LOS MELLIZOS Y EL DISCURSO DEL AMO

POR CÉSAR DELGADO-GUEMBES (*)

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Los mellizos La fantasía, los discursos y la utopía

La Molina, 4 de Setiembre del 2002

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Profesor de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú

LOS MELLIZOS Y EL DISCURSO DEL AMO
« CORRUPCIÓN. Nombre genérico en política, con el que se designa todo lo que se sale de las reglas establecidas. Cuando las costumbres públicas se han corrompido hasta el extremo de que las leyes pierdan su vigor; y la avaricia, la bajeza, la astucia sean respetadas; el desinterés, la nobleza y la rectitud despreciadas, entonces la sociedad camina a su disolución y está próxima a la tiranía, a la anarquía o a la conquista. La corrupción de las costumbres ha precedido siempre a la caída de los imperios; mas cuando esta corrupción no ha pasado de las altas clases, se ha quedado dentro de los palacios, conservando el pueblo su sanidad, entonces la corrupción de los gobiernos ha servido a la regeneración social: un pueblo no se pierde por la corrupción de sus gobernantes, sino por su propia corrupción » Diccionario Republicano para el Pueblo, de Juan Espinosa, p. 255 « No hay documento de cultura que no lo sea simultáneamente de barbarie » Walter Benjamin « Es el Barrabás de la cruz, mientras a Cristo lo lloraban todas sus mujeres » Abelardo Sanchez-León

Las revelaciones que se inician el 14 de Setiembre del 2000 exhiben la doble vida del régimen de Fujimori. Su status adulterino. La evidencia e irrupción automática de lo real. Y también las escaseces y limitaciones del Estado de Derecho. Un Estado cuyos actos no dejaban de sustentarse en el derecho, y un Derecho que aplicaba rigurosamente por las normas creadas por la autoridad elegida directamente por el pueblo. Las consistencias e impecabilidad en la argumentativa legal enmascaraban distintos niveles de ocultamiento y tenebrosidad. El Estado de Derecho era la trampa. La axiología e ideología liberal que lo postulan como norma fueron expropiadas para servir intereses inexhibibles ante la comunidad. Era parte de la maquinaria de simulaciones. Fue la base rigurosa para sostener el poder. Un régimen de chacales tejió con él una red tarantulesca en la que era regurgitada la oposición. El discurso de la autoridad carecía de contenido unívoco. Tras el discurso de la ciencia regía el discurso del amo. Era el discurso de la operatividad y de la eficacia pragmática. El discurso compulsivo construido para asegurar resultados. A partir del 14 de Setiembre del 2000 por primera vez puede encontrarse la clave del desdoblamiento. Sólo desde entonces cabe el ajuste de cuentas con la realidad del régimen. Enfrentar la evidencia maciza del primer video conmovió de tal modo a la sociedad que afloró por primera vez el agnosticismo y de la incredulidad de la vida política.

El ajuste de cuentas sirvió para mostrar la entraña del poder. No sólo del régimen fujimontesinista. El pueblo entendió estar ante un fenómeno universal en el uso del poder. No sólo ante una excepción. Vio ante sí la dinámica y la marca de un rasgo esencial. Muchos dijeron, como me lo comunicó un taxista el 26 de Junio en el trayecto a la Universidad, que «finalmente se conoce la verdad». No se referían a la verdad de la conspiración dirigida por Montesinos y Fujimori. El pueblo quiso ver la ontología del mal. A los más perspicaces incluso los asaltó la radicalidad de una sospecha ingenua. La posibilidad de que en la exposición descarnada del horror y la náusea de los gobernantes y poderosos encontraban la familiaridad cotidiana de una epidemia que no les era ajena. La epidemia nada fantástica de sus propias imposturas, falsedades y la inautenticidad de sus dualidades individuales. La enfermedad esencial del ser humano de no poder conseguir todo el tiempo el proyecto de su propia autenticidad. El video Kouri-Montesinos les mostró el vértigo de su propio tiempo. El síntoma de una modernidad apresurada, pragmática, utilitaria y descreída. Verse de pronto cara a cara en el espejo del paralelismo existencial tiene como consecuencia la revelación de las precariedades de la representación misma. Y por lo mismo la urgencia de bastarse y de prescindir de quien no tiene atributo especial alguno que merezca que se le privilegie como representante. El reconocimiento de que, a fin de cuentas, para constatar que los representantes viven en una atmósfera tan enrarecida y viciosa como en la que cada quien está sumergido, pues, en ese cada quien puede bastarse y los representantes sobran. La vida política no entraña virtud sino el prosaismo propio de una naturaleza esencialmente corrupta, en la que la representación no es otra cosa que un mecanismo automático de reproducción de la misma naturaleza, del que es poco lo que beneficia a cada individuo. La condición electoral del sujeto está envilecida porque lo concibe como parte insignificante de una maquinaria todopoderosa que lo sacrifica en el altar de una representación tan supuesta como dudosa. La cadena significante en la que se engancha el sujeto tiene un doble registro y un pacto. Sólo que el amo no dejó que el elector lo sepa. El elector es un fusible que debe quemarse para que el circuito prenda. Una vez en marcha el fusible quemado ya no cuenta y el circuito no lo necesita. La suya fue una necesidad episódica y su condición la de un objeto descartable. El Estado no le pertenece. Es un objeto apropiado por quienes procuran, gestionan y consiguen la posición privilegiada de representantes. Pero de representantes de sí mismos. Es que descubrir la clandestinidad del poder opera como el percutor en el suicida. La realidad le devuelve autenticidad al hombre. Lo redime. Le enseña que no está solo en su disociación. Que todos están solos. Que no necesitan la farsa de la representación para vivir la farsa de su propia presencia. La revelación de la corrupción desmonta la trama, y muestra la vacuidad y las ausencias del discurso político. Muestra cómo era esencialmente ilegítimo. Cómo para decir lo que necesitan decir no era necesario que nadie lo diga por ellos. Es más: advierte que

lo que él tenía que decir no era dicho. Pero el video sí lo dijo. Y la verdad de la pantalla lo ha redimido. Ya no es más herético declarar el fracaso del sistema político. La representación es un mecanismo de cosificación de la sociedad. Para sepultarla. Para consagrar la primacía del cadáver sobre la carne y los cuerpos vivos. Exhibido el espejo en la pantalla, el reflejo recuperó su dimensión bidimensional y suntuaria, inútil. El círculo se ha cerrado. Es la lógica del discurso cínico. Finalmente es el discurso narcisista, perverso y caprichoso del individualismo. La coherencia maldita del proyecto moderno sobre la autonomía del individuo, y el carácter mecánico de la física política. Eso es la teoría de la representación: una ficción. Igual que el Estado. Pura representación de atributos e imputaciones abstractas; mentales; incorpóreas y sin correlato en seres ni voluntades humanas. El individuo finalmente ha llegado a comprender de manera trágica que el gato encerrado era él mismo. Y que le corresponde a él mismo escapar de la despensa antes que se caliente demasiado el horno. Comprende, luego de atravesar el síntoma de los encuentros clandestinos y furtivos a sus espaldas advirtió, al fin, la imposibilidad de su proyecto colectivo. Que el Gólgota no es un imperativo categórico de su existencia. Que la sobrevivencia y validez social, lo críptico de las ficciones y las enredadas representaciones legales, dependía de que él no se diera cuenta que todo era simulacro. Que nunca estuviera en capacidad de observar el núcleo prohibido del poder. Que nunca accediera al espectáculo del goce psicótico de la corrupción. Que nunca estuviera en capacidad de ver en la pantalla pública el reflejo de sus miserias privadas. Advirtió pues que la moralidad de la vida pública había dependido de que permaneciera oculta la vida paralela y clandestina de la usurpación de su poder y presencia política efectiva. Advirtió de pronto que toda la socialidad de su existencia carecía de necesidad. Que la sociedad era construida a partir de su propia performance. Que fue convenida. Y que la convención no fue tan buena después de todo. Porque simulaba un estado de civilización aparente, en el que tras las sofisticaciones del Estado él quedaba a merced de la barbarie y de la jungla del absurdo. De la arbitrariedad de quienes decían hablar con la voz y en nombre de la Ley, tan ciega, neutral y objetiva, como objetiva es la ponzoña con la que congelan el tejido social, neutral la fatalidad con la que hipnotizan las conciencias, y ciego el escrúpulo con el que succionan la vida de las mentes críticas. El individuo conoce el bien y el mal. Y cae en cuenta que él está más allá de la convención que marca las diferencias. Y que o el poder es suyo, o no cabe endosárselo a nadie. Y como la camarilla que se interesa en subsistir a costa de la farsa no está dispuesta a compartir ni a debilitar el poder del que se ha apropiado, todo el sistema colapsa. La vida política se anorexietiza. Acaba la farmacéutica del proyecto moderno. La víctima se rebela contra el dios devorador. Revelado su abandono efectivo y tramposo por el padre primordial el individuo toma el poder que se le timó El individuo se encogerá de hombros. Y el mundo político rodará al vacío de su propia existencia. Sin contar con criatura sísifica alguna del Olimpo que reitere el rito. La roca quedará en la sima. Sin que nadie la

levante. No hay Sísifo, ni Olimpo, ni rito, ni Estado. El mito quedó descubierto en su vacío. El símbolo se desvaneció. Y lo real se impondrá para siempre. El hombre quedará solo y volverá al pánico, histeria, riesgos y amenazas propias de su naturaleza. Pura presencia. Sin representación ni mandatos. Sin Orden y sin Derecho.

