Cuando la hegemonía de la guerra en el Pacífico cambió de bando.

La batalla naval de Midway, marcó un punto de inflexión en el teatro de operaciones del Pacífico. Hacia tan solo un mes que los japoneses habían sido casi derrotados en la Batalla del Mar de Coral (publicada en Amarre), y buscaron finiquitar el pod er naval norteamericano atacando el atolón de Midway, situado al noroeste de Hawai i. Muchos historiadores consideran que la batalla naval de Midway fue la más importan te de la II Guerra Mundial en el Pacífico, precisamente porque por primera vez y e stratégicamente hablando, desde ese momento los norteamericanos eran superiores en el aquel océano. Y es que el plan de ataque japonés, que incluía un segundo ataque, d e carácter distractivo a las Islas Aleutianas, a cargo de una flota más pequeña, busca ba reducir de una vez por todas la escuadra de portaviones norteamericana. Los j aponeses también querían ocupar Midway con el objetivo de extender el perímetro defens ivo japonés lejos de sus propias islas y como paso previo a posteriores ataques a las Fidji y Samoa, así como futuras operaciones de invasión de Hawaii. Ubicación geográfica del atolón de Midway (click para ampliar) Ubicación geográfica del atolón de Midway (click para ampliar). Los antecedentes. El mando militar japonés conocía perfectamente que su potencia económica era clarament e inferior a la de los Estados Unidos, y que por lo tanto, en una guerra de desg aste, prolongada en el tiempo, serían avasallados. Estaban obligados a tomar la in iciativa. Por ello, el ataque a la base estadounidense de Pearl Harbour, el 7 de diciembre de 1.941, tenía por objetivo acabar con la armada estadounidense basada en el Pacífico, dejando libre el camino a un plan de conquistas orientado a la ob tención de recursos vitales como el petróleo, caucho y minerales, cuyas reservas est aban agotándose debido al bloqueo estadounidense, ya anterior al inicio de las hos tilidades. Esta clara determinación tuvo reflejo tanto en el ataque a Pearl Harbour, tal y co mo hemos mencionado, como en la eliminación de las fuerzas navales británicas en la zona, aniquilada en diciembre del mismo año 1.941. Una vez eliminada la oposición de los estadounidenses y británicos, los estrategas japoneses se enfrentaron a un di lema sobre sus futuras acciones. Existían dos posibles alternativas para Japón: conq uistar más territorios insulares y establecer un anillo perimetral de defensa o bi en avanzar agresivamente hacia el este y presionar a los Estados Unidos a una ba talla decisiva. Una de las conclusiones que extrajeron los propios japoneses de su ataque a Pear l Harbour poco después de que tuviera lugar, es que se equivocaron: Hawaii debería h aber sido tomada, no sólo atacada. La hipotética conquista de las Hawaii por parte d e los japoneses, habría eliminado la única base norteamericana del Pacífico Central, o bligando prácticamente a capitular a los americanos en aquella zona. Por otro lado, si algo puso de relieve el ataque a la base naval hawaiana, es qu e la época de los acorazados había pasado a la Historia y que se imponía otro tipo de armamento naval: el portaviones. Su movilidad y su capacidad de transportar avia ción, capaz de atacar a larga distancia, se puso de manifiesto cuando el 18 de abr il de 1942, los portaviones norteamericanos USS Enterprise (CV-6) y el USS Horne t (CV-8), este último llevando en cubierta 16 bombarderos B-25 Mitchell que iban d irigidos por el Coronel James H. Doolittle, se aproximaron a las costas de Japón y atacaron Tokio. El efecto material de este bombardeo fue puramente testimonial, pero psicológicamente el impacto fue muy duro para los japoneses, ya que demostra ba la vulnerabilidad de sus defensas en casa y que esa nueva arma de combate, le s llevaba la guerra hasta su propio país. Trazando las líneas de acción.

