PARCIAL RECUPERATORIO ANÁLISIS DEL MUNDO CONTEMPORÁNEO AÑO 2012 ENTREGA: VIERNES 30 DE NOVIEMBRE

1) Lea el artículo del intelectual italiano Antonio Tabucchi e identifique en su relato cada uno de los factores del mundo contemporáneo que hayan sido abordados en nuestro Curso. Reflexione sobre ellos.

Antonio Tabucchi: “Europa está más vieja que nunca”
Escritor de prestigio internacional, Tabucchi es, además, un autor preocupado por la política. En este diálogo presenta “La oca al paso”, su nuevo libro de artículos: una mirada cruda sobre la realidad europea y sobre Italia, donde “el aire es irrespirable”. “Los ideales culturales que aportó Berlusconi son los del dinero, los de las putas”, afirma.

Por Héctor Pavón
Hay un mundo que Antonio Tabucchi ama. Y hay otro que detesta y lo angustia, lo lacera. En el primero de ellos, en la altura, reinan la literatura, la política, las ideas y, en el otro, más bajo, habitan los monstruos de sus pesadillas que lo incitan a escribir casi violentamente, con la sangre en cada letra trazada a mano. En 2006 publicó en Italia un libro que llegó recientemente a nuestro país: La oca al paso. Noticias desde la oscuridad que estamos atravesando (Anagrama). Allí, precisamente, describe el mundo oscuro, por el que siente vergogna, el de los gobiernos corruptos, del terrorismo, de la corrupción, del consumismo. “La verdadera vida está en otra parte”, escribe Arthur Rimbaud y lo recupera Tabucchi para graficar lo que está describiendo como mundo bajo, el lugar donde no desea estar. Tal vez esa búsqueda constante lo lleve de Toscana a París y luego a Lisboa, capital del país que le ha obsequiado la nacionalidad, Tabucchi no termina de aceptar la época italiana que le tocó vivir. Tampoco la europea. La Oca al Paso está dedicado a “la memoria de mi amiga Susan Sontag, de los días en los que proyectábamos hacer a cuatro manos un libro de este tipo, sobre los payasos que guían la suerte del mundo”. Se refería a la idea del payaso de Norman Manea que había delineado en su libro Payasos. El dictador y el artista basado en dos modelos: el blanco y el augusto; el primero es el dictador y el segundo, el artista. Manea lo explicaba a Ceaucescu. Con Sontag, querían desarrollar la idea de que podemos entender al payaso en un contexto totalitario, pero, claro, el problema aparecía cuando los payasos eran protagonistas en democracia... De esos y otros payasos habla en este libro donde, al fin de cada capítulo, abre el juego para seguir leyéndolo de acuerdo con lo que indique el dado. La clara reminiscencia de Rayuela de Cortázar es inevitable. Desde Italia, con las intermitencias de una comunicación que se cortaba permanentemente, Tabucchi habló de la oscuridad contemporánea. De todos modos, prefería reírse de los cortes telefónicos y burlarse de los servicios de inteligencia que no estaban contentos con sus declaraciones. -Ha estructurado este libro como el juego de la oca...

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-Sí, efectivamente. -¿Se divirtió haciéndolo? -No demasiado. Es un juego aparente. En realidad era para mostrar que en el fondo tout se tient, todo es como una tela de araña, es la realidad que nos rodea. Y a veces, pensamos en un hecho que sucede y que tiene relación con otro; en suma, es la vieja historia del aleteo de las alas de la mariposa. Como decía Pasolini, las cosas están conectadas entre sí. Y lo importante es tratar de mostrar el entrelazamiento de los hilos que está detrás de la alfombra. Naturalmente, las combinaciones pueden ser también distintas, pero las cosas están siempre sujetas una a la otra. Es decir, si cae una bomba en Bagdad es porque una mariposa aleteó en Washington, en definitiva. Eso es obvio. Pero a veces es algo en lo que no se piensa. Lo importante es tratar de comprender la conexión de las cosas. Naturalmente, muchas veces mi idea puede ser arbitraria. Pero no tiene importancia. Yo indico los caminos al lector y puede construirse el juego del mundo como hizo Cortázar con Rayuela. Sólo que aquí los hechos son reales. -Ha dicho varias veces en los últimos tiempos que Italia vive la dictadura de la palabra. ¿Todavía lo percibe así? -Quizá más todavía. Tal vez usted sepa que recientemente estuvo Gadafi en Italia. También he leído en los diarios portugueses que, en breve, algunos exponentes del gobierno portugués tratarán de firmar acuerdos económicos con Libia. En suma, los hechos están de nuevo todos unidos. Y en este momento, lo que le interesa a Berlusconi en Italia es que se sepa lo menos posible. Y como usted sabe, hay una ley, llamada “ley mordaza sobre los medios”, que él intentaba hacer sancionar. O sea que todo está relacionado. Si la prensa consigue dar a conocer cuántos negocios de miles de millones de euros estableció Berlusconi con Gadafi resulta fastidioso para él. Mejor que no se sepa. Pero la dictadura de la palabra es algo muy especial porque es sabido que no hay necesidad muchas veces de la ley mordaza porque la prensa italiana piensa por sí sola en ponerse la mordaza. Esto por ejemplo, salió a relucir de manera clamorosa recientemente. Un periodista independiente que cubre el área de información general descubrió que el presidente del Senado Renato Schifani fue indagado por asociación mafiosa tres veces e incluso reprodujo la fotocopia de la fiscalía de Palermo donde se ve que fue indagado y que después se archivó. Esa noticia no la difundió nadie. En cualquier país democrático libre, en la prensa libre, una noticia de ese tipo sería clamorosa. Ni el diario La Repubblica, ni Il Corriere della Sera lo han destacado. O sea: no hay necesidad de censura si alguien se autocensura. ¿Entiende? Se corta la comunicación por primera vez... -¿Y cómo se sienten los intelectuales italianos en este contexto? -Ah, no sé. Yo puedo responder por lo que a mí respecta, en definitiva. Por lo tanto, no lo sé. Furio Colombo escribe su desazón sobre el hecho cotidiano. Es un parlamentario, está muy incómodo. Yo trato de estar lo menos posible en Italia porque el aire es irrespirable, en definitiva. Está pútrido ese país. Podrido. -¿Tanto? -Sí, podrido. La corrupción, la mafia, las empresas, los servicios secretos. Todo está podrido. -Entonces, y aunque su libro es de 2006, ¿todavía cree que estamos atravesando la oscuridad? -Está más oscuro que en 2006, en lo que se refiere a mi país, ya es de noche, completamente... Segundo corte.

