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Doctorado en Educación Relacional y Bioaprendizaje

Núcleo de aprendizaje: Educación y sentido estético Intencionalidad: Formación y transformación docente

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EL ARTE DE EDUCAR CON ARTE G1N11 HÉCTOR MARTINEZ GUERRERO

Xalapa, Ver., 21 de septiembre 2012

INDICE

Introducción…………………………………………………………………………………….3 Conocimiento y arte: inteligibilidad e ininteligibilidad……………………………………...4 Armonías complementarias. Emoción y cognición………………………………………...6 Sentido estético y creatividad en la educación…………………………………………….8 El arte de educar con arte…………………………………………………………….........11 Conclusión…………………………………………………………………………………….14 Referencias bibliográficas…………………………………………………………………..15

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Introducción Desde el siglo XVII la imposición de la visión mecanicista de la vida y del ser humano sentó las bases para el desarrollo de la ciencia y la elaboración de conocimiento científico. En el ámbito de la educación se formularon teorías del aprendizaje que privilegiaron el adiestramiento de la cognición y la domesticación del cuerpo por ser fuente insinuante de placer que debía ser controlado por normas socialmente aceptadas. La separación entre emoción y cognición descuidó la dimensión sensitiva/afectiva/espiritual del ser humano y provocó que la educación transitara en la certeza de la objetividad, inteligibilidad y dialéctica, como principios del método científico para conocer la realidad y generar conocimiento en calidad de leyes universales y absolutas. Sin embargo, los aportes de la física cuántica, la termodinámica y la neurociencia, ponen en evidencia que conocer y aprender son un proceso complejo que emerge desde el interior del sujeto aprendiente; que se aprende desde y con la razón y desde y con las emociones, porque estás son el preludio de la razón, porque la emoción genera deseo de aprender, sensibilidad, curiosidad, creatividad y sentido estético para apreciar la armonía y la belleza que existe en la percepcion de la complejidad del mundo. En las sociedades actuales, la educación se encuentra atrapada en una crisis que ha vuelto insensible a los seres humanos, porque durante mucho tiempo su foco de atención giró en torno de la razón, descuidando el cutivo de la parte afectiva del ser humano, es decir sus cualidades fundamentales de la emoción, sensibilidad, amor y espiritualidad. Bajo estas consideraciones, en las líneas que siguen se comparte, desde la razón y emoción, una pequeña reflexión que intenta poner de relieve la necesidad de recuperar el sentido estético de educar y aprender, porque enseñar es un arte, es vocación pura; es incorporar el conocimiento como sensación, belleza, experiencia estética y no simplemente como la transmisión de verdades absolutas. En este sentido, el trabajo se ha organizado en cuatro nodos relacionales. En el primero se describen los efectos de la separación entre ciencia, arte y religión; asimismo, se enfatiza que existen otros tipos de conocimiento que no son antagónicos con el conocimiento científico, sino que antes bien son complementarios y que entre ambos es posible percibir al mundo como una realidad compleja que pueden ser aprehendida de forma ininteligible, es decir, con sentido estético. En el segundo nodo, se destaca la armonía complementaria que existe entre emoción y cognición como cualidades fundamentaltes del ser humano que deben potencializarse en el desarrollo integral de los aprendientes, porque al separar emoción de cognición se reprime la parte afectiva en el proceso de educar y se remite con ello a los aprendientes al mero ejercicio intelectual, mecánico y repetitivo. En el tercer nodo se aborda el tema del sentido estético y la creatividad en la educación. Se parte de la idea de que es necesario que los aprendientes recuperen la sensibilidad para apreciar la armonía, la belleza y la creatividad, como elementos que permiten crear nuevos órdenes de entendimiento y sensibilidad para construir y co-construir el conocimiento, desde la libertad y autonomía que se dan asimismos para aprender. Finalmente, en el último nodo de este tabajo se reconoce al arte como conocimiento y comunicabilidad de realidades ininteligibles, al mismo tiempo como un recurso pedagógico para educar y aprender, porque educar con arte no solo es conocimiento y emoción, es entrega incondicional y vocación profunda con lo que somos y hacemos, para lo cual es necesario superar los estados de inercia, pasividad y mediocridad en los se encuentra atrapada nuestra práctica docente y percibir una nueva forma de conocer y aprender la complejidad del mundo.

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Conocimiento y arte: inteligibilidad e ininteligibilidad.
La historia ha dejado huella imborrable de la profunda eclosión registrada en el devenir del ser humano. La fe en el misterio de la vida, lo divino, espiritual, mágico y todo aquello que lo religaba con el universo y los ecositemas se vio alterado por la visión antropocéntrica de un mundo inteligible y determinista.
“El conocimiento científico no puede basarse sólo en el uso de la razón, sino que debe resultar del uso combinado de razón y pasión, de intuición y emoción, de lógica y sentimiento global…”(Tiezzi, 2006:23)