El Almirante Isoroku Yamamoto comprendió que si no tomaba rápidamente la iniciativa , el efecto de la victoria en Pearl Harbor se diluiría inmediatamente. Por ello, e ncargó al Contralmirante Matome Ugaki el análisis de la situación y la determinación de las líneas de acción de la Marina Imperial Japonesa. Ugaki presentó sus conclusiones a l poco, y consideró tres posibles líneas de actuación: conquistar el territorio australiano. conquistar las Islas Hawai. ocupar diversos sectores de la India. Pero como paso previo a cualquiera de estas opciones, era imprescindible tomar l as Islas Midway, lo que obligaría a los norteamericanos a enfrentarse con los japo neses en una batalla naval decisiva, ya que la eliminación del resto de la flota e stadounidense en el Pacífico era de carácter urgente. La única razón por la que no se pl anteó la toma, ahora si, de las Islas Hawaii, era que la superioridad aérea norteame ricana hacia del todo inviable tal posibilidad. Foto aérea, tomada el 24 de noviembre de 1.941, de parte del atolón de Midway en la que podemos apreciar el aeródromo de la Isla Este. Haz click para ver el mapa del atolón Foto aérea, tomada el 24 de noviembre de 1.941, de parte del atolón de Midway en la que podemos apreciar el aeródromo de la Isla Este (click para ver el mapa del atolón ). Si nos aventuramos a pensar que habría sucedido, caso de que los japoneses finalme nte hubiesen capturado Midway, podemos suponer que todo el noreste del Pacífico ha bría quedado indefenso y totalmente disponible para que los japoneses le “hincaran” el diente. Por otro lado, los principales buques de la U.S. Navy habrían sido hundid os o muy dañados, con lo que la supremacía naval japonesa en el Pacífico habría sido inc uestionable, obligando, tal y como ya hemos comentado, a los EE.UU. a negociar e l fin de la guerra en el teatro del Pacífico en condiciones favorables para Japón. Tal fue la importancia de la batalla naval que a continuación, detallamos. Contexto estratégico y planificación. Japón presentó sus credenciales de forma fulminante en el inicio de las hostilidades : en pocos meses se había hecho con Filipinas, Malasia y Singapur y había asegurado las vitales áreas de Java, Borneo e Indonesia. Parecía que su imparable avance era i nevitable. Pero las diferencias entre la Armada Imperial y la Marina Imperial pr ovocaron un serio retraso en la estrategia a seguir y no se finalizó el plan estra tégico hasta abril de 1.942. Fue en ese momento en que el Almirante Yamamoto venció el pulso diplomático que mantenía con sus adversarios políticos y pudo sacar adelante su concepto operacional, en detrimento del de sus adversarios. Como la gran mayoría de los planes navales que llevaron a cabo los japoneses duran te la guerra, el plan de batalla de Yamamoto era bastante complejo. Sin embargo, los informes de Inteligencia al respecto eran bastante optimistas, ya que indic aban que sólo dos portaviones norteamericanos estaban disponibles en aquellos mome ntos en el Pacífico: el USS Enterprise y el USS Hornet, que formaban la Task Force 16. Se pensaba que el Lexington había sido hundido y el Yorktown seriamente dañado en la reciente batalla del Mar de Coral. Por otro lado, los japoneses creían que e l Saratoga se encontraba en dique seco, reparándose en la Costa Oeste de los EE.UU . tras recibir el impacto de un torpedo. Más importante, si cabe, era la creencia de Yamamoto de que los norteamericanos es taban completamente desmoralizados debido a los fracasos en sus operaciones dura ntes los seis meses anteriores. Y pensaba que esa decepción era necesaria para atr aer a la U.S. Navy a una fatal situación comprometida, en la que pensarían que podrían acabar con su mala racha. Además, tenía previsto dispersar sus fuerzas de tal maner a y en tal extensión (particularmente sus acorazados) que sería prácticamente imposibl e que los americanos los descubrieran antes de tan decisiva batalla.

El plan de conquista de las Midway, aprobado por los Almirantes Nagano y Yamamot o, consistía en primer lugar, en un ataque por sorpresa, dividido en dos partes: i nicialmente se realizaría un bombardeo aéreo que debilitara la defensa de la isla; a continuación, seguiría un bombardeo naval de estas líneas defensivas por los cruceros . El último lugar, y como colofón, las tropas del ejército japonés desembarcarían en la is la. Según recogían los informes de Inteligencia, la guarnición americana en Midway no era especialmente poderosa, con lo que se esperaba una rápida y aplastante victori a. El factor sorpresa era esencial, pero los japoneses ignoraban que el denomina do por los Aliados Código Púrpura, el código de cifrado japonés, había sido decodificado p or los americanos. Además, a fin de despistar, Yamamoto planificó un ataque de distr acción sobre las posesiones norteamericanas en las Islas Aleutianas, para ser exac tos en Attu y Kiska. Pero la sorpresa del ataque, se vendría abajo antes incluso de que este se produje ra. La Inteligencia Naval de los EE.UU., en cooperación con los británicos y los hol andeses, había estado descifrando los códigos de la Armada Imperial Japonesa, denomi