Teoría

del
Conocimiento
Johan Hessen
la. edición, septiembre 1998. 
2a. edición, enero 2003.
© Erkenntnis theorie 
J. Hessen Traducción:Roberto Mares
© 2003, Grupo Editorial Tomo, S.A. de C.V. 
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ÍNDICE
Prólogo a la presente edición.....................................................9
Prólogo del autor......................................................................15
INTRODUCCIÓN......................................................................17
1.- La esencia de la filosofía.....................................................17
2.- La posición de la teoría del conocimiento
en el sistema de la filosofía......................................................30
3.- Historia de la teoría del conocimiento.................................32
PRIMERA PARTE
Teoría general del conocimiento
investigación fenomenológica preliminar
El fenómeno del conocimiento y sus problemas......................37
I
LA POSIBILIDAD DELCONOCIMIENTO................................51
1.- El dogmatismo.....................................................................51
2.- El escepticismo...................................................................54
3.- El subjetivismo y el relativismo...........................................61
4.- El Pragmatismo...................................................................64
5.- El criticismo.........................................................................68
PRIMERA PARTE
TEORÍA GENERALDEL CONOCIMIENTO.
INVESTIGACIÓN FENOMENOLÓGICA
PRELIMINAR
El fenómeno del conocimiento
y sus problemas
La teoría del conocimiento es, como su nombre lo
indica, una teoría, a saber: una explicación e
interpretación filosófica del conocimiento humano. Pero
antes de filosofar sobre un objeto es necesario examinar
el mismo con todo detalle: una exacta explicación y
descripción del objeto debe preceder a toda explicación e
interpretación. Para nuestros fines, haría falta observar
con detenimiento y describir con exactitud lo que
llamamos conocimiento, que es un singular fenómeno de
la conciencia. Procedamos con la intención de
aprehender los rasgos esenciales de este fenómeno,
mediante la vivencia que experimentamos cuando
hablamos de este fenómeno; este método se llama
fenomenológico, y se diferencia del psicólogo, que
37
que investiga los procesos psíquicos concretos en su
devenir regular y su conexión con otros procesos; dada
nuestra intención, no describirá un proceso de
conocimiento determinado ni tratará de establecer lo que
le es propio e independiente, sino lo que es esencial a
todo conocimiento, su estructura general. Si empleamos
este método, el fenómeno del conocimiento se nos
presenta de la siguiente manera:
En el fenómeno del conocimiento se encuentran frente a
frente la conciencia y el objeto: el sujeto y el objeto. El
conocimiento se presenta, entonces, como una relación
entre estos dos miembros que permanecen eternamente
separados el uno del otro. El dualismo de sujeto y objeto
es propio de la esencia del conocimiento. La relación
entre los dos miembros es una correlación: el sujeto sólo
es sujeto para un un objeto y el objeto sólo es objeto para
un sujeto; ambos sólo son lo que son en cuanto son para
el otro, y esta correlación no es reversible. Ser sujeto es
completamente diferente de ser objeto; la función del
sujeto es aprehender el objeto, la del objeto es el ser
aprehensible y aprehendido por el sujeto.
Desde el punto de vista del sujeto, esta aprehensión
sucede como una salida del sujeto fuera de su propia
esfera, una invasión de la esfera del objeto y una captura
de las propiedades de éste; el objeto no es llevado dentro
de la esfera del sujeto, sino que permanece trascendente
38
a él; no es en el objeto, sino en el sujeto que cambia algo
por obra del conocimiento: en el sujeto surge una cosa
que contiene las propiedades del objeto, se da una
imagen del objeto.
En la perspectiva del objeto, el conocimiento se
presenta como una transferencia de las propiedades de
éste, pero el objeto no es arrastrado a la esfera del
sujeto, sino que permanece trascendente a él; no es en
el objeto, sino en el sujeto que algo cambia por obra de la
función del conocimiento: en el sujeto surge algo que
contiene las propiedades del objeto, surge una imagen
del objeto.
A partir del objeto, el conocimiento se presenta
como una transferencia de las propiedades del objeto al
sujeto. El trascender del sujeto a la esfera del objeto se
corresponde con un trascender del objeto a la esfera del
sujeto: ambos son sólo diferentes aspectos de un mismo
acto; pero en este acto el objeto predomina sobre el
sujeto; el objeto es el determinante, el sujeto el
determinado. Por ende, el conocimiento puede definirse
como una determinación del sujeto por el objeto. Pero lo
determinado no es el sujeto pura y llanamente, sino
solamente la imagen del objeto en él. Esta imagen es
objetiva, en cuanto que lleva en sí misma los rasgos del
objeto; siendo distinta del mismo, se encuentra de cierta
manera entre el sujeto y el objeto. Constituye el
instrumento mediante el cual la conciencia cognoscente
39
aprehende las notas que caracterizan a su objeto.
