145-146

I BÍBLICOS co

Evangelio de¡ Jesucristo
Bernadette Escaffre

; según san Juan

verbo divino

Editorial Verbo Divino Avenida de Pamplona, 41 31200 Estella (Navarra), España Teléfono: 948 55 65 11 Fax: 948 55 45 06 www.verbodivino.es evd@verbodivino.es

Cuadernos bíblicos 145-146

Diseño de cubierta: Francesc Sala. Traducción: Pedro Barrado y Ma del Pilar Salas. Título original: Evangile de Jésus Christ selon saint Jean. 1. Le Livre des signes (Jn 1-12). 2. Le Livre de l'Heure (Jn 13-21) © Les Editions du Cerf, 2008 © Editorial Verbo Divino, 2010, Impreso en España - Printed in Spain. Fotocomposición: Megagrafic, Pamplona. Impresión: Gráficas Astarriaga, Abárzuza (Navarra). Depósito Legal: NA. 3.568-2009 ISBN 978-84-9945-000-1

BERNADETTE ESCAFFRE

Evangelio de Jesucristo según san Juan
1 - El Libro de los signos (Jn 1-12)

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ectura del santo Evangelio según san Juan». Así empieza la mayor parte de las proclamaciones del evangelio durante las celebraciones eucarísticas dominicales del tiempo de Pascua. La reforma litúrgica surgida del concilio Vaticano II, que estableció durante tres años una lectura semicontinua de un mismo evangelio sinóptico para los domingos ordinarios, reservó el relato de Juan para las solemnidades pascuales, Ciertamente, la elección no es sistemática y desborda este marco (cf. tablas en las pp, 56-58). Sin embargo, no es en primer lugar hacia la predicación del reino a la que nos orienta, sino hacia los acontecimientos centrales de la revelación de Dios en su Hijo. Así, cada año escuchamos un texto de Juan durante las eucaristías del día de Navidad, el día de Pascua y el día de Pentecostés. Igual que en los anteriores Cuadernos (Mateo en 2006, Marcos en 2007 y Lucas en 2007), dos principios han guiado la realización de este trabajo. El primero tiene en cuenta el sentido nuevo que nace de la proclamación del evangelio en la liturgia. Las perícopas seleccionadas por el Leccionario católico -cuya delimitación se puede discutir en ocasiones- son comentadas prioritariamente y las demás se recorren más brevemente, El segundo tiene que ver con las resonancias que nacen de la organización de las lecturas, en particular cuando están tomadas del Antiguo Testamento, de ahí la rúbrica «Leccionario». Excepcionalmente, dada su amplitud y su importancia para la liturgia, esta lectura seguida del evangelio de Juan abarcará dos números de los Cuadernos, estando el primero dedicado a los capítulos 1 a 12, conjunto llamado a veces «Libro de los signos», y del que el Leccionario ha conservado veintiséis perícopas. El segundo versa sobre los capítulos 13 a 21, que constituyen el «Libro de la Hora», centrado en los acontecimientos de la pasión y la resurrección (veintiuna perícopas). Ésta es, por tanto, una primera entrada en un relato que en ocasiones intimida por su altura de miras y su estilo. Aquí se ofrecen los elementos esenciales para la lectio divina, la preparación de la homilía dominical, el estudio personal o en grupo, apoyados por numerosos recuadros.
Gérard BILLÓN

• BERNADETTE ESCAFFRE, laica, es doctora en ciencias bíblicas (Pontificio Instituto Bíblico, Roma), profesora de Nuevo Testamento en el Instituto Católico de Toulouse y actualmente vicedecana de la Facultad de Teología. Ha publicado diversos artículos, entre ellos uno sobre la resurrección de Lázaro en el Cuaderno Bíblico n. 127, En torno a los relatos bíblicos. Estella, Verbo Divino, 2005.

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En la liturgia católica no hay lectura semicontinua del evangelio de Juan, Éste se inserta en los años A (Mateo), B (Marcos) y C (Lucas) durante grandes momentos de la proclamación de Jesús como Hijo de Dios y Salvador: Navidad, Cuaresma, Semana Santa, Tiempo pascual y Pentecostés. En este Cuaderno nos concentraremos en su primera parte, el Libro de los signos (Jn 1-12). Al hablar de «signo», Juan no pone el acento en hechos extraordinarios, que obligarían al lector a creer, sino en el sentido que hay que dar a los gestos llevados a cabo por Jesús, Los cuenta para que el lector crea y, al creer en Jesús, reciba la vida. Por Bernadette Escaffre

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Leer a Juan en su lugar litúrgico
l evangelio según san Juan se encuentra en varios lugares en cada uno de los tres años litúrgicos A, B y C (cf, las tablas, pp. 56-58). Se lee durante la Cuaresma (3er, 42 y 52 domingos de los años A y B, y solamente el 52 domingo del año C). Ocupa todo el lugar del Tiempo pascual, excepto el 3er domingo de los años A y B, que echa mano de Lucas, Cada año, la vigilia de Pentecostés ofrece el breve pasaje de Jn 7,37-39, en el que Jesús llama al creyente a que acuda a él para apagar su sed: «Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba»,

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El prólogo (Jn 1,1-18) está puesto en relación con la Navidad. Es el evangelio que se lee durante la misa del día del 25 de diciembre, sea cual sea el año litúrgico. Durante la Semana Santa, el evangelio según san Juan ocupa un lugar particular, En efecto, el relato del lavatorio de los pies, propio de Juan (Jn 13,1-15), es indisociable de la liturgia del Jueves Santo. La pasión del cuarto evangelio se lee enteramente cada Viernes Santo. En cuanto al descubrimiento del sepulcro vacío (Jn 20,1-9), se proclama cada año en la misa del día de Pascua, Al ser el evangelio de Marcos más breve que los otros, algunos domingos del Tiempo ordinario del año B echan mano del cuarto evangelio. De los domingos 172 al 20 s , Jn 6 (multiplicación de los panes y discurso del pan de vida) se lee casi enteramente. Otros pasajes del evangelio se leen algunos domingos o fiestas: el relato de la aparición de Jesús y el don del
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Espíritu a los discípulos reunidos (Jn 20,19-23) durante la misa del día de Pentecostés del año A; la expulsión de los mercaderes del Templo (Jn 2,13-22) en la fiesta de la Dedicación de la basílica de Letrán; una parte del discurso de Jesús tras su encuentro con Nicodemo (Jn 3,13-17) en la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz; un pasaje cercano al anterior (Jn 3,16-18) en la fiesta de la Santísima Trinidad del año A; las preguntas del Resucitado a Pedro, «¿Me amas?» (Jn 21,15-19), en la fiesta de los santos Pedro y Pablo. El 22 domingo del Tiempo ordinario ofrece cada año un pasaje del cuarto evangelio: el testimonio de Juan Bautista ante la delegación de sacerdotes y levitas procedentes de Jerusalén (Jn 1,19-34) en el año A; el testimonio de Juan Bautista ante sus propios discípulos y el primer encuentro entre Simón y Jesús (Jn 1,35-42) en el año B; las bodas de Cana (Jn 2,1-11) en el año C.

Pasajes ausentes
Aunque algunos pasajes del evangelio de Juan se leen cada año, sin embargo la liturgia de los domingosy las fiestas en los tres años A, B y C no ofrece la totalidad de los ochocientos setenta y ocho versículos del texto. Podemos entender que no se lean algunos versículos de transición. Por ejemplo los que hablan de los bautismos de Juan y de Jesús antes del encuentro con la samaritana (Jn 4,1-4); o bien, después de la resurrección de Lázaro, la declaración profética del sumo sacerdote Caifas sobre la muerte de un solo hombre por el pueblo (Jn 11,46-54). No obstante, a pesar de que cumplen una función de transición entre dos episodios, estos versículos y otros (mencionados en la tabla de la página siguiente) son claves para la comprensión de la teología joánica. La ausencia de los pasajes que tienen paralelos en los evangelios sinópticos puede estar justificada. Así, la cu-

ración del hijo del funcionario real (Jn 4,43-54; relacionado con Mt 8,5-13 y Le 7,1-10), Jesús caminando sobre las aguas (Jn 6,16-23; relacionado con Mt 14,22-33 y Me 6,45-52) y la unción en Betania (Jn 12,1-11; / / e n Mt 26,6-13 y Me 14,3-9), la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalen (Jn 12,12-19; / / e n Mt 21,1-9; Me 11,1-10 y Le 19,28-38), No obstante, podemos leer Jn 12,12-16 en la procesión de los Ramos del año B en lugar del pasaje de Marcos. Las perícopas paralelas se leen al menos una vez en los ciclos litúrgicos de los sinópticos, Por el contrarío, la omisión de algunas perícopas propias de Juan, y que son particularmente importantes, resulta sorprendente; así, el encuentro de Jesús con Natanael (Jn 1,43-51), el diálogo entre Nicodemo y Jesús (Jn 3,1-12) o la aparición del Resucitado a María Magdalena (Jn 20,10-18),

Un plan trazado
Juan y el águila La iconografía tradicional atribuye a los cuatro evangelistas los símbolos del hombre, del león, del toro y del águila. Este reparto está inspirado en una visión de Ezequiel, recogida en el Apocalipsis, en la que la majestad divina está enmarcada por cuatro «vivientes» con varios rostros (Ez 1,5-12 y Ap 4,6-7). A pesar de que, para Ireneo de Lyon (siglo n), el águila representa a Marcos, esta ave regia está asociada a Juan desde san Jerónimo (comienzos del siglo v). En efecto, el cuarto evangelista alcanza las cimas de la teología, lo mismo que el águila llega a las cumbres de las montañas. No obstante, esto no quiere decir que Juan «planee» por las alturas sin poner nunca el pie en la tierra. Aunque nos habla del Logos («Verbo» o «Palabra») presente antes de toda creación, afirma que el Verbo se ha convertido en hombre. Igual que el águila tiene una mirada perspicaz que le permite ver de lejos, pero con precisión, todo lo que sucede en el suelo por debajo de ella, así la «alta cristología» joánica nos cuenta detalladamente la realidad de la encarnación. El Leccionario no permite captar un plan de conjunto del cuarto evangelio, Los pasajes conservados están demasiado fragmentados y dispersos a lo largo de los tres años litúrgicos A, B y C. No tenemos una lectura seguida ni semicontinua del evangelio de Juan, No se puede deducir de la liturgia una división del cuarto evangelio, Por tanto nos basamos en el propio libro para buscar una posible estructura, Es fácil separar los dieciocho primeros versículos del resto del evangelio, En efecto, son de un estilo diferente y corresponden a un himno poético que parte de los orígenes, «Al principio» (Jn 1,1)1, para acabar con el acon-

1. En general, las citas están tomadas de La Biblia, de La Casa de la Biblia. 5

Versículos no conservados por el Leccionario de los d o m i n g o s y fiestas Referencias Jn 1,43-51 Jn 3,1-12 Jn 3,23-36 Jn 4,1-4 Jn 4,43-54 Jn 5,1-47 Jn 6,16-23.36-40.59.70-71 Jn 7,1-36.40-53; 8,12-59 Jn 10,19-26.31-42 Jn 11,46-57 Jn 12,1-11 Jn 12,12-19 Jn 12,34-50 Jn 13,16-30 Jn 13,36-38 Jn 14,30-31; 15,18-25; 16,16-33 Jn 20,10-18 Jn 21,20-25 Contenido Encuentro de Jesús con Felipe y Natanael Encuentro de Jesús con Nicodemo Juan Bautista, el amigo del esposo, da testimonio nuevamente de Jesús Discípulos y bautismo de Jesús y de Juan Bautista Regreso de Jesús a Galilea y curación del hijo del funcionario real Curación del paralítico de la piscina de Betesda y discurso de Jesús Jesús camina sobre el mar. La muchedumbre busca a Jesús. Parte del discurso de Jesús. Anuncio de la traición de Judas Jesús en la fiesta de las Tiendas Jesús en la fiesta de la Dedicación y partida de Jesús a TransJordania Decisión de matar a Jesús y profecía de Caifas, el sumo sacerdote Unción en Betania Entrada mesiánica en Jerusalén (Jn 12,12-16 es una elección posible durante la procesión de los Ramos, año B). Controversia y discurso de revelación de Jesús Anuncio de la traición de Judas Promesa de Pedro de seguir a Jesús Pasajes del discurso de Jesús después de la cena Aparición del Resucitado a María Magdalena Palabras de Jesús sobre el discípulo amado y segunda conclusión del evangelio

tecimiento del que se tratará a lo largo del relato: «A Dios nadie lo ha visto nunca; el Hijo único, que está en el seno del Padre, es el que nos lo ha dado a conocer» (Jn 1,18; se podría traducir también: «,., es el que nos lo ha contado»). Así, el himno inicial se cierra con el anuncio de un relato que ciertamente es el del evangelista, pero también y sobre todo el del Hijo único. El último capítulo (Jn 21) tiene que ser puesto aparte del cuerpo del evangelio, y quizá ser clasificado bajo el c

título de «epílogo». En efecto, el final del capítulo 20 corresponde a una conclusión (cf. vv. 30 y 31) en la que el autor precisa que Jesús hizo otros muchos signos además de los que han sido contados en el evangelio, y que los que se encuentran en él «lo han sido para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, por vuestra fe, tengáis vida en su nombre». El capítulo 21, añadido después de esta primera conclusión, cambia de decorado. La escena se sitúa en Galilea, a orillas

del lago de Tiberíades, mientras que los episodios del capítulo 20 tenían lugar en Jerusalén, El capítulo 21 ofrece una conclusión distinta, Ésta coincide por otra parte con la precedente por lo que respecta a la afirmación de hechos y gestos llevados a cabo por Jesús, pero dejados de lado por el redactor. El resto del evangelio puede dividirse en dos partes de cuatro secciones cada una. La primera parte es llamada generalmente «Libro de los signos», y traza la vida pública de Jesús desde su primera venida hacia Juan Bautista hasta su entrada triunfal en Jerusalén. La segunda puede titularse «Libro de la Hora» o «Libro de la gloria», y cuenta el final de la vida de Jesús, su última cena y su pasión, aunque también su resurrección: Jn 1,1-18: Prólogo Jn 1,19-12,50: Libro de los signos Jn 1,19-51: Testimonio de Juan y primeros discípulos de Jesús Jn 2,1-4,54: De Cana a Cana, del primer signo de Jesús al segundo Jn 5,1-10,42: Obras, signosy discursos de revelación de Jesús Jn 11,1-12,50: Resurrección de Lázaro y decisión de matar a Jesús Jn 13-20: Libro de la Hora o Libro de la gloria Jn 13,1-17,26: Última cena y discursos de despedida Jn 18,1-19,42: La pasión Jn 20,1-29: La resurrección Jn 20,30-31: Conclusión Jn 2 1 : Epílogo

¿Una e s t r u c t u r a a partir de las fiestas judías? El cuarto evangelio da importancia a lasfiestaslitúrgicas. Éstas se mencionan en varias ocasiones y procuran un cierto esqueleto al escrito. Algunos elementos de la fiesta son citados más o menos explícitamente por Juan, que nos muestra cómo Jesús «celebra», o más bien realiza, la fiesta en su persona. Es el caso claramente de la última Pascua, cuando Jesús muere en el momento en que se ofrece el cordero pascual en el Templo, sin romperle los huesos, en conformidad con lo que dice la Escritura a propósito de las condiciones de aptitud del cordero pascual (Jn 19,31-37; cf. Ex 12,46). Después de la semana inaugural o de «re-creación» (Jn 1,19-2,12) que sigue al prólogo (Jn 1,1-18) se entra en la primera Pascua a partir de Jn 2,13. Después siguen las otras fiestas: • Jn 2,13-3,21: primera Pascua; • Jn 5,1-47: «Unafiesta»(o «la fiesta» según algunos manuscritos); • Jn 6,1-70: segunda Pascua; • Jn 7,1-10,21: fiesta de las Tiendas2; • Jn 10,22-39: fiesta de la Dedicación del Templo; • Jn 11,55-20,31: tercera Pascua. De esta manera no tenemos todo el evangelio. Algunos pasajes, como el del encuentro con la samaritana, a pesar de que gire en torno al «culto», no están en relación con una fiesta concreta. Así pues, es difícil ofrecer una verdadera estructura del conjunto del evangelio a partir de las fiestas. Sin embargo no podemos ignorarlas para entender la cristología de Juan.

2. Estos tres capítulos y medio habría que situarlos en el marco de la fiesta de las Tiendas. Cf. L, DEVILLERS, La saga de Siloé, Jésus et la féte des tentes (Jean 7,1-10,21). París, Cerf, 2005, 7

Los signos de Jesús
En este primer Cuaderno vamos a concentrarnos en el Libro de los signos. El cuarto evangelio evita emplear la palabra «milagro» y habla de «signo» (griego semeion) para calificar las acciones milagrosas de Jesús, Así, la transformación del agua en vino en Cana es el «comienzo de los signos» llevados a cabo por Jesús (Jn 2,11); la curación del hijo de un oficial real es el «segundo signo» (Jn 4,54), Aunque el término no se encuentre en cada episodio, se pueden señalar siete signos en esta primera parte. Además de los dos primeros, que acabamos de mencionar, están: 3) el paralítico de la piscina de Betesda; 4) la multiplicación de los panes; 5) Jesús caminando sobre las aguas; 6) la curación del ciego de nacimiento, y 7) la resurrección de Lázaro.

Al hablar de «signo», Juan no pone el acento en el hecho extraordinario, que obligaría a la persona a creer, a pesar de que ese hecho tenga una dimensión excepcional, sino en el sentido que hay que dar al gesto de Jesús. Así pues, el evangelista orienta al lector hacia la interpretación que hay que dar al acontecimiento narrado; lo cuenta para que la persona crea y, al creer en Jesús, tenga la vida (cf. Jn 20,31), No obstante, el signo puede ser equívoco y puede llevar a interpretaciones diferentes, Ahí es donde interviene la libertad de cada persona en su lectura del acontecimiento, Así, ante la curación del ciego de nacimiento, las autoridades religiosas declaran que Jesús es pecador, mientras que el beneficiario reconoce al que le ha abierto los ojos como su Señor y se postra a sus pies (Jn 9,38).

Lista de recuadros Juan y el águila Versículos no conservados por el Leccionario ¿Una estructura a partir de las fiestas judías? «El Logos se hizo carne» Composición poética La «carne» Juan Bautista Egó eimi, «Yo soy» Un cambio de orden El malentendido Memoria y relectura pascual s p. 5 p. 6 p. 7 p. 10 p. 11 p. 12 p, 15 p. 16 p. 20 p. 23 p. 24 El agua del pozo de Jacob El profeta Oseas y el episodio de la samaritana Límites de la lógica Fe en Cristo y comunión eucarística Los «judíos» Un problema textual Los interlocutores confundidos Un camino bautismal La imagen de la puerta Dos hermanas y un hermano Situarse frente a Jesús ¿Getsemaní en el cuarto evangelio? p. 28 p. 29 p, 34 p. 37 p. 40 p. 42 p. 44 p, 46 p. 48 p. 50 p. 51 p, 55

La boda de Cana en las liturgias latinas y orientales .. p, 21

Un «pro-Logos» para el evangelio (1,1-18)
o entramos directamente en el relato evangélico por medio de la infancia de Jesús (como Mateo o Lucas) o de los comienzos de su vida pública ya de adulto (como Marcos), El cuarto evangelio se inicia con una especie de prefacio no firmado, mucho más desarrollado que los comienzos de las obras de Marcos (Me 1,1) o de Lucas (Le 1,1-4), llamado habitualmente «prólogo

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Este prólogo, escrito en estilo poético, introduce ciertamente a la lectura de todo el evangelio, aunque t a m bién es su relectura, Situado al comienzo del relato, lo precede, pero, en cierta forma, lo sigue, ya que verosímilmente surgió de una reflexión posterior sobre la teología joánica, Es «pro-logo», pues está situado antes de cualquier palabra del evangelio, pero al mismo tiempo es «pro-Logos», si podemos hablar así, porque es un himno enteramente en favor (griego pro-) del Logos (Verbo o Palabra)3.
3, Para leer: - A. MARCHADOUR, L'Évangile de lean (1992), en Les Évangiles, Textes et commentaires. París, Bayard, 2001, pp. 873-879, - A. JAUBERT, El evangelio según san Juan. CB 17. Estella, Verbo Divino, "2006, pp. 17-26. - X. LÉON-DUFOUR, Lectura del evangelio de Juan I. Salamanca, Sigúeme, 1989, pp. 31-118. - J. ZUMSTEIN, «Le prologue, seuil du quatriéme évangile», en Recherches de Science Religieuse 83/2 (1995), pp. 217-239.

Lectura de conjunto. El prólogo no es ni un plan del evangelio ni un resumen, Nada de lo que contiene se cita en el orden ni tal como está en el cuarto evangelio, En efecto, algunas palabras, sin embargo centrales, están ausentes del cuerpo del relato. Así, el Logos preexistente y creador, el pleroma (la plenitud) y la «gracia» (vv. Nativükí á¿Seno,
Mm 14, 16 y 17) no se encuentran después ^ ík de 1,18, Podemos leer el término ¡oJnl,l-lí gos (en singular o en plural) en el corpus del evangelio de Juan, pero será en otro sentido, más corriente, el de «palabra» (2,22; 4,39 y otros). Por otra parte, el prólogo no describe los diferentes acontecimientos de la vida de Jesús, dejando este asunto al evangelio. Así, incluso aunque se trata de la no acogida del Logos por parte del mundo o de los suyos, la cruz como tal no se menciona.

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Sin embargo, a pesar de su estilo diferente e incluso aunque, en la historia de la formación del cuarto evangelio, este himno fuera quizá independiente, actualmente está perfectamente unido al conjunto del escrito al que introduce, La divinidad del Logos encarnado en Jesús, anunciado al principio y al final del prólogo (Jn 1,1 y 1,18), forma una inclusión con el final del evangelio, cuando Tomás reconoce al Resucitado como su «Señor y Dios» (Jn 20,28), Además, la mayor parte de los términos y temas presentes en estos primeros versículos se encuentran en el evangelio, así: la «vida», la «luz» y el dualismo «luz/tinieblas», el «mundo», la «gloria», los verbos «creer», «conocer» o «nacer», Una misma teología recorre portante el evangeliojoánico desde la primera frase del prólogo a la última del epílogo, Desde sus primeras palabras, el prólogo nos sitúa ante la creación del mundo con un solemne «Al principio» (Jn 1,1), que remite al Génesis (Gn 1,1). Termina con la afirmación de la posibilidad de conocer a Dios gracias a la revelación o al relato que ha hecho de él el Hijo único. Así es toda la historia de la salvación, desde los orígenes hasta la encarnación, pasando por el don de la Tora a Moisés en el Sinaí, la que se describe en algunos trazos y nos ayuda a comprender la salvación traída por Jesús. Al hilo del texto. 1) El Logos es el centro de los primeros versículos. Se precisa su identidad: estaba «al principio». Está «junto a Dios». Es Dios. Después vamos a enterarnos de que todo fue creado por él y, finalmente, que «planta su tienda» entre los hombres y se'encarna en un ser humano. Lo que se dice del Logos se une a la presentación de la Sabiduría de la que hablan el libro de los Proverbios (8,12-31)y el Sirácida (24,2-29). En estos dos pasajes, la Sabiduría, lo mismo que una
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«El Logos se hizo c a r n e » La tradición rabínica designa frecuentemente a Dios como «Aquel que dijo y el mundo fue». Este poder de realización atribuido a la palabra se aplica perfectamente al Logos, por el cual todo llega a ser: «Todo fue hecho por él, y sin él no se hizo nada» (Jn 1,3). Jesús-Logas es enviado para hacer la voluntad del Padre (Jn 4,34a; 5,30; 6,38-39) y cumplir la obra que le ha mandado hacer (cf. Jn 4,34b; 5,36-37; 6,29; 9,4; 10,36-38; 15,21-24; 17,4: «Te he glorificado aquí en el mundo, cumpliendo la obra que me encomendaste») [...] Jesús-palabra es revelación del Padre. En la palabra tenemos nuestro medio de expresión más fundamental; a veces puede ser una simple mímica, un gesto; normalmente se trata de un discurso articulado que expresa algo de nosotros. Esta palabra exige que se sigan unos efectos; si expreso un deseo es con la perspectiva de ver cómo se realiza; si expreso un proyecto es con la finalidad de hacerlo; de lo contrario la palabra no es más que viento. En Dios, esta palabra se convierte inmediatamente en realizada; habla, y sucede. Mediante la palabra buscamos expresar lo mejor de lo que somos. ¿Para un Padre no es acaso su hijo? Todo el movimiento de la revelación bíblica nos muestra la «encarnación» progresiva de esta palabra en un pueblo. Si la presencia divina acaba por establecer su Tienda en Jacob (cf. Eclo 24,8), es en definitiva para estar con el hijo primogénito, Israel, y, por extensión, con los hombres. J. MASSONNET, «L'incarnation», en la revista Sens. Juifs et chrétiens dans le monde d'aujourd'hui 1 (2008), pp. 6 y 9-10.

persona, toma la palabra para decir quién es: «Primogénita» de todas las criaturas, fue engendrada antes que las colinas y las montañas fueran diseñadas. Está presente durante la creación, cuando Dios establecía los cielos, actúa en el curso de la historia de la humanidad y puso su tienda en medio del pueblo de Dios, Igual que el Logos, la Sabiduría está cerca de Dios, Se encuentra a su lado, aunque, de forma diferente que la Sabiduría,

el Logos no sólo está cerca de Dios y en relación con él, sino que es Dios mismo, 2) El Logos es vida y luz, El primer día del Génesis, la luz es creada por Dios, a la que separa después de la tiniebla (Gn 1,3-4). Es el primero de los actos creadores que preparan las condiciones de la vida para el ser humano, creado el sexto día, El prólogo identifica al Logos con la vida y la luz, y precisa que brilla en las tinieblas, En cuanto a éstas, son incapaces de captar la luz. Ahí se anuncia ya la victoria sobre el mal. 3) Juan es presentado como un hombre «enviado de parte de Dios». Es un honor que está reservado a Jesús (Jn 3,17) y al Espíritu (Jn 14,26) en el cuarto evangelio, Nombrado dos veces en el prólogo y presentado de esa

forma, Juan Bautista podría ser tomado como lo que no es, Por eso el prólogo precisa inmediatamente que Juan es testigo de la luz y, más explícitamente, que él no es la luz, Después, tras la mención de la encarnación y de la gloria del Padre, que a partir de ahora podemos ver en Jesús (v. 14), el testimonio y la proclamación de Juan se ofrecen en estilo directo: «El que viene detrás de míy ha sido colocado por delante de mí, porque existía antes que yo» (v, 15), 4) La no aceptación del Logos parece ser general: no es reconocido por el mundo (= la humanidad) en la que se ha hecho presente, no es recibido por «los suyos» (no solamente su pueblo, sino también todas las naciones), hacia los que ha venido la Luz, Sin embargo, una nota de esperanza aparece inmediatamente después de es-

Composición poética Muchos expertos se han preocupado por la composición poética de este himno. Basándose en los paralelos de palabras y temas, la mayor parte de ellos señalan una estructura concéntrica, técnica frecuente en la Biblia hebrea. Dos partes (vv. 1-11 y 14-18) rodearían un eje constituido por los vv. 12-13. Ésta es una de las posibles formas: A (vv. 1-5) B (vv. 6-8) C(vv. 9-11) X(vv. 12-13) Algunos prefieren sin embargo una organización basada en las reglas de la poesía griega. Habría dos partes (vv. 1-8 y vv. 9-18). Cada una empieza con una estrofa a la que responde una antiestrofa con un número casi idéntico de sflabas y de acentos tónicos; entre las dos, una breve transición llamada «mésodo»: estrofa A (vv. l-3ab) estrofa B (vv. 9-13) mésodo (vv. 3c-5) mésodo (v. 14) antiestrofa A' (vv. 6-8) antiestrofa B' (vv. 15-18) El Leccionario católico pone entre corchetes los vv. 6-8 y 15 (por tanto el lector puede ignorarlos en su lectura). Estos versículos dedicados al testimonio de Juan Bautista sin embargo son indispensables para el equilibrio del himno.
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A'(w. 16-18) B' (v. 15) C'(v. 14)

tas afirmaciones. En efecto, se trata de la acogida del Logosy de la posibilidad de convertirse en hijos de Dios. Por tanto se pasa de un rechazo que parece general a una acogida que empieza con un «todos» («todos los que lo recibieron»), 5) Pablo emplea frecuentemente el término «carne» para calificar lo que en la persona es la sede del pecadoy opuesto al Espíritu. No es el caso en el cuarto evan-

gelio, donde hay que ver bajo este término el sustrato semítico. El término «carne», por tanto, no tiene un sentido negativo, sino que designa al ser humano mortal, corruptible, limitado. A partir de ahí, cuando el prólogo dice: «El Logos se hizo carne», significa que el Logos asumió plenamente nuestra humanidad. No tenía la apariencia de un hombre, Fue hombre desde el nacimiento hasta la muerte, a la que no escapó, 6) El don de la Ley está ligado a la gracia de la verdad, La encarnación del Logos es presentada como una gracia tras otra gracia, Dios no limita sus dones, Al don de la Tora o Ley en el Sinaí transmitida por Moisés se añade otro don, el de la «verdad», En la Biblia, la verdad no es una idea o un concepto, sino la fidelidad de Dios a su palabra, a sus promesas. La verdad de Dios se nos da en Jesucristo, no solamente porque nos la ha dicho, sino porque él mismo es la verdad; «Yo soy la verdad» (Jn 14,6), Es la plena realización de las promesas de Dios, la encarnación de la palabra de Dios, 7) El prólogo acaba con el recuerdo de una constatación de la Biblia: la imposibilidad de ver a Dios; el mismo Moisés, que hablaba con Dios «cara a cara» (Ex 33,11), no pudo ver al Señor más que de espaldas, una vez que hubo pasado (Ex 33,23). Sin embargo, el Hijo único, que está en la intimidad del Padre, nos permite superar esta imposibilidad, porque «nos lo ha dado a conocer» (un único verbo en griego, exegésato). Este término, de la misma raíz que la palabra «exégesis», significa literalmente «conducir paso a paso», «explicar» o «contar». Así, el acento no recae en la visión, sino en la palabra, y el himno acaba con un verbo que hace referencia al relato. La narración que empieza a partir del v, 19 es a partir de estos momentos no sólo el relato del evangelista, sino también y primeramente el del Hijo.

La « c a r n e » El término «carne» (griego sarx) se encuentra trece veces en el cuarto evangelio (contra 91 veces en las cartas de Pablo). ¿Cuáles son sus empleos? - el ser humano (17,2); - el contraste entre sarx y pmeuma («aliento», «viento», «espíritu») marca el contraste o la distancia entre el mundo divino y el humano (Jn 3,31: tierra/cielo); «lo que ha nacido de la carne no es más que carne; lo que ha nacido del Espíritu es espíritu» (3,6); - «Juzgar según la carne» (8,15; «... de forma puramente humana», dice la traducción litúrgica) corresponde a tener un punto de vista puramente humano; - el Verbo convertido en carne significa que se hace ser humano y participa plenamente de nuestra humanidad; - el Hijo del hombre da a comer su carne. En Juan, el término tiene el sentido de «ser humano mortal y limitado». No hay connotación negativa: «Juan no rechaza la materia como mala, como sostendrán los gnósticos del siglo II». (Cf. E. COTHENET, «Chair et Esprit en saint Jean», en Liturgie, éthique et peuple de Dieu. Conférences Saint-Serge. XXXVII Semaine d'Études Liturgiques. París, 26-29 de junio de 1990. Ed. de A. M. TRIACCA / A. PISTOIA. Roma, CLV

Ed. Liturgiche, 1991, pp. 81-96, aquí, pp. 82s y 92).
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Leccionario: Dios viene, está en Jesús Natividad, día. El mensaje del profeta Isaías (I a lectura: Is 52,710) es una invitación a la alegría, puesto que un mensajero de buenas nuevas llega para anunciar la paz, para decir que Dios reina y que, por tanto, los poderes del mal serán vencidos. El Sal 97 (96) se asocia a la alegría del mensajero. Nos invita a cantar un canto nuevo y a tocar la cítara y todos los instrumentos para celebrar la victoria que trae el Señor. Desde siempre Dios se interesa por la historia humana. Habló a los padres por medio de los profetas. Habló por su Hijo, al que estableció como heredero y por quien creó todo (2* lectura: Heb 1,1-6). Este pasaje de la carta a los Hebreos resuena en el evangelio. El prólogo de Juan que se lee este día de Navidad nos sitúa en los orígenes y nos dice que todo fue creado por el «Verbo», luz que brilla en las tinieblas.

índice de las primeras lecturas del Leccionario
Se han indicado las lecturas que, puestas en relación por la liturgia con una perícopa de Juan 1-12, constituyen el objeto de una nota en la rúbrica «Leccionario» (excepto los salmos responsoriales). Están clasificadas por el orden tradicional católico (Vulgata). -Gn 11,1-9 -Ex 16,2-4.12.15 -Ex 17,3-7 -Ex 19,3-20 -Ex 20,1-17 -Ex 34,4b-6.8-9 -Nm21,4b-9 -Dt 8,2-3.14b-16a -Jos24,l-2a.l5-17.18b -1 Sam 3,3-19 -1 Saml6,1.6-7.10-13a -1 Re 19,4-8 -2 Re 4,42-44 -2 Cr 36,14-16.19-23 p. 41 p. 37 p. 30 p.41 p. 24 p. 27 p. 27 p. 38 p. 39 p. 18 p. 47 p.37 p. 35 p. 27 -Prov 9,1-6 -Sab 4,7-15 -Is 43,16-21 -Is 49,3-6 -Is 52,7-10 -Is 61,1-11 -Is 62,1-5 -Jr 31,31-34 -Ez 37,1-14 -Ez 37,12-14 -Ez 47,1-12 -Jl 3,1-5 -Hch 2,14a.36-41 -Hch 4,8-12 p. 38 p. 52 p.43 p- iv p. 13 p.17 p. 22 p. 55 p. 41 p. 52 p. 24 p. 41 p.48 p.48 -Hch 13,14.43-52 -Rom 5,1-8 -Rom 8,8-11 -Rom 8,22-27 -1 Cor 1,1-3 -1 Cor 1,22-25 -lCor3,9b-17 -1 Cor 6,13-20 -1 Cor 10,16-17 -1 Cor 12,4-11 -2 Cor 13,11-13 -Ef 2,4-10 -Ef 4,1-6 -Ef 4,17.20-24 p.48 p. 30 p. 52 p. 41 P-17 p. 24 p. 24 p. 18 p. 38 p. 22 p. 27 p. 27 p. 35 p.37 -Ef 4,30-5,2 -Ef 5,8-14 -Ef 5,15-20 -Ef 5,21-32 -Flp 2,6-11 -Flp 3,8-14 -1 Tes 4,13-18 -1 Tes 5,16-24 -Heb 1,1-6 -Heb 5,7-9 -1 Pe 2,20b-25 - U n 3,1-2 -Ap 7,9.14b-17 p.37 p. 47 p.38 p. 39 p.27 p.43 p.52 p.17 P 13 p.55 p.48 p.48 p.48

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El Libro de los signos (1,19-12,50)

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espués del prólogo entramos en la primera gran parte del evangelio. No hay relatos de la infancia, contrariamente a los evangelios de Mateo y de Lucas. Igual que en el evangelio de Marcos, Jesús es ya adulto cuando entra en escena.

Esta parte (cf. la estructura ofrecida más arriba, p. 7) empieza con una primera sección introductoria (1,1951) en la que se encuentran el testimonio de Juan Bautista y el encuentro de Jesús con personas que se convertirán en discípulos, La segunda sección (2,1-4,54) forma un ciclo que parte de Cana de Galilea, con el primer signo (el agua transformada en vino), y acaba en la misma ciudad, con el segundo signo (curación del hijo de un funcionario real), tras una estancia en Judea y Samaría. La tercera sección (5,1-10,42) cuenta en primer lugar la curación del paralítico y después la multiplicación de los

panes, con el discurso sobre el pan de vida, la celebración de la fiesta de las Tiendas en Jerusalén, con enseñanzas en las que Jesús revela su identidad, y la curación del ciego de nacimiento, seguido de discusiones con algunos interlocutores en busca de discernimiento sobre la autenticidad del mensaje de Jesús y de su misión, La cuarta sección (11,1-12,50) se encamina hacia la decisión de matar a Jesús: la resurrección de Lázaro, último signo de este «Libro de los signos», anuncia la pasión, la cruz y la resurrección, objetos de la segunda parte del evangelio: el «Libro de la Hora»,

I. El testimonio de Juan y los primeros discípulos de Jesús (1,19-51)
Empezamos «al otro lado» del Jordán (v. 28) -indicio de que el narrador contempla los acontecimientos desde Judea-, Allí se encuentra Juan Bautista, y Jesús va a
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reunirse con él, Iremos después a Galilea, a Cana, y después sucesivamente a Cafarnaún, Jerusalén, Samaría, de nuevo Cana, etc, Los desplazamientos de Jesús son

numerosos, pero no tienen lugar solamente en Galilea y sus regiones limítrofes. Durante su vida pública y antes de su pasión, Jesús subirá varias veces a Jerusalén. El primer episodio del evangelio se desarrolla por tanto en TransJordania. Jesús va allí a encontrarse con aquellos que se convertirán en sus primeros discípulos4, Lectura de conjunto. Después del prólogo, a partir del v. 19 empieza el relato, Algunos personajes entran en escenay se desarrollan algunos acontecimientos durante cuatro jornadas consecutivas, Cf, la mención del «día siguiente» que acompasa el relato (1,29.35,43), El evangelio de Juan concede una gran importancia a Juan Bautista, Tras el prólogo, donde éste ha sido nombrado dos veces, las primeras palabras se refieren a él y presentan su testimonio ofrecido durante las tres primeras jornadas, Jesús no entra en escena más que a partir de la segunda jornada, aunqueya ha sido presentado por Juan Bautista el primer día, Una delegación de sacerdotes y levitas se desplaza desde Jerusalén para ir más allá del Jordán e interrogar a Juan Bautista sobre su identidad, Esto muestra la importancia de Juan Bautista, tanto más habida cuenta de que los nombres que se le proponen le darían una envergadura mesiáriica, Ahora bien, cuando la atención se centra en él, el Bautista desvía las miradas hacia Je-

Juan Bautista El cuarto evangelio ofrece una presentación de Juan Bautista muy diferente de la de los evangelios sinópticos. Según Lucas, Juan es el hijo de Zacarías e Isabel. Por tanto es pariente de Jesús. El evangelio de Juan no se interesa por las relaciones de parentesco entre Juan y Jesús. Por otra parte, si Juan es verdaderamente «el bautista» (griego ho baptistés) en los evangelios sinópticos, no es el título que recibe en el cuarto evangelio. El calificativo que le convendría es el de «testigo» (cf. 1,7.15.19). En nuestro comentario continuaremos llamándole la mayoría de las veces «Juan Bautista», y no solamente Juan, para no confundirle con Juan el evangelista. Los evangelios sinópticos muestran a Jesús entrando en el Jordán para ser bautizado por Juan (cf. Me 1,9-10 y //). Ahora bien, el cuarto evangelio evita decir que Juan Bautista bautizó a Jesús. Si disponemos de informaciones sobre algo que podría ser el bautismo es a través de su testimonio: «He visto al Espíritu como una paloma...» (Jn 1,32), y en ninguna parte dice que bautizó a aquel al que presenta como depositario del Espíritu: «Aquel sobre el que veas al Espíritu bajar y permanecer sobre él, ése es el que bautiza en el Espíritu Santo» (Jn 1,33).

4. Para leer: - A, MARCHADOUR, L'Évangile de lean, o, c, pp. 883-882. - E, COTHENET, La Chame des témoins dans t'évangile de Jean. De Jean le Baptiste aü disüple bien aimé. París, Cerf, 2005, pp. 19-34. - X. LÉON-DUFOUR, Lectura del evangelio de Juan I, o. c, pp. 119-161, - A, MARCHADOUR, Les Personajes dans l'évangile de Jean. Mlroir pour une christologie narrative. París, Cerf, 2005, pp, 19-34.

sus, Sus negaciones sobre su propia identidad: «Yo no soy el Mesías.,, ni Elias... ni el profeta», son confesiones con respecto a aquel cuya superiori3 dad y anterioridad afirma, mientras " domingo dt Advient que Juan viene detrás de él. AñoB Jn 1,6-8 + 19-Z8 Cuando Jesús aparece, el segundo día, no dice nada; es Juan Bautista el ^ 2„ ^ ordimrio que habla, presentándole como el Año A «Cordero de Dios que quita el pecaJn 129-34 do del mundo» (Jn 1,29) y orientando a sus propios discípulos hacia Je2o áomingo oráinario sus. Contrariamente a los evangelios ^^ B sinópticos, donde es Jesús el que liaj n ^ 35.42 ma a sus primeros discípulos (Pedro,
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Andrés, Santiago y Juan; cf. Me 1,16-20 y//), en el cuarto evangelio, los primeros discípulos se unen a Jesús conforme al testimonio de Juan Bautista, en primer lugar, y después conforme a los de Andrés y Felipe, Sólo este último escucha un soberano «Yo soy» por parte de Jesús (Jn 1,43), En el caso de Pedro, habrá que esperar al final del relato, durante la aparición del Resucitado a orillas del lago de Galilea, para escuchar a Jesús decir: «Yo soy» (Jn 21,19,22), En esta sección del evangelio se dan varios títulos a Jesús que indican su identidad: Cordero de Dios (1,36), Maestro (v, 38), Mesías (v. 41), «aquel del que hablaron Moisés y los profetas» (v, 45), Rey de Israel (v. 49), Hijo de Dios (v. 49) e Hijo del hombre (v, 51), Por separado, ninguno de ellos agota el misterio de Cristo, A lo largo del evangelio habrá otros títulos que añadirán matices y perspectivas nuevas a la rica cristología joánica. Al hilo del texto. 1) Cuando le preguntan quién es, Juan Bautista responde diciendo quién no es, Rechaza los títulos de «Mesías», de Elíasy de «Profeta». Después acaba por decir quién es citando al profeta Isaías (40,3): «Yo, voz [traducción literal] del que grita a través del desierto: "Allanad el camino del Señor"» (Jn 1,23), Se difumina como protagonista y se define como una «voz», una simple voz que anuncia el mensaje de salvación y prepara el camino para Jesús, «Desaparece» para convertirse en un «portavoz». Lo cual hace decir a Orígenes: «Por una voz la Palabra se hizo presente» (Comentario al evangelio de Juan II § 194, «Sources chrétiennes» 120 bis, París, Cerf, 1996, p, 342).

Egó eimi, «Yo soy» En griego, egó es el pronombre sujeto de la primera persona del singular y corresponde a «yo». No tiene el sentido negativo del «ego» español. En los evangelios sinópticos, Jesús habla muy poco de sí mismo diciendo «egó/yo». Por contra, en el cuarto evangelio, Jesús emplea muy frecuentemente el egó solo o con un verbo, especialmente el verbo «ser» (griego, eimi). Jesús revela así quién es: «Yo soy el pan de vida» (6,35); «Yo soy la luz del mundo» (8,12); «Yo soy la puerta» (10,9); «Yo soy el buen pastor» (10,11.14); «Yo soy la resurrección» (11,25); «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (14,6), etc. «Yo soy» se utiliza siete veces en sentido absoluto, es decir, sin atributo, por ejemplo: «Antes de que Abrahán existiera, yo soy» (8,58). Las veces en que Jesús emplea egó eimi para presentarse, la fórmula se traduce con frecuencia por «soy yo» en nuestras biblias, aunque esta expresión podría tener también el sentido de «Yo soy». Es lo que ocurre en el momento en que Jesús, caminando sobre el mar, se dirige a sus atemorizados discípulos: «Soy yo [traducción literal: "Yo soy"], no temáis» (6,20). En el huerto del arresto. Jesús dice dos veces egó eimi a los que acuden a prenderle (18,5 y 8; además el narrador la repite en el v. 6). Ahora bien, la afirmación de Jesús no es un simple «soy yo»; tiene el sentido fuerte de «Yo soy», que remite a la revelación de Dios a Moisés. Por eso, cuando dice egó eimi, soldados y guardias retroceden y caen a tierra (18,6), como si se tratara de una teofanía. El «Yo soy» es empleado únicamente por Jesús en el evangelio de Juan. De hecho, cuando Juan Bautista debe decir quién es, primero dice quién no es, y después, ante la insistencia de las preguntas sobre su identidad, emplea el «egó/yo» sin el verbo «eimi/ser» (1,23), marcando así perfectamente la diferencia entre su identidad y la de Jesús. Solamente otro personaje se permitirá utilizar egó eimi: el ciego de nacimiento (Jn 9,9, cf. más adelante, p. 46).