Bohm (2002) afirma que en los tiempos primitivos, la ciencia, el arte y la religión estaban interconectados y formaban una totalidad armoniosa e inseparable. A la ciencia le interesaba no sólo resolver los problemas de la vida cotidiana, sino además comprender el universo. Por su parte, el conocimiento artístico, permitia asimilar los aspectos perceptivos inmediatos de la experiencia dentro de una estructura de armonía, belleza y sensibilidad. La religión se centraba en el tema de experimentar toda forma de vida y todas las relaciones como una totalidad indivisible, no fragmentada. su función era enseñar una especie de autoconocimiento, cuyo fin era ayudar al ser humano a ser integro y a estar en armonía con cada etapa de la vida. No obstante, esta armonía e intereconección se vió alterada en el siglo XVII por el predominio de la razón. Bajo la justificación de combatir y acabar con la ignorancia, el fanatismo, la servidumbre, la superstición y la tiranía -en aras de propiciar una vida plena y de mejores condiciones sociales- el logos adquirió plena supremacía. Ciencia, arte y religión fueron fragmentadas, perdieron su unidad y espiritu integrador. La ciencia se ocupó de la interpretación del mundo, el arte de la diversión y el entretenimiento y la religión en la adoración de divinidades que alentó el fanatismo popular. La idea de un mundo fragmentado, capaz de ser analizado para derivar postulados universales se convirtió en la base de la construcción del árbol del conocimiento. El método científico fue el instrumento fundamental para la generación de teorías y leyes absolutas (Wagensberg, 2003). El conocimiento adquirió estatus de ley incontrovertible y camino seguro para interpretar y comprender la realidad. Sin embargo, el conocimiento científico no es el único camino para percibir la complejidad del mundo, existen otros tipos de conocimientos que contribuyen en esta actividad. Para Wagensberg (2006), existen tres tipos de conocimento: científico, artístico y revelado. El primero, busca la mayor precisión posible para explicar el mundo material. Utiliza el método científico como camino infalible en la generación de conocimiento. Hacer ciencia, desde este tipo de conocimiento, descansa en tres principios supremos: objetividad, inteligibilidad y dialéctico. Se dice que el conocimiento es objetivo y medible cuando, ante varias formas de observar un objeto, un fenómeno o un hecho, se opta por aquello que menos afecta a la observación; es decir, el observador se aleja del objeto observado, no es parte de la realidad observable. Se es inteligible cuando la representación es más compacta que lo que representa; proporciona certeza, entendimiento, razón, credibilidad. Y se es dialéctico cuando el conocimiento se arriesga a ser derribado por la experiencia. Por tanto, “el conocimiento es científico cuando tiene voluntad de serlo, es decir, cuando logra la máxima objetividad, inteligibilidad y dialéctico” (Wagensberg, 2006: 16) Todas las mentes recorren este camino, la diferencia entre el individuo común y el científico depende de la aplicación de un mínimo y máximo de tales principios, asi cómo del sentido común ilustrado. El conocimiento artístico se distingue del conocimiento científico por sus actitudes fundamentales, no pretende universalizar verdades absolutas.Su propósito es más sencillo pero al mismo tiempo más complejo. Pretende que surja la comunicación, cuando menos en dos mentes al entrar en contacto para apreciar y percibir la armonía y la belleza de una complejidad. Para ello, se apoya en el principio de que ciertas complejidades infinitas, no necesariamente inteligibles, son trasmitidas a través de una representación finita. 4
“El arte es una forma de conocimiento basado en el principio de comunicabilidad de complejidades no necesariamente inteligibles” (Wagensberg, 2003: 100)

En el conocimiento artístico, el individuo crea lenguajes, símbolos, códigos para trasmitir su particular complejidad. El arte empieza con la autocomunicación y prosigue con cada milagro binario en otras mentes. El conocimiento revelado se relaciona con la religión. Descansa en dos principios: a) existe un ente propietario del conocimiento de toda la realidad y b) tal ente tiene a bien revelarnos su conocimiento. La religión es una rama de conocimiento en la que la imaginación se nutre de la revelación, por lo que la representación es, por sagrada, también intocable (Wagensberg, 2006). El éxito o la proliferación de las religiones del mundo, descansa precisamente en ese “ente” (sujeto) que se considera dueño de la verdad y domestica las mentes de sus creyentes. Aunque las diferencias entre conocimiento científico y artístico difieren en sus principios, fines y actitudes, no son antagónicos, son correlativos, no hay ventaja del uno sobre el otro. Inteligibilidad e ininteligibilidad son actitudes con las que los científicos y artistas se muestran al mundo, expresan en su trabajo y representan principios para entender y percibir la complejidad del mundo. A partir del siglo XX los descubrimientos en el ámbito de la física cuántica, la termodinámica y las nuevas ciencias de la vida, ponen en evidencia que el universo y la vida es un entramado de infinitas interconexiones y retroacciones (complejidad). Que el conocimiento no es más que una finita representación de la realidad, pero que realidades hay muchas y en ellas existe incertidumbre, caos, azar, orden y desorden; que la separación entre ciencia, arte y religión es subjetiva; que una ley es verdadera no sólo por lo que enuncia sino por la armonía, belleza y estructura que le da forma y la hace una verdad auténtica; y por tanto, el científico y el artísta pueden aprender mutuamente del tipo de conocimiento que producen.

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La resignificación del arte como forma de conocimiento nos invita a considerarlo como una actividad que despierta la sensiblidad, la emoción, gozo y placer, pero también cognición, que nace al creer conocer de la mente contempladora y a la intensa complicidad que tal cosa supone para con la mente creadora. Conocer y comprender en arte versa sobre conocer y comprender cuál es la complejidad que inquieta al creador, pero no necesariamente comprender tal complejidad. El principio de comunicabilidad en el arte hace posible que un emisor y un receptor entren en contacto con el acto artístico, constituyen un par de sistemas formado por un creador y un contemplador, en el que la contemplación no se reduce a la mera observación del objeto, sino en aprehender su complejidad. La no universalidad del acto artístico libera al arte de la restricción que exigen para sí otras formas de conocimiento. Los vínculos entre conocimento y arte nos revelan que tanto el universo como las teorías son representaciones finitas e infinitias de la realidad. Aunque el método de trabajo sea diferente están íntimamente relacionadas con la verdad y la belleza. En la cuestión de la veracidad y la belleza se haya la relación entre ciencia y arte. Analizar las relaciones entre conocimiento y arte, inteligibilidad e ininteligibilidad, nos permite transitar de una percepción reduccionista de la realidad a una visión holista, integradora, que favorece la comprensión del mundo que habitamos. Cultivar el arte como conocimiento humano en los procesos educativos permite resignificar el sentido del aprendizaje y descubrir que no solo se aprende desde la razón, sino fundamentalmente desde la emoción, porque razón y emoción son facultades vitales de todo ser humano. Alejar al arte, como forma de conocimiento de la educación, es proscribir la dimensión afectiva-sensitiva-emocional de los aprendientes y reducirlos al mero ejercicio intelectual de la razón.

