TOM B. BOTTOMORE. “LA ESTRATIFICACIÓN SOCIAL”.

En: Introducción a la sociología, Barcelona, Península, 1978 [1971], Capítulo XI, pp. 221-243. La división de la sociedad en clases o estratos que constituyen una jerarquía de prestigio y de poder es un rasgo prácticamente universal de la estructura social y siempre ha atraído la atención de los filósofos y de los teóricos sociales. Pero sólo con el desarrollo de las modernas ciencias sociales ha sido sometido a un estudio y a un análisis críticos. Los sociólogos acostumbran a distinguir cuatro tipos principales de estratificación social: la esclavitud, 1 los estamentos, la casta, la clase y el status sociales. Examinaremos brevemente los dos primeros tipos, consideraremos luego con mayor detenimiento el fenómeno de la clase social y examinaremos, finalmente, algunas teorías generales de la estratificación social. LA ESCLAVITUD L. T. Hobhouse definió al esclavo como «un hombre considerado por el derecho y la costumbre como propiedad de otro. En los casos extremos carece completamente de derechos, es un simple utensilio; en otros casos, puede gozar de una cierta protección, pero no mayor de la que tienen un buey o un asno». Hobhouse continuaba diciendo: «...si [el esclavo] goza de algunos derechos (por ejemplo, si puede heredar bienes) que no pueden serle negados, excepto en caso de delito, deja de ser un esclavo y se convierte en siervo». 2 La esclavitud representa, por tanto, una forma extrema de desigualdad, en la que algunos grupos de individuos carecen totalmente o casi totalmente de derechos. Ha existido esporádicamente en muchas épocas y en muchos lugares, 3 pero hay dos casos principales de sistema de esclavitud: las sociedades del mundo antiguo, basadas en la esclavitud (especialmente Grecia y Roma) y los estados del sur de los Estados Unidos durante los siglos XVIII y XIX. H. J. Nieboer hizo una excelente descripción de la condición social del esclavo en tales sistemas. «En primer lugar, todo esclavo está sometido a un dueño. Y esta sujeción es de tipo peculiar. Contrariamente a la autoridad que un hombre libre ejerce a veces sobre otro, el poder del dueño sobre
1 Muchos sociólogos actuales prefieren considerar la esclavitud como un «sistema industrial» más que como un sistema de estratificación. Esta actitud está justificada hasta cierto punto. La esclavitud divide a la comunidad en dos sectores distintos, y dentro del grupo de los que no son esclavos puede existir, y normalmente existe, un sistema de estratos. Por consiguiente, la esclavitud no constituye por sí misma un sistema de estratificación. Ahora bien, esta concepción no es del todo convincente, por diversas razones. También puede argüirse que en la sociedad feudal existe una distinción fundamental entre los siervos y los hombres libres, junto con un sistema de estratos dentro de este último grupo. En segundo lugar, todo sistema de estratificación puede considerarse como un sistema industrial; así se hace, por ejemplo, en la teoría marxista donde los esclavos, los siervos y los asalariados entran todos en la categoría de «productores directos», en cuyo trabajo se basa todo el edificio social. Finalmente, si examinamos la estratificación social en términos de desigualdades sociales es legítimo comparar y contrastar la esclavitud, la servidumbre, la casta y la clase. 2 L. H. HOBHOUSE, Morals in Evolution, cap. VII. 3 Artículo «Slavery» en la Encyclopaedia of the Social Sciences, que distingue entre la esclavitud primitiva, antigua, medieval y moderna.

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su esclavo es ilimitado, por lo menos en principio. Toda restricción del ejercicio libre del poder del dueño es una mitigación de la esclavitud, una restricción que no pertenece a la naturaleza de ésta, de la misma manera que en el derecho romano el propietario puede hacer con su propiedad todo lo que las leyes especiales no le impidan hacer. La expresión más adecuada de la relación entre el dueño y el esclavo es, pues, la de que el esclavo es la “posesión” o la “propiedad” del dueño, expresiones que encontramos con frecuencia. El esclavo no tiene derechos políticos, no elige a su gobierno ni forma parte de los organismos públicos. Desde el punto de vista social es un ser inferior. En tercer lugar, siempre relacionamos con la esclavitud la idea de trabajo obligatorio. El esclavo está obligado a trabajar; el trabajador libre puede abandonar el trabajo si quiere, pero será a costa de morir de hambre. Sin embargo, no todo el trabajo obligatorio es trabajo de esclavo; este último requiere aquel tipo peculiar de obligación que se expresa en las palabras “posesión” o “propiedad”, como ya hemos dicho». 4 La base de la esclavitud siempre es económica; como dice Nieboer la esclavitud constituye un sistema industrial. Junto con ella existe siempre una aristocracia que vive del trabajo de los esclavos. Pero, la mayoría de los autores opinan que la decadencia de la esclavitud se explica por la escasa productividad del trabajo de los esclavos. Existe, sin embargo, otro factor que influye en la decadencia de la esclavitud y que puede observarse claramente en el mundo antiguo. Siempre existe un serio conflicto entre la concepción del esclavo como un objeto del derecho de propiedad y la concepción del esclavo como un ser humano que posee derechos. Tanto en Grecia como en Roma vemos que, al desarrollarse la esclavitud por deudas, se establece una distinción entre los esclavos extranjeros y los esclavos que forman parte del grupo. En Atenas, la esclavitud por deudas fue prohibida por Solón y en Roma fue finalmente abolida por influencia de los estoicos. Hobhouse señaló que «la existencia de esclavos por deudas ejerció una influencia suavizadora sobre la institución de la esclavitud: el esclavo cautivo seguía siendo un enemigo a los ojos del derecho y de la moral y carece, por consiguiente, de todo derecho; en cambio el deudor o el criminal era un miembro de la comunidad y en la relación con él pudo establecerse alguna limitación al poder del dueño». En el mundo antiguo, la esclavitud se fue modificando gradualmente por la limitación progresiva del derecho del dueño a castigar a los esclavos, por la atribución de derechos personales al esclavo (matrimonio, adquisición y transmisión hereditaria de la propiedad) y por el establecimiento de la manumisión. Esta última fue apoyada y fomentada por la Iglesia Católica en el Imperio Romano y, más tarde, en la Europa feudal, por lo menos en cuanto se refería a los cristianos. LOS ESTAMENTOS Los estamentos feudales de la Europa medieval tenían tres importantes características. En primer lugar, estaban definidos legalmente: cada estamento tenía un status, en el sentido de un complejo legal de derechos y de deberes, de privilegios y de obligaciones. Se ha dicho, al respecto, que «para conocer la verdadera posición de una persona, había que ver, ante todo, cuál era la ley que se le aplicaba». En el siglo XII en pleno incremento de la servidumbre, y cuando empezaba a formularse una teoría jurídica del Estado feudal, el jurista inglés
