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Por encima de la realidad se encuentra la posibilidad.

Martin Heidegger, Ser y tiempo*
*
Traducción y edición de Jorge Eduardo Rivera, p. 48, Editorial Trotta, Madrid, 2009..
4
5
Introito
Por gentil invitación del Dr. Marcos Villamán, director
ejecutivo del Consejo Nacional de Reforma del Estado, presento
al lector el presente ensayo, que intenta trazar un hilo conductor
que enlace el que me aparece como el fenómeno determinante de
nuestro tiempo, el proceso de globalización
1
relacionándolo con el
despliegue del fenómeno de la cultura.
2

En este ensayo pretendería elaborar un perfl descriptivo, analítico,
de las implicaciones que se derivan cuando aterrizamos la
intelección de ambos procesos —al relacionar sus manifestaciones
concretas, colocados nosotros desde un mirador o perspectiva
específca, que sería el contexto de nuestra dominicanidad-, de
modo tal que nos permita enfocar, distinguir y aprehender cómo se
1
La globalización consiste, en términos muy amplios, en un conjunto de procesos económicos,
sociales, culturales, éticos y tecnológicos que producen como efecto que todos los puntos del Planeta
aparezcan cada vez más interconectados e interdependientes.
2
Inicialmente la cultura podría defnirse como el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales,
materiales, intelectuales y emocionales que caracterizan a los grupos humanos y que comprenden
además de las artes y las letras, modos de vida y de convivencia, derechos humanos, sistemas de
valores y símbolos, tradiciones y creencias, asumidos por la conciencia colectiva como propios.
Tomo esta defnición como modelo pues es la que se puntualiza en el título I, Defniciones y
Principios Fundamentales, capítulo I, Defniciones, apartado 1, de la Ley No. 41-00, que crea la
Secretaría de Estado de Cultura.
6
entretejen sus concretas formas de relacionarse y qué podríamos
espigar de la vinculación o disociación de ambos dominios
respecto al despliegue de las posibilidades de la cultura dominicana
actual.
Hablar de la signifcación de la globalización y de la cultura
dominicana signifca necesariamente que debemos cuestionarnos
sobre el estatus real de nuestra identidad cultural y nacional.
¿Qué signifca el discurso de la identidad para un pueblo pequeño
establecido en los márgenes de una cultura fronteriza, como somos
nosotros?
Vivimos en los lindes del Imperio que hasta hoy ha sido la potencia
hegemónica mundial desde la segunda mitad del siglo XX.
Juan Bosch defne el Caribe como frontera imperial. Este ha
sido un territorio histórico sumamente peligroso, de tremendas
tensiones, donde se han producido tanto choques materiales
sumamente violentos, como enfrentamientos más sutiles,
ideológicos, entre los imperios de Occidente. Sin excluir, a partir
de los años sesenta del siglo pasado, que este territorio ha sido
escenario de escaramuzas de muerte, durante la Guerra Fría. Se
evoca semejante situación de riesgo con solo citar los nombres
de Guatemala, Cuba, Santo Domingo, Panamá, Grenada, Haití,
Venezuela, Colombia.
Ya el gran poeta nicaragüense, Rubén Darío, en su conocida Oda
a Roosevelt, enunciaba lo esencial que caracteriza las relaciones
entre los Estados Unidos y los pueblos latinos de América:
Los Estados Unidos son potentes y grandes. / Cuando ellos se
estremecen hay un hondo temblor / que pasa por las vértebras
enormes de los Andes. / Si clamáis, se oye como el rugir del
león. / Ya Hugo a Grant le dijo: «Las estrellas son vuestras».
/ (Apenas brilla, alzándose, el argentino sol / y la estrella
chilena se levanta...) Sois ricos. / Juntáis al culto de Hércules
el culto de Mammón; / y alumbrando el camino de la fácil
conquista, / la Libertad levanta su antorcha en Nueva York.
7
Nuestra condición fronteriza se revela, tanto en las laceraciones
de nuestro hablar, como en nuestros modos de comportarnos y
de edifcar: se nota con claridad en la conducta que asumimos
al pensar, al creer, al construir, habitar, laborar, relajarnos y
divertimos. Estamos casi siempre colocados de espaldas a nuestro
mundo caribeño, tropical. Erigimos viviendas, urbes, espacios
de esparcimiento, avenidas y caminos al negar nuestro clima y
arraigadas tradiciones nuestras.
Parecería que con nuestros actos cotidianos querríamos repetir,
deformando desde una actitud airada o inconsciente, un verso
bien conocido de Hölderlin: ¿… y para qué identidad en tiempos
difíciles?
Sin embargo, refexionar, ponderar y reformular el discurso de
nuestra identidad es, para nosotros —así me parece— en estos
momentos, la mayor necesidad. Necesitamos llegar a constituir
un discurso preciso y potente que exprese nuestra decisión de
asentarnos, defnir y edifcar lo que queremos ser.
Deberíamos dedicarnos con atención y perseverancia a aprender
a adquirir capacidad y maestría, para lograr una perspectiva
clarividente en profundidad sobre nuestra disposición para
concebir y sentir de modo auténtico las formas de nuestra
copertenencia, de nuestra relación fundamental con nuestra tierra
y con el sentido y la actitud medular desde donde proviene nuestro
ser y pensar. Para ello tendríamos que abandonar todo hábito
discursivo retórico, vacío de referentes concretos.
¿Acaso no nos jugamos, ahora, la posibilidad de avenirnos con
nuestro mundo, de construir como pueblo nuestro ser futuro, un
destino pleno de auténtico signifcado para nosotros?
Habitamos al lado de un Leviatán, y lo enfrentamos a mano limpia
—¡Cómo una hormiga frente al océano!—, y no nos sorprendemos
de lo absurdo de esta situación.
¿Cómo podemos pretender sobrevivir, desde nuestra concreta
situación, como pueblo, como nación, como cultura? ¿Cómo
perdurar contra la directa infuencia de la cultura que posee la
8
industria cultural más dinámica y rica en recursos del planeta,
una industria que pone a la defensiva a las arraigadas y poderosas
culturas europea y asiática? ¿Es posible sobrevivir bajo la
infuencia de la industria cultural que posee casi todos los derechos
de autor de todo lo creado por los seres humanos en milenios?
Somos los bárbaros que habitan en los lindes del imperio. Por ello
tratan de ocuparnos, de di-vertirnos, de entre-tenernos, según los
modos del imperio; hay que evitar que pensemos, que cobremos
conciencia, que despertemos ante la realidad de lo nuestro.
Para crear hay que ser permanente observador. Hay que tomar
todo siempre como síntoma y permanecer en una actitud despierta,
que busque enfrentar todo tipo de perplejidad. Gran parte de lo
que consideramos como realidad es apenas manifestación, pura
posibilidad, de algo que se disimula y oculta detrás de las más
inocentes apariencias.
Si es de capital importancia reconcentrarnos en la defnición y la
realización de nuestra identidad, se hace necesario, fundamental,
potenciar las bases socioeconómicas para establecer y desplegar
políticas culturales que permitan desarrollar nuestra cultura con el
concurso bien informado de la ciudadanía, del sector privado, de
las instituciones fácticas e históricas y del Estado.
El deber de contribuir al desarrollo de nuestra cultura, que nos
impone la evidente necesidad de trazar los límites de nuestro ser,
viene a reforzarse cuando consideramos en qué consiste el derecho
a la cultura, claramente establecido y garantizado a todo ser
humano por la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
En ese sentido, trato de explicar, cuáles son los alcances de este
derecho cuya garantía implica como deber para el Estado el
enunciar y poner en acción políticas culturales efectivas que sirvan
para garantizar el disfrute, por parte de cada ser humano de nuestro
país, de la propia cultura, de la cultura universal humana, de los
benefcios de la ciencia y la tecnología.
Pero, además, la afrmación de este derecho postula que el
Estado debe actuar para asegurar, proteger y viabilizar que cada
9
ciudadano, según sus capacidades y necesidades, pueda conseguir
la oportunidad de transformarse en creador, de incidir como un
factor positivo en el impulso y el despliegue de la imaginación
creativa y de enriquecer, desde nuevas posibilidades, la excelencia
de nuestro mundo y época.
En el marco de esta problemática paso a analizar la confguración
que asume el compromiso del Estado dominicano de garantizar y
desarrollar el derecho a la cultura, según se declara en la vigente
Constitución política, proclamada el 26 de enero de 2010.
Finalmente paso a describir en qué consistió el intenso proceso
de la Reforma Cultural, al señalar sus bases ideológicas y
contextualizar la realidad vigente de la época, que se inicia con
la creación del Consejo Presidencial de Cultura por parte del
presidente Leonel Fernández, en su primer mandato, en el período
1997-2000.
Describo ahí cuáles fueron sus objetivos, cómo se visualizó
el proceso y cuáles fueron sus resultados inmediatos y sus
limitaciones. El más evidente fruto fue, sin duda, la aprobación y
promulgación de la ley constitutiva de la Secretaría de Estado de
Cultura, concebida como el organismo estatal del más alto nivel de
decisión política, para hacer efectivo, en todo el territorio nacional
y para cada ciudadano, la garantía del ejercicio efectivo de los
derechos culturales de los dominicanos.
Concluyo al señalar algunas circunstancias que limitaron los
alcances de la Reforma Cultural y resalto algunos de los cambios
que considero urgentes realizar, tanto en la legislación como en
la visión del Estado sobre las políticas culturales, para que estas
puedan ser efcaces y, sobre todo, justas, basadas en el principio de
equidad.
Estimo que debería abrirse ahora un nuevo proceso de reforma
cultural que transforme de raíz la actual estructura funcional del
ministerio a fn de que los benefcios de la inversión pública en
el ámbito cultural se democraticen, y se creen procedimientos
e instancias que permitan que los recursos asignados en el
presupuesto cultural lleguen en poco tiempo a la meta establecida
10
por la ley del 1% de la totalidad del presupuesto nacional, y que
sus efectos alcancen a todos los rincones del país, de suerte que se
desconcentre la inversión de los recursos estatales únicamente en
las grandes ciudades, y que los benefcios de la inversión pública
en la cultura nacional se extienda a todo el territorio nacional.
Cierro estas palabras con una observación respecto a cómo debería
ser leído el presente texto. El primer apartado, que se titula:
Postulados críticos para determinar las características dominantes
en nuestro tiempo, era para mí, en mi condición profesional,
necesario defnirlo al inicio del ensayo, porque constituye la
base metodológica y los postulados teóricos que constituyen
la justifcación de la perspectiva que me permitiría enfocar
adecuadamente el campo objetivo del trabajo.
Sin embargo, un lector no flósofo, sin pretensión de debatir
o posicionarse sobre la posible verifcación metodológica del
presente ensayo, puede prescindir de su lectura, y recomiendo
a quien desee informarse sobre el estatus y las particularidades
del manejo de nuestra cultura comience a leer el texto desde el
apartado 2, que se titula: La globalización y la cultura.
Como siempre, me gusta resaltar que ninguna obra humana es
jamás el producto del esfuerzo de una sola persona.
Agradezco el pleno apoyo encontrado en el apreciado y admirado
amigo, Dr. Marcos Villamán. Igualmente soy deudor de José
Mercader, quien siempre encontró el momento apropiado de
resaltarme la importancia de que este trabajo se escribiera y
publicara; a él y a Edycel Morel, agradezco la presentación
agradable que posibilita la oportunidad de encontrar lectores
interesados en su contenido.
Gracias de todo corazón a todo el personal del CONARE por la
acogida y colaboración plena que me han brindado.
***
11
1. Postulados metodol2gicos para determinar
las caracter6sticas dominantes en nuestro
tiempo
Vivimos en un mundo signado por la globalización, es decir,
somos y nos movemos en un modo histórico de descodifcar -de
aprehender e interpretar-!lo real según cierto sentido,!a diferencia
de otros muchos modos posibles de interpretar lo!descubierto,
lo inmediatamente tomado como verdadero desde las creencias,
ilusiones y prejuicios de la vida cotidiana.
Somos e interpretamos desde!un!mundo histórico, que es
determinado, específco, epocal -si se me permite usar esta
palabra-, que percibe, decodifca y defne la realidad desde una
manera predominante de entender lo que es, lo verdadero y las
modalidades de su revelarse.
Esta forma preeminente de pensar, que domina a nuestro mundo
hoy, se la puede describir y nombrar de muchas maneras, pero creo
que el título más apropiado para hacerlo sería el de!la cultura del
pensamiento único.
1
Su peculiaridad como fenómeno social estriba en su carácter
disolvente frente a todo valor históricamente consistente o ante
todo lo que es único e irrepetible: cancela la probabilidad de
alcanzar visiones totalizantes en el orden de la teoría y en el ámbito
de lo posible, de la utopía; desencaja tradiciones, experiencias,
valores y praxis personales, individuales y nacionales, y desmonta
y reniega de toda posibilidad de alcanzar identidades basadas en
valores o principios trascendentes, lazos religiosos, familiares, etc.!
Toda realidad que no tenga como centro neurálgico procesos de
carácter sistemático de índole burocrática, sea de orden político,
económico, fnanciero, social, cultural o tecnológico, como ya se
indica en el Maniuesto comunista (1848) -uno de los textos de
1
Luis O. Brea Franco, La modernidad como problema. En este libro trato, desde un enfoque
histórico, sobre cómo se construye el siglo XIX, como el momento en que la modernidad conquista
la universalidad de las naciones europeas, que entonces ofciaba como eje del mundo moderno. En
los siguientes apartados se encuentran resumidas las etapas fundamentales de ese proceso. Cfr. los
apartados, No. 5, La modernización, pp. 50-53; 6. El sentido, pp. 53-56; 8. Ge-Stell, pp. 59-61; 9.
Ser y pensar, pp. 61-64; 28. La disolución del sujeto, pp.104-108; 42. El acceso a lo fundamental, pp.
140-143. Santo Domingo, 2007.
12
mayor previsión sobre los desarrollos de la modernidad bajo el
capitalismo elaborado en el siglo XIX-, salta por los aires.
2
En la perspectiva histórica en que, en nuestro mundo, nos
situamos y movemos para descodifcar el universo y los diversos
horizontes posibles que en éste descubrimos!como realidad o
como lo des-cubierto, esta viene interpretada –aunque no siempre
explícitamente admitida, asumida, defnida, comprometida o
aclarada- como troquelada, marcada, signada, radicalmente,
según ciertos sentidos dominantes, o!como!enmarcada por
determinados horizontes de sentido,!a diferencia de otros muchos
modos!posibles!de interpretar lo real.!
3
Acontece que nos encontramos y nos interpretamos desde una
perspectiva que se pergeña e impone desde un horizonte!histórico
preponderante. Éste permite determinar lo que es real desde el
punto de vista de una específca constelación de sentidos que rige
toda posible conformación de una actitud fundamental, sea de
apertura o reclusión, sea de indiferencia o delimitación ante lo real
o fáctico. Nos permite interpretar y defnir algo como lo que es,
así como decide en torno a lo que no es y establece tanto lo que
vale como verdadero, lo que aparece como despreciable o como
indeterminado, como racional o asistemático.!
2
Marcos Villamán, en su ensayo, Reforma y construcción de mayorías, ofrece al lector interesado
una excelente visión sintética de lo que signifcan, desde un análisis sociopolítico, el proceso de
globalización y los fenómenos que la acompañan, enmarcado el todo de esta perspectiva hacia las
consecuencias que se derivan para los pueblos de América Latina. Cfr. pp. 5-15. Ediciones Voces,
CONARE, Santo Domingo, enero, 2012.
3
Sitúo este análisis colocándome en las mismas coordenadas que trazaba en la introducción de La
modernidad como problema. Para hacer más explícito ese punto de partida metodológico transcribo
la primera parte de la nota en que planteaba los fundamentos de mi perspectiva metodológica: Trato
de la edad moderna desde una hipótesis básica que postulo como trasfondo signifcativo, donde
confronto lo específco del período: el ser-en-el-mundo se expone, descubre, interpreta y actúa
desde una pre-comprensión de lo que signifca «ser», esto es: acontecemos en el interior de ciertas
posibilidades de defnir aperturas en el evento de ser. Es esta actitud desveladora la que predomina,
la que produce y delimita la calidad de la apertura, condiciona la concepción de la verdad y defne
las características que sirven para identifcar e interpretar el ente tal como se descubre en una
época. Si se quisiera ver el «de dónde», el «origen» de este planteamiento podría citar un texto de
Martín Heidegger donde traduce la posible interpretación de esta hipótesis respecto a la historia «en
general», es decir, si se habla de ella en cuanto teoría: En la metafísica se lleva a cabo la meditación
sobre la esencia de lo que es, así como una decisión sobre la esencia de la verdad. La metafísica
fundamenta una era, desde el momento en que, por medio de una determinada interpretación de lo
ente y una determinada concepción de la verdad, le procura a ésta el fundamento de la forma de su
esencia. Este fundamento domina por completo todos los fenómenos que caracterizan a dicha era
y viceversa, quien sepa meditar puede reconocer en estos fenómenos el fundamento metafísico. La
meditación consiste en el valor de convertir la verdad de nuestros propios principios y el espacio de
nuestras propias metas en aquello que más precisa ser cuestionado. Cfr. Martin Heidegger, La época
de la imagen del mundo, en Caminos de bosque, Madrid, Alianza Editorial, 1996.
13
Aquí el término histórico debería abrirse en el sentido del!qué!de!lo
que acontece!y!se retiene como actualidad. Esta perspectiva
viene a manifestarse cuanto menos como!temporalmente
localizada;!situada, sino históricamente, en un amplio contexto,
dadas las difcultades que se tienen en nuestro presente para
acreditar los grandes relatos, por lo menos como pasible de ser
extrapolada a partir de una cronología, la gregoriana, que hace
referencia a la era cristiana que marca de manera indeleble el
despliegue temporal de Occidente como potencia que domina
el orbe de la cultura de pensamiento único, basada en la
globalización.
Para ilustrar lo apenas enunciado en un contexto referencial
menos abstracto, me permito citar un texto elocuentísimo del
flósofo francés, Alain Badiou, que retrata la posición en que
nos encontramos después de todas las!caídas!que hemos venido
experimentando desde 1989:
Desprovistos de todas las referencias colectivas,
desposeídos de la idea de un!sentido de la Historia,!sin
poder esperar más una revolución social, numerosos
intelectuales, y con ellos amplios sectores de opinión, se
han auliado en política a la economía de tipo capitalista
y a la democracia parlamentaria. En!ulosofía!han
redescubierto las virtudes de la ideología constante de sus
adversarios de la víspera: el individualismo humanitario
y la defensa liberal de los derechos contra todas las
coacciones del compromiso organizado. Antes de buscar
los términos de una nueva política de emancipación
colectiva, adoptaron en suma, las máximas del
orden!occidental!establecido.
4!
Esta!visualización de la época!que presenta Badiou,!revela cómo
el ser y la verdad históricos son modalidades de su revelarse desde
la esencia, esto es, desde!lo que predomina!como!lo factible de ser,
4
Cfr., Villamán, O. C., p. 8. Estimo de suma importancia, en este contexto citar el comentario
que Villamán ofrece, en brevísima síntesis, sobre cómo se manifesta el origen del pensamiento
único: Efectivamente —dice—, la dominancia de este pensamiento lo convirtió en lo que algunos
posteriormente llamaron pensamiento único que en la década de los 90 campeó por los diferentes
rincones conocidos, en versión Consenso de Washington, como la manera científca (es decir,
supuestamente correcta y no ideológica) que adopta el pensamiento económico. Cualquier disidencia
era considerada, en el mejor de los casos, como ingenua, equivocada, e irresponsable. Ibídem, p. 8
14
que en nuestro caso particular, se constituye desde el desplegarse
del proceso de la globalización.!
Desde mi punto de vista estimo que el discurso flosófco no se
dirige tanto a aprehender y analizar realidades o entes específcos,
—ésta es la tarea de la ciencia—; ni tampoco a delimitar campos
de realidades o regiones del ente —esto es el cometido de las
diversas epistemologías de los discursos científcos-, sino más
bien, debería concentrarse la flosofía en!analizar, desplegar,
ensayar y postular nuevas posibilidades!en las que habrían de
radicar y visibilizarse la!eventualidad: el acontecimiento de
nuestros modos de ser.
Respecto al sentido que puede tener lo posible con relación a lo
real, rememoro un texto hoy olvidado del gran pensador francés
Henri Bergson, quien refriéndose al acto creativo en sentido
general, sostiene que:
Creo que acabará por hacerse evidente que el artista crea
lo posible al mismo tiempo que lo real cuando ejecuta
su obra,!pues resulta claro que lo real es lo que se hace
posible, y no lo posible lo que se hace real.
5
Por otro lado, antes de seguir adelante, postulo entre paréntesis,
que para pensar con nuevos bríos en nuestro tiempo la dimensión
de lo político en combinación con lo histórico, y ahondar en
la elaboración de una visión adecuada de lo cercano y lejano,
deberíamos poner en cuestión la visión ontológica que hemos
heredado de la metafísica aristotélica.!
Sería necesario intentar penetrar y disolver —destruir, en el
lenguaje de Heidegger de Ser y Tiempo (1927)—, con dedicación
sostenida para la refexión, sin aceptar prejuicios infundados, las
bases ontológicas de la radical división instaurada en el mundo
antiguo por la metafísica, que divide como irreconciliables el
campo de la física y el de la polis, y en la polis, para sustentar su
vida interior, crea una comunidad que postula como esencial, la de
los ciudadanos, categoría de la que son segregados desde el inicio
5
Henri Bergson, Lo posible y lo real, en Pensamiento y movimiento: ensayos y conferencias, pp.
1013 a 1027, Colección Premios Nobel, Editorial Aguilar, México, 1963. Negritas de LOBF.
15
los estamentos de los esclavos, las mujeres, y los metecos, capaces
de ejercer una función productiva, pero sin generar derechos
6
.
En fn de cuentas la comunidad de los ciudadanos de la ciudad
antigua era considerada equivalente a la comunidad del!nosotros,
de los humanos, una visión que anulaba y desvaloraba, además,
como realidad menoscabada la de todos los demás seres vivos
respecto al ser mortal, al humano. Cierro paréntesis.
Desde semejante perspectiva, la de la globalización, las
diversas culturas existentes en el Planeta deben adecuarse,
corresponder y actuar no sólo frente a los propios valores,
contenidos tradicionales, modos de conocer y de reverenciar,
sino que de múltiples formas, de manera continuada e ineludible
son!conducidas!u!ob-ligadas
7!
a entregarse como vencidas o
superadas, o como negadas, confrontadas, violentadas, por
el implantarse de nuevos modelos de entrar en relación, de
comunicar, de intercambiar, derivados del empleo de nuevas
tecnologías de origen occidental, y de los contenidos que desde
éstas se desprenden como sus consecuencia inevitables.
Con el aparecer de las tecnologías electrónicas de comunicación
8!!
que, en fn de cuentas, están disponibles, para avecinar y arrimar,
para aproximar y encajar en un sistema, para disminuir y
reducir todas las posibles dimensiones de la vida humana a unas
cuantas cualidades predominantes, para nivelar en un solo plano
signifcativo todo cuanto hay.
Con la globalización, diferentes culturas dotadas con contenidos
extravagantes, excéntricos, respecto las unas de las otras, que se
despliegan en diferentes formas de habitar el tiempo desde distintas
formas de temporalizaciones, de golpe tienen que aprender a
convivir las unas con las otras, porque gracias a las dichosas
nuevas tecnologías y a las nuevas formas de intercambio que
6
Para ahondar en esta perspectiva, Cfr. Antonio Campillo, El concepto de lo político en la sociedad
global, siete ensayos, Herder, Barcelona, 2008.
7
Una obligación (del latín ob-ligare, que signifca atar, dejar ligado) es la situación en la cual una
persona, una comunidad o pueblo tiene que dar, hacer, o no hacer algo. Se utiliza como sinónimo la
expresión deber.
8
También se conoce este conjunto instrumental como TIC: conjunto de tecnologías que permiten
la adquisición, producción, almacenamiento, tratamiento, comunicación, registro y presentación
de informaciones, en forma de voz, imágenes y datos contenidos en señales de naturaleza acústica,
óptica o electromagnética. Fuente ONU.
16
imponen los mercados fnancieros digitales, ahora el mundo es uno
solo, es el cosmos sistemático de la!Cultura-mundo,!para decirlo en
el concepto elaborado por Gilles Lipovetsky.
9
A la visión interior —consolidada en la práctica de la tradición
de una cultura, de la que depende la validación de los procesos
de identifcación fundamentales para ellas- viene a agregarse
una visión externa, simplista, reduccionista, apremiante, baladí,
expansiva en su exterioridad, que se forma en el exterior de las
culturas arraigadas, entonces estas pasan a depender de procesos
que no pueden ellas mismas llegar a controlar.
A esta nueva forma de comunicar, de entrar en relación, se
agrega otra aún más al aire, irreal, vacía, desarticulada, una
visión de paralaje, que es la que se puede formar un turista o un
visitante virtual sobre el contenido y el valor de una cultura cuya
signifcación ha necesitado milenios para articularse en un relato,
que se revela desde otra lengua, desde otra experiencia sensible y
emocional, desde otra métrica y otro ritmo totalmente diferente, a
veces inconcebible para el extraño que pretende de repente y sin
realizar salto alguno, abarcar su realidad plena en cinco minutos.
En el último siglo, culturas de diferentes pueblos han sido
constreñidas a entrar en relación, a interactuar, a medirse, a
aceptarse, a transformarse, a!modernizarse,!según los criterios,
modelos y valores de modos de ser y de sentir de lo otro, de lo
diferente, de lo que genéricamente podría ser califcado como el
proyecto tecnológico occidental.
9
Cfr. Gilles Lipovetsky y Jean Serroy, La cultura-mundo. Respuesta a una sociedad desorientada.
Anagrama, Madrid, 2010. ¿Qué signifca para los autores Cultura-mundo? Estos responden al decir
que: No hay ya el ideal del ciudadano del mundo, sino el mundo sin fronteras de los capitales
y las multinacionales, el ciberespacio y el consumismo. Al no limitarse ya a la esfera de lo ideal,
remite a la realidad planetaria hipermoderna, cuya economía, por primera vez, se rige según un
modelo único de normas, valores y metas —el ethos y el sistema tecnocapitalista—, y cuya cultura
se impone como mundo económico absoluto. Cultura-mundo signifca fn de la heterogeneidad
tradicional de la esfera cultural y universalización de la cultura comercial, conquistando las esferas
de la vida social, los estilos de vida y casi todas las actividades humanas (cfr. p. 9). Es la era del
mundo hipermediático, el cibermundo, la comunicación-mundo, estadio supremo comercializado
de la cultura. Esta hipercultura ya no tiene nada de periferia de la vida social: ventana que da al
mundo, no cesa de remodelar nuestros conocimientos al respecto, difunde por todo el planeta
chorros ininterrumpidos de imágenes, películas, músicas, teleseries, espectáculos deportivos,
transforma la vida política, las formas de existencia y la vida cultural, imponiéndole una nueva
modalidad de consagración y la lógica del espectáculo. …es la comercialización integral de la
cultura, que es al mismo tiempo culturización de la mercancía. (Negritas de LOBF).
17
Esto es algo que viene impuesto de manera brutal o
subrepticiamente, como si el contenido y las formas que se
imponen, fuesen en sí, el modo único, estandarizado, racional,
natural,!de-unitivo, de ser y concebir el existir de los seres
humanos.
Entonces se postula y afrma como verdad triunfal de la “historia”
que cualquier otra posibilidad de ser como humanos –vista desde
el interior de un supuesto humanismo moderno-, diferente del
desplegarse del ser de la hipermodernidad resultaría ilusoria,
mítica y sin fundamento, pues se constituiría y movilizaría fuera
de lo que sería la!realidad sustancial de lo moderno, que viene a
considerarse como la única forma posible de ser, tanto en la teoría
como en la praxis.
Así, por ejemplo, las identidades de marcadas acentuación
religiosa en el presente vienen consideradas como modos de existir
y entender irracionales, insanos, perjudiciales y son combatidas
como modos arcaicos y opresivos de ser, no comprobables ni
explicable racionalmente.
Este modelo tecnológico de corresponder a la condición humana
sería, considerado desde sus propios planteamientos, el único
aceptable para armonizar desde categorías positivas el ser
progresistas y modernizadores.!
Ser modernizador o humano moderno signifcaría, desde
semejante ideología, aceptar y ajustarse, en todo hacer esencial, en
contraposición activa a cuanto pudiere aparecer como derivado de
principios o fnalidades estáticas, con cierto carácter permanente y
con alcance resolutorio, como sería postular que se pueda alcanzar
alguna modalidad de plenitud en la existencia humana.
En el esquema hipermoderno de pensamiento y ser se excluye,
además, la posibilidad de alcanzar el ocio, que constituye una
posible manera de alcanzar dimensiones de plenitud expresadas en
el plano del ser, del existir.
El tiempo libre para crear, para poner en juego la imaginación
creativa, vienen negado desde una perspectiva!hedonista, pues de
lo que se trata es de disfrutar de los dones de la vida y de activar
y potenciar la función consumista en todo momento, la cual viene
18
presentada en ese contexto como la más alta experiencia que es
capaz de vivir un ser humano.
Los procesos modernizadores deben eliminar, de raíz, toda
referencia o enlace a una visión que pretenda arraigarse en
principios constituidos o derivados de tiempos!arcaicos o
concepciones tradicionales, no justifcables o explicables para una
racionalidad calculadora y su criterio predominante de valorar
sólo lo que es fruto de la euciencia, la eucacia y la utilidad.
Dicho de forma abreviada, desde esta visión omnipotente ciertas
culturas son incitadas y movilizadas a oponerse o plantarse en
contra de los propios fundamentos de su visión del mundo, son
conminadas a alejarse de sus raíces, de sus modos tradicionales de
ser y concebir el habitar humano en la tierra.!
Lo que señalo se presenta de manera paladina cuando nos situamos
históricamente ante la!era del Imperialismo.
Este accionar -modo de ser- se despliega feroz desde la Europa
del siglo XV en adelante, pero se confgura de manera consciente
y sistemática, a la vez que dotada de la ideología que predica la
idea de progreso, que le sirve como estandarte para imponer a todo
el Planeta la visión predominante de un proceso modernizador,
supuestamente liberador.
Esta emancipación se alcanzaría desde el intento de superar la
situación de esclavitud humana ante los embates crueles y azarosos
que impondría una naturaleza externa, enemiga, ciega, destructiva
e inhumana.
La naturaleza en tal proceso liberador debe ser domada y
transformada -“humanizada” -dice Marx-, empero este proceso
de humanización es concebido como violento, como una lucha a
vida o muerte, y la perdedora ha sido la naturaleza-
10!
de manera
calculada en diversas formas de energías y recursos para ser
puestos a disposición de la humanidad en su conjunto, con miras a
ediucar en la tierra el paraíso, prometido y nunca vislumbrado por
las culturas tradicionales encerradas y dominadas por una!visión
10
Cfr. Karl Marx, Manuscritos económicos flosófcos de 1844, Alianza Editorial, Madrid, 1968.
19
supuestamente obsoleta, superada, del sentido de lo sagrado y por
su modo peculiar de incidir en la vida humana.
El proyecto progresista viene descodifcado como un modo de
ser y actuar que!siempre!se dirige hacia lo mejor, a la obtención
del máximo bien -de la mejor manera posible, es decir, con la
máxima efcacia-; consiste en obtener lo más útil,!de calcular!el
mayor beneucio!en toda acción o proyecto, que es lo que se
constituye para esta cosmovisión como el parámetro de lo
sustancialmente valioso.
Ésta,!como!es!sabido!por!todos!nosotros!hoy,!ha!sido!la!visión!
predominante!que!el!Occidente!hegemónico!ha!intentado!proyectar!
e!imponer!a!las!culturas!situadas!en!la!periferia!de!la!Tierra,!desde!
la!segunda!mitad!del!siglo!XIX!hasta!los!tiempos!presentes.!
Casi siempre esta imposición de!una forma normalizada de ser,
a culturas que tienen divergentes maneras de percibir la esencia
del habitar, del existir, se manifesta en los pueblos ideológica
y emocionalmente intervenidos como una forma de refutación
parcial o total de sus parámetros culturales esenciales.!
Por otro lado, el insistente reclamo a comunicar, la constricción
de abrirse a lo extraño, a lo diferente, produce un fenómeno
contrario, mas paralelo a la opresión que se ejerce sobre las
culturas de identidad fuertes, el!fundamentalismo, como el modo
agresivo, provocador y excluyente de ser frente a los valores de la
modernidad, que se planta con violencia ante ellas. Este constituye
la única respuesta posible al intento de derrumbar el mundo de
las propias tradiciones, que de aceptarse pasivamente dejarían a
la colectividad hundida sin sentido, sin orientación, sin raíces, sin
dioses.
Este proceso se despliega mediante el despojo fáctico, arrebatado,
provocador, vehemente, de sus modos de ser, hacer, comprender
y sentir su propio universo, realizado por otra cultura totalmente
diferente, supuestamente más civilizada, más educada y creativa,
pero que quizás de una manera más sutil, menos evidente, revela
en su accionar histórico una furia neurótica agresiva y deja
entrever que la domina una praxis absolutamente irreverente y
autodestructiva.
20
No creo que haya necesidad de demostrar lo evidente. Desde esta
visión triunfante del mundo, se ha instaurado un proceso, quizás
ya indetenible, de devastación de la Tierra, que al aniquilar sus
raíces cercena las posibilidades porvenir de toda forma de vida en
ella.
De esta suerte, las culturas que se despliegan aún como menos
desarrolladas, en sentido tecnológico, son violentamente
conmocionadas, devastadas por la imposición de criterios y
valores vitales contrapuestos o negadores de sus esencias más
arraigadas, intrínsecas e innegociables, de modo tal que toda
la vida de la comunidad viene a resultar mortalmente herida de
manera irreparable.!
De este comportamiento nace la otra característica fundamental
de nuestra época, consecuencia directa de lo hasta aquí descrito:
nos desplegamos temporalmente, todas las culturas, en un
contexto relacional que origina y articula abismos de sentido y
de fnalidades, que emergen como crisis de valores, de criterios,
de creencias, de identidades y de una desorientación radical
respecto a cuál sea la relación originaria de los seres humanos con
el tiempo, con el legado de las anteriores generaciones, con una
historia, con la propia historia y con el planeta.!
Respecto a esto último, desaparece toda forma de relación
frme con una temporalización natural, el tiempo que nace de
la tierra, que se revela en sus ritmos astronómicos. Se impone,
ahora, con desmesura, una temporalización mecánica, signada
por la mensura externa de fujos abstractos, irreales, vacíos de
contenido vital, sostenidos en teorías sobre partículas elementales
inexperimentables.
Los puntos de referencia religiosos, históricos, culturales,
sociológicos, éticos, los modos propios y los ritmos de
producción, etc., que en otros tiempos servían de parámetros
estables para orientar al ser humano, han desaparecido de golpe y
porrazo.!
El universo ideológico de la hipermodernidad aparece dominado
por crisis permanentes y profundas de las instituciones
tradicionales, que se manifestan con suma gravedad en la
21
tendencia a interpretar como superada, entre otras, la vigencia y la
justifcación de los Estados-nación, frutos de la época romántica,
en los albores de la modernidad.
Insertados en semejante vertiginosa situación el ser humano
se muestra incapaz de elaborar un plano atendible de la
situación mundanal en que se mueve, lo que produce confusión,
aturdimiento, perplejidad y provoca, en los más débiles y menos
educados, la necesidad imperiosa e impostergable de evadirse de
una realidad que no comprenden, de la que no se sienten parte, de
la cual no vislumbran forma alguna de salida. Es por todo ello que
a muchos aún se les escapa el signifcado de la globalización.
¿Sería!posible!pensar,!hoy,!una!relación!fructífera!entre!economía,!
ética!y!cultura?!Aun!corriendo!el!riesgo!de!actuar!con!ingenuidad!
voy!a!dar!una!opinión!sobre!esta!cuestión,!pues!estoy!convencido!
de que quien se dedica a refexionar siempre esta a un tris de caer
en!lo!ridículo.
Al igual que Tales de Mileto, se debe correr el albur de que una
bella sierva tracia pueda burlarse de quien refexiona concentrado
en los problemas lejanos, no tan evidentes y de no inminente
retribución, tan diferentes de aquellos que tienen como prioridad
dirigirse hacia una dimensión inmediata, terrenal, material, y
marchan por la existencia guiados por sus pequeños intereses,
oscuros sentimientos, ambiciones diminutas y dominados por
las menudencias que cree o aspira a poseer, a lo que nombra de
manera irracional como su propiedad.
Para plantear el problema específco, no hablo de la ciencia
económica, sino de los!asuntos!económicos, de aquello de lo que
trata la economía.
En ese sentido creo habría que ir más allá del puro hecho
económico; habría que admitir que desarrollo y bienestar
económico no necesariamente caminan juntos. Puede vivirse en la
holgura económica y sentirse uno perdido en la propia existencia y,
viceversa, ser pobre con dignidad y vivir con sentido y alegría.
En la fase ascendente de la economía, en el momento Adam Smith,
me luce que no había manera de trascender el análisis puramente
económico. Empero, creo que en Keynes, casi dos siglos después,
22
la necesidad del regreso a la ética es resaltada por el desencanto
que ha producido constatar que la economía no puede resolver
todos los problemas. Es en esta fase que la economía debería
aprende a moderar sus expectativas.!
Según lo que describe el nobel, Amartya Sen, en sus múltiples
libros, esta situación deriva del doble origen de la economía, por
un lado como enfoque ético y, por otro, como una perspectiva
técnica para bregar con cosas. Desde esta última!pre-visión!se ha
asumido que el hombre económico actúa racionalmente.!
Hoy, empero, sabemos que actúa por motivaciones muy complejas,
que no siguen una línea recta, sino quizás una quebrada o
podríamos acercarnos a postular los eventos humanos como
interpretables únicamente mediante la teoría del caos.
En la economía ha dominado el criterio técnico del interés
personal. Esta determinación establece que, cuando un cambio
aparece ventajoso para todos, se piensa que el cambio es,
realmente, ventajoso para todos, y por ello es recomendable.
Sin embargo, no es evidente identifcar: bienestar, utilidad y
racionalidad. El bienestar no puede ser interpretado únicamente
desde el canon del éxito económico, porque la racionalidad, en
una opción económica concreta, trasciende estos criterios, es más
problemática que la mera utilidad.
Considero que el análisis necesariamente nos conduce de nuevo al
punto de partida. Nos impone ponderar cuál es la escala de valores
que permite juzgar —a un ser humano concreto o a una comunidad
histórica— algo como deseable.
!Me luce que al respecto, habría que volver al origen de la
economía; volver a enfocar las cosas desde el habitar concreto,
estudiar la posibilidad de defnir reglas para conducir exitosamente
las necesidades de nuestra casa, según la visión que se despliega
desde la sabiduría de la propia cultura entendida como economía.
Por ahora no supero esta breve enunciación del problema y, de
nuevo, cierro paréntesis.
La novedad, el cambio permanente, la multiplicidad y complejidad
de los procesos que envuelven la cultura y la economía de nuestra
23
época, casi nunca nos permiten captar correctamente el sentido de
su totalidad.
Los heterogéneos desarrollos en que vienen consolidando,
aceleran y disuelven insospechadamente, situaciones, decursos y
perspectivas que considerábamos, por fundamentales, evidentes
y establecidos de modo casi permanente, eterno, dejándonos con
nuestra existencia como columpiándonos en el aire, sin asidero
frme concebible, lo que difculta su defnición en términos
estables, objetivos.!
Sería necesario, pienso, volver a considerar los asuntos según
los valores de la propia cultura, que se sostienen en un modo
concreto de habitar; según nuestra identidad; según sean nuestras
posibilidades históricas.!
Quizás, por ello, hoy sólo podamos aspirar a!indicar tendencias
y posibilidades observadas desde un determinado horizonte de
interés,!desde un particular horizonte de valor.
!Es decir, quizás el único camino posible para dar con una
interpretación adecuada de la globalización, en nuestro caso, se
trataría de pensarla!desde nuestros intereses nacionales.
2. La globalizaci2n y la cultura
La globalización está dominada por procesos de expansión de
los mercados. El mercado, desde tales perspectivas, vendría a
constituirse como la instancia determinante para la toma de las
decisiones de todo género, nivel o jerarquía. La racionalidad
humana se identifcaría con el cálculo y la planifcación económica.
De ahí emana la pretensión de que todos los poderes, de todos
los órdenes y derivaciones, habrían de someterse al imperio del
mercado.
Rige aquí, al límite, como criterio para determinar la realidad y la
pertinencia de las cosas, el enfoque de que sólo tiene importancia
y valor aquello que el libre juego de las fuerzas del mercado así lo
decidiere. Esto es, lo que es útil, benefcioso, al despliegue de la
24
globalización y para alcanzar mayores benefcios en los procesos
de intercambios.
Sin embargo, semejante visión ocasiona serio menoscabo y
degrada la capacidad de acción de instancias e instituciones
que no derivan su validez del mercado, por ejemplo, a las
religiones y sus instituciones, a los sistemas de pensamiento, de
creencias y valores de las diferentes culturas vigente en pueblos
diferentes, y a los Estados nacionales y las instituciones con ellos
relacionadas, tales como los partidos políticos, los sindicatos, las
administraciones locales y el individuo, considerado como un
valor único e insustituible en sí mismo.
Igualmente, coadyuva y provoca el declinar de todas las certezas
y convicciones enraizadas en aspectos que trasciendan lo
meramente utilitario o la lógica despiadada de la búsqueda de un
mayor benefcio sin importar los procedimientos empleados para
obtenerlos.
Desde esta perspectiva, el benefcio mayor aparece como la
posibilidad de obtener y ejercer mayor poder.
Empero, el poder como la capacidad de ejercer dominio, asume
una característica nueva, no acepta, ahora, ninguna delimitación
exterior en función de buscar alcanzar alguna fnalidad
determinada. El nuevo paradigma que rige el ejercicio del poder
no acepta nada exterior a su propio modo de desplegarse como
determinación de dominar y de controlar todo, de la manera más
completa posible, sin dejar intersticios abiertos.
El poder en los tiempos de globalización se libera para ser
y medirse desde la propia capacidad de ejercer un dominio
ilimitado, sin límites geográfcos, nacionales, de modo de
producción o delimitación temporal. Respecto al tiempo, el poder
siempre se ejerce en un continuo presente, siempre es actual. Si su
ejercicio deja de ser, inmediatamente ya no hay poder.
La praxis vigente entre las élites de las sociedades globalizadas
estriba en poder contar y exhibir la capacidad plena de ejercer el
25
mayor dominio posible sobre la realidad. Este es el único valor
supremo y el ideal de las sociedades de consumo.
El poder consumir signifca actuar y exhibir que se tiene la
posibilidad para alcanzar un cierto grado de dominio sobre
la realidad, que aspira a ser, cada vez mayor, omniabarcador,
ilimitado.
En realidad, en los procesos de consumo no se quiere
decididamente, sino sólo en apariencia, el objeto que se adquiere
o del cual se pretende apoderar. A lo que se tiende es a poder
empoderarse de la capacidad misma de poder apropiarse —
devorar—, continuamente cuanto se pueda querer. El principio es
que en el mismo momento en que aparece el deseo, en ese mismo
momento debería de poder colmarse.
11

