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LOS MELLIZOS Y EL DISCURSO DEL AMO

POR CÉSAR DELGADO-GUEMBES (*)

1.- Los mellizos

2.- La fantasía, los discursos y la utopía

La Molina, 4 de Setiembre del 2002

(*)Profesor de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del
Perú
LOS MELLIZOS Y EL DISCURSO DEL AMO

« CORRUPCIÓN. Nombre genérico en política, con el que se designa
todo lo que se sale de las reglas establecidas. Cuando las costumbres
públicas se han corrompido hasta el extremo de que las leyes pierdan
su vigor; y la avaricia, la bajeza, la astucia sean respetadas; el desinterés,
la nobleza y la rectitud despreciadas, entonces la sociedad camina a su
disolución y está próxima a la tiranía, a la anarquía o a la conquista.
La corrupción de las costumbres ha precedido siempre a la caída de los
imperios; mas cuando esta corrupción no ha pasado de las altas clases,
se ha quedado dentro de los palacios, conservando el pueblo su sanidad,
entonces la corrupción de los gobiernos ha servido a la regeneración social:
un pueblo no se pierde por la corrupción de sus gobernantes, sino por su
propia corrupción »
Diccionario Republicano para el Pueblo, de Juan Espinosa, p. 255

« No hay documento de cultura que no lo sea simultáneamente de barbarie »
Walter Benjamin

« Es el Barrabás de la cruz, mientras a Cristo lo lloraban todas sus mujeres »
Abelardo Sanchez-León

Las revelaciones que se inician el 14 de Setiembre del 2000 exhiben la doble vida
del régimen de Fujimori. Su status adulterino. La evidencia e irrupción automática
de lo real. Y también las escaseces y limitaciones del Estado de Derecho. Un
Estado cuyos actos no dejaban de sustentarse en el derecho, y un Derecho que
aplicaba rigurosamente por las normas creadas por la autoridad elegida
directamente por el pueblo. Las consistencias e impecabilidad en la
argumentativa legal enmascaraban distintos niveles de ocultamiento y
tenebrosidad.

El Estado de Derecho era la trampa. La axiología e ideología liberal que lo
postulan como norma fueron expropiadas para servir intereses inexhibibles ante
la comunidad. Era parte de la maquinaria de simulaciones. Fue la base rigurosa
para sostener el poder. Un régimen de chacales tejió con él una red tarantulesca
en la que era regurgitada la oposición.

El discurso de la autoridad carecía de contenido unívoco. Tras el discurso de la
ciencia regía el discurso del amo. Era el discurso de la operatividad y de la
eficacia pragmática. El discurso compulsivo construido para asegurar resultados.
A partir del 14 de Setiembre del 2000 por primera vez puede encontrarse la clave
del desdoblamiento. Sólo desde entonces cabe el ajuste de cuentas con la
realidad del régimen. Enfrentar la evidencia maciza del primer video conmovió de
tal modo a la sociedad que afloró por primera vez el agnosticismo y de la
incredulidad de la vida política.
El ajuste de cuentas sirvió para mostrar la entraña del poder. No sólo del régimen
fujimontesinista. El pueblo entendió estar ante un fenómeno universal en el uso
del poder. No sólo ante una excepción. Vio ante sí la dinámica y la marca de un
rasgo esencial. Muchos dijeron, como me lo comunicó un taxista el 26 de Junio en
el trayecto a la Universidad, que «finalmente se conoce la verdad». No se referían
a la verdad de la conspiración dirigida por Montesinos y Fujimori. El pueblo quiso
ver la ontología del mal.

A los más perspicaces incluso los asaltó la radicalidad de una sospecha ingenua.
La posibilidad de que en la exposición descarnada del horror y la náusea de los
gobernantes y poderosos encontraban la familiaridad cotidiana de una epidemia
que no les era ajena. La epidemia nada fantástica de sus propias imposturas,
falsedades y la inautenticidad de sus dualidades individuales. La enfermedad
esencial del ser humano de no poder conseguir todo el tiempo el proyecto de su
propia autenticidad. El video Kouri-Montesinos les mostró el vértigo de su propio
tiempo. El síntoma de una modernidad apresurada, pragmática, utilitaria y
descreída.

Verse de pronto cara a cara en el espejo del paralelismo existencial tiene como
consecuencia la revelación de las precariedades de la representación misma. Y
por lo mismo la urgencia de bastarse y de prescindir de quien no tiene atributo
especial alguno que merezca que se le privilegie como representante. El
reconocimiento de que, a fin de cuentas, para constatar que los representantes
viven en una atmósfera tan enrarecida y viciosa como en la que cada quien está
sumergido, pues, en ese cada quien puede bastarse y los representantes sobran.
La vida política no entraña virtud sino el prosaismo propio de una naturaleza
esencialmente corrupta, en la que la representación no es otra cosa que un
mecanismo automático de reproducción de la misma naturaleza, del que es poco
lo que beneficia a cada individuo.

La condición electoral del sujeto está envilecida porque lo concibe como parte
insignificante de una maquinaria todopoderosa que lo sacrifica en el altar de una
representación tan supuesta como dudosa. La cadena significante en la que se
engancha el sujeto tiene un doble registro y un pacto. Sólo que el amo no dejó
que el elector lo sepa. El elector es un fusible que debe quemarse para que el
circuito prenda. Una vez en marcha el fusible quemado ya no cuenta y el circuito
no lo necesita. La suya fue una necesidad episódica y su condición la de un
objeto descartable. El Estado no le pertenece. Es un objeto apropiado por quienes
procuran, gestionan y consiguen la posición privilegiada de representantes. Pero
de representantes de sí mismos.

Es que descubrir la clandestinidad del poder opera como el percutor en el suicida.
La realidad le devuelve autenticidad al hombre. Lo redime. Le enseña que no está
solo en su disociación. Que todos están solos. Que no necesitan la farsa de la
representación para vivir la farsa de su propia presencia. La revelación de la
corrupción desmonta la trama, y muestra la vacuidad y las ausencias del discurso
político. Muestra cómo era esencialmente ilegítimo. Cómo para decir lo que
necesitan decir no era necesario que nadie lo diga por ellos. Es más: advierte que
lo que él tenía que decir no era dicho. Pero el video sí lo dijo. Y la verdad de la
pantalla lo ha redimido. Ya no es más herético declarar el fracaso del sistema
político. La representación es un mecanismo de cosificación de la sociedad. Para
sepultarla. Para consagrar la primacía del cadáver sobre la carne y los cuerpos
vivos. Exhibido el espejo en la pantalla, el reflejo recuperó su dimensión
bidimensional y suntuaria, inútil.

El círculo se ha cerrado. Es la lógica del discurso cínico. Finalmente es el
discurso narcisista, perverso y caprichoso del individualismo. La coherencia
maldita del proyecto moderno sobre la autonomía del individuo, y el carácter
mecánico de la física política. Eso es la teoría de la representación: una ficción.
Igual que el Estado. Pura representación de atributos e imputaciones abstractas;
mentales; incorpóreas y sin correlato en seres ni voluntades humanas.

El individuo finalmente ha llegado a comprender de manera trágica que el gato
encerrado era él mismo. Y que le corresponde a él mismo escapar de la despensa
antes que se caliente demasiado el horno. Comprende, luego de atravesar el
síntoma de los encuentros clandestinos y furtivos a sus espaldas advirtió, al fin, la
imposibilidad de su proyecto colectivo. Que el Gólgota no es un imperativo
categórico de su existencia. Que la sobrevivencia y validez social, lo críptico de
las ficciones y las enredadas representaciones legales, dependía de que él no se
diera cuenta que todo era simulacro. Que nunca estuviera en capacidad de
observar el núcleo prohibido del poder. Que nunca accediera al espectáculo del
goce psicótico de la corrupción. Que nunca estuviera en capacidad de ver en la
pantalla pública el reflejo de sus miserias privadas. Advirtió pues que la moralidad
de la vida pública había dependido de que permaneciera oculta la vida paralela y
clandestina de la usurpación de su poder y presencia política efectiva.

Advirtió de pronto que toda la socialidad de su existencia carecía de necesidad.
Que la sociedad era construida a partir de su propia performance. Que fue
convenida. Y que la convención no fue tan buena después de todo. Porque
simulaba un estado de civilización aparente, en el que tras las sofisticaciones del
Estado él quedaba a merced de la barbarie y de la jungla del absurdo. De la
arbitrariedad de quienes decían hablar con la voz y en nombre de la Ley, tan
ciega, neutral y objetiva, como objetiva es la ponzoña con la que congelan el
tejido social, neutral la fatalidad con la que hipnotizan las conciencias, y ciego el
escrúpulo con el que succionan la vida de las mentes críticas.

El individuo conoce el bien y el mal. Y cae en cuenta que él está más allá de la
convención que marca las diferencias. Y que o el poder es suyo, o no cabe
endosárselo a nadie. Y como la camarilla que se interesa en subsistir a costa de
la farsa no está dispuesta a compartir ni a debilitar el poder del que se ha
apropiado, todo el sistema colapsa. La vida política se anorexietiza. Acaba la
farmacéutica del proyecto moderno. La víctima se rebela contra el dios devorador.
Revelado su abandono efectivo y tramposo por el padre primordial el individuo
toma el poder que se le timó El individuo se encogerá de hombros. Y el mundo
político rodará al vacío de su propia existencia. Sin contar con criatura sísifica
alguna del Olimpo que reitere el rito. La roca quedará en la sima. Sin que nadie la
levante. No hay Sísifo, ni Olimpo, ni rito, ni Estado. El mito quedó descubierto en
su vacío. El símbolo se desvaneció. Y lo real se impondrá para siempre. El
hombre quedará solo y volverá al pánico, histeria, riesgos y amenazas propias de
su naturaleza. Pura presencia. Sin representación ni mandatos. Sin Orden y sin
Derecho.
1.- LOS MELLIZOS

EL NOMBRE-DEL-PADRE FUJIMORI, EL GOCE-DE-LA-MADRE MONTESINOS

Fujimori avant Montesinos

A pocos días de la primera revelación de las intimidades viscerales del régimen,
cuando Montesinos ya había fugado por primera vez del Perú, los medios
reportaban que el 93% de la población desaprobaba a Montesinos, que el 62%
seguía aprobando la gestión pública de Fujimori, y que el 80% estaba de acuerdo
con la voluntad de Fujimori de apartarse prematuramente del gobierno según el
anuncio del 15 de Setiembre (1). En explicable concordancia con tal tendencia,
Keiko Fujimori ese mismo día declaraba en entrevista televisiva que su padre no
había hecho caso a los rumores, que continuó confiando en Montesinos, y que
debía recordársele como una persona que luchó por la paz, que derrotó al
terrorismo, que salvó la economía nacional, y que al final conquistó la democracia
(2). Era la versión de que Fujimori estaba fuera de toda sospecha, y que
Montesinos era el agente satánico del poder, que había urdido una trama a
espaldas de Fujimori. La tesis era que Fujimori había resultado ser una persona
ingenua, poco perspicaz.

Un mes después, cuando era evidente que Keiko Fujimori había roto fuegos
contra Montesinos, declaró nuevamente sobre el asesor de su padre. Lo
responsabilizó primero de facilitar videos en los que aparecían algunos miembros
de su familia en tomas totalmente privadas algunas y hasta bochornosas otras (3).
Y lo responsabilizó además de las amenazas que recibía contra su seguridad.
Uno y otro hecho dejaban ver que no obstante haber fugado del país los hilos de
su trama seguían operativos. Estos hilos y trama eran los que habían conseguido
facilitar el acceso a un video de su familia, y además a recibir una amenaza
contra su integridad física (4).