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-Te estaba diciendo que me parece que la situación empeoró en el sentido de que ese libro, lamentablemente, ya fue superado por los acontecimientos. Lo que ha pasado últimamente es mucho más grave de lo que yo preveía. Por ejemplo: se ha descubierto que el estado italiano hizo acuerdos con la mafia hace algunos años y eso se había mantenido oculto. Esto lo ha revelado Massimo Ciancimino (hijo de un alcalde mafioso de Palermo). Y algunos políticos se vieron obligados a admitirlo. Se descubre que el senador Marcello Dell’Utri, fundador del partido Forza Italia y gran amigo de Berlusconi, es condenado en segunda apelación por asociación externa a la mafia, en suma, por colaboración externa de asociaciones mafiosas. Se descubren lazos entre las asociaciones criminales y la política que dan terror. El clima es de una especie de cacería de personas, la agresión es muy fuerte, hay muchachos que fueron enviados a la cárcel y que después murieron... No se entiende bien cómo ni siquiera se llega a hacer una investigación. Y se descubre que la cúpula de la policía ordenó el asalto durante el G8 de Génova en 2001 cuando hubo chicos que fueron torturados: todos los acusados fueron condenados por el tribunal a penas muy altas y de todos modos el gobierno de Berlusconi le confirmó su confianza. O sea que el clima se ha deteriorado de una forma espantosa. Por desgracia, mi libro, debo confesar, no es actual. La realidad me superó. -¿Y entonces cuál es la situación de los jóvenes? ¿Tienen una idea del futuro en este contexto? -Ah, no lo sé. Se lo estás preguntando a una persona vieja y no tengo idea del futuro. Imaginémonos los jóvenes, pobrecitos. Tienen que estar muy perdidos en una situación de este tipo. Hay una gran desorientación entre ellos, entre otras cosas porque no tienen puntos de referencia. Y además, si pensamos que Italia que tiene a Berlusconi desde hace 16 años... Ellos no han conocido otra Italia que la de Berlusconi, con sus valores, que son el dinero, las mujeres, las putas, los autos de lujo, las mujeres estúpidas… Tercer corte... Tabucchi deja el teléfono fijo por el celular. Ah, se pierde la línea… ¿Escuchaste lo que dije? -Repítamelo, por favor. -Estos jóvenes eran bebés cuando llegó Berlusconi. ¿Y cómo decirlo? Los ideales culturales que aportó Berlusconi, son los del dinero, de las putas. Esas son las imágenes que Berlusconi dio a los jóvenes italianos. Los que no fueron al exterior, que no conocieron otros países que no tienen posibilidad de lectura piensan que el mundo es eso. -¿Pero hay un interés por saber lo que pasa fuera de Italia? En la cultura por ejemplo. -Es que todavía hay muchas fronteras. En sentido cultural. Hay que saber hablar idiomas. Quizá los jóvenes privilegiados sí puedan hacerlo, los estudiantes universitarios. Y ésa no es la gran masa... -Entonces, fuera de Italia, ¿usted cree que líderes como Obama tienen capacidad para cambiar el modelo cultural económico, hacerlo más humano? -Mira, yo observo una cosa. Esta Europa en la que vivo es muy hostil con Obama. Esta Europa amaba mucho a George Bush, a José María Aznar, a Silvio Berlusconi, a Tony Blair... Cuarto corte... -Pareciera que hay gente que no está muy contenta con esta conversación... -¿Con esta conversación? Sí, quédate tranquilo, son los servicios de inteligencia. Nos están interrumpiendo constantemente. Te estaba diciendo que esta Europa en la que me encuentro todavía es la de antes. Está igual. Cambió Estados Unidos, pero Europa

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sigue siendo la misma. Yo estoy encontrando una gran hostilidad con respecto a la política de Obama. Esta sigue siendo la Europa que amaba a Bush. Tony Blair no está más pero quedó su influencia; Berlusconi todavía está; Aznar no está más pero hay una fuerte herencia en España; a Europa no le gusta Obama, es muy hostil con él, se percibe. Ninguno de ellos fue a Washington a hacer una visita. Además, esta Europa está defendiendo los grandes intereses económicos de los bancos y de las altas finanzas. O sea que la política económica de Obama es contraria a la Europa actual. Además, la administración Obama ve con malos ojos que Italia, y Francia tengan relaciones comerciales y militares con Libia y Gadafi. En 2007, Sarkozy fue el primer… Quinto corte. Tabucchi retoma la comunicación por el teléfono fijo. -En 2007, Francia con Sarkozy fue el primer país europeo que recibió a Gadafi. Ahora están expulsando a los gitanos, pero la carpa de Gadafi fue levantada en los jardines de los Campos Elíseos. O sea que hay nómades y nómades para Sarkozy porque esa carpa del coronel Gadafi no tenía los objetos pobres de las carpas de los gitanos, tenía miles de millones. Para darte una idea, Francia con Sarkozy facturó 10.000 millones de euros con el coronel Gadafi al venderle 14 o quizá más aviones de caza Rafale, cerca de 20 helicópteros de combate y dos reactores nucleares oficialmente para hacer desalinización. Pero nunca se sabe qué uso pueden llegar a tener esos reactores nucleares. Estos intercambios de armas, no creo que le agraden mucho a la administración Obama. A su vez, Italia firmó un tratado de amistad con Gadafi por el cual se establecen relaciones privilegiadas en lo que se refiere a la provisión de gas y petróleo. A cambio, Gadafi organizó campos de, cómo decirlo, accoglienza entre comillas, para los ciudadanos que huyen de Eritrea y Etiopía donde hay un dictador. Eritrea es un país muy amigo de Gadafi, sus ciudadanos, en esta situación, tendrían derecho a tener asilo político en Europa. Ellos llegan a las costas de Libia y Gadafi los manda a los campos. Son campos de concentración, esencialmente. Libia, nunca firmó el Acuerdo de Ginebra para los refugiados pero está creando una serie de campos para refugiados y rechaza la visita de los observadores de la ONU porque no quiere injerencias internas. En suma, la situación me parece en el límite de lo soportable. -También hace hincapié en las discusiones sobre el franquismo que se debaten en España. ¿Por qué cree que hoy se vuelve a discutir el franquismo? -Más que nada, se encuentran cadáveres. Cerca de Burgos, hace poco, encontraron una nueva fosa común, España verá qué hacer en este momento. He visto que lamentablemente y gracias a una ley extraña, Baltasar Garzón, un gran fiscal de la república, fue obligado a callar. Por lo tanto, evidentemente ya es muy difícil trabajar sobe la memoria. Desde el punto de vista histórico, incluso si las familias de las víctimas reclaman saber la verdad. -¿Usted cree que se puede revisar el pasado, pensar el futuro o que solamente se puede vivir el presente? -El presente como entidad temporal sin el futuro, y sobre todo, sin el pasado, no existe porque mientras estamos hablando el tiempo pasa. No existe el instante inmóvil, o sea que vivir el presente no tiene ningún significado. El presente existe si se inserta entre el pasado y el futuro. El tiempo es una trinidad y por ende un mundo que vive sólo el instante fugaz del presente es un mundo peligroso, muy peligroso. -¿Cuál es el valor de la verdad para los pueblos y para los gobernantes? ¿Es un valor importante, en este momento, la verdad? -No lo sé. Quizá sea una imagen que pueden poner en sus billetes de banco. La verdad para los gobernantes son los billetes de banco. -Y entonces, ¿podemos pensar que la TV construye una verdad, la verdad de la gente?