Puesto que el conocimiento es una determinación
del sujeto por el objeto, se dice que el sujeto se conduce
receptivamente frente al objeto. Pero esta receptividad no
significa pasividad; por el contrario, puede hablarse de
una actividad y espontaneidad del sujeto para el
conocimiento, lo que no se refiere, sin embargo, al objeto
en sí mismo, sino a su imagen, en lo que la conciencia
puede muy bien tener parte, contribuyendo a
engendrarla. La receptividad frente al objeto y la
espontaneidad frente a la imagen del objeto en el sujeto
son perfectamente compatibles.
AI determinar al sujeto, el objeto se muestra
independiente de él, trascendente respecto de él. Todo
conocimiento es la mención de un objeto que es
independiente de la conciencia cognoscente. Este
carácter de trascendencia es propio de todos los objetos
de conocimiento. Dividimos a los objetos en reales e
ideales. Llamamos real a todo lo que nos es dado en la
experiencia externa o interna, o bien se infiere de ella.
Por el contrario, los objetos ideales se presentan como
irreales, como meramente pensados. Objetos ideales
son, por ejemplo, los sujetos de las matemáticas, los
números y las figuras geométricas. Lo que resulta
singular es que también estos objetos ideales poseen un
ser en sí mismo o, en un sentido epistemológico, una
trascendencia. Las leyes de los números, las relaciones
que existen entre los lados y los ángulos de un triángulo
40
de un triángulo, son independientes de nuestro
pensamiento subjetivo, en el mismo sentido en que lo
son los objetos reales; a pesar de su irrealidad, se
presentan como algo en sí mismo determinado y
autónomo.
Ahora bien, parece existir una contradicción entre
la trascendencia del objeto al sujeto y la correlación entre
el sujeto y el objeto que ya se ha señalado; pero esta
correlación es sólo aparente; en tanto que se trata de un
objeto de conocimiento, necesariamente se encuentra
incluido en la correlación. La correlación del sujeto y el
objeto sólo es irrompible dentro del conocimiento, no en
sí misma. El sujeto y el objeto no se agotan en su ser el
uno para el otro, sino que tienen además un ser en sí
mismo. Para el objeto, éste consiste en lo que aún es
desconocido para él. En el sujeto reside en lo que él sea,
en sí mismo, además de sujeto cognoscente; pues,
además de conocer, el sujeto siente y quiere. Así, el
objeto deja de ser objeto cuando sale de la correlación, y
en este caso el sujeto deja de ser sujeto cognoscente.
Así como la correlación entre el sujeto y el objeto
sólo es irrompible dentro del conocimiento, así también
sólo es irreversible como una forma de correlación de
conocimiento; aunque es muy posible que se dé una
inversión, la cuál tiene lugar en la acción. En la acción no
determina el objeto al sujeto, sino el sujeto al objeto;
aquél no se conduce de una manera receptiva, sino activa
41
y espontáneamente, mientras que éste se conduce
pasivamente. El conocimiento y la acción muestran una
estructura completamente opuesta.
El concepto de verdad se relaciona estrechamente
con la esencia del conocimiento: verdadero conocimiento
es tan sólo el conocí miento verdadero. Un "conocimiento
falso" no es propiamente conocimiento, sino error e
ilusión. Pero, ¿en qué consiste la verdad del
conocimiento?; según lo que se ha dicho, debe radicar
precisamente en la concordancia de la imagen con el
objeto. Un conocimiento es verdadero si su contenido
concuerda con el objeto mencionado. Visto de esta
manera, la verdad es un concepto de relación; esto es,
expresa una forma de relación entre el contenido del
pensamiento, de la imagen con el objeto. Este objeto, en
cambio, no puede ser verdadero ni falso, puesto que se
encuentra, en cierto modo, más allá de la verdad y la
falsedad. Una representación inadecuada puede ser, por
el contrario, absolutamente verdadera, pues aunque
pudiera ser incompleta, puede ser exacta si los rasgos
que contiene realmente existen en el objeto.
El concepto de la verdad, deducido de la
consideración fenomenológica del conocimiento, puede
entenderse como un concepto trascendente de la verdad,
en tanto que se basa en el supuesto de la trascendencia
del objeto; este concepto de la verdad es propio tanto de
la conciencia ingenua como de la conciencia científica,
42
pues ambas consideran como verdad la concordancia del
contenido del pensamiento con el objeto.
