You are on page 1of 8

LUBAC, Henri DE Méditation sur l'Église Aubier, Paris 1953, 285 pp.

(Traducción castellana, de la 2ª edición francesa: “Meditación sobre la Iglesia”, Desclée de Brouwer, Bilbao 1958).

CONTENIDO DE LA OBRA El libro no pretende ser un estudio científico, ni un tratado De Ecclesia, sino más bien, como afirma su autor en el prólogo, una meditación a la luz de la fe sobre algunos aspectos del misterio de la Iglesia (cfr. p. 7). Siguiendo el índice, su contenido es, a grandes rasgos, el siguiente: Cap. I: La Iglesia es un Misterio (pp. 11-46). En este capítulo, tras hacer algunas consideraciones sobre la necesidad, alcance y riesgo de una reflexión sobre la Tradición, el autor considera la mención sobre la Iglesia que se hace en el Símbolo de los Apóstoles. Se detiene De Lubac en la distinción gramatical existente, al menos en la mayoría de las versiones latinas del Símbolo, entre el credere in Deum y el credere Ecclesiam. Apoyándose en abundantes testimonios patrísticos y de la crítica moderna sobre ese símbolo, deduce que esa distinción no es algo meramente gramatical, sino que por el contrario, es expresión de la diferencia que existe —respecto al acto de fe— entre la Iglesia y el mismo Dios[1]. La Iglesia es un misterio, no un misterio entre otros, sino el misterio que encierra en sí todos los misterios salvíficos: “Así vemos que la Iglesia no sólo es la primera entre las obras del Espíritu santificador, sino que comprende, condiciona y absorbe a todas las otras. Todo el proceso de la salud se realiza en ella. A decir verdad se identifica con ella” (p. 41). Este misterio, que es la Iglesia —y que al reflexionar sobre él nunca podremos llegar a abarcar del todo (cfr. pp. 23-24)— tiene un perfil luminoso —ella es santa, es el “estandarte levantado en medio de las naciones”, etc.—, pero “tiene también un aspecto o perfil oscuro innegable” (p. 43). Ese misterio se presenta a la vista de los hombres como una extraña mezcla de luces y sombras: junto a su carácter divino se encuentra su carácter humano; o mejor, su luminosidad divina se nos manifiesta a través de la opacidad de lo humano. Sin embargo, ella es siempre “el testimonio permanente de Cristo. Ella es la Mensajera del Dios vivo. Ella es la presencia urgente, la presencia importuna de este Dios entre nosotros” (p. 46). Cap. II: Las dimensiones del Misterio (pp. 47-79). En este segundo capítulo, De Lubac se detiene a considerar la dimensión temporal y la dimensión eterna de la Iglesia. El autor —apoyado en abundantes testimonios— habla de una preexistencia de la Iglesia antes de la Encarnación, después viene el tiempo actual o propiamente de la Iglesia, y por último la plena realización del Reino de los Cielos. En consecuencia, puede decirse que la Iglesia pasa, pero no en sí, sino en su figura actual. El primer paso —del Israel según la carne al Israel según el espíritu— no es otra cosa que el paso del Antiguo al Nuevo Testamento. El siguiente paso, el definitivo, será de este Israel espiritual (la Iglesia histórica) a la plenitud del Reino de los Cielos. Sin embargo, ese estado definitivo ya lo posee en su sustancia, aunque ahora sólo esté en germen: “aunque peregrina sobre la tierra, está sin embargo fundada en los cielos” (p. 63). Y esta doble dimensión —temporal y eterna— o, lo que es lo mismo, el carácter escatológico de la Iglesia, marca toda la vida cristiana. De Lubac dedica unas páginas a