nados JN-25, durante un tiempo, habiendo realizado progresos considerables sobre todo en su última versión, aparecida poco antes del ataque a Peal Harbour. Así, a prim eros de mayo de 1.942, los americanos ya sabían que los japoneses estaban preparan do un ataque masivo sobre un objetivo, identificado como AF a primeros de junio. Las unidades de análisis de Nimitz en Pearl Harbour, estaban convencidas de que A F era Midway. Sin embargo, el superior de Nimitz en Washington, el Almirante Ern est King, así como la Unidad de Señales de la Inteligencia Naval, creían que AF era el código cifrado para las Aleutianas. El tiempo apremiaba y no se sabía que hacer al respecto: ¿proteger Midway o las Aleu tianas?. Comandante Joseph J. Rochefort, el autor de la estratagema que permitiría determin ar el punto de ataque japonés Comandante Joseph J. Rochefort, el autor de la estratagema que permitiría determin ar el punto de ataque japonés. La solución vino de mano de un miembro de la Estación Hypo de escucha de radio, el C omandante Joseph J. Rochefort. Este propuso a Nimitz la siguiente estrategia par a averiguar cual era el objetivo: mediante un canal seguro, al comandante de la base de Midway se le dijo que enviara un mensaje cifrado, pero que sabían que era conocido por los japoneses, en el que informara de la carencia de agua corriente en la isla debido al fallo de una de las plantas de agua. Poco tiempo después de que el comandante de la base de Midway enviara el mensaje, la Inteligencia Naval descifró un mensaje japonés en el que se informaba que “AF tiene problemas con el agu a potable. El ataque continuará según lo acordado”. De ese modo, se confirmó que AF era Midway. Mucha otra información de las transcripciones del JN-25 fue llegando de forma esca lonada, en parte debido a la apresurada naturaleza de los preparativos japoneses , y no fue hasta el último momento que el Almirante Chester Nimitz tuvo en su pode r suficiente información para poder determinar la fuerza de ataque a Midway y prep ararse al respecto. Por otro lado, el reconocimiento a Rochefort por su genial idea para confirmar e l objetivo del ataque japonés, no se hizo más que de forma póstuma, cuando se le disti nguió con la Medalla de Servicios Distinguidos, en 1.985 y con la Medalla Presiden cial de la Libertad en 1.986. No se le premió antes debido a las políticas al respec to de la Armada. Los preparativos de la batalla. Una vez que el Comando Estratégico de la Marina de los EE.UU. tuvo en su poder tod a la información necesaria, llegó a la conclusión de que la pérdida de Midway era práctica mente como perder Pearl Harbour, debido a su carácter estratégico en el Pacífico. El p erder las Aleutianas, objetivo confirmado como el de distracción, no suponía ningún pr

oblema. Para poder enfrentarse a una fuerza enemiga, que se sabía de forma anticipada esta ba compuesta con unos 4 ó 5 portaviones, Nimitz necesitaba todas las cubiertas de vuelo disponibles. Ya disponía de los dos portaviones del Vicealmirante William Ha lsey (que no pudo participar en la batalla debido a una soriasis, por lo que fue reemplazado por el Contralmirante Raymond A. Spruance), y ordenó de forma precipi tada la urgente presencia del Contralmirante Frank Jack Fletcher y su Task Force de Pacífico Suroeste, que llegó a Pearl Harbour con el tiempo justo para reaprovisi onarse y zarpar a la batalla. El USS Saratoga se encontraba aún en el dique seco, reparándose, y el USS Yorktown, que fue seriamente dañado el la Batalla del Mar de Coral, estaba también en reparación en los muelles de Pearl Harbour, donde tuvo que ser reparado en el asombroso ti empo de tres días, gracias a unos al duro esfuerzo de 1.600 obreros de los arsenal es de la Marina que trabajaron día y noche para dejar operativo al portaaviones, s i bien la cubierta de vuelo estaba totalmente parcheada, secciones enteras de la sala de máquinas se extrajeron y se acoplaron otras nuevas o por ejemplo, se le d otó con nuevos escuadrones de combate, traídos del USS Saratoga. Nimitz se mostró horr orizado y en total desacuerdo en el procedimiento empleado para dejar listo al Y orktown, ya que los consideraba “poco fiables”. Y es que el mismo día que zarpó al comba te, miembros del buque de reparaciones Vestal, continuaban las reparaciones a bo rdo… La consigna de Nimitz era sencilla: había que "interceptar e inflingir al enemigo el máximo daño posible con una vigorosa táctica de castigo". Pero lo cierto es que las esperanzas de una victoria no eran halagüeñas, y solo contaban con que el enemigo n o se enterara del envío de estas unidades al escenario de Midway. Y es que los norteamericanos sólo disponían de los portaviones Enterprise, Hornet y Yorktown, 8 cruceros, 15 destructores y una patrulla de 20 submarinos. Indudable mente, la exigua fuerza que enviaba Nimitz rayaba en lo absurdo, en comparación co n la gigantesca fuerza operativa japonesa, que lo superaba en número de aparatos aér eos, cañones y calidad de buques. Nimitz se jugaba todas las cartas en este ataque , que de fracasar dejaría a las Hawai y toda la costa oeste americana a merced de los cañones de