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LOS MELLIZOS

EL NOMBRE-DEL-PADRE FUJIMORI,

EL GOCE-DE-LA-MADRE

MONTESINOS Fujimori avant Montesinos

A pocos días de la primera revelación de las intimidades viscerales del régimen, cuando Montesinos ya había fugado por primera vez del Perú, los medios reportaban que el 93% de la población desaprobaba a Montesinos, que el 62% seguía aprobando la gestión pública de Fujimori, y que el 80% estaba de acuerdo con la voluntad de Fujimori de apartarse prematuramente del gobierno según el anuncio del 15 de Setiembre (1). En explicable concordancia con tal tendencia, Keiko Fujimori ese mismo día declaraba en entrevista televisiva que su padre no había hecho caso a los rumores, que continuó confiando en Montesinos, y que debía recordársele como una persona que luchó por la paz, que derrotó al terrorismo, que salvó la economía nacional, y que al final conquistó la democracia (2). Era la versión de que Fujimori estaba fuera de toda sospecha, y que Montesinos era el agente satánico del poder, que había urdido una trama a espaldas de Fujimori. La tesis era que Fujimori había resultado ser una persona ingenua, poco perspicaz. Un mes después, cuando era evidente que Keiko Fujimori había roto fuegos contra Montesinos, declaró nuevamente sobre el asesor de su padre. Lo responsabilizó primero de facilitar videos en los que aparecían algunos miembros de su familia en tomas totalmente privadas algunas y hasta bochornosas otras (3). Y lo responsabilizó además de las amenazas que recibía contra su seguridad. Uno y otro hecho dejaban ver que no obstante haber fugado del país los hilos de su trama seguían operativos. Estos hilos y trama eran los que habían conseguido facilitar el acceso a un video de su familia, y además a recibir una amenaza contra su integridad física (4). Algunos meses después, casi apenas llegado al Perú Montesinos luego de su captura del 24 de Junio del 2001, Keiko Fujimori fue nuevamente foco de su atención. Montesinos la responsabilizó de haber sido ella quien proporcionó el
Ver el diario El Comercio, del 1 de Octubre del 2000, sección A, p. 1. Entrevista de Mónica Delta en el programa Panorama de Panamericana Televisión, Canal 5, el domingo 1 de Octubre. El texto fue consignado igualmente en el diario La República del 2 de Octubre, p. 6. 3 La alusión está referida a un video casero grabado por Kenji e Hiro Fujimori. Al comentar dicho video La República decía que lo que resulta grotesco sonlas imágenes de la anciana madre del ex presidente, Mitsue Fujimori, en tomas verdaderamente bochornosas para una mujer de su edad; la manera cómo mataban el tiempo los hijos del fugado ex presidente y las escasas condiciones artísiticas de la ex Primera Dama. Edición del 4 de Diciembre del 2000, p. 2 4 Ver la nota Ahora Keiko dice que está amenazada. Acusa a Vladimiro Montesinos de hacer campaña sucia, que apareció en La República el 4 de Diciembre del 2000, p. 3
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video Kouri a su madre, Susana Higushi, quien a su vez lo puso a disposición de Fernando Olivera (5). Cabe la pregunta natural sobre la veracidad de la afirmación de Montesinos, porque hay que considerar que la versión manejada hasta antes de su declaración judicial era que quien obtuvo el video fue un oficial descontento de la marina de guerra. La versión de Montesinos abre un nuevo frente interpretativo que debe leerse en concordancia con el estilo y la finalidad general de su discurso. Con tanta mayor razón cuanto que esta versión fue negada tanto por Keiko Fujimori, como por Susana Higushi. El discurso general de Montesinos es el de presentarse como la sombra o el reverso de Alberto Fujimori, su mellizo. No tiene poder sin Fujimori. Fujimori es la bisagra que lo conecta con la red del mundo oficial. Sin él el potencial de su poder es inefectivo. Dentro de esta dinámica, vencido y capturado, Motesinos necesita respaldar su defensa y activar mecanismos que muevan al propio Fujimori a no desentenderse de él, a concebir su defensa de modo mancomunado, a tenerlo como referente en la argumentación de su caso. Coherentemente con este esquema opta por vincular a Keiko Fujimori. Keiko es el nexo con el padre. Se convierte en la prenda visible y tangible; en la marca y la señal del vínculo prohibido. Se configura una relación de chantaje, con secuestro y prenda de rescate. El mensaje no debe leerse literalmente. El propósito de Montesinos no es en realidad que se identifique a Keiko como la protagonista de la entrega. Su finalidad es que se reconozca su poder sobre Fujimori a través de su capacidad para construir un discurso en el que un familiar de Fujimori que le es muy cercano resulta ser protagonista con posibilidades de convertirse en víctima. El mensaje de Montesinos es que sigue teniendo poder sobre Fujimori, una de cuyas expresiones es la salud o integridad física de Keiko Fujimori. Sin embargo, la declaración sobre el compromiso de Keiko Fujimori en la entrega del video no se agota allí. Tanto como le interesa a Montesinos resaltar su poder sobre Fujimori, no le interesa menos destacar la presencia de quien deja de mencionar. Nadie cobra más protagonismo con la declaración sobre la supuesta participación de Keiko en su entrega, que el propio y efectivo responsable de la misma. Otro mensaje cifrado. En esta ocasión la falta del discurso es más grande y notable, porque él conocía bien que quien entregó el video al Frente Independiente Moralizador fue el marino descontento, y no Keiko Fujimori. Dar un nombre falso sirve para llamar la atención de sus interlocutores reales. La versión que emite ante el juez y el fiscal le tienen menor cuidado que el mensaje que el desliza para el universo que trasciende la investigación judicial. Percibe que su defensa no proviene de lo que deje constancia en el expediente, sino del movimiento que se genere al margen del universo judicial. Una vez más, la articulación simbólica cobra segunda importancia frente al mundo de lo real, sujeto a una dinámica insimbolizable paralela, e inabordable por el discurso y por la palabra.
Esta referencia fue desmentida tanto por el asesor de Susana Higushi, que señaló que ella no tuvo participación en esa acción ni fue quien le dio el video a Fernando Olivera (La República, 28 de Junio del 2001, p. 7), como por la propia Keiko Fujimori en declaraciones escuetas a los medios televisivos aparecidas el 29 de Junio del 2001.
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Involucrar a Keiko Fujimori no sólo la secuestra dentro de la red del discurso falso, del fantasma, sino que le permite reeditar la responsabilidad del verdadero responsable, cuya integridad también es puesta bajo fuego por el silencio. El marino debe sobrevivir con la sensación de que en cualquier momento se revelará su identidad y quedará expuesto como infractor del código de la mafia y de la corrupción. Eso lo expondrá también a sus venganzas. No puede salvarse. Ya es parte de la red. Él fue quien entregó a Montesinos y acabó indirectamente con Fujimori. El FIM se valió de su descontento para desmantelar y atravesar el síntoma. Para exponer el fantasma. El marino se convierte en el eje irreductible del fin. Y el silencio de Montesinos ensordece sus reflejos. Lo aturde. Ambos comparten el mismo núcleo inevitable, silencioso y siniestro del goce. Uno por haber entregado al responsable de la mentira, y el otro por el calculado y dilatado retraso de su reconocimiento. Un modo exacto en el que el silencio habla con mayor y más violenta contundencia que la voz, y lo perturbe con mayor fuerza. La relación entre los Fujimori y Montesinos se presenta, de este modo, como una relación antagónica; no complementaria, ni armónica. Keiko Fujimori postula una tesis maniquea. Alberto Fujimori es la encarnación de los bienes de la república, en tanto que Montesinos está en una posición mefistofélica, diabólica. Fujimori cumplió su papel conforme a la ley y en fidelidad a su compromiso con la moralidad de todo hombre público. Fujimori se postula como un hombre de honor y venerable, cuyo error capital fue su terquedad para no reconocer la malignidad de su más cercano asesor. Una variante de la misma historia es la de la familia de Montesinos, que reporta el diario Yomiura de Tokio, cuando uno de sus agentes entrevistó a la esposa de Montesinos Trinidad Becerra en Lima. Ella y su hija Silvana habrían coincidido en señalar que lejos de que haya sido Montesinos el personaje maligno, la realidad era que Fujimori conocía perfectamente todas las actividades que llevaba adelante Montesinos (6). Montesinos sería, en este esquema, el gestor de un proyecto compartido en el que el objetivo central era la plena capacitación para que Fujimori ocupe todo el poder, y el objetivo secundario la libertad de desenvolvimiento moral y financiero de Montesinos. Ni Fujimori podía estar a cargo de la gerencia del registro subterráneo, ni Montesinos podía ocupar una posición pública en el registro oficial. Los puntos nodales debían reducirse al mínimo; esto es, invisibilizarse al máximo. Lo cual significaba que Fujimori debía facilitar la libertad de acción en el universo oculto para Montesinos, y Montesinos debía actuar con la máxima eficacia para maximizar la acumulación de poder de Fujimori en todas las esferas posibles. En el propio diario Yomiura constaría la versión de Trinidad Becerra y Silvana Montesinos de que Fujimori no solamente estaba al tanto de todo lo que hacía Montesinos, sino que mientras Montesinos «trabajaba» 24 horas en el SIN, Fujimori disfrutaba del poder, de los viajes internacionales y del reconocimiento público (7). Es decir, Montesinos, era el operario de Fujimori y Fujimori era el
Cfrse. la edición del 6 de Julio del 2001 del diario La República, donde se reporta las pesquisas del diario Yomiura. Ver p. 2. 7 Loc. cit.
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adelantado en el goce. La tesis de Keiko Fujimori se ubicaría, en consecuencia, en el plano de los cuentos de hadas, en el que Montesinos sería el ogro malvado que retuvo embrujado al Presidente de la República. Sobre la hipótesis de la hija de Fujimori, dice Mirko Lauer que en la versión de Keiko Fujimori su padre padece de un encantamiento, pero que la interpretación del encantamiento no tiene acogida en un pueblo peruano que no se chupa el dedo (8). El papel que laboriosamente debía cumplir Montesinos servía para extender y reforzar el rol mesiánico de Fujimori en el imperio del registro oficial de la historia. La cocina en la que se preparaban los banquetes de poder tenía en Montesinos al chef experto en los máximos sabores, goces y placeres, a la vez que al escudero realista, ducho en chantajes, sobornos y tráfico de favores e influencias, así como al maestro en crueldad, espionaje, interceptaciones, torturas, secuestros, matanzas, desapariciones, tráfico de armas y de drogas (9). Según esta otra tesis, la dialéctica entre ambos no era de opuestos en el goce, puesto que ambos compartían los mismos secretos y el mismo compromiso con una misma meta, sino una de relación antagónica, de contrarios, de enemigos comunes de la ley. Montesinos generaba el goce de ambos en cada una de sus esferas. La maximización del poder de Fujimori, y el gobierno de las conciencias de la red de cómplices que camuflaba oficialmente al padre y dueño simbólico de todos los goces. Fujimori representaba al padre primordial y encarnaba al arquetipo de la fuente del poder. Montesinos, a su turno, era la madre proveedora del goce que debía transformarse en poder. Fujimori el símbolo, pero Montesinos el deseo. Porque Fujimori es presentado y percibido como la ley y Montesinos como el deseo, porque Fujimori aparece como el padre cruel y Montesinos como la madre complaciente que habilita el poder formal del padre con el dominio tenebroso de las llaves que abren todos los goces para el poder, por la dinámica de esa dualidad es que parece mucho más factible que Montesinos sea más fácilmente vulnerable. Mäs posible que el sultanato de Fujimori quede mejor cubierto y resulte más difícil exponerlo ante la justicia peruana. Montesinos, finalmente, es más claramente identificable como un personaje siniestro. Mientras que Fujimori tiene armas más poderosas para refugiarse en un halo simbólico de impunidad. El desmentido más grande para la historia de embrujos y encantamientos que narra Keiko Fujimori sobre la conducta angelical de su padre debiera ser la resolución con la que se cesa a Montesinos, en la que aparecen expresiones extrañas de agradecimiento que resultan paradójicamente elogiosas para quien, a pesar de la contundencia maciza de los hechos era a todas luces el artífice intelectual y material de registros inéditos e impublicables en la historia del país. Ya no cabía la ingenuidad en Fujimori. El agradecimiento por los servicios
Ver La República, edición del 3 de Octubre del 2000, p. 6 Los medios que seguían las incidencias de Montesinos en los procesos judiciales iniciados en su contra recogieron la versión de que habría admitido realizar pagos ilícitos pero que negó los cargos relacionados con el narcotráfico. Ver por ejemplo los diarios Expreso y Liberación del 5 de Julio, p. 5 en ambos periódicos.
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prestados era improcedente en este caso. La demanda era su despido sin contemplaciones. Un mandatario ejemplar, como el que proponía se recuerde a su papá Keiko Fujimori, no podía hacerse de la vista gorda en tamañas proporciones. A menos que la culpa lo obligara a condonar temblorosamente parte de la falta complicidad de su socio, que él mismo hubiera resultado presa del juego de los chantajes, o que se sintiera secuestrado por la cúpula militar fiel a Montesinos y hubiera tenido que firmar dicha resolución para evitar consecuencias peores para él o su familia (10). Entre otros datos que llaman igualmente la atención están la noticia publicada en el New York Times que daba cuenta del banquete ofrecido en un lujoso restaurante de Tokio por el miembro de la Dieta japonesa, señor Torao Tokuda, en el que se daba cuenta que entre los que tomaron el uso de la palabra estuvo el Gobernador de Tokio Shintaro Ishihara, quien dijo que Fujimori era una persona espléndida, que era víctima de un plan diabólico preparado por los Estados Unidos (11). Sobre el mismo Fujimori decía otro asistente miembro de la Dieta japonesa que estaba orgulloso del expresidente Fujimori y que tenía la impresión que la misma persona por la que sentía tanto orgullo por que ningún otro japonés había logrado estaría en peligro si retornara al Perú (12). Las acciones de gobierno de Fujimori tienen respaldo, como se ve, en un sector influyente y poderoso del Japón, que ignora y pasa por alto la responsabilidad que pudiera corresponderle en los manejos ilícitos o, por lo menos, moralmente reprobables de su régimen. En el contexto de la posición de este sector oficial de la vida política japonesa Fujimori sigue asumiendo la posición de la ley, del Nombre-del-Padre, y la suya es una función fálica, simbólica y represora. Por oposición Montesinos encaja en el rol del sujeto presimbólico, aturdido por el goce incontrolable e inagotable y, por ello, el responsable de todas las irregularidades que no alcanzan a Fujimori. La consecuencia de la conducta de Montesinos debiera llevarlo a una condena social y moral irredimible. Fujimori, por el contrario, tendría todo el respaldo de la ley. Su amparo legal, en última instancia, es la propia ley japonesa en la que encontrará el refugio, con el apoyo de un grupo de poderosos e influyentes legisladores y políticos nipones. En tanto que Fujimori está legal y simbólicamente cubierto, esta vez por la oficialidad y por la ley japonesa (que lo acoge como súbdito japonés, no obstante el status de nacional peruano oficialmente reconocido hasta por el propio emperador Akihito), Montesinos ha sido capturado por la policía y por la legalidad, y tendrá que recurrir a los vacíos de una normatividad insuficiente para que su conducta antijurídica no reciba sanción, precisamente por falta de tipicidad legal. Montesinos avant Fujimori
Ver, en esta misma línea argumentativa, los comentarios de Mirko Lauer en La República, del 13 de Octubre del 2000, p. 6 11 Cfrse. el artículo escrito por de Calvin Sims, «Fujimori is wined and dined by Tokyo´s powerful», aparecido en The New York Times, edición del 28 de Junio del 2001, http://www.nytimes.com/2001/06/28/world/28FUJI.html?searchpv=day05,. En este mismo artículo se indica que la recepción ofrecida por Tokuda costó aproximadamente 17 mil dólares. 12 Loc. cit.
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Complementaria y coincidentemente, en medio de la turbidez de su existencia oficial Montesinos, existe un ángulo emocional que lo hace más cercano a la sociedad desde su caída, y que lo apoya del manejo de la legalidad en su beneficio. Es el ángulo desde el que se despiertan compasiones. Un ángulo que trasciende las fronteras de los expedientes y de los cargos judiciales en su contra. Es la perspectiva de la sensibilización de la opinión pública en su favor a partir de los rasgos más humanos y vulnerables de su vida íntima. Los aspectos que le dan un tono cálido, que le sirve de respaldo para atacar las ineficiencias técnicas de la judicatura por vacíos insalvables para cubrir su inconducta. Pero también para contraponer su imagen de un modo menos desfavorable frente a Fujimori. En el artículo El corazón de Montesinos, Abelardo Sanchez-León resaltaba que Montesinos era un personaje digno de amor. Un personaje más humano que Fujimori. El asesor con entraña de hombre. El marido que respetó, en cuanto las circunstancias se lo permitieron, el hogar oficial. El esposo que no descuidó a la esposa. El padre solícito que en su refugio venezolano conservaba la foto de sus hijas en el velador. Y también el amante. Montesinos sensual, seductor. Amado y apasionado. Susceptible de caer en las fragilidades de su propia humanidad. El hombre capaz de vivir su división, su ruptura interior. El sujeto que en la cima del poder se ataranta ante las piernas y el culo de una mujer. Que admira la juventud, piel y curvas, y se minimiza. Se liliputiza a su mínima expresión. El corazón se le encoge y compunge. Y el hombre que llora. Que llora en el encuentro con la hija que lo visita, en medio de vergüenzas públicas inenarrables para ella. El hombre que ha sabido conservar la lealtad de su mujer en medio de todas sus infidelidades. El macho que sabe cómo mandar en su casa, como atender a los suyos. El padre de familia que tiene en su sitio a todos y no les esquiva el bienestar y cuidado. Desde que Montesinos aparece en escena con el video Kouri del 14 de Setiembre del 2000 aparecen aspectos ante la opinión pública que van delineando su humanidad, muy al contrario que la falta de humanidad de Fujimori. Sí, Fujimori no tiene corazón; no olvidemos que ha abandonado a su esposa e hijas, jamás podrá humanizarse. La imagen que nos ha vendido es la de una persona que no tiene ni alma ni afectos, y que si hacía sexo, eso es lo que hacía: sexo, just sex, mañaneros a la volada, sin amor, sin compromiso, sin apachurre (13). Por el contrario, Montesinos sí es digno de amor. Jacqueline Beltrán se enamoró y amó a un hombre casado a sabiendas de la imposibilidad de una consumación en el universo oficial de la sociedad. Era pasión lo que los unía, más allá de las represiones de la convención matrimonial. La humanidad de Montesinos sigue consolidándose con su captura. Se presenta como una víctima de su trabajo, de su obediencia al jefe, al Presidente de la República. Así se lo dijo al fiscal Jorge Luis Cortez Pineda, cuando le tomó sus declaraciones. El registro de los videos lo hace dentro del cumplimiento de sus funciones, para garantizar la reelección de Fujimori (14). Teme por su vida y
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Ver la revista Somos del diario El Comercio, sábado 7 de Julio del 2001, N° 761, p. 18. La República, edición del 26 de Junio del 2001, p. 2

