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JUGÁNDOLE A LA GUERRA
Escrito por RICARDO JAVIER JIMÉNEZ SILVA
Líder Nacional del Programa de Sociología de la UNAD. Investigador de Derechos Humanos

“El único modo de ganar una guerra es evitarla” -George. E. Marshall

Cuando se aborda el tema del conflicto armado, se hace evidente que el concepto se halla íntimamente ligado al término “arma” –por lo menos en Colombia– pero en relación con aquellos objetos que disparan balas, bombas u otro tipo de munición, como herramientas que pueden terminar con la vida de alguna persona, ya sea de manera instantánea o a corto plazo. Otro aspecto son las representaciones sociales que se tienen sobre el ser combatiente, asumiendo que este solamente existe si es miembro de alguno de los ejércitos que están enfrentados, o mejor dicho, si es un soldado armado que puede “disparar a otros” en medio de acciones bélicas; perdiéndose de vista otras circunstancias que se deben considerar para entender la verdadera dimensión de estos conceptos.

Son inadvertidos otros aspectos que inciden en el tema, pues han adquirido características de invisibilidad para el común de las personas, tal vez por estar presentes en el plano de la cotidianidad. Es innegable que para aquellas personas que se encuentran inmersas en la guerra y que viven la proximidad de los combates donde se utilizan armas, existe un alto riesgo de vulneración sobre la vida y otros derechos; pero también es cierto que existen otros tipos de acercamiento y exposición al conflicto armado, en “otra realidad” que igualmente promueve formas de riesgo, por lo que no deben desconocerse sus afectaciones, que culturalmente generan debilitamiento de las posibilidades para la materialización y vivencia de los Derechos Humanos; más, si estos derechos son los de los niños, niñas y jóvenes.

EL JUEGO Y EL HÉROE… VENTA DE LA GUERRA
Es innegable que la guerra se ha convertido en un suceso que incide estructuralmente en la cultura, al punto que algunos juegos infantiles que han alcanzado la connotación de tradicionales, tienen matices que muestran particularidades de la guerra, ya sea como inocente réplica del conflicto armado convencional o de la violencia que surge del crimen organizado, o como símil de las macro condiciones sociales, pero visibilizados en microsistemas que dinamizan acercamientos –reitero inocentes– de los niños2 al fenómeno de la guerra. Es de anotar que igualmente existen “otros juegos” –los juegos de guerra– como las prácticas de jornadas cívico-militares, en las que las fuerzas militares de algunos Estados implementan programas como “Soldados por un día” o en el caso colombiano el “Club Lancitas”3, los que aunque llegan a ser asumidos como juego por parte de los niños, denotan un trasfondo de uso de estos, al punto de poder ser involucrados en estrategias de inteligencia militar. Al igual que para otras generaciones que también han crecido acompañadas por la historia de la guerra –y sus múltiples manifestaciones de violencia–, es común encontrar que persisten juegos en que los niños y niñas emulan prácticas, que van en contrasentido de sus derechos (y hasta de los otros), al punto de involucrar la pérdida de su inocencia como baluarte protector en esta etapa de la vida, con nombres que han cobrado significado en la memoria social, como son el “soldado libertador”, “policías y ladrones”, “vaqueros contra indios”, “pistoleros”, sin contar que se mantiene la emisión de programas en televisión, que al igual que otrora, continúan forjando la mirada hacia “el otro” como “el enemigo”, a quien se debe exterminar para “ser el mejor” y alcanzar la meta: “ganar el juego”.

En el juego se obtienen experiencias sociales, los niños aprenden a valorar el alcance de su manera de actuar. Ernst Neufert

http://toda-mafalda.blogspot.com/2010/11/tiras-de-miguelito.html Pero no solo en la tradición popular existen juegos que infieren un acercamiento a la guerra, pues también existen aquellos que desde la virtualidad también permiten a los jóvenes –incluso los niños y niñas– recrear condiciones aún más afines a la guerra, sin contar que en muchas tiendas de barrio se puede acceder a estos juegos con una simple moneda de 200 pesos. Estos son algunos ejemplos de “juegos en línea”4 que tienen el asesinato como centro de intención, y que en últimas replican comportamientos como “soldados” y hasta del “sicario”: The Silence Killer (El asesino es un profesional que en silencio realiza sus trabajos por encargo. Él puede acercarse a sus víctimas y en completo sigilo matarlos), Battlefield 2 (asesinos militares tienen que eliminar cualquier enemigo que represente peligro para la misión), Ultimate Assassin 3 (Aniquila a los enemigos sin que te vean), WWII Killer (Dirige la mira del arma y presiona el gatillo para aniquilar a todos), Street War Get out of my Town (Aniquila a los pandilleros enemigos que intentan dominar el territorio de tu barrio. Toma la ametralladora y dispara contra los asesinos callejeros, además córtales con el filoso machete). Pautas aprendidas –y en algunos casos replicadas– fueron determinantes en la educación de varias generaciones, que hoy parecen impasibles por la costumbre o hasta posible naturalización que pudo generar tal nivel de acercamiento al conflicto armado (sin que esto sea concluyente); pues si bien el comportamiento violento de los niños y niñas a menudo tiene su origen