Todo aquello que por referirse desde su propia esencialidad,
desde su propio ser, desde su propio límite y defnición a un
contenido cualitativo, que no puede disolverse o traducirse en
lo cuantifcable, que no es con-vertible en términos monetarios
o en alguna modalidad abstracta de intercambio, viene ahora
descalifcado, negado, orillado.
Tiende a revelarse como lo incapaz e insufciente, para poder
traducir su valor en términos de precio o de operatividad
mercadológica.
Por ello tiende a perder prestigio y valoración en el ámbito de
una sociedad gobernada predominantemente por la estima de la
valoración del mercado y de un querer que no permite asumir
algún límite fuera del querer incrementarse a sí mismo, en toda
situación.
Ocurre así, que las sociedades tradicionales comienzan a perder sus
códigos históricos, sus propios referentes culturales.
11
El arte siempre puede expresar en una metáfora, más de lo que podría intentar decirse desde una
fórmula. En la opera Salomé, de Richard Strauss, con texto de Oscar Wilde, se puede captar de
manera intuitiva, inmediata, lo que aspiro a comunicar en este apartado sobre la esencia del poder
insaciable e infnito que caracteriza a nuestro tiempo. Como se revela en Salomé, la sed de poder
absoluto puede inicialmente confundirse con el mostrarse de un espectáculo de pura lujuria.
26
La vida se disocia en ella. Se produce una división entre vida
fáctica, operativa, cotidiana, y las posibilidades de una existencia
real, valiosa, apetecida; se abre un hiato, un abismo, entre el
universo instrumental, utilitario, y el universo de los fnes, de los
valores, de la historia, de la propia cultura.
Una sociedad así constituida comienza a vivir, entonces, en crisis
permanente: todas las formas de autoridad y organización vienen
a ser cuestionadas, todo queda abierto, todo resulta posible.
Se produce un estado de desorientación general que traduce la
manifestación de la vida de una sociedad como, cada día, más
desestructurada, desencantada, errática, ingobernable.
El choque violento entre las dos culturas, la tradicional y la capital-
ista modernizadora, es el tema que domina las obras de los grandes
creadores rusos como Dostoievski o Tolstoi, que en el momento de
la introducción del capitalismo en Rusia, muestran los estragos, las
rupturas y los vacíos que produce este enfrentamiento. Ejemplar
de este proceso es la frase de Iván Karamázov: Si Dios —el sol, el
valor, la verdad— no existe, todo está permitido.
La salvaje globalización de los mercados y el permanente descuido
a los valores de nuestra identidad nacional, social y cultural son
dos aspectos constitutivos de nuestra realidad de hoy.
Respecto a la problemática de la globalización nos falta un
sustancioso debate nacional que haga balance de nuestras
potencialidades históricas y culturales, determine los valores
auténticos a los que no estaríamos dispuestos a renunciar y
determine las consecuencias económicas y políticas, los costos
sociales, éticos y existenciales a los que tendríamos que renunciar
y la carga de pérdida de posibilidades y oportunidades que
entrañaría para nuestro ser nacional. Empero, quizás para esto sea
ya demasiado tarde…
Hace falta una estrategia nacional que oriente en torno a nuestra
viabilidad histórica, social y cultural dentro de tales procesos,
analizados desde las raíces y posibilidades de nuestra cultura; que
construya perspectivas y criterios nacionales para afrontar creativa
y provechosamente los retos que implica.
27
Debemos velar porque la inserción productiva del país en los
procesos de globalización no se haga en desmedro de nuestros
valores, de nuestro futuro, de nuestra historia, de nuestra identidad.
Y este camino sólo es posible si procedemos a refundar y a
revalorizar nuestra cultura.
Mediante el desarrollo de la industria y el comercio en la Europa
de los siglos XVI al XVIII se produjo la base material adecuada
para forjar una nueva visión de la historia: la historia como
progreso. Europa primero, y luego los Estados Unidos, fueron sus
profetas.
La novedad era el capitalismo con su secuela de modernización
del aparato productivo y de las estructuras sociales. Se postulaba
la superación de ideas y formas tradicionales. Se invitaba a hacer
las cosas con base en las nuevas fuentes de poder y autoridad: La
ciencia, el desarrollo económico, la educación y la democracia.
Desde tales instancias se establecieron nuevas fuentes de identidad.
Desde la tradición, el mito y la historia, la identidad humana, el
modelo de humanidad, se percibía y se recibía como una herencia
de la sabiduría de los tiempos, que en sus fundamentos derivaba
de la voluntad divina que se expresaba en su palabra revelada y en
los ciclos sagrados de la naturaleza creada por el supremo hacedor.
La tarea de los agentes sociales consistía en asumirla y preservarla,
cuidar de ella.
La modernidad pretende romper con todo esto. Concibe la
identidad como un proceso histórico-social de construcción de un
sujeto crítico que edifca su mundo y su legado guiado por las luces
de la razón, que es un bien universal e ineludible.
Los años de 1789 al 1989 pueden considerarse simbólicamente
como los del triunfo y desarrollo del proyecto moderno. En
ellos, la vida humana y el planeta sufren una transformación
espectacular.
Mejoran la calidad de vida y la disponibilidad de bienes y
servicios. Los seres humanos se sienten y consideran capacitados a
edifcar un mundo feliz y próspero para todos.
28
Sin embargo, también durante esos años comienzan a develarse
otras consecuencias no previstas en el proyecto moderno: la razón
transforma su ejercicio en puro calculo ingenieril, viene utilizada
como una nueva fuente de control y es convertida en instrumento
de dominio.
Surgen conglomerados de seres extrañados en su desconexión entre
sí -a pesar de cohabitar en multitudes-, pequeñez e intrascendencia,
que se mueven en un espacio reducido, disminuido
cualitativamente, dominado por una característica uniformidad que
aturde y desconcierta: las megalópolis.
La secularización avanza y se impone como triunfadora, lo que
oscurece toda posibilidad de trascendencia más allá del mercado y
el consumo.

El industrialismo amenaza con la degradación total del medio
ambiente y se avanza en la destrucción de la diversidad de la
vida en el Planeta. Las nuevas maneras de habitar, impuestas por
los procesos de industrialización acelerada cambian de raíz las
relaciones familiares, las relaciones entre los sexos, las manera
de percibir los lazos inmediatos y las formas históricas de la
convivencia.
12

Las tecnologías de la comunicación producen una total ruptura
entre las esferas de lo instrumental: el universo de lo económico, y
la de lo simbólico: el universo de la cultura, el ámbito de la propia
comunidad y de sus valores.
Se produce, en palabras del destacado pensador social francés
Alain Touraine, que:
Nuestra cultura ya no gobierna nuestra organización
social, la cual, a su vez, ya no gobierna la actividad técnica
12
Cfr. el excelente y reciente libro, La prosperidad del mal. Una introducción (inquieta) a la
economía, del académico francés Daniel Cohen, Taurus – Pensamiento, 2010. Lo recomiendo para
conocer sobre el debate sobre lo que implican ahora, proyectados en una dimensión planetaria,
los procesos y cambios enormes y las transformaciones de la vida humana, que se introdujeron en
Europa durante la revolución industrial. Este libro analiza, además, entre muchas otras cosas, el
problema de la adicción al crecimiento.
29
y económica. Cultura y economía, mundo instrumental y
mundo simbólico, se separan. Se produce la separación de
las redes y las colectividades.
13
Situados ante el espectáculo ruinoso de los procesos de
modernización emprendidos en el pasado, anclados a una lógica
puramente economicista, se evidencia hoy la necesidad de engarzar
tales procesos a una dimensión cultural.
La cultura constituye un reino de fnes y valores. Sólo en ella
puede un conglomerado humano erigirse en comunidad. Hemos
visto, en la segunda mitad del siglo XX, el fracaso de importantes
y racionales procesos de desarrollo por estar divorciados de
la circunstancialidad histórico-cultural que da sustento a las
comunidades de impacto.
La cultura se constituye como el espacio humano privilegiado
donde se crean y refuerzan las bases de la identidad nacional, los
valores democráticos, la participación ciudadana y la convivencia
pacífca fundamentada en la tolerancia, el encuentro, el diálogo y la
búsqueda de la plenitud de la vida.
En nuestro país necesitamos un proceso de modernización que
asuma como elemento principal, su coherencia con los valores y
símbolos de nuestra cultura, con nuestra mentalidad, con nuestra
propias formas específcas de ser, creer, esperar y hacer, pues
sólo en ellas encontraremos caminos y posibilidades de plenitud
humana, mediante la ejecución de programas para producir un
desarrollo humano integral entre los ciudadanos.
J. ·C`:TRUlR U` ·AMl`C HRMl \ :l´URC lARA lA
cultura dominicana
A mediados de la década de los años ochenta, motivada por
los crecientes desequilibrios, frustraciones y pocos avances
logrados en los diversos procesos de modernización, en curso en
aquellos años, las Naciones Unidas recomendaron a las naciones
13
Cfr. Alain Touraine, ¿Podremos vivir juntos?, Fondo de Cultura Económica, Bs. As., 1998.
30
refexionar sobre las posibilidades y particularidades del desarrollo,
pues consideraban que su comprensión ayudaría a enfrentar
concretamente el más importante desafío en los años por venir.
El Informe de la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo (1996),
patrocinada por la UNESCO, se inscribe entre tales intentos.
Desde el inicio este documento describe como una visión parcial,
distorsionada e inefcaz de los procesos de desarrollo atender
en ellos, únicamente, al logro del crecimiento económico, a la
expansión de la producción y de la productividad y al aumento del
ingreso per cápita.
Propone entonces, superar esta limitada y defciente visión de
la realidad humana mediante la fundamentación de una nueva
dimensión del desarrollo humano, que fuera capaz de crear: un
modo de vida que sea pleno, satisfactorio, valioso y valorado en
el que crezca la existencia humana en todas sus formas y en su
integridad.
Desde esta nueva perspectiva se establece que:
no puede haber auténtico desarrollo humano allí donde
no se logran armonizar los objetivos económicos con las
aspiraciones culturales y humanas que constituyen la base
social de los unes mismos de los pueblos y las personas
reales, de carne y hueso.
Se descubre desde esta refexión un nexo que había permanecido
oculto a los planifcadores de los procesos de desarrollo: para
alcanzar cualquier meta económica de un plan de desarrollo
económico
se debe contar con una proyección dirigida a resaltar
que los unes últimos de los señalados procesos deben
de plantearse en términos de realización de la dignidad
humana y de garantizar concretamente el ejercicio de
semejante dignidad,
esto es, garantizar el pleno, indivisible y festivo disfrute de la
totalidad de los derechos humanos.
31
Con ello se avanzaba hacia la defnición de principios para
una ética adecuada para valorar y relacionar tales procesos
en términos de unes,
y no de puro y simple cálculo vacío de medios y utensilios para dar
continuidad mecánica a los procesos económicos productivos.
Igualmente, quedaba establecido que la garantía y el disfrute de
los derechos económicos no pueden anteponerse, ni separarse,
del ejercicio total de los otros derechos, los políticos, sociales y
culturales.
Sentando así las bases para la edifcación de una auténtica cultura
de paz a través del fortalecimiento de la legislación internacional en
materia de los derechos humanos.
Puesto que, valora el Informe,
gran parte de los conßictos internos e internacionales traen
su origen en situaciones de denegación de derechos, en
medidas represivas establecidas por regímenes de fuerza, y
por la desatención de los requerimientos imprescindibles del
desarrollo humano.
En esta nueva formulación de los parámetros del desarrollo se
establece como mayor aspiración lograr
una mejor calidad de vida, lo que no equivale a facilitar la
obtención de una mayor cantidad de bienes sino ayudar a
ser, efectivamente, capaces de desplegar una vida plena,
digna y segura.
Empero para alcanzar tal aspiración tenemos que contar con una
revalorización de la dimensión cultural de la vida humana,
14
puesto que sólo en ella encontramos algo que es valioso por sí y en
sí mismo.
14
Negritas de LOBF.
32
Así, desde esta nueva visión,
la tarea del desarrollo sería la de trabajar en la
integración del componente vital de la cultura de nuestro
propio ser social con el aspecto económico mediante la
garantía del ejercicio pleno de los derechos humanos para
cada uno.
Para construir políticas culturales sobre nuestras raíces
y formas de ser habría que escuchar a la gente, a las
comunidades, sobre aquello a que aspiran y consideran
valioso del propio ser.
Habría que crear instancias de empoderamiento local
para capacitar a la autogestión y al logro de sus metas
de desarrollo cultural y establecer, para el país, un orden
concertado entre las aspiraciones, las posibilidades y las
prioridades.
Sólo desde una semejante política cultural podría reivindicarse
plenamente a la cultura como el espacio de la identidad, los valores
democráticos y la participación; como espacio privilegiado de
concertación social.
Nos encaminaríamos además, a dejar atrás la terrible condena
colectiva que nos agobia desde los tiempos coloniales: tener que
recomenzar de la nada cada cuatro años, con el posible cambio
de un gobierno a otro, que traiga un nuevo programa cultural
para implantar en el país, diseñado desde un confortable y lujoso
estudio donde no llega nada de ruido, ni las aspiraciones de las
gentes respecto a lo que consideran los principios básicos de su
identidad y sobre los fnes concretos que desean manifestar como
el contenido más importante para sus vidas concretas.
La sostenida tendencia a la globalización y a la ampliación
de los intercambios de todo género: de personas, de
productos, de servicios y de capitales, obliga a cada nación
a reforzar y relanzar en todas las dimensiones posibles las
características de su identidad.
33
Deberíamos intentar imponer con alto sentido de calidad
y competitividad los productos simbólicos que deunen
y marcan nuestro modo de ser y de ver el mundo; que
dominan y caracterizan las creaciones de nuestra cultura;
que representan nuestra idiosincrasia y nuestros ritmos
y sabores, para proyectarlos por el mundo entero y
hacerlos conocer y apreciar de los otros pueblos y sus
diversas comunidades, para que puedan descubrir la
tremenda riqueza de matices, coloridos y notas musicales,
la pluralidad de formas y la calidad espiritual que se
revela en nuestras mejores creaciones y manifestaciones
culturales.
En esa perspectiva, la cultura, como área de acción
pública, está llamada a jugar un papel estelar para
proyectar e imponer la imagen nacional en el contexto
internacional y global.
Contrario al papel puramente decorativo, espectacular,
superßuo que muchas veces se atribuye a la cultura,
estimamos que la misma debe enfocarse, sobre todo, como
caudal creativo que contribuye de múltiples modos y en
diversos planos a propiciar el desarrollo humano integral.
Grandes centros urbanos como París, Nueva York, Los Ángeles,
Nueva Orleáns, La Habana, Madrid, etc., están marcados y son
valorados sustancialmente por el aporte de la cultura durante su
proceso de crecimiento.
Tales ciudades reciben cada año, grandes cantidades de turistas
consumidores de bienes culturales. Nueva York, no sería Nueva
York, sin sus grandes cadenas teatrales de Broadway, y Off
Broadway; sus museos, bibliotecas y universidades. Nueva
Orleáns creció al amparo del jazz, y Los Ángeles, tiene en su
cinematografía y en la industria digital sus más importantes
soportes económicos y de trascendencia espiritual.
Organismos internacionales como la Organización de las Naciones
Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y
la Organización de los Estados Iberoamericanos (OEI), así como
34
especialistas de la gestión cultural han reconocido y valorado
positivamente la riqueza histórica y espiritual que representa contar
nosotros, con la llamada Ciudad Colonial, que debiera llamarse
más apropiadamente como Ciudad Virreinal —ya que fue, en
la época de su temprano esplendor, la sede del primer virreinato
de las tierras recién descubiertas por el Almirante visionario que
realizó el contacto con los pueblos indígenas en su primer viaje, en
1492.
Esta ciudad ha sido defnida por la UNESCO como Patrimonio
de la Humanidad. Un patrimonio que es nuestro deber poner en
valor y mostrar al mundo, como un bien resplandeciente, espejo de
nuestra historia y de nuestros fnes y valores culturales y humanos
con un gran sentido de orgullo.
Por otro lado, habría que resaltar el importante aporte que
realizan las llamadas industrias culturales a la productividad —al
incremento del PBI— y al bienestar económico de los pueblos.
Alrededor de la producción, comercialización y consumo de libros,
periódicos y revistas; de cine, programas televisivos, artesanía,
etc., puede existir una cantidad impresionante de empresas
generadoras de riquezas, divisas y mano de obra califcada con
una formación y una experiencia envidiable, marcadas con un alto
sentido de humanidad, creatividad y excelencia productiva.
Lo mismo puede constatarse en los casos del entretenimiento, la
música, la radio, las artes plásticas, el teatro, la industria gráfca
y la publicidad, la moda, las artes culinarias, hasta llegar a los
últimos desarrollos de productos culturales, nacidos del uso de
la tecnología digital: los llamados libros electrónicos, los libros
acústicos, la producción de software y CD Rom informativos, y la
posibilidad de poner en marcha una enorme variedad de servicios
para fomentar la conservación intacta de nuestros recursos
naturales mediante la implantación de cuidadosos programas de
turismo cultural y ecológico.
Además, el desarrollo del turismo cultural y las nuevas perspectiva
y derivaciones que asume el hecho cultural permitiría integrar
desde la perspectiva productiva de la cultura, el desarrollo de
35
instituciones culturales tradicionales ligadas anteriormente a la
pura preservación y puesta en valor del acervo cultural de los
pueblos, tales como los museos, los sitios arqueológicos y antiguas
rutas de producción de mercancías tradicionales como serían, por
ejemplo, crear circuitos de visitas a los ingenios azucareros, de la
producción y procesamiento del tabaco, del cacao y el chocolate o
del ron.
Igualmente, es factible crear rutas para visitar y conocer las glorias
de nuestros deportes y las escuelas de donde han de salir las nuevas
luminarias del deporte nacional, la pelota o béisbol.
Así mismo se podrían desarrollar capacidades para fomentar un
turismo de circuito, adecuado para mostrar eventos tradicionales,
carnavales, ferias o muestras de producción de bienes culturales y
sitios de interés histórico, gastronómico, etc.
La República Dominicana posee grandes riquezas culturales,
hermosos paisajes y arraigadas tradiciones que mostrar a la
humanidad, de tal suerte que toda esa riqueza se podría explotar
económicamente mediante la defnición de adecuadas políticas
públicas culturales con miras a trazar una estrategia general
para fomentar la creación, difusión y proyección nacional e
internacional de nuestra cultura y el mejoramiento económico
y existencial de nuestras gentes, sobre todo, para preparar una
juventud vigorosa, arraigada en los encantos de su tierra a la cual
se pueda garantizar una vida digna, creativa y festiva acorde con
la opulencia de colores y ritmos que se despliegan desde nuestra
tierra.
En los países en vías de desarrollo, y de modo particular en
América Latina, es necesario que el Estado asuma un papel
protagónico que oriente con el trazado de claras líneas
directivas el desarrollo de la educación y de la cultura
para, de modo coherente, poder trascender la cadena
de la ignorancia y el subdesarrollo sin perder de vista
que, además, el cultivo de la propia cultura contribuye a
generar autoestima, diálogo, debate sustancial y a crear
la posibilidad de consensos, que son la base estructural de
una práctica democrática efectiva.
36
Postulo que el Estado dominicano debe establecer los
fundamentos de una visión de la cultura dominicana
partiendo de fundamentos coherentes, con sentido
productivo, arraigada en el corazón y en la mentalidad
de nuestra gente, que reaurme los valores y los rasgos
distintivos que caracterizan nuestra identidad histórica y
cultural.
En este sentido, el Estado dominicano debería transformarse
en el más frme propulsor de la cultura nacional, mediante
la implantación de políticas públicas coherentes sustentadas
en un quehacer operativo y funcional, por lo menos, desde
dos enunciados de principios, presentes en nuestro vigente
ordenamiento jurídico:
Garantizar a todos los dominicanos y dominicanas el
ejercicio pleno y libre de sus derechos culturales tal
como éstos están descritos tanto en la Declaración
Universal de los Derechos Humanos y demás documentos
complementarios al respecto suscritos por nuestro país, y
consagrados por nuestra Constitución nacional.
Considerar que la promoción y participación de
todos los ciudadanos en la acción cultural contribuye
al mejoramiento general de la calidad de vida y al
desarrollo humano. Entendemos que la cultura es uno de
los medios adecuados con que puede contar una nación
para hacer frente a la pobreza y a la ignorancia; por
ello consideramos que el Estado debe contribuir con su
acción reguladora a la ediucación de un nuevo modelo de
ciudadanía: Un modelo de ciudadanía cultural.
+. ··UAl l: ll :l´`lH·AlC ll lA: CBRA: ll lA ·Ul-
tura? ¿Por qu@ exhiben un carisma que otras
obras de factura humana no tienen?
Considero que llegados a este punto hay un tema ineludible cuando
se habla del quehacer cultural y de las obras que son producidas
mediante la acción o actividad, según el pensamiento o el anhelo de
forma que defne un artista o creador.
37
Este asunto tiene que ver con el signifcado que tienen socialmente
las obras que se crean mediante el ejercicio creativo de su artífce.
¿En qué se diferencian las obras de arte de las otras creaciones
humanas? ¿Tienen las primeras un rasgo distintivo que las
diferencia esencialmente de las producciones que sirven para
hacer más fácil la existencia y nos auxilian directamente a hacer
más habitable un determinado lugar del planeta? ¿Por qué se dice
que las obras de arte no sirven para nada, que son inútiles si son
comparadas con un simple lápiz o un adusto y servicial martillo?
¿Para qué sirve una sinfonía o un cuarteto de cuerdas?
Específcamente, ¿cuál es la utilidad de un poema de Franklin
Mieses Burgos o de Pedro Mir, o aún más, un soneto exquisito
de León David o un poema de César Zapata, José Mármol, Cayo
Claudio Espinal, Alexis Gómez Rosa o de Armando Almánzar
Botello? ¿Qué lugar puede ocupar en nuestras vidas y en su
facilitación un cuadro de Ada Balcácer o uno de María Aybar o un
dibujo magistral de Vladimir Velázquez, o una escultura de Prats
Ventós, de Bismark Victoria, de José Ramón Rotellini o de Salvador
Vasallo?
Esta serie de cuestiones se enmarcan en un orden de interrogaciones
flosófcas que generalmente se designan con el título de Estética o
Filosofía del arte.
No voy a tematizar aquí este orden de preguntas o intentar
responder a éstas detalladamente. Simplemente quiero hacer percibir
al lector que existe esa dimensión de problemas en el campo de la
flosofía mediante la cual se intenta apresar aquel no sé qué que
tienen las obras de la cultura y que le otorgan un carisma, un valor,
que sin coincidir con su utilidad las hace diferentes de las demás
obras fruto del trabajo humano.
Ante todo, tenemos que reconocer que de todas las producciones
humanas las obras de arte son las que exhiben en el contexto social
una mayor jerarquía.
Esto se debe a que constituyen y revelan un tipo de relación
intrínseca, en que interior y exterior, ser y aparecer, aparecer y
apariencia, forma y contenido concuerdan.
38
En la obra de arte se manifesta plenamente aquello que signifca la
identidad, pues es desde ella misma que se erige el propio sentido.
Una obra de arte apreciada socialmente como obra maestra no
necesita de nada exterior a ella misma para ser lo que en realidad
es, y es desde sí misma que se muestra a plenitud.
Las obras de arte actúan como metáforas, constituyen como
núcleos de sentido que se manifestan como símbolos. Indican en
su ser hacia otros planos de realidad diferente del plano inmediato
y utilitario en que nos movemos en la vida cotidiana.
Nos convidan a colocarnos en otra perspectiva de mundo, a
trascender la realidad inmediata, la vida cotidiana.
El llamado que obra en ellas a movernos y a participar de ópticas
diferentes a las cotidianas, testimonia que lo fundamental en ellas
lo constituye su carácter simbólico: nos invitan a trascender hacia
otra dimensión, nos convidan a observar o a experimentar otras
formas posibles de ser, que sólo se revelan en ellas y desde ellas.
Para acceder a lo atesorado por una creación de la cultura debemos
abrirnos atentamente a su presencia, abrirnos a lo que nos
manifesta y dejarla ser, dejarla hablar.
La obra signifca, nos habla, y si queremos comprender lo que
nos dice, tendríamos que aprender a callar ante ellas, dejarlas
expresarse y escucharlas con atención, con concentración y
humildad: habría que dejarlas reposar en las posibilidades de su
propio ser, y nuestro papel sería el de dejarnos llevar por lo que
ella nos muestra.
¿Hacia donde señala una obra de la cultura? Indica siempre hacia
una tierra determinada, esto es, muestra lo fundamental de un
lugar, de un tiempo, de una época; apunta hacia un contexto social
que se expresa según un conjunto de valores. Señala hacia una
historia, hacia prácticas sociales concretas, hacia tradiciones y
ritos, hacia modos de reverenciar y admirar.
En pocas palabras, una obra de la cultura de un pueblo revela su
39
forma de habitar sobre la tierra, resalta la estructuración, la dicha
o el drama que se evidencia en una manera de identifcarnos
con un territorio y de transformarlo en habitación, en hogar o de
trastocarlo en desierto inhumano e inhabitable.
Las obras nos hablan desde la idiosincrasia de un pueblo específco
en un momento de su historia. Indican y descubren modos
concretos o posibles de vidas. Están insertadas y nacen desde una
cultura viva, vibrante.
Se dirige y habla a un pueblo, a una determinada humanidad en
una época de su historia, y de ésta revela lo sustancial, lo que
el afán cotidiano nos oculta, o lo que no nos permite captar el
desasosiego en que vivimos, para transformar lo que se revela
desde ella en transparencia de plenitud.
El mundo que se abre en la obra se erige desde una Tierra
determinada, la tierra proporciona la base y el sustento, la materia,
para que a través de ella, en la obra pueda iluminarse, revelarse
como el mundo de cultura edifcado sobre semejante origen y en
correspondencia con éste.
La tierra y la cultura en la obra de arte constituyen un misterioso
juego de espejos que se refejan mutuamente y al hacerlo donan
sentido, belleza, rechazo a un estado o situación concreta, o libera
para que surja savia y espíritu nuevo.
El espacio abierto por esta relación crea una perspectiva, un
horizonte de sentido para abarcar y delimita un mundo; abre e
instaura, propone una posible interpretación del mundo.
El ser humano interpelado por la obra, desde ella se reconoce en su
mundo, adhiere a éste a través de ella, arraiga en lo propio de esta
cultura, se reconoce como apropiado en ella y por ella, ya que éste
es su patrimonio, la herencia de sus mayores.
Es desde semejante entreabrirse de signifcados que el ser humano
arraiga y descubre plenitud de sentidos vitales, se orienta en el
mundo, y es desde tales constelaciones de sentido que se constituye
una cultura, como la propia cultura.
40
Por tal razón, cuando a las obras se las extrae de su universo
signifcativo, de su contexto vital, cuando se las aísla de
sus referentes, de su propio mundo o cuando se las maneja
exclusivamente como mercancías, se enroscan en sí mismas y
callan.
Por todo ello, me luce, que la única vía posible para arraigar a
un pueblo, para que una nación o una cultura pueda alcanzar su
plena identidad es necesario cultivar la creación, que es la fuerza
y la revelación de nuevas posibilidades de descodifcar su propio
contexto humano y de transformarlo en cosmos, en habitación
apropiada para existir cabalmente en su tierra.
La creación es lo único que nos liga a algo, nos hace reconocerlo
y admirarlo, y nos incita a la perfección. Empero, no es posible
crear, ni educar, ni cultivar, sin cuidado solícito, sin la presencia
del amor.
Los creadores de todos los tiempos y lugares nos indican que la
única vía posible para alcanzar la identidad consiste en dedicarnos,
con empeño, con pasión, a edifcar y engalanar amorosamente la
propia morada, con ansias de perfección, como nos enseña nuestro
maestro por antonomasia, Pedro Henríquez Ureña.
5. ·CUl :l´`lH·A lll`TllAl ·UlTURAl:
Al comenzar el siglo XIX, Immanuel Kant, ya anciano, llega a
afrmar de manera vigorosamente sintética, que la ulosofía en
sentido mundano -no aquella que se enseña, sino la que se vive,
la que debería tener y proponerse todo ser humano en cuanto tal—
si algún día quisiera plantearse y expresarse con cierta coherencia,
exigiría que nos formuláramos, en algún momento de nuestras
vidas, tres preguntas fundamentales: ¿Qué puedo conocer? —esta
primera pregunta interrogaría sobre cómo podemos orientamos
en el vasto mundo; con qué procedimientos, y de qué manera
podemos llegar a conocer, a trazarnos un mapa del mundo para
movernos adecuadamente en él y aprender a manejarlo.
La segunda pregunta sería: ¿Qué me cabe esperar? —ésta
cuestiona sobre el signifcado que atribuimos a la vida humana,
41
indaga cuál podría ser nuestro destino fnal, tanto a nivel
individual, como colectivo.
Finalmente habría que preguntar: ¿Qué debo hacer?. . Esto es,
interrogarnos sobre cómo deberíamos vivir y comportarnos frente
a nosotros mismos y, sobre todo, frente a los demás, frente a
los otros; ¿cómo deberíamos actuar en el trato social? ¿Cómo
deberíamos organizar la convivencia?
Kant concluía que las tres cuestiones podían llegar a resumirse en
una sola interrogante: ¿Qué es el hombre? Con ello deberíamos
intentar cuestionarnos en torno a qué somos y cómo estamos
constituidos, sobre qué principios, creencias y saberes nos
asentamos, cómo, desde dónde, y cuáles han de ser los criterios
que nos permitirían defnir el territorio de sentido sobre el cual
llegamos a afncar nuestras vidas y comportamientos.
Una respuesta a esta última pregunta, pensaba el flósofo,
daría implícitamente respuesta a las interrogantes previamente
planteadas.
La verifcación refexiva que con tanta concisión solicita Kant en
las postrimerías de su existencia meditativa describe una tarea
necesaria, diría, fundamental, que debería cumplir cada ser humano
en particular, en algún momento de su existencia.
Cumplir con este cometido constituye, además, considerado en
sentido colectivo, la base para intentar adelantar y abarcar, con un
necesario proceso de revisión y reafrmación, los modos en que nos
abrirnos al mundo desde determinadas actitudes fundamentales,
que, a su vez, defnen nuestros modos de ser y nuestros
comportamientos en el conocer, el edifcar, el valorar, el convivir
y nos debería llevar a defnir y establecer cuáles son los usos y
costumbres, ritos y liturgias que privilegiamos como sagrados o
adecuados a ratifcar la dignidad del ser humano.
Es en diálogo —muchas veces inconscientes— con tales
cuestiones fundamentales, que vamos a edifcar una cultura, como
el modo de insertarnos y corresponder al mundo.
42
Desde lo descubierto a través de estas cuestiones es que
alcanzamos cierta claridad sobre lo que nos rodea, lo que somos,
y es desde estos planteamientos que obtenemos algún tipo de
autoconciencia sobre nuestros valores.
Desde el asumir la situación y el horizonte en que nos encontramos
es que defnimos sus alcances y su peso, esto es, sus límites,
entendidos estos tanto en sentido positivo como en sentido de
limitación, de restricción, de nuestras barreras.
Desde la defnición de semejante territorio aparece, también, lo
que se nos opone como lo extraño, lo grotesco, lo diferente o lo
inalcanzable con relación a nuestro ser.
Vamos defniendo así, cuáles son las resistencias que nos opone el
mundo, la época, aquello que impide que podamos desplegarnos
tal como nos sentimos, como pensamos, como anhelamos ser.
Allí aparece lo que se nos resiste cuando intentamos retenernos
adecuadamente en nuestra apropiada circunstancia.
Sólo si llegamos a conocerlos, sólo si alcanzamos clara conciencia
de los criterios que defnen nuestro accionar y sus límites,
podremos ganar nuevos territorios para nuestra existencia, para
nuestra autoconciencia, para nuestra cultura.
Y esto, como entes sociales que somos, acontece mediante el
habla, desde la palabra que es, a la vez, instrumento y circunstancia
desde la cual se nos dona un mundo inicial, el mundo de nuestros
padres, y que podemos transformar con nuestras creaciones en un
universo más rico de posibilidades de plenitud que desde el que
procedemos.
Sin embargo, en la realidad, la acción de defnir criterios, ponderar
valores, despejar horizontes y determinar límites es tarea y
responsabilidad que sólo pueden asumir los creadores.
El artista, el pensador, el político, el crítico, el arquitecto,
el escritor, el hombre de ciencia, es tal porque abre nuevos
horizontes, nuevas dimensiones al habitar humano y a la
convivencia; son ellos los que integran y reformulan, en sus obras
43
y biografías, los criterios —establecen su peso, su consistencia,
su medida, su intensidad, su jerarquía—; son los creadores los
que despejan y doman el espacio indefnido para que sea posible
instituir un determinado modo de habitar el ser humano sobre una
tierra determinada.
Para poder describir con propiedad lo que realmente acontece
en los procesos de constitución de cosmovisiones, deberíamos
llegar a problematizar, con mayor sutileza las cosas; empero,
ahora no disponemos ni del tiempo ni del espacio adecuado para
explicitarlo. Por ello, simplemente, agrego que en la realidad las
cosas se complican un poco más.
Hoy, nosotros contemporáneos, para poner un ejemplo, sentimos
el fuir, sentimos el elemento mutante del tiempo con más
presencia que las permanencias que en otras épocas resaltaban
como elementos inmutables; experimentamos que vivimos y
nos desplegamos en una época en continuo devenir, cuando
casi todos los parámetros que tenían vigencia hasta hace pocos
años, digamos, veinte o treinta años, ya no tienen validez o su
persistencia se ha diluido bastante.
Además, en nuestro tiempo se ha debilitado nuestra relación con
lo cercano, con lo local. Ahora dominan, entre otros accidentes, la
globalización y las telecomunicaciones.
Podemos afrmar que, en muchas circunstancias, tiene un mayor
peso en nuestras vidas lo lejano; en lugar de estar marcados,
dominados, por lo cercano, ahora sentimos una gran infuencia de
lo extraño y diferente a nuestro modo tradicional de vivir.
Los dominicanos, particularmente, no tenemos ahora una identidad
puramente dominicana, local. Pues, además de dominicanos,
pertenecemos a una cultura mucho más amplia, más abierta,
con una tradición milenaria, que es la cultura que se expresa en
español.
Por nuestra lengua y por las tradiciones que constituyen sus raíces,
pertenecemos además, a un ámbito cultural mucho más amplio que
en la actualidad domina sobre todo el planeta por vía del desarrollo
44
científco y tecnológico; somos parte de la cultura occidental, que
conforma el gran caudal de experiencias humanas milenarias de
donde trae origen la cultura que habla en español.
Pienso que el cultivo de la educación, la ciencia y la cultura,
entendidas como práctica social y vivencia intangible, es la savia
necesaria para que el espíritu humano pueda sobrevivir y triunfar
sobre las adversidades en un mundo originariamente caótico y
sin sentido; su cultivo es lo que hace habitable un determinado
espacio-tiempo.
Sólo mediante un proceso de apropiación, interpretación y
cumplimiento histórico de un ritmo vital, desde los ideales y
valores que se proyecta como su marco constitutivo y delimitante,
es que se constituye una cultura.
La creatividad y la perfección son las únicas jerarquías que ésta
reconoce. La cultura se expresa solo mediante obras, y para estas
llegar a dominar tienen que tener una jerarquía especial, deben
mostrarse y ser reconocidas como obras maestras, cualquier otro
tipo de discurso no las toca.
En el ámbito de una cultura sólo tienen la palabra aquellos que
crean; todo lo demás es, para decirlo con una expresión del gran
poeta cubano del siglo XX, Lezama Lima: Enemigo rumor.
La cultura es creación humana fundamental, hace posible la
domesticación del tiempo abstracto, que transforma en vida
dotada de sentido fulgurante; permite abrir como habitable el
espacio desierto, y hace forecer con sentido infnito la agobiante
geometría; es desde ella, que comienza a aparecer el mundo como
dotado de cualidades gentiles; sólo desde ella podemos afrmar qué
mundo puede asumirse como propio.
En ella, el caos originario adquiere la forma suprema de cosmos.
La cultura muestra el propio mundo como la más valiosa manera
de ser.
La cultura transforma lo abstracto en festa, en residencia, en
celebración, en júbilo poético, en cántico. La única posibilidad de
45
lograr la plenitud en este mundo es a través de la edifcación de la
propia cultura mediante la creación de obras excelsas.
Es por ello, por tratarse de un asunto tan importante, de tanta
trascendencia, que el Estado debe participar para garantizar a todos
los seres humanos la posibilidad de acceder, cultivarse y recrearse
en la propia cultura; es por ello que garantizar a los ciudadanos
el disfrute de la propia cultura constituye un derecho humano
fundamental.
La única vía para el desarrollo pasa a través de asumir, consolidar
y difundir nuestra cultura. Cobremos consciencia de que ésta es
la única opción de ser plenamente dominicanos forecientes en la
propia tierra.
6. Sobre las pol6ticas y los dominios culturales
La expresión política cultural tiene para el común de la gente un
signifcado indeterminado, borroso, abstracto. Muchos la escuchan
y la repiten sin tener claro a qué se refere.
Sin embargo resulta importante que nosotros, los dominicanos,
podamos comprender su alcance, a fn de poder juzgar con
propiedad hacia dónde se dirige la actuación pública en el ámbito
cultural y poder orientarnos sobre las prioridades de la inversión y
sobre los tipos de proyectos que serán asumidos por el Estado en el
ámbito cultural, en un determinado período de gobierno.
Para ello sería necesario conocer ¿cuál es la efectiva política
cultural en un determinado momento? ¿Por qué se ha asumido
tal esquema de políticas y no otro? ¿Cuáles son los componentes
explícitos e implícitos que abarca? ¿Qué blanco de la población se
ha de benefciar con su implementación? ¿Por qué se ha tomado
la decisión de favorecer a tales grupos humanos, y hasta que
profundidad o con cuál amplitud se prevé incidir con la ejecución
de las mismas?
Entre los especialistas en gestión cultural rige como estándar una
defnición de política cultural elaborada por la UNESCO en el año
1967:
46
La política cultural consiste en el conjunto de prácticas
sociales, conscientes y deliberadas, de intervención y
no intervención, que tienen por objeto satisfacer ciertas
necesidades de la población y de la comunidad, mediante
el empleo óptimo de todos los recursos materiales y
humanos de que dispone una sociedad en un momento
determinado.
Esta defnición es relevante para nosotros, dominicanos, ya que
nuestra legislación vigente la recoge como normativa.
15
De esta manera se entiende que las políticas culturales se
establecen para orientar hacia dónde ha de dirigirse la inversión
pública y la acción del Estado, y hacia dónde se solicita la
actuación y la cooperación a los diversos agentes culturales y a la
ciudadanía en general en un momento determinado.
Estas previsiones del accionar ofcial deben servir para establecer
un orden de prioridades relativo a qué planes se pretende ejecutar
en cuanto a la inversión y a la acción cultural del Estado. Además,
con su defnición se determinan parámetros claros para defnir las
posibles actuaciones e inversiones del sector privado.
Las políticas culturales deben fjar por qué el Estado ha decidido
apoyar, por ejemplo, la ejecución de medidas y actuaciones que
favorezcan el desarrollo de las casas de cultura provinciales y en
los grandes barrios de las ciudades más pobladas.
Con esta decisión, el gobierno que decide tomar este camino indica
al sector privado que vería con agrado, y facilitaría las inversiones
que favorezcan el despliegue y el reforzamiento de la denominada
cultura comunitaria. Medidas que podrían consistir en algunos
niveles de desgravación fscal (liberación en ciertos porcentajes
15
Cfr. Ley 41-00, que crea la Secretaría de Estado de Cultura, artículo 1, párrafo 3. El Gobierno
del Reino de España defne las políticas culturales de una manera semejante a la caracterización que
se ha adoptado en el ordenamiento legal dominicano: Se puede defnir la política cultural como el
conjunto estructurado de acciones y prácticas sociales de los organismos públicos y de otros agentes
sociales y culturales, en la cultura; entendida esta última tanto en su versión restringida, como es
el sector concreto de actividades culturales y artísticas, pero también considerándola de manera
amplia, como el universo simbólico compartido por la comunidad. Texto extraído de la página
correspondiente a España en el sitio web de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI).
47
16
Lluís Bonet, estudioso catalán de la cultura, subraya en su blog a este respecto: Las políticas
culturales surgen y se desarrollan a partir de cuatro grandes principios: el valor estratégico de la
cultura como difusor de estándares simbólicos y comunicativos; base en la que fundamentar las
identidades colectivas, y por tanto las identidades de las naciones y de los Estados; por tener efectos
positivos, tanto económicos como sociales, al desarrollar la creatividad, la autoestima y una imagen
positiva de las personas y los territorios; y fnalmente por la necesidad de preservar el patrimonio
colectivo de carácter cultural, histórico o natural. Cfr.: http://lluisbonet.blogspot.com/.
de los impuestos que una determinada empresa debe pagar por los
benefcios obtenidos en un año fscal).
Es decir, al establecer una determinada política pública cultural
el Estado podría renunciar a algunos de los benefcios que
le proporciona la recaudación de impuestos a fn de que los
empresarios privados locales inviertan una parte de los impuestos
que les correspondería pagar, mediante inversiones directas en el
área de nuestro ejemplo, en la cultura comunitaria, al fnanciar, ya
sea la dotación de su mobiliario, a los profesores que imparten la
docencia y velan por el desarrollo cultural de la juventud que opera
en una institución específca o al donar becas para perfeccionar la
formación profesional de los estudiantes más aventajados.
Dicho en breve, las políticas culturales servirían para indicar con
claridad a la sociedad, cuáles serían las áreas en que el sector
privado o las ONG podría realizar una importante colaboración
al trabajar con el Estado. Serían áreas de la cultura que el Estado
estima como prioritarias desplegar para los fnes del desarrollo
humano de una determinada región o territorio.
Este beneplácito del Estado se puede mostrar sea que éste
favorezca la acción e inversión privada por el establecimiento
de ciertos estímulos o descargos en cuanto a desgravación fscal
de las inversiones realizadas desde el mecenazgo privado, o que
reconozca ciertas inversiones como gastos de operación legítimos
de las empresas o de las ONG, los cuales se podría considerar para
no se computen como benefcios de las mismas.
16

