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N O r E s t E

configur ación históric a de una región

O c tav i o

H e r r e r a

cartográfico
configuración histórica de una región

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N o r E s t E

cartográfico
configuración histórica de una región

El

N orEstE

Gobierno del Estado de Nuevo león
Gobernador Constitucional del Estado

agradecemos a las siguientes instituciones por permitirnos reproducir parte de sus acervos cartográficos Archivo General del Estado de Nuevo león Archivo General de Indias Archivo General de la Nación Archivo Histórico de Monterrey Archivo Histórico de torreón Archivo Histórico Militar, Madrid, España Bibliotèque nationale de France Biblioteca Pública del Estado de tamaulipas ‘‘Ing. Marte r. Gómez’’ British library library of Congress Geography and Map Division Mapoteca orozco y Berra National Aeronautic and space Administration (NAsA) servicio Geográfico del Ejército texas General land office University of texas at Arlington University of texas at Austin Yale University
University of texas libraries sterling library Beinecke rare Books and Manuscript library Western Americana Virginia Garrett Cartographic History library servicio Geográfico del Ejército

de la edición
Textos

José Natividad González Parás
Oficina Ejecutiva de la Gubernatura

octavio Herrera
Coordinación editorial

Héctor Gutiérrez de la Garza
Fondo Editorial de Nuevo león
Directora general

Carolina Farías
Diseño editorial

Eduardo leyva
Cuidado de la edición

Carolina Farías
Directora Editorial

Dominica Martínez Eduardo Antonio Parra

Dominica Martínez
Coordinación de Diseño y Producción

Eduardo leyva
Museo de Historia Mexicana
Dirección General

Carmen Junco

© D.r. 2008, de los textos: octavio Herrera © D.r. 2008, de la publicación: Fondo Editorial de Nuevo león Zaragoza 1300 Edificio Kalos, Nivel C2, Desp. 202 CP 64000, Monterrey, N.l., México teléfono: (52) 81 8344 2970 y 71 www.fondoeditorialnl.gob.mx

reservados todos los derechos. Queda prohibida la reproducción total o parcial de los textos y fotograf ías de la presente edición por cualquier medio o procedimiento, incluidos los electrónicos sin la autorización por escrito del Fondo Editorial de Nuevo león y de los autores.

IMPrEso EN MÉXICo IsBN: 978-970-9715-46-0

cartográfico
configur ación histórica de una región
o c tav i o h e r r e r a

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N o r E s t E

índice
liminar

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I Delimitación del Golfo de México

15 37

II Esbozo del noreste colonial durante el siglo XVII y la primera mitad del XVIII .

III las Provincias Internas de oriente

83

IV Definición del noreste mexicano

129

V El noreste ante la conformación de la frontera internacional

181
227
VII

VI El noreste y texas al mediar el siglo XIX

Integración finisecular del noreste y texas

271 335 381

VIII Monterrey a través de la cartograf ía histórica

referencias cartogr áficas y bibliogr afía

l i m i n a r

a definición regional de un territorio es consecuencia de un proceso de construcción histórica y cultural. En su caracterización influye un sinnúmero de variables o perspectivas, teóricas o empíricas, que precisan o amplifican sus alcances y complejidades conforme el punto de vista desde el que se le analiza. si consideramos el caso de nuestro país, es posible afirmar que tanto su configuración histórica como la misma geograf ía esbozaron desde tiempos de la Colonia las regiones que hoy lo conforman, cuyo carácter y diferencias se acentuaron con el paso de los años. la formación de jurisdicciones –reinos, provincias, capitanías– tuvo un papel destacado en este proceso, pues moldeó durante la etapa virreinal un primer bosquejo de divisiones políticas que en el México republicano acabó por afinarse, o por fragmentarse al responder a los factores propios de las autonomías locales emergentes. No obstante, los linderos territoriales de una entidad política no siempre correspondieron con los de una región; para que éstas se establecieran, la principal influencia residió en las condiciones naturales del espacio y la fisiograf ía del territorio, así como su articulación o marginalización respecto al conjunto estructural del país. Así sucedió con lo que hoy conocemos como noreste de México. la naturaleza le brindó una caracterización que ayuda a explicar parte de su origen y diferencia histórica: se ubica en un enorme plano inclinado con límites en lo alto de la sierra Madre oriental y los desiertos del altiplano coahuilense, cuya pendiente desciende hasta el Golfo de México, con algunas eminencias orográficas aisladas en medio de extensas llanuras costeras cubiertas de un matorral espinoso, por las que discurren algunas cuencas subsidiarias de la corriente del río Bravo. Ésta es la descripción geográfica del territorio integrado por tamaulipas, Nuevo león y Coahuila hasta nuestros días, si bien ciertos geógrafos reubican algunos de sus segmentos en otras categorías regionales, como la laguna, o la Huasteca tamaulipeca. En lo que respecta a texas, aunque se originó en el mismo proceso histórico, su segregación política de México a mediados del siglo XIX lo hacen aparecer como un territorio distinto, aun cuando su articulación económica con el noreste mexicano se prolongó hasta principios del siglo XX. A las características del territorio se suman los matices de la presencia humana, que con el tiempo acaba por definir los elementos de una región. De este modo, a pesar de que en la antigüedad no afloró en el noreste una civilización indígena, desde los orígenes del hombre americano hasta el arribo de los españoles imperó en casi todo el territorio el modo de vida impuesto por grupos de cazadores-recolectores, convirtiéndolo en un vasto horizonte de nomadismo arcaico. su espacio permaneció indiferenciado durante milenios, hasta que las avanzadas conquistadoras plantearon las “fronteras de guerra”, apenas más allá del área nuclear de la Mesoamérica recién sometida. Después vinieron los primeros intentos de ocupación, por medio de las capi-

