Zapopan, Jalisco; a 17 de noviembre de 2012

Participación del Comité Salvabosque en el marco del Foro “La intensificación del despojo en Jalisco y México. A 20 años de la reforma al artículo 27 constitucional”.

En esta breve participación quisiéramos compartir cómo es que nosotros estamos viendo la situación de la devastación en la ciudad que es el espacio en el que a nosotros como colectivo nos ha tocado oponer resistencia al capitalismo, para luego hablar un poco del contexto problemático que enfrentamos junto con el bosque El Nixticuil, al norte de Zapopan. Es apenas un esfuerzo sencillo, una mirada general que seguramente no alcanza para reflejar la situación tan compleja de despojo en Guadalajara, pero que pretende sumarse a otras muchas miradas para que entre todxs seamos capaces de analizar y comprender el plan de muerte que desde arriba tienen para nosotros y nuestros territorios, tanto en el espacio urbano como en las comunidades y pueblos. Nos gustaría comenzar diciendo la relación que nosotros, desde nuestra sencilla experiencia de resistencia en defensa del bosque el Nixticuil encontramos entre el asunto de la reforma al artículo 27 constitucional que se ha venido comentando, y las estrategias de privatización, mercantilización y destrucción de los territorios comunitarios y espacios públicos en la ciudad. Por una parte, vemos que en el marco de las reformas neoliberales a finales de los años ochenta, se creó también la Ley General de Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente (LGEEPA) como un mecanismo del Estado para sentar las bases de la política ambiental del país, o sea, para imponer los límites legales o las formas en que ha de ser administrada la naturaleza; así que desde un principio estas leyes vinieron a perjudicar la conservación de la Madre Tierra, pues al proponerse “administrarla” de por sí se le comenzó a nombrar como si fuera una cosa que se puede comprar y vender; entonces este tipo de leyes han sido muy bien aprovechadas por los capitalistas, tanto que han llegado a nombrar sus prácticas destructivas como “capitalismo verde”, lo cual es una estrategia para enmascarar las formas tradicionales de explotación del capitalismo; con la idea de que se puede reformar al capitalismo, creando nuevas formas de nombrar para poder continuar despojando pero tratando de mostrarse menos agresivos y manteniendo su ganancia económica poniéndole precio a aquello que es de una importancia y un valor que no se puede medir. Por eso el capital y el Estado dicen que la madre tierra y todas las bondades que nos ofrece son “recursos naturales” que se pueden utilizar y aprovechar, como fuentes para obtener ganancias; lo que pasa luego es que la SEMARNAT, la PROFEPA o cualquier dirección de ecología municipal a través de su ley sustentable le ponen un precio a la destrucción y así los empresarios dicen que pueden pagar el daño que causan a la tierra (como si eso fuera posible), o sea que el poder económico se disfraza con una imagen de conservación, con el objetivo de controlar los tiempos y formas de su destrucción. Para nosotros estas son las formas de dominación sociales y de la naturaleza que el sistema político capitalista promueve y reproduce, y que se expresan en el despojo, la privatización y la depredación de la tierra con el objetivo de obtener la mayor ganancia económica posible. Antes de hablar de cómo vemos que esto se está manifestando en la ciudad, nos parece muy importante al menos hacer una mención breve de la situación de manera más amplia. Podríamos comenzar diciendo que en la actualidad el panorama del despojo es extenso y se ha complicado 1