aspectos negativos.exponer algunas consecuencias de esa dimensión escatológica: no sobrevalorar lo que pasará con la actual figura de la Iglesia. como convocadora (por la fuerza del Espíritu) y a la vez como convocada (congregada). jerárquica y mística. Sin embargo. por una síntesis eclesiológica diversa atendiendo incluso al origen de los términos. el autor se detiene en un breve pero denso análisis de la expresión Cuerpo de Cristo para designar a la Iglesia. para que ante el creyente se destaque mejor lo que es divino. aunque sea esencial a su estadio actual: por ejemplo. III: Los dos aspectos de la Iglesia una (pp. Respecto a este último punto. Scheeben. De ahí que. 74). sirve para condensar acertadamente su pensamiento. sigue la exposición de De Lubac. ya que sus elementos fundamentales son de institución divina. pp. analizando también el sentido de la inclusión en ella del término “místico”. Se estudia aquí —aunque no de modo sistemático— el doble aspecto de la Iglesia: visible e invisible. 73-74). especialmente con la Encíclica Mystici Corporis. 81-121). como centro de una reflexión sobre la Iglesia. De Lubac se detiene en considerar cómo el pecado existente en los miembros de la Iglesia no impide que ella sea en sí misma siempre santa (cfr.. sin embargo sirve.). que también es de la esencia de la Iglesia. al menos nos proporciona una imagen analógica privilegiada para conducirnos a un concepto cabal de la naturaleza de la Iglesia” (p. Eso que se manifiesta como negativo en la Iglesia. Sepamos reconocer siempre la continuidad de la única Iglesia a través de la sucesiva diversidad de sus estados” (p. la expresión Pueblo de Dios es sin duda acertada. Ya en el siglo pasado se inicia el despertar de la llamada “eclesiología mística” (Möhler. para luego volver a unir lo separado. Pero ese mismo carácter presenta de hecho. Seguidamente el autor expone una breve panorámica de cómo los tratados clásicos sobre la Iglesia solían —en general— insistir en su constitución visible y jerárquica. hace ver a la Iglesia en su misterio de santificadora y santificada (sancta-sancti). el autor aboga. enseña y es enseñada. p. Comienza De Lubac considerando el aspecto visible y social. Para finalizar este capítulo. No miremos a la Ecclesia deorsum como si fuera extraña a la Ecclesia sursum. pp. Sólo más tarde. pp. sino como dos aspectos de la misma realidad. De Lubac concluye que esa expresión (Cuerpo de Cristo) “si no constituye una definición propiamente dicha. etc. según De Lubac. se ha intentado concretar esos dos aspectos haciendo la distinción entre Iglesia visible e invisible. De ese estudio. Antes y también después de la Mystici Corporis. divino y humano. pero no separables: es convocatio y congregatio (p. sin embargo se pueden contemplar mejor otras aparentes dicotomías del misterio de la Iglesia: la Iglesia es un seno maternal y es una fraternidad. por contraste. se comienza a recalcar bien el aspecto místico. pero de ordinario produce una dualidad excesiva. 120). pero sólo expresa uno de los dos aspectos (el decongregatio). haciendo hincapié en que este aspecto es esencial a la Iglesia. el uso de los sacramentos (cfr. 107-115). aunque no es de San Pablo. 102). la otra en la eternidad. 68-73). sino que lo invisible se hace presente encarnado en lo visible. que ya no se presentan como dos elementos. Con la síntesis apuntada. la Iglesia tiene en efecto dos aspectos. no siendo por tanto apta para edificar sobre ella una reflexión integral sobre la Iglesia (cfr. La síntesis de esos dos elementos. “Por eso podemos decir. si bien es verdad que puede ser un obstáculo. etc. Por eso. por la debilidad humana sobre la que se asienta. santifica y es santificada. No debemos separar estas dos vidas. sino que uno se da siempre a través del otro: no existe una Iglesia invisible y una visible (ni siquiera una parte visible y otra invisible). etc. se llegará a una exposición del misterio de la Iglesia en que ambos aspectos aparecen en su indisoluble unidad. Franzelin. pues puede perderse de vista con frecuencia que esos aspectos no se dan nunca separados. etc. pero no se explica su unidad con la estructura jerárquica. Y el término “místico”. 100). la organización jerárquica (cfr. sirviéndonos de las mismas palabras de la encíclica Mystici . Este modo de afrontar el misterio es sin duda válido. “La santa Iglesia tiene dos vidas: la una en el tiempo. Cap.