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Glanville enumeró las incapacidades de los siervos de la manera siguiente: incapacidad de pedir justicia al rey, carencia de derechos sobre sus utensilios y pertenencias, sujeción al pago de las multas de merchet y de heriot. También pueden comprobarse las diferencias que existían entre los estamentos con la diversidad de las penas que les eran aplicadas por los mismos delitos. En segundo lugar, los estamentos representaban una amplia división del trabajo y la literatura de la época los consideraba como depositarios de funciones definidas. «La nobleza se encargaba de defender a todos; el clero, de rezar por todos, y el pueblo de suministrar alimentos a todos». En tercer lugar, los estamentos feudales eran grupos políticos. En su Constitutional History of England, Stubbs escribía: «Una asamblea de estamentos es una agrupación organizada... de los diversos órdenes, estamentos o condiciones de los hombres que poseen el poder político». En este sentido, los siervos no constituían un estamento. El feudalismo clásico sólo reconocía dos estamentos, la nobleza y el clero. La decadencia del feudalismo europeo después del siglo XII va ligada a la aparición de un tercer estamento, no ya el de los siervos o villanos, sino el de los habitantes de los burgos que, durante un largo período, actuaron como un grupo diferenciado dentro del sistema feudal antes de transformarlo o derrocarlo. 5 El sistema de los estamentos feudales era más complejo y variado y, a la vez, menos rígido, de lo que puede parecer con esta breve descripción. Las diferencias existentes dentro de los estamentos y los aspectos políticos del feudalismo son descritos de manera excelente en la obra de Marc Bloch, La société féodale (volumen II: «Les classes et les gouvernements des hommes»). En otras dos obras, The Making of the Middle Ages (cap. II) de R. W. Southern, y Obligations of Society in the Twelfth and Thirteenth Centuries de A. Lane Poole, se examinan las posibilidades de los individuos para cambiar de posición social. Algunos historiadores y sociólogos modernos se han ocupado de las similitudes entre las sociedades feudales europeas y otras sociedades que pueden considerarse como pertenecientes al mismo tipo. Algunos autores, Marc Bloch, por ejemplo, en la obra citada y R. Coulborn en Feudalism in History, han descrito el sistema social del Japón, a partir del siglo XII, como un sistema feudal. Más discutible es la existencia del feudalismo en la India. En primer lugar, cabe señalar que aunque en algunos períodos de la historia india existieron relaciones feudales, coexistían con las relaciones de casta y estaban íntimamente mezcladas con éstas; esto quiere decir que no podemos calificar a dicho sistema social de feudal sin hacer importantes reservas. En segundo lugar, es evidente que el «feudalismo» de los imperios Maurya, Gupta y Mogul y de sus períodos correspondientes de decadencia, carecía de algunas de las características del feudalismo europeo. Todos los especialistas están de acuerdo en que el «feudalismo» indio se basaba en la agricultura de las aldeas independientes y no en el sistema señorial; para decirlo con las palabras de K. S. Shelvankar: «El feudalismo indio tuvo un carácter fiscal y militar, no fue un feudalismo señorial». 6 Muchos especialistas sostienen también que la concepción del poder real en la India era tan diferente de la concepción occidental que no podía establecer un sistema feudal. «En la India, el rey no podía crear, en teoría, propietarios territoriales subordinados porque él mismo no era, en teoría, el propietario supremo de la tierra. Lo único que delegaba a sus intermediarios era el derecho específico e individual de zamin, es decir, la facultad de recaudar las rentas
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Véase, H. PIRENNE, Medieval Cities, especialmente las pp. 112-119 y 122 ss. K. S. SHELVANKAR, Problem of India (Londres, 1940), p. 79. 3

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y los impuestos». 7 Esta opinión no es aceptada por todos los autores, 8 pero en general están de acuerdo en que las relaciones feudales se fortalecían, a menudo, en los períodos de decadencia de los imperios: en dichos períodos, los recaudadores de rentas e impuestos podían establecer más fácilmente sus derechos de propiedad sobre la tierra y usurpar las funciones políticas y judiciales. Los materiales históricos de que disponemos no bastan para determinar cuál fue la influencia del sistema de castas, de la administración central de la irrigación y del surgimiento periódico de las relaciones de tipo feudal. Y esto es así, incluso en el caso del imperio Mogul y todavía más en el de la India antigua. Seguramente, nunca llegaremos a disponer de la documentación histórica necesaria para el estudio del período primitivo, pero los historiadores podrían contribuir mucho a elucidar la naturaleza de la estratificación social en relación con la propiedad y con la autoridad desde el establecimiento del dominio Mogul hasta la llegada de los ingleses. LAS CASTAS El sistema de castas indio es verdaderamente único entre los sistemas de estratificación social. Esto no quiere decir que no podamos compararlo con otros tipos de estratificación o que no existan elementos de casta en otros sitios. En primer lugar, la casta posee la característica común de estar en clara relación con la diferenciación económica. Esto se comprueba cuando consideramos los grupos de casta efectivos (jatis) o los cuatro varnas tradicionales de los Brahmanes, los Kshatriyas, los Vaisyas y los Sudras. Como señaló Senart en un estudio clásico, las varnas se parecían, en un principio, a los estamentos feudales. 9 Se parecían no sólo por su carácter sino también por la ordenación jerárquica de los grupos (sacerdotes, guerreros y nobles, comerciantes, siervos) y también por el hecho de no constituir grupos totalmente cerrados: los individuos podían pasar de una varna a otra y se aceptaba el matrimonio entre miembros de varnas diversas. Los jatis surgieron más tarde y aumentaron constantemente en número, gracias a la creciente división del trabajo, a la incorporación de tribus y, en menor medida, a la influencia de factores como la innovación religiosa; estos grupos constituyen las unidades básicas del sistema de castas tradicional. En la India moderna hay unos 2.500 jatis en cada región principal. El jati es el grupo endógamo y el principal grupo de referencia del individuo; encarna un modo de vida propia y diferenciado y lo mantiene mediante una serie de sanciones basadas en la costumbre y, en épocas anteriores, en la ley. La significación económica de los jatis es muy clara: constituyen, en su inmensa mayoría, grupos profesionales; y en la economía tradicional de la aldea, el sistema de castas constituye el mecanismo esencial para el intercambio de mercancías y de servicios. 10 Por otro lado, en todas aquellas sociedades donde existe una separación más o menos estricta de grupos particulares, pueden observarse elementos de casta: por ejemplo, en los casos de segregación de los individuos que se dedican a ocupaciones
A. K. NAZMUL KARIM, Changing Society in India and Pakistan, cap. II. Véase D. D. KOSAMBI, An Introduction to the Study of Indian History (Bombay, 1956), caps. IX y X, donde se hacen algunas matizaciones. 9 E. SENART, Caste in India (1894; trad. inglesa, Londres, 1930). 10 El sistema Jajmani; véase J. WISER, The Hindu Jajmani System; a Socio-Economic System (Lucknow, 1936).