Algunos meses después, casi apenas llegado al Perú Montesinos luego de su
captura del 24 de Junio del 2001, Keiko Fujimori fue nuevamente foco de su
atención. Montesinos la responsabilizó de haber sido ella quien proporcionó el
1
Ver el diario El Comercio, del 1 de Octubre del 2000, sección A, p. 1.
2
Entrevista de Mónica Delta en el programa Panorama de Panamericana Televisión, Canal
5, el domingo 1 de Octubre. El texto fue consignado igualmente en el diario La República del 2 de
Octubre, p. 6.
3
La alusión está referida a un video casero grabado por Kenji e Hiro Fujimori. Al comentar
dicho video La República decía que lo que resulta grotesco sonlas imágenes de la anciana madre
del ex presidente, Mitsue Fujimori, en tomas verdaderamente bochornosas para una mujer de su
edad; la manera cómo mataban el tiempo los hijos del fugado ex presidente y las escasas
condiciones artísiticas de la ex Primera Dama. Edición del 4 de Diciembre del 2000, p. 2
4
Ver la nota Ahora Keiko dice que está amenazada. Acusa a Vladimiro Montesinos de hacer
campaña sucia, que apareció en La República el 4 de Diciembre del 2000, p. 3
video Kouri a su madre, Susana Higushi, quien a su vez lo puso a disposición de
Fernando Olivera (5). Cabe la pregunta natural sobre la veracidad de la afirmación
de Montesinos, porque hay que considerar que la versión manejada hasta antes
de su declaración judicial era que quien obtuvo el video fue un oficial descontento
de la marina de guerra. La versión de Montesinos abre un nuevo frente
interpretativo que debe leerse en concordancia con el estilo y la finalidad general
de su discurso. Con tanta mayor razón cuanto que esta versión fue negada tanto
por Keiko Fujimori, como por Susana Higushi.

El discurso general de Montesinos es el de presentarse como la sombra o el
reverso de Alberto Fujimori, su mellizo. No tiene poder sin Fujimori. Fujimori es la
bisagra que lo conecta con la red del mundo oficial. Sin él el potencial de su
poder es inefectivo. Dentro de esta dinámica, vencido y capturado, Motesinos
necesita respaldar su defensa y activar mecanismos que muevan al propio
Fujimori a no desentenderse de él, a concebir su defensa de modo
mancomunado, a tenerlo como referente en la argumentación de su caso.
Coherentemente con este esquema opta por vincular a Keiko Fujimori. Keiko es el
nexo con el padre. Se convierte en la prenda visible y tangible; en la marca y la
señal del vínculo prohibido. Se configura una relación de chantaje, con secuestro
y prenda de rescate. El mensaje no debe leerse literalmente. El propósito de
Montesinos no es en realidad que se identifique a Keiko como la protagonista de
la entrega. Su finalidad es que se reconozca su poder sobre Fujimori a través de
su capacidad para construir un discurso en el que un familiar de Fujimori que le
es muy cercano resulta ser protagonista con posibilidades de convertirse en
víctima. El mensaje de Montesinos es que sigue teniendo poder sobre Fujimori,
una de cuyas expresiones es la salud o integridad física de Keiko Fujimori.

Sin embargo, la declaración sobre el compromiso de Keiko Fujimori en la entrega
del video no se agota allí. Tanto como le interesa a Montesinos resaltar su poder
sobre Fujimori, no le interesa menos destacar la presencia de quien deja de
mencionar. Nadie cobra más protagonismo con la declaración sobre la supuesta
participación de Keiko en su entrega, que el propio y efectivo responsable de la
misma. Otro mensaje cifrado. En esta ocasión la falta del discurso es más grande
y notable, porque él conocía bien que quien entregó el video al Frente
Independiente Moralizador fue el marino descontento, y no Keiko Fujimori. Dar un
nombre falso sirve para llamar la atención de sus interlocutores reales. La versión
que emite ante el juez y el fiscal le tienen menor cuidado que el mensaje que el
desliza para el universo que trasciende la investigación judicial. Percibe que su
defensa no proviene de lo que deje constancia en el expediente, sino del
movimiento que se genere al margen del universo judicial. Una vez más, la
articulación simbólica cobra segunda importancia frente al mundo de lo real,
sujeto a una dinámica insimbolizable paralela, e inabordable por el discurso y por
la palabra.

5
Esta referencia fue desmentida tanto por el asesor de Susana Higushi, que señaló que ella
no tuvo participación en esa acción ni fue quien le dio el video a Fernando Olivera (La República,
28 de Junio del 2001, p. 7), como por la propia Keiko Fujimori en declaraciones escuetas a los
medios televisivos aparecidas el 29 de Junio del 2001.
Involucrar a Keiko Fujimori no sólo la secuestra dentro de la red del discurso
falso, del fantasma, sino que le permite reeditar la responsabilidad del verdadero
responsable, cuya integridad también es puesta bajo fuego por el silencio. El
marino debe sobrevivir con la sensación de que en cualquier momento se
revelará su identidad y quedará expuesto como infractor del código de la mafia y
de la corrupción. Eso lo expondrá también a sus venganzas. No puede salvarse.
Ya es parte de la red. Él fue quien entregó a Montesinos y acabó indirectamente
con Fujimori. El FIM se valió de su descontento para desmantelar y atravesar el
síntoma. Para exponer el fantasma. El marino se convierte en el eje irreductible
del fin. Y el silencio de Montesinos ensordece sus reflejos. Lo aturde. Ambos
comparten el mismo núcleo inevitable, silencioso y siniestro del goce. Uno por
haber entregado al responsable de la mentira, y el otro por el calculado y dilatado
retraso de su reconocimiento. Un modo exacto en el que el silencio habla con
mayor y más violenta contundencia que la voz, y lo perturbe con mayor fuerza.

La relación entre los Fujimori y Montesinos se presenta, de este modo, como una
relación antagónica; no complementaria, ni armónica. Keiko Fujimori postula una
tesis maniquea. Alberto Fujimori es la encarnación de los bienes de la república,
en tanto que Montesinos está en una posición mefistofélica, diabólica. Fujimori
cumplió su papel conforme a la ley y en fidelidad a su compromiso con la
moralidad de todo hombre público. Fujimori se postula como un hombre de honor
y venerable, cuyo error capital fue su terquedad para no reconocer la malignidad
de su más cercano asesor.

Una variante de la misma historia es la de la familia de Montesinos, que reporta el
diario Yomiura de Tokio, cuando uno de sus agentes entrevistó a la esposa de
Montesinos Trinidad Becerra en Lima. Ella y su hija Silvana habrían coincidido en
señalar que lejos de que haya sido Montesinos el personaje maligno, la realidad
era que Fujimori conocía perfectamente todas las actividades que llevaba
adelante Montesinos (6). Montesinos sería, en este esquema, el gestor de un
proyecto compartido en el que el objetivo central era la plena capacitación para
que Fujimori ocupe todo el poder, y el objetivo secundario la libertad de
desenvolvimiento moral y financiero de Montesinos. Ni Fujimori podía estar a
cargo de la gerencia del registro subterráneo, ni Montesinos podía ocupar una
posición pública en el registro oficial. Los puntos nodales debían reducirse al
mínimo; esto es, invisibilizarse al máximo. Lo cual significaba que Fujimori debía
facilitar la libertad de acción en el universo oculto para Montesinos, y Montesinos
debía actuar con la máxima eficacia para maximizar la acumulación de poder de
Fujimori en todas las esferas posibles.

En el propio diario Yomiura constaría la versión de Trinidad Becerra y Silvana
Montesinos de que Fujimori no solamente estaba al tanto de todo lo que hacía
Montesinos, sino que mientras Montesinos «trabajaba» 24 horas en el SIN,
Fujimori disfrutaba del poder, de los viajes internacionales y del reconocimiento
público (7). Es decir, Montesinos, era el operario de Fujimori y Fujimori era el
6
Cfrse. la edición del 6 de Julio del 2001 del diario La República, donde se reporta las
pesquisas del diario Yomiura. Ver p. 2.
7
Loc. cit.
adelantado en el goce. La tesis de Keiko Fujimori se ubicaría, en consecuencia,
en el plano de los cuentos de hadas, en el que Montesinos sería el ogro malvado
que retuvo embrujado al Presidente de la República. Sobre la hipótesis de la hija
de Fujimori, dice Mirko Lauer que en la versión de Keiko Fujimori su padre padece
de un encantamiento, pero que la interpretación del encantamiento no tiene
acogida en un pueblo peruano que no se chupa el dedo (8).

El papel que laboriosamente debía cumplir Montesinos servía para extender y
reforzar el rol mesiánico de Fujimori en el imperio del registro oficial de la historia.
La cocina en la que se preparaban los banquetes de poder tenía en Montesinos al
chef experto en los máximos sabores, goces y placeres, a la vez que al escudero
realista, ducho en chantajes, sobornos y tráfico de favores e influencias, así como
al maestro en crueldad, espionaje, interceptaciones, torturas, secuestros,
matanzas, desapariciones, tráfico de armas y de drogas (9).

Según esta otra tesis, la dialéctica entre ambos no era de opuestos en el goce,
puesto que ambos compartían los mismos secretos y el mismo compromiso con
una misma meta, sino una de relación antagónica, de contrarios, de enemigos
comunes de la ley. Montesinos generaba el goce de ambos en cada una de sus
esferas. La maximización del poder de Fujimori, y el gobierno de las conciencias
de la red de cómplices que camuflaba oficialmente al padre y dueño simbólico de
todos los goces. Fujimori representaba al padre primordial y encarnaba al
arquetipo de la fuente del poder. Montesinos, a su turno, era la madre proveedora
del goce que debía transformarse en poder. Fujimori el símbolo, pero Montesinos
el deseo.

Porque Fujimori es presentado y percibido como la ley y Montesinos como el
deseo, porque Fujimori aparece como el padre cruel y Montesinos como la madre
complaciente que habilita el poder formal del padre con el dominio tenebroso de
las llaves que abren todos los goces para el poder, por la dinámica de esa
dualidad es que parece mucho más factible que Montesinos sea más fácilmente
vulnerable. Mäs posible que el sultanato de Fujimori quede mejor cubierto y
resulte más difícil exponerlo ante la justicia peruana. Montesinos, finalmente, es
más claramente identificable como un personaje siniestro. Mientras que Fujimori
tiene armas más poderosas para refugiarse en un halo simbólico de impunidad.

El desmentido más grande para la historia de embrujos y encantamientos que
narra Keiko Fujimori sobre la conducta angelical de su padre debiera ser la
resolución con la que se cesa a Montesinos, en la que aparecen expresiones
extrañas de agradecimiento que resultan paradójicamente elogiosas para quien, a
pesar de la contundencia maciza de los hechos era a todas luces el artífice
intelectual y material de registros inéditos e impublicables en la historia del país.
Ya no cabía la ingenuidad en Fujimori. El agradecimiento por los servicios
8
Ver La República, edición del 3 de Octubre del 2000, p. 6
9
Los medios que seguían las incidencias de Montesinos en los procesos judiciales iniciados
en su contra recogieron la versión de que habría admitido realizar pagos ilícitos pero que negó los
cargos relacionados con el narcotráfico. Ver por ejemplo los diarios Expreso y Liberación del 5 de
Julio, p. 5 en ambos periódicos.
prestados era improcedente en este caso. La demanda era su despido sin
contemplaciones. Un mandatario ejemplar, como el que proponía se recuerde a su
papá Keiko Fujimori, no podía hacerse de la vista gorda en tamañas proporciones.
A menos que la culpa lo obligara a condonar temblorosamente parte de la falta
complicidad de su socio, que él mismo hubiera resultado presa del juego de los
chantajes, o que se sintiera secuestrado por la cúpula militar fiel a Montesinos y
hubiera tenido que firmar dicha resolución para evitar consecuencias peores para
él o su familia (10).

