoomorfismo: los animales, sean una especie existente o bien de carácter fantástico, tienen preferencia a la hora de ser incluidos en la decoración céltica. Probablemente estas figuras tuvieron en su origen un carácter totémico. · Predominancia de lo ornamental sobre el contenido: el artista celta puede situar una escena en el centro de la obra pero siempre

se recreará en los adornos secundarios, que parecen ser lo más atractivo para él y que reflejan mejor su manera de expresarse. En resumen, el arte céltico se caracteriza por su simbolismo y gusto por la geometría, produciendo una sensación de "caos ordenado" con sus formas abigarradas pero simétricas. No desconoce cierto naturalismo, pero estiliza lo plasmado huyendo del realismo total. Arte celtíbero Su construcción más característica son los castros, poblados con recintos amurallados levantados en las cimas de los montes, que se localizan en las áreas ocupadas por los celtas en el valle del Duero o en Galicia: Las Cogotas (Ávila) y Castro de Santa Tecla (Pontevedra), respectivamente.

Algo más tardía y en relación con la cultura ibérica, son las ciudades de los arévacos, algunas de ellas con gran desarrollo urbanístico como en Numancia, y otras más primitivas, excavadas las casas y calles sobre la roca como en Termancia. La escultura esta representada fundamentalmente por los verracos, figuras de animales que se asemejan a toros, protectores de la ganadería. Son característicos de esta escultura animalista los Toros de Guisando (Ávila).

El sitio de Roquepertruse en Francia es uno de los sitios religiosos celtas más importantes.

El broche de tara es uno de los ejemplos más famosos del arte orfebre celta

Ídolo de tres cabezas celta, se cree es precursor del dios Jano de los romanos

Cáliz de Ardagh

El Caldero Gunerstrup es un ejemplo importante de relieve en plata, su decoración tiene numerosos relieves mitològicos

Los berracos o toros, son ejemplos de escultura animalística. Los famosos toros de Guizando son ejemplo de escultura celtíbera.

ARTE ÍBERO
El término arte ibérico se refiere al estilo artístico propio del pueblo ibero, instalado en la Península Ibérica. Las mejores manifestaciones son escultóricas, realizadas en piedra y bronce; los restos conservados en madera y barro cocido, por ser materiales perecederos, son escasos. Eclipsado por otras civilizaciones, el pueblo íbero, que dio su nombre a la Península Ibérica, tuvo una cultura avanzada para su época. El arte íbero, del que nos han llegado suficientes obras para su conocimiento, es heredero de los tartesos y estuvo muy influido por las culturas griega y fenicia. Entorno geográfico El área de expansión de la cultura ibérica no es muy amplia, aunque sí muy diversificada, lo que favoreció una gran variedad regional propiciada, en buena medida, por las riquezas naturales y los rasgos culturales de cada zona. Sus manifestaciones se centran en tres áreas: Andalucía, el centro de la península y la zona del Levante.

Interior

En el interior, concretamente en la Mancha occidental, destaca la importante ciudad (oppidum) de Alarcos junto al río Guadiana y con importantes restos de calles empedradas, exvotos y figurillas de bronce. Las ruinas de la ciudad ibera (luego romana y visigótica) de Oretum, capital de la antigua oretania a ambos lados de Despeñaperros apenas están excavadas. Los restos son escasos en esta zona: cerámicas, figurillas de bronce y exvotos en los Santuarios de Despeñaperros y Castellar de Santisteban, En esta zona occidental los restos cerámicos parecen emparentarla con Andalucía. No ocurre lo mismo con la Mancha oriental y las estribaciones de la Serranía conquense donde se palpa la influencia del estilo artístico iberolevantino, sobre todo el la cerámica. La zona central y meridional de Cuenca constituye el límite septetrional del mundo ibero que conecta con los celtiberos de la sierra. Aquí destacan numerosos yacimientos en la Manchuela conquense como Barchín del Hoyo y, sobre todo, el oppidum de Ikalesken (actual Iniesta) que conserva el único mosaico del arte ibero y uno de los más antiguos del mediterráneo. Este mosaico tiene la particularidad de representar la fusión de la cultura ibera, griega y fenicia. La cultura ibera está representada por el lobo, animal sagrado; la griega por Pegaso y la fenicia por la representación de la diosa Astarté, en el medio de la composición. El mosaico, del siglo VI a. C. aproximadamente, es muy arcaico en su realización pero por el interés artístico y la antigüedad que tiene merece la pena ser considerado como uno de los emblemas del arte ibérico.

Andalucía

El área andaluza, de Jaén y Granada, es de una gran complejidad por la influencia cultural de los pueblos colonizadores orientales que se habían instalado en ella con anterioridad (fenicios, griegos, etc.) y por la tradición dejada por los tartesios. La proliferación de restos arquitectónicos y escultóricos, así como muestras de orfebrería y cerámica son los rasgos más distintivos de esta región. Junto a esta corriente oriental se aprecia en Andalucía otra de origen helénico, que se introduce desde las costas alicantinas hacia el sur, presente en el Conjunto de Cerrillo Blanco de Porcuna, el Santuario Heroico del Cerro del Pajarillo (Huelma) y en el Yacimiento de Osuna (del siglo III a. C.).

por la profusión de hallazgos, la calidad estilística y la singularidad de sus piezas. Muy sucintamente, se pueden mencionar la gran cantidad de esculturas (sólo en el Museo Arqueológico Nacional se conservan cerca de tres centenares) halladas en el importante centro de culto del Cerro de los Santos -especialmente la Gran Dama Oferente- y en el Llano de la Consolación. Como piezas únicas destacan la Bicha de Balazote, la Dama de Caudete, la Esfinge de Haches, la Cierva de Caudete, el Sepulcro de Pozo Moro, el León de Bienservida o las Esfinges gemelas de El Salobral. En orfebrería destaca el llamado Tesoro de Abengibre, conjunto de vajilla de plata con inscripciones iberas y también la Necrópolis de Los Villares y el camino de la cruz en Hoya Gonzalo que se encuantran en las estribaciones de los altos de chinchilla en las inmedaciones de la Vía Heráclea con cerámicas griegas, materiales púnicos, etruscos, etc. La existencia de grandes oppida en la provincia aun sin estudiar, quizá aumente sensiblemente el ya abultado número de vestigios de arte ibérico. Aunque esta zona siempre es calificada como de paso o de extensión de influencias ibéricas levantinas o andaluzas, es posible que el flujo de extensión fuera, más bien, en sentido inverso y sea ésta una zona nuclear.

Levante

Albacete

Los territorios de la actual provincia de Albacete son especialmente pródigas en muestras diversas de arte ibérico, especialmente escultura, y sorprenden

En el levante valenciano, en la antigua Edetania, las manifestaciones ibéricas muestran grandes vinculaciones, no sólo con la viejas tradiciones de los primeros pobladores del Bronce y del Hierro, como por ejemplo en la incineración como sistema de enterramiento, sino también con las corrientes orientales aportadas por los colonizadores griegos, de los que recogen características propias del período arcaico griego, tratan los mismos temas - esfinges, grifos -, y utilizan decoración geométrica en la cerámica, con fondos amarillentos o ligeramente rojizos.

Esta corriente levantina se transmite a zonas aisladas del valle del Ebro donde se mezcla con los substratos célticos y posteriormente romanos.