aún más en los últimos años; por un lado hay una lista inagotable de formas distintas de la despojo capitalista, pero también es notorio que mucha gente está organizándose y resistiendo. Así, encontramos el registro casi diario de muchas formas de defensa y lucha contra proyectos de extracción como la minería, la usurpación de la tierra para la producción de monocultivos agrícolas; los que tienen que ver con el agua, como la contaminación de ríos y lagos, la sobreexplotación de la misma con el agotamiento de mantos acuíferos y manantiales, la construcción de represas, el despojo y privatización de las costas, bosques y selvas, y el crecimiento desmedido de las ciudades con los negocios inmobiliarios de urbanización salvaje. Estamos siendo testigos de cómo en los últimos años, el Capital y el Estado han intensificado el asedio a los territorios que históricamente han sido custodiados por los pueblos indígenas, violentando sus formas tradicionales de conservación y sus relaciones comunitarias ancestrales con la tierra. Ejemplo de ello son las comunidades indígenas Wixárikas, Nahua y Coca, que han desplegado arduas iniciativas de resistencia frente a los intentos de implementación de proyectos capitalistas en tierras comunales, ante los cuales el mal gobierno ha respondido con la imposición, la persecución, las desapariciones y el encarcelamiento. Algunos ejemplos de los que sucede en Guadalajara. Desde nuestro punto de vista, el grave problema de devastación social y ambiental que caracteriza a la zona metropolitana de Guadalajara, es parte de este contexto de despojo que ha causado la voracidad capitalista en Jalisco y el resto del país, y que los gobiernos han impuesto por medio de leyes y políticas públicas hechas a modo de los intereses de las empresas mutinacionales y de los poderes económicos locales. Así, actualmente la ciudad es escenario del despojo, saqueo y aniquilación de los ya contados sitios boscosos, de los parques, ríos y prácticamente cualquier sitio público que podemos encontrar en ellas. En este sentido es importante hacer mención de la situación en la que se encuentran los últimos bosques de la ciudad como La Primavera, El Nixticuil (nativos) y Los Colomos (inducido), los cuales están siendo amenazados por intereses del capital inmobiliario aun cuando su conservación es de gran importancia para la zona metropolitana de Guadalajara, como patrimonio cultural y geológico, y como generadores de oxigeno, captadores del agua de la que la ciudad se abastece y reguladores del clima. El gobierno de Calderón, en mayor medida que cualquier otro, reforzó al capital inmobiliario, regalando la mayor cantidad de financiamiento que nunca se les había dado a estos nuevos terratenientes1. Es en este sentido que los capitalistas continúan, con mas poder que antes, teniendo el control de la urbanización de las ciudades; como desde aquel tiempo en el que los blancos convirtieron al río San Juan de Dios en la barrera natural y simbólica de separación con las comunidades indígenas, y cuando siglos después fundaron la tradición en la ciudad de convertir a los ríos en vías de drenaje, destruyéndolas, despojando a la gente de ellas y dándoles un nuevo uso mercantil, reordenando en aquel caso como una gran avenida para el transito del capital, la calzada independencia. De manera reciente este acrecentamiento del poder de los capitalistas se ha visto reflejado en distintas formas y espacios; por ejemplo en el cambio de la lógica de expansión de la ciudad que antes caracterizaba a los fraccionamientos irregulares (como nos llaman los gobiernos) y con la
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“Sexenio de Calderón concluirá con 7 millones de créditos a la vivienda” en Milenio Jalisco, 1 de noviembre de 2012.