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Leccionario: A ¡a escucha del enviado
3" domingo de Adviento, B. Lo mismo que Juan Bautista orienta la mirada de aquellos que van a preguntarle sobre su identidad hacia otro distinto a él, la liturgia atrae nuestra atención hacia otro enviado: aquel del que se trata en el libro de Isaías (I a lectura: Is 61,1-11) y que ha sido consagrado mediante la unción (es «Mesías») para traer la Buena Nueva de la salvación; este pasaje profético es el que lee Jesús en la sinagoga de Nazaret según Le 4,18-19; sin embargo, el cuarto evangelio no menciona este episodio. La carta a los Tesalonicenses (2a lectura: 1 Tes 5,16-24) exhorta a escuchar a los profetas, por tanto a Juan Bautista y a Jesús, a estar abiertos al Espíritu permaneciendo en la alegría y la oración. Es exactamente la actitud de María cuando canta el Magníficat, propuesto como salmo en esta eucaristía.

Leccionario: Luz de tas naciones
2° domingo ordinario, A. El papel del siervo de Dios según el Déutero-Isaías (Ia lectura: Is 49,3-6) no es solamente relativo al pueblo de Israel, cuyos exiliados debe reunir, sino que es universal. En efecto, debe ser «luz de las naciones» para anunciar la salvación hasta los confines de la tierra. En el prólogo del cuarto evangelio, Juan Bautista era presentado como «testigo de la luz», en su predicación del evangelio de ese día marca perfectamente la superioridad y la anterioridad de Jesús con relación a él. Si Juan ha venido a bautizar con agua para manifestar a Jesús a Israel, éste bautizará en el Espíritu Santo. La liturgia nos ofrece leer el evangelio a la luz del pasaje de Isaías y, por tanto, a ver la dimensión universal del bautismo. Esta universalidad es visible también en el comienzo de la primera carta a los Corintios (2a lectura: 1 Cor 1,1-3). En efecto, Pablo saluda a los cristianos, a los que escribe subrayando su vocación a la santidad, juntamente con la de todos aquellos que invocan el nombre del Señor en el mundo entero.

2) En los evangelios sinópticos, el bautismo de Jesús es contado por el evangelista con mayor o menor detalle. En Juan no hay descripción del bautismo de Jesús, sino el testimonio de Juan Bautista. Ahora bien, éste no dice que bautizara a Jesús, sino que afirma haber visto al Espíritu bajar y posarse sobre Jesús, Con este testimonio, el Bautista marca la diferencia entre el bautismo de agua que él administra y el de Jesús, que es en el Espíritu Santo (1,32-33). Contrariamente a los tres primeros evangelios, ninguna voz celestial proclama: «Éste es mi hijo», y es el propio Juan Bautista el que declara la filiación divina de Jesús (1,34), 3) No es más que al tercer día cuando escuchamos la primera palabra de Jesús en el cuarto evangelio: «¿Qué buscáis?» (1,38). Se dirige a los dos discípulos de Juan Bautista que se habían puesto a seguir a Jesús. Los discípulos responden con otra pregunta: «Rabí, ¿dónde vives?» (1,39), Al aceptar la invitación de Jesús vieron

dónde vivía y permanecieron con Jesús ese día. En esta etapa del texto evangélico aún no sabemos dónde vive Jesús, aunque más tarde Jesús hablará de su relación con el Padre y de su morada en los discípulos (Jn 14,10; 15,4s)5. El que está en el seno del Padre (1,18) plantó su tienda entre nosotros (1,14) y va a prepararnos una morada en los cielos (14,2),

5.1, DE LA POTTERIE, «L'emploi du verbe "demeurer" dans la mystique johannique», en Nouvelle Revue Theologique 117 (1995), p. 846, cita a GULLERMO DE SAINT-THIERRY: «Gracias a ti, Señor..,; hemos encontrado tu lugar: tu lugar es el Padre; y el lugar de tu Padre eres tú», en La contemplación de Dios. «Sources chrétiennes» 61. París, Cerf, 1959, pp. 124s. «7

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4) Andrés es uno de los dos primeros discípulos de Jesús. Precede a su hermano Simón y va a buscarlo para llevarlo a Jesús, Extrañamente, Pedro desempeña un papel completamente pasivo en este pasaje. Recibe el anuncio de Andrés: «Hemos encontrado al Mesías» (1,41), y no dice nada. Jesús le habla, cambia su nombre: «Tú eres Simón, hijo de Juan; serás llamado Cefas

(que quiere decir "piedra")» (1,42), y tampoco dice nada. Sin embargo, es el primer personaje del evangelio en recibir una palabra personal por parte de Jesús, También será el último (21,22). 5) La cuarta jornada marca un desplazamiento de Jesús hacia Galilea y la primera llamada de Jesús, que se encuentra con Felipe y le dice: «Sigúeme» (1,43). Contrariamente a Pedro, Felipe no es pasivo. Va al encuentro de Natanael, lo mismo que Andrés fue a buscar a su hermano Simón, y le anunciará su -¡aunque habla en plural!- descubrimiento: «Hemos encontrado a aquel del que hablan la ley de Moisés y los Profetas: es Jesús, hijo de José, de Nazaret» (1,45). Natanael reacciona ante el anuncio de Felipe igual que reaccionará ante las palabras de Jesús. Ante Felipe cuestiona la posibilidad de un origen nazaretano del Mesías, Ante Jesús se extrañará de su conocimientoy le reconocerá como «Hijo de Dios y rey de Israel» (1,49). 6) Al calificar a Natanael de «verdadero hijo de Israel, un hombre en quien no hay doblez» (1,47), Jesús pone ya a su interlocutor en relación con el personaje de Jacob-Israel, que engañó a su hermano (Gn 25,29-34 y 27,1-45), La relación con Jacob prosigue en la última frase de Jesús: «Veréis los cielos abiertos y a los ángeles de Dios que suben y bajan sobre el Hijo del hombre» (1,51), Lo mismo que Jacob descubrió la presencia de Dios en el lugar donde había dormido y había visto una escala por la que los ángeles subían y bajaban (Gn 28,12), Natanael y los discípulos estarán llamados a descubrir la presencia de Dios en Jesús y a conocerle como el lugar, o el lazo, que une la tierra y el cielo.

Mostrar

Leccionario: el camino hacia el Señor

2° domingo ordinario, B. La Ia lectura habla de la vocación de Samuel (1 Sam 3,3-19). Llamado por el Señor durante la noche, el niño responde inmediatamente «Aquí estoy», pero aún no conoce al que le dice: «Samuel, Samuel», y se dirige hacia el viejo sacerdote Eli. El anciano no abusará de la disponibilidad del joven, y no se aprovechará de su inexperiencia para ligarlo a él como siervo. Cuando se da cuenta de que la llamada es real, orienta a Samuel hacia el Señor. De forma semejante, Juan sabe orientar a sus propios discípulos hacia Jesús. En la primera carta a los Corintios (2a lectura: 1 Cor 6,13-20), Pablo hace que se tome conciencia de la relación que une al cristiano con Cristo. Esta relación es tan vital como la que une a los diferentes miembros de un mismo cuerpo. De ahí la importancia de que cada miembro haga lo que le corresponda para no perjudicar la vida del cuerpo. Pablo subraya también el hecho de que la persona ya no se pertenece a sí misma, pues el Espíritu la habita. Las diferentes lecturas de este domingo nos muestran que la actitud que hay que tener es no solamente la de orientar al otro hacia el Señor, sino la de volverse uno mismo hacia él.

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II. De Cana a Cana, del primer signo de Jesús al segu ndo (2,1-4,54)
Una boda en Cana (2,1-12)
Este episodio es propio de Juan, No cuenta un «milagro», sino un «signo» llevado a cabo por Jesús. Antes ya habíamos visto a Juan Bautista, que introducía a Jesús, así como a algunos discípulos, que se ponían a seguir a Jesús o daban testimonio de lo que aquél conocía de éste, En este pasaje se introducen nuevos personajes, entre ellos en particular algunos miembros de la familia de Jesús: en primer lugar su madre y, sin función activa en el relato, sus hermanos6, Lectura de conjunto. El episodio de Cana es a la vez la conclusión del prólogo narrativo del evangelio (Jn 1,19-2,12) y el comienzo de la parte siguiente, que va de Cana a Cana (Jn 2,1 a 4,54), parte que empieza con el primer signo y acaba con el segundo. Por tanto, este pasaje tiene una función de bisagra: en cuanto conclusión, acaba el ciclo de la semana inaugural (cf. a continuación la «cronología»); en cuanto introducción, es el primer signo (cf. a continuación «los signos»). - La cronología: el pasaje empieza con una información temporal con riqueza de sentido: «El tercer día». Después de una serie de «al día siguiente», que delimitaba cuatro días, el tercer día nos permite sumar un total de siete, lo que constituye 2 una semana completa, como la se° domingo or&mnc mana del primer relato de la creación Añ° c (Gn 1,1-2,4a), El cuarto evangelio coJn2,1-11 mienza su relato remitiendo al Génesis y subraya así la entrada en escena de Jesús. El testimonio de Juan Bautista, la llegada de Jesús y sus encuentros con los primeros discípulos acaban apoteósicamente: una boda, en la que el novio queda como un figurante anónimo y donde el protagonista, Jesús, hace un signo que manifiesta su gloria. Sin embargo, el tercer día podría tener también otro sentido, en particular el de anticipar la resurrección: en la comunidad cristiana, «el tercer día» recuerda inmediatamente el misterio pascual. - Los signos: lo que hace Jesús es presentado como el primero o, más exactamente, el «comienzo» (arjé) de los signos de Jesús narrados en el cuarto evangelio (2,11), Pero no se trata solamente del primero de una serie de signos de igual importancia. Xavier Léon-Dufour [Lectura del evangelio según Juan I, p. 194) habla con razón de «prototipo de los signos», otros comentaristas han hablado de «arquetipo». El signo de Cana marca el comienzo de la acción de Jesús, desvela el sentido de su identidad y de su venida, introduce a la comprensión de la muerte-resurrección y manifiesta su gloria a sus discípulos, que creen en él,
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6, Para leer: - A, MARCHADOUR, L'Évangile de lean, o. c, pp. 894-898. - Y.-M. BLANCHARD, Des signes pour croire? Une íecture de l'évangile de lean. París, Cerf, 1992, pp. 19-40.
L DEVILLERS / J.-N. GUINOT / G. DAHAN / D. PIERRE Y COLABORADORES, «Les

Noces de Cana», Suppléments au C, E, 117 (2001), - X. LÉON-DUFOUR, Lectura del evangelio de Juan I, o. c, pp. 162-194.

- La madre de Jesús: en ei cuarto evangelio no aparece más que dos veces, en Cana y al pie de la cruz, El narrador la designa como «madre de Jesús» (2,1; cf, t a m bién 19,25), Y Jesús la llama «Mujer,,,» (2,4 y 19,27), Jamás recibe nombre propio y, si no tuviéramos más que el evangelio de Juan, ignoraríamos cómo se llamaba María. Aquí está caracterizada en primer lugar por su relación maternal con Jesús. Pero, extrañamente, su hijo no le otorga el calificativo que determina su relación biológica con ella. Para él, ella es «mujer», Por una parte marca así una distanda con ella y, por otra, le atribuye una función más importante que la de ser la madre que lo ha traído al mundo y se ha ocupado de él, Al hilo del texto. 1) La madre es la primera y la única (¡!) en darse cuenta de la ausencia de vino. Ni el maestresala, a pesar de que era su tarea, ni el novio están atentos a esta carencia, Ella no se dirige ni a uno ni a otro. Es a Jesús a quien informa: «No tienen vino», mostrando ya que es más importante que ellos. 2) La respuesta de Jesús a su madre resulta extraña, En primer lugar no hay ninguna palabra afectuosa, sino que le responde: «Mujer, ¿qué a ti y a mí? Aún no ha llegado mi hora», Incluso parecería una falta de respeto. Sin embargo, al darle el título de «mujer» no se la apropia como madre y le da la posibilidad de desempeñar otra función, la de una figura femenina que recuerda a la nueva Eva y la comunidad de fe. En la cruz, cuando haya llegado la hora, podrá entregarla como madre al discípulo amado. 3) La madre de Jesús no responde directamente a su hijo. Habla a los criados y les comunica su absoluta confianza: «Haced lo que él os diga». Tiene una actitud de obediencia, como el pueblo de Israel, dispuesto a cum20

Un cambio de orden
La selección del Leccionario limita el texto al v. 11. El v. 12 no sería superfluo para la comprensión del texto. No se trata solamente de un versículo de transición centrado en el desplazamiento de los personajes hacia otro lugar, Cafarnaún. En efecto, el v. 12 forma una inclusión con los vv. 1 y 2: «Tres días después hubo una boda en Cana de Galilea. La madre de Jesús estaba invitada. También lo estaban Jesús y sus discípulos» (vv. 1-2). «Después, Jesús bajó a Cafarnaún, acompañado de su madre, sus hermanos y sus discípulos, y se quedaron allí unos cuantos días» (v. 12). El orden de los personajes ha cambiado. Al principio del relato, la madre precedía a Jesús. Estaba allí antes de que él llegara. Después de la boda ella es mencionada después que él. Esto se corresponde perfectamente con la actitud que ella ha tenido con respecto a su hijo: concederle el lugar central. Al dirigirse a los criados: «Haced lo que él os diga» (Jn 2,5), los invita a una escucha total. No precisa que se trata de su hijo (»... lo que mi hijo os diga»), y por tanto no lo acapara. No dice su nombre propio (»... lo que Jesús os diga»), sino que hace como si no pudiera haber confusión posible: Jesús, sin embargo un simple invitado a la boda, era el único «él» cuya palabra merecía una escucha absoluta. Igual que Juan Bautista, pero de una forma distinta, ella, que había llegado allí antes que Jesús, le deja que pase delante, porque, en realidad, era anterior: «Detrás de mí viene uno que ha sido colocado delante de mí, porque existía antes que yo» (Jn 1,30). plir todo lo que dice el Señor (Ex 19,8 y 24,3.7). Invita a los criados a reaccionar de una forma semejante, aunque aquí es a Jesús al que hay que escuchar, Así pues, ostenta la autoridad. 4) «Seis tinajas de piedra destinadas a las abluciones rituales de los judíos», de unos ochenta a cien litros cada una, van a ser llenadas hasta el borde. Esto mués-

tra la abundancia del don de Jesús. A la cifra seis le falta la séptima para llegar a una plenitud bíblica. ¿Dónde encontrarla? Las numerosas relaciones que existen entre este pasaje y la escena del Gólgota («madre de Jesús», «¡Mujer!», «hora», el agua y el vino/sangre, el mejor vino guardado para el final) orientan al simbolismo hacia la muerte de Jesús como «séptima tinaja de purificación». Sin embargo, esto no descalifica las seis tinajas de purificación de los judíos. Jesús no dice que las vacíen, sino que tomen de ellas. Esta imagen es clara: para gustar el agua transformada en vino es necesario tomar de estas tinajas, 5) Hay un contraste entre dos grupos de personajes: los criados, que saben, y el maestresala, que no sabe. Los criados, por su escucha de la palabra de Jesús y su experiencia, saben que el vino procede del agua de las t i najas. El maestresala, por el contrario, es ignorante de ello. No conoce el origen del vino. Aquí tenemos un ejemplo de la ironía joánica: aquel que, por su función, tendría que saber no está al corriente, y aquellos que son simples criados tienen una superioridad con relación a su jefe. 6) Es sorprendente que, tratándose de una boda, no tengamos ninguna precisión sobre los novios. No conocemos su nombre, Prácticamente no aparecen en la escena. Sabemos que se trata de una boda, pero, mientras que ésta era su fiesta, están prácticamente ausentes de ella. El novio no aparece más que al final, cuando el maestresala lo llama, como si aún no hubiera llegado. No responde ni siquiera a la extrañeza del maestresala. El evangelista atrae así nuestra atención sobre Jesús, que es el personaje central. 7) El maestresala no tiene autoridad en relación con el origen del vino, lo ignora. Pero su opinión en cuanto a la calidad del vino es digna de confianza: «Has guarda-

do el vino bueno hasta ahora» (2,10). Nos enteramos de que el vino es bueno y que el maestresala se equivoca de interlocutor: se dirige al novio porque no sabe de dónde viene el vino. Ahora bien, tendría que haber ido a Jesús. De repente se entiende que la boda de la que se trata no es la del novio desconocido y «ausente» con una novia que brilla aún más por su ausencia. Es Jesús el que, en cierta forma, es presentado como el «novio» que ha dado el vino e invita a la celebración. En realidad, esta imagen matrimonial será recogida un poco más adelante por Juan Bautista: «El amigo del esposo, que está junto a él y lo escucha, se alegra mucho al oír la voz del esposo» (3,29),

La boda de Cana en las liturgias latinas y orientales
En la liturgia latina, este pasaje se lee solamente un año cada tres, el 2° domingo ordinario C. Pero también se lee el 7 de enero (después de la fecha tradicional de la Epifanía) y durante una decena de fiestas en honor de la Virgen María, por ejemplo: Nuestra Señora de Lourdes, el 11 de febrero. El relato de la boda de Cana se lee en la Iglesia bizantina el lunes de la 2a semana de Pascua; en la Iglesia armenia, el domingo que sigue a la Octava de Navidad-Epifanía y el viernes que sigue al 1" domingo después de Pascua; en la Iglesia caldea, el 4o domingo después de Epifanía; entre los maronitas, el domingo de Cana al comienzo de la Cuaresma. Las Iglesias copta y etiópica tienen una fiesta propia con ese primer signo mediante el cual el Señor mostró su gloria y gracias al que los discípulos creyeron en él. Los coptos la celebran el 8 de ene^ ro, y el 12 los etíopes, que la unen a la fiesta del arcángel Miguel; asimismo leen el episodio el domingo después del bautismo de Jesús. En las liturgias de diferentes Iglesias, el relato de la boda de Cana está entre los textos que se pueden elegir para las celebraciones del matrimonio. Cf. «Les Noces de Cana», Supplément au Cahier Evangile 117 (2001), pp. 68-76. 21

C3

Leccionario: Boda y don en abundancia

2° domingo ordinario, C. El profeta Isaías (I a lectura: 62,15) anuncia la restauración de Jerusalén tras el exilio en Babilonia y los esponsales de Dios con su pueblo. La tierra ya no está desierta, sino que a partir de ese momento el Señor la llama «Mi preferida» o «Mi esposa». Las naciones y los reyes de la tierra ven la gloria de Sión. En la carta a los Corintios (2a lectura: 1 Cor 12,4-11), Pablo insiste en la variedad de los dones del Espíritu: sabiduría, conocimiento de Dios, fe, poderes de curación, discernimiento, etc. dados a cada cual en función de la comunidad. Esta diversidad no desune a la comunidad, puesto que procede del mismo Espíritu. El simbolismo del esposo está presente en Cana. La liturgia lo pone de relieve al recoger el pasaje de Isaías. La abundancia del vino de la boda dado por Jesús y la manifestación de la gloria encuentran un eco en el pasaje de la carta a los Corintios con los dones múltiples y variados del Espíritu.

Jesús sube a Jerusalén, No sabemos cómo celebró concretamente los siete días que dura la fiesta. El evangelista nos informa solamente de un acontecimiento que se desarrolla en el Templo y que debió de perturbar seriamente los preparativos de la solemnidad. Sin embargo, tal como se nos cuenta, no parece haber suscitado ninguna revolución en Jerusalén, En todo caso, no provocó la intervención del ejército romano ni la de los guardias del sumo sacerdote, sino sólo una pregunta por la autoridad de Jesús. Desde este punto de vista, el significado del episodio es muy diferente del ofrecido por los evangelios sinópticos, Lectura de conjunto. La expulsión de los mercaderes del Templo se narra hacia el comienzo de la vida pública de Jesús, mientras que, según los evangelios sinópticos, tuvo lugar después de la entrada mesiánica en Jerusalén y antes de la pasión (Mt 21,1-9 y //; versión considerada como probablemente más histórica), Este acontecimiento se pone en relación con la primera de las tres fiestas de Pascua celebradas por Jesús en el evangelio de Juan, estando las otras dos señaladas en 6,4 (multiplicación de los panes y discurso del pan de vida) y 11,55 (unción de Betania, última cena y acontecimientos de la pasión). Es la primera vez que Jesús se encuentra en la Ciudad Santa y en el Templo. Hasta este momento, en el evangelio, Jerusalén no ha sido mencionada más que en relación con la delegación de sacerdotes y levitas enviada a Juan Bautista para preguntarle por su identidad. El testimonio del Bautista se dirigió entonces a reconocer en Jesús al «Cordero de Dios», Ahora bien, éste expulsará a todos los animales dispuestos para el sacrificio, provocando un desplazamiento de sentido: en ausencia de animales sólo queda él, que va a presentarse como el santuario demolido y reconstruido.

La primera Pascua de Jesús (2,13-25)
Hasta ahora estábamos en el marco de una semana: cuatro días, después la mención de un «tercer día». y domingo <k Cuaresma ¿^ B Tn 213-25 Dedicación deLetrán Tn 213-22
Ahora Pasamos a otra indicación cronológica: «Como ya estaba próxima la fiesta judía de la Pas-

cua» (2,13). La indicación no ofreextremadamente precisa. Pero nos sitúa en un período que precede a una fiesta religiosa de peregrinación capital para los judíos, puesto que es un memorial de la salida de Egipto7.
ce una fecha

7. Para leer: - A. MARCHADOUR, L'ÉvanglIe de lean, o. c, pp. 898-902. - X. LÉON-DUFOUR, Lectura del evangelio de Juan I, o. c, pp, 195-217. 22

Varios elementos ponen este pasaje en relación con la Pascua de la muerte y resurrección de Jesús: el Templo destruido y reconstruido en tres días, haciendo alusión a su propio cuerpo (2,21); la «memoria» de los discípulos, que les ayuda a comprender, tras la resurrección, el sentido del gesto de su maestro (2,22). En los evangelios sinópticos, las palabras de Jesús a propósito de la destrucción del Templo están dichas por testigos durante el proceso ante el Sanedrín (cf. Me 14,58). Según Juan, Jesús no comparecerá ante el Sanedrín durante su pasión. Es en su primera visita a Jerusalén cuando Jesús anuncia, con la imagen de la destrucción del santuario, su muerte y resurrección. Al hilo del texto. 1) Después de la indicación cronológica y local, el texto ofrece una descripción detallada de los mercaderes y del gesto de Jesús: un látigo de cuerdas; los corderosy los bueyes (mencionados dos veces) son expulsados del Templo; las monedas de los cambistas son arrojadas por tierra y sus mesas volcadas; los vendedores de palomas reciben una orden y una exhortación. No más sacrificios de animales, compras, ventas ni cambios: «La casa de mi Padre» no debe ser una casa de mercadeo. 2) Ante este gesto subversivo, los «judíos» no acusan a Jesús, sino que le piden un signo que justifique su acto. Jesús responde: «Destruid este Templo y en tres días yo lo levantaré de nuevo» (2,19). El Leccionario traduce por «Templo» dos términos diferentes: el utilizado por el narrador, en griego hieron (Jn 2,14,15), que designa todo el recinto del Templo, con los diferentes atrios, y en donde Jesús expulsa a mercaderes y animales; el empleado por los judíos, en griego naos (Jn 2,19.20,21), que significa la parte más interna, indicando la «morada» de Dios. Ahora bien, al hablar de «Templo» como edificio, Jesús no emplea ninguno de los dos

términos, sino «la casa de mi Padre», y cuando emplea la palabra naos hace referencia a su cuerpo, nueva m o rada de Dios. El signo pedido durante la primera Pascua será ofrecido en la tercera, durante la que Jesús morirá como el cordero pascual cuyos huesos no serán rotos (Jn 19,36). 3) Se establece un malentendido entre Jesús y SJS - terlocutores. Éstos piensan en el edificio de piecra, Que

El malentendido
Entre los procedimientos estilísticos característicos del cuarto evangelio hay que señalar el malentendido. ¿En qué consiste? En un diálogo con una persona o un grupo, Jesús dice algo que su interlocutor entiende en un primer nivel de sentido. En general se trata de un sentido más material e inmediato, mientras que Jesús se refiere a una verdad más profunda, frecuentemente en relación con una revelación relativa a su identidad. Pongamos un ejemplo: al hablar con la samaritana, Jesús habla de «agua viva». Ella entiende «agua corriente» (Jn 4,1015). No se equivoca sobre el sentido de la expresión, porque es el primer significado de la expresión «agua viva», es decir, un agua de fuente que no se estanca. Sin embargo, el error del personaje permite a Jesús responder a una incomprensión que es aprovechada para que el lector pueda ir más allá en la revelación de su propia identidad. Así, Jesús no propone resolver un problema de molesta carga de agua. La samaritana deberá reconocer en el «judío» que le pide de beber a alguien superior a Jacob, un profeta, el Mesías y hasta el Salvador del mundo que podía darle el agua que brota hasta la vida eterna. En este episodio de Jesús en el Templo, los interlocutores de Jesús y sobre todo el lector deberán comprender que éste que se permite expulsar a los mercaderes del Templo y volcar las mesas de los cambistas es en realidad él mismo el lugar de la presencia de Dios y de su morada, y que la muerte en la cruz no pondrá un punto final a esta morada, puesto que resucitará.

ha necesitado cuarenta y seis años para su construcción, mientras que Jesús habla de su cuerpo, E lo que s explícita el narrador al añadir un comentario dirigido a los lectores (2,21), Los discípulos accederán a la comprensión tras la última Pascua, la de la resurrección. 4) Dos veces se señala la «memoria» en este pasaje. Ante los gestos de Jesús, los discípulos se acuerdan de la Escritura: «El celo por tu casa me consumirá» (Jn 2,17, tomado de Sal 69,10). En un segundo momento de la memoria son las palabras de Jesús, que serán releídas e interpretadas a la luz del acontecimiento pascual: «Cuando Jesús resucitó de entre los muertos, los discípulos recordaron lo que había dicho, y creyeron en la Escritura y en las palabras que él había pronunciado» (2,22).

Leccionario: Celo, Templo y signo 3" domingo de Cuaresma, B. El Decálogo se ofrece en la Ia lectura (Ex 20,1-17). El Dios «celoso» del Éxodo es así puesto en relación con el celo de Jesús en el Templo de Jerusalén. ¿Quién es éste que establece su alianza y da su palabra en el Sinaí? Aquel que liberó a Israel de la esclavitud del faraón y, por tanto, no establece normas para restringir la libertad, sino que da palabras para preservarla. El breve pasaje de la carta a los Corintios (2a lectura: 1 Cor 1,22-25) recuerda que los judíos piden signos y los griegos buscan la sabiduría, mientras que el apóstol proclama a un Cristo crucificado, escándalo para unos, locura para los otros. Es en el marco de lafiestade Pascua, en la que se conmemora la salida de Egipto, cuando Jesús ofrece un único signo, el de su muerte-resurrección. Dedicación de Letrán. Para la dedicación de la catedral del obispo de Roma, la Ia lectura echa mano de una visión de Ezequiel (Ez 47,1-12). El profeta ve cómo brota una fuente del altar del Templo. La abundante agua se convierte en un torrente que baja hasta el mar Muerto, saneándolo. Por todas partes hace surgir la vida: árboles frutales, animales en susriberasy numerosos peces en el mar adonde ha llegado esa agua. Según el evangelio (Jn 2,13-25), Jesús se presenta como Templo y se adivina que esta profecía de Ezequiel se realizará en Jesús. En realidad, en otra ocasión, Jesús exclamará: «Si alguien tiene sed, que venga a mí y beba... de su corazón brotarán ríos de agua viva» (Jn 7,37-39). Como eco a la declaración de Jesús: «Destruid este Templo [es decir, su cuerpo]», Pablo (2a lectura: 1 Cor 3,9b-17), en una afirmación trinitaria, presenta a los cristianos como la casa construida por Dios, como el Templo en el que habita el Espíritu, cuyos cimientos son Jesucristo.

Memoria y relectura pascual Jean Zurastein señala la importancia de la «desmultiplicación de la memoria en la interpretación de la tradición de Jesús. [...] El acontecimiento no contiene su significado en sí mismo [...] el sentido nace de la memoria postpascual. [...] La memoria pospascual -tal como era cultivada en el ambiente joánico- no se fija en una sola interpretación de un acontecimiento, sino que despliega, variándolo, el sentido de cada episodio de la encarnación». Varias veces en el evangelio, y así ocurre en 2,13-25, hay diferentes niveles de interpretación: el primero se lleva a cabo a partir de la Escritura, y el Salmo 69, el segundo tras la Pascua. En este pasaje, la primera relectura abunda más en el acto de Jesús, centrándose la segunda en su palabra. «[...] La memoria está en constante movimiento interpretativo y [...] su trabajo procede por acumulación de relecturas. El recuerdo extiende el pasado, lo hace crecer, alarga su significado». J. ZUMSTEIN, «Mémoire et relecture paséale dans l'Evangile selon Jean», en D. MARGUERAT / J. ZUMSTEIN (eds.), La mémoire et le temps. Mélanges offerts á Fierre Bonnard. Ginebra, Labor et Fides, 1991, pp. 153-170, aquí, pp. 166s.
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Revelación a Nicodemo (3,1-21)
Después de la escena en el Templo de Jerusalén, la sección Jn 2,23-3,36 está compuesta por dos episodios, En

el primero, Nicodemo va a encontrarse con Jesús. En el segundo, Juan Bautista da un nuevo testimonio con respecto a Jesús, El primero (2,23-3,21), que se desarrolla en Jerusalén, puede dividirse en tres partes: un sumario que resume la actividad de Jesús en la Ciudad Santa (2,23-3,2a); un diálogo entre Jesús y Nicodemo (3,2b-12), y un monólogo de Jesús (3,13-21). La liturgia de los domingosy fiestas ha conservado muy pocos elementos de esta sección. En efecto, únicamente el pasaje de Jn 3,13-21 está repartido entre la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, la de la Santísima Trinidad (año A) y el 4 e domingo de Cuaresma (año B). Está tomado del monólogo de Jesús después del encuentro con Nicodemo, Contemplaremos, sin embargo, el contexto literario inmediato 8 . Lectura de conjunto. El encuentro de Jesús con Nicodemo es el primero de los tres encuentros sucesivos de Jesús con una persona. Tras la conversación con Nicodemo, que tiene lugar en Jerusalén, y el testimonio de Juan Bautista (Jn 3,1-36), Jesús atraviesa Samaría, donde dialogará con una mujer de esta región (Jn 4,1 -42). De regreso a Galilea, un funcionario real irá a encontrarse con él para pedirle la curación de su hijo enfermo (Jn 4,43-54). Estos tres episodios ponen en escena

a personas que pertenecen a esferas religiosas diferentes: Nicodemo es miembro del pueblo judío; la samaritana pertenece al pueblo hermano enemigo, que acepta el Pentateuco como libro santo, pero no los Profetas ni los otros Escritos; el funcionario real sería, supuestamente, paEquitación de (a Santa Cruz gano. Jn 3,13-17 Sus reacciones con respecto a Santísima Triniád Jesús, aunque diferentes, son Año A positivas. Nicodemo piensa que ln 316-18 Jesús viene de parte de Dios a causa de los signos que realiza ^ donún^ & Cmresma (3,2). La samaritana parece ha^^ B ber percibido la identidad de Jein 314-21 sus y la anuncia de forma interrogativa a sus conciudadanos: «¿No será el Mesías?» (4,29), El funcionario real cree en Jesús por lo que le dice (Jn 4,50). Sin embargo, Jesús desplazará a cada uno de sus personajes del lugar religioso donde se encuentra: a Nicodemo le opondrá un «nosotros» que sabe, ve y da testimonio de un «vosotros» que no recibe el testimonio (3,11); ante la samaritana afirmará: «La salvación viene de los judíos» (4,22); al funcionario real, que le pide que baje a Cafarnaún, Jesús le reprochará: «Si no veis signos y prodigios sois incapaces de creer», y no bajará para curar a su hijo (4,46-50). Nicodemo es presentado primeramente como fariseo y notable, y después como maestro (3,10). El evangelio de Juan lo pone tres veces en escena. La segunda vez que aparece defiende a Jesús, diciendo que no se puede condenar a una persona sin haberla escuchado (7,50-53). La tercera vez, en el momento de la sepultura, trae una enorme cantidad de mirra y de áloe para sepultar a Jesús como a un rey (19,39s).
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8. Para leer: - A. MARCHADOUR, L'Évangile de lean, o, c, pp. 902-909. - E. COTHENET, La chame des témoins dans l'évangile selon lean I, o. o, pp. 277-319, - X. LÉON-DUFOUR, Lectura del evangelio de luán I, o, c, pp. 219-253, - A. MARCHADOUR, Les personnages dans l'évangile de lean, o. c, pp. 6376. - J.-M. AUWER5, «La nuit de Nicodéme (Jean 3,2; 19,39), ou l'ombre du langage», en Revue Biblique 97/4 (1990), pp. 481-503.

El encuentro tiene lugar «de noche». No se trata de miedo ni de un deseo de ocultación por parte de Nicodemo. Por tanto, esta noche no es forzosamente negativa y, en un contexto pascual, la noche, por el contrario, tiene una dimensión de salvación y liberación. En el diálogo, Nicodemo desaparece poco a poco y es Jesús el que toma la palabra. Cede el lugar a Jesús, y la noche se ilumina; «Aquel que actúa conforme a la verdad se acerca a la luz» (3,21). La luz no es la del día, sino el propio Jesús. Al hilo del texto. 1) Jesús hablará de la necesidad de «nacer de lo alto», pero Nicodemo entiende «nacer de nuevo», y afirmará la imposibilidad de semejante nacimiento. Expresado este malentendido, Jesús puede continuar precisando su mensaje; se trata de ser engendrado por el Espíritu (3,5). Mientras que Nicodemo propone una vuelta atrás, Jesús habla de recibir un don. 2) La afirmación hecha por Nicodemo al principio, «Rabí, sabemos que Dios te ha enviado para enseñamos», encuentra un contrapunto al final; «El que ha bajado del cielo, el Hijo del hombre» (3,13), dice Jesús, y «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único» (3,16). Jesús viene de Dios, pero quizá no como lo piensa Nicodemo. Jesús no es un simple maestro digno de confianza, buen intérprete de la palabra de Dios, Viene de Dios no sólo porque su doctrina es fiel a la palabra de Dios, sino porque es el «Hijo único» (3,16), 3) «Lo que nace de la carne no es más que carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu» (3,6), El término «carne» en el evangelio de Juan (cf. el recuadro de la p, 12) designa al ser humano en lo que tiene de limitado, de frágil y de mortal; lo «humano» no puede dar nacimiento más que a una vida mortal. Para entrar en el 26

Reino de Dios le será necesario recibir la vida de parte del Espíritu. 4) A partir del v, 13, Jesús ya no se dirige como «vosotros» a Nicodemo. Se supera el diálogo entre dos maestros para llegar a un discurso de revelación. Jesús desvela entonces que estaba en el cielo, puesto que ha bajado de él. Toma la imagen de la serpiente elevada por Moisés en el desierto para que los hebreos no mueran por las mordeduras venenosas. Jesús da así el sentido de la muerte en la cruz (3,13-14); es una elevación para que todos tengan la vida eterna (3,15). Habla después del amor de Dios, que entrega a su Hijo único (3,16). Él mismo no ha venido para juzgar (y por tanto a condenar), sino para salvar (3,17-18). 5) En el relato de los Números, que se encuentra como trasfondo de este pasaje (Nm 21,4b-9), el pueblo reconoce su falta y pide la intercesión de Moisés. Al pueblo, que quiere la desaparición de las serpientes venenosas, Dios ofrece otra solución; no va a intervenir para eliminar lo que provoca la desgracia (después las serpientes continuarán mordiendo). Por el contrario, ordena a Moisés que fabrique una serpiente de metal y la ponga en un mástil; bastará con que las personas mordidas la miren para escapar de la muerte. Por tanto, Dios no hace un mundo ideal en el que ya no habría problemas ni sufrimientos; más bien ayuda a encontrar el medio para no morir de aquello que nos hiere. La cruz de Jesús va en el mismo sentido; Dios no evita la muerte de su Hijo, y Jesús no rehusará ir hasta el Gólgota; así, la función salvífica y salutífera de la cruz es muy real. 6) Sin embargo, el rechazo a creer en Jesús provoca el juicio. En efecto, a aquel que no acoge la reconciliación ofrecida por Dios en Jesús y rehusa la luz sólo le queda

-^

Leccionario: Cruz, amor y salvación dioso, lento a la cólera, rico en piedad y leal» (I a lectura: Ex 34,4b-6.8-9). Este Dios amoroso llega incluso a entregar a su Hijo único para que todo hombre tenga vida. Es el mismo Dios que reina en el firmamento y sondea los abismos, para el que Daniel invita a cantar alabanzas y gloria eterna (Salmo: Dn 3). La salvación final de la segunda carta a los Corintios (2a lectura: 2 Cor 13,11-13) recogida en todas nuestras liturgias: «Que la gracia del Señor Jesús, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros», corona el mensaje paulino mediante una dimensión trinitaria. 4o domingo de Cuaresma, B. Las tres lecturas de este domingo nos hablan cada una de ellas a su manera del amor de Dios, más fuerte que nuestros pecados. Para las Crónicas (I a lectura: 2 Cr 36,14-16.19-23), la destrucción del Templo y el exilio no son la última palabra: el Señor había anunciado mediante el profeta Jeremías el retorno a Jerusalén. Para la carta a los Efesios (2a lectura: Ef 2,4-10), el amor de Dios lleva a la vida a aquellos cuyas faltas habían arrastrado a la muerte. En cuanto al evangelio, Jesús anuncia a Nicodemo la vida dada a todo hombre por el Hijo, enviado no para juzgar al mundo, sino para salvarlo.

Exaltación de la Santa Cruz. En su respuesta a Nicodemo, Jesús recuerda un episodio sorprendente de la marcha por el desierto (recogido en la Ia lectura: Nm 21,4b-9): la serpiente de bronce. Después de las murmuraciones del pueblo, que ya no sabe apreciar el valor del maná, Dios envía serpientes de «ardiente mordedura». Mientras que está prohibido reproducir cualquier imagen humana o animal por correr el riesgo de idolatría, Dios pide a Moisés que haga una serpiente y que la ponga en el extremo de un mástil. Cualquier persona mordida se salvará de la muerte al mirarla. En el evangelio, Jesús se identifica con la serpiente, no la del jardín del Edén, que indujo a Adán a comer del fruto prohibido, sino con la del desierto, que es elevada para dar la vida. El himno de la carta a los Filipenses (2a lectura: Flp 2,6-11) tiene en común con las otras lecturas las dimensiones verticales de elevación y abajamiento. El Hijo del hombre ha «bajado del cielo» (Jn 3,13), «se sometió... hasta una muerte de cruz» (Flp 2,8); igual que la serpiente de bronce fue levantada (Jn 3,14), Dios «lo levantó por encima de todo nombre» (Flp 2,9). La Santísima Trinidad, A. Después del pecado del Becerro de oro, el Señor se revela a Moisés como «clemente y misericor-

la posibilidad del juicio. La luz viene al mundo (3,19); las personas que no la reciben permanecen en las tinieblas. Se encaminan al juicio, que no puede desembocar más que en la condena, porque el ser humano es pecador y por sí mismo no puede salvarse.

los discípulos del Bautista y un judío (3,22-26a); de un diálogo entre Juan Bautista y sus discípulos (3,26b-30), y de un monólogo de Juan Bautista (3,31-36), El lugar exacto en que Jesús bautiza no se precisa, al contrario que el lugar ocupado por Juan. Éste se sitúa localmente en Ainón, cerca de Salín, porque «allí el agua era abundante». Se advierte al Bautista de que «todos» (3,26b) acuden a Jesús a hacerse bautizar. Juan no reprocha a Jesús que ocupe su puesto, sino que reafirma la superioridad de Jesús presentándole como el Cristo y el esposo, aquel que viene de lo alto y el Hijo. [El Leccionario no ha conservado este pasaje ni para un domingo ni para un día de fiesta,)
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Nuevo testimonio de Juan Bautista (3,22-36)
Después del de Nicodemo, el segundo episodio de esta sección (3,22-36) tiene lugar en Judea, sin que se precise el sitio exacto. Se compone de una discusión entre

Jesús y la samaritana (4,1-42)
El Leccionario no ha conservado la noticia de Jn 4,1-4, donde los fariseos se enteran de que Jesús hacía y bau,„_,-. , „ tizaba más discípulos que Juan. 3 domingo de Cuaresma , , ._ . J En esto, Jesús abandona Judea Ano A ,.,-.,„ por Galilea. Ademas, no se recoTn 4 5-4-Z ' ge una información topográfica: «Tenía que atravesar Samaría» (3,3). Ahora bien, este «tenía» es importante porque indica una obligación de orden teológico más que geográfico. En realidad, Samaría no era el único camino posible, pero Jesús tenía que darse a conocer por los samaritanos y llevarles el agua viva9, Lectura de conjunto. Al situar la escena de un encuentro entre un hombre y una mujer junto a un pozo, el evangelista utiliza un tema que se encuentra varias veces en la Biblia: junto a un pozo, el criado de Abrahán encuentra a Rebeca, que será la esposa de Isaac (Gn 24), Jacob se encuentra con Raquel, que se convertirá en su mujer (Gn 29), Moisés se encuentra con las siete hijas del sacerdote de Madián, casándose con una de ellas (Ex 2). Estos encuentros tienen que ver todos con el agua pedida, dada o que hay que sacar, y acaban con un matrimonio.

El encuentro del evangelio de Juan, ¿terminara1 efl flflda, como en los otros casos? Jesús pedirá a la mujer que vaya a buscar a su marido, e indicará que tiene más de uno, Por tanto Jesús no se va a casar con ella. Sin embargo habrá un encuentro entre Jesús y los samaritanos, y acabará con el desvelamiento de la identidad de Jesús: «Salvador del mundo» (4,42), El personaje de Jacob es importante para la comprensión del pasaje, Es mencionado explícitamente varias veces. Jesús llega cerca del terreno que Jacob había dado a su hijo José (4,5, cf. Gn 48,22; Jos 24,32). En este lugar se encuentra la fuente de Jacob (4,6). Cuando la samaritana constata que Jesús no tiene nada para sacar agua, mientras que el pozo es profundo, se pregunta si Jesús no será mayor que Jacob (4,12). La insistencia en el personaje de Jacob y la mención de la profundidad del pozo probablemente aluden a una tradición relativa a este patriarca, que muestra su fuerza y su poder de vida: según ésta, Jacob habría hecho subir el nivel del agua hasta el borde del pozo, desbordándose (cf. el recuadro de más abajo),

El agua del pozo de Jacob
«Cuando Jacob vio a Raquel, hija de Labán, hermano de su madre, [] se acercó Jacob y, con uno de sus brazos, rodó la piedra de sobre la boca del pozo, y el pozo desbordó y ascendieron las aguas ante él y abrevó el ganado de Labán, hermano de su madre. Y estuvo rebosando veinte años». Targum Pseudo-Jonatán sobre Gn 29,10, en Traducciones arameas de la Biblia. Los targumim del Pentateuco. I. Génesis. Trad. de T. MARTÍNEZ SÁIZ. Estella, Verbo Divino, 2004, p. 190.