Arquitectura íbera
Urbanismo ibérico
El tamaño de las ciudades ibéricas varía mucho, desde las 300 hectáreas hasta apenas una. Las ciudades más grandes se concentran en el sur y sureste de la Península, mientras que en la costa oriental son más reducidas. La mayoría de las ciudades se intentaban situar en lugares elevados, aunque también hay algunas que se encuentran en llano. Prácticamente todos los poblados ibéricos estaban rodeados por una muralla, a veces totalmente y a veces, en los casos en que se encontrasen en un terreno de difícil acceso, sólo por las partes más accesibles. Los íberos construyeron distintos tipos de murallas: De mampostería: construida con sillares más o menos regulares, que forman dos paramentos, el exterior de piedras más grandes y el interior de piedras pequeñas. El espacio intermedio se rellenaba de tierra y piedras. Muchas de estas murallas parece que estaban revestidas con un grueso enlucido de arcilla pintada de rojo. Ciclópeos: compuesta por grandes piedras sin trabajar. Poligonales: en la que los sillares presentan entrantes y salientes que los hacen trabar fuertemente entre sí. De todas formas, de estas murallas sólo se ha conservado la parte inferior, por lo que no se sabe si se realizaban enteras con una única técnica o si eran como la muralla de Tarragona, que tiene un zócalo ciclópeo sobre el que se asientan sillares de mampostería. Tampoco se sabe con seguridad si estaban enlucidas con arcilla o no. Por regla general, todas las murallas ibéricas se refuerzan con torreones de tipo y ubicación variable.
El templo de alcudia es uno de los escazos ejemplos de templos íberos

Los planos de ciudades y poblados que conocemos son muy pocos, y casi siempre corresponden a aldeas pequeñas, que por eso han sido fáciles de excavar. Las casas son de reducido tamaño y con pocas habitaciones, quizá con un androceo y un gineceo. Suelen estar construidas con muros de adobe sobre un zócalo de piedra y revestidos con arcilla encalada. Podían tener umbrales de entrada y en su interior existían hogares y bancos. Los vanos de las puertas podían estar reforzados por postes, que a veces servían también para sostener la techumbre, de ramas recubierta por una capa de arcilla. Solían ser casas de un solo piso, pero también se han encontrado de dos, con una escalera adosada a la fachada.

Tipología de tumbas celtas, arriba cuadrada simple y circular con dromos (pasillo), al medio tumba cuadrada con dromos (lateral) abajo esquema de tumba de túmulo

Templos

Se han encontrado muy pocos restos de templos íberos que sólo dejan hacer conjeturas sobre este aspecto de su arte. Por un lado, han aparecido recintos cuadrangulares, aparentemente descubiertos y con una losa en el centro, que se han interpretado como santuarios hipetros similar a los conocidos como "lugar abierto" del mundo oriental. Esta idea se ha visto reforzada por la aparición en las cercanías de uno de ellos de un quemaperfumes de tipo oriental. Por otro lado, se han encontrado un cierto número de edificios con una estructura bastante compleja que se piensa que podían tener una finalidad religiosa. Estos se datan desde fechas muy tempranas, como el s. VII a.C.,

y todos tienen una estructura muy similar: la planta es rectangular y se accede al edificio a través de un vestíbulo que ocupa todo el ancho del edificio. Está dividido en tres espacios longitudinales, los laterales más estrechos y cortos, por lo que la estancia central se ensancha adoptando forma de T, con el espacio del fondo partido de nuevo en dos por un muro perpendicular a la pared trasera situado en el eje longitudinal del edificio. Este tipo de edificio se puede relacionar con edificios similares del Próximo Oriente que también aparecen en la Italia prerromana.

Arquitectura Funeraria Tumbas de cámara

Podían estar excavadas en el subsuelo o construidas sobre él y generalmente cubiertas por un túmulo. Son características del mundo ibérico meridional y las más importantes se encuentran en Galera (Granada). Casi todas eran de planta rectangular, aunque también las había circulares, y las urnas cinerarias se depositaban sobre el suelo, un poyete no muy alto o en una cavidad abierta en el suelo y cubierta con losas planas. La más importante estaba construida sobre el suelo, contaba con un dromos de acceso cubierto con una falsa bóveda y una cámara de planta cuadrada

cubierta con losas que descansaban sobre un pilar central. Todo esto estaba realizado con sillares y cubierto por un túmulo de tierra que tenía marcado su perímetro con piedras.

esta estatuaria en madera no nos ha llegado por su fragilidad.

Las dos etapas en la escultura íbera Etapa Orientalizante
Esta etapa arranca desde el arte tartésico, a su vez inspirado por los fenicios y, en menor medida y más tardíamente, por los griegos. A esta escultura corresponde la más arcaica escultura animalística de la Turdetania y el monumento de Pozo Moro.

Monumentos turriformes

El más importante es el de Pozo Moro, que es un edificio de planta cuadrada, que sobre un podio escalonado presenta un cuerpo principal cuadrangular, con sus esquinas inferiores adornada por leones yacentes. Algunos de los sillares de este cuerpo están decorados con relieves de una gran importancia. Por encima, una serie de molduras que culminan en gola constituyen el remate. Algunos estudiosos afirman que sobre este primer cuerpo había otro muy similar, de un tamaño algo menor, pero no se puede asegurar con certeza. Posiblemente pertenecía a un rey o príncipe indígena con una cronología bastante alta, hacia el 500 a.C. aproximadamente. Es importante destacar el uso de grapas en forma de cola de milano para trabar los sillares entre sí.

Monumento turriforme de Pozo del Moro

Así, por ejemplo, se aprecia en las estatuas una ausencia de la proporción y armonía características del arte griego, no por falta de pericia, sino por una diferencia de mentalidad. Y es que para la psicología de los íberos,

Desde la mitad del siglo VI a.C y especialmente desde el V, ejerce sobre el pueblo íbero una fuerte influencia la escultura griega. Será esta la época más fértil y cualificada de la escultura íbera. Ciertamente, el estímulo cultural griego traerá consigo la producción escultórica más importante. Desde entonces, destrucciones y vacíos llenan una etapa de decaimiento. Casi todas las obras de escultura ibérica prerromana hasta hoy conocidas, aunque tengan su carácter propio y distinto de las extranjeras, reflejan visibles influencias griegas y fenicias y mediante éstas las de arte oriental, asirio y egipcio. Con dichas obras, de filiación compleja, se hallan otras de más visible factura fenicia y otras de verdadero estilo griego que lo mismo pudieron ser importadas de las regiones aludidas que labradas en la península ibérica por artistas de ellas procedentes. Para el conocimiento sumario de unas y otras podemos clasificarlas por grupos de distintas regiones ibéricas.

Etapa de Influencia griega

Pilares-Estela

Hay muchísimas por todo el ámbito ibérico. Consisten en un basamento, por lo general escalonado, sobre el que se alza un pilar con un remate en forma de capitel, que es la base de una escultura de animal, normalmente un toro. El mejor ejemplo de este tipo de monumento es el pilar de Monforte del Cid.