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«sucias» o de los que pertenecen a un grupo étnico particular. Pero estos rasgos específicos no constituyen un sistema de castas. Los únicos casos de sistema de castas, además de los hindúes, son los de los grupos no hindúes de la India (por ejemplo, los musulmanes) y los de los grupos hindúes establecidos fuera de la India, especialmente en Ceilán. El problema sociológico planteado por la casta es, por consiguiente, la explicación de la existencia y de la persistencia de este tipo único de estratificación social. Podemos intentar esta explicación por dos caminos: en función de los hechos históricos o en función de algún factor o de algunos factores vigentes en la sociedad india y no en las demás. En el estado actual de nuestros conocimientos, toda explicación histórica será forzosamente especulativa y su valor consistirá principalmente en la incitación a llevar a cabo nuevas investigaciones históricas. 11 Una de las explicaciones más plausibles es la de J. H. Hutton, 12 quien sugiere que los primeros invasores arios de la India, con sus estamentos diferenciados, introdujeron el principio de la estratificación social en una sociedad dividida ya en grupos tribales exclusivos a causa de los tabúes relacionados con los alimentos, y adoptaron y consolidaron estos tabúes como un medio para mantener la distancia social entre ellos —los invasores— y la población sometida. De esta manera, se reforzó el principio de grupos exclusivos y estratificados y se sancionó dicho principio en forma de una doctrina religiosa y mágica de la contaminación a través de los alimentos y, más tarde, de la contaminación a través del simple contacto. La segunda explicación de las castas en función de otros rasgos específicos de la sociedad india exige una breve consideración de las relaciones entre el jati y la varna. Los estudiosos modernos que se han ocupado del problema de las castas, insisten en la función de las ideas mágicas y religiosas del sistema varna, tal como lo expone la literatura religiosa antigua. M. N. Srinivas señala que las nociones de karma —que «enseña al hindú que ha nacido en una subcasta particular porque así lo merecía»— y de dharma —el código de los deberes o de las reglas de la casta— «han contribuido grandemente a la consolidación de la idea de jerarquía, inherente al sistema de castas». 13 El concepto de contaminación —dice— es «fundamental para el sistema de las castas» y es el principio que guía todas las relaciones entre ellas. Sin embargo, K. M. Panikkar 14 dice, basándose en la distinción entre jati y varna, que el sistema de castas no tiene ningún fundamento en la religión hindú y es, más bien, el producto del derecho hindú tradicional y de la debilidad de la autoridad política central durante la mayor parte de la historia india. Pero, aunque esta concepción llame la atención sobre estos factores que pueden ser importantes para explicar la persistencia del sistema de castas, es, en lo esencial, un intento de reinterpretación del hinduismo. De hecho, las castas y subcastas se relacionan directamente con el sistema varna; como señala Srinivas este sistema constituye un marco de referencia para toda la India; en él pueden integrarse las innumerables subcastas de cada región y, a la vez, encarna una escala de valores de aceptación general. La distinción que Panikkar establece entre la influencia de la religión y la
Cabe señalar que una explicación histórica, también implicaría la referencia a algunas generalizaciones o leyes, bien psicológicas, bien sociológicas. 12 J. H. HUTTON, Caste in India, cap. XI. P. ROSAS («Caste and Class in India», Science and Society, VIII (2), 1943) ha subrayado la similitud entre el jati y la tribu; también cita algunos ejemplos históricos de la facilidad con que se produce la conversión de la tribu en casta. 13 M. N. SRINIVAS, Religion and Society among the Coorgs of South India, cap. II. Véase también la obra de Louis Dumont, Homo hierarchicus; essai sur le régime des castes (París, 1966), donde se atribuye el fundamento de la casta a la distinción religiosa entre «puro» o «impuro». 14 K. M. PANNIKAR, Hindu Society at Crossroads (1955).
