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La perspectiva aristotélica en torno a la relación entre lenguaje y política.

Jorge Andrés Ormeño Espinoza.

La presente investigación posee como objetivo establecer la relación de la conjunción lenguaje-política en el pensamiento aristotélico. Para ello se hace necesario conocer lo que entiende Aristóteles tanto como política como por lenguaje, y a partir de ahí poder comprender la relación de importancia que el lenguaje juega en la vida política de la democracia ateniense. Para comenzar es necesario señalar que dentro de la terminología filosófica existen dos grandes teorías que responderían a cómo el ser humano es capaz de agruparse con sus semejantes, una defendida por Aristóteles y que es la forma clásica de entender la política, declara que el ser humano es un animal político por naturaleza, la otra, la teoría moderna señala que el hombre es capaz de agruparse con otros pero por medio de un contrato, por medio de un pacto social. Dentro de la filosofía moderna alcanzar este pacto sería por distintos motivos según distintos pensadores.1 Volvamos a Aristóteles. Nació en Estagiro, una pequeña ciudad de la Calcídica- perteneciente al reino de Macedonia- en el 384 a.C, y murió en Eubea en el 322 a.C, a poco tiempo de exiliarse por segunda vez de Atenas. El padre de Aristóteles, Nicómaco, era médico en la corte del rey Amintas II de Macedonia y la familia mantenía una buena relación con la casa real. Filipo II nombró a Aristóteles preceptor del príncipe Alejandro. Aristóteles presenció el ascenso de Macedonia a la hegemonía bajo la monarquía de Filipo, el vencedor en Queronea (338), batalla decisiva para el futuro de Atenas; y luego asistió desde Atenas a las fulgurantes campañas del joven Alejandro. A la muerte de éste, el 323 a. C en Babilonia, la sometida Atenas volvió a alzarse contra los Macedonios, en un vano intento de recobrar una independencia
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Conocida es la distinción entre Rousseau y Hobbes. Mientras el primero declara que el hombre antes de crear el cuerpo social era un “buen salvaje”, el segundo señala que el hombre se agrupa por la necesidad de defenderse, homo homini lupus.

dudosa. Para “evitar que la ciudad volviera a pecar en contra de la filosofía”, Aristóteles se puso a salvo, escapando a Eubea, y allí murió poco más tarde. Había vivido en Atenas durante dos largas temporadas, primero como discípulo de Platón en la Academia hasta la muerte del maestro, unos veinte años (367347); regresó luego hacia el 335 y fundó allí su propia escuela, el Liceo, que rivalizará con la Academia durante siglos. Fue siempre un meteco en la ilustre ciudad. Coleccionó una importante biblioteca y aventajó al propio Platón en la variedad de sus intereses científicos y filosóficos, legando una obra escrita notablemente amplia. Como alumno de Platón, Aristóteles debe mucho a su maestro, se puede decir que buena parte de la obra de éste es una reacción crítica a las posiciones asumidas por aquél. Pero, además, la propia profesión del padre de Aristóteles parece haber influido en la nueva orientación metodológica que asume su filosofía. Mientras que para Platón la abstracción y los razonamientos puros de las matemáticas parecen conformar una propedéutica ejemplar para el filósofo, Aristóteles toma como ciencia preferida la que investiga la diversidad de los seres naturales, y sus investigaciones en zoología y biología nos muestran una capacidad de observación y síntesis muy distintas a las de su maestro. Antes de entrar de lleno en el estudio de algunos capítulos de la obra aristotélica, Política, creo que es necesario comprender algunas cuestiones con relación al contexto histórico donde el estagirita escribe la obra y, por otro lado, las raíces metafísicas de la misma. Con la guerra del Peloponeso, ocurrida entre el 431 y 404, se produce una crisis económico-social sumamente grave, que tiene estrictas repercusiones políticas; pues, “naufragan los valores prerracionales anteriores a la democracia, a saber, amor a la ciudad, al que se le unía el valor y el deseo de gloria. La idea de poner los intereses de la ciudad por encima de los demás no pudo resistir a los interese particulares”2. Por otro lado, “la ciudad arriesgaba convertirse en un organismo a expensas, chocando con los valores de la