Polar estela de Monforte del Cid

Escultura íbera
Características generales de la escultura íbera
La escultura íbera tiene una clara base orientalizante y un fuerte componente griego, con matices que pueden derivarse de influjos etruscos o cartaginenses, portadores a su vez de un lenguaje artístico helénico transformado. Además, hay que contar con la personalidad que le imprimieron las propias sociedades ibéricas.

fue más importante el cuidado de los detalles que la calidad del conjunto. El material utilizado fue principalmente la piedra, especialmente areniscas y calizas blandas. Las piedras duras, el bronce y el barro cocido se reservaron para la realización de figurillas de menor tamaño. Se cree que también se realizó escultura en madera, dado el cierto estilo lígneo que tienen muchas de las obras en piedra. Lamentablemente

Grupo levantino

El llamado grupo levantino está compuesto por algunas de las más excelentes muestras de arte ibérico en piedra, reunidas hoy en los museos, que debieron esculpirse desde el siglo V a. C. hasta la dominación romana. Quizá la más

emblemática sea la Dama de Elche, de visible inspiración griega, cabeza a su vez de las consideradas tres

escultórica representan honestísimas damas de pie asiendo con sus dos manos un vaso en actitud de presentar una ofrenda a otra persona y llevando muchas de ellas en su cabeza una elevada mitra. Las variantes de factura y estilo que en ellas se advierte constituyen una prueba de la prolongada existencia que debieron tener aquellos talleres locales sometidos a sucesivas influencias de pueblos dominadores hasta alcanzar los últimos años del siglo IV de nuestra era en que fue destruido el santuario que en ambos lugares se alzaba. Más visibles reminiscencias orientales que en las predichas obras se reflejan en las diversas esfinges de piedra con formas de oro o sus esfinges de piedra con formas de toros o de leones halladas en las provincias de Albacete, Alicante y Valencia, como son: · Esfinge de El Salobral. · La Bicha de Balazote o el hombre-toro (Albacete). · La Esfinge de Agost (Alicante), la Esfinge de Haches y las Esfinges gemelas de El Salobral (Albacete). · la Leona de Bocairente (Valencia), en el Museo Provincial de Valencia. · El León de Coy (Región de Murcia).

Bicha de Balazote

Dama de Elche

· El Sepulcro de Pozo Moro (Albacete). · Todas ellas pueden

grandes damas ibéricas junto a la Gran Dama Oferente (Montealegre del Castillo) y la Dama de Baza. De un estilo que se ha llamado grecofenicio, greco-oriental y greco-egipcio son las numerosas estatuas y bustos del Cerro de los Santos de Montealegre del Castillo y de su

Leon de Bienservida

datar del siglo VII o VI a. C.

La cierva o dama de Caudette

· El León de Bujalance (Córdoba). · El León de Bienservida. · Los dos Leones de Baena (Córdoba). · El León de Nueva Carteya (Córdoba). · La Cierva o la Dama de Caudete (Albacete).

contiguo Llano de la Consolación, ambos en la provincia de Albacete. Sólo de estos dos yacimientos hay 270 esculturas de piedra caliza, en los fondos del Museo Arqueológico Nacional. Junto a otros objetos también de piedra y bronce, el montante total conservado, sólo en ese museo, supera las 670 piezas. Las que revisten mayor importancia

Como derivadas del mencionado grupo levantino e inspiradas inicialmente en el greco-oriental (aunque luego se hicieran del todo indígenas) pueden considerarse las numerosas estatuitas de bronce (algunas de plata) halladas en dos lugares de la región de Sierra Morena en la provincia de Jaén, conocidos con los nombres de Santa Elena (Despeñaperros) y Castellar de Santiesteban. Allí existieron en la época de arte ibérico (desde el siglo

Dama de Montealegre

V .C. hasta alcanzar el V de la Era cristiana) santuarios como el de Montealegre pero cuyos exvotos eran pequeñas fundiciones de bronce y no estatuas de piedra. Se fabricaban dichos objetos vaciando en moldes de barro el bronce fundido siguiendo el procedimiento llamado de la cera perdida y como se inutilizaba el molde una vez servido no se encuentran dos obras iguales entre tanta multitud de ellas. Se han extraído unas 4.000 esculturas de dichos lugares figurando guerreros ibéricos, jinetes, devotos orantes y oferentes, caballitos, piezas del cuerpo humano (pies, brazos, manos, ojos y dentaduras), todo de bronce y de factura tosca y, a veces, de figura esquemática.

Ajuar de Baza con la figura central de la dama o sacerdotiza.

Pintura ibérica

La pintura ibérica no reúne la perfección y el interés que ofrece la escultura del mismo nombre, pero tampoco deja de tener su importancia aun prescindiendo de que muchas interesantes pinturas de las llamadas prehistóricas pueden datar de las edades del bronce y del hierro y sean, por lo mismo, verdadera y propiamente obras de arte ibéricas. Fuera de ellas, la pintura ibérica se reduce a decoraciones de numerosas vasijas y de algún muro de cámaras sepulcrales. Su mayor antigüedad se atribuye al siglo VI a. C. como puede inferirse por comparación con los restos de cerámica griega con los cuales se halla, a veces confundida la ibérica y, sin duda, que

ésta fue siguiendo a través de las civilizaciones púnica y romana llegando quizá hasta la invasión de los bárbaros. La pintura de las vasijas ibéricas cuando la tienen suele ser de color rojo oscuro o negro sobre fondo amarillento o rojizo, presentándose a veces las decoraciones rojas (en Numancia, también blancas o anaranjadas) perfiladas en negro. Los dibujos que se observan en tales vasijas son de dos clases: · Decoraciones geométricas, ya rectilíneas (grecas, recuadros, la cruz esvástica), ya curvilíneas (róleos o espirales, circulillos,

círculos y semicírculos concéntricos, postas) · Decoraciones figurativas (plantas, animales y, raras veces, la figura humana). Estas últimas se presentan ordinariamente en forma estilizada y geométrica pero no faltan las de carácter realista ni las fantásticas o monstruosas. En estas composiciones siempre breves o reducidas no se hallan rastros de perspectiva ni contrastes de claroscuro, ni detalles de perfección técnica en el dibujo; aunque

Detalle zoomorfo en cerámica del primer milenio a.C.

Escena antropomorfa en cerámica estilo Liria

Figura humana pintada en una pieza de vasija estilo Azaila

se encuentran a veces algunas siluetas de animales bien delineadas y en actitudes muy movidas. Cuando estas figuras existen, se disponen casi siempre en zonas sobrepuestas u horizontales alrededor de la vasija, imitando de lejos los vasos corintios. Las colecciones de vasijas ibéricas pintadas se hallan hoy en los museos de Numancia (Soria), Zaragoza, Barcelona, y en el Museo del Louvre de París. Entre los principales centros o depósitos de donde se han extraído las referidas piezas, se cuentan las ruinas de: · · Numancia Arcóbriga

allí extraídas que ostentan visible inspiración griega.

Cerámica ibérica

· Cabezo de Alcalá (Azaila) · A ellas, hay que añadir las estaciones ibéricas de: · · · · · · Elche (Alicante) El Amarejo Meca Bonete (Albacete) Orihuela Marchena (Murcia)

Los investigadores definen más habitualmente como cerámica ibérica una producción alfarera a torno, cocida a alta temperatura en hornos de cocción oxidante, fechada del siglo VI al I a. C. El término "cerámica ibérica" resulta demasiado genérico e impreciso para la gran variedad de producciones a las cuales se puede aplicar, suele referirse en primera instancia a la cerámica ibérica pintada, que es una vajilla fina decorada con motivos geométricos, florales o humanos de color rojo vinoso. Además de esta categoría que es la más común y generalizada del territorio ibérico, existen otras variedades de idéntica tecnología y distribución, como la cerámica ibérica lisa (sin decoración), la cerámica ibérica bruñida con decoración impresa, muy difundida en la Meseta o de otras técnicas como la cerámica de cocina, cuya pasta incluye desengrasantes que le proporcionan propiedades refractarias, o las cerámicas grises que proceden de cocciones reductoras; lo mismo que la cerámica gris, extremadamente común en el noreste peninsular puede ser lisa o pintada en blanco. La existencia de diferentes producciones regionales ha propiciado que en un primer momento los estudios de la cerámica ibérica se limitaran a colecciones específicas (el Valle del Ebro, la Alta Andalucía, La Provincia de Alicante, la región de Murcia ), aunque existen diferentes propuestas de síntesis general. En cuanto al origen de las cerámicas ibéricas pintadas, el estado actual de la investigación establece una clara correlación entre las importaciones fenicias del siglo VII a. C. y las primeras cerámicas a torno ibéricas que empiezan imitando aquellos prototipos, tanto

en forma como en decoración, para consolidar posteriormente tipologías genuinas que incorporan también formas tradicionales del Hierro antiguo y formas de inspiración griega, cuando no directamente sus imitaciones.

