3 de noviembre de 2008 GEOPOLITICA SURAMERICANA

Por una Nueva Estrategia Suramericana TEORÍA DEL ROMBO Índice: -Introducción: América como lo hóspito -Primera parte: Antigua estrategia Estrategia reciente -Segunda parte: Nueva estrategia El hinterland suramericano El espacio autocentrado El rombo -Conclusión Introducción América como lo hóspito “El Nuevo Mundo es nuestra patria y su historia la nuestra, y por ella es que debemos examinar nuestra situación presente para determinar por ella nuestra índole”, así comenzaba el pensador peruano Juan Pablo Viscardo (1725-1798) su Carta a los españoles americanos. Además de ser el manifiesto continental de la revolución emancipadora es el primer americano que se pregunta filosóficamente por nuestra identidad. Un siglo más tarde es Juan Bautista Alberdi(1810-1884) quien afirmaba en sus Ideas para un curso de filosofía que “Nuestra filosofía ha de salir de nuestras necesidades de ahí que

la filosofía americana deba ser esencialmente política y social...América será la que resuelva el problema de los destinos americanos”. Otro siglo después es el filósofo argentino Nimio de Anquín (1896-1979) sostenía en El Ser, visto desde América: “Pero no se trata de pensar como europeos sino como americanos, como hijos de este continente nuevo....La novedad de América nos inclina a pesar en un presocratismo americano semejante al griego, aunque no igual...Quien filosofe genuinamente como americano no tiene otra salida que el pensamiento elemental dirigido al Ser objetivo-existencial” Esta secuencia concatenada de tres autores en tres siglos es realizada para mostrar la preocupación permanente de los americanos por el problema de ¿Qué es América y quiénes somos nosotros?. Preocupación que podemos multiplicarla por cientos y cientos de autores que desde las más disímiles perspectivas se han ocupado del tema. El objetivo de esta ponencia no es historiar todas las opiniones que sobre Nuestra América se han vertido (ser raza cósmica en Vasconcelos; ser a la expectativa según Mayz Vallenilla; ser utópico en Waldo Frank; ser promesa según Ortega; ser inexistente en Giovanni Papini; ser provisorio en Hegel; ser telúrico en Keyserling; ser como estar ahí según Kusch; ser bifronte en Caturelli; ser para la humanidad en Zea; ser estético en Schwarstmann; ser indio en Tamayo y Varcarcel; ser católico en Sepich et alia; ser mestizo en Mercado Vera et alia; ser doblez en Arguedas; ser ladino en Martinez Estrada; ser disminuido en De Pauw y Bufón; ser inadecuado al mundo actual según Richard Morse, ser criollo en Lugones, Rojas et alia; etc.etc.) Es conveniente en primer lugar realizar una breve aproximación etimológica al término América, pues aun cuando la explicación filológica solo esclarezca el quid nominis, ello implica no obstante, un primer acercamiento al quid rei, a lo que es la realidad mentada por ese nombre. Es sabido que con respecto a las ciencias del espíritu el método etimológico es una de las vías de acceso a lo real y se encuentra plenamente justificado; sobretodo después de los aportes de Heidegger, Zubiri y Wagner de Reyna que mostraron cómo el trabajo etimológico puede devolver la fuerza elemental, gastada por el largo uso, a las palabras originarias que es necesario volver para recuperar su sentido auténtico. La validez de la investigación etimológica –etymos significa lo verdadero- radica, en nuestra opinión, en el semi-develamiento de la realidad de las cosas. La etimología es, ciertamente, es una ciencia auxiliar pero tiene por función abrir el campo gris donde están caídas las cosas, perfilar las mismas, pero ella por sí misma no puede definir. Deja planteada la cuestión. Y la cuestión principal es cuál sea la vinculación entre las palabras y las cosas. O dicho de otro modo: El ser de las cosas responde al nombre de las mismas?. En este sentido sostenemos que sí, pero análogamente. Esto es, parte idem, parte diversa. Por lo que, corresponde a la filosofía la resolución de la cuestión. Históricamente el término América proviene del nombre Américo correspondiente al cartógrafo florentino Vespucio, quien al regresar de su viaje del 1501-1502 narró en una carta editada luego bajo el nombre Mundus Novus las condiciones, contornos y costumbres de la tierra descubierta por Colón. Pero fue el cartógrafo alemán Martín Waltzemuller, también llamado Hylocompylus que editó en Nuremberg en 1507 un mapa