se considera la función de la Iglesia respecto al progreso material de la sociedad. de hecho. pues esa unidad (ese hacerse Iglesia. Ambos sacerdocios pertenecen a lo que es central en la Iglesia: la Eucaristía. conferido por el sacramento del Orden. Le reciben” (p. para cuyo cumplimiento esa jerarquía dispone del triple poder: jurisdicción. . IV: El corazón de la Iglesia (pp. sino de modo distinto. etc. ese hacerse de la Iglesia como efecto (res) de la Eucaristía. se detiene De Lubac en una reflexión sobre el sacerdocio común de los fieles y su distinción respecto al sacerdocio ministerial. En primer lugar. Después de volver brevemente sobre el significado del término “místico” aplicado al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia.. ya que ambos se ordenan principalmente a ella. mientras que en la confección del sacramento (realización sacramental del sacrificio) no actúa en nombre de nadie sino in Persona Christi (cfr. es eminentemente material (si no materialista). Por último.). romana— nada hay más noble. distinguiendo el hacerse del Reino de Dios del progreso material del mundo: ambas cosas. este capítulo se centra en el “corazón de la Iglesia”. 193). V: La Iglesia en medio del mundo (p. Ahora bien. si bien pueden ir unidas (cosa ciertamente deseable). La Eucaristía hace la Iglesia. De Lubac expone diversas consideraciones de lo que compete al sacerdote y lo que compete a los fieles en ese hacer de la Iglesia. En este capítulo se reflexiona sobre algunas consecuencias del hecho de que la Iglesia sea una sociedad visible. Cap. pp. se encuentra por eso mismo unido a todos los que como él. esa unidad de la Iglesia. son esencialmente distintas.. 149). de hecho. Cap. Después se detiene el autor a considerar el sacerdocio ministerial en sí mismo.Corporis que para definir y describir esta verdadera Iglesia de Cristo —que es la Iglesia santa. Según el autor. enseñanza y santificación. magisterio y orden. 120-121). uniéndose a El (Cristo). congregatio communio) no es horizontal. es decir en la Eucaristía. “un paraíso social puede ser un infierno espiritual” (p. p. de ese hecho “se sigue siempre una tensión” entre las dos pertenencias del cristiano: a la Iglesia y al mundo (Sociedad. la Eucaristía hace la Iglesia. 147). no se ordenan más o menos. católica. 137-139). nada más excelente. Igualmente destaca el autor que el valor del sacrificio eucarístico depende de que lo hace Cristo. 157-195). hasta el punto que. por lo que igual valor tiene la misa a la que asiste una gran asamblea que la que celebra el monje en el desierto (cfr. no puede de ningún modo desligarse de la unión personal de cada cristiano con Cristo. y con bastante extensión. Muestra cómo el ministro sagrado actúa en nombre de la asamblea exclusivamente en aquellas oraciones y ofrecimientos en los que en nombre de todos se dirige a Dios. sino que es convergencia en Cristo: “Cada uno. nada más divino que aquella frase con que se la llama “el Cuerpo místico de Cristo” ” (pp. Estado. Aquí considera el autor la unidad de la Iglesia como efecto de la Eucaristía. Al describir esa primera realidad (la Iglesia hace la Eucaristía). trata del —para él— necesario conflicto entre la Iglesia (que es esencialmente espiritual) y el Estado que. por ese hecho se plantea —según De Lubac— una “tensión dialéctica” entre unidad y libertad. A propósito de estos temas. Esa unidad vendría a ser la res sacramenti (el Cuerpo y la Sangre de Cristo sería la res et sacramentum). Entre la Iglesia y la Eucaristía puede establecerse una mutua relación de causalidad: La Iglesia hace la Eucaristía. y de ahí pasa a considerar la triple función de la jerarquía de la Iglesia: gobierno. apostólica. 123-156). igualmente.