Los orígenes de la cerámica ibérica

En el estado actual de la investigación existe un consenso sobre el origen fenicio de las fuentes de inspiración que dieron lugar a las formas de la cerámica ibérica. A lo largo del siglo VII a. C. las ánforas, tinajas y otras cerámicas

Urna de ojeteras perforadas

De su estudio cabe inferir la existencia de un arte indígena verdaderamente original a la imitación parcial del griego y que, tal vez, conserva reminiscencias del miceniano, traídas por los fenicios (sobre todo, de Chipre y Rodas). En cuanto a las pinturas murales ibéricas se conservan apenas algunos restos que pueden estudiarse en las cámaras sepulcrales de los túmulos de Tútugui (hoy Galera, Granada) y en dos urnas cinerarias de piedra de

a torno, lisas o pintadas fenicias introducidas en el medio indígena peninsular desde las colonias fenicias de Andalucía, dieron lugar a una corriente de imitaciones, burdas en un principio, pero gracias al torno de alfarero y al horno de cámara alcanzaron pronto un alto nivel tecnológico, excavaciones arqueológicas proporcionan de paso la hipótesis que la producción de vino, un brebaje exótico desconocido hasta que lo trajeron los fenicios, y la necesidad de producir ánforas, un envase que no formaba parte de los repertorios locales, motivó el cambio tecnológico (torno, horno de cámara) del que resultó la cerámica ibérica. Este proceso resultó ser eminentemente meridional ya que

los contactos con los fenicios no acarrearon reacciones de aculturación semejantes en las comunidades indígenas del este y noreste peninsular. Éstas adoptaron a partir de la segunda mitad del siglo VI a. C. entre otras mutaciones rotundas de sus modos de vida, una cerámica ibérica ya elaborada, procedente del sur y del sureste como se constata en Ullastret. En resumen, a partir de finales del siglo VII a. C. y durante gran parte del siglo VI a. C., las primeras cerámicas ibéricas pintadas y lisas del sur y sureste peninsular muestran repertorios de clara filiación fenicia, sobre todo en lo que se refiere a los grandes contenedores como ánforas o tinajas, que incorporan poco a poco formas nacidas de la creatividad indígena.

Las orejetas son esos apéndices diametralmente opuestos del vaso y la tapa, atravesadas transversalmente por una perforación que podía cerrarse garantizando el bloqueo de la tapa. La importancia de la urna de orejetas perforadas radica en un triple motivo. Aunque preexistente, la forma sólo alcanzó popularidad en el marco de la Cultura Ibérica; de hecho su popularización marca el fin del período orientalizante de palpable filiación fenicia y el inicio de lo genuinamente ibérico. Su cronología la hace elemento director del período Ibérico Antiguo, ya que aparece hacia mediados del siglo VI a. C. y cae en desuso a inicios del siglo IV a. C. Finalmente, su distribución del río Segura al Hérault indica que, contrariamente al período anterior, todos los pueblos de esta franja costera constituían una koiné, una comunidad de intereses, posiblemente comerciales y, por qué no, culturales, cuyo factor de cohesión e identificación era ya en el siglo VI a. C. la Cultura Ibérica.

límite entre la tradición de cerámicas ibéricas a torno y a mano ya que al norte de dicho río, en toda Cataluña y en Languedoc la tradición de las cerámicas de cocina a mano perduró hasta el Imperio romano. Las cerámicas ibéricas de cocina cuentan con un reducido repertorio de formas del que destaca una olla globular, panzuda, de perfil bitrococónico, borde saliente y base cóncava, y una tapadera hemisférica de pomo anillado. Este "servicio" existe en una gran variedad de tamaños, con pocas variaciones tipológicas. La técnica de elaboración de la cerámica de cocina resulta algo más compleja que la

Las cerámicas ibéricas del período pleno
Olla de cocina con decoración zoomorfa

La urna de orejetas perforadas

Por su tipología, funcionalidad y difusión, la urna de orejetas perforadas constituye la forma más emblemática de la cerámica ibérica pintada durante el periodo Ibérico Antiguo. El prototipo no procede del ingenio indígena, sino de una forma de origen oriental que alcanzó en el territorio ibérico una enorme popularidad. El cierre hermético de su tapadera hacía de este vaso una forma idónea para la función de urna cineraria y desde el Molar en el Bajo Segura (Alicante), hasta Saint Julien (Pézenas) a orillas del Hérault, la mayoría de las necrópolis ibéricas de los siglos VI y V a. C. incorporan la urna de orejetas perforadas en alguna de sus tumbas. La técnica de fabricación permitía el encaje exacto y hermético de la tapadera sobre la urna: Ésta se elaboraba de una sola pieza, incluyendo las orejetas, y luego la tapadera era recortada sobre el torno, con la arcilla todavía blanda.

Existe una uniformidad tipológica del período antiguo, ya que las mismas formas y decoraciones se hallaban distribuidas en todo el territorio ibérico; sin embargo, a partir del s. IV a. C. se constata una diversificación de los repertorios formales y decorativos que ha acarreado la fragmentación de los estudios sobre la cerámica ibérica desde sus ámbitos regionales. Porque indudablemente existen rotundas diferencias entre el noreste peninsular, donde la cerámica ibérica pintada cae en desuso siendo substituida por producciones grises monocromas, y el sureste, donde las tipologías de formas consolidan prototipos y donde las artes decorativas alcanzan cierto grado de creatividad y sofisticación.

Cerámica de cocina con decoración geométrica

La cerámica ibérica de cocina

La tradición cerámica ibérica alcanzó el ámbito culinario desde el período ibérico antiguo, de forma que en gran parte del territorio ibérico las producciones modeladas a mano fueron desapareciendo a lo largo de los siglos VI y V a. C. En la provincia de Castellón, el río Mijares marca el

cerámica fina, debido a la inclusión deliberada de desengrasante en la arcilla que tenía la finalidad de otorgar propiedades refractarias a la cerámica, ya que sin él la diferencia de temperatura entre el interior y el exterior de las ollas de cerámica puestas al fuego hubiera provocado su resquebrajamiento. Finalmente, la cocción de esta categoría de cerámica es de técnica reductora, es decir que su gama de colores incluye grises, amarillentos, marrones y negros. La vocación doméstica y culinaria de estas cerámicas es indudable ya que muchas de ellas ostentan en su base los rastros inequívocos de haber permanecido en un hogar. Sin embargo, está documentado su uso como urna de enterramiento o como vaso de almacenaje.

Las cerámicas bruñidas con decoración impresa

En el período Ibérico Pleno se consolidan algunas producciones que empezaron a elaborarse en el siglo anterior, como las cerámicas con decoración impresa cuyas características permiten ahora diferenciar áreas de fabricación. Las cerámicas con decoración impresa también se han incorporado al conjunto de producciones ibéricas. Se ha definido una producción propia con decoración de ovas, espigas, flores, volutas, etc. que perdurará toda centuria siguiente; en Murcia, se han diferenciado tanto cerámicas con impresiones de estilo indígena como otras que imitan sellos clásicos.

pero con un ámbito de difusión muy reducido.

Del período Ibérico Pleno al Ibérico Tardío
A partir del último cuarto del s. III a. C. y durante el s. II a. C. las decoraciones de las cerámicas ibéricas pintadas del este peninsular sufren un salto cualitativo cuyo máximo exponente consiste en el enriquecimiento de los repertorios decorativos con motivos vegetales y florales, epigráficos, animales y humanos, aunque la gran mayoría de las producciones siguen ostentando decoraciones estrictamente geométricas. Existen diferentes estilos y cronologías con el denominador común de que reflejan los valores universalmente asociados a las aristocracias.