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tulaciones celebradas ante la Corona española. Para el cierre del siglo XVI, la penetración efectiva pero aún incipiente hacia el futuro noreste fue producto de los esfuerzos mineros y ganaderos impulsados desde la Nueva Vizcaya, pero ni con ellos ni con el restablecimiento del Nuevo reino de león se fijaron en definitiva los cimientos regionales; tampoco con la fundación de la provincia de Coahuila, a fines del siglo XVII; ni siquiera en los albores del siglo XVIII, al plantar el pie colonizador en texas, en los linderos con la potencia rival de Francia, asentada en la luisiana sobre el río Mississippi. las rivalidades imperiales por la posesión de la América del Norte, enfrentadas en el Golfo de México, dejaron en situación de vulnerabilidad a la Nueva España. sus problemas no se reducían al reclamo de legitimidad de un territorio que había sido usurpado por los franceses en la luisiana: enormes segmentos del litoral del seno Mexicano permanecían fuera de su dominio. Por tal motivo, la Corona española decidió en un solo acto la creación de una nueva jurisdicción política: la colonia del Nuevo santander, hacia donde se trasvasó una gran cantidad de habitantes de las provincias vecinas –Nuevo reino de león, Coahuila y la Huasteca–. Con su establecimiento quedó completo el mosaico del septentrión oriental novohispano, justo cuando la Corona española instrumentaba las reformas borbónicas, y con el fin de repeler la avalancha de los indios de las praderas se forjaron las instituciones militares, administrativas y eclesiásticas que lo uniformaron. De ellas surgieron en el último cuarto del siglo XVIII las Provincias Internas de oriente, es decir, el primer modelo de regionalización del noreste mexicano. tras la independencia, varias instancias coloniales que vendrían a reafirmar el carácter de las Provincias Internas de oriente, como la audiencia y la intendencia, quedaron nonatas. Pero la diputación provincial, que emergió de las cortes de Cádiz, sí transitó entre el antiguo régimen y el México independiente; e incluso, una vez fracasado el imperio de Iturbide, constituyó el puente hacia la formalización de la república federal, abriendo la posibilidad de la creación del enorme Estado de oriente, proyecto que se vino abajo cuando afloró la rivalidad entre Monterrey y saltillo por erigirse en la cabecera de la nueva entidad política. Al establecerse la república federal en 1824, las Provincias Internas de oriente se fragmentaron en los estados de Nuevo león, tamaulipas y Coahuila-texas, unión debida al vínculo histórico-territorial que el territorio texano tenía con Coahuila y a que carecía de la población necesaria para constituirse en estado soberano, a pesar de que en ese momento estaba siendo colonizado por numerosos angloamericanos, en virtud de los permisos otorgados desde las postrimerías de la Colonia, reafirmados más tarde por las autoridades republicanas. la colonización alcanzó tal punto que, en poco más de diez años, los extranjeros superaban por mucho a la población nativa, desafiaban las leyes mexicanas y ambicionaban su autonomía política. De hecho, aguardaban la coyuntura para declarar su independencia, con miras a sumarse al país del norte. Fue así como apareció la república de texas, entidad política que durante diez años pretendió convertirse en un país con pleno reconocimiento internacional. Durante esa década, el comercio furtivo entre los pobladores del noreste mexicano y la texas independiente fue en aumento, a contrapelo de las prohibiciones militares para hacer contacto con un enemigo declarado. Esta circunstancia permitió entre 1838 y 1840 la supervivencia de una rebelión federalista norestense que, al recibir apoyo de los texanos, fue acusada de pretender erigir la “república del río Grande”, acusación difamatoria que se repetiría años más tarde contra varios de los líderes fronterizos, de quienes se decía estaban dispuestos a independizar el territorio que comprendía el noreste con el fin de implantar la “república del la sierra Madre”. texas no pudo mantener su independencia y acabó por anexarse a Estados Unidos, lo que dio pie a que esta nación le declarara la guerra a México, pues hizo suyas las intenciones de los texanos de extenderse hasta el río Bravo. Para nuestro país el saldo del conflicto fue la pérdida del gran legado territorial que poseía al norte del río Bravo, caudal que a partir de 1848 quedó como el límite entre ambos países. De este modo culminó la conformación de la frontera que, para el noreste mexicano, representó una dinámica de vinculación internacional f ísica y económica inédita, con grandes consecuencias internas, pues los rescoldos de la guerra detonaron una rebelión liberal de donde surgieron poderosos líderes locales que tomaron el control político y se beneficiaron de la economía de frontera. la nueva bonanza regional se acentuó con el impacto de la Guerra Civil norteamericana