El hecho de que un conocimiento sea verdadero no
es suficiente; necesitamos tener la certeza de que es
verdadero. Esto da lugar a un cuestionamiento: ¿de qué
manera podemos saber si un conocimiento es
verdadero?... aquí llegamos al tema del criterio de la
verdad. Los datos fenómeno-lógicos no nos dicen nada
sobre si existe un criterio semejante, puesto que el
fenómeno del conocimiento implica o presume solamente
su existencia; pero no su existencia real.
Con esto encontramos una claridad en
cuanto al fenómeno del conocimiento humano en sus
rasgos principales y a la vez hemos identificado los
linderos de este fenómeno respecto de tres esferas
distintas. Como hemos visto, el conocimiento presenta
tres elementos principales: el sujeto, la imagen y el
objeto. Visto por el lado del sujeto, el fenómeno del
conocimiento se acerca a la esfera psicológica; por la
imagen con la lógica, y por el objeto con la ontológica.
Como es un proceso psicológico dado en un sujeto, el
conocimiento viene a ser objeto de la psicología; pero
resulta evidente que la psicología no puede resolver el
problema de la esencia del conocimiento humano, pues
el conocimiento consiste en una aprehensión espiritual
del objeto, como hemos visto en nuestra investigación
fenomenológica. Ahora bien, cuando la psicología
43
investiga los procesos del pensamiento, prescinde por
completo de la referencia al objeto; la psicología se
enfoca, como ya se ha dicho, al origen y desarrollo de los
procesos psicológicos. Indaga el cómo sucede el
conocimiento; pero no si es verdadero, si concuerda con
el objeto. La cuestión de la verdad del conocimiento se
halla fuera de su alcance; no obstante, si intentase
resolver esta cuestión, incurriría en una perfecta ( µto
ooic ric oiio yrvoc 7, en un tránsito a un orden de
cosas completamente distinto; en esto reside el error
fundamental de psicologismo.
Por su segundo aspecto, el fenómeno del
conocimiento entra en su esfera lógica: la "imagen" del
objeto en el sujeto es un ente lógico, y como tal es objeto
de la lógica; pero de inmediato se descubre que la lógica
tampoco puede resolver el problema del conocimiento,
puesto que ella investiga los entes lógicos como tales, su
estructura íntima y sus relaciones. Como ya hemos visto,
la lógica indaga acerca de la concordancia del
pensamiento consigo mismo y no su concordancia con el
objeto. El problema epistemológico se halla también
fuera de la esfera lógica. Cuando se desconoce este
hecho, decimos que se cae en logicismo.
Por su tercer miembro, el conocimiento humano
llega a la esfera ontológica : el objeto se presenta a la
conciencia cognoscente como algo que ”e s” - ya se trate
44
7 En Griego en el original:”t ranslocación de los géneros”
de un ser ideal o real-. Por su parte, el ser en sí mismo
es objeto de la ontología. Pero tampoco la ontología
puede resolver el problema del conocimiento; pues así
como en el proceso de conocimiento no puede eliminarse
el objeto, tampoco puede eliminarse el sujeto. Ambos
pertenecen al contenido esencial del conocimiento
humano, como hemos descubierto por medio de la
consideración fenomenológica. Cuando no se toma en
cuenta esto y se ve el problema del conocimiento
exclusivamente desde el objeto, el resultado es una
postura conocida como ontologismo.
Así, ni la psicología, ni la lógica ni la ontología
pueden resolver cabalmente el problema del
conocimiento, pues este representa un hecho peculiar y
autónomo. Si quisiéramos ponerle un nombre especial,
podríamos coincidir con Nicolai Hartmann en llamarle
acto gnoseológico, queriendo significar la referencia del
pensamiento a los objetos, la relación del sujeto y el
objeto, lo que no cabe en ninguno de los sistemas
referidos, lo que tiene por consecuencia la fundación de
una nueva disciplina que llamamos teoría del
conocimiento. Así que la conceptualización
fenomenológica conduce también a reconocer la teoría
del conocimiento como una disciplina filosófica
independiente.
Se podría pensar que la teoría del conocimiento se
cumple de manera esencial con la descripción del
45
fenómeno del conocimiento; pero no es así, la
descripción del acto de conocer no constituye su
interpretación y explicación filosófica. Lo que acabamos
de describir es lo que la conciencia natural entiende por
conocimiento; ya que hemos visto que según la
concepción de la conciencia natural, el conocimiento
consiste en elaborar "una imagen" del objeto, y la verdad
del conocimiento se deduce de la concordancia de esa
imagen con el objeto. Pero el discernir si esta concepción
está justificada es un problema que se encuentra más
allá del alcance de la fenomenología, puesto que este
método sólo puede dar una descripción del fenómeno del
conocimiento, y sobre la base de la descripción
fenomenológica hay que elaborar una interpretación y
explicación filosófica; o sea, una teoría del conocimiento,
que es una misión propia y autónoma.