Las políticas públicas culturales, en consecuencia, se establecen
para fjar de manera pública y operativa, cuáles han de ser las áreas
y sectores de la cultura y los segmentos poblacionales a los que
se han de dirigir las prioridades de la inversión del Estado y, en
consecuencia, se indican explícitamente como las áreas prioritarias
48
en que se ha de desglosar la inversión pública nacional, territorial
e indica hacia dónde el Estado aspira ver orientado el gasto del
sector privado y de la cooperación internacional en el sector.
Indican, además, qué objetivos, espacios, actividades, programas y
territorios serán favorecidos con una parte de la inversión pública
cultural en un determinado período de tiempo.
Es por ello que para la planifcación, la formulación y ejecución
de las políticas culturales se ha de tener en cuenta a los diversos
estamentos sociales básicos, por ejemplo: la población en general,
entendida como multitud o las diversas formas de constitución
de públicos que consumen bienes básicos y servicios culturales,
y cuyo acceso y participación en la vida cultural da la tónica del
contenido positivo del derecho individual a la cultura.
En este aspecto, esto mismo puede producirse respecto a todas
las áreas de la cultura que se agrupan en un determinado dominio
cultural, un tema que esbozaré más adelante. Por ejemplo, respecto
a la expansión en todo el país de programas de formación de los
recursos humanos, de empleados de apoyo, creadores y gestores
culturales, para aumentar el nivel de estudio y mejorar así
sensiblemente la calidad de la oferta de los servicios públicos de la
cultura. Además, este tipo de políticas ayuda al desarrollo personal
de las personas que laboran en los programas culturales, aumenta
su autoestima y su identifcación con el trabajo que realizan.
También, de manera permanente, debería haber políticas que
favorezcan a los creadores, en quienes cristaliza la obra, y
que deben ser asistidos y estimulados a la creación mediante
apoyos económicos, la realización de concursos y premiaciones,
facilidades de viajes para participar y conocer qué se piensa, qué se
crea y cómo se desarrollan profesionalmente los creadores en todo
el mundo.
Igualmente, se puede privilegiar el reforzamiento de instituciones
culturales que podría asistir o colaborar con el Estado para suplir el
primer rango de las necesidades culturales, como sería el desarrollo
y fortalecimiento de políticas que puedan benefciar a la sociedad
civil, sea que esta instancia social promueva y dinamice la acción
49
cultural posibilitando y ampliando las oportunidades para la
creación, para el acceso y el disfrute de la cultura.
Igualmente, puede asistirse a instituciones y comunidades
formativas privadas o mixtas para que funcionen como escuelas
básicas de formación artística u organizaciones de estudios
profesionales o universidades para que constituyan el entramado de
los recursos necesarios en una sociedad para transmitir y capacitar
a las nuevas generaciones en la comprensión de las obras de la
cultura, formar a nuevos creadores y artistas en las esenciales
destrezas de las artes y la cultura universal.
Finalmente, deberían defnirse estrategias claras respecto al
fomento y desarrollo de las industrias y de los mercados culturales,
muy importantes en nuestro tiempo.
Deberían establecerse, además, políticas que actúen y fomenten
acciones que sirvan como incubadoras de empresas culturales
para dedicarse a la producción, distribución y comercialización de
bienes y servicios culturales de todo tipo, siguiendo para ello la
lógica del mercado y la búsqueda de benefcios.
El Estado podría establecer políticas que delimiten su campo de
acción, garanticen la calidad de los productos ofertados sin caer en
casos de extremo y craso mercantilismo. Un elemento fundamental
que debe resaltarse inmediatamente, cuando se habla de políticas
culturales y de su fundamentación operativa es la circunstancia
formativa y esencial que tiene la proyección cultural de un pueblo,
de una nación o de un específco grupo étnico.
La cultura constituye una dimensión humanamente privilegiada en
cuanto actúa como creadora de valores tangibles e intangibles; es
una instancia capaz de crear y reforzar la identidad y la autoestima
de los seres humanos; es productora de riqueza económica y está
llamada a convertirse en un poderoso instrumento de cambio social
que dignifca y aumenta signifcativamente la calidad de vida de
los ciudadanos.
El desarrollo cultural que origina la aplicación de políticas
culturales claramente formuladas, establecidas de manera
50
sistemática, con alcances explícitamente defnidos y articuladas
de manera coherente, posibilita que en el ámbito comunitario y
nacional se originen sinergias sociales, culturales y económicas
que permitan realizar un extraordinario avance institucional,
sentando las bases para el desarrollo de una auténtica ciudadanía
cultural, que garantice positivamente la inclusión, la equidad, la
calidad del trabajo y por ende de las obras creadas, y todo esto
es un factor determinante para el crecimiento humano desde la
gestión pública de la cultura.
Con la fnalidad de alcanzar una visión de conjunto y mayor
cohesión en todo el sector cultural y articular mejor los diversos
aspectos de las políticas culturales, estas se agrupan en conjuntos
de estrategias y acciones culturales afnes, a los que se denomina
dominios culturales.
Un plan de desarrollo cultural debe enmarcarse e integrar los
diversos dominios culturales de manera armónica, de suerte que
las funciones, las intervenciones, las acciones, las evaluaciones
paulatinas y los resultados fnales, así como su registro cualitativo
y cuantitativo se integren en un proceso que, en cada fase, desde la
planeación a la ejecución hasta la evaluación fnal se constituya en
una totalidad congruente en su interior y que permita el despliegue
libre de la creatividad individual y colectiva.
A los dominios culturales o constelaciones de políticas culturales
afnes, generalmente, se les suelen agrupar como sigue a
continuación:
El conjunto de las actividades ligadas a la restauración,
protección y puesta en valor del patrimonio cultural: que
comprende el patrimonio monumental, urbanístico y los
sitios históricos; el patrimonio arqueológico, el patrimonio
bibliográuco, el musical, el gastronómico, el de las
técnicas adecuadas para resolver problemas especíucos,
el intangible, que abarca las tradiciones, las instituciones
creadoras de manifestaciones intangibles de la cultura, el
acervo artístico, los museos, las bibliotecas y archivos, las
hemerotecas, cinematecas y otros semejantes.
51
El conjunto de las actividades artísticas o cultura artística,
creadora, profesional: las actividades musicales, las artes
visuales, la arquitectura, las letras, las artes escénicas, las
artes del espectáculo, la protección del derecho de autor,
las escuelas de formación de profesionales de las artes: los
conservatorios, las escuelas de arte, etc.
Las actividades de promoción y animación cultural ligadas
al fomento y desarrollo de la cultura comunitaria, que se
desarrolla en las casas de la cultura y que es de carácter
no profesional, sino que canaliza las necesidades de primer
nivel de los servicios culturales a la población, esto es, la
cultura de participación voluntaria, amateur, aucionada,
es decir, aquella que gira alrededor de la satisfacción de
necesidades de expresión individual y en el marco de un
pequeño territorio o de una comunidad espiritual, cultural
o de origen territorial.
El conjunto de actividades ligadas a la cultura popular,
los festivales y tradiciones populares, la cultura folklórica
o tradicional, las uestas patronales, los carnavales,
las celebraciones religiosas y patrióticas, los festejos o
concursos tradicionales o históricos de una cultura, la
gastronomía, etc.

