PROYECTANDO MEMORIA EN SU RUTA POR BOGOTÁ Informe del segundo día en Bogotá. Plaza de Bolívar.

Los días anteriores al evento del segundo día estuvieron rodeados de mucha incertidumbre debido a que los familiares de los desaparecidos del Palacio de Justicia tenían reservada la Plaza de Bolívar para el 6 de noviembre, fecha del aniversario de la toma del Palacio de Justicia, y había en el interior de ese grupo muchas diferencias conceptuales con respecto a una posible alianza con proyectos externos a su propósito. Tras insistir y exponerles que nuestra única intención era hacerle, desde el arte, un homenaje a la memoria histórica del país, a los muertos y desaparecidos en este largo conflicto, a las víctimas que seguían exigiendo reparación, permitieron que compartiéramos el espacio y que integráramos sus acciones con las nuestras. De nuevo el clima estuvo benévolo con nosotros. El instituto de Patrimonio cultural IDPC nos prestó la colaboración consiguiéndonos ante la alcaldía de la Candelaria el permiso necesario para la realización del evento y allí llegamos con nuestros equipos, con las sillas y vallas que nos facilitó el Idartes, y con todo el equipo pedagógico con quienes habíamos decidido que nuestras intervenciones estarían moduladas por las acciones que los familiares fueran desarrollando. La Radio Nacional, fiel a su compromiso con el proyecto, estaba presente con su equipo y la Radio Javeriana se sumó a esta escala. Cuando llegamos a la plaza, los "familiares" estaban pintando un mural conmemorativo de los acontecimientos del Palacio y a la historia en el tiempo de su lucha. Varios niños, guiados por artistas plásticos que se habían unido a su propósito, con pinceles, pintura acrílica y bombas de pintura a presión, iban coloreando los cartones dispuestos en el muro que separa la plaza del edificio del Palacio. Procedimos, de acuerdo al permiso que teníamos de la administración de la Corte Suprema de Justicia, a colocar nuestra pantalla bajo el arco central del edificio y a disponer nuestra amplificación sonora. Compartimos entonces los micrófonos con los familiares quienes tenían programada una serie de lecturas de documentos escritos por ellos y de cartas que habían recibido de diferentes organizaciones internacionales de derechos humanos de todo el mundo que continuaban acompañándolos. Nuestros invitados de las regiones colombianas, las cantaoras de Andagoya, los huitotos y el compañero Wayúu realizaron sus intervenciones respondiendo al llamado de Diego Bernal que oficiaba la ceremonia. En esta ocasión enfocaron sus reflexiones hacia el sentido que tiene en sus comunidades la desaparición forzada y, como se hizo el día anterior y se había dispuesto para todas las escalas de Proyectando memoria, interpretaron sus cantos a viva voz y sus danzas frente a un grupo numeroso de asistentes. Unos jóvenes raperos que acompañaban a los familiares interpretaron varias canciones compuestas en su honor. El evento en la Plaza de Bolívar reunía los familiares, las personas solidarias con su causa, aquellos que habían venido atraídos por la invitación de Proyectando Memoria y estaban en espera de la película y los rituales, los habituales trabajadores y asiduos de la plaza, así como los turistas que prolongaban su visita a la ciudad escuchando una sorprendente reflexión sobre la muerte y al tiempo se

enteraban por los discursos de los participantes de los acontecimientos ocurridos en uno de los días más trágicos de la historia del país. ¿Cuántos fueron? No sé, era un público que circulaba, se ampliaba, se reducía. En ese enorme espacio los cálculos se hacen más difíciles. Tal vez hubo un momento que llegaron a quinientos, al empezar la película tal vez unos doscientos y con el frío y la larga jornada fueron graneándose hasta terminar unas ochenta personas. Sentimos que lo numérico en este caso era diferente. No estábamos solos. La convocatoria en este caso se semejaba a las visitas de pésame. El simple acto de ir a acompañar por un momento a una comunidad que arrastra un largo luto es suficiente. La suma de actividades era como las viandas que se ofrendaban a los amigos y familiares que acompañan el duelo. Al caer la tarde nos preparamos a la proyección. En colaboración con la productora Panorámika, realizamos un video corto, un "mapping", que proyectamos sobre la superficie del arco de palacio. Consistía en un fuego que volvía a quemar las paredes, un fuego avasallador que era apagado por la lluvia hasta que unas flores empezaban a caer del cielo y los nombres de todos los desaparecidos se inscribían en las paredes. Desafortunadamente la luminosidad desprendida por la iluminación de la plaza producía un velo que no permitió apreciar en su intensidad este enorme esfuerzo con el que queríamos exorcizar simbólicamente un territorio marcado por la tragedia. Esperamos tener la oportunidad de volver a proyectar esta obra en una ocasión futura. Mientras, lo haremos circular por las redes y los centros de información digital que nos apoyan, de manera que el mensaje llegue a muchos espectadores hasta sus propios recintos. Terminado el mapping se hizo la proyección de la película logrando así el cometido propuesto: traer la reflexión desde el arte a un espacio cargado de memoria trágica, un espacio que influyó en la creación de la obra de la maestra Beatriz González y que guarda una profunda relación con el devenir de nuestra sociedad. La película trajo al espacio donde ocurrieron los hechos, las imágenes de las balas, las llamas y los tanques que entraron a sangre y fuego al recinto de la democracia. Trajo también las pinturas y los dibujos que le inspiraron esos acontecimientos. El documental trajo también de nuevo las palabras de Beatriz para refrescar y evidenciar ante todos el sentido de nuestro acto: estas obras tienen un propósito: ¡¡¡hacer memoria para que esto no se vuelva a repetir!!! Nuestro granito vital fue puesto. De nuevo gracias a todo el equipo y a los patrocinadores.

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