Yamamoto. Sabiendo de la importancia del combate, sentenció: “Lo único qu e se interpone entre la costa americana y la flota japonesa, son solo estos tres portaaviones". El USS Yorktown en el dique seco de Pearl Harbour en mayo de 1.942. Las obras de reparación del portaaviones norteamericano se llevaron a cabo en un brevísimo espac io de tiempo (click para ampliar). El USS Yorktown en el dique seco de Pearl Harbour en mayo de 1.942. Las obras de reparación del portaaviones norteamericano se llevaron a cabo en un brevísimo espac io de tiempo (click para ampliar). Por otro lado, en el bando japonés, como resultado de su participación en el Mar de Coral, el portaviones japonés Zuikaku se encontraba en el puerto de Kure (cerca de Hiroshima) a la espera de un grupo aéreo que transportar, en sustitución de los que se perdieron. El Shokaku, seriamente dañado por el impacto de tres bombas en el M ar de Coral, estaba en reparaciones que iban a durar meses. De ese modo, en luga r de llevar a la batalla seis portaviones, Nagumo dispondría sólo de cuatro y encima una parte de ellos (sus tripulaciones) se encontraban al borde de la baja por f atiga, ya que desde el 7 de diciembre de 1.941, cuando atacaron Pearl Harbour, h abían estado constantemente participando en operaciones de combate. Además, la preparación estratégica japonesa previa a la batalla estaba siendo un verda dero desastre. Por una parte, toda una flotilla de submarinos que debía controlar la partida de los norteamericanos, llegó tarde a su posición (debido a la precipitac ión de Yamamoto), lo que permitió a los portaviones norteamericanos dirigirse a su p unto de encuentro, situado al noreste de Midway (conocido como Point Luck) sin s er detectados. Un segundo intento, llamado Operación K, en el que se emplearon hid

roaviones de reconocimiento que se debían dirigir a Pearl Harbour para determinar, previamente a la batalla, si los portaviones seguían allí o no, se vio frustrado cu ando los submarinos japoneses asignados para el reabastecimiento de los hidroavi ones descubrieron que en el punto de encuentro con éstos, una bahía desierta de un a tolón denominado French Frigate Shoals, bautizada así en honor del explorador Jean F rançois de Lapèrouse, que pasó por el lugar (cuya expedición narramos en Amarre) y que s e encuentra a unas 560 millas al noroeste de Honolulu, estaba ocupado por buques de guerra americanos. Y es que los previsibles japoneses habían llevado a cabo ha cía tan solo unos meses una misión exactamente igual, con lo que se supuso que volvi eran a hacerlo… Así, los japoneses se vieron privados de conocer cualquier información al respecto d e los movimientos de los portaviones americanos inmediatamente antes de la batal la. Y sabían que algo pasaba, porque los interceptadotes de radio detectaron y avi saron de un sustancial incremento de la actividad submarina americana y de los m ensajes de radio. Toda esta información, se encontraba en poder de Nagumo y Yamamo to previamente a la batalla. Sin embargo, los planes operacionales japoneses no se cambiaron, a pesar de los inquietantes augurios. Nimitz, por su parte, tenía un a meridiana idea de por dónde aparecería Nagumo, gracias a la aportación de su Intelig encia Naval. El 1 de junio, la fuerza de portaaviones japonesa navegaba hacia el noroeste en medio de una mar gruesa, con intensa lluvia y niebla muy densa. Cuando estuviera n a 1.000 millas de Midway, virarían el rumbo hacia el suroeste en dirección a estas islas, alcanzando el punto de reunión el día 2 de junio. Los americanos, por su par te, lanzaron desde el 3 de junio, una serie de reconocimientos aéreos en abanico, realizados por 23 PBY Catalina, que se disponían en un radio de 700 millas cubrien do el sector oriental de Midway. De este modo, cualquier buque que viniera por e l noroeste, sería detectado. El 3 de junio, a las 14:00 horas, la fuerza de combate de Nagumo se posicionó a 25 0 millas de la isla: tenían previsto lanzar el ataque desde el punto en que estuvi eran a 150 millas. Cuando los japoneses se encontraban a punto de alcanzar el punto de ataque, Nagu mo ordenó el envío de una serie de aviones de exploración despegando desde los portaav iones y los cruceros de apoyo. De este modo despegaron seis aviones desde el Aka gi, Tone y Mikuma, respectivamente, con la misión de recorrer un amplio semicírculo hacia el noroeste. El avión de exploración del Akagi tenía por misión volar hacia el sur, en un radio de 30 0 por 60 millas y regresar, mientras que los del Mikuma y el Tone tenían la misma misión pero hacia babor del rumbo de regreso del Akagi. Pero los aparatos del Tone no pudieron salir a la hora convenida sufriendo un retraso, mientras que el del Mikuma regresó por avería de la radio a la mitad de su trayecto. Este impedimento f ue fatal para Nagumo, pues la trayectoria del avión de exploración del Mikuma interc eptaba a la fuerza operativa americana. El Almirante Chuichi Nagumo, lanzó su ataque inicial a las 04:30h del 4 de junio. Desde el puente del Akagi, el almirante arengó personalmente a sus aviadores: " El enemigo tiene decaído su ánimo combativo, pero probablemente atacará durante la invas ión". Los aviadores levantaron los brazos en todas partes del portaaviones gritand o alternadamente: "Banzai, Banzai, Banzai". Depósitos de la Isla Sand en llamas tras el ataque japonés a Midway en la mañana del 4 de junio de 1.942. Como curiosidad, mencionar al polluelo de albatros que apare ce en primer término, impertérrito. Depósitos de la Isla Sand en llamas tras el ataque japonés a Midway en la mañana del 4 de junio de 1.942. Como curiosidad, mencionar al polluelo de albatros que apare ce en primer término, impertérrito. Éste ataque constaba de una primera oleada de 108 aviones, siete aviones de búsqueda y una patrulla de combate, encargada de velar por la seguridad de la flota japo