general del mundo que contenía datos geográficos revelados por Vespucio quien denominó por primera vez América al nuevo continente en homenaje al cartógrafo florentino. Etimológicamente el término Américo, que se usa como femenino a semejanza del resto de los continentes: Asia, Africa, Europa, proviene del germánico Amal, nombre del fundador de la familia real ostrogoda, que significa trabajo y de la partícula rich o rik que quiere decir jefe, mando, poderoso. Una etimología complementaria nos indica que Américo es equivalente a Aimerico, del gótico hámis que significa casa y del conocido rik o rich. Por todo lo cual podemos colegir que América significa textualmente “poderosa en el trabajo” o “la que manda en su hogar”. Saque cada uno las conclusiones que desee, pero el nombre de América ya algo barrunta sobre su sentido. “No olvides, dice el poeta Leopoldo Marechal, que al elegir un nombre se elige un destino”. El abordaje a la cuestión de nuestra identidad nacional lo encaramos desde una doble pregunta: Qué es ser americano y qué es América?. Ante la primera de las preguntas nosotros dejamos de lado las explicaciones psicológicas, históricas, culturalistas, sociológicas, etnográficas y políticas para intentar una respuesta desde la filosofía y dentro de ella, desde la axiología o disciplina de los valores. Y decidimos dejar de lado las múltiples y variadas explicaciones que desde las disciplinas particulares se han hecho sobre nosotros, porque todas ellos sólo nos pueden brindar, en el mejor de los casos, una visión parcial, de una parte de nosotros, y por lo tanto no pueden responder a la pregunta totalizadora que se encuentra involucrada en la cuestión sobre la naturaleza específica de nuestro ser americano. El acceso a la respuesta qué es ser americano entendemos hallarlo por vía del análisis de los elementos estructurales que conforman la conciencia nacional del hombre americano. Y estos elementos constitutivos por ser elementos de la conciencia no son pétreos, ya realizados de una vez y para siempre, sino que son permanentemente intentados. Es decir, la conciencia en tanto intencionalidad “tiende a ” plasmarlos, a realizarlos, pero si además esta conciencia es “nacional”, estos elementos constitutivos deber ser preferidos a los otros, los no-nacionales. Todo lo cual muestra que estos elementos estructurales de la conciencia nacional no son otra cosa que los valores que la conforman, la diferencian y le dan sentido. Ahora bien, ¿cuáles son estos valores, de dónde surgen? En nuestro modo de ver surgen de la simbiosis o mixtura de dos cosmovisiones, de dos mundos completos de valores: lo indo o telúrico y lo bajo medieval o católico que forman con el tiempo un todo natural en sí mismo. La conciencia iberoamericana, análogamente diferente de los elementos de que está compuesta. Aclaramos que lo católico no está tomado como categoría confesional sino como rasgo distintivo que especifica la Weltanschauung del hombre arribado a América, más allá de la nación de donde proviniera. En tanto que lo indo no está tomado como matriz telúrica pasiva, que como el mármol se reduce a imponer ciertas condiciones de trabajo al escultor sino que aporta la sustantiva categoría de tiempo. Claro está y es menester aclarar como lo

hace acertadamente Osvaldo Lira Pérez en Hispanidad y Mestizaje que lo católico y lo indio no son aportes equivalentes, es decir que disten por igual en su aporte a la conciencia americana, error éste cometido por los indigenistas. Si no que la conciencia premoderna aporta el sentido jerárquico de los valores rechazando el sentido horizontal de los mismos como ha venido sosteniendo la conciencia igualitaria y niveladora posterior al comienzo de la Revolución Mundial. Aporta también el sentido teleológico de orden a partir de la idea de bien común y no simplemente de bienestar, entendido éste como búsqueda desenfrenada del confort por la sociedad de consumo. Aporta asimismo la objetividad de los valores que rechaza la disolución subjetiva y arbitraria que de los mismos comienza a llevarse a cabo a partir del primado de conciencia. En definitiva, aporta la visión del hombre y la sociedad como un todo, que rechaza a contrario sensu las especializaciones tan gratas al desarrollo científico-tecnológico. Aporta esa visión holística del hombre, el mundo y sus problemas que ha hecho afirmar a un yanqui como Richard Morse “en realidad Iberoamérica tiene su propia cultura que es más profundamente occidental que la de los países nórdicos (1) Lo indo aporta un manejo, utilización y caracterización de la categoría de tiempo que hace absoluta y específicamente diferente, en este aspecto, a la conciencia iberoamericana de la estadounidense con su time is money, así como de la europea decadente con su laissez faire. Ni el instantaneísmo tecnotrónico ni el apuro cosmopolita tienen nada que ver con la categoría de tiempo americano como aporte específico de la cosmovisión india. A este tiempo tan nuestro se lo ha confundido siempre con la “indolencia nativa o gaucha” que los “profesores de energía” al decir de Rubén Darío denostan junto a la holgazanería criolla simbolizada en la siesta. Podrá impugnársenos que esto del tiempo es un puro subterfugio de carácter más dialéctico- entendido éste como razonamiento aparente- que filosófico, puesto que para la filosofía desde los tiempos del viejo Aristóteles (Cfr. sus Categorías) pasando por Kant (Cfr. su Crítica de la Razón Pura) hasta nuestros días, la categoría de tiempo es una y la misma para todo entendimiento humano así como lo son las de cualidad, cantidad, relación, sustancia, etc. Pero esta manera de pensar significativa, por no decir absolutamente europea, no comprendió por su mismo prejuicio- se creyó el mundo y no una parte de él- que el tiempo es decodificado y vivido de una manera diferente en otras latitudes. Evidentemente, el tiempo cronológico, el del reloj, es el mismo para todos, al igual que el tiempo psicológico ante situaciones similares, pero lo que es diferente es el tiempo existencial de cada cosmovisión o ecúmene cultural de las que conforman el mundo, que se expresa en cada uno de nosotros en el núcleo aglutinado de nuestra personalidad. Y nuestra cosmovisión está determinada por ese tiempo tan peculiar y propio como lo es el tiempo americano. Entendido desde siempre, ya por los europeos ya por los colonizados culturales o por aquellos que han pensado América como imitación de Europa como indolencia, ociosidad o gandulería. Cuando en realidad los que así hablaron ni siquiera pudieron barruntar que, otra diferente de la de ellos, es la categoría de tiempo que informa la auténtica conciencia americana. Categoría anclada en el estar ahí propia del americano arraigado, por contraposición al ser alguien típica de la sociedad de consumo. Este tiempo no es la simple permanencia en el ser que encierra la sucesión- simple estarsino que es la experiencia de la duración entendida como maduración. Es acompañar con

