Universidad de Buenos Aires Facultad de Ciencias Sociales

Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe

ISSN 1853-2713

OBSERVATORIO LATINOAMERICANO 4

Roberto Mamani Mamani. Pintor Aymara boliviano

DOSSIER BOLIVIA
Buenos Aires, octubre 2010
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OBSERVATORIO LATINOAMERICANO
Observatorio Latinoamericano es una colección de trabajos que, bajo la forma de dossier, publica el Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (IEALC), de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, con el objetivo de ofrecer a todos los interesados en conocer más y mejor a América Latina, información y opiniones sobre la región y cada uno de sus países, sea para fines docentes, de investigación o de mero deseo de ampliar la capacidad de comprensión de realidades complejas, usualmente no tratadas o insuficientemente tratadas por los medios de comunicación comerciales. Observatorio Latinoamericano reproduce material generado por académicos y periodistas latinoamericanistas de distintos países y orientaciones. Iniciamos la colección con textos publicados en medios de comunicación alternativos, que cubren lo que la prensa comercial suele ocultar, pero paulatina y crecientemente vamos incorporardo los trabajos de nuestros propios investigadores e investigadoras. En todos los casos se consignan los créditos y reconocimientos correspondientes. Observatorio Latinoamericano es una publicación electrónica, de acceso, distribución y descarga gratuitos. Los textos pueden reproducirse libremente, pero en todos los casos se indicará la fuente, particularmente la original en los casos en que así corresponda, es decir, en el de textos publicados inicialmente en otra publicación, sea ella en soporte digital o papel. El dossier Bolivia ha sido realizado bajo la coordinación del Magister Bruno Formillo y la Licenciada Florencia Puente.

Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe
Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires
Marcelo T. de Alvear 2230, C1122AAJ Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina www.iealc.fsoc.uba.ar - iealc@mail.fsoc.uba.ar

Director: Waldo Ansaldi Comité Académico: Hugo Calello, Rubén Dri, Eduardo Grüner, Mario Toer (titulares), Héctor Angélico, Atilio Borón (suplentes)
Secretaría: Mgr. Silvia Demirdjian, Mgr. Juan Diez

ISSN 1853-2713
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Fotos de Fernando, Mariana, Micaela y Yamila para Prensa De Frente

Sebastián Hacher

Bandera de Bolivia

Wiphala

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Coordinadores del dossier
BRUNO FORNILLO. Historiador por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y Magister en Sociología de la Cultura por la Universidad Nacional de San Martín. Integrante del Instituto de Estudios sobre América Latina y el Caribe (FSOC-UBA) y de la Cátedra de Historia de América Contemporánea (FFyL-UBA). Becario doctoral del CONICET. Es coautor, junto a Maristella Svampa y Pablo Stefanoni de Debatir Bolivia. Perspectivas de un proyecto de descolonización (Taurus, Argentina, 2010) y de Balance y perspectivas. Intelectuales en el primer gobierno de Evo Morales (Le Monde Diplomatique- Friedrich Ebert Stiftung, Bolivia, 2010). Actualmente prepara su tesis de doctorado -en Ciencias Sociales por la UBA y en Geopolítica por París VIII- sobre la dinámica política del primer gobierno de Evo Morales.

FLORENCIA PUENTE es Licenciada en Ciencia Política (2006) y doctoranda en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires. Participa como coordinadora del proyecto de especialización y maestría en “Gestión estatal del desarrollo económico” de la Universidad Nacional de San Martín. Becaria doctoral del CONICET, investiga los Procesos de democratización y política estatal en Bolivia. Integra la cátedra “Debates latinoamericanos: Ideas, escenarios y categorías en disputa”, a cargo de la Dra. Maristella Svampa, de la carrera de Sociología de la Universidad Nacional de La Plata y participa del UBACyT Acciones colectivas y educación popular desde los movimientos sociales.

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Contenido Bolivia tras el triunfo del “evismo”, Bruno Fornillo y Florencia Puente Reelección: Balances y perspectivas 1. ¿Por qué ganó Evo?, Atilio Borón 2. Afianzar y profundizar el proceso: claves del triunfo revolucionario de los pueblos de Bolivia, Isabel Rauber 3. Una lectura geográfico-política de las elecciones del pasado 6 de diciembre. De “las dos Bolivias” a la construcción nacional plebeya del MAS, Íñigo Errejón Galván. 4. Bolivia después de las elecciones, Eduardo Paz Rada 5. El nuevo desafío, Guillermo Almeyra 6. Grandes retos tras la victoria del MAS, Luismi Uharte 7. ¿Por qué ganó Evo?, Bruno Fornillo 8. Crónica indígena de las elecciones, Xavier Albo 9. Evo Morales frente a sí mismo, Hervé Do Alto 10. Proyección política y balance 2010, Carlos Alejandro Lara Ugarte Socialismo, capitalismo y perspectivas del Estado Plurinacional 11. Una reflexión sobre la idea de Estado plurinacional, Luis Tapia 12. Álvaro García Linera, vicepresidente: “Bolivia es un Estado integral que transita al socialismo y que inicia una década de oro”, Miguel E. Gómez Balbo 13. Bolivia: ¿Socialismo "comunitario" o Capitalismo de Estado? Martín Camacho 14. “Bolivia vira al socialismo comunitario y comienza a sepultar el capitalismo”, Cambio 15. ¿Y el capitalismo andino?, Andrés Solíz Rada 9 12 15

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16. The Rebellion in Potosi: Uneven Development, Neoliberal Continuities, and a Revolt Against Poverty in Bolivia, Jeffery R. Webber 63 17. Bolivia: normativa, descolonización y los retos de la transición al socialismo comunitario, María Teresa González Herrera 70 18. Los entretelones del poder. Teatro político, burocraciai e industrialización, Raúl Prada Alcoreza 19. “Hablamos del socialismo del buen vivir”, Boaventura de Sousa Santos 20. Hacia la reconstrucción del vivir bien, David Choquehuanca. Sobre la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre cambio climático y los derechos de la madre tierra realizada en Cochabamba en Abril de 2010 21. Lo que esperamos de la conferencia mundial de los pueblos sobre el cambio climático, Jubenal Quispe 22. Entrevista con Simón Yampara, dirigente aymara. Debate del Buen Vivir, una solución
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a la crisis de civilización moderna, Katu Arkonada. 23. Bolivia: Mesa 18 pide suspender actividades extractivas que afectan a indígenas, Red Erbol 24. Documento final de la mesa de trabajo “DEUDA CLIMÁTICA”, realizada en la “Conferencia Mundial de los Pueblos sobre cambio climático y los derechos de la madre tierra”, realizada en Cochabamba, Bolivia, entre el 19 y el 21 de abril 25. Bolivia: En la Cumbre de los Pueblos la Mesa popular 18 indicó el camino de expulsar a las transnacionales, La Protesta.

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26. Bolivia: Vicepresidente califica de una “orgía de ONG’s” a la Mesa 18 del Foro climático, Red Erbol 108 27. Entrevista a Evo Morales: “Sin derechos de la Madre Tierra no hay derechos humanos”, Fernando Ramón Boss. 28. Bolivia. Un nuevo movimiento sobre el cambio climático, Naomi Klein 109 112

29. Cochabamba Summit of the Peoples: Some critical comments on the Final Declaration, Daniel Tanuro, Sandra Invernizzi 114 Modelo de desarrollo: Neoextractivismo y “vivir bien” 30. Sumak Kawsay, Suma Qamaña, Buen Vivir, José María Tortosa. 31. Balance de una gestión presidencial exitosa, Juan Manuel Bueno Soria. 32. El conflicto entre los diferentes proyectos de transformación del MAS, Ricardo Molero Simarro, Maria José Paz Antolín y Jon Sanz Landaluze 33. Madre tierra versus capitalismo, Raúl Prada Alcoreza. 34. El modelo de desarrollo en debate, Eduardo Gudynas. 35. ¿Adónde nos lleva el pachamamismo?, Pablo Stefanoni. 36. Morales, entre el discurso ambiental y el oro negro, Franz Chávez. Franz Chávez. 37. ¿“Pachamámicos” contra “modérnicos”?, Arturo Escobar. 38. Bolivia: Descolonización, vivir bien y derechos de la Madre Tierra, Carlos Mamani Condori. 39. Evo Morales: "Amazonia sin petróleo" es una consigna de intereses foráneos 30. Bolivia: La riqueza de las naciones, Antonio Peredo Leigue 40. Bolivia: ¿rumbo a un nuevo modelo de desarrollo?, Manuel De La Fuente 42. Socialismo e indigenismo en Bolivia: Aculturación, Estado y Modernidad frente a la propuesta del Buen Vivir, Sergio de Castro Sánchez. 43. ¿Es posible un horizonte de desarrollo por una vía no industrial?, Ramiro Lizondo Díaz 44. La Paz: muchos fastos, saludos y disputas pero ¿y la perspectiva de desarrollo?, Rolando Carvajal. 45. Aproximaciones desde el caso de la mina San Cristóbal. Los riesgos del "gran salto
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industrial" boliviano, Carlos Crespo.

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46. La nueva receta del Banco Mundial para América Latina. El “Desarrollo” en tres pasos: explotar la naturaleza, exportar materia prima, y acumular renta. Servicio de Noticias Ambientales (SENA) del Fobomade. 174 Suplemento 47. La construcción del nuevo Estado, nuestra experiencia, Álvaro García Linera. 48. El laboratorio boliviano, Waldo Ansaldi 179 194

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Mapa Político de Bolivia

En azul: La “Media Luna”. En celeste: Chuquisaca Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Bolivia_-_Media_Luna.png

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Bolivia tras el triunfo del “evismo”
Bruno Fornillo y Florencia Puente

El cambio de época que vive Latinoamérica tiene como nota distintiva la presencia de una serie de gobiernos de carácter progresista que anuncian dejar atrás el reciente pasado neoliberal. Las mayores expectativas a la hora de plasmar un horizonte emancipatorio parecieran confluir en Venezuela y Bolivia; si en un caso cristalizan en la declaración del nacimiento de un socialismo para el siglo XXI, en el otro se asientan en la elección de Evo Morales, un presidente indígena y cocalero, encumbrado gracias a la pujanza de los movimientos sociales, lo cual vendría a certificar los anhelos de cambio. En este marco, el dossier que presentamos dedica especial atención al país mediterráneo, con el propósito de brindar un panorama acerca de las perspectivas y los dilemas actuales que transita la segunda presidencia masista. La década cumplida por el ciclo político boliviano fue apilando los más extraordinarios acontecimientos; apenas una enumeración sumaria de alguno de ellos alcanza para dimensionar la intensidad política vivida: desde las sucesivas “guerras” –del agua en 2000, de las comunidades en 2001, del gas en 2003–, pasando por el ascenso del “evismo” al poder en 2005, la nacionalización de los hidrocarburos, el conflicto geopolítico con los departamentos de la “medialuna” que rozó la guerra civil, hasta la aprobación de la Nueva Carta Magna en 2009 y la reelección. Posiblemente a causa de la originalidad que contienen, la reflexión creada en torno a estas situaciones ha sido bastante nutrida, aún en aquellos casos que se ciñen a los criterios académicos. A diferencia de otros países del subcontinente, Bolivia no solo cobijó históricamente un ambiente intelectual fructífero (por caso, valga mencionar la entera obra de René Zavaleta Mercado), sino que actualmente la literatura sobre el “proceso de cambio” es rigurosa y abundante (en un ejemplo entre otros, podríamos remitirnos a las producciones del Grupo Comuna, al cual pertenecía el sociólogo y actual Vicepresidente, Álvaro García Linera). En esta presentación del Observatorio, por lo tanto, procuramos acercar al lector materiales producidos al calor de la coyuntura, no carentes de certeros análisis, con un perfil informativo fuerte y que vieron luz entre el último mes del año pasado y septiembre de este año. El dossier está dividido en cuatro partes, cada una de las cuales responde a una problemática específica, mientras que el orden interno de los textos sigue una neutra sucesión temporal. La primera parte tiene por título de contenido “Reelección: balances y perspectivas”, e incluye aquellos escritos que se interrogaron sobre los años inmediatamente recientes del “evismo” en el poder, demarcando las líneas dominantes que se avizoraban tras la reelección. La culminación de la primera gestión masista representa un parteaguas central en un tránsito inconcluso, fundamentalmente porque la oposición ha sido derrotada en los hechos -y los dilemas, hoy por hoy, parecen partir del interior del oficialismoy, paralelamente, debido a que gran parte de los mandatos gestados en la “marea alta de la política plebeya” han sido aplicados: nacionalización del gas y una Nueva Constitución Política del Estado. Frente a este horizonte, diversos motivos se entremezclaban y están presentes en la mayoría de los artículos, sea dar cuenta del modo en que se ha consolidado el Movimiento Al Socialismo -bajo tintes nacional-populares o plebeyos dirá, por ejemplo, Íñigo Errejón Galván-, sea realizar un recuento de las principales vicisitudes que se vivieron en la primera gestión -tal es, por caso, uno de los propósitos del texto de Atilio Borón-. En segundo lugar, presentamos una discusión que en Bolivia lejos está de saldarse con entusiasmos o catastrofismos rápidos: se trata de comenzar a preguntarse si lo que se avecina es la
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férrea lógica de un capitalismo avant la lettre, de un capitalismo andino, de un socialismo comunitario o de un proyecto de descolonización, entre tantas nominaciones que procuran asir la lógica actual del modelo boliviano. Naturalmente, más allá de las polaridades simplistas, estás lógicas no son del todo compatibles entre sí y es preciso considerar que la hegemonía cierta del “evismo” hizo que la dinámica “económica” pasase a primer plano. Incluimos, entonces, las palabras del vicepresidente, quien aseguro que el camino es el socialismo, de Jeffery R. Webber, quien menciona las continuidades visibles del modelo neoliberal, y un texto muy reciente (del 21 de septiembre) titulado Los entretelones del poder. Teatro político, burocracia e industrialización y publicado por un observador cercano al Estado hasta antes de su renuncia, Raul Prada Alcoreza, de modo que el único integrante del Grupo Comuna que actualmente no posee una perspectiva crítica para con el gobierno es el propio vicepresidente. Aunque es indudable que el proceso boliviano es profundamente rico y da cuenta de amplios transformaciones que son dables a subrayar, lo cierto es que una mirada que se quiera contemporánea -y real- no puede dejar de presentar las ambivalencias del caso. La tercera parte puede ser vista como un segregado de la anterior, y al igual que la primera, aborda los escritos producidos en torno a un hecho concreto, acercando al lector los pormenores del que fue muy posiblemente el mayor evento realizado este año en Bolivia: la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre cambio climático y los derechos de la madre tierra, convocada en Cochabamba para Abril de 2010. Evo Morales invitó a ella reclamando el protagonismo del “pueblo” y de los movimientos sociales durante la Cumbre del Cambio Climático realizada en Copenhague, en diciembre de 2009, que agrupó a través de la ONU a los altos mandos presidenciales, aunque con escasísimo resultado. Las repercusiones que tuvo el encuentro cochabamabino fueron muy amplias, tanto para advertir de la problemática ambiental “desde abajo” a escala planetaria como en la propia escena doméstica, ya que la extraoficial “mesa 18” (rechazada por la organización oficial y propiciada, entre otras, por la principal organización de raíz aymara, el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Quyasullu -CONAMAQ-) vino a cuestionar la certeza de que la consigna “evista” que anunciaba la descolonización sea lo que el gobierno desea para sí. Con el propósito de atenernos a una mirada plural, el lector encontrará las diversas posiciones teóricas y políticas que despertó el evento; entre ellas, resulta esclarecedora la entrevista en la que Evo Morales defiende la prescripción de cuidar el planeta -retomada en la declaración final, que también incluimos-, promoviendo una explotación “responsable” de los recursos naturales, dada la necesidad de sostener la política social del Estado. La cuarta parte, al igual que la segunda, tiene un perfil más “analítico”, buscando sobrepasar lo meramente coyuntural. En efecto, titulada “Modelo de desarrollo: Neoextractivismo y ‘vivir bien’”, nos atuvimos a la idea de presentar una tensión que indudablemente tiende a enmarcar los debates que actualmente se muestran más sustantivos en Bolivia, e incluso más allá de sus fronteras. Repasamos entonces las tensiones que se originan entre las perspectivas neodesarrollistas, por momentos directamente neoextractivistas, que ilusionan con atar el país al tren del desarrollo económico, y los preceptos que apuestan por el suma qamaña (vivir bien) andino, fuertemente proclamado por Evo Morales. Si esta contradicción resulta particularmente intensa, y obviamente excede el mote de “ambientalismo”, es porque en Bolivia existe un discurso que anida fundamentalmente en algunos sectores de raíz indianista y no deja de articularse con el muy extendido sentido común local que llama a respetar a la naturaleza animada y al reciprocitario lazo entre los hombres. Además, la propia voz presidencial reclama como una de sus mayores originalidades ser representante de la ancestral defensa de la madre tierra, afirmando que sus derechos serán pronto más importantes que los derechos humanos. Más aún: no pocos de los interrogantes acerca del tipo integral de modelo social que se está construyendo, en ese enrarecido arco que va desde consolidar el más puro capitalismo a sentar las bases del más puro humanismo, pueden encontrar un terreno de comprensión y expresión en este debate.
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En este apartado, entonces, la variedad de posiciones es mayor, y también lo es el espacio que le dedicamos. El texto que lo abre, Sumak Kawsay, Suma Qamaña, Buen Vivir, de José María Tortosa, presenta la significación concreta de estos términos. El que le sigue, Balance de una gestión presidencial exitosa, de Juan Manuel Bueno Soria, da cuenta de los progresos que en materia económica es capaz de exhibir el “evismo”, incluso en los mismos términos que hubiesen querido sus antecesores Bolivia, por ejemplo, nunca ostentó las reservas monetarias que ahora acumula-, de modo que festeja el desarrollo por venir. Empero, estas perspectivas también suscitaron diversas polémicas, como la entablada entre Pablo Stefanoni y Arturo Escobar acerca de la naturaleza del “pachamamismo”, cuyos artículos centrales incluimos. Procuramos, asimismo, acercar las visiones que no solo condenan la lógica depredatoria del capital, con la instalación de la minería de explotación a cielo abierto, como la del Mutún en Santa Cruz, sino que también cuestionan la certera conveniencia económica para el país de estos emprendimientos; tal es el enfoque que utiliza un texto como Aproximaciones desde el caso de la mina San Cristóbal. Los riesgos del "gran salto industrial" boliviano, de Carlos Crespo. En definitiva, más que apuntar a una crítica “externa”, se trata de dar cuenta de las controversias producidas por la distancia entre los núcleos ideológico-políticos que el partido de gobierno reclama para sí y la aplicación de la política de Estado real, que en los hechos -juzgará el lector si para bien o para mal- parece guiada por la ambición de emular la escalada en el ranking del PBI de su vecino Brasil. A fin de enmarcar esta problemática en América Latina, la nota El modelo de desarrollo en debate, de Eduardo Gudynas, y El ‘Desarrollo’ en tres pasos: explotar la naturaleza, exportar materia prima, y acumular renta advierten sobre el peligroso -y evidente por ahora- camino de remprimarizar las economías subordinadas. Por último, a pedido de la dirección del Instituto, bajo el subtítulo “suplemento”, incluimos la conferencia que Álvaro García Linera brindó en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires en abril de 2010 y un texto de Waldo Ansaldi que, entre otras cosas, plantea la utilidad, para el caso boliviano, de considerar la diferencia analítica entre gobierno y poder. Que las rupturas sean de gran porte en este país no se contradice con que las inercias y las restauraciones también lo sean: no habría que desconocer que aquí convive una historicidad rica en rebeliones -que comprende a la segunda revolución latinoamericana del siglo pasado, luego de la mexicana, llevada adelante por uno de los sectores sindicales más aguerridos de la región-, con la realidad de no haber logrado superar el sitial del país más pobre del subcontinente. En otros términos, esa “rebelión en las venas” se ha visto recurrentemente presa de incontables dilemas: la palabra “inconclusa” no ha dejado de inmiscuirse en la idea de nación, y así también se adjetivó a la burguesía, a la revolución del ‘52, a los atisbos de poder dual de origen socialista en la Asamblea Popular durante la presidencia de Torres. En las páginas que siguen, este núcleo inacabado de la historia local, ojalá esta vez de progresiva resolución, se encuentra con algunos de sus comentadores.

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Reelección: Balances y perspectivas

7/12/2009 Página 12

¿Por qué ganó Evo?
Atilio Borón

Una semana atrás celebrábamos el triunfo de Pepe Mujica en Uruguay. Hoy tenemos renovadas -y también más profundas razones- para festejar la extraordinaria victoria de Evo Morales. Tal como lo señalara hace ya un tiempo el analista político boliviano Hugo Moldiz Mercado, el rotundo veredicto de las urnas marca al menos tres hitos importantísimos en la historia de Bolivia: (a) es el primer presidente democráticamente reelecto en dos términos sucesivos; (b) es el primero, además, en mejorar el porcentaje de votos con que fue electo la primera vez: 53.7 % contra el actual 63.3 %; y, (c) es el primero en obtener una abrumadora representación en la Asamblea Legislativa Plurinacional. Además, pese a que aún no se dispone de los escrutinios definitivos es casi seguro que Evo obtendrá los dos tercios en el Senado y en la Cámara de Diputados, lo que le permitiría nombrar autoridades judiciales y aplicar la nueva Constitución sin oposición. Todo esto lo convi erte, desde el punto de vista institucional, en el presidente más poderoso en la convulsionada historia de Bolivia. Y un presidente comprometido en la construcción de un futuro socialista para su país. Obviamente, estos logros no le impedirán Washington reiterar sus conocidas críticas acerca de la “defectuosa calidad institucional” de la democracia boliviana, el “populismo” de Evo y la necesidad de mejorar el funcionamiento político del país para garantizar la voluntad popular, como por ejemplo se hace en Colombia. En este país, sin ir más lejos, unos 70 parlamentarios del uribismo han sido investigados por la Corte Suprema de Justicia y la Fiscalía por sus supuestos vínculos con los paramilitares, y 30 de ellos enviados a la cárcel con sentencia firme por ese motivo. Cuatro millones de desplazados por el conflicto armado, auge del narcotráfico y el paramilitarismo bajo
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amparo oficial y la aquiescencia de Washington, violación sistemática de los derechos humanos, entrega de la soberanía nacional a Estados Unidos mediante un tratado negociado en secreto y que concedió la instalación de siete bases militares estadounidenses en territorio colombiano y la fraudulenta manipulación procesal para lograr la re-reelección del presidente Álvaro Uribe son todos rasgos que caracterizan una democracia de alta “calidad institucional” que no motiva la menor preocupación de los sedicentes custodios de la democracia en Estados Unidos. El desempeño electoral del líder boliviano es impresionante: obtuvo un triunfo arrollador en la convocatoria de la Asamblea Constituyente, Julio del 2006, que sentaría las bases institucionales del futuro Estado Plurinacional; otra aplastante victoria en Agosto del 2008 (67 %) en el Referendo Revocatorio forzado por el Senado, controlado por la oposición, con el abierto propósito de derrocarlo; en Enero de 2009 el 62 % de los votantes aprobó la nueva Constitución Política del Estado y apenas unas pocas horas a trás, otra plebiscitaria ratificación de casi los dos tercios del electorado. ¿Qué hay detrás de esta impresionante máquina de ganar elecciones, indestructible pese al desgaste de cuatro años de gestión, los obstáculos interpuestos por la Corte Nacional Electoral, la hostilidad de Estados Unidos, numerosas campañas de desabastecimiento, intentonas de golpes de estado, amenazas separatistas y planes de magnicidio? Lo que hay es un gobierno que cumplió con sus promesas electorales y que, por eso mismo, desarrolló una activa política social que le ganó la indeleble gratitud de su pueblo: Bono Juancito Pinto, que llega a más de un millón de niños, Renta Dignidad, un programa universal para todos los bolivianos mayores de 60 años que carezcan de otra fuente de ingresos; Bono Juana Azurduy para las mujeres embarazadas. Un gobierno que erradicó el analfabetismo aplicando la metodología cubana del programa “Yo Sí Puedo”, lo que permitió alfabetizar a más de un millón y me dio de personas en unos dos años, razón por la cual el 20 de diciembre de 2008 la UNESCO (no los partidarios de Evo) declaró a Bolivia territorio libre de analfabetismo. Se trata de un logro extraordinario para un país que padeció una secular historia de opresión y explotación, sumido en una desgarradora pobreza por sus clases dominantes y sus amos imperiales pese a la enorme riqueza que guarda en sus entrañas y que recién ahora, con el gobierno de Evo, es recuperada y puesta al servicio del pueblo. Por otra parte, el solidario internacionalismo de Cuba y Venezuela también permitió la construcción de numerosos hospitales y centros médicos, a la vez que miles de personas recuperaron la vista gracias a la Operación Milagro. Importantes avances se registraron también en materia de reforma agraria: cerca de medio millón de hectáreas fueron transferidas a manos de los campesinos y en la anunciada recuperación de las riquezas básicas (petróleo y gas), lo que en su momento provocó el nerviosismo de sus vecinos, especialmente Brasil, más preocupado por garantizar la rentabilidad de Petrobrás que por cooperar con el proyecto político de Evo. Por último, el cuidadoso manejo de la macroeconomía le ha permitido a Bolivia, por primera vez en su historia, contar con importantes reservas estimadas en 10.000 millones de dólares y una situación de bonanza fiscal que, unida a la colaboración de Venezuela en el marco del ALBA, le permitió a Morales realizar numerosas obras de infraestructura en los municipios y financiar su ambiciosa agenda social. Por supuesto, quedan muchas asignaturas pendientes y no todo lo hecho está más allá de la crítica. En una nota reciente Pablo Stefanoni, editor de Le Monde Diplomatique en Bolivia, advertía acerca de la inestable convivencia entre “un discurso eco-comunitarista en los foros internacionales y una prédica desarrollista sin muchos matices en el ámbito interno.” Si bien la tensión existe, es preciso reconocer que la vocación eco-comunitarista de Evo trasciende con creces el plano de sus alegatos en los foros internacionales: su compromiso con la Madre Tierra, la Pachamama, y los pueblos originarios es sincero y efectivo y ha marcado un hito en la historia de Nuestra América. Por supuesto, el extractivismo de su patrón de desarrollo es innegable, pero a la vez inevitable dadas las características brutalmente predatorias que la acumulación capitalista asumió en Bolivia. Pensar que de la noche a la mañana el gobierno popular podría sustentar un modelo de desarrollo alternativo
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dejando de lado la explotación de las inmensas riquezas mineras y energéticas de ese país es completamente irreal. Bolivia no tiene a su alcance, al menos por ahora, una opción como la que en su momento tuvieron Irlanda o Finlandia. Pero sería injusto desconocer que la orientación de su modelo económico y su fuerte contenido distribucionista lo separan claramente de otras experiencias en marcha en el Cono Sur. Para ni hablar de la declarada intención de Evo de avanzar en la escabrosa -y, por eso mismo, lenta y erizada de acechanzas- construcción de un renovado socialismo, algo que nada tiene que ver con el nebuloso “capitalismo andino-amazónico” que algunos persisten en presentar como una tan inexorable como inverosímil antesala del socialismo. Todos estos logros, sumados a su absoluta integridad personal y a una espartana cotidianeidad (que contrasta muy favorablemente con las abultadas fortunas o los elevados patrones de consumo que exhiben otros líderes y políticos “progresistas” de la región) han hecho de Evo un líder dotado de un formidable carisma personal que le permite vapulear a cualquier rival que se atreva a desafiarlo en la arena electoral. Pero además, su permanente preocupación por concientizar, movilizar, organizar a su base social -haciendo a un lado los desprestigiados aparatos burocráticos que, al igual que en la Argentina, Brasil y Chile no movilizan ni concientizan a nadie- no sólo satisface la impostergable necesidad de construir una subjetividad apropiada para las luchas por el socialismo sino que, al mismo tiempo, se constituye en una carta decisiva a la hora de prevalecer en la arena electoral. Las fuerzas de la atribulada “centroizquierda” del Cono Sur, que avizoran un futuro político poco promisorio habida cuenta del crecimiento de la derecha alimentado por su resignado posibilismo, harían bien en tomar nota de la luminosa lección que ofrece el triunfo de Evo en las elecciones del domingo pasado. Una lección que demuestra que ante el peligro de la restauración del dominio de la derecha la única alternativa posible es la radicalización de los procesos de transformación en curso. Derrotada en el terreno electoral, la derecha redoblará su ofensiva en los múltiples escenarios de la lucha de clases. Sería suicida suponer que se inclinará sin dar batalla ante un revés electoral. Ojalá se aprenda también esta lección. www.atilioboron.com

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8/12/2009 Rebelión

Afianzar y profundizar el proceso: claves del triunfo revolucionario de los pueblos de Bolivia
Isabel Rauber

Diciembre de 2009 constituye una inflexión socio-temporal de cristalización y crecimiento de los primeros cuatro años del gobierno de los pueblos originarios y los movimientos sociales de Bolivia que han asumido el protagonismo de su historia, creándola y construyéndola con sus organizaciones comunitarias, sociales y sectoriales unificadas en el Instrumento político y con la conducción de Evo Morales Ayma, desde 2005 primer Presidente indígena de América. La revolución democrática y cultural de Bolivia, popular, antiimperialista y latinoamericanista, es un proceso de "reapropiación" del poder por los de abajo: una "reapropiación" de la capacidad de poder hacer en aras de la vida propia, de la humanidad y la naturaleza, promoviendo la equidad, la justicia y la solidaridad entre los pueblos y entre la humanidad toda. Radicalmente democrática, la revolución boliviana constituye un claro bastión de vida. Ésta es su impronta cl ave. El triunfo reciente reafirma, precisamente, la voluntad colectiva de continuar en su determinación de inventarconstruir un nuevo modo de vida, cualidad que definen como la de “vivir bien”. A diferencia de la clásica concepción capitalista del “bienestar”, centrada en el acceso a bienes materiales y económicos, el “vivir bien” incluye indicadores que parten de la afectividad, el reconocimiento y el prestigio social, expresa el encuentro fraternal entre pueblos y comunidades, respetando la diversidad e identidad cultural. Propone una convivencia comunitaria con interculturalidad y sin asimetrías de poder. Se trata también de vivir en armonía con la naturaleza. Es un “vivir bien” entre nosotros, que es diferente del ‘vivir mejor’ occidental, que es individual, separado de los demás e incluso a expensas de los demás y de espaldas a la naturaleza. Tal es, en apretada síntesis, la cosmovisión que los pueblos indígenas incorporaron al gobierno, a través d el MAS y el Evo, como llaman con orgullo al Presidente sus hermanos y hermanas, abriendo un tiempo de oportunidades con una conciencia forjada en años de lucha contra la exclusión, la pobreza, la sumisión y el saqueo, por la igualdad de derechos de todos los ciudadanos y ciudadanas, contra la discriminación racial, por la justicia social, por la identidad, por el reconocimiento y respeto a la diversidad de culturas, contra la dependencia y el sometimiento. Entre los primeros cambios estructurales fundamentales impulsados con éxito por el gobierno revolucionario se cuentan tres que considero claves para impulsar otros cambios: la nacionalización de los hidrocarburos; la convocatoria y realización de la Asamblea Constituyente con la aprobación popular de la Nueva Constitución; y la alfabetización universal. Articulado a lo anterior, se ha elaborado un novedoso Plan Nacional de Desarrollo para el período 2006-2010, orientado a poner fin a los “males” sociales heredados, acumulados y presentes. La propuesta, en gran medida ejecutada, es una verdadera obra maestra de la interrelación entre economía, sociedad, política y cultura de nuestros pueblos, y prueba la necesidad de abordar integralmente las soluciones a la exclusión y la pobreza, junto con el desarrollo. Su éxito radica en que no aceptan ningún “modelo de desarrollo”, y abren las puertas a la creatividad colectiva de los pueblos para construirlo. Es por ello vital la articulación programática integral de las transformaciones políticas y socioeconómicas con los procesos de construcción (reapropiación) del poder desde abajo por los pueblos, sus organizaciones comunitarias y movimientos sociales.
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La construcción del Estado descolonizado y la nueva constitución política del Estado Una de las apuestas fuertes es la construcción de un nuevo Estado. Éste se concibe concebido como potencia transformadora del cambio, expresión de un nuevo po der surgido de los sectores indígenas, populares, y de todos aquellos sectores sociales marginados y oprimidos durante siglos. Y para que éste se realice, se hace necesaria la construcción de una estructura de poder, desde abajo, que haga presentes a todos los pueblos y culturas en las decisiones económicas y políticas del Estado. De ahí la trascendencia de la realización y aprobación de la Asamblea Constituyente. Y consiguientemente, del triunfo electoral de los candidatos del pueblo, Evo y Álvaro, en este 6 de diciembre, hito histórico que marca la profundización de los cambios, recomenzando el proceso político revolucionario ahora fortalecido con la aplicación de las transformaciones promovidas y estipuladas en la Nueva Constitución, que respalda la participación de todos los bolivianos y bolivianas, y reconoce el legítimo derecho igual de cada pueblo a vivir según sus culturas y tradiciones ancestrales, inter-articulándose en una Bolivia colectiva, plurinacional, intercultural. El llamado es a todos y todas, sin tapujos ni dudas. La única exclusión es la autoexclusión. Y ésta palidece frente a la grandeza de la obra presente y por venir. Todas las energías y saberes son necesarios. Consciente de ello, el proceso profundo y trascendente de la revolución boliviana no olvida ni relega a los sectores medios, sabiéndolos parte de su reserva cultural, y sector social que concentra valiosos recursos humanos. Por razones históricas de fragmentación social e intereses inculcados, su participación colectiva en el proceso revolucionario no es ni será sencilla, y reclama un llamado positivo y convocante. Consiguientemente, el haber logrado una nutrida y creciente presencia y participación activa de los sectores medios en la epopeya colectiva, resulta una conquista política y una gran enseñanza del proceso revolucionario boliviano y su conducción estratégica, para procesos similares del continente. La construcción estratégica de la conducción colectiva del proceso La revolución democrática-cultural de Bolivia muestra que todos los pueblos, con sus diferentes identidades y puntos de vista, toman en sus manos la construcción de una nueva civilización humana, cuando confían en sus capacidades y fuerzas para crear y motorizar los cambios. Y ésta es otra de las grandes enseñanzas del proceso boliviano: la convergencia de movimientos sociales, con organizaciones de los pueblos indígenas y las de sus comunidades, como sustrato de su constitución, con Gobierno y Estado, dotándose de las herramientas político-sociales para ello: la herramienta político partidaria capaz de intervenir en el ámbito parlamentario-institucional (el MAS), y la fuerza social extraparlamentaria, al decir de István Meszaros, fuerza sociopolítica de liberación, nervio motriz y conducción estratégica, capaz de impulsar el proceso de cambios hacia objetivos mayores. De conjunto conforman el Instrumento Político para la Soberanía de los Pueblos, fuerza sociopolítica organizada que resulta cada vez más vital en sentido estratégico, y que con sus logros se ha (auto)colocado en la necesidad de crecerse en su protagonismo, avanzando en su conformación del actor político colectivo central, dinamizador y profundizador del proceso revolucionario. Ésta constituye hoy una de las enseñanzas palpables de Bolivia y también uno de sus desafíos mayores, puesto que la interrelación entre los pueblos organizados y su representación institucional presupone tensiones y contradicciones, y éstas se mantendrán aun con los avances que, en este sentido, tendrán lugar a partir del presente período gubernamental marcado por la entrada en vigor de la Nueva Constitución. Esto es parte de la larga transición hacia lo nuevo, que se produce desde las entrañas del capital. Perseverar y crecerse en este empeño, vencer a la reacción interna y al imperialismo multiplica la epopeya de los pueblos del país andino: Conscientes de que el camino se hace al andar, ellos, junto a sus recientemente confirmados gobernantes, persisten, fortalecidos, en sostener y profundizar el rumbo iniciado. Cuentan para ello con la admiración, el apoyo y la solidaridad de los pueblos de nuestra región y del mundo.
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11/12/2009 Somos Sur

Una lectura geográfico-política de las elecciones del pasado 6 de diciembre. De “las dos Bolivias” a la construcción nacional plebeya del MAS
Íñigo Errejón Galván

Estas elecciones presidenciales y legislativas en Bolivia han sido históricas. Pero no por haber obtenido Evo Morales un 63% de votación; este porcentaje es superior en sólo dos puntos al apoyo popular a la Constitución en el referéndum del pasado Enero, y cinco puntos inferior al que recibió el Presidente en el referéndum revocatorio de Agosto de 2008. Lo han sido porque marcan un punto de difícil retorno en la construcción nacional capitaneada por el Movimiento Al Socialismo. La reelección del binomio Evo Morales – Álvaro García Linera estaba asegurada e incluso los medios de comunicación privados la daban por sentada. Los bonos como forma de redistribución de las rentas hidrocarburíferas recuperadas por el Estado, la inclusión política, ciudadana y simbólica de las mayorías indígenas en cuanto tales, o la refundación política y ética del Estado boliviano en marcha, aseguraba ya un masivo respaldo electoral. La crisis ideológica y de falta de dirigentes en la oposición, que le impidió incluso concurrir unida en un frente único “anti-Evo”, no dejaba lugar a dudas sobre a quien correspondería la victoria el pasado 6 de diciembre. La mayor parte de los análisis han destacado que el próximo Ejecutivo a conformarse el 22 de enero en Bolivia tendrá un legislativo amistoso. El MAS ha obtenido un resultado abrumador en la Asamblea Legislativa Plurinacional, lo que le permite tener dos tercios en las dos cámaras reunidas, e incluso reunir por sí mismo el quórum necesario para sesionar. El mandato popular, claramente, le ha puesto fin a la estrategia opositora de obstaculización que, atrincherada en el senado donde tenía mayoría, apostaba al colapso institucional, paralizando leyes como la “Marcelo Quiroga Santa Cruz” contra la corrupción, o el seguro universal de salud. Precisamente la variación en los equilibrios en el Senado, que pasa a quedar bajo el control del MAS, es la mejor ilustración del cambio en el proceso político boliviano. En tanto que cámara territorial, el Senado fue el ámbito natural donde se reflejó el conflicto regional, y hoy es una foto fija de la hegemonía nacional oficialista. La derrota de la verdadera oposición La realidad es que el Gobierno del MAS nunca se enfrentó con una oposición nacional. Aún sacudidos por el derrumbamiento del régimen neoliberal y la reconfiguración de la esfera de lo político, las élites políticas tradicionales, entrelazadas en una maraña de apellidos y siglas que se entrecruzan con facilidad, llevan años hablándole a un país ya desaparecido: la República de propietarios, la nación del mestizaje que se cree ciega al color. En torno a la crisis estatal boliviana y su desborde por las insurrecciones multitudinarias del Ciclo Rebelde (2000-2005), la irrupción de los sectores subalternos –campesinos y comunarios, clase media indígena y mestiza, gremiales y proletariado informal urbano- reconfiguró la esfera de lo político. Fue este un proceso de ampliación social, de facto, de lo boliviano, de “asalto plebeyo” al Estado republicano, colonial y liberal. La llegada del Movimiento Al Socialismo a la Presidencia al final del año 2005 fue la plasmación política de la fuerza social del bloque histórico “indígena y popular” sin el cual ya no era posible imaginar el país. Desde entonces, la reacción de las clases dominantes se territorializó. Esto significa que fijaron sus aspiraciones políticas a medio plazo en las regiones orientales del país. Sosteniendo un cierto
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discurso de la inviabilidad de Bolivia, las élites conservadoras renunciaron a librar la batalla por la hegemonía nacional: la nueva Bolivia, la de las mayorías indígenas y populares, en la que lo blancocastellano hablante-urbano-individual es ya sólo una de las formas civilizatorias presentes, la tumultuosa y conflictiva, les resultaba irreconocible y sobretodo ingobernable. La “Media Luna” fue una hábil construcción cultural e ideológica que agrupaba a las regiones del oriente y sur en una suerte de “otra Bolivia”, un país imaginado dentro del país común, un país caracterizado por la prosperidad, el respeto a la propiedad privada, la apertura a los mercados internacionales, la hospitalidad de sus gentes y su superioridad cultural, racial y hasta físico-sexual. Las reivindicaciones de elección directa de los Prefectos de los departamentos, de mayor afluencia de recursos y finalmente plena administración de los mismos en las regiones del Oriente y el Sur del país, se convirtieron en las banderas de resistencia al Gobierno de La Paz. Más que la secesión, el empresariado del oriente buscó la desconexión del resto del país, considerado una rémora para su prosperidad y paz social, al menos mientras gobernara Evo Morales. Los estatutos ilegales aprobados por las prefecturas hace un año y medio apuntaban claramente en esta dirección De esta forma la consigna de la “autonomía” consiguió articular en torno a la oligarquía agroexportadora, financiera y comercial un bloque de masas opuesto a la reforma estatal conducida por el MAS y apoyada por los movimientos sociales. Esta pugna estuvo a punto de hacer descarrilar el proceso constituyente en una espiral de desestabilización y enfrentamiento. Septiembre del 2008 supuso el punto álgido de esta estrategia, pero también la ulterior derrota de la derecha regionalizada, que no pudo contar con el ejército ni la comunidad internacional de su lado, y terminó sitiada por la acción del gobierno central y la movilización popular. Las elecciones del 6 de diciembre han sido la confirmación de un cambio significativo en la correlación de fuerzas a favor del Gobierno de Evo Morales. Si hasta ahora su principal oposición había sido esta Media Luna que llegó a reunir hasta cinco departamentos en pugna con La Paz, en las recientes elecciones dos de ellos (Tarija y Chuquisaca) han votado mayoritariamente a favor de Evo, en otro (Pando) la oposición ha arañado una victoria altamente simbólica pero a muy poca distancia del MAS, y en los dos restantes (Beni y Santa Cruz) el MAS ha pasado de ser un partido minoritario y “maldito” a sobrepasar el 30% de la votación popular. La diferencia es que, en los feudos masistas como los departamentos de Oruro y La Paz, la oposición obtiene apenas representación y porcentajes marginales. De nuevo el Senado, como cámara territorial, ofrece la mejor ilustración: el MAS araña hasta dos de los cuatro senadores en juego en los departamentos supuestamente opositores, mientras que se hace con los cuatro en disputa en los departamentos altiplánicos. Resulta por tanto difícil para la derecha reeditar el discurso de los “dos países”, puesto que el “suyo” aparece perforado por los buenos resultados del MAS. El mapa que las elecciones últimas dibujan es, en cambio, el de una fuerza política que domina el territorio nacional, con algunas resistencias localizadas. De los dos países enfrentados se ha pasado al único país posible. La construcción nacional impulsada por el MAS, que también ha incluido elementos del autonomismo de las élites orientales, parece haber resuelto parcialmente la pugna regional. Ya nadie puede defender sin complicaciones que el actual sea el gobierno de los occidentales o “collas” frente a un bloque monolítico oriental o “camba” firmemente opositor. El clivaje campo/ciudad Tampoco parece haber sobrevivido a estas elecciones la fractura campo-ciudad que sí fue mucho más palpable, por ejemplo, en los referendos revocatorios o constitucional. Con una estrategia discutida y resistida por sus bases y los movimientos sociales, la dirigencia del Movimiento Al Socialismo llenó los primeros puestos de las listas electorales de “independientes” o candidatos blancos y urbanos, en un claro guiño a un sector que se le resistía hasta ahora. Dando por segura su
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inmensa base electoral campesina y de los sectores populares urbanos, el partido en el gobierno se lanzó a la conquista de ese nicho amplio y de límites difusos que en Bolivia se llama “clase media”, y que abarca desde trabajadores del sector servicios o pequeños propietarios empobrecidos, hasta profesionales liberales de considerable poder adquisitivo. La estrategia, a tenor de los resultados, ha sido exitosa. El MAS ha ganado de forma aplastante en las zonas rurales con cerca del 75% de los votos, pero ha superado ampliamente el 50% del voto urbano, con victorias abrumadoras en El Alto o derrotas dignas en Trinidad, Santa Cruz o Cobija. De nuevo la diferencia con elecciones anteriores es cualitativa: tampoco es sostenible ya que el MAS sea en exclusiva el gobierno de los campesinos. Aunque la diferencia de votos entre el campo y la ciudad sigue siendo significativa, no es ya una brecha sobre la que sustentar ningún proyecto de oposición. El MAS como el partido de la construcción nacional y sus desafíos en el futuro En un contexto de refundación estatal y de redefinición de la nación boliviana, el Movimiento Al Socialismo ha construido hegemonía porque es el único capaz de presentar un proyecto de país, con los grupos subalternos como núcleo cuyos intereses negocian, seducen, abarcan e incluyen a los de otros muchos sectores sociales. La propuesta de construcción nacional del MAS se pretende única y abierta a todos los bolivianos: un país soberano, industrializado y productivo gracias al papel del estado como conductor económico y relocalizador del excedente, plurinacional y con inclusión indígena, descentralizado y con autonomías. Este horizonte incorpora elementos de muy larga tradición en la vida política boliviana, como el nacionalismo desarrollista, y los funde con otros de radical novedad, como la voluntad incluyente del esfuerzo descolonizador. La propuesta nacional del MAS tiene especial importancia en un país históricamente sometido a tensiones centrífugas, desarticulaciones y fragmentaciones, con una débil inserción estatal en el territorio. Esta propuesta ha obtenido una contundente victoria en las pasadas elecciones, y el atrincheramiento de la derecha en ciertas regiones o sus alusiones a “un pasado de unidad” que sólo las élites perciben como dorado, contribuyen especialmente a la construcción y refuerzo por parte del MAS de aquello que Gramsci llamaba una “voluntad colectiva nacional-popular”. Sobre ella se sostiene un Gobierno que ha salido reforzado de estas elecciones, y que ahora no tiene trabas, pero tampoco excusas, para desarrollar las transformaciones políticas y económicas que las mayorías empobrecidas del país le han encomendado. Para el desempeño de su cometido histórico, el Movimiento Al Socialismo va a tener que afrontar al menos dos retos en el futuro inmediato: Por una parte, en la medida en que el MAS se torna “partido de estado”, se convierte en mecanismo de ascenso social y además subsume la mayor parte de las contradicciones nacionales en su seno. Estas tendencias podrían apuntar a que, con la oposición derrotada pero con débiles estructuras internas, las batallas políticas se van a librar al interior del oficialismo. No se tratará tanto de pugnas entre corrientes como de la capacidad de concretar su proyecto de estado por encima de las inercias propias de la política boliviana, de la concepción patrimonialista de las instituciones, y de las incertidumbres comunes a todos los procesos políticos de izquierdas que viran del posneoliberalismo a un terreno aún no conocido o no explicitado. Por otra, el próximo abril tendrán lugar las elecciones municipales y a gobernadores departamentales. A ellas han apostado los mejores cuadros de las élites regionales opositoras. Todo apunta a que será una batalla que los sectores conservadores tendrán que librar a la defensiva, y en la que demostrarán hasta qué punto conservan capacidad de oposición. En cualquier caso las instituciones del nivel autonómico departamental, en particular, podrían convertirse en fortines de resistencia al MAS y, lo que es más importante, unos buenos resultados electorales permitirían a la
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derecha resucitar el discurso de las dos legitimidades territoriales y volver a resituar la pugna hegemónica en el país en clave regional. La Paz, 11 de diciembre de 2009
[1] Investigador en la Universidad Complutense de Madrid y miembro de la Fundación CEPS. e-mail: ierrejon@cps.ucm.es

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12/12/2009 Rebelión

Bolivia después de las elecciones
Eduardo Paz Rada

Si bien estaba “cantado” que Evo Morales conseguiría la reelección presidencial en la primera vuelta para conducir Bolivia durante los próximos cinco años, que probablemente se convertirán en diez, no era muy claro cuáles serían los márgenes de control en las regiones que habían sido el reducto de la oposición neoliberal y conservadora durante los últimos cuatro años. Los sucesivos triunfos de Morales, en elecciones, consultas y referéndum, desde 2005, tienen como fundamental antecedente la rebelión popular de octubre de 2003 que tiró abajo todo el ensamblaje del sistema político y de partidos que habían llevado adelante la política neoliberal que destruyó la estructura económica del país y entregó los recursos y empresas estratégicos, la tierra y la administración financiera a las transnacionales y a la oligarquía local. Fueron las consignas de recuperación de los recursos naturales, especialmente el gas, y del estado a través de una Asamblea Constituyente y de expulsión de los políticos corruptos las que marcaron los últimos seis años de la vida nacional. Este impulso social, impuesto por los movimientos populares, tuvo su continuidad y proyección en la derrota de los sectores oligárquicos y terratenientes de Santa Cruz, Beni y Pando en septiembre-octubre de 2008, incluyendo la expulsión del Embajador de Estados Unidos en Bolivia. Ahora, con la verificación electoral, los desafíos del gobierno se abren a nuevas perspectivas. El programa de gobierno presentado por el Movimiento Al Socialismo (MAS) está claramente orientado hacia el desarrollo clásico de la sociedad moderna, bajo la consigna de “Revolución Industrial, Vial, Tecnológica e Institucional” que plantea romper la colonial exportación de materias primas. El discurso indigenista ha pasado a un segundo plano al igual que la “Revolución Democrática y Cultural” sostenida durante el periodo 2006-2009. Evo Morales, a tiempo de agradecer el apoyo del pueblo boliviano, manifestó que es hora de acelerar el cambio, ponderó el voto recibido de las clases medias y respondió con una referencia antiimperialista del proyecto de los países de la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA) cuando grupos de manifestantes coreaban “socialismo, socialismo”. Al haber sido pulverizada la oposición conservadora, han comenzado a surgir voces empresariales para sumarse abiertamente al proyecto de gobierno, por una parte, y los grupos opositores regionales a reagruparse para buscar mejores resultados en las elecciones de Prefectos o Gobernadores en las elecciones departamentales y municipales de abril de 2010, donde podrían rearticularse los sectores oligárquicos. Por otra parte, en el seno de las fuerzas políticas y sociales que respaldan a Morales comienzan a removerse tendencias que se han manifestado tibiamente hasta ahora. Los sectores indigenistas buscan un mayor protagonismo en las instancias gubernamentales, los bolivarianos una mayor vinculación y compromiso con los postulados latinoamericanistas y de integración económica y política, los izquierdistas una definición socialista y los liberales mantener las buenas relaciones existentes con las trasnacionales petroleras, mineras y financieras.

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Finalmente, el contexto regional y mundial va a marcar también los pasos del segundo mandato de Evo Morales. La multipolaridad ha abierto varios polos que pretenden hegemonía económica, especialmente con la emergencia de China, India, Rusia y Brasil que se suman a la Unión Europea y Estados Unidos, y buscan recursos naturales, con poderosas transnacionales, que tiene Bolivia. Regionalmente, los probables cambios de timón político en Brasil, Chile y Argentina, junto a la estrategia militar imperialista manifiesta en Honduras y Colombia, abren un juego geopolítico aún indefinido. Bolivia junto a otros países, en la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) y la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA) tienen un gran desafío en puertas.

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13/12/2009 La Jornada

El nuevo desafío
Guillermo Almeyra

Bolivia conoció en el pasado otra revolución, otros gobiernos nacionalistas, grandes movimientos de masa, experiencias de poder dual (COB-MNR, sindicatos-gobierno, milicias obreras y campesinas-Estado), reformas agrarias impuestas por la ocupación de las tierras por los campesinos e, incluso, brevemente, otro presidente indígena , el Tata Manuel Belzu, el que echó del país al embajador inglés montado al revés en una mula. Pero nunca, jamás, los movimientos sociales durante diez años seguidos conquistaron primero las calles (en la guerra del agua y en la del gas) para tomar después las instituciones mediante mayorías electorales siempre crecientes y, por último, refundar el Estado mediante una Asamblea Constituyente y refrendar la conquista del Estado plurinacional y de las autonomías y los derechos indígenas y comunitarios (además de los regionales) mediante unas elecciones en las que participaron más del 90 por ciento de los electores. Este proceso revolucionario no se explica sólo por Evo Morales, aunque éste lo canalice, respalde y dirija, sino que la importancia de la figura de Evo, por el contrario, se explica por el proceso mismo, que lo empuja y al cual obedece pero donde también se iza. Evo pasó así en pocos años de ser sólo uno de los diputados indígenas, con menos del 4 por ciento de los votos, a sacar en las elecciones presidenciales del 2002 el 20.9 de los sufragios (el MAS obtendría el 11.9), para obtener en las del 2005, de las que salió victorioso, el 53.74, pero sin tener aún mayoría absoluta en el Congreso y, ahora, en las elecciones generales del 2009, casi once puntos más que en las anteriores (cerca del 65 por ciento) y el control absoluto de la Asamblea Nacional, donde el MAS logró dos tercios de los puestos. Con las movilizaciones constantes unidas con medidas gubernamentales nacionalistas y de corte social desarmó, desgastó y desorganizó a una oposición oligárquica que intentó incluso atentados magnicidas y perpetró matanzas de campesinos y le ganó parte de sus bases en las clases medias urbanas y rurales, al extremo de que la Media Luna conservadora está reducida ahora sólo al Beni y Santa Cruz. La alianza social entre campesinos pobres, clases urbanas trabajadoras y sectores más pobres y nacionalistas de las clases medias urbanas (simbolizada por el presidente aymara y el vicepresidente k’ara, mestizo, e intelectual) se ha fortalecido, hasta ahora detrás del proyecto indígena y nacional. Pero García Linera no ha abandonado su idea de construir el capitalismo andino con lo que queda del ayllu aymara, comunitario y con la protoburguesía aymara y “de pollera” mientras el MAS piensa en cambio en un desarrollismo democrático, basado en la industrialización y la exportación de materias primas mineras o agrícolas (soya), como pensaba en el pasado el viejo nacionalismo e incluso el MNR en 1952. ¿Qué hará hoy la derrotada derecha, racista, clasista, violentamente opuesta a los sindicatos y al movimiento indígena? Ha perdido fuerza política e institucional, pero mantiene su fuerza económica y su alianza con la Iglesia, la embajada yanqui, y su control de los medios (que no impidió, sin embargo, el alud de votos por Evo ni en Bolivia ni en el exterior pues en Buenos Aires los emigrados hicieron colas de quince cuadras desde las 3 de la mañana para votar por SU gobierno). Le queda entonces el sabotaje desde Perú y desde Chile (donde probablemente venza este domingo el pinochetista Sebastián Piñera, ese Berlusconi en tamaño bolsillo) o, nuevamente, la preparación de

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un atentado aunque, dada la relación de fuerzas actual les resultaría sumamente peligroso porque incendiaría el polvorín social. ¿Qué hará en cambio el gobierno, y sobre todo el MAS, ahora que no tienen la traba institucional del sabotaje de la derecha en el Senado y que puede aplicar y modificar la Constitución, las nuevas leyes, aprobar otras más, llevar a cabo una amplísima reforma agraria? ¿Darán las tierras a los campesinos y comunidades para que cultiven alimentos y construyan poderes locales autónomos y autogestionarios, pluriculturales y democráticos? ¿O buscarán obtener divisas destinando las tierras ociosas arrancadas al latifundio a la producción capitalista de soya para la exportación? ¿Promoverán cultivos alternativos para el consumo popular, ya que Bolivia cuenta con campesinos especializados y movilizados, o importarán alimentos, a costa de los recursos naturales, exportando más gas, más minerales, más petróleo? ¿Desarrollarán una industria con intensidad en capital, para la exportación, o promoverán las industrias intensivas en mano de obra y el mercado interno y las agroindustrias campesinas? La idea de tender a la derecha derrotada un puente hacia el MAS y los puestos estatales ¿No la ayudará a reorganizarse y corromper una parte del MAS que no es un partido de combate sino una mezcla entre una agencia de colocaciones a todos los niveles del aparato estatal y un pool de organizaciones corporativas, con intereses a veces contrapuestos y sin iniciativa política frente al Poder Ejecutivo? La victoria del pueblo más politizado de nuestro continente ha sido enorme. Esta es la ocasión para volver a golpear en caliente y aplicar la Constitución en el aspecto agrario y en la democratización de la Justicia. No hay que dejar que los derrotados levanten cabeza y hay que preparar a los vencedores a la idea de que la lucha no ha terminado en las urnas sino que comienza ahora, en la refundación del país.

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15/12/2009 Rebelión

Grandes retos tras la victoria del MAS
Luismi Uharte

La estancia en Bolivia durante las últimas semanas de la recta final de la campaña electoral y el mismo día de las elecciones, nos ha permitido un primer acercamiento al proceso de cambio que actualmente se vive en el país y el privilegio de poder compartir con actores políticos e intelectuales relevantes, reflexiones fundamentales para comprender con mayor precisión las variables centrales de la actual coyuntura e identificar los grandes retos que el gobierno reelecto de Evo Morales tiene por delante en los próximos cinco años (2010-2014). Victoria “contundente”. La contundencia de la victoria es incontestable y además anunciada, ya que las encuestas más conservadoras le otorgaban al binomio Morales-García Linera un porcentaje cercano al 55%, y era de esperar que estuviese bastante por encima de estas cifras, como ocurrió en el revocatorio y en la aprobación de la Constitución Política del Estado. La superación de la barrera del 60% de los votos, demuestra una fortaleza mayor que la de otras victorias más ajustadas en la región, como la reciente del Frente Amplio en Uruguay (52%), pero no implica per se una tendencia sólida en el tiempo. De hecho, el actual 63% de los sufragios, es similar al conseguido por Chávez en Venezuela en las presidenciales del 2006, con la diferencia de que allí la derecha iba unida y en Bolivia se presentaba fragmentada. El jefe del Ejecutivo venezolano, un año después de su contundente victoria perdió el referéndum para la reforma constitucional, lo cual debe servir al gobierno boliviano para no despistarse en el rumbo del proceso de cambio y menos aún en caer en triunfalismos que posteriormente se pueden pagar muy caros. Algunas claves de la victoria . La información recogida en las diversas entrevistas que hemos realizado, ha sido trascendental para identificar algunas de las claves fundamentales que explican la arrolladora victoria de Evo Morales y el MAS. Los aciertos propios, unidos a astutas maniobras aliancistas y conjugados con la torpeza de la derecha tradicional, conforman la ecuación de la victoria contundente. Éxitos socio-económicos . Ningún analista serio puede negar los notables éxitos que en materia social y económica ha logrado el gobierno boliviano en su primer periodo de gestión. La combinación de los bonos (Juancito Pinto, Dignidad, Juana Azurduy), con fuertes inversiones en infraestructura educativa y sanitaria, han reimpulsado la política social en clave de derecho. Además, el invalorable apoyo venezolano a través del programa “Evo Cumple”, ha fortalecido el carácter “social” del Ejecutivo. Paralelamente, la estabilidad macroeconómica unida a la recuperación de los recursos estratégicos de la nación (gas, hierro…) han proye ctado un escenario económico envidiable, incluso en el actual contexto de crisis internacional. Esta situación es relativamente equiparable a la “luna de miel chavista” que se vivió en Venezuela con el surgimiento de las misiones (2003-2006). La consecuencia inmediata ha sido el fortalecimiento del apoyo político y electoral de los sectores populares. La seducción de la “clase media”. La maniobra posiblemente más astuta y efectiva del MAS en esta contienda electoral ha sido la “seducción de la clase media”. Rafael Puente, ex viceministro de Gobierno, ex prefecto de Cochabamba y uno de los intelectuales más lúcidos del país, nos confesó que la selección de los candidatos para la Cámara de Diputados y para el Senado ha privilegiado, en
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contraposición al año 2005, a figuras de corte de clase media, es decir, sectores urbanos medios profesionales. El objetivo fundamental ha sido atraer el tradicionalmente “reacio” voto de los estratos medios y nadie puede negar q ue el éxito haya resultado notable. El aumento sustancial del voto en las principales urbes del país es la expresión más evidente de esto. En esta ocasión, el proyecto de “revolución cultural y democrática” del MAS ha conseguido neutralizar en gran medida el voto “más emocional que racional” de la clase media contra los proyectos de cambio más avanzados en América Latina. Siendo conscientes de la permeabilidad de los estratos medios al discurso demagógico de los mass media contra los gobiernos de cambio en la región, el esfuerzo de incorporación del perfil del ciudadano urbano, blancoide y de clase media, ha sido una jugada magistral del Movimiento Al Socialismo. Un ejemplo gráfico de esto lo pudimos observar en directo el domingo 6 de diciembre, cuando el vicepresidente García Linera emitía su voto en un barrio de clase media en La Paz y suscitaba el espontáneo júbilo de una parte sustancial de los presentes en el colegio electoral. Algo inimaginable en Caracas, donde los ministros que ejercen su derecho al sufragio en los territorios hegemónicos de la clase media sufren constantes agresiones verbales e incluso físicas. La desactivación del conflicto regional. Otra de las maniobras más inteligentes del partido de gobierno, con un impacto electoral indudable, ha sido la desactivación del durante mucho tiempo su problema principal: el “conflicto regional”. Intelectuales del Departamento de Santa Cruz –bastión de la oposición derechista más reaccionaria y racista-, nos manifestaron que el MAS cometió un grave error cuando permitió que las elites regionales monopolizaran la reivindicación autonomista, demanda histórica y mayoritaria en un país tradicionalmente ultra-centralista. Esto posibilitó el atrincheramiento oligárquico contra un gobierno popular bajo la falsa bandera de la autonomía y la descentralización. La asunción, tardía pero necesaria, por parte del MAS, de la reivindicación autonomista y el impulso presidencial a la celebración de los referendos autonómicos este 6 de diciembre, desactivó el “conflicto regional” y arrebató a las elites su principal argumento de confrontación. El histórico aumento del voto en Santa Cruz, Beni y Pando, y la victoria en Tarija y Chuquisaca son producto directo de esto. Sin embargo, la apuesta por ampliar, a veces de manera indiscriminada, las bases del MAS, ha traído como consecuencia acciones que generan importantes dudas en lo relativo a donde se fijan los límites de la “ética política”. La cooptación de sectores de la otrora “Unión Juvenil Cruceñista”, que fungieron como tropas de asalto –enarbolando en algún caso símbolos nazis como la esvástica- y golpearon salvajemente a indígenas, ha propiciado profundo malestar en los sectores populares. Edwin Grimaldo y Eduardo Loayza, líderes comunales del barrio más popular de Santa Cruz denominado “Plan 3000”, nos manifestaban con cierta frustración como miembros del citado grupo protofascista participaban ahora de las actividades de campaña del MAS. Esto, sin duda, plantea una reflexión de hondo calado en la política de expansión del IPSP (Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos). Grandes retos. La contundente victoria tanto presidencial como en el ámbito legislativo permite al MAS abordar con más sosiego el próximo periodo de gobierno, pero a su vez le interpelan ante los grandes retos del futuro, entre los que destacarían: la industrialización, la gestión eficiente, la superación de la matriz rentista y la integración latinoamericana. Gestión eficiente. Tanto Rafael Puente como Roger Cortez –destacado intelectual paceñocoinciden en evaluar el primer periodo de gobierno como profundamente ineficiente en términos de gestión de la administración pública. Como agudamente señala Cortez, la sustitución masiva de viejos burócratas por una masa de militantes populares voluntariosos pero inexpertos ha provocado una
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ejecución presupuestaria muy baja y en consecuencia una deficiente gestión estatal. Por tanto, el próximo quinquenio será clave desde el punto de vista del funcionamiento eficaz del sector público. A su vez, la corrupción como mal endémico de la práctica política del país, será otro de los grandes enemigos a enfrentar. El fenómeno de la “boliburguesía” en Venezuela vinculada al manejo fraudulento del dinero público, puede servir como señal de alerta para que en Bolivia se neutralicen tendencias de este tipo. Superación de la matriz rentista: la utopía industrializadora. El reto estructural en términos de modelo de desarrollo en Bolivia, al igual que en muchos de sus países vecinos, es la superación de la secular “matriz rentista” y el impulso de una dinámica de industrialización. La vieja utopía de industrialización de las materias primas vuelve a renacer en la retórica presidencial y en el programa masista y gubernamental. El discurso de cierre en El Alto fue un exponente claro de las intenciones desarrollistas de Evo Morales. Sin embargo, según Roger Cortez, el proyecto de industrialización es todavía más retórico que real, cuando nos recuerda que aproximadamente el 80% de la riqueza proviene de la extracción de recursos naturales, a pesar de que apenas ocupa alrededor de un 20% de trabajadores. Por otro lado, uno de los grandes desafíos del gobierno boliviano será la búsqueda de un equilibrio entre su programa “desarrollista-industrialista” y el discurso “indigenista-ecologista”, que en muchos casos colisionan irremediablemente. Orden geopolítico. En el terreno de la lucha geopolítica continental, la victoria de Evo Morales fortalecerá tanto al proyecto de integración más vanguardista y revolucionario, el ALBA, como a la dinámica de unión sudamericana expresada principalmente en UNASUR. El reto boliviano, en el marco del ALBA, será la retroalimentación del discurso y la práctic a del “Socialismo del Siglo XXI”, todavía hoy día estrictamente circunscrito a la Venezuela Bolivariana. Paralelamente, su apuesta por revitalizar junto a Paraguay y Uruguay el denominado proyecto “Urupabol”, pudiera servir para reducir relativamente la arrolladora presencia del gigante brasileño. A su vez, si Bolivia decide en algún momento acompañar a Venezuela en su inserción en el MERCOSUR, facilitaría aún más el avance de un modelo de integración latinoamericano menos hegemonizado por Itamaraty.

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19/12/2009 Revista Ñ, Diario Clarín

¿Por qué ganó Evo?
Bruno Fornillo

La resonancia del triunfo del Movimiento al Socialismo en Bolivia -Evo Morales reelecto con el 62,9 por ciento de los votos y con mayoría en el poder legislativo-, invita a interrelacionar las causas de semejante victoria con el alcance de los cambios implementados. Naturalmente, reducir la mirada a un peligro dictatorial en el que tallaría el maléfico eje castro-chavista o a la contraria que festeja en pie de igualdad el progresivo cambio latinoamericano, a una clave populista que minimiza la inteligencia ciudadana o incluso a una contemplación distante, paternalista y folclórica para con el “colorido pueblo boliviano”, puede obstaculizar la compresión del tenor de los cambios singulares acaecidos en el país andino-amazónico. Se trata, por tanto, de dar cuenta de una serie de mutaciones que desde el comienzo del ciclo político en el año 2000 fueron imaginadas por una movilización social que no ha dejado de confrontar, vitalizando la democracia, contra la segregación étnica, cultural y la evidente exclusión de las mayorías de los derechos más elementales. El apego al ala dirigente, que modificó la composición de la elite que ocupa el Estado y en la que Evo puede demostrar una ética de gobierno sin fisuras, deriva de un proceso en el que parece cristalizar un nuevo modelo de país, erigido a partir de una serie de acciones convergentes. Primeramente, como alimento material que lo torna posible -más allá del crecimiento al 5 por ciento anual o del primer superávit fiscal en 35 años (que permitió el record de 8.000 millones de dólares de reservas)- debe subrayarse la capacidad del Estado de instrumentalizar el ámbito económico mediante la estatización de la industria de gas y petróleo que se encontraba en manos de la española YPF-Repsol y de la brasilera Petrobras. El aumento de las regalías hidrocarburíferas encauzó la refundación de YPFB, acrecentando el erario público, que pasó a absorber 2.647 millones de dólares en 2008, 500 por ciento más que en 2004. A la par, un paquete de políticas sociales universales (programa de alfabetización, Renta Dignidad a la vejez, bono escolar Juancito Pinto, bono Juana Azurduy a mujeres embarazadas) extendió la presencia estatal y el servicio público sobre el territorio. Como última deriva central, en tanto reivindicación ancestral de los pueblos de tierras bajas, mas allá de la férrea oposición de los departamentos de la “media luna” (Santa Cruz, Tarija, Pando y Beni) que rozó la guerra civil durante 2008, se llevó adelante una sostenida política de reforma agraria que hace creíble la afirmación de Director Nacional de Tierras, Cliver Rocha: “Se acabó el poder latifundista en Bolivia”. Es decir, ejecutar la estrategia de retroalimentación positiva entre concentración económica estatal y vitalización del profuso entramado político-económico popular trazó los lineamientos posibles de un horizonte posneoliberal. La Asamblea Constituyente cimentó el modelo, fruto de la consolidación del universo multicultural de las 36 naciones indígeno-campesinas que asumieron su potestad para participar en el diseño de la institucionalidad del país, gestó una carta magna robusta en derechos, consolidó las relaciones de fuerza existentes y pasó a reconocer el carácter plurinacional de Bolivia, tanto las autonomías indígenas -su autogobierno- como la principal demanda de la “media luna”, que pugnó por autonomía para los departamentos que hasta hace poco le eran afines. La inscripción en un nuevo constitucionalismo latinoamericano puede colegirse del reaseguro a los derechos ambientales (aunque no en la magnitud de su par ecuatoriana), del reconocimiento a la justicia originaria o la promoción del sufragio universal para elegir a los integrantes del Tribunal Supremo de Justicia, pero
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también del blindaje a la propiedad “popular” de los recursos naturales para así constituir una “economía plural” (donde coexisten la propiedad comunal, mixta, estatal y privada). En suma, una reforma intelectual y moral en marcha que despliega la apelación a la autodeterminación, la demanda de igualdad, dignidad y protagonismo de las mayorías plebeyas, nacional-populares, que en masa refrendaron al gobierno. Por esta vía, Bolivia se inscribe en un giro latinoamericano que pivotea entre afianzar la presencia estatal en el desarrollo bajo un haz de reafirmaciones soberanas, con el control del patrimonio energético por ejemplo, y alumbrar nuevos modos de ejercer la práctica política. Ciertamente, hasta qué punto el proceso en marcha significa un puntal inaugural en las formas de entender las políticas de emancipación es un interrogante tan abierto como la coyuntura misma. Gracias a una nueva ley madre, un poder estatal y una economía controlados, será en los cinco años venideros que podrán calibrarse los alcances de la gestión concreta y las líneas maestras de la política de cambio. Es muy posible que la respuesta se encuentre en la articulación difusa entre tendencias medulares del presente: desde visiones sombrías en las que asoma el recambio de una elite políticaeconómica sin conmover a fondo las relaciones de clase, pasando por un nacionalismo popular cuyo horizonte consiste en consolidar un renovado Estado bienestarista de tinte posneoliberal o menciones al socialismo del siglo XXI en el que se entraman lazos sociales poscapitalistas, hasta tendencias que auguran una transformación cultural -civilizatoria- en la que la dominancia del movimiento indígena-campesino brinda la clave para reforzar las lógicas comunales históricamente presentes en el mundo andino y así plasmar el suma qamaña (“vivir bien”) como natural aspiración colectiva. Sea como fuere, no es en la imitación de lo pretérito (neodesarrollismo, neopopulismo, neoestatismo) donde espera elaborarse el concepto de lo que ya tiene la marca de una ruptura; hacia ese futuro de hegemonía conquistada parecía convocar Evo Morales cuando anunció que, aunque no él, “el movimiento campesino, indígena-originario y obrero gobernará por 500 años”.

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19/12/2009 Bolpress

Crónica indígena de las elecciones
Xavier Albo

El nuevo escenario nacional tras las elecciones del pasado domingo 6, que dieron dos tercios a Evo y al MAS en ambas cámaras, tiene mucho que ver con las naciones y pueblos indígena originario campesinos y con el rasgo "plurinacional" del Estado. El nuevo elenco de senadoras y senadores, que ahora suben a 36, es muy distinto del anterior no sólo por partidos, sino también raíces culturales y sobre todo por género (casi miti miti). En diputados han entrado también, aparte de docenas de aymaras y quechuas, los siete de las circunscripciones especiales para minorías étnicas, que al final se aprobaron, incluido por primera vez un afroboliviano (que en este punto la CPE equipara a los originarios). De hecho los siete son varones; seis son del MAS y el pandino es del PPB-CN. Contra la lógica implícita para esas circunscripciones, se los eligió priorizando todavía candidatos por partidos, más que por acuerdos entre las 31 naciones y pueblos minoritarios. En eso la ley transitoria no facilitó las cosas. La otra innovación estructural es que de los apenas 12 municipios que lograron superar los escollos burocráticos, todos menos uno han ganado su referéndum local para transformarse en autonomía indígena originaria. No deja de sorprender que el único municipio perdedor no fuera uno de los dos en tierras bajas sino más bien Curahuara de Carangas, en Oruro, con muy buen desempeño como municipio. No sabemos aún la razón: ¿temor a perder lo bueno que ya tienen al optar por algo aún desconocido? ¿Habrá influido el voto de muchos que, según la prensa, llegaron desde Chile, donde ahora residen, para votar? En el otro extremo hay municipios en que el "sí" fue casi por consenso, como el que dieron a Evo para su reelección. Así pasó en el Charazani de los kallawayas y en Chipaya de los urus. Han superado también los dos tercios, en otros tres municipios aymaras de Oruro, tierra de ayllus, y en los dos quechuas de Chuquisaca -Tarabuco y Mojocoya- donde no hay ayllus sino sindicatos de ex haciendas. Es oportuno resaltar que mantener esta forma de organización es plenamente compatible con los "modos y procedimientos" de una autonomía indígena y, al revés, ser ayllus no implica automáticamente mayor consenso interno. En otros dos municipios en tierra de ayllus, el triunfo fue más ajustado: Jesús de Machaqa en La Paz y Chayanta en Potosí. Conozco mejor el primer caso, donde yo mismo voto desde hace muchos años. El "no" se concentró mayormente en Qurpa, contrastando con el apabullante "sí" por Evo y su diputado uninominal. En buena parte fue una expresión más del clásico faccionalismo entre grupos e incluso localidades que buscan mayor hegemonía local. Curiosamente allí, un grupo "masista" propugnaba el "no" por temer perder ciertas ventajas del viejo estilo. Chayanta es parte del Norte de Potosí, donde ha habido siempre muchas pugnas locales. Ser o dejar de ser autónomos, sea por la vía municipal o la originaria, no cambiará automáticamente esa tendencia. Un comentario aparte merecen los dos únicos municipios de tierras bajas, ambos en el Chaco guaraní: Charagua y Guacaya, cada uno con una población karai (no guaraní) superior al tercio. El primero es el más extenso del país, con más de 70.000 km2 y 25.000 habitantes (incluidos más de 4.000 menonitas que no votan), y parecía mucho más difícil ganar allí por tener todavía influyentes
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patrones y mucha migración colla. Pero más difícil resultó el diminuto municipio de Huacaya, donde se ganó por sólo 46 votos de diferencia (sobre 628 válidos), debido a una militante oposición del alcalde, que inicialmente parecía favorable a esa transformación. En cambio en Charagua se triunfó con bastante holgura (57%) aunque no en sus centros urbanos y hubo voto guaraní dividido en el Isoso, que tiene sectores más cercanos a la oposición cruceña. Será un gran y fecundo desafío elaborar allí un estatuto autónomo guaraní que a la vez esté abierto a toda esa gama de población distinta. La tarea más urgente ahora será que la nueva Asamblea Legislativa Plurinacional adapte y mejore la Ley Electoral ya para las elecciones de abril. En esos 11 municipios no tiene sentido elegir los tradicionales alcaldes y concejales para cinco años. Además, habrá que asegurar mejor la presencia de grupos indígenas minoritarios en los órganos legislativos de sus municipios y departamentos.

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22/12/2009 Viento Sur

Evo Morales frente a sí mismo
Hervé Do Alto

Se pensaba, de forma equivocada, que el resultado obtenido por Evo Morales en las elecciones de 2005, el 53,7%, constituiría un récord grabado para siempre en la historia de la democracia boliviana. Y resulta quien era acusado por la mayoría de los medios occidentales de llevar a cabo una “política populista” que tenía por efecto “dividir el país”, ha reincidido con más fuerza aún, al término de las elecciones generales realizadas el 6 de diciembre pasado, alcanzando esta vez el 63%. Lejos de haber sufrido “el desgaste del poder” tras cuatro años de mandato, el jefe de estado boliviano dispone en adelante de la mayoría en el seno de la nueva Asamblea Legislativa Plurinacional, en la Cámara de Diputados así como en el Senado, éste hasta ahora en manos de la derecha. Sobre todo, la hegemonía del Movimiento hacia el Socialismo (MAS) parece no tener ya límites: si era aún de rigor, hace algunas semanas tan solo, describir a Bolivia como un país “fracturado”, permanentemente “al borde de la guerra civil” entre el Occidente andino y el Oriente amazónico, el avance realizado por el partido de Morales en regiones que le son tradicionalmente hostiles le permiten obtener la mayoría absoluta en los departamentos de Tarija y Chuquisaca, y alcanzar resultados que van más allá del 40%, en Santa Cruz en particular. De hecho, la victoria del MAS y de Morales, no sorprende más que por su amplitud, ya que era un éxito pronosticado por todos los analistas políticos. La propia oposición estaba dividida entre el ex-prefecto de Cochabamba Manfred Reyes Villa, un antiguo militar anteriormente ligado al partido del dictador Hugo Banzer, y Samuel Doria Medina, un rico empresario que asumió las funciones de ministro de economía a finales de los años 1880, cuando Bolivia acababa su conversión al neoliberalismo. En lo que se refiere a la campaña electoral, no la ha habido verdaderamente. Debido a una causa completamente política: el vacío programático de una derecha hoy cantonada en la denuncia de un supuesto “totalitarismo del MAS”, a la vez que se compromete a conservar la política de redistribución de las riquezas emprendida por el gobierno Morales. Pero también una causa en definitiva más banal: una desorganización crónica de formaciones políticas que parecen cada vez menos partidos y cada vez más federaciones heteróclitas de descontentos, cuyos militantes parecen poco dispuestos a comprometer fuertes sumas en una batalla vista como perdida de antemano. Lo que confirmarán las cifras, obteniendo Reyes Villa finalmente, con el 27%, un resultado un poco más elevado de lo que indicaban los sondeos y, con el 6%, viendo Doria Medina su grupo parlamentario reducido a la nada. El resultado alcanzado por el MAS coloca a Morales frente a una serie de desafíos, resumido en una fórmula repetida en varias ocasiones por el presidente boliviano: “En el curso de estos últimos cuatro años, he aprendido a gobernar. Ahora, quiero hacer fructificar esta experiencia para gobernar el país para los cinco años que vienen”. Frente a una mayoría tan aplastante, queda preguntarse sobre la dirección que tomará el “proceso de cambio” boliviano que, por el momento, parece inserto en un horizonte estrictamente “modernizador”.
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El programa presentado por el MAS, que combina nacionalismo y productivismo, es una ilustración pertinente de ello: modernización económica, con el “gran salto industrial” ilustrado por la explotación del litio, del gas y del hierro; administrativa, con una nueva gestión pública, y una descentralización avanzada vía las autonomías departamentales e indígenas; y estatal, con una reconstrucción de los servicios públicos. Por ello, si la victoria de Morales es evidentemente acogida como un triunfo popular, no deja de ser cierto que la amplitud de este éxito marca también buen número de peligros (burocratización, cooptación de los movimientos sociales, emergencia de una “derecha endógena” boliviana, etc.). Riesgos que, por el momento, no ensombrecen el aura de la que disfruta el presidente boliviano, que sigue siendo más que nunca el depositario de las esperanzas de los sectores más humildes de la población.