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Héctor García Cataldo, La constitución de Atenas de Aristóteles: visión retrospectiva de la historia y de la institucionalidad Helena. LOM Ediciones, Stgo., 2007. Cap “ Guerra del peloponeso, ruptura del equilibrio, Aristóteles y el siglo IV.

humanidad”

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lo que redunda en un odio entre ciudades, pues, al colonizar

otras ciudades se obtenían los riquezas propias de la ciudad colonizada. Esto trae como consecuencia un particularismo tanto a nivel individual, como de clases, y también de la ciudad4. Debido a esto es que florecen filosofías que liberan al individuo, a las clases sociales o a la humanidad de las servidumbres que la misma ciudad había sometido.

La guerra del Peloponeso precipita el proceso de desintegración e impide que se aprovechen elementos constructivos del nuevo pensamiento. Con esta guerra se acentúa una interacción constante entre sociedad y pensamiento. En el marco de la polis la concepción de la medida, aristocrática, transmitidas a la democracia de mediados del siglo V, tenía mucho de barrera convencional, con el correspondiente inconveniente al desarrollo y pleno desenvolvimiento del hombre. Los pensadores ahora se plantearán la construcción de un nuevo orden, un modo también de abordar la relación del hombre en comunidad5.

Es en este escenario en donde entra en escena el filósofo de Estagira. Según Julián Marías, en la introducción a la obra Política (XI), con la guerra del Peloponeso, en primer lugar, se produce una proletarización de las masas, con el consiguiente fenómeno del paro; en segundo lugar, la escasez de alimentos se agudiza y llega a producir el hambre en toda Grecia, entre los años 331 y 324. Esta situación económica acentúa la lucha de clases, dividiéndose la ciudad entre ricos y pobres, cuestión decisiva para Aristóteles, pues, toda su Política, está cruzada por esta preocupación, y sus técnicas consisten en tener en cuenta esta situación, aprovecharla como fuerza política y tener suma prudencia, para evitar que el empobrecimiento sea excesivo y haga imposible la convivencia entre unos y otros, y por tanto, la subsistencia de la ciudad. Las raíces metafísicas de la política de Aristóteles se pueden encontrar en el hecho que Aristóteles como filósofo trata de acercarse a la realidad, de conocerla, lo que evidentemente, plantea grandes dificultades, pues, todas las
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Ibidem. Cfr. Francisco Rodríguez Adrados, La democracia ateniense. Ed. Alianza Universidad, Madrid. 1998. pág. 308 5 García Cataldo, op. Cit.

cosas naturales, todas o algunas, poseen movilidad, por tanto, surge el problema de la movilidad de las cosas, su ser y su no ser, vale decir, su inconsistencia. En la historia de la filosofía desde Anaximandro se había interpretado la naturaleza como principio (ἀ ή y todos los esfuerzos de la filosofía posterior ρχ ), a Parménides habían consistido en eludir el movimiento como tal, o sea, se trataba de explicar la realidad, dejando de lado el movimiento, y se ponía énfasis en la unidad, la identidad y la inmovilidad del ente. Por su parte, Platón considera que la consistencia está propiamente fuera de las cosas, y que éstas sólo tienen cierta consistencia participada. Por su lado, y en cambio, Aristóteles declara que las ideas están en las cosas mismas, lo que significa que las cosas son un compuesto (σ ή νολον de materia (ὔ ) y forma ) λη (μορφ ή). Por tanto para conocer las cosas, la realidad, hay que acercarse tal como se nos presentan, sin la necesidad de hacer ninguna abstracción, ni negarles valor a las cosas. Debido a esto, y puesto que la ciudad posee realidad propia y “es una de las cosas naturales” ( τ ή φ ή ν σει ή π ή λις ήhay que acercarse a ella ),στ ή como se nos presenta, sin embargo, en tiempos de Aristóteles existen muchas formas de organizar una sociedad, o sea, la ciudad se presentaba de distintas maneras y es por este motivo, que Aristóteles investigó y recopiló cerca de 158 constituciones de ciudades Helenas, con el objetivo de ver cual era la mejor, o la posibilidad de elucubrar una propia constitución, recogiendo lo mejor de unas y de otras. Según Aristóteles la diferencia fundamental con cualquier otro animal, es que el ser humano es un animal que posee λ ή γοςy que, por tanto, al estar capacitado para proferir palabras es capaz de agruparse políticamente con otros. De aquí su conocida frase sobre el hombre y su condición natural para vivir dentro del marco de la polis, quien no vive políticamente o bien es un dios o bien una bestia6. (ὔ στε ἀ