Entre otros datos que llaman igualmente la atención están la noticia publicada en
el New York Times que daba cuenta del banquete ofrecido en un lujoso
restaurante de Tokio por el miembro de la Dieta japonesa, señor Torao Tokuda, en
el que se daba cuenta que entre los que tomaron el uso de la palabra estuvo el
Gobernador de Tokio Shintaro Ishihara, quien dijo que Fujimori era una persona
espléndida, que era víctima de un plan diabólico preparado por los Estados
Unidos (11). Sobre el mismo Fujimori decía otro asistente miembro de la Dieta
japonesa que estaba orgulloso del expresidente Fujimori y que tenía la impresión
que la misma persona por la que sentía tanto orgullo por que ningún otro japonés
había logrado estaría en peligro si retornara al Perú (12). Las acciones de gobierno
de Fujimori tienen respaldo, como se ve, en un sector influyente y poderoso del
Japón, que ignora y pasa por alto la responsabilidad que pudiera corresponderle
en los manejos ilícitos o, por lo menos, moralmente reprobables de su régimen.

En el contexto de la posición de este sector oficial de la vida política japonesa
Fujimori sigue asumiendo la posición de la ley, del Nombre-del-Padre, y la suya
es una función fálica, simbólica y represora. Por oposición Montesinos encaja en
el rol del sujeto presimbólico, aturdido por el goce incontrolable e inagotable y, por
ello, el responsable de todas las irregularidades que no alcanzan a Fujimori. La
consecuencia de la conducta de Montesinos debiera llevarlo a una condena social
y moral irredimible. Fujimori, por el contrario, tendría todo el respaldo de la ley. Su
amparo legal, en última instancia, es la propia ley japonesa en la que encontrará
el refugio, con el apoyo de un grupo de poderosos e influyentes legisladores y
políticos nipones. En tanto que Fujimori está legal y simbólicamente cubierto, esta
vez por la oficialidad y por la ley japonesa (que lo acoge como súbdito japonés, no
obstante el status de nacional peruano oficialmente reconocido hasta por el
propio emperador Akihito), Montesinos ha sido capturado por la policía y por la
legalidad, y tendrá que recurrir a los vacíos de una normatividad insuficiente para
que su conducta antijurídica no reciba sanción, precisamente por falta de tipicidad
legal.

Montesinos avant Fujimori
10
Ver, en esta misma línea argumentativa, los comentarios de Mirko Lauer en La República,
del 13 de Octubre del 2000, p. 6
11
Cfrse. el artículo escrito por de Calvin Sims, «Fujimori is wined and dined by Tokyo´s
powerful», aparecido en The New York Times, edición del 28 de Junio del 2001,
http://www.nytimes.com/2001/06/28/world/28FUJI.html?searchpv=day05,. En este mismo artículo
se indica que la recepción ofrecida por Tokuda costó aproximadamente 17 mil dólares.
12
Loc. cit.
Complementaria y coincidentemente, en medio de la turbidez de su existencia
oficial Montesinos, existe un ángulo emocional que lo hace más cercano a la
sociedad desde su caída, y que lo apoya del manejo de la legalidad en su
beneficio. Es el ángulo desde el que se despiertan compasiones. Un ángulo que
trasciende las fronteras de los expedientes y de los cargos judiciales en su contra.
Es la perspectiva de la sensibilización de la opinión pública en su favor a partir de
los rasgos más humanos y vulnerables de su vida íntima. Los aspectos que le dan
un tono cálido, que le sirve de respaldo para atacar las ineficiencias técnicas de
la judicatura por vacíos insalvables para cubrir su inconducta. Pero también para
contraponer su imagen de un modo menos desfavorable frente a Fujimori.

En el artículo El corazón de Montesinos, Abelardo Sanchez-León resaltaba que
Montesinos era un personaje digno de amor. Un personaje más humano que
Fujimori. El asesor con entraña de hombre. El marido que respetó, en cuanto las
circunstancias se lo permitieron, el hogar oficial. El esposo que no descuidó a la
esposa. El padre solícito que en su refugio venezolano conservaba la foto de sus
hijas en el velador. Y también el amante. Montesinos sensual, seductor. Amado y
apasionado. Susceptible de caer en las fragilidades de su propia humanidad. El
hombre capaz de vivir su división, su ruptura interior. El sujeto que en la cima del
poder se ataranta ante las piernas y el culo de una mujer. Que admira la juventud,
piel y curvas, y se minimiza. Se liliputiza a su mínima expresión. El corazón se le
encoge y compunge. Y el hombre que llora. Que llora en el encuentro con la hija
que lo visita, en medio de vergüenzas públicas inenarrables para ella. El hombre
que ha sabido conservar la lealtad de su mujer en medio de todas sus
infidelidades. El macho que sabe cómo mandar en su casa, como atender a los
suyos. El padre de familia que tiene en su sitio a todos y no les esquiva el
bienestar y cuidado.

Desde que Montesinos aparece en escena con el video Kouri del 14 de Setiembre
del 2000 aparecen aspectos ante la opinión pública que van delineando su
humanidad, muy al contrario que la falta de humanidad de Fujimori. Sí, Fujimori
no tiene corazón; no olvidemos que ha abandonado a su esposa e hijas, jamás
podrá humanizarse. La imagen que nos ha vendido es la de una persona que no
tiene ni alma ni afectos, y que si hacía sexo, eso es lo que hacía: sexo, just sex,
mañaneros a la volada, sin amor, sin compromiso, sin apachurre (13). Por el
contrario, Montesinos sí es digno de amor. Jacqueline Beltrán se enamoró y amó
a un hombre casado a sabiendas de la imposibilidad de una consumación en el
universo oficial de la sociedad. Era pasión lo que los unía, más allá de las
represiones de la convención matrimonial.

La humanidad de Montesinos sigue consolidándose con su captura. Se presenta
como una víctima de su trabajo, de su obediencia al jefe, al Presidente de la
República. Así se lo dijo al fiscal Jorge Luis Cortez Pineda, cuando le tomó sus
declaraciones. El registro de los videos lo hace dentro del cumplimiento de sus
funciones, para garantizar la reelección de Fujimori (14). Teme por su vida y
13
Ver la revista Somos del diario El Comercio, sábado 7 de Julio del 2001, N° 761, p. 18.
14
La República, edición del 26 de Junio del 2001, p. 2
prefiere comer solamente los alimentos que él o su famila se lo agencian. Se
conoce qué alimentos le llevan. Anticucho de pollo, lasagna, helados y limonada.
Y también la cordial familiaridad con la que trata a quienes lo custodian. Al jefe de
requisitorias del Poder Judcial, Coronel Hermes Huaroto Zumari, le dice
Huarotito, tu probarás mis alimentos en el tránsito hacia la carceleta del Poder
Judicial (15).

Y en la exacerbación de su humanidad se conoce igualmente finezas morales
como la actitud del perdón. En la investigación a cargo del presidente de la Corte
Superior, Sergio Salas Villalobos, le pide disculpas por hablar mal de él en el
video sobre el proceso municipal de 1996, y le pide que se interese por la
situacion de su hija, y de su familia, que no tienen nada que ver ( 16). Junto a estas
delicadezas en el trato a su inquisidor, se conoce su cercanía con la religiosidad.
Al abrir su billetera para mostrar sus documentos personales en el momento de
rendir su instructiva se le cae una estampita de Sarita Colonia, la patrona de los
microbuseros y de los delincuentes (17)

En este clima humano, la personalidad de Montesinos va ocupando un lugar en la
conciencia colectiva. Prende y florece. Es más, decía Sanchez-León, si por un
tiempo el mal lo encarnó Montesinos y la ingenuidad Fujimori, ahora el sátrapa, el
miserable, el cínico, el malnacido es el Chino (18). Fujimori es un personaje
hermético, silencioso, inexpresivo, maquinalmente inhumano (19). Representa la
ley en su falta de alma y espíritu humano. Lo contrario de Montesinos a quien se
identifica como una persona que cayó en la falta por pasión.

Nuevamente la dualidad entre la ley y el deseo. Pero así como Fujimori simboliza
la ley y su represión, y él mismo somete a su familia a la dureza de su rigor,
disciplina y silencios, Montesinos es quien escapa a su castración. Y en eso
ambos están en la posición jerárquica más alta. Fujimori es la ley para todos, pero
Montesinos es el único que tiene igualdad ante Montesinos. Es su alter ego. La
imposible insustituibilidad de su sombra. Fujimori no tiene más poder que el que
le asegura Montesinos. Fujimori no es nada sin Montesinos. Fujimori tiene el
poder de la ley porque Montesinos se lo ha gestionado y se lo administra.

15
La República, edición del 26 de Junio del 2001, p. 3. El procedimiento relativo a las
garantías respecto de un posible intento de envenenamiento, sin embargo, aparecen en la edición
de La República del 29 de Junio del 2001, en la p. 3. Este procedimiento suponía que los
alimentos debían ser probados, sucesivamente, por el cocinero, el oficial de la guardia penal, el
efectivo a cargo de la custodia de la puerta, y por el encargado de entregar los alimentos.
Aparentemente los controles serían tantos que posiblemente, o sería escasa la comida que le
llegaría finalmente a Montesinos, o la paila debiera ser bastante más generosa para que le llegue
lo indispensable para su nutrición.
16
Diario Liberación, edición del 26 de Junio del 2001, p. 3
17
Diario El Peruano, edición del 26 de Junio del 2001, p. 4
18
«El corazón de Montesinos», en la revista Somos, del diario El Comercio, 7 de Julio del
2001, p. 18
19
Adicionalmente al carácter huidizo de Fujimori se suman los resultados de las pesquisas
que continúan haciéndose, que harían sospechar de que tendrían cuentas millonarias en bancos
de Japón, Malasia, o Paraguay. Ver La República del 5 de Julio del 2001, pp. 2-3
Montesinos da poder y sabe demasiado sobre el poder. Fujimori es por
Montesinos. Pero Montesinos puede ser sin Fujimori. Su mundo puede subsistir y
mutar sin perder su identidad. Fujimori tiene sobre sí la condena de subsistir en la
posición rígida de la ley. Montesinos no tiene ni siquiera la condición de
funcionario público. No aparece registrada su relación con el Estado sino de
modo ocasional. Toda su existencia marchó en carril paralelo, sin la tiesura ni
severidades de la racionalidad formal, ni las formalidades de la racionalidad
burocrática. Fujimori no tiene este privilegio. No puede existir sino en el universo
simbólico. No le es dado mancharse con otro goce que el de cumplir la ley que él
mismo encarna.

Toda racionalidad tiene sentido porque Montesinos la habilita desde la entraña
del goce y la complacencia. La ley es ley porque Montesinos gestiona la
aplicación e interpretación de su texto. Él gobierna a los hombres desde los que
la ley habla. La bouche de la loi es la boca de Montesinos. Jueces, medios,
ministros, militares y congresistas son la caja de resonancia o el reproductor de
los guiones que él escribe. La ley del país se rige por la bouche d´égout, por la
boca del desagüe, de la alcantarilla. El derecho no es un derecho objetivo, pero sí
un derecho desubjetivado. Es decir el derecho perverso del poder que es
manejado en la cloaca del régimen. No en los palacios, en los edificios ni los
despachos públicos de la autoridad.

Por eso Fujimori y Montesinos, ambos, aparecen juntos indisolublemente en el
corazón del régimen. Es el régimen del padre primordial. El padre primordial que
si es asesinado por sus hijos o súbditos vuelve a nacer simbólicamente para
imponerse y dominar inderrocablemente en toda la sociedad. No es el Edipo
freudiano cuya muerte da origen a una sociedad fraterna y democrática de
iguales, que comparten la misma fechoría, la del parricidio; sino el padre mítico
que se reproduce como amo en la intimidad de cada individuo.

