Ciego impresionado por una experiencia

Audio en: http://www.ivoox.com/comentario-domingo-30-T.O. - B by abunadi

Si fueras una cámara fotográfica ser ciego es no llegar a impresionar la luz en el interior.

¿Nos dejamos impresionar por la vida? Bartimeo se dejó impresionar por Jesús, Jesús, quién pasaba cerca. No le veía, pero ya se dejaba mover por Jesús, hasta el punto de gritar, de gritar más, hasta el punto de dejar el manto y dar un salto para acercarse a Él. ¡Y todavía siendo ciego!, ciego, pero impresionado por un Jesús cercano. La luz está cerca de nosotros, la luz de este día entra por nuestras pupilas, pupilas dilatadas, otras veces apagadas. Sentarse ciego, al borde del camino, es sentarse a la orilla de la luz. Y ¿qué hacemos?, ¿a qué nos mueve saber que la luz está cerca? ¿Nos quedamos ahí, al borde del camino esperando que alguien remedie nuestra situación?, o ¿tenemos una actitud positiva que nos saque de nuestro sitio para meternos camino hacia la luz?

La luz es poderosa: ya está antes que el ser humano estuviera, ya antes de nuestra existencia, antes de nuestra civilización, antes de nuestro nacimiento, antes de que abrieras los ojos…, incluso también está si tú los cierras, y cuando digamos el último adiós, allí permanece.

Y la Luz quiere quedarse con nosotros, se acerca despacio, se hace la despistada, pero está ardiendo y anhelando el encuentro con cada uno de nosotros. Porque nos ve mendigar amores de paso, ve caer sobre nosotros limosnas de amor que no llenan el corazón. La luz, quiere plenitud en todo lo que toca. Al igual que toca la hierba y la hace estallar en flor, al igual que hace crecer la semilla para hacerla gavilla de felicidad, quiere tocar nuestra vida y que darnos su alegría, hacernos sacar lo mejor de nosotros mismos.

La luz está interesada en el crecimiento de todo el Universo, y nada se escapa de su amor, llega hasta el más profundo abismo y toca nuestras cegueras para darlas luz, para mostrar un amor más pleno, una vida que quiera seguir su estela, y no que quede al borde, mendigando amores que van y vienen , en la cuneta de la vida.

Bartimeo invoca al Señor, hace más alta su oración cuánto más bajo se siente, porque la oración es como cerrar los ojos para hacer el revelado de la realidad que pasa delante nuestra. Y el Señor es quien le devuelve una nueva alegría, una nueva realidad impregnada de su luz, del amor que nos tiene. Ya recobrada la vista, Bartimeo puede seguir a Jesús porque ve una nueva realidad ante sus ojos que le pone en camino. Ya no está en la orilla, sino que su nuevo guía es Jesús, sacerdote capaz de compadecerse de nuestras debilidades, que se metió en la mayor oscuridad para darnos a todos su Luz, Luz para iluminar al mundo, que nos hace retornar y nos congrega en su unidad, unidad de fe, de esperanza y de amor. Gracias Señor por tu Luz, por llamarnos para ir hacia ti, por iluminar nuestro camino, por ser nuestro el Camino, la Verdad y la Vida. Por ser la Luz del mundo que vino a iluminar a todo hombre, a toda mujer.

Deja que la luz llegue a tu corazón:

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