θηρήον ή θεής). Esto lo declara, en su

libro I de la Política, el cual trata sobre las nociones básicas de la polis y el
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Aristóteles, Política. Trad. Julían Marias, Centro de Estudios constitucionales, Madrid, 1983. 1253 a 29.

estado. Su convicción que el fundamento de la πὔλις es la naturaleza social del hombre, se manifiesta en ciertos aspectos: primeramente, el hombre adolece de autarquía, que significa que un individuo aislado no es autosuficiente, el hombre es un ser de comunidad que alcanza su culminación en la polis como ser político. Solamente en la polis el hombre alcanza una vida plena. Además, el hombre está dotado de palabra, la cuál no es sólo comunicación, pues, por medio de la palabra el hombre puede acordar lo que es justo e injusto, determinando con esto la relación entre los hombres. El hombre posee palabra argumentativa. Por otro lado, el lenguaje para Aristóteles es lenguaje de las cosas, vale decir, el lenguaje es el lenguaje del ser, por tanto, Aristóteles diferencia las cosas que son (τ ή ή τα ν ) territorio de la filosofía primera, de aquellas cosas “que se dicen” (τή λεγήμενα). Por otro lado, a diferencia de los sofistas, Aristóteles declara que la condición social del hombre no es por convención, sino que por naturaleza. La polis es vista como un organismo físico. Por último, la π ό posee una idea de fin (τ ή ), y el fin de la πόλις λις λος es ofrecer un desarrollo cabal para llevar a cabo una vida virtuosa. Algo alcanza su fin cuando alcanza la perfección por medio del despliegue de sus capacidades que se encuentra en la naturaleza de cada uno. Que el hombre sea capaz de agruparse con otros hombres para constituir una comunidad debido a su propia naturaleza se explica porque, según Aristóteles, el género próximo (genus proximum) a que pertenece la especie ciudad es la comunidad, la cual, se constituye en vista de un fin y por tanto, de un bien. Aristóteles intenta hacer una investigación de los elementos de la ciudad, para comprobar el carácter natural y necesario de ellos y del complejo superior llamado πόλισ. Así, la comunidad más elemental y sencilla es la casa (ο ή ή vale decir, la unidad familiar; la incorporación de varias casas, κ α ), hasta formar una “colonia” de ellas, es la aldea (κ ὔ ), la incorporación de μη varias aldeas constituye la ciudad (πὔλις), que es la comunidad perfecta y suficiente. La casa, en efecto, está constituida por relaciones necesarias y

naturales: el hombre y la mujer, para la generación; el señor y el esclavo, para la seguridad y la cooperación económica. La casa es, pues, la comunidad natural constituida para satisfacer las necesidades cotidianas; en cambio la aldea, es una comunidad constituida por necesidades no cotidianas. La ciudad por último, es una comunidad perfecta de varias aldeas, es suficiente, y su fin originario fueron las necesidades de la vida, sin embargo, posteriormente, es el vivir bien. Y tal como se lee en Política 1252 b 30-34,

toda ciudad es por naturaleza, si lo son las comunidades primeras, por que la ciudad es el fin de ellas, y la naturaleza es fin. En efecto, llamamos naturaleza de cada cosa a lo que cada una es, acabada su generación.