prefiere comer solamente los alimentos que él o su famila se lo agencian. Se conoce qué alimentos le llevan. Anticucho de pollo, lasagna, helados y limonada. Y también la cordial familiaridad con la que trata a quienes lo custodian. Al jefe de requisitorias del Poder Judcial, Coronel Hermes Huaroto Zumari, le dice Huarotito, tu probarás mis alimentos en el tránsito hacia la carceleta del Poder Judicial (15). Y en la exacerbación de su humanidad se conoce igualmente finezas morales como la actitud del perdón. En la investigación a cargo del presidente de la Corte Superior, Sergio Salas Villalobos, le pide disculpas por hablar mal de él en el video sobre el proceso municipal de 1996, y le pide que se interese por la situacion de su hija, y de su familia, que no tienen nada que ver ( 16). Junto a estas delicadezas en el trato a su inquisidor, se conoce su cercanía con la religiosidad. Al abrir su billetera para mostrar sus documentos personales en el momento de rendir su instructiva se le cae una estampita de Sarita Colonia, la patrona de los microbuseros y de los delincuentes (17) En este clima humano, la personalidad de Montesinos va ocupando un lugar en la conciencia colectiva. Prende y florece. Es más, decía Sanchez-León, si por un tiempo el mal lo encarnó Montesinos y la ingenuidad Fujimori, ahora el sátrapa, el miserable, el cínico, el malnacido es el Chino (18). Fujimori es un personaje hermético, silencioso, inexpresivo, maquinalmente inhumano (19). Representa la ley en su falta de alma y espíritu humano. Lo contrario de Montesinos a quien se identifica como una persona que cayó en la falta por pasión. Nuevamente la dualidad entre la ley y el deseo. Pero así como Fujimori simboliza la ley y su represión, y él mismo somete a su familia a la dureza de su rigor, disciplina y silencios, Montesinos es quien escapa a su castración. Y en eso ambos están en la posición jerárquica más alta. Fujimori es la ley para todos, pero Montesinos es el único que tiene igualdad ante Montesinos. Es su alter ego. La imposible insustituibilidad de su sombra. Fujimori no tiene más poder que el que le asegura Montesinos. Fujimori no es nada sin Montesinos. Fujimori tiene el poder de la ley porque Montesinos se lo ha gestionado y se lo administra.