Montesinos tiene un lugar en la posición del padre primordial. Es el lugar
femenino desde el cual aparece como libre de toda atadura y exonerado de toda
prohibición, gravamen, o restricción. Montesinos comparte todas las prerrogativas
del amo caprichoso, que quiere el goce sin límite ni término, y que impone a sus
servidores el arbitrio de su poder. Esta relación es sobre la que llama la atención
ι  ε κ en su texto La Mujer es uno de los nombres-del-padre, en el que afirma
que la noción de Mujer, al igual que la del padre primordial, proporciona el punto
mítico de inicio del goce total y sin riendas cuya «represión primordial» constituye
el orden simbólico (20). Montesinos sería, en tanto lado complementario de la ley
que tiene como manifestación visible a Fujimori, otro de los nombres-del-padre, el
nombre sin atadura ni rienda al quien le corresponde igualmente el goce total
puro y auténtico, como ápice fundamental del poder y más allá de la represión
simbólica.
20
“Woman is one of the names-of-the-father”. How not to misread Lacan´s formulas of
sexuation, en http://www.plexus.org/lacink/lacink10/lac13.html. ι  ε κ precisa que se refiere a una
figura distinta al Nombre-del-Padre, porque se refiere al plural y con minúsculas, y que el sentido
de la diferencia se da porque en plural y minúsculas la alusión está vinculada a la designación del
exceso llamado padre primordial.
«Pero el hombre me salió gallina»

Pero no obstante la apariencia de sumisión y obediencia desde la que Montesinos
argumenta su defensa judicial, existe otro testimonio que debe encajar en la
arquitectura de esta historia. Según las fuentes venezolanas que reportaron la
detención de Montesinos en Caracas, éste sostuvo que fue traicionado por
Fujimori, y que «el hombre le salió gallina» (21). ¿Qué significa que Montesinos
llame “gallina” a Fujimori?. La gallina es un animal que simboliza varias actitudes
ante la vida. Simboliza, en la versión de Montesinos, la falta de coraje para
enfrentar situaciones difíciles. En este sentido la gallina es lo opuesto al gallo. El
gallo, contrariamente, es el que está listo para la camorra, el que pone la cara
ante el desafío. La gallina supedita la lucha a otros valores. Por eso simboliza
también a la madre protectora; es el símbolo de lo doméstico. Ella acoje con
compasión, en tanto que el gallo se inflama y arriesga.

Si Fujimori es gallina es por lo que no es, por lo que le falta. No se hizo cargo del
lío. Huyó del desafío. Se refugió en el corral y actuó como hembra cautelosa. A
diferencia de la performance de Fujimori, Montesinos espera que se exhibiera
mayor espíritu de lucha, que no oculte su disposición a quemar sus naves y a
derramar sangre. El gallito es el sujeto que se compra los pleitos por honores
ofendidos; el que está dispuesto a dejar su sangre en la arena para que no quede
como que acepta ser gallina. El gallo se jacta y se enorgullece de aceptar cada
desafío. La gallina, por el contrario, no es ostentosa y sus peleas se realizan sólo
cuando su nido está en peligro.

Para Montesinos, Fujimori es más un alma doméstica y femenina que no es capaz
de aceptar los retos de honor, que son los retos que sólo puede asumir el Amo..
En este supuesto, Montesinos aparecería como el alma guerrera y masculina. Es
no solamente uno de los nombres-del-padre, sino que él mismo sería la
encarnación del Nombre-del-Padre. Fujimori habría padecido los efectos de la
castración, mientras que a Montesinos le toca la representación de la función
fálica por antonomasia.

Montesinos sería el reconocimiento de que la Ley era no la del Estado de
Derecho. La ley-símbolo no es la regla. La regla es el goce-imposible que
aparece en el plano de lo real. Montesinos se mueve en el plano real de lo
imposible. Él es más auténtico. El síntoma del poder es atravesado. No cede en el
deseo. Contrariamente Fujimori se quedó en el síntoma. No lo atravesó y cedió en
el deseo. El amo resultó ser el asesor, y el esclavo el Presidente. El sultanato y la
satrapía tenían a una marioneta en el trono. El titiritero era el dueño del alma del
sultán.

De esta manera aparece claro que, en el marco del discurso de Montesinos, la
relación entre Fujimori y Montesinos es concebible como complementaria
solamente en el plano imaginario. Sólo en el nivel imaginario es que ambos
21
El Comercio, 1 de Julio, sección A, pp. 1 y 2
aparecen de manera armónica como parte de una misma totalidad. En el plano
simbólico, sin embargo, Fujimori y Montesinos, por el contrario, no tienen una
relación complementaria sino que adquieren perfiles distintos en base a sus
diferencias. Cada uno encarna lo que el otro carece y lo que llena al otro. Por eso
es que Montesinos se opone a Fujimori calificándolo de gallina. Montesinos ha
reconocido que el Amo, el hombre de honor, finalmente, sólo podía ser él. Y que
Fujimori era un significante falso del poder. El título fálico le corresponde a
Montesinos, porque es el único que accedió finalmente al goce. Fujimori aparece,
contrariamente, como castrado. Sus rasgos distintivos, los designantes rígidos,
los hacen diferentes y no iguales. Son, por eso, mellizos. No gemelos.

Lo que queda pendiente es qué canto tendrá la gallina, si finalmente su falta de
honor era aparente, si su acceso al goce revela que quedó marcado con la
castración, o si les más bien a ella a quien con propiedad le toca el título del falo
más grande, de la yuca, que revelará igualmente cuánta más grande era su
impotencia,
2.- LA FANTASÍA, LOS DISCURSOS Y LA UTOPÍA

A LA IDEOLOGÍA DEL RÉGIMEN POR LA FANTASÍA

Según Lacan el apoyo último de la realidad es una fantasía (22). El sustento de la
realidad es una fantasía. La fantasía es un modo en el que se sustituyen los
deseos reprimidos. En la fantasía continúa el dominio del principio del placer a
pesar del principio de realidad. Es una forma directa de realizar lo reprimido. Es
un fenómeno marginal a la realidad. De ahí la importancia de escarbar en los
umbrales de la fantasía para comprender mejor la realidad del régimen. Es
importante familiarizarnos, así no sea sino algo distantemente, con la generación
de las fantasías del régimen. Esas construcciones que elabora y que narra el
sujeto colectivo en plena vigilia política; que se formulan en un estado de
conciencia no pleno (cuando su creación y formación es favorecida por la
ausencia de control de la razón y de la voluntad conciente); o cuando el sujeto se
encuentra en trayecto en la zona onírica, en la zona de formación de los sueños
sociales.

El carácter onírico con el que se emparenta de la fantasía está compuesto por
condensaciones, desplazamientos, desfiguraciones, símbolos, o superposiciones
y diversidad de enlaces asociativos, en los que lo manifiesto y aparente oculta y
sustituye otros no expresados pero latentes. Los latentes son los enlaces
correctos y en ellos es en los que se encuentra la clave para descifrar el lado
absurdo con el que aparecen y se manifiestan. Los enlaces latentes son los que
permiten la inteligencia del mundo no declarado (23). La fantasía está ligada al
sueño, a la inconciencia, y a partir de allí se mezcla y se junta con los deseos
mediante un proceso de elaboración, de condensaciones y desplazamientos que
comunican y simbolizan lo reprimido con su propia liberación. La fantasía viste el
deseo de un imaginario en el que lo pretendido y reprimido se expresa de una
forma liberadora. El sujeto, sea amo o esclavo, hombre de honor o agente de
perversión, puede articular la fantasía, desarrollarla, difundirlo y promoverla con
el fin de arreglar el comportamiento de la colectividad de acuerdo a sus propios
fines.

Mediante la fantasía se cuenta con las coordenadas del deseo y puede
aprenderse cómo desear de un modo eficaz, y cómo no ceder al propio deseo, lo
cual significa también cómo renunciar a los deseos del Otro más allá de la
fantasía. Conocer la fantasía es comprender mejor la realidad, porque en ella se
condensa razón y afecto y se articulan deseo y símbolo, goce y sentido. El cuerpo

22
El Sublime Objeto de la ideología, p. 47
23
Freud, La interpretación de los sueños, Cap. VII
natural para la fantasía es la ideología. La ideología compacta y condensa las
creencias mediante un proceso inconciente similar al onírico, y en ella impera un
núcleo de goce que soporta el símbolo a través del discurso.

La hegemonía del régimen fujimontesinista tiene un núcleo contingente que a la
vez que delata una declaración y programas políticos manifiestos, también
encubre una cultura que la soporta. Comprender la ideología es parte del proceso
de denuncia de la trama del poder. Describirla permite el conocimiento de las
articulaciones del goce con el proyecto de dominio. La ideología es una expresión
de la fantasía. La fantasía de la ideología se monta como una estructura de
ilusión. Y esta expresión y estructura soportan la realidad.

El estado de derecho como aparato significante para el goce

La ideología, en tanto un desarrollo a partir de la fantasía, no es una ilusión como
los sueños, sino una ilusión que estructura nuestras relaciones sociales efectivas,
y su función no es facilitar una fuga de la realidad sino la realidad social como
huida de algún núcleo traumático, real (24). El objeto de la ideología es obedecer
la forma ideológica, esto es, el ocultamiento de la inexistencia del sentido en el
contenido ideológico y en la justificación de la misma en virtud de un mecanismo
esencialmente performativo. No hay nada necesario en el contenido ideológico
que justifique la creencia en la ideología. La creencia en la ideología carece de
justificación racional. Se basa y sustenta en el azar. Tiene una condición
aleatoria. Por eso dice Zizek que la ideología sirve únicamente a sus propios
objetivos: no sirve para nada, y que esta es precisamente la definición lacaniana
de jouissance (25).

La ideología no tiene una necesidad en el plano de las esencias. Es pura doxa.
Pero doxa en vista de un proyecto hegemónico en el que la fantasía
sobredetermina y articula los puntos nodales o de acolchonamiento en un
discurso que trata de abordar lo inasequible, el objeto-causa del deseo, que está
fuera de todo alcance (26). El sujeto debe quedar atrapado en la fantasía, por el
Otro. La fantasía ideológica estructura la realidad mediante el objeto-causa del
); mediante ese secreto que se supone está oculto en el Otro: ∃&∀
deseo en el Otro (∀
27
( )

El orden imposible de la democracia

24
El Sublime Objeto de la Ideología, pp. 75
25
Ob. cit. p. 122
26
Ob. cit. p. 135-137
27
Ob. cit. p. 74
En el marco del psicoanálisis lacaniano la sociedad democrática es una
estructura institucional cuyo mecanismo normal de reproducción comprende el
momento de la disolución simbólica del edificio social, el momento de irrupción de
lo real. El soberano real-imposible es inaprehensible. La democracia, por eso, es
un orden político no precisamente performativo, porque no depende de lo que el
pueblo en su inocencia le adjudique a quien tiene una posición de poder en su
representación. La democracia se encuentra no en el plano de las atribuciones
simbólicas, sino en el de lo real. Ello signfica que la democracia es inalcanzable e
irrepresentable. La democracia es pues un orden disuelto, un orden agregado
accidentalmente y sin cohesión social. Como orden simbólico la democracia es en
realidad un referente discursivo, pero no una organización simbolizable. La
democracia es en realidad un no orden sino un núcleo anárquico de preferencias
agregadas al azar. No existe como un orden cerrado simplemente por que se trata
de un régimen abierto, y porque no existe un orden colectivo prestablecido. El
único orden en la democracia es la ficción de su representación y postulación
como símbolo.

El propósito de recurrir a la democracia como forma de gobierno en la que debía
sostenerse el régimen de Fujimori revela el carácter meramente instrumental que
ésta tuvo. La forma obedecía al propósito de copamiento y de aferramiento al
poder del régimen. Mientras que la población creía que ella era la que sostenía al
régimen, los usurpadores se valían de cuanto medio podían para generar y
sostener tal creencia, pero, más importante aún, se preocupaban de mantener la
creencia en la población de que ellos eran en realidad los amos y que el régimen
no hacía más que cumplir la voluntad de la mayoría. En buena cuenta, el éxito del
régimen se basó en la fe democrática que cultivó en el pueblo, para que luego el
pueblo viera en la fábrica de su ilusión un efecto (y nunca una fábrica) de la
voluntad inmediata de los electores.