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-La TV construye lo que le parece. Lo que quiere la TV, es lo que construye. En Italia construye mierda, si puedo usar una palabra explícita... -La televisión colabora con la producción del pensamiento lapalissiano... (concepto que significa explicar lo obvio como extraordinario) -En este momento los medios, la televisión, suministran tan pocas noticias, que una cosa evidente se torna misteriosa. Ya no se sabe si el agua está húmeda, en suma. Hace falta un consejo de ministros para establecerlo. -En esta situación mundial de la que estamos hablando, ¿cuál es para usted el lugar de América Latina? -Eso es algo que saben ustedes mejor que yo. Hay tendencias populistas que asustan en algunos países de América Latina. El populismo es una tentación a la que América Latina siempre cedió un poco, digamos. Y al mismo tiempo, hay rebrotes de la derecha en otros países, en suma. Al mismo tiempo creo entender que hay grandes cambios en grandes países como Brasil, etcétera. Pero habrá que esperar. América Latina depende mucho, y siempre dependió de lo que es la política europea y la política estadounidense. Siempre hay una interdependencia. Pero todo es muy extraño en este momento. Es difícil evaluarlo. Si Lula va a visitar a Ahmadinejad a Irán es porque va a hacer negocios y va con la misma desenvoltura con la que iría un dirigente no democrático. El mundo de hoy, en este momento histórico, depende mucho del dinero. Quizá nunca ha sido tan fuerte la influencia del dinero sobre las conciencias, sobre las morales, sobre la política, sobre todo. Hoy es el momento del dinero. Más que nunca. -Usted escribió que la primera vez que a Europa la llamaron vieja fue en 1909. Entonces, ¿Europa es vieja? -Hoy está más vieja que nunca. La veo realmente vieja. -Pero entonces, ¿dónde está lo nuevo? -Es difícil saberlo. Yo creo que es viejo el hecho de que periódicamente Europa deja aflorar un microbio, que evidentemente forma parte de Europa porque lo inventamos nosotros, que se llama fascismo. Está adormecido unos años y luego vuelve a aflorar. Y cuando aflora, todo huele a una vejez espantosa. Y en este momento –cuando hablo de fascismo, hablo de una manera muy simplificadora. Pero hay nuevamente vientos racistas, se vuelve a ver en los gitanos el peligro de la sociedad, después se pasará a los judíos, después a los árabes, después a los homosexuales, después a los intelectuales, después a los disidentes políticos. Es una vieja historia. Pasó hace nada más que 60 años, ¿ya lo olvidaron? ¿Se olvidaron de que en Auschwitz quemaron por lo menos a 500.000 gitanos? Deberían tratar de resolver sus problemas. No son tantos, es un pequeño pueblo. Pobrecitos: son feos, sucios y malos como la película de Ettore Scola. Pero ellos no son el peligro del mundo. Al contrario, merecen el respeto aunque sea por el hecho de haberlos quemado. Y en cambio, de nuevo, en Francia, en Italia, el peligro máximo para estos países son los gitanos. Pero, francamente… No nos parece que sea vieja esa historia.

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2) Reflexione sobre el significado de la siguiente fotografía de un afiche de Western Union que se puede observar en nuestra zona y su vinculación con la realidad de los flujos humanos.

Lea la reseña del libro de Samuel Huntington “Quiénes somos” y reflexione argumentando con los conceptos abordados en el curso sobre los dichos de este polémico catedrático norteamericano.

¿Quiénes somos? Los desafíos a la identidad estadounidense
Samuel P. Huntington
Tan a menudo se confunden globalización y americanización, que puede resultar sorprendente la inquietud de un intelectual estadounidense ante la amenaza que para la identidad nacional de su país supone la creciente movilidad internacional de las personas y de las culturas.

Este es, sin embargo, el caso de Samuel Huntington, quien en su nuevo libro se suma al amplio coro de quienes se sienten preocupados por el aparente declive de la lealtad al Estado nacional. La tesis básica de su libro es que estamos viviendo, a nivel mundial, una crisis de las identidades nacionales y que en el caso concreto de los Estados Unidos esa crisis afecta a los fundamentos de la nación. La identidad estadounidense estaría en crisis debido a la confluencia de cuatro factores: la desaparición de la amenaza que para su seguridad nacional representaba la Unión Soviética; el auge de las ideologías multiculturalistas, que minan la legitimidad de la identidad cultural común; el impacto de la tercera gran oleada migratoria, que comenzó a llegar en los años 60 y, a diferencia de las anteriores, no era básicamente europea,

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sino latinoamericana y asiática, y mantiene un mucho mayor contacto con sus países de origen; y finalmente el hecho de que casi la mitad de los inmigrantes de esta tercera oleada hablan una misma lengua, el español, lo que plantea la posibilidad de que los EE.UU. lleguen a ser bilingües. Algunos de los argumentos de Huntington, como los referentes a los peligros del bilingöismo, resultan polémicos, pero el tono del libro no lo es. No estamos ante una elegía por la pérdida de los valores nacionales, ni ante una diatriba contra quienes los amenazan, sino ante un sólido y muy documentado análisis de las tendencias sociales que, en las últimas décadas, han puesto en cuestión los principios y los mecanismos a través de los cuales sucesivas generaciones de inmigrantes se han integrado en la sociedad estadounidense, para formar un solo pueblo. La finura con la que analiza los procesos sociales hace que su libro resulte fascinante, incluso si no se comparten los planteamientos de su autor. Debido al papel que los Estados Unidos desempeñan en el mundo, es importante comprender cómo se está transformando la sociedad norteamericana, pero la mayor parte de las tendencias que Huntington describe se perciben también en muchos otros países. El declive de la identificación exclusiva de los ciudadanos con el Estado nacional, bajo la doble influencia del auge del cosmopolitismo y de las identidades locales, o la llegada masiva de una población inmigrante cuya integración en una identidad común en un par de generaciones dista de estar garantizada, son fenómenos visibles en otras lugares y particularmente en España. El argumento básico de Huntington se pude resumir en la contraposición de dos metáforas. Los Estados Unidos no serían, como a menudo se dice, un crisol en el que se han fundido distintas identidades culturales para formar una nueva. Se parecen más a una sopa de tomate, en la que las aportaciones culturales de las oleadas de inmigrantes representan las nuevas especies que sazonan de manera distinta un plato cuyo elemento esencial no cambia. Los valores básicos del credo americano siguen siendo los del siglo XVIII y están anclados en la identidad cultural anglosajona y protestante de los primeros colonos. Subraya en especial Huntington los fuertes lazos que en Estados Unidos, a diferencia de buena parte de Europa, existen entre las creencias religiosas y los principios liberales y democráticos, debido al papel que en su nacimiento jugó el protestantismo disidente, muy difundido entre los primeros colonos. En ese sentido, el origen de los EE.UU. estaría en la revolución puritana inglesa del siglo XVII, antes que en la Ilustración del siglo XVIII. El credo americano, basado en la libertad, la igualdad, el individualismo, la ética del trabajo y el moralismo, tendría sus raíces en el protestantismo disidente, cuyos valores habrían sido asimilado por otras comunidades religiosas, como el catolicismo, a medida que estas se americanizaban. Si el origen de la identidad cultural estadounidense está en el XVIII, el desarrollo del sentimiento nacional fue más tardío. La edad de oro del nacionalismo fue el siglo comprendido entre la guerra de Secesión y los años 60 del siglo pasado. Desde entonces, según Huntington, se ha venido debilitando, más en las élites que en el conjunto de la población. Luego el 11-S ha provocado una fuerte reacción patriótica, cuyas consecuencias no se pueden todavía evaluar, aunque da la sensación de que el autor cree que Bin Laden le ha devuelto a USA lo que Gorbachov le quitó, es decir, un enemigo común que sirva de aglutinante del patriotismo. Por otra parte se ha producido en Estados Unidos un renacimiento de la religiosidad, impulsado sobre todo por el protestantismo evangélico, que ha adquirido una considerable influencia en el seno del Partido Republicano. Ello forma parte de un retorno a los valores religiosos que es visible en muchas partes del mundo, y la religiosidad, observa Huntington, va a menudo asociada al patriotismo. Es una observación importante, que en Europa tendemos a olvidar, aunque a su vez Huntington enfatiza demasiado la excepcionalidad europea. En realidad la cultura