Para leer: - A. MARCHADOUR, L'Évangile de Jean, o. c, pp. 912-922. - X. LÉON-DUFOUR, Lectura del evangelio de Juan I, o. o, pp. 269-319. - A. MARCHADOUR, Les personnages dans l'évangile de Jean, o. c, pp. 7790. - J.-M. POFFET Y COLABORADORES, Jesús y la samaritana (Jn 4), Documentos en tomo a la Biblia 30. Estella, Verbo Divino, 1999, - J.-L. SKA, «Jesús et la Samaritaine (Jn 4). Utilité de l'Ancien Testament», en Nouvelle Revue Théologique 118 (1996), pp. 641 -652. 28

Al hilo del texto. 1) El diálogo entre Jesús y la samaritana empieza a iniciativa de Jesús. La petición de Jesús: «Dame de beber», recuerda la del pueblo hebreo en el desierto: «Danos de beber» (Ex 17,2). Ante esta petición, Dios había indicado a Moisés la roca de donde brotó agua viva (cf, el recuadro de la p. 30). La sed de Jesús, por tanto, no es solamente la de un hombre fatigado, sino que recuerda la de todo un pueblo y, sobre todo, la grandeza del don de Dios, que permite a Israel vivir en el desierto. 2) La mujer se extraña de que un judío le pida de beber, y después piensa que Jesús es mayor que Jacob. Jesús n.o da una respuesta directa a propósito de su identidad, sino que continúa hablando para llevar a la samaritana a entender lo que dice. Compara el agua del pozo con la que él da, La primera hay que ir a buscarla cada día. La segunda se convierte en una fuente inagotable que brota hasta la vida eterna. La samaritana tiene la dificultad de captar el lenguaje de Jesús, pero comprende a medida que avanza la conversación cuál es la identidad de Jesús: un «judío», «mayor que Jacob», un «profeta», el «Mesías». 3) El diálogo versará sobre el lugar del culto, tema que separaba ajudíosy samaritanos. Para los primeros, los sacrificios tenían que ser ofrecidos en Jerusalén; en opinión de los segundos es en el monte Garizín donde había que adorar a Dios. Mientras que la mujer pregunta cuál de los dos es el auténtico, Jesús le va a decir que el culto no depende de un lugar geográfico determinado. Los profetas habían anunciado que en los tiempos mesiánicos se podría rezar al Señor en cualquier parte: «Desde Oriente al Occidente, mi nombre es grande entre las naciones; en cualquier lugar se presenta un sacrificio de incienso en mi nombre y una ofrenda pura» (Mal 1,11), y «el conocimiento del Señor llenará la tie-

El p r o f e t a Oseas y el episodio de la s a m a r i t a n a Jesús, al ofrecer el agua, reacciona como Jacob y Moisés, quienes, en las versiones de Gn 29 y Ex 2, abrevan los rebaños de sus futuras esposas. En ambos casos es el futuro marido el que da el agua. Aún hay que citar un texto [...] el proceso a la esposa infiel en Os 2,4-25. Durante el alegato, el marido, es decir, Dios, cita las palabras de su esposa: «Porque ella dijo: "Voy a seguir a mis amantes, los que me dan mi pan y mi agua, mi lana y mi lino, mi aceite y mis bebidas fuertes"» (Os 2,7) [...] la esposa infiel cree equivocadamente que recibe esos dones de sus amantes, cuando vienen de Dios (Os 2,10). [...] Por una parte, Jn 4 recoge la estructura de un encuentro de futuros esposos junto al pozo. Por otra, el relato recurre incesantemente a Oseas 2, la historia de una esposa infiel. En efecto, los encuentros junto al pozo ponen en escena a jóvenes no casadas. [...] La samaritana se encuentra en una situación diferente. El problema para ella no es ciertamente el de encontrar un marido, sino más bien el de poner orden en su vida. Tiene que encontrar a su único marido verdadero, igual que Samaría debe encontrar o reencontrar a su verdadero Dios. ¿Acaso el acto de fe final no es, en este caso, la conclusión lógica y adecuada del relato? Y si el encuentro había comenzado en circunstancias inhabituales, al mediodía y a espaldas de todos, era por la misma razón. No se trataba de ir a buscar una esposa junto al pozo, cosa que se hace por la tarde. Se trataba más bien de «hablar al corazón» de la esposa infiel para llevarla a su único marido verdadero (cf. Os 2,16). En este caso no puede haber matrimonio, puesto que ya ha tenido lugar, hace mucho tiempo, entre Dios y su pueblo de Samaría. Jesús viene a restaurar este matrimonio o esta alianza rota, y los samaritanos son los primeros en revelar las profundidades insospechadas de esa salvación que se extiende a partir de ahora a todo el universo (4,42; cf. 4,21-26). J.-L. SKA, «Jésus et la Samaritaine (Jean 4). Utilité de I'Anden Testament», en Nouvelle Revue Théologique 118 (1996), pp. 641-652, aquí pp. 645 y 650s.

rra, lo mismo que las aguas cubren el mar» (Is 11,9). Añora bien, Jesús ya se ha presentado a sí mismo como el Templo (2,19-21). No se trata, pues, de dirigirse hacia un lugar, sino hacia una persona. 4) La adoración se va a hacer en «espíritu y verdad». El Espíritu recuerda el testimonio de Juan Bautista a propósito del Espíritu que permanece sobre Jesús (Jn 1,33) y el diálogo de Jesús con Nicodemo a propósito de la necesidad de nacer del Espíritu (3,5-8). La «verdad» no se opone aquí al «error», Este término sobre todo hace referencia a la fidelidad de Dios, por tanto a la realización de la salvación y de las promesas en la persona de Jesús. «La adoración no es auténtica más que cuando es producida por el Espíritu que dice la Verdad de Cristo» (X. LÉON-DUFOUR, Lectura del evangelio según Juan I, p. 297). 5) Cuando la samaritana habla del Mesías, Jesús se desvela diciendo «soy yo» o, mejor, «yo soy» (cf, p. 16), La mujer regresa a la aldea para buscara sus conciudadanos, Sin embargo, los discípulos vuelven antes de que la samaritana haya partido. Se extrañan y comprobamos que no comprenden la actitud de Jesús. Pero la ausencia de la mujer permitirá a Jesús dialogar con ellos y explicarles el sentido de lo que sucede. Quieren darle de comer, pero Jesús habla de un alimento distinto: la voluntad de Dios. Los discípulos también están llamados a descubrir que la mies está preparada para la cosecha, Los «primeros campos maduros» son los samaritanos, 6) La escena acaba con la reunión de todos los personajes en un mismo lugar, en torno a Jesús y con el Credo de los samaritanos, El testimonio de la mujer ha permitido a éstos tener un encuentro con Jesús y creer en él, del mismo modo que el testimonio de Juan per30

mitió a los discípulos del Bautista seguir a Jesús, S ~ embargo, cuando ios samaritanos escuchan (a palabra de Jesús, descubren que es mucho mayor que las de la samaritana, Jesús no es sólo el Mesías de un pueblo, sino el «Salvador del mundo», Llegamos a la cumbre del relato: los samaritanos han descubierto quién es Jesús y lo proclaman. 7) Subrayemos también un detalle importante: la persona del verbo empleado por los samaritanos cuando declaran su fe: «Ya no es por lo que tú nos has dicho por lo que creemos ahora...» No se dirigen a Jesús, sino directamente a la mujer, Es decir, los samaritanos, a quienes la mujer les había llevado la Buena Nueva de la llegada del Mesías, comunican ahora la Buena Nueva a la mujer, permitiéndole progresar en su conocimiento de la identidad de Jesús: la salvación que trae Jesús va más allá de todas las fronteras,

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Leccionario: El don de Dios

3er domingo de Cuaresma, A. El pueblo que ha salido de Egipto piensa que va a morir de sed en el desierto. No cuenta con el don de Dios, que pide a Moisés que golpee la roca, de donde brotará el agua (Ia lectura: Ex 17,3-7). En el Salmo 94 es a Dios como roca al que se aclama, mientras que, en el evangelio, Jesús se revela a la samaritana como aquel que puede dar el agua viva que brota hasta la vida eterna: «Si tú supieras... -dice Jesús-, habrías sido tú quien me hubiera pedido». El don de Dios no depende de las capacidades de las personas, sino de su acogida. Es un don gratuito y abundante. Es lo que recuerda Pablo a los romanos (2a lectura: Rom 5,1-8): Cristo ha dado su vida por nosotros, no porque fuéramos justos, sino cuando éramos pecadores.

El segundo signo de Cana (Jn 4,43-54)
Después de la estancia en Samaría, tres versículos (4,43-45) narran el regreso de Jesús a Galilea, y el evangelista inserta aquí un ioqion («Un profeta no es honrado en su propia tierra», v. 44), que se encuentra igualmente en los evangelios sinópticos (Mt 13,57; Me 6,4; Le 4,24), cuando Jesús es rechazado por los suyos en Nazaret. En los sinópticos, la palabra de Jesús está en estilo directo, en el evangelio de Juan está referida por el narrador. La gran particularidad del cuarto evangelio es que Jesús recibe una extraordinaria acogida en Galilea. Por tanto parecería que Juan quisiera situar la patria de Jesús más bien en Judea. El relato de la curación del hijo de un funcionario real (4,46-54) se relaciona con el de un criado del centurión narrado por Mt 8,5-13 y Le 7,1-10, Como puntos comunes tenemos: - el centurión/funcionario vive en Cafarnaún; - la curación tiene lugar a distancia, Jesús no toca al enfermo. La diferencia esencial reside en el hecho de que, para los sinópticos, el milagro es la consecuencia de la fe (Me 8,10; Le 7,9), mientras que, en Juan, la fe del funcionario procede de la comprensión del signo.

Otra diferencia: en el relato pánico, el padre insiste para que Jesús vaya a curar al muchacho, mientras que, en Mateo y Lucas, el centurión le pide que no se desplace. Sin embargo, Jesús rehusa ira Cafarnaún y despide al padre diciéndole: «Vete, tu hijo está vivo» (Jn 4,50), Curiosamente, cuando el funcionario, en el camino de regreso, se entera de la curación, no expresa alegría, aunque se informa sobre la hora precisa a la cual su hijo se encontró mejor. Es esto lo que le lleva a la fe, a él y a su familia. Igual que el primer signo, y más claramente, el segundo pone de relieve la eficacia de la palabra de Jesús. Este segundo signo de Cana está puesto en relación evidente con el primero: el nombre de la ciudad, la numeración del signo y la presencia de criados son otros tantos elementos que vinculan los dos episodios, La fe de los discípulos y la del funcionario siguen al signo, Una diferencia: mientras que el primer signo se hacía mediante la palabra de Jesús y en su presencia (y los discípulos vuelven a marchar con él.,, a Cafarnaún), en el segundo, la fe tiene lugar en ausencia física de Jesús, pero con la presencia de su palabra, Este relato «constituye un signo» para los lectores: Jesús no está materialmente presente con ellos, pero su palabra está siempre ahí, (El Leccionario no ha conservado este pasaje ni para un domingo ni para un día de fiesta.)

III. Obras, signos y discursos de revelación de Jesús (5,1-10,42)
La curación del paralítico (5,1-47)
El capítulo 5 empieza con un relato de curación (5,1-9) y concluye con un discurso de revelación (5,19-47), El relato de curación propiamente dicho termina con la partida del paralítico, que lleva su camilla, con esta anotación temporal: era «un día de sábado» (v, 9). La información hace que reaparezca la intriga y la hace paSI

sar de una intriga de resolución (el paralítico camina) a una intriga de revelación (Jesús es el enviado plenipotenciario de Dios). Entre los dos momentos se encuentra una viva conversación que trata de determinar la identidad de este hombre que ordena algo prohibido el día de sábado (5,10-18). El enfermo no puede ser curado, porque dice a Jesús: «No tengo un hombre para echarme al agua» (traducción literal), Allí donde no había nadie para «echarle» al agua, como se echaría una cosa, Jesús se presenta como el hombre que no tenía, Sin embargo, no «echa» al enfermo. Le dirige una palabra que le permite decir «yo». Es la palabra dirigida, intercambiada y recibida la que pondrá al enfermo de pie. En la discusión que sigue a la curación (vv, 10-18), los «judíos» preguntan en primer lugar al paralítico qué persona le ha ordenado transportar su camilla. Pero él no sabe poner nombre a su curador, hasta que Jesús se encuentra con él de nuevo y le habla de no pecar más, En lugar de calmar los ánimos, Jesús añade una declaración en la que se pone a la altura de Dios, A partir de ahí se le persigue porque no sólo no observa el sábado, sino que se hace igual a Dios, Pone en cuestión el monoteísmo y se convierte en un peligro para el pueblo, En la parte final (vv. 19-47), Jesús revela la relación que lo une al Padre y la autoridad de enviado que ha recibido de él, Su obra no es un peligro para el monoteísmo, porque él no ocupa el lugar de Dios, sino que hace, plena y solamente, en cuanto enviado, lo que el Padre le dice. El Padre, Juan Bautista, las Escrituras y, por tanto, Moisés dan testimonio en su favor. (El Leccionario no ha conservado este pasaje ni para un domingo ni para un día de fiesta.)
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La multiplicación de los panes (6,1-15)
El Leccionario se detiene en el capítulo 6, la multiplicación de los panes y el discurso sobre el pan de vida, que va a presentar durante varios domingos del año B, No obstante, algunos versículos de este capítulo quedan excluidos de la lectura dominical: Jesús caminando sobre las aguas y la búsqueda de Jesús por parte de la muchedumbre (6,16-23), algunos versículos del discurso (6,36-40), la información sobre el lugar de la enseñanza (la sinagoga de Cafarnaún; 6,59) y el anuncio de la presencia de un traidor entre los Doce (6,70-71)'°. Lectura de conjunto. El largo capítulo 6 puede dividirse en cinco unidades", que forman una estructura concéntrica a la que la división del Leccionario no hace justicia: A 6,1-15: la multiplicación de los panes; B 6,16-21: la marcha nocturna sobre el mar; C 6,22-59: el discurso de la sinagoga de Cafarnaún; B' 6,60-65: algunos discípulos se alejan de Jesús; A' 6,66-71; la confesión de Pedro y el anuncio de la traición de Judas,

10. Para leer: „ - A. MARCHADOUR, L'Évangile de lean, o, c, pp. 937-952. - Y.-M. BLANCHARD, Des signes pour croire?, o. o, pp. 61-79. - X. LÉON-DUFOUR, Lectura del evangelio de Juan II, o. c, pp. 71-94. - P. MOITEL, Grandes relatos del Evangelio. Construcción y lectura. Cuadernos Bíblicos 98. Estella, Verbo Divino, 2 2001, pp, 23-26 y 43-45. - D, LUCIANI, «De 5000 á 1. Stratégie narrative et gestión des personnages en Jn 6», en Nouvelle Revue Théologlque 126 (2001), pp, 577586. 11. Para más detalles, cf. D, LUCIANI, «De 5000 á 1», a, o; recojo aquí sus divisiones y títulos, pp, 580s.

Sin mencionar aquí todos los detalles que permiten semejante división y las relaciones entre las partes correspondientes de la estructura, podemos llamar la atención sobre el cambio de personajes y/o de lugares: - Jesús sigue siendo protagonista en todos los pasajes, incluso cuando se ausenta, porque es el objeto de la búsqueda de la multitud, que pronto lo encuentra. - En la escena A, Jesús se desplaza a la otra orilla del lago de Galilea y sube «a la montaña»; de ahí que, sentado con sus discípulos, vea llegar a una numerosa muchedumbre. Se nombra a dos discípulos: Felipe y Andrés. - La escena B contempla un desplazamiento hacia el lago. Los discípulos suben a una barca y Jesús se reunirá con ellos caminando sobre las aguas. Esta escena acaba con la llegada a tierra firme. La muchedumbre está ausente de este pasaje. - En la parte central C, la más larga, la muchedumbre se desplaza hacia Cafarnaún en busca de Jesús. Una vez encontrado se entabla una discusión y Jesús les habla del pan de vida. Un personaje-grupo interviene en esta sección: los «judíos». La sección acaba informándonos del lugar en que se ha desarrollado la enseñanza: la sinagoga de Cafarnaún. Así pues, en esta parte, los personajes permanecen en un mismo lugar. - La escena B' está centrada en los discípulos, un gran número de los cuales encuentra duras las palabras de Jesús. Las secciones B y B' ponen en escena a Jesús y los discípulos. - La sección A' empieza por constatar el abandono de un buen número de discípulos. No quedan más que los Doce, a los que Jesús pregunta si también quieren

marcharse, Pedro toma entonces ia palabra para afirmar su fidelidad -de él y de ellos- a Jesús. Jesús destaca a otro discípulo del grupo: Judas. Igual que en la sección A, se mencionan dos discípulos, Podemos añadir la cifra doce presente en A (las doce cestas llenas . del pan que sobra) y en A (los Do17° domingo ordina ce [discípulos], raramente citados Ario I en el cuarto evangelio). j n 6,1-11 Al hilo del texto. 1) Cuando Jesús ve venir a la muchedumbre, no se dirige a la gente que se aproxima, sino que se vuelve hacia Felipe y le plantea una sorprendente pregunta: «¿Dónde podríamos comprar pan para que tengan qué comer?» (6,5). En efecto, el verbo «comprar» extraña en labios de alguien que no tiene la costumbre de preocuparse por cuestiones financieras. La extrañeza es tanto mayor porque el narrador precisa la intención de Jesús: sabía lo que había que hacer, pero plantea la pregunta para «tentar» («ponera prueba» dice la traducción litúrgica, que suaviza el verbo griego peirazó) a Felipe. 2) Felipe cae en la trampa de la pregunta y responde en términos económicos y aritméticos: «Con doscientos denarios no compraríamos bastante para que a cada uno de ellos le alcanzase un poco» (6,7). Cálculos justificados: la muchedumbre no puede ser saciada mediante una compra -onerosa- de panes. En cuanto a Jesús, pregunta «dónde» (literalmente «¿De dónde?»), en la que hay que excluir por lo demás una respuesta, la de buscar recursos entre los discípulos: ninguno de ellos puede tener encima semejante suma. La intervención de Andrés, que señala la presencia de un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces, no aporta más soluciones que los cálculos de Felipe: «¿Qué es eso para tanta gente?» (6,9),
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Límites de la lógica Lo que dice Mercedes Navarro Puerto a propósito del relato de la multiplicación de los panes en Marcos 6,32-44 podría aplicarse a Jn 6,1-15: «Los efectos de la comida, que ha multiplicado abundantemente las existencias, muestran los límites de la lógica, que se desautoriza en el ámbito de la celebración y el compartir. Comprar para tener y tener para compartir es una manera de ver las cosas, la vida, la sociedad... Compartir poniendo en común lo que se tiene es otra manera de situarse. Este modelo es multiplicador de los bienes, mientras que el primero es divisor (en el sentido de restar). En una sociedad agrícola, cuya economía requiere la distribución de los bienes mediante el intercambio, Jesús propone una experiencia humana y religiosa de desbordamiento que, como de hecho se dio en las primeras comunidades cristianas, puede convertirse en una manera alternativa de vivir y de gestionar los bienes. [...] [Es] una operación de sumar, pues se trata de suma, de multiplicación, de sobreabundancia, de exceso..., lo propio de las celebraciones y las fiestas, en donde los cálculos dejan de tener sentido porque pertenecen a otro orden de la realidad. Las doce canastas llenas de sobras dejan la comida y su sentido abiertos y sus posibilidades sólo iniciadas». M. NAVARRO PUERTO, Cuando la Biblia cuenta. Claves de la narrativa bíblica. Madrid, PPC, 2003, pp. 58-60.

porque es el don de la amistad y del amor, y por tanto no puede «comprarse» más que gratuitamente. 4) El adverbio interrogativo «¿de dónde?» (importante en el evangelio de Juan,2) remite por lo demás a otro pasaje bíblico. «¿De dónde tomaré carne para dar a t o do este pueblo?» (Nm 11,13), dice Moisés al Señor cuando los hebreos reclaman carne en el desierto. Ciertamente, el adverbio solo no permitiría poner en relación estos dos versículos (Nm 11,13 y Jn 6,5) si el contexto no nos autorizara a hacerlo: - los personajes: un diálogo entre dos (el Señor y Moisés por una parte, Jesús y Felipe por otra); - el objetivo: alimentar a una muchedumbre numerosa; - el lugar: la montaña que escala Jesús es una reminiscencia del Sinaí, habida cuenta de que la postura sentada de Jesús es típica del maestro, cuyo modelo por excelencia es Moisés. El paralelismo de los dos pasajes no es estricto, pero el relato de Juan juega con ecos que van desde el Éxodo al libro de los Números, en particular a propósito del don del maná, pan del cielo, incluso a pesar de que, en Nm 11, el pueblo expresa su hastío de él. En su discurso, Jesús recogerá además el tema presentándose a sí mismo como pan del cielo, 5) Jesús pide a los discípulos que inviten a todo el mundo a una comida, no apresurada, sino un tanto sotemne, Toma los pocos panes y los dos peces, no hace ni los cálculos de Felipe ni los de Andrés, y da gradas, Lleva a

3) La respuesta de Felipe, que desemboca en un callejón sin salida, es otro camino que habrá que tomar. Si se toma el de la Escritura, vemos que el término empleado por Jesús recuerda un pasaje bíblico del profeta Isaías: «Aunque no tengáis plata, venid a comprar [Jn 6,5 utiliza el mismo verbo que la traducción griega de los LXX] trigo y comed de balde» (Is 55,1). En este pasaje, el profeta indica al pueblo el alimento -pan y palabra- ofrecido por Dios, Ese alimento no tiene precio,
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12. Cf. L.-M. DEWAILLY, «D'oú es-tu? (Jn 19,9)», en Revue Biblique 92 (1985), pp, 481-496: «El adverbio se presenta trece veces en el evangelio de Juan, siempre con relación a Jesús o a algo que le afecte de cerca», Este adverbio tiene un valor cristológico y remite al origen divino de Jesús y de su obra,

cabo el gesto del padre de familia al comienzo de la comida, a la que ha invitado a la muchedumbre presente, Después de la distribución, todo el mundo queda saciado y sobra, Hemos pasado del cálculo que divide y no permite alimentar a las personas al gesto que desencadena la superabundancia, La apertura a la Palabra de Dios y al don del Padre por el Hijo colma las necesidades de cada cual a partir de lo poco dado por un joven anónimo (cinco panes, dos peces). Incluso se considera un futuro en el que otros podrán saciarse: «Llenaron doce canastas con los trozos que sobraron» (6,13).

ante el miedo de los discípulos, Jesús dice: «Soy yo [literalmente: "Yo soy"], no temáis», frase de revelación que tranquiliza (cf. p. 16); cuando los discípulos quieren subirle a la barca, llegan al destino y pueden abandonar el lugar de la muerte (el mar) gracias a su presencia, Después de la multiplicación de los panes, Jesús rehusa ser nombrado rey. Se separa de los personajes para encontrarlos sucesivamente (primero los discípulos, después la muchedumbre), Es entonces cuando pronuncia su discurso sobre el pan de vida y trata de hacer comprender a su auditorio que la realeza no viene del pan dado en abundancia, sino de la carne y la sangre dadas en la cruz. Los discípulos tendrán que descubrir que en la travesía (o la Pascua) del mar (ámbito de la muerte), Jesús, que estaba ausente, se revela presente. El crucificado que va a dar su carne y su sangre, el verdadero pan de vida, resucitará. {El Lecúonario no ha conservado este pasaje ni para un domingo ni para un día de fiesta.)

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Leccionarío: Algunos panes para saciar a una muchedumbre

i 17° domingo ordinario, B. En período de hambruna, Eliseo multiplicó unos pocos panes de cebada para dar de comer a un centenar de personas (I a lectura: 2 Re 4,42-44). Jesús va a dar de comer a más de cinco mil almas (evangelio: Jn 6,1-15) a partir de cinco panes de cebada. En ambos casos, el don es de tal manera abundante que quedan sobras. El salmo recuerda que Dios da el alimento a todo ser vivo (Sal 144) y Pablo exhorta a los efesios a estar unidos por los vínculos de la paz, puesto que | no hay más que un solo Señor (2a lectura: Ef 4,1-6).

Del pan perecedero al pan de vida (6,22-59)
Lectura de conjunto. El relato de la multiplicación no es propio del cuarto evangelio, puesto que lo encontramos en los evangelios sinópticos, e incluso en dos-versiones en Marcos y Mateo. Pero, en el evangelio de Juan, este episodio va seguido de un largo discurso de Jesús sobre el pan de vida. ¿Por qué este largo discurso? Los tres primeros evangelios refieren la institución de la eucaristía durante la última cena de Jesús con sus discípulos, Según su cronología, por otra parte, se trata de la cena pascual que Jesús celebra con los suyos
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Jesús camina sobre el mar (6,16-21)
El relato de la multiplicación de los panes desemboca en la admiración de la gente, que quiere hacer rey a Jesús. Éste se escapa solo a la montaña. Los discípulos se encuentran, por tanto, sin él y embarcan para ir a Cafarnaún, Cuando Jesús se acerca a ellos por el mar, subrayemos que no calma la tempestad con su voz (no se dice ni siquiera que la tempestad se calmara). Observemos dos extremos:

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antes de morir, Juan presenta las cosas de otra manera: la cena pascual tendría lugar el viernes por la noche, cuando Jesús ya está muerto y sepultado, Por tanto, no hay cena pascual ni institución de la eucaristía contadas por Juan, Sin 18° domingo ordinario embargo, en el largo discurso del AñoB capítulo 6, Jesús hablará de comer Jn. 6,24-35 su carne y beber su sangre. Así pues, encontramos la misma en19° domingo ordinario señanza, pero en un contexto y un AñoB marco diferentes: para los evanJn 6,41-51 gelios sinópticos, Jesús está en Jerusalén antes de su pasión; para el 20° domingo ordinario cuarto evangelio está en Galilea, AñoB cerca del lago; aún no es su pasión Jn 6,51-58 ni su última Pascua, sino que el narrador tiene cuidado en situar la Corpus Christi multiplicación de los panes «un Año A poco antes de la Pascua, que es la Jn. 6,51-58 gran fiesta de los judíos» (6,4), Al hilo del texto. 1) El Leccionario retoma el hilo del relato a partir del versículo 24, cuando la muchedumbre embarca para Cafarnaún en busca de Jesús, Deja de lado los versículos anteriores, donde se constató la misteriosa ausencia de Jesús. Nadie le ha visto partir, lo que hace que le pregunten: «Rabí, ¿cuándo has llegado?» (6,25). Jesús no responde directamente. Les reprocha el motivo de su búsqueda: el pan comido hasta hartarse y no la comprensión de los signos. El pan dado en abundancia es signo de otro pan que el discípulo y la muchedumbre están invitados a conocer, a buscar y a comer. 2) Jesús invita entonces a no buscar lo que perece, sino lo que permanece para la vida eterna (6,27). Antes
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había pedido a los discípulos que reunieran los trozos que habían sobrado para que nada se perdiera (6,12). El verbo «perder(se)» aparece varias veces en los labios de Jesús. «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca [lit,: no se pierda], sino que tenga vida eterna» (3,16); «Y su voluntad [del que me ha enviado] es que no pierda a ninguno de los que me ha dado...» (6,39); «No he perdido a ninguno de los que me diste...» (18,9). Estos diferentes pasajes remiten, pues, a la misión de Jesús y al deseo del Padre de que todos tengan la vida verdadera, Jesús no da solamente pan de cebada, sino a él mismo, Se revela como pan. 3) Sus interlocutores piden a Jesús que les dé un signo para creerle y le recuerdan el don del maná en el desierto. Jesús les dice que ese don venía de Dios, no de Moisés (6,32), y empalma sobre el verdadero pan del cielo que da la vida al mundo (6,33). Se trata de un don no sólo al pueblo de Israel, sino al «mundo», lo cual sitúa el debate en una perspectiva escatológica. La reacción del auditorio no se hace esperar y se parece a la de la samaritana, que se confundía a propósito del sentido del agua viva: «Señor, dame de esa agua» (4,15); «Señor, danos siempre de ese pan» (6,34), dicen. Sin embargo, el malentendido no es forzosamente del orden de una confusión con pan material. En el contexto se trata del maná, comparado con la palabra de Dios o Tora en la tradición bíblica. Los oyentes están dispuestos a recibir el pan/Torá que Jesús pueda darles13. Por tanto, Jesús va a precisar lo que quiere decir y ellos tendrán que descubrir que el don de Jesús es Jesús mismo,

13. X. LÉON-DUFOUR, Lectura del evangelio de Juan II, o. o, pp. 109-110.

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Leccionario: Abrirse al don de Dios

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Leccionario: El Pan de vida
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18° domingo ordinario, B. La 2a lectura (Ef 4,17.20-24) invita a deshacerse del hombre viejo y a dejarse guiar por el Espíritu. Es la actitud que necesitaba el pueblo en el desierto. Después de haber atravesado el mar, los hebreos sienten hambre. Se imaginan entonces que la tierra de la esclavitud era un país de prosperidad. Pero no es hacia atrás, con el faraón, donde se encuentra la vida. Gracias a Moisés van a descubrir que es posible vivir en el desierto y caminar hacia la Tierra Prometida, porque Dios envía el pan del cielo (Ia lectura: Ex 16,2-4.1215). Es lo que recuerda el Salmo 77: «Para alimentarlos hizo llover el maná. Les dio el trigo del cielo». En el evangelio, Jesús precisa que él mismo es el pan del cielo (Jn 6,24-35). 4) La siguiente etapa del diálogo comienza con «Yo soy el pan de la vida» (6,35). Esta revelación está en relación con su venida «del cielo», su relación con el Padre, su obediencia a la voluntad del que le ha enviado, la

19° domingo ordinario, B. Desalentado, Elias se echa bajo una retama y quiere morir, pero el ángel del Señor le lleva alimentó y lo vuelve a poner en camino (Ia lectura: 1 Re 19,48). Podrá caminar hasta el Horeb durante cuarenta días y cuarenta noches sin comer ni beber otra cosa que el pan y el agua que le ha llevado el mensajero de Dios. Cuando Jesús habla de alimento, se refiere a su propia vida (evangelio: Jn 6,4151). Aquel que se alimenta con esta vida no vivirá solamente cuarenta días como Elias, sino siempre. Todo lo que es amargura, ira, insultos, maldad debe desaparecer de las comunidades cristianas para dejar lugar al perdón y a un amor similar al de Jesús (2a lectura: Ef 4,30-5,2).

mención de la vida eterna y de la resurrección que recibirán aquellos que crean en el Hijo. Pregunta del auditorio: ¿cómo conciliar el discurso de Jesús y el hecho de que se conozca a su padre y a su madre (6,42)? Lo

Fe en Cristo y co
El discurso sobre el pan de vida pronunciado en la sinagoga de Cafarnaún (Jn 6,26-59) constituye la vertiente hermenéutica del relato de la multiplicación de los panes (Jn 6,1-15), como conviene en un evangelio que concede a las acciones de Jesús el valor de signos (Jn 20,30-31). [...] En un primer momento (6,26-51 a), el objetivo del discurso es estrictamente cristológico, sin alusión directa a la eucaristía. El pan vivo bajado del cielo es identificado con la propia persona de Jesús, el Hijo del hombre enviado por Dios y marcado con su sello (6,27). [...] En un segundo momento (6,51b-58) [...] parece tratarse de la comida eucarística, en cuanto comunión con el ser mismo de Cristo (literalmente su carne), entregado para la vida del mundo. [...] Además, el desdoblamiento del vocabulario (carne y sangre, comer y beber, alimento y bebida) parece apuntar directamente a la

eucarística
comida eucarística en la dualidad de «especies» (pan y vino, convertidos en cuerpo y sangre de Cristo). [...] Los exegetas están de acuerdo en reconocer ahí dos «discursos» distintos a los que la redacción joánica habría concedido una unidad de fachada (un solo discurso en Cafarnaún), sin borrar sin embargo la unión ni armonizar por completo los puntos de vista. Por tanto conviene mantener la tensión entre la metáfora cristológica del pan de vida y la realidad sacramental del pan eucarístico. Las dos experiencias (la fe en Cristo tanto como la comunión eucarística) tienen igualmente como efecto conducir a la vida eterna. A partir de ahí, son de un orden completamente distinto al del maná: en efecto, éste, por milagroso que fuera, era absolutamente incapaz de arrancar de la muerte a los hombres que lo consumían (6,49-58). Y.-M. BLANCHARD, «El discurso sobre el pan de vida (Juan 6)», en Los relatos fundacionales de la eucaristía. Documentos en torno a la Biblia 36. Estella, Verbo Divino, 2009, p. 33.
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cual le permite a Jesús insistir en la relación con el Padre: escuchar al Padre es creer en Jesús e ir hacia Jesús es posible gracias a la acción del Padre (6,44-47). 5) Finalmente, Jesús precisará que el pan es su carne, que hay que comer. Para tener la vida eterna es necesario alimentarse con su carne y beber su sangre, La carne y la sangre hacen referencia a la persona de Jesús, de hecho él dice también: «El que me coma vivirá por mí» (6,57), La «carne» remite a la encarnación. La carne y la sangre dan al pasaje una dimensión eucarística y anuncian la muerte en la cruz.

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Leccionario:

No solamente de pan
20° domingo ordinario, B. El libro de los Proverbios pone en escena a «Doña Sabiduría». Personificada, ha trabajado para acoger en su casa a todos aquellos que tienen necesidad de aprender de su tino. Puede alimentarlos con su pan y apagar su sed con su vino para enseñarles el camino de la inteligencia. Esta primera lectura (Prov 9,1-6) está puesta en relación con el pasaje del evangelio en que Jesús invita a sus oyentes a alimentarse no solamente de pan y vino, sino de su carne y su sangre (Jn 6,51-58). En la línea de los Proverbios, Pablo invita a los efesios a seguir el camino de la sabiduría y a no darse al vino, sino a dejarse embriagar por el Espíritu Santo (2a lectura: Ef 5,15-20). Corpus Christi, A. En el desierto, Dios permitió al pueblo que tuviera la experiencia de la sed y el hambre, por tanto de la pobreza. Es una prueba que tiene su vertiente positiva: la de descubrir que el alimento necesario para la vida no es solamente el pan, sino la palabra de Dios (I a lectura: Dt 8,23.14b-16a). En su discurso, Jesús quiere hacer descubrir a sus interlocutores que existe otro pan distinto al maná del desierto: s'u carne y su sangre, alimento de la vida eterna (evangelio: Jn 6,51-58). La copa y el pan compartidos por los cristianos son comunión en la sangre y el cuerpo de Cristo, lo que permite a la multitud de creyentes no formar más que un solo cuerpo (2a lectura: 1 Cor 10,16-17).

Abandono, confesión de fe, traición (6,60-71)
Lectura de conjunto. En este pasaje, después del discurso pronunciado en la sinagoga de Cafarnaún, observamos reacciones diferentes entre los discípulos: - la primera es el rechazo a la palabra de Jesús, considerada como intolerable, «demasiado dura», de ahí el abandono de la mayor parte de los discípulos; 21° domingo ordinario Año B ]n 6,60-69 - la segunda es Simón Pedro quien la expresa al declarar que las palabras de Jesús son «de vida eterna»;

- la tercera es la decisión, incluso oculta, de entregar a Jesús, lo cual desvela que ha tomado cuerpo en uno de los Doce, La revelación de la identidad de Jesús desplegada a lo largo del discurso del pan de vida divide. Incluso entre los Doce que Jesús ha escogido se encuentra un traidor, Jesús no obliga a nadie, pero exige una respuesta: «¿También vosotros vais a marcharos?» El pan de vida se ofrece a la libertad del creyente.
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Al hilo del texto. 1) Estas palabras de Jesús son consideradas como «duras» (la traducción litúrgica emplea el término «intolerables») por parte de «muchos de sus discípulos». Habiendo «oído», creen que ya no pueden «escuchar» (6,60), Conociendo la identidad de «aquellos que no creían» en él y de «aquel que lo Iba a entregar», Jesús trata de hacerles comprender el sentido de su revelación y los invita a recibir sus palabras, que son «es-

píritu y vida» (6,63). Permanecen en su postura y deciden dejar de seguirle (6,66), 2) Jesús se vuelve entonces hacia los Doce y pregunta si también ellos quieren marcharse, Simón Pedro toma la palabra, no solamente por sí mismo, sino en nombre del grupo: «Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemosy sabemos que tú eres el Santo de Dios» (6,69). Bonita declaración de Pedro, que parece haber comprendido el alcance y el valor de las palabras de Jesús, ¿Seguirá verdaderamente a Jesús hasta el final? Aquí tenemos una versión diferente de la «confesión de fe» de Pedro situada habitualmente en Cesárea de Filipo (Me 8,27-30 y //). 3) Jesús no elogia a Pedro, contrariamente que en Mateo (16,17), sino que anuncia inmediatamente la presencia de un «diablo» entre los Doce, sin denunciarlo no obstante con su nombre propio. Estos dos versículos finales (6,70-71) no se recogen en el Leccionario,

Ríos de agua viva (7,1-52)
El capítulo 7 empieza con una información sobre el peligro de muerte que corre Jesús en Judea y una nota cronológica que sitúa los acontecimientos en el marco de la fiesta de las Tiendas. El Leccionario no conserva más que algunos versículos de este capítulo en la víspera de Pentecostés (vv. 37-39). Entre los personajes del comienzo del capítulo se encuentran los hermanos de Jesús, de los que se dice que no creían en él, El capítulo acaba con la intervención de Nicodemo, que, sin presentarse como creyente en Jesús, toma su defensa pidiendo que le escuchen14, Lectura de conjunto. Mientras que los hermanos de Jesús lo empujan para que suba a Jerusalén para manifestar sus obras, éste rehusa. Subirá allí, sin embargo, él solo y en secreto. En la Ciudad Santa, los «judíos» buscan a Jesús y están divididos en cuanto a su identidad, Para unos es alguien de bien, para otros, extravía a la muchedumbre (7,12). La fiesta de las Tiendas es una gran fiesta de peregrinación a Jerusalén, Dura una semana más un día, el «día solemne» (7,37). Una de las particularidades de esta fiesta de otoño era la procesión diaria de los sacerdotes, que iban a buscar agua a la fuente de Siloé y subían al Templo para derramarla sobre el altar. Este rito

O

Leccionario: E( momento de ia elección

21° domingo ordinario, B. Una vez establecidas en la Tierra Prometida, las diferentes tribus de Israel son reunidas por Josué. El sucesor de Moisés les pide que elijan: ¿seguirán a los dioses paganos o al Señor? El pueblo entero confirma su adhesión al Señor, que les ha hecho salir del país de la esclavitud y les ha conducido a lo largo del camino en el desierto (Ia lectura: Jos 24,l-2a.l5-17.18b). Es una decisión semejante y una elección personal la que Jesús pide a los Doce. Mientras que una gran parte de los discípulos de Jesús se había alejado, considerando las palabras de Jesús intolerables, Pedro interviene para afirmar que las palabras de Jesús son, por el contrario, «vida eterna» (Jn 6,60-69). En la segunda lectura, Pablo compara el amor matrimonial con el de Cristo por la Iglesia (Ef 5,21-32).

14. Para leer: - A, MARCHADOUR, L'Évangile de lean, o. c, pp. 952-959. - E. COTHENET, La chame des témoins dans l'évangile de iean, o, c, pp. 69-85. - L, DEVILLERS, La saga de S'úoé, o, o, pp, 45-97, - X. LÉON-DUFOUR, Lectura del evangelio de Juan II, o. o, pp. 159-197,

para pedir la lluvia y la bendición del Señor recordaba las promesas de salvación anunciadas por los profetas (Zac 14,16-19; Ez 47,1-12). Viqiíia <k Pentecostés Jn 7,37-39 ¡o de la fiesta, Jesús sube al Templo para enseñar. Lo que dice suscita la admiración entre los «judíos»; ¿cómo conoce tantas cosas sin haber estudiado junto a un maestro (7,15)? Respuesta de Jesús; es de «aquel que lo ha enviado» de quien ha recibido la enseñanza. Se inicia una discusión, el tono sube y las opiniones están de nuevo divididas; muchos creen en él, sin embargo los sumos sacerdotes y los fariseos envían a algunos guardias para detenerle. Pero Jesús no deja de hablar por ello. Declara que está ahí solo por poco tiempo, porque va a partir junto a Aquel que lo ha enviado, le buscarán y no le encontrarán. De nuevo se produce un malentendido por parte de los oyentes. Buscan un lugar geográfico, cuando él habla de su muerte. Es en ese momento en que los interlocutores de Jesús buscan el sentido a sus enigmáticas palabras sobre su partida cuando Jesús hace su solemne declaración recogida en la liturgia eucarística de Pentecostés (Jn 7,37-39). Después de ésta, el final del capítulo (7,40-53) muestra en primer lugar las reacciones de la gente; algunos concluyen que Jesús es «el Profeta» y otros «el Mesías». Pero surge una pregunta que cuestiona la identidad de Jesús, porque, según la Escritura, el Mesías tenía que venir de Belén; ahora bien, Jesús sería originario de Galilea. La muchedumbre está dividida, unos quieren detener a Jesús, pero finalmente nadie pone la mano sobre él, y los guardias regresan junto a los sumos sacerdotes y los fariseos sin llevarlo preso. La reacción de estos últi40
En mecl

Los «judíos» El término «judíos» refleja la situación de los cristianos de la comunidad joánica cuando tuvo lugar la separación entre la Iglesia y la Sinagoga. Los cristianos de entonces podían hablar de los «judíos» como de un grupo externo a ellos. En tiempos de Jesús es un anacronismo distinguir a los «judíos» como un grupo diferente de otros personajes del evangelio, puesto que Jesús, los discípulos, las personas presentes en Jerusalén por la fiesta de peregrinación, etc., son todos judíos. El narrador traslada a su relato una situación posterior a la época de la que habla. Esto es visible también en la expresión «excluido de la sinagoga» (cf. por ejemplo 9,22), que no es verdad en tiempos de Jesús, sino que refleja la situación de la comunidad joánica. Ahora bien, los «judíos», en cuanto personaje-grupo del cuarto evangelio, a menudo desempeñan un papel negativo y son presentados como opuestos a Jesús, tratando incluso de matarlo (8,59). Cuando leemos el evangelio quizá no resulte inútil recordar el hecho para no caer en la caricatura y que lo que se dice de los «judíos» en ningún caso supone un juicio de valor sobre todos los judíos de la época de Jesús, ni sobre los de épocas posteriores ni, evidentemente, sobre el judaismo. Para señalar que se trata del personaje del evangelio de Juan, y no de los judíos en general, es preferible poner el término entre comillas; así recordaremos que las críticas contra los «judíos» no apuntan a los judíos en general, sino al lector, al que el narrador quiere llevar a la fe en Jesús. Para un estudio sobre los «judíos» en el evangelio de Juan, cf. el trabajo aparecido en la revista Sens 284 (2004).

mosy la de Nicodemo concluyen el pasaje e introducen el episodio siguiente, el de la mujer adúltera, Al hilo del texto. 1) El Leccionario se limita a la declaración de Jesús el último día de la fiesta. La actitud de Jesús recuerda la de la Sabiduría según el libro de los Proverbios. En efecto, igual que ella, Jesús está «de pie»,

«exclama» e invita a acudir a él (Prov 1,20; 8,1-3; 9,45; cf. igualmente Eclo 24,19) para apagar la sed. 2) El agua prometida no procede ni de la piscina de Siloé ni del Templo, sino del propio Jesús: «Si alguien tiene sed, que venga a míy beba» (7,37). Jesús se presenta así como el altar sobre el que se derramaba el agua. Aquí tenemos una reminiscencia de la visión de Ezequiel en la que el agua brota del Templo, al sur del altar, hasta convertirse en un torrente de agua viva que purifica las aguas del mar Muerto y las llena de vida (Ez 47,1-12). 3) Jesús fundamenta su invitación en una cita de la Escritura: «De su corazón brotarán ríos de agua viva» (7,38), Ahora bien, la frase no se encuentra tal cual en la Biblia. Es preciso referirse a la tradición bíblica en general, sapiencial en particular; se piensa en una cita libre del profeta Ezequiel combinada con Is 12,3 y 58,11 y/o a la tradición oral. 4) El término griego koilía significa «cavidad», «vientre», «entrañas», La traducción litúrgica la traduce por «corazón», más elegante que las palabras «vientre» o «entrañas» y más comprensible que «seno» para una asamblea dominical actual. El término indica a la persona como lugar de donde brota la fuente. No hay aquí ningún sentimentalismo. Por otra parte, el «corazón» de Jesús no hay que entenderlo en el sentido de algunas concepciones occidentales que lo absolutizan y lo separan de Dios. 5) El adjetivo posesivo «su corazón» es equívoco. Podría entenderse que se trata de Jesús o bien del que cree en él. El versículo siguiente sobre el don del Espíritu Santo haría que la balanza se inclinara en favor de Jesús: el agua (por tanto el Espíritu Santo) procede de Jesús. No obstante, el creyente no queda ex-

Leccionario: Espíritu de vida Vigilia de Pentecostés. El mismo pasaje evangélico y la misma 2a lectura (Rom 8,22-27) se proponen para los tres años litúrgicos. En el evangelio, el grito de Jesús el último día de la fiesta de las Tiendas es una llamada dirigida a cualquier persona que tenga sed a que acuda a él a apagarla y a recibir el Espíritu Santo. Es ese mismo Espíritu el que acude en ayuda de nuestra debilidad y nos enseña a orar y a hacer la voluntad de Dios, según la carta a los Romanos. Para la Ia lectura, la liturgia deja elegir entre cuatro pasajes de libros diferentes: - El episodio de la torre de Babel (Gn 11,1-9), donde, al contrario que el Espíritu de Pentecostés, lo que se preconiza es la uniformización de la lengua y su empobrecimiento en un vocabulario limitado e impuesto. - El libro del Éxodo (Ex 19,3-8a.l6-20b), con la teofanía del Sinaí y el establecimiento de la Alianza por Dios con el pueblo. - La visión del profeta Ezequiel (Ez 37,1-14) y su experiencia de los huesos que recuperan la vida gracias al Espíritu del Seflor, que el profeta debe invocar. - El libro de Joel (Jl 3,l-5a), que anuncia un tiempo futuro en el que el Espíritu se dará a toda criatura.

cluido, En efecto, a su vez podrá transmitir lo que ha recibido.