nuestro tiempo a cada ente en su tiempo. El concepto de tiempo como maduración no es, como creyó la conciencia europea de un Hegel o un Keyserling, la revelación de un mundo – el americano- sin espíritu y pegado a la naturaleza, sino que la maduración nos indica la interrelación entre una naturaleza pródiga y no escasa, con una conciencia autóctona que acompaña sin forzar su desenvolvimiento. Adagios como “ a cada día su afán”, “cada cosa a su tiempo y un tiempo para cada cosa”. Y el de los cancioneros populares “Voy despacio porque estoy apurado”, “ no por mucho madrugar se amanece más temprano” incluso el Martín Fierro cuando nos dice que “el tiempo es solo tardanza de lo que está por venir”, nos señalan al menos brumosamente esa concepción del tiempo enclavado en nuestra conciencia. Hay que observar que este tiempo como maduración, no arrastra ni encierra totalmente a la conciencia americana en el flujo temporal de la naturaleza – quedaríamos reducidos a simples animales- sino que el tiempo como maduración es el ritmo mismo de nuestra móvil y fluyente existencia, que es la que define el tiempo:”Soy yo quien es el tiempo en cuanto soy esencialmente, paso y tránsito”, sostenía un africano como Agustín de Hipona allá por el siglo quinto. El segundo de los accesos a nuestra identidad, y tema de esta ponencia, está dado en la respuesta a la pregunta ¿Qué es América?. América es, antes que nada, un espacio geográfico continuo que se ha diferenciado del resto del mundo por su capacidad de hospedar (hospitari) a todo hombre que como huésped (hospitis) viene de lo in-hóspito. De la persecución, la guerra, el hambre, la pobreza, en definitiva, de la imposibilidad de ser plenamente hombre. América es pues lo hóspito. América es des-cubierta o de-velada por el hombre europeo mediterráneo, aun cuando bien pudo ser hallada por los vikingos antes. Pues hallar proviene de ad y flo que en nuestra lengua significa dar con algo sin haberlo buscado, en cambio descubrir es quitar la cobertura de algo pera de manera expresa. Existe, pues, una intencionalidad de la conciencia en el descubrir, que no se encuentra en el hallar, siempre fortuito. Este des-cubrir y no mero hallar europeo se encuentra preanunciado en la precognición de América como aquella del Platón (Cfr.Timeo 24e) sobre la isla Atlántida más allá de las Columnas de Hércules (Estrecho de Gibraltar), o aquella otra de Séneca (Cfr.Medea, Chorus vers 375), donde se afirma que Océano revelará nuevos orbes. También, ya más próximo al descubrimiento en la visión de la Cruz del Sur por parte de Dante en la Divina Comedia, canto primero, Purgatorio, versos 22-27. Pero el hecho indudable es que América como cuestión nace con el descubrimiento, puesto que allí traslada sus diferentes utopías el hombre arribeño. En este sentido es acertada la proposición sostenida por Eduardo O´Gorman que “el ser de América no es otra cosa que la idea de América que tiene la conciencia histórica de ella”.(2) Pero lo cierto es que el ser de América no se agota no con mucho, en las ideas de los utopistas políticos renacentistas a la manera de Tomás Moro(Utopía), Campanbella(La ciudad del Sol) o Bacon (Nueva Atlántida), sino que el ser de América hay que buscarlo en lo que América ha dado y producido antes y después del momento axial del des-

cubrimiento, pues en ella todos somos inmigrantes. Y ese ser lo caracterizamos como lo hóspito. Que no es una simple apertura, sino que es un albergar que exige el esfuerzo de fundar un arraigo, de convertirse en americano, de transformar lo óntico en ontológico, en darle un sentido americano a América. Esta posibilidad única y nunca más repetible en la tierra que nos ofrece América se finca en su novedad. Novedad que no debe inducirnos a pensar en presocratismo ingenuo, siempre inmaduro, sino que nos exige pensar de nuevo, pensar distinto. Lo nuevo que nos ofrece América es la condición de posibilidad que nos permite crear un mundo distinto, diferente a lo ya dado, al mundo conocido. Nos permite signar la puridad de los entes, dándoles un sentido ontológico, que proviene de nuestra conciencia hispanoamericana ciertamente deudora de dos mundos como hemos visto. Lo nuevo por ser nuevo no quiere decir que sea verdadero, sino que lo nuevo es valioso cuando informa lo inerte transformándolo en un bien. Como posibilidad de dar sentido. La novedad de América exige entonces un trabajo arduo, como nos indicara su etimología. Trabajo que exige previamente un pro-yecto- algo lanzado previamente hacia delante- que debe ser realizado. Pero no ya desde utopías antiguas o modernas, sino desde nosotros mismos, porque debemos mandar en nuestro suelo, como también nos adelantara su segunda acepción etimológica. América pues, nos exige a los americanos no imitar para llegar a ser dueños de nosotros mismos y así fundar una estirpe. Para esto, ella nos ofrece su grandiosa matriz que definimos como lo hóspito. (1) Morse, Richard: El espejo de Próspero, Buenos Aires, 1982, p.159 2)O´Gorman, Eduardo: La invención de América. Méjico, FCE. 1958,p.73 Primera Parte El tercer milenio comienza en América del Sur con las relaciones de poder totalmente trastocadas. Estados nacionales que perdieron todo su poder. Dirigentes políticos, sociales, culturales y religiosos sin un sentido de pertenencia ni de preferencia por sí mismos ni por los suyos. Modelo económico de exclusión de las amplias mayorías nacionales. Con una población que oscila en los 326 millones, el 40% está constituido por pobres, muy pobres y pobrísimos. Sólo el 10%, alrededor 30 millones, tiene capacidad adquisitiva. La cuestión es saber hasta cuándo la realidad de Suramérica puede soportar la agudización de las contradicciones de un sistema político sin ninguna representatividad ni legitimidad. Manejado por las oligarquías partidarias a gusto e piacere. ¿ Hasta cuándo un modelo económico para hambrear pueblos puede tener vigencia?.¿ Hasta dónde soportarán nuestros pueblos tamaña injusticia?. Todas estas cuestiones y muchas otras no tienen respuesta mientras no se cree o recree un poder nacional autónomo y soberano que decida hacer lo contrario de lo que se viene haciendo. Desde el punto de vista de la estrategia internacional tiene Suramérica que proponer una distinta de la que se nos viene imponiendo. Vayamos al grano. Antigua Estrategia

