ENTREVISTA

Sir Fazle Hasan Abed, mejor emprendedor social del mundo 2009

“La pobreza es mental cuando se espera que el Estado o una ONG solucionen todos los problemas”
Bengalí y fundador y presidente del directorio de BRAC, la organización sin fines de lucro más grande del mundo, con sede en Dhaka, fue declarado en 2009 como el Mejor Emprendedor Social del Mundo por el Foro Mundial de Emprendimiento. Su misión es luchar contra la pobreza, a través de una oferta integral que incluye microcréditos, banca comercial, industria, educación, salud y servicios básicos. Fazle Hasan Abed ha recibido un sinnúmero de reconocimientos internacionales por sus logros y contribuciones al desarrollo, entre ellas, la de caballero del Imperio británico. Aquí sus reflexiones.
POR ALBERTINA NAVAS DESDE DHAKA (BANGLADESH) Sir Fazle Hasan Abed es una celebridad en Bangladesh. Todos lo conocen, respetan y admiran. Lidera BRAC, la organización sin fines de lucro, catalogada como la empresa social más grande del mundo y una de las más poderosas en su categoría, según la revista FOREIGN POLICY y la cadena televisiva CNN. No es para menos: BRAC cuenta con más de 100.000 empleados, tiene 2.600 oficinas de campo y sus programas de desarrollo atienden a más 110 millones de personas en nueve países asiáticos y africanos. Abed decidió fundar esta organización en 1972, luego de años en Europa, tras cursar estudios de contabilidad en Glasgow (Reino Unido) y ocupar una posición como ejecutivo principal en la multinacional Shell. Al inicio, enfocó BRAC a la recuperación de Bangladesh, tras la guerra de independencia contra Pakistán. Desde 1974 amplió y reorientó las funciones de BRAC hacia un trabajo sistemático con los más pobres, en especial, con las mujeres. A partir de entonces, la organización ha diversificado sus programas y servicios sociales. Hoy brinda opciones de microcréditos y se ha introducido en seis sectores: avicultura, piscicultura, ganadería, agricultura, silvicultura (explotación de bosques) y sericultura (explotación de la seda). Gestiona también un banco comercial, una fábrica de productos lácteos y varias tiendas de artesanías. Los réditos de estas empresas le han permitido ofrecer servicios sanitarios básicos, abrir centros educativos e incluso promocionar viviendas a precios asequibles. Por ello, BRAC es considerado uno de los mayores empleadores de Bangladesh. Abed es el bengalí con mayor número de galardones internacionales por sus logros en el proceso de mitigación de la pobreza. Uno de los más recientes fue el de Mejor Emprendedor Social del Mundo 2009, otorgado por el Foro Mundial de Emprendimiento.

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Algunos de los principales reconocimientos que ha recibido son el Premio David Rockefeller al Liderazgo (2008), Premio Clinton al Ciudadano Global (2007), Premio Fundación Palli Karma por una vida de logros en el desarrollo social y mitigación de la pobreza (2007), Premio Gates a la Salud Global (2004), Premio Mahbub ul Haq del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo por una Sobresaliente Contribución al Desarrollo Humano, Premio Schwab al Emprendimiento Social (2002) y Premio Maurice Pate de Unicef (1992), entre otros. Pese a su apretada agenda y abultada carga de trabajo, Abed —quien recibió el título nobiliario de sir de la casa real inglesa— abrió un espacio para compartir personalmente con GESTIÓN algunas de sus reflexiones sobre la pobreza y el trabajo de BRAC. Así mira este emprendedor sus 40 años de labor en Bangladesh, uno de los países más densamente poblados del mundo, donde 35% de su población de 160 millones de habitantes está bajo la línea de pobreza.
Sir Fazle Hasan Abed