EL GOCE, Y LOS DISCURSOS

De la universidad a la histeria

Durante los primeros años de su gobierno Fujimori tuvo como misión realizar una
campaña de adoctrinamiento de la población que tuviera como resultado la
generación de una corriente de opinión que le permitiera dar un golpe de estado.
El golpe de estado era necesario para que su gobierno fuera viable. La mayoría
insuficiente del parlamento no le daba capacidad de manejo. Se trataba de una
situación impredecible y la meta debía ser contar con un marco claro para
gobernar. El desorden debía regularse. La autoridad necesitaba un clima
favorable para gobernar, para imponerse y para dirigir al país. Y si el clima no
existía había que crearlo, fabricarlo y construirlo. Si la realidad era indómita,
debía disciplinarse. Las reglas y los actores debían modificarse. El golpe de
estado era la vía apropiada, y para darlo con éxito era necesario contar con el
apoyo convencido del pueblo.

Para dar el golpe de estado debía dar una lección. Debía enseñar al pueblo cuál
era la realidad negativa que tenía en su sistema político. Era necesaria una clase
en la que el pueblo pudiera aprender la lección que luego lo haría más dócil. Una
clase en la que las conciencias percibieran las cosas desde la perspectiva del
profesor. La visión y cultura del pueblo tenían que integrarse con la concepción
que necesitaba crear el Presidente de la República para conseguir respaldo a su
proyecto. Y esa concepción no debía verse como fabricada ni impuesta, sino
como objetiva y neutral.

La sociedad debía articularse en el discurso del fujimontesinismo. De acuerdo al
psicoanálisis lacaniano la articulación se produce a través del point de capiton,
del anzuelo en el que se enganchan e intersectan el sujeto con el registro
simbólico, el deseo del sujeto con el universo simbólico (28). La unidad de
articulación del sujeto con el significante se denomina célula elemental del deseo.
El amarre del sujeto con el registro simbólico actúa como un dique que evita el
escurrimiento del deseo y de significantes en esta unidad mínima.

Antes del entrabamiento el sujeto se encuentra en una situación presimbólica,
real ( ). Luego del empalme con el registro simbólico, con el universo discursivo
inicial del régimen, el sujeto aparece como un ente dividido, atravesado por los
significantes (Σ - Σ´) en los que quedó enganchado, atrapado (∃
).

Como consecuencia de su costura en la
cadena significante el pueblo interpelado por
el discurso del régimen fujimontesinista se
convierte en el sujeto dividido ($). El vector
de la intención subjetiva ($× ) acolcha el
vector de la cadena significante Σ×Σ´ après
coup, retroactivamente, hacia atrás (29). De
este modo el pueblo alcanza la verdad que
produce el registro simbólico fujimontesinista,
y el anzuelo acolcha la subjetividad de la
colectividad. El enemigo de la cúpula se
convierte en el enemigo del Perú. La
oposición es el enemigo del Perú. Los
partidos deben perder su hegemonía y
desarticularse de las ideologías nacionales
concebidas como políticamente correctas. El
eje vira y la corrección política suspende la fantasía democrática a favor de un
régimen autocrático excepcional. El parlamento merecía ser disuelto y el poder
judicial desactivado.

La misión por lo tanto era demostrarle a la población que el sistema de cosas
necesitaba, objetivamente, un cambio radical. Que no eran suficientes las
28
Cfrse. El Sublime Objeto de la Ideología, pp. 141-142
29
Ob. cit., p. 142-143
adaptaciones o las reformas de tono o matiz. Se necesitaba un cambio radical
que elimine de un solo golpe, y de raíz, los aspectos degenerados del régimen: la
ineficiencia del parlamento, y la corrupción judicial. El régimen anterior debía
cambiar. En vez de él era necesario una “patria nueva” que requería quien la
reconstruya. Ese fue el origen del gobierno de emergencia y reconstrucción
nacional.

Las lecciones que el profesor Fujimori dio a la población fueron todas
cuidadosamente planeadas y preparadas. Tras la apariencia de neutralidad y
objetividad se impone la apariencia del saber (30)
⌡″ 
El escenario fue calculado. Tenían que generarse las trampas para que el
parlamento cayera. Y explotarse la lentitud comparativamente paquidérmica del
parlamento en sus reacciones para ganarle la mano desde el poder ejecutivo. Una
a una fueron registrándose las lecciones en los medios de comunicación. El
público objetivo era la propia población. El elector ubicado en la posición ∀
, sujeto
de un régimen de dominio conceptual (♥), a partir del cual se convierte al propio
elector en un sujeto alienado y explotado por este mismo régimen (el sujeto
tachado, o ∃). La única opción que tiene la sociedad cautiva es la de tejerse en la
propia trama del sistema ♥. Poco a poco a la diligencia estudiantil de la población
no le costó mucho trabajo aprender del profesor Fujimori, convertirse en agente
de la didáctica y extender y reproducir ella misma la cultura y la doctrina
fujimontesinista. La atmósfera de descontento fue generada para crear cultura
favorable antagónica al parlamento y favorable al golpe. La retórica contra los
partidos políticos nutrió a la sociedad, cuajó, y el lance le resultó favorable al
maestro.

La técnica ideal era el discurso de la universidad. Un discurso en el que el
profesor esconde con sutileza la construcción efectiva de su imperio sobre la
plaza, sobre su auditorio. Su audiencia aprende la ciencia desde la perspectiva
objetiva de quien dicta y dirige el aula (31). El estudiante, que en este caso es el
pueblo, necesitaba apoderarse de la visión del Perú que impartía el maestro en el
auditorio. Para que la didáctica del Presidente fuera eficaz había que monopolizar
el espacio de opinión a nivel nacional. La palabra y la imagen, los medios
escritos, radiales y televisivos no podían permanecer inmunes y tocaba
orientarlos para que las condiciones de control fueran óptimas. Por eso los
dueños de los medios ofrecían la mejor garantía. Había que asegurarse que no
entorpecieran la clase con turbulencias que distorsionaran la fidelidad del
mensaje que tenían que recibir los alumnos. Su compromiso de apoyo al
Presidente de la República, con los ligeros ajustes de la policía fiscal y tributaria,
y el ocasional pero seguro avisaje oficial, era decisivo.
30
Dice ι  ε κ en Mirando al Sesgo, que la verdad reprimida de este discurso es que, detrás
del semblante del saber neutral que intentamos impartirle al otro, siempre podemos ubicar el gesto
del amo. (p. 217)
31
Frente al estatuto general del engaño que se concreta en el registro simbólico sólo puede
no ser engañado quien mantiene distancia respecto del registro simbólico. Es decir, según ι  ε κ ,
quien asume una posición psicótica. Un psicótico es, precisamente, un sujeto que no es engañado
por el registro simbólico. Cfrse. Mirando al Sesgo, p. 135.
En el discurso de la universidad o de la ciencia el agente es presentado como un
conocimiento objetivo que se ofrece al receptor del mensaje. Por eso el
desplazamiento del conocimiento del profesor aparece como una simbolización
sin contaminación subjetiva (♥), y el receptor es el otro (∀
), el pueblo, que debe ser
domesticado con la apropiación de la cultura y clima que necesita el Presidente
de la República para articular la posición hegemónica de su régimen.

El éxito de Fujimori, Montesinos y la cúpula militar se consolidan como opción
cuando el proceso de transferencia simbólica es reconocido por la opinión
pública. Cuando la aprobación por el golpe contra la oposición alcanza casi el
90% en las encuestas de opinión. La ilusión se encarna en los cuerpos. El hálito
del espíritu autocrático subyuga y domestica al pueblo. Lo redime con la
educación. Se libera de la ignorancia. Alcanzó el status del otro (∀ ) en las
sincronías del discurso. Empieza el despliegue y avances del doble registro. El
universo subterráneo va camino del copamiento clandestino de la posición del
Amo. En adelante el pueblo no sentirá la necesidad imperativa de tomar distancia
frente al registro aparente y simulado. Asociará el discurso fujimontesinista como
la revelación de la propia naturaleza. Como si no se tratara de un montaje. Como
si se tratara de lo real en la propia conciencia subjetiva. El régimen no ha dejado
huella alguna en el proceso de aprendizaje. Nada hay que lleve al sujeto a asumir
la necesidad de distanciarse ni de subvertir el registro simbólico de los socios que
han tomado el Perú. No hay huella alguna de la maquinación. La realidad y su
conocimiento son una entelequia (32).

Pero una vez adoctrinado el pueblo, el siguiente paso debía ser convencer a
todos que el suyo era exactamente el régimen que ellos querían. El régimen debía
probar que él era suficiente en sí mismo. Que la población podía ponerse en sus
manos. Que podía abdicar de sí misma. Darse toda al régimen. Abolirse y gozar
en el dominio del régimen y su Presidente. Dejar que el régimen gobierne y
domine clandestinamente. Para asegurar el cumplimiento de esta meta Fujimori
asumió el papel histérico de quien sólo encuentra sentido a su existencia
haciendo la voluntad del otro. Debía representar el papel de quien desespera por
querer lo que el otro quiere. Del discurso de quien se supone que sabe, del
discurso de la ciencia, se pasa al discurso de la histeria

De la histeria al Amo

Cumplida la primera meta estratégica con éxito indudable, borradas las huellas de
imposición arbitraria en el conocimiento de la realidad política, y ganada por el
pueblo la sensación de seguridad y de identidad con un orden menos turbulento
que el que se advertía en durante el período democrático inaugurado en 1980, el
siguiente paso debía ser convencer a la sociedad sobre la necesidad de adherir
rigurosamente al nuevo proyecto político. Un proyecto de orden y de
gobernabilidad con un nuevo fundamento constitucional, que necesitaba
prolongarse lo suficiente durante el tiempo.

32
Ob. cit., pp. 143-144
El primer discurso fujimontesinista interpelaba a la sociedad con la partitura de la
objetividad. Su estructura encubría el aparato iconoclasta contra la Constitución
de 1979, y contra la democracia partidaria sostenida hasta 1992. Asegurada la
comprensión de la situación a partir del posicionamiento de mercadeo del
régimen, el siguiente paso fue asumir un nuevo papel. El papel histérico.
Interpelar a la sociedad como si sólo ella pudiera darle las respuestas que él
necesitaba para gobernar. Es decir, preguntar actuando la posición histérica que
espera que se le ordene ser, querer y decir lo que el supuesto sujeto histérico
había registrado como conocimiento objetivo en la opinión pública. Le preguntaba
qué quería de él para que el interpelado creyera que el siervo necesitaba conocer
qué hacer y que continuara representando el rol de amo dueño del conocimiento.
Dueño del mismo conocimiento que el supuesto siervo se había dado maña de
hacerle creer que era natural, objetivo, neutral, e imparcial. Era el discurso de la
histeria.
″
Con el discurso de la histeria Fujimori actúa a partir del supuesto deseo del otro,
del pueblo, de ese extremo epistemológicamente inaprensible y ontológicamente
irrepresentable. Este es el extremo del receptor del discurso, de la opinión
pública. Quiere a partir de lo que quiere la opinión pública (de esa misma opinión
pública fabricada y preparada para que repita el registro previamente grabado por
el régimen con el discurso objetivo de la universidad).

No caben la pregunta por el origen de la voluntad del pueblo, porque el pueblo no
tiene por qué asumir la actitud del distanciamiento psicótico. Por eso no es
relevante que esa sea una opinión pública cuya composición articulan por el
pueblo los medios que favorecen la fabricación del posicionamiento hegemónico y
consolidación del régimen en la arena política.