Descubierta América por Colón pasaron los españoles a conquistar y colonizar Suramérica siguiendo una doble estrategia: a)la estrategia andina de dominación que estaban utilizando los incas. Los peninsulares se montaron sobre los grandes caminos que iban y venían del Cuzco. No trazaron nuevas rutas sino que se apoyaron y utilizaron las creadas por el Inca. Este es un dato no menor a tener en cuenta, pues el español no crea una estrategia de dominio sino que se monta en una ya establecida como era la del Inca para el control de las otras etnias. b) la estrategia fluvial y marítima de dominación. Utilizaron los grandes ríos Paraná, del Plata, Paraguay, Uruguay, Orinoco, Amazonas y las costas atlánticas. Esta es la estrategia adoptada, fundamentalmente, por portugueses y jesuitas en la colonización y conquista de los grandes espacios boscosos y costeros. Son estas dos antiguas estrategias las que sirven como antecedente primero a lo que hoy denominamos Pacto Andino y Mercosur. Desde el punto de vista historiográfico merecerían un estudio detenido, pues no es este el lugar para hacerlo.

Estrategia Reciente La histórica estrategia de América del Sur se manejó desde la época de la Independencia a través de líneas de tensión. Líneas de tensión que buscaban tanto para Brasil como para Argentina el uso directo de los dos océanos. Lograr el carácter de bi-oceánicos, al estilo de los Estados Unidos, o su impedimento, ha sido la meta de estas líneas de tensión. Así Brasil tiene dos líneas madres, una hacia Santiago y otra hacia Bogotá. Argentina una hacia Lima y de allí a Caracas, con lo que interfiere las líneas brasileras. Por su parte Chile con su línea madre a Quito y de allí a San José cruza en su desarrollo las de Brasil y Argentina. Uruguay y Paraguay no cuentan porque, desde siempre, medran entre las desavenencias argentino-brasileñas. Es evidente que su actitud no es ni loable ni moralmente aceptable, pero es sabido que la relación política no es entre buenos y malos sino entre amigos vs. enemigos. Bolivia luego de la Guerra del Pacífico es un estado enclaustrado que depende para su salida al mar de Argentina(vía Bermejo) y Perú (puerto de Ilo). Es “un Estado imposible” en palabras de Juan Bautista Alberdi, subsidiado por Argentina. Perú tiene un vínculo privilegiado con Argentina desde el fondo de su historia pero su peso relativo en la región es muy poco. Con Ecuador sucede, mutatis mutandi, lo mismo pero su vinculación es con Chile. En cuanto a Colombia que sí es bi-oceánica, desde el asesinato de líder popular Eliécier Gaitán en 1948, está partida en dos: los liberales y conservadores por un lado, que han ejercido desde entonces el poder y las fuerzas populares desplazadas absolutamente del mismo. Con la guerrilla marxista-Farc- más antigua del continente, es un Estado-Nación que como Saturno se come a sus propios hijos. Posee el récord de asesinatos políticos y de los otros. Esta carencia de seguridad así como la existencia de una base territorial de la narcoguerrilla fuera del control del Estado- el presidente Pastrana se retiró de ese espacio- vienen a justificar la teoría de los Estados fracasados (failed states) que sostiene la Comisión Hart-Rudman de Seguridad nacional de USA para

convalidar una intervención armada en la región. Sigue Venezuela al que hicieron el más ajeno de los países suramericanos a Suramérica tanto por su cuantiosa producción petrolera que lo enfeudó a los Estados Unidos su máximo comprador como por su clase política- socialdemócrata o socialcristiana-que respondió durante casi medio siglo más a los dictados de las internacionales partidarias que a los requerimientos de su propio pueblo. Ha sido el ejemplo más claro de totalitarismo partidocrático. Esta clase ignoró por completo que “Venezuela, es como un engranaje, un engranaje geopolítico entre el Caribe la Amazonia y los Andes y tiene una excepcional ventaja geopolítica. En la fachada caribeña Venezuela, limita por el norte no como nos enseñaron a nosotros cuando éramos niños con el Mar Caribe, no. Venezuela limita por el norte con República Dominicana, Venezuela limita por el norte con Estados Unidos ahí está el Estado libre asociado de Puerto Rico. Venezuela, limita por el norte con los países bajos el Reino de los países bajos, Venezuela limita por el Caribe con Francia, los llamados territorio de ultramar, lo cual nos da una configuración geopolítica sumamente interesante además de todos estos países. Venezuela pertenece a esa gran cuenca del Amazona, siete millones de kilómetros cuadrados -me refiero a toda la Cuenca- con la que nos interconectamos no sólo con la selva, sino con los grandes ríos. El Orinoco se une con el Amazona por ejemplo en una gigantesca arterial vial, es como la arteria del Continente Suramericano, una de las riquezas más grandes que tiene el planeta, en cuanto a recursos de vías, biodiversidad y reservas para la vida humana” (Hugo Chávez, Visión estratégica de Venezuela, conferencia en la Escuela Diplomática, Madrid, 16/5/02). Paraguay y Uruguay medran entre Brasil y Argentina según convenga a sus intereses. Como este planteo se inscribe, siguiendo a Schmitt y Freund, dentro del realismo político, Chile no es tenido en cuenta en este análisis pues sucede simplemente que desde siempre la república del Arauco se aisló, tratando de desvincular sus destinos a los de Suramérica y no existe, a nuestros ojos, ninguna razón por la que vaya a cambiar su histórica y secular posición. Seudas repúblicas independientes como son los casos de Surinam (bastardo Estadonación creado por la civilizada Holanda), Guyana (dependencia inglesa poblada por 800 mil parias traídos por Inglaterra desde todos los rincones del mundo: Hindúes, chinos, mongoles, africanos. Babel lingüística que hace incomprensible los más elementales trueques y tratos cotidianos) y finalmente, la colonia y presidio de Francia, Guayana, como último resabio de un colonialismo europeo que no quiere morir. Surinam, Guyana y Guayana, no participaron ni participarán jamás de la historia políticosocial de la América del Sur –se piensan caribeñas- hasta tanto no dejen de ser una simple proyección europea para arrojar allí el detritus que les molesta a holandeses, ingleses y franceses. Su participación está condicionada a la opción por América, que aún no han realizado de motu propio. Segunda Parte Nueva Estrategia El nuevo planteo que nosotros proponemos es la denominada “teoría del rombo” (*) que consiste en el reemplazo parcial de las viejas líneas de tensión estratégica continental. Y busca una mayor encarnadura y realismo político, habida cuenta de la opción ya hecha por el gobierno mejicano por el ALCA y la efectiva subordinación de todos los gobiernos