Conjunto de cerámica bruñida con decoración impresa

Las cerámicas ibéricas de barniz rojo

uso se había consolidado en el período anterior atribuyéndose a la tradición focea de las cercanas colonias griegas de Emporion, Rhode y Agathe. Las producciones mejor definidas de este período son, pues, la

Las cerámicas de engobe o barniz rojo tienen su localización en áreas geográficas más concretas, lo que facilita su identificación: Murcia y Albacete, llamadas cerámicas IberoTurdetanas. Más tarde se diferenciaron las producciones ilergetas, las oretanas, con y sin decoración impresa.

El estilo de Liria-Oliva

Las imitaciones

Una de las características de la cerámica ibérica es que a lo largo del tiempo, su repertorio de formas fue incorporado reinterpretándolos algunos de los prototipos más populares de las producciones fenicias, púnicas, griegas y finalmente romanas. El fenómeno de la imitación se da con más frecuencia en las llamadas producciones de prestigio, con especial predilección hacia las cerámicas áticas de figuras rojas y de barniz negro, las cerámicas de barniz negro helenísticas y romanas, reflejando el valor ideológico que les otorgaban los indígenas.

Cerámica estilo Liria Oliva con decoración narrativa caracterísica de este estilo

Las cerámicas grises monocromas del noreste peninsular
Durante el período Ibérico Pleno, las cerámicas ibéricas pintadas que constituyen la gran mayoría de producciones ibéricas caen en desuso en el noreste peninsular donde se afianzan las cerámicas grises cuyo

llamada cerámica "gris monocroma" o "gris de la costa catalana", con formas destinadas fundamentalmente a la vajilla de mesa. Algunos de los tipos más característicos son las jarritas, copas, platos, jarros, askoi y kantharoi. En este repertorio, la jarrita bicónica con un asa vertical alcanzó una enorme popularidad tanto en el ámbito peninsular como en el resto de la cuenca occidental del mediterráneo, donde aparece junto con el «Sombrero de Copa» a partir de finales del siglo III a. C. También en el área indigeta se produce una cerámica muy peculiar decorada con pintura blanca, cuyo alfar estaría ubicado en el entorno inmediato del Puig de Sant Andreu de Ullastret y que llega incluso a producir decoraciones figuradas de guerreros y jinetes a imitación de los estilos levantinos. Se fecha entre la segunda mitad del siglo IV y todo el III a. C.,

La llamada escuela de Liria-Oliva consiste en un estilo decorativo epigráfico, floral y humano de la cerámica ibérica pintada, donde se representan personajes de ambos sexos ocupados en actividades como el combate, la caza o la vida espiritual, a veces acompañados de leyendas epigráficas en alfabeto levantino. El estilo de Liria-Oliva es eminentemente narrativo. Las excavaciones de Llíria han proporcionado la más famosa y extensa colección de este estilo destacando el Vaso de los Guerreros con Coraza, el Vaso de los Guerreros, El Vaso de la Batalla Naval o el Kalathos de la Danza. El nombre de Líria-Oliva se debe a que en la época de su formulación, el poblado contestano del Castellar de Oliva constituía el punto más meridional de dispersión de este tipo de hallazgos. Impulsada por las aristocracias del período Ibérico Pleno, esta producción de bienes de prestigio de distribución predominantemente urbana pudo en un principio difundirse desde un único centro, pero el mecanismo de la emulación competitiva sin duda incentivó rápidamente otras producciones, cuya difusión se extiende con variaciones estilísticas y cronológicas desde Burriana hasta la Albufereta de Alicante y desde Sagunto hasta Caudete de las

Fuentes. Cronológicamente, el estilo de Liria-Oliva se enmarca entre mediados del siglo III y el siglo I a. C. y no existe, en el estado actual de la investigación, ningún hallazgo de decoración de LiriaOliva anterior a mediados del s. III a. C.

complementaria a la de Liria-Oliva, ya que las temáticas constituyen una puerta abierta sobre la superestructura y la expresión religiosa de los iberos.

Sombrero de Copa

El estilo de Azaila-Alloza

El estilo de Elche-Archena

El estilo de Elche-Archena ha sido definido a partir de los hallazgos de la Alcudia (Elche, Alicante) y del Cabezo del Tío Pio (Archena, Murcia) Al igual que Liria-Oliva, Elche-Archena es un estilo pictórico narrativo donde los motivos geométricos se asocian a representaciones florales, animales y humanas. La gran diferencia con el anterior estriba sobre todo sus temáticas eminentemente religiosas, destacando los contenidos de corte mitológico y posiblemente, el mundo de ultratumba. Aparecen divinidades aladas, fieras con las fauces abiertas en actitud amenazante, a veces enfrentadas en combate a un personaje humano representado recurrentemente como un héroe mitológico. Datan de mediados del siglo II a. C. hasta el siglo I d. C. Aunque genuinamente ibérico en su expresión y contenido, el estilo Elche-Archena constituye una expresión artística del período ibero-romano. Su aportación al conocimiento de la Cultura Ibérica es

El estilo Azaila-Alloza debe su nombre a las colecciones arqueológicas de dos importantes poblados aragoneses como son el Cabezo de Alcalá (Azaila) y el Castelillo (Alloza). Se fecha casi contemporáneamente al de ElcheArchena, esto es en el período iberoromano. Sus primeros elementos se dan al parecer a partir de la segunda mitad del siglo II a. C. y hasta el siglo I a. C. en un área que abarca las actuales provincias de Teruel y Zaragoza. Al igual que en Llíria o en Elche, el estilo de Azaila-Alloza destaca por el enriquecimiento temático de la decoración pintada de la cerámica ibérica al incorporar motivos vegetales, animales y humanos, pero a diferencia de los anteriores, el contenido narrativo de las escenas pierde su carga simbólica ya que salvando la excepción de algunas extraordinarias escenas naturalistas con animales, las composiciones más emblemáticas constituyen a menudo meros frisos decorativos sin contenido ideológico.

La cerámica ibérica pintada en la cuenca occidental del cuenca del Mediterráneo tiene un reducido repertorio tipológico que prácticamente se limitan a la forma del "Sombrero de Copa" o "kalathos", se cree que esta cerámica ibérica no es más que el medio de transporte de una mercancía, quizás miel, o cera, comercializada desde la península a partir de la conquista romana, dada su cronología de los siglos II y I a. C. Los testares del alfar ibérico de Fontscaldes han proporcionado cinco producciones del "sombrero de copa", diferenciadas por sus tamaños, así como una forma de plato hondo o lekane, todos ellos con decoraciones geométricas o fitomorfas. Las producciones decoradas con motivos vegetales que dan su nombre al "estilo de Fontscaldes" muestran dos patrones decorativos cuyo tema principal es la llamada "hoja de hiedra", un motivo vegetal coriforme con sus roleos y brácteas, representado en tallo serpenteante alrededor del vaso o exento en metopas alternando con paneles geométricos.

