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RAZONES PARA CREER EN DIOS Y NO EN LA RELIGIÓN

Por Christian Chacon

1 de Tesalonicenses 5;21 Examinadlo todo; retened lo bueno.

Cristo es una persona a quien conocer y en quien confiar Cristo es más que un sistema, una tradición o una creencia. Es una persona que conoce nuestras necesidades, siente nuestro dolor, y se conduele de nuestra debilidad. A cambio de nuestra confianza, nos ofrece el perdón de nuestros pecados, intercede por nosotros y nos lleva a Su Padre. Lloró por nosotros, murió por nosotros, y se levantó de los muertos para demostrar que era quien decía ser. Al vencer la muerte, nos mostró que puede salvarnos de nuestros pecados, vivir su vida a través de nosotros en la tierra, y luego llevarnos al cielo con seguridad. Se ofrece a Sí mismo como regalo a todo aquel que confíe en Él (Juan 20:24-31). - La religión es algo para creer y hacer - La religión es creer en Dios, ir a cultos religiosos, estudiar el catecismo, bautizarse y recibir la comunión. - La religión es tradición, ritual, ceremonia y aprender la diferencia entre lo bueno y lo malo. - La religión es leer y memorizar la Escritura, orar, dar a los pobres, y celebrar los días de fiesta religiosos. - La religión es cantar en el coro, ayudar a los pobres, y remediar el mal que hicimos en el pasado. - La religión es algo que los fariseos practicaban, esos líderes espirituales, conservadores y separatistas que amaban la Escritura, pero que odiaban a Cristo lo suficiente como para pedir su muerte. Lo odiaban, no sólo porque rompió con las tradiciones para ayudar a la gente (Mateo 15:1-9), sino también porque podía traspasar la religión de ellos y ver lo que había en sus corazones. - La religión no cambia el corazón Jesús comparó a los fariseos religiosos con un grupo de lavadores de platos que limpian la parte de afuera de la taza y dejan lo de adentro sucio. Dijo: «Ahora bien, vosotros los fariseos limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de rapacidad y de maldad. Necios, ¿el que hizo lo de fuera, no hizo también lo de adentro?» (Lucas 11:39,40). Jesús sabía que una persona puede cambiar su imagen sin cambiar su interior (Mateo 23:1-3). Sabía que las credenciales y las ceremonias religiosas no pueden cambiar el corazón. Dijo a uno de los hombres más religiosos de su época que a menos que una persona «nazca de nuevo» por el Espíritu, no puede ver el reino de los cielos (Juan 3:3). Sin embargo, desde ese día hasta hoy, muchas de las personas más religiosas del mundo siguen olvidando que aunque la religión puede prestar atención a las apariencias, sólo Cristo puede cambiar el corazón. La religión da mucha importancia a lo trivial Jesús habló a los religiosos apasionados por los detalles cuando dijo: «Mas ¡ay de vosotros,