de América Central y el Caribe (salvo el cubano) al poder norteamericano. La exigencia de un realismo político descarnado, nos obliga a descartar por universalista y abstracto el “latinoamericanismo” emotivo, cordialista y grato a nuestros oídos, pero ineficaz a la hora de plantear una estrategia común para los pueblos indoibéricos. Hablar hoy de Latinoamérica, además de ser un error conceptual y una categoría espuria para determinarnos en lo que no-somos (lo crea Francia, y lo adopta USA, el marxismo y la Iglesia), es un sin sentido geopolítico porque es inviable y no plausible. Es un engaño porque es pensar sobre una categoría sin arraigo, sin encarnadura, sin realidad. Es un universalismo más como lo es el de “humanidad”, que no tiene manos ni pies al decir de Kierkegaard. Esta exigencia de realidad a partir de la cual debemos plantear la Nueva Estrategia Suramericana (NES) no es óbice para dejar de lado la participación los otros pueblos americanos todos, pero claro está, ello se dará en mayor medida en que esos mismos pueblos logren modificar la política de entrega y subordinación de sus actuales gobiernos. Sobre el antecedente más ilustre de la NES es dable mencionar el de Juan Perón quien en una conferencia de carácter reservado en la Escuela Nacional de Guerra durante noviembre de 1953 sostuvo: “tenemos que quebrar la estrategia del arco que va de Río a Santiago y crear una nueva para América del Sur”. Y proponía a renglón seguido la creación de un área de unión aduanera y libre comercio entre Argentina, Brasil y Chile denominada ABC. Parece ser que no gustó a los poderosos de entonces pues Getulio Vargas terminó en el suicidio(1954), Ibáñez del Campo en el ostracismo interno y Perón, dos años después, en el exilio. Para que una acción política sea eficaz deben converger tres elementos: hombres, medios y acontecimientos. Los hombres los tenemos, son los pueblos enteros hambreados de la región y los cientos de dirigentes desplazados del ejercicio del poder por los profesionales de la política. Los medios también, claro está, que son otros que los mass media, son las paredes de todas nuestras ciudades y los muros de nuestras fábricas cerradas. Y los acontecimientos nos son propicios: en Venezuela Hugo Chávez está en el ejercicio del poder luego de 40 años de dictadura democrática de los socialdemócratas y socialcristianos. En Brasil el Foro de Porto Alegre conmovió al one world de Davos y todos los intereses que ello representa. En Perú, huyó Fuyimori a su Japón natal y están en plena efervescencia político-social donde se vislumbran renovadas agrupaciones en el campo nacional y popular. Y en Argentina, el fracaso de De la Rúa no puede haber sido mayor, nos robaron la ilusión. Nuestro país está parado –20% de desocupación- y quebrado, entró en défault. Ante la nada está todo por hacer y crear o, de lo contrario, desaparecer. La teoría del rombo con un eje Buenos Aires- Lima – Caracas- Brasilia como constitutivo de la nueva estrategia suramericana es lo que proponemos en este trabajo. Ello permitiría la creación de un Gran Espacio con características de bi-oceánico, con salida tanto al Atlántico como al Pacífico. Con una masa poblacional con peso específico y de carácter homogéneo –lengua y convicciones similares-. Un gran espacio geoestratégico y geoeconómico con materias primas (minerales, hidrocarburos, gas, granos y carnes, flora y fauna) de primera importancia. Así, por ejemplo en minerales se

encuentran el oro, cobre, cinc, manganeso, el 90% de las reservas conocidas de niobio del mundo, el 96% de las reservas de titanio y tungsteno, este último indispensable para la construcción de naves espaciales y misiles atómicos. Este Gran Espacio cuenta con la ventaja de no ser una creación ex nihilo, dado que se realiza sobre el antecedente del Mercosur creación que tiene ya diez años de vigencia efectiva (Tratado de Asunción 1991). A lo que se le suma la experiencia del Pacto Andino.