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Armonías complementarias: emoción y cognición.
La separación entre mente y el cuerpo, alentó la visión reduccionista del ser humano. A la mente se le consideró el recinto del saber, del conocer; y al cuerpo, el espacio en donde habitaba la pasión y el sentimiento. Se creía que la pasión y el sentir eran actitudes incontrolables e insinuantes de placer que necesitaban ser controladas y domesticadas mediante principios morales que regularan su conducta social. En tanto que la mente debía ser exaltada e instruida para el ejercicio pleno de la razón. Esta fragmentación privilegió los aspectos cognitivos del ser humano y reprimió su lado afectivo, por considerarlo pecaminosa y errático del sentido ilustrado de la razón.

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No obstante, los aportes realizados por científicos como: Capra, Morín, Bhom, Maturana, Varela, Wagensberg, Boof, Jensen, Gutierrez, Assman, Tiezzi, entre otros, demuestran que en el ser humano no todo es razón, antes bien, que la emoción es el preludio de la razón, y esto es así porque la mente, al crear imágenes de la realidad lo hace cargado de inquietudes y percepciones que surgen de la sensibilidad, gozo y sensualidad que experimenta como estímulo inicial, antes de convertirlo en una imagen de la realidad creada en la mente, “las emociones dirigen la tención, crean significado y tiene sus propias vías de recuerdo” (Jensen, 2004: 104). Para Maturana (2001) las emociones son disposiciones corporales que determinan o especifican dominios de acciones. Son los estímulos que nacen de nuestro contacto con el mundo exterior en la relación consigo mismo, con los otros y lo otro. Representan el modo de expresión afectiva que transmitimos en el convivir social, cultural y ecológico, porque lo humano se constituye en el entrelazamiento de lo emocional con lo racional. Nos acercan hacia lo complejo, caótico, impredecible y azaroso de la realidad; son nuestros interlocutores con el mundo, nos ayudan a tomar decisiones generadas primero en el ámbito de nuestro sentir antes que en la razón. Son estados que oscilan entre extremos a veces considerados opuestos, como placer-dolor, alegria-tristeza, risa-llanto, que hacemos evidentes mediante nuestras acciones y reacciones físicas y afectivas y nos acompañan permenentemente; ayudan a la razón a centrar la mente y fijar prioridades “porque sólo nuestras emociones nos vuelven lo bastante apasionados como para preocuparnos hasta el punto de actuar sobre un objetivo” (Jensen, 2004:105) La relacionalidad entre emoción y cognición como elementos fundamentales del vivir, constituye un aporte destacado para revalorar el sentido de educar y aprender. La educación debe dejar de ver en la razón su “razón” de enseñar, porque no sólo se enseña desde la mente y la razón, sino de la interacción que se generan entre emoción, gozo, sensibilidad y cognición que co-existen en todo sujeto aprendiente. Las propiedades emergentes del ser humano y su aptitud cognitiva son el nodo relacional que permite el re-encuentro y la integralidad del sujeto. Desde esta visión, en los procesos de aprendizaje no se debe exhaltar sólo el entendimiento en detrimento de la emoción, porque al hacerlo se reprime el lado afectivo del sujeto aprendiente.
“Cuanto mas creemos que nos guía la razón, más preocupados deberíamos estar por el carácter no razonable de esa razón” (Morín, 2001:62)

La educación no puede obviar la sensibilidad, la sensorialidad y la emoción con la que cada aprendiente desarrolla el proceso de aprender; es necesario cultivar su inteligencia emocional para que vivan, sientan y gocen lo que hacen, para que le encuentren sentido, para que lo doten de significado. “La biología del conocimiento muestra cómo, en las relaciones de aprendizaje, sentir, pensar, conocer, intuir, imaginar, crear son expresiones de las propiedades emergentes del ser humano –emoción, razón, sensibilidad, espiritualidad-; son el resultado del entrelazamiento recursivo de todas estas propiedades y elementos componentes del vivir y del aprender” (Canal, et. al., 2011: 106) 6

Las emociones desencadenan los cambios químicos que alteran nuestros estados de ánimo, conductas y nuestas vidas, las actividades son el contenido de nuestras vidas, las emociones son tanto los contextos como los valores que tenemos. Son una fuente fundamental de información para el aprendizaje. Una mente que no percibe la sensibilidad, la armonía y la belleza de lo que observa o hace, se convierte en una mente escolarizada, incapaz de cambiar, de transformar la realidad y de cultivar la imaginación y la creatividad. Emoción y razón son armonías complementarias, nos permiten estar en sincronía con la vida, con la naturaleza, sociedad, familia, trabajo, diversión; es decir, en todos los ámbitos en los que co-existimos e interactuamos. Nos ayudan a ser sensibles, amorosos, tiernos, comprensivos, responsables, justos; nos permiten contagiar el gozo y placer de la vida y ser mejores seres humanos.
“El hombre es completo sólo si es capaz de usar, al mismo tiempo, toda su racionalidad por un lado y todo su instinto, su afectividad, sus emociones por el otro”. (Tiezzi, 2006:23)