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6/9/2010 Rebelión

Proyección política y balance 2010
Carlos Alejandro Lara Ugarte

Después de una etapa que obligó a la oposición a replantear sus estrategias de acción política y al oficialismo a escarbar la realidad en busca de nuevos emprendimientos, la coyuntura se presta para bosquejar la realidad política y ensayar una proyección política y un balance del proceso de cambio desde la gestión gubernamental y las tensiones y relaciones políticas entre el gobierno, las fuerzas políticas opositoras y los movimientos sociales, entendiendo que estas últimas (las tensiones y relaciones) ayudan a identificar la fuerza política o instancia institucional que lleva o puede marcar una nueva iniciativa para (re)encaminar el proceso de cambio. Cabe suponer que hay fuerzas políticas que se oponen al cambio y finalmente esperan que el esfuerzo ajeno los potencie o que los errores y desmanes de los dirigentes del Movimiento Al Socialismo MAS lleve al gobierno hacia una virtual pérdida del monopolio discursivo en favor del cambio. Igualmente la coyuntura condiciona a que el ciudadano esté alerta o persuadido a identificar una nueva fuerza política con opciones a instalarse como vanguardia del cambio, sin desechar que puede aún destinar esfuerzos para reencaminar el proyecto del MAS y el Programa de Desarrollo Nacional (implementado por el Gobierno central) hacia el proceso revolucionario sustentado en la normativa constitucional. Expresamente, y como avance de especulación del proceso de cambio, en virtud a las condicione y las rutas legales por la que tienen y vienen atravesando las transformaciones políticas y económicas, cabe cuestionarse si los partidos políticos deben mantenerse en la línea instrumental o cambiarse a la institucional. Concretamente la pregunta es si el MAS debe mantener su máxima de ser Instrumento Político para la Soberanía de los Pueblos o debe ser la instancia institucional que liderice el proceso de cambio. Salomónicamente se podría decir que ambas, pero sería un error, ya que al optar por lo institucional demanda negar la esencia que alberga el concepto y estrategia del instrumento político para ampliar el espectro de acción política hacia lo económico y social a través del Gobierno central. Posicionamiento político ante la coyuntural configuración política En función a los cuatro años anteriores, por ahora queda la certeza de que las relaciones y tensiones políticas con las que el gobierno dinamizó su acción política han cambiado debido a la naturaleza diversa de los sectores a los que el Gobierno central se ha visto enfrentada en la primera mitad del presente año. Un análisis crítico en las esferas gubernamentales (si hay intensión de hacerlo) debe partir considerando que las alternativas estratégicas, que sirvieron para enfrentar a grupos de poder regional, logias y cívicos de la media luna, no son adecuadas para aplicarlas ciega y cerradamente para construir hegemonía aprovechando la demanda sectorizada y regional en la que participan movimientos sociales y sectores económicos y políticos diversos (Menos aun tratar de meterlos en la misma olla en la que se cocinó el debacle de las fuerzas reaccionarias). Algún analista podría esforzarse por encontrar semejanzas o parecidos y al lograrlo lo mas probable es que llegue a conclusiones que lleven a repetir la vieja receta liberal (muy útil en la lucha por el control del Estado) que se sintetiza en al “Acatamiento de la Ley” y la respectiva imputación al desacato o la violación de la misma. Pero ¿Qué Ley es confiable y aplicable a fines estratégicos de
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transformación social y empoderamiento de la sociedad en circunstancias en que la legitimidad de las leyes está en tela de juicio, no por sus efectos mismos, sino porque el proceso viene caracterizado por los cambios de la estructura jurídica del Estado Plurinacional? Con lo anterior, es importante poner en evidencia tres conjuntos de hechos dinámicos que ayudarán a profundizar el análisis del presente político ya sea para viabilizar el proceso de cambio dentro una gama de intereses que buscan posicionar un nuevo liderazgo en la nueva configuración política en continuidad al proceso constituyente o viabilizando el liderazgo hacia la restauración de la vieja normativa y las viejas relaciones y estructuras de explotación y exclusión social. Liderazgo personal frente al institucional Una primera manifestación que el momento arroja como elemento precedente a conclusiones es que el proceso de cambio ya no se asienta en el liderazgo personal o caudillista, en la misma magnitud y significancia cualitativa con la que se asentaba durante el funcionamiento de la Asamblea Constituyente, de los procesos de consulta popular por las autonomías, del revocatorio de mandato de autoridades ejecutivas electas y de las elecciones de autoridades nacionales y gobiernos autónomos ocurridos entre el 2006 y 2008. En ese entendido se constata que el momento de Cambio a favor de las grandes mayorías nacionales no se cualificará desde el potenciamiento o debilitamiento de caudillismos políticos regionales o nacionales sino desde liderazgos institucionales asentados en las regiones y con impacto en el ámbito nacional. Esto supone visiblemente un sesgo preferencial de la ciudadanía hacia la aceptación de una nueva institucionalidad positivada que supere en si misma los remanentes y resabios de las prácticas dictatoriales heredadas de las épocas de gobiernos militares, de corrientes golpistas y de los periodos de democracia liberal que ignoraron el valor de la participación social en las decisiones estatales. Degradación de la calidad normativa revolucionaria Un segundo hecho refleja la degradación del impulso revolucionario que se generó a partir del 2000, centrado en la construcción normativa del Estado Plurinacional, donde la CPE y la construcción de su contenido fue movilizador y entendida en su conjunto como una ruta revolucionaria, propia y en legitimidad de una nueva organización estatal en concordancia con las aspiraciones de las mayorías marginadas y excluidas históricamente. Hoy, las nuevas normativas en construcción no movilizan favorablemente a los votantes y actores del cambio, al grado de generar una especie de catalepsia y acriticidad con argumentos justificados en la fidelidad al liderazgo del presidente Evo Morales. Los que se movilizan lo hacen para cuestionar el contenido normativo propuesto por el nivel central, desde el Órgano Ejecutivo y Legislativo principalmente. Es evidente que la normativa en su esencia revolucionaria se degrada a medida que se avanza desde las leyes orgánicas y leyes derivadas del texto constitucional. En esta mirada se constata que el curso del cambio pierde sus atribuciones de transformación revolucionaria encaminada a crear relaciones sociales, económicas y políticas igualitarias y armónicas con el Vivir Bien. Este proceso de degradación o descomposición revolucionaria, como no podía ser de otra manera, mantiene callados a los grupos de poder económico porque los relocaliza favorablemente en la estrategia de desarrollo económico, pero altera los ánimos de los radicales del movimiento obrero y campesino porque los mantiene como mano de obra expuesta a relaciones asalariadas de explotación regularizadas por Estado pero en protección de la Empresa Privada y la Empresa Estatal mas que la protección social de la fuerza de trabajo. Conflictos y demandas que ignoran el Plan Nacional de Desarrollo y viceversa Un acontecimiento que se suma a los dos anteriores viene de los conflictos y las demandas regionales hacia el Gobierno Central y los Gobiernos Autónomos.

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Definitivamente las demandas y exigencias sectoriales y regionales, en voces de sus actores sindicales, corporativos y asociativos de diversa índole denotan el desconocimiento o desacuerdo con el Plan Nacional de Desarrollo PND. En las actitudes de los negociadores institucionales como los ministerios y sus entidades dependientes se detecta la falta de recursos políticos y metodológicos de persuasión para encaminar el proceso de cambio desde el Plan Nacional de Desarrollo. Estos hechos muestran que el Plan Nacional de Desarrollo elaborada el año pasado no está acorde a la nueva normativa y los desafíos de la nueva realidad económica política y social y que su elaboración no responde a las expectativas que el proceso de cambio generó en los movimientos sociales y sociedad civil. El Plan Nacional de Desarrollo tendría que ser al menos reformulado y divulgado en las regiones, los gobiernos autónomos, los movimientos sociales y la sociedad civil, con el sentido de preparar una plataforma de negociación permanente. Lo que se ha visto estos últimos meses es que las movilizaciones radicales en torno a las demandas regionales y sectoriales han sido resueltas con compromisos gubernamentales que no los cumplirán, uno porque no existe el presupuesto destinado por el Tesoro General de la Nación; dos porque ningún Servidor Público asumirá la responsabilidad al margen de determinaciones y presupuestos institucionales; y tres porque la necesidad sectorial y regional está subordinada a las necesidades de desarrollo productivo nacional. Esta claro entonces que toda atención a la demanda social pasa por cambiar la matriz de planificación productiva del Estado Plurinacional. Viabilidad del nuevo liderazgo El liderazgo del cambio, se dijo mas arriba, ya no viene de la mano del caudillo o del liderazgo personal. La diversificación de las demandas de sectores y grupos sociales y la relación formal de la sociedad con el Estado en condiciones de igualdad jurídica ha sentado nuevas bases para institucionalizar la ruta de desarrollo y la vía de la demanda social en miras a superar medidas de comercialización y presión que afecten el interés colectivo. Por ahora ya se intuye que la solución a la demanda social no se viabiliza a partir de decisiones unilaterales sino desde decisiones con respaldo institucional. Lo contrario expone al caudillo a juicios de responsabilidades y otros. Esto es lo que debe comprender la sociedad civil y los movimientos sociales y sobre esto debe elaborar su estrategia de participación social. El movimiento revolucionario debe estar atento, alerta y ser “revolucionariamente” consecuente para impregnar de principios, ideología y ética a las normativas en construcción. Cabe afirmar que las condiciones coyunturales están plenamente adecuadas para desarrollar liderazgos institucionales sostenibles y declarar un receso a toda forma de caudillismo. En cuanto a la institucionalidad estatal, esta debe ser revolucionaria, revolucionar relaciones interinstitucionales y marcar ruta de transformación política, económica y social, dejando de ser engranaje instrumental de dominación, explotación y expansión del poder. En otras palabras la institucionalidad para ser revolucionaria debe dejar de ser restauradora del viejo sistema constitucional. Una Asamblea Legislativa que restaura el viejo Estado será siempre contrarevolucionaria. Finalmente, el Estado Plurinacional será un Estado fuerte y solido en tanto revolucione y proyecte el fortalecimiento de la institucionalidad (sometimiento institucional) a vías, programas, normas, derechos, obligaciones creadas colectivamente y en consenso. El sometimiento institucional a las leyes no debe ser sinónimo de sometimiento del ciudadano a las leyes, sino el ejercicio de ciudadanía apegado a un (nuevo) orden constitucional.

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Socialismo, capitalismo y perspectivas del Estado Plurinacional

09/2007 OSAL, CLACSO

Una reflexión sobre la idea de Estado plurinacional
Luis Tapia*

Tipo de crisis del Estado Hay varias formas en que los estados entran en crisis. Bosquejo brevemente algunos de los rasgos del tipo de crisis que se ha experimentado recientemente en Bolivia, como uno de los antecedentes de la posibilidad de constitución de un Estado plurinacional en estos territorios. Se podría decir que la crisis del estado en Bolivia ha tenido varias facetas. Por un lado, hay un elemento de crisis fiscal. El conjunto de las privatizaciones de las empresas de explotación de recursos naturales o de transformación manufacturera que eran propiedad estatal se llevaron a cabo debido a la idea de que dichas empresas eran ineficientes y causaban un alto déficit al estado. Los procesos de privatización no han mostrado que los ingresos estatales hayan aumentado a través de los impuestos que deberían haber crecido, supuestamente, debido a la mayor eficiencia e inversión de empresas de capital privado transnacional. Esto ha implicado un creciente déficit o crisis fiscal, en la medida en que el estado ha tenido que recurrir, crecientemente, a deuda para poder sostener su financiamiento normal. En este sentido, el estado boliviano dependía de la deuda externa y de la llamada cooperación internacional, que definía las líneas de inversión pública. Hay otro aspecto que es la crisis de representación. Durante los ochenta y noventa se hicieron algunas reformas electorales que, junto a los cambios producidos por la implantación del modelo neoliberal, produjeron en el sistema de partidos una configuración monoclasista. Había un sistema de partidos medianamente fragmentado, con 5 partidos cogobernantes, que se adherían al mismo proyecto económico y representaban a fracciones de la misma clase económicamente dominante. En este sentido, las elecciones fueron eventos de competencia entre fracciones de núcleos empresariales en el país, cuyo resultado no representaba al conjunto de la población boliviana, sino que constituían un momento en que los núcleos de poder económico competían por apoyo plebiscitario para definir el peso que cada uno de estos tendría en los gobiernos de coalición que se formaban para gobernar el país.
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Hay, también, un componente de crisis de legitimidad. En la medida en que los partidos no contienen representación amplia de la sociedad civil y de pueblos y culturas, y en la medida en que el parlamento y el Ejecutivo mostraron un creciente nivel de corrupción y cinismo, el sistema de partidos comenzó a ser fuertemente cuestionado hacia finales del siglo XX, y desde el año 2000 se empiezan a producir y desplegar los conflictos más intensos; la guerra del agua, los bloqueos en el altiplano y las grandes movilizaciones a favor de la nacionalización y la asamblea constituyente, que siempre iban acompañadas de una fuerte crítica al sistema de partidos, como el soporte político del estado en el país. Estas cosas ya son bien conocidas y ampliamente comentadas; no ocurren sólo en Bolivia, han pasado en todo el continente latinoamericano. Hay, por último, un elemento de crisis, que se podría llamar crisis de correspondencia, que es en lo que quiero poner énfasis. Se trata de una crisis de correspondencia entre el estado boliviano, la configuración de sus poderes, el contenido de sus políticas, por un lado, y, por el otro, el tipo de diversidad cultural desplegada de manera autoorganizada, tanto a nivel de la sociedad civil como de la asamblea de pueblos indígenas y otros espacios de ejercicio de la autoridad política que no forman parte del estado boliviano, sino de otras matrices culturales excluidas por el estado liberal desde su origen colonial y toda su historia posterior. Veamos algunos aspectos de esta crisis de correspondencia que tendría, por lo menos, una doble faceta o dos ejes. Se puede hablar de la crisis de correspondencia en un ámbito moderno y, también de una crisis de correspondencia en un eje colonial. Por un lado, después de 15 años de neoliberalismo, de un proceso de sucesivas derrotas de las organizaciones populares que intentaron frenar y cuestionar los procesos de privatización, en el año 2000, a partir de la guerra del agua, comienza un nuevo ciclo ascendente de luchas populares que revelan procesos que se fueron preparando largamente y que producen esta crisis de correspondencia a nivel del estado. Veamos, primero, el eje de no correspondencia en ámbitos modernos. Uno de los aspectos más significativos de la vida política de las últimas décadas ha sido el crecimiento y la expansión del sindicalismo campesino –que antes tenía asiento en los valles centrales y el altiplano– hacia el oriente, el Chaco y el conjunto del país, haciendo que la Central Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) sea el referente organizativo más importante del país. Si tomamos como eje de análisis el desarrollo político moderno en el país, esto implica que hay una sociedad civil más amplia, con una mayor presencia del sindicalismo campesino, que, hacia mediados de la década del noventa, empieza a considerar la organización de sus propios partidos, después de que fueran expulsados del parlamento los partidos kataristas que irrumpieron hacia finales de la década del setenta. Los cocaleros deciden armar su instrumento político o partido, y de la CSUTSB, a inicios del siglo XXI, sale otro partido –el Movimiento Indio Pachacuti– que ha de entrar al parlamento de manera importante en el año 2002. Otro aspecto importante de la diversificación de la sociedad civil en Bolivia tiene que ver con el proceso de organización de las asambleas de los pueblos indígenas de la Amazonia, el Chaco y el oriente. Se configuran ocho grandes centrales o asambleas de pueblos indígenas que contienen a la vez un proceso de unificación de cada pueblo, una unificación interétnica en regiones compartidas y, luego, su unificación en centrales como la Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente Boliviano (CIDOB). Aquí tenemos una triple faceta: un proceso de unificación al interior de cada pueblo, un proceso de unificación interétnica y, luego, un proceso de organización para tener presencia en la sociedad civil e interactuar con el gobierno. En ese sentido, encontramos aquí una complejidad que implica que estructuras pertenecientes a otro tipo de sociedades –de matriz comunitaria, por lo general– organizan sus propias formas de unificación. Cabe recordar que en estos años algunas formas de asociación que configuraban la sociedad civil, como las juntas vecinales, se activaron en tanto desborde de las redes clientelares en las que, por lo general, dichas formas de asociación actuaron durante los años ochenta y noventa: son una fuerza
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importante en los conflictos a favor de la recuperación del control público sobre el agua y de la nacionalización de los hidrocarburos, como ocurre en El Alto. En el caso de Cochabamba, varias de estas formas de organización, como los comités de los regantes, los sindicatos agrarios, las juntas vecinales y otras asociaciones civiles, se unifican en la Coordinadora del Agua para lograr la primera victoria contra el neoliberalismo en el año 2000. También cabe recordar que durante los años ochenta y noventa hubo otro cambio importante en la composición de la sociedad civil boliviana, en tanto se privatizaron y cerraron las empresas públicas, el sindicalismo minero y fabril fue debilitado y, tendencialmente, adquirieron mayor peso e importancia instituciones influidas por intereses y discursos empresariales en el país. Grosso modo, esto implica que en los años ochenta hay una sociedad civil que se recompone sustituyendo el predominio de la Central Obrera Boliviana por núcleos empresariales y liberales, y de manera paulatina, aunque menos visible, se va configurando una red mucho más extensa del sindicalismo campesino y de asambleas indígenas, que han de empezar a quebrar la superficie institucional del estado boliviano desde el año 2000. Aspectos de la recomposición A modo de transición hacia la consideración de las condiciones de constitución de un Estado plurinacional, cabe bosquejar, brevemente, algunos de los aspectos de la recomposición que se han dado hasta ahora para ver qué tareas son las que quedan pendientes y cuáles son las condiciones de los procesos políticos. Si se concibe que el estado es un conjunto de relaciones sociales, y no sólo un conjunto de instituciones en el sentido de un conjunto de normas y aparatos de administración del monopolio del poder, se pueden distinguir varias tendencias de cambio que se han desplegado en estos años. Tomemos como eje la crisis de la correspondencia. En Bolivia, siempre hubo una relación de no correspondencia entre las instituciones políticas del estado y la diversidad de pueblos y culturas existentes en el país, en el sentido de que el conjunto de las instituciones del estado estaban definidas exclusivamente en base a la cultura dominante, y el principal resultado de esto era la exclusión, en los espacios de poder político, de miembros de otros pueblos y culturas subalternos desde el proceso de conquista. El cambio más significativo ha consistido en un proceso por medio del cual la acumulación política generada por los diferentes movimientos sociales y procesos de organización de pueblos y el desarrollo del sindicalismo campesino en Bolivia han llevado a la victoria electoral a un partido de origen campesino, como es el MAS, que se ha convertido en un partido nacional, que genéricamente opera como un partido de los trabajadores. La llegada del MAS al Ejecutivo ha implicado que se supere una parte de esta no correspondencia entre la configuración cultural de la sociedad boliviana y del grupo gobernante. En el Ejecutivo hay personas que provienen del sindicalismo campesino, de diversas regiones del país, también de sindicatos de trabajadores de diverso origen, así como algunos representantes de asambleas de pueblos indígenas y muchos profesionales provenientes de capas medias. En síntesis, la victoria electoral del MAS muestra una recomposición de los sujetos gobernantes que tal vez permitiría decir que la relación de no correspondencia ya se habría superado; en parte ocurre así, pero queda pendiente la otra dimensión más importante, que tiene que ver con la relación de no correspondencia entre este tipo de instituciones políticas que ahora configuran la forma estatal y las matrices político sociales de la mayor parte de los pueblos y culturas que ocupan estos territorios. Si se esquematiza la relación de no correspondencia, podemos reducirla a dos componentes. Uno refiere a la no correspondencia entre población o diversidad cultural y los sujetos gobernantes, y el otro remite a una no correspondencia entre las instituciones políticas estatales y la diversidad de matrices culturales existentes en el país. El desarrollo del sindicalismo en el país, en particular el del sindicalismo campesino en las últimas décadas, y el proceso de realización de asambleas y centrales de indígenas, han llevado a que se pueda procesar el cambio de los sujetos gobernantes a través del sistema de partidos liberal, y que

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miembros de este movimiento sindical hoy estén en el Ejecutivo dirigiéndolo, y sean mayoría en el parlamento y la asamblea constituyente. El otro componente de la relación de no correspondencia es el que nos lleva al planteamiento de la reforma del estado, y a eso apuntaba la idea de convocatoria a una asamblea constituyente; es decir, no sólo cambiar los sujetos gobernantes sino también la forma del gobierno y el conjunto de las instituciones, de modo tal que sea posible establecer correspondencia entre la diversidad cultural, la forma de gobierno y el ordenamiento político económico del país. Análisis de la idea de Estado plurinacional Una de las posibilidades de recomposición del estado en Bolivia, que implique enfrentar seriamente una reforma de las condiciones de no correspondencia entre estado y multiculturalidad, es la idea del Estado plurinacional. Aquí me dedico a analizar algunas implicaciones, en términos de sus condiciones de posibilidad y dificultades, más que a hacer una fundamentación de cómo este debería ser. Un primer punto de análisis puede consistir en considerar la forma de unificación política de las diferentes naciones como modo de empezar a analizar y distinguir diferentes tipos de naciones. Este es uno de los objetivos que me propongo abordar inicialmente, en el sentido de revisar la heterogeneidad que contienen los componentes, es decir, las naciones que podrían entrar en un Estado plurinacional. Por un lado, en Bolivia existe lo que se podría llamar naciones comunitarias, o cuya matriz social, que incluyen los procesos productivos, el orden social y la forma de gobierno político, se organiza en torno a una estructura de carácter comunitario. Dicho de otro modo, el principio organizativo es la forma comunidad; es la participación en la forma comunidad la que da derecho a la tierra y, también, a la participación en la toma de decisiones colectivas sobre el trabajo, la reproducción y el resto de los aspectos de la vida social. En Bolivia, una parte de la población que vive en áreas rurales pertenece a matrices sociales de forma comunitaria. Las culturas aymara y quechua, que son los grupos más grandes en el país, tienen una matriz cultural de forma comunitaria. Hay muchos quechuas y aymaras que viven en las ciudades, incluso fuera del país. El hecho de que aymaras y quechuas puedan seguir sosteniendo un tipo de identidad que se refiere a este tipo de cultura tiene como condición de posibilidad que, efectivamente, sigue habiendo comunidades en amplios territorios del país, que es lo que reproduce ese tipo de cultura de manera más fuerte. Un rasgo de este tipo de naciones, de matriz comunitaria, es que no contienen en su seno la forma estatal. La política no se ha concentrado y no ha generado en el seno de estas comunidades una separación de instituciones y de personas que se convierten en políticos profesionales para administrar los bienes comunes y tomar decisiones, legislar, en fin, hacer política por los demás. Un rasgo fuerte de las estructuras comunitarias es el hecho de que la política no se ha autonomizado respecto de la regulación global del resto de la vida social. Los aymaras no han experimentado previamente, incluso en tiempos prehispánicos, la configuración de una concentración política equivalente a una forma estatal o que adopte la forma de un estado. Según los historiadores, han estado unificados en torno a diversos señoríos, es decir, configuraciones de markas y de ayllus a nivel regional, sin haber producido nunca un estado aymara, que sea la forma de unidad política de todos ellos. En este sentido, no hay un modelo político del estado aymara que pueda servir de sustituto o como una parte de un nuevo Estado plurinacional. Recalco que me refiero a una forma estatal y no a estructuras políticas de autogobierno que, efectivamente, se han mantenido a través de largos siglos de dominación colonial y liberal. Por otro lado, cabe considerar que los quechuas en Bolivia responden a un tipo de unidad lingüística y cultural producida por el imperio incaico; la mayor parte de sus pueblos fueron quechuizados por los incas. En este sentido, se produjo una primera forma de homogeneización entre varios pueblos y culturas que habitan actualmente territorios bolivianos, pero que, en principio,
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también tenían otras lenguas. La principal forma de unificación política de matriz quechua fue el imperio incaico, es decir, una forma de dominación de otro pueblo por sobre los que actualmente habitan Bolivia, que se vieron transformados, sobre todo, en su matriz lingüística. El hecho de que haya sido posible este tipo de unificación es probable que se deba a que tanto los incas como los pueblos conquistados compartían el mismo tipo de civilización agraria, lo que permite que haya una sustitución a nivel de la lengua y algunas costumbres y prácticas políticas, pero que se mantenga la matriz cultural en tanto la organización socioeconómica y el saber tecnológico y productivo fueran similares. Cabe considerar que al interior de las culturas quechua y aymara hay varios pueblos que reivindican ser naciones dentro de la nación aymara o dentro de la nación quechua, que incluso han tenido largos conflictos a través de siglos en diferentes regiones del país, en particular en el norte de Potosí. En el caso quechua esta diversidad al interior es producto de que el quechua es una unificación realizada desde arriba sobre pueblos que han seguido ocupando sus territorios históricos: algunos son producto de los transplantes que los incas realizaron en su época. En el caso de los aymaras, también hay pueblos que reivindican el ser una nación dentro de otra nación; en este sentido, hay una diversidad al interior de cada una de estas culturas. La idea de nación, en este sentido, sirve para traducir una voluntad de unificación político cultural en los términos de realización de la unificación política en condiciones modernas. Varios estudiosos del mundo aymara, como Xavier Albó, han señalado que la unificación política aymara es algo bastante reciente: articulada por el Katarismo desde la década del sesenta y setenta, en el sentido de que había un pueblo y una cultura aymara, pero no había una unidad política aymara. En todo caso, desde hace tiempo es un pueblo que sostiene varias versiones de proyectos “nacionalitarios”. Otra cultura importante del país son los guaraníes. Los guaraníes eran pueblos originalmente nómadas que fueron centralizados y transformados en pueblos agrícolas por las misiones jesuíticas, primero, y luego también por las franciscanas. En este caso, tenemos un pueblo que ha pasado por un proceso de transformación, en el sentido de un cambio de sus estructuras, ya que el pasaje a ser una sociedad agrícola implica la emergencia de nuevas estructuras o modificaciones. Se ha documentado históricamente que los guaraníes que fueron convertidos en las misiones, una vez que los jesuitas fueran expulsados, volvieron a convertirse en pueblos nómadas y esto se ha repetido en los territorios de tierras bajas de manera recurrente. Hoy varios pueblos de cultura nómada oscilan entre ser trabajadores asalariados en latifundios o en empresas de explotación de recursos naturales – temporalmente–, o se vuelven agricultores por un tiempo y luego vuelven, otra vez, a su condición de pueblo nómada. La mayor parte de la diversidad existente del país, es decir, 32 o 33 pueblos que habitan los territorios de la Amazonia, el Chaco y los llanos bolivianos, viene de una matriz nómada; algunos se han transformado en pueblos agrícolas pero, al igual que quechuas y aymaras, no contienen en su historia la forma estatal como una forma de gobierno; es decir, el monopolio de la política y la separación que caracteriza a la condición moderna no son parte de sus estructuras políticas y sociales. Aquí quiero introducir un esquema de distinción analítica que permite hacer comparaciones. Podríamos pensar que para analizar los tipos de naciones cabría distinguir el nivel del modo de producción y de las estructuras de autoridad, y los espacios y formas políticas existentes en cada una de estas naciones. La forma de cada cultura es una forma política. La forma general o global de una cultura es una forma de articulación y unificación que se ha configurado por el tipo de política que se practica en cada cultura a través de su historia; este sería un primer rasgo general. Si vemos el nivel del modo de producción en relación al tipo de pueblos y culturas que estoy llamando naciones comunitarias, el rasgo sobresaliente es que no hay propiedad privada de la tierra, sino propiedad comunitaria, y hay un uso familiar de la misma. Se obtiene el derecho a un uso familiar de la tierra mientras se forme parte de la comunidad, pero no es soberanía sobre partes de la misma en tanto
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propiedad individual. Este es uno de los rasgos que tiene que ver con el hecho de que tampoco haya un equivalente a una forma estatal en el seno de estas estructuras comunitarias. En el nivel del espacio político, encontramos que la forma general y común es la asamblea de la comunidad. Esto implica que la política es algo que se hace a través de la presencia directa en los momentos de deliberaciones y toma de decisiones. La forma asambleística implica, en principio, que no hay representación de unos individuos o familias o de unos políticos en relación a los demás. Sin embargo, se puede ver que hay representación en otro aspecto que tiene que ver con el hecho de que el varón jefe de familia representa al resto de la familia, en particular a las mujeres; en esto se parece a la modalidad patriarcal, también presente en sociedades modernas y en los diseños de representación política del siglo XIX y parte del XX, en los que padres o esposos representan a las mujeres. Por otra parte, a nivel de estructuras de autoridad, lo característico de la cultura quechua y aymara, especialmente, es el carácter rotativo de las diferentes responsabilidades y el hecho de que los miembros de la comunidad van asumiendo cada una de estas de manera ascendente, en términos de responsabilidad y complejidad, hasta hacerse cargo de la comunidad, luego de una red de comunidades o ayllu y, a veces, de una marka o conjunto de ayllus. La autoridad política es una especie de deber o responsabilidad más que un derecho, es decir, un cargo por el cual no se puede competir. Este tipo de estructura rotativa de los cargos es algo diferente a lo que contiene el estado moderno como forma de elección y renovación de los sujetos del gobierno. Por otro lado, está la nación boliviana, que es un tipo de identidad y de unidad política bastante contradictoria. Cabe pensar que la nación boliviana es, más bien, una historia de exclusiones e inclusiones que, en principio, se imagina para fundar una nueva república o estado que se va a llamar Bolivia, que tiene como matriz cultural aquella que corresponde a la sociedad colonial y se organiza sobre formas que corresponden, también, a la sociedad históricamente dominante, que se ha renovado en base a pautas de reforma institucional que corresponden al núcleo eurocéntrico y anglosajón predominante en las diferentes fases de su historia. La nación boliviana, como otras naciones modernas, está atravesada por la división en clases sociales y, por lo tanto, está bastante fracturada a lo largo de toda su historia. De hecho, cabe recordar que Bolivia se funda en 1825 como una república, pero que recién en 1952, como producto de la llamada revolución nacional, es un estado que se dota de una nación como base social. Mientras tanto, sobre todo en la primera mitad del siglo XX, la nación es un proceso de unificación política y de luchas por transformar este estado definido en base a formatos republicanos pero que seguía expresando el poder político de una formación social tributaria. Es por eso que en Bolivia adquiere mucha más fuerza política lo que llamamos lo nacionalpopular, que contiene un conjunto de formas de fusión y unificación de la diversidad existente en el país en procesos de lucha contra el estado y los gobiernos discriminadores y explotadores, por lo general responsables del predominio de la soberanía de otros poderes en el seno del territorio boliviano. En este sentido, lo nacional-popular es una forma de unificación política desde abajo, más bien, un conjunto de hechos históricos de unificación que han ido generando una memoria de lucha, pero también una memoria de proyectos. En este sentido, tenemos las siguientes facetas. Por un lado, se ha dicho que las naciones comunitarias no tienen una forma estatal en su historia, el estado es lo que vino como la forma de dominio externo, de colonización. Por otro lado, la nación boliviana conoció después de 1952 el momento de articulación entre estado y cuerpo político, que sería su base social, concebida como nación y articulada como tal en varias décadas de luchas previas. Esto se dio en un momento en que el estado adquiere la forma de estado benefactor, con todas las limitaciones que correspondían a las condiciones locales. Es un estado que nacionaliza la minería y se vuelve principal agente organizador de los procesos de transformación productiva del país. Es el excedente de estos núcleos el que sirve para integrar o
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convertir en nación a una parte significativa de los trabajadores mineros, fabriles y algunos campesinos. Por otro lado, se puede ver que de la historia de lo nacional- popular, es decir, de las formas y momentos de fusión en coyunturas antigubernamentales y antiestatales, ha emergido varias veces la idea y la experiencia del cogobierno, es decir, la participación directa en las deliberaciones y la toma de decisiones, aunque sea a través de representantes de los trabajadores; y no así, en principio, la demanda de competir y votar para elegir a los gobernantes. Vemos entonces que en el momento fundacional del estado moderno en Bolivia, que deviene de la revolución de 1952, están estas dos facetas importantes en tensión. Por un lado, el proceso de organización del monopolio del poder político y de la estructura económica de sostenimiento del poder político estatal, vía nacionalización y ampliación del estado e incorporación de la población en tantos ciudadanos y, por lo tanto, como nación boliviana. En este sentido, la nacionalización de la población pasa por el hecho político de la ciudadanización como reconocimiento de derechos políticos, y, de manera paralela, se vive también la experiencia de la política como un proceso de compartir el poder, el cogobierno. Se podría decir, brevemente, que esta idea de cogobierno presente en el sindicalismo proletario boliviano es una combinación, un resultado, de algunos elementos que provienen de las estructuras y la cultura agraria comunitaria, es decir, la idea de política, de presencia directa, de deliberación y el hecho de compartir el poder, con algunas experiencias de las luchas obreras modernas, que tienen que ver con ponerle freno al poder estatal pero, a la vez, penetrar el estado para poder poner límites a la explotación, regular las condiciones de trabajo y, en el horizonte, poder transformar la relación de fuerzas políticas que permitan, inclusive, transformar las estructuras socioeconómicas. La nación boliviana como construcción política moderna ha servido para integrar como cuerpo político del estado a personas y colectividades que han nacido en el seno de otras culturas y, podríamos decir, naciones. Una vez constituidas por largo tiempo las relaciones de subordinación entre pueblos y culturas, proceso que implicara tanto exclusión como subordinación, la nación boliviana ha sido el resultado de una matriz de inclusión forjada en el estado de la cultura dominante; dicha construcción política se forjó en gran medida desde abajo, o desde el seno de lo popular. El bloque oligárquico dominante en el país no ha sido responsable de la articulación de un proyecto de nación. Lo han hecho sectores nacionalistas de las capas medias y organizaciones obreras, compuestas en gran medida por proletarios recientemente descampesinizados. Se podría decir que, en Bolivia, la nación no es un proyecto burgués, es un proyecto moderno levantado y defendido por núcleos medios y de trabajadores, que fue pensado para ser realizado a través del desarrollo del capitalismo de estado. En la etapa de desmontaje del capitalismo de estado que hace el neoliberalismo, la burguesía boliviana ocupa un lugar central en la vida política a través del sistema de partidos y su presencia extensiva en todos los gabinetes. Durante este período lo que se hace es precisamente desmontar las articulaciones materiales que sostenían lo que había de nacional. La burguesía local se entrega a realizar un proyecto de soberanía transnacional en el país. En el momento en que esta sustituye a los militares en el gobierno no es un sujeto articulador de nación sino precisamente un sujeto desarticulador de la historia de la nación boliviana, tanto en su vertiente nacional-popular como en la vertiente estatal capitalista. Ahora bien, en la coyuntura de ascenso de fuerzas campesinas al Ejecutivo del estado boliviano y de pérdida de estos espacios por parte de la burguesía boliviana, el proyecto de esta última son las autonomías departamentales; es decir, la ausencia de proyecto nacional. Se trata de una concepción feudal del poder social y político que ha articulado un discurso y una política fascistas en este momento de crisis de un estado capitalista sin nación, que es lo que intentó configurar el neoliberalismo en el país.
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La reconstitución de un estado-nación es algo que más bien ha preocupado al sindicalismo campesino, que ha generado al MAS, que tiene un horizonte de reconstitución del estado nacional, y a otros núcleos como la Coordinadora del Agua, que ha sido responsable de generalizar en el país las consignas de asamblea constituyente y nacionalización del gas. En Bolivia, los gobiernos neoliberales han sido puestos en crisis en base a la demanda de nacionalización del gas. Revisemos algunas implicaciones de este proceso en relación a la idea de Estado plurinacional. Por un lado, cabe recordar que durante las dos últimas décadas en Bolivia y el mundo andino se ha criticado la idea de estado nacional como parte del colonialismo interno, como un proyecto de homogeneización cultural y desconocimiento de la diversidad cultural; es decir, se ha deslegitimado el proyecto de estado nacional desde el neoliberalismo y desde los discursos indianistas, desde el polo de la dominación mundial así como también desde los lugares de la subalternidad de culturas y pueblos que se reivindican como originarios. La lucha contra el neoliberalismo ha llevado, sin embargo, a cuestionar las privatizaciones de los bienes y servicios públicos y de los recursos naturales como formas de desarticulación de la nación boliviana y de neocolonialismo en territorios de otros pueblos y culturas; y la forma de enunciación de la demanda, que se vuelve proyecto, es la nacionalización de los recursos naturales, en particular de los hidrocarburos. La nacionalización se vuelve el proyecto político de la época. Se trata de una demanda y proyecto que implicó una serie de luchas de varios años y que fue llevada adelante y sostenida en buena parte por los mismos sujetos que durante las dos últimas décadas estuvieron haciendo la crítica del nacionalismo y del estado-nación, así como de la nación boliviana. De estas luchas han participado también, y de manera central, sujetos que tienen creencias políticas nacionalistas, que han mantenido la memoria del momento nacionalizador de la revolución de 1952 y la experiencia obrera de cogestión de las empresas y recursos nacionalizados. Esto nos muestra que en Bolivia la política de nacionalización no tiene que ver básicamente con una política identitaria sino con la dimensión de control local de los recursos naturales, es decir, con soberanía sobre el territorio y sus riquezas; es una cuestión político-económica. Por eso pueden coexistir críticas a la idea de estado nacional homogéneo con la demanda y proyecto de nacionalización, que es tal vez la idea con más consenso hoy en Bolivia. El otro elemento del programa de la época es la asamblea constituyente, y en el seno de esta asamblea constituyente se plantean como tareas centrales la constitucionalización de la nacionalización de los recursos naturales, los servicios públicos y la economía, y el diseño de un Estado plurinacional, es decir, nacionalización como base material de un Estado plurinacional. Revisemos las relaciones y tensiones entre ambos aspectos en dos momentos: la base material del Estado plurinacional y las articulaciones políticas de la diversidad de formas de autoridad política y autogobierno, para terminar con algunas consideraciones sobre la articulación de la diversidad socioeconómica con la diversidad política. La nacionalización como base material de un Estado plurinacional El punto de mayor encuentro en las luchas de los últimos años ha sido la idea de nacionalización de los hidrocarburos. La experiencia boliviana de nacionalización ha consistido en el control estatal de la propiedad, la producción y la comercialización. Eso se desmontó durante las dos últimas décadas y ahora se está empezando a remontar, a partir de la recuperación parcial y paulatina del control sobre los hidrocarburos. También era generalizada la idea de que el destino de la nacionalización debería ser la industrialización, aunque no se discutieron mucho las formas y ámbitos en que se realizaría. Esto implica estrategias de inversión macro, en varías líneas complementarias. En el momento en que hubo un primer aumento de ingresos, debido a los cambios en la ley de hidrocarburos en 2005 luego del referéndum sobre el gas, los diversos sectores pasaron a demandar la repartición de los nuevos ingresos a nivel departamental, local y sectorial, de tal modo que se

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desvaneció la posibilidad de usar el excedente económico recuperado en cualquier estrategia de industrialización. El excedente fue repartido corporativamente. Algo similar se vislumbra en las discusiones en la asamblea constituyente, sobre todo a través de la idea de que las decisiones sobre los recursos naturales queden en manos de las autonomías departamentales. Estas autonomías son la negación del proceso de nacionalización y se acercan más al patrón patrimonial de dominio territorial. Como una continuación de la política de reparto del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH), se vislumbra una nueva disolución de las posibilidades de cualquier estrategia nacional y plurinacional de desarrollo económico. Si vemos la nacionalización en relación al reconocimiento de la diversidad cultural y de una plurinacionalidad, aparece el problema de quién es el titular y soberano del territorio y sus recursos. Si el control queda en manos del estado central, las naciones periféricas no se autogobernarían en relación a aspectos centrales, como por ejemplo la legislación sobre recursos naturales y el modelo económico, y lo mismo ocurriría en el caso de que el control pasara al gobierno departamental. Si la propiedad y legislación pasan totalmente a cada nación o pueblo, estaríamos en una situación de gobierno confederado pero sin un gobierno común de los territorios y sus recursos. Lo que está en juego en Bolivia es si se reconoce y organiza una plurinacionalidad que consista exclusivamente en autonomías, es decir, la diversidad separada, o si se organiza una pluriculturalidad que comparta las mismas instituciones de autogobierno en todos los territorios y sobre todo en lo que hace a la articulación y dirección conjunta del país, y que a su vez respete la autodeterminación de los pueblos y culturas. Las tendencias recientes que tienen representación en la asamblea parecen dirigirse a una plurinacionalidad por la vía de las autonomías departamentales e indígenas. Un posible resultado de esta línea de reforma constitucional es la restauración de la distinción colonial entre república de indios y república de españoles pero no un Estado plurinacional. Volvamos sobre el eje de las estructuras productivas y económicas. Las estructuras productivas de los pueblos subalternos hasta hoy no son capitalistas. Donde hay comunidad no hay capitalismo, auque hay aymaras y quechuas que son capitalistas muy prósperos. Esto implica que ya no hay total correspondencia entre el modo de producción y toda la población de una cultura de origen comunitario; pero si se trata de configurar un Estado plurinacional, el referente básico a reconocer e integrar son las estructuras económico sociales de cada pueblo que tiene estructura comunitaria. En este sentido, una simple nacionalización no es compatible con una plurinacionalidad igualitaria en lo económico y lo político. Por eso, la nacionalización o bien se piensa como una condición temporal de transición, o bien se combina con autodeterminación de los pueblos y toma conjunta de decisiones sobre todos los temas de recursos naturales y de gobierno de la economía y el país. El vínculo entre nacionalización e industrialización, que no se ha vuelto dominante y operativo hasta ahora, podría traer tensiones entre decisiones sobre ampliación en la explotación de gas, por ejemplo, y el daño y desarticulación social que dichas decisiones pueden producir en el seno de territorios de comunidades y pueblos de agricultores, cazadores y pescadores, si es que estas se toman de un modo burocrático y centralizado sin la intervención o presencia política constante de los pueblos. Por eso, tal vez la versión más fuerte de un gobierno multicultural no sea la de las autonomías sino la del gobierno conjunto de todo por todos, lo cual nos lleva al tema de la forma política. Sobre la forma de un Estado plurinacional Retomo aquí la problematización inicial. Todas las culturas y pueblos que no corresponden al núcleo colonial y moderno no tienen una forma estatal en su seno, no la han producido históricamente, la forma estatal no corresponde a sus relaciones y estructuras sociales. Son estos pueblos los que están demandando y pensando la necesidad de un gobierno multicultural. Si la
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unidad plurinacional adopta la forma de un estado, la unificación política se realizará en torno a la forma política de la vieja cultura dominante; esto es, la diversidad cultural comunitaria o no estatalista se unificará bajo una forma externa a sus principios organizativos. Esta forma no es desconocida, les ha sido impuesta a estos pueblos por siglos en su modalidad no nacional y la han conocido por un breve tiempo en su modalidad de estado-nación boliviano. En este sentido, significaría una continuidad política en las nuevas condiciones de predominio electoral de sujetos subalternos, con la diferencia de que estaría tendencialmente dirigido por campesinos y otros tipos de trabajadores, lo cual constituye la modalidad boliviana de autonomía relativa del estado. Si analizamos lo mismo desde otra perspectiva, encontramos que en tanto en su historia previa los pueblos y culturas subalternos no han producido una forma de unificación política más allá del nivel regional, como una marka por ejemplo, no tienen ahora un modelo político de gobierno para todo el país, una vez que se han vuelto mayoría electoral, que se pueda retomar desde su historia política. Por eso aparece la tendencia a introducir la plurinacionalidad en el formato estatal de la cultura históricamente dominante, manteniendo sus rasgos centrales. El MAS ha planteado mantener un régimen presidencialista con un parlamento elegido en circunscripciones uninominales, lo cual implica el predominio del principio de mayoría en ambos poderes. Esto es lo más inadecuado para un país con alta diversidad autoorganizada y en el que había que resolver la integración de minorías culturales, como son la mayoría de los 36 pueblos que tendrían que componer el Estado plurinacional. De ese modo se diseña el monopolio de un nuevo bloque mayoritario que compartirá el poder con las oligarquías regionales y la derecha sobrerrepresentada, en detrimento de la mayoría de las naciones y pueblos minoritarios y del pluralismo político en el conjunto del país y en el seno de cada pueblo. Este diseño no sólo no resuelve sino que empeora la relación de no correspondencia entre la diversidad cultural y el conjunto de las instituciones. Si se junta el presidencialismo con las circunscripciones uninominales y las autonomías departamentales, como es la tendencia dominante, tenemos la peor receta política para el país, es decir, un reforzamiento del caudillismo, del gobierno de mayorías sin presencia de minorías, y gobiernos regionales oligárquicos, sin instituciones de articulación del país. Vayamos a otro punto. La nación boliviana no es algo consolidado y unitario, tampoco lo son los aymaras, quechuas y guaraníes, todos contienen en su seno diferencias políticas y sociales y la ausencia de una forma de unificación política que a la vez sea democrática, es decir, igualitaria. En este sentido, un Estado plurinacional que enfrente el problema de la igualdad entre pueblos y culturas, a la vez que el problema de la desigualdad en el seno de cada una de ellos, podría funcionar para favorecer el poder de algunos núcleos particulares. Por eso, tal vez es preferible pensar en una forma de gobierno democrático multicultural que ponga énfasis en el diseño de instituciones que permitan ir superando las desigualdades entre naciones y pueblos así como las desigualdades al interior de cada uno de estos; es decir, afirmar la primacía de lo democrático por sobre lo nacional, ya que la historia nos muestra que no sólo las construcciones nacionales, sino también las plurinacionales, han producido sus formas de monopolio político y una estructura de clases. El hecho de que las principales fuerzas que han puesto en crisis al estado boliviano provengan de matrices sociales no estatales, tanto de los núcleos comunitarios como de los núcleos asambleístas nacional-populares, es la gran oportunidad y condición de posibilidad de pensar otras alternativas de gobierno multicultural igualitario que no tengan como forma básica al estado y como base material al capitalismo, para poder remontar la condición de no correspondencia entre forma de gobierno y diversidad cultural en el país. Esas alternativas no existen todavía, hay que imaginarlas y construirlas como parte de una vida política compartida en condiciones de igualdad. Esto tendría que producir el poder constituyente, que ahora no está ni en la asamblea ni en el estado.

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20/01/2010 La prensa

Álvaro García Linera, vicepresidente: “Bolivia es un Estado Integral que transita al socialismo y que inicia una década de oro”
Miguel E. Gómez Balboa

Con un lenguaje “guerrero”, el vicepresidente Álvaro García Linera sostiene que el proyecto político del Movimiento Al Socialismo (MAS) ganó en 2009 la batalla iniciada en la rebelión de 2000. Asegura que se viene una década de oro para Bolivia, tras una década de turbulencia política. Y sostiene que el país se transforma en un Estado integral, en el sentido marxista gramsciano, que transita por una vía democrática hacia el socialismo. En esta entrevista, la segunda autoridad boliviana evalúa el primer mandato de Evo Morales Ayma y sus retos para los próximos cinco años. ¿Cuáles son los avances políticos que destaca en esta primera gestión gubernamental del MAS? El primero es la extraordinaria descolonización de los sistemas político y estatal con el ascenso del presidente Evo y la presencia de indígenas en el Estado. Antes los indígenas eran ciudadanos de segunda categoría con derecho a voto, marginados del sistema de toma de decisiones mediante mecanismos invisibles, cuando son mayoría en nuestro país. El ascenso del presidente Evo marca un proceso de quiebre con toda la historia política y estatal boliviana e incluso colonial, de exclusión de los indígenas; sólo ese hecho coloca a Bolivia en la cúspide de los procesos de transformación en el continente; es el proceso revolucionario más importante desde la fundación de Bolivia porque la mayoría social deviene en presencia y mayoría políticas como ciudadanos, iguales, frente a los mestizos del mundo. El segundo logro es el entierro del Estado neoliberal y patrimonialista del poder con la construcción de un nuevo Estado y Gobierno que tienen como núcleos articuladores a los movimientos sociales, lo que habla de un proceso de radicalización de la democracia. Avanzamos hacia un Estado de carácter integral, como diría (el pensador italiano marxista) Antonio Gramsci. Y la concreción en una nueva Constitución de toda esta transformación, de este nuevo bloque de poder, de estas nuevas estructuras de alianzas, de este desmontamiento del colonialismo y del patrimonialismo. Es la consagración escrita e institucionalizada de este proceso revolucionario que pasa a ser no sólo un hecho de fuerza, sino a convertirse en un hecho constitucional e institucional. ¿Cómo aterrizan estas reformas políticas en el campo del nuevo modelo económico boliviano? Los resultados están a la vista, hasta los analistas de derecha tienen que admitir que se ha construido una economía muy estable que no tiene que ver sólo con el tema de mejores precios internacionales, sino con una gran gestión que ha ordenado la casa económica. Una economía por primera vez en su historia con superávit, que ha triplicado sus exportaciones, que comienza a diversificar su estructura productiva; una economía con una gran distribución de la riqueza. El primer logro es la recuperación de los recursos naturales y la consolidación del Estado como la gran locomotora de la economía nacional. Hemos recuperado el gas y el petróleo, las telecomunicaciones y vamos con el rubro de la electricidad. Esto ha permitido que el Estado pase de
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un nivel de subordinación a uno de soberanía. La clave del crecimiento ha estado en la internalización del excedente económico, la riqueza que genera la sociedad, cuando el modelo previo era de externalización del excedente; por esto somos la economía que más crece en el continente. El Estado es la gran locomotora porque ha pasado de generar el 13 por ciento del Producto Interno Bruto al 31 por ciento, y nuestra meta es el 35 por ciento. O sea, 3 de cada 10 bolivianos se generan en el Estado. A partir de ello, el segundo gran paso fue jalar a otros vagones de la economía, como el sector privado y, lo novedoso, las micro, pequeñas y medianas actividades productivas con las líneas de crédito con interés cero del Banco de Desarrollo Productivo, más de 1.200 millones de bolivianos para el área agrícola: maíz, soya, trigo, arroz y quinua para el siguiente año. Es así como se apoya un conjunto de iniciativas para potenciar a estos pequeños productores, con un proceso de inversión y tecnología agrícolas. Somos un país de pequeños productores, los micro y pequeños productores ocupan casi el 80 por ciento de la actividad laboral. Pero nunca eran tomados en cuenta como sujetos productivos, sino eran objeto de políticas sociales, ahora lo son de políticas productivas con los recursos económicos de la “gran locomotora”. Y esto permite una intensificación de otras áreas que repercuten en la economía: infraestructura, telecomunicaciones, transporte y beneficios sociales. Hay que incorporar el punto de los beneficios sociales como parte de la formación económica de la sociedad. Los bonos tienen la misión de que los bolivianos puedan estudiar más, que tengan mejores ingresos, mejor atención médica, así se potencia la capacidad laboral, productiva e intelectiva de una sociedad. Son políticas sociales de directo impacto en la política económica porque se potencia y se amplía el mercado interno, ello nos ha permitido este crecimiento. El año pasado, del 6,5 por ciento del crecimiento económico, la mitad se ha debido al mercado interno porque se amplió la capacidad de demanda de los consumidores, y eso puso en movimiento mayor actividad productiva. Y en 2009, a pesar de la crisis económica mundial, tuvimos el mayor crecimiento de América Latina porque otra vez hubo una combinación virtuosa entre mercados externo e interno. Eso es resultado de los bonos. Tras la victoria electoral del MAS en diciembre del año pasado y el debilitamiento de la oposición, ¿qué escenarios políticos avizora en la siguiente gestión gubernamental? Ha culminado el proceso de transición estatal. Bolivia inició un proceso de crisis del Estado neoliberal, con sus invariantes de colonialidad y patrimonialidad, en el año 2000. Entre 2000 y 2008 fue el momento de la transición, cuando se puso en juego si se volvía al viejo orden o se saltaba al nuevo. Y tuvo sus etapas matemáticamente calculadas: inicio de la crisis y formación de un proyecto alternativo de poder entre 2001 y 2003; entre 2003 y 2008 se da el “empate catastrófico”, donde coexisten dos proyectos de poder, de país: el dominante pero en decadencia, y el emergente pero que todavía no es dominante; y luego viene la conquista del Gobierno por parte de este último, la tensión, el “punto de bifurcación” entre agosto y octubre de 2008, que es el momento de la correlación de fuerzas donde mediante estrategias guerreras de los dos bloques confrontados se define el destino del Estado, y así en 2009 se da la consagración y validación electoral, política y cultural de esa victoria estatal que comenzó a labrarse desde el año 2000 con la rebelión. Entonces se ha cerrado el momento de la transición de un viejo a un nuevo Estado, una revolución que siempre es turbulenta y con esas etapas matemáticas. Entramos a un nuevo Estado, uno plurinacional autonómico, pero en las estructuras de largo aliento pasamos de un Estado colonial a uno social y plurinacional; y en el ámbito patrimonial a un Estado moderno. Y ahora prevemos un tiempo de estabilidad política, vienen los tiempos de la construcción. Van a haber conflictos, pero no son los estructurales, los que afectan a la naturaleza del Estado, sino a tal o cual sector social, a tal reivindicación. Algún rato tal vez habrá otra crisis de Estado, de aquí a años, décadas, pero por hoy no.
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El MAS no tiene contrincante opositor… Uno puede medir lo dicho en la oposición, por la ausencia no sólo de un líder, sino de un proyecto alternativo de poder, y ello va a durar un tiempo. ¿Hasta cuándo? Hasta que el Estado nuevo presente dificultades. ¿Cuándo será eso? No lo sé. Pueden ser décadas. Por eso mi lectura es que vienen a Bolivia tiempos de gran estabilidad política, que nos va a permitir dedicar la mayor parte de la energía al bienestar, a generar y distribuir riqueza. Se viene la década de oro para Bolivia, es una previsión objetiva. En esta década pasada había que invertir mucho tiempo en resolver el tema del poder. Ahora no. Y el debate político y la confrontación ahora van a girar en torno a cómo aplicar mejor tres ejes estructurales: el plurinacional, el autonómico y el del Estado conductor de la economía. El horizonte epistemológico de esta generación y esta época ya está marcado por la Constitución Política y estos tres pilares. ¿El partido gubernamental tiene todo el poder, la hegemonía política, desde diciembre de 2009? No. El MAS tiene parte del poder. Hemos logrado en esta batalla el poder del Estado y hemos construido uno nuevo, un Estado integral en el sentido gramsciano. Estamos pasando de un Estado patrimonial de pocos a un Estado integral, es decir, un Estado que abarca a la totalidad de la sociedad, que es producido por ella, que democratiza la gestión de lo público y que en esa medida es como un tránsito a largo plazo hacia lo que podemos llamar una vía democrática al socialismo. Pero hay que revisar a Gramsci, qué es la idea de Estado integral frente a un Estado aparente heredado. Un Estado donde la sociedad civil plena se vuelve Estado y ello democratiza la toma de decisiones, y al hacerlo avanza de lo político a lo económico y a lo cultural, y eso es el tránsito al socialismo democráticamente construido. Pero Usted dijo en una ocasión que al MAS le falta tener el poder, ¿qué le resta para ello? Me ratifico. Hemos logrado el poder del Estado, no sólo el Gobierno, y ello significa que hay una nueva correlación de fuerzas, un nuevo bloque de poder en el Órgano Ejecutivo, en el Legislativo y gradualmente en el Judicial. Pero falta un nuevo bloque de decisiones, de configuración institucional de esos tres ámbitos de poder estatal. Y aparte existen otros ámbitos donde debe definirse el poder. Está el ámbito territorial, municipal y departamental. Veremos qué pasa en abril. Es un ámbito también de poder, de control de recursos, de toma de decisiones, de dirección cultural y política local. Apostamos a un ensamble virtuoso, orgánico, entre niveles nacional y departamental. Sería lo ideal. Porque si no, vamos a seguir teniendo una especie de disfunción entre un Estado y un poder nacional que apuestan a un lado, y poderes departamentales que se van a otro o en contramarcha. No es decisivo pero es importante, y hay que dar esa batalla para que todo esté muy bien aceiteado y se encamine sobre ruedas. Otro nivel que está en debate es el poder económico. Si bien el Estado ha crecido en la concentración del poder económico, hay esferas importantes bajo control de otros sectores, algunos opositores y otros no. Está muy bien, no es nuestra intención que el Estado cope todo, porque no habría espacio para la hegemonía, eso sería dominación total. El Estado ya está llegando a un límite razonable de poder económico y lo ideal es que ese otro poder económico que no es estatal pueda articularse, ser seducido, liderado por el proyecto que el Estado va a empujar. Eso ampliaría el poder económico no del Estado, sino de este nuevo bloque de poder ampliado. ¿Cuáles son los retos de la próxima gestión de Evo Morales y Álvaro García? De manera resumida es construir el nuevo Estado diseñado por la nueva Constitución. Ella es el diseño final del edificio, y el albañil que va a construir eso es el programa de Gobierno. Y hay tres grandes ejes.
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Primero, hay que implementar el conjunto de instituciones que la Constitución habilita. Una nueva justicia con un nuevo Órgano Judicial y una ley, porque el Poder Judicial es todavía una herencia del viejo poder colonial y neoliberal. La Procuraduría que defiende al Estado. La transformación del ámbito educativo para que exprese la plurinacionalidad y la igualdad de culturas. La dimensión institucional de la autonomía con la implementación de los gobiernos y parlamentos regionales y su articulación con el ejecutivo y parlamento nacionales. Segundo, una economía que dé el gran salto para industrializar los recursos naturales y así generar más excedente y potenciar el Estado. Convertirnos en una potencia energética hidráulica hidroeléctrica. Industrializar el litio, el hierro. Son años de poner todo el empeño a este proceso de industrialización en tres vías: de gran empresa, de micro y pequeña empresa y de actividad comunitaria campesina. Habrá modernización y tecnificación en función de sus lógicas propias. Tercero, la ampliación de derechos para todos, a partir del acceso universal y mejorado a los servicios básicos, agua potable, electricidad, alcantarillado, telecomunicaciones, salud, educación, infraestructura, fortalecimiento de los bonos. En síntesis, ¿qué es el nuevo Estado boliviano? Nuevas instituciones plurinacionales y autonómicas; el nuevo salto industrial en distintas dimensiones, y la ampliación de derechos bajo la forma de universalización de servicios y de derechos humanos. Es en resumen lo que vamos a hacer en estos cinco años. Pero se apunta a una “década de oro”… Sí. Ello implica que el MAS por lo menos apunta a estar otros diez años en el poder gubernamental… No, estamos pensando en nuestros cinco años. Si quiere use el concepto del “lustro de oro”, pero suena más bonito la “década de oro”. Sobre todo porque varias de las cosas que haremos ahora vamos a comenzar a usufructuarlas de aquí a más de cinco años. La industrialización del litio, comenzaremos a sembrar ello hasta 2012, y los resultados se verán en 2016 o 2017, con baterías y automóviles; lo mismo con el hierro o la represa de El Bala. Entonces, la “década de oro”, porque muchos resultados se van a ver en este lustro primero, pero serán más abundantes desde 2015. “Lo plurinacional sólo es igualdad de derechos” ¿Cómo relacionar el Estado plurinacional boliviano con la visión de país que maneja el MAS? ¿Qué es la plurinacionalidad? Es la igualdad de derechos de pueblos, de culturas en nuestro país. No es nada más que eso. Todo en el marco de una sola identidad nacional boliviana. Somos una nación de naciones. La plurinacinoalidad es el reconocimiento de los derechos colectivos de mestizos, aymaras, quechuas, guaraníes, de su idioma, tradición y cultura; que todos tengan las mismas oportunidades para acceder a beneficios, a cargos públicos y a reconocimientos. Antes no pasaba eso, la mestiza era la única identidad cultural legítima, válida, y las otras eran subalternas, interiorizadas abusivamente. Y entonces un aymara para ascender socialmente, tenía que dejar de ser aymara y mestizarse, enterrando su idioma, cultura y tradición. Eso ha sido un etnocidio permanente. Eso se acabó, ahora todos tienen los mismos derechos sin perder ni ocultar su identidad cultural. En el fondo la plurinacionalidad de nuestro Estado es un homenaje a la igualdad de derechos colectivos de la sociedad, que erradica al colonialismo que diferencia las oportunidades y los derechos por color de piel o por idioma. Nosotros concebimos a la plurinacionalidad como un hecho de sinceramiento del Estado con la sociedad. Teníamos un Estado monocultural y una sociedad pluricultural, ahora vamos a tener un Estado pluricultural, plurinacional, frente a una sociedad plurinacional, donde va haber una sintonía real entre sociedad y Estado.

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Eso es lo que llamamos también el Estado integral. La diferencia del Estado integral con el Estado aparente es de que antes sólo un pedazo de la sociedad estaba en el Estado y otro pedazo, no. Y esa es la causa de nuestros males históricos, atrasos, problemas, conflictos, miserias. Pero cuando ahora la sociedad se mira en el Estado, uno tiene ahí un Estado integral, un Estado en el sentido pleno del término, y es la garantía de más democracia y de que todas las energías sociales se viertan hacia un mismo objetivo de desarrollo y de bienestar. “El ´evismo´ se está consolidando en el mundo” ¿Cuál es su evaluación sobre la influencia del modelo político y económico boliviano en el mundo y la región, lo que se denomina “evismo”? Lo que está sucediendo a nivel de Bolivia es la construcción de un proyecto y de un liderazgo continental y mundial, y a eso le llamamos el “evismo”. Por una parte es el liderazgo del presidente Evo, su carisma en el ámbito mundial que lleva no solamente la dignidad de un país, sino un conjunto de propuestas como el tema del medio ambiente, donde hemos liderado su defensa con propuestas sensatas, razonables, que construyen una nueva idea de la globalización, pero en defensa de la vida y la naturaleza. El presidente Evo lo lleva en persona, lo explica, y seduce en el ámbito internacional. Pero simultáneamente el “evismo” es el liderazgo del presidente Evo y también es un proyecto de poder. Un Estado y un gobierno que tienen como núcleos articuladores a los movimientos sociales. Es un nuevo Estado, un Estado integral al estilo gramsciano que transita por una vía democrática hacia el socialismo. El “evismo”, entonces en el ámbito mundial, es una articulación de liderazgo, de carisma personal; de propuestas al mundo en defensa de la humanidad, de la naturaleza, de los derechos de los excluidos, y es un proyecto de poder revolucionario que se presenta al mundo como sugerencia, como alternativa a las estructuras de dominación. Un conglomerado de esas tres cosas es lo bautizado como “evismo”. A la par, está claro que por primera vez en siglos, Bolivia tiene algo que decirle al mundo, algo que proponerle, no sólo algo que pedir al mundo, o algo que resistir al mundo, como hicimos antes. Desde Bolivia, a partir de lo que somos, un proyecto de poder de movimientos sociales y de articulación de las sociedades a partir del núcleo laborioso de los excluidos, a partir de esta estructura asociativa de los trabajadores, campesinos, obreros, de los pobladores, de los humildes. Además, son propuestas para el mundo, sugerencias, convocatorias para defender la vida, la naturaleza, los derechos, y a la vez un carisma impresionante del Presidente que irradia certidumbre, verdad, confianza. El “evismo” sería eso, y creemos que este evismo se está posicionando, se está consolidando y cada vez logra mayor presencia, atención, expectativa en el ámbito mundial. Lo ideal sería que esta expectativa y esperanza se traduzcan en hechos revolucionarios al interior de los propios países de los Estados del orbe. Es una expectativa que se puede llevar a cabo en los siguientes años. “Los resultados en YPFB se verán en 2011” Como autocrítica, ¿cuáles fueron los errores en el manejo de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) y cuándo se levantará esta empresa estatal, que es sin duda la más estratégica en la economía? YPFB ya está levantando. Tuvimos un año muy malo en 2008, cuando no sólo se dio este acto de corrupción (del presidente Santos Ramírez Valverde), sino de manejo superficial de la empresa. El año pasado las cosas han comenzado a cambiar, pero los resultados no pueden verse. No está usted administrando una tienda de barrio, sino una empresa por la que pasan anualmente 3.000 millones de dólares. De una empresa en la que sus actividades las inicia ahora y sus resultados se miran de aquí a cuatro años. La actividad petrolera es altamente rentable, pero a la vez con otra temporalidad.

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En 2009 ordenamos la casa de YPFB, contratamos buen personal boliviano, ubicamos bien las jerarquías, garantizamos recursos, comenzamos a diseñar los proyectos porque cuando la recibió su actual presidente (Carlos Villegas Quiroga), no había un solo proyecto real. En todo el año anterior se han comenzado a hacer los diseños serios de las cosas importantes para nuestra empresa: planta de GTL (gas a líquido, por sus siglas en inglés), nueva refinería, exploración en el norte de La Paz, inversiones en los megacampos, las plantas separadoras, la planta de úrea, la planta de Petrocasas. Recién hemos comenzado los diseños objetivos. La temporalidad es distinta en YPFB. Por eso le digo que este 2009 comenzó el camino de esta empresa. Pasamos de las ideas en palabras a los diseños de ingeniería serios para los procesos de industrialización de nuestro gas y petróleo. Algunas cosas ya han comenzado a ejecutarse: la ampliación de las refinerías en Cochabamba y Palmasola, las instalaciones de gas, la ampliación de los ductos que vienen del Chapare. Todavía no se inició el uso comercial, pero ya las perforaciones y la exploración. Y calculo que todavía los resultados prácticos, visibles a los ojos del boliviano, de este nuevo YPFB los vamos a ver en 2011. El 2009 fue de los diseños y de la ingeniería. El 2010 será el de la construcción. Este año vamos a ver obreros e ingenieros trabajando y la planta, el producto de la industrialización, se apreciará a fines de 2011, cuando vamos a poder estar usufructuando su trabajo. Y en algunos casos, como mayor desarrollo y producción de gas y de petróleo, los notaremos en 2013. Eso requiere una mirada como más de largo plazo. Claro, habríamos deseado acelerar las cosas, ésa fue siempre la exigencia del presidente Evo, pero tampoco se podía acortar más de entre seis y ocho meses. Hay que estar encima de los de YPFB para exigirles que aceleren, pero con lo que se ha impulsado y avanzado en la anterior gestión estamos contentos. “El MAS requiere de cualificación y depuración” ¿Cuáles son las limitaciones y desafíos del MAS para acompañar el llamado “proceso de cambio”? Tenemos tres retos. El primero es la cualificación de los cuadros políticos. En estos primeros cuatro años, la gestión del Gobierno ha estado conducida por los líderes de las viejas luchas: hombres y mujeres espartanos o bolcheviques fogueados en la resistencia. Pero la presencia en el Estado y las nuevas tareas del proceso de cambio requieren cada vez más personas, gente que pertenece a una nueva generación, que no ha sido forjada en el fragor de la lucha, sino que surge de alianzas, adhesiones. Entonces, hay un desnivel entre el primer núcleo y esta nueva generación, y el desafío es forjar de mística a esta última, de responsabilidad, con la idea de que hay que saber resistir. El segundo reto es la capacidad de articular orgánicamente a otras clases sociales. Nuestro partido fue una estructura muy hábil para articular sindicatos agrarios, estructuras comunitarias, gremiales y asalariadas, la Coordinadora Nacional para el Cambio, por ejemplo. Pero no sabe cómo incorporar a clases medias y segmentos de las clases altas locales y regionales que no responden a un ayllu, sindicato, asociación; son individuos individuados, no es tautológico, sino que son dos categorías: son personas objeto de procesos de individuación, separación, de desorganicidad. La clase media dice que quiere hacer proceso de cambio, pero no tiene sindicato, y debemos crear otra red que tenga capacidad de articular a estos otros sectores que se están adhiriendo aceleradamente. Queda la duda de cómo hacer militancia en el MAS siendo profesional, estudiante, de clase media o empresario. Y esto es un desafío para consolidar una estructura total y universal de la sociedad y el Estado. Y el tercer eje gira en torno a que mientras abrimos las puertas a nuevos sectores y clases sociales, y se irradia disciplina a la nueva generación, internamente hay que depurar. Estamos entrando a un momento histórico donde las adversidades fundamentales van a seguir siendo fuerzas externas imperiales que se resisten a un Estado soberano, pero en lo interno los peligros no van a ser tanto de otros bloques de poder alternativos, porque no los hay. Las adversidades que hay que combatir internamente serán el faccionalismo, la corrupción y la ambición de los miembros del MAS, y nada de ello debe ser tolerado. Estamos entrando a un periodo estatal y social donde la adversidad
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política al proceso de cambio no va a estar tanto en otro proyecto de poder, sino en las enfermedades internas del MAS que tienen que ser curadas, corregidas u operadas, a veces sin anestesia.

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5/02/2010 Corriente Internacional Socialismo o Barbarie

Bolivia: ¿Socialismo "comunitario" o Capitalismo de Estado?
Martín Camacho

Desde hace un tiempo en Bolivia empezó a escucharse con más fuerza la palabra “socialismo”. En las tapas de los diarios esto viene apareciendo como “socialismo comunitario” o bajo el interrogante ¿Socialismo en Bolivia? ¿Cuál es el verdadero carácter y rumbo del afianzado gobierno masista? En lo que sigue intentaremos responder a este interrogante. Este discurso, en apariencia más “radical”, podría dar la impresión de que, en su segundo mandato, el gobierno del MAS estuviera “girando a la izquierda”… En el fondo, es simplemente una forma de vender más ilusiones de que algo cambiara en el marco del raquítico capitalismo boliviano. No se trata de ningún giro a la izquierda del gobierno. Aunque si expresa un afianzamiento en momentos que la derecha quedó muy desprestigiada desde el fallido levantamiento de agostoseptiembre del 2008. Estas palabras se dicen, pero en materia de acciones concretas no se ve ninguna medida “socialista”. Sólo recordemos la aberración de que todavía esté vigente el tristemente célebre decreto neoliberal 21060. Se trata de la primera medida del tercer gobierno de Paz Estensoro (1985-1990) que privatizó la minería dejando en la calle la friolera de 50.000 obreros mineros, la flor y nata de la clase obrera boliviana. ¡Es una verdadera vergüenza nacional que esta ley siga vigente! Este discurso tiene una explicación más concreta: formar una falsa conciencia en la gente – fomentada obviamente por el gobierno de Morales- acerca del verdadero carácter capitalista del gobierno. Esto junto con los simbolismos de que Bolivia se “descolonizaría” por ser ahora un “Estado plurinacional” y poner la Wipala como símbolo nacional… Un mejor reparto de las regalías Desde las rebeliones populares que surcaron varios países de la región como Argentina (2001), Ecuador (2000) y Bolivia (2003-2005) -en que se echaron presidentes con las movilizaciones populares- hoy la cosa es muy distinta. Los gobiernos que han surgido de esas jornadas de lucha fueron gobiernos que tenían la tarea de reencausar las luchas: o sea, sacar a la gente de las calles. Es por eso que en nuestro país esta reabsorción se concretó cuando la “agenda de Octubre” fue –supuestamente- llevada a la “práctica”, por supuesto que no cabalmente como pretendían los explotados y oprimidos, pero muy hábilmente el gobierno logró esconder la realidad concreta de los hechos. Los dos pilares fundamentales de la agenda de octubre eran la nacionalización de los hidrocarburos junto con la industrialización y una nueva constitución política del estado. En la primera, solo fueron una modificación de los contratos y, con ello, el Estado pudo tener mejores regalías y compró acciones de empresas como las distribuidoras. O sea, el reparto de la torta se hizo un poco más beneficioso para el Estado pero dejando a las empresas trasnacionales seguir sacando jugosas ganancias. No obstante a eso se lo llamo “nacionalización”…

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Entonces, la cosa es que el gobierno pudo disimular estas peticiones del pueblo en mediatizadas reformas. Junto con el reparto real de lo que entra por el IDH, realizar algunas obras de infraestructura y reparto por medio de bonos a la población mas pobre. Aquí se empiezan haber los primeros rasgos de capitalismo de Estado pero sin llegar a esto realmente, porque no se trata de medidas de lisa y llana estatización. Pero con la aprobación de la nueva constitución y la implementación de la misma en este año, se podría dar el pié a determinar otro paso ulterior en el “cierre” del proceso de rebelión popular. Que no fue derrotado por derrotas concretas -como ha pasado en otros países- sino que está siendo reabsorbido por la mediatización de las luchas sociales y la cooptación de todos -o casi todos- los organismos que estaban en pie con una posición independiente al gobierno y que hoy día están en las filas del MAS. Caso concreto como la COB o la Federación de Mineros. Más allá de esto, no todo esta saldado. Es el caso que se vio hace unas semanas cuando el candidato para la gobernación de La Paz, Félix Patzi, se lo encontró en estado de ebriedad y el propio presidente le pidió la renuncia a la candidatura. Pero la contradicción radica no en la figura de Patzi mismo (es un reformista más), sino en que la mayoría de las organizaciones campesinas que lo venían apoyando siguieron proponiendo a Patzi y amenazando con movilizaciones si es que seguía en pie la posición del presidente de sacarlo del ámbito político… Esto abrió una serie de conflictos dentro de las filas del MAS peligrando la plaza más importante del país. Se aclara que la mayoría de las “presiones” que se anuncian casi siempre quedan en palabras… pero la predisposición que se tiene plantearía que no todo esta cerrado. Estado no es igual a socialismo El trabajo que se fue realizando es ir re-estatizando aquellas empresas que antes habían sido del Estado pero que con el neoliberalismo de los ’90 pasaron a manos privadas. Hoy el gobierno incorporó muchas de estas empresas a su administración: casos como ENTEL. Y tiene el proyecto de seguir avanzando en otras empresas como las de electricidad, agua, y transportes públicos. Con esto garantizan la entrada de algunos millones de dólares. A esto lo quieren llamar “socialismo”, pero solo se “afectó” una parte de la renta extraordinaria de las petroleras y las empresas mineras que eran del Goñi… Miremos un poco lo que se dijo en el discurso de re-asunción de Morales y Linera en enero de este año. El presidente Evo Morales, en parte de su discurso, dice: “que se consolida el ‘Estado socialista comunitario’ sobre las cenizas del Estado colonial” (La Razón 23 de enero). Esto es pura simbología en el discurso pero que hoy con más fuerza se esta escuchando. La cosa es querer disfrazar lo que podría ser un mayor reparto de las riquezas –que no deja de ser reparto de miseria- sin llegar a expropiar nada considerable ni echar a ninguna trasnacional con la “implantación del socialismo” (o sea, que los medios de producción pasen a manos de los trabajadores). Esto jamás lo puede regular el Estado capitalista. Entonces, sigamos precisando qué clase de gobierno es este y hacia donde quiere ir verdaderamente. En otro discurso Morales les dijo esto a los militares: "Mi gran deseo, mi gran sueño, es que nuestras Fuerzas Armadas a nivel internacional sean reconocidas como unas Fuerzas Armadas ‘anticapitalistas’. No tengo temor ni miedo decirlo de manera sincera y de frente ante ustedes". Esto es muy parecido a lo que dice Chávez con su discurso del “Socialismo del siglo XXI”, pero donde en realidad, de lo que se trata, es de rasgos de capitalismo de Estado, donde las fuerzas armadas, bajo el gobierno de Morales, tienen garantizada la unidad nacional del país (que de alguna
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manera los dirigentes cívicos del Oriente parecieron poner en cuestión) y seguramente más presupuesto vía las medidas tomadas respecto de hidrocarburos. Por otro lado, el vicepresidente García Linera es un poco más cauto al hablar de “socialismo”. Antes hablaba de “capitalismo andino”. Y que “el socialismo vendrá mucho tiempo después”. Pero como a Evo no le gusta esa palabra, “capitalismo”, hoy Linera dice: “nuestro horizonte estatal es un horizonte socialista”… volviendo a repetir lo mismo que hace unos años: se trata de un problema que está en el “horizonte”… faltan muchas décadas para que “los movimientos sociales vean el socialismo”… Mientras tanto, la gente se sumerge en la pobreza, sus casas se derrumban por la lluvia o miles siguen sin trabajo… ¿Qué significa un Estado plurinacional? Pero pasemos ahora al tan rimbombantemente anunciado “Estado plurinacional”. Lo que podemos ver es qué es una forma de descentralización del Estado (atención: se trata de una suerte de “reparto del poder” pero hecha de manera tal que preserva el peso del estado Nacional). Esta perspectiva, sumada a las autonomías de diferentes signos, y la supuesta “soberanía económica” (como dice Linera) le darían el camino libre para que se produzca -por generación espontánea- el “socialismo comunitario” sin lucha por la revolución socialista… Y lo que plantean es que estaríamos en “un periodo de transición” hacia el llamado “Estado integral”... Al respecto del susodicho “Estado integral” (quién entiende este término) viene a hacer como un “remplazo” al “Estado aparente” dice Linera tomando un concepto del sociólogo Rene Zabaleta Mercado y aclara el vicepresidente: “Estado aparente era también -para Zabaleta- aquel Estado que no incorpora los hábitos, la cultura y las formas de organización política de la sociedad”. Esto es lo que quieren hacer entender por todos los medios el gobierno masista: que se va a un proceso de “integración” (¿cooptación?) en la vida estatal de los “hábitos, cultura y formas de organización” de la población originaria y campesina” lo que no modifica un ápice el carácter capitalista del estado boliviano, solo introduce una superposición de instituciones, donde, claro está, las que saldrán ganando serán las que dispongan de más presupuesto… lo que, además, no significa ninguna vía hacia el “socialismo” lo que requiere la destrucción del Estado capitalista anterior. Las promesas de reformismo Todos estos discursos de “socialismo” puestos en las manos del Estado son como decir “quédense tranquilos que nosotros desde acá arriba los llevaremos por el buen camino”... Hoy los trabajadores y los campesinos están en su mayoría del lado del gobierno. Pero no podemos creer que desde el Estado burgués puedan venir siquiera verdaderas reformas sin la lucha en las calles. La tarea que está planteada es la construcción de un Instrumento Político de los Trabajadores para poder desenmascarar a este gobierno. Este tipo de gobiernos reformistas -con rasgos de capitalismo de Estado- es el que más engaña a la población: la cooptación de amplios sectores de trabajadores para que sirvan a sus intereses a través de las direcciones traidoras demuestra más que nunca la necesidad de construir un partido revolucionario para defender una perspectiva de independencia de clase y verdadero socialismo de los trabajadores.