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que se crearon miles de barrios2 que fueron autoconstruidos por la gente durante décadas, en tierras que se compraban a los ejidos o que eran tomadas para ello; mientras que ahora los ejidos colindantes a la ciudad son comprados por las inmobiliarias y desmembradas las relaciones comunitarias y con la tierra; muestra de esto ha sido lo que ha ocurrido en el municipio de Tlajomulco donde durante la última década el proceso de despojo y reordenamiento capitalista se ha expresado de manera profunda y en distintas formas: casas en serie mal construidas, en terrenos que no son aptos para construcción obligando a la gente a vivir en condiciones indignas, personas engañadas por los empresarios, corredores industriales que destruyen el ambiente y ponen en riesgo a la población por empresas como Dupont, situación que continúa en los ejidos de Santa Cruz de las Flores y La Playa, asediados en estos días por los fraccionadores. Los nombres de las empresas despojadoras se repiten hoy en el acelerado crecimiento hacia el norte de Zapopan y se ven en los camellones de este municipio que fueron concesionados por el último alcalde priista a las inmobiliarias para que estas pudieran colocar su publicidad. Tal es el caso de la empresa GIG (propiedad del priísta Raymundo Gómez Flores) que desde Tlajomulco hasta Zapopan viene encabezando la embestida del despojo inmobiliario; o del avance progresivo sobre el bosque La Primavera en la zona del bajío, que detonó el empresario Jorge Vergara que se hizo pasar por ejidatario se san juan de Ocotán para asegurar la construcción de su estadio de futbol, junto con la construcción de la Villa Panamericana por el gobierno del Estado. Desde hace un par de años también quedo cercado por casas el manantial de Los Colomitos, y destruidas distintas zonas antiguas o tradicionales del centro de la ciudad, como el parque Morelos, donde originalmente se construirían las instalaciones de los juegos panamericanos. Todo en la lógica occidental de la “redensificación” de la ciudad, que los inversionistas y el Estado han comenzando a utilizar como una acción evidente del reordenamiento capitalista, de despojar y destruir, para después ordenar según el interés del poder. Otro ejemplo claro de la imposición de proyectos de desarrollo urbano que privilegian el interés económico antes que el respeto por los espacios naturales de la ciudad, es la construcción del llamado Macrolibramiento que, respaldado por la inversión capitalista de Carlos Slim3, se anuncia como la solución para el desahogo del tráfico vehicular en la ciudad (por el desvío de transporte de carga pesada), y cuya ruta está trazada sin contemplar el impacto destructivo que ocasionará tanto en el bosque La Primavera, como en una parte del Cerro Viejo ubicado en Tlajomulco y el de por sí asediado cerro boscoso El Papantón ubicado dentro del territorio del municipio de Juanacatlán y que el “Grupo ecologista El Roble” ha defendido desde hace más de 20 años. Con el río Santiago la situación es la misma, la cuenca convertida en drenaje por las empresas del corredor industrial de El Salto, ha experimentado las consecuencias reales de la externalización de costos, que ha significado que la contaminación la pague toda la gente. Las comunidades han sido despojadas del río y luchan con la muerte de forma cotidiana desde de El Salto, Juanacatlán, Puente Grande y Tololtlan hasta los pueblos de la barranca como Ixcatan, Huaxtla y San Isidro.

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Según cifras oficiales son 3 mil en todo el estado. Según la nota publicada en la página web http://eleconomista.com.mx/estados/2012/03/11/analizagrupo-carso-invertir-ciudad-creativa-digital , el empresario ha declarado que invertirá 6 millones de pesos en el macrolibramiento.