Una mujer adúltera (8,1-11)
El capítulo 7 acaba con la mención de la partida de diferentes personajes, cada cual a su casa. El comienzo del capítulo 8 nos informa de que Jesús se ha marchado al monte de los Olivos, Después se cuenta el episo41

dio llamado de la «mujer adúltera». Este relato no comprende más que una decena de versículos15.

Un problema textual
En su origen, el relato de Jn 8,1-11 no habría formado parte del cuarto evangelio. Habría sido insertado en este lugar a finales del siglo ni. Las razones en favor de una inserción tardía en el evangelio de un episodio que le era ajeno son los siguientes: - es ignorado por los primeros Padres de la Iglesia; - el vocabulario es un tanto diferente del resto del evangelio (por ejemplo, es la única mención del «monte de los Olivos»); - algunos manuscritos antiguos no lo incorporan; - interrumpe el desarrollo de los capítulos 7 y 8. Sin embargo, la canonicidad del pasaje no se discute. Desde san Agustín y san Jerónimo, el texto es aceptado como inspirado y canónico. En el v. 2 se trata de un nuevo día, lo que situaría fuera del marco de la fiesta de las Tiendas los relatos posteriores a este versículo. Los biblistas para los cuales la sección 7,1 a 10,21 forma un conjunto coherente y original, cuyo sentido está en relación con esta fiesta de peregrinación, excluyen de su análisis el texto de 8,1-11. Cf., por ejemplo, L. DEVILLERS, La saga de Siloé. Jésus et laféte des Tentes (Jean 7,1-10,21), o. c, pp. 12-13.

Lectura de conjunto. A pesar de que este te añadido posteriormente, está bien insertado en Í ; gar del evangelio. Los versículos anteriores han r . do la orden dada por los sumos sacerdotes y los fariseos de detener a Jesús, y su fracaso: los guardias reconocen que no han podido detener a un hombre que habla como Jesús lo hace, Los fariseos acusan entonces a aquellos que creen en Jesús de dejarse engañar, pero Nicodemo interviene para decir que no se puede acusar a nadie antes de haberlo escuchado. Por tanto invita a escuchar a Jesús. Es lo que vemos en este pasaje de la mujer adúltera: se propone un caso a Jesús, interpelado como «Maestro», Esto le permitirá ofrecer su enseñanza y ser escuchado, Ahora bien, su enseñanza desembocará en la absolución de aquella que era culpable, ¿Qué será entonces de aquel que es inocente? Al hilo del texto. 1) Los «escribas y los fariseos» llevan a la mujer adúltera y piden a Jesús que se pronuncie en cuanto juez y maestro (título que ellos le dan, v, 4), La mujer está situada «de pie en medio», como en un juicio (cf. Hch 4,7), Sin embargo, no se trata de saber si ella ha cometido una falta o no. Es presentada como sorprendida en flagrante delito, por tanto culpable, Por otra parte, no es llevada para ser lapidada, porque el hombre con el que ella ha cometido adulterio no está presente para ser juzgado también él, 2) ¿De qué manera se va a posicionar Jesús con respecto a la Tora? ¿Qué interpretación va a dar a la Ley de Moisés? ¿Se trata realmente de lapidar? ¿Qué enseñanza va a deducir? En realidad, Jesús está sentado (actitud del maestro) y, lo mismo que Moisés, desempeñará el papel de «maestro». 3) Jesús no responde inmediatamente, sino que se agacha para escribir con su dedo en el suelo, Los Padres de

15. Para leer: - A. MARCHADOUR, L'Évangile de lean, o. o, pp. 959-962. - L. DEVILLERS, La saga de Siloé, o. c, pp. 99-128. - E. COTHENET, La chame des témoins dans l'évangile de Jean, o. c, pp, 87-104. - D. GRENIER / M. LEFRANCOIS, «Jésus et la femme adultere», en Lumiére etVie271 (2006), pp, 91-101, - X. LÉON-DUFOUR, Lectura del evangelio según Juan II, o. c, pp. 245-254. 42

la Iglesia vieron en este gesto una acción simbólica, a la manera de los profetas, El gesto remitiría a la palabra de Dios transmitida por Jeremías: «Los que se desvían de mí serán inscritos en el suelo» (Jr 17,13), Jesús pediría implícitamente a los que le preguntan que se interroguen ellos mismos sobre su propia fidelidad e introduciría la respuesta que va a dar inmediatamente: «El que no tenga pecado que tire la primera piedra». 4) «Tirar la primera piedra» significa asumir la muerte de la persona, a pesar de que no sea esa piedra la que la mate. Por tanto, Jesús declara que únicamente el que no tenga pecado puede hacerse responsable de la aplicación de la pena, Ahora bien, ninguno de los presentes tomará una piedra, Todos, «uno por uno», empezando por los más viejos, es decir, los más sabios, se retiran, Habían acudido en grupo, se marchan «uno por uno», Portante hay una decisión personal por parte de cada uno de ellos y un reconocimiento de la justeza de la postura de Jesús. 5) La mujer se encuentra a partir de ese momento sola frente a Jesús, Va a dirigirle la palabra, Ella ya no es objeto de una discusión, sino un sujeto que responde a una pregunta: «Mujer,,,» El mensaje que recibe le abre un camino de vida y de conversión, Entonces puede marcharse. Su itinerario no acaba en el callejón sin salida de la muerte. 6) Jesús no ha traicionado la Tora. No ha dicho que haya caducado. Ha actuado en conformidad con la Escritura: «El Señor, El Señor, Dios misericordioso y clemente, lento a la cólera, rico en piedad y leal» (Ex 34,6), «¿Acaso me complazco en la muerte del malvado? No, más bien en que se convierta y viva» (Ez 33,11), 7) Jesús se agacha y se levanta varias veces, Este movimiento evoca su muerte y su resurrección: abaja-

miento, elevación. La resolución del problema-pasa por la misericordia y el perdón concedido a los pecadores. Jesús no ha condenado a nadie a muerte, ni a los escribas y fariseos ni a la pecadora, To- 5 „ ( í o m i n 9 0 ^ Cuaresma dos han podido partir salvados, El ^ ^ c propio Jesús será amenazado con la jn81-11 lapidación (8,59), pero caminará libremente hacia la muerte cuando llegue la hora. No se ofrecerá ningún motivo de condena, No muere porque sea culpable, sino porque da su vida para que todos tengan vida.

Leccionario: Del callejón sin salida al camino abierto
5o domingo de Cuaresma, C. Cuando el pueblo se encuentra en el exilio, y con que todo ha sido destruido por los poderosos ejércitos, el profeta ofrece una palabra de esperanza (Ia lectura: Is 43,16-21). El Señor puede trazar un camino en el mar, como lo hizo cuando la salida de Egipto. Puede hacer que brote un río en el desierto. La salvación no se encuentra en los esfuerzos hechos por la persona para obtenerla, sino en la confianza en el Señor, que la da. Es lo que dice Pablo a los filipenses (2a lectura: Flp 3,8-14) cuando reconoce que la justicia procede de Dios y no de los actos de obediencia a la Ley. También es una de las cosas que muestra Jesús en su actitud frente a la mujer adúltera: donde los actos de la pecadora llevan a la muerte, Jesús enseña que la Ley se abre al perdón y a la vida: «Yo tampoco te condeno, vete y no peques más» (8,11).

Anterior a Abrahán (8,12-59)
El final del capítulo 8 contiene una larga discusión de Jesús con los fariseos, después intervienen los «judíos» varias veces para presentar objeciones a Jesús. La controversia acaba con una nueva afirmación de Jesús, que
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revela su identidad divina: «Antes que Abrahán existiera, yo soy», Ésta conlleva una violenta reacción: los interlocutores recogen piedras, Pero Jesús escapa, No morirá lapidado, La controversia puede dividirse en tres secciones: vv. 1220; vv, 21-30 y vv. 31-59, La primera sección acaba con la precisión del lugar (el Templo, cerca del «Tesoro») y la imposibilidad de detener a Jesús, porque «aún no había llegado la hora». La segunda termina con una información del narrador: «Muchos creyeron en él», y la tercera con el intento de lapidación, Todo el pasaje contiene un vocabulario judicial (Ley, jueces, juicio, testimoniar, testimonio, detener). Se intenta una especie de proceso contra Jesús, en el cual él es el acusado, pero también el testigo, el abogado y el juez. El proceso comienza con unas solemnes palabras de Jesús: «Yo soy la luz del mundo» (8,12). La reacción no se hace esperar: el testimonio de una persona sobre sí misma no es válido. Jesús redarguye con que su testimonio es aceptable, porque tiene un conocimiento que no poseen aquellos que lo acusan: él sabe de dónde viene y adonde va. Después discute el juicio; sus interlocutores juzgan de forma puramente humana, él no juzga a nadie o, si juzga, su juicio es verdadero, porque no está solo, Él mismo y el Padre, que le ha enviado, son los dos testigos necesarios para que el juicio pueda ser válido. En la segunda sección, Jesús habla de irse y de la importancia de creer en él para no estar en pecado y en el error. Por dos veces se revela como «Yo soy», e insiste de nuevo en la relación que le une al Padre. El narrador observa por una parte la incomprensión del auditorio y, por otra, la fe de muchos.
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En ia tercera sección, ia tensión aumenta. Los interlocutores de Jesús lo van a tratar de samaritano y de poseído, Jesús les replica que ellos son «hijos del diablo», (El Leccionaño no ha conservado este pasaje ni para un domingo ni para un día de fiesta.)

Los interlocutores confundidos En un hermoso artículo en que estudia Jn 8,12-59, Corina Combet-Galland dice a propósito del «Yo soy» pronunciado por Jesús: «Una voz casi en estado puro que ante todo se da a conocer como voz, que quizá busca menos transmitir un contenido, comunicar un mensaje, que significar, fundamentalmente, que es Palabra y que apela en reciprocidad a otra palabra. Penetramos en el relato como en el espacio de una liturgia. Al pronunciar en ella un soberano "Yo soy", Jesús plantea entre los hombres su existencia, y ésta revela a Dios, invita a entrar en su presencia, a inscribirse en el presente de una experiencia directa, de una interlocución viva, y a comprometer en ella su propia voz. Los lectores del evangelio, con y conforme a los personajes del relato, están llamados a convertirse en interlocutores, a ser sorprendidos, a la vez interpelados y zarandeados. Son llamados por la voz de Jesús a responder con palabras y con su vida. [...] Mientras que se le pregunta "¿Quién eres tú?" (Jn 8,25) y se le acusa de una pretensión ilegítima, de hacerse igual a Dios (8,53) y de dar testimonio de sí mismo (8,13), Jesús no responde por su cuenta. Al afirmar un "Yo soy", como un "heme aquf', deja que Dios aparezca en su persona, hace ver, hace reconocer a Dios». C. COMBET-GALLAND, «Venir en lumiére: une violence? Evangile de Jean 8,12-59, en «Parole opportune, parole importune?», Revue d'Éthique et de Théologie Morale 136 (2005), pp. 113-128, aquí, pp. 116 y 120.

El ciego de nacimiento (9,1-41)
El capítulo anterior acababa con el intento de lapidar a Jesús, que entonces salía del Templo. El capítulo 9 em-

pieza por centrar nuestra atención en Jesús, que pasa y ve a un ciego de nacimiento, Todo el capítulo gira en torno a este personaje que Jesús ha visto al pasar16, Lectura de conjunto. En los evangelios sinópticos, Jesús devuelve la vista a varios ciegos (en Cafarnaun, Mt 9,27-31; en Betsaida, Me 8,22-26; en Jericó, Me 10,4852 y //), El episodio del cuarto evangelio se distingue de éstos en varios extremos, Se desarrolla en Jerusalén y se trata de un ciego de nacimiento, Por otra parte, el brevísimo relato de la curación (dos versículos: 9,6-7) va precedido de un diálogo entre Jesús y sus discípulos (9,2-5) y después seguido de una larga discusión que ocupa el resto del capítulo (9,8-41). La curación va seguida de una larga averiguación. Diferentes grupos, vecinos, padres, fariseos y otras personas presentes en Jerusalén intervienen para determinar cuál es la identidad del que ha hecho barro y si el hombre curado es el mismo mendigo invidente conocido por todos, Lo sustancial del texto se desplaza así de lo maravilloso de la curación a la gravedad de los debates, Inmediatamente después de que el ciego es enviado a Siloé, Jesús desaparece de la escena, Los diferentes grupos van a deliberar en su ausencia, Jesús no discute aquí con los diversos personajes para revelarles quién es o mostrarles que está en plena comunión con el Padre, como hace en otras ocasiones, Deja a los otros que hablen entre sí sobre el asunto.

La controversia no versa sobre el sábado en sí mismo -cuyo valor y sentido Jesús no rechaza-, sino sobre la identidad de Jesús, ¿Quién es ese que ha hecho barro, trabajo prohibido en 4 ° domingo de Cuaresma sábado a menos que una vida esté Año A en peligro, lo que no es el caso, puesJ " 9,1^-1 to que el ciego es ciego desde su nacimiento? Habría podido aguardar la curación un día más, Al llevar a cabo este gesto no urgente, Jesús parece ir contra la Tora y la alianza. ¿No se convierte en peligroso para el pueblo si arrastra a no respetar la alianza? Los profetas mostraron a qué caminos de muerte lleva la infidelidad a la palabra de Dios, Los protagonistas investigan para saber si Jesús es el Mesías, el profeta esperado, o si es un falso profeta que viene a arrastrar al pueblo a la idolatría, lejos del Dios de la alianza, por tanto hacia la muerte, ¿Se debe creer sin discernimiento a alguien que se presenta como la luz del mundo? Al hilo del texto. 1) Es importante la discusión que precede a la curación, porque va a orientar el sentido del gesto y de las palabras de Jesús. Los discípulos preguntan quién es responsable de esta minusvalía de nacimiento: ¿el ciego o sus padres? Jesús no responde designando un culpable, sino mostrando que la situación puede ser orientada hacia otra cosa distinta a la enfermedad y la muerte, la acusación y la condena. Después, tras ser presentado como «luz del mundo», cura al ciego aplicando barro sobre sus ojos. 2) ¿Quién es el ciego? Ignoramos su nombre propio, no conocemos más que su estado, Los vecinos y las personas acostumbradas a verle mendigar se sorprenden del cambio. Se preguntan entonces si se trata de la misma persona. El ex ciego lo confirma. Ahora bien, su de45

16. Para leer: - A. MARCHADOUR, L'Évangile de Jean, o. o, pp. 970-977. - L. DEVILLERS, La saga de Siloé, o. o, pp. 129-163, - X. LÉON-DUFOUR, Lectura del evangelio de Juan II, o. c, pp. 255-280, - A, MARCHADOUR, Les personnages dans l'évanglle de Jean, o. c, pp. 77-90.

claración «Soy yo» (9,9) se corresponde con la expresión griega egó e'imi, que también podría traducirse por «Yo soy», expresión normalmente reservada a Jesús en el cuarto evangelio (cf, el recuadro de la p, 16), 3) Hay un efecto de sentido pretendido, El ciego adquiere así la «figura» de Jesús, La dificultad de reconocer al ciego a causa del cambio que se ha operado en él y de su «nacimiento» a una nueva vida se hace eco de la experiencia de la resurrección. En efecto, a los discípulos les resultará difícil identificar al Resucitado (cf. 20,15 y 21,4), Por su nacimiento a una nueva vida, el ciego de nacimiento prepara al lector del evangelio para comprender la muerte y la resurrección de Jesús, 4) El ciego da testimonio de que se ha vuelto vidente mediante el acto creador de Jesús (el barro remite al lector a la fabricación del hombre en Gn 2,7). Da testimonio sobre todo de que ha descubierto su verdadera talla: la del «Yo soy» de dimensión divina. Por eso mismo se revela la talla de cualquier ser humano. 5) A partir de ahí nos quedamos estupefactos al verle enseñar a los letrados. ¡La ironía joánica! Ante los representantes del saber, que confiesan no saber, el que estaba bajo la amenaza de la culpabilidad a causa de su ceguera va a poder extrañarse de la ignorancia de ellos y a enseñarles los criterios de discernimiento (Jn 9,30-33). 6) Al comienzo del texto es Jesús el que «ve» a un ciego, al final es el ciego el que «ve» a Jesús (9,1 y 37), «Hijo del hombre» y «Señor», En su encaminamiento y sus debates con los diferentes interlocutores, el ciego va a hablar de Jesús, va a decir lo que hace, a confesar su ignorancia (v, 12: no sabe dónde está Jesús), va a declarar que el que le ha curado es profeta (v, 17) y que viene de Dios (v, 31), Al final descubre quién es verdaderamente
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Jesús, el Señor ante el que se postra, a partir del momento en que ya no se contenta con hablar de él, sino que habla con él, Este contacto directo es el que les falta a los otros personajes. 7) Jesús lleva a cabo un desplazamiento con relación a la pregunta inicial de los discípulos. La ceguera ya no se asocia al pecado: «Si estuvierais ciegos no tendríais pecado» (9,41). El pecado no está en la enfermedad física, sino en la certeza de poseer la verdad y, por tanto, de no estar abiertos a recibirla: «Pero desde el momento en que decís: "Vemos", vuestro pecado permanece» (9,41), Y se entiende que la obcecación es peor que la ceguera,

Un camino bautismal
Los episodios de la samaritana, del ciego de nacimiento y de Lázaro (Jn 4; 9 y 11) se leen durante los domingos de Cuaresma. Preparan a los catecúmenos al bautismo. «Por muchos aspectos, el relato del ciego de nacimiento evoca el camino bautismal: la unción con el barro hecho con saliva (Jn 9,6) recuerda el gesto de Dios al crear al ser humano (Gn 2,7) y anuncia una nueva creación, Jesús invita al ciego a lavarse en la piscina de Siloé, "el Enviado" (Jn 9,7), y ese hombre va a pasar así de las tinieblas a la luz; ahora bien, en algunas tradiciones orientales, el bautismo es llamado la iluminación. [...] El antiguamente ciego ha sellado su recorrido de fe al declarar: "Creo, Señor", y al postrarse ante él (Jn 9,38). La lectura continua del relato de la curación del ciego de nacimiento se presta perfectamente a una liturgia de la Palabra, lo cual ha favorecido su interpretación bautismal. Los catecúmenos podían escuchar cómo, gracias a Jesús, Luz del mundo (Jn 8,12; 9,5), ese hombre había pasado de la noche de este mundo a la luz de la fe». L. DEVILLERS, La saga de Siloé, o. c, pp. 129 y 156.

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Leccionario: Dejarse abrir los ojos

4o domingo de Cuaresma, A. Samuel mira la apariencia y piensa que la elección de Dios va a recaer sobre el mayor de los hijos de Jesé. Pero el Señor tiene otra forma de ver las cosas o, más bien, de mirar a las personas. Su elección va a recaer sobre el más joven, David (I a lectura: 1 Sam 16,6-7.1013a). Jesús ve a un hombre ciego de nacimiento y, en lugar de buscar un culpable a ese estado de hecho, permite al enfermo acceder a la luz. Es la imagen de las luces y las tinieblas la que emplea Pablo para exhortar a los efesios a vivir como hijos de la luz y a no tomar parte en las actividades de las tinieblas (2a lectura: Ef 5,8-14).

acusado de blasfemia. Jesús se escapa de nuevo de sus perseguidores y se dirige a TransJordania (la noticia establece claramente la relación con los comienzos de la revelación del Hijo ante Juan Bautista, 10,40 y 1,28). 4 o domingo «¿Pascua AñoA Lectura de conjunto. La metáfora del pastor y las ovejas es frecuente en la Biblia. Dios es presentado como el pastor que ha guiado a su rebaño a través del desierto (Sal 7,21; 78,52), que se ocupa de cada persona (Sal 23). Los profetas criticaron a los responsables del pueblo, que no se ocupan de las ovejas, sino que las explotan (Ez 34), JnlO,l-J_o
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Discurso de revelación (10,1-42)
Sin transición tras el episodio del ciego de nacimiento, Jesús empieza un discurso de revelación introducido solemnemente con dos «amén». El capítulo puede ser dividido en dos partes: vv. 1-21 y vv. 22-42", En la primera parte, únicamente la sección que recoge las imágenes de la puerta y del pastor se lee durante el Tiempo pascual (vv, 1-18), Los versículos 19-21 describen una escisión en los interlocutores de Jesús entre los que dicen que está poseído y los otros, que dicen que no lo está. La segunda parte nos informa sobre el lugar, el Templo, y sobre la época, la fiesta de la Dedicación (vv, 2226), Se entabla una discusión entre Jesús y los «judíos» (vv, 27-30), Un fragmento centrado en el tema de las ovejas se lee también en Tiempo pascual. El final del capítulo (vv. 31-42) narra un nuevo intento de lapidación

La esperanza de los tiempos mesiánicos estaba asociada a la venida de un pastor fiel a Dios. Las palabras de Jesús se basan en esta esperanza y el don de la vida por parte del pastor recuerda a David, que arriesgó su vida para salvara sus ovejas (1 Sam 17,34-35). Podemos proponer una división del texto diferente de la del Leccionario. El discurso de Jesús está formado por una primera parte (vv. 1 -6), que habla en general del rebaño, del ladrói i y del portero, Esta parte termina en el v. 6 con la incomprensión del auditorio. Después se encadenan dos secciones en «yo»: en la primera, Jesús se presenta como la puerta (vv. 7-10), en la segunda como el pastor (vv, 11-18), Al hilo del texto. 1) El discurso de Jesús comienza de forma negativa: el que no pase por la puerta es «un ladrón y un bandido», El pensamiento avanza por oposición: el que entra por la puerta es identificado entonces como el pastor de las ovejas, Después Jesús precisa la relación personal que les une: las ovejas escuchan, el
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17. Para leer: - A, MARCHADOUR, L'Évangile de Jean, o. c, pp, 977-985. - L, DEVILLERS, La saga de Siloé, o. c, pp. 195-213, - X, LÉON-DUFOUR, Lectura del evangelio de Juan II, o, c„ pp. 280-318,

pastor conoce «a cada una por su nombre». Camina delante de ellas y ellas le siguen. El pastor no es un mercader de animales, 2) Para hablar del aprisco, Juan utiliza la palabra «patio» (griego, aulé), En los Setenta, traducción griega de la Biblia, ese término designa el patio del Templo (1 Re 6,36, etc.) y el de la Tienda de la reunión en el desierto (Ex 27,9, etc.). Por tanto se establece una relación con el lugar mismo en que Jesús se encuentra con sus oyentes. Más allá de la imagen bucólica tendríamos la imagen del Templo, y Jesús se presentaría no sólo como el pastor de las «ovejas», sino también como el guardián y protector de los fieles y como la puerta que da acceso al Templo. Su denuncia de los ladrones y bandidos se dirigiría así a los responsables religiosos. La i m a g e n de la p u e r t a Desde siempre, la puerta es para los seres humanos un símbolo fundamental, el del paso de un plano a otro, de la tierra al cielo. Muchas civilizaciones conocen la imagen de la puerta del cielo, paso del plano terreno al divino. [...] Jesús es la puerta que nos permite acceder a nuestro corazón, que nos pone en contacto con nuestro ser profundo. [...] Por tanto, Jesús es la puerta por la cual puedo entrar y salir en busca de buenos pastos. Aquí aparece otra dimensión de esta imagen: la puerta no nos da solamente acceso a nuestra interioridad, sino también a la exterioridad, al mundo. Entrar y salir, introversión y extraversión, esta pareja es indisociable; no vive más que aquel que, por Jesús, es capaz de los dos movimientos. [...] Jesús nos dice que en él encontraremos la salvación, la plenitud de la vida y el acceso a nuestro ser completo; únicamente en él aparece la vida en su verdad, la vida divina, que no está limitada por los límites de nuestro cuerpo y de nuestra historia. A. GRÜN, Jésus. La Porte vers la vie. Evangile de Jean (orig. 2002). París, Bayard, 2004, pp. 101-103 (ed. española: Jesús, puerta hacia la vida. El evangelio de Juan. Estella, Verbo Divino,2 2005).
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3) Ante la incomprensión de los oyentes (v. 6), Jesús retoma su discurso para explicitarlo mediante las metáforas de la puerta (v. 7) y del buen pastor (v. 11), q u e r : pueden aplicarse a nadie más que a él.

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Leccionario: «El Señor es mi pastor»

4o domingo de Pascua, A. El pasaje de la primera carta de Pedro (2a lectura: 1 Pe 2,20b-25) tiene muchas resonancias con el evangelio (Jn 10,1-10). Jesús, buen pastor (cf. Sal 22 [23]), conoce a sus ovejas y las llama por su nombre. Pedro pide a los lectores que vivan en conformidad con el ejemplo de Jesús, que sufrió y no devolvió mal por mal, que llegó incluso hasta la cruz para reunir a las ovejas errantes y velar por ellas. La primera lectura (Hch 2,14a.36-41) ofrece el final del discurso de Pedro el día de Pentecostés y su llamada a la conversión para obtener el perdón de los pecados y el don del Espíritu. 4° domingo de Pascua, B. El libro de los Hechos de los Apóstoles se detiene en la declaración de Pedro ante el Sanedrín: la curación del paralítico ha sido llevada a cabo por el nombre de Jesús. Por él, piedra angular, viene la salvación (I a lectura: Hch 4,8-12). En el evangelio (Jn 10,11-18), Jesús se presenta como el «buen pastor». El amor de Jesús, testigo del amor del Padre, que hace de nosotros hijos, es recordado por el autor de la primera carta de Juan (2a lectura: 1 Jn 3,1-2). 4o domingo de Pascua, C. Nadie podrá arrancar a las ovejas de las manos del buen pastor (Jn 10,27-30). En la 2a lectura (Ap 7,9.14b-17) es la imagen del Cordero la que se emplea: el Cordero cuya sangre purifica las vestiduras de una muchedumbre procedente de todas las naciones que han sufrido la persecución, el Cordero que es también el pastor que conduce hacia las aguas de la vida y que enjuga todas las lágrimas. En la 1" lectura (Hch 13,14.43-52) no se trata explícitamente del Cordero ni del Pastor, sino de Pablo y Bernabé, los cuales, tras haber sido bien acogidos en Antioquía de Pisidia, serán expulsados de la ciudad. Sin embargo continúan su camino de evangelización por otras partes, llenos de alegría en el Espíritu Santo.

4) Jesús califica de ladrones a los que han venido antes que él. Esta afirmación no apunta a Abrahán, Moisés, David, Isaías, etc., sino a los que quieren situarse ante él. Inmediatamente precisa que el que pasa por él será salvado, tendrá la vida, e incluso «en abundancia». Por tanto, aquí revela que sólo él puede conducir a la vida, de la misma manera que, por otra parte, se desvela como el Hijo que transmite lo que ha recibido del Padre. Cualquier otra persona que se presente como la puerta de acceso a Dios en lugar de Jesús no puede ser más que un «ladrón».

5) El pastor no recibe el calificativo de «verdadero», como en el caso de la luz (Jn 1,9), el pan (6,32) o la viña (15,1), sino el de «bueno» (griego, kalós). Este adjetivo significa que lleva a cabo plenamente su papel: el de conservar las ovejas con vida y defenderlas de todos los peligros. El «buen» pastor no es un guardián remunerado que tiene como objetivo entregar en buen estado la mercancía; tiene una relación personal con cada oveja. Las conoce y ellas le conocen. Entre ellas y él existe la misma relación que entre él y su Padre.

IV. La resurrección de Lázaro y la decisión de matar a Jesús (1 1,1-12,50)
El final del capítulo 10 ha dejado a Jesús al otro lado del Jordán, adonde muchos acuden a él y creen en él. El capítulo 11 empieza con una información absolutamente diferente: se trata de un enfermo, Lázaro, y de sus hermanas, todos habitantes en Betania. Comienza así otro episodio sin paralelo en los evangelios sinópticos: el último de los signos de Jesús contados en el evangelio de Juan. una profecía que desvela el sentido de la muerte de Jesús: salvar al pueblo y reunir a todas las naciones dispersas18. Lectura de conjunto. Las escenas se suceden y se encadenan, recorridas por una verdadera tensión dramática, El narrador hace entrever a su lector el resultado de la intervención de Jesús, pero no la muestra inme-

La resurrección de Lázaro (11,1-57)
El Leccionario no conserva todo el capítulo, No recoge más que el largo relato de la resurrección de Lázaro, sin ocuparse de las consecuencias de ésta. Por tanto deja de lado los vv. 46-57, que hablan de la decisión adoptada por el Sanedrín de matar a Jesús y del consejo de Caifas, el sumo sacerdote, que, sin saberlo, pronuncia

18. Para leer: - A. MARCHADOUR, L'Évangile de lean, o. o, pp. 987-998.
B. ESCAFFRE, «La resurrección de Lázaro», en D. MARGUERAT / A. WÉNIN /

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B. ESCAFFRE, En torno a los relatos bíblicos. Cuadernos Bíblicos 117. Estelta, Verbo Divino, 2005, pp. 37-49, G. LAFON, Le temps de croire [lean 11,1-46). Bruselas, Lumen Vitae, 2004. X. LÉON-DUFOUR, Lectura del evangelio de Juan li, o. c, pp. 319-350. A. MARCHADOUR, Lazare, en «Évangiles», París, Bayard, 2004. B, VAN MEENEN, «Le signe du passage de la mort á la vie, Lecture du récit de Lazare», en Lumiére et Vie 243 (1999), pp. 67-74. 49

diatamente, llamando así nuestra atención sobre una cosa distinta al relato de un milagro. 5° domingo de. Cuaresma Año A Conmemoraeión de todos los fieles difuntos Jn. 1117-27 personajes del relato, los vemos desconcertados P o r l a manera de actuar de Jesús Al final del ' episodio nos damos cuenta de que el título habitual, «resurrección de Lázaro», ciertamente no es el más apropiado. El relato revela muchas cosas, pero no pone auténticamente el acento en la resurrección de Lázaro, el cual, a fin de cuentas, no es el protagonista del relato.
En c u a n t 0 a los

Dos hermanas y un hermano
Las dos hermanas, Marta y María, sólo son mencionadas en Lucas y Juan. En el evangelio de Lucas, cuando Jesús está en camino hacia Jerusalén, se detiene en una aldea cuyo nombre no se precisa. Marta lo acoge y, mientras que ella se pone a servir, María está sentada a los pies de Jesús, con la actitud del discípulo, a la escucha de las palabras del maestro (Le 10,38-42). Igual que Lucas, Juan presenta al personaje de Marta más activo que el de María, que se queda sentada en la casa del duelo (Jn 11). El tratamiento de los personajes sin embargo es diferente: frente a una María postrada en el dolor, Marta desempeña un papel positivo, es la que va ante Jesús la primera cuando éste se acerca a Betania y tiene un largo diálogo con él. Es ella la que después va a buscar a su hermana y Ja pone en pie, orientándola hacia «el maestro». Saca a su hermana de la «muerte» y ía sitúa como discípula de Jesús. Las dos hermanas aparecen después nuevamente juntas en el episodio de la unción de Betania (Jn 12,1 -11). Marta sirve, María está a los pies de Jesús para ungirlos. Pero, a diferencia del episodio lucano, Marta no tiene nada contra su hermana. Es Judas el que interviene para reprochar el gesto de María. Lázaro no es mencionado en el evangelio de Lucas (el nombre de «Lázaro» es en él el de un pobre, cf. Le 16,20-31). En Juan, en los dos episodios en que aparece, Lázaro desempeña un papel muy secundario con relación a sus hermanas. Es absolutamente pasivo, mientras que Marta y María se muestran como discípulas que han comprendido la identidad de Jesús y lo que significa su muerte, abierta hacia la resurrección.

Algunos términos empleados para describir el sepulcro de Lázaro y la forma en que es sepultado se volverán a citar en el pasaje del descubrimiento de ía tumba vacía: el sepulcro de Lázaro es una cueva cerrada con una piedra (11,38), igual que la de Jesús (20,1). Jesús pide que «retiren la piedra» del sepulcro (11,39), María Magdalena encontrará la «piedra retirada» (20,1). A la llamada de Jesús, Lázaro sale con el rostro rodeado por un «sudario» (11,44); al entrar en el sepulcro vacío, Pedro verá el «sudario» que había cubierto la cabeza de Jesús (20,5-7), Estas concordancias de vocabulario muestran que la muerte y la resurrección de Lázaro anuncian las de Jesús, a pesar de que éstas son de naturaleza diferente, puesto que Lázaro vuelve a la vida para morir más tarde, Al hilo del texto. 1) Informado de la enfermedad de Lázaro por sus hermanas, Jesús se contenta con hacer una declaración y se queda aún dos días en Transjordania. Sin embargo, el narrador ha precisado el afecto de Jesús por esta familia de Betania, y las hermanas han presentado a su hermano ante Jesús como «al que amas» (v. 3). Por tanto, el retraso de Jesús no es por
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indiferencia, sino que su amor no se manifiesta por una precipitación que evitaría a sus amigos el sufrimiento y la muerte, 2) El diálogo de Jesús con los discípulos descansa en un malentendido: cuando Jesús les dice que Lázaro «está dormido» (v, 11), los discípulos piensan en el sueño previo a la curación, Pero Jesús habla de la muerte como

de un sueño del que se puede ser despertado (en este sentido es como hay que entender la muerte en cruz). 3) En su diálogo con Jesús, Marta, que esperaba evitar la muerte de Lázaro y cree en la resurrección de los muertos el último día, descubrirá que la resurrección no es un acontecimiento del futuro que hay que esperar, sino alguien presente ante ella que se puede conocer y en el que hay que confiar: «Yo soy la resurrección y la vida» (v, 25). 4) María se había quedado sentada en la casa del duelo. Después de haberse encontrado con Jesús, aunque sin haber recibido la orden, Marta va a decirle que el Señor la llama. Para ir hacia el Maestro, María «se levantó» (lit,

«fue levantada» o «despertada», en griego egetró, v. 29), y más adelante la vemos «levantarse» Q\t. «ponerse de pie», en griego anístémí, v. 31), dos verbos que forman parte del vocabulario de resurrección. Lo cual hace decir a Yves Simoens: «La primera en resucitar es María» (SelonJean. II. Une ¡nterprétation, 1997, p. 451). 5) La reacción de Jesús al ver llorar a María y a los judíos que la acompañan es «emocionarse» (vv. 33 y 38) «profundamente» (v. 33) y «llorar» (v. 35). El que es la «resurrección» y que va a devolver la vida a Lázaro llora ante la muerte. Lo cual nos muestra que la fe en la resurrección no exonera del duelo y que éste no significa falta de fe,

Situarse f r e n t e a Jesús El gran tema del cuarto evangelio es el desvelamiento progresivo de Jesús frente a los hombres. La historia de Lázaro llega al final de una etapa decisiva, como el séptimo y último «signo» de Jesús, tratando de hacer que se reconozca como Revelador del Padre. El relato está enteramente centrado en Jesús. [...] En torno a Jesús evolucionan diversos personajes, en los que pueden leerse, como en un espejo, diversas formas de creer en él, empezando por los discípulos. A menudo testigos silenciosos de la revelación de Jesús, aquí manifiestan una fe vacilante (vv. 7-16). Pero muestran lo que significa ser discípulo: dejarse enseñar por el maestro y caminar en pos de él. «Vayamos y muramos con él»: la fórmula mezcla el miedo y el deseo de superarlo. El «seguimiento» de Jesús consiste en tomar el camino de la cruz para tener parte en la gloria de la resurrección. Cuando Jesús llega a Betania, Marta y María, las dos hermanas, se separan, física y simbólicamente. Marta (vv. 17-27) se retira del grupo del duelo para ir a acoger a Jesús. En eso se comporta como la creyente perfecta. Cuando Jesús le recuerda la esperanza judía: «Tu hermano resucitará», ella manifiesta su adhesión. En el momento en que Jesús se desvela ante ella como el Revelador supremo, señor de la vida y de la muerte, ella lo acompaña a esas alturas: «Sí, Señor -respondió ella-, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios...» Por el contrario, María (vv. 28-37) es presentada mediante una serie de rasgos ligados al duelo. ¿Podemos decir que una y otra pecan por exceso y por defecto: demasiada fe y no suficiente duelo en Marta, y al revés en María? Al lector le corresponde decidir. La actitud de María postrada a los pies de Jesús (v. 32), su diálogo con él, carente de la confesión de fe, que prolonga y modifica la petición de su hermana, su entorno de llantos (los suyos, los de los judíos y los de Jesús): todo esto mantiene la secuencia en un clima tanto más sombrío cuanto que tiene lugar justo después de la luminosa secuencia entre Marta y Jesús. Sin embargo, la figura de María conserva marcas positivas, como la unción (evocada anticipadamente en el v. 2), su apresuramiento y su postración a los pies de Jesús (vv. 31-32). Ella subraya la dimensión humana de Jesús, mientras que Marta privilegiaba su identidad divina. A. MARCHADOUR, «La Résurrection de Lazare», en Dossier de la Bible 96 (2003), pp. 12-13.
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Leccionario: Palabra de vida

5o domingo de Cuaresma, A. Con este evangelio (Jn 11,145), en el que Jesús muestra la fuerza de su palabra al llamar a Lázaro fuera de la tumba, la Ia lectura (Ez 37,12-14) afirma la eficacia de la palabra divina: «Lo digo y lo hago» (v. 14). Lo que el Señor va a hacer es dar su Espíritu y comunicar su vida. Pablo habla en el mismo sentido a los romanos (2a lectura: Rom 8,8-11) del Espíritu de Dios y de Cristo, que da su vida. Somos mortales, pero la muerte no tiene la última palabra. Conmemoración de todos los fíeles difuntos. Entre las posibilidades ofrecidas por la liturgia, el diálogo entre Marta y Jesús (Jn 11,17-27) se propone con un fragmento del libro de la Sabiduría como Ia lectura (Sab 4,7-15). La muerte prematura del justo tiene algo de escandaloso y de incomprensible, j sin embargo hay que entender que el amor del Señor no lo abandona nunca. Contrariamente a lo que habría tendencia a creer hasta entonces, una vida larga ya no es un criterio de felicidad y de sabiduría. Aunque no haya vivido mucho tiempo, el que ha sido fiel al Señor recibe gracia y misericordia. Por tanto, vivirá en la dicha fuera del mundo malvado que le hacía sufrir. Es una esperanza semejante a aquella de la que da testimonio Pablo (2a lectura: 1 Tes 4,13-18): igual que Cristo murió y resucitó, nosotros viviremos con el Señor.

to de hadas con reencuentros. Perdemos a Lázaro de vista para quedarnos con Jesús. Lo importante no es lo que puede existir tras la muerte, sino la resurrección que se revela en Jesús y en la que podemos creer,

Unción en Betania (12,1-12)
Hacia el final del capítulo 11, el narrador nos indica la proximidad de la fiesta de Pascua. Después de las de Jn 2,13 (purificación del Templo) y la de Jn 6,4 (multiplicación de los panes y discurso sobre el pan de vida), ésta será la última Pascua que se narre en el evangelio, la de la muerte de Jesús en la cruz y su glorificación. El comienzo del capítulo 12 precisa que estamos seis días antes de la Pascua, Los versículos 1-12 cuentan la unción en Betania. Únicamente Mt 26,6-13 y Me 14,3-9 tienen relatos parecidos al del cuarto evangelio. En un episodio situado en Galilea mucho antes de la pasión, Lucas habla de una mujer anónima, pecadora, que unge los pies de Jesús y los baña con sus lágrimas (Le 7,36-50). La escena se desarrolla en Betania. Para Juan tiene lugar en casa de Lázaro, durante una comida en la que participa éste (Mty Me: en casa de alguien llamado Simón el Leproso). Marta sirve y María lleva un perfume de nardo puro que derrama en los pies de Jesús antes de enjugarlos con sus cabellos (Mty Me: una mujer anónima derrama el perfume en la cabeza), Toda la casa se llena del perfume, En el capítulo anterior (Jn 11), la casa de Betania era la casa del duelo y el sepulcro de Lázaro olía a muerte; ahora la casa se llena con el perfume tras el gesto de María: ella ha embalsamado, con vistas a la sepultura, el cuerpo vivo de Jesús, El buen olor contrasta con la hediondez del sepulcro de Lázaro.