Del Amo al amo

Del discurso de la histeria el régimen pasa al discurso del Amo. Este es el
discurso en el que el goce se presenta abiertamente. Fujimori es el iluminado que
redime a la sociedad del mal con los símbolos y valores encarnados por su
gobierno, el que tiene como jefe omnipresente a él mismo. De acuerdo al matema
lacaniano la ecuación se formula del siguiente modo:
⌠≥
Esto es, a la presentación de una fórmula universal (♥), la ley, el orden simbólico
que funda para garantizar la gobernabilidad y la seguridad en el territorio
nacional, así como el orden económico, todos estos propósitos e ideales
culturales, son ofrecidos y garantizados a través del Amo (♦). El Amo es quien
mejor y más eficientemente representa al sujeto para el orden simbólico universal
(∃
). En esta misma ecuación aparece la denuncia: no obstante la operación de
enganche con el vector de significantes siempre aparece el residuo perturbador,
la excrecencia, el otro insimbolizable e irrepresentable (∀
); esto es, el objeto-causa
de deseo.
De acuerdo al psicoanálisis lacaniano la fantasía solamente puede existir como la
negación del disloque de lo real, como una negación de la falta generalizada,
como el antagonismo que cruza el campo de lo social ( 33). Esto significa que la
fantasía es construida a partir de lo Imaginario, donde los contrarios son
presentados como complementarios. No como diferentes, ni como imposibles. Es
el plano que no abandona nunca el individuo, en el que se produce el registro
cognitivo de las imágenes. En el que se origina y desarrolla la noción de unidad y
de complecidad. Unidad y complecidad que, por eso, tienen el carácter de una
ilusión. El individuo anda tras y busca permanentemente la recuperación de su
integración con el doble en el que cree haber visto la ausencia que le falta para
completarse.

La fantasía tiene como misión negar lo real al prometer su “realización”, al
expresar su promesa de cerrar la brecha entre lo real y la realidad, al reprimir la
naturaleza discursiva de la producción de realidad (34). La utopía imperativa que
se propone el Amo es posible a partir de ese plano imaginario porque vela la
presencia del extraño intruso que es lo Real. La realización de la utopía fantástica
es en último término imposible, pero por ello mismo el discurso utópico puede
subsistir como hegemónicamente atractivo solamente si atribuye esta
imposibilidad -esto es, su propia y última imposibilidad- a un extraño intruso. Este
extraño intruso, el enemigo, en el discurso del Amo para el régimen de Fujimori es
localizada e identificada: la oposición; todo quien pone en riesgo el orden
simbólico universal de la fantasía prometida. La oposición es aquello diferente
que niega la edificación del nuevo proyecto de sociedad peruana ofertado por el
fujimontesinismo (35).

Sin embargo, el individuo dividido que es todo sujeto, es recuperado sólo al
asimilar lo real en el plano simbólico. Es decir al reinterpretarse en un registro
distinto de la esfera imaginaria. Al asumirse como una unidad de sentido entre los
significantes de su cultura. Su identidad debe recuperarse fuera de él. Su centro
es un centro en el mundo simbólico. La falta advertida, que tiene como marco el
entorno imaginario, se manifiesta como una falta en el mundo simbólico del
individuo. Una ausencia, un vacío en el superyo. La fantasía, por tanto, es un
desarrollo que no existe solamente en la estructura de lo imaginario, sino que
está vinculada a la estructura simbólica. Esto quiere decir que el fantasma es
producido por el inconciente (en el que actúa lo imaginario), pero su contenido no
es ajeno al mundo simbólico. Es en el ámbito simbólico donde, finalmente, se
funda el axioma de la fantasía (36). No es en el ámbito imaginario. Es en el ámbito
del mundo conciente en el que aparecen las faltas y las carencias fundamentales.

33
Yannis Stavrakakis, Lacan and the political, p. 107
34
Loc. cit.
35
Ob. cit. p. 108
36
Ver sobre el particular Dos dimensiones clínicas: Síntoma y Fantasma, de Jacques-Alain
Miller. Ed. Manantial, Fundación del Campo Freudiano en Argentina, p. 53
El amo del Amo, o ¿quién es el artífice del fantasma colectivo?

«¿Montesinos o montacines?» es el título de un artículo que Mirko Lauer escribió
en La República, (37) para referirse a la cartelera de videos en que se grabó la
vida política del país. Según el cálculo de Lauer los 30 mil videos equivaldrían a
un video diario durante 82 años, o a un video cada 2 horas durante 8 años. Las
estadísticas, sin embargo, no son lo más relevante del cineasta Montesinos. Fue
el haber construido la fantasía que vivimos los peruanos, a la vez que conservar
la realidad oculta y fuera del conocimiento colectivos. Lo real era a la vez lo
imposible de conocer. La fantasía y los fantasmas eran la máxima vivencia
disponible para el consumo de la razón y de la conciencia públicas. Todos fuimos
timados por una apariencia a la que le dimos el status de objetividad.

Montesinos se valía de un doble discurso. Uno primero, el aparente y externo o
público, era el de la gobernabilidad y la estabilidad mediante el control del
terrorismo y el sustento constitucional en el marco democrático del Estado de
Derecho. El segundo era el núcleo duro del discurso oculto y secreto de la
corrupción del régimen, destinado a asegurar y garantizar la permanencia del
gobierno en un marco legal democrático y de gobernabilidad política. El lado
secreto y sórdido del régimen era el campo desde el que se planeaba acabar con
los enemigos, y ampliar la propia ventaja y beneficio personal, el lucro y la
acumulación de poder. En este último ámbito Fujimori fue convertido en el amo
impotente detrás del cual quedaban encubiertas las operaciones secretas de
hegemonía, y que debía actuar como el esclavo de la trama obscena, del revés de
la apariencia legal del régimen. Fujimori era la pieza central del éxito porque él
debía articular la burbuja fantástica a la que se redujo la existencia de la
colectividad, y el universo subterráneo del goce. Fujimori legitimaba con su
presencia el régimen que se había apoderado del Estado y de la realidad
democrática del país.

Para llevar adelante la acumulación de poder Montesinos recurrió a ese aparato
significante que eran el discurso de la gobernabilidad y del Estado de Derecho, el
mismo que se enganchaba a las instituciones de la democracia. El anclaje del
poder requería el ropaje de las instituciones representativas. Los rituales
democráticos y electorales servían a una finalidad libidinal que no dependía
exclusivamente de la voluntad de los electores. La pasión por el poder
instrumentalizó la institucionalidad para cumplir y llenar el deseo de goce, que era
finalmente la voracidad y la pretensión de devorar el poder.

La ideología del mercado, de la eficiencia en el gobierno, del control del
terrorismo, de la democracia representativa, y de la voluntad plebiscitaria, son,
respecto del proyecto hegemónico de Montesinos, el ropaje semántico que
permite el flujo de relaciones ocultas, libidinales, públicamente inconfesables e
irreconocibles. Montesinos escribía el guión para disimular la rajadura política del
régimen de Fujimori.

37
Cfrse. su columna El Observador del 29 de Junio del 2001
Montesinos, finalmente, sólo cree en su propio goce. Su discurso oculta su pasión
por el control y goce del poder. La ideología de la representación es útil para
procesar el dominio. Las reglas de la representación no sirven finalmente a la
democracia, ni a los intereses, bienestar y valores de la ciudadanía. Son
manipuladas desde la realidad secreta para facilitar el goce del amo del Amo (lo
que quiere decir el goce de quien le dice a la sociedad qué es lo que ella quiere
elegir para actuar democráticamente).

«TENGO 30 MIL VIDEOS … SI LOS SACO SE PRODUCIRÍA UNA CRISIS INTERNACIONAL»

La disolución del pacto fundamental

¿Por qué filmar la entraña del poder? ¿Es que hay un mandato de dominio que
hace que pierda de vista su propios riesgos? ¿Por qué filmar todo lo que lo
inculpa a él mismo? ¿No era como autoincriminarse? ¿Qué buscaba al filmar todo
lo que lo lesionaba?

El narcisismo es una forma de sobredimensionamiento del yo, y cabría asumir que
Montesinos se filmaba por una razón narcisista. Sin embargo, el yo del naricista
es un yo no educado ni preparado para tolerar los errores, el fracaso, las
frustraciones. El yo del narcisista es un yo disminuido porque carece de valor. El
narcisista necesita ser mirado por los demás, porque a partir del reflejo sustenta
su valor. Ser mirado es una forma de verse y de valorarse. Y pareciera que éstas
no son las características más notables de Montesinos

En el narcisismo se presenta un problema epistemológico. El sujeto no reconoce
que se ve a sí mismo. Que se trata sólo de su propia imagen. Que está solamente
frente a su propia imagen. Hay una crisis en la perspectiva del observador, que no
puede reconocer la identidad entre el objeto observado y el sujeto que observa.
¿O es que Montesinos no puede reconocer la distinción entre el objeto observado
y el sujeto que se observa? Más bien pareciera ser lo contrario. Pareciera que el
propósito de la filmación no es el goce propio de observarse a sí mismo. Por el
contrario, el sentido epistemológico de los videos filmados está más vinculado a
la urgencia de manipular las imágenes de sujetos en falta, a los mismos que se
sujetará bajo el dominio de quien filma en tanto que dichas imágenes no sean
vistas, ni divulgadas. El goce no consiste en observarse, sino en intimidar a
quienes fueron filmados sin saber que lo eran, sin saber que eran observados por
el registro de una cámara. El goce consiste en el poder adquirido sobre sujetos
poderosos a los que se fragiliza y debilita por la exhibición de sus faltas.

Es más, según las declaraciones recogidas en los medios de comunicación a
partir de la información trascendida en los medios judiciales, Montesinos habría
dicho dos cosas. Que Fujimori estaba al tanto de lo que era filmado, que Fujimori
lo había ordenado así, y que él cumplía su misión. ¿Cuál misión? Asegurar la
reelección de Fujimori. Para este fin ningún medio podía dejar de usarse. Los
videos debían documentar la génesis y proceso del régimen no público. Una
documentación cuyo destino sería no haberse hecho nunca pública como
condición para el agenciamiento del poder. Para que los videos beneficien no
deben ser revelados públicamente. Su difusión desapodera a quien filma y libera
al filmado.

Es parte de la naturaleza del chantaje. El chantaje tiene sentido solamente como
amenaza. Su fortaleza se encuentra en su no cumplimiento. De ejecutarse la
amenaza se pierde todo poder. Por esta razón la acumulación de evidencia. Se
destinaba a no ser usada. El usarla desarticulaba la red y equivalía a la fisura del
poder. Desmontar el chantaje y exhibir la transgresión desarraiga el origen del
poder.

En situaciones de doble registro su subsistencia y perdurabilidad depende del
paralelismo de los discursos. El discurso democrático, el discurso normativo, que
es el discurso del saber, debe quedar desconectado de las reglas del discurso del
boss, del amo, del capo. El acercamiento entre los discursos amenaza la
sobrevivencia de la ficción democrática. A mayor proximidad mayor riesgo, mayor
violencia y menor transparencia. La lejanía evita la catástrofe. La base del
régimen es la distancia desde la que pueden moverse los hilos de la legalidad
simulada.

Un régimen corrupto debe impermeabilizarse y huir de la transparencia o, por el
contrario, convertirse en experto en burlarla con el doble registro de sus actos. En
el doble registro de un régimen corrupto el burlado es el pueblo, la sociedad, la
opinión pública, que es de quien se oculta el registro oscuro de los actos
prohibidos, el universo del goce auténtico y privado de límite que rige
paralelamente. El pueblo cumple el valor simbólico de la norma socialmente
aceptada y venerable, a la que el señor y amo del goce le es infiel. Montesinos
representa el papel del seductor, o de la mujer fatal, en tanto que Fujimori y toda
la red que claudica en el fantasma del goce son el observador impotente, el
adúltero. Fujimori y los representantes caídos son quienes saben algo, pero
deben ocultarlo (38).