fariseos! que diezmáis la menta, y la ruda, y toda hortaliza, y pasáis por alto la justicia y el amor de Dios. Esto os era necesario hacer, sin dejar aquello» (Lucas 11:42). Jesús ve nuestra tendencia a hacer reglas y a concentrarnos en el comportamiento «moralmente correcto» en vez de mantener nuestro s ojos en lo más importante, que es porqué tratamos de hacer lo bueno. Aunque los fariseos eran muy celosos de llevar sus conocimientos hasta sus últimas conclusiones lógicas, olvidaron que a Dios no le importa cuánto sabemos hasta que le demostremos cuánto lo amamos. Fue pensando en este «porqué» que el apóstol Pablo escribió: «Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve» (1 Corintios 13:1,3). La religión no ofrece la aprobación de Dios Jesús reservó sus mayores críticas para los religiosos que utilizaban su reputación espiritual para recibir atención y honores sociales. A ellos fue que Jesús dijo: «¡Ay de vosotros, fariseos! que amáis las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas» (Lucas 11:43). Luego, hablando con sus discípulos, dijo de los fariseos: «Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres» (Mateo 23:5). Jesús se daba perfecta cuenta de que la práctica religiosa consideramás importante y deseable la opinión y la atención de los hombres que la aprobación de Dios. La religión nos hace hipócritas Jesús dijo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! que sois como sepulcros que no se ven, y los hombres que andan encima no lo saben»(Lucas 11:44). ¿Qué se ve mejor que vestirse apropiadamente, ir a los cultos religiosos y hacer cosas que nos identifican como personas decentes que temen a Dios? Sin embargo, ¿cuántos eruditos, ministros y fieles seguidores religiosos dejan de honrar y alentar a sus esposas, de prestar atención a sus hijos, y de amar a sus enemigos doctrinales? Jesús sabía lo que nosotros a menudo olvidamos: que lo que se ve bien puede tener un corazón de maldad La religión hace más difícil la vida Debido a que la religión no puede cambiar el corazón, trata de controlar a las personas por medio de leyes y expectativas que no las cumplen ni siquiera los religiosos que las interpretan y las aplican. Teniendo en cuenta el «factor de la carga» que ello representa, Jesús dijo: «¡Ay de vosotros también, intérpretes de la ley! porque cargáis a los hombres con cargas que no pueden llevar, pero vosotros ni aun con un dedo las tocáis» (Lucas 11:46). La religión es buena para definir los altos estándares del buen comportamiento y las buenas relaciones, pero es mala para dar ayuda real y misericordiosa a aquellos que se dan cuenta de que no han vivido a la altura de esas expectativas. La religión facilita el que nos engañemos. Se dice de broma la frase: «Amo a la humanidad. Es la gente lo que no soporto.» Los fariseos ponían en práctica una idea similar, pero no era gracioso. Según Jesús, los fariseos se sentían orgullosos de honrar y construir monumentos en memoria de los profetas. La ironía es que cuando conocieron a un verdadero profeta, quisieron matarlo.

Barclay dijo: «Los únicos profetas que admiraban eran los profetas muertos; cuando conocieron a uno vivo, trataron de matarlo. Honraban a los profetas muertos con tumbas y monumentos, pero deshonraban a los vivos con persecución y muerte.» Esto fue a lo que Jesús se refirió en Lucas 11:47-51 y en el pasaje paralelo de Mateo 23:29-32. Los fariseos se habían engañado a sí mismos. No se veían como asesinos de profetas. Los religiosos no se ven a sí mismos como lo que son en realidad, personas que rechazan a Dios. La religión esconde la llave del conocimiento Uno de los grandes peligros de la religión es que nos pone en peligro, no sólo a nosotros, sino también a los demás. A los expertos bíblicos muy religiosos de su época Jesús dijo: «¡Ay de vosotros, intérpretes de la ley! porque habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y a los que entraban se lo impedisteis» (Lucas 11:52). Los religiosos quitan «la llave del conocimiento» distrayendo a las personas de la Palabra de Dios y de «la verdadera atención al corazón» y añadiendo innecesariamente tradiciones y expectativas correctas según su denominación. En vez de llevar a la gente a Dios, los religiosos colocan la atención en sí mismos y en sus reglas. Los religiosos son aquellos que confían en que las creencias y las acciones de su religión harán lo que sólo Cristo puede hacer. La religión aleja a sus conversos del verdadero Dios En Mateo 23:15 Jesús dijo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros.» Los conversos religiosos están en doble peligro. Traen un gran entusiasmo a su nueva vida y con celo defienden ciegamente a sus maestros ciegos. Colocan sus vidas y su confianza en personas que han cambiado la vida, el perdón y la relación con un Salvador infinito por reglas y tradiciones. La religión es importante en su lugar (Santiago 1:26,27), pero sólo cuando nos lleva al Cristo que murió por nuestros pecados y ofrece vivir Su vida a través de los que ponen su confianza en Él (Gálatas 2:20; Tito 3:5). Christian Chacon christianchacon@yahoo.com

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