La República, edición del 26 de Junio del 2001, p. 3. El procedimiento relativo a las garantías respecto de un posible intento de envenenamiento, sin embargo, aparecen en la edición de La República del 29 de Junio del 2001, en la p. 3. Este procedimiento suponía que los alimentos debían ser probados, sucesivamente, por el cocinero, el oficial de la guardia penal, el efectivo a cargo de la custodia de la puerta, y por el encargado de entregar los alimentos. Aparentemente los controles serían tantos que posiblemente, o sería escasa la comida que le llegaría finalmente a Montesinos, o la paila debiera ser bastante más generosa para que le llegue lo indispensable para su nutrición. 16 Diario Liberación, edición del 26 de Junio del 2001, p. 3 17 Diario El Peruano, edición del 26 de Junio del 2001, p. 4 18 «El corazón de Montesinos», en la revista Somos, del diario El Comercio, 7 de Julio del 2001, p. 18 19 Adicionalmente al carácter huidizo de Fujimori se suman los resultados de las pesquisas que continúan haciéndose, que harían sospechar de que tendrían cuentas millonarias en bancos de Japón, Malasia, o Paraguay. Ver La República del 5 de Julio del 2001, pp. 2-3
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Montesinos da poder y sabe demasiado sobre el poder. Fujimori es por Montesinos. Pero Montesinos puede ser sin Fujimori. Su mundo puede subsistir y mutar sin perder su identidad. Fujimori tiene sobre sí la condena de subsistir en la posición rígida de la ley. Montesinos no tiene ni siquiera la condición de funcionario público. No aparece registrada su relación con el Estado sino de modo ocasional. Toda su existencia marchó en carril paralelo, sin la tiesura ni severidades de la racionalidad formal, ni las formalidades de la racionalidad burocrática. Fujimori no tiene este privilegio. No puede existir sino en el universo simbólico. No le es dado mancharse con otro goce que el de cumplir la ley que él mismo encarna. Toda racionalidad tiene sentido porque Montesinos la habilita desde la entraña del goce y la complacencia. La ley es ley porque Montesinos gestiona la aplicación e interpretación de su texto. Él gobierna a los hombres desde los que la ley habla. La bouche de la loi es la boca de Montesinos. Jueces, medios, ministros, militares y congresistas son la caja de resonancia o el reproductor de los guiones que él escribe. La ley del país se rige por la bouche d´égout, por la boca del desagüe, de la alcantarilla. El derecho no es un derecho objetivo, pero sí un derecho desubjetivado. Es decir el derecho perverso del poder que es manejado en la cloaca del régimen. No en los palacios, en los edificios ni los despachos públicos de la autoridad. Por eso Fujimori y Montesinos, ambos, aparecen juntos indisolublemente en el corazón del régimen. Es el régimen del padre primordial. El padre primordial que si es asesinado por sus hijos o súbditos vuelve a nacer simbólicamente para imponerse y dominar inderrocablemente en toda la sociedad. No es el Edipo freudiano cuya muerte da origen a una sociedad fraterna y democrática de iguales, que comparten la misma fechoría, la del parricidio; sino el padre mítico que se reproduce como amo en la intimidad de cada individuo. Montesinos tiene un lugar en la posición del padre primordial. Es el lugar femenino desde el cual aparece como libre de toda atadura y exonerado de toda prohibición, gravamen, o restricción. Montesinos comparte todas las prerrogativas del amo caprichoso, que quiere el goce sin límite ni término, y que impone a sus servidores el arbitrio de su poder. Esta relación es sobre la que llama la atención ι  ε κ en su texto La Mujer es uno de los nombres-del-padre, en el que afirma que la noción de Mujer, al igual que la del padre primordial, proporciona el punto mítico de inicio del goce total y sin riendas cuya «represión primordial» constituye el orden simbólico (20). Montesinos sería, en tanto lado complementario de la ley que tiene como manifestación visible a Fujimori, otro de los nombres-del-padre, el nombre sin atadura ni rienda al quien le corresponde igualmente el goce total puro y auténtico, como ápice fundamental del poder y más allá de la represión simbólica.
“Woman is one of the names-of-the-father”. How not to misread Lacan´s formulas of sexuation, en http://www.plexus.org/lacink/lacink10/lac13.html. ι  ε κ precisa que se refiere a una figura distinta al Nombre-del-Padre, porque se refiere al plural y con minúsculas, y que el sentido de la diferencia se da porque en plural y minúsculas la alusión está vinculada a la designación del exceso llamado padre primordial.
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«Pero el hombre me salió gallina» Pero no obstante la apariencia de sumisión y obediencia desde la que Montesinos argumenta su defensa judicial, existe otro testimonio que debe encajar en la arquitectura de esta historia. Según las fuentes venezolanas que reportaron la detención de Montesinos en Caracas, éste sostuvo que fue traicionado por Fujimori, y que «el hombre le salió gallina» (21). ¿Qué significa que Montesinos llame “gallina” a Fujimori?. La gallina es un animal que simboliza varias actitudes ante la vida. Simboliza, en la versión de Montesinos, la falta de coraje para enfrentar situaciones difíciles. En este sentido la gallina es lo opuesto al gallo. El gallo, contrariamente, es el que está listo para la camorra, el que pone la cara ante el desafío. La gallina supedita la lucha a otros valores. Por eso simboliza también a la madre protectora; es el símbolo de lo doméstico. Ella acoje con compasión, en tanto que el gallo se inflama y arriesga. Si Fujimori es gallina es por lo que no es, por lo que le falta. No se hizo cargo del lío. Huyó del desafío. Se refugió en el corral y actuó como hembra cautelosa. A diferencia de la performance de Fujimori, Montesinos espera que se exhibiera mayor espíritu de lucha, que no oculte su disposición a quemar sus naves y a derramar sangre. El gallito es el sujeto que se compra los pleitos por honores ofendidos; el que está dispuesto a dejar su sangre en la arena para que no quede como que acepta ser gallina. El gallo se jacta y se enorgullece de aceptar cada desafío. La gallina, por el contrario, no es ostentosa y sus peleas se realizan sólo cuando su nido está en peligro. Para Montesinos, Fujimori es más un alma doméstica y femenina que no es capaz de aceptar los retos de honor, que son los retos que sólo puede asumir el Amo.. En este supuesto, Montesinos aparecería como el alma guerrera y masculina. Es no solamente uno de los nombres-del-padre, sino que él mismo sería la encarnación del Nombre-del-Padre. Fujimori habría padecido los efectos de la castración, mientras que a Montesinos le toca la representación de la función fálica por antonomasia. Montesinos sería el reconocimiento de que la Ley era no la del Estado de Derecho. La ley-símbolo no es la regla. La regla es el goce-imposible que aparece en el plano de lo real. Montesinos se mueve en el plano real de lo imposible. Él es más auténtico. El síntoma del poder es atravesado. No cede en el deseo. Contrariamente Fujimori se quedó en el síntoma. No lo atravesó y cedió en el deseo. El amo resultó ser el asesor, y el esclavo el Presidente. El sultanato y la satrapía tenían a una marioneta en el trono. El titiritero era el dueño del alma del sultán. De esta manera aparece claro que, en el marco del discurso de Montesinos, la relación entre Fujimori y Montesinos es concebible como complementaria solamente en el plano imaginario. Sólo en el nivel imaginario es que ambos
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El Comercio, 1 de Julio, sección A, pp. 1 y 2

aparecen de manera armónica como parte de una misma totalidad. En el plano simbólico, sin embargo, Fujimori y Montesinos, por el contrario, no tienen una relación complementaria sino que adquieren perfiles distintos en base a sus diferencias. Cada uno encarna lo que el otro carece y lo que llena al otro. Por eso es que Montesinos se opone a Fujimori calificándolo de gallina. Montesinos ha reconocido que el Amo, el hombre de honor, finalmente, sólo podía ser él. Y que Fujimori era un significante falso del poder. El título fálico le corresponde a Montesinos, porque es el único que accedió finalmente al goce. Fujimori aparece, contrariamente, como castrado. Sus rasgos distintivos, los designantes rígidos, los hacen diferentes y no iguales. Son, por eso, mellizos. No gemelos. Lo que queda pendiente es qué canto tendrá la gallina, si finalmente su falta de honor era aparente, si su acceso al goce revela que quedó marcado con la castración, o si les más bien a ella a quien con propiedad le toca el título del falo más grande, de la yuca, que revelará igualmente cuánta más grande era su impotencia,

2.-

LA FANTASÍA,

LOS DISCURSOS Y LA UTOPÍA

A LA IDEOLOGÍA DEL RÉGIMEN POR LA FANTASÍA Según Lacan el apoyo último de la realidad es una fantasía (22). El sustento de la realidad es una fantasía. La fantasía es un modo en el que se sustituyen los deseos reprimidos. En la fantasía continúa el dominio del principio del placer a pesar del principio de realidad. Es una forma directa de realizar lo reprimido. Es un fenómeno marginal a la realidad. De ahí la importancia de escarbar en los umbrales de la fantasía para comprender mejor la realidad del régimen. Es importante familiarizarnos, así no sea sino algo distantemente, con la generación de las fantasías del régimen. Esas construcciones que elabora y que narra el sujeto colectivo en plena vigilia política; que se formulan en un estado de conciencia no pleno (cuando su creación y formación es favorecida por la ausencia de control de la razón y de la voluntad conciente); o cuando el sujeto se encuentra en trayecto en la zona onírica, en la zona de formación de los sueños sociales. El carácter onírico con el que se emparenta de la fantasía está compuesto por condensaciones, desplazamientos, desfiguraciones, símbolos, o superposiciones y diversidad de enlaces asociativos, en los que lo manifiesto y aparente oculta y sustituye otros no expresados pero latentes. Los latentes son los enlaces correctos y en ellos es en los que se encuentra la clave para descifrar el lado absurdo con el que aparecen y se manifiestan. Los enlaces latentes son los que permiten la inteligencia del mundo no declarado (23). La fantasía está ligada al sueño, a la inconciencia, y a partir de allí se mezcla y se junta con los deseos mediante un proceso de elaboración, de condensaciones y desplazamientos que comunican y simbolizan lo reprimido con su propia liberación. La fantasía viste el deseo de un imaginario en el que lo pretendido y reprimido se expresa de una forma liberadora. El sujeto, sea amo o esclavo, hombre de honor o agente de perversión, puede articular la fantasía, desarrollarla, difundirlo y promoverla con el fin de arreglar el comportamiento de la colectividad de acuerdo a sus propios fines. Mediante la fantasía se cuenta con las coordenadas del deseo y puede aprenderse cómo desear de un modo eficaz, y cómo no ceder al propio deseo, lo cual significa también cómo renunciar a los deseos del Otro más allá de la fantasía. Conocer la fantasía es comprender mejor la realidad, porque en ella se condensa razón y afecto y se articulan deseo y símbolo, goce y sentido. El cuerpo
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El Sublime Objeto de la ideología, p. 47 Freud, La interpretación de los sueños, Cap. VII

natural para la fantasía es la ideología. La ideología compacta y condensa las creencias mediante un proceso inconciente similar al onírico, y en ella impera un núcleo de goce que soporta el símbolo a través del discurso. La hegemonía del régimen fujimontesinista tiene un núcleo contingente que a la vez que delata una declaración y programas políticos manifiestos, también encubre una cultura que la soporta. Comprender la ideología es parte del proceso de denuncia de la trama del poder. Describirla permite el conocimiento de las articulaciones del goce con el proyecto de dominio. La ideología es una expresión de la fantasía. La fantasía de la ideología se monta como una estructura de ilusión. Y esta expresión y estructura soportan la realidad. El estado de derecho como aparato significante para el goce La ideología, en tanto un desarrollo a partir de la fantasía, no es una ilusión como los sueños, sino una ilusión que estructura nuestras relaciones sociales efectivas, y su función no es facilitar una fuga de la realidad sino la realidad social como huida de algún núcleo traumático, real (24). El objeto de la ideología es obedecer la forma ideológica, esto es, el ocultamiento de la inexistencia del sentido en el contenido ideológico y en la justificación de la misma en virtud de un mecanismo esencialmente performativo. No hay nada necesario en el contenido ideológico que justifique la creencia en la ideología. La creencia en la ideología carece de justificación racional. Se basa y sustenta en el azar. Tiene una condición aleatoria. Por eso dice Zizek que la ideología sirve únicamente a sus propios objetivos: no sirve para nada, y que esta es precisamente la definición lacaniana de jouissance (25). La ideología no tiene una necesidad en el plano de las esencias. Es pura doxa. Pero doxa en vista de un proyecto hegemónico en el que la fantasía sobredetermina y articula los puntos nodales o de acolchonamiento en un discurso que trata de abordar lo inasequible, el objeto-causa del deseo, que está fuera de todo alcance (26). El sujeto debe quedar atrapado en la fantasía, por el Otro. La fantasía ideológica estructura la realidad mediante el objeto-causa del deseo en el Otro (∀ mediante ese secreto que se supone está oculto en el Otro: ∃∀ ); & 27 ( )

El orden imposible de la democracia

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El Sublime Objeto de la Ideología, pp. 75 Ob. cit. p. 122 Ob. cit. p. 135-137 Ob. cit. p. 74

En el marco del psicoanálisis lacaniano la sociedad democrática es una estructura institucional cuyo mecanismo normal de reproducción comprende el momento de la disolución simbólica del edificio social, el momento de irrupción de lo real. El soberano real-imposible es inaprehensible. La democracia, por eso, es un orden político no precisamente performativo, porque no depende de lo que el pueblo en su inocencia le adjudique a quien tiene una posición de poder en su representación. La democracia se encuentra no en el plano de las atribuciones simbólicas, sino en el de lo real. Ello signfica que la democracia es inalcanzable e irrepresentable. La democracia es pues un orden disuelto, un orden agregado accidentalmente y sin cohesión social. Como orden simbólico la democracia es en realidad un referente discursivo, pero no una organización simbolizable. La democracia es en realidad un no orden sino un núcleo anárquico de preferencias agregadas al azar. No existe como un orden cerrado simplemente por que se trata de un régimen abierto, y porque no existe un orden colectivo prestablecido. El único orden en la democracia es la ficción de su representación y postulación como símbolo. El propósito de recurrir a la democracia como forma de gobierno en la que debía sostenerse el régimen de Fujimori revela el carácter meramente instrumental que ésta tuvo. La forma obedecía al propósito de copamiento y de aferramiento al poder del régimen. Mientras que la población creía que ella era la que sostenía al régimen, los usurpadores se valían de cuanto medio podían para generar y sostener tal creencia, pero, más importante aún, se preocupaban de mantener la creencia en la población de que ellos eran en realidad los amos y que el régimen no hacía más que cumplir la voluntad de la mayoría. En buena cuenta, el éxito del régimen se basó en la fe democrática que cultivó en el pueblo, para que luego el pueblo viera en la fábrica de su ilusión un efecto (y nunca una fábrica) de la voluntad inmediata de los electores.