El Hinterland suramericano Esta Isla Continental que es Suramérica tiene casi 18 millones de kilómetros cuadrados con una población que sobrepasa los 300 millones de habitantes(ver nota) cuya mayor parte vive en la franja costera que la bordea y donde se ubican las ciudades más importantes a excepción de la reciente Brasilia. “El Hinterland, afirmaba hace ya un cuarto de siglo el venezolano José Curiel Rodríguez, es una gran área del planeta que comprende las cuencas de los ríos Amazonas, Orinoco y del Plata. Es una vez y media la superficie continental de los Estados Unidos.”(1) Este enorme territorio encerrado en este rombo imperfecto que expresa geométricamente nuestra teoría se encuentra prácticamente despoblado y genera las ambiciones de dominio de las potencias hegemónicas a través de teorías tales como la de “soberanía limitada” o acciones concretas como la compra de grandes territorios por sociedades estatales extranjeras. Con justa razón ha observado el politólogo Adolfo Koutoudjian que “Si comparamos con Asia o África, lo llamativo de este sub-continente es el enorme vacío central. Es la gran asignatura pendiente de la geopolítica suramericana. Seguimos siendo un continente poblado en sus costas que aún está avanzando hacia su interior. Esta situación implica un gran desafío geopolítico y económico para las posibilidades de realización y desarrollo de las patrias suramericanas. “El Dorado” aún puede estar en el interior continental”(2) Entre los megadatos que nos ofrece este corazón suramericano es que genera el 30% del total de agua dulce del mundo y recursos hidroeléctricos incalculables. Encierra la tercera parte de las reservas mundiales de bosques latifoliados. Pero sobretodo es dable destacar la interconexión fluvial de Suramérica que en el siglo XVI utilizaran los conquistadores españoles y que luego de cinco siglos permanece prácticamente en las mismas condiciones. La vinculación hidrovial entre las tres cuencas: Orinoco, Amazona y del Plata permite la navegación desde Buenos Aires hasta Caracas y de este a oeste se presentan al menos tres conexiones interoceánicas. Así el sistema Orinoco-Meta permite la interconexión bioceánica entre el Puerto Buenaventura(Colombia) con Puerto Ordaz(Venezuela) con 1866 kms. de vía fluvial y 779 de carretera.

El sistema Amazonas – Putumayo que une el puerto Belem do Pará(Brasil) con el de San Lorenzo(Ecuador) con 4535n kms. de vía fluvial, 230 de carretera y 549 de ferrocarril. La alternativa Amazonas-Marañón que vincula los puertos de Belem do Pará con el de Chiclayo en el Perú con 4.796 kms. de vía fluvial y 700 kms. de carretera. Además tenemos la salida al Atlántico de Bolivia desde su capital, La Paz, a través del Beni, Madeira, Amazonas. Sin olvidar la conexión con la red peruana a través del istmo de Fitzcarrald (3 kms.) En cuanto a la navegación norte-sur o viceversa, se realiza a través del sistema Orinoco, Casiquiare, Negro, Amazonas, Madeira, Mamoré, Guaporé, Paraguay, Paraná y del Plata. Es de destacar que la conexión Paraguay-Guaporé se realiza por sus respectivos tributarios los ríos Aguapé y Alegre y, atravesando la Laguna Rebeca y el riacho Barbados. Todo esto fue bellamente relatado por los hermanos Georgescu en su libro de viajes Los ríos de la integración suramericana(Caracas, 1984). Lo que permite afirmar que el tráfico fluvial entre Venezuela, Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia, Brasil, Paraguay, Uruguay y Argentina, nueve de los diez países suramericanos, es una realidad al alcance de la mano que con un mínimo esfuerzo de los Estados involucrados se pondría en movimiento inmediatamente. El transporte fluvial consume tres veces menos combustible que el ferrocarril y siete veces menos que el automotor por tonelada y por kilómetro, al par que reduce ostensiblemente la contaminación ambiental. Comparando los tres tipos de transportes se realiza una economía de potencia de nueve y tres veces respectivamente. Una barcaza fluvial carga 1200 toneladas, un tren 40 por vagón y un camión sólo 30, lo que significa una clara economía de esfuerzos tanto en la carga y descarga como en el número de viajes. Así, esta hidrored, barata y segura permitirá la conformación de un espacio autocentrado en economía, ampliando el Mercosur y el Pacto Andino, con lo que su recurrencia a los mercados exógenos pierde el carácter de obligatorio como sucede hoy día, pues puede llegar al autoabastecimiento sin dificultades mayúsculas. El espacio autocentrado El carácter de autocentrado de este gran espacio está garantizado tanto por las producciones básicas como por la complementación tecnológica que, de hecho, realizan los países involucrados en el mismo. Así Argentina se ha destacado desde siempre en la producción de carnes y granos(la cosecha 2000-2001 llegó a la friolera de 67 millones de toneladas) y en las últimas décadas en el aprovechamiento nuclear de la energía(centrales atómicas, tecnología misilística). Brasil en la tecnología armamentista, subacuática, en medicamentos e informática así como en la producción de alimentos elaborados. Perú en industria pesquera. Bolivia y su industria minera. Ecuador en la tecnología farmacéutica indiana en medicina no-alopática. Venezuela con su capacidad petrolera y derivados. Paraguay y su capacidad horticultora y florifrutícola. La capacidad productiva y tecnológica complementaria de todos nuestros países de la América del Sur le garantiza la autonomía y rompe la dependencia respecto de los otros

mercados mundiales. Y lo trágico, y lo risible, es que esta capacidad está, que existe, o al menos existió. Y si bien fue desmantelada por los poderes exógenos para un mayor y mejor dominio sobre nosotros, es de fácil restauración. No hay que crear ex nihilo sino sólo reparar y recuperar.