Las actividades ligadas al desarrollo de las industrias
culturales y creativas: las ediciones bibliográucas,
la prensa escrita, la radio, la televisión, las series
televisivas, el mercado de los artes plásticas, la producción
videográuca, la radiodifusión, la cinematografía, la
creación de software de contenido o interés cultural, las
telenovelas, la producción de audiovisuales, los CD-
ROM, los libros electrónicos o digitales, la producción
discográuca, las artesanías, etc.
El conjunto de políticas que se concentran en
promover actividades de cooperación internacional y
proyección cultural internacional que, en un mundo
más interdependiente y globalizado, permiten proyectar
la cultura, a los creadores y los valores nacionales en
52
el contexto internacional, reforzar la identidad de los
emigrados y mantener una presencia comprometida y
participativa en los organismos culturales de cooperación
internacional.
Según sean defnidos tales dominios, las políticas culturales deben
establecer órdenes de prioridades y esquemas de desarrollo;
elaborar reglamentación institucional e interinstitucional y defnir
las normativas funcionales y administrativas en cada caso; precisar
los orígenes y criterios del fnanciamiento y la categorización del
apoyo presupuestario a los proyectos, así como determinar criterios
diáfanos, explícitos y de público conocimiento para establecer la
normativa del patrocinio privado de la cultura; establecer vías de
acceso y facilidades para el disfrute generalizado de la cultura;
defnir las sistemáticas de registro e inventarios, conservación y
revitalización del patrimonio; crear incentivos para la creación, la
proyección y afanzamiento internacional de la cultura nacional;
defnir las necesidades y las prioridades de la capacitación de
personal especializado en gestión cultural; establecer programas de
control de calidad de los servicios culturales, defnir los criterios y
modalidades de recolección y tabulación de estadísticas culturales
para medir la efectividad de las políticas que se implementen de
manera objetiva, concreta.
La totalidad de intervenciones de este orden es la que vendría a
constituir el contenido concreto de una política cultural.
Para construir políticas culturales orgánicas, sustentadas en
nuestras raíces y formas de ser, hay que realizar un ejercicio
democrático:
Hay que escuchar a la gente y a las comunidades sobre
aquello a que aspiran y consideran valioso del propio ser
y hacer y sobre qué consideran como los más estimables
entre los bienes que hay en su territorio y en sus
tradiciones y modos de concebir la vida humana excelente.
Hay que crear instancias de empoderamiento local para
capacitar a la autogestión y al logro de sus propias metas
de desarrollo cultural y establecer, para el país, un orden
53
concertado entre las aspiraciones legítimas, históricas, las
prioridades locales y territoriales según las posibilidades
nacionales que son establecidas según la disponibilidad de
los recursos de diversos órdenes disponibles para invertir
en el campo de la cultura nacional.
Sólo desde semejante planteamiento, ejercicio de consulta y
registro democrático, participativo e incluyente, las políticas
culturales podrían reivindicar plenamente a la cultura como
el espacio privilegiado de concertación social y de valores
democráticos de participación, y lugar de origen de la propia
identidad comunitaria, regional y nacional.
No hay duda de que el tema de la gestión pública de la cultura ha
venido transformándose en un asunto de suma actualidad gracias a
los continuos avances de los procesos de globalización, en curso,
desde fnales de los años ochenta del siglo pasado.
En nuestro país, con la creación, instalación y puesta en marcha
operativa de la Secretaría de Estado de Cultura, en el año 2000,
vino a defnirse el organismo estatal que debía regir y establecer la
normativa y los procedimientos de gestión de la acción pública de
la cultura, basada, según se esperaba entonces, en la formulación
de políticas culturales claramente establecidas. Esta institución,
recientemente, por mandato de la nueva constitución política
aprobada y proclamada en el año 2010, se ha transformado en el
Ministerio de Cultura.
Con tales inicios, se pensaba en el momento de su creación, se
sentaban las bases para formular, por vez primera en nuestra
historia, políticas culturales planteadas públicamente, de manera
explícita, formuladas con cierta organicidad, centradas en la
creación de un sistema de gestión efciente, sustentado en bases
racionales, que permitían esperar una gestión pública de la cultura
ejemplar, vertebrada, coherente, concertada, descentralizada,
documentada, evaluada mediante la pertinencia y la propiedad de
los resultados alcanzados y que mostrara una continuidad en el
tiempo.
Después de doce años de actuaciones del Ministerio
54
de Cultura, debe producirse un proceso profundo de
repensamiento evaluativo sobre la efectividad de sus
actuaciones, y el debate sobre la gestión pública de la
cultura nacional debe necesariamente, ahora, ampliarse y
profundizarse.
Las decisiones que en los próximos años se han de tomar
en torno a los múltiples aspectos de las políticas culturales,
desde el orden de prioridades que abría que atender, de
los proyectos e inversiones a ejecutar y sobre los esquemas
de gestión de la administración cultural marcarán el
área, para bien o para mal, por muchos años. De ahí
nace la obligación moral de las autoridades de proceder
democráticamente, con gran apertura, con racionalidad,
mesura y cautela.
Deberían plantearse los fundamentos de una política
cultural orgánica y colocarse ante el país en actitud
de consulta, abiertas a todos los estamentos sociales e
ideológicos, a las comunidades, a los creadores, a gestores
culturales independientes y a los técnicos de las diversas
especialidades para discutir y llegar a acuerdos sobre
las medidas que habrían de tomarse y sobre el orden de
prioridades a ejecutar.
La cultura es algo que nos pertenece a todos, y todos
deberíamos ser tomados en cuenta al momento de tomar
las decisiones importantes. El mejor método de trabajo en
este delicado terreno lo constituye la apertura democrática,
la inclusión, la participación de todos, el consenso y la
transparencia.
Este necesario diálogo sobre el destino de nuestra cultura
y sobre los medios de que disponemos para preservarla,
estimular su creación, aumentarla con alta calidad,
y proyectarla al mundo, debe mantenerse, para ser
socialmente fructífero, en el terreno de la racionalidad; y
también en el ámbito de lo posible, de lo realizable en el
sentido social, histórico y económico.
55
Debería estar signado por una actitud de atenta apertura
a los diversos planteamientos y de respeto de los diferentes
puntos de vista que se presentasen. Si el debate es
sustancioso y clariucador, si aporta soluciones a viejos
problemas de manera nueva y creativa será altamente
positivo para el crecimiento de nuestra democracia. Desde
esta perspectiva apuntamos nuestra participación en éste.
/. ·lCR CUl \ ·CMC :l |U:TlH·A lA l`TlR\l`·lC`
estatal en el campo cultura?
Para situar nuestro tema apropiadamente, deberíamos inicialmente
tratar de señalar cuál sería la razón que justifcaría la intervención
del Estado en un campo aparentemente tan ajeno a sus
intervenciones, como es el de la gestión de la cultura. Por ello
nos cuestionamos, ¿Por qué debe producirse, bajo que razón o
justifcación racional, la intervención del Estado en el universo de
la cultura?
Si examináramos la historia de las instituciones culturales
estatales, veremos que las primeras intervenciones del Estado
en el ámbito de la vida cultural se verifcan en Europa durante la
primera mitad del siglo XVII y se afanzan con el advenimiento
de las monarquías absolutas del siglo XVIII. Antes de esta época,
la cultura en términos generales se encontraba protegida por el
mecenazgo privado por parte de reyes y ciertas fguras destacadas
de la nobleza.
En el tiempo del absolutismo monárquico, en el siglo XVII,
cristaliza la apertura a los doctos y a un público de abolengo de
las colecciones y bibliotecas reales, y se produce las primeras
creaciones de Academias de Bellas Artes, de Ciencias y,
fnalmente, de Artes Aplicadas o dedicadas al desarrollo de
tecnologías. En aquel momento aparece por primera vez una
preocupación concreta, claramente manifestada de parte del Estado
y sus regentes, por desarrollar una política cultural racional y
explícita.
Surge, entonces, la idea del patrimonio histórico nacional que
se convertirá en el leitmotiv de las primeras políticas culturales
56
estatales y aparecen, también, las primeras fguras del funcionario
cultural. En ese momento la burocracia cultural se manifesta
a través del empleo de destacadas personalidades, escritores,
pensadores y eruditos.
Este fue el caso de Goethe (1749-1832), en Weimar, que el duque
conquista, al igual que a otros escritores y eruditos de Alemania;
específcamente, a Schiller (1759-1805) y a Herder (1744-1803),
lo que contribuye a transformar ese pequeño estado en el centro
cultural de Europa del Norte.
También esto acontece con el flósofo, matemático y científco,
Gottfried Leibniz (1646-1716), quizás el ultimo gran genio
espiritual de su tiempo, quien fue conquistado por el Duque de
Hannover para que fuera su bibliotecario. El pensador sirvió en
estas responsabilidades sucesivamente, a tres gobernantes del
ducado. Lo mismo ocurre con Haydn (1732-1809) y Mozart
(1756-1791) que fueron servidores domésticos de fguras de la alta
nobleza en cuanto músicos de la Corte.
Otra fase de este desarrollo se alcanza en el siglo XIX con la
llegada de la instrucción generalizada, fruto de la herencia de la
Revolución Francesa.
Precisamente, en esa época la intervención estatal en la cultura
adquiere un nuevo matiz, especialmente con la creación de
múltiples bibliotecas públicas y la apertura de escuelas para
enseñar los rudimentos de la enseñanza y adiestramiento en algún
ofcio práctico.
Posteriormente, se van a formar los grandes museos abiertos a los
visitantes extranjeros y a jóvenes artistas que desean aprender el
ofcio de pintor o escultor. Finalmente, en las postrimerías de ese
mismo siglo comienzan a aparecer las primeras asociaciones de
artistas y creadores tal y como las conocemos hoy.
Con la aparición de nuevos medios de comunicación tales como
el cine, la radio, la publicación en masa de los primeros libro
de bolsillo, las revistas ilustradas y las novelas de entrega en la
prensa, y más adelante difundidas por la radio y la televisión, surge
57
la posibilidad para el artista de independizarse del mecenazgo,
ya sea este privado o estatal, y esto, gracias al nacimiento de los
mercados culturales, lo que conduce a una necesaria reformulación
de la política del Estado en lo referente a la cultura, lo que se
evidenciaría desde los primeros años del siglo XX.
En los primeros treinta años del siglo XX, se va a conformar un
modelo de intervención estatal, que va a tener gran relevancia
especialmente en Inglaterra y Estados Unidos.
Es el modelo de concesión de incentivos fscales al sector privado,
de suerte que los recursos liberados pudieran afuir directamente,
por medio de donaciones o compras de bienes culturales
directamente a los artistas y creadores, para así venir a constituir la
forma moderna de mecenazgo.
Asimismo, con la aparición de la televisión y la masifcación del
cine, surgen las llamadas industrias del entretenimiento, que en
los regímenes totalitarios, tales como el nazismo, el fascismo
y el estalinismo se van a constituir, además, en instrumentos
altamente efcaces de la propaganda para arraigar y mantener a
gala el sistema totalitario y, al mismo tiempo, dada la naturaleza de
dichos regímenes, van a surgir las primeras burocracias estatales
encargadas específcamente de la cultura, la propaganda y el
moldear la voluntad popular a los dictámenes del régimen.
El dictador soviético Stalin, llega a nombrar a los especialistas del
sector cultural, ingenieros de almas.
17
17
Respecto a lo que ocurre entre nosotros en el caso de la educación y la cultura en el siglo XIX,
se puede consultar el libro del sociólogo holandés Harry Hoetink: El pueblo dominicano 1850-
1900. Apuntes para su sociología histórica, editado por la Pontifcia Universidad Madre y Maestra
de Santiago, en los años setenta del siglo XX. Además, de Santiago Castro Ventura, Hostos en el
perímetro dominicano, Editora Manatí, 2003. Sobre la política cultural en el estalinismo se puede
consultar: de Frank Westerman, Ingenieros del alma, Debolsillo Editores, 2009. Hay un libro que
me ha impresionado por lo bien documentado del tema de la formación de las primeras escuelas
en Rusia, en el siglo XIX, es de Jeffrey Brooks, Quando la Russia imparò a leggere (1861-1917)
[Cuando Rusia aprendió a leer] Il Mulino Editori, 1992. Clásicos de la interpretación de los
fenómenos de las industrias culturales como instrumentos de opresión o de manipulación consumista
en las sociedades avanzadas, la obra de Adorno-Horkheimer, cfr.: Dialéctica del iluminismo,
fragmentos flosófcos, Trotta Editores, 2003, y el libro del sociólogo norteamericano, Daniel Bell:
Las contradicciones culturales del capitalismo, Alianza Editorial, Madrid, 1977, 1982. Otra obra
importante, a nivel teórico, es la del estadounidense: Fredric Jameson, Postmodernism: The cultural
logic of late capitalism, Durham, N.C.: Duke University Press. 1991. Hay una traducción al español
editada por Editorial Trotta.
58
En las democracias occidentales, los estamentos responsables de
la formulación de una política cultural estatal no van a surgir sino
hasta después de la Segunda Guerra Mundial.
En los años siguientes van surgiendo nuevos modelos de
organismos ejecutores y coordinadores de las políticas culturales,
basados en un principio universal que lanza el ideal de la
participación y el derecho al acceso a la cultura de todos los seres
humanos, tomando como parámetro para ello la Declaración
Universal de los Derechos Humanos.
Las nuevas acciones están estrechamente relacionadas con la nueva
realidad internacional que nace de la postguerra, a partir de la
creación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Este
organismo es creado por cincuenta y un Estados reunidos en la
ciudad norteamericana de San Francisco, el 24 de octubre de 1945.
Sin embargo, su protohistoria proyecta su origen en la Sociedad
de las Naciones, creada por el Tratado de Versalles al fnal de la
Primera Guerra Mundial.
La denominación de «Naciones Unidas» se origina en la Segunda
Guerra Mundial. El presidente de Estados Unidos, Franklin
Delano Roosevelt, realiza una declaración, el 1 de enero de 1942,
que titula: Declaración de las Naciones Unidas. Allí se expresan
los principios de una alianza de veinte y seis naciones que se
comprometen a luchar por defender la Carta del Atlántico.
Este documento, a su vez, en su origen es emitido por el presidente
estadounidense y el primer ministro inglés, Winston Churchill, y
comprometía a ambos líderes, que combatían al eje de naciones
con gobiernos totalitarios: Alemania, Italia y Japón, con una serie
de principios, entre los cuales destacaban:
No buscar engrandecimiento territorial ni de ninguna
otra índole; no buscar modiucaciones territoriales que
no estuviesen acordes con las aspiraciones de los pueblos
involucrados; garantizar el respeto al derecho de los
pueblos a elegir el régimen de gobierno bajo el cual
desearan vivir; garantizar igual acceso al comercio y
a las materias primas del mundo que sean necesarias
59
para fomentar la prosperidad económica; establecer una
estrecha cooperación para mejorar las normas de trabajo,
prosperidad económica y seguridad social; restablecer,
después de vencidos los Estados totalitarios, una paz para
vivir seguros dentro de sus propias fronteras, y a todos los
hombres en todas las tierras una vida libre de temor y de
necesidad, unalmente, garantizar la libertad de tránsito
en todos los mares y el abandono del uso de la fuerza y
alentar el desarme a los pueblos que aman la paz.
Finalmente, en la Carta se comprometían a crear un nuevo sistema
de seguridad colectiva, más efcaz que la anterior Sociedad de
Naciones.
Posteriormente, se prepara la formulación de una nueva
Declaración de los Derechos Humanos, que se aprueba en
una reunión de la Asamblea General de las Naciones Unidas,
celebrada en París, bajo el título de Declaración Universal de los
Derechos Humanos (DUDH), que es un documento declarativo de
treinta artículos relativos a los derechos humanos básicos, que se
adopta mediante la resolución 217 A (III), el 10 de diciembre de
1948.
Este documento viene a ser considerado como la Declaración de
Principios Universales que justifcaban la fundación y el trabajo
del señalado organismo internacional.
En la Declaración se reconoce, por vez primera, el derecho que
tiene todo ser humano a disfrutar y participar en la cultura del
pueblo de que hace parte.
Ahora bien, si los humanos tenemos el derecho a la cultura como
exigencia intrínseca de la dignidad de la persona, los Estados
estarían en el deber, desde una posición de responsabilidad moral
y social, de asumir la garantía de su ejercicio proporcionando,
en la medida de sus posibilidades, los medios adecuados para la
participación efectiva de los ciudadanos en la vida cultural de la
comunidad.
60
Es, entonces, desde tal posición ética fundamental de donde
se derivaría para todos los Estados miembros del Sistema de
Naciones Unidas, la necesidad de articular políticas culturales
que tengan como primer objetivo garantizar el respeto y el
ejercicio de tales derechos y de asegurar el disfrute de la
pertenencia a una comunidad a través de su cultura.
En nuestro país, mediante la ley No. 41-00 que crea la Secretaría
de Estado de Cultura queda con diafanidad fundamentada y
justifcada la intervención del Estado dominicano en el ámbito
de la cultura por esta única razón: garantizar el ejercicio de los
derechos culturales de todos los dominicanos.
Por ello toda actuación estatal en el campo de la cultura, a partir
de la promulgación esta legislación, debe sustentarse como
garantía del ejercicio de tales derechos.
El Estado dominicano ha de tener una política cultural para
garantizar el derecho a la cultura de todos los dominicanos.
Sin embargo, se debe hacer hincapié en el hecho que la
Constitución vigente en el momento de la promulgación de
la señalada legislación -Constitución proclamada el 28 de
noviembre de 1966— ya reconocía y establecía la garantía
del ejercicio de los derechos culturales de los ciudadanos
dominicanos.
En efecto, en el título II, sección I, De los derechos individuales
y sociales, artículo 8, acápite 16, se establecía el derecho a la
educación y la cultura, de la manera siguiente:
La libertad de enseñanza. La educación primaria será
obligatoria. Es deber del Estado proporcionar la educación
fundamental a todos los habitantes del territorio nacional
y tomar las providencias necesarias para eliminar el
analfabetismo. Tanto la educación primaria y secundaria,
como la que se ofrezca en las escuelas agronómicas,
vocacionales, artísticas, comerciales, de artes manuales y
de economía doméstica, serán gratuitas.
61
El Estado procurará la más amplia difusión de la ciencia
y la cultura facilitando de manera adecuada que todas
las personas se beneucien con los resultados del progreso
cientíuco y moral.
18
En esta Constitución es reconocido y protegido, también, el
derecho a la propiedad intelectual y el derecho de autor, en el
apartado 14 del mismo artículo 8:
La propiedad exclusiva por el tiempo y en la forma que
determine la ley, de los inventos y descubrimientos, así
como de las producciones cientíucas, artísticas y literarias.
Este apartado es una extrapolación de la anterior Constitución de
1955. Este acápite es recogido en la Constitución de 1966 con la
misma redacción con que aparece en la de 1955. En este último
texto constitucional, aparece en el acápite 13.
19
Como dato histórico de interés para nuestros fnes, registramos
que se reconocen ciertos derechos culturales por vez primera en
la Constitución proclamada el primero de diciembre de 1955. En
ese documento constitucional se registra en el título II, De los
Derechos Humanos, artículo 8, en el apartado 6.
Allí se establece la libertad de enseñanza. El artículo completo reza
como sigue:
La libertad de enseñanza. La educación primaria será
obligatoria tanto para el menor de edad escolar como
para todos los que por razones diversas no hayan podido
18
Cfr. El dispositivo cultural aparece en cursivas y negritas. En la página web del Consejo Nacional
de Reforma del Estado, CONARE, aparecen recogidas y disponibles para consulta de las personas
interesadas todas las Constituciones políticas dominicanas y las reformas a que han sido sometidas.
Para localizar este apartado se debe ir a la sección de Documentos, y desde allí cliquear al enlace
nombrado: Reformas Constitucionales o directamente a la siguiente dirección en línea: http://conare.
gob.do/index.php?option=com_phocadownload&view=category&id=14&Itemid=125
19
Si quisiéramos ser quisquillosos, hay una única diferencia entre ambos textos, es una coma que
aparece en el texto de 1955, que no se coloca en la redacción posterior, pero este signo de puntuación
no agrega ni quita nada a la formulación del derecho. La coma faltante también podría ser fruto
de un descuido en la transcripción del texto de uno de los documentos. En la formulación de 1955
se lee: La propiedad exclusiva, por el tiempo y en la forma que determine la ley, de los inventos y
descubrimientos, así como de las producciones científcas, artísticas y literarias. La primera coma no
aparece en el documento de 1966.
62
gozar con anterioridad de este derecho. Queda instituido
como un deber del Estado proporcionar la educación
fundamental a todos los habitantes del territorio nacional y
tomar las providencias necesarias para eliminar o evitar la
reaparición del analfabetismo. Tanto la educación primaria
como la que se ofrezca en las escuelas vocacionales,
artísticas, comerciales de artes manuales y de economía
doméstica, serán gratuitas. Estos deberes del Estado
suponen de parte de las personas que habitan el territorio
de la República la obligación correlativa de asistir a
los establecimientos educativos de la nación, a un de
adquirir, por lo menos, la instrucción elemental. El Estado
procurará la más amplia difusión de la ciencia y la cultura
facilitando de manera adecuada que todas las personas se
beneücien con los resultados del progreso cientíüco.
20
Es de notar que en la Constitución anterior a la de 1955, la
proclamada el 10 de enero de 1947, no aparecen consagrados los
derechos culturales. Explícitamente sólo se consagra en ésta el
derecho a la enseñanza, que aparece en la sección II, título II, De los
Derechos Individuales, en el artículo 6, en el apartado 4:
La libertad de enseñanza. La instrucción primaria estará
sujeta a la vigilancia del Estado y será obligatoria para el
menor de edad escolar, en la forma que establezca la ley. En
los establecimientos ouciales, esa instrucción, lo mismo que
la que se da en las escuelas agrícolas, de artes manuales y
de economía doméstica, será gratuita.
Empero, sí aparece registrado en este documento el derecho a la
propiedad intelectual que se inserta en el acápite 11, del mismo
artículo 6. El mismo expresa la matriz que será tomada como
parámetro de las siguientes redacciones, ya mencionadas, la de
1955, y la de 1966.
La propiedad exclusiva, por el tiempo y en la forma que
determine la ley, de los inventos y descubrimientos, así como
de las producciones cientíucas, artísticas y literarias.
20
Negritas de LOBF.
63
El hecho de que en las Constituciones dominicanas anteriores
a la de 1955 no aparezca ninguna referencia a la garantía de los
derechos culturales de los dominicanos no es un hecho extraño.
Esto se debe a que la DUDH se aprueba un año después de la
proclamación de la Constitución de 1947. Para ese tiempo, el
derecho cultural era un derecho que aún no se había independizado
de la primera concepción del derecho a la cultura, que se expresaba
como manifestación del derecho a la instrucción pública universal
y gratuita.
Como un dato adicional relativo a la implementación y el
reconocimiento del derecho a la cultura en nuestro país, apunto
que también podría analizarse este reconocimiento de acuerdo
a la posible presencia de ejecución de políticas culturales en la
República, desde su fundación.
En la página web de la Organización de los Estados
Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OIE),
se encuentra una relación bastante elemental y en ciertos casos
discutible sobre la implementación de las políticas culturales
en el país. Reconozco que esta redacción es un primer esfuerzo
de sistematizar e inscribir el origen de la presencia de políticas
culturales en el país, pero su desglose se entremezcla con la
ejecución de políticas relativas a la pública instrucción, lo que no
ayuda a clarifcar el asunto.
21
8. lA ll·lARA·lC` U`l\lR:Al ll lC: llRl·HC:
Humanos. Sus caracter6sticas y alcances.
Cómo ya he señalado, el 10 de diciembre de 1948 fue aprobada por
la Tercera Asamblea General de las Naciones Unidas, la resolución
217-A (III), que proclama la Declaración Universal de Derechos
Humanos (DUDH).
El documento se presenta como sigue:
21
Cfr. Esta información aparece en el capítulo titulado, OIE – Informe República Dominicana. Fue
redactado durante el período constitucional 2000-2004. El documento a que me refero se titula:
Desarrollo histórico de las políticas culturales, y se encuentra al visitar el siguiente enlace: http://
www.oei.es/cultura2/rdominicana/informe2.htm
64
La Asamblea General proclama la presente Declaración
Universal de Derechos Humanos como ideal común por
el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a
un de que tanto los individuos como las instituciones,
inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante
la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos
y libertades, y aseguren, por medidas progresivas de
carácter nacional e internacional, su reconocimiento y
aplicación universales y efectivos, tanto entre los pueblos
de los Estados Miembros como entre los de los territorios
colocados bajo su jurisdicción.
He resaltado, en negrita, tres afrmaciones que me parecen de suma
importancia para comprender cuál es el contexto en que se coloca
la DUDH.
En primer lugar hay que ponderar que la Declaración se presenta
como un conjunto de ideales comunes a los pueblos que
proclaman y ratiücan la Declaración. No se trata ni de una verdad
de carácter metafísico, religioso o de un principio que se derive
de alguna interpretación de una supuesta condición humana. No,
la Declaración se aürma como un acuerdo sobre principios,
sobre valores o ideales, que constituyen una aspiración noble,
plausible, cargada de consecuencias positivas para los seres
humanos, y es por ello que sostiene que
todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a un de que
tanto los individuos como las instituciones, inspirándose
constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza
y la educación, el respeto a estos derechos y libertades.
Se trata de fjar de la manera más clara que la Declaración
reconoce determinados principios como plausibles y provechosos,
deseables para todos, individuos e instituciones,
que deben ser promovidos mediante procesos de
divulgación mediante su enseñanza y, en sentido general,
que se debe educar para que todos los reconozcamos,
esto es, que caigamos en cuenta de que su aplicación es válida,
65
benefciosa y conveniente que se extienda de manera universal
y efectiva por todos los individuos, pueblos y naciones. La
Declaración establece un criterio de validez de sí misma en base a
la utilidad práctica que de ella se deriva. Se instauran sustentados
en un cálculo de intereses.
La Declaración en este sentido se presenta como un resultado
del modo de descifrar el mundo de la modernidad. Representa
los principios de una posible ética universal a la que se llega
por el establecimiento de un contrato social, de una convención
internacional, que fja determinados modos de conducta y de dejar
ser, de postular que es plausible dejar hacer, de permitir específcos
comportamientos humanos, que se reconocen son benefciosos y
útiles para lograr una convivencia armónica entre seres humanos.
Con estas generalidades fundamentales claras, paso a realzar,
que al inicio del texto, antes de la enumeración detallada de los
derechos, hay unos párrafos programáticos que se titulan en
conjunto como el preámbulo a la declaración, donde se formulan
siete consideraciones con las cuales se intenta delimitar el
territorio desde el cual se ha de levantar el edifcio de los Derechos
Humanos.
Se insiste allí, que para alcanzar el reconocimiento y el ejercicio
mundial de tales derechos,
la comunidad internacional debe dirigir sus esfuerzos a un
de que sea reconocida por todos la dignidad intrínseca y la
capacidad de tener derechos iguales e inalienables, a todos
los miembros de la familia humana;
se sostiene, además, que los Derechos Humanos deben estar
protegidos por
el establecimiento de un régimen de derecho en el interior
de las naciones, el cual debe proyectarse también a las
relaciones internacionales;
se establece, fnalmente, que, para garantizar el ejercicio de tales
derechos fundamentales,
66
se hace imprescindible la instauración de un programa
de desarrollo universal que promueva el progreso social
y eleve la calidad de la vida humana, objetivo éste que
debería de alcanzarse desde un amplio marco de respeto
a todas las libertades, capacidades y posibilidades
humanas.
22
Tales consideraciones signifcan que, desde el primer momento,
para los redactores del documento, la conquista de los derechos
se concibió esencialmente vinculada con un proceso, que se
plantea como el despliegue de
un programa de ediücación de un plan universal de
crecimiento humano integral de alcance mundial que
permitiera a la humanidad como un todo avanzar hacia
formas de vida y de convivencia más plenas, construidas
en un mundo en el que debía imperar la paz, la justicia, la
equidad, el progreso social y el pleno desarrollo humano
integral.
23
Antes de proseguir con la descripción de la flosofía que informa
a la Declaración, creo necesario señalar un elemento básico que
estimo debe tenerse en cuenta para poder justipreciar la novedad
que aporta este texto en la historia del ser humano moderno.
Como es sabido, la Declaración Universal de los Derechos
Humanos no ha sido la primera formulación de una cartilla que
expresara en una exposición sintética la importancia de la dignidad
humana y de los derechos que de esta valoración se desprenden.
En la historia de Occidente, desde los albores de la modernidad,
en la Ilustración, se registran, en efecto, tres declaraciones de una
relevancia prácticamente universal.
La primera trae su origen de la pluma de Thomas Jefferson, escrita
en primer borrador a mediados de junio de 1776.
22
Negritas de LOBF.
23
Negritas de LOBF.
67
En esa ocasión la redacción inicial se presenta de la siguiente
manera:
Sostenemos como sagradas e innegables estas
verdades: que todos los hombres son creados iguales
e independientes, que de esa creación igual reciben
derechos inherentes e inalienables, entre los cuales están
la preservación de la vida, la libertad y la búsqueda de la
felicidad.
En la última de las correcciones que hizo el autor al texto, el
sentido del enunciado se hace más claro y directo:
Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los
hombres son iguales; que son dotados por su creador de
ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida,
la libertad y la búsqueda de la felicidad.
La declaración inicial de Jefferson antes de transformarse en
una Carta de Derechos con carácter constitucional, cuando fue
ratifcada por los Estados en 1791, sufrió ochenta y seis variaciones
de forma.
Respecto a lo apuntado sólo comento que el proyecto de
Declaración de los Derechos Humanos de Jefferson muestra
una clara infuencia de los principios que enmarcan la práctica
de la masonería, que era una institución que en ese momento
histórico, unifcaba el ideario de las élites ilustradas, tanto en
Europa como en el continente americano. En las colonias inglesas
de Norteamérica, las clases dirigentes adherían a estas ideas y
comportamientos sociales, como se puede aún relevar en el gran
sello de los EE. UU. que aparece estampado en la moneda, aparece
un triángulo con, en el centro, un ojo omnisciente, y cuyo lema se
expresa: 'In God we Trust¨.
25
La segunda declaración fue la realizada por la Asamblea Nacional
francesa, en cuya redacción, en diversos momentos, participaron
unas cincuenta personas.
25
Ese lema o motto, en italiano: En Dios confamos, se recoge en el himno estadounidense desde
1814 y, aunque aparecía en los billetes federales, el mismo no fue ofcializado sino hasta 1956.
68
La primera versión que se sometió a debate de la Asamblea el
20 de agosto de 1789 contaba con veinticuatro artículos, pero
la redacción fnal sólo recogía diecisiete, que fueron aprobados
de manera provisoria, pues se tenía la intención de un debate
posterior de los otros artículos no aprobados hasta el momento de
la proclamación el 27 de agosto de esa mismo año. Esta carta de
derechos viene nombrada como Declaración de los Derechos del
Hombre y del Ciudadano, y en sus párrafos iniciales dice:
Los Representantes del Pueblo Francés, constituidos en
Asamblea Nacional, considerando que la ignorancia,
el olvido o el menosprecio de los derechos del Hombre
son las únicas causas de las calamidades públicas y de
la corrupción de los Gobiernos, han resuelto exponer,
en una Declaración solemne, los derechos naturales,
inalienables y sagrados del Hombre, para que esta
declaración, constantemente presente para todos los
Miembros del cuerpo social, les recuerde sin cesar sus
derechos y sus deberes; para que los actos del poder
legislativo y del poder ejecutivo, al poder cotejarse en
todo momento con la unalidad de cualquier institución
política, sean más respetados y para que las reclamaciones
de los ciudadanos, fundadas desde ahora en principios
simples e indiscutibles, redunden siempre en beneucio
del mantenimiento de la Constitución y de la felicidad de
todos.
En consecuencia, la Asamblea Nacional reconoce y
declara, en presencia del Ser Supremo y bajo sus auspicios,
los siguientes derechos del Hombre y del Ciudadano:
[Sigue a continuación la enumeración de los derechos
consagrados en la Carta].
26
Me he detenido en resaltar el origen y el contexto histórico-social e
ideológico en que se produce la fundamentación de la proveniencia
de tales derechos en las dos primeras Declaraciones, para indicar
26
Las negritas en el texto citado son de LOBF. Hay que tener en cuenta que esta declaración
no era tan liberal como podría parecer a simple vista. En realidad de ésta quedaban excluidos los
extranjeros, las mujeres, los esclavos, los negros, las minorías religiosas, los niños y los dementes.
También para esta declaración vale lo apuntado sobre la infuencia de las ideas masónicas.
69
que en ambos casos reseñados, el origen de los derechos humanos
se adscribe a principios que son considerados como claros e
incuestionables de manera inmediata, esto es, como evidentes, lo
que implica que no se hace necesario manifestar las razones en
que arraigan —y esto propio en la época en que se sostiene que el
único y radical valor es el que se constituye desde la razón, pues
se considera que estas verdades son comúnmente aceptadas por
todos los seres humanos racionales de la época al ser reconocidas
y aceptadas como tales por las élites que, en todos los casos,
adhieren a las doctrinas masónicas, ampliamente divulgadas y
aceptadas entonces.
Acontece que, si se toma por válida la segunda declaración,
es decir, la que es fruto de la Asamblea Nacional francesa de
1789, los derechos son interpretados como derechos naturales,
inalienables y sagrados.
Esto equivale a postularlos desde la óptica de una ética ius
naturalista, que aurma que tales derechos arraigan en una
supuesta, no analizada ni debatida naturaleza humana, que es y
se manifesta como anterior y superior a todo tipo de ordenamiento
jurídico positivo, o aun de todos los que pudieren derivar de los
usos o las costumbres, es decir, de una modalidad a priori de
derecho de origen cultural, como podríamos decir nosotros en
nuestro tiempo.
No es ésta la instancia adecuada para problematizar semejante
concepción del origen de los Derechos Humanos. Sin embargo,
estimo útil subrayar que en el caso de ambas declaraciones de
la Ilustración, éstas se sostienen al afrmar una determinada
metafísica de carácter teísta que plantea su origen como
transcendente al puro mundo racional, sustentándolo en una no
determinada ni previamente analizada proveniencia de orden
divino.
27
27
Hay un excelente estudio, que recomiendo a quienes se interesen por estos problemas, muy
documentado, con una bibliografía muy actual y bien razonado. Trata sobre el origen de las teorías
sobre las que se llegan a sustentar los Derechos Humanos. El libro se titula en español: La invención
de los Derechos Humanos, de la autoría de Lynn Hunt, editado por Tusquet Editores, Barcelona,
2009.
70
Después de este necesario paréntesis vuelvo a la descripción de
las características que defnen la Declaración Universal de los
Derechos Humanos de la ONU.
De los considerandos de la Declaración que se articulan como
el preámbulo de la misma, se desprenden dos características que
me parecen novedades que la Declaración Universal incorpora
frente a las otras formuladas en el pasado.
La primera particularidad que deseo resaltar es que, en ella,
se establece, como ámbito de verifcación del cumplimiento
de los Derechos, no sólo una referencia a un orden ético, y al
ámbito jurídico-constitucional que determina que la jurisdicción
nacional después de la ratifcación de la Declaración por los
Estados Miembros debe garantizar su garantía y cumplimiento,
sino que además, instaura una nueva instancia, esta vez de
orden internacional, para verifcar el reconocimiento y la
garantía que se ofrece, en general a los seres humanos de
cualquier Estado para el ejercicio y la garantía de los derechos
que fundamenta.
Establece, igualmente, en este mismo contexto, algo que
constituye una novedad absoluta en ese momento, y que es
una instancia que desborda toda sustentación de los Derechos
Humanos en cualquier época anterior, esto es, insiste en
la necesidad de constituir un nuevo orden de cooperación
internacional, en los ámbitos político, económico, social,
cultural y cientíuco, como fundamento para poder avanzar
en la ediucación del sistema de los Derechos Humanos que la
Declaración proclama.
La segunda característica que la distingue de todas las
interpretaciones anteriores de los Derechos Humanos, es que,
si bien en el plano de los postulados propone que el contenido
de los derechos deriva de una necesidad objetiva, intrínseca e
inherentes a la dignidad humana; esto es, que los derechos son
concebidos como dotados de una carga de realidad inalienable;
sin embargo, tales contenidos no son considerados como dados
71
inmediatamente, como si se tratara de objetos naturales con
los que podríamos encontrarnos colocados en medio de algún
camino.
La Declaración postula, ante todo —y este es el aspecto de
mayor innovación, desde mi punto de vista— la posibilidad de
poner en marcha un proceso de construcción de derechos.
La DUDH se propone erigir, sobre los fundamentos ideológicos
desde los que establece la vigencia de los derechos humanos, un
proyecto de vida, es decir un proyecto de construcción histórica
de la humanidad, que constituiría como una posible forma de
convivencia para la humanidad en su conjunto, el cual debería
ser edifcado de manera libre y voluntariamente en el tiempo.
Semejante proyecto habría de ser postulado, edifcado y
conquistado, por una decisión que cristaliza desde una actuación
autoconsciente y libre, que debería emprender la raza humana
en su conjunto.
Es más, los derechos que aurma y postula la propia
Declaración Universal constituyen el testimonio de que este
proyecto histórico de construcción paulatina de una humanidad
más consciente de la propia dignidad y de sus propios derechos
inalienables, ya están en curso de su reconocimiento y
ediucación. El testimonio de ello es la propia afrmación de la
DUDH.
Me luce que la Declaración adelanta, y se propone como
objetivo ser ella misma el comienzo de un proyecto
constitucional humano universal, cuya fnalidad sería la de
constituir una nueva humanidad centrada en sí misma, mediante
el reconocimiento y la edifcación de los Derechos Humanos. En
este sentido esta afrmación de derechos se establece como una
fundamentación típica del modo de ver e interpretar el mundo,
como no podía ser de otra manera, desde los postulados de la
modernidad.
72
Tal proyecto se asume y se denomina como la inspiración más
elevada del hombre, tal como la propia Declaración señala. Esto,
me parece, quiere decir que la instauración de los derechos que
aurma se proponen como autosustentados en su característica
de ser ella misma su prístina manifestación. Esto signifca
que la afrmación de los derechos que postula se manifesta a
semejanza de un acto performativo.
28

Es sobre semejante contexto signifcativo, sobre tal terreno
fundacional, que se pretende edifcar el templo de los Derechos
Humanos, con una vigencia universal, del cual la proclamación de
la Declaración constituye, como he dicho, la primera piedra.
En diciembre de 1948, momentos previos a que fuera sometido a
votación el proyecto de Resolución, tomó la palabra, para explicar
a los miembros de la Asamblea General los alcances y la estructura
del documento, el representante de Francia, René Cassin (1887-
1976)
29
, quien fue uno de los principales redactores del texto.
Para situar, didácticamente, los alcances y el contenido de la
Declaración en un marco general, y poder indicar, brevemente,
la coherente articulación de sus partes sustantivas, utilizo la
metáfora del templo que fue esbozada por el jurista francés en su
ponderación ante los delegados de las naciones miembros.
La Declaración está constituida, tal como fue concebida en
aquellos momentos fundacionales, por cuatro columnas o
direcciones de derechos.
Primero, se recogen y consagran los derechos inherentes a la
persona: El derecho a la vida; a la libertad; a la seguridad; a la
28
Esto es, la Declaración operaría como sustentada a semejanza de cómo se entiende se constituyen
los enunciados performativos desde la teoría de los actos del habla del flósofo inglés, John
Langshaw Austin (1911-1960). Teoría que plantea en su obra: Cómo hacer cosas con palabras. La
diferencia es que además de su derivación de la afrmación como decisión que se manifesta en el
texto y mediante éste, el instrumento creado por las Naciones Unidas adquiere vigencia jurídica por
la consecuente acción de ratifcación manifestada por los estados, que entonces la constituyen desde
un acto jurídico de dimensión internacional.
29
Jurista francés. En 1940 se reunió en Londres con De Gaulle y ejerció las funciones de secretario
permanente del Consejo de Defensa y comisario nacional de Justicia y Educación. Desempeñó
diversos cargos de importancia y participó en la fundación de la UNESCO. Fue presidente del
Tribunal Europeo de los Derechos Humanos en 1965, y en 1968 fue galardonado con el Premio
Nobel de la Paz.
73
igualdad de consideración ante la ley; el derecho a la integridad
física y espiritual —tales derechos comprenden los artículos 1 al
11 de la Declaración.
Luego, se afrman los derechos que corresponden al individuo
en sus relaciones con los grupos sociales de que forma parte: El
derecho a la intimidad; el derecho al matrimonio; la libertad de
movimiento dentro de su país y en el extranjero; derecho a una
nacionalidad; a la propiedad; el derecho de creencias o libertad
religiosa –estos son los artículos del 12 a 18.
Posteriormente, se sustentan los derechos políticos, tales como la
libertad de pensamiento y de reunión; el de elegir y ser elegido;
el importantísimo derecho de tener acceso al gobierno y a los
servicios que debe brindar a las personas la administración
pública –este apartado comprende los artículos del 19 al 21.
El cuarto orden corresponde a los derechos que se ejercen en el
campo económico, social y cultural, lo que signifca, que esto
son los derechos que se derivan de las relaciones de trabajo y
producción, y de los procesos de convivencia social, tales como:
el derecho al trabajo y a una justa compensación; el derecho a
formar sindicatos; a la salud y la seguridad social; a la educación;
al descanso; y, el derecho a la cultura —son los artículos 22 al 27.
Finalmente, René Cassin recalca a los delegados, que todo ello
encontraba su remate, o para decirlo con sus palabras, constituía
el frontispicio del templo erigido sobre los cuatro pilares que he
apenas indicado, en el derecho a un orden social e internacional
que pudiera realizarse plenamente mediante una convivencia en
paz, equidad y libertad entre las naciones —que comprende los
artículos fnales, del 28 al 30.
La intervención del jurista francés pone en evidencia cuál había
sido el origen cercano de la Declaración Universal de Derechos
Humanos.
En efecto, el 6 de enero de 1941, el presidente de los EE.UU.,
Franklin D. Roosevelt, en un mensaje dirigido al Congreso de su
país, en el cual intentaba trazar el esbozo de una nueva sociedad
74
mundial que habría de surgir al terminar la devastadora guerra que
azotaba el planeta en aquellos momentos, delinea el gran proyecto
de un nuevo orden mundial, al señalar como condición esencial
para ello, que por parte de todas las naciones y todos los seres
humanos, se han de reconocer y garantizar cuatro libertades, que
caliucaba de fundamentales.
Estas eran: La libertad de palabra y pensamiento; la de creencias;
la libertad del miedo, que hoy nosotros indicaríamos, como el
derecho a la paz y la libertad de la necesidad; derechos, estos
últimos, que hoy reconocemos como los derechos económicos,
sociales y culturales, entre los que destacan los derechos a la
educación, y a la cultura.
Hoy sabemos, por sus consecuencias, que las palabras del gran
estadista estadounidense no cayeron en el vacío. Sin embargo,
debo señalar que a pesar de esta profunda infuencia, los debates en
el seno de la Asamblea no fueron fáciles.
30
9. Los derechos econ2micos, sociales y cultu-
rales o derechos programIticos y la apro-
baci2n del Pacto Internacional sobre los Dere-
chos Econ2micos, Sociales y Culturales
En el año de 1948, el planeta se encontraba ya dividido en dos
bloques hegemónicos, el bloque Atlántico liderado por los EE.UU.
y Europa, y el bloque socialista, capitaneado por la entonces
pujante Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la URSS.
Las Naciones Unidas refejaban en su seno -no podía ser de otra
manera— la misma división del mundo, en bloques contrapuestos.
30
Respecto al carácter, la procedencia, la justifcación y las posibles formas de fundamentación
que pueden asumir los derechos humanos si los analizamos desde diferentes contextos ideológicos
o desde diversos marcos conceptuales, es muy amplia la discusión que se ha generado en todo
el mundo desde los años anteriores a su adopción como los principios éticos del proyecto de
humanidad que fundamenta desde la creación y despliegue de las Naciones Unidas. De todo lo que
he leído en los últimos diez años puedo recomendar un libro que me parece ejemplar sobre estos
debates. Se trata de la obra, De los derechos humanos, editada en castellano por Editorial Trotta,
Madrid, 1998. Está constituido por las ponencias que presentaron a un seminario realizado en la
Universidad de Oxford, en 1993. En el mismo participaron las personalidades más destacadas, en
ese momento, de las Ciencias Políticas, del Derecho y la Filosofía, y el conjunto abarca desde John
Rawls, Richard Rorty, Jean-François Lyotard, Agnes Heiler, Jon Elster, Catharine A. MacKinner
hasta Steven Lukes.
75
Precisamente, en esos años, la Guerra Fría iniciaba sus primeras
escaramuzas.
31
Los países miembros de la ONU eran por aquel entonces
cincuenta y ocho. De ellos, catorce eran prooccidentales; veinte
latinoamericanos; seis socialistas; cuatro africanos, y catorce
asiáticos. En ese momento histórico los países en vías de desarrollo
apoyaban el bloque occidental, por lo que el gran choque que se
libró en el cónclave fue entre las democracias capitalistas y el
conjunto de naciones guiadas por los principios del socialismo de
corte marxista-leninista, que eran liderados por la URSS.
Las naciones occidentales, en el curso de los debates, impusieron
el peso de su liderazgo en la defensa de los derechos civiles
y políticos, que siempre han estado presentes en su tradición
histórica y constitucional, e insistieron que tal era el contenido de
los derechos que se habían de proclamar y defender.
Empero, ante la negativa de los países socialistas, y la insistencia
del bloque de naciones latinoamericanas, se aprobaron los derechos
económicos, sociales y culturales, llamados también derechos de
segunda generación, es decir, los derechos contenidos entre el
numeral 22 al 27, inclusive.
Mi particular enfoque de los Derechos Humanos que tiene como
objetivo mostrar la importancia del derecho a la cultura, se
centrará en lo adelante, en el análisis de estos últimos derechos,
específcamente en el contenido y extensión del derecho apenas
nombrado.
A diferencia de los derechos civiles y políticos que implican, para
garantizar su cumplimiento y respeto, que el Estado se abstenga
de obrar en determinados sentidos, es decir que implican que éste
se comprometa a respetarlos, a no violarlos mediante la acción
pública, los derechos económicos, sociales y culturales son
derechos programáticos, de implantación progresiva.
31
Precisamente, en el año en cuestión, 1948, se produce el bloqueo del acceso por tierra a Berlín
Occidental, decretado por Stalin en el mes de junio. Este primer episodio de la confrontación entre
los bloques ideológicos contrapuestos, en que se divide el mundo en ese momento, se prolongaría
por un año. Este acontecimiento podría situarse como el inicio de la Guerra Fría.
76
Esto quiere decir, que si bien hay disposiciones de inmediata
aplicación, como puede ser el respeto al derecho a formar
sindicatos, o el derecho a disfrutar de la libertad indispensable
para poder crear, su cumplimiento depende fundamentalmente de
una decisión, por parte del Estado, de utilizar en cierto sentido
los recursos disponibles y de que pueda efectuar los cambios
estructurales e institucionales que especíucamente se necesiten
para facilitar su cumplimiento, respeto y garantía.
Dicho lo mismo con otras palabras, el respeto y la garantía de
su cumplimiento conlleva a un compromiso y a un accionar
proactivo, explícito, por parte del Estado; compromete que
el Estado asuma la obligación de hacer, de cumplir acciones
especíucas: la necesidad de formular y aplicar coherentes
políticas públicas para garantizar el respeto de tales derechos;
comprende la obligación de que el Estado impulse la creación
de determinadas condiciones sociales, jurídicas, institucionales,
administrativas y humanas, y que, al mismo tiempo, destine
los recursos necesarios para que los servicios educativos,
sanitarios, culturales, de seguridad social, laborales, etc. puedan
brindarse con optima calidad a toda la población por igual, sin
discriminación de algún género, a no ser la de conceder especial
atención a las personas limitadas física, sensorial o síquicamente,
a las de la tercera edad, a la infancia y a la juventud y a los
sectores sociales más necesitados.
Frente a tales derechos, el cometido del Estado radica en
el imperativo deber de dedicar, dentro de sus posibilidades
económicas y unancieras, los recursos necesarios para
satisfacerlos.
La inversión que realiza el Estado para facilitar el ejercicio de
tales derechos se conoce universalmente como gasto público
social.
Mas cabría preguntarnos ahora, para situarnos mejor en nuestro
tema: ¿cuáles son, concretamente, tales derechos, que en primera
aproximación he denominado programáticos?
77
Entre los primeros —los económicos y sociales— podríamos
citar: El derecho al trabajo y a su libre elección; el derecho a
condiciones laborales justas; el derecho a la huelga; el derecho
de formar e integrar sindicatos; el derecho a la seguridad social;
el derecho al descanso y al ocio; el derecho a formar una familia
y a contar con protección para ella; el derecho a un nivel de vida
adecuado, y el derecho a gozar del más alto nivel de salud física
y mental.
En segundo lugar, enunciamos los derechos culturales, son estos:
El derecho a la educación, esto es, a la instrucción universal
y gratuita; el derecho a tener acceso, y a participar en la vida
cultural de la propia comunidad; el derecho a gozar de los
resultados y facilidades que otorga a la humanidad el desarrollo
cientíuco y tecnológico; el derecho a beneuciarse de la protección
de los intereses morales y materiales derivados de la producción
cientíuca, tecnológica y de la creación literaria y artística de que
se sea autor.
Antes de seguir adelante quisiera apuntar aquí, que la comunidad
internacional, liderada por las Naciones Unidas, con la fnalidad
de crear las condiciones que permitan a cada persona gozar de
sus derechos económicos, sociales y culturales, tanto como de sus
derechos civiles y políticos, aprobó el 16 de diciembre de 1966,
durante el transcurso de la vigésimo primera Asamblea General,
la resolución 2200-A.
Esta disposición es conocida como el Pacto Internacional sobre
los Derechos Económicos, Sociales y Culturales. El mismo entró
en vigor el 3 de enero de 1976, de acuerdo con lo estipulado por
su artículo 27, que se refere a los mecanismos de su ratifcación
por los Estados Miembros. Nuestro país ratifcó este pacto
mediante Resolución del Senado de la República, No. 701,
de fecha 14 de noviembre de 1977 —recogida en la Gaceta
Ofcial, No. 9455, del 17 diciembre de 1977. En consecuencia, lo
estipulado en este documento constituye norma vinculante tanto
para los Gobiernos que pudieran dirigir el Estado como, para
todos los ciudadanos e instituciones públicas y privadas de la
República Dominicana.
78
10. La formulaci2n expl6cita del derecho a la
cultura
Para continuar avanzando en nuestro análisis, después de la
puntualización anterior, debo pasar ahora a distinguir entre los
derechos culturales, cuáles de ellos pueden apropiadamente ser
considerados como culturales, y cuáles se referen específcamente
al derecho a la educación.
Este último derecho ha venido caracterizándose claramente en
los años subsiguientes a la adopción de la Declaración. Por ello,
si estudiamos detenidamente el Pacto, podremos apreciar, si
nos enfocamos en los artículos 13 y 14 del mismo, que ya en el
momento de su redacción se manejaba un amplio catálogo de
principios relativos a políticas educativas y observamos que se
han defnido, además, los postulados esenciales para garantizar el
funcionamiento de la educación en todas sus vertientes y niveles,
considerada como derecho humano básico.
A diferencia del derecho referido, el derecho a la cultura, es
enunciado muy escuetamente en el artículo 15 del Pacto. Allí se
puede observar, desde su concisa formulación, que las primeras
delimitaciones y características de este derecho aún se encuentran
en un proceso de aclaración y defnición a la fecha en que fue
redactado y aprobado el documento a que me refero.
Por ello, es necesario distinguir, cuando se habla del derecho a
la cultura, en primer lugar, un sentido amplio, que comprende
el derecho a la instrucción y a la educación, en general, y en
segundo término, aparece otro ámbito, más estrecho, menos
desarrollado normativamente que constituye el núcleo del derecho
a la cultura considerado en sentido estricto.
No obstante, no puedo dejar de señalar aquí, que el ejercicio del
derecho a la cultura se fundamenta en el ejercicio del derecho a la
educación.
Es una verdad de Perogrullo que el acceso a la cultura no
es posible sino mediante el refuerzo básico del derecho a
79
la instrucción. Empero, el derecho a la cultura desborda y
trasciende, en lo esencial, el derecho a la educación.
El Pacto Internacional, se refere expresamente a los derechos
culturales en el artículo 15 -como ya he indicado. El texto de este
derecho en su formulación original dice lo siguiente,
1. Los Estados Partes en el presente Pacto reconocen el
derecho de toda persona a:
a) Participar en la vida cultural;
b) Gozar de los beneucios del progreso cientíuco y de sus
aplicaciones;
c) Beneuciarse de la protección de los intereses morales
y materiales que le correspondan por razón de las
producciones cientíucas, literarias o artísticas de que sea
autora.
2. Entre las medidas que los Estados Partes en el
presente Pacto deberán adoptar para asegurar el pleno
ejercicio de este derecho, ugurarán las necesarias para la
conservación, el desarrollo y la difusión de la ciencia y de
la cultura.
32
3. Los Estados Partes en el presente Pacto se comprometen
a respetar la indispensable libertad para la investigación
cientíuca y para la actividad creadora.
4. Los Estados Partes en el presente Pacto reconocen
los beneucios que derivan del fomento y desarrollo de
la cooperación y de las relaciones internacionales en
cuestiones cientíucas y culturales.
Si tomamos en consideración lo aquí expresado, e igualmente,
retomamos el contenido del artículo 27 de la Declaración, resulta
lo que podríamos defnir como el núcleo esencial del derecho a la
cultura.
1.- Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente
en la vida cultural de la comunidad, gozar de las artes y a
participar en el progreso cientíuco y en los beneucios que
de él resulten.
32
Negritas de LOBF.
80
2.- Toda persona tiene derecho a la protección de los
intereses morales y materiales que le correspondan por
razón de las producciones cientíucas, literarias o artísticas
de que sea autora.
Ahora, podríamos intentar resumir el principio básico del derecho
a la cultura al decir que éste consiste en
La garantía que asiste a cada ser humano de tener acceso
al saber y a los conocimientos trascendiendo el ámbito
estrecho de los procesos de educación o instrucción formal.
El derecho a la cultura debe garantizar el acceso para que:
Cada ser humano pueda tener la oportunidad de
desarrollar su capacidad de disfrutar de los productos de
las artes y de las letras de todos los pueblos, en toda la
historia y, fundamentalmente, los del suyo propio, y los de
su propia comunidad;
Constituye como el derecho que permite a cada ser humano
acceder, conocer, asumir, trasmitir, conservar y recrear
los valores, símbolos, tradiciones, contenidos espirituales,
formas y maneras de ser y de sentir de la comunidad a la
que pertenece, y con la cual se identiuca;
Es el derecho esencial que garantiza a cada ser humano
poder tener acceso, asumir, poseer, recrearse y conservar
una identidad cultural frente a los valores que representan
para él su tierra, su idioma, sus modos de ser, sentir y
pensar;
Garantiza, asimismo, el derecho a acceder y a disfrutar de
los beneucios del conocimiento ancestral de su cultura, el
quehacer cientíuco y los desarrollos tecnológicos, y
Debe garantizar que pueda cultivar y disfrutar de los
beneucios económicos y del reconocimiento que se
desprenda de los frutos de su propia actividad creadora.
81
En esta delimitación del derecho a la cultura se resaltan las
relaciones de mutua dependencia que tienen tanto los aspectos de
orden pasivo, es decir, los elementos que garantizan el momento del
disfrute, y el momento activo, esto es, la posibilidad de participar
en el proceso creador y recreador de la cultura en general, y en
la recreación de los valores y símbolos de la propia identidad,
mediante el ejercicio de una actividad creadora de nuevos referentes
simbólicos.
Este derecho, en efecto, no se limita a garantizar únicamente el
acceso y el disfrute a los bienes y servicios culturales que otros
puedan crear, sino que conlleva, esencialmente, la posibilidad de
otorgar a cada ser humano, según sus capacidades y vocación, la
oportunidad de transformarse en creador, mediante la potenciación
de sus capacidades creativas, de modo que pueda hacer su propia
contribución al desarrollo del saber, al patrimonio espiritual de
la humanidad y a la creación de obras de arte, de nuevas formas,
de nuevos símbolos, en el ámbito de la propia cultura; así como
también, que pueda asumir y recrear su cultura al actuar en
consonancia con el conjunto de su comunidad, con los usos y sus
valores característicos, las tradiciones, y todo el patrimonio viviente
de su propia comunidad.
11. El reconocimiento expreso de los derechos
·UlTURAll: l` lA \l´l`Tl ·C`:TlTU·lC` lCllTl·A
dominicana (2010)
Mas allá de la aceptación universal del derecho a la cultura como
derecho humano fundamental desde la Declaración Universal de
Derechos Humanos y de su inserción en la praxis de las relaciones
internacionales a través de la adopción y puesta en ejecución del
Pacto Internacional sobre los Derechos Económicos, Sociales y
Culturales, ratifcado por nuestro país, como he señalado.
Los dominicanos estamos, comprometidos con el cumplimiento y
desarrollo de este derecho, pues, además, la vigente Constitución
política de la República Dominicana, proclamada el 26 de enero de
2010, lo asume, explícitamente, como un derecho a garantizar.
33
33
Publicada en la Gaceta Ofcial No. 10561, del 26 de enero de 2010.
82
En efecto, en el título II, De los derechos, garantías y deberes
fundamentales, sección III, De los derechos culturales y
deportivos, artículo 64, la Constitución lo consagra explícitamente,
como ninguna otra Constitución política dominicana lo había
hecho con anterioridad. El texto del artículo de referencia reza de
la siguiente manera:
Artículo 64.- Derecho a la cultura. Toda persona tiene
derecho a participar y actuar con libertad y sin censura en
la vida cultural de la nación, al pleno acceso y disfrute de
los bienes y servicios culturales, de los avances cientíucos
y de la producción artística y literaria. El Estado protegerá
los intereses morales y materiales sobre las obras de
autores e inventores. En consecuencia:
1) Establecerá políticas que promuevan y estimulen, en
los ámbitos nacionales e internacionales, las diversas
manifestaciones y expresiones cientíucas, artísticas
y populares de la cultura dominicana e incentivará
y apoyará los esfuerzos de personas, instituciones
y comunidades que desarrollen o unancien planes y
actividades culturales;
2) Garantizará la libertad de expresión y la creación
cultural, así como el acceso a la cultura en igualdad
de oportunidades y promoverá la diversidad cultural, la
cooperación y el intercambio entre naciones;
3) Reconocerá el valor de la identidad cultural, individual
y colectiva, su importancia para el desarrollo integral
y sostenible, el crecimiento económico, la innovación y
el bienestar humano, mediante el apoyo y difusión de la
investigación cientíuca y la producción cultural. Protegerá
la dignidad e integridad de los trabajadores de la cultura;
4) El patrimonio cultural de la nación, material e
inmaterial, está bajo la salvaguarda del Estado que
garantizará su protección, enriquecimiento, conservación,
restauración y puesta en valor.
Los bienes del patrimonio cultural de la nación, cuya
propiedad sea estatal o hayan sido adquiridos por
el Estado, son inalienables e inembargables y dicha
titularidad, imprescriptible. Los bienes patrimoniales
en manos privadas y los bienes del patrimonio cultural
83
subacuático serán igualmente protegidos ante la
exportación ilícita y el expolio. La ley regulará la
adquisición de los mismos.