Para resignificar el valor de las emociones en la educación es preciso reconocerlas como una facultad intrínseca en todos los seres humanos; es necesario darnos cuenta que educadores y aprendientes son emoción y pasión antes que razón y lógica. Para ello se requiere de una transformación en nuestro modo de pensar, sentir y actuar. La dimensión afectiva-sensitivaemocional en el proceso de educar debe recuperar el lugar que nunca debió de perder; los educadores necesitan reflexionar, en primer lugar, sobre su propia dimensión afectiva-emocional, pues no podemos pedir a nuestros aprendientes que la experimenten y vivan si nosotros mismos no la hemos cultivado y desarrollado. Entrelazar emoción y cognición significa reconocer que se aprende con todo el cuerpo, que el aprendizaje es un proceso complejo que emerje desde el interior de cada sujeto aprendiente. Que tanto lo biológico, químico y físico de nuestro cuerpo, aporta substancias y elementos interrelacionados que se expresan en nuestros comportamientos, reacciones, actitudes y aptitudes con los que le damos sentido a nuestros actos y a la vida misma. Como educadores es fundamental reconocer el valor pedagógico de las emociones en el desarrollo de nuestra práctica docente. Sentir de qué manera las actividades que proponemos a los grupos de aprendizaje destilan entusiasmo, emoción, gozo y placer; reflexionar cómo nos perciben, cómo nos sensibilizamos con ellos ante su proceso de aprendizaje, cómo reaccionamos y actuamos ante los problemas que enfrentan para realizar una actividad, cómo se relacionan entre sí, cómo se apoyan, etc., pues no es posible transformar a la otredad si el cambio no opera en sincronía con nuestros propios estados mentales y emocionales. Para potencializar y desarrollar la capacidad afectiva-emocional de los aprendientes necesitamos explorar cómo se sienten, qué sentido le asignan a las actividades que realizan, para qué aprenden, qué significado tiene para ellos la educación, cuáles son sus objetivos y metas inmediatas; en este autoreconocimiento es importante considerar las características del grupo, su heterogeneidad, sus necesidades de aprendizaje, sus ritmos de trabajo, sus habilidades y capacidades, los espacios y ambientes de aprendizaje que generamos; es decir, auto-evaluar lo que cotidianamente realizamos, para entrar en sintonía con sus propia emociones. Educar desde la sensiblidad, emoción y razón, nos abre el camino para entrar en el ámbito de la estética y la creatividad; es decir, como una forma de expandir la mente mas allá de las limitaciones que la racionalidad de los sistemas educativos nos impone, a través de los planes y programas de estudio. Reconocer el sentido estético y la creatividad en la educación nos permite entrar en una danza emocional, mental y corporal para trascender como seres humanos. 7

El sentido estético y la creatividad en la educación
“Si logramos que la física evolutiva se encuentre con la estética, la ciencia con el arte, la ecología de los sistemas complejos con la filosofía, podremos empezar a recorrer los caminos de la creatividad” (Tiezzi, 2006: 23)

La emoción y sensibilidad no deben ser consideradas como rasgos secundarios o irrelevantes en los procesos educativos. La afectividad constituye un nodo fundamental en las relaciones humanas y en los ambientes de aprendizaje porque permiten el gozo de aprender. El sentido estético y la creatividad contribuyen en la genereación de nuevos órdenes de entendimiento y sensibilidad que le permiten a los aprendientes construir y co-crear el conocimiento desde la libertad y autonomía que se dan asi mismos, como un derecho intrinseco a todos los seres humanos. Porque un conocimiento que no percibe la armonía, la belleza y la sensibilidad del conocer está atrapado en el inmovilismo.

La estética es la ciencia de la sensibilidad, armonía y la belleza. La belleza es un regalo que la propia naturaleza por derecho propio nos ha hecho y se muestra en su grandiosa biodiversidad ecológica. El talento creativo de la naturaleza se expresa en la facultad que tiene para autogenerarse, reconstruirse y evolucionar de acuerdo con las condiciones imperantes del medio. Sus figuras, formas, colores, olores, sabores, luces, sonidos, estructuras, organización y equlibrio dinámico, son elementos que enfatizan su dimensión estética (Tiezzi, 2006). La belleza no sólo es lo que se mira o capta por medio de los sentidos, sino todo aquello que somos capaces de percibir como armónico, holístico, entrelazado; se refiere a lo que somos capaces de sentir con todas nuestras facultades humanas: emoción, amor, sensibilidad, espiritualidad. Es pensamiento, razón, pasión, entusiasmo, delirio, placer, dolor, tristeza, extasis, amor. Es la sincronía emocional-racional que nace de nuestra capacidad perceptiva de todo aquello que nos atrae, intriga, inquieta o enamora de la vida. La podemos encontrar en una pintura, en una pieza musical, en una danza, en un poema, en una obra arquitectónica; la podemos “sentir” en una puesta de sol, en una tarde de lluvia, en una noche de verano; en el juego de un niño, en sus peripecias para caminar, subir, cortar, comer, etc., la encontramos en la mujer u hombre amado, en la lectura de un libro, en la exposición de una clase, en la comprensión de una teoría, en fin, la belleza la encontramos en lo que nosotros queremos sentir como bello porque expresa armonía y estética. La belleza es expresión artística, es arte, propicia la curiosidad, el deseo de saber y aprender, genera el deseo de vivir con plenitud, en libertad y ser creativos. El sentido estético es la capacidad que desarrollamos para mirar al mundo y sus complejidades sin restricciones, es darnos a sí mismos el derecho y la libertad para percibir su concordancia no sólo desde la razón sino también desde nuestra dimensión afectiva-emocional. “El sentido estético… es la facultad que desarrolla el ser humano para definir un estilo propio de expresión, ligado a su consciencia, que resulta de conjugar sensibilidad y sensorialidad para percibir y apreciar la belleza de todo lo que le rodea… permitiéndole obtener una forma de conocimiento sobre la complejidad del mundo ” (Canal, et.al., 2011: 101)

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El sentido estético no se impone por ninguna vía, no existe método para enseñarlo, nace desde el interior de cada sujeto a partir de su dimensión afectiva-sensitiva. Simplemente se “siente”, obedece a un “sentir” individual porque nadie puede “sentir” por el otro. Busca captar, percibir, sentir la complejidad del mundo, sobre el cual construye una imagen a través de la mente para comunicarse en primera instancia consigo misma y luego con otra mente. Por eso la belleza y la sensibilidad se relacionan con la estética, ésta con el arte y éste con la creatividad. La creatividad fluye en todos los seres humanos, no es exclusiva de los genios o de los hombres de ciencia; es una facultad innata que invade nuestra cotidianidad, nos permite ser originales, darle sabor y sentido estético a lo que somos y hacemos, porque nuesta vida es una policromía artística, es prosa y poesía a la vez (Morín, 2001). 8