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china, cuya identidad diferenciada no parece estar en peligro, tiene un componente religioso incluso menor que la actual cultura europea. Para un lector español lo más polémico del libro es la preocupación de Huntington por la inmigración hispana, mexicana fundamentalmente, que lejos de integrarse en la sopa americana pretendería crear unos Estados Unidos bilingöes. Alude con ello a un fenómeno de gran relevancia en el mundo actual, el de las diásporas, es decir las comunidades nacionales residentes en distintos Estados pero que mantienen una lealtad fundamental a su patria de origen. Esto puede parecer inquietante o esperanzador, en la medida en que puede contribuir a un mundo más integrado, pero lo indudable es que se trata de un fenómeno de gran relevancia, que el autor analiza con precisión. En definitiva, estamos ante un libro importante, que nos llega en una traducción impecable. Paradójicamente, la calidad de la traducción, que facilita la comprensión de los argumentos de su autor, los debilita en un punto: quizá la lengua española pueda ser un medio tan adecuado como la inglesa para expresar el gran credo americano. Pero, cualquiera que sea la evolución futura de las identidades nacionales, parece difícil pensar que la globalización no vaya a privarlas de la exclusividad que tuvieron en los siglos XIX y XX. Aunque a un observador tan inteligente como Huntington le pese. El choque de civilizaciones La tesis del choque de civilizaciones es la idea fundamental del pensamiento de Samuel P. Huntington, quien la expresó por primera vez en un artículo publicado en la revista norteamericana Foreign Affairs, y enseguida en el libro El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial. Huntington sostiene que, como factor impulsor del desarrollo histórico, el conflicto de civilizaciones ha sustituido a la lucha de clases. Aunque la tesis de Huntington fue formulada antes de los atentados del 11-S, después de ese día adquirió una difusión mucho mayor, y casi adquirió carácter de profecía con la declaración de una nueva cruzada por parte de Bush contra el “Eje del mal”. Huntington coincide con los análisis de Spengler en La decadencia de Occidente y con Toynbee acerca de los ciclos históricos civilizatorios. Huntington se remonta al origen de las civilizaciones históricas para llegar a la conclusión de que la civilización occidental está perdiendo peso demográfico y poderío económico y militar. Huntington sostiene también que el gran desarrollo económico actual de China la convertirá en el principal rival de Estados Unidos. Los hispanos en cifras Los hispanos son la primera minoría de EE. UU., con 38’8 millones de personas (frente a, por ejemplo, los 36 millones de origen africano) y su crecimiento es cuatro veces más acelerado que el promedio nacional. Más de once millones de hispanos llegaron a Estados Unidos durante la década de los 90. La Oficina de Censos estima que actualmente el flujo está en torno al millón y medio de entradas al año. El 64% de los inmigrantes latinos en EE. UU. es de origen mexicano. Las siguientes comunidades más importantes son la puertorriqueña (mayoritaria en Nueva York) y la cubana (la más importante de Florida). Los ángeles es la ciudad con más inmigrantes latinos de Estados Unidos: 6’1 millones. California es el estado con mayor población de origen hispano: 9 millones, el 28% de la población total. La población de origen hispano supera el millón de habitantes en las ciudades de Los ángeles, Nueva York, Miami, San Francisco, Chicago y Houston.

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Según un estudio del Tomás Rivera Policy Institute, la clase media latinoamericana en EE. UU. ha crecido en los últimos años un 80%, tres veces más que el conjunto de los blancos no hispanos. Un 20% de los latinos nacidos en EE. UU. accede a estudios universitarios. Hay 16’7 millones de adultos nacidos en América Latina y que actualmente residen en EE. UU. Contribuyen a la economía estadounidense con 450.000 millones de dólares anuales, a menudo ocupando empleos rechazados por la población nativa. El Fondo Multilateral de Inversiones del BID (Banco Interamericano de Desarrollo) estima que durante 2004 los latinoamericanos residentes en EE. UU. enviarán 30.000 millones de dólares a sus países de origen. El poder adquisitivo de los hispanos se estima en 580.000 millones de dólares. n La inmigración hispana está ayudando a compensar el éxodo interno. El año pasado, 83.000 personas abandonaron Los ángeles con destino a otras ciudades de Estados Unidos, lo que se vio compensado por la llegada de 118.000 nuevos inmigrantes.

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3) Lea la siguiente noticia y reflexione sobre el fenómeno de la reducción de costos en la economía del nuevo siglo en base al hecho que describe. No se trata de resumir la noticia sino de reflexionar sobre ella aportando factores teóricos desarrollados en el curso.