Se debe subrayar, en primer lugar, el avance que representa la
colocación de los derechos culturales en una sección aparte, la
número III, y la nueva y amplia redacción del artículo 64.
La diferencia y el contraste con el pasado no pueden ser mayores.
Por ello invito al lector a volver a la página 60, de este ensayo para
que pueda contrastar el artículo 8, acápite 16, que corresponde
a la Constitución vigente desde el año 1966 hasta la fecha de
proclamación de la actual en el 2010.
Debo resaltar, sin lugar a dudas, que hubo, después de
la proclamación de la Constitución de 1966, reformas
constitucionales importantes —entre éstas deben contarse las
reformas circunstanciales del año 1994 y la del 2002. Empero
ninguna variación se produjo respecto al tema que nos atañe, el de
los derechos culturales.
Tengo que agregar ahora, una matización, es decir, señalar que en
la referida Constitución del año 1966, se garantizaba también, con
un artículo específco, el 101, en que se hace referencia directa a la
protección del patrimonio cultural.
34
Es digno de notar que en la vigente Carta Magna se establece una
distinción manifesta entre el derecho a la educación y el derecho a
la cultura.
Todo lo relativo al primero se describe en el artículo 63, que
pertenece a la sección II, del título II, relativo a la consagración De
los derechos, garantías y deberes fundamentales. Esto otorga al
derecho a la cultura la misma relevancia jurídica y social que los
fundamentales derechos a la libertad de expresión, al trabajo, a la
propiedad y a la salud y a la libertad de tránsito.
34
El artículo 101, recogido bajo el título XII, Disposiciones generales, consagra que: Toda riqueza
artística e histórica del país, sea quien fuere su dueño, formará parte del patrimonio cultural de
la nación y estará bajo la salvaguarda del Estado y la ley establecerá cuanto sea oportuno para
su conservación y defensa. Además, en ese mismo título aparece la descripción de los símbolos
nacionales
84
Otro elemento que puede destacarse es que por razones de
organización funcional del texto constitucional hay derechos y
propiedades que se colocan aparte del marco formal en que se
presentan los derechos culturales, pero que son de adscribirse
como partes funcionales del derecho a la cultura, porque se referen
a alguna dimensión del mismo que, como creo haber mostrado
en su lugar, pertenecen al núcleo duro, primario, del derecho a la
cultura: entre estos, destaca el principio de la identidad nacional.
En este sentido me refero al articulado que se reúne en el capítulo
VII, y que versa, Del idioma ofcial y los símbolos patrios.
Toda referencia al habla y a los símbolos distintivos de la
nacionalidad de los dominicanos, así como toda alusión al
nacimiento, concepción y particularidades de la idea de la nación
dominicana, tiene que ver directamente con el derecho a la cultura,
en cuanto estas realidades simbólicas aparecen como ideas en
un momento histórico y se revelan al interior de una cultura
determinada, que es la expresión y testimonio palpable de que,
por lo menos, en un núcleo del pueblo dominicano ya existía
una conciencia clara de la propia identidad como una nación
independiente, y de ser tributario de una cultura, que se manifesta
al asumir como propias ciertas tradiciones, específcas prácticas
sociales y costumbres arraigadas en el modo de ser y convivir.
Igualmente, en la Constitución se trata de un derecho que tiene que
considerarse como parte integrante del derecho a la cultura, pues
forma parte de su defnición primera, realizada en el mencionado
Pacto Internacional sobre los Derechos Económicos, Sociales y
Culturales: es el derecho a la propiedad intelectual y a los modos
en que esta puede ser garantizada.
35
Sin embargo, reconozco el legítimo derecho que asiste al legislador
constitucional, que al decidir colocar el reconocimiento y el
compromiso de defender este derecho en el lugar que ocupa en el
nuevo texto, quizás lo hizo motivado por los últimos desarrollos de
35
Cfr. Constitución del 2010: Artículo 52. Derecho a la propiedad intelectual. Se reconoce y protege
el derecho de la propiedad exclusiva de las obras científcas, literarias, artísticas, invenciones e
innovaciones, denominaciones, marcas, signos distintivos y demás producciones del intelecto
humano por el tiempo, en la forma y con las limitaciones que establezca la ley.
85
las nuevas tecnologías de la información y de la llamada sociedad
del conocimiento.
Los muchos avances en la aplicación y determinación de los
campos que abarca este derecho, y las nuevas fórmulas adoptadas
para garantizar su protección efectiva —debido a su importancia
creciente en la sociedad contemporánea—, motivaron, sin dudas,
la decisión del legislador de segregarlos del artículo 64, en que se
expone el derecho a la cultura de manera explícita.
No obstante, en este caso, el legislador constitucional hace un
señalamiento claro y preciso de que estos asuntos forman parte del
núcleo original del derecho que nos atañe. En efecto, el dispositivo
fnal de la formulación del artículo 64, previo al enunciado de las
consecuencias que se desprenden de su reconocimiento, expresa
básicamente la primera formulación de este derecho. En efecto, allí
se precisa a este respecto, que
el Estado protegerá los intereses morales y materiales
sobre las obras de autores e inventores.
La declaración de los derechos de todo tipo y su garantía, según
están consagrados en la Constitución dominicana se conciben y
se asumen según lo que establece el importantísimo artículo 74,
del mismo texto constitucional, que se recoge bajo el capítulo III,
que versa De los principios de aplicación e interpretación de los
derechos y garantías fundamentales y que trata de los principios
de reglamentación e interpretación de los Derechos. Principios
semejantes han estado presentes en casi todas las constituciones
dominicanas del siglo XX, pero jamás ninguna ha tenido una
redacción tan minuciosa, amplia, precisa, sistemática y organizada
como se inserta en la constitución vigente.
36
36
Artículo 74.- Principios de reglamentación e interpretación. La interpretación y reglamentación
de los derechos y garantías fundamentales, reconocidos en la presente Constitución, se rigen por los
principios siguientes:
1) No tienen carácter limitativo y, por consiguiente, no excluyen otros derechos y garantías de igual
naturaleza;
2) Sólo por ley, en los casos permitidos por esta Constitución, podrá regularse el ejercicio de
los derechos y garantías fundamentales, respetando su contenido esencial y el principio de
razonabilidad;
3) Los tratados, pactos y convenciones relativos a derechos humanos, suscritos y ratifcados por el
Estado dominicano, tienen jerarquía constitucional y son de aplicación directa e inmediata por los
86
l!. A`All:l: ll lC: llRl·HC: ·UlTURAll: \l´l`Tl
en la Constituci2n
De inmediato paso a analizar y a comentar, con suma brevedad,
el contenido del derecho a la cultura tal como se recoge en la
Constitución vigente, en su artículo 64.
En primer lugar en el texto constitucional se hace una descripción
general del derecho de que se trata:
Toda persona tiene derecho a participar y actuar con
libertad y sin censura en la vida cultural de la nación, al
pleno acceso y disfrute de los bienes y servicios culturales,
de los avances cientíucos y de la producción artística y
literaria.
En esta declaración inicial se establece con claridad meridiana que
el derecho puede ejercerse de dos formas, sea con la participación,
o mediante la actuación, o al participar en ambos sentidos. En
este sentido, se garantiza la participación, sea activa o pasiva, o de
ambos casos a la vez.
Esto signifca que al sujeto del derecho se le abre un campo
franco, un espacio de participación, para que pueda compartir,
manifestarse y comunicar tanto en soledad como en compañía su
participación en la vida cultural de la nación.
No obstante, además, el texto señala que esa participación no debe
producirse o considerarse únicamente en sentido pasivo, sino que
taxativamente se refere también a la actuación, esto es, a realizar
acciones, a adoptar posiciones o comportamientos, a ser agente
(activo) en el orden cultural de la nación.
Y a continuación, en esta enunciación declaratoria se pasa a tratar
el papel activo que, para garantizar ese derecho, debe asumir el
Estado dominicano.
tribunales y demás órganos del Estado;
4) Los poderes públicos interpretan y aplican las normas relativas a los derechos fundamentales y
sus garantías, en el sentido más favorable a la persona titular de los mismos y, en caso de conficto
entre derechos fundamentales, procurarán armonizar los bienes e intereses protegidos por esta
Constitución.
87
El Estado protegerá los intereses morales y materiales
sobre las obras de autores e inventores.
En este tenor se declara que la primera obligación del Estado
estriba en proteger el patrimonio cultural de los dominicanos,
que se constituye a través de las obras y de los inventos creados
por nuestros nacionales. Esta protección que se encomienda como
función activa del Estado, debe ejercerse al actuar en un doble
sentido al momento de resguardar tanto los intereses morales como
los materiales de los autores e inventores.
En esta declaración de la función primaria del Estado frente a la
cultura el acento del texto recae sobre el término intereses, que
distingue entre morales y materiales.
¿Qué signifcado podría tener ese término? En primer lugar,
según el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), la
palabra abarca diversos planos de signifcados que se relacionan
orgánicamente entre ellos.
Por un lado denota un sentido de provecho, de ganancia, de
utilidad, en ello hay un benefcio una ganancia. También se refere
que lo que se indica, se estima como dotado de valor, de sentido
y, por ello, produce en quien lo valora una inclinación del ánimo
positiva hacia ello o hacia lo que representa, lo que origina es
una correlación armónica, un ajuste entre el sujeto y el objeto
entendido como símbolo, como cargado de valor signiucativo.
Ese ajuste o correlación que se produce entre las obras de la
cultura y el sujeto histórico-cultural se constituye como un tipo
muy determinado de interés moral y material, esto es lo que
denominamos corrientemente como la manifestación de una
identidad.
Pero este reconocimiento que hace el Estado, y que se manifesta
mediante la puesta en protección o como poner o tener algo bajo el
cuidado, se revela como una relación en que se reconoce a un autor
o creador específco que es siempre un sujeto determinado.
Es decir, el sujeto que es el autor del patrimonio siempre se estima
88
como identifcable, aun cuando su identidad particular permanezca
en el anonimato o sea resultado de la creación de una colectividad.
Esto es así porque la cultura de un pueblo puede reivindicar como
propia una obra, que en cuanto a su origen determinado o a su
autor, éste sea desconocido.
Es de carácter capital esa declaración inicial, donde se defne lo
que debe ser protegido, resguardado, cuidado, asumido, mostrado,
valorado y puesto en condiciones de mostrar en todo momento el
valor que representa por parte del Estado.
Empero, a continuación, el artículo deduce o deriva una serie de
acciones que deben ponerse en acto para cumplir con la fnalidad
de proteger los intereses morales y materiales de la cultura
dominicana.
En primer lugar, se pone de relieve la necesidad de establecer
políticas, es decir, poner en marcha acciones públicas declaradas
y concretas, que estimulen la creación cultural tanto en el orden
de lo artístico, de lo científco, de lo popular. Además se insiste
en que se incentive y asista a los creadores a fn de que puedan
desarrollar, sean estos personas, instituciones o comunidades,
programas, planes o actividades a través de todos los medios que
puedan tener a su disposición, esto es, ha de contribuir a fnanciar,
a patrocinar y realizar programas culturales.
Establecerá políticas que promuevan y estimulen, en
los ámbitos nacionales e internacionales, las diversas
manifestaciones y expresiones cientíucas, artísticas
y populares de la cultura dominicana e incentivará
y apoyará los esfuerzos de personas, instituciones
y comunidades que desarrollen o unancien planes y
actividades culturales;
Queda desde ahí determinada como función activa del Estado el
garantizar la libertad de expresión y de la creación cultural.
Esto implicaría, según mi parecer, que el legislador constitucional
establece taxativamente que el Estado dominicano no puede
permitir ni asumir el establecimiento de algún tipo de censura o de
89
proscripción de una obra cultural sino mediante los procedimientos
que establece la propia Constitución y las leyes establecidas al
respecto.
Con ello se establece, según mi opinión, que toda decisión respecto
a decidir si una creación o actividad cultural violenta el orden legal
establecido por lo que signifca, declara, deja entrever o defende
o niega, debe ser tomada por una decisión de carácter judicial,
jamás por alguna decisión administrativa. Esto en razón que el
Estado dominicano se organiza en un régimen de derecho donde
quienes tienen que decidir sobre la observancia o menos de la
propia Constitución y las leyes son los tribunales.
Para juzgar sobre un contenido estimado ofensivo, obsceno,
inadecuado, subversivo, indelicado o calumnioso para las buenas
costumbres y el pudor colectivo, rige el Estado de derecho y,
en consecuencia, deben ser los tribunales, las únicas instancias
sociales establecidas para suplir la interpretación adecuada de la
Constitución o las leyes respecto al posible carácter transgresor del
orden jurídico por parte de una obra o actividad cultural.
También se establece como responsabilidad del Estado ser un
ente proactivo en el ámbito cultural, al garantizar el acceso al
disfrute y a la creación de todos los dominicanos en igualdad de
condiciones.
Esto signifca que el Estado es, en el ámbito cultural, garante
de que la necesaria equidad de oportunidades respecto al
desarrollo cultural y a la ley, se transforme en una realidad. El
Estado debe asumir, también, el papel de garante del respeto a la
diversidad cultural. Lo que involucra que se erija en defensor y en
favorecedor de todas las manifestaciones culturales, asistiendo de
manera especial a las culturas de minorías en el ámbito nacional,
internacional y en programas de intercambio intercultural.
Veamos cómo se establecen todas estas responsabilidades y las
acciones que deben desplegarse a este respecto:
Garantizará la libertad de expresión y la creación
cultural, así como el acceso a la cultura en igualdad de
90
oportunidades y promoverá la diversidad cultural, la
cooperación y el intercambio entre naciones;
Otra tarea de imperativa ejecución por parte del Estado,
para garantizar el ejercicio de los derechos culturales de los
dominicanos, consiste en un continuo accionar para sostener,
refundar, y transmitir los ideales esenciales y las características
históricas que concretan la existencia del pueblo y del Estado
nacional, así como de reconocer, orientar y revalorar las notas
defnitorias de la identidad cultural dominicana, tanto en el ámbito
de validez de lo personal e individual, como de lo colectivo.

También es responsabilidad del Estado establecer las bases
de un desarrollo humano integral y sostenible, el crecimiento
económico, la innovación y el bienestar de todos los dominicanos,
lo que sólo puede alcanzarse mediante un apoyo decidido a la
investigación científca y a la producción cultural y, sobre todo,
a proteger la dignidad y la integridad de los trabajadores de la
cultura, lo que puede constatarse en el siguiente apartado:
Reconocerá el valor de la identidad cultural, individual
y colectiva, su importancia para el desarrollo integral y
sostenible, el crecimiento económico, la innovación y el
bienestar humano, mediante el apoyo y la difusión de la
investigación cientíuca y la producción cultural. Protegerá
la dignidad e integridad de los trabajadores de la cultura;
Finalmente la acción del Estado debe verse coronada mediante la
realización de concretas tareas de salvaguardar continuadamente la
herencia histórico-cultural del pueblo dominicano, que constituye
la riqueza moral y material de nuestra nación, tanto de las actuales
como de las futuras generaciones.
Tales bienes, estimados y valorados por excelencia, deberán ser
protegidos, conservados, restaurados y dispuestos de una forma tal
que su ser se transforme en imágenes y símbolos de la majestad
y plenitud de los valores espirituales y materiales de la cultura
dominicana:
91
El patrimonio cultural de la nación, material e inmaterial,
está bajo la salvaguarda del Estado que garantizará su
protección, enriquecimiento, conservación, restauración
y puesta en valor. Los bienes del patrimonio cultural
de la nación, cuya propiedad sea estatal o hayan
sido adquiridos por el Estado, son inalienables e
inembargables y dicha titularidad, imprescriptible. Los
bienes patrimoniales en manos privadas y los bienes
del patrimonio cultural subacuático serán igualmente
protegidos ante la exportación ilícita y el expolio. La ley
regulará la adquisición de los mismos.
Éste es el alcance y el sentido que vislumbro en la norma
constitucional que en el artículo 64, fja los derechos culturales de
la nación.
Establecidos estos parámetros interpretativos, creo oportuno pasar
ahora, a analizar la concepción que rige la ley que establece la
creación de la Secretaría de Estado de Cultura, que hoy se conoce
como Ministerio de Cultura, y que debería transformarse en una
nueva legislación orgánica para regir de manera armoniosa la
totalidad del sector cultural de acuerdo a lo establecido por la
Constitución vigente.
13. Del proceso de la reforma cultural y los
Rl:UlTAlC: lll llA´`C:Tl·C lARTl·llATl\C
ejecutado por el Consejo Presidencial de
Cultura en el per6odo constitucional 1996-2000
Hago, ahora, un breve recuento del proceso de Reforma
cultural que se abre en el país en los comienzos del ejercicio
constitucional 1996-2000, cuando el Dr. Leonel Fernández Reyna
preside por primera vez el Poder Ejecutivo.
En aquel momento se propicia desde el Estado un amplio proceso
de discusión con miras a clarifcar los objetivos y las metas que
permitieran plantearnos una redefnición de la función del Estado
y el papel que deben jugar las grandes mayorías nacionales en la
determinación de las prioridades de la política cultural del Estado
92
y para dilucidar el papel de la cultura en la delimitación de las
metas del desarrollo nacional.
El Gobierno apuntaba a la formulación de un plan coherente de
Desarrollo Cultural que permitiera responder con previsión a
las necesidades de los ciudadanos y de las comunidades, para
garantizar el ejercicio de los derechos culturales, el apoyo a la
creatividad y a los creadores; garantizar, igualmente, un fujo
constante de recursos para la edifcación, remozamiento y
mantenimiento de las infraestructuras e instituciones culturales;
así como la formación y capacitación de personal para la gestión
institucional, durante los años por venir.
Todo ello, además, se emprendía desde la convicción de que
tales intervenciones nos pondrían en mejores condiciones de
afrontar los retos que nos imponen los agresivos procesos de
mundialización en curso, en nuestro tiempo.
Como punto de partida para defnir y especifcar los modos
para alcanzar tales objetivos de política cultural, se llevó a cabo
un proceso de refexión que abarcó a todos los ámbitos de la
sociedad, centrado en defnir los criterios para formular, impulsar
y ejecutar una agenda común en lo relativo al ámbito cultural, en
la que debería refejarse la diversidad, la riqueza y pluralidad de
posiciones que caracterizan a la cultura en sí misma.
Este primer paso resultó ser la cita para celebrar una reunión,
convocada por la Presidencia de la República por vía de la Dra.
Laura Faxas, quien había sido designada Delegada Permanente
del país ante la Organización de las Naciones Unidas para
la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), con la
participación de las fguras más conocidas y representativas de
la cultura dominicana y con la presencia de algunos funcionarios
y expertos de la UNESCO de México, que asistían para orientar
y contrastar el debate con otras experiencia latinoamericanas
contemporáneas.
Con esta actividad se buscaba sostener un intercambio de ideas
franco y abierto que sirviera para trazar, de ser posible, una hoja de
ruta para comenzar a transformar la visión que hasta ese momento
93
tenía el Estado dominicano del hecho cultural y ventilar algunas
ideas sobre qué debía hacerse en ese aspecto, determinar el cómo
y defnir los primeros pasos para precisar que estrategia debía
adoptarse para lograr los objetivos adelantados.
El resultado de esta fructífera reunión, que trazó un diagnóstico
de expertos, fue publicado algunos meses después en un volumen
con el patrocinio de la Presidencia, la UNESCO y el Programa
de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). El volumen fue
orientador para todos los involucrados en el proceso de la reforma
cultural que se inicia a partir de dicha reunión. En la portada de
la recopilación se denominaba esta obra como el Libro Verde, y
contenía los primeros resultados del proyecto de reforma cultural
a que se daba inicio, como material de trabajo y de consulta
permanente.
37
La presentación del volumen estuvo a cargo de la Sra. Faxas,
quien resalta, de manera sintética en el texto, los resultados de ese
primer encuentro dirigido a orientar para intentar transformar la
cultura dominicana a través del establecimiento de las políticas
culturales que necesitaba el desarrollo del país en esos momentos.
Creo que en esta ocasión resulta de provecho recordar lo esencial
de la presentación indicada, por ello recojo en la nota que sigue a
continuación algunos fragmentos.
38
37
La obra está agotada desde hace varios años. Se puede encontrar una versión digital completa en la
siguiente dirección web: http://www.oocities.org/lobrea/libroverde/verdeind.htm
38
La coyuntura política marcada por el ascenso, en agosto de 1996, del Dr. Leonel Fernández Reyna,
en la dirección del Estado dominicano, fue particularmente propicia para iniciar, en la República
Dominicana, un proceso de discusión y de implementación de una política cultural orientada a
redefnir el rol del Estado en la cultura y sentar las bases para la formulación de un Plan Nacional de
Cultura.
El gran desafío asumido, de preparar al país para llegar en las mejores condiciones al siglo XXI,
tenía así, como condiciones sine qua non, por un lado, consolidar la institucionalidad democrática
y comprometerse en un proceso de reforma y modernización del Estado y, por el otro, fortalecer
la cultura y la identidad nacionales para enfrentar adecuadamente la globalización. Estas
preocupaciones, y el amplio proceso a que ellas dieron lugar, cristalizaron, en gran medida, en
la constitución del Consejo Presidencial de Cultura, mediante el decreto No. 82-97 de fecha 14
de febrero de 1997. Este organismo ofcial, directamente responsable de crear las condiciones y
trabajar en la formulación de un plan nacional de cultura, tuvo como punto importante de partida
la reunión de trabajo celebrada en Santo Domingo, capital de la República Dominicana, el 20 y 21
de noviembre de 1996, bajo el título: Hacia un Programa de Desarrollo Cultural en la República
Dominicana. Este primer encuentro catalizador, celebrado, a iniciativa del Gobierno dominicano
y de la UNESCO, tuvo como propósito iniciar una refexión conjunta en torno al impulso y puesta
en funcionamiento de un Programa de Desarrollo Cultural en la República Dominicana. Para ello
era fundamental el sentarnos en una mesa de discusiones y dilucidar entre todos los interesados,
al margen de nuestras posiciones políticas o visiones diferentes del hecho cultural que, dicho
94
En esta actividad y en las reuniones que se continuaron celebrando
los subsiguientes domingos en la tarde, en la Biblioteca Nacional
—encuentros abiertos y espontáneos, de parte de creadores y
gestores culturales— se llegó a un punto concordante: el que era
necesario trabajar para defnir una estrategia para transformar la
política cultural gubernamental centralizada en la capital, elitista
y burocratizada que ha prevalecido desde la fundación de nuestra
nación.
De este movimiento cultural se derivarían dos consecuencias
fundamentales, la primera fue la creación del Consejo Presidencial
de Cultura, que estaba presidido por el cantautor Víctor Víctor.
Como organismo deliberativo con funciones de carácter
gerencial y administrativo, con el propósito de coordinar,
organizar, promover, supervisar y evaluar, las iniciativas
del sector cultural estatal y establecer las condiciones que
conduzcan a la formación de la Secretaría de Estado de
Cultura.
39
Era objetivo de esa nueva institución, además del que
se establece en el citado artículo 1, también, como se
establecía en el artículo 7, del mismo decreto, que lo
instruye para: abrir un amplio proceso participativo de
consulta como instrumento para canalizar las iniciativas de
los distintos sectores sociales, con el propósito de tomar en
cuenta las opiniones de la ciudadanía, sus organizaciones
e instituciones para lograr la mayor concertación en las
decisiones a tomar.
sea de paso, no impedían muchos puntos de coincidencia, cuáles eran los puntos del encuentro y
desencuentro en cuanto a la cultura y, en base a ellos, elaborar una agenda común. Nuestro propósito
era avanzar con pasos frmes en la formulación de un Plan Nacional de Cultura dominicano que,
como tal, debía refejar la diversidad, pluralidad y riqueza de la cultura misma.
La calidad del debate, la representatividad y el interés manifesto por los participantes se
concretizaron en la conformación de un núcleo de seguimiento, encargado tanto de dar continuidad
al proceso abierto y como de ampliar ese foro de la cultura a la mayor cantidad de interesados.
La idea de desarrollar diagnósticos culturales de carácter regional a partir de la realización de
encuentros culturales, elemento base de la formulación de políticas, fue la ocasión para la realización
de reuniones periódicas, que culminaron en el exitoso taller sobre políticas culturales desarrollado
por la señora Evangelina García Prince, especialista venezolana en el tema, en enero de 1997.
39
Artículo No. 1, del Decreto 82-97 que lo crea.
95
La segunda decisión de trascendencia fue tomada por el recién
creado organismo cultural, al tomar en cuenta la aplicación del
referido artículo 7, de su decreto fundacional.
40
El Consejo acuerda con el PNUD y la UNESCO la realización de
un diagnóstico participativo con miras a:
Alcanzar la integración orgánica de la acción cultural
dentro de una estrategia que contiene los siguientes
lineamientos: a) Movilización de la participación de los
diferentes grupos y sectores interesados en la vida cultural
del país, en el proceso de deunición de los objetivos y
propuestas de reforma sectorial. b) Construcción de
consensos en torno a tales objetivos y propuestas. c)
Fortalecimiento y construcción de capacidades de gestión
en las instituciones culturales centrales y en sus agentes
más directamente involucrados con el proceso de reforma
sectorial.
41
Considero oportuno recoger aquí el resumen que del diagnóstico
de expertos, recogido en el Libro Verde, hace la consultora
internacional, ya citada, Evangelina García Prince, de la visión
concordada como predominante, que hacen los creadores y
gestores culturales dominicanos, de la situación de la cultura
dominicana en 1996.
Lo reproduzco en este ensayo, para que quede consignado para
la historia, como el punto de partida que la acción cultural a
emprender debía superar en aquellos momentos.
En múltiples ocasiones, durante estos años he meditado sobre
esta sintomática negativa de la cultura dominicana, y he podido
constatar en innumerables ocasiones que en muchos casos, o no
habíamos aún superado esta limitada visión de la cultura, o que
después de dar dos o tres pasos hacia adelante, volvíamos con
demasiada facilidad a reasumir las taras y errores del pasado.
40
El decreto que crea el Consejo Presidencial de Cultura se encuentra recogido en el Libro Verde, en
la siguiente dirección web: http://www.oocities.org/lobrea/libroverde/consepage1.htm
41
Proyecto Reforma cultural PNUD-UNESCO-Gobierno Dominicano, A. Contexto, 2. Líneas
generales que propone el Gobierno para la acción cultural del sector público. En la web: http://www.
oocities.org/lobrea/libroverde/consepage2.htm
96
El texto lleva por título: Características generales de la acción
cultural del Estado, y sirve de contexto para defnir lo que sería el
llamado Diagnóstico participativo del sector cultural, que ejecuta
el Consejo Presidencial de Cultura entre los años 1997-1998.
La acción cultural del Estado en la República Dominicana,
pese a la riqueza y al potencial creativo de sus pobladores,
ha estado signada por la marginalidad, la incoherencia, el
personalismo y voluntarismo de muchos de sus gobernantes
y por la exclusión de las mayorías de las iniciativas
públicas.
En los ciento cincuenta años de vida republicana, el
Estado no ha concedido la atención requerida al papel
fundante que tiene lo cultural en la aurmación de las
potencialidades de cambio y transformación positiva que
puede aportar a los procesos nacionales.
La cultura, como ámbito de expresión de la
institucionalidad pública, ha recibido un tratamiento
secundario, políticamente sesgado, incluso hacia
personalismos narcisistas, que tradicionalmente ha
generado decisiones, iniciativas, disposiciones y acciones
que conforman un panorama de productos institucionales
y normativos, inorgánico y pleno de fallas que impiden la
euciencia administrativa y social de la gestión.
Pese a ello, desde el propio inicio de la nacionalidad,
grupos y personalidades comprometidos/as con el hecho
cultural, intentaron vanamente incidir en esta tradición
de inorganicidad y complementariedad de la acción
cultural pública. Por otra parte, estos mismos grupos
se convirtieron en motores para el sostenimiento de la
producción cultural y artística de enorme calidad que
conocemos.
La ausencia de iniciativas sistemáticas de estímulo a la
creatividad, convirtieron el mecenazgo oucial en un sistema
de privilegios que respondían a la línea del voluntarismo
oucial, con la consecuente pérdida, silencio o anulación de
97
muy numerosos talentos que no han tenido la oportunidad
expresiva y de desarrollo que merecen.
Tradicionalmente, la acción cultural oucial se situó en la
línea del espectáculo, en la concentración capitalina y en
el favorecimiento de la cultura académica. Recientemente,
gracias al empuje de algunos administradores más
sensibles a la universalidad de los hechos culturales y,
sobre todo, gracias a la persistente lucha de los creadores
de las bases y de las comunidades, las culturas populares
van ganando con legitimidad incuestionable, un espacio
en el reconocimiento de las instituciones del Estado como
expresión de las potencialidades creadoras del pueblo
dominicano.
La inorganicidad, como signo dominante de la acción
cultural del Estado, ha determinado las contradicciones
que la historia más reciente demuestra en términos
de iniciativas y fallas, en regímenes autoritarios, de
considerables realizaciones infraestructurales y férreos
controles en la libertad expresiva, y en períodos de
democracia, de apertura liberal en los principios, pero con
débiles o nulas realizaciones en el orden institucional y de
políticas.
A todo lo anterior se agrega una incomprensión
signiucativa del carácter integrador que potencialmente
tiene la vida cultural, y su total exclusión como requisito, o
al menos como componente, de los esfuerzos que se hayan
intentado en materia de desarrollo o de establecimiento de
la democracia.