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del derecho difícilmente puede aceptarse, puesto que el derecho tradicional hindú está dominado por ideas religiosas. Las nociones de karma, de dharma y de contaminación tienen una gran importancia tanto para el pensamiento religioso como para el pensamiento jurídico y forman conjuntamente una doctrina que constituye, sin duda, uno de los principales puntos de apoyo del sistema de castas. Podemos decir, pues, que la explicación del sistema de castas implica, necesariamente, la referencia a alguna teoría general de la estratificación social, a los rasgos específicos de la religión hindú y, posiblemente, a otros factores, como la fragmentación de la sociedad india y la subsistencia de una economía tradicional. Dicha explicación podría comprobarse, aunque fuese con dificultades, con estudios sobre la influencia de los cambios económicos y políticos recientes en el sistema de castas. En realidad, apenas se ha realizado ningún estudio de este tipo. La principal contribución a un conocimiento más preciso del sistema de castas tradicional ha sido la de las investigaciones empíricas realizadas en los últimos diez años. 15 Casi todas ellas se han llevado a cabo en áreas rurales, donde el impacto de los cambios económicos y políticos es más difícil; pese a ello, algunas de estas investigaciones ponen de relieve la existencia de cambios significativos. La riqueza y la educación son accesibles tanto a los miembros de las castas inferiores como a los de las superiores, aunque quizá no en los mismos términos. S. C. Dube ha mostrado hasta qué punto estas nuevas posibilidades afectan a la comunidad; 16 la riqueza, la educación o las cualidades personales pueden dar prestigio y poder a un individuo pese a su pertenencia a una casta inferior. Pero los cambios han sido producidos por fuerzas externas y no afectan todavía seriamente al viejo orden. Dube señala que «...la presión del sistema tradicional es todavía fuerte y las personas que pertenecen a las castas inferiores o son de origen humilde han de actuar con mucho tacto y discreción si quieren aumentar su influencia y su importancia en la comunidad». Otro autor, F. G. Bailey demuestra, en un estudio sobre una aldea de Orissa, 17 que la «ampliación de las fronteras» de la economía y de las instituciones políticas provoca una serie de cambios. Con el desarrollo del comercio y de la economía monetaria, la tierra deja de ser la principal fuente de riqueza; las castas inferiores se enriquecen con el comercio y utilizan su riqueza para comprar tierra y adquirir, así, prestigio y poder. La extensión del gobierno y de la administración también contribuye a modificar el equilibrio de fuerzas: las castas inferiores de la aldea no están ya indefensas puesto que pueden apelar, fuera de la aldea, a los funcionarios públicos y a los órganos administrativos. Pero Bailey llega también a la conclusión de que las castas siguen siendo poderosas en la aldea, puesto que aún pueden frenar la movilidad social y mantener la jerarquía tradicional, gracias a su aspecto ritual. En principio, parece que los cambios en el sistema de castas han de ser mayores en las zonas urbanas que en las aldeas, puesto que los cambios económicos son más profundos, el anonimato de la vida urbana facilita la movilidad social y la vida intelectual de la ciudad es más favorable al cambio. Sin embargo, la escasez de estudios sobre las castas en las zonas urbanas e industriales hace imposible, todavía, determinar hasta qué punto las nuevas actividades, las
15 Esto se demuestra claramente en la excelente exposición de los estudios recientes realizada por M. N. SRINIVAS, Y. B. DAMLE, S. SHAHANI y A. BETEILLES: «Caste», Current Sociology, VII (3), 1959. Véase también la obra más reciente de SRINIVAS, Caste in Modern India, and Other Essays (Bombay, 1965). 16 S. C. DURE, Indian Village (1955). 17 F. G. BAILEY, Caste and the Economic Frontier (1957).

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asociaciones y las ideas —sindicatos, organizaciones profesionales o políticas, ideologías— han debilitado la adhesión a las castas. En un estudio realizado sobre un grupo de maestros del estado de Bombay por K. M. Kapadia, 18 se encuentran algunas informaciones sobre el predominio del sentimiento de casta. Demuestra que aunque la mayoría de los maestros interrogados se muestran favorables a los matrimonios entre los individuos de castas diferentes, y lo admiten incluso para sus propios hijos, hay muchos organismos que tienden a mantener el sentimiento y la endogamia de casta. Así, por ejemplo, existen muchas fundaciones y organismos de beneficencia con carácter específico de casta, y muchas castas publican periódicos propios y ejercen funciones sociales. Una tercera parte de los maestros interrogados son suscriptores del periódico de su casta respectiva y están dispuestos a participar en las actividades sociales de la casta. Kapadia llega a la conclusión de que el 42% de los maestros interrogados experimentan un sentimiento de casta bastante intenso. Esta falta de estudios sobre las zonas urbanas explica en parte las incertidumbres y los desacuerdos que reinan entre los autores sobre si las castas se fortalecen o se debilitan en la sociedad india actual. Muchos sociólogos han observado que las asociaciones de casta se han desarrollado rápidamente, especialmente en las ciudades. M. N. Srinivas escribe: «Se puede decir, con fundamento, que la conciencia y la organización de casta han aumentado en la India moderna. Lo demuestra la proliferación de bancos, de residencias, de sociedades cooperativas, de organismos de beneficencia, de conferencias y de periódicos de casta en las ciudades indias». 19 Los autores no están de acuerdo sobre la influencia de las castas en la política; es cierto que esta influencia varía de una región a otra, pero es indudable que las castas desempeñan un papel importante como organizaciones electorales; los estudios empíricos demuestran, sin embargo, que las castas locales se dividen frecuentemente en materia de política y que en la adhesión influyen otras muchas consideraciones. 20 La casta sigue siendo importante en la esfera de la educación y de las oportunidades de movimiento profesional; la educación superior sigue siendo accesible, únicamente, a los miembros de las castas más elevadas con pocas excepciones. 21 Por otro lado, casi todos los autores están de acuerdo en que los efectos de la legislación, de la democracia política y la industrialización son adversos a las castas. Es cierto que ha disminuido la discriminación abierta y que ha mejorado la posición de los intocables; cabe dudar, sin embargo, de que estos factores hayan debilitado la conciencia de casta y la adhesión a ésta. Puede argüirse que aún no ha habido tiempo material para ello; la industrialización, en particular, no ha avanzado lo suficiente, todavía, para ejercer una influencia decisiva. Pero los efectos de la industrialización no pueden ser previstos con certeza y, en este sentido, las comparaciones con los países occidentales pueden desorientar. En los países europeos que se industrializaron durante el siglo XIX los obreros industriales no se encontraban sometidos a unos lazos tan estrictos y tradicionales como los de la casta y de la comunidad familiar y, en este aspecto, no encontraban ningún obstáculo para la constitución de asociaciones económicas y políticas de tipo
18 K. M. KAPADIA, «Changing patterns of Hindu marriage and family», Sociological Bulletin (Bombay), III (1), marzo 1954. 19 M. N. SRINIVAS, «The Indian Road to Equality», Economic Weekly, 20 de agosto de 1960. 20 Véase más arriba, pp. 194-195. 21 Véase B. V. SHAH, «Inequality of Educational Opportunities», Economic Weekly, 20 de agosto de 1960.