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08/02/2010 Cambio

“Bolivia vira al socialismo comunitario y comienza a sepultar el capitalismo”

El país transita entre el capitalismo depredador y el socialismo comunitario, que defiende la vida y la madre naturaleza. Desde el 7 de febrero de 2009, con la nueva Constitución, el país transita entre el capitalismo depredador y el socialismo comunitario que defiende la vida y la naturaleza, explicó ayer el vicepresidente Álvaro García Linera durante el programa El Pueblo es Noticia, de la Red Patria Nueva. Este sábado se cumplió un año de la promulgación de la nueva Constitución Política del Estado y el Vicepresidente dijo que a partir de este mecanismo, Bolivia ha iniciado “un camino largo en el que los bolivianos debemos generar riqueza, participar en su distribución y toma de decisiones (...). Al finalizar ese camino está el socialismo comunitario”. La etapa de transición se dirige hacia un Estado integral, “que en Bolivia tiene la forma de Estado Plurinacional, de Estado autonómico, de Estado social comunitario y de derecho”, explicó la autoridad. Antes de exponer la propuesta socialista comunitaria, describió los males del capitalismo. Dijo que hay 800 millones de personas con hambre cada día, 11 millones de niños que mueren cada año por falta de atención médica, 2 mil millones de personas que no tienen servicios básicos y una población desocupada que llega a afectar a 34 millones de familias, en una sociedad que prioriza la tecnología, los viajes espaciales y el mercado de consumo. En ese contexto, el Vicepresidente explicó que el socialismo es una tarea antigua de lucha de los pueblos del mundo para alcanzar igualdad con justicia y equidad. Sin embrago, en el caso boliviano, la propuesta incluye lo comunitario para la humanidad. “Como esperanza planetaria se incorpora la esperanza comunitaria viable, realizable, posible de lo que somos los bolivianos, para aportar al mundo”, indicó el Vicepresidente. “Frente a la lógica destructiva del capitalismo, los seres humanos queremos tranquilidad (...) Ante esta vida no nos queda otra más que buscar otra sociedad, habrá tropiezos, es posible, la historia no es lineal, no está asegurada la victoria, es una necesidad la victoria del socialismo comunitario”, señaló. La autoridad realizó una comparación entre los lineamientos que guían al capitalismo y los que se buscan en el socialismo comunitario, a partir del enfoque económico, social, político y los valores ético-morales. En el tema económico, García explicó que el capitalismo produce bienes sólo para obtener riqueza, en base a una minoría explotada; el desarrollo capitalista subordina los componentes de la vida. En el socialismo, en cambio, la producción de ganancias satisface las necesidades, desaparece la explotación y la prosperidad está en función personal y de la comunidad. “Mientras que el régimen capitalista mueve la economía por un afán de lucro y no le importa si hace desaparecer bosques, naciones; pero si da riqueza sirve para el capitalismo”, dijo García. Aclaró
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que en el socialismo comunitario no se pretende que todos tengan por igual, sino se trata de respetar la diversidad, pero sin llegar a tener países empobrecidos. Actualmente, en el mundo hay regiones prósperas, laboriosas y desechables. De ellas, para el capitalismo es desechable el África, laboriosa es América Latina y el sudeste asiático –se consideran como los talleres del mundo–, y las regiones prósperas son Estados Unidos y Europa. A futuro queremos que todas las regiones sean prósperas y laboriosas, y que nadie, ninguna región del planeta sea desechable”, sostuvo. En lo social, explicó que “el capitalismo divide a la sociedad en clases sociales (...). No es que siempre hubo estas clases sociales, esto es un producto de la modernidad capitalista”, dijo. Por su parte, el socialismo comunitario lucha por la superación y la división social, lucha por acabar con el racismo y la exclusión. En el campo político, separa la sociedad política de la sociedad civil en “aquellos que se encargan de la política y los que se encargan del resto de la sociedad”, dijo y añadió que el Estado capitalista practica el monopolio de la coerción, de los tributos, de las recaudaciones y de la legitimidad. La propuesta del socialismo comunitario, en cambio, plantea la absorción de la sociedad política en la sociedad civil, “plantea una democracia comunitarizada”, señaló. En el campo de los valores ético-morales, señaló, el capitalismo plantea el endiosamiento del lucro, promoviendo la lógica de que “es una persona exitosa el que tiene mucho dinero, es un fracasado el que no tiene mucho dinero”. Mientras que el socialismo comunitario practica el respeto a la vida y a la naturaleza, entre otros aspectos. “Estamos obligados a construir un socialismo comunitario”, dijo tras considerar que podría llevar siglos. Estructuras comunitarias “Bolivia está en el marco de un capitalismo planetario, la diferencia con otras sociedades es que en Bolivia han persistido, se han mantenido estructuras comunitarias: en el campo, tierras altas, tierras bajas y en parte en las ciudades y en los barrios han resistido el avasallamiento capitalista”, explicó el vicepresidente Álvaro García. La autoridad consideró que la conservación de esas estructuras comunitarias “hace la diferencia entre el capitalismo americano y europeo, y nos da una ventaja” en el camino que se emprende al socialismo comunitario. También considera que hay estamentos que ven en esta presencia una amenaza e incluso la consideran un “estorbo”. “Pero es una virtud”, agregó. Incluso, explicó, en la misma izquierda en los años 60 y 70 se decía que antes de que haya socialismo era necesario destruir todo lo que no sea capitalista. “Hablaban de comunarios que se convertían en burgueses, de artesanos que se convertían en proletarios y no ha pasado eso”, sostuvo. El Vicepresidente reveló que esa situación se convierte ahora en una gran palanca de futuro. “Es sobre estas estructuras comunitarias que podemos pensar, prever a futuro una sociedad comunitarizada”, dijo. Sin clases sociales El vicepresidente Álvaro García señaló que en el socialismo comunitario se anula la división de clases sociales, a diferencia del capitalismo, que divide a la sociedad en diferentes clases sociales. Burgueses, hacendados y trabajadores obreros, campesinos y comunitarios son las clases consideradas por el capitalismo.

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“El sector de la burguesía es en el que viven del trabajo de otros, el sector de los hacendados o de propietarios de extensión de tierras que viven del trabajo de otros”, explicó. Sobre las clases sociales trabajadoras en el Estado capitalista, dijo que también se refieren a personas intelectuales que trabajan y reciben su salario. “Obrero no solamente es aquel que se pone su overol (...) hay obreros de cuello blanco, es decir, trabajan para otros, reciben salario y su trabajo beneficia a otro”, dijo. La concepción socialista comunitaria, por su parte, aboga por derechos materialmente garantizados para todos, con un libre desarrollo de las capacidades culturales de cada pueblo, explicó. García Linera señaló que el socialismo comunitario no deja de lado al hombre y a la naturaleza, crea una concepción de desarrollo personal, armónico y comunitario. Producción comunitarizada El socialismo comunitario busca una producción económica comunitarizada, antes que elaborar bienes solamente para obtener ganancias, explicó ayer el vicepresidente del Estado, Álvaro García Linera. “Lo que caracteriza al capitalismo no es el mercado, lo que caracteriza al capitalismo es que se genera riqueza únicamente para obtener ganancia”, señaló la autoridad. En el socialismo comunitario, por el contrario, se produce también para satisfacer necesidades. “Si satisface necesidades sirve a los que producen (...); en el capitalismo, si genera riqueza, eso sirve”, explicó. “Si generar guerras entre países hermanos o invadir naciones me sirve para generar ganancia en la industria armamentística, adelante, eso es el capitalismo”, señaló. “Solamente con un 20% de lo que se gasta en armas no habría hambre en el mundo”, comentó. Explicó que economía capitalista también puede ser considerada la actividad de “aprovecharse de un trabajo comunitario”, como lo hacen empresarios en el sector artesanal, que disfrutan del trabajo de los demás. En el socialismo comunitario, en cambio, hay un libre desarrollo de las capacidades humanas y se elimina la explotación. FRASES “Despleguemos y habilitemos todas nuestras potencialidades contenidas, nuestra creatividad, nuestra inteligencia, nuestra asociatividad a un proceso largo y allá, al finalizar el camino, está el socialismo comunitario”. “Cuando uno habla del socialismo está hablando de algo que sea distinto a lo que vivimos y que podemos colocar otro nombre. Si a alguien no le gusta el socialismo, que coloque comunitarismo, si no le gusta comunitarismo, que coloque el nombre de buen vivir”. “La idea del Estado en las sociedades modernas es que representa a todos, habrá un sector dirigente, pero es un Estado moderno cuando representa, cuando unifica a todos”. “Éste era un Estado de pacotilla, un Estado ilusorio un Estado aparente porque no hizo el esfuerzo de representar y unificar a todos, como sucede en otras partes del mundo, por eso le llamamos Estado aparente”. “En la historia no hay garantías, es la lucha, es la organización, es el esfuerzo que nos permitirá convertir esa esperanza en realidad. Pero no hay una garantía, lo que es seguro es que el capitalismo donde el mundo vive es depredador, es criminal, es destructible, la naturaleza hoy está en riesgo, la vida entera está en riesgo”.

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“Si queremos salvar la naturaleza estamos obligados a seguir hasta el socialismo comunitario, el retroceso es el suicidio de la humanidad”. “Este periodo de transición está entre el capitalismo depredador –destructor de la naturaleza, empobrecedor de la gente, asesino de niños, asesino de trabajadores– y un socialismo comunitario”. “Hay procesos que se van acercando, pero un socialismo comunitario realizado aún no existe, lo que existe son procesos, luchas que nos van acercando por distintos ángulos a ello”.

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28/02/2010 Bolpress

¿Y el capitalismo andino?
Andrés Solíz Rada

El 03-05-09, el vicepresidente Álvaro García Linera (AGL) explicó a Bolpress que el país logrará su despegue económico a través del "Capitalismo Andino-Amazónico" (CAA). Puntualizó la imposibilidad de visualizar un régimen socialista, con estas palabras: "Por un lado, existe un proletariado minoritario demográficamente e inexistente políticamente. No se construye socialismo sin proletariado". En segundo lugar, "el potencial comunitarista agrario y urbano está muy debilitado. En los últimos 60 años, se ve un retroceso de la actividad comunitaria productiva y erosión de los lazos comunitarios. Sigue habiendo comunidad pero ésta ha implosionado internamente en estructuras familiares. El potencial comunitario que vislumbra la posibilidad de un régimen comunitarista socialista en el buen sentido del término pasa por potenciar las pequeñas redes comunitaristas que aún perviven y enriquecerlas. Esto permitirá en 20 ó 30 años poder visualizar una utopía socialista". En artículo escrito en "Le Monde Diplomatique", edición boliviana, enero de 2006, AGL dijo en forma previa: "El CAA es la manera que se adapta más a nuestra realidad para mejorar las posibilidades de las fuerzas de emancipación obrera y comunitaria a mediano plazo". El 07-02-10, AGL, al indicar que el país logrará su despegue económico por la ruta del "Socialismo Comunitario" (SC), afirmó que "el capitalismo es un Estado de camarilla... y un suicidio lento, capaz de matar, destruir, con tal de generar ganancias...El capitalismo "explota el trabajo de la mayoría. Se desarrolla subordinando los componentes de la vida" y promueve "el desarrollo ilimitado de la ciencia para beneficio ilimitado de unos pocos" ("La Prensa", 08-02-10). Insistió en que el capitalismo significa "el endiosamiento del lucro, el individualismo, el racismo, la actitud depredadora con la naturaleza y la cosificación. Estamos obligados a construir un socialismo comunitario", dijo, tras considerar (que la tarea) "podría llevar siglos" ("Cambio", 08-02-10). Hace diez meses, AGL sostenía que no se construye socialismo sin clase obrera. ¿Qué milagro ocurrió para que en ese lapso la des industrializada Bolivia genere un proletariado capaz de dirigir tareas socialistas? ¿Cómo fue posible que en tan corto tiempo las comunidades estén listas para conducir al país al socialismo? ¿No había que esperar 20 ó 30 años para visualizar esa utopía? Hace diez meses, ¿AGL ignoraba que el capitalismo es un suicidio lento, capaz de matar y destruir con tal de obtener ganancias, para añadir que subordina los componentes de la vida y, además, endiosa el lucro, el individualismo y el racismo? Por el contrario, si conocía estos antecedentes ¿por qué planteó con tanta seguridad el CAA, el cual, a su juicio, "es el que mejor se adapta a nuestra realidad, pese a ser una lacra para la humanidad"? Admitamos, sin embargo que AGL se ha vuelto más prudente: Antes confiaba en el éxito del CAA a mediano plazo. Ahora dice que el socialismo comunitario triunfará en el mundo entero al cabo de varios siglos. En consecuencia, nadie le pedirá cuentas de sus nuevas elucubraciones. El rectificar errores es una importante virtud del ser humano, aunque no es lo mismo el exponer teorías desde la cátedra universitaria, donde apenas se necesita borrar el pizarrón para rectificarlas, que lanzar ideas programáticas que deben asimilar los pueblos, ya que se juegan sus destinos. Si esas ideas cambian de modo radical, es obligación del gobernante, por un mínimo de honestidad intelectual, explicar por qué cambiaron sobre todo en temas esenciales. El agravante
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reside en que AGL suele tratar de ignorantes y majaderos a quienes discrepan de sus puntos de vista. ¿Ahora llamará ignorantes y majaderos a quienes convenció que el CAA era la mejor solución para el país?

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16/08/2010 Upside Down World

The Rebellion in Potosi: Uneven Development, Neoliberal Continuities, and a Revolt Against Poverty in Bolivia
Jeffery R. Webber

The streets of the city of Potosi, 600 kilometres southeast of the capital of La Paz, are desolate, distended with the uncollected garbage of 18 days of a general strike and popular revolt against poverty. Over 700 vehicles are trapped in road blockades at Villa del Carmen, Betanzos, Chaqui, Dan Diego and elsewhere, separating Bolivia's poorest department (state) from its neighbouring territories, as well as from Argentina and Chile. Stores are closed, and public and private institutions boarded up, along with schools, markets, and banks. Cash machines are out of money, food and fuel supplies are low, and inflation is lifting the prices of remaining basic commodities into the clouds. Only vehicles authorized by Potosi's Civic Committee – the umbrella organization through which the protests have been organized – are permitted to navigate the streets, although some Potosinos, as residents of this city of 160,000 are known, make their way on bikes and motorcycles through the few internal streets that remain passable. The dynamite of miners is set off from time to time to remind people that this is a city in revolt, even if negotiations with the government – after six aborted efforts – have finally begun in the neutral city of Sucre. The Poor Shut Things Down The avenues and alley ways of Potosi are adorned with red and white – the colours of the department – and roughly 500 blue tent stations are scattered in different locales, providing shelter for possibly 1,000 people on hunger strike, including the governor, who is a member of the ruling party but has temporarily broken ranks under grassroots pressure.[1] Two MAS congress persons also joined the hunger strike initially, but were then successfully pressured into abandoning that route by higher-ups in the party. In recent days, over 100,000 people have taken to the streets in marches. Peasants from nearby Jatun Ayllu Yura (independent indigenous community) physically occupied the hydro-electrical station that supplies power to the biggest mine in the department, San Cristóbal, run by a Japanese multinational, and the site of major worker and peasant disputes earlier this year.[2] San Cristóbal is losing $2-million (US) per day in exports. $500-thousand (US) is lost daily from the cooperative mining sector. Tourism is dead in Potosi, at the peak of its season (unless we count the few beleaguered backpackers still stuck in the area). “This is going to affect the entire Gross Domestic Product (GDP),” said Minister of Economy and Finance, Luis Arce, a prestigious expert in the inane and obvious. “We hope that the conflict will be resolved so that it will not have major economic impacts on the country.”[3] The protests began on July 30 with a 48 hour general strike to drive home popular disaffection with the government's failure to respond to a series of electoral commitments made to the destitute department. These agreements had first been outlined in a petition delivered by the Civic Committee to Morales back in 2009. The 48 hour strike was extended to an ongoing action with indefinite end when the government's response was silence.[4]
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The favoured government tactic has been to exhaust the strike through inattention, but this has seemed only to radicalize and broaden the base of support for Potosi's militancy around six principal, immediate demands: (1) resolution of department borders between Potosi and Oruro, particularly around the mountain of Tahua, rich in the rock base used for cement production; (2) the immediate installation of a promised cement factory in the community of Coroma, to create jobs; (3) the reopening of a metal processing plant in Karachipampa; (4) the structural preservation of the overmined Cerro Rico (the massive, historically and symbolically crucial mountain that towers over the city of Potosi); (5) the construction of an international airport in the department to attract tourism; and (6) the completion of promised highways.[5] So we're dealing with the poorest department in the country (where life expectancy is dramatically below the national average), which gave roughly 80% support to the MAS in the last elections, rising up in a protest against neoliberal continuity and the failure of basic responses to endemic poverty. The class character of the protest is complex. Some of the leadership is clearly composed of cooperative miners. The richer layer of the cooperative miners is basically constituted by reactionary petty capitalists working together with transnationals in Potosi against the rights of state-employed miners.[6] Also in the leadership are other sectors that might accept merely a clientelistic buy-out by the MAS to “solve” the situation. But the rebellion has matured into something much, much larger. Eighteen days of general strike (total lockdown of the city) and a thoroughly impenetrable regime of coordinated road blocks are not easily carried out absent mass popular support. While ostensibly led by the Civic Committee of Potosi, in which the cooperative miners play a partially determining role, the sectors in revolt also include communities of indigenous peasants, various unions of the formal working class, the informal urban poor, organized sex workers, university students and professors, artists and intellectuals, and even the city's soccer team.[7] “The historical necessity of the region, to which no government has ever attended,” sociologist José Mirtenbaum suggests in a recent op-ed, “produces these types of just and legitimate demands, which speak to all citizens. The qualitative magnitude of the historical causes are too enormous to measure. It's absolutely legitimate that a population takes to the streets to reclaim their natural resources and for other demands that have much to do with their symbols,” as a people.[8] Neoliberal Mining and Uneven Capitalist Development “In search of profit and driven to compete,” Marxist geographer Neil Smith reminds us, “capital concentrates and centralizes not just in the pockets of some over the pockets of others but in the places of some over the places of others.”[9] With the crash of tin prices in 1985 and the onset of 15 years of brutal neoliberal restructuring in Bolivia, capital increasingly vacated the impoverished department of Potosi – once the silver capital and slave graveyard of the Spanish Empire – and entered the new dynamic centre of Bolivian accumulation – the agro-industrial, hydrocarbon-rich, and narco-fuelled right-wing heartland of Santa Cruz. However, with the onset of the commodities boom in 2002, and still today, even in the midst of the ever-mutating global crisis, transnational capital has found its way back to mineral-rich Potosi. Unfortunately, with the continuity of neoliberal mining policy under the government of Evo Morales, the bulk of the wealth generated by mineral exploitation continues to be repatriated to imperial countries outside of Bolivia, leaving only poverty, unemployment, regional underdevelopment, and environmental contamination in its wake. This is the backdrop to the extraordinary and ongoing popular revolt against poverty we've witnessed in Potosi since it first broke out, 18 days ago, on July 30, 2010. Again, the crux of the situation is that the mining regime that prevails in Potosi, as elsewhere in the country, is
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fundamentally neoliberal, and that this is a MAS strategy, not a deviation from their plan, or a distortion by disgruntled state bureaucrats, leftover from old regimes.[10] For example, a recent study of a Canadian subsidiary, Pan American Silver, operating in the department through a shared-risk contract with the state company COMIBOL (COMIBOL effectively controls about 30% of the project), shows that the company will pay merely 17% taxes and royalties on projected gross sales value over the next 30 years. The taxes going to the municipality where the company is located, one of the poorest in the country, are just over 0.5%. This is straightforward looting. By comparison, in various shared risk contracts in Chile (hardly a socialist haven) taxes and royalties going to all levels of the state amount to up to 51%, whereas, in Peru, it's on the order of 26%.[11] The hegemony exercised by transnational capital in the mining sector in Bolivia calls into question the viability of the Morales government's commitment to “harmony” and “equity” between different forms of property (state, private, communitarian, and cooperative), or what it terms a “plural economy.” Vice-President Álvaro García Linera has theorized the independent development paths of different forms of property under the rubric of “Andean-Amazonian Capitalism,” but his theory resolutely fails to account for the overwhelming dominance and power of private property – under the control of transnational capital – in the underdeveloped capitalist socio-economy of Bolivia. In mining, the role of COMIBOL has been entirely marginalized and the power of transnational mining capital to loot continues unabated.[12] Reconstituted Neoliberalism Neoliberal continuities in Bolivia's political economy under Morales are not restricted to mining, and this is increasingly evident to perceptive thinkers from across the political spectrum. “What has changed in these last few years,” asks Roberto Laserna, one of Bolivia's most renowned neoliberal intellectuals. “A lot, if one observes the process in terms of its discourse and symbols and maintains a short-term perspective. But very little if one is attentive to structural conditions and observes the economic and social tendencies with a longer-term view.”[13] I rarely agree with Laserna, but on this point he is precisely on target. Most of Morales' first four years can be described, from an economic perspective, as high growth and low spending. Prior to the fallout of the worldwide economic crisis, which really started to impact the Bolivian economy in late-2008 and early-2009, the country's gross domestic product (GDP) had grown at an average of 4.8 per cent under Morales. It peaked at 6.1 per cent in 2008, and dropped to an estimated 3.5 per cent in 2009, which was still the highest projected growth rate in the region. This growth was based principally on high international prices in hydrocarbons (especially natural gas) and various mining minerals common in Bolivia. Government revenue increased dramatically because of changes to the hydrocarbons tax regime in 2006. But fiscal policy remained austere until the global crisis struck. Morales ran budget surpluses, tightly reigned in inflation, and accumulated massive international reserves by Bolivian standards. Public investment in infrastructure, particularly road building, increased significantly, but social spending rose only modestly in absolute terms, and actually declined as a percentage of GDP under Morales. Fiscal policy changed in 2008 and 2009, as a consequence of a sharp stimulus package designed to prevent recession in the face of the global crisis. The social consequences of reconstituted neoliberalism – whatever the rhetoric of sympathisers on the international left – have been almost no change in poverty rates under Morales, and deep continuities in social inequality. Both of these axes persist as monumental obstacles standing in the way of social justice in the country.[14] The realities of these dynamics do not escape even some hard-line supporters of the government, such as Ariel Vergara Garnica, Excecutive Secretary of the Federación Sindical Única
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de Trabajadores Campesinos de Tarija (Federation of Peasant Workers of Tarija, FSUTCT). In a recent interview, after praising the government's respect for human dignity, responsible development, and Mother Earth, Vergara Garinca was asked about the economy under Morales: “Bolivia has grown economically at a rate of approximately 4 per cent [under Morales]; however, in spite of the fact that many say that this growth has brought big economic benefits for Tarija [a hydrocarbons-rich department in the eastern lowlands], these aren't being felt by the people, because they have been concentrated in a few hands, and have never reached the general population.”[15] At the same time, this dynamic has been recognized recently by no less an establishment authority than the World Bank Director for the Andean Region, Felipe Jaramillo. In an exclusive interview with La Paz daily Página Siete this week Jaramillo did begin with a call for improvement in the Bolivian investment climate – an aural tick not easily cast aside after years spent as a PhD student in the economics department of Stanford, followed by a stint as Vice-Minister of Finance in Colombia, and then World Bank posts in Asia and Europe. Grounding himself in the data, however, Jaramillo praised the macroeconomic management of Morales, particularly his government's fiscal and monetary austerity, commitment to extremely low inflation, and unprecedented accumulation (by Bolivian standards) of international reserves.[16] This assessment explains why, earlier in the week, the World Bank agreed to provide Bolivia with $150million (US) in concessional loans for various projects, loans which are of course subject to a series of neoliberal conditionalities with which the Morales government appears set to comply. The same is true of a $30-million (US) loan from the Inter-American Development Bank agreed to simultaneously.[17] The Rupture in Potosi and the Rising Discontent of the Popular Classes Negotiations have now started with the government in Potosi, but it's hard to exaggerate the significance of this break with the MAS, and the ways in which the government's populism will be unable to contain the growing discontent from urban and rural popular classes. For example, the factory workers of La Paz, who supported the MAS officially in the December 2009 elections, have now distanced themselves from the government. This was made clear in a series of strike actions in April and May 2010, alongside urban teachers, miners, and health care workers.[18] The political-ideological orientation of the Federation of Factory Workers of Cochabamba, led by former shoe-factory worker Oscar Olivera, reflects an even deeper schism with Morales. The powerful urban indigenous-proletarian organization, FEJUVE-El Alto (Federation of Neighborhood Councils of El Alto), for the first time in four years, has changed course. Following recent elections, the new leadership has a mandate to follow the latest set of resolutions, drafted at a Congress at which thousands of representatives from the impoverished neighbourhoods of El Alto had a voice. The new resolutions state explicitly that this government represents neoliberal continuity;[19] three members of the new executive board come from a recently-established revolutionary federation of neighbourhood councils in the city.[20] There will be major conflicts, possibly large-scale strikes, over the proposed pension law which is abysmal and which will affect the entire formally-employed working class. Further demonstrations are also likely to grow around the government's new hard-line approach to cracking down on “contraband.” Whereas many on the left would be on board with measures against contraband mafias and narco-trafficking thugs, the reality in Bolivia is that the new measures are going to throw tens of thousands of informal workers out of work with no alternative means of employment. Other prominent breaches between the government and popular organizations emerged this year. Particularly salient were those with the lowland indigenous organization, CIDOB, which the government accused of being a puppet of the United States Agency for International Development
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(USAID), and the coca growing peasants of the Yungas region of the department of La Paz, which split with the government after a dispute between peasants and the Morales administration over development projects in Caranavi. These fractures between the popular classes and a government that continues to insist it represents them are very distinct phenomena from the right-wing destabilization campaigns in Sucre, Santa Cruz, and Tarija in the last few years, or the related peasant massacre in the community of Porvenir, carried out by functionaries of right-wing governor of the department of Pando on September 11, 2008. The government, in this context, was correct to assume a gladiatorial stance against imperial meddling. In the latest face-offs with popular groups, the fantasy that the discontent of the exploited and oppressed has simply been artificially engendered by Empire reflects an unsavoury attachment by elements of the Morales administration to the Stalinist witch hunts of the past. While committed to the defence of the Morales administration against destabilization campaigns from the domestic right and various imperialist forces, these popular currents are also beginning to believe that the break with neoliberalism actually introduced in recent years has been exaggerated by the Morales administration. Rather than waiting for transformative change to come from on high in the form of state officials aligned with the MAS, the new struggles are reclaiming agency – an agency rooted in the struggles and capacities of the exploited and oppressed themselves, working independently from the MAS. The ability of Morales to play the distant saviour, to reduce recurrent instability to mere manifestations of internal party problems, “bad-apple” ministers, disloyal bureaucrats, and social movements manipulated by nefarious CIA and NGO agents, is losing plausibility rapidly amongst the population. As much as he deigns to, Morales cannot stand above the class struggle and inherent contradictions in the capitalist development model to which his government has wedded itself. At the moment, the Bolivian President is attending the Social Forum in Paraguay as a special guest, while several of his top Ministers are back at home in Sucre attempting to resolve the crisis in Potosi.[21] It is likely that a short-term agreement will be hashed out and temporary stability restored. However, unless the Morales government takes the unlikely turn toward abandoning its bourgeois alliances and committing itself to the authentic anti-capitalist and indigenous-liberationist demands of the popular revolts of the 2000-2005 insurrectionary cycle, the Potosi uprising is likely just the beginning of things to come. Jeffery R. Webber teaches politics at the University of Regina, Canada. Beginning in September, 2010 he will be a Lecturer in the School of Politics and International Relations at Queen Mary University of London. He is the author of Red October: Left-Indigenous Struggles in Modern Bolivia (2010), and From Rebellion to Reform in Bolivia: Class Struggle, Indigenous Liberation and the Politics of Evo Morales (2011). He is currently in La Paz, Bolivia. Notas al pie
1. “La Villa Imperial está unida, movilizada y desabastecida,” La Razón , August 12, 2010; “El Gobernador de Potosí está en terapia intensiva,” La Razón , August 12, 2010; “Hay ministros que no están con el proceso de cambio,” La Razón , August 11, 2010; “Conflicto en Potosí es el más largo desde la caída de Goni,” Pagina Siete, August 14, 2010. 2. Juan Carlos Véliz, “El diálogo naufraga y Potosí radicaliza sus movilizaciones,” Página Siete , August 11, 2010; “Minera San Cristóbal para labores con pérdidas día de $2-millones (US),” La Razón , August 12, 2010. 3. “El conflicto afectará el crecimiento económico,” La Razón , August 14, 2010.
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4. Eugenio Paz, “Demandas históricas irresueltas,” Página Siete , August 14, 2010. 5. Editorial, “Potosí sin salida,” Pulso , August 15, 2010. 6. This layer, for example, often no longer engages in direct mining activities, but rather hires poor “cooperative” miners at super-exploitative wages. The rich layer of cooperative miners has even become known as the “nueva rosca,” or the new mining political-economic elite of the region. See Jaime Chumacero, “Potosí entre la eterna frustración y su incierta combatividad,” Pulso , August 15, 2010. 7. “Conflicto en Potosí es el más largo desde la caída de Goni,” Página Siete , August 14, 2010; “El Origen del conflicto fue la caliza,” Página Siete , August 14, 2010. 8. Jose Mirtenbaum, “No se puede medir la magnitude,” Página Siete , August 14, 2010. 9. Neil Smith, “The Geography of Uneven Development,” in Bill Dunn and Hugo Radice, eds., 100 Years of Permanent Revolution: Results and Prospects , London: Pluto, 2006, p. 189. 10. For an alternative view, see Frederico Fuentes, “Bolivia: Social Tensions Erupt,” The Bullet , August 20, 2010, available online at:www.socialistproject.ca/bullet/404.php. 11. Juan Collque and Pablo Poveda, “Hegemonía transnacional en la minería boliviana,” Le Monde Diplomatique , edición boliviana, agosto de 2010. 12. Juan Collque and Pablo Poveda, “Hegemonía transnacional en la minería boliviana.” 13. Roberto Laserna, “El cambio que no cambia,” Pulso , August 8, 2010. 14. Drawing on data from Bolivia's National Institute of Statistics, the best study thus far charts poverty and extreme poverty trends up to 2007, which are the latest available figures. The study notes that since 2005 there has been only marginal change in the poverty rate, and that this change has been slightly upward, from 59.9 per cent of the population in 2005 to 60.1 per cent in 2007. Levels of extreme poverty increase from 36.7 to 37.7 per cent over the same two year period. At the same time, other categories relevant to living standards highlighted, such as household density, and access to electricity, running water, and sewage systems, all show modest improvements between 2005 and 2007. It is possible that poverty levels have improved since 2007, and it should also be noted that these figures do not take into account improvements in the social wage of workers and peasants – ie any improvements in social services for the poor. Again, however, social spending has actually declined as a percentage of GDP under Morales, even as it increased in real, inflation-adjusted terms. The record on poverty shows that there is little to celebrate. The key data here is derived from Mark Weisbrot, Rebecca Ray, and Jake Johnston, Bolivia: The Economy During the Morales Administration , Washington, DC: Center for Economic and Policy Research, December 2009, p. 16. It ought to be noted the poverty figures from ECLAC do not correspond with the figures discussed here. The latest ECLAC publications provide national figures for 1999 and 2007, and claim that there has been a downward shift in Bolivian poverty from 60.6 per cent poverty to 54 per cent poverty between these years. See ECLAC, Anuario Estadístico de América Latina y el Caribe, 2009, Santiago: ECLAC, 2009, p. 65. Inequality, likewise, remains a huge barrier to achieving social justice in the Bolivian context. Between 2005 and 2007 income inequality, as measured by the Gini Coefficient, declined from 60.2 to 56.3. Figures for the distribution of Bolivian national income show that the poorest 10 per cent of the Bolivian population received 0.3 per cent of national income in 1999, and still received only 0.4 per cent by 2007, the last available figure. Meanwhile, the richest 10 per cent of the population took home 43.9 per cent of national income in 1999 and precisely the same percentage in 2007. If we broaden our perspective, to compare the bottom and top fifths of the social pyramid, we reach similar conclusions. The poorest 20 per cent of society took in a mere 1.3 per cent of national income in 1999 and, in 2007, a still-paltry 2 per cent. The richest 20 per cent of the population pocketed 61.2 per cent of national income in 1999 and 60.9 in 2007. In other words, there has been almost no change on either end of the scale in terms of the redistribution of income, never mind the redistribution of assets. See, Mark Weisbrot, Rebecca Ray, and Jake Johnston, Bolivia: The Economy , p. 18 for inequality figures employed here. 15. Quoted in Danitza Pamela Montaño T., “La economía, el reto para consolidar el nuevo Estado,” Pulso , August 8, 2010.
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16. “ 'Hay que mejorar el clima de inversión': El máximo del Banco Mundial en la región mira a Bolivia,” Página Siete , August 15, 2010. 17. Demmis Valenzuela, “BM asegura recursos para tres proyectos: Con un aporte de $140-millones (US),” Página Siete , August 11, 2010; “BID entrega $30-millones (US) para apoyar la gestión pública,” Página Siete , August 11, 2010. 18. Personal interview with Wilson Mamani, Executive Secretary of the Federation of Factory Workers of La Paz, August 11, 2010. Also see, Jeffery R. Webber, “Evo Morales and Bolivia's Reconstituted Neoliberalism,” International Socialist Review , forthcoming (September-October, 2010). 19. Raúl Zibechi, “Movimientos-Estados-movimientos,” La Joranda , July 16, 2010. 20. Personal interview with Carlos Rojas, ex-leader of FEJUVE-El Alto , August 10, 2010. 21. “El diálogo avanza pero Potosí mantiene el paro y el bloqueo,” Pagina Siete , August 15, 2010; “IV Foro Social: Presidente Morales viaja a Paraguay,” Página Siete , August 15, 2010; “El diálogo se abre en Sucre, pero sigue el paro y bloqueo,” La Razón , August 14, 2010.

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7-9-2010 Para Kaos en la Red

Bolivia: normativa, descolonización y los retos de la transición al socialismo comunitario
María Teresa González Herrera

El panorama actual de Bolivia resulta bastante llamativo dada las particularidades de las transformaciones acaecidas, así como las potencialidades permanentes relacionadas con el perfil de sus movimientos sociales y su población. A estas alturas, según el vicepresidente, el país se encuentra en una etapa de consolidación de los cambios en los ámbitos político, económico y social (1). Pero de acuerdo con las declaraciones y acciones del actual gobierno ¿En qué medida este proceso comprende transformaciones reales a las estructuras de dominación colonial? Y ¿Cuál es la relación entre el proyecto de descolonización y el de transición al socialismo comunitario? Son dos preguntas que buscamos contestar y que esperamos fomenten más debates sobre estos temas. En este artículo analizo los retos principales que enfrenta el gobierno de Evo Morales y el MAS en el camino a la descolonización y su relación con el proyecto orientado al socialismo comunitario. Los antecedentes inmediatos a este análisis se remontan a la última década, durante la cual Bolivia vivió un importante proceso de turbulencia inaugurado por la lucha-defensa de los recursos naturales. Es innegable que las guerras por el agua en Cochabamba (2000) y gas en El Alto (2003) fueron la prueba fehaciente de la crisis en la que se encontraba el Estado; al mismo tiempo marcaron el inicio de lo que posteriormente devino en la transformación estatal sobre todo en el ámbito simbólico. Esta coyuntura política, instaló el clima que permitió la desnaturalización de estructuras de larga duración y el cuestionamiento de las categorías fundadoras del Estado colonialliberal. Durante estos años, el perfil de Bolivia a través de sus movimientos sociales, se identificó con la de una izquierda anti-imperialista y en algunos aspectos anti-capitalista que dentro del marco legal, modificó las normas políticas; es decir, que obedeciendo las leyes le fue posible cambiarlas/ persuadirlas. En este país fue factible el ascenso al poder por medio de la contienda electoral, para posteriormente pretender transformaciones a la configuración del Estado. El ascenso de Evo Morales a la presidencia, dado su origen étnico y político representa el parte-aguas que hizo posible proyectos hasta entonces inimaginables. En el 2006 durante el discurso de toma de protesta a la presidencia, el primer presidente indígena menciona en pocas palabras lo que se venía para el país de manera insólita: "El Estado colonial murió. Está naciendo el nuevo Estado plurinacional, autonómico y solidario". (2) Sin embargo, el gobierno del MAS poco a poco fue descubriendo que la trasformación del Estado supone más que cambiar el apellido de 'colonial' a 'plurinacional'. El reconocimiento de la composición heterogénea del Estado, por diferentes naciones, perfectamente continúa en convivencia con estructuras añejas heredadas de la historia colonial, como el racismo. Incluso, el aparato burocrático legado del modelo liberal que se incorporó a la escisión de la sociedad por ascendencia étnica, vive para presenciar el llamado estado Plurinacional. ¿Cómo fue esto posible? Creemos que desde el inicio al declarar la guerra contra el estado colonial, fuera de la discriminación, no se reconocía a ciencia cierta la cara del Estado colonial contra
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la que se lucharía. Entonces se denominó proceso de descolonización a todo el paquete de proyectos del MAS, aunque para muchos sólo consistiera en 'indianizar' puestos del aparato burocrático en función de lealtad por origen étnico y no por competencias. En este proyecto de descolonización inaugurado desde el primer período de gobierno del MAS, se trabajó con una lógica de 'dar la vuelta a la tortilla' (valga la expresión), es decir, que ahora los indígenas ocuparían los cargos que otrora habían sido vedados por su origen étnico. Sin embargo, no se cuestionó la existencia misma de ciertas relaciones e instituciones que implican relaciones coloniales y que continúan vigentes. A este 'proceso de cambio' en Bolivia, en un sentido genérico, también se le conoce como 'proceso de refundación', mencionaremos los criterios que permiten delimitarlo y los alcances reales de dichos cambios. El proceso de refundación o proceso constituyente boliviano trasciende a la "etapa" de la Asamblea Constituyente, que supuso la convocatoria para asambleístas, redacción y aprobación del texto constitucional. El primer criterio es que durante este proceso se cuestionaron los conceptos pilares sobre los que descansaba el Estado liberal. El concepto de Estado monocultural, la ciudadanía, democracia, conceptos que en otro tiempo fueron bases incuestionables de la sociedad, pero que no explicaban ni comprendían la complejidad de la realidad nacional. Otro aspecto para delimitar el proceso de refundación son las propuestas alternativas a la figura y acción del aparato estatal, provenientes de espacios no oficiales; nos referimos a las formas de auto-gobierno que corrieron paralelas a los modelos oficiales, pero que en este proceso recobraron espacios y transcendencia ante la ineficacia de aquellos emanados por el oficialismo. Como vemos, la genealogía e inicio del proceso constituyente, estuvieron relacionados con las acciones de los movimientos sociales; entonces los alcances y el finiquito del dicho proceso no puede estar más que regulado por los movimientos que establecieron su comienzo. Sin embargo, cuando asciende al poder el MAS, denominado el gobierno de los movimientos sociales, se apodera de las demandas y se convierte en el eje de transformación social, dicta nuevos vectores que regirán el 'proceso de refundación', bloqueando en muchos espacios la movilización y soslayando determinadas propuestas. Pero según el vicepresidente Álvaro García, Bolivia se encuentra en la etapa del "Estado Integral" que supone el perfil Plurinacional del Estado y la nueva legislación que lo permite, está aprobada, es decir, la nueva Constitución Política. Pero cómo solidificar un cambio en el que las naciones indígenas, sobre todo las de tierras bajas, no se sienten representadas y conformes con los requisitos para su autonomía y representación real. Normativa y descolonización En este proceso 'refundacional', la aprobación de una nueva Constitución Política es un elemento importante, pues con ella se establecerían las normas que harían posibles las instituciones y la configuración del nuevo orden del Estado que acabase con las relaciones coloniales. El proyecto de la descolonización en la administración pública en Bolivia, supone diversos elementos acordes con la plataforma política del MAS, por ejemplo, la lucha contra la corrupción, la erradicación de la discriminación y el racismo, el rescate de las culturas de los pueblos indígena originario campesinos. Asimismo, durante los próximos años se dictarán las normas y leyes que hagan posible u operacionalicen las reformas y/o los nuevos artículos en la Constitución. Esto se hace mediante decretos presidenciales destinados a establecer la equidad e igualdad para todos los bolivianos independientemente de su origen étnico o de cualquier tipo. Este apartado está destinado al análisis de aquella normativa relacionada con la erradicación de los rastros coloniales en los espacios de la vida política y social. La Asamblea Constituyente para la redacción del texto constitucional fue instalada en agosto de 2006 y concluyó sus sesiones en diciembre de 2007. La modificación de artículos mediante acuerdo políticos que, en la práctica poseen más peso que el contenido de la misma Constitución Política del Estado, son un claro ejemplo de lo que al final resulto este proceso. Con modificaciones en más de doscientos artículos y
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con un texto final de cuatrocientos once artículos; se aprobó mediante referéndum popular el 25 de enero de 2009. Con demasiada intervención de la derecha en el texto constitucional, éste fue ratificado, y a pesar de los cambios anunciados, el gobierno del Evo Morales, ha reproducido en algunos espacios las vetustas formas de relación del Estado colonial frente a las naciones indígenas, que más adelante analizaremos. El proceso de refundación, del que hemos hablado, no termina con la aprobación de la Constitución, supone además la consolidación de los cambios supuestos en el texto jurídico. Entre la normativa que será aprobada durante el 2010 se encuentra la Ley Marco de Autonomías y Descentralización, la Ley del Órgano Electoral Plurinacional, la Ley del Órgano Judicial y la Ley del Tribunal Constitucional Plurinacional y la Ley del Régimen Electoral. Mencionamos aquí buena parte de la normativa relativa al proceso de descolonización puesto en marcha por el Movimiento al Socialismo (MAS) leyes y decretos relacionados con el proyecto de descolonización que resulten llamativos dada su originalidad y transcendencia. Al mismo tiempo, esta normativa denota el perfil del proceso de descolonización en Bolivia. Existe legislación relacionada con el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas que busca la descolonización de la propia ley, por ejemplo, Decreto Supremo 0231: "Reglamenta la Disposición Final Tercera de la Ley N° 4021, de 14 de abril de 2009, Régimen Electoral Transitorio, estableciendo los requisitos y procedimientos para la convocatoria y realización de referendo municipal de consulta para adoptar la condición de Autonomías Indígena Originario Campesinas, a realizarse el 6 de diciembre de 2009." (3) La posibilidad de la autonomía indígena originario campesina en un municipio mediante referendo en el mismo, cumple con lo establecido en la Constitución Política del Estado de acuerdo al Párrafo I del artículo 291. La forma de organización política en los municipios indígenas se descoloniza desde que es posible elegir a sus autoridades de acuerdo a su ideología y costumbres, sin embargo, el establecimiento de requisitos emanados del Estado para otorgar y regular la autonomía deja ver claramente las contradicciones. Un Estado Plurinacional como Bolivia puede ser realmente soberano cuando las naciones que lo componen tengan autonomía para elegir a sus representantes, decidir sobre su territorio su organización político-social y el destino de los recursos naturales de su territorio. Existe otro tipo de decretos que a nivel nacional buscan la igualdad en espacios que por quinientos años siempre fue desventajoso para los indígenas y las clases subyugadas. Es el caso de la legislación que permitió la aprobación del Plan Nacional de Desarrollo- PND "Bolivia Digna Soberana, Productiva y Democrática para Vivir Bien" aprobado por decreto supremo no. 29272: "ha previsto una política de implementación de Protección Social y desarrollo integral comunitario con la finalidad de erradicar la pobreza, extrema pobreza, la inequidad, discriminación, marginación, toda forma de exclusión y explotación, a objeto de lograr un patrón equitativo de distribución y/o redistribución de ingresos, riqueza, oportunidades..." (4) Resulta sumamente importante, ya que este decreto promueve la erradicación de las causas estructurales de la pobreza, beneficia a los jóvenes en la inserción laboral para evitar la discriminación por cuestiones de edad, género, o condición económica. Las diferencias cuantitativas y cualitativas en la aprobación de decretos contra la discriminación y relaciones coloniales para oriente y occidente salta a la vista. Parece que el gobierno quiere compensar el descuido y desconocimiento que por décadas gobiernos anteriores tuvieron con los pueblos de tierras bajas. "El Decreto Supremo No. 29292, de 3 de octubre de 2007, crea el Consejo Interministerial para la Erradicación de la servidumbre, el trabajo forzoso y formas análogas y pone en ejecución el Plan Interministerial Transitorio 2007-2008 para el Pueblo Guaraní."
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La servidumbre en el trabajo es una de las formas más claras de opresión neo-colonial, detrás está el mito de la superioridad de un grupo étnico o social. Por muchos años se transgredieron los derechos más fundamentales de los pueblos que habitan al interior de haciendas. A través de este decreto se busca la erradicación del trabajo forzoso y con ello impide la subyugación de un grupo en función de su procedencia étnica. Este decreto posibilita también trabajos que no esté ligados a la explotación y servidumbre, promoviendo la creación de las labores que dignifiquen a quien los realiza. El art. 398 de la CPE prohíbe el latifundio y la doble titulación por contrarios al interés colectivo y desarrollo del país. El saneamiento de tierras y otorgamiento de títulos, permite a los grupos a quienes se les restituye sus territorios ancestrales, contar con una base para desarrollar su labor productiva y terminar con la dependencia hacia patrones terratenientes. Esto aplica para los departamentos de Santa Cruz, Tarija y Chuquisaca donde más se ha presentado esta situación. Al respecto, también la Ley 4087, aprobada el 21 de agosto de 2009 (5).- Declara Héroes Nacionales a los ex-combatientes de la guerra del Chaco declarados beneméritos de la patria. La guerra del Chaco tuvo la participación masiva de indígenas guaranís e indígenas del altiplano que fueron obligados a pelear incluso entre comunidades del mismo origen indígena. El hecho de que el reconocimiento a los combatientes de la Guerra del Chaco haya sido aprobado recientemente deja ver el hecho muchas veces negado de que la lucha de los pueblos de tierras bajas fue por mucho tiempo opacada por las célebres batallas de los criollos y mestizos e incluso por las de los pueblos de altiplano. Mediante la Ley 4052- 7 de julio de 2009, "Declara héroe nacional y mártir de la lucha por la liberación, soberanía y dignidad del Pueblo Guaraní a "Apiaguaiki Tumpa". El reconocimiento de los héroes indígenas a nivel nacional, recupera su historia como comunidad, promueve su identificación en todo el país y enaltece su memoria de lucha por la liberación. El colonialismo en estos tiempos, también se encarna en dependencia económica, alimentaria o de cualquier tipo hacia países económicamente más poderosos. El apoyo para la producción agropecuaria beneficia la soberanía alimentaria de Bolivia hacia el exterior, es decir, también se han aprobado decretos que promueven la descolonización en el ámbito internacional. Otra medida consiste en incentivar el consumo de productos nacionales con ello activar la economía y favorecer la circulación de capital al interior del país. Empero, la dependencia al financiamiento de países desarrollados para la implementación de proyectos sociales continúa en el gobierno que se ha declarado descolonizador. En este proceso constituyente en Bolivia durante el cual se re-formularon los valores que dirigirán el accionar del Estado y se incorporaron elementos de la ética-cosmovisión de los pueblos originarios para consolidar una propuesta alternativa al capitalismo, muchos de estos valores han quedado en el papel debido a que las leyes restringen su uso a las áreas rurales. A nuestro parecer, esta Constitución es muy moderada y tolerante en diversos ámbitos; incluso con aquellas estructuras que permiten la discriminación y el racismo. Cuando se instaló el camino del cambio en términos de plurinacionalidad y autonomías, en sus distintos niveles, implicó además la necesidad de nuevos valores rectores de la vida social, aquellos de las comunidades ancestrales fueron el eje que comenzó a marcar el rumbo. Pero fue de esta mezcla entre los valores de la comunidad andina, y en menor medida de las comunidades de tierras bajas, aparejado con el proyecto de desarrollo económico para acabar con la dependencia de Bolivia de donde surgió el proyecto del MAS. En el rescate de la relación del ser humano con la naturaleza en el mundo andino (Pacha mama), la reciprocidad en las relaciones sociales, pero sobre todo en el respeto al ser humano se descubrieron claras coincidencias con el socialismo. Capitalismo, capitalismo andino, socialismo comunitario u otra cosa Decidimos emplear estos -estos elementos de análisis (descolonización y socialismo comunitario) porque consideramos son los actuales ejes rectores del cambio en el proyecto del MAS. Consideramos también que estas categorías deberán adaptarse a la realidad boliviana, dada la
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complejidad y particularidades de ésta. Durante todo el primer periodo de gobierno (2005-2009) se habló del 'Capitalismo andino-amazónico' para denominar al proyecto económico. En realidad se buscó dotar de un lado humano y respetuoso de la naturaleza al sistema capitalista, tan incompatibles como agua y aceite. En realidad se trataba de un modelo de desarrollo que atrajera a los empresarios nacionales y las inversiones extranjeras. El capitalismo con apellido que se le ponga, no puede proteger lo que ha destruido en muchos espacios, a saber, las sociedades de trabajo comunitario, las redes de cooperación y reciprocidad y ni se digan los sistemas de economía alternativos. Desde el primer gobierno del MAS, varios intelectuales (6) en América Latina cuestionaron oportunamente el rumbo del país, en lo que se inclinaba, en sus palabras "más parece un neoliberalismo con rostro andino, o sea el impulso del capitalismo colonial para un nuevo momento histórico" (7) Dicho lo anterior, ese modelo no respondía a la realidad económica ni a la composición social del país y las muestras de desacuerdo no se hicieron esperar. "La política del Gobierno del MAS que apostó por el capitalismo andino y el gobierno compartido, por la defensa y protección de trasnacionales, empresarios y terratenientes; por la reproducción de las formas de acumulación y dominación impuestas por la recolonización y respuesta a algunas de las demandas de los sujetos de la resistencia étnico-clasistas contra la recolonización/colonialidad del poder, las estructuras globales de poder con sus ramificaciones y consecuencias a través de la confrontación de estrategias en el espacio andino-amazónico." (8) A inicios de 2010, después de la toma de protesta para el segundo periodo de gobierno del MAS, comenzó de manera intensa el debate sobre el nuevo panorama que se inauguraba. Entre los objetivos principales que impulsan la propuesta del socialismo comunitario se encuentra la derrota del imperialismo en tierras bolivianas. Acorde con el pragmatismo del Estado, el nuevo modelo se inscribe en un panorama de 'ensayo y error' que concibe en parte a Bolivia como un laboratorio gigante de proyectos. Pero la vida de seres humanos está de por medio en este 'laboratorio'. Lo que en realidad se hacía con esta decisión sobre un nuevo modelo político-económico y social, fue el ejercicio a su derecho a no reproducir el capitalismo dado sus efectos negativos para la naturaleza y la humanidad. En Bolivia esta corriente del socialismo está caracterizado por la importancia concedida al bien común, que resulta ser el 'bien vivir' en sus diferentes versiones en las naciones indígenas. Dicho proyecto se aproxima al socialismo-democrático y el sector obrero-campesino constituye el núcleo del cambio y sus valores son la línea que este nuevo orden pretende instaurar. La situación del cambio en el país, nos recuerda a 'la hegemonía del proletariado', en palabras de Gramsci: "El proletariado puede convertirse en la clase líder y protagonista en la medida que tenga éxito en la creación un sistema de alianzas entre clases que permita la movilización de la mayoría de la población trabajadora contra el capitalismo y la burguesía del Estado. Esto significa que, en las relaciones de clase tal como existen en Italia, el proletariado, será exitoso en la medida en la que consiga el consenso de grandes masas campesinas." (9) Este tipo de hegemonía propuesta para el proletariado, indígenas y campesinos en Bolivia, está fundamentado en la unión de intereses comunes, en donde reside su fortaleza. Sin embargo, los intereses comunes se diluyen si se beneficia a un sector más que a otro, el desequilibrio puede propiciar que cada sector retorne a sus formas de lucha por intereses particulares. Por otro lado, el bloque 'indígena originario campesinos' se debilita, los campesinos han comenzado a desmarcarse de las luchas indígenas a partir del problema de tierras. En esta nueva configuración el respeto por la naturaleza, el respeto por la comunidad y sus formas de ver el mundo constituyen la prioridad. No es un proceso encabezado por una élite letrada o intelectual, por el contrario, la base popular constituye su fuerza principal. Acerca de los mecanismos que harán posible este proyecto, la Constitución Política recientemente aprobada ha establecido algunas bases. Al respecto mencionamos algunos ejemplos, la reducción del la extensión del latifundio a través de referéndum, la nacionalización de los
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hidrocarburos. Sobre las medidas citadas recordemos que la reversión de latifundios no es retroactiva, las grandes extensiones de tierra que fueron adquiridos antes de esta ley no serán revertidos a menos que no cumplan con una función económica-social. Además, la nacionalización de los hidrocarburos no significa lo mismo que la expropiación: aún en este país el 18 % de la producción de estos combustibles pertenece a las empresas extractoras de origen extranjero. Respecto a los medios para implantar el nuevo proyecto de Estado, el gobierno ha apostado por la vía pacífica de la transición al socialismo, esto para la oposición resulta en una utopía; quizá porque ellos al ver peligrar sus prerrogativas, son los primeros que han promovido la violencia y el enfrentamiento entre las clases medias con aspiraciones y las clases bajas cansadas de la explotación. Las clases medias desinformadas, principalmente en los departamentos de la media luna, han sido la carne de cañón de terratenientes y empresarios que perciben en el proyecto del socialismo comunitario el final de sus monopolios. Al respecto una cita de Carlos Fernández para referirse a la violencia vista como alternativa, ante la inconformidad. "Una vez constituido un verdadero marco constitucional, todo recurso a la violencia es ilegítimo ('terrorista') e implica la negación misma de lo que hemos llamado 'ciudad'; en ningún caso ni de ninguna forma puede ser considerado una opción ciudadana." (10) El vicepresidente de Bolivia, durante una entrevista cuando habla acerca del panorama al que se enfrentan, explicó: "Estamos hablando de algo diferente al capitalismo, que genera muerte abandono y pobreza". (11) Aunque algunos intelectuales consideran que algo está funcionando mal en el capitalismo cuando lo que genera es más pobreza y ahonda las diferencias, en realidad soslayan que ese es precisamente el correcto funcionamiento de este sistema económico. Mucho se habla de esta transición al socialismo comunitario en Bolivia, pero pocos la comprenden y muchos la han mal interpretado; a continuación realizaremos una caracterización de esta propuesta a partir de las acciones y comunicados del oficialismo siguiendo criterios específicos propuestos por James Petras (12) que permiten evaluar los cambios en ámbitos específicos y denotan los rasgos más distintivos. Ámbito económico a) Relaciones de propiedad y de clase, este proyecto implica la distribución equitativa de la riqueza, la erradicación de la explotación laboral, la producción consciente del medio ambiente, en resumen la erradicación del capitalismo y sus efectos. El socialismo comunitario no está centrado en el Estado, sino en la propiedad colectiva de los medios de producción, aunque el consumo será individualizado a diferencia del comunismo. Se pugna también por la extinción de las clases sociales, lo que hace referencia al comunismo. Según Prada, el proyecto del Gobierno se basa en la crítica al capitalismo hecha por los pensadores alemanes Carlos Marx y Federico Engels en el siglo XIX. "Seremos socialistas en tanto nos basamos en la lucha contra la explotación de la fuerza de trabajo. El socialismo busca recoger la igualación de las condiciones de posibilidad de los grupos, colectividades e individuos en la sociedad". (13) Este proyecto implica también el control de la economía por parte del Estado, así como la participación y consulta a los pueblos indígenas en los proyectos de extracción y venta de los mismos. Al no erradicar al capitalismo de tajo, este proyecto implica la continuidad de la convivencia de diferentes modelos de producción que a mi parecer, lo debilitaría. La convivencia de estructuras ancestrales de economía con el capitalismo es de hecho lo que ha sucedido, habiendo sido desventajoso para las estructuras pre-hispánicas, pues el capitalismo devora a sus adversarios y sobrevive a través de monopolios. Aunque no se han hecho cambios sustanciales que permitan esto, razón por la cual diversos grupos indígenas han manifestado su descontento. b) Salarios y gasto social, lo que se ha perfilado hasta el momento es el aumento de proyectos sociales a manera de bonos como el Juana Azurduy para madres y niños, la
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Renta dignidad para adultos mayores y el bono Juancito Pinto en apoyo a la alfabetización que denota el perfil del gobierno. También relacionado con el aumento de las reservas, en materia de salarios "En los últimos cuatro años sin contar el incremento de éste, es decir del (año) 2006 al 2009, el incremento acumulado ha significado más del 40 por ciento sobre el salario mínimo existente." (14) Ámbito social c) Cambios ideológicos-culturales, los valores referidos a la comunidad tienen que ver en con la solidaridad, la igualdad, reciprocidad, el trabajo colectivo (la mit'a). Cuando se habla de comunidad agraria como base del socialismo se piensa en el ayllu. El canciller David Coquenagua explica: "Para nosotros, los indígenas, lo más importante no es la plata ni lo es solamente el ser humano. Lo más importante para nosotros es la vida. En primer lugar está la madre tierra -nuestra madre naturaleza-, luego las plantas, los animales, las piedras, las estrellas, los ríos, las aguas. En último lugar está el ser humano. Queremos una vida armónica entre el ser humano y la naturaleza. Tenemos varias coincidencias con el socialismo." (15) Lo que tratamos de mostrar es que este proyecto no está exento de imprecisiones como el desarrollismo frente al respeto a la Pacha Mama (madre tierra). Ante la forma como se ha desenvuelto el tema del desarrollo, diversas organizaciones indígenas han mostrado su descontento. Ámbito político d) Cambios en las políticas institucionales, la creación de nuevos ministerios y viceministerios denotan que hay intención de modificar la concepción de un estado ajeno a la sociedad civil y principalmente ausente de la participación indígena popular. García Linera comentó: "Aquí en Bolivia estamos trabajando y apostando por una vía democrática al socialismo. Es posible (...) porque el socialismo es en el fondo una democracia radical. No se tiene que llegar necesariamente mediante la fuerza" (16) Plurinacionalidad y autonomías son dos caminos imprescindibles para la justicia, el proyecto supone que las personas puedan desarrollarse a través de las decisiones sobre el rumbo de sus vidas. De lo que se trata finalmente es de impedir que se establezca nuevamente una oligarquía blanca poseedora de los medios de producción que monopolice el campo de la participación política-social a las naciones indígenas. Entonces los cambios que se realicen en el próximo lustro deberán enraizarse para evitar que gobiernos venideros los revoquen a su complacencia. Es ilustrativo que en este país, un proyecto que promoviera la justicia social, como el socialismo, no podía dejar de lado el legado de las naciones indígenas, el pasado que se vuelve proyecto y dicta el rumbo. Ambos proyectos, a pesar de los buenos deseos, si no cuentan con la participación y aprobación de los pueblos indígenas, están destinados a su fracaso. Se trata de generar un socialismo con sello boliviano, que rompa con los socialismos propuestos a lo largo del siglo XX alrededor del mundo. La orfandad de este socialismo es una ventaja también pero que no está exento de prejuicios relacionados con los antecedentes de reformas socialistas del siglo XX alrededor del planeta. Retos principales Los prejuicios que existen alrededor del socialismo han impedido la apertura para el reconocimiento del proyecto del presidente Evo Morales. Los bolivianos relacionan los regímenes socialistas con el retiro de sus bienes por parte del gobierno. En este sentido, el socialismo comunitario para tener éxito ha buscado apoderarse de los espacios donde no llegó el capitalismo; es decir, sobre todo en el oriente del país se mantienen la forma de producción basada en la servidumbre posible gracias a las grandes extensiones de tierra en manos de unos pocos. El otro espacio donde escasamente tuvo éxitos el capitalismo, en la última década, gracias a la lucha de los movimientos sociales, fue en la posesión de los recursos naturales, elemento estratégico del actual
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gobierno. Es decir, estos dos espacios son un ejemplo que el socialismo comunitario es bastante fuerte en valores y cambios simbólicos, pero que sus recursos de trabajo operan en los espacios más débiles del capitalismo en Bolivia y deja intactas las estructuras profundas. El socialismo comunitario en Bolivia ataca al latifundio pero deja intactas las relaciones de propiedad y eso ha comenzado a producir problemas. El remplazo del neoliberalismo en un espacio rodeado de países con economías capitalistas resulta el reto principal. ¿Es posible el final de la dependencia de comercialización con países con sistemas capitalistas? Creo que el hecho de que el proyecto de transición y convivencia del capitalismo hacia el socialismo comunitario denota optimismo hacia los mecanismos y resultados del sistema económico que tiene a millones de personas hundidas en la pobreza alrededor del mundo. La desinformación sobre el socialismo comunitario constituye un reto más para el gobierno del MAS dado que sus proyectos son tergiversados bajo la lógica de que quien no es indígena no será beneficiado. Sin embargo, en los hechos pasa lo contrario y son los indígenas quienes a través de sus manifestaciones frente al gobierno del MAS, lo evidencian. Entre las dificultades que encuentra esta propuesta en el ámbito social, es la que representa a los sectores que no se identifican con ninguna nación indígena y se muestran reacios a aceptar algo sólo por temor a ser considerados parte de estos pueblos ancestrales. Para los kataristas, el proyecto del MAS a pesar de lo que digan, se contrapone a la ideología de los indígenas originarios y no es un cambio de la política de desarrollo económico. (17) De acuerdo a esta lógica, el nuevo proyecto, en materia de representación y pluralidad se queda corto. Recordemos lo que pasó en las últimas elecciones en palabras de Zibechi: "Fueron los sectores más conscientes, los que más se habían destacado en la lucha contra el neoliberalismo, los que esta vez dieron la espalda a los candidatos del gobierno." (18). Ante este reducido triunfo del MAS en las elecciones de abril 2010, es evidente que los sectores que apoyaron su propuesta anti-neoliberalismo si no perciben cambios sustanciales en el modelo económico poco a poco retirarán su apoyo. Acerca del socialismo este no puede ser sólo un apelativo en el nombre del partido en turno, tampoco puede constituir un proyecto que se saque del cajón del gabinete cuando se considere conveniente. Reflexiones finales Cuando reflexionamos acerca del impacto que tienen en la región, estos cambios acaecidos en Bolivia, salta a la vista la importancia del análisis de las luchas anti-imperialistas en la región con sus particularidades en Venezuela, Ecuador y Cuba concebidas como alternativas en construcción, pero que no pueden ser entendidas sólo analizando las acciones de los Estados. Las luchas contra el imperialismo y capitalismo, en estos países no se supeditan a las acciones y legislaciones aprobadas; afortunadamente son más ricas y complejas que eso. Los movimientos sociales constituyen un campo inasible para cualquier gobierno en turno, dotados de un potencial creador, esa es la base de su esencia, piensan más allá de lo que las leyes permiten, conciben mundos posibles, hacen que lo extraordinario cobre vida. Los gobiernos de estos países hacen acuerdos, firman convenios, forman alianzas contra el imperialismo norteamericano, sin embargo, sus esfuerzos están muchas veces encaminados a mantener la lealtad y credibilidad de los empresarios nacionales y al mismo tiempo mediar con los defensores de los derechos de las minorías y del medios ambiente, en un constante movimiento de vaivén. En cambio, quienes no están dispuestos a negociar con el imperio, ni con ninguno de sus aliados en estos países sudamericanos son los movimientos indígenas, que reconocen sus efectos devastadores. Los movimientos indígenas que aún mantienen su independencia al no deberle nada al sistema económico capitalista y al ordenamiento del mundo que siempre los excluyó, conservan puros sus ideales emancipatorios. Al respecto Raúl Zibechi escribe "los hechos recientes muestran que los movimientos son el reaseguro más eficaz de los gobiernos frente a las derechas y el imperio. Trabajar para debilitarlos es apostar al suicidio del proceso de cambios." (19)
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Acerca de la relación del socialismo comunitario y el proyecto de descolonización, tal como se ha establecido en este país, carece de un cabal entendimiento de las estructuras a las que se pretende descolonizar. A estas alturas, para el oficialismo, la inestabilidad es vista como su peor amenaza, ya que impide la consolidación de los cambios y concibe a la oposición como el principal foco de posible inestabilidad: "Uno puede medir lo dicho en la oposición, por la ausencia no sólo de un líder, sino de un proyecto alternativo de poder, y ello va a durar un tiempo. ¿Hasta cuándo? Hasta que el Estado nuevo presente dificultades. ¿Cuándo será eso? No lo sé. Pueden ser décadas. Por eso mi lectura es que vienen a Bolivia tiempos de gran estabilidad política, que nos va a permitir dedicar la mayor parte de la energía al bienestar, a generar y distribuir riqueza." (20) Ante lo dicho por el vicepresidente, también a las formas de protesta y desacuerdo de los movimientos indígenas que lo han apoyado desde sus inicios, las ha calificado de intentos de desestabilización. Acusaciones recientes del oficialismo hacia determinadas ONG's de instigar a los levantamientos y marchas a los indígenas, en realidad muestra que éste subestima la capacidad de movilización, organización y análisis de las naciones indígenas. Al tiempo que cuestiona y rechaza estas movilizaciones soslaya el hecho de que el proceso de cambio fue posible gracias a este tipo de acciones. Pareciera que el líder de los cocaleros en el poder, ha olvidado que los indígenas organizados conocen sus derechos y su potencial para realizar cambios sustanciales, y que también son capaces de reconocer que el gobierno actual les queda debiendo en materia de participación en la toma de decisiones. Ante la escisión del bloque político indígena-campesino, por las pugnas por la tierra en el oriente del país se evidencia el escaso conocimiento del gobierno sobre la situación de estos pueblos. En este tipo de marchas (la VII marcha por la Tierra y el Territorio) proveniente del oriente, se revela la heterogeneidad de demandas y necesidades que se escondían detrás de la denominación 'indígena-originario-campesinos" contenida en la Constitución y que aún no acaba de comprenderse. Es necesario que alguien recuerde al oficialismo que el espíritu rebelde y contestatario de los movimientos indígenas, ni empezó, ni terminará con las ONG's; a lo largo de los años este tipo de organizaciones van y vienen lo que ha sido y será constante es el deseo de ser libre y tener un país en el que puedan desarrollarse y no sólo subsistir. ____________________ *Estudiante del Doctorado en Estudios Latinoamericanos, UNAM. Notas:
1. Intervención de Álvaro García en 'Bolivia post-constituyente, Memoria del Seminario Internacional, La Paz 26, 27 y 28 de oct 09, Fundación Tierra, Bolivia, 2009. 2. Discurso de asunción al segundo periodo de presidencia 22 de enero 2010. 3. Gaceta no. 0049- 3 de agosto de 2009. 4. Decreto no. 0263- aprobado el 26 de agosto de 2009. 5. Gaceta Oficial de Bolivia, No. 0058, ley publicada el 2 de septiembre de 2009 6. Raúl Prada, Capitalismo andino o el retorno al colonialismo, feb 2006, Disponible en: http://www.econoticiasbolivia.com/documentos/notadeldia/pradacolonial.html 7. Jorge Lora, La construcción del capitalismo andino o los limites de los movimientos sociales, en "Globalización" Revista electrónica, marzo 2006, http://rcci.net/globalizacion/2006/fg601.htm 8. Jorge Lora, Bolivia: el Gobierno enfrenta a campesinos contra indígenas, http://rcci.net/globalizacion/2010/fg1023.htm 9. Antonio Gramsci, The Southern Question. University of Toronto, Canada, 1995, p. 31.
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10. Carlos Fernández, Pedro Fdz. y Luis Alegre, Educación para la ciudadanía: Democracia, capitalismo y Estado de Derecho. Akal, España, 2007, p. 176. 11. Álvaro García, entrevista en Radio Patria Nueva, 7/02/10, transcripción disponible en http://www.patrianueva.bo/noticias/noticiasprint.php?idio=castellano&id=5478 12. Cfr. James Petras, Bolivia y el retorno de la extrema derecha. Revista Rebelión 19/03/2008 disponible en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=64842 13. http://colombia.indymedia.org/news/2010/01/111007.php 14. Bolivia: Aumento salarial entre 2006-2009 triplica acumulado 2002-2005. http://centinela66.wordpress.com/2010/05/11/bolivia-aumento-salarial-entre-2006-y-2009-triplicaacumulado-2002-2005/ 15. Publicado en "Punto Final" Nº 681, 20 de marzo, 2009 http://www.puntofinal.cl/681/Bolivia.php 16. http://www.jornadanet.com/n.php?a=43340-1 17. Cfr. Varios autores, Historia, coyuntura y descolonización.Katarismo e indianismo en el proceso político del MAS en Bolivia. Fondo Editorial Pukara, Bolivia, Edición electrónica 2010 http://periodicopukara.com/archivos/historia-coyuntura-y-descolonizacion.pdf 18. Raúl Zibechi, Bolivia: la imperturbable autonomía del abajo, http://www.jornada.unam.mx/2010/04/09/index.php?section=politica&article=018a2pol 19. Raúl Zibechi, Movimientos-estados-movimientos, Revista Rebelión, Julio 2010, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=109817 Entrevista a Álvaro García Linera por Miguel E. Gómez, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=98984

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21/9/2010 Ayllu

Los entretelones del poder. Teatro político, burocracia e industrialización
Raúl Prada Alcoreza

La puesta en escena se ha convertido en el procedimiento privilegiado por la acción política. La escenificación del poder es el medio indispensable de la reproducción del poder, de la transmisión de sus símbolos, de sus enunciados, de la figura desmesurada y jerárquica de la representación del poder. La irradiación de los medios de comunicación de masa, su transversalidad y la ocupación omnipresente de los espacios sociales, terminan deformando el sentido de las cosas, instaurando una realidad comunicacional sobre la propia realidad real, si se puede hablar así. Lo que importa es la escena, la escenificación, el teatro, la representación de lo que se suplanta, el referente perdido del mundo y de sus hechos. Lo que importa es la conformación de lo público mediado por la publicidad, la propaganda, las noticias, pero sobre todo la exposición mediática, el lenguaje de la imagen y la locución. Las alegorías del poder son esclarecedoras, dignas de tomarse en cuenta; lo que transmite es la jerarquía, el orden, la ceremonia y la pleitesía de los mandos, la obediencia y subordinación, y sobre todo dejar en claro que hay gobernantes y gobernados, protagonistas y espectadores. Los que hacen la historia y los observadores, quizás hasta víctimas, que se encuentran en el espacio gris de la expectación y quizás también de la expectativa; porque no decir esperanza multitudinaria en encontrar algo en aquellos espectáculos, un sentido de vida, una respuesta benevolente, una política social que le resuelva sus vidas. Esto pasa, pero lo que no podemos olvidar es que el teatro político forma parte de la reproducción del poder como ceremonialidad del mismo. Su elocuencia y colorido es necesaria para que el pueblo sepa quienes gobiernan, quienes dirigen, quienes deciden por las multitudes que conforman el pueblo. La representación del poder aparece rutilantemente durante las cortes del rey, reaparece acompañando las formas burocráticas durante las monarquías administrativas, se transforma en una escenificación apabullante con la revolución arquitectónica y comunicacional de las repúblicas. El teatro político adquiere su densidad acondicionadora en la vertiginosidad de una modernidad trastrocadora y cambiante, donde lo que importa es la inflamación de lo imaginario y la realidad virtual. Lo real ha terminado siendo suplantado. Otro componente condicionante de la reproducción del poder, de las formas del poder, históricamente constituidas, es el aparato burocrático, es la burocracia como sistema de funcionamiento administrativo y normativo. Las tareas recurrentes y la aplicación de los procedimientos hacen a la rutina de una gestión pública encaminada a mantener y conservar el Estado. La gestión pública tiene como tarea la realización de las políticas públicas, opera, ejecuta, pone en práctica, pero lo hace de una manera aparatosa, que termina difiriendo las acciones, dilatando los procesos, a través de tantas mediaciones, convirtiendo al proceso de ejecución en un círculo vicioso, donde el fin ya no parece ser lograr determinados resultados sino el proceso mismo de cumplimiento interminable de procedimientos. Franz Kafka retrata mejor que Max Weber este fenómeno de la administración moderna. La burocracia, a pesar de lo que diga el sociólogo, que dice que se conforma para lograr una eficiente administración, se convierte en el aparatoso conjunto de procedimientos, de normas y reglas que logran eficientemente separar Estado de sociedad civil, el dualismo constitutivo del Estado moderno, convirtiendo a la sociedad política no sólo en representante de la sociedad civil, sino en el espacio de especialistas que toman decisiones a nombre
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de la sociedad y del pueblo, aunque estas decisiones terminen afectando a la sociedad y al pueblo. Se produce una suerte de doble suplantación, no sólo de los representantes respecto de los representados, que ocurre de manera más clara con los legisladores, sino de los que manejan la cosa pública respecto a los públicos, los pueblos, las sociedades y los usuarios. Estas suplantaciones adquieren formas paradójicas en los procesos revolucionarios cuando la dictadura del proletariado se convierte en la dictadura del partido sobre el proletariado, y la dictadura del partido en la dictadura de la nomenclatura. También se repite en procesos recientes de transformación cuando los funcionarios terminan suplantando a los movimientos sociales, la voluntad burocrática termina suplantando la voluntad de los movimientos sociales. Decimos que estas situaciones son paradójicas porque se supone que las revoluciones y los procesos de transformación deben establecer relaciones horizontales, participativas y colectivas de acción directa y de democracia comunitaria. Pero no ocurre esto sino que se reitera la renovada separación y suplantación de los funcionarios respecto a lo que debería ser la auto-organización, la autodeterminación, la autonomía y el autogobierno, la capacidad y potenciamiento multiforme de la sociedad. Se produce un apoderamiento de los funcionarios de los mecanismos de conducción del proceso de cambio. Por lo tanto podemos ver que la burocracia se convierte en un conjunto de mediaciones, procedimientos y normas de restauración de las formas de poder liberales y coloniales, ancladas en las instituciones que perduran y no cambian, cristalizadas en los huesos y las mentalidades de los funcionarios, que siguen siendo los mismos. Un tercer componente condicionante de la reproducción del poder es lo que llamaremos el imaginario de la industrialización. A comienzos del siglo XX liberales y positivistas soñaron con las rutas de ferrocarriles y las plantas industriales, para ellos se trataba de los símbolos del progreso y de las estructuras de la modernización. Más tarde, a mediados del siglo XX, los nacionalistas apostaron por la sustitución de importaciones a través del proceso de industrialización; se trataba de salir de la dependencia de la periferia respecto al centro de la economía-mundo capitalista. No se dieron cuenta que su obsesión industrialista era una manifestación paradójica de la dependencia, de la dependencia imaginaria del paradigma de la revolución industrial. Esto no quiere decir que no se tenga que industrializar en absoluto, sino que no puedes embaucarte en un paradigma industrialista. Los ingleses no necesitaron un paradigma industrialista, simplemente lo hicieron, construyeron industrias, transformando las condiciones de producción y de acumulación del capital. Lo que llama la atención es que los industrialistas de la periferia, los nacionalistas de las décadas de los cincuenta y sesenta, los industrialistas tardíos de comienzos del siglo XXI, se mueven y se encuentran atrapados en un imaginario industrialista, se hallan enajenados en el paradigma de la revolución industrial, convirtiéndolo en el único proyecto político, obviando que esto no es más que una manifestación dramática de la consciencia dependiente. Las tareas políticas y económicas de la transformación pueden asumir seriamente la implementación de la transformación productiva en el contexto de la revolución tecnológica y científica, tomando en cuenta la compleja articulación entre modelo productivo, soberanía económica, soberanía financiera, soberanía tecnológica y soberanía alimentaria, además de comprender el carácter estratégico de lograr los equilibrios de los ecosistemas. En este caso, la apuesta no es industrialista sino la construcción de una economía integral y complementaria con la participación abierta de los sujetos y actores económicos. La construcción transformadora de las políticas económicas ahora debe ser participativa, la Constitución define una planificación integral y participativa, un presupuesto participativo, un régimen económico financiero autonómico. Esta perspectiva integral, participativa y complementaria no es industrialista, aunque tenga como componente la industrialización estratégica, no está enajenada en el paradigma de la revolución industrial sino que comprende el modelo productivo de una manera abierta y producente, es decir, con el objeto de afectar las relaciones de reproducción, produciendo relaciones sociales alternativas, colectivas y comunitarias. Es aquí donde toma importancia la economía social y comunitaria, definida
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en la Constitución. La economía integral, complementaria y participativa tiene como eje gravitante y estructurador a la economía comunitaria y a los emprendimientos sociales. Cuando nos encontramos con este triángulo imaginario e ideológico de políticas públicas y políticas económicos, que se compone con los recursos delirantes del teatro político, la burocracia circulante y el imaginario industrialista, vemos que se recae en lo mismo de las liberales y coloniales formas de poder. No se necesita mucha imaginación para volver a andar por estos caminos recorridos, tampoco se requiere creatividad y menos implican transformaciones institucionales, económicas, políticas y culturales. Este triángulo de la reproducción del poder moderno es la política, la metodología y la ideología de la restauración.

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02/2010 ALAI

“Hablamos del Socialismo del Buen Vivir”
Boaventura de Souza Santos

Hay dos aspectos del contexto del continente latinoamericano que para mí son muy importantes y que realmente le dan una característica propia y única en el mundo. Yo trabajo bastante en África y también en Asia y este es el continente que está más adelantado en la lucha antimperialista y en la lucha por alternativas al ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas). Entonces, ¿cuáles son los contextos? Son varios pero voy a nombrar dos. Ésta es una de las características para mí más tajantes, en este momento: es la medida en que se combinan luchas ofensivas con luchas defensivas. En este continente tenemos luchas ofensivas, que no son necesariamente luchas socialistas, pueden tener una vocación socialista pero son una lucha de un cambio radical transformador de la sociedad; y en estas luchas el Estado es la solución. Y eso lo vemos en Ecuador, lo vemos en Bolivia, lo vemos en Venezuela, vemos varias instancias de luchas ofensivas por otros modelos de sociedad. La revolución bolivariana, la revolución ciudadana; estamos con el Estado comunitario social y plurinacional de Bolivia. O sea, tenemos diferentes luchas donde podemos decir que hay un cambio estructural que está en curso. Al mismo tiempo, no hay que olvidar que también en este continente hay muchas luchas defensivas. Son las luchas para defender lo que conquistamos. ¿Por qué? porque estamos en un continente donde, en este momento, se está intentando liquidar las conquistas democráticas de la última década. Y se está intentando liquidar de varias formas; no es simplemente el golpismo, es lo que llamo la contrarrevolución jurídica, por ejemplo, en Brasil o en Perú, donde las conquistas populares, políticas, están siendo anuladas por sentencias de la Corte. Es también el intento de criminalizar la protesta social; como la propuesta de la fiscalía de Brasil de convertir al MST (Movimiento Sin Tierra), uno de los movimientos más importantes de este continente, en una organización terrorista. Está el paramilitarismo, que no está apenas presente en Colombia, está presente en Venezuela, está presente en Bolivia, está presente en varias partes. Es un golpismo que busca efectivamente de varias formas liquidar las conquistas de la década. Entonces hay aquí un enfrentamiento entre las luchas ofensivas y las luchas defensivas y las dos son articuladas, y hay que notar que cuando luchamos por las luchas ofensivas no podemos perder de vista también las luchas defensivas. Aquí es interesante recordar a uno de los grandes marxistas de este continente: José Mariátegui. Mariátegui dijo muy temprano, en 1923, cuando visitó Italia, Europa, (estuvo dos años en Europa): la democracia representativa liberal de Europa tiene dos enemigos que se enfrentan desde fuera con la democracia: el socialismo y el fascismo. Y los dos van por fuera de la democracia intentando liquidarla. Lo que pasa hoy en nuestro continente, nuestra diferencia en relación a Mariategui; es que los dos se enfrentan no desde fuera, sino desde dentro. O sea, la democracia está siendo radicalizada por las fuerzas socialistas en este país, en varios países del continente; pero no podemos olvidar que las fuerzas fascistas están utilizando también la democracia para liquidar estas luchas. Miren cómo la bandera de la autonomía indígena en Bolivia fue apropiada por la derecha de Santa Cruz. Es un ejemplo muy fuerte de cómo estos dos enemigos luchan dentro de la democracia, lo que muestra que
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el proceso democrático se está transformando radicalmente y no es de ninguna manera una democracia liberal. Debate civilizatorio El otro contexto muy importante para analizar el continente es el debate civilizatorio. Nosotros tenemos en el continente un debate civilizatorio. No es simplemente una transición del capitalismo al socialismo, es otra cosa muchomás amplia, o distinta por lo menos. Este debate civilizatorio, claro que está en el continente desde la conquista, sopla con la conquista, fue suprimido, fue destruido, de hecho destruyendo las culturas diversas indígenas, ancestrales de este continente. Pero debido a una lucha tenaz, sobre todo en los últimos 30 años -algunas son muchos más antiguasel movimiento indígena, el movimiento afro en este continente ha logrado realmente rescatar esta diversidad cultural y eso para nosotros ha permitido ampliar un debate que no existe en otro continente. Es un debate de diferentes cosmovisiones, de diferentes concepciones de desarrollo, de diferentes concepciones del Estado pero que están intentando dialogar. Es un diálogo muy difícil, pero no es el choque de civilizaciones de Samuel Huntington, es otra cosa. Es la posibilidad de un diálogo nuevo, difícil, pero que tiene que hacerse porque las constituciones nuevas, este constitucionalismo transformador del continente, dan cuenta ya de estas posibilidades de diálogo. Es lo que está en la Constitución de Bolivia, es lo que está en la Constitución de Ecuador. ¿Cómo podríamos nosotros pensar que los pueblos olvidados, los pobres ignorantes, inferiores, como eran los indígenas, tendrían una presencia conceptual en esta Constitución de Ecuador tan fuerte que es orgullo de todos los ecuatorianos, que es orgullo de todos los progresistas del mundo? ¿De dónde viene la palabra Pachamama, de dónde viene el Sumak Kawsay que nosotros nos apropiamos? Estamos aprendiendo de ellos y esa es la gran riqueza de este debate civilizatorio. Por eso yo les digo que no hay una transición en el continente, hay dos. La transición del capitalismo al socialismo y la transición del colonialismo a la autodeterminación, al fin del racismo, a la posibilidad que tenemos de la convivencia de diferentes nacionalidades dentro del mismo Estado. Y aquí empiezan los problemas de la soberanía. Este mismo argumento muy simple y muy difícil, naturalmente, de fundamentar, es que la plurinacionalidad refuerza el nacionalismo. No hay un concepto de nación, hay dos conceptos de nación y no hay necesariamente un conflicto entre ellos. La concepción de nación cívica, de origen liberal, ciudadana, - todos somos ecuatorianos, somos bolivianos, somos brasileños, somos portugueses- este era el concepto liberal de la ciudadanía y de la nación cívica, geopolítica. Pero hay un concepto étnico-cultural que ha sido reivindicado no solamente en Ecuador; ha sido reivindicado en Etiopía, en Nueva Zelanda, en Canadá, en Bélgica, en Suiza, que es la posibilidad de otro tipo de nacionalidad. Una nacionalidad que tiene raíces étnico-culturales y que no colisiona, no crea un conflicto necesario con el primer concepto de nación. Porque los pueblos indígenas y los pueblos afrodescendientes de este continente han luchado por la autodeterminación pero nunca por la independencia. Desde hace tiempo no es independencia lo que quieren, es el reconocimiento de sus naciones. Por eso, yo voy a decir algo que puede ser muy polémico. Estoy trabajando bastante con el movimiento indígena de Bolivia, de Ecuador, de Perú. No he visto nunca gente tan nacionalista como los indígenas, amantes de su país. Lucharon por su país, murieron por su país en las guerras de la independencia, en las luchas después de la independencia; son ecuatorianos, son peruanos, son colombianos, pero son también aymaras, son quichuas, son shuar. No hay necesariamente un conflicto, al contrario se refuerza la idea de una nacionalidad más fuerte, hecha de las diversidades.