Vasijas cerámicas de sombrero de copa o kátalos con decoración geométrica (izquierda) y con decoración zoomorfa y friso fitomorfo (derecha)

ARTE ETRUSCO
procedentes de Asia Menor. El pueblo etrusco fue un grupo, en un principio, no muy numeroso, pero fueron extendiéndose por toda la zona creando ciudades. Las urbes etruscas más importantes fueron Cerveteri, Perusa, Arezo, Volterra, Vulci, Orvieto, Tori, Betis, Tartinia, Ciusi, etc., que estuvieron en pleno auge entre los siglos VII y VI. En un principio, estas ciudades de Etruria estaban gobernadas por reyes y luego por oligarquías. Los etruscos fue un pueblo de gran vigor que fue dominando Mapa cronológico de las áreas de influencia progresivamente a sus etrusca vecinos. Desde hace tiempo ha existido la controversia en torno a la existencia o no de un arte propiamente etrusco. Estos se debe a que dicho arte debe mucho a las aportaciones de otros pueblos, pero hay que pensar que los etruscos también fueron creadores de un arte y cultura que dio paso a la magna civilización romana. En la cultura etrusca, se da una cierta discontinuidad de periodos con distintos momentos de auge y de declive, y distintas calidades en sus manifestaciones artísticas. Etruria se encontraba en Italia, entre el Tíber y el Arno (parte de la Toscana y el norte del Laccio actuales). Las primeras manifestaciones aparecieron a principios del s.VIII. Su origen no está claro y hay dos teorías: una, apoyada por Dioniso de Halicarnaso, del s.I, afirma que fue un grupo autóctono que poco a poco desarrolló su propia cultura. La otra, apoyada por Herodoto, del s.V, que afirmó que fueron inmigrantes A mediados del siglo III se va a dar un momento de paz tras numerosas guerras. A partir de ese momento, Roma se va a ir imponiendo, haciendo desaparecer al pueblo etrusco, aunque no su cultura. El arte etrusco fue la forma de arte figurativo producido por la civilización etrusca que se desarrolló en el norte de Italia entre el siglo IX y el siglo II a. C. El arte que se conserva es de carácter funerario, relacionado tanto con la pintura (frescos) como con la escultura. Destaca en particular esta última, con sarcófagos de terracota a tamaño natural. También fueron hábiles artesanos, como los que pintaban sobre jarras de cerámica a imitación de los modelos griegos, y excelentes joyeros y metalúrgicos, destacando sus espejos de bronce grabados. Los etruscos desarrollaron enormemente el urbanismo. También se conoce su cultura por sus ajuares funerarios, que ponen de manifiesto su gusto por el lujo y su carácter vital. Estuvieron muy preocupados por la vida de ultratumba. Las raíces de su cultura están en la cultura Villanoviana, que florece en la primera Edad del Hierro y que continúa hasta el siglo VIII. En su arte podemos ver influencias orientales y griegas, especialmente de la fase arcaica, que funden y recrean con la suya. Los restos de la civilización etrusca se encuentran repartidos por las regiones italianas de la Toscana, el Lacio (donde se encuentran las necrópolis de Cerveteri y Tarquinia) y Umbría. Pueden verse sus obras en algunos de los grandes museos italianos, principalmente en la Villa Giulia (ocupada desde 1889 por el Museo Nazionale Etrusco) y el Museo Gregoriano del Vaticano, ambos en Roma; el Museo Archeologico de Florencia, el «Museo Archeologico Nazionale Etrusco della Città di Chiusi» y el «Museo Etrusco Guarnacci» en Volterra. Otros museos menores dedicados a los etruscos son el «Archeologico Etrusco» de Artimino, el «Cívico Archeologico» de Pitigliano y el Etrusco-Romano de Todi.

Etapas del arte etrusco
Las etapas del arte etrusco son: Periodo primitivo: (s.VII y VI). En el siglo VI se dio su gran apogeo. Nace la estatuaria, la pintura mural y se tiende al realismo. En esta etapa se aprecian claras influencias griegas. Periodo medio: (s. V y IV). La producción artística disminuye y se empobrece. Periodo tardío: a partir del s.III hasta su fusión con Roma. El desarrollo urbanístico alcanzó su mayor apogeo y es cuando el arte etrusco influye en Roma. En este perido nacen los primeros retratos.

Arquitectura Etrusca Introducción a la arquitectura Etrusca
Una de sus principales aportaciones de la arquitectura etrusca al mundo occidental posterior es la búsqueda de verismo en sus manifestaciones. Por ejemplo, las tumbas se construyen a imitación de las casas. La arquitectura etrusca lega al mundo romano una serie de características urbanísticas, arquitectónicas y artísticas muy importantes: · Forma de concebir las ciudades: la manera de realizarlas, la forma de las murallas, las puertas, su sistema de saneamiento, etc. · Disposición y forma de los templos. · Los mausoleos romanos derivan de los túmulos etruscos. · El uso del arco y la bóveda. · El material empleado por la arquitectura etrusca fue piedra de mala calidad, especialmente como refuerzo (en basamentos, ángulos, etc.) y no utilizan el mármol. También emplean la madera, especialmente para las cubiertas. Además usan el ladrillo cocido y el tapial. · Aunque en la arquitectura etrusca se usan formas adinteladas, emplearon de forma mayoritaria el arco y la bóveda. · La columna es el soporte preferido y es bastante sencilla, sin partes fijas. Tiene relación con la dórica y dará lugar a la columna toscana. Los capitales no tienen forma definida, sino que se realizan con libertad. Tienen equino, ábaco y plinto, basa con gran toro y el fuste es liso. · Frecuentemente, los templos estuvieron recubiertos de placas de terracota. También emplearon la policromía.

asentamientos itálicos en que no estaban dispuestos al azar, sino que seguían una lógica económica o estratégica bien precisa. Muchas ciudades etruscas se situaban en lo alto de una meseta, lo que permitía buenas vistas del terreno circundante, fuera terrestre o marítimo; así puede verse aún en Volterra. Otros núcleos, como Veyes o Tarquinia surgieron en un territorio particularmente fértil y apropiado para la agricultura. Las ciudades etruscas solían colocarse en mesetas elevadas, de manera que se tuviera una vista de toda la región. Se fundaba trazando con un arado los dos ejes principales y perpendiculares entre ellos, llamados cardo (norte-sur) y decumano (esteoeste), dividiendo luego los cuatro sectores así obtenidos en insulae (del latín, isla), a través de una red de calles paralelas al cardo y al decumano. Esta precisa disposición urbanística es visible aún hoy en algunas ciudades de la antigua Etruria. No es, de todos modos, novedad etrusca, en cuanto que la idea de fundar la ciudad partiendo de dos calles perpendiculares era de uso común en Grecia y fue retomada en épocas posteriores por los romanos para fundar campamentos y ciudades (como por ejemplo Augusta Praetoria y Augusta Taurinorum, las actuales Aosta y Turín). La ciudad etrusca era cuadrangular, estaba dividida en cuadrículas y rodeada por una muralla que tenía puertas principales de entrada que daban a las dos calles más importantes que se cruzaban. A la ciudad la rodeaba una muralla, muy a menudo de carácter ciclópeo, que representa el único testimonio, junto con las tumbas y los basamentos de los templos, de la arquitectura etrusca en piedra. En efecto, los materiales que se usaban para construir eran la arcilla, la toba y la caliza, siendo el mármol casi desconocido. Se entraba a la ciudad por puertas que se abrían entre dos torreones mediante arco de medio punto. Este tipo de fortificación influyó en los modelos romanos. El número de puertas eran siete o cuatro (aunque hay testimonios de algunas ciudades con cinco y seis entradas), las más importantes se correspondían con los extremos del cardo y el decumano. Inicialmente eran de simple arquitrabe, pero a partir del siglo V a. C., las

Estilo de la vivienda etrusca de segunda generación

urnas funerarias que se hacían imitándolas. Estas viviendas tenían un patio central alrededor del cual se construían las habitaciones. Había una única puerta de entrada. El patio tenía un impluvium en el centro y la cubierta era a cuatro vertientes hacia el interior. Otra variedad era el despluvium, con la cubierta con cuatro vertientes hacia el exterior. Las tejas de la cubierta eran planas y las columnas estaban