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moderno. Además, ni los obreros ni los empresarios se encontraban bajo la influencia de una religión tradicional. Las conexiones reales entre la industrialización y los cambios en las castas (y en la comunidad familiar) han de estudiarse, por consiguiente, en la India misma y de manera directa; esto exige un nuevo tipo de investigación centrado en las zonas urbanas antes que en las rurales y en los grupos profesionales más importantes de una sociedad industrial moderna antes que en las profesiones de casta tradicionales. En el informe ya citado, M. N. Srinivas especifica algunos de los temas a investigar: 22 la interrelación entre casta y clase, la relación entre casta, clase y residencia rural-urbana para la utilización de las facilidades educativas, el papel de la casta y de la clase en la burocracia, la función de la casta en los sindicatos y en la vida política en los diferentes niveles, la urbanización de castas seleccionadas en diferentes partes del país, la relación entre casta y desarrollo económico, las castas dominantes en diversas partes del país, las castas hipergámicas y el papel de las ideas de pureza y de contaminación en los sistemas de castas de la India septentrional y de la India meridional. Sólo cabe añadir que también hay que estudiar sistemáticamente las ideas religiosas que sirven de apoyo a las castas. Como hemos visto, los autores estiman de manera muy diversa la solidez de las castas y las tendencias al cambio, y las pruebas no son ni abundantes ni claras. Pero, dígase lo que se diga sobre la solidez de las castas y sobre la adhesión de los individuos a sus castas respectivas, parece innegable que el sistema de castas tradicional ha sido profundamente alterado. 23 En este sistema, cada casta concreta tenía adscrito un lugar concreto y cooperaba con otras castas en la economía tradicional y en los ritos. Es cierto que siempre existía alguna competencia entre las castas y que se producían cambios de posición en la jerarquía del prestigio; pero no existía una competencia generalizada. En las modernas asociaciones de casta ocurre precisamente lo contrario; existen para competir con la obtención de riqueza, de oportunidades de educación y de prestigio social en una sociedad mucho más abierta. Estas asociaciones son, de hecho, grupos de intereses de tipo moderno; para utilizar la terminología de Tönnies, diremos que constituyen «sociedades», mientras que los grupos de casta tradicionales eran «comunidades». Es fácil comprender que surgiesen sobre la base de las castas tradicionales; pero también es fácil ver que contradicen al sistema de castas y pueden dar lugar a la aparición de los grupos seculares propios de una sociedad moderna —sindicatos, asociaciones profesionales, clases sociales— o ser absorbido por éstos. CLASE SOCIAL Y «STATUS» Un sistema basado en las clases sociales difiere radicalmente de los sistemas que hasta ahora hemos examinado. Las clases sociales son grupos de facto (no grupos definidos y reconocidos legal o religiosamente). Son grupos relativamente abiertos y no cerrados. Su base es indiscutiblemente económica, pero son algo más que grupos económicos. Son grupos característicos de las sociedades industriales que se han desarrollado a partir del siglo XVII. Cuando se intenta especificar el número exacto de clases sociales o definir de manera precisa los criterios de la
M. N. SRINIVAS, «Caste», Current Sociology, VIII (3). Cf. F. G. BAILEY, Tribe, Caste and Nation (Manchester, 1960), pp. 190-191, y Politics and Social Change: Orissa in 1959 (Berkeley, 1963), pp. 133-135, donde se describen con mucha claridad las diferencias entre castas y asociaciones de castas. Véase asimismo André BETEILLE, Caste, Class and Power: Changing Patterns of Stratification in a Tanjore Village (Berkeley, 1965).
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pertenencia a ellas surgen dificultades considerables. Sin embargo, la mayoría de los sociólogos estarán probablemente de acuerdo en reconocer la existencia de una clase superior (que comprende a los propietarios de la mayoría de los recursos económicos de una sociedad), una clase obrera (compuesta principalmente por los asalariados industriales) y una clase media o unas clases medias (grupo más amorfo, considerado a menudo como una categoría residual, pero que incluye a la mayoría de los empleados y a la mayor parte de los miembros de las profesiones liberales). En algunas sociedades se acepta también la existencia de una cuarta clase: el campesinado. El desacuerdo entre los sociólogos empieza generalmente cuando se trata de definir el grado de cohesión de las diferentes clases, su papel en la sociedad y su futuro. Dejaremos estos problemas para más adelante, cuando examinemos algunas teorías de la estratificación social. Las diferentes clases, y especialmente la clase media, han sido objeto de muchos estudios. En relación con la clase obrera, la obra clásica es The Proletariat, de G. Briefs, que empieza con una definición marxista y la amplía para diferenciar más claramente a la clase obrera de los empleados de clase media. En consecuencia, ha habido muy poca investigación en este área hasta los últimos años, en que las controversias sobre los efectos de la afluencia sobre la clase obrera produjeron cierto número de estudios en Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos. 24 Entre los estudios generales sobre la clase media podemos citar el de C. Wright Mills, White Collar, y el de David Lockwood, The Blackcoated Worker (Londres, 1958); pero también se han producido muchos análisis de grupos específicos dentro de las clases medias y, especialmente, de las profesiones liberales. Más difícil ha sido, naturalmente, estudiar a la clase superior; en este sentido, las obras sociológicas van desde el estudio teórico e histórico de las élites a los estudios, basados en la información estadística, sobre la propiedad, los ingresos, los privilegios educativos, etc. 25 La descripción de la estratificación social en las sociedades industriales se complica por la existencia de grupos de status, junto a las clases sociales. Max Weber fue el primero que estableció una distinción rigurosa entre uno y otras y examinó su interrelación: «Simplificando un poco, podríamos decir que las “clases” se estratifican según su relación con la producción y la adquisición de bienes; en cambio, los “grupos de status” se estratifican según los principios de su consumo de bienes, representado por “estilos de vida” especiales». 26 La noción de status social ha sido analizada por numerosos autores y, especialmente, por T. H. Marshall. En un ensayo sobre este tema, 27 Marshall examina los factores que producen diferencias en el status, así como distintos tipos de status —personal, social, etc. Más recientemente, ha examinado los cambios producidos en la estratificación social de las sociedades capitalistas, afirmando que se ha registrado un desplazamiento de la organización de la clase a la organización de status, o, para

Véase Alain TOURAINE, La conscience ouvriére (París, 1966); John H. GOLDTHORPE, David LOCKWOOD, Frank BECHHOFER, Jennifer PLATT, The Affluent Worker (tres volúmenes, Cambridge, 1968-70); John C. LEGGETT, Class, Race and Labor (Nueva York, 1968). Véase asimismo el excelente estudio histórico de E. P. THOMPSON, The Making of the English Working Class (ed. revisada, Harmondsworth, 1968). 25 Véase especialmente The Power Elite de C. WRIGHT MILLS. 26 Max WEBER, «Class, Status, Party», en From Max Weber (ed. H. GERTH y C. WRIGHT MILLS. 27 «The Nature and Determinants of Social Status», Year Book of Education (Londres, 1953).