271-304) “¡Cuántas tentaciones nos asaltan respecto de esta Madre. Esas tentaciones unas veces son violentas y manifiestas. VII: Ecclesia Mater (pp. Se describe la actitud del vir ecclesiasticus ante la Sagrada Escritura. aunque por las abundantísimas faltas personales de los hombres se haga a veces como opaco. y por eso mismo. en una hipótesis absurda. ya que “los hombres pueden faltar al Espíritu Santo. De este enunciado general. “La Iglesia es un misterio. 228). ante la Tradición. Las dos primeras se refieren a dos extremos opuestos: el “conservadurismo” y el “desasimiento de la tradición”. con unas reflexiones sobre la Iglesia como Madre de los vivientes. A continuación habla el autor de la obediencia. el autor hace especial hincapié en la necesidad de la fidelidad personal. pero para ser esta comunidad. su carácter de sacramento hace que no debamosdetenernos en ella. 277) (a continuación se citan los . Además de ser la depositaria total de los sacramentos cristianos. ante las aportaciones del mundo moderno. pero las hay también veladas. pero sí es un medio necesario para él. 257). aun hoy día. sino que debamos ir —por medio de ella—a Dios. sino su eficacia interior. a la que solamente deberíamos limitarnos a amar!” (p. ante las asociaciones que surgen en el interno de la Iglesia. perdería la Redención” (p. Inmediatamente después se trata de modo particular sobre la figura del Papado. A propósito de estos temas. ella es ante todo una jerarquía” (p. p. Ella es en el mundo el sacramento de Jesucristo. el sacramento de Dios” (p. de igual manera que el mismo Jesucristo es para nosotros. de modo que “por la voz humana que enseña y ordena. VIII: Nuestras tentaciones respecto de la Iglesia (pp. 275). “el mundo perdiese a la Iglesia. De Lubac describe diversas tentaciones intentando mostrar cuál debe ser la actitud auténticamente cristiana ante ellas. 198). No es ciertamente nuestro último fin. el ser sacramento de Jesucristo. ya que el tiempo de la Iglesia es el tiempo definitivo de la historia. Hay tentaciones comunes a todas las épocas y otras más propias de nuestro tiempo. en sí siempre será perfecto. destacando el Primado del obispo de Roma. lo que importa no es su gloria externa. en su humanidad. teniendo en cuenta que “La Iglesia es una comunidad. 255). al hombre de la Iglesia. 271). Después de tratar brevemente de la Iglesia como Comunión. 197-228). la voz de su Señor” (p. más insidiosas. Otra tentación es la tentación crítica. En realidad toda esa descripción se refiere más propiamente al teólogo católico. al hombre consciente de pertenecer a la Comunión católica.197). pero el Espíritu Santo nunca faltará a la Iglesia” (p. VI: El sacramento de Jesucristo (pp. Sin embargo. Es cierto que cabe y en ocasiones debe darse una crítica de aquello que en la Iglesia no vaya bien: “sería equivocada la pretensión de impedir por principio toda expresión pública de esta crítica” (p. hasta el punto de que si.Cap. cada uno escucha. a modo de conclusión de todo lo anterior. Cap. Y este sacramento. 229-269). Por su mismo carácter de sacramento —de realidad que nos lleva a otra realidad superior—. De Lubac deduce algunas características de la Iglesia. etc. en cuanto tal. Cap. lo cual equivale a decir que es también un sacramento. y su carácter de especialísimo depositario de la infalibilidad de la Iglesia. Termina el capítulo. y en la necesaria desconfianza en el propio juicio (cfr. y no propiamente al fiel cristiano en general. De Lubac se extiende mucho en describir el vir ecclesiasticus. En primer lugar. ese carácter no significa que la Iglesia sea un estadio histórico que se deba superar. ella misma es el gran sacramento que contiene y vivifica a todos los demás.