Lo que no nos debe hacer creer que Aristóteles considere la casa como anterior a la ciudad, pues, “la ciudad es por naturaleza anterior a la casa y a cada uno de nosotros, porque el todo es necesariamente anterior a la parte” 7. Esto significa que en vez de tomar la casa como punto de partida, y predicar de ella el carácter natural, tenemos que pensar que lo primero y anterior desde el punto de vista de la naturaleza es la ciudad, porque ésta es el fin de las otras comunidades, su perfección y a ella tienden. En la casa y en la aldea está ya presente la ciudad como el fin (τήλος) que las constituye como su principio natural. Casa y aldea son modos deficientes e incompletos de la comunidad, que sólo alcanza su plena realidad en la πὔλις. Otro punto de suma importancia para la construcción de una comunidad es el hecho de que el ser humano es el único animal que posee palabra argumentativa, vale decir, λήγος. Los demás animales sólo tienen voz (φονή) que es signo de dolor y del placer, sin embargo la palabra tiene una función superior, como ya se dijo, posee la importancia de decir qué es bueno y malo, justo o injusto, conveniente o dañoso y la comunidad de estas cosas es lo que constituye la casa y la ciudad 8. Dolor o placer son asuntos privados, pues, algo es grato o penoso sin más, pero bueno o malo, justo o injusto son condiciones que tienen las cosas, son éstas las que son buenas o malas, y por
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Id, 1253 a 19-20. Id, 1253 a 18.

tanto, responden a la esfera de lo público. La palabra, el λήγος, enuncia y dice lo que las cosas son, pone patente y al descubierto su verdad (ή ή ). λ θεια Por consiguiente, los hombres mediante la palabra pueden manifestar la verdad, que no es privada de cada cual, porque es de las cosas y, como se dijo, responden a lo público, y pueden, por tanto, ponerse de acuerdo sobre ellas. Este acuerdo se manifiesta en la homología o acuerdo verbal, en donde las cosas más allá del mero parecer o sentir de cada hombre, pueden ser comunes y comunicadas, lo que redunda en el hecho que la comunidad se hace posible gracias a la verdad y al decir. Aristóteles para argumentar lo que se ha venido explicando, parte del hecho que el hombre tiene palabra, y esto lo conjuga con el principio general y abstracto que la naturaleza no hace nada en vano, y si el hombre tiene palabra, y la naturaleza no hace nada en vano, se concluye que el hombre tiene que ser un animal social9. La convivencia requiere que sea común el sentido en que funcionen las potencias humanas, y por tanto, un acuerdo sobre lo que son las cosas y su justicia. Sólo así es posible la felicidad (ε ή δαιμον ή ). La existencia de la α comunidad en esa forma concreta del acuerdo o concordia, es la condición sine qua non para el desenvolvimiento de las vidas de los individuos, y por consiguiente, para que éstos sean felices. Pero este acuerdo reclama - tal como lo pensaba Sócrates - saber qué es lo bueno, lo malo, lo justo, lo injusto, el estado, el gobernante, etc,. Lo que significa que debemos conocer la verdad acerca de las cosas de la vida. Ésta es la razón por la cual Aristóteles realiza su política “para llevar a la perfección posible la filosofía de las cosas humanas”. Este acuerdo que hace posible la subsistencia de la ciudad es denominado por Aristóteles como νήμος, traducido por ley. Y el conjunto de leyes, o sea el sistema político en tanto sistema, es lo que Aristóteles ha denominado πολιτεήα, que sea ha traducido por constitución, pues, es ésta quien por medio del lenguaje le da vida a la ciudad, es aquello que la constituye como tal y es el principio rector de la ciudad, en otras palabras es su forma de

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Id, 1253 a 9-10.

vida.10 (ή πολιτε ή β ή α ος τις ή ή π ή στ λεως )11. Para concluir se puede decir que la ciudad para Aristóteles no es una mera unidad de lugar, ni un recinto rodeado de murallas, tampoco se trata de una ley o convenio de mutua ayuda y que sirve para evitar la injusticia, cuando una ciudad existe se dan estas condiciones, empero no bastan, pues, “la ciudad es la comunidad de familias y aldeas en una vida perfecta y suficiente, y esta es, (...) la vida feliz y buena. Hay que concluir por tanto, que el fin de la comunidad política son las buenas acciones y no la convivencia”12

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Cierta analogía se podría realizar con el pensamiento de Wittgenstein de las Investigaciones Filosóficas, cuando señala como tesis fuerte del libro que el lenguaje responde a la forma de vida de una sociedad. Por su lado, Aristóteles declara que las leyes que constituyen a una ciudad son instituidas por medio del lenguaje, y que son la forma de vida de la ciudad. 11 Id, VI (IV) 11, 1295 a 40. 12 Id, III 1280 b 40; 1281 a 1-2.