“En la copula sapiens y demens tenemos la creatividad, la invención de la imaginación, pero tambien la criminalidad, el mal, la maldad” (Morín, 2001: 57)

Para Morín (2001), en todo ser humano habita un homo sapiens/ludens/demons; es decir, un hombre con la capacidad de razonar, de jugar y del delirio al mismo tiempo. Somos sujetos de nuestras más grandes y extremas manifestaciones afectivas, pero también de nuestros más grandes delirios y locuras. Pero sin los desórdenes de la afectividad y los excesos de la imaginación, sin la locura no habría impulso, creación, invención, amor.

El amor es el súmmum de la unión de la locura y la sabiduría, es prosa y poesía a la vez, es lo que nos posee y poseemos. De ahí la diferencia entre palabras sobre el amor, que pretenden ser objetivas y palabras de amor, que son subjetivas. Es en la palabra donde se expresan a la vez la verdad, la ilusión, la mentira que pueden envolver o constituir el amor. Porque el “amor no es sólo proyectar nuestra verdad sobre el otro y finalmente no ver al otro más que a través de nuestros ojos, es dejarnos contaminar con la verdad del otro” (Morín, 2001:32). La fuente del amor surge a partir de dos lenguajes: el lenguaje racional, empírico, práctico; y el lenguaje simbólico, mitológico, espiritual. El primero se funda en la racionalidad, es inteligible, lógico, trata de objetivar aquello de lo que se habla. El segundo es ininteligible, es subjetivo, recurre al arte, utiliza la connotación, la analogía, la metáfora; es decir, el halo de significados que rodea cada palabra, cada enunciado y trata de traducir la verdad de la subjetividad (Morín, 2001) De ahí que el hombre habite la tierra poética y prosaicamente a la vez. Estos lenguajes originan dos estados. El primero es llamado estado prosaico, es el que convierte a la razón en el medio para conocer la realidad de forma objetiva y es el estado que se promueve en muchos de los sistemas escolares y en la vida cotidiana. El segundo es el estado poético, es el que se relaciona con el arte, el culto, las ceremonias y la poesía. Pretende generar conocimiento a partir de aprehender la complejidad del mundo, es subjetivo, interpretativo, holístico; genera el deseo de indagar y ser creativos a partir de reconocer el sentido estético y la armonía de conocer.

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En nuestra vida cotidiana transitamos entre estos dos tipos de lenguaje, porque no puede existir prosa sin poesia, ni la vida puede ser pura poesía. Son estados complementarios, producto del homo sapiens y demens que nos habita. Las sociedades han privilegiado el estado prosaico en detrimento del poético, sin embargo, “hoy es posible un diálogo entre ciencia y poesía, porque la ciencia nos revela un universo fabulosamente poético” (Morin, 2001: 44). Porque “el fin de la poesía sigue siendo fundamental y es llevarnos a que el estado segundo se vuelva estado primero, el fin de la poesia es llevarnos al estado poético” (Morin, 2001: 46) Por lo tanto, podemos decir que la poesia es arte, estética, es conocimiento, creatividad; no es sólo un modo de expresión literaria; es arte porque comporta sensibilidad y entendimiento de todo aquello que nos atrae e inquieta; provoca que nos sintamos enamorados de la vida. El arte despierta nuestro deseo de conocer y nos conduce a crear cosas nuevas, originales, nos vuelve sujetos sensibles, amorosos, tiernos, justos, fraternos y solidarios con la otredad. La curiosidad es el detonante de la creatividad, porque en el deseo de interrogar a la realidad, gozamos y vivimos plenamente la experiencia sensitiva de explorar, interrogar, imaginar, fantasear y crear algo nuevo, lo cual nos conduce a descubrir respuestas a nuestro deseo de aprender. Educar para aprender con curiosidad hace posible que los aprendientes vivan el proceso educativo con sentido estético y no como una actividad exclusivamente racional.

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La creatividad es un principio esencial del universo y del ser humano (Tiezzi, 2006). Nace como una inquietud, como curiosidad, nos lleva a buscar respuestas nuevas y originales a nuestro deseo de conocer y aprender. El trabajo creativo requiere de un estado mental creativo, es decir, ser conscientes del propio acto, tener un interés total e incondicional en lo que se está haciendo, estar abierto a otras ideas sin imponer las propias, percibir nuevas diferencias y nuevas similitudes que nos conduzcan a nuevos órdenes de estructura que serán bellos y armoniosos, en lugar de tender siempre a imponer órdenes y estructuras repetidas.

“El desarrollo creativo de la ciencia depende en general de la percepción de la irrelevancia de un conjunto y conocido de diferencias y similitudes fundamentales” (Bhom, 2002: 46)