La mano de obra barata podría dejar a Italia sin su automotriz emblemática
Publicado el 14 de Noviembre de 2010

El CEO de la compañía amenaza con llevar todos los negocios más allá de las fronteras para sacar provecho de los beneficios fiscales que otorgan otros países europeos y asiáticos. Los sindicatos y el gobierno lo tratan de ingrato. “A la Fiat le iría mejor si redujera su presencia en Italia.” Sergio Marchionne arremetió con todo contra el territorio donde nació y creció la empresa que hoy dirige. Y lanzó una alarma que sonó a amenaza: a las empresas les resulta cada vez más rentable producir en los países de Europa del Este. La cuestión de la competitividad disparada por el CEO de la automotriz en el programa político Che Tempo Che Fa (Qué clima hace), transmitido por el canal público Rai 3, abre escenarios aun más oscuros para los trabajadores italianos. La apertura de la Unión Europea hacia los países de la ex Unión Soviética fomenta por ejemplo la deslocalización de las empresas, tentadas a emigrar hacia zonas en donde se trabaja en condiciones de semiexplotación o se incentiva la inversión extranjera. Fiat ya desembarcó en China, Polonia y Turquía, entre otros. Y su nuevo objetivo es trasladar parte de la modesta producción que aún reside en Italia a Serbia. Un trabajador de la Fiat en Italia gana un sueldo básico de 980 euros por mes y trabaja 8 horas diarias, cinco días por semana, en turnos de 6 a 14 o de 14 a 22. Si elige sacrificar el sueño y trabajar de noche, esta cifra oscila entre los 1300 y los 1400 euros. En Belgrado, la capital de Serbia, donde Marchionne amenaza trasladar lo poco que queda de Fiat en Italia, un trabajador apenas alcanza los 450 euros. En Kragujevac –ex capital del país– la Fiat ya absorbió a 1000 obreros de una vieja productora de armas fundada en 1853 y adquirida por el grupo turinés en 2008 para la fabricación de autos, y llegará en pocos meses a contar con 2400. De los diferentes modelos Fiat, el famoso Panda se produce enteramente en Polonia. El Idea se hace en Italia y en Brasil para el mercado sudamericano. El flamante 500 también se hace en Polonia, pero los tentáculos de la Fiat llegaron, además, a Turquía, India y China, donde desembarcó precozmente en 1986 a través de 16 sociedades que emplean a 8000 personas. Marchionne –que asumió el timón de la empresa en junio de 2004 en plena crisis de la industria automotriz e hizo resurgir de entre sus cenizas a la marca– aseguró que “ni siquiera un euro de los 2000 millones de beneficio operativo previsto para 2010” proviene de Italia. Además, agregó que Fiat –el grupo italiano con mayor número de trabajadores, casi 191 mil, de los cuales 110 mil trabajan fuera de la península– no se puede dar el lujo de “seguir administrando sus fábricas en pérdida para siempre”. Según un dossier de diario La Repubblica, en los cinco establecimientos italianos de Fiat (Melfi, Lingotto, Pomigliano d’Arco, Mirafiori y Cassino) se realizan, en la actualidad, 650 mil autos por año con 22.080 trabajadores. Así, la producción media por año de un obrero italiano es de 29,4 autos. En Polonia, en cambio, donde se realiza el Panda, el 500 y el Y, existe mayor productividad por trabajador: cada uno de los 6100 obreros produce 100 autos por año. Es decir, casi cuatro veces lo que

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produce un lavoratore de la península. También en Brasil, con 77,6 autos por trabajador, se produce más del doble que en Italia. En resumen: 22 mil obreros italianos, divididos en cinco fábricas, producen en un año 650 mil autos. Mientras que 6100 obreros de una única factoría en Polonia producen 610 mil máquinas. Marchionne fue rápidamente etiquetado por el gobierno, la oposición y, sobre todo, por los sindicatos, como un ingrato. Las críticas subrayan que la empresa de Turín – propiedad de la familia Agnelli, y que mantiene una alianza global con la estadounidense Chrysler– vivió y gozó de beneficios estatales por décadas (según Il Messaggero de Roma, en los últimos 30 años Fiat recibió 7600 millones de euros de las arcas del Estado) y hoy le da vuelta la cara a un país que invirtió en su futuro y luchó contra los continuos fantasmas de quiebra. Pero el CEO tuvo pronta respuesta frente a la marea de críticas: “No quiero que nos digan gracias, pero no quiero tampoco que nos acusen de haber recibido ayuda del Estado: los incentivos son dinero que va a los consumidores.” Además, recordó que, en términos internacionales, Italia “está en el lugar 118 sobre 139 por eficacia en el trabajo, y en el lugar 48 por competitividad de su sistema industrial (muy por detrás de Francia, que está en el 15º y de Alemania en el quinto). El nuestro es un sistema que perdió competividad año tras año, no es culpa de los trabajadores.”. El fenómeno de la deslocalización no es nuevo y no se circunscribe a la realidad italiana. En Europa hay muchísimos casos similares de empresas que trasladan su producción atraídas por diversos factores: los bajos costos del trabajo, la estabilidad política, las leyes convenientes para la inversión extranjera, la falta de normas que protegen el medio ambiente, los bajos impuestos, y las condiciones de trabajo más flexibles (menos seguridad, jornadas laborales más largas e intensas, ausencia de sindicatos). Cada compañía, en la búsqueda por maximizar sus ganancias, persigue estos “elementos” en una proporción distinta, pero todos estos factores pesan cuando un fabricante debe decidir dónde producir. La migración de una empresa no produce sólo consecuencias negativas en el país de origen. El aumento de la desocupación en el país “madre” se traduce en la creación de empleo de baja calidad en el país que recibe a la empresa, generando un efecto dominó que hace que las demás compañías, en ambos puntos de la cadena, flexibilicen las condiciones laborales para poder competir con los bajos precios derivados de condiciones de semiexplotación. Según un estudio de la consultora A. T. Kearney, algunos países son más “tentadores” que otros a la hora de decidir el destino de una inversión. El ránking revela que, en el top 3 de los países más redituables, están India, China y Malasia. En el puesto 12 está Brasil y en el 27 la Argentina, ambos por detrás de Chile, el primer país sudamericano de la lista que está octavo. Polonia está en el 38 e Italia ni siquiera aparece entre las 50 naciones en las que es más conveniente asentar una compañía si se quiere ganar mucho invirtiendo poco. El dirigente número uno de la multinacional –que según La Repubblica gana 400 veces más que un obrero de su fábrica– es protagonista de una pulseada a todo o nada con los sindicatos por la flexibilización de las condiciones de trabajo en dos de sus fábricas de Nápoles. Y las últimas declaraciones del CEO no hicieron más que alimentar el clima de tensión con los sindicatos, que hace varios meses denuncian el interés de Fiat por deslocalizar su producción en busca de mano de obra más barata. A contrapelo de las reacciones de los italianos, el diario El país de España festejó el nuevo “estilo Thatcher” resucitado por el CEO de Fiat. Para el diario madrileño, la forma en que Marchionne maneja a los sindicatos “recuerda a las batallas de Margaret Thatcher en el Reino Unido durante los ‘80”. Y su planteamiento de “dejarse de

