You are on page 1of 3

LOS PELIGROS DEL MISTICISMO

"Afectuosamente dedicado a Arthur Edward Waite" Una curiosa idea está siendo diligentemente esparcida, y parece estar ganando terreno, que el misticismo es la Senda "Segura" a lo más Alto, y que la magia es la Senda peligrosa a lo más bajo. Existen diversos comentarios a realizarse acerca de esta afirmación. Uno puede dudar de si hay algo digno de hacerse en absoluto que esté libre de peligro, y uno puede preguntarse que peligro puede amenazar al hombre cuyo objeto es su total ruina propia. Uno puede sonreír un poco ceñudamente ante la integridad de aquellos que tratan de incluir toda la Magia bajo la Magia Negra, como es la treta presente del Místico Militante aquí sobre la tierra. Ahora bien, como alguien que puede pretender una ligera familiaridad con la literatura de ambas sendas, y de haber sido honrado por exposición personal de los adeptos de ambas sendas, creo que puedo ser capaz de llevarlas imparcialmente a un balance. Esta es la teoría mágica, que la primer partida desde el Infinito debe ser equilibrada y por lo tanto corregida. Por lo tanto el "gran Mago", Mayan, el hacedor de la Ilusión, el Creador, debe ser batido en combate. Entonces "si Satán se divide en contra de Satán, ¿cómo puede su reino permanecer?" Ambos desaparecen: la ilusión no existe más. Matemáticamente, 1 + (-1) = 0. Y esta senda está simbolizada en el Taro bajo la figura del Magus, la carta numerada 1, la primera partida desde el 0, pero referida a Beth, 2, Mercurio, el Dios de la Sabiduría, la Magia y la Verdad. Y este Magus tiene el aspecto doble del Mago mismo, y también del "Gran Mago" descripto en el Liber 418 (EQUINOX, No. V., Suplemento Especial, p.144). Ahora bien la fórmula del místico es mucho más simple. Matemáticamente, es 1 - 1 = 0. Él es como un grano de sal echado al mar; el proceso de disolución es obviamente más fácil que el choque de los mundos que el Mago contempla. "Siéntate, y siéntete como polvo ante la presencia de Dios; no, como menos que polvo, como nada", es la todo-suficiente simplicidad de este método. Desafortunadamente, muchas personas no pueden hacer esto. Y cuando presentás tu inhabilidad con apremio, es muy probable que el místico se encoja de hombros y que la termine con vos. Esta senda está simbolizada por el "Loco" del Tarot, que es igualmente el Místico y el Infinito. Pero aparte de esta cuestión, no es de ningún modo cierto que la fórmula es tan simple como parece. ¿Cómo se asegura a sí mismo el místico de que "Dios" es realmente "Dios" y no algún demonio enmascarándose a Su Imagen? Hallamos a Gerson sacrificando a Huss a su "Dios"; hallamos a un periodista moderno que ha hecho más que chapotear al escribir sobre misticismo, "Esta vida mística en su punto más alto es innegablemente egoísta"; hallamos otro escrito como el de la vieja dama que terminó su crítica del Universo, "Solamente Jock y yo nos vamos a salvar; y no estoy tan segura sobre Jock"; hallamos otra dando su punto de perfección a noventa y nueve espumarajos al vociferar sobre una