ejemplos de crítica hecha por San Jerónimo al papa San Dámaso. especialmente actual. Es la tentación de aquellos que. “mirar a la Iglesia como por fuera.. 7). El bien sobrenatural del que ella es la artesana en este mundo llega a su última y completa realización en lo invisible. para no llevar el pensamiento tradicional por las vías de una teología nada segura. 299). IX: La Iglesia y la Virgen María (pp. la Iglesia y cada alma. como dice su autor. Tampoco puede ser esa crítica excusa para no aceptar los errores personales: “Comprenderemos que cierta especie de autocrítica. “Cuando se trata de la Iglesia. VALORACIÓN CIENTÍFICA El libro. 279). Especial atención —y extensión— dedica a la reflexión sobre lo que podría llamarse paralelismo entre María. de la que solamente quisiéramos ser un eco” (p. . no pretende ser un estudio científico. siendo humilde. A propósito de la exégesis espiritual del Cantar de los Cantares. “distinguiéndose como los que saben de la masa de los que creen. utilizando muchos testimonios de la patrística y posteriores. que más que pretender fundamentar las afirmaciones del autor (de hecho no se analizan científicamente). De Lubac se detiene sobre la validez de la exégesis espiritual y mística. De Lubac dedica bastantes páginas a considerar cómo María es tipo de la Iglesia. Después de hacer notar que no es casual que las mismas objeciones que la Reforma protestante hace a la doctrina católica sobre la Iglesia. Cap. 280). 300). Sin embargo. En general. 288). lo que nunca deberá hacerse es una crítica destructiva. aunque naturalmente deben guardarse las adecuadas distancias y distinciones. 294). 279). tienen la pretensión de conocerla (a la Iglesia) mejor que ella a sí misma” (p. De Lubac se detiene a reflexionar sobre lo que él considera la más grave de “nuestras tentaciones acerca de la Iglesia”. Es la tentación de los sabios de poner “su intuición por encima de su fe” (p. para juzgarla” (p. la lectura es agradable por el estilo fluido y ágil. Considera también el autor.. fundamentada en la unidad de la Sagrada Escritura y en la analogía de la fe. se dirigen a “poner al lector en contacto más directo con los grandes lugares comunes de la Tradición. Por último. Una tentación. 294). en cualquier caso. que puede llevar a un desmedido afán de correr detrás del mundo. por San Bernardo contra los malos pastores.. pero “todo católico debe ser cauto para que no se explote contra la Iglesia lo que él querría expresar con la única intención de servirla mejor” (p. Sólo la gracia divina puede hacer el milagro de que el sabio..). p. exponiéndonos “a juzgar todas las cosas según unos criterios superficialmente modernos” (p. de la que hace una breve pero densa historia. aplicado a la Virgen María. la maternidad de María respecto a la Iglesia. pues casi siempre se desarrolla en un nivel que presupone un conocimiento teológico de los temas abordados. que no conduce sino a hacernos esquivar el examen de conciencia” (p. es necesaria una “delicadeza filial” (p. pues “contiene eminentemente todas las gracias y perfecciones de la Iglesia” (p. Y se cosecha en lo eterno” (p. Son abundantísimas las citas patrísticas y de la teología medieval. pudiera no ser otra cosa que una rebusca de alibi. “Con sus aparentes sublimidades. completamente orientada hacia fuera. 285). 305-369). los pensamientos del hombre superior no le sirven de otra cosa que de espejo en el que se admira a sí mismo y que le aprisionan en la vanidad” (p. comprenda estas cosas (cfr. 331). las haga también a la doctrina católica sobre la Virgen María. no debemos juzgar de avance y de retroceso. Y. no se trata tampoco de una obra de divulgación. 282). de éxito y de fracaso como juzgamos de las cosas que son puramente temporales. es la de pensar en la ineficacia de la labor de la Iglesia. por Santa Catalina de Siena.