—Al visitar las zonas rurales en Bangladesh, resulta inevitable constatar que las realidades de la pobreza distan mucho en Asia y América Latina. ¿Se puede hablar de un concepto general de pobreza? —Sí hay un concepto general, dividido en dos niveles: uno es el de quienes reciben menos de $ 1,25 por día, que es considerado pobreza extrema, y otro nivel ligeramente superior, referente a quienes reciben hasta $ 2 diarios; todo esto en términos de paridad de poder adquisitivo. Quien cumple con este criterio es considerado pobre en cualquier parte del mundo. Sin embargo, cada país aplica sus propias mediciones para determinar dónde está su línea de pobreza. En Bangladesh, por ejemplo, se considera pobre a todo aquel cuya ingesta esté por debajo de las 2.200 calorías diarias. Sin embargo, la pobreza no es solo falta de comida, sino también ingresos bajos, analfabetismo, falta de vivienda… Pero la principal carencia es la falta de poder, entendido como acceso a oportunidades. Esa es la peor condición porque ahí es cuando la gente no puede ayudarse ni a sí misma. —En este contexto, hay muchas organizaciones que tratan de aportar a la lucha contra la pobreza con modelos sin fines de lucro y también rentistas. ¿Cuál es la visión de BRAC respecto de la búsqueda del lucro como parte de este proceso social?

BRAC cuenta con un monto de desembolso acumulado de $ 7.548 millones en los últimos 30 años, con una tasa de repago de 99,4%. Este dinero ha beneficiado a más de 6 millones de personas. Con una campaña contra la diarrea en las zonas rurales de Bangladesh, BRAC aportó en las tres últimas décadas en la reducción de 25% a 7% de la mortalidad infantil de los niños menores de 5 años.
—BRAC es una organización sin fines de lucro enfocada en la mitigación de la pobreza. No obstante, creo que son necesarias actividades en los dos frentes. En el área comercial, es decir, con fines de lucro, tenemos banca y crédito para pequeñas y medianas empresas. Esto permite crear trabajo, dinamizar la economía y dar la oportunidad de que la gente mejore sus ingresos y, en consecuencia, eleve su nivel de vida. Las actividades sin fines de lucro, en cambio, buscan la satisfacción de necesidades básicas en las áreas de salud, educación, etc. —Usted utilizó el término mitigación, no erradicación de la pobreza. ¿Cree que es posible un mundo sin pobreza?
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—Creo que sí es posible un mundo sin pobreza, pero ninguna sociedad lo ha logrado aún, ni siquiera los países más ricos. En EEUU, por ejemplo, 20% de la población no tiene seguro médico. Por eso digo que no estamos tomando acciones para erradicar completamente la pobreza: eso tomaría tiempo y es imposible en el corto plazo, porque no se pueden resolver todos los problemas de una vez. Solo podemos ayudar a mejorar el nivel de vida. La mitigación de la pobreza es ayudar a la gente a acceder a aquellas oportunidades de las que están privados como consecuencia de su pobreza. —Otra frase clave que usted mencionó es que el poder está en las oportunidades. ¿Hasta qué punto el empoderamiento ayuda a que estos programas resulten exitosos? —Es esencial que los pobres sean los protagonistas de su propio cambio de condición. Las personas deben querer salir de la pobreza, no esperar pasivamente que un tercero venga a ayudarles; eso haría que la pobreza se mantenga en sus mentes porque los condenaría a depender, ya sea del Gobierno o de una ONG. Las personas deben participar en su propio proceso de desarrollo y no quedarse con esa pobreza mental. —¿Es este empoderamiento lo que marca la diferencia entre ayuda para el desarrollo y caridad? —Exactamente. Nosotros no damos ninguna caridad. No creo en dar dinero a la gente para que se alimente y no haga nada más. Estamos haciendo que la gente se involucre y sean ellos quienes gestionen y sean los protagonistas de su propio desarrollo. —¿Cómo gestionar el propio desarrollo cuando lo urgente se superpone a lo importante y no es posible un balance en el corto plazo? —La respuesta a la pregunta de dónde está el balance entre lo urgente y lo importante depende de la clase de sociedad en que estemos. Por ejemplo, BRAC ofrece servicios básicos en áreas donde el Gobierno no llega. Detectamos estas carencias y planificamos