En la mayoría de las épocas, el perul de la intencionalidad
de las acciones del Estado, ha sido concebir la cultura
como un hecho separado de los procesos esenciales de la
sociedad dominicana, en función de ornato y como acción
improductiva. Si acaso, una responsabilidad que hay que
atender, pero que no agrega mayor cosa a la sustantividad
del desarrollo y crecimiento de la población y del país
como un todo.
98
En reuniones recientemente celebradas por iniciativa
propia de creadores y otros trabajadores culturales, así
como de ciertos sectores institucionales de la actual
administración, se ha concluido que los rasgos más
sobresalientes y de prioritaria atención que acusa el
marco general de la acción cultural del Estado en la
República Dominicana son: a) La ausencia de una política
cultural orgánica y suuciente; b) la incoherencia, mutuo
aislamiento, incoordinación de las instituciones y acciones
culturales públicas; c) la ausencia de un órgano integrador
y referencial de todas las iniciativas del Estado en la
materia y la exclusión de las mayorías de los beneucios y
del disfrute de equitativas oportunidades culturales.
42
Los resultados del Diagnóstico Participativo del Sector Cultural,
en sentido general, se adelantaron en un Informe Preliminar, ya
en 1998, que se incluía en el libro Compendio de Legislación
Cultural. Además, en esa obra se hacía un diagnóstico jurídico de
la administración cultural dominicana.
43
Ahora, al respecto presento, para que el lector pueda hacerse una
idea general de los puntos fundamentales reportados, este Informe
Preliminar:

l. La ausencia de una instancia rectora que sea centro
regulador nacional de la política cultural del Estado y
estructura de coordinación de la acción cultural con las
instituciones culturales del sector privado.
2. La escasa coordinación del trabajo entre instituciones
públicas de una misma región, así como entre instituciones
culturales de la sociedad civil con instituciones del
Gobierno local.
42
Cfr. Libro Verde, Consecuencias de la Reunión, 2. Proyecto 'Reforma Cultural, PNUD-
UNESCO-Gobierno Dominicano, A. Contexto, 1. Características generales de la acción cultural del
Estado.
43
La obra es de la autoría de quien subscribe este documento y del hoy Dr. Ramón A. Victoriano,
publicado por el programa Reforma Cultural, en 1998, en Santo Domingo. Se puede consultar en
línea en la siguiente dirección web: http://web.archive.org/web/20091027063225/http://geocities.
com/lobrea/compendio.htm
99
3. La ausencia de una maniuesta política cultural del
Estado.
4. La falta de un Plan de Nacional de Desarrollo Cultural
que abarque el corto, mediano y largo plazo.
5. La existencia de serias limitaciones presupuestales
en las instituciones culturales gubernamentales y no
gubernamentales, las cuales, dada su escasa experiencia
gerencial y autogestionaria, no muestran una adecuada
capacidad de respuesta ante la problemática del
unanciamiento de la cultura. (En nuestro estudio, por
encima del 60% de las instituciones culturales encuestadas
sostuvieron que en la actualidad su mayor urgencia es de
carácter unanciero).
6. Las condiciones físicas de locales y equipos para el
trabajo cultural, fueron estimadas entre regulares y malas,
por la mayoría de las instituciones culturales a las que se
les aplicó el cuestionario.
7. La falta de estabilidad de muchas instituciones
culturales no sólo por no tener presupuestos o tenerlos muy
bajos, sino por la propia inexistencia de locales de trabajo.
8. El predominio de referentes meramente empíricos en el
ejercicio de la mayoría de los agentes culturales, quienes
por tanto exhiben muy poca capacidad gerencial, en el
relativamente alto promedio de tiempo que dedican como
personal directivo en sus respectivas entidades.
9. La concentración de recursos y de la acción cultural
en la ciudad capital y en la zona urbana, destacándose la
escasa incidencia de las instituciones culturales dentro del
espacio rural.
10. La escasa promoción y acción dentro de una política de
rescate y preservación del patrimonio cultural tangible de
la nación.
100
11. La ausencia de políticas y programas precisos en
el orden de promover y reforzar la identidad cultural
dominicana.
12. La existencia de una considerable riqueza cultural y
una gran diversidad creativa a todo lo largo del territorio
nacional, y particularmente dentro de los sectores
populares, las cuales, sin embargo, no han sido registradas
plenamente, ni encontrado el apoyo que demandan.
13. Frente al cuadro descrito en los puntos anteriores, el
gobierno del Dr. Leonel Fernández lanza una estrategia
para reformar y motorizar la acción cultural pública, la
que encuentra su expresión más concreta en la creación del
Consejo Presidencial de Cultura mediante el Decreto 82-97
de fecha 14 de febrero de 1997.
14. El Consejo Presidencial de Cultura ha venido
cumpliendo con la labor de dar coherencia y organización
a la acción cultural del Estado, al igual que con la función
de centro coordinador de estas acciones con instituciones
del sector privado. En este contexto ha asumido, con los
auspicios del Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD), un diagnóstico, del que aquí se ofrece
el informe preliminar, para sobre esa base, formular una
política coherente para el sector y un Plan Nacional de
Desarrollo Cultural para la República Dominicana.
15. El Consejo Presidencial de Cultura, no obstante,
encuentra en su acción límites legales y presupuestarios,
dada su naturaleza de entidad de transición (art. No. 1,
Decreto 82-97), creada por decreto presidencial y no
mediante una ley.

Frente al espeluznante cuadro de necesidades y limitaciones
descrito en los puntos anteriores, el gobierno del Dr. Leonel
Fernández lanza una estrategia para reformar y motorizar la acción
cultural pública. Esta evaluación va a servir de zapata para elaborar
el proyecto de ley de la creación de la Secretaría de Estado de
Cultura.
101
Este organismo debía actuar como el organismo estatal de mayor
nivel, para establecer y coordinar la ejecución de las políticas
culturales que debían ser formuladas en el contexto de una
coherente política para el sector que cristalizaría en la formulación
concertada de un Plan Nacional de Desarrollo Cultural para la
República Dominicana.
Como elemento sustancial para cumplir con tales aspiraciones
y objetivos se plantea que la gran tarea fundamental de la nueva
secretaría de Estado sería la de poner en marcha la estructura
básica de una nueva organización de las instituciones culturales
mediante la creación del Sistema Nacional de Cultura; un sistema,
que se visualizaba en su centro, como es la cultura misma,
desburocratizado, descentralizado, democrático, participativo,
euciente y efectivo, cuyas políticas y acciones debían corresponder
con criterios de alta calidad administrativa.
El Congreso Nacional aprueba el proyecto presentado para la
creación de la Secretaría de Estado de Cultura, y el presidente
Fernández promulga la nueva legislación el 28 de junio del año
2000, y la misma es publicada con el número, 41-00.
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lRl\l:TC lARA ll :l·TCR l` lA ll\ +lCC. CUl
crea y reglamenta la Secretar6a de Estado de
Cultura, hoy Ministerio de Cultura.
Para la mejor edifcación del lector, en cuanto al que sería el nuevo
panorama institucional de la cultura dominicana, a partir de la
aprobación de la Ley No. 41-00, adelanto algunas de las líneas
programáticas generales contenidas en la legislación vigente.
La ley de referencia inicia con el establecimiento de una serie
de defniciones fundamentales para enmarcar los campos de
actuación y delimitar las responsabilidades de los diferentes sujetos
culturales. Estas determinaciones forman parte de la legislación
cultural dominicana.
Algunos de los lectores atentos al despliegue de este análisis
se podrían preguntar por qué los autores del proyecto de ley
102
se detienen en detallar tantas particularidades, que por lo
general, dentro de la tradición legislativa dominicana, no son
recogidas en una ley que pretende regular un sector de realidades
institucionales, actividades y acciones del Estado. Se adoptó este
camino en la preparación del proyecto de ley de la Secretaría de
Estado de Cultura, por varias razones.
En primer lugar, porque en el momento en que se redacta el nuevo
instrumento legislativo en el país se sabía muy poco de qué podía
ser y cómo debía articularse el accionar una Secretaría de Estado
de Cultura. Había un intenso debate abierto, y en el mismo no
pocos agentes culturales eran partidarios de la creación de una
especie de instituto cultural autónomo, cuya autoridad se entregara
a un organismo colegiado para así evitar en lo posible que un
secretario, armado con tanto poder como le otorgaba la nueva
legislación pudiera erigirse en una especie de dictador cultural.
Una situación que se ha presentado, lamentablemente, en múltiples
ocasiones. Debo confesar que no había, prácticamente, entonces
en el país, conciencia alguna de cuáles podían ser los parámetros
objetivos de lo que signifca una gestión cultural organizada con
criterios científcos.
En ese momento, en la nación, aun entre los intelectuales más
actualizados sobre las ideas de vanguardia en el orbe cultural, no
había un consenso ni para defnir lo que debía entenderse por el
término cultura, enfocado el concepto de manera amplia, como un
fenómeno histórico omniabarcador de la acción humana en sentido
social y como práctica comunitaria.
Las ideas vigentes sobre qué y cómo debía concebirse la identidad
nacional y cuál era su importancia en el despliegue de la nueva
cultura mundial que se originaba a partir de tales desarrollos
eran ideas que se retomaban desde la extrapolación de textos y
defniciones de la antropología.
La misma idea de la globalización y de sus posibles desarrollos,
que comenzaba a manifestarse concretamente en la vida cotidiana
de la gente, era aún difusa, y en algunos casos era una percepción
que muchos intelectuales negaban tuviese una consistencia
histórica duradera.
103
Sin embargo, en esta nueva práctica, comenzaba a alborear una
nueva conciencia de que se trataba un fenómeno histórico-social
y cultural nuevo, basado en los nuevos paradigmas en que se
enmarcaban los intercambios internacionales y el desarrollo de las
nuevas tecnologías electrónicas de la comunicación.
Para que se tenga una idea de cuál era el clima ideológico que
reinaba por aquellos años, relato una anécdota que retrata el pensar
de muchos opositores al gobierno del Partido de la Liberación
Dominicana
Un connotado comentarista de opinión en los medios electrónicos
tradicionales, como es la televisión, afrmaba, y repetía
constantemente, que la llamada globalización no existía, que
era una idea que se había inventado, para su propio provecho, el
presidente Fernández a fn de distraer la atención de la población
joven y de los intelectuales de los auténticos problemas nacionales.
Sin embargo, en la historia política de Europa, y en textos muy
conocidos de Marx y Engels, como es el Manifesto del Partido
Comunista, redactado en 1848, se analiza y describe la visión
del posible desarrollo del capitalismo y se traza a grandes rasgos
los elementos fundamentales que adoptaría más adelante, más de
un siglo después de emitida esta descripción, el proceso que hoy
denominamos como globalización.
44
Es a partir del año 1994,
44
Cfr. Manifesto del partido comunista, Karl Marx y Friedrich Engels, 1848, Primer apartado:
Burgueses y proletarios: Espoleada por la necesidad de dar cada vez mayor salida a sus productos,
la burguesía recorre el mundo entero. Necesita anidar en todas partes, establecerse en todas partes,
crear vínculos en todas partes. Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía dio un
carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países. Con gran sentimiento de
los reaccionarios, ha quitado a la industria su base nacional. Las antiguas industrias nacionales
han sido destruidas y están destruyéndose continuamente. Son suplantadas por nuevas industrias,
cuya introducción se convierte en cuestión vital para todas las naciones civilizadas, por industrias
que ya no emplean materias primas indígenas, sino materias primas venidas de las más lejanas
regiones del mundo, y cuyos productos no sólo se consumen en el propio país, sino en todas las
partes del globo. En lugar de las antiguas necesidades, satisfechas con productos nacionales, surgen
necesidades nuevas, que reclaman para su satisfacción productos de los países más apartados y de
los climas más diversos. En lugar del antiguo aislamiento de las regiones y naciones que se bastaban
a sí mismas, se establece un intercambio universal, una interdependencia universal de las naciones.
Y esto se refere tanto a la producción material, como a la producción intelectual. La producción
intelectual de una nación se convierte en patrimonio común de todas. La estrechez y el exclusivismo
nacionales resultan de día en día más imposibles; de las numerosas literaturas nacionales y locales
se forma una literatura universal. Merced al rápido perfeccionamiento de los instrumentos de
producción y al constante progreso de los medios de comunicación, la burguesía arrastra a la
corriente de la civilización a todas las naciones, hasta a las más bárbaras. Los bajos precios de
sus mercancías constituyen la artillería pesada que derrumba todas las murallas de China y hace
104
cuando en el país aparecen, en las manos de las personas de la
élite económica, política y social, los primeros teléfonos celulares.
Sólo desde el 1997, cuando se introduce al país el exitoso modelo
de móvil de la Motorola, StarTAC, lanzado en EE. UU. el año
anterior, es cuando comienza a difundirse entre la clase media
dominicana la telefonía móvil.
Hay que tener presente, también, que fue a comienzos de 1997, que
se produce el primer desarrollo de la Internet entre las personas de
la élite. Su despliegue era incipiente y su alcance restringido por la
limitada infraestructura técnica del país, que, sin embargo, contaba
con la más adelantada tecnología en uso en los EE. UU.
En esos momentos la velocidad de transferencia de datos de los
modem que servían información por esta vía, en el país, variaba
entonces, entre 14,400 bps hasta un máximo de 56,600 bps, hacia
fnales de esa década. Es decir, que la cultura digital, en esos
momentos, daba sus primeros pasos en la República Dominicana.
Fue por aquellos años, en segundo lugar, que la UNESCO publica
-en español en 1997- el Informe de la Comisión de Cultura
presidida por el peruano Javier Pérez de Cuellar, el famoso Informe
sobre Nuestra Diversidad Creativa, donde se comienzan a enfocar
los procesos culturales desde la necesidad de establecer una nueva
estrategia para fomentar las culturas de los pueblos pequeños frente
a la nueva era de la globalización.
En ese informe se busca revalorizar y proteger a las culturas
nacionales y comunitarias frente al torbellino de uniformización
que, en todo ámbito de la cultura mundial, comenzaba a proyectar
la salvaje globalización de los mercados.
Infuyeron signifcativamente en los que trabajábamos en el
proyecto de Ley, y en el Proyecto de Reforma Cultural, las ideas
del destacado pensador y sociólogo francés, Alain Touraine, sobre
todo, dos libros que éste publicó a fnales de los años noventa y
capitular a los bárbaros más fanáticamente hostiles a los extranjeros. Obliga a todas las naciones,
si no quieren sucumbir, a adoptar el modo burgués de producción, las constriñe a introducir la
llamada civilización, es decir, a hacerse burguesas. En una palabra: se forja un mundo a su imagen y
semejanza.
105
que fueron leídos y discutidos ampliamente entre los miembros del
Consejo Presidencia de Cultura: ¿Podremos vivir juntos? (1997), e
Igualdad y diversidad (1999).
También, se leen con gran atención, en aquel momento, las
obras del flósofo argentino Néstor García Canclini, radicado en
México, principalmente sus libros: Culturas híbridas. Estrategias
para entrar y salir de la modernidad, Grijalbo, México, 1990;
Las industrias culturales en la integración latinoamericana
(escrita con Carlos Moneta), Eudeba, Buenos Aires, 1999; La
globalización imaginada, Paidós, Barcelona, 1999, e Imaginarios
Urbanos, 2ª ed., Eudeba, Buenos Aires, 1999.
García Canclini era en ese momento, considerado por nosotros,
los miembros del Consejo Presidencial de Cultura, el gran teórico
que podía mostrarnos cómo debíamos afrontar el fenómeno de la
globalización desde la perspectiva de quienes trabajaban en los
nuevos desarrollos de las instituciones culturales que se constituían
con miras a actuar en el nuevo milenio. Ambos pensadores, tanto
el francés como el argentino visitaron el país y fueron consultados
respecto a los proyectos que entonces se estructuraban.
En la última fase de la redacción de los informes del diagnóstico y
de revisión de la ley antes de enviarse al Congreso Nacional para
su debate y aprobación, actuaron discípulos de García Canclini,
enviados al país como una avanzadilla del pensador.
Igualmente, esos técnicos colaboraron con el sociólogo y experto
cultural, Carlos Santos, que al momento preparaba con otros
técnicos del proyecto la redacción del último informe de los
diagnósticos, el titulado: Hacia un programa de desarrollo cultural
para la República Dominicana, constituido con los elementos
que debían de servir como los insumos fundamentales para la
elaboración del Plan Decenal de Desarrollo Cultural, con el cual se
debía cerrar exitosamente el proceso de Reforma cultural.
Finalmente, debo registrar en esta especie de memoria histórica
del proceso de Reforma cultural, cuales fueron las asesorías
recibidas por el equipo que, desde el Consejo Presidencial de
Cultura, laboraban en preparar los informes del proyecto de
106
reforma cultural y sobre todo el proyecto de ley de la creación de
la Secretaría de Estado de Cultura y de la estrategia para su puesta
en marcha.
Para no extenderme demasiado me limitaré a hacer una relación
muy esquemática:
Nos sirvió de mucho visitar las instalaciones y ver cómo se
organizaba y ejecutaba el trabajo magnífco que realizaba el
Ministerio de Cultura de Cuba bajo la dirección del ministro Abel
Prieto.
En el año 1997, se creaba el Ministerio de Cultura de Colombia,
y gracias a las excelentes relaciones cultivadas por el presidente
Fernández con el presidente Samper, obtuvimos valiosa
información sobre el proceso de reforma colombiano, y contamos
con el apoyo amigo y la gran formación cultural del destacado
consultor de la UNESCO, Juan Luis Mejía, quien como Director
General del Instituto Colombiano de Cultura (Colcultura),
proyectó e impulsó la ley que convirtió a esa entidad en
Ministerio, que llegaría a presidir en el año 2002.
Desde el litoral dominicano, además del empeño puesto por el
presidente Fernández en el proceso de Reforma Cultural, se contó
en todo momento con el apoyo y la asesoría de la Embajadora
ante la UNESCO, Dra. Laura Faxas, quien contribuyó a facilitar
la asesoría permanente de la UNESCO.
Igualmente, la Comisión Presidencia para la Reforma del Estado,
presidida en ese momento por Onofre Rojas con la colaboración
técnica del Dr. Marcos Villamán y el Lic. Francisco Cáceres,
colaboraron con sus ideas y planteamientos a clarifcar la
arquitectura funcional del proyecto de ley.
También colaboró con ideas para lograr aprovechar recursos
fnancieros disponibles en Europa, el entonces Ordenador de
Lomé, Dr. Max Puig. Además, debo citar al ilustre jurisconsulto
dominicano y destacado hombre de la cultura dominicana, Dr.
Amadeo Julián, quien dio forma jurídica fnal y veló para que el
107
proyecto de ley fuera coherente y estuviera bien argumentada la
justifcación que se expresa en los considerandos del mismo.
En todos estos autores, en sus obras y por el apoyo que brindaron
las personas señaladas, se pudo llevar a puerto seguro el proyecto
de Reforma del Sector Cultural en los años de 1997 al 2000.
De las defniciones de importancia que se registraron en la ley
41-00, se encontraban los principios generales que se afrmaban
como los fundamentos de la cultura dominicana. En primer lugar,
se procedió a adoptar en el proyecto de ley la expresión más
adelantada de los principios culturales para la época, en el marco
del derecho a la cultura, pues entonces la Constitución del 1966,
era, como pudimos ver, muy parca al respecto.
También se adoptaron como principios, las ideas más desarrolladas
para el momento que se debatían en todo el mundo los nuevos
paradigmas para manejar y desarrollar la cultura en los países de
América Latina. Cito aquí los que considero más relevantes y
novedosos en ese momento:
5.- El Estado impulsará y estimulará los procesos,
proyectos y actividades culturales en un marco de
reconocimiento y respeto por la diversidad y variedad
cultural de la nación dominicana.
6.- El Estado protege el idioma español como lengua oucial
de la República Dominicana.
7.- El Estado, en ningún caso, ejercerá censura sobre
la forma y el contenido ideológico y artístico de las
realizaciones y proyectos culturales, y garantiza,
además, la libre circulación y la difusión de todo tipo de
información cultural, cientíuca y tecnológica.
8.- Constituye una obligaci6n primordial del Estado y
de las personas valorar, proteger, rescatar y difundir el
patrimonio cultural de la nación.
9.- El Estado garantizará la libre investigación y fomentará
108
la formación de investigadores y el desenvolvimiento
de actividades cientíucas dentro de los parámetros de
calidad, rigor y coherencia académica.
10.- El desarrollo económico y social deberá articularse
con el desarrollo cultural, educativo, cientíuco,
tecnológico, respetando la protección del medio ambiente.
11.- Los recursos públicos invertidos en actividades
culturales tendrán, el carácter de gasto público social.
12.- El Estado fomentará la creación, ampliación y
adecuación de infraestructuras artísticas y culturales,
y garantizará el acceso de todos los dominicanos y
dominicanas a las mismas.
13.- El Estado, al formular la política cultural, tendrá en
cuenta a los creadores, gestores y receptores de la cultura
y garantizará el acceso de todos los dominicanos a las
manifestaciones, bienes y servicios culturales en igualdad
de oportunidades. Se concederá especial tratamiento a
personas limitadas física, sensorial y síquicamente, de
la tercera edad, la infancia y la juventud y los sectores
sociales más necesitados.
Como se puede notar, estos principios eran muy avanzados en el
año 2000, pero en la actualidad muchos de estos enunciados han
sido recogidos de manera explícita o implícita en la Constitución
vigente, por lo que a esta parte de la ley habrá que dársele un giro
nuevo.
Otro aspecto importante presente en la legislación que comento es
lo relativo a la unanciación de la cultura. Este asunto es de capital
importancia para garantizar el éxito de toda administración y de la
implantación efectiva de las políticas culturales. La ley establece
un capítulo específco para tratar de estos temas, el capítulo IV,
que trata Del unanciamiento de la cultura y abarca tres artículos
de la ley, del 56 al 58.
109
El más importante desde mi punto de vista es el primero, el 56,
que consigna que:
el gasto público anual en cultura debe alcanzar, de una
manera gradual y creciente, un mínimo de un 1 por
ciento (1%) del gasto público total estimado para el año
corriente.
El siguiente, el 57, trata de la distribución del gasto, poniendo
como límite mínimo para las inversiones un treinta por
ciento (30%), y el máximo previsto que puedan alcanzar los
gastos corrientes sea de un setenta por ciento (70%) del total
presupuestado.
Finalmente, el artículo 59, trata de la exención de impuesto a la
renta de los premios que se otorguen a los agentes culturales, y
se propicia desarrollar una legislación adicional para regular el
importante aspecto del mecenazgo privado en el sector cultural.
Debo decir que, lamentablemente, el presupuesto cultural, en
los últimos doce años ha estado muy por debajo del 1% del
presupuesto nacional. Este es un asunto que hay que tratar de
cambiar, con cierta urgencia en los próximos años.
Debo indicar que, durante los Gobiernos del presidente Fernández,
se debe evaluar el presupuesto ejecutado por el ministerio tomando
en cuenta que no todas las acciones e inversiones cuantiosas que
se han venido haciendo en el sector cultural son consignadas en
las partidas del presupuesto asignado. En efecto, la presidencia
cubre, generalmente, los costos de las nuevas edifcaciones,
remozamientos o remodelaciones que se realizan en el sector.
Sin embargo, en el instrumento legal que es la Ley No. 41-00, se
asientan las bases para el reconocimiento y garantía del derecho
a la cultura como derecho humano fundamental, y se establece
explícitamente, que:
Los recursos públicos invertidos en actividades culturales
tendrán el carácter de gasto público social.
110
Esto era algo revolucionario para un país que no tenía nociones
de lo que signifca una gestión cultural democrática, participativa,
desburocratizada y que pretendía erigirse en modelo de efciencia
administrativa.
No obstante, creo que en los años próximos los agentes culturales
deben luchar para que el presupuesto para el sector sea ejecutado
con la misma cantidad de recursos que se consigna en la ley de
presupuestos y gastos públicos, y que la asignación se acerque muy
pronto al 1% del total del presupuesto nacional, establecido como
mínimo en la ley de la Secretaría de Cultura.
l5. llR:ll·Tl\A: \ lC:lBllllAll: lll lRl:l`Tl. lA
cultural, una reforma inacabada
Durante el proceso de la reforma cultural ejecutado entre los años
1997 al 2000, faltó el tiempo sufciente para buscar una solución
efectiva a todos los problemas de la cultura dominicana y por ello
no se pudo completar la agenda de la reforma. Con la Ley No 41-
00, debía llegar el momento para introducir en la administración
pública dominicana métodos modernos de gestión, privilegiando la
gerencia por competencia en lugar de la tradicional administración
por nicho, o sea la del puesto estructurado de manera
supuestamente funcional, jerarquizado, burocrático.
Para implementar y poner en marcha la organización de la nueva
secretaría como la instancia correspondiente para coordinar el
Sistema Nacional de Cultura
45
, se debió poner en implementación
una estrategia administrativa y funcional paulatina que procediera
a poner en vigor la ley, estableciendo para ello, un período
determinado de tiempo, de por lo menos un año. Era necesario
crear un adecuado modus operandi para fusionar e interconectar
las múltiples instituciones culturales que mediante la ley se le
entregaba al nuevo ministerio.
46
45
Cfr. Ley No. 41-00: Artículo 3.- Se crea la Secretaría de Estado de Cultura, como instancia de
nivel superior, encargada de coordinar el Sistema Nacional de Cultura de la República Dominicana,
y que será la responsable de la ejecución y puesta en marcha de las políticas, planes, programas y
proyectos de desarrollo cultural, sin perjuicio del proceso formativo establecido en la Ley General de
Educación.
46
Cfr. Ibidem, capítulo II, artículo 6. De las instituciones que integran la secretaría.
111
El primer paso, en este sentido, debía ser el de evaluar y
decidir sobre la pertinencia de mantener en vigencia a todas
las instituciones tal como se les entregaban, o de disponer
reconcentrarlas en núcleos afnes y en algunos casos tomar
una decisión heroica y proceder a la disolución, al repartir sus
funciones entre varias instituciones nuevas que mostraran una
mayor coherencia funcional.
Todos estos organismos nacieron en un clima de caos
institucional, en tiempos diferentes y con funciones que, muchas
veces, al crearse otras, se les adscribían idénticas competencias
de las ya existentes, lo que no se notaba, pues cada institución
se manejaba aislada del resto, empero, cuando su accionar se
contrastaba en el contexto de un sistema, inmediatamente se
manifestaba el sobreponerse de múltiples funciones, de manera
incoherente, entre unas y otras.
¿Ejemplos? El de la Biblioteca República Dominicana respecto
a la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña y, por otro lado,
en el año 2000, existía la Ofcina de Patrimonio Cultural, y la
Comisión de Consolidación de Monumentos y Sitios Históricos
de la Ciudad de Santo Domingo.
47
En la realidad cotidiana, previa a la creación de la Secretaría de
Cultura, aunque casi todas las instituciones culturales estaban
adscritas al Secretariado Administrativo de la Presidencia, su
dependencia de este organismo se limitaba a recibir los recursos
presupuestarios asignados, sin ejercer, no obstante, de manera
administrativa o programática ningún tipo de coordinación entre
el todo.
En la realidad, cada uno de estos organismos actuaba como islas
autónomas de poder y no tenían en común ningún modelo de
gestión o de supervisión común. Muchas actuaban como si no se
47
Luis O. Brea Franco – Arturo Victoriano: Compendio de legislación cultural de la República
Dominicana, Santo Domingo, 1998. Cfr. p. 23: Hay instituciones para las cuales no hay marco
jurídico alguno, ni siquiera estatutos o reglamento orgánico, sino que sólo existe la edifcación que
la alberga y el decreto que nombra a la persona que la dirigiría, como lo es el caso de la Biblioteca
República Dominicana creada en virtud del Decreto 302-89 del 16 de agosto de 1989, en que se
designaba a la directora.
112
conociera de la existencia de las demás, o actuaban como si así se
debiese corresponder respecto a sus fnalidades, sobre la calidad
de los servicios que ofrecían o debían ofrecer al ciudadano y a la
racionalización del gasto público.
El proceso de implementación del Sistema Nacional de Cultura
debía fundamentarse en una previa evaluación de la pertinencia
de las funciones, operatividad y de la necesidad de erogar un
cargo presupuestario para cada una de ellas. Pero esto no se hizo,
aun cuando contaban con los diagnósticos y el organigrama de la
Secretaría, que dejaron elaborados y le entregaron oportunamente
las autoridades del Consejo Presidencial de Cultura.
Lo que se hizo fue asumir como creación divina, como creación
sempiterna, la existencia de cada uno de estos organismos
que se entregaban a la nueva administración. Además, a esta
infraestructura descalabrada se le impuso como corona la puesta
en función de las nuevas estructuras que se establecían en el
nuevo instrumento jurídico-administrativo. Consecuencia: se
creó una institución que nacía obesa desde el punto de vista del
organigrama funcional y con una sobrecarga burocrática que hacía
imposible que, de su presupuesto, restaran algunos fondos para
poder realizar las necesarias inversiones y establecer el inicio de
la desconcentración del presupuesto cultural en la totalidad del
territorio nacional. En este caso el mantenimiento de los gastos
corrientes de la multitud de organismos culturales se llevaba más
del 90% de la asignación presupuestaria de la Secretaría.
El sistema derrengado, que debía superarse al crearse la nueva
instancia coordinadora del sector cultural, estaba tan arraigado en
el subconsciente del político dominicano, que al implementar las
instituciones creadas por la reforma, se volvían a reproducir todas
las taras que se buscaban superar.
Tampoco se meditó en profundidad lo que signifcaba el
establecimiento de las tres subsecretarías previstas en la ley:
La Subsecretaría de Patrimonio Cultural, la Subsecretaría
Técnica Administrativa y la Subsecretaría de Creatividad y
Participación Popular. Estas eran el instrumento funcional que
113
debía transformarse en los brazos operativos para consolidar y
descentralizar el Sistema Nacional de Cultura creado por la ley.
48