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“¡Qué dolor!, ¡Qué dolor!, ¡Qué pena! Mambrú se fue a la guerra, ¡No sé cuándo vendrá!, Do, re, mí,… Do, re, fa,… ¡No sé cuándo vendrá!”*

*Versión en español de una canción popular infantil francesa y de posible origen árabe, asumida como ronda popular en juegos infantiles en diferentes partes del mundo.

en la violencia generada hacia ellos por parte de los adultos (normalmente la que se produce en sus hogares), tampoco puede desconocerse la incidencia que tienen otros estímulos sociales en el surgimiento de comportamientos agresivos, y su sostenimiento durante el paso por su adolescencia y juventud, hasta posteriormente llegar a la edad adulta, donde el mejor indicador de violencia será un comportamiento violento producido en la infancia. A esto podríamos sumar la incidencia que adquiere un débil desarrollo educativo de la población, que al enfrentarse a la permanente carga informativa sobre la guerra que entregan los medios de comunicación, no posee la capacidad de análisis crítico, más allá que el entregado por el presentador, como simple lector de una síntesis, que a su vez, no permite contextualizar la dimensión de lo acontecido; y por ello, profundiza el desconocimiento, y en esta medida, abona el terreno de la apatía. ¿Acaso recordamos con claridad cuántas personas fueron asesinadas en las masacres de Bojayá, la Chinita, Mutatá y en el Nilo o Caloto?, solo por mencionar cuatro lamentables episodios de nuestro acontecer nacional. Estos casos son solo ejemplos –ante muchos que el espacio de este artículo no alcanzaría a registrar–, que ponen en evidencia como la apatía pareciera ser la medicina para evitar percibir el dolor ajeno, con el desgaste de la memoria colectiva como mejor excusa para validar la ignorancia (sin desconocer que existen grupos, que desde la sociedad civil se movilizan en contra de la guerra y sus manifestaciones), que en forma atrevida acepta la naturalización sobre la violación de los Derechos Humanos, muchas veces acentuada por la saturación informativa (hasta de vídeos y películas), al punto de patrocinar la idealización del “héroe”, que en últimas no sabemos quién determinó que merecía esta categoría, más, cuando sin importar los medios que utilice, su fin último es el exterminio de quienes son considerados “los enemigos”.

Es cierto que el juego de la guerra se hace presente aún en las dinámicas sociales más inocentes –mostrando así algunas de sus más tristes simulaciones– pero también es cierto que la guerra y sus vicisitudes no pueden ser asumidas como tal. Por esto, es necesario –aún con la crudeza que ello posee– narrar aquellos aspectos más dolorosos que atañe al conflicto armado desde las vulneraciones que trae sobre los más frágiles… los niños, niñas y jóvenes.

LAS VULNERACIONES
// Nuestros hijos mueren en la infancia porque nadie viene
a vacunarlos o a curarlos. No tenemos profesores, nuestros hijos no saben leer ni escribir. No juegan en la selva por miedo a los grupos armados que deambulan por nuestras aldeas. Cuando cumplen 12 años, los tenemos que esconder para que la guerrilla no los reclute como combatientes y el ejército no se los lleve para hacer de guías o de confidentes. Nuestros hijos se asustan con el ruido de los combates y se traumatizan con los desplazamientos. Aun así, seguimos teniendo hijos. Es lo único que le queda a uno cuando ha perdido todo lo demás”. -Un indígena en Colombia

El segundo artículo de la Declaración Universal de los Derechos del Niño, versa que: “El niño gozará de una protección especial y dispondrá de oportunidades y servicios, dispensado de todo ello por la ley y por otros medios, para que pueda desarrollarse física, mental, moral, espiritual y socialmente, en forma saludable y normal, así como en condiciones de libertad y dignidad. Al promulgar leyes con este fin, la consideración fundamental a que se atenderá será el interés superior del niño.”, ante lo cual surge la pregunta si la sociedad realmente ha recibido y a su vez entregado ello, o si por el contrario los niños han sido pretexto mediante un disfraz de sano desarrollo. Los conflictos aumentan la vulnerabilidad de quienes ya de por sí son vulnerables, principalmente los niños y niñas, quienes necesitan los cuidados y la protección tanto de sus