nesa. Al mando de la formación aérea del Hiryu y Soryu, iba el teniente Joichi Tomon aga, mientras que la formación del Akagi y del Kaga estaba al mando de Sheichi Oga wa. La preparación que dispusieron en lo referente al reconocimiento del campo de batalla, fue bastante endeble, con pocos aviones para cubrir las áreas asignadas, que para colmo se las tenían que ver con unas pésimas condiciones meteorológicas en el noroeste y el este de la fuerza de combate. Y como el destino es caprichoso, quiso que por esas eventualidades del azar no f ueran los japoneses los primeros en avistar al enemigo, sino un solitario PBY Ca talina norteamericano pilotado por Jewell Reid que completaba su radio de búsqueda a eso de las 06:00h del 3 de junio, comunicando el avistamiento de 11 buques so spechosos a 700 millas al noreste de Midway. Reid creyó que esta era la fuerza de ataque principal y radió el mensaje a la base; pero lo que realmente había avistado era la fuerza de desembarco. A las 06:20h, los aviones japoneses bombardearon y dañaron muy seriamente la base norteamericana de Midway. Los pilotos de esta base, al mando de Grumman F4F Wild cat y obsoletos Brewster F2A, hicieron lo que pudieron por la defensa de la isla , sufriendo severas pérdidas. Mejor les fue a las defensas antiaéreas, que dañaron a b astantes aviones enemigos. El líder de la escuadra aérea japonesa, confirmando que l a fuerza aérea americana había sido aniquilada, sugirió a Nagumo que lanzara otra olea da para neutralizar las defensas terrestres, antes de que las tropas japonesas d esembarcaran el día 7. Habiendo obviado el ataque japonés, los bombarderos americanos basados en Midway, se dedicaron a atacar la flota de portaviones japonesa. Componían esta escuadra se is TBF Avanger, en su primera operación de combate, y cuatro B-26 Marauder, equipa dos con torpedos. Lo cierto es que su intervención fue poco más que testimonial y lo s japoneses eliminaron a toda la escuadra de aviones norteamericanos excepto a t res. Basándose en los preceptos tácticos japoneses sobre la navegación en combate de los po rtaviones, el Almirante Nagumo había mantenido a la mitad de su flota de aviones e n reserva, que constaba de dos escuadrones de bombarderos y torpederos. Estos últi mos, fueron armados con torpedos antibuque a fin de despegar en cuanto se locali zara cualquier buque americano. Pero la recomendación del líder de la escuadra que a tacó Midway de lanzar una segunda oleada, que se tomó como buena, obligó a rearmar a l os aviones ya armados, puesto que se debían equipar con bombas de uso convencional , para ataque a objetivos en tierra. Este rearme les llevó a los japoneses un tota l de media hora, y estaban en este proceso cuando a las 07:40h uno de los avione s de reconocimiento detectó la presencia de una considerable fuerza naval norteame ricana hacia el este. Nagumo revocó su orden de rearme de los aviones y ordenó al av ión de reconocimiento, informar de la posición exacta de esa fuerza hostil americana . Nagumo se encontraba ahora en una tesitura. El Contralmirante Tamon Yamaguchi, líd er de la División de Portaviones 2 (compuesta por el Hiryu y el Soryu), recomendó a Nagumo atacar de forma inmediata con las fuerzas disponibles. Nagumo podría haber tenido la oportunidad de lanzar inmediatamente parte de sus fuerzas de reserva c ontra los buques americanos, pero debía reaccionar de forma inmediata, ya que la e scuadra aérea que atacó Midway estaba de regreso y aterrizaría en breve, bajos de comb ustible y con hombres heridos, por lo que era obvia la necesidad que tenían de ate rrizar cuanto antes. Poner a punto las cubiertas de vuelo y lanzar los aviones r equería de, al menos, 30 a 45 minutos. Y lanzarlos tal cual estaban, obligaba a al gunos de los aviones a despegar hacia la batalla sin el armamento antibuque apro piado. Se impuso pues la férrea disciplina japonesa, que prefería los ataques totalm ente preparados, máxime en ausencia de una confirmación sobre dónde se encontraba la f uerza naval norteamericana exactamente: Nagumo decidió ser prudente y tomar la, a la postre, fatal decisión de esperar el regreso de la primera oleada de aviones pa ra lanzar entonces la fuerza de reserva, que ya estaría armada de forma correcta. Mapa de la acción y situación prevista de las flotas japonesa y norteamericana en la