EL GOCE, Y LOS

DISCURSOS

De la universidad a la histeria Durante los primeros años de su gobierno Fujimori tuvo como misión realizar una campaña de adoctrinamiento de la población que tuviera como resultado la generación de una corriente de opinión que le permitiera dar un golpe de estado. El golpe de estado era necesario para que su gobierno fuera viable. La mayoría insuficiente del parlamento no le daba capacidad de manejo. Se trataba de una situación impredecible y la meta debía ser contar con un marco claro para gobernar. El desorden debía regularse. La autoridad necesitaba un clima favorable para gobernar, para imponerse y para dirigir al país. Y si el clima no existía había que crearlo, fabricarlo y construirlo. Si la realidad era indómita, debía disciplinarse. Las reglas y los actores debían modificarse. El golpe de

estado era la vía apropiada, y para darlo con éxito era necesario contar con el apoyo convencido del pueblo. Para dar el golpe de estado debía dar una lección. Debía enseñar al pueblo cuál era la realidad negativa que tenía en su sistema político. Era necesaria una clase en la que el pueblo pudiera aprender la lección que luego lo haría más dócil. Una clase en la que las conciencias percibieran las cosas desde la perspectiva del profesor. La visión y cultura del pueblo tenían que integrarse con la concepción que necesitaba crear el Presidente de la República para conseguir respaldo a su proyecto. Y esa concepción no debía verse como fabricada ni impuesta, sino como objetiva y neutral. La sociedad debía articularse en el discurso del fujimontesinismo. De acuerdo al psicoanálisis lacaniano la articulación se produce a través del point de capiton, del anzuelo en el que se enganchan e intersectan el sujeto con el registro simbólico, el deseo del sujeto con el universo simbólico (28). La unidad de articulación del sujeto con el significante se denomina célula elemental del deseo. El amarre del sujeto con el registro simbólico actúa como un dique que evita el escurrimiento del deseo y de significantes en esta unidad mínima. Antes del entrabamiento el sujeto se encuentra en una situación presimbólica, real ( ). Luego del empalme con el registro simbólico, con el universo discursivo inicial del régimen, el sujeto aparece como un ente dividido, atravesado por los significantes (Σ - Σ´) en los que quedó enganchado, atrapado (∃ ). Como consecuencia de su costura en la cadena significante el pueblo interpelado por el discurso del régimen fujimontesinista se convierte en el sujeto dividido ($). El vector de la intención subjetiva ($× ) acolcha el vector de la cadena significante Σ×Σ´ après coup, retroactivamente, hacia atrás (29). De este modo el pueblo alcanza la verdad que produce el registro simbólico fujimontesinista, y el anzuelo acolcha la subjetividad de la colectividad. El enemigo de la cúpula se convierte en el enemigo del Perú. La oposición es el enemigo del Perú. Los partidos deben perder su hegemonía y desarticularse de las ideologías nacionales concebidas como políticamente correctas. El eje vira y la corrección política suspende la fantasía democrática a favor de un régimen autocrático excepcional. El parlamento merecía ser disuelto y el poder judicial desactivado. La misión por lo tanto era demostrarle a la población que el sistema de cosas necesitaba, objetivamente, un cambio radical. Que no eran suficientes las
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Cfrse. El Sublime Objeto de la Ideología, pp. 141-142 Ob. cit., p. 142-143

adaptaciones o las reformas de tono o matiz. Se necesitaba un cambio radical que elimine de un solo golpe, y de raíz, los aspectos degenerados del régimen: la ineficiencia del parlamento, y la corrupción judicial. El régimen anterior debía cambiar. En vez de él era necesario una “patria nueva” que requería quien la reconstruya. Ese fue el origen del gobierno de emergencia y reconstrucción nacional. Las lecciones que el profesor Fujimori dio a la población fueron todas cuidadosamente planeadas y preparadas. Tras la apariencia de neutralidad y objetividad se impone la apariencia del saber (30) El escenario fue calculado. Tenían que generarse las trampas para que el parlamento cayera. Y explotarse la lentitud comparativamente paquidérmica del parlamento en sus reacciones para ganarle la mano desde el poder ejecutivo. Una a una fueron registrándose las lecciones en los medios de comunicación. El público objetivo era la propia población. El elector ubicado en la posición ∀ , sujeto de un régimen de dominio conceptual (♥), a partir del cual se convierte al propio elector en un sujeto alienado y explotado por este mismo régimen (el sujeto tachado, o ∃ La única opción que tiene la sociedad cautiva es la de tejerse en la ). propia trama del sistema ♥. Poco a poco a la diligencia estudiantil de la población no le costó mucho trabajo aprender del profesor Fujimori, convertirse en agente de la didáctica y extender y reproducir ella misma la cultura y la doctrina fujimontesinista. La atmósfera de descontento fue generada para crear cultura favorable antagónica al parlamento y favorable al golpe. La retórica contra los partidos políticos nutrió a la sociedad, cuajó, y el lance le resultó favorable al maestro. La técnica ideal era el discurso de la universidad. Un discurso en el que el profesor esconde con sutileza la construcción efectiva de su imperio sobre la plaza, sobre su auditorio. Su audiencia aprende la ciencia desde la perspectiva objetiva de quien dicta y dirige el aula (31). El estudiante, que en este caso es el pueblo, necesitaba apoderarse de la visión del Perú que impartía el maestro en el auditorio. Para que la didáctica del Presidente fuera eficaz había que monopolizar el espacio de opinión a nivel nacional. La palabra y la imagen, los medios escritos, radiales y televisivos no podían permanecer inmunes y tocaba orientarlos para que las condiciones de control fueran óptimas. Por eso los dueños de los medios ofrecían la mejor garantía. Había que asegurarse que no entorpecieran la clase con turbulencias que distorsionaran la fidelidad del mensaje que tenían que recibir los alumnos. Su compromiso de apoyo al Presidente de la República, con los ligeros ajustes de la policía fiscal y tributaria, y el ocasional pero seguro avisaje oficial, era decisivo.
Dice ι  ε κ en Mirando al Sesgo, que la verdad reprimida de este discurso es que, detrás del semblante del saber neutral que intentamos impartirle al otro, siempre podemos ubicar el gesto del amo. (p. 217) 31 Frente al estatuto general del engaño que se concreta en el registro simbólico sólo puede no ser engañado quien mantiene distancia respecto del registro simbólico. Es decir, según ι  ε κ , quien asume una posición psicótica. Un psicótico es, precisamente, un sujeto que no es engañado por el registro simbólico. Cfrse. Mirando al Sesgo, p. 135.
30

⌡″ 

En el discurso de la universidad o de la ciencia el agente es presentado como un conocimiento objetivo que se ofrece al receptor del mensaje. Por eso el desplazamiento del conocimiento del profesor aparece como una simbolización sin contaminación subjetiva (♥), y el receptor es el otro (∀ el pueblo, que debe ser ), domesticado con la apropiación de la cultura y clima que necesita el Presidente de la República para articular la posición hegemónica de su régimen. El éxito de Fujimori, Montesinos y la cúpula militar se consolidan como opción cuando el proceso de transferencia simbólica es reconocido por la opinión pública. Cuando la aprobación por el golpe contra la oposición alcanza casi el 90% en las encuestas de opinión. La ilusión se encarna en los cuerpos. El hálito del espíritu autocrático subyuga y domestica al pueblo. Lo redime con la educación. Se libera de la ignorancia. Alcanzó el status del otro (∀ en las ) sincronías del discurso. Empieza el despliegue y avances del doble registro. El universo subterráneo va camino del copamiento clandestino de la posición del Amo. En adelante el pueblo no sentirá la necesidad imperativa de tomar distancia frente al registro aparente y simulado. Asociará el discurso fujimontesinista como la revelación de la propia naturaleza. Como si no se tratara de un montaje. Como si se tratara de lo real en la propia conciencia subjetiva. El régimen no ha dejado huella alguna en el proceso de aprendizaje. Nada hay que lleve al sujeto a asumir la necesidad de distanciarse ni de subvertir el registro simbólico de los socios que han tomado el Perú. No hay huella alguna de la maquinación. La realidad y su conocimiento son una entelequia (32). Pero una vez adoctrinado el pueblo, el siguiente paso debía ser convencer a todos que el suyo era exactamente el régimen que ellos querían. El régimen debía probar que él era suficiente en sí mismo. Que la población podía ponerse en sus manos. Que podía abdicar de sí misma. Darse toda al régimen. Abolirse y gozar en el dominio del régimen y su Presidente. Dejar que el régimen gobierne y domine clandestinamente. Para asegurar el cumplimiento de esta meta Fujimori asumió el papel histérico de quien sólo encuentra sentido a su existencia haciendo la voluntad del otro. Debía representar el papel de quien desespera por querer lo que el otro quiere. Del discurso de quien se supone que sabe, del discurso de la ciencia, se pasa al discurso de la histeria De la histeria al Amo Cumplida la primera meta estratégica con éxito indudable, borradas las huellas de imposición arbitraria en el conocimiento de la realidad política, y ganada por el pueblo la sensación de seguridad y de identidad con un orden menos turbulento que el que se advertía en durante el período democrático inaugurado en 1980, el siguiente paso debía ser convencer a la sociedad sobre la necesidad de adherir rigurosamente al nuevo proyecto político. Un proyecto de orden y de gobernabilidad con un nuevo fundamento constitucional, que necesitaba prolongarse lo suficiente durante el tiempo.
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Ob. cit., pp. 143-144

El primer discurso fujimontesinista interpelaba a la sociedad con la partitura de la objetividad. Su estructura encubría el aparato iconoclasta contra la Constitución de 1979, y contra la democracia partidaria sostenida hasta 1992. Asegurada la comprensión de la situación a partir del posicionamiento de mercadeo del régimen, el siguiente paso fue asumir un nuevo papel. El papel histérico. Interpelar a la sociedad como si sólo ella pudiera darle las respuestas que él necesitaba para gobernar. Es decir, preguntar actuando la posición histérica que espera que se le ordene ser, querer y decir lo que el supuesto sujeto histérico había registrado como conocimiento objetivo en la opinión pública. Le preguntaba qué quería de él para que el interpelado creyera que el siervo necesitaba conocer qué hacer y que continuara representando el rol de amo dueño del conocimiento. Dueño del mismo conocimiento que el supuesto siervo se había dado maña de hacerle creer que era natural, objetivo, neutral, e imparcial. Era el discurso de la histeria. Con el discurso de la histeria Fujimori actúa a partir del supuesto deseo del otro, del pueblo, de ese extremo epistemológicamente inaprensible y ontológicamente irrepresentable. Este es el extremo del receptor del discurso, de la opinión pública. Quiere a partir de lo que quiere la opinión pública (de esa misma opinión pública fabricada y preparada para que repita el registro previamente grabado por el régimen con el discurso objetivo de la universidad). No caben la pregunta por el origen de la voluntad del pueblo, porque el pueblo no tiene por qué asumir la actitud del distanciamiento psicótico. Por eso no es relevante que esa sea una opinión pública cuya composición articulan por el pueblo los medios que favorecen la fabricación del posicionamiento hegemónico y consolidación del régimen en la arena política. Del Amo al amo Del discurso de la histeria el régimen pasa al discurso del Amo. Este es el discurso en el que el goce se presenta abiertamente. Fujimori es el iluminado que redime a la sociedad del mal con los símbolos y valores encarnados por su gobierno, el que tiene como jefe omnipresente a él mismo. De acuerdo al matema lacaniano la ecuación se formula del siguiente modo: Esto es, a la presentación de una fórmula universal (♥), la ley, el orden simbólico que funda para garantizar la gobernabilidad y la seguridad en el territorio nacional, así como el orden económico, todos estos propósitos e ideales culturales, son ofrecidos y garantizados a través del Amo (♦). El Amo es quien mejor y más eficientemente representa al sujeto para el orden simbólico universal (∃ En esta misma ecuación aparece la denuncia: no obstante la operación de ). enganche con el vector de significantes siempre aparece el residuo perturbador, la excrecencia, el otro insimbolizable e irrepresentable (∀ esto es, el objeto-causa ); de deseo.