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*La defensa del bosque El Nixticuil A esta intensificación del despojo, desde este contexto y en la lógica del zapatismo, hay que entenderla como una guerra, la del capitalismo contra la humanidad, una nueva guerra de conquista sobre todos nuestros territorios que conservan bosques y agua, y son objetivo del capital; espacios que nos están siendo despojados y usados como mercancías por los capitalistas, como nuevos medios de acumulación. Es el caso del bosque El Nixticuil uno de los dos últimos bosques originarios que quedan en la ciudad, ubicado al norte de la zona metropolitana de Guadalajara, en el municipio de Zapopan. El bosque se extiende por más de 1,800 hectáreas de los cerros del Nixticuil y la Sierra de San Esteban y es un espacio natural que provee de agua a varias comunidades rurales y urbanas; además, es casa de cientos de especies animales y vegetales y alimenta el cauce del Río Blanco que aun riega parte de las últimas zonas agrícolas del municipio de Zapopan. Sin gobiernos ni partidos, y de forma horizontal, nuestra resistencia como colectivo ha enfrentado tanto la voracidad de las políticas públicas de desarrollo urbano como a los propios corporativos del capital inmobiliario aliados con las ong´s de académicos y personas serviles, que a cambio de financiamientos y puestos en el gobierno promueven el discurso del “capitalismo verde” y con ello la destrucción y privatización del bosque4. La respuesta del Estado ante la acción de denuncia y trabajo colectivo en nuestro barrio por la defensa del bosque, fue decretar una reserva ambiental en el 2007, un Área Natural Protegida (ANP) que aunque aparentemente según las leyes es un espacio que debe respetarse para garantizar su conservación, en nuestra experiencia, ese decreto sólo ha representado una más de las herramientas de control que los gobiernos emplean para clasificar el territorio según los “recursos” naturales disponibles para mercantilizar; pero además, para garantizar el acceso exclusivo de los empresarios a estos ya escasos lugares dentro del espacio urbano para que luego puedan comercializarlos, aunque para ello tengan que destruir y despojar a comunidades enteras. Por esto es que nosotros vimos que para realizar una defensa real del territorio, más allá de las exigencias legales, que hacemos, pero que muy escasas veces han surtido algún efecto de real protección para el bosque, tenemos que reapropiarnos del espacio de otra forma, ocuparlo, politizarlo. Así, por medio de la movilización comunitaria autónoma hemos logrado detener algunos proyectos del capital inmobiliario que han asediado al bosque a través del despojo legal que los poderosos hacen usando las legislaciones ambientales del Estado; otros sin embargo siguen amenazando. Desde el 2005 hasta hoy tenemos contabilizados y hemos denunciado al menos 10: siete son proyectos inmobiliarios; otro proyecto es un Parque de Investigación promovido por el Corporativo de la Universidad Autónoma de Guadalajara (Leaño) y los dos
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Como es el caso del Instituto de Derecho Ambiental (IDEA) y la Asociación Latinoamericana de Estudios Ambientales (ALICEA) a través de las cuales académicos como Gabriel Torres, Raquel Gutiérrez Nájera, Ofelia Pérez Peña y los hermanos Pedro y Miguel León Corrales que en un primer momento en apariencia participaron (con sueldo) en la defensa jurídica del bosque, terminarían pactando con el gobierno municipal trabajo en la creación del decreto del área natural protegida, y en el proyecto de ordenamiento territorial capitalista del territorio de Zapopan, garantizando que cientos de hectáreas del Nixticuil en las que se pretenden construir proyectos inmobiliarios no fueran consideradas dentro del decreto o fuesen clasificadas como áreas fuera de la zona núcleo, es decir susceptibles en algún grado de urbanización.