2 Para el caso del artículo, es necesario aclarar que en algunos apartados el término niños aduce a los niños, niñas y jóvenes, a razón del Artículo 1º de la Convención sobre los Derechos del Niño: “…se entiende por niño todo ser humano menor de dieciocho años de edad, salvo que, en virtud de la ley que le sea aplicable, haya alcanzado antes la mayoría de edad”. 3 Informe del Secretario General del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas del 6 de marzo de 2012. “Sobre los Niños y el Conflicto Armado en Colombia”, Capítulo III – Violaciones Graves de los Derechos de los Niños. A. Reclutamiento y utilización de niños. Numeral 24

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41 familias como de sus comunidades; al igual que los jóvenes, sobre quienes son más demoledores los efectos de la guerra. Ante esta condición –por demás crítica– es necesario observar, revisar y atender las manifestaciones problémicas (con su proyección) y ya problemáticas (por sus evidencias), como emergentes alternos pero no ajenos a las dinámicas y coletazos del conflicto armado. Es imperativo reconocer a los niños y niñas como una de las franjas poblacionales más vulnerables por la devastación que acompaña los conflictos armados; al igual que los jóvenes, quienes históricamente son protagonistas y víctimas de las violencias del conflicto armado convencional, como en la promovida por el crimen organizado ligado al tráfico de drogas ilícitas, especialmente en sectores urbanos marginales.

DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS DEL NIÑO - ARTÍCULO 7
El niño tiene derecho a recibir educación que será gratuita y obligatoria por lo menos en las etapas elementales. Se le dará una educación que favorezca su cultura general y le permita, en condiciones de igualdad de oportunidades, desarrollar sus aptitudes y su juicio individual, su sentido de responsabilidad moral y social y llegar a ser un miembro útil de la sociedad. El interés superior del niño debe ser el principio rector de quienes tienen la responsabilidad de su educación y orientación: dicha responsabilidad incumbe, en primer término, a sus padres. El niño debe disfrutar plenamente de juegos y recreaciones, los cuales deberán estar orientados hacia los fines perseguidos por la educación; la sociedad y las autoridades públicas se esforzarán por promover el goce de este derecho.

5 Los niños en la guerra _ Informe del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), Ginebra, Suiza. Noviembre de 2009. 6 Coalición contra la Vinculación de Niños, Niñas y Jóvenes al Conflicto Armado en Colombia – COALICO, Comité Internacional de la Cruz Roja - CICR, Human Rights Watch, Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia – UNICEF, Fondo de Población de las Naciones Unidas – UNFPA, Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura – UNESCO, Defensoría del Pueblo de Colombia y la Organización Internacional del Trabajo – OIT, entre otras. 7 En Colombia, se estima que uno de cada cuatro combatientes es menor de 18 años y en algunos casos, pueden representar el 20 o 30% de cada escuadrón armado de grupos al margen de la ley (Human Rights Watch. “Aprenderás a no llorar – Niños combatientes en Colombia”).

Los conflictos armados u otras situaciones de violencia que hoy en día suelen ser nacionales o internos, no respetan a nadie y trastornan o incluso arruinan las condiciones básicas para el desarrollo y bienestar psicosocial de los niños, niñas y jóvenes; incrementando el riesgo de que se produzcan reacciones adversas, por su constante exposición a la violencia, ya sea directa o indirecta, que altera las rutinas de la cotidianidad y debilita los mecanismos de protección de la sociedad. Existen estudios e investigaciones serias, efectuadas por diversas instituciones6 que muestran claramente las vulneraciones más notorias sobre los derechos de los niños, niñas y jóvenes, empezando por el reclutamiento que grupos armados ilegales efectúan de manera generalizada, sistemática y habitual a niños7, aunque se desconoce su naturaleza, alcance territorial y magnitud exactas 8; en los cuales se registra que la edad media de reclutamiento había disminuido de 13,8 años en 2002 a 12,8 en 20069, y se sostiene el reclutamiento ilícito como delito permanente10 (ya que involucra múltiples violaciones a los Derechos Humanos) encontrando que en el período entre enero de 2009 y agosto de 2011, existen niños y niñas reclutados con apenas 9 y 10 años, aparte de amenazas de reclutamiento a niños de 8 años11. En el marco de los conflictos armados también se presentan otras vulneraciones para niños, niñas y jóvenes, como la pérdida de algunos familiares (o su totalidad) y por ende el rol de la familia como protagonista en su protección, hasta quebrantar su derecho a pertenecer a una, obligando a