Las 18 promesas de BRAC
La organización definió 18 orientaciones básicas que todos los miembros y beneficiarios deben comprometerse a adoptar para mejorar sus vidas: • No participaremos en ninguna mala práctica ni en una injusticia. • Trabajaremos duro para traer prosperidad a nuestra familia. • Enviaremos a todos nuestros hijos a la escuela. • Adoptaremos opciones de planificación familiar y no tendremos familias numerosas. • Nos mantendremos siempre limpios nosotros mismos y a nuestra casa. • Estaremos siempre dispuestos a ayudar a otros. • Siempre beberemos agua limpia. • Mantendremos nuestra comida tapada y nos lavaremos las manos y la cara antes de comer. • Construiremos letrinas en nuestras casas y las usaremos solo para la defecación. • Cultivaremos vegetales y plantaremos árboles alrededor de nuestra casa. • Combatiremos la poligamia y la injusticia contra la mujer. • Seremos leales con nuestra organización y respetaremos sus reglas y regulaciones. • Nunca firmaremos nada sin primero entender bien de qué se trata. • Asistiremos a nuestras reuniones semanales puntualmente. • Acataremos las decisiones que se tomen en grupo durante nuestras reuniones. • Depositaremos nuestro ahorro semanal regularmente. • Una vez que hayamos recibido un crédito, haremos lo posible por pagar a tiempo. • Trataremos en igualdad de condiciones a nuestros niños y niñas para que tengan las mismas oportunidades.

programas en ese sentido. Por eso, nuestros programas no siempre serán los mismos, dependerán de lo que requiera la sociedad. —Pero la provisión de servicios básicos es un rol que debiera asumir el Estado. Si BRAC se adjudica esta tarea, ¿no estaría subsidiando una responsabilidad que el Gobierno está dejando de cumplir? —No, porque no estamos haciendo un trabajo con el fin de que el Gobierno deje de hacer su parte, sino para ampliar la cobertura disponible. Por ejemplo, en educación primaria, la idea es que si el Gobierno tiene recursos solo para llegar a algunos niños y BRAC aporta llegando a los niños que faltan, finalmente todos los niños en Bangladesh podrían recibir educación primaria. No decimos: “No lo hagas tú porque lo voy a hacer yo”. Por el contrario, nuestra visión es: “Hagámoslo los dos para que haya más gente beneficiada”. —Entonces, ¿cómo se establecen prioridades entre los programas? —Nuestros principales objetivos ahora son reducir la mortalidad en neonatos y en madres, pues estas son las metas en las que estamos rezagados de

acuerdo a los Objetivos de Desarrollo del Milenio, establecidos por las Naciones Unidas. —Enfoquémonos ahora en los programas de microfinanzas de BRAC. ¿Hay alguna evidencia del impacto que ha tenido este sistema en el desarrollo económico de Bangladesh? —Llevamos más de 30 años en esto y nos hemos dado cuenta de que un crédito no cambia nada. El impacto se empieza a sentir desde el tercer o cuarto crédito, es decir, en un período no menor a tres años. Seamos realistas: un solo crédito no puede cambiar la vida de nadie.

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—¿Cuál es el modelo de negocios de su sistema de microfinanzas? —Nosotros no tomamos ni un centavo del fondo para microcrédito. Si hay un superávit, se reinvierte. Empezamos con esto hace 30 años con $ 30 millones, de donantes. En los años posteriores, los donantes contribuyeron con $ 30 millones más. En tres décadas, esos $ 60 millones se transformaron en $ 200 millones que, más los $ 300 millones de ahorros de los beneficiarios, se transformaron en un portafolio de $ 500 millones. —Hay dos conceptos interesantes que son clave en el sistema de microcrédito: se otorgan solo a mujeres y el ahorro es obligatorio. ¿Por qué? —Con la experiencia hemos confirmado que, cuando se presta dinero a las mujeres, ellas suelen distribuirlo así: un tercio para sus esposos y/o hijos, un tercio para el trabajo y un tercio para ellas mismas. Por esto, dar dinero a las mujeres es la mejor manera de garantizar que el dinero tenga una distribución más equitativa. Además, las mujeres son más disciplinadas, no lo van a malgastar y, por lo general, pagan puntualmente. Por eso, este empoderamiento es una forma de luchar contra la desigualdad en el estatus de hombres y mujeres, pues ellas toman el control de parte del presupuesto doméstico y su rol en la familia se vuelve más activo, ya que incide en el futuro de todos. —¿Y por qué los ahorros son un requisito? —Los ahorros son importantes por dos causas, primero porque posiciona el concepto de ver hacia el futuro. Esto es muy importante en un proceso de desarrollo para la mitigación de la pobreza, porque esa planificación devuelve la confianza de que sí hay una esperanza de cambio y una posibilidad de un