Batalla de Midway (click para ampliar) Mapa de la acción y situación prevista de las flotas japonesa y norteamericana en la Batalla de Midway (click para ampliar). Hacia las 08:25h, el balance es claramente favorable a los japoneses: ningún barco tocado, ningún avión de escolta derribado y los artilleros japoneses beben sake en sus puestos, gritando consignas victoriosas a su Emperador. El plan prosigue y N agumo rebosa de alegría y confianza en el puente de su portaaviones insignia. Mientras tanto, la fuerza norteamericana permanecía en el Point Luck, a 300 millas de Midway y Nimitz presionaba a los exploradores para determinar la ubicación de la fuerza de portaaviones enemiga, que aun no había sido localizada. Fue hacia las 5:30, cuando un PBY radió que había localizado a un portaaviones enemigo en demora 320° a 150 millas de Midway. Los reveses del destino. El Almirante Fletcher, a bordo del Yorktown, disponía ya de toda la información que necesitaba sobre los avistamientos de sus PBY Catalina. En base a ellos, ordenó a Spruance lanzar el ataque contra los japoneses tan pronto como fuera posible. De sgraciadamente para los norteamericanos, su pericia y preparación en las cubiertas de los portaviones, no era la mejor, con lo que poco a poco fueron lanzados los aviones desde sus buques, formándose diferentes grupos de ataque que no estaban c ompactados, lo que disminuía la efectividad de sus ataques y aumentaba sus bajas. Los primeros ataques de los aviones embarcados norteamericanos contra la flota j aponesa, se iniciaron a las 09:20h, atacando en primer lugar el Torpedo Squadron 8 (VT-8), seguido del número VT-6, sin ningún tipo de apoyo de caza. El resultado e s que los aviones del VT-8 fueron totalmente aniquilados mientras que los del VT -6 estuvieron a punto de serlo y para colmo sin lograr ningún impacto. Sin embargo , a pesar de su vano sacrificio, los torpederos americanos obtuvieron dos import antes resultados: primero, mantener a los japoneses a la espera, sin que pudiera n iniciar su contraataque. Segundo, sus ataques desubicaron a las patrullas de c ombate japonesas y las desplazaron de su posición, no en términos de altitud, sino d e forma lateral, con lo que la cobertura sobre la flota japonesa no era la óptima. Además, la rápida aparición de una tercera escuadra de aviones torpederos norteameric anos, la VT-3, a eso de las 10:00h, desplazó a la patrulla aérea hacia el cuadrante sureste de la flota. Por puro azar, al mismo tiempo que el escuadrón VT-3 era avistado por los japonese s, dos formaciones separadas (comprendiendo un total de tres escuadrones) de SBD Dauntless norteamericanos, se aproximaban a la flota japonesa desde el noroeste y hacia el suroeste. Estas formaciones, a pesar de haber tenido una enorme difi cultad en localizar a los portaviones japoneses, habían llegado (en parte debido a un verdadero golpe de suerte y en parte por las buenas decisiones de los respec tivos jefes de escuadrón) en una posición perfecta para atacar a sus objetivos. Los aviones de ataque japoneses llenaban las cubiertas de hangares en aquel preciso momento, las mangueras de repostaje se encontraban por doquier y debido a las órde nes y contraordenes al respecto del armamento de los aviones, las bombas y torpe dos se encontraban en aquellas cubiertas, fuera del pañol de municiones. Así que ese momento, era de una extraordinaria vulnerabilidad para los portaviones. Sin embargo, y a pesar de lo que hasta ahora se sabía de la batalla, recientes hal lazgos han demostrado que los japoneses no estaban preparados para lanzar un con traataque contra los americanos en el justo momento en que fueron atacados. Debi do a la constante actividad en las cubiertas de vuelo, relacionada con las opera ciones de las patrullas de combate durante la hora precedente, los japoneses nun ca tuvieron la oportunidad de preparar su fuerza de ataque para el despegue. Los aviones que se encontraban en las cubiertas en el momento del ataque, pertenecían a las patrullas de combate o bien, caso del Soryu, de aviones que se estaban pr eparando para engrosar las filas de las patrullas.

A las 10:22h, los aviones del Enterprise atacaban al portaviones Kaga, siendo at acado cuatro minutos después el Akagi. En el norte, los aviones del Yorktown ataca ron el Soryu. Simultáneamente, la escuadra VT-3 hacía lo propio con el Hiryu, si bie n los torpederos americanos no alcanzaron el blanco. No fue ese el caso de los b ombarderos, que tuvieron más fortuna. En tan solo seis minutos, los Dauntless comp letaron su misión dejando seriamente dañados sus objetivos. El Akagi fue alcanzado d e lleno por una bomba, que fue suficiente: penetró en la cubierta del hangar super ior y explotó entre los aviones, armados y hasta arriba de combustible que allí se e ncontraban. Otra bomba más, explotó rozando el buque, bajo el agua, curvando la cubi erta de vuelo hacia arriba, provocando un geiser de agua y serios daños en el timón. El Soryu recibió tres impactos de bomba en los hangares y el Kaga recibió, al menos cuatro o más. Con esto, los tres portaviones se encontraron en un momento fuera d e combate. Posteriormente a este ataque, el submarino norteamericano