Despertar la acción creativa requiere estar siempe alerta de las reacciones mecánicas que la bloquean y adormecen (Bhom, 2003). Educar con creatividad es una tarea compleja porque la originalidad y la creatividad no se enseñan con métodos o técnicas especificas, quizás éstos puedan desarrollar ciertas habilidades o capacidades en los aprendientes pero el trabajo realmente creativo, necesita sobre todo de una mente realmente consciente de este proceso. Los educadores vulneran la creatividad de los aprendientes, porque están convencidos que atenta contra la organización escolar y los programas de estudio; porque asumen que es pérdida de tiempo y provoca indisciplina; porque genera temor a lo desconocido, a equivocarse, a lo que pueda surgir y no encuentren formas de control para regularla; en fin, consideran que la creatividad daña sus “saberes” y su experiencia pedagógica. Los sistemas educativos reducen el potencial creativo de los aprendientes al suponer que ésta sólo puede “enseñarse” desde las asignaturas que se relacionan con el arte y que su presencia en las experiencias de aprendizaje o asignaturas académicas son tan solo recursos decorativos que limitan el tiempo de “enseñar” y aprender. Que sólo debe promoverse desde las disciplinas artísticas: danza, pintura, música, etc., porque es en estos espacios de aprendizaje en donde se cuenta con el tiempo y los recursos para hacerlo. De esta manera, crean un imaginario limitado y cargado de suposiciones en donde lo más importatne es adiestrar al cuerpo según las propias capacidades y habilidades artísticas para cantar, bailar, declamar, tocar un instrumento musical o pintar, pero no como una forma de expandir la mente, ser libres y autónomos para elaborar conocimiento con sensiblidad, con sentido estético, es decir, ser capaces de percibir la armonía y belleza que produce el acto mismo de aprender cualquier forma de conocimiento. Para promover e incitar a los aprendientes a ser creativos en sus procesos de aprendizaje, debemos dejar de privilegiar a la cognición como la única dimensión para construir el conocimiento; es necesario además, potenciar la dimensión afectiva-emocional y el sentido estético del aprendizaje, proponiendo actividades que les resulten inquietantes, retadoras, no para competir entre ellos sino para expresar su talento creativo y proponer cosas nuevas y originales que les lleve a “sentir” el placer que les produce aprender; asimismo, es fundamental generar ambientes y espacios de aprendizaje que les permitan sentirse en libertad para ser y hacer con autonomía y gozo intelectual y artístico.

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En esta tarea el arte constituye una valiosa herramienta pedagógica para aprender, porque le permite al ser humano apreciar la relacionalidad con otras formas de conocimiento, en donde el movimiento, la forma, el cambio, la originalidad, comunicación y creatividad, adquieren un sentido especial para sugerir que la educación es también vocación artística, es intersticio social, estética relacional, es decir, es también un arte.

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El arte de educar con arte El arte es un estado de encuentro entre dos mentes, un intersticio social que produce comunicación, un “espacio para las relaciones humanas que sugiere posibilidades de intercambio distintas de las vigentes en este sistema, integrado de manera más o menos armoniosa y abierta en el sistema global” (Bourriaud, 2008:17). Es estética relacional, un libre intercambio de ideas, pensamientos, emociones, sentimientos, gestos, movimientos, formas, lenguajes, códigos, etc., entre el sujeto creador y el sujeto contemplador que produce gozo por comprensión y por conversación. El arte, al propiciar cambio, transformación, renovación, sensibilidad, armonía, se encuentra inseparablemente re-ligado al proceso de educar.

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Igual que el arte, la educación es también un intersticio social, porque genera comunicabilidad de realidades ininteligibles, permite que cada sujeto aprendiente intercambie no sólo conocimientos y experiencias, sino primordialmente emociones y sentimientos que constituyen su forma de con-vivir en los contextos sociales y ecológicos de los que forma parte. Los avances científicos en el campo de la neurociencia nos señalan que el aprendizaje es proceso complejo que emerge desde el interior del sujeto, porque se aprende desde y con las emociones y desde y con la razón, lo cual implica revalorar el papel de la dimensión sensitiva-emocional de los aprendientes y construir espacios cognitivos y afectivos que favorezcan su ingenio y creatividad, para producir en libertad, autonomía y personalidad individual nuevas formas de conocer y aprender; de tal manera que sean sensibles y participen en la construcción no sólo del conocimiento sino además, de un nuevo ethos en los que exista colaboración, equidad, justicia, armonía y solidaridad con los otros y lo otro. Por ello, ciencia, espiritualidad, arte y educación se re-encuentran, se re-ligan, se muestran como procesos transdisciplinarios, rizomáticos, “en-redados”, holisticos, en movimiento, en equilibrio dinámico; es decir, saltando bordes, impulsados por la imaginación que nos hace descubrir un equilibrio nuevo, otra posibilidad de concebir la educación (Cosachov, 2008). Si queremos transformar el estado de desaliento y pasividad que está provocando la educación en los sistemas escolares, por la insensibilidad que mostramos en el ejercicio de nuestra práctica docente, es preciso “construir un modelo de enseñanza que tenga que ver con lo humano, con la sensibilidad más profunda y ampararnos en otras herramientas cuyas características se basen en el desarrollo de la sensibilidad” (Cosachov, 2008: 10). Debemos propiciar que en la educación, el proceso de aprender sea también un re-encuentro con nuestras expresiones artísticas y nos permitan vivir y sentir con todas nuestras cualidades humanas la armonia y la belleza que comporta la comunicabilidad del acto de conocer y aprender. Enseñar como un arte es incorporar el conocimiento como sensación, como belleza, como experiencia estética y no simplemente como la transmisión de una verdad absoluta, rígida, sin belleza. Porque la diferencia entre la verdad y la belleza radica en la experiencia sensitiva con la cual cada aprendiente vive, recrea y goza la forma de conocer. Por eso el arte es vocación artística, y la educación puede incorporar esta vocación, si los educadores son capaces de promover y desarrollar las herramientas sensitivas y sensoriales con las cuales el arte progresa. Desde esta resignificación de educar con arte, necesitamos incorporar en nuestras prácticas pedagógicas la estética de las formas, colores, sonidos, movimientos, gestos, lenguajes y simbolismos de los que se nutre el arte como experiencia de comunicación de realidades no necesariamente inteligibles, y transitar de una acción educativa, que se vive como “tragedia” porque desaliente y reprime la curiosidad y el talento creativo de los aprendientes, a una práctica docente que potencialice las cualidades sensibles del amor, emosión, belleza y espiritualidad del ser humano. 11