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De acuerdo al psicoanálisis lacaniano la fantasía solamente puede existir como la negación del disloque de lo real, como una negación de la falta generalizada, como el antagonismo que cruza el campo de lo social ( 33). Esto significa que la fantasía es construida a partir de lo Imaginario, donde los contrarios son presentados como complementarios. No como diferentes, ni como imposibles. Es el plano que no abandona nunca el individuo, en el que se produce el registro cognitivo de las imágenes. En el que se origina y desarrolla la noción de unidad y de complecidad. Unidad y complecidad que, por eso, tienen el carácter de una ilusión. El individuo anda tras y busca permanentemente la recuperación de su integración con el doble en el que cree haber visto la ausencia que le falta para completarse. La fantasía tiene como misión negar lo real al prometer su “realización”, al expresar su promesa de cerrar la brecha entre lo real y la realidad, al reprimir la naturaleza discursiva de la producción de realidad (34). La utopía imperativa que se propone el Amo es posible a partir de ese plano imaginario porque vela la presencia del extraño intruso que es lo Real. La realización de la utopía fantástica es en último término imposible, pero por ello mismo el discurso utópico puede subsistir como hegemónicamente atractivo solamente si atribuye esta imposibilidad -esto es, su propia y última imposibilidad- a un extraño intruso. Este extraño intruso, el enemigo, en el discurso del Amo para el régimen de Fujimori es localizada e identificada: la oposición; todo quien pone en riesgo el orden simbólico universal de la fantasía prometida. La oposición es aquello diferente que niega la edificación del nuevo proyecto de sociedad peruana ofertado por el fujimontesinismo (35). Sin embargo, el individuo dividido que es todo sujeto, es recuperado sólo al asimilar lo real en el plano simbólico. Es decir al reinterpretarse en un registro distinto de la esfera imaginaria. Al asumirse como una unidad de sentido entre los significantes de su cultura. Su identidad debe recuperarse fuera de él. Su centro es un centro en el mundo simbólico. La falta advertida, que tiene como marco el entorno imaginario, se manifiesta como una falta en el mundo simbólico del individuo. Una ausencia, un vacío en el superyo. La fantasía, por tanto, es un desarrollo que no existe solamente en la estructura de lo imaginario, sino que está vinculada a la estructura simbólica. Esto quiere decir que el fantasma es producido por el inconciente (en el que actúa lo imaginario), pero su contenido no es ajeno al mundo simbólico. Es en el ámbito simbólico donde, finalmente, se funda el axioma de la fantasía (36). No es en el ámbito imaginario. Es en el ámbito del mundo conciente en el que aparecen las faltas y las carencias fundamentales.

Yannis Stavrakakis, Lacan and the political, p. 107 Loc. cit. 35 Ob. cit. p. 108 36 Ver sobre el particular Dos dimensiones clínicas: Síntoma y Fantasma, de Jacques-Alain Miller. Ed. Manantial, Fundación del Campo Freudiano en Argentina, p. 53
33 34

El amo del Amo, o ¿quién es el artífice del fantasma colectivo? «¿Montesinos o montacines?» es el título de un artículo que Mirko Lauer escribió en La República, (37) para referirse a la cartelera de videos en que se grabó la vida política del país. Según el cálculo de Lauer los 30 mil videos equivaldrían a un video diario durante 82 años, o a un video cada 2 horas durante 8 años. Las estadísticas, sin embargo, no son lo más relevante del cineasta Montesinos. Fue el haber construido la fantasía que vivimos los peruanos, a la vez que conservar la realidad oculta y fuera del conocimiento colectivos. Lo real era a la vez lo imposible de conocer. La fantasía y los fantasmas eran la máxima vivencia disponible para el consumo de la razón y de la conciencia públicas. Todos fuimos timados por una apariencia a la que le dimos el status de objetividad. Montesinos se valía de un doble discurso. Uno primero, el aparente y externo o público, era el de la gobernabilidad y la estabilidad mediante el control del terrorismo y el sustento constitucional en el marco democrático del Estado de Derecho. El segundo era el núcleo duro del discurso oculto y secreto de la corrupción del régimen, destinado a asegurar y garantizar la permanencia del gobierno en un marco legal democrático y de gobernabilidad política. El lado secreto y sórdido del régimen era el campo desde el que se planeaba acabar con los enemigos, y ampliar la propia ventaja y beneficio personal, el lucro y la acumulación de poder. En este último ámbito Fujimori fue convertido en el amo impotente detrás del cual quedaban encubiertas las operaciones secretas de hegemonía, y que debía actuar como el esclavo de la trama obscena, del revés de la apariencia legal del régimen. Fujimori era la pieza central del éxito porque él debía articular la burbuja fantástica a la que se redujo la existencia de la colectividad, y el universo subterráneo del goce. Fujimori legitimaba con su presencia el régimen que se había apoderado del Estado y de la realidad democrática del país. Para llevar adelante la acumulación de poder Montesinos recurrió a ese aparato significante que eran el discurso de la gobernabilidad y del Estado de Derecho, el mismo que se enganchaba a las instituciones de la democracia. El anclaje del poder requería el ropaje de las instituciones representativas. Los rituales democráticos y electorales servían a una finalidad libidinal que no dependía exclusivamente de la voluntad de los electores. La pasión por el poder instrumentalizó la institucionalidad para cumplir y llenar el deseo de goce, que era finalmente la voracidad y la pretensión de devorar el poder. La ideología del mercado, de la eficiencia en el gobierno, del control del terrorismo, de la democracia representativa, y de la voluntad plebiscitaria, son, respecto del proyecto hegemónico de Montesinos, el ropaje semántico que permite el flujo de relaciones ocultas, libidinales, públicamente inconfesables e irreconocibles. Montesinos escribía el guión para disimular la rajadura política del régimen de Fujimori.

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Cfrse. su columna El Observador del 29 de Junio del 2001

Montesinos, finalmente, sólo cree en su propio goce. Su discurso oculta su pasión por el control y goce del poder. La ideología de la representación es útil para procesar el dominio. Las reglas de la representación no sirven finalmente a la democracia, ni a los intereses, bienestar y valores de la ciudadanía. Son manipuladas desde la realidad secreta para facilitar el goce del amo del Amo (lo que quiere decir el goce de quien le dice a la sociedad qué es lo que ella quiere elegir para actuar democráticamente).

«TENGO 30 MIL VIDEOS … SI LOS SACO SE PRODUCIRÍA UNA CRISIS INTERNACIONAL» La disolución del pacto fundamental ¿Por qué filmar la entraña del poder? ¿Es que hay un mandato de dominio que hace que pierda de vista su propios riesgos? ¿Por qué filmar todo lo que lo inculpa a él mismo? ¿No era como autoincriminarse? ¿Qué buscaba al filmar todo lo que lo lesionaba? El narcisismo es una forma de sobredimensionamiento del yo, y cabría asumir que Montesinos se filmaba por una razón narcisista. Sin embargo, el yo del naricista es un yo no educado ni preparado para tolerar los errores, el fracaso, las frustraciones. El yo del narcisista es un yo disminuido porque carece de valor. El narcisista necesita ser mirado por los demás, porque a partir del reflejo sustenta su valor. Ser mirado es una forma de verse y de valorarse. Y pareciera que éstas no son las características más notables de Montesinos En el narcisismo se presenta un problema epistemológico. El sujeto no reconoce que se ve a sí mismo. Que se trata sólo de su propia imagen. Que está solamente frente a su propia imagen. Hay una crisis en la perspectiva del observador, que no puede reconocer la identidad entre el objeto observado y el sujeto que observa. ¿O es que Montesinos no puede reconocer la distinción entre el objeto observado y el sujeto que se observa? Más bien pareciera ser lo contrario. Pareciera que el propósito de la filmación no es el goce propio de observarse a sí mismo. Por el contrario, el sentido epistemológico de los videos filmados está más vinculado a la urgencia de manipular las imágenes de sujetos en falta, a los mismos que se sujetará bajo el dominio de quien filma en tanto que dichas imágenes no sean vistas, ni divulgadas. El goce no consiste en observarse, sino en intimidar a quienes fueron filmados sin saber que lo eran, sin saber que eran observados por el registro de una cámara. El goce consiste en el poder adquirido sobre sujetos poderosos a los que se fragiliza y debilita por la exhibición de sus faltas. Es más, según las declaraciones recogidas en los medios de comunicación a partir de la información trascendida en los medios judiciales, Montesinos habría dicho dos cosas. Que Fujimori estaba al tanto de lo que era filmado, que Fujimori lo había ordenado así, y que él cumplía su misión. ¿Cuál misión? Asegurar la reelección de Fujimori. Para este fin ningún medio podía dejar de usarse. Los videos debían documentar la génesis y proceso del régimen no público. Una