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emplear sus mismos términos, de los grupos multivinculados unidimensionales, a los grupos multidimensionales pero univinculados. 28

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Los estudios empíricos sobre los grupos de status son bastante numerosos, especialmente en lo que atañe a la diferenciación profesional; de hecho, la mayoría de las investigaciones recientes sobre la estratificación y la movilidad sociales se han llevado a cabo en términos de escala de prestigio profesional. 29 La insistencia de los sociólogos en el estudio del status y de la movilidad sociales, es debida a diversos factores. Las necesidades de la investigación han favorecido el empleo de escalas profesionales, puesto que facilitan el planteamiento y la realización de proyectos de estudio. Un factor importante ha sido el predominio de la sociología norteamericana. Estados Unidos es la única sociedad industrial de Occidente que no tiene una fuerte tradición de organización de clase o de conflicto ideológico; por ello los sociólogos se dedican, de manera natural, al estudio de la estratificación social en aquellos aspectos que caracterizan a la sociedad norteamericana: el status y la movilidad. Pero, la singularidad de la sociedad norteamericana no ha sido comprendida por todos los autores, de modo que algunos de éstos han confundido el status con la clase 30 y otros han intentado analizar la estratificación social aplicando el modelo norteamericano en todas las sociedades. 31 Un tercer factor han sido los cambios producidos en las sociedades occidentales, que produjeron una verdadera disminución, aunque de ningún modo su desaparición, de las diferencias y los conflictos de clase. Sin embargo, este proceso de cambio puede comprenderse claramente sólo distinguiendo cuidadosamente los fenómenos de clase y status y examinando luego sus interrelaciones. He analizado brevemente este problema en otro lugar y he afirmado que: «La estratificación por medio del prestigio afecta el sistema de clases, tal como lo concibiera Marx, en dos aspectos importantes: en primer lugar, interponiendo entre las dos clases principales una variedad de grupos de status que salvan el abismo existente entre las posiciones extremas de la estructura de clases; y, en segundo lugar, sugiriendo una concepción completamente diferente de la jerarquía social como un todo, según la cual ésta aparece como una secuencia continua de posiciones de status más o menos definidas, determinadas por diversos factores y no simplemente por la posesión de la propiedad, que es incompatible con la formación de clases sociales masivas y con la existencia de un conflicto fundamental entre las clases. Las relaciones entre grupos de status a distintos niveles son de competencia y emulación, no de conflicto. Con el crecimiento cuantitativo de las clases medias, que forman una proporción creciente del total de la población, esta concepción de la jerarquía social como un continuo de grados de prestigio (o status) sin ninguna ruptura abrupta y, por lo tanto, sin líneas definidas de conflicto entre los grupos sociales principales, ha adquirido una influencia
«General Survey of Changes in Social Stratification in the Twentieth Century», Transactions of the Third World Congress of Sociology, vol. III, pp. 1-17. 29 Uno de los primeros estudios en este terreno es el de D. V. GLASS (ed.) Social Mobility in Britain (Londres, 1954). Esta investigación ha impulsado la realización de estudios similares en otras sociedades. Citaremos, a manera de ejemplo, Modern Japanese Society: Its Class Structure por el Research Committee, Japan Sociological Society (Tokio, 1958). (En japonés, con un resumen en inglés.) Y, más recientemente, Peter M. BLAY y Otis Dudley DUNCAN, The American Occupational Structure (Nueva York, 1967), que incluye también un provechoso análisis de los problemas metodológicos. 30 Por ejemplo, W. Lloyd WARNER y P. S. LUNT, The Social Life of a Modern Community and The Status System of a Modern Community (New Haven, 1942). 31 Véase más adelante, p. 243.
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mucho mayor sobre el pensamiento social y su difusión ha servido para comprobar el desarrollo de la conciencia de clase». 32 El análisis de la estratificación social en las sociedades capitalistas occidentales es complejo y difícil. También lo es, y quizá más, el estudio del segundo tipo de sociedad industrial moderna, presentado por la Unión Soviética y algunas democracias populares. Un obstáculo inicial es la falta de datos sobre la distribución de los ingresos, sobre las oportunidades de educación, sobre las actitudes y sentimientos de grupo en estas sociedades, a causa de la escasa investigación sociológica de tipo sistemático. 33 Además, las realidades sociales son oscurecidas por la furia del combate ideológico. Los marxistas ortodoxos pretenden que en los países de tipo soviético las clases sociales, o por lo menos el sistema de clases jerárquico, han desaparecido con la abolición de la propiedad privada de los medios de producción. Los críticos aducen la existencia de grandes desigualdades económicas, los privilegios educativos, la monopolización del poder político por una pequeña minoría y otras características que equivalen a un verdadero sistema de estratificación social. Una gran parte de esta controversia teórica gira en torno a la relación entre la estructura de clase y el poder político, a la cual nos hemos referido ya en un capítulo anterior 34 y que volveremos a examinar más adelante. Esta controversia demuestra claramente que la noción clásica de clase social en la literatura marxista y en la no marxista se relaciona íntimamente con la noción de poder político y especialmente con el concepto de «clase dominante». Sin embargo, esta relación puede dar lugar a dos líneas de pensamiento diferentes: una, la marxista, que hace depender el poder político del poder económico y la otra que trata a la economía y a la constitución política como dos sistemas interrelacionados, cada uno de los cuales puede ser, en momentos distintos, «base» o «superestructura». Estos problemas muestran la necesidad de renovar el estudio de la estratificación social. El fenómeno del conflicto político puede constituir un buen punto de partida. Los grupos sociales implicados en dicho conflicto pueden ser las élites o las clases. En la sociología de Pareto —al menos en su examen de la «élite del gobierno— los términos «clase» y «élite» son prácticamente sinónimos; Pareto consideraba que la noción del conflicto social es la contribución más importante de Marx a la sociología, precisamente en el contexto de su propia teoría de la «circulación de las élites». Recientemente, algunos sociólogos han utilizado el término «élite» para referirse a grupos más pequeños y más cohesionados que pueden relacionarse más o menos estrechamente con las clases sociales, tal como se las concibe tradicionalmente. 35 Uno de los mejores estudios sobre la relación

Classes in Modern Society, p. 26. Véase asimismo mi ensayo «The Class Structure in Western Europe», en Contemporary Europe: Class, Status and Power (Londres, 1971), M. S. ARCHER y S. GINER (eds.). 33 Véase, sin embargo, de Murray YANOWITCH, «The Soviet Income Revolution», Slavic Review, XXII (4), 1963, y de Frank PARKIN, «Class Restratification in Socialist Societies», British Journal of Sociology, XX (4), 1969. 34 Véase pp. 185-186. 35 Cf. G. D. H. COLE, Studies in Class Structure (Londres, 1955), p. 106: «No todas las élites se fundamentan en una clase o han de considerarse como representantes de una clase; pero algunas sí lo hacen y han de considerarse como tales. En las sociedades modernas, y especialmente en las sociedades anteriores que han pasado desde la aristocracia a alguna forma de democracia, tienen especial importancia las relaciones entre clases y élites y las diferencias que surgen con la reciente complejidad de la estructura de clases».