Dado que Iberoamérica posee todos los elementos necesarios para desarrollar sus propias empresas transnacionales con capacidad para enfrentar a las del primer mundo el sociólogo Heinz Dieterich Stefan afirma “El complejo biotecnológico-farmacéuticomedico de Cuba es, hoy día, en todos sus aspectos, comparable a una de las grandes transnacionales de Occidente. Si se uniera en una o dos grandes holdings con la respectiva industria brasileña y argentina, podría ocupar exitosamente una parte considerable del surplus mundial en este segmento de mercado que alcanza los trescientos mil millones de dólares. La empresa aeronáutica brasileña Embraer, a su vez, tiene todo el potencial para compartir en partes iguales con Airbus y Boeing el mercado mundial de la aviación y, más temprano que tarde, de la industria espacial, aprovechándose al Ecuador como el lugar geográfico de mayor ventaja comparativa para el lanzamiento de cohetes al espacio. Varias líneas aéreas latinoamericanas podrían fusionarse y garantizar no sólo un mercado natural para la industria aeroespacial criolla, sino que competiría en condiciones iguales con los europeos y estadounidenses. Las gigantescas exportaciones de materia prima -petróleo, minerales, granos, madera, etc.- garantizarían, por otra parte, varias grandes industrias navales en el subcontinente. En el sector energético se ofrece un Complejo suramericano, creado a través de la unión entre PdVSA de Venezuela, Petrobras de Brasil y la reestatizada YPF de Argentina. La física nuclear argentina y la brasileña mantienen todavía, pese a los sabotajes de los gobiernos neoliberales, un alto nivel de competencia y podrían ser el germen de un Complejo suramericano capaz de competir con las transnacionales Westinghouse y Siemens en energía nuclear. Y así, ad infinitum.”(3) El Rombo El eje Lima-Caracas es fundamental para la estrategia particular del Brasil pues pone coto a la injerencia internacional sobre la Amazonia. Intervención que se ve venir bajo excusas como el Plan Colombia para combatir al narcoterrorismo por parte de las tropas norteamericanas, tarea que Colombia no puede realizar sola. Es sabido que también desde centros europeos de poder, sobretodo los estados nórdicos, han propuesto considerar la Amazonia de soberanía limitada por parte del Brasil, con el argumento de que proteger la flora y fauna del pulmón del mundo. Sobre este punto es clara la ambición de los Estados Unidos quien a través de sus dos últimos candidatos a presidente Bush y Al Gore dijo por boca del primero: Propongo que los países que tienen deuda con los Estados Unidos cambien esas deudas por sus florestas tropicales, lo que fue completado por el segundo: Al contrario de lo que los brasileños piensan, la Amazonia no es de ellos sino de todos nosotros. Cabe hacer notar acá que esta línea de tensión cuenta con un antecedente ilustre: el de San

Martín, quien persiguiendo por el gran río a los españoles libertó la región de Maymas (Amazonia peruana). El historiador peruano Víctor Andrés Belaunde nos recuerda al respecto: “Nos dice un documento español de la época que San Martín al liberar Maymas se propuso comunicarse con Europa a través del Amazonas. Este ideal del padre de la Patria y de su gran ministro Unanue, tenía que marcar el rumbo a la política peruana.”(4). Vemos como el General San Matrín adopta durante su gobierno en el Perú una estrategia fluvial. ¿ Se deberá eso, al hecho de ser oriundo de la mesopotamia argentina, ese complejo formado por los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay y colonizado por los jesuitas?. En cuanto al eje Caracas-Brasilia le permitiría a Hugo Chávez consolidarse en el poder, porque contrapesaría la marcada influencia cubana en su gobierno, que por reacción en contrario genera naturalmente golpistas, alentados y financiados por los centros de poder mundial que ven en esta influencia peligrar sus intereses más inmediatos. Tanto Brasil como Argentina están obligados a un doble esfuerzo de persuasión y de aspiración con respecto a Venezuela y Perú. De persuasión respecto de la adopción de esta estrategia del Rombo en cuanto a los beneficios que redundaría y de aspiración como el mecanismo natural de movimiento político de toda la región. Finalmente cabe recordar que el eje Brasilia-Buenos Aires fue descrito por el pensador peruano Francisco García Calderón hace ya casi un siglo, cuando sostuvo proféticamente: “El ochenta por ciento del comercio sudamericano corresponde al Brasil y la Argentina reunidos. Situados frente al Atlántico, el océano civilizador, son para el Nuevo Mundo los canales necesarios de la cultura occidental”(5) La consolidación de este eje es de vital importancia en la construcción de un gran espacio suramericano de lo contrario perderemos definitivamente la posibilidad de ser y existir en forma libre y soberana en el mundo. Ello lo afirma categóricamente el pensador brasileño Helio Jaguaribe en un reciente reportaje: “ Si no logramos la consolidación del Mercosur y si no logramos constituir un área de libre comercio en Suramérica mediante un pacto apropiado entre nosotros y el Pacto Andino, estamos condenados a ser absorbidos por alguien en el 2005. En el momento que se constituye ALCA perdemos soberanía, pasamos a ser dependientes de fuerzas externas a la nuestra”(6). En este sentido es atingente pensar que así como USA pretende impedir la Unión Europea alargando la OTAN hacia el Este, en una incorporación permanente de naciones que hagan finalmente imposible dicha Unión, de la misma manera pretende alargar el Mercado de Libre Comercio hasta la Antártida, absorbiendo así a toda la América sudcentroamericana. Conclusión A la potencia mundial talasocrática- aquel imperio cuyo poder radica en el dominio de los mares- que busca absorber nuestra región al ALCA – Tratado de libre comercio desde Alaska a Tierra del Fuego- enunciado por G.Busch ante el parlamento de Estados Unidos en 1991 y enmarcado en el proyecto de one world- esta Nueva Estrategia Suramericana(NES) propone la creación de un “puente con la Unión Europea ” y en particular con las naciones que nos son afines tanto por lazos culturales – España, Portugal, Italia, Francia- cuanto por las inmensas inversiones que realizaron en nuestra

región. Inversiones que los atan firmemente a los destinos de Suramérica, aunque más no sea en defensa de sus intereses empresariales.