El fondo para microcrédito bordeó los$ 500 millones en 2010, un tercio provino de donantes. En 30 años BRAC bajó su dependencia de los donantes de 100% a 30%.

mejor futuro. Un segundo concepto importante es que la gente sepa que debe tener un respaldo para las épocas de vacas flacas. —Últimamente se han multiplicado en Bangladesh las organizaciones que ofrecen microcréditos a los pobres. ¿Esto les beneficia a los pobres o esta competencia está canibalizando el mercado? —Siempre es mejor tener acceso a más dinero. El riesgo es que algunas personas pueden empezar a pedir aquí y allá y eventualmente llegarían a sobreendeudarse. No es bueno para los pobres tener más deudas de las que pueden afrontar. —¿El concepto de microfinanzas para BRAC se aplica de la misma manera en todos sus países de operación solo con ajustes en los montos? —Microfinanzas se puede hacer en cualquier país. El problema de muchas sociedades es que los pobres no tienen acceso a dinero. Con un crédito, es más fácil que hagan algo que contribuya al proceso de salir de la pobreza, pero hay que mirar también a las próximas generaciones. Al pensar en ellas es que, más allá del dinero, hay que brindar opciones de educación y salud. De lo contrario, serán pobres siempre. —Veo que BRAC conecta, además, a los beneficiarios de todos sus programas. Por ejemplo, las mujeres que trabajan en la planta de semillas son también beneficiarias de los microcréditos… —Claro, así funciona mejor. Ellas reciben un crédito, se lo dan a sus esposos para que saquen adelante un pequeño negocio mientras ellas son productivas también en una de nuestras empresas sociales y así pueden enviar a sus hijos a una de nuestras escuelas gratuitas en zonas rurales. Así se cierra el círculo. —Pero los programas de educación y salud, por lo general, no generan ganancias, entonces, ¿cómo los sostienen? —Con donaciones de fundaciones y Gobiernos de países ricos. —BRAC opera exclusivamente en

Asia y África, ¿han pensado en expandirse a América Latina? —No, porque allá no son tan pobres como aquí. Solamente iremos a Haití, en el Caribe. Nuestro enfoque es llegar a los más pobres de los más pobres. —Quisiera finalizar con un par de preguntas personales. Usted vivía fuera de Bangladesh y tenía una buena posición. Sin embargo, luego de la guerra de Independencia decidió volver para aportar en la reconstrucción de su país, aunque hubiera sido más práctico y cómodo quedarse en Europa y seguir como un ejecutivo exitoso. ¿Por qué regresó? —Porque soy más ambicioso, prefiero hacer lo que me resulta más difícil. Sin duda, era más fácil quedarme fuera, pero no creí que fuera un sacrificio volver a Bangladesh y trabajar por el desarrollo. Si no lo hubiera hecho, no tendría la satisfacción que tengo ahora. —Viéndolo en perspectiva, ¿cree que su decisión valió la pena? —Si me hubiera quedado en Occidente, seguro tendría un mejor nivel de vida. Pero luego de 40 años de trabajo, la satisfacción de haber aportado en el desarrollo y en la lucha contra la pobreza es una gran satisfacción. Me gustaría que los jóvenes de hoy pensaran así. —Pero ahora muchos jóvenes identifican sus ambiciones con dinero… —¡Qué lástima! Esa nunca fue mi ambición. Hay ambiciones que van más allá de la comodidad y el éxito. Esas son las ambiciones profundas, las de asumir tareas más difíciles. —¿Considera que ya ha hecho suficiente? —No. Estoy satisfecho, pero hubiera querido ver más metas logradas. —¿Cómo quisiera que lo recuerden? —Más que a mí, quisiera que recuerden a BRAC como una institución que se dedicó 100% a trabajar por el desarrollo en Bangladesh y en otros países amigos y trató de contribuir seriamente en el proceso de mitigación de la pobreza.
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