6) Jesús no ha evitado la muerte de Lázaro, lo mismo que el Padre tampoco evitará a su Hijo la suya. A pesar de que es «la resurrección y la vida», pasará por la cruz, que no es un simulacro. Asume hasta el final la condición humana y nos muestra que no es escapando de ella como se encuentra la verdadera vida. La resurrección de la que nos habla el evangelio no es la inmortalidad. 7) Lázaro sale libre y vivo del sepulcro, pero mudo sobre lo que ha podido «vivir» allí. Jesús dice que le dejen marchar, y nadie le detiene. El final no es el de un cuen52

Judas interviene en favor de los pobres, pero el narrador nos informa de que miente. Jesús marca una diferencia entre el «siempre» de la presencia de los pobres y el «no siempre» de su propia presencia, anunciando así su próxima muerte. El momento es único. María lo ha captado. Bien situada en una familia concreta (hermana de Marta y de Lázaro), ya no es llamada «María» por Jesús. Ese nombre propio ya no se le dará más que a María Magdalena (Jn 20,16). Por tanto, estos dos personajes no son idénticos, aunque la proximidad de los nombres haga que los dos pasajes se relacionen y que su actitud muestre una atención particular, «amorosa», podríamos decir, con respecto a Jesús: María (de Betania) anticipa la sepultura sobre el cuerpo de Jesús vivo y habla así de resurrección; María Magdalena buscará desesperadamente el cuerpo desaparecido del sepulcro y lo descubrirá vivo. Una hace un gesto profético (recogido, en cierta forma, por Jesús en Jn 13 con respecto a sus discípulos), mientras que la otra se convertirá en «apóstol» al recibir un mensaje que debe llevar a los discípulos, El episodio acaba con una información del narrador: muchos judíos acuden a Betania menos por Jesús que por Lázaro, y empiezan a creer en él. Por eso los sumos sacerdotes deciden matar también a Lázaro, cosa que no contará el cuarto evangelio. (El Lecóonario no ha conservado este pasaje ni para un domingo ni para un día de fiesta.)

del pasaje paralelo en el evangelio de Marcos. Cuentan la entrada de Jesús en Jerusalén. Ésta está situada cronológicamente «al día siguiente» (12,12) de la comida de Betania y la unción llevada a cabo por ^ ^ D ü María, Ya no estamos más que a cinco días de la vigilia pascual, En este episodio, el acento recae en la realeza de Jeprocesión .. „ , 0 1 0 -,c
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sus. El rey aclamado permanece silencioso. La muchedumbre grita. El narrador da la palabra a las Escrituras, que ofrecen así el sentido del acontecimiento. Pero los discípulos no lo comprenderán más que después de Pascua. Los versículos 17-19 recuerdan la resurrección de Lázaro, La muchedumbre que ha visto el signo cree en Jesús, da fe de ello y va a su encuentro. Por su parte, los fariseos ven con pesar que no hay nada que hacer ante el entusiasmo de «todo el mundo» (en griego, kosmos, es decir, el «universo», la «humanidad entera»). Su declaración revela irónicamente la realidad de la misión de Jesús: ha venido para atraer a todos los hombres hacia él, Es lo que va a revelar pronto (Jn 12,32). Al hilo del texto. 1) ¿Cuáles son las particularidades joánicas de este episodio común con los evangelios sinópticos (Me 11,1 -10 y 11)1 En primer lugar, no es la primera vez que Jesús entra en Jerusalén. Después, ante el anuncio de su llegada, la muchedumbre sale a su encuentro con «ramas de palmera». Finalmente, Jesuses aclamado, y sólo después es cuando encuentra, como por casualidad, un asno sobre el que se monta. 2) Este gesto, interpretado a la luz de la Escritura (por combinación de Zac 9,9y Sof 3,16-17), no es entendido en el momento por los discípulos, sino sólo a la luz del misterio pascual. Es la glorificación de Jesús la que permite releer los acontecimientos y entender su sentido,
53

Entrada de Jesús en Jerusalén (12,12-19)
Visión de conjunto. Los versículos 12-16 pueden leerse para la procesión de los Ramos del año B en lugar

u

Leccionario: El que viene en nombre del Señor

Procesión del domingo de Ramos. Lógicamente, el pasaje evangélico leído durante la procesión de los Ramos está tomado del evangelio correspondiente al año litúrgico: Mateo para el año A, Marcos para el B y Lucas para el C. No obstante, para el año B es posible reemplazar la perícopa de Marcos (11,1-10) por la del cuarto evangelio (Jn 12,12-16).

ria «que viene de los hombres» (12,42-43); la observación sobre el rechazo de la «gloria que procede de Dios» podría remitir a la «glorificación» del Hijo por el Padre mencionada más arriba (vv. 27-28), siendo «la hora» de la cruz también la hora de la gloria, El Libro de los signos parece acabarse con la constatación de un fracaso de Jesús. En realidad, no es así exactamente, porque los versículos 44 a 50 ofrecen aún un «grito» de Jesús proclamando que el Padre lo ha enviado y que «su mandamiento es vida eterna» (v. 50). Por tanto, la última palabra está en los labios de Jesús. Queda ofrecida a los que la quieran escuchar. Al hilo del texto. 1) Los personajes son, en el orden de aparición del texto, algunos griegos que han subido a Jerusalén para celebrar la Pascua, dos discípulos con nombres de origen griego: Felipe y después Andrés, y, por último, Jesús. 2) Observemos los verbos de movimiento en los vv, 21 23. Los griegos «abordan» a Felipe, el cual «va» a ver a Andrés. Los dos discípulos «van» entonces hacia Jesús, que no va a ninguna parte, aunque habla de la «venida» de la hora, Un poco más adelante, en los vv, 27-28, Jesús dice que «ha llegado a esta hora»; es entonces cuando una voz «viene» del cielo para confirmar la glorificación del nombre de Dios. 3) «Las últimas líneas de este pasaje expresan el resultado o el efecto producido por esta serie de venidas. Todo acaba con la venida de la voz. La última venida. [...] Ahora bien, se discute sobre el origen de esta voz, incluso hay divisiones. Asimismo, a propósito de esta voz, Jesús va a zanjar: "No es por mi causa por lo que se escucha esta voz, sino a causa vuestra"» (G. LAFON, La Parole et la Vie. Lectures de í'Évangile selon saint Jean, p, 53).

Después de la petición de los griegos (12,20-50)
Visión de conjunto. Los versículos 20 a 33 se leen el quinto domingo de Cuaresma del año B. Pero aún quedan en este capítulo los versículos 34-5019, Primeramente Jesús responde a una objeción de la muchedumbre (vv, 34-36). Mientras que ésta interpreta la «permanencia» del Mesías en el 5o domingo de. Cuaresma sentido de la inmortalidad, Jesús le Año B habla de su muerte en términos de Jn 12,20-33 elevación y de luz, que está allí «por poco tiempo» y que ya no estará. A partir del versículo 37 empieza la conclusión o el epílogo del Libro de los signos. El narrador nos deja con la división provocada por las palabras de Jesús. A pesar de los signos, muchos no creen en Jesús (12,37), pero, como novedad, algunos «jefes del pueblo» creen, sin manifestarse, sin embargo, por miedo y por amor a la glo-

19, Para leer: - A, MARCHADOUR, L'Évangile selon Jean, o. c, pp. 1003-1010. - Y.-M. BLANCHARD, Des signes pour croire?, o. o, pp. 81 -95, - X. LÉON-DUFOUR, Lectura del evangelio de Juan II, pp, 363-394, 54

¿Getsemaní en el c u a r t o evangelio? En el evangelio de Juan no se halla el episodio de Getsemaní tal como es narrado en los evangelios sinópticos (Mt 26,30-46; Me 14,32-42; Le 22,39-46). Después de la última cena, aunque Jesús va a un jardín con sus discípulos, no se precisa el nombre del lugar. Jesús es presentado por Juan como el hombre libre que se dirige resueltamente hacia su muerte; detiene a Pedro, que pretendía impedirle «beber la copa» (Jn 18,1-12), mientras que en Getsemaní pide primeramente al Padre que aleje la copa, después se decide a bebería (Mt 26,39 y //). En Juan, poco antes y durante el arresto de Jesús, ningún gesto ni palabra denota una vivencia angustiosa o temerosa, contrariamente al episodio de Getsemaní, donde le invade una tristeza mortal y, según Lucas, suda como sangre. En el cuarto evangelio, Jesús parece sobrevolar los acontecimientos que rodean su arresto, que dirige con mano de maestro. Sin embargo, un pasaje del cuarto evangelio, anterior a la última cena y que sigue a la petición de los griegos de ver a Jesús, muestra la turbación experimentada por el hombre frente a su próxima muerte. Después de haber hablado del grano de trigo que muere, Jesús dice: «Me encuentro profundamente abatido, pero, ¿qué es lo que puedo decir? ¿Padre, sálvame de lo que se me viene encima en esta hora? De ningún modo, porque he venido precisamente para aceptar esta hora» (Jn 12,27). El Hijo está vuelto hacia el Padre y la conmoción que experimenta no le impide estar decidido a llegar hasta la muerte. No se hurtará a la hora y la vivirá plenamente. No obstante, este deseo de hacer la voluntad del Padre y de glorificar su nombre no le hace insensible a lo que se trama y que le obliga a pasar por la muerte. Está «abatido» por ello; se emplea el mismo término para hablar de la actitud de Jesús frente al duelo de María y los llantos de los judíos que la rodeaban (Jn 11,33). Vemos perfectamente que, a pesar de que Juan no ha recogido el episodio de Getsemaní y tiene tendencia a acentuar la decisión soberana de Jesús de llegar hasta la muerte, no describe un Jesús insensible y sobrehumano. La gloria de la cruz no impide el sufrimiento. La verdad de la resurrección no elimina el escándalo de la muerte.

•^

Leccionario: EJ grano que muere

5o domingo de Cuaresma, B. Los días anunciados por Jeremías son los de una alianza nueva (1a lectura: Jr 31,31 -34). Entonces la ley se escribirá en los corazones y todos conocerán al Señor, que perdonará las faltas. El pequeño pasaje de la carta a los Hebreos leído como 2a lectura (Heb 5,7-9) insiste en los sufrimientos vividos por Cristo durante su pasión. Dios habría podido evitarle la cruz, y Jesús le había suplicado. Dios no siguió el deseo de Jesús, quien a partir de entonces es causa de salvación eterna para aquellos que le obedecen. Cuando los griegos, presentes en Jerusalén para la fiesta de Pascua, piden ver a Jesús, la respuesta es la imagen del grano de trigo. Es en la muerte-resurrección donde se puede ver quién es Jesús.

4) La petición de los griegos era ver a Jesús. La respuesta de Jesús versa sobre el grano de trigo, que queda solo si no muere y que, por el contrario, da fruto en abundancia si muere, Ver a Jesús remite por tanto a la muerte en la cruz como lugar de la abundancia de frutos producidos, Es en el Golgota donde el «ver» a Jesús permite recoger los frutos de la vida, de la misma manera que la vista de la serpiente de bronce elevada permitía escapar de la muerte (Nm 21,6-9, tradición citada por Jesús en Jn 3,14, cf, p, 26),

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índice de las perícopas litúrgicas tomadas de Juan 1 -1 Z
Aquí se encuentran, según el orden del relato evangélico, las 26 perícopas conservadas por el Leccionario de los domingos así como por el Leccionario de fiestas.
Ano A Natividad, día 2 domingo ordinario 2o domingo ordinario 2o domingo ordinario 3" domingo Cuaresma Dedicación de Letrán Exaltación S. Cruz Santísima Trinidad 3er domingo Cuaresma 17° domingo ordinario 18° domingo ordinario 19° domingo ordinario Corpus Christi Pentecostés, vigilia 4o domingo Cuaresma 4o domingo Pascua 4o domingo Pascua 4o domingo Pascua 5° domingo Cuaresma Difuntos, 2 noviembre Difuntos, 2 noviembre Ramos, procesión 5o domingo Cuaresma Difuntos, 2 noviembre 20° domingo ordinario 21° domingo ordinario Pentecostés, vigilia Pentecostés, vigilia 5 domingo Cuaresma
o o

I,l-l8 1,6-8.19-28 1,29-34 1,35-42 2,1-11 2,13-25 2,13-22 3,13-17 3,14-21 3,16-18 4,5-42 6,1-15 6,24-35 6,41-51 6,51-58 6,60-69 7,37-39 8,1-11 9,1-41 10,1-10 10,11-18 10,27-30 11,1-45 11,17-27 12,12-16 12,20-33
56

AñoB Natividad, día 3" domingo Adviento

Ano C Natividad, día

p. 9 p. 15 p. 15 p. 15 p. 19 p. 22 p. 22 p. 25 p. 25 p. 25 p. 28 p. 33 p. 36 p. 36 p. 36 p. 38 p. 40 p. 43 p. 45 p. 47 p. 47 p. 47 p. 49 p. 49 p. 53 p. 54

Dedicación de Letrán Exaltación S. Cruz 4° domingo Cuaresma

Dedicación de Letrán Exaltación S. Cruz

Tabla de lecturas con todo el evangelio de Juan
Domingo o fiesta 3" dom. Adv. B Navidad, día 2o dom. ord. A 2 o dom. ord. B 2 o dom. ord. C 3" dom. Cuar. A 4o dom. Cuar. A 5o dom. Cuar. A 3er dom. Cuar. B 4o dom. Cuar. B 5o dom. Cuar. B 5o dom. Cuar. C Jueves Santo Viernes Santo Pascua, día 2o dom. Pascua A 4o dom. Pascua A 5o dom. Pascua A 6o dom. Pascua A T dom. Pascua A T dom. Pascua B 4o dom. Pascua B 5o dom. Pascua B 6o dom. Pascua B 7o dom. Pascua B 2o dom. Pascua C 3er dom. Pascua C 4o dom. Pascua C 5o dom. Pascua C 6o dom. Pascua C T dom. Pascua C Pentecostés, vigilia Pentecostés A, día Pentecostés B, día Pentecostés C, día 1 lectura Is 61,1-11 Is 52,7-10 Is 49,3-6 1 Sam 3,3-19 Is 62,1-5 Ex 17,3-7 1 Sam 16,1.6-7.10.13a Ez 37,12-14 Ex 20,1-17 2 Cr 36,14-16.19-23 Jr 31,31-34 Is 43,16-21 Ex 12,1-8.11-14 Is 52,13-53,12 Hch 10,34a.37-43 Hch 2,42-47 Hch2,14a.36-41 Hch 6,1-7 Hch 8,5-8.14-17 Hch 1,12-14 Hch 4,32-35 Hch 4,8-12 Hch 9,26-31 Hch 10,25-26.34-35.44-48 Hch l,15-17.20a.c-26 Hch 5,12-16 Hch 5,27b-32.40b-41 Hch 13,14.43-52 Hch 14,21b-27 Hch 15,1-2.22-29 Hch 7,55-60 Gn 11,1-9 /Ex 19,3-20 Ez 37,1-14 /Jl 3,1-5 Hch 2,1-11 Hch 2,1-11 Hch 2,1-11 Salmo Le l,46b-54 97 39 39 95 94 22 129 18 136 50 125 115 30 117 117 22 32 65 26 117 117 21 97 102 117 29 99 144 66 96 32/18/ 106 / 103 103 103 103 2'' lectura 1 Tes 5,16-24 Heb 1,1-6 1 Cor 1,1-3 1 Cor 6,13-20 1 Cor 12,4-11 Rom 5,1-8 Ef 5,8-14 Rom 8,8-11 1 Cor 1,22-25 Ef 2,4-10 Heb 5,7-9 Flp 3,8-14 1 Cor 11,23-26 Heb 4,14-16; 5,7-9 Col3,l-4/lCor5,6b-8 1 Pe 1,3-9 1 Pe 2,20b-25 1 Pe 2,4-9 1 Pe 3,15-18 1 Pe 4,13-16 U n 5,1-6 U n 3,1-2 U n 4,18-24 1 Jn 4,7-10 U n 4,11-16 Ap l,9-lla.l2-13.17-19 Ap 5,11-14 Ap7.9.14b-17 Ap21,l-5a Ap 21,10-14.22-23 Ap 22,12-14.16-20 Rom 8,22-27 lCorl2,3b-7.12-13 Gal 5,16-25 Rom 8,8-17 Ev. de Juan 1,6-8.19-28 1,1-18 1,29-34 1,35-42 2,1-11 4,5-42 9,1-41 11,1-45 2,13-25 3,14-21 12,20-33 8,1-11 13,1-15 18,1-19,42 20,1-9 20,19-31 10,1-10 14,1-12 14,15-21 17,lb-lla 20,19-31 10,11-18 15,1-8 15,9-17 17,llb-19 20,19-31 21,1-19 10,27-30 13,31-33a.34-35 14,23-29 17,20-26 7,37-39 20,19-23 15,26-27; 16,12-15 14,15-16.23b-26 r 15 '
r y

p. 15 p. 15 p. 19 p. 28 p. 45 p. 49 p. 22 p. 25 p. 54 p. 43

p. 47

p.47

p.47

p. 40

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Tabla de lecturas con todo el evangelio
de
Domingo o fiesta Sma. Trinidad A Sma. Trinidad B Corpus Christi A Sdo. Corazón B 17° dom. ord. B 18° dom. ord. B 19° dom. ord. B 20° dom. ord. B 21° dom. ord. B Cristo Rey B SS. Pedro y Pablo (29 junio), vigilia Exalt. S. Cruz (14 sept.) Fieles difuntos (2 nov.) Dedicación Letrán (9 nov.) 1 lectura Ex 34,4b-6.8-9 Prov 8,22-31 Dt 8,2-3.14b-16a Os ll,1.3-4.8c-9 2 Re 4,42-44 Ex 16,2-4.12-15 1 Re 19,4-8 Prov 9,1-6 Jos24,l-2a.l5-17.18b Dn 7,13-14 Hch 3,1-10 Nm21,4b-9 Sab 4,7-15 Ez 47,1-12

J u a n (continuación)
Salmo Dn3 8 147 Is 12 144 77 33 33 33 92 Sal 18 Sal 77 Sal 129 Sal 45 2 lectura 2 Cor 13,11-13 Rom 5,1-5 1 Cor 10,16-17 Ef 3,8-12.14-19 Ef 4,1-6 Ef 4,17.20-24 Ef 4,30-5,2 Ef 5,15-20 Ef 5,21-32 Ap 1,5-8 Gal 1,11-20 Flp 2,6-11 1 Tes 4,13-18 lCor3,9b-17 Ev. de Juan 3,16-18 16,12-15 6,51-58 19,31-37 6,1-15 6,24-35 6,41-51 6,51-58 6,60-69 18,33b-37 21,15-19 3,13-17 11,17-27 2,13-22 p. 25

p. 35

p. p. p. p. p. 33 35 35 35 38

p. 25 p.49 p. 22

Para saber más...
En los Cuadernos Bíblicos (y los Documentos) Y.-M, BLANCHARD, LOS escritos joanicos. Una comunidad atestigua Visiones de conjunto Y.-M. BLANCHARD / L, DEVILLERS / E VOUGA, «Nuevo Testamento: Juan y el medio joánlco», en M. QUESNEL / P. GRUSON (eds,). La Biblia y su cultura II, Santander, Sal Terrae, 2000, pp, 407-453. Y,-M, BLANCHARD, Saint Jean. Col, La Bible t o u t simplement, París, Eds. de l'Atelier, 2001; 2007 ed. rev, y a u m , R. E. BROWN, «L'Évangile selon Jean», en Que sait-on du Nouveau Testament? París, Bayard, 2000, pp. 376-426, F, KERMODE, «Jean», en R. ALTER / F, KERMODE (dirs.), Encyclopédie lit(Jn 4). Documentéraire de la Bible (orig, 1987), París, Bayard, 2003, pp. 539569. su fe. CB 138, Estella, Verbo Divino, 2008,
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59

BERNADETTE ESCAFFRE

Evangelio de Jesucristo según san Juan
2 - El Libro de la Hora (Jn 13-21)

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I núcleo de la fe cristiana se resume en tres palabras; Logos sarx egéneto («El Verbo se hizo carne», Jn 1,14). Es lo que recordó el mensaje final (§ 4) del XII Sínodo de los obispos que se celebró en Roma en octubre de 2008 y que estuvo dedicado a la Palabra de Dios, Estas tres palabras son la matriz del cuarto evangelio, Después del Libro de los signos (Jn 1-12) viene el Libro de la Hora (Jn 13-21). Los discursos de despedida de Jesús ocupan aquí un lugar importante. Podemos decir que aquí se ofrece «la clave hermenéutica del evangelio» (J. Zumstein). La encarnación del Verbo y su misión se cumplen en el misterio de la cruz asumido durante la última cena, Allí se lleva a cabo la revelación del amor del Padre, la de la identidad del Hijo y la del envío del Paráclito sobre aquellos a los que Jesús constituye en amigos suyos, La liturgia católica hace que se escuchen algunos pasajes de ello cada año durante el tiempo pascual. Pasajes que algunos oyentes encuentran difíciles, pero que resultan indispensables para la comprensión íntima de lo que celebramos. Igual que el Cuaderno anterior (n, 145), el trabajo presenta, paso a paso, todo el relato evangélico, incluso las perícopas que el Leccionario de los domingos y fiestas no ha considerado oportuno conservar (resulta sorprendente la ausencia del encuentro con María Magdalena). Por tanto, el lector tiene a su disposición un comentario seguido, casi exhaustivo, que va a lo esencial, en donde cada parte está relacionada con el conjunto. Y las relaciones entretejidas con las primeras lecturas son otras tantas invitaciones a vivir eclesialmente la amistad con Cristo y su seguimiento.
Gérard BILLÓN

BERNADETTE ESCAFFRE, laica, es doctora en ciencias bíblicas (Pontificio Instituto Bíblico, Roma), profesora de Nuevo Testamento en el Instituto Católico de Toulouse y actualmente vicedecana de la Facultad de Teología, Ha escrito también el Cuaderno Bíblico n, 145, Evangelio de Jesucristo según san Juan. 1. El Libro de ios signos (Jn 1-12). Estella, Verbo Divino.

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La última frase del cuarto evangelio precisa que Jesús hizo tantas cosas que «el mundo entero no bastaría para contener los libros que se podrían escribir» (Jn 21,25), ¡Insondable riqueza del Hijo revelador del Padre que acaba de contarse en veintiún capítulos! Y nosotros entramos con Pedro, con el Discípulo amado, con Felipe, Tomás y María Magdalena en el seguimiento de Jesús, Una urgencia se manifiesta en la segunda parte del evangelio, llamado a veces «Libro de la Hora»: hora de la cruz, hora en que el Padre es glorificado en su Hijo y donde Jesús ama a los suyos hasta el extremo, hora del anuncio de persecuciones y del envío del Paráclito, Por Bernadette Escaffre

3

La Hora y la gloria

xcepto el prólogo (Jn 1,1-18) y el epílogo (Jn 21), el cuarto evangelio se divide habitualmente en dos grandes partes (cf. el Cuaderno Bíblico n. 145, p. 7): el Libro de los signos (Jn 1,19-12,50) y el Libro de la Hora o Libro de la gloria (Jn 13-20). Esta segunda parte del evangelio, en relación con la «hora» o la «gloria», constituye el objeto del presente Cuaderno.

E

El término «hora» se emplea veintiséis veces en el cuarto evangelio, Expresa a veces la hora que podemos medir cronológicamente: así hay doce horas en la jornada (11,9); los primeros discípulos encuentran a Jesús a la hora décima (1,39), la samaritana va a sacar agua a la hora sexta (4,6), el hijo del funcionario real es curado a la hora séptima (4,52), etc. Las dimensiones simbólica o metafórica de estas referencias no están ausentes, aunque el uso primero sigue siendo el de un horario de la jornada'.

reloj no podría medir. La mayor parte de las traducciones la escriben entonces con mayúscula. Esta hora hace referencia al momento del cumplimiento del proyecto de salvación de Dios y, para el cuarto evangelio, ese tiempo de Dios se realiza en la crucifixión, Es la hora del regreso de Jesús al Padre (13,1), por tanto la de la elevación (3,14; 12,32-33), En el Libro de los signos, este término aparece ya en la boda de Cana, cuando Jesús dice a su madre que su Hora aún no ha llegado (2,4), Muchos elementos de este texto (Jn 2,1-12) preparan el momento «crucial» en que la Hora habrá llegado, la hora paradójica de la gloria en la cruz (Jn 19,25-27,34), En ambos episodios, la madre de Jesús está presente, y podemos relacionar el agua transformada en vino con la sangre y el agua que salen del costado del Crucificado, Esto nos ayuda a comprender la cruz como la Hora en que la sangre es el vino bueno dado en abundancia. Mientras Jesús está en Jerusalén no logran arrestarlo en tanto su Hora aún no ha llegado (7,30, cf, también 8,20).

La Hora
Sin embargo, el evangelista emplea más frecuentemente la palabra «hora» para indicar un tiempo que un

1. En el siglo i, un día se extendía desde la puesta de sol hasta la siguiente. La jornada propiamente dicha se dividía en doce «horas» (lapsos de tiempo que no tenían forzosamente sesenta minutos), la sexta de las cuales corresponde a la mitad de la jornada, el momento en que el sol está en su zenit. 4

Pero cuando los griegos piden a Felipe poder ver a Jesús, éste responde que la Hora ha llegado (12,23), que quiere vivirla porque ha venido para esa Hora (12,27). Sin embargo, en el discurso después de la Cena, la Hora no hace referencia solamente a la muerte de Jesús en la cruz, sino a las persecuciones que sufrirán los discípulos y a su muerte (16,2.4). Está puesta en relación con el alumbramiento y permite hablar de la muerte en la cruz como un doloroso parto que precede a la alegría del nacimiento (16,21), Es el momento en que Jesús ya no hablará del Padre a sus discípulos mediante comparaciones, sino abiertamente. Por desgracia está marcada por el abandono de los discípulos (16,32), No obstante, Jesús no se quedará solo. El Padre está con él. Por tanto, Jesús reza a su Padre reconociendo que la Hora ha llegado (17,1), Finalmente, esa partir de esta Hora (en los dos sentidos del término) cuando el Discípulo amado recibe a la madre de Jesús como su propia madre (19,27),

ma, desde el prólogo, que la gloria de Dios es visible en el Logos encarnado (Jn 1,14). Por tanto es de Dios y no de los hombres de quien Jesús recibe la gloria. Lo afirma él mismo (5,41) y acusa a sus interlocutores de buscar una gloria humana en lugar de recibir la de Dios (5,44). La gloria de Dios no es una cuestión de solemnidad, de honores y de admiración. La gloria viene del mismo Dios, y se comunica por su amor, Así, el amor del Padre por el Hijo atribuye a éste la gloria del Padre (Jn 17,24), Cuando, en su oración, Jesús pide al Padre que lo glorifique, habla también de glorificar al Padre (17,1,4,5) y da testimonio de esta forma de un don recíproco o amor mutuo, Pero el amor del Padre y del Hijo no les llena en sí mismos, se traduce en el don de la gloria a los discípulos de tal manera que éstos podrán entrar en el amor y la comunión del Padre y del Hijo (17,22), Mediante el signo de Cana, Jesús manifiesta su gloria y lleva a los discípulos a creer en él (Jn 2,11), Pero el vino abundante de la boda orienta al lector hacia la cruz, donde se expresa la plenitud del amor manifestado por Jesús a los suyos (Jn 13,1) y se revela como el lugar de la glorificación, La muerte en el Gólgota, por tanto, no es un fracaso. En realidad, en el momento en que Judas sale para ir a entregar a su maestro, Jesús no habla de desgracia, sino de gloria: «Ahora va a manifestarse la gloria del Hijo del hombre, y Dios será glorificado en él.' Y si Dios va a ser glorificado en el Hijo del hombre, t a m bién Dios lo glorificará a él, Dios mismo dará a conocer su propia gloria» (Jn 13,31-32)2.

La gloria
Igualmente podemos dar a la segunda parte del evangelio el título de «Libro de la gloria», porque la Hora es el momento de la «glorificación» (12,23). En la Biblia, la gloria es un atributo de Dios. Se manifiesta en la nube, el fuegoy la luz (Ex24,15-16; Ez 1,28), Llena la tierra (Is 6,3; Sal 108,2) y se encuentra asociada a la santidad y las obras del Señor (Ex 14,21-22; Is 6,3; Sal 19,2), que hace justicia y da la salvación (Ez 39,21; Sal 79,9). El término «gloria» y el verbo «glorificar» se emplean más de treinta veces en el cuarto evangelio. Éste afir-

2, En general, las citas están tomadas de La Biblia, de La Casa de la Biblia.

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El evangelio acaba a orillas del lago de Galilea (Jn 21), pero este episodio no pone el punto final a la Buena Nueva, En efecto, el Resucitado indica a Pedro que a su vez

podrá glorificar a Dios, Lo invita mediante un solemne «Sigúeme» (Jn 21,19) a caminar tras sus huellas hasta la muerte, que el discípulo podrá vivir como glorificación.

El discípulo al q u e Jesús quería Es en el Libro de la Hora donde aparece explícitamente el Discípulo amado. La primera mención se encuentra en el relato de la a última cena (Jn 13). Está colocado «junto a Jesús» (13,23) y después «recostado en su pecho» (v. 25). Más tarde está al pie de la a cruz (19,26), después entra en la tumba vacía, en donde «ve y y cree» (20,8). Está presente incluso en el episodio a orillas del lago de Tiberíades, donde reconoce al Resucitado (21,7), y sigue a Pedro y a Jesús (v. 20). Por último es presentado por Jesús como o el que «permanece», y, por el narrador, como testigo verídico y y autor del evangelio (v. 24). Por tanto, en el Libro de la Hora está presente en los últimos momentos de la vida de Jesús. :Punto de vista histórico. Desde el siglo n, para la tradición criso tiana, el Discípulo amado es el apóstol Juan, hijo de Zebedeo, uno ide los Doce. En efecto, san Ireneo (en torno al 180 d. C), que con noció a Policarpo de Esmirna (que habría conocido a Juan según e Eusebio de Cesárea [Historia eclesiástica V, 20,4]), afirma que í: el Discípulo amado escribió el evangelio y que se llama Juan: !«Después Juan, el discípulo del Señor, el que se recostó en su pe¡cho, publicó él también el Evangelio durante su estancia en Efeso de Asia» {Contra las herejías III, 1,1). Punto de vista narrativo. Juan, el hermano de Santiago, jamás•s es inombrado explícitamente en el cuarto evangelio. Una vez se trata -y en el último capítulo- de los «hijos de Zebedeo» (21,2), pero sus nombres, Santiago y Juan, conocidos por los sinópticos, no se precisan. Por otra parte, en este episodio, el Discípulo amado podría ser cualquiera de los discípulos mencionados al comienzo del capítulo (excepto Pedro, a quien habla): uno de los hijos de Zebedeo, Tomás, Natanael o uno de los otros discípulos presentes, pero cuyos nombres se omiten. Por tanto, no podemos identificar al Discípulo amado con Juan. En ninguno de los pasajes del cuarto evangelio el Discípulo amado recibe ese nombre. Así, en el nivel del relato, todo lo que sabemos sobre su nombre es que es «amado». Al no darle nombre concreto, el narrador quizá quiere poner a disposición del lector una figura con la que pueda identificarse. Además, al precisar que es el Discípulo amado el que «da testimonio de todo esto y lo ha escrito» (21,24), el narrador nos enseña que el testimonio y el evangelio tienen su fuente en el amor de Jesús. Y si el Discípulo amado «permanece», según las palabras de Jesús a Pedro (21,22-23), es para revelarnos, por su nombre y por su escrito, la identidad real de todo discípulo de Jesús: la de «amado». Cf. B. ESCAFFRE, «Jean, le disciple bien-aimé», en R DEBERGÉ (dir.), La Bible et ses personnages. Entre histoire et mystére. París, Bayard, 2003, pp. 273-302.

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El Libro de la Hora (Jn 13,1-20,31)
l Libro de la Hora (13,1-20,31) está compuesto por cuatro partes (cf. Cuaderno Bíblico n, 145, p. 7), La primera (13,1-17,26) narra la última cena de Jesús con los suyosy su discurso de despedida. La segunda está dedicada al relato de la pasión (18,1-19,42), La tercera, a los relatos de aparición del Resucitado en Jerusalén (20,129). La última es una breve conclusión (20,30-31).

E

La primera parte (13,1-17,26) empieza con la descripción del gesto de Jesús rebajándose ante sus discípulos para lavarles los pies. Esto se sitúa durante una cena,

pero, más que el contenido de la cena en sí mismo, que por otra parte no conoceremos, es el insólito gesto el que ocupa todo el relato.

El lavatorio de los pies (Jn 13, 1-38)
La escena se sitúa cerca de Pascua, pero no se trata de la víspera pascual, Ésta conmemora la salida de Egipto y tiene lugar durante la primera luna llena de primavera, es decir, el 14 del mes de Nisán, a la caída de la tarde, Puede caer en cualquier día de la semana. Según el cuarto evangelio, la cena pascual debió de desarrollarse el viernes por la tarde después de la muerte de Jesús, Por tanto, éste no pudo comer la Pascua con sus discípulos, No obstante, el narrador insiste en el hecho de que Jesús actúa durante una cena. Esta precisión sitúa a las personas presentes como «compañeros», en el sentido etimológico del término: comparten el mismo pan,

Jueves Santo La Cena del Señor Jn 13,1-15 5o domingo de Pascua AñoC Jn 13,31-33a.34-35
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Lectura de conjunto. El acento recae en el «conocimiento» de Jesús. No obstante, el narrador no quiere presentarnos a un «superhombre», independiente de las contingencias materiales y visionario del futuro, sino a alguien que sabe lo que hace y sigue conscientemente su camino, sin que nadie le obligue o le pille desprevenido. El amor que tendrá por sus discípulos no le supondrá más que un lastre, porque ve de lo que son capaces, pero no mide su amor según la respuesta que ellos le den. Después del acontecimiento pascual, ellos descubrirán hasta qué punto fueron amados: no por sus cualidades o sus actos, sino de una forma enteramente gratuita 3 . El amor de Jesús es presentado como un amor «hasta el fin» (13,1), una expresión que tiene varias connotaciones y que se podría traducir también por «hasta su último aliento», si el «fin» es el de la vida; o bien por «hasta el extremo», es decir, que muestra el máximo de amor; o incluso «hasta el cumplimiento», en el sen-

tido de que su amor es la perfecta realización del amor de Dios, que él vivió a la perfección, El Enviado del Padre realiza plenamente su misión y nos muestra lo que significa «amar» cuando ese amor viene del Padre y corresponde a la realización de su palabra. Jesús abre el camino, camina delante del «rebaño» para guiarlo por la vereda. Cada «oveja» está invitada a entender lo que se desarrolla para conocer al pastor y vivir como él. Así, después del lavatorio de los pies, Jesús dirá que ha dado ejemplo para que sus discípulos hagan lo mismo (13,15). Tras el anuncio de la traición de ése con el que comparte el pan, precisará: «Comoyo os he amado, así también amaos los unos a los otros» (13,34). Al hilo del texto. 1) La descripción del gesto de Jesús está contado con detalle (13,4-5), Podemos observar una acumulación de verbos cuyo sujeto es Jesús: «levantarse» (de la mesa), «quitar(se)» (el manto), «tomar» (una toalla), «ceñirse», «derramar» (agua), «empezara lavar» (los pies de los discípulos), «secarlos» (con la toalla que tenía en la cintura). No hay adjetivos, sino verbos y complementos para describir los gestos de Jesús y llamar la atención del lector sobre lo que el maestro está a punto de hacer. 2) Desde el principio del capítulo, el evangelista ofrece informaciones sobre la intimidad de Jesús y los suyos (así, sabe que Judas tiene la intención de traicionarlo), El lector está advertido por el narrador, no por los personajes. Asistimos a lo que hace Jesús, pero nadie t o ma la palabra, ni siquiera Jesús, Todo se desarrolla en silencio, un silencio lleno de profundidad y de sentido. El amor de Jesús, anunciado por el narrador como un amor «hasta el fin», es descrito detalladamente mediante una serie de gestos concretos y habituales (la-

3. Para leer: - A. MARCHADOUR, ÜÉvangtle de Jean (1992), en Les évangiles. Textes et commenta'tres. París, Bayard, 2001, pp. 1015-1022, - Y.-M. BLANCHARD, «Lavement des pieds et pénitence. Une lecture de Jean 13,1-20», en La Maison-Dieu 214 (1998), pp, 35-50. Disponible en http://www.liturgiecatholique.fr/Lavement-des-pieds-et-penitence.html. - R, BURNET, «Pierre apotre entre Judas et le disciple bien-aimé», en £tudes Théologiques et Religieuses 77 (2002), pp. 105-111. - X. LÉON-DUFOUR, Lectura del evangelio de Juan III. Salamanca, Sigúeme, 2 1998, pp. 21-75. - J. ZUMSTEIN, «L'adieu de Jésus aux siens. Une lecture intertextuelle de Jean 13-17», en E. STEFFEK / Y, BOURQUIN (eds.), Raconter, interpréter, annoncer. Parcours du Nouveau Testament, Mélanges offerts á Daniel Marguerat pour son 602 anniversaire, Ginebra, Labor et Fides, 2003, pp, 207-222. - J. ZUMSTEIN, L'Évangile selon saint Jean (13-21). CNT IVb. Ginebra, Labor et Fides, 2007, pp. 17-56.

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var los pies no tiene nada de acción espectacular, aunque sea excepcional en la medida en que es el maestro el que se pone a los pies de los discípulos). Antes de hablar de amor, Jesús lo vive y lo muestra con sus gestos. 3) Los verbos para hablar del manto que Jesús «retira» (traducción litúrgica «se quita», literalmente «renuncia») y «se pone» (13,4.12) son empleados en Jn 10,11.15,17.18 para hablar del buen pastor que «renuncia» a su vida por sus ovejas y la «recobra»; en 15,13, el mismo verbo describe el mayor amor que pueda existir: «renunciara la vida por los amigos», Esta forma de presentar los gestos de Jesús da a la acción profética

del lavatorio de los pies el sentido del don de la vida en la cruz, 4) El único discípulo en rehusar el gesto de Jesús es Pedro, Es también el primero en romper el silencio. No comprende, pero Jesús le revela que no puede ser uno de los suyos si no acepta ser lavado, Este gesto de subalterno, que excepcionalmente podía ser llevado a cabo por un discípulo con respecto a su maestro como señal de gran respeto, es realizado aquí por el maestro con respecto al discípulo, Este maestro que da su vida por sus amigos es el que Pedro debe descubrir por experiencia personal,

La i m i t a c i ó n ética de Jesús Igual que en el caso del discurso sobre el pan de vida, el texto del lavatorio de los pies parece conjugar dos versiones diferentes del mismo acontecimiento. Esta dualidad resulta sensible en el nivel de la introducción (13,1-3), aparentemente constituida por una serie de dobletes, y sobre todo en el estadio de la interpretación del gesto de Jesús, desarrollado en dos tablas distintas. Por una parte, a través de un diálogo entre Jesús y Simón Pedro (13,6-11), el hecho de dejarse lavar los pies por el Señor es presentado como la metáfora de la «participación» del discípulo en el propio ser de Cristo siervo, tal como se manifestará en la hora de la cruz: «Lo que estoy haciendo, tú no lo puedes comprender ahora; lo comprenderás después» (13,7); «Si no te lavo los pies no podrás contarte entre los míos» (13,8). Por otra parte, bajo la forma de un discurso dirigido al grupo (13,12-20), Jesús invita a los discípulos a imitar el ejemplo dado de esa manera, reproduciendo el gesto y lavándose los pies unos a otros: «Os he dado ejemplo para que hagáis lo que yo he hecho con vosotros» (13,15). A una primera interpretación centrada en el ser mismo de Jesús (perspectiva cristológica) le sucede la invitación a una imitación que depende del actuar ético en el seno de la comunidad de discípulos. En su misma riqueza, el relato del lavatorio de los pies no parece mantener una relación particular con las tradiciones evangélicas relativas a la eucaristía. No obstante, el hecho de que el gesto de Jesús ocupe exactamente el lugar que se concede al acto de institución de la eucaristía abre forzosamente el camino a relaciones intertextuales, perfectamente legítimas en el seno del canon bíblico, en este caso los cuatro evangelios, enriquecidos con el testimonio paulino de 1 Cor 11. A partir de ahí, la tentación de decir que allí donde los sinópticos apelan a un «hacer como Jesús» del orden del rito (institución de la eucaristía), el cuarto evangelio privilegia la imitación ética de Jesús (pudiéndose hablar del «sacramento del hermano» frente al «sacramento del altar»). Al hacer esto, la comunidad joánica traicionaría su relativo desinterés por las cuestiones eclesiológicas y declararía una doble prioridad: cristológica y ética, cosa que será confirmada, por otra parte, por la primera carta de Juan y el doble recentramiento operado, por una parte, en referencia a la plena encarnación de Cristo y, por otra, en función de la primacía de la caridad en contexto comunitario. Y.-M. BLANCHARD, «El lavatorio de los pies (Jn 13)», en Los relatos fundacionales de la eucaristía. Documentos en torno a la Biblia 36. Estella, Verbo Divino, 2009, p. 34.
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5) El gesto de Jesús es un ejemplo, Pero no hay que comprenderlo como algo exterior que debemos copiar, El ejemplo hace posible el amor de los discípulos, Es lo que significan también los «como» («Como yo he hecho con vosotros», «Como yo os he amado»): el discípulo no es invitado a hacer el esfuerzo de copiar al maestro, sino a comprender que el amor de Jesús engendra el de los discípulos. En la medida en que el discípulo tiene la experiencia del amor del maestro y que se deja amar, podrá a su vez amar, 6) Jesús anuncia la traición de uno de los suyos, Pero, cuando le preguntan de quién se trata, no da su nombre ni lo señala con el dedo para denunciarlo, Sin embargo ofrece un signo: «Aquel a quien yo dé el trozo de pan que voy a mojar en el plato» (13,26), Ahora bien, este signo y sus palabras muestran su amor: mientras Judas va a entregarlo, Jesús no lo rechaza ni lo entrega a la venganza del grupo, Por el contrario, muestra que lo considera como un «compañero» hasta el final al compartir con él el pan, Sin embargo, nadie entiende lo que Jesús quiere decir. De nuevo es con la relectura pascual cuando los discípulos captarán el sentido del amor de Jesús, 7) Una vez que Judas ha salido, Jesús habla de «glorificar» y de «glorificación», precisando: «Ahora». Portante, pone en relación la marcha de Judas con la glorificación, Judas va a entregar a Jesús, pero Jesús no ha rechazado o condenado a aquel que lo entrega. Le ha lavado los pies como a los otros discípulos y lo ha aceptado a su mesa, mostrando cómo le ama, Va hacia la muerte, y esta muerte es expresión de la gloria de Dios, Padre e Hijo: el amor hasta el extremo. 8) Pedro interviene de nuevo para afirmar que está dispuesto a «dar» su vida (o «renunciar», el mismo verbo que el empleado en Jn 10,11 s a propósito del pastor y
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en Jn 13,4 para el manto), Ahora bien, el maestro conoce a su discípulo y sabe que esta promesa es vana Pedro seguirá a Jesús más tarde, después del acontecimiento pascual, cuando haya entendido el amorcompletamente gratuito y misericordioso de Jesús por él.

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Leccionario: Cordero pascual

Jueves Santo. La Ia lectura describe el ritual de la fiesta de Pascua (Ex 12,1-8.11-14). Esta celebración durante la cual el cordero va a ser sacrificado y comido en condiciones precisas no es un simple recuerdo de hechos pasados en tiempos de los padres, es actualización de la liberación. En la 2a lectura (1 Cor 11,23-26), Pablo recuerda a los corintios la institución de la eucaristía por Jesús. La comunidad que comparte el pan y bebe la copa no evoca solamente la muerte/resurrección de Jesús, sino que hace memoria de lo que vivió y, así, lo hace presente: igual que el cordero pascual, derramó su sangre y dio su carne como alimento. El evangelio de Juan no narra institución de la eucaristía durante la última cena, sino que cuenta el gesto del lavatorio de los pies, que representa y anuncia la muerte de Jesús en la cruz en cuanto cordero pascual (Jn 13,1-15).

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Leccionario: «He aquí que hago nuevas todas las cosas» (Ap 21,5)

5o domingo de Pascua, C. La evangelización de Pablo y Bernabé no siempre tuvo éxito. Por eso, por experiencia, ellos enseñan la perseverancia en las pruebas (Ia lectura: Hch 14,21b27). Sin embargo, a través de las dificultades, el anuncio del evangelio pudo realizarse y las naciones paganas accedieron a la fe. Mientras Jesús habla de un mandamiento nuevo: amar como él ha amado (Jn 13,31-35), lo que evoca «el que está sentado en el trono» es una renovación absoluta (2a lectura: Ap 21,1-5a). Ya no habrá persecuciones, ni lágrimas, ni tristeza en la Jerusalén celestial que baja a la tierra. Todos conocerán al Señor, que permanecerá con los hombres.

Los discursos de despedida (Jn 14-16)
Después del relato del lavatorio de los pies, los anuncios de la traición de Judas y la negación de Pedro empieza un largo discurso de despedida. Estos capítulos son propios del cuarto evangelio, aunque pertenecen a un género literario que no es único en la Biblia: véanse, por ejemplo, las bendiciones de Jacob (Gn 49,1-28), el último mensaje de Moisés a su pueblo (Dt 31-34; el conjunto del libro del Deuteronomio puede ser considerado como un discurso de despedida) o la despedida de Matatías de sus hijos (1 Mac 2,49-70), Tales discursos son pronunciados por una persona consciente de su próxima muerte. Habiendo reunido a sus hijos o sus allegados, les ofrece el núcleo de su enseñanza y les exhorta a vivir en conformidad con lo que les transmite. Presenta su vida (o la de sus antepasados) como modelo que hay que seguir, Anuncia el destino de sus descendientes o el de su pueblo, Aunque históricamente estas palabras no hayan sido todas pronunciadas antes de la muerte, literariamente son presentadas como las últimas del que va a morir y adquieren por eso mismo un relieve especial. A modo de testamento, expresan el ideal por el cual la persona ha dado su vida.

Visión de conjunto
Los discursos se encadenan, interrumpidos aquí y allá por uno de los discípulos. Jesús responde a las intervenciones de los suyos, y esto le permite avanzar en su revelación, en función del público que tiene ante él. Desvela su intimidad: la relación que le une al Padre, la función del Espíritu, con el cual está en plena comunión, y que comunicará a los suyos, la posibilidad de unión entre los discípulos y él mismo, igual a la que le une al Padre. Todo lo que recibe del Padre lo transmite. En los capítulos 14 a 16, las palabras se dirigen a los discípulos. A partir del capítulo 17, el discurso se convierte en oración dirigida hacia el Padre. Los capítulos 14 a 16 se pueden dividir en tres grandes partes formadas por tres secciones cada una. Por tanto, en esta propuesta de organización encontramos una estructura hecha de paralelismos (A, B, C / A ' , B ' , C 7 A " , B " , C " ) que podríamos calificar de estructura en «espiral», ya que, en el estilo joánico, volver sobre un elemento a modo de paralelo es avanzar en el tema. La estructura de los discursos es dinámica o más

El lugar de partida: creer y amar (14,1-31) (A) 14,1-14 «Yo soy el camino». Tema dominante: creer. Campo semántico espacial. (B) 14,15-24 Amar a Jesús. Guardar sus mandamientos.