Aquí estamos llegando a un hecho que
generalmente es desconocido por los fenomenólogos,
que creen resolver el problema del conocimiento
describiendo simplemente el fenómeno, y responden a
las objeciones de los filósofos de distintas orientaciones
remitiéndose a los datos fenomenológicos del
conocimiento; aunque esto supone el desconocimiento
de que la fenomenología y la teoría del conocimiento son
procesos completamente distintos. La fenomenología
sólo puede evidenciar la efectiva realidad de la
concepción natural; pero nunca decidir sobre su justeza
46
y verdad. Esta cuestión crítica se encuentra fuera de su
competencia. También podría decirse que la
fenomenología es solamente un método, pero no una
teoría del conocimiento.
Considerando lo dicho, la descripción del
fenómeno del conocimiento tiene solamente una
significación preparatoria y su intención no sería el
resolver el problema del conocimiento, sino conducirnos
hacia dicho problema. La descripción fenomenológica
puede y debe descubrir los problemas que se presentan
en el fenómeno del conocimiento y permitirnos la
conciencia de ellos.
Si profundizamos en la descripción del
conocimiento anteriormente dada, encontramos con
facilidad que son, principalmente, cinco problemas los
que tienen relación con datos fenómenológicos. Puesto
que ya hemos considerado que el conocimiento significa
una relación entre el sujeto y el objeto que entran, por así
decirlo, en contacto mutuo, entonces, el sujeto
aprehende el objeto; por ende, lo primero que cabe
preguntar es si es justo el concepto de la conciencia
natural, si realmente tiene lugar esta relación entre el
sujeto y el objeto: ¿puede realmente el sujeto aprehender
el objeto?... aquí se toca el tema de la posibilidad del
conocimiento humano. Pero nos tropezamos con otro
problema cuando nos damos cuenta de la estructura del
sujeto cognosecnte, y de que ésta es una estructura
dualista; el hombre es un ser espiritual y sensible; por
consiguiente podemos distinguir en él un conocimiento
47
espiritual y un conocimiento sensible; la fuente del
primero es la razón y la del segundo es la experiencia. La
pregunta es, ¿de qué fuente saca principalmente sus
contenidos la conciencia cognoscente?; ¿es la razón o la
experiencia la fuente o fundamento del conocimiento
humano? Estos cuestionamientos nos llevan al problema
del origen del conocimiento.
Así llegamos al tema central de la teoría del
conocimiento, cuando nos detenemos a considerar la
relación entre el sujeto y el objeto. En la descripción
fenomenológica se caracteriza esta relación como una
determinación del sujeto por el objeto; pero también cabe
preguntar si es justa esta concepción de la conciencia
natural. Como veremos posteriormente, muchos
importantes filósofos han definido esta relación
precisamente en un sentido contrario; para ellos, la
verdadera situación es la inversa; esto es, no es el objeto
el que determina al sujeto, sino el sujeto quien determina
al objeto. La conciencia cognoscente no se conduce
receptivamente frente al objeto, sino de una manera
activa y espontánea. Cabría preguntarse cuál de las dos
interpretaciones respecto del fenómeno del conocimiento
es la correcta, y podríamos designar este problema como
la cuestión de la esencia del conocimiento humano.
Hasta ahora, al hablar del conocimiento hemos
pensado solamente en una aprehensión racional del
objeto. Cabe preguntarse, entonces, si además de ese
48
además de ese conocimiento racional, existe otro de
diversa índole, Lino que pudiéramos designar como
conocimiento intuitivo, en oposición al discursivo,
racional. Entramos así en el tema de las formas del
conocimiento humano.
Al finalizar la descripción fenomenológica, nos
hemos encontrado con un problema último: la cuestión
del criterio de la verdad. Si existe un conocimiento
verdadero, ¿cómo podemos conocer esa verdad suya?;
¿cuál es el criterio que nos permitiría, en un caso
concreto, discernir si un conocimiento es o no verdadero?
Así que el problema del conocimiento se divide en cinco
problemas parciales que serán analizados a
continuación, exponiendo cada vez las soluciones más
importantes que se han dado respecto de estos
problemas a lo largo de la historia de la filosofía,
procediendo a su crítica para adoptar una posición
respecto a estas teorías e indicar por lo menos la
dirección en que nosotros mismos buscamos la solución
del problema.
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