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Soberanía y participación Esta es a mi juicio la gran novedad que Ecuador va a traer al mundo. Son dos grandes que voy a señalar. La primera es que la revolución ciudadana de Ecuador no es la revolución ciudadana liberal; porque hay diferentes formas de ciudadanía: la ciudadanía individual y la ciudadanía de los pueblos originarios y sus organizaciones ancestrales, pero no son corporativas porque no es un gremio de taxistas, es otra cosa. Son nacionalidades, identidades que se juntan a un proyecto nacional, que es el proyecto de su país, pero con sus reglas de pertenencia, con sus formas ancestrales, con su derecho, con sus autonomías que de ninguna manera hacen peligrar la nación, al contrario la refuerzan. Entonces la idea que les doy de soberanía es que la soberanía se está reforzando en el continente y no hay ningún país probablemente en el continente más que Ecuador que sea hoy un símbolo de la reivindicación de la soberanía. Fue la base militar de Manta, fue la auditoría de la deuda, fue el TLC, fue cerrar la negociación CAN–UE. O sea, hay todo un movimiento en este país por su soberanía, por su nacionalismo. Hay un nacionalismo nuevo, de izquierda, que es plurinacional, y hay que reconocer ese elemento de la plurinacionalidad y la diversidad de la participación ciudadana. Y esa participación a mi juicio es lo que da la riqueza al proceso. ¿Por que? porque hay diferentes formas de participación. Porque la participación es fundamental para este proceso. Entonces tenemos que reconocer que hay diferentes formas de participación y que esa participación debe ser según las reglas de diferentes juegos dentro del marco constitucional, que nadie lo contesta. Ésta es la primera idea que les quería decir. Es cómo podemos de hecho combinar estas dos transiciones: de capitalismo a socialismo y de colonialismo a la autodeterminación. La diferencia no es trivial entre hablar de Socialismo del Siglo XXI y Socialismo del Buen Vivir. El Socialismo del Buen Vivir combina las dos transiciones: del capitalismo al socialismo, de colonialismo a descolonización, al fin del racismo, al fin del exterminio. Y esto nos lleva a otras concepciones de democracia. La Constitución de Bolivia dice hay tres formas de democracia. Esto enriquece la teoría que vino del Norte, por eso necesitamos teorías del Sur. Dice que hay tres formas de democracia: democracia representativa, participativa y democracia comunitaria. Diferentes formas democráticas que van a enriquecer las formas de participación, porque éstas se juntan y no están en contra de la democracia representativa. Están enriqueciendo la democracia representativa. ¿Por qué? porque la democracia representativa es liberal y no se defiende de las fuerzas fascistas como hemos visto miles de veces en este continente y en Europa. Por eso es necesario tener fuerzas, formas radicales, revolucionarias, de democracia que son esas que surgen de todas estas luchas; que nos obligan además, a diferentes concepciones de tiempo. La transición del capitalismo al socialismo tiene una duración de 200 años, podríamos decir en su forma más madura. La transición del colonialismo a la descolonización fue de larga duración desde la conquista. Y aquí realmente, cuando entramos con estas formas de larga duración, los pueblos se afirman de manera distinta. Yo me sorprendí que no se habla de los pueblos indígenas; casi nada de su papel, de su rol protagónico en muchos de estos procesos, y hay que decirlo. ¿Por qué? Porque la presencia de los pueblos indígenas no se puede medir por criterios cuantitativos de democracia representativa por la simple razón de que cuanto menos son, más preciosos son. Porque cuanto menos son, más fuerte fue el genocidio, más los mataron y por eso más importantes son, preciosos hoy para la justicia histórica. No estamos hablando de justicia racial, estamos hablando de justicia histórica. Por eso la riqueza de los procesos constitucionales de Bolivia y Ecuador en este rescate de la justicia. No es solamente la justicia social, es también una justicia histórica y así se hace una transición mucho más fuerte para otra forma de vida.

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Derechos de la Pachamama El segundo argumento que quiero decirles es que estamos a punto de cumplir el programa de Alianza País que dice esto: Ecuador va a ser la primera potencia ambiental del mundo. Estamos a punto de lograrlo pero hay dificultad. Y aquí tenemos el gran problema del Yasuní, que está en las noticias y no hay que ocultar estos problemas. Son problemas muy fuertes para este país, son fuertes e importantes para todo el continente. Entonces, este proyecto tiene un valor, que es un valor regional, que es un valor mundial. Es bueno para los ecuatorianos, porque nada de lo que es bueno para los indígenas puede ser bueno simplemente porque es bueno para los indígenas; es bueno para los indígenas porque es bueno para el país. De otra manera ¿por qué teníamos el derecho a la Pachamama? ¿Simplemente por los indígenas? No. ¿Sumak Kawsay, simplemente por los indígenas? No. Además estos conceptos se están transformando. Es interesante desde el punto de vista analítico. Cuando nosotros hablamos de los derechos de la Pachamama ¿estamos hablando de algo indígena? No. Estamos hablando de una mezcla. Lo que yo llamo una ecología de saberes. Es una mezcla de saberes, saber ancestral con el saber moderno, eurocéntrico, progresista. ¿Por qué? Lenguaje del derecho y lenguaje de Pachamama. En la cosmovisión indígena, no hay ese concepto de derecho, hay el concepto más de deber y no tanto el concepto de derecho. Derecho de la Pachamama es una mezcla maravillosa, entre pensamiento eurocéntrico y pensamiento ancestral y ésta es la riqueza que no podemos desperdiciar. Es la riqueza del capital social organizativo de esta diversidad. Y esa fuerza, si es desperdiciada ahora que tenemos la plurinacionalidad en la Constitución, eso va a ser una pérdida de décadas, que no se va a recuperar. Allí estamos luchando en Bolivia exactamente por lo mismo. He trabajado bastante en la Constitución de Bolivia, ¿por qué? porque esa gran novedad es lo que llamamos el constitucionalismo transformador. Porque del constitucionalismo moderno fueron borradas las diferencias en nombre de la igualdad; pero con eso mataron más indígenas después de la independencia que antes. Eso es una tragedia. Para concluir, decirles: no basta con criticar la teoría. Hay que criticar esas teorías, pero también hay que crear otras. Yo acostumbro decir que ya no necesitamos teorías de vanguardia, necesitamos de teorías de retaguardia para acompañar la riqueza del movimiento social. Pero les digo otra cosa: es necesario desaprender algunas cosas que aprendimos para poder crear espacios, porque mucha gente esta hablando de Sumak Kawsay pero después combina Sumak Kawsay con neoextractivismo, con productivismo selvático, no se puede. Las dos cosas no van juntas. Entonces, tenemos que desaprender y ver cómo se puede crear un futuro que tiene que recoger lo ancestral. La modernidad occidental nunca supo: el futuro siempre está adelante, nunca atrás. Nosotros estamos rescatando el pasado como forma de futuro, más respetuoso de la diversidad de este continente. Y ésta es la riqueza a mi juicio del Socialismo del Buen Vivir, que quizás es una expresión más linda que del Siglo XXI. Porque a veces cuando oigo hablar del socialismo del Siglo XXI, se parece mucho al Socialismo del siglo XX. Cuando hablamos del Socialismo del Buen Vivir no hay confusión posible, es otra cosa nueva que está surgiendo.
Boaventura de Sousa Santos es sociólogo portugués, catedrático de la Universidad de Coimbra (Portugal). y de la University of Wisconsin-Madison (Estados Unidos). Extracto de la exposición presentada en el Foro Internacional “Los nuevos retos de América Latina: Socialismo y Sumak Kawsay”, organizado por la Secretaría Nacional de Planificación y el Ministerio de Coordinación de la Política del Ecuador, Quito 18-19 de enero 2009.

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02/2010 ALAI

Hacia la reconstrucción del Vivir Bien
David Choquehuanca Céspedes

Vivir bien y NO mejor Bolivia plantea el Vivir Bien, no un vivir mejor a costa del otro, sino un Vivir Bien basado en la vivencia de nuestros pueblos. Vivir Bien es vivir en comunidad, en hermandad, y especialmente en complementariedad. Donde no haya explotados ni explotadores, donde no haya excluidos ni quienes excluyan, donde no haya marginados ni marginadores. Mentir, robar, atentar contra la naturaleza posiblemente nos permita vivir mejor, pero eso no es Vivir Bien. Al contrario, Vivir Bien significa complementarnos y no competir, compartir y no aprovecharnos del vecino, vivir en armonía entre las personas y con la naturaleza. El Vivir Bien no es lo mismo que el vivir mejor, el vivir mejor que el otro. Porque para el vivir mejor, frente al prójimo, se hace necesario explotar, se produce una profunda competencia, se concentra la riqueza en pocas manos. Vivir mejor es egoísmo, desinterés por los demás, individualismo. El Vivir Bien está reñido con el lujo, la opulencia y el derroche, está reñido con el consumismo. Nadie dice: voy a cuidar de mí solo En el Vivir Bien, lo más importante no es la persona individual. Lo más importante es la comunidad, donde todas las familias vivimos juntas. Somos parte de la comunidad, como la hoja es parte de la planta. Nadie dice: voy a cuidar de mí solo, no me importa mi comunidad. Es tan absurdo como si la hoja dijera a la planta: no me importas tú, voy a cuidar de mí sola. Todos valemos, cada uno guardamos un espacio y tenemos nuestras tareas, responsabilidades y tierras. Todos nos necesitamos a todos. Fundamentada en el complementarnos, en el bien común, el apoyo mutuo organizado, la comunidad y la vida comunal desarrollan sus capacidades sin destruir al hombre y la naturaleza. Trabajo es felicidad En el Vivir Bien, el trabajo es felicidad, desde el niño hasta el abuelo. Trabajar es aprender a crecer, es como respirar o caminar. No conocemos persona ni nadie viviendo y gozando trabajo ajeno. No trabajar y explotar al prójimo posiblemente nos permita vivir mejor, pero eso no es Vivir Bien, es general para todos y todo. En nuestras comunidades no buscamos, no queremos que nadie viva mejor, como nos hablan los programas de desarrollo. El desarrollo está relacionado con el vivir mejor, y todos los programas de desarrollo implementados entre los Estados y los gobiernos, absolutamente todos los programas de desarrollo desde la iglesia, nos han orientado a buscar un vivir mejor. Desvalorizan nuestra visión de vida Frente al fracaso total del desarrollo, el mundo occidental quiere copiar la experiencia y la realidad de los pueblos indígenas, pero sin realmente entender su alcance. Han empezado a hablar del
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desarrollo sostenible, desarrollo sustentable. Ahora están hablando de desarrollo armónico, desarrollo con identidad, pero siguen hablando del desarrollo, de vivir mejor en vez del Vivir Bien. Sin lograr entender ni asimilar nuestros saberes ni saber analizar bien la esencia y las implicaciones del desarrollo, insinúan en el marco de estas propuestas que los indígenas debemos buscar el acceso a los ‘beneficios de la modernidad' y el desarrollo, es decir, un vivir mejor a través de la ‘integración al mercado’ y la incorporación de la lógica de valoración occidental de la geografía ambiental como es el turismo, la extracción del petróleo, la minería y otras actividades productivas y económicas. Para ello, debemos dejar nuestros usos y costumbres tradicionales ‘no rentables', renunciar a nuestras formas de subsistencia local y olvidarnos de nuestra capacidad de autodeterminación, pasar a ser fuerza de trabajo y permitir tanto el libre acceso de la minería y la extracción de hidrocarburos como el saqueo y la depredación de la naturaleza, con el motivo de hacernos funcionales a los nuevos procesos económicos de ecologismo neoliberal y depender del Estado para que éste resuelva nuestras necesidades. Desvaloriza nuestros saberes, aniquila lentamente nuestra visión propia del Vivir Bien y desintegra la vida comunal y cultural de nuestras comunidades, al hacernos tanto asimilar y depender de propuestas ajenas que son contrarias a nuestros códigos y valores como liquidar las bases tanto de la subsistencia como de nuestras capacidades y conocimientos para satisfacer NOSOTROS MISMOS nuestras necesidades y las exigencias de Pachamama, lo que al final resultará en que nuestras comunidades seguiremos apareciendo como “las más pobres entre las pobres”. Amenaza la armonía con la naturaleza Aunque nos han llevado a creer que el desarrollo es la salvación de la humanidad y que nos ayudará a vivir mejor, en la práctica vemos al contrario que es el principal causante de la crisis económica extrema de los países donde vivimos y del mundo, la crisis de la naturaleza y los graves efectos del cambio climático, el desequilibrio de la vida comunal, el caos social y la amenaza a la vida y al planeta. La exagerada industrialización de algunos países, el consumismo enviciado y la explotación irresponsable de la humanidad y los recursos naturales, amenazan a la madre naturaleza y la subsistencia del planeta. La sobreexplotación de los recursos básicos del planeta por parte de las naciones industrializadas, que cada año consumen 30 por ciento más recursos que la Tierra logra regenerar, amenaza tanto la vida en el planeta como la sobrevivencia de naciones originarios indígenas y culturas ancestrales que habitamos los ecosistemas más frágiles del planeta, como ser: bosques húmedos tropicales, desiertos, páramos, montañas e islas, entre otros. Cada mes que pasa, son cada vez más fuertes y más frecuentes los trastornos y desastres naturales causados por el cambio climático, como el Fenómeno del Niño y de La Niña, lluvias prolongadas, inundaciones y sequías, olas de calor, deglaciaciones, aumento del nivel del mar, huracanes y tornados, incendios en el bosque húmedo tropical, expansión de enfermedades endémicas, alteración en las estaciones agrícolas. No es ninguna solución Por tanto, la exagerada e ilimitada industrialización de los modelos de acumulación occidentales, no es ninguna solución para la humanidad ni podrá solucionar el cambio climático ni la crisis global, que afecta profundamente a nuestra Madre Tierra y nuestra vida comunitaria. Ofrecemos al mundo la Cultura de la Vida Ante las amenazas a la humanidad y el planeta tierra que nos presentan el cambio climático y todas las demás crisis hay dos caminos. O seguimos por el camino de la civilización occidental y la
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muerte, la guerra y la destrucción, o avanzamos por el camino indígena de la armonía con la naturaleza y la vida. Por ser las naciones indígenas el reservorio de saberes ancestrales y conocimientos científicos de la vida para defender la vida, nuestra sabiduría y forma de vida apegada a la tierra, nuestros valores de convivencia entre las personas y entre el hombre y la naturaleza dentro los límites del planeta Tierra representan la mejor alternativa de salvar al planeta. Ningún sector, ningún experto, ningún especialista, puede debatir con el pueblo indígena sobre cómo vivir en armonía con el mundo natural, no solamente en complementariedad con el ser humano. Como hijos de Pachamama, de la Madre Tierra, ofrecemos al mundo nuestros principios y códigos culturales, espirituales, lingüísticos e históricos, los conocimientos y saberes ancestrales de nuestros abuelos, la memoria histórica que descansa en la arquitectura, en la cerámica, en la textilería, todo el Saber guardado que nuestros ancianas y ancianos susurran en el silencio y que podemos "leer" en sus arrugas y en nuestros libros de piedra, el hablar de los antepasados con que lagos y mares humedecen nuestras lenguas, el acontecer ancestral que nuestros genes despiertan y hablan en nosotros, que los montes y nevados nos dialogan, que los vientos nos soplan en los oídos. Recuperar la salud de la Madre Tierra No podemos solucionar esta crisis global si no salvamos a la Madre Naturaleza de los desastres que en su decadencia está provocando la cultura de dominación de la naturaleza de los modelos de acumulación occidentales. Es obligación de los pueblos, fuerzas sociales, fuerzas políticas, organismos internacionales, cuidar a la Madre Tierra como nuestra madre, respetando su capacidad de autorregulación de la vida y del planeta. Vivir Bien es recuperar la vivencia de nuestros pueblos, recuperar la Cultura de la Vida y, recuperar nuestra vida en completa armonía y respeto mutuo con la madre naturaleza, con la Pachamama, donde todo es VIDA, donde todos somos uywas, criados de la naturaleza y del cosmos, donde todos somos parte de la naturaleza y no hay nada separado, donde el viento, las estrellas, las plantas, la piedra, el rocío, los cerros, las aves, el puma, son nuestros hermanos, donde la tierra es la vida misma y el hogar de todos los seres vivos. Volver al camino del equilibrio Las naciones indígenas originarias tenemos varios principios, varios códigos que se han resistido durante más de quinientos años. Ahora hemos decidido recuperar nuestros valores, recuperar nuestros códigos. Nos hemos organizado para volver a nuestro camino, al camino del equilibrio, camino que nos permita la armonía entre las personas, pero fundamentalmente la armonía entre el hombre y la naturaleza. Los aymaras hemos dicho que tenemos que volver nuevamente a ser qamiri, queremos volver nuevamente a ser. Hemos dejado de ser, ya no somos. Volver a ser para nosotros, es volver a ser Qamiri. Qamiri se dice a una persona que vive bien. Los quechuas dicen lo mismo: queremos volver a nuestro camino, a nuestro origen y queremos volver a ser nuevamente Qhapaj. Qhapaj es una persona que vive bien. Entre los guaranís, Iyambae es una persona que vive bien, es una persona que se desenrolla plenamente de manera natural, sin estar sometida a nadie. Los mayores dicen que es una persona sin dueño. Volver a ser Qamiri Nosotros hemos dicho en aymara que tenemos que volver a nuestro thaqi, camino en castellano. En quechua que tenemos que volver a nuestro yan. Tenemos que volver a nuestro tape, han dicho los guaranís. Hemos decidido volver a nuestro camino, a ese camino de equilibrio, no solamente entre las personas, sino también entre el hombre y la naturaleza.
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Cuando hablamos nosotros de volver a nuestro camino, a nuestro thaqi, a nuestro yan, a nuestro tape, estamos hablando de generar armonía entre el hombre y la mujer, entre el hombre y la naturaleza. Nuevamente tenemos que volver a ser, porque la colonización ha hecho que nosotros dejemos de ser. Muchos de nosotros hemos dejado de ser, ya no somos. Ahora queremos nuevamente volver a ser qamiri, volver a ser iyambae, volver a ser qhapaj. Es más importante la identidad que la dignidad En este proceso de cambio para volver a nuestro camino, estamos reconstruyendo el Vivir Bien, un Vivir Bien donde cada uno conservamos nuestra propia identidad, se respeta al individuo, se respeta al árbol, a las plantas. A todo mundo se respeta, a todo el conjunto, como también al ser humano y su entorno. La identidad está relacionada con el vivir bien. Si no defendemos nuestra identidad, nos vamos a morir, vamos a desaparecer. Al contrario, el vivir mejor está respaldando la dignidad, el trabajo digno de esclavo en las haciendas, el trabajo digno de vender caramelos en la calle, lustrar zapatos o ser aparapita, cargando bultos a los patrones. La dignidad sin identidad es como una planta sin raíces y sin semilla original, es un disfraz occidental que olvida y excluye lo que tenemos adentro. Por tanto, en el Vivir Bien no nos contentamos con defender nuestra dignidad, sino lo más importante es defender nuestra identidad, que viene a ser el fundamento de nuestra dignidad y más allá de ésta. Es más importante conservar nuestra identidad a que nos consideren dignos. Buscamos una vida equilibrada El vivir mejor cree en la justicia social, aunque nunca ha habido justicia. La justicia sólo existe para unos pocos en la práctica, cuando ellos logran alcanzar lo que entienden que es "justo" para ellos. Para la mayoría de seres humanos se genera injusticia, por lo que no existe ni justicia por un lado ni injusticia por el otro. La justicia social es algo imposible, que nos han hecho creer posible. Por ello, en el Vivir Bien no buscamos en primer lugar justicia social, porque cuando hablamos de construir una sociedad con justicia social, estamos hablando solamente de las personas, y eso es excluyente. La exclusión no se acepta dentro del vivir bien, y nosotros estamos contra la exclusión, contra la discriminación. Nuestra lucha va más allá de la justicia social. Buscamos una vida equilibrada, buscamos el equilibrio, alcanzar el equilibrio entre los hombres y entre el hombre y la naturaleza, una vida equilibrada entre el hombre y la mujer. La complementariedad va más allá de la libertad El vivir mejor está buscando la libertad del robo, el pillaje y el saqueo del erario público, la libertad de tener cientos de miles de hectáreas de tierras obtenidas ilícitamente, la libertad de explotación y saqueo indiscriminado de los recursos humanos y naturales, la libertad de avasallar y despojar a los pueblos indígenas, la libertad de continuar detentando y succionando los recursos estatales. Al contrario, en el Vivir Bien trabajamos por la complementariedad, porque todos somos hermanos, todos nos complementamos. Buscamos una vida complementaria, una vida complementaria entre el hombre y la mujer, una vida complementaria entre el hombre y la naturaleza, donde todo está regulado por las leyes de la naturaleza. En nuestras comunidades nadie tiene que ser libre.En nuestras comunidades, todos nos complementamos unos con los otros, la mujer se complementa con el hombre, y el hombre se complementa con la mujer, y los dos nos complementamos con la naturaleza. El hombre no tiene que sentirse libre, capaz de destrozar la planta, porque la planta es nuestra hermana, es parte de nosotros. Con la planta nos complementamos, porque ambos, la planta y nosotros, somos criados de la madre naturaleza.

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Consenso más que democracia Estamos yendo más allá de la democracia para profundizar la democracia, aplicar la verdadera democracia. No estamos contra la democracia. Queremos que se democratice la información, queremos que se democratice la educación, queremos que se democratice la cooperación. En el Vivir Bien, estamos construyendo una soberanía donde tomamos nuestras decisiones mediante el consenso, donde resolvemos nuestros conflictos, nos ponemos de acuerdo, mediante el consenso comunal y no mediante la democracia, pues en democracia existe el sometimiento, donde las minorías se someten a las mayorías o las mayorías someten a las minorías. Si de cinco personas, tres están de acuerdo y las dos restantes no, los primeros someten a los dos, que son minoría. En democracia, hasta las mayorías se someten a las minorías. Levantamos un consenso, en el cual todos debemosestar de acuerdo para dictar cualquier medida. Es muy importante para nosotros, que cada uno de nosotros pueda intervenir con el mismo derecho, y que tenga las mismas oportunidades, que pueda ser escuchado. Todos tenemos que convencernos y llegar al consenso, ponernos de acuerdo entre todos, tomar una decisión con la contribución de todos, no mediante el voto. A partir de las leyes naturales que dan vida Desde nuestros padres y abuelos siempre respetamos la tierra, el agua, el aire y el fuego. Por eso, somos pueblos que sentimos y respetamos nuestra papa, nuestra yuca y nuestro maíz, nuestros cerros, nuestros días y noches, con todas sus estrellas. Desde tiempos inmemoriales acostumbramos hablar con nuestras aguas y respetarlas, con nuestro sol y nuestra luna, con los vientos, los puntos cardinales y todos los animales y plantas de nuestras tierras que nos acompañan. En nuestro principio están las bases de lo que actualmente somos. Siempre hemos considerado a la naturaleza algo tan importante como nosotros mismos. El agua que recibimos del cielo, las montañas, los bosques y las tierras vive todavía en el corazón de nuestros pueblos. No en balde somos pueblos que todavía distinguimos el sabor sagrado del agua viva. Con creatividad y acción conjunta Para que esta reconstrucción del Vivir Bien sea exitosa, a las naciones indígenas originarias del Abya Yala nos toca impulsar acciones locales e internacionales, tomar iniciativas propias desde nuestras comunidades y naciones. Con iniciativas propias desde las comunidades y también con apoyo de los gobiernos que impulsan el Vivir Bien. Con prácticas y recursos propios desde el seno de nuestras comunidades, nos toca impulsar la reconstrucción del Vivir Bien, un Vivir Bien basado en la complementariedad en armonía con la naturaleza dentro los límites que la salud de nuestra madre naturaleza nos permita, un Vivir Bien o Buen Vivir que apunta a vivir en comunidad, en hermandad, y especialmente en complementariedad. Volver a nuestras pirwas sexes qulqas. Bajar la palanca…. En este marco, instamos a los países industrializados bajar la palanca para el futuro, sustituir los actuales modelos energéticos y de desarrollo e ilimitado crecimiento económico, limitar el consumo irresponsable, el derroche de recursos naturales y la generación de basura que contamina y daña a la Madre Tierra. Les instamos restaurar a la Madre Tierra a su estado y dinámica normal, devolver y restituir las tierras, territorios, aguas, bosques, hielos marinos y sitios sagrados que hayan sido arrebatados a los Pueblos Indígenas, limitando el acceso a nuestra forma de vida tradicional y exponiendo nuestras tierras a condiciones que contribuyen al cambio climático.
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Reconstituir su fuerza de dar vida de la mujer indígena En el Vivir Bien, habrá un nuevo varón/mujer, un chachawarmi en interacción y armonía con la pacha en comunidad. Entre las mujeres y hombres, que somos semejantes diferentes, podamos disminuir nuestras visiones distintas y fortalecer las visiones que nos unen para volvernos más semejantes que diferentes, para guiarnos más por el hemisferio derecho del cerebro que por el hemisferio izquierdo, más por el corazón que por la razón. Encontrando la armonía entre todas y todos, la complementariedad y el vivir en común-unidad desde los valores ancestrales de convivencia con la pacha, el papel de la mujer originaria indígena se está volviendo cada vez más imprescindible. Al dejar de ser tratadas como víctimas, dependientes, menores de edad, la sabiduría de las mujeres y su fuerza de DAR VIDA y criar la vida constituye una inestimable alternativa para las generaciones futuras. Hacer funcionar nuestra propia salud, educación y comunicación Con iniciativas propias desde las comunidades y también con apoyo desde el gobierno, en nuestras comunidades podemos comenzar a hacer funcionar nuestra propia salud a partir de cómo siempre nos hemos mantenido sanos, donde la salud de la comunidad es tan importante como la del cuerpo y donde abundantes alimentos sanos libres de químicos es nuestra medicina. Frente al crecimiento de un consumo cada vez más manipulado, reconstruyamos la producción de alimentos domésticos, sanos, que no nos esclavicen a las tiendas de autoservicio, ni a enfermedades degenerativas como la diabetes, los problemas del corazón o el cáncer. Prevengámonos contra enfermedades antes que buscar medicamentos para curarlas, y usemos nuestras propias medicinas naturales que no curan una enfermedad creando otra, recuperando el vasto conocimiento indígena. Comencemos a hacer nuestra propia educación, o más bien nuestra propia comunicación, a partir del aprendizaje que siempre hemos dado a nuestros niños en nuestras comunidades a partir de las prácticas y responsabilidades comunales y sociales, aprendizaje comunal por medio del cual creamos energía comunal y aprendemos en el trabajo diario, en esa escuela social que es la comunidad, que no podemos vivir fuera de la vida comunal. Más que educación, recuperemos nuestra propia comunicación, fortalezcamos la verdadera comunicación entre papá e hijo, entre alumnos y profesores. Salvar al planeta tierra para salvar a la humanidad Encaminemos juntos nuestros destinos, asumamos juntos la voluntad y responsabilidad del Vivir Bien que nos han legado nuestros ancestros, para reconstruir entre todos la hermandad que vivían nuestros abuelos en Abya Yala, construir de manera horizontal la cultura de la paciencia, la cultura del diálogo y fundamentalmente la Cultura de la Vida. Forjemos la comprensión, cooperación y los lazos de hermandad entre nuestros respectivos pueblos, naciones soberanas y estados, para hacer de este nuevo milenio un milenio para defender la vida y salvar al planeta Tierra para salvar a la humanidad, respetar y defender a la Pachamama con el fin de lograr la sustentación y preservación de nuestro planeta Tierra. Aprovechemos a leer las arrugas de nuestros mayores antes que se mueran, porque en estas nuestras bibliotecas andantes están las experiencias y la sabiduría para recuperar la Cultura de la Vida, forma de vida que no es dependiente del consumo excesivo de energías no renovables que emiten gases de efecto invernadero sino que se basa en la relación armónica hombre naturaleza.
David Choquehuanca Céspedes es Ministro de Relaciones Exteriores del Estado Plurinacional de Bolivia. Extracto de la ponencia sustentada en el Encuentro Latinoamericano “Pachamama, Pueblos,

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Liberación y Sumak Kawsay”, organizado por la Fundación Pueblo Indio del Ecuador en la celebración del Primer Centenario de Nacimiento de Mons. Leonidas Proaño, Quito, 27 de enero del 2010.

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SOBRE LA CONFERENCIA MUNDIAL DE LOS PUEBLOS SOBRE EL CAMBIO CLIMÁTICO Y LOS DERECHOS DE LA MADRE TIERRA REALIZADA EN COCHABAMBA EN ABRIL DE 2010

02/04/2010 Kaos en la Red

Lo que esperamos de la conferencia mundial de los pueblos sobre el cambio climático
Jubenal Quispe

Ante el fracaso de la 15ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, en Copenhague, en diciembre pasado, y obligados por las acuciantes evidencias del cambio climático, los pueblos del mundo (sociedad civil y algunos gobernantes) se darán cita en la ciudad de Cochabamba-Bolivia, los días 20 al 22 de abril del presente año para celebrar la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra. Los temas a debatir son: 1. Las causas estructurales y sistémicas que provocan el cambio climático y propuestas de medidas de fondo que posibiliten el bienestar de toda la humanidad en equilibrio con la naturaleza. 2. El proyecto de Declaración Universal de Derechos de la Madre Tierra 3. Nuevos compromisos para el Protocolo de Kioto y para proyectos de decisiones de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático en cuestiones de: deuda climática, migrantes-refugiados del cambio climático, reducción de emisiones, adaptación, transferencia de tecnología, financiamiento, bosques y cambio climático, visión compartida, pueblos indígenas, y otros. La iniciativa surgió a raíz de que la sociedad civil organizada y varios gobernantes de diferentes países del mundo fueron excluidos sistemática y abiertamente del debate y decisiones en la cumbre de Copenhague. Por eso, en buena medida, la conferencia de los pueblos intenta recoger las desoídas agendas en aquella cumbre.

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En el primer tema, científicos, activistas y líderes de los pueblos indígenas intentarán responder a las siguientes interrogantes: ¿Qué tipo de tratamiento requiere nuestro paciente, el planeta Tierra, ahora, seriamente herido? ¿Será suficiente con aplicarle mayor dosis de anestesia (tecnología limpia) mientras continuamos diseccionando (extracción/saqueo) e intoxicándola? ¿O más por el contrario debemos liberar al paciente de la psiquiatría del sistema-mundo-capitalista, y permitir que se regenere, libre del bisturí de la extracción y del consumismo? ¿Qué alternativas de filosofías de vida tenemos frente a la filosofía hedonista, de la competencia brutal entre países “desarrollados” y “subdesarrollados”? ¿Es posible el desarrollo sostenible libre de la manía del extractivismo en los países empobrecidos económicamente y ricos en recursos naturales? En el segundo tema, cuestiones a debatir serán si se la reconoce o no a la Tierra como sujeto de derechos. Hasta ahora el debate se había inclinado a aceptar que los humanos teníamos obligaciones para con ella. Si se reconoce a la Tierra como sujeto de derechos, entonces, las categorías filosóficas del sujeto moderno (autoconsciente, racional, autónomo) estarán en entre dicho. La teoría de la Gaia planteó que la Tierra es un superorganismo vivo, pero no se habló de derechos. Con el reconocimiento de los derechos de la Tierra prácticamente se superaría no sólo los fundamentos de la antropología filosófica, sino todas las matrices de la filosofía occidental moderna. Además, dichos derechos llevarían a definir y sancionar transgresiones (delitos) posibles. Cuestiones como la subjetividad e intersubjetividad se tendrían que extender al nuevo sujeto de derechos. En otros términos, las verdades científicas, teológicas, filosóficas, jurídicas, políticas, etc., del modo de ser y pensar occidental entrarían en entre dicho. Necesariamente estaríamos ante un nuevo paradigma holístico y hologramático. Como se ve, los consensos de la Conferencia de los Pueblos sobre el Cambio Climático y Derechos de la Madre Tierra podrían, a nivel teórico, remover los fundamentos del paradigma de la ciencia moderna y de sus disciplinas de conocimiento. Y, ¿por qué se apuesta en Cochabamba dar este trascendental salto de inflexión en la historia de la humanidad? Porque el diagnóstico de la salud de la Tierra es sumamente preocupante. Así lo evidencian los diferentes informes de los científicos de la ONU del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC). Nadie, ni los más prudentes, pueden negar que la conducta de la civilización occidental ha sido letal para la Tierra en los últimos 300 años. Si en la década de los 70 del pasado siglo las y los ecologistas (apocalípticos los llamaban) anunciaban diagnósticos severos sobre la salud del planeta. Ahora, los diferentes informes científicos oficiales nos dicen que ya estamos a destiempo. Y no necesitamos estudios científicos para verificar la despedida “silenciosa” de los nevados que quedan. La sed y la hambruna rugen cada vez más fuerte, en las puertas de las ciudades, anunciado su proximidad. El clima enloquecido expulsa a los sobrevivientes de pueblos enteros a destinos inciertos. La Tierra ya no puede producir lo suficiente para alimentar a una muchedumbre cada vez más hambrienta, por un lado, y opulenta, por el otro. En estas condiciones, asumir nuevos compromisos y sugerir propuestas concretas para ampliar y profundizar los acuerdos de Kyoto y Convenio Marco de la ONU sobre el Cambio Climático, es lo mínimo que pueden hacer los pueblos siguiendo sus instintos de sobrevivencia. Más allá de identificar a los principales responsables de la crítica situación del planeta, los gobiernos, las organizaciones sociales e indígenas y la sociedad civil en su conjunto (participantes en la Conferencia de los Pueblos) deben asumir compromisos concretos de cambios en el modelo de desarrollo y en la cotidianidad de la vida. Gobiernos progresistas con el de Bolivia y Venezuela están en la ineludible tarea de revisar sus políticas desarrollistas, neo extractivistas. La humanidad, más allá de los discursos y denuncias proféticas, necesita muestras concretas de que es posible cambiar los patrones de desarrollo (incluso eso que llaman sostenible). De lo contrario los debates y las conclusiones en la Conferencia de los
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Pueblos no tendrán nada diferente a las declaraciones muertas de Copenhague. Aunque nos cueste, no es coherente exigir a los demás lo que nosotros no estamos dispuestos a hacer. Con seguridad en dicha Conferencia estarán varios países latinoamericanos de los ocho que comparten la Amazonía. Sería sumamente aleccionador si estos definieran una concertada defensa cerrada de la Amazonía, desistiendo de todas las insostenibles políticas extractivistas de hidrocarburos, minería y bosques. Decir no a las irresponsables represas, agroindustria y monocultivos para el biodiesel ya sería una rebeldía en contra de la “civilización de la muerte”. Ud. me dirá: ¿de dónde sacamos el dinero para luchar contra la pobreza? Pues, la defensa de la Amazonía es una de las últimas garantías que los pueblos amazónicos tiene para exigir y negociar la deuda ecológica con los países ricos. De allí podría venir el dinero. Además, bienes como litio esperan atraer la atención de inversionistas, en lugar de mirar hacia la Amazonía. ¿De la Amazonía tenemos que servirnos? Sí, pero en el marco de un plan de transformación sostenible e integral que involucre a todos los pueblos guardianes. Sólo así la Conferencia de los Pueblos sensibilizará y moverá voluntades en diferentes latitudes. De lo contrario será una conferencia más para hacer turismo en “defensa” de la Tierra, con muchos aviones repletos de ambientalistas. Aprendimos en Bolivia que nadie puede hacer por nosotras/os, sino es nosotras/os por nosotras/os mismos. Obliguémonos y comprometámonos a exigir a nuestros gobernantes a garantizar el derecho a la Vida de nuestra Madre Tierra. Y entre todos/as hagamos que la oscuridad radiante siga dando paso al amanecer refulgente. www.kaosenlared.net/noticia/esperamos-conferencia-mundial-pueblos-sobre-cambioclimatico

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07/04/2010 Rebelión

Entrevista con Simón Yampara, dirigente aymara. Debate del Buen Vivir, una solución a la crisis de civilización moderna
Katu Arkonada

Simón Yampara es aymara, nacido en el Ayllu dentro de los límites del departamento de La Paz, en la frontera con Oruro. Hizo sus estudios primarios en Oruro, para después trasladarse a La Paz, donde se licenció en Sociología. En esos años universitarios comenzó a debatir asuntos como la lucha de clases o el Suma Qamaña (Vivir Bien), sintiéndose doblemente influido por el ayllu y la universidad. Posteriormente trabajó asuntos relacionados con la colonización y luego en el Ministerio de Asuntos Agropecuarios. Actualmente trabaja en la Dirección de Turismo de la Prefectura de La Paz. ¿Cuál es el origen de la crisis que estamos viviendo hoy en día? ¿Es una crisis de civilización? Vivimos este momento, de acuerdo a la cosmoconvivencia andina, el tercer Pachakutik, quinto Sol, pero yo prefiero hablar de tres ciclos grandes y muy significativos: nacimiento y crecimiento de Tiwanaku, decrecimiento, y la época que estamos ahora. Lo mismo ha sucedido con el modelo capitalista, que está, más que en crisis, en su propio decrecimiento. Pero eso tiene que ver con cosas matriciales. En Bolivia vivimos entre dos matrices, la matriz ancestral milenaria y la matriz occidental centenaria, que viene de 1522 con la invasión castellana y la muerte de Atahualpa. Lo occidental está en crisis aguda. Esta crisis evidentemente tiene que ver con el modelo de vida. Puedes concebir la vida como algo solitario, como lo privado y lo material, o puedes concebirla como en los Ayllus, en la civilización ancestral, como una tetraléctica donde hay una dimensión de lo privado y lo comunitario, pero al mismo tiempo de lo material y lo espiritual interaccionado. Eso lo han puesto en una dicotomía. Lo privado y lo material. Toda la dinámica de la expresión del capital se basa en eso. Pero al mismo tiempo el discurso del marxismo, una crítica a ese funcionamiento, no sale de ese modelo. A este nivel, la matriz civilizatoria occidental tiene una dicotomía de la lucha de clases, ricos y pobres, contradicción de querer anularse el uno al otro para ser exitoso. Pero de acuerdo a la cosmoconvivencia andina no es necesario anularnos, sino que podemos convivir, compartir, y de hecho, cuando la invasión se dijo: vengan y compartamos. La civilización ancestral milenaria tiene esa filosofía. Esos valores contrapuestos son los que provocan la crisis misma. La crisis tiene que ver con crisis de pensamiento, crisis de valores, crisis epistemológica. No es solamente de modelo de producción económica, es de valores de la humanidad, cosmogónicos, de civilización, e incluso de valores ecológicos que coadyuvan a todo esto. ¿Se puede acotar la crisis que vivimos como occidental y moderna? Desde luego. Pero también la emergencia del otro, lo invisible, lo que estaba encubierto se está destapando, visibilizando. Ahí viene el Pachakutik, que es mucho más que revolución. Pa en aymara es 2, cha es fuerza y energía, kutik es retorno: hay un retorno de una doble fuerza y energía. ¿Cuál es? La energía de la altura, de lo más alto, y la energía de la profundidad, el día y la noche, las energías que procesamos. Unos queremos privadamente acumular esas energías, ese es el modelo del capital,
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pero otros (de nuevo tetraléctica) decimos que es importante articular y relacionar lo privado y lo comunitario. Este problema está emergiendo, y no solo en los Andes, se puede ver también en la cultura oriental. Entonces, hay que llegar a un entendimiento de aportes civilizatorios. Hay que sumar saberes y conocimientos como civilizaciones. Dependerá de eso cuál de los valores toma la rueda de la historia, no hay que imponer nada a nadie, sino poner valores encima de la mesa. Pero para eso hay que reconocernos como somos y no seguir forzando sobre los valores occidentales. Ya hay aires, los movimientos sociales están en eso, tenemos un presidente aymara, que va permitiendo debates. Comenzamos cuando nos dejaron ser prefectos, después ministros, ahora presidente, lo cual no quiere decir que tengamos el poder, tenemos el gobierno, pero no el poder. Cuando hablas de aportes de valores civilizatorios… ¿el aporte podría ser la filosofía del Buen Vivir? ¿Es filosofía? ¿Es pachasofía? ¿Qué es? Tal vez es la Cosmoconvivencia Andina. Cuando hablamos inclusive de cosmovisión es la visión del uno. Ahí está el problema, cómo mirar eso. Tal vez algunos elementos me ayuden a diferenciar y profundizar. La chacana se maneja como símbolo. Chaca es puente que comunica con las estrellas, pero también puede ser la luz que se saca en ese puente. Para mí es la conexión que conecta lo material y lo espiritual. Volvemos a la conexión inicial, la tetraléctica, la interconexión, lo material y lo espiritual, lo privado y lo comunitario. Eso es una de las bases que orienta el paradigma de vida del Suma Qamaña. Otro elemento es la convivencia. Entre mundo animal, vegetal, de las deidades y de la tierra. El mundo de la gente convive con todos ellos. Esta cuestión es muy importante para encontrarnos: si el mundo animal, el vegetal, de las deidades y el de la tierra están bien, nosotros vamos a estar bien de hecho, y eso quiere decir Suma Qamaña. No quiere decir que el mundo de la gente tenga plata como sea, saqueando cosas. Vivir Bien quiere decir armonía entre esos cuatro elementos, esos cuatro mundos: si están bien, nosotros estaremos bien. La matriz ancestral milenaria tiene su paradigma de vida en Suma Qamaña, vivir bien en armonía integral, mientras que la matriz occidental centenaria tiene su paradigma de vida en el progreso y desarrollo. El Suma Qamaña es un paradigma de vida que toda la humanidad está buscando, porque implica el bienestar y armonía de todos y no de unos pocos. Es una posible solución a la crisis de civilización moderna. Para lograr este nuevo paradigma, ¿hace falta llegar a un verdadero proceso de descolonialidad? Por un lado sí, pero más que descolonialización, yo creo que necesitamos el proceso del Pachakutik. Con descolonialización o no el Pachakutik tiene que seguir, hay que abrir y decir que aquí hay otros, eso es la descolonialización. En los andes tenemos nuestro semillero, que es el ayllu y la marka, y en el amazonas también hay modelos similares, aunque tengan otros nombres. Necesitamos una nueva epistemología, un modelo nuevo para unos y viejo para otros. A algunos no les gusta lo viejo, pero eso es un problema de visión de la historia, si la vemos linealmente o cíclicamente. Los que la ven linealmente quieren buscar en el horizonte el futuro, que hay que adivinar muchas veces, pero para nosotros los andinos el pasado está por delante y el futuro está por venir y está atrás, son visiones y lógicas distintas, y esa lógica cuesta verla muchas veces.
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En ese sentido, si queremos hablar de descolonización, tenemos que empezar por mover el piso colonial desde la escuela, el sistema educativo, las estructuras territoriales, del Estado… hay que mover el monoteísmo occidental, y ese proceso sí sería una descolonización, aunque yo prefiero hablar de Pachakutik. Pero nosotros mismos siempre queremos pensar desde el software occidental. Tenemos un problema en lo académico y lo político. Hay que seguir insistiendo en clarificar estas matrices, las luchas son de civilización en el mundo, y no hay que anular una civilización a otra, hay que complementarse: ahí está el futuro de la humanidad. ¿Qué políticas públicas en Bolivia recogen el Sumaq Qamaña? Se está abriendo una lucecita que pasa por una ventana, todavía no es una puerta. Hablamos de Estado Plurinacional, pero celebramos el Bicentenario, como una práctica colonial. Celebramos a Murillo, pero Murillo fue enemigo, quien perseguía a Tupak Katari y Bartolina Sisa. Con tanta lucha hemos logrado una Constitución que recoge el Estado Plurinacional, pero los ministerios, la prefectura, siguen el modelo colonial, la legislación jurídica, siguen en la matriz occidental centenaria. Vivimos un cambio pero un cambio leve, hay que ser crítico porque todavía nos queda mucho por transitar, todavía no hay esa clarificación matricial. Estamos pluralizando lo occidental, pero no hay conciencia matricial. Hay que transformar nuestra propia matriz, sin desconocer lo otro. Esta sería la ecuación: saber y conocimiento ancestral milenario + saber y conocimiento centenario = conocimiento profundo renovado. A esto queremos llegar, que no sea solo lo occidental lo que vale, pues eso es lo que nos lleva a la crisis civilizatoria.

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Red Erbol 23-4-2010

Bolivia: Mesa 18 pide suspender actividades extractivas que afectan a indígenas

La Mesa, que no aceptada en el programa oficial, repudió a los gobiernos del progresismo latinoamericano que impulsan proyectos de megaproyectos de infraestructura para la IIRSA. La Mesa 18 de conflictos socioambientales, que participa de forma independiente a la Conferencia Climática de Tiquipaya, concluyó hoy sus deliberaciones planteando al Gobierno de Evo Morales la suspensión de toda actividad o proyectos extractivos que afectan a los pueblos indígenas del país. Esta es una de las tres conclusiones que están plasmadas en un documento final elaborado tras dos días de debates y exposiciones de los pueblos de tierras altas y bajas de Bolivia, así como también experiencias de indígenas del exterior sobre las consecuencias ambientales que acarrean las operaciones petroleras, mineras, deforestación, entre otros. El documento será presentado al presidente de Bolivia, Evo Morales, una vez que concluya la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Tierra que se realiza en la localidad de Tiquipaya, a 15 kilómetros de la ciudad de Cochabamba. Esta mesa propone cambiar el modelo de desarrollo que privilegia las exportaciones e materia primeras y plantea avanzar en la construcción de alternativas que estén en función de los intereses de los pueblos privilegiando la equidad, la seguridad la solidara y complementariedad. Asimismo, la mesa 18 sugiere hacer públicas las necesidades de cooperar conocimientos ancestrales de los pueblos indígenas y originarios en la producción de un modelo comunitario para hacer frente al cambio climático. La mesa 18 repudia a los gobiernos del progresismo latinoamericano que impulsan proyectos de megaproyectos de infraestructura para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA) en territorios indígenas, áreas protegidas frágiles diseñadas por bancos y constructores privados con una visión neoliberal y explotadora. IIRSA es un acuerdo suscrito el año 2000 por 12 presidentes de la región, el cual ha tenido impactos negativos contra los pueblos indígenas en los últimos diez años y establece diez ejes de integración caminera (seis pasan por Bolivia).

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24/04/10

Deuda Climática Conferencia Mundial de los Pueblos sobre cambio climático y los derechos de la madre tierra: Documento final de la mesa de trabajo “DEUDA CLIMÁTICA”, realizada en la “Conferencia Mundial de los Pueblos sobre cambio climático y los derechos de la madre tierra”, realizada en Cochabamba, Bolivia, entre el 19 y el 21 de abril de 2010
Los países industrializados deben reconocer que han sobre-utilizado el espacio atmosférico a asumir y aceptar sus responsabilidades históricas y actuales por las causas y los efectos adversos del cambio climático, y para honrar su deuda climática con los países en desarrollo, con las comunidades vulnerables en sus propios países, con los hijos de nuestros hijos y todos los seres vivos en nuestro hogar común - la Madre Tierra. El cambio climático amenaza el equilibrio de la vida en la Tierra. Los pobres han contribuido menos a las causas del cambio climático, pero son sus primeras y peores víctimas. En un mayor riesgo se encuentran los pequeños estados insulares y ecosistemas costeros, grupos vulnerables, entre los cuales están las mujeres, los niños, los ancianos, los pueblos indígenas y originarios, comunidades rurales y urbanas, los pequeños agricultores, pescadores y comunidades forestales, los jóvenes, y futuras generaciones, la biodiversidad y otros grupos. Las causas del cambio climático son claras. Los países desarrollados se han apropiado del espacio atmosférico de la Tierra mediante la emisión de la vasta mayoría de las emisiones históricas de gases de efecto invernadero, mientras que sólo representan el 20% de la población mundial. Sus emisiones excesivas han impulsado el cambio climático, y están convirtiendo el espacio atmosférico en un recurso escaso y limitado. Una forma de solucionar de manera justa, efectiva y científica el cambio climático es a través del cumplimiento de las deudas climáticas. Estas deben proveer una metodología para asignar y compartir responsabilidades para abordar el problema, basado en la equidad y responsabilidades comunes pero diferenciadas, establecidas en la Convención de Cambio Climático de la ONU. El enfoque debe ser no solamente de compensación económica, sino principalmente de justicia restaurativa –es decir restituyendo la integridad a las personas y a los miembros que forman una comunidad de vida en la Tierra, los cuales se ven afectados por el cambio climático, restableciendo así el equilibrio, la armonía de la Tierra y su sistema climático. La propuesta provee un medio por el cual todos los pueblos - y en particular los que tienen la mayor responsabilidad en causar el cambio climático y con la capacidad de corregirlo- puedan honrar sus responsabilidades históricas y actuales, comunes pero diferenciadas. Básicamente, resarcir la deuda climática significa mantenernos a salvo todos. Como punto de partida de la justicia climática, los principales causantes del cambio climático deben asumir sus responsabilidades, en este sentido los países desarrollados deben atender su deuda climática en todas sus dimensiones, como base para una solución justa, efectiva y científica al cambio climático, por lo cual exigimos: • El restablecimiento del espacio atmosférico que está ocupado por sus emisiones de gases de efecto invernadero y que están afectando negativamente a todos los países y pueblos. Deberán descolonizar la atmósfera mediante la reducción y eliminación de sus emisiones, para asegurar una
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distribución justa del espacio atmosférico entre todos los países según su población, teniendo en cuenta tanto las emisiones históricas y actuales, la necesidad de espacio adecuado para el desarrollo, y equilibrio con la Madre Tierra. • Que cumplan las deudas que reflejan la pérdida de oportunidades de desarrollo debido a los costos y las demandas tecnológicas de vivir en un espacio atmosférico restringido; incluso en el caso de lograr las reducciones máximas posibles de emisiones y la absorción de los gases efecto invernadero por los países ricos, los países pobres se enfrentarían a retos para su desarrollo relacionados con el clima que no enfrentaron los países ricos en su proceso de desarrollo. • Que cumplan las deudas correspondientes a los efectos adversos del cambio climático- en particular, a los cientos de millones de personas que se verán obligadas a emigrar debido a las pérdidas de vidas, inundaciones, sequías, incendios forestales, hambrunas y otros efectos adversos. Ellos deben asumir sus responsabilidades, mediante la eliminación de sus políticas restrictivas de migración y ofreciendo a los migrantes, hogares y vidas dignas en sus países. • Que cumplan las deudas de adaptación relacionadas a los impactos del cambio climático en los países en desarrollo - incluidos los impactos sobre el agua, los bosques, la agricultura y sobre la vida de todos. Ellos deben proveer los medios necesarios para todas las personas - incluidos los pueblos indígenas, las mujeres, las comunidades rurales y otras comunidades vulnerables - para prevenir y minimizar los daños, deben asumir sus responsabilidades por los daños que surgen de sus excesivas emisiones y de la pérdida de oportunidades para las personas a “vivir bien ” en armonía con la naturaleza. • Que cumplen estas deudas como parte de una deuda mayor con la Madre Tierra, por el deterioro creciente de la integridad, del equilibrio, para lograr la armonía entre la vida y todas las especies y elementos de nuestro planeta. Exigimos a los países a adoptar y aplicar la Declaración Universal sobre los Derechos de la Madre Tierra en las Naciones Unidas. La responsabilidad de resarcir estas deudas climáticas corresponde a los gobiernos y Estados de los países desarrollados, que cargan con la responsabilidad colectiva de aquellos quienes tradicionalmente explotaron a los países pobres, cuyos modelos de producción y de excesivo consumismo, basados en combustibles fósiles, en ideologías de crecimiento económico ilimitado y armamentista– son las causas principales del cambio climático. Además ellos tienen la capacidad práctica y la responsabilidad moral y legal para honrar su deuda climática y restablecer el equilibrio y la armonía. Otras entidades, como corporaciones transnacionales, y especuladores financieros también cargan con la responsabilidad de compensar por los desastres que provocaron. Todos los países e individuos deben cumplir su responsabilidad de vivir en armonía con la Madre Tierra. Para cumplir con sus responsabilidades exigimos a los países desarrollados: • Reducir y absorber rápida y radicalmente sus emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera, para garantizar una distribución equitativa del espacio atmosférico y restaurar el equilibrio con la Madre Tierra; • Implementar estrategias de acción rápida de mitigación y de restauración del espacio atmosférico, incluyendo la reducción de emisiones de vida corta, dígase metano, ozono troposférico y carbón negro, para reducir el riesgo de pasar puntos críticos, con el riesgo de que el sistema climático del planeta entre en cambios climáticos abruptos, y potencialmente fuera de control; • Proporcionar los medios que necesitan los países en desarrollo para facilitar respuestas globales adecuadas al cambio climático y para pagar los gastos de sus efectos adversos locales; • Desarrollar y proporcionar las tecnologías y conocimientos apropiados y mejorar las tecnologías y capacidades locales. Además eliminar las barreras, como los derechos de propiedad intelectual;
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• Proporcionar recursos financieros adicionales y sin condicionamientos que permitan la transferencia de tecnología, capacitación y adaptación en los países en desarrollo. • Modificar sus políticas nacionales, incluidas las relativas a la migración. • Proteger y preservar los derechos humanos, los derechos de los pueblos indígenas y originarios y los Derechos de la Madre Tierra • Revisar las relaciones estructurales causantes del cambio climático, modificando sus modelos de vida y desarrollo, anulando la deuda externa de forma inmediata, parando la producción de material bélico, cambiando el uso de energía fósil, por energía renovable y cambiando los sistemas financieros, económicos y sociales internacionales, que perpetúan los modelos actuales. • Llevar a cabo todas las acciones necesarias para hacer frente a sus responsabilidades históricas y actuales de la crisis climática de manera integral. Rechazamos al llamado “entendimiento” de Copenhague aprobado a espaldas de la conferencia, porque no aporta soluciones reales a la situación crítica existente. Con este “entendimiento” se pretende eximir el compromiso contraído en el protocolo de Kioto, poniendo en peligro la existencia de la especie humana y de la Madre Tierra. Un esfuerzo efectivo para resolver el desafío común del cambio climático debe basarse en la equidad, la justicia social, en la ciencia y los saberes ancestrales y en los principios acordados y compromisos jurídicos. Nuestra atención debe centrarse en soluciones - en identificar las responsabilidades para tomar acciones específicas para atender el cambio climático. El éxito requerirá un esfuerzo compartido para construir un modelo de vida, que permita a las personas vivir bien y en armonía con la naturaleza. El cumplimiento de estas responsabilidades debe ser asegurado a través de la creación de un tribunal internacional para atender la deuda y la justicia climática, y a través de esfuerzos multidisciplinarios para reunir información, analizar los impactos, y evaluar responsabilidades. Nos oponemos a la injerencia del Banco Mundial, el FMI, y otras entidades financieras internacionales. Exigimos nuevas y mejoradas instituciones, y espacios de debate que tienen que rendir cuentas ante todos los países y los pueblos. Finalmente, nuestro viaje conjunto para restaurar la integridad de la Madre Tierra refleja la sabiduría de numerosos pueblos y generaciones que han vivido en armonía con la naturaleza. Deben protegerse los derechos de todas las personas y de todos los miembros de la comunidad de vida en el planeta. Deben salvaguardar el futuro de los que aun no han nacido. Resolver la crisis climática será posible si escuchamos con los corazones y mentes abiertas a las preocupaciones de nuestros hijos, a las lecciones de nuestros antepasados y a los gritos de nuestra Madre Tierra, y cumpliendo nuestras responsabilidades. Reconociendo y honrando las deudas climáticas es un primer paso esencial en este viaje.
Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra Ciudad de Tiquipaya, Cochabamba, Bolivia - 22 de abril de 2010

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24-4-2010 La Protesta

Bolivia: En la Cumbre de los Pueblos la Mesa popular 18 indicó el camino de expulsar a las transnacionales

Luchadores sociales de decenas de países concurrieron a Cochabamba buscando una organización y una dirección para enfrentar al imperialismo que está depredando el Planeta. Decenas de miles de personas acudieron a la convocatoria formulada por el gobierno de Bolivia a la Cumbre Mundial de los Pueblos por el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra. Luchadores sociales de decenas de países concurrieron a Cochabamba buscando una organización y una dirección para enfrentar al imperialismo que está depredando el Planeta. Lamentablemente, ni esta dirección ni esa organización salió de la Cumbre. El discurso final de Evo Morales llama a presentar una querella a la Corte Internacional de La Haya, un tribunal manejado por el imperialismo. Pero, además del encuentro de miles de luchadores sociales de decenas de países, algo positivo en sí, también surgió La Mesa Popular 18 (distinta a las 17 mesas oficiales que dirigió y digitó el gobierno), con una propuesta de expulsar a las transnacionales. Declaración de la Cumbre La declaración final de la Cumbre recoge los reclamos que venía haciendo el gobierno de Evo Morales a los llamados “países desarrollados” “…es necesaria la realización de un Referéndum Mundial, plebiscito o consulta popular, sobre el cambio Climático en el cuál todos seamos consultados sobre: el nivel de reducciones de emisiones que deben hacer los países desarrollados y las empresas transnacionales; el financiamiento que deben proveer los países desarrollados; la creación de un Tribunal Internacional de Justicia Climática; la necesidad de una Declaración Universal de Derechos de la Madre Tierra y; la necesidad de cambiar el actual sistema capitalista. “El proceso del Referéndum Mundial, plebiscito o consulta popular será fruto de un proceso de preparación que asegure el desarrollo exitoso del mismo. Con el fin de coordinar nuestro accionar internacional e implementar los resultados del presente “Acuerdo de los Pueblos” llamamos a construir un Movimiento Mundial de los Pueblos por la Madre Tierra”. En otro párrafo se reclama que se reduzcan las emisiones de carbono en, al menos, un 50% respecto a 1990. ¿Cómo se impondrá? Estos reclamos son justos. Es justo que los países imperialistas (que la declaración llama “desarrollados”) paguen por los desastres que hicieron. Sin embargo, en los puntos resolutivos y el plan para imponer las demandas, no están los problemas más importantes para los países dependientes que es la acción depredadora de las transnacionales y de la agroindustria generalmente también vinculada a las transnacionales. Como gran medida de lucha, Evo Morales propuso en su discurso de cierre que se inicie una querella a Europa y Estados Unidos en el Tribunal Internacional de La Haya. Pero, resulta que una
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querella ante ese tribunal no puede conducir a nada, ya que ese tribunal está controlado por Europa y Estados Unidos, es un tribunal imperialista. ¡Poner como forma de lucha una querella ante ese tribunal es una burla! ¡un engaño! Es como si en Bolivia ante el desastre que estaba causando el Goni, se le hubiera dicho al pueblo que el camino era una querella ante algún tribunal boliviano. El pueblo boliviano echó del poder a Goni con su movilización en la guerra del gas, sin esperar ningún juicio ante ningún tribunal capitalista. Es cierto que no podemos declararle la guerra a Estados Unidos y Europa, pero sí se puede tomar medidas de lucha efectivas, que ni se mencionan en la declaración. Y la primera de todas es quitarle sus propiedades a las transnacionales y bancos y liquidar el latifundio en nuestro país y en todos los países de Asia, Africa y Latinoamérica para entregar la tierra a trabajadores del campo para que produzcan alimentos para el pueblo de sus países. Esto es perfectamente posible. Junto con esto cortarle el suministro de hidrocarburos y minerales, preservando nuestras riquezas y defendiendo a la Madre Tierra de la destrucción. Esto también es perfectamente posible. El gobierno de Evo Morales y el MAS no propusieron nada de eso. Tampoco lo hizo Hugo Chávez presente en la Cumbre, Y no solo no propusieron, sino que trataron por todos los medios de impedir que se discutieran las propuestas en ese sentido. Y no lo propusieron porque pese a la retórica anticapitalista, el gobierno de Evo Morales defiende el capitalismo en Bolivia, lo maquilla con el nombre de “andino amazónico” y dice que las transnacionales son “socias”. Entonces resulta que las principales instituciones del capitalismo imperialista, que son las transnacionales, son “socias” del gobierno de Bolivia (así como del gobierno de Venezuela). Esto no es un invento nuestro, sino que además de ser parte evidente de la realidad, lo dijeron reiteradamente los propios Evo Morales y Hugo Chávez. “De eso no se habla” El gobierno no quería que nadie denunciara a las empresas transnacionales en Bolivia, como lo que son, depredadoras de la Madre Tierra y explotadoras de los trabajadores. Pero, la propia realidad mundial, que vivimos cada día en la minería y otros proyectos depredadores, muestran que la “sociedad” con las transnacionales es como la de una oveja con un lobo, algo imposible. Que como lo reclamó el pueblo boliviano en la guerra del gas, hay que expulsar a las transnacionales y confiscar sus bienes, nacionalizándolos. El gobierno no sólo quería encubrir a sus socios de las transnacionales, sino ocultar toda la depredación ambiental en Bolivia en la que tiene alta cuota de responsabilidad, como el plan IIRSA, que prevé carreteras y gigantescas represas que destruirán millones de hectáreas de selva amazónica. Se llegó al extremo ridículo de poner grandes lonas verdes para ocultar la tala de árboles, visible en Tiquipaya, la localidad sede de la Cumbre… Exponer centenares de grandes árboles recién talados a la vista de los miles de asistentes a la Cumbre, hubiera sido realmente un espectáculo “inconveniente” para el discurso “ambientalista” y “defensor de la Pachamama”. Pero ahí están las pruebas, cualquiera que vaya a Tiquipaya puede verlos con solo mirar por debajo de las lonas verdes… En este afán de ocultamiento se intentó amordazar a los que denunciábamos que estos problemas ambientales existen en Bolivia y son causados por las transnacionales y la política oficial. Por eso el propio Evo Morales atacó públicamente a la Mesa 18 y dirigentes del MAS difundieron el rumor que era “de la derecha” (sería la primera vez en la historia de Bolivia que la derecha quiere expulsar a las transnacionales).

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Así las cosas, los resultados de la Cumbre oficial y sus resoluciones son en gran medida un fraude a los miles de honestos luchadores que vinieron buscando una respuesta de lucha antiimperialista. Movilización campesina indígena contra transnacionales Durante la propia cumbre la propia cumbre, pobladores de comunidades potosinas afectadas por la mina a cielo abierto San Cristóbal, de la Sumimoto, se movilizaran para defenderse de la agresión ambiental (1). También se movilización de los indígenas guaranís, weenhayek y tapietes, del Chaco tarijeño que afirmaron que no permitirán el ingreso de ninguna empresa petrolera al Parque Nacional Aguaragüe a partir del 6 de mayo. Esa fue la determinación anunciada por el Mburuvicha grande de la zona Yaku Igüa, Quintín Valeroso, tras la Gran Asamblea realizada el 14 y 15 de abril en Villamontes, a la conclusión de la marcha que partió desde Yacuiba. Protestan por la inconsulta del Gobierno Nacional por las actividades petroleras realizadas en el Aguaragüe, un reservorio natural de agua dulce y especies de flora y fauna (2) Estas movilizaciones marcan el camino de una lucha real contra el imperialismo, y no de la retórica de discursos vacíos. La Mesa Popular 18 El gobierno no pudo impedir que se formara la Mesa Popular 18 encabezada por el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qollasuyu (CONAMAQ), comunidades del Jach’a Suyu Pakajaqi, la Federación Regional Única de Trabajadores Campesinos del Altiplano Sud (FRUTCAS), organizaciones indígenas de la Chiquitanía y el Pantanal y el Consejo Indígena del Sur- Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Sécure (CONI SUR -TIPNIS), Pueblo Guaraní de Charagua Norte, MST Bolivia, FOBOMADE (Foro Bolviano por el Medio Ambiente y Desarollo), Bloque de Juntas Vecinales Revolucionarias de El Alto, Agrupación la Protesta, así como organizaciones y personalidades internacionales, como la escritora canadiense Naomí Klein, el ex diputado constituyente peruano Enrique Fernández Chacón, de la organización Unios, la diputada argentina de Izquierda Socialista Liliana Olivero, la dirigente mapuche argentina Moira Millán, un representante de la ciudad de Andalgalá, que se rebeló contra la minera Yamana Gold y logró imponer suspensión de sus actividades. Rafaél Quispe de la CONBOMAQ denunció que “en Corocoro (donde existe un emprendimiento minero), cuando quisimos que el agua volviera a su curso nos mandaron dos camiones del Ejército”. No fue el único caso. “Enviamos toda nuestra solidaridad a los hermanos de San Cristóbal”, donde se lleva adelante otro emprendimiento minero y recordó que cuando las comunidades se movilizaron en contra de la contaminación, “el ministro de Defensa amenazó con meterles la fuerza pública”. La Mesa Popular 18 concluyó sus actividades acordando un documento que marca un camino de lucha antiimperialista para los pueblos, con la expulsión de las transnacionales y el fin del latifundio, del cual reproducimos partes esenciales (3): “Repudiamos al imperialismo, a las transnacionales y a los gobiernos del denominado progresismo latinoamericano que impulsan proyectos de energía y mega infraestructura de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA) en todos los territorios latinoamericanos –especialmente territorios indígenas y áreas protegidas– diseñados por bancos, empresarios y constructores privados con una visión neoliberal y explotadora… “Ante la falta de voluntad política de los gobiernos del mundo, las organizaciones sociales y campesinas exigimos la facultad de definir un nuevo modelo de gestión y control directo del patrimonio natural. El control directo de los trabajadores del campo y de la ciudad impongan
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políticas de gestión de la biodiversidad en función de las necesidades de los y no de la dependencia de nuestros países. “Eliminar el latifundio, la biopiratería y el agronegocio; y recuperar el conocimiento ancestral de las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos del mundo; la promoción de la producción ecológica, y la reproducción del modelo comunitario, las capacidades de reproducción del bosque y la biodiversidad, para hacer frente al Cambio Climático. “Exigimos la reversión y la expulsión de las corporaciones transnacionales…Exigimos la reposición de los bienes naturales depredados y usurpados. Planteamos la suspensión de toda actividad, obra o proyecto extractivo responsable y causante del Cambio Climático, del desplazamiento de poblaciones de sus territorios, y de las afectaciones socioambientales en territorios de las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos del mundo…” Esta importante declaración muestra un camino para enfrentar realmente al imperialismo, camino que sólo podrá recorrerse con la movilización indígena, de los trabajadores, de los oprimidos de la ciudad y del campo. Saludamos este importante y valiente paso dado por la CONOMAQ y demás organizaciones que impulsaron la Mesa 18 que retoma propuestas básicas de la Agenda de Octubre del 2003. Unir las luchas y reclamos de trabajadores, indígenas, campesinos, Fejuve de El Alto y otras organizaciones populares Walter Molinedo, dirigente vecinal del distrito IV de El Alto, en nombre del Bloque de Juntas Revolucionarias de El Alto, expresó que su agrupación impulsará en el próximo Congreso de la Fejuve, un manifiesto al pueblo boliviano para retomar la lucha por la Agenda de Octubre. Es necesario unir los reclamos y luchas de los trabajadores indígenas y campesinos. La política del gobierno de Evo Morales no solo afecta a las comunidades indígenas, sino a los trabajadores. Hay que reclamar a los dirigentes fabriles que están llamando a luchar contra el Código Laboral, así como la FEJUVE, que apoyen los reclamos de la CONOMAQ, es el primer paso a un pacto de unidad de trabajadores, indígenas, campesinos y organizaciones vecinales. La lucha contra el proyecto de Código Laboral que prohíbe huelgas y criminaliza la lucha, por una ley de pensiones solidaria que garantice pensiones para todos los ancianos con aportes estatales y patronales, por un aumento salarial que restaure el poder adquisitivo del salario, por inversiones estatales en salud, educación agua potable, por creación de fuentes de trabajo, unirlos reclamos indígenas de defensa de su tierra y territorio, contra la depredación de las transnacionales, por expulsarlas definitivamente de Bolivia sin ninguna indemnización.
1) http://www.constituyentesoberana.org/3/noticias/mineria/042010/190410_2.pdf 2)http://www.constituyentesoberana.org/3/pronunciamientos/042010/190410_2.pdf 3) Declaración completa mesa 18: http://www.constituyentesoberana.org/3/cbioclim/042010/210410_1.pdf

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25-4-2010 Red Erbol

Bolivia: Vicepresidente califica de una “orgía de ONG’s” a la Mesa 18 del Foro climático

La autoridad, en conferencia de prensa en la ciudad de Cochabamba, aseguró que el gobierno no va considerar y mucho menos va acatar las conclusiones de la autogestionada Mesa 18. “Es un orgía de ONG’s”, en esos términos se refirió hoy el vicepresidente Álvaro García Linera al calificar a la cuestionada Mesa Popular 18, que pese al rechazo del gobierno de Evo Morales, logró instalarse y debatir durante dos días los conflictos socioambientales en el marco de la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Tierra. La autoridad, en conferencia de prensa en la ciudad de Cochabamba, aseguró que el gobierno no va considerar y mucho menos va acatar las conclusiones de la autogestionada Mesa 18 y afirmó que sólo se tomará en cuenta el trabajo de los 17 grupos que dio lugar a la Declaración de Tiquipaya. La Mesa Popular 18 debatió entre el martes y miércoles de esta semana los conflictos socioambientales que ocasiona la actividad petrolera, minera y forestal a los habitantes de los territorios donde se lleva a cabo la explotación de estos recursos no renovables. Entre sus principales conclusiones está la demanda al gobierno de frenar la actividad extractiva en los territorios indígenas originarios. De acuerdo a los promotores de este grupo de trabajo, entre ellos el Consejo de Ayllus y Marcas del Qullasuyo (Conamaq), las conclusiones serán entregadas en los próximos días al presidente Evo Morales en la reunión que sostendrán en la ciudad de La Paz. Tribunal climático Por otra parte, el Vicepresidente del Estado aseguró que aún no se tiene definido cómo se cristalizará el Tribunal de Justicia Climática. “Está claro que se debe sancionar y hacer respetar la protección del medio ambiente si no hay sanciones nadie va hacer caso”, afirmó. En relación al nuevo Ministerio de Defensa de la Madre Tierra, indicó que es una cartera de Estado que deberá tener otras responsabilidades, entre ellas poner en práctica las conclusiones de la Conferencia Climática que concluyó ayer en Cochabamba. García Linera concluyó que la Declaración de Tiquipaya no solo es un documento programático y extraordinario, sino que marca época en el debate mundial para las siguientes años. Puntualizó que se debe actualizar la Ley de Medio Ambiente en Bolivia porque esa norma la hicieron los gobiernos neoliberales, “fue una privatización abusiva de recursos públicos tiene que ver con la justicia y la ley electoral”.

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25/04/10 Le Monde Diplomatique, edición boliviana.

Entrevista a Evo Morales. “Sin derechos de la Madre Tierra no hay derechos humanos”
Fernando Ramón Bossi

Evo Morales Ayma, fue candidateado nuevamente por el argentino Adolfo Pérez Esquivel para Premio Nobel de la Paz 2010. Movimientos sociales del mundo, intelectuales, parlamentarios, académicos y artistas se están manifestando en apoyo a esta candidatura. El año pasado, en Naciones Unidas, se declaró el 22 de abril como Día Mundial de la Madre Tierra. En su discurso decías que ése debe ser un día de profunda reflexión sobre el futuro del planeta ¿Sobre qué elementos debería girar esa reflexión? Creo que el elemento principal para la reflexión es pensar que habrá Madre Tierra sin vida humana, pero no habrá seres humanos sin la Madre Tierra. Y hoy vemos que por irresponsabilidad de unos pocos se está lastimando a la Madre Tierra, que la Pachamama está enferma y que es responsabilidad de todos los que habitamos este planeta el curarla y defenderla. Y para esto hay que estudiar las causas que provocan la destrucción de la naturaleza. Muchos hablan de las consecuencias del daño que se está produciendo, pero nosotros queremos hablar de las causas. El sistema actual pretende seguir con el crecimiento y el consumismo desmedido, irracional y desigual. Hay que observar que se está consumiendo en un año lo que el planeta produce en un año y tres meses. Ahí hay un defasaje enorme, que no puede continuar. Sobre estas cuestiones es que debemos reflexionar y actuar. Usted ha propuesto que el siglo XXI debe ser el siglo en el cual la humanidad reconozca y defienda los Derechos de la Madre Tierra, así como en el siglo XX fue el siglo de establecer los Derechos Humanos ¿Cuál es la relación entre los derechos humanos y los derechos de la Madre Tierra? Realmente creo que en el Siglo XXI será más importante defender el derecho de la Madre Tierra que defender los derechos humanos. Y esto lo digo porque si no defendemos los derechos de la Madre Tierra de nada servirá defender los derechos humanos. Porque como le dije anteriormente, el planeta podrá seguir existiendo sin seres humanos, pero los seres humanos no podremos existir sin la Madre Tierra. Desde los organismos internacionales se escucha a menudo que los responsables de los problemas ambientales somos todos, ¿está de acuerdo? La causa principal de la destrucción del planeta Tierra es el capitalismo. El sistema capitalista, en la búsqueda permanente de la máxima ganancia, mercantilizando todo, el agua, la tierra, la cultura, la justicia, la ética, no respeta la vida, ni la naturaleza, ni nada. Casi la mitad de los habitantes de este planeta viven en la pobreza. Y eso es culpa del capitalismo. El capitalismo, insisto, en su afán de acumular y acumular riquezas, no para de saquear los recursos naturales, explotar a hombres y mujeres, envenenar mares, ríos y lagos, hacer el aire irrespirable… el capitalismo es sinónimo de la destrucción del planeta. Y eso hace que la humanidad esté ante la disyuntiva de continuar por el camino del capitalismo, o sea la muerte, o emprender el camino de la armonía con la naturaleza, o sea la vida. Sólo por este último camino, el que nosotros hemos emprendido, los pueblos indígenas originarios, los obreros, los humildes y las personas honestas que son las grandes mayorías en el mundo, podremos salvar a la humanidad y a la Madre Tierra. Como lo he dicho en otras
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oportunidades, los pueblos que habitamos y respetamos esta Madre Tierra, tenemos todo el derecho y la autoridad moral para decir claramente que el enemigo central de la Madre Tierra es el capitalismo. En su discurso en Naciones Unidas habló de cuatro derechos fundamentales que tendrían que incluirse en una Declaración de los Derechos de la Madre Tierra. 1. El derecho a la vida; 2. El derecho a la regeneración de su biocapacidad; 3. El derecho a una vida limpia; y 4. El derecho a la armonía y al equilibrio con todos y entre todos ¿Podrías explicarnos cada uno de ellos? En principio, el derecho a la vida es el derecho de todos y todas, como el principal derecho humano. Pero sin el derecho a la vida de la Madre Tierra, entonces los seres humanos no tienen derecho a la vida. Este es el tema central. Si no respetamos los derechos de la Madre Tierra, no estamos respetando los derechos humanos. Luego está el derecho a la regeneración de su biocapacidad. Y esto es muy importante por que la tierra no se puede explotar por explotar. La tierra nos da alimentos, por ejemplo, por lo tanto para reproducir nuestra vida. Pero a ese lugar donde se produce alimento, o donde se produce madera, o donde se produce oxígeno, si lo dañamos sin dar oportunidad a regenerase, a reponer su biocapacidad, estamos destrozando a la Madre Tierra. En la vivencia del movimiento indígena, incluido en Orinoca, donde nací, se siembra el primer año, el segundo año y luego se abandona ese lugar por cinco, seis y hasta diez años, y se va sembrando otro lugar, para que la tierra descanse, para que se regenere. Así se recupera su fertilidad, para seguir dando vida, para seguir produciendo alimentos. Es profundo y fundamental entender este tema de la regeneración de la bio-capacidad de la Madre Tierra. Pero en el mundo occidental no se respeta esto. La Madre Tierra allí es forzada, como violada. Y ahí vienen los transgénicos, para seguir sobreexplotando a la tierra, sin importarle en nada su capacidad de regeneración, matándola sin contemplación alguna y solo por el afán de hacer negocios suculentos y rápidos. Cuando decimos el derecho a una vida limpia hablamos de descolonizar la atmósfera. En este nuevo milenio no solo nos tenemos que descolonizar como seres humanos, tenemos que descolonizar también la Madre Tierra, limpiando el aire, limpiando la atmósfera. Y cuando hablamos del derecho al equilibrio con todos y entre todos nos referimos a la equidad, la igualdad entre los seres humanos. Es muy importante que haya equidad, igualdad, ya que eso traerá equilibrio, traerá armonía y paz entre los seres humanos y armonía con la Madre Tierra. Esa es la vivencia de todos. Porque mientras desde una comunidad, desde un país, desde un continente, mientras en el mundo se creen hegemonías, como es el imperialismo, expresión del capitalismo, mientras exista una mentalidad de dominación, de sometimiento, jamás podremos estar en armonía con la naturaleza. En la cumbre que se llevó a cabo en Cochabamba se ha planteado mucho la necesidad de cambiar el modelo de desarrollo. ¿Cuál sería el nuevo modelo de desarrollo para que la sociedad pueda vivir en equilibrio y armonía con la Madre Tierra? Aquí hay dos temas puntuales. Para el capitalismo, lo central es el mercado, es el sector privado, es la hegemonía. Para el socialismo, es la fuerza de trabajo, es el Estado, es lo social. El vivir en armonía con la Madre Tierra, es igualdad, es dignidad, es tener soberanía en todos los niveles. Porque en el fondo es un nuevo modelo de vida. El ALBA-TCP ha comenzado el sistema de integración por lo social. Llama la atención esto, cuando todos los sistemas de integración comienzan por lo económico. Por favor, deme una opinión sobre esto. Es una forma de comenzar resolviendo lo más importante, que son los problemas sociales. La mayoría de las veces los procesos de integración se gestan bajo la hegemonía de grupos que ostentan el poder económico, el poder político, sin tomar en cuenta el poder de los pueblos. O mejor, sin tener en cuenta la necesidad de los pueblos. Aquí se gesta una alianza, un acuerdo de países con gobiernos que están identificados con sus pueblos, es una integración para resolver los problemas sociales. Está la
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Misión Milagro, la alfabetización, la misión Moto Méndez, tantas políticas sociales… Y la región toma en conjunto estas políticas que han tenido tanto impacto. ¿Y cómo sigue esa tarea? Ahora mi sueño es resolver el otro analfabetismo que es tema de la comunicación. Y para eso estamos construyendo un satélite, el Túpac Katari. Cuando tengamos el satélite, mis hermanos y hermanas que no conocen ciudades, mis hermanas y hermanos que no conocen Internet, mis hermanas y hermanos que en no tienen información, ni radio, ni televisión, tendrán la gran oportunidad de informarse, de comunicarse, de acceder a las relaciones internacionales vía Internet. ¿Cómo se implementan esos adelantos tecnológicos sin dañar a la Madre Tierra? Ese es el estudio permanente que hay que hacer. Hay una necesidad de resolver el tema de la comunicación, y esta tecnología, aplicada con todos los recaudos existentes, no debería dañar el medio ambiente. Todos los estudios deben estar orientados a regularizar la aplicación de los adelantos tecnológicos con la protección de la Madre Tierra. ¿Y qué hacemos con la minería, el petróleo, el gas, cuya explotación sabemos que produce contaminación? Justamente, eso es lo que hay que regular, imponiendo una explotación racional. No que por el pretexto de explotar, y sobre todo por tener ganancias, se pueda hacer daño al planeta. Lo que hay que hacer es una explotación racional, con estudios y responsabilidad compartida entre todos. Hemos oído, durante la Cumbre en Cochabamba algunos planteamientos que dicen “no al petróleo”, “no al gas”. ¿Qué opinión te merecen estos puntos de vista? Hay algunos hermanos dirigentes, influenciados por algunas ONGs que negocian y convierten en un negocio cualquier propuesta. Acá en Bolivia nos dicen que vivamos sin petróleo. Pero sin petróleo, sin hidrocarburos, ¿de qué Bolivia va a vivir? Nosotros defendemos nuestros recursos naturales y también somos concientes que la explotación de esos recursos debe de hacerse de manera racional, regulada y, fundamentalmente, beneficiando a los pueblos. Entonces la tarea principal en estos momentos sería el combate contra la pobreza, ¿es así? Resolver el problema de la pobreza es nuestra lucha. Con el gobierno revolucionario hemos garantizado la estabilidad macroeconómica, garantizado la democracia. Ahora avanzamos en la industrialización de nuestros recursos naturales, estimulando al sector productivo para que no falte alimento para el pueblo boliviano. Seguimos trabajando entonces con mucho compromiso por Bolivia, por América Latina y por un mundo donde las personas podamos convivir armónicamente con la Madre Tierra. Vivir bien es nuestro objetivo, en solidaridad y complementariedad; no vivir mejor, que significa individualismo, egoísmo.