lo es igualmente a la Iglesia en sí misma. para resaltar el aspecto escatológico de la Iglesia. en su etapa histórica. a modo de ejemplo. debido a una excesiva abundancia de citas. Más concretamente. ese planteamiento (que parece más bien dialéctico) corre el riesgo de llevar a una devaluación de esos elementos esenciales de la Iglesia. y otras muchas adopta un estilo exhortativo (incluso con matices poéticos de cierta belleza) propio de un libro de lectura espiritual . p. más que ayudar a entender su justa dimensión escatológica (cfr. tienen el valor de la serenidad. también por tener cierta originalidad. es sugestivo —si no original— el modo de tratar de las relaciones Iglesia-Eucaristía. e incluso con cierta arbitrariedad. 100). tratados a veces con una visión un tanto parcial. pues. la originalidad. y señalando también cómo el cristiano debe empeñarse en la construcción de la ciudad terrena. los siguientes: . Contenido de la obra). tanto en la exposición como en los juicios. y recuerda muy de cerca teorías erróneas. p. el libro está anticuado en algunos puntos: por ejemplo. Todo el capítulo V (“La Iglesia en medio del mundo”) no parece bien planteado. Por ejemplo. que hacen la lectura dificultosa. 69). nota 87). Es de señalar que. las más de las veces se trata de un ensayo de alta divulgación. 142. y menos a nivel teológico. el libro no está exento de puntos menos claros. p. sacramentos. De Lubac recurre a un planteamiento poco realista: el de afirmar que perdiéndose de vista esa realidad escatológica. aun siendo casi exclusivamente descriptivos.. una comprensión de la verdadera condición del cristiano seglar en medio del mundo.. hay que decir que algunas ambigüedades podían favorecer desarrollos menos correctos. Los capítulos VII y VIII. Junto a estos y otros valores. Pero además De Lubac no indica soluciones concretas para superar esa tensión. dedicados principalmente a describir la actitud del vir ecclesiasticus y nuestras tentaciones acerca de la Iglesia (cfr. cuando numerosos errores deforman la eclesiología. Entre esos puntos pueden citarse. muchos piensan que todo lo que ahora. y la disposición siempre presente de fidelidad a la Iglesia tal como de hecho es. aunque quizá sea poco lineal y un tanto fragmentario. en el fondo. Esto ya es en sí muy discutible.En ocasiones esta obra tiene valor científico (aunque no se haya pretendido). es el modo de exponer la síntesis: Iglesia=convocatio et congregatio (cfr. También en relación con la época en que fue escrito. De Lubac ha logrado una buena descripción de la inseparable unidad de los elementos humanos y divinos en la Iglesia. sino el de una exposición clara y con riqueza de matices y sugerencias. El valor principal del libro no es. El capítulo último es desigual: contiene reflexiones piadosas y también de notable erudición. Aun destacando con fuerza y claridad la esencial diferencia entre el progreso del mundo y el hacerse del Reino de Dios en él. etc. Quizá lo que merece especial atención. es esencial a la Iglesia. incluso en el estadio definitivo del Reino de los Cielos: jerarquía. VALORACIÓN DOCTRINAL En este libro no se contiene nada opuesto al Magisterio de la Iglesia. por ser anterior al Vaticano II. Se expresan con claridad y precisión muchos puntos de doctrina de especial actualidad ahora (a 17 años de la primera edición del libro). De Lubac plantea todo el tema en clave de necesaria tensión entre las dos pertenencias del cristiano: a la Iglesia y al mundo. en lo referente a la jurisdicción de los obispos y su relación con la jurisdicción del Papa (cfr. falta también. Aparte de que no parece que “muchos” hayan pensado eso. si se da como una cuestión de iure.

). aunque luego se aclare su justo sentido.). sea que el hombre que manda en nombre de Dios tenga razón o esté equivocado. especialmente pp. b) santidad de la Iglesia y pecado en sus miembros: “La Iglesia en sí misma no tiene pecado. ni apariencia de bien. 193) (aunque aquí debe notarse la equivocidad de expresión. requieren sin embargo una adecuada formación teológica para entenderse correctamente. cfr. 213.: cfr. no faltan afirmaciones —esparcidas por todo el libro— que sin ser erróneas. No hay cosa que pueda hacerle olvidar que la salvación del género humano se realizó por un acto de abandono total. por ejemplo: “La Iglesia constituye un obstáculo para el incrédulo que no es atraído todavía por el Padre” (p. “No hay sofisma. y un incorrecto materialismo en la concepción de lo “social”). lo cual no es cierto respecto a los dos primeros.a) carácter esencial del aspecto social y jurídico de la Iglesia: “Una Iglesia invisible es lo mismo que la negación de toda Iglesia: sin la jerarquía que la une. no se puede hablar de Iglesia” (p. f) por último. tenga o no en su interior afán por la justicia. Al tratar de las “dimensiones” del misterio de la Iglesia. 