Los tres actores principales del libreto están unidos en la etiqueta democrática,
pero en cuanto el pueblo tenga acceso al espacio de significados prohibidos
reservado para el seductor y el adúltero el pacto pierde todo su sustento. Desde
que el pueblo conoce que su fidelidad fue violentada el fantasma del régimen
democrático se desvanece. La ficción queda expuesta al trauma de la realidad
que irrumpe súbitamente como el amo que domina y burla la relación fiduciaria
entre el electorado y sus mandatarios. La defraudación desnuda la estupidez del

38
Cuando ι  ε κ examina el caso de la «mujer fatal» dice que a la vez que arruina la vida
de los hombres al mismo tiempo es víctima de su propia avidez de goce; está obsesionada por un
deseo de poder; manipula interminablemente a sus parejas, y es al mismo tiempo escalva de un
tercero ambigüo (…). Lo que le confiere un aura de misterio es precisamente el modo en que
resulta imposible situarla con claridad en la oposición del amo y el esclavo. En el mismo momento
en que parece llena de aplacer intenso, de pronto le revela que sufre inmensamente (…). Nunca
podemos estar seguros de si goza o sufre, de si manipula o es la víctima de una manipulación. En
Mirando al Sesgo, p. 112.
juego democrático. Este juego tenía sentido y tomaba su significación a partir de
la estrategia de dominio socialmente oculta.

Cuando se descubre el chantaje se disuelve el carácter constitutivo del régimen.
El video de Kouri es el síntoma del fantasma creado por la seducción de
Montesinos. El síntoma se presenta como la insurgencia de un hiato impredecible
que delata la condición ficticia del régimen político. Queda expuesta la invención
de la democracia como forma carente de poder. La institucionalidad es montada
para preservar la soberanía y articulaciones ocultas del poder. Para proteger y
preservar su goce pleno e ilimitado de la mirada represora de las convenciones y
del imposible simbólico del nombre-del-Padre.

La autocracia y la sociedad perversa

La política democrática -y la política en general- no puede nunca eliminar el
conflicto y el dislocamiento, el antagonismo y la división. La meta es más bien
establecer una unidad dentro de un ambiente de conflicto y de diversidad; crear
una sociedad enteramente dudosa, afectada por una auto-duda productiva, una
sociedad que atraviesa el espejo de su imagen utópica identificándola con su
supuesto enemigo (39). El enemigo más importante es el que aspira a suturar la
sociedad en una igualdad uniforme de criterios. La univocidad masificada de
opiniones. La ausencia de fisuras propia del discurso autocrático y totalitario.

Pero los enemigos no son tontos. El líder autocrático no ignora que él será
escrutado como enemigo. Tiene que maximizar sus esfuerzos de representación
para pasar por líder democrático. De ahí que maneje con sutileza la técnica de los
discursos. Debe ser el amo haciéndole creer al pueblo que el amo es él y que él
lo complace y lo sirve. Debe fingir la mímesis completa del acoplamiento entre su
voluntad y la voluntad del pueblo. Pero la voluntad del pueblo no debe ser sino la
que él le imponga. El amo le dice al pueblo qué es lo que quiere, aunque el
pueblo escuche que el amo quiere saber cuál es su voluntad.

No es fácil discernir a ciencia cierta quién es finalmente el amo y quién el esclavo.
Si el gobernante autocrático que simula sumisión al pueblo, o si el pueblo que cae
ante el seductor. Si el gobernante que se pervierte para simular que gobierna
democráticamente, o si el pueblo que accede al goce del gobernante
concediéndole el poder de regir y representar sobre una verdad simulada.

Sea como fuese, el hecho concreto es que el gobernante autocrático simula su
respeto y adecuación a la ley y régimen democráticos. Y esta simulación es un
signo de su perversión. La perversión es una forma cultural psicopática, tanto en
lo individual como en lo colectivo. Es una forma difundida y aceptada de
comportamiento, siempre que no supere el marco de marginalidad en el que
puede sobrevivir. Por eso se trata de un régimen underground, subterráneo. Son
canales abiertos para el intercambio de impulsos e intereses entre los miembros
de la sociedad de todos los niveles y clases. El denominador común es que
39
Yannis Stavrakakis, Lacan and the Political, p. 112
atraviesa a todos los sectores sociales. El ciudadano perverso que crea esta
cultura psicopática no tiene remedio: ha aprendido a vivir en la marginalidad en la
cual le es posible, a un costo más bajo que el del mundo público oficial abierto,
obtener beneficios inmediatos. Puede satisfacerse en la dualidad de estándares
culturales abonando como mayor costo, si acaso, el desasosiego y la
intranquilidad por la deslealtad y falta de compromiso con la cultura pública
oficial.

La perversión es una forma de trastorno psíquico que externaliza de problemas
internos de forma tal que son los demás los que resultan afectados, o
perjudicados. Es en parte consecuencia de una socialización impropia de la
cultura pública oficial pero también es expresión de una cultura paralela aunque
sorda y silenciosa en cuya atmósfera se reproduce y florece. Consiste en un
conjunto de normas de socialización que conviven superpuestas a las normas
admitidas oficialmente. La perversión es una regla de sobrevivencia
eminentemente instintiva. Tiene una racionalidad, y se justifica a partir de la
afirmación del impulso de sobrevivir en una sociedad hostil. Por eso niega su
irresponsabilidad. Mejor aún, constituye en sí misma una ausencia del sentido de
responsabilización. Tiene una base cínica. Conoce la existencia de normas, pero
no admite tener que cumplirlas. No el cínico ni el perverso. Se siente compelido a
afirmar impulsivamente el código que consolida su egocentrismo, y lo hace sin
mostrar apego a otras personas.

La perversión es evasión de culpa y de vergüenza. Por el contrario, cuando se
trata de justificar la propia responsabilidad se define el código social como un
conjunto dual en el que la sociedad se mueve. La sociedad, se dice, atraviesa los
dos patrones y premisas. Ambos coexisten, organizan más o menos
armónicamente el desdoblamiento de códigos culturales y se intercomunican a
través de una interfase: son las alcantarillas desde las cuales fundan el discurso
perverso, psicopático y cínico de nuestra sociedad, que finalmente es el discurso
caradura, del vivo, del pendejo, del que quiere salvarse de ser lorna a toda costa,
pero que no obstante simula su adaptación a la norma cultural pública y oficial.

La condición del perverso es una situación borderline, fronteriza, límite. Esta
condición se basa en la tolerancia y admisión implícita de la doble cultura en la
comunidad. Es en realidad una situación generalizada. Toda la sociedad es
afectada por un cuadro clínico. Es la sociedad misma la que está trastornada. No
hay enfermedad social porque el referente es ajeno a la propia sociedad. Es la
manifestación de síntomas la que expone la dualidad. Se expresa como una
permisividad consentida pero no exhibible en el todo social. Es decir, finalmente,
existe conciencia de que revelar la dualidad es motivo de escándalo. No debe
admitirse ni reconocerse. Es la propia estructura social la que establece la fijación
de funciones y de pautas perversas y cínicas de desempeño admitidas en ciertos
espacios y circunstancias, pero igualmente proscribe su difusión y extensión
generalizada.

La conducta perversa es parte del culto social, y por eso no puede extinguirse. El
pendejo es finalmente parte del santoral de la cultura popular en todas las clases
o grupos sociales. Sus desbordes son festejados y aplaudidos socialmente o
como parte de círculos de amigos. Es una forma viciosa de sabotear la
normalización de la sociedad a partir de pautas morales claras y francas. Su
existencia garantiza la pertinacia de su reproducción en la sociedad. No hay
incentivo para el fracaso del comportamiento vicioso. Por el contrario existen
incentivos esenciales para su permanencia y repetición.

Son las fuerzas interiores de la sociedad las que invisibilizan, las que avalan, las
que tratan como natural y como parte de la convención general las prácticas en
las que se mueve Montesinos para fabricar el fantasma detrás de la cual se
encubre. Son las formas inconcientes a cuya sombra se mimetiza el artífice del
fantasma para cumplir el más íntimo, impublicable e inconfesable de sus deseos.
Su voluntad de poder se ampara finalmente en el mismo régimen nocturno desde
el que emerge la voluntad de goce pleno e inagotable.

Los hábitos de la comunidad condonan el comportamiento oscuro. Es a la sombra
de esta forma cultural generalizada que Montesinos genera la red de sobornos
orientada a afirmar y consolidar la posesión del poder. Esa red es posible porque
el código vetado lo permite. Existe un espacio socialmente reconocido que
habilita la negociación.

El conocimiento y dominio de esta identidad cultural facilitó la organización de la
captura y acumulación de poder. Es más. Parte de la estrategia contaba con la
inaprehensibilidad del núcleo fuerte de nuestro inconciente colectivo. Conocía
bien que las investiduras de la conciencia no tenían la fuerza necesaria para
detener y censurar la emergencia del demonio, de las maniobras y propuestas
compartidas como cultura colectiva en el ámbito de la sombra. Es el reino de la
mafia, del lado sucio e inconfesable. Es el lado en el que emerge la pasión no
trabajada ni filtrada a la sombra de las represiones de la conciencia.

La sociedad perversa es la sociedad de la desconfianza, de la subversión contra
la norma establecida, de la absoluta ley individual. El reino de la anomia. Del
provecho individual absoluto. Se afirma la puerilidad de la palabra. La sociedad
perversa no cree en la palabra sino solamente en el vaciamiento personal para
favorecer el gozo de otro. Por eso se basa en la desubjetivización de los
individuos. En una sociedad perversa se valora la corrupción y la perversión que
anulan al sujeto en nombre de quien tenga el poder o la fuente de todo gozo.

Ahora bien, si el mundo de pulsiones no ha llegado a ser adecuadamente
inhibido, si la excitación del deseo colectivo encuentra el modo de aflorar
libremente su desagotamiento, ¿de qué modo es posible investir el
desagotamiento y descarga, de manera tal que sea menos invisible y aparezca en
el imaginario colectivo? ¿Cómo ordenar la sociopatía que habilitó la cultura en la
cual floreció el gestor del régimen paralelo de poder oculto?

La (in)consistencia del régimen
No obstante la diversidad de síntomas que uno llega a atravesar en el esfuerzo de
conocer la fantasía, siempre quedan áreas residuales, excrecencias o
archipiélagos sin explicación en los síntomas. A partir de los planteamientos de
Lacan se postula que puede responderse a esta cuestión mediante el concepto
de sinthome, el que se concibe como una formación significante que porta goce-
en-sentido. El síntoma entendido como sinthome es el punto que da congruencia
al sujeto y permite explicar los vacíos. El análisis de los actores y de a sociedad
política concluye cuando llega a reconocerse como soporte de su ser a lo Real de
su síntoma (40).

¿Qué significa ese núcleo a la vez tan íntimo para el sujeto, que es él más que él
mismo, y que resulta imposible de simbolizar? El sinthome es ese núcleo
insimbolizable de la realidad, por lo tanto carente de significante que pueda darle
forma, el atractor fundante y fundamental que genera la identidad del sujeto. Esa
fuente de identidad del sujeto es la fuerza que atrae y mueve las pulsiones, los
impulsos del sujeto, y también la fuerza irresistible que repele. Una de las figuras
que mejor se aproxima a esta naturaleza es la de la transgresión, una de cuyas
expresiones es la corrupción. Es una fuerza interior extraña insuprimible e
indetenible de la que dependen las pulsiones del sujeto.

Al llegar e identificar el sinthome el análisis se acerca a la cura. Cercado el
núcleo de goce inmune a la simbolización se ha cumplido con definir lo que da
consistencia y lo que sostiene el ser del individuo y de la cultura y el proyecto
fundamental de existencia que le da sentido. La veracidad del goce que es
garantizada y amparada por este sostén, que a la vez que atrae repele, es esa
singularidad patológica que se opone a la posición existencial auténtica.

La corrección propia de la autenticidad niega lo real inenarrable, indescriptible e
insimbolizable del núcleo del goce. La corrección de la autenticidad se inscribe en
la dimensión de lo simbólico, en el plano de la norma. Y si ese factor que nuclea y
que atrae las pulsiones del sujeto es el núcleo corrupto de la transgresión, de la
perversión y del cinismo, la cura culmina con la identificación y encaramiento de
la patología alrededor de la cual pulsa el proyecto del sujeto y de esa cultura que
rige, como residuo insimbolizable, inexpresable e incuestionable, la vida de goce.