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25/4/2010 The Nation

Bolivia. Un nuevo movimiento sobre el cambio climático
Naomi Klein

Cochabamba, Bolivia. Eran las 11 de la mañana y Evo Morales había transformado el estadio de futbol en un gigantesco salón de clases, y había reunido una variedad de objetos de utilería: platos de cartón, vasos de plástico, impermeables desechables, jícaras hechas a mano, platos de madera y coloridos ponchos. Todos jugaron un papel para demostrar un punto principal: para luchar contra el cambio climático necesitamos recuperar los valores de los indígenas. Sin embargo, los países ricos tienen poco interés en aprender estas lecciones y, al contrario, promueven un plan que, en el mejor de los casos, incrementaría la temperatura global promedio en dos centígrados. Eso implicaría que se derritieran los glaciares de los Andes y los Himalaya, le dijo Morales a las miles de personas reunidas en el estadio, como parte de la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra. Lo que no necesitaba decir es que no importa cuán sustentablemente elija vivir el pueblo boliviano, pues no tiene el poder para salvar sus glaciares. La cumbre climática en Bolivia ha tenido sus momentos de alegría, levedad y absurdos. Sin embargo, en el fondo, se siente la emoción que provocó este encuentro: rabia contra la impotencia. No hay por qué sorprenderse. Bolivia está en medio de una dramática transformación política, una que nacionalizó las industrias clave y elevó como nunca antes las voces de los indígenas. Pero en lo que se refiere a su crisis existencial más apremiante –el hecho de que sus glaciares se derriten a un ritmo alarmante, lo cual amenaza el suministro de agua en dos de las principales ciudades–, los bolivianos no pueden cambiar su destino por sí solos. Eso se debe a que las acciones que provocan el derretimiento no se realizan en Bolivia, sino en las autopistas y las zonas industriales de los países fuertemente industrializados. En Copenhague, los dirigentes de las naciones en peligro, como Bolivia y Tuvalu, argumentaron apasionadamente en favor del tipo de reducciones a las emisiones de gases que podrían evitar una catástrofe. Amablemente les dijeron que la voluntad política en el Norte simplemente no existía. Y más: Estados Unidos dejó claro que no necesitaba que países pequeños como Bolivia fueran parte de una solución climática. Negociaría un acuerdo con otros emisores pesados a puerta cerrada y el resto del mundo sería informado de los resultados e invitado a firmar, lo cual es precisamente lo que ocurrió con el Acuerdo de Copenhague. Cuando Bolivia y Ecuador rehusaron aprobarlo en automático, el gobierno estadounidense recortó su ayuda climática en 3 millones y 2.5 millones de dólares, respectivamente. No es un proceso de a gratis, explicó Jonathan Pershing, negociador climático estadounidense. (Aquí está la respuesta para cualquiera que se pregunte por qué los activistas del Sur rechazan la idea del apoyo climático y, en cambio, demandan el pago de deudas climáticas.) El mensaje de Pershing era escalofriante: si eres pobre, no tienes derecho a priorizar tu propio supervivencia. Cuando Morales invitó a los movimientos sociales y los defensores de la madre tierra, científicos, académicos, abogados y gobiernos, a venir a Cochabamba a un nuevo tipo de cumbre climática, fue una revuelta contra esta sensación de impotencia, fue un intento por construir una base de poder en torno al derecho a sobrevivir.
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El gobierno boliviano arrancó las discusiones proponiendo cuatro grandes ideas: que se debería otorgar derechos a la naturaleza, que protejan de la aniquilación a los ecosistemas (una declaración universal de los derechos de la madre tierra); que aquellos que violen esos derechos y otros acuerdos ambientales internacionales deberían enfrentar consecuencias legales (un tribunal de justicia climática); que los países pobres deberían recibir varios tipos de compensación por una crisis que ellos enfrentan pero tuvieron poco que ver en crear (deuda climática), y que debería haber un mecanismo para que la gente en el mundo exprese sus puntos de vista sobre estos temas (un referéndum mundial de los pueblos sobre cambio climático). La siguiente etapa fue invitar a la sociedad civil global a ir discutiendo los detalles. Se instalaron 17 grupos de trabajo y después de semanas de discusión en línea se reunieron durante una semana en Cochabamba, con el fin de presentar sus recomendaciones finales al término de la cumbre. El proceso es fascinante pero lejos de ser perfecto (por ejemplo, como señaló Jim Shultz de Democracy Center, al parecer, el grupo de trabajo sobre el referendo invirtió más tiempo discutiendo si añadir una pregunta sobre abolir el capitalismo que discutiendo cómo se le hace para llevar a cabo una consulta global). Sin embargo, el entusiasta compromiso de Bolivia con la democracia participativa podría ser la contribución más importante de la cumbre. Esto porque luego de la debacle de Copenhague un tema de discusión tremendamente peligroso se volvió viral: la verdadera culpable del fracaso era la democracia en sí. El proceso de la Organización de Naciones Unidas (ONU), que da votos con el mismo peso a 192 países, simplemente era demasiado difícil de manejar. Era mejor encontrar soluciones en grupos pequeños. Hasta las voces ambientales de confianza, como James Lovelock, cayeron en la trampa: Tengo la sensación de que el cambio climático puede ser un tema tan severo como la guerra, le dijo a The Guardian recientemente. Quizá sea necesario poner a la democracia en pausa durante un tiempo. Pero en realidad son estos pequeños grupos, como el club privado que forzó el Acuerdo de Copenhague, los que han ocasionado que perdamos terreno y debilitado los acuerdos existentes, que de por sí son inadecuados. En cambio, la política de cambio climático llevada a Copenhague por Bolivia fue redactada por los movimientos sociales mediante un proceso participativo y el resultado final fue, hasta el momento, la visión más transformadora y radical. Con la cumbre de Cochabamba, Bolivia intenta globalizar lo que logró a escala nacional e invitar al mundo a participar en redactar una agenda climática conjunta, antes del próximo encuentro sobre cambio climático de la ONU, en Cancún. En palabras del embajador de Bolivia ante Naciones Unidas, Pablo Solón, la única cosa que puede salvar a la humanidad de una tragedia es el ejercicio de la democracia global. Si está en lo correcto, el proceso boliviano podría no sólo salvar a nuestro planeta que está calentándose, sino también a nuestras democracias en vías del fracaso. No está mal el trato.
El texto fue publicado en The Nation. Traducción para La Jornada: Tania Molina Ramírez

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June 2010 IV Online magazine

Cochabamba Summit of the Peoples: Some critical comments on the Final Declaration
Daniel Tanuro, Sandra Invernizzi

The Summit of the Peoples on the climate and the rights of Mother Earth, which met in Cochabamba (Bolivia) from 20-22 April, at the invitation of President Evo Morales, was an enormous success. Thirty thousand participants discussed for several days the various facets of the climate crisis and adopted a series of very interesting documents, from a resolutely anti-capitalist standpoint. The Final Declaration of the Summit [1], which synthesizes this work, constitutes an important advance on the road of a convergence of social and environmental struggles from an antiproductivist and internationalist point of view. As ecosocialist militants, we can only express our satisfaction. At the same time, we think it is necessary to begin a fraternal debate on some lacunae in the document, which ought to be surmounted in the future, on the occasion of a future meeting of this type. Following the declarations of Evo Morales and Hugo Chavez at the United Nations Summit, in December in Copenhagen, the Final Declaration of the conference clearly points to the capitalist origin of the deregulation of the climate that is taking place. The document denounces governments which discuss climate change as a simple question of temperature, as if the problem could be settled without calling into question the socio-economic system responsible for it. It underlines the complete incompatibility between a model based on the logic of competition, therefore of unlimited growth, on the one hand, and on the other the pressing need to respect the limits of the ecosystems and their rhythms: “the capitalist system has imposed on us a logic of competition, (…) and of unlimited growth. This mode of production and consumption seeks profit without limits, by separating human beings from nature, by establishing a logic of domination over nature, by converting everything into commodities: water, land, the human genome, ancestral cultures, biodiversity, justice, ethics, the rights of the people, death and life themselves”. After having stigmatized the transformation of natural resources and human beings into commodities, the declaration denounces imperialist colonization, then concludes logically that it would be “irresponsible to leave in the hands of the market the care (cuidado) and protection of humankind and of our Mother Earth”. This strategic positioning is then translated into a series of concrete demands which link the ecological and the social: against the market in carbon, the REDD mechanism [2] (+ and ++), biofuels, GMOs, intellectual property laws on living organisms, Free Trade Treaties; for a world fund for adaptation and funds for clean technologies, for water to be recognized as a fundamental human right, for the respect of the rights of indigenous people, for support for peasant agriculture… Uncovering the cynicism of governments which do not envisage doing anything, while 100 million people could become “climatic refugees” in the next decades, the document demands the end of the restrictive and repressive immigration policies of Western countries, and demands that the funds assigned to military budgets be invested in the protection of the climate. It also denounces the flexible mechanisms which, under cover of technology transfers, actually aim at allowing the big companies of the North to continue to pollute, while making superprofits on the market in carbon.
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Faced with this new form of colonial exploitation, the declaration affirms that “knowledge is universal and can in no case be an object of private property and private use”. Consequently it argues for the sharing of technologies and their development in the service of “living well”. Lastly, the document proposes concretely the installation of a sovereign international legal framework, equitably run by the populations of the world, whose goal would be to put an end to aberrations concerning the overexploitation of resources, environmental irresponsibility and inhuman treatment of migrant populations. Although this anti-capitalist position is remarkable, we must however deplore certain lacunae. The most striking point is that the oil, gas and coal oligarchies, as well as the big multinationals of the energy sector, are not accused of anything, nor even mentioned, whereas their responsibility for climate change is overwhelming. The document goes into detail on the harmful role of agribusiness in the degradation of the climate, but the word “oil” appears only once in the declaration, and even then only within the framework of the demand for non-exploitation of the deposits located in forest zones, in the name of the protection of the forests and the rights of indigenous people (which is a correct and legitimate but completely insufficient demand). The words “coal” and “natural gas” are simply not mentioned. The expression “renewable energies” is also absent. Moreover, the document contains neither rejection of nuclear power nor advice to be prudent about the possible risks of geological storage of CO2… Putting all that together, we cannot avoid having the impression that the Declaration overlooks the struggle against the capitalist energy lobbies and the sectors linked to it (cars, petrochemicals, shipbuilding, the aeronautics industry, transport,…), whereas this is obviously the key question in the framework of an anti-capitalist strategy of stabilization of the climate. We can also see the astonishing contrast between this absence and the radical nature of the objective of reduction in greenhouse gases that is advocated by the Declaration. It proposes, without touching on the question of the choice of energy resources, to commit itself to a reduction on a much greater scale than the most radical of the scenarios of the IPCC: 300 CO2 equivalents ppm, not to exceed 1°C of rise in temperature compared to the preindustrial era. However, to reach this level of stabilization, it is necessary to follow a series of stages that are impossible to circumvent, which relate mainly to the energy sector and the question of resources: - the obligation to abandon fossil energy in the short term; the need to plan the replacement of fossil energy by renewable energy; the need to reduce the overall production and transport of raw materials so that this replacement is possible in practice; to do all of the above while bearing in mind the risk of obstructing the satisfaction of the legitimate needs of the three billion human beings who lack the essentials of life; to solve this problem in a human way, it is necessary and urgent to make energy common property, so that investments can be carried out according to needs and independently of costs, without social conflict; finally, putting energy under social ownership must be coupled with a redistribution of wealth, in order to mobilize the resources that are essential for the energy transition. Of all that, the Declaration says nothing. However, without these radical measures, it will be quite simply impossible to stabilize the climate on the best possible level, not to mention satisfy the legitimate rights of the South with a development centred on the needs of the populations. We can understand that the ultra-radical objective of 300 ppm CO2 equivalent is put forward with the aim of limiting to the maximum the injustice of climate change for the populations which do not have any responsibility for the damage done. But unfortunately truth requires us to say that the limit of a 1°C
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rise can no longer be attained: the temperature has increased by 0.8°C since 1850, an additional rise of 0.6°C is “in the pipeline” (delayed only by thermal inertia from the oceans) and every year we add 2 to 3 ppm CO2 to the atmosphere… In fact, even a rise of 2°C can probably no longer be avoided. The atmospheric concentration of greenhouse gases (all such gases) is currently higher than 460 ppm CO2 equivalent. The most radical of the stabilization scenarios mentioned in the 4th report of the IPCC estimates that there will be a concentration of between 445 and 490 ppm in 2050, corresponding to a rise in temperature of between 2 and 2.4°C and to a rise of the level of the oceans of between 0.4 and 1.4 m (on balance). We could possibly return one day to 300 ppm, and a difference in temperature of 1°C compared to the preindustrial era, as the Declaration demands, but certainly not in the course of this century: that will demand a very long-term effort. This problem is related to that of the distribution of effort between the developed countries and the rest of the world. As is known, the United Nations Framework Convention on Climate Change (UNFCC) urges taking account of the fact that the responsibility for global warming is common but differentiated. The respect of this principle is obviously crucial for the countries of the South, but the contradiction is that the more drastic the objective of stabilization is, the more it is necessary that the developing countries take part in the effort. Thus the most radical scenario of the IPCC implies that the developed countries reduce their emissions by between 80 and 95 per cent between now and 2050 (including a reduction of between 25 and 40 per cent by 2020), which means, roughly speaking, that they have forty years to dispense with fossil fuels and to reduce by half their final consumption of energy. In the name of the precaution principle, it is only logical and right to demand that the North make at least 40 per cent of reduction by 2020 and 95 per cent by 2050, not counting the purchases of carbon credits. But two remarks need to be made: 1) in this scenario, the effort of the countries of the South is not negligible, since their emissions should differ by between 15 and 30 per cent compared to the scenario of reference; 2) to go further, the countries of the North would need to have recourse to dangerous and socially doubtful technologies such as clean coal, biofuels and nuclear power… without even being certain that that would be enough. So there is something unrealistic about the Declaration when it demands that the countries of the North not only go further than the most radical scenario of the IPCC, but are furthermore the only ones who have to make an effort. A precise figure is proposed: 50 per cent reduction in the developed capitalist countries between now and 2017. Even though we understand and share the indignation of the Declaration concerning the governments of these countries, we cannot remain silent on the exaggerated nature of this scenario. For it to be practicable, it would in fact be necessary for an anti-productivist socialist revolution to triumph tomorrow, simultaneously in all the developed capitalist countries (and even then!). This possibility is unfortunately not very probable, so that the question is: how do we address the working class of North so that it becomes aware of its crucial responsibility for the rescue of the climate? To this question, the Declaration does not answer in a convincing way. The reason for this is that it establishes a dichotomy between the exploiting North and the exploited South, and thus fails to grasp the urgency of unifying the struggles of the exploited in the “developed” and “developing” countries. In the case of the South, the way in which the Declaration proposes to concretize the principle of common but differentiated responsibilities tends to ignore the necessary criticism of the productivist development strategies of certain ruling classes, such as those of Brazil, China or … Venezuela, for example, as a large oil producer. This “third-worldist” manner of tackling the question is likely to provoke a reaction of rejection among the exploited of the North, who fear for their jobs or have already lost them because of the economic crisis. However, the fight for the climate will not progress if the exploited of all countries do not fight in a unified way. Rather than launching the not very realistic figure of 50 per cent of reduction by 2017, this unity could be encouraged by pointing out that the countries of the South are already committed to
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doing almost the utmost of what is necessary to stabilize the climate, while the countries of the North are making less than half of the effort which is assigned to them. According to the IPCC, indeed, the developing countries should take measures so that their emissions in 2020 are between 15 and 30 per cent below “business as usual” projections. However, we see from the 120 climate plans communicated to the secretariat of the UNFCC in the framework of the Copenhagen agreement that the commitments of the South are equivalent to an average difference of 25 per cent (almost the maximum, therefore). On the other hand, the climate plans communicated by the developed countries scarcely correspond to a reduction in emissions of 15 per cent compared to 1990, whereas the IPCC proposes for them a range of between 25 and 40 per cent. So we are not in a situation where the South needs to continue not to make any effort, as one might think from the Declaration. On the contrary, we are in a situation where the South is making a more than correct share of the effort and where the North is not doing anything, although it is the North that is responsible historically! This reality provides a solid justification of the need for a drastic reduction in the emissions of the developed capitalist countries. Moreover, it cuts the grass from under the feet of all the demagogues who want to stir up the victims of the crisis in the North by making scapegoats of the peoples of the South. Some progressive people who supported in general the approach taken by the Summit expressed reservations concerning an approach to climate justice based on the rights of Mother Earth. On reading the Declaration, however, we have to recognise that this conception of Mother Earth as the source of all life and of its right to exist in a balanced way introduces a completely new and interesting approach to “the right to live in a healthy environment”. Without necessarily adhering to the spiritual or mystical conception that the indigenous populations of Latin America have of their relationship with Pachamama, one can only note that, over and above the different cultural references, the very clear points that the declaration develops concerning international policies of commoditisation and the plundering of nature make it possible for completely different cultures to come together around a common objective: to push back the logic of profit and exploitation which is endangering the right of people to live in a stable climatic situation. As regards the environmental crisis, it is undeniable that the cosmological vision of indigenous people, based on the idea that matter and energy circulate unceasingly within nature considered as a whole, constitutes an invaluable contribution, which must be appreciated at its true value. But, however valid it is, this dynamic vision of the interrelationships between humanity and the rest of nature cannot replace precise demands such as the pure and simple expropriation of the monopolies, initially in the energy sector. Without this expropriation, indeed, the respect of the rhythms and cycles of the biosphere will remain a chimera, for the simple reason that it will not be possible to implement radical and internationally equitable policies of energy and productive transition. From this point of view, the text is in fact at a crossroads between a radical, revolutionary refusal of the capitalist system, on the one hand, and on the other a positioning which is more ambiguous than it seems at first sight, favourable to a “change that has to be made to the present capitalist system”. The Summit of the Peoples, let us repeat, constitutes a remarkable step forward towards a climatic strategy worthy of the name, i.e. an anti-capitalist strategy. All the exploited and oppressed of the world are indebted to the Bolivian people who took the initiative for this event, through their elected president. They are indebted in particular to indigenous people, who play a leading role by showing that another relation between humanity and nature is possible and necessary. It is within the framework of this eminently positive assessment that we wish to contribute to a constructive debate. Daniel Tanuro, a certified agriculturalist and eco-socialist environmentalist, writes for “La gauche”, (the monthly of the LCR-SAP, Belgian section of the Fourth International).
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Sandra Invernizzi is a member of the LCR/SAP (Belgian section of the Fourth Interntional) and active in the Climate Justice campaign. Notes [1] See “Bolivia: “People’s Agreement” adopted by the World People’s Conference on Climate Change and the Rights of Mother Earth”://www.europe-solidaire.org/spip.php?article17130 [2] The Program of the United Nations on the reduction of emissions resulting from deforestation and forest degradation in the developing countries (UN-REDD) aims at reducing this figure by allotting to the forests a financial value based on their carbon storage capacity.

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MODELO DE DESARROLLO: NEOEXTRACTIVISMO Y “VIVIR BIEN”

Sarah Pabst.

30-8-2009 Rebelión

Sumak Kawsay, Suma Qamaña, Buen Vivir
José María Tortosa

Las tres palabras que encabezan este artículo significan lo mismo, aunque cada cual, situada en su contexto, presenta algunos matices diferenciadores. Sumak kawsay es quichua ecuatoriano y expresa la idea de una vida no mejor, ni mejor que la de otros, ni en continuo desvivir por mejorarla, sino simplemente buena. La segunda componente del título viene del aymara boliviano e introduce el elemento comunitario, por lo que tal vez se podría traducir como “buen convivir”, la sociedad buena para todos en suficiente armonía interna. Buen vivir, finalmente, y en las diversas lenguas de los países centrales, suele implicar el disfrute individual, material, hedonista e incesante. Un somero repaso al modo con que los medios utilizan dichas palabras y sus semejantes (buena vida, vivir bien) lo confirmaría. En algún ejemplo extremo encontrado recientemente en España, “buen vivir” casi se reduciría al “comer, beber y dormir” (sic). Lo que tienen de particular las dos primeras opciones, la ecuatoriana y la boliviana, es que han aparecido en las respectivas constituciones políticas aprobadas recientemente. En efecto, en la Constitución ecuatoriana de 2008 puede leerse que “se reconoce el derecho de la población a vivir en un ambiente sano y ecológicamente equilibrado, que garantice la sostenibilidad y el buen vivir, sumak kawsay”. Por su parte, la Constitución boliviana de 2009 es algo más prolija al respecto pues recoge la pluralidad lingüística del país que dicha constitución reconoce como plurinacional, y dice que “el
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estado asume y promueve como principios ético-morales de la sociedad plural: ama qhilla, ama llulla, ama suwa (no seas flojo, no seas mentiroso ni seas ladrón), suma qamaña (vivir bien), ñandereko (vida armoniosa), teko kavi (vida buena), ivi maraei (tierra sin mal) y qhapaj ñan (camino o vida noble)”. Un derecho en un caso y un principio ético-moral en el otro, pero ambos referidos a ese Buen Vivir o, mejor, a ese Buen Convivir del que algo se ha escrito y publicado presentándolo en muchos casos como alternativa al pensamiento sobre el desarrollo 1 y, en más de uno, como hallazgo fundamental en la presente coyuntura del sistema mundial. El relativo éxito que estos vocablos han tenido sobre todo en el contexto latinoamericano puede explicarse situándolo en el igualmente relativo, pero no por ello menos real, fracaso de los proyectos desarrollistas. De hecho, el número 445 de América Latina en movimiento de junio de 2009, dedicado a la “agonía del desarrollo” 2 , se abría con un artículo del mexicano Gustavo Esteva proponiendo el Buen Vivir (“buena vida” se dice en el artículo) como camino para ir “más allá del desarrollo”. Si fe es creer en lo que no se ve, el desarrollo habría sido una fe predicada por unos, básicamente en los países centrales, y asumida por otros, en general los gobiernos de los países periféricos y, en particular, los latinoamericanos. La idea del “post-desarrollo” lleva ya años circulando en los ambientes académicos. Parte de la constatación del carácter histórico que tienen los conceptos y la necesidad de entenderlos una vez situados en su espacio-tiempo específico. “Desarrollo”, en efecto, tiene poco más de 60 años de uso y su fracaso queda patente incluso por la necesidad que ha habido de cualificarlo incesantemente: desarrollo económico, desarrollo social, desarrollo humano, ecodesarrollo, codesarrollo... Produce cierta desconfianza cuando un concepto es acompañado por especificaciones que, en muchas ocasiones, más que clarificar, dificultan todavía más la comprensión del mismo. Hay dos puntos que los críticos del desarrollo encuentran en casi todas estas acepciones obtenidas mediante prefijos, adjetivos o sustantivos que lo acompañan. El primero es el marcado carácter económico, cuando no economicista, del concepto que, por más que se quiera evitar, acaba definiéndose como crecimiento económico medido por aumento del Producto Interno Bruto al que se añadirán otras variables, como en el caso del institucionalismo, pero centradas en el PIB. El segundo punto es su origen en los países centrales y su adopción por las élites de los países periféricos sin que haya supuesto grandes cambios en estas últimas sociedades... a no ser que se incumpliesen los preceptos implícitos en el desarrollismo, como ha sucedido con los llamados países emergentes. Estos últimos habrían imitado a los países centrales sin hacer caso a la retórica de estos últimos y habrían logrado mejorar sus posiciones en la jerarquía mundial mucho mejor y más rápidamente que si hubiesen seguido las recetas de los expertos en desarrollo. Desde la perspectiva de este segundo punto, la sospecha que levantan algunos críticos del desarrollo es la de si no será un instrumento más de dominación de los países centrales sobre los países periféricos. Algo de base sí parece tener esa perspectiva. Es en ese contexto que emerge la idea del Sumak Kawsay o Suma Qamaña: nace en la periferia social de la periferia mundial y no contiene los elementos engañosos del desarrollo convencional. Ya no será cuestión del “derecho al desarrollo” o del principio desarrollista como guía de la actuación del estado. Ahora se trata del Buen Vivir de las personas concretas en situaciones concretas analizadas concretamente, y la idea proviene del vocabulario de pueblos otrora totalmente marginados, excluidos de la respetabilidad y cuya lengua era considerada inferior, inculta, incapaz del pensamiento abstracto, primitiva. Ahora su vocabulario entra en dos constituciones. De todos modos, no tendría mucho sentido repetir con el Buen Vivir los mismos errores cometidos con el Desarrollo. En primer lugar, no tendría mucho sentido recibir el concepto con el mismo entusiasmo acrítico con que se recibió “desarrollo” en los años 50 y 60 del pasado siglo. En segundo lugar, tampoco tendría mucho sentido confundir la expresión de derechos o de principios ético-morales con la práctica de los mismos. De hecho, algunas políticas aplicadas por países que se
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acogen a dicha idea están reproduciendo, con su extractivismo por ejemplo, lo peor que tuvo en su momento el desarrollismo no-sustentable, economicista y ciego ante los problemas del futuro. Los derechos pueden ser subjetivos, sin que nadie pueda denunciar a quien no los respeta, y los principios ético-morales pueden quedar en bellas expresiones retóricas carentes de cualquier aplicación práctica a la condición real de los seres humanos. Pero es que, además, si se atiende a lo ya publicado sobre dichos conceptos, no es fácil sustraerse a la impresión del déjà vu. Situado en el contexto de las distintas propuestas que se han hecho históricamente para mejorar las condiciones de los más necesitados, lo que ahora puede leerse sobre el Buen Vivir resuena notablemente con las ideas de Ernest F. Schumacher, “lo pequeño es hermoso” y “una economía como si los seres humanos importasen” publicadas en Inglaterra en 1973. También son perceptibles las sintonías con el “desarrollo a escala humana” de Manfred MaxNeef publicado en 1993 en castellano y en 1986 en inglés. Cierto que no son ideas idénticas (como no lo son las de Schumacher y las de Max-Neef), pero es innegable que tienen (las tres) elementos en común. Sin embargo, estas y otras aportaciones académicas fueron eso: aportaciones dentro del mundo académico, universitario y de organizaciones internacionales sin impacto directo sobre la realidad aunque sí sobre el vocabulario dominante. La novedad es que esas ideas aparecen ahora en constituciones políticas haciendo válido el dicho de Keynes sobre los políticos que ponen en práctica las ideas de economistas muertos, aunque en este caso, Max-Neef sigue viviendo en su Chile. Poner en práctica, como se ha dicho, relativamente. Pero por lo menos se le ha dado un realce político que antes no tenía. De todos modos, lo que parece más importante con Sumak Kawsay y Suma Qamaña no es tanto el contenido que, como se acaba de decir, no es tan extraordinariamente original. Lo que es importante es que provenga del vocabulario de pueblos originarios históricamente marginados primero por la Conquista y la Colonia y después, con la Independencia, por la República. Los pueblos originarios latinoamericanos sufrieron esa sucesiva marginación, con evidentes intereses económicos y muy curiosas legitimaciones ideológicas, pero produjeron muy pronto reacciones contra tal situación. Sus propios intelectuales o los que han optado por ser sus “intelectuales orgánicos”, han documentado ampliamente ese no-cambio que supuso la Independencia y se echan de menos textos como el del discurso del primer ministro de Australia, Kevin Rudds, en la apertura del Parlamento australiano en febrero de 2008, pidiendo disculpas a la nación aborigen por el trato infligido por los blancos durante tanto tiempo. La historia no es la misma, pero no por ello es menos ejemplar. Sumak Kawsay y Suma Qamaña tienen, pues, importancia en primer lugar en el terreno simbólico: los que fueron marginados por conquistadores y criollos aportan ahora desde su visión del mundo palabras que pretenden colaborar con la solución de los problemas creados por aquellos. Y, en segundo lugar, porque señalan dónde han podido estar los errores del llamado desarrollo. El hecho de que hayan encontrado su camino para aparecer en estas dos constituciones puede ser una ocasión más para repensar el desarrollo, desde la periferia y no sólo desde el centro, y desde los marginados de la periferia y no sólo desde sus élites. El resultado es prometedor. José María Tortosa. Instituto Universitario de Desarrollo Social y Paz. Universidad de Alicante Notas
1 Alberto Acosta, Edgardo Lander, Eduardo Gudynas y otros, El Buen Vivir. Una vía para el desarrollo, Quito, Abya-Yala, 2009. 2 http://alainet.org/publica/445.phtml

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15/11/2009 Fortuna

Balance de una gestión presidencial exitosa
Juan Manuel Bueno Soria

Con un crecimiento del 4 por ciento para 2009, el presidente Evo Morales Ayma y su gabinete han hecho de Bolivia un ejemplo de desarrollo económico para Latinoamérica. En consecuencia, con ese triunfo incontestable, el primer presidente indígena en más de 180 años de vida republicana de su país se presenta como el candidato más favorecido por las encuestas para las elecciones presidenciales que tendrán lugar el próximo 6 de diciembre. Por su parte, en relación con el desarrollo de la economía boliviana, el Fondo Monetario Internacional (FMI) señala en su página de Internet que conseguirá un superávit en su balanza de pagos del 1,1 por ciento del Producto Interno (PIB) en 2009, que aumentará hasta el 1,3 por ciento en 2010. Con este bagaje, unido a un intenso ejercicio democrático (un referendo ratificatorio en el que obtuvo el 67 por ciento y una nueva constitución en la que el país se define como Estado plurinacional, promulgada en febrero de 2009), es probable que el presidente Morales alcance más del 60 por ciento de los votos en la próxima contienda presidencial. Miembro de la nación indígena aymara, Evo Morales inició su gestión presidencial el 22 de enero de 2006, y la evolución favorable de las variables económicas de su país ha sido reconocida a lo largo de este periodo por organismos especializados públicos y privados. Bolivia ya no es a los ojos del mundo el ejemplo de una nación olvidada. El proceso de crecimiento 2006-2007 El Centro de Investigación Económica y de Políticas (CEPR, por sus siglas en inglés) ubicado en Washington DC, publicó en su informe de agosto de 2007 el notorio avance de los principales indicadores de la economía boliviana, entre ellos el crecimiento del PIB que para 2006 fue de 4,6 por ciento. En el documento se establece que “el sector manufacturero fue uno de los de mayor crecimiento, con una variación de 8,1 por ciento”, y “la construcción –incluyendo obras públicas– también repuntó, al crecer a un ritmo de 4,5 por ciento en 2006”. El CEPR subrayó también la situación favorable de las finanzas públicas, balanza de pagos y reservas internacionales que ya para ese año representaban el 32 por ciento del PIB. Junto con esto, la deuda externa pública total de Bolivia sólo representaba cerca del 16 por ciento del PIB; un nivel bastante aceptable de endeudamiento externo. Por otro lado, el informe da cuenta de las medidas del gobierno de Evo Morales para mejorar la situación de la población en general; entre ellas el programa nacional de alfabetismo, que contaba ya con 172.314 graduados y 328.933 participantes activos. Además, el documento informa del inició de un ambicioso programa de reforma agraria y titulación de tierras mediante el cual ya se habían distribuido 481.664 hectáreas a campesinos pobres. Para la Comisión Económica para América Latina (Cepal), en su Estudio económico de América Latina y el Caribe 2008-2009 , publicado en julio pasado, “en 2008 la economía boliviana siguió presentando resultados positivos en términos de crecimiento de la actividad económica, cuentas externas y fiscales”. “El PIB registró un incremento del 6,1 por ciento, es decir, 1,5 puntos porcentuales más que en 2007”, y “el incremento de la actividad económica se tradujo en un
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descenso de la tasa de desempleo que pasó del 7,7 por ciento al 7 por ciento”. Asimismo, señala el informe, el sector público no financiero registró un superávit equivalente al 3,2 por ciento del PIB. Al cierre de 2008, las reservas internacionales netas en poder del Banco Central de Bolivia alcanzaron un nivel histórico extraordinario: 46,3 por ciento del PIB. Para el mismo año, la deuda pública externa del Estado plurinacional de Bolivia se incrementó en 10,4 por ciento y corresponde principalmente a la deuda contraída con organismos multilaterales y la deuda bilateral, sobre todo con la República Bolivariana de Venezuela, en el marco del fortalecimiento de las relaciones económicas entre ambas naciones. Para el periodo estudiado por la Cepal, las exportaciones bolivianas aumentaron 44,6 por ciento. Los beneficios para la población Éstos han sido múltiples en materia de desarrollo comunitario, educativo y de la salud. Citemos sólo algunos: el 19 de febrero de 2009 se decretó un aumento del salario mínimo público y privado del 12 por ciento, medida retroactiva al 1 de enero. El 3 de abril de 2009 se decretó la entrega de bonos a favor de las madres gestantes, así como de las niñas y niños menores de dos años, el cual se comenzó a pagar el 27 de mayo de 2009. La madre gestante recibirá cuatro pagos de 120 bolivianos correspondientes a la asistencia para cuatro controles prenatales y un pago de 120 bolivianos para el parto en instituciones designadas, así como un control posnatal. En el caso de los infantes, la madre recibirá 12 pagos de 125 bolivianos para 12 controles bimestrales integrales de salud. El coste fiscal de esta medida, informa la Cepal, es de aproximadamente 70 millones de dólares. Por otra parte, cabe mencionar que durante la presidencia de Evo Morales se ha dignificado el trabajo de los campesinos, y en especial el de los cocaleros. Desarrollo tecnológico e industrial El 29 de agosto de 2009, la Asamblea General de las Naciones Unidas nombró a Evo Morales “Héroe Mundial de la Madre Tierra”, en reconocimiento a su lucha por el medio ambiente, y acordó declarar el 22 de abril como Día Mundial de la Pachamama (Madre Tierra en aymara y quechua). Por ello, de manera por demás resumida, cabe mencionar algunos de los últimos logros en materia de desarrollo industrial del país, efectuados bajo un esquema de respeto al medio ambiente y de apoyo a las culturas locales: En dos o tres años se lanzará al espacio el satélite Tupac Katari con el apoyo de China. Ha comenzado a construirse una planta de litio con una inversión de 350 millones de dólares. Las reservas bolivianas de litio son las más grandes del mundo. El litio es un elemento químico que posee múltiples aplicaciones en la transferencia de calor y se usa como componente dentro de las baterías eléctricas. En octubre se inauguró una planta de cobre que producirá al año 3.600 toneladas, con lo que este país podría convertirse en el tercer productor de cobre del mundo, luego de Perú y Chile. Los países interesados en encabezar la cartera de clientes en la adquisición de cobre son: Rusia, Corea del Sur y Japón. Los obstáculos al desarrollo La lucha no ha sido fácil, pues como lo señala la CEPAL: “en el primer trimestre de 2008, el Estado plurinacional de Bolivia se vio afectado por el fenómeno climático La Niña, sobre todo en los departamentos de Beni y Santa Cruz, lo que impidió un mayor repunte de la actividad agrícola en 2008, y en enero de 2009 se declaró emergencia nacional debido a la epidemia del dengue”. En 2009 las exportaciones bolivianas a Estados Unidos no se acogerán al sistema preferencial de la Ley de Promoción Comercial Andina y Erradicación de la Droga, que no fue renovado por el gobierno de ese país.
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Por otra parte, los intentos de desestabilización política de la extrema derecha, que promueve la separación de los departamentos de la región conocida como la media luna, así como los intentos de magnicidio, han distraído múltiples esfuerzos y recursos económicos, que aun así no han impedido el desempeño económico del gobierno actual. Las dificultades electorales y la mano estadounidense El ambiente electoral se encuentra enrarecido por el propio Órgano Electoral Plurinacional, dirigido por Antonio Costas, pues es sabido que apoya las campañas de Manfred Reyes Villa, candidato presidencial por el derechista partido Plan Progreso para Bolivia, un militar que estudió en la Escuela de las Américas –institución estadounidense en la que se han graduado numerosos militares latinoamericanos violadores de los derechos humanos–; fue además prefecto de Cochabamba y revocado de ese cargo en una consulta popular en 2008. Leopoldo Fernández, su compañero de fórmula como candidato a la vicepresidencia, ex prefecto del departamento de Pando, se encuentra preso, acusado de terrorismo, asesinato, homicidio, lesiones graves y asociación delictiva por la matanza en El Porvenir, ocurrida en septiembre de 2008 en la que 13 campesinos y estudiantes normalistas fueron abatidos. Junto a lo anterior, el ex embajador de Estados Unidos en Bolivia, Philip Goldberg, fue nombrado a finales de octubre nuevo subsecretario adjunto de inteligencia del Departamento de Estado, lo que confirma la sospecha del gobierno boliviano de que su estancia como embajador en Bolivia se aprovechaba para “conspirar”. El gobierno de Evo Morales declaró persona no grata a Goldberg en septiembre de 2008, luego de acusarlo de apoyar a los opositores separatistas. Estados Unidos, a su vez, expulsó al embajador boliviano. Por ahora, Estados Unidos y Bolivia trabajan en la recomposición de sus relaciones en las que el interés y la dignidad de Bolivia están por encima de todo. Para ello, se prevé que se firme en los próximos meses el proyecto marco de las relaciones, el cual se encuentra actualmente en debate. Apenas nombrado Goldberg en el Departamento de Estado, ha surgido una campaña sucia de la oposición al tratar de desprestigiar la gestión del presidente Morales, de cara a las elecciones del próximo mes de diciembre, haciendo aparecer vídeos donde acusan al propio gobierno de estar involucrado en supuestos actos terroristas. Pretenden involucrarlo con el grupo de sicarios liderado por Eduardo Rózsa, quien murió tras un operativo policial el pasado 16 de abril en Santa Cruz. La banda pretendía organizar milicias en Santa Cruz y atentar contra la vida del presidente Evo Morales. En estas provocaciones, Morales ha considerado que existe la participación de algunos cuerpos policiales bolivianos al servicio de la embajada estadounidense. Además de lo anterior, las nuevas bases militares estadounidenses en Colombia van en contra de los gobiernos progresistas del continente y no garantizan la seguridad en la región; Bolivia, como Ecuador, Brasil y Venezuela son los principales afectados por la amenaza militar estadounidense. Con todo, el presidente boliviano ha logrado obtener el respeto de la comunidad internacional para su país. En el ámbito regional, Bolivia ha jugado un papel trascendental en el proceso de integración, en el marco de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América y la Unión de Naciones Suramericanas. Por ello, para la dinámica futura del proceso de democracia e integración de América Latina, es esencial continuar con la participación del presidente Evo Morales. En este contexto, todo parece indicar que el haber gobernado al país bajo los principios fundamentales de la cultura aymara, honestidad, trabajo y sinceridad, ha permitido que a pocos días de las elecciones presidenciales, y a pesar de las acciones de la extrema derecha criolla, apoyada por el imperio, las encuestas difundidas indiquen la alta preferencia de los votantes bolivianos por el presidente Evo Morales. • Doctor en derecho de la cooperación internacional por la Universidad de Toulo
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07/04/2010 Viento sur

El conflicto entre los diferentes proyectos de transformación del MAS
Ricardo Molero Simarro, Maria José Paz Antolín y Jon Sanz Landaluze

Evo ha vuelto a ganar. En unas elecciones con una altísima presencia de observadores internacionales de la Organización de Estados Americanos (OEA), Naciones Unidas, Unión Europea, Mercosur o el Centro Carter, el resultado no deja lugar a dudas. El Movimiento Al Socialismo (MAS) ha arrollado en las elecciones con un porcentaje del 63%. Este porcentaje es superior en dos puntos al apoyo popular a la Constitución en el referéndum de enero del 2009, y cinco puntos inferior al que recibió el Presidente en el referéndum revocatorio de Agosto de 2008. Lo realmente novedoso es que el MAS obtiene 25 de los 36 senadores y 90 de 130 diputados, lo que le permite disfrutar de una mayoría de dos tercios en las dos cámaras reunidas, e incluso reunir por sí mismo el quórum necesario para sesionar. La oposición, representada por Manfred Reyes Villa, ex prefecto de Cochabamba, y con unas cifras en torno a 40 puntos por debajo del MAS, logra un 24% de los votos, con once senadores. El tercero en discordia, el empresario cementero y dueño de la cadena Burger King en Bolivia, Samuel Doria Medina, ni siquiera llega a un discreto 6%. En el exterior, los resultados globales son prácticamente los mismos, aunque Manfred Reyes gana en EE UU, mientras que el MAS lo hace en el Estado español, obteniendo en Argentina y Brasil más del 90% de los votos. Por departamentos, el MAS gana en seis de los nueve departamentos bolivianos, arrasando en La Paz, Oruro y Potosí con la totalidad de senadores posibles (cuatro) y cifras cercanas al 80%. En Cochabamba logra tres senadores y casi un 70% de los votos. Asimismo el MAS se hace con dos departamentos hasta ahora en manos de la oposición, como Chuquisaca y Tarija, superando el 50% de los votos emitidos en ambos departamentos. En los tres departamentos en los que no ha ganado, ha incrementado espectacularmente su caudal de votos. En el bastión opositor de Santa Cruz ha superado el 40%, obteniendo un empate con la derecha en el número de senadores obtenidos, dos. Los mismos que en Pando, donde ha cuadriplicado el número de votos y más que doblado su porcentaje, que se acerca al 45%. Aún en su departamento más débil, el amazónico del Beni, ha aumentado en un 350% el apoyo recibido en las urnas, llegando hasta casi el 38% de los votos. En resumen, el MAS ha pasado de ganar en 2005 con un millón a hacerlo ahora con más de tres millones de votos a favor del oficialismo, lo que le permitirá tener presencia mayoritaria en 269 de los 328 municipios del país. De esta manera, se ha roto claramente la dicotomía campo-ciudad, gracias a la obtención del 50% del voto urbano, desmontando así la afirmación de que el apoyo del que disfruta su proyecto proviene únicamente del campo. Este triunfo apuntala de forma contundente la política llevada a cabo por Evo y, más concretamente, las principales, y más conflictivas, líneas de la política económica del MAS en estos cuatro pasados años. Por un lado la nacionalización de los hidrocarburos bolivianos que mediante la reinversión de parte de los mayores recursos obtenidos por el Estado, ha contribuido a un crecimiento del PIB mayor que en cualquier gobierno anterior. Esto, junto con la favorable evolución de la minería, ha permitido que ahora, en plena crisis mundial, Bolivia presente las cifras de crecimiento más altas de toda América Latina. Por otro lado se encuentra el desarrollo de una reforma agraria con la que se ha reimpulsado el proceso de “saneamiento” de la estructura de la propiedad de la tierra, con el objetivo de proveer de las mismas a las comunidades campesinas. Todo ello ha sido ratificado con la puesta en marcha de una nueva constitución que, a priori, abre la puerta
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a otra forma de entender Bolivia, donde algunas de las cosmovisiones andinas indígenas y formas de vivir la política están por fin recogidas. En primer lugar, tomando como referencia el Plan Nacional de Desarrollo (PND), encontramos que el eje clave en torno al cual gira y del que depende de manera casi absoluta el éxito del proyecto de transformación, es la nacionalización de los hidrocarburos. Dicha nacionalización busca por encima de todo recuperar la propiedad y el control de los recursos hidrocarburíferos, con el doble objetivo de potenciar el desarrollo y la industrialización del sector a la par que se aumenta la renta petrolera captada por el Estado. Este incremento es considerado por el propio PND como el principal soporte económico para relanzar otros sectores y para la puesta en marcha de políticas sociales. Aún reconociendo la importancia de revertir la tendencia neoliberal a la privatización y concentración de los ingresos generados en esta actividad, el planteamiento masista mantiene el carácter rentista del sector hidrocarburos, corriendo el riesgo de reforzar la dependencia de la economía boliviana, algo además no del todo compatible con los planteamientos de algunos movimientos indígenas. Al margen de estos problemas, un análisis más pormenorizado de las medidas tomadas hasta ahora en este ámbito permite concluir que no estamos hablando de una nacionalización en sentido estricto pues se mantiene una alta participación de capital privado (extranjero) en las distintas expresas que operan en el sector. Por ello, el grado de cumplimiento de los objetivos con los que se plantea el proceso va a depender de hasta qué punto el incremento de la participación estatal está siendo suficiente o se ha dado de forma tal que permita al gobierno hacerse con el control de las actividades que se desarrollan a lo largo de la cadena productiva. Esto, a su vez, resultará fundamental para garantizar las inversiones necesarias tanto en exploración y producción (que hagan viable un crecimiento sostenido de la producción y, por tanto, también de la renta petrolera), como en la industrialización de los hidrocarburos. La respuesta a ese interrogante depende de dos factores: en primer lugar, de las condiciones fijadas en los nuevos contratos firmados con las empresas transnacionales pues en función de ellos se determina tanto la distribución de una parte importante de la renta petrolera, como los compromisos de inversión; en segundo lugar, de la operatividad de YPFB y su capacidad para liderar el desarrollo del sector. En ambos aspectos el balance no puede dejar de ser crítico pues ni los contratos firmados establecieron los mecanismos necesarios para garantizar las inversiones de las petroleras, que de hecho han estado ejerciendo un auténtico boicot en este sentido, ni las actividades de YPFB (envuelta en distintos escándalos de corrupción) hasta el momento han favorecido un desarrollo significativo del sector. El cambio de legislatura parece mostrar signos alentadores pues se ha elaborado, por fin, un plan de inversiones por parte de YPFB para el periodo 2009-2015, se ha creado la Empresa Boliviana de Industrialización de Hidrocarburos (EBIH) y algunas empresas transnacionales han anunciado importantes inversiones para los próximos años. Sin embargo, aún es pronto para saber si se trata sólo de grandes proclamas. Donde indiscutiblemente la nacionalización arroja un saldo positivo es en términos fiscales pues se ha producido un aumento de la participación estatal en la renta petrolera (aunque menor de la esperada por algunos) a lo que ha contribuido también la importante subida de los precios del gas y del petróleo. Por el momento, la reinversión de esos mayores ingresos públicos, aunque no habría permitido avanzar en la transformación estructural de la economía boliviana, sí que habría servido para desarrollar una política fiscal expansiva con la que se ha mantenido alta la tasa de crecimiento económico /1. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que tanto la falta de inversiones, en caso de no recuperarse, como los vaivenes en los precios del petróleo pueden generar incertidumbres sobre la sostenibilidad de esta redistribución del excedente hidrocarburífero. En la segunda gran línea de actuación del MAS durante la pasada legislatura, la de la reforma agraria, los avances y obstáculos del proceso también se han intercalado. Las profundas raíces étnico126

políticas del conflicto por la tierra en Bolivia lo han convertido en uno de los escenarios centrales de confrontación entre la base social del MAS y los autodenominados comités cívicos departamentales, en torno a los cuales se ha organizado la oligarquía boliviana. Es en este complejo marco en el que hay que interpretar el alcance del proceso de reforma agraria iniciado. Ello no es óbice, sin embargo, para que se puedan encontrar marcadas en el propio programa electoral del MAS algunas de las fronteras que no se han logrado superar. Así es, la estrategia masista para enfrentar el problema político y económico de la desigual distribución de la tierra en Bolivia ha pasado desde el inicio por tratar de compatibilizar el acceso equitativo a la tierra para los campesinos con la garantía de la seguridad jurídica para los propietarios que la utilizasen de forma “productiva”. De modo que las medidas iniciales tomadas en este campo han supuesto la continuidad, aunque a través de su “reconducción comunitaria”, del proceso de reforma ya iniciado con la Ley INRA de 1996 basada, no hay que olvidarlo, en la estrategia de “reforma agraria asistida por el mercado” del Banco Mundial. De hecho, el proceso de “saneamiento” de tierras fiscales e improductivas relanzado a partir de 2006 sólo ha incorporado un elemento sustancialmente diferente respecto a aquella Ley: que la verificación del cumplimiento de la denominada “Función Económica y Social” (FES) de la tierra (que es la que determina la posible reversión de la propiedad de los predios que no la cumplan) ha pasado de poder demostrarse por el simple pago del impuesto sobre la propiedad, a tener que comprobarse “en campo”. En el resto de aspectos la nueva Constitución Política del Estado no ha hecho sino refrendar la continuidad con aquella política de reforma agraria, especialmente, al garantizar explícitamente (en sus artículos 393 y 397) la propiedad privada de la tierra en tanto cumpla la FES, entendida ésta como su “empleo sustentable en el desarrollo de actividades productivas”. Así, al apuntar únicamente al latifundio improductivo, ha eludido cuestionar la propiedad de las grandes explotaciones agrícolas y ganaderas del oriente. Más aún, la otra gran medida aprobada, la limitación del tamaño del latifundio a 5000 hectáreas ha quedado restringida en su aplicación a los predios adquiridos “con posterioridad a la vigencia” de la Constitución (artículo 399), impidiendo de facto la redistribución de la tierra de los latifundios ya existentes. Éste ha sido, posiblemente, el precio a pagar para tratar de contener las acciones golpistas de la oposición. A pesar de ello, al mismo tiempo, el MAS ha intentado dotar de tierras a los pueblos indígenas originarios, utilizando la herramienta que le queda: el saneamiento de las tierras fiscales y los latifundios improductivos. Gracias a ello ha podido mantener el apoyo mayoritario del campesinado (exceptuando a algunas facciones del MST boliviano), el cual, no en vano, es el que ha estado sufriendo más de cerca las agresiones de los comités cívicos. Ciertamente es muy probable que a medio plazo se vea cuestionada la posibilidad de “convivencia de los territorios indígenas con el derecho propietario de las empresas capitalistas y su mercado de tierras”/2. Por el momento, sin embargo, son un elemento básico de la resistencia frente a esas agresiones y los cimientos sobre los que se quiere edificar la autonomía indígena. De hecho, con el inicio de esta nueva legislatura está previsto el desarrollo de toda la normativa al respecto. Así, entre las principales leyes que deberán ser tramitadas en el plazo máximo de 180 días desde la constitución de la nueva Asamblea Legislativa Plurinacional, destaca la Ley Marco de Autonomías y Descentralización. En todo caso, aunque con la aprobación de esta ley se garantizase formalmente la autonomía indígena, ésta quedaría a expensas de que dentro del mismo MAS se resolviese el debate sobre cuál es el modelo de desarrollo que se quiere para Bolivia. Y es ahí donde las cosas parecen no estar tan claras. El apoyo al programa de gobierno presentado para estas elecciones, claramente orientado hacia el desarrollo clásico de la sociedad moderna es mayoritario dentro del MAS, sobre todo en las clases dirigentes. Bajo la consigna de “Revolución Industrial, Vial, Tecnológica e Institucional” se plantea romper la tradicional “matriz rentista” de la explotación de recursos y el impulso de una dinámica de industrialización. El discurso de cierre de campaña en El Alto fue un exponente claro de
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las intenciones desarrollistas de Evo Morales. Sin embargo, ponerlas en marcha de manera exitosa implicaría lograr, como mínimo, dos cosas durante esta legislatura: una, la toma del control real del sector hidrocarburífero por parte de una YPFB que, tras los casos de corrupción, se encuentra lejos de estar siquiera operativa; y, dos, el impulso decidido de un proceso de reinversión productiva estatal de la renta petrolera que permitiese avanzar (probablemente en el marco del ALBA) en la transformación del actual modelo primario-exportador. Algo para lo que la excesiva descentralización y la alta participación de algunas prefecturas en la distribución de la renta petrolera captada por el Estado podrían convertirse en un obstáculo. Más aún si se tiene en cuenta que el destino fundamental que se le ha dado por parte de éstas ha sido el desarrollo de infraestructuras locales que pudiendo ser necesarias no son suficientes para lograr una transformación productiva como la que propone el MAS. Pero incluso aunque una más amplia gestión estatal fuese exitosa en el logro de esos objetivos de transformación de la economía del país, seguiría quedando pendiente avanzar en un frente de profundo carácter político: el del conflicto por la distribución de la renta. Es evidente que en este ámbito la redistribución en forma de políticas sociales de la renta hidrocarburífera recuperada por el Estado supone una importante victoria para las clases populares. Programas como el “Bono Juancito Pinto” o la “Renta Dignidad” han permitido una mejora inmediata de las condiciones de vida de la población, que se constata en la disminución de la pobreza y la desigualdad que se ha producido. Sin embargo, la posibilidad de utilizar, como se está haciendo, esa captación de renta por parte del Estado está llevando a eludir el conflicto interclasista en su origen más inmediato, el ámbito de las relaciones productivas. Así, mientras se evita cargar a las empresas con el sostenimiento del nuevo sistema de pensiones, las subidas anuales del salario mínimo no han podido impedir la caída de los salarios reales. Todo ello ha acentuado, en vez de revertir, la profunda regresión que se venía produciendo en el reparto de la renta a nivel agregado entre los salarios (directos) y los beneficios empresariales, pasando los primeros de representar un ya escaso 30% de la renta nacional en 2005, a un 25% al finalizar 2008. Por otro lado, junto con estos problemas internos en los ámbitos productivo y distributivo, también van surgiendo otras importantes líneas de conflicto derivadas del tipo de inserción externa elegida para el modelo de desarrollo boliviano. Un ejemplo muy relevante de ello es el papel de la construcción de infraestructuras que Bolivia está ya implementando junto con otros 11 países de Latinoamérica bajo el programa denominado Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudaméricana (IIRSA). A pesar de que la IIRSA se presenta como un proyecto de infraestructura sostenible, las denuncias contra sus impactos medioambientales, políticos, económicos, sociales y culturales se han sucedido en los últimos años. Así, mientras para la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas (CAOI), la iniciativa constituye un “ecocidio y un genocidio”, para el analista Raúl Zibechi, la IIRSA supone “una integración doblemente subordinada: a Brasil, por parte de los países sudamericanos, y del conjunto de la región al mercado y al empresariado mundiales”, en tanto refleja un modelo de “integración exógena” dirigida a los mercados externos implicando “una dinámica capitalista muy similar a las lógicas de acumulación originaria de capital, es decir, a las lógicas de acumulación por desposesión”. En este mismo sentido en las últimas semanas arrecian las protestas del pueblo Leco o el Mosetenes del norte amazónico de la provincia de La Paz contra la posible construcción de campos de extracción de petróleo por la compañía Petroandina en sus tierras. La contestación del gobierno y el MAS ha sido uniforme y se puede resumir en las palabras del vicepresidente Álvaro García Linera: “Por encima del derecho de las comunidades está el derecho del Estado”. No en vano, todas estas limitaciones, junto con las ya comentadas en la resolucióndel conflicto por la tierra, no son sino las propias del desarrollismo estatalista para impulsar, al menos por sí solo, un proceso de transformación social. No es de extrañar, por tanto, que dentro del MAS y sobre todo
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dentro de la complicada madeja de comunidades indígenas, colectivos y movimientos que han aupado al poder a Evo, se esté reclamando al mismo tiempo que se abra otra línea de acción alternativa y creativa que no repita los caminos desgastados de dicho desarrollismo sino que vaya inventando los caminos del Vivir Bien de los pueblos de la Abya yala. El Vivir Bien no nace ahora, es producto de la cosmovisión milenaria de los pueblos indígenas del continente y acerca y enseña conceptos como complementariedad, reciprocidad y comunitarismo que chocan frontalmente con esquemas occidentales establecidos basados en la enseñanza y la educación en el vivir mejor, pero no el Vivir Bien. Y para realizar un acercamiento a este concepto, hay que, en un proceso complejo, reconstruir: no primar el yo (primer pronombre en las lenguas occidentales) sino el nosotros (primer pronombre en quechua o aymara por ejemplo), no ver el tiempo como algo lineal, en el que prima el individuo que viene de un pasado, se sitúa en un presente y va hacia el futuro, sino el tiempo como algo circular, en el que el presente es continuo y el pasado y el futuro son uno solo, el pasado está por delante y el futuro está por venir y está atrás. Frente a un capitalismo individualista, depredador, o incluso un socialismo que aunque preocupado de mejorar las condiciones de vida de la sociedad, sólo la entiende como el conjunto de personas que viven, sin considerar en absoluto a la Madre Tierra como algo vivo, y que puede llegar a ser tan industrial y depredador como el capitalismo, el Vivir Bien es salir de la dicotomía entre ser humano y naturaleza, es despertar la conciencia de que somos parte de la Pachamama, de la Madre Tierra y con ella se complementa el ser humano. Así queda recogido en la nueva Constitución como base fundamental cuando habla de los Principios, Valores y Fines del Estado (artículo 8). Queda ahora el ver como se traduce el concepto en realidad. Y esto es explorar en leyes, decretos y diferentes medidas que favorezcan la economía comunitaria y que coloque los criterios de la reproducción de la vida por encima de los de la producción de mercancías, de manera que ésta tenga sentido como servicio para la vida y no como fin en sí misma. Imaginar una vida distinta, sobre otras bases, recuperando las experiencias históricas pero inventando el futuro del no-capitalismo (con el gran problema de tener que hacerlo dentro de él, tanto en el ámbito interno, como en el externo). Como recoge el propio Evo, “antes los intelectuales en Europa pensaban y teorizaban, y después en América Latina se intentaban poner en práctica esas teorías, y hoy en cambio aquí en Bolivia, en América Latina, se están dando procesos de cambio donde los intelectuales tienen que venir a intentar teorizar qué está pasando.” Y es cierto que hoy en Bolivia se camina en la búsqueda de nuevas formas de hacer política, de repensar el Estado y las interrelaciones entre las personas así como una conciencia en torno a la hecatombe climática que estamos provocando. Sin embargo, a pesar de que la abrumadora victoria en las elecciones pudiera hacer creer que nos encontramos ante tiempos más cómodos para el proyecto del MAS son múltiples los conflictos con los que chocan esas nuevas formas de hacer y de pensar. Como hemos visto, la encrucijada a la que se enfrentan Evo Morales y su nuevo gobierno implica la complicada labor de continuar con algunas de las medidas iniciadas en la legislatura anterior, al mismo tiempo que se trata de buscar un equilibrio entre el programa “desarrollistaindustrialista” y el discurso “indigenista-ecologista”, que en muchos momentos colisionan irremediablemente. Finalmente pudiera darse el paradójico resultado de que fuesen las posibilidades abiertas por la recuperación de la soberanía económica estatal las que obstaculizasen la reversión de las más profundas relaciones desiguales de poder que siguen presentes en la sociedad boliviana. Ricardo Molero Simarro es investigador en el Departamento de Economía Aplicada I de la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo de Redacción de la revista electrónica Economía Crítica y Crítica de la Economía.

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Maria José Paz Antolín trabaja en el Departamento de Economía Aplicada I, Universidad Complutense de Madrid. Jon Sanz Landaluze es miembro del Komite de Apoyo al MST de Madrid Notas
1/ Weisbrot, M., Ray, R., y Johnston, J. (2009). Bolivia: La economía bajo el gobierno de Morales. CEPR. Washington. www.cepr.net/documents/publications/bolivia-2009-12-spanish.pdf 2/ Dessuter, P. Política de tierras en Bolivia. Desde la reforma agraria de 1953 hasta la nueva constitución política del estado. Monografía. CEDLA. La Paz. www.cedla.org

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16/04/10 Lista Ayllu

Madre tierra versus capitalismo
Raúl Prada Alcoreza

Estamos ante la Conferencia Mundial del Cambio Climático, Conferencia que ya es una anticumbre respecto de la reunión de la Cumbre del Clima de Copenhague de 2009 (COP15)[1]. Se puede decir que ante lo que parece ser un continuo fracaso las cumbres de la Organización de Naciones Unidas (ONU) se hace imprescindible una reacción planetaria de las sociedades humanas en defensa de las sociedades orgánicas de la tierra frente a lo que podemos calificar como destrucción del planeta, más que depredación ambiental, más que degradación ambiental y mucho más que cambio climático a secas. Las iniciativas de las naciones unidas frente a lo que llama eufemísticamente cambio climático comenzó en Bali, el 2007, con la Cumbre de la ONU sobre el cambio climático (COP 13); esta Cumbre abrió el camino hacia la Cumbre del Clima de Copenhague 2009 (COP15), a través de la Cumbre de Poznan 2008 (COP14). En la Cumbre del Clima se tenía que negociar la continuación del Protocolo de Kyoto, que vence el 2012, empero por la intransigencia o reticencia de los países más contaminantes del planeta, entre los que se encuentra Estados Unidos de Norte América, fracasa la negociación de la COP 15, que es considerada por algunos especialistas una de las últimas oportunidades para evitar una catástrofe planetaria. Ahora nos encaminamos a la Cumbre de México, que se efectuará en Cancún (COP 16) el año en curso. ¿Volverá a repetirse la misma situación? Ante esta secuencia de eventos, cuyas iniciativas terminan en un fracaso, ante lo que podemos llamar el tratamiento superficial del problema, que no toca lo que se llama causas estructurales del cambio climático, el presidente Evo Morales Ayma toma la decisión de convocar a una Conferencia Mundial del Cambio Climático donde se trate el problema ambiental en su alcance estructural; esto equivale a trabajar las causas estructurales de la depredación ambiental, incluso podríamos llamarla la depredación ecológica o mejor dicho desequilibrio ecológico, que habla concretamente de los desequilibrios causados en los ecosistemas. Viendo el problema desde una perspectiva multidisciplinaria, histórica, económica, social, cultural, se comprende que lo que debería estar en la mesa de discusiones es el paradigma civilizatorio hegemónico y dominante. Desde el enfoque histórico, político y cultural se ha identificado este paradigma con la colonización y expansión occidental, con su forma civilizatoria conocida como modernidad, con su forma económica reconocida como capitalista. Por lo tanto lo que se tiene que poner en el tapete es el modelo civilizatorio industrialista, moderno y capitalista. Se entiende que aquí, en esta matriz, se encuentran las causas estructurales de la crisis ecológica. Al respecto es indispensable discutir las diferencias conceptuales entre lo que se entiende que es la consideración del cambio climático, degradación ambiental, depredación ambiental y desequilibrio ecológico. El concepto de cambio climático se ocupa de los efectos de la degradación; aunque entendido de una manera más amplia se llama cambio climático a la modificación del clima con respecto al historial climático. Dichas modificaciones se producen a variadas escalas de tiempo y espacio, evaluadas desde distintas referencias y parámetros climáticos: temperatura, precipitaciones, nubosidad. Estos cambios climáticos son debidos tanto a causas naturales como humanas. Ciertamente la expresión suele usarse de manera restringida, para hacer la crónica sólo de los cambios climáticos que suceden en la actualidad, en este sentido se entiende cambio climático como
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sinónimo de calentamiento global. El discurso de Naciones Unidas, dada en la Convención Marco sobre el Cambio Climático, maneja el término de cambio climático circunscrito al cambio por causas humanas, que podríamos llamar antropogénicas. La Convención Marco dice: Por "cambio climático" se entiende un cambio de clima atribuido directa o indirectamente a la actividad humana que altera la composición de la atmósfera mundial y que se suma a la variabilidad natural del clima observada durante períodos comparables[2]. Se entiende por degradación ambiental al proceso corrosivo de contaminación, proceso que desata una insolvencia creciente de recursos renovables que conforman el medio ambiente y lo sostienen, sosteniendo al mismo tiempo al género humano y a los seres orgánicos; de manera concreta, se entiende como parte de la descripción de la degradación ambiental la progresiva deforestación, degradación de los suelos y desertificación. La degradación ambiental comprende también la contaminación múltiple del planeta, del agua, del aire, de los suelos, de las plantas, de los productos agrícolas, de la biosfera; esto significa la inclusión de la contaminación múltiple en la problemática de la degradación ambiental. Se entiende por depredación ambiental a la degradación ambiental debida a la acción de las sociedades humanas, a su capacidad no sólo de transformar el ambiente sino a su capacidad destructiva de los ecosistemas y equilibrios ecológicos, haciendo desaparecer especies y la riqueza de la biodiversidad. A propósito del desplazamiento de estos términos, cambio climático, degradación ambiental y depredación ambiental, Reynaldo Cuadros dice lo siguiente: Un cambio denota la posibilidad de reversión, además que no tiene una connotación semántica negativa. Cuando un cambio es irreversible, se llama transformación y cuando una transformación es negativa recibe el nombre de degradación. Pero, el hecho de que se haya identificado que el origen de esta degradación es la acción humana, entonces exige más propiamente la denominación de depredación ambiental[3]. Se entiende por desequilibrio ecológico la alteración de las relaciones de interdependencia entre los elementos naturales que conforman los ecosistemas, el desequilibrio ecológico afecta negativamente la existencia, transformación y desarrollo dela humanidad y de los demás seres orgánicos. El concepto de desequilibrio ecológico es construido en contraposición del concepto de equilibrio ecológico, prácticamente su opuesto; el equilibrio ecológico se define como la estabilidad de un ecosistema, es decir, la estabilidad de un ecosistema se da como resultado de las interrelaciones entre el ecosistema biótico y el ecosistema abiótico. El equilibrio ecológico es alterado por acciones que desatan las sociedades humanas en perjuicio del ambiente, aunque también puede ser alterado por fenómenos naturales; por otra parte, se puede considerar otras variaciones graves del medio ambiente, como son la sequía y la desertización, fenómenos preocupantes pues causan la escasez de alimentos en el mundo, afectando en gran parte a la agricultura, sobre todo son particularmente problemáticos debido a que provocan efectos destructivos en la biodiversidad, los nichos y continentes ecológicos. La sequía y la desertización causan varios problemas incluso irreversibles en el ecosistema, problemas que tienen que ver con la extinción de especies y también la destrucción del ecosistema; contribuyen a esta situación el uso de pesticidas y herbicidas, así también la explotación intensiva de los suelos. Al respecto es indispensable anotar que la llamada revolución industrial y su continuidad en los modelos desarrollistas han dañado la armonía ecológica, desequilibrando los ecosistemas y provocando niveles insostenibles de contaminación. Se puede hacer una historia larga de las trasformaciones ambientales debidas a las intervenciones de las sociedades humanas en la creación de sus propios espacios vitales; empero en esta historia larga lo que compete a los ciclos del capitalismo, a la formación de la economía-mundo, a la formación del sistema-mundo capitalista, a su expansión colonizadora, las transformaciones ambientales terminan siendo destructivas y traumáticas para los ecosistemas. Podemos llegar incluso a decir que nos encontramos ante un dilema: la vida o el capitalismo, el planeta o el capitalismo, la madre tierra o el capitalismo, la pachamama o capitalismo.
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En toda esta cuestión sobre el cambio climático, ¿qué es El Protocolo de Kyoto?; es un protocolo relativo a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. El objetivo del Protocolo y la Convención es combatir el calentamiento global. El Protocolo fue aprobado inicialmente el 11 de diciembre de 1997 en Kyoto , Japón , y entró en vigencia el 16 de febrero de 2005. El compromiso internacional es vinculante, esto quiere decir que los 187 países firmantes del protocolo se comprometen a bajar las emisiones de gases contaminantes y deberían ratificar el protocolo en noviembre del 2009, cosa que no ha ocurrido por el fracaso de la Cumbre Climática de Copenhague[4]. En la Cumbre climática de Copenhague se buscó ratificar el protocolo de Kyoto, empero esta reunión fracasó debido al boicot de los países capitalistas responsables de la contaminación ambiental mundial, fundamentalmente de los EEUU. El debate no pudo prosperar debido a las posiciones encontradas y las contradicciones entre las potencias dominantes y las potencias emergentes. Después del fracaso de Copenhague, las Naciones Unidas tienen programado otra Cumbre climática en Cancún, México, dónde se buscará nuevamente resolver los problemas pendientes desde Kyoto. Toda esta historia de las cumbres climáticas no sólo se reduce al tratamiento de las modificaciones climatológicas, es decir, se concentran en los efecto del problema, no así en las causas estructurales de la crisis ecológica, sino que reducen el tratamiento del cambio climático al tratamiento del calentamiento global, del efecto invernadero, como si todo esto se pudiera resolver con la reducción de emisiones de gas por parte de los países altamente industrializados. En el camino de Kyoto a Cancún, pasando por Copenhague, esta historia de las cumbres climáticas se han encontrado con una piedra en el zapato: la convocatoria a la Conferencia Mundial sobre el Cambio Climático y Defensa de la Madre Tierra (CMPCC), de Tiquipaya, Cochabamba. En esta Conferencia los pueblos, los países asistentes, los gobiernos invitados, además de los movimientos sociales, organizaciones, instituciones, intelectuales críticos y científicos, van a discutir las causas estructurales del cambio climático, de la degradación y depredación ambiental, de la crisis ecológica. En esta Conferencia mundial se va poner sobre la mesa los derechos de la madre tierra, considerada ahora un sujeto de derechos, pero sobre todo la matriz planetaria de la vida, por lo tanto también un sujeto vivo. La asistencia de los pueblos indígenas a la Conferencia y de los movimientos sociales cambia la composición de la Conferencia, introduciendo perspectivas civilizatorias y culturales alternativas al capitalismo, cambiando así el contenido de las discusiones, introduciendo en el orden del día no sólo el análisis estructural de la crisis ambiental, sino también epistemologías y saberes descentrados del antropocentrismo, efectuando un desplazamiento epistemológico que comprende no sólo la complejidad de las interdependencias, complementariedades y reciprocidades de los ecosistemas, de los nichos y continentes de vida, sino también la interpretación de las cosmovisiones y espiritualidades ancestrales, que emergen interpelando un mundo dominado por el pragmatismo, el consumismo exorbitante, el industrialismo contaminante y un modo de producción depredador. Bolivia se ha convertido en el centro de esta convocatoria mundial de los pueblos y de los movimientos sociales, de los intelectuales y los científicos, de los países y gobiernos preocupados por la crisis ambiental. La revolución boliviana se ha situado en el contexto de la problemática ambiental global convocando al sur de la geografía de la economía-mundo capitalista, a la periferia, pero también a las sociedades del mundo, para enfrentar al norte dominante, poniendo en cuestión el dominio del imperio y la persistencia del modo de producción capitalista. Este posicionamiento mundial convierte al proceso de transformaciones institucionales, económicas, políticas, sociales y culturales, al proceso descolonizador, al proceso intercultural, plurinacional y autonómico, en el centro de una red internacional de movimientos sociales anticapitalistas, antiindustrialistas y ecologistas. La responsabilidad política de la transformación, de la liberación y de la descolonización ha trascendido las fronteras; ahora se trata de una revolución mundial, de la descolonización mundial, de un proyecto planetario civilizatorio alternativo, de la armonía con la naturaleza y la comunidad a escala planetaria, es decir, del vivir bien como proyecto civilizatorio y cultural para el mundo. La
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Conferencia mundial sobre el cambio climático es una declaración de guerra al capitalismo, al imperio, a la dominancia y hegemonía del norte, una declaración de guerra a los enemigos del planeta, a los enemigos de la madre tierra. Después de la Conferencias las cosas ya no van a ser las mismas, también el sentido de las cosas, están definitivamente posicionados los derechos de la madre tierra, la cuestión fundamental de la defensa de la vida, la necesidad de un mundo alternativo al capitalismo. No solamente hay que elaborar una agenda para la Cumbre de Cancún sino es menester una organización mundial de los movimientos sociales, un compromiso mundial de las organizaciones, intelectuales y científicos, es necesaria una agenda de trabajo y un programa de actividades, es indispensable plantearse metas y objetivos a cumplir en adelante; la tarea es el cambio de modelo civilizatorio dominante y hegemónico. En resumen, nos encontramos ante la emergencia de un modelo civilizatorio y cultural alternativo al capitalismo, ante la emergencia de un nuevo paradigma epistemológico, una nueva episteme, un descentramiento profundo no sólo de los antropocentrismos sino también de los tecnocentrismo y de los sociocentrismos, una episteme que no solo concibe la complejidad de las interacciones e interdependencias de sistemas, campos y niveles, de mundos y ecosistemas, sino una ruptura y desplazamiento epistemológicos que articulan las múltiples perspectivas de los seres orgánicos inmersos en el pluriverso, comprendiendo a las fuerzas inmanentes. Haciendo el balance de las cumbres climáticas vemos que éstas se encaminan y se pierden en el laberinto de un tratamiento tecnicista, circunscrita a la contaminación ambiental, reducida a la evaluación de la emisión de gases, tocando tan sólo la superficialidad del problema, sin entrar a las causas estructurales de la crisis ecológica. En relación a esta perspectiva dominante en las cumbres es necesario salir del circulo vicioso que sigue recargando la responsabilidad en los países periféricos de la solución artificial mediante la venta de bonos de carbonos, haciendo creer que es un problema de temperaturas, transfiriendo el cuidado del medio ambiente, sin atreverse a tocar las causas y condiciones estructurales del problema. Por eso ha llegado la hora de evaluar abiertamente la vocación destructiva del capitalismo, del industrialismo y también de las formas consumistas concomitantes, que terminan incidiendo devastadoramente en la depredación del planeta.
[1] La Cumbre de la ONU sobre el cambio climático de Bali 2007 (COP 13) abrió el camino (vía Poznan 2008, COP14) hacia Copenhague 2009 (COP15), donde se tenía que negociar la continuación del Protocolo de Kyoto, que vence en 2012. Tras el fracaso de la COP 15, la última oportunidad (y ya vamos tarde) es la COP 16 de Cancún (México, 29/11-10/12/10). [2] Convención Marco sobre cambio Climático de Naciones Unidas. Artículo 1, párrafo 2. [3] Reynaldo Cuadros: La ruta crítica para la evolución del debate desde el cambio climático hacia un proyecto civilizatorio holístico. [4] Wiquipedia, enciclopedia libre: En virtud del Protocolo, 37 países industrializados se comprometen a una reducción de cuatro gases de efecto invernadero (GEI) (dióxido de carbono, metano , óxido nitroso , el hexafluoruro de azufre ) y dos grupos de gases ( hidrofluorocarbonos y perfluorocarbonos ) producidos por ellos, y todos los países Miembros de compromisos generales. Países del Anexo I se comprometieron a reducir sus emisiones colectivas de gases de efecto invernadero en un 5,2% respecto de 1990. límites de emisiones no incluyen las emisiones por la aviación y la navegación internacionales, sino que son además de los gases industriales, los clorofluorocarbonos, o CFC, que se tratan en el 1987 el Protocolo de Montreal sobre Sustancias que Agotan la Capa de Ozono.

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25/04/10 Le Monde Diplomatique, edición boliviana.