que los niños deban valerse por sí mismos, adicional a atender a sus hermanos pequeños. El desplazamiento forzoso que reduce posibilidades para alcanzar aspectos centrales de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales (DESC), por dificultades para generar procesos sostenibles, que permitan concretar una expectativa de vida digna y productiva al interior de una comunidad; sumado a las dificultades propias que se generan en el encuentro con nuevos escenarios comunitarios, como medios receptores diferentes al propio, en los cuales para no ser identificados o relacionados por los actores armados que originaron su desplazamiento, deben ocultar su cultura regional para reducir sus niveles de riesgo ante un posible nuevo desplazamiento. Requiere un apartado especial lo referido a la integridad personal, debido a las violaciones físicas de que son objeto los niños, entre las cuales figuran con preponderancia la explotación y abusos sexuales a las niñas y mujeres jóvenes vinculadas a los grupos armados, menoscabando su derecho a la dignidad, intimidad y a la propia imagen. Igualmente, las mutilaciones ocasionadas por minas antipersona12 , que les deja lisiados para el resto de sus vidas, e incluso muchos llegan a ser asesinados. Es innegable que todo esto lleva a los niños a presenciar actos de violencia, no solo física sino psicológica, como el secuestro que menoscaba la libertad y que junto a la siembra de minas antipersona reducen el derecho a la movilidad. Así mismo, el reclutamiento forzoso se llega a negar la objeción de conciencia.

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8 Informe del Secretario General del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas del 6 de marzo de 2012. “Sobre los Niños y el Conflicto Armado en Colombia”, Capítulo III – Violaciones Graves de los Derechos de los Niños. A. Reclutamiento y utilización de niños. 9 Informe del Secretario General del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas del 28 de agosto del 2009. Párrafo 16. “Sobre los Niños y el Conflicto Armado en Colombia”, citando un estudio realizado por la Defensoría del Pueblo de Colombia y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). 10 Coalición contra la Vinculación de Niños, Niñas y Jóvenes al Conflicto Armado en Colombia / Comisión Colombiana de Juristas. “El Delito Invisible” – Criterios para la investigación del delito del reclutamiento ilícito de niños y niñas en Colombia. Bogotá, Colombia. Septiembre de 2009.

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La presión política que se ejerce en medio del conflicto armado reduce o en el peor de los casos genera la desaparición de prácticas participativas por la anomia social, evidenciada porque las instituciones y esquemas sociales no logran aportar a las personas las alternativas y herramientas imprescindibles para alcanzar sus objetivos en el seno de su comunidad, como el caso en que son derrumbados los servicios públicos, limitando el acceso de los niños, niñas y jóvenes a la sanidad y la educación. En últimas, todas estas manifestaciones nos conciernen a todos y a todas, y por supuesto a los niveles decisorios del más alto nivel político: los gobiernos como administradores transitorios del Estado –como constante–, a quienes no podría dejar de mencionar, pues también les cabe una alta responsabilidad ante el fenómeno. ¿Cómo parar de escribir, ante tanto que se necesita decir? ¿De qué manera combatir… pero contra la apatía que nos carcome ante la guerra y sus efectos en nuestro niños, niñas y jóvenes? ¿Cómo no subestimar la fortaleza de los niños, pero recordando que es un capital humano no renovable? Hay más preguntas que respuestas, pues este artículo no pretende ser la panacea sobre el tema, ni mucho menos responder a los interrogantes que nos asaltan, ante el dolor que demandó escribir sobre ello. Creo que solo podría plantearse que nuestra sociedad necesita cuidar lo que no puede desestimar, y tomar las riendas de los derechos de todos, pero complementando con sus responsabilidades de todos, para evitar que por la guerra y la indolencia, se continúe victimizando a los niños, niñas y jóvenes, y caminar tras la búsqueda de pretensiones más loables, que ellos y ellas “puedan por fin recuperarse y tomar las riendas de sus vidas”.

11 Informe del Secretario General del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas del 6 de marzo de 2012. “Sobre los Niños y el Conflicto Armado en Colombia”, Capítulo III – Violaciones Graves de los Derechos de los Niños. A. Reclutamiento y utilización de niños. Numeral 14.12 Según cifras del Sistema de Gestión de la Información (IMSMA) del Programa Presidencial para la Acción Integral contra Minas Antipersonal y la Agencia Presidencial para la Acción Social y la Cooperación Internacional, en Colombia durante el período de 1990 y 2010, 907 menores de 18 años fueron víctimas de estas armas no convencionales. En el mundo, de acuerdo con información del Landmine Monitor 2011, durante el año 2010 se reportaron 1.066 víctimas menores de edad. Un reporte significativo es que a nivel mundial entre 1992 y 2002, más de 5.200 niños habían sido víctimas de estas minas. Fuente: Lúdica Macabrica. http://www.rpasur.com/videos-1.html

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