A una persona acuciosa, con una mentalidad interrogativa, habría
resultado evidente la importancia de la defnición de este campo de
las tres áreas de desempeño administrativo.
Habría notado, sin dudas, que estas funciones se describen con
anterioridad al señalamiento de las funciones del secretario o del
Consejo Nacional de Cultura, que es el órgano de decisión superior
de la nueva institución. No es común y corriente que en una
legislación de este tipo se pase primero a tratar de las funciones
de las subsecretarías antes de esbozar cuáles son las funciones del
ministro.
Esto se pensó así pues las subsecretarías representaban los órdenes
superiores de la nueva administración cultural, es decir, esta
descripción no señala tanto a cargos, sino a dominios culturales
fundamentales. Indica cuáles serían los temas que presidirán la
organización operativa de la secretaría.
Además, de todo lo descrito hasta aquí, la puesta en marcha de la
organización de la Secretaría de Estado de Cultura, requería de la
activación de un Plan de Actualización Jurídica del Sector Cultural,
que debía articularse mediante un proceso de revisión minuciosa de
todas las leyes, decretos y reglamentos del sector, para articular y
condensar en un solo instrumento legal, en una especie de Código
Cultural, toda la normativa cultural.
En este nuevo instrumento legal se debían incluir necesariamente
todos los aspectos no contemplados en ese momento por la
legislación que se ponía entonces en vigencia, al igual de otorgar
coherencia y renovar los principios sobre los cuales se debía basar
la legislación cultural en su conjunto. En ese contexto se debían
determinar, con cierta urgencia, las características y facilidades de
un aspecto de importancia capital para el desarrollo de la cultura
48
Cfr. Ibídem, título III, capítulo II, De las instituciones que integran la secretaría, artículo 9. Para
el cumplimiento de sus funciones, la Secretaría de Estado de Cultura atenderá a través de todos sus
organismos tres áreas fundamentales de gestión técnica, que son: a) Patrimonio cultural; b) Técnica y
administrativa; c) Creatividad y participación cultural.
114
dominicana, es decir, tratar sobre todo lo relativo al mecenazgo y
patrocinio privado de la cultura por parte del sector privado.
Bajo el aspecto legal, además, se debía establecer una regulación
sencilla, clara y efectiva para fomentar el otorgamiento de
incentivos para el desarrollo en nuestro país de las industrias
culturales, que permitieran proyectar la cultura dominicana en
el mundo. Igualmente, debían regularse las actividades relativas
al desarrollo de nuevas posibilidades para el turismo cultural
y la masifcación de la oferta de productos y bienes culturales
para distribuir en los mercados globales con un nivel de calidad
aceptable y a un nivel de venta competitivos.
Lamentablemente, la gestión político-administrativa
que debió poner en marcha lo establecido en la nueva
legislación, al crear las estructuras operativas del Sistema
Nacional de Cultura que sería la columna vertebral de la
administración cultural pública en el país, se perdió en
los laberintos de una práctica administrativa sumamente
burocratizada, perdiendo de vista lo esencial del mandato
legislativo, sin lograr distinguir entre lo que era capital
y lo que se presentaba como puramente accesorio en el
nuevo instrumento.
En consecuencia, se puso en marcha una práctica
administrativa que privilegiaba el sentido pasivo de
la cultura, el espectáculo, sin alcanzar a visualizar la
necesidad de trabajar intensamente con las comunidades,
empoderándolas efectivamente para garantizar, por medio
de la participación y la necesaria descentralización de
las actividades y fundamentalmente del presupuesto, el
ejercicio del derecho a la cultura en nuestro país.
Hoy el país es otro muy diferente al que se dejó en el año
fnal de la reforma, el año 2000. El país cuenta con una nueva
Constitución política muy avanzada, hay un nuevo Sistema de
Seguridad Social, que crea, además, el Sistema de Jubilaciones y
Pensiones, la Ley 87-01.
115
Hay un ministerio de Administración Pública, que se rige según lo
establecido por la Ley de Función Pública, la Ley 41-08, y hace
pocas semanas se promulgó la fundamental ley que establece la
Estrategia Nacional de Desarrollo (END), la Ley 01-12.
Esta última iniciativa es de trascendental importancia para el país,
pues de ahora en adelante podremos programar nuestro desarrollo
y confar que las políticas públicas tendrán una continuidad en el
tiempo como políticas de Estado sin importar qué partido político
pueda encabezar el Gobierno de la nación.
Como se señala en el comunicado que dirigiera al país el
Ministerio de Economía, Planifcación y Desarrollo (MEPyD) y el
Consejo Nacional de Reforma del Estado (CONARE), en ocasión
de la aprobación del nuevo instrumento de planifcación, este
hecho marcará a la República Dominicana y nos permitirá avanzar
en el camino de nuestro desarrollo.
En el documento indicado se parte del planteamiento de la cuestión
de qué signifca contar ahora con una Estrategia Nacional de
Desarrollo:
¿Qué signiuca que ahora tengamos una Estrategia
Nacional de Desarrollo? Signiuca que las y los
dominicanos contamos con una visión de país y una ruta
para orientar los esfuerzos de toda la sociedad, incluidas
las políticas públicas, para avanzar en el logro de metas
precisas en los ámbitos económico, social, ambiental e
institucional. Esto implicará que, durante los próximos
veinte años, el accionar de las distintas administraciones
de gobierno habrá de orientarse al logro de los objetivos y
metas planteadas en la Estrategia Nacional de Desarrollo,
en coherencia con las líneas de acción en ella contenida.
En este sentido, la Estrategia Nacional de Desarrollo es
la base para establecer una cultura de planiucación y
del accionar de las políticas públicas con una visión de
largo plazo para el desarrollo del país, la superación de
la pobreza y la elevación del bienestar de la población
dominicana.
116
Con la aprobación de la Estrategia Nacional de
Desarrollo se ha dado el primer paso con el que los
dominicanos nos iniciamos en el viaje de transformación
hacia un país mejor. Ahora, el desafío es implementarla,
para ir avanzando progresivamente hacia la realización
de la visión de la nación de largo plazo que queremos.
Es decir, convertir a la República Dominicana en “un
país próspero, donde las personas viven dignamente,
apegadas a valores éticos y en el marco de una
democracia participativa que garantiza el Estado social
y democrático de derecho y promueve la equidad, la
igualdad de oportunidades y la justicia social, que
gestiona y aprovecha sus recursos para desarrollarse
de forma innovadora, sostenible y territorialmente
equilibrada e integrada, y se inserta competitivamente en
la economía global”
49
.
Estas novedades y otras que son hoy realidad, pero que no
nombro por razones de espacio y tiempo, van a contribuir a que
la administración cultural y las políticas culturales tengan una
continuidad y puedan desarrollarse en el tiempo.
En la END, la cultura está contemplada en el eje 2 y tiene como
objetivo general el 2.6, que se titula: Cultura e identidad en
un mundo global, que a su vez de desglosa en dos objetivos
específcos, que tiene, el primero, nueve líneas de acción, y cuenta
el segundo, con seis acápites de acciones a implementar.
No voy a profundizar en estos nuevos acontecimientos y
novedades institucionales de la nación. Esta no es la instancia
adecuada para hacerlo.
A continuación, para cerrar este ya muy extenso análisis de la
importancia que tiene la cultura para nuestro tiempo, despliego
una serie de cuestiones que me parecen aún no resueltas o a
las que será necesario buscar una forma adecuada de salida
sea organizacional o administrativa en el ámbito de la gerencia
49
Negritas de LOBF.
117
pública de la cultura. No son los únicos cuellos de botella, pero sí
me parecen son los más importantes.
1.! Estimo que la Ley No. 41-00, después de doce años de
vigencia en un mundo tan cambiante, como han sido los
primeros años del siglo XXI, debería revisarse a fondo y
hacer una evaluación general de qué ha funcionado bien y
qué no lo ha hecho tan bien y determinar, unalmente, qué
no se ha implementado como se esperaba y cómo podría
ser mejorado o de que otra manera debería implementarse
o comenzar a crearse una nueva visión del hecho cultural
que sea más abarcadora y coherente.
2.! Uno de los elementos que más me preocupa en el sistema
de administración cultural dominicano es cómo reforzar
la democratización del ministerio para contrabalancear
el excesivo poder que tiene el ministro de decidir sobre
todo y de manera absoluta. Cuando hablo de democratizar,
me reuero fundamentalmente a que estimo necesario
fragmentar entre varias instancias la capacidad de tomar
las decisiones fundamentales que afecten el sistema. Creo
que un paso en este sentido debería ser buscar ampliar
la representación y el origen de la designación de los
miembros del Consejo Nacional de Cultura (C. N. C.). En
tal sentido, propongo que se sustituya el actual sistema
de nombrar a los delegados de las instancias incluidas,
que al momento funciona bajo el sistema de presentación
de ternas, y pasar a que se fortalezcan las asociaciones,
colegios y gremios del sector para que sean estos
mismos los que elijan a sus representantes directamente.
Igualmente, me parece debería tratarse en el caso de los
representantes regionales y provinciales, que deben estar
representados en el C. N. C., al buscar que su elección
sea de carácter democrático e independiente de las redes
de poder del ministerio. Este es un punto capital desde mi
perspectiva. La cultura es un asunto que atañe a todos y
debe manejarse de manera participativa y democrática.
3.! Estimo que las ramas operativas del ministerio,
representadas por los tres viceministros previstos en
118
la ley actual, deberían ampliarse de tres a seis. Los
seis viceministerios que actuarían como núcleos de
los organismos administrativos deberían cada uno
especializarse en un área prioritaria de la administración:
1. Presupuesto, planiucación y cooperación internacional;
2. Administrativa; 3. Creatividad, formación, participación
popular y festivales; 4. Patrimonio cultural e inventarios;
5. Descentralización, para proceder a manejar el proceso
de rediseño funcional tanto en la capital como en las
provincias. Se ocuparía en mantener los lazos vivos
con los Consejos Provinciales de Desarrollo Cultural;
6. Desarrollo de la cultura comunitaria (seguimiento
de la administración de las Casas de Cultura y centros
regionales).
4.! El ministerio debería reducir su burocracia mediante
la fusión de muchas instancias directivas. Está prevista
una Dirección General de Museos ¿para qué, me
pregunto, tiene que haber, entonces once directores de
museos? Debería haber un Museo Nacional con recintos
especializados en Arte Contemporáneo, en Antropología,
etc. Lo que sí debería haber en cada museo es un comité
de investigación y publicaciones, que sea el organismo que
fomente las indagaciones en las áreas de especialización de
cada museo. Igualmente sucede con una Dirección General
de Bibliotecas (DGB); este encargo puede ser suplido
por quien sea el director de la Biblioteca Nacional Pedro
Henríquez Ureña (BNPHU), así desde esta institución
se puede coordinar la totalidad del área de bibliotecas
públicas. La red de bibliotecas que incluye a las privadas
debería articularse en un consejo bajo la supervisión de
la DGB. Todo lo relativo al libro debería ser manejado
por una sola institución y esta debería ser la BNPHU.
Los archivos, ya por ley, dependen del Archivo General
de la Nación. La Dirección General de Salas y Auditorios
debería manejarse desde la dirección del Teatro Nacional;
así se podría crear cohesión y dar coherencia al uso de
las mismas. Todas las escuelas de artes y el conservatorio
deberían manejarse por una sola dirección general.
119
5.! Deberían crearse unas pocas direcciones generales para
que estas dependan de las áreas de especialización de los
viceministerios y por este medio reducir las instancias de
alto nivel y, por lo tanto, reducir el número de funcionarios
que devenguen los más altos salarios.
6.! Esta reducción del personal directivo del ministerio
permitiría liberar recursos para la inversión en proyectos
culturales nuevos, y para apoyar el trabajo directo de
los creadores. En Cultura se debería trabajar en base
a proyectos especíucos que puedan unanciarse con una
ayuda del Estado y otra parte suplida por el sector privado
— cuando se ponga en ejercicio una legislación sobre
mecenazgo privado de la cultura— y que los recursos para
los años siguientes de un proyecto exitoso se establezca
mediante una evaluación de los resultados alcanzados en
el proyecto anterior. Al personal del ministerio que no se
pueda nombrar en los nuevos organismos de dirección, y
que cuente con una buena evaluación, estudios en gestión
cultural y años de experiencia, puede encargársele para
diseñar, conformar, administrar y evaluar los proyectos
especíucos que se puedan unanciar para crear el nuevo
modelo de gestión por competencias.
7.! Para poder evaluar la efectividad de las políticas
culturales se debe contar con estadísticas culturales, que
son los instrumentos que permitirán valorar la incidencia
y la profundidad del impacto de las acciones públicas
traducidas en políticas. Se debe negociar con el Banco
Central de la República Dominicana la creación inmediata
de una unidad piloto del área cultural en el contexto de
las cuentas nacionales, para determinar la incidencia del
sector cultural, en todas sus instancias, en términos de
aporte al PIB y proyectar desde esta óptica las inversiones
hacia determinadas áreas de las industrias culturales. Por
otro lado, se debe acordar con el ministerio de Economía,
Planiucación y Desarrollo, y la Dirección General de
Estadísticas convenios para hacer algún tipo de encuesta
para obtener algunos parámetros relativos al consumo
cultural en el país, aunque sean de carácter provisional,
120
hasta que se puedan incluir las variables culturales de
desarrollo humano en el próximo censo nacional de
población.
8.! Debe prestarse la mayor atención posible en acelerar
y desconcentrar el presupuesto cultural según criterios
territoriales. Se deberían constituir y empoderar a los
Consejos Provinciales de Desarrollo Cultural y comenzar
a trabajar con estos organismos por vía del propuesto
viceministerio de descentralización. Al igual deberíase
también comenzar a poner en marcha el programa de
desarrollo de la cultura comunitaria para poder garantizar
el derecho a la cultura a los pobladores del interior del
país y de los barrios de las grandes ciudades. Esto es
indispensable para hacer llegar el desarrollo cultural
y humano a todos los ámbitos naciones, regionales y
provinciales. El trabajo de conformar y asistir la formación
y puesta en operación de los Consejos Municipales de
Desarrollo Cultural previstos en la ley se debe hacer
mediante acuerdos de colaboración del ministerio con la
Liga Municipal Dominicana y de manera individual con los
diversos municipios del país.
9.! Debe implementarse a la mayor brevedad un proceso de
registro, un censo exhaustivo, de todo trabajador cultural
en las diferentes zonas del país. Es increíble que a estas
alturas el Sistema Nacional de Cultural no cuente con
un censo de los trabajadores y gestores culturales según
su categoría y área de especialización. Igualmente,
debe reforzarse en todo el país el área de registro del
patrimonio nacional público y privado. Para esos unes
se puede implementar en colaboración con el Archivo
General de la Nación un proyecto de creación de los
archivos históricos culturales provinciales y municipales.
La única forma de garantizar la protección del patrimonio
en todas sus vertientes es reforzando los registros de los
bienes patrimoniales en todo el país y, al mismo tiempo, al
implementar un programa de educación básica, secundaria
y universitaria de valorizar y proteger nuestro legado
histórico.
121
10.!Urge transformar los institutos de enseñanza artística,
nuestras escuelas de artes y el conservatorio nacional,
para que puedan tener la capacidad de otorgar títulos
académicos de nivel universitario. Resulta increíble que
después de cursar doce años de estudios musicales, los
egresados no tengan posibilidad de continuar sus estudios
en otras universidades para la obtención de una maestría o
un doctorado en esas materias. Esto puede implementarse
sea mediante acuerdos con la UASD o con algunas
universidades del sector privado, para que suplan esta
importante necesidad del sector cultural. Igualmente, en el
mismo sentido, se debería buscar apoyo para la creación y
la acreditación de un instituto de educación superior para
la capacitación y profesionalización del administrador
público y del gestor cultural.
11.!Es importante reforzar el área de promoción del libro y
de la lectura en todo el país. En primer lugar se debería
poner en operación las importantes leyes de Archivos y la
del Libro y Bibliotecas. La Feria del Libro debería volver
a ser un festival de la lectura y de promoción del libro
y la editoría dominicana, y dejar de ser «un con tó». Se
debería crear un segundo nivel en ese festival que permita
el encuentro y la negociación directa de los autores y
editores dominicanos con editores extranjeros para buscar
proyectar internacionalmente la literatura dominicana. En
el período ferial, cada año, el Estado debería promover la
publicación de por lo menos 25 obras fundamentales de
la cultura universal y nacional elaborados en una edición
económica y que su precio de venta no sobrepasase los
cien pesos. Estas ediciones deberían contar con una
introducción que sitúe la importancia de la obra en el
contexto de la literatura o del ámbito del pensamiento,
y que incluya una guía de lectura y una valoración de la
comprensión de lo leído por el joven, y la tirada debería
ser de un millón de ejemplares, por lo menos.
12.!Me preocupa la actual situación de la cultura con vistas
al futuro. La circunstancia de la crisis del sector en la
Europa comunitaria es una escuela en la que debemos
122
estudiar y sobre la que debemos reßexionar, al intentar
abrazar todo lo que allí sucede ahora. Hasta hoy, el
modelo en ejecución había sido el de la unanciación de
la cultura en casi todas sus facetas por recursos públicos.
Sin embargo, por la crisis de la deuda y las políticas de
austeridad extrema que se han impuesto para atajar el
problema del endeudamiento público, se hace inviable el
modelo hasta hace pocos meses vigente. Creo que nosotros,
los dominicanos, tenemos que tomar nota de todos estos
acontecimientos y escenarios y proceder a elaborar un
plan alternativo, un plan B, que pueda dar respuestas a
todas las críticas que puedan venir de los sectores más
economicistas del nuevo Gobierno, me reuero a aquellos
técnicos que creen que el sólo desarrollo económico puede
producir desarrollo humano real. Lo que es absolutamente
falso, como creo haber mostrado en el acápite 3, de este
mismo trabajo.
50
Hay que tener muy presente y decirlo a los
cuatro vientos que este país tiene una deuda social cultural
que se podría caliucar como casi inunita, que se origina
desde la fundación del Estado dominicano, que tiene que
comenzar a ser pagada, empezando por el establecimiento
de un programa cultural eminentemente social, que permita
obtener una mejoría palpable en los indicadores culturales
de la pobreza cultural en los próximos cuatro años de
Gobierno.
Santo Domingo, 19 de marzo de 2012
49
3. Construir un camino frme y seguro para la cultura dominicana, pp.
123
16. Documento anexo
Ley de Cultura, No. 41-00
Ley No. 41- 00
CONSIDERANDO: Que el artículo 8, inciso 16, párrafo segundo
de la Constitución establece que el Estado "procurará la más
amplia difusión de la ciencia y la cultura, facilitando de manera
adecuada que todas las personas se benefcien con los resultados
del progreso científco y moral";
CONSIDERANDO: Que el artículo 101 de la Constitución
dispone que "toda la riqueza artística e histórica del país, sea quien
fuere su dueño, formará parte del patrimonio cultural de la nación
y estará bajo la salvaguarda del Estado"; que, asimismo, el referido
texto constitucional señala que la ley establecerá cuanto sea
oportuno para la conservación y defensa de dicho patrimonio;
CONSIDERANDO: Que el artículo 37, incisos 5 y 23 de la
Constitución, pone a cargo del Congreso de la República disponer
todo lo concerniente a la conservación de monumentos y objetos
antiguos y a la adquisición de estos últimos, así como legislar
acerca de toda materia que no sea de la competencia de otro Poder
del Estado o contraria a la Constitución;
CONSIDERANDO: Que, conforme a lo que disponen los
artículos 61 y 62 de la Constitución, para el despacho de los
asuntos de la administración pública habrá las Secretarías de
Estado que sean creadas por la ley, la cual, igualmente, determinará
las atribuciones de los Secretarios de Estado;
CONSIDERANDO: Que en el país existe un conjunto de
instituciones estatales de carácter cultural, creadas algunas
mediante leyes y otras en virtud de decretos dictados por el Poder
Ejecutivo, y que funcionan bajo la dependencia de diferentes
secretarías de Estado o de manera autónoma, sin que exista
un organismo de nivel superior que coordine sus actividades;
124
CONSIDERANDO: Que el Estado ha invertido e invierte
importantes recursos en la creación, mantenimiento y sustentación
de dichas instituciones de carácter cultural, y seguirá invirtiendo
en la creación de otras, por lo que debe velar por un óptimo
rendimiento del gasto social, en las actividades culturales, como
forma de lograr que en ellas participen el mayor número de
dominicanos y dominicanas;
CONSIDERANDO: Que mediante el Decreto No. 82-97,
del 14 de febrero de 1997, el Poder Ejecutivo creó el Consejo
Presidencial de Cultura, como organismo deliberativo con
funciones de carácter gerencial y administrativo, con el propósito
de coordinar, organizar, promover, supervisar y evaluar las
iniciativas del sector cultural estatal y establecer las condiciones
para la formación de una Secretaría de Estado de Cultura;
CONSIDERANDO: Que para lograr las metas y objetivos del
desarrollo cultural se requiere la creación de una secretaría de
Estado de Cultura, a la cual estén adscritos todos los organismos e
instituciones que conforman el sector cultural estatal y los que se
creen en el futuro, correspondiendo a dicha secretaría de Estado
diseñar una política de Estado en materia de cultura, elaborar,
sancionar y ejecutar los planes de desarrollo cultural, con los
proyectos y programas de las diferentes áreas, teniendo en cuenta
entre otros fnes, principalmente, el fomento de la creatividad
en todos sus órdenes, el apoyo a los gestores culturales, la
racionalización de los recursos materiales y humanos dedicados
al quehacer cultural, la producción de la mayor suma de bienes y
servicios culturales de elevada calidad para un disfrute y acceso
más equitativo por todos los sectores de la población tanto
rural como urbana y la participación de éstos en el proceso de
modernización y construcción de una sociedad más democrática.
En este marco, la Secretaría de Estado de Cultura orientará su
acción a la conformación de un sistema nacional de cultura
capaz de articular creativamente por una parte, la diversidad de
organismos, instituciones e iniciativas ya existentes, y por la otra
impulsar la descentralización de la acción pública en el ámbito de
la cultura;
125
PÁRRAFO.- La fgura de un Sistema Nacional de Cultura
permite que las funciones y responsabilidades sean compartidas
a diferentes niveles, facilitando un proceso de participación más
amplio, que incluye, además de las instancias administrativas
locales, regionales, y nacionales, otros actores claves como los
creadores, artistas, líderes comunitarios, asociaciones de vecinos,
etc.;
CONSIDERANDO: Que la República Dominicana es signataria
de numerosas convenciones y acuerdos internacionales que se
referen a la protección y conservación del patrimonio cultural
y natural; al tráfco ilícito de bienes culturales; procedimientos
de inventario, así como de otras declaraciones y acuerdos
internacionales suscritos o en trámite de serlo, cuyos principios
deben tomarse en cuenta al ejecutar la programación cultural del
Estado.
EL CONGRESO NACIONAL
En Nombre de la República
HA DADO LA SIGUIENTE LEY
TÍTULO I
DEFINICIONES Y PRINCIPIOS FUNDAMENTALES
Capítulo I
Defniciones
Artículo 1.- La presente ley adopta y hace suyas las defniciones
aceptadas generalmente en el ámbito de la legislación cultural, que
se indican a continuación:
1. Por cultura debe entenderse el conjunto de los rasgos
distintivos, espirituales, materiales, intelectuales y emocionales
que caracterizan a los grupos humanos y que comprenden además
de las artes y las letras, modos de vida y de convivencia, derechos
humanos, sistemas de valores y símbolos, tradiciones y creencias,
asumidos por la conciencia colectiva como propios.
2. El patrimonio cultural de la nación comprende todos los
bienes, valores y símbolos culturales tangibles e intangibles
126
que son expresión de la nación dominicana, tales como las
tradiciones, las costumbres y los hábitos, así como el conjunto
de bienes, incluidos aquellos sumergidos en el agua, materiales
e inmateriales, muebles e inmuebles, que poseen un especial
interés histórico, artístico, estético, plástico, arquitectónico,
urbano, arqueológico, ambiental, ecológico, lingüístico, sonoro,
musical, audiovisual, fílmico, científco, tecnológico, testimonial,
documental, literario, bibliográfco, museográfco, antropológico
y las manifestaciones, los productos y las representaciones de la
cultura popular.
3. Política cultural es el conjunto de principios operativos, de
prácticas sociales, conscientes y deliberadas, de procedimientos
de gestión administrativa o presupuestaria, de intervención o de
no intervención, que deben servir de base a la acción del Estado
tendente a la satisfacción de ciertas necesidades culturales de
la comunidad mediante el empleo óptimo de todos los recursos
materiales y humanos de los que dispone una sociedad en un
momento determinado.
4. El desarrollo cultural consiste en el proceso de promoción del
conjunto de factores capaces de acrecentar de manera signifcativa
el nivel de vida cultural de la población, es decir, el grado de
acceso o de participación en la vida cultural de la comunidad.
5. La vida cultural se refere al conjunto de prácticas y actitudes
que tienen incidencia sobre la capacidad de los seres humanos para
expresarse, situarse en el mundo, crear su medio y comunicarse
con otras culturas.
6. La identidad cultural nacional es el sentimiento de pertenencia
a una colectividad, unida por la historia y las tradiciones del pueblo
dominicano y por un proyecto de desarrollo compartido en un
marco de igualdad en cuanto a la dignidad humana y el respeto a
la diferencia. El fomento de la identidad cultural se concibe como
una estrategia global destinada a preservar, conservar, y proteger
el patrimonio cultural tangible e intangible de la nación, como
defensa cultural de una nación frente a la expansión de otras,
para proteger de sus embates los auténticos modos de vida de los
pueblos.
127
7. Creador es cualquier persona o grupo de personas generadoras
de bienes y productos culturales, a partir de la imaginación, la
sensibilidad, el pensamiento y la creatividad. Las expresiones
creadoras, como manifestaciones libres del pensamiento humano,
generan identidad, sentido de pertenencia y enriquecen la
diversidad cultural del país.
8. Gestor cultural es toda persona que impulse los procesos
culturales al interior de las comunidades y organizaciones e
instituciones, a través de la participación, democratización y
descentralización del fomento de la actividad cultural. Asimismo,
el gestor cultural, coordina como actividad permanente, las
acciones de administración, planifcación, seguimiento y
evaluación de los planes, programas, acciones y proyectos de las
entidades y organizaciones culturales o de los eventos culturales
comunitarios.
9. Sistema Nacional de Cultura es el conjunto de instancias y
procesos de desarrollo institucional, planifcación e información
articulados entre sí, que posibiliten el desarrollo cultural y el
acceso de la comunidad a los bienes y servicios culturales según
los principios de descentralización, participación y autonomía.
Capítulo II
Principios Fundamentales
Artículo 2.- Se adoptan en esta ley, a manera de política de Estado,
los principios fundamentales que se señalan a continuación:
1. La cultura dominicana en sus múltiples manifestaciones
constituye la base de la nacionalidad y de la actividad propia de
la sociedad dominicana en su conjunto, como proceso generado
individual y colectivamente por los dominicanos y dominicanas.
Dichas manifestaciones que constituyen parte integral de la
identidad y la cultura dominicanas, se nutren, además, de los altos
valores de la cultura universal y se enriquecen mutuamente.
2. Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida
cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el
progreso científco y en los benefcios que de él resulten.
128
3. Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses
morales y materiales que le correspondan por razón de los
productos científcos, literarios o artísticos de que sea autora.
4. El respeto de los derechos humanos, la convivencia pacífca
y la comprensión entre los pueblos, la democracia participativa,
la solidaridad, la interculturalidad, el pluralismo, la tolerancia,
la igualdad entre los sexos y la cooperación internacional basada
en un orden político y económico justo, son valores culturales
fundamentales.
5. El Estado impulsará y estimulará los procesos, proyectos y
actividades culturales en un marco de reconocimiento y respeto por
la diversidad y variedad cultural de la nación dominicana.
6. El Estado protege el idioma español como lengua ofcial de la
República Dominicana.
7. El Estado, en ningún caso, ejercerá censura sobre la forma y el
contenido ideológico y artístico de las realizaciones y proyectos
culturales, y garantiza, además, la libre circulación y la difusión de
todo tipo de información cultural, científca y tecnológica.
8. Constituye una obligación primordial del Estado y de las
personas valorar, proteger, rescatar y difundir el patrimonio
cultural de la nación.
9. El Estado garantizará la libre investigación y fomentará la
formación de investigadores y el desenvolvimiento de actividades
científcas dentro de los parámetros de calidad, rigor y coherencia
académica.
10. El desarrollo económico y social deberá articularse con el
desarrollo cultural, educativo, científco, tecnológico, respetando la
protección del medio ambiente.
11. Los recursos públicos invertidos en actividades culturales
tendrán el carácter de gasto público social.
12. El Estado fomentará la creación, ampliación y adecuación de
129
infraestructuras artísticas y culturales y garantizará el acceso de
todos los dominicanos y dominicanas a las mismas.
13. El Estado, al formular la política cultural, tendrá en cuenta a
los creadores, gestores y receptores de la cultura y garantizará el
acceso de todos los dominicanos a las manifestaciones, bienes y
servicios culturales en igualdad de oportunidades. Se concederá
especial tratamiento a personas limitadas física, sensorial y
síquicamente, de la tercera edad, la infancia y la juventud y los
sectores sociales más necesitados.
TÍTULO II
DE LA SECRETARÍA DE ESTADO DE CULTURA
Capítulo I
Del Objeto y Alcance de la Secretaría
Artículo 3.- Se crea la Secretaría de Estado de Cultura, como
instancia de nivel superior, encargada de coordinar el Sistema
Nacional de Cultura de la República Dominicana, y que será la
responsable de la ejecución y puesta en marcha de las políticas,
planes, programas y proyectos de desarrollo cultural, sin perjuicio
del proceso formativo establecido en la Ley General de Educación.
Artículo 4.- La Secretaría de Estado de Cultura, como órgano
del Poder Ejecutivo será la representante del Estado en todas las
actividades culturales y servirá de enlace con las instituciones
públicas y privadas, sean o no del sector cultural, tanto a nivel
nacional como internacional.
Artículo 5.- La Secretaría de Estado de Cultura, al poner en
ejecución la política cultural, tendrá en cuenta los siguientes
objetivos fundamentales:
1. Garantizar el derecho de todos los ciudadanos y ciudadanas
a participar de la vida cultural y a gozar de los benefcios del
desarrollo cultural;
2. Preservar el patrimonio cultural de la nación tangible e
intangible, como elemento fundamental de la identidad nacional;
130
3. Apoyar y estimular a las personas, comunidades e instituciones
dedicadas al desarrollo o a la promoción de las expresiones
artísticas y culturales en los diferentes ámbitos territoriales;
4. Supervisar el cumplimiento de los acuerdos internacionales en
materia de cultura;
5. Desarrollar programas y proyectos especiales en la zona
fronteriza del país.
Capítulo II
De las Instituciones que Integran la Secretaría
Artículo 6.- A partir de la presente ley quedan transferidas, para
que dependan directamente de la Secretaría de Estado de Cultura
y como tales, subordinadas a su jurisdicción administrativa,
técnica y presupuestaria, las siguientes instituciones públicas,
organismos y dependencias de la administración cultural del
Estado:
1. Archivo General de la Nación
2. La Comisión Nacional Dominicana de la UNESCO
3. Biblioteca Nacional, la Biblioteca República Dominicana y las
demás bibliotecas del Estado, con excepción de las municipales y
escolares
4. Centro Interamericano de Microflmación y Restauración de
Documentos, Libros y Fotografías (CENTROMDCA)
5. Centro de Eventos y Exposiciones
6. Centro Nacional de Artesanía (CENADARTE)
7. Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Radiofonía
8. Comisión para la Consolidación y Ambientación de los
Documentos Históricos de la Ciudad de Santo Domingo
9. Ofcina Nacional de Patrimonio Cultural Subacuático
10. Comisión Permanente de la Feria Nacional del Libro
11. Comisiones Regionales, Provinciales y Municipales de
Monumentos y Sitios Históricos o las instituciones que hagan sus
veces
12. Dirección General de Bellas Artes y sus dependencias:
131
Conservatorio Nacional de Música
Escuela Nacional de Danza
Escuela Nacional de Bellas Artes
Escuela de Arte Dramático
Orquesta Sinfónica Nacional
Ballet Clásico Nacional
Ballet Folklórico Nacional
Teatro de Bellas Artes
Teatro Rodante Dominicano
Coro Nacional
Cantantes Líricos
Archivo Nacional de Música
Academias Ofciales de Música
Escuela Elemental de Música Elila Mena
13. Faro a Colón
14. Gran Teatro del Cibao
15. Museo de Arte Moderno (MAM)
16. Museo de las Casas Reales
17. Museo de Historia Natural
18. Museo del Hombre Dominicano
19. Museo Nacional de Historia y Geografía
20. Ofcina Nacional de Derecho de Autor
21. Ofcina de Patrimonio Cultural
22. Patronato de la Ciudad Colonial
23. Centro de la Cultura de Santiago
24. Patronato de la Plaza de la Cultura de Santiago y sus
dependencias y edifcaciones
25. Teatro Nacional
26. Cinemateca Nacional
27. Todos los Sistemas e Instituciones nacionales del sector
cultural creadas por decreto
Párrafo.- En el reglamento orgánico y funcional de la Secretaría
se deberá especifcar el estatus y el grado de autonomía de que
disfrutarán dichas instituciones.
Artículo 7.- Se traspasarán a la Secretaría de Estado de Cultura
todas las edifcaciones, mobiliarios, equipos, materiales y
132
todos los recursos, cualquiera que sea su clase, en poder de los
organismos que le son transferidos por la presente ley.
Artículo 8.- Todo el personal de las instituciones integradas por la
presente ley a la Secretaría de Estado de Cultura dependerá en lo
delante de dicha secretaría.
TÍTULO III
DE LA ESTRUCTURA ORGANIZATIVA DE LA
SECRETARÍA
Capítulo I
De los Órganos Directivos
Artículo 9.- Para el cumplimiento de sus funciones, la Secretaría
de Estado de Cultura atenderá a través de todos sus organismos tres
áreas fundamentales de gestión técnica, que son:
1. Patrimonio cultural;
2. Técnica y administrativa;
3. Creatividad y participación cultural.
Artículo 10.- La Secretaría de Estado de Cultura estará organizada
en los siguientes sectores funcionales:
1. Órgano de decisión superior: Consejo Nacional de Cultura;
2. Órgano de conducción superior: Secretario de Estado de Cultura;
3. Órgano técnico de patrimonio cultural: Subsecretario de Estado
de Patrimonio Cultural;
4. Órgano técnico y administrativo: Subsecretario de Estado
Administrativo;
5. Órgano técnico de creatividad y participación popular:
Subsecretario de Estado de
Creatividad y Participación Popular;
6. Órganos descentralizados:
1. Consejos Provinciales de Desarrollo Cultural;
2. Consejos Municipales de Desarrollo Cultural.
Párrafo I.- La Secretaría de Estado de Cultura hará los estudios de
lugar para establecer los mecanismos de articulación y formas de
trabajo entre estos organismos descentralizados y los Consejos de
Desarrollo Provincial creados por el Decreto No.613-96.
133
Párrafo II.- La Secretaría de Estado de Cultura tendrá la siguiente
estructura administrativa:
1. Secretario de Estado;
2. Subsecretarías;
3. Direcciones Generales;
4. Direcciones;
5. Departamentos;
6. Divisiones;
7. Secciones;
8. Unidades.
Artículo 11.- Las funciones de la Secretaría de Estado de Cultura
se realizarán por medio de sus organismos centrales y de los
órganos descentralizados que dependen de ella. Para el buen
desempeño de las tareas que le son propias, la Secretaría tendrá la
estructura que le acuerde esta ley y el reglamento que se dictará al
efecto.
Artículo 12.- En su estructura se favorecerá el establecimiento
del sistema de administración matricial y por programas, como
medio de brindar atención a asuntos variables que no requieren
una organización permanente. Con ello, se buscará responder a
la diversidad de problemas y de intereses importantes que debe
atender la administración a lo largo del tiempo y de su adaptación a
nuevas circunstancias.
Capítulo II
Del Consejo Nacional de Cultura
Artículo 13.- El Consejo Nacional de Cultura es el máximo
organismo de decisión en materia de política cultural y junto
al Secretario de Estado de Cultura es el órgano encargado de
establecer la orientación general de las políticas culturales y
garantizar la unidad de acción entre las instituciones públicas y
privadas que realizan actividades y acciones culturales.
Artículo 14.- El Consejo Nacional de Cultura contará con los
recursos económicos y el apoyo técnico y administrativo que
requiera, puestos a su disposición por la Secretaría de Estado de
Cultura. Para ello dispondrá de un presupuesto operacional