Para educar con arte, es necesario darnos cuenta de los bloqueos que, consciente o inconscientemente, reprimen la creatividad de los aprendientes; por ejemplo, la rigidez de las planeaciones didácticas, los objetivos prestablecidos sin utilidad para los aprendientes, las limitaciones del tiempo en clase, el uso de recursos didácticos tradicionales, las actividades rutinarias, el modo de “actuar” monótono, el tipo de lenguaje que utilizamos, las expresiones corporales que agreden u ofenden, la inmovilidad del mobiliario y de los aprendientes, las señalizaciones que ridiculizan; es decir, superar la visión lineal y pragmática de la educación para transitar hacia una práctica que propicie la curiosidad, creatividad y el deseo de aprender con sentido estético. Requiere disponer de un estado mental creativo, consciente y sensible al cambio; lo cual implica una autovaloración ética y responsable de lo que somos y hacemos para reconocer que la practica docente no puede ser homologante, sino un proceso complejo, incierto, sujeto a los desequilibrios del entorno que nos llevan a nuevos estados de equilibrio en donde la comunicación y el juego libre de la mente tienen un papel primordial en la comprensión de la realidad siempre en movimiento. El arte nos invita a promover lo estético del conocimiento, los recursos que utiliza pueden ser valiosas herramientas para la educación y pueden incorporarse como procedimientos pedagógicos, por ejemplo: a) El diálogo y el libre juego de ideas, porque permiten el juego creativo de la mente para transmitir--recibir, no como un proceso lineal, sino como un bucle recursivo, en donde el que transmite enriquece su propio viaje descubriendo nuevas metas; y el que escucha, sin actitudes de pasividad, descubre su capacidad para modificar sus propias imágenes, ideas, esquemas mentales que ni siquiera sabe que tiene. Es esta comprensión, derivada del diálogo libre o la comunición entre dos mentes, lo que hace posible que emerja el gozo intelectual y artístico que se disfruta con sentido estético. Actividades como crear diálogos con personajes de la historia, personajes mitológicos o ficticios; inventar procesos de comunicación con lenguajes nuevos para explicar una ley, una teoría, una novela, etc., son algunas de las posibilidades que el arte, a través del juego libre de ideas, contribuye con el proceso creativo de la mente favoreciendo la comunicación y aprender desde la emoción y no sólo desde la cgnición. Promover la transmisión del conocimiento como movimiento rizomático, horizontalidad, cambio, transformación, comunicación; para generar la expresión de lo estético, el arte se concibe como un proceso rizomático, en donde las bifurcaciones producen nuevas ramificaciones o conexiones en campos inimaginables, lo que da lugar a nuevas relaciones horizontales, saliendo de la verticalidad de los procesos estáticos de expresión. Crear modelos rizomáticos a partir de temas o contenidos diversos, permiten que los aprendientes pongan en juego su creatividad y sensibilidad para aprender no sólo los aspectos teóricos de una disciplina sino además aprender en forma transdisciplinaria. Por ejemplo: construir rizomas sobre la salud y la alimentación, para de ello, transitar a bifurcaciones como descubrir los sabores y los olores de la medicina y los alimentos; las formas caprichosas de las frutas, la creatividad para diseñar menus saludables, etc. Es decir, se trata de que salgan de la monotonía de la rutina académica y del imperio de la cognición, para que produzcan conocimiento artístico, en donde expresen su sensibilidad y sentido estético al aprender. De ahí que alertar nuestros sentidos para percibir el movimiento y la policromía de la naturaleza y de la vida, son ingredientes indispensables para propiciar nuevas formad de conocer y aprender. c) Utilizar la metáfora, analogía, connotación, narración, mitos, entre otros; Los recursos del arte para favorecer la expresión y el proceso de comunicación son abundantes; permiten el libre juego de la mente y el despliegue de la acción creativa y sensitiva para imaginar, soñar, construir, amar; sentir pasión, emoción, placer y gozo. Su uso en el ámbito del aprendizaje favorece que los aprendientes establezcan conexiones de forma creativa para reflexionar y ser sensibles respecto de un objeto, hecho, fenómeno, teoría, etc. 12

b)