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proyectos restantes son del gobierno del Estado y el municipal respectivamente, y consisten en la ampliación de un tanque del SIAPA para el abastecimiento de agua a los fraccionamientos invasores del bosque y la ampliación de una avenida para dotarlos también de vialidades. De todos estos proyectos, los que actualmente están teniendo mayor impacto son el desarrollo inmobiliario “La Cima” de los García Arce, dueños del grupo refresquero AGA, y el fraccionamiento activo más grande de Jalisco “Mirasierra de Zapopan” que es promovido por los corporativos constructores Tierra y Armonía, Consorcio GIG, y las transnacionales Gómez Vázquez Aldana (GVA) conocida por privatizar playas en Latinoamérica a través de desarrollos turísticos, y Anida, la sección inmobiliaria del banco español BBVA. Me enfocaré en hablar sobre este último megafraccionamiento, al cual hemos estado denunciando en el último mes, por la enorme destrucción que causaría su construcción. Al conocer los alcances destructivos que Mirasierra traería sobre el bosque, nuestra indignación y rabia motivó que en el 2008 iniciáramos un proceso de resistencia en contra de este megaproyecto. Su construcción en una zona de mil hectáreas implicaría derribar al menos 25 mil árboles para dar paso a la construcción de 22 mil casas, campos de golf y centros comerciales; depositar las aguas negras de más de cien mil personas en el Río Blanco, agotar manantiales y mantos freáticos con la extracción anual de casi 4 millones de metros cúbicos de agua, provocar inundaciones a las comunidades aguas abajo y la muerte de los animales y plantas que habitan la zona. Pero además, la presión para construirlo ya se ha traducido en incendios forestales provocados (nuestra brigada comunitaria de combate a incendios ha registrado 21 en los últimos 8 años) en las zonas que pretenden urbanizarse, como una forma de represión y para acabar con la vegetación boscosa facilitando así los cambios de uso de suelo de forestal a urbano, la aprobación de permisos ambientales y de construcción. Se trata pues de una de las avanzadas del capital inmobiliario más grandes de la ciudad que dará continuidad a la expansión urbana sobre otros espacios naturales como los territorios de los pueblos de la Barranca del Río Santiago, un megaproyecto que implica que en 9 o 10 años sea destruido lo que la tierra formó en diez millones de años. En 2010 logramos detener momentáneamente el proyecto, pero hace más de un año los fraccionadores lo reactivaron y en las últimas semanas junto con la SEMARNAT lo aprobaron creyendo que nadie se enteraría de su negocio. SEMARNAT, PROFEPA y la Marina han encubierto la destrucción que causaría Mirasierra y los incendios que han sido provocados para destruir el bosque. Como hemos señalado, la expansión de la ciudad está hoy en manos del capital, así aun con la denuncia constante y la movilización social, este proyecto se sostiene en una amplia red de complicidades en la que hasta hoy se han visto involucrados los gobiernos municipales de Zapopan que, o bien son parte de los inversionistas del fraccionamiento (Juan Sánchez Aldana -PAN), o están ligados políticamente con el priísta Raymundo Gómez Flores dueño del Consorcio GIG. Junto a esto, el poder de los inmobiliarios ha bastado para que a través de su relación con Carlos Álvarez de Castillo se nos censure en el diario El Informador, donde dos notas periodísticas de denuncia fueron borradas. En la última semana, el gobierno municipal ha montado una maniobra de mal información difundiendo que hay reuniones con nosotros, lo cual es falso, y tiene el objetivo de neutralizar la

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campaña de denuncia que hemos estado realizando de forma autónoma desde hace casi un mes en los medios de comunicación, fingiendo que hay diálogo y ocultando el conflicto. El despojo y la agresión que implica construir estos proyectos inmobiliarios sobre el bosque y el valle de Tesistán, para nosotros es también un intento por destruir la identidad territorial y desarticular los procesos de decisión y acción colectiva en el espacio, por lo que, en la perspectiva que se ha planteado desde las comunidades indígenas zapatistas, pensamos pues que la destrucción, despojo y privatización capitalista puede resistirse solo desde la construcción de un proyecto de autonomía y autogestión en el que se ensayen nuevas formas de relaciones sociales y con el territorio comunitario, no autoritarias ni mercantiles. Desde nuestra posición, en este re-pensar la lucha por el territorio, la solución por tanto no ha de venir de arriba, en un sistema que impone la lógica de “desarrollo o muerte”; de arriba lo único que hemos recibido es despojo y desprecio, la muerte de nuestros ríos, represión, la destrucción y venta de nuestros bosques, desapariciones, la clasificación-reordenamiento de la tierra para su venta, compañeros amenazados, secuestrados y asesinados por el Estado. La lucha por la defensa de la tierra es contra el capital, contra la política profesional, electoral, la de la dominación, del capitalismo verde, va más allá del ambientalismo y los otros instrumentos que se han creado para administrarla, como el desarrollo sustentable. En este sentido vemos necesario politizar nuestra acciones cotidianas y establecer lazos de apoyo mutuo con otros colectivos, pueblos y comunidades, para resistir esta guerra de conquista; para que frente al despojo y la destrucción de nuestros territorios por el capital, los poderosos se topen con la indignación y la movilización de todos, cada quien en sus comunidades y barrios. Comité Salvabosque *en Defensa del Bosque El Nixticuil*

salvabosquetigre2@yahoo.com.mx comitesalvabosquetigre2.blogspot.mx/ www.facebook.com/Comite.Salvabosque.Tigre.II twitter.com/bosquenixticuil

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