Dos preguntas. ¿Cómo se conoce el sinthome que encarna el residuo
innombrable e irredimible por el verbo, por la palabra?, y ¿tiene sentido pedir o
esperar la liberación del núcleo afónico, sin significante ni forma? Estas preguntas
tienen que ver con la cuestión de quién es verdaderamente el Amo, si lo real del
goce indescriptible e inabordable, o si lo simbólico de la norma, del significante de
la cultura. La sutura y consistencia del régimen deben ser insostenibles al pasar

40
El Sublime Objeto de la Ideología, pp. 110-111. De igual manera, en ι  ε κ ; Mirando al
sesgo, pp. 219-221, donde se precisa que A diferencia del síntoma, el sinthome es un contenido
sin forma, es el goce a cuyo alrededor circunda y gira la pulsión. Es el núcleo de goce que atrae a
la vez que repele. El sinthome es el sostén de la consistencia del sujeto, lo que le da su unidad
independientemente de cualquier articulación con el universo simbólico El sinthome es el punto de
“lo que es en el sujeto más que él mismo”
por el test del sinthome. El discurso del gobernante no debe, si espera sostenerse
en lo Real, pretender su propia consistencia. La vida política no es una vida
suturada en la que los contrarios se complementan (plano imaginario). Pero
tampoco es cierto que los sean solamente diferentes. Los contrarios se fundan en
lo imposible de lo Real. No tiene sentido postularlos, verazmente, como
autosostenibles ni autosuficientes..

¿Es, pues, hora de liberarnos de la corrupción y del autoritarismo?

El Presidente Paniagua decía en su discurso del 26 de Junio del 2001 en la
ceremonia de inauguración de la Primera Conferencia Nacional Anticorrupción,
que es hora, pues, de iniciar una nueva etapa de nuestra vida republicana, de
liberarnos de la corrupción, pero de liberarnos también del autoritarismo y
construir una democracia constitucional firme, estable y longeva. ¿Qué sentido se
encierra en esta invocación? ¿Qué haría verosímil que ésta sea la oportunidad de
concentrar los esfuerzos para reducir la invulnerabilidad de la corrupción?

El propósito de toda sociedad es vivir dentro de un marco mínimo de orden que
permita el desarrollo normal de los distintos proyectos de vida de cada individuo.
La corrupción perjudica el gobierno de la sociedad, que carece de la autoridad del
reconocimiento universal cuando se establecen prácticas de control social
paralelas. Por eso es natural y está bien que corresponda al gobierno velar por la
primacía de una norma y costumbres cuyos contenidos son cautelados por el
Estado. Sin embargo, es igualmente pertinente preguntarnos qué hora especial es
esta que tiene mayor importancia o urgencia para decidirnos a liberarnos de la
corrupción y del autoritarismo.

¿Qué ha cambiado que sea especialmente motivador para que se invoque a la
colectividad que opte, con carácter final y definitivo, por una raíz y norma ajena a
la de la corrupción? ¿Qué podría justificar la perspectiva fundamental del
presidente Paniagua? ¿Y qué perspectiva factible y realizable de éxito cabría
esperar? ¿O se trata de una formulación retórica?

Lo claro es que se trata del anuncio oficial de una voluntad de eliminar la
corrupción como régimen paralelo en la estructura de poder. De reprimirla en
nombre de un orden simbólico garante del ideal y del imaginario del orden. ¿Cuál
es el sentido de invocar la segregación de la corrupción? ¿Es posible emascularla
del régimen de gobierno sin atacar la corrupción como perspectiva, como actitud,
o como Weltanschaung, en un mundo en el que una de las principales fuentes en
el flujo del poder económico se da a través del mercado negro de la venta de
armamento y de drogas, en un mundo en el que por la propia ineficiencia del
gobierno se genera un mercado paralelo de tráfico de influencias que resulta ser
más eficiente para el individuo? ¿Es realista pedir y esperar una voluntad decisiva
en la población para abolir la corrupción de la esfera pública, sin que los propios
individuos de la comunidad se comprometan decisivamente a vigilar y amputar la
dimensión privada que ella ocupa como norma tolerada en la esfera privada?
¿Qué resultado efectivo es posible lograr a partir de la exhortación del presidente
Paniagua?

La pretensión de una erradicación absoluta sería ilusa. Por lo tanto, debe
asumirse que el deseo presidencial tiene un marco realista. Que aspira a una
reducción y minimización a niveles controlables y soportables. No es la
persuasión mesiánica e hipnótica de un iluminado. Es más bien una apelación y
un rogatorio para aunar voluntades y esfuerzos para estudiar mejor la situación
integral, con el fin de prepararnos con propuestas para modificar las causas que
la originan; para evitar las condiciones materiales que la favorecen; para
desincentivar los mecanismos institucionales y humanos que determinan su
manifestación, propagación y aceptación generalizada; para castigar a quienes
quebrantan los contenidos y estándares acordados por quienes legislan y regulan
la conducta penable y sus sanciones; y para aplicar las penas cuando se
comprueben las infracciones contra las normas.

Una urgencia como la que expresa el presidente Paniagua para liberarnos ahora
de la corrupción y del autoritarismo favorece y precipita la convocatoria a
cónclaves y anfiteatros de aliñados ponentes y distinguidos cirujanos sociales, no
menos que la oferta recíproca en el mercado de seminarios, talleres y cursos
anticorrupción. El denominador común de la metástasis que será fecunda en
recetas y propuestas salvíficas. Una tras otra todas las cuales, es previsible, se
sucederán con la misma unción y sin mayor variación. Todas se presentarán con
el mismo carácter cosmético, decorativo, que tiene el devoto evangelio de los
redentores. Y quedará una y otra vez el problema sin erradicar. El problema es
irradicable. Se minimizará, se mimetizará, ocupará menos atención, pero no
dejará su naturaleza amenazante.

Dentro de los supuestos del psicoanálisis lacaniano sólo es mediante el
metalenguaje como puede conocerse lo Real. El metalenguaje no es, además una
vía imaginaria, sino la única manera de evitar afirmar el posicionamiento ante lo
Real. Sin embargo, el propio metalenguaje es él mismo una forma de lenguaje, y
por eso es finalmente absurdo pretender aprehender lo Real de una manera
directa y definitiva. Lo Real permanece siempre como la otredad absoluta, la
fisura insuturable, y el conocimiento imposible de la identidad. Toda referencia a
lo Real es tangencial (41). Si la identidad es inalcanzable, la voluntad de sentido
es imposible. Y toda pretensión de unidad es sólo provisional, temporal,
transitoria.

Para el propio pensamiento psicoanalítico lacaniano el símbolo de la
imposibilidad de aprehender esta identidad es el falo. El falo es el índice de la
castración, de la ausencia, de la incapacidad de llegar al goce definitivo y
auténtico. El falo es el significante que debe atravesar y al que debe engancharse
el goce, porque es el objeto que da cuerpo a la pérdida fundamental con su
presencia, y porque cuanto más se manifiesta el poder mayor es la confirmación
de la falta, de la impotencia (42)
41
El Sublime Objeto de la Ideología, p. 205
42
Ob. cit., p. 206
El hombre es un ser inacabado y siempre está en búsqueda. Hasta que se muere
aprende y se va completando. Está siempre incompleto. Por eso su deseo es
siempre inacabado también. Nunca culmina el proyecto de realización de sus
deseos internos. Queda siempre insatisfecho. Probablemente el sentido más
apropiado para la bienintencionada invocación del presidente Paniagua sea esa
promesa de la vida peruana en que pensaba Victor Andrés Belaunde cuando
alertando a los hombres de su tiempo contra las utopías imperativas, proponía la
apuesta por las utopías indicativas.

En este orden de ideas la fantasía de la pendejada que parece definir el carácter
de la cultura peruana, por ejemplo, deja sin procesar e invisibiliza aspectos
relativos al antagonismo real entre grupos sociales, la ética del éxito, la lógica de
la popularidad, la ideología del rendimiento y de la eficacia, el discurso de la
gobernabilidad, y ello ocurre así como resultado de la visión o imagen de una
sociedad en la que todos deben luchar por su propia sobrevivencia desde una
perspectiva eminentemente individual, de espaldas incluso a la ley y al sentido de
justicia. La postulación de una utopía no imperativa sino indicativa recoge la
propuesta de una crítica de la cultura que hace suya la misión de identificar y de
denunciar el goce permitido por la fantasía social que fundamenta la ideología, a
la vez que mostrar lo que de arbitrario expresan las imágenes primordiales de la
propia ideología de la gobernabilidad, o del Estado democrático-constitucional. La
fantasía y el discurso de la pendejada y de la postura criolla debiera explicitarse
lo que de perverso o de cínico hay en esa fantasía, de manera que la mayor
familiaridad con lo Real reoriente las opciones de conducta ética que requiere la
comunidad peruana..

Parece necesario tener presente la advertencia que, desde el propio punto de
vista lacaniano, hace Stavrakakis. Dice él que atravesar la fantasía del
pensamiento utópico parece ser una de las más importantes tareas de nuestra
era. La actual crisis de la utopía no es causa de concernimiento sino de
celebración. Pero entonces. ¿por la política de hoy en día es una política de la
aporía? Sólo puede haber una explicación plausible: solamente porque, en la
esfera ética, el ideal fantasmático de armonía es aún dominante. Si nos situamos
todavía en un terreno de aporía y de frustración es porque todavía fantaseamos
algo que se revela en aumento como imposible y como catastrófico. Aceptar la
imposibilidad final parece ser el único modo de salir de este estado problemático
(43). El desmantelamiento de la fantasía, la denuncia del conflicto ontológico, la
revelación de la imposibilidad epistemológica, y la explicitación de los dobles
registros inherentes al discurso son indispensables para conocer nuestra cultura y
para enderezar con mayor eficiencia nuestros esfuerzos hacia el cambio social,
que es una manera de decir hacia el cambio de nuestra humanidad, de una
humanidad barrada, dividida, fragmentada e incompleta.

Si bien alcanzar lo Real de la identidad con los ideales que indican las utopías es
un imposible, lo que no es imposible, también según la corriente lacaniana, es
constatar la coincidencia de los polos opuestos; que cada polo es él mismo su
43
Lacan and the political, Yannis Stavrakakis, p. 110
opuesto y que el Ser se nos revela como Nada. Si bien lo Real no puede quedar
circunscrito y atorado en la pupila del hombre para siempre, lo que sí puede
registrarse es la imposibilidad de registrarlo. Ahí aparece el trauma que es causa
de todos los fracasos. Como lo dice ι  ε κ , el objeto como real es en último
término el límite: siempre puede ser rebasado pero nunca puede ser alcanzado
(44).

Una lección que debe recordarse luego de haber constatado y atravesado los
síntomas del régimen, es asumir los riesgos de la posición psicopática, de la
cautela, a fin de no dejarnos arrasar por los torbellinos de la masificación de las
creencias ni la inducción eficaz de los mensajes que el poderoso dicta a través de
sus discursos, sean o no a través de medio audiovisuales. Es necesario
conservar la salud e independencia mental tanto frente al trauma y al horror de lo
siniestro, como frente a las propuestas acarameladas con las que el Estado
necesita granjearse su propia legitimidad. Evitar toda promiscuidad con el prójimo
es naturalmente una posición socialmente riesgosa. Sin embargo, no hay otro
modo de vivir auténticamente la conciencia de nuestra individualidad si no es
críticamente. Sin matices. Es cosa de réprobos, pero no hay otra medicina para
evitar la inmolación de nuestra vida en aras de la lógica inescrupulosa de la
popularidad de los gobernantes que, en grados más o grados menos, ofertan
utopías imperativas, en cuyo núcleo fuerte no dejan de reproducirse el deseo
perverso ni la fantasía de la pendejada. Contra la lógica de la popularidad Weber
propuso la ética de la responsabilidad y la ética de la convicción. Ésa es la
dirección hacia la que indican las nuevas utopías.

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El Sublime Objeto de la Ideología,. p. 225