El modelo de desarrollo en debate
Eduardo Gudynas

En los últimos años, las posturas reacias a debates conceptuales sobre el modelo de desarrollo quedado en entredicho debido a que persisten distintos conflictos sociales, hay demandas de los movimientos sociales que se repiten y el tema del desarrollo vuelve a ponerse en cuestión. Esos embates están en la mayor parte de los casos asociados al manejo de los recursos naturales, los territorios y las concepciones de calidad de vida. Los gobiernos de la nueva izquierda o progresista en América del Sur involucran a un gran conjunto que incluye a Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Paraguay y Uruguay, y hasta hace unas semanas a Chile. Aunque sus posturas son diversas, todos se autodefinen como integrantes de una nueva izquierda, y es posible identificar varios aspectos comunes. Estos gobiernos expresan un quiebre con el reduccionismo de mercado, un regreso de la presencia Estatal, la consolidación de procesos electorales, otras miradas sobre la integración latinoamericana y un despliegue de medidas concretas para luchar contra la pobreza. Han logrado importantes avances económicos, sabiendo aprovechar el boom de precios de las materias primas. El progresismo ha apelado a medidas heterodoxas, mezclando programas que venían de los gobiernos anteriores con novedades propias, que en el caso de la lucha contra la pobreza lograron importantes avances. En otras cuestiones, como la educación o la seguridad pública, no les ha ido tan bien. Nuevos conflictos Pero a pesar de estos avances, en América del Sur persisten distintos conflictos, y entre ellos se destacan aquellos sobre el uso de los recursos naturales. No son casos aislados sino que configuran una situación generalizada. Veamos algunos ejemplos recientes. En Argentina se suman diversas luchas frente a la minería, y entre ellas, pocas semanas atrás, tuvo lugar una masiva protesta en la ciudad de Andalgalá [en Catamarca, en el noroeste del país] contra la minera Agua Rica, que terminó en represión policial y disturbios generalizados en toda la ciudad. Para el caso de Brasil, se puede apelar a las decenas de acciones ciudadanas frente a represas propuestas en varios ríos mayores, destacándose la oposición de grupos sociales, indígenas y campesinos contra el complejo hidroeléctrico del Río Madeira, en la frontera con Bolivia, y Belo Monte, en la cuenca del río Xingú. En Chile, también se resiste la construcción de cinco represas en el sur patagónico. Entretanto, en Bolivia hay crecientes discuesiones sobre varios intentos mineros, como El Mutún, alrededor de propuestas de hidroeléctricas, como la de Cachuela Esperanza, y hasta sobre la búsqueda de petróleo en el norte del departamento de La Paz. Incluso el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qollasuyo (Conamaq), cuestiona medidas como la habilitación ambiental para la minera en Corocoro. Hasta en Uruguay hay reclamos, como aquellos contra el uso de agroquímicos y fumigaciones indiscriminadas, especialmente en el monocultivo de soya. Posiblemente las polémicas más duras tienen lugar en Ecuador, donde por ejemplo, la Confederación Nacional de Naciones
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Indígenas (CONAIE) acaba de romper con el gobierno, denunciando precisamente su manejo de los recursos mineros e hídricos. No obstante, estos problemas no están acotados al mundo progresista; se repiten en los demás países, donde incluso son más agudos y violentos. En Perú, el aliento de Alan García a la minería, el petróleo y el gas ha desembocado en repetidas protestas populares y alzamientos indígenas de gran intensidad. En Colombia, la apuesta a la minería y el petróleo desemboca en duros conflictos, especialmente contra comunidades indígenas y afrodescendientes. Entre los más recientes, está la denuncia de bombardeos en asentamientos indígenas del Río Jiguamiandó para permitir actividades mineras. Es evidente que apuestas políticas que van de la “revolución ciudadana” de Rafael Correa al progresismo de Tabaré Vázquez en Uruguay, más allá de sus diferencias, son distintas a las posturas de Alan García o Alvaro Uribe. Pero lo que llama la atención es que, a pesar de todo, el manejo de los recursos naturales y las relaciones con las comunidades locales que viven en los sitios donde se encuentran esos recursos, está en el centro de estas disputas. ¿Extractivismo del siglo XXI? Para comprender estas nuevas situaciones, es necesario comenzar por reconocer que los gobiernos progresistas están generando un nuevo estilo de desarrollo, donde se mezclan distintas herencias, algunas novedades y mucho pragmatismo, que de todas maneras descansa en la idea de un progreso necesario, pero también posible gracias a las enormes riquezas ecológicas que estarían disponibles en América del Sur. Estas son posturas profundamente arraigadas en nuestras culturas, y hasta allí llegan las raíces que explican muchos de los actuales énfasis económicos basados en aprovechar recursos naturales como materias primas a ser exportadas. Los países progresistas han acentuado la primarización de sus exportaciones; incluso en Brasil se observa que los bienes primarios representaban el 47,3% de sus exportaciones en 2005, para subir al 55,4% en 2008. Se mantiene un fuerte apego a los viejos emprendimientos extractivistas y la minería sigue gozando de buena salud en los países andinos. Venezuela intenta, una vez más, “cosechar” el petróleo, y Brasil reflota sus programas mineros, esperando duplicar la producción de aluminio y triplicar la de cobre para 2013. Pero también se han sumado nuevos emprendimientos. En Bolivia, se intenta lanzar la minería de hierro, Ecuador se prepara para la minería a gran escala a cielo abierto; hasta el pequeño Uruguay sueña con exportar petróleo, y por ello lo busca en sus costas. Paralelamente, las formas productivas del extractivismo clásico se han expandido a otros sectores como, por ejemplo, el surgimiento de monocultivos intensivos, a gran escala, y orientados a la exportación (soya). Durante buena parte del siglo XX, la izquierda clásica miró con desconfianza a sectores como la minería y el petróleo, al estar bajo el dominio de empresas transnacionales y políticos cómplices, enquistados en economías de enclaves y sin generar un desarrollo genuino. La nueva izquierda, si bien alienta el extractivismo, no repite aquel abordaje neoliberal y, en cambio, despliega varias novedades. Hay una mayor presencia del Estado, lo que permitió incrementar sustancialmente la tributación y las regalías, se promueven mejores controles y hay un regreso de las empresas estatales. Por medio de estos y otro mecanismos, el Estado capta una mayor proporción de los excedentes. Pero, por otro lado, las empresas transnacionales regresan a escena bajo diferentes convenios, asociaciones, licitaciones y acuerdos de todo tipo. La orientación exportadora mantiene el esquema clásico de inserción comercial internacional subordinada, donde nuestros países son proveedores de materias primas, dependen de los mercados compradores y son incapaces de fijar los precios internacionales. Se acepta la institucionalidad de la gobernanza global, expresada por ejemplo por la Organización Mundial de Comercio (OMC) y todos desean aumentar sus exportaciones. Eso explica que, incluso en plena crisis de la economía global, el presidente Lula y la presidente Cristina
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Fernández de Kirchner, reclamaran una y otra vez fortalecer la OMC y finalizar su Ronda de Doha. A su vez, los países vuelven a competir entre ellos debido a que sus ofertas de exportación son muy similares, sin lograr coordinar estrategias productivas o comerciales. La integración regional choca aquí con otro de sus verdaderos límites. El neoextractivismo necesita de la inversión extranjera y los gobiernos (y hasta los municipios) buscan atraerla por los más diversos medios. Unos ofrecen exoneraciones tributarias (como lo ha hecho Uruguay con su planta de celulosa), otros infraestructura de transporte y comunicación (ejemplificada por ayudas otorgadas por el Programa de Aceleramiento del Crecimiento de Brasil), energía barata (es el caso boliviano del hierro de El Mutún), no faltan intentos de flexibilizar la normativa ambiental (como en Brasil), y hasta una Presidenta, Cristina Fernández, vetó una ley de protección de los glaciales andinos para permitir la explotación minera en Argentina (1). Este interés se debe a que los gobiernos progresistas en los hechos entienden que el desarrollo económico puede ser reducido al crecimiento económico, y que éste se logra por medio de una expansión de las exportaciones y un aumento de la inversión. El nuevo extractivismo es uno de los principales medios para lograr esas metas. Pero a pesar de las promesas económicas, inevitablemente se repiten los impactos sociales y ambientales clásicos, se desencadenan reconfiguraciones territoriales y se agrava, en muchos casos, la desigualdad. Estas consecuencias son negadas en unas ocasiones, minimizadas en otras. Por ejemplo, el presidente Lula da Silva repetidamente se ha quejado de los reclamos ambientales, burlándose de aquellos que desean proteger “bagres” (peces), y acusándolos de trabar el desarrollo. Cuando finalmente se los reconoce, se insiste en que los costos son inevitables y deben ser tolerados en tanto los emprendimientos son necesarios para lograr beneficios mayores. Esta lógica del “sacrificio” local frente a un “beneficio” nacional aparece varias veces, por ejemplo, en Bolivia y especialmente en Venezuela. Negar esos efectos de nada sirve, finalmente desembocan en protestas más intensas. De todas maneras, el neoextractivismo es defendido postulándose que el crecimiento económico que promueve producirá efectos de derrame o chorreo, tales como nuevos empleos o mejoras en el consumo. Pero también se reconoce que esa idea es insuficiente y, por lo tanto, se introduce decididamente al Estado, a veces regulando el mercado pero, más frecuentemente, captando directamente parte de los excedentes para luego reinyecatarlos en las economías nacionales y en planes de acción contra la pobreza. Mientras la vieja izquierda veía como un signo de atraso a las economías de enclave mineras o petroleras, la nueva izquierda pasa a considerar al extractivismo como una condición necesaria para alimentar el progreso y reducir la pobreza, aunque entiende que debe administrarlo. Bajo este énfasis, se expresa, una vez más el viejo imaginario sudamericano de contar con enormes riquezas en recursos naturales, que si fueran intensamente aprovechadas permitiría superar la pobreza, y donde los impactos ambientales serían casi insignificantes dada la enormidad de las áreas naturales del continente. Es por cierto una imagen simplista, que, además, minimiza las implicaciones productivas e ignora el deterioro ambiental acumulado en todo el continente. Pero a pesar de ello, una y otra vez aparece en los discursos. Por ejemplo, el presidente Correa repetidamente alude a “no ser mendigos sentados sobre un saco de oro”, y desde allí fundamenta cuestiones muy distintas, como la nueva ley de minería (enero 2009) o el extractivismo como fuente de recursos para atacar la pobreza (junio 2009). Bonos sociales y extractivismo El ataque a la pobreza es uno de los mayores logros de progresismo actual. En primer lugar ha existido un cambio de actitud: en lugar de negar u ocultar las desigualdades y la exclusión, se las ha reconocido para convertirse en uno de los ejes de la gestión. En segundo lugar, los resultados han sido positivos y bajo todos los gobiernos progresistas se han registrado mejorías.
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El aporte de medidas clásicas, como el fortalecimiento del sistema de salud o de jubilaciones, sigue siendo clave en este terreno. Pero la novedad progresista ha sido un amplio abanico de bonos y apoyos focalizados hacia los sectores más pobres, con transferencias de dinero, usualmente condicionadas a algún tipo de contraprestación de los beneficiarios. Los ejemplos clásicos son los bonos de asistencia a madres pobres con niños que reciben un subsidio monetario mientras se cumplan exigencias de vacunación y escolarización. Es cierto que muchas de esas medidas no son del todo originales y que se apoyan en programas de los gobiernos anteriores, pero su impacto ha sido muy importante, en especial en el terreno político: desde allí se legitiman las imágenes de compromiso social que son propias a la izquierda. Su cobertura es enorme; la CEPAL estima que este tipo de programas están presentes en 17 países y cubren a más de 100 millones de personas. Entre los más conocidos se encuentran el programa de Familias por la Inclusión Social de Argentina, el Bono de Protección Social de Chile, el Bono de Desarrollo Humano en Ecuador, diversas ayudas en Bolivia, Bolsa Familia en Brasil, y el Plan de Equidad en Uruguay. El muy publicitado Bolsa Familia, atiende a más de 11 millones de personas, aunque es posiblemente en Bolivia donde se logra la mayor cobertura, ya que los bonos Renta Dignidad (para personas mayores), Juancito Pinto (para escolares) y Juana Azurduy (para mujeres embarazadas), alcanzan a 2,8 millones de personas, lo que representa casi un tercio de la población. Para llevar adelante estos grandes programas, los Estados deben disponer de recursos financieros y es allí donde se establece un nuevo vínculo con el neoextractivismo. Será necesario seguir aumentando sus exportaciones y la expansión económica para recolectar los dineros necesarios para mantener esos bonos y programas. El Estado alberga y hasta se convierte en socio de esos emprendimientos y más allá de sus intenciones, en la práctica termina reforzando un estilo de desarrollo clásico, altamente primarizado y con agudos impactos ambientales. Se capta parte de la renta extractivista y con ella se alimentan los planes sociales, pero que en muchos casos son apenas una compensación y amortiguamiento de los efectos sociales que ese mismo estilo de desarrollo genera. De esta manera, los gobiernos progresistas se alejan de la izquierda clásica por sus políticas macroeconómicas y prácticas como las del extractivismo, mientras que intentan regresar a ella desde los planes sociales. Pero incluso allí enfrentan una limitante seria, ya que el debate sobre la justicia social se desvanece y, en cambio, es reemplazado por disputas sobre quién recibe los bonos, cuál debería ser su monto, y así sucesivamente. El cuestionamiento ciudadano Las actuales críticas ciudadanas desnudan las tensiones encerradas en esta estrategia, que van desde los impactos sociales y ambientales del neoextractivismo a las debilidades estatales en la gestión ambiental y territorial. Ante esos cuestionamientos, ha tenido lugar una curiosa reacción desde los gobiernos. En casi todos los casos interpretan que las alertas y críticas al nuevo extractivismo ponen en riesgo la renta que captan y con ello estarían amenazados sus bonos y planes sociales. Por ejemplo, ante las protestas de comunidades y ONGs por la exploración petrolera, el presidente Evo Morales decía: “¿de qué Bolivia va a vivir si algunas ONGs dicen Amazonía sin petróleo?”, agregando que “están diciendo, en otras palabras, que el pueblo boliviano no tenga plata, que no haya IDH, que no haya regalías, pero también van diciendo que no haya (el bono) Juancito Pinto, ni la Renta Dignidad, ni el bono Juana Azurduy”. El presidente de Ecuador, Rafael Correa, da un paso más y repetidamente califica de “infantiles” a los grupos ambientalistas e indígenas por sus protestas sobre los impactos extractivistas. Por momentos, parecería que se juega con un chantaje: o se aceptan los impactos del extractivismo o se pierden los bonos sociales.

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Es todavía más curiosa la dureza de ciertas reacciones gubernamentales, que en muchos casos se acompañan de acciones de control y encauzamiento legal contra ONGs, hostigamiento público y medidas de control sobre sus finanzas. Distintos casos han tenido lugar en Brasil, Bolivia, Ecuador, Uruguay y Venezuela. En ello, hay un alto componente afectivo, ya que es insostenible afirmar que las críticas de líderes indígenas, agrupaciones barriales o incluso ONGs que fueron hasta hace poco compañeras de ruta, son conservadoras o neoliberales. Sus posiciones provienen del mismo campo progresista, y les están diciendo a los gobiernos algo que los afecta en su fuero íntimo: están fallando en uno de los aspectos centrales de cualquier proyecto de izquierda: la justicia. Son cuestionamientos dolorosos, pero debe aceptarse que ya no es posible, en pleno siglo XXI, y menos en el contexto ambiental sudamericano, llevar adelante un programa de justicia que no sea social y también ecológico. Los dos componentes están estrechamente relacionados y no se puede plantear crear un Estado de bienestar a partir de la destrucción de la naturaleza. Capitalismo benévolo y posdesarrollo El estilo de desarrollo del progresismo sudamericano combina estrategias diferentes, como su nuevo extractivismo junto a sus planes sociales, bajo importantes cuotas de pragmatismo, que poco a poco lo van llevando a un estado de situación que puede describirse como la aceptación de un “capitalismo benévolo”. Se aspira a cambios más radicales, pero se aceptan las condiciones capitalistas; se advierten sobre sus efectos negativos, pero se apela a medidas tecnocráticas y mercantiles para lograr “ajustes” y “reparaciones” de esos impactos. Los enérgicos programas sociales sirven para reducir la pobreza, pero a nadie escapa que también apaciguan la protesta social y legitiman políticamente la pretensión de encarnar gobiernos populares. A la vez, se permite y hasta se alienta la acumulación capitalista de actores que se apropian de los recursos naturales. Se abandonan las discusiones sustantivas sobre el desarrollo y se pasa a una “bono-política”, donde se discute cómo se repartirán los excedentes captados por los privados o el Estado, el monto de los bonos de asistencia social y los destinatarios de los subsidios gubernamentales. De esta forma, las miradas aparecen muy ensimismadas en el consumo y la apropiación, pero menos en el capital y la producción. Emerge así una nueva frontera para la construcción de alternativas políticas: es necesario volver a debatir sobre los temas sustantivos, tales como los estilos de desarrollo, el uso de los recursos naturales o las nuevas formas de justicia, tanto social como ecológica. Es una apuesta a un posdesarrollo que está más allá de la explotación de la naturaleza. Rechazar este debate llevará al inmovilismo; criticar las alertas ciudadanas como expresiones antirrevolucionarias o conservadoras, de nada servirá para las fuerzas progresistas ni para las comunidades locales. Ese debate está en marcha en algunos países que deberían ser observados con atención y entre ellos se destacan la discusión sobre el posextractivismo en Ecuador. Allí se ha acumulado una reflexión propia y distintas articulaciones ciudadanas que tienen claro que una alternativa progresista debe cambiar su obsesión con el crecimiento económico y la apropiación de la naturaleza. La propuesta de suspender la explotación de petróleo en la Amazonía y pasar a una transición posextractivista insinúan el camino por el cual el progresismo debería dejar su obsesión con el “progreso” y apuntar más hacia la calidad de vida y el bienestar. Una izquierda menos antropocéntrica y más biocéntrica. Notas
1 Miguel Bonasso, “La Barrick contraataca”, Le Monde Diplomatique, Nº 124, edición cono sur, octubre de 2009. *Eduardo Gudynas es investigador principal en el Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES). © Le Monde Diplomatique, edición boliviana.
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22/05/10 Página 7

¿Adónde nos lleva el pachamamismo?
Pablo Stefanoni

La cumbre de Tiquipaya, más allá de los pollos, los gays y los calvos que ocuparon amplias portadas de los medios, en lo que podría interpretarse como un lapsus presidencial, dejó una evidencia hacia el futuro: el proceso de cambio es demasiado importante para dejarlo en manos de los pachamámicos. La pose de autenticidad ancestral puede ser útil para seducir a los turistas revolucionarios en busca del “exotismo familiar” latinoamericano y más aun boliviano (al decir de Marc Saint-Upéry) pero no parece capaz de aportar nada significativo en términos de construcción de un nuevo Estado, de puesta en marcha de un nuevo modelo de desarrollo, de discusión de un modelo productivo viable o de nuevas formas de democracia y participación popular. Más bien, el pachamamismo –una suerte de “neolengua” a la moda- contribuye a disolver las profundas ansias de cambio de los bolivianos en el saco roto de una supuesta filosofía alternativa a la occidental, aunque a menudo es aprendida en espacios globales como los talleres de ONGs, en la calma de la Duke University o en los cursos supervisados por Catherine Walsh en la Universidad Andina o la Flacso Ecuador. Al final de cuentas, como queda cada vez más en evidencia, estamos en presencia de un discurso indígena (new age) global con escasa capacidad para reflejar las etnicidades realmente existentes. Y como en los países del socialismo real, esta “neolengua” puede ampliar hasta el infinito el hiato entre el discurso y la realidad (¿por qué no dicen nada del extractivismo y la reprimarización de la economía?, por ejemplo), debilitando las energías transformadoras de la sociedad. Así, en lugar de discutir como combinar las expectativas de desarrollo con un ecoambientalismo inteligente, el discurso pachamámico nos ofrece una catarata de palabras en aymara, pronunciadas con tono enigmático, y una cándida lectura de la crisis del capitalismo y de la civilización occidental. O directamente, exabruptos interpretativos, como el de Fernando Huanacuni, funcionario de la Cancillería, que le dijo a un diario argentino que el sismo en Haití fue un pequeño aviso del ímpetu económico-global-cósmico- telúrico-educativo de la Pachamama. ¿Acaso [el alcalde electo de El Alto y cuestionado dirigente sindical] Edgar Patana hace política desde una nueva espiritualidad, [el senador y Ejecutivo campesino] Isaac Ávalos interviene en el Senado pidiéndole permiso al abuelo Cosmos o [el viceministro de Régimen Interior] Gustavo Torrico manejará la Policía con el criterio de que los derechos de la Pachamama (y de las hormigas) son más importantes que los derechos humanos? En Europa hay mucha más conciencia del reciclado de basura (incluyendo los plásticos) que en nuestro país, donde en muchos sentidos está todo por hacer, y un ecologismo informado –y técnicamente sólido- parece mucho más efectivo que manejar el cambio climático desde una supuesta filosofía originaria, a menudo una coartada de algunos intelectuales urbanos para no abordar los problemas urgentes que vive el país. Muchos de los errores oficiales en la cumbre no son ajenos a haberle entregado a los pachamámicos la temática del cambio climático, cuya irresponsabilidad impide a Bolivia jugar con seriedad en las grandes ligas mundiales. A muchos intelectuales, el laboratorio boliviano puede darles ingentes insumos para sus investigaciones, y muchas ONG están encantadas de financiar todo tipo de experimentos sociales. Pero para los
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bolivianos el costo de una nueva oportunidad perdida sería impagable por todos los proyectos de la Cooperación juntos. Addendum [Lo antedicho] provocó una respuesta airada de algunos compañeros, que –sin ser mencionados– se consideran parte de la corriente pachamámica, a la que, sin ninguna evidencia, buscan transformar en sinónimo de indígena y en la base ideológica única del actual proceso de cambio. En realidad, el indianismo era inexistente en el Chapare, y en el Altiplano, Felipe Quispe hablaba menos de la Pacha-Mama y el Pacha-Tata que de tractores, Internet, proyectos de desarrollo rural para los comunarios, en el marco de un proyecto nacionalista aymara. Kataristas e indianistas hacían política; los pachamámicos esoterismo. Yo nunca vi, pero quizás me equivoque, un bloqueo por el “vivir bien”. Tampoco el pachamamismo fue la base discursiva de las rebeliones indígenas del siglo XVIII, XIX o XX, como Forrest Hylton lo muestra para Chayanta (1927), allí los caciques apoderados reclamaban educación y reconocimiento de sus autoridades y de sus tierras en alianza con sectores de la izquierda urbana, con una interpelación cargada de discursos antiesclavistas moderno/occidentales. Y en los 40 y 50 los sindicatos rompieron, en muchas regiones, con el rol conservador de las autoridades tradicionales en la preservación de un statu quo neocolonial. Muchas de sus categorías, como el chacha-warmi por tomar sólo una, no resisten la investigación histórica, y según Milton Eyzaguirre tiene más que ver con la imposición de la visión católica del matrimonio que con costumbres ancestrales. ¿Descolonizar será volver a las dos repúblicas del Virrey Toledo? Al fin de cuentas hay pachamámicos no indígenas e indígenas no pachamámicos -posiblemente la mayoríapor lo que considerar racista a cualquier crítica no tiene mucho asidero. Aunque parece profundamente radical, su generalidad “filosófica” no da ninguna pista sobre la superación del capitalismo dependiente, el extractivismo o el rentismo, ni sobre la construcción de un nuevo Estado, o la necesidad de formas “post peguistas” de hacer política. Aunque tiene poca incidencia en el Gobierno, el pachamamismo emite un discurso útil para que cualquier debate serio caiga en la retórica “filosófica” hueca. El debate sobre la descolonización no puede dejar de lado la tensión entre la supervivencia del gueto (bajo la forma de la preservación de la identidad y la cultura ‘ancestrales’ o de las teorías del indio ‘buen agricultor’ o directamente buen salvaje- ecológico estilo Avatar) y la asimilación: acceso a la cultura ‘universal’. Posiblemente de una vía intermedia entre ambos extremos pueda surgir un camino exitoso de descolonización y movilidad social y cultural. (Por algo en algunas haciendas, los propietarios, no precisamente pluri-multis, sólo dejaban entrar a curas que hablaran en aymara con sus colonos…no fuera que aprendieran castellano y se marcharan). El pachamamismo impide discutir seriamente –entre otras cosas– qué es ser indígena en el siglo XXI. ¿Acaso el propietario aymara de una flota de minibuses en El Alto, convertido al pentecostalismo, se puede asimilar sin más con un comunario del Norte de Potosí que sigue produciendo en el marco de una economía étnica? ¿Cómo es posible aplicar el modelo comunitarista en un país mayoritariamente urbano y atravesado por todo tipo de hibridaciones /migraciones/inserción en los mercados globales y surgimiento de una burguesía comercial indígena/chola? Y finalmente: ¿quién eligió a los globalizados intelectuales “pachamámicos” para hablar en nombre de los indígenas de Bolivia y del mundo? Sí, son preguntas de un “monopensador” pero quizás valga la pena responderlas.

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24/05/2010 IPS Noticias

Morales, entre el discurso ambiental y el oro negro
Franz Chávez

El gobierno boliviano de Evo Morales se avino finalmente a negociar para evitar las protestas de los pueblos indígenas de la Amazonia y el Chaco, que amenazaron con marchas y bloqueos de caminos si no se toman medidas para proteger sus tierras y preservar el hábitat. Un acuerdo de última hora frenó el comienzo de una marcha de más de 1.000 kilómetros de indígenas desde la norteña ciudad de Riberalta hasta La Paz, mientras delegados gubernamentales trataban de persuadir a guaraníes del sur de Bolivia a suspender un bloqueo de la carretera que conecta con Argentina. Las comunidades originarias de esas zonas piden el amparo del gobierno de sus territorios, ricos en madera, agua, minerales y petróleo, en consonancia con la declaración de defensa de la Madre Tierra hecha por Morales en la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático, realizada hace justo un mes en la central ciudad de Cochabamba. Se trata de un momento crucial para el gobierno izquierdista de Morales, el primer indígena en llegar a la Presidencia de este país con mayoría de población de ese origen. Por un lado recibe fuertes demandas para la conservación de los bosques, las fuentes de agua y las tierras comunitarias de origen, mientras los ingresos de la industria petrolera, que en 2008 llegó hasta 1.464 millones de dólares, resultan fundamentales para las arcas del Estado. "Es difícil explotar los recursos naturales sin causar daños ambientales, como es el caso de los hidrocarburos, que implica deforestar y abrir sendas para sacar el petróleo y el gas natural", dijo a IPS Armengol Caballero, director del no gubernamental Centro de Investigación y Promoción del Campesinado Región Norte (Cipca). Caballero acusa a Morales de tener un doble discurso, aunque tampoco renuncia a la extracción de recursos naturales para no "dejarlos dormidos" bajo tierra, pero que generen ingresos para los propios pueblos indígenas. Por su parte, el Coordinador Nacional de Comunicación de la Liga de Defensa del Medio Ambiente (Lidema), Edwin Alvarado, sostuvo ante la consulta de IPS que "el gobierno impulsa un modelo extractivo con altos costos para la naturaleza, mientras intenta demostrar un proceso de cambio". Una comisión ministerial y dirigentes de la Confederación Indígena del Oriente Boliviano (Cidob) realizaron una apresurada negociación la semana pasada y el gobierno prometió gestionar el saneamiento y delimitación de tierras originarias. Morales anunció que impulsará una nueva ley forestal y dijo que quitará concesiones mineras y de explotación de bosques a empresas que operan al margen de las normas en vigencia.

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El compromiso incluye la redacción de un reglamento de consulta a los pueblos indígenas antes de autorizar la construcción de carreteras, complejos hidroeléctricos y actividades de exploración y explotación de minerales e hidrocarburos. También se reitera que el gobierno boliviano respeta el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Declaración de la Organización de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas. Pero el interés oficial por realizar análisis previos y consultas con los pueblos originarios parece contradecirse con la habilitación de proyectos como la construcción de la carretera transoceánica entre las poblaciones de Villa Tunari, en el central departamento de Cochabamba, y San Ignacio de Moxos, en el norteño Beni, sostuvo Alvarado. Más de 60 comunidades del Parque Nacional Isiboro Sécure serán afectadas por esta obra en su modo de vida, que comprende la caza de animales de manera sostenible, la recolección de alimentos y el uso de fuentes naturales de agua, advirtió el activista. "Es una de las pocas zonas de pie de monte en América del Sur" que guarda un estilo de vida en un territorio considerado sagrado por los habitantes del lugar, indicó. "Las políticas del gobierno dicen centrarse en los valores de respeto a la Madre Tierra, sin embargo un contra-discurso promueve la incursión acelerada de megaproyectos, vulnerando derechos indígenas con políticas poco éticas en la aplicación de métodos de consulta y justificaciones", dijo a IPS la presidenta del grupo ambientalista Kandire, Daniela Leytón. Leytón calificó a Bolivia como un país de alta dependencia de los recursos naturales y baja capacidad industrial, "lo cual promueve una actividad altamente ‘extractiva’ y las exportaciones se concentran en los hidrocarburos y la minería". En una revisión de los datos macroeconómicos, Leytón observó un incremento del producto interno bruto en 20 por ciento en los cuatro años del primer gobierno de Morales, iniciado en 2006, gracias al incremento de la explotación de los recursos naturales. En contraste, la pobreza sigue afectando a 60 por ciento de la población. El análisis económico de Leytón observa con preocupación la debilidad del Estado en la continuidad del pago del bono a madres en estado gestación, lo cual obligó al gobierno a obtener un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo por 20 millones de dólares a un plazo de 40 años. http://ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=95481

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28/5/2010 CLAES

¿”Pachamámicos” contra “modérnicos”?
Arturo Escobar

"Adónde nos lleva el pachamamismo" e "Indianismo y pachamamismo", de Pablo Stefanoni, se pueden analizar desde muchos puntos de vista –desde su ajuste o no a la realidad hasta las posiciones políticas que parecieran adoptar- En esta breve nota me referiré a un ángulo sin duda menos evidente, como es el de la posición de sujeto que subyace en la voz que los escribe. Por posición de sujeto quiero decir la voz social que los habla (la configuración de conocimiento o ‘episteme’ del que provienen y, más allá de ésta, la ontología o premisas básicas sobre el mundo que conlleva). Esto también quiere decir que los comentarios que siguen no son tanto sobre el ‘Pablo Stefanoni’ de carne y hueso (y quien espero me perdone el atrevimiento de todas formas) como sobre una identidad históricamente constituida que, a falta de un mejor término, llamaré “los modérnicos” (y aquí me perdonarán que use el masculino solamente). Estas notas, de este modo, bien podrían llamarse ‘Pachamámicos’ contra ‘modérnicos’, y tendré que decir, a modo de advertencia general, que las cosas no son tan simples, pues aún dentro de estas posiciones de sujeto hay gran variedad de posibilidades de discurso. Mi propio comentario, como no faltará quien observe al finalizar su lectura, es más modérnico que pachamámico, aunque deriva su fuerza más intima de esta última alternativa. Finalmente, aclaro que mi comentario no toma como referente el caso boliviano, que sólo conozco de segunda mano. Como se verá, tomo prestado el término pachamámico para referirme a un conjunto más amplio de miradas alternas. La primera clave de mi argumento viene de la aseveración de que “el pachamismo impide discutir seriamente” cosas tan importantes como las identidades indígenas, el capitalismo, el Estado, el desarrollo, o el cambio climático global –y, por ende, la Pachamama misma-. El modernicismo, por contraste, sería aquella posición o estrategia de conocimiento que sí nos iluminaría el camino. Hacer visible la naturaleza histórica de esta posición no es tan difícil, así esto pocas veces ocurra dada la naturalización tan profunda del conocimiento considerado ‘científico’ en nuestras sociedades. Para comenzar, intentemos revertir la película: Digamos entonces: “el modernicismo impide discutir seriamente…”. Tenemos amplia verificación de que este enunciado también es verdadero; ¿o acaso los Estados, economías y sociedades construidas desde el conocimiento modérnico (‘científico’) están funcionando a las mil maravillas? ¿Acaso los Estados que ha alimentado no han sido represivos, las economías explotadoras e injustas, las sociedades normalizantes (Foucault), las naturalezas destruidas? ¿Acaso no es el conocimiento preferido del Banco Mundial, de todos los gobiernos, de las izquierdas y derechas, de todo aquel que se considere ‘civilizado’? Dar alguna validez a esta interpretación nos lleva ineluctablemente a concluir que “el proceso de cambio es demasiado importante para dejarlo en manos de los modérnicos”. A punta de conocimiento científico también se han estado matando y esclavizando los pueblos, o si aún queda duda pensemos en el llamado desarrollo. Pero no es suficiente sólo revertir la película –además soy consciente de que es algo injusto- De paso aclaro que el conocimiento modérnico también ha producido grandes cosas, y aún está en posición de –más aún, debe— seguir produciéndolas. Así que paso a mi segunda clave: “Sí, son preguntas de
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un ‘mono-pensador’ pero quizás vale la pena responderlas”, concluye el segundo artículo. Estoy de acuerdo con la segunda parte, y de hecho muchas de las preguntas que hacen los artículos mencionados son válidas e importantes. Pero lo de ‘mono-pensador’ merece comentario pues, a un nivel muy general, sí estamos ante un pensamiento único. Llamaré a este pensamiento eurocéntrico para aludir no sólo a sus orígenes sino a que refleja la constitución histórica de mundos desde la perspectiva de Europa, es decir, occidental y moderna. La expresión más alta del concomiendo eurocéntrico, además de la tecnociencia, son las ciencias sociales y humanas contemporáneas, desde Marx, Smith, Weber y Durkheim hasta el impresionante panorama de formas que exhiben hoy en día en sus configuraciones paradigmáticas liberal, marxista y postestructuralista. Bien es sabido que entre las condiciones de posibilidad más importantes para la consolidación de estas ciencias se encuentran la secularización de la sociedad y la separación de naturaleza y cultura; en otras palabras, las ciencias modernas (incluidas las sociales) requirieron la expulsión de dios (la espiritualidad) y de los seres no humanos como actores del conocimiento objetivo, y a la magia y el mito como sus prácticas –¡todos estos precisamente ingredientes claves de muchas de las posiciones pachamámicas!- No es de extrañarse entonces que el diálogo entre conocimiento modérnico y pachamamismo sea tan difícil. Una tercera condición de posibilidad de las ciencias sociales contemporáneas fue la invención del “individuo” racional y separado de la comunidad, que se encuentra con otros individuos para intercambiar en mercados regulados por precios, o que se agrupa en sociedades para crear Estados. Los conocimientos modérnicos, tanto hegemónicos como críticos, comparten de alguna manera estas premisas (con la excepción de la fenomenología como filosofía no dualista, y bien entendida la ecología por su énfasis en las interrelaciones). Los conocimientos modérnicos también comparten una visión desencantada del mundo, como la calificara Weber, de nuevo algo profundamente ajeno a los mundos y conocimientos defendidos por muchos de los pachamámicos. El avance de las ciencias sociales y humanas ha sido vertiginoso durante las últimas seis décadas. Ha sido muy productivo: nos ha dado luces importantes sobre ‘el capitalismo dependiente’, las hibridaciones de las identidades étnicas y el funcionamiento del Estado, entre otras muchas cosas, para usar algunos de los ejemplos de Stefanoni. El problema surge cuando, desde su complejidad, cualquier otro tipo de saber es des/calificado como ‘no científico’, ‘local’, ‘romántico’, incompleto, etc. La complejidad de las ciencias sociales y humanas de hoy en día se basa en lecturas sofisticadas de contextos, historicidades, agentividades, coyunturas, y conectividades. Así, por ejemplo, hay que entender complejamente el cambio climático global en términos de contextos (local, nacional, global; económico, social, político), historias (múltiples causas, genealogías de prácticas), actores (múltiples y heterogéneos), y de las relaciones entre todos los factores anteriores, incluyendo las tensiones y contradicciones de todo tipo que existen entre ellos (por ejemplo la dialéctica entre movimientos sociales y Estados, para citar un ejemplo muy vigente en el caso de los gobiernos progresistas). No es de sorprenderse que desde estas alturas cualquier otro saber o conocimiento se juzgue como deficiente, o sencillamente, ‘pachamámico’. Mi argumento es que la complejidad del conocimiento académico y la aparente simplicidad del pachamámico son efectos de discurso y, por tanto, de poder –es decir, tienen un comienzo, un periodo de hegemonía, y posiblemente un final, del cual ya pudiéramos estar presenciando los primeros atisbos. Sería imposible presentar en estas líneas el derrotero histórico de la hegemonía del conocimiento modérnico, pero confío en haber dado algunas pistas sobre cómo se generan y funcionan sus efectos. Pero ahora me interesa pasar a un tercer nivel de análisis para sugerir por un lado que los conocimientos modérnicos (CM) son limitados para iluminar caminos ante la crisis social, ecológica, y cultural actual y, por el otro, que los conocimientos pachamámicos (CP) son vitales para ello. Esto también es una condición histórica. Una forma intuitiva de entrarle a esta proposición nos la da Boaventura de Sousa Santos al afirmar en una de sus obras que estamos enfrentando problemas modernos para los cuales ya no hay soluciones modernas. Se requiere, concluye, una ecología del conocimiento genuinamente plural, la cual a su vez requiere de una justicia
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cognitiva, es decir, poner en el mismo plano CM y CP; de hecho, buena parte de la importante obra de este pensador está dedicada a este diálogo y las traducciones necesarias entre ambos –así su obra, sospecho, resulte demasiado pachamámica para muchos modérnicos, y viceversaMi cuarto punto se deriva de los anteriores y es simplemente que la crisis ecológica contemporánea es una crisis de modelos de conocimiento y de construcción de mundos; es un argumento que varios pensadores y pensadoras vienen haciendo desde hace al menos dos decenios, entre ellos el ecólogo mexicano Enrique Leff y la filosofa ambientalista australiana Val Plumwood. Como lo aseveran los lideres y lideresas indígenas en muchas de sus cumbres, es una ‘crisis del modelo civilizatorio occidental’. Llamémoslo euro-modernidad. Entre otros rasgos, dicho modelo separa sujeto y objeto, naturaleza y cultura, individuo y comunidad. En términos filosóficos, se puede decir que es un modelo de mundo –una ontología— dualista, el cual ha alcanzado dominación en Occidente en los últimos dos siglos y que se expande al planeta con la modernidad globalizada. Los conocimientos modérnicos son un instrumento esencial en este proceso. Es por tanto necesario visibilizar formas no dualistas de conocimiento y de vida; éstas no solo existen entre los grupos sociales vistos como pachamámicos (indígenas, afrodescendientes, o aquéllos que continúan teniendo un apego al territorio y el lugar), sino que tiene muchas otras fuentes (ej., la fenomenología y la ecología, ya mencionadas, la agroecología, algunas teorías de complejidad, la biología relacional de Maturana y Varela, la etnografía de modelos locales de naturaleza, el Budismo, algunas corrientes filosóficas de la inmanencia/diferencia, como la obra de Deleuze y Guattari, algunas teorías de redes auto-organizadas, algunos enfoques decoloniales, y quizás algunas perspectivas anarquistas, entre otras). Para crear un espacio post-dualista –que haga visible la relacionalidad constitutiva que existe entre los mundos biofísicos, humanos y sobrenaturales o espirituales— es importante consultar este espectro de fuentes. Es claro, sin embargo, que los CP que provienen más directamente de movimientos sociales son un espacio de particular relevancia social, política y ecológica de ontologías relacionales. Sin embargo, quisiera pensar que “lo pachamámico” se refiere a toda esta constelación de formas de conocimientos otros, aunque cada fuente tiene sus especificidades. También me parece factible afirmar, así sea de una forma provisional, que al menos algunos de los movimientos sociales y de las tendencias no dualistas ya mencionadas anuncian el surgimiento de la relacionalidad como hecho epistémico, social, político y cultural de gran importancia en el inicio del milenio. Sería algo así como “la revancha de la relacionalidad”. Quiero enfatizar que esto no quiere decir ni que los CM sean innecesarios ni que los CP sean todos beneficiosos o estén libres de problemas; por una lado, los CM críticos han sido muy útiles, por ejemplo, en la comprensión de la dominación, tanto en su materialidad como en sus aspectos ideológicos. Esto sigue siendo muy importante. Pero se me hace que los CP pudieran ser más importantes hoy en día para entender lo emergente, aquello que se orienta a la constitución de “mundos y conocimientos de otro modo”, para usar una expresión cercana a los decoloniales. La teoría posestructuralista sigue siendo esencial para entender el problema del poder, pero poco nos dice sobre lo mítico y lo mágico. La economía política nos ilustra sobre muchos aspectos del capitalismo globalizado, pero se queda muda cuando se trata de formas de diferencia económica emergentes que pudieran ser ecológicamente sustentables, etc. Urge entonces tomar en serio los CP en el sentido amplio de la palabra. Para ello hay que empezar por reconocer la tremenda asimetría que ha existido históricamente y que aún existe entre éstos y los CM. Si bien los pachamámicos pueden tomar prestada de los modérnicos su capacidad de autocrítica (una práctica fundamentalmente moderna, pues requiere del famoso distanciamiento cartesiano), estos últimos tendrán que hacer un gran esfuerzo para acallar sus certezas epistemológicas para así realmente escuchar a sus rivales. No en vano estamos ante un régimen moderno de verdad –donde se da por sentada la existencia de “sujetos” y “objetos” de conocimiento, así como “lo verdadero” y “lo
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falso”— que a pesar de sus logros, como nos lo dice Santos, entre muchos otros y otras autoras, hoy se queda bastante corto frente a los retos históricos de cada sociedad y del planeta. Y es precisamente esto lo que está en juego con la emergencia de lo pachamámico / relacional: un desafío frontal al régimen moderno de verdad, frente al cual todo lo modérnico –y quizás particularmente en sus versiones académicas, de cualquier lado del espectro político– se estremece; rompe la historia usual del conocimiento. Ya no son los modérnicos o intelectuales de siempre los únicos poseedores de conocimiento válido y de la verdad, los únicos dueños del balón; más aún, ya no hay un solo balón, ni una sola cancha, ni un solo conjunto de reglas de juego. Muchos modérnicos quisieran defender sus privilegios descalificando los CP como locales, románticos, equivocados, simplistas, esencialistas, etc. Y sin duda los CP serán muy limitados para muchas tareas importantes de reconstrucción de los mundos socio-naturales, y se acomodarán a situaciones problemáticas para sobrevivir en muchas ocasiones, o coexistirán en alianzas no completamente dignas con patrones económicos de dominación, etc. Pero en términos generales me parece que estos están mucho más preparados para la discusión impostergable sobre el mundo –los mundos, el pluriverso— que queremos. Como dijera el maestro Humberto Maturana, La pregunta que los seres humanos debemos enfrentar es qué queremos que nos pase a nosotros [y al planeta], no una cuestión de conocimiento o de progreso… La pregunta que debemos enfrentar en este momento de nuestra historia es aquélla de nuestros deseos y si queremos o no hacernos responsables de ellos. (Humberto Maturana, Metadesign, 1998; http://inteco.cl/articulos/metadesign.htm"). O como lo dijera alguna vez en una reunión de pensamiento decolonial en Caracas el intelectual, académico, y activista de los mundos afro del Cauca (Colombia) Adolfo Albán, “el problema no es de ciencia, sino de las condiciones para la re-existencia”. Y es aquí donde el deseo por la modernidad –así sea una ‘modernidad satisfactoria’ que extienda todos los derechos a todas las gentes y eleve a los oprimidos a condiciones más dignas, tan importante como es esta meta— se queda corto en cuanto a la pregunta clave: ¿qué mundos queremos, más allá de lo modérnico en cuyas soluciones ya tantos han dejado de creer? ¿Cómo queremos inter-existir, inter-ser, con todos los seres sintientes –sentipensantes, pues la conciencia no es sólo atributo de los humanos como nos dicen algunos biólogos de la complejidad y muchos pachamámicos— con todos los humanos y no humanos de cada lugar, de cada sociedad, y del planeta / pluriverso? No es ésta una pregunta puramente teórica. “Construir un mundo nuevo es factible”, nos dice Gustavo Esteva desde las experiencias autonómicas en Oaxaca y Chiapas. “Lejos de ser una propuesta romántica, esta postura resulta enteramente pragmática” (“Mas allá del desarrollo: la buena vida”, América Latina en Movimiento 445: 5, 2009). Y, continúa, lo contrario sería no percatarse de que el barco modérnico se hunde, mientras que aquéllos en movimiento relacional entretejen un “archipiélago de convivialidad”, y hacen mingas para el postdesarrollo. Pero en vez de polarizaciones mayores, sería más constructivo imaginarnos las condiciones para la coexistencia entre CM y CP, es decir, para conversaciones entre pluralismos, más allá de los binarios de la modernidad (ciencia y no ciencia, verdad y falsedad, etc). Una política que asevere que muchos mundos son posibles –una política para el pluriverso— requiere de epistemologías que acepten que muchos conocimientos son posibles. En otras palabras, modérnicos e intelectuales de izquierda deben aceptar que su visión de las cosas es parcial, local, en un pluriverso transmoderno y que el trabajo conjunto requeriría de un verdadero ‘desclasamiento epistemico’ y cultural –bajarse al menos provisionalmente del tren del desarrollo, el conocimiento científico, y la euro-modernidad. Así, tendrán que ceder espacio a otras propuestas, por locales y románticas que les parezcan. Sobre todo, tendrán –tendremos– que dejar de representar, de mandar, de tener la verdad. Hasta ahora he mantenido las posiciones de sujeto de modérnicos y pachamámicos para construir mi argumento. Para terminar, es importante desglosar un poco más estas identidades. Es
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obvio que los lugares sociales de ambas posiciones con frecuencia se sobreponen, aun en una misma persona. Hay modérnicos pachamámicos y pachamámicos modérnicos. Ya Stefanoni mismo se refirió a pachamámicos en ese espacio modérnico por excelencia, la academia (en las universidades Andina de Quito y Duke en EE UU, o en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, donde enseño, podríamos agregar en el mismo espíritu). Pero esta política identitaria ya no funciona en términos tan directos –ya no hay una relación necesaria y esencial obvia entre el color del pasaporte o el lugar de trabajo y la epistemología y posicionamiento político de las personas, si es que alguna vez la hubo. Lo mismo podemos descalificar a un intelectual, académico, o activista por estar en EE UU o en un extraño programa en la Andina que por estar en un programa mas reconocidamente de izquierda en la UBA o en Lima, para no hablar de los espacios hegemónicos, como los departamentos de economía de casi todo el continente que han proporcionado los tecnócratas neoliberales a los fatídicos gobiernos neoliberales de las últimas décadas. Ninguna posición de sujeto confiere pureza o está libre de complicidades, aunque la participación comprometida en movimientos sociales y el contacto íntimo con “la realidad” otorgan importantes defensas. Más bien podría decirse, “por sus propuestas y prácticas los conoceréis”, es decir, por el régimen de verdad dentro del cual funcionen. Igualmente, desde la perspectiva de CP que he intentado elaborar en estas líneas, es obvio que hay intelectuales pachamámicos no sólo en algunos programas universitarios (así desde lo modérnico se vean como programas quizás demasiado politizados, y ya no son pocos en la región), sino entre los intelectuales-activistas de muchos movimientos sociales. Y no es cierto, finalmente, que estos no tengan buenas ideas o propuestas claras sobre muchas de las grandes preguntas que se ciernen sobre las sociedades latinoamericanas. Como he intentado analizar en un libro reciente sobre el tema, los intelectuales del Proceso de Comunidades Negras de Colombia, por ejemplo, han desarrollado todo un cuerpo de conocimiento y prácticas alternativas para enfrentar la grave situación de la región Pacífica del país. Ante la destrucción sin límite propiciada por las estrategias de desarrollo del gobierno en esta importante región de bosque húmedo tropical, este brillante y valiente grupo de activista ha logrado imaginar un Pacífico muy diferente. Llámesele pachamámico, pero la ecología política de este movimiento de comunidades negras contiene propuestas viables para la conservación, la sustentabilidad, y el desarrollo alternativo de esta región. Si son menos o más importantes, mejores o peores, que cualquier propuesta construida desde lo modérnico-desarrollista deben ser objetos de discusión política –no inferiorizado desde posturas modérnicas auto-superiorizadas, es decir confirmadas solo desde la autoridad discursiva de su propia historia, y completamente fuera de la política. Soy consciente del carácter provisional y tal vez irresponsable de estas notas; las escribo porque me parce que es importante recoger lo que Stefanoni ha incentivado, quizás sin proponérselo: un dialogo constructivo entre intelectuales-políticos pachamámicos e intelectuales-políticos modérnicos, inimaginable hace unos años, de tal forma que estas posiciones de sujeto idealizadas realmente se entrecrucen, fertilizándose mutuamente. Pienso que las condiciones históricas (epistémicas, sociales, políticas) para ello existen hoy en día, y sin duda hay muchos investigadores e investigadoras que lo hacen en su práctica. Una tarea a realizar es mapear cuidadosamente lo que aquí, quizás muy a la ligera, he llamado CP, y trazar sus genealogías. Con su usual rigor, un comentario reciente de Eduardo Gudynas que circuló por correo-e se encamina en esta dirección. La dimensión política del ejercicio es clara, como apuntara el artículo de Hugo Blanco sobre el tema (Respuesta a “Indianismo y pachamamismo”, de P. Stefanoni, Lima 11 de Mayo del 2010, que también circuló en Internet). Y encuentro que el espíritu de diálogo entre configuraciones de conocimiento no está muy lejos de los mismos textos de Pablo Stefanoni como podría pensarse a primera vista.
Arturo Escobar es un antropólogo colombiano, docente en la Universidad de North Carolina, Chapel Hill, Estados Unidos.
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10-6-2010 La Haine

Bolivia: Descolonización, vivir bien y derechos de la Madre Tierra
Carlos Mamani Condori

El territorio del Pueblo Indio es objeto hoy de la amenaza de las llamadas industrias extractivas, en particular de la minería, que causa daños irreparables a la Madre Tierra. Desde el año 2006 la palabra descolonización es de uso obligado en el discurso político boliviano. Su adopción en la agenda oficial qué duda cabe corresponde a Evo Morales Ayma y con él a los más importantes líderes aymaras como el Canciller David Choquehuanca, el Presidente de la Comisión Visión País de la Asamblea Constituyente, Félix Cárdenas (…). Sin embargo el estudio del colonialismo, la puesta en la agenda política india tiene una historia un poco más antigua, de actores cuyos nombre son ignorados por gran parte de los hoy adscritos a la descolonización. Desde la invasión al país (1532-1538) la voz de la nación había sido acallada por los extranjeros, la jauría de pillos que se apropió del país bajo la dirección de los Pizarro, impuso como oficial no solo su lengua y su religión sino también su verdad, cuál era que por bendición de dios (su dios) el país había sido entregado en usufructo exclusivo a los blancos; tocaba a los indios trabajar (en condiciones peores a la esclavitud) en beneficio de la “raza superior” con la esperanza de algún día ser como ellos. Civilizar al indio fue doctrina esgrimida por la colonia[1] que requería disponer de la población nativa para la explotación del país. Sin embargo, luego de la ruptura con la metrópoli, la colonia autoproclamada nación, vio en el indio un problema para su realización, para su solución ensayaron dos caminos: el genocidio y el etnocidio. Resultado del primero existen en el continente estados donde la población nativa es minoritaria o simplemente borrada de la faz de sus territorios. El etnocidio fue política indigenista aplicada en México, post revolución, y seguida como receta por todos los países del continente; educar al indio para hacerlo parte de la nación tenía como objetivo borrar su memoria, identidad y lengua. La colonia, autoproclamada nación, se propuso entonces asimilar al indio. En el país fue con la revolución de 1952 que la colonia se propuso de manera sistemática asimilar al indio, volviéndolo “civilizado”. Para ello trocaron oficialmente el nombre indio por campesino, con el propósito de convertir la nación india, el Qullasuyu, en clase. Según el discurso indigenista con la escolarización, el uso obligado del idioma español, los indios podían aspirar a convertirse en obreros de fábrica, minas (…); la proletarización, como profetizaban las distintas sectas marxistas, leninistas y trostkystas era el camino a la civilización. En los mismos días que los movimientistas (Movimiento Nacionalista Revolucionario, MNR) hacían gala del poder absoluto que ostentaban para fundar la nación boliviana, cimentada en el mestizaje, un indio usando la escritura como arma opuso tenaz resistencia al etnocidio; Tesis India, Revolución India fueron los libros más leídos de Fausto Reinaga. Propuso la Liberación India del poder del cholaje blanco-mestizo, encarnado en el MNR. Fue el ataque más letal y directo que la colonia, el cholaje blanco-mestizo, recibió en su proyecto colonizador y etnocida. Fausto Reinaga fue sistemáticamente ignorado y sus obras censuradas por la inteligencia chola, bajo la acusación de racista, retrógrada, divisionista. La inteligencia q’ara hacía fe de su espíritu
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colono teniendo por libros de cabecera y doctrina a toda la producción salida de los países llamados comunistas. Fue la Universidad el escenario para la lectura de las obras de Reinaga, para fines del decenio de 1960 algunos pocos indios habían logrado matricularse en Carreras como Derecho y Sociología. Estos poquísimos universitarios indios fueron objeto de un sinnúmero de agresiones racistas que los llevó a dudar de las bondades de la civilización, esta juventud devoró ávida las páginas de los libros de Reinaga y otros autores donde entre líneas valoraban la historia de las glorias del pasado indio así como las guerras sostenidas contra España y la colonia. La formación del Movimiento Universitario Julián Apaza (MUJA), escuela política de la juventud india, fue el acontecimiento más importante en la nueva lucha india contra el programa etnocida del indigenismo boliviano. El MUJA fue la más importante y activa célula india que tenía por norma la formación ideológica y teórica de sus militantes. A diferencia de los grupos marxistas no habían libros doctrinales que memorizar, la referencia era casi única: Fausto Reinaga. De los estudios de dicho autor y el proceso internacional que generó el fundamental concepto de indianidad, se adoptó el nombre indianista (indianismo). Si el conjunto de los grupos políticos existentes en la universidad se planteaban la utopía del comunismo, la dictadura del proletariado, qué podían plantear los indios? Frantz Fanón fue otro de los autores que marcó el camino de la lucha política india, Condenados de la Tierra daba cuenta de las sociedades coloniales: colonos y colonizados. A la luz de dicha lectura Bolivia era ciertamente un Estado colonial, la Liberación India fue planteada como un acto de descolonización. MUJA fue el punto de partida para el estudio del colonialismo, el pasado antes de la invasión española como el que devino luego de 1538 fue interrogado con avidez. Los compañeros de Pizarro se habían asentado en colonias repartidas en ciudades, centros mineros y poblados. Cuando España fue invadida por Napoleón (1808) los colonos comenzaron a desafiar el control metropolitano hasta que en 1825 se desvincularon bajo el amparo de Simón Bolívar y su lugarteniente; entonces la colonia adoptó el nombre de su “libertador”. La colonia convertida en república soberana estableció normas, constitucionalizó sus privilegios, renovando su vocación genocida esperaron sin mucho éxito atraer una masiva inmigración europea como sí ocurrió en los vecinos estados del Cono Sur. Los indios, la indiada como fue nombrada por el cholaje, mantuvo memoria de sus orígenes, sus pasadas glorias, la guerra fue permanente a través de constantes cercos a los centros coloniales, siendo el más importante el liderado por Zárate Willka en 1899. La reconstitución de la memoria histórica permitió una historiografía propia que dio cuenta de un continuo proceso anticolonial: Santos Marca Tola, Eduardo Nina Quispe en vísperas de la guerra del Chaco propusieron renovar Bolivia mediante el diálogo y poner así fin al conflicto entre colonos y colonizados. Desde el decenio 1970 el colonialismo se convirtió en materia de estudio y debate, la dirigencia campesina e india ya no estuvieron más sujetas a la “verdad de la colonia”, el indianismo comenzó a irradiarse por el país y el continente. La colonización como había señalado Fanón operaba en las mentalidades por lo que el paso fundamental era la descolonización ideológica enfrentar y negar la “verdad de la colonia”, para ello la respuesta fue la Reconstitución de la Memoria que daba lugar a la autonomía del pensamiento, autonomía que debía ser ejercitado en lengua propia. La liberación India, la descolonización debía tener como sustento la transformación de la sociedad colonial, en particular entre los colonizados (los indios). Qué sociedad buscamos ser? La respuesta fue categórica: Qamiri[2]. Qamiri es concepto aymara que en el uso cotidiano tiene la connotación de rico, el millonario aymara de las ciudades, que a diferencia de la mayoría de sus compatriotas no enfrenta las carestías económicas a que condena el Estado colonial. El estudio y análisis de esta acepción de Qamiri conlleva la comparación del presente colonial con el pasado de libertad, el Qullasuyu un Estado
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donde nadie sufría de hambre, sed y frío y el gobernante tenía por título Qhapaqa, grande, rico y poderoso; en tanto que el presente está simbolizado por el racismo, la exclusión que se traduce en la pobreza/miseria a que son condenadas las masas indias La reconstitución fue un programa político adoptado colectivamente por la intelectualidad indianista y el liderazgo social; el más visible ha sido la reconstitución del ayllu en el esfuerzo de re establecer a Qhapaqa en versión de Mallku todavía, la restitución del gobierno para imaginar y realizar la sociedad de qamiris. A pesar de los grandes esfuerzos en la descolonización de la mente, el español ha continuado por su carácter de lengua oficial, supremacista en el debate cultural y político; entonces los conceptos y el pensamiento aymara debían traducirse al español. Fueron largos los debates sobre como contar con una traducción conceptualizada de qamiri: suma qamaña, suma jakaña… vivir bién. El asunto fue cómo comunicar y hacer entender al cholaje blanco-mestizo monolingüe, la propuesta de volver a ser una sociedad de qamiris, y junto a ellos también a un número importante de los indios que habiendo perdido la lengua propia, solo podían reconstituir su identidad mediante la lengua de Pizarro. La reconstitución, principalmente del ayllu, marcó con nitidez la necesidad vital de pensar en territorio, había que remontar el slogan campesinista “la tierra es de quien la trabaja”. El ayllu, que ya fue señalado como un mini estado dentro del estado boliviano, volvió a pensarse en función a territorio[3]. Los documentos coloniales las compras hechas a la Corona de España, señalaban el rumbo de unos derechos que llevaban al autogobierno. “Leer las arrugas de los abuelos” como fue expresado por David Choquehuanca desde su puesto de Canciller de la república de Bolivia[4], remite a la memoria de un pasado de larga duración. El Pueblo Indio (o pueblos indígenas como ahora se suele decir) desde los antiguos tiempos del asalto colonial luchó por preservar su territorio, porque el territorio fue la garantía de la reproducción de la cultura, memoria e identidad. La tierra supuestamente “devuelta” por el MNR (1953) es práctica colonialista, indigenista. Cumplió con el imperativo del cholaje de desindiar, enterrar al indio para tener en su lugar al campesino organizado en sindicatos bajo el comando de personajes como Ñuflo Chávez Ortiz, los Alvarez Plata, Sandoval Moron… todos jerarcas del movimientismo. Cuál la significación de la tierra para el indio? Está en la memoria colectiva el cuándo se originó el mundo, en Tiwanaku de donde la gente emergió de la tierra, los incas salieron de Tampu T’uxu, entonces la reverenciaban Madre Tierra, Fecunda y Fructífera. Si los pakajaqi tienen a Tiwanaku y a parte del altiplano sur como su madre cómo podrían separarse de ella, cómo lograrían los españoles despojar al indio su tierra? Fueron los curas, el cristianismo que se ocupó, se esforzó en extirpar la idea de que la tierra es la madre, pero fueron vanos todos los esfuerzos. Los indios continuaron aferrados a sus territorios, es más en sus luchas de alcance mundial lograron en conjunto que organismos como la OIT dispusieran de convenios internacionales como el Convenio 169 que reconoce y garantiza el territorio indígena y que la propia Naciones Unidas suscriba una Declaración Universal sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas que expresa “la urgente necesidad de respetar y promover los derechos intrínsecos de los pueblos indígenas, que derivan de sus estructuras políticas, económicas y sociales y de sus culturas, de sus tradiciones espirituales, de su historia y de su filosofía, especialmente los derechos a sus tierras, territorios y recursos”. En el país la Constitución Política del Estado Plurinacional aplica el conjunto de derechos de los pueblos indígenas, en especial los referidos a la libre determinación y el Consentimiento libre previo e informado en todos los asuntos concernientes a los pueblos indígenas en el reconocimiento de su pre existencia, que en Colombia llaman Derecho Mayor. El territorio del Pueblo Indio, pese a contar con salvaguardas de derecho nacional e internacional, es objeto hoy de la amenaza de las llamadas industrias extractivas en particular de la
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minería que causa daños irreparables a la Madre Tierra en particular a su cualidad de fecunda y fructífera que se traduce en contaminación ambiental, devastación de los recursos y la comunidad de vida. En todos los países del Abya Yala los pueblos indios sufren de los nocivos impactos causados por la extracción. Son las más grandes empresas transnacionales (ETN) del mundo que envenenan la Madre Tierra, expulsan a la población indígena y cuando se dan procesos de resistencia, judicializan y criminalizan a los líderes indígenas; esgrimiendo leyes antiterroristas las ETN han encarcelado a los hijos de la Pachamama. La crisis climática causada por una descontrolada emisión de gases de efecto invernadero por los países industrializados ha llevado a una situación límite a la humanidad . Un puñado de países ricos devasta al mundo para apropiar los recursos naturales, en particular los hidrocarburos, en tanto que los pobres y entre ellos los pobladores indígenas tienen un bajo consumo de combustible fósil. En este marco desde los pueblos indígenas se exige la armonización de la humanidad con la Madre Tierra para lo que se requiere contar con una Declaración de los Derechos de la Madre Tierra como fue expresado por el Presidente Evo Morales en ocasión de la Declaración del 22 de abril como el Día Internacional de la Madre Tierra “El origen de estas crisis es la exagerada acumulación del capital en pocas manos, es el saqueo permanente de los recursos naturales, es la mercantilización de la Madre Tierra. Este origen viene de un sistema y un modelo económico que es el capitalismo”. Madre Tierra es doctrina de los pueblos indios, de la manera en que se relaciona con su territorio, el apego que tiene, la ética y pensamiento de vida. Es la cultura de la vida en contra de la cultura de la muerte que viene del occidente, sus colonias y sus cultores. La armonización de la humanidad con la Madre Tierra, a través de una Declaración de los Derechos de la Madre Tierra, es la propuesta de descolonización de los pueblos indígenas desde Bolivia al mundo. La Declaración corregirá el afán devastador y acaparador del capitalismo y dará fin a una de las prácticas más esquizofrénicas de violencia como es el colonialismo. Vivir bien es inseparable del reconocimiento y respeto a la Tierra Madre, fecunda y fructífera. Jallalla! Notas
[1] La colonia es el grupo de extranjeros asentado en territorio nativo. [2] Indudable el aporte de David Choquehuanca en este ejercicio ha sido fundamental, al dar cuenta que Qamiri es el que sabe vivir; colectivamente los colonizados requieren recuperar esa sabiduría de vida. [3] El Convenio 169 de la OIT y el texto borrador de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas constituyeron un marco de fundamental importancia. [4] “Leer la arruga de los abuelos” fue motivo de burla pública por el escritor Walter Chávez en su semanario El Juguete Rabioso, y los amigos de este personaje continúan persistiendo en sus ataques.

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25/6/2010 Cambio

Evo Morales: "Amazonia sin petróleo" es una consigna de intereses foráneos
El gobierno del presidente Evo Morales rechaza abiertamente la consigna “amazonia sin petróleo”. "Intereses foráneos plantean consignas como 'amazonia sin petróleo' y 'no más pozos petroleros', en abierta oposición a la profundización del proceso de la nacionalización y el mejoramiento de la economía nacional", dijo Morales. (Matutino oficial Cambio) “La derecha usa a algunos hermanos dirigentes para oponerse o para pedir algunos temas que son tan profundos e innegociables: cómo es posible que todas las tierras fiscales o parques nacionales pasen a manos de algunos hermanos indígenas; que todas las concesiones madereras, una vez recuperadas, pasen a pequeños grupos del movimiento indígena en Bolivia. Siento que es una forma de oponerse a las políticas que vamos desarrollando”, lamentó. El Presidente advirtió que expulsará del país a la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), a la que acusó de financiar acciones políticas en desmedro de los avances de la nacionalización de los hidrocarburos. “Como la derecha no encuentra argumentos para oponerse al proceso de cambio, ahora recurre a algunos dirigentes campesinos, indígenas u originarios, quienes son pagados con prebendas de algunas ONG (organizaciones no gubernamentales) y fundaciones a fin de implantar un clima de conflicto con el Gobierno en desmedro del proceso de unidad que vive el país”, advirtió. A Morales no le "temblaría la mano para expulsar a ese instrumento del imperialismo que quiere perjudicar a este proceso de cambio financiando mediante algunas ONG a algunos hermanos dirigentes sindicales del campo y la ciudad”. En tanto, la marcha de los pueblos indígenas, que el lunes partió hacia sede de gobierno, llegó el martes a Casarabe, comunidad ubicada a 52 kilómetros de Trinidad. Según el presidente de la Cidob Adolfo Chávez, pese a que el Gobierno intenta dividir y debilitar a los pueblos indígenas, la medida de protesta continuará hasta conseguir que sus demandas sean atendidas. Los indígenas piden la titulación de tierras, la garantía de su autogobierno, el respeto a la consulta previa a las operaciones petroleras y otras exigencias que deben estar refrendadas en la ley marco de autonomías que desarrolla el Ejecutivo, empero, el Gobierno califica la marcha como una medida política y las demandas de anticonstitucionales. La semana pasada, el ministro de Autonomías y Descentralización, Carlos Romero, aludió a la ONG Cejis de estar detrás de la marcha de los indígenas, reportó el matutino El Deber. Este diario cruceño señaló que ayer, desde Trinidad, el director de Cejis, Leonardo Tamburini, respondió que lo único que busca el ministro Romero es deslegitimar la demanda de los indígenas. “En 33 años de existencia, el Cejis nunca buscó a Usaid para un financiamiento y viceversa. Lo mínimo que debería hacer el Gobierno es venir a Trinidad y alcanzar a los marchistas para ver que la medida de protesta es totalmente legítima”, sugirió. Según informó el líder de la Cidob, Adolfo Chávez, los marchistas descansarán hoy en Casarabe y mañana avanzarán hacia San Pablo. Los reportes periodísticos señalan que tras dos días de caminata sobre asfalto aparecieron los primeros enfermos, sobre todo mujeres y niños que fueron afectados por el sol intenso y el viento frío que sopla del sur.
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Según Chávez, ocho son las regionales indígenas que marchan hacia La Paz, incluida una del trópico de Cochabamba. El dirigente dijo que la marcha que realizan los indígenas de tierras bajas tiene el respaldo de una gran mayoría de sus centrales regionales y son sólo tres las que no participan: la APG, Cpesc y Weehnayek.

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30/6/ 2010 Argenpress

Bolivia: La riqueza de las naciones
Antonio Peredo Leigue

Los ingresos por la venta de gas siguen creciendo porque nuestros clientes, Brasil y Argentina, requieren más cantidad. Entre enero y mayo de este 2010, el Tesoro General de la Nación ha recibido 1.072 millones de bolivianos. En esa cifra no se incluye las regalías departamentales que son 11% para los departamentos en que se produce y el 2% para los restantes. Por cierto, Bolivia está viviendo una etapa próspera que se expresa en cifras de la economía en general o, según el vocabulario de los expertos, en la macroeconomía. Las reservas fiscales siguen elevándose, los depósitos bancarios han sobrepasado largamente los 7 mil millones, la deuda externa ha bajado considerablemente aunque no puede decirse lo mismo de la deuda interna. Con todo, estamos en mejores condiciones que la mayor parte de los países de la región. En su “Ensayo sobre la riqueza de las naciones”, Adam Smith apostaba a la iniciativa privada como fundamento del enriquecimiento de los países. Ese ha sido y sigue siendo el principio fundamental del liberalismo, traducido en términos de mercado. De hecho, es el principio que Francis Fukuyama glorificó en los años ’90 y que estalló como una pompa de jabón, aunque ruidosamente, apenas 15 años después. De modo que, la riqueza de las naciones, tiene medidas más complicadas que las que podían verse en aquel final del siglo dieciocho. Porque la riqueza de Bolivia, pongamos por ejemplo, no depende de que el Estado acumule reservas monetarias, ni que los bancos ganen más. Depende, como lo sabe este gobierno, de que todos los bolivianos y todas las bolivianas tengan acceso a esa riqueza, en la medida de sus necesidades básicas, al menos. Este es un tema que no interesaba a los regímenes anteriores, pero que está inscrito en el lema “vivir bien” de este proceso. Todavía no se ven resultados sustanciales, aunque hay extraordinarios avances en salud, educación y bonificaciones que han mejorado el nivel de vida de todos. Sin embargo, seguimos aferrados al Producto Interno Bruto, como si ese fuese el referente de nuestro bienestar. Ese factor sólo indica cuánto se obtuvo en el país en un año o en cualquier periodo de tiempo, por producción agrícola, industrias y servicios que van desde bancos hasta transporte. No indica la calidad de la producción ni mucho menos de los servicios. Tampoco establece cuánto beneficia al país y cuánto es ganancia de un sector de la población o, peor aún, de las empresas transnacionales. No dice nada sobre la distribución de la riqueza ni tampoco sobre la relación entre el ingreso básico de una familia y las necesidades básicas del núcleo familiar. Estamos tan aferrados, viendo sólo el presente, que el informe de la banca privada, indica que, al 31 de mayo pasado, los depósitos en la banca alcanzaron a 7.372 millones de dólares. Y sabemos que mientras esa cifra, extraordinaria en los niveles a que nos acostumbraron los gobiernos anteriores, se maneje entre bancos y empresarios, empresarios y bancos, no aportará beneficio alguno al país. Porque ese dinero no se dispondrá para obras públicas ni actividades productivas. Se usará para la especulación, la ganancia inmediata y, casi siempre, las importaciones que lógicamente exportan el PIB.
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Es necesario, en realidad hasta urgente, que se establezca una normativa de inversión nacional, que resguarde la fuga de nuestros capitales. El plan de construcción de carreteras es un buen ejemplo de inversión; sólo que hay que cambiar los términos, propiciando la activa participación de los capitales nacionales. La construcción de una ferrovía, como parte del corredor bioceánico, debe aumentar la inversión nacional. Y llegamos al punto neurálgico: la soberanía alimentaria. Hemos disminuido la importación de trigo, pero estamos importando otros productos alimenticios que, por diferentes razones, escasean en el mercado. La medida de corto plazo, con la mirada puesta en el presente, es una carga pesada, pues nada se está construyendo. Hay que terminar con esa cadena que sigue manteniéndonos a merced del mercado. “La riqueza de las naciones”, en los términos de Adam Smith, correspondía a la concepción de la Revolución Francesa. “El fin de la historia” en la imaginería de Francis Fukuyama, hacia los años ’90 del siglo pasado, fue la alegría por la muerte de la Unión Soviética y un cántico al aparente triunfo del neoliberalismo. Ambas épocas han sido superadas por el avance de los movimientos populares en Nuestra América y ahora se imponen las demandas y las expectativas de los pueblos.

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2da. quincena de julio 2010 Nueva Crónica

Bolivia: ¿rumbo a un nuevo modelo de desarrollo?
Manuel De La Fuente* El actual modelo económico reproduce el rol del Estado de la Revolución Nacional y sigue dentro de los marcos del capitalismo porque no se nota que se estén dando formas diferentes de organización de la producción y tampoco se ve que se esté potenciando al sector comunitario. En los últimos tiempos, desde 1985 hasta los primeros años de este siglo, Bolivia estuvo inmersa en la aplicación de un modelo económico que seguía las pautas del “Consenso de Washington”. Con la llegada de Evo Morales al poder, las políticas económicas del nuevo gobierno trataron de diferenciarse del modelo neoliberal, pero ¿hasta qué punto el discurso de este proceso de cambio se está plasmado en la realidad? O planteando de otro modo la pregunta, ¿cabe cuestionarse si Bolivia se encamina hacia un nuevo modelo de desarrollo? Es lo que trataremos de responder en las siguientes líneas de este artículo. Rol del Estado Sin duda, una gran diferencia entre lo que acontecía bajo las anteriores administraciones y el primer gobierno del mas se refiere al rol del Estado en la economía. Previamente, desde el gobierno de Paz Estensoro hasta el segundo gobierno de Sánchez de Losada se buscó achicar el Estado, se efectuaron toda una serie de privatizaciones, que en algunos pocos casos (el de las grandes empresas) tomaron el nombre de capitalizaciones. Actualmente la tendencia se ha revertido y más bien se están produciendo una serie de “nacionalizaciones”, empezando por los hidrocarburos, pasando por el Complejo Metalúrgico Vinto, la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (entel) y finalizando en las hidroeléctricas. Son políticas que fueron acompañadas de un discurso nacionalista reivindicando la recuperación del gas, de los otros recursos naturales y los servicios básicos. Son medidas, como indica el Gobierno, que recuperan “la lucha histórica de los bolivianos por su independencia económica”.1 Estas nacionalizaciones han sido ampliamente respaldadas por una mayoría de la población boliviana. En realidad el hecho que el Estado vuelva a ocupar espacios importantes en el quehacer económico no es solamente bien visto en la actualidad en Bolivia, también lo es en muchos países de América Latina e inclusive en Estados Unidos y Europa, tras la crisis financiera internacional de los últimos años. El modelo primario exportador y la utilización de la “renta gasífera” Lo que no se ha modificado es el modelo primario exportador en el que Bolivia está inmersa desde siempre: en el siglo xix dependíamos de la plata; en los comienzos del siglo xx, durante un breve periodo, importantes riquezas provinieron del caucho; luego fue el estaño y actualmente en el siglo xxi dependemos del gas. Ahora bien, cuando examinamos lo sucedido solamente en los últimos años, podemos notar un importante crecimiento del pib. En el 2004 y los tres años subsiguientes el país crece a un ritmo mayor del 4%2; en el 2008 el crecimiento es del 6,2 % y en el 2009, según datos preliminares del ine, Bolivia conoce un aumento de su pib del orden de 3,4%. Estas tasas de crecimiento se deben en gran medida al incremento de la producción (y sobretodo de los precios) del gas y de los minerales, por lo que el país sigue inmerso en un modelo que también se lo ha llamado extractivista. Y es un modelo que en realidad se ha profundizado. En efecto, el aporte al pib de los sectores de hidrocarburos y minería se ha incrementado continuamente desde el 2000, mientras que otros
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sectores productivos como la agricultura y sobretodo la industria retroceden. Estamos entonces lejos del deseo gubernamental de industrializar el país (ver cuadro No. 1).

Otros datos muestran que el Gobierno depende en gran medida de las exportaciones del gas, ya que soportan más de la mitad del gasto corriente3. Como antes, el Gobierno nacional sigue dependiendo de las exportaciones de los recursos naturales del país. Seguramente, una de las diferencias con respecto de otros gobiernos es la utilización de la renta resultante de la explotación de los recursos naturales. Que ahora más que antes es utilizada en miras de una redistribución de la riqueza nacional y de una mayor inclusión de los pueblos indígenas y campesinos. Particularmente, la política de bonos está logrando este cometido, notándose una disminución de la pobreza sobretodo en las áreas rurales del país (ver cuadro No 2).

Esta es una primera aproximación a la comprensión del modelo de desarrollo de Bolivia, un modelo que además busca una ambiciosa modernización capitalista. Funcionarios del Gobierno indican que se necesitará al menos 30.000 millones de dólares para implementar el Plan de Desarrollo del Gobierno en los próximos cinco años. Inversiones millonarias que el país no ha conocido hasta el momento. En síntesis, es un modelo económico con un Estado muy presente, como en las épocas del Estado que surge de la revolución de 1952. Y sigue dentro de los marcos del capitalismo porque no se nota que se estén dando formas diferentes de organización de la producción y tampoco se ve que se esté potenciando al sector comunitario. Más bien en el área rural se podría plantear la hipótesis que se está dando un proceso de “acumulación primitiva del capital” basada en actividades productivas fomentadas por el Estado pero también en actividades ilícitas como el narcotráfico y el contrabando. Tampoco se nota que el modelo actual sea más respetuoso del medio ambiente o de los derechos de los pueblos indígenas. Pero estas son hipótesis que deberían ser probadas en estudios más elaborados.

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Notas
1. Econoticiasbolivia (2007): El Decreto de nacionalización http://www.econoticiasbolivia.com/documentos/notadeldia/minelucha30.html de Vinto,

2. Hemos empezado con el 2004 porque ese año el país comienza a crecer a un ritmo mayor del 4%. Los años anteriores el crecimiento era del orden del 2% o menos. 3. Ver entre otros los informes de Milenio sobre la economía. http://www.fundacion-milenio.org/ * Docente de la Facultad de Ciencias Económicas y Coordinador del Área del Hábitat del Centro de Estudios Superiores Universitarios de la Universidad Mayor de San Simón. (cesu-umss).

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12-7-2010 Rojo y Negro. Materiales Internacionales

Socialismo e indigenismo en Bolivia: Aculturación, Estado y Modernidad frente a la propuesta del Buen Vivir
Sergio de Castro Sánchez

Análisis crítico del proceso boliviano como ejemplificación de la tensión que se está dando entre los gobiernos alineados en el llamado Socialismo del s .XXI y el movimiento indígena. Se mire por donde se mire, América Latina se ha convertido en un referente teórico y práctico de lucha contra el capitalismo. Una lucha que, fundamentalmente, se está realizando desde dos marcos teóricos y prácticos muy diferentes. Por un lado, el llamado Socialismo del S. XXI que, a partir de la reformulación de las tesis clásicas vinculadas a la toma del poder estatal, ha conseguido este propósito en diferentes países. Por otro, aquellas luchas que hacen hincapié en la necesidad de construir otra forma de poder “antiestatal”[i], “desde abajo”, y entre las que destaca la propuesta indígena como una alternativa de cambio estructural que va más allá de lo puramente étnico. En el presente texto trataremos de realizar un análisis crítico del proceso boliviano como ejemplificación de la tensión que se está dando entre los gobiernos alineados en el llamado Socialismo del s .XXI –en los que la propuesta andina ha sido asimilada en su discurso– y el movimiento indígena en su vertiente de construcción de poderes antiestatales[ii]. Breve marco teórico Aunque el concepto de “Estado” aparece en la tradición europea de la mano de Maquiavelo, las bases teóricas de las democracias representativas propias del estado liberal no lo hacen hasta los s. XVII y XVIII a través de las llamadas “teorías contractualistas”. Desde un punto de vista político y antropológico, el contractualismo parte de una concepción del ser humano como un individuo abstracto que, desde su “estado de naturaleza” (Rousseau), “pacta” con sus semejantes entrar a formar parte de la sociedad, pasando de este modo a constituirse en un ser cultural. Un “contrato social” que se convertirá en base del Estado y del sistema democrático representativo al que va asociado éste desde la Modernidad, y en el que la voluntad individual es puesta “bajo la suprema dirección de la voluntad de todos”, señalando así al Estado como el único espacio “racional” de convivencia posible. Por su lado, John Locke abrirá asimismo las bases del liberalismo político y económico al defender que tal pacto tiene como principal finalidad la preservación de la propiedad privada individual, entendida como elemento básico del derecho natural. En cualquier caso, tal y como señala Zibechi, la forma de organización socio-política basada en el Estado supone la creación de un cuerpo gubernamental enajenado de la sociedad civil, es decir, un espacio de gobierno que existe y funciona al margen de la ciudadanía. Todo lo contrario a los poderes antiestatales en tanto éstos constituyen una forma de “poder” que, disperso y multidireccional, no se conforman al margen del resto de la sociedad. Frente a la verticalidad del Estado, los poderes antiestatales representan de este modo una forma de “gobernar-se” basada en esa horizontalidad tan bien expresada por el neozapatismo a través del famoso “mandar obedeciendo”.

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Históricamente, debido a la propia naturaleza “globalizadora” del Estado expresada en las palabras de Rousseau anteriormente citadas, éste ha encarado su relación con los poderes antiestatales a través de la búsqueda de la imposición de la lógica estatal. Ésta tiene dos caminos. Por un lado, la represión contra los movimientos sociales, propia, especialmente, de los gobiernos explícitamente alineados con el neoliberalismo. Por otro, la búsqueda de la expansión de Estado a través de la desmovilización, la cooptación, la centralización y la búsqueda de la representatividad en aquellos espacios que usualmente no encuentran en la democracia formal (y el Estado) su forma de organización socio-política. La propuesta indígena: La comunidad y el Buen Vivir Un ejemplo claro de poderes antiestatales en el mundo indígena lo podemos encontrar en la práctica de la “comunidad” propia de la nación aymara. La comunidad aymara, explica Zibechi, no es una realidad objetiva, sino “una forma de adoptar vínculos entre las personas”, lo cual, además, permite universalizar la propuesta más allá del estereotipo que asimila lo comunitario con lo rural, tal y como muestra la ciudad aymara de El Alto. Una propuesta que, por lo demás, debe convivir dentro del movimiento indígena con la demanda de plurinacionalidad en tanto ésta última, si bien supone una reformulación positiva del concepto de Estado-nación heredado de los procesos de independencia y parte de la ideología colonial, sigue inmersa en la lógica del Estado. Sin embargo, lo central de la propuesta indígena –y más concretamente andina– lo encontramos en lo que en castellano se ha traducido por “Buen vivir” (Suma Qamaña en aymara y Sumak Kawsay en kichwa). El Buen Vivir rompe de manera radical con los fundamentos antropológicos propios de la Modernidad. En primer lugar, entiende al ser humano como un ser primordialmente colectivo, y no individual, tal y como hemos visto que hace el contractualismo. Lo cual lleva a una segunda característica íntimamente ligada a la primera: el fin de la oposición Naturaleza/Cultura. Si, como veíamos, en la Modernidad el ser humano se define como tal en el momento en que deja su “estado de naturaleza”, en la cosmovisión andina la colectividad no sólo se refiere al resto de los seres humanos, sino también a la Pachamama (Madre Tierra), de tal manera que la oposición Naturaleza/Cultura como parte de la definición del ser humano pierde su sentido. Como afirma Mónica Chuji, el que “todo aquello que precede o permanece fuera del contrato social se vea relegado a ese ámbito significativamente llamado ‘estado de naturaleza’”, implica “desnaturalizar al hombre y objetualizar a la naturaleza”, convirtiendo a ésta o bien en un objeto de conocimiento (ciencia) o en un “objeto del cual se pueden extraer todas las condiciones necesarias para la producción material, que en la modernidad adquiere la modalidad del capitalismo” [iii]. A partir de esta ruptura radical con la Modernidad, el Buen Vivir supone una triple alternativa socio-política, económica y ecológica al capitalismo. La competitividad producto de la concepción del ser humano como individuo queda sustituida por una colectividad cuya base existencial es la reciprocidad y la redistribución (por ejemplo a través del trabajo comunitario y la propiedad colectiva). La concepción de la Naturaleza no como un objeto externo sino como parte de nuestra propia identidad implica, además, una relación económica alejada del extractivismo capitalista. Asimismo, la forma de gobierno basada en poderes antiestatales, en la horizontalidad y en la realización de asambleas (en muchas ocasiones basadas en el consenso y no en las votaciones) representa de igual manera el correlato político de esta concepción antropológica.