Nautilus, (SS-168), di sparó varios torpedos a lo que su tripulación pensó que era el Soryu, pero que posteri ores investigaciones han demostrado que era el Kaga. La tripulación del submarino reclamó que un torpedo impactó en el portaviones, provocándole una “tremenda explosión”. Sin embargo, la tripulación superviviente del Kaga informó de que ningún torpedo les alca nzó tras el ataque aéreo. De los cuatro torpedos disparados, uno no llegó a activarse, dos siguieron rumbos erráticos y el cuarto fue un impacto inútil en un buque de apo yo japonés, aunque lo partiera en dos. El desenlace. Cuando Yamamoto, a bordo del acorazado Yamato, recibió la noticia del hundimiento de sus tres buques, se quedó perplejo, ya que eran la espina dorsal de su baza ofe nsiva. Atribuyó toda la culpa a Chuichi Nagumo, que sobrevivió a los ataques y a fin de humillarle, le nombró inmediatamente comandante de los tres portaviones destru idos, relevándole de la batalla. Fue Tamon Yamaguchi, más audaz e inteligente que Nagumo, quien tomó las riendas de l a desastrosa situación en que se encontraban los japoneses. Ordenó salir inmediatame nte de la zona de combate a todos los buques a la vez que envió a sus aviones de e xploración a localizar a la flota enemiga y destruir los portaviones norteamerican os. El portaaviones japonés Hiryu ardiendo en la mañana del 5 de junio de 1.942. Poco de spués de tomarse esta fotografía, se iría a pique. El portaaviones japonés Hiryu ardiendo en la mañana del 5 de junio de 1.942. Poco de spués de tomarse esta fotografía, se iría a pique. El Hiryu, ahora único portaviones superviviente, tardó poco en pasar a la acción y con traatacar. La primera oleada de bombarderos japoneses, en cuanto estuvieron loca lizados los objetivos, dañaron muy seriamente al Yorktown, si bien la eficacia y r apidez de sus ingenieros y mecánicos en reparar la nave fue tal, que la segunda ol eada japonesa de bombarderos lo confundieron con un portaviones intacto. A pesar de que las esperanzas japoneses se centraban en eliminar dos portaviones en dos oleadas, el Yorktown soportó ambos ataques, ya que como hemos mencionado, los pilotos japoneses pensaron que se trataba de otro portaviones, en concreto e l Enterprise. Estas dos oleadas, lo dejaron fuera de combate, pero su sacrificio propició que los dos portaviones de la Task Force 16 salieran indemnes. Poco tiem po después (el 7 de junio) y a pesar de los esfuerzos por mantenerlo a flote, los torpedos de un submarino japonés, el I-168, hundieron de forma definitiva al malog rado Yorktown. El ataque norteamericano no se hizo esperar y a las 17:00, un grupo de aviones d el Enterprise atacaron justo cuando el portaaviones Hiryu se colocaba proa al vi ento para lanzar sus aviones. Inmediatamente, los aviones de la patrulla aérea jap onesa se lanzaron a la defensa y derribaron 3 Dauntless. El Hiryu, a máxima veloci dad, intentó evadir el ataque tomando personalmente el timón su comandante, el capitán

Takeo Kaka. En un primer momento, el Hiryu pareció esquivar hábilmente los torpedos lanzados contra él, pero finalmente le alcanzaron 4 bombas de picado, de las cual es, una estalló en el puente y las otras entre los aviones que estaban despegando, desatándose un infierno en el Hiryu, que tuvo que detenerse. Una de las bombas pe netró bajo el ascensor de proa y lo hizo saltar por los aires, provocándole un grote sco boquete y exponiendo toda la estructura interna. En ese momento aparecieron los acorazados Harina y Kirishima a fin de cubrir al Hiryu, pero no había nada que hacer: el Hiryu se hundía. Se fue a pique a las 08:00 del 5 de junio y únicamente s e pudieron rescatar a 35 hombres. A medida que la noche se cerraba, ambos bandos se retiraron a lamerse las herida s y a planificar planes alternativos para determinar sus acciones en cuanto desp untara el alba. El Almirante Spruance se encontraba ahora en el comando táctico de las fuerzas norteamericanas, ya que el Almirante Fletcher se había visto obligado a abandonar el agonizante Yorktown. Spruance sabía que habían logrado una gran vict oria, pero aún no estaba seguro de que los japoneses estuvieran del todo sometidos , con lo que determinó salvaguardar Midway y sus portaviones. Consecuentemente, de cidió retirarse hacia el este durante la noche, desestimando realizar ninguna acción durante la noche en previsión a las posibles fuerzas de superficie japonesas que rondaran por el área. Ya a al despuntar el alba, viró al oeste a fin de encontrarse en posición para cubrir Midway en caso de producirse una invasión del atolón esa misma mañana. El USS Yorktown poco después de que fuera alcanzado por tres bombas japonesas el 4 de junio de 1.942. El marinero en primer plano, con el martillo, está tapando el agujero de entrada de una bomba en la cubierta de vuelo. El USS Yorktown poco después de que fuera alcanzado por tres bombas japonesas el 4 de junio de 1.942. El marinero en primer plano, con el martillo, está tapando el agujero de entrada de una bomba en la cubierta de vuelo. Por su parte, Yamamoto inicialmente decidió continuar con su esfuerzo por acabar c on los norteamericanos y ordenó a