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Odontólogo Moderno • Junio 2006

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Interferencias oclusales en prótesis fija
POR EL DR. MICHAEL P. KEENAN
Departamento de Prótesis Fija Universidad de Oklahoma

1. Interferencia en céntrica. 2. Interferencia en el lado de trabajo. 3. Interferencia en el lado de balance. 4. Interferencia en protrusiva.

La interferencia en céntrica es un contacto prematuro que ocurre cuando la mandíbula cierra con los cóndilos en posición retraída, en la parte superior de la cavidad glenoidea. Da lugar a una deflexión de la mandíbula hacia delante y / o hacia un lado. Una interferencia en el lado de trabajo tiene lugar cuando hay un contacto entre las caras oclusales posteriores superiores con las inferiores al desplazarse la mandíbula hacia ese mismo lado. Si este contacto es lo suficientemente importante como para desocluir los dientes anteriores, o si interfiere el suave deslizamiento del cóndilo del lado de balance, se considera que existe interferencia. Una interferencia en el lado de balance es un contacto oclusal entre las estructuras dentales posteriores superiores con las inferiores del lado opuesto al de la dirección en que la mandíbula ha hecho una excursión lateral. La interferencia en el lado de balance es particularmente destructiva. Este potencial dañino sobre el sistema estomatognático se ha atribuido a los cambios en los mecanismos de palanca de la mandíbula, a la situación de las

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as interferencias son contactos oclusales indeseables que producen desviaciones durante el cierre a la máxima intercuspidación, o que estorban el suave paso desde o hacia la posición de intercuspidación. Hay cuatro tipos de interferencia oclusal:

fuerzas fuera del eje longitudinal de los dientes y a las alteraciones de la función normal de los músculos. La interferencia protrusiva es un contacto prematuro que tiene lugar entre las caras mesiales de los molares mandibulares y las distales del maxilar superior. La proximidad de los molares a los músculos y el vector oblicuo de las fuerzas, hacen que el contacto entre estructuras antagonistas durante la protrusión sea potencialmente destructivo. Sólo poco más de 10% de la población tiene una completa armonía entre los dientes y las articulaciones temporomandibulares. Únicamente los dientes de las personas de este pequeño grupo llegan a la máxima intercuspidación cuando la mandíbula está en posición retruida con los cóndilos en su óptima posición, en la parte superior de la cavidad glenoidea; en el casi 90% restante, la posición de máxima intercuspidación está a 1.25mm + 1mm por delante de la posición retruida. Por consiguiente, en la oclusión normal habrá una función refleja del sistema neuromuscular que hará que la mandíbula se mueva evitando los contactos prematuros. La mandíbula es guiada a la posición de máxima intercuspidación con los cóndilos en una posición no tan óptima. Se producirá alguna hipertonicidad en los músculos próximos, pero como por lo general esto cae ampliamente dentro de los límites de la capacidad fisiológica de adaptación de la mayoría de las personas, no dará molestia. Sin embargo, la capacidad de adaptación de una determinada persona puede estar influida por los efectos sobre el sistema nervioso central de una sobrecarga psíquica o de una tensión emocional. Si desciende el umbral, una oclusión normal puede pasar a ser patológica. De la simple hipertonicidad

muscular se puede pasar al espasmo muscular localizado, con dolor de cabeza crónico. La oclusión patológica también se manifiesta por signos físicos de trauma y destrucción. Grandes facetas de desgaste en las superficies oclusales, cúspides fracturadas y movilidad dentaria, son el frecuente resultado de una falta de armonía oclusal. Como respuesta a la falta de armonía oclusal y a la tensión emocional, existe la posibilidad de desarrollar algunos hábitos. El bruxismo y el rechinamiento de dientes, producirán una mayor destrucción del óragno dental y disfunción muscular. Cuando se presenta un paciente con molestias agudas en una oclusión patológica con presencia de interferencias oclusales, para que no persistan los signos y síntomas deben realizarse cambios en su esquema oclusal. Y en contraposición, se debe tener extremo cuidado al efectuar restauraciones oclusales en pacientes libres de sintomatología. El odontólogo debe evitar la instauración de una oclusión patológica iatrogénica. Al colocar las restauraciones, se debe proporcionar una oclusión tan cercana a la óptima como la habilidad del profesional y las condiciones bucales del paciente lo permitan. La oclusión óptima es la que requiere un mínimo de adaptación por parte del paciente, para lo que se requiere: • Firme contacto de todos los dientes con los cóndilos en relación céntrica. • Guía anterior que armonice con los movimientos habituales del paciente. • Desoclusión de las estructuras dentarias posteriores del lado de balance en las excursiones laterales. • Ausencia de interferencias en las estructuras posteriores del lado de trabajo durante las excursiones laterales.