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tonterías está funcionando. En unos meses consiguió más flexibilidad laboral de la que ha logrado obtener Italia”. La fábrica de Pomigliano es el escenario de mayor conflicto. Cuatro de los cinco sindicatos de la fábrica ya “compraron” las promesas de Marchionne de crear empleo y firmaron un acuerdo de productividad. Pero el principal sindicato del país, la FIOM, que representa al resto de los trabajadores, resiste y se niega a aceptar la enésima arremetida contra los derechos de los obreros que pusieron los primeros ladrillos de una fábrica ícono del made in Italy. Sin embargo, una de las principales razones de la mudanza a Serbia (uno de los países candidatos a formar parte de la UE), no es tanto el bajo costo salarial sino los incentivos a la inversión extranjera previstos por el gobierno del país balcánico: eximición de impuestos por diez años, 10 mil euros por cada obrero contratado en blanco, y el pago por parte del Estado de hasta el 40% del salario de un obrero para que sea regularmente contratado. Difícil resistir a los cantos de sirena del este, dice Marchionne cuando se refiere al “problema de competitividad”. Para el diario oficialista Il Giornale, el problema planteado por el CEO de la principal automotriz italiana no hace más que reafirmar que el verdadero “enemigo” de un trabajador italiano no es el patrón sino el trabajador polaco. Un falso dilema si se considera que, como reconoció el propio Marchionne, el costo del trabajo incide sólo un 8% en el costo final de la producción.

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4) A partir de la lectura de la entrevista a Michel Maffesoli reflexione sobre las particularidades del tiempo posmoderno en relación a los conceptos abordados por el filósofo. (no resumir la entrevista)

Michel Maffesoli: "El futuro ya no moviliza energías"
Para el sociólogo francés Michel Maffesoli posmodernidad es el nombre "provisorio" que se le da a esta época en la que no se piensa en mañana y sólo se trata de vivir intensamente el presente. En América Latina y en Extremo Oriente, afirma, se desarrollan los laboratorios de la creatividad. Por Héctor Pavón Para el sociólogo francés Michel Maffesoli posmodernidad es el nombre "provisorio" que se le da a esta época en la que no se piensa en mañana y sólo se trata de vivir intensamente el presente. En América Latina y en Extremo Oriente, afirma, se desarrollan los laboratorios de la creatividad. Michel Maffesoli vive sólo el presente. "Creo que no existe una cosa llamada futuro", dice en esta charla ocurrida en un hotel boutique de Buenos Aires pleno de objetos envejecidos y futuristas que contradicen la identificación temporal de este profesor de sociología de la Sorbona. Vino a Buenos Aires a dictar un seminario en el Doctorado en Ciencias Sociales de la FLACSO, invitado por Fundación Osde y a presentar su último libro El Reencantamiento del mundo (Dedalus editores) en la Alianza Francesa de Buenos Aires. Viaja con frecuencia a Sudamérica y a Oriente donde detectó los "laboratorios de la posmodernidad" distinguibles por el culto a la creatividad. En los años ochenta Maffesoli teorizó sobre las tribus urbanas y desde entonces su apellido va enlazado a cuanto agrupamiento juvenil ocurra en cualquier lugar del mundo. Da lo mismo si se trata de Tokio, Nueva York, Barcelona o Buenos Aires, las conductas tribales se repiten y hallan ecos a un lado y otro del mundo. "Nuestras sociedades van a ser en cierto modo una especie de mosaico de esas tribus y cada uno va a participar en varias de ellas. En función de mi gusto sexual, musical o religioso, voy a estar hoy acá, mañana en otra tribu", define antes de volcarse a reflexionar sobre el contexto en que este fenómeno se desarrolla. Por eso, comienza esta entrevista bautizando y caracterizando la era en la que vivimos. -En Europa la intelligentsia política, periodística y universitaria continúa hablando de modernidad para describir el período en el que vivimos. Soy de los que creen que estamos en la posmodernidad dado que tenemos toda una serie de valores que ya no son los que imperaron durante la modernidad. Pero el problema es que siempre hay un desfasaje entre lo que se vive y lo que se piensa y lo que se nombra. Hay que tener en cuenta que el nombre mismo de modernidad apareció recién en 1848: fue Charles Baudelaire justamente quien lo utilizó para nombrar lo que estaba ocurriendo. Hasta entonces, solamente se hablaba de posmedievalismo: lo que venía después de la Edad Media. Y no es sino hasta la mitad del siglo XIX que va a empezar a hablarse de modernidad para nombrar lo que se vivía. Creo que estamos más o menos en la misma situación. Es falso hablar de modernidad. Lo único que tenemos es el término posmodernidad para decir lo que está en juego. Y recién más adelante -tal vez en 2050 o lo que fuere-, se podrá encontrar el término que caracterice lo que vivimos ahora. Quiere decir que posmodernidad es un término provisorio para decir que hemos superado la modernidad. -¿Qué características encuentra en la posmodernidad que la diferencian de la modernidad?

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-Hay tres grandes valores modernos: el trabajo -que se convierte en el imperativo esencial, aquello a través de lo cual hay una realización de cada individuo. Segundo, la razón como único elemento que caracteriza tanto al individuo como a la sociedad. Y tercero, el futuro: la fe en el porvenir. Tenemos ahí, los pivotes modernos que luego se encontrarán en la educación, en lo social, en la economía, como lo mostró Michel Foucault, en todas las instituciones que se elaboran en el siglo XIX. Este es el aspecto de la sociedad oficiosa, identificable en las generaciones jóvenes que ya no se reconocen en la sociedad oficial. Ahora bien, esa sociedad oficiosa, que yo llamo posmodernidad ya no gira en torno del trabajo sino de la creación: hacer de la propia vida una obra de arte, poner el acento en lo cualitativo de la existencia, la dimensión un poco hedonista. En segundo lugar, ya no la razón como simple vector por el cual uno se piensa a sí mismo y la sociedad también, sino la imaginación, lo imaginario y en tercer lugar, el presente dado que en términos de temporalidad ya no se vive más el futuro, el carpe diem, diría incluso: presente-ísmo. Eso es, dicho de una manera muy simple: lo que se abandona -trabajo razón futuro- que es oficial, en las instituciones oficiales. Y después, el gran elemento de la posmodernidad con su dimensión, una vez más, de creación, de imaginación, de presente, que sería un poco la napa freática de la sociedad actualmente. -Una vez dijo que América Latina era el laboratorio de la posmodernidad, ¿por qué lo cree? -Decía que Europa había sido el laboratorio de la modernidad porque justamente se había puesto el acento en esos valores que acabo de señalar. Lo que me impresiona de América Latina y de Extremo Oriente -Japón, Corea- es que ahí es donde la imaginación es importante, es ahí donde, en el fondo, se da no sólo el trabajo sino la creación. No simplemente el futuro, sino el presente. Y también en América Latina es donde se están elaborando -mucho más que en Europa- estos nuevos valores. Por eso hablo del laboratorio de la posmodernidad. El problema es -lo veo en Brasil adonde voy a menudo- que los intelectuales están muy marcados por los esquemas europeos: demasiado marxistas, demasiado estructuralistas. Transplantan a la realidad latinoamericana realidades de pensamiento que habían sido elaborados en Europa o en América del Norte. Desgraciadamente la intelligentsia sigue determinada por los modelos estadounidenses y europeos. -Entonces, ¿podemos pensar en el futuro? ¿Existe el futuro? -Creo que no. Efectivamente, se puede caracterizar, comprender bien una civilización, una época, en función del elemento temporal en el que esa época pone el acento. Hay grandes épocas -la Edad Media, por ejemplo- donde lo que se llamaban las grandes sociedades tradicionales tomaban el pasado como elemento temporal. Hay otros grandes momentos culturales para los cuales lo importante es el futuro. La modernidad es eso, proyectar: los mañanas que cantan, la sociedad perfecta, el mito del progreso. El progresismo del siglo XIX es un buen ejemplo de esa proyección de la energía hacia el futuro. Y luego hay otras grandes civilizaciones para las cuales lo que importa es el presente. Aclaro que eso ha hecho una civilización como el Renacimiento, el Quattrocento en Italia, lo que se llama ese tiempo que fue el siglo III o IV de la era cristiana, lo que se conoce como la decadencia romana, de hecho, en ese período se elaboraban cantidades de cosas, pero lo importante era el presente. Y en mi opinión, entramos en otro de esos grandes lapsos de presente-ísmo. Es interesante ver volver esa idea hedonista, esa idea de carpe diem. O sea que, desde esta perspectiva, lo que está en gestación actualmente, la gran tendencia, está focalizada en el presente; la idea misma de futuro ya no moviliza las energías. Un ejemplo: veo en Europa, y en Francia en particular, respecto de la gente de mi generación, una desafección con respecto a lo político. Lo político no funciona más. Ni izquierda ni derecha. Yo digo "lo" político porque lo propio de lo político es proyectivo, está orientado hacia el futuro. Y