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–el tráfago algodonero y las demandas bélicas hacían fluir recursos desde la frontera con texas–, lo que redundó en la primera acumulación original de capital en el noreste. tras las convulsiones que sacudieron tanto a Estados Unidos como a México en la década de 1860, ambos países emergieron como repúblicas liberales y se dio entre ambos una aparente identificación política. Pero antes hubieron de atravesar un periodo de recuperación no exento de dificultades: allá, durante la reconstrucción, los antiguos estados esclavistas estuvieron bajo ocupación militar federal, lo que creó muchos resentimientos, al grado de que algunos quisieron ver en la frontera mexicana el origen de sus problemas; y acá, la supervivencia de numerosos caudillos impidió al gobierno nacional adquirir fuerza suficiente para controlar el país, hasta que arribó al poder del general Porfirio Díaz. Empezaba así otra etapa histórica para las dos naciones, ahora de un gran intercambio económico, con lo que el noreste de México y texas construyeron una integración funcional. Desde que los Estados Unidos reconocieron su gobierno en 1879, Porfirio Díaz impulsó la extensión de las vías férreas norteamericanas hacia nuestro territorio, lo que impulsó una notable modernización económica al agilizar el transporte y vincular a México con un mercado que se hallaba en plena expansión industrial. la red ferroviaria de texas se prolongó hacia el noreste mexicano, activando las potencialidades agrícolas, mineras, industriales, ganaderas, petroleras y portuarias de la región, lo que fundamentó en ella una primera estructura de desarrollo capitalista, detonando a su vez el crecimiento de muchos de sus asentamientos urbanos. la revolución mexicana fracturó este modelo económico y de equilibrio funcional, pues el país, y el noreste en particular, se vieron envueltos de pronto en una larga contienda bélica. Esto trajo como consecuencia la desconfianza estadounidense y el desplome de las transacciones comerciales en la frontera, a lo que se sumó la amenaza de una ocupación preventiva de algunos puntos de la región. Finalmente, con el triunfo de los constitucionalistas en México, Estados Unidos dejó de a prestar atención a su vecino para enfocarla en el escenario europeo, inmiscuyéndose en la Primera Guerra Mundial. Más tarde otros sucesos volverían a cerrar la brecha entre ambos países, pero lo cierto es que durante la primera mitad del siglo XX México se enfrascó en un intento de desarrollo endogámico de tipo nacionalista, en tanto Estados Unidos se afianzaba como una de las potencias dominantes del mundo. la configuración histórica del territorio del noreste es uno de los ejes esenciales de esta obra. Quisimos empatar su relato de manera explícita con el material cartográfico disponible, abordando cada una de las etapas de su secuencia cronológica de tal forma que los mapas proporcionaran una narración visual de los hechos a los que estuvieron ligados en su origen. En ese sentido, el peso informativo de la cartograf ía cobra más valor al contener una cauda de símbolos que reflejan aspectos muy puntuales del acontecer humano en un tiempo y lugar determinados. Durante la investigación que sirvió de base a este libro se consultaron y adquirieron copias digitales de material cartográfico localizado en archivos y bibliotecas de instituciones tanto mexicanas como del extranjero, en ambos lados del Atlántico. El resultado fue el acopio de un rico acervo de mapas de todos los tiempos que, al ser distribuidos en secuencia temática y temporal, permitieron reproducir una historia cartográfica de la región, objetivo esencial del proyecto. Ya en su ubicación definitiva dentro de la obra, cada mapa se acompañó de un pie de grabado que, además de resaltar su relieve y significado histórico, destaca sus características técnicas y remite al apéndice con el registro puntual y erudito de su nomenclatura y localización documental. Es preciso expresar que, con la publicación de esta obra, culmina uno de los más caros anhelos profesionales del autor, quien tras un largo proceso de insistentes faenas de investigación en el trascurso de los años, seguido de la afinación de conceptos, gracias a las condiciones presentes ve ahora coronados sus esfuerzos. Esto último fue posible gracias al firme apoyo del Fondo Editorial de Nuevo león, distinguida institución entre otras que se dedican a expandir el conocimiento –como el Museo del Noreste, de cuya importancia se hacen eco estas páginas–, que han sido promovidas por el gobernador José Natividad González Parás durante su gestión.

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