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El caso de Bolivia: indigenismo del s. XXI El indigenismo, lejos de defender lo indígena, se refiere a toda una construcción antropológica que busca la aculturación con la intención de asimilar lo indígena a la lógica moderna del progreso y el desarrollo de la nación. Entre las diferentes estrategias indigenistas que se han dado a lo largo de la historia, la que nos interesa destacar aquí es aquella consistente en la asimilación de lo indígena como parte de la identidad nacional. Una asimilación, sin embargo, basada en la folclorización de sus símbolos y tradiciones, convirtiendo a lo indígena en una “pieza de museo” –vacío de contenido práctico–, parte del pasado “glorioso” de la nación y fuente de beneficios económicos a través del turismo. En la actualidad, los países “socialistas” han dado un paso más en el largo proceso de refinamiento de estas prácticas, dando lugar a lo que podríamos denominar “indigenismo del s. XXI”. El indigenismo del s. XXI parte de esa lógica expansionista del Estado cooptando y asumiendo la propuesta indígena como parte del discurso gubernamental-estatal. Así, en Bolivia, y también en Ecuador, la aprobación de nuevas constituciones que incluyen la plurinacionalidad y el Buen Vivir como partes centrales de las mismas están siendo acompañadas por una continuidad en las políticas centradas en el Estado como vertebrador casi único de la vida socio-política, así como de un modelo económico extractivista cuyas consecuencias medioambientales son bien conocidas. En resumidas cuentas, el Estado (y la Nación) han pasado de folclorizar las prácticas simbólicas indígenas a hacerlo con la propia propuesta social, política, económica y ecológica del movimiento indígena. La “Modernidad” política del gobierno boliviano En el año 2005, García Linera declaraba: “El Estado es lo único racional en Bolivia. Toda lucha pasa por el Estado”[iv]. Una afirmación así vincula al vicepresidente boliviano con las fuentes más oscuras del pensamiento occidental. Así, Hegel –que entendía al Estado Absoluto como cristalización plena del Espíritu en su despliegue racional en la Historia– defendía que todo pensamiento no occidental –incluido, por supuesto, el indígena– era “irracional” y por tanto se situaba al margen de la Historia. Todo lo que no fuera parte de esta tradición, simplemente era irracional. Tesis sobre la que se construyó la propuesta sociológica de Comte –ideólogo de los procesos independentistas criollos– según la cual toda sociedad no científica está en una fase de desarrollo inferior que necesariamente debe “progresar” hacia la racionalidad plena occidental. Tesis que, en simbiosis con la sociobiología, llevó a personajes como Gabriel René Moreno a afirmar que “el indio y el mestizo incásicos radicalmente no sirven para nada en la evolución progresiva de las sociedades modernas. Tendrán tarde o temprano, en la lucha por la existencia, que desaparecer bajo la planta soberana de los blancos puros o purificados”. Bajo estos supuestos teóricos, las prácticas políticas del gobierno boliviano actual han ido profundizando paulatinamente sus prácticas indigenistas frente a una propuesta indígena que considera “irracional” por permanecer ajena tanto a la lógica del “progreso y el desarrollo” como al Estado. Política económica Bien es sabido que tras el fracaso de la Cumbre Climática de Copenhague, Evo Morales propuso la realización de la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, celebrada en Cochabamba entre los días 19 y 22 de abril de este año. A sus 17 mesas de trabajo se unió una más, la llamada Mesa 18 que, impulsada por el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasusyu (CONAMAQ) –aliada tradicional de Morales– fue duramente criticada por García Linera, no siendo aceptada como parte de la Conferencia oficial. Rafael Quispe, Mallku de la Comisión de Industrias Extractivas de la CONAMAQ, hacía unas
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declaraciones más que clarificadoras: “Cuando fracasó la COP 15 definimos con el hermano Evo Morales convocar a una conferencia de los pueblos, no de los estados”. Estas declaraciones no sólo van en la dirección ya expuesta –la reducción a lo estatal de toda lógica de lucha social– sino que la propia creación de una mesa paralela a la Cumbre oficial señala también hacia la que es la base de la confrontación cada vez más evidente entre el movimiento indígena boliviano y el primer presidente indígena de América del Sur: la continuidad del modelo económico extractivista, base del modelo capitalista. Así, también en 2005, García Linera declaraba: “El porvenir de Bolivia es lo moderno, no la economía familiar”. Y añadía: “Lo premoderno no puede triunfar. Lo tradicional y lo local son frutos de la dominación. El elogio de lo local y lo tradicional es elogio de la dominación”. La caracterización de la economía familiar (propia de los Ayllus) como “premoderna” nos remite al pensamiento etnocentrista de Comte en tanto sitúa las prácticas económicas indígenas como “anteriores” –“sub-desarrolladas”– a la propia de la racionalidad moderna, es decir, occidental. El Estado, constituido –según el pensamiento liberal moderno– como garante de la propiedad privada y del libre intercambio de mercancías –léase capitalismo– se convierte así en la base del único modelo económico racional. Y en esa línea está trabajando el gobierno de Evo Morales. En marzo de este año, el presidente boliviano presentaba su Plan Estratégico 2010-2015. Con un presupuesto de 32.000 millones de dólares, el plan tiene como finalidad profundizar en la explotación de los recursos naturales y en la construcción de infraestructuras de transporte. Durante su presentación, Morales declaraba que la tarea más importante de su segundo mandato sería “la industrialización de tantos recursos naturales que nos brinda la Madre Tierra”. Algunos integrantes del gobierno boliviano ya han declarado que la consulta previa a los pueblos indígenas es una “pérdida de tiempo”. Buena parte de ese dinero estará dirigido a la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional de Sudamérica (IIRSA), un faraónico megaproyecto de alrededor de 75.000 millones de dólares que, a través de 12 “Ejes de Desarrollo” pretende superar las “barreras” que la Naturaleza supone para el transporte y mercantilización de los recursos naturales. Doce países de la región – incluidos todos los de la órbita del socialismo del s. XXII– están inmersos de pleno en esta iniciativa que la Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas (CAOI) ya calificara como de “ecocidio y etnocidio”. Conclusión La centralidad del Estado y todo el conglomerado teórico (y práctico) surgido en la Modernidad europea que lleva a sus espaldas el socialismo del s. XXI ha convertido su perfil supuestamente revolucionario en una práctica política reformista que en absoluto está dirigida hacia un cambio verdaderamente estructural que suponga la superación del capitalismo. En el terreno económico, la continuidad del modelo extractivista puede aspirar, como mucho, a superar el neoliberalismo, pero a costa de caer en una nueva fase del capitalismo. En segundo lugar, y en lo que se refiere a su relación con la propuesta de poder antiestatal venida de los pueblos indígenas, esa misma acción del Estado está llevando a una nueva forma de indigenismo que, a través de la asimilación de su discurso por parte del poder, trata de neutralizarlo dejando vía libre al que ha sido el proyecto de los Estado-nación latinoamericanos desde los procesos de independencia. Procesos que, como hemos visto, interpretan la cosmovisión Moderna como única garante del “progreso” y el “desarrollo” de los pueblos.

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Post scriptum En los días finales de junio, la confrontación entre el gobierno y el movimiento indígena boliviano se ha recrudecido. Así, mientras Morales celebraba multitudinariamente el nuevo año Aymara –convertido en fiesta nacional– los indígenas del oriente comenzaban una marcha hacia La Paz en demanda de sus derechos territoriales y autonómicos. Mientras Morales acusaba a los indígenas de estar recibiendo fondos de la USAID, se hacía público que 22 proyectos del Plan Nacional de Desarrollo son financiados por esa misma organización estadounidense. Un desencuentro que también era escenificado en Ecuador cuando la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) convocaba su propia cumbre paralela a la que –a iniciativa del presidente ecuatoriano, Rafael Correa– los países del ALBA realizaban en Otavalo junto a 300 autoridades indígenas y afrodescendientes invitadas para la ocasión y durante la cual tanto Correa como Morales arremetieron con dureza contra los indígenas inconformes de sus respectivos países. Notas
[i] Ver Raúl Zibechi, Dispersar el poder. Los movimientos como poderes antiestatales (Barcelona: Virus, 2007). Tanto éste como otros conceptos e ideas, que aparecerán fundamentalmente en la primera parte del texto, han sido tomados de esta obra. [ii] Somos conscientes de que parte del movimiento indígena ha optado también por la participación electoral como forma de lucha. Creemos que esa opción es parte de la tensión que trataremos de analizar, pero no formará parte esencial de nuestro análisis. [iii] CHUJI: Mónica: “Pueblos Indígenas y Naturaleza en el discurso de la modernidad” [iv] Intervención en el seminario Pensamiento y movimientos sociales en América Latina, citado en ZIBECHI, Raúl: op. cit., p. 127. - Ponencia presentada en las Jornadas Internacionales “Anarcosindicalismo e Internacionalismo”, celebradas en Valencia entre los días 10 y 12 de junio de 2010 bajo el título “La comunidad indígena como propuesta antiestatal. Cooptación, indigenismo y socialismo del s. XXI. El caso de Bolivia”.

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15/07/10
Latinoamérica 21

¿Es posible un horizonte de desarrollo por una vía no industrial?
Ramiro Lizondo Díaz

El desarrollo económico boliviano, desde la creación de la República, se sustentó en la explotación de materias primas, principalmente mineras. Ahora y durante mucho tiempo más, seguiremos viviendo de la explotación de nuestra base material. Durante muchos gobiernos y períodos de nuestra historia se intentó implementar políticas orientadas a darle valor agregado a la producción nacional. El actual proceso político y económico boliviano resalta la importancia del Estado en la economía y el plan de desarrollo tiene como horizonte el cambio de la matriz primario productora. Sin embargo, ese proceso requiere un período más o menos largo de implementación. En tanto nuestra economía dependa de la producción primaria, la industrialización de Bolivia en áreas estratégicas como la de hidrocarburos (ampliación de las refinerías de Valle Hermoso y Palmasola, construcción de nuevas refinería, petroquímica con el gas natural, etc.), minería (litio, zinc, cobre, hierro, siderurgia, Vinto, etc.), electricidad (construcción de represas) y agricultura, son una necesidad inevitable. No solo para la seguridad de la misma economía y sociedad, sino para la seguridad y soberanía nacional. Otras áreas de actividades tradicionales en la industrialización nacional han alcanzado niveles importantes a pesar de ser tecnológicamente atrasados como son los textiles, las manufacturas de madera, de cuero, los alimentos. Rubros a los que es necesario potenciar y fortalecer a través del acceso a servicios financieros y no financieros que les permita ampliar su producción y posibilidades de acceso a los mercados. La modernización y desarrollo de la economía campesina, social cooperativa, microempresarial y empresarial está asociado a la modernización e innovación tecnológica. Pero también al desarrollo de tecnologías que no afecten el medio ambiente con la incorporación de insumos provenientes del petróleo. Este proceso industrializador promovido por el Estado no solo es parte del Plan Nacional de Desarrollo, sino una demanda permanente de los pequeños productores que no contaban con políticas dirigidas a su sector dado que en términos de empleo son el principal aporte a la economía. Para las manufacturas nacionales, la obtención de mercados externos es una tarea pendiente. En el caso de los pequeños productores agrícolas, que son los que proveen de alimentos a los mercados locales, la creación del seguro agrícola desde el Estado, podría promover que estos puedan pasar a etapas de industrialización. Si bien, el propósito de este esfuerzo es resolver los riesgos sobre la soberanía alimentaria, el país puede producir la totalidad de sus alimentos básicos. El desarrollo de infraestructura En cuanto a la integración y desarrollo de infraestructura, la unidad territorial del país no debe estar condicionada al desarrollo del IIRSA que beneficiará más que todo a Brasil a través de los corredores bioceánicos para lo cual el país deberá sacrificar parte de su patrimonio natural. En este caso es importante evaluar las posibles externalidades negativas que esto podría generar.

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Lo que sí es importante para mejorar las condiciones de productividad y los precios de una economía de escala es la recuperación de un sistema ferroviario y la necesidad de construir un ferrocarril que comunique las ciudades intermedias y las capitales de departamento más grandes para tener un transporte limpio, barato y eficiente. El proceso industrializador ya ha comenzado con la industrialización del hierro con el proyecto del Mutún, la futura explotación e industrialización del litio, el complejo agroindustrial de San Buenaventura, la producción de cobre en Corocoro, las plantas procesadoras de leche (Lácteosbol), las fábricas de cartón y papel (Cartonbol y Papelbol), las fábricas de cemento (Ecebol), etc., son inversiones públicas directas en la industrialización nacional. Asimismo, la transformación e industrialización de la hoja de coca con mates, biomedicamentos u otros productos sería otro elemento importante del proceso industrializador. Es obvio esperar que el gobierno promueva un gran salto industrial sobre la base de la política de nacionalización de recursos naturales y lo que establece la constitución política respecto al dominio estatal sobre estos recursos. Su objetivo es el de aprovechar las rentas generadas con la industrialización de la producción de las materias primas para promover el desarrollo en otras áreas de la actividad industrial y de agregación de valor. No podemos negar esta posibilidad al país, no solo por el hecho de que ya se ha iniciado casi de forma natural, sino por el hecho de que en algún momento de nuestra historia teníamos que recuperar las rentas de la producción primaria y utilizar las mismas en su industrialización y la de otros sectores de la economía. En el marco de la estructura económica nacional que ahora se reconoce como plural, se cuestiona la visión homogenizadora de la modernidad occidental y sus patrones de desarrollo asociados a la producción industrial. Ahí es pertinente preguntarse cuánto debem9os sacrificar o podemos afectar el medio ambiente y la naturaleza con este proceso industrializador que tiene que convivir con el intento de crear un nuevo paradigma productivo y de convivencia que se sustenta en el Vivir Bien. No podemos guiarnos por la lógica crematística y de obtención de beneficios a corto y mediano plazo, porque en el largo plazo, las externalidades negativas pueden ser mayores que los beneficios económicos que se esperan obtener de su implementación. Incluso si lográramos establecer un sistema de cuentas nacionales distinto que creara una tasa de descuento acumulable en el tiempo para reponer la pérdida física de naturaleza a través de recursos no renovables y renovables de los que las generaciones futuras no podrán disponer. No podemos ver a los recursos naturales, a la naturaleza, con la misma lógica de antes, es decir, como posibilidad de beneficios y ganancias.
• Economista

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21/07/10 Rebelión

La Paz: muchos fastos, saludos y disputas pero ¿y la perspectiva de desarrollo?
Rolando Carvajal

Desde el prehispánico Chuquiabo, 1548, 1781, 1809… también 1899 y 1952, y el 2003 y 2006 sobresalen entre los muchos hitos conmemorativos de esta tierra signada como “tumba de tiranos”. Pero hay muy poco acerca del horizonte a mediano y largo plazo en una historia que da para mucho futuro. Varias fechas memorables tiene Chuquiabo/La Paz desde aquel remoto asentamiento precolombino que los españoles comenzaron a trajinar diez años antes de la fundación del pueblo nuevo, hasta que en octubre del 1548 éste quedó depositado sobre el centro ceremonial de unas 400 chozas de ayllus aymaras y quechuas, originarios de la etnia pacaje y de mitimaes-colonizadores trasladados desde el Cusco y el lago Titicaca. Tras la fundación del pueblo nuevo de Nuestra Señora de La Paz, otro acontecimiento, a casi 250 años de la colonización hispana, fue la sublevación que en 1781 encabezó Julián Apaza — “Tupac Katari”— desde su natal Ayo Ayo, singularmente respaldado por su esposa, Bartolina Sisa, y su hermana Gregoria Apaza, en el contexto de una insurrección general de indios que comenzó en Chayanta con los Katari y se extendió hasta el Cuzco con José Gabriel Condorcanqui, “Túpac Amaru”. Casi 120 años después, también en territorio pacaje, desde Sica Sica y Ayo Ayo precisamente, una nueva rebelión indígena, esta vez contra el estado re-colonial heredero de la independencia usurpada a las montoneras de guerrilleros mestizos y combatientes nativos, inició en 1899 el célebre Pablo “el Willca” Zárate, en alianza con antigua nación sora, entre Caracollo, Paria y Pazña, Oruro y jefes de Chayanta y Sacaca, Potosí, y de Tapacarí, Cochabamba, aprovechando el soliviantamiento político aymara que fomentaron los liberales paceños en pugna decimonónica con los conservadores de Sucre. (La rebelión del Zárate “Willka” fue sin embargo uno de los centenares de levantamientos indios registrados desde los tiempos de Melgarejo hasta el preludio de la revolución nacionalista, ya en siglo XX, contra la apropiación de las tierras comunales por parte de la élite blancoide mestiza: el alzamiento de 1899, por ejemplo, rebrotó en 1921 entre los ayllus de Jesús de Machaca, en el altiplano sur-lacustre). Tres décadas después, el 9 y 10 de abril de 1952, La Paz registró un nuevo suceso de su historia política: el fin de un régimen oligárquico de medio siglo y el comienzo de otro de sucesivas reformas sociales, dictaduras militares y restablecimientos democráticos, que consolidó la inserción de Bolivia en un modelo de capitalismo de Estado, el cual desde el 18 de octubre del 2003 (fuga del antepenúltimo de los presidentes neoliberales) se intenta disolver al influjo de un gobierno izquierdista que desde el 22 de enero del 2006 procura, con problemas de corrupción, ineficiencia y perspectiva, como inveteradamente otros, la reinstitucionalización del país a través de un estado plurinacional y autonómico, amparado por una nueva Constitución.

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Ninguna como el 16 de julio De entre todas las efemérides cívicas además de la Fundación de la ciudad, los paceños se inclinan en mayor grado por las fiestas julianas. Sobre todo, por la víspera: la noche del 15 de julio y el desfile de teas que tradicionalmente encabezan el alcalde de la ciudad y el prefecto (ahora gobernador), acompañados del presidente de turno, las instituciones y el pueblo en verbena, en recuerdo de la revolución con la que Murillo y los otros próceres mestizos destituyeron a la gobernación y la jefatura de la iglesia locales, se declararon en oposición a la Junta española que discrepaba de su rey, instauraron una propia Junta Tuitiva con participación india y proclamaron con sagacidad un gobierno independiente, aunque en nombre del mismo rey, para legitimar su movimiento (Klein, 1997). Se trata de la celebración mayor de los paceños; la conmemoración que pone al olvido otras gestas insurgentes (la del cacique Victoriano Titicocha y el escribano Juan Manuel Cáceres durante otro cerco a La Paz en 1811, la resistencia en Inquisivi y Yungas de José Miguel Lanza, Lira, Chinchilla, el tambor Vargas; la del cura Muñecas en Larecaja, etc. en la guerra independentista) y hasta el nacimiento de la ciudad (y del Departamento: ¿quien recuerda que la creación data del 23 de enero de 1826?) y proezas libertarias diferentes en otros periodos de la vida del municipio y la región. ¿Sólo fervor y civismo? Pero a 462 años de su fundación oficial, a 201 de su insurgencia anticolonial y a casi seis de su existencia en la trayectoria del estado plurinacional, La Paz no sólo es civismo, la tea encendida que nadie la podrá apagar, desfiles, proclamas y muchas promesas. Tampoco estadísticas, pese a que el departamento se acerca a los 2.8 millones de paceñas y paceños, supone el 30 % del electorado nacional, y sus estimaciones demográficas sitúan a El Alto con 950 mil habitantes; a Caranavi con 41 mil, a Viacha con 18 mil y a Achocalla con 12 mil pobladores, entre las ciudades intermedias, y a las provincias Ingavi, Aroma y Omasuyos con 114 mil, 110 mil y 97 mil personas, respectivamente, o que el Producto Interno Bruto nominal alcance a 928 dólares per cápita y que haya 86 municipios con cerca de 500 cantones. En muchos sentidos, La Paz es también —especialmente como región— la insuficiencia de planificación global y estratégica para el desarrollo, según diversos informes, algunos de ellos coincidentes como los del PNUD-Bolivia a pesar de la diferencia de años entre publicaciones. El reporte Desarrollo Humano en las Montañas. Informe sobre la ciudad de La Paz (1995), advertía hace 16 años que si bien la crisis económica de los 80’ había desacelerado su desarrollo, se topaba con dificultades para identificar nuevas sendas de crecimiento departamental. Por entonces, resultaba evidente que muchos proyectos —sobre todo el benemérito agroindustrial del Bala, cerca de San Buenaventura, sobre el río Beni— habían resultado casi deliberadamente postergados no sólo por intereses de los gobiernos favorables a la oligarquía cruceña (los ambientalistas tampoco quieren saber del mismo), sino por la falta de visión amazónica y agrícola tropical de la dirigencia local, centralista, empeñada más en medrar de la ex Cordepaz, alcaldías, prefecturas y corregimientos dependientes de la Presidencia incluso hasta después que fuera reinstaurada la democracia municipal en 1985. Discordes y concordias Aparte de las rupturas sensibles entre fuerzas parecidas, los recientes comicios municipales han permitido trazar y actualizar desde diferentes ópticas la perspectiva regional y metropolitana. Así, enfoques generales de las dos principales fuerzas políticas: el MAS, con César Cocarico, y el MSM, que postuló a Simón Yampara, esbozaron una planificación en ciernes y corroboraron ciertas carencias.

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Una de éstas es la tendencia a la metropolización, que es apenas aludida por Yampara y resulta cuestionada por la actual gobernación de Cocarico (ver recuadro sobre ambas visiones). Otra es la integración con regiones aledañas de Perú y Chile (Tarapacá y Tacna) con miras a la conformación de una Macrorregión sur que incluya el denominado “altiplano marítimo” y conexiones con la Amazonia boliviano-brasileña, proyecto alentado por Naciones Unidas, la Corporación Andina de Fomento y la Integración de Infraestructuras Regionales Sudamericanas (IIRSA). El último específico sobre La Paz (PNUD, 2003 elaborado en tiempos de la insinuada exportación de GNL a Chile) planteó el redescubrimiento del territorio ante problemas últimos como la decadencia de la centralidad económica y aún política (“la perplejidad de saber que ya no se es lo que alguna vez se fue”) a fin de establecer nuevas visiones o vocaciones productivas que refuercen sus fortalezas humanas, empresariales, financieras y de relativa infraestructura. Pero hoy los tiempos son otros, de mayor perspectiva de La Paz como uno de los bastiones del nuevo estado plurinacional aunque subsisten viejos retrasos: si bien es la mayor ciudad del sur peruano, el norte chileno y el oeste boliviano, como región no tiene un IDH mejor que, por ejemplo las que conforman Iquique, Tacna o Arica Los dos enfoques electoralmente mayoritarios, sin embargo, aparecen como complementarios si se siguen las ideas de reciprocidad propugnadas por los rivales de coyuntura, a pesar de la reciedumbre entre sus líderes y la angurria de muchos de sus militantes. Aparecen. Porque según las recientes discrepancias en torno a la absurda decisión de dividir a los paceños en unos convocados a la conmemoración del MAS y otros que asistirán a los tradicionalmente encabezados por el alcalde paceño —heredero histórico de Alonso de Mendoza, Pedro Domingo Murillo y otros personajes cuyos desvelos fueron el antiguo y actual Chuquiabo y su hinterland— se está abriendo una grieta sociopolítica que amenaza con quebrar, al menos en lo oficial, la nítida lucha de los paceños de diversos orígenes contra las tiranías y dictaduras de distinta índole aquí, en ésta que ha probado ser muchas veces tumba de tiranos● ►Dos enfoques de desarrollo Cesar Cocarico, gobernador hasta el 2015, es un convencido, según su propuesta más difundida, que la esperanza paceña pasa por el desarrollo productivo y social. El primer eje tiende a la autosostenibilidad del Departamento; el segundo resalta la lucha contra la pobreza para mejorar las condiciones de vida de poblaciones fronterizas y provinciales, prioritariamente, teniendo al régimen autonómico como un poderoso instrumento. El marco estratégico de la Gobernación identifica 7 regiones con sus respectivos Centros Productivos Integrales: altiplano sur y altiplano norte, valles sur y norte, región metropolitana, Yungas y la Amazonia paceña. La visión: un departamento productivo e industrial, base y sustento del “vivir bien” donde sus habitantes trabajan y producen en un contexto de igualdad de oportunidades, múltiples visiones y economía plural, diversidad cultural, solidaridad y democracia. El texto, que destaca el proceso de descolonización y la intención de “reconstituir nuestros pueblos a partir de nuestros saberes y prácticas culturales pero además fortalecido por la ciencia y tecnologías actuales”; parece contrariar sin embargo la mirada metropolitana, tan esencial para otras miradas paceñas: “…la jerarquización de las ciudades en urbanas y rurales es muestra de la existencia de ciudadanos de primera, segunda y tercera, todos encarrilados detrás del modelo de ciudad metropolitana capitalista donde éstas viven a costa de las pequeñas, lo cual provoca una constante diáspora poblacional de las provincias hacia la metrópoli capitalista”[1].
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Su Plan de Desarrollo incluye cuatro políticas departamentales, la primera de ellas relativa a producción e industrialización (generación de excedentes en electricidad, minería e hidrocarburos; de ingresos y empleos agropecuarios, manufactureros y turísticos; y de infraestructura de transporte y riego). Las otras tres, abordan temas de sociedad solidaria (salud, educación seguridad ciudadana), territorio descentralizado en concurrencia con los municipios, las naciones originarias y las regiones autonómicas; y cualidad competitiva relacionada con las exportaciones. Desde un enfoque de complementariedad (“el aymara no es ni socialista ni capitalista; no estamos ni con la derecha ni con la izquierda; forjamos el respeto mutuo para complementarnos entre energías”) el ex candidato Simón Yampara planteó un liderazgo sobre los demás departamentos para el “desarrollo productivo plural”, con base en la gravitación geopolítica de La Paz como articulador del Amazonas y el Pacífico con el continente asiático. Propuso 4 espacios de acción: Producción-economía (productividad, empleo, competitividad); Espiritualidad-cultura (vida, desarrollo humano, culturas); Tierra-territorio (vinculación y transporte, recursos medioambientales, provincias; y Político (institucionalización, autonomía). Con base en una división del departamento en cinco distritos incluido un Taipi, Yampara estima que el Norte-Paititi debe beneficiarse con proyectos en: hidrocarburos, minería, ecoturismo, biodiversidad y tecnología forestal; que la zona Oeste-cosecha de agua debería contar con un lago descontaminado, nevados recuperados, rutas turísticas, e industrias láctea, cerealera,camélida y piscícola; y que el lado Este-Yungas debe asegurarse de mercados para la agroindustria, manejo sostenible de suelos, comercio justo para la coca, café, cítricos, cacao, te, productos orgánicos y financiamiento, además de vocación turística El Sur-“Pirwua” debería ser beneficiado con reploblamiento camélido y procesamiento de fibra, gestión ambiental minera, proyectos con identidad indígena, e institucionalización de los qamanis, y finalmente el Taypi debería enfatizar en temas de empleo, promoción de unidades productivas familiares, seguridad ciudadana, gestión educativa y de desarrollo, redes protección social, apoyo a salud y educación Paralelos a la economía, según Yampara en el tema Tierra se debiera gestionar tanto los recursos ambientales como la vinculación Taipi-Paityiti (ciudad crearse al norte de Ixiamas)-Taipi (es decir entre el Amazonas-Pacífico), mientras que en cuestiones de Espiritualidad se tendría que impulsar hospitales en ciudades intermedias, medicina complementaria andina-occidental, educación y deporte. Por último, se aspiraba a una política social y de seguridad ciudadana, el fomento a las culturas departamentales, y en lo político a temas de transporte, lucha anticorrupción, saneamiento financiero: emisión de bonos para el autofinanciamiento, planificación participativa y finanzas, autonomía departamental y descentralización regional●
[1] http://www.prefecturalpz.gob.bo/swf/introduccion.swf

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29/07/2010 Bolpress

Aproximaciones desde el caso de la mina San Cristóbal Los riesgos del "gran salto industrial" boliviano
Carlos Crespo

Una colega preguntó a Robert Moran, hidrogeólogo y experto en impactos de la minería en los recursos hídricos, que llegó al país el 2009 para estudiar el caso la mina San Cristóbal, invitado por las organizaciones campesinas, municipio local y el CGIAB, qué era lo diferente que había encontrado en la mina San Cristóbal en relación a otros casos de industria minera, conocidas por él ; Moran enfatizó la gran impresión que le dejó lo seco de la región, lo cual hacía más grave el impacto de la mina en el ecosistema de la región, por la cantidad de agua que se estaba extrayendo (más de 40.000 m3/día). El estudio de Robert Moran (2009) ha confirmado sospechas expresadas previamente por las organizaciones sociales y académicos bolivianos respecto a esta explotación a cielo abierto (Quisbert, 2009; Molina, 2007; López, 2009). San Cristóbal actualmente extrae entre 42,000 a 50,000 m3/día, que continuarán por los próximos casi 20 años, y aún con tendencia a incrementarse; los acuíferos subterráneos están conectados con las fuentes superficiales y no son recargados por la escasa lluvia, por tanto durante muchas décadas luego de la explotación de la mina, no será posible otros usos, actuales y/o potenciales; más aún, de acuerdo al informe Moran, muchos manantiales y humedales locales y regionales, así como los flujos de aguas superficiales locales serán reducidos o se secarán producto del bombeo durante estos años, por parte de la empresa, reduciendo por tanto los ingresos de agua al salar de Uyuni. Asimismo, la calidad de la información ambiental producida por la empresa, tanto de la evaluación de impacto ambiental como la colectada posteriormente, ha sido cuestionada por el informe Moran; se ha evidenciado que la empresa no ha implementado un adecuado sistema de monitoreo, tanto de la declinación de los pozos explotados, como de los impactos producidos por el dique de colas, en realidad una laguna convertida para tal propósito sin ningún tipo de impermeabilización. Por otro lado, los químicos y sedimentos contaminados depositados en el fondo de la laguna de Wila Q'ara provocarán contaminación de largo plazo, dado que el fondo no es absolutamente impermeable. San Cristóbal en el contexto del "proceso de cambio" En junio del presente año, el presidente Evo Morales visitó la mina San Cristóbal, de la cual la empresa Japonesa Sumitomo es dueña del 65% de las acciones desde noviembre del 2008; allá, no solo reiteró que el Estado respeta a aquellas empresas bolivianas y extranjeras, que cumplan con las normas nacionales, dio a la firma nipona "todas las garantías correspondientes del Gobierno, del Estado, en temas de seguridad jurídica", sino que "se mostró sorprendido por el trabajo que realiza la empresa en la mina de plata" (Agencia EFE, 26 junio, 2009)[1]. De hecho, el actual gobierno ha legitimado la licencia ambiental para las operaciones de la mina, a pesar de las dudas planteadas previamente por la Federación Regional Única de los Trabajadores Campesinos del Altiplano Sud (FRUTCAS) (Quisbert, 2009) e investigadores (Molina, 2007; López, 2009). Ese día Evo Morales estaba ratificando una tendencia histórica de la política pública boliviana en el sector recursos naturales: promover, legitimar, la inversión corporativa privada en las industrias extractivas del país, en este caso minera, con el argumento de la necesidad de contar con financiamiento fresco para modernizar el país. Semanas después, en una concentración en Santa
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Rosa del Sara (Santa Cruz), denunció al FOBOMADE, como una de las ONG's que usan algunos dirigentes sindicales para oponerse y no facilitan las licencias ambientales para que haya más pozos y más petróleo", a propósito de la oposición de las organizaciones indígenas, con el apoyo de activistas, ONG's y académicos, a actividades de exploración hidrocarburífera en zonas de territorios indígenas y áreas protegida en la región del Madidi, esta vez desde una alianza corporativo estatal (YPFB y Venezolanos) (ABI, 10 de julio 2009). El programa de gobierno del MAS para la próxima gestión gubernamental reproduce la historia larga del extractivismo y el cortoplacismo en la explotación de los recursos naturales; bajo el denominativo de el "Gran Salto Industrial", se busca "industrializar nuestros recursos naturales, (esto) significa crear una matriz económica que genera valor agregado, empleo y mayores recursos económicos para atender las demandas de los sectores menos favorecidos por los viejos modelos que convirtieron a nuestro país en uno de los más pobres del continente". (MAS-ISP, 2009:74). Más allá de las reminiscencias teleológicas de la estrategia gubernamental, ésta reproduce y profundiza una tendencia ya presente en este primer mandato que concluye, y que ha generado más de un conflicto con las mismas comunidades locales, poblaciones, territorios indígenas, a los que se esperaría el actual gobierno apoye y proteja; desde la decisión de la explotación hidrocarburífera intensiva, incluyendo en áreas protegidas y territorios indígenas, pasando por la estrategia de construcción de grandes obras hidroenergéticas, como Cachuela Esperanza o El Bala, orientada a la exportación de energía eléctrica, hasta la construcción de carreteras de integración regional, dentro la estrategia del IIRSA, como la Villa Tunari-San Ignacio de Moxos, que parte por la mitad el parque nacional y territorio indígena Isiboro Secure. El argumento para profundizar este nuevo golpe de tuerca a la explotación intensiva de los RRNN, es contar con recursos frescos para financiar la política de subsidios; el presidente Morales decía en la concentración del Sara, criticando la postura de la oposición a la explotación petrolera en áreas protegidas y territorios indígenas: "Están diciendo, en otras palabras, que el pueblo boliviano no tenga plata, que no haya IDH, que no haya regalías, pero también van diciendo que no haya (el bono) Juancito Pinto, ni la Renta Dignidad, ni el bono Juana Azurduy" FRUTCAS y su lucha por justicia hídrica La Federación Regional Única de los Trabajadores Campesinos del Altiplano Sud (FRUTCAS) viene luchando hace tiempo por proteger las fuentes de agua subterráneas en la región del sudoeste potosino. El 2001 promovieron la resistencia a la exportación de aguas a Chile, impulsada por el gobierno de entonces, que culminó con la ley 2704, que prohíbe expresamente la comercialización y exportación del recurso, "debiendo ser utilizadas exclusivamente en proyectos de desarrollo de la región". (Quisbert, 2009:16). En relación a San Cristóbal, desde fines de los 90's, las organizaciones campesinas han estado realizando seguimiento a las actividades mineras, y desde hace seis años, la FRUTCAS ha mostrado las dudas, sospechas y evidencias acerca de los riesgos e impactos ambientales producidos por la magnitud y escala de la explotación a cielo abierto, particularmente sobre los recursos hídricos de la región (Quisbert, 2009), y ha demandado al gobierno y la empresa, mayores estudios y evaluaciones que permitan una información más precisa. Hoy, la FRUTCAS, no solo apoya el "proceso de cambio" (uno de sus líderes históricos ha sido fundador del instrumento político -ISP-MAS), sino que ve en el gobierno y su presidente la representación de sus intereses y demandas; más aún confía en que sus gobernantes los protegerán frente al inmenso poder de la empresa San Cristóbal. Por ello fue una sorpresa desagradable la legitimación gubernamental de la mencionada concesión minera.

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Los desafíos para el nuevo periodo gubernamental La contundente victoria electoral de Evo Morales para la presidencia de la república (más del 60% de la votación) permitirá al MAS-ISP implementar su programa de gobierno sin verse obligado a negociar con la oposición. Cuál será la orientación de la estrategia gubernamental en el campo de los recursos naturales y el medio ambiente, particularmente el sector minería? Profundizará las pulsiones extractivistas, cortoplacistas de la oferta electoral, o recuperará una matriz de desarrollo a escala humana (en el sentido de Manfred Max Neef) presente en el principio del "buen vivir"? Ese es el dilema del presente periodo, definido como "de cambio": apostar por la explotación intensiva de RRNN y sus servicios como mecanismo de generación de ingresos, esta vez bajo dominio estatal, o fortalecer la capacidad estatal de fiscalizar, regular las actividades extractivas mineras, aplicando enfoques de deuda ecológica, justicia ambiental, principios precautorios, orientado a defender las comunidades campesinas, indígenas que históricamente han internalizado los costos ambientales producidos por la minería, sea estatal, privada o cooperativa, sobre ecosistemas acuáticos dentro sus territorios, planteándose un grave caso de justicia ambiental. Como el informe Morán ha evidenciado nuevamente, la minería no es una actividad sustentable, y luego de conocer que en la región hay en proceso u operando, otras 60 concesiones en la región del sudoeste potosino (ministro del aguas, comunicación en reunión con FRUTCAS, agosto 2009), me pregunto, es más importante, proteger las poblaciones y ecosistemas alrededor del salar en el sudoeste potosino, o la industria minera corporativa de producción en gran escala? Cuando se tomó la decisión dar la concesión a la empresa San Cristóbal, las poblaciones y comunidades campesinas locales no fueron consultadas previamente, a pesar de los riesgos e impactos emergentes, reproduciendo una práctica de racismo ambiental[2]; hoy, se impone modificar tal política, aplicando el derecho a consulta de las NNUU, incorporado en la constitución política del estado. Desde el caso específico de San Cristóbal, se plantea la necesidad de organizar una inspección técnica oficial a la mina, con participación de las organizaciones sociales y gobiernos municipales locales, para responder a los cuestionamientos emergentes de informe Morán.

Bibliografía
Crespo, Carlos (2009) "Privatización del agua y racismo ambiental", en Comisión para la Gestión Integral del Agua en Bolivia (2009) Justicia ambiental y sustentabilidad hídrica, Cochabamba: CGIAB. Pp. 31-47. López, Elizabeth (2009) "La industria minera: una industria sedienta. Caso minera san Cristóbal", en Comisión para la Gestión Integral del Agua en Bolivia, Justicia ambiental y sustentabilidad hídrica, Cochabamba: CGIAB. Pp. 67-90. MAS-ISP (2009) Bolivia país líder. Programa de Gobierno del MAS-IPSP 2010-1015, LA Paz: 156 pp. Molina, Jorge (2007) Agua y recurso hídrico en el sudoeste de Potosí, La Paz: FOBOMADE. 73 PP. Moran, Robert (2009) “Mining Water: the San Cristobal Mine”, Bolivia, mimeo, CGIAB; 24 pp. Quisbert, Francisco (2009) Proteger y preservar las aguas subterráneas del sudoeste potosino, Cochabamba: FRUTCAS-FSUMCAS; 55 pp.

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17/9/2010 Servicio de Noticias Ambientales (SENA) del Fobomade

La nueva receta del Banco Mundial para América Latina El “Desarrollo” en tres pasos: explotar la naturaleza, exportar materia prima, y acumular renta.

El auge de precios de las materias primas ocurrido entre 2001 y 2008, el más extenso desde que se tienen registros, y la creciente demanda de minerales y bienes agrícolas en los mercados asiáticos han contribuido al crecimiento económico de América Latina y el Caribe (ALC) y en el futuro podrían ser la palanca del desarrollo y la prosperidad de las naciones exportadoras de bienes básicos sin valor agregado, asegura el Banco Mundial. La peor caída económica mundial en más de 70 años provocó una contracción económica en ALC de casi dos por ciento, y a pesar de ello la región retoma rápidamente el fuerte patrón de crecimiento que experimentó antes de la crisis, y es probable que crezca a una tasa superior al cinco por ciento en 2010, destacó la vicepresidenta del Banco Mundial (BM) para América Latina y el Caribe Pamela Cox en la Conferencia de las Américas 2010 en Miami. “La velocidad de la recuperación latinoamericana y su fortalezaante la crisis económica global puede atribuirse, en parte, al crecimiento de las exportaciones de materias primas regionales con destino a las economías asiáticas, en particular a China”, explicó el economista en jefe para América Latina y el Caribe del BM Augusto de la Torre. Más del 97% del Producto Interno Bruto (PIB) de América Latina se produce en países exportadores netos de materias primas, de los cuales sólo siete aportan aproximadamente el 85% del PIB regional. En los últimos años Suramérica duplicó la tasa de expansión de sus exportaciones, sobre todo el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) y en especial Brasil. Las ventas agrícolas representan en promedio más del 50 por ciento de las exportaciones totales de Argentina, Uruguay, Paraguay y sur de Brasil. En 2008, las exportaciones de materias primas de las siete economías más grandes de ALC alcanzaron un máximo de casi 400 mil millones de dólares, que representa el 52% del total de las exportaciones. El valor de las exportaciones bolivianas creció 43% hasta alcanzar los 6.900 millones de dólares. América Latina exporta cada vez más materias primas a economías emergentes. La participación de Estados Unidos como destino de las ventas regionales disminuyó de 44% en 1990 a 37% en 2008, mientras que la de China creció más de 10 veces en el mismo período, de 0,8 por ciento a 10 por ciento. [1] La mayoría de las economías latinoamericanas se beneficiaron ampliamente del auge de precios de las materias entre 2001 y 2008. Las siete economías más grandes ganaron un 22 por ciento en promedio; mientras que los más beneficiados en el grupo de economías medianas y pequeñas fueron Bolivia y Venezuela, señala el informe anualdel BM titulado “Recursos naturales en América Latina y el Caribe: ¿más allá del ciclo de auge y caída?” En las últimas décadas, la participación de los recursos naturales en los ingresos totales aumentó en todos los países exportadores de materias primas de ALC, con excepción de México. En
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la actualidad, el 24% de los ingresos fiscales de los países latinoamericanos depende de la exportación de materias primas. Entre 2004 y 2008, las exportaciones de materias primas representaron entre 10% y 49% de los ingresos fiscales de Argentina (materias primas agrícolas), Chile (cobre), Colombia (petróleo), México (hidrocarburos), Perú (minería) y Venezuela (hidrocarburos). Según el FMI y el BM, las abundantes gananciasprovenientes de las exportaciones de materias primas ayudaron a superar la crisis financiera más rápido de lo previsto y apuntalaron el crecimiento económico en ALC. Sin embargo, ¿la chorrera de dinero será un catalizador efectivo del “desarrollo” y la prosperidad económica en la región? La historia económica enseña que el subdesarrollo crónico de los países de ALC se debe a su escasa eficiencia y productividad en el uso del trabajo y capital, y sobre todo a su extrema dependencia de las exportaciones de materias primas sin valor agregado. La Cepal y muchos otros centros de investigación de ALC y del mundo demostraron que los países de la región continuarán pobres y no progresarán de manera continua y a largo plazo si no diversifican sus exportaciones e impulsan la competitividad y la innovación para mejorar la calidad de su inserción en la economía global. La representante del BM Pamela Cox consideró que la región “invierte muy poco en investigación y desarrollo (sólo Brasil invierte el uno por ciento de su PIB), establece pocos incentivos fiscales, no protege bien la propiedad intelectual, y sus universidades operan sin una conexión consistente con la industria…”. Algunos expertos del BM observan que los países de ALC no han hecho de la innovación una prioridad de sus políticas públicas y nacionales, y muchas veces ni siquiera forma parte de las estrategias de desarrollo nacionales. “A medida que inviertan mucho más en investigación, desarrollo e innovación y creen nuevos bienes, mayor será la probabilidad de que los países de ALC recuperen el terreno perdido en décadas anteriores”, afirmó Cox. El progreso de ALC no estará completo a menos que los países descubran nuevas y mejores maneras de hacer las cosas y de agregarle valor, sentenció la ejecutiva del BM de más alto rango para la Latinoamérica, pero un reciente informe del propio BM sugiere exactamente lo contrario. La extrema dependencia de las exportaciones de materia prima no es una “maldición” que trunca necesariamente el desarrollo de Sudamérica; al contrario, los países pobres pueden “desarrollarse” y prosperar exportando cada vez más recursos naturales y bienes básicos, concluye el BM en su informe Recursos naturales en América Latina y el Caribe: ¿más allá del ciclo de auge y caída? El documento –escrito por el economista en jefe para ALC del BM Augusto de la Torre en co autoría con Emily Sinnott y John Nash– explora las implicaciones de los recursos naturales en el crecimiento y desarrollo regional a largo plazo, y también analiza cómo los patrones recurrentes de auge y caída de los precios de las materias primas han generado incertidumbre en los exportadores e importadores netos de ALC. “No existe mucha evidencia que respalde la idea de que las materias primas representen un área de menor crecimiento de la productividad, que tengan menos potencial para generar un impacto positivo sobre la economía, o que sus precios tiendan a caer en relación a las manufacturas”, indica el documento del BM.

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Al contrario, “si la región es capaz de mantenerse alejada de los ciclos de auge y caída comunes en el pasado, los recursos naturales pueden llegar a ser una bendición”, ya que las elevadas utilidades obtenidas en la producción de materias primaspueden utilizarse ventajosamente en periodos de crisis económica, resalta el informe. El organismo internacional considera que los potenciales impactos ambientales derivados de la explotación de los recursos naturales pueden mitigarse, y en algunos casos hasta evitarse, implementando un sólido proceso de planeamiento y diseño de proyectos, incluyendo una evaluación ambiental. La “bendición” de exportar materia primera El crecimiento regional fue del 2,5% desde los años 80, para luego acelerarse a más del 5% durante el período de bonanza de 2004–07. Para 2010 se proyecta que el PIB regional crecerá 4%, lo que constituye un buen desempeño en relación a los estándares históricos, evalúa el informe Perspectivas económicas: Las Américas 2010 del FMI. El FMI prevé un crecimiento promedio de 2,7% en Argentina, Bolivia, Ecuador, Paraguay, Surinam, Trinidad y Tobago y Venezuela, tras una caída de 0,6% en 2009. La rápida recuperación de Bolivia y Paraguay contrasta marcadamente con la expectativa de que la actividad económica en Venezuela siga contrayéndose. (Implicaciones para la región de América Latina y el Caribe, FMI 2010-09-15) [2] El estudio Panorama de la inserción internacional de América Latina y el Caribe 2009-2010 de la Cepal estima que las exportaciones latinoamericanas crecerán 21,4 por ciento en 2010, un repunte impulsado por la venta de materias primas a Asia y en particular a China. Los precios de las materias primas han subido fuertemente desde los mínimos registrados a fines de 2008 y, en el caso de los metales y la energía se espera que sigan una tendencia ligeramente alcista en 2010–11. El crecimiento vigoroso de Asia emergente seguiría apoyando los precios de las materias primas y favoreciendo a los exportadores de ALC, vaticina el FMI. “Asumiendo que la demanda asiática de exportaciones como soya argentina, mineral de hierro brasileño, cobre chileno, pescado y minerales peruanos y otras materias primas latinoamericanas se mantenga, la región estará en una posición inmejorable para poder beneficiarse de sus recursos naturales”, aseveró el economista del BM Augusto de la Torre. Los países que exportan volúmenes considerables de materias primas podrían recibir importantes ingresos extraordinarios. Las abundantes ganancias maximizadas por los altos precios pueden proporcionar mayor espacio fiscal a los gobiernos, servir directamente como una plataforma de crecimiento y contribuir al desarrollo, “siempre y cuando se administren de manera prudente y con un horizonte de largo plazo”, precisa el informe Recursos naturales en América Latina y el Caribe: ¿más allá del ciclo de auge y caída? “A largo plazo, el desafío es administrar bien esta bonanza y destinar esas ganancias a la inversión en capital humano, a construir una infraestructura mejor y a fomentar la innovación, algo fundamental para el crecimiento sostenido”, recalcó de la Torre. En su criterio, “un signo claro de que los riesgos relacionados con la abundancia de materias primas están siendo evitados se materializaría si los países exportadores lograsen ahorrar una parte sustancial de las ganancias extraordinarias obtenidas con su venta”. De los cinco países que comenzaron el auge de 2002 con fondos de estabilización o arreglos fiscales similares, sólo Chile y Trinidad y Tobago lo finalizaron con ahorros sustanciales que les permitieron financiar estímulos fiscales en tiempos de crisis. Esas experiencias indican que ahorrar

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ganancias inesperadas para usarlas luego durante el período de caída puede derivar en beneficios económicos y quizá hasta políticos, resalta el BM. En conclusión, el informe Recursos naturales en América Latina y el Caribe: ¿más allá del ciclo de auge y caída? asegura que ALC puede “crecer” y prosperar si exporta mayor cantidad de materia prima e invierte bien la renta. Para el BM, la “clave” del “desarrollo” no es diversificar las economías primarias de América Latina sino intensificar la explotación de recursos naturales y crear “fondos de ahorro a largo plazo” que ayuden a “manejar la inestabilidad de sus ingresos y a preservar la riqueza”. Notas:
[1] China clasificó como el quinto mayor inversionista del mundo con 56.530 millones de dólares invertidos en 177 países y regiones en 2009. Asia-Pacífico, Europa y Africa recibieron la mayor cantidad de los recursos. [2] Las exportaciones bolivianas crecieron 28 por ciento entre enero y julio de 2010 y sumaron 3.763 millones de dólares, superando los 2.933 millones de dólares alcanzados el año anterior, informó el Instituto Nacional de Estadísticas (INE). Las exportaciones mineras de Bolivia crecieron 46 por ciento, de 719 millones de dólares en 2009 a 1.056 millones de dólares en julio de 2010. Las ventas de hidrocarburos experimentaron un alza de 307 millones.

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Suplemento

Escenas de la Guerra del Agua

Véase un video en http://www.portaldenoticias.com/video/yt-GXMt3yYs0tc y http://www.portaldenoticias.com/video/yt-YoiNQqL5154

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La construcción del nuevo Estado, nuestra experiencia
Álvaro García Linera
[Conferencia del Vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, el 9 de abril de 2010. Versión desgrabada, no revisada por el autor]

Muy buenas noches a todos ustedes, permítanme agradecer su presencia, su tiempo, su generosidad. En verdad me hallo profundamente emocionado por la presencia de cada uno de ustedes. Quiero saludar respetuosamente al profesor Sergio Caletti, decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, quiero saludar a Hugo Trinchero, decano de la Facultad de Filosofía y Letras, que han tenido la amabilidad de invitarme, primero a la entrega de este honor para mi como profesor y como investigador, como luchador, del honoris causa. Y de que me han invitado para que pueda compartir con ustedes unas horas, unos minutos de diálogo en la Universidad. Quiero saludar muy respetuosamente a las representantes de las Madres y Abuelas de la Plaza de Mayo [Aplausos]. Madres, no solamente de los desaparecidos, si no de todos, de todos los que luchamos, de todos los que amamos la patria, de todos los torturados, de todos los perseguidos, de todos los comprometidos en esta América Latina. Por ustedes estamos aquí, de ustedes sacamos la energía para hacer lo que hacemos. Quiero saludar a los dirigentes, a los representantes de las distintas organizaciones sociales, a los embajadores presentes, congresistas, y en particular a mis compatriotas. Muy buenas noches queridos compatriotas. Es el inicio de un ciclo de conferencias del posgrado de la Universidad, y como tal, por respeto a la Universidad y a las personas que han sido tan amables de invitarme, voy a moverme parcialmente en un lenguaje académico, por respeto y en un esfuerzo de brindar elementos académicos para nuestros profesores y estudiantes. Pero está claro que voy a hablar de lo más profundo que tiene el ser humano, de sus compromisos, de sus convicciones, de sus amores y sus pasiones sociales. Voy a hablar de mi pueblo, de Bolivia y de su revolución, voy a hablar de Evo Morales, del movimiento indígena. Voy hablar de lo que hoy estamos haciendo en la patria para transformar las condiciones de opresión. He elegido para esta conversación trabajar el concepto de Estado, en sus características y en sus definiciones. Luego voy a pasar a definir el concepto de Estado en momentos de transformación revolucionara. Y voy a rematar luego en el horizonte de las transformaciones sociales, en el Estado, por encima del Estado y por fuera del Estado. En la actualidad no cabe duda que en al ámbito de las ciencias sociales, en el ámbito del debate en los movimientos sociales, en las organizaciones sociales, en la juventud, en los barrios, en los sindicatos, en los gremios, en las comunidades hay un renovado interés por el debate por el estudio, por la discusión en torno al Estado, al poder. Hay por lo general dos maneras de acercarse al debate en torno al Estado, en la sociedad contemporánea, latinoamericana y mundial: una lectura que propone que estaríamos asistiendo a los momentos casi de la extinción del Estado, casi a la irrelevancia del Estado. Se trata de una lectura no anarquista… lindo sería que fuera una realidad del cumplimiento del deseo anarquista de la extinción del Estado. No, al contrario, es una lectura conservadora que plantea que en la actualidad la globalización, esta interdependencia planetaria de la economía, la cultura, los flujos financieros, la justicia y la política estuvieran volviendo irrelevante el sistema de Estados contemporáneo. Esta corriente interpretativa, académica y mediática habla de que la globalización significaría un proceso
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gradual de extinción de la soberanía estatal debido a que cada vez menos los Estados tienen influencia en la toma de decisiones de los acontecimientos que se dan en el ámbito territorial, continental y planetario; y emergería otro sujeto de los cambios conservadores que serían los mercados con su capacidad de autorregulación. Esta corriente también menciona de que a nivel planetario estaría surgiendo un gendarme internacional y una justicia planetaria que debilitaría el papel del monopolio de la coerción, del monopolio territorial del la justicia que poseían anteriormente los Estados. Permítanme diferir de esa lectura, porque si bien existe claramente un sistema superestatal de mercados financieros y un sistema judicial de derechos formales que trasciende las limitación territoriales del Estado, hoy en día lo fundamental es que los procesos de privatización que ha vivido nuestro continente, nuestros países, y los procesos de transnacionalización de los recursos públicos, que es en el fondo lo que caracteriza al neoliberalismo contemporáneo, lo han hecho no seres celestiales, no lo han hecho fuerzas transterritoriales, sino que quienes han llevado adelante estos procesos son precisamente los propios Estados. Esta lectura extincionista del Estado , digámoslo así, olvida que los flujos financieros que se mueven en el planeta, no se distribuyen por igual entre las regiones y entre los Estados, que los flujos financieros no por casualidad benefician a determinados Estados en detrimento de otros Estados, benefician a determinadas regiones en detrimento de otras regiones. Y que esta supuesta gendarmería planetaria encargada de poner orden y justicia en todo el mundo, no es nada mas que el poder imperial de un Estado que se atribuye la tutoría sobre el resto de los Estados y sobre los pueblos del resto de los Estados. Esta lectura extincionista por último olvida, como lo están mostrando los efectos de la crisis de la economía capitalista del año 2008 y 2009, que quien al final paga los platos rotos de la orgia neoliberal, de los flujos financieros y del descontrol de los mercados de valores, son los Estados y los recursos públicos de los Estados. En otras palabras, frente a esta utopía neoliberal de la extinción gradual del Estado, lo que van demostrando los hechos es que son los Estados los que al final se encargan de privatizar los recursos, de disciplinar la fuerza laboral al interior de cada Estado territorialmente constituido, de asumir con los recursos públicos del Estado los costos, los fracasos, o el enriquecimiento de unas pocas personas. Frente a esta lectura falsa y equivocada de una globalización que llevaría a la extinción de los Estados, se le ha estado contraponiendo otra lectura que hablaría de una especie de petrificación también de los Estados, sería como su inverso opuesto. Esta otra lectura argumenta que los Estados no han perdido su importancia como cohesionadores territoriales. La discusión de la cultura, el sistema educativo, el régimen de leyes, el régimen de penalidades, cotidianas y fundamentales que arman el espíritu y el hábito cotidiano de las personas, siguen siendo las estructuras del Estado. A su favor también argumentan que el actual sistema mundo, en el fondo es un sistema interestatal, y que los sujetos del sistema mundo siguen siendo los propios Estados, pero ya en una dimensión de interdependencia a nivel mundial. Sin embargo esta visión, digamos así defensora de la vigencia del Estado como sujeto político territorial, olvida de que también ciertas decisiones y ciertas instituciones de carácter mundial por encima de los propios Estados: regímenes de derechos, ámbitos de decisión económica, y ámbitos de decisión militar. Incluso varios procesos de legitimación y construcción cultural, en otros países exceden a la propia dinámica de acción de los Estados. Podemos ver entonces que ni es correcta la lectura extincionista de los Estados, ni es correcta la lectura petrificada de la vigencia de los Estados. Lo que está claro es que tenemos una dinámica, un movimiento y un proceso. La globalización significa evidentemente un proceso de mutación, no extinción de los procesos de soberanía política. No estamos asistiendo a una extinción de la soberanía, sino a una mutación del significado de la soberanía del Estado. Igualmente, lo que estamos viendo en los últimos treinta años es una complejizacion territorial de los mecanismos de cohesión social, y de legitimación social. Podemos hablar de una
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bidimensionalidad estatal y supra estatal de la regulación de la fuerza de trabajo, del control del excedente económico y del ejercicio de la legalidad. En otras palabras, hay y habrá Estado, con instituciones territoriales, pero también hay, y habrá instituciones de carácter supraterritorial que se sobreponen al Estado. Esto es más visible si tomamos en cuenta la propuesta que hace el profesor Wallerstein de este periodo de transición, de fases, entre una hegemonía planetaria, hacia una nueva hegemonía planetaria. En América Latina, en otros países, en Argentina, en Bolivia, esta tensión entre reconfiguración de la soberanía territorial del Estado y existencia y presencia de ámbitos de decisión supraestatales lo vemos a diario. En los últimos cinco a diez años hemos asistido a un regreso, a una retoma digámoslo así, de la centralidad del Estado como actor político Estado, pero en principio del Estado como sujeto territorial en el contexto planetario. Pero a la vez, -América Latina esta viviendo dramáticamente esoexisten flujos económicos y políticos desterritorializados y globales, que definen muchas veces al margen de la propia soberanía del Estado, temas que tienen que ver con la gestión y la administración de los recursos del Estado. Voy a dar un ejemplo para explicar esta complejidad de retoma de un centralidad del Estado, pero ya no como en los años cuarenta o cincueta, sino en ámbito de construcción de otra serie de instituciones desterritorializadas. El presupuesto del Estado es un ejemplo. Por una parte los procesos contemporáneos en América Latina de distribución de la riqueza, de potenciamiento de iniciativas de soberanía económica del país, de mejora del bienestar de las poblaciones, tiene que ver con un uso y disposición de recursos económicos que tiene el Estado, y esta es una competencia estrictamente estatal, territorialmente delimitada. Pero a la vez como las producciones de nuestros países cada vez están externalizándose, es decir, ampliándose mas allá del mercado interno y se están dirigiendo a mercados internacionales, los ingresos que capta el Estado vía impuestos, vía ventas propias; cada vez depende menos de decisiones del Estado, que de los circuitos económicos de comercialización de esos productos. De tal manera que si bien hoy los Estados están retomando en America Latina una mayor capacidad de definir políticas sociales, políticas de empleo, inversión en medios de comunicación, en medios de transporte, en infraestructura vial; a la vez esta claro que esos recursos, la intensidad de esta distribución social, la intensidad de esta creación de infraestructura medica, educativa en favor de la población, depende mas de la fluctuaciones de los commodities como llaman los economistas, de las mercancías que vendemos. Es distinto la soberanía de un Estado con el precio del petróleo a 185 dólares el barril, que a 60 o a 30 dólares el barril. La capacidad de disponer el excedente económico para temas sociales, para temas de infraestructura, para inversión productiva, para educación, varía en función de esa variación de los precios, no solamente del petróleo; del gas, de los minerales, de los alimentos, de los productos que las sociedades producen contemporáneamente. En este ejemplo entonces en el presupuesto está esta bidimensionalidad: por una parte hay soberanía y hay una retoma de la soberanía del Estado sobre estos recursos y sobre el uso del excedente económico, pero a la vez hay una dependencia de definiciones al margen del Estado, en cuanto a los volúmenes de esos excedentes a ser utilizados en beneficio de la población, porque estos dependen cada vez mas de cómo se constituyen los precios a nivel internacional, a nivel internacional de esas mercancías. Quiero entonces retomar el concepto de Estado. No porque en el Estado se concentra la política. Esta claro que las experiencias sociales del continente, de Bolivia, de Argentina, del Ecuador, son experiencias que hablan de que la política excede al Estado, va mas allá del Estado. Pero a la vez esta claro que un nudo de condensación del flujo político de la sociedad pasa en el Estado, y que uno no puede dejar de lado al momento de materializar y objetivar una correlación de fuerzas sociales y políticas en torno al Estado. ¿Qué fue entonces de este sujeto que llamamos Estado? ¿A qué llamamos Estado? Es evidente que una parte del Estado es un gobierno, aunque no lo es todo. Parte del Estado es también el
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parlamento, el régimen legislativo cada vez mas devaluado en nuestra sociedad. Son también las Fuerzas Armadas, son los tribunales, las cárceles, es el sistema de enseñanza y la formación cultural oficial; son los presupuestos del Estado, es la gestión y uso de los recursos públicos. Estado es también no solo legislación sino también acatamiento de la legislación. Estado es narrativa de la historia, silencios y olvidos, símbolos, disciplinas, sentidos de pertenecía, sentidos de adhesión. Estado es también acciones de obediencia cotidiana, sanciones, disciplinas y expectativas. Cuando definimos al Estado, estamos hablando de una serie de elementos diversos, tan objetivos y materiales como las FF.AA, como el sistema educativo; y tan etéreos pero de efecto igualmente material como las creencias, las obediencias, las sumisiones y los símbolos. El Estado en sentido estricto son pues entonces instituciones. No hay Estado sin instituciones. Lo que Lenin denominaba “la maquina del Estado”. Es la dimensión material del Estado, el régimen y el sistema de instituciones: gobierno, parlamento, justicia, cultura, educación, comunicación; en su dimensión de instituciones, de normas, procedimientos y materialidad administrativa que le da vida a esa función gubernativa. Pero también entonces de ese conglomerado, de ese listado que hemos dicho que es el Estado, el Estado no es solamente institución, dimensión material del Estado, sino también son concepciones, enseñanzas saberes, expectativas, conocimientos. Es decir, esta sería la dimensión ideal del Estado. El Estado tiene una dimensión material, que describió muy bien Lenin, como el régimen de instituciones. Pero también el Estado es un régimen de creencias, es un régimen de percepciones, es decir, es la parte ideal de la materialidad del Estado; el Estado es también idealidad, idea, percepción, criterio, sentido común. Pero detrás de esa materialidad y detrás de esa idealidad del Estado, el Estado es también relaciones y jerarquías entre personas sobre el uso, función y disposición de esos bienes; jerarquías en el uso, mando, conducción y usufructo de esas creencias. Las creencias no surgen de la nada, son fruto de correlaciones de fuerza, de luchas, de enfrentamientos. Las instituciones no surgen de la nada, son frutos de luchas, muchas veces de guerras, de sublevaciones, revoluciones, de movimientos, de exigencias y peticiones. Tenemos entonces los tres componentes de todo Estado: todo Estado es una estructura material, institucional; todo Estado es una estructura ideal, de concepciones y percepciones; todo Estado es una correlación de fuerzas. Pero también un Estado es un monopolio. Voy a retomar este debate de monopolio y de democracia para estudiar Bolivia como gobierno de movimientos sociales. Un Estado es monopolio, monopolio de la fuerza, de la legislación, de la tributación, del uso de recursos públicos. Podemos entonces cerrar esta definición del Estado en las cuatro dimensiones: todo Estado es institución, parte material del Estado; todo Estado es creencia, parte ideal del Estado; todo Estado es correlación de fuerzas, jerarquías en la conducción y control de las decisiones; y todo Estado es monopolio. El Estado como monopolio, como correlación de fuerzas, como idealidad, como materialidad, constituyen las cuatro dimensiones que caracterizan cualquier Estado en la edad contemporánea. En términos sintéticos podemos decir entonces que un Estado es un aparato social, territorial, de producción efectiva de tres monopolios: recursos, cohesión y legitimidad. Y en el que cada monopolio, de los recursos, de la coerción y de la legitimidad, es un resultado de tres relaciones sociales. Tenemos entonces, utilizando brevemente a los físicos, que el Estado es como una molecula, con tres átomos y dentro de cada átomo tres ladrillos que conforman el átomo. Similar. Un Estado es un monopolio exitoso de la coerción, lo estudio Marx, lo estudio Weber; un Estado es un monopolio exitoso de la legitimidad, de las ideas fuerzas que regulan la cohesión entre gobernantes y gobernados, lo estudio Bourdieu; y un Estado es un monopolio de la tributación y de los recurso públicos, lo estudio Norberto Elías y lo estudio Lenin.
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Pero cada uno de estos monopolios exitosos y territorialmente asentados está a la vez compuesto de tres componentes: una correlación de fuerzas entre dos bloques con capacidad de definir y controlar, una institucionalidad, y unas ideas fuerzas que cohesionan. Uno puede jugar teóricamente la combinación de tres monopolios, con tres componentes al interior de cada monopolio. El monopolio de la coerción tiene una dimensión material: fuerzas armadas, policía, cárceles, tribunales. Tiene una dimensión ideal: el acatamiento, la obediencia, y el cumplimiento de esos monopolios, que cotidianamente lo ejecutamos los ciudadanos y necesidad de reflexionarlos, dimensión ideal del monopolio. Pero a la vez este monopolio y su conducción, es fruto de la correlación de fuerzas, de luchas, de guerras pasadas, sublevaciones, levantamientos y golpes, que han dado lugar a la característica de este monopolio. Igualmente con la legitimidad, el monopolio de la legitimidad territorial, tiene una dimensión institucional, una dimensión ideal y una dimensión de correlación de fuerzas. Igual el monopolio de los tributos y de los recursos públicos. Tenemos entonces un acercamiento mas completo al Estado como relación social, como correlación de fuerzas y como relación de dominación. El concepto que nos daba Marx del Estado como una máquina de dominación entonces tiene sus tres componentes complejos: es materia, pero también es idea, es símbolo, es percepción, y es también lucha, lucha interna, correlación de fuerzas internas fluctuantes. Entre los marxistas, kataristas, e indianistas, es muy importante este concepto que no es solamente teoría, porque permite ver como asumimos la relación frente al Estado. Si el Estado es solo máquina, entonces hay que tumbar la máquina, pero no basta tumbar la máquina del Estado para cambiar al Estado. Porque muchas veces el Estado es uno mismo, son las ideas, los prejuicios, las percepciones, las ilusiones, las sumisiones que uno lleva interiorizadas, que reproducen continuamente la relación del Estado en nuestras personas. E igualmente, esa maquinalidad y esa idealidad presente en nosotros, no es algo externo a la lucha, son frutos de lucha. Cada pueblo es la memoria sedimentada de luchas del Estado, en el Estado y para el Estado. Y entonces la relación frente al Estado pasa evidentemente desde una perspectiva revolucionaria por su transformación y superación. Pero no simplemente como transformación y superación de algo externo a nosotros, de una maquinalidad externa a nosotros, sino de una maquinalidad relacional y de una idealidad relacional que está en nosotros y por fuera de nosotros. Por eso los clásicos cuando hablaban de la superación del Estado en un horizonte post-capitalista, no lo ubicaban como meramente un hecho de voluntad o de decreto, sino como un largo proceso de deconstrucción de la estatalidad en su dimensión ideal, material e institucional en la propia sociedad. Con este concepto de Estado, en lo genérico, que articula distintas dimensiones, quiero entrar a los momentos de transición de un tipo de Estado a otro tipo de Estado. Por lo general los teóricos han trabajado, en Sociología, en Ciencias Políticas… trabajan al Estado en su dimensión de estabilidad, pero poco se han referido al Estado en su momento de transición. Cuando se pasa de una forma estatal, a otra forma estatal. Y yo quiero referirme a ello, porque es justamente lo que hemos vivido, lo que puede ayudar a entender en términos de la Sociología y de la Ciencia Política el proceso boliviano contemporáneo. Un Estado -este régimen de creencias de instituciones y dominación-, funciona con estabilidad cuando cada uno de esos componentes, de esos ladrillos que hemos mencionado, mantiene su regularidad y continuidad. Hablamos del Estado en tiempos normales. Pero vamos a usar el concepto de “crisis estatal general” de Lenin, para estudiar cuando esos componentes de Estado no funcionan normalmente, cuando su regularidad se interrumpe, cuando algo falla, cuando algo en la institucionalidad, en la idealidad, en la correlación de fuerzas que da lugar al Estado, se quiebra, no funciona, se tranca. En esos momentos hablamos de una crisis de Estado. Y cuando esa crisis de