Amarse en el centro de los conflictos: 15,1-16,3 (A') 15,1-11 «Yo soy la vid». Tema dominante: alegría cumplida Campo semántico espacial. (B') 15,12-17 Mandamiento del amor mutuo: «como» Jesús ha amado.

La hora de la partida: alegría y dolor (16,4-33) (A") 16,4-20: Espíritu y marcha. Tema dominante: tristeza y alegría Campo semántico temporal. (B") 16,21-24 Mujer que da a luz.

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bien «viva». Crece y avanza. No se trata de una construcción, ciertamente bien hecha, pero que resultaría estática \

fensor», según la traducción litúrgica, cf. el recuadro de la p. 20) \ Lectura de conjunto. La primera parte (14,1-31) empieza con una primera sección (vv. 1-14) donde la invitación a creer ocupa un gran espacio, así como el vocabulario del campo semántico espacial («casa», «morada», «lugar», «camino»). Por la insistencia en los verbos «amar» y «guardar» (los mandamientos), la segunda sección (vv. 15-24) parece inspirada en el libro del Deuteronomio y la tradición deuteronomista (cf. Y. Simoens, Selon Jean III, p. 613). Presentaría a Jesús con los rasgos de Moisés, La última sección (vv. 25-31) sería como una síntesis de las dos primeras al insistir en «creer» y «amar». En esta parte, el discurso de Jesús es interrumpido por tres discípulos: Tomás, que expresa un desconocimiento del camino y de la meta (v, 5), Felipe, que pide ver al Padre_(v. 8), y Judas, que interroga por qué razón Jesús se manifiesta a los suyos y no al mundo (v, 22), Las preguntas emplean el «nosotros» y muestran que no son individuales, sino que incluyen al grupo. Más adelante, en 16,17, ya no se tratará de un discípulo en particular, sino de varios invitados, que se preguntarán entre sí por el sentido de las palabras de Jesús. En 16,29-30 son t o dos los discípulos los que reconocerán el origen divino de Jesús,

El lugar de partida (Jn 14,1-31)
El capítulo 14 forma una unidad. La mención «Levantaos, vamonos de aquí» (14,31) señala el final de una enseñanza y la invitación a un desplazamiento que, no obstante, no tendrá lugar, puesto que en el capítulo 15 vuelve a comenzar un discurso sin 5o domingo de Pascua precisión de cambio de lugar o de Año A tiempo. Esta observación, que es Jn 14,1-12 verosímilmente el indicio de un final de discurso, puede tener un G° domingo de Pascua sentido metafórico: los discípulos Año A -que parecían estar sentados- son Jn 14,15-21 invitados a levantarse y a partir con Jesús para ir tras el pastor.

Pentecostés, día AñoC Jn 14,15-16.236-26

El Leccionario de los domingos y fiestas no recoge este último versículo. La división litúrgica es ligeramente diferente de la propueso 6 domingo de Pascua ta aquí siguiendo a Yves Simoens. AñoC Para el día de Pentecostés, por Jn 14,23-29 ejemplo, el acento recae deliberadamente en el Espíritu, y los versículos escogidos no son seguidos (los vv. 15-16 van seguidos de los vv. 23b-26), pero recogen dos palabras de Jesús sobre el «Paráclito» (griego: parakletos, «de-

4. Estructura propuesta por Y, SIMOENS, Selon Jean, 3 vols. Bruselas, Lesslus, 1997, pp, 601 ss, cf. el cuadro de la p. 718; obra que hay que consultar para las justificaciones de la división. 12

5. Para leer: - A. MARCHADOUR, L'Évangile de Jean, o, c, pp. 1026-1033. - M. GOURGUES, En Esprit et en vérité. Pistes d'exp/oration de l'évangile de Jean. Montreal-París, Médiaspaul, 2002, pp. 248-289. - X. LÉON-DUFOUR, Lectura del evangelio de Juan III, o. c, pp, 76-123 (excurso: «Nota sobre el Paráclito», pp. 192-198). - J. ZUMSTEIN, L'Évangile selon saintJean (13-21), o. o, pp. 57-89.

Al hilo del texto. 1) La primera invitación de Jesús a los discípulos es de no turbarse (traducción litúrgica: «inquietarse»). El verbo empleado aquí (griego tarassó en pasiva) ya ha sido utilizado para definir la reacción de Jesús ante el duelo de María y los judíos cuando la muerte de Lázaro (11,33), ante su próxima muerte (12,27) y ante la traición de uno de los suyos (13,21). Volveremos a encontrar este verbo en 14,27, asociado a «asustar», cuando Jesús dé la paz a sus discípulos, que tienen miedo, Por tanto, el verbo está en relación con la muerte y el duelo, Al emplearlo, Jesús predispone a los suyos a vivir su muerte con paz y fe. 2) La partida de Jesús no es una separación definitiva o un abandono. Jesús precede a los discípulos para prepararles un lugar y afirma que hay muchas moradas en la casa del Padre. Las «numerosas moradas en la casa del Padre» fueron interpretadas por los Padres de la Iglesia como los diferentes grados de felicidad en los que una persona se encontrará tras su muerte, en función de su fidelidad durante su vida (cf. Ireneo de Lyon,

Contra ¡as herejías V, 36,2). Esta imagen puede simbolizar también la inmensidad de la casa del Padre, abierta a la mayor diversidad. No es un lugar en el que t o dos deberían respirar con el mismo ritmo y caminar con el mismo paso. 3) Como respuesta a Tomás, que afirma no saber adonde va Jesús y, por tanto, no poder conocer el camino, Jesús desvela que es «el Camino, la Verdad y la Vida». El conocimiento del Padre y la relación con él pasa por Jesús, mediador y Salvador. Así pues, no es necesario conocer el «dónde» para determinar el camino, basta con seguir el camino (Jesús); entonces descubriremos el «dónde» (el Padre). En cuanto a la expresión entera, no hay que entenderla como una suma de conceptos separados, sino como una sola y única realidad: «el verdadero camino de vida». 4) La intervención de Felipe, que pide a Jesús que les muestre al Padre, permite a Jesús precisar la comunión que le une al Padre: conocer y ver a Jesús viene a ser conocer y ver al Padre. Es inútil llegar al final del camino para descubrir al Padre, podemos verlo en el camino, es decir, en Jesús, cuyas obras son las del Padre. Sin embargo, la comunión no es una fusión o una confusión que haría que desapareciera la identidad de cada cual, Ciertamente, Jesús es «icono» del Padre invisible, pero no es el Padre, La comunión no es un egocentrismo de dos, porque el Padre no guarda al Hijo en su intimidad: envía a Jesús, el cual está vuelto hacia los discípulos para manifestarles el amor del Padre, a fin de que también ellos vivan esa comunión, 6) La segunda sección (vv, 15-24) empieza con la relación entre el amor por Jesús y los mandamientos que ha dado (v. 15), En realidad, Jesús no dio más que un solo mandamiento: el del amor mutuo, de donde de13

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Leccionario: Construcción de la Iglesia

5o domingo de Pascua, A. En su discurso de despedida, Jesús habla de sí mismo tomando la imagen del camino que nos lleva hacia el Padre (Jn 14,1-12). Es la imagen de la construcción y de las piedras la que toma la primera carta de Pedro (2a lectura: 1 Pe 2,4-9) para hablar de Jesús, elegido para convertirse en la piedra angular. El apóstol invita a los cristianos a ser piedras a su vez para la construcción del Templo espiritual. Los Doce velan por la construcción de la Iglesia y por su buena marcha. Cuando acaece un problema en la comunidad, se encuentra una solución salvaguardando la prioridad que hay que dar a la oración y al servicio de la palabra (Ia lectura: Hch 6,1-7).

riva el resto, Además, se trata de un amor «como» el de Jesús, Lo cual supondrá vivir como él hasta el don de la vida, No es una tarea fácil, y Jesús afirma que reza para que el Padre envíe a otro «Paráclito», presente junto a los discípulos y en ellos; él reemplazará a Jesús cuando haya partido.

lo que Jesús ya había hecho y, por otra, permitirá a los discípulos vivir como personas aduitas, no tributarias del maestro,

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Leccionario: Acogida de ¡a Palabra y don del Espíritu

«No os dejaré h u é r f a n o s » (Jn 14,18) La presencia de Jesús entre sus discípulos ya no será física. Ya no escucharán su voz. Ya no verán sus ojos. Será espiritual, obra del Espíritu. Será presencia en la ausencia, proximidad en la distancia. Jesús insiste: «Creedme» (14,11). Más fuerte que «creed en mí», porque «creedme» es el equivalente a «adherios a mí», «abrazaos a mí». Exactamente como un abrazo. Pero, para hacerse cercano a él, hay que creer en lo que dice y reconocer lo que hace. «Si no creéis en mis palabras, creed al menos en las obras que hago» (14,11). La confianza y la paz sustituyen a la ansiedad. Entonces se estrechan lazos muy fuertes, los del Espíritu, que sin excluir los lazos de la carne y la sangre dan a éstos «profundidad, altura y anchura». H. VULLIEZ Y COLABORADORES, Et la Parole prend chair. París, Cerf, 2002, p. 117

6o domingo de Pascua, A. En su discurso de despedida, Jesús invita a sus discípulos a permanecer fieles a sus mandamientos y les promete no dejarlos solos, orando al Padre para que les dé el Espíritu (Jn 14,15-21). La evangelización de Felipe encuentra un claro éxito en Samaría. En efecto, los samaritanos acogen con alegría la Palabra de Dios. Los apóstoles Pedro y Juan irán a imponerles las manos para que reciban el Espíritu (I a lectura: Hch 8,5-8.14-17). Dar razón de su esperanza es la exhortación de la primera carta de Pedro (2a lectura: 1 Pe3,15-18)y actuar con respeto y dulzura, incluso aunque debamos sufrir, como Jesús, que murió en la cruz; pero, en el Espíritu, fue devuelto a la vida.

7) La partida de Jesús no es un abandono, La partida del maestro es necesaria para que el discípulo no sea un «adepto» dependiente, esclavo de la voluntad de un déspota; además, la fuerte relación establecida entre ellos, hasta la «inhabitación» («reconoceréis [,,,] que estáis en m í y y o en vosotros», v, 20), no será fusión, Y, al partir, el maestro cede su lugar a otro Paráclito, Porque es «otro», el Paráclito continuará, por una parte,
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8) Jesús establece una diferencia entre sus discípulos y el «mundo», Mientras que el «mundo» ya no verá a Jesús, los discípulos lo verán vivo y tendrán la vida. Judas se extraña de semejante diferencia de «manifestación» (v. 22). En su respuesta, Jesús no recoge el verbo «manifestarse» empleado por Judas y parece esquivar la cuestión, En realidad, insiste en la dimensión de .relación personal, Los pronombres de la frase dan testimonio de ello: «El que me ama.., permanecerá fiel a mi palabra, mi Padre io amará, vendremos a él y permaneceremos junto a él» (v, 23). La manifestación no tiene ningún carácter espectacular, es primeramente apertura a la relación: amor, escucha, fidelidad, «venir a él», permanecer, Para ser verdadera debe ser personal, La revelación de Jesús no es un movimiento de conquista

de masas, sino una proposición única para cada uno en particular, 9) El término hebreo shalom, traducido al griego poreírene, «paz», tiene un sentido muy rico. No significa solamente la ausencia de guerra, sino, por su raízy su etimología, indica la integridad y la plenitud, de ahí la salud y la prosperidad. La paz es una bendición y el signo de la llegada de los tiempos mesiánicos (el Mesías es llamado «Príncipe de la paz» por Is 9,5). Únicamente Dios puede darla. Aquí y ahora es Jesús quien la transmite. Además, la paz que ofrece es la suya propia, La que lleva consigo y que ha vivido en medio de los conflictos, los rechazos, los intentos de lapidación, las traiciones y las negaciones (incluso aunque la traición de Judas y las negaciones de Pedro estén por llegar, las conoce), la que conserva ante la adversidad y ante la que el príncipe del mundo (v. 30) no puede nada, Es verdaderamente diferente de la del mundo.

Leccionario: Cuerpo único, diversidad de miembros
6o domingo de Pascua, C. Jesús promete la venida del Espíritu después de su partida y da la paz a sus discípulos (Jn 14,23-29). Las primeras comunidades se desarrollan y cada vez más paganos se convierten en cristianos. ¿Deben circuncidarse? ¿Deben observar las reglas relativas al alimento? Estas cuestiones son objeto de discusiones y desembocan en un acuerdo. Los apóstoles y los ancianos envían un mensaje desde Jerusalén. Los paganos no necesitarán circuncidarse para convertirse en discípulos de Cristo. Por lo que respecta al alimento, bastará con que se abstengan de carne ofrecida a los ídolos y de la que no esté desangrada. Esta decisión no es tomada únicamente a iniciativa de los responsables de la Iglesia primitiva, sino escuchando al Espíritu Santo, que es nombrado en primer lugar (Ia lectura: Hch 15,1-2.22-29). El mensaje evangélico se ofrece a todos sin restricción. En realidad, la Jerusalén celestial que baja del cielo es una ciudad con altas murallas, pero no está encerrada en sí misma. Sus doce puertas, repartidas a razón de tres en cada uno de los puntos cardinales, muestran que todas las naciones de la tierra pueden entrar en ella (2a lectura: Ap 21,10-14.22-23). Pentecostés, misa del día, C. En su discurso de despedida, Jesús afirma a sus discípulos que el Padre enviará el Espíritu Santo, que enseñará a los discípulos y les hará comprender lo que él les ha dicho (Jn 14,15-16.23b-26). Este don tiene lugar durante la fiesta de Pentecostés en la obra lucana (I a lectura: Hch 2,1-11). Llenos del Espíritu Santo, los discípulos pueden dirigirse, cada uno según el don recibido, a las personas venidas de todas las partes del mundo mediterráneo a celebrar en Jerusalén la fiesta de peregrinación. El cristiano ya no vive ba-~ jo el dominio del pecado, sino bajo el del Espíritu, que lo habita, que le da la vida y hace de él un hijo, de tal modo que puede dirigirse a Dios diciéndole: «Abbá, Padre» (2a lectura: Rom 8,8-17).

Amarse en el centro de los conflictos (Jn 15,1-16,3)
El final del capítulo 14, con la invitación de Jesús: «Levantaos, vamonos de aquí» (14,31), marca el final de una sección. Comienza una segunda parte (cf. el cuadro de la p, 11), En el primer versículo del capítulo 15, Jesús toma la imagen de la vid y la desarrolla (15,1-11). El acento recae en la alegría, y estamos en un campo semántico espacial. La segunda sección (15,12-17) de esta parte tiene como centro el mandamiento del amor mutuo, En la tercera y última sección (15,18-16,3), Jesús habla a los discípulos del odio del mundo. La parte siguiente empieza en 16,4, donde Jesús habla de la hora, y así se pasa del campo espacial al campo temporal,

i i í i

La liturgia del año B propone la alegoría de la vid (15,18) para el 5 2 domingo de Pascua, y el domingo siguiente continúa la lectura (vv, 9-17); por el contrario, el día de Pentecostés no ofrece más que los versículos 26 y
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27 combinados con 16,12-15, para tener en el evangelio del día las palabras sobre el Espíritu Santo6. Lectura de conjunto. En la segunda parte del discurso de despedida encontramos en primer lugar la alegoría de la vid (15,1-11), que aborda un tema diferente r „ del anterior, quedando completaen c . 5o áommqo di Pascua ,. , -, , , , J mente ligado a el. Después de haber hablado de su partida, Jesús 1¡?1o ; dice ahora a sus discípulos que „o y . t „ pueden permanecer en comunión 6 iommqo de Pascua ,, , ._ „ con el y les muestra las consecuenAnoB . / j n 15,9-17 cas de ello. En el centro de esta parte -que es también el centro del discurso de despedida- se encuentra la sección sobre el amor mutuo (15,12-17), que recoge el mandamiento nuevo ya afirmado en Jn 13,34 tras la partida de Judas. El recuerdo de los frutos que los discípulos están llamados a producir relaciona el pasaje con la sección anterior sobre la vid. En la última sección (15,18-16,3), Jesús habla de las dificultades que encontrarán los discípulos en el mundo. Les prepara para mantenerse fieles en las persecuciones, como él lo ha sido. Hay una insistencia en el «yo» de Jesús, unido al Padre, y el «vosotros» dirigido a los discípulos. La última sección menciona al «mundo» en cuanto perseguidor de los discípulos, como lo ha sido de Jesús, pero se termina con la función del Paráclito, que une al Padre, al Hijo y a los discípulos. A lo largo de esta parte, Jesús habla sin que los discípulos intervengan.

La vid La imagen de la vid es frecuente en la Biblia desde la historia de Noé (Gn 9,20s), que plantó una vid y se emborrachó con su vino. Es una ventaja tener una vid y recoger sus frutos: en la fábula de Yotán se dice que ella alegra a dioses y hombres (Jue 9,12-13); poder descansar a la sombra de una vid es signo de paz y prosperidad (1 Re 5,5). La vid simboliza al pueblo de Israel: trasplantada de Egipto y plantada en tierra de Canaán (Sal 80,9), se convierte en floreciente (Ez 17,6-8), pero ya no produce frutos y multiplica los altares a los ídolos, se lamenta el profeta (Os 10,1). Como un viticultor atento, Dios cuida de ella, pero, por desgracia, no produce lo que se esperaba (Is 5,ls). Para hablar del valor de la Sabiduría, Ben Sirá identifica a ésta con una vid «que produce graciosos brotes» y cuyas «flores dan frutos de gloria y riqueza» (Eclo 24,17). Basándose en el uso metafórico de esta imagen agrícola empleada en la Biblia, Jesús se presenta aquí a sí mismo como la vid (Jn 15). Dios es siempre el viticultor que vigila por la buena salud de su vid. Los sarmientos representan a los discípulos y la producción de los frutos depende de la unión vital de éstos con la cepa.

6. Para leer: - A. MARCHAOOUR, L'Évangile de iean, o. o, pp. 1033-1041. - X. LÉON-DUFOUR, Lectura del evangelio de Juan III, o, c, pp. 125-174. - J. ZUMSTEIN, L'Évangile selon Saint Jean (13-21), o. c, pp. 90-126. 16

Al hilo del texto. 1) En la alegoría de la vid se ofrecen las equivalencias desde el principio: Jesús se identifica con la vid, presenta al Padre como el viñadory a los discípulos como los sarmientos. Esta imagen subraya la relación vital entre Jesús y los discípulos (vid y sarmientos) y una cierta independencia entre el Padre y el Hijo (viñadory vid). Independencia no significa individualismo, puesto que, fuera de la imagen de la vid, Jesús insiste de nuevo en el amor que existe entre el Padre y el Hijo: «El Padre me ha amado» (15,9). 2) Jesús no es sólo la «vid», sino la «vid verdadera», El artículo definido «la» significaba ya la unicidad de Jesús.

Fuera de él no parece haber otras vides, A) precisar que es la «verdadera», el cuarto evangelio subraya la realización de las promesas de Dios, como ya lo ha hecho en varias ocasiones: la Palabra es «la luz verdadera» (1,9), Jesús es «el verdadero pan del cielo» (6,32), el juicio de Jesús es «verdadero» (8,16), 3) El viñador hace dos operaciones cercanas: «cortar» y «limpiar» (literalmente: «purificar»), Arranca los sarmientos estériles para que no se desperdicie savia. Conserva y poda los que dan fruto para que den más: podar la vid no la destruye, sino que permite la abundancia de la vida, Esto remite a la cruz y a las persecuciones que sufrirán los discípulos. Jesús les dirá un poco más adelante: lejos de impedir la vida, las persecuciones hacen que surja con mayor fuerza, 4) La mención de los «frutos» recuerda el relato de la creación. Cuando Dios crea las plantas y los árboles, les da la posibilidad de producir frutos y semillas (Gn 1,11-12). Los animales y los seres humanos están llamados a multiplicarse: todo lo que es creado lo es, por tanto, con la posibilidad de dar vida a su vez. La vida dada por Dios es una vida que lleva en sí gérmenes de vida, La creación de Dios es «buena», y esta vida que produce frutos es una bendición. Jesús revela a sus discípulos que esto se realiza mediante la unión del discípulo con él, 5) La frecuencia del término «permanecer» (diez veces en 15,1-10, más una vez en 15,16, con «vuestro fruto» como sujeto) muestra su importancia en este pasaje, «Permanecer» no es simplemente estar «junto a» o «con», sino ser «en», El verbo no indica un simple «quedar» estático o bien la obligación de no moverse de un lugar; señala la unión íntima, la inhabitación recíproca de Jesús en los discípulos y de los

discípulos en Jesús. Tiene una dimensión dinámica de relación, de escucha, de puesta en práctica de una palabra recibida,

«Para que m i alegría esté en vosotros...» (Jn 15,11) [...] Juan rae parece que «completa, lleva a madurez» el testimonio de los sinópticos: tocado por el ser anhelante/sentiente/sufriente del Padre, Jesús pudo abrirse a la compasión con respecto a su prójimo tal como es (en ruptura constante de relación), y de ahí brotó su deseo de que el «mundo» viva la «unidad perfecta», la inclusión a cualquier precio, la prioridad de la relación con quien llegue. Este camino hacia la alegría perfecta no es inaccesible a los seres humanos: éste es, de alguna manera, el testamento espiritual de Jesús. [...] Si la alegría perfecta nos resulta accesible es que el mundo designa nuestro aquí y ahora, nuestra existencia terrena susceptible en cualquier momento de ser unida mediante la alegría anhelante del Padre. Todo parece jugarse en nuestra capacidad o nuestra incapacidad para sentir el «pre-sufrir» del otro humano, en descubrir que el otro anhelaba, sentía, sufría, estaba con nosotros antes incluso de que nosotros lo supiéramos. Si lo percibimos en uno de nuestros prójimos en quien la alegría de Jesús vive y permanece, como los discípulos lo percibieron en Jesús durante su vida, entonces el «pre-sufrimiento» del Padre puede alcanzarnos también. Y encontramos que la alegría viene por añadidura, simplemente para perfeccionar este sentimiento plenamente apaciguador que Alguien sentía, sufría, estaba con nosotros antes incluso de que tuviéramos conciencia de ello. L. BASSET, La Joie imprenable. París, Albin Michel, 2004, pp. 544s (I a ed.: Ginebra, Labor et Fides, 1996).

6) Después de haber puesto el acento en la relación entre él y sus discípulos, Jesús les invita al amor mutuo; un amor que esté a la medida del de Jesús: «Como yo os he amado» (15,12). Al decir que no hay amor más grande que el de desprenderse de la propia vida por sus amigos, Jesús ofrece de nuevo una clave de interpretación de la cruz, al invitar a sus discípulos a seguir el camino del Gólgota después de la experiencia de la Pascua y la llegada del Espíritu. 7) Los discípulos no son esclavos obligados a cumplir órdenes, sin estar nunca en la intimidad y la confidencia de su maestro. La relación que Jesús establece no es de superior a inferior, Para Jesús son amigos, amigos a los que ha escogido y a los que transmite todo lo que recibe del Padre. La elección parte de una decisión voluntaria y libre. Está orientada hacia una amistad y un amor cuyo punto más alto se ve en el final de la declaración: «... para que vayáis y deis fruto abundante y duradero» (v. 16). El amor auténtico es el que quiere el bien del amado o la amada y acepta no retenerlo para dejarle la entera libertad de su respuesta. 8) En la tercera y última sección de esta parte, Jesús introduce al «mundo» y su odio por los discípulos, que sólo se puede comparar con el odio que tiene a Jesús. Sin embargo, el mundo no es una realidad fundamentalmente malvada a la que el discípulo tendría que odiar a su vez para pretender vivir como creyente. El mundo es aquí la humanidad que ha conocido a Jesús, pero que lo ha rechazado. Sin embargo, el discípulo, que está invitado a amar, no puede condenar a tal o cual persona. La enseñanza es una llamada a amar y a acoger verdaderamente a Jesús, La llegada del Paráclito, llamado aquí «Espíritu de verdad» (v. 26), da testimonio en favor de Jesús y contrasta con el odio del mundo,
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Leccionario:

Amor del Hijo, efusión del Espíritu
5° domingo de Pascua, B. Pablo predica con seguridad en el nombre del Señor, pero es perseguido por aquellos a los que anuncia el evangelio. Nada le detiene; si le resulta imposible predicar en un lugar, se marchará a otro. Con la ayuda del Espíritu Santo, nada impide a la Iglesia construirse, avanzar y multiplicarse (Ia lectura: Hch 9,26-31). La primera carta de Juan recuerda a los cristianos que el amor que les une debe ser como el de Cristo, efectivo y real. No debe limitarse a palabras vacías. La fidelidad a los mandamientos de Cristo permite al creyente permanecer con Dios (2a lectura: 1 Jn 3,1824). Es la imagen bíblica de la vid la que Jesús emplea para hablar de permanecer con él, porque es de él, la cepa, de quien procede la vida (Jn 15,1-8). 6o domingo de Pascua, B. Jesús transmite a los discípulos el amor que ha recibido del Padre (Jn 15,9-17). La carta de Juan recuerda que el amor del Padre se manifiesta por el envío del Hijo al mundo para que vivamos por él (2a lectura: 1 Jn 4,710). Cuando Pedro llega a casa de Cornelio, proclama que Dios acoge a las personas de cualquier nación, sin establecer diferencias. Es en el momento en que todos los paganos escuchaban el discurso de Pedro cuando el Espíritu Santo se apodera de ellos, confirmando así las palabras del apóstol (I a lectura: Hch 10,25-26.34-35.44-48).

La hora de la partida (Jn 16,4-33)
Estamos en la última parte de la estructura del discurso de despedida (cf. la tercera columna del recuadro de la p. 11). Empezar en el versículo 4 es basarse en un dato temporal (la Hora) y la mención del recuerdo -por tanto de la comprensión- de las palabras de Jesús por los discípulos, El discurso pasa del «ellos» («os») que persiguen a los discípulos (16,2b-3) al «vosotros», Jesús se dirige personalmente a los suyos. El empleo del «vosotros» se encuentra con mayor o menor frecuencia

hasta el final del capítulo (16,33) y la mención de la hora del versículo 32 forma inclusión con la del versículo 4. A partir del capítulo 17, Jesús se dirige al Padre, Por tanto es posible determinar una unidad (16,4-33)7. De esta parte del discurso de despedida, para el domingo de la Trinidad, la liturgia no conserva más que Jn 6,12-15, pasaje en el que Jesús habla del Espíritu y del Padre. Estos versículos se añaden también a otros versículos del capítulo anterior en el día de Pentecostés (año B, cf. pp. 15-16), El resto del capítulo, por tanto, no se lee durante la eucaristía de ningún domingo ni fiesta, Lectura de conjunto. La tercera parte del discurso de despedida (16,4-33) pone el acento en la dimensión temporal: «la hora», «al principio» (v, 4), «ahora» (v. 5), «de momento» (v, 12), «un poco [de tiempo]» (vv. 16, 17 y 19), «su hora» (v, 21), «ese día» (v, 23), En la primera sección (16,4-20) se trata del Espíritu, Jesús habla de partir junto a «Aquel que le ha enviado», partida necesaria para que el «Defensor» pueda venir, Después, la segunda sección (16,21-24) menciona un tiempo de lamentos que desemboca en la imagen de la mujer dando a luz, cuya tristeza se convierte en alegría, Finalmente, la última sección (16,25-33) habla de nuevo del amor del Padre, mientras que los discípulos confiesan su fe en Jesús, Pero, en este capítulo, las menciones temporales están ligadas a observaciones espaciales, En efecto, se trata

también de «marcha». Se utilizan varios verbos de movimiento: «Ha llegado la hora», «ahora me voy», «cuando me haya ido», «si no me voy, el Defensor no vendrá a vosotros; pero Pentecostés, d Año B si me voy, os lo enviaré», «cuando n venga» (dos veces: vv. 8 y 13), «yo me J 152&-27;16,12-15 voy», «os guiará», «el que va a venir», «llega la hora», «he venido (o salido) Santísima Trinida de» (dos veces: vv. 27 y 28), «he veni• Afio c do a», «voy hacia». ]n 16,12-15 En realidad, después del largo monólogo de Jesús, algunos discípulos enuncian dos preguntas que versan sobre el tiempo y el lugar (v. 17); sin embargo no se las formulan a Jesús, Es más adelante cuando se dirigen a él para confesar su fe en relación con su «venida»; «Creemos que has venido de Dios» (v. 31), Jesús les responderá en términos temporales y espaciales: «Ahora es cuando creéis. Se acerca la hora, mejor dicho, ya ha llegado» (v. 32). Estas dos dimensiones -espacial y temporal- están en el centro de esta parte, de ahí el título propuesto por Yves Simoens: «La hora de la partida», Al hilo del texto. 1) Jesús establece la diferencia entre el tiempo en que estaba con sus discípulos y el momento de su partida hacia aquel que lo ha enviado (16,4,5a). El tiempo de la presencia no requería las palabras, que se hacen necesarias a partir del momento en que se marche. Anticipan una necesidad de memoria que vendrá con la «hora». Con Jesús ausente habrá que recordar sus palabras. Es en esta «anamnesis» como los discípulos podrán afrontar las persecuciones y vivir la Pascua. 2) Mientras que en 13,36 Pedro preguntaba a Jesús «¿adonde vas?», Jesús parece extrañarse ahora de que nadie le formule la pregunta (16,5). No había dicho na19

7. Para leer: - A. MARCHADOUR, L'Évangile de Jean, o. c, pp, 1041-1045. - X. LÉON-DUFOUR, Lectura del evangelio de Juan III, o. o, pp. 175-219. - J. ZUMSTEIN, L'Évangile selon saint Jean (13-21), o. c, pp, 127-158.

da a Pedro del lugar al que iba, pero le había significado que el discípulo no podía seguirle de momento, La pregunta del «¿dónde?», por tanto, quedaba abierta. Sin embargo, inmediatamente después, Jesús hablaba de la casa del Padre y de numerosas moradas (Jn 14,2s),

diciendo: «Para ir a donde voy, ya sabéis el camino» (14,4), Por otra parte, aquí acaba de decir: «Ahora me voy junto a aquel que me ha enviado» (16,5), ¿Puede reprochar a los discípulos que no le pregunten adonde va? ¿ bien formula él mismo la pregunta para llevarO

El Espíritu
Para comprender el sentido y la función del Espíritu en la teología del evangelio de Juan, seguimos la presentación de M. GOURGUES en En Esprit et en Vérité, Pistes d'exploration de l'évangile de Jean, o. c , pp. 125-289. Michel Gourgues nos invita a observar en primer lugar que el «Espíritu» pertenece al enigma que el evangelista revela poco a poco y, después, a estar atentos a dos elementos de doble dimensión: 1) En algunos textos (Jn 1-12 y Jn 13-17) se trata del Espíritu bajo el modo del anuncio o de la promesa; en otros (Jn 18-20) bajo el modo del cumplimiento o del don. 2) Tanto en lo que respecta al anuncio como al cumplimiento, siempre se trata de «dos momentos». Así, hay un doble anuncio del Espíritu por Juan Bautista: el Espíritu Santo es dado por Jesús (Jn 1,35), y después es dado «sin medida» (3,3). El don es anunciado, pero aún no se sabe cuándo tendrá lugar. También hay un doble anuncio de la partida de Jesús: el primero se hace a Nicodemo (3,1-8). La función capital del Espíritu es permitir nacer a la vida de Dios y entrar en comunión con él. El segundo se revela a la samaritana (4,1-24): se trata de la adoración en espíritu y en verdad. El don está aún por venir y no sabemos cómo se hará ni en qué consiste el bautismo en el Espíritu. Esta dimensión en dos momentos se encuentra también más adelante entre lo que podríamos llamar «el desvelamiento» (Jn 7,37-39) y los textos que hablan del «cumplimiento» (Jn 19,2837 y 20,19-23). En Jn 7,37-39, Jesús desvela el «cuándo» tendrá lugar el don: en el momento de la glorificación. Este don se realiza en la cruz, lugar de la gloria (19,28-37), donde, en la expre20

sión «entregó el espíritu» (19,30), hay que entender «transmitió el Espíritu Santo». Se realiza igualmente la tarde del descubrimiento del sepulcro vacío (20,19-23), segundo momento de la glorificación, con la subida hacia el Padre (20,17) y el reconocimiento de Jesús como «Señor y Dios» (20,28), cuando da el Espíritu a los discípulos. Por último, los discursos de despedida, que aún forman parte de la etapa del anuncio y no de la del cumplimiento, se diferencian de otros pasajes de anuncio al ofrecer precisiones sobre el «quién»: se le da un nuevo nombre: «Paráclito», y un complemento: «Espíritu de verdad». «Paráclito» procede del verbo parakaleó, que significa «llamar junto a, consolar, orar, exhortar, alentar». El sentido en latín sería advocatus, que en español ha dado «abogado». Sólo se encuentra el título de «Paráclito» en el corpus joánico: el cuarto evangelio y la primera carta de Juan (1 Jn2,l). ¿Cuál es su papel? No está definido de forma teórica, sino a partir de lo que hace: conduce a la verdad (de ahí su nombre «Espíritu de verdad»), enseña a los discípulos y les recuerda todo lo que Jesús dijo. Desempeña un papel en la relectura y la memoria de los acontecimientos que Jesús vivió. Revela a los discípulos todas las cosas. Juzga al mundo. ¿Cuáles son sus relaciones? Viene del Padre. Da testimonio del Hijo y glorifica a Jesús. Está presente junto a los discípulos para guiarlos, sostenerlos y defenderlos en cuanto «abogado». (Cf. también E. COTHENET, La chame de témoins dans l'évangile de Jean. De Jean-Baptiste au disciple bien aimé. París, Cerf, 2005, pp. 105-122.)

los a otra parte distinta de donde están; en la tristeza a causa de la partida de su maestro? 3) La partida de Jesús no significa el abandono de los discípulos al odio del mundo, Esta partida supone la venida del Espíritu. Una doble frase, negativa y positiva, insiste en la necesidad de la partida de Jesús para el envío del Paráclito, El Padre envió al Hijo al mundo, El Hijo, muerto y resucitado, regresa al Padre y envía a su vez al Paráclito, 4) Las primeras funciones del Paráclito mencionado aquí son a la vez la de juez y la de abogado que apoya a los acusados y hace valer la justicia. El Paráclito es parte en el proceso abierto a Jesús y en el que se intentará abrir a los discípulos, Denuncia al «mundo», es decir, a la humanidad que rechaza la revelación que trae Jesús. Sin embargo, hay que observar que, en este proceso, los discípulos no son jueces. Su papel no es pronunciar sentencias ni condenar, Ellos son los acusados y el Paráclito interviene en su favor para hacer que brille la verdad, También es llamado con razón «Espíritu de verdad», 5) El Paráclito condena menos al mundo (la humanidad) que al «Príncipe de este mundo», que, por otra parte, «ya está condenado» (16,11). Este último verbo es una pasiva teológica cuyo complemento agente implícito es el mismo Dios. El tiempo del verbo griego (perfecto) muestra que el juicio contra el príncipe del mundo ya ha sido pronunciado y señala la continuidad de los efectos de la acción emprendida. La suerte de aquel que pasa por dirigir el mundo ya está sellada. Su poder es ilusorio. 6) Más allá de todo lo que Jesús dice a los suyos quedan muchas cosas que tendría que confirmarles, pero éstos aún no son capaces de entenderlas (16,12), Solamente después del acontecimiento pascual es cuando será posible: el Espíritu los guiará hasta la verdad, es de-

cir, hasta el propio Jesús como cumplimiento de la palabra del Padre. Se trata de un nuevo Éxodo: la travesía del desierto hacia la Tierra prometida sólo pudo hacerse a partir de la Pascua y del paso del mar. La Pascua de Jesús es un paso que permite la liberación. El Espíritu conducirá después al discípulo, lo mismo que la nube durante el día o la columna de fuego durante la noche guiaban al pueblo por el desierto. 7) Algunos discípulos expresan su incomprensión de las palabras de Jesús relativas al tiempo («dentro de poco» y después «dentro de otro poco»), a la visión («no ver» y «ver») y a su partida hacia el Padre. Aunque sus preguntas no se dirigen a Jesús, éste las contesta. Como ocurre con frecuencia, no responde directamente. Les habla de una diferencia entre ellos y el mundo: mientras que ellos permanecen tristes, el mundo está alegre. Pero la pena no tendrá la última palabra: se «convertirá en gozo» (v. 20). 8) Jesús apela entonces a una imagen que confirmará lo que acaba de revelar a los discípulos: la de una m u jer embarazada a punto de dar a luz. Los dolores del parto no son sólo físicos, sino que también son morales y psicológicos, provocados por el riesgo de morir, la madre y el niño, que suponen el nacimiento y el paso de un tipo de vida (intrauterina) a otra, Esta imagen ilumina perfectamente el sentido de la Pascua de Jesús, que supone sufrimiento y muerte para un nacimiento a otra vida distinta, Lo mismo que la mujer olvida los dolores del parto ante la alegría del ser humano que acaba de traer al mundo, los discípulos olvidarán las aflicciones cuando tengan la experiencia de la resurrección. Su alegría no procederá ya del «mundo» y, en consecuencia, nadie podrá arrebatársela (16,22). 9) Jesús habla de nuevo del amor del Padre y de la comunión que los une de tal manera que el Hijo comuni21

ca al Padre y el Padre da lo que se le pide en nombre del Hijo, Solamente es al final de este discurso cuando el grupo de discípulos toma la palabra para dirigirse a Jesús (v. 29) y afirmar su fe. Sin embargo, en el momento en que Jesús les habla no sólo de su «salida» del Padre, sino también de su regreso a él, se limitan a confesar una parte de ese movimiento: Jesús ha venido de Dios. Parecen no entender más que una parte del discurso de Jesús, sin embargo afirman «saber» que Jesús lo «sabe todo». Esta segundad muestra quizá el camino que les queda por recorrer: deshacerse del saber para abrirse a la confianza; reconocer que no lo poseen todo, ni siquiera por procuración («sabemos que conoces todas las cosas», v. 30), para estar abiertos al misterio del otro, que va a revelarse en la relación, 10) El discurso termina con la invitación a la confianza y la afirmación de la victoria sobre el mundo. Estas palabras de Jesús, situadas antes de su muerte en la cruz, aunque expresadas en tiempo perfecto en griego (es decir: la victoria está en pasado, pero dura aún en el presente), nos muestran que no se trata de un triunfo militar. Jesús no ha ganado una guerra, es vencedor dando su vida en la cruz.

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Leccionario: Ef Espíritu nos hace vivir

Día de Pentecostés, B. En el evangelio (Jn 15,26-27; 16,1215), Jesús promete a los discípulos que les enviará el Espíritu de verdad, que dará testimonio de él. Los Hechos de los Apóstoles (Ia lectura: Hch 2,1-11) cuentan el acontecimiento de la fiesta de Pentecostés, durante la cual el don del Espíritu se realiza en Jerusalén. Inspirados por el Espíritu Santo, los discípulos se ponen a hablar en lenguas y proclaman las maravillas de Dios. Pablo recomienda a los gálatas (2a lectura: Gal 5,16-25) que se dejen guiar por el Espíritu de Dios, porque es él quien nos hace vivir. Santísima Trinidad, C. Alumbrada antes de la creación, la Sabiduría afirma la anterioridad de su existencia con relación a cualquier criatura y su presencia como «capataz» junto al Creador (I a lectura: Prov 8,22-31). El evangelio de Juan, especialmente en el prólogo, recoge en parte lo que se dice de la Sabiduría para aplicarlo a Jesús, Hijo único engendrado, por quien todo fue hecho. Pero, en el pasaje que se lee hoy (Jn 16,12-15), Jesús, que pasa de este mundo al Padre, habla del don del Espíritu, que ayudará a hacer comprender la enseñanza que ha dejado a los discípulos y transmitirá todo lo que procede del Hijo y del Padre. La dimensión trinitaria está muy presente en la carta a los Romanos (2a lectura: Rom 5,1-5). la paz con Dios viene por Jesucristo y el amor de Dios se derrama en los corazones de los creyentes por el Espíritu Santo.

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La oración sa erdotal (Jn 17)
El capítulo 17 cierra las palabras de Jesús tras la Cena. Serán sus últimas palabras antes de entrar en la pasión, Este capítulo se encuentra, por tanto, al final del discurso de despedida y precede al momento del arresto. A partir del episodio siguiente, Jesús es encadenado y llevado como prisionero al patio del sumo sacerdote primero y ante Pilato después8, La liturgia ha conservado el conjunto del capítulo, excepto el comienzo del versículo 1, por razones evidentes, En efecto, la introducción «Así habló Jesús» (17,1a) se entiende en la lectura seguida del evangelio, No tiene lugar en una liturgia eucarística, al no poder el evangelio proclamado empezar con palabras que remiten a textos leídos a la asamblea durante los domingos anteriores, Las delimitaciones 17,1-26 están justificadas por la cesura del versículo 1, que hace referencia a palabras que acaban de ser pronunciadasy que han terminado, A esto hay que añadir la modificación de la actitud de Jesús: «Levantó los ojos al cielo», y el cambio de interlocutor; antes hablaba a los discípulos, ahora se dirige al Padre, El límite último (v, 26) se encuentra al final de la oración, En el versículo siguiente (18,1), Jesús se desplaza con sus discípulos; comienza entonces el relato del arresto.