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estas jóvenes generaciones no adhieren, no se identifican más con los grandes valores futuristas. Se concentran en el presente. -¿Y cuáles son las consecuencias para una sociedad cuando no piensa en el futuro? -Justamente que no podemos imaginar que el futuro no sea el valor oficial, que no sea la temporalidad oficial porque toda nuestra concepción de la sociedad, de las instituciones se hizo en proyección hacia la búsqueda de la perfección futura. Hubo otros períodos históricos en los cuales la energía -lo digo de una manera un poco más sofisticada- no estaba tendida hacia afuera -extensiva- sino que tendía hacia adentro intensiva. Es la intensidad del instante. Entonces ya no se busca la eternidad en el paraíso celestial, en el paraíso terrestre sino que se buscará la eternidad en el buen momento, la buena ocasión, la oportunidad -lo que vivo en el presente, comiendo, bebiendo, bailando- es el carpe diem. En esta joven generación me sorprende esa especie de intensidad del momento. No tiene ganas de hacer proyectos de vida, proyectos políticos, económicos -pero incluso proyectos de vida. Hay circunstancias en que la civilización se proyecta; hay otras ocasiones en que la civilización vira al presente. La temporalidad de la posmodernidad es el presente. -Ha dicho que en Francia los jóvenes no adhieren a la izquierda ni a la derecha, ¿tampoco simpatizan con otras expresiones políticas? ¿Son apolíticos? -En primer lugar, hay que señalar que la separación izquierda derecha ya no es muy pertinente. En los sesenta se podía reconocer de inmediato cuando alguien hablaba si era de izquierda o de derecha. Ahora, en las mismas personas, hay un poco de izquierda, de derecha, de ecología. En segundo lugar, lo político está saturado en las generaciones nuevas. Ya no existe ese compromiso político para la realización de una sociedad futura -sea revolucionaria, conservadora o reformista. Todavía hay jóvenes que entran en los partidos políticos, pero es una minoría pequeña. Eso no quiere decir que no haya regularmente formas de rebeldía, de rebelión, pero son explosiones espontáneas que van a surgir en un momento dado sin que se inscriban en un programa. Son más bien explosiones de humor: antiglobalistas, ecologistas, contra la cumbre del G-20, contra la cumbre del G-8. A veces muy violentas, brutales, sangrientas, pero que no se inscriben en una perspectiva política. Hay rebelión, hay revuelta, pero no es programada ni programática. -Como las revueltas en la periferia de París... -Por ejemplo. Hasta los partidos políticos les tienen miedo a esas rebeliones. Aun los de izquierda. Incluso hay obreros -no jóvenes- que para defender el trabajo en una fábrica emprenden acciones muy violentas: amenazan con hacer volar la planta o cosas por el estilo. La lógica sindical es huelga, negociación, pero estas expresiones señaladas son muy fuertes y violentas.
Revista Ñ, 26 de septiembre de 2009

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5) A partir de la lectura de las noticias referidas al proyecto para prohibir la construcción de Barrios Cerrados en la ciudad de Rosario, realice usted una reflexión sobre la existencia de estos núcleos habitacionales en nuestras ciudades y establezca el vínculo existente entre los conceptos abordados durante el curso y la norma que se propone.

Suma respaldos un proyecto para frenar los barrios privados
La iniciativa “Ya basta!”, impulsada por el Grupo Giros, establece la necesidad de “preservar la poca tierra urbanizable que queda en Rosario” antes de que sea apropiada por los “especuladores”. El texto ingresará al Concejo para su debate y parece haber consenso para su aprobación

La concepción de la tierra y la disputa por su control tiene raíces históricas y políticas profundas. Rosario, como ciudad que crece hacia su periferia, debe plantearse con urgencia de quiénes serán y para qué las hectáreas sin construir que quedan dentro del ejido urbano, antes de que los capitales concentrados se anticipen y tornen estéril ese debate. Ese es el eje del proyecto que presentará el Grupo Giros, con el apoyo de legisladores y organizaciones sociales, esta semana en el Concejo. Frenar el avance de los barrios privados es una de las polémicas consignas que integran el “Ya Basta!”, como se denomina la iniciativa que este miércoles se hará oficial y el jueves ingresará al Palacio Vasallo para su posterior estudio en comisión. En el Palacio Vasallo la iniciativa parece tener camino asfaltado. En diálogo con el programa Diez puntos, de radio 2, dos concejales de distinto signo político, la socialista Mariana Alonso y el peronista Fernando Rosúa, anticiparon su respaldo. Igual, Alonso aclaró que puede haber modificaciones, ya que la decisión del grupo Giros es convocar a audiencias públicas para escuchar a todos los sectores involucrados. Alonso y Rosúa coincidieron en que la poca superficie urbanizable en Rosario debe ser aprovechada para que los ectores mdios y bajos accedan a la vivienda, no los altos; y en que la Municipalidad tiene la potestad de regular el uso del suelo. Planteo simple El planteo de los jóvenes de Giros, que realizan su militancia social y política en los barrios de zona noroeste, donde la acción de los empresarios inmobiliarios avanzó con más fuerza incluso con "desalojos silenciosos", es simple: las pocas zonas verdes donde los rosarinos podrían vivir en un futuro son compradas por un mismo grupo económico, que después construye barrios privados para una población selecta. Según un relevamiento hecho en base a datos oficiales, la gran mayoría de esas hectáreas rurales las posee un misma asociación, que representa el 9 por ciento del territorio de la ciudad. La iniciativa recuerda que unas 40 mil familias tienen problemas de vivienda y plantea: “El monopolio concentra el total de su superficie en la zona