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Estado atraviesa la totalidad de esos nueve componentes que hemos mencionado anteriormente hablamos de una crisis estatal general. ¿Cuáles son los componentes de una crisis estatal general? ¿Cuando vamos a hablar que estamos pasando, no meramente de un cambio de gobierno, de un cambio de administración de la maquinaria del Estado, si no de un cambio de las estructuras de poder y de dominación a otras estructuras de poder y dominación? Cuando hay una crisis estatal general. ¿Y como identificamos una crisis estatal general? A partir de cinco elementos. El primero: el momento de la develación de la crisis. La transición de un Estado a otro Estado tiene varias etapas, digámoslo así. La primera etapa es cuando se devela la crisis de Estado, cuando se manifiesta y se expresa la crisis de Estado. ¿Qué significa que se exprese una crisis de Estado? En primer lugar, que la pasividad, la tolerancia del gobernado hacia el gobernante comienza a diluirse. En segundo lugar, que surge inicialmente de manera igual, puntual, pero con tendencia a crecer, a irradiarse, a encontrar otros escenarios de aceptación, un bloque social disidente, con capacidad de movilizarse socialmente y de expandirse territorialmente en su protesta. En tercer lugar, una crisis estructural del Estado en su primera fase de develamiento surge cuando la protesta, el rechazo y el malestar, comienza a adquirir ámbitos de legitimidad social. Cuando una marcha, una movilización, una demanda y un reclamo sale del aislamiento y de la apatía del resto de la población y comienza a captar la sintonía, el apoyo, la complacencia de cada vez sectores más amplios de la sociedad. Por último, la crisis se devela en su primera fase cuando surge un proyecto político no cooptable por el poder, no cooptable por los gobernantes, con capacidad de articulación política y de generar expectativas colectivas. Esto es lo que sucedió en Bolivia desde el año 2000 hasta el año 2003. Como ustedes saben, en Bolivia en el año 1985 hubo una retoma del gobierno y luego del Estado, del poder, por parte de las fuerzas conservadoras. En el año 1982, se habían retirado los militares del gobierno, había surgido un gobierno democrático de izquierda que había fracasado en su capacidad de administrar y de articular un bloque sólido de poder. Surge una propuesta conservadora, entre el MNR, con una política de liberalización del mercado, privatización de empresas publicas, desregulación de la fuerza laboral, despido de trabajadores, cierre de empresas publicas, dando lugar a 20 años de régimen neoliberal. Presidentes como Víctor Paz Estenssoro, Jaime Paz Zamora, Sánchez de Losada, Banzer, Quiroga, representaron todo este largo periodo oscuro de neoliberalismo en nuestro país. Y la propuesta de ellos no solamente eran 20 años, eran 40, 50, 60 años de estabilidad política neoliberal. Pero algo sucedió en Bolivia en el año 2000. A partir del año 2000, protestas locales, los productores de hoja de coca, protestas locales, la confederación de campesinos de las tierras altas, básicamente en el mundo indígena aymara. Protestas barriales en las ciudades mas pobres que habían estado existiendo de manera dispersa, sin repercusión y sin irradiación, a partir del año 2000 comienzan a irradiarse. No podía preguntarse por qué paso ello, por qué protestas puntuales casi irrelevantes frente a un sistema político neoliberal, estable, sólido, comenzaron a adquirir mayor eficacia. Porque el régimen neoliberal de Bolivia, después de privatizar los recursos públicos estatales, empresas de mineras, empresas petroleras, de telecomunicaciones, empresas publicas, en las regiones, el año 2000 comenzó a afectar los recursos públicos no estatales. 20 años privatizaron recursos públicos estatales, y a partir del año 2000 intentaron comenzar a privatizar recursos públicos no estatales. ¿Cuáles son los recursos públicos no estatales? El sistema de agua. El sistema de agua, en el mundo campesino indígena boliviano es un sistema muy complejo de gestión y administración colectiva y comunitaria de esos recursos escasos. De regulación, administración. Fue en ese paso cuando el neoliberalismo pasa de la privatización de lo público estatal a lo público comunitario, a lo público no estatal, en que se va a producir este quiebre.
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En una semana más el presidente Evo va a estar en Cochabamba, este sábado 10 de abril. Vamos a conmemorar diez años de la guerra del agua, diez años en que el pueblo cochabambino, en una articulación de productores de hoja de coca, de campesinos regantes que administran el uso del agua comunitaria, y jóvenes de barrios y de universidades, van a formar localmente un frente de movilización social que va a derogar una ley que va a expulsar una empresa extranjera, y que va a recuperar al dominio publico estatal, esa porción del agua. [Aplausos]. Esta experiencia de hace diez años, del 10 de abril del año 2000, no va a ser solamente paradigmática por su efecto, hacer retroceder una ley dictada, promulgada por Banzer Suárez si no que también va a lograr algo que no habían podido lograr anteriormente otros sectores sociales en su protesta aislada: articular, ensamblar, campo y ciudad. Jóvenes asalariados con jóvenes campesinos, profesionales con obreros. Va a ser una experiencia, una especie de laboratorio de un bloque nacional popular con la capacidad de irradiar esa experiencia al resto de los países. A la Guerra del Agua de abril del año 2000 le seguirá el bloqueo más largo en Bolivia, un mes de bloqueo de las carreteras. Aquí le llaman piquetes, ¿no? [Aplausos]. Durante un mes entero trabajadores del campo, inicialmente en las zonas altas del altiplano aymara, La Paz-Oruro, luego de las zonas de los valles quechuas; Chuquisaca-Cochabamba, y luego las zonas bajas van a paralizar, van a bloquear las principales carreteras de nuestro país en rechazo a una ley que buscaba privatizar nuevamente el recurso hídrico, el agua. Y el éxito de esta movilización va a ser tal que va a dar lugar a una emergencia de liderazgos campesinos indígenas. Van a ser tiempos en que el gabinete entero va a tener que ir a negociar con el presidente, con el dirigente que en ese momento era Evo Morales del Chapare, para acordar el rechazo a la ley. [Aplausos]. Va a ser momento en que otro dirigente indígena, aymara, le va a decir al presidente de entonces, que él como indígena no lo reconoce como presidente, y que va a hablar de presidente indígena a presidente mestizo. Este va a ser Felipe Quispe, que va a volcar el orden simbólico de una sociedad racista y colonial como la boliviana. Desde ese momento el orden simbólico, la capacidad de articulación de bloques sociales, y la legitimidad de la movilización van a comenzar a expandirse. Bloqueo del año 2000. Al año siguiente, 2001, otra movilización. Formación de los cuarteles indígenas de Calachaca, donde por turnos comunidades y comunidades vendrán con viejos fusiles de la guerra del chaco de hace 60 años a hacer guardia para impedir que las Fuerzas Armadas entren a un territorio que lo consideran ellos como liberado del control del Estado. Dos años después, 2003, hubo otro levantamiento de pobladores de la ciudad de El Alto. El Alto queda en el altiplano boliviano a 3900m, la ciudad de La Paz a 3600m; son ciudades contiguas, que las separa simplemente que una esta en un hueco y la otra en la planicie. Los de arriba son en verdad socialmente los de abajo. Pero les tocará a ellos sublevarse otra vez por el tema del agua y del gas, en rechazo a la venta de gas a EE.UU a través de una empresa a instalarse en el puerto de Chile. Los alteños se sublevarán, inmediatamente esta sublevación contara con el apoyo del movimiento campesino indígena de tierras altas, de tierras bajas. Sánchez de Losada buscará retomar la presencia y el monopolio territorial, que producirá asesinatos, mas de 67 muertos, hombres mujeres y niños, en dos días, marcaran el inicio del fin de Sánchez de Losada, porque ante semejante barbarie, el resto de la población no campesina, no indígena, mestiza, urbana, profesional, de clase media, igualmente se sublevará, y esto llevará a la huida de Sánchez de Losada en el año 2003. [Aplausos]. Si ustedes ven, durante casi veinte años había protestas, siempre hay protesta, pero eran protestas aisladas, puntuales, focalizadas, y deslegitimadas más allá del lugar de la movilización. Hay un corte en el año 2000. Lo local se articula en torno a una demanda general movilizadora: la defensa de los recursos públicos, de los recursos comunes, del sistema de necesidades vitales como el agua. En torno a esa demanda los liderazgos -ya no de clase media, ya no intelectuales ni académicos como venia sucediendo antes, ni siquiera obreros-, si no los liderazgos indígenas campesinos lograran
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articular a indígenas, a trabajadores campesinos, a jóvenes estudiantes, a pobladores migrantes urbanos, luego a profesionales, luego a clase media. Lo harán inicialmente a nivel local, Cochamabmba. Seis meses después, en dos o tres localidades. Dos años después, en varios departamentos. A este proceso de creciente surgimiento de un bloque popular con capacidad de irradiar la suma de demandas, de articular otros sectores, de encontrar legitimidad en la movilización, es lo que denominamos, teóricamente hablando, el momento del develamiento de la crisis de Estado. Dos mil, 2003. Luego vendrá un segundo momento de la crisis de Estado que, siguiendo a Gramsci, hemos denominado el “empate catastrófico”. El empate catastrófico es cuando estas movilizaciones que pasan de lo local a lo regional, que logran expandirse a otras regiones, que tienen capacidad de irradiación y de articular distintas fuerzas sociales, se expanden a nivel nacional. Pero no solamente que se expanden a nivel nacional, si no que logran presencia y disputa territorial de la autoridad política en determinados territorios. Cuando de la demanda local, reivindicativa, que cohesiona a un bloque popular, comienza a disputar la autoridad política en la región, la autoridad política en la zona, la autoridad política en el departamento. Cuando comienza a suceder eso, estamos en el momento del empate catastrófico. Simultáneamente hay empate catastrófico cuando la fuerza de dominación del gobierno y del Estado inicia un repliegue fragmentado de su autoridad y del gobierno, y frente a eso hay empate catastrófico cuando la sociedad comienza a construir mecanismos alternativos de legitimidad, de deliberación, y de toma de decisiones. Un empate catastrófico es en parte lo que Lenin y Trotsky llamaban la “dualidad de poder “, pero es mas que eso. Un empate catastrófico es cuando esa disputa de dos proyectos de poder, el dominante y el emergente, con fuerza de movilización, con expansión territorial, disputan territorialmente la dirección política de la sociedad por mucho tiempo, no solamente una semana, no solamente 15 días, no solamente dos meses, no solamente tres meses. Dualidad de poderes. Sino 1 año, 1 año y medio, 2 años, 2 años y medio. En ese momento, de una irresolución de la dualidad de poderes de una sociedad, es el empate catastrófico. Es lo que pasó en Bolivia entre el año 2003 y 2005: por una parte había el parlamento electo por los ciudadanos años atrás, pero por otra parte había el régimen de asambleas barriales, el régimen de asambleas agrarias y comunitarias, donde se tomaban decisiones con un efecto político incluso por encima de la decisión del parlamento. Es un momento en que el monopolio de la coerción no puede ejercerse en la totalidad del territorio, porque hay zonas donde las fuerzas sociales comienzan a implementar un monopolio social de los procesos de coerción. Eso es lo que paso en Bolivia entre el año 2003 hasta el 2005. Un tercer momento de la crisis de Estado es lo que denominamos el momento de la sustitución de las elites. Estabilidad política quebrada por focos que se irradian, que se expanden, de protesta, movilización, articulación social y autoridad. Empate catastrófico cuando esos focos regionalizados y expansivos logran presencia de control territorial con capacidad de deliberar y de tomar decisiones en paralelo a las decisiones gubernativas. Sustitución de elites es cuando el bloque dirigencial de estos sectores sociales articulados acceden al gobierno. Es lo que paso en el año 2006 cuando el presidente Evo, en un bloque que unificó a los movimientos sociales, que preseleccionó comunitaria y asambleísticamente a los representantes para ir al congreso, logra la extraordinaria victoria del 54%. Extraordinaria no solamente porque no haya habido una victoria electoral de este estilo desde hace cincuenta años. Todos los gobiernos en Bolivia eran elegidos por el 23, 28% del electorado. El presidente Evo logrará el 54%. Pero no solamente por eso, si no porque… [Aplausos]. Si no además, -y esto es quizás el acto mas decisivo en la historia política de nuestro país-, porque un indígena para quien la vida colectiva, la vida política y la vida económica de la sociedad había definido, pese a que son la mayoría, había definido que solamente podían ser campesinos, obreros, comerciantes y transportistas. Por decisión propia se volvían en gobernantes, en legisladores y en mandantes de un país. [Aplausos]. No había pasado esto desde los tiempos de Manco Inca, allá en
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1540, cuando se repliega a Vilcabamba, zonas interandinas entre Bolivia y Perú, no había pasado algo así. Sobre el sedimento de 500 años de que los indios son gobernados y nunca pueden ser gobernantes, de que los indios tienen que ser mandados y nunca pueden mandar; sobre esta loza colonial que había horadado espíritus, hábitos, procedimientos, leyes y comportamientos sociales, Bolivia, que siempre había sido un país de mayoría indígena, por primera vez después de Manco Inca, después de 450 años, tenia un líder, una autoridad indígena, como siempre debía haber sido [Aplausos]. Lo que vemos entonces, en términos de la sociología política, es un proceso de descolonización del Estado, que se habían ido construyendo, de la sociedad, desde los ámbitos comunitarios, sindicales y barriales, logran perforar, logran penetrar el armazón del Estado. Presidente indígena, senadores indígenas, diputados indígenas, canciller indígena, presidenta de la asamblea constituyente indígena. Las polleras, los luchos, la whipala, que había estado marginada, escondida, muchas veces sancionada, perseguida, castigada durante décadas y siglos, asumía y llegaba donde debiera haber estado siempre: el Palacio de Gobierno [Aplausos]. Tenemos entonces un primer momento de conversión de la fuerza de movilización en transformación en el ámbito de la administración del Estado. ¿Cómo pasar de la administración del Estado a la transformación estructural del Estado? ¿Cómo convertir la fuerza de movilización en institución, norma, procedimiento, gestión de recursos, propiedad de recursos? Porque eso es el Estado, El Estado es la materialización de una correlación de fuerzas. Ese fue el debate que tuvimos anteriormente con el profesor Toni Negri en el año 2008, sobre este tema precisamente. El Estado no es la sociedad política, el Estado no es la realización de la movilización política de la sociedad, pero es una herramienta, o puede llegar a ser una herramienta que contenga esa movilización o que ayude a consolidar los logros hasta aquí alcanzados. ¿Cómo no valorar algo que ya ahora es irrevisable, y que no tiene marcha atrás? Los derechos de los pueblos indígenas en la Constitución… ([Aplausos]. Solamente quien no ha vivido la discriminación, el que se lo escupa por tener piel mas oscura, el que se lo margine por tener un apellido indígena, el que se le haga una burla por que no pronuncie bien el castellano… Solamente alguien que no ha vivido eso puede despreciar que se institucionalicen derechos, de que a partir de ahora vale tanto un apellido indígena como un mestizo, un color más oscuro o el color blanco [Aplausos], un idioma indígena o el castellano. Eso fue lo que pasó. Y esta tercera etapa de la crisis de Estado, de la visibilización de la crisis, empate catastrófico, conquista de gobierno, que no es el Estado. Y es a partir de ese momento, en este proceso de sustitución de elites políticas, que el Estado comienza a convertirse en una herramienta donde comienza a atravesarse una nueva correlación de fuerzas. Los procesos de nacionalización de los hidrocarburos, los procesos de la nueva Constitución y de la asamblea constituyente, de la nacionalización de las empresas de telecomunicación, de la nacionalización de otras empresas públicas, van a comenzar a darle una base material duradera a lo que inicialmente había sido un proceso de insurgencia y de movilización social. Pero esta claro que esto tiene un límite. O mejor, tiene que rebasar un límite. Si esta transformación del Estado como correlación de fuerzas, donde ahora son otros los que deciden, otras clases sociales las que toman las decisiones, otros hábitos, las percepciones de lo que es necesario, requerible, exigible, son las que comienzan a apoderarse de la estructura del poder gubernamental, y dado que el Estado comienza a administrar crecientes recursos públicos, fruto de la recuperación de la nacionalización del gas, del petróleo, y de las telecomunicaciones, estaba claro de que eso iba a ser rápidamente impugnable, observable, disputable y bloqueado. Claro, ninguna clase dominante abandona voluntariamente el poder, a pesar de que uno se esfuerza para que lo hagan. Ninguna clase dominante ni ningún bloque de poder puede aceptar de que de la noche a la mañana quien era su sirviente o empleada ahora sea su legislador o su ministro [Aplausos].
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Ninguna clase dominante puede aceptar que los recursos, pacíficamente, que los recursos que anteriormente servían para viajar a Miami, comprarse su Hammer para él, para la esposa, para la amante, para la hija, para la nieta, desaparecen de la noche a la mañana [Aplausos], y que esos recursos en vez de dilapidarse en un viaje a París o a Miami, en la compra de una tienda o de un collar de perlas, sean utilizado para crear mas escuelas, para crear mas hospitales, para mejorar los salarios [Aplausos]. Y esta claro que en todo proceso revolucionario tiene que haber un momento de tensionamiento de fuerzas. Y permítanme aquí comparar, con el debido respeto, el proceso de descolonización en Bolivia, con el proceso de descolonización en Sudáfrica. En ambos la mayoría indígena y la mayoría de color negra, para darle un nombre, que eran mayoría y que han sido excluidas del poder, acceden al gobierno; son procesos de amplia democratización y de amplia descolonización. Pero hay una diferencia. En el caso de Sudáfrica, que fue un gigantesco hecho histórico de descolonización, que fue aplaudido por el mundo, por nosotros, dejo intacta la base material del poder económico, la propiedad de los recursos y de las empresas. En el caso de Bolivia no [Aplausos]. En el caso de Bolivia avanzamos de un proceso de descolonización política; indígenas en puestos de mando, de descolonización cultural; hablar aymara, el quechua, el guaraní, tiene el mismo reconocimiento oficial que hablar castellano, en palacio, en vicepresidencia, en el parlamento, en la universidad, en la policía, en las fuerzas armadas. Descolonización política y cultural. Pero no nos detuvimos ahí, si no que pasamos y dimos el salto a un proceso de de descolonización económica y material de la sociedad al depositar… [Aplausos] al depositar la propiedad de los recursos económicos, los recursos públicos, a potenciar por encima de la empresa privada extranjera, al Estado, por encima de la gran propiedad terrateniente, a la comunidad campesina y al pequeño propietario. Tierra, recursos naturales, hoy son de propiedad del Estado, de los movimientos, de los campesinos y de los indígenas, en una proporción mayoritaria de lo que era hace tres, cuatro o cinco años atrás. Y esta claro entonces que esto no iba a ser aceptado fácilmente, no iba a ser tolerado, y como lo previó inicialmente Robespierre, luego Lenin, Katari, iba a tener que darse un momento de definición de la estructura de poder. A ese momento de definición, o se reconstituye el viejo bloque de poder conservador, o bien se acaba el empate catastrófico y se consolida un nuevo bloque de poder, que es lo que hemos denominado un punto de bifurcación. Y todo proceso revolucionario pareciera atravesar eso. Y es un momento de fuerza, es un momento en el que Rousseau calla y quien asume el mando es un sub. En el que Habermas no tiene mucho que decir y quien si tiene que decir es Foucault. Es decir, es el momento de la confrontación desnuda o de la medición de fuerzas desnuda de la sociedad, donde callan los procesos de construcción de legitimidad, de consenso, y donde la política se define como un hecho de fuerza. No es que la política sea un hecho de fuerza, de hecho, fundamentalmente, la política son procesos de articulación, de legitimación. Pero hay un momento de la política en que eso calla, en que la construcción de acuerdos, los enjambres, las legitimaciones, se detienen y la política se define como un hecho de guerra, como un hecho de medición de fuerzas [Aplausos]. Eso es lo que sucedió en Bolivia en el año 2008, hace dos años atrás, entre agosto y octubre del 2008. Fue un tiempo muy complicado para nosotros. Fue un tiempo en que algunos ministros renunciaron internamente, fue un tiempo en que las secretarias y secretarios de palacio se ponían a llorar en un rincón porque decían “que iba a ser de nosotros, cuando nos vengan a sacar”, pero fue un tiempo en que el presidente Evo mostró su capacidad de estadista, de líder y de conductor de un proceso revolucionario [Aplausos]. Fueron tiempos duros porque a este gobierno del presidente Evo, del vicepresidente, de los sectores sociales, que habíamos ganado con el 54% del electorado en Bolivia, se nos planteo un revocatorio. Hubo una votación revocatoria de mandato. Nunca antes se les había ocurrido a la derecha plantear lo mismo a los gobiernos que tenían el 22% o el 23% o el
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27%. Y se les ocurrió al que tenia el 54%, un indio, evidentemente, plantearle el revocatorio. Y así fue. Los sectores conservadores que se habían atrincherado en las regiones, en las gobernaciones de las regiones, plantearon al congreso un revocatorio. Hicieron aprobar en el Senado donde tenían mayoría, la derecha tenia mayoría en el senado. Yo me acuerdo que estaba en palacio, el presidente había viajado a Santa Cruz y hablamos por teléfono. “Presidente Evo” le digo, “acaban de aprobar ahora en el senado”. Se queda callado el presidente unos cinco segundos, me dice,”no importa, vamos al revocatorio, vamos a ganar” me dice el presidente Evo. [Aplausos]. Me acuerdo que dice el presidente Evo, luego aterriza en La Paz, nos reunimos de emergencia el gabinete político, y el presidente Evo dice “no hay que tenerle miedo, el pueblo nos ha llevado con su voto al gobierno, y si el pueblo quiere que continuemos nos va a dar su voto, y si no quiere que continuemos nos quitara su voto. Hemos sido fruto de las organizaciones sociales, de este ascenso democrático de la revolución y enfrentemos pues esas mismas armas”. Y así fuimos al revocatorio. Lo que fue un intento para derrocar al presidente Evo electoralmente se convirtió en una gran victoria del 67% de la participación [Aplausos]. Agosto del 2008. Intento de derrocamiento democrático electoral. Superamos esa primera barrera. Derrotado en el ámbito electoral los sectores conservadores inmediatamente van a apostar por el golpe de Estado. En septiembre del año 2008, en verdad desde el 29, 28 de agosto, hasta el 12 de septiembre, se va a dar una escalada golpista en Bolivia. Va a comenzar inicialmente bloqueando el acceso a los aeropuertos. El presidente Evo, el vicepresidente, no van a poder aterrizar en los aeropuertos de 5 departamentos de los 9 que hay en Bolivia. Días después a estos bloqueos de los aeropuertos, la toma física de los aeropuertos, sectores conservadores van a atacar a la policía, a su comandancia, para obligarlas a subordinarse regionalmente al mandato de los sectores conservadores. Logrado esto parcialmente en los siguientes días van a disponer un ataque a las instituciones del Estado. Durante el día 9 y 10 de septiembre, 87 instituciones del Estado: telecomunicaciones, televisión, representantes del ministerio en el ámbito de la administración de las tierras, impuestos internos, 87 en total van a ser tomadas, quemadas y saqueadas por las fuerzas mercenarias de la derecha. Al día siguiente tropas del ejercito boliviano, soldados del ejercito boliviano van a ser desarmados por grupos especiales creados por esta gente, y al mismo momento pequeñas células de activistas de derecha fascistas van a dirigirse a cerrar los ductos de la venta del gas a Brasil, de la venta del gas a Argentina, y del abastecimiento de petróleo y de gasolina al resto de Bolivia. Era un golpe de Estado en toda la línea. Los que hemos conocido golpes de Estado sabemos que un golpe de Estado comienza con el control de los medios de comunicación, de los aeropuertos, de los sistemas de abastecimiento, y luego es la toma de los centros de definición política: palacio, parlamento. Comenzaron con eso, y ahí el gobierno actuó con mucha cautela. Ya habíamos previsto que algo así iba a suceder, la sociología sirve para eso [Aplausos]. Y tal lectura del punto de bifurcación, como otros conceptos, lo habíamos dialogado con el presidente. Me acuerdo que el presidente Evo el año 2008 inició el gabinete, creo que el 2 o 3 de enero a las 5 de la mañana como nos convoca su gabinete, y nos dijo a todos: “este año es el momento de la definición. O nos quedamos o nos vamos, prepárense”. La sociología dice eso, el punto de bifurcación. Es decir, o las fuerzas conservadoras retoman el control del Estado o las fuerzas revolucionarias se consolidan. El presidente lo dijo de una manera, la sociología lo dice de otra manera, pero es la misma cosa [Aplausos]. Nos habíamos preparado para ello. Algún otro rato, ahora todavía es muy pronto para comentar en detalle, para describir en detalle estos acontecimientos. Pero el Estado, el gobierno se preparó. Sabíamos que se venia un momento complicado, que iba a dirimirse un momento de fuerza, la estabilidad o el retroceso, y nos preparamos. A través de dos tipos de acciones envolventes. La primera fue un proceso de movilización social general, de todas las fuerzas, que tenia el Partido, el
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campesino, el movimiento indígena, el movimiento cooperativista, barrios, ponchos rojos, ponchos verdes, productores de hoja de coca, del Chapare, de los yungas. Tres meses antes de este acontecimiento se había definido un plan de protección de la democracia en Bolivia. Y entonces cuando comenzaron a darse estos sucesos estas estructuras de movilización comenzaron a desplazarse territorialmente para defender al gobierno y para acabar con la derecha golpista. Paralelamente hubo una articulación institucional cultivada por el presidente Evo en la redefinición de una nueva función de las FF.AA en democracia, hubo también un desplazamiento militar acompañado y en coordinación con los movimientos sociales. Una experiencia extraordinaria, no muy común entre FF.AA y movimientos sociales en una acción envolvente para aislar los núcleos de rebelión y de golpistas. En medio de estos acontecimientos se va a dar la masacre de Pando donde once jóvenes indígenas van a ser asesinados brutalmente a sangre fría, algunos a palos, por el gobernador conservador que hoy esta en la cárcel, como debe suceder [Aplausos]. Y a partir de ese eslabón del bloque conservador, el eslabón mas débil, usando la categoría leninista, se comienza a retomar el control territorial, y ante la presencia de la movilización social y del respeto institucional de las FF.AA en defensa de la democracia, las fuerzas golpistas medirán fuerza, observaran posibilidades de esta conflagración de ejércitos sociales y decidirán rendirse y se irán para atrás. En septiembre de 2008 se dará la victoria militar del pueblo sobre las fuerzas conservadoras de derecha y golpistas [Aplausos]. A la victoria electoral se sumará una victoria de movilización social militar que será completada con una victoria de carácter político. En octubre, al mes siguiente, son meses sucesivos... En agosto se da el revocatorio, en septiembre el golpe y en octubre se dará una gran movilización, encabezada por el presidente Evo, de miles y miles de personas que se dirigirán al parlamento para exigirles la aprobación de la nueva Constitución y que se convoque a un referéndum. Mas de sesenta mil, cien mil personas acompañaron al presidente Evo a bajar de El Alto, a la ciudad de La Paz, y en tres días, -soy el presidente del Congreso, tres días sin dormir y sin comer-, aprobamos esa ley… [Aplausos]. Un momento… este punto de bifurcación o momento de confrontación desnuda y medición de fuerzas donde se dirime: o sigues para adelante o vas para atrás, que se da en cualquier proceso revolucionario. En el caso de Bolivia, tuvo tres meses y fue una combinación excepcional de acciones electorales, acciones de masas, y acciones de articulación política. Yo lo quiero mencionar y relevar eso porque de alguna manera es un aporte en la construcción de los procesos revolucionarios. No apostar todo a una sola canasta, no apostar únicamente o al ámbito meramente legal o electoral, no apostar meramente el ámbito de la movilización únicamente, sino de tener una flexibilidad, de una combinación de los distintitos métodos de lucha que tiene el pueblo: el electoral, el de la acción de masas, el de los acuerdos y combinación política que va a permitir que en este octubre se logre la aprobación de la nueva Constitución en el congreso, perdón, la aprobación de la ley que convoca al referéndum para aprobar la nueva Constitución. Victoria electoral, victoria militar, victoria política, cerrarán el ciclo de la crisis estatal en Bolivia. La consolidación de este ciclo estatal vendrá posteriormente con tres actos electorales. En enero del 2009 se aprobara la nueva Constitución con el 72% del electorado [Aplausos], en diciembre del 2009 el presidente Evo será reelecto con el 64% ([Aplausos], y el domingo pasado, el 4 de mayo, el Movimiento al Socialismo, Instrumento por la Soberanía de los Pueblos, logrará el control de dos tercios de los municipios de todo Bolivia y de mas de dos tercios de las gobernaciones de todo el país. [Aplausos]. En Bolivia existen 335 municipios, alcaldías, donde ha habido elecciones. De los 335 municipios, el Movimiento al Socialismo ha ganado solo y con sus aliados alrededor de 250 municipios que representan casi el 70% de la totalidad de los municipios del país. De las 9 gobernaciones en disputa hemos ganado en 6 gobernaciones y de los 9 parlamentos regionales, el
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MAS tiene mínimamente la totalidad de ellos entre el 40 y el 55% de los representantes de los parlamentos regionales. [Aplausos] La crisis estatal, la transición de un tipo de Estado neoliberal, colonial, a un nuevo tipo de Estado plurinacional, autonómico y con una economía social comunitaria, ha tenido entonces este intenso período de transición de en verdad 8 años, 8 años y medio. Primera etapa: momento en que se devela la crisis. Segundo momento: empate catastrófico. Tercer momento: acceso al gobierno. Cuarto momento: punto de bifurcación. A partir de ese resultado, la consolidación de una estructura estatal. Hoy Bolivia reivindica, propugna y comienza a construir lo que hemos denominado un Estado plurinacional, una economía social comunitaria y un proceso de descentralización del poder bajo la forma de las autonomías departamentales, indígenas y regionales. Un Estado complejo. ¿Dónde nos dirigimos ahora? ¿Donde se dirige este proceso? Permítanme de manera muy breve introducir otro concepto. El concepto de Estado aparente y de Estado integral. El concepto de Estado aparente es un concepto de Marx que lo utiliza un gran sociólogo boliviano ya fallecido, René Zabaleta Mercado, y el concepto de Estado integral lo utiliza Gramsci. Llamamos Estado aparente – llama Marx, y Zabaleta- aquel tipo de institucionalidad territorial política que no sintetiza ni resume a la totalidad de las clases sociales de un país, sino que representa solamente a un pedazo de la estructura social, dejando al margen de la representación a una inmensa mayoría. En términos de la sociología política, podemos hablar de la inexistencia de un óptimo Estado-sociedad civil. El Estado aparece entonces como un Estado patrimonial que representa y que aparece como propiedad de un pedazo de la sociedad en tanto que le resto de la sociedad (indígenas, campesinos y obreros) aparecen al margen del Estado sin ninguna posibilidad de mediación ni de representación. Ese es el Estado aparente. Estado integral llama Gramsci a varias cosas en su reflexión, pero en particular a un óptimo entre cuerpo político estadual y sociedad civil. Y a una creciente perdida de las funciones monopólicas del Estado para convertirse meramente en funciones administrativas y de gestión de lo público. A esta lógica le llama Gramsci Estado integral. Permítanme, utilizando estos dos conceptos, un poco debatir tres tensiones, tres contradicciones y un horizonte en el proceso político revolucionario. La primera tensión y contradicción que no se resuelve teóricamente si no en la práctica: Bolivia, con el presidente Evo, con los sectores sociales sublevados y movilizados ha constituido lo que denominamos un gobierno de los movimientos sociales. Esto significa varias cosas; en primer lugar, que el horizonte y el proyecto que asume el gobierno, de transformación, de nacionalización, de potenciamiento económico, de diversificación económica, de desarrollo de la economía comunitaria, es un horizonte estratégico creado, formado por la propia deliberación de los movimientos sociales. En segundo lugar, que los representantes que aparecen en el ámbito del parlamento, del congreso, de la asamblea, son fruto, en su mayoría, de la deliberación asambleística de los sectores sociales, urbanos y rurales para elegir a sus autoridades, que luego son, en algunos casos, elegidas por voto universal y otros por constitución elegida por asamblea. La Constitución actual acepta que en el ámbito de los gobiernos regionales la elección directa de asambleístas o asambleas sea por aclamación, por democracia comunitaria. En tercer lugar, que los mecanismos de selección del personal administrativo del Estado deja de ser únicamente en función de meritocracia académica y combina otro tipo de meritos, otro tipo de calificaciones, como es el haber ayudado a los sectores sociales, el provenir de sectores sociales, el de haber, no haber defendido dictaduras, no haber participado de privatizaciones, haber defendido los recursos públicos estatales y no estatales. Hay un mecanismo de preselección de la administración pública que pasa por sectores sociales y que combina lo meritocratico académico con otro tipo de meritocracia social, digámoslo así.
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Bien, este horizonte, este proyecto de movimientos sociales, estos funcionarios que emergen de sectores sociales, y esta conversación continua y esta aprobación de las medidas estructurales que se toman del gobierno en las asambleas de los sectores sociales movilizados hacen de nuestro gobierno un gobierno de movimientos sociales. Pero a la vez estamos hablando de un gobierno del Estado y todo Estado por definición que hemos dado al principio, es un monopolio. Pero entonces aquí hay una contradicción: Estado por definición es monopolio, y movimiento social por definición es democratización de la decisión. El concepto de gobierno de movimientos sociales es una contradicción en si misma, si, ¿Y que? [Aplausos] Hay que vivir la contradicción, la salida es vivir esa contradicción. El riesgo es si priorizas la parte monopólica del Estado; ya no será gobierno de los movimientos sociales, será una nueva elite, una nueva burocracia política. Pero si priorizas solamente el ámbito de la deliberación en el terreno de los movimientos sociales, dejando la toma de decisiones dejas de lado el ámbito de la gestión y del poder del Estado. Tienes que vivir los dos. Corres ambos riesgos, y la solución está en vivir permanentemente y alimentar esa contradicción dignificante de la lucha de clases, de la lucha social en nuestro país. La solución no está a corto plazo, no es un tema de decreto, no es un tema de voluntad, es un tema del movimiento social. Pero esta contradicción viva entre monopolio y desmonopolización, entre concentración de decisiones y democratización de decisiones, tiene que vivirse en un horizonte largo. Ahí viene la categoría de Gramsci del Estado integral, En un momento, decía Gramsci, en que los monopolios no sean necesarios, Estado seria meramente como gestión y administración de lo público y no como monopolio de lo público. Y esta posibilidad esta abierta en Bolivia a partir de dos elementos: por una parte solo los movimientos sociales, los que están encabezando este proceso de transformación. Y por otra parte, hay una fuerza y una vitalidad comunitaria, rural y en parte urbana, que permanentemente tiende a expandirse, a irradiarse, no solamente como deliberación de lo público, sino como administración de lo público no estatal. Si este pueblo presenta a los movimientos sociales en la conducción del Estado, despliegue, irradiación, potenciamiento de lo comunitario colectivo, de lo comunitario político, en barrios, en comunidades, se potencia y se refuerza, esta claro que esta construcción del Estado que estamos haciendo hoy Bolivia, esta modernización del Estado ya no es la modernización clásica de las elites de las burguesías nacionales, sino que su transito es evidentemente al socialismo. [Aplausos]. Lo que estamos haciendo en Bolivia de manera dificultosa, a veces con retrasos, pero ineludiblemente como horizonte de nuestro accionar político, es encontrar una vía democrática a la construcción de un socialismo de raíces indígenas, que llamamos socialismo comunitario [Aplausos]. Este socialismo comunitario que recoge los ámbitos de la modernidad en ciencia y tecnología, pero que recoge los ámbitos de la tradición en asociatividad, en gestión de lo común, es un horizonte. No necesariamente inevitable, como nunca es inevitable la victoria de un proceso revolucionario: es una posibilidad que depende de varios factores. En primer lugar de la propia capacidad de movilización del los sectores sociales. Un gobierno no construye socialismo, el socialismo es una obra de las masas, de las organizaciones, de los trabajadores [Aplausos]. Solamente una sociedad movilizada que expanda e irradia y que tenga la habilidad de irradiar y de defender y de expandir y de tener formas asociativas, formas comunitarias, modernas y tradicionales, de toma de decisiones de producción de la riqueza y de distribución de la riqueza, puede construir esa alternativa socialista comunitaria. Lo que puede hacer un gobierno, lo que podemos hacer el presidente Evo, el vicepresidente, sus ministros, es apuntalar, es fomentar, es respaldar, es empujar ello, pero evidentemente, la obra del socialismo comunitario tendrá que ser una obra de las propias comunidades urbanas y rurales que asumen el control de la riqueza, de su producción y de su consumo [Aplausos]. Pero, además, esta
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claro que cualquier alternativa postcapitalista es imposible a nivel local, es imposible a nivel estatal [Aplausos], una alternativa socialista, o pongamos le nombre que queramos, postcapitalista, que supere las contradicciones de la sociedad moderna, de la injusta distribución de la riqueza, de la destrucción de la naturaleza, de la destrucción del ser humano, tiene que ser una obra común, universal, continental y planetaria [Aplausos]. Por eso, rompiendo el protocolo académico, me dirijo a ustedes como luchadores, como estudiantes, como revolucionarios, como gente comprometida que ama a su país, que ama a su pueblo, que quiere otro mundo como indígenas, como jóvenes, como trabajadores. Bolivia sola no va a poder cumplir su meta. Les toca a ustedes, les toca a otros pueblos, les toca a una nueva generación, les toca a otros países; hacer las mismas cosas y mejores cosas que las nuestras, pero hacer, no contemplar, no ver .victoria [Aplausos]. Por eso aquí, les venimos a decir en nombre del presidente Evo y mío: nosotros estamos haciendo lo que el destino nos ha colocado al frente, y no duden un solo segundo, que solamente la muerte detendrá lo que venimos haciendo, que mientras tengamos algo de vida, un átomo de vida, el compromiso con este horizonte comunitario socialista de emancipación de los pobres, los indígenas, los trabajadores, será nuestro horizonte de vida, de trabajo y de compromiso [Aplausos]. Les digo honestamente que no hay nada más hermoso que nos haya pasado en la vida que vivir este momento, no hay nada más hermoso que haber vivido este momento y haber acompañado al presidente Evo y acompañar esta insurgencia de los pobres, de los humildes, de la gente despreciada y marginada. Pero no puede eso detenerse ni solamente observarse: es la contribución que hace el pueblo boliviano con una profunda humildad a los procesos de transformación del continente y del mundo. Ahora quienes tienen que actuar son ustedes, son ustedes los jóvenes, los trabajadores, los profesionales, los comprometidos que con su propia experiencia, su propia capacidad, su propia historia, tienen que asumir el reto de construir otro mundo, un mundo distinto, un mundo donde nos sintamos todos contentos y felices, porque en otros términos eso es lo que llamamos socialismo, un mundo de la socialización, de la felicidad y de la riqueza para todos. Es el reto de ustedes compañeros, no nos dejen solos, muchas gracias. [Aplausos].

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El laboratorio boliviano*
Waldo Ansaldi**
Um... desafortunadamente, la gente que no conoce mucho sobre Bolivia piensa que todos somos indios del lado oeste del país. Es La Paz la imagen que refleja eso, esa gente pobre y gente de baja estatura y gente india... Yo soy del otro lado del país, del lado este, que no es frío, es muy caliente, nosotros somos altos y somos gente blanca y sabemos inglés y ese concepto erróneo que Bolivia es solo un país andino está equivocado. Gabriela Oviedo Serrate, Miss Bolivia, candidata a Miss Universo 2004. Entrevista en Quito, mayo de 2004.

Para Cristina G.

El contexto latinoamericano: los nuevos movimientos sociales1 Hacer un análisis de una coyuntura en curso para una revista cuya publicación se producirá un tiempo después de la escritura siempre conlleva riesgos para quien lo hace. Mucho más si la coyuntura es muy fluida y álgida como la de Bolivia hoy. Una forma de esquivar la posibilidad de la desactualización del enfoque (e incluso del yerro en la apreciación del desarrollo de las tendencias) es poner el énfasis del análisis en las condiciones estructurales que explican la coyuntura o, como prefería Antonio Gramsci, la situación. Es decir, prestar atención al coeficiente histórico o bien, como plantea Luis Tapia, a las líneas de acumulación histórica.2 Antes de ese abordaje, presentaré un cuadro rápido del contexto latinoamericano de entre siglos, caracterizado –siguiendo la hipótesis de José Sánchez-Parga (2005)- por la presencia de
En este artículo se exponen resultados muy parciales de una investigación colectiva en curso, Proyecto S 057 Condiciones sociohistóricas de la democracia y la dictadura en América Latina, 1954-2010, dentro de de la Programación Científica 2008-2010 de la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Universidad de Buenos Aires. Concluido en la primera semana de enero de 2009, fue revisado ligeramente un mes después a fin de incluir el resultado de las elecciones refrendatorias de la nueva Constitución Política del Estado.
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Investigador Principal del CONICET con sede en el Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires., del cual es Director. Profesor titular de Historia Social Latinoamericana y Taller de Investigación de Sociología Histórica de América Latina en la misma Facultad.
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1

Me he ocupado de ellos en Ansaldi (2005-2006). En esta sección recupero parte de ese tratamiento.

2 La noción de coeficiente histórico, elaborada por el sociólogo polaco Piotr Sztompka, destaca, en una saga inequívocamente marxiana, que en cada proceso social, la secuencia de sucesos es acumulativa, de modo tal que cada fase del mismo es un resultado acumulado o un punto de llegada de todas las formas anteriores y, al mismo tiempo, punto de partida potencial de las fases por venir. Cada momento histórico contiene un campo determinado de oportunidades, posibilidades, opciones para el curso que ha de seguir el proceso social, delimitadas significativamente por el curso previo del mismo. El proceso social es construcción o creación de agentes humanos, individuales o colectivos, mediante sus acciones, de modo que cada fase es resultado o producto de tales acciones, pero también un conjunto de oportunidades, recursos para que los sujetos construyan la realidad social. Los hombres y mujeres no construyen la sociedad según les place, sino sólo en circunstancias estructurales heredadas del pasado, es decir, construidas por sus predecesores, quienes, a su vez, también estaban constreñidos.

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protestas que no son “una forma o variedad específica del conflicto social, sino un género de lucha diferente de carácter político”, toda vez que su causa y sus objetivos son políticos (el enfrentamiento con el Estado). La protesta es el “resultado de una contradicción política” que convierte al gobierno neoliberal de la democracia (es decir, “un gobierno económico no democrático de la política”), en generador de conflictividad desde el mismo Estado. Es decir, una situación signada por movimientos de protesta social (o movimientos sociales, si se prefiere) que se politizaron rápidamente y, al mismo tiempo, en una suerte de paradoja, politizaron crecientemente a la propia sociedad civil, al convertirla en espacio de un enfrentamiento político antigubernamental y antiestatal. “El ciclo político de la protesta encubre un creciente déficit ‘cívico’ y una carencia de lo ‘público’ en una sociedad civil cada vez más politizada, poniendo en evidencia el contradictorio fenómeno de ‘la participación activa de la sociedad civil en la política’”. En rigor, el ciclo político de la protesta produce un enfrentamiento “entre la sociedad civil y la sociedad política, los movimientos o fuerzas sociales contra las fuerzas y partidos políticos, el ciudadano contra el gobierno y el Estado” (Sánchez-Parga. 2005). En ese campo, como dice Boaventura de Souza Santos, los nuevos movimientos sociales no rechazan la política sino que la amplían más allá del marco liberal que separa Estado y sociedad civil (Santos, 2001: 181). Estos movimientos son expresión de la expansión de la resistencia popular y la deslegitimación del neoliberalismo, un proceso que es, al mismo tiempo, constituyente de nuevos sujetos sociales y, por ende, nuevas subjetividades (Aníbal Quijano, 2004). La mayoría de ellos tiene una doble condición: étnica y clasista / indígena y campesina. Empero, es posible y conveniente introducir un correctivo. En rigor, son movimientos que, habiendo surgido como sociales, han devenido políticosociales, con demandas de máxima: redefinir la cuestión nacional de los Estados existentes en América Latina y lograr, según apunta Quijano, “la autonomía territorial de las nacionalidades dominadas”. Reivindican una identidad que viene del pasado lejano, pero apuntan a un futuro diferente y mejor. Una expresión aymara sintetiza bien la articulación temporal: “Resistimos porque queremos seguir siendo lo que somos, pero luchamos porque no queremos quedarnos donde nos colocan”. O, como ha dicho Felpe Quispe: “Somos indios de la posmodernidad, queremos tractores e Internet” Otro rasgo distintivo del actual ciclo de protesta en América Latina es la nueva forma de enfrentamiento y confrontación con (contra) el gobierno y sus políticas, operando desde el seno mismo de la sociedad civil, con prescindencia de instituciones clásicas como los partidos, los sindicatos, el Congreso. Así, de hecho, altera el “mismo sistema político de la democracia, donde los diferentes ámbitos o instituciones (sociedad civil, sociedad política, régimen político, Estado y gobierno) operan de manera autónoma a través de sus recíprocas mediaciones”. Sánchez-Parga (2005) añade que aunque los movimientos se expresen pacíficamente, “la protesta es siempre portadora de una dinámica de resistencia y de rechazo, que puede concluir a las manifestaciones más violentas y de máxima eficacia política como el derrocamiento de un gobernante o la subversión del orden establecido.” Es por eso que los gobiernos pueden aplazar, reprimir o, en el mejor de los casos, negociar la protesta, mas no pueden gobernarla democráticamente.3 Justamente, el gran desafío para Morales-García Linera es cómo gobernar democráticamente las protestas, algunas desde sus propias bases y otras, más duras (cuando no antidemocráticas), de las clases propietarias.
“Con el agravante de que la represión de la protesta por parte del gobierno, al mismo tiempo que pone de manifiesto la violencia de sus propias políticas refuerza aún más la intensidad de la protesta, provocando la misma violencia que reprimen. La espiral de la protesta y de su represión puede llegar al extremo de forzar ésta última hasta el límite de poner de manifiesto la intrínseca violencia del gobierno, haciéndole perder su legitimidad, o bien su intrínseca inconstitucionalidad, haciéndole quebrar su legalidad. Las democracias gobernadas por gobiernos y políticas neoliberales, y de manera más general todas las democracias en el mundo actual sometidas a la dominación del nuevo orden económico global, no poseen más que una legalidad y legitimidad formales, las cuales se resquebrajan, se desmoronan generando un desorden democrático, cuando en reacción a la protesta dichos gobiernos democráticos recurren a la violencia o a procedimientos anticonstitucionales o contra el derecho internacional” (Sánchez-Parga, 2005).
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Los movimientos sociales andinos y mesoamericanos de entre siglos XX y XXI levantan demandas de Estados plurinacionales y plurilingües y de democracia comunitaria y participativa que los proyectan más allá de la mera condición étnica: definen un programa revolucionario en lo social y en lo político, aun cuando no se exprese todavía en un corpus teórico más o menos elaborado. Son verdaderos movimientos anti-sistémicos que, para decirlo como Boaventura de Souza Santos, “constituyen tanto una crítica de la regulación social capitalista, como una crítica de la emancipación social socialista tal como fue definida por el marxismo” (Santos, 2001: 178). Ahora bien, no son pocos ni sencillos los desafíos teóricos y político-prácticos que deben enfrentar. No se trata sólo de dotar de contenido institucional a la propuesta de nuevos Estados y democracias, sino de cómo definir teórica y conceptualmente los fundamentos de unos y otra, en particular teniendo en cuenta que conceptos centrales del orden político occidental como nación y ciudadanía han sido ajenos a la tradición de los pueblos originarios. Es cierto que ambos están siendo resignificados, pero no es ni será fácil dotarlos de nuevo contenido y superar la contradicción entre un principio de derecho individual (el de ciudadanía política, donde un hombre / una mujer es igual a un voto libremente elegido y una cultura política que se apoya en las decisiones colectivas que obligan a la totalidad de los miembros de la comunidad. Como dice Pablo Dávalos, el proyecto indígena de creación de un Estado Plurinacional choca con la resistencia de instituciones heredadas de la Colonia, y por lo tanto excluyentes. En ese contexto, ¿cómo se construye en clave plurinacional el sistema político? En la tradición de Occidente, “[e]l sistema político se articula en la representación y la universalidad, en la que todo el mundo es ciudadano. Pero los indios no. En el mundo indígena el discurso liberal homogeneiza, pero la práctica y el pensamiento indígena se asientan en la diferencia” (citado en Zibechi, 2006). La construcción de un Estado pluriétnico o plurinacional y de una democracia comunitaria y participativa requiere de un instrumento político. El ejemplo boliviano es ilustrativo de los peligros que deben enfrentar experiencias de este tipo. Susan Eckstein (2001: 496) ha señalado el carácter históricamente contingente de la relación entre democratización y movimientos sociales y el riesgo que existe cuando éstos son dominados por los partidos políticos, situación en la cual “tienden a perder vitalidad”. Empero, “si no lo hacen, o antes de que lo hagan”, unos y otros “pueden nutrirse mutuamente”. El riesgo es mucho mayor en situaciones electorales, cuando –según bien dice Luís Tapia- se produce “el momento de mayor irradiación de lo estatal sobre la sociedad”. En Bolivia, la Asamblea de los Pueblos Originarios –el “nacimiento del movimiento campesino-indígena como sujeto político” (Stefanoni y Do Alto, 2006: 51-52)- discutió, en su única sesión del 12 de octubre de 1992, la “tesis del instrumento político”, una propuesta de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) tendente a crear su propio brazo político. Era la conclusión de la evaluación negativa de la experiencia de confiar en la palabra de los sucesivos gobiernos, pero también de la organización sindical como forma adecuada y suficiente para alcanzar las aspiraciones populares. La Asamblea se dividió en torno a dos posiciones, la del “instrumento político”, apoyada por los cocaleros, y la de la “autodeterminación de los pueblos originarios”, defendida por los herederos radicales del katarismo de la década anterior. No hubo acuerdo y en 1993 se acordó participar del Eje de la Convergencia Patriótica, una alianza de izquierda, optando una fracción, la liderada por Felipe Quispe, por la creación del Movimiento Indígena Pachakutik en 2000., mientras otra, dirigida por Evo Morales, prefirió fortalecer el Movimiento al Socialismo (MAS), originariamente una escisión de la tradicional y reaccionaria Falange Socialista Boliviana. La primera fracasó; la segunda llevó a Morales a la presidencia del país. En Bolivia, en definitiva, la unión de los movimientos sociales devino en una organización política, el MAS, sin diluirse en él. De hecho, existe una tensión entre el MAS, que como partido tiende a la moderación y al reformismo, y movimiento sociales más autónomos y radicalizados, como el de los aymaras del altiplano, liderados por Quispe, que pertenecen a comunidades agrarias de larga experiencia sindical y más larga tradición cultural, dentro de la cual es importante la idea de una
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nación indígena previa a la nación boliviana. Se trata de una lucha por la dirección o la hegemonía dentro del campo popular, a la que no es ajeno el clivaje entre los campesinos del altiplano y los cocaleros. En opinión de Álvaro García Linera (en Ramírez Gallegos y Stefanoni, 2006: 104-105), estas “diferencias entre moderados y más radicales, entre una estrategia más insurreccional y una más electoral, entre un discurso más étnicamente nacionalista o de nacionalismo indígena, y un discurso más de multiculturalidad con base indígena, tiene que ver con procedencias sociales, con historia de acumulaciones sociales muy distintas, pero cabe situarlas como diferencias étnico-clasistas duras, a pesar de que ambos sectores forman parte de un bloque emergente que busca protagonismo político, distribución de las riquezas y en el que -incluso- se observa el surgimiento de una nueva elite”. La experiencia de estos nuevos movimientos sociales de base indígeno-campesina muestra un importante aporte a la construcción de poderes no estatales o, tal vez mejor, poderes societales., todavía más una condición de posibilidad que una condición de realización. Recuperación y crisis de la vieja democracia y revolución democrática y cultural Desde 1982, cuando los militares abandonaron el poder, Bolivia vive una etapa de continuidad del orden constitucional inédita en su historia, no exenta de una cuota de inestabilidad política. El 10 de octubre de 1982, Hernán Siles Zuazo accedió a la presidencia escamoteada en 1979-1980. Su gestión llevó adelante un programa moderado de reformas, especialmente para atender la crítica situación de la economía, enfrentando movilizaciones obreras, campesinas y populares que presionaron sobre el gobierno y lograron que diversas leyes permitieran su intervención en la gestión económica de las empresas, en comités populares de abastecimientos alimentarios, de salud y de educación. La experiencia gubernamental de la Unidad Democrática y Popular (UDP) estuvo fuertemente condicionada por la crítica coyuntura económica (agravada por la previa depredación de los recursos públicos practicada por los militares), la movilización constante de la Central Obrera Boliviana (COB), algunos conatos militares golpistas y la fuerte oposición del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) y de la Acción Democrática Nacionalista (ADN), del ex dictador Hugo Banzer. Aunque Siles Zuazo no concluyó su mandato, la continuidad institucional del país no se interrumpió, si bien discurrió con sobresaltos: hasta hoy, el país tuvo diez presidentes, cuando debieron ser siete, incluyendo al actual.4 Durante los noventa –especialmente bajo la primera presidencia de Gonzalo Sánchez de Lozada, también Bolivia tuvo su etapa neoliberal. Bolivia tiene una tradición de revueltas indígenas de envergadura que, aunque discontinuas, han marcado momentos históricos, como en los casos de las encabezadas por José Gabriel Condorcanqui (Tupac Amaru) y Julián Apaza (Tupac Katari), en 1780-1782, y por Pablo Zárate, el terrible Willka, en 1899. En el siglo XX, los proletarios mineros y los campesinos fueron protagonistas centrales de la Revolución Nacional de 1952. En esa saga, la gestación de los nuevos movimientos sociales puede fecharse en 1986, con la realización de la Marcha por la Vida y por la Paz, respuesta vana del sindicalismo minero –la columna vertebral de la Revolución de 1952 y sujeto social y político principal desde entonces- a la decisión del gobierno de Víctor Paz Estensoro (el mismo que había encabezado aquélla) de desnacionalizar la minería, terminar con la histórica Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL) y despedir a unos 20.000 trabajadores. Los mineros fueron “relocalizados”, asentándose en otros lugares del país –la mayoría en El Alto, ciudad contigua a La Paz, otros en el Chapare, donde se tornaron campesinos cocaleros, y los menos en el occidentedonde se organizaron e interactuaron con otros grupos sociales. El principal capital que llevaron y emplearon fue su experiencia sindical (proletaria, unos; campesina, otros), a partir de la cual

Hernán Siles Zuazo (1982–1985); Víctor Paz Estenssoro (1985–1989); Jaime Paz Zamora (1989– 1993); Gonzalo Sánchez de Lozada (1993-1997); Hugo Banzer Suárez (1997-2001); Jorge Quiroga Ramírez (2001–2002); nuevamente Gonzalo Sánchez de Lozada (2002–2003); Carlos Mesa Gisbert (2003–2005); Eduardo Rodríguez Veltzé (2005-2006); Evo Morales Ayma (desde 2006).
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reconstruyeron, o construyeron nuevas, redes sociales. Desde allí recuperaron la política y la iniciativa. A su vez, los indígenas de la Amazonía boliviana -más independientes del Estado y del movimiento obrero-, que estaban en lucha con empresas madereras, realizaron en 1990 una exitosa Marcha por el Territorio y la Dignidad: consiguieron que el Estado otorgara títulos de propiedad a los pueblos indígenas (más de dos millones de hectáreas) y, en 1996, por ley, el reconocimiento de los derechos territoriales de los pueblos originarios. Siete de éstos lo obtuvieron durante el primer año (con una superficie de 2.800.000 hectáreas). Histórico escenario de conflictividad, el Altiplano también se movilizó: lo hizo a partir de 2000, con la “Guerra del Agua”, en Cochabamba, y las “Guerras del Gas”, en todo el país, en 2003 y 2005. De allí devinieron las dos prioridades que formuló el movimiento: la nacionalización de los recursos petrolíferos (el gas, en particular) y la convocatoria a Asamblea Constituyente para refundar el país sobre nuevas bases. La refundación de Bolivia es un objetivo estratégico en un país donde casi el 70 por ciento de la población es indígena (en su mayoría Bolivia, quechuas, aymaras y guaraníes). Esas “guerras” fueron el desencadenante de un formidable proceso de movilización social y política que en las elecciones de diciembre de 2005 llevó a Evo Morales a la presidencia con un triunfo arrollador en la primera vuelta (53,7 % de los votos). Se hizo cargo en enero de 2006. En el discurso inaugural ante el Congreso Nacional trazó cinco líneas centrales para su gestión: 1) la reforma de las estructura del Estado; 2) la recuperación del control estatal de los recursos naturales; 3) la refundación de Bolivia a través de la Asamblea Constituyente y del referéndum autonómico; 4) la modificación de la política de tierras y 5) políticas sociales para los sectores más deprimidos del país. Morales no tardó en hacer efectivas sus promesas electorales. El 1ª de mayo –fecha simbólicapuso en marcha la recuperación de los recursos naturales por parte del Estado mediante un Decreto Supremo que obliga a las empresas petroleras a entregar la producción de hidrocarburos a Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), empresa estatal dotada de la facultad de comercializar, definir condiciones, volúmenes y precios para los mercados externo e interno.5 También se obligó a las empresas extranjeras a firmar nuevos contratos para la exportación de hidrocarburos con aprobación del Congreso. Hasta entonces, el Estado era, constitucionalmente, propietario de los recursos en el subsuelo, mientras que cuando los mismos salían a la superficie la propiedad pasaba a las compañías extranjeras. Con la nueva política, el Estado recuperó la totalidad de la propiedad de los recursos gasíferos y petrolíferos, permitiendo a las empresas extranjeras continuar con la explotación, pero entregando al Estado lo producido, recibiendo una retribución por ello (entre 18 y 50 % por ciento del valor del producto). Por otra medida fue revocado el contrato con Aguas del Illimani, filial de la francesa Lyonnaise des Eaux, proveedora de agua en La Paz y el Alto. En su lugar fue creada la Empresa Pública Social de Agua y Saneamiento. En mayo de 2008, Morales decretó la compra de la mayoría accionaria de la empresa Andina -hasta entonces controlada por la española Repsol-YPF- y nacionalizó por decreto otras tres petroleras multinacionales -Chaco, de la británica British Petroleum; la operadora de ductos Transredes, administrada por la también británica Ashmore y la anglo-holandesa Shell, y la Compañía Logística de Hidrocarburos Boliviana (CLHD), de capitales peruanos y alemanes-, de modo tal que el Estado pasó a controlar el 50 por ciento más uno de las acciones de las dos primeras, y la totalidad de la tercera. También nacionalizó la mayor telefónica del país, Entel, filial de la italiana Telecom.

5 YPFB fue creada a fines de 1936 por el gobierno reformista militar, según el modelo de Yacimientos Petrolíferos Fiscales de Argentina. Fue parcialmente privatizada y relegada de la producción a partir de 1997, en el marco de las políticas neoliberales.

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El 2 de julio de 2006 se dieron a conocer siete Decretos Supremos sobre la política de tierras, los cuales dispusieron completar el proceso de saneamiento de la propiedad agraria y distribuir entre 2 millones y 4,5 millones de hectáreas de tierras fiscales a pueblos y comunidades indígena sin tierra. Se dispuso la recuperación estatal de las tierras que no cumplan una función económica y social, aun cuando sus propietarios hayan pagado los impuestos correspondientes. El criterio es si las tierras son o no trabajadas. Los terratenientes y los burgueses del Oriente, como es obvio, se opusieron, alegando la seguridad jurídica de las inversiones y el derecho de uso de las tierras productivas, las cuales, a su juicio, deben ser propiedades extensas conforme las características de la producción en los llanos bolivianos. Los campesinos se movilizaron hasta La Paz reclamando la reversión de tierras, mientras que los grandes propietarios lo hicieron demandando la ampliación del proceso de saneamiento de tierra y la verificación del cumplimiento de las tierras observantes de la función económica y social. En noviembre del mismo año, el Senado, bajo presión y con la parcial ausencia de la oposición, aprobó la Ley de Reconducción Comunitaria de la Reforma Agraria, concebida como transitoria, a la espera de la decisión del nuevo marco constitucional. A la Asamblea Constituyente le fue transferida también la resolución de cuestiones clave como la definición legal de latifundio y, por tanto, la extensión máxima permitida de las propiedades rurales (inmodificada desde la Reforma Agraria de 1953, que la fijó entre 2.5001 y 50.000 hectáreas para las ganaderas), la modificación del parámetro técnico de carga animal por hectárea (hasta ese momento fijado en 5 has. por cabeza de ganado mayor en las medianas y grandes propiedades), las competencias y atribuciones en materia agraria en las instancias municipal, departamental y nacional. En octubre de 1996, la Ley Agraria 1715 había establecido un plazo de 10 años para ejecutar y concluir el proceso de saneamiento de la propiedad agraria. En ese lapso sólo fue saneado el 28 %, mientras un 15 % se encontraba en trámite y el 57 % permaneció sin sanear. La nueva Ley Agraria (nº 3545) dispuso, entre otras medidas, incorporar al concepto integral de la Función EconómicoSocial el desconocimiento de los desmontes ilegales como cumplimiento de dicha función y, por ende, su consideración como medio para consolidar el derecho de propiedad agraria. También estableció que la expropiación de ésta procederá por causal de utilidad pública (v.gr., reagrupamiento, redistribución de tierras) calificada por ley, adjudicándose las tierras expropiadas a los pueblos indígenas y/u originarios afectados por el proceso de saneamiento (lo cual benefició a familias guaraníes del Chaco boliviano). Otra medida importante fue la incorporación del concepto equidad de género en el proceso agrario, otorgándose prioridad y garantía a las mujeres en la participación del saneamiento y la distribución de tierras fiscales. En términos de gestión, la ley amplió el mecanismo de control social al garantizar la participación de organizaciones sociales y productores, al tiempo que facultó la atribución presidencial de otorgar personería jurídica a pueblos indígenas y comunidades campesinas si se constata que los gobiernos municipales o las prefecturas se niegan o demoran injustificadamente por más de 45 días corridos la concesión de tal personería. Asimismo, la ley obliga al Estado a dotar de apoyo técnico y económico a las comunidades campesinas, indígenas y originarias beneficiadas por la asignación de tierras fiscales. Otra de las primeras medidas de su gobierno fue convocar a una elección para elegir los constituyentes, la cual se realizó mediante el procedimiento clásico, es decir, la ciudadanía debió elegir sus candidatos en listas presentadas por los partidos políticos y no por los movimientos sociales, como éstos reclamaron en vano. La decisión no fue ni es una cuestión menor. Con una muy alta participación (84.4 %), fueron ganadas holgadamente, el 2 de julio de 2006, por el MAS, que, con el 51 % de votos ratificó su condición de fuerza política mayoritaria, notoriamente en las áreas rurales. Logró 137 escaños (sobre 255), cifra que no le permitió alcanzar el objetivo de los dos tercios (170) necesarios para imponer sin negociaciones sus propuestas fundamentales. Es decir, puso al partido de gobierno en situación de negociación con la oposición. La derecha representada por el Poder Democrático y Social (Podemos) bajó su caudal electoral a 20,4 % (contra 30% en las presidenciales) y obtuvo 60 bancas.
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El MAS se impuso en siete de los nueve departamentos de Bolivia, inclusive en Santa Cruz (26,4 %) y Tarija (40, 8%), destacándose los triunfos en La Paz, Cochabamba y Oruro (>60 por ciento). Podemos, el partido encabezado por el ex Presidente Tuto Quiroga Ramírez ganó en los otros dos, los pequeños Beni y Pando, en el Oriente. Los demás escaños se repartieron en varias organizaciones pequeñas, incluyendo en ellas al otrora poderoso Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), cabeza de la Revolución Nacional de 1952, que concurrió aliado con el Frente Revolucionario de Izquierda (FRI) y el Movimiento Bolivia Libre (MBL) y apenas pudo elegir, al igual que la Unidad Nacional (UN), de centro, ocho constituyentes. La Constituyente fue convocada, como se señaló antes para refundar radicalmente el Estado Boliviano sobre la base del reconocimiento de la pluralidad étnica. También para definir la estrategia a seguir en dos cuestiones muy sensibles: el control de los recursos naturales, hidrocarburos y tierras y las autonomías departamentales6 Simultáneamente con la elección de constituyentes la ciudadanía se expidió respecto de la cuestión de las autonomías departamentales. Aquí, los resultados del referéndum también fueron, en términos nacionales, favorables al gobierno, pero no exentos de ambigüedad: el 57,7% de los electores votó en contra de ellas y el 42,5% a favor. El No fue del 76 en Oruro, 73,5 % en La Paz, 73 % en Potosí, 63 en Cochabamba y 62 % en Chuquisaca. Pero en Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando el voto masivo por el Si fue un dato significativo: 74 % en Beni, 71 % en Santa Cruz, 61 % en Tarija y 58 % en Pando. Las cifras fueron un claro indicador de la ampliación de la brecha entre el Occidente y el Oriente del país El largo y conflictivo proceso constituyente, iniciado en agosto de 2006, concluyó en diciembre de 2007, cuando la Asamblea (con la presencia de representantes de diez fuerzas políticas y la ausencia de los 90 de Podemos, que alegaron la “ilegalidad” de las reuniones) aprobó en forma definitiva el texto de la nueva Constitución Política del Estado (CPE), el cual debía ser refrendado por el pueblo en un posterior proceso electoral. En el ínterin, los militantes derechistas hostigaron continuamente a los asambleístas oficialistas, principalmente a los indígenas, campesinos y mujeres. La violencia fue tanto simbólica cuanto física. El artículo 1ª define a Bolivia como “un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, libre, independiente, soberano, democrático, intercultural, descentralizado y con autonomías. Bolivia se funda en la pluralidad y el pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico, dentro del proceso integrador del país”, mientras el 3º dispone que “´[l]a nación boliviana está conformada por la totalidad de las bolivianas y los bolivianos, las naciones y pueblos indígena originario campesinos, y las comunidades interculturales y afrobolivianas que en conjunto constituyen el pueblo boliviano”. El artículo 2º, a su vez, establece: “Dada la existencia precolonial de las naciones y pueblos indígena originario campesinos y su dominio ancestral sobre sus territorios, se garantiza su libre determinación en el marco de la unidad del Estado, que consiste en su derecho a la autonomía, al autogobierno, a su cultura, al reconocimiento de sus instituciones y a la consolidación de sus entidades territoriales, conforme a esta Constitución y la ley”. La capital es reinstalada en Sucre (art. 6º). Sin parangón en el mundo, los servicios básicos -agua,

El Estado boliviano, unitario, se divide, administrativamente, en departamentos y éstos en provincias, secciones de provincia y cantones. Los departamento son nueve, ordenados según su población: La Paz (28,9 %),
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Santa Cruz (26,2 %), Cochabamba (18,5 %), Potosí (8,5 %), Chuquisaca (5 %), Tarija (4,5 %), Oruro (4,2 %), Beni (4 %) y Pando (0,7 %). Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando (que suman el 35 % de la población del país) son los

departamentos del Oriente o de la media luna. Los cinco restantes, los del Altiplano. Cada departamento es dirigido por un Consejo Departamental nombrado por las municipalidades y un Prefecto que, desde 2005 es elegido en votación popular, directa y secreta por la ciudadanía. El gobierno de Evo Morales ha nombrado en cada departamento un delegado representante del gobierno central.
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luz, teléfono- son definidos como un derecho humano y, por tal carácter, de propiedad pública intransferible al capital privado. Empero, la derecha resistió la resolución de la Asamblea, en particular a través de los comités cívicos formados en los cuatro departamentos de la media luna. Ellos han sido y son la expresión organizada de la burguesía y los terratenientes y sus aliados de clase media, que –después de usufructuar secularmente del centralismo estatal- se han tornado autonomistas por razones étnicas y de clase. Estas razones son de carácter estructural (en el sentido gramsciano del término), es decir, de larga duración. Nunca han sido democráticos ni lo son ahora. Sus intereses siempre han sido antidemocráticos, antipopulares, antinacionales y fuertemente opositores a la justicia social y al reconocimiento de la condición indígena de la mayoría del pueblo. Las palabras de Gabriela Oviedo Serrate, Miss Bolivia 2004, señalada en la apertura de este artículo, constituyen una definición paradigmática de una clase y de un grupo étnico que desprecia a los pueblos originarios y emplea contra ellos los epítetos y calificativos más denigrantes y despreciativos de la lengua castellana. Siguen siendo, como siempre, opositores a la nacionalización de los recursos naturales y energéticos y a la reforma agraria favorable a los campesinos. Son fieles aliados del imperialismo norteamericano. Dos medidas de justicia social tomadas por el gobierno irritaron a esos sectores: el Bono Juancito Pinto y la Renta Dignidad. El primero es un incentivo monetario de permanencia escolar, al que cada niño accede en beneficio de su familia al completar la educación anual en colegio (primer a octavo grados). La segunda es el pago, por el Estado, de una mensualidad a toda persona mayor de 60 años, jubilada o no, sea del campo o de la ciudad, para que pueda vivir con dignidad y tranquilidad hasta su muerte. La irritación fue mayor aún porque la asignación de esos recursos a niños y ancianos –distribución y control- es realizada por el Estado y no por los departamentos o las prefecturas, quitándoles a éstas la posibilidad de desvío o manipulación de los fondos. Además, contando con la solidaridad de Cuba y Venezuela, el gobierno de Morales lanzó una intensa campaña alfabetizadora que, en su primera etapa, favoreció a casi 700.000 personas de comunidades, sindicatos, barrios y ciudades. El gobierno estima poder terminar definitivamente con el analfabetismo en un lapso breve. Cuba, además, ha desempeñado y desempeña un papel fundamental en la provisión de ayuda médica. La derecha se ha empeñado en una campaña xenófoba contra médicos y alfabetizadores cubanos y venezolanos, a los cuales quiere expulsar del país, al tiempo que califica a Hugo Chávez de macaco. El insulto y el agravio en las expresiones utilizadas por los cívicos contra el Presidente son demostración de intolerancia y de incultura política, como el Evo, Evo cabrón, sos un hijo de puta, la puta padre que te parió coreado por estudiantes santacruceños.7 Históricamente, el Altiplano fue, desde la conquista y colonización española y la República, en particular en su larga fase oligárquica, e incluso durante la Revolución Nacional de 1952, el centro demográfico, económico y político del país. Pero en las décadas finales del siglo XX y lo que va del XXI, Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando han estado creciendo económicamente de modo muy relevante, sobre todo los dos primeros. Santa Cruz es, geográficamente, el departamento más extenso; también el de mayor capacidad económica: aporta el 31% del PBI y el 50% de la producción agrícola (soja, producida por capitales locales, brasileños, argentinos y colombianos; girasol, azúcar, leche, ganado, madera) y posee El Mutún, un enorme yacimiento de mineral de hierro y manganeso (relicitado por el gobierno de Morales y adjudicado a la multinacional Jindal Steel & Power con sede en India, la cual deberá asociarse al Estado para explotarlo) y el pozo de gas Ipatí en Incahuasi, compartido con el departamento de Chuquisaca.

Como se aprecia en el video documental Los guerreros del Arco Iris (2008), donde también pueden escucharse los adjetivos descalificadores que los autonomistas utilizan para referirse a los indígenas. Amén de la violencia física ejercida sobre ellos, en algún caso tan sólo porque el agredido vestía camisa azul (color de la bandera del MAS).
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En el territorio de Tarija se encuentra la mayor riqueza gasífera, cuya extracción y comercialización lo convierte en el departamento con mayor PBI per cápita (1.700 dólares, doblando la media nacional), logro favorecido por un menor número de habitantes. Beni y Pando, en cambio, tienen menor crecimiento económico. Beni produce cacao, café, castañas, yuca, goma -pese a lo cual es, después de Potosí, el departamento con menor PBI por habitante-, mientras Pando es productor de madera, arroz, caucho y frutas. Sobre esa base de poder económico, más el control de los medios de comunicación, burgueses, terratenientes y derechistas comenzaron una campaña antigubernamental cargada de odio racista y de amenaza de secesión. Tuvieron un poderoso apoyo: el del embajador norteamericano, Philip Goldberg, ex jefe de la Oficina del Departamento de Estado para Bosnia durante la Guerra de los Balcanes y que trabajó en Kosovo para la separación de Serbia y Montenegro. Su escandalosa ingerencia en la política interna –junto a los autonomistas, en particular los Prefectos de Santa Cruz, Rubén Costas, y Cochabamba, Manfred Reyes Villa- llevó al gobierno a declararlo persona no grata y expulsarlo del país en septiembre de 2008. Inicialmente, la derecha apeló a un recurso ilegal y a uno legal para terminar con el gobierno de Evo Morales. El ilegal fue la convocatoria a referéndum autonómico en los cuatro departamentos de la media luna, rechazado tanto por el Ejecutivo cuanto por las organizaciones internacionales. El legal fue el de la presentación en el Congreso de un proyecto de referéndum para que la ciudadanía se expidiese respecto de la continuidad o no del Presidente, el Vicepresidente y los Prefectos (todos elegidos en 2005) en sus respectivos cargos. El gobierno hizo suyo el proyecto y así fue promulgada la Ley del Referéndum Revocatorio de Mandato, el cual se llevó a cabo el 10 de agosto de 2008. Resultó un hecho clave en el desarrollo de la coyuntura política. Los resultados resultaron abrumadora, inequívocamente favorables a Morales-García Linera, quienes fueron ratificados con el 67,43 % de los votos. En Potosí y La Paz el porcentaje de la ratificación fue del 84 y 80 %, respectivamente. En el campo, el apoyo osciló entre el 80 y el 90 por ciento. En los opositores departamentos de Santa Cruz, Tarija y Pando, “el poncho y la corbata” obtuvieron 40, 50 y 54 por ciento. Siete de los nueve Prefectos fueron ratificados, y dos –los de La Paz (José Luís Paredes, de Podemos) y Cochabamba (Manfred Reyes Villa, ex capitán del Ejército formado en la Escuela de las Américas, de la Alianza Democrática Nacional, el partido de derecha del ex dictador Hugo Banzer)- fueron revocados por la ciudadanía de sus respectivos departamentos. Los Prefectos de Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando obtuvieron resultados importantes, sobre los cuales se montaron para situarse en posición de rebeldía, desconociendo el mandato popular y llamando a la intervención militar. La profundización de la crisis política impulsada por la derecha fue una inequívoca demostración de su desprecio por la democracia, aun la formal a la cual dicen adherir. Álvaro García Linera (2008b: 11) caracterizó al momento como un empate catastrófico, una situación de tensionamiento encaminada “hacia un punto de bifurcación para lograr la estabilización estratégica de un nuevo sistema estatal. Ese punto de bifurcación fue anunciándose a través de las sucesivas crisis políticas y creo que el gobierno mismo puso en marcha una serie de medidas políticas estratégicas que, a modo de defensa del proceso, aceleraron el momento de la bifurcación”. El 14 de agosto, los Prefectos opositores decidieron impedir el aterrizaje de los aviones que llevaban a autoridades legales y constitucionales del país a los aeropuertos de ciudades bajo su jurisdicción y promovieron el accionar de grupos de choque parapoliciales. También, en abierto desconocimiento de las atribuciones y poder del Congreso y del Presidente, convocaron a elecciones de consejeros departamentales. El 16, en Santa Cruz, algunos de esos grupos de choque atacaron el Comando Departamental de la Policía con la obvia intención de hacerse de armamentos. A juicio del gobierno, se trataba de un verdadero intento de golpe de Estado, de nuevo tipo, no el clásico dado por las Fuerzas Armadas. En esa misma línea debe situarse la convocatoria a un paro y al bloqueo de
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caminos y carreteras que esos mismos Prefectos y los Comités Cívicos realizaron el 17 y 22, procurando el desabastecimiento general de alimentos. El 23 de agosto, un dirigente cívico del Beni clamó por una sublevación armada en contra del gobierno constitucional, mientras el presidente del Comité Cívico pro Santa Cruz -Branco Marinkovic, un inmigrante de origen yugoeslavo, industrial, acusado por la Federación Internacional de Derechos Humanos, con sede en París, de promover una sistemática campaña de violación de los derechos humanos y del rebrote del racismo- declaró la insuficiencia de la consigna autonomista y levantó la del federalismo, no por genuinos principios sino por el oportunismo para impedir que el gobierno nacional adverso ejerza el legítimo y constitucional control estatal en el departamento. El 28, los Prefecto de la media luna y los presidentes de sus Comités Cívicos aprobaron la realización de acciones de fuerza escalonada, incluyendo algunas de carácter terrorista y delincuencial, en contra del Estado boliviano, del gobierno y las instituciones. El 31 dio comienzo el bloqueo de caminos en Santa Cruz, Tarija y Beni, y un paro indefinido en los cuatro departamentos. Se impidió el ingreso de combustibles a las ciudades. El 1 de septiembre, los prefectos sediciosos desconocieron la convocatoria presidencial a un Referéndum Constitucional para aprobar la nueva Constitución Política del Estado y obligaron a las Cortes Electorales Departamentales a desconocer la autoridad y la decisión legal del Presidente de la República. En la combinación de acciones administrativas y de fuerza, el 2 los Comités Cívicos del Chaco decidieron bloquear y amenazaron con hacer explotar las instalaciones de gas y petróleo de la zona. El 3, las Federaciones de Ganaderos de Santa Cruz y Beni anunciaron el cese del despacho de carne a los departamentos del Occidente, medida destinada a generar la especulación de precios de los alimentos fundamentales de la canasta familiar. El 8 se impidió el acceso el acceso a las instalaciones petroleras ubicadas en los cuatro departamentos. “El martes 9, se inició el ataque generalizado a instituciones del Estado boliviano. En Santa Cruz, se atacó el Canal 7 y la Red Patria Nueva (radio), ambos estatales, y los quemaron. Atacaron el centro de telecomunicaciones del Estado, se lo quemó, saqueó y destruyó. Se destruyó y quemó también el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), institución encargada del saneamiento y distribución de tierras. En todo el departamento, se atacó cerca de 45 instituciones que quedaron destruidas, saqueadas, robadas y paralizadas por esta decisión cívica prefectural del golpe de Estado en marcha. En el resto del país, una totalidad de 75 instituciones del Estado que tienen que ver con comunicación, tierra, recursos naturales, información y administración del Estado, fueron destruidas, tomadas, saqueadas y paralizadas” (García Linera, 2008b; 13-14). El mismo día, los derechistas tomaron los aeropuertos para impedir, sobre todo, el aterrizaje de las fuerzas nacionales encargadas de restablecer el orden, al tiempo que se atacaron puestos policiales y militares, desarmando a efectivos y apoderándose de material bélico. En opinión de García Linera, “para el 9 de septiembre ya estaba tomado el control territorial de instituciones, centros de información y comunicación, y de los aeropuertos de estos cuatro departamentos del país”, como parte del plan de controlar territorialmente parte del país para desconocer al gobierno del Presidente Evo Morales (…) El golpe de Estado estaba en su momento cumbre” (2008b: 14). El 10, grupos de choque golpistas cerraron las válvulas de gas y petróleo para impedir el abastecimiento de Santa Cruz, Cochabamba, La Paz, Oruro y Potosí e hicieron explotar otra para cortar el flujo de gas a Argentina y Brasil. El 11 de septiembre, el Prefecto de Pando, Leopoldo Fernández, ordenó una operación represiva que mató a más de 15 campesinos indígenas que se dirigían a una reunión en defensa de la democracia, con el objetivo de “dar un castigo ejemplarizador para que nunca más se atrevan a desconocer a sus patrones”. Al parecer, acciones similares estaban previstas en Beni, Santa Cruz y Tarija. El mismo prefecto de Pando intentó desconocer las autoridades departamentales de instituciones estatales y suplantarlas por otras designadas por él. “Cuando pensábamos que se había cerrado la etapa de los golpistas en nuestro país, en pleno siglo XXI, nuevamente renació, pero no de las instituciones del Estado, policías y militares fieles al
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mando constitucional, sino de autoridades cívicas y de algunas autoridades electas que quisieron crear, en el oriente, un territorio donde se desconocía al Presidente Evo Morales, al gobierno constitucional y, seguramente, si llegaba el momento, hubieran pedido luego algún tipo de intervención extranjera para que Bolivia quedara partida en dos. Incluso hubo un dirigente cívico en el Beni que pidió convertir Beni y Santa Cruz en un protectorado de alguna potencia extranjera, tremenda barbaridad colonial. ¡Protectorado en tiempos en que ya no hay colonialismo! Un protectorado significaba simplemente el quiebre, la partición de la unidad territorial de la patria” (García Linera, 2008b: 15). A juicio del Vicepresidente, cuatro factores impidieron la continuidad y eventualmente el triunfo del intento golpista cívico-prefectural: 1) “la decisión de un gobierno firme que aguantó humillaciones, insultos, persecución, insolencias, soberbias y agresiones, pero que llegado el momento tomó una decisión histórica y patriótica: expulsar al embajador de EEUU, Philip Goldberg, el 9 de septiembre, justo en el momento en que el plan golpista estaba en su apogeo”; 2) la declaración de estado de sitio en Pando, tras la masacre de campesinos, para impedir nuevas acciones similares, para lo cual se dispuso el envío de efectivos militares, los cuales fueron recibidos a balazos por los golpistas, hasta que las Fuerzas Armadas, obedeciendo las órdenes presidenciales, lograron controlar la situación; 3) la movilización social, activada y fortalecida tras la expulsión de Philip Goldberg y la declaración del estado de sitio. Incluso en Santa Cruz, en el “momento en que se iba desplegando el ataque a instituciones, la quema de oficinas, la destrucción de canales de televisión y de radio, de los expedientes de tierra que favorecían a los campesinos, (…) el pueblo cruceño, sus organizaciones campesinas y urbanas, tomaron la decisión de movilizarse para defender la Constitución y la democracia. Pero la fuerza fundamental de la resistencia, como siempre, la desplegaron los indígenas y campesinos de Santa Cruz que desde distintas comunidades se levantaron y comenzaron a marchar para recuperar el control constitucional y democrático de la ciudad (…), y defendieron la dignidad con una gran marcha por la democracia y por la patria. Cerca de 30 mil campesinos marcharon desde distintas regiones para llegar a la ciudad de Santa Cruz, y dentro de ella, jóvenes, profesionales, comerciantes, gremiales, vecinos, comenzaron a prepararse para recibir a los compañeros del campo que venían a defender al gobierno, al cambio, a la democracia y a la Constitución”; 4) la solidaridad de la comunidad internacional. Una reunión de emergencia de la recientemente constituida, por los doce países de la Unión de Naciones del Sur (UNASUR), realizada en Santiago de Chile, declaró por unanimidad una contundente defensa de la democracia, del gobierno constitucional legalmente establecido y el repudio al golpe cívico prefectural en marcha (García Linera, 2008b: 15-16). Es una situación de crisis de la nación, el Estado y la sociedad civil, con un costo alto en vidas humanas y al borde de la guerra civil, el gobierno central se mantuvo escrupulosamente dentro de las reglas del juego democrático, sorteó todas las provocaciones y movilizó al pueblo, mientras la derecha no vaciló en saltar la línea de la legalidad, boicoteando las sesiones de la Constituyente, desconociendo la voluntad popular, realizando referendos separatistas ilegales, intentando el golpe de Estado, apelando al terror una y otra vez (práctica con incidencia en los referendos separatistas). Con el respaldo del pueblo y las Fuerzas Armadas y de seguridad sujetas al poder civil, el gobierno pudo dar un paso más en el proceso de la Revolución Democrática y Cultural y la construcción del capitalismo andino, como le denomina García Linera, el cual por ahora no es más que un modesto capitalismo de Estado. Fortalecido, el gobierno se avino a negociar con la derecha los términos del referéndum constitucional. En octubre, una masiva marcha (unas 100.00 personas) avanzó hasta La Paz, llegando hasta las puertas del Congreso, reclamando la realización del referéndum constitucional. “El pueblo no les va a dar gusto a estos rateros y maleantes con sus chantajes. Si no sacan la ley nos quedamos para cerrar el Congreso. Si el presidente no lo ha hecho, el pueblo lo va a hacer ahora”, resumió Leonilda Zurita, de la Federación Nacional de Mujeres Campesinas Bartolina Sisa (FNMC-BS). Los
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legisladores debatieron durante doce días el texto aprobado en diciembre de 2007 y acordaron modificar 100 de los 411 artículos y convocar a elecciones generales en diciembre de 2009.8 Aquí, el punto en cuestión era -respecto del artículo 168, que fija la duración de mandato del Presidente (o de la Presidenta) y del Vicepresidente (o Vicepresidenta) en cinco años y permite su reelección continua por una sola vez- si el mandato actual de Morales y García Linera era o no computable. Si no lo era, ambos podían presentarse en 2009 y, de ganar, otra vez en 2014 y si volvían a ganar gobernarían hasta 2019, perspectiva y posibilidad que fastidiaba mucho a la derecha. El oficialismo se pronunció por considerar el mandato en curso como primer período, limitando la posibilidad de la reelección a 2009, cesando en 2014 si triunfasen. En la decisión pesó la evaluación de un resultado favorable en las elecciones generales de diciembre de 2009, el cual permitiría al MAS obtener la mayoría absoluta en ambas Cámaras (actualmente sólo lo es en Diputados) y con ella avanzar en los proyectos de ley para refundar Bolivia. El otro punto fundamental fue el contemplado por el artículo 398 de la CPE, referido a la cuestión del latifundio. Según él, el latifundio y la doble titulación son prohibidos por “ser contrarios al interés colectivo y al desarrollo del país. Se entiende por latifundio la tenencia improductiva de la tierra; la tierra que no cumpla la función económica social; la explotación de la tierra que aplica un sistema de servidumbre, semiesclavitud o esclavitud en la relación laboral o la propiedad que sobrepasa la superficie máxima zonificada establecida en la ley”. Hasta ahí, hubo acuerdo. La discrepancia estaba en la última línea del artículo, cuya redacción definitiva quedó sujeta al resultado del Referendo Dirimitorio, a realizarse simultáneamente con el de la Constitución toda. Según la opción a), “[e]n ningún caso la superficie máxima podrá exceder las diez mil hectáreas”; según la opción b) las cinco mil hectáreas. En el transcurso del debate parlamentario, Podemos –hasta entonces segunda fuerza política del país y primera de la derecha- se fracturó. Sus representantes de Beni y Santa Cruz rechazaron el llamado a elecciones, a pesar del acuerdo firmado por todos los jefes de bancada. Así, el gobierno pudo hacer efectiva la convocatoria al referéndum para la aprobación o el rechazo de la nueva CPE, postergado durante un año por las maniobras de la derecha. El mismo tuvo lugar el 25 de enero de 2009 y el resultado fue holgadamente favorable al Sí: 61,43 por ciento a nivel nacional. En los departamentos, el Sí triunfó en Potosí (80 %), La Paz (78 %), Oruro (74 %), Cochabamba (65 %) y Chuquisaca (51,5 %). El No lo hizo en Beni (67 %), Santa Cruz (65 %), Pando (59 %) y Tarija (57 %). Aún así, la derecha otra vez rehusó aceptar la voluntad popular y sus representantes hablaron de un empate que obligaba a un pacto. Mas matemáticamente, como es obvio, 61 a 39 no es empate. En el Referendo Dirimitorio de la extensión máxima de la propiedad de la tierra, la opción por las 5.000 hectáreas se impuso abrumadoramente: casi el 81 por ciento. Pero la cláusula rige a futuro, pues el gobierno concedió a la derecha que ella no será aplicada retroactivamente. ¿Tercer Pachacuti? Hasta aquí, el tortuoso proceso ha mostrado los reiterados triunfos del proyecto popular y las reiteradas derrotas de la derecha. Por primera vez en su historia, Bolivia tiene una Constitución aprobada por una amplísima participación ciudadana. Es una Constitución de avanzada, pero no es socialista. En materia de propiedad reconoce cuatro formas: comunitaria, estatal, cooperativa y privada. Un gran logro es el del reconocimiento de la centralidad de los pueblos originarios en el proceso de refundación de Bolivia, merecidísimo tras una plurisecular exclusión que condenó a la
El texto completo de la nueva Constitución Política del Estado, tras las reformas de octubre de 2008, puede verse en http://www.comunica.gov.bo/abi/banner_240_240/nueva_cpe.pdf. El aprobado en 2007 se encuentra, entre otros sitios, en http://www.scribd.com/doc/6056118/Nueva-Constitucion-Politica-deBolivia-Texto-completo-aprobado-2007.
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mayoría de la población (60ª 70 % en todo el país, más del 80 % en el campo) a la condición de no ciudadanos. No hay que olvidar que durante medio milenio, los pueblos originarios fueron sistemática e ininterrumpidamente robados, explotados, humillados, despreciados, negados, objeto de todas las violencias físicas y simbólicas. Empero, la coyuntura todavía no está cerrada. Burgueses y terratenientes y sectores de clase media aliados se resisten a aceptar los resultados transparentes, inobjetables y categóricos de la ciudadanía, violentando las reglas de la democracia que tanto proclaman defender. Esas reglas parecen ser aceptables sólo cuando favorecen a sus intereses de clase y de pertenencia étnica. El resultado se derechaza porque es la suma de voto de los indios. El odio étnico y de clase les guía todavía y esa carga difícilmente podrá ser aliviada en el corto y el mediano plazo. En este terreno, la densidad del coeficiente histórico es elevada, reforzada, además, porque esa clase de blancos y mestizos proyecta (en el sentido psicoanalítico del término) su verdadero sentir cuando imagina la existencia de un racismo al revés, que los convertirá en víctimas de sus antiguos perseguidos. El pueblo ha ganado el gobierno, ha construido una sólida mayoría para llevar adelante un proyecto transformador radical de nuevo tipo, pero todavía no ha conseguido el poder. Éste pertenece todavía, en gran medida, a las viejas clases dominantes, las cuales controlan la economía (la gran propiedad agraria, los bancos, el gran comercio, las fábricas) y casi todos los medios de comunicación, un instrumento de poder y dominación poderosísimo en el mundo actual (manipulación de la información, desinformación, campañas de miedo, etc.). Y, lo que es decisivo, todavía gobiernan en la región más rica del país, con sus enormes recursos naturales estratégicos (petróleo, gas, hierro). El desenlace de la actual coyuntura boliviana es, obviamente, crucial para el pueblo boliviano, cuyo gobierno conducido por Evo Morales ha demostrado una notoria y talentosa habilidad y capacidad para gobernar la protesta. Pero lo es también para el resto de los pueblos latinoamericanos que han comenzado o están buscando el camino de un nuevo cambio social. La Bolivia de la Revolución Democrática y Cultural, aun con toda la imprecisión de ésta, es un verdadero laboratorio políticosocial donde se pone a prueba la fuerza de las clases dominantes para resistir los cambios que afectan sus seculares privilegios y la fuerza de las clases populares para construir una sociedad menos desigual, más justa, más libre, más plural, más democrática. Quizás la vieja profecía incaica se haga realidad y un nuevo Pachacuti ponga las cosas en su lugar.9

9 En el imaginario andino, Pachacuti representa un cambio profundo en los seres humanos, un renacer. Es un tiempo de restitución del poder a los indígenas, a los pueblos originarios y a las clases oprimidas., el fin de un largo período de pecuarias y sometimientos. Has varias profecías, todas optimistas. Según una de ellas, el dejará de estar al revés y volverá a mirar hacia arriba, de modo que el orden y la armonía con la naturaleza serán restituidos. Según este imaginario, actualmente estaríamos en el tercer Pachacuti: “Los nuevos guardianes de la tierra vendrán del occidente, y aquellos que han causado un mayor impacto en la Madre Tierra tienen ahora la responsabilidad moral de rehacer su relación con Ella, después de rehacerse a sí mismos”. Así, “Norteamérica proporcionará la fuerza física o cuerpo; Europa proporcionará el aspecto mental o cabeza; y el corazón lo proporcionará Sudamérica. Para cuando llegue el día en que el Águila del Norte y el Cóndor del Sur vuelen juntos otra vez.”

La expresión remite a Pachacútec o Pachakutiq; noveno monarca inca del Cusco (1438-1471), creador del
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Este artículo fue publicado originariamente en ConCienciasocial, Año IX, Nº 12, Escuela de Trabajo Social, Universidad Nacional de Córdoba (Argentina), octubre de 2009, pp.10-21. [ISSN 0328-2856].

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OBSERVATORIO LATINOAMERICANO
Números aparecidos 1. Haití, febrero 2010 2. Paraguay, mayo 2010 3. Guatemala, agosto 2010 4. Bolivia, octubre 2010 En preparación: Colombia

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