Lectura de conjunto. En la propuesta de estructura, J. Zumstein {L'Évangile selon saint Jean, pp, 160s) se muestra atento a los diferentes momentos de la oración, Por tanto, 7° domingo de Pascua contempla tres partes, igual que el Año A Leccionaho, pero con una división diJ n 17,16-lla ferente entre la parte primera y la 7 segunda: Jesús reza por la glorifica° ^™-W & Pascua ción (vv, 1 b-8); por los discípulos que ^° B le rodean (vv. 9-19); y porlosdiscípu]n 17,116-19 los de «segunda generación» (vv. 20-

2g)
Habitualmente, esta oración es lia, • •-

7° domingo de Pascua
AñoC
T nnnr Jn 17,20-26

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S. Para leer: - A, MARCHADOUR, L'Évangíle de Jean, o, o, pp. 1046-1050, - X. LÉON-DUFOUR, Lectura del evangelio de Juan III, o, c, pp. 221-257, - W, THÜSING, La priére sacerdotale. París, Cerf, 1970. - J. ZUMSTEIN, L'Évangile selon saint Jean (13-21), o, c, pp. 159-189.

mada «sacerdotal», El teólogo luterano David Chytraeus (1530-1600) fue el primero en darle ese título. Algunos comentaristas encuentran abusivo ese empleo, si se entiende «sacerdotal» en el sentido de dimensión «sacrificial» vinculada al sacerdocio, porque ésta se encuentra ausente del texto. No obstante, este calificativo tiene su pertinencia (cf. el recuadro «Una oración sacerdotal» en la página siguiente), Numerosos elementos se pueden relacionar con la oración del Padrenuestro (Mt 6,9-13 y Le 11,2-4): el título «Padre» dado a Dios, las menciones del nombre y de Ja santificación, de la voluntad y del verbo «querer», del verbo «dar», del perdón y del «Malvado» («Mal» o «Maligno/Tentador» en Mateo). Las correspondencias no son sólo verbales: «Venga tu reino» no se encuentra en Jn 17, pero se habla de la «vida eterna», que pertenece al vocabulario del cuarto evangelio para hablar del Reino. Así, esta oración es, en cierta forma, la versión joánica del Padrenuestro.
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Una oración sacerdotal Tenemos la costumbre de llamar «sacerdotal» a esta oración. Este apelativo es justo si queremos decir que es la única oración que vale, la que nos permite unirnos a Dios y devolverle en la obediencia del amor lo que hemos recibido de él. Jesús es el único capaz de devolverle al Padre. Porque sólo él puede ofrecer el sacrificio que es digno de Dios, es decir, no un sacrificio de muerte, sino el don de su vida precaria para vencer a la muerte con el amor que hace superarla. [...] Ella realiza a la perfección el ideal de la oración, que es el encuentro de las personas en una misma voluntad. No es una acumulación de palabras. [...] La verdadera oración, sea cual sea su forma, tan diversa entre los discípulos, se convierte en una entrada en la vida de los Tres. J. LAPLACE, De la lumiére á l'amour. Retraite avec saint Jean. París, Desclée, 1984, p. 225.

las Escrituras (cf. Ex 16,7.10 e Is 6,3) se hace visible. Pero, por su parte, el Hijo no se atribuye toda la gloria, actúa para glorificar al Padre. 3) Por otro lado, la glorificación no es una simple satisfacción recíproca entre el Padre y el Hijo, Los discípulos disfrutarán de ella por el don de la vida eterna, Ésta no es una recompensa para el más allá. No es ya la realización de un deseo de inmortalidad que permitiría a los seres humanos liberarse de su condición mortal, Es el don de la vida divina ya ahora, en esta vida terrena destinada a la muerte, siguiendo a Jesús, que pasa por la cruz. Es conocimiento del Padre y de su enviado. Es relación. Es amor. 4) Jesús reza en primer lugar por los discípulos presentes y no por el mundo. En efecto, Jesús establece una diferencia entre los discípulos y el mundo. El Padre da los discípulos al Hijo, que tiene cuidado de ellos, pidiendo que los proteja. Por el contrario, el mundo es el que odia a" los discípulos, porque no son del mundo (v. 14), sino que son del Padre (v. 9). 5) Sin embargo, los discípulos están en el mundo, por eso la oración de Jesús se hace más intensa en su favor: «Padre santo, guarda a mis discípulos» (v. 11). Jesús no pide que los discípulos sean arrebatados de este mundo malvado. Se entiende entonces que el regreso del Hijo hacia el Padre no es una huida del mundo y que la enseñanza de Jesús no es una gnosis. A pesar de que el mundo los odie, la salvación de los discípulos no está en la huida. Lo espiritual no se vive negando lo temporal, sino sumergiéndose en ello. 6) De la misma manera que Jesús no esquiva la cruz, no trata de ahorrar a los discípulos la vida terrena, con sus dificultades y sus persecuciones. Les transmite las palabras que les permitirán estar alegres incluso en los su-

Al hilo del texto. 1) La primera palabra de la oración es «Padre». Jesús ya no se dirige a los discípulos, sino a su Padre. Sin embargo, no se dice, como en algunos pasajes de los sinópticos, que Jesús se alejara para rezar solo. Por tanto, reza ante los suyos antes de rezar por ellos. Su actitud y sus peticiones constituyen al mismo tiempo una enseñanza para los discípulos, que son llevados así a volverse con él hacia el Padre, 2) La mención de la llegada de la Hora y la de la glorificación orienta esta oración hacia la pasión y la cruz. Es a la luz del Gólgota como los discípulos tienen que escuchar y releer esta oración, El tema de la gloria está muy presente en los primeros versículos. La glorificación es recíproca entre el Padre y el Hijo. No está reservada solamente al Padre. En el hombre Jesús que muere en la cruz, la gloria de Dios de la que hablaban
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frimientos. Más que proteger a los discípulos, pide al Padre que los santifique (la traducción litúrgica prefiere el término «consagrar»), igual que él mismo se santifica (v. 19). Quiere que estén en perfecta comunión con Dios viviendo en el mundo, adonde les ha enviado, como él mismo ha sido enviado por el Padre. 7) La oración de Jesús va más allá de los compañeros que comparten su última cena. Se abre a todos los que vendrán por mediación del testimonio de los discípulos. Son todos los seres humanos, presentes y futuros, los que son llamados a vivir en la unidad. El Shemá Israel, recogido en la oración diaria del creyente judío, confiesa al Dios «Uno» (Dt 6,4). Los discípulos de Jesús son llamados a confesar y a vivir esta unidad. Para ellos no se trata de desaparecer en una masa global y uniforme, sino de participar plenamente en una comunión que respeta a las personas. La unidad de los discípulos con Dios será a imagen de la de Jesús con su Padre: el Padre sigue siendo «Padre» y el Hijo sigue siendo «Hijo», ambos plenamente unidos, sin confundirse, 8) Esta unidad, calificada de «perfecta», ha de ser entendida en el sentido de «cumplimiento». El empleo del término griego remite al comienzo del Libro de la Hora, donde se habla del amor de Jesús «hasta el final», que podemos traducir como «hasta la perfección» o «hasta el cumplimiento» (Jn 13,1), Remite igualmente a la última palabra de Jesús en la cruz: «Todo está cumplido» (19,30, cf, también v. 28),

«Que allá donde y o esté, e s t é n ellos c o n m i g o » (Jn 17,24) No está prohibido suponer que Jesús piense en lo que ocurrirá después. Pero no pasemos de largo del significado más elemental que aflora en palabras de una gran sencillez: «Quiero que allá donde yo esté». ¿Dónde? Ahí, en ese momento, mientras habla, mientras pide. «Quiero que allá donde yo esté, estén ellos conmigo». Digamos las cosas de forma sencilla: quiero que allá donde hay lugar para mí lo haya también para ellos: pueden venir a ocupar mi lugar aquí mismo, donde estoy rezando. Dicho de otra manera, esta oración puede convertirse en la suya. G. LAFON, La Parole et le Vie. Lectores de l'Evangile selon saintjean. Bruselas, Lumen Vitae, 2005, p. 113.

9) La unidad no es un fin en sí mismo, sino que está orientada hacia el amor y toma su fuerza del amor, Sin amor, la unidad sería fusión y falta de respeto a la identidad de cada una de las partes. Sin amor estaríamos ante la confusión, impidiendo el conocimiento del otro. El amor permite la distancia guardando a la vez la comunión. Al unir al Padre y al Hijo, el amor se comunica al creyente, que lo recibe, entra en la comunión y puede por fin conocer al otro en verdad, Amar y conocer al Padre como lo ama y conoce el Hijo es el deseo de Jesús para sus discípulos en los últimos versículos del capítulo 17.

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Leccionario: Dar gloria, amar, orar
Después de la partida de Jesús a los cielos, bajo el impulso de Pedro, los discípulos se organizan en comunidad de fe en la oración. Toda vez que Judas ha desertado, en fidelidad al mensaje de Jesús los discípulos nombrarán a un apóstol que completará el colegio apostólico. La elección deberá recaer sobre alguien que haya conocido a Jesús durante su vida pública y pueda ser testigo de la resurrección (I a lectura: Hch 1,15-17.20a.20c-26). T domingo de Pascua, C. Antes de vivir su pasión, Jesús reza por los suyos pidiendo para ellos que su unidad sea perfecta, de tal modo que manifieste el amor del Padre por el Hijo y por la humanidad (Jn 17,20-26). Cuando va a morir como primer mártir, acusado de haber dado testimonio de la autoridad divina de Jesús («sentado a la diestra de Dios»), Esteban reza por sus verdugos pidiendo al Señor que les perdone (Ia lectura: Hch 7,5560). En la oración de Jesús y en la de Esteban se encuentra una apertura a los otros. Van a morir, pero no tienen una actitud cerrada sobre sí mismos. El pasaje del Apocalipsis (2a lectura: Ap 22,12-14.16-20) da la palabra al Señor, que anuncia su venida para establecer la justicia al dar a cada cual según sus obras. Los títulos cristológicos dados (por ejemplo: «el alfa y la omega») muestran su autoridad. El Señor anuncia que viene, pero el creyente no espera pasivamente, sino que pide y ora: «Ven, Señor Jesús».

T domingo de Pascua, A. Este domingo pone el acento en la oración y la gloria. Cuando Jesús sube al cielo, los apóstoles se reúnen en Jerusalén para orar, junto con algunas mujeres, entre ellas María, la madre de Jesús (2a lectura: Hch 1,12-14). La oración de los discípulos tiene su fuente en la de Jesús. Cada evangelista ha mostrado de qué manera rezaba Jesús. En el cuarto evangelio es esencialmente después de la última cena y los discursos de despedida cuando Jesús reza al Padre e intercede por los discípulos. En su oración al Padre insiste en la glorificación: la cruz no es un oprobio, sino el lugar de la gloria (Jn 17,lb-l la). Algo semejante es lo que se percibe en la segunda lectura (1 Pe 4,13-16): los sufrimientos no son causa de tristeza, sino de alegría. Si no proceden de acciones malvadas, sino del hecho de ser cristianos, entonces son ocasión para dar gloria a Dios. T domingo de Pascua, B. En su oración al Padre, Jesús pide que guarde a los discípulos en la fidelidad para que lleguen a la comunión como el Hijo está unido al Padre (Jn 17,1 lb-19). La primera carta de Juan invita a los cristianos a permanecer unidos a Dios y, por tanto, a vivir la comunión en la comunidad. El amor a Dios no puede ser verdadero más que en la medida en que el amor es vivido entre los miembros de la Iglesia. En efecto, nadie ha visto a Dios, pero «si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros» (2a lectura: 1 Jn 4,11-16, aquí v. 12).

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La pasión de Jesú ; (Jn 18,1-19,42)
Mientras que el lavatorio de los pies, el discurso de despedida y la oración sacerdotal son propios del cuarto evangelio, el relato de la pasión, que empieza en 18,1, tiene muchos elementos comunes con la tradición sinóptica en el desarrollo general de los acontecimientos. Debemos reconocer, sin embargo, numerosas particularidades joánicas9. La liturgia nos hace escuchar todo el relato de la pasión según Juan cada Viernes Santo, lo cual nos permite tener una visión de conjunto del relato joánico, al contrario que las liturgias dominicales, que sólo nos ofrecen «trozos» de evangelio. Sin embargo, esta larga lectura quizá nos impide detenernos en un punto u otro. Dos breves pasajes se pueden escuchar de forma más atenta durante el año B, cuando se leen en la fiesta del Sagrado Corazón (19,31-37) y la de Cristo Rey (18,33b-37). El cuarto evangelio pone el acento en la libertad de su personaje, de tal forma que Jesús da a veces la impresión de sobrevolar los acontecimientos, como si no le afectaran, cosa que puede explicar la importancia de este evangelio entre los grupos gnósticos. Sin embargo, no hay que olvidar la insistencia en la humanidad de Jesús y, por tanto, estar atentos a las características de Jesús como «hombre» (anthrópos) en el relato de la pasión. El cuarto evangelio es el único que refiere: «¡Éste es el homViernes Santo bre!» (19,5), cuando Jesús flagelado, Cdebraáón de ía pasión, coronado de espinas y humillado es Jn 18,1-19,42 presentado a la muchedumbre. Si Jesús es libre, lo es en cuanto hombre y no como ángel o dios. Si nos basamos en la unidad de lugar, el relato de la pasión aparece formado por cinco escenas que constituyen una estructura concéntrica: A 18,1-12: Arresto de Jesús (lugar: jardín) B 18,13-27: Jesús frente al sumo sacerdote (lugar: patio del sumo sacerdote) + negaciones de Pedro C 18,28-19,16a: Juicio del «rey de los judíos» ante Pilato (lugar: pretorio) B' 19,16b-37: Crucifixión (lugar: Gólgota) + discípulo amado A' 19,38-42: Sepultura de Jesús (lugar: jardín) Semejante estructura pone de relieve el lugar central del proceso ante Pilato, durante el cual Jesús, presentado como «el hombre» por excelencia, será condenado en cuanto «rey de los judíos», desvelando las características de la realeza según el designio divino. Las escenas A y A1 se corresponden. Para la escena del arresto, mientras que Marcosy Mateo la sitúan en Getsemaní, en el monte de los Olivos, Juan nos dice solamente que se desarrolla en un jardín más allá del Cedrón, La primera escena A, la del arresto de Jesús, que
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9. Para leer: - A, MARCHADOUR, L'Évangile de Jean, o, c, pp. 1051-1073, - S. LÉGASSE, Los relatos de la pasión. Cuadernos Bíblicos 112. Estella, Verbo Divino, 2002, - X, LÉON-DUFOUR, Lectura del evangelio de Juan IV, Salamanca, Sigúeme, 1998, pp, 11-157, - I. DE LA POTTERIE, La pasión de Jesús según el evangelio de Juan. Texto y espíritu. Madrid, BAC, 2007, - J. ZUMSTEIN, L'Évangile selon saint Jean (13-21), o, c, pp. 191-264.

es «atado» (18,12) por guardias del Templo y soldados romanos, así como la de la sepultura (A1), donde Jesús es «atado» (19,40, el mismo verbo en el mismo tiempo) con vendas, tienen lugar en un jardín cuyo nombre no se precisa. Para la sepultura, los sinópticos indican que el cuerpo de Jesús es depositado en una tumba excavada en la roca; no se habla de jardín. Por el contrario, Juan precisa que el sepulcro es nuevo y que se halla en un jardín. Las escenas B y B' no se desarrollan en el mismo lugar. Sin embargo existe un punto común entre ambas: son los dos únicos pasajes de la pasión en que un discípulo desempeña un papel concreto frente a Jesús, y los dos únicos del Libro de la Hora (aparte del momento del arresto) en los cuales Pedro y el Discípulo amado están presentes independientemente el uno del otro. Estos dos discípulos son presentados en contraste: en la escena B, Pedro niega ser discípulo de Jesús; en la escena B', ei Discípulo amado escucha las últimas palabras de Jesús, recibe a la madre de éste como madre y asiste a los acontecimientos para ser su testigo,

La a u t o r i d a d de Jesús d u r a n t e la pasión Jesús sigue siendo paradójicamente dueño de la situación. Él mismo decide el momento de la salida de Judas (13,26-27); él mismo se sitúa delante de los guardias que han venido para detenerle y se pone a preguntarles (18,4-5); su uso de la palabra tiene inmediatamente como efecto echar por tierra a los cómplices de Judas (18,6); sin dificultad, Jesús obtiene la gracia de sus discípulos (18,8); por último, exige a Pedro que renuncie a la violencia y se declare dispuesto a asumir su destino (18,10-11). Sucederá lo mismo a lo largo de la pasión: incluso acusado y torturado, Jesús no deja de dar la impresión de conducir él mismo los interrogatorios, especialmente frente a Pilato, al que ofrece una magnífica enseñanza sobre la verdadera realeza (18,36-37), hasta el punto de desestabilizar la buena conciencia del magistrado romano: «¿Qué es la verdad?» (19,38). Él mismo llevará su cruz (ha desaparecido el refuerzo que supone Simón de Cirene) y tomará el camino del Calvario (19,17), antes de decidir libremente el instante de su muerte (19,30), no sin antes haber arreglado serenamente su sucesión, estableciendo un nuevo modo de relación entre los dos seres que han permanecido másfielesa su persona, el Discípulo amado y su Madre (19,25-27). Y.-M. BLANCHARD, «Une galerie de personnages» (1), en Feu Nouveau 51-52 (diciembre 2007 - enero 2008), p. 3.

El arresto (18,1-11)
Lectura de conjunto. Dos grupos se enfrentan en el jardín: Judas, la cohorte (cf. el recuadro «Ironía joánica», p. 30) y los guardias por un lado, Jesús y sus discípulos por otro. Judas ya no está entre el grupo de Jesús, y desaparece inmediatamente en el anonimato (después del v, 3 ya no se le nombra). La cohorte y los guardias vienen con «linternas y antorchas» (v. 3), medios para iluminar que no les permiten ver al que es presentado como la «luz del mundo». 28

Pedro y Jesús en el patio del sumo sacerdote (18,12-27)
Lectura de conjunto. Contrariamente a los sinópticos, Jesús y Pedro, según Juan, se encuentran en el mismo lugar, «en el patio», El interrogatorio de Jesús por parte del sumo sacerdote está construido en paralelo y en contraste con el «interrogatorio» de Pedro por parte de la criada y los guardias. Si uno es conducido por Jesús frente a un sumo sacerdote pasivo, en el otro, Pedro pierde

Jesús revela quién es e n t r e g á n d o s e Por tres veces el relato repite la fórmula de revelación (ego eimi, «Yo soy») y muestra lo que desencadena su enunciado: en primer lugar, la posición de Judas, que se ha pasado al campo enemigo, pero que, como un figurante inútil, desaparece del relato sin ni siquiera besarle (18,5); después los hombres armados, que se hunden, como los enemigos en los salmos, ante el filo de la palabra (18,6); finalmente sus allegados, a los que Jesús, al entregarse, libera, para cumplir no las Escrituras, sino su Palabra de Hijo durante su última oración al Padre, promovida así por el Evangelio al mismo rango que las Escrituras: «No he perdido a ninguno de los que me has dado» (18,9 y 17,12). No perder a ninguno de ellos significa renunciar a defenderse, entregarse a sí mismo y liberar a los suyos incluso cuando él es entregado y a Pedro, que ha acudido en su ayuda y cortado la oreja del criado del sumo sacerdote, le recuerda la relación indefectible con el Padre, la aceptación de su voluntad: «La copa que me ofrece, ¿no la voy a beber?» C. COMBET-GALLAND, «La Bible, le bruissement de ses langues, le grain de ses voix», en Eludes Théologiques et Religieuses 83 (2008), pp. 153-175, aquí, p. 161.

do (tiempo aoristo, modo indicativo en griego), sino que su palabra permanece (tiempo perfecto en griego). Observemos las menciones de la actividad con toda claridad: ha hablado públicamente al mundo, ha enseñado siempre en la sinagoga y en el Templo, allí donde todos los judíos se reunían, Esto, añadido al hecho de que no haya dicho nada en secreto (v. 20), da a la palabra de Jesús una dimensión universal y permanente. Permanece en el tiempo, se extienden en el espacio y se dirige a todos los miembros del pueblo de Israel e incluso al mundo. 2) Jesús es el único personaje que verdaderamente tiene la palabra y el que la guarda, Expresa dos «¿por qué?» dirigiéndose a personas («tú»; se trata del sumo sacerdote y de un guardia), pero no obtiene ninguna respuesta por su parte, Cuestiona al sumo sacerdote, que no tiene ya nada que decir, habiéndolo dicho todo Caifas, de forma profética -y sin saberlo- tras la resurrección de Lázaro (11,50). Pedro se vuelve mudo. Únicamente Jesús guarda la palabra y tiene la última palabra. El episodio acaba con una doble pregunta sin respuesta: «Si he hablado mal, demuéstrame en qué; pero, si he hablado bien, ¿por qué me pegas?» (v. 23). Este final interrogativo abre el sentido de la muerte de Jesús: no se ha formulado ninguna acusación para justificar la violencia infligida. Por tanto, no «ha hablado mal» y es un inocente el que será condenado.

su identidad con un «no lo soy», que recuerda en negativo las afirmaciones de Jesús, Mientras que Jesús atado es libre, Pedro, no atado, se muestra prisionerol0. Al hilo del texto. 1) En este pasaje, Jesús es el personaje que habla durante más tiempo en estilo directo. El empleo del verbo íaleó («hablar», cuatro veces: w. 20, 21 y 23) está reservado a Jesús. Por tanto, su palabra no es un simple «decir» (verbo legó). Los tiempos de este verbo muestran que Jesús habló no solamente en el pása-

El «rey de los judíos» ante Pilato (18,28-19,16a)
Lectura de conjunto. El proceso ante Pilato está muy desarrollado en la versión joánica. Este largo relato puede ser leído a través de una estructura concéntrica que depende de los movimientos de Pilato:
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lo. Cf. B. ESCAFFRE, «Plerre et Jésus dans la cour du Grand prétre (Jn 18,1227)», en Revue Théologique de Louvain 31 (2000), pp. 43-67.

A (FUERA) Pilato y los judíos: ¿Qué acusación contra Jesús? (18,28-32; «Pilato salió fuera», v, 29) B (DENTRO) Pilato y Jesús, la realeza de Jesús (18,3338a; «entró de nuevo», v. 33) C (FUERA) Pilato y los judíos, Barrabás (18,38b-40; «salió de nuevo», v, 38) D (¿?) La coronación de Jesús (19,1 -3) C (FUERA) Pilato y los judíos: Ecce homo (19,4-7; «Pilato salió de nuevo fuera», v. 4; «Jesús salió fuera», v, 5) B' (DENTRO) Pilato y Jesús, (pseudo-)poder de Pilato (19,8-12; «entró a su palacio», v, 9) A' (FUERA) Pilato y los judíos: «He aquí a vuestro rey» (19,13-16a; «Pilato llevó a Jesús fuera», v. 13) Al hilo del texto. 1) La escena tiene lugar en el pretorio, y Pilato entra y sale para hablar alternativamente con Jesús (dentro) y con los jefes religiosos (fuera), Estos últimos no quieren entrar para no contraer impureza y poder celebrar la Pascua, Observemos que estamos ante una nueva ironía joánica, porque, en el cuarto evangelio, Jesús es el único cordero pascual con el cual debería ser celebrada esa Pascua, Las entradas y salidas de Pilato tienen, por tanto, una razón de ser, puesto que quiere hablar con los que están fuera y con el que está dentro y a quien debe juzgar, Pero también muestran una agitación interior: su opinión está dividida entre lo que oye por parte de Jesús y lo que le dicen con respecto a él. No es un juez imparcial en estas decisiones, No asume su responsabilidad. Depende de la presión popular, condenará a un hombre que sabe que es inocente,

Ironía joánica
Uno de los procedimientos narrativos del evangelio de Juan es la ironía. Al utilizarla, el narrador sugiere un sentido diferente al que aparece en primer término. Apela a la intención del lector para empujarle a encontrar el mensaje teológico oculto. El lenguaje de la ironía no es el de la simple lógica. Por eso, situar un pasaje irónico en una reflexión lógica y normal puede hacer que pierda su sentido. Por ejemplo, en el momento del arresto, el narrador habla de una cohorte de soldados romanos que viene a prender a Jesús. La cohorte está compuesta por un destacamento de varios centenares de soldados, normalmente seiscientos. En realidad, su jefe es llamado «jefe de mil» en el texto (18,12). La lógica hace decir a algunos comentaristas que es imposible que el poder romano enviara tal número de soldados. No podría tratarse más que de un destacamento de algunos militares, no de la cohorte entera. Sin embargo, el arte narrativo nos sugiere que el narrador juega aquí con la exageración y muestra la actitud descentrada y ridicula del poder civil, que envía semejante cantidad de soldados para detener a un solo hombre, con el añadido de que éste va a entregarse sin oponer resistencia. Además, el narrador muestra así la autoridad de Jesús. Éste no es verdaderamente arrestado, sino que es él quien se entrega y manda a la cohorte. El «jefe de mil» no interviene más que al final, cuando el acusado ha dirigido su arresto y se ha dejado prender. El cuarto evangelio juega también con la doble ironía. Por ejemplo, en 19,1-3, los soldados se burlan de Jesús y le dan el título de rey y los atributos del soberano (corona y manto púrpura). Es un primer nivel de ironía, asumido por los personajes de forma dramática contra un prisionero que tienen en sus manos. Sin embargo hay un segundo nivel de ironía, el del propio narrador, que muestra a sus lectores la realeza de Jesús. Este se muestra como rey pasando justamente por esta situación de incomprensión, de insultos y de burlas. Pero los soldados son inconscientes del alcance de su gesto. Sólo el lector puede descubrirlo.

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2) El pasaje escogido para la liturgia de Cristo Rey (Jn 18,33b-37) se encuentra en la parte B, que se desarrolla «dentro» y se corresponde con la primera parte del interrogatorio de Pilato. Esta sección versa sobre la realeza de Jesús, un tema por otra parte recurrente en el conjunto del proceso. Pilato quiere saber si Jesús es rey o no, Éste responde con otra pregunta: «¿Dices eso por ti mismo o porque otros te lo han dicho?» (v. 34). Invita así al prefecto a ser sujeto de sus palabras. ¿Llegará Pilato a «hablar» en su propio nombre? ¿Tendrá una palabra ante aquel que es «la palabra»? 3) En lugar de tomar la palabra, Pilato formula una pregunta que define implícitamente su propia identidad por vía negativa: «¿Acaso soy yo judío?» (v, 35); después remite la palabra a otros; «Tu nación y los jefes de los sacerdotes te han entregado a mí, ¿qué has hecho?» (v. 35), Sin embargo, esta última pregunta le permite, como juez que es, escuchar al acusado para tener los ele-

mentos necesarios de cara a determinar su culpabilidad o su inocencia. 4) No obstante, Jesús no se justifica sobre lo que ha hecho, aunque sitúa la conversación en el sentido de su realeza. La traducción litúrgica pone bien Y^ta fe c ^ t o Rey a las claras el sentido de las palabras ^ño g de Jesús. En efecto, no dice: «Mi reaj n 1^,33.37 leza no es de este mundo», sino «mi reino no viene de [griego ek, preposición que indica el origen] este mundo» (v, 36), Por tanto, no se trata tanto de una realeza que estaría «en las nubes» y que no tendría nada que ver con aquí abajo, sino de que su realeza no procede de la gente de este mundo, del pueblo o de los poderosos, Frente a Pilato, que depende de la opinión de los otros, Jesús no obtiene su realeza de los otros, sino de Dios, Sin embargo es rey en este mundo. 5) Pilato concluye de ello que Jesús es rey. Su pregunta: «Entonces, ¿tú eres rey?» (v. 37) muestra que sólo se ha quedado con una cosa de las palabras de Jesús, y parece pensar que responde finalmente a la pregunta formulada al principio del interrogatorio, Jesús no consiente, sino que remite de nuevo a Pilato a sus propias palabras: «Eres tú quien dices que soy rey» (v, 37), De esta forma no rehusa el título de rey, pero, al mismo tiempo, no se asocia a la idea que Pilato podía hacerse de la realeza, Jesús no es rey como César. 6) Jesús continúa entonces hablando para revelar su misión y precisar cuál es su noción de realeza: ha nacido y venido a este mundo «para dar testimonio de la verdad» (v. 37). Estamos en un proceso y el testigo está ahí. Ahora bien, también es el acusado. Su testimonio no es solamente conforme a la verdad en el sentido en que no dirá mentira. Da testimonio de la verdad, como si la verdad fuera alguien en favor del cual se pudiera dar testimonio, En realidad, el cuarto evangelioya ha dicho que
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Leccionario: En las nubes, y no en las nubes

Cristo Rey, B. Las dos lecturas recogen la imagen de las nubes del cielo, en medio de las cuales viene el Hijo del hombre para reinar (I a lectura: Dn 7,13-14), donde aparece Jesucristo, «el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el soberano de los reyes de la tierra» (2a lectura: Ap 1,5-8) que verán todos los hombres. No obstante, esto no quiere decir que su realeza esté en las nubes. La imagen muestra la dimensión divina, aunque su realeza se ejerce en la tierra, pasando por la muerte en la cruz. El proceso de Jesús ante Pilato versa esencialmente sobre la realeza de Jesús. A través de una de las respuestas de Jesús al jefe romano se ve perfectamente que la realeza de Jesús es diferente de las de este mundo (Jn 18,33b-37). No es de este mundo, en el sentido de que «no procede de este mundo», aunque esté perfectamente en este mundo.

la verdad no es una idea o un concepto, sino alguien (Jn 14,6), El que da testimonio de la verdad es testigo de la verdad del Padre, no solamente por sus palabras, sino por todo su ser. Él mismo es plenamente verdad. 7) Pilato sale sin recibir el testimonio de Jesús, pero con una pregunta (que no se lee en la liturgia de Cristo Rey, año B): «¿Qué es la verdad?» (v. 38), Su pregunta puede denotar desinterés. ¿Podemos ver en ella verosímilmente una ironía? Al salir justo después de esas palabras (v. 38), Pilato da a entender que no espera respuesta por parte de Jesús. No piensa que ese prisionero pueda enseñarle nada con respecto a eso. El narrador nos muestra su doble error: en el hecho de cortar la palabra de Jesús y en la propia pregunta. En consecuencia, por una parte, no está verdaderamente a la escucha en este proceso; por otra, pregunta «¿qué?»; ahora bien, la verdadera pregunta sería más bien del orden del «¿quién?» La verdad está ahí, ante él, y da testimonio en este proceso, pero sale sin verla, Grave error para un juez, que se verá, a partir de ese momento, en la imposibilidad de conducir un juicio justo.

La figura real transformada
Es en la hora de la cruz -indisociablemente muerte y resurrección, según el cuarto evangelio- cuando la glorificación, o manifestación recíproca del Padre y del Hijo, encuentra su plena realización: «Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique» (17,1). A partir de ahí, la figura real, ligada a la designación mesiánica de Jesús, es objeto de una transformación radical. El gran y solemne diálogo con Pilato plantea la cuestión de la verdadera realeza: no la del mundo, basada en la fuerza y que no duda en recurrir a la violencia (18,36), sino la de otro mundo, completamente entregada al servicio de la verdad y que no conoce otro modo de expresión que el testimonio, es decir, el compromiso total de la persona, en la vida dada hasta la muerte, en resumen, el martirio, según otra traducción de la palabra griega martyría -«Dices bien: yo soy rey. Yo he nacido y he venido al mundo para dar testimonio de la verdad: cualquiera que sea de la verdad escucha mi voz» (18,37)-. A partir de ahí, la escena de la coronación de espinas (19,2-3) reviste un sentido perfectamente claro: más allá de la sórdida y cruel mascarada, es el homenaje que se rinde a la única realeza que existe, despojada de cualquier forma de riqueza y poder, sin otras armas que la fuerza desnuda de la verdad. Semejante paradoja encuentra su confirmación en la escena siguiente (19,4-5): presentación a la muchedumbre del monarca Jesús, provisto con los atributos de su cargo (corona y púrpura) y designado por Pilato como no siendo más que «el hombre» (Ecce homo). Dicho de otra manera, por el hecho mismo de su extremo despojo, Jesús se encuentra identificado con cualquier hombre, empezando por el más carente. A cambio, cualquier hombre, identificado con Jesús, puede ser considerado como un rey, con la única condición de que «escuche la voz» de Aquel que «ha nacido y ha venido al mundo para dar testimonio de la verdad» (18,37). Así, lafigurareal, tradicionalmente asociada a la esperanza mesiánica, se encuentra completamente repensada, a imagen del cordero ahora inmolado, como el cordero pascual, sin perder nada de la fuerza liberadora ya proclamada por Juan Bautista: «Éste es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (1,29). Y.-M. BLANCHARD, «Jésus, le Fils envoyé du Pére (Jean)»,

Crucifixión (19,16b-37)
Lectura de conjunto. La escena de la crucifixión es rica en enseñanzas, de las cuales varias son propias del cuarto evangelio: Fiesta ád Sagrado Corazón. AñoB Jn 19,31-37 • Jesús lleva su propia cruz. No tiene necesidad de ser ayudado por Simón de Cirene, personaje ausente de la pasión joánica,

El letrero que indica el motivo de la condena, «Rey de los judíos», está escrito en varias lenguas, indicando así la universalidad de la proclamación. La petición de
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en Y.-M. BLANCHARD / C. FOCANT / D. GERBER / D. MARGUE-

RAT / J.-M. SEVRIN, Jésus. Portraits évangéliques. Bruselas, Lumen Vitae, 2008, pp. 110-111.

los sumos sacerdotes en el sentido de rectificar lo escrito no es escuchada por Pilato, que persiste: «Lo escrito, escrito está» (v. 22), Nueva ironía, «la escritura» procede del jefe pagano y permanece abierta a la lectura para convertirse, a espaldas de éste, en «Escritura» evangélica. • La túnica sin costuras no es desgarrada en trozos. Es signo de la unidad de la Iglesia, Llevada directamente sobre el cuerpo, simboliza al propio Jesús; así, la preservada integridad de esta vestidura anuncia la resurrección del crucificado, que no conocerá la corrupción11, • Las palabras de Jesús a su madre al pie de la cruz (v. 26) y al Discípulo amado permiten a la madre de Jesús convertirse en la del discípulo. • El grito del crucificado sediento recuerda, más allá de la necesidad biológica de apagar la sed, el «dame de beber» dicho por Jesús a la samaritana, y remite a las fuentes de agua viva ofrecidas a cualquier persona que se vuelva a él (Jn 7,37-38). • La esponja mojada en vinagre es mencionada por Marcos y Mateo, pero Juan es el único que precisa que estaba fijada a una rama de hisopo. Para los dos primeros evangelistas, la esponja está sujeta a una caña. Esto parece más lógico, al poder la caña ser más larga y más firme que una rama de hisopo. Aunque el hisopo no es práctico para dar de beber a un crucificado, a causa de su fragilidad y sus limitadas dimensiones, se empleaba para asperjar los dinteles de las puertas con la sangre del cordero pascual (Ex 12,22). Por tanto, pone en relación la muerte de Jesús con la salida de Egipto.

• La proclamación final «Todo está cumplido» (v, 30) da testimonio del amor hasta el extremo realizado por Jesús, que ha transmitido fielmente todo lo que ha recibido del Padre y vivido plenamente las promesas de Dios, Al hilo del texto. 1) El pasaje de Jn 19,31-37, que se lee en la fiesta del Sagrado Corazón, año B, es propio del cuarto evangelio. Para acelerar la muerte de los crucificados se les rompían las piernas. Al no poder apoyare en sus miembros inferiores para recobrar aliento, el condenado moría rápidamente asfixiado en medio de atroces sufrimientos. Pero el evangelista no se detiene en este hecho, que podría suscitar la piedad de sus lectores o provocar fuertes sensaciones. Interpreta de forma cristológica los hechos que se desarrollan.

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Leccionario: Un amor maternal

11. Cf. X, LÉON-DUFOUR, Lectura del evangelio de Juan IV, o. c, pp. 111, n. 20, y 112.

Sagrado Corazón, B. El pasaje evangélico que cuenta cómo uno de los soldados traspasó con una lanza el costado de Jesús ya muerto en la cruz es escogido lógicamente para la liturgia de este domingo (Jn 19,31 -37). Al transmitirnos el mensaje del Señor, el profeta Oseas muestra el amor que tiene por su pueblo. Es la imagen matrimonial la que emplea el profeta, pero el pasaje que se lee en esta eucaristía (Ia lectura: Os 11,3-4; 8c-9) tiene sobre todo expresiones que remiten al amor maternal: enseñar a caminar sosteniendo con los brazos; guiar con lazos de ternura, como a un niño de pecho al que se le tiene contra la mejilla; inclinarse para dar de comer. El Señor se revela así como aquel que ama con un amor que cuida, alimenta, educa y hace crecer. El anuncio del evangelio a los paganos no es otra cosa que la transmisión del conocimiento del amor del Señor. De ahí la exhortación del apóstol a estar arraigados en el amor para conocer el amor de Cristo y entrar en la plenitud (2a lectura: Ef 3,8-12.14-19).
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2) A fin de sepultar a los crucificados antes de la caída de la noche, los soldados romanos acuden a quebrar las piernas de los crucificados. Empiezan por los dos condenados que habían sido crucificados «uno a cada lado, y Jesús en medio» (v. 18). Cuando llegan a Jesús se dan cuenta de que ya ha entregado su último aliento, Los soldados habrían podido detenerse ahí, no siendo necesaria ya su tarea. Sin embargo, uno de ellos toma su lanza y le traspasa «el costado» (v. 34; griego pleurarí). Ahora bien, este término se encuentra en la versión griega de los LXX en Gn 2,21 -22: Dios toma una «de las costillas» del hombre para crear a la mujer. La Iglesia nacería así del costado abierto de Cristo, 3) A Jesús no le rompen las piernas, y el evangelista interpreta este hecho a la luz de las Escrituras: «No le romperán ninguno de sus huesos» (v. 36). Este versículo remite a Ex 12,46, donde se estipula que el cordero pascual escogido para el sacrificio de la Pascua no será apto si tiene algún hueso roto. Jesús, muerto la víspera de Pascua -en el momento en que se ofrecen en el Templo los corderos para la celebración, cuando llegue la tarde, de la cena de liberación-, es presentado así como el cordero pascual, 4) Del costado traspasado «sale» sangre y agua (v. 34). El verbo «salir», con Jesús como sujeto, se encuentra varias veces en el relato de la pasión: Jesús «salió» con sus discípulos después de la última cena (18,1), «salió» ante los soldados y los guardias en el momento del arresto (18,4), «salió» coronado de espinas y vestido con un manto púrpura (19,5), «salió» hacia el Gólgota (19,17). Este verbo da a las últimas horas de la vida de Jesús, situadas en un contexto pascual, una dimensión de Éxodo, de salida de Egipto. También remite a la salida del agua del lado derecho del altar del Templo en la visión del profeta Ezequiel (Ez 47,1), y pre34

La sangre y el a g u a según la Tradición • El agua y la sangre, símbolos de los sacramentos «Y por eso estas dos cosas pertenecen de manera especial a dos sacramentos: el agua al sacramento del bautismo, la sangre a la eucaristía. [...] el agua mezclada con vino, aunque el agua no pertenezca a la sustancia del sacramento».
SANTO TOMÁS DE AQUINO, Comentario sobre el evangelio de

san Juan, n. 2458, v. II. París, Cerf, 2006, p. 396. Antes que él, san Agustín, en su comentario al cuarto evangelio (Homilía CXX, 2; en Patrología Latina 35, 1953) ofrecía una interpretación en este sentido y añadía que la Iglesia nacía del costado traspasado de Jesús. • El costado traspasado, signo de la misericordia de Jesús «Por una parte, lo que me falta en mí, lo tomo intrépidamente para mí de las entrañas del Señor, pues ellas desbordan de misericordia, y no faltan los agujeros por donde esta misericordia se extiende. "Han traspasado sus manos y sus pies", han traspasado "su costado de una lanzada"; por estas aperturas me es lícito "recibir la miel de la roca y el aceite de la piedra dura", es decir, gustar y ver cómo "es dulce el Señor". "Alimentaba pensamientos de paz, y yo no lo sabía". "¿Quién conoció, en efecto, el pensamiento del Señor o quién ha sido su consejero?" Pero el clavo que penetra en él se ha convertido para mí en la clave que abre, "a fin de que pueda ver la voluntad del Señor". ¿Cómo no ver por este agujero? El clavo lo proclama, la herida lo proclama: verdaderamente "Dios está en Cristo reconciliándose con el mundo". "Un hierro traspasó su alma y se acercó a su corazón", para que a partir de ese momento sepa "compartir mis debilidades". El secreto de su corazón aparece al desnudo por los agujeros hechos en su cuerpo; "el gran misterio de la piedad" aparece al desnudo; "las entrañas de misericordia de nuestro Dios" aparecen al desnudo; gracias a ellas nos ha visitado "el Astro levante que viene de lo alto". ¿Cómo sus entrañas no aparecerían a través de sus heridas? ¿Dónde mejor que en tus heridas podría brillar a plena luz que "tú, Señor, eres dulce e indulgente y lleno de misericordia"? Nadie tiene mayor compasión "que aquel que ha dado su vida por" hombres condenados y malditos». SAN BERNARDO DE CLARAVAL, Sermones sobre el Cantar IV, 61,4. Sources Chrétiennes 472. París, Cerf, 2003, pp. 249s.

senta el costado abierto como una fuente que da la vida, 5) La sangre evoca aquí al cordero pascual sacrificado por la liberación del pueblo, y el establecimiento de la alianza. Simboliza la eucaristía, El agua simboliza el bautismo (cf, el recuadro «La sangre y el agua»), El agua y la sangre son el signo de la vida dada y de la efusión del Espíritu. 6) La lanzada no es solamente interpretada a la luz del pasaje del Éxodo sobre el cordero pascual, sino también mediante un libro profético, «Levantaron los ojos al cielo hacia aquel al que traspasaron» (v, 37) es, en efecto, una cita de Zacarías 12,10, donde se habla de un justo sufriente, por tanto del descubrimiento de la injusticia cometida, así como del don de un espíritu de bondad y súplica. Más adelante, el profeta anuncia la fuente de agua viva: «Ese día habrá una fuente que brotará para la casa de David y los habitantes de Jerusalén: los lavará de su pecado y de sus manchas» (Zac 13,1). La muerte de Jesús, injustamente crucificado, ha de ser leída, en consecuencia, como fuente de vida y don del Espíritu. En efecto, Jesús muere «entregando el espíritu» (traducción literal) (v, 30), expresión que se puede entender como «entregando el Espíritu».

Leccionario: E¡ don de un hombre

Ubre

Viernes Santo. La liturgia nos propone escuchar el relato completo de la pasión según san Juan. Una de las características del Jesús joánico durante la pasión es la de la soberanía. Jesús se presenta como el hombre libre que camina hacia su muerte con plena conciencia. La cruz no le coge desprevenido. Habría podido escapar, pero se deja atar, porque da su vida para que todos tengan vida (Jn 18,1-19,42). El profeta Isaías (1a lectura: Is 52,13-53,12) nos habla del siervo sufriente. Desfigurado, el siervo es despreciado, abandonado por todos. Es conducido a la muerte. Ahora bien, no era culpable, nos hace escuchar Isaías. Al contrario, es a causa de nuestras faltas como ha llegado a esta situación. Pero lo que aparecía como un oprobio se ha convertido en una exaltación. Será elevado. Cuando su vida parecía acabar en un fracaso y en soledad, llevaba el pecado de las muchedumbres. Su vida da fruto, verá a su descendencia. Será colmado. Los primeros cristianos leyeron la pasión de Jesús a través de esta figura profética. Así, el cuarto evangelio muestra perfectamente cómo la muerte de Jesús en la cruz no es un fracaso, sino el lugar de la elevación y la glorificación. De forma semejante, la carta a los Hebreos (2a lectura: Heb 4,14-16; 5,79) habla de los sufrimientos de Jesús, que conoció la prueba, cuando resulta que no había pecado. Se convierte así en la salvación eterna para todos los que le obedecen.

Sepultura (19,38-42)
Lectura de conjunto. La sepultura de Jesús tiene lugar en un jardín, José de Arimatea pide el cuerpo del

ejecutado a Pilato, y Nicodemo acude con una enorme cantidad de aromas (más de treinta kilos), El crucificado es sepultado entonces como un rey en una tumba en la que ningún muerto había sido puesto antes.

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Relatos de resu
Los relatos de resurrección en el cuarto evangelio son particulares: la figura del Discípulo amado, que va al sepulcro con Pedro, la experiencia de María Magdalena, la de Tomás, que quiere ver y tocar al Resucitado, no se encuentran en los otros evangelios. A estos pasajes habrá que añadir el relato del capítulo 21, a orillas del lago de Galilea, propio del cuarto evangelio12.

ion (Jn ZO,1-31)
Curiosamente, el Leccionario no ha conservado del relato más que las figuras masculinas: Tomás, Pedro y el Discípulo amado, dejando de lado a María Magdalena. Este personaje femenino desempeña, sin embargo, un papel esencial en la intriga al ser la primera en descubrir la tumba abierta e ir a decírselo a los discípulos, También es la primera en encontrarse con el Resucitado y en recibir de él una misión: la de llevar la Buena Nueva a los discípulos, llamados a partir de ese m o mento «hermanos» por Jesús. Lectura de conjunto. Según los sinópticos, María se dirige a la tumba con otras mujeres; aquí está sola. En los sinópticos van a embalsamar el cuerpo de Jesús. El cuarto evangelio no precisa la intención de María. No obstante, sabemos que el embalsamamiento ya ha sido realizado, según los ritos judíos, por Nicodemo. La visita de María, por tanto, está motivada por otras razones. Igual que la amada del Cantar de los Cantares, María Magdalena va, muy de mañana, a la búsqueda del Señor, y no se detendrá hasta que lo haya encontrado13, Está presente sólo en los primeros versículos de la perícopa litúrgica (vv. 1-2), dejando rápidamente el primer puesto a los dos discípulos: Pedro y el Discípulo amado. No obstante, es ella la que desencadena la acción, Sin su intervención, los discípulos no se habrían puesto en camino.

El descubrimiento de la tumba vacía (Jn 20,1-9)
El relato de la pasión no ha terminado con la sepultura de Jesús por parte de dos notables judíos, justo antes del comienzo del sábado, que coincidía ascm con el primer día de la Pascua. El capítulo 20 r Misa del día empieza con indicaciones cronológicas: «El Jn20,1-9 primer día de la semana» y «Muy de mañana, antes de salir el sol» (v. 1), El sábado, por tanto, ha pasado. Es el tercer día a partir de la sepultura de Jesús cuando la tumba es encontrada abierta y vacía.