134
elaborado por el propio Consejo e incluido en el presupuesto
anual elaborado por la Secretaría.
Artículo 15.- En la primera reunión de cada año, el Consejo,
elegirá a una persona con reconocida capacidad intelectual
y conocimientos técnicos como Secretario del Consejo. Sus
funciones serán establecidas en un reglamento interno que debe
elaborar y refrendar el Consejo en los noventa días siguientes a
su instalación.
Artículo 16.- El Consejo estará presidido por el Secretario de
Estado de Cultura o el subsecretario del ramo, que de manera
permanente sea encargada por el Secretario para estos fnes.
Artículo 17.- El Consejo Nacional de Cultura estará integrado
por:
1. El Secretario de Estado de Cultura o su representante;
2. Los tres subsecretarios de Estado de la cartera;
3. El Secretario de Educación o su representante;
4. El Secretario Administrativo de la Presidencia o su
representante;
5. El Secretario de Estado de Turismo o su representante;
6. El Secretario de Estado de Deportes o su representante;
7. Dos representantes de los artistas;
8. Un representante de los intelectuales;
9. Un representante de los especialistas e investigadores sobre
cultura;
10. Un representante de los especialistas e investigadores sobre
medio ambiente;
11. Un representante de las organizaciones culturales
comunitarias;
12. Un representante de los Consejos de Desarrollo Provinciales;
13. Un representante del poder municipal;
14. Un representante del sector privado empresarial;
15. Un representante de fundaciones culturales privadas;
16. Cuatro personalidades destacadas del sector cultural,
designadas por el Presidente de la República.
135
Párrafo.- Los sectores que estarán representados en el Consejo
serán consultados por el Secretario de Estado de Cultura, a fn
de que sometan una terna, para que el Presidente de la República
escoja de ella la persona que ostentará dicha representación.
Artículo 18.- Son funciones y atribuciones del Consejo Nacional
de Cultura:
1. Garantizar que se cumplan los fnes, principios, objetivos y
atribuciones señalados en la presente ley;
2. Defnir las políticas culturales de la nación que tendrán un
carácter normativo para las instituciones públicas y privadas
y constituirán un marco de referencia obligado al efectuar los
procesos de administración, de apoyo técnico, planifcación y de
desarrollo cultural e institucional;
3. Promover el debate nacional para esbozar los planes nacionales
de desarrollo cultural y procurar la más amplia participación de la
sociedad civil y de los agentes y trabajadores de la cultura;
4. Conocer y aprobar los planes nacionales de desarrollo cultural
como expresión de las políticas culturales consensuales en proceso
de concertación con la sociedad civil y con todos los trabajadores
culturales;
5. Coordinar sus acciones con la Ofcina Nacional de Planifcación
y otras instituciones y personas que serán determinadas por el
reglamento orgánico y funcional de la Secretaría, según la Ley No.
55 del 22 de noviembre de 1965, que establece el Sistema Nacional
de Planifcación;
6. Efectuar las revisiones y actualizaciones periódicas de los planes
de desarrollo cultural, a fn de hacerlos funcionales y dinámicos,
incorporando un mecanismo de evaluación externo que le permita
a la Secretaría de Estado de Cultura hacer sistemáticamente un
balance sobre su gestión;
7. Autorizar la creación de nuevas instituciones culturales ofciales,
asignar funciones y presupuestos y demás recursos materiales para
su mejor funcionamiento;
8. Debatir, aprobar y dar seguimiento a la elaboración y
perfeccionamiento de los currículos de las instituciones superiores
de capacitación en la gestión cultural y de formación profesional
de los trabajadores de la cultura;
9. Establecer las bases para la creación de un sistema nacional de
evaluación de la calidad de los servicios y bienes culturales;
136
10. Asesorar a instituciones públicas y privadas en la defnición
de políticas internas y acciones relacionadas con los asuntos
culturales, otorgando importancia al asesoramiento de las políticas
culturales a ser aplicadas por la Secretaría de Estado de Relaciones
Exteriores;
11. Conocer y ofrecer recomendaciones sobre proyectos de
cooperación técnica, inversiones y fnanciamiento externo para la
cultura;
12. Conocer y ofrecer recomendaciones a fn de establecer
normativas, canales, mecanismos y estrategias que posibiliten de
manera efcaz el mercadeo de los bienes culturales;
13. Establecer mecanismos de enlace entre la Secretaría de Estado
y los órganos descentralizados;
14. Conocer y aprobar el anteproyecto anual que debe someter al
Poder Ejecutivo la Secretaría de Estado de Cultura;
15. Examinar anualmente el informe que debe presentar el
Secretario de Estado de Cultura sobre los ingresos y egresos que
efectuó el Estado durante el año anterior en materia de cultura;
16. Nombrar, de su seno, comisiones y grupos de trabajo para
atender problemas específcos relacionados con sus funciones
o con el objeto de que le brinden informaciones y criterios que
ilustren sus decisiones;
17. Elaborar su reglamento interno y hacerle las modifcaciones
que juzgue necesarias cuando lo estime pertinente;
18. Dictar ordenanzas que contengan disposiciones y
reglamentaciones dentro del área de su competencia;
19. Conocer los informes técnicos de la Secretaría del Consejo y
decidir al respecto;
20. Aprobar los reglamentos que son de su competencia;
21. Cumplir las demás funciones que le atribuya la ley o le asigne
el reglamento orgánico y funcional de la Secretaría.
Artículo 19.- Los miembros del Consejo Nacional de Cultura no
percibirán remuneración permanente por los servicios que presten
en el mismo. Solamente podrán recibir pagos por dieta.
Artículo 20.- El Consejo Nacional de Cultura se reunirá
ordinariamente al menos una vez cada seis meses y en forma
extraordinaria, cada vez que las circunstancias lo demanden
o cuando el Secretario de Estado de Cultura lo convoque por
137
iniciativa propia o por la de un tercio de los miembros que lo
integran. En ambos casos, el plazo de la convocatoria no excederá
de diez (10) días a partir de la fecha de la misma.
Párrafo.- El Consejo Nacional de Cultura podrá reunirse y tomar
decisiones con la presencia de más de la mitad de sus miembros
presentes. En ese sentido el Consejo Nacional de Cultura, para
reunirse válidamente en su primera convocatoria, requerirá la
presencia de la mayoría absoluta de su matrícula; sin embargo,
cuando no asistieren la mayoría absoluta de sus miembros, se hará
una segunda convocatoria a un término no mayor de diez (10) días,
a fn de dar oportunidad a la presencia del quórum reglamentario.
En esta segunda convocatoria, más de la mitad de sus miembros
presentes será sufciente para que el Consejo Nacional de Cultura
pueda sesionar válidamente, siempre que se haya cumplido con
las formalidades y plazos de la convocatoria, conforme se ha
establecido en este párrafo.
Artículo 21.- El Consejo podrá invitar a sus sesiones a quien crea
conveniente, para intercambiar puntos de vista sobre los temas
de su interés. Particularmente, lo hará con el personal técnico de
las instituciones que componen el sector cultural, cuando resulte
conveniente ampliar los elementos de juicio para la toma de sus
decisiones.
Artículo 22.- Las votaciones del Consejo Nacional de Cultura se
decidirán por mayoría simple de sus miembros presentes. En caso
de empate, se procederá a una segunda ronda de votaciones, y de
producirse un nuevo empate, el voto de su presidente será decisivo.
Al momento de las votaciones sólo miembros titulares deberán
estar presentes.
Capítulo III
Del Secretario de Estado de Cultura
Artículo 23.- El Secretario de Estado de Cultura es el responsable
directo de las labores de administración, supervisión y control de
la Secretaría de Estado de Cultura, y atiende el cumplimiento de
sus funciones, asistido por los Subsecretarios de Estado previstos
en la presente ley. Ejerce, además, dentro de ella la autoridad
138
superior con arreglo a la Constitución, las disposiciones legales, las
instrucciones presidenciales y las decisiones del Consejo Nacional
de Cultura.
Artículo 24.- Corresponde al Secretario de Estado de Cultura
poner en ejecución la política cultural y las decisiones que emanen
del Consejo Nacional de Cultura.
Artículo 25.- Además de otras atribuciones de orden constitucional
y legal, corresponde al Secretario:
1. Presidir el Consejo Nacional de Cultura;
2. Ejercer, por los medios que sean pertinentes, la supervisión de la
ejecución de la política cultural nacional;
3. Autorizar las decisiones de la Secretaría y aprobar, revocar,
modifcar o anular los actos de los directores de los organismos de
las ofcinas centrales de la Secretaría, de ofcio a instancia de parte,
por razones de convivencia o legalidad;
4. Proponer al Presidente de la República, cuando lo juzgue
conveniente, anteproyectos de ley, decretos y reglamentos relativos
al sector cultural;
5. Proponer al Presidente de la República el nombramiento y la
remoción de los funcionarios o empleados bajo el servicio de la
Secretaría, cuyo nombramiento no corresponda a otras instancias u
organismos.
6. Resolver, en forma defnitiva, los recursos que por vía
jerárquica, se interpusieren contra disposiciones de la Secretaría y
declarar agotada la vía administrativa, cuando procediere;
7. Decidir, en única instancia, los confictos de competencia y en
última instancia los que se produjeren entre los servidores de su
dependencia, todo con arreglo a las normas legales;
8. Ratifcar, modifcar o anular las resoluciones de los funcionarios
y empleados a su cargo, cuando surjan discrepancias por causa de
las mismas;
9. Representar a la Secretaría de Estado de Cultura en los actos
nacionales e internacionales que lo requieran, personalmente o por
medio de los delegados que él designe;
10. Supervisar la aplicación de los recursos en los programas y
demás actividades de la Secretaría;
11. Ejercer la representación judicial y extrajudicial de la
Secretaría;
139
12. Coordinar sus políticas y programas con los organismos
internacionales que brindan apoyo a esa Secretaría;
13. Tomar las medidas de tipo orgánico que sean pertinentes para
el funcionamiento adecuado de la Secretaría de Estado de Cultura,
fundamentado en el reglamento orgánico;
14. Todas las demás que resulten de esta ley, de las leyes conexas
y de los respectivos reglamentos.
Párrafo.- A partir de la promulgación de la presente ley, el
Secretario de Estado de Cultura, formará parte con voz y voto de
los siguientes organismos nacionales:
1. Consejo Nacional de Desarrollo;
2. Consejo Nacional de Educación;
3. Consejo Nacional de Educación Superior;
4. Consejo Nacional de Turismo;
5. Consejo Nacional de Fronteras;
6. Consejo Nacional de Salud;
7. Consejo Nacional de Servicio Civil;
8. Organismo Rector del Sistema de Protección de Niños, Niñas y
Adolescentes;
9. Consejo Nacional de Control de Drogas.
Artículo 26.- En casos de urgencia o de fuerza mayor, el
Secretario de Estado de Cultura, en su condición de Presidente
del Consejo Nacional de Cultura, dictará las resoluciones que
fueren necesarias para asegurar la buena marcha de la ejecución
y supervisión de las políticas culturales, así como para garantizar
derechos de terceros, debiendo rendir cuentas al Consejo Nacional
de Cultura en la primera reunión que celebre este organismo,
posterior al hecho.
Capítulo IV
De los Órganos Descentralizados
Artículo 27.- La descentralización de las funciones y servicios
de la cultura se establece como estrategia progresiva del sistema
cultural dominicano.
Artículo 28.- La Secretaría de Estado de Cultura descentralizará
140
la ejecución de sus funciones, servicios, programas y proyectos
defnidos en el marco de esta ley y sus reglamentos. En este
orden, deberá garantizar una mayor democratización del sistema
cultural, la participación y el consenso, una mayor equidad en
la prestación de servicios y garantizará una mayor efciencia y
calidad en la cultura.
Artículo 29.- La descentralización se realizará en las estructuras
administrativas a nivel nacional y territorial en el ámbito
provincial y municipal. Se incorpora en los órganos de gestión, en
las instancias correspondientes, una representación directa de las
comunidades respectivas.
Artículo 30.- Se crean los Consejos Provinciales y los
Consejos Municipales de Desarrollo Cultural como órganos
descentralizados de gestión cultural. Tendrán como objetivos
básicos los siguientes:
1. Velar por la aplicación de las políticas culturales emanadas
del Consejo Nacional de Cultura y de la Secretaría de Estado de
Cultura en su propio ámbito y competencia;
2. En el plano de la gestión, deberán elaborar planes y proyectos
territoriales de desarrollo cultural e institucional; asumir las
tareas de apoyo técnico y planifcación en su ámbito territorial, y
recomendar al Secretario de Estado de Cultura la designación del
personal idóneo para cumplir las funciones de gestión cultural;
3. Representar la Secretaría de Estado de Cultura en los Consejos
de Desarrollo Provincial (creados por el Decreto No.613-96).
Párrafo.- Las atribuciones específcas y las características de
su funcionamiento serán defnidas por el Reglamento de los
Consejos Provinciales y Municipales de Desarrollo Cultural,
respectivamente.
Artículo 31.- Las decisiones tomadas por los Consejos
Provinciales y los Consejos Municipales de Desarrollo Cultural
contrarias a la Constitución de la República serán nulas de
pleno derecho, en virtud de lo que dispone el Artículo 46 de la
Constitución de la República. Asimismo, las decisiones de esos
órganos que sean contrarias a la presente ley u otras disposiciones
141
legales serán anuladas por el Consejo Nacional de Cultura. Esta
decisión será inapelable.
Párrafo.- La iniciativa para solicitar la anulación de estas
decisiones será presentada por el Presidente del Consejo Nacional
de Cultura a solicitud de cualquiera de sus miembros o de los
presidentes de los Consejos Provinciales o Municipales en las
cuales se origine la decisión.
Artículo 32.- Los Consejos Provinciales y Municipales de
Desarrollo Cultural tendrán como organismo coordinador y
ejecutivo una gerencia provincial y una gerencia municipal,
respectivamente, que dependerán directamente de los órganos de
conducción superior de la Secretaría, y que atenderán los asuntos
relativos a las funciones fundamentales de gestión cultural,
establecidas en la presente ley, y coordinarán su acción con los
Consejos de Desarrollo Provincial (creados por el Decreto No.613-
96) y las autoridades municipales electas.
Párrafo.- La Secretaría de Estado de Cultura en coordinación
con las autoridades municipales y provinciales dará seguimiento
específco a cada una de las funciones fundamentales establecidas
en la presente ley, y en consulta con dichas instancias, seleccionará
el personal técnico más adecuado para su aplicación, a cuenta de
las fnanzas locales, tomando como criterio central los principios
de la racionalización administrativa de un Estado moderno y
apoyará fnancieramente la ejecución de actividades culturales.
Artículo 33.- Son funciones del Consejo Provincial de Desarrollo
Cultural, las siguientes:
1. Establecer los criterios concretos de aplicación de las políticas
emanadas del Consejo Nacional de Cultura y de la Secretaría de
Estado de Cultura;
2. Administrar los recursos para el desarrollo cultural e impulsar
los aspectos científcos culturales;
3. Coordinar la ejecución de los programas y proyectos culturales,
asesorar el desarrollo de los aspectos técnicos y administrativos,
coordinar, supervisar el funcionamiento de las regiones culturales y
responsabilizarse por la buena marcha de las actividades culturales.
142
Artículo 34.- Son funciones de los Consejos Municipales de
Desarrollo Cultural:
1. La defnición de los planes de desarrollo cultural en su territorio;
2. Fomentar y supervisar el desarrollo de la cultura en su
jurisdicción;
3. Velar por la infraestructura cultural y coordinar su
mantenimiento;
4. Preparar los presupuestos y trazar la política para administrar los
recursos asignados a proyectos específcos de su municipio;
5. Apoyar al Consejo Provincial de Desarrollo Cultural en su
gestión.
TÍTULO IV
ESTRATEGIAS PARA EL DESARROLLO CULTURAL
Capítulo I
Del Fomento y los Estímulos a la Creación, a la Investigación y
a las Actividades Artísticas y Culturales y de la Protección del
Patrimonio Cultural de la Nación
Artículo 35.- El Estado, a través de la Secretaría de Estado
de Cultura, fomentará las artes en todas sus expresiones y las
demás manifestaciones simbólicas expresivas, como elemento de
diálogo, el intercambio, la participación y como expresión libre y
primordial de las capacidades del ser humano.
Artículo 36.- El Estado, a través de la Secretaría de Estado de
Cultura, establecerá estímulos especiales y proporcionará la
creación, la actividad artística y cultural, la investigación y el
fortalecimiento de las expresiones culturales. Para tal efecto
establecerá, entre otros programas, becas de estudio, trabajo y
de investigación, premios anuales, concursos, festivales, talleres
de formación artística, apoyo a personas y grupos dedicados a
actividades culturales, ferias, exposiciones, unidades móviles de
divulgación cultural y otorgará incentivos y créditos especiales
para artistas sobresalientes, así como para los integrantes de las
comunidades locales en el campo de la creación, la ejecución, la
experimentación, la formación y la investigación a nivel individual
y colectivo en cada una de las expresiones culturales.
143
Artículo 37.- Con el fn de fortalecer el intercambio cultural,
señálanse como criterios generales a los que debe sujetarse el
Gobierno para la fjación del régimen aduanero, la supresión
de aranceles del ingreso temporal de bienes culturales o la
adopción de medidas que faciliten su entrada al país y la exención
de impuestos de aduana a bienes de interés cultural que sean
adquiridos a cualquier título o recuperados por una entidad pública.
Artículo 38.- La Secretaría de Estado de Cultura organizará
y promoverá, sin discriminación de ningún tipo, la difusión
y promoción de las expresiones culturales de los ciudadanos
dominicanos y dominicanas, la participación en festivales
internacionales y otros eventos de carácter cultural. Para ello
dará los pasos necesarios para la creación de incentivos fscales y
facilidades administrativas a través del servicio exterior.
Párrafo.- Asimismo, la Secretaría de Estado de Cultura, en
coordinación con el organismo regulador del comercio exterior,
la Secretaría de Estado de Relaciones Exteriores y la Secretaría
de Estado de Turismo promoverá la difusión, promoción y
comercialización de las expresiones culturales de los ciudadanos
dominicanos y dominicanas residentes en el exterior.
Artículo 39.- El Estado, a través de la Secretaría de Estado de
Cultura, estimulará la creación, funcionamiento y mejoramiento
de espacios públicos, aptos para la realización de actividades
culturales y en general propiciará las infraestructuras que las
expresiones culturales requieran.
Párrafo.- Se tendrá en cuenta en los proyectos de infraestructura
cultural la eliminación de barreras arquitectónicas que impidan la
libre circulación de los discapacitados físicos y el fácil acceso de la
infancia y de la tercera edad.
Artículo 40.- El Estado, a través de la Secretaría de Estado de
Cultura, y en cooperación con los órganos descentralizados,
apoyará el desarrollo de instancias de desarrollo cultural como
entes primordiales de educación artística no formal, así como
de difusión, proyección y fomento de las políticas y programas
culturales a nivel local, municipal, provincial, regional y nacional.
144
Asimismo dichos centros tendrán que apoyar procesos
permanentes de desarrollo cultural, que interactúen entre la
comunidad y las entidades estatales para el óptimo desarrollo de la
cultura en su conjunto.
Artículo 41.- El Estado consolidará y desarrollará la Red
Nacional de Bibliotecas Públicas, así como el Sistema Nacional
de Bibliotecas Móviles con el fn de promover la creación, el
fomento y el fortalecimiento de las bibliotecas públicas y mixtas y
de los servicios complementarios que a través de éstas se prestan.
Párrafo I.- La Red Nacional de Bibliotecas Públicas no incluirá
el Sistema Nacional de Bibliotecas Escolares a cargo de la
Secretaría de Estado de Educación.
Párrafo II.- La Secretaría de Estado de Cultura, a través de la
Dirección General de Bibliotecas, es el organismo encargado
de ejecutar la política de las bibliotecas públicas, la lectura y la
difusión del libro a nivel nacional y de dirigir la Red Nacional de
Bibliotecas Públicas.
Párrafo III.- La Secretaría de Estado de Cultura creará, a los
fnes de facilitar el acceso al libro de todos los dominicanos y
dominicanas, el Fondo Editorial de la Cultura.
Artículo 42.- La Secretaría de Estado de Cultura orientará y
apoyará la realización de convenios con instituciones culturales
sin fnes de lucro que fomenten el arte y la cultura, con el objeto
de rescatar, defender y promover el talento nacional, democratizar
el acceso de las personas a los bienes, servicios y manifestaciones
de la cultura y el arte, con énfasis en el público infantil y juvenil,
tercera edad y discapacitados físicos, psíquicos y sensoriales. Así
también consolidará las instituciones culturales y contribuirá a
profundizar su relación interactuante con la comunidad.
Artículo 43.- El Estado, a través de la Secretaría de Estado de
Cultura, fomentará la formación y capacitación técnica y cultural
de los gestores y administradores culturales, para garantizar la
coordinación administrativa y cultural con carácter especializado.
145
Asimismo, establecerá convenios con universidades y centros
culturales para la misma fnalidad.
Artículo 44.- El Estado, a través de la Secretaría de Estado de
Cultura, fomentará la protección, la conservación, la rehabilitación
y la divulgación del patrimonio cultural de la nación, con el
propósito de que éste sirva de testimonio de la identidad cultural
nacional, tanto en el presente como para las generaciones futuras.
Asimismo impulsará estrategias y mecanismos de apoyo para el
desarrollo de las industrias culturales dominicanas.
Párrafo.- La organización y funcionamiento de este sector de
industrias culturales se regirá por un reglamento elaborado por el
Consejo Nacional de Cultura y promulgado mediante decreto del
Poder Ejecutivo, previo a un estudio realizado en consulta con las
instituciones, organizaciones y personas interesadas.
Artículo 45.- La Secretaría de Estado de Cultura, a través de la
Dirección General de Museos, y en cooperación con los órganos
descentralizados, creará la Red Nacional de Museos, y tendrá
bajo su responsabilidad la protección, conservación y desarrollo
de los museos existentes y la adopción de incentivos para la
creación de nuevos museos en todas las áreas del patrimonio
cultural de la nación. Asimismo, estimulará el carácter activo de
los museos al servicio de los diversos niveles de educación como
entes enriquecedores de la vida y de la identidad cultural nacional,
regional y local.
Párrafo.- La Secretaría de Estado de Cultura, mediante el
organismo coordinador anteriormente citado, determinará todos
los aspectos técnicos, de seguridad y protección de los museos, la
restauración y conservación de las colecciones e inventarios, así
como de la gestión de los museos públicos.
Artículo 46.- La Secretaría de Estado de Cultura creará programas
de estímulo a la investigación y catalogación científca de los
bienes muebles de patrimonio cultural existentes en todos los
museos del país, a través de convenios con las universidades
e institutos dedicados a la investigación histórica, científca y
artística nacional e internacional y fomentará el incremento de las
146
colecciones mediante la creación y reglamentación de incentivos a
las donaciones, legados y adquisiciones.
Artículo 47.- El Estado, a través de la Secretaría de Estado de
Cultura, protegerá el patrimonio cultural de la nación y tomará
todas las disposiciones necesarias para efectuar una evaluación
de la situación actual del patrimonio, creará los mecanismos
adecuados para evitar su dispersión y establecerá una política de
préstamo y de recuperación de los bienes ya prestados.
Párrafo I.- La salida del país de cualquier bien mueble que se
considere como integrante de patrimonio cultural de la nación
requerirá del permiso previo de la Secretaría de Estado de
Cultura. En caso de exportación o sustracción ilegal, el bien será
decomisado y entregado a la Secretaría de Estado de Cultura.
Párrafo II.- La Secretaría de Estado de Cultura realizará todos
los esfuerzos tendientes a repatriar los bienes de interés cultural
que hayan sido extraídos ilegalmente del territorio dominicano.
Párrafo III.- La Secretaría de Estado de Cultura evaluará la
reglamentación existente en materia de protección de patrimonio
y tomará las disposiciones de lugar. Para ello identifcará
técnicamente y científcamente los sitios en que puede haber
bienes arqueológicos o que sean contiguos a áreas arqueológicas,
hará las declaratorias respectivas y elaborará un plan especial
de protección, en colaboración con las demás autoridades y
organismos del nivel nacional.
Artículo 48.- La Secretaría de Estado de Cultura estimulará y
apoyará los esfuerzos que desarrollen los medios de comunicación
en el ámbito de la cultura, a fn de enriquecer el nivel cultural de
los dominicanos.
Artículo 49.- La Secretaría de Estado de Cultura colaborará con
la Secretaría de Estado de Relaciones Exteriores, la Secretaría de
Turismo y la Secretaría de Estado de Educación, en la promoción
y preparación de acuerdos, convenios y tratados internacionales
de carácter cultural o de ayuda técnica o fnanciera, en el contexto
147
de la cooperación internacional vinculados al desarrollo de la
cultura, y aportará su concurso para la ejecución de los mismos,
así como en todo aquello que tienda a proyectar la cultura
dominicana en el ámbito de las relaciones internacionales.
Artículo 50.- La Secretaría de Estado de Cultura formulará e
implementará políticas de integración y desarrollo cultural con las
comunidades dominicanas fronterizas y dominicanas residentes
en el exterior, estimulando la permanencia de los valores
nacionales.
Capítulo II
De la Profesionalización, Dignifcación y Valoración del Personal
de la Cultura
Artículo 51.- El Estado dominicano, a través de la Secretaría
de Estado de Cultura y en coordinación con los organismos
descentralizados desarrollará una política de formación en
recursos humanos orientada a la profesionalización de los agentes
y gestores culturales, fomentará y garantizará la formación de
agentes y gestores culturales a nivel técnico y superior, para la
integración del proceso de gestión cultural a todos los niveles y en
las distintas modalidades existentes.
Artículo 52.- La Secretaría de Estado de Cultura, a través de
la Dirección General de Formación y Capacitación, tendrá
la función de coordinar la oferta de formación, capacitación,
actualización y perfeccionamiento de los agentes gestores
y animadores socioculturales en el ámbito nacional, para el
cumplimiento de sus fnalidades y funciones la Dirección General
de Formación y Capacitación coordinará sus actividades con
la Secretaría de Estado de Educación, el Consejo Nacional de
Educación Superior y con todas las instituciones de educación
superior, sean nacionales o extranjeras, estatales o privadas.
Artículo 53.- Es deber del Estado abogar por el establecimiento
de las condiciones necesarias para que los trabajos de la cultura
alcancen un nivel de vida digno, un estatus y reconocimiento
social acorde con su misión profesional y que dispongan de los
148
recursos y medios indispensables para el perfeccionamiento y el
ejercicio efectivo de su labor.
Capítulo III
De la Participación
Artículo 54.- La participación se concibe como el derecho
y el deber que tienen todos los miembros de la comunidad
de tomar parte activa en la gestión cultural, de trabajar por
su mejoramiento y de integrarse a ella, dentro del campo de
atribuciones que les corresponda.
Párrafo.- Para cumplir con tales fnes, el Consejo Nacional
de Cultura creará los mecanismos de representación política y
sectorial más adecuados, con objeto de garantizar la consulta y
participación de la comunidad en las instancias de la cultura.
Artículo 55.- La participación en la gestión cultural es expresión
de la vida y acción de la comunidad y se manifesta en el
ejercicio de la democracia con responsabilidad y respeto, en
cada uno de los estamentos, niveles y modalidades de la cultura,
dentro de la esfera de acción que señalan las disposiciones
jurídicas vigentes.
Capítulo IV
Del Financiamiento de la Cultura
Artículo 56.- El gasto público anual en cultura debe alcanzar, de
una manera gradual y creciente, un mínimo de un 1 por ciento
(1%) del gasto público total estimado para el año corriente.
Artículo 57.- El gasto público anual en cultura guardará una
proporción de hasta un setenta por ciento (70%) para gastos
corrientes y al menos un treinta por ciento (30%) para gastos de
capital y de investigación. En caso de que los planes de desarrollo
cultural del país demanden mayores inversiones de capital, el
Estado podrá recurrir al fnanciamiento o ayuda externa para lo
cual se harán las previsiones de lugar.
149
Artículo 58.- Con el objeto de apoyar las iniciativas de los
particulares que tiendan a fomentar la cultura de la población
dominicana se establece lo siguiente:
1. Los premios que se otorguen en concursos públicos por
entidades culturales ofciales o por fundaciones y entidades
culturales privadas estarán exentos del pago del impuesto sobre
la renta;
2. La Secretaría de Estado de Cultura, en consulta con los
organismos pertinentes, hará los estudios necesarios para
proponer una política integral de incentivos fscales, de
mecenazgo y de exoneración de impuestos en materia de cultura.
Asimismo se investigarán nuevas fuentes de ingresos para el
fnanciamiento de la cultura.
TÍTULO V
DISPOSICIONES GENERALES
Capítulo I
De los Reglamentos
Artículo 59.- Sin perjuicio de otros que se hagan necesarios
en razón de disposiciones legales o motivos de conveniencia,
el Poder Ejecutivo validará, mediante decreto, los siguientes
reglamentos complementarios de la presente ley en el curso de
los seis meses siguientes a su aprobación:
1. Reglamento Orgánico y Funcional de la Secretaría de Estado
de Cultura;
2. Reglamento de los Consejos Provinciales y Municipales de
Desarrollo Cultural;
3. Reglamento Ordenador del Patrimonio Cultural de la nación;
4. Reglamento de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas;
5. Reglamento de la Editora Nacional;
6. Reglamento de la Red Nacional de Museos.
Párrafo.- Hasta tanto se apruebe el Reglamento Orgánico y
Funcional de la Secretaría, ésta funcionará amparada en las
atribuciones inherentes al Secretario de Estado de Cultura.
150
Capítulo II
De la Jerarquía de las Normativas Legales
Artículo 60.- Como complemento de las leyes, decretos y
reglamentos que emanen de los Poderes Legislativo y Ejecutivo,
en materia de cultura, se establecen las siguientes normativas
legales para la dirección del Sistema Cultural Dominicano:
1. Ordenanzas del Consejo Nacional de la Cultura;
2. Resoluciones del Secretario de Estado de Cultura en función de
Presidente del Consejo Nacional de Cultura;
3. Órdenes departamentales y disposiciones del Secretario de
Estado de Cultura;
4. Órdenes departamentales, administrativas, técnicas o
institucionales y otras disposiciones de los respectivos
Subsecretarios de Cultura;
5. Directrices de los Gerentes Generales de los Consejos
Provinciales de Desarrollo Cultural;
6. Disposiciones de los Gerentes Municipales de los Consejos
Municipales de Desarrollo Cultural.
Capítulo III
Renominaciones y Disposiciones Específcas
Artículo 61.- La Secretaría de Estado de Educación y Cultura se
denominará en lo adelante Secretaría de Estado de Educación.
Artículo 62.- El Poder Ejecutivo queda autorizado a hacer
los traslados y apropiaciones de las partidas asignadas a los
organismos que dependerán de la Secretaría de Estado de Cultura
y todas las que se requieran para el funcionamiento de ésta, hasta
tanto se apruebe el Presupuesto de Ingresos y Ley de Gastos
Públicos del año siguiente a la entrada en vigencia de la presente
ley, en el cual deberán fgurar las partidas correspondientes a
dicha Secretaría.
Párrafo.- El Poder Ejecutivo dará el mandato a la Secretaría
Administrativa de la Presidencia y a la Ofcina Nacional de
Administración de Personal de hacer un balance de la situación
actual de las instituciones que integran la Secretaría de Estado
151
de Cultura y efectuar una propuesta integral de estructuración y
distribución de recursos de la misma.
Artículo 63.- En el plazo de treinta (30) días, a partir de la entrada
en vigencia de la presente ley, se procederá a la disolución y
liquidación del Consejo Presidencial de Cultura. El Presidente de
la República designará un liquidador, que rendirá cuenta de los
bienes y recursos y del personal de dicho Consejo, a fn de que
sean integrados plenamente a la Secretaría de Estado de Cultura.
Artículo 64.- Esta ley modifca la Ley No.66-97 del 9 de abril del
1997, para que donde quiera que se lea "Ley General de Educación
y Cultura", diga de la siguiente forma: "A partir de la promulgación
de la presente Ley General de Educación".
Artículo 65.- La presente ley deroga, expresamente, cualquier
disposición que le sea contraria, en todo o en parte, así como los
artículos 100 y 101 de la Ley General de Educación No. 66-97 del
9 de abril del 1997, para que digan del siguiente modo:
Artículo 100.- La Secretaría de Estado de Educación deberá
promover el desarrollo de la cultura dominicana, contribuir a
divulgarla, ayudar a conservar sus mejores manifestaciones y
ponerla al servicio del pueblo, para que la disfrute y, en contacto
con ella, se incremente su capacidad creadora.
"Asimismo, deberá, en la medida de su alcance, contribuir
al enriquecimiento y conservación de la cultura universal y,
particularmente, de la latinoamericana y la del Caribe".
Artículo 101.- Son funciones de la Secretaría de Estado de
Educación, en este campo:
· Rescatar y mantener vivas las tradiciones nacionales y las
diversas manifestaciones de la cultura popular e investigar sus
raíces;
· Fomentar el desarrollo de las bellas artes;
· Promover la refexión sobre el ser dominicano, sobre el sentido
que le confere a la vida, sobre su historia y su realidad social;
· Auspiciar experiencias educativas no convencionales que
fomenten en la juventud el desarrollo desde edad temprana de las
facultades musicales y artísticas.
152
Párrafo.- La Subsecretaría de Estado que se encarga de los asuntos
pedagógicos será la responsable de coordinar las cuestiones
culturales contenidas en este artículo.
Artículo 66.- La presente ley modifca y sustituye, en cuanto sea
necesario, las siguientes leyes:
· No. 912 del 23 de mayo de 1935, de Organización del Archivo
General de la Nación, y la No.1085, del 16 de abril de 1936, que
modifca la anterior;
· No. 318 del 14 de junio de 1968, sobre Patrimonio Cultural;
· No. 492 del 27 de octubre de 1969, que declara la Ciudad Colonial
de Santo Domingo y Monumentos Nacionales a varios monumentos
arquitectónicos y yacimientos arqueológicos;
· No. 318 del 26 de abril de 1972, que crea el Museo del Hombre
Dominicano;
· No. 326 del 2 de mayo de 1972, sobre atribuciones de la Comisión
para la Consolidación y Ambientación de los Monumentos
Históricos de la ciudad de Santo Domingo de Guzmán;
· No. 564 del 27 de septiembre de 1973, sobre Protección y
Conservación de los Objetos Etnológicos y Arqueológicos
Nacionales;
· No. 263 del 25 de noviembre de 1975, que dota a la Biblioteca
Nacional de una estructura orgánica.
Asimismo, la presente ley modifca y sustituye cualquier otra
disposición legal que le sea contraria.
DADA en la Sala de Sesiones del Senado, Palacio del Congreso
Nacional, en Santo Domingo de Guzmán, Distrito Nacional, capital
de la República Dominicana a los seis (6) días del mes de junio del
año dos mil; años 157 de la Independencia y 137 de la Restauración.
(Fdos.):
Ramón Alburquerque
Presidente
Ginette Bournigal de Jiménez
Secretaria
Ángel Dinócrate Pérez Pérez
Secretario
153
DADA en la Sala de Sesiones de la Cámara de Diputados, Palacio
del Congreso Nacional, en Santo Domingo de Guzmán, Distrito
Nacional, capital de la República Dominicana, a los trece (13) días
del mes de junio del año dos mil; años 157 de la Independencia y
137 de la Restauración.
Rafaela Alburquerque
Presidenta
Ambrosina Saviñón Cáceres
Secretaria
Rafael Ángel Franjul Troncoso
Secretario
LEONEL FERNÁNDEZ
Presidente de la República Dominicana
En ejercicio de las atribuciones que me confere el artículo 55
de la Constitución de la República; PROMULGO la presente
ley y mando que sea publicada en la Gaceta Ofcial, para su
conocimiento y cumplimiento.
Dada en Santo Domingo de Guzmán, Distrito Nacional, Capital
de la República Dominicana, a los veintiocho (28) días del mes de
junio del año dos mil, años 157 de la Independencia y 137 de la
Restauración.
Leonel Fernández
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Undice
Introito
1. Postulados críticos para determinar las
características dominantes en nuestro tiempo.
2. La globalización y la cultura
3. Construir un camino hrme y seguro para la cultura
dominicana
4. ¿Cuál es el signihcado de las obras de la cultura?
¿Por qué estas exhiben un carisma que otras obras de
factura humana no tienen?
5. ¿Qué signihca identidad cultural?
6. Sobre las políticas y los dominios culturales
7. ¿Cómo se justihca la intervención estatal en el ámbito
de la cultura?
8. La Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Sus características y alcances.
9. Los derechos sociales, económicos y culturales o
derechos programáticos y la aprobación del Pacto
Internacional sobre los Derechos Económicos, Sociales y
Culturales
10. La formulación explícita del derecho a la cultura
11. El reconocimiento expreso de los derechos culturales
en la vigente constitución política dominicana (2010)
12. Análisis de los derechos culturales vigentes en la
Constitución
13. Del proceso de reforma cultural y los resultados
PVg.
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del diagnóstico participativo ejecutado por el Consejo
Presidencial de Cultura en el período constitucional
1996-2000
14. De las dehniciones, principios y presupuesto previsto
para el sector en la ley 41-00, que crea y reglamenta
la Secretaría de Estado de Cultura, hoy Ministerio de
Cultura.
15. Perspectivas y posibilidades del presente: La
cultural, una reforma inacabada.
16. Documento anexo: Ley de Cultura, No. 41-00.

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