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norte y oeste. La única definida para expansión residencial. No hace falta ser experto en la materia para darse cuenta que en esta ciudad, la tierra se agota y no hay lugar para todos”. La comparación entre el modelo "country" y el que plantea el dossier de presentación de la "ciudad futura" es gráfico. En un barrio privado de la ciudad de 25 hectáreas viven 100 familias. Con el modelo social y productivo que propone Giros, unas 600 familias aprovecharían esa misma porción de tierra. No más especulación “La ordenanza del Ya Basta! que prohibe, de aca en más, la construcción de barrios privados pretende ser el primer paso hacia la redistribución de la tierra en Rosario. Si bien la ordenanza sola no garantiza el acceso al suelo, pone un punto final al modelo de especulación y desalienta futuras apropiaciones”, señala el texto. El proyecto aclara que no persigue como primer objetivo tomar un porcentaje del presupuesto para comenzar el cambio sino tomar “la oportunidad política de intervenir en una disputa desigual entre grandes monopolios y vecinos sin ningún otro recurso que el deseo de vivir dignamente en el lugar que cuidan hace años”. Estado bobo Hay un segundo punto clave en el proyecto de ordenanza. El gobierno provincial anunció nuevas obras que harán de las zonas inundables, posibles lugares habitables. Se trata del desvío directo del canal Ibarlucea al Paraná, sobre calle Grandoli, y del desvío directo del Ludueña al Paraná, calle Sorrento. Pero ese beneficio será apropiado por los titulares de las tierras en cuestión. “Este segundo elemento es el que dispara la urgencia en el tratamiento de la ordenanza del Ya Basta!. Si el estado no interviene con medidas concretas que van desde expropiaciones hasta ordenanzas estaremos ante una trasferencia de fondos públicos a intereses privados jamás vista en la ciudad. De los 79 millones, 32 millones irán directamente hacia los monopolios”, aseguraron. “Prohibir los barrios privados es una oportunidad de poner en tensión una idea de seguridad, una idea de “elección de vida”, una salida individual a un problema colectivo. Poner en tensión la intervención, o no, del estado en esta problemática, y las consecuencias de una u otra posibilidad”.

"Los barrios cerrados exacerban la delincuencia"
“Algo negativo de los barrios cerrados es que en nombre de protegerse de la delincuencia, quienes habitan allí la exacerban y tienden a introducir patrones de segregación y de racismo”. Contundente, el titular de la cátedra de planeamiento de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Alfredo Garay, se metió de lleno en la polémica sobre el proyecto que prohíbe autorizar más countries en Rosario. El académico participó ayer del Congreso Internacional de Urbanismo que finaliza hoy en el Centro Cultural Parque de España. Garay es profesor de planeamiento de la UBA y fue titular de Vivienda de la provincia de Buenos Aires y secretario de Planeamiento de Capital Federal. Actualmente es directivo de la Corporación Antiguo Puerto Madero y consultor del Banco Interamericano de Desarrollo del programa de Naciones Unidas (PNUD) y del Instituto Lincoln, entre otros. Ha participado en reconversiones urbanas de varias ciudades latinoamericanas. —¿Comulga con la filosofía de los barrios cerrados? ¿Los prohibiría? —No hay que actuar en situaciones extremas. Hay muchos municipios que prefieren no estimular y en algunos casos impedir los countries por las consecuencias que

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traen. En provincia de Buenos Aires (la que tiene más barrios cerrados del país) se discutió mucho la dimensión de cada uno. Ahora la norma dice que no pueden ser superiores a las cuatro hectáreas de superficie cuando hay algunos de más de 100 hectáreas que constituyen verdaderas interrupciones en la trama del tejido urbano. Además, generan en sus perímetros y paredes zonas peligrosas que no contribuyen a la ciudad. Aspiro a que la densidad poblacional con un promedio ideal sea de 250 habitantes por hectárea, lo que permite contar con mayor vida urbana y más eficiencia en los servicios (transporte, recolección de residuos, alumbrado). También uno prefiere ciudades con edificios que tengan locales comerciales sobre la calle, porque es allí donde se plantea el lugar de convivencia, donde se desarrolla una centralidad. En cambio lo más disputado en un barrio cerrado son los codos del lote donde la gente no transite y esto va generando aislamiento. En lugar de encontrarse en la plaza, la escuela o los espacios en común y públicos, quienes habitan estas comunidades andan en una cápsula que es el auto y se desplazan de un espacio cerrado a otro. Así, lo público se reduce a lo que se ve en televisión. —Este fenómeno de los barrios cerrados, ¿no es producto de la brecha social que se genera entre sectores ricos y poblaciones de escasos recursos? —La heterogeneidad y la mixidad de actores hace a una ciudad más interesante. Si tomamos el ejemplo de Los Angeles (California, Estados Unidos) vemos que son el paradigma de esta forma de urbanidad violenta, racista, donde las etnias no se mezclan. Acá es natural que un hijo de italianos se case con una hija de españoles y se fundan en una cultura con los mismos orígenes. En estas ciudades de barrios cerrados prolifera la segmentación. Los hijos de los barrios cerrados van a la primaria todos juntos, después se les abre la perspectiva cuando viajan en colectivo a la secundaria (lejos de su casa) donde conocen otros chicos y descubren que son inteligentes y les plantean otros temas, los enriquecen y los cuestionan. Pero en muchos casos todo vuelve a diluirse cuando vuelven a estructurar su familia y esta brecha surge nuevamente. El modelo de ciudad debe ser con una sociedad que estimule el intercambio y no el aislamiento. —En el Concejo de Rosario hay un proyecto de una ONG (Giros) que plantea la prohibición de más barrios cerrados, ¿que le parece? —Es una discusión política y está bien que sea así. Si la mayoría de los rosarinos acepta que en su sociedad haya algunos que quieran aislarse, la respuestas no es técnica sino política. Los barrios cerrados tienen un montón de consecuencias negativas, en nombre de protegerse de la delincuencia la exacerban y tienden a introducir patrones de segregación y de racismo en la convivencia con la ciudad. Como tendencia en la sociedad hay que procurar ser una sociedad democrática, no segmentada. Por eso insisto que el debate es claramente político.

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