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entre las élites y las clases sociales es el de Raymond Aron. 36 Para él, se trata del problema de la relación entre la diferenciación social y la jerarquía política en las sociedades modernas, y demuestra que la «abolición de las clases» (en el sentido clásico de abolición de la propiedad privada de los medios de producción) no resolverá los problemas de la diferenciación social, de la formación de élites y de las desigualdades en el ejercicio del poder político. De hecho, los conflictos entre las élites y las clases en las sociedades capitalistas presentan algunas ventajas, puesto que limitan el poder de los grupos dominantes. Podemos resumir este breve examen diciendo que en el siglo XIX el estudio de los problemas de la clase social iba estrechamente ligado al estudio de la democracia y del poder político, pero que las conclusiones a que llegaron los autores no diferenciaban con suficiente claridad los dos problemas. Los sociólogos del siglo XX, guiados por Max Weber y, sobre todo, sometidos a la influencia de los hechos, han intentado estudiar directamente el poder político y examinar de qué manera los grupos minoritarios obtienen apoyos, dirigen las luchas políticas y alcanzan o no llegan a alcanzar el poder, así como las condiciones en que el poder de una minoría es controlado o escapa a todo control. Para este tipo de estudios, la clase social constituye únicamente uno de los elementos de la situación, si bien es de los más importantes. 37 Al mismo tiempo, se ha intensificado el estudio de la diferenciación y de la estratificación sociales, para tomar en consideración los fenómenos del status y de la movilidad sociales. La mayoría de ellos sólo tienen una relación indirecta con el poder político, pero son importantes en otros aspectos. LAS TEORÍAS DE LA ESTRATIFICACIÓN SOCIAL Ha habido dos grandes intentos de formulación de una teoría general de la estratificación social, el de Marx y el de los funcionalistas. Las líneas principales de la teoría marxista son muy conocidas, aunque ni Marx ni ningún pensador marxista posterior las formularan de manera sistemática. 38 En esta teoría, las clases sociales se definen por su relación con los medios de producción (propiedad o no propiedad) y esto constituye la base de la concepción de que en toda sociedad existen dos clases principales que se oponen mutuamente. 39 La naturaleza de las clases
Raymond ARON, «Social structure and the ruling class», British Journal of Sociology, I (1 y 2), marzo-junio, 1950, páginas 1-15, 126-143. Véase también su estudio «Classe sociale, classe politique, classe dirigeante», European Journal of Sociology, 1 (2), 1960. Véase asimismo mi obra Elites and Society. 37 Véase el excelente análisis de esta cuestión realizado por S. OSSOWSKI en su obra Class Structure in the Social Consciousness (Londres, 1963), cap. XII. 38 La teoría ha tenido siempre una cierta vaguedad metafísica. Así ocurre, incluso, en el capítulo sobre las clases sociales de la obra de N. BUJARIN, Historical Materialism (trad. ingl. Londres, 1926), la que más se aproxima a una exposición sistemática. También constituye uno de los rasgos más destacados de una de las obras más importantes del pensamiento marxista posterior, G. LUKÁCS, Geschitche und Klassenbewusstsein (Viena, 1923). 39 En la mayoría de sus escritos científicos, Marx analiza el sistema de clases en términos de dos grandes clases. Pero también propone un modelo de sistema de tres clases, que utiliza en algunas ocasiones, y especialmente en el capítulo final (inacabado) del volumen III de El Capital, donde inició el análisis formal de las clases. De hecho, hay dos modelos diferentes de un sistema de tres clases: uno (por ejemplo en el capítulo mencionado) donde Marx habla de los capitalistas, de los propietarios de tierras y de los asalariados como las tres grandes clases de la sociedad moderna (concepción directamente tomada de la economía política con sus «tres factores de la producción») y otro en el que Marx distingue las clases de los capitalistas que poseen los medios de producción y utilizan un trabajo asalariado, la clase media (o pequeña burguesía) que posee medios de producción pero contribuye con su propia fuerza de trabajo, y los asalariados. S. OSSOWSKI ha publicado un
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depende del modo de producción y éste, a su vez, depende del nivel de la tecnología en las diferentes sociedades. Como observó Schumpeter, Marx se interesaba esencialmente por el desarrollo de las clases y, añadiremos nosotros, por su papel en los cambios sociales y políticos. Sus propios estudios se centraban en los orígenes de la burguesía y el establecimiento del capitalismo y, sobre todo, en la formación y crecimiento del proletariado como clase dentro de la sociedad capitalista. Marx empieza distinguiendo al proletariado como una «clase en sí», como un agregado de individuos que están en la misma situación económica e intenta luego demostrar cómo se convierte en una «clase para sí», es decir, cómo adquieren conciencia sus miembros de sus intereses comunes y sus objetivos políticos. En Miseria de la Filosofía y en El Capital Marx describe las circunstancias que favorecen esta adquisición de la conciencia de clase: la concentración de la industria, el desarrollo de las comunicaciones, la creciente distancia económica y social entre la burguesía y la clase obrera, la creciente homogeneidad de esta última como resultado de la decadencia de la artesanía y de los oficios especializados, etc. Marx era consciente de que la diferenciación social producía muchos otros grupos con intereses conflictivos, además de las dos clases principales, 40 pero no examinó seriamente las dificultades que esto planteaba a su teoría. Esta falta de atención puede explicarse por diversos factores: que consideraba a la relación del individuo con la propiedad como el factor crucial y determinante de la acción social (concepción que le era confirmada por el carácter de los conflictos sociales y políticos de su época); que estaba excesivamente influido por una concepción filosófica (derivada de Hegel) del desarrollo, como un proceso que se realiza a través de las contradicciones y de los antagonismos de dos entidades opuestas; o que su análisis del sistema de clases era deformado por su adhesión política al ideal de una sociedad sin clases. Es probable que todos estos factores influyesen, pero el más importante parece el primero. La teoría de las clases de Marx tenía, y tiene todavía, un gran valor explicativo en relación con los conflictos sociales y políticos. No hemos de concebir su noción de las clases sociales como una simple descripción de las características económicas de agregados particulares de individuos. Se trata, más bien, de que la situación de los individuos respecto de la propiedad constituye una base para la formulación de proposiciones sobre la probabilidad de algunos tipos de acción social y especialmente de acción política. Max Weber interpretaba a Marx en este sentido y sugería, a la vez, un enfoque crítico de la teoría marxista cuando argüía que «una clase no constituye por sí misma una comunidad», aunque las situaciones de clase vienen provocadas por una acción comunitaria. Hasta qué punto una clase llega a convertirse efectivamente en comunidad es cosa que depende de los factores que integran o dividen a sus miembros, del carácter general de la sociedad global y de sus relaciones con otros grupos y clases sociales. Marx hizo algunas predicciones específicas sobre el desarrollo futuro de la sociedad capitalista y esperaba, en función de ellas, una creciente comunidad de la clase