documentación cuyo destino sería no haberse hecho nunca pública como condición para el agenciamiento del poder. Para que los videos beneficien no deben ser revelados públicamente. Su difusión desapodera a quien filma y libera al filmado. Es parte de la naturaleza del chantaje. El chantaje tiene sentido solamente como amenaza. Su fortaleza se encuentra en su no cumplimiento. De ejecutarse la amenaza se pierde todo poder. Por esta razón la acumulación de evidencia. Se destinaba a no ser usada. El usarla desarticulaba la red y equivalía a la fisura del poder. Desmontar el chantaje y exhibir la transgresión desarraiga el origen del poder. En situaciones de doble registro su subsistencia y perdurabilidad depende del paralelismo de los discursos. El discurso democrático, el discurso normativo, que es el discurso del saber, debe quedar desconectado de las reglas del discurso del boss, del amo, del capo. El acercamiento entre los discursos amenaza la sobrevivencia de la ficción democrática. A mayor proximidad mayor riesgo, mayor violencia y menor transparencia. La lejanía evita la catástrofe. La base del régimen es la distancia desde la que pueden moverse los hilos de la legalidad simulada. Un régimen corrupto debe impermeabilizarse y huir de la transparencia o, por el contrario, convertirse en experto en burlarla con el doble registro de sus actos. En el doble registro de un régimen corrupto el burlado es el pueblo, la sociedad, la opinión pública, que es de quien se oculta el registro oscuro de los actos prohibidos, el universo del goce auténtico y privado de límite que rige paralelamente. El pueblo cumple el valor simbólico de la norma socialmente aceptada y venerable, a la que el señor y amo del goce le es infiel. Montesinos representa el papel del seductor, o de la mujer fatal, en tanto que Fujimori y toda la red que claudica en el fantasma del goce son el observador impotente, el adúltero. Fujimori y los representantes caídos son quienes saben algo, pero deben ocultarlo (38). Los tres actores principales del libreto están unidos en la etiqueta democrática, pero en cuanto el pueblo tenga acceso al espacio de significados prohibidos reservado para el seductor y el adúltero el pacto pierde todo su sustento. Desde que el pueblo conoce que su fidelidad fue violentada el fantasma del régimen democrático se desvanece. La ficción queda expuesta al trauma de la realidad que irrumpe súbitamente como el amo que domina y burla la relación fiduciaria entre el electorado y sus mandatarios. La defraudación desnuda la estupidez del
Cuando ι  ε κ examina el caso de la «mujer fatal» dice que a la vez que arruina la vida de los hombres al mismo tiempo es víctima de su propia avidez de goce; está obsesionada por un deseo de poder; manipula interminablemente a sus parejas, y es al mismo tiempo escalva de un tercero ambigüo (…). Lo que le confiere un aura de misterio es precisamente el modo en que resulta imposible situarla con claridad en la oposición del amo y el esclavo. En el mismo momento en que parece llena de aplacer intenso, de pronto le revela que sufre inmensamente (…). Nunca podemos estar seguros de si goza o sufre, de si manipula o es la víctima de una manipulación. En Mirando al Sesgo, p. 112.
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juego democrático. Este juego tenía sentido y tomaba su significación a partir de la estrategia de dominio socialmente oculta. Cuando se descubre el chantaje se disuelve el carácter constitutivo del régimen. El video de Kouri es el síntoma del fantasma creado por la seducción de Montesinos. El síntoma se presenta como la insurgencia de un hiato impredecible que delata la condición ficticia del régimen político. Queda expuesta la invención de la democracia como forma carente de poder. La institucionalidad es montada para preservar la soberanía y articulaciones ocultas del poder. Para proteger y preservar su goce pleno e ilimitado de la mirada represora de las convenciones y del imposible simbólico del nombre-del-Padre. La autocracia y la sociedad perversa La política democrática -y la política en general- no puede nunca eliminar el conflicto y el dislocamiento, el antagonismo y la división. La meta es más bien establecer una unidad dentro de un ambiente de conflicto y de diversidad; crear una sociedad enteramente dudosa, afectada por una auto-duda productiva, una sociedad que atraviesa el espejo de su imagen utópica identificándola con su supuesto enemigo (39). El enemigo más importante es el que aspira a suturar la sociedad en una igualdad uniforme de criterios. La univocidad masificada de opiniones. La ausencia de fisuras propia del discurso autocrático y totalitario. Pero los enemigos no son tontos. El líder autocrático no ignora que él será escrutado como enemigo. Tiene que maximizar sus esfuerzos de representación para pasar por líder democrático. De ahí que maneje con sutileza la técnica de los discursos. Debe ser el amo haciéndole creer al pueblo que el amo es él y que él lo complace y lo sirve. Debe fingir la mímesis completa del acoplamiento entre su voluntad y la voluntad del pueblo. Pero la voluntad del pueblo no debe ser sino la que él le imponga. El amo le dice al pueblo qué es lo que quiere, aunque el pueblo escuche que el amo quiere saber cuál es su voluntad. No es fácil discernir a ciencia cierta quién es finalmente el amo y quién el esclavo. Si el gobernante autocrático que simula sumisión al pueblo, o si el pueblo que cae ante el seductor. Si el gobernante que se pervierte para simular que gobierna democráticamente, o si el pueblo que accede al goce del gobernante concediéndole el poder de regir y representar sobre una verdad simulada. Sea como fuese, el hecho concreto es que el gobernante autocrático simula su respeto y adecuación a la ley y régimen democráticos. Y esta simulación es un signo de su perversión. La perversión es una forma cultural psicopática, tanto en lo individual como en lo colectivo. Es una forma difundida y aceptada de comportamiento, siempre que no supere el marco de marginalidad en el que puede sobrevivir. Por eso se trata de un régimen underground, subterráneo. Son canales abiertos para el intercambio de impulsos e intereses entre los miembros de la sociedad de todos los niveles y clases. El denominador común es que
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Yannis Stavrakakis, Lacan and the Political, p. 112

atraviesa a todos los sectores sociales. El ciudadano perverso que crea esta cultura psicopática no tiene remedio: ha aprendido a vivir en la marginalidad en la cual le es posible, a un costo más bajo que el del mundo público oficial abierto, obtener beneficios inmediatos. Puede satisfacerse en la dualidad de estándares culturales abonando como mayor costo, si acaso, el desasosiego y la intranquilidad por la deslealtad y falta de compromiso con la cultura pública oficial. La perversión es una forma de trastorno psíquico que externaliza de problemas internos de forma tal que son los demás los que resultan afectados, o perjudicados. Es en parte consecuencia de una socialización impropia de la cultura pública oficial pero también es expresión de una cultura paralela aunque sorda y silenciosa en cuya atmósfera se reproduce y florece. Consiste en un conjunto de normas de socialización que conviven superpuestas a las normas admitidas oficialmente. La perversión es una regla de sobrevivencia eminentemente instintiva. Tiene una racionalidad, y se justifica a partir de la afirmación del impulso de sobrevivir en una sociedad hostil. Por eso niega su irresponsabilidad. Mejor aún, constituye en sí misma una ausencia del sentido de responsabilización. Tiene una base cínica. Conoce la existencia de normas, pero no admite tener que cumplirlas. No el cínico ni el perverso. Se siente compelido a afirmar impulsivamente el código que consolida su egocentrismo, y lo hace sin mostrar apego a otras personas. La perversión es evasión de culpa y de vergüenza. Por el contrario, cuando se trata de justificar la propia responsabilidad se define el código social como un conjunto dual en el que la sociedad se mueve. La sociedad, se dice, atraviesa los dos patrones y premisas. Ambos coexisten, organizan más o menos armónicamente el desdoblamiento de códigos culturales y se intercomunican a través de una interfase: son las alcantarillas desde las cuales fundan el discurso perverso, psicopático y cínico de nuestra sociedad, que finalmente es el discurso caradura, del vivo, del pendejo, del que quiere salvarse de ser lorna a toda costa, pero que no obstante simula su adaptación a la norma cultural pública y oficial. La condición del perverso es una situación borderline, fronteriza, límite. Esta condición se basa en la tolerancia y admisión implícita de la doble cultura en la comunidad. Es en realidad una situación generalizada. Toda la sociedad es afectada por un cuadro clínico. Es la sociedad misma la que está trastornada. No hay enfermedad social porque el referente es ajeno a la propia sociedad. Es la manifestación de síntomas la que expone la dualidad. Se expresa como una permisividad consentida pero no exhibible en el todo social. Es decir, finalmente, existe conciencia de que revelar la dualidad es motivo de escándalo. No debe admitirse ni reconocerse. Es la propia estructura social la que establece la fijación de funciones y de pautas perversas y cínicas de desempeño admitidas en ciertos espacios y circunstancias, pero igualmente proscribe su difusión y extensión generalizada. La conducta perversa es parte del culto social, y por eso no puede extinguirse. El pendejo es finalmente parte del santoral de la cultura popular en todas las clases

o grupos sociales. Sus desbordes son festejados y aplaudidos socialmente o como parte de círculos de amigos. Es una forma viciosa de sabotear la normalización de la sociedad a partir de pautas morales claras y francas. Su existencia garantiza la pertinacia de su reproducción en la sociedad. No hay incentivo para el fracaso del comportamiento vicioso. Por el contrario existen incentivos esenciales para su permanencia y repetición. Son las fuerzas interiores de la sociedad las que invisibilizan, las que avalan, las que tratan como natural y como parte de la convención general las prácticas en las que se mueve Montesinos para fabricar el fantasma detrás de la cual se encubre. Son las formas inconcientes a cuya sombra se mimetiza el artífice del fantasma para cumplir el más íntimo, impublicable e inconfesable de sus deseos. Su voluntad de poder se ampara finalmente en el mismo régimen nocturno desde el que emerge la voluntad de goce pleno e inagotable. Los hábitos de la comunidad condonan el comportamiento oscuro. Es a la sombra de esta forma cultural generalizada que Montesinos genera la red de sobornos orientada a afirmar y consolidar la posesión del poder. Esa red es posible porque el código vetado lo permite. Existe un espacio socialmente reconocido que habilita la negociación. El conocimiento y dominio de esta identidad cultural facilitó la organización de la captura y acumulación de poder. Es más. Parte de la estrategia contaba con la inaprehensibilidad del núcleo fuerte de nuestro inconciente colectivo. Conocía bien que las investiduras de la conciencia no tenían la fuerza necesaria para detener y censurar la emergencia del demonio, de las maniobras y propuestas compartidas como cultura colectiva en el ámbito de la sombra. Es el reino de la mafia, del lado sucio e inconfesable. Es el lado en el que emerge la pasión no trabajada ni filtrada a la sombra de las represiones de la conciencia. La sociedad perversa es la sociedad de la desconfianza, de la subversión contra la norma establecida, de la absoluta ley individual. El reino de la anomia. Del provecho individual absoluto. Se afirma la puerilidad de la palabra. La sociedad perversa no cree en la palabra sino solamente en el vaciamiento personal para favorecer el gozo de otro. Por eso se basa en la desubjetivización de los individuos. En una sociedad perversa se valora la corrupción y la perversión que anulan al sujeto en nombre de quien tenga el poder o la fuente de todo gozo. Ahora bien, si el mundo de pulsiones no ha llegado a ser adecuadamente inhibido, si la excitación del deseo colectivo encuentra el modo de aflorar libremente su desagotamiento, ¿de qué modo es posible investir el desagotamiento y descarga, de manera tal que sea menos invisible y aparezca en el imaginario colectivo? ¿Cómo ordenar la sociopatía que habilitó la cultura en la cual floreció el gestor del régimen paralelo de poder oculto? La (in)consistencia del régimen