supuesta violación de sus supuestos derechos literarios; hallamos a otro tan sensible que la mención de su nombre por el presente escritor lo induce a un ataque de manía epiléptica; si tales están realmente "unidos con" o "absorbidos en" Dios, ¿qué hay de Dios? Se nos dice en Gálatas que los frutos del Espíritu son la paz, el amor, la alegría, la resignación, la amabilidad, la bondad, la fe, la humildad, la temperancia; y en otra parte, "Por sus frutos los conoceréis". De estos hacedores del mal entonces debemos pensar o que son deshonestos, y que nunca han alcanzado la unión en absoluto, o que se han unido a sí mismos con un diablo. Tales son los "Hermanos de la Senda de la Izquierda", descriptos tan concienzudamente en el Liber 418 (EQUINOX, No. V., Suplemento Especial, p.119 "sig."). De estos la seña más característica es su exclusividad. "Nosotros somos los hombres". "Nuestro es el único Camino". "Todos los Budistas son malos", la locura del orgullo espiritual. El Mago no está ni cerca de ser tan propenso a caer en este temible lodazal de orgullo como el místico; él está ocupado con cosas fuera de sí mismo, y puede corregir su orgullo. Por cierto, él está siendo corregido constantemente por la Naturaleza. ¡Él, el Gran Uno, no puede correr una milla en cuatro minutos! El místico está solitario y recluido, le falta el saludable combate. Somos todos escolares, y el campo de fútbol es el profiláctico perfecto de una cabeza engreída. Cuando el místico encuentra un obstáculo, él "finge" acerca de este. Dice esto es "solamente una ilusión". Él tiene el sentimiento de bien-estar del morfinómano, los engaños del paralítico general. Pierde el poder de mirar cualquier hecho a la cara; se alimenta a sí mismo de su propia imaginación; se persuade a sí mismo de su propia unión con Dios. Si se lo contradice en el tema, es malhumorado y rencoroso y malicioso. Si yo critíco al Sr. X, él grita, y trata de dañarme por la espalda; si digo que la Señora Y no es exactamente Santa Teresa, ella escribe un libro para demostrar que lo es. Tales personas "se hincharon con el viento, y el rancio vaho que largan, se descompuso interiormente, y el sucio contagio se desparrama", como escribió Milton de un grupo menos peligroso de guías espirituales. Para sus infelices seguidores e imitadores, no hay palabras de lástima que alcancen. La totalidad del universo no es para ellos nada sino "el espejo de sus caras de tontos"; solamente que, a diferencia de Sir Palamedes, ellos la admiran. Narcisos morales y espirituales, ellos perecen en las aguas de la ilusión. Un amigo mío, abogado en Nápoles, me ha relatado extraños cuentos de donde termina tal auto-adoración. Y la sutileza del diablo se muestra particularmente en el método mediante el cual tales neófitos son apresados por los Hermanos Negros. Hay un exagerado pavor, una solemnidad de dicción, una vanidad de frases arcaicas, un falso velo de beatitud sobre el santuario impuro. Altisonante afectación se enmascara como dignidad; una bolsa de harapos de medievismos imita como mono a la profundidad; jerga pasa por literatura; las filacterias se incrementan alrededor de la tos fingida del perfecto pedante, mojigato, y Fariseo. Corolario de esta actitud es la falta de toda virtud humana. El mago más grande, cuando actúa en su facultad humana, actúa como un hombre debe. En particular, ha aprendido bondad de corazón y simpatía. La falta de egoísmo es con mucha

frecuencia su fuerte. Justo esto al místico le falta. Tratando de absorber los planos más bajos dentro de los más altos, él niega los más bajos, una equivocación que ningún mago podría cometer. La monja Gertrude, cuando le llegaba el turno de lavar los platos, solía explicar que lo lamentaba mucho, pero que en ese momento particular, se estaba casando, con servicio coral completo, con el Salvador. Cientos de místicos se recluyen completamente y para siempre. No solamente su capacidad de producir riqueza está perdida para la sociedad, sino que también lo está su amor y buena voluntad, y lo peor de todo, también lo está su ejemplo y precepto. Cristo, en la plenitud de su carrera, hallaba tiempo para lavar los pies de sus discípulos; cualquier Maestro que no hace esto en todos los planos es un Hermano Negro. Los hindúes no honran a ningún hombre que se vuelve Sannyasi (casi nuestro "ermitaño") hasta que él ha cumplido fielmente todos sus deberes como hombre y como ciudadano. El celibato es inmoral, y el celibato evita una de las más grandes dificultades de la Senda. Cuidate de todos aquellos que evitan las dificultades menores: es una apuesta segura que evitan las dificultades mayores también. De los peligros especiales de la senda aquí no hay espacio para escribir; cada estudiante halla a cada paso tentaciones que reflejan sus propias debilidades especiales. Por consiguiente he tratado los peligros inseparables de la senda en sí misma, los peligros inherentes a su naturaleza. Ni por un momento les pediría a los más débiles que se retiraran o que se apartaran de esa senda, pero les pediría incluso a los más fuertes que aplicaran estas correctivas: primero, la actitud escéptica o científica, ambas en perspectiva y método; segundo, una vida saludable, significando con eso lo que un atleta y un explorador significan; tercero, cordial compañerismo humano, y devoción a la vida, al trabajo, y al deber. Que recuerde que una onza de orgullo honesto es mejor que una tonelada de falsa humildad, aunque una onza de verdadera humildad vale una onza de orgullo honesto; el hombre que trabaja no tiene tiempo para molestarse con ninguna. Y que recuerde el enunciado de la Ley de Cristo "amar a Dios con todo vuestro corazón, y a vuestro semejante como a tí mismo".