Por ejemplo, a partir de la elaboración u observacion de una pintura, de la lectura o interpetación de una pieza musical, o de escuchar una melodía, puede construir analogías con otros hechos o fenómenos, o narrar desde su emoción lo que les suscita observar el movimiento, fluidez, equlibrio o sincronicidad de una danza o un baile; o relacionar un mito con la creación del conocimiento, de tal manera que puedan advertir nuevos órdenes y estructuras hasta antes ocultas y descubrir sus relaciones con el aprendizaje de cualquier tipo de conocimiento. d) Promover la dimensión individual, social y cósmica del ser humano; el reconocimiento de un ser humano religado al universo y la naturaleza, alienta la idea de no vernos como sujetos antropocéntricos, como depredadores ecológicos, sino como seres que compartimos un mismo ethos en el que nuestras acciones ejercen un influjo sutil en los demás. Promover actividades en este sentido, como por ejemplo: admirar la belleza de los accidentes geográficos de la tierra, percibir el placer de una tarde de lluvia, disfrutar las actividades de nuestro trabajo, gozar las peripecias para enfrentar un día de tráfico, “sentir” el significado que tiene para nuestros hijos o aprendientes la lectura de un texto, el desarrollo de una investigación o la realización de una tarea, disfrutar la estética de una noche llena de estrellas, etc., son, entre muchas mas, algunas de las actividades cotidianas que contribuyen en la promoción indivudal, social y cósmica del ser humano, y le permiten dar cuenta del sentido de la vida, al mismo tiempo contribuyen en el desarrollo de la dimensión sensitiva, sensorial y el cuidado esencial que debemos tener por la otredad. e) Crear ambientes de aprendizaje que propicien el desarrollo del homo sapiens/ludens/locus; La creación de ambientes de aprendizaje es una actividad fundamental para promover el sentido estético de aprender, porque está comprobado que ahí en donde existen ambientes de competencia y rivalidad, se genera agresividad que bloquea la creatividad. En este sentido, es importante tomar en cuenta que así como el arte nos invita a expandir nuestra mente para que se inserte en una dinámica de encuentro con otras mentes, es necesario no sólo generar ambientes de puro estudio, sino también de distención y de ocio. Incorporar actividades recreativas propician la eliminación del estrés y el cansancio, al mismo tiempo que disminuyen la monotonía escolar. En este sentido la educación debe potencializar el juego y la recreación física, como recursos para aprender, porque a través de ellos los aprendientes serán capaces de percibir el movimiento, la fluidez, la expresión corporal y el equilibiro de su mente-cuerpo. Correr, brincar, zig zaguear, gritar, organizar encuentros deportivos, juegos de mesa, componer una canción, cantar, declamar, bailar, son algunas actividades que ayudan en la complementariedad del homo sapiens/ludens/locus, y dotan de sentido y significación el proceso de aprendizaje. Son muchos los recursos que brinda el arte como forma de comunicación y de conocimiento para convertir el educar en un arte o para educar como un arte; sin embargo, una condición fundamental es perder el temor y el miedo que nos proporcionan nuestros estados de confort y el respaldo de nuestras disciplinas para abrirnos a nuevos campos bajo una mirada transdisciplinaria. Para diseñar sobre el aprendizaje necesitamos ser aprendices abiertos y considerar nuevas formas de actuar y de hacer, tomando lo que otros campos de conocimiento nos aportan. Lo que se ha descrito como un posible procedimiento pedagógico para educar como un arte, de ninguna manera constituye un método o técnicas de aprendizaje, porque el arte no se enseña, se vive, y cada educador desde su autonomía, libertad y creatividad lo puede desarrollar si está dispuesto a correr el riesgo de cambiar, de transformarse, de hacer algo que contribuya a la formación de seres integrales, sensibles y amorosos. Si queremos resignificar el sentido de la educación, es necesario re-incorporar la dimensión afectiva/emocional/cósmica/espiritual en el proceso de enseñar y aprender, para contribuir al pleno desarrollo de las facultades humanas y a la construcción de una nueva civilización en donde conocimiento, arte y espiritualidad recuperen su integralidad. 13

Conclusión
A lo largo de este Ensayo se expresó que la separación entre conocimiento, arte y espiritualidad, permitió que la razón predominara en la construcción del conocimiento científico para construir certezas y leyes universales, descuidándose el desarrollo de las facultades del ser humano: emoción, sensibilidad y espiritualidad. A partir de esta separación las sociedades del mundo y sus modelos educativos privilegiaron la cognición en demérito de la emoción, perdiendo de vista la armonía que existe entre ambas. En este sentido se afirmó que existen otras formas de conocimiento como el arte y el conocimiento revelado, que cuestionan el modo tradicional de interpretar y percibir la realidad, y nos proporcionan nuevos marcos explicativos para aprehender la complejidad del mundo. Complejidad que se expresa en la incertidumbre, caos y el azar presentes en el cosmos y la naturaleza, porque somos sujetos interconectados y religados con otras formas de conocimiento asociadas a los procesos creativos del universo. El reconocimiento del arte como expresión de conocimiento y de comunicabilidad de realidades ininteligibles, nos permitió afirmar que una mente que no percibe la armonía y la belleza del conocimiento queda atrapada en un ejercicio intelectual, incapaz de transformarse y de ser creativo. De esta manera, se reconoció el sentido estético como la capacidad y el derecho de darse así mismo la libertad y un estilo propio de expresión ligado a la consciencia, resultado de la emoción y la sensibilidad para percibir y apreciar la belleza de todo lo que nos rodea; y a la creatividad como la capacidad de producir cosas nuevas y originales, nuevos órdenes y estructuras que surgen como consecuencia de advertir similitudes y diferencias en forma armoniosa y bellas en la construcción del conocimiento. A su vez la creatividad nos llevó a proponer que es posible educar con arte; es decir, como un estado de encuentro entre dos mentes que producen comunicación y conocimiento; como estética relacional que favorece el libre intercambio de ideas, pensamientos, lenguajes, simbolismos entre un sujeto creador y un sujeto contemplador, que les produce gozo por comprensión y por conversación. Al relacionar el arte con la educación, advertimos que ambos son complementarios, porque buscan el cambio, la transformación, la renovación mediante la comprensión de realidades no necesariamente inteligibles. Que los recursos con los cuales el arte progresa sin infinitos y pueden ser valiosas herramientas sensitivas para resignificar el sentido de educar. La educación necesita transitar del pragmatismo funcional que oculta la dimensión afectiva/sensitiva/emocional en los procesos educativos y generar ambientes de aprendizaje en donde los aprendientes disfruten, gocen y vivan el placer de conocer y aprender, porque se vive para aprender y se aprende para vivir. La educación necesita religarse con el arte porque emoción, cognición, sensibilidad, gozo, placer, belleza, sentido estético, creatividad y espiritualidad permiten el desarrollo armónico de los aprendientes y su comprensión como seres humanos integrales. Esta tarea resulta impostergable en las sociedades actuales. Advertir el entramado entre arte y educación para promover actividades que les haga ser sensibles y tomar consciencia de los que son y hacen, permitirá transitar hacia una práctica pedagógica creativa y con sentido estético. Esta labor no es sencilla, porque vivimos en un mundo atrapado en la lógica de las verdades absolutas que bloquen la creatividad, inhiben la afectividad e impiden percibir las subjetividades de la realidad. No obstante, es posible promover en los educadores y los aprendientes una nueva forma de mirar la complejidad del mundo para revalorar el sentido de educar y aprender que permita superar la crisis afectiva que vivimos. Los educadores tenemos la tarea ineludible de educar con sentido estético porque es el arte de educar con arte. 14

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