No obstante la diversidad de síntomas que uno llega a atravesar en el esfuerzo de conocer la fantasía, siempre quedan áreas residuales, excrecencias o archipiélagos sin explicación en los síntomas. A partir de los planteamientos de Lacan se postula que puede responderse a esta cuestión mediante el concepto de sinthome, el que se concibe como una formación significante que porta goceen-sentido. El síntoma entendido como sinthome es el punto que da congruencia al sujeto y permite explicar los vacíos. El análisis de los actores y de a sociedad política concluye cuando llega a reconocerse como soporte de su ser a lo Real de su síntoma (40). ¿Qué significa ese núcleo a la vez tan íntimo para el sujeto, que es él más que él mismo, y que resulta imposible de simbolizar? El sinthome es ese núcleo insimbolizable de la realidad, por lo tanto carente de significante que pueda darle forma, el atractor fundante y fundamental que genera la identidad del sujeto. Esa fuente de identidad del sujeto es la fuerza que atrae y mueve las pulsiones, los impulsos del sujeto, y también la fuerza irresistible que repele. Una de las figuras que mejor se aproxima a esta naturaleza es la de la transgresión, una de cuyas expresiones es la corrupción. Es una fuerza interior extraña insuprimible e indetenible de la que dependen las pulsiones del sujeto. Al llegar e identificar el sinthome el análisis se acerca a la cura. Cercado el núcleo de goce inmune a la simbolización se ha cumplido con definir lo que da consistencia y lo que sostiene el ser del individuo y de la cultura y el proyecto fundamental de existencia que le da sentido. La veracidad del goce que es garantizada y amparada por este sostén, que a la vez que atrae repele, es esa singularidad patológica que se opone a la posición existencial auténtica. La corrección propia de la autenticidad niega lo real inenarrable, indescriptible e insimbolizable del núcleo del goce. La corrección de la autenticidad se inscribe en la dimensión de lo simbólico, en el plano de la norma. Y si ese factor que nuclea y que atrae las pulsiones del sujeto es el núcleo corrupto de la transgresión, de la perversión y del cinismo, la cura culmina con la identificación y encaramiento de la patología alrededor de la cual pulsa el proyecto del sujeto y de esa cultura que rige, como residuo insimbolizable, inexpresable e incuestionable, la vida de goce. Dos preguntas. ¿Cómo se conoce el sinthome que encarna el residuo innombrable e irredimible por el verbo, por la palabra?, y ¿tiene sentido pedir o esperar la liberación del núcleo afónico, sin significante ni forma? Estas preguntas tienen que ver con la cuestión de quién es verdaderamente el Amo, si lo real del goce indescriptible e inabordable, o si lo simbólico de la norma, del significante de la cultura. La sutura y consistencia del régimen deben ser insostenibles al pasar
El Sublime Objeto de la Ideología, pp. 110-111. De igual manera, en ι  ε κ ; Mirando al sesgo, pp. 219-221, donde se precisa que A diferencia del síntoma, el sinthome es un contenido sin forma, es el goce a cuyo alrededor circunda y gira la pulsión. Es el núcleo de goce que atrae a la vez que repele. El sinthome es el sostén de la consistencia del sujeto, lo que le da su unidad independientemente de cualquier articulación con el universo simbólico El sinthome es el punto de “lo que es en el sujeto más que él mismo”
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por el test del sinthome. El discurso del gobernante no debe, si espera sostenerse en lo Real, pretender su propia consistencia. La vida política no es una vida suturada en la que los contrarios se complementan (plano imaginario). Pero tampoco es cierto que los sean solamente diferentes. Los contrarios se fundan en lo imposible de lo Real. No tiene sentido postularlos, verazmente, como autosostenibles ni autosuficientes.. ¿Es, pues, hora de liberarnos de la corrupción y del autoritarismo? El Presidente Paniagua decía en su discurso del 26 de Junio del 2001 en la ceremonia de inauguración de la Primera Conferencia Nacional Anticorrupción, que es hora, pues, de iniciar una nueva etapa de nuestra vida republicana, de liberarnos de la corrupción, pero de liberarnos también del autoritarismo y construir una democracia constitucional firme, estable y longeva. ¿Qué sentido se encierra en esta invocación? ¿Qué haría verosímil que ésta sea la oportunidad de concentrar los esfuerzos para reducir la invulnerabilidad de la corrupción? El propósito de toda sociedad es vivir dentro de un marco mínimo de orden que permita el desarrollo normal de los distintos proyectos de vida de cada individuo. La corrupción perjudica el gobierno de la sociedad, que carece de la autoridad del reconocimiento universal cuando se establecen prácticas de control social paralelas. Por eso es natural y está bien que corresponda al gobierno velar por la primacía de una norma y costumbres cuyos contenidos son cautelados por el Estado. Sin embargo, es igualmente pertinente preguntarnos qué hora especial es esta que tiene mayor importancia o urgencia para decidirnos a liberarnos de la corrupción y del autoritarismo. ¿Qué ha cambiado que sea especialmente motivador para que se invoque a la colectividad que opte, con carácter final y definitivo, por una raíz y norma ajena a la de la corrupción? ¿Qué podría justificar la perspectiva fundamental del presidente Paniagua? ¿Y qué perspectiva factible y realizable de éxito cabría esperar? ¿O se trata de una formulación retórica? Lo claro es que se trata del anuncio oficial de una voluntad de eliminar la corrupción como régimen paralelo en la estructura de poder. De reprimirla en nombre de un orden simbólico garante del ideal y del imaginario del orden. ¿Cuál es el sentido de invocar la segregación de la corrupción? ¿Es posible emascularla del régimen de gobierno sin atacar la corrupción como perspectiva, como actitud, o como Weltanschaung, en un mundo en el que una de las principales fuentes en el flujo del poder económico se da a través del mercado negro de la venta de armamento y de drogas, en un mundo en el que por la propia ineficiencia del gobierno se genera un mercado paralelo de tráfico de influencias que resulta ser más eficiente para el individuo? ¿Es realista pedir y esperar una voluntad decisiva en la población para abolir la corrupción de la esfera pública, sin que los propios individuos de la comunidad se comprometan decisivamente a vigilar y amputar la dimensión privada que ella ocupa como norma tolerada en la esfera privada?

¿Qué resultado efectivo es posible lograr a partir de la exhortación del presidente Paniagua? La pretensión de una erradicación absoluta sería ilusa. Por lo tanto, debe asumirse que el deseo presidencial tiene un marco realista. Que aspira a una reducción y minimización a niveles controlables y soportables. No es la persuasión mesiánica e hipnótica de un iluminado. Es más bien una apelación y un rogatorio para aunar voluntades y esfuerzos para estudiar mejor la situación integral, con el fin de prepararnos con propuestas para modificar las causas que la originan; para evitar las condiciones materiales que la favorecen; para desincentivar los mecanismos institucionales y humanos que determinan su manifestación, propagación y aceptación generalizada; para castigar a quienes quebrantan los contenidos y estándares acordados por quienes legislan y regulan la conducta penable y sus sanciones; y para aplicar las penas cuando se comprueben las infracciones contra las normas. Una urgencia como la que expresa el presidente Paniagua para liberarnos ahora de la corrupción y del autoritarismo favorece y precipita la convocatoria a cónclaves y anfiteatros de aliñados ponentes y distinguidos cirujanos sociales, no menos que la oferta recíproca en el mercado de seminarios, talleres y cursos anticorrupción. El denominador común de la metástasis que será fecunda en recetas y propuestas salvíficas. Una tras otra todas las cuales, es previsible, se sucederán con la misma unción y sin mayor variación. Todas se presentarán con el mismo carácter cosmético, decorativo, que tiene el devoto evangelio de los redentores. Y quedará una y otra vez el problema sin erradicar. El problema es irradicable. Se minimizará, se mimetizará, ocupará menos atención, pero no dejará su naturaleza amenazante. Dentro de los supuestos del psicoanálisis lacaniano sólo es mediante el metalenguaje como puede conocerse lo Real. El metalenguaje no es, además una vía imaginaria, sino la única manera de evitar afirmar el posicionamiento ante lo Real. Sin embargo, el propio metalenguaje es él mismo una forma de lenguaje, y por eso es finalmente absurdo pretender aprehender lo Real de una manera directa y definitiva. Lo Real permanece siempre como la otredad absoluta, la fisura insuturable, y el conocimiento imposible de la identidad. Toda referencia a lo Real es tangencial (41). Si la identidad es inalcanzable, la voluntad de sentido es imposible. Y toda pretensión de unidad es sólo provisional, temporal, transitoria. Para el propio pensamiento psicoanalítico lacaniano el símbolo de la imposibilidad de aprehender esta identidad es el falo. El falo es el índice de la castración, de la ausencia, de la incapacidad de llegar al goce definitivo y auténtico. El falo es el significante que debe atravesar y al que debe engancharse el goce, porque es el objeto que da cuerpo a la pérdida fundamental con su presencia, y porque cuanto más se manifiesta el poder mayor es la confirmación de la falta, de la impotencia (42)
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El Sublime Objeto de la Ideología, p. 205 Ob. cit., p. 206

El hombre es un ser inacabado y siempre está en búsqueda. Hasta que se muere aprende y se va completando. Está siempre incompleto. Por eso su deseo es siempre inacabado también. Nunca culmina el proyecto de realización de sus deseos internos. Queda siempre insatisfecho. Probablemente el sentido más apropiado para la bienintencionada invocación del presidente Paniagua sea esa promesa de la vida peruana en que pensaba Victor Andrés Belaunde cuando alertando a los hombres de su tiempo contra las utopías imperativas, proponía la apuesta por las utopías indicativas. En este orden de ideas la fantasía de la pendejada que parece definir el carácter de la cultura peruana, por ejemplo, deja sin procesar e invisibiliza aspectos relativos al antagonismo real entre grupos sociales, la ética del éxito, la lógica de la popularidad, la ideología del rendimiento y de la eficacia, el discurso de la gobernabilidad, y ello ocurre así como resultado de la visión o imagen de una sociedad en la que todos deben luchar por su propia sobrevivencia desde una perspectiva eminentemente individual, de espaldas incluso a la ley y al sentido de justicia. La postulación de una utopía no imperativa sino indicativa recoge la propuesta de una crítica de la cultura que hace suya la misión de identificar y de denunciar el goce permitido por la fantasía social que fundamenta la ideología, a la vez que mostrar lo que de arbitrario expresan las imágenes primordiales de la propia ideología de la gobernabilidad, o del Estado democrático-constitucional. La fantasía y el discurso de la pendejada y de la postura criolla debiera explicitarse lo que de perverso o de cínico hay en esa fantasía, de manera que la mayor familiaridad con lo Real reoriente las opciones de conducta ética que requiere la comunidad peruana.. Parece necesario tener presente la advertencia que, desde el propio punto de vista lacaniano, hace Stavrakakis. Dice él que atravesar la fantasía del pensamiento utópico parece ser una de las más importantes tareas de nuestra era. La actual crisis de la utopía no es causa de concernimiento sino de celebración. Pero entonces. ¿por la política de hoy en día es una política de la aporía? Sólo puede haber una explicación plausible: solamente porque, en la esfera ética, el ideal fantasmático de armonía es aún dominante. Si nos situamos todavía en un terreno de aporía y de frustración es porque todavía fantaseamos algo que se revela en aumento como imposible y como catastrófico. Aceptar la imposibilidad final parece ser el único modo de salir de este estado problemático (43). El desmantelamiento de la fantasía, la denuncia del conflicto ontológico, la revelación de la imposibilidad epistemológica, y la explicitación de los dobles registros inherentes al discurso son indispensables para conocer nuestra cultura y para enderezar con mayor eficiencia nuestros esfuerzos hacia el cambio social, que es una manera de decir hacia el cambio de nuestra humanidad, de una humanidad barrada, dividida, fragmentada e incompleta. Si bien alcanzar lo Real de la identidad con los ideales que indican las utopías es un imposible, lo que no es imposible, también según la corriente lacaniana, es constatar la coincidencia de los polos opuestos; que cada polo es él mismo su
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Lacan and the political, Yannis Stavrakakis, p. 110

opuesto y que el Ser se nos revela como Nada. Si bien lo Real no puede quedar circunscrito y atorado en la pupila del hombre para siempre, lo que sí puede registrarse es la imposibilidad de registrarlo. Ahí aparece el trauma que es causa de todos los fracasos. Como lo dice ι  ε κ , el objeto como real es en último término el límite: siempre puede ser rebasado pero nunca puede ser alcanzado (44). Una lección que debe recordarse luego de haber constatado y atravesado los síntomas del régimen, es asumir los riesgos de la posición psicopática, de la cautela, a fin de no dejarnos arrasar por los torbellinos de la masificación de las creencias ni la inducción eficaz de los mensajes que el poderoso dicta a través de sus discursos, sean o no a través de medio audiovisuales. Es necesario conservar la salud e independencia mental tanto frente al trauma y al horror de lo siniestro, como frente a las propuestas acarameladas con las que el Estado necesita granjearse su propia legitimidad. Evitar toda promiscuidad con el prójimo es naturalmente una posición socialmente riesgosa. Sin embargo, no hay otro modo de vivir auténticamente la conciencia de nuestra individualidad si no es críticamente. Sin matices. Es cosa de réprobos, pero no hay otra medicina para evitar la inmolación de nuestra vida en aras de la lógica inescrupulosa de la popularidad de los gobernantes que, en grados más o grados menos, ofertan utopías imperativas, en cuyo núcleo fuerte no dejan de reproducirse el deseo perverso ni la fantasía de la pendejada. Contra la lógica de la popularidad Weber propuso la ética de la responsabilidad y la ética de la convicción. Ésa es la dirección hacia la que indican las nuevas utopías.

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El Sublime Objeto de la Ideología,. p. 225