54 y ss. p. Junto al tono general de claridad y precisión doctrinal. 323-336). aunque análogos (cfr. sabe (el cristiano) que siempre obrará mal si le desobedece” (p. pero el Espíritu Santo nunca faltará a la Iglesia. IX. y también en lo referente al gobierno: “Pero. aunque en realidad está implícito y . esté ciego o sea clarividente. al menos no lo es en el mismo grado que respecto a los dos últimos (cfr. cabe señalar también la claridad con que el autor escribe sobre la Virgen (cfr. etc. pero en sus miembros nunca está sin pecadores” (p. 254 y ss. etc. el empleo del término sacramento con significados diversos. la organiza y la guía. e) necesidad de la obediencia en la Iglesia: en primer lugar en el orden de la fe (cfr. que el Autor de esta salud. 288 (cita recogida en Contenido de la obra). p. la unidad de la Iglesia (como efecto de la Eucaristía) consecuencia de la unión personal de cada alma con Cristo. Aunque De Lubac trata.Contenido de la obra. sino también esencial.). la utilización de expresiones destinadas quizá a producir impacto. p. podría dar la impresión de que entre esos tres estadios exista una continuidad no sólo histórica. 85). c) distinción entre el sacerdocio ministerial y el sacerdocio común de los fieles. 43). pp. Ella será siempre el Sacramento de Jesucristo. Reino de los Cielos. y establecer como tres etapas: Israel según la carne. aunque es Hijo. en que se habla de sacramento como signo eficaz pero aplicado a la Iglesia como sacramento de Cristo). lo mismo si sus intenciones son puras o embrolladas. d) distinción entre progreso social del mundo y el hacerse del Reino de Cristo en la tierra: “un paraíso social puede ser un infierno espiritual” (p. Siempre nos Lo hará presente en verdad” (p. con claridad sobre el carácter sacrificial de la Eucaristía. lo que compete al sacerdote y a la asamblea en la celebración de la Eucaristía. 151-153). aprendió por sus propios sufrimientos lo que es la obediencia y que sólo por El. pp. desde el mismo momento en que este hombre está investido de legítima autoridad y no obliga a nada malo. 112). tanto por su testimonio como por sus poderes inamisibles. cap. valor de las llamadas “misas privadas”. 228). en general. 253). “Los hombres pueden faltar al Espíritu Santo. Iglesia en el tiempo. sólo con El y sólo en El es como nosotros podemos a un tiempo ser salvos y salvadores” (pp. en toda ocasión. 249 y ss. en ocasiones podría parecer algo oscurecido (cfr. ni convencimiento de poseer la razón que pueda velar a sus ojos el resplandor de las dos palabras con las que San Pablo propone a nuestra imitación a Cristo: factus obediens. Por ejemplo.

pues aunque se toca muy de pasada. pero tratando otras cuestiones. es el relativo al Extra Ecclesiam nemo salvatur.). hubieran exigido más precisión y en sí mismos requieren en el lector una suficiente formación (especialmente. pp.O. Otro punto en el que hubiera sido de desear una mayor claridad. [1] Esta idea la ha desarrollado el mismo De Lubac . que le llevaron a serias equivocaciones en lo referente a las relaciones natural-sobrenatural. cristiano-ciudadano. etc. podría entenderse como relativo sólo a quienes se separan o salen de la Iglesia (cfr. en este libro no influyen de modo determinantes las ideas filosóficas del autor. 206). Por último cabe señalar también que algunos temas.B. 229-231). F. todo lo relativo a “nuestras tentaciones respecto de la Iglesia”. Aubier Paris 1969. Salvo algunas referencias muy de pasada (cfr. aun siendo tratados con cierta ponderación. y también lo referente a la “tensión” temporal-espiritual. con mucho mas detalle. Cfr. por ejemplo la función del sacerdote y de los fieles en la Misa). RECESIÓN a esa obra. p. Essai sur la structure du Symbole des Apôtres.presupuesto (en ocasiones también afirmado con claridad. Iglesia-Estado. 162-163. y más recientemente a un cierto subjetivismo en la valoración moral del ateísmo. . en su libro La Foi Chrètienne.