12. Para leer: - A. MARCHADOUR, l'Évangile de Jean, o. c, pp. 1073-1081. - F. BLANQUART, Le premier jour. Étude sur Jean 20. París, Cerf, 1991. - J.-N, GUINOT / J.-M. POFFET / D, SION, «Les rencontres paséales avec le Ressuscité», Supplément au Cahier Évangiie 108 (1999). - X. LÉON-DUFOUR, Lectura del evangelio de Juan IV, o, c, pp. 159-217. - J. ZUMSTEIN, L'Évangile selon Saint Jean (13-21), o, c, pp. 265-297, - J, ZUMSTEIN, «Le cyde pascal du quatriéme évangiie (Jean 20-21)», en D. MARGUERAT (ed.), Quand la Bible se raconte. París, Cerf, 2003, pp. 143-161. 3S

13. Cf. J.-L. SKA, Cargue, la danse et le jardín. Essais d'anthropologíe blblique. Bruselas, Lumen Vltae, 2002, pp. 60-69; B, ESCAFFRE, «Marie Madeleine. Recherche et rencontre (Jn 20,1-18)», en http://www.megaphone.org/maisondelab¡ble/revue/dosetudes/femm5.htm.

Por tanto, son estos dos discípulos, alertados por María Magdalena, los que desempeñan un papel de primer orden en el pasaje que se lee en la liturgia. Pedro y el Discípulo amado aparecen la mayor parte del tiempo juntos en el cuarto evangelio, exceptuando las partes B y B1 de la estructura concéntrica del relato de la pasión (cf. p. 27) y en el momento del arresto de Jesús, donde Pedro se separa del grupo de discípulos para cortar la oreja del criado del sumo sacerdote. Estas dos figuras capitales de la Iglesia primitiva, presentes en los relatos de la resurrección, nos muestran la importancia que les concedió la comunidad joánica: el Discípulo amado, como mascarón de proa de esta comunidad, y Pedro, cuyo papel -difuminado en el conjunto del evangelio, si lo comparamos con el lugar que le conceden los sinópticos- adquiere aquí importancia. El primer episodio del relato de la resurrección no es una aparición de Jesús, sino la constatación del sepulcro vacío. El evangelio pone así la prioridad en la ausencia del cadáver en el lugar de la muerte, el sepulcro, y por tanto en la palabra de dos representantes de la autoridad eclesial, Pedro y el Discípulo amado, más que en la visión del Resucitado. Los dos discípulos no han visto a Jesús vivo, solamente los lienzos funerarios situados allí donde había sido puesto el cuerpo que envolvían. Pedro ha observado, y el Discípulo ha visto y ha creído. Al hilo del texto. 1) María Magdalena no está presente durante la vida pública de Jesús. Es nombrada por primera vez entre las mujeres presentes en el Gólgota en el momento de la muerte de Jesús (19,25). La contemplación del desplazamiento de la piedra que cerraba la tumba le sugiere que el cuerpo de Jesús ya no está en el sepulcro, Sin embargo, no se toma el tiem-

po de mirar en el interior y corre a advertir a los discípulos. 2) Ella está sola y, sin embargo, les habla en primera persona del plural: «Se han llevado al Señor de su t u m ba y no sabemos dónde lo han puesto» (v. 2). Volverá a pronunciar esta misma frase más tarde, cuando se encuentre sola en el jardín y se dirija a los ángeles: sin embargo allí utilizará únicamente «mi» y «yo»: «Se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto» (v. 13). Ante los discípulos, al usar el «nosotros», conserva una dimensión comunitaria, pero, sola ante la ausencia del Amado, habla como «yo», mostrando así la dimensión necesariamente personal del amor. 3) Sin embargo, comete un error a propósito del «quitar»; no es el Señor el que ha sido «llevado» (según su interpretación), sino la piedra (v. 1, según el narrador). Ahora bien, en el nivel narrativo, esta piedra remite a la que Jesús había hecho retirar para llamar a Lázaro fuera del sepulcro (11,39). Es signo de una vida que escapa del lugar de la muerte. María Magdalena aún no lo ha comprendido. Por otra parte, su búsqueda es ambigua. A los discípulos y a los ángeles no les habla del cuerpo de Jesús, sino del de «el Señor». Busca a un ausente más que a un muerto y habla de él como si estuviera vivo (lo cual es verdad, más allá de lo que ella piensa). Quizá tengamos aquí un efecto de la ironía joánica... 4) Ante el anuncio de María, los discípulos se ponen en camino hacia el sepulcro. Parten y corren juntos, pero el Discípulo amado llega primero, Aunque hay un camino que hacer, cada discípulo lo recorre de forma diferente. Sin embargo, el Discípulo amado no se aprovecha de su rapidez para entrar. Únicamente se inclina y ve las vendas por tierra. Después espera a que Pedro llegue para dejarle la prioridad (v, 5).
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5) Pedro «seguía» al Discípulo amado, Este verbo, término técnico para indicar la condición del discípulo, sitúa al Discípulo amado en posición de superioridad, Pero su espera ante el sepulcro para dejar que entre Pedro muestra que este Discípulo -y con él su comunidad- reconoce la primacía de Pedro, 6) El evangelio ofrece una serle de precisiones a propósito de los lienzos funerarios. ¿Qué significan en un evangelio generalmente sobrio en los detalles? Para los Padres de la Iglesia, la presencia de las vendas y del sudario enrollado aparte mostraba que el cadáver no había sido robado, ya que los ladrones no habrían tenido tiempo de quitar el lienzo (interpretación desde Juan Crisóstomo, cf. ¡n Joannem 85). A partir de ahí, los signos de la muerte están presentes, pero la muerte ya no. Ha escapado de los lienzos funerarios que lo envolvían, Lázaro había salido de la tumba enrollado en las vendas. Jesús, al que no podemos ver salir del sepulcro, ha dejado todo signo de muerte para salir vivo y vencedor. 7) Tres verbos de contemplación señalan una progresión: María Magdalena «ve» (griego blepó, que indica la capacidad de ver) la piedra retirada (v. 1), el otro discípulo «ve» (el mismo verbo blepó) desde dentro los lienzos funerarios (v. 5). Pedro penetra en el sepulcro y, a su vez, los «ve» (griego theoreó, en el sentido de «observar», «examinar», «contemplar», v, 6), Entonces entra el otro discípulo: «Vio y creyó» (griego horaó, un «ver» que indica la comprensión, v, 8). No ha visto al Resucitado con sus ojos, pero ve el sepulcro vacío, y este «ver» le permite penetrar en el sentido del acontecimiento y le lleva a la fe. 8) Algunos versículos más adelante (no conservados por el Leccionario), María «ve» a dos ángeles y después al
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hombre que todavía Ignora que es Jesús (theoreó, observar, vv. 12 y 14), Finalmente va a hablar a los discípulos de su encuentro con el Señor: «He visto [horaó] al Señor» (v, 18), indicando así su comprensión del acontecimiento pascual. Además, el tiempo del verbo, el perfecto griego, aporta algo más a su palabra: no es un simple «he visto» en pasado, sino que es el testimonio en presente de que el Señor está vivo. Este verbo, al mismo tiempo, será recogido por todos los discípulos ante Tomás (v. 25), 9) En el último versículo conservado por el Leccionario, el narrador Inserta un comentario: «Hasta entonces los discípulos no habían comprendido que, según las Escrituras, era preciso que Jesús resucitara de entre los muertos» (v. 9), Jesús había muerto antes del sábado.

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Leccionario: Estaba muerto, está vivo

Pascua, misa del día. En Cesárea, en casa del centurión, Pedro proclama la Buena Nueva. Lo que dice corresponde al kerigma (anuncio incisivo de la muerte y resurrección de Jesús). Pero aquí el kerigma empieza a desarrollarse, porque también se recogen algunos hechos de la vida de Jesús y del contenido de la misión recibida por los apóstoles (Ia lectura: Hch 10,34a.37-43). El evangelio (Jn 20,1-9) relata la constatación de la tumba vacía por dos discípulos, Pedro y el Discípulo al que Jesús quería. Éstos comprenden entonces que Jesús ha resucitado, pero no le ven. Para la segunda lectura se ofrece elegir entre la exhortación a buscar las realidades de lo alto, donde se encuentra Cristo resucitado (Col 3,1-4), y la imagen del pan no fermentado que se consume durante la fiesta de Pascua y que supone el rechazo de la levadura antigua (1 Cor 5,6b-8). El cristiano, para quien Jesús es el Cordero pascual, está invitado a dejar el fermento de la perversidad y el vicio, para celebrar la Pascua con el pan ázimo de la rectitud y la verdad.

El primer día de la semana, los discípulos acaban de constatar que la tumba está vacía. Ahora la Escritura puede iluminar la experiencia de una ausencia. Y el acontecimiento pascual podrá permitir volver a la Escritura.

La ausencia de Tomás va a permitir a Jesús, la semana siguiente, mostrar que la fe no consiste tanto en «tocar» cuanto en la relación establecida. z Al mismo tiempo, la fe en Cristo no ° ¿°mingo de Pascua puede prescindir del signo de la cruz. Jn 20,19-31 Al hilo del texto. 1) Las primeras paPentecostés, día labras de Jesús son, literalmente, «Paz Añ° A a vosotros». Saludo trivial, la expreJn 20,19-23 sión adquiere un relieve particular en los labios del Resucitado. No es un simple «buenas noches», es un don real de la paz, habida cuenta de que Jesús lo repite (20,19.21). El que acaba de atravesar la muerte transmite la paz de la que vive a aquellos que aún viven en el miedo. Una paz muy diferente de la del mundo (cf. 14,27).

Jesús se aparece a los discípulos reunidos (Jn 20,19-31)
Este relato cuenta dos apariciones sucesivas de Jesús a los discípulos reunidos, entre los que desempeña un papel particular Tomás. El Leccionario recoge enteramente este pasaje, con la conclusión, el segundo domingo de Pascua, sea cual sea el año. Por el contrario, el día de Pentecostés (año A) se contenta con la primera de las dos apariciones a los discípulos, a causa del don del Espíritu (20,19-23), Lectura de conjunto. Hay dos apariciones de Jesús a los discípulos. La primera tiene lugar la tarde del «primer día de la semana», el mismo que el descubrimiento de la tumba vacía. La segunda acontece ocho días más tarde, Por tanto, las dos tienen lugar al día siguiente al sábado, el día que se ha convertido para nosotros en domingo. Los discípulos están reunidos, pero lo que hacen y el lugar en que se encuentran no se precisa. Sólo sabemos que están en Jerusalén, que tienen miedo y que han atrancado ¡as puertas. No es una comunidad valiente con la que Jesús se va a juntar, Con todas las puertas cerradas, Jesús llega y se pone «en medio de ellos», Esta situación muestra la nueva condición del Resucitado, que puede unirse a los discípulos incluso en su miedo y su cerrazón,

Leccionario: «Envías tu Espíritu, y son creados» (Sal 103) Día de Pentecostés, A. El primer día de la semana, el Señor resucitado se aparece a los discípulos reunidos y les da la paz. Les confía la misma misión que la que él ha recibido del Padre (Jn 20,19-23). Después, «sopló sobre ellos» y les dijo que recibieran el Espíritu Santo. Este «soplo» (la misma palabra que «Espíritu») de Dios es el mismo del que habla el Salmo 103. En la obra lucana, el don del Espíritu tiene lugar durante la fiesta de Pentecostés (siete semanas después de la Pascua). El Espíritu desciende bajo la forma de un fuego que se reparte en lenguas y permite a los discípulos ser comprendidos por las personas de diferentes nacionalidades presentes en Jerusalén (Ia lectura: Hch 2,1-11). El Espíritu no uniformiza, permite la comprensión respetando las diferencias. Sus dones son numerosos, las funciones son variadas en la comunidad, las actividades, diversas, pero el mismo Espíritu une a todos los miembros para no formar más que un solo cuerpo (2a lectura: 1 Cor 12,3b-7.12-13).
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2) El costado traspasado, del cual habían salido sangre y agua, era el signo de la muerte del crucificado. No había habido superchería, el condenado no había escapado a la muerte en el último momento. Una vez muerto, había sido sepultado. Sin embargo, ya no está en la tumba. Su cuerpo no ha sido robado para ser depositado en otra parte. Jesús no ha sido reemplazado por un vivo, ya que lleva las marcas de la crucifixión en sus manos y en el costado. Los discípulos constatan así que el Resucitado es el crucificado. 3) La ausencia del cuerpo en el sepulcro muestra que ése que se aparece en la casa cerrada no es un fantasma que habría dejado su envoltura carnal para unirse a un mundo espiritual, La resurrección no es ni un rechazo de la «carne» ni un retorno a esta vida, como en el caso de Lázaro. 4) Al ver a Jesús, los discípulos se alegran; es la realización del anuncio de Jesús en el discurso de despedida: «Vuestra tristeza se tornará en gozo» (16,20s). 5) Jesús da su propia misión a sus discípulos: «Igual que el Padre me ha enviado, así también os envío yo» (20,21). Los discípulos están a partir de ese momento llamados a vivir lo que Jesús ha vivido. Pero no tendrán que contar únicamente con sus propias fuerzas. Jesús les insufla su aliento y les pide que reciban el Espíritu. Éste les guiará, les sostendrá, les enseñará las palabras de su maestro y Señor. No estarán solos. 6) Jesús les habla del perdón de los pecados. La formulación en positivo y negativo, con los verbos «perdonar» y «retener», expresa la totalidad del perdón de Dios transmitido por el Resucitado a los discípulos, Los verbos están en pasiva para los beneficiarios, lo que muestra que el autor es realmente Dios, pero a partir de ahora ese perdón pasa por la mediación de los discípulos:
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T o m á s Dídimo El sobrenombre «Dídimo» dado a Tomás es una transcripción del griego y quiere decir «gemelo» o «mellizo» (20,24). Mientras que está perfectamente señalado en la lista de los Doce por los sinópticos, Tomás es nombrado en Jn 11,16 (en el camino a Betania), en 14,5 (durante el discurso de despedida), en 20,24-29 (aquí) y en 21,2 (forma parte del grupo de siete discípulos que han ido a pescar con Pedro). En todos estos pasajes, excepto en 14,5, Dídimo va unido a Tomás, lo cual parece redundante, porque Tomás, de origen arameo, ya significa «gemelo». Por tanto, este discípulo es caracterizado como «gemelo». ¿Gemelo de quién? No hay ninguna identificación en el cuarto evangelio. La razón podría ser histórica: un discípulo de Jesús era el gemelo de alguien y realmente llevó ese nombre. Sin embargo, si el narrador lo recuerda en cada ocasión es que le concede importancia en el nivel de su relato: presenta a un gemelo, conservando el misterio sobre el nombre y la función del «otro», el doble ausente. Empuja así al lector a buscar quién sería el gemelo de Tomás, no históricamente, sino narrativamente. Al no haber otro personaje identificado de forma explícita como gemelo en el relato, el lector puede ser llevado a buscarlo fuera del evangelio y, quizá, a reconocerse cercano a Tomás. En efecto, igual que Tomás, el lector no estaba presente en la primera aparición del Resucitado la tarde del primer día de la semana. Lo mismo que él, tendrá que aceptar el testimonio de los otros discípulos y escuchar las palabras de Jesús: «No seas incrédulo...» Con Tomás, el lector puede así caminar en el relato, desde la resurrección de Lázaro hasta la de Jesús. Recibe indicios para comprender el sentido de la Pascua como paso de la muerte a la vida y para basar su fe no en pruebas materiales, sino en una palabra dirigida y un diálogo. J. P. MEIER ofrece una síntesis literaria e histórica en Un judío marginal III. Compañeros y competidores. Estella, Verbo Divino, 2003, pp. 220-222.

«A quienes perdonéis.,, a quienes se los retengáis.,.» Es una responsabilidad confiada por Jesús a los suyos, más que un poder que podrían apropiarse. No deben abusar de él ni servirse de él como de un medio de presión. A ellos les corresponde transmitir con fidelidad el don recibido de Dios, 7) Tomás es presentado como uno de los Doce (v. 24), aunque el cuarto evangelio habla muy poco de los Doce (no ofrece la lista), al contrario que los sinópticos. Ausente durante la primera aparición, no quiere creer el testimonio de los discípulos: «Hemos visto al Señor» (v, 25, griego horaó, verbo empleado en el mismo tiempo, en perfecto, por María Magdalena en el v, 18). El verbo da testimonio de la fe más que informar sobre un encuentro más o menos fortuito (cf, p, 38). Tomás no acepta la palabra de los otros ni su testimonio; quiere ver y tocar él mismo para creer, 8) La semana siguiente, Jesús se aparece de nuevo: el mismo encierro, el mismo saludo. Esta vez Tomás está presente. El Resucitado lo interpela y le ofrece hacer lo que reclamaba: tocar y ver para constatar y creer. Cualquier iniciativa procede de Jesús, que dirige la palabra a su discípulo. 9) Frente a la palabra que se le dirige, Tomás declina la invitación a obtener pruebas materiales y entra en la relación mediante el diálogo y la fe: «Señor mío y Dios mío». Esta confesión es la mayor que un discípulo hace en todo el evangelio. Tomás ha entendido quién es Jesús. Sus palabras se unen a lo que el autor del prólogo decía del Logos divino hecho «carne» (= ser humano) en Jesús y que, enviado por el Padre, ha asumido la huma-

nidad hasta el final, hasta la muerte en la cruz. El evangelio ha llegado a lo que era su objetivo, y que se enunciará poco después: «Para que creáis.,.» (v, 31), El incrédulo se ha convertido en creyente. 10) La reacción de Tomás tiene algo de muy positivo: es el signo de que el creyente no debe ser crédulo, La fe tiene una dimensión personal. Tomás nos invita a ponernos a la escucha de la palabra misma del Señor y a no creer sólo lo que se dice de él. Sin embargo, exagera en un punto: condiciona su fe a una experiencia sensible, Ahora bien, la fe desborda esta dimensión. No se vive en las pruebas, sino en la relación y, por tanto, en el testimonio. Es lo que Tomás entiende en el encuentro con el Resucitado. Es lo que puede ayudar a comprender a su «gemelo» ausente del relato, pero presente en la lectura. 11) El capítulo acaba con una conclusión general (w. 3031), que precisa que Jesús llevó a cabo otros signos, aunque no se han escrito «en este libro». El evangelio afirma así que la escritura sobre Jesús no es exhaustiva, Deja lugar a un margen no contado de hechos, gestos, palabras de Jesús y comentarios relativos a él. Por tanto, aún hay mucho que indagar y rebuscar en los surcos del cuarto evangelio. Los signos escogidos y puestos en el relato lo han sido con un objetivo muy preciso; llevar a la fe en Jesús, pero no sólo para hacer «adeptos» y formar número. El Evangelio no fundamenta una ideología sectaria. La enseñanza de Jesús es una llamada a la libertad. La fe en Cristo está orientada hacia la vida.

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Leccionario: Asa

dominicales
por su misericordia, a darle gracias por la vida que se nos da por la resurrección de Jesús y a alegrarse incluso en las pruebas, porque éstas fortalecen la fe, que no depende del ver y que vale más que el oro. La primera carta de Juan (año B: 1 Jn 5,1-6) muestra la relación que existe entre la fe en Jesucristo, el amor de Dios y el nacimiento que viene de Dios. El amor no es algo abstracto, sino que se realiza en la puesta en práctica de los mandamientos. La fe permite ser vencedor. Los primeros versículos del Apocalipsis (año C: Ap 1,9-Ha. 1213.17-19) sitúan cronológicamente la visión de Juan el día del Señor. Esta visión debe ser puesta por escrito para ser enviada a las siete Iglesias. Es a la Iglesia universal (cifra siete) a la que se dirige el mensaje. La descripción de la visión inaugural del libro muestra a un hijo de hombre, Cristo muerto y resucitado, el Primero y el Ultimo, el que estaba muerto y está vivo para siempre.

2 domingo de Pascua. El mismo pasaje evangélico se lee los tres años A, B y C: la aparición de Jesús a los discípulos reunidos (Jn 20,19-31). Este episodio se desarrolla en dos tiempos: el primer día de la semana, la tarde de la resurrección, los discípulos están juntos, pero Tomás está ausente y el domingo siguiente la comunidad está reunida de nuevo, y Tomás presente. Las primeras lecturas, diferentes según los años del ciclo litúrgico, toman pasajes de los Hechos de los Apóstoles, testigos de la organización de las primeras comunidades: atentas a la enseñanza de los apóstoles, unidas en la comunión fraterna y la oración, compartiendo el pan eucarístico (año A: Hch 2,42-47); poniendo todo en común y no reivindicando nadie propiedad alguna sobre los bienes, de tal forma que ninguno de sus miembros pasaba necesidad (año B: Hch 4,32-35); todos los creyentes no tenían más que un solo corazón, se realizaban signos y prodigios por manos de los apóstoles (año C: Hch 5,12-16). Las segundas lecturas son más diversas. La primera carta de Pedro (año A: 1 Pe 1,3-9) invita a los creyentes a bendecir a Dios

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Epílogo: a orillas del lago de Tiberíades (Jn 21)
a historia se retoma con un pequeño relato que ofrece un «epílogo» al evangelio. Este relato añade una dimensión eclesiologica, que refleja la situación de los primeros cristianos y constituye una profesión de fe de las comunidades joánicas. En el conjunto del evangelio, Pedro no ocupa el lugar de honor que en los sinópticos, aunque el capítulo 20 le haya concedido una cierta primacía. No obstante, el epílogo es el que va a atribuirle, en los labios del mismo Jesús, la responsabilidad del rebaño. Basándose en el diálogo entre Jesús y Pedro, la comunidad joánica reconoce su pertenencia a la Iglesia de Pedro",

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La liturgia dominical no recoge todo el texto. El tercer domingo de Pascua se detiene en el hermoso efecto del v. 19, el «Sigúeme» dirigido a Pedro. Recoge los versículos 15 a 19 (diálogo Pedro-Jesús) para la fiesta de los santos Pedro y Pablo.

14. Para leer: - A. MARCHADOUR, L'Érangile de Jean, o, o, pp. 1046-1091, - Y.-M. BIANCHARD, Los escritos pánicos. Una comunidad testimonia su fe. Cuadernos Bíblicos 138. Estella, Verbo Divino, 2008, pp, 15-16, 1029 y 43-45, - L. DEVILLERS, «Les trois témoins, Une structure pour le Quatriéme évanglle», en Revue Biblique 104 (1997), pp. 40-87. - X. LÉON-DUFOUR, Lectura del evangelio de Juan IV, o, o, pp. 219-249, - I. DE LA POTTERIE, «Le témoln qul demeure, Le dlsciple que Jésus a¡mait», en Bíblica 67 (1986), pp, 343-344. - J, ZUMSTEIN, L'Évangile selon Saint Jean (13-21), o, c, pp. 298-317.

El capítulo puede dividirse en tres secciones desiguales, delimitadas por las acciones y los personajes: la primera (vv, 1-14) corresponde a la pesca en el lago hasta el regreso a la orilla con la descarga del pescado y la comida tomada en común; la segunda (vv. 15-23) está centrada en el diálogo a solas entre Jesús y Simón Pedro, con el Discípulo amado en el trasfondo; la tercera y última (vv, 24-25) termina el relato con un doble comentario, primero en «nosotros» y después en «yo»,

Una red que no se rompe (Jn 21,1-14)
La primera sección presenta un relato de pesca «milagrosa», Ésta recuerda el episodio lucano en que se ha43

bla de una noche de pesca infructuosa (Le 5,1-11), Tras haber seguido la orden de Jesús: «Rema lago adentro y echad las redes,.,» (Le 5,4), Pedro y sus compañeros acaban llenando sus barcas. En el cuarto evangelio, la pesca abundante tiene lugar después de que Pedro haya escuchado y puesto en práctica las palabras de Jesús, no al comienzo de la vida pública como en Lucas, sino al final, en presencia del Resucitado. Lectura de conjunto. La mención de la tercera aparición (21,14) sitúa el relato en continuidad con el capítulo anterior, Sin embargo, se trata en realidad de la cuarta aparición: antes ha habido el encuentro personal del Señor con María Magdalena (20,11-18) y los dos encuentros sucesivos con la comunidad de los discípulos encerrados por dos veces (20,19-25 y 26-29), ¿Quizá el narrador cuenta las dos apariciones a los discípulos como una sola? ¿O habrá que considerar aparte el encuentro con María Magdalena y no contabilizar más que las apariciones del Resucitado al grupo de discípulos? En cualquier caso, al hablar de «tercera» evoca una cifra de pluralidad que encontramos frecuentemente en la tradición bíblica; en el cuarto evangelio, mencionemos por ejemplo el triple testimonio de Juan Bautista durante las tres primeras jornadas (1,23.29.35) y las tres negaciones de Pedro (18,17.25.27). No conocemos el nombre de los discípulos presentes durante las anteriores apariciones, excepto el de Tomás la segunda vez. Aquí, las personas presentes, en número de siete, son nombradas en su mayor parte. Dos, Pedro y el Discípulo amado, van a desempeñar un papel de primer orden. Sin embargo, el Discípulo amado no es mencionado en la lista inicial y no aparece más que cuando el Resucitado se manifiesta en la orilla. Por tanto es uno de los siete.
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Están Tomás, llamado de nuevo Dídimo, y Natanael «de Cana de Galilea», mención que relaciona el final del evangelio con el principio (Jn 1,45-50; 2,1-11). Por única vez en el cuarto evangelio, el narrador habla igualmente de los hijos de Zebedeo (sin precisar sus nombres; el lector, informado por los otros evangelios, sabrá que se llaman Santiago y Juan). Y además «otros dos discípulos» que permanecen en el anonimato. Al hilo del texto. 1) La decisión de Pedro de ir a pescar suscita la aprobación del grupo. Observemos que el cuarto evangelio jamás ha hablado del oficio de los discípulos. Jesús no ha llamado a Pedro a dejar sus redes y seguirle, como leemos en Mt 1,18-20, en Me 1,16-18 o, de forma diferente, en Le 5,10-11, Según Jn 1,40-41, el encuentro tuvo lugar al otro lado del Jordán y no en las orillas del lago de Tiberíades. Tres verbos describen las acciones de los siete: «salir», «subir (a la barca)» y «no coger nada». El esfuerzo concluye, por tanto, con un resultado negativo, que podría deberse a la noche y, sobre todo, a la ausencia de Jesús. 2) «Al clarear el día» (21,4), Jesús los espera a orillas del lago, Esta observación temporal recuerda a María Magdalena yendo a la búsqueda de su Señor «muy de mañana» (en griego, las dos expresiones proceden de la misma raíz). Con la luz del día, el Resucitado aparece. Pero, lo mismo que María, los discípulos no saben reconocerlo. Ésta es una de las características de los relatos de aparición pascual: Jesús no es reconocido por las personas, las cuales, sin embargo, habían estado junto a él, Esto prueba que la resurrección no es un retorno a la vida anterior a la muerte, 3) Jesús se dirige a ellos diciendo «muchachos», igual que durante el discurso de despedida (13,33), y les pregunta si han pescado, Ante su respuesta negativa, les

aconseja que echen las redes por la parte derecha (el lado favorable en la tradición bíblica), La noche sin resultado contrasta con la rapidez de la pesca: en efecto, los verbos «echar» y «no poder sacar» se siguen y dan la impresión de una eficacia inmediata de la palabra de Jesús a partir del momento en que es obedecida. 4) El Discípulo amado es el único en reconocer a Jesús y advierte a Pedro: «Es el Señor» (v. 7). Al principio del evangelio, Pedro estaba en una actitud pasiva; durante la última cena tenía necesidad del Discípulo amado para preguntar por el nombre del que iba a entregar a Jesús; en su carrera hacia el sepulcro, llegaba después que él. Aquí, ciertamente necesita que el Discípulo amado le advierta, pero en cuanto lo ha hecho se lanza al agua, 5) Pedro se ciñe el vestido (v. 7, griego diazónnumi, verbo compuesto) antes de saltar fuera de la barca. Este gesto prepara para las palabras de Jesús indicándole la diferencia entre la época de su juventud, en la que él mismo se ceñía, y la de su vejez, en la que será otro quien le ciña (v. 18, griego zónnumi, verbo simple) para llevarle a donde no quiera ir, 6) El número de peces grandes en la red, «ciento cincuenta y tres», ha sido interpretado de forma diversa por los Padres de la'Iglesia y los comentaristas. Es imposible recordar aquí todas las hipótesis, pero, en su conjunto, se orientan hacia el universalismo. Quedémonos con la de san Jerónimo, según el cual los zoólogos griegos enumeraban ciento cincuenta y tres clases de peces diferentes (Comentario sobre Ezequiel 47: PL 25,474c). 7) La abundancia de peces juega con el hecho de que la red no se «desgarra» (griego schizó, verbo que se encuentra en la etimología del término español «cisma»).

Esto recuerda la misión de Jesúsy el sentido de su muerte: «,,, habrá un solo rebaño y un solo pastor» (10,6), «conseguir la unión de todos los hijos de Dios que estaban dispersos» (11,52), Si los peces en la red simbolizan la comunidad eclesial, la función de Pedro en la Iglesia primitiva podría perfilarse en su gesto, Mientras que en el mar los discípulos apenas pueden con la red, Pedro, después de la pregunta de Jesús, vuelve a la barca y la saca solo (compárense los vv, 4 y 11),
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8) En la orilla, los discípulos parecen más atentos a los signos concretos que a la relación con Jesús. El narrador insiste no en la alegría del encuentro, por ejemplo, sino en las brasas, los pescados y el pan. Las brasas (griego anthrakía) es un término que sólo se encuentra dos veces en el Nuevo Testamento, aquí, en el v. 9, y en Jn 18,18, La relación tiene que ser pretendida, Las brasas de la orilla del lago en torno a las cuales Jesús invita a los discípulos a comer remite a las brasas en el patio del sumo sacerdote ante las que Pedro se calentaba y había negado,

Negaciones al amor (Jn 21,15-23)
Lectura de conjunto. En esta parte, situada después de la comida, el narrador focaliza su atención sobre Pedro y Jesús. El Discípulo amado permanece en segundo plano y los otros discípulos desaparecen de la escena. Se supone que Pedro estaba presente en medio del grupo de los discípulos durante las apariciones del Resucitado en Jerusalén en la casa con las puertas cerradas.
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El narrador no especificaba entonces ningún nombre, excepto el de Tomás. Sea como fuere, la relación entre Pedro y Jesús va a dar un giro a la vez muy íntimo y muy eclesial. Pedro ya ha visto a Jesús en la orilla y se ha lanzado al agua, pero ignoramos si ha podido hablar con su maestro. El narrador ha evitado sugerir una conversación a solas antes del final de la comida. Así pues, en el nivel narrativo es el primer encuentro personal entre Jesús y Pedro. Al hilo del texto. 1) La comida era comunitaria en torno al Señor. Ahora Jesús individualiza a Pedro: «Simón, hijo de Juan» (v. 15), lo interpela, igual que en el primer encuentro (1,42). Desde sus promesas durante la Cena, seguidas por sus negaciones, es la primera vez que Pedro se encuentra frente a Jesús, La mención de «las brasas» (v. 9) ha recordado el fuego del patio del sumo sacerdote (18,18), Lastres preguntas de Jesús se hacen eco de las tres negaciones de Pedro. Los dos episodios están naturalmente relacionados, ¿Qué hará el que ha sido negado? 2) Jesús no condena a Pedro, No sólo lo conserva entre sus discípulos, sino que va a otorgarle la responsabilidad del rebaño, Le perdona, y su perdón no es un olvido, ni implícito (hacer como si nada hubiera pasado) ni explícito (proponer borrarlo). El perdón de Jesús no tiene nada de un consuelo un tanto condescendiente del estilo: «Te quiero a pesar de todo. La próxima vez será mejor,..» Al contrario, procura a Pedro la posibilidad de asumir su pasado en lugar de negarlo (negar que puede desembocar en la negación de la identidad de Pedro; cf, el «no lo soy,,,» de 18,17.25), 3) Por otra parte, Jesús no expresa a Pedro su amor diciéndole: «Te quiero». Actuando así seguiría siendo el
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«sujeto» del verbo y mantendría a Pedro en la posición de complemento de objeto del verbo «amar». Mediante su pregunta, ofrece a su discípulo la posibilidad de responder y de convertirse en el sujeto del verbo, El maestro sabe que Pedro no ha sabido amar. Se lo había anunciado (13,37-38). Pedro ha tenido la experiencia de la debilidad. Gracias al diálogo podrá reconstruirse un futuro a partir de la realidad de los hechos y del amor de Jesús. 4) Se emplean dos verbos griegos para decir «amar»; fúeó significa «tener afecto», y expresa ternura y confianza; agapaó corresponde a una vinculación religiosa, que se traduce en una obediencia libre, una fidelidad y un servicio. Algunos comentaristas piensan que no hay lugar para establecer diferencia entre estos dos verbos, y que hay que considerarlos como sinónimos15. Sin embargo, sus matices adquieren sentido durante este crucial diálogo. En las dos primeras preguntas, Jesús utiliza agapaó y Pedro responde siempre con fúeó (21,15,16-17). Pedro expresaría de este modo su profunda amistad sin querer presumir de su fidelidad (puesto que lo ha negado). La tercera vez, el propio Jesús emplea el verbo fúeó, mostrando así a Pedro que acepta su amistad y que no exige de ella un amor oblativo. Entre el discípulo y el maestro tienen lugar los dos tipos de amor. Sin embargo, las dos primeras preguntas, con agapaó, han llamado al discípulo a un amor que le llevará a dar su vida como lo ha hecho el maestro. Afecto y don de la vida por el ser amado están ligados (cf, Jn 15,13-14, donde el amor ágape se da por los amigos/filof).

15. Así, J. ZUMSTEIN, L'Évangile selon saintJean (13-21),

5) En cada declaración, Jesús confía a Pedro la responsabilidad del rebaño, mostrando que la tarea depende no de cualidades intrínsecas del discípulo, sino del amor recibido y dado. La variedad del vocabulario empleado establece los diferentes matices de la misión: - Jesús confía primero a Pedro los «corderos» (1 9 vez) y después las «ovejas» (2s y 3 3 veces), Los corderos simbolizarían las personas más débiles de la comunidad o bien los neófitos, mientras que las ovejas apuntarían a aquellos que tienen más experiencia o

que son miembros de la Iglesia desde hace mucho tiempo, - El verbo empleado varía también: boskó (1 g y 3 g veces; traducción litúrgica: «Apacienta») significa «dar pasto», «alimentar», mientras que poimainó (2g vez; traducción litúrgica: «Pastorea») significa «conducir el rebaño» y, por tanto, «protegerlo», «mandar» o «ser pastor», Así pues, Pedro recibe la responsabilidad de t o do el rebaño, Está llamado a darle el alimentoy a guiarlo por el buen camino,

Pedro, ¿el « n o a m a d o » ? J. P. MEIER ofrece una síntesis literaria e histórica del personaje de Pedro en Un judío marginal III. Compañeros y competidores. Estella, Verbo Divino, 2003, pp. 239-265. Nosotros nos ocupamos aquí exclusivamente de su presentación narrativa. Si nos atenemos a lo que está escrito en el cuarto evangelio, el Discípulo amado podría llevar el nombre de todos los discípulos, los que son nombrados en el escrito y los que permanecen anónimos, salvo el de Pedro. En efecto, estos dos discípulos, cuando aparecen juntos en algunas perícopas, se dirigen la palabra y no pueden ser confundidos. Por tanto, ¿sería Pedro el único en no ser amado por Jesús? La presentación joánica de Pedro es diferente de la de los sinópticos: Jesús no llama a Pedro a seguirle en el primer encuentro con él (1,42). Su hermano Andrés le precede en el seguimiento de Jesús (1,37-40). No está dicho que se ponga a seguir a Jesús. Sin embargo, lo encontramos después de la multiplicación de los panes. Cuando el discurso de Jesús desalienta a un cierto número de discípulos, él es el único en tomar la palabra y en confesar su fe en Jesús (6,68). Pero no recibe ni elogios, ni reconocimiento, ni la promesa del don de las llaves del Reino de los cielos, contrariamente a lo que se cuenta en el evangelio de Mateo (Mt 16,17-19). En los otros pasajes en que aparece Pedro, lo hace desfavorablemente. Ya sea que no entiende el gesto de Jesús (Jn 13,6-11), ya sea que está más alejado del maestro que el Discípulo amado (13,23-25), ya sea que hace un gesto inapropiado al cortar la oreja de uno de los guardias (18,10-11), ya sea que niega ser discípulo, cuando había tenido la oportunidad de ponerse al lado de su maestro en el patio del sumo sacerdote (18,15-27), ya sea que llega más tarde que el Discípulo amado al sepulcro (20,4), ya sea que no reconoce al Resucitado en la orilla del lago de Tiberíades (21,7). Sin embargo, el encuentro a solas entre Pedro y el Resucitado muestra hasta qué punto este discípulo no es abandonado por Jesús. El amor que siente por él se muestra de una forma personal y real (21,15-23). Las preguntas de Jesús, sin reproche ni rechazo, sin olvido ni indiferencia, permiten a Pedro expresar su amor al maestro al que no ha sabido amar. Jesús sabía quién era Pedro.. Sabía que lo iba a negar. No le había conservado entre los suyos por interés, sino por amor. Después de las negaciones, Jesús le muestra que le ama al darle la posibilidad de expresar su amor. El único del grupo que no es designado como «Discípulo amado», que lleva un nombre preciso, «Simón, hijo de Juan», y que recibió además el de «Cefas», es decir, «Piedra», descubre y nos hace descubrir que todo discípulo de Jesús, aunque no sepa ser discípulo, es amado hasta el extremo.

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6) Jesús ofrece a Pedro tantas posibilidades de expresar su amor como negaciones, mostrando así que ninguna falta puede separarlos y que el discípulo siempre podrá contar con el amor de su maestro, sea cual sea su actitud. Esto no es una invitación al relativismo, sino a la confianza y la fidelidad. El discípulo sigue siendo discípulo de Jesús, no a pesar de las negaciones, sino con las negaciones, porque éstas han permitido a Pedro comprender más claramente el amor hasta el extremo de Jesús. 7) El narrador refiere entonces las palabras sobre el cinturón que uno se «ciñe» de joven (igual que Pedro había ceñido su vestido un poco antes, v. 7) y no cuando uno es viejo. De igual modo que Jesús ha glorificado a Dios con su muerte en la cruz, así Pedro lo glorificará, habiendo renunciado por amor a cualquier poder sobre sí mismo y sobre los otros. 8) En cuanto a la misión confiada, el empleo de «mis» con «corderos» u «ovejas» por parte de Jesús muestra que el rebaño no pertenece a Pedro, Él sólo tiene la responsabilidad sobre él. Jamás deberá apropiarse de los miembros del rebaño. Pertenecen al único «buen pastor» que da su vida y llama a cada uno por su nombre (Jn 10,3). 9) Después de todo esto dice a Pedro por dos veces: «Sigúeme» (vv. 19 y 22), No se lo había dicho durante el primer encuentro (Jn 1,42). Sólo será después de Pascua, tras la experiencia de muerte y resurrección, cuando se escucha la llamada. Entendemos entonces que el seguimiento sólo es posible a partir de la experiencia del amor de Jesús, hasta el extremo, El descubrimiento del pecado, visto a la luz de este amor, hace posible caminar en pos del maestro. Por sus propias cualidades y sus esfuerzos, el discípulo es incapaz de
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Leccionario: «... la clase de muerte con la que Pedro daría gloría a Dios» (Jn 21,19)

3er domingo de Pascua, C. Habría mucho que decir del largo pasaje evangélico (Jn 21,1-19, incluso aunque nos contentemos con la lectura breve: Jn 21,1-14). De acuerdo con la primera lectura (Hch 5,27b-32.40b-41), quedémonos aquí con lo que Jesús anuncia a Pedro: con su muerte, el discípulo dará gloria a Dios. La experiencia de los apóstoles, llevados ante el gran consejo, se une aquí a la que Jesús había anunciado a Pedro. Los apóstoles son azotados, pero salen alegres de haber sido considerados dignos de sufrir humillaciones por el nombre de Jesús. El Apocalipsis nos hace participar en una liturgia celestial en torno al Cordero inmolado (2a lectura: Ap 5,11-14). Está degollado, es el signo de su sacrificio en la cruz. Se le rinde homenaje: es digno de recibir «poder y riqueza, sabiduría y fuerza, honor, gloria y bendición», es el signo de la resurrección y su ascensión a la derecha del Padre. De las lecturas de este domingo surge una constante: los sufrimientos y la muerte no son fracasos, sino lugares de honor y gloria.

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Leccionario: Pastor del rebaño y mensajero del evangelio

Fiesta de los santos Pedro y Pablo. El evangelio honra a Pedro (Jn 21,15-19) recordando las últimas palabras del Resucitado a este discípulo a quien ha confiado la responsabilidad de la Iglesia pidiéndole que sea el pastor de sus ovejas. La primera lectura (Hch 3,1-10) recuerda cómo Pedro pone en pie a un lisiado en el nombre de Jesucristo -a imagen de lo que el mismo Jesús había hecho durante su vida pública- en lugar de darle simplemente una moneda, como pedía. Es hacia Pablo a donde la segunda lectura (Gal 1,11-20) dirige nuestra mirada: el apóstol que había perseguido a la Iglesia se ha convertido, por la misión que Jesús le ha confiado, en el proclamador infatigable del Evangelio a las naciones paganas.

1 - El Libro de los signos (Jn 1-12). En la liturgia católica, el cuarto evangelio nos orienta menos hacia la predicación del Reino de Dios que hacia los acontecimientos centrales de la revelación de Dios en su Hijo. Este Cuaderno quiere ayudar a recorrer la primera parte, el «Libro de los signos» (Jn 1-12). Al hablar de «signo», Juan no pone el acento en lo extraordinario de los gestos llevados a cabo por Jesús, sino en el sentido que hay que darles. Los cuenta para que el lector crea y, al creer, reciba la vida. Ésta es una primera entrada a un relato que muy a menudo Intimida por su altura de miras y su estilo. Se dice lo esencial, con la ayuda de numerosos recuadros. 2 - El Libro de la Hora (Jn 13-21). Con la perspectiva de la cruz, el tiempo se dilata y, en los discursos de despedida, Jesús ofrece a sus amigos las claves de comprensión de su identidad y su misión. También es para ellos el momento de la decisión, en el que se verifica el seguimiento. De la cena antes del arresto a la comida a orillas del lago tras la resurrección, una sola pregunta: «¿Me amas?» Vivir, morir, vivir: es la Hora en que el Padre es glorificado en su Hijo, la Hora en que Jesús ama a los suyos hasta el extremo, la Hora del anuncio de las persecuciones futuras y del envío del Paráclito. I - El Libro de los signos (Jn 1-12) El Libro de los signos (Jn 1-12) 1 - Leer a Juan en su lugar litúrgico 2 - Un «pro-Logos» para el evangelio (1,1-18) 3 - El Libro de los signos (1,19-12,50) El testimonio de Juan y los primeros discípulos de Jesús (1,19-51) De Cana a Cana, del primer signo de Jesús al segundo (2,1-4,54) Obras, signos y discursos de revelación de Jesús (5,1-10,42) La resurrección de Lázaro y la decisión de matar a Jesús (11,1-12,50) Lista de recuadros índice de las primeras lecturas del Leccionario índice de las perícopas litúrgicas tomadas de Juan 1-12 Tabla de lecturas con el evangelio de Juan Para saber más... 3 4 9 14 14 19 31 49 8 13 56 57 58 2 - El Libro de la Hora (Jn 13-21) El Libro de la Hora (Jn 13-21) 1 - La Hora y la gloria 2 - El libro de la Hora (Jn 13,1-20,31) El lavatorio de los pies (Jn 13,1 -38) Los discursos de despedida (Jn 14-16) La oración sacerdotal (Jn 17) La pasión de Jesús (Jn 18,1-1'9,42) Relatos de resurrección (Jn 20,1-31) 3 - Epílogo: a orillas del lago deTiberíades (Jn 21) índice de las primeras lecturas del Leccionario índice de las perícopas litúrgicas tomadas de Juan 13-21 Tabla de lecturas con el evangelio de Juan Lista de recuadros 3 4 7 7 11 23 27 36 43 50 51 52 52

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