excelente estudio sobre estos diferentes conceptos, «Les différents aspects de la classe sociale chez Marx», Cahiers Internationaux de Sociologie, XXIV, 1958, pp. 64-79. 40 Esto se ve especialmente en sus escritos políticos, por ejemplo, Las luchas de clases en Francia (1850) y El 18 Brumario de Louis Bonaparte (1852), donde distingue diez grandes grupos implicados en la lucha política. En otros lugares reconoce la creciente importancia de las clases medias (incluyendo a las «nuevas» clases medias); por ejemplo, en el manuscrito de las Teorías de la plusvalía, dice: «Lo que [Ricardo] olvida mencionar es el continuo crecimiento numérico de las clases medias... situadas a medio camino entre los obreros, por un lado, y los capitalistas y propietarios de tierras por otro. Estas clases medias se apoyan con todo su peso sobre la clase obrera y al mismo tiempo aumentan la seguridad y el poder sociales de la clase superior». 13

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obrera. Algunas de estas predicciones fueron erróneas y la clase obrera de las sociedades industriales avanzadas no se ha desarrollado tal como Marx esperaba. Marx y los marxistas dieron por sentado con demasiada facilidad que el paso de la comunidad potencial a la comunidad efectiva sería un hecho en el caso de las clases sociales y únicamente en este caso. Puede hacerse todavía una crítica más general a la teoría marxista, y es que si bien resulta altamente útil y relevante para el análisis de los conflictos sociales y políticos en las sociedades capitalistas durante un período determinado, su utilidad y su relevancia parecen menos evidentes en otros terrenos. Sin embargo, la teoría se presenta con una pretensión de validez universal. Choca con muchas dificultades cuando se aplica a formas particulares de estratificación social, tales como el sistema de castas de la India; y en muchos otros casos su capacidad explicativa disminuye al insistir en que la única base posible para la acción política es la clase social. 41 La teoría funcionalista de la estratificación social parte de los presupuestos generales del funcionalismo, ya examinados. Kingsley Davis y Wilbert Moore 42 la han expuesto, de esta manera sucinta y clara en un artículo: «Partiendo de la proposición de que ninguna sociedad es “sin clases” o no estratificada, se intenta explicar en términos funcionales la necesidad universal de la estratificación en todos los sistemas sociales... la necesidad funcional que explica la presencia universal de la estratificación es, sobre todo... la exigencia que se plantea a toda sociedad de colocar y motivar a los individuos en la estructura social... La desigualdad social es, por lo tanto, un recurso inconscientemente creado por las sociedades para asegurarse de que las posiciones más importantes son ocupadas conscientemente por las personas más calificadas». Podemos dejar de lado, aquí, las dificultades de la explicación funcionalista. 43 Hay muchas críticas concretas que hacer a la teoría. En primer lugar, presupone que la estratificación es universal, cosa que no es cierta en cuanto implica la existencia de un sistema definido de estratos en todas las sociedades. También presupone que en todas las sociedades se pueden definir inequívocamente conceptos como el de «las posiciones más importantes» y «las personas más calificadas», independientemente de la influencia de los grupos interesados. Cabe observar también que la teoría se concibe en términos de clasificación jerárquica de los individuos y no explica la existencia de grupos sociales bien definidos: grupos de status, élites y clases. Además, la teoría se limita a reconocer la existencia de diferentes tipos de estratificación social y de procesos de cambio de un tipo a otro, pero no lo explica. Finalmente, no presta la más mínima atención al papel de la fuerza en el establecimiento y conservación de sistemas de estratificación y por ello apenas tiene nada que decir sobre la relación entre la estratificación social y el conflicto político. 44 La teoría marxista refleja inequívocamente el carácter de los conflictos sociales y políticos en la Europa del siglo XIX; la teoría funcionalista refleja, con la misma claridad, la situación social de los Estados Unidos, donde no ha existido nunca un firme movimiento político de la clase obrera ni una ideología obrera y donde la
Véase más arriba pp. 185-186. Kingsley DAVIS y Wilbert E. MOORE, «Some principles of stratification», American Sociological Review, abril 1945 (reeditado en la obra de WILSON y KOLB, Sociological Analysis). 43 Véase más arriba, pp. 45-47. 44 Véanse asimismo las críticas formuladas por M. M. TUMIN en «Some Principles of Stratification: A Critical Analysis», American Sociological Review, XVIII (4), 1953.
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jerarquía social se concibe esencialmente como un sistema de grupos de status laxamente organizados, respecto de los cuales se definen las aptitudes individuales. La teoría marxista subraya la importancia del conflicto entre grupos amplios y estables, dotados de fuertes sentimientos comunitarios; en cambio, la teoría funcionalista da importancia a la función integradora de la estratificación social, basada en el mérito y en la recompensa individuales. El funcionalismo presenta muchos puntos de semejanza con la teoría de la división del trabajo de Durkheim, sin los matices y reservas que Durkheim sugirió en su análisis de las formas anormales de dicha división. Ninguna de las dos teorías posee la universalidad que pretende tener. Una teoría realmente adecuada tendría que tener más en cuenta la diversidad de los sistemas de estratificación, tendría que ver a la estratificación social como una institución derivada, estrechamente ligada no sólo a la propiedad y a la división del trabajo, sino también a la guerra y a la religión y tendría que tratar de forma más sistemática las conexiones entre la estratificación social, las instituciones políticas y los fenómenos culturales.

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