Las ciudades. Urbanismo y arquitectura civil

De la arquitectura civil casi todo se ha perdido, pero se saben algunas cosas gracias a la excavación de la ciudad de Marzabotto, al suroeste de Bolonia, que fue fundada hacia el 500 a.C. Las primeras poblaciones etruscas se construyeron con cabañas de planta cuadrada, rectangular o redonda con un techo muy inclinado (generalmente de paja o arcilla). Este modelo de vivienda varió en el siglo VIII, pasando las casas a ser cuadrangulares, morfología que heredó posteriormente Roma. Se conocen principalmente por ciertas

Trazado de la ciudad de Mazarbotto con el trazado central de cardo norte sur y decúmano este - oeste marcado en color blanco

realizadas con materiales pobres o de madera. Se diferenciaban de otros

Puertas de murallas etruscas: Puerta de Peruggia (izquierda) y Puerta de Volterra (derecha)

puertas adquirieron características imponentes en forma de arco, construido encastrando a piedra seca entre ellas enormes bloques de toba, a su vez insertos en los muros. Las puertas de la época tardo-etrusca, como por ejemplo la Porta all'Arco de Volterra, estaban además decoradas con frescos y bajorrelieve en sus partes principales (la clave del arco y el plano de imposta). Las puertas de la ciudad etrusca eran sencillas. Se abrían entre dos torreones mediante arco de medio punto en el que había genios como dioses protectores en la clave y en las almenas. La muralla estaba hecha de piedra colocada a hueso.

Ciudades Funerarias

Durante la civilización etrusca existieron muchos tipos de enterramientos. ·

En la mayoría de los casos se trataba de urnas con cenizas. · Tumba de fosa o pozo: es el tipo más simple de enterramiento, para la gente más humilde. Consiste en un pozo excavado en el suelo cubierto por una lápida horizontal o con dos lápidas formando una especie de tejadillo. · Hipogeo: son cámaras excavadas en la roca, para gente más noble, y que aparecen ya a partir del siglo VI. Se imita el interior una casa y se cierra con una puerta, aunque muchas veces hay una falsa puerta. Estas tumbas muchas veces están situadas una junto a la otra formando calles y creando verdaderas ciudades. Cuando esto sucede son llamadas tumbas a dado. · Túmulo. Existieron en los siglos VII y VI. Fue el tipo de enterramiento más llamativo ya que había un túmulo de tierra hacia el exterior que podía tener hasta 40 metros de diámetro. No estaban alineados de forma tan clara como las tumbas a dado pero también crean ciudades. Estaban formados por un

Los templos etruscos estaban situados fuera de las ciudades, en una explanada que fuera un lugar elevado. En un principio, era un lugar abierto delimitado simbólicamente donde los augures leían el vuelo de los pájaros. Más tarde, los templos etruscos se cubrieron. Eran cuadrangulares y estaban formados por una cella, que en algunas ocasiones se hace triple. Este será el tipo más característico. Se construyen sobre un basamento de piedra y todo lo demás estaba realizado con material pobre revestido por placas de cerámica policromada que no nos han llegado. Para acceder a él, había una escalinata en la parte delantera. A continuación, había columnas formando un vestíbulo o atrio. A veces también había columnas en los laterales pero en ningún caso en la parte trasera. La estructura era adintelada y al exterior se muestra a doble vertiente. La cubrición es única para las tres cellas, pese a que la central es más ancha. También había frontón, donde se colocaron esculturas de terracotas a partir del s.VI. Así pues, el templo etrusco se diferencia del griego por la falta de krepis, la ausencia de proporciones, la triple cella y la falta de pórtico trasero.

Los Templos etruscos

pasillo que llevaba a distintas cámaras. La cubierta era adintelada y a veces a doble vertiente, y en el interior había decoración en relieve para imitar el interior de una vivienda: pilastras, ventanas, bancos, sillas, etc. Encima, se ponía un tambor de piedra sobre el que iría la tierra que formaría el túmulo. A veces se colocaba algo encima, como un árbol.

Escultura Etrusca
La escultura etrusca se creó

Tipología de enterramientos etruscos (de izquierda a derecha) Edículo de Populonia, Túmulo de Cervteri y el Hipogeo de Banditaccia en Caere

por la túnica. Los rostros recuerdan al arte arcaico griego. La mujer lleva un tocado muy liso. Las almohadas tienen un tratamiento escultórico de gran calidad Sarcófago de los esposos de París Se encuentra en el museo Louvre de París. Es muy similar al anterior, aunque tiene los pliegues más cuidados y los pies abultan más que en el de Villa Julia. Sarcófago de Larthia Seianti Es del s.II, más grande y de terracota policromada. De nuevo aparece la tapa con una figura recostada viva, pero la tipología es algo distinta: seguramente era un sarcófago para inhumación. La decoración en relieve es a base de columnas corintias adosadas, rosetas, etc. Ya la influencia orientalizante ha desaparecido y la griega es más helenística, más cerca de lo que se va a ver después en Roma. El cuerpo quizá es demasiado largo para ajustarse mejor a la forma del sarcófago.

generalmente de carácter funerario, pero también existieron esculturas de carácter religioso o de tipo monumental. Lamentablemente, no han quedado demasiados restos, especialmente debido a la pobreza de los materiales usados: principalmente arcilla o piedra de mala calidad, en el caso de piezas pequeñas, a veces se esculpió con mármol, alabastro e incluso a veces oro y bronce. Las obras más tardías son muy difíciles de catalogar pues ya se encuentran bajo dominio romano, aunque siguen la técnica etrusca. Existen esculturas de bulto y altorrelieves, relacionados con frontones, generalmente. Lo más normal es que aparezcan formando grupos. Hay una gran cantidad de canopes o urnas funerarias de distintas formas, como casas, vasijas, etc., en las que comienza a aparecer la figura humana. También se han conservado numerosos sarcófagos. La escultura etrusca es prácticamente anónima, sólo se conoce el nombre de Vulca, un escultor muy importante que trabajó sobre todo en Veyes. Algunos ejemplos de la escultura etrusca son: Vasija panzuda Es el tipo de urna más sencilla a la que se le ponía una tapa con cabeza humana. Se completaba con asas, que en principio eran sencillas pero que luego intentarían imitar los brazos. A veces tenían relieves que simulaban la anatomía humana.

También podían tener una base sobre la que asentarse, que en algunas ocasiones asemejaba un trono. Figura de Castellani Es así llamada por el lugar donde se conserva. Fue realizada en torno al año 600 en arcilla policromada y tiene un tamaño muy pequeño. Se trata de una figura sedente estática y frontal con la mirada al frente y envuelta en un manto ornamentado a base de líneas que se cruzan formando cuadrados. Seguramente llevaría algo en la mano que tiene extendida. Sarcófago de los esposos de Villa Julia Es del s. VI. Probablemente contenía las cenizas de los representados. Procede de la necrópolis de Cerveteri. Está realizada en terracota policromada. La postura es muy común, están reclinados en el kliné, que está decorado finamente con volutas. Los esposos están juntos y vivos. Quizá celebran un banquete, pero quizá solamente están conversando o ahuyentando a los malos espíritus. Por detrás hay huecos, para poder guardar las cenizas. El hombre está semidesnudo y en un tono más oscuro que la mujer, que se encuentra totalmente cubierta

Ya no es un cuerpo aplastado, sino que tiene una de las piernas un poco doblada. En la mano lleva un platillo o un espejo. El rostro permanece tranquilo y sereno y la mujer debía ser de procedencia noble por sus adornos. El velo está magníficamente realizado, con un remate de florecillas. El modelado también es muy bueno. Gupo de Veyes Es una de las obras atribuidas a Vulca, por lo que se realizaron en el s. VI. Se trata de un grupo formado por Hermes, Heracles, Apolo y una figura femenina no identificada que estaban luchando por una cierva. Apolo de Veyes: se encuentra muy restaurada. Tiene una gran semejanza con la escultura griega arcaica, pero rompe el espacio

adelantándose. Además, está cubierto por una túnica con pliegues sencillos pero que no son todos verticales. La cara es muy expresiva y viva. Hércules de Veyes tiene una postura muy interesante, adelantado e inclinado hacia delante. Faltan los brazos y la cara. La anatomía es todavía muy convencional. Caballos de Tarquinia Es lo que queda de un carro tirado por caballos que se realizó en el siglo IV. Era parte de un alto relieve. Las figuras son muy realistas y dan una gran sensación de profundidad. Están realizados en terracota policromada. La Quimera Se realizó en el siglo IV en bronce y formaría un grupo con Belerofonte. Representa a un animal fantástico con cuerpo de león, cola de serpiente y parte de cabra. Pese a esto, es muy realista, excepto la melena. Aparece encorvada y con la boca abierta para dar sensación de fiereza, pues representa el momento en el que Belerofonte llega a caballo para matarla.

patena (que también se ha conservado). Llevaba un casco o un yelmo y viste una armadura similar a la griega, con la camisa que le sale por debajo. Guerrero Es del siglo IV, de bronce y algo más pequeña que la anterior. En la mano derecha llevaba una lanza. La coraza está muy trabajada. Lleva la cabeza tocada con un casco que tiene unas alas con las que se cubrían las orejas. Bruto Es ya del siglo III y también está realizado en bronce. Es llamada así porque se pensó que representaba a este personaje, pero en realidad se desconoce su identidad. Hay un gran sentido del retrato. Sólo se conserva la cabeza, pero probablemente se correspondería con un cuerpo de tamaño natural. Los ojos están rellenos de pasta vítrea y la barba y los cabellos están realizados de forma suave pero muy detallista. Es un antecedente de los retratos romanos. El Orador o il Arringatore Está realizado en bronce y tiene características semejantes a la anterior, pero es de cuerpo entero. Se realizó en el siglo I (hacia el 80 a.C.) por lo que durante mucho tiempo se consideró romano, pero fue realizado por algún artista etrusco ya que en la parte inferior de la túnica aparece un nombre en caracteres etruscos, por lo que se cree que debió ser un exvoto realizado por este personaje. Además, se encontró en Perugia, en la zona de influencia etrusca. Destaca el estudio de las telas y, especialmente, del rostro. Tiene el

pelo pegado a la cabeza pero de una forma natural, no como si fuera un casco. Los ojos estarían rellenos de pasta vítrea. Los rasgos son totalmente distintos a los del anterior. También es un retrato del interior, se demuestra su preocupación y concentración con arrugas en la frente, el ceño, la comisura de la boca, etc.

Pintura Etrusca
En la pintura etrusca se puede ver una clara influencia de Grecia y luego así mismo la pintura etrusca hará lo propio en la pintura romana. Está muy relacionada con el mundo funerario, ya que han aparecido en el interior de las tumbas, decorándolas. Por un lado aparecen escenas funerarias y, por otro, aparecen situaciones de la vida cotidiana para envolver al muerto de todo lo que había tenido. El auge de la pintura se dio en el s. VI, aunque en el s. IV, cuando empieza a decaer, aparece una preocupación por representar el volumen y la tercera dimensión. La técnica es similar al fresco. Los colores son planos y vivos; destacan el blanco, el negro, el rojo, el ocre y el amarillento, y a partir del siglo IV se añade el azul y otros tonos más ricos. Los fondos son lisos y sobre ellos se recortan las figuras, en las que predomina el dibujo. Aparece la vegetación, aves, etc. No existe perspectiva, ya que hasta el siglo IV se trata de una pintura bidimensional. Se busca el movimiento, aunque muchas veces se representa de un modo muy convencional. Refleja la alegría de vivir de los etruscos. La Tumba de los Toros Es del siglo VI. El fondo es blanco y uniforme. Hay figurillas pequeñas y formas vegetales. En algunas partes hay una división en dos

Marte de Todi Se realizó en el siglo IV en bronce hueco y es de tamaño casi natural. Está quieto, en contraposto, y tenía en la mano izquierda una lanza y en la derecha una

frisos, en el superior está la escena principal y en el inferior hay decoración vegetal a modo de zócalo. La escena principal muestra a Aquiles observando a Troilo, es una escena de la Ilíada.

La Tumba de los Leones También es del siglo VI, alrededor del 520 a.C. La pintura de esta tumba representa diferentes escenas: · Danza en relación a estos ritos funerarios. Es una danza alegre. La mujer está vestida y la carnación es blanquecina, mientras el hombre está desnudo y en un tono más oscuro. Cumple todas las características de la pintura etrusca: representación del movimiento, figuras bidimensionales con predominio del dibujo, fondo liso blanco, etc. El hombre lleva una jarra en una mano y el pelo similar a los kuroi griegos. Aparece una columna típicamente etrusca. · Otra danzarina. Está totalmente cubierta, pero la túnica es prácticamente transparente ya que se le ven las piernas. La túnica lleva decoración floral. La postura es más forzada que en la escena anterior. Hay doble punto de vista · El banquete fúnebre: es una escena muy representada, donde aparece un hombre recostado mostrando algo en la mano. En este caso parece ser un huevo, símbolo de vitalidad. En la izquierda lleva una copa. Tiene una postura similar a la de los sarcófagos. También aparece una columna y por detrás una tela anudada. En la parte superior aparecen cuadrados simulando las losas del tejado. La tumba de la caza y la pesca Es una tumba pequeña, sencilla, también del siglo VI, con sólo una cámara, pero totalmente cubierta por

pinturas. Aparecen escenas representando la vida cotidiana: una escena de pesca, con un hombre sólo en una barca, arriba pájaros y abajo peces, a la derecha un hombre con un tirador, etc. Tumba de los augures Se piensa que representa a dos augures, aunque también podrían ser sacerdotes realizando un ritual funerario, ya que están situados junto a una puerta falsa que lleva al más allá. En la parte baja no hay decoración, sólo se colorea formando un zócalo. La composición es simétrica, los dos personajes están en la misma postura y visten igual, en el centro está la puerta y ante ellos hay vegetación y aves. En la parte superior hay una serie de franjas ocres y negras paralelas y arriba figuras de animales. Las figuras están de perfil. También en esta tumba aparece una estela de juegos funerarios que parece que se llevaban a cabo.

Es ya del siglo V, alrededor del 470. Se va perdiendo el linealismo pero continúan las mismas características. De pie aparece una figura atendiéndoles. Debajo del triclinium y en la parte superior aparecen animales. La cubierta real está decorada con cuadrados de colores similares a losetas, que era lo que debía aparecer representado en la tumba de los leones. En las otras paredes aparece acompañando un hombre tocando instrumentos musicales, que se tapa con una túnica transparente muy trabajada y que tiene pliegues con muchas curvas. El danzante está en una postura similar a las anteriores.

Aparecen dos hombres luchando por un premio: las tres vasijas que aparecen entre ellos. A la izquierda hay un árbitro vigilante. También aparece aquí Phersu, un danzante que lleva colocada una máscara. Tumba del Barón Es así llamada porque la descubrió un barón. También es del siglo VI y tiene las mismas características. Muestra una escena funeraria en la que un hombre está presentando a un muchacho a una figura femenina o una sacerdotisa realizando un rito. La cabeza de la mujer está cubierta y lleva los brazos hacia delante. El hombre lleva una copa y el muchacho está tocando un instrumento musical. La escena está enmarcada por dos arbustos. En los extremos aparecen dos jinetes. Tumba del Tricinium Es así llamada porque la escena del frente representa a unos personajes sentados en un triclinium celebrando un banquete.

Tumba de los malabaristas

Tumba de los leopardos