La estrategia de la región no debe agotarse en este “puente con Europa” sino que debe proyectarse hacia la Antártida para poder discutir con poder en el siglo XXI sobre ese continente internacionalizado por el Tratado Antártico. Esta estrategia debe continuarse hacia las naciones del África atlántica – Camerún, Guinea Ecuatorial, Angola y su proyección a Mozambique, con las que compartimos similares cosmovisiones. Ello permitiría hacer del Atlántico Sur una especie de Mare Nostrum , como observara sagazmente el ilustre pensador portugués Antonio Sardina (1887-1925), al modo como lo fue el Mediterráneo para los europeos meridionales en la antigüedad. Sobretodo se debe trabajar sobre el Atlántico, habida cuenta que como muy bien afirma el General Heriberto Auel “en el siglo XXI el Pacífico será el océano político, así China, el antiguo Imperio del Centro que tradicionalmente no ha salido de sus fronteras, navega hoy con una Fuerza de Tareas las costas americanas del Pacífico”(7), de modo tal que la ocasión nos es propicia para fijar una estrategia sobre el Atlántico, que ha perdido interés para la potencia talasocrática mundial. Aun con marcadas diferencias respecto de nuestra propuesta, también el General brasileño Carlos de Meira Mattos, destacado especialista en temas geopolíticos también propone una estrategia Atlántica. Plantear esta NES desde el movimiento obrero organizado argentino, disidente con el orden neoliberal de aplicación en la hora actual y su modelo político económico de exclusión de las grandes mayorías nacionales y populares en la participación de las decisiones que afectan los destinos de nuestros pueblos, es un signo más del cambio epocal a que estamos asistiendo. Así como nuestros políticos han perdido toda credibilidad y prestigio debido a que las oligarquías partidarias usufructúan del poder para beneficio propio. Los candidatos son siempre los mismos y no tan solo los padres sino los hijos, nietos, sobrinos y parientes. De la misma manera nuestras cancillerías no están en condiciones de fijar ninguna política exterior habida cuenta que a partir de la tesis del “no-conflicto” del canciller de Alfonsín y de “la de las relaciones carnales con USA” del canciller de Menem, nuestro país quedó sometido “ a ser el de abajo” en las relaciones internacionales. Ante estas dos gravísimas abdicaciones proponemos esta Nueva Estrategia Suramericana. Notas: A.- La CGT disidente, el Centro de Estudios Peruanos, sindicalistas del Frente Bolivariano de Trabajadores de Venezuela y de la CGTB de Brasil reunidos en Buenos Aires en la sede del sindicato de mecánicos los días 29 y 30 de marzo de 2001 a propósito del Primer Encuentro del Pensamiento Estratégico de la Patria Grande sostienen y proponen esta teoría como una alternativa concreta al modelo neoliberal en el plano de la política internacional suramericana. Siendo conscientes que la gran cuestión es, como

sostiene el filósofo peruano Alberto Wagner de Reyna: “¿Puede el espíritu contrapesar el mercado?. Sabemos, al menos, que hay acciones y rentas morales que no juegan en la Bolsa. Es menester demostrar que los pueblos son valores superiores a los “valores” cotizados en Bolsa. Los pueblos llegan a su felicidad por la afirmación de sus propios valores. (8)” B.- La población estimada de Suramérica a mediados de 2001 se distribuye aproximadamente así: Brasil: 175 millones Colombia: 40 Argentina: 36 Perú: 26,5 Venezuela: 24 Chile: 14 Ecuador: 12 Bolivia: 8 Paraguay: 7 Uruguay: 3,5 Total 346 millones En cuanto a la distorsión geográfica de los mapas mundiales en uso es dable señalar que el científico alemán Arno Peters ha sido recientemente el primero en denunciar la falsedad del mapa mundi desarrollado por el cartógrafo Mercator (Gerhard Kremer) en 1569 y que desde entonces ha sido de uso universal. Así puede verse el paradigma eurocentrista de Mercator en el siguiente mapa en donde Suramérica con 17,8 mill.de km2, aparece más pequeña que Europa con tan solo 9,7mill.de km2. Arno Peters – Cartografía - año 1998 1.-Curiel Rodriguez, José: Pensando en Venezuela, Ed.Cultural Venezolana, Caracas, 1978, p.23 2.-Koutoudjian, Adolfo: Geopolítica sudamerinaca,en revista “Octubre Sudamericano”, Bs.As. N° 0, dic.2000.3.-Dieterich, Heinz: Necesidad de las empresas transnacionales latinoamericanas, Bs.As. agosto de 2002, publicación de internet, p.3.4.-Belaúnde, Víctor A.: Peruanidad, Lima, 1983, p.354.5.- García Calderón: Francisco: La creación de un continente, Biblioteca de Ayacucho, Caracas, 1978, p. 305.6.- Jaguaribe, Helio: Reportaje en revista “Línea”, Buenos Aires, octubre 2000. 7.- Auel, Heriberto: El océano político, Academia argentina de asuntos Internacionales, Buenos Aires, 2001, p.8.8.- Wagner de Reyna, Alberto: Crisis de la aldea global, Ed.del Copista, Córdoba(Arg.), 2000. .

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