la totalidad de la fuerza principal avanzar en z ig zag a la máxima velocidad hacia Midway con el objetivo de destruir con fuego ar tillero la isla y sus instalaciones y además emboscar a las fuerzas norteamericana s. Añadió, además, la orden de acudir al lugar a las fuerzas que se habían destinado al ataque de distracción en las Aleutianas Yamamoto intentó buscar una batalla decisiva al acercar sus acorazados y cruceros a Midway, sin embargo, el almirante Spruance hizo retirar prudentemente su fuerz a más hacia noreste para evitar caer en una emboscada artillera nocturna, que era la especialidad japonesa. Al no haber detectado a la flota estadounidense en el amanecer del 5 de junio, Yamamoto tuvo que reconsiderar su línea de acción. Los cruc eros se situaron en el horizonte de Midway y empezaron a bombardear sistemáticamen te las instalaciones de la isla. Cuando Spruance supo que la isla estaba siendo cañoneada, ordenó a sus fuerzas, en l a tarde del 5 de junio, aproximarse al sector para impedir un desembarco. El con tralmirante Ugaki del estado mayor de Yamamoto se encerró con el almirante en la s ala de mapas del Yamato, y entre ambos, se reconsideró el bombardeo que se efectua ba en ese instante, Ugaki no tenía clara la situación estadounidense, y convenció a Ya mamoto de abortar su plan de conquista de Midway sobrestimando el potencial esta dounidense. Así, el 6 de junio a la 01:00, Yamamoto dio la orden de retirada. Para colmo de males, los japoneses aún sufrieron otro revés. Durante la maniobra de retirada, los cruceros pesados Mikuma y Mogami, se embistieron mutuamente debido a la espesa niebla reinante. Este accidente provocó que tuvieran que reducir su v elocidad (debido a los daños sufridos) y junto a su escolta de destructores, fuero n alcanzados por los aviones del Enterprise en la mañana del 6 de junio. El result ado del ataque norteamericano fue el hundimiento del Mikuma y provocar severos d años al Mogami, que a duras penas consiguió llegar a su base en Truk. Las consecuencias. Tras la clara victoria, los norteamericanos se retiraron. Japón había perdido cuatro de sus portaviones, con lo que únicamente quedaban operativos el Zuikaku y el Sho

kaku, provocando el frenazo a la expansión japonesa en el Pacífico. Esto permitió, por primera vez en el conflicto, que los norteamericanos tomaran la iniciativa ofen siva. A pesar de ello, los japoneses no disminuyeron su ferocidad en combate y pasaron muchos meses antes de que la U.S. Navy pudiera pasar de un estado de paridad, a l estado de superioridad naval con respecto a sus adversarios, si bien sólo dos me ses después, los norteamericanos atacaron Guadalcanal, cogiendo a los japoneses po r sorpresa y pudiendo asegurar, de este modo, las líneas de suministro a Australia y el Océano Índico y provocando, a la vez, efectos que a la larga, tendrían repercusi ones en el transcurso de la guerra. Sin ir más lejos, la defensa por parte de los británicos del Canal de Suez, en Egipto, contra el Afrika Korps alemán, fue reabaste cida mediante transportes aliados provenientes de las rutas del Océano Índico. Por otro lado, si bien Midway no fue causante de la destrucción de la aviación naval japonesa, si es cierto que provocó un serio castigo entre sus filas, que se tradu jo en un duro revés para la fuerza aérea. Y es que los programas prebélicos de entrena miento habían tenido sus frutos, brindando excelentes remesas de pilotos de combat e, pero en un promedio de hombres muy bajo. Esta pequeña élite de aviadores, combatió en Midway, llegándose a perder en un solo día ta ntos pilotos de élite como se habían formado en los programas de entrenamiento duran te un año. De este modo, en posteriores combates como Guadalcanal, las Salomón o San ta Cruz, los pilotos japoneses, formados ahora con mucha mayor rapidez, en detri mento de la calidad, eran mucho más novatos e inexpertos, con lo que fueron presa fácil para los pilotos norteamericanos. Y la idiosincrasia de los mandos nipones, inició una rueda que a la postre, acabaría con cualquier vestigio de superioridad aére a nipona: los pilotos veteranos y expertos, fueron enviados al combate, con lo q ue en los programas de entrenamiento, poco a poco fueron desapareciendo los que mejor podían dirigir dichos programas. Muy al contrario que en el bando estadounid ense, donde los mejores pilotos eran enviados a casa a formar nuevas hornadas de aviadores de combate. Aún peor fue la pérdida, irremediable, de cuatro portaviones. Éstos, no pudieron ser c ompletamente reemplazados hasta principios de 1.945, cuando ya era demasiado tar de para que pudieran desequilibrar la balanza en favor de Japón. Y es que en ese m ismo lapso de tiempo, la U.S. Navy comisionó más de dos docenas de portaviones de fl ota y de tipo ligero, así como numerosos portaviones de escolta. Así pues, se puede afirmar que la batalla de Midway, marcó efectivamente el punto de inflexión en la guerra del Pacífico, dando pie a lo que se hubo de convertir en el principio del fin del Imperio nipón